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DE LA CUADRUPLE RAIZ DEL PRINCIPIO DE RAZON SUFICIENTE BIBLIOTECA HISPANICA DE FILOSOFIA ARTURO SCHOPENHAUER FuxDapa ror ANGEL GONZALEZ ALVAREZ CLASICOS DE LA FILOSOFIA, 1 DE LA CUADRUPLE RAIZ DEL PRINCIPIO DE RAZON SUFICIENTE eapvccion ¥ rR6Loco oF EEOPOL DO. TULOGIO PALACIOS b EDITORIAL GREDOS Shoe Paseo, 65, Ma 1988 ‘Ghifcas Cndar, 8. A PROLOGO DEL TRADUCTOR SCMOPERHACER Y LA EDICION DE SU PRIMERS ones EN 1813 Arturo Schopenhauer hubiera seguramente corona: do sus estudios universitarios presentando en la Uni versidad de Berlin su tesis doctoral sobre Le Cuddruple Ratz del Principio de Razin Suficiente, Pero las cir- ccunstancias del pais le obligaron a modificar sus. pla nes. Fl Tmperio de Napoleon se desmoronaba. A la ddesastrosa campaiia de Rusia y al buen éxito de las ‘armas espafolas se sumaban los siltimos acontecimien: {ws diplométicos. Durante el mes de marzo de 1813 el femperador de Rusia y el rey de Prusia concluian en Kalise tun (ratado contra Napoteén. Poco después, Aus- tria se adheria a Ia alianza de Rusia y de Prusia, Ber nadotte, hechura del déspota, vuelve desde Suecia las armas contra su antiguo jefe. Hamburpo es evacuado ppor los franceses, Berlin es acupado por los cosacos, Dresde es tomado por los rusos y los prusianos. Alew nos triunfos pasajeros de Bonaparte —batallas de Lutzen, de Bautzen ¥ reconquista de Dresde— no 1o- Fran mejorar sw suerte. Cerca de Berlin, Ney es ven- cide por Bernadotte, Arde la campafia de la guerrilla estudiantil, que habia sido formada secretamente por los universitarios, El profesor Fichte predica la lucha’ por Ia nacin alemana. Schopenhauer nunca habia sem 8 De ta cuddruple raiz, {ido la menor simpatia por la filosofia de Fiehte, a ta que impugna siempre que puede. Pero debio de impre- sionarle la voz persuasiva de Fichte, porque la sinica concesion que hizo a este hombre varios afos después fue ln de reconaccrle «significative talento retérico® AA pesar de todo, y por las razones que sean, el joven Schopenhauer se hurta a las vieisiudes de la guerra, abandona Berlin y lcga imperturbable a Weimar, no sin antes haber costeado a su amigo Fernando Hel- Imholtz, que afios después iba a ser padre del célebre Fisico, las prendas del uniforme militar. En Weimar vivia Ia madre del filésofo, Juana Scho: penhauer, autora de novelas que en aquel tiempo eran ‘muy Ieidas, y a la que su esposo, Enrique Floris Scho- penhauer, muerto en Hamburgo por un accidente que ho se sabe si fue fortuito o intencionado, habia dejado tuna regular fortuna. Pero Juana era mujer de gustos ‘mundanos, muy dada a la vida de la sociedad distin guida de aguella corte, y el joven filésofo, que mune se entendié bien con su madre, no tenia ninguna gana ide acompafarla en las visitas, ni de perder el tiempo fen los saragiietes y los tripudios. Por eso prefrio re tirarse @ tina poblacign cereana, Rudolstadt, para dar cima a la redaceidn de su tesis doctoral. Alli se hospe: 45 en el hostal Zum Ritter, en las afueras del asco turbano, bello caserén cuyo interior estaba lujosamente fadornacdlo, Ocupo una de las habitaciones det tiltimo piso —el tercero—, desde Ia que se divisaban los cam. pos y los bosques de los alrededores. En la ventana de sit aposento se conservé durante muchos aiios una inseripcin latina grabada con un diamante sobre el cristal, Decia asi: Arth, Schopenhauer majorem anni TCE Schopenhancr, EF Munda como Voluntad y- Represe acd 1, 87. (W138), En lo conceriente 4 ax campos de Nanoicin en T613hesepuido a Chateaubriand Mémoores Protogo del traductor 9 1813 partem ix hoc conclave degit. Laudaturque do ‘mus, longos quae prospicit agros®, Alli, contemplando de cuando en cuando el paisaje dilatado que eelebraba con ese verso horaciano (Horacio, Epist, I, 10, v. 28) istraido también por Ia frecuente entrada de carros de avituallamiento y de tropas en direccién a los fren- tes de combste, Schopenhauer dio fin a la redaccién de su tesis doctoral, que iba a ser la base de todo su sistema filosofieo. Et 22 de septiembre enviaba al de- ceano de Ia Facultad de Filosofia de la Universidad de Jena una breve carta solicitando su doctorado, acom- pafiada de dice federicas de oro para In matricula y anunciande el envio de su disertacion y de una epistola fen latin que explicaria por menudo el asunto. No tenia necesidad de presentarse en persona, Dos dias después, 1 24 de septiembre, entrega a un mensajero les manus: critos de su tesis y de st epistola’. Y, irapidez asom Drosat, ocho dias después, el 2 de octubre de 1813, est ya extendide el titulo de doctor, Tres profesores, rnombradas jueces por el decano, hubian dado sus apro- bbaciones para que el candidato lograse sus deseos y ppudiese publicar stt ibro*, Al parecer estas cosas eran mas rapidas en las universidades det siglo diecinueve fque en las del veinte, a pesar de que entonces los medios de comunicacién no eran vertiginosos. ;Quin sabe si por eso! El exceso de facilidad en los movi- Imientos y las comunicaciones tiene efectos paralizan- tes para la convivencia humana, Se quieren hacer de imastadas cosas y por demasiadas gentes, y surge I colisin, (CE Berthold Rein, Schopenhauer wid Rudolstadt, en Schopenhauer Jabwbuche, XIV (92), 218226 2 pata eta Intn ps lerse ns Schopenhauer, Ges ette Briefe, edieién de A. Hubscher (opp, Bouvier, 1) chr F. Riedingee, Die AKtow uder Sehopenhaners, Doktor promotion, en sSchopenturIatrth, 11 (B22), 1308, 10 De ta cuddruple raiz. EI mismo mes de octubre ef nuevo doctor publics su tratado en una edicién de quinientos ejemplares hhecha por cuenta propia (Rudolstadt, Kommissions: bbuchhandlung, 1813). Los calculos que puede cualquie- ra hacer a la vista de biografias dignas de crédito re- velan que en diez afios se vendieron de esos quinientos Iibros solamente ciento cincuenta. El resto, salvo es- caso niimero de ejemplares, fue liquidado al peso por el editor. Cosa parecida suceders més adelante con. Ia primera tirada de la obra capital, EY Mundo como Vor luwiiad y Representacién. De aqui infiero esta conclu sidn: Ia calidad de una obra filosdtica no es por si sola razin suficiente para que triunfe en el mercado de la repiiblica de Tas letras, aunque se trate de la obra de tun filésofo tan excepcional como Schopenhauer. 0. dicho con otras palabras: la calidad de una obra filo- séfica no basta para que esta obra tenga buen éxito, porque la condicion suficiente del buen éxito es la resultante de un conjunto de condiciones necesarias, tina de las cuales es la calidad filoséfica, que sin las otras no puede triunfar Triunfa, a pesar de las circunstancias, ante Ia esti rmacién de unos pocos. ¥ entre ellos se hallaba Goethe, que advirtis en seguida los méritos de La Cuddruple Ratz, y el gonio y el talante de sit joven autor, Cuando Schopenhauer regresé de Rudolstadt a Weimar, Goethe Te Mamé para iniciar una colaboracién en torno a la tworia de los colores, colaboracién en la que no siempre anduvieron de acuerdo, pero que fue ocasién de eleva. das conversaciones. Las cabezas de dos hombres por- fentosos, aunque muchas veces no se entiendan en todo To fundamental, suben juntas a dialogar entre los astros?, Sobre Ia evocaciin conjunta de Gocthe y Schopenhauer puede verse: Arthur Hubscher, Goethes unbequeter Scher, ft ‘Schopenhauer Jahrbuche, $4 (97), L18.Trae biblogratin, Protogo del traductor _ un 14 eoIc108 pe 1847 La segunda edicion de La Cuédruple Raiz aparecié en Franctort, Joh, Christian Hermannschen Buchhand- lung, 1847. Habian pasado desde la primera treinta y cuatro anos dedicados por el filésofo a la explicacién de sa doctrina, En este lapso de tiempo vieron Ia luz todas sus obras, con excepcién de Parerga y Paralipo- inven, que es posterior @ estos afios, pues ‘se publicé fn 1851, En 1816 habia aparecida De la Vista y tos Co- lores, libro del que salié en 1830 una adaptacién all latin becha por su mismo autor con el titulo Comsnen fatio exponens theariam colorum physiologicam ear dengue primariam. En 1819 sale de las. prensas su obra capital, El Murdo camo Voluntad y Representa- cies, de la que en 1844 hace otra edicién con un se: unde tomo de complementos, que es lo mejor de la pprosa de Schopenhauer. En 1836 vio la lux De ta Vo luntad en ta Naturateza, y en 1841 Los Dos Problemas Fundamentales de ta Ftica, Pocas veces la filosofia moderna habia Hegado a una exposicion tan sistemé: tica, tan clara y tan seria de las cuestiones. Pocas veces J prosa alemana habia alcanzado tal pureza, que al decir de muchos germanistas s6lo admite parangén con el estilo de Goethe y de Heine, Y, apesar de ello, Ar turo. Schopenhauer seguia siendo’ un autor descono- cido. Sus libros no se vendian, nadie Te citaba, no se hacian resefias de sus obras. Un premio a su memoria sobre I libertad de Ta voluntad humana, eoronada en Noruega por la Real Academia de las Ciencias de Dron- theim y recogida después en Los Dos Problemas Fur damentales de la Ftica, es apenas el tnico trofeo que puede exhibir de reconocimiento pablico. Schopenhauer padece To que é) lama, con palabras de Séneca, ef silensium fivoris, el silencio de la envidia, que calla R De ta cuddruple raiz, ara que nadie se entere de los méritos, Los repre sentantes oficiales del saber en las Universidades, los togados profesores de filosofia, suscitan la veneracién del piblico, pero tienen puesta a atencién en una doce trina que ¢s diametralmente opuesta a la de nuestro fildsofo, tanto por el contenido como por el estilo, y de Ia que se sirven para apoyar la estructura del Estado y de los poderes oficiales, Esto da lugar a juicios sati ricos sobre Hegel y sus predecesores y secuaces del dia, y asimismo sobre las arbitrariedades en que solian caer los «profesores de filosatiay hegelianos, La dureza de estas criticas se siente mis en Ale- ‘mania, donde Ja significacién de la palabra «profesor», referida en exclusiva a los mas altos docentes univer’ sitarios, tiene una dignidad desusada en otros paises: Por eso, cuando Schopenhauer preparaba la nueva edi cién de La Cuddruple Rate, wn feel amigo, Julius Frauenstit, traté de hacerle renunciar a esos rasgos satiricos. Traduciré esta pagina de sus Memorabilien, que viene en un libro dificil de Hrllar hoy. Cuando Schopenhauer tabsjaba en la segunda edicion de La Cuddruple Rais sel Principio de Resin Sufiiente tore ocision de advertic una tlamativa nota de au ex ¥ ponia en ejccucin fo que se abla propucsto, En adel tiempo me dijo gue en In ucva ediign de su abra iba a dar su merecido 4 lor profesores de Sivofia, ¥en prueba de ello me mosted algunos passes, En st eser Dulosidad le habla preocupado que les prufesorer de Alosofia le pedieran meter en wn proceso judicial a causa ‘de muchas dé sus Invectivis contra ells, y por esa aba ‘consulta con vn amigo Jurista sobre fos limites « que fra licito egar en tales ataques. Yo le aconseié desechar por completo Ine invectivas en sis obras objtivas ¥ re senarlas para una obra especial de canister polémo, on lo que conseguir po adulterar cl puro delete de Sobre ciency, por ott parte, davis In polemica Prologo del traductor B rrmor fuera, Yo Je aie: Usted, en primera ellen Ue EI Mun como Voluntad y Represrtacion. sma fee tan sling precleamente por consapase 560 al brim, por ser lance obo. Obras clenticas Shjsnas destindes alo Puanidad tenon ave mane ttrse events. de expecoracones subjetivas contra Tos Cntompordncos:Tambin Te ie que eando se orem Sno verdad cena ent on invectivay es como Sic fe feces ua fala loss para saboreara & Tero Sshopesbauce no er Hombre a gu se podlera dinar de fo que sabia propos. Mis obielones te siveron de naa, como no sea ara poner fama ‘Soit esecitmentepoincasus inet, cont Sr fado. de Jas intepucionesportcularesesparcies en ia Cddrapte Rae, emprenio won. censura ener tos profeores en seria sobre sin Slosotia Tirta ey el tomo t de Perera, Respelo = mt Muon a fo sublinilad ely primers een det Monto como Votirtady Represertscion, ti Schopen Towers Sen i foveal esto ate se, pero en In vefeeo pata fo mln A fo Tago de wenicinco aos te antonio sat sblinied y he clade ero ahora {vero curve con perf sangre fi Adem Soni cm el simi de i tata aleanzada pals ‘rested de un do compan feo este su {or primero, porque no eseribo para Toe profores de fossa auenessenviro; semundo, pore et fom e ave fos Tctgo no et wh versio sus, o- fede y twat com cord ds sda, pedo af cordon {Seda gu csi ena a ox ve lee aftr Levendo este testimonio de Frasienstidt pienso que ces exagerado hablar, aunque sea con simpatia, de la rudeza germénica evoeada por otro adversario de Hegel © GE, Arthur Schopenhauer, von Ernst Otto Lindner, nd Memorabiton, Bricfe und. Nachigcsticke, herauseeteben Yon Tas Pranevstit (Resin, Hast, 88), Be ASSIS. 