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SAGRADA BIBLIA, EN LATIN Y ESPANOL, COON NOTAS LITERALES, CRITICAS & HISTORICAS, PREFACIOS Y DISERTACIONES, Seeadas del Comentario de D. Agustin Calmet, Abad de Senenes, del Abad Venos ¥ do Jos mas célebres autores, pera facilitar la inteligencia de la Santa Eseriture, OBRA ADORNADA CON ESTAMPAS Y MAPAS. PRIMERA EDICION MEJICANA, ‘ ENTEBAMENTE CONFORME A LA OUAMTA Y ULTIMA FRANOBSA DEL ato pg 1820. TOMO DHCIMONONO. PROLEGOMENOS DEL NUEVO TESTAMENTO. MEJICO. MWPRBATA BR QALVAN A CARGO DE MARIANO ARfVALO, CALLE DE CADENA vom. 2, nenneres 1832. CON Las LMCENCIAS NEOESALiAS. PPPPLILLILLISILI LL LLLILLLILILL ELI LLEL EOL LIL IDI OL ADVERTENCIA DE M. DRACH. H...s legado 4 la parte mas interesante de las divinas Escritu- ras, al iibro del feliz anuncio, en el que vemos el perfecto cumpli- miento de todas las profectas y de todas las figuras del Antiguo Tes- tamento, EI fin de toda la ley antigua, verdadera preparacion evangéli- ¢a, es nuestro Sefior Jesucristo, segun nos lo ensefia el Apéstol, edu- eudo 4 los piés de Gamaliel: finis enim legis Christus (Rom. x. 4.). El primer Adan miserablemente caido en la culpa, quiere huir de la presencia de aquel cuya mano alcanza 4 todas partes, y ante quien Jas tinieblas no tienen obscuridad, y brilla la noche con la claridad _ del dia: Etenim illuc manus tua deducet me, et tenebit me dextera tua... Quia tenebrae non obscurabuniur & te, et nox sicut dies illu- minabitur [Ps. cxxxviut. 10, 12.]. El segundo Adan personalmente viene 4 presentarse: Tunc dizi: Ecce venio [Hebr. x. 9.]. Siendo incapaz de pecar se ofrece 4 borrar el pecado dél género humano, y por efecto de su grande misericordia en favor de los hijos peca- dores de un padre culpable, voluntariamente sacrifica para nuestro remedio su santisima y adorable humanidad. Y cuando sobre la cruz, nuevo arbol de vida, antes de entregar su espirita 4 su Padre, ex- clama con una voz que noes la de un moribundo: Consummatum est, lleg6 & su cumplimiento cuanto habian anunciado los profetas; todo est4 consumado, y ni un pice se perderd: la cabeza de la ser- piente fué quebrantada, y Jas potestades del infierno doblaron la ro- dilla ante la hostia del calvario, que muriendo vencié la muerte. Siendo el Evangelio la piedra angular en el monumento eter- no de la palabra de Dios, los enemigos de la religion principalmen- te se dirigen contra las verdades que el Espiritu Santo nos ensejia. Ha mas & diez y ocho siglos que los tiros de los impios con que han intentadg destruir este libro divino,, vienen 4 morir 4 sus piés; y aumentando su rabia esta triste experiencia, refucrzan sin cesar sus débiles tiros y los disparan de nuevo, aunque siempre con mé- nos efecto, contra el objeto de su furor: porque esti probado, que entre las muchisimas objeciones de los incrédulos modernos, que tan- to se han irritado contra el Testamento infinitamente apreciable de Jesucristo, no hay una sola quo no se encuentre en los escritores antiguos eclesiasticos, y que no esté alli mismo satisfecha por Jos padres de los primeros siglos del cristianismo, Los sabios no tienen duda de esto, y con valentia podemos desafiar & cauntos ve lovaa- tan contra Jebov4 y contra su Cristo, que presenten un solo discur- #0 que no esté sdlidainente refutado desde los tiempos antiguos. Aun en nuestros dias no han temido reproducir una y mil ve- ces con nuevo aspecto, cuanto se ha dicho contra Ja Escritura San- ta, aquellos hombres que estén interesados en combatir la religion que condena su vida disoluta, Mas Dios que al lado de la caida del hombre pone el anuncio de un Redentor, y que desde entdnces no ha dejado de poner el remedio al lado del mal (jah! si siempre nos hubiéramos eabido aprovechar!), tuvo 4 bien levantar mayor nime- ro de hombres, que bajo la bandera de Jesucristo se han presen- tado a combatir en defensa del Seior. Yo tendré, pues, oportunidad de citar wl pié del texto del Evan- gelio un gran numero de obras que defienden los pasages critica- dos, Tales son, 4 mas de las que estan citadas en el Antiguo Tes- tamento,,las admirables Conferencias del ilustre prelado justemente Hamado el Apéstol de la juventud; Ia Explicacion de los E lios por Mon Sefior de la Lucerna; el Catecismo historico del P. Fe- ler; la excelente obra del P. de Ligny, Historia de la vide de-nues- tro Sefior Jesucristo; die Geschichte der de Religion Jesu Christi (Historia de la Religion de Jesucristo), por el conde F. L. de Stoll. verg, protestante convertido &c. d&c. 6 ——— ee ey SAGRADA BIBLIA. PREFACIO GENERAL soBRE LOS LIBROS DEL NUEVO TESTAMENTO. TX viens Dios hablado en otro tiempo & nuestros padres muchas feces y en diversos modos por los profetas, tltimamente nos hablé él mismo por su propio Hijo, & quien constituyé heredero de todas las cosas, y por quien hizo los siglos (1). Hablé @ nuestros padres en el Antiguo Testamento, i, & ngsotros nos hablo en el Nuevo. Moisés fué el mediador en la antigua alianza; los profetas fueron sus ministros. El primero dio la ley; os otros anunciaron e! Mesias. La ley abria paso para el Mesias, 4 quien anunciaban los profetas. La ley y las profecias por si mismas no podian ni darnos la per- feccion que figuraban (2), ni conceder lo que prometian, ni cumplir Jo que representaban. Dejaban 4 los hombres en expectativa, pero no satisfacian sus esperanzas. Mas habiendo aparecido en el mun- do Jesucristo, y habiendo tomado la nueva alianza el lugar de la ‘antigua, las sombras se disiparon, Jas figuras se realizarop, las pro- fecias se cumplieron, y la ley se perfecciond. Un pueblo nuevo ocu- po el lugar del antiguo, y llegaron los tiempos, segun la prediccion do Jeremias (3), en que el Sefor hizo una nueva alianze con la casa de Israel y con la de Judd, no como la que hizo en otro tiem- Po, con sus ‘padres, cuando los tomé por la mano para sacarlos da Egipto; y yo los desprecié, dice el Seiior, porque no permanecie- ron en la alianza, que se hizo con ellos. Kas he aqui Ia alianza que haré con la casa de Israel: Imprimiré mis leyes en su espiri- tu, y las grabaré en su corazon: yo seré su Dios, y ellos serdn mi Zusblo. La alianza antigua hecha en Sinai era limitada 4 la casa de larael; la nueva es’ general, y se extiende @ todos los hombres. La antigua fue ratificada por la sangre de las victimas, machos cabrios y toros; la nueva se cimenté sobre la sangre del Hijo de Dios. Es- ta es la primera en la intencion del soberano Tegilador (4), y @ ella se dirige cuanto est escrito en los libros del Viejo Testamen- to. El espiritu de temor y de servidumbre es propio de la ley an- () Hebr. 1. 1. 9.—(2) Ibid. yn. 19, Nihil ad perfectum adduxit lex.—(3) Jerem. xxi. 31. ot seg. Hebr. van. 8. et 2eg9.—(4) Aagust, contra duas epiet, Pelag. lib. ut cap. 4x. 7. 1 Paralolo det Antiguo Nuovo Tec, tamento. IL Origen do os libros del Nuovo Tos. tamento. 18 PREFACIO SOBRE LOS LIBROS, tigua; el espiritu de amor y libertad es el alma de la nueva. Le antigua alianza era pasagera, y solo era para un determingdo tiem- po; la nueva es eterna, y debe durar por todos los siglos. Esta tie- ne por objeto bienes infinitos y eternos; aquella solumente los pro- metia caducos y temporales. : Iglesia cristiana, heredera de las promesas hechas por Dios 4 la sinagoga, conserva con estimacion y con un soberano respeto las Escrituras del Antiguo Testamento como los titulos de su pose- sion, de su eleccion y de la‘ reprobacion de Ja sinagoga su rival. Guarda con una atencibn y veneracion aun mayor los libros del Nuevo como la prueba de su adopcion, como la prenda de su fe- licidad, como la declaracion de la voluntad de su Padre y de su Seftor, como el cédigo de la vida, milagros y doctrina de su Dios, y como la regla que debe seguir en sus acciones y en su conducta. Nuestro Senor Jesucristo no dejé cosa alguna escrita (1); se contenté con predicar de viva voz, y hablar en publico y en par- ticular 4 todo el pueblo y @ sus apéstoles, é inculcarles por el es- acio da tres afios saludables verdades. Pero al separarse de ellos les prometio (2) que les daria un Maestro mvisible € interior, que les enseiiaria todo género de verdades, y les inspiruria cuanto de- berian decir y responder en el destino que les daba de instruir & to- dos los pueblos y predicar el Evangelio por todo el mundo. Para verificar estas promesas recibieron los apdstoles al Espi- ritu Santo cincuenta dias despues de la resurreccion de Jesucristo, y animudos de su ardor 6 ilustrados con su luz _nos han dejado lor santos Evangelios y los otros libros del Nuevo Testamento, que jus- tamente consideramos como la obra del mismo Jesucristo (3). No “hablemos mas, dice S. Agustin (4): Velices aquellos que vicron al Salvador, y oyeron de su boca palabras de vidas Muchos de ellos lo persiguieron, 6 hicieron morir; y muchos que no lo vieron han _ creido en él: mas nosotros leemos, oimos y conservamos cn los li- bros santos todo Jo que decia al pueblo, Jesucristo esta en el ciclo. y todavia predica en la tierra: Etiam hic est veritas Dominus, Los apéstoles no se apresuraron 4 escribir; sino que imitando @ su maestro, comenzaron 4 ensehar de viva voz, y 4 practicar las ver- dades que tenian aprendidas. No temian olvidar lo que habian oido, ni alterarlo en sus sermoties, porque estaban profundamente graba-. das en su espiritu y en su corazon las verdades que recibieron de su boca, y estaban’ muy seguros de las promesas que les habia he- cho de no desampararlos jamas. Pero despues el celo y santa cu- riosidad de Jos fieles los obligaron 4 poner por escrito Jo que sa- bian para Ja instruceion y consuelo de sus discipulos. Este es el motivo’ que tuvo, 8. Mateo para escribir, y tampoco tuvo otro S. (1) Vide August, lib. 1. de consensu Evang. cap. 7. et 9, Et lib.. xxv. contra Faustum Manich. cap. 4. et ep. 237, nov. edit. Alli babla do un himno atribuido 6 Jesneristo, v refivro algunay palabras. Habla tambien de una obra, que quiercn sea eacrita por Nusstro Soiier, v dirigida & S, Pedro y 4 S. Pablo; pero esto era un libro migico. Todos txben lo qite ae dice do la epistola del Salvador 4 Abgaro. Piczas, qs estén desprecindas como faleas por Jos hombrea sabies.—(2) Joun, xv. 26. vi 19.—(3) Avguat. lib. 1. €. 15. de eonsenan Evang. Non aliter accipiet quis quod nar. santibue discipulia Christi in Evangelio legerit, quam ai ipsam manum Domin’, quam im proprio corpore gestabit, acribentem conapexerit,—(4) Aug. tract. 30, in Joan. DEL NUEVO TESTAMENTO. 7 Maréos para ‘compendiar lo que escribié S. Mateo, y afiadir algu- © nas circunstancias que por otra parte le eran conocidas. Nos ensena S, Lucas (1) que se decidié 4 escribir mirando que corrian’ en el mundo muchas voces’ sobre la vida y doctrina de Jesucristo segun las ensefiaban los apéstoles: y como por lo que -& él tocaba sabia todas estas cosas de boca de los que habian sido testigos de ellas, y estaban encargados de predicarlas, creyé hacer un servicio 4 la Iglesia escribicndo fiel y ordenadamente cuanto des- de el principio habia pasado. Los padres finalmente (2) nos dicen, que lo que movié 4 8. Juan 4 escribirnos su Evangelio, fué la here- ia de Cerinto y la de los nicolaitas, que negaban la divinidad de lesucristo. Los Hechos de los apéstoles son una continuacion del Evangelio de S. Lucas, una historia de lo que sucedié en Ia Iglesia naciente de Jerusalen desde la ascension de Jesucristo hasta la conversion de S. Pablo, y de lo que acaecié 4 este grande apéstol desde su conversion hasta su viaje primero 4 Roma. Alli nos describe 8, Lu- cas pasages de que fué casi testigo, como inseparable compafiero de los trabajos y predicacion del Apéstol. S. Pablo escribia sus car- tas segun las ocurrencias y necesidades de las Iglesias, y no con Ja intencion 6 designio de reducir 4 escritura, ni formar un cuerpo de las miximas y verdades que predicuba; aunque por un efecto de ‘la Providencia nos dejé infinitas instrucciones muy importantes, que son como una especie de suplemento de los Evangelios. Los otros apéstoles de quienes tenemos epistolas, Jas escribieron tambien con el solo designio de instruir 4 las iglesias @ quienes las dirigian; bien seguros de que estas las comunicarian 4 las demas, por el res- peto con que se miraba cuanto venia de su parte, y por el interes de los fieles en conservar unos monumentos tan estimables. S, Juan escribié su Apocalipsis por érden de Jesucristo, que le mando lo enviase 4 siete iglesins del Asia menor, 4 quienes queria hacer de- positarias de Jas revelaciones que contiene este libro. No nos detendremos aqui en probar Ja divinidad de los sagra- dos libros de] Nuevo Testamento, ni en sefalar su tiempo, motivo, autores y designio con que se escribieron; esto se ejecutara en los prefacios particulares sobre cada libro. Hay libros tanto en el Nue- vo como en el Viejo Testamento de ctya divinidad nunca se ha dudado; y hay algunos de quienes en algun tiempo se dudé por al- gunas iglesias particulares, A mas, el dia de hoy ninguno esta pues- to en el canon, que no haya sido reconocido por Ja mayor parte de las antiguas iglesias. En vano los antiguos hereges han forjado evan- gelios falsos, 6 han intentado corromper los verdaderos, porque nun- ca han conseguido alterar los originales de las iglesias catdlicas; y cuantos libros han corrompido, truncado, alterado 6 compuesto se- gun su capricho, tantos han caido en el desprecio y en el olvido, y la Iglesia los ha proscrito y condenado, : No puede sefialarse con puntualidad el afio en que se formé el cénon de los libros del Nuevo Testamento; pero si estaba perfec- 1) Lue. 1. 1, 2, 3—(2) Tren. lib. um. cap. 11, Hieronym. de Vir. Uluatr. eap. ® Victorin, Petav. in Apes, ven PO ? ut Canon de los libros del Nuevo Tes. tamento. 8 PREPACIO SOBRE LOS LIBROS tamente formado en el indo siglo de la Iglesia. Eusebio (1) nes manifiesta. que habiendo fos obispos de la Asia presentado a 8. Juan los Evangelios de los tres evangelistas que dates de é] eacribieron, 7,0 eran ya publicos z, conocidos en todas partes, S. Juan los apro- y recibid; y pare suplir lo que les faltaba, escribid el suyo, en el que refiere lo que hizo Jesucristo en el principio de su predicacion, y que habian omitido los otros evangelistas. Asi fué formado el canon de los Evangelios. Los tres primeros Evangelios se hallan citados en la epistola de S. Clemente 4 los Corintios escrita antes de] Evangelio de 8. Juan. ‘Tambien 8. Policarpo en su carta 4 los Filipenses cita cinco 6 seis ve- ges los Evangelios de S. Mateo y 8. Lucas, aunque sin nombrarlos. Igualmente 3. Bernabé cita muchas veces en su epistola los cuatro evans gelistas. Con la misma frecuencia los cita 8. Ignacie en sus siete certas, y en ellas se refiere principalmente al Evangelio de 8. Juan. 8. Justino martir habla expresamente de los Comentarios de dos apéstoles, que asi llama 4 los Evangelios, los que en su opinion fueron escritos por los apéstoles 6 por sus discipulos. Tertuliano se refiere al Evangelio que desde el principio dieron los apéstoles, y Se conserva como un depésito angrado en las iglesias apostélicas: Si constat id verius quod prius, id prius quod et ab initio, id ab initio quod ab apostolis; pariter utique constabit id esse ab apostolis tra- ditum, quod apud ecclesias apostolorum fuerit sacrosanctum (2). La prueba, dice, de la antigiiedad y autenticidad de nuestros Evangelios es, que los hereges los corrompieran; pues no podrian corromper- los, si no hubieran existido antes que ‘ellos: Itaque dum emendat, utrumque confirmat, et nosirum anterius, td emendans quod invenit, et id posterius quod de nostri emendatione constituens, suum et no- vum fecit. S. Ireneo (3) opone 4 Jos nuevos escritos de los hereges los antiguos y auténticos originales de los apéstoles. Solos cuatro Evangelios reconoce, y asigna la razon de este numero (4). le aqui desde fines del primer siglo, principios del segundo y en el tercero, el canon de los cuatro Bvangelios recibido, reconoci- do y autorizado en la Iglesia por los mismos apéstoles, pues S. Juan vid los Evangelios de S. Mateo, de S. Marcos y de S. Lucas; y S. Pablo tambien comunmente cita el de S. Lucas. Este canon se formé, no en una solemne asamblea nien un concilio, sino por et consentimiento de las iglesias, y por el juicio de los obispos, de los cuales los mas vieron y conocieron 4 los apéstoles y & sus discipulos. Ni son ménos auténticas las epistolas de los apéstoles, y su co- leccion es casi tan antigua como los cuatro Evangelos. S. Policar- po -cita con toda distincion las epistolas de S. Pablo, las de S. Pe-- dro y las de S, Juan. Es cierto que no cita la carta 4 los Hebreos, ni la segunda de S. Pedro, ni la segunda y,foreers de S. Juan; pere venisimilmente es esto porque no se hallaban dichas episto- as en las primeras colecciones. La Iglesia tenia ya un cuerpo de epistelas y Evangelios 4ntes de Marcion (5), el que 4 imitacion de los catélicos quiso tener su libro de Evangelios y su Apostélico o coleccion de epistolas de Jos apéstoles. S. Ignacio en su carta 4 los cap. 24. Hist, eccles.—(2) Tertull. ib. sv. cap. 4—-{3) Tren. lib. Q) Bu lib, im. cap. 11. a, 7. (5) Este heresiarca apareris el ato X. cap. 137 de Je: DEL NULVO THSTAMENTO. 9 ‘Filadelfios (1) da 4 conocer claramente el Evangelio, los apéstoles Y profetas, como componiendo todo el cuerpo de Jas Escrituras: Re- curramos al Evangelo como al cuerpo de Jesucristo, y & todos los apéstoles: miremos las epistolas de estos varones santos como al se- nado eclesidstico: amemos tambien 4 los profetas, 6 & los libros del Antiguo Testamento. Tertuliano (2) atestigua que tambien en su tiempo se conservaban en algunas partes los originales de las car- tas de los apéstoles: Authenticae ipsae litterae apostolorum sonane tes vocem, et repraesentantes faciem uniuscujusgue. . En Eusebio se lée (3) que Pantene, filosofo cristiano que en- sefiaba en Alejandria hacia el afio de 184 de Jesucristo, encontré en las Indias un evangelio hebreo de S. Mateo, que se decia haber llevado alla 8. Bartolomé. S. Gerénimo y Rufino dicen que Pante- ne. llevé este ejemplar 4 Alejandria. Tambien ra S. Geronimo (4) que el texto hebreo de &. Mateo se conservaba en la bibliote- ca de Panfilo en Cesarea de Filipos: Jo cual prueba haberse tras- portado alli de Alcjandria, una vez que este fué original tambien, y | * el de Cesarea_no fué mas que una simple copia. En Efeso desde el tiempo de S. Pedro de Alejandria, es decir, al fin del siglo tercero, 6 al principio del cuarto, existia igualmente’ un ejemplar original del Evangejio de 8. Juan, escrito fe mano de este apéstol, y tenido alli en grandisima veneracion (5). Nada dirémos en este lugar de aquel que se conserva en Venecia como original de 8. Marcos, por- que bastante hablarémos en el prefacio sobre este evangelista. El alio 488 se encontré en la isla de Chipre sobre el pecho de S. Bernabé un ejemplar del Evangelio, escrito, segun se decia, de ma- no del mismo santo (6) sobre una madera dura ¥ preciosa: ‘el cual se conservé mucho tiempo en Constantinople, y alli mismo se lei todos los afios e] jueves santo, . He aqui mas de lo que hemos menester para cerrar la boca & . los que pretenden, 6 hal formado el canon de los libros sagra~ dos del Nuevo Testamento mucho Antes del segundo siglo, 6 quier ren que el nimero de los Evangelios y ebistolas se fijara y deter- minara mucho despues. Aunque en los primeros siglos de Ja Igle- sia corrieron muchos libros falsos, apécrifos, forjados y corrompidos por los hereges, es indubitable que el numero de los libros cané- icos: y auténticos fué siempre visto con toda distincion y separacion. E] texto original de los libros del Nuevo Testamento es el grie- go. El Evangelio de S. Mateo al principio se escribié en hebreo (7) 6 en siriaco, que era enténces el idioma vulgar de la Palestina; pe- ro muy luego se tradujo en griego. El texto original hebreo toda- via sc conservaba en el tiempo de 8. Epifanio y de 8. Gerénimo; pero despues se perdié enteramente. Las alteraciones que en él hi- cieron los ebionitas y otros hereges antiguos, fueron la causa del abandono y desprecio que padecié en Ja antigiedad. La traduccion griega que tenemos, y que hoy dia pasa por original es muy anti- (1) Ignat, ad Philadelp.