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UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO

FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN

E S C U E L A

Cátedra: Literatura General V-B (Poesía)

Prof. Miguel Marcotrigiano

D E

L E T R A S

SELECCIÓN DE TEXTOS (Clase introductoria)

1)

Himno a la Belleza

¿Vienes del cielo profundo o del abismo surges, oh, Belleza? Tu mirada, infernal y divina, confusamente vierte la buena acción y el crimen, por lo que te podemos comparar con el vino.

Contienes en tus ojos el poniente y la aurora; derramas perfumes como una noche de tormenta, tus besos son un filtro y un ánfora tu boca que hace cobarde al héroe y valiente al niño.

¿Sales del negro abismo o bajas de los astros?

El Destino hechizado sigue tus enaguas como un perro; siembras al azar la dicha y los desastres,

y todo lo gobiernas sin responder a nada.

Marchas sobre los muertos, Belleza, y de ellos te burlas; de tus joyas el Horror no es la menos preciada,

y el Crimen, entre tus más queridos amuletos,

sobre tu vientre altivo danza amorosamente.

El deslumbrado insecto vuela hacia ti candela, crepita, arde y dice: ¡Bendigamos esta llama! El amante jadeando inclinado sobre su bella es como un moribundo acariciando su tumba.

¿Que importa que tú vengas del cielo o del infierno, ¡oh Belleza! ¡Monstruo enorme, espantoso e ingenuo!

Si tus ojos, tu sonrisa, tus pies, me abren la puerta

de un Infinito amado que nunca he conocido?

De Satán o de Dios, ¿qué importa? Ángel o Sirena, ¿qué importa, si tú haces -hada de ojos de terciopelo, ritmo, perfume y luz, ¡oh mi única reina!- menos horrible el mundo y más cortos los instantes?

Ch. Baudelaire (1821-1867)

2)

Vocales

A negra, E blanca, I roja, U verde, O azul: vocales,

algún día diré vuestro origen secreto; A, negro corsé velludo de moscas relucientes que se agitan en torno de fetideces crueles, golfos de sombra;

E, candor de nieblas y de tiendas, lanzas de glaciar fiero, reyes blancos, escalofríos de umbelas;

I, púrpura, sangre, esputo, reír de labios bellos

en cóleras terribles o embriagueces sensuales; U, ciclos, vibraciones divinas de los mares verduzcos, paz de campo sembrado de animales, paz de arrugas que la alquimia imprimió en las frentes profundas; O, supremo clarín de estridencias extrañas, silencio atravesado de Ángeles y de Mundos; O, la Omega, el reflejo violeta de sus Ojos!

Jean-Arthur Rimbaud (1854-1891)

3)

El cigarro

Toda el alma resumida cuando lenta la consumo entre cada rueda de humo en otra rueda abolida. El cigarro dice luego por poco que arda a conciencia:

la ceniza es decadencia del claro beso de fuego. Tal el coro de leyendas hasta tu labio aletea. Si has de empezar suelta en prendas lo vil por real que sea. Lo muy preciso tritura tu vaga literatura.

Stephane Mallarmé (1842-1898)

4)

El halcón moteado cala sobre mí

El halcón moteado cala sobre mí, y me acusa lamentándose por mi charla y mi pereza.

Yo también soy indomable, yo también soy intraducible. Sobre los techos del mundo, resuena mi bárbaro graznido.

El último celaje del día, se detiene a esperar por mí, lanzo mi figura, tras las otras, reposando verdaderamente en cualquier sombra silvestre.

Me insta engatusándome hacia la bruma,

y hacia la oscuridad.

Me alejo como el aire, sacudo mi bucle blanco en el sol fugitivo. Vierto mi carne en remolinos,

y la dejo arrastrar por la mueca del encaje.

Me entrego, a mí mismo, al barro, para brotar en la hierba que amo.

Si me necesitas, búscame en la suela de tus botas.

Apenas sabrás quien soy,

y lo que quiero decir.

No obstante soy tu buena salud,

y filtraré con filamentos tu sangre.

No desfallezcas si no me encuentras pronto. Si no estoy en un lugar, búscame en otro. En algún lugar te estaré esperando.

Walt Whitman (1819-1892)

5)

De Cuatro cuartetos

En mi comienzo está mi fin, en sucesión se levantan y caen casas,

se desmoronan, se extienden, se las retira, se las destruye, se las

restaura,

o en su lugar hay un campo abierto, o una fábrica, o una

circunvalación. Vieja piedra para edificio nuevo, vieja madera para hogueras nuevas, viejas hogueras para cenizas, y cenizas para la tierra, que ya es carne, piel y heces, hueso de hombre y animal, tallo y hoja de maíz. Las casas viven y mueren, hay un tiempo para construir

y

un tiempo para vivir y engendrar,

y

un tiempo para que el viento rompa el cristal desprendido

y

agite las tablas del suelo donde trota el ratón de campo,

y

agite el tapiz hecho jirones con un lema silencioso.

En mi comienzo está mi fin. Ahora cae la luz a través del campo

abierto,

dejando la hundida vereda tapada con ramas, oscura en la tarde,

donde uno se apoya contra un lado cuando pasa un carro,

y la vereda hundida insiste en la dirección hacia la aldea,

hipnotizada en el calor eléctrico. En cálida neblina, la sofocante luz es absorbida, no refractada, por piedra gris, las dalias duermen en el silencio vacío, esperad el búho tempranero

(De East Coker)

T. S. Eliot (1888-1965)

6)

cuánto depende

de una

carretilla

roja

laqueada por el agua

de la lluvia

junto a los blancos

pollitos.

