XII Congreso Nacional de Ciencia Política

SAAP- Mendoza

Título: "Estética del conurbano bonaerense: Barroco Cirujero1: Hacer teatro en
una tapera"
Autor: Martin Biaggini (PEC – UNAJ)
Email: Pec.unaj@gmail.com

Introducción:

Cuando se intenta abordar la producción artística de un determinado espacio local, la
conflictiva tensión entre “lo local” y “lo universal” es sin dudas un problema a
plantearse a priori. Así surgen algunos interrogantes que dan pie inicial a nuestro
trabajo: ¿A partir de qué momento se pasa de una producción artística individual a una
expresión colectiva y representativa de identidad regional? ¿En dónde terminan las
influencias externas y en donde empieza la autenticidad? ¿Se necesita un número de
artistas mínimos para hablar de identidad local?
El caso que se analizamos en el presente trabajo es el de la instalación de un teatro en
una tapera de un barrio humilde del conurbano bonaerense, en la localidad de Gregorio
de Laferrere, partido de la Matanza. En este espacio, Gino Bensivenga, director del
lugar, construyo un verdadero polo cultural y artístico, sin importarle la ubicación
geográfica, ni el sentido común construido. La sala de teatro La Tapera, es una sala
periférica.
La problemática del centralismo cultural no es un fenómeno nuevo de análisis. Estos
fenómenos suelen derivar a procesos de concentración de poder simbólico y de espacios
de legitimación. Esta visión se encarga desde hace siglos de establecer y legitimar entre
otras cosas que es una creación artística, cuales son los bienes simbólicos que deben
circular, y hasta como se deben contemplar, para luego establecer redes de dependencia
vinculadas al mercado y las industrias culturales.
En ese mismo sentido, hablar del “arte” en el conurbano, o del “teatro” en el conurbano,
es un modo de establecer un campo de estudio con límites geográficos definidos y
referido a una producción cultual que, más allá de su contexto geográfico, se encuentra
enmarcada en un contexto global, con límites y fronteras.

Palabras Clave: Teatro – Conurbano – Periferia – Hegemonía
1 Concepto acuñado por Gino Bencivegna para definir la estética del teatro
La Tapera, en Laferrere, La Matanza.

El contexto geográfico:

El Área Metropolitana de Buenos Aires es una de las concentraciones urbanas más
grandes del mundo, que está conformada por la Ciudad Capital y los 24 partidos que la
rodean. Para entender la noción de área metropolitana podemos recurrir a Jordi Borja
(Borja, 2003), que define el “área metropolitana clásica” como la ciudad central y su
periferia, el continuo urbano, y el área de desplazamientos cotidianos, cuya gestión de
gobierno, por más que se encuentren gobernadas por municipalidades o comunas
diferentes, debe generar acuerdos supralocales dada la naturaleza o escala de los
problemas que pretenden resolver.
Dentro del conurbano, en su zona oeste, se encuentra el Partido de la Matanza, que
posee una extensión territorial de 325 km2 de superficie (abarca los 3 cordones del
conurbano) y una densidad demográfica (casi 2.000.000 de habitantes según último
censo). Limita al noroeste con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, al sudoeste con el
partido de Cañuelas y el partido de Marcos Paz, mientras que al sudeste con los partidos
de Lomas de Zamora y Esteban Echeverría; y por último al noroeste con Marcos Paz,
Merlo, Morón y Tres de Febrero. Desde el punto de vista territorial y administrativo el
partido de la Matanza posee como división política 15 localidades, las cuales a su vez,
se dividen en barrios.

Plano INDEC2.

Plano Municipio de la Matanza. Dpto. de Catastro.

