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CUÁNTOS NIÑOS TRABAJAN

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¿CUANTOS NIÑOS TRABAJAN EN EL PERÚ?

Walter Alarcón Glasinovich1 Desde el año pasado comenzaron a circular, de manera bastante restringida, los primeros resultados de la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil 2007 (ETI). Todo comenzó con una presentación formal en el CPETI de los resultados iniciales de esta encuesta. Se anunció que, en base a información del 2007, en el Perú trabajaban 3’336 mil niños, niñas y adolescentes entre 5 a 17 años de edad. Recientemente el INEI ha dado a conocer sus propios estimados del trabajo infantil basados esta vez, no en la ETI, sino en la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO). En este último caso, se calcula que en el Perú existirían hacia el 2008 unos 2’ 115 mil menores de edad entre 6 a 17 años en condición de ocupados. Hasta antes de las nuevas cifras que nos presentan el estudio de la OIT (ETI) y el estudio del INEI (ENAHO), el trabajo de menores de edad entre 6 a 17 años se calculaba en 1’987 mil, según la ENAHO 2001. Finalmente, ¿qué ha pasado en los últimos años en materia de magnitud del trabajo infantil y adolescente? ¿Se ha incrementado, ha mantenido cierta estabilidad o, probablemente, haya disminuido la cantidad de niños, niñas y adolescentes que trabajan en nuestro país? Un criterio metodológico elemental, pero en recientes artículos periodísticos totalmente olvidado, es que los resultados de la ETI 2007 no son comparables a aquellos de la ENAHO 2008. La fecha del recojo de la información es distinta. El tamaño de la muestra es diferente. El número de hogares encuestados en la ENAHO es más del doble de la muestra ETI. Los informantes también son distintos. En la ENAHO es exclusivamente el adulto quien ofrece la información; mientras en la ETI es la población adulta, pero también son entrevistados directamente los niños y adolescentes de los hogares. La formulación de las preguntas orientadas a identificar la condición laboral del niño también difiere. Finalmente –y este es el tema sustantivola definición operacional de “trabajador familiar no remunerado” (TFNR) varía de una encuesta a otra. Un TFNR es la persona que presta sus servicios en una empresa o negocio con cuyo patrón tiene lazos de parentesco y no recibe ninguna remuneración monetaria por esta labor. Para el caso que nos ocupa sobre trabajo infantil, son chicos que trabajan muchas veces con sus padres u otros familiares y no reciben un pago a cambio. Sucede que toda la investigación precedente realizada en el Perú sobre trabajo infantil y adolescente indica que la mayor parte del trabajo de menores de edad está en la categoría ocupacional de “trabajador familiar no remunerado”. Especialmente los niños y niñas trabajan mayoritariamente con sus padres o familiares y es recién al llegar a la adolescencia donde un segmento se convierte en trabajador independiente. Siempre en las ENAHO se ha considerado TFNR a la persona que trabaja 15 o más horas en la semana de referencia. Todas las ENAHO de diversos años usan el mismo parámetro para categorizar a una persona como TFNR. En cambio en la ETI del 2007 se cambia la definición operacional de TFNR. Se decide considerar TFNR a toda persona que trabaja 1 o más horas en la semana de referencia.

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Investigador. Integrante de la Red por un Futuro Sin Trabajo Infantil. [walteralarcon@infonegocio.net.pe]