4 De la cuddrupte raiz, el danés Soren Kierkegaard, a proposito de Ins invec- livas de Schopenhauer. «La lectura de Schopenhauer ice Kierkegaard— me ha proporcionade mayer pla fer que el que pueden expresar las palabras. Lo que dice es Ia perfecia verdad y ademas se adapla bien a Jos alemanes, pues solo un alemsin puede mostrarse tan rudo». Popper cita estas palabras, y coments im tencionadamente que las expresiones que emplea des- pués Kierkegaard son casi tan cortantes como fas de ‘Schopenhauer. Popper reproduce algunas’, Y por ellas hos es facil ver otra mano y otro pincel, pero n0 otros colores. Y el mismo Popper ges acaso menos incisivo cuan- do se pone a expresar su Solidaridad con las invectivas de Schopenhauer? Contra Hegel y sus predecesores y secuaces ha es: crito Popper paginas y mis paginas, sabre todo a lo largo del capitulo doce de su conocida obra La Socie- dad Abierta y sus Enemigos. Para no ser prolijo, ex traigo los siguientes parrafos casi finales. En ellos encarece lo dificil y al mismo tiempo lo urgente que f proseguir Ja lucha iniciada por Schopenhauer contra esta superficial charlataneria (que el propio Hegel son: ded exactamente cuando dijo de su propia filosofia que cra ela mis elevada profundidads). De este modo con: tribuireinos por lo menos a que la nueva generacin se libre de este fraude intelectual, ef mayor quizas en Ja historia de nuestra civilizacién y de sus querellas ‘con sus enemigos. Quizis Ia nueva generacién dé por fin cumplimiento a as expectativas de Schopenhauer, quien en 1840 profetizaba que «esta colosal mistfiea. cin habia de proporcionar a la posteridad una fuente inagotable de sarcasmos, Donde se ve que el eran 3K. R. Popper, The Open Socity and its Enemies, 1 © 8 (Londves, Routledge, 197, p. 29) Prétogo del traductor 45 pesimista fue capaz. de un insélito optimismo con res- pecto a la posteridad,) La farsa hegeliana ya ha hecho demasiado das y ha egado el momento de detenerla. Debernos hablar, aun a costa de mancharnos al coca festa materia escandalosa que tan claramente fue pues- ta al descubierto —desgraciadamente, sin éxito— hace ya un siglo. Demasiados filésofos han pasado por alto Jas advertencias incesantemente repetidss por Scho- peahauer; pero las olvidaron, no tanto en dettimento propio (no les fue tan mal) como en perjuicio de aque- Hos’ a quienes ensefaban y de la humanidad toda» [Los rasgos satirices que ei lector va a encontrar en La Cuddruple Raiz datan de ks edicién de 1847. Pero fen realidad las invectivas de nuestro filésofo contra Hegel y los hegelianos habfan empezado antes: las hnallamos ya en Los Dos Problemas Fundamentales de le Btica (sobre todo en cl prélogo, animadas por similes| tomados de Baltasar Gracin), obra publicada en 1841; se hallan también en el proemio a In segunda ediciin de EI Mundo como Voluntad y Representacién, de 1844 Despuss, saltando sobre La Cuddruple Raiz, la vena satirica reaparece vigorosa en 1854, con el ilameante protope a ta nueva edicion de La Voluntad en ta Na- furafeze, para venit por fin a morir con su autor en las Siliimas lineas publicadas en vida al frente de la se ‘nunda edicién de 1a misma obra por donde empez6 el ftaque: Los Dos Problemas Fundamentales de la Btica: sano de 1860 Pero'no quiero que estas indicaciones hagan que el lector se demore en este punto polémico y olvide que las mas importantes innovaciones de la nueva edicién de La Cuddruple Raiz hecha por Schopenhauer en 1847 © KR, Poppet, La Sociedad Ablertay sus Enemigos t. 1 «12 (Buenos Aires, Paid, 9A). Es una traduccion de fa obra Sa citada arriba en inglés, sungue despracadamente se han Dvd todas Ine notae del orginal 16 rate. son de indole puramente doctrinal y eobjetiva» (como Jiria Frauenstid®). El aspecto polémico es secundario, Bs facil advertir que 1a nueva edicién de 1847 dobla casi el tamafio de la edicién de 1813, y en las paginas nuevas las invectivas y los rasgos satiricas ocupan bre- ves parrafos: todo lo demas es doctrina impersonal y objetiva 1AS BDICTONES POSTERIORES La tercera edicién de La Cuddruple Ratz fue la pri mera de las ediciones péstumas que desde entonces ha fenido esta obra. Aparceié en Leiptig, Brockhaus, 1864, ¥ Schopenhauer habia desaparecida en 1860, En su ‘estamento habia legado todos los manuscritos de sus obras y los derechos de autor a sit fiel amigo y disc ppulo, el lésofo Julius Fratenstidt, que fue el que hizo la nueva edicion, prologéndola y afiadiendo algunas me- joras que Schopenhauer habia ido introduciendo en un ciemplar interfoliado de su obra que siempre tenia a mano, La suerte ha puesto en mi poder un ejemplar de esta edicién de 1864, ya rara, Las ediciones inmediatamente posteriores alemanas incluyen La Cuddruple Raiz entre las Obras Completas de nuestro fildsofo, Frauenstidt fue el primero que dio tuna edicion global de estas obras, publicindolas en seis volimenes (Leipzig, Brockhaus, 1877). Después vinieron ‘otras muchas ediciones, entre las que descuellan por sv fama la de Eduard Grisebach, Ia de Paul Deussen y la de Arthur Hiibscher. Son las mejores y las mas Famosas, pero no las unicas, En Ia actualidad destaca entre todas la citada edicién de Arthur Hibscher: Arthur Schopenhauer, Simmiliche Werke (Wiesbaden, Brockhaus, 1944-1950), en siete vohimenes, que repro. duce et texto original con las maximas ‘garanttas, 9 ‘ofrece también al estudioso Ia ventaja de conservar la Protogo del traductor "7 rhumeracidn de las paginas de cada tratado de acuerdo con la primera edicion general de Frauenstidt, lo que hhace posible utilizar el Schopenhuuer Register de G. F. Wayner. Arthur Hubscher ha publicado también la me. jor edicion de los escritos péstumos de Schopenhauer, Impresos en seis voldmenes: Arthur Schopenhauer, Der havdschriftliche Nachlass (Franctort, Kramer, 1966 1975). Se le debe también la més reciente y completa cediciin de su epistolario: Arthur Schopenhauer, Gesam- melie Briefe (Bonn, Bouvier, 1978). En. otra obra Arthur Schopenhauer, Gespriche (24 ed,, Stuttgart Bad Cannstat, Frommann, 1971), eecoge en un volumen las Iucllas dejadas por la conversaciin del tilésofo con sus contemporancos. Por otra parte, Ins cfigies de Schopenhauer, comentadas de acuerdo con la historia menuda de su vids, han side coleccionadas en el bello libro Sehopentauer-Bildnisse, Fine Ikonographie vom Arthur Bhibscher (Francfort, Kramer, 1968), y son innu: merables los estudios de este incansable autor dedi {dos al pran-fildsolo, El texto definitivo de La Cuddruple Raiz establecido por Hubscher viene en el tomo pri mere de las Obras Completas, y ha sido reproducido por otros editores. Es tambien ef texto seguido por la presente traduccién espafol. LA PRESENTE TRADLCEION, le procurado que esta traduccién se cifia estrechs. mente al original germano, salvando siempre el mar- xen de libertad imprescindible a la diceién castellana, aunque me pereato de que esta holgura ha sido muy fexigua, v esta eWptiidad hace que Ia traduceién, como sucle ocwrrir con todas las traducciones que preten: den ser feles, earesca de la sencillez y la naturalidad de Ta prosa directa, Ademis, traducir bien a un autor 8 De ta cuddruple raiz, Clasico es poco menos que imposible, porque raras veces coinciden las exigencias de la fidelidad con las del estilo. Cuando Ia fidelidad pide una palabra o una’ frase determinadas, el estilo pide quizas otras, y vice- versa, ¥ si el clisico es un fildsofo, y escribe con la perfeccidn de Schopenhauer, Ia difcultad es ain mayor. No puedo evocar ahora todas las difcultades que ime ha presentado esta traduccion, pero anotaré lo re- lativo a la versiim de algunos de’ sus principales tér- Grund es una palabra alemana que puede tradu cirse por las voces espaiiolas «fundamento», «princt pion, srazins, Aqui se traduce casi siempre por «ra zon». El propio Schopenhauer traduce Grund por ta ‘vor latina ratio, Nada importa que la palabra erazin» valga tambicn para traducir otro vocablo alemén: Ver~ hnunft. BI contexto hace imposible confundir «razin» fen el sentido de etazén suficientes y srazénn en el ‘sentido de facultad de formar conceptos. No obstante To dicho, la palabra Grund ha exigido rara vez, por su proximidad semantica con el dpyi, griego 0 el princi pin latino, ser traducida por la voz espatiola «prin ipo» Folge, cuando hace juego con Grund, es traducida por la voz castellana econsecuencias, pero no dando 2 esta palabra su sentido rigurosamente lépico, que ta haria sindnimo de silaciéns, esto es, de conexign entre tun antecedente y un consecuente. En este tratado de Schopenhauer «razin» y «conseewencas son términos enerales que se contraen en otros términos de menor cextensitin, a saber, en las cuatro clases de razones y cconsecuiencias que son estudiadas en sendos capitulos de Ia obra, Folge, cuanda hace juego con Lage (posicién), es traducida por Ia palabra espafiola esucesiona. (Cf. 88 36 y 38) Prologo del traductor 1 Folge, cn otro contexto, ha tenide que ser tradw ‘ida por series. (C1. § 23.) Verstand es traducida por sentendimiento», incluso ‘cuando se refiere a la inteligencia del animal irra ‘ional, Intellekt es palabra traducida por sintelectox, Scho penhauer Ia usa cuando quiere designar Ia facultad de conocer, que siempre es intelectual, dejando inde- erminado Si esa facultad es Verstand © Vernunft, en- tendimiento 0 ra2én, Ursacke, Reiz, Motiv es Ta causalidad ternaria de Schopenhauer, donde el vocablo Reiz plantea proble- mas de traduccion, Con él se designa I causalidad dentro de la vida vegetativa, y en el presente contexto Reiz ha evocado hasta ahora ante los traductores ex tranjeros que yo he podido consultar dos palabras ccuyo origen latino es excitario y stimulus, Los tradue: tores franceses de Schopenhauer (de ésta 0 de otras obras) ponen excitation (Cantacuzéne, Reinach, Bur eau, Gibelin, Sans); los italianos ponen stimoto (Sav} Lope2, Di Lorenzo, Amendola, Coli, Montinari y otros). Tas traducciones inglesas de Payne, que pasan por ser Jas mejores en esa lengua, ponen también stimulus. Mi traduccidn se halla mas cerca de los franeeses, pero 1no poniendo sexcitaciins, sino sexcitantes, como puso Unamuno en su versién de otra obra de Schopenhauer: Sobre la Voluntad en ta Naturateza (Madrid, Rodriguez Serra, 1990). «Excitaciony es accion y efecto de excitar, mientras que eexcitante» es su causa, y hace juego con las otras dos palabras de fa mencionada tena causal Begriff, beareifen, Inbegriff son voces que tienen cen alerin un parentesco gramatical intraducible. Por To que toca a Inbegriff, habfa peligro de traducitia dando pie a_una falsa interpretacién de la teorfa det concepto en Schopenhauer. Algunos traductores extran- jeros de La Cuédruple Raiz ban trasladado esta. voz » De la euddruple rate. cescribiendo une conception d'ensemble (Gibelin), wia somma (Amendola), a complex or coniprehensive tota- lizy (Payne). La presente traduccién emplea la palabra sconglobacins, que tiene la ventaja de ser una sola vor, cosa que pasa también con esumas; pero «con lobacién» nunca obliga a interpretar Inbegriff como luna suma o coleecién de imagenes singulares. Por otra arte, el abolengo castellano del vocablo «congloba- cin» viene acreditado por el uso que hizo de él Bale tasar Gracin (Agudeza y Arte de Ingenio, XXXTI) ‘Las locuciones 0 citas de autores que no escriben cn alemin, y son aducidas por Schopenhauer