El contexto histórico:

Primitivamente el antiguo pago de la Matanza, estaba conformado por grandes
extensiones de tierra con actividad agrícola ganaderas, habitadas por familias
propietarias, y cuya fuerza de trabajo se centraba en población negra afro y de pueblos
nativos que en ella se incluían (con las distintas mezclas étnicas que se produjeron)
(Salas, 2006). Así, los partidos del cono urbano pertenecían a la categoría catastral rural,
hasta que, con los gobiernos de la Generación del 80, comenzaron a aparecer centros
urbanos. La nuevo concepción “Civilización vs. Barbarie” proponía el choque de lo
urbano con lo rural (choque que, por cierto, no era equitativo). Pero a partir de la
confluencia del nuevo modelo económico de sustitución de importaciones, en 1930,
comienza en la Argentina una movilización de población desde las provincias hacia las
zonas urbanas más importantes, como Córdoba, Rosario y Buenos Aires. Estas
migraciones, se observaran con mayor ímpetu desde 1946, con la implementación de las
2 http://www.indec.gov.ar/nuevaweb/cuadros/1/folleto%20gba.pdf
(Consultado junio 2015)

políticas económicas del gobierno de Juan Domingo Perón. La promoción de la
industria liviana,

y la escasa necesidad de mano de obra en las zonas rurales,

provocarán no solo una mayor urbanización en la Argentina, sino que además, una
aglomeración de importancia en la Provincia de Buenos Aires, comenzando a surgir en
este periodo con más fuerza el Gran Buenos Aires o también llamado Conurbano
Bonaerense, reconfigurando nuevamente la población matancera. Durante los años 1960
a 1970, el plan de erradicación de Villas de Emergencia, erradica asentamientos de la
ciudad Capital, reinstalándolos en el partido de la Matanza, dando origen así a nuevos
barrios (Merklen,2010).
Durante los últimos 30 años, las oleadas migratorias de países limítrofes, configuro
espacios con alta cantidad de población de origen peruano, paraguayo y boliviano.
Es un ejemplo hacer notar que, las viejas festividades de origen italiano (San Miguel
Arcángel por ejemplo), organizada por las numerosas entidades intermedias de origen
italoargentino, y que consistía en realizar una procesión por el barrio del santo patrono,
fue abandonada por las nuevas generaciones, y hoy la práctica se realiza por el pueblo
Boliviano con la virgen de Copacabana (Biaggini, 2012).
En ese mismo sentido, al partido de la Matanza, configura hoy un crisol de prácticas
culturales diversas, insertas en una ubicación periférica a la ciudad capital, lo que
configura una dependencia en cuanto a bienes culturales. Debido a su complejidad
demográfica, social y cultural existe un confuso desarrollo de las relaciones sociales.
Este proceso lejos de pertenecer a contemporáneas provocaciones, tiene un fuerte
arraigo en épocas precedentes. Entre sus complejidades figuran las formas de
integración y diferenciación que se manifiestan a través de la conformación de grupos o
la exclusión por medio de la discriminación. Las causas de estas dinámicas están
compuestas por diversas variables pero una de las más explicitas tiene que ver con
aquellas que fueron provocadas por la conformación de su demografía a través de
diversos procesos sociales y económicos. Desde principios del siglo veinte recibiendo a
migrantes europeos pasando por las fluctuaciones económicas que permitieron la
llegada primero a Buenos Aires y luego a La Matanza, de ciudadanos argentinos de
diversas provincias hasta las migraciones de miembros de países limítrofes.
Sin lugar a dudas, el panorama matancero, no es el mismo que el de hace cien años y
desde la mitad del siglo XX fue cambiando considerablemente. Si detenemos el

pensamiento por un momento comprenderemos que La Matanza es un territorio
conformado por italianos, españoles, bolivianos, paraguayos y migrantes que
provinieron de las provincias argentinas. Ahora, si tratamos de ver un poco más allá y
develar tales procesos, nos daremos cuenta que detrás de la cultura italiana y española
del periodo migrante anteriormente dicho, radican valores iluministas y positivistas que
dieron forma a un pensamiento europeo fuertemente incorporado a la Argentina de
principios de siglo veinte en el contexto de conformación del estado nacional.
Los dogmas europeos aun cuando se presentan como los hegemónicos y son los
dominantes, de hecho considerados como una de las causas fundantes de racismo y
discriminación en occidente, son en la actualidad parte de una de las cosmovisiones y
que comparte espacios simbólicos con aquellas que de manera latente se encuentra en
las subyacencias del imaginario matancero.