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Este cambio de definición operacional de TFNR es la clave para explicar las diferencias en los cálculos de la ETI y la ENAHO sobre la magnitud del trabajo infantil y adolescente en el Perú. Dicho cambio en la definición operacional de TFNR en el estudio de OIT no es arbitrario. Existe una recomendación internacional de esta organización donde se indica que para la medición del TFNR debería partirse desde 1 hora a la semana. Sin embargo, aplicado al tema específico del trabajo infantil y adolescente, este parámetro podría no ser el más adecuado. Por un lado, de tajo se impide la comparación con los precedentes estudios sobre trabajo infantil; pero, de otra parte, y esto es central, ¿desde el punto de la necesidad de dimensionar el problema del trabajo infantil, tiene acaso sentido equiparar a un niño que, por ejemplo, reemplazó eventualmente a su madre en atender el kiosco por 1 hora el día domingo mientras ella salía a hacer alguna tarea, con aquellos chicos donde el trabajo cubre largas jornadas que impiden el ejercicio de derechos tan elementales como es la educación? Creemos que asumir TFNR desde 1 hora a la semana –y no desde 15 horas como tradicionalmente se hacía en las ENAHO- conduce inevitablemente a sobredimensionar la magnitud del trabajo infantil al incorporar un número significativo de niños que, si bien trabajan o ayudan a trabajar a sus familiares, no necesariamente constituyen el núcleo de preocupación de las políticas sociales sobre trabajo infantil. En todo caso, este es un asunto metodológico que si bien merece ser debatido oculta un tema de fondo: ¿siempre y en todo caso la realización de un trabajo, aunque sea una hora a la semana, daña al niño o al adolescente? Depende. Segregar basura lo coloca en un riesgo inmediato, pero esto no es igual a ayudar en la venta por 1 hora a la semana. Un objetivo importante de una encuesta nacional sobre trabajo infantil consiste en dimensionar la magnitud del problema en estudio y las definiciones de los conceptos deben estar acordes a este propósito. En la ETI, cuando la información es ofrecida por los propios niños y adolescentes encuestados se estima que en el Perú habría un total 4’412 niños, niñas y adolescentes trabajadores entre 5 a 17 años de edad. En la misma ETI, cuando la información es ofrecida por los padres de estos niños el cálculo del trabajo infantil, en el mismo tramo de edad, disminuye a 3’ 336 mil. ¿A quien le hacemos caso? Siempre se dice que los padres tienden a ocultar la condición laboral de sus hijos. Precisamente para evitar esto la ETI encuestó directamente a los niños. Si nos guiamos por la información de los niños tendríamos que la tasa de actividad de la población 5-17 años es de 57%. Esto querría decir que, en el Perú, de cada 100 niños 57 son trabajadores. Evidentemente esto no parece ser verosímil. Para confirmar que el problema no es la base de datos de la ETI, sino fundamentalmente la decisión de partir desde 1 hora de trabajo semanal para considerar al niño como trabajador familiar no remunerado, hemos calculado los resultados de la ENAHO y la ETI usando los mismos parámetros.

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PERÚ: POBLACIÓN INFANTIL Y ADOLESCENTE DE 6 A 17 AÑOS DE EDAD OCUPADA CONSIDERANDO AL TRABAJADOR FAMILIAR NO REMUNERADO CON 15 Y MÁS HORAS SEMANALES, SEGÚN ENCUESTAS ENAHO Y ETI (Miles)

Encuesta Niños

Informante Adultos

ETI 2007 ENAHO 2007

2 111,3 -

1 594,9 2 026,4

Fuente: INEI - Encuesta Nacional de Trabajo Infantil, 2007.Encuesta Nacional de Hogares 2007 Tomado de. “Perú. Niños, niñas y adolescentes que trabajan 1993-2007” . W. Alarcón, INEI, 2010

Este ejercicio nos permite corroborar que, en realidad, si se usa el parámetro de TFNR desde 15 horas a la semana, los resultados de la magnitud total del trabajo infantil y adolescente de la ENAHO y la ETI (en la respuesta de los niños) son bastante similares. ¿Por qué en la ETI la información de los padres no coincide con la de sus hijos en materia de trabajo infantil? Si es cierta la hipótesis del ocultamiento del trabajo infantil por los padres, ¿acaso esto no querría decir que la formulación de preguntas de la ENAHO es más eficiente para registrar el trabajo infantil? En función a la revisión de las cifras de las ENAHO entre 2001 al 2008 puede concluirse que en los últimos años no se ha incrementado el trabajo infantil y adolescente. Este se ha mantenido, considerando el margen de error de las encuestas, en aproximadamente 2 millones de niños, niñas y adolescentes ocupados. Esto quiere decir que, para el año 2008, la tasa de actividad de la población entre 6 a 17 años es de 28%. La cifra es alarmante y es expresión de las dificultades de un Estado, que si bien hace esfuerzos denodados por mantener un manejo equilibrado de las principales variables macro-económicas, paralelamente arrastra desde décadas atrás problemas sociales acumulados que exigen urgente solución. Durante los últimos años, el ciclo económico del Perú –con excepción del 2009 debido a la crisis financiera internacional- es ascendente. El crecimiento económico ha alcanzado niveles sin precedentes. El 2008 fue el año pico donde el producto bruto interno llegó a 9,8%. Una de las mayores tasas de crecimiento del mundo. La pobreza monetaria –medida a través de la línea de pobreza- ha declinado persistentemente. De algo más del 50% de peruanos bajo la línea de pobreza a comienzos del nuevo siglo, ésta declina a 36% el 2008. Dada la asociación entre pobreza y trabajo infantil, se hubiera esperado que un descenso de la primera induzca al declive del trabajo prematuro. Más ello no sucedió.

