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Expresion Oral

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R.

Gq CARBONELL
EL PODER DE LA EXPRESIÓN ORAL
Roberto García Carbonell nos revela en esta obra la síntesis de sus conocimientos sobre la EXPRESIÓN ORAL, fruto de más de v e i n t e años de enseñanza y estudio. Con la sencillez habitual, nos descubre un nuevo mundo de vida y de energías subyacentes en esa cualidad tan humana: la comunicación por la palabra. Hablar al ESPÍRITU de nuestros semejantes para convencer y, sobre t o d o , para PERSUADIR es quizá su enseñanza más valiosa. A ella suma además las instrucciones para disponer de los poderes de la VOZ y de la EXPRESIÓN, asegurando la salud y procurando la seguridad y el bienestar que comporta "HABLAR BIEN PARA SENTIRSE MEJOR"; según afirma. A sus conocidas y ya clásicas obras Lectura rápida para todos, Todos pueden hablar bien y Estudiemos sin esfuerzo, publicadas por EDAF, sumamos ahora esta singular contribución que será imprescindible para educadores, profesionales, empresarios, directivos, dirigentes y todos los que necesiten servirse del valioso PODER DE LA EXPRESIÓN ORAL, para conquistar las metas más ambiciosas en el ámbito de la Motivación, de la Movilización y de la Cooperación humana.
ISBN 84-7640-582-0

EL PODER D E ,

LA EXPRESIÓN

Fotografía de portada: Vicente Fernández

ÍNDICE
Págs.
PRÓLOGO INTRODUCCIÓN
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CAPÍTULO 1. L E N G U A J E Y E X P R E S I Ó N 1. 2. 3. 4. 5. Cuerpo. Mente y Espíritu Mecánica del habla El rostro y la voz Afectividad e intelectualidad Lengua Española 2. EQUILIBRIO Y SOLTURA CORPORAL

25 27 29 32 34 37 41 43 49

CAPÍTULO

1. Posturas corporales y estilo no-verbal 2. Ademanes: facilidad y soltura

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EL PODER DÉLA EXPRESIÓN ORAL ÍNDICE
Pá S

i I

$57 63 66 81 2. 3. 4. 5. Técnicas de la mirada al hablar en público Mirada y atractivo personal Cultura de la mirada persuasiva Recursos subliminales en la proyección de la mirada PODEROSAS INFLUENCIAS DEL ESPÍRITU ....

.Páss. 152 • 154 156 158 161 163 167 169 179 182 185 195 197 201
203

3. Vicios de expresión en el manejo de las manos 4. Oposición y resistencia 5. Hábitos que promueven una expresión oral fluida y persuasiva
CAPÍTULO

3. LOS CÓDIGOS DEL ESPÍRITU

CAPÍTULO 7.

1. 2. 3. 4. 5. 6.

El complejo fenómeno de la expresión oral Mente versus Espíritu Consistencia e Inconsistencia Fácil es «fácil» y difícil es «difícil» Evidenciando convicción Sentimientos y comunicación oral-corporal 4. HABLA. AIRE Y PERSUASIÓN

83 86 87 90 92 95 99 101 103 106 108 112 I]X 121 123 126 131 135 138 141 143 147 149

CAPÍTULO

1. Reconocimiento de la propia valía 2. Desarrollo de la fortaleza interior 3. Afirmación de la personalidad por medio de las interrelaciones 4. Usando la nueva fuerza al comunicar el pensamiento 5. El desafío de la renovación 6. Del Espíritu a la Sociedad APÉNDICE Lectoral Epílogo
BIBLIOGRAFÍA

1. 2. 3. 4. 5. 6.

Hablar bien o «ahogarse» Hablar con las cejas, no con la garganta Recursos para colocar bien la voz al hablar Pronunciando bien las palabras Aspereza de la voz y otras molestias Dominio del volumen de la voz 5. MENTE. ESPÍRITU Y COMUNICACIÓN

CAPÍTULO

1. 2. 3. 4. 5. 6. 7.

Aprendizaje, memoria y expresión oral Hablando al Espíritu interior Control del miedo a hablar en público Naturalidad y espontaneidad Atención a los sentimientos El cuerpo nos habla, probemos a escucharle Interacción y persuasión 6. MIRADA Y PERSUASIÓN

CAPÍTULO

I.

Mirar y ver

PRÓLOGO
Este libro es el fruto de más de veinte años de trabajo en la enseñanza de la EXPRESIÓN ORAL. Un largo periodo, durante el cual hemos hecho todo lo posible por colaborar con numerosos hombres y mujeres, de las más diversas edades, que se proponían «hablar bien», porque entendían que necesitaban hacerlo. En realidad, lo que buscaban era dominarse a la hora de hablar en público. Decir, con aplomo y seguridad, unas palabras en una reunión, presentar con éxito, un proyecto; exponer con habilidad y soltura natural, en un examen o en una oposición. En definitiva, dirigirse a una o más personas, por medio de la palabra hablada, en las más varias situaciones. Todos estos alumnos recordarán aquello de «las cejas». «Hablar con las cejas, no con la garganta» «Abrir bien la boca...», y tantas y tantas otras recomendaciones que reproducimos en las

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EL PODER DÉLA EXPRESIÓN ORAL

PROLOGO

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partes pertinentes de esta obra. Quizá recuerden, también, que mientras les entrenábamos para dar los primeros pasos en el camino de la oratoria, insistíamos en que se trataba de «hablar con el público», de actuar de la misma manera en que lo solemos hacer durante la conversación. Que en público, hay que «soltarse», levantando la voz en un tono superior al de la conversación, a fin de conseguir el volumen más adecuado. En una palabra, que, en lo que respecta a la EXPRESIÓN ORAL —dejando a salvo excepcionales situaciones de vehemencia—. hablar en público o conversar con un interlocutor, más o menos animadamente, es lo mismo. De allí que una buena parte de nuestro tiempo de clase, lo dedicáramos a «despertar» el cúmulo de potencialidades aletargadas bajo una gruesa capa de rigor intelectual, que solían traer consigo. A través de todos estos años, nuestra labor ha pasado ignorada para muchos de los que no fueran nuestros alumnos, y las propias exigencias del trabajo de cada día nos han impedido salir al encuentro de no pocas personas necesitadas de ayuda. Es más, hoy es frecuente que un gran número de profesores, de directivos, de dirigentes y de cuantos suelen servirse de la palabra, especialmente ante grupos más o menos numerosos, sufran de la garganta, padezcan afonías y problemas, aparentemente crónicos e insalvables, que se deben a no saber hablar bien. En su gran mayoría porque respiran mal al hacerlo, y, en no pocos casos, por no expresar facial y corporalmenle lo que dicen. Por eso, este libro tiene por finalidad salir al paso de una grave y compleja situación. Porque hablar de forma inexpresiva es malo para la salud de la población y, lo que es peor aún, daña írontalmente la cultura hispánica y la expresión oral-corporal de la lengua castellana. De ahí que, sin esperar a que los estudiosos establezcan precisiones científicas sobre la EXPRESIÓN ORACORPORAL, nos adelantemos a advertir a los padres, a los maestros y educadores, que hay mucha gente que se considera enferma y está sana; que, simplemente, habla mal. Que la expresión oral y corporal no puede estar sujeta a los vaivenes de la moda, que hoy

es así y mañana asá. Que HAY QUE HABLAR BIEN porque, si así lo hacemos, acrecemos en la propia autoestimación. afirmamos nuestra personalidad aprendiendo a valorarnos y a respetarnos y, por este camino, aprendemos a respetar, a aceptar a los demás y a cooperar con ellos. El título que hemos elegido: EL PODER DE LA EXPRESIÓN ORAL, sintetiza el enorme favor que la expresión oral-corporal, bien llevada a cabo, opera sobre nosotros y sobre nuestros semejantes, configurando al mismo tiempo LA MEJOR GIMNASIA DE ESPÍRITU que se pueda jamás acometer. Del Espíritu recogido en el mismo fondo de nuestro ser, amo y señor de la voluntad, del amor, de la fe. de la energía moral y de la capacidad de luchar en medios, fuertemente competitivos, como los que nos movemos y en los que unos y otros tenemos que salir adelante, con el necesario equilibrio, para la conquista de la vida en paz y felicidad.
ROBERTO GARCÍA CARBONELL

INTRODUCCIÓN
Fácil..., difícil. He aquí dos palabras que bien valen para poner a prueba nuestros hábitos de EXPRESIÓN ORAL. «Fácil» y «difícil» no significan lo mismo. Sin embargo cuántas veces se dicen con el rostro imperturbable. Otro tanto sucede con «grande» y «pequeño». Lo grande no es lo mismo que lo pequeño, pero se suele comunicar como si lo fuera. Esto tenía que llegar a ser así. Se ha dicho tanto sobre gesticular, que ya no se sabe bien cuándo nos expresamos y cuándo gesticulamos. «Una niña bien educada no debe hacer todas, esas caras.» «Lo "fino" es no gesticular.» «Gesticular no es de personas cultas.» Sí, puede que todos estos cuidados y advertencias no estén de más en muy determinados casos. Pero lo que no se nos ha dicho es en qué consiste gesticular y qué es expresar. Porque expresarnos es bueno, es sano, es leal y, sobre todo, respetuoso y afirmador de núes-

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EL PODER PE LA EXPRESIÓN ORAL

INTROOUCC1ÓN

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tra cultura y de los buenos hábitos de significar los mensajes orales. Por ende, para intentar comunicarnos mejor cada día. Establecer las bases de la diferencia entre gesticular y expresar corresponde a la sensibilidad de los «espíritus finos» —como decía Guittón—. por lo que no vamos a intentarlo. Eludiremos meternos en degresiones científicas para evitar, también, enfrentarnos con los estudiosos que lo hayan intentado; si es que lo han hecho. Por lo tanto, nos limitaremos a formular algunas observaciones que nos han servido de guía todos estos años, acuciados por la necesidad de fijarnos y de colegir acerca de cómo se expresa la gente en los más diversos rincones de España. Con ello, aclararnos lo suficiente como para guiar, de forma lógica y propicia, a quienes nos depositen su confianza. De ahí que, a nuestros propósitos, hayamos advertido que GESTICULAR es significar, totaJ o parcialmente, con un ademán o movimiento facial y/o corporal, aquello que se pretende comunicar. Aquí, el componente mental-intelectivo gravita sobre la intención o afán comunicativo. Por ejemplo, si decimos «grande» pretendiendo ayudarnos de un movimiento de brazos y de manos, que levantamos formando un semicírculo por encima de la cabeza. EXPRESAR es significar, total o parcialmente, con apoyo del entrecejo, las cejas, los párpados y el movimiento pertinente de cuerpo y cabeza, aquello que se quiere comunicar. Todo esta, revestido de un componente emocional-afectivo que habla, a su vez, de los estímulos emocionales que promueve en nuestro interior el tema, el asunto o el suceso de que tratamos. Apelando a un ejemplo, podríamos decir: «grande», alzando las cejas y abriendo un tanto más los ojos, mientras la cabeza parece agregar: «sí», «efectivamente», con dos ligeros desplazamientos hacia arriba y hacia abajo. En este caso, como en la inmensa mayoría de las expresiones orales, lodo el cuerpo participa, concretando una comunicación intelectual y afectiva al mismo tiempo. Volveremos sobre todo esto. Entretanto, tenemos a la vista todo un mundo para comenzar a movernos con las mejores inten-

ciones de arrimar alguna luz sobre lo obvio. Lo que se manifiesta, con su formidable poder significante y persuasivo, en los que saben hablar bien. Veamos, ahora, amigos lectores, lo mucho que podemos conseguir con un mínimo de dedicación y casi, diríamos, sin esfuerzo. Madrid, 1991

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LENGUAJE Y EXPRESIÓN 1. 2. 3. 4. 5. Cuerpo, Mente y Espíritu Mecánica del habla El rostro y la voz Afectividad e Intelectualidad Lengua Española

1. CUERPO, MENTE Y ESPÍRITU Desde la perspectiva de la expresión oral pueden distinguirse claramente tres componentes que podríamos calificar como partes capitales del pequeño Universo de los seres humanos. A saber: Cuerpo. Mente y Espíritu. Cada"uno de estos componentes tiene una responsabilidad básica en la comunicación oral-corporal, que se corresponde como sigue: CUERPO MENTE ESPÍRITU

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Imagen

Mensaje

Expresión

El CUERPO detentará la imagen que daremos a los demás en todo momento y a su sola vista. Lo que hace que tengamos una

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. LENGUAJE Y EXPRESIÓN

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U'^-ií-, . |

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única oportunidad de causar la «primera impresión». Hablamos, naturalmente, del cuerpo vestido y del arreglo personal que las circunstancias aconsejen. La MENTE es el componente_racional de la comunicación. Por IoTañto, la responsable del mensaje. Tiene a su cargo el conjunto de ideas que, previamente ordenadas, estarán dispuestas para su comunicación lineal. O sea, mediante su organización lógica y con arreglo a la sucesión de palabras que se acomodarán, oportunamente, una detrás de la otra, para componer la dimensión apropiada de lo que pretendamos decir. Los conocimientos, rodeados del hábito de su transmisión, bastarán para comunicar el mensaje. La falta de los elementos básicos y de la experiencia, en su caso, requerirán la necesaria preparación, sin la cual precipitaríamos al fracaso las mejores intenciones; como tantas veces suele suceder. El ESPÍRITU es el amo de la expresión. Tiene de su cargo todo el conjunto significante que rodea a las palabras-en la comuni cae ion oral, y se activa al abrigo de dqsis^pjgpicias de emoción. Al Espíritu se le sujeta la capacidad interpretativa del cuerpo, que vendrá obligado a vibrar en su totalidad, para concretar la imagen y sonido requeridos para trasladar el pensamiento de manera efectiva. Si la comunicación fracasa, porque la mente del que habla se ha quedado «en blanco», porque los «nervios» han desbaratado todo el esfuerzo volcado en la preparación, porque tiemblan imparablemente las piernas, porque la voz ha cogido un trémolo irreversible o porque se seca definitivamente la boca. estaremos en presencia de las más conocidas variantes que arruinan, tantas actuaciones y que configuran auténticos pro. piernas de COORDINACIÓN FÍSICA. Éstos no son otra cosa que el producto del bloqueo o de la interferencia de las resrjgctivas funciones de: cuerpo.juente y espíritu que, por distintos factores que analizaremos oportunamente, no pueden concretar su contribución.

Esto es lo que ha llevado a pensar que el orador «nace». Que. si no se tienen las cualidades requeridas para hablar en público, es mejor no hacerlo. Entendemos que el problema se debe a que, en el ser humano, CUERPO, MENTE y^SHRITl¿se presentan en una^aparente uni•dad, pero configurando verdaderos compartimentos estancos. Cada uno tiene una función qué-cumplir y, para interacíuar al servicio de la MENTE, sujetándosele, a fin de llevar a buerr término determinadas actuaciones, tiene que mediar la necesaria preparación. X En esta tarea, el entorno cultural, la acción de los padres y de los educadores, es fundamentad Como se ejercita de forma tan anárquica como ignorante, el resultado es lo que tenemos cada día. Unos hablamos de una manera, otros de otra y. pensamos que las cosas son así: que cada uno es como es. En este libro pretendemos dejar, lo más claro que nos sea posible, que el problema tiene remedio y que la EXPRESIÓN ORAL no es un asunto a descuidar. No ya sólo porque entraña la posibilidad de servirnos de un formidable poder de comunicación y de persuasión, sino porque resulta indispensable para el equilibrio armonioso de nuestra realidad humana total. Por ende, para la salud e invariablemente, para generar óptimas comunicaciones orales y llegar a dominar el arte de hablar bien en público.

2.

MECÁNICA DEL HABLA

En general, como decíamos, todos hablamos de una u otra forma. Quizá, por lo mismo que al ser humano hablar le es obvio, el hecho haya determinado que no reparásemos en la forma en que se concreta este fenómeno —diríamos PORTENTO— en cada uno de nosotros. En nuestros primeros tiempos de enseñanza de la oratoria en España, se nos presentó un señor que venía con la esperanza de

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resolver su problema de laringitis crónica. En cuanto comenzó a hablar, advertimos que tema una afonía originada, presumiblemente, en lo mal que hablaba. Antes de que nos dijera nada sobre su malestar, le señalamos: «Padece usted una dolencia crónica de la garganta.» Reaccionó sorprendido porque, ¿cómo podíamos saber que su dolencia era crónica, si aún no nos lo había dicho? Hubimos de aclararnos diciéndole: «es que usted no mueve las cejas y, de otra parte, toma mal el aire para hablar» Demás está decir la cara que puso. De buen seguro que se habrá preguntado: «¡adonde me he venido a meter! Esta gente está mal de la cabeza. ¿Qué tienen que ver las cejas con la garganta?..,» Menos mal que este señor superó rápidamente el efecto que, a las claras, le habían hecho nuestras palabras y nos permitió servirle. Por cierto que resolvió su problema. En realidad estaba fundado en un esfuerzo irracional dirigido a lesionar, involuntariamente, la mecánica del habla. Hasta aquí la anécdota. Veamos ahora cómo se materializa el habla, a partir de su primerísima instancia en los arcanos insondables del espíritu interior. Supongamos que. en la MENTE, se presenta un determinado propósito de comunicación. En ese mismísimo instante, se activa todo el sistema por la acción del ESPÍRITU. «Programa» los circuitos nerviosos que se verán comprometidos en la imagen y sonido del mensaje en cuestión y dispara el rayo de energía destinado a ponerlos en marcha. Bien podríamos comparar este fenómeno con una tarea que se pretenda procesar con ayuda de un ordenador. De una parte, el ordenador y sus componentes capitales para funcionar (cuerpo). De otra, el mensaje y el programa a utilizar (mente), y. por último, el experto operador que dará las instrucciones pertinentes (espíritu). A todas luces falta algo más: el cuarto factor, la ENERGÍA. Si el ordenador no está conectado a la red con su Huido o dispone de las baterías o fuentes de alimentación energética, no podrá funcionar aunque todo lo demás sea, verdaderamente, perfecto.

Algo muy similar sucede con el habla,: Estando sanos, disponemos de la suficiente energía para materializarla. Estando enfermos, la voz viene ronca y pobre y, otras veces, no acude a los labios, que apenas si pueden moverse. Es obvio que todavía falta algo más, porque en el momento de concretarse el habla, el Espíritu dispone de la «masa de aire» que necesitará la comunicación de las palabras. Separa de la memoria las que formarán parte del vocabulario espontáneo (no pensado) y promueve la EXPRESIÓN correspondiente, actuando sobre los circuitos nerviosos «comprometidos» en el proceso, por medio del rayo ele energía. En una palabra: ¡maravilla pura! Pues bien, todo este portentoso e intrincado proceso se verá afectado de alguna manera , en su perfección, si el cuerpo no colabora, oportuna y convenientemente. Por ejemplo, si el rostro se muestra entumecido por la falta de buenos hábitos de expresión. Si la postura no es la idónea para lanzar la propuesta expresivoemocional que servirá de soporte afectivo' al mensaje. Si el que habla intenta dirigir, deliberadamente, la participación de sus brazos y de sus manos en el quehacer expresivo. De ahí que el habla sea un todo coherente y perfecto. El fruto de un entendimiento misteriosamente efectivo de CUERPO y de MENTE, guiados por el accionar del ESPÍRITU con una velocidad y perfección absolutamente extrañas a nuestro limitado entendimiento. Y todo esto subordinado a un propósito de neto cuño mental, como es el interés y los objetivos que pretende lograr con su palabra quien la utiliza. Es por esto que tantas veces hemos dicho a nuestros alumnos y divulgado en múltiples charlas y conferencias: «Si tuviéramos que enseñar "EXPRESIÓN ORAL", una larga vida de dedicación apenas si conseguiría un lamentable muestreo. Más, como el

Traíamos sobre «afectividad» y su comprensión desde la perspectiva de la EXPRESIÓN ORAL, en el subternu 4. de este capítulo. (N. del A.)

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ESPÍRITU de cada uno de nosotros tiene en sus manos la perfección, es definitivamente posible salir adelante, discretamente bien, en los limitados términos de un curso intensivo de tan sólo dos días como lo venimos demostrando, con cada grupo de trabajo, desde hace más de veinte años.»

3. EL ROSTRO Y LA VOZ La relación del rostro con la voz es evidente. Las emociones, los diversos estados de ánimo que se reflejan en el rostro, pasan a gravitar sobre los tonos y colores de la voz, sea en favor o en contra del que habla. Con tal motivo, hoy es bastante frecuente la recomendación de «sonreír» al acoger por teléfono. Por supuesto que con el mejor interés de causar una grata impresión a quien llama, en particular si se trata de un cliente o de una persona a la que se quiere «recibir» con simpatía y afecto. El consejo es bastante conocido y no deja de ser útil divulgarlo para potenciar el buen uso del teléfono. Es menos conocido el hecho de que exista una relación directa entre la expresión facial y la salud, lo que da origen a que los problemas de garganta se multipliquen entre la población del mundo occidental. Se pretexta que vienen originados por la contaminación que caracteriza a la mayoría de las grandes ciudades, pero también se suceden en las que no lo son tanto. Pensamos que la causa principal radica en que la gente, sobre todo la más preparada, se expresa, en general, muy mal. Con esto no estamos refiriéndonos a que no respire bien para hablar —cosa que suele suceder en muchos casos, como lo veremos en sg lugar—, sino a la falta de expresión facial en las comunicaciones habituales y, en mayor medida, en las profesionales y de estudio. Podemos decir, sin temor a equivocamos, que por lo menos un 50 % del profesorado medio y univershario padece de diversas afecciones de garganta, que le llevan a tolerar, a lo sumo, entre tres y cuatro horas de clase por día.

Todo esto nos está diciendo que, la EXPRESIÓN FACIAL no ha de considerarse como un asunto caprichoso. Por el contrario, configura un tema de interés preferente para todo el mundo, cualquiera que sea su actividad. Porque la dulzura de la voz y la salud de la laringe están sujetas de la buena expresión, como el espíritu • lo está del cuerpo en que mora. El problema que pfantea este tema es el de saber; «intelectualmente», cómo ha de reflejarse en el rostro, de forma afectiva y efectiva, determinada palabra o expresión. En este sentido, solemos decir a nuestros alumnos que tenemos que dejar que el ESPÍRITU opere desde nuestra interioridad, pues en verdad_que_ es el único que sabe reflejar perfectamente el mensaje^ Esto no significa que no podamos hacer nada de nuestra parte. Por el contrario. Unos ejercicios que nos lleven a mover simultáneamente las cejas hacia arriba, relajándolas de inmediato, para pasar a fruncir el ceño y luego soltarlo, dejándolo distendido, completarían una secuencia propicia que convendrá repetir cada día de ocho a diez veces ante un espejo. (Figs. 1 y 2.) Desde otro aspecto, podemos mejorar la movilidad expresiva general, cuidando de HABLAR SIEMPRE EMOCIÓN A L M E N ^ - . TE. haciéndolo con gusto y ganas. Lo que es lo mismo que decir evitando conversaciones despojadas de interés, en las que no se ponga k decidida voluntad de significarse facial y corporalmente. Lo que, en definitiva perseguimos, es ganar una tXPKhS1ÓN que. reflejada ante un espejo, nos dé clara impresión de coincidencia con el sentimiento que pretendamos plasmar en aquel preciso momento. En caso de duda, podemos probar con una forma distinta o con la contraria a la reflejada. Inmediatamente advertiremos cuál es la que deja manifiesto el sentimiento en función del mensaje o palabra que pretendíamos significar. Esta prueba se parece a la que solemos usar con las dudas ortográficas. Comparando la palabra escrita de dos formas, la correcta suele saltar a la vista. En el caso de la EXPRESIÓN ORAL, a diferencia de la memoria del grafismo. la respuesta emerge del

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código interior. El mismo código que nos habla del estado de ánimo o de la posible intención de un semejante en una situación cualquiera de comunicación.

4.

AFECTIVIDAD E INTELECTUALIDAD

Presionados por una desproporcionada enseñanza de la gramática y de la expresión escrita del idioma, los que presumimos de ser medianamente cultos o intelectuales hablamos como tales. O sea, con un discreto vocabulario, haciendo gala de frases más o menos bien construidas y apropiadas. Todo esto sin la menor atención a las pausas, a las inflexiones de la voz y a la expresión facial y corjrofjir.

Con estas limitaciones solemos ganar el apelativo de personas «sin gracia» o inexpresivas. Peor aún. que no tenemos sentimientos o que somos lo suficientemente falsos para disimular y aparenlar lo que nos conviene... Y, en verdad, que lo que padecemos es de un lamentable enrigidecimiento. que nos lleva a trastornar la expresión facial y corporal en nueslros cormictos personales de~ todo orden. En una palabra, que se nos ha formado para cuidar nuestro vocabulario y el contenido de lo que intentemos transmitir. De ninguna manera de la forma en que lo hacemos al hablar. Fondo y no forma. «Qué» y no «cómo». Intelectualidad sin afectividad. Por eso estamos faltos de muchos y de buenos oradores. La diferencia entre intelectualidad y afectividad es. de una parte, de naturaleza física y tiene que ver con la región cortical del cerebro y con el hemisferio izquierdo que se ocupa de los aspectos_, semánticos y de la racionalidad. Esto es : INTELECTUALIDAD. Por ejemplo, si decimos: «Una parcela de 40 por 50 metros» (estimación intelectual). La AFECTIVIDAD tiene que ver con el hemisferio derecho . del cerebro y la llamada región «talámica», que atiende, entre oirás muchas lunciones. al empleo del vocahularin esprnuánco del habla y a todos los aspectos emocionales de la conducta y de la comunicacíorí. Para el caso del ejemplo dado, sería: «Una parcela grande» (estimación afectiva). Según señalábamos al considerar el Universo pequeño del ser humanos2, a la afectividad le tocaría el papel del ESPÍRITU, y a la intelectualidad: el de la MENTE. A l a afectividad , el «CÓMO». A la intelectualidad, el «QUÉ». De manera que. con los estudios hemos aprendido a respetar y a cuidar nuestra manera «intelectual» de hablar, lo que es bueno.

«Cuerpo. Menie y Espíritu. Al cuerpo la imagen, a la mente el mensaje y al espíritu la expresión.» [N. ilclA.)

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y, en la misma medida, hemos tirado por la borda nuestra habilidad de significar, «afectivamente», nuestra comunicación verbal, lo que es lamentable. Hoy comenzamos a darnos cuenta de este gravísimo error. Porque lo que hemos conseguido —dejando de lado la afectividad— es el fracaso de nuestras conversaciones profesionales y de negocios, afectando, con el deterioro de las habilidades expresivas, a las comunicaciones más exigentes. Perdiendo los mejores atribuios para sacar adelante relaciones óptimas entre padres e hijos, profesores y alumnos, jefes y colaboradores, líderes y seguidores. El hombre no es medio cerebro. No es hemisferio izquierdo más parte cortical. No es intelectualidad en estado puro. Es una compleja totalidad en la que interactúan los diversos mecanismos del entendimiento cerebral que. a la hora de su manifestación, se concretan SIEMPRE con el auxilio del CUERPO. Y el cuerpo, si no está entrenado, si no es sensible y plástico intérprete de la comunicación, la deteriora, la colapsa y la lleva al fracaso. La necesidad de contar con la participación de TODOS: hombres, mujeres, jóvenes y niños, que antes se «sujetaban» con relativa facilidad, exige pulir y perfeccionar las herramientas de persuasión que conlleven el compromiso humano-personal-directo, como las de la EXPRESIÓN ORAL-CORPORAL, a fin de gestar el camino de la cooperación. Poner en marcha todos los recursos para ganar la convivencia pacifica, de la mano de los espíritus creativos y emprendedores que saquen adelante, con éxito, las más grandes empresas humanas, con el decidido apoyo de la TOTALIDAD de cada persona. De su cuerpo, de su mente y de su espíritu. De no ser así, jamás podremos salir adelante en la «pequeña Tierra», cada día más poblada por gente que padece a la vista de los que «hiperviven» y de los que «la pasan bien». De allí que la AFECTIVIDAD haya de regresar a nuestros hábitos verbales, respetando y comprendiendo su misión al servicio de todas estas cosas y de tantas otras más.

5.

