P. 1
Taylor Caldwell - El Gran Leon de Dios

Taylor Caldwell - El Gran Leon de Dios

|Views: 3.433|Likes:
Publicado porcxgr
Una de las novelas historicas de Taylor Caldwell, es la edición de bolsillo, y lamentablemente esta condensada del libro original en un 50%
Una de las novelas historicas de Taylor Caldwell, es la edición de bolsillo, y lamentablemente esta condensada del libro original en un 50%

More info:

Published by: cxgr on Mar 11, 2010
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as DOC, PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

10/01/2013

pdf

text

original

Pero todo había sido el reverso de la paz en Jerusalén durante las largas

ausencias de Saulo.

Los cristianos -o nazarenos, según los judíos seguían llamándolos en la
ciudad- y especialmente los jóvenes, se habían unido a los esenios y zelotes. Y uno
de ellos, el zelote Eleazar, predicando que había llegado la hora de liberar a su
bien amado país, consiguió arrastrarlos a una batalla sin cuartel contra los romanos.
Si el alzamiento fue feroz y salvaje, la represión resultó tremenda. El cónsul romano
declaró la ciudad en estado de guerra; y casi treinta mil judíos, entre fieles y
nazarenos, fueron muertos entre los muros del templo. Eleazar fue prendido y
ejecutado públicamente. y el odio más amargo hirvió entre el pueblo.
Las familias de los judíos asesinados echaban la culpa a los nazarenos, a
los que ahora consideraban "herejes", enemigos mortales que atraían la matanza y la
ruina sobre todo su pueblo. Detestaban a los judíos "renegados" todavía más que a los
conversos gentiles, pues, ¿no eran éstos los más humildes y, generalmente, los más
pacíficos? Y acababa de irritarlos que entre los "herejes" figurasen miembros de las
familias más inteligentes, acaudaladas y eruditas del pueblo judío, los cuales, en
vez de haberse opuesto a Eleazar y sus zelotes, habían hecho causa común con ellos
para alzarse contra Roma.

-¡Tumultuarios! ¡Proscritos! -gritaban a los cristianos-o ¡Traicionan a su
propio pueblo y lo llevan al matadero!

El emperador de Roma lo tomó tan a pecho que advirtió a los judíos .de
Alejandría que si admitían misioneros, serían condenados como participantes "en la
plaga que amenazaba ahora a todo el mundo". Para los romanos no había diferencias
significativas entre judíos nazarenos y judíos "fieles", pues la nueva secta era "una
secta judía, dirigida por los irresponsables zelotes y esenios".
Saulo, enterado de todo esto, sabía que judíos y romanos lo consideraban
pura y simplemente como un zelote más.
Cuando los nazarenos abandonaron la adoración en las sinagogas de Roma, el
emperador permitió su reapertura. Pero eso no consiguió borrar la amargura y el
miedo, y se afirmó la división entre nazarenos y el resto de los judíos. "Los jóvenes
nazarenos -escribió más tarde el historiador Josefa-son salvajes intolerantes,
ilegales, y su mismo aspecto excita la animosidad romana, pues parecen bárbaros, y no
parte de una comunidad civilizada. Caminan y hablan ofensivamente, y, con abierto
desprecio a la autoridad. Inician peleas con los guardias de las ciudades, gritando
que está cerca el regreso del Mesías y que ellos son la vanguardia de su ejército."
De modo que Saulo volvió a Jerusalén para reconciliar a los judíos y

cristianos y salvar la Iglesia. .
Saulo halló la realidad mucho peor de lo que había imaginado, y, en su paso
por Jaffa, donde residió algunos días, se enteró de que Pedro, obispo de la comunidad
cristiana, había salido para Roma, con el deseo de llevar orden y consuelo a los
cristianos y aliviar los horrores de los otros judíos.