en griego, latin, italiano, espaol, francés e inglés, han side de- jadas en sus respectivos idiomas, tal como las trans- eribié el filésofo, porque Ta obligacién del traductor espaol es poner en espaiiol Jo que el autor escribid fen alemén, y respetar las locuciones y.citas que el ‘autor ha querido que figurasen en otras lenguas ‘Mencién aparte merece la transcripeidn de algunos textos latinos. Schopenhauer, como otros autores ale manes, sucle citarlos concertando los casos del latin con los del alemén, La indole sintéctica del espaol no aconseja hacer esto, sino ue es preferible dar a los terminos de la frase latina los casos que requieran con independencia de sit contexto castellano. Ast las frases latinas que el autor cita: entia praster necessi- tatem non esse multiplicanda y entium varietates non temere esse minuendas han sido transcritas por rt ast: fentia procter necessitatem won sunt muliplicanda y entium varietates non temere sunt minuendae. Y cust do hablando de Leibniz dice: Die Hauprstelte ist in seinen principiis philosophiae, vo he puesto: +E} pasale principal se halla en sus Principia Philosophiae»” Francis J. Payne, en una nota por Io deme muy intere sante (A Note on Schopenhauer’ Exeay Dio wieracie Wars Prélogo del traductor a Algunas notas més sobre la traduccién se hallardn sto largo det texto En cuanto a los aspectos doctrinales de esta obra, he preferido abstenerme de escribir nada, porque en ediciones de este género la introduccién de notas doc: trinales que se interponen entre cl autor y sus lectores no ha sido siempre de mi agrado. Habria mucho que anotar en las margenes de este libro, pero he querido ‘ofrecérselo al lector desembarazado de todo comento, Lroroipo-Euiocio PaLacros Madrid y diciembre de 1980, “Schopenfaer- Jahrbuch, XXXILL, 199498, pp. 1861), esti Se neerca de este parrafor «Princip no es" uen lin {ir not food Tarn), sin. duda porque no tiene en cuenta lt manera Como sce ciar lt lon autores slemanes, DE LA CUADRUPLE RAIZ DEL PRINCIPIO, DE RAZON SUFICIENTE ARTURO SCHOPENHAUER Nal ys s8v dusrépa guyg tapabévte terpantiy, Taya devéoo evoeas pitdyar" tyovoev. PROLOGO Este tratado elemental de filosofia, que vio ta luz por vez primera el afi 1813, cuando consegui con é Imi doctorado, ha legado a ser posteriormente la base de todo mi sistema filosdfica, Por esta azn no debe faltar a los libreros, como venia pasando, sin que yo lo supiese, desde hace cuatro afos. ‘Ahora bien, no me parecié disculpable lanzar otra vez al mundo este trabajo de juventud con todas sus maculas y defectos. Creo que el tiempo en que ya no pueda corregir nada no esti muy lejos, pero que en- tonces empezar el periodo de mi verdadera influencia, el cual espero que ha de ser largo, confiando firme- mente en Ia promesa de Séneca: etiamisi omnibus tecumt viventibus silentium livor indixerit, venient qui sine offensa, sine gratia judicent (ep. 79), Por eso he mejo- rado en lo posible este trabajo de Juventud, y, dada la brevedad e incertidumbre de nuestra vida, consi ddero como una dicha especial que me ha sido otorgada el poder corregir a los sesenta afios lo que escribi a los veintseis, ‘Sin embargo, me he propuesto ser indulgente con cl joven que yo era entonces y dejarle hablar y expla- yarse siempre que es posible, Pero cuando se muestra incarrecto o superfluo, © da de lado lo mejor, tengo que cortarle Ia palabra, cosa que ha sucedido bastantes 26 De ta cuédrupte rate. veces, con lo que muchos recibiran la impresion de un viejo que lee en voz alta la obra de un joven, pero con frecuencia interrumpe la lectura para entregarse asus ropias digresiones sobre el tema, Es facil comprender que una obra que ha sido re. visada de este modo y después de tan largo tiempo io puede tener la unidad y redondez que es patrimonio Ue las obras forjadas de un solo aliento, Hasta en el estilo y en Ia forma de exponer se advertira una dife- rencia tan inconfundible, que el lector detieada nunca dudara si esti ovendo al viejo 0 al joven. Pues hay sin duda mucha distancia entre el tono suave, modesto, dol joven que expone su asuinto con plena confianza, ‘cuando es atin suficientemente cindid para ereer se: Fiamente que todos los que se ocupan en filosofia no bbuscan otra cosa que la verdad, y que, por consiguien- te, aquel que Ia promueve sera bienvenido entre ellos; y la ver firme, pero algo bronca, del viejo, que final mente ha tenido que descubrir en qué noble compania de traficantes y aduladores serviles ha caldo, y cual es cl blanco al que enderezan su intencion. Y si de cuando fem cuando Ia indignacién le sale por todos los pores, cl benévolo lector no habri de censurarselo: pues los hnechios han ensefiado lo que se consigue cusndo los hhombres que traen siempre en la boca la aspiracién a Ia verdad tienen los ojos puestos tinicamente en las Imiras de sus superiores encumbrados; y cuando, por tra parte, se extiende a los grandes filésofos el e quovis Iigno fit Mercurius, y un phimbeo charlatén como Hegel ces comvertido en un gran filésofo, Ahi esta Ia flosofia lemana, carzada de desprecio, hecha kudibrio del ex tranjero, rechazada por Tas ciencias honradas —como luna meretriz que, por vil recompensa, ayer se entrees A uno y hoy se entrepa a otro: y las cabezas de la actual generacion de estudiosos estén desorganizadas por los absurdos hepelianos: incapacitadas. para pen: Prélogo 2 sar, rudas y aturdidas, son presa del vulgar materalis: ‘mo, que ha brotado del huevo del basilisco, ;Buen via je! Yo retorno a mi asunto, Habra, pues, que resignarse a la disparidad de tono, porque yo no podia aqui, como hice en mi obra capital, ‘adit aisladamente las adiciones posteriores; pero rhada importa saber qué es To que yo escribf_ a Ios veintistis afios 6 lo que escribi a los sesenta; To intere- sante es que aguellos que quieren orientarse y discu- rir con firmeza y claridad por los conceptos funda- Imentales de todo filosofar reciban en estas pocas hojas tun librito con el que puedan aprender algo serio, s6lido Yy verdadero; y espero que asi suceda, Con el desen- Yolsimicnto recibido ahora por varias de sus partes, festa obra ha venido a ser una teoria compendiosa de rnuestras facultades cognoscitivas, teoria que, mirando Siempre y solo al principio de razén, expone el asunto por tn lado muevo y peculiar, pero que alin encuentra Su complemento en el primer libro de EI Murido como Voluntad y Representacién, junto con los capitulos co- rrespondientes del segundo tomo, y en la «Critica de fa Filosofia Kantiana» Francfort det Meno y septiembre de 1847, No wribo on letra cursiva cl titulo de ta «Critica de la Tiosoia Renflamar,poraue ao so tata de una. obra separada, Sino de un estudio aoe sine en forma de apéndic al fal del tomo T de la obra capital de Schopenhauer. BT Mando como Volintad'y Representacin, (N, det F) CariroLo pRimeRo INTRODUCCION 81. EL weropo Platsn el divino y el asombroso Kant unen sus vi ‘gorosas voces en Ja recomendacién de una regla para fl méiodo de toda filosofia, y aun de todo saber en teeneral . Han de satisfacerse por igual, dicen, dos leyes: la de la homogeneidad v la de ta especificacin, pero sin abusar de la una con perjuicio de Ia otra. La ley de Is homogeneidad nos enseha, mediante la observacién de la semejanza y concordancia de las cosas, a apre hender las variedades para reunirlas en especies y éstas cen géneros hasta que legamos finalmente a un concepto supremo que lo abarque todo. Comaquiera que ésta es tuna ley transcendental, esencial a nuestra razé6n, pre supone que la naturaleza le sea conforme, suposiclén aque se expresa en Ia antigua regla: entia practer ne- cessizatem non sunt multiplicanda. Al contrario, la ley de especificacion es expresada por Kant asi: entium varierates nan temere sunt minuendae. Esta requiere 1 Pitén, Philes, pp. 210208; Poi. 6, Phacdr, 3136, 96. Bip. Kant, Crit dela Rozon Pure, Apendice a tx Dialetica Transcondente, De ta cuédruple ra ‘que distingamos bien las especies unidas en ef com fepto del género que las abarea, y a su vet las varie- dades superiores e inferiores comprendidas en tales especies, guardiindonos de dar ningin salto, y, sobre todo, de no subsumir las variedades inferiores, y, me- hos atin, los individuos, inmediatamente bajo el con- ccepto de género, siendo cada concepto capaz de una nucta divisién en conceptos inferiores, pero sin Negar nninguno de éstos a la mera intuicién, Kant ensefla que estas dos leyes son principios transcendentales dela razon, que postulan a priori et acuerdo de las cosas con ellos, y Platén parece exprosar a su manera lo mismo al decir que estas reglas, a las que toda ciencia debe su origen, nos fueron arrojadas de la mansion de los dioses con el fucgo de Prometeo, 5.2 Su APLICACION EX EL PRESENTE C450 Yo encuentro que, a pesar de tan poderosa reco: ‘mendacién, la altima de estas dos reglas es poco apli- cada a uno de los principios capitales de todos los ‘conocimientos, al principio de razén suficiente, Aunque se le ha propuesto de una manera general, desde hace tiempo y muchas veces, se ha descuidado la separacion de sus muy diversas aplicaciones, en cada una de las cuales obtiene una significacién diferente, y que dela tan su procedencia de diversas facultades cognoscitivas, Pero precisamente en el estudio de nuestras facultaces intelectuates 1 uso del principio de homogencidad con menoscabo de su opuesto nos conduce a muchos y persistentes errores, y, por el contrario, el uso del Principio de especificacién ha producido los més gran- des y mas importantes progresos. Esto se demuestra comparando la filosofia kantisna con todas las ante- Mores. Séame permitido transeribir un pasaje en que Introduccion 31 Kant recomienda aplicar el principio de especificacion a las Iuentes de nuestros conocimientos, dando asf Crédito ami actual tentativa: Es de la mis alta importancia aisla los conocimientos fave por sw especie y orien son distintes de los demas, {evar cuiladosamente que se confundan en ura amal fama con oles, con Tos cuss suele mezclaros el uso. Tn gue cl quimice hase at divide In materia, 1b que hace cf matemdtica en storia para de as magnitudes, debe cero com mayor razin el 6liofo, com To que obtendrd i prowecho de pader determinar com seguridad la parte fue cada especial modo de conocimiento tine en el uso Dromsewo. del entendiment, st valor y st tnuencia Dropian (Crit. de fa razin pura, Doctrina det método, ap. 3). § 3. Uritapan pe ests aNvEsrieNctoN Si logriramos demostrar que cl principio que es objeto de nuestra investigacion no dimana inmediata- mente de sro solo, sino de varios modos coznoscitivos: fuindamentales de muestra mente, se seguiri de esto que la necesidad que entravia como principio a priori rho es tampoco tae idéntica en todas partes, sino tan tmiitiple como lo son las fuentes del principio mismo. Sucederd entonces que todo el que funda una conch isn sobre el principio, tendra la obligacion de deter: minar exactamente sobre cual de las diferentes nece: sidades que sirven de base al principio de razén se pova, v Ia ealifcar con un nombre propio (como los ‘que yo propondré). Creo que de este modo se ganaré ‘algo para la precision w claridad en el filosofar, v con- Sidero que In claridad proveniente de la exacta deter: rminacion det significado de cada expresi6n es una exi- gencia imprescindible de la flosofia, como medio para asegurarnos contra el error v Tos engafios intenciona 32 De ta cuadruple raiz. dos, y para hacer que todo conocimiento adquiride en cl campo de la filosofia sea una propiedad segura que no pueda Iuego sernos arrebatada por equivocos 0 am. bigiiedades descubiertos posteriormente. En general, el filbsofo auténtico buscar sobre todo elaridad y preci sign, y se esforzara siempre en parecer, no un turbio ¥ movedizo torrente, sino mas bien un lago de Suiza, ‘que por st sosiego tiene en la mayor profundidad gran claridad, siendo la claridad precisamente lo que hace Visible Ia profundidad. La clarté est ta bonne fot des Phitosophes, dijo Vauvenargues. Al contratio, el filbsofo inauténtico