LENGUA ESPAÑOLA

Nuestros cursos nos han llevado por toda la geografía española y siempre nos ha inquietado advertir si hay una LENGUA ESPAÑOLA y. en su caso, en qué consiste. En verdad quTía hemos visto reproducirse en todas partes y con diversos idiomas. Por esto, con el mayor respeto de oirás opiniones más ilustradas, pensamos que la LENGUA ESPAÑOLA está presente en rodos los idiomas de España y. de forma singular en el castellano. En definitiva, que es el componente NO-VERBAL íntimamente ligado al estilo comunicativo-expresivo de la gran mayoría del pueblo español. En una de nuestras obras ' aludimos a esta interesantísima cuestión, con el título: «Orden del énfasis.» Título que traduciríamos aquí como manifestacIorTTfsica o facial-corporal y sonora del • mensaje hablado. Porque la Lengua Española respeta aparentemente un orden. Arranca con el impulso generado por la energía que dispara el cerebro, en el instante primerísimo de comenzar a hacerse la palabra que terminará en imagen y sonido. Prosigue comprometiendo la movilidad del rostroTa^nVañdóT desde allí a rodo el cuerpo, para terminar accionando los brazos y las manos.
0 M-a:

G -'figr — — —

Palabra (impulso enej^éticp^rim_ergj1_ Rostro (expresión y articulación). Cuerpo (movilidad significativa). . Ademanes (remate de brazos y de manos).

c/

Pese a que, para no pocas circunstancias, el mensaje parece venir significado «en tropel», el ORDEN existe. Se advierte a tra-

1 GARCÍA CARBONEO.. R.: Todos pueden hablar bien. pág. 57. Ediiorial Edaf, S. A.. Madrid. 1981.

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vés de lo que sucede cuando este orden se altera. Por ejemplo, si ames de salir la palabra de los labios, la movilidad se resuelve a partir del ademán, al que le sigue lodo el cuerpo, luego el rostro y. filialmente, la palabra. A este fenómeno le hemos venido llamando «alterar el orden del énfasis», y clasificado como uno de los recursos corporales afectivos^?gran efecto, para reforzar el poder de la palabra. En general, es dable observar este recurso en pasajes vivamente emocionales o vibrantes del hablar español. Por supuesto que, en línea con la bien llamada «sal de España» que se hace presente en tantas buenas ocasiones. Unamuno decía que Cervantes no ha escrito el Quijote, como solemos llamar comúnmente a su preciosa novela universal. Decía que la había escrito España. Y esto tiene mucho que ver con lo que aquí venimos a comentar. Si observamos el monumento a Cervantes sito en la madrileña Plaza de España, veremos a Don Quijote con su huesuda cabalgadura y a Sancho Panza en su asno. Este monumento, más que a Cervantes.loes_a ja Lengua Española. Al estilo de hablar de un español (no delXN.L). expresándose con gusto y ganas, emocionalmente. como en verdad corresponde a una comunicación oral-corporal llena de humanidad. Ahora, permítasenos extrapolar. Traslademos las imágenes referidas del monumento, «a la Lengua Española». Veamos en la lasca de cualquier pueblo de España a sus gentes conversando y tendremos inleractuando entre las palabras y expresiones a Don Quijote y a su fiel escudero en franca expansión. Porque Don Quijote se nos muestra, con su esmirriada figura, como espíritu casi en estado de pureza. Como tal. atrevido, emprendedor, afirmador, dilemático. jugándose a la primera de cambio y dogmatizando con todo lo que tiene o lo que cree tener. Sus medios, un jamelgo que apenas puede aspirar al título de caballo. Sus actos son para tantos empeños el fruto de confundir «mapas» y «territorios», molinos de viento con enormes y poderosos gigantes. El fruto aparente de una gran confusión, pues no está loco. Hace «locuras», pero no lo

está. Lo demuestra en la cordura de su inigualable sabiduría. De «locos» es la aventura del descubrimiento. Unamuno vuelve a decir: «Colón no descubrió América, la descubrió España». Siempre al lado de su ¡lustrísimo Señor, Sancho Panza, también siempre fiel y próximo a la fuerza de su asno paciente y permanentemente dispuesto a cargar con la estupenda humanidad de su amo grueso, barrigón, apegado a la buena mesa y poco más, pues con este Sancho, ya tenemos los componentes de la LENGUA ESPAÑOLA: «ESPÍRITU y CUERPO», dejando a la intelectualidad y a la MENTE su presencia necesaria: casi, la justa. El ESPÍRITU, reflejado en la muy atrevida manera de defender y de afirmar tantas cosas a la primera. De confundir «mapas y territorios» y de jugarse por ello, marchando temerario a luchas desiguales, con auténtico desprecio de la muerte. Con sus exiguos recursos lanzándose sobre los gigantes que obnubilan el horizonte con sus poderosas siluetas, con sus fuertes y largos brazos o al océano infinito en pos de, casi, un sueño: ¡América! Este es el espíritu, vibrante en la EMOCIÓN, en la mirada, en las inflexiones de la voz y en los tonos, colores y dulzuras en que se reconvierte el castellano: como idioma, aparentemente, duro. De otra parle, el CUERPO. Expresado, contundentemente, en la masa carnal del escudero, que sabe de «las cosas buenas» y que las disfruta mejor que nadie, toda vez que puede. En el hablar del español, el cuerpo tiene —inmediatamente después del conjunto significativo de cejas, entrecejo y párpados— un papel dominante que muere y termina en los ademanes. Por esto, quien habla bien, en lo que respecta a la EXPRESIÓN ORAL-CORPORAL de la LENGUA ESPAÑOLA, moviliza convenientemente su rostro, vibra corporalmente —hablando con TODO su CUERPO—, completando su hacer significalivo-emocional. con la propiedad de ajustados y precisos ademanes. Intelectualidad y afectividad se funden en el estilo singular de la LENGUA ESPAÑOLA y. como dejamos reflejado, en el idio-

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ma castellano, al que le brinda la dulzura que necesita, con las mil y una posibilidades de la voz, en la más armoniosa y perfecta síntesis expresivo-emocional-comunicativa. Ésta es la LENGUA ESPAÑOLA. El inmenso poder de un espíritu que se significa. De un espíritu que emerge desde la profundidad irrazonable de su inconsciencia, para clarificar y definir, apropiadamente, el pretendido mensaje de una comunicación oralemocional. La lengua se sirve en España, de los idiomas de España. En el mundo entero, con la preferencia del idioma castellano que. volvemos a decirlo, torna dulce y suave por las infinitas posibilidades expresivas que, la lengua y la cultura de España, van disponiendo en sus hijos.

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EQUILIBRIO Y SOLTURA CORPORAL 1. 2. 3. 4. 5. Posturas corporales y estilo no-verbal Ademanes: facilidad y soltura Vicios de expresión en el manejo de las manos Oposición y resistencia Hábitos que promueven una expresión oral fluida y persuasiva.

1. POSTURAS CORPORALES Y ESTILO NO-VERBAL La expresión oral requiere, para concretarse en todo el cuerpo, de una pre-disposición física. A esta «base de arranque» de la expresión la hemos venido llamando en nuestros cursos sobre el tenia: «posturas físicas de base». Se trata de un conjunto de posturas en las que el"elemento dominante es el equilibrio corporal inestable. Como lo referimos al hablar sobre la «mecánica del habla», un «rayo de energía» se dispara del cerebro en el mismo instante de materializarse el habla. Recorre la geografía nerviosa que. el Espíritu ha dispuesto interesar, a fin de concretar la imagen y sonido que transmita el mensaje de forma plena, efectiva y segura. Esta energía que libera el cerebro no tiene en sí misma la fuerza suficiente para «desapollronar» el cuerpo y. en general, la expresión queda bloqueada por una «falsa» contribución corporal.

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Y esto viene ocurriendo a diario, en muchos casos, generando lo que podríamos llamar «expresiones a medias». Por esta misma razón y con una u otra ayuda del muestreo lamentable que estamos acostumbrados a recibir en este sentido, la inconsistencia' configura uno de los vicios más comunes de la EXPRESIÓN ORAL. Por supuesto que forma parte del «estilo» de quienes, cada día, tienen que establecer comunicaciones con el favor de la palabra hablada. No vaya a pensarse que —cuando anteponemos la necesidad de observar determinadas posturas físicas para favorecer la expresión oral-corporal—. lo hacemos llevados de una rígida o caprichosa manera de abordar el problema. En verdad que nos sentimos, perfectamente encuadrados en la muy saludable amonestación que nuestros mayores nos han sabido dar con aquello de «¡ponte derecho, si parece que has nacido cansado!» Con éstas y~ otras parecidas instrucciones, tantos y tantos padres no sólo atendían a la salud de nuestros huesos y. en particular, de nuestra espalda, estaban vigilando la misma esencia de nuestra manera de hablar y de los buenos hábitos de las posturas erguidas esenciales a la salud y al buen tono muscular. Dígase otro tanto, cuando nos exigían abrir bien la boca para hablar, con aquellas sugestivas palabras: «Abre la boca... si parece que te cuesta hablar». «Habla bien que no se entiende lo que dices»... Con éstas y con otras parecidas formas, han venido requiriendo el concurso de nuestro hablar «expresivo-einocional» más atinado y conveniente. Los cuidados paternos tienen mucho que ver con la forja del espíritu español a través de la lengua. Por supuesto que no han

perdido actualidad: todo lo contrario. Hoy. que venimos pagando un alto precio social, por una educación excesivamente liberal y permisiva, es más importante que nunca. Como prueba de lodo esto, sugerimos reflexionar sobre la cantidad de personas que padecen todo tipo de enfermedades de la columna vertebral y la legión de los que tienen problemas con la voz y que sufren de la garganta por no saber hablar bien. Dicho esto sin contabilizar los que padecen de faringitis crónicas, excesos de salivación, que les llena de "agua" la boca, incapacidad para potenciar el volumen y pérdida del equilibrio del ritmo que los lleva a «disparar» y a aturullarse. En definitiva, un gran número de personas, en su mayoría sanas, con fallos que se muestran como vicios o verdaderas enfermedades que. en no pocos casos, se originan en pequeños desajustes y en malos tratos del habla o, mejor dicho, de la correcta EXPRESIÓN ORAL-CORPORAL. Con todo este entendimiento, pasemos a explicar someramente las posturas corporales «de base». A saber: a) b) c) d) De pie. Caminando. Sentados «intelectual». Sentados «social».

Considerémoslas en particular: a) De pie: En este caso, el cuerpo adopta una postura erguida y distendida al mismo tiempo, descargando su peso a plomo sobre los arcos de los pies que deberán estar perfectamente paralelos. Lás~óre¡as se mostrarán en línea sobre los hombros que, a su vez, caerán naturales en su sitio por efecto de la propia postura que tira hacia arriba de la columna vertebral. La cadera girará ligeramente provocando la natural presión de los glúteos y activando la fuerza de los músculos del vientre, que lo llevarán hacia adentro sin sacar pecho. En esta posición las rodillas quedarán

' La INCONSISTENCIA aparece cuando el cuerpo no acompaña o, peor aún. contradice e1 mensaje de las palabras. Por ejemplo, decir que «NO» moviendo afirmativamente la cabeza. Traíamos en particular sobre la inconsistencia en el subiema 3 del capítulo 3, dV. del A.)

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relajadas, y el conjunto evitará una impropia tensión sobre la región lumbar. (Ver figs. 3 y 4.)

b) Caminando: A partir de la correcta posiura de pie, cabe impulsar el cuerpo hacia adelante para concretar el desplazamiento. Se plasmará en: tacón, arco, parte delantera de la planta, dedos de lóITpíes. Las piernas se balancearán, desde las caderas «quietas», con una ligera flexión de las rodillas, impulsando Tos pies recios al frente, sin provocar ningún movimiento rítmico secuencial de los hombros. Los brazos, sueltos, recibirán el impulso que les prodiga el desplazamiento, contribuyendo con su movimiento pendular a ganar un mejor equilibrio de todo el cuerpo en marcha. (Fig. 5.) c) Sentados «intelectual»: Esta postura de sentados y erguida, permite sostener estirada, sin tensión, la columna ver-

tebral, gracias a un ligero giro de la cadera hacia adelante destinado a soportar sobre los huesos de la pelvis el peso del torso. Esta postura tiene que conseguirse sin tensión sobre la región lumbar y se corresponde, perfectamente, con la de la Escuela Española de Equitación. El equilibrio del torso permite neutralizar buena parte del peso de los brazos que, si se manejan activando los antebrazos desde la perpendicular hombroscodos, mostrarán unos movimientos muy sueltos y naturales, en los que las manos se «despegarán» de la mesa, en su caso, al primer estímulo. La postura de sentados «intelectual» es, como su nombre lo señala, especialmente indicada para favorecer la lectura y el estudio, escribir a máquina, trabajar con ordenadores y participar en reuniones o hablar en público desde la posición de sentados a una mesa. (Fig. 6.)

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d) Sentados •'.social": Esta postura es en todo igual a la anterior. La diferencia se concreta respecto del lugar que ocupa sobre el asiento. La primera o «intelectual», como vemos en la imagen, se asienta sobre la mitad delantera. Ésta descargará su peso sobre el mismo fondo del asiento, quedando desplazada hacia atrás. No obstante, la espalda, que guardará su vertical, evitará la descarga de peso sobre el respaldo. La denominación de «social» para esta postura, obedece a la necesidad de ocupar el asiento que se puede ofrecer, sin distraer al interlocutor usando, sin razón aparente, la mitad delantera del mismo. Dicho esto con mayor razón, en el caso de no utilizarla en la posición de sentados a una mesa. (Fig. 7.) En definitiva, insistimos en que las posturas físicas «de base» erguidas y distendidas y logradas con respeto del conveniente equilibrio corporal, son elementales «puntos de partida» para

LIBERAR una expresión oral natural y plenamente significativa. Por lo que recomendamos especialmente su práctica, hasta dominarlas y conducirse sin el lógico enrigidecimiento de los primeros momentos del aprendizaje. Al cabo de siete o diez días, podrán dominarse'con soltura y. en su consecuencia, disfrutar de las venlajas de consolidar unos hábitos posturales excelentes y definitivos para una EXPRESIÓN ORAL fluida y persuasiva.

2. ADEMANES: FACILIDAD V SOLTURA Las veces en que un orador experimentado, un político, un actor, una actriz, un profesional de televisión o un directivo, nos han consultado con el propósito de perfeccionar sus habilidades

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expresivas, han comenzado, normalmente, por lo mismo: «Hablo bien, lo que me sucede es que no sé qué hacer con las manos.» «Hasta pienso que éste es mi único problema» «¿Podrían ustedes darme alguna técnica o "truco" para manejar bien las manos a la hora de hablar?» Nuestra respuesta solía comenzar por el mismo razonamiento: «Es que usted quiere mover las manos. Y, en verdad, para que todo salga bien, el que las tiene que mover es su ESPÍRITU.» En todos los casos, estas palabras generaban la consabida mirada de asombro: «¿Qué es esto de que '"mi" ESPÍRITU las venga a mover en mí?» La conclusión era bastante sencilla: De las tres grandes partes comprometidas con el uso de la palabra hablada: «CUERPO, MENTE y ESPÍRITU», es este último el que tiene a su cargo la EXPRESIÓN del mensaje. Las manos, requeridas por el proceso general significante, rematan el acento expresivo que haya que poner al servicio de la comunicación. Por lo que cumple con su accionar bajo la directa participación del ESPÍRITU. Si somos nosotros —digamos «MENTE»— los que pretendemos canalizar o gobernar el movimiento expresivo de los ademanes, terminamos en una suerte de «vaivén», que nada tiene que ver con el remate significativo del mensaje en cuestión. Actuando, por supuesto, visiblemente despojados de la naturalidad y de la gracia que conformaría el procedimiento en manos de su «titular».

cen liberados, en el decir de las personas bien educadas y entrenadas, en las que se manifiesta, aparentemente de forma espontánea, la «LEY DE LA SOLTURA NATURAL DE LOS ADEMANES». Esta ley contiene dos postulados básicos. A saber: 1. El CUERPO mueve los brazos. 2. El ROSTRO mueve las manos. De modo que cuando nos damos a la tarea de hablar bien (léase de forma expresivo-emocional), el proceso revierte la imagen ideal de una conducta desenvuelta y propicia. Aquí, el CUERPO (nuestro cuerpo) mueve los brazos (nuestro rostro. Básicamente, el conjunto de cejas, entrecejo y párpados, mueve nuestras manos. Lo que es lo mismo que decir, que no tenemos que interferir mental o voluntariamente en el proceso de EXPRESIÓN que toca a los ademanes. Para llevar a la práctica esta ley. será menester contar con lo siguiente: 1. Partir de una postura de perfecto equilibrio corporal inestable o «postura física de base». 2. Comenzar a hablar olvidándonos de las manos, aplicándonos a «mover» el cuerpo, a fin de que éste active los brazos. 3 Hablar emocionalmenle. reflejando en nuestro rostro los sentimientos que experimentamos mediante la acción propicia de cejas-entrecejo-párpados para que el «rostro» mueva las manos. 4. Apelar a los RECURSOS de una mano «a mano» y de dos manos «a mano», para tener las manos cerca: facilitando, de esta suerte, su participación. (Ver figs. 8 y 9.) 5. Tener presente las PAUSAS de los ademanes que sugerimos enseguida y que nos permitirán «salir del paso» cuando nos «encontremos» con las manos delante, tomando conciencia de sus evoluciones. Estas «pausas» son

LEY DE LA SOLTURA Pero ¿cómo llegar a la solución? Pensamos que mucho más fácilmente de lo que se suele creer. A tal fin. comencemos por tener en cuenta que los brazos cuelgan en «caída libre» desde los hombros. Si cuentan con el concurso de un cuerpo en perfecto equilibrio «inestable»—que vale para contrarrestar los efectos dañinos de la fuerza de la gravedad—, virlualmente. NO PESAN. De allí la singular plasticidad de sus movimientos, cuando apare-

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absolutamente propias en determinados pasajes del discurso o de la charla en los que. transitoriamente, no tengan cabida los ademanes. Comentemos por su orden y a continuación estas dos socorrtKiísimas «salidas» por la vía natural: Los RECURSOS y las PAUSAS.

RECURSOS a) Una mano «a mano». h) Dos manos «a mano». Si colocamos una mano relajada y caída, con la palma hacia adentro a la altura de la cintura o mejor aún. ligeramente por

debajo de ésta, advertiremos que nos facilita enormemente las cosas. Hablaremos, valiéndonos de este auxilio, con una soltura inusitada. Pero esto no será suficiente. Convendrá de tanto en tanto actuar con las dos. recurriendo a colocarlas en la posición indicada. Las tendremos «disponibles» para concretar una actividad que. el cuerpo y el rosiro, de la mano del ESPÍRITU, asociarán al mensaje en perfecta sintonía natural expresiva. De vez en cuando, las manos han de sustraerse para bajar la presión sobre los interlocutores o el público. Para ello, convendrá llevarlas al reposo-activo de la postura física «de base» que corresponda, según estemos de pie o sentados, durante los breves momentos en que no tengan que actuar. Estas «pausas», realizadas con arreglo a cuanto proponemos más abajo, rematarán nuestra gama de «salidas» naturales al «problema de las manos». Dispondremos, en consecuencia, de un variado muestreo que el ESPÍRITU vendrá armonizando en nosotros a medida que transmitimos el mensaje. Las PAUSAS que sugerimos respecto de los ademanes, son las siguientes: PAUSAS Aeluando.de pie: 1. Postura física «de base». (Fig. 10.) 2. Brazos cruzados delante del cuerpo. (Fig. 11.) 3. Brazos estirados delante del cuerpo con dedos entrelazados. (Fig. 12.) 4. Brazos estirados delante del cuerpo con manos superpuestas. (Fig. 13.) Con estos soportes la imagen deja a la vista las manos, favoreciendo el desenvolvimiento exitoso. Lo dicho nos da pie para sugerir que conviene relegar a las circunstancias en que la imagen personal no juegue un papel espe-

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tras se habla, resultan apropiados y nadie repara en ellos. Además, son la clave para no tener más problemas con las manos al hablar y la mejor forma de dejar a un lado el «boli», el «cigarrillo», los papeles y tantos otros elementos que dispersan la atención de los presentes y del público en general. Cuando caigamos en la cuenta del accionar «espontáneo» de nuestras manos, para no interferirlo, las abandonaremos a cualquiera de las varias posibilidades de «pausa», hasta que reanuden espontáneamente su actividad expresiva de la mano de un mensaje emocionalmenle bien emitido.

Actuando sentados a una mesa: Hay ligeras diferencias, en el empleo de los ademanes, cuando se trata de hablar sentados a una mesa. En este caso, la postura «de base» que presidirá y dará propiedad a su soltura y gracia, será la «intelectual» o la «social», que podrán usarse alternativa o indistintamente. Las manos descansarán sobre la mesa y, por efecto de la buena postura, no servirán en ningún caso de pretexto para trasladar peso de los brazos o del torso (a través de éstos), sobre la mesa. El «descanso de las manos» sobre la mesa, comporta un estado de «refajación dinámica» que las pre-disponga para su puesta en activo, toda vez que sean requeridas para completar la EXPRESIÓN propicia. Cuando hayan de intervenir, acudirán prestas, para regresar a su «reposo dinámico» sobre la mesa, a la espera de la próxima ocasión, y así sucesivamente. Hemos de recordar que, si el CUERPO descarga su peso sobre la silla a través de los huesos de la pelvis, los brazos NO PESAN prácticamente nada. Por ello, convendrá habituarse a manejarlos desde la vertical «hombros-codos», que les permite ganar el máximo de sus posibilidades evolutivas recogidas y expresivas, pudiendo expandirse toda vez que resulte propio.

cialmente comprometido, el ocultar las manos llevándolas atrás o a los bolsillos. Posturas estas que. estando aceptadas y siendo frecuentes en el orden social, no serían válidas para los líderes y para todos aquellos que han comprendido, en profundidad, la necesidad de «darse» y de «mostrarse» al servicio de los demás. Por lo que nos abstenemos de recomendarlas en particular. Es oportuno destacar aquí que tanto los RECURSOS como las PAUSAS —siempre en la propiedad del empleo de las manos—, tienen todo su sentido si se aplican SOBRE LA «MARCHA». En ningún caso habrán de convertirse en «poses» comprometidas con el uso posterior de la palabra, especialmente al hablar en público. De modo particular, los RECURSOS se verían, además de notorios, extraños y bastante ridículos. Mien-

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Si la mesa fuera un tanto alta, convendrá que las manos se dispongan para actuar desde la misma orilla. A su vez, la distancia «cuerpo-mesa» se mide de la siguiente l'orma: estando el cuerpo erguido, sin tensión, flexionar los brazos, de forma que los codos y los hombros queden perpendiculares. Desde esta postura, adelantar o retroceder el cuerpo y, consecuentemente, el asiento, de suerte que las muñecas estén unos tres centímetros fuera de la mesa sobre la que descansarán las manos. (Fig. 14.)

mesa, pudiendo tener los dedos juntos o entrelazados y dejarse ver superpuestas o separadas cuando los brazos se dirijan al frente con los dedos más o menos recogidos. En ningún caso «jugarán», se restregarán o se agitarán nerviosa o rítmicamente de las múltiples formas conocidas. Finalmente, recordemos que basta UN CENTÍMETRO de agobio de la espalda para que la postura «de base» quede anulada y. consecuentemente las manos «se peguen» a la mesa, moviéndose «aplanadamente» como si fueran de plomo.

Actuando con un atril de pie:

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Caso de usar un atril de pie para dirigirse a un grupo de personas o a un determinado público, las manos estarán visibles descansando sobre los costados del atril, de donde partirán alternativa o conjuntamente a rematar el énfasis de lo que se diga. En este caso cabe respetar la postura «de base» de pie que, como todas las «de base» explicadas, tiene el poder de contrarrestar la ley de la gravedad del planeta. liberando gran plasticidad en el movimiento expresivo de los ademanes. (Fig. 15.) Con prácticas regulares, el cuerpo se habituará fácilmente. Por lo que no sólo dispondremos de la mejor IMAGEN. Ganaremos además en salud y en la óptima lucidez mental para comunicar nuestros mensajes y nuestro pensamiento.

Fig. 14
Esta postura es ideal para favorecer la acción de los ademanes y las evoluciones de las manos, admitiendo que el torso descargue su peso, siempre sobre los huesos de la pelvis, lanto al fondo del asiento como en su mitad delantera. No eslá demás decir que las mano.s han de permanecer «abandonadas», sin tensión sobre la 3. VICTOS DE EXPRESIÓN EN EL MANE 10 DE LAS MANOS

En general, se sabe que las manos tienen en las comunicaciones orales un papel importante que cumplir. Esto lleva a que se intente «moverlas» de alguna manera. Si este movimiento

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se efectúa animado por un impulso mental, se ñola inmediatamente por los demás. Configura un extraño «pegote» que. de una parle, distrae a los oyentes y. de olra. mina las posibilidades receplivo-comunicativas del mensaje. Para advertir lo que está mal en este senlido, la gente no necesita de ninguna preparación especial. Simplemente «lo nota». Hay «algo» que, desde su interioridad, le dice que no está bien, que no «va». Hoy, como es inexcusable intervenir ante grupos y en público a través de las clásicas reuniones de empresa, de negocios, de profesionales, sociales y de familia, entre lantas otras, el lema de «las manos» cobra un papel esencial. Porque los ademanes no sólo complementan el mensaje disponiendo el acento corporal propicio, sino que constituyen una parte decisiva de la EXPRESIÓN ORAL-CORPORAL. De ahí que tendamos a salir del paso, acti-

vándolos como mejor se pueda. Proceder, ésle, que genera los vicios que pasamos a considerar a continuación: Hablar con las manos: Aparece este vicio cuando a cada palabra o expresión se corresponde un movimiento de los brazos y/o de las manos. Pareciera que el mismísimo ademán fuera el responsable de «traer a la boca» la palabra precisa. En verdad que no es así; pese a que alguien se haya atrevido a afirmarlo. El ademán acude para REMATAR o definir más ajustadamente el acento que se pone en aquello que se dice. A veces, acompaña al rostro y a todo el cuerpo, dando sensación de simultaneidad. En otros casos, en que el componente emocional es mucho más contundente, precede a la propia EXPRESIÓN de rostro y cuerpo, haciendo que la palabra aparezca en último lugar. Podemos apreciar esta dirima forma (del accionar de los ademanes), en cualquier pasaje de una conversación que tienda a cargarse de afectividad. Por ejemplo, el que habla se vuelve hacia su interlocutor de una manera precisa, le señala con el dedo, menea la cabeza moviéndose y vibrando con lodo su cuerpo, para decir por fin: «¡Hombreee... acabáramos!... eso. ya lo sabíamos.» Hemos escogido el ejemplo entre tantos posibles que solemos apreciar en otros y en nosotros con alguna regularidad.

Hablar «con las manos» distrae. Es un «invento» de neto cuño MENTAL. Para superarlo, basta poner nuestro interés expresivo en el rosna; especialmente en el conjunto: cejas-entrecejo-páipados, intentando ponerle emoción, gusto y ganas a lo que pretendemos EXPRESAR. Si el cuerpo se encuentra distendido y actuando desde posluras «activas», de equilibrio, todo tiene que salir bien. Para ayudarnos otro tanto y. esta vez. de forma consciente, basiará que apelemos a los RECURSOS de: una mano «a mano» y de dos manos «a mano», usando las PAUSAS explicadas, toda vez que aquello que decimos, no sea tan significativo como para requerir la plenitud de nuestras posibilidades expresivas a su servicio.

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IX PODES DE LA EXPRESIÓN ORAL

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Director de orquesta: Denominamos a este vicio «del director de orquesta», porque, de forma muy similar al anterior, a cada movimiento de los ademanes se va concretando el mensaje oral. Por supuesto que el problema se agrava cuando la «melodía», léase la «música», se mantiene dentro de una «chatura» lamentable. Ahora, «el director» mueve su antebrazo y una mano hacia arriba y hacia abajo, para sustituirla de tanto en tanto por la otra o «trabajar» con las dos. Cuando se cansa o ya no le parece bien, las quita de la vista, para volver a empezar con el socorrido «vaivén»: «una primero, la otra después, las dos a la vez». El tema, por conocido, no requiere de más comentarios. Locutor de sordomudos: Este vicio se caracteriza por la tendencia a «significar», más o menos ajustadamente, el mensaje, apelando a los gestos. Tanto si es «grande» como si es «pequeño», las manos lo tienen que decir con ayuda de su expansión o de su contracción y. por supuesto, en función de posibles medidas variables. En los más extravertidos constituyen todo un montaje gestual que «dibuja» buena parte de lo que se pretende decir. Sus consecuencias son bastante molestas incluso para la vida social. A más de uno le han sacado un «bigote» o las gafas por señalar de improviso con alguna precisión. La comunicación, en estos casos, aparece falta de palabras y de los soportes expresivos más apropiados. Por alejado del asunto que pueda parecer, a este vicio lo genera la falta de un buen vocabulario ACTIVO. Por supuesto que es lo que viene ocurriendo, día tras día, a no poca gente que incluso ha cursado estudios superiores. Porque cada vez tendemos a explicarnos con menos palabras y, en la misma medida con más gestos, «muletillas» y asuntos «entendidos». En una palabra, con «soportes» que no ayudan a concretar auténticas comunicaciones y que, para las exigencias profesionales y de trabajo, configuran un «bache» que convendría superar. Está bien aquello de que «los necios hablan con muchas palabras».pero no conviene exagerar la nota cuando éstas sean esenciales para concretar el pensamiento y la acción.