La casa de su hermana, donde naciera el marido de Séfora, y el padre de
Ezequiel, y todos sus hijos, era como un refugio para Saulo. Los cabellos de Séfora,
antes tan brillantes, eran ahora casi tan blancos como los de él, y los nietos la
rodeaban como los zarcillos a un viejo árbol. Abrazó a Saulo con risas y lágrimas, y
los besos de los niños, puros y queridos, vinieron a sanar las cicatrices de su alma.
-Milo -'dijo- se siente desgraciado a las órdenes de ese malvado jefe de la
Guardia Pretoriana, Tigelino. Milo es un vivo reproche para la corte romana y para
Nerón, pues es hombre virtuoso y cristiano, aunque esto lo ignoren muchos. ¿No
podríamos inducir a nuestro primo a regresar a Israel, donde nació en la misma noche
que el Mesías? Es viejo, pero indomable. Si se queda en Roma, seguramente morirá.
-También yo se lo he dicho en mis cartas --dijo Séfora-.
Pero él responde que su deber está en la ciudad de sus padres. Es también
romano, además de judío. ¿Por qué no lo visitas, Saulo, y le ruegas que vuelva a
nosotros, al menos por algún tiempo?
-¿Yo? ¿Visitar Roma? -la miraba incrédulo-o ¿Esa sede del vicio, la infamia
y el asesinato, el lujo y el terror?
-Pues Simón Pedro está allí. ¿No lo sabías? Sc marchó hace sólo un mes, ya
que aquella comunidad está muy alterada. He oído que Nerón es un hombre vicioso y
decadente, y me pregunto por qué permitió que los judíos volvieran a Roma y
recuperaran en cierta medida sus propiedades.
-Quizás --dijo Saulo con melancolía- quiere hacer de ellos la víctima
expiatoria, como otros gobernantes en otras naciones -sus palabras le parecieron
increíbles una vez pronunciadas; le pareció que una ráfaga de helado viento le·
azotaba la espalda, y tembló~. Sabía que Pedro había ido a Roma. Nunca nos
apreciamos, pues cada uno creía que el suyo era el único camino -sonrió-o Pero en Su
Nombre nos reconciliamos, a pesar de Marcos, que tampoco me quiso nunca.

Séfora cogió la morena y callosa mano de Saulo entre las suyas:
-Hermano mío, tú eres tan fácilmente odiado como querido, pues nunca dudas,
tus opiniones son inflexibles y tu juicio, ¡ay!, generalmente es certero.
Luego le habló de Jerusalén y del pueblo, cuya desesperación crecía por
momentos. El nuevo cónsul, Félix, odiaba a los judíos todavía más que Poncio Pilato,
y conspiraba con el Sumo Sacerdote y sus secuaces para oprimir y robar al pueblo y
destrozar su espíritu. Lo que habían sufrido bajo Pilato no era nada comparado con lo
de ahora, pues sus propios sacerdotes los habían abandonado y conspiraban contra
ellos. Los impuestos habían llegado a ser insoportables, tanto los destinados a Roma
como los, destinados al sostén del Templo, que los sacerdotes profanaban con su misma
presencia. Imponían diezmos abusivos, incluso a los pobres, y, ¡ay del hombre y su
familia, si no entregaban el dinero! Asesinos sin nombre corrían por los recintos del
Templo, dejando sangre y cadáveres a su paso, y nadie sabía contra quiénes se dirigía
su venganza: si contra los adoradores o contra los opresores. Se decía que el rey
Agripa era el responsable, que quería reducir a su pueblo a la total esclavitud con

objeto de complacer a los romanos. Pero otros decían que los asesinos eran zelotes o
esenios que vengaban el insulto al Templo. Y había quienes aseguraban que eran
cristianos, o nazarenos, como aún eran llamados en Jerusalén, jóvenes interesados en
derribar al gobierno de Félix, de Roma, y del rey Agripa.
Saulo miró el suave cielo azul, los almendros en flor, las rozagantes
palmeras, y pensó cuán hermoso era el mundo y cuán malvado el hombre que llevaba el
crimen, el odio, la ruina y la fealdad en su propio corazón.
-Creo que he hecho bien en volver --dijo-o Se me ordenó en una visión, pero
soy sólo un hombre, y ni judíos ni cristianos me escucharán aquí, en mi propia nación
y pueblo. No sé por qué he venido. Estoy en manos de Dios, pues ignoro por dónde debo
empezar, y qué habré de soportar.

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->