no tratard, ciertamente, de ocultar sus Pensamientos bajo las palabras, siguiendo la méxima de Talleyrand, sino més bien de ocultar su falta de Pensamiento, atribuyendo a culpa del lector la incom: prensibilidad de sus filosofemas, nacida de su propia obscuridad mental. Asi se explica que en algunos es critos, los de Schelling por ejemplo, el tono didactico se convierta con frecuencia en reprensién, e incluso muchas veces se eche en cara al lector por anticipade su incapacidad, 84. Turonraxcis nt prancrPio pe RAzON suFtetENTE La importancia del principio de razén suficiente es srandisima, porque se le puede considerar como el fundamento de todas las ciencias. Ciencia no es otfa ‘cosa que un sistema de conocimientos, es decir, un todo de conocimientos enlazadas, en oposicién a un ‘mero agregado de ellos. Y cquign sino el principio de razén suficiente vincula les miembros de un sistema? Lo que distingue precisamente a una ciencia de un mero agregado es que sus conocimientos nacen unos de otros como de su propia razin. Por eso decia ya Platén: Introduccién 3 wal yap at B8Ga0 al aanbelg oo woi2ed AEiat elow, fag Gv nig altde Blog alelag Yoviond (etiam opiniones yerae non multi pretit sunt, dance auis ilar ratocnatione a costs data Uiget, Meno'p 385. Bip). [Ademis, todas las eiencias contienen nociones de causa, ppor las cuales se pueden determinar los efectos, € jigualmente otros conocimientos sobre las nevesidades de las consecuencias a partir de los principios, segin se vera en nuestra ulterior consideracién; lo que ya Aristoteles expresa con estas palabras: stioa Exony Biavoneueh, fxel yerhound 1 tiavetes, wept altlag wal axe tort (ommis intellectuals sciemta, sive aliguo modo intellect partcipans, crea causas et princpia st), Metaph, V, Ie Ahora bien, como la suposicién hecha siempre por nosotros a priori de que todo tiene una azn es la ‘que nos autoriza a preguntar en todas partes «por ‘qués, el «por qué» puede ser llamado la madre de todas las ciencias, $5. Bt rrmverero auisMo Mas adelante habré que mostrar que el principio de razén suficiente es una expresién comin a varios conocimientos dados a priori, Entretanto tiene que ser puesto provisfonalmente en una formula. Elio la wolfiana, por ser la mis general: Nii! est sine ratione ‘cur potius sit, quamt non sit. Nada es sin una razén por In que es * 7 ‘Schopenhaver no suse traducit las cits ave da_en atin las palsbras que pone despots de ls érmula de Wolf no 36 ‘leben tomar como’ una traduccion, sino como una abrevscin, Wedel 7) cavtru.o 1 RESUMEN DE LAS PRINCIPALES ENSESANZAS ACERCA DEL PRINCIPIO DE RAZON SUFICIENTE, DADAS HASTA AHORA § 6. PRIMERA FORMULA DEL PRINEIPIO Y DISTINCION DE La expresion abstracta, mas o menos definida, de un principio asi, originario de todo conocimiento, debié de haberse encontrado desde muy antiguo; por eso es dificil, y ademas no tiene gran interés, probar dénde hha aparecido por ver primera. Platon y Aristételes no lo proponen atin como un principio fundamental; pero con todo lo expresan muy a menudo como una verdad evidente de suyo. Asi dice Platon, con una in- enuidad que comparada con as investigaciones criti cas modernas aparece como el estado de inocencia frente al estado del conocimiento del bien y del mal: Avayeaion, nivia vé yeywiueve Sud sive aay yl weodar nde yo Bev yoote tobray yiyvorr® (necesse est, quaccungue funt, per aliquam causa fier uomodo enon absque ea flere, Phe. p. 28, Bip Principates ensehanzas... dadas hasta ahora 35 y de nuevo en et Timeo (p. 302): iy 88-18 ylyvouevor tx? atrlos Tods 26 Svdyane yoywecta aavil yOp aBivarey yople dtrlow yan oie Aaquidauid cgmitur, ex aqua causa nacessariogigntur sine cause enim ovri quidquams impossible st. Al finat de su libro De fato, Plutarco aduce entre los principios fundamentales de los estoicos: dhiove ply xat weSrov atvat Bete, wB gubly dv Mog Yiyveo@ae, dA ward sponvoupeva aie (evan primaam esse widbitur, nihil fier! sine causa, sed omnia eausis antepresss). Aristteles, en los Analyt. post, T, 2, sienta en cierto ‘modo el principio de razén con estas palabras: fnlocaosae S& olbyede Eeactey AnSs, Stay vy atsloy oléyeta yywdoestr, 8° fv 10 mpdyn ow, Bue etvoo avi forty, nat Ev8Lyc00a4 votre Bho (Scire autem putemus wamguangue rem simpliiter, ‘uum putamus eausam coanoscire,propter gaan res es finsque ri ana ese, nic posse cam liter se habere), También en la Metaph, lib. IV, €. 1, hace ya una divi sidn de las diferentes especies de rarones, o mas bien, de principios, épyat, que divide en ocho, division que ri es fundamental ni suficientemente rigurosa. Sin em Dargo, dice aqut con perfects razén: zoosy ly of xowdy 1S pyar, cb apttov atv hey f Bown, % ytyerat, f yevusonera (omnibus tsitur princpis commune est, esc primum, unde eut est, aut fit, aut cognosctu. 36 De ta cuédruple raiz.. En el capitulo siguiente distingue diferentes Hinajes de ‘causas, pero con alguna superficialidad y a la vez con- fusion. Mejor que en este pasaje establece cuatro clases de razones en los Aval. post, 1, 1 triay BE thoogpe pier pty x8 ok fy elvan ler BE WB vow Svrov avaryan oOTO elvan’ depart 3po toy ixloyoe tetdpen 88, 18 clvog Evens {cause autem gustuor suxts una quse explicat quid ree With alters, quam, sf qucedam sing, noceste ext ese; fr fig, use guid primum movil; quarte i, cus gata) ste es el origen de Ia division de las causas comin mente aceptada por los escolisticos en causas mate. riales, formales, eficientes y finales, como se puede tar bign ver en las Disputationes metaphysicae de Suarez, ese verdadero compendio de la escolistica (disp. 12, sect, 2 et 3), Pero todavia el mismo Hobbes las aduce yy explica (de corpore, P. II, ¢. 10, § 7), Dicha divisién se vuelve a encontrar en Aristételes, y por cierto més rminuciosa y mis clara: véase Metaph, I, 3, También cen el libro de somno et visita, c. 2, es aducida breve- mente. En lo que concieme a Ia importantisima dis- tinctén entre razén de conocimiento y causa, Aristételes delata ciertamente un concepto de la cuestién cuando fexpone por menudo en los Analyt. post, 1, 13, que el saber y demostrar que wa cosa es, difiere mucho de saber y demostrar por qué es una cosa, presentando con esto titimo el conocimiento de In causa, y con lo primero Ia razdn de conocimiento, Pero no llega a per catarse plenamente de la diferencia: de lo contrario, en sus demas eseritos Ia hubiera conservado y estudiado. Pero no sucede asi: pues incluso en los mismos pa- sajes referidos arriba, en que procede a distinguir las diferentes especies de razin, no le viene a las mientes Ja diferencia tan esencial sugerida en el capitulo que Principales ensefanzas...dadas hasta ahora 37 ahora consideramos, y usa Ia palabra attioy indistin- tamente para toda razén, cualquiera que sea su clase, © incluso muy frecuentemente Tama a la razén de conocimiento, y hasta a las premisas de una conclusion, tlslac: asi, por ejemplo, Mesaph, IV, 18; Rket, Ul, 21; de plantis, 1, p. 816 (ed. Berol.),¥’ especialmente Analyt. post, 1, 2, donde precisamente lama a las premisas fe una ‘conclusion airier 108 avyinepéopervac. Ahora bien, cuando se designan dos conceptos afines con Ia misma palabra, es seal de que no se conoce su dife rencia © al menos no se mantiene, pues algo muy di- Ferente es To que pasa con la homonimia casual de cosas muy diversas. Esta falta surge del modo mis sorprendente en su exposicién del sofisma non causae fur causa, nape 18 yh &riov de attiov, en el libro De sophistieis elenchis, &. 5. Por attiov entiende aqui ex chusivamente la razén_probatoria, las. premisas, esto fs uta izén de conocimiento, consistiendo este sofis- sma en que se demuestra correctamente que tna cosa ces imposible, pero este no inflaye nada sobre la prov posicion discutida, que a pesar de todo se presume haber derribado por este procedimiento. Por tanto, no se habla agui en absolut de causas tisicas. Pero el tuso de la palabra ettiov Tit tenido tanto peso entre los légicos de los tiempos modernos, que, steniéndo- se tinicamente a ella, presentan siempre, en st exposi cin de las fallaciae extra dictionems, ta fallacia ‘non ‘causae ut causa com Ta indicacién de wna causa fisiea, zno siéndolo; por ejemplo Reimarus, G. F. Schultze, Fries y todos los que vo recuerdo: solo en la Légiea dle Twesten encuentro este sofisma bien expuesto, Tam- bbién en otras obras de ciencia v en disputaciones suele designarse por Ia acusacisn de una fallacia non causae ut causa la interpolacién de una falsa ease, De esta mezcla y confusién, tan generalizada entre los antigwos, de la tey Iégica de la razén de conoei- 38 De ta cuidruple raiz. Principates ensehanzas... dadas hasta ahora 39 imiento con la transcendental ley natural de causa y efecto, nos ofrece todavia un vigoroso ejemplo Sexto Empitico, Asi, en el libro 9 adversus mathematicos, © sea en el libro adversus physicos, § 204, trata de de: mostrar la ley de la eausilidad y dice: «BL que afirma que no hay ninguna causa, aixfa, © no tiene ninguna ‘caus, alia, para afirmarlo, o tiene algunas. En el pti mer caso, si afigmacién no es mas verdadera que la contratia; en el olf, por su misma afirmacién estae bilece la existencia de eausas. Vemos, por tanto, que los antiguos no llegaron a distinguir claramente entre In exigencia de una razén ide conocimiento para fundar un juicio, y In exigencia dde una causa para la génesis de un hecho real. Por lo ‘que hace después a los escolisticas, Ia ley de Ia causa Jidad era para ellos como un axioma elevado por en- cima de toda investigacién: non inguirimus an causa sit, quia nihil est per se notius, dice Suarez (Disp. 12, sect. 1), Se atenian a la divisién aristotélica de las ceausas mencionada arriba; pero tampoco habian e- da, que Yo sepa, a percatarse de Ia necesaria distin cin de que se trata aqui. § 7. Drscawtes En este punto encontramos que incluso nuestro ex celente Descartes, el iniciador de 12 observacién sub- jetiva, y, por To mismo, el padre de la filosofia mo- derma, es presa de confusiones apenas explicables, y ya veremos a cusin serias y lamentables consecuencias hhan conducido estas confusiones en la metafisica. En su responsio ad secundas objectiones, en sus Medita tiones de prima philosophia, axioma T, dice: Nulla res ens, de qua non possitquacr, qucenam sit eausa, cur exist Hoe enim de ipso Deo. quaert potest ‘non quod indigent alla causa wt existe, sed guia ipsa ees dla causa indiget ea existendum, Hubiera debido decir: la inmensidad de Dios es una razén de conocimiento, de la cual se sigue que Dios no necesita causa. Confunde, sin embargo, ambos con: cepios, y se ve que tampoco tiene una clara conciencia de la profunda diferencia entre causa y razon de co nocimiento. Pero realmente es Ta intencién la que en él falsea Ia vision. En efecto; introduce, alli donde la ley de causalidad exige una causa, en si lugar una razén de conocimiento, porque ésta no nos lleva tan lejos como aquella, y abre por este axioima el camino al argumento onzolégico de la existencia de Dios, cuyo inventor fue, ya gue San Anselmo sélo dio de él Ta introduecién en general, Pues inmediatamente despues de Ios axiomas, el primero de los cuales es el que hhomos citado, se desarrolla formal y seriamente este Aargumento ontolégico: ya en dicho axioma esté como acusado, 0 por lo menos, esté en él como el pollo en el huevo largo tiempo incubado. Asi, mientras todas Jas demés cosas necesitan, para existir, de una causa, f Dios, ya intraducida por Ia escala del argumento cosmol6gico, Je basta, en lugar de causa, la iommen- sitas, latente en su propio concepto, ©, como el argu: mento mismo expresa: in conceptw entis sume per fect existentia necessaria continetur. Este 5, por tanto, ol tour de passe-passe, para cl cual se ha utilizado la confusion, va familiar a Aristételes, de las dos princk pales significacianes del principio de razén, contusién tusada aqui ir majorem Det gloriam. Pero, examinado con claridad y despreocupadamen- te, este célebre argumento ontologico es un delicioso cuento, Pues a nadie le falta ocasion para forjar un