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La segunda muerte: una crítica bíblico-teológica del mito pagano del infierno que sustituyó la verdad bíblica acerca del terrible destino de los malvados (A.H. Toledo, 2015)

La segunda muerte: una crítica bíblico-teológica del mito pagano del infierno que sustituyó la verdad bíblica acerca del terrible destino de los malvados (A.H. Toledo, 2015)

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Publicado porArmando H. Toledo

Debido a su innegable compromiso teológico y denominacional, los traductores de la Biblia por años han generado una confusión entre los lectores no especializados al traducir dos términos griegos (GÉ.HEN.NA y HAI.DES) y uno hebreo (SHE’OL) por un mismo término latino: “infierno”. El término bíblico hebreo original SHE’OL fue sustituido indebidamente en nuestras traducciones bíblicas por un término de origen claramente pagano: IN.FÉR.NUS. Aún así, el Seol/infierno hace referencia al sepulcro o tumba, es decir al lugar donde vamos a parar todos, hayamos sido buenos o malos. Por su parte, los autores de las Sagradas Escrituras Cristianas (Nuevo Testamento) usaron el término griego HAI.DES para referirse al antiguo She’ol hebreo, y afirmaron que todos los que están en el Hades/Seol/infierno duermen en el sueño de la muerte pero que resucitarán: unos “para tener vida” y otros “para ser juzgados” (Juan 5:28). Una vez juzgados, los malvados que murieron sin arrepentirse de sus pecados son condenados a morir por segunda vez. Esta “Segunda Muerte” está expresada por el término griego GÉ.HEN.NA., y alude a un tipo de muerte que ahora implica una destrucción absoluta y definitiva del ser completo tanto de las personas angélicas como de las humanas, lo cual las imposibilita para resucitar. Nuestra investigación explica por qué, tras la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, el apóstol Pedro pudo decir que Jesús “no fue dejado en el infierno [Hades/Seol]” (Hechos 2:27, 31, 32; Salmo 16:10), y por qué −hablando proféticamente de la futura resurrección pero en tiempo pasado− el libro de las Revelaciones de Juan dice que “el mar devolvió sus muertos; la muerte y el infierno devolvieron los suyos” (Apocalipsis 20:13-14). Al final de la historia como la conocemos, el “infierno” se vaciará, es decir, las tumbas vomitarán a sus muertos porque todos ellos ‘oirán la voz del Hijo del hombre, y saldrán de allí’. Enseguida, “la muerte y el infierno [Hades] fueron arrojados al lago de fuego. Este lago de fuego es la muerte segunda” (Apocalipsis 20:14). El que la muerte y el Hades sean “arrojados” al Lago de Fuego significa que serán eliminados cuando la raza humana quede liberada de (1) el pecado, (2) la consecuencia del pecado: la muerte, y (3) la morada última de los muertos: el sepulcro/seol/hades/infierno.

Solicite gratuitamente esta monografía en formato pdf en : a.h.toledo@hotmail.com

Debido a su innegable compromiso teológico y denominacional, los traductores de la Biblia por años han generado una confusión entre los lectores no especializados al traducir dos términos griegos (GÉ.HEN.NA y HAI.DES) y uno hebreo (SHE’OL) por un mismo término latino: “infierno”. El término bíblico hebreo original SHE’OL fue sustituido indebidamente en nuestras traducciones bíblicas por un término de origen claramente pagano: IN.FÉR.NUS. Aún así, el Seol/infierno hace referencia al sepulcro o tumba, es decir al lugar donde vamos a parar todos, hayamos sido buenos o malos. Por su parte, los autores de las Sagradas Escrituras Cristianas (Nuevo Testamento) usaron el término griego HAI.DES para referirse al antiguo She’ol hebreo, y afirmaron que todos los que están en el Hades/Seol/infierno duermen en el sueño de la muerte pero que resucitarán: unos “para tener vida” y otros “para ser juzgados” (Juan 5:28). Una vez juzgados, los malvados que murieron sin arrepentirse de sus pecados son condenados a morir por segunda vez. Esta “Segunda Muerte” está expresada por el término griego GÉ.HEN.NA., y alude a un tipo de muerte que ahora implica una destrucción absoluta y definitiva del ser completo tanto de las personas angélicas como de las humanas, lo cual las imposibilita para resucitar. Nuestra investigación explica por qué, tras la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, el apóstol Pedro pudo decir que Jesús “no fue dejado en el infierno [Hades/Seol]” (Hechos 2:27, 31, 32; Salmo 16:10), y por qué −hablando proféticamente de la futura resurrección pero en tiempo pasado− el libro de las Revelaciones de Juan dice que “el mar devolvió sus muertos; la muerte y el infierno devolvieron los suyos” (Apocalipsis 20:13-14). Al final de la historia como la conocemos, el “infierno” se vaciará, es decir, las tumbas vomitarán a sus muertos porque todos ellos ‘oirán la voz del Hijo del hombre, y saldrán de allí’. Enseguida, “la muerte y el infierno [Hades] fueron arrojados al lago de fuego. Este lago de fuego es la muerte segunda” (Apocalipsis 20:14). El que la muerte y el Hades sean “arrojados” al Lago de Fuego significa que serán eliminados cuando la raza humana quede liberada de (1) el pecado, (2) la consecuencia del pecado: la muerte, y (3) la morada última de los muertos: el sepulcro/seol/hades/infierno.