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PERÚ: POBLACIÓN ECONÓMICAMENTE ACTIVA OCUPADA Y TASA DE ACTIVIDAD POR GRUPOS DE EDAD, SEXO Y ÁREA DE RESIDENCIA, 2001-2008
(Miles)

PEA, porcentaje de PEA y tasa de ocupación 2001
a/

Grupos de edad Total 6 - 13 14 - 17 Total

Sexo Hombre Mujer Total

Área de residencia Urbana Rural

PEA ocupada (abs.) PEA ocupada (%) Tasa de actividad 2003
b/

1 987,2 100,0 26,5

1 219,5 61,4 23,5

767,7 38,6 33,2

1 987,2 100,0 26,5

1 070,4 53,9 28,4

916,8 46,1 24,5

1 987,2 100,0 26,5

605,7 30,5 13,5

1 381,5 69,5 45,6

PEA ocupada (abs.) PEA ocupada (%) Tasa de actividad 2004 c/ PEA ocupada (abs.) PEA ocupada (%) Tasa de actividad 2005 c/ PEA ocupada (abs.) PEA ocupada (%) Tasa de actividad 2006 c/ PEA ocupada (abs.) PEA ocupada (%) Tasa de actividad 2007 c/ PEA ocupada (abs.) PEA ocupada (%) Tasa de actividad 2008 c/ PEA ocupada (abs.) PEA ocupada (%) Tasa de actividad

2 035,3 100,0 31,3

1 087,2 53,4 26,6

948,1 46,6 39,2

2 035,3 100,0 31,3

1 111,6 54,6 33,7

923,7 45,4 28,7

2 035,3 100,0 31,3

620,8 30,5 16,3

1 414,5 69,5 52,2

2 113,6 100,0 28,8

1 126,0 53,3 23,1

987,6 46,7 40,1

2 113,6 100,0 28,8

1 149,7 54,4 30,9

963,9 45,6 26,7

2 113,6 100,0 28,8

633,4 30,0 14,4

1 480,2 70,0 50,4

2 063,9 100,0 27,1

1 142,3 55,3 22,0

921,6 44,7 38,1

2 063,9 100,0 27,1

1 121,0 54,3 29,1

942,9 45,7 25,2

2 063,9 100,0 27,1

574,3 27,8 12,8

1 489,6 72,2 47,8

2 124,7 100,0 27,8

1 167,2 54,9 22,7

957,5 45,1 38,3

2 124,7 100,0 27,8

1 146,6 54,0 29,4

978,1 46,0 26,1

2 124,7 100,0 27,8

577,9 27,2 12,8

1 546,8 72,8 49,5

2 026,4 100,0 26,7

1 102,4 54,4 21,5

924,0 45,6 37,5

2 026,4 100,0 26,7

1 106,8 54,6 28,8

919,6 45,4 24,5

2 026,4 100,0 26,7

590,8 29,2 13,3

1 435,6 70,8 45,4

2 115,4 100,0 28,0

1 103,6 52,2 21,9

1 011,8 47,8 40,0

2 115,4 100,0 28,0

1 157,6 54,7 30,1

957,8 45,3 25,8

2 115,4 100,0 28,0

625,3 29,6 14,2

1 490,1 70,4 47,0

a/ La información corresponde a la ENAHO del IV trimestre. b/ La información corresponde a la ENAHO de Abril del 2003 a Mayo del 2004. c/ La información corresponde a la ENAHO anual.

