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Ole Lund Kirkegaard ‘Topper encuentra un lapiz extraordinarlo y unico. Emocionado, corre a mostrérselo a su amigo Viggo y con é! ibyja un enorme rinoceronte, al que llaman Otto, en una de las paredes de la casa. A partir de ahi empiezan a lover situaciones cémicas, inesperadas y confusas, pues el rinoceronte cobra vida, Ole Lund Kirkegaard naci6 en 1940 en Aarhus (Dinamarca). Una vez finalizados sus estudlos, se dedicé a Ia creacion Jteraria, Ha escrito numerosos guiones ara radio, television, obras de teatro, ‘cuentos y novelas, y ha dedicado especial ‘tencién a los libros para nifios. Otto es tun Finoceronte fue incluido en 1974 en la lista de honor del premio Hans Christian Andersen. ALE, xs AR etnesecae ces An “eae (© De eto: 1972, Ole Land Kirkegaard (© De ls iustraciones: 1972, Ole Lund Kiekegaard {© Del tadocci: 1985, Leopoldo Rsrguez Repucra Otto es un © De exaediion SSimcanas ane rinoceronte Santiago de Chile + Grupo Santilana de Ediciones S.A. Ole Lund Kirkegaard ‘Tenreapana 60, 28043 Mads, Espa llustraciones det autor ‘+ Aguila, Altea, Taurus, Afiaguara S.A. de CV. ‘Ava. Universidad, 767, Col del Valle, Méxioo DF. CP. 03100, + Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara S.A. de Elclones ‘Avda, Leandro N. Alem 720, C1001 AAP, Buenos Aies, Argentina + Santilana S.A, ‘Avda. Primavera 2160, Santiago de Surco Lima, Pei + Biciones Sanilana S.A. CConstiscin 188, 11500 Montevideo, Uruguay. + Santilana S.A. ‘Avda, Venezia N° 276, Meal Lopez y Espa, Asin, Paraguay. + Santana de Ediciones S.. Avda. Arce 2933, entre Rosendo Gute {yBelisario Salinas, La Pr, Bolivia, ISBN: 956.239.1205 Depdsto legal: M1.936-1998 Imreso en Chle/rinted in Chile Séptiaediciénen Cle: msirzo 2007 ise de a coc ‘Manuel Estrada En mde ph ‘erm, yin een mc ep ‘eprops cue ses Frm po oe ‘esnips Eo ALE: JARA a Capitulo 1 +. El nifio se llamaba Topper, y no puede decirse que fuera muy hermoso. Su pelo era entre colorado y casta- fio, casi como el hierro oxidado; era tan gtueso y duro que, para que estuviera un poco presentable, su madre tenfa que pei- nérselo con un rastrllo. Tenfa la cara toda llena de pecas y los dientes de arriba casi se le escapaban de la boca. Topper vivia en una casa de color rojo a la orilla del mar. La casa roja era grande y vieja, y estaba Ilena de puertas torcidas y escale- ras que crujian. En el invierno habja ratones en el s6tano y cuervos en la chimenea. EL resto del afio la casa estaba lle- na de gente, nifios y gatitos que corrian de un lado para otro. 9 A Topper le gustaba mucho aque- Ila casa grande y roja, y cuando volvia de la escuela siempre le decia: —jHola, casal, hace buen dia, zeh? Y entonces le parecfa que la casa se alegraba, todo lo que se puede alegrar tuna casa sin que se abran grietas en las paredes. En el tiltimo piso, debajo del teja- do, vivia el portero, Sr. Holm. EI Sr. Holm cuidaba de la casa y trataba que la gente lo pasara bien ¢ hi- ciera cosas raras. Fumaba en una pipa pequefia, re- torcida como un gancho, y sabia contar historias de miedo, de fantasmas, de bru- jas y de canibales hasta hacer temblar. El St. Holm era bajito, gordo y muy amable y tenia el bigote blanco. El Sr. Holm no era canibal y comia cosas tan normales como carne, sardinas fritas, pan y algunas veces flan de chocolate. A la pipa la Hamaba calientanariz, y solamente la sacaba de la boca para contar historias de miedo y para comer. 10 —Seguro que por las noches duer- me con la pipa puesta —Ie dijo una vez Topper a Viggo. Viggo era el amigo de Topper. —No —dijo Viggo—. Mi padre dice que no se puede dormir con la pipa, porque entonces se cae todo el tabaco en la cama y mi padre es muy inteligente y lo sabe todo. Pero Topper pensaba que el Sr. Holm sabia mucho més y decidié que le preguntaria eso de la pipa sin que se enteraran Viggo ni su padre que era tan inteligente. EI padre inteligente de Viggo se lamaba Leén y tenfa un café en el primer piso de la casa roja; se llamaba CAFE LA PESCADILLA AZUL, y todas las tardes estaba leno de pescadores y marineros que iban alli a comer guiso de carne, a fu- mar y a beber vino. ‘Topper vivia en el piso intermedio de la casa roja. Topper vivia con