Este tema sugiere por sí solo la «recela» más atinada. Primero, contar con un buen diccionario. Segundo, disponer de un cuaderno de vocabulario del propio idioma. Todo esto con el decidido propósito de afirmar el vocabulario HABITUAL que pueda ganarse a través de conversaciones con personas que se expresan con facilidad o están más versadas en el tema y con la lectura de los buenos estilistas de la lengua. Sin prisa y sin pausa, recogiendo algunas palabras que, previa consulta del diccionario, se incorporarán al cuaderno de vocabulario con el contexto en que se situaban. De esta forma, el progreso será efectivo y muy notable al cabo de UN AÑO. Del «Ejecutivo»: Este vicio clásico se deja ver cuando las manos se instalan una frente a otra, con los dedos separados apoyando las yemas de cada uno con las de su homónimo. Suele prodigarse durante las charlas y comunicaciones en grupo o a públicos por parte de directivos, ejecutivos, dirigentes, profesores, etc. Configura un «juego» muy frecuente. Con las manos apoyadas en la forma descripta (fig. 16), se suceden las imágenes, ora «cola de pavo real», ora en mística unción, estirándose como si los dedos buscaran el calor del propio pecho o buscando los labios en evidente recogimiento, pero SIEMPRE «JUNTAS». Evidentemente, loda esta motricidad y sus variables posibles encierra «su arte», pero en la misma medida se lleva la atención de los escuchas. Algunos directivos y ejecutivos, y también dirigentes y profesores, apelan a disolver el «artificio», llevando las manos a los bolsillos. Cosa que, por otra parte, ha invadido los hábitos femeninos desde que la moda ha convenido los bolsillos simulados en efectivos. El vicio «de ejecutivo» se complica también con otras «salidas» complementarias que hemos referido: jugar con el «boli». con anillos, con papeles, y terminando en ocultar las manos que, además de ir a parar a los bolsillos, se llevan de tanto en tanto hacia atrás, sustrayéndolas de la vista del público o de los

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4. OPOSICIÓN Y RESISTENCIA Cuando hablamos entre amigos, en pequeños grupos y. con mayor razón, en público, solemos OPONERNOS FÍSICAMENTE. Esta opción corporal es indispensable para una buena mayoría de nuestras comunicaciones personales directas, pero no deja por ello de «enfrentarnos» en una determinada medida, restando posibilidades a la comunicación. El caso es tan importante que, si los seres humanos —mirados como miembros de la especie humana—, estuviéramos compuesto de puro intelecto y, en consecuencia, despojados de afectividad. no tendríamos posibilidades de convivir en paz. Las discusiones serían permanentes y las disputas su inmediata definición. Pero, felizmente, la sabia naturaleza nos ha dado la otra «mitad». Esa mitad AFECTIVA que nos convierte en una globalidad irreversible. Ella es precisamente la que nos salva de las consecuencias de esta constante y. de otra parte, útilísima oposición.

Corregir todos estos «juegos» y «salidas» no es tarea fácil, sobre todo cuando parecen absolutamente naturales y el uso los ha venido autorizando decididamente. Lo primero será combatir el hábito de llevar las manos a los bolsillos «clausurando» temporalmente los mismos. Si se juega con los anillos, lo sensato será no usarlos por un breve tiempo, con la correspondiente «aprobación» si se tratara de una alianza. Lo segundo sera ir sobre el vicio concreto de sostener las manos opuestas, apelando para ello al empleo de los RECURSOS y de las PAUSAS que hemos explicado en su lugar. Por último, intentar dejar que el ESPÍRITU trabaje desde el mismísimo interior. Él sabe hacer perfectamente bien todo aquello que le compete. Por lo que una práctica regular con ayuda de estas guías y aplicaciones permitirá comprobar los cambios positivos que. en un primer momento, pueden parecer muy difíciles de lograr.

Durante la larga vida de la especie humana, un proceso de acondicionamiento ha gestado la «resistencia» que unos y otros nos oponemos a diario. En la base de su propio sentido está la necesidad de CRECERNOS ante lo que constituye cualquier obstáculo a nuestra libre disposición y. en este aspecto, es un precioso atributo de los in.is selectos ejemplares de la especie. Por esta razón, nos cuesta tanto esfuerzo conseguir colaboración para muchas cosas y trabajos. Sobre todo cuando, para concretarse, requiere de un cambio en las actitudes, tareas habituales conocidas o costumbres de todo tipo con las que solemos sentirnos cómodos. La oposición, sobre todo la de naturaleza consciente, es amplísima y cotidianamente afecta las interrelaciones humanas. No es del caso tratarla aquí, porque la que verdaderamente interesa a nuestros propósitos es la CORPORAL. Si nos tratamos personalmente, es muy probable que tengamos que estar enfrentados físicamente el uno al otro. El uno «contra» el

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otro. Pues bien, esta oposición física puede «licuarse» con ayuda de las posturas que persigue advertir en sus pares, el ESPÍRITU de cada uno. Estas posturas corporales que nos arriman tan singular favor, son las que hemos venido llamando posturas físicas «de base». Por eso, si cuando hablo en público de pie. sin nada delante, me muestro erguido y distendido en perfecto equilibrio corporal y con los pies paralelos y separados unos 15 o 18 centímetros uno del otro, «licuó» la oposición corporal que obligadamente produce el simple hecho de situarme vuelto hacia el auditorio. De modo que si cuidamos de observar las posturas «de base» de pie, caminando, sentados «intelectual» y «social», estaremos «licuando» la oposición corporal que conlleva la situación física con nuestros interlocutores o con la de aquellos que nos vean venir andando. La medida producirá al mismo

tiempo el impacto de una óptima impresión. Cogido el hábito postural. la soltura sobrevendrá para ganar un muestreo de imágenes abiertas y conciliadoras, receptivas y elegantes. A fin de obtener una simplísima visión de los efectos que comentamos, las imágenes que siguen serán suficientemente ilustrativas del más desapercibido de los detalles; la postura de PrES PARALELOS, con las piernas no muy separadas y las manos «visibles» (fig. 17). Como puede apreciarse, la OPOSICIÓN aumenta, gradualmente, de PIES «PARALELOS» con piernas en caída natural desde las caderas y manos a la vista, hasta PIES «ABIERTOS», piernas muy separadas y manos ocultas con brazos hacia atrás levantando y dejando caer rítmicamente el peso del cuerpo sobre los tacones. Al hablar desde la posición de sentados a una mesa, cuanto hemos dicho respecto de las posturas de pie, debe entenderse aquí

Fig. 18

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EL PODER DELAEXPKESIO\ OKÁÍ

/ O í IIJBRIO YSOLTUH\ CORPOfL\L

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por reproducido. Si se ven nuestros pies, convendrá que se vean paralelos de la misma forma y distancia que de pie. pudiendo avanzar el uno un tanto delante del otro. Las posturas en este caso, «intelectual» o «social», pero perfectamente observadas como nos lo sugiere la imagen correcta que contrastamos con otras, bastante habituales. (Fig. 18.) La práctica regular proporcionará el buen hábito. Éste será óptimo para la salud, la mejor imagen personal y la habilidad de discurrir oportunas ideas y «salidas» efectivas para todo tipo de encuentros y reuniones.

5. HÁBITOS QUE PROMUEVEN UNA EXPRESIÓN ORAL FLUIDA Y PERSUASIVA La prisa y la comodidad son una característica de nuestro tiempo. Nos movemos con presteza, muchas veces, sin saber en qué dirección. De la misma manera, descansamos o mejor dicho descargamos nuestro peso en los asientos sin lograr un buen reposo. De igual forma, esta* lendencias, invaden el habla cotidiana que se acelera inopinadamente, llevándose por delante el equilibrio de la tertulia amable y distendida. La velocidad está por doquier y. como «no hay tiempos, se va de prisa en la comunicación de las ideas que se transmiten mal y se entienden peor. Con este proceder se «intelectualiza» el discurso, despojándolo de la conveniente dosis de afectividad. En el uso de la palabra, la afectividad se demuestra con las posturas tonificantes y activas y el esfuerzo característico del hablar emocional. Esfuerzo que no cansa, porque es armonizador del entendimiento natural de CUERPO, MENTE Y ESPÍRITU. Un esfuerzo que se refleja en la expresión activa del conjunto cejas-entrecejo-párpados. Un esfuerzo corporal que lleva a articular perfectamente las palabras, abriendo bien la boca, para recibir

y emitir el aire que tornará hecho mensaje en la musicalidad de la EXPRÉS FON mejor lograda. Para hablar bien, hace falta tiempo. Sin tiempo, lo primero que se paraliza es la actividad facial. En el mejor de los casos, se tiende a mover la cabeza más o menos rítmicamente. Lo segundo es la dulzura de la voz y buena parte de los tonos y ritmos del lenguaje hablado. Por último, cede lugar la pronunciación y el mensaje verbal queda convertido en el recitado de otra de las clásicas lecciones del colegio: por las que. si se verbalizaba el «contenido completo», cualquiera que fuera la «forma» en que se lo «soltara», cabía la posibilidad de sacar una buena nota. Por eso. hoy podemos ser inexpresivos y no pasa nada. Vamos de prisa y corriendo y nos «aturullamos» y tampoco pasa nada. Sentimos el desaliento y el «ahogo» los que respiramos mal para hablar y decimos que «somos así». En cuanto a tantas afonías por hablar nial, tampoco pasa nada. Mucho menos aún si el médico de turno nos ha diagnosticado una «laringitis crónica» con la «receta» de que tenemos que «hablar menos». Cuando en realidad todo esto no es del «todo» así. Porque en una buena mayoría de los casos ESTAMOS SANOS y perfectamente habilitados para hablar bien. Lo que sucede es que. por un incesante proceso de deshumanización, vamos perdiendo destrezas en el uso de nuestro propio cuerpo y. él habla, es una de ellas: la que nos ha tocado abordar aquí. ¿Qué hacer entonces?... Pues intentar hablar bien. Para conseguirlo, disponemos de una preciosa ventaja que no nos canillemos de repetir en este libro: «DENTRO DE NOSOTROS MISMOS TENEMOS LA MÁS PERFECTA Y SINGULAR POSIBILIDAD DE HABLAR BIEN DE LA MISMA MANO DE NUESTRO PROPIO ESPÍRITU.» Ofrecemos en seguida una guía práctica para conseguir que acuda a la superficie y opere en nosotros:

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EL PODER DE LA EXPRESIÓN OR.AL

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1 Reeduquemos nuestros hábitos de conducta corporal. 2'-' Abramos claramente la boca para hablar. 39 Cojamos por BOCA el aire suficiente, y si. al aspirarlo. nos suena el paladar blando como en un ligero suspiro. mucho mejor. 4D Seamos EXPRESIVOS. 59 Hablemos EMOCIONALMENTE. 6a Confiemos en que el ESPÍRITU aportará el vocabulario espontáneo de la comunicación. 79 Preparémonos, aclarando nuestras IDEAS con tiempo suficiente. Analicemos cada uno de estos apartados para su mejor interpretación: 1" Reeduquemos nuestros hábitos de conducta corporal: Ayudémonos con el soporte de posturas activas y distendidas. Tengamos en cuenta que hablar es la síntesis de una entente armoniosa de nuestro cuerpo, de nuestra mente y de nuestro espíritu. Démonos a la tarea con el gusto y ganas de lograr comunicarnos bien. Si de momento no lo conseguimos, recordemos que no es necesario hablar durante buena parte de nuestro tiempo. Simplemente, abandonémonos al descanso en compañía o dispongámonos a escuchar intentando comprender a los demás. Hoy es frecuente que alguien nos diga que una comunicación distendida es sinónimo de postura abandonada. Pues creemos que no es así. Que lo que no puede haber es verdadera y valedera comunicación si no estamos en lo que hacemos y. menos aún. si por efecto de las posturas «cancillas», la imaginación promueve toda clase de «viajes mentales» mientras nos disponemos a escuchar. Que lo hagamos a diario no significa que nos comuniquemos a diario. Escuchar es de suyo muy difícil, más aún si nuestra pretendida comunicación persigue la intimidad. Dígase otro tanto si a la

natural dificultad de recibir el mensaje y ganar su comprensión, le agregamos la tarea de advertir el estado de ánimo del «otro» y la necesidad de reflejarle los movimientos emocionales que en él se generan cuando dice lo que dice cuando recibe el impacto de nuestras palabras. En estos casos la comunicación se complica con un cuerpo que promueve la dispersión. Esto nos recuerda aquello de: «diga», «diga», con que suelen recibirnos algunas personas encargadas de recepción mirando, «naturalmente», en dirección a lo que tienen entre manos. Lo cierto es que estamos tan acostumbrados a disfrutar del abandono y del aturdido entretenimiento que engendra en nosotros el ambiente que nos rodea, que no será nada fácil que todo el que nos lea nos dé en este punto la razón y se aplique en su consecuencia a la renovación de sus hábitos. 2° Abramos claramente la boca para hablar: Esto es muy fácil de entender, pero no de «ver». Una buena mayoría de la población habla entre dientes o grita. El término medio es el menos frecuente. Abrir claramente la boca no significa abrir grande la boca. Se trata de separar los dientes y de activar el movimiento de los labios, de forma que la articulación de las palabras tenga campo suficiente para concretar sílabas, perfectamente claras y. por supuesto, audibles. El problema del volumen es otro. Depende de la masa de aire que se recibe al efecto y de la habilidad con que se la devuelve empujando con el diafragma y. ahora si. abriendo mucho más la boca. «Hablas que no se te entiende»... «Abre bien la boca para hablar.» Es bastante probable que frases como éstas nos resulten familiares y que procedan de nuestros padres y educadores. Por lo lauto, tengamos presente un poco más la boca al hablar, forzando la actividad de los labios, a fin de lograr una buena pronunciación de las palabras. Si salimos del generalizado estado de comodidad, el problema tenderá a corregirse solo.

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EL PODER DI LA EXPRESIÓN OKU.

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3" Cojamos por la boca el aire suficiente: Tanto en España como en Hispanoamérica, en general, se ha divulgado la conocida norma de higiene de la buena respiración, que nos propone COGER EL AIRE POR LA NARIZ, CON LA BOCA CERRADA. Pues no sabemos bien si esta amable ayuda está sirviendo para prevenir ciertas enfermedades o para provocarlas. Sin duda, es útilísima para evitar la entrada de gérmenes por la boca en el supuesto de respirar así. pero es cierto que en no pocos casos ha servido para trastornar la respiración del habla. Respirar bien para hablar, requiere coger el aire POR LA BOCA, lo que suele promover el clásico «ruidilo» del paladar blando que solemos escuchar, con bastante claridad en locutoras y locutores de televisión. El consabido «ruidito» es típicamente humano y está vinculado a la respiración del habla, por mucho que les pese a los que lo han encomiado alarmante e intentan disimularlo. En este sentido, resulta frecuente oír frases como éstas: «Queda mal que respires como si te estuvieras ahogando»... «Es más fino y mucho más elegante no hacerlo»... Por descontado, que la gran mayoría de los «elegantes» y de los «finos» padecen de la garganta, pierden la destreza de levantar la voz que, de vez en cuando, hace falta, aunque sólo se aplique para salvar la vida de algún despistado. Por lo tanto. HAGAMOS EL «RUIDITO». Es una característica de los humano-parlantes y, hasta podría valer, por qué no. para diferenciarnos de algún hipotético extraterreslre que le diera por visitarnos. 4a Seamos expresivos: Lo que es lo mismo que decir: HABLEMOS CON LAS «CEJAS», NO CON LA «GARGANTA». Pongamos nuestro interés por significamos en la frente y en el rostro, intentando ganar conciencia de la expresión más efectiva. Estos cuidados conformarán un precioso recurso activador de las expresiones faciales que, bien administradas, contribuirán a disparar la energía mental y emocional, consiguiendo estupendas emisiones de mensajes persuasivos. Cabe, muy bien, recordar

aquí, que «el 55 % del éxito en materia de persuasión, depende de las habilidades de EXPRESIÓN ORAL del persuasor»'. 5" Hablemos emocionalmente: Lo que significa impulsar nuestras comunicaciones orales con el aire bueno de los sentimientos, volcados en favor de la entente cordial con nuestros semejantes. Pero hay algo más. y es la sentencia de la moderna psicología que dice': «Quién no habla EMOCIONALMENTE. deteriora su autoestimación.» Y hoy se dan cursos de autoestimación, cosa que nunca habría ni tan siquiera «soñado» la pedagogía más avanzada de nuestros mayores. A nuestro alrededor. lo humano tiende a descomponerse deseoncertantemente. Es que obvio, no quiere decir despreciable y sin importancia. Hasta hoy nos hemos venido moviendo en términos de comunicación por el lenguaje o mejor dicho, de comunicación por las palabras. Es hora de que nos demos cuenta que detrás de todo esto hay algo más. EL ESPÍRITU HUMANO, que necesita ser estimulado por el más corriente de los mecanismos, digamos, recursos humanos: el de «HABLAR EMOCIONALMENTE». Lo que es lo mismo que poner interés en significar y en sentir lo que decimos, que es tan útil para la comunicación, como necesario para la supervivencia, especialmente, en términos de villa áspera y competitiva. (V Cuntiónos en que el espíritu aportará el vocabulario espontáneo para la comunicación de nuestras ideas: por que así es. El vocabulario espontáneo del habla es patrimonio del ESPÍRITU INTERIOR. Este nos provee las palabras propicias, en tanto y en cuanto tengamos una IDEA CLARA de aquello que pretendemos comunicar. Solemos temer el quedarnos callados, sobre todo al hablar en público o cuando nos dirigimos a un determinado grupo de perso-

Según una investigación relativamente reciente del A.iVLA t American Management Associalion). Nueva York. USA </V. del A.)

EQUILIBRIO 1Y SOLTURA CORPORAL 72 EL PODER DE LA EXPRESIÓN ORAL

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ñas en una posible reunión de empresa en la que nos arriesgamos a ser «juzgados» por los demás... Y esto, simplemente, complica las cosas. Lo hemos dicho y será bueno que insistamos al respecto: CUERPO. MENTE y ESPÍRITU tienen atribuciones y responsabilidades en el habla y en la recepción-comunicación de las ideas. (Cuerpo-IMAGEN, Mente-MENSAJE. Espíritu-EXPRESIÓN) Pues bien, formando parte de la EXPRESIÓN está la provisión del vocabulario-espontáneo del habla. Esto es así porque el Espíritu controla la masa de aire que habrá de recibir el cuerpo para ensayar la comunicación que se concretará con el vocabulario que. sólo bajo su dominio, habrá de emitirse con absoluta precisión. El fenómeno tiene una complejidad casi inaccesible, pero es fácil deducir que funcionamos con arreglo a lo dicho. Si ensayáramos pensar las palabras más atinadas para comunicarnos, frenaríamos de forma traumática la fluidez del mensaje, dando una impresión de desconocimiento del asunto o del tema en extremo desagradable. Más de una vez habremos experimentado este afecto en una «inolvidable» experiencia. En consecuencia, para ganar fluidez verbal podemos hacer mucho de nuestra parte, disponiéndonos a la comunicación desde las referidas posturas «activas», de equilibrio corporal inestable, que hemos aprendido a recordar como posturas físicas "de base-. Luego, proponiéndonos SENTIR aquello que decimos, intentando reflejar en nuestro rostro y en nuestro cuerpo cuanto pretendemos transmitir. Si las ideas han sido oportuna y convenientemente «aclaradas» o el tema pertenece a nuestra personalísima experiencia, no nos faltarán las palabras y la fluidez verbal necesaria para comunicarnos cumplida y suficientemente. 7e Preparémonos con tiempo suficiente: Hablar claro no es nada fácil. Por eso. aquello de «hablando claro nos entendemos», tiene en su contra el gran problema de la «claridad». Y conste que cuando aludimos al mismo no estamos teniendo en cuenta para nada los aspectos semánticos que. ya de por sí. se bastarían para

complicarnos las cosas. Aquí nos mantendremos en la necesidad de generar un entendimiento propicio entre la MENTE y el ESPÍRITU, de forma que todo salga más o menos fluido. El entendimiento de MENTE Y ESPÍRITU sólo es posible si transmitimos asuntos experimentados por nosotros mismos o que han sido objeto de nuestra cuidadosa observación, estimulada por un factor de tipo afectivo-emocional. Si no es así, los trompicones tienen que sucederse. Por supuesto que dejamos de lado al experto comunicador que, con su extraordinaria riqueza de ideas y de vocabulario, puede permitirse fabular a placer. Nuestro problema, en verdad, se gesta en la confianza con que intentamos comunicar lo que tenemos «claro para nosotros», según nos lo dicta nuestra previa reflexión. La trampa surge cuando pensamos que lo «claro para nosotros» será igualmente claro para los demás a la hora de comunicárselo. Muy pronto nos damos cuenta hasta qué punto «lo teníamos claro». Porque una cosa es ver claro algo y otra, muy distinta, es intentar EXPONERLO con la necesaria claridad para otros. Por lo tanto, y con el mejor propósito de conseguirlo, tenemos que pasar por la experiencia de la debida preparación. O sea, del proceso que nos permita pasar de lo que podríamos llamar «COMPRENSIÓN CLARA» a la «IDEA CLARA» del asumo que se trate. ¿Cómo prepararnos?... Pues, para hacerlo bien, respetando como mínimo los siguientes pasos: 1. 2. 3. 4. Fijar el objetivo. Descubrir y afirmar lo que tenemos «dentro». Establecer un PLAN de redacción. Advertir lo que nos falta y ver: — Lo que tenemos «a mano». — Lo que tenemos que buscar en otro sitio. Redactar el trabajo. Disponer lo esencial en un GUIÓN de exposición.

5. 6.

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7S

Analicemos, someramente, cada apartado: 1. Fijar el objetivo: Es determinar cuál es nuestro propósito. Qué perseguimos. Qué queremos lograr. Qué tiene que suceder o qué tienen que HACER los receptores del mensaje o el público como consecuencia de nuestra intervención. En una palabra, responder a la pregunta: ¿PARA QUÉ? Esta pregunta tiene que ser contestada por ESCRITO y recogida en una breve síntesis que convendrá tener siempre presente. De acuerdo con su trascendencia, la tarea vendrá rodeada de los propios cuidados adicionales. Podemos intervenir en público para homenajear a un amigo. Para activar a un equipo de ventas. Para movilizar a las masas en favor de una causa. En tales casos, tendremos por delante: proceder a pensar una buena «improvisación»; redactar un breve discursito de «acción» o finalmente, disponer lo necesario para preparar una arenga llena de fuerza y de afectividad. 2. Descubrir y afirmar lo que leñemos «(¡entro-: Porque nunca o casi nunca empezamos de «cero». En todos los casos, la preparación debería pasar por ver lo que tenemos ya ganado. Con este propósito podríamos utilizar dos procedimientos: a) registrar en una grabadora de cintas lo que sabemos, intentando verbalizarlo hasta «agotar» lo que nos quede en el último rincón de la MENTE, b) Escribir llenando «x» número de folios haciendo otro tanto de lo propio. En los DOS casos habremos procedido a «ECHAR FUERA» cuanto teníamos «dentro». Por supuesto que la tarea se habrá concretado en una relación, más o menos inteligente pero deslabazada, sin orden ni concierto, dado que las ideas habrán ido saliendo en la medida que acudían a la mente. Se trata ahora de ordenarlas y de descubrir las más impon antes y las que se les sujetan o subordinan. Para conseguirlo, la cinta podría valer en el caso de contar con una buena mecanógrafa que la pase a limpio. En el otro caso. la tarea viene cumplida, por lo que sólo resta:

a) Leer el texto, vinculando los temas afines; b) Coger tijeras, pegamento y nuevos folios, escogiendo, recortando y pegando en sucesión lodo lo que trate sobre un mismo asunto. Cumplida esta tarea, tendremos un ORIGINAL ordenado por temas. 3. Establecer un PLAN de redacción: La lectura cuidadosa del «ORIGINAL» (pegalina ordenada por temas), dejará a la vista las ideas más importantes de cada lema o lo que es lo mismo, las más generales y, también aquellas que las aclaran o complementan. Trasladando al papel la síntesis de cuanto encierran será relativamente fácil advertir que nos ha nacido un PLAN: I a, b: II a: 111 a. b. c. etcétera. 4. Advertir lo que nos falta: Como fruto de la tarea anterior, estará «saltando a la vista» lo que tenemos o aquello de que hablamos mucho y lo que nos falta o aquello que tiene a su favor el título, los sub-títulos y poca cosa más. pero que resultará útil y necesario al fin propuesto. De todo esto habrá que ver lo que tenemos «a mano» y lo que hay que buscar, recurriendo a fuentes externas incluida la eventual colaboración de una o más personas. 5.. Redactar el trabajo: O lo que es lo mismo, «sentarse a escribir», que por cierto, suele ser para no pocos la tarea más penosa. A fin de llevarla a cabo, hay que tener delante: de una parte, el ORIGINAL primero o «pegalina». De otra, las fichas con las citas y referencias que amplían lo necesario, y, por último. las notas de «inspiración». Hay que decir que el inconsciente «se pone en marcha» a trabajar para nosotros, desde el mismo momento de haber completado el «ECHAR FUERA», suministrándonos en cualquier momento sus improntas de inspiración que hay que recoger inmediatamente en las notas apuntadas. La redacción requiere volver al ¿PARA QUÉ?, porque las IDEAS CLARAS irán perfilándose, a medida que se escribe, con el norte del OBJETIVO «a la vista» y de la mano del orden lógico que el PLAN sugiere. A tal fin, es muy útil cuando no tenemos

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«tiempo» suficiente, apoyarnos en los entramados lógicos que nos proporcionan las llamadas: ESTRUCTURAS DEL PENSAMIENTO Ensayando un concepto, diremos que "son las formas logicéis en que se organiza la mente humana para establecer una comunicación por el lenguaje". Su estudio nos permite ordenar las ideas mediante una forma de organización característica, en función del destino de la tarea. En nuestro caso, y para nuestros propósitos, aprovecharemos las guías de las estructuras de INFORMACIÓN, de DEMOSTRACIÓN y de PROBLEMA-SOLUCIÓN que se corresponden con: la necesidad de transmitir información, hacer una demostración o explicar unas ideas y concretar un discurso. A saber: I. Estructuras de INFORMACIÓN. II. Estructuras de PRESENTACIÓN, m. Estructuras del DISCURSO. Las Estructuras del Pensamiento las hemos estudiado primeramente para su aplicación al campo de la Lectura Rápida''. Aquí las emplearemos para facilitar la organización de las intervenciones en público, por lo que las adaptamos como sigue: I. 1. ESTRUCTURAS DE INFORMACIÓN

2.

1.1. Saludos. 1.2. Introducción. Información.

2.1. I9 Información más importante. 2.2. 2* Información más importante. 2.3. 3a Información más importante. 3. Cierre. En este caso, la información se suministra a partir de la que resulta ser la más importante, prosiguiendo de forma descendente. Por esto, el símbolo de esta estructura representa una pirámide invertida, con lo fundamental, «la base» hacia arriba. En el punto 1 hemos dispuesto las técnicas que convendrá tener en cuenta, que afectan a la imagen y que forman parte de toda buena intervención en público. El «aparecer» significa NO -IRRUMPIR», sino dejarse «caer». Llegar «sin aparato» atendiendo a lo que cabría HACER hasta situarse en el lugar asignado en condiciones de comenzar a hablar. Luego, el SALUDO: «Señoras»... «Señores». A continuación, la Introducción o primeras palabras apropiadas para disponer el camino a la referencia, en orden de importancia decreciente, de los asuntos a comunicar. Como estrategia adicional. convendrS comunicar en segundo término el.asunto más importante, cuando éste sea desagradable o consista en una mala noticia para los presentes. Luego, recuperar el orden: de importante a menos importante y terminar con el cierre que proceda.

Técnicas de «aparecer» ante los receptores del mensaje o el público.

II. 1.

ESTRUCTURAS DE DEMOSTRACIÓN

• GARCÍA CARBONELL. R.: Lectura rápida para tojos, pág. 72. Edit. Edaf. S. A.. Madrid. 1979.

Técnicas de «aparecer». 1.1. Saludos. 1.2. Introducción.

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«tiempo» suficiente, apoyamos en los entramados lógicos que nos proporcionan las llamadas: ESTRUCTURAS DEL PENSAMIENTO Ensayando un concepto, diremos que "son las formas lógicas en que se organiza la mente humana para establecer una comunicación por el lenguaje". Su estudio nos permite ordenar las ideas mediante una forma de organización característica, en función del destino de la tarea. En nuestro caso, y para nuestros propósitos, aprovecharemos las guías de las estructuras de INFORMACIÓN, de DEMOSTRACIÓN y de PROBLEMA-SOLUCIÓN que se corresponden con: la necesidad de transmitir información, hacer una demostración o explicar unas ideas y concretar un discurso. A saber: I. n. ni. Estructuras de INFORMACIÓN, Estructuras de PRESENTACIÓN, Estructuras del DISCURSO.