—(2) Tertull. de Praceartpt. cap, 36.—(3) Euseb. Hist. ecel. lib. ¥. cap. 10.—(4) Hit Catalog. Script. Eccl. c. 3.—(5) Fragment. MS. Petre Alex. ga Paschate, a: 'etav.—(6) Vide Teoder. Lect. lib. u. pag. 557. edit. Vow les. Surium vite S. Matth. x1. Junii—(1) Papias, apud Eused. Wu ap. 39. Hiet. ecel. Irenue. Origen. Euaeb. Cyrill, Jeroselym. Epiphan. Miecasgm. alit. TOM. XIK, Iv. Texto ori; nal de los ji. bros del Nue vo Testee mento, ve Versiones de Joe libros del Nuevo Testa- mento. vi. Version si- fiaca. 20 . PREFACIO SOBRE LOS LIBROS gua, y unos la atribuyen & Santiago (1), y otros 4 S, Juan (2). La version latina, que no es ménos antigua, es de un autor desconoci- do, pero exacta y fiel. Algunos (3) pensaron que S. Marcos escribié en latin su Evan- gelio; pero no ha tenido séquito esta opinion. Otros (4) han queri- lo decir que la carta 4 los Hebreos en el principio se escribié en hebreo, y despues se tradujo en griego; pero no hay prueba alge na de ello, pues nadie la lia leido mas que en griego. Como los ‘autores que escribieron los libros de] Nuevo Testamento eran ju- dios de origen, y acostumbrados desde su juventud 4 la lengua he braica 6 siriaca, su estilo ¢s muy conforme 4 estos idiomas, y ca- rece por lo mismo de la hermosura Z elegancia que desde luego se percibe en los escritores griegos de aquel tiempo. Ni 8. Lucas esta exento de estos defectos, sin embargo de ser el que habla con mas pureza. Pero la grandeza é importancia de estas cosas hacen que se disimulen facilmente esas faltas, Son tanto mas admirables jos efectos de la predicacion evangélica, cuanto ménos hay de sabi- duria y elocuencia humana: Non in doctis humanae sapientiae ver- bis, sed in doctrina spiritus (5). Como el Evangelio se extendid prontisimamente por diversas partes del mundo, con Ja misma prontitud se hicieron versiones en diferentes idiomas. Eusebio (6) dice que en su tiempo, es decir en el siglo cuarto, ya estaba traducido el Evangelio en todos idiomas, es- crituras y caracteres, de modo que se habia extendido por todas las naciones. Pero como de todas las lenguas la latina y siriaca sean des- pues de la griega las mas comunes, es muy creible que en estas len- guas se hicieran las primeras versiones del Nuevo Testamento. Los Siros est4n persuadidos de que Ja version siriaca del Nueve ‘Testamento es del tiempo del rey Abgaro, quien envi6, se dice, una em- bajada & Jesucristo, ofreciéndole un retiro en su ciudad de Edesa. S. Tadeo enviado & pete principe por Jesucristo, trabajé en esta version. Pero tanto la embajada de Abgaro 4: Jesucristo, como la deputacion de S. Tadeo de parte de Jesucristo 4 este principe, se reputan muy inciertas, por no decir otra cosa. Por tanto, todo lo que no es una consecuencia de esto, queda en el mismo grado de incertidumbre. Valton, sin entrar en el examen de este hecho, crée que esta ver- sion es de los tiempos apostélicos, y su principal fundamento es ni la nda epistola de S. Pedro, ni la segunda de S. Juan, ni la de 8. Judas, niel Apocalipsis se encuentran en sus libros; lo cual ha- ce pensar que su version fué hecha antes que estas cuatro piezas fueran admitidas en el c4non; pero los Siros seguramente las creen canénicas, y en siriaco las conservan como lo demas del Nuevo Tes- tamento. Valton tambien las hizo imprimir en su poliglota; y si en algunas biblias siriacas no se hallan, es poraze estas cartas son muy Taras y ménos usadas que los otros libros del Nuevo Testamento. (1) Synops. &. Script. seu Author. addition. in fine Ss Lo cual puede si; fobs) que Sentiage lo explicaba & los fcles,—(2) Taeophyl, Bx fama tantum—(3 B8yr. Arab. MS. quidam Graeci. Baren. Selden. Verse @l prefacio puesto cipio del Evangelio de S. Marcos.—(4) Clem. Alex. apud Euseb. Hist. eccl. 34. Hier. n. Catalog. voce Paul. Vide et Theederet. $c.—{5) 1. Cer. u. 13.—(6) aehin Tool, suv. 96. : DEL NUEVO TESTAMENTO, J Algunos atribuyen esta version 4 Tomas, obispo de Heraclea; pero este cuando mas solo fué revisor y corrector; pues ella subsis- tia muchos siglos antes que Tomas fuese & Egipto para corregir los ejemplares siriacos por los ejemplares griegos del monasterio de 8. An- tonio. Desde este tiempo han acostumbrado los Siros corregir sus ejem- plares per los de Tomas, que entre e!los son tenidos por los mejores (1). Algunos siros [2] han pretendido que S. Marcos Evangelista, habiendo escrito primero en latin su Evangelio, lo tradujera en el hebreo vulgar de aquel tiempo, esto es, en siriaco, pusiese des- pues en el mismo idioma los otros libros del Nuevo Testamento. M. Simon [3] ha creido que ia version siriaca no se hizo nien Antio quia ni en la Siria propiamente tal, donde era muy coimun el grie- 0, sino mas alla del Eufrates, donde unicamente se hablaba el si- riaco. No es conveniente esta conjetura, pues aunque fuese comun el griego en Antioquia y en las grandes ciudades del pais, no habia inconveniente para que tambien se hablara el siriaco especialmente en la aldea. En este mismo pais escribieron en siriaco S. Efren en: el cuarto siglo, y Moise Bar-Cefa en el décimo; y vemos en los con- cilios muchos obispos que no entendian otro idioma que el siriaco, Vidmansted y Fabricio son de sentir que el Evangelio de 8S. Ma- teo se conserva original entre los Siros: y 4 la verdad gqué nece- sidad habia para traducirlo en siriaco, cuando desde su origen esta- ba en este idioma? Pero para convencerse de que la version siria- ca de S. Mateo se hizo sobre el griego, bastaré compararla con el original en esta lengua: desde luego se hecha de ver el frasismo grie- go en toda la version, aun. con los defectos propios de esta lengua: y es preciso que el ejemplar griego sobre que se hizo sea de los mas antiguos, copiado antes que se introdujera el use de poner acen- tos sobre Jas vocales, y escrito en Ictras mayisculas, en Jas que a0 estan bien separadas hs letras; porque en el siriaco se notan ful- tas provenidas Gnicamente del diverso modo de leer, acentuar, pun- tuar, y separar en cl griego las palabras [4]. lay tambien otra cosa muy notable, y es, que el siriaco es en- teramente conforme al griego que siguid a autor de la Vulgata; de manere que é] se encuentra con ella en todos aquellos lugares en que ella se aparta del griego impreso 6 de los manuscritos. Tanta es es- ta conformidad, que por ella sospeché al principio M. Mille (5) que el siriaco se habia formado sobre Ja version latina; pero examinado mejor. el punto, reconocié que era insostenible su conjetura. La version latina del ‘Nuevo Testamento es casi tan antigua co- mo los mismos originales: se hizo en los tiempos apostdlicos; pero on precision no se sabe cuando ni por quien. Estando el imperio ro- Mano muy extendido, y siendo en todo é] muy comun la lengua la- tina, muchas personas emprendieron desde el principio hacer versio- nes de Ja Escritura. Bastabale 4 un hombre un corto conocimiento de la lengua griega y latina para que se atreviera 4 traducir algun libro de! Nuevo Testamento. Esta era la causa de que se multipli- (1] Euseb. Renaudot, in addend. ad Biblioth. sacr. R. P. Jacobi le Long, pig 659, —(2] Guillel, Postel, uti narrat Guide Fabric. Boderian, in prucfat. tam. tbl. Po. Uyglott. Antuerp. 13), Simon, Historia del Nuevo Testamento. p. 162,—[4] Véunse los prologomenos | Millo, proleg. 1237 y aig.—[5} Mill. Proleg. 1249. - VA. Version le tina, 12 PREFACIO SOBRE LOS LIBROS casen tanto las versions, que eran ya innumerables, como lo noté 8. Agustin (1). Pueden contarse, dice este padre, los que tradujeron el Antiguo Testamento del hebreo al griego; pero no pueden numerar- se los que tradujeron las Escrituras del griego al latin: Qui Scriptu- ras ex hebraica lingua in graecam transtulere, numerari possunt; la- tini autem interpretes nue modo. Ut enim cuique primis fidei tem- poribus in manus venit codex graecus, ausus est interpretari. Por esta causa hubo tanta diversidad de lecciones en los ejem- plares latinos (2), que obligé al Papa Damaso 4 suplicar 4 8. Gerd- nimo, que hiciera una nueva version. Eutre las versiones antiguas la mas autorizada y con mas generalidad recibida es la Itélica (3), Namada tambien la Comun, la Vulgata (4), 6 la Antigua (5) que es la mas exacta y expresiva: Verborum tenacior, cum perspicuitate senr tentiae (6). Despues de la version de §, Gerénimo se han recogido algunos fragmentos 6 libros, como el Evangelio de S, Mateo, la Epis- tola de Santiago, Job, los Salmos % algunos otros que se han pu- blicade en la nueva edicion de S. Gerénimo y en un pequeiio vo- lamen por separado. Es de esperar que se encuentre la antigua Vul- gata de todo el Nuevo Testamento despues del descubrimiento que hemos hecho del manuscrito de Corbie, que contiene indubitablemen- te los cuatro Evangelios de esta antigua version. Nobilio intent res- tablecer la antigua Vulgata en su edicion romana; pero como los padres de quienes tomé muchos fragmentos, citaban frecuentemente de memoria esta version, no hay seguridad alguna de que en esta obra esté completa la verdadera antigua Vulgata. Posteriormente et abate Sabatier, benedictino, colecté y publicé cuanto pudo encontrar de esta antigua Vulgata, asi de lo que pertenece al Antiguo como al Nuevo Testamento. Cuando dice 8. Gerénimo (7) que tradujo el Nuevo Testamen- to: Novum Testamentum graecae reddidi auctoritati, no se debe pen- gar que ccncluyera esta version con tal novedad, que nada quedara de Ja antigua. El mismo nos advierte (8) que hizo Jas ménos mutacio- nes que pudo, y conservé en cuanto le fué posible los modos an- tignos de hablar; advertencia que no contribuy poco para que por, toda la Iglesia se recibiera su traduccion, y se olvidara la antigua. Per- manecen sin embargo muchos monumentos de la antigua Htalica asi en la Vulgata que tenemos hoy, como en los padres y manuscritos, tales como el de Clermont y de S. German-des-Pres, griego y lati- no, para discernir lo que es del intérprete antiguo de lo que nos vie- ne de S. Gerénimo. . M. Mille nota que el intérprete latino de 8. Mateo era fiel, y exacto hasta tocar en escrupuloso; de manera que frecuentemen- te sin perdonar el trabajo de la gramatica, expresaba en su texto el caso, el género y régimen de los nombres y verbos griegos. Es “de opinion de que el intérprete latino de S. Marcos es diferen- (1) Aug. lib. u. cap. 11, de Doct, Christ —(2) Hieron. pracf. in quatuor evangel. Tet, enim sunt exempiaria, pene, quot codicee,—(3) Aug, 1. u. de Duct. Christ, c. 15— (A) Hieron. in Feai. xix. et xiix.—(5) Gregor. Magn. praef. Moral.—(6) Aug. de Doct. Christ, L. c. 15.—(7) Hieron, ad Lucinium, ep. olim, 28, nunc 52. novae edit. (8) Hieron. praef.in quatuor Boang. ad Damas. ita calame temperavimue, ut hie tantum, quas sensum videbantur mutare correctis, religues manere pateremur ut fuerant. DEL NUEVO TESTAMENTO. . 18 te del de 8. Mateo; porque se sirye de diversos té:minos pare declarar una misma cosa, y porque algunas veces conserva mejor la fuerza de las voces griegas. Por estas razones juzga, que el in- térprete de S. Lucas es distinto tambien de los dos primeras y de el de S. Juan; pero tema que sea una pura sutileza esta critica. Qué traductor latino habré que sea siempre uniforme en el uso de unas mismas palabras, z cuyo estilo sea i teniendo que tra- ducir literalmente autores de estilo y gusto diferentes del suyo, por ejemplo de 8S. Mateo, S. Lucas y 8, Juan? No estan todos de acuerdo sobre si la version arébiga del Nuevo Testamento se hizo sobre el texto griego 6 sobre el siriaco, M. Si- mon (1) es de sentir que esta hecha sobre el siriaco; Badvel y Val- ton, sobre el griego (2). M. Mille (3) que con exactitud ha com- parado la version siriaca y arabe con el texto griego, muestra muy bien que lu arabe no esta formada sobre el siriaco, pues se aparta de él en muchas partes, y principalmente en el modo de leer los nombres propios do lugar, de ci nd y de provincia. Erpenio (4) crée que los cuatro evan- listas los tradujo del griego en arabe un Nesjulaman, hijo de Azal- fetat, y lo demas del Nuevo Testamento fué traducido sobre el siriaco por un autor desconocido; opinion que han seguido algunos otros sabios. La version etiopiana del Nuevo Testamento esté hecha sobre un ejemplar griego alejandrino muy exacto (5), aunque el traductor no fué muy feliz en expresar la fuerza del griego, sea porque no. Jo entendio con perfeccion, 6 sea porque no cuido mucho de ello, El diverso estilo que se nota en diferentes libros del Nuevo Testa-. mento, da motivo para juzgar que la version de toda la obra no es de un solo autor (*)- En lo general, la version de los cuatro evan-. elistas es mas fiel y correcta que Ia de los otros libros, en los cua- les el traductor se tomé algunas veces la libertad de comentar, Tam- bien se notan de cuandn en cuando algunos huevos que los editores se pea visto precisados 4 Ilenar recurriendo 4 los ejemplares griegos 6 latinos. Se ignora el tiempo y el autor de esta version. Es muy creible haberse hecho al principio de la conversion de los Etiopes, acaeci- da segum unos en el cuarto siglo en tie! de S. Atanasio, 6 segun otros en /a mitad del sexto en tiempo del emperador Justiniano. Ale pines atribuyen esta version 4 los monges que envié Frumencio 4 los _Etiopes nuevamente convertidos (7), y otros al mismo Frumen- vir. Version IX. Version @. tiopians cop. ta6 egipcia. cio. Se nota en esta version una grandisima conformidad con el an- - tiquisimo manuscrito alejandrino que hoy dia se conserva en Ingla-. terra, pues en ella se ven defectos que no pueden venir mas que de dicho ‘manuscrito @ otro semejante. M. el abate Renaudot (8) no esta muy persuadido de la gran- de antigiedad que se atribuye 4 las versiones etiopes. Crée que son, tomadas de las versiones coptas 6 egipcias, las cuales estan hechas (1) M. Simon, Hist. crit. del Nuevo Tostamento, c. 18,—(2) Badvel. in ap. 1. Joan. ad calcem, Valton. Prolegom. 14, num, 23,—(3) Mill. Prolegom, 1295.—(4) Erpe. nius. praefat. in N. T. Arab. editum. Leid. 1616.—(5) Mill. Prolegom. 1472.—(6), Idem, Prolegom. 1188.—(1) Vide Ludolf. Hist. Hthiop. 1. us. ¢. 4. ef ep. ad Hottin. arr. et Hottinger. Diasert. 3. de Translatione Bibl. in ling. vernac.—(8; In addend, ad Biblioth. sacr, P. le Long, p. 686. . x. Versiones 14 PREPACIO SORE £08 LIBROS - sobre manuscritos antiguos de Egipto, de donde nace la conformidad que se nota entre la etiope y el manuscrito alejandrino. Por lo de- mas conviene observar que la lengua etiope en que se hizo esta ver- sion, no es la que en a dia de hoy hablan comunmente estos pue- blos, sino una mas antigua, al presente inusitada (1), que los etio- pes hablaban 4ntes de haber dejado la ciudad de Axum. _ La version copta 6 egipcia nunca se ha impreso, aunque lo me- Yecia con mas razon que otras orientales que han visto la Juz publi- ca, como la arabe y la persa, no siendo esta altima mas que una ver- sion de otra version. La copta se formé sobre antiguos y excelentes manuscritos. M. Mille en su edicion del Nuevo Testamento nos mues- tra muchas variedades de lecciones sacadas de ejemplares coptos por el empeiio de M. Marechal, y ya se habian impreso otras muchas en el Nuevo Testamento de Oxford del afio 1675. Algunos creén (2) que desde los tiempos de S. Antonio, es de- cir al principio del siglo cuarto 6 fin del tercero, existia ya una ver- sion egipcia, supuesto que este santo que solo entendia el egipcio (8), sabia de memoria una gran parte de la Escritura, y con mucha oportunidad la aplicaba en sus discursos. El P. Kircher (4) es de pa-° recer que los libros santos comenzaron 4 traducirse en lengua cop- ta hacia la mitad del cuarto siglo. Su prueba es, que en un antiguo mar- tirologio copto se !ée, que en ese tiempo era la principal ocupacion de los monges traducir en lengua copta los sagrados libros que es- taban en griego, en hebreo y en caldeo. M. Pik (5) fija las traduc- ciones coptas hacia el siglo octavo 6 poco antes. La copta es la len- gua matriz y primitiva, y ella es el antiguo idioma egipcio, aunque alterado, Hay dos versiones persas: una mas reciente hecha sobre el grie- ‘0, traducida € impresa por el cuidado de Abraham Veeloch, pro- esor del arabe en Cambridge, y la otra mas antigua y mejor he- cha sobre el siriaco, é impresa en la poliglota de Galton (6). Esta es mas fiel, aunque algunas veces se aparta del texto, y agrega glo= sas poco necesarias. : - Los Armenios pretenden que la version de la Escritura en su lengua sea de] tiempo de 8. Juan Criséstomo (7. Se la atribuyen & dos hombres,‘el uno llamado Moises el gramftico, y el otro Da- vid el filésofo. Esté trabajada enteramente sobre el griego, asi por lo perteneciente al Antiguo Testamento como en Jo que toca al Nue- vo, El] ano 1666 se imprimié en Amberes y despues en otras mu- chas partes. Algunos (8) atribuyeron esta version 4 8. Juan Criséstomo, quien la trabaio, dicen, durante su destierro en Cucusa. Otros asien- tan (9) que ef bienaventurado Mesropas, deseando dar 4 su nacion una traduccion dela Escritura en lengua armenia, envio en el reinado 1) Ludolf. Hist, thiop. 1. 1. e. 15. . 6. 10. 11. 20.—(@) Vide Jacob. le Long, Bibl, sacr. t.1. c.2, sect. 9.—(3) Pallad. Hist. Lausiac. c. 26.—(4) Kircher Prodrom. 1a et Simon Diaquis. erit. de variis Bibl. edit. c. 21—(5) Pik. Epist. . Nl. Prolegem. ad Novum Teat.—(6) Vide Mill. Prolegom. in N, T. G. Prolegom. 1369.—(7) Uscam, obispo de Armenia en casa de M. Simon. Hist. orit, del or. Rib. u.c.16—(8) Georg. Alex. qui claruit an. 620. et post eum Sixt, Sen. 2va—(9) Autor vitae S. Mesrop. apud P. ta Long, Bibl. caer. ¢. 2. sect. 8 p. 230. DEL NUEVO TESTAMENTO, 15 de Teodosio el joven, dos discfpulos suyos, Exznard y José, & Edesa, para que alli Ja trabajaran, y ellos tradujeron los libros santos sobre el siriaco; pero esta asercion no es mejor fundada que la anteceden- te. Es constante que la version armenia esta formada sobre el grie- go (1), aunque se ignora su autor. El autor de Ja version gética es Ulfilas, obispo de los Godos (2), que vivia hacia el aiio 360 de Jesucristo, Sécrates, Sozomeno y Fi- lostorgo dicen que inventé los caracteres géticos, los comunicé 4 su nacion, Y, fradujo ea su lengua toda la Escritura, ménos los li- bros de los Reyes: porque estando, se dice, estos libros llenos de his- torias de guerras y combates, temia que su nacion que era muy be- licosa, se encendiese y se inclinase mas 4 la guerra. Esta version se perdio enteramente por mucho tiempo, hasta ué se encontraron algunos fragmentos en up manuscrito de la aba- ia de Verden cerca de Colonia, Estaba escrito este manuserito en un antiquisimo pergamino, siendo de plata las letras del cuerpo de la escritura le oro las iniciales, .por lo cual tenia el nombre de Cédigo de plata. Cay6 este raro .monumento en poder de M. de la Gardie, canciller de Suecia, que lo compré en quinientos ducados, A Francisco Junio le permitié sacar una copia, que hizo imprimir en 1665 con las notas de M. Marechal y un lexicon para su in- teligencia. Ulfilas era arriano; pero sea que 6] emprendiese esta version: 4ntes de caer en el arrianismo, sea que la buena fe que ostenta- ba, 6 sea que el temor de ser convencido de falsedad lo contu- viese, lo cierto es, que los pasages mas fuertes contra esta here- ‘ia se hallan muy bien expresados en su traduccion. Un solo lugar ay del capitulo xude S. Juan que podria hacerlo sospechoso; pe- ro comparando este pasage con otros del mismo traductor, queda enteramente justificado de mala fe. Siguié este’ autor un original iego antiguo y muy correcto, y lo tradujo con tal fidelidad, que izo muy sensible la pérdida del resto de un monumento tan precioso. La mayor utilidad que ha podido sacarse de estas versiones, es e] saber por su medio el modo de leer los ejemplares antiguos sobre que ellas se hicieron: por Jo demas en el die se sabe el grie- go tan bien como lo sabian los traductores antiguos; y es de pre- sumir que en este particular no ceden nuestros modernos. No to- dos convienen en la verdadera y antigua leccion de los originales gviegos, por la variedad que en esta lengua tienen al presente di- chos originales, siendo muy conveniente saber cémo leian los an- tiguos, para fijar de este modo la leccion de nuestros ejemplares. Nada dirémos en este lugar de las traducciones modernas latie nas, 6 de las que se han hecho en lengua vulgar; esto nos desvia- ria de nuestro asunto sin sernos de grande utilidad. ) Mill. Proleg. 