su madre, que era pescadora y vendia pescado en el mercado, u al otro lado del puerto. La madre de Top- per cantaba tan fuerte que hacia temblar todas las ventanas, y los peces saltaban asustados, El padre de Topper era marinero, navegaba por los siete mares y solamente venia a casa una vez al afio. En la escuela, Topper le contaba a la profesora y a los otros nifios cosas de su padre. —Mi padre —dijo Topper un dia— es un marinero auténtico, navega en alta mar y tiene dentadura postiza. —;Qué es dentadura postiza? —preguntaron los otros nifios. —Bueno —dijo la maestra po- nigndose las gafas—. Una dentadura es postiza cuando se pueden quitar y poner los dientes de la boca. —jCaray! —dijeron los otros ni- fios—. ;Puede tu padre quitarse los dien- tes de la boca? —Claro que si —dijo Topper po- nigndose muy orgulloso—. Una vez que habfa tormenta en el mar, se los sacé para 12 mirarlos un ratito y PLOP, se le cayeron en medio de las olas y desaparecieron. —jOh! —dijeron los otros. ni- fios—. ;Hicieron PLOP? —S{ —dijo Topper—. Un autén- tico PLOP y entonces ya no tuvo mas dientes y durante mucho tiempo se tuvo que conformar comiendo sélo sopas y papillas. —Aggg —dijeron algunos—. Eso no podfa ser muy agradable para él. 13 —No —dijo Topper—. Fue terri- ble y al final, del disgusto, agarré la fiebre amarilla, —jJestis! —dijo la maestra—. zAgarré la fiebre amarilla? —Si que la agarré, y ademés una muy gorda; pero ahora ya esta bien y en ver de fiebre amarilla agarré una mujer en cada puerto —dijo Topper. A la maestra casi se le cayeron los anteojos. ien —dijo—. Ahora vamos a escribir y ya oiremos mas cosas del padre de Topper otro dfa. Los nifios tomaron sus cuadernos y se pusieron a escribir todo lo bien que podian. Pero pensaban mucho en el padre de Topper y en sus extrafios dientes que se podfan quitar de la boca. Todos deseaban poderlo ver bien cuando volviera a casa desde alta mar. También vivia en la gran casa roja una sefiora mayor. Se Hlamaba Sra. Flora y tenfa una 14 trompeta de ofr, dorada y larga, porque era muy sorda. Su balcén estaba Ileno de enormes macetas con flores y jaulas con pajaritos verdes —Las flores son lo més bonito que existe —le dijo un dia al Sr. Holm cuando bajaba por la escalera para barrer la calle. —Si, es cierto —dijo el Sr. Holm tomando su calientanariz—. No hay na- da mejor que las flores, solamente una ta- za de café. —;Cémo dice? —pregunté la Sra. Flora metiéndose la trompetilla en la ore- ja y volviéndola hacia el Sr. Holm. —CAFE —grité el Sr. Holm. —jAh!, si, el café también esti muy bueno —dijo la Sra. Flore—. Quie- re tomar usted una taza de café, Sr. Holm? El Sr. Holm acepté. —Si, muchas gracias —dijo—. Si no es abusar demasiado. —;Demasiado? —dijo la Sra. Flo- ra sonriendo—. No, no tenga miedo que no le daré demasiado. 15 Asi hablaban el Sr. Holm y la Sra. Flora, de cuando en cuando, de flores y de café; en el fondo al St. Holm eso le gustaba, Casi todos los dfas se sentaban el Sr. Holm y la Sra. Flora en el balcdn, en- tre flores y pajaritos, felices, mientras to- maban café, —Un hombre atractive como us- ted, Sr. Holm —dijo la Sra. Flora—, Un hombre atractivo como usted debia bus- carse una mujei —Si —dijo el St. Holm—. Usted y yo casados, no estariamos mal. —MAL —dijo la Sra. Flora olien- do la cafetera—, ;Cree usted que mi café tiene mal sabor?, no es posible, mi queri- do portero, es café de Java. —Mmm —dijo el Sr. Holm un poco avergonzado. Bien, salud, Sra. Flora. Pero estaba pensando: Un dia le escribiré una carta y en esa carta le voy a decir asi: CASESE CONMIGO, DULCI- SIMA SENORA FLORA. Una carta asi tiene que entenderla esa dulce sefiora. 