El teatro independiente en la Matanza
Durante los siglos XX y XXI se desarrollaron en los distintos barrios del conurbano
bonaerense distintas experiencias teatrales que presentaban como principal característica
la autogestión, la circulación por fuera del ámbito comercial y en algunos casos la no
profesionalidad de sus actores. Algunas de ellas han sido categorizadas como “teatro
popular”, otras como “teatro vocacional”, “teatro callejero”, “teatro independiente” o
“teatro comunitario”.
Muchos historiadores consideran que es la experiencia del Circo Criollo, surgido a fines
del siglo XIX, la que inició la tradición del teatro popular en nuestro país
Sin embargo la autora Marcela Bidegain (2007), plantea que el teatro comunitario
encuentra sus antecedentes en el teatro filodramático, en los grupos de teatro
anarquistas, en el agit-prop y en las primeras manifestaciones del Movimiento de Teatro
Independiente. El teatro filodramático tendría en común con el comunitario el carácter
autogestivo, la circulación por fuera del ámbito comercial, la realización de las obras en
clubes y otros espacios barriales y el hecho de que sus integrantes no eran actores
profesionales. Según Luis Ordaz, los elencos filodramáticos eran “grupos de aficionados
al teatro que en un club o asociación de la índole más diversa, representaban para sus
amigos, familiares, consocios y vecinos, obras del repertorio común, procurando

remedar las versiones de la escena profesional.” (Citado en Pellettieri, 2003: 154). Estos
elencos de vecinos aparecieron en nuestro país hacia fines del siglo XIX y se
desarrollaron tanto en la ciudad de Buenos Aires como en las provincias del Interior.
Luego surgieron los denominados “cuadros filodramáticos”, grupos vinculados en su
mayoría a la militancia sindical y política anarquista y socialista que se mostraban
críticos hacia el circuito de teatro comercial y representaban obras de temática social y
política. Los grupos filodramáticos fueron precursores del teatro popular en muchas
localidades del gran Buenos Aires.
Así, en el partido de la Matanza, encontramos diversos grupos de teatro filodramaticos,
desde comienzos de siglo XX (Biaggini y Tavorro, 2008): el grupo teatral de Florio
Arias Robles (quien había trabajado con la familia Podestá), radicado en Tapiales en
1920, y cuya continuación estaría a cargo de Don Lucas Ramón, el cuadro filodramatico
“Florencio Sánchez” (Villa Madero, 1930), el grupo teatral del Salón Sarmiento (del que
trascendería Floren del Bene), entre otros, que ganaran gran auge en las décadas de
1940 y 1950.
Como ejemplo podemos citar una crónica de un periódico local de 1927: “No nos
equivocamos al anunciar por medio de estas mismas columnas que el Salón Saturnino
Quiroga seria chico para contener la inmensa muchedumbre que, deseosa de asistir a
la función teatral ofrecida por el Cuadro Filo dramático de Tapiales, había acudido
desde temprano para ubicarse en los mejores sitios de la sala.
Cerca de cuatrocientas personas llenaban el salón de la sociedad de fomento, cuando a
las 21 hs en punto, dio comienzo la función, representándose la obra dramática en dos
cuadros titulada “La huelga”. “Cataplasma” y “El amante de mi mujer” fueron las
obras ofrecidas a continuación, siendo las dos primeras las que más agradaron a la
concurrencia”3.
Dentro de este movimiento teatral, irán surgiendo a lo largo de los barrios del partido de
la Matanza, numerosos grupos, en los cuales se irán destacando directores, actores y
dramaturgos locales.