1402,—(2) Vide Mill. Proteg. 1396 et pracfat. in Newm. Teat. goth. Version g6- tica- XI. Utilidad de estas version nes. Evangelios entre los li- brosdel Nue. voTostamen. to, PREFACIO SOBRE LOS SANTOS EVANGELIOS. S200 el Nuevo Testamento el que aclara y explica e] Antiguo, y siendo uno mismo el iritu que ha hablado en ambos, ha guar- dado este Espiritu divino la misma économia en los libros que lo componen, y que él ha dictado. En el Antiguo Testamento hay li- bros de la ley, histéricos, sapienciales y profetas; y tenemos igual- mente en los santos Evangelios la ley, en los Hechos apostélicos la historia, la sabiduria y moral ¢n las epistolas, y la profecia finalmen- te en el Apocalipsis de 8. Juan. Mas entre estos libros divinos hay tal relacion, que asi como los de Moises, que comprenden la ley de los Judics tienen e] primer lugar en el Antiguo Testamen- to, asi tambien los cuatro Evangelios que contienen la ley de los Cristianos se han mirado siempre, y con razon, como los mas exce- lentes entre los libros del Nuevo Festamento, y como el fundamen- to de los demas, ‘ Es indubitable que estos uiltimos son de grandisima utilidad, pues las epistolas de los apéstoles explican del modo mas santo y élevado los misterios de nuestra fe; el Apocalfpsis por sus predic- ciones y promesas, notre y sustenta la esperanza de los fieles; y los Hechos de los apéstoles hacen ver en los primeros hijos de la Iglesia una caridad fervorosa que no hacia de todos ellos sino una sola alma y un solo corazon. Evangelio no solamente nos es atil, gino necesario: porque es cierto que Ja vida cristiana, sin la cual nedie espere salvarse, debe formarse sobre los preceptos y sobre la misma vida de Jesucristo; y es evidente que sin el Evangelio nin- gun conocimiento tendriamos de la vida de este Wivine ‘Salvador, ni de las mstrucciones que dié 4 los hombres. Esta es la razon porque entre [os primeros cristianos que es- taban criados en el respeto y amor particular al Evangelio, cuyo precio conocian, habia algunos que fo traian continuamente sobre su corazon: otros Hevaban una parte pendiente del cuello: y hubo tam- bien algunos que no resolviéndose & separarse de él ni aun en la Muerte, determinaron llevarlo consigo hasta el timulo. No contentos con haberlo hecho su compafero inseparable en todas sus peregri- naciones en la tierra, querian sepultarse con él, y que en el silen- cio y tinieblas del sepulcro fuese, por decirlo asi, el testigo de su inza, asi como es la base y fundamento de la de todos los ¢ristianos, Finalmente, sabemos el aprecio y veneracion debida al libro de los.santos Evangelios, por la costumbre que siempre se ha observa- do, de colocarlos sobre un trono en medio de la Iglesia congrega- da en los concilios, y por la que aun el dia de hoy se observa en . SOBRE LOS SANTOS EVANGELIOS. 17 las ‘grandes iglesias, donde lo conducen con magestad y pompa al lugar destinado para leerlo al pueblo en medio de los sagrados mis- terios. La razon de la-primera costumbre justifica la segunda; pues como nota 8. Clemente Alejandrino, el Evangelio nos representa al mismo Jesucristo como presente en los misterios y en todas las ac- ciones de su vida, y se oirfn hasta el ultimo dia de los siglos sug palabras en las instrucciones divinas que dié 4 toda su Iglesia, Es indispensable concebir la mas alta idea de este libro, aun cuando solo se considere como historia de la vida, acciones y su- frimientos del Salvador del mundo, y como el fundamento de la re- ligion cristiana que vino 4 establecer en la tierra. Se puede mirar mas particularmente como el libro de los Cristianos, y el libto de los hiyjos de Dios, Por 6! conocen gu adopcion divina y nuevo na- cimiento ea Jesucristo. En é! descubren los derechos y prerogativas de este nacimiento celestial: aprenden la santidad y sus obligacio- nes, y en él deben estudiar las leyes y maximas sobre las cuales deben formar sus costumbres y arreglar su vida, para no hacerse indignos de esta augusta cualidad que no tiene semejante sobre la tierra. Este es el titulo original que encierra la promesa y la prenda _ de la herencia del ciele, el pacto de la nueva alianza entre Dios y el hombre, y el cédigo divino, por decirlo asi, donde estan es- critas las leyes fundamentales del reino de Dios, Es, como lo llama 8. Pablo, el Evangelio de la salud (1), que nos manifiesta como Dios nos ha predestinado en Jesucristo para una vida inmortal: cé- mo nos dié<4 su Hijo por la encarnacion: cémo este Hijo ha obra- do en la tierra nuestra salud por los misterios de eu vida y de su muerte; y cémo finalmente, nos ha ungido, marcado y sellado con el sello de sa Santo Espiritu, poniéndolo en nuestros corazones, para grabar sobre ellos su ley, para hacernos amaria, cumplirls, y tener la seguridad y la prenda de la gloria que nos esta reservada er el cielo, Por Io dicho es bien juzgar, que una de las mas justas y le- gitimas inclinaciones de un cristiano hijo de Dios y miembro de jesucristo, es la que lo estimula 4 leer el Evangelio. Puede decirse que es un instinto que le da el Espiritu de Dios desde el bautismo, y que le hace poner en este libro divino sus mayores delicias, siem- pre que el amor de las cosas del mundo y Ja violencia de las pr- siones no lo sufoquen en au corazon, fijandolo 4 los bienes sensibles, or los cuales se disgusta de lo que le anuncia el Evangelio. Tam- jien se ve que 4 medida que cl amor de estas cosas divinas se renueva en el corazon, se ve renacer en él el gusto de la palabra evangélica; y que este gusto se pierde proporcionalmente, segun que el corazon se desvia de la santided del cristianismo, y no vive se- gun el espfritu de la adopcion divina: pudiéndose aplicar_justisima- mente 4 los hijos del siglo lo que Jesucristo dijo & los Judios que se gloriaban de ser hijos & Dios: El que es hijo de Dios, oye sus palae bras: y por eso vosotros no las escuckais, porgus no sois hijos de ios (2). No es solamente una inclinacion de los hijos el querer escu- char 4 sus padres y ser instruidos por su misma boca; sino que es Q)) Ephes, 1.13,--(2) Joan. vur 47. Tom. XIX, 3 I. Cuén reco. mendoble da wor « lo Cristianos le Inctura dol Evangelio, i Instraccio. nes conteni- das en los santos Evan. gelios, bse} PREFACIO na obligucion de los padres instruir personalmente a sus hijos y ba-” cerlos escuchar gu oz: es ua derecho que Dios siempre se ha con- servado, y del que se ha mostrado celoeo en todas las edades y estudos de {a religion; derecho devolutivo, por decirlo asi, propio de Jesucristo como Hijo de Dios por la encarnacion, y como funde- dur y universal sacerdote de la Iglesia cristiana. Queriendo el apés- tol S. Pablo recomendar la grandeza y excelencia de la religion cris- tiana con un magnifico elugio, uo creyé encontrar ua principio mas grandioso que estas palabras: Dios nas ha hablado por su Hijo (1), y el Seitor es por quien so nos ha anunciado Ia salud (2). s de- cir, que Dios ha querido tratar com nosotros y hacernos saber su voluntad, no por medio de un_profeta, ni por Ktoises, ni por un & gel, sino por su mismo Ilijo. Este.ea el gran profeta de la Iglesia cristiuna, el legishador de la nueva ley, el angel de la alianza eter- na, el doctor de la justicia, que personalmente vino 4 ensejiar sus caminos 4 la Iglesia, no hablandola por inspiraciones secretas, pala- bras confusas, signos obscuros, figuras enigmaticas 6 por sueiios mis teriosos; sino hablandola por su propia boca, como un amigo 4 su amigo, como un hermano 4 su hermano, como un padre 4 sus hijos, y¥ como un maestro a sus discipuloa, : Pero 4 fin de que este favor y beneficio no se limitara uni- camente @ los que lo vieron y oyeron mifntras vivid en la tierra, Dios encontré un medig el cual estuvicramos presentes & la persona encarnada de su Hijo con todos los misterios de su vida y de su muerte, y 4 las instrueciones divinas que did 4 sus disci- pulos; pues su persona y cuerpo adorable se encuentran en el se- cramento de la Eucaristia, y eu vida y palabras en el libro de los santos. Evangelios, Los santos padres no bam tenido dificultad en com- perar estos dos celestiales dones que Dios hizo 4 su Iglesia; y el incom- parable autor del libro de la Imitacion de Jesucristo, tan ilustrado en la ciencia de la salvacion, sin embarazarse declaré abiertamente la vehe- mente iaclinacion de su corazon hacia estos dos ebjetos. ,,Siento, di- ce este santo hombre, que dos cosas me son tan necesarias, que si me faltaran me seria insoportable Ig vida. Encerrado en la cér- cel de este cuerpo, necesito alimento y luz, Vos me dais vuestra carne sograda para sustento de mi alma y de mi cuerpo, y me dais vuestra palabra para antorcha que ilumine mis pasos. No, no po- dria yo subsistir sin estas dos cosas, porque yuestra palabra es la luz de mi alma, y vuestro sacramento el pan coa que ella vive (3).” No sera dificil entrar en los sentimientos de este excelente maea- tro de la piedad cristiana, considerando que el Evangelio contiens la ciencia del Salvador y de Ja salvacion. Pero como ni uno ni otro pueden conocerse bien, si n0 se conoce el hombre corrompido y su corrupcion por el pecado, puede decirse tambien que el Evan- gelio es una viva im4gen de aquellos dos hombres en quienes se encierra de alguna manera tedo ol género humano, como se ex- plica S. Agustin (4): Ut totum genus humanum quodammodo sint ho-. mines. duo, primus et secundus, Todo el género humano, dice este M) Hebr.1,2.—(&) Hebr, 1, 3.—(3) De Imits Chriati, Lav. ¢. U1. 1. 4.—(4) Aug. cont, Jul. Ln. ¢. LE, SOBRE LOS SANTOS BYANGELIOS, 19 adre, puede reducirse & dos hombres, que son primero y segundo. fertenecen al primero tos que nacieron de él; y al segundo los que en 6! son reengendrados. Estos son Jos hombres que debemos co- nocer por el Evangelio. El hombre Dios anonadado por nosotros, ob> fee grande de nouvestra fe, de nuestro amor y confianza; y el home re pecador que Hevamos en nosotros mismos, y que debe ser el objeto de nuestra confusion, de nuestro temor y aborrecimiento, co+ mo heredero que es de la iniquidad y soberbia de Adan. ~ No puede abrirse e] Evangelio sin que se nos presente el re+ “trato de este hombre de pecado, principio de todas cuantas desobe- diencias cometemos contra la ley de Dios. En él vemos dos clases de pinturas, una enigmética y en figuras, y otra sencilla y naturel. La primera que es la enigmftica, la tenemos simbolizada cn los di- versot males y enfermedades sobre las cusles se digné cjercer Je sucristo su misericordia y poder, curando 4 los que estaban tocados de ellas. Porque tos santos padres nos ensefian, que cuando nuestro Salvador ha dispensado estos beueficios & los enfermos que ha sa- nado, & los muertos que ha resucitado y 4 los poseidos que ha lie bertado del poder del demonio, lo ha hecho de modo que al tiem- re. que daba pracbas evidentes de su divinidad con estos maravi- losos efectos de su soberano poder, hacia conocer & los pecado- res las diferentes Ilagas de que adolecian sus almas por el pecado de Adan, la muerte de alma y cuerpo que es la pena, y la de~ plorable esclavitud en que nacemos bajo d imperio de Satanas. Es te poder que el Salvador ejercia sobre los cuerpos era solamente una figura y preludio del que habia venido 4 emplear en favor de las almas, librandolas de Ja tirania del demonio, de !a muerte deb pecado, y de ins dafiosas consecuencias de estas enfermedades. Aqucel, pues, que leyendo el Evangelio quiera hacerse cargo y conocer lo que es el hombre viejo, e] hombre corrompigo, el hijo de Adan, el pecador caido del feliz estado en que fué criadu; mas claro: quien quiera conocerse 4 sf mismo, Jo conseguiri observando las diversas enfermedades que describe e] Evangelio. En el ciego de nacimien- to y en todos los otros vera Ia ceguedad 6 ignorancia con que nacemos con respecto & Dios y & nuestras obligaciones; en el pa- ralitico, la impotencia voluntaria en que caimos por el pecado, no ha- ciendo lo que 4 Dios agrada en érden 4 nuestra salvacion; en la fiebre ardiente de la suegra de S. Pedro, el ardor de la concupis- cencia qe abrasa nuestro corazon; en la que padecia el flujo de sangre, la tostuabre de los vicios carnales; en el sordo y mudo, la sordera de corazon en érden 4 Dios-‘no queriendo oir su voz, y el injusto silencio en que vive no confesando sus miserias, ni pagan- do el tributo que se debe al Criador; en el hidrépico, la avaricia y codicia de los falsos bienes, cuya abundancia no hace otra cosa que aumentar la sed y causar la hinchazon del corazon, que es el vicio de los ricos; y asi de lo demas. Pero el segundo retrato del hombre viejo, es decir, de los vi- cios 6 inclinaciones corrompidas que siempre dominan nuestro cora- zon, si la gracia de Dios no nos previene con sus poderosos atrac- tivos, lo encontramos en la conducta de los escribas y furiveos, en quienes la corrupcion del corazon lumano se ostenta tal cual olla 20 PREFACIO es, y en todo su vigor. No podemos ménos que indignarnos contre ellos, viendo su orgullo, su envidia, zelo, avaricia, hipocresia, vani- dad, odio implacable, contra quien les echaba en cara sus vicios, ce- guedad y dureza de corazon al ver los milagros de Jesucristo, ape- go 4 la supersticion, atentados contra la ley divina, inhumanided y rabia contra cuantos se oponian & sus determinaciones; en una pa- labra, todos sus otros vicios y cuanta corrupcion ocultaban estos se- pulcros blanqueados bajo un exterior religtoso y bajo una afectada exactitud en observar ciertas practicas religiosas de la ley y todas Jas falsas tradiciones que ellos la habian afiadido. Pero at horrori- zarnos de la conducta farisaica, es menester que no nos lisonjce- mos facilmente de estar muy léjos de parecernos 4 ellos, & lo ménos en algunas cosas, En nosotros mismos tenemos el principio de todos estos vicios; y si ellos no se hacen manifiestos con algunos efectos exteriores, quizi lo impiden otros crimenes que no tenian los fari- seos. Finalmente, si las inclinaciones de los fariseos no sé hallan en nosotros con el mismo grado de corrupcion y malicia que en ellos, tal vez tendremos, cnando ménos, bastante porque temer se pierda nues- tra salvacion. Quizé no hay uno que por alguna parte no sea fari- saico, y que no encuentre en su corazon algo de levadura de aque- Hos hipceritas. ,;Ay de nosotros! decia S. Gerénimo, jay de nosotros, qué miserables somos, porque 4 nosotros han pasado ‘los vicios de los fariseos! ;Vae nobis miseris, ad quos pharisaeorum vilia tran- sierunt (1)! Esto hace que por espantosa que parezca la pintura que nos hace de ellos el Evangelio, siempre es muy provechosa & to- dog; y cada uno debe tomar para si aquella advertencia de! Salva- dor: Guardaos de la levadura de los fariseos (2). . Hablando ya del retrato del segundo hombre, este es Jesucris- to, Salvador del mundo, gefe y modelo de los cristianos: es 4 quien todos los que se honran con este nombre glorioso deber estudiar con wna aplicacion y empefio dignos del mismo de quien lo toman, y llevar tambien su imagen y semejanza. jEn qué lugar del Evange- lio no se hallara retratado, cuando el Evangelio no es mas que el mismo Jesucristo, que en su palabra aun todavia vive y respira: todavia esta obrando los efectos de su omnipotencia divina, sufriendo las humi- Naciones y oprobios 4 que esta sometido por la union con la hu- mana naturaleza; y todavia esta enseilando sobre la tierra las ver- dades del cielo, y tormando para esta patria la Iglesia de los es cogidos que viven como extrangeros en este mundo? Yo.creo que en esto uventajamos mucho & los que vieron 4 Je~ eucristo, fueron testigos de sus maravillas y oyeron las verdades que salian de su divina boca; pero cu&n grande contrapeso encontraban en la enfermedad de su carne, en aquella vida comun, en aque- Nos oprobios y abatimientos 4 que se sujetaba: escandalo, que se- guido del de verlo crucificado, todavia permanecia. Mas nosotros que al presente recibimos el Evangelio de Jesucristo sellado con la san- gre de este hombre Dios, confirmado con su resurreccion y ascen- sion gloriosa, con la mision L operaciones visibles de su Santo Es- piritu, con el cumplimiento de las profecias y promesas, con la fe (2 Hierom. ia Moth, xn. 1 4—(2) Matth, xv. 6. Mare. vin, 15. Lue xite 1. SOBRE LOS SANTOS EVANGELIOS, 21 de tantos pueblos y sangre de tantos martires que en tedas partes han ofrecido con alegria su vida en defensa de este divino libro; nosotros igualmente que recibimos el Evangelio de Jesucristo de ma- no de su esposa la Iglesia catélica; que es decir, de una Iglesia que lo recibi6 de Jesucristo, de sus apéstoles y sucesores, que de mano en mano por una continuada tradicion lo han transmitido hasta no- sotres; de una Iglesia extendida en todas las naciones y en todos tiempos, establecida por milagros y fundada por la predicacion de esta palabra que el mundo entero recibid de boca de doce disci- pulos pobres, sin ciencia ni apoyo, que es el mayor de los mila- ros; nosotros, digo, 4 quienes sc nos ha dado el Evangelio con es- te conjunto de circunstancias y auxilios, en lugar de quejarnos ine justa é indtilmente porno haberlo oido de boca del Salvador, de- mos darle gracias por habernos hecho nacer en un tiempo en que ya seria una grande y verdadera locura no mirarlo como palabra de Dios, siendo asi que en otro tiempo era tenido aun por los gen- tiles € infieles como un don divino y como el instrumento de nues- tra salud, sin estar eptouces sostenido y fortificado con un escuadron de pruebas que manifiestan su divinidad. Recibamoslo,. pues, con veneracion y reconocimiento: léamoslo con amor y religion: coloquemos en ¢] nuestras delicias, y usemos de él como de un libro escrito por el mismo Jesucristo; pues es indubitable que 6] es propiamente el autor de los santos Evange- lios; y léjos de abrigar los sentimientos perniciosos y temerarios de ciertoa eecritores que se han atrevido & decir, que para que un li. bro historico, tal como el Evangelio, sea candnico y divino, no es necesaria la inspiracion del Espiritu Santo; digamos mas bien con §. Agustin ,que cuando los apostoles y discipulos escribieron lo que hizo _y ensefio Jesucristo, de ninguna manera se diga que no lo es- cribié Jesucriste, supuesto que nada formaron ellos como miembros suyos, que no se los hubiera é] mismo manifestado y dictado. Cuante. quiso que supiéramos de sus hechos y palabras, dice este padre, se Jos hizo escribir, y es como si él mismo tas hubiera escrito (1).” jQué consuelo para nuestra fe, tener un fundamento tan firme co- mo este! (Qué gozo para nuestra esperanza, tener tanta seguridad de la verdad y de la certidumbre de las promesas que nos huce el Evangelio, como si al presente nos las hubicra hecho la misma Ver- dad encarnada! ;Qué socorro para nuestra caridad, encontrar inde-~ fectiblemente en este libro adorable al Mediudor sin el cual no po- demos ser reconciliados con Dios! El es el camino por donde tni- camente se puede ir 4 Dios; fa sola guia que nos puede llevar 4 él; Ja luz, fuera de la cual todo es tinieblas; la victima en cuya sangre debemos lavarnos; el sacerdote eterno, siempre presente, y que siem- pre intercede por nosotros ante Dios; el maestro 4 quien debemos escuchar; el modelo 4 quien debe ajustarse nuestra vida; el ejem- plo de todas las virtudes que deben asemejarnos 4 nuestro gefe; de una vez, el gefe adorable, que es como al principio de la vida, fo (1) Aug. de cone, Evang. 