16 Asi era la vida en la gran casa roja de la orilla del mar y asi era la gente que vivia en ella. Y ahora ya es hora de contar una cosa muy rara que pasé precisamente alli, - Capitulo 2 . Topper era coleccionista. Coleccionaba de todo, pero prin- cipalmente coleccionaba cosas pequefas, de esas que se pueden meter en el bolsi- Ilo, para datselas a sus amigos. En invierno no se encontraban muchas, pero el verano era la mejor épo- ca para los coleccionistas. En el verano Topper encontraba pajaritos, tapas de botellas y piedras blancas. También encontraba escarabajos de alas azules, gusanos verdes... y una vez encontré un cochecito de nifio, de tres ruedas, todo oxidado. El carticoche fue una de las mejo- res cosas que encontré aquel verano. Topper y Viggo le llamaban TEM- BLEQUE y se turnaban para Ilevarse el uno al otro hasta la escuela. Pero un dia que Topper llevaba a Viggo en el carricoche, vio a su novia, porque, todo hay que decirlo, Topper te- nfa una novia. Se llamaba Sille y era muy bonita. —Hola, Sille —grité Topper ha- ciendo sefias con las manos para que se fi- jara en él—. Has visto el TEMBLEQUE? —:Qué TEMBLEQUE? —pre- gunté Sille, acercéndose rdpidamente en su pequefia bicicleta amarilla. —TEMBLEQUE es nuestro carti- coche —dijo Topper sefialindolo con el dedo. 19 —Tonto —dijo Sille al alejarse—. Yo no veo ningun carricoche TEM- BLEQUE. —Bueno —dijo Topper muy sorprendido—. Es posible que no. Y se dio la vuelta para seguir empujando a TEMBLEQUE, pero del ca- rricoche no habia ni rastro. «Qué raro», pensé Topper miran- do para todas partes. «Seguro que se marché solo a la escuela con Viggo». Eché a andar, y no habia andado mucho cuando oyé una voz muy enojada que gritaba detrds de un zarzal. —iQué es esto? —decia la voz enojada—. Un carricoche en medio de las flores, en mi vida vi cosa igual y ademas con un nifio dentro. —Sfif —murmuraba la voz de Viggo desde detras de las zarzas. —Cémo demonios viniste a pa- rar en medio de las flores? —grité la voz enojada. —jOh! —dijo Viggo—. Pasando a través del zarzal. 2 —Eso es lo mas descarado que of —grité la voz enojada—. Voy a decirte algo, esto no es un sitio para jugar. —No —murmuré Viggo—. Ya lo sé. —Esto —grité la voz enojada— es un jardin muy bien cuidado y muy bonito, —Si —dijo Viggo—. Y me gusta- ria salir de aqui corriendo. —Corriendo —grité la voz—. Di- jiste corriendo, entonces acércate, amiguito. «Qué raro», pensé Topper. «Ahora le llama amiguito, y uno no debe gritarle a sus amigos...» Pero Topper no pudo seguir pen- sando mucho en eso de los amigos, porque de repente aparecié Viggo volando sobre el zarzal y detrés de | TEMBLEQUE. —jUR —dijo Viggo. —Te lastimaste —dijo Topper y le ayudé a ponerse en pie. —jUA —dijo Viggo—. ;Por qué soltaste el carricoche? Topper se rascé su pelo oxidado. —Pues —dijo Viggo—. Verds, pa- sa que Sille venia por alli y entonces crei 2 que tenia que saludarla, y asi. — (Claro! —dijo Viggo quitindose las espinas del pantalén—. Eso es lo que pasa con esas tonterias del amor, pero de ahora en adelante seré yo solamente el que empuje a TEMBLEQUE. —Bueno —dijo Topper—. Esté bien. A Topper le parecia muy bien ese arreglo y pensé que, después de todo, eso del amor en el fondo no era tanta tonteria. —,Sabes una cosa, Viggo? —dijo Topper—. Ti también tienes que encon- trar una novia. ;Bah! —dijo Viggo tragando sa- liva—. Tit estds loco. —Si —dijo Topper—. ;Quizas! Y se senté todo cémodo en TEM- BLEQUE, el carricoche, soltando un par de pitidos fuertes. —;Qué haces? —pregunté Viggo, un poco asustado, parando el carricoche. —Silbo —dijo Topper sonriendo muy complacido—. Estoy silbando, ami- guito. = Capitulo 3 Ca St. El carricoche TEMBLEQUE fue un buen hallazgo. Por lo menos para Topper. No tenia nada en contra de que Viggo prefiriera empujar a TEMBLEQUE, y todos los dias Topper se sentaba en el carricoche y silbaba, Y algunas veces, si tenia suerte, sa- ludaba a su novia Sille cuando pasaba en su bicicleta amarilla. Y entonces Ilegaron las vacaciones de verano. La profesora cerré la puerta de la escuela y puso un letrero. El letrero decia: 24 —Bueno —dijo Topper rascindose su pelo oxidado—. {Qué pena! — Qué va! —dijo Viggo muy con- tento—. Creo que tenemos suerte. Y se fueron a su casa a pasar las va- caciones de verano. Pero dos dias més tarde, Topper encontré algo que era atin mejor que el carricoche. Era un lapiz. Topper lo encontré a la orilla del mar, por la mafiana temprano, cuando iba acompafiando a su madre al mercado donde cantaba y vendia pescado. Era solamente un trozo de lépiz pequeiio, de esos que usan los carpinteros cuando tienen que marcar la madera. —;Caray! —dijo Topper metiendo el trozo de lapiz en el bolsillo—. Por lo visto soy un tipo con suerte. Un lapiz asi es lo que estuve deseando