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Debido a su innegable compromiso teológico y denominacional, los
traductores de la Biblia por años han generado una confusión entre los
lectores no especializados al traducir dos términos griegos
(GÉ.HEN.NA y HAI.DES) y uno hebreo (SHE’OL) por un mismo
término latino: “infierno”. El término bíblico hebreo original SHE’OL
fue sustituido indebidamente en nuestras traducciones bíblicas por un
término de origen claramente pagano: IN.FÉR.NUS. Aún así, el
Seol/infierno hace referencia al sepulcro o tumba, es decir al lugar
donde vamos a parar todos, hayamos sido buenos o malos. Por su
parte, los autores de las Sagradas Escrituras Cristianas (Nuevo
Testamento) usaron el término griego HAI.DES para referirse al
antiguo She’ol hebreo, y afirmaron que todos los que están en el
Hades/Seol/infierno duermen en el sueño de la muerte pero que
resucitarán: unos “para tener vida” y otros “para ser juzgados” (Juan
5:28). Una vez juzgados, los malvados que murieron sin arrepentirse
de sus pecados son condenados a morir una segunda vez. Esta
“Segunda Muerte” está expresada por el término griego
GÉ.HEN.NA., y alude a un tipo de muerte que ahora implica una
destrucción absoluta y definitiva del ser completo tanto de las
personas angélicas como de las humanas, lo cual las imposibilita para
resucitar. Nuestra investigación explica por qué, tras la muerte y
resurrección de nuestro Señor Jesucristo, el apóstol Pedro pudo decir
que Jesús “no fue dejado en el infierno [Hades/Seol]” (Hechos 2:27,
31, 32; Salmo 16:10), y por qué −hablando proféticamente de la futura
resurrección en tiempo pasado− el libro de las Revelaciones de Juan
dice que “el mar devolvió sus muertos; la muerte y el infierno
devolvieron los suyos” (Apocalipsis 20:13-14). Al final de la historia
como la conocemos, el “infierno” se vaciará, es decir, las tumbas
vomitarán a sus muertos porque todos ellos ‘oirán la voz del Hijo del
hombre, y saldrán de allí’. Enseguida, “la muerte y el infierno [Hades]
fueron arrojados al lago de fuego. Este lago de fuego es la muerte
segunda” (Apocalipsis 20:14). El que la muerte y el Hades sean
“arrojados” al Lago de Fuego significa que serán eliminados cuando
la raza humana quede liberada de (1) el pecado, (2) la consecuencia
del pecado: la muerte, y (3) la morada última de los muertos: el
sepulcro/seol/hades/infierno.

La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

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I. Infiernos cristianos

I.A. La “oficialidad” del infierno.

Durante mucho tiempo, los líderes religiosos de las más de 37
mil confesiones cristianas denominacionales
de todo el
mundo han afirmado que, después de morir, los pecadores van
inevitablemente a un abismo físico, un universo debajo de la
tierra llamado infierno (del latín inférnum o ínferus: “inferior,
subterráneo”) en el que conscientemente experimentan un
sufrimiento espantoso e infinito. Veamos algunos ejemplos:

I.A.1 LA VERSIÓN CATÓLICA.

a. El Catecismo de la Iglesia Católica, tercera edición
revisada:

“La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del
infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en
estado de pecado mortal descienden a los infiernos
inmediatamente después de la muerte y allí sufren las
penas del infierno, ‘el fuego eterno’ […]. La pena
principal del infierno consiste en la separación eterna de
Dios” (p. 242).

b. Según la New Catholic Enciclopedia:

“La principal característica del infierno es su fuego
inextinguible […] y eterno […] Cualquier cosa que se
quiera dar a entender por los términos ‘fuego
inextinguible y ‘fuego eterno’, estas no deben
considerarse como insignificantes”.

y no cristianos

La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

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c. Contra lo que ya había establecido el papa Juan Pablo II
en 1999 (ver sección II.A.4), su sucesor, el papa
Benedicto XVI, sostuvo que “el infierno, del que se
habla poco en este tiempo, es el lugar donde los
pecadores arden de verdad en un fuego interminable; no
es un simple símbolo religioso destinado a galvanizar a
los fieles: existe y es eterno”.1

I.A.2. LA VERSIÓN EVANGÉLICA (PROTESTANTE).

a. Albert Mohler, presidente del centro teológico Southern
Baptist Theological Seminary, de Lousville, Kentucky,
EE.UU., dice:

“La Escritura enseña claramente que el infierno es un
lugar físico donde se atormenta con fuego a la gente.
[Esta doctrina] es una realidad bíblica.”

b. En The Nature of Hell (informe de la comisión de la
Alianza Evangélica Americana) se afirma:

“El infierno es una experiencia consciente de rechazo y
tormento. […] En el infierno, el castigo y el sufrimiento
varían dependiendo de la gravedad de los pecados
cometidos en la Tierra.”

c. El teólogo pentecostal norteamericano Myer Pearlman
dijo:

“El destino de los malvados es la separación eterna de
Dios, y eterno sufrimiento. […] El Cristo tierno y
amoroso advirtió a los hombres con respecto a los
sufrimientos del infierno. […] El infierno es un lugar de
extremo sufrimiento […], deseos insatisfechos […],
menosprecio […], malas compañías [y] desesperanza”
(1958:447-48).2

1

http://elpais.com/diario/2007/04/23/sociedad/1177279205_850215.html

2

Pearlman, Myer (1958): Teología bíblica y sistemática.

La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

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d. El famoso evangelizador estadounidense, Billy Graham
dijo:

“La enseñanza de un infierno literal se halla en los
credos de todas las principales iglesias […] Dios
consideró el infierno como algo tan real que envió a su
Hijo Unigénito al mundo para salvar del infierno a los
hombres”.

e. Por su parte, William Franklin Graham IV, nieto del
aquel famoso evangelizador, afirmó:

“La mayoría de la gente con quien me cruzo aún cree
en el infierno. Ahora bien, lo que está cambiando es la
idea misma de lo que el infierno es, aunque hay cosas
que sabemos con certeza porque la Biblia lo dice. Una
de ellas es que hay, efectivamente, un lugar llamado
infierno. La razón última por la cual Dios vino a
buscarnos a los seres humanos fue para salvarnos del
infierno. […] tenemos muchos mal entendidos sobre el
infierno, pero es un lugar muy real. Sabemos también
que es un lugar de oscuridad extrema”.3

f. El famoso teólogo evangélico norteamericano, Robert
C. Sproul ha dicho lo siguiente con respecto al infierno:

“La Biblia nos describe al infierno como un lugar de
oscuridad, un lago de fuego, un lugar de llanto y de
crujir de dientes, un lugar de eterna separación de las
bendiciones de Dios, una prisión, un lugar de tormento
donde el gusano no morirá jamás”. Y añade:

“Posiblemente el aspecto más aterrador del infierno es
su eternidad. Las personas pueden soportar la más

3

Puede leer la entrevista completa que le hizo Christine A. Scheller en la
edición electrónica de la revista Christianity Today:
http://www.christianitytoday.com/ct/2011/aprilweb-only/willgraham.html

La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

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angustiante de las agonías siempre y cuando sepan que
en algún momento ha de terminar. En el infierno esta
esperanza no existirá. La Biblia nos enseña con claridad
que el castigo ha de ser eterno […], es una eternidad
frente a la ira de Dios justa y siempre ardiendo; un
tormento en el sufrimiento, del cual no hay escapatoria
posible ni alivio”. Y concluye:

“El problema que [los impíos] tendrán en el infierno no
será la separación de Dios, será la presencia de Dios lo
que los atormentará. En el infierno Dios estará presente
en toda la plenitud de su ira divina. Estará allí para
ejercer su justo castigo sobre los malditos. Lo
conocerán entonces como el fuego consumidor”
(1996:317-318).4

Más tarde ahondaremos un poco en el carácter perverso
de estas perspectivas pro-infernales, como la que
defiende Sproul.

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