1.1. Saludos. 1.2. Introducción. 2. Información. 2.1. I8 Información más importante. 2.2. 2" Información más importante. 2.3. 3a Información más importante. 3. Cierre. En este caso, la información se suministra a partir de la que resulta ser la más impórtame, prosiguiendo de forma descendente. Por esto, el símbolo de esta estructura representa una pirámide invertida, con lo fundamental, «la base» hacia arriba. En el punió I hemos dispuesto las técnicas que convendrá tener en cuenta, que afectan a la imagen y que forman parte de toda buena intervención en público. El «aparecer» significa NO «IRRUMPIR», sino dejarse «caer». Llegar «sin aparato» atendiendo a lo que cabría HACER hasta situarse en el lugar asignado en condiciones de comenzar a hablar. Luego, el SALUDO: «Señoras»... «Señores». A continuación, la Introducción o primeras palabras apropiadas para disponer el camino a la referencia, en orden de importancia decreciente, de los asuntos a comunicar. Como estrategia adicional, convendrá comunicar en segundo término el.asunto más importante, cuando éste sea desagradable o consista en una mala noticia para los presentes. Luego, recuperar el orden: de importante a menos importante y terminar con el cierre que proceda.

Las Estructuras del Pensamiento las hemos estudiado primeramente para su aplicación al campo de la Lectura Rápida6. Aquí las emplearemos para facilitar la organización de las intervenciones en público, por lo que las adaptamos como sigue: I. I. ESTRUCTURAS DE INFORMACIÓN

Técnicas de «aparecer» ante los receptores del mensaje o el público.

II. 1.

ESTRUCTURAS DE DEMOSTRACIÓN

' GARCÍA C A R B O N E L L . R.: Lectura rápida para indos, pág. 7 2 . Edil. Edaf. S. A.. Madrid, 1974.

Técnicas de «aparecer». 1.1. Saludos. 1.2. Introducción.

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ü P00ER OSLA EXPKBSfÓH ORAI.

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2. 3. 4.

Idea más importante o general. Explicación de la idea. Afirmación de la idea central.

Esta estructura es clásica del profesor en el aula, propia de los textos exposiiivos y de toda clase de PRESENTACIONES de productos y de servicios de empresas y de profesionales.

m.

ESTRUCTURAS DEL DISCURSO

adonde se va a parar. La idea más importante que ha demandado todo aquel esfuerzo de preparación. ESTA IDEA es la que se REMATA CON AFECTIVIDAD para ganar el aplauso en favor de los OBJETIVOS. Este cierre afectivo y los aplausos forman parte ¡leí discurso, coronando la actuación con la fuerte afectividad que conlleva lodo final bien realizado. Porque el éxito de un discurso descansa, primordialmentc. en el comienzo y en el final. Por último digamos que, para toda clase de intervenciones en público —ante grandes o pequeños grupos—. convendrá tener en cuenta lo siguiente: 1. Fijar el OBJETIVO y prepararse con tiempo suficiente. 2. Los discursos se escriben para «aclarar» bien las propias ideas y organizar una comunicación coherente y significativa. Al prepararse para hablar, hay que OLVIDAR las palabras escogidas en su redacción a fin de permitir que Huya el vocabulario espontáneo. Teniendo ideas «claras» no faltarán las palabras que se expresarán con el ordenamiento de ideas y de asuntos que un buen GUIÓN tiene que reflejar. 3. Si hay que «improvisar» unas palabras, no sustituir los temas o ideas escogidos, por otros que puedan parecer más efectivos, en el último momento. 4. Si el discurso sale «corlo», terminar sin intentar prolongarlo. 5. Dar las gracias SIEMPRE después de comenzar los aplausos y de forma sencilla: «Gracias... Muchas gracias»'.

1. Técnicas de «aparecer". 1.1. Saludos. 2. Introducción. 3. Planteo del problema o de la cuestión. 4. Cuerpo del discurso o discusión. 5. Resumen. 6. Conclusión lógica. 7. «Broche de oro» o conclusión afectiva. 8. «Gracias... Muchas gracias» (a los aplausos, y NO ANTES). Se trata de la estructura clásica de los discursos, válida por ende, para toda clase de intervenciones e incluso diríamos «improvisaciones» al decir unas palabras en público. Sus partes esenciales son: Introducción. Cuerpo y Conclusión. Es oportuno recordar aquí que, en términos de discursos o de todo tipo de charlas en público, serán singularmente importantes: la forma de presentarse o «aparecer», como lo hemos señalado al principio, para, inmediatamente después, levantar la vista y sin prisa saludar: «Señoras... Señores»..., comenzando la introducción sin aparato y con cierta curiosa lentitud. Finalmente, la conclusión lógica que puede constituir un todo con el «Broche de oro» (que no está obsoleto como piensan algunos). La conclusión es el lugar

Quien habla en público, lanío para decir unas palabras como para hacer un gran discurso, ejerce el liderazgo del acto en esos monienlos y el público se debe a él o a ella hasta que termine su intervención. De allí que no sea propio agradecer a los asistentes una atención que. el que habla, tiene que ganar al servicio de los objetivos a los que se debe. «Gracias... Muchas gracias», es sólo un detalle cortés |x>r el tipian* i que refuerza los efectos de su final. No debe interpretarse el aplauso como una suerte de premio dirigido a alagar al orador u oradora que. por otra pane, se deben a la servidumbre que conlleva el empleo de la palabra al hablar en público. (N. del A.)

80 6.

I:L PODER DE LA EXPRESIÓN ORAL

Si se trata de un acto en el que resulten propios los aplausos, utilizar una «claque» y no confiar en que la gente aplaudirá espontáneamente al final.

3
LOS CÓDIGOS DFX ESPÍRITU 1. 2. 3. 4. 5. 6. El complejo fenómeno de la expresión oral Menle versus Espíritu Consistencia e Inconsistencia Fácil es «fácil» y difícil es «difícil» Evidenciando convicción Sentimientos y comunicación oral-corporal

I.

EL COMPLEJO FENÓMENO DE LA EXPRESIÓN ORAL

EL ESPÍRITU viene con nosotros. Es un componente de la realidad humana, integralmente considerada. Además de su directa presencia en la EXPRESIÓN ORAL, tiene misiones adicionales que se corresponden con la sabiduría inconsciente del cuerpo, velando por su seguridad y, sobre todo, por su salud. Desde los primeros instantes de la vida se pone en marcha para ordenar y gobernar los complejos sistemas bajo su tutela. Por esta razón, los niños son exquisitamente expresivos por naturaleza, hasta que aprenden a disimular y a mentir. Luego, los estudios inemorísücos y la escuela se encargan de enrigidecerlos, determinando, finalmente, un adulto torpe para expresar sus sentimientos pese a la riqueza subyacente de sus incomparables posibilidades reales. Al revés de lo que sucede con la inteligencia o MENTE, como aquí la llamamos, el ESPIRJTU no tiene nada que aprender. Todo lo

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que corresponde a sus vastísimas y complejas responsabilidades está bajo su control y conocimiento, dispuesto a entrar en acción o trabajando durante toda la vida del ser donde se encuentra recogido. La EXPRESIVIDAD es una de estas funciones maravillosas que el ESPÍRITU gobierna y que, claramente, están vinculadas a un CÓDIGO INTERIOR que vale para codificar y decodificar la EXPRESIÓN EMOCIONAL del mensaje, cualquiera sea la causa que lo promueva. Gracias a que el ESPÍRITU sabe de su misión todo lo que tiene que saber, si aprendemos a relacionarnos con él. podremos utilizar siquiera una parte de su poder para multiplicar los efectos de nuestras palabras. Y esto lo podemos conseguir comenzando por ablandar nuestros músculos faciales que, movilizaremos y tornaremos activos, captando por esta via su relación con la energía que libera el cuerpo durante la EXPRESIÓN del mensaje EMOCIONAL. Desde el mismo momento en que nos demos cuenta de que la EXPRESIÓN es un componente paralelo a la actividad mental, que acude de la mano de un extraño movimiento interior, habremos dado el paso definitivo para servirnos de él. Para lograr que el ESPÍRITU se «haga» en nosotros estimulado por nuestra entrega a sentir y a vibrar EMOCIONALMENTE. Un ejemplo sencillo nos resultará útilísimo para advertir cuanto afirmamos: si decimos «grande» moviendo ligeramente la cabeza en tono afirmativo y levantando simultáneamente las cejas por unos instantes, mientras resuena la palabra cargada, de aire, tendremos la sensación de captar CUERPO, MENTE y ESPÍRITU en acción y perfectamente diferenciados. El cuerpo con su clarísimo movimiento. La mente proveyendo a la palabra «grande» deliberadamente seleccionada. El espíritu, acudiendo desde el interior en la singularísima connotación sonora de la voz y dejando percibir su expansión reflejada en nuestros ojos más abiertos y en una extraña sensibilidad en el entrecejo. La experiencia habrá dejado claro el proceso de codificación de nuestro propio sentimiento con respecto al «volumen» del

supuesto referente (de aquello de que hablamos). O sea, que desde un aspecto puramente racional no hemos dicho NADA, porque ¿cuál es la medida de «grande»? Sin embargo, AFECTIVAMENTE hemos expresado lo que sentimos, y eso, está bien. Porque la afectividad es imprecisa respecto de parámetros y medidas, pero CLARA en lo que atañe a nuestra interioridad y VÁLIDA PARA «INVADIR» LA DE NUESTRO OPONENTE. Y éste es el valor de «grande» afectivamente expresado. Poco y nada de ciencia, mucho de humanidad. De más está decir que, el poder de persuasión que entraña la afectividad bien expresada, es increíblemente sorprendente. Lo que se comprende al advertir que la clave de todo este fenómeno descansa en el código interior, de la mano del ESPÍRITU, en cada ser humano. Comprobar la presencia del código interior es relativamente fácil. Cualquier persona, la más elemental y analfabeta de una modestísima aldea, se constituye en autoridad para opinar de lo que ve y de lo que oye, para decirnos lo que está bien y lo que está mal en este tema. Porque SU código interior se lo REVELA, haciéndoselo «sentir». Veamos otro ejemplo a este respecto. Si delante de esta persona expresamos la palabra «pequeño» con el sentimiento de una reducida dimensión respecto de lo esperado o deseable y, en su consecuencia, nos significamos frunciendo el entrecejo, recogiéndonos* un tanto, aproximando la barbilla a nuestro pecho y vibrando con un ligero movimiento de retroceso para volver a la posición de origen, esta persona dirá: «eso está bien.» Si no nos expresamos, dirá para sus adentros: «Algo tiene que ocultar» Si empleamos para un sentimiento de «pequeño» la expresión antes ejemplificada de la palabra «grande», dirá: «Éste está loco o tiene un cable "pelado"». Esto es así. Tanto, que nos constituimos en jueces de la EXPRESIÓN ORAL correcta, cuanto menos doctos y cerebrales somos; porque el código subyace inscrito en nuestro interior y las gentes sencillas están más familiarizadas con él.

86 2.

EL PODER OBLA EXPRESIÓN OH AL

nos cómeos OEL ESPÍRITU

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MENTE VEKSUS ESPÍRITU

¿Qué sucede con este ESPÍRITU a través del tiempo? Pues que tiende a replegarse, a recogerse en nuestra interioridad, privado de la posibilidad de emerger, dado el predominio de la MENTE que, con su media soberbia inevitable (ya que nadie nos ha enseñado a ser humildes respecto de nuestros limitados conocimientos), bloquea su participación en la EXPRESIÓN ORAL. La MENTE actúa como una cuña que inhibe parcialmente la tarea del ESPÍRITU, dando paso a múltiples prácticas deshumanizantes entre las que hemos admirado la del «hombre de hielo» y la del «cara de póquer». Útilísimos recursos estos, para moverse en terrenos de exclusiva factura «inielectual». También para los que no se expresan normalmente o lo hacen de cualquier manera, al margen de lo propio, sale adelante el «informalismo» afirmando que todo da igual. Con él. todo el mundo puede ya andar por la vida, sin problemas, diciendo «estupendo», «maravilloso», «grandioso» y mil y un adjetivos más, con el mismísimo rostro inexpresivo, sin que pase absolutamente nada. Es más. sin que esté mal. Después de todo, ¿quién tiene autoridad para decir, en materia de EXPRESIÓN ORAL, lo que está bien y lo que está mal? La tolerancia sobre este delicado tema, y en particular de la INEXPRESIVIDAD. viene obligadamente de la época escolar, se remata con el mal ejemplo de numerosísimos ambientes, especialmente cultos y se completa con la televisión. Porque si así lo hacen en la «tele» es porque «así» está bien. De esta forma el hablar inexpresivo, se acepta en toda clase de tareas, responsabilidades y misiones. El fenómeno ha crecido y se nos ha «ido de la mano» de tal suerte que, el común de las personas suele decir: «Es que él o ella son así o asá». Simplemente inexpresivos, y con esto todo el mundo se queda tan tranquilo, como si no sucediera nada. Los que comprenden que deben valerse de la EXPRESIÓN para resultar más persuasivos (léase más humanos), recurren al movimiento de sus eejas-entrecejo-párpados a placer. Lo que no

significa de forma correcta, y por supuesto que se les nota. Lo que sucede es que la gran mayoría de la gente silencia estas impropiedades pensando que cada cual se expresa a «su manera», y lo del «código», queda relegado para comentarios como el que ensayamos en este libro. El problema que va emergiendo es el de la necesidad, cada vez más acuciante, de reencontrarnos con los valores y poderes que nos muestren plenamente humanos. Porque si bien para muchos hemos llegado a ser un número, y esto no deja por ello de ser práctico para determinados fines, no lo es menos que los «números» no suelen valer por sí mismos para promover la cooperación humana. Y ésta, hace mucha falta hoy día. De ahí que cada cual intente mover las cejas como pueda, a fin de caer humanamente mejor y con la mira puesta en conseguir algunos resultados «extra» respecto de sus objetivos o de los de su empresa, en donde «hay que funcionar». La conciencia de la necesidad de contar con las personas y de ganar su buena voluntad viene requiriendo en estos tiempos nada fáciles, del concurso de TODOS. El dilema, y más que el dilema el enirentamicnto de MENTE y ESPÍRITU en el interior de cada ser humano, tiene, como se suele decir, «las horas contadas». La vuelta a los cauces entrañablemente humanizantes es un imperativo de la hora y. el camino más socorrido se nos muestra en SENTIR lo que" se dice y en EXPRESARLO MANIFIESTA Y EMOCIONALMENTE con el mayor respeto por los sentimientos y por las ideas de los demás.

3.

CONSISTENCIA E INCONSISTENCIA

La consistencia es la concurrencia armónica de MENTE, CUERPO y ESPÍRITU para significar corporalmentc aquello que se dice. Como ejemplo, volvamos a lo de «grande». Si digo

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LOS CÓDIGOS DEl. ESPiMTC

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«grande», sin que se me mueva un pelo, no EXPRESO lo «grande», digo exclusivamente la palabra y soy, de esta forma. INCONSISTENTE. La inconsistencia, a su vez. puede producirse por inhibición de la expresión o por contrariarla impropiamente. Por ejemplo, en el supuesto anterior, suprimimos la expresión. Veamos ahora la forma más frecuente de decir «NO». Esta se traduce en emitir la palabra «NO», mientras se mueve afirmativamente la cabeza.

El problema de la inconsistencia en los usos no-verbales no tendría tanta relevancia si el hombre fuera una suerte de intelectual puro; pero no lo es. Es también afectivo, y como tal, la concurrencia de lenguajes le facilita la comprensión, la transparencia y la confianza recíproca. Esto sin valorar el carácter «integrador» que corresponde a la EXPRESIÓN ORAL bien empleada dentro de la trilogía que configuramos. Trilogía de CUERPO. MENTE y ESPÍRITU de cuyo buen ensamblaje depende, a su vez. nuestro equilibrio general. En materia de persuasión, el tema cobra singular importancia. Es menester emitir los mensajes, de forma que se refuercen mutuamente los contenidos verbales con los no-verbales. Hemos tenido oportunidad de observar, en los procesos de «escucha activa», cómo el hecho de identificar los sentimientos del otro cuando se expresa y de comunicárselos al «trasladarle» nuestra comprensión de su estado de ánimo, le predispone para una comunicación más abierta, sincera y profunda. O sea, que el tema interesa desde una doble vertiente: la de la emisión-recepción-interpretación del mensaje y la de la atmósfera afectiva que se genera con la manifestación de los sentimientos, por efecto de la EXPRESIÓN ORAL correspondiente. Otra forma típica de expresar inconsistencia no-verbal es la de pretender transmitir una iniciativa que demande una mayor actividad desde una postura corporal abandonada o simplemente pasiva.

En estos casos, la inconsistencia pasa a invadir el terreno de la «incongruencia» que, como sabemos, se fundamenta en: «Haz lo que digo, pero no lo que hago.» Quizá hoy. más que nunca, sea necesario regresar a la consistencia para iniciar o consolidar relaciones firmes y duraderas de colaboración. Para ganar, en la medida de lo posible, el mejor camino hacia la cooperación en todos lo campos. A tal fin. identifiquemos nuestros sentimientos y su significación no-verbal ante un espejo e intentando ablandar paulatinamente nuestros músculos faciales y la totalidad de nuestro esquema corporal, ya que se trata de hablar CON TODO EL CUERPO. Ello nos permitirá alcanzar, al cabo de cierto tiempo, la preciosa armonía de la consistencia en favor de nuestras comunicaciones de todo tipo. Las prácticas que proporcionamos a continuación serán una buena guía para asegurar los resultados: 1. Observar cómo y en qué medida movilizan sus cejas, entrecejo y párpados las personas que podríamos calificar de EXPRESIVAS. Aficionarse con esta tarea, sin violentar a quienes nos puedan servir de ejemplo. Hacer una lista de 10 palabras que encierren juicios como: «estupendo», «monumental», «firme», «duro», «grande», «pequeño», «mucho», «fuerte», «grandioso», «colosal». Luego, proceder a EXPRESARLAS de viva voz ante un espejo, componiendo previamente una imagen mental de la posible circunstancia de su empleo. Repetir la práctica cada día durante una semana. Luego, reanudar la experiencia renovando el vocabulario, de forma que las prácticas se hagan comenzando con palabras que exijan un esfuerzo especial para expresarlas, derivando hacia las más suaves que. normalmente, se comunicarían con un nivel de volumen notoriamente inferior.

2.

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LOS CÓDIGOS OF-I IM'iRITl'

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4. FÁCIL ES «FÁCIL» Y DIFÍCIL ES «DIFÍCIL» Intentémoslo ante un espejo. Digamos primeramente. FÁCIL. Probemos luego con DIFÍCIL y observemos las diferencias en nuestro rostro. La sorpresa de nuestro pedido, un lanío graciosa por cierto, contribuirá a mejorar los resultados pero es muy probable que digamos «fácil» y «difícil» con la misma expresión de nuestro rostro o sin ninguna expresión. Si, por el contrario, estuviéramos un tanto prevenidos, nos haríamos un verdadero lío poniendo «Caras» en donde no corresponda y expresando cualquier cosa que no sea ni «fácil», ni «difícil», como se nos pedía. Ahora bien. «Fácil», es fácil. Por lo tanto, no requiere de ningún signo expresivo en particular. Cuanto más podría caber algún movimiento en el orden gestual. Por ejemplo, si digo «fácil». intentando transmitir al mismo tiempo el mensaje no-verbal de: «no me resulta difícil». Lo que equivaldría a un «fácil» moviendo un tanto la cara de frente, pero volcada en dirección al hombro derecho, mientras se levantarían ligeramente y al unísono las cejas. Si digo «fácil» a secas, no cabe todo este agregado con su connotación respectiva (fig. 19). En el mejor de los casos, la frente tendería a despejarse, iluminando parcialmente al rostro. Difícil es más «difícil». Se expresa frunciendo el ceño, mientras se ladea un tanto la cabeza, concretando a su vez una afirma-

ción corporal, que lleva a todo el cuerpo, unos pocos centímetros, agobiándose adelante. (Fig. 20.)

Fig. 19

El compromiso de motricidad que está presente en la expresión significante de «difícil» se repite con infinitas variables y con ligerísimas y sutiles diferencias en la interpretación de cada persona, según el grado de emoción liberada en ese momento. Lo que volvería a cambiar sutilmente en una repetición y siempre así por reiterativa que ésta fuera, pues no hay DOS EXPRESIONES IGUALES DE NADA. EL ESPÍRITU NO SE REPITE, CREA PARA CADA OPORTUNIDAD UNA EXPRESIÓN IMPERCEPTIBLEMENTE DISTINTA. Por supuesto que todo esto en cada persona y para cada ocasión. Lo que será común a todos los casos es un determinado ESFUERZO FÍSICO. Este ESFUERZO FÍSICO que acabamos de anunciar, NO CANSA. Es precisamente el soporte armonizador de las relaciones de CUERPO. MENTE y ESPÍRITU y un requisito esencial de la COORDINACIÓN FÍSICA que estará presente en toda comunicación oral EXPRESIVA, emocionalmente concretada. Una mínima exigencia para que opere la expresión propicia es la de que se traduzca a partir de una postura corporal «ACTIVA», predispuesta para la más grácil interpretación. Y aquí tenemos que volver a repetirnos: solemos evitar la «molestia» de hablar bien, descargando la responsabilidad de la comunicación en su parcela

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El. PODER DE LA EXPRESIÓN ORAL

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«intelectual», conviniéndola en un problema de MENTE-CUERPO y en el que este último actúa, parcialmente, desde una cómoda posición de descanse. Todo este comportamiento, que tiende a traducir a «fácil» el universo de las posibilidades expresivas, va minando nuestras facultades interpretativas y desquiciando el habla, que suma aspere/as a una voz que «empobrece» día tras día. Por eso no cuesta mucho trabajo encontrar personas que están convencidas de que NO tienen buena voz y que, por supuesto, al decírnoslo muestran con bastante claridad la «inconsistencia» que ha minado sus recursos fonales. Hoy «fácil» mañana «difícil», pero para ellas siempre «igual», haciéndose cotidianamente el mismo daño de la persistente gota horadando la roca. En el APÉNDICE de este libro, que nuestros lectores descubrirán al final, incorporamos lo que hemos llamado un «LECTORAL». Una forma de describir determinadas expresiones más o menos frecuentes. Reflejamos allí formas FIJAS, que tienen un simple propósito: arrimar guías de expresión en sus rasgos esenciales. Rasgos que multiplica y enriquece en cada uno de nosotros el ESPÍRITU, en función del grado de EMOCIÓN aplicado y siempre contando con que la EXPRESIÓN se manifieste a partir de las posturas ACTIVAS que la «sacan» idealmente a la superficie.

5.

EVIDENCIANDO CONVICCIÓN

La necesidad de «afirmarnos» al manifestar nuestras convicciones, nos lleva muchas veces a una inconsistencia tan frecuente como inadvertida para la gran mayoría de los oyentes. Se trata de una muy características forma de decir que «NO». «¡No señor!»... y el cuerpo se mueve inclinando la frente y parte del torso en sentido AFIRMATIVO. De esta suerte, el cuerpo dice

«SÍ» y la palabra «NO». El hecho es tan común que nuestros lectores podrán comprobarlo cada día en la televisión, en la calle o en cualquier lugar. Pero lo verdaderamente curioso es que casi lodo el «mundo» está convencido de que estas imágenes muestran la forma de «afirmar una negación», aunque esta última no aparezca en la imagen. En realidad se puede perfectamente decir «NO» afirmando la negación con ayuda del cuerpo y por supuesto que expresando la negación con su consabido movimiento «horizontal» de la cabeza. Para el caso se trataría de moverse aproximadamente de esta forma: accionar activa y brevemente la cabeza en sentido horizontal, cubriendo la barbilla un recorrido de unos pocos centímetros, mientras el cuerpo parece adelantarse agobiándose un tanto. Esta sería una negación completa. Su intensidad afectiva dependerá de multitud de factores, que irán disponiendo pequeños aditamentos en el esquema central descripto y que resultaría así. más o menos, básico. No es extraño que se susciten discusiones a cada ralo cuando se parte de componentes comunicacionales equívocos, dejando de cuenta y riesgo del vocabulario la responsabilidad . casi exclusiva, de transmitir el mensaje oral. En verdad que el problema se gesta y viene alentado, involuntariamente, por la escuela. Por supuesto que sin la menor intención, pero machacado en la cabecila de lodos los que hemos pasado por las aulas. Un ejemplo nos permitirá corroborar que estamos en lo cierto. Probemos con el siguiente texto en prosa: «Como vestía uniforme cuando murió, le llaman el soldado desconocido.» La escuela nos ha enseñado a leerlo, sin tocar para nada la parte expresiva y con arreglo a la única condición de respetar la coma que, para nuestro ejemplo, advertimos a continuación de la palabra «murió». Por lo tanto, y de principio, cada uno de nosotros lo leería así: «Como vesiía uniforme cuando murió (breve pausa), le llaman el soldado desconocido (pausa más larga). El rostro, por supuesto que idéntico al que pondríamos leyendo (siempre en voz alta) la palabra «fácil» con la que antes

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hemos trabajado. Si leemos este texto en voz alta en la escuela, por supuesto que sin tropezar, tendríamos una buena nota y todavía mejor si la pronunciación resultara ciara y distinta. Pues así sucede con la lectura de no pocos discursos en los que por ahí se le acaba el «aire» al orador, antes de llegar a la coma oficial, y esta claro que ésto no queda nada bien. Sin embargo, lo que intentamos decir con todo este comentario es que. en la vida real, el problema no es así y nadie se ha preocupado de hacérnoslo ver. Porque cuando estamos comprometidos con aquello que intentamos comunicar, buscamos de ser convenientemente claros. Por ello damos tiempo al receptor para que se haga cargo de lo que le decimos, mientras nos «tomamos» el nuestro, para EXPRESAR verbal y emocionalmente el mensaje en cuestión. En el ejemplo referido: «Como vestía uniforme cuando murió, le llaman el soldado desconocido». la comunicación tendría que cumplir los pasos que corresponden a la EXPRESIÓN ORAL de la lengua y no a la forma «escrita». Por ende, la puní nación no será la misma, complicándose la expresión en la medida que SIENTA y se ADHIERA, el que habla, a lo que dice. Asi las cosas, el ejemplo quedaría convertido —con ciertos visos de realidad— en lo que sigue: «Como vestía» vendría reflejado con una ligera inclinación de todo el cuerpo hacia adelante, mientras la cabeza se ladeaba apenas un tanto sobre un costado. Al decir «uniforme», la cabeza regresaría a la vertical del tórax, moviéndose hacia arriba y hacia abajo mientras se levantaban las cejas. «Cuando» sobrevendría inmediatamente después de una brevísima pausa, que dejaría lugar a un atisbo de dolor reflejado en el entrecejo, un tanto contraído, mientras el cuerpo vibrara en un casi imperceptible movimiento descendente de la barbilla, que dejaría paso a la pausa de preparación al momento más dramático. «Murió» tropieza con el cuerpo predispuesto. Se pronuncia el agobio, la barbilla intenta refugiarse en dirección al tórax bajando la cabeza con el ceño fruncido en el momento en que se entrecierran los párpados entre un ligero vaivén de la cabeza, que deja eslimar una pau-

sa suficiente. «Le llaman» encuentra distendido al rostro y una pausa brevísima de expectación acoge a «el soldado» que, con aire infomiador-afirmador. recoge la cabeza echándola hacia atrás, para volver en dos afirmaciones de la barbilla que sube y baja verticalmente. «Desconocido» vuelve a requerir una movilidad un tanto hacia adelante del tórax, mientras la cabeza se menea hori/ontalmente significando desconcierto. Y ésta sería más o menos la EXPRESIÓN SENTIDA de la anecdótica frase del ejemplo. Claro está que todo esto no puede ser relatado mediante tediosas descripciones como las que anteceden y que un buen estilista de la lengua podría convertir en una página preciosa. De allí que la enseñanza de la lengua, en su EXPRESIÓN ORAL, tendría que tener una cierta autonomía respecto de la escrita y por supuesto, que de la lectora. En lo que respecta a nuestro propósito aquí, tenemos que admitir que la EXPRESIÓN ORAL-CORPORAL requiere un esfuerzo físico y un «tiempo», elementalmente necesario, para concretarse. Por esto, recomendamos la vigilancia de la buena postura que facilite lo primero, y la cultura de la tertulia sosegada, que contribuya a poner a punto lo demás.

6.

SENTIMIENTOS Y COMUNICACIÓN ORAL-CORPORAL

Nadie nos ha enseñado a usar nuestros sentimientos para comunicarnos mejor. El lema, simplemente, ha formado parte de lo que se ha llamado la manera de «ser» y de «sentir» de cada uno. El que ha logrado controlarlos de alguna forma y para determinados asuntos, especialmente en el terreno de los negocios, ha ganado el apelativo de «hombre de hielo», «cara de póquer» y, por supuesto, «actor» o «artista». Por cierto que, entre los directivos y dirigentes, esta habilidad ha venido siendo muy apreciada.