siempre —afia- dié a continuacién. Topper siguié andando, con la mano metida en el bolsillo donde tenia el lipiz. y cuando Ilegé a la pared de atrés 25 del almacén de pescado, se paré. Je, jer, pens6, mirando a todas partes, «Seguro que un lapiz asi escribe bien, Creo que voy a escribir algo en la pared, algo bonito y delicado». Estuvo pensando un rato algo que fuera, ala ver, bonito y delicado para es- cribir en una pared. Y escribié: Sille te Ano «Hum», pens, «Qued6 bonito de verdad. Ahora sélo falta que Sille pase por aqui y lo vea». En ese momento oyé un ruido un poco més arriba. Era el ruido de una bicicleta que bajaba disparada por el camino. A Topper le parecié que sonaba como una pequefia bicicleta amarilla, a toda velocidad. «jOh!», pensé con un sobresalto. Es ella, sucedié». 26 Se dio la vuelta y se puso de espaldas contra la pared tapando el escrito. —jCaramba! —dijo Sille y frené haciendo saltar los guijarros del cami- no—. Topper, ;qué estds escribiendo? {Ejem! —dijo Topper sobresal- tado—. Nada de particular, Sille, Sola- mente dos letras de nada. —Topper —dijo Sille apoyando la bicicleta contra la pared—. ;Sabes lo que me parece ? —NNOO —murmuré Topper—. No lo sé. —Creo que es algo peor, me pare- ce que escribiste una frescura —dijo Si- lle—, Porque estis todo colorado. —,S? —dijo Topper asustado, tratando de que se le quitaran los colores. —Si —dijo Sille—. Me gustarfa ver lo que escribiste. No importa que sea una frescura. —Bueno —murmuré Topper tra- gando saliva—. Es que... Yo... Yo no es- cribo muy bien, Sille, casi son garabatos. —S? —dijo Sille acercindose. 27 —jPuf! —dijo’ Topper moviendo los brazos. —Escribo muy mal, horriblemen- te, sdlo son garabatos, casi te dolerian los ojos de verlo. —No importa —dijo Sille—. Dé- jamelo ver de todas formas. Y aparté a Topper de un empujén. «Ahora», pensé Topper y respiré fuerte. «Ahora lo va a ver y a lo mejor se enoja conmigo. Espero que por lo menos no arafie». Sille se quedé mirando la pared un rato. —Topper —dijo—. Tei estés loco. —Si —dijo Topper—. Ya lo sé. Pero a mi me parece que es muy bonito. —{Qué es lo que es muy bonito? —pregunté Sill. —Eso de la pared —dijo Topper sefialando la pared, por encima del hom- bro. —Pero, Topper —dijo Sille, rién- dose—. Si en la pared no hay nada, Topper volvié la cabeza despacio y 29 miré hacia la pared. TODAS LAS PALA- BRAS HABIAN DESAPARECIDO. Aquello tan bonito que le habia escri- toa Sille, habfa desaparecido sin dejar rast. Solamente quedaba la pared blan- cay la sombra de Sille. —Me engaftaste —dijo Sille—. Yo ctef que habjas escrito alguna frescura so- bre nosotros dos. Se monté en la bicicleta y se fue hacia el puerto. Topper se quedé mirandola, bajo el sol de la mafiana, hasta que la vio desa- parecer, a toda velocidad por detris de unas casas negras de madera. « —Parece que ahi dentro hay una fiesta —dijo para sus adentros—, sin im- portarles que las limparas de la gente se caigan, Pero ya les ensefiaré yo que el Sr. ~ $n también puede gritar. Golped la puerta con energia, in- flandose como si fuera un pavo real. Fue el jefe de policia quien abrié la puerta y cuando el Sr. Leén vio que era el mismo jefe de policia el que abria la puerta, se deshinché como un balén. —Je, je —dijo muy amablemen- std la sefiora en casa? —Si —dijo el jefe de policia—. Tenemos una pequeiia fiesta en honor de Ou. te. 90 —;Si? —dijo el Sr. Leén un tanto preocupado—. Pero es que las limparas se caen, abajo en el café. —S{ —dijo el jefe de policta—. Cosas asi no pueden evitarse, pero es que la sefiora hace un café tan bueno que le pone a uno de buen humor. —;No podrian ustedes golpear un poco menos? —dijo el padre de Viggo—. No me apetece que todas mis limparas se caigan, —Lo siento, pero no —dijo el jefe de policia—. Tenemos dentro un animal bastante grande que no podemos sacar por la puerta. —Un animal? —dijo el padre de Viggo poniéndose blanco—. ;Un rinoce- ronte? —Siii, exacto —dijo el jefe de policia—. Un animal muy grande y muy simpético que se ha comido mi gorra. —,Podria verlo? —pregunté el Sr. Leén. —Claro, claro —dijo el jefe de policfa—. Pase, pero tenga cuidado de no 1 caerse en la hierba. El padre de Viggo entré con mu- cho cuidado en la