William Carlos Williams (1883-1963)

7)

I

Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura,

hambrientas histéricas desnudas, arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo, hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial con el estrellado dínamo de la maquinaria nocturna, que pobres y harapientos y ojerosos y drogados pasaron la noche

fumando en la oscuridad sobrenatural de apartamentos de agua fría, flotando sobre las cimas de las ciudades contemplando jazz, que desnudaron sus cerebros ante el cielo bajo el El y vieron ángeles mahometanos tambaleándose sobre techos iluminados, que pasaron por las universidades con radiantes ojos imperturbables alucinando Arkansas y tragedia en la luz de Blake entre los maestros

de la guerra,

que fueron expulsados de las academias por locos y por publicar odas

obscenas en las ventanas de la calavera, que se acurrucaron en ropa interior en habitaciones sin afeitar, quemando su dinero en papeleras y escuchando al Terror a través del muro, que fueron arrestados por sus barbas púbicas regresando por Laredo con un cinturón de marihuana hacia Nueva York, que comieron fuego en hoteles de pintura o bebieron trementina en Paradise Alley, muerte, o sometieron sus torsos a un purgatorio

noche tras noche, con sueños, con drogas, con pesadillas que despiertan, alcohol y verga y bailes sin fin, incomparables callejones de temblorosa nube y relámpago en la mente saltando hacia los polos de Canadá y Paterson, iluminando todo el inmóvil mundo del intertiempo, realidades de salones de Peyote, amaneceres de cementerio de árbol verde en el patio trasero, borrachera de vino sobre los tejados, barrios

de escaparate de paseos drogados luz de tráfico de neón parpadeante,

Allen Ginsberg (1926-1997), Aullido .

8)

Primera Elegía

¿Quién, si yo gritara, me escucharía entre las órdenes angélicas? Y aun si de repente algún ángel me apretara contra su corazón, me suprimiría su existencia más fuerte. Pues la belleza no es nada sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente desdeña destrozarnos. Todo ángel es terrible. Así que me contengo, y me ahogo el clamor de la garganta tenebrosa. Ay, ¿quién de veras podría ayudarnos? No los ángeles, no los hombres, y ya saben los astutos animales que no nos sentimos muy seguros en casa, dentro del mundo interpretado. Nos queda quizás algún árbol en la loma, al cual mirar todos los días; nos queda la calle de ayer y la demorada lealtad de una costumbre, a la que le gustamos, y permaneció, y no se fue. Oh, y la noche, y la noche, cuando el viento lleno de espacio cósmico nos roe la cara:

¿Para quién no permanecería aquélla, la anhelada, la tierna desengañadora, ahí, dolorosamente próxima al corazón solitario? ¿Es más suave con los amantes? Ay, ellos sólo se ocultan uno a otro su suerte. ¿Todavía no lo sabes? Arroja el espacio que abarquen tus brazos hacia los espacios que respiramos; quizá los pájaros sientan el aire ensanchado con un vuelo más íntimo.

Rainer María Rilke (1875-1926)

9)

Fuga de la muerte

Negra leche del alba la bebemos al atardecer la bebemos a mediodía y en la mañana y en la noche bebemos y bebemos cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él

Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus mastines silba a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra ordena tocad para la danza

Negra leche del alba te bebemos de noche te bebemos en la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer bebemos y bebemos Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete tus cabellos de ceniza Sulamita cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él Grita cavad unos la tierra más profunda y los otros cantad sonad empuña el hierro en la cintura lo blande sus ojos son azules cavad unos más hondo con las palas y los otros tocad para la danza

Negra leche del alba te bebemos de noche te bebemos al mediodía y la mañana y al atardecer bebemos y bebemos un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete tus cabellos de ceniza Sulamita él juega con las serpientes Grita sonad más dulcemente la muerte la muerte es un maestro venido de Alemania grita sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis

como

humo en el aire y tendréis una tumba en las nubes no se yace estrechamente allí

Negra leche del alba te bebemos de noche te bebemos a mediodía la muerte es un maestro venido de Alemania te bebemos en la tarde y la mañana bebemos y bebemos la muerte es un maestro venido de Alemania sus ojos son azules te hiere con una bala de plomo con precisión te hiere un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro venido de Alemania tus cabellos de oro Margarete tus cabellos de ceniza Sulamita

Paul Celan (1920-1970)

10) La forma del mundo

Si tiene el mundo la forma del lenguaje

y el lenguaje la forma de la mente,

la mente son sus plenos y vacíos

no es nada o casi y no puede salvarnos.

Así habló Papirio. Ya era noche

y llovía. Pongámonos a salvo,

dijo, y avivó el paso no advirtiendo que era suyo el lenguaje del delirio.

Eugenio Montale (1896-1981)

11) Amor es lo esencial

Amor es lo esencial. Sexo, mero accidente. Puede ser igual

O

diferente.

El

hombre no es un animal:

Es carne inteligente, Aunque algunas veces enferma.

Fernando Pessoa (1888-1935)