Un espacio periférico

3 Periódico “El Imparcial”, Villa Madero, 1927.

Si bien durante la primera mitad del siglo XX, en los barrios del partido de la Matanza
comenzaron a aparecer numerosos tangueros, bailarines y músicos (Biaggini, 2015),
desde fines de 1960 (tras la movilidad social que produjo la educación estatal)
aparecieron numerosos poetas y narradores que se han destacado en diferentes niveles
de legitimación (Dalter, 2015), y mientras en los barrios bajos, rodeados de potreros, se
exportaban jugadores de futbol que triunfaban en nuestro país y el mundo, con la
implementación de políticas neoliberales, y que trajo aparejada la ampliación de las
desigualdades sociales existentes, muchos barrios periféricos se transformaron en
centros proveedores de drogas, lo que trajo anexado el desarrollo de redes de
delincuencia.
Como lo expone irónicamente Julio Arrieta, actor habitante del a villa 21, y personaje
estereotipado de la película documental con contenido de ficción “Estrellas”4:

Julio Arieta: “Nosotros de acá de la villa siempre exportamos a otros barrios
drogadictos, jugadores, jugadores drogadictos, prostitutas, ladrones, ¿por qué no llegar
el día que podamos exportar un Alfredo Alcon, o una Norma Aelandro?”

Esa nueva reconfiguración del espacio periférico anuló los relatos sobre los barrios del
conurbano y el arte orillero. Desde comienzos de 1990, cualquier tipo de referencia que
se hiciera sobre los barrios del conurbanos estaba adornada de los relatos de inseguridad
y violencia que los medios de comunicación alimentaban diariamente. Las imágenes de
tiros, muertos, gritos y de llantos, y la cobertura televisiva permanente de programas
como “Policías en Acción”5, “La Liga”6, entre otros, produjeron relatos que fueron
4 Documental ficcionado dirigido por Federico León y Marcos Martínez,
2007.
5 Programa de televisión emitido por canal 13, que mezcla los géneros de
documental y tele realidad, adaptado del formato estadounidense COPS.
Como lo expone la página web del canal: “Policías en acción documenta el
accionar cotidiano de la Policía en todo el país, realizado en escenarios
reales (…)”.www.eltrecetv.com.ar (Consultado el 25 de junio de 2015)
6 Programa de investigación periodística emitido por canal 13 y canal 11
entre 2005 y 2010, que abordaba temas de contenido social e investigativo.

cristalizando un sistema semántico que instaló una división moral traducida
topográficamente: del otro lado de la Av. General Paz cambiaba el mundo.
Dentro de la propia periferia, se conformaban nuevos centros, y por ende nuevas zonas
relegadas. En el caso de la Ciudad de Gregorio de Laferrere, la ruta numero 21 separa
casi simétricamente, un sector de alta concentración comercial y urbana (en donde
encontramos a la Av. Luro, que concentra numerosos locales comerciales de diversa
índole, verdadero polo comercial e industrial, entre los que podemos mencionar una
sucursal de Mac Donals), con mayoría de calles asfaltadas, diversas instituciones
municipales, sociales y privadas, y una mayor densidad demográfica, de otro sector
totalmente relegado, con numerosas calles de tierra, terrenos completamente inundables
(por su cercanía al Rio Matanza y la depresión del terreno), y casi nula presencia
gubernamental.
En este último sector, que por el sentido común construido seria poco apto para la
instalación de un proyecto artístico teatral, se instaló el teatro La Tapera. Las distintas
coberturas de medios locales, tanto gráficos como radiales, demuestran dicha idea:
-

“En una zona humilde como esta (…)” (periódico UNO, noviembre 2013)
“(…) una casa que se encontraba en estado deplorable, en una calle de

-

tierra…” (Clarín Zonal La Matanza)
“Abriendo un teatro en una zona que no es céntrica” (Periódico UNO,

-

Universidad Nacional de la Matanza).
“Quijotada teatral en el kilómetro 26” (Programa de Radio Cultura desde el
Pie).