1. 1. ¢. 35. Cum illi scripserunt, quae ille ostendit et Gizit, mequaquain dicendum est quod ipse non scripserit: quandogutdem membra ejve 4d operata sunt, quod dictante capite eognoverunt. Quidguid enim ille de avis facti¢ at dictis nos legere voluit, hoe acribendum illis tamquam ania manibus imperavit. Iv. Notas sobre Ja harmonta de los cuatro wertaciones: que lo acom. padan. ae. PREFACIO, y_espiritu de gracia de sus miembros, y como el soberano juez de vivos y muertos. Jesucristo quiso que la historia de su vida y el compendio de Ja doctrina que dié 4 les hombres, llegase hasta nosotros por cua- tro escritores diferentes, que son cuatro testigos, de los cuales dos, ue son S. Mateo y S. Juan, refieren lo que vieron; y los otros los, que son 8. Marcos y 8. Lucas, lo que oyeron y supieron. To- dos cuatro obedecen el impulso del Espiritu de Jesucristo que les hace discernir la verdad que deben testificar, y €] mismo les dicté las fieles expresiones del testimonio que deben dar, Muchos de los antiguos y tambien de los modernos han comparado [os escritos de los cuatro evangelistas, y han pretendido formar un cuerpo de his- toria bajo el! titulo de Concordia 6 Harmonia. Mas como el texto de los Evangelistas no siempre conserva el mismo érden en los he- chos que refieren, de ahi es que los que han intentado reunirlos hayan formado distintos sistemas. I.a Harmonia griega y latina com- puesta por M. Thoynard, € impresa en Paris por Cramoisy en 1707, aparecid & poco que D. Agustin Calmet ocupado en su Comenta- rio se propuso dar una Harmonia francesa, y se adhirié al sistema de este sabio tomandolo por fundamento de la obra que meditaba; de suerte que la Harmonia francesa de Calmet casi es una pura traduccion de la Harmonia latina de M. Thoynard. He dicho Harmonia latina, porque la griega y latina de este autor se distinguen en que la griega esté compuesta de las mismas expresiones de Jos evangelistas; pero la Harmonia latina es solamen- te un sumario mas 6 ménos extenso, en que el autor no siempre conservo las expresiones de los evangelistas. Tal es tambien la monia francesa de 1). Agustin Calmet. El sistema de M. Thoynard seguido por’ D. Agustin Calmet, consiste en que este autor adhirién- dose al drden que siguieron S. Marcos, S. Lucas y 8. Juan, aproxi- ma y reune los textos de estos tres, y en el mismo érden separa el de S. Mateo; es decir, que no traspone texto -alguno de S. Mar- cos, S. Lucas y S. Juan; y las trasposiciones que juzg6 necesa- riag solamente se encuentran en el texto de S, Mateo,, aunque esto no se hace sino desde el ¥ 22 del cap. iv, hasta el V 13 del cap. xiv. de este evangelista. Supone tambien con bastante verisimilitud, que si en estos dicz capitulos el texto de 8. Mateo se aparta del érden que los otros tres evangelistas siguieron, pudo facilmente pros venir esto de alguna dislocacion que hubiera en los manuscritos. Se- Mejante dislocacion se ha visto ya, por ejemplo, en el libro de Je- remias, donde sin duda esté alterado el 6rden de los capitulos des- de e] xx hasta el xxxvn; de suerte que en estos diez y siete capi- tulos, once por lo ménos parecen estar fuera de su lugar, como lo hemos manifestado (1): muy bien, pues, podria haber una disloca- cion semejante en el Evangelio de S. Mateo. El! fundamento que tu- vo M. Thoynard para sospecher esta alteracion, fue parecerle dig- no de admiracion que el texto de S. Mateo se apartase tanto del érden que siguieron los otrog tres evangelistas, y que S. Marcos que solo cra como un compendindor de S. Mateo, se uniformase 41) Profacie eobre Jeremies. SOBRE LOS SANTOS RVANGELIOS, 23 perfectamente con S. Lucas y con 8. Juan(): Ab alierum evan- gelistarum ordine @ capitis wv. Evangelii sui ¥'22 ad ejusdem Evan- gelii capitis x1v. V 13, plurimum discedit [ Matthaeus } Quod sand mirari subit, cum evangelista Marces, qjus veluti epitomator cum Luca et Joanne aequo pede in iis omnibus narrandis decerrat, quas apud Matthaeum varie transposita leguntur. Es muy dificil, afiade este autor, el descubrir de donde haya provenido esto, 4 ménos que no sea por alguna antiquisima alteracion que haya en los ejempla- res de S. Mateo: Quod unde evenerit, nisi ex perturbatione aliqua, eaque antiquissima schedarum evangelistae hujus, difficile est pera- picere. Por otra parte, la trasposicion que se halla en el Evangelio de S, Mateo, es ménos considerable que la que efectivamente se encuen- tra en el libro de Jeremias. Es mas natural que M. Thoynard no la nage notar, pues desde luego mostrarémos que no hay cosa que nos obligue 4 extenderla desde el W 22 del cap, iv hasta el 13 deb cap. x19; y puede decirse que Ja dislocacion solamente es desde el cap.1v hasta el fin del cap. x11; y que en estos nueve capitulos tres y medio son los unicos que parecen estar-fuera de su lugar: estos son los diez y siete primeros versos del cap. 1x, y los capitulos xi, xu y xm. Todo esto podré verse en las notas que agregarémos 4 la Har- monia de D. Agustin Calmet, y en la tabla harmonica que pondre- mos al principio del prefacio sobre 8. Mateo, En todo lo demas el texto de S. Mateo esta perfectamente conforme con los textos de los otros tres evangelistas. Es verded que algunos intérpretes confunden algunos hechos y palabras que distingue M. Thoynard; pero tambien es cierto que en el Evangeliovhay dobles pasages que es menester no confundirlos, Las multiplicaciones de los panes son dos: una de cinco para cinco mil hombres, y la otra de siete para cuatro mil (2). Consta que Jesu- cristo echo del templo dos veces 4 lo ménos & los que cambiaban y. comerciaban: la primera vez al principio de su ministerio pabli- co, segun el testimonio de S, Juan (8), y la segunda al fin; es de- cit.. aplicarla el rigor de la ley, sino repudiarla se- cretamente. Penetrado estaba de estos pensamientos, cuando el 4n- el del Sefior se le aparecié en el sueno y le descubrié el misterio. Soe enténces la retuvo en su compaiiia, la miré como su esposa (5), y la traté como hermana suya, (Todo lo que pertenece & S. José ge examinaré en una Disertacion). Casi & los nueve meses despues de la encarnacion del Hijo de Dios, se publicé un edicto del emperador Augusto, ordenando que cada cabeza de familia se matriculase en el lugar de su nacimien- to u origen. José partié de Nazaret con Maria su esposa para Be- len que era el lugar de su origen. Se hospedaron en una hosteria publica de la ciudad, en donde Maria parié 4 su primogénito. Mas como este lugar no prestaba comodidad para poner al nino, la fué preciso recostarlo en un pesebre de bestias (6). | Al punto que el Salvador nacié en Belen, el dngel del Sefior anuncié el nacimiento & los pastores que en las cercaniss estaban (UL) Luc. 1, 5.25.—(2) Idem. 1, 26.38.—(3) Idem. 1, 39-56.—(4) Idem. 1. 57. od fnew. (Le demas ce halla en el articylo v1).—(5) AMatth, 1, 18. ad finem, (Lo demasen di art ine (6) Lue. ue 17, DE LOS SANTOS EVANGELIOS, 27 por la noche en vela, apacentando sus rebafios. Partieron los pasto- res y se encaminaron 4 la hosteria de Belen, donde hallaron 4 Ma- ria, & José y al nifio en el pesebre. Ellos publicaron todo lo que vieron y oyeron, y cuantos supieron lo que pasaba se llenaron de admiracion (1). Ocho dias despues del nacimiento del Hijo de Dios se proce- dié 4 su circuncision, y se le impuso el nombre de sesus, segun es- taba ordenado por el angel (2). Poco tiempo despues vinieron tos s del Oriente 4 Jerusa- len, guiados de una estrella que al nacer Jesus se les saparecié. Con su llegada toda la ciudad se conmovid, especialmente luego que les oyeron decir que venian buscando al rey de los Judios que acababa de nacer, y habian visto su estrella en el oriente. Herédes, enfer- mo enténces en Jericé, hizo que se le presentaran los sacerdotes, para saber de ellos el lugar. en que debia nacer el Mesias, Ellos le Tespondieron que en Belen. Lo cual oido, hizo que vinieran secre- tamente los magos, y les dijo que saliesen y solicitasen al nuevo rey, y que tan pronto como lo vieran volvieran 4 informarle, 4 fin de que él tambien fuese 4 adorarlo. Los magos se pusieron en cami- no, y la estrella que vieron en el oriente volvié 4 presentirseles de nuevo conduciéndolos hasta Belen, donde se detuvo sobre el lu- gar donde estaba el nifio. Entraron alli, lo adoraron, y le ofrecieron sus dones, A la siguiente noche se les aparecié un Angel en el sue- fio, y les dijo que no volviesen & la corte de Herédes. Tomaron pues otro camino, y regresaron 4 su pais. (3). (En una Disertacion particular se examinar& todo lo que toca 4 los magos de quiencs ge ha hablado, y de la estrella que se les aparecid.) Cuarenta dias despues del nacimiento de Jesus, habiendo ya Ma- ria cumplido el tiempo de su purificacion, sali de Belen para Je- rusalen, con el fin de presentar 4 su Hijo en el templo del Sefior, y ofrecer las victimas que prescribia la ley 4 las mugeres despues de su parto. El santo viejo Simeon lieno del Espiritu Santo vino en esa misma hora al templo, y tomando al nino en gus brazos, dié gracias 4 Dios, diciéndole que ya saldria contento de este mun- do, pues habia visto al Salvador, que era la esperanza de Israel. jo & Maria que su corazon seria traspasado de dolor, y que su Hijo seria la ruinn y resurreccion de muchos. Tambien estaba al mismo tiempo en el templo una santa viuda {lamada Ana, hija do Fanuel, la que bendijo 4 Dios por lo que habia visto, y lo publicd por todo Israel (4). Pasado esto, Maria y José partieron para Nazaret en Galilea; pero apénas Hegaron 4 este lugar, cuando un angel advirtié 4 José p,, en suefios que llevase el nifio a Egipto, porque Herdédes desde lue- go lo haria buscar para darle la muerte. Obedecié José y caminé para Egipto (5). (1); Lac. un, €.20.—(2) Feid. n. 21. (Lo demas en ol art. x.)-(3) Matth. un. 1.19. (Lo demas en el art. x1.)—-(4) Lue. 11. 22-38. (Lo demas en e} art. x1.)—(5) Matth. n, 13.15, (Calmet dice, que esto scaecié cuando Maria y José preparaban ou vuel. ta @ Nazaret; pero el texto de S. Mateo exprosa clarisimamente que allos regrosaron: Yy ningun inconvenionte hay on que elles hubieran vuelto Antes de Ia aparicion Ado del per, 1. 713. edoran 4 Je. sucristo, VIII. Circuncision de Jesucris. to. m Adoracion de ios Ma- Wing Afio do ta @ra cristians: Prriode ju linao 3 atioe fintes de la ere cristiane valgar, ificscion de Marja. x1. Hide ¢ ipto. Ajo de la era * vulg. XI Muerte de loninocentes’ Xm. . yi tree segun ‘Calmet. ™ XIV. Jesus entre Jou doctores, 12° Segun Cal- met 9, Xv. Principio de 1. predica. cion de 8, Juan Bautis- ° 32 © 32 segun Cainer 28, XVI. 8. Juan con. fiona que Jo un es cl Me. nine. 30. XVIL Tosucrista re cibe el bautio mo de Juan. FARMONIA Herédes, viendo que los magos no volvian 4 él como se los. habia pedido, entré en una cruel desconfianza; y temiendo que este nuevo rey viniese 4 quitarle su reino, ordené que en Belen y en sus confines dieran muerte 4 todos los nacidos varones de dos afios abajo (1). Muerto. Herédes a poco de esta matanza, le sucedié su hijo Arquelao; y npareciéndosele el angel del Sefor 4 José, le ordena que vuelva 4 Judea. José se retiré Nazaret, ciudad de Galilea (2), don: de Jesucristo se mantuve hasta los treinta afios * de su vida. Jesus siendo de doce afios, fué 4 Jerusulen 4 la celebridad de Ja _pascua con José y Maria, quienes habiendo cumplido lo que pres- cribia la ley, regresaron; y creyendo que Jesus iba en la, comitiva de sus parientes y conocidos, caminaron un dia sin temer cosa al- guna por su ausencia. Mas Ilegada la tarde y no encontrandolo, se volvieron & Jerusalen, y lo hallaron en el templu sentado enire los doctores preguntandoles y escuchandolos. José y Maria Je represen- taron el dolor que su pérdida les habia causado, y les respondié que debian suber, que le cra necesario ocuparse en las cosas de au Pa- dre. Jesus, pues, se volvié con ellos 4 Nazaret, y les vivid sujeto (3). Juan, hijo de Zacarias, despues de haber vivido en el desierto, hasta la edad de veinte y nueve afios *, vino 4 las orillas del Jordan 4 predicar el bautismo de penitencia; y toda aquella region vino 4 recibir su bautismo y & confesar sus pecados. (Con motivo del bau- tismo de S. Juan se pondra una Disertacion sobre los tres bautismos que _mencionu fa Escritura: 4 saber, el bautismo de los Judios, el de §. Juan y el de Jesucristo). Predicaba Juan con vigor y autoridad, y sin excepcion alguna les decia que Ja segur estaba ya sobre la raiz del arbol; y que si no se convertian 4 Dios con un verdadero ar- repentimiento, experimentarian bien pronto fos efectos de su cédle- ra, Did sus instrucciones 4 los soldados, @ los publicanos, 4 los fa- riseos, 4 los saduceos, y @ todos los que venian 4 él. Su modo de vivir era austerisimo, pues no se alimentaba mas que con langostas y micl silvestre. Su vestido era una tunicela de piel de camello ceiida con una faja de cuero (4). (Lo que se ha dicho de los fariseos y sa- ducevs ha ofrecido ocasion para una Disertacion sobre las diversas sectas de Judios, es decir, de fariseos, saduceos, esenios y herodianos.) La virtud y manera de vivir de S. Juan hizo sospechar 4 mu- chos que ¢l podria scr el Mesfas que se esperaba; mas él! declar& que no lo era: que él solamente daba el bautismo de agua para dis- poner al pueblo @ Ja penitencia, y 4 recibir al Mesias que se es- peraba: que era mas fuerte y mayor que él, y no era digno ‘ni aun de desatar la correa de su calzado; que é] bautizaria por el Es- piritu Santo y por el fucgo, y que tenia en su mano el asentador pa- ra purificar muy en breve su era, y arrojar la paja inuti] 4 un fue- go inextinguible (5). ; Como todos yenian 4 Juan para ser bautizados, vino tambien de Galilea con esta pretension Jesucristo. Juan se resistia diciéndo- le: Yo debo ser bautizado por ti. Pero habiéndole manifestado Je- sucristo que convenia que ambos Itdnasen los deberes de ta justicia, . () Matth, 1. 16.18.(2) Ibid. u. 19. od finem, (Lo demas en el art.’xv.)—(3) Lue. , 1.42 od finem—(dy Math, 13.110. Marc. 1, 1-6, Bue. an. 1-14.—(5) Matth. my 2, 12, ‘Mar. 1. 7.8, Lue. 1. 15.18, (Los dos vorsos siguientes se enceutrarén en ol art. xxvii.) | DE Los SANTOS EVANGELIOS. 2 Juan por fin le dié el bautismo. Al punto que Jesucristo salio de la agua € hizo su oracion, se abricron los cielos, y el Espiritu San- to descendié sobre él en forma de paloma, y se oyd una voz del cielo que decia: Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias (1). - . Muy lnego despues del bautismo, Jesus fué conducido al desier- to por el Espiritu para ser alli tentado por el demonio. Habiendo ayunado cuarenta dias y cuarenta noches, tuvo hambre: y enténces aproximandose el ‘tentador, le dice que convierta en pan las pie- dras que le presenta, Mas Jesucristo le responde, que el hombre no solo vive del pan, sino de lo que Dios quiere darle para su ali- mento. En seguida el demouio lo trasporta & una alta montafia, y haciéndole ver desde aquella altura todos los reinos del mundo, to- do esto te dare, le dice, como ti quieras adorarme. Eeté escrito, le respondié Jesucristo: No adoraras mas que al Sefior tu Dios. El de- monio finalmente !o Ilevé al pinfculo del templo, invitandolo & que se precipitase, pues los angeles lo recibirian en sus manos para que no siutiese dafio alguno. Pero el Hijo de Dios le responde: Escrita esta: No tentaras al Sefior tu Dios. Pasado esto, el demonio lo dejé por algun tiempo, y los dngeles vinieron 4 servirle la comida @. (Este pasage abre lugar 4 una Disertacion sobre los angeles bue- nos y malos. Habia dejado Juan Bautista el desierto de Judea, donde al principio bautizaba, y vino 4 Betania 6 Betaraba de la otra parte del Jordan, don- de contmu6 instruyendo y bautisando al pueblo. El ruido de su pre- dicacion y de su vida obligo 4 lus principales judios 4 enviarle una diputacion de sacerdotes y devitas que le preguntasen si era el Cris- to. Les respondié que no. Otra vez le dicen: ; Eres Elias? Volvic 4 res. ponder: No soy. jEres profeta? Tampoco. ;Pues quién eres, !e repre- guotan, y por qué bautizas no siendo ni el Cristo ni Elias, ni profe- ta? Soy la voz, les dijo, del que clama en el desierto: Preparad el camino al Sejfior. Yo bautizo en agua; pero el que buscais esté en medio de vosotros, y no lo conoceis (3). En la mafiana det siguiente dia, viendo Juan 4 Jesus que venia hacia él, lo mostré al pueblo diciéndole: Ved al Cordero de Dios, al que quita los pecados del mundo: este es aquel de quien os ten~ go dicho que vendria despues de mi un hombre anterior 4 mi. Yo no lo conocia; pero el que me envié 4 bautizar me dijo: Aquel so- bre quien vieres que desciende el Espiritu divino, ese es el que bau- tiza en el Espiritu Santo: y efectivamente vi que el Espiritu San- to descendia sobre él, y esto me lo hizo conocer (4). El dia siguiente (5), vieado Juan pasar & Jesucristo, repitié an- Q) Matth. mu. 13, ad finem. Mare. 19-11. Lue. i. 21, 22. (Lo demas contiene la. genealogia do Jesucrieto.)—(2) Match. iy, 1.11, Marc. 1, 12. 13, (Lo demasen el art. xvi.) Lye. iv. 1.13, (Lo demasen el art. xxix.) 8, Lucas pone por tercera ten- tacion Ia que pone por segunda S. Mateo. La mayor parte de los comentadores si. guen el érden de S. Mates. Las particulas entonces y todavia que empled este ovan- gelista, parecen denotar que 8. Mateo quiso seguir el érden de tiempos en que su. cedicron estas tentaciones. La diferencia que ve halla en 8. Lucas, tal vez provi ne de alguna filta de los copistas. (Veaso el ejemplo de una trasposici enel art. rvn.)—(3) Joan. 1. 19, 28,—(4) Joan. 1. 29-34. —(5) rast siguiente que es el dia misine que sigui deapues do la dipatucion, Avi es como al, Ailo de fa ora cr. vulg. . 