Fuente: INEI-Encuesta Nacional de Hogares, 2001-2008. Tomado de. “Perú. Niños, niñas y adolescentes que trabajan 1993-2007” . W. Alarcón, INEI 2010

Dejar de ser estadísticamente pobre no equivale a llevar un adecuado nivel de vida. Es decir, “saltar” la línea de la pobreza no hace que la familia tenga holgura económica. Más aún, los componentes culturales –aquello que la antropología norteamericana de los años sesenta llamaba “cultura de la pobreza”- no se modifican al mismo ritmo que la economía. Una familia que ha dejado de ser pobre puede mantener “conductas de pobre” por varios años. En este marco, sólo como hipótesis a comprobar, es posible que una familia que ya no es pobre mantenga sus hijos menores trabajando, por lo menos por un tiempo, debido a la incertidumbre de perder el empleo o deteriorarse sus ingresos, experiencias que posiblemente hayan vivido antes. De modo que el descenso de la pobreza no traería abajo automáticamente el trabajo infantil. Se requiere un período más prolongado y sostenible de mejora económica.

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Pero eso no es todo. Lo cierto es que si bien desde inicios del 2000 hubo crecimiento económico constante, los avances en materia de equidad son menores. El coeficiente Gini, que mide la desigualdad de ingresos, en el 2004 era de 0,49. Este indicador evoluciona a 0, 47 el 2008. En un esquema ideal 0.00 significa total igualdad. Esto quiere decir que en el tema de mejorar la distribución de ingresos existe mucho por hacer. Es muy poco lo avanzado. Se requieren políticas sociales más robustas que mejoren la distribución del ingreso. No es viable un país con dos millones de niños y adolescentes trabajando en lugar de estar calificándose en la escuela. El capital humano es pieza central para un crecimiento equitativo. Por esto, el trabajo infantil no es un problema menor. Tiene implicaciones directas en las posibilidades de desarrollo del país. Se necesita diseñar una estrategia integral que apunte a mejorar la calidad de vida de las familias cuyos niños trabajan, en la perspectiva de crear un entorno que haga innecesaria la incorporación laboral de niños y niñas. Empleos de calidad para la población adulta y una escuela pública de calidad son dos elementos esenciales para estar en condiciones de fortalecer las oportunidades sociales de todos los niños. Las actuales iniciativas del Estado sobre estos problemas son bastante débiles. Existe un Comité Nacional de Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil (CPETI) cuya incidencia dista mucho de ser contundente en el sentido de lograr colocar el problema del trabajo infantil en la agenda y en el presupuesto público. Ciertamente, hay que fortalecer al CPETI. Pero esto no se consigue silenciando los errores sino, por el contrario, indicándolos para avanzar juntos. Desde la sociedad civil, con bastante esfuerzo, se promueven diversos proyectos y programas de intervención directa con niños que trabajan. La sostenibilidad de estos es un tema por evaluar. Pero no se puede ensombrecer el mérito y la constancia de estas instituciones por estar al lado de los chicos que trabajan. Al final de todo, el esclarecimiento sobre la magnitud del trabajo infantil y adolescente, siendo importante, no es lo medular. Lo cierto es que sean 4, 3, o 2 millones de niños y adolescentes trabajadores, lo que estamos haciendo en términos de políticas sociales y programas específicos sobre trabajo infantil no es suficiente. Todos tenemos el deber de mejorar. En una sociedad con una cultura democrática tan frágil, mantener una mirada crítica, a algunos les puede ser incómodo, pero es un ejercicio necesario. Tolerar el pensamiento disidente es fundamental. Es importante reconocer el valor de la diferencia como un elemento esencial para enriquecernos unos a otros y así seguir avanzando. Lo contrario, el fácil acomodo, nos haría cómplices de una situación de abuso e inequidad contra los niños, realmente intolerable.

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