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LOS CÓDIGOS DEL ESPÍRITU

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sobre todo cuando se aplica en algunos pasajes de las técnicas de negociación. Una buena mayoría de la gente piensa que, controlar la manifestación de los sentimientos es un recurso lamentable, que equivale a mentir. Se entiende que los sentimientos son auténticos y que deben aflorar espontáneamente, por evidentes razones de lealtad y de transparencia. En estos casos. los que así piensan están inclinados a estimar que los sentimientos tocan a un aspecto de la realidad humana que nada tiene que ver con las especulaciones y los juegos en que se mueve la actividad mental. Por lo tanto, quien no los manifiesta es falso, quien los manifesta es sincero y, sobre todo, «transparente». En verdad que las cosas no son del todo así. Puesto que podrían habernos adiestrado para controlarlos. Lo cual, dicho sea de paso, nos habría evitado no pocas muertes de infarto, paros cardíacos, úlceras perforadas y algunos otros males, ciertamente graves, que han afectado y afectan a una verdadera legión de ejecutivos, directivos, dirigentes, profesores y funcionarios de nuestro tiempo. Mas, miremos el lado positivo que el tema puede tener para quienes pretendan aprovecharlo al servicio de mejores y más efectivas comunicaciones orales. En primer lugar, cuando ensayamos comunicamos, los sentimientos tendrían que quedar reservados al proceso EXPRESIVO del mensaje y a la oportuna receptividad del que nos pretenden trasladar. Las REACCIONES que este ir y venir pudieran provocar, son precisamente las que tienen que ser controladas, para que todo el mundo salga con bien del encuentro o de la reunión. Ya sabemos que con la violencia y la conmoción, mal puede nadie tener una mente clara y el discernimiento suficiente para ver las cosas en su punto y para optar por lo más razonable y bueno para lodos. Esto es justamente lo que NO se nos ha enseñado. Que entre el ESTÍMULO del «OTRO» y NUESTRA REACCIÓN.

MEDIA UN ESPACIO NEUTRAL del que tiene que salir la respuesta idónea. En segundo lugar, la educación para el éxito en la «competencia» nos ha formado «SUSCEPTIBLES» A LAS PALABRAS. De modo que también podamos usarlas como «armas» para arrojárselas a la cabeza de nuestros oponentes a fin de conseguir los resultados apetecidos, valiéndonos de la disputa, de la pelea y del descontrol. Por eso, en nuestros días y en las sociedades más evolucionadas, diríamos que de más alta cualificación intelectual, podemos leer las crónicas de los que se apalean, se hieren y hasta se matan por «un quítame de aquí estas pajas». Dejamos por supuesto, a salvo, la infinidad de sucesos que acaecen en el seno de numerosísimos hogares que, por su entidad y sus consecuencias, no salen más allá de las cuatro paredes en que se generan y de los «cinco vecinos» que quieran o no, los tienen que oír. Si mandamos a alguien «a paseo», lo más probable es que nos replique «como para nosotros». Y así comience la cosa. Porque pocas veces unas palabras malsonantes son acogidas con la prudencia y curiosidad de los que ven, en quien las ha «disparado» a una persona violentada por determinados sentimientos: «Veo que te sientes herido y molesto por la forma en que me comporté al final de la reunión con aquella gente...» Esto NO. Se suele ser más práctico: «Pedazo de idiota, ¿no sabes recibir una broma?» Lo que viene* a continuación ya lo sabemos y puede que sea irreproducible. El EQUILIBRIO de la réplica, las palabras más apropiadas y la EXPRESIÓN ORAL subsiguiente, requieren de una buena dosis de autocontrol (no traumático), que no puede lograrse sin el correspondiente entrenamiento, filosofía y paciencia. Y todo esto se consigue a partir del momento en que establecemos las diferencias entre las palabras y los hechos. Entre las palabras y lo que éstas representan. Es decir, las palabras como elementos fiables para relevar buenos «mapas» de la realidad y. por supuesto. Ja REALIDAD en sí misma, con la que nunca habría que confundirlos.

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EL PODER OK LA EXPRESIÓN ORAL

En el orden social, sucede que algunas personas se sienten aduladoras cuando se les pide que llamen por su nombre a las que incluso acaban de conocer y. de paso, que se interesen por ellas, por sus hijos y por su comodidad, durante la entrevista o la reunión. Todo esto les causa el malestar de sufrirse «insinceras». Olvidan una simple enseñanza, que tiene la ventaja de no pretender «adoctrinar», ni mucho menos «educar» a nadie: «Quien PRACTICA reiteradamente —ante un espejo— la situación comentada o similar, verbali/ando amablemente las palabras adecuadas, pierde lodo prejuicio y deja de pensar sobre su sinceridad al hacerlo en la primera oporlunidad que se presente. Todo esto porque el miedo a sentirse falso, no suele ser otra cosa que la falta de disciplina personal para conseguir determinados resultados que nunca se intentaron resolver formalmente. En esto como en tantos otras asuntos referidos al carácter y a la afirmación de la personalidad que pretendamos alcanzar, la EXPRESIÓN ORAL bien realizada y practicada ante un espejo. con un tanto de paciencia y de reiteración, contribuirá a proporcionarnos soluciones verdaderamente insospechadas.

4
HABLA, AIRE Y PERSUASIÓN 1. 2. 3. 4. 5. 6. Hablar bien o «ahogarse» Hablar con las cejas, no con la garganta Recursos para colocar bien la voz al hablar Pronunciando bien las palabras Aspereza de la voz y otras molestias Dominio del volumen de la voz

1.

HABLAR BIEN O «AHOGARSE»

«No sé que me pasa últimamente... me parece que me ahogo, como si me faltara el aire» Es probable que estas palabras nos hablen de un exceso de tensión, de la presencia del estrés o de un estado de ansiedad. Pero lo que no solemos advertir es si nos falta el aire «lodo el tiempo» y andamos suspirando por ahí, o si el estado de angustia, por lo menos aparente, se presenta o se agrava toda vez que tenemos una conversación más o menos prolongada. En este último caso, lo más probable es que al hablar cojamos menos aire del necesario. Esta suerte de «economía», afecta el tono y la pureza de la voz, ocasionando un mal trato a la laringe que se estrecha para forzar la emisión del mensaje con una buena porción del aire residual, de primer nivel, del organismo. Lo hemos comentado ya, pero viene muy a cuento repetirnos aquí: el origen más frecuente de este vicio del habla descansa en la pretensión de disimular la entrada del aire POR BOCA. Puede

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EL PODER DE LA EXPRESIÓN OKAI.

11 AHÍ A. AIRE Y PERSUASIÓH

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que alguien nos lo haya dicho o puede que «solitos» lo hayamos «descubierto». «No queda bien coger el aire para hablar, como si nos estuviéramos "ahogando".» «Hay que hacerlo, cuidando de respirar mejor por la nariz y nada más.» De paso, tenemos entendido que prevenimos una serie de enfermedades o de males que pueden proporcionar los gérmenes que. entrando por la boca, no serán controlados por la mucosa nasal. En una palabra, que todo parece decir que somos más ilustrados o civilizados si respiramos por la nariz para hablar. Dicho esto, sin perjuicio de que. inexplicablemente nos parezca más «elegante». Claro está que después sucede lo que sucede. Que a más «elegante», la voz más lamentable y no pocos otros males; por cierto, más complicados que los que pretendíamos «salvar» con la medida. En definitiva, que el caso es frecuente. Lo suficientemente frecuente como para alertar a los padres, a los educadores y a las autoridades sanitarias. Sin embargo, el tema sigue ahí. Más de cuatro continúan pensando que lo que vienen haciendo es, indudablemente lo mejor. Queremos desde aquí encender una luz «ámbar» sobre c-ie asunto y. a su vez, sugerir las mejores «salidas» para lo que consideramos un verdadero problema, tan escasamente advertido como controlado y para cuya solución, cabría observar y practicar lo siguiente: 1. Inspirar el aire por la BOCA para hablar. 2. Al hablar, cortar la frase allí donde se acaba el aire, a fin de NO recurrir constantemente al empleo del aire residual de primer nivel del organismo. 3. Recordar que el habla tiene una puntuación muy cortada, que se puede aprovechar para recoger el aire necesario cuando haga falta. 4. Teniendo necesidad de aumentar el volumen, coger más aire, por la bina, gastándolo liberalmente. 5. En lodo tipo de conversaciones, abrir un tanto más la boca, de forma que se interesen las mejillas al hablar.

6.

En ningún caso, y por ningún pretexto, intentar disimular la entrada de aire por la boca para hablar, recordando que el «ruidito» que suele producir es una característica típicamente humana y natural que no hay que modificar.

Teniendo en cuenta estas preciosas recomendaciones, la recuperación del proceso natural tiene que operarse paulatinamente en un periodo de tres a cuatro meses. Al principio la buena práctica nueva podrá ocasionar algún pequeño mareo o. más bien, sensación de mareo, hasta que el pulmón vuelva a su cauce original y el buen hábito se consolide. A la hora de hablar, recordar que tenemos que respirar primero y no arrancar espontáneamente SIN «AIRE» suficiente, como a diario puede venir ocurriendo. La persistencia generará los resultados esperados y la voz recobrará la belleza que le sea propia.

2.

HABLAR CON LAS CEJAS, NO CON LA GARGANTA

El título sonará a imposible. No obstante, veamos por qué tenemos toda la razón. Una buena mayoría de las personas, en particular las más cualificadas, tienden a hablar con la mitad superior de su rostro prácticamente inmóvil. Las cejas , el entrecejo y los párpados no tienen casi movilidad. Al enfatizar sobre cualquier asunto, ponen su interés en el cuerpo, en la cabeza y en los ademanes, manteniendo al rosno sin apenas participación. En el mejor de los casos, la presión del acento se descarga sobre los labios, de forma similar a los sargentos dando voces y órdenes a la tropa bajo su mando. A partir de aquí, todo es muy similar. Por ejemplo: «estupendo», «dañino», «celebrémoslo», todo se parece, no verbalmente, en lo que a la participación del rostro se refiere. En una palabra.

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EL PODEH D£ U EXPRESIÓN ORAL

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que NO HAY DIFERENCIAS DE EXPRESIÓN ORAL significativa de estas palabras. Por eso, «hablar con las cejas, no con la garganta» tiene ahora bastante sentido. Si digo «estupendo», tendría que tomarme la molestia de expresarlo levantando las cejas a tope, abriendo un tanto más los ojos y moviendo la cabeza hacia arriba y hacia abajo en un breve y reiterativo accionar hasta completar las sílabas, mientras el cuerpo entero intenta ratificar con una vibrante sacudida del torso la misma valoración. En el caso de «dañino», el entrecejo se contrae un tanto, mientras los ojos se entrecierran parcialmente y la cabeza se mueve sobre su horizontal en una brevísima y media negación. Para «doloroso», el entrecejo se aprieta a fondo, en tanto que la cabeza vibra moviéndose en una ligera afirmación desplazando apenas el tórax hacia adelante. «Muy bueno», es bastante complicado y suele llevar a que la gente lo exprese «a medias», generalmente por precipitación. Aquí «muy» obliga a una fuerte contracción del entrecejo, que se acompaña con una media afirmación de cabeza. «Bueno» deriva inmediatamente de «muy», aflojando el entrecejo hasta su casi distendida posición de arranque, mientras los párpados se dilatan potenciando el brillo de los ojos y la cabeza interviene con un brevísimo movimiento de afirmación. «Bárbaro», en el supuesto de «brutal», se mostraría frunciendo a tope el entrecejo, forzando una vibrante sacudida horizontal de la cabeza, mientras la barbilla busca de pegarse al cuello, obligando al tórax a dar un pequeño movimiento hacia atrás. ¡Cuan diferente se mostraría esta palabra para significar una suerte de euforia triunfalista! Tornaría a parecerse a «estupendo», dimensionando un tanto sus perfiles básicos según intentamos describir en su lugar. «Celebrémoslo» tiene, otra vez, cierto grado de complicación. Ahora las cejas buscan de situarse en lo más alto, pero sin presión, regresando a sus sitio distendiéndose mientras los párpados se dilatan un tanto, sobre su media habitual y la cabeza se estira buscando altura, para caer rebotando sobre unos muellecillos que la llevan arriba y abajo, hasta apagar

finalmente el conjunto expresivo del empeño significante... Y así sucesivamente. Si dirá: «Está bien, pero las cejas no han tenido más intervención que los párpados o la cabeza.» Sí, es verdad. Más, cuando recomendamos «hablar con las cejas...» lo hacemos en la convicción de que es por medio de ellas que inexplicablemente, por ahora, el ESPÍRITU pone en marcha todos los movimientos expresivos en una armoniosa entente. De allí que, en su lugar, afirmemos: «El cuerpo mueve los brazos, el "rostro" mueve las manos», que traducimos como la Ley de la Soltura Natural de los Ademanes. Curiosamente, si las cejas no tienen un posicionamiento claro, las manos comienzan a activarse por imperio de la MENTE consciente, con toda una lamentable gama de manifestaciones. Es por esto que toca al interés de los seres humanos en general y de los españoles e hispanoparlantes en particular tener dirigida la atención a las CEJAS, como responsables directas de la activación del conjunto e x p r e s i v o - a f e c t i v o de una buena comunicación oral-corporal directa. De esta forma la voz verá enriquecidos sus tonos y colores con una dulzura peculiar, que habrá de nutrirse del aliento de la actividad facial y. sobre lodo, del conjunto significativo más delicado de: CEJAS, ENTRECEJO, PÁRPADOS. Sin el menor propósito, la escuela tiende a «barrer» la expresividad de la mano de un aprendizaje memoríslico y de las lecciones orales que se explican con caras imperturbables, estando pendiente el alumno, en cuestión, de decirlo todo según aprendió, con una habilidad exclusivamente MENTAL y deshumanizada. Por todo esto, en nuestro libro ESTUDIEMOS SIN ESFUERZO * nos prodigamos en pedir a los estudiantes y estudiosos que «estudien como profesores, no como alumnos». Partimos, por

' GARCÍA CARBONFXL, R.: Estudiemos sin esfuerzo, Editorial Edaf, S. A.. Madrid, 1987.

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UAlilA.Mliin PERSUASIÓN

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supuesto, de la presunción de que sus profesores sean medianamente expresivos a la hora de explicar sus lecciones e inieractuar en el aula.

3.

RECURSOS PARA COLOCAR BIEN LA VOZ AL HABLAR

Estamos otra vez, de vuelta, con el manido tema de la comodidad. De característica de las sociedades más evolucionadas, la comodidad se convierte en el gran flagelo que, ora deforma los cuerpos de los que están sentados o de pie. ora enferma la laringe de los que tienen necesidad regular de hablar: sobre todo cuanto más cultivados intelectualmcnte se encuentren sus titulares. La comodidad hace «caer» la voz. que se «aclara» irremisiblemente. «Aclara», por supuesto, que no en el sentido de limpia y distinta, sino de «garganta». De una garganta que parece pretender constituirse en el único componente integral de la fonación, cosa que no es así. Si la voz «cae» aclarándose, pierde el abrigo de la resonancia natural en un buen nivel y con ello se presentan no pocos de los males y molestias que hoy se suceden en un elevado porcentaje de personas habituadas a las posturas «abandonadas» y a la más perniciosa de las «comodidades»: el apollronamiento. Para estos seres, senlarse equivale a «tirarse» como si salieran del más profundo pozo de una mina. Los más «cansados» tienden a valerse «creativamente» de los respaldos de las sillas y, por supuesto de las mesas. Y resulta que, para HABLAR BIEN hay que hacer UN ESFUERZO CORPORAL. Un esfuerzo que NO CANSA, pero que cuesta creer que sea indispensable. En la base de la perfección están las posturas ACTIVAS. ERGUIDAS y DISTENDIDAS. Luego, la actividad facial expresivo-significativa, y. por úllimo, el referido ESFUERZO DE

HABLAR BIEN. Esfuerzo que nos lleva a vibrar EMOCTONALMENTE y a tener en cuenta la forma en que trabaja la mecánica de la fonación, para concretar una emisión precisa y armoniosa de la voz. El proceso de fonación pasa obligadamente por la distensión de la lengua, que debe trabajar desde una postura de reposo sobre su lecho para lomar «en forma de cuchara», redondeando la voz con el aporte de la bóveda del paladar. Para conseguir buenos resultados y llevar la voz a su tesitura natural, las siguientes prácticas serán especialmente útiles: 1. Abrir la boca de forma que la lengua repose sobre su lecho en forma de «cuchara» y con la punta situada, sin presión, tocando los dientes inferiores. Repetir la operación todos los días cinco veces ante un espejo y hasta conseguir disponer la lengua con toda facilidad. Partiendo del dominio de la posición de la lengua indicado en el apartado precedente, pronunciar ante un espejo las siguientes palabras: ANTES, AHORA. ANTAÑO, AGU1LAR y HAMBRE. Al hacerlo, internar llenar bien la voz. comprobando que la masa de aire sale por la nariz y por la boca, hasia conseguir llevar, la fuerza de la voz, al cielo del paladar. Practicar con estas y otras palabras que comiencen con vocal seguida de «M» o «N». Tiempo de la práclica: 2 minutos por día. Sentados en una postura erguida pero relajada. Aspirar lentamente el aire por la nariz en citano tiempos (contados mentalmente: 101. 102. 103. 104) y luego espirar el aire por la boca, en seis tiempos, imaginando que la garganta es un túnel por donde discurre el aire hacia la salida sin ningún elemento que se interponga. Leer un texto afectivo —en el que menudeen los juicios— como si fuera en voz alta, pero sin emitir sonido, abriendo bien la boca y forzando la lengua, Jas mejillas.

2.

3.

4.

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los labios y la expresión general de rostro y cuerpo. Emplear en esta práctica 5 minutos por día. intercalando breves descansos.

4. PRONUNCIANDO BIEN LAS PALABRAS
En todo proceso de comunicación oral es indispensable que las palabras se pronuncien y se emitan de forma inequívoca. Al hablar entran en juego diversas memorias: articular , expresiva, fonal y mental, entre otras posibles. Todas se comprometen en una coordinación propicia que determina la «encodificación» del mensaje. Al escuchar sucede otro tanto. Aquí participan las memorias auditiva, visual, mental y expresiva —también, entre otras posibles— para completar la «decodificación» del mensaje. En ambos supuestos, nuestra MENTE consciente y nuestro ESPÍRITU inconsciente, tienen papeles esenciales que jugar. Si el proceso queda bien estructurado, la emisión y la recepción saldrán perfectas. De no ser así, los grandes o pequeños fallos y omisiones, demeritarán la calidad emisora, con sus naturales consecuencias sobre la receptora. Y esto es lo que viene sucediendo cotidianamente. Obvio resulta señalar que. para un gran número de nuestras habituales comunicaciones, no hay receptividad. Se «parlotea» con un discreto y educado ordenamiento. No interesa saber de qué hablamos, basta dar una buena sensación auditiva a los demás y eso es todo. El que habla, lo hace ante «alguien», más que nada para no hacerlo sólo. Pero, de vez en cuando, este «recurso» se descubre y surgen los naturales problemas: «No me estás escuchando»... «Cuando te hablo, no me haces ni caso...» Y así sucesiva e interminablemente. En otras circunstancias, el problema se plantea

segyn concurran o no las condiciones más o menos ideales de receptividad. Demás está decir algo sobre las interferencias de los ruidos ambientales, pues son todavía más frecuentes los mentales que bullen en la cabeza de no pocos escuchas. Y todo esto aludiendo a la recepción-interpretación del mensaje, desde una perspectiva de neto cuño intelectual. El mensaje COMPLETO es de un lado, mucho más frecuente. De otro, generador de variadísimos casos en que la confusión y el desencanto pueden alcanzar cotas muy elevadas de incomprensión, de disgusto y de frustración. «No me digas nada, me basta y sobra con tu mirada.» «Sí. ya lo creo que lo leí, pero en tu rostro.» En verdad que es punto menos que imposible mentir, no verbalmente sobre todo cuando se siente lo que se ha venido a reflejar. Pero también es verdad que hay que ser un artista sobresaliente para concretar ajustadamente una emisión INTEGRAL del mensaje oral. Hoy. entre el doblaje de películas extranjeras, en las que generalmente no se corresponde la expresión del rostro (cejasentrecejo-párpados) con las palabras y con los matices emocionales que demuestran los actores y actrices, la mediocridad interpretativa de no pocos actores de nuestra lengua y el muestreo pobrísimo a que nos somete la televisión, ya no sabemos bien cómo se habla o cómo hay que hablar. Porfiamos en transmitir nuestros mensajes confiando en la supuesta «claridad» de las palabras. Dejando de lado el hecho de que la mayoría de las personas, el gran público y las opiniones «autorizadas» o más «intelectualmente informadas», aceptan como lo más natural todo este descalabro deshumanizante. Hasta aquí lo que viene sucediendo; lo cotidiano. Veamos que podemos proponer para hacerle frente. Sobre todo porque, en general, cuesta creer que la EXPRESIÓN ORAL pueda ser portadora de ese formidable PODER DE PERSUASIÓN que le atribuimos en este libro. Y esto suele ser así, puesto que son cada día más escasos los testimonios de personas verdaderamente dotadas con este singularísimo favor. En lo que a nosotros respecta, lene-

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mos que decir que conservamos testimonios invalorables de hombres y mujeres que han sido cuidadosos con este precioso atributo, logrando unas dotes humanas y de persuasión excepcionales. Precisamente, estos hechos ciertos, y la prueba de que se trata de valores cultivados y adquiridos, nos ha puesto en este empeño de divulgar formas efectivas de poner en manos de quienes se lo propongan seriamente, el singularísimo favor del PODER DE LA EXPRESIÓN ORAL, con todos sus efectos, sobre sí mismo y sobre aquellos con que se relacionen. Mientras tanto, la escuela y los múltiples resultados de las investigaciones psicosociológicas prosiguen educando e instruyendo para perseguir mejores comunicaciones inlerpersonales y grupaÍes, con previsiones, consejos y recursos de índole netamente razonadora y MENTAL. Y. nos repetimos, los seres humanos NO SOMOS limitadamente un compuesto de MENTE y de CUERPO. Somos, por lo menos, el fruto del entendimiento armonioso de dos hemisferios cerebrales, con sus muy complicadas funciones y posibilidades de interacción. En consecuencia, persiguiendo ayudas que contribuyan a ganar un empleo más efectivo de esa parcela olvidada de nuestra totalidad, es que proponemos seguidamente las prácticas más seguras. Pero en la idea de que hacerlo no significa solamente ganar la destreza de «articular» las palabras y de «emitir» la voz de forma inequívoca y distinta. Sino la de dotar a la buena pronunciación de la fuerza persuasivo-comunicativa que libera la EXPRESIÓN EMOCIONAL bien concretada:

esta práctica delante de un espejo, cada día. por espacio de 5 minutos". 2. Escoger, para practicar, un texto fuertemente afectivo y proceder a leerlo desde la «postura de base de pie», por frases que permitan observar el rostro y la movilidad corporal ante un espejo que refleje la imagen completa, prestándose al esfuerzo de conseguir una EXPRESIÓN ORAL llena de calor y de interés por transmitir el mensaje. Al practicar, cuidar de sentir como un hombre o una mujer de un pueblo o aldea, que cuenta coloquial y apasionadamente el contenido. DESPRECIANDO la puntuación «gramatical» del escrito, para darle un acento y un estilo conversacional, aunque de viva voz. La práctica es conveniente que sea diaria, como la de un actor o actriz que ensaya su dramático papel por espacio de 10 minutos o de más tiempo; dígase media hora una vez por semana, caso de no poder hacerlo cada día. Los efectos de estas prácticas se apreciarán de inmediato. Esto no debe llevar a pensar que en pocos días pueden abandonarse. Es indispensable perseverar por espacio de TRES MESES, esforzándose complementariamente, por cuidar la manera de hablar de cada día. Las prácticas pueden repetirse si al cabo del tiempo se observara-una merma en la calidad de una óptima pronunciación. En este caso, bastarán unos pocos días, dígase una semana, para estar nuevamente en condiciones ideales. De todas formas, si se

EJERCICIOS 1. Leer de viva voz un texto —en que menudeen los juicios y las palabras cargadas de afectividad— con los dientes apretados (sin presión) y de acuerdo a la mordida natural de cada uno. forzando la lengua, las mejillas, los labios y la EXPRESIÓN GENERAL de rostro y cuerpo. Realizar

La pronunciación sonará un lanío ridicula por la presión de los dienies. No obstante, cabe hacer el esfuerzo de conseguir sacarla lo más clara posible, enviando parte del aire por la nariz. El tiempo de prácticas puede elevarse a 10 minutos por día en las personas que tengan una visible atonía en su pronunciación. Caso de que quien practica refleje tensión en sus mandíbulas con antelación a la realización de estas prácticas, limitar e! tiempo a los 5 minutos indicados en su lugar. (N. del A.)

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cuida cada día la pronunciación, el nuevo hábito de HABLAR BTEN mantendrá su excelencia.

5.

ASPEREZA DE LA VOZ Y OTRAS ¡MOLESTIAS

Si alguien tiene la voz áspera y fuma, nos dice que se debe «al tabaco» y en cierta forma es verdad, pero no «toda» la verdad. Hay muchas causas posibles que pueden verse implicadas en los problemas de aspereza y también en los de nasalidad, monotonía y rapidez del habla. Pasaremos a tratarlos, con el mejor interés de proporcionar algunas «salidas» en cada caso. Aspereza: Se produce por la influencia de dos factores determinantes. Primero y principal, por la falta de aire suficiente para hablar. Como ya lo hemos comentado con largueza, el aire ha de ser aspirado por la BOCA para «hablar» durante una conversación normal y, con mayor razón, al hacerlo en público. Segundo, por la inexpresividad facial. Ya lo hemos dicho y tenemos que repetirlo: el conjunto «cejas-enlrecejo-párpados» tiene influencia directa sobre la laringe y es el precioso complemento para dar a la voz su componente de dulzura: que tiene que serle NATURAL, so pena de hablar mal. Por lo tanto, a los efectos de recuperar la dulzura y conseguirla dentro de las posibilidades de cada uno. cabe proceder a practicar y a observar los siguientes: 1. Respirar habitualmente por la BOCA para hablar. De hacerlo en alta voz, provocando el sonido característico del paladar blando. 2. Hablar cuidando de ser convenientemente EXPRESIVOS, activando el conjunto cejas-entrecejo-párpados. 3. Coger una masa de aire por la nariz y «gastarla», murmurando palabras sueltas o frases más o menos cortas con el

rostro totalmente inexpresivo. Repetir la práctica todos los días cuatro veces seguidas desde posturas de pie o de sentados, erguidas pero MUY RELAJADAS, y «adormílando» el rostro. 4. Sentados en posición de máxima relajación y con la espalda recta, describir una rotación amplia de la cabeza, partiendo de una postura en que ésta se encuentre caída hacia abajo, con los dientes separados y las mejillas laxas. Durante todo el movimiento de rotación que llevará la cabeza hacia atrás y siempre dando la vuelta hasta llegar al punto de origen, murmurar la palabra: «BARALABIA». dejándola que «resbale» con escasa participación de los labios. La palabra tiene que fluir apenas inteligible. Realizar la práctica TRES VECES seguidas intercalando las rotaciones de la cabeza en uno y otro sentido. Con independencia de fumar moderadamente o mejor aún. de no hacerlo, la voz ganará en suavidad y en muy poco tiempo (30 o 40 días de prácticas). El último ejercicio descrito, «Baralabia», es útilísimo para los profesionales de la voz y para quienes tengan que hablar en público o en numerosas reuniones sociales, profesionales y de negocios. En tal caso, practicarlo antes de actuar y siempre que se experimente el más ligero cansancio de la voz o se perciban molestias en la región de la laringe. Su práctica revierte un descanso adicional para los músculos del cuello y de la cabeza. Nasalidad: Se trata de un vicio o de una virtud según los casos. Esto porque cierta «nasalidad» es absolutamente necesaria para complementar las características de colocación y de resonancia de la voz. Hasta aquí la virtud. En otros casos, que lamentablemente suelen darse, la voz suena como si la persona diera la permanente sensación de haber estado llorando largo tiempo. El tono que genera, desalienta y cae francamente mal. Nos permitimos expresamos con esta contundencia, porque el PROBLEMA TIENE REMEDIO. Para solucionarlo, practíquese cada día como sigue:

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Ante un espejo, abrir extremadamente la boca, como si se tratara de provocar un amplio bostezo. Sostener la boca abierta relajando el rostro y disponiendo la lengua sobre su lecho, con la punta tocando detrás de los dientes inferiores. Realizar la práctica siguiéndola con ayuda de un espejo y hasta DOMINAR la posición relajada de la lengua, Una vez conseguido esto, practicar sin el espejo apreciando la sensación de la lengua relajada. Esta práctica debe ir acompañada de la distensión del rostro, las mejillas, los músculos del cuello y los labios. Practicar DIEZ VECES abriendo y cerrando la boca con la indicada atención a la lengua. Abrir ampliamente la boca, para cerrarla, dejando la lengua relajada sobre su lecho con la punta sin lensión locando detrás de los dientes inferiores. Practicar contando: 101, 102, 103, 104, 105, 106, 107. 108 mientras se abre la boca ampliamente. Llegado al límite, cerrarla con la misma lentitud, reiniciando la cuenta indicada, hasta cerrarla totalmente sin presión y manteniendo todo el tiempo la lengua relajada en la posición antes indicada. Abrir la boca rápidamente y luego cerrarla en los ocho tiempos indicados en el ejercicio que antecede, contando mentalmente. A continuación, proceder inversamente: abrir la boca en ocho tiempos y cerrarla rápidamente. En todos los casos, cuidar que la lengua esté relajada sobre su lecho con la punta tocando los dientes inferiores. Rechinar los dientes, presionando simultáneamente con la lengua sobre el paladar mientras se cuenta mentalmente 101. 102. 103. 104, 105. Inmediatamente, relajarlas mandíbulas, haciendo reposar la lengua de la forma antes indicada. Finalmente, colocar la palma de una mano enfrente del rostro a unos 6 u 8 centímetros, y en esta posición inspirar con fuerza aire por la nariz, soltándolo inmediatamente por la boca haciendo «shh» hasta agotar-

lo. Como cuando se pretende, de esta forma, imponer silencio a otros. Monotonía: Se denuncia en las personas que no tienen habilidad para modificar los tonos de su voz a placer. Su hablar monocorde, lleva a «dormir a la audiencia», por intersante que sea el tema que traten. En estos casos, la mejor solución radica en hablar EMOCIONALMENTE, provocando un claro derroche de energía mientras se comunica el pensamiento con evidente entusiasmo. Siendo la que antecede la mejor «salida», bien vale la pena apoyarla al principio con algunas prácticas como las que sugerimos a continuación: 1. Ante un espejo. Leer en voz alta, de forma exagerada y muy teatral, un texto AFECTIVO pródigo en palabras que encierren juicios y aptas para dramatizar. Realizar esta práctica cinco minutos por día durante dos o tres meses. 2. Ante un espejo, y con gran aparato no-verbal de apoyo, decir: «SI» que requiere un movimiento afirmativo y vertical con la cabeza y «NO» que implica un movimiento horizontal de la misma. 3. Cantar con la boca cerrada la escala tonal: «DO-RE-M1FA-SOL-FA-M1-RE-DO». sin forzar la voz y comenzando por el iono más bajo que sea posible. El aire deberá salir por la nariz apoyado sobre la letra «M». La lengua descansará sobre su lecho, en forma de «cuchara», manteniendo los dientes separados y naturalmente la boca cerrada durante toda la escala. El rostro tendrá que mostrarse en esta posición para la práctica, como si se tuviera un huevo en la boca. Terminada una práctica por TRES veces seguidas, cambiar de tono y repetir la experiencia por otras tres veces a continuación, intercalando breves

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descansos. La fluidez del aire al ser emitido deberá ser permanente, sin entrecortarse con golpes de glotis. Con estas prácticas regulares y los cuidados de mantener un buen nivel EXPRESIVO, la monotonía cederá, paulatinamente, dando lugar a todas las posibilidades tonales que requiera cada situación. Rapidez: «Hablo bien, aunque sé que lo hago muy de prisa.» Ésta es una frase hecha de los que «corren» con las palabras. Lo que no se les ocurre pensar es que, en realidad. HABLAN MAL. Pues hablar de prisa y corriendo es una intervención que se acuña en la escuela por el estudio de las lecciones repitiéndolas de «carrerilla» para darlas de memoria como un «loro». En verdad que es una época, la escolar, en que no se «dispone» de mucho tiempo (aunque pueda parecer lo contrario), por lo que «correr» forzando al máximo la capacidad de lectura en voz alta, resulta siempre una medida muy «socorrida». Claro está, de allí a coger el vicio de la «rapidez» hay un paso. El que han dado y dan quienes lo padecen. En verdad que no se puede hablar de «prisa y bien», simplemente, porque no da tiempo al interactuar EXPRESIVO-SIGNIFICATIVO. El habla queda reducida a un proceso de exclusiva competencia MENTAL, en la que el ESPÍRITU no tiene cabida. Lo primero que se presenta con este vicio es la atonía del rostro (léase cejas-entrecejo-párpados), quedando la expresión reducida al cuerpo, entendiendo por tal al torso, a la cabeza y a los ademanes. Posteriormente, corriendo un tanto más, estos movimientos tienden a eliminarse paulatinamente y a desaparecer, quedando a la vista el estilo «muñeco de ventrílocuo», en el que sólo funciona el labio inferior más o menos caído. Finalmente sucede e! «aturullarse» que, como sabemos, consiste en «comerse» un buen número de sílabas con una lamentable pronunciación de las palabras. Éstos son los hechos. Sus causas, con reminiscencias escolares, tienen mucho que ver en el adulto, con el afán de comunicarlo

«todo». No dejarse en el tintero ninguna de las buenas ideas que acuden en tropel a la cabeza cuando se trata de concretar un mensaje más o menos complejo o de debatir asuntos enredados. El caso es también, muy frecuente al hablaren público. Reeducar el habla de los que lo hacen de prisa y muy de prisa no es fácil, pero es perfectamente posible. Exige, como en otros tantos casos, ser tolerantes con los primeros resultados y persistentes para resolver el problema al cabo de un tiempo. A tal fin. sugerimos lo siguiente: 1. Hablar de viva voz ante un espejo, exagerando la expresión facial y corporal, por espacio de DOS minutos. 2. Hablar con personas de confianza, escogiendo cuidadosamente el vocabulario, haciendo pausas diversas durante el recorrido, respirando y dejando que «respiren» los interlocutores. Esta práctica puede llevarse a cabo imaginando la reunión, verbalizando las propias intervenciones y «recibiendo» la de los «oíros» por vía exclusivamente mental. En este caso, practicar diez minutos cada vez. 3. Hablar procurando deliberadamente NO DECIRLO «todo» por bueno que parezca. Seleccionar de las ideas, que acuden «en tropel» las que puedan resultar más convenientes, apelando al silencio para intervenir con oportunidad y justeza. Aprovechar para practicar en las reuniones de trabajo y con amigos. 4. La ayuda de una grabadora de cintas será muy útil para recoger y escuchar la práctica que sigue: leer textos variados con la entonación característica que se suele aplicar en la lectura de ios cuentos de hadas para niños pequeños. Actuar de forma que se alternen los ritmos cambiantes con las pausas breves y solemnes. Luego leer normalmente, pero despreciando las pausas gramaticales para sustituirlas por las conversacionales; como se explicaría el

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asunto a unos amigos de un tranquilo pueblo o aldea. Por supuesto, que como si se dispusiera de todo el tiempo del mundo. Al cabo de dos o tres meses, lo resultados tiene que ser plenamente satisfactorios y la disposición a «decirlo todo» se habrá circunscripto a sus cauces normales.

6. DOMINIO DEL VOLUMEN DE LA VOZ
Un hablar educado y prudente, sea de forma directa o por teléfono, exige un volumen «medido» de la voz. Por eso. muchos directivos, ejecutivos, dirigentes, funcionarios, etc.. padecen una pérdida de destreza en el control de los volúmenes de la voz. Sus incas, les llevan a manejar una voz «queda», siempre suave y baja que no «sale de allí», puesto que no tienen oportunidad de levantarla o de gritar. Esto hace que modernamente no ya sólo estas personas tengan este problema, sino muchas más. Lo curioso es que, en materia profesional, se han confundido las cosas. Porque está bien que haya que hablar en un tono moderado y prudente en múltiples ocasiones de conversación social y de negocios, pero esto no es óbice, por ejemplo, para sostener ese nivel de volumen en una reunión de trabajo. En ésta, el volumen indicado tendría que llevar un tono por encima del de conversación. Dígase otro tanto si se usa de la palabra para hablar en público o para dirigirse a un grupo medio de lü. 15, 20 o mus personas. Un tono por encima del de conversación es el volumen idóneo para reuniones y grupos, porque los receptores de la comunicación, para que ésta resulte verdaderamente efectiva. NO TIENEN QUE PONER NADA DE SU PARTE para recibir clara y concretamente el mensaje. Si lo hicieran, el fenómeno afectivo que se generaría —cosa que suele suceder, dado que se ignora esta reco-

mendacion—. iría en contra y en desfavor del que habla, minando sus posibilidades de ganar una buena comunicación y. sobre tocio, de resultar persuasivo. Todo esto nos habla claramente de la importancia del dominio del volumen de la voz para todo el mundo. Pues sea en una o en varias oportunidades, quien más quien menos, tenemos que apelar a esta habilidad para conseguir determinados resultados o simplemente para sentirnos mejor. El problema tiene solución. Una solución a medio plazo que vale la pena intentar. Con las prácticas y guías que suministramos a continuación, la destreza se recuperará en términos ideales: El volumen de la voz depende de la masa de aire disponible para conseguirlo y de que esa masa vuelva con la fuerza requerida al exterior. Por ello, para levantar la voz, HAY QUE COGER MÁS ArRE por la boca sin el menor disimulo, provocando, al hacerlo, el sonido característico del paladar blando. 2. Para lanzar el aire es menester abrir más ¡a boca y derrocharlo sin contemplaciones. Coger el aire es relativamente fácil. Arrojarlo con unas pocas palabras «llenas», es un tanto más complicado. Para lograrlo, evítese «ahorrar» o retener una parte. Téngase en cuenta que es una de las pocas cosas, más o menos «gratis» que van quedando a nuestra total disposición. 3. De pie frente a una pared y a distancia de dos metros aproximadamente, proceder como sigue: imaginar tener dentro de la boca una pelota de ping-pong, de suerte que la boca «esté llena» con los dientes separados, la barbilla desplazada hacia abajo y los labios juntos. Desde esta posición, «arrojar la pelota» con fuerza contra la pared abriendo mucho la boca mientras se grita la palabra «PING» mandando una buena masa de aire por la nariz. Hacer otro tanto inmediatamente con la palabra 1.

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«PONG». Repetir el ejercicio 5 veces seguidas, emitiendo en cada experiencia los dos sonidos: primero «ping» y a continuación «pong» Complementar estas prácticas de volumen con los números 3 y 4 del apartado dedicado al tema «aspereza». Las prácticas lian de hacerse diariamente y los resultados se percibirán a los pocos días. No obstante, convendrá seguir insistiendo durante un mes o dos. según los casos, para afirmar la destreza.

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MENTE, ESPÍRITU Y COMUNICACIÓN 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. Aprendizaje, memoria y expresión oral Hablando al Espíritu interior Control del miedo a hablar en público Naturalidad y espontaneidad Atención a los sentimientos El cuerpo nos habla, probemos a escucharle Interacción y persuasión

1.

APRENDIZAJE, MEMORIA Y EXPRESIÓN ORAL

Es verdad que gracias al estudio sabemos hoy muchas cosas y que incluso a su influjo, la vida se ha prolongado entre los habitantes de las sociedades más evolucionadas. Y todo esto es muy de agradecer. Nos hace senlir bien, pensar que nuesiro paso por la Tierra se alargue con el correr de los años. Hasta que cae en nuestras manos el esludio de cualquier hombre o mujer paciente que se ha tomado la molestia de inventariar su tiempo total vivido, volviendo los ojos hacia atrás después de su ochenta aniversario. Y ¿qué descubrimos? Pues algo así como lo mucho que ha dormido (es el tiempo mayor) y lo poco y nada que ha sonreído y disfrutado alegremente, sin más, que es el tiempo menor. La anécdota, casi fabulada. puede o no ser cierta, pero genera cuando menos un tanto de atención. Porque está bien que el cuerpo se lleve la mayor parle, ya que sin él no seríamos, pero ¿y el

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ESPÍRITU? Porque el cuerpo es el amo del tiempo real, la MENTE tan de «todos los tiempos» que muchas veces incita a perderlo, pero el ESPÍRITU es el patrón de la intensidad. Una intensidad que tiene.que responder a uno de los objetivos primordiales de la vida: sevir al bienestar y al progresó de los demás. No obstante, siendo así las cosas, nos han dejado creer que sobre todo hay que intentar ser feliz y que la felicidad hay que perseguirla a toda costa. Y esto no es verdad. Porque la felicidad —como bien decía Eleanor Roosveltlü—, no es una meta, sino un producto accesorio: muy mal y, quizás nunca, pueda presentarse a los que se dan satisfacción a sí mismos de forma total y exclusiva. Pero lo cierto es que nos sentimos orientados a discurrir por unos carriles que vienen siendo presididos por la competencia interpersonal. Fenómeno éste, que pretende resultar decisivo para el éxito en una sociedad plural, libre y consumista. Se dirá y ¿cuál es la relación de este largo preámbulo, con el título que lo preside? Pensamos que esta relación existe. Porque somos el producto de unos procesos de aprendizaje que. dimensionando una parte de nuestra humanidad, nos dejan instaladas unas «lentes» delante de nuestras posibilidades perceptivas que modifican la realidad en que nos movemos tornándola superficial y absolutamente falsa. De no ser así, no tendríamos oportunidad de asistir, tan tranquilos, a los comunicados de locutoras y locutores de televisión y de radio que nos transmiten las últimas noticias con las estadísticas de los accidentados en las carreteras, la destrucción con su secuela de muertos y heridos de los atentados terroristas. Los datos más recientes, que van siendo habituales, sobre la muerte de poblaciones enteras de animales inocentes o de peces, con la contaminación que soportan y con la que luego envenenan a hombres, mujeres y niños, en vez de servirles del alimento a que venían

acostumbrados. Todo esto por el vertido de residuos industriales en todas las aguas y grotescamente en los océanos. Sucesos, todos ellos que los periodistas suelen relatar CON LA MISMA EXPRESIÓN FACIAL que muestran al hablar de los resultados de las quinielas futbolísticas o de la llegada de ilustres visitantes... Inquietante problema. Porque este asunto no tiene sólo que ver con los profesionales de la información televisiva y radiofónica, tiene que hacer con nosotros, los oyentes o telespectadores, a los que nos parece todo tan «achatado», sin fuerzas para conmovernos emocionalmente en la medida necesaria como movilizar, de una buena vez a lodo el mundo, hacia la «salida». Y en esto, el aprendizaje se lleva la PALMA. Nos forjan competitivos y eso es bueno, siempre que sea de NOSOTROS MISMOS, pero caemos en la ruinosa competencia con los demás, en la que solemos aplicar métodos válidos y otros lamentables, con el único propósito de «ganar». El fenómeno parece nutrirse de una falsa aplicación de nuestros sistemas cerebrales, especialmente los mnemónicos. Aprendemos a usar la memoria para recitar nuestras lecciones, y hasta aquí lodo va bien, pero la destreza invade otros territorios, que nos obnubilan la realidad en su punto y eso está mal. Porque, como seres humanos, tendríamos que percibirla con herramientas y con medios HUMANOS. Y. no es así. la percibimos a través de memorias, de observaciones, especulaciones y medidas MENTALES. O sea. con una porción, la intelectual, de nuestra humanidad total. Y nadie nos ha enseñado a valemos de nuestros sentimientos y de nuestra afectividad para ver a todas las cosas en su justo punto y dimensión. Es de todos conocido que. la EXPRESIÓN ORAL, se da por buena durante las etapas de nuestro aprendizaje y formación, puesto que nadie quiere «meterle mano». Hasla puede que sea por el asumido «miedo al error». Lo cierto es que si el alumno demuestra una fluidez «decodificadora» de los textos que se le hacen leer con respeto de la puntuación «gramalical». que no se

" ROOSVF.LT. E.: Aprendiendo a vivir. Edil. Central. Buenos Aires. 1965.

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MEM E • tspmrn: r COMUNICACIÓN

ni

distingue de la de la EXPRESIÓN ORAL, sus conocimientos son perfectamente válidos, y ahí quedan las cosas. Aprender a ser persuasivos, aceptar, escuchar, olvidar entender y comprender a los demás, es un problema «personal» que lo tiene que resolver cada cual a su manera, en un mundo de cursillos inalcanzables a la mayoría. Como suele suceder tantas veces con lo obvio, la EXPRESIÓN ORAL es el gran medio annonizador y equilibrador y, su enseñanza, pasa absolutamente inadvertida detrás de una pátina de tontería que nos venden con aquello de «cada cual es como es». Y cada uno habla como le parece, que para eso es «libre»... Y el tesoro pasa inadvertido de boca en boca, de corazón en corazón.

2.

HABLANDO AL ESPÍRITU INTERIOR

Volvemos a recordar a nuestros queridos lectores que cuando hablamos en este libro de ESPÍRITU, lo hacemos sin ninguna intención de tipo misterioso o vinculante con muy respetables creencias. Podríamos llamarle MENTE «B» u otros nombres, en tanto y en cuanto convengamos esiar refiriéndonos a lo mismo. ¿Es posible hablar al ESPÍRITU de las personas? ¿Se podría ir directamente a tropezar con este maravilloso elemento de su totalidad?... Creemos que sí. Es más, lo afirmamos con la absoluta convicción de que. este asunto, no tiene nada de paranormal. Que forma parte de una realidad PALPABLE que puede ser disfrutada por todo aquel que se lo proponga de la mano de una guía propicia. No hace mucho tiempo, el A.M.A. (American Management Asocialion)" publicó los resultados de una investigación que con-

movió al mundo empresarial. Dice así: «el 55 % del éxito en materia de PERSUASIÓN, depende de las habilidades de EXPRESIÓN ORAL del persuasor». Huelga decir que. desde ese mismo momento, lodos los directivos y dirigentes estuvieron dispuesto a recibir cursos de oratoria. No obstante, la cosa no es tan fácil. El tema plantea una serie de interrogantes que normalmente no se pueden resolver. ¿Se trata de hablar bien en público y en la relación persona-persona? En tal caso, ¿qué es hablar bien? ¿consistirá todo esto en hablar sin turbación o en comunicar de forma Huida, un mensaje que se domina? Porque más o menos esto ya se venía haciendo por parte de los profesionales más desenvueltos y experimentados. Si esto es así. ¿dónde está el secreto del éxito en la persuasión por medio de la EXPRESIÓN ORAL?... Entendemos que las propias palabras nos lo están diciendo: en la EXPRESIÓN ORAL bien realizada. Lo que es lo mismo que afirmar: en una suerte de EXPRESIÓN ORAL a la que no estamos acostumbrados. Algo así como el armonioso discurrir de las palabras, en un proceso que se arropan con la dosis precisa de emoción y la muestra facial y corporal de ese todo integrado que aprendimos a conocer con el nombre de CONSISTENCIA VERBAL-NO-VERBAL. En otras palabras: movilidad de rostro y cuerpo EMOCIONALMENTE COMPROMETIDOS para significar el mensaje, más allá de sus limitadas posibilidades estrictamente racionales. El tartamudeo no-verbal, los lapsus, los vacíos mentales, están a la orden del día y lan racionalmente homologados que nos cuesta bastante trabajo transmitir nuestra convicción sobre todo esto con el pobrísimo soporte del vocabulario, pese a la predisposición casi apasionada y bastante poética que empleamos para explicarnos inequívocamente. Confiamos en que algunos ejemplos puedan valer para dejar claro entendimiento de lo que pretendemos divulgar. Sírvanos, para el caso, un comentarista de televisión o un

A.M.A, op. cir.

128 político en uso de las siguientes palabras; «Estamos convencidos que la dificultad del problema no reside en la supuesta maldad de esta gente...» No verbalmente, se vería, más o menos, así: «Estamos», promovería una ligera afirmación de cabeza que entroncaría con «convencidos», prosiguiendo el movimiento y aumentando la fuerza de la afirmación (ascendente-descendente), mientras, simultáneamente, en el rostro un ceño fruncido, sin alcanzar el máximo de su fuerza, iría de la mano de la cabeza, vibrando sobre su horizontal. «Que la dificultad del problema», requeriría un «que», que daría tiempo y pie a que rostro y cabeza abandonasen su compromiso significante, para pasar a «la», en que las cejas suben un tanto para caer en el ceño fruncido que demanda la palabra «dificultad», que, a su vez. promueve otra vibración corporal conteniendo una pobrísima negación que. más que negar, tendría por objeto significar el momento reflexivo experimentado. «Del» (con minúsculas) opera otra vez de puente relajante que borra el momento expresivo anterior y dispone para «problema», en que sucede una especie de «dificultad», ahora moderada, para terminar en un «no», demandando tres movimientos horizontales de cabeza que dejan sin expresión al rostro y al cuerpo para decir «reside», dando tiempo de comprimir el entrecejo en «maldad». «De esta gente» termina pronunciando un vaivén vertical de la cabeza en tono afirmativo, acompañada de una ligera vibración. Y por aquí estaría, más o menos, descripta la posibilidad significativa no-verbal de las palabras escogidas a título de ejemplo. Ejemplo que previamente hemos puntuado «gramaticalmente», pero que tendría, en los hechos descriptos. la puntuación que soporte las pausas y el ritmo propicios: «estamos... convencidos, que... la dificultad, del problema, no está... en la maldad, de la gente»... Por supuesto, que esto requiere una buena dosis de calma y la rehabituación más adecuada que, de ningún modo pretendemos se confunda con una exagerada lentitud. Cuando procedemos a hablar así. nos dirigimos con el vocabulario y las ideas a la MENTE de nuestro oponente o receptor y

MENTE. ESPÍRITU Y COMUNICACIÓN

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con el complejo código del ritmo entroncado con las connotaciones sonoras de la voz y mediando el soporte esencial de la EXPRESIÓN DE ROSTRO Y DE CUERPO, a su ESPÍRITU. Y es precisamente este último el que contribuirá a perfeccionar, en la propia persona receptora, el proceso de la PERSUASIÓN. Claro está que la parte racional (MENTE), tiene que ser coherente y válida, pero lo que definitivamente resuelve la comunicación persuasiva es su componente global de AFECTIVIDAD. Blas Pascal, en su obra Pensamientos, nos habla de este tema aludiendo al fenómeno de la persuasión por el entendimiento y por la voluntad. Trata, como buen racionalista, sobre la persuasión por el entendimiento, declinando explicar el fenómeno de la persuasión por la voluntad. No obstante, concluye: «... porque los hombres son inclinados a creer no aquello que se les prueba, sino lo que les place'-'. Naturalmente que nos estaremos preguntando /.cómo puede saber cada uno cuál es la mejor forma de traducir el mensaje emocional, bien interpretado, en el accionar EXPRESIVO de su comunicación? Pues muy fácil. Cada uno de nosotros tiene ESPÍRITU. Él es el depositario de un código que. de forma muy sencilla, nos aprueba si decimos «grande» levantando las cejas, o si decimos «peqaefto» frunciendo el entrecejo. Gracias a esta realidad, tenemos la «clave» en la que podemos confiar para exteriorizar nuestras dotes significantes «no-verbales», clave que consiste en REVITALIZAR LA PARTICIPACIÓN «FACIAL». Aprender a hacerlo bien pasa por mirar cómo habla la gente sencilla de los pueblos. La menos versada, la más simple, mejor todavía si no sabe leer ni escribir. Pero sin confiamos demasiado, porque no en todos los pueblos y aldeas, todas sus gentes, hablan bien; unas lo hacen mejor que otras.

'-' PASCAL, B.: Pensamientos, pág. 26!. Editorial Iberia. S. A., Barcelona, l%2.

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MENIh. ESPÍltmj Y COhlUNlCAClñS

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Si en la observación que llevemos a cabo aparece «alguien» que lo haga realmente bien, destacará entre los demás por un halo, inexplicablemente agradable y reconfortante, que parecerá irradiar en torno suyo. Este fenómeno es el que va produciendo su ESPÍRITU, en la medida en que «SE HACE» EN ÉL o EN ELLA y venga sobre el nuestro, con su talante estabilizador, sosegado y amable. En una palabra, contagiándonos un placentero bienestar. Por esto es que insistimos en que la lengua tiene unos poderes que ni siquiera sospechamos y que, estamos urgidos de emplear para que lodo nos salga bien y, de paso, para que nos sintamos estupendamente. En nuestro libro Todos pueden hablar bien, ya lo venimos diciendo, y aquí nos es especialmente grato repetirlo: «HABLE BIEN Y SIÉNTASE MEJOR» Es cierto, es tremendamente saludable hablar bien, tanto para el espíritu, como para el cuerpo. Hablar, mientras Huye por nuestro interior la extraña coordinación bienhechadora de CUERPO, MENTE y ESPÍRITU, al servicio y bajo una pretensión comunicativa de neto cuño MENTAL. Cuando la COORDINACIÓN FÍSICA (la entente ideal de CUERPO, MENTE y ESPÍRITU para convertir imágenes mentales en acto), ha sido suficientemente conseguida, la MENTE, titular de nuestros comportamientos racionales, toma la presidencia del proceso y a ella sujetan su contribución el CUERPO y el ESPÍRITU en un entendimiento perfecto. Para que el ESPÍRITU, respondiendo a un requerimiento de nuestra MENTE y por nuestro deliberado deseo, se «HAGA EN NOSOTROS», a través de la EXPRESIÓN ORAL-CORPORAL. Desde esta misma posibilidad, sintonice con el ESPÍRITU de aquellos a los que pretendemos «llegar» con un mensaje hábilmente dirigido a su totalidad. A continuación nos permitimos sugerir un ejercicio valioso para acrecer, día tras día. en el empleo excelente de las habilidades EXPRESIVAS. Para conseguir que, sujeto de nuestras determinaciones e intenciones comunicativas, nuestro ESPÍRITU acuda para traducir una EXPRESIÓN ORAL y CORPORAL eminentemente convincente y persuasiva.

EJERCICIO — Leer una página en la que abunden diversos juicios y valoraciones y a la que. previamente, hayamos REPUNTUADO para un estilo de comunicación conversacional, propio de una tertulia distendida y amable. Practicar estas lecturas de pie (en postura física «de base»), por breves segmentos que se intentarán verbalizar pausada y «teatralmente» de memoria frente a un espejo para comprobar el discurrir expresivo ".

3. CONTROL DEL MIEDO A HABLAR EN PÚBLICO Muchas personas tienen miedo a hablar en público. Se diría que para los más cultos esto es perfectamente normal. Sobre el particular se han ensayado toda clase de respuestas y de «soluciones». Queremos probar con las nuestras, aprendidas a través de los ya muy numerosos cursos de oratoria que hemos venido impartiendo desde más de veinte años a esta parle. Para comenzar, digamos que los «nervios», que se suelen pasar en la mayoría de los casos, NO SON NERVIOS. Les solemos llamar «nervios» porque se manifiestan con un temblor, que parece venir a comprometer el éxito de la actuación. Este temblor. más o menos intenso, que puede llegar a poner un «trémolo» en la voz, desaparece a los dos o tres minutos de haber comenzado a

" Es muy probable que al principio se e.slé bastante apañado del ideal e.\presívo-Mgn¡t'icai¡vo. Ésic sobrevendrá presionado por las prácticas reiteradas diaria o semanalmente, que provocarán, incluso, el placer di- EXPRESAR el texto de la mejor manera posible. (N. del A.)

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hablar. Estos «nervios», NO SON «NERVIOS». Son la necesaria consecuencia de un extraño «precalentamiento» que promueve el ESPÍRITU y que tiene por objeto la rápida COORDINACIÓN FÍSICA del orador o ponente. ¿Su razón de ser? Pues simplemente la de pre-disponerle a las acciones corporales que demandará la eficaz comunicación EXPRESIVA del mensaje organizado por su MENTE. Con la natural inquietud por el problema —por cierto bastante frecuente—, hemos preguntado a personas experimentadas si lo sufrían, respondiendo afirmativamente en todos los casos. Actores y actrices, inmediatamente antes de actuar y en los primeros minutos de haberse levantado el telón: oradores, antes de hablar y durante los dos primeros minutos de su intervención, y así sucesivamente. Este hecho característico no puede ser resuelto o suprimido, tenemos que aceptarlo como se presenta, en la SEGURIDAD de que desaparecerá en brevísimos minutos; instantes tal vez. De muy parecida forma operan los nervios. La diferencia está en que éstos no se «esfuman» enseguida, continúan creciendo hasta que el que habla opta por callarse o «salirse por la tangente» mucho antes de lo previsto, so pena de vivir un aparatoso colapso. Estos sí SON NERVIOS. La diferencia con los otros «nervios», descansa en que proceden de un orden distinto. Aquéllos provienen de unas específicas disposiciones del ESPÍRITU a fin de generar rápidamente el estado de COORDINACIÓN FÍSICA que determinará la sujeción al proyecto MENTAL de comunicación, con un armonioso accionar del CUERPO y del propio ESPÍRITU en el habla. Los NERVIOS verdaderos proceden de la MENTE y tienen mucho que ver con la idea que subyace en las profundidades semiconscienles acerca del éxito «esperado» para con las «responsabilidades» en juego. En una palabra: ¿NERVIOS? NO. MIEDO. Miedo al fracaso. El miedo al fracaso como el miedo al ridículo son casi una institución entre nosotros. Pero, de una o de otra forma, contigu-

ran un problema de origen «MENTAL». «Quiero hacerlo bien». Es la MENTE la que habla. Y hacerlo bien depende no sólo de mis esfuerzos y resolución, depende del oportuno y efectivo entendimiento de las otras dos partes del universo personal que no me han enseñado a usar convenientemente. Y por eso sucede lo que sucede. «Profesor, he de advertirle que ya he tenido —durante casi más de dos años— un profesor de oratoria. Puedo decirle que me conozco todos o casi todos lo recursos y técnicas en torno a este tema. Pero lo que no ha podido quitarme este señor es lo que pretendo que me quite usted: unos nervios imposibles de controlar, que hacen que termine a mitad del camino previsto y de cualquier manera, con tal de salir del insufrible bochorno.» Aprovechamos en aquellos momentos una muy socorrida sentencia que dice: «Detrás de cada emoción hay una IDEA; si cambias la IDEA, cambias la EMOCIÓN.» Y éste fue el comienzo. Hubimos de decirle: «¿Para qué habla usted?» ¿Cuál es su objetivo?... y hubo de explicarnos sus buenas y valederas razones para querer y tener que hacerlo bien. En éste, como en la gran mayoría de los casos, el que habla tiene razones que justifican su inquietud. Pero, sin embargo, se omite un aspecto muy importante del asunto. Pretendo hablar bien, porque soy el líder de este colectivo o porque soy un empleado que hará uso de la palabra en"presencia de sus superiores y, evidentemente, tengo que causar la mejor impresión. Los ejemplos se sucederían interminablemente. Todos ellos cargados de razones para pretender una lucida intervención. Y con estas «ayudas» se forja la «IDEA» que. a la hora de actuar, desencadenará el MIEDO, con sus conocidas manifestaciones y reacciones que llevan al fracaso o a una intervención mediocre, muy por debajo de las propias y reales posibilidades. En los «nervios de la oratoria» o mejor dicho, de hablar en público, está casi siempre presente una voluntad de éxito mal entendida y propiciada por la forma y manera en que hemos sido

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MEtitB.