30, se XVhI. va al yen. tentado por el demonic. ‘xIx. Diputacion delos Judios 4 3, Juan Bautista. Xx. Juan confie= ‘XXxr. Primera vee Ate deh ora cr. vulg. 5 eacion de 8. Andrea y de 8. Pedro. XXII. Vocacion de Folipe y de Natansol, XXUL Bodas de Ca- naa on Gali. Tea. Primera pascua de Je eucristo dea. uss de su utieme, 61. XXIV. Comercian- tes echedos del temple. Nivedemus 80 BARMONTA o te dos de sus discipulos: Ved al Cordero de Dios. Estos dos dis- cipulos siguieron al Salvador, vinieron al lugar donde habitaba, y se wedaron todo el dia con é1. A las cuatro de la tarde viendo An- res & su hermano Simon, lo llevé 4 Jesus, y el Sefor le dijo: Ta eres Simon, hijo de Jon4; pero de aquf adelante te llamaras Ce- fas, que es decir Pedro (1). esus partié al dia siguiente para volverse & Nazaret de Gali- lea: encontré 4 Felipe y Je ordend que le siguiera. Felipe obedecié; y habiendo encontrado 4 Natanael, lo invité 4 seguir & Jesus dicién- dole: Hemos encontredo en Ja persona de Jesus, hijo de José de Na- zaret, al que Moises y los profetas nos anunciaron. Pues qué, re- plicé Natanael, puede venirnos algo bueno de Nazaret? Felipe res- ndié: Ven, y miralo. Jesus viendo que Natanael venia, dijo de él: e aquiun verdadero Israelita en quienno hay dolo. jPues de dén- de me conoces, pregunté Nataneel? Jesus le dijo: Antes que Felipe te llamara, te ia _yo visto bajo la higuera. Ya estoy perfectamen- te convencido, dijo Natanael, de que eres el Hijo de hls y el Rey de Israel. Jesus fe contesté: Otras cosas mucho mayores verds, co- mo abrirse el cielo, y subir y descender los fngeles sobre el Hijo del hombre (2). Tres dias despues de haber salido Jesus de Betania (3) 6 Be- taraba, vino & Can& de Galilea, en donde se celebraban unas bo- das, & las que fué convidado Jesus, su madre y sus discipulos. Ma- ria, madre de Jesus, advirtié que ya faltaba e} vino; y el Salvador convirtié en vino seis ides cfutaros que estaban Ilenos de agua, He agut el primer milagro que hizo Jesus en el principio de su_mi- sion. ncluida la celebridad de las bodas, que comunmente dura- ba siete dias, Jesus se fué & Cafarnaum cerca del mar de Tiberia- des, y alli permanecié unos pocos dias con su madre y con sus dis- cipulos. De alli se fué @ Jerusalen para celebrar la primera pascua despues de su bautismo (4). SEGUNDA PARTE, @ce comprende Jo que acaecio desde In primera pascoa que celebré Jesucristo den. pues de ex bautismo, hasta Ie segunds, Jesucristo habiendo llegado & Jerusalen, eché del templo 4 los comerciantes y & los que vendian animales para los sacrificios. Y como se le preguntase en virtud de qué hacia esto, respondié: Des- truid este templo, y en tres dias lo reedificaré; lo cual decia con alusion 4 Ja muerte y resurreccion de su cuerpo. Muchos, viendo sus mil: creyeron en él; pero Jesucristo no se fiaba de ellos (5). jicodemus, uno de los principales judios, vino 4 encontrarlo cuan- ganos explican esta expresion, Altera die ie ene! ¥ 35. del cap. 1.de S, Juang y lo confirman con el die tertia del cap. u.¥ 1. (de que se hablart despues)—(1) Joan. 3 35-42—(2) Joan. 1. 48, ad finem, (3) (O mas bien el tercero dia despues de la diputacion que loe Judios enviaron é, 8, Juan. El primero esté notado en el ¥ 29. ‘85. del cap. 1.: el segundo en el W 44. Este es el tercero, Esta os la nota de ke Thoynard).—(4) Joan. u. 1-13,—(5) Joan. u. 14, ad finem. DE 103 SANTOS EVANGELIOS. 31 de estaba todavia en Jerusalen, y le dijo que Dios sin duda esta- ba con él, aupuesto que obraba tan grandes prodigios. Jesus le ha- bl6 sobre la regeneracion 6 sobre el bautismo de agua y del Espi- ritu Santo, lo cual no comprendié Nicodemus. Jesus le dijo que ha- bia bajado del cielo, que era Ja luz del mundo é Hijo de Dios (1). ‘abiendo Jesucristo celebrado la pascua en Jerusalen, y per- manecido alli dos dias, salié para Judea, en donde bautizaba con sus discipulos. Igualmente Juan Bautista dejé 4 Betania 6 Betaraba, y vino 4 Ennon cerca de Salim, donde continuaba bautizando. Y como ocurriesen muchisimos al bautismo de Jesucristo, los discipulos de S. Juan concibieron algun zelo, y le dijeron que todo el mundo iba 4 aquel de quien Juan habia dado testimonio, Juan con una respues- ta llena de sabiduria les dijo que é] no era el Mesias, y que sola- mente era su precursor y su paraninfo (2). Clamaba sin cesar Juan Bautista contra el matrimonio incestuo- so de Herédes con Herodias, que habia quitado @ su hermano Feli- Pe; pero instado por esta muger Herédes, mando arrestar 4 S. Juan (3), bajo el pretexto de que formaba grandes juntas en el pueblo, yh Ree preso en el castillo de Maqueronte (4). joticioso Jesus del arresto de Juan, y temiendo que los Judios lo presentesen 4 él tambien arrestado ante Pilato con el mismo pre- texto, dejé la Judea (5), y se retiré a los lugares mas cercanos al mar de Galilea, provincia donde mandando Felipe (6), ninguna autoridad te- nia alli Pilato. Jesus debia pasar por Samaria; y habiéndose acer- cado la ciudad de Sicar, envié 4 sus discipulos 4 la ciudad para que comprasen algo que comer. Sentése cerca del pozode Jacob; y estando alli una muger de Ja ciudad que venia 4 sacar agua, Je- sus la pidié de beber. Esta muger manifest6 su sorpresa al ver que un judio pidiese agua 4 una samaritana, siendo asi que no hay co- mercio alguno entre Samaritanos y Judios. Pero Jesus la instruye, la hace patente su pasuda vida, le declara ser el Mesias, & quien los verdaderos adoradores adorarian en espiritu yen verdad, no en Ga- rizim 6 en el templo de Jerusalen, sino en todo Inger. Habiendo Ile- gado los discipulos con la comida, le instaban & Jesus para que co- miese; pero é] les dijo que tenia otro alimento que ellos no cono- cian, y este era hacer la voluntad de su Padre. La muger se vol- vié & Sicar, centé lo que habia pasado, y la contestacion que tu- vo con Jesus. Con esto los de Sicar vinieron 4 suplicar al Salva- dor que entrara en la ciudad. Elen efecto fué alla, permanecié dos dias, Z. muchos creyeron en é] (7). ‘abiendo llegado 4 Galilea, predicé en las sinagoges. Vino 4 Na- zaret su patria, entré en la sinagogs, y habiendo leido un pasage de Isaias, declaré estar cumplidaesta profecia en su persona, y que él era el Mesias prometido por los profetas. Todos admiraban su (J). Joan. 1. 1-21.—(2) Joan. m. 22. ad finem. (Lo demas en ol art. xxvu.)— (3) Math, xiv. 8.5. Marc. 1. 14. v1, 17,98, Luc. mi. 19, 20. (Parece que en efecte debe ponerse aqui Ia prision de S. Juan Bautista que 8. Lacas refiere con aaticipa- cion, y que 8. Mateo y 8, Marcos no mencionan sino cuando hablan de la degolla. Glont La" prision aceacié inmediatamente dntee que Jesucriste salieoe de Judea;-y on. to 8, Juan, 8, Mateo y 8. Marcos lo unen con lo que acaba de referiree).~—(49 Jos. Ant. b xvutee. T—(5) Matthe wv, 12. Mare, 1. 14.—(6) Jos, Ant. xm, «. 3 =) Joan. ry. 4.43, Antes de le era cr. vulg, vine & en: contrar & Je sucriato. XXVI. Otro testi- monio de 8. Juan, XXVIE. Prisien de 8. Juan Bautis. XXVIII. Conversa. cion de Je. our y la en. maritana. XXIX. Jesus predie caen Nara- ret, y quisie- ron ‘precipi. Aflo de le era er. valg. 31. tarlo de to alto de une montaiia, XX Curacion del hijo del mi- nistro del rey en Ca- farnaum, oN XXXI. Begunda vo. eacion de 8, Andres y de BS. Pedro. : XXXIL Primera vo. cation do jantiago Juan, hijos del Zebeueo. XXXII. Curacien de un endemo- niadoen Ca. farnaum. XXXIV. Curacion de Ye suegra do 8. Pedro. XXKV. Jesus on el desiorto. Pre. dica on Ja 33 HARMONIA : doctrina; pero como era bien conocida la bajeza de su origen por- que se le creia hijo de Jové, se escandulizaban de su persona log de Nazaret. En esta ciudad ningun milugro hizo Jesucristo como ha- bia hecho en Cafarnaum, y les decia que ningun profeta era honra- do en su patria. Irritados estos pueblos de las reprensiones que les hacia Jesus por su incredulidad, lo rodearon, y:Ilevandolo 4 la cum- bre de la montafia sobre Ja cual cstaba edificada Ja ciudad, intenta- ron precipitarlo; mas el Salvador do fibremente por en medio de ellos, se retiro 4 Nazaret. Por lo comun habito en Cafarnaum, y predic6é en todos los lugares de Galilea, donde eran bien recibidas sus doctrinas (1). . Segunda vez fué @ Cana: y halléndose alli un oficial del rey que vivia en Cafarnaum, y tenia un hijo enfermo, salid & encontrar- lo, y le _suplica con ‘instancia que viniese 4 curarlo. Jesucristo lo des- pidié, asegurandole que eu hijo estaba sano. El ministro dando el mayor crédito 4 estas palabras, partié luego, y al acercarse & Ja ciu- dad, llegaron sus cri asegurandole la sanidad de su hijo desde las siete del dia anterior, ‘e¥.decir, una hora despues del medio dia (2). oy dias despues estando en las orillas de] mar de Tibe- riades, vié 4 dos hermanos ocupados en la pesca: era el uno Bimon, por ofro nombre Pedro, y el otro era Andres. Dijoles que lo siguie- ran; y al momento obedecieron, abandonando barca y redes (3). Aiejandose un algo mas, vid otros dos hermanos, Juan y San- tiego, que con sa padre el Zebedeo estaban en una navecilla emplea- dos en la composicion de sus redes, Tambien les dijo que lo signi ran: y ellos sin la menor dilacion lo siguieron (4), abandonandolo todo, aunque venian de cuando en cuando 4 su barca. . Como Cafarnaum era por lo comun donde mas permanecia, co- menzé 4 predicar en este lngar los sébados. Hubia alli un endemo- niado & gritos decia: Yo sé quien eois vos: sois el santo de Dios. Pero Jesus imponiéndole silencio, mandé al demonio que lo dejara libre. Salié efectivamente el demonio, causando en este hombre ex- trafias convulsiones, pero sin hacerle etro mal (5). (Este saceso pre- semta ocasion para una Divertacion sobre obsesiones y posesiones del demonio.) . Habiendo salido de la sinagoga, entré en casa de Simon, Ila- raedo Pedro, y alli curé 4 su.suegra, que adolecia de una gran fie- bre. Por la tarde Hevaron 4 la puerta de Ja casa donde habitaba Jesus cuantos enferinos habia en la ciudad, y & todos les did salud (6). Al dia siguiente muy de majana se retiré 4 orar en un lugar desierto. Pedro y los demas discipulos vinieron 4 encontrarlo, di- ciéndole que todo el mundo lo esperaba. Jesus los Ilevé 4 las aldeas, (1). Mateh. av, 13.417. Mare. 1. 14. 15, (Le demas on el art. 31.) Lue. iv. 14.30. xxxut.) Joan.iv. 43 45.—(9) Joan. wv, 46, ad finem. (Lo de- (3) Mutth, 1. 18.20, Mare, 1. 16,18,—(4" Maith. 1. 21 2. (Lo demas en el art. xxxv.) Marc. 1. 19, 20.—(5) Marc. %. 21.28, Luc, iv. 31.37— (6) Marth, vm. 14-17, (Lo demas on el art. uv.) More. 1. 29.34. Luc. 1v. 38.41. (or el tortimonio de 8. Marcos y de S.Luces conste, que In curacion de is snc de ‘8. Pedro y de otros onfermon se hizo inmediatamente despues de lo prece- Sorte: M. Toynard crée quo es esto pudo haber alguna trasposicion en los ejom- plares de S, Mateo, desde el 22, del cap. iv. baste el W 13. del cap. aay. DE LOS SANTOS EVANGELIOS. 38 donde les predicé sobre el reino de Dios; y de esta manera corrié toda la Galilea (1). Se crée que en este viaje fué cuando remedié 4 Maria Magda- lena, lanzando de ella siete demonios (2). Seguianle tambien en el tiempo de su predicacion, sirviéndole con lo que necesitaba Juana, muger de Cuza, y algunas otras (3). La reputacion de Jesus se ex- tendié por toda Ia Siria, y de todas partes se le presentabun enfer- mos (4). . $ vuelta de su viaje 6 predicacion de Galilea, pasé cerca del Tago de Genesarst y se hallé rodeado de un puéblo inmenso que de- seaba oirlo. Entrése en la barca de Simon Pedro, y desde alli comen- 26 4 dar 4 estas gentes sus instrucciones. Ordené despues 4 Pedro que entrase en alta mar y que echase sus redes. Pedro lo hace, y es tanta la multitud de peces que recoge, que se rompian las redes (5). Con esto se decidi6 enteramente 4 seguir 4 Jesucristo junta- mente con Santiago y Juan, testigos de} mismo milagro. Por este tiempo curé Jesus un leproso, y le ordené que se pre- sentase 4 los sacerdotes, y 4 nadie dijese que él lo habia sanado (6). Divulgado este milagro, ocurrieron & é! de todas partes; pero de tal modo, que solo secretamente podia entrar en la ciudad, Pa- 86 el mar de nesaret, y volvié despues 4 Cafarnaum, donde san6é muchos enfermos, y entre ellos un paralitico que le presentaron, des- colgandolo por el techo de la casa (7). De aqui se fué Jesus 4 lasorillas del lago de Genesaret, y ha- biendo visto un publicano nombrado Levi 6 Mateo, le dijo que lo siguie- ra. Mateo did de comer 4 Jesus, y esto did motivo & los fariseos murmurar contra et Salvador. Jesucristo justificé su conducta, diciéndoles que mas se agradaba de la misericordia que del sacri- ficio, que vendria tiempo en que ayunarian sus discipulos (8). en cuanto & los cuatro versiculos de St Mateo, de que aqui se habla, puede muy bien provenir Ja dislecacion de otra causa que de los copistas. Los evangelists con ocasion de ciertos pasages que eetin escribiende, auelen recordar etros de que no habian hecho mencion: y no es dificil que la curacion del criade del cent Cafarnaum, que pone S. Mateo en el cap. vist.como en su propio lugar, le hiciose dar el milagro que_en el mismo Cafarnaum ae ebré én favor de In suegra de S. Pedro). —(1) Math, wv. 23. Marc. 1. 35,-39. (Lo demas en el art. xxxvu). Luc, av, 42. od fi- nem.—(2) Mare. xvi. 9. Lue. vi. %—(3) Matth. xavn. 55. 56. Mare. xv. 40. 41. Luc. vin, 2. 3. ef xx. 49,.55. (Esta ea la opinion de M. Toynard).-(4) Matth. ty. 24. ad finem. (Lo domas en el art. xravi.—(5) Luc. y. L.-11,—(6) Mare. 1. 40. ad finem. Luc. y. 12..15.—-(7) Matth. ix. 1.8, Mare. uu. 1.12. Lue. v. 17.26. (Los textos de S. Marcos y.de S. Lacas manifiestan ‘la intima union que hay entre la curacien dol leproso y dol paralitice, con las cuntos eatin unidas en el articulo si- guiente la vocacion de 8. Mateo y Is disputa sobio el ayuno. Los diez y siote pri. meros veraiculos del cap. 1x. de 8. Mateo que hablan de estas (ros cosas, parecon ser coutinuacion del cap. 1v, y pudieran muy bien tener esta colocacion en su prin- cipio).—(8) Matth. ix. 9.15, ibe demas en el art. Lv). Mare. n. 13,.20.35. Lue. v. 27. (Lo demas en ol urt. xu1.) En Ia dispute sobre ol ayuno no debe miraree co. mo une contradiccion el que 8. Mateo introduzca é solos les disoipulos de S. Juan, preguntando é Jesucristo, en lugar que S. Lucas ponga esta conversacion en boca de lor fariseos, y que S. Marcos bags entrar 4 unos y 4 otros, Porque es muy claro des. pues de Io que han escrito los evangelistas que lus farissos, estiniulados do Ja envi. dia contra Jesucristo, se valdrian de los discfpulos de S. Juan esta vez; y que unos diferentemente harian une misma preguota & Jesucristo, aunque con in- © ideas muy contrarias.) TOM. XIX, 5 Afio de la eracr. vulg. Galilen, XXXVI. Pesca mile gross. Ter. cera oon, gion de Pe~ ro, y aegun da de Sa tiago y 8. Juan, XXXVI. Curacion de un leproso. XXXVI. Curacion de un paraliti, co. XXXIX. Vocacion de 8. Mateo. Aiio de la exact. vulp XL. Curacion del ralitico do XL. Pare comer. XL. Curacion de un hombre baldado. cy Harsonia —_— TERCERA PARTE, Que compronde lo que pasd desde Ia segunda Pascua que celebro Jeaucristo despues do su bantiamo, hasta la teroera. Habiendo ido Jesucristo 4 Jerusalen por la fiesta de la pascua, curé alli 4 un paralitico, que acostado en las galerias de Io piscina llamada Betsaida, cuntaba ya trcinta afios en este estado, por no ha- ber podido ser arrojado a Jas aguas, y lograr su curacion. El en- fermo por haber levantado su lecho en este mismo dia, que era 86- bado, causé escindalo 4 los judios: este hombre no conocia & Je- sucristo; pero hubiéndolo encontrado poco despues el Salvador, le di- jo que no volviese 4 pecar: y él enténces divulgé que Jesus lo ha- ia curado. Irritados los Judios resolvieron abiertamente hacer pere- cer & Jesus, porque habia violado el sabado, y habia dicho que Dios era su Padre. De aqui tom6 ocasion Jesucristo para sostener mas anes su Filiacion divina, y para exponer sus prerogativas y prue- 1). q sébado siguiente despues de la Pascua (2), Jesus y sus dis- cipulos pasaron por unos trigales, cuyos granos estaban ya en sa- zon. Los discipulos urgidos por el hambre quebrantaron entre las Manos algunas espigas, por Pr cual algunos fariseos se quejaron & Jesus, Mas el Salvador justificé a sus apéstoles con el ejemplo de David, que estando necesitado comié.de los panes de la proposi- cion; con los mismos sacerdotes que trabajaban en el templo el dia del s&bado; y por ultimo, con toda franqueza les dijo que él me- recia mayor honor que el templo, y era el arbitro sobre el dia del sbado (3). En otro s&bado habiendo Jesus entrado en la sinagoga, y en- sefiado como acostumbraba, curé allf 4 un hombre cuya mano es- taba seca, despues de haber manifestado 4 los fariseos que nada ha- bia en esto contrario 4 la ley. Irritados los fariseos contra Jesucris- to, de acuerdo con los herodianos intentaron perderlo; pero Jesu- (1) Joan. y. 1 ad finem. (Lo qne sigue esté en ol art. :xvi.)—(2) (Asi es como M. Thoynard explica {a oxpresion de in aabbato secundo primo. Y en esto sigae Ia opinion de José Be que como eatando & Ia ley (Levilici xxm. 15. 16.) 1 in contarse desde Pascua hasta Pentecostés, comenzaban 1 segundo dia de los Azimos, el ef. bado primero que venia despues de Pascua se ba eegunde primero, porque ere el primern despues del segundo ‘Carriers prefiere la opi- ion de Ibs que ereen que el =: 1 que cuia en fla ectava i Pentecustos. Estos piensan que entre los Judios habia tree sébad tintos de los demas, y Ilamados por esto sdbados primeros, y el que caia en la octa- va de Paseut, en la octava de Pentecostés, y en la octava de Ja fiesta de los Taber. nécalos, Esta interpretacion parece mae natural. En el de diciembre de 1754 tomo 1, se publicé una Disertacion, en la que Dar que este sébado se llamo segundo primero, porque juntamenta de los Azimus, y primero de los cincuenta despues de Pascus.)—(3) Matth. x ¢. u, 23, ad finem. Lue. vi. 1-5. (Los textos de 8. Marcos y do S. Lucas que se pongan eu este articulo, y en el siguiente Jos veinte y un primeros Tos del cap. xn. de S. Mateo, de manera, que deben considerares como continuacion de los primeros diez y sicte del cap. 12, y acaso asf estuvicron on su orfgen.) de] mes DE 10S SANTOS BVANGELIOS, 35 cristo conociendo sus malvados designios, se retiré hacia el mar de Galilea. Alli le siguieron los pueblos que de todas partes venian con el fin de oirlo, y ser curados de sus enfermedades (1). El Salvador mando que se le aprestase una navecilla para des- embarazarse de la multitud que lo oprimia, Se retiré al monte, y en 6! pasé la noche en oracion. Al otro dia por la mafiana descen- did, y llamé de entre sus discipulos doce que nombré y escogié pa- ra hacerlos sus apéstoles (2). Habiendo bajado del monte, se sent6 sobre un cerrillo que es- _ taba en la Ilanada, y comenz6 4 ensefiar & sus apéatoles y 4 todo el pueblo. Alli publicé las ocho bienaventuranzas, y alli les hizo aquel admirable sermon del monte, que es como el compendia de todo el Evangelio (3). uando bajé del monte, 6 de aquella altura donde se habia sen- tado para ensefiar 4° los muchos que le seguian, legs 4 él un le- roso. Jesus le tocé, curd, y le dijo que fuera 4 presentarse ante jos sacerdotes, y ofreciera el don prescrito por Moises (4). De alli pas6 4 Cafarnaum, 4 donde un centurion le envié algu- nos de los principales entre los Judios, suplicandole que viniese 4 curar 4 un siervo suyo que se hallaba enfermo de peligro. Como Jesucristo se encaminase 4 Ja casa del centurion, este le envio 4 decir por medio de unos amigos suyos, que no era digno de reci- birlo en su casa. Finalmente el centurion vino en persona y le re- pitid 4 Jesus la misma protesta. Admiré el Salvador la fe de este hombre, y sin la menor dilacion concedié al siervo la sanidad (5). Jesus de Cafarnauin se dirigié 4 Naim, dunde resucité al hijo de la _viuda que lo conducian at sepulcro (6), Hallandose aprisionado §, Juan Bautista, supo los milagros que por todas partes obraba Jesus. Le envio dos de sus discipulos pe ra que le dijeran: jBres ta el Mesias, 6 debemos esperar otro? En el mismo instante hizo Jesucristo muchas curaciones, y respondié & los discipulos de Juan: Id, y decid 4 vuestro maestro b que habcis visto y oido. Los ciegos ven, los sordos oyen, los ‘muertos resuci- tan, los leprosos son curados, &c. Despedidos los discipulos de Juan (1) Matth, xu. 9.21. (La continuacion ee halla en el art. u.) Marc. m. 1..8, Luc. 6-1) —(2) Marc. in. 9.19. (Su continuacion en el art.) Luc. vi. 12..16.