concepto compuesto de toda suerte de predicados, te: 0 De ta cuddruple raiz, Principales ensenanzas.. dadas hasta ahora a niendo especial cuidado de que entre ellos, ora mondo ¥ Hirondo, ora, y esto es més decoroso, envuelto en ‘otro predicado como perfectio, immensitas, 0 cual- quiera por el estilo, se encuentre también el predicado de la realidad o existencia, Fécllmente se comprende que, dado un concepto, se pueden ir sacando de él por medio de solos juicios analiticos, todos sus pred ceados esenciales, es decir, los que implica el concepto mismo, como también los predicados de estos predi cados, que entrafiarin una verdad figiea, esto es, tet: Grin su razén de conocimiento en el concepto dado, Por este procedimiento el forjador del concepto saca de él también el predicado de la realidad o Ia existen cia; iy mira por dénde un objeto correspondiente all concepto debe existir en la realidad, independiente del coneepto mismo! ‘test pensamlento fuera ‘Algo: menos ingenioso Dicran ganas de Tamarlo Soheranamente tonto Por to demés, la respuesta més simple a tal demos in ontoldsica es In siawiente: «Todo estriba en saber de dénde te viene tt concepto: le has tomado de Ia experiencia? A la bonne heure! Entonces en ella cexistir’ su correspondiente objeto, y no necesita de rmiis demostracién, Por el contrario, cle has fraguado fen tit mollera? Entonees no le sirven de mada todos sus predicadas: es una ficcidns. Y que la teologta, para hhacer pie en el terreno de In flosofia, extrafio a ella pero donde se encontraria muy a gusto, haya tenido + Wider Gedantinieht 50 verwiinscht gescheut, Man wi’ wereuct th erclich dune te nernen, Vers de Schiller, Wallenstein, Die Picolomini, MI, 7 (w. det 7) que recurrir @ tales argumentos, suscita una preven: cion muy destavorable a sus pretensiones. —Pero job, profética sabiduria de Aristotelest El jamas oye hablar el argumento ontologico; pero, hundiendo su mirada fn la noche de los obscures tiempos que habjan de soguitle, divisé esa traza escolistica, y deseando ata jarla en su camino demostr6 concienzudamente en e capitulo 7 del libro I de os Analytica Posteriora que la definicion de una cosa y la prueba de su existencia son dos materias distintas y que munca deben confun- irse, pues por la primera de ellas sabemos Lo gue se rmenciona, y por la otra que esta cosa existe; y como un ordiculo de lo por venir expresa esta sentencia 18 8 lyst abe obote obbevl at yp yév0s 18 BY (se cers ulus red essonta st, auandouuidens ens sow ext gor). Esto quiere decir: «la existencia no forma parte de la csencia: el existir de las cosas no pertenece a sti qui ‘idad.» Al contrario, podemos comprobar eémo vene- aba Schelling el argumento ontotdgico, si reparamos fen una extensa nota de la p. 152 del tomo primero de ‘sus escritos filosdficos de 1809, Y aiin se colige de esto algo més instructive: que para echar a los slemanes polvo en los ojos basta con baladronear osadamente y com aires de grandeza. Pero que otro individuo tan absolutamente desdichado como Hegel, cuya filosofas- teria toda es una monstruosa amplificacién del argue mento ontolégico, haya querido defender éste contra Ja critica de Kant, es una alianra de ka que se aver: gonzaria el mismo argumento ontolbaico, i fuese capaz de tener vergiienza, No se espere de mi que bable con respeto de gentes que han sumido la flosofia en el desprecio. 2 De ta cuédruple rats 88 Snivoza Aunque la filosofia de Spinoza consiste principal: mente en la refutacién del doble duatismo establecido por su maestro Descartes, a saber, el de Dios y el ‘mundo y el det alma y el cuerpo, no obstante perma: nece fiel a su maestro en la confusion y la mezcla de Ja relacién de razén de conocimiento y consectencia con la relacidn de causa y efecto referida arriba, y atin trata de sacar mis provecho de esta confusion para su metafisica que el que habia sacado Descartes para Jn suya: pues la susodicha confusidn se convirtio en 1 fundamento de todo su panteismo, En efecto, en un concepto estén comprendidos iin plicite todos’ sus predicados esenciales; por eso, se pueden ir desplegando estos explicite por meros. jul ios analiticos: la suma de éstos es su definicién, Bsta ho diferita det concepto por el contenido, sino por la forma, puesto que la definicién se compone de juicios comprendides todos en el concepto, ¥ por eso tienen fen este concepto su razén de conocimiento en cuanto ellos exponen su esencia. Seguin esto, tales juicios puc- den ser considerados como consecuencia de aguet eon- ccepto, derivados de éste como de st razén, Ahora bien: semejante relacién entre el concepto y los jticios ana Iiticos fandados en él y que de él pueden derivarse es Ja relacién que tiene el llamado Dios de Spinoza con el mundo, 0 mejor, Ia relacién de Ia substancia Gniea y sola con sus inaumerables accidentes (Deus, sive ‘substantia constans infinitis attributis, Eth. T, pes 1. Deus, sive omnia Dei atiributa). Es, por consiguiente, fa relacién de la razdn de comocimiento a st cor ccuencia: mientras que ef verdadero teismo (el de Spi- nora es um tefsmo nominal) adopta Ta relacién de la ‘causa sl efecto, en la cual Ia razén permanece distinta ¥ separada de la consecuencia, no como en Ja otra Telacién, s6lo por el modo de Ta consideracién, sino ‘esencial y realmente, esto es, en sf misma y siempre, Pues la palabra Dios, usada\honradamente, no signi- fica otra cosa sino esta misma causa del mundo, com Adicién de la personalidad, En cambio, un Dios im personal es una contradictio in adjecto. Queriendo ahora Spinoza mantener la palabra Dios para la subs- tancia aun en la relacién establecida por él, y Hamén- dola expresamente la causa det mundo, paid hacerlo fa costa de confundir ambas relaciones, ¥, por consi twiente, de confundir por completo el principio de razon de conocimiento con el principio de causalidad. Para documentar esto recordaré, entre numerosos pa sajes, s6lo el siguiente: Notandunn, dari wecessario uniscuiasgue ret exstetis cortam aliquam exis, propter qua exist. Et note: ‘tum hae censam, propter qua afigua 125 east, vel tents (nica quod ad tpsias natuvam pertinet existe), tel debere were ipsam dari (Eth, I, prop. 8, schol. 2). En el altimo caso se refiere a una causa eficiente, como se infiere de Io que sigue; en el primero, por el con trario, a una simple razén de conocimiento; identifica sin embargo, ambas, y prepara asi la via para su desige rio de identificar » Dios con el mundo. Su maniobra cconsiste en mezelar la razén de conocimiento, que re side en cl interior de un determinado concepto, con tuna causa eficiente que opera desde fuera, equiparén- ola a ella; y esto Jo aprendié de Descartes, Como comprobantes de esta confsion citare atin los pasajes siguientes Ex necessitate divinae naturae ona, quce sub intelee tu infinitum cadere possunt, sequt debent (Ete, PH prop. 16 - De ta cuddruple rate Pero al mismo tiempo Mama a Dios en todas partes Ja causa det mundo: Ouidauid exist Det poceniam, quae emu rerum ‘aust est, exprimit (bid prop. 36, demonstr) sens (Ibid, peop. 1. ed etiam essentiae Ibid, prop. 2), Ete, P. IT, prop. 1, Ademonsit, dice: Ex date guacumave Ted alguis weres recessrio seq debet. ¥ ibid, prop. 4 Nulla res nish a Causa eterna potest destru. Demonsir: norimrn cafes cumaue rei, ipsius essentins (ezenca, constitucia, para stings de exstencla)affirmat, se non negative tol essentiant port, sed non tall, Dur itaque ad tem fpsam tantuom, now autem ad causes externas attends, nih in cadempoterimus. inven, quod ipsam possit destruc Esto significa: como un concepto no puede contener nada que contradiga su definicion, esto es, fa suma de sus predicados, tampoco una cosa puede contener nada que pueda ser causa de su destruccién, Fsta vision alcanza su punto culminante en la segunda demostra- cidn, algo extensa, de Ia undécima proposicidn, donde también 1a causa que puede destruir o anular una eser cia es confundida con una contradiccién que estaria ccontenida en la definicién de esta esencia ¥ que anu laria dicha definicién. La necesidad de confundir ta causa con la razén de conocimienta se hace aqui tan apremiante, que Spinoza nunca puede decir 0 sélo causa, 0 solo ratio, sino que se ve constrefiido a poner siempre ratio seu causa, lo que repite en una misma pagina ocho veces, para disimular el fraude, Esto mismo Jo habia hecho ya Descartes en el susomentado axiom, Asi, pues, el panteismo de Spinoza sélo es propia. mente la realizacién de la prucba ontolégica de Des 4s Principates enseRancas... dadas hasta alo cartes, Ante todo, adopts el citado principio ontol6gico ide Descartes mencionado arriba: psa naturae Dei imomensita est e408 SINE RATIO propter (quart la couse ondiger ad existendam; en vee de Deus, dice (al principio) siempre substantia, y luego termina: substantlae essentia necessario molt exstentiam, ergo it substantia casa SUT (Ey. 1, peop. 7) De modo que, con el mismo argument con que Des cartes habia demostrado Ia existencia de Dios, de- muestra Spinoza la existencia absolulamente necesaria fet mundo, —el cual, por tanto, no necesita de ningin Dios. Esto lo efectia atin mas claramente vn el segundo escolio de Ia gctava proposicisn: ‘Quonian ad naturam substaniae pertinet existere, ter eins definition necessriam exstentian involvere, ef onsequenter ex sola sjue definiione debet ipsias ext tenia conc Pero, como es sabido, esta substancia es cl mundo, —En cel mismo sentido ta demostracién de la prop. 24 dice: 1, cuius natura in se considerata (esto €s, 50 dein cin) ivi evitontiam, est CUS St Lo que Descartes expuso s6lo ideal, sito subjetiva- mente, esto es, s6lo para nosotros, solo en benef del conocimiento, es decir, de la prueba de la existen- ‘ia de Dios, lo tom Spinoza real y objetivamente, como fa efectiva Telacién de Dios con el mundo, En Descar- tes, en el concept de Dios reside la existenia y sive asi de areumento para probar su existencia reat; en Spinoza, Dios mismo esta contenido en el mundo. Se min esto, 1o que en Descartes era mera razén de co 46 De ta cuddruple rai Tocimiento, to hace Spinoza una razon rea aquél tensed, en el azgumento ontolgic, que de a essen: tia de Dios se sige su extent 9 éte hace de ell la causa su comionza sdaziente su Bice con las Palabras: por carson sit itelligo id cies essentia {oncepie)bwolit existeniam; sordo a Ariattles fue le rita: 10 "elven ob odo odbevt! Aga! tnemos 1a'mis palpable confusion dea razon de conocimiento con la eatza. Y's lor nemspinoistas (schellinganos, healianos, ets), acostumbrados a tomar las palabras por pensamientos, se deshacen en reverente admit, fin hacia esta cen su, yo no veo en ella made que una contradiction adjecto, un poner delaste Ho Que fst deri, una descarada arbitra arn romper tn aden ifnita de It eausatiad, y algo anogo sue cientan de aguel austrian que reestido solid, Tnente est moretn,quisainmontizar et broche qu habia en Ia parte superior del mismo, y no patienl Mego tan ao, se subi en una sil. justo emblem siela cause st es el Bardn de Minchhausen: apricta on sus piermas al caballo que se unde en et agua, pasando su eoleta sobre la cabect de atris adele, 2 poF medio de ella de st mismo y dl caballo cls to alto; debajo pone: Cause su Para termina, loncemor todavia une rirada a ta propos. 