sala de la Sra. Flora. —GRUMP, JONK —dijo el rino- ceronte amarillo oliéndolo. —jEh! ;Supongo que no muerde? —pregunté nervioso el padre de Viggo. —No, no muerde —dijo el jefe de la policia alegremente—. Es muy bueno, es la bondad misma. EI padre de Viggo tropezé con las tablas del suelo. —,Cree usted que el piso aguanta? —pregunté. \ "Nooo —dijo el jefe de policia. —Pero entonces, zqué voy a hacer? —pregunté el padre de Viggo—. El bicho puede caerse dentro de mi café. Eso no me habia pasado nunca. —Nooo —dijo el jefe de policta—. Pero alguna ver tiene que ser la primera. jAnimese, hombre! Y dio al Sr. Leén unas palmadas en la espalda. —jOOHH! —dijo el padre de 92 Viggo—. ;No puede hacer nada la policia con este bicho? —;La policia? —dijo el jefe de policfa—. Nooo, la policia, buen hombre, tiene que ver con la paz y el orden. Un ri- noceronte no es paz, ley ni orden, Un rino- ceronte es més bien intranquilidad y desor- den, y de esas cosas no nos encargamos nosotros. —Si, pero... —dijo el Sr. Leén— Usted es el jefe de policfa. —Jefe de policia aqui, jefe de po- licfa alli —dijo el jefe de policia—. Ya estoy cansado de mantener todo el tiem- po la ley y el orden. Desde hoy me en- cargo del desorden, de los rinocerontes y del café. Se senté y brindé con la Sra. Flora. —jCaramba! —pensé el Sr. Leén mientras bajaba la escalera—. Se volvie- ron todos locos. Pero yo lo arreglaré, los echaré a todos fuera. Voy a llamar a los bomberos. Si echan agua en el medio de la habitacién donde tienen la fiesta, ten- drin que marcharse. 93 Temblando de rabia, Ilamé a los bomberos. —Buenas —dijo un bombero al otro lado del teléfono. — Fuego! —grité el Sr. Len, que no queria decir nada del rinoceronte amarillo—. Hay fuego en el piso de arri- ba del CAFE LA PESCADILLA AZUL. Vengan cortiendo a echar mil litros de agua en el piso; pueden echarlos por la ventana del baleén. —Desde luego —dijo el bombe- 1o—. Nosotros los bomberos adoramos gchar agua, ‘Un momento después, las calles de la ciudad estaban Henas de coches de bomberos haciendo sonar las sirenas, y de gente que corria detrés para ver el fuego. EI Sr. Le6n estaba a la puerta del CAFE LA PESCADILLA AZUL frotdndo- se las manos. "Dos grandes coches, llenos de bom- beros entraron en Ja plaza donde estaba la casa roja y el Sr. Leén se puso a sefialar el balcdn de la Sra. Flora. —Es alli —dijo—. Aptirense a echar toda el agua, pronto. Los bomberos miraron al balcén donde habia tantas flores que olfan bien y donde los pajaritos cantaban en sus jaulas. —jAh! —dijo un bombero—. Yo no veo humo en ninguna parte. —Si, pero —dijo el Sr, Leén, que empezaba a ponerse nervioso—, hay mucho fuego, échenle aunque no sean més que dos mil litros de agua. Pero el bombero se tomaba las co- sas con mucha calma y serenidad. —Yo no veo ni fuego ni humo —dijo otro bombero—. Pero huele a ca- fé. Vamos allt. Cogieron sus escaleras, subieron al balcén de la Sra. Flora y se pusieron a 96 mirar adentro. —Hola —dijeron—. Es aqui donde hucle a café —jAy! —dijo la Sra. Flora ponién- dosé muy contenta—. Vienen més visi- tas. Qué amables son viniendo a verme. Voy a hacer més café. Y se metié en la cocina, mientras los bomberos entraban en la habitacién. PERO EL SUELO. EI suelo de la sala de la Sra. Flora no estaba hecho para aguantar un rinoce- ronte y més de veinte personas. Cuando el diltimo bombero entré en Ia habita- cidn, se oyé el segundo crack gigantesco del dia. Y toda la fiesta de la Sra. Flora se cayé al CAFE LA PESCADILLA AZUL. —iAy, ay!, qué mala suerte tengo —se lamentaba el Sr. Leén Hevandose las manos a la cabeza y tirdndose de los pe- los—. No sé qué daria por estar lejos de aqui, en la luna. —Ahi esté ese tipo tan extrafio —dijo uno de los bomberos—. Ahora quiere ir a la luna. Me parece que es un 97 poco tonto. —NO —dijo Topper acariciando a Otto—. Es muy, muy inteligente. Lo sabe todo. —A veces esas cosas se suben a la cabeza —dijo otro de los bomberos—. Ahi viene esa sefiora tan simpatica con el café, Y dando un salto tomé por el aire a la Sra. Flora que se habia caido por el agujero del piso. —Uy! —dijo sorprendida—. No los habia ofdo bajar. Miré con amabilidad al bombero \ que la haba tomado por el aire. —Sabe? —le dijo—. Es