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Ser como ellos (a Karl Hubener) Los suefios y las pesadillas estan hechos de los mis- mos materiales, pero esta pesadilla dice ser nuestro Unico suefio permitido: un modelo de desarrollo que desprecia la vida y adora las cosas, éPodemos ser como ellos? Promesa de los politicos, raz6n de los tecnGcratas, fantasia de los desamparados: el Tereer Mundo se convertird en Primer Mundo, y seré rico yculto y felir si se porta bien y si hace lo que le mandan sia chs” tar ni poner peros. Un destino de prosperidad reconn Pensard la buena conducta de tos muertos de ham- bre, en el capitulo final de la telenovela de la Historia, Podemos ser como ellos, anuncia el gigantesco letrero luminoso encendido en el camino del desarrollo de 116 los subdesarrollados y la modernizacién de los atra- sados, Pero lo que no puede ser, no puede ser, y ademas es imposible, como bien decfa Pedro el Gallo, torero: silos pafses pobres ascendieran al nivel de produc- cién y derroche de los pafses ricos, el planeta mori- rfa. Ya est nuestro desdichado planeta en estado de coma, gravemente intoxicado por la civilizacion industrial y exprimido hasta Ia pentitima gota por la sociedad de consumo. En los tiltimos veinte afios, mientras se triplicaba Ja humanidad, la erosién asesin6 el equivalente de toda la superficie cultivable de los Estados Unidos. El mundo, convertido en mercado y mercancia, esté perdiendo quince millones de hectireas de bosques cada afio. De ellas, seis millones se convierten en desiertos. La naturaleza, humillada, ha sido puesta al servicio de la acumulacién de capital. Se envenena Ja tierra, el agua y el aire para que el dinero genere mas dinero sin que caiga la tasa de ganancia; y bien se sabe que el mas eficiente es quien mas gana en menos tiempo, Lalluvia dcida de los gases industriales asesina los bosques y tos lagos del Norte del mundo, mientras Jos desechos téxicos envenenan los rios y los mares, yal Sura agroindustria de exportacién avanza arra- sando drboles y gente. Al Norte y al Sur, al Este y al Oeste, el hombre serruche, con delirante entustasmo, la rama donde estd sentado. 47 “SERS AEE aE Del bosque al desierto: modernizacién, devasta~ i6n. En la hoguera incesante de la Amazonia arde me- dia Bélgica por afio, quemada por a civilizacion de la codicia, y en toda América Latina la tierra se est pelando y secando, En América Latina mueren vein- tid6s hectéreas de bosque por minuto, en su mayoria sactificadas por las empresas que producen carne 0 madera, en gran escala, para el consumo ajeno. Las vacas de Costa Rica se convierten en hamburguesas de los Estados Unidos, Hace medio siglo, los arboles cubrian las tres cuartas partes del territorio de Costa Rica: ya son muy pocos los arboles que quedan, y al ritmo actual de deforestacién, este pequefio pats sera tierra calva al fin de siglo. Costa Rica exporta carne alos Estados Unidos, y de los Estados Unidos importa Plaguicidas que los Estados Unidos prohiben aplicar sobre su propio suelo. Unos pocos paises dilapidan los recursos de todos, Ctimen y detirio de la sociedad del despilfarro: el 6 por ciento més rico de la humanicad devora un tercio de toda la energia y un tercio de todos los recursos na- turales que se consumen en el mundo. Segtin revelan Jos promedios estadisticos, un solo norteamericano consume tanto como cincuenta haitianos. Claro que el promedio no define a un vecino del barrio de Har- lem, ni e Baby Doe Duvalier, pero de cualquier manera vale preguntarse: Qué pasarfa si los cincuenta hai- tianos consumieran stibitamente tanto como cincuenta norteamericanos? & Qué pasaria si toda la inmensa 118 poblacién del Sur pudiera devorar al mundo con la impune voracidad del Norte? Qué pasaria si se mul- tiplicaran en esa loca medida los artfculos suntuarios y los automéviles y las neveras y los televisores y las uusinas nucleares y las usinas eléctricas? 2Qué pasarfa con el clima, que est ya cerca del colapso por el reca- Jentamiento de la atmésfera?