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En su novela Paradiso abundan los parlamentos.

Dilogos entre ste y


aquel, entre aquel y el otro. Y no son dilogos o charlas convencionales
de novelas, sino charlas parecidas a estas nuestras. Algunas opiniones
se han dejado or al respecto, entre otras que no son dilogos de novela,
sino quimricos intercambios filosficos, existenciales, poticos,
metafsicos, entre personajes que dejan de ser personajes y se
convierten entelequias pensantes o bocas parlantes de tesis y anttesis.
Aun ms y ms cosas se dirn. Pero usted, qu dice?
Como dice usted, esos dilogos imposibles de mis personajes, sin
embargo son reales. En esta sala se producen a diario y desde hace al
menos un cuarto de siglo. Yo ser una entelequia y puedo no ser un
personaje: eso no me deshonra ni me rebaja ni me abruma. Escapo al
fluir anecdtico y soy mi propio espritu navegando sobre el msero
costillar. Usted, amigo, a veces pierde ribetes y como una nube en
movimiento adquiere la forma de un bote, de una campana, de un
stiro, de una flauta. Y eso lo debe alegrar, porque escap al vaso, a su
botella. No estamos tan presos ni somos tan mansos. Estas rebeliones
sentadas se harn notar en los cimientos y en las antpodas. Nos
fugamos de las manos de los cancerberos. Crean que slo logrbamos
ser fijas grgolas de piedra y resulta que podemos volar, soltar amarras,
confundirnos quiropterolgicamente con otras criaturas del atardecer,
expandirnos, contraernos y despus volver enfriados y a la
arquitectnica regularidad del aire.