—(3) Matth. v. 10. Luc. vi. 17. 20, 92, (Lo demas on el art. xuvi.) (No puede dudarse que el discur. so referido por 8. Mateo soa el mismo que refiere 8. Lucas. El principio en cani del todo semejante, y asies tambien su continuacion y sa conclusion. Si 8. Mateo re- fiere alganas cosas, que 8, Lucas refiere en otro lugar, ha sido tal vez por haber queriio S. Mateo reunit en este lugar muchas instrucciones que en machas ocasio. nes did Jesucristo. Tambien puede set que no haya relatado S. Lucas todo el discur- t0 de Jesneristo, y que Jesucristo repitiora on otras ocasiones algunas de las instruc. Giones que entonces did al paeblo)—(4) Matta. vin. 1.4, (El unir S. Mateo segun se advierte, la curacion de este leproso con el sermon de nuestro Sefior en el mon. te, oarece probar que este leproso es diverao de aquel de quien hablan 8. Marcos y 8, Lucas, y cuyn curacion se ve onel art. xxxvu. Este os el dictémen de M. Thoy. nard).—(5) Matth. vin. 5.13, (Lo demas se halla en ol art. xxztv.) Lue. wi. 1 110. (8. Lucas solamente habla de los yue envid el centurion; pero 8. Mateo parece decir con bastante claridad, que 61 miemo vino personalmente: Accessit ad eum ge. Hin embargo creen algunos que puode decirne, que 6! vino por cuanto los diputados vi. ron & su nombre. Asi lo supene M. Thoynard. Una cosa soinejante 4 esto se ve on la peticion de tos hijas del Zebedeo, que en S. Marcos se refiére hecha por e! lateo la relata come hecha por eu madre. Vease el art. cxuvitt.)—(6) Luc. Afio de In eracr. vulg. XL. Eleccion de s doce apes toles, XLIv. Sermon so breel monte, XLV. Curacion de un leprose. XLVI. Curacion del mervo del centurion en Cafernaum. XLVIL. Jesus resi taal hijo de la viuda de Naim. XLVHI. Juan Bautis. ‘ta envia dos de sus disci. puloe & Jew ous. Aie de la ars cr, vulg. XLIX. Jesus come en ease do Simon fari- veo, ‘Muger pece- dora, L. Curacion de un poseide, ciego y mu. jo. W Sefal del profeta Jo~ nas. . Ot La madre y harmanos de Jesus vienen ‘& hablarle. B 36 5 le anwonta a hi jautista, atestigué Jesus la santidad y mérito de su precursor, le hi- zo un magnifico elogio, y ech6 en cara a los Judios el no haberlo recibido ni conocido (1), Estando todavia en Naim, un fariseo llamado Simon lo con- vidé @ su mesa. Alli una muger conocida en la ciudad por peca- dora, vino 4 regar los piés de Jesus con un precioso balsamo y con sus lagrimas. El fariseo ofendido de este hecho, dudo que Jesus fue- ra el Mesias. Jesus, para hacerle ver lo mal que habia hecho juz- gando con tanta ligereza, le propuso la parabola de dos deudores, le los cuales e] uno debia mucho, y el otro poco; mas el acreedor 4 los dos remitié la deuda (2). (Este pasage dara materia 4 una Di- sertacion, en la que se examinaré sila pecadora Maria Magdalena, y Maria, hermana de Lazaro, son una misma persona, 6 tres perso- nas diversas.) De esta manera corrié Jesus toda la Galilea predicando en todas partes, y fué seguido de algunas mugeres que le servian (3). Habiendo llegado 4 Cafarnaum, se vid rodeado de tanta gente, que no tenia tiempo ni aun para comer. Sus parientes se acerca- ron 4 detenerlo diciendo, que estaba como enagenado (4). Allf mis- mo curd un endemoniadu que estaba mudo y ciego (5). Oyendo los escribas y fariseos tantas maravillas, formaron un concepto pésimo de Jesucristo, diciendo que en virtud de Beelzebub lanzaba los de- monios; pero el Sefor con muchas razones refuté su blasfemia, y les declaré que su pecado, que era pecado contra el Espiritu San- to, era por su naturaleza irremisible (6). (Esto sera asunto de una Disertacion, en la que se examinar& en qué consiste el pecado con- tra el Espiritu Santo, y en qué sentido es irremisible). Despues de esto pidiéronle un prodigiv 6 una sefial, y Jesus Jes respondié que no les daria otra que la del profeta Jonas. Los amenazé con un castigo mas rigoroso que el de los Ninivitas, afia- diéndoles que el dia del juicio se levantaria contra ellos Ja reina del Mediodia. Ses propuso la parabola del demonio, que habiendo sa- lido de un hombre volvid con otros siete demonios peores que él (7). Habiéndosele avisado @ Jesus, que su madre y hermanos espe- raban hublarle, respondié que su madre y hermanos eran los que lo escuchaban y obedecian la voz de Dios (8). 18.-35. (E] texto de 8. Lu- Juan que ce refiere on el pudo muy bien haber uni. de la suegra de S. Pedro; uitacion de §. Juan, de ma- igen habrén (2) Lue. vu. fi . 20, 21—-(5) Marth. xi conviene volver & tor ui [ 22, 23. (La continuaeion del texto . Marcos prueba q qui el texto del cap, 211, de 8. Ma- teo, porque aunque 3, Murcos no hace mencien del endemo: ‘ciego y mudo de que habla S. Mateo, la disputa sin embargo que refiere en el cap. ¥ of y siguion.. tes, manifiesta bien ser aquella misma de que habla S. Matoo susc’ con motivo de la curacion do este endemoniado. Por tanto, & centinuacion del Y. 19. del cap. xt de S. Mateo deben ponerse los ditimos veinte y nue k cuenta y tres primeros del cap. xm. como se ve y pudo esto haber estado en au origen.)—(6) Matt (Lo demas en ol art. rn.)—(7) Mutth. xu, 38.45. veraiculos del ca; DE LOS SANTOS EVANGELIOS. 387 Despues de comer se fué Jesus 4 la orilla del mar, y habién- dolo rodeado el pueblo, subié 4 una barca desde donde comenz6 predicarle, Le propuso la parabola del sembrador, la de la lam- para que se pone fuera del celemio, la de la zizafia que sembré el enemigo entre el trigo, la del grano de la mostaza y Ia de la levadura. Cuando despidio al pueblo y tomé asiento en su casa, le rogaron sus discipulos que les explicara el sentido de estas paribolas. Je- sucristo se las explicd hacitndoles ver la felicidad que lograban de oir -y entender el sentido de lo que 4 los demas se les decia solo por parabolas, Tambien les propuso la paribola del tesoro escondi- do y descubierto, el de la perla que.se hallo, y el de la red que echada al mar recogié peces buenos y malos (1). . Por la tarde despues de haber explicado estas parabolas, les di- jo que lo trasportaran al otro lado del mar de Genesarct. Alli en- contré un escriba que quiso seguirlo; pero Jesucristo le dijo: Las ra- posas tienen cuevas, y los pajaros nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza. Otro le pidié que antes de seguir- lo le permitiese ir & enterrar 4 su padre; y Jesus le respondié: De- j@ que los muertos entierren 4 los muertos (2). ~ : Habiendo entrado en la barca, se.-durmié; y se levanté una tem- pestad que puso la navecilla en peligro de sumergirse. Los disci- pulos despertaron & Jesus: él mandé 4 los vientos, y el mar al ins- tante se. tranquilizé; suceso que llené de asombro y admiracion & los que estaban en la barca (3). Arribé & los confines de los Gerasenos en donde habia dos en- demoniados; cl uno de ellos que era terrible estaba ido de una legion de demonios, vino @ la presencia de Jesus. Los demo- Rios se quejaban de que Jesus los atormentaba Antos de tiempo, y le rogaron que no los enviase al abismo del infierno, sino que les rmitiera entrarse en una manada de cerdos que pacian en aque- los montes cercanos. Jesus se los concedié, y al momento la ma- mada que era casi de dos mil cerdos, corrié 4 precipitaree en el mar de Galilea. Temiendo los Gerasenos una nueva desgracia, vi- nieron 4 pedirle 4 Jesus que saliese de su pais, Cuando Jesus iba ya 4 reembarcarse para volver a Cafarnaum, el endemoniado que acababa de curar le suplicé que ‘e concediese ir con él; pero Je- sug no se lo permitid, y tnicamente le dijo que se volviera, y pu- blicara la gracia que Dios le habia hecho (4). tra que este os verdaderamente el lugar donde debe ponerse le proposicion, que B. Lacas no refiere sino despues de las parsbulas siguientes. M. Thoynard supone gis orto #0 ba dicho dos veces. (Lo demas en el art. uiv.)—(1) Matt. xut. 1.-58. (Lo jemas on el art. ux.) Mare. iv. 1,-34. Luc. vin. 4.-18.(Lo demas on el art, 1a1.}—-(2) Matth. wm. 18..22, Mare. w. 35. Luc. vin. 22, [La continuacion det texto de 8. Marcos de 8. Lucas prueba que aqui ee debe volver ai cap. vii de 8 Matoo.|—(3) Matth. vin, 23..27. Mare. wv. 36, ad finem. Luc. vin, 23.25. (Es clare, que los tres evange- hablan de la misma tempestad, porque la ion trénsite 6 traverta es ane en los ti de los demonios fueron echa- de cerdos.—(4) Matth. vin. 28. ad finem, [Lo demas on el art. xxxviu.] Mare, v. 1.20. Luc. vin. 26,.39. (Eaton tres evan- pice estén conformes en lo respectivo & Ia expulsion de los demonios; con Ia di- ia, de que S. Matee habla de dos end los, cuando farcos y S. La. a uno solo hacen mencion, S. Agustin pionsa que estos dos ovangelistas hacen ion solamente de un endemoniado por estar este poseido de ama manera muy violeata, 4 porque era une persona muy conecida on ol pais, . Ato do ia erecr. vol. 31. iL. Divereas pe- rabolas pro. Puestas por Josuecriato. Liv. Escriba que quiso seguir 4 Josucristo. Lv. Tempestad sobre el mar de Galiles. LVI. Corasion de das endemo. niados en el pais de Ge- rasa. Ade de la eracr. vulg. LYII. Jesus curs ef flujo de san. gred.uoa mu eer, y reau. cite 6 la hija de Jairo. un endemo- niado mudo. LX. Jesus on la sinagoga de Nazrei. LXI. Mies aban. dante. 38 HARMONIA Jesus volvié & pasar el mar, y encontré una multitud que lo es- peraba. Estando cercano al mar llegé Jairo, principe de la sinagoga de Cafarnaum, rogéndole que sanara 4 su hija Gnica de edad de doce aiios. Jesus se dirige 4 la casa de Jairo; mas en el cainino una muger que pa- decia flujo de sangre, tocando la orilla de su vestidura sand repen- tinamente. Jesus dié & conocer este milagro que se habia obrado en secreto, para que se manifestara la fe de esta er y la vir- tud de Dios. Estando Jesus en el camino, ‘avisaron & aire que su hija habia muerto; Jesus lo exhorté 4 la confianza, y él continud en su seguimiento. Habiendo entrado en la casa con tres de sus dis- cipulos, hizo salir 4 los musicos que habian venido 4 celebrar los funerales de esta nifia, Despedidos todos, entré 4 donde estaba la hija, y habiéndola resucitado, mandé se la diera de comer, y no se publicara este mil (1). . Iba Jesus 4 Nazaret su patria con sus discipulos (2), y flos ciegos !o siguieron hasta su casa pidiéndole con instancia que jes restituyese Ia vista. Habiendo Ilegado 4 la casa, les pregunto si creian que tuviese poder para curarlos. Le respondieron que esta- ban persuadidos de eso. Entonces Jesus los tocd, los sand, y les or- dens ve nada dijesen; pero-ellos por todas partes divulgaron el mi- jagro (3). 8 Casi al mismo tiempo curé un poseido que estaba mudo, lo cual dio lugar 4 los fariseos de que lo acusaran de que en virtud de Beelzebub curaba los enfermos (4). EI dia del sabado entré en la sinagoga, donde fué admirade de todo el mundo. Muchos se esoandalizabaa de la bajeza de su nacimiento, y miituamente se preguntaban: ;No es este el hijo del carpintero? jSu madre no se llama Maria? Bas hermanos y herma- nas no estén con nosotros? Jesus dejé 4 Nazaret, y no volvié mas a él, diciendo al partirse que ningun profeta es honrade en su pa- tria (5). 1 Salvador corrié las villas y aldeas de la Galilea predicando (i) Matth. uw. 18,26, Mare. v.21. ad finem. Lee. vir. 40. ad finem. [La continua- cion en el art, Lau. El testimonio de S. Marcos y de S. Lucas prueba que del fin del cap. vii de S. Mateo debe pasarve al W 18. del cap. 1x. Los di jete prime. ros versiculos se han puesto en los articulos xxxvin y xxxix, O mas bien, segun Ja nota de M. Thoynard, el testimonie de 8. Marcos y de S. Lacas hace ver que desde luego debe pasarso ul YW 20., y que los W 18, y 19, deberdn insertarse entre el 22. y el 23., como que eon relativos 4 los YW 35. 36. 37. y 38. de 8. Marcos, y 4 los W 49. y 50. de S. Lucas. Do esta manera ae quita la difcultad de In ex. presion de S. Matoo, W 18: Haec illo loquente ed eos; de donde algunos pretenden eoncluir, que este suceso tiene itima conexion con la disputa eobre a) ayuno que se 160 on loe versos anteriores. Las expresiones paralelae de 8. Marcos, ¥ 35. Aue eo loquente; y de 8. Luces, ¥ 49: Adhue illo lequente, manificstan que esto dice relacion & lo que Jesucristo acababa de decir 4 aus discipulos y & la muger que pa. decia el flujo de sangre. De este modo desaparece igualmente la dificultad de 1a at plica de Jairo, que dice segun S. Mateo W 18.: Filis mea modo defuncta cat. EL paralclo de las tres exptesiones que hemos comparade manifesta que Jairo no dijo esto sino despues de habersele avivado de la muerte de au hija, Y esta expresion por tanto prueba que efectivamente en su orgon los ¥ 18.y 19. de 8, Mateo de. bieron insortarse en los W 22. y 23.)—(2) Marc. vi. 1. [Lo demas en el art. rx.) —(3) Matth, 1x, 27..31.—(4) Ibid. ax. 32. 33. 34. [Lo demas enel art. ux.}—(5) Ibid, mu 54, ad finem. [Lo demas ec e) art. uxin.) Mare., vi. 1.6. [Lo demas on el art, uz. El texto de 8, Marcos prueba que despues del ¥ 34. del cap. ux de S, Mateo, deben ponerse Ios cinco altimos W del cap. x1] DE LOS SANTOS EVANGELIOS, 39 en todas partes y curando los enfermos; y viendo que los pueblos deseaban con ansia oir su doctrina, dijo & sus apéstoles que la mies era mucha y pocos los operarios, y que era menester suplicar al duefio de la inies que los enviase alla (1). Al mismo tiempo destiné 4 sus discipulos, y los hizo partir de dos en dos, dandoles poder de hacer milagros, ordenandoles que no llevasen provisiones, ni armas, ni dos tunicas 6 calzados; sino que fuesen 4 anunciar la venida del reino celestial & los Judios, y no & los gentiles ni 4 los Sumaritanos; que entraran en las casas mas dignas y de personas honradas de cada ciudad, y alli viviesen to- do el tiempo que permaneciesen en el lugar; y en caso que no quisieran recibirlos, sacudieran contra ellos el potvo de sus zapatos, y se retiraran (2). En esta ocasion les dié otras muchas instruc- ciones (3). Habiendo partido los apdstoles, predicaron y obraron mu- chisimos milagros. El Salvador igualmente salié 4 predicar en las ciudades del pais donde antes de é1 habian estado sus apéstoles (4). En ese tiempo fué S, Juan Bautista decapitado en la carcel por érden de Herédes Antipas, despues de haber danzado la hija de Herodiades en presencia de este principe (5). Jesucristo habiendo predicado en todas partes y ejecutado in- finitas maravillas, principalmente en las ciudades que estan en las riberas de] mar de Tiberiades, las echo .en cara su incredulidad, diciéndolas que si y Sidon hubieran visto los prodigios ejecu- tados en Betsaida, Corozain y Cafarnaum, habria ya mucho tiem- po que estarian convertidas (6). En ese mismo tiempo hubiendo Ilegado @ oidos de Herddes la celebridad de los milagros de Jesus, creyé que Juan Bautista habia resucitado, y que él era el autor de estos prodigios (7). Los apéstoles, regresando de su mision, vienen & dar cuenta & Jesus del suceso de su predicacion (8). El Salvador dié gracias 4 su Padre, é invit6 & todos 4 que cargasen su yugo y lo siguie- een (9). (1) Meth. 1x, 35, ad finem, (El ¥ 6, del cap. vi de 8, Marcos muostra que de. be volyoree al ¥ 35. cap. 1x de S. Mateo.J—(2) Mati 1S. Mare. vi. 7-1 Lac. uw. 1-5.=(3) Matth. x. 16.ad finem—(4) [bid, x1. art. xiv] 2.13. Lue. ix. 6. (La continuacion en el art. Lav. xiv. 3-12. Mare. vi. 17, 30. Luc. 1x. 6. (Se igmora ol tieurpo preciso de la muorte de 8. Juan Bautista; pero es indudable que deba poncree entre la diputacion que él envis 4 Jeracriste [ert txvii] y la conjetura de Herédes tocente & Jowus (att. 1zv.] Esta conjetura ocationé el que 8. Mateo y 8, Marcos refitieran oste hecho.)—(6) Matth. x1. 20.24. [Aqui cs en donde M. Thoyuard coloca estos cinco versiculos; mas debe confesarse que on ese lugar no estén puestos por algun texto de los evangelistas. Algunos los dejan donde los coloca ol evangelio de S. Mateo, es decir, 4 continue. cion de Jas reconvenciones que Jesus hizo & los Judios con ocasion de la diputa- cion de 8. Juan refe a el art. Lrvi, ¥ parece que no hay impedimentg pare dojarlas alli. La continuscion en el art. Lavip-41) Matfh. ary. 1.9. Mare. vi. t4el6- La continuacion en el art. uxut.] Luc. 1x. 7-9. [Loe textos de S. Marcos y de 8. ucas prueban que es necesario volver al csp. xiv>de S. Mateo. Los textos de los capitulos x1. x11, x01, de este evangelista, se ballan empleados en los articulos xLvin. Lxi¥. LEVI. x14. XLM. tL. Lit Lin y LX.]—(8) Mare. vi. 30, Lue. 1x. 10=(9) Matth. x1. 95, ad finem, [Aqui coloca M. Thoynard los seis altimos versos que el texto de 8, Mateo une @ las reconvencionos referidas en el art. uxiv. La misma accion de graciae de Jesu. cristo se encuentra puesta por 8. Lacas en la vuelta de los setenta y dos discipu- los. (Art, xon.) M. Thoynard supone que cste palabra esta repetida dos veces, yen le primera ver Ia causa fué la vuelta de los doce apdstoles notada aqui por 8. Maz Alto do Is era cr. yulg. 32, LXII. Mision delos appetoles & edicar que ha aesu. citedo Juan Bautista, LXVI. Vuelta de los apéatoles de su mision, LXVI. Jesu so reti- taal otro la- dodellagode Genesaret. LXVIIL. Multiplice- cion de los cinco panes. LXIX, Jomue cami. na sobre las agus y 8. Pedro ami- Ba tambien. LXX, Arriban Ca, farneam. Dis curso sobre el alimente celestial. 40 BaRwoRfs Sabedor de lo que Herddes decia de él, se retiré & déscan- 1; sar con sus discipulos 4 un lugar desierto. Mas viéndose siempre abrumados por el mucho pueblo que-no les concedia tiempo ni aun para comer, se embarcd con sus discipulos, y atravesado el lago de Genesaret, se retiré con ellos 4 un monte (1). Habiendo sabido la multitud que Jesus se iba @ la otra parte del lago por tierra, se faé tambien alla, y antes que él !legé al de- sierto de Betsaida. Jesus descendié del monte, y tocado de compa- sion curd los enfermos que 9¢ le presentaban, y predicé al pueblo (2). Siendo ya pasadala hora de comer y comenzando 4 inclinar- se el dia, los apéstoles representaron 4 Jesus que convenia despe- dir al pueblo para que pudiera comprar en las aldeas con que sus- tentarse. Jesus respondié: No es necesario que se despidan; dadles vosotros mismos de comer. jCuantos panes teneis? les pregunta; y sabiendo que tenian cinco y dos peces, les dijo que hicieran sen- tar todo el pueblo, y le dieran de comer. Jesus fué obedecido: et pueblo comié, quedé satisfecho, y se recogieron doce cestos llenos de lo que habia quedado, siendo los que comieron cinco mil, sin contar las mugeres ni los nifos (3). Por la tarde Jesus, sabiendo que el pueblo determinaba esta- Ddlecerlo rey, hizo que se emmbarcaran sus discipulos y pasaran el la- go para ir 4 Betsaida. Despidié la multitud, y subié él solo al mon- te & hacer oracion. Entre tanto sus apéstoles quedaban en medio del lago luchando contra las olas y los vientos contrarios. Distaban de la ribera como veinte y cinco 6 treinta estadios, cuando Jesus caminan-. do sobre las aguas se les acercé manifestando que queria pasar ade- lante. Los apéstoles desde luego creyeron que era un fantasma; mas él los desengafié hablandoles, y S. Pedro le dijo: Sefior, si ta eres, méndame que vaya 4 ti sobre las aguas. Ven, le dijo Jesus, y Pe- dro obedecié: pero viendo un turbillon 6 una ola, temid, y comen- 26 4 sumergirse. Clamé, y Jesus por Ja mano lo detuvo, Los dis- cipulos rogaron 4 Jesus que entrara en la barca: entré en ella Je- sus, y al punto la barca Ilegé 4 la ribera (4). . desde luego habrian querido los discipulos ir 4 Betsaida; pero el viento norte se los estorbé: dirigiéronse por tanto 4 Tiberiades, y de allf & Cafarnaum, La multitud, sabedora de que Jesus no se habia embarcado con sus discipnlos, creyé que habia quedado en Betsaida. Al otro dia lo solicits con el mayor einpefio, con el fin de constituirlo rey, espe- rando que continuaria alimentandole, como acababa de hacerlo, Mas cos y por 8. Lucas, Pero como S. Mateo no habla del regreso de los doce apés. toles, y 8. Murcos y S. Lucas tampoco dicen que Jesucristo pronunciara entonces Yas palabras que pone aqui M. Thoynard, pareco que deben dejarse en donde las pone el texto de S. Mr decir, 4 continuacion do Iss reconvenciones que hizo Je. con veasion de la . ninguna inter. mu uv. Segun esta hip rupei cap. J, la dislocacion que M. Thoynai ponia desde ol W 22. del c Y 13. del cap. xiv, se veré conte entre el in del cap. wv y el principio del cap. anv.)