que no oigo bien. El bombero asintié con la cabeza. —S{ —dijo él y le acaricié la cara a la Sra. Flora—. Pero el café si que sabe hacerlo bien. —No, no —dijo la Sra. Flora—. No tengo ningiin jardin, Pero tengo un balcén Ileno de flores. Ya lo veré cuando termine con el café. i Capitulo 10 . Se habia reunido mucha gente detras de los coches de los bomberos, para ver el incendio, y muchos se queda- ron muy enojados y sorprendidos cuando vieron que no habja fuego por ninguna parte. —;Bah! —protesté uno dando una patada en el suelo—. No arde nada. —No —dijo otro—. Un incendio sin fuego es lo més raro que vi en mi vida. —Si —dijo un tercero—. Nos to- maron el pelo. Hay que protestar. Y todas las personas que se habfan enojado se fueron a protestar. Pero también hubo personas més juiciosas. Les llegé el olor a café y entra- ron en el CAFE LA PESCADILLA AZUL. All vieron al rinoceronte amarillo y a todos los bomberos, que estaban muy alegres. 99 —Vival jViva! —gritaban y aplaudian—. Esto es mucho mejor que un incendio. Y el padre de Viggo, el Sr. Ledn, que se habia arrancado casi todo el pelo de la cabeza, con la rabia, de repente se convirité en una persona muy feliz y son- riente, porque todos los que entraban en su café no se conformaban tan sélo con mirar al rinoceronte amarillo, también querfan bebidas, café, vino y comida. Al final habia tanta gente en el CAFE LA PESCADILLA AZUL, que te- nfan que sentarse unos encima de otros. Encima de todo estaban los nifios, toman- do bebidas y comiendo salchichas que chorreaban toda la salsa de tomate en las cabezas de sus padres, y debajo de todo es- taba Otro que decfa JONK y GRUMP y se sentfa muy a gusto y contento. —jOh! —dijo la Sra. Flora, me- tiéndose debajo de una mesa para estar més tranquila—. Tantas visitas juntas no habfa visto yo en toda mi vida. Es una fiesta muy bonita. 100 —Muy bonita —dijo un nifio pe- quefio que estaba alli poniéndose a soplar por la trompetilla de la Sra. Flora, creyen- do que era de mtisica—. Muy, muy bonita. Y fue una fiesta muy bonita que terminé muy tarde, cuando ya la luna se paseaba por encima de la ciudad. La luna miraba la ciudad, y sobre todo miraba la casa grande y roja que 101 estaba a la orilla del mar. Vio cémo las visitas decian adiés y se iban a casa con sus hijos, dormidos, en brazos. Vio a los bomberos montar en sus coches y marcharse, vio al Sr. Leén en la puerta diciendo adids y, cuando miré por la ventana, vio a la Sra. Flora en mitad del café, con su cafetera en la mano y mi- rando el agujero del techo. /—iCaray! —dijo la Sra. Flora—. @Dénde voy a vivir ahora? No se puede vivir en un piso que tiene un agujero tan grande en el suelo. El bueno del Sr. Holm, el portero, carraspeé y se puso un poco colorado. —jHumm! —dijo acaricidndose el bigote—. Podria venirse a vivir a mi casa, Sra. Flora. —:Qué dice? —pregunté la Sra. Quiere usted més café? EI Sr. Holm sacudié la cabeza. En- tonces, romé un trozo de papel y un lapiz y escribié con letras grandes: Flora- 102 VENGASE A VIVIR CONMIGO, SENORA FLORA La Sra. Flora leyé el papel. Entonces mird sonriendo al Sr. Holm. —No es mala idea —dijo—. Sabe una cosa, Sr. Holm?, me llevo la ca- fetera, seguro que un sorbo de café nos sienta bien. El Sr. Holm se puso atin mas co- lorado. —Seguro —dijo—. Si, completa- mente seguro. Un poco mas tarde, la luna vio ¢6- mo Otto, el rinoceronte de tres cuernos més amarillo del mundo, se tumbaba en la hierba y también cémo el jefe de poli- cla, que ya no querfa ser mas jefe de poli- cla, se recostaba sobre el enorme animal y se quedaba dormido. La luna vio cémo el Sr. Leén con- taba todo el dinero que habia gariado aquel dfa, vio cémo cerraba la puerta y apagaba las luces del café y un poquito 103 después oy un montén de ronquidos que salfan de la casa grande, El més gordo y fuerte de los ron- quidos era el de Otto. El més chillén era el de Viggo, y el mis alegre y raro era el del Sr. Holm. Porque el Sr. Holm roncaba a tra- vés de su «Calientanariz». / Pero de pronto la luna dio un res- pingo alld arriba, porque habia visto una persona muy extrafia que se acercaba a la casa. La persona extrafia iba cargada con un saco a la espalda, y andaba con pasos muy silenciosos. Cuando