En ese sentido, como lo explica Bourdieu (Bourdieu, 2010) “el campo de producción y
de circulación de los bienes simbólicos se define como el sistema de las relaciones
objetivas entre diferentes instancias caracterizadas por la función que cumplen en la
división del trabajo de producción, de reproducción y de difusión de los bienes
simbólicos”, en ese sentido el capital simbólico sólo existe en la medida que es
percibido por los otros como un valor. Es decir, no tiene una existencia real, sino un
valor efectivo que se basa en el reconocimiento por parte de los demás de un poder a
ese valor. Para que ese reconocimiento se produzca tiene que haber un consenso social
sobre el valor del valor. La experiencia de La Tapera teatro, ha podido legitimar su
producción simbólica, no solo creando su propio mercado de circulación, sino tomando

su propia situación espacial y periférica como su elemento más destacable. En La
Tapera el conurbano es un espacio que se define por su estética, una geografía que se
narra con los objetos en exposición, las frases grafiteadas en las paredes, las obras
representadas y el público asistente. El conurbano entendido como un lugar de
enunciación que no busca una oposición a la ciudad de Buenos Aires, por el contrario, la
Tapera se presente como un centro. Y desde su inauguración, ha podido crear su propio
circuito de legitimación en la zona.

La inauguración de una sala teatral en una tapera:

En la localidad de Gregorio de Laferrere, partido de la Matanza, se establece Gino
Bensivenga, nacido en el año 1946 en Italia, que transito diversas profesiones a lo largo
de su vida (peluquero, verdulero, etc.). Fue egresado de la Escuela Municipal de Arte
Dramático de la Municipalidad de Morón, asistió a los talleres literarios de Antonio
Aliverti y Luis Ponzo, es autor de los siguientes libros: Palabra alguna, Ocosaedro, La
palabra que vivo, Árbol de invierno y Los frutos de lluvia entre otros. Desde joven se
destacó en la actuación y dirección teatral en diversos ámbitos de la Ciudad de Buenos
Aires y la Matanza. Luego de diversos inconvenientes a la hora de encontrar un lugar
donde desarrollar su actividad teatral, mandándose de diversos locales y
establecimientos prestados, decide vender su automóvil y comprar un terreno con una
vieja tapera en mal estado, para transformarla en un teatro.
Gino Bensivenga, lo explicaba así: “La idea de la tapera surge, como una necesidad
bifronte digamos porque por un lado yo tenía la huerta que cuidaba, esta era una casa
prestada y por otro lado ensayaba en el centro (se refiere a la zona céntrica de
Laferrere), en un centro de jubilados y en la casa radical cuando el hombre me dice que
va a vender esta propiedad me agarra mucha angustia porque yo me había enamorado
fervorosamente de los árboles de mi huerta y entre en crisis porque no me hacia la idea
de perder eso que yo tanto quería, vendo el choche tenía un coche bastante nuevito y
bueno llegue a un arreglo compro la propiedad, cuando veo que esta tan destruida, era
una tapera empecé a pedir algo de plata más algunos ahorros que yo tenía y empecé a
refaccionarla…7”
7 Entrevista realizada a Gino Bensivenga por el autor, en La Tapera, en
noviembre de 2013

Gino, ha formado parte del movimiento de teatro independiente de la Matanza, el cual,
desde sus orígenes hasta la actualidad, cuenta con numerosos espacios y elencos.
El objetivo del teatro independiente es el solo hecho de la expresión artística. Los
actores, serán vecinos con o sin experiencia previa que conformaran un colectivo
artístico que ira logrando identidad propia. Las creaciones colectivas, y la significancia
del lugar, establecen un código único con los espectadores.
La Tapera no solo se convertirá en una sala teatral. Su multifuncionalidad abarcara el
uso de sus instalaciones para la lectura y presentación de diversos colectivos abocados a
las letras, músicos de distintas latitudes, y una galería de arte con exposición
permanente. Sin olvidar el “museíto”, verdadera sala de exposición de reliquias locales
diversas. Estas características, netamente artísticas, conviven con la quinta con diversos
cultivos y el gallinero, prácticas de producción autosustentables típicas de la
colectividad italiana y de los barrios periféricos.