—(1) Matth, zur, 13. Marc. n. 31.33. Lue. tx. 10. 11. Joann. vi. 1..8.—(2) Math, xiv. 14. Mare. w. 34, Lue. 1x. 1. Joana, vis 4-7.—(3) Math. xiv. 15-21, Mare. vi. 35.44. Lue. ix. 12417. (Lo demas en al an, xxv) Joann. v1, 8.-13.—(4) Matth. xiv. 22.34. Mare. vi. 45.55, Joann. mn. U1. BE LOS SANTOS BVANGELIOS, a babiendo Ilegado al mismo lugar algunos barcos de Tiberiédes, su- ieron por ellos que Jesus habia arribado 4 dicho territorio. Ei pueblo al instante partis de este lado del mar, y fué & en contrar 4 Jesus, que en este intervalo de tiempo se habia vuelto Cafarnaum. Encontrando 4 Jesus en la sinagoga de esta ciudad, le pregun+ taron cémo habia Ilegado alli; Jesus les dijo: Me buscais, no por los milagros que habeis visto, sino porque ayer os di de comer. Los _ exhorté & que buscasen otro alimento que nunca se acaba. Dijoles que él era el pan del ciele, muy diferente del mana que Moised dié & sus padres, Este discurso les desagrado, y el ser hijo de un artesano los escandalizaba. Jesucristo continu sin embargo hablan- doles sobre la diferencia entre el man& con que se habian alimenta- do sus padres y el pan que les ofrecia. Les declaré que su carne era un verdadero manjar, y su sangre verdadera bebida. Por este discurso los mas de sus discipulos lo abendonaron. Jesus e ntd & sua apdstoles si tambien ellos querian despediree; mas 8. Pedro res- pondié: 4A quién iremos, Sefior? t4 tienes palabras de vida eterna, . Creemos y sabemos que ti eres Cristo Hijo de Dios vivo. Dijoles Jesus que a todos los doce jhabia escogido, pero uno de ellos era un traidor; y fo decia por Jddas Iscaridtea (1). En Cafarnaum le presentaban 4 Jesus enfermos de todas partes; los curd, é inmedia- tamente despues partié para ir 4 celebrar la Pascua en Jerusalen (2). CUARTA PARTE, ‘Que comprende lo que passé desde la tereora Pascua celebrada por Jesucristo des- pues de su bautismo, hasta Ja cuarta. El tiempo que corrié desde Ja tercera Pascua de Jesucristo hase ta la cuarta y Ultima, es el que mas abunda de narraciones hechas por los evangelistas; lo cual nos ha obligado 4 dividirlo, siendo la fies- ‘ta de los Tubernaculos la que formaré el punto medio de la division. Dividirémos por tanto esta cuarta parte en dos articulos; el primo- ‘ro comprenderé lo que acaecié en los primeros seis meses que cor- rieron desde la tercera Pascua hasta Ja fiesta de los Taberndculos de ese afio; y el indo, lo que pasé en los seis fitimos meses -despues‘de la fiesta de los Tabernaculos hasta la cuarta Pascua. Antisvta 1. Que contions lo que pasé desde Ja tercera Pascua basta la fiesta de los ‘Tabernéculos del mismo aiio. Pasada la Pascua, Jesucristo‘dejé la Judea, porque lo buscaban ‘los Judios para darle muerte. Se volvié pues 4 Galilea, y en cual- quiera parte we entraba le presentaban los enfermos los hebitan- tes del lugar. nian fuera de las casas, y rogaban que se les permitiese tocar solamente la orilla de su vestidura; y quedaban sa- ‘nos cuantos la tocaban (3). (1) “Joan. vt. 99. ad finem.—(@) Matth. xrv. 35. Mare. vi. 54..56.—-(3) Matth. xiv. 36. et ult. Marc. vi. 55. 56. Joam wn. 1..(Lo demas en ol art. cxia.) "vom. xix. 6 Alto de fe or oe, vals ‘Tercera pas. cue netada enel Evan. gelio des. pues del ban tismo de J& sucristo. LXxr. Vuelta de Jeaucristo & Galilea. Es. cfindalo de los fariseow porque los disefpulosde Jesus no 20 lavaban las nanos 4ntes de comer. Ano dela era er, vulg. 32. LXXiI. Curacion de Ts hija de le cananea. LXXIIT. Sordo y mu- do carado. LXXIV. Multiplies. sion de sieto Panes. LXXV. Signo dol HARMONIA - _ Algunos escribas y fariseos que vinieron 4 Jerusdlen ‘despues de la fiesta de Pascua, notan que los discipulos de Jesus, infringiende la tradicion de los Judios, no se lavaban Jas manos antes de co- mer: dieron la queja 4 Jesus; mas €! les dijo que eran unos verda~ deros hipocritas, que descuidaban la observancia de los preceptos principales de la ley, y particularmente el de honrar 4 sus padres, por guardar sus tradiciones. Y habiendo convocado las gentes les di- yo que lo que manchaba al hombre era lo que salia de la boca, no lo que entraba por ella: con lo que les dié a entender que las impurezas legales por si mismas no manchan ef alma {1). Cuando se hubo retirado, le dijeron sus apéstoles que su dis- curso habia escandalizado 4 los fariseus. Dejadlos, respondié, son cie- 08 que conducen 4 otros ciegos. Todo lo que mi Padre celestial no fr lantado se arrancara. En seguida le pidieron sus discipulos les explicara aquello que habia dicho, de que lo que entraba por la bo- ca no manchaba al hombre. Jesus les hizo ver que Jo que entra en Ja boca se digiere en e] estémago, y lo que noes util para la nu- tricion se expele por las vias ordinarias; pero lo que sale de la bo- ca del hombre viene de su corazon, y lo hace culpable 4 los ojos de Dios. Tales son las rifias, las mentiras, los malos deseos, los pen- samientos y acciones deshonestas (2). Al principio de mayo partié Jesus para ir 4 las cercanias de Tiro y de Sidon. Queria permanecer oculto; pero bien pronto fué descubierto. Una muger cananea lleg6 4 pedirle que sangse 4 su hija. Jesus al principio no le respondio; y como ella continuaba cla- mando, y los apéstoles suplicaban 4 Jesus que le concediera su de- manda, y la despidiera, dijo que él solamente habia venido por las ovejas descarriadas de la casa de Israel. Luego que Jesus Me a la casa, se arrojé6 esta muger 4 sus piés, rogandole con instancia que curase 4 su hija. Jesus le dijo que no era bien dar 4 los perros el pan de los hijos. Es verdad, respondié ella; mas tambien los per- rillos comen 4 lo ménos las migajas que caen de la mesa de sus amow Admirando Jesucristo su fe, le concedié lo que pedia (3). Continué su camino por Sidon y por el territorio de Decfpo- lis, y Hegé al otro lado del mar de Galilea. Alli se le presenté um hombre sordo y mudo; y apartandolo de entre la gente, Re introdujo los dedos en las orejas, y con su saliva le tocé la lengua, restitu- yéndole de este modo el oido y la palabra (4). Subid 4 un monte, y en él permanecié tres dias. Durante es- te tiempo vinieron 4 él infinitos enfermos que curé luego que hu- bo descendido: y como ya habia tres dias que lo esperaban muchos pueblos, dijo & sus discipulos que no convenia despedirlos en ayu- nas 4 sus casas, Los discipulos tenian siete panes y unos pecesi- tos que eran la provision de los que acompafiabun 4 Jesus, Mandé que esto se distribuyese 4 aquellas gentes, que eran casi cuatro mil hombres sin contar los ninos ni las mugeres. Todos quedaron sa- ciados, y aun se recogieron siete cestos de lo que habia sobrado (5). Despues de esto se embarcé inmediatamente Jesus, y se fué (1) Matth. xv. —(3) Math, xv. 21 nem.—(5) Matth, 1, Mare, vit. 1..16.00(2) Matth, xv. 12.20. Mare, vn. 17.23, Mare. vat. 24..30.—(4) Matth. xv. 29, Marc. vu. 31. ad fi. . ad finem. Mare. vin, 1.10, DE LOS SANTOS EVANGRLIOS. 43 & Magedan en el canton de Dalmanuta sobre la misma ribera del mar, aunque mas al mediodia que el lugar donde se embarcd. Es- tando alli vinieron 4 tentarlo los fariseos pidiéndole alguna sefial del - cielo. Mas Jesus les eché en cara que siendo tan habiles para discernir los aspectos celestes, y prever el bueno 6 mal temporal, no tuvie- ron la discrecion necesaria para ver que en su persona estaban cum- plidas las profecias. Por ultimo les declars que no tenia otra sefial que darles que la del proteta Jonas; y apurtandose de ellos volvié 4& embarcarse sobre ef lago de Genesaret, para ir 4 Betsaida, ciu- dad situada en la extremidad septentrional del lago (1). Al embarcarse los apéstoles se olvidaron de proverse de pan, ¥citande de la otra parte del lego se encontraron con solo un pr. ijoles Jesus que se guardusen de la levadura de los fariseos, de la de los saduceos y de la de Herddes: quiso decirles de la doctrina y modo de pensar de esa gente; mas los discipulos Gnicamente pen- saban en el pun material que se Ics habia olvidado. Jesucristo les afeé su poca fe, recordandoles los dos milagros de que habian sido tee- tigos, y cémo un dia dié de comer con cinco panes 4 cinco mil hombres, y en otra vez 4 cuatro mil con siete panes. Enténces com- prendieron, que se les hablaba de la doctrina de los fariseos y sa- duceos de que era necesario precaverse (2). Desembarcd en Betsaida, y le presentaron un ciego, suplicén- dole lo sanara. Jesus lo llevé fuera de la ciudad, le escupid los ojos, le tocé con las manos, y le pregunté si veia. Veo, respondid, los hom- bres como drboles que andan. Jesus segunda vez puso las manos sobre sus ojos, y el ciego miré con. entera perfeccion. Lo despidié diciéndole, que no publicara lo que habia sucedido (3). Jesus partid de Betsaida, y se adelanté hacia el norte por el lado de Cesarea de Filipo. Cierto dia estando solo en oracion con sus discipulos Ices pregunto, qué era lo que de él se decia. Ellos le res- pondieron, que unos lo tenian por Elias, otros por Jeremias, y otros por Juan Bautista 6 algun otro de los profetas que habian resuci- tado. g¥ vosotros, dijo Jesus, qué concepto formais de mi? Que ta eres rato Hijo de Dios, respondié S. Pedro, Eaténces Jesus ala- bo su fe, y le dijo. Ta eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevaleceran contra ella. Te daré las Ilaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra sera atado tambien en el cielo, y cuanto desatares sobre la tierra lo sera igualmente en el cielo. Les mand6 enténces que 4 nadie dije- ran que é! éra Cristo (4). asado esto comenzé Jesus 4 predecir 4 sus spéstoles los ma- les que debia sufrir en Jerusalen. S. Pedro tomandolo 4 parte le dijo: No permita Dios, que te suceda tal cosa. Jesucristo echando una mirada sobre sus discipulos reprendié severamente 4 Pedro, di- ciéndole: Apartate de mi, Satanas, porque me escandalizas. Al mis- mo tiempo llamé al pueblo y le dijo: Si alguno quiere venir en pos mia, rentnciese 4 si mismo, tome su cruz y sigame. Porque el que quiere conservar su vida, la pierde; y quien por amor mio la pier- (1) Matth. xvi. 14. Marc. vin. 11 -13.—(2) Matth. xvi, 5.12, (Lo que sigue enel art, uxxvin,) More. vin. 1421, (3) Mare, viu. 22-26, (4) Matth. xvi. 13.28. Marc. van. 27.30. Lac. ix. 18-21. profeta Ja. nas prometi- do @ los fark toon. Aiio ds i ‘eraor. vu a LXXvi. Levadura de fos fari. scos, de loe saduceos de Herddes: LXXVII. Ciego cura. doen Betsai. an. LXXvI. 8. Pedro confess & Jesus Mesias. LXXIx. Primera pre. diccion de toa padeci- mientos de Josucristo. “4 HARMONIA Afo dele de, la conserva. Si alguno se avergonzare de mi ante los hombres, erect Tle yo me avergonzaré de él ante los angeles cuando esté en la gloria de mi Padre. En verdad os digo, que hay aqui quien no moriré sin haber visto el reino de Dios, que vendré en toda su magestad (1). Indudablemente hablaba de su transfiguracion, 6 de la venganza que debia_ejecutar contra los Judios con las armas de los Romanos. teetein. Seis dias despues (2) de esta conversacion, Jesucristo llevé tres ion dol Sal. discipulos auyos, Pedro, Santiago y Juan, 4 un monte retirado, y vvador. habiéndose alli puestc en oracion durante la noche, se manifesté re- . ntinamente rodeado del esplendor de su gloria, y su vestidura tan lanca y tan brillante como 4a nieve. Dormian entre tanto los apos- toles, y al despertar fueron testigos de la transfiguracion de su Maes- tro. Vieron 4 Moises y 4 Elias conversando con é] y hablando de le que debia padecer én Jerusalen. Trasportado Pedro de gozo, sin sa- ber lo que decia, propuso 4 Jesus que se hicieran en el] monte tres habitaciones para Tests, para Moises y para Elias. En el entretan- to desay 1eron estos dos santos, y una nube cubrid & los disci- Pulos. Ellos oyeron enténces una vor que decia: Este es mi Hijo muy amado, en quien yo tengo mi complacencia; escuchadle. Al oir esto sc postraron penetrados de temor; pero Jesus los levanté, y &la majia- na bajando del*monte les ordené que 4 nadie dijeran lo que habian vis- to, hasta despues que resucitara (3). LXXXI. Lo que dijo Jesucristo de que él debia resucitar, no fué bien Biias ya vi- entendido de los apéstoles, y mutuamente se preguntaban cuél era te do'Juan @l_ sentido de estas palabras, y dijeron Jesus: jComo es que los es- Bautista, cribas dicen que antes debe venir Elias? A lo que respondié Je- sucristo que ciertamente vendré Elias antes de] dia Gltimo para res- tablecer todas las cosas; pero en espiritu ya vino en la persona de Juan Bautista, & quien no recibieron los Judios, lo maltrataron co- mo quisieron; y é| les anuncié que tratarian de la misma manera al Hijo del hombre (4). LXxxil. . Como la trasfiguracion pasé por la noche, habiendo Jesus baja- Goreion oo do del monte por Ja mafiana con Pedro, Santiago y Juan, vino & mado y en. UNirse con sus demas discfpulos que estaban rodeados de muchisi- demeniado, ma gente y en disputa con Js escribas, sobre no haber podido sa- nar @ un mozo lunatico, epiléptico, mudo y poseido del demonio. Al momento gue se dejé ver Jesus, todos llegaron 4 recibirlo, sien-, -do uno de tantos el padre de] joven que le refirid la enfermedad de su hijo y le suplicé lo’ sanase. Jesucristo respondié: ;O genera- cion incrédula y perversa, hasta cuando permaneceré con vosotros! Traedme acé ese mozo. Desde luego comenzé el demonio 4 ator- mentarlo, y Jesus entonces dijo al padre, que si tenia fe, nada era imposible para el que creia. E] padre derramando lagrimas, yo creo Sefior, exclamé; tG ayuda mi poca fe. Jesus enténces amenazé al de- monio, y lo oblig6 4 salir de aquél joven (5). (1) Matth, xvi 21. ad finem Mare. vin. 31. ad finem. Luc. ix. 22..27.—(2) (Esta ee In exprosion de S. Mateo y 8. Marcos; 8. Lucas dice, Cerca de ocho dies des Pues, porque 4 mas de los seis dias enteros, comprende el en que Jesucristo hablo yelen que sucedié el mila —(3)Matth. xvi. 1-9. Mare, ix. 1,9. Lue. 1x. 28.36, (Lo que signe en el art. rxaxu.)—(4) Matth. xvu. 10-13. Merc. ix. 10.13.—(5) Matth. gra. 14.17, Mare. ix. 14,-86. Luc, ix. 37-43. DE LOS SANTOS EVANGELIOS. 45 Habiendo Jesus entrado en la casa, vinieron ‘4 61 sus discipulos,- y en particular le preguntaron, por qué no pudieron ellos curar al enfermo. Jesus les respondi6 que la causa era su poca fe; y que co- mo tengan fe, aunque sea como un grano de mostaza, barn pasar de un lugar 4 otro los montes. Esta clase de demonios, les ailadié, no pueden lanzarse sino por la oracion y el ayuno (1). Recorrié despues 1a Galilea sin querer ser conocido. A sus apds- toles les decia, que el Hijo del hombre seria entregado en manos de Jos Judios; que deberia ser muerto, y resucitar al tercero dia. Mas ellos no entendian el sentidc de estas palabras; aunque no dejaban de entrever que con esto se les anunciaba la venida del reino del Hijo de Dios, y en el camino hablaban del primado, disputando quién de ellos seria el primero en el reino celestial (2). Jesus y Pedro llegaron & Cafarnaum antes que los demas: y los que cobraban las dos dracmas por cabeza asignadas para el tem- plo, preguntaron 4 S. Pedro si su Maestro pagaba las dos dracmas 6 el medio siclo. Si lo paga, respondié Pedro. Luego que Jesus lle- 6 & la casa, y antes que Pedro le hablara, le dijo: {Los reyes de fi tierra de quiénes sacan tributo, de los hijos 6 de los extrafios? De Jos extranos, respondié Pedro. Los hijos estan exentos, aie Jesus; queriendo significar, que siendo Hijo de Dios no estaba obligado 4 r lo que se cobraba para la casa de su Padre. Sin embargo, afiadié, 4 fin de que no demos motivo de esc&ndalo, vete al mar, y el primer pez que aprendieres con el anzuelo te dara con que yo y ta podamos pagar. Fuese Pedro al mar, y sacé un pez que tenia en la boca un stater 6 un siclo, el cual entregé ul receptor por Je- sus y por él (3). A este tiempo Ilegaron los discipulos, los que segun parece, no se hallaron presentes & lo que pasé sobre el pago del medio siclo, sino que quedaron atras disputando, como se ha dicho, en érden al primado, Cuando llegaron preguntaron & Jesus quién era el ma- yor en el reino de los cielos, Jesucristo que sabia cuanto habia pasado entre ‘ellos durante su ausencia, les pregunté cud! habia sido en-el camino el objeto de su disputa. Ellos quedaron confusos, y “ guardaron silencio. Despues respondiendo 4 lo que ellos habian pre- guntado, les dijo que para llegar 4 ser el primero, era necesario pretender ser ¢l ultimo de todos; y tomando un tierno nifio, se lo acercé, y les dijo que si querian entrar enel reino de los cielos, se hicieran como este parvulito (4). Juan refirié 4 Jesus haber visto un hombre que en nombre su- o lanzaba los demonios; mas como no era de su sociedad se lo ibian impedido. Es menester dejarlo, les dijo Jesucristo, porque hom- bre que en nombre de Jesus obra esos milagros, esta Nejon de ha- blar mal de é1; y todo el que no es su contrario esta en su favor (5). Ajiadié, que cualquiera que diera en su nombre un vaso de agua, recibiria su recompensa; y desgraciado el que escandalizare al mé- nor de sus hermanos, pues le hace mayor mal que si le atura al (1) Matt. xvi. 18.20. Mare. ix. 27. 28.—(2) Matth. xvn. 21. 22. Mare. ix. 30.-33. Zuc, ix. 44.46. (Lo —(3) Matth. xvu. 23. ad finem.— (4) Marth, xem. 14. et 46.