ESPÍRITU

Y

CO\WMCACIO\

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educados. Se nos ha formado para el ÉXITO en un ambiente de competencia interpersonal, en donde, para «salir adelante», hay que triunfar, «sacar nota» o conseguir objetivos generalmente impuestos. Cuando, por lo menos en esto de hablar bien, las cosas NO SON ASÍ. El que habla en público, EJERCE LA «SERVIDUMBRE» DE LA PALABRA. Se vale de la palabra para SERVIR a los demás con sus conocimientos, con sus excelentes intenciones o con sus mejores deseos de ser útil, en función de las razones que le animan o compelen a hacerlo. Todo esto nos va dejando ver que lo que se tiene, en el fondo, es una enorme confusión. Se padece un cuadro de nervios reales o lo que es lo mismo, de MIEDOS reales. La confusión se origina en la pretensión de «RECIBIR», cuando, en realidad, de «DAR» se trata. En clase solemos practicar con los alumnos, una experiencia que no falla. Intentamos recordar algunas de las múltiples ocasiones en que hemos tenido oportunidad de PEDIR algo y nos «vemos» temblando en cada una de tales circunstancias. Temblando ante el peligro de que «aquello» no se nos conceda: el aprobado, el crédito, el premio en la competencia, el «éxito»... Luego, probamos a recordar las veces que hemos tenido oportunidad de «DAR» con generosidad y, de éstas circunstancias, por el contrario, no tenemos memoria de haber temblado o pasado «nervios» que nos hayan amenazado con el fracaso. Al hablar, al ejercer SERVIDUMBRE DE LA PALABRA dirigiéndonos a otros, tengamos presente en adelante que. para que todo salga «bien», con la MENTE, no basta. Es necesario contar con el ESPÍRITU y adiestrar al CUERPO para que. como la propia mente, conozca y domine su papel. Luego, prestemos atención a la «IDEA» que subyace detrás del compromiso de intervenir, paro asegurarnos de que, en realidad, no nos preparamos para triunfar, nos preparamos para DAR; porque TODO lo demás, si tiene que ser. se nos dará por añadidura.

4.

NATURALIDAD Y ESPONTANEIDAD

La naturalidad se aprende. Lo que viene con nosotros desde nuestras primeras experiencias de comunicación es la ESPONTANEIDAD. La espontaneidad no necesita del juicio ni de la reflexión que a la naturalidad le son indispensables. Por esta razón, acudimos al aprendizaje para valemos de ella toda vez que pueda convenir. Para la mujer y el hombre de nuestros días, la NATURALIDAD es un requisito impuesto por la vida en un alto nivel de exigencia sociocultural. Es muy fácil oír expresiones como éstas: «Tú hazlo con naturalidad, que todo saldrá bien.» «Compórtate naturalmente y nada más.» Con éstas y parecidas palabras descubriremos un rosario de cotidianas recomendaciones que no se pueden seguir. Porque, sin adiestramiento específico, la NATURALIDAD, es impracticable. La confusión reinante sobre el lema lleva a más de cuatro a pasar la incomodidad de sentirse «FALSO». Se piensa: «Es que si me comporto de tal o cual manera, paso por la violencia de estar "actuando" y no me gusta, porque yo no soy así.» De acuerdo, no eres ni dejas de ser «así» o «asá». Lo que conlleva la conducía natural, y por lo tanto APRENDIDA, es una suerte de respeto a la comodidad que le ha de producir nuestra presencia al semejante, en función de sus costumbres y del nivel de inserción en el medio cultural en el que se desenvuelve. Puedo comer con los dedos como cuando era pequeño, dejándome «bigotes» con el puré y metiendo en el plato la palma de la mano. Cuánta paciencia y tiempo gastado en convencerme de que no era «mejor» así. El ejemplo es bastante ilustrativo, pero cualquier otro podría resultar igualmente válido. «Buenos días, don José.» «Buenos días, don Manuel.» Y, afuera hace un liempo de «los mil diablos». Pues está bien, dado que no pretendían «informarse». Sólo tratar de conducirse como hombres pacíficos que saben que, el saludo, es una estupenda manera de ser amable y cortés. La mejor forma de reco-

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MÉATE. ESPÍRrW V COMUNICACIÓN

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nocer IMPORTANTE a la otra persona que se liene delante y una excelente oportunidad de tender líneas de comunicación. Por lo demás, ya puede hacer el tiempo que quiera, que seguirían diciéndose más o menos lo mismo STN. por ello, MENTIR o falsear las cosas. Entretanto, dejamos a salvo que el «mal tiempo» o el «bueno» puedan servir para iniciar una conversación, especialmente con desconocidos. La naturalidad y la espontaneidad se asocian en la persona que consigue sujetar su conducta y su imagen a la específica situación que tiene delante, adaptándose al interlocutor o interlocutora sutilmente. Sus movimientos, sus posturas corporales y el conjunto de su EXPRESIVIDAD, al emitir y al recibir ios mensajes verbales y no-verbales, forman un lodo coherente, consistente y armónico. Sólo así es posible conseguir ese, alto grado de responsabilidad que se le atribuye a la EXPRESIÓN ORAL-CORPORAL en materia de PERSUASIÓN. Hemos aludido a la imagen porque forma parte esencial del proceso. Tiene directa influencia en favor o en contra de la PRIMERA IMPRESIÓN. Y debemos admitir que hay una sola oportunidad de causarla. Porque, lo primero que el «otro» capta es nuestra imagen y, por ella, deduce lo que puede «esperar». Está claro que pueden formularse apreciaciones erróneas y que. después de salvados los efectos de una primera impresión negativa, puede descubrirse a una persona excelente. Pero en materia de PERSUASIÓN, se habrá perdido un tiempo y un terreno preciosos. Mucho esfuerzo y una muy buena dosis de buena voluntad habrán sido menester para salvar el «bache», si la imagen no llegó a cubrir la mínima «esperada» para satisfacer las expectativas del semejante. Por esto, hoy se habla tanto de IMAGEN TOTAL'". El conjunto tiene que ser perfecto o por lo menos

De nuestro libro en preparación sobre: «Imagen, cortesía y modales para el hombre y la mujer de nuestro tiempo.» (.V. del A.)

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satisfactorio, no uno ni otro aspecto del arreglo personal o de las maneras y conocimientos demostrados. Porque, día tras días, nos acercamos a un entendimiento más humano, más global, que abarca la totalidad de las posibilidades perceptivo-comunicativas del cerebro. Esa suma de valores intelectuales y afectivos que necesariamente tienen que estar presentes para que todo discurra de forma propicia. Y la NATURALIDAD se conquista. Se consigue con el adiestramiento paciente y perseverante. Porque aquí el acento lo ha de poner la conducta corporal, reflejada en hábitos posturales y maneras. Y el cuerpo aprende lentamente y de forma repetitiva. Lo hace siempre a partir de una imagen mental primero y de una adecuación física después, que habrán de constituir la guía de la conducta a practicar hasta llegar a dominarla. La ESPONTANEIDAD la tenemos. Viene con su bagaje de riqueza expresivo-significativa. de la mano del ESPÍRITU. Ha de insertarse convenientemente en la totalidad del proceso de imagen y sonido que resulte válida. Todo esto en función de los objetivos de la comunicación o de la situación creada o imprevista en que haya que actuar o reaccionar. Se dirá que es imposible acceder a una NATURALIDAD que refleje una conducta o reacción ESPONTÁNEA, porque si se piensa, la conducta deja inmediatamente de serlo. Sí, aparentemente es así. Mas una forma sutil de conectar con ella y quizá la mejor para ganar el comportamiento NATURAL, que con esta «asociación» perseguimos, es la de forzar una situación, escenificando su momento y actuando con vehemencia y apasionamiento. En una palabra, «teatralizando» con cierto dramatismo la escena en cuestión. En este caso, convendrá comenzar por la situación que demande un mayor esfuerzo y consumo de energías para liberar los sentimientos en franca expansión. En ese momento —cuando la persona que se da a la tarea de «experimentar» aquella conmoción emocional— CAPTA lo que le sucede, toma conciencia de la movilización corporal que ha demandado aquel

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«papel» y advierte que podría intentarlo nuevamenle. superando lo conseguido en el primer momento. Luego es consciente de que tiene la posibilidad de hacerlo mejor... y lo intenta. Al poco tiempo, sabe que puede conseguir resultados con un guión y una conducta que. a la hora de llevar a la práctica, aparecerán tan naturales como se quiera y, para muchos, un adorno de la personalidad, una manera de ser, «un estilo personalismo» que se hace espontáneamente. Así aprende una persona a servirse de su ESPÍRITU INTERIOR.

5.

ATENCIÓN A LOS SENTIMIENTOS

«EL AMOR tiene su técnica.» «Para qué lo dijimos, se armó la gran pelea.» En aquel grupo estaban los que no querían ni oír hablar del asunto, los tolerantes y los que se mostraban dispuestos a rebatir semejante afirmación. Todo estaba preparado para el comienzo de una áspera discusión sobre el tema, que de seguro terminaría en disputa, cuando acertamos a dejarlo de lado. De esta forma, «la sangre no llegó al río». En nuestro caso, el propósito tampoco es discurrir acerca del amor. Por ende, permítasenos llevar hasta aquí la referencia, con un carácter puramente anecdótico y cuyo único sentido reside en señalar que no se nos ha enseñado a manejar nuestros sentimientos y el descontrol emocional con que se desbordan a menudo. Respecto del lema, cada cual tiene su respetabilísima opinión, pero es bastante probable que, con esto de la reposición televisiva de viejas joyas del séptimo arte, conozcamos o recordemos la cara de Alan Ladd en sus películas, por la que ganó el apelativo de «cara de piedra» en premio a su estilo inmutable. También habremos oído hablar de la secular «flema inglesa»: «El disgusto que me llevará el lunes, cuando vea mi fábrica, después de este incendio.» Y. finalmente, el «hombre de hielo», que tuvo tanto éxito.

como ejecutivo-directivo hasta hace algún tiempo: «Nadie le vio sonreír»... Estos casos testimonian los éxitos conseguidos por algunas personas o comunidades sobre el control emocional y. consecuentemente, sobre su forma de entender la vida y conducir a hombres y mujeres para obtener determinados resultados. Los casos citados tienen en común la ventaja de incluir una vía de control APRENDIDA, para sujetar los sentimientos a la voluntad, y también la considerable desventaja de haber contribuido a despachar al otro mundo a no pocos «controlados» en el mejor momento de sus vidas activas. De la experiencia, podemos sacar una saludable enseñanza que nos puede venir muy. pero muy bien: todo autocontrol emocional tiene que conseguirse sin daño para la salud del que lo practica. Los sentimientos pueden «ensancharse» y controlarse convenientemente para ganar un ideal de humanización, que torne más efectivas las relaciones personales. Porque en una buena mayoría de los casos no solemos estar preparados para «digerir» los sucesos hostiles o simplemente la oposición, que llevan a un derroche de adrenalina que determina la reacción airada y conduce a la violencia. El camino más efectivo para ganar esa especie de CONTROL ESPONTANEO, no traumático, esencial para salir airoso de las situaciones antes referidas, tiene TRES vías de solución que podemos aprovechar: la FISIOLÓGICA, la MENTAL y la FÍSICA o CORPORAL. Consideremos a continuación las ayudas que se corresponden con cada una. Fisiológica: Evitando o limitando al máximo posible el consumo de alcohol, té. café, azúcar blanca y carnes rojas, que son los más directos generadores de agitación. Adquiriendo la costumbre de respirar lentamente por la nariz '\ expulsando el aire hasta

'' Dejamos a salvo que se traía de la respiración nasal que debe presidir el hábito cuando estamos SIN articular palabra: dado que la respiración para hablar bien requiere del concurso del aire POR LA BOCA. (N. del A.)

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Uegar al final. Favoreciendo una buena digestión para una alimentación sana y suficiente, controlando cualquier hábito que pueda conducir al estreñimiento. Física: El cuerpo necesita acumular y disponer de una buena dosis de energía, para lo cual el ejercicio es imprescindible de la mano de unos buenos hábitos posturales. Por lo tanto, la práctica regular de algún deporte, sin ánimo competitivo y dígase otro tanto de la gimnasia de cinco minutos cada mañana o la media hora dos o tres veces por semana en un gimnasio, son absolutamente recomendables. Entre los buenos hábitos, sugerimos el del descanso regular nocturno, con las horas de sueño que requiera cada situación personal. Para los más atareados —sobre todo los que sufren el agobio de ir constantemente persiguiendo nuevos y renovados objetivos profesionales y de trabajo—, la práctica de la distensión y los ejercicios de estiramiento corporal, serán imprescindibles para mantener el equilibrio psicofísico. Mental: Reduciendo la oportunidad de intervenir haciendo uso de la palabra, reservándose para momentos oportunos y escogidos. Evitando divagar y eliminando todo comentario inmoderado sobre personas y cosas. Al hablar, hacerlo de forma EXPRESIVO-EMOCIONAL. disponiendo de la más absoluta invulnerabilidad al vocabulario y a los juicios que otros puedan expresar, teniendo en cuenta que se trata de «palabras», de «mapas» (muchas veces falsos o muy mal «trazados») y no de «territorios» de la realidad del mundo físico. De palabras que. tantas veces, sirven para advertir el estado de ánimo del que las dice y que. por su misma naturaleza, no pueden hacer daño. Reaccionar calmosamente y sin ánimo contencioso a las ideas y no contra las personas que las exponen o comunican. Cultivar deliberadamente estados de calma imperturbable. Sentir aversión por el enervamiento y estar prevenidos por todo cuanto tienda a promoverlo, siendo cuidadosamente tolerantes con los fallos, las reacciones y las opiniones de los demás.

Por último, tener en cuenta que «nadie puede ser ofendido sin que medie SU colaboración»... Todas estas recomendaciones podrán llevarnos a ser mucho más comprensivos de una serie de situaciones pasadas que pudimos evitar y que nos dispondremos a controlar en adelante. Las prácticas respectivas, bien observadas, brindarán, casi de inmediato, sus granados frutos.

6.

EL CUERPO NOS HABLA, PROBEMOS A ESCUCHARLE

El cuerpo nos habla. Lo hace de formas múltiples y lo suficientemente claras como para que todos las entendamos. Y no nos estamos refiriendo a las varias formas de interpretar por las posturas o los gestos determinados estados de ánimo de las personas. Nos referimos a un lenguaje concreto por el cual el CUERPO nos transmite sus mensajes a propósito de su propio adiestramiento. Sea el caso del que se aplica a estudiar y practicar la postura «intelectual» de sentados. Al principio, durante las primeras pruebas, advertirá que siente una evidente incomodidad. Que le molesta aquí y allí y que no sabe si arriesgará su confortable hábito anterior para adoptar éste, consiguiendo en su día los resultados que se prometen. Estas manifestaciones, que normalmente achacamos a la persona, no son otra cosa que «lenguaje», verbalización de una incomodidad real del CUERPO por acometer algo que aún no sabe hacer y que sólo podrá conseguir al cabo de los días (5 a 7) a base, de prácticas reiteradas. Hasta aquí, el tema no tiene más interés que el andar formulando aparentes disquisiciones sin importancia. Pero al final de la experiencia, al cabo de los cinco o siete días que requiere la adopción del nuevo hábito poslural, el CUERPO volverá a hablar. Lo hará SIN palabras esta vez. transmitiendo una agradable sensación de PLACER, que experimenta la persona que ha ganado los resul-

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lados con el favor de las prácticas regulares durante el tiempo previsto. Así, valiéndose ora de palabras que nos parecen quejas propias de «la persona» y no de «su cuerpo», ora de sensaciones, por cierto muy diversas, el CUERPO comunica sus mensajes al consciente que los traduce en palabras, generando en algunos casos la natural confusión. «¿Es a mí o soy yo el que siente las molestias?» Pues NO, no es a li. ni eres «tú», es tu cuerpo que se queja y que aún no sabe cómo hacer bien lo que corporalmente «le propones». De este modo se abre a nuestros ojos toda una línea de posibilidades comunicacionales que convendrá tener en cuenta, particularmente a los lectores de nuestros libros, con sus ejercicios y prácticas. Atendiendo a los propósitos de éste, en particular, el máximo aprovechamiento vendrá condicionado por la entrega y la consecuencia con que se realicen las prácticas que se sugieren. Todo ello a tenor de las necesidades personales de cada lector y de la disposición de realizar aquello que se propone, a fin de dar sólidos pasos para valerse del PODER DE LA EXPRESIÓN ORAL sobre sí mismos y sobre los demás. No obstante, habrá quien piense que todo esto son formas de decir lo que todos sabemos, porque el interés de la existencia de este lenguaje es bastante relativo. Bueno, sí, lo del «lenguaje» aparece bastante relativo, aunque siendo una fórmula de comunicación ya vendría suficientemente útil. Sin embargo, aquí, por vía de un «lenguaje», lo que se trata de reconocer es que nuestro CUERPO tiene muchas veces la palabra o mejor aún, la tiene que tener. Pues nos pide la comprensión necesaria para que las situaciones de aprendizaje sean llevadas con delicadeza y paciencia, dándole el buen trato y la comprensión que cada asunto requiera. De esta forma acudirá bien dispuesto, sobre todo cuando tenga que conseguir por las prácticas de COORDINACIÓN FÍSICA, resultados armonizadores con el papel del ESPÍRITU al servicio de un objetivo o proyecto MENTAL.

7. INTERACCIÓN Y PERSUASIÓN Los estudiosos de la comunicación suelen afirmar que la interacción es una mera composición verbal, inaccesible de momento a los seres humanos y sólo factible entre les sistemas electrónicos computerizados. Parece que gracias al conocido feedback, estas maravillas de la electrónica establecen las prodigiosas comunicaciones que requieren las naves espaciales con las estaciones de seguimiento de la Tierra a fin de pasarles todas sus «impresiones». Para ello, cuentan con sistemas «adaptadores», por los que «automáticamente» uno y otro extremo de la comunicación se «predisponen» y sintonizan armónicamente por su perfecto sistema de mutua adecuación, que elimina toda duda respecto de sus intercambios. Por lo que consiguen convertir en realidad el célebre feedback que a las personas, por lo menos de momento, nos está claramente vedado. No obstante, por algún lado nos teníamos que salir con «la nuestra». Esta especie de torpeza, que suele generar no pocas contradicciones, enmiendas y contramarchas, tiene sentido si la contemplamos a la luz del ESPÍRITU INTERIOR. Como seres humanos, y, por lo tanto, eminentemente sociales, nuestro mayor empeño ha sido siempre «entendernos» y muchas personas siguen porfiando con aquello de «hablando claro nos entendemos». Por supuesto, que los estudiosos de la Semántica General saben muy bien acerca de lo que significa esta presumida afirmación. Entretanto, los forjadores de hombres y mujeres «parlantes» que. por lo mismo, solemos ser susceptibles al vocabulario y a la creencia en un supuesto «poder de las palabras», nos aferramos a la posibilidad de ser lo más «claros» que sea posible. Y conseguimos buenos resultados en la práctica gracias al desarrollo del vocabulario científico. Cuando decimos «voltio», los expertos y los que no lo son tanto saben bien a lo que nos referimos. Pero en términos humanos, cuando

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necesitamos que las personas cooperen y se den esforzadamente a cumplir lo que sea menester para lograr los resultados que se les proponen, la pura intelcciualidad se agota en una decepcionante «inutilidad». En términos de persuasión'", se requiere la colaboración de los ESPÍRITUS. Porque cuando alguien está verdaderamente persuadido acerca de algo, no sólo está convencido. Está DECIDIDO a aceptar aquello y a esforzarse para conseguirlo. De ahí que el tema, tenga tanto interés para los hombres y mujeres de empresa o de tantas EMPRESAS HUMANAS que requieren de hombres y de mujeres libremente comprometidos a COOPERAR. Como decimos, la PERSUASIÓN tiene entendimientos de ESPÍRITU, por eso termina siendo firme como una roca. Por esto su interés para la «fidelización del cliente» y de tantos otros seguidores o colaboradores de muchas buenas causas. La INTERACCIÓN no puede llegar a concretarse, la PERSUASIÓN SÍ. Y es esta última la que nos lleva a cultivar el arte de persuadir por ¡os AFECTOS, que se perfecciona con la EXPRESIÓN ORAL efectiva. Los componentes que saltan a la vista en este proceso, son los siguientes: 1. Estar entregados a un IDEAL DE SERVICIO con absoluto desprendimiento. 2. Exteriorizar y cultivar un estado de CALMA imperturbable. 3. No dejarse desconcertar NUNCA. 4. Hablar pausadamente, mirando con afecto y admiración al interlocutor o interlocutora.

5. Dominar una grácil y precisa EXPRESIÓN ORAL-CORPORAL, desde una óptima «postura de base». 6. Movilizar con afecto y entusiasmo las energías interiores, generando su expansión.

" Recordamos a nuestros lectores que la persuasión no inhibe el razonamiento, le agrega una nota de «simpatía» que suele producir los efectos deseados. De esta forma, el persuadido, razona, aprueba y se adhiere. (A' del A I

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MIRADA Y PERSUASIÓN 1. 2. 3. 4. 5. Mirar y ver Técnicas de la mirada al hablar en público Mirada y atractivo personal Cultura de la mirada persuasiva Recursos subliminales en la proyección de la mirada

1. MIRAR Y VER Nuestros ojos reflejan una interacción armoniosa de inteligencia y de afectos. Son los órganos que, por ésta su especial condición, denuncian directamente intenciones que pueden emerger de las profundidades del inconsciente. De ahí que se haya dicho que son «el espejo del alma». Por esta misma razón, sus verdades son muy difíciles de ocultar, y sean cuales fueren los gestos y los giros expresivos, más o menos deliberados que concurren en un momento dado, están anunciando de continuo tanto la verdad como el engaño. Normalmente, cuando se alude a los ojos, se tiende a pensar en términos de «globos oculares», cuando, en realidad, su mayor poder significante está en el conjunto que los rodea, y muy especialmente en la motricidad de todos y cada uno de estos componentes que, en definitiva, son los responsables de la EXPRESIÓN DE LA MIRADA: dicho esto sin excluir la movilidad de los propios globos oculares y las sutiles variaciones de las pupilas.

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Podemos mirar y ver o esencialmente ver para advertir y escrutar —operando espontáneamente—. puesto que no hemos sido preparados para una u otra modalidad y mucho menos para ejercer un determinado control sobre nuestra manera de hacerlo. Es cierto que un artista pintor ve muchas más cosas ante un cuadro que las que podemos distinguir los que no hemos sido educados para apreciarlo. Otro tanto sucede con el pescador, que lee, pegado a las rocas, todo cuanto el mar le dice sobre las suertes de la pesca. Y así sucesivamente, podríamos enumerar una interminable variedad de situaciones conocidas y admitidas por todo el mundo. En cada uno de estos típicos ejemplos estará presente una de las clásicas formas de «VER»: la INTELECTUAL. La otra, la AFECTIVA, nos conduce al deleite puro y simple, por vía de la contemplación. Y, también aquella en que inleraccionan ambas, por las cuales la apreciación viene concretada en una síntesis de valoración técnica y estética, impregnada de placer. Es la visión INTEGRADA, para la que necesitamos determinados grados de formación. Curiosamente, la sociedad moderna ha avanzado de espaldas a esta educación visual de los seres humanos. Sobre todo, cuando advertimos que somos desproporcionadamente visuales, respecto del empleo de nuestros sentidos más conocidos. Hombres y mujeres en los que el sentido de la vista se ha disparado a costa de la armonía natural del conjunto. Con tal motivo, hoy compramos multitud de cosas, absolutamente innecesarias y prescindibles que, simplemente, han ganado a nuestros ojos. Una buena cantidad de libros se venden por las cubiertas, dicho esto sin ofensa de tantos buenos lectores. Lo importante de todo esto, es que en los ojos tenemos disponible una herramienta de gran poder. Que entre la EXPRESIÓN y la forma de MIRAR se perfecciona un sistema de conquista para sumar adhesiones en favor de tantos proyectos válidos y para disponer, consecuentemente, el camino de la COOPERACIÓN en todas sus formas.

Los ejercicios que proponemos a continuación serán útilísimos para dar pasos seguros adelante con éste, tan singular como valioso, recurso de la mirada: 1. Sentémonos disfrutando de una confortable y relajada postura. Distendamos nuestro cuerpo, abandonándonos totalmente en aras de un deleitoso bienestar. Inmediatamente de conseguido este estado, cerremos los ojos y representémonos, gráficamente, la forma de un número I. Sostengamos esta percepción por brevísimos instantes. Luego prosigamos practicando con el número 2. 3, etc., hasta llegar al número 9. Al cabo de unos días, y toda vez que hayamos conseguido buenos resultados, probemos con la serie del 10 al 99. El ejercicio suele resultar un tanto «pesado», pero su práctica revierte una gran mejora de la atención y una particular fuerza mental. 2. RETRATO. El ejercicio se efectúa a partir de una observación cuidadosa, rasgo por rasgo, de una persona o de su fotografía, pucliendo tratarse de nosotros mismos. La clave no está en la impresión general que pueda acudir a nuestra mente una vez hecha la observación requerida. Está en los «detalles» con que podamos reproducirnos la imagen mental del RETRATO. Esta práctica conviene que se realice como si se tratara de un deporte. Con regularidad semanal por lo menos. La capacidad de concentración visual será óptima para cuando se la requiera. 3. Hacer lo mismo que en el apartado precedente, pero con el concurso de imágenes más complejas y siempre que se hayan conseguido buenos resultados con la práctica anterior. Ejemplo: un aula, un despacho o un dormitorio, sobre lo que se procederá como sigue: avanzar en un sentido o en otro por aquel ambiente, moviendo activamente los ojos para fijarlos en cada detalle, como si se le sacara una fotografía. Completada y «asegurada» la retención en

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aquel ambiente, cerrar los ojos y rememorar, con ayuda de la imaginación, cada parte del todo. Sostener estas percepciones por espacio de dos minutos. Las prácticas revertirán una más aguda capacidad de observación cuidadosa, que aumentará considerablemente las posibilidades perceptivas visuales y la capacidad de concentración de la mirada para todo propósito; adicionalmente. reforzarán la voluntad y la propia energía mental.

2. TÉCNICAS DE LA MIRADA AL HABLAR EN PUBLICO Al hablar en público, la forma de mirar es un factor determinante del éxito. De buen seguro que conservamos en nuestra memoria la imagen de un orador u oradora, que le ha hecho el discurso para una o todo lo más dos personas del auditorio, como si el resto no importara en absoluto. El fenómeno se debe a que el que habla, por «mirar a los ojos» de sus oyentes, ha quedado «sujeto» de la energía mental del receptor o receptora de turno, dirigiéndole, en su consecuencia, medio discurso. A cada momento estará mirándole de forma semiconsciente. olvidando la noción del tiempo y. por supuesto, ignorando a los demás. Estos casos ponen de relieve la existencia de las «corrientes de energía» que circulan por el cuerpo y que se emiten voluntaria o involuntariamente por la mirada. Para neutralizar sus efectos, cabe proceder a NO MIRAR A LOS OJOS de los oyentes, sino a sus ENTRECEJOS. Nadie se percatará de la diferencia y. entretanto, la posibilidad de caer en las redes de la energía mental ajena estará perfectamente controlada. La emisión de la energía por medio de la mirada es. para una gran mayoría de los casos, INCONSCIENTE. Es más. basta un

buen estado de desintoxicación orgánica, para que esta energía esté convenientemente fortalecida y para que se opere espontáneamente una cierta expansión. Por el contrario, si el orador o quien habla, ha disfrutado previamente de los «placeres de la buena mesa», el consumo energético destinado a la digestión estará disminuyendo su energía global, dejándole vulnerable a la de sus oyentes. De modo que no se trata exclusivamente de prodigarse dirigiendo la mirada a los entrecejos, será menester agregar la previsión de una alimentación frugal, toda vez que se tenga que hablar en público. Dígase otro tanto en oportunidad de negociar de vender, de rendir un examen o de persuadir a una o varias personas acerca de algo. Y todo esto es sólo una parte del PODER DE LA MIRADA y de su proyección. La fuerza se multiplica con el aporte del «ardor psíquico» o sea, de la intensidad con que se vibra emoeionalmente a la hora de comunicar determinados asuntos. Se aprecia de forma más clara en el buen orador. De allí que la palabra «ORATORIA» no nos esté señalando el arte de hablar bien en público, sino el de «MOVER» AL PÚBLICO EN UNA DIRECCIÓN DETERMINADA. De este componente esencial nace el mismo concepto de ORATORIA: «Arte de mover a la acción, por medio de la palabra en público». Consecuentemente, ésta es la razón por la cual tiene tanto interés este tema en el mundo empresarial y de los negocios: tan precisados de soportes motivadores y de apoyos movilizadores tanto de su personal como de sus clientes. En consecuencia, para sacar el mayor partido de este formidable poder de la mirada al hablar en público, sugerimos tener en cuenta lo siguiente: 1. Dirigir la mirada a los ENTRECEJOS de los asistentes al acto o reunión. 2. Inundar de AFECTO la forma de mirar, (el afecto distiende los párpados, agregando el componente de dulzura que potencia sus efectos).

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3. Aplicarse EMOCIÓNALMENTE, regulando la intensidad de la entrega, con ayuda del reforzamiento de la EXPRESIÓN FACIAL. 4. Al aduar valerse, de tanto en tanto, de ladear la cabeza, evitar ocultar el tórax con los brazos y las manos, en la medida de lo posible y mostrar deliberadamente las palmas de las manos, toda vez que el ademán lo permita. 5. Tener centrada la mirada respecto del rostro, de forma que. al mirar hacia los lados, cuerpo y cabeza estén volcados en esa dirección, sin que los ojos se «adelanten» girando previamente. Volcarse a un lado y a otro resultará mucho más efectivo si se hace con el auxilio del tórax que girará, simultáneamente, en actitud dispuesta, llevando al cuerpo y a los pies en algunos casos. Con estas ayudas, es indudable que todo saldrá bien y que el orador u oradora, ponente o comunicador— por medio de la palabra en público dirigida a grandes o pequeños grupos—, tendrá a su favor todas las posibilidades de valerse plenamente, con una nueva y muy efectiva herramienta para servir a los objetivos que se haya prefijado. La práctica regular, aprovechando toda oportunidad de comunicación de la palabra en público, aumentará día a día la destreza de usarse con una nueva y brillante perspectiva.

3.

MIRADA Y ATRACTIVO PERSONAL

Una mirada directa, afectuosa y franca, es una fuente de atracción. Promueve contactos que interesan al ESPÍRITU del «otro», generando una corriente de simpatía estimulante y buena. Así sentida y expresada, forma parte del bagaje cultural de las personas del más alto nivel social bien conquistado.

En todos los casos, esta forma de mirar va íntimamente asociada a la sonrisa y constituye un envidiable atributo de belleza y un soporte generador de la confianza recíproca. El poder de SUGESTIÓN que conlleva, abre rutas a los entendimientos cordiales con personas desconocidas que, inmediatamente, estarán predispuestas a cooperar sobre la base de las más elementales líneas de comunicación. Intentando describirla con la torpe posibilidad de las palabras, diríamos que dimana un contagioso estado de bienestar y de autoestima, traducido en unos ojos abiertos, que destacan en un rostro levantado sin altanería, denotando franqueza y extroversión. Es un canto al momento presente, a una realidad asumida libremente, sin complicaciones, a un vivir todas las posibilidades de cada instante. El brillo, despojado de malicia, dimanando del fondo de los ojos, se recogerá sobre un casi imperceptible desplazamiento de las cejas hacia arriba, forzando al párpado superior a descubrir la curvatura del iris, rematando una actitud tan confiada como sincera y transparente. Y éste es un punto de partida. Quizá el mejor. El que hay que cultivar para estar dispuestos a tender líneas de comunicación: desde una actitud leal y afectuosa, tanlo para consigo mismo como para con los demás. Esta forma de mirar es una forma de «SONREÍR CON LOS OJOS» y. naturalmente, se completa con la sonrisa esbozada. Esta promueve el alargamiento de la hendidura bucal, presionando sobre el labio inferior para expresar la alegría de la actividad que uno concreta y la satisfacción que promueve con esta misma disposición. Simultáneamente, parecen recogerse un tanto las mejillas, al mismo tiempo que las ventanas nasales, anunciando un sentimiento de placer moral, fruto de la apertura con que se acoge al semejante. Como en esta ASOCIACIÓN, mirada y atractivo emergen de lo más profundo del inconsciente, ni los más grandes actores podrían denotar esta preciosa muestra, sin recurrir a un elevado

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propósito ya que esta riqueza, generadora del atractivo personal, pasa por la actitud interior más SINCERA. En este caso, potenciar el atractivo, denotando esa suerte de «alegría del espíritu profundo», requiere: en primer término, de la REFLEXIÓN que nutra el convencimiento con el que se valora a los demás componentes de la sociedad que nos rodea, haciéndoles partícipes de nuestro AFECTO y de los sentimientos más elevados. En segundo término, y por cierto no menos Importante, pensar que toda persona es naturalmente buena y digna de nuestro respeto. Dicho esto sin dejar de admitir que hay más casos de los que se podrían esperar, de seres cuyas costumbres y acciones están reñidas con la convivencia en un alto nivel sociocultural. Ésta nos obliga a aceptarles, respetarles y tenerles el afecto que merecen como «pares» de la ESPECIE HUMANA, aunque haya que aceptar, también, que se les sujete con las medidas de control que la seguridad, la salud y la vida de sus congéneres merece.

Durante el desarrollo de la comunicación, concreta una «esgrima» que podríamos traducir por «yo te miro, tú me miras», dando y recibiendo información no-verbal en paralelo con el lenguaje de las palabras. Dándola en cuanto a los efectos que las palabras del «olro» producen en quien las recibe. RECIBIENDO los efectos que las palabras del que habla producen sobre sí mismo. Esta «esgrima», se podría resumir y completar como sigue: — Tú me miras, yo te miro» («esgrima»).sin especial detención, admirándote y recibiendo la información no-verbal que me envías con tus palabras. — Inundo de AFECTO mi manera de mirar. — Permanezco en una postura corporal aclivo-receptiva. Erguida y distendida a la vez. sin cruzar los brazos ni las piernas. — Cuando hablo me expreso «emocionalmente». cuidando de no expansionar mis ademanes y con un lono de voz clara y audible. — Trato de enriquecer mi propia imagen a fin de multiplicar el atractivo, apelando a exhibir (cuando me expreso y de tanto en tanto), las palmas de mis manos, apelando a ladear la cabeza sobre un costado, sin exagerar y en variables inclinaciones a uno y otro lugar de tanto en tanto: todo ello de forma oportuna y conveniente, según me toque hablar o escuchar. — Al escuchar, me inmovilizo deliberadamente, para garantizarme y garantizar el mayor número de posibilidades en la más efectiva recepción del mensaje. Y lodo esto durante los pasajes ordinarios de la comunicación que ensayamos. Pero hay determinados hitos, momentos especiales, en los que intentamos aplicamos «a fondo». En estos pasajes, si nos toca escuchar, nos inmovilizamos, seguimos atentamente con un activo movimiento de los ojos lo que hace el «olro» y reci-

4.

CULTURA DE LA MIRADA PERSUASIVA

Cuando decimos que estamos persuadidos acerca de cualquier cosa, estamos diciendo que hemos pensado sobre el asunto y que nos inclinamos a aceptarlo de buena gana. Lo que forma parte capital del fenómeno de la PERSUASIÓN es. justamente, su componente de reflexión. Luego está su olro componente capital de «simpatía» para con el lema pensado. La mirada «persuasiva», no puede aportar la reflexión. Pero tiene la fuerza suficiente para incitar al interlocutor y al público «a moverse», de buen grado hacia aquello que se le propone. Esta forma de mirar, es idéntica a la que antes hemos descripto como generadora del «atractivo personal». Conforma una suerte de actitud permanente, compuesta de transparencia y de sinceridad.

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bimos sus palabras evidenciando el mayor interés. Nuestros ojos, entretanto, parpadean normalmente. Si nos toca hablar poniendo una nota singular a determinada parte de la comunicación, nuestra MIRADA —siempre AFECTUOSA—. buscará el ENTRECEJO del interlocutor y se lijará mientras le decimos aquellas escogidas palabras que le teníamos que comunicar. Esta vez y. por esos momentos breves. SIN PARPADEAR, durante los instantes que consuma esa particular porción especialísima de nuestras palabras. EXPRESIVAMENTE transmitidas. Si nos habituamos a seguir fielmente estas instrucciones, día que pase le quitaremos tensión y rigidez al esquema corporal y en muy poco tiempo habremos adquirido el dominio necesario que nos dará innúmeras satisfacciones en el trabajo, en la profesión y. en general, en cuantas comunicaciones hayamos de concretar en el orden social y familiar.

Es natural que los espíritus más positivos tiendan a rechazar de plano esta técnica que. aparentemente, linda con el esoterismo. Sin embargo, no tiene nada de «misteriosa». Se trata de estimular la actividad del inconsciente por un procedimiento que va a generar un muestreo corporal, unas imágenes, en quien lo lleva a cabo, que resultarán extraordinariamente gratas a los ojos y a la fisiología del interlocutor. Porque lo que provoca en realidad esta socorrida técnica, es un derrame de ACETILCOLINA en el organismo del experimentador, que proviene de la fuerte conmoción que genera en una parte del cerebro el estímulo del sentido del GUSTO. Dada la vecindad de éste con el hipotálamo. la «sacudida» es suficiente para obligarle a desprenderse de su preciosa sustancia: la ACETILCOLINA. Sustancia ésta que es responsable —en la química del cuerpo— de lo que bien podríamos llamar «ALEGRÍA DEL ESPÍRITU». El estado inmediato que genera, compromete al rostro en una muestra bondadosa no exenta de felicidad. Deja tonificado saludablemente a todo el cuerpo, pronuncia el brillo de los ojos e influye favorablemente el tono de la voz. Dado que la ACETILCOLINA tiene «simpatía» (como la dinamita), su presencia en un organismo relativamente próximo como en el caso de las entrevistas, aumenta su poder y sus electos al conseguir que el cuerpo del interlocutor derrame por su fisiología gracias al efecto «simpatía» esta sustancia, proporcionándole una inmediata sensación de bienestar que, naturalmente, coincide con el de su compañía. El resultado no puede ser más efectivo. Nuestras numerosas experiencias nos han permitido comprobar este aserto. Llegándolo a emplear para modificar ánimos conflictivos de algunos entrevistados y para neutralizar el «mal genio» en otros. Por lo que nos permitimos recomendar esta práctica toda vez que se estime necesario. Y. a este propósito, recordar que el «APETITO» y el «DELEITE» que la visión del plato favorito de comida genera, son los aspectos capitales de la experiencia. Dicho esto, por supuesto que sin descuido de la preparación previa idónea, en el orden puramente intelectual de la comunicación, en función del objetivo perseguido.

5. RECURSOS SUBLIMINALES EN LA PROYECCIÓN DE LA MIRADA El inconsciente se las arregla para estar activo en nuestra mirada. Por esto. los ojos, suelen traicionar al que pretende fingir o actuar de manera desleal; pues nadie tiene control sobre esta parcela que se encarga de «sacar- afuera» la verdad. Esta característica emergencia del inconsciente puede ser enriquecida con el aporte de técnicas subliminales. La más socorrida es la llamada «técnica del bistec». Consiste en la visión del plato favorito ele comida que, con ayuda de la IMAGINACIÓN, se tendrá situado entre nosotros y nuestro interlocutor o interlocutores durante todo el tiempo de la reunión. Por supuesto que la imagen mental deberá proporcionar un gran deleite. Para ello, es absolutamente indispensable concurrir a la cita con APETITO. Los efectos serán francamente sorprendentes.

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La postura ACTIVA y la predisposición a escuchar serán componentes imprescindibles para la prueba. A esto tenemos que agregar el soporte de una actitud calmosa, que dé la impresión de tener por delante todo el tiempo que demande el «otro», que suscite confianza y que venga desprovista de ansiedad y con evidente anhelo de serle útil. Una mentalización positiva respecto de los resultados que se persiguen, completará la preparación adecuada. Esto significa tener una gran confianza en que. aquello que se acomete, vendrá propicio para asegurar el camino hacia el IDEAL DE VIDA que se anhela conseguir en un futuro más o menos lejano y al que se sujetan todos los esfuerzos, pasos y gestiones de cada día.

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PODEROSAS INFLUENCIAS DEL ESPÍRITU 1. 2. 3. 4. 5. 6. Reconocimiento de la propia valía Desarrollo de la fortaleza interior Afirmación de la personalidad por medio de las interrelaciones Usando la nueva Tuerza al comunicar el pensamiento El desafío de la renovación Del espíritu a la sociedad

1.

RECONOCIMIENTO DE LA PROPIA VALÍA

El reconocimiento de la propia valía es esencial para el éxito en la vida y en las profesiones. Y. lo más importante, no es que este reconocimiento provenga de los demás, lo que será siempre bienvenido, sino de lo más profundo de sí mismos. Porque es un componente fundamental de la autoestima. El otro es la confianza en las propias cualidades y destrezas, para abordar con decisión y resolver los problemas que plantea el cumplimiento de los objetivos que cada uno se propone alcanzar. La AUTOESTIMA es pues, un sentimiento valioso que promueve el ESPÍRITU y que está muy lejos de la vanidad y de la falsa modestia. Ensayando una definición, diríamos que: «Es el prestigio que tenemos ganado de símismos, ante sí mismos.» Por lo que, disponer de un buen grado de AUTOESTIMA, equivale a sentirse capaz, importante y digno de respeto. Esto hace que cuanto más alta sea la AUTOESTIMA, más se

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esté proclive a respetar a los demás. Pues, en esencia, el respeto por los demás y su misma aceptación, nacen del respeto y de la consideración que se tiene por uno mismo. El formidable aliento espiritual que la autoestima conlleva proviene del hecho de que todos los seres humanos estamos dotados de un mismo ESPÍRITU. Cuando le «reconocemos», pendiente y alerta desde el fondo de la propia interioridad, podemos comenzar a experimentar con él. La primera sensación que ganamos, es la de dejar de percibir a los demás como amenaza en medio de una selva competitiva, viéndoles1 como miembros de un entorno cooperativo, en el que hay de TODO para todos. En el que el ÉXITO de uno no se produce a costa del éxito de otro, puesto que no se trata de «TU» éxito o el «MÍO», sino de un ÉXITO SUPERIOR, al que se llega por un camino de superación. En el punto de partida de este necesario cambio, está la AUTOACEPTACIÓN. Incluye aprobar y estimar, sin reservas ni falsos temores, nuestros propios defectos e imperfecciones, con el aire animador de las buenas cosas que todos tenemos. Para llevar adelante esta observación objetiva, nada mejor que hacer INVENTARIO. Decirnos: «Todo esto, mi apariencia, mis valores, mis éxitos, mis temores, mis fracasos y mis aciertos, mi manera de pensar y de obrar o de reaccionar en las más varias circunstancias, mis amores, mis bienes externos, mi fe. mis creencias, mis problemas internos y externos, mis miedos, componen el inventario de lo que SOY y de lo que TENGO.» Inventario que hay que comenzar por el estudio de la realidad corporal, en el momento y a la edad en que se emprende la tarea. Habrán no pocas cosas que NO NOS GUSTEN o no nos causen placer, que tendremos que ACEPTAR de buen grado, como fruto de un contacto efectivo con la propia realidad, en un momento determinado de la vida. A la vista de nuestros «bienes» y de nuestros «males», surgirá lo que hay que hacer para entrar, con buen pie, en un proceso

de CAMBIO. Lo curioso es que muy pronto observaremos que, entre la AUTOACEPTACIÓN y la AUTOESTIMA, hay una relación muy estrecha. Relación que proviene de la observación cuidadosa, despojada de todo afán de valoración, tanto positiva como negativa, puesto que rehuimos normalmente todo interés por el cambio de las realidades que negamos o deformamos con nuestros juicios, nuestros prejuicios y nuestros sentimientos de rechazo. La observación juiciosa y objetiva de nuestra realidad, además dereforzar. con iumnoyn mejital, la AUTOESTIMA que proviene de nuestro_in' pr '" r """ v a l p i p a r a controlar las más perniciosa"s~y destructoras de las mentiras. Mentiras que no son precisamente las que «decimos» de vez en cuatidoTsmo | a s q u e VIVIMOS etrn imictrarnayor frecuencia de lo que solemos pensar. Estas mentiras que vivimos componen el gran escenario de nuestras falsas acciones. Vivimos la mentira cuando dejamos de ser amables con las personas que decimos amar. Cuando nos mostramos «indefensos» y todo no es más que una treta para manipular, muchas veces, a los más próximos. Cuando pretendemos aparentar lo que no somos, y así. sucesivamente. El problema de vivir la mentira, comporta trastornar la realidad de nosotros mismos ante los demás y, por supuesto, incluye el «rechazo» de una parte de lo que somos. De esta forma se resquebraja la estructura de la verdadera AUTOESTIMA que. naturalmente, exige coherencia entre lo que SE ES y lo que se APARENTA. Por supuesto que esto NO SIGNIFICA obrar candidamente y sin cautela, en un mundo complicado y para con todos los momentos de nuestra vida. No significa divulgar proyectos, ideas, posibles acciones o sentimientos, sin antes advertir lo apropiado de la situación. Dígase otro tanto con las «verdades», con las opiniones y. más aún, con los juicios indiscriminados acerca de personas, empresas y organizaciones. Todo esto nos lleva a la conclusión de que la AUTOESTIMA requiere que aprendamos a vivir conscientemente. O, lo que es lo

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mismo, que aprendamos a relacionarnos sincera y armoniosamente con la REALIDAD que nos rodea. Por lo tanto, con los hechos. con los datos fiables y con los informes solventes que controlamos, verificamos, emitimos o evacuamos, para proceder, en su consecuencia, determinando nuestras propias opciones. Esto equivale, también, a tener siempre en cuenta el CONTEXTO en que las cosas suceden y en el que los fenómenos se generan, según provengan del exterior o del mundo que nos rodea o del interior de nosotros mismos. Vivir conscientemente equivale a vivir en LIBERTAD. A vivir la propia libertad en el ejercicio de las opciones y decisiones que hayan de ser consideradas y puestas en práctica. Teniendo por delante lo que propone la realidad bien analizada y lo que será útil a los OBJETIVOS y al IDEAL DE VIDA propuestos. A esta altura bien puede preguntarse: ¿Y qué tiene que ver la EXPRESIÓN ORAL-CORPORAL con todo esto? Pues ya lo hemos dicho: es un fuerte tonificante de la contribución del ESPÍRITU. Y esta contribución tiene mucho que ver con un ir desde «dentro» hacia «afuera» que es SU misión. O sea. desde la interioridad con su fortaleza y con sus poderes al servicio de la persuasión y de la concreción de óptimas comunicaciones, hasta el exterior o contexto social en el que TODOS y cada uno tenemos que movemos para la gran tarea de servir a los demás. De cooperar y de promover la cooperación en todos los ambientes y en todas las tareas y proyectos que. en definitiva, resulten útiles y válidos para el progreso común y el bien de TODOS. Y esto compete otra vez al ESPÍRITU HUMANO. Finalmente, la AUTOESTIMA no es más que un requisito, puesto que constituye una forma, excepcionalmente efectiva, de relacionamos con la realidad, de sentirnos a gusto con nosotros mismos y de dar sentido y coherencia a nuestros actos, para la propia felicidad y para la de aquellos que nos rodean o puedan ser alcanzados por nuestros esfuerzos y acciones.

2. DESARROLLO DE LA FORTALEZA INTERIOR Un día se nos ocurrió decir en un colegio —durante una charla sobre métodos de estudio para padres de alumnos—, que la disciplina era un requisito para el ÉXITO. Casi nos quedamos solos. De no haber intervenido el director, de una parte, y nuestra prestísima «aclaración» de otra, la reunión y la charla hubieran terminado en un fracaso total. Todos aquellos padres estaban convencidos que la DISCIPLINA era mala y la asociaban, lamentablemente, con el rigor y el castigo corporal puestos de freno a la «libertad» de los alumnos. Hubimos de explicarnos que la «disciplina» no tiene que asociarse limitada y exclusivamente al cometido de actos brutales como el de la «palmeta», el del «coscorrón» y algunos otros más dolorosos que dieron triste fama a más de cuatro formas de entender y de transmitir la educación y la cultura en nuestros mayores. Es cierto que a la disciplina se la relaciona con el castigo y con el premio, y muy especialmente con el primero. Pero ¿cómo podríamos alcanzar lo que nos proponemos sin contar con la decidida disposición de hacerlo, a pesar de los momentos amargos y. sin la determinada voluntad de llegar hasta el fin? Porque proponérselo, se lo propone cualquiera, el asunto es alcanzarlo o hacer cuanto se entiende propicio para lograr el resultado apetecido. Y aquí vuelve el ESPÍRITU a tener un papel determinante. Precisamente porque es el amo de la VOLUNTAD, que todo lo puede. Porque es cierto aquello de «querer es poder». Claro que dejando a salvo la decisión y la contracción necesarias para hacer, en cada momento, lo que nos propusimos hacer o dejar de hacer, lo que dispusimos que así fuera. El nexo entre el «querer» y una firme y poderosa VOLUNTAD es la DISCIPLINA o mejor dicho, la AUTODISCIPLINA. El atender a las pequeñas cosas que se comprometen con el éxito en el desarrollo de determinadas acciones, hasta conseguir los

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resultados deseados. Porque hay mucha gente que dice: «Quiero y no puedo». Esto sucede, normalmente, por dos razones: no saber «querer» lo que se proponen y no tener la «disciplina» que levantará el edificio de la voluntad necesaria para conseguirlo. Esia DISCIPLINA se forja a través de muy pequeños sacrificios que sumarán sus aportes como los ladrillos que se enfilan para levantar las moles de los grandes rascacielos. En total, siempre la suma de pequeñas cosas en su momento y en su lugar.

El «QUERER» viene de la mano del ESPÍRITU que, otra vez. vincula al TODO y a cuanto tenga que ver con el propósito que se persigue. Aunque lo que se pretenda hacer no sea el IDEAL de vida, sino una pequeña parte de lo cotidiano —como dejar de fumar—, el «querer» tiene que lograrse a partir de un acto indispensable: colocar en uno de los «platos de una balanza» el fin propuesto y las ventajas que reportará obtenerlo. En el «otro», todos los pasos, trabajos y sacrificios que será menester aceptar y realizar para conseguirlo. Una vez que se tiene a la «vista» este «panorama», por cierto que enfocado con criterio realista, se puede tomar la decisión: ¡QUIERO!... quiero este bien y estas ventajas a cuyo logro ACEPTO y comprometo todos estos pasos, molestia y sacrificios. Sólo desde este instante, después de la total y racionalmente madurada DECISIÓN, nace el «QUERER». A partir del momento en que se QUIERE DE VERDAD algo, toca atender al «edificio» del poder de la voluntad. Edificio que. como lo hemos dicho, se levanta sobre la base de cosas «pequeñitas». ladrillo por ladrillo. Una suma, una larga suma. ¿Qué estoy estudiando?, pues, una página más. ¿Que no tengo ganas de seguir? Cinco minutos más, y así sucesivamente, acometiendo o inhibiendo ACCIONES que se concretan en pequeñas cosas que TODOS podemos realizar con un mínimo de esfuerzo. Y aquí es donde aparece el papel de la disciplina personal o AUTODISCIPLINA. Es el nombre de aquellas «fuerzas» con que acometemos

lo que hay que tolerar para alcanzar la cima. Entretanto, la AUTODISCIPLINA nos exige: limitar nuestros objetivos, no caer en las pequeñas renuncias a lo planificado o proyectado cumplir. dividir y subdividir los trabajos complicados o que demandarán una importante y prolongada dedicación. Cultivar la amistad y la compañía de personas disciplinadas y no lomar decisiones precipitadas en ningún sentido, formulando planes que se cuiden de la inversión del tiempo disponible para cada cosa... ¡Ah!... y, también observar el cuidado de NO EXAGERAR. Tomarse de vez en cuando algunas libertades. SIN que esto sea un motivo para arruinar lo propuesto y al sólo efecto de NO SENTIR REMORDIMIENTO por el descanso merecido y por el placer de dejar de lado todo lo conminatorio y resuelto en el programa previsto... Esta tarea que pone en marcha la suma de las «cosas pequeñas», lleva al desarrollo de una AUTODISCIPLINA, conveniente para desarrollar el poder de la VOLUNTAD. Revierte una fortaleza interior que se moviliza y acude a la superficie de la piel, manifestándose ante nosotros mismos y ante los demás al influjo de la EXPRESIÓN ORAL y CORPORAL bien realizada.

3.

AFIRMACIÓN DE LA PERSONALIDAD POR MEDIO DE LAS INTERRELACIONES

La energía que liberamos cuando ponemos interés y entusiasmo en comunicarnos y, más aún. en PERSUADIR, conlleva un necesario entendimiento de CUERPO, MENTE Y ESPÍRITU. En la medida que esta trilogía se haga más armoniosa y perfecta, obtendremos como respuesta el sentirnos más a gusto con nosotros mismos. Si esta entrega y esta forma de hablar nos es habitual, nos será fácil ganar a los propios ojos una excelente reputación. Y ésta, como lo hemos visto, es la clave de la AUTOESTIMA.

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Se trata de hablar EMOCIONALMENTE. Poner todo nuestro afán intelectual y afectivo para perfeccionar nuestras comunicaciones con los demás. Este esfuerzo constante configura la disciplina que promueve una peculiar «gimnasia» de ESPÍRITU. Gimnasia que otorga la fuerza que predispone a perseverar y trabajar en el logro de los objetivos. Recordemos que los objetivos las metas, y el IDEAL que nos proponemos alcanzar, requieren de inspiración, pero, y sobre todo, de mucho trabajo en un tiempo bien aprovechado. Edison decía que el genio está formado por un 10 % de inspiración y un 90 % de transpiración. Naturalmente que la EXPRESIÓN ORAL no'es todo, ni semeja esos poderosos medicamentos de amplio espectro. No es la panacea única, pero está en la base de la óptima disposición para la acción, promoviendo una actitud VITAL que constituye la más preciosa ayuda para vivir consciente e intensamente. A esta actitud «vital» hay que agregarle la decisión de actuar en las conversaciones y comunicaciones orales con los demás, con arreglo a los siguientes postulados básicos: 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. Saludar amablemente, exhibiendo una amplia sonrisa. Evitar justificar cada opinión ante la insistencia del interlocutor. Solicitar aclaraciones cuando sea del caso. Preguntar ¿por qué? antes de proceder a hacer lo que se entiende injusto. Defender los propios derechos cuando se puedan ver comprometidos o conculcados. Manifestar el desacuerdo con entera claridad. Discrepar sin dar entrada a la discusión o caer en la disputa. Insistir en la posición adoptada ante la negativa del «otro» cuando estén claros los propios derechos. Decir «NO» cuando se tenga que decir «NO» y «SÍ» cuando se tenga que decir «SÍ».

10.

No «colaborar» sintiéndose afectados por los que hablan con intención de herir o que simplemente se expresan airados con generalizaciones tan inútiles como falsas. 11. Escribir y poner en práctica «GUIONES» que permitan cambiar la conducta, la actitud y el vocabulario de los que se expresan mal. 12. Escuchar para comprender y luego proceder en consecuencia. Analicemos, someramente cada uno de estos apartados: 1. Saludar, amablemente, exhibiendo una amplia sonrisa: Es el primer requisito para evidenciar una actitud abierta hacia los demás, que debe poner de manifiesto la satisfacción que produce el primer contacto. 2. Evitar justificar cada opinión ante la insistencia del interlocutor: Durante la discusión o el tratamiento de un asunto, suelen aparecer los que a «todo» preguntan ¿por qué? La fórmula les sale bien para bloquear a las personas desprevenidas. En tales casos, obrar de forma parecida no siempre es lo mejor. Cabría contestar que se trata de un punto de vista o de una forma de ver las cosas que, con tal motivo, no tiene por qué ser explicada. Por ejemplo: «Estoy en lo que pienso.» «No veo la razón de justificar cada cosa que diga.» «Es lo que siento sobre este asunto, por lo que no tengo nada que explicar.» 3. Solicitar aclaraciones cuando sea del caso: Pedir que se amplíe el comentario, se repita la explicación o se dé un ejemplo es absolutamente propio y hay que hacerlo para evitar una confusión. Veamos: «No lo veo claro