Conclusión: el Barroco Cirujero:

En la búsqueda de una estética propia, de una producción teatral local, que no mira a la
Ciudad de Buenos Aires como un centro, sino que se transforma en su propio centro, sin
evitar las influencias, y la situación estratégica de estar inserta en el conurbano, el teatro
de La Tapera se construye con un estilo propio. Los cientos de objetos que se exponen
en su museo, el origen de los actores y del público que asiste, la mezcla italo argentina
con rasgos latinoamericanos, se encuentra metaforizados en la actividad ciruja: persona
que busca entre la basura con el fin de encontrar alguna cosa de provecho. En ese
sentido, Gino, el teatro la Tapera, busca entre los elementos simbólicos de la zona, lo
que más encaje, lo que más represente, y en ese sentido, llena de estos objetos
simbólicos el ambiente, recargándolo cual barroco latinoamericano. La Tapera es una
síntesis de esta estética que se encuentra en todo el conurbano. Como el mismo Gino lo
expreso: “Si, tiene que ver con todo lo que te acabo de decir, tiene que ver con una
estética… barroca cirujera digamos, un barroquismo ciruja, me gustaría tener más
cosas, que sea más museito que digo para guardar más objetos que me, me identifican
muchos objetos que los amo, les capto esa inmanencia como decía es místico el tema si

se quiere pero bueno cada uno tiene sus defectos, cada uno tiene su pasión por los
defectos”.
Este neologismo conformado por dos palabras define una obsesión por los objetos que
atesora y expone. La sala anexa del teatro (denominada por Gino como Museo) está
plagada de cosas y objetos que como bien dice lo caracteriza cierto barroquismo. Pero
esos objetos son de uso cotidiano y al analizar la acumulación de recuerdos que los
atraviesan se puede entender la idea de “ciruja”.
La clave de esta expresión, más allá de ser romántica, es que lleva implícita la
hibridación de dos o más componentes culturales. Gino, italiano excéntrico y
apasionado toma de su tierra, de su origen, la influencia que da un giro en la historia del
arte italiano y europeo occidental pero luego toma lo que tiene al alcance de sus
sentidos en el lugar donde vive, donde se crea, crea y se desarrolla.
De esta forma elementos artísticos culturales europeos se mezclan y articulan con la
cotidianeidad territorial de un espacio de cultura en emergente proceso, luego los
ensambla y obtiene su propia expresión. De alguna forma Gino se devora al Barroco y
lo convierte, como buen alquimista, en algo de valor propio, personal y
fundamentalmente colectivo. Gino, funciona así como un arqueólogo local que utiliza
una estrategia de recuperación de elementos del pasado como materia prima para la
construcción simbólica de un “nosotros” de fuerte raigambre territorial, con un alto
contenido conurbano.
Así lo explicaba Gino: “Y todas esas cosas viejas, que las traigo de la calle, siempre
siento que subyace esa poética. Las ruedas, las carretillas, los martillos, la hoz, ¿no sé
cómo se dice en plural la hoz, las hoces?
Ese es el pandemónium de objetos, aparte mal cuidados, porque no los cuido, no los
pondero. Realzarlos seria la palabra, pero me gusta verlos.
El arado que está debajo de la higuera aró el barrio de los ingleses, el barrio de los
ingleses. Fíjate vos que es un patrimonio el arado ese. Ese coso de la Esso (señala), es
la primera estación de servicios que hubo en Laferrere, en esa calle. En la década del
60 había estación de servicio y ese coso era de la estación de servicio.

Las planchas, las cámaras de foto, todo recuerdo de la gente de Laferere, gente que yo
le cortaba el cabello en muchas oportunidades. Gracias fulano mengano, y ahí están en
mi colección, como un testimonio de los pasos del tiempo”8
Así, el trabajo de Gino y la gente en La Tapera intenta generar relatos con los cuales los
vecinos y espectadores que asisten al teatro reflexionan sobre sus prácticas y revisan las
identificaciones que le son propuestas desde el “fuera”. Es una narración negociada en
la que se intenta contribuir en los procesos de construcción de la identidad del barrio
“hacia adentro” y aportar a las reflexionen respecto de las imágenes con las que son
representados por los medios masivos y por diversas instancias institucionales en
sociedades mediatizadas que actúan como identificadores externos.

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