(5) Mare, 1x. 37.40. Luc: 49, et 50, (Lo que signe en el art. uxxxix.) Allo de ta ore. cr. vulg. 32. LXXXIIL Clase de de. monios que sole ee lan. xan con le oracion y ol ayuno. Pasion so. gunda vex snuaciada, Exon. jecus pry lan doa dre. mas para el templo, LXXXv, Disputan los apéatoles s0- bre el prima. do en el rei. no de Dios, UXXXVI. Un hombre Janzabe lo demonios op el nombre de Jesus, aun. Aio de ta era cr. valg. 39, LXXXVIL! Partdola de Ja oveja des- earriada, Re gine pare le eorreccion Paterna, LXXXVIII. Perdonde las Tnjarias. HARMON(A cuello una piedra de molino y lo arrojara al mar: que es necesa- rio que en el mundo haya escandalos; pero jay de aquel que los causal que si nuestra mano, nuestro pie 6 nuestro ojo nos escan- daliza, conviene arrancarlos y arrojarlos léjos de nosotros: que el usano de los condenados no muere, ni su fuego se apaga; y que la sal aunque por si misma buena, si llega 4 desabrirse, jcdmo re- cobrara su virtud primitive (1)? : Dijoles mas: que no se debia despreciar al menor de los fie- les, pues sus Angeles estaban mirando la cara del Padre celestial, y que él vino a buscar lo que se habia perdido. Propuso la parabola de un hombre que teniendo cien ovejas va en busca de una sola que se habia descarriado, dejando en el monte las otras noventa y nueve. Prescribié reglas para la correccion fraterna, diciendo que primero debe reprenderse 4 solas 4 nuestro hermano, y despues ha- cerle las advertencias ante dos 6 tres testigos. Si aun asino se en- mienda, puede denunciarse 4 la Iglesia; y si no la escuchare, debe- mos separarnos de él, y considerarlo como un gentil 6 publicano, Afia- dié que lo que sus apéstoles ataren 6 desataren en la tierra, sera atado 6 desatado en el cielo: que cuando dos 6 tres se congrega- renen eu nombre, él] estara en medio de ellos, y lo que unidos p- dieren, les sera concedido por el Padre celestial (2). Con ocasion de lo que Jesus habia dicho de la correccion fra- terna, le pregunta Pedro cudntas veces debera perdonar 4 su her- mano, y si ra hacerlo hasta siete veces. Jesus le responde que podra no solamente siete veces, sino setenta veces siete. Presenté tambien la parabola de un rey que quiso tomar cuentas 4 sus sier- vos. Se le presentO uno que debia diez mil talentos, y pidiéndole esperas, lo despidio perdonandole la deuda. Mas al salir de la casa de su amo se encontré con otro criado compajiero suyo, & quien por serle deudor de cien dineros, lo cogié cruelmente del cuello, y 4 pe- sar de los ruegos y lagrimas lo envié preso. Sabedor el rey de la crueldad de este criado para-con su compafiero, lo mando pren- - der, y loentregé 4 los verdugos hasta tanto que pagara todo cuante LXXXIX. Viaje de Je. sus é Joruse- fen pare te erlehridad de Pontecostes. xe. Disposicio. en pars oe. quir 6 Josue debia. Asi tratara el Padre celestial 4 los que no perdonaren sin- ceramente 4 sus hermanos (3). Acercandose el tiempo en que Jesus debia partir de este mun- do, quiso ir 4 Jerusalen 4 celebrar por la ultima vez la festividad de Pentecostes. Antes de él] envié uno que le preparara un alojamien- to; mas no se quiso admitir 4 Jesus en la villa de los Samarita- dos 4 donde él queria alojarse. Sus dos discipulos Juan y Santia- ‘o le preguntaron. si tendria 4 bien que hiciesen bajar fuego del cie- f sobre este lugar. Mas Jesus les respondié que no sabian de que espiritu eran; que él no habia venido 4 perder 4 los hombres, sino 4 salvarlos. El celo ardiente de estos dos discipulos hizo que fue- ran llamados Boazerges, 6 hijos del trueno (4). Un hombre vino 4 decirle que queria seguirlo por tedas par- tes, y Jesus le respondié: Las raposas tienen cuevas, y los péjaros nidos donde recogerse; pero el Hijo de] hombre no tiene donde re- (1) Matth. xvi. 6..9. Mare. 1x. 41. ad finem, [Lo demas en el art. oxi.)—(2) Matth. erm, 10-20-03) dai. xvus. 21. ad finem. (Lo que sigue en el art. cxin.)—(4) Luc. ax. 51,56, DE LOS SANTOS EVANGELIOB, 47 clinar su cabeza. Jesus, habiéndole dicho 4 otro que lo siguiera, es- te le pidié permiso para ir 4 sepultar dntes 4 su padre; pero Jesu- cristo le respondié que dejara @ los muertos e! cuidado de enterrar 4 sus muertos; , 4 otro que igualmente quiso despedirse primero de sus padres, le dijo, que el que pone Ja mano en el arado, ya no debe mirar atras (1). . Tambien eligié Jesucristo & mas de los doce apdstoles otros se- tenta y ‘dos discipulos, para que antes de é! fuesen @ todos los lu- gares por donde tenia que pasar. Yendo 4 Jerusalen les dijo que la mies era grande y pocos los operarios; que los enviaba como ove- jas entre lobos, que oo Ilevaran saco, ni provisiones, ni doble cal- zado; que 4 nadie saludaran en el camino; que 4donde quiera que entraran deseasen la paz y toda clase de prosperidades; que si los de la casa eran dignos de recibirlos, la paz vendria sobre la casa, sino se volveria 4 ellos. Dijoles que en la misma casa permane— cieran sin salirse todo el tiempo que tuvieran 4 bien alujarlos; que eomieran lo que les presentaran, curaran los enfermos y predicaran la venida del reino de Dios. Cuando entrareis en alguna ciudad, les afiadié, y esta no quisiere recibiros, sacudid contra ella el pol- vo de vuestros piés, y aalios. Esta ciudad sera tratada en el dia del juicio con mas severidad que Sodoma y Gomorra. ;Ay de Coro- zain, Cafarnaum y Betsaid«! en e] dia del juicio Tiro y Sidon se- ran tratadas con ménos rigor que esas tres ciudades (2). Habiendo recibido de esta manera su mision los setenta y dos discipulos, van 4 todos los lugares 4 donde Jesus debia irlos, redican la venida del reino de Dios, y obran toda clase de mi- Tegros. Pasado algun tiempo vuelven, 4 tiempo que Jesus se acer- caba 4 Jerusalen, y le refieren e} feliz sucesode su predicacion, como los mismos demonios se !es sujetaban. Jesus les respondié: Xo vi 4 Satanas que como un rayo cala del cielo. Did despues & sus discipulos la virtud de caminar sin peligro sobre las serpientes y escorpiones, y la de resistir & todo género de veneno y de co- sas dafiosas, Dio gracias 4su Padre por haber descubierto sus mis- terios 4 los sencillus y parvulos, miéntras los ocultaba a los gran- des y @ los soberbios. Aiiadié que su Padre le habia dado un ab- soluto dominio sobre todas las cosas; que ninguno conocia al Padre mas que el Hijo, ni al Hijo sino el Padre, 6 aquel 4 quien uno 4 otro quisiera revelarselo; que eran bienaventurados sus discipulos porque vieron y conocieron lo que muchos reyes y profetas de- searon ver y conocer (3). Un doctor de la ley vino 4 tentar & Jesus con esta pregunta: UQué haré para conseguir la vida eterna? Jesus Je responde: ;Qué es lo que ordena la ley? El escriba Je dice: Amaras 4 Dios de to-- do corazon y 4 tu projimo como 4-ti mismo. Esta bien, le respon- de Jesucristo, haz esto i, viviras. ;Quién es mi prdéjimo? prosigue preguntando el escriba. Jesus enténces le propone esta parabola: Yen- do un judio de Jerusalen 4 Jericé, fué atacado ee el camino por los ladrones, que lo hirieron, lo despojaron, y lo dejaron tendido en .el suelo medio muerto. Pasando por alli un sacerdote vid 4 este () bue, ax. 57. 0d finemvm(2)- Luc. x. 1-16e(3) Ibid, x. 17.24, cemoconvie ne, : Ato de le era cr. vulg. 33. XCI. Mision de los sotenta y dos discipulos. XCIl. Regrese do los setenta y dos discipu los despues de su predis eacion. XxcIM. Pardboln de} hombre heris doen el ca mino de Je. tusalen i Je. ried, y cura. do por un sae maritane. Afio de la eracr. vulg. a. kV jesus hos; dade on Be. tania en casa de Marta y Mai xcv. Josus enseiia & ous apésto. les como de. ben orer, 4s HARMONEA hombre herido, y sin darle socorro pasd adelante. Algun tiempe des- pues pasd un levita, y tampoco le presté auxilio, Por ultimo, per “el mismo camino pasando un samaritano, lo levanta, venda sus he- ridas, lo monta bre su cabalgadura, lo conduce 4 un meson, cur dando muchisimo de él miéntras alli permanece, y al despedirse deja dinero al administrador del meson para que lo asista. ;Quién de estos tres ha sido el préjimo de este pobre herido? El escriba respondié, el que se compadecié de ese miserable. Ve, pues, le res- pondi6é Jesus, y pértate de Ia misma manera (1). Continuando Jesus su camino hacia Jerusalen, entré en una villa Namada Betania, distante de la ciudad quince estadios 6 tres cuar- tos de a, y alli fué hospedado en casa de una muger cuyo nom- bre era Marta. Esta estaba muy diligente en preparar lo que Jesus ha- bia de comer, miéntras Maria su hermana sentada 4 sus piés escucha- ba -tranquilamente sus palabras, Marta se queja 4 Jesus, y le dice: ;No ves, Sefior, como mi hermana me deja sola en tu servicio? dila, pues, que me ayude. Marta, le responde Jesus, en muchas cosas te ocu- pas; Maria ha escogido la mejor parte, que nunca la sera quitada (2). Estando Jesus en el monte de las Olivas, al frente de Jerusalen, luego que acabé su oracion, le suplicaron sus discipulos que les pres- eribiese un modo de orar, como Juan Bautista lo habia hecho con sus discipulos, Jesucristo les ensefié la oracren dominical que ya les habia dado en el sermon del monte; y continda instruyéndolos sobre la virtud y cualidades de la buena oracion. Les propuso la parabola de an hom- bre que necesitando tres panes, porque le habia venido de fuera un amigo, fué & pedirlos & su vecino. Estaba ya acostado este y * toda su familia, y asi se excusd al principio; pero vencido de la im- Ningun rei no dividido poede aubsis. tir. portunidad de su vecino, se levanté y le dié todo lo que pedia. Je- ‘aus concluy6: Pedid, pues, y recibireis; buscad y encontraréis; tocad, y se os abrira. ;Quién es el padre que pidiéndole su hijo un pan 6 un hue- vo, le dé una piedra 6 un escorpion (3)? Se presenté 4 Jesus un poseido é igualmente mudo, y Jesus lo sané, Mas los fariseos lo acusaron de que lanzaba estos malig- * nos espiritus en virtud de Beelzebub, principe de los demonios. Otros fariseos vinieron 4 pedirle una sefial del cielo, y Jesucristo pene- trando sus intenciones, les dijo: Todo reino dividido en si mismo se arruinara y no podré permanecer. Siel reino de Satanas esta di- vidido, ycomo ha de subsistir? Y si yo lanzo los demonios en nom- ‘bre de Belzebub, ,en virtud de quién_los arrojan vuestros hijos? Ellos por tanto seran jueces vuestros. Pero si yo por el dedo de Dios arrojo los demonios, ya Ilegé ciertamente el reino de Dios. Cuan- do un hombre valeroso y bien armado esta encargado de la cus- todia de una casa, nadie entrara en ella sin desarmarlo antes y ven- cerlo. El que no es de mi parte, esta contra mi; y el que no coge conmigo, esparce. Siendo arrojado de su morada el espiritu impu- Yo, busca por todas partes donde reposar; y no hallando acogida en parte algun, se vuelve 4 ‘su casa, y se fortifica alli de nuevo con otros siete epiritus mas malos que él; y de esta manera viene 4 ser peor que antes la condicion del hombre que faé librado. Le= (1) Lue. x. 95.37. (8) Ibid. x, 88. ad finerh—(3) Ine. m1. 1.13. DE LOS SANTOS EVANGELIOS, vantando la voz una muger, se dirige 4 Jesus, y le dice: Feliz el vientre que te llevé; Jesus la responde diciendo que es mucho mes feliz quien escucha la palabra de Dios y !a practica (1). Jesus continia declamando contra los fariseos. Tercera vez les declara que no les dara otra sefial que la del profeta Jonas; que la reina de Saba y los Ninivitas se levantaran contra ellos el dia del jJuicio, y condenaran su incredulidad y que no cedan 4 la verdad; que una lémpara encendida no se pone bajo el celemin, sino en el candelero, para que desde allf alumbre; que la luz del cuerpo es el ojo, y si este vé con claridad, todo el cuerpo sera lucido; pero ei no, permanecera en obscuridad. Temed, pues, les dijo, no sea que la luz que teneis se apague y se obscurezca (2). Un fariseo, habiendo convidado 4 comer 4 Jesus, se escandaliz6 de que no ee lavé las manos antes de sentarse 4 la mesa. Mas Je- sus le respondié que los fariseos tenian gran cuidado de limpiar el exterior del vaso, entre tanto que ellos tenian su interior lleno de rapiias y de malicia, En seguida reprobo la conducta de los que Pagaban el diezmo de la yerbabuena y de la ruda, y se descui- daban de lo que exigia la justicia y la verdad. Les eché en cara el que solicitasen con empefo los primeros asientos en las sinago- f° y congresos pdblicos, siendo unos sepulcros blanqueados, sobre los cuales se camina con seguridad. ;Ay de aquellos, afadié, que imponen 4 los otros hombres cargas intolerables, miéntras que ellos ni con la extremidad de un dedo auxilian 4 los que con tanta mo- Jestia las soportan! ;Ay de aquellos que construyen tumulos 4 los pro- fetas que hicieron morir eus padres! jAy de gquellos que se han apoderado de la Ilave de la ciencia, sin entrar ellos, ni dejar entrar 4 los demas! Irritados los escribas y fatiseas de lo que aca- baba de decirles Jesucristo, lo observaban, y obligaban 4 que hae blara sobre otros muchos puntos con el fin de sorprenderlo en sug discursos (3). : Conversando ‘cierto dia Jesus ¢on sus discipulos en medio de un gran pueblo, les dijo: Guardaos de la levadura de los fariseos que es la hipocresia; porque nada hay tan oculto que no se des- cubra, ni tan secreto gue algun dia no Jlegue a seberse, Lo que secretamente habeis dicho, algun dia sera publicado en presencia de tode el mundo; y lo que habeis dicho al oido alguna vez, se pre- dicar& sobre .loa techos. No temais & los que puedan quitar la vi- da del cuerpo, sino al que pueda dar muerte al alma precipitan- dola al infierno. Dios tiene cuidudo hasta de un péjaro; cudénto mas cuidaraé de vosotros cuando tiene contados hasta los cabellos de vues- tras cabezas, A quién me confesare ante los hombres, lo confesaré delante de mi Padre, como negaré al que me negare. Las blasfe- mias dichas contra el Hijo seran perdonadas; pero las que fueren contra el Espiritu Santo, no se perdonaran. Cuando os hagan com- recer ante los jueces y magistrados, no os conturbe lo que do- Peis responder, porque en la hora os ensejiaré el Espiritu Saute lo que debais decirles (4). Cierto hombre vino 4 suplicar 4 Jesus, que obligase 4 un here Q) Lee, x1. 1428.—(2) Ibid, x1, 29.36.0048) Ibid. x1, 37, ad finem—(4) Lue. xu. 1.412. ‘Tom. XIX. 7 Ailo de la erecr. val ae XCVIL. Invectivan de Jesus con tra joe Fari. seca. XCVIIE. Jesus come en cna do ee ins manes: sesicnta 4 la moss. Invec. tives contre los fariscon. XCIX. Le hipocres cin eo la le. ‘vadura de los fariveos. Afio de a sera oristiane ‘vulgar. 3. c. “Bele pide & Jesus que ha. ge una par. Yicion entre dos berms - nos. _ 60 Hanuonia mano suyo 4 fin de que de sus bienes partiera con él. Jesus le dijo que no estaba constituido juez de semejantes negocios: y de aqui tom6 ocasion para hablar contra la avaricia. Sobre esto propuso & sus discipulos la parabola de un hombre rico, que queriendo des- truir sus graneros para hacerlos mas amplios, y proponiéndose vi- vir & todo su gusto, repentinamente fué sorprendido por la muerte. Por tanto, no conviene andar muy solicitos sobre la comida y ves- tido, Dios tiene cuidado dle vestir y alimentar 4 las. aves; con ma- yor razon cuidara de los hombres, y asi es indtil inquietarse por esto. El hombre no puede aiadir’ 4 su estatura la altura de un solo codo. jY ‘si no puede lo ménoz, podra lo mas? Los lirios no se mues- tran solicitos por vestirse, y Dios los viste con magnificencia. Lue- go buscad ante todas cosas el reino del cielo, y todo lo demas se oy dara por ailadidura. Vended lo que teneis, haced con ello limos na, y asi atesoraréis para cl cielo, ‘Tened siempre cefidos vuestros lomos y encendidas vuestras lamparas, para que volviendo vuestro amo del festin, salgais 4 recibirlo. En verdad os digo, que si él os _ encuentra en este estado, os sentara 4 la mesa, y é] mismo os ser- et. Parébola del fiol_adrainis. trador, del sriado mal. wade, y del sierra desc. bediente. cu. Convenirse cen su con. trario antes de ir al jai. cio. cI, 4 San; le ton Galileoe motciada por Pilato enlos wacrifisios. vira la comida. Si el padre de familia supiera fa hora en que el ladron deberia venir 4 asaltar su casa, se mantendria en vela. Es- tad, pues, siempre prevenidos, porque ignorais a qué hora ha de ve- nir el Hijo del hombre (1). : Pregunto Pedro 4 Jesus si lo que decia se dirigia 4 todos, 6 hablaba para solos sus discipulos, Con este motivo propuso Jesucris- to diversas parabolas: 1.* la del fiel y prudente administrador, que en wecompensa do gu fidelidad recibié !a administracion de toda la familia; 2.* la del que abusando de la ausencia de su amo maltra- t6é & los criados compajieros suyos, y se ocupé en otras cosas; en- tre tanto vino el amo, y condené 4 muerte 4 este administrador in- fiel: 3.1 la del siervo, que sabiendo la voluntad de su sejfior, no la ejecuté, y fué severamente castigado, y la de aquel que no sabién- lola, fué castigado con ménos rigor. Mucho se le pide al que se le ha confiado mucho. Yo he venido 4 arrojar fuego sobre la tier- ra, dice Jesus, y solo quiero verla arder. Vine para ser bautizado con un bautismo de sangre, y me urge un vehemente deseo hasta que este bautismo se cumpla. No he venido 4 traer la paz sobre Ja tierra, sino la division entre las familias, entre hijos y padres, entre padres é hijos d&c. (2). Jesus echo en cura 4 los fariseos que no supieran discernir e} tiempo de la venida del Mesias, siendo asi que por las observacio- nes celestes podian pronosticar exactamente el bueno 6 mal tiempo. Tambien les dijo: Cuando ya vais con vuestro acreedor 4 presen- taros al juez, procurad diligentes conveniros con él, para que el juez no os condene y os ponga en prision hasta que pagueis el ul- timo cuadrante (3). En ese tiempo se le dijo 4 Jesus que Pilato habia mezclado la sangre de algunos Galileos con sus sacrificios. Jesus respondi6: jCreisteis que estos habrian sido los mas culpables del pais? No sin duda, Ni tampoco fueron los mas criminales de Jerusalen aquellos @) Lac, xu. 13,-40-~(2) Lue. mu. 54. ad fnemm(3) Ibid. DE 108 SANTOS EVANGELIOS, 51 sabre quienes cayé la torre de Siloé. Por tanto, si vosotros no ha- ceis penitencia, tambien vosotros todos pereceréis, Les propuso la bola de una higuera, que por no dar fruto mandé su duefio que ja arrancaran; mas el viiiero le rogé que la esperase todavia un afio, en cuyo tiempo la cultivaria y la mejoraria, y dijo que si es- to no bastase, la arrancaria (1). Como por lo comun ensefiuba en las sinagogas, curd allien un sabado & una muger que ya contaba diez y ocho afos de estar tan encorvada, que no podia mirar hacia arriba, El presidente de la si- nagoga se quejé, diciendo que teniendo bastantes dias la semana, no habia necesidad de hacer estas curaciones en el sabado. Jesus “le respondié: Hipécritas, jquién de vosotros tiene escrépulo por de- gatar en sdbado 4 su buey 6 4 su asna para darles de beber? jy escrupulizais que yo cure 4 esta muger que hace diez y ocho aiios que esti padeciendo (2)? Por segunda vez les propuso la parabola del grano de mosta- za, que Ilega & ser un rbol grande: Ja de la levadura que hace fer- mentar una poe de tres medidas de harina (3). Continué su ca- mino hacia Jerusalen predicando por todas partes en las sinagogas. Hallandose en esta ciudad el dia de Pentecostes, se le preguntd si eran pocos los que se salvaban, y les respondio: Esforzaos 4 en- trar por la puerta estrecha; tiempo vendré en que muchos querran entrar por ella, y no lo conseguiran; y 4 los que vendran 4 llamar 4 la puerta diciendo: Abridnos, Sefior, se les dira: No os conozco: apartaos, obradores de iniquidad; quedaos 4 fuera, donde hubra ge- midos y crugir de dientes, Un dia veréis que vienen extrangeros de todas las partés del mundo, y se sentaran 4 la mesa con Abra- ham, Isaac y Jacob, entre tanto que seran los Judios echados fuera. De esta manera los primeros seran los ultimos, y los que eran ulu- mos seran primeros (4). E] mismo dia unos fariseos avisaron 4 Jesus que Herddes que- ria matarlo, y 61 les respondié: Decid & esa raposa, que yo continuo curando los enfermos hoy y majiana, y, en tres dias consumo mi carrera. Conviene que Prosiga todavia ejercitando por algun tiem- po mi ministerio; mas yo debo morir en Jerusalem, pues no es per- mitido 4 un profeta inorir en otra parte, En seguida predijo la dese truccion de esta ciudad que maté los profetas, y se opuso 4 la vo- luntad del que queria congregar & sus hijos, como abriga la galli- na & sus polluelos, Concluyé diciendo: Ya no me veréis mas, has. ta que digais: Bendito sea el gue viene en el nombre del Sefior (5). Habiendo Jesus dejado 4 Jerusalen, volvié 4 Cafarnaym, donde un sabado Jo convidé @su mesa uno de los principales fariseos. Los fariseos lo observaban con el fin de acusarlo como violador del s4- bado, si acaso practicaba en este dia na curacion. Alli se le pre- sonté un hidrépico, y pregunté 4 los fariseos si seria licito curar 4 un enfermo el dia tel sébado, Mas guardando ellos silencio, tomé al hidrépico y lo sand, haciéndoles al misino tiempo esta pregunta: jSacariais vosotros el dia de] sabado vuestras bestias si hubieran cai- do en un pozo?t Los fariseos no pudieron respondcrle (6). ' Q) Lue, xm, 1-9.—@) Lic. un, 10-17.) Lue, xu. 18-21.—(4) id —(5) Lue. xu. 31. ad finem.—(6) Luc. xiv. 1-6, Ato de la era cr. vulg: , civ. Curacion de una = muger we contaba ies y ocho aiios de an. dar encorve- da. cv. Parkbola del grane de mostaza, ° Los pocos que se ral. van. Prime. Tos, que ae. ran postre: ros, Horédes qui. 0 hacer md. rir 4 Jesuy, cvit. . Curacion de un hidropico en presencia do los fari. se08.