Ilegé a la casa roja empe- 26 a mirar a todos lados. Entonces empujé la puerta de al lado del CAFE LA PESCADILLA AZUL y empez6 a subir, descalzo, por las escale- ras, que crujfan, y olfan a café, —Café —dijo bajito—. Alguien 104 ha bebido café. Se paré a escuchar detrés de la puerta del piso donde Topper y su madre dormian, sofiando con rinocerontes, Kipices y nifias en bicicletas amarillas. Estuvo parado un momento, escu- chando y sonriendo por debajo de su gran barba. —,Ohoho! —dijo—. Ahi dentro duermen como piedras, mucho mejor asi. < 105 Abrié la puerta y entré en la sala. Dejé el enorme saco al lado de la puerta. Pero la extrafia persona no podia ver muy bien en la oscuridad, y no vio que habia un gran agujero en el suelo. Con un grito se cayé por el aguje- ro, pasé por el agujero de la sala de la Sra. Flora y fue a dar JUSTO ENCIMA DE LA BARRIGA DEL JEFE DE POLICIA. —UUUY —dijo el jefe de policfa, desperténdose—. Puede alegrarse de que ya no soy jefe de policia, porque entonces tendria que meterle en la carcel. Esté to- talmente prohibido saltar encima de las barrigas de la gente. Encendié la luz y lo mismo hizo el resto de los vecinos de la casa toja, por- que no estaban acostumbrados a que na- die gritara UUUY en mitad de la noche. Hasta Otto se desperts y gruié JORK, JORK varias veces. La extrafia persona miré al rinoce- ronte, luego miré el agujero del techo del café y empezé a refrse. Se rié tanto que las ligrimas empezaron a correrle por la 106 cara, que estaba muy morena por el sol, y se metian por entre la gran barba roja. —Topper —grits—. Qué es lo que has hecho, pillo? —Perdén —dijo el jefe de poli- cla—. ;Conoce usted a ese nifio? —;Si lo conozco? —grité el hom- bre de la barba roja déndole una palmada en el hombro al jefe de policia—. Ese chico es mi hi —Papi —grité Topper tiréndose por el agujero del suelo—. ;Traes algin payaso? 6 107 —Dos —dijo el padre, abrazando a Topper, tan fuerte que se puso azul—. Cambiamos? — Cambiar qué? —pregunté Top- per tomando aliento, —Por el rinoceronte —dijo su padre. —Oiga —dijo el jefe de policia—. No pitede llevarse el rinoceronte del nifio. {Qué voy a hacer yo, entonces? Ahora que le tome carifio al animal. —JORK —dijo Oro arrimandose al jefe de policia. —Espera —dijo el padre de Top- per—. Conozco a un jefe de las islas de Fitti-Huli, en el mar de Benga, que se alegraria mucho de tener un rinoceronte amarillo tan pacifico como éste. «Un ri- noceronte amarillo», me dijo el jefe, una vez que estébamos bebiendo vino de pal- mera; a la luz de las estrellas, «un rinoce- ronte amarillo es lo que mas me gustarfa tener. Si ti pudieras conseguirme un rinoceronte asi, te daria tres de mis muje- res mas hermosas», Asi me dijo, y serfa 108 una pena no hacerle el favor a mi amigo el jefe, ahora que llego a tierra y encuen- tro un rinoceronte asi en mi propia casa. demas, es un buen cambio. —Si —dijo Topper—. Pero tii ya tienes una mujer. —Si que la tengo —dijo, toman- do en el aire a la madre de Topper que se habfa tirado por el aire, desde el segundo piso—. Yo tengo una mujer muy buena, pero el jefe de las islas de Fitti-Huli no tiene ningtin rinoceronte, y me gustarfa que lo tuviera. —Si, pero zy yo qué? —dijo el jefe de policia poniéndose triste—. Voy a te- ner que ser jefe de policia otra vez. —Te vas con Otto a las islas de Fitti-Huli —dijo el padre de Topper—. Y ademés te puedes quedar con las tres es- posas. —jOh! —dijo el jefe de policta un poco asustado—. Prefiero tener una sola esposa. —Bueno, eso tendrés que decirse- lo tt mismo al jefe —dijo el padre de 109 Topper—. Pero, Topper, zde dénde sacas- te ese animal amarillo? Topper se llevé a su padre a un lado. —;Puedes guardar el secreto? —pregunté muy bajito. —Desde luego —contesté su pa- dfe—. Desde luego, hijo. —Lo dibujé yo —dijo Topper y sacé el lapiz del bolsillo, para que lo vie- ra su padre. {Lo dibujaste? —pregunté su pa- dre, —Si—dijo Topper—. Todo lo que uno dibuja con este ldpiz, se hace verdad. —jEstupendo! —dijo su padre—. Entonces, no te importaré que me lleve al rinoceronte. Puedes dibujar otro nuevo. —No —dijo Topper y se acercé a su padre para decirle al oido—. La proxi- ma vez voy a dibujar un elefante. Su padre