16 del primer libro de ta ica, donde’ en Yirtad dl principio de que ex data enjuscumagu et dejintone lures propretates intlecus, conclu ‘ne revera ex cadem’ nectar. sequitur, eee Ge et necessitate dshze naturae (sto ey, wma eh Su realidad) dnt infiis mods seq eden tant, es Tndscutible qe este ios tene con el manda Jn misma relaeion que tn concepto eon su define. No menos lisado oon esto aparece el corlaro: Deut nmin rerio esse causa EertctENTEM. No se pace evar mds Tejos Ia confusion de Ia ran de conock Principales ensenaneas...dadas hasta ahora AT Imiento con 1a causa, ni podia tener mas importantes consecuencias que aqui. Esto acredita 1a importancia def tema del presente tratado, ‘Avestas desviaciones, provenientes de falta de clari- dad en el pensamiento de aquellos dos grandes inge- hios del pasado, ha afladido en nuestros dias el sefior de ‘Schelling un pequelio epilogo, esforzdndose en agregar cl tercer escalén al climax presente, Descartes, a la fexigencia de la inexorable ley de la causalidad, que pponia a st Dios en un apricto, habia respondido po- hiendo en Iugar de fa causa exigida una razin de co nnocimiento, a fin de aquietar esa exigencia; y Spinoza hhabia hecho de esta razén una causa real, es decir, una causa sui, convirtiendo a Dios en el mundo; pues bien, cl sefior de Schelling (en su Tratado de ta Libertad ‘Humana), separando en Dios mismo la razéa y Ta con Secuencia, consolidé asi mas Ta cosa, elevindola a wna jente hipstasis de la razén y su consecuen- ia, dandonos 4 conocer que «en Dios no esti Dios mismo, sino su razdn en cuanto fundamento primero, © por mejor decir, insondables. Hoc quidem vere pal- imuirium est, Por lo demas, hoy ya es bien sabido que Schelling tomé toda esta fabula del Refato profundo del mnisterio terrenal y celestial, de Jacobo. Bohme; rere lo que no parece sabido es de donde tomé Jacobo ahme este relato, y dénde tiene, por consiguiente, st origen lo Insondable: permitaseme exponcrlo. Es el fobbe, es decir, abyssus, vorago, 0 sea profundidad sin fondo, el Tosondable ule tos vatentinanos (herein dl siglo 1), que fecunds sa consubstancial silencio, dando nacimiento. al entendimiento yal mundo, segiin nos refiere Treneo, Contr. haeres, ib. 1, €. I, en Tas sigui tes palabras ‘Atyows yp viva elvas Jy aopéote kat aarove: pdorore spac ao Aldwa noodeter soto 6 al apoaayiy nat syowdrope wal fuBdy xahotou. realy 8 De ta cuddruple vais, Yadpyovra St altdy dxdprtov wal ddparey dibiby re nal dytvmoy ty foie kal fpenig, tanh yeye. veya, £9 dxclpoxs alaot ypsvian. Lovumepyeee bb aed nat “Ewoy, fy 6 Kal Xepuv xal Siyiy Svoudton Kai fvvonGival wore dg" taured ‘mobahiabar tov Bodby redtov dpxiv 1c wiveay nat mabdnep expe ‘iv spoPonhv revrny Gv pope dedar Zyeveion) na. eobai oe bv ufepg Vf oovenapyoran Foun iy Tab ny BE txosceaperyy 18 onfoua tee nal Pyndgove ‘yevoutvay doxsioas Nady dpoisy te wal Tooy tO ape Pedévee nel uSy0r yopoives x8 ylys¥oe ao Masse. Tov 68 voor tobeov Kal jovoyer" natote! net dey ‘By ndvior, (Dicer vi ese auendom in subinitaibs ,guae rc acai emt, ne momar pose, perfctr ‘rent toca, Eur autem, gun incomprehensible et nv, sempitermas idem et igor ese ni ‘emporim sacuts im stm guste ae hagas Ihisae, Une etiam cum eo Cortina esstise qa © Gratiam ef Sinton {Sion mincpant, Me Soro front an imu eliguando fads, noun int proferre ane ane, quam in ni beat proctonem, it Sige (slot) guae ac fa, tom secusatqu in tm deme Hane Sr, ce to hoc semine,pracenanom ffectam ponerse Dnee ‘ato ut sols peri manntains cae eset Aue thn tect et Monogenom et Pure ea oi ‘omnnon rerun spon) Probablemente esta parte de Ia historia de las he: rejias Hleg6 a ofdos de Jacobo Buhme, y a través de éste 1a recibié confiadamente el seftor de Schelling. 8% Leste Leibniz fue ef primero que propuso formalmente el Principio de razén suficiente como un principio. fun Principales ensehanzas.. dadas hasta ahora 9 damental de todo conocimiento y ciencta, Le proclama fen muchos pasajes de sus obras muy pomposamente, precidndose de él, y hace como si fuera el primero en hnaberlo descubierto; sin embargo, no sabe decir de él sino constantemente que todas las cosas, y cada una dd ellas, deben tener tna razén suficiente por Ia eval son asi y no de otra manera; lo que todo el mundo hhabra ya sabido antes que . Bs cierto que en ocasi nies akide a la distincién entre sus dos principales sig- nificaciones; pero no la subraya expresamente, ni Ia hha explicado con claridad en ninguna parte. El pasaje principal se halla en el § 32 de sus Principia Philoso- hiae, y un poco mejor en la claboracién francesa de Estos, titulada Monadologie: en verte die principe de a raison sufisante nous consi ‘levons quascno fail ne seuvoit se trouver vrat ou exis lent, aucone enoncation vériable, sana qui y ait une saison seisante, pourguot Hl en sit eins et on pas 1o cual hay que comparar con Jo que dice la Teodicea, $44, y con la carta V a Clarke, § 125 § 10. Wour Wolf es el primero que ha separado expresamente las dos principales signilicaciones de nuestro principio yy ha analizado sus diferencias. Pero no coloca atin el principio de razén suliciente en la Iozica, como ahora se hace, sino en la ontologia. Es cierto que ya en el § TI de esta obra insiste en que no se debe confundir {1 principio de raz6n suficiente del conocimiento con el de Ia causa y el efecto; pero no determina alin cla: ramente la diferencia, e incurre él mismo en conf siones cuando, en el capitulo de ratione sufficiente, 50 De ta cuddruple rate, Principates ensenanzas... dadas hasta ahora 3 §§ 70, 74, 75, 77, aduce como comprobante del princk. ium rationis sufficientis ejemplos de causa y efecto y de motive y accidn, los cuales, si hubiera queride hhaver esa distincion, deberian haber sido aducides en el capitulo De causis de ta misma obra. En éste aduce de nuevo otros ejemplos del todo semejantes, y expone de nuevo el principiun cognoscendi (§ 876), que en verdad no deberia figurar aqui, pues habia’ sido ya cestudiado arriba, pero gue sirve, sin embargo, para introducir la determinada y clara distincién de este principio respecto de Ia ley de causalidad que viene después (8§ 881884). Aqui dice también: Principiun dicitur id, quod in se continet sationem alterius, y to divide en tres clases, a saber: 1) PRiNcrriem riexpY (eausa), que define como ratio actualitatis alrerius; e. gr, si lapis calescit, ignis ‘aut radit solares sunt rationes, cur calor tapidi inst 2). PRINCIPIMC FSSEXDI, que define: ratio possibili- tatis alterius: in codem exemplo, ratio. possibilitatis cur lapis calorem reeipere possit, est in essentia seu ‘modo compositionis tapidis. Este sltimo me parece un concepto ilicito, Posibi Tidad en general es, como ha ensefiado Kant suficien twmente, la conformidad con las condiciones de toda experiencia conocida @ prior? por nosotros. Gracias a cllas sabemos, con relacién al ejemplo de la piedra puesto por Wolf, que las mutaciones son posibles como efectos de causas, es decir que un estado puede seguir 2 otro, si éste contiene en si las condiciones para aguél. Aqui encontramos, como efecto, el estado de calor de la piedra, y, como cauisa, ef estado prece: dente: capacidad Timitada de la piedra para cl calor ¥y contacto de Ta piedra con el calor Hbre. De este es tado precedente, Ja condicién mencionada primero es Iamada por Wolf principium essendi, v la otra, prin cipiun fiend; pero esto estriba en un engafio, que se frigina de que las condiciones existentes del lado de J piedra son mas permanentes, y por tanto pueden esperar més tiempo Ia aparicién de las demas. En efecto: que Ia piedra es como es, de una constitucién imica determinada que eva consigo tal 0 cual can tidad de calor especifico, y por eso tiene una capacidad de calor que esta en razén inversa de ese calor espe ciffco, es consecnencia de una cadena de causas ante- riores, que son todas tan principia fiend? como pueda serlo por Ia otra parte el contacto de Ja piedra con el calor libre; pero es ef concurse de tas dos series de circunstancias Jo que constituye primariamente el es- tado que condiciona, como causa, el calentamiento, como efecto, En ningan Ingar queda aqui sitio para el rincipinm essendi de Wolf, que por eso Yo. no. reco- oreo, y en el cual me he desenide algo prolijamente, porque mis abajo usaré yo mismo ese nombre en un sentido por completo diferente, y porque Ia discusion contribuye a hacer comprensible el verdadero sentido dle Ia ley de causatidad. 3) Distingue Wolf, como queda dicho, el pine Hw coeNOsCENDT, y bajo el nombre de causa también meneiona Ta causa impulsive, sive ratio volumtatem de- 5.11, Fiidsoros eyree our ¥ xANT Baumgartem, en su Metaphysica, §§ 20.24 y §§ 306. 313, repite las distinciones wolfianas, Relmarus, en la Doctvina de la razén, § 81, distingue: 1) Razén imerior, que coincide con la ratio essendi de Wolf, v que, sin embargo, se podria considerar como ratio cognoscendi sino trasladase a las cosas lo que blo vale de los conceptos, ¥ 2) Razdn exterior, esto es, causa En el § 120 y siguientes define ta ratio cog noscenii acertadamente como tna condicién del enun- 32 De ta cuédruple raiz, ciado; pero en el § 125 confunde, en un ejemplo, Ia ‘causa con lla, Lambert, en el Nuevo Organo, ya no menciona las distinciones de Wolf, pero hace ver en un efemplo que dlistingue fa razén de conocimiento de la causa, a saber, en elt 1, § 572, donde dice: Dios es principium essendi de las verdades, y las verdades principia cognoscendi de Dios, Platner, en Tos Aforismos, § 868, dice: {Lp que en ef dominio de ta represntacién se llama razén y comsecvencin (Princiium copioscendh, ration Fatlonatu), een ta relided, causa y efecto (couse ff ienseffctus. Toda eausa ex anim de conecimiento; todo sfecto, consecuenla de conaciienta, Creia, pues, que causa _y efecto son Jo que corres: onde en la realidad a los conceptos de razin y con Secuencia en el pensamiento, y que aquéllos se rela cionan con éstos proporcionalmente como la. substan: cia y el accidente con el sujeto y el predicado, © como Ja cualidad de los objetos con In sensacion de los imismos en nosotros, ete. Me parece superfluo contra- decir esta opinién, pues fiilmente se comprende que Ta relacidn de razén y consecuencia en el juicio es enteramente diversa de un conocimiento de causa y efecto; si bien en algunos casos también el conoci- miento de una causa como tal puede ser la razén de tun juicio que enuncie el efecto. (CF. § 36.) 512, Huse Hasta que vino este serio pensador, nadie habia dudado de To siguiente: en primer hugne, v antes de todas las cosas que hay en el cielo y en Ia tierra, se halla eI principio de razén suficiente, entendido como ley de causalidad. Es una veritas aeterna: esto es, que Principates ensefanzas... dadas hasta ahora 33 tse principio, en si y por si, es superior a los dioses y al destino; y al contrario, todo lo demas, verbigracia, cl entendimiento que aprehende el principio de razén, € igualmente el mundo entero y tambien lo que puede ser la causa de este mundo, como tomes, movimiento, tun Creador, ete, 10 es tan sélo en conformidad con este principio y'gracias al mismo. Hume fue el primero a quien se le ocurrié preguntar de dénde trafa esta ley de causalidad su autoridad, y pidid sus credenciales. Es conocida la resulta a que Megs, esto es, que la cau salidad no es ota cosa que la sucesién temporal de Tas cosas y de los estados percibidos empiricamente y que se ha hecho en nosotros habitual. Uno siente en Seguida lo falso de esta posicién, y no es dificil tam poco rebatirla, Pero el mérito esté en la pregunta ‘misma, Ia cual constituys el acicate y punto de partida de las profundas investigaciones de Kant, que levaron {+ un idealismo incomparablemente mas profundo y més fundamental que el hasta entonces dominante, que ha ‘bia sido principalmente el de Berkeley, es decir, llevaron ‘al idealismo transcendental, del cual nace la convie- tion de que el mundo es tan dependiente de nosotros, fen sit conjunto, como nosotros, individualmente, 16 somos de él, Pues al demostrar los principios trans- fendentales Como aquellos con arreglo a Tos cuales po- ilemos determinar sobre los objetos y su posibilidad algo a priori, esto es, anteriormente a toda experiencia, prueba que tales objetos no pueden existir tal y como, Se nos presentan independientemente de nuestro co- rnocimiento, La afinidad de tal mundo con un suefio es bien palmaria 81. Kant y su seven EL pasaje principal de Kant sobre el principio de razén suficiente esté en el optisculo: Sobre un descue st De la euddruple rats. brimiento con arreglo al cual es superflua toda critica de la razén pura, y, por cierto, en el primer capitulo del mismo, bajo el epigrafe «As, Alli Kant insiste en la distincién entre el principio ligico (formal) de co nocimiento: «toda proposicién debe tener su razén», y el principio transcendental (material): «toda cosa debe tener su razéns, polemizande contra Eberhardt, que quiso identticar ambos. Su demostracién de la aprioridad y de la transcendentalidad de la ley de cat salidad sera criticada por mi mis adelante en un pars: srafo particular, después de haber expuesto primero Ja tnica demostracién just Después de estos predecesores, los varios manuales de logica producides por la escuela kantiana, como, ppor ejemplo, los de Hofbauer, Maass, Jakob, Kiese eller y otros, distinguen bastante exactamente la razon de conocimiento y la causa. Kiesewetter, espe- iaimente en su Légica (t. 1, p. 16) formula de modo completamente satisfactorio la distincion asit [No hay ue confundic Ix rasin dale (cuzin de como: cimiento) con Ta real (causa) EY principio de Taam su iente pertenece a la logica: el de eausalad, a la mete fisea (p.¢O). Aquél es el principio del pensar; és, el de la experiencia, La causa se reflere alas cosas reales; 1a ranin Iipies, slo reprerentaciones Los adversarios de Kant insisten ain mas en esta distincion: G. B. Schulze, en su Légica, § 19, nota 1, ¥y $63 se lamenta de la confusion del principio de razén suficiente con ef de causalidad. Salomén Maimon, en su Légica, pp. 2021, se lamenta de que se haya hablado mucho del principio de razén suficiente, sin explicar Jo que se entiende por él, v en la Introduccion, p, XXIV, reprucha que Kant deduzca el principio de causalidad de la forma logica de Tos juicios hipotéticos Principates ensenanzas.. dadas hasta ahora 35 FH. Jacobi, en sus Cartas sobre la Doctrina de Spi noza, apéndice 7, p. 414, dice que de la confusién del oncepto de razén con el de causa nace un engafilo que hha sido la fuente de muchas falsas especulaciones; también da él a su manera la diferencia entre uno y ‘otro. Sin embargo, encontramos alli, como suele oct rir en él, mis un juego que se complace a sf mismo con frases que un filosofar serio. Finalmente, Ia manera como el sefior de Schelling distingue razén ¥ causa se puede ver en sus Aforismos para la Introduccion a la Filosofia de ta Naturateca, § 186, que abren el primer fasciculo del primer tomo fe los Anales de Medicina, de Marcus y Schelling. AI se aprende que la pesanter es ka razéu de las cosas, ¥ la Tuz es st causa; —Io cual menciono iinicamente como curiosidad, porque este frivolo hablar por hablar no merece ningiin puesto entre fas opiniones de los in+ 'y honrados. vestigadores se § 14, De tas DeMosTRACIONES DEL PRINCTFLO ‘Todavia hay que recordar que muchas veces se ha tratado en vano de probar en general el principio de rhzén suficiente, casi siempre sin determinar con exac- titud en qué acepeién se tomaba, como, por ejemplo, Wolf en la Ontologia, pag. 10, cuya demostracién repite Baumgartem en su Metafisica, § 20. Seria superfluo repetirla y refutarla aqui, pues salta a fa vista que es triba en un jucgo de palabras. Platiner, en sus Aforis- mos, § 828 Jacob en su Légica y en su Metafisica (. 38, 1794), fran intentado otras demostraciones, en tas cuales es muy ficil reconocer un efrculo vicioso. Como ya he dicho, trataré més abajo de las demostra- ciones de Kant, Puesto que yo espero mostrar a lo largo de este tratado las distintas leyes de nuestras facultades cognoscitivas, cuya comin expresion es el = De ta cuddruple ras, principio de razén suficiente, se seguird de suyo que el principio no se puede demostrar, sino que de todas las demostraciones del mismo (con excepcién de la Kantiana, que no se propone probar la validex de la ley de causalidad, sino su aprioridad), se puede decir Jo que decia Aristoteles: Aéyow Gqroton Sy ade Fart AbyOC™ dnobelEcws Yep “ipgh che ansbeklg Fone, Metaphe HL, 6 (rationem corum quserot, quorum non est ratio: de- ‘monstrationis enim principm on ext demonstato), con lo que pueden compararse los Analyt. post, 1, 3 Pues toda demostracion es la reduccién de to dudoso a lo reconocido, y si de este algo sea el que fuere, pedimos siempre de nuevo otra demostracién, Megat remos finalmente a ciertos principios que expresan las formas y leyes, y, por tanto, las condiciones de todo pensar y conocer, en cuya aplicacién consiste todo pensar y conocer; de manera que la certeza no es otra ‘cosa que Ia conformidad con ellos, y, por tanto, su propia certeza no se podra dilucidar a partir de otros principios. Ya discutiremos en el capitulo V el género de verdad de tales principios Ademas, buscar una demostracién para el principio dle Ia razon suficiente en particular es algo especialmen- te absurdo, que indica falta de reflexion, En efecto: toda demostracion es Ta exposicién de la rain de un juicio enunciado, el cual por esto recibe el predicado de verdadero. Precisamente In expresion de esta exigencia de wna razon para todo juicio es el principio de razén suficiente, Ahora bien, el que pide una demostracién, esto es, la exposicién de una razén para ¢l, lo preste pone como verdadero; es més, apoya su peticiin en esta misma suposicién. Cae, por tanto, en el cireulo Vieioso de pedir una demostracidn det derecho a pedir tuna demostraciéa, cartruo UL INSUFICIENCIA DE LA EXPOSICION HECHA HASTA, ‘AQUI Y PROYECTO DE UNA NUEVA § 15. Cxs0s UF NO ESTAY COMPRENDIOUS BC 18 SIGN Del cuatro de conjunto expiresto en los anteriores capitulos se colige, como resulta general, que han sido flistinguidas dos aplicaciones del principio de raz6n suiciente, si bien esto se haya efectuado de un modo fradual y sorprendentemente tardio, y no sin. Raber ‘Con frecuencia incurrido y reincidido en confusiones y esaciertos, Las dos aplicaciones eran: una, a los ju bios, que para ser verdaderos necesitan siempre una avon, ¥ olra, a las mutaciones de los objetos reales, ‘gue ieben tener siempre una causa, Verios que, en ambos casos, el principio de razon suficiente autoriza fa prequnta por qué, siendo ésta esencial en él. Pero gestin comprendidos en esas dos relaciones todos los Casos en los cuales tenemos derecho a preguntar por (que? Cuando yo pregunto: ¢Por qué son los tres Indos: de este tridngulo iguates? La respuesta es: Porque los. tres Angulos son iguales. Ahora bien, cla igualdad de los dngulos es la causa de Ia igualdad de los lados? No, porque aqui no se trata de ninguna mutacin, ni, por Sener De ta cusdruple raiz, nto, de un efecto que deba tener causa, —cEs sélo una won de conocimiento? No, pues In ipualdad de los Jngulos no es meramente la prucba de la igualdad de los lados, no es meramente Ia razon de un juicio: de los meros conceptos no xe evidencia que porque tos “angulos sean iguales, hayan de serlo también los ladon, pues en el concepto de la igualdad de los angulos no festa contenido ef de Ja igualdad de fos lados. Asi pues, ‘aqui no hay ninguna asosiacion entre conceptos o cigs, sino entre lados y dngulos, La igualdad de los ‘ngulos no es una razén inmediata para el conoet Imicnto de ta igualdad de tos Iados, sina s6lo medtata, fen cuanto es ta razon del ser asi de los lados, en este caso, de ser iguales: puesto que los singulos son igua les, deben serlo también los lados. Hallamos aqui una sociacién nevesaria entre angulos y tados, pero no in ‘mediatamente una asociacién necesaria entre dos ju ios. 0 de otro modo, si yo pregunto por qué infecta facta, pero munca facta injecta fieri possunt, esto es por qué el pasado es absolutamente itreparable y el futuro inevitable, esto no se puede hacer evidente de tuna manera puramente logica, por medio de meros con. cceptos. ¥ tampoco es obra de la causalidad, pues ésta sélo impera sobre los acontecimentos en el tiempo, no sobre el tiempo mismo. No por la causalidad, sino in ‘mediatamente por su mera existencia, cuya aparicién «era inevitable, la hora presente ha arrojado en el abis ‘mo sin fondo de to pasado a ta hora transcurrida, Ja ha anonadado para siempre, Esto no se demuesira Por meros conceptos, ni se evidencia por ellos, sino ‘ue lo conocemos inmediata e intuitivamente, Io mismo ue conocemos la diferencia entre derecha ¢ izquierda ¥ todo lo que de esto depende, por ejemplo, que el suante izquierdo no se adapta a la mano derecha. Ahora bien, como todos Tos casos en que halla aplic cacion el principio de razén suficiente no pueden re. Proyecto de una exposicién nueva ucirse a razén légica y conseeuencia 0 a causa y efec- to, lo que debe de haber ocurrido es que la ley de ‘especificacién no ha sido satistecha con esta division, [a ley de homogencidad, por su parte, nos constr f presuponer que aquellos casos no son infinitamente Gistintos, sino gue tienen que poder reducirse a cier- tas especies, Pero antes de intentar esta division es preciso determinar lo que constituye el caraicter pect Tiar del principio de razin suficiente en todos los casost pues el convepto gengrico debe ser establecido antes ‘que Ios conceptos especificos § 16, La nla peL PRINeLPIO DE RKZON sue Nuestra conciencia cognoscitiva, manifestdndose como sensibilidad exterior 0 interior (receptividad), fntendimiento ¥ razén, se escinde en sujeto y objeto, J fuera de esto no contiene nada. Ser objeto para et Sujeto, y ser muestra representacién, es 10 mismo. Todas nuestras representaciones son objetos del sujeto, ¥ todos los obje10s det sujefo son nuestras represen: taciones. Ahora bien, sucede que todas nuestras repre- Sentaciones estdn relacionadas wnas con ofras en un enlace regular y determinahle a priori en fo que se refiere a ta forma, en virtud det cual nada de existente por sie independiente, y tampoco nada de singular ni ie seporado, puede hacerse objeto para nosotros. Este enlace cs ef que expresa el principio de razin sufi Ciente en su generalidad, Pero si bien es cierto que teste principio, sepiin se infiere de lo expuesto hasta aqui, astme diversas formas, de acuerdo con tas dife- rentes especies de los objetos, para designar las cuales también el principio de razén modifica su expresién, nno es menos cierto que conserva siempre To comin a todas aquellas formas, que es lo que nuestro principio oo De ta cuddruple rait.. fice en cuanto universal y abstracto. Las relaciones ave forman el fundamento-del mismo, y que seran x uestas mas de cerca en lo que sigue, son las que he denominado rale dl principio de razon sufient, sus felacanes secon lau de wa cap leracion mis préxima, hecha de acuerdo eon ls de homogeneidad y de especificacién, en especies bien destindadas y mey distin unas de vies, avo momo cabe reduir a cuaio, que son las cuatro claves em gue se escinde todo to que pusie ser objeto de nuestro onocimiemto, es decir, todas nuestras represenaclo nes. Estas clases se expondirin y trataran en lon cute captuls siguientes. principio de razén suficiente bajo una nueva fort o formulackin indiads arb, se daa conocer sat men como idéntico y como brotando U B cantru.o IV DE LA PRIMERA CLASE DE OBJETOS PARA FL SUIETO. Y FORMA DEL PRINCIPIO DE RAZON SUFICIENTE QUE REINA EN ELLA 5.17. ENPLICNCION GENERM DE ESEA CLASE DE ORIETOS La primera clase de objetos posibles de nuestra facultad representativa Ia constituyen Iss representa: ciones intuitivas, completas, empiricas. Son ituitivas, onsiderandolas en oposicion a lo meramente pensado, tes decit, 10s conceptos abstractos; completas, en cuanto, sepsin la distincion de Kant, no sélo contienen fo formal, sino también Io material de los fenémenos empirieas, en parte porque no brotan de meras vine faciones de pensamientos, sine que tienen su origen en tuna estimulacién de la Sensacién de nuestro cuerpo cnsitivo, al que se refieren siempre para atestiguar st fealidad, v en parte porque, conforme a Tas Teyes det spacio, del tiempo y de la causalidad, tomados en st Conjunto, se figan a aquel complejo, sin principio ni fin, que constituve muestra realidad empirica. Pero como dicha realidad empirica, sepin resulta de ta en- Sefianza de Kant, no les quita su ideatidad transcer: dental, se las considerars aqui, donde se trata de tos o De ta euddrupte raiz. clementos formiales det conocimiento, meramente como representaciones, $18. Boz0c#0 mE UN ANALISIS TRANSCENDENTAL DE LA -REALIDAD EMPIRICA Las formas de estas represenaciones son las del seid ero y remo, Hong eyo, Peo Sélo son poreeptiies en cuantafenan Su perepibe Iida es la materia, sobre leant yu ylvere a ae Tante, como tambien en et § 2 ‘Sic flempo fuze ls forma inca de estas represen: tacines, no podria dase a saltancida9,po tan, nada permanente ninguna darcton. Pie et Heripo Séto es perceptite en cuanto Ten, st prossion, por el cambio de las cons que To licoam. Act pcs, ta Petmanencia de un bjeto sao Ia conocemes por om Eaposciin al cambio de otros objeton que Ie ao mutudneas. Pero Ia epecsentacin ela sim tos posible en el mr tiempo, sino que ex condi Tada, en otra mita, por ta representacton del esp Gio; poraue en et mera tiempo todo cx stcesivemene, ¥ en el espacio todo es yuxtapuesto; por tanto, la si Imutaneidad nace de ln reunion del temo ¥e espacio, or otro lad, she espacio fuese fa forma tea Se tas representactones de esta Clase, no pris arse ning amba,puescanblo 0 mac cy sce estado, Ia Suction slo es posible oe fn De ahi que también se peda denis el tiempo com ta postbiidad de determinacionesopuestay enna misma cosa ‘Vernos, por tanto, que las dos formas de tas repre sentacioncs empiriss, ange, set ey sabido, Gen de comnin a initia su Ifans Sion, sin embargo, diferen fandamentalmente eh Que, De ta primera clase de objetos.. 8 1o que a una de ellas es esencial, en la otra carcce de significacién: In yuxtaposicion no tiene significacion, fl tiempo; 1a sucesion no la tiene en el espacio. No ‘obstante, las representaciones empiricas correspondien- tes al ordenado complejo de la realidad nos aparecen bajo las dos formas a la vez; € incluso Ia condicién de la realidad es una intima unidn de entrambas, que nana de ellas, en cierto modo, como un producto de sus factores. El que crva esta uridn es el entendimien: to, que, por medio de st funcién peculiar, enlaza aque: las formas heterogéneas de la sensibitidad de modo que, de su mutua compenetracion, surge y aparece, aunque solo para él mismo, la realidad empirica, como tuna representacién global, la cual forma un complejo mantenido gracias a las formas det principio de razéx, pero con limites problemsticos, complejo det que son partes todas las representaciones aisladas pertenccien- tes a esta clase, y en el cual toman su puesto con arre- ilo 2 leves precisas conocidas por nosotros a priori: En este complejo, por tanto, coesisten infinitos objetos, porque en él, a pesar de Ia irresistibilidad del tiempo, Ta substancia, esto es, la materia, permanece, y a pesar dle la rigida inmovilidad det espacio, sus estados cam bian: en una palabra, en él existe para nosotros todo feste mundo real objetivo. El desarrollo del anslisis de la realidad empirica —analisis de que he dado aqui solo un bosquejo—, y que consiste en una explicacién ‘mas cefida del modo y manera como surge aquella lunién mediante Ja funcién del entendimicnto, y con tlla cf mundo de Ia experiencia para el entendimiento, To encontrara el lector interesado en FI Mundo como Voluntad » Representacién, t. 1, § 4 (0 12 ed. pp. 12 y ss), para cuyo estudio le servirs de esenciat ayuda la tabla de los «praedicabilia a priori del tiempo, del espacio y de la materia», anexa al capitulo 4 del tomo TT y que recomiendo a sit atenta consideracton, porque 6 De la cuddruple rate alli se evidencia particularmente que las oposiciones del tiempo y del espacio se concilian en Ia materia, que se manifiesia como su producto en la forma de ccausalidad, La funcién del entendimiento, que configura Ia base de Ja realidad empirica, recibir también una expos cin minuciosa, pero antes hay que dispar, por medio de unas aclaraciones incidentales, los. reparos “més fobvios que puede encontrar la concepeién fundamen {al Idealista seguida aqui, § 19, PRESENCIA INMEDIATA DE LAS__REPRESENTACKONES No obstante esta unién de las formas del sentido interno y del sentido externa operada por el entendi miento para la representacién de la materia y para re presentar con ésta un mundo exterior permanente, el Sujeto s6lo conoce inmediatamente por el sentido ii terno, pues el sentido externo es objeto a su ver del interno, el cual pereibe de nuevo Tas percepeiones de aquél: y como el sujeto, en lo tocante a la presencia de las representaciones cn su conciencia, esta sélo so- metido a las condiciones del tiempo, como forma del sentido interno’, resulta de todo ello que slo puede tener presente cada vez una representacién clara, por compleja que pueda ser. Decir: las representaciones son inmediatamente presentes significa que son cono- cidas no s6lo en la unién det tiempo ¥ del espacio verificada por el entendimiento (que, como veremios fen seguida, es una facultad intwitiva) para formar la representacion global de la realidad empirica, sino que son conocidas como representaciones det sentido in Gt Critica de ta Razin Pura, Dactrina ds Jos Blementos, sco. H, conchae. Bye, red, p 5; SH ed. De la primera clase de objetos 6 terno en el mero tiempo, y por cierto, en el punto indi- ferenciado situado entre Jas dos direcciones opuestas del tiempo, punto que se llama presente. La condicién, fludida en el pardgrafo precedente, para ln presencia inmediata de una representacion de esta clase es la accion causal sobre nuestros sentidos y, por tanto, Sobre nuestro euerpe, que tambien pertenece a los objetos de esta clase y est por eso sometido a Ia ley gue reina en ella, la ley de causalidad, que discutire- mos en seguids, Como por esta razén y Segin las leyes, tanto del mundo interior como del exterior, el sujeto no puede quedar parado en esa sola representacion, pero por otra parte en el mero tiempo no hay simul= faneidad alguna, dicha representacién siempre estar desapareciendo, empujada por otras, conforme a un orden que no se puede determinar a priori, sino que Aepende de circunstancias especiales que mencionare- mos pronto, Que ademas la fantasfa y el suefo repro ducen la presencia inmediata de las representaciones. fes un conacide hecho, cuya discusién no pertenece a teste lugar, sino a la psicologia empirica, Ahora bien, fen comtraste con esta fugacidad y aislamiento de las representaciones cuando ejercen su inmediata presen- cia en Ia conciencia del sujeto, le queda a este sujeto, gracias a la funcidn det entendimiento, la representa ccién de tun complejo de la realidad abarcador de todo, complejo de la realidad que yo he descrito arriba; ¥ fla vista de esa oposicién se ha creido que las repre Semtaciones, en cuanto pertenecen a dicho complejo, som cosa completamente diferente de To que son en cuanto festin inmediatamente presentes a la conciencia; en el primer caso son Ilamadas cosas reales, y en el segundo, ‘meras representaciones ax’ &oyiv. Es sabido que festa concepeién del asunto, que es la corriente, se ama realismo, Con la aparicién de la filosofia moderna se le ha contrapuesto el idealism, que ha ganado cada ecsoncru, 3 6 De ta eudruple rate ‘vex mis terreno. Representado primeramente por Ma- Iebranche y por Berkeley, fue clevado por Kant a idea lismo transcendental, el cual hace concebible la coexie- tencia de Ta realidad empirica de las cosas con Ia ideatidad transcendental de las mismas, y de acuerdo con esto Kant, en Ja Critica de ta Razin Pura, dice fontre otras cosas: «Entiendo por el idealismo trans: cendental de todos tos fenémenos la doctrina segiin Ia ‘cual nosotros Tes consideramos en conjunto como meras representaciones, y no como cosa en sis. Mas adelante, fen a nota: «EI mismo espacio no es otra cosa que representacién; por consiguiente lo que en él exista debe estar contenido en la representacién, y en el es pacio tampaco hay nada, salvo lo que esta realmente representado en él», (Critica al Cuarto Paralogismo de Ja Psicol. Transe,, pp. 36 y 375 de la 1 ed.). Final mente, en In «Consideracién» adicionada a este capitulo dice: «Cuando yo suprimo el sujeto pensante, desapa: receri para mi el mundo corpéreo, que no es otra cosa que el fendmeno en la sensibilidad de nuestro ssujeto, y una especie de sus representacioness. En la India, tanto para el brahmanismo como para el bu- dismo, el idealismo es incluso doctrina de Ia rei del pucblo: sélo en Europa es paradéjico, a causa de Jn vision fundamental judaica, esencial © inevitable ‘mente realista. Pero el realismo pasa por alto que el amado ser de estas cosas reales no 5 absolutamente nada mds gue un ser representado; 0 si se persiste en amar ser representado yar" {veeAéyeiery nada mis que a Ia inmediata presencia en Ta conciencia del sw jeto, entonces el ser de estas cosas reales ser sélo tuna posibilidad de ser representado xané Sivayv: ol realismo pasa por alto que e} objeto, Fucra de su rola- cidn con el sujeto, no es ya abjeto, v que. si se Te quita esta relacidn, 0 se hace abstraceidn de ella, desaparece toda existencia objetiva. Leibniz, que sintié perfecta De ta primera clase de objetas. a mente que el objeto esté condicionado por el sujet, pero no pudo, sin embargo, libertarse del pensamiento de una existencia en si del objeto, independiente de toda relacion con el sujeto, es decir, de su hacerse re presentado, admiti6, exactamente igual y paralelo all mundo de las representaciones, un-mundo de objetos en si, cl cual no estaba ligado directamente con el primero, sino slo exteriormente, por medio de una hharmonia praestabilita: cosa la mis supertiua que pueda haber, pues este mundo no es jamds percibido, y el mundo exactamente igual de la representacién Sigue si propio curso sin el. Pero cuando Leibniz quiso de nuevo determinar de un modo més preciso la esen- cia de Tas cosas que existen objetivamente en sf mismas, se vio en la necesidad de declarar que los objetos en Si mismos eran sujetos (monades), y dio asi la demos tacién mis eloenente de que miestra conciencia, en euanto mero cognoscente, Y por tanto dentro de os limites del intelecto, esto es, del aparate para el mando de Tas representaciones, no puede encontrar otra cosa que sujeto y objeto, representante y representacién, ¥ por eso cuando quitamos de un objeto su ser objeto Uigcerse representado), esto es, cuando Io hemos st primido como tal y queretos, no obstante, dejar sub: sistir algo, no encontramos otra cosa que el sujet0. Si inversamente queremos hacer abstraccién del ser sujeto 4el sujeto, y que a pesar de ello quede algo, aparece cl caso inverso, que conduce al materialismo, Spinoza, aunque no apurd este asunto ¥ por eso no Negd a conceptos. claros, con todo, comprendié muy bien la relacion entee objeto y sujeto como una relar ccign tan esencial para ellos, que es absolutamente 1a Sondiciin gue nos permite entenderlos, y por eso la fexpuiso como una identidad det cognoscente y de lo textenso en Ta tinica substancia que existe. 68 De ta euddrupte rats. ‘Aweawiso.—Con osasiin de In principal dscusion de testado, por su brevedad y mds Lael iteligenci, 9 expresion| ‘ebjctos reales, no se debe entender otra cosa que las epresen clones intutivas enlazadas en et complejo de la realidad en § 20. PRINCIPIO. DE RAZON SUFICHENTE DEL DEVENER En la clase de objetos para el sujeto expuesta ahora, el principio de razin suficiente entra en escena como ley de causalidad, y Yo Ikumo como tal principio de razin suficiente det devenir, principivon rationis sufft cientis fiendi. Todos tos objetos que tienen parte en Ta representacién global que forma el complejo de la realidad experimental estin ligados unos con otros por 41, en orden al comenzar y cesar de sus estados, y, por tanto, en la direccion del transcurso del siempo. Dicho principio es el sipuiente. Cuando aparece un muevo estado en uno o varios objetos reales, debe haber precedido otro estado anterior, al cual sigue el nuevo regularmente, esto es, siempre que el primero existe. Tal proceso se lama resultar, y el primer es. tado se Tama causa, y el segundo, efecto, Por ejemplo, si un cuerpo arde, es necesario que al estado de com. Dbustién haya precedido antes otro estado: 1) de afin dad con el oxigeno; 2) de contacto con el oxigeno: 3) de determinada temperatura, Puesto que sdlo en cuanto tal estado existiese debia seguirse inmediata- mente la combustién, pero