se eché a reir muy fuerte. —Entonces, tienes que esperar a que le pongan un suelo nuevo a la casa —le dijo. i Capitulo ultimo 5, A la mafiana siguiente, subieron a Otto al barco que lo Hlevarfa junto con el jefe de policia y el padre de Topper, a las lejanas islas Fitti-Huli. Habia muchos nifios en el puerto, para ver al rinoceronte, pero cuando vie-~ ron al padre de Topper con su enorme barba roja empezaron a gritar: —;Podemos ver los dientes? El padre de Topper sonrié y se sa- cé la dentadura postiza de la boca y todos los nifios se pusieron a aplaudir. —Ojalé fuera mi padre el que tu- viera unos dientes asi! —dijo un nifio. —Los tendré un dia, ya lo verés —dijo el padre de Topper—. Se caen ellos solos. —Qué bien! —dijo el nifio—. Me alegro, porque as{ cuando quiera ir bien presentado se los puedo pedir prestados. 112 ‘A Otto le habjan pasado una cuer- da muy gorda por debajo de la barriga, lo levantaron con una grita y lo pusieton con cuidado encima del barco. Otto estaba de muy buen humor y cuando iba por el aire solté unos sonidos muy raros y simpaticos. —;Por qué hace eso? —preguntd una nifia que estaba comiendo un helado. —Porque le hace cosquillas —dijo Topper. EI Sr. Leén también estaba en el puerto para despedir a Otto. Estaba un poco nervioso, porque pensaba que no iba a ganar tanto dinero cuando Orto ya no estuviera en el CAFE PESCADILLA AZUL. Al Sr. Ledn le gustaba mucho el dinero. Pero mientras estaba en el puerto, con su mal humor, se le ocurrié una bue- na idea. —i¥a lo tengo! —grité—. Voy a llamar a mi café EL RINOCERONTE AMARILLO. Y se marché a casa corriendo, a 113 pintar un letrero nuevo para ponerlo arti- ba de la puerta. Cuando ya Otto, el jefe de policfa y siete vagones de hierba estaban a bordo, el capitén del barco grité: —SALIMOS, ;RUMBO A LAS IS- LAS FITTI-HULIE Topper recibié un abrazo de su pa- dre, tan fuerte que casi lo deja sin aire, y su madre recibié nueve besos muy cari- fiosos en toda la boca. La sirena del barco empez6 a sonar. Los marineros empezaron a correr de un lado para otro, muy atareados y Otto solté el mayor y mejor JONK de su vida. En el piso de arriba de la casa roja estaban la Sra. Flora y el St. Holm to- mando el café de la mafiana mientras mi- raban al puerto. —Mire —dijo la Sra. Flora—. Acaban de embarcar un rinoceronte en un barco. Es extrafio la cantidad de rino- cerontes que se ven ahora. —Es el mismo rinoceronte que vi- mos ayer —dijo el St. Holm—. Lo llevan alas islas Fitti-Huli, a’ pasearse entre las pal- meras y a comer platanos, y con él también va el jefe de policia. —,Caf —dijo la Sra. Flora—. Si, si, puede tomar todo el café que quie- ra, St. Holm. Y cogiendo la mano del Sr. Holm le sonrié, El barco empezé a salir del puerto. Y los nifios saludaron tanto a Otto 1s que les dolfan los brazos. Estuvieron all{ hasta que Otto no se vela m4s que como un bultito amarillo y hasta que ya no se ofan mas JORK des- de el barco. —Se fue Otto —dijo Viggo, sus- pirando—. ;Qué vamos a hacer ahora? Topper cogié el l4piz del bolsillo y le guifié un ojo. —Un dlefante le dijo al ofdo—. Rojo. En ese momento aparecié Sille en su pequefia bicicleta amarilla. —jHola, Sille! —dijo Topper—. Mira, ah{ va nuestro rinoceronte. Sille miré al mar y sacudié lenta- mente la cabeza. —Topper —dijo ella—. Ti estés loco. Ahi no hay ningtin rinoceronte. Es un barco normal y corriente. Y montindose en la bicicleta se marché a toda velocidad. ‘Topper suspir6. —No es ficil tener una novia —le dijo a Viggo. 116 —jBah! —dijo Viggo. INDICE Y realmente eso era lo que opina- ba de este asunto. Capitulo 1. Capitulo 2. Capitulo 3. Capitulo 4. Capitulo 5. Capitulo 6. Capitulo 7. Capitulo 8. Capitulo 9. Capitulo 10... Capitulo tltimo... OLE LUND KIRKEGAARD Nacié en 1940 en Aarhus (Dinamarca). Una vez finalizados sus estudios se dedicé a la creacién literaria, Ha escrito numerosos guiones para radio, televisién, obras de teatro, cuentos y novelas, y ha dedicado especial atenciém a los libros para nifios. Otto es un rinoceronte fue incluido en 1974 en la lista de honor del premio Hans Christian Andersen. Este libro se rerminé de imprimir en lees de marzo ce 2007, en bles ‘CyC Impresores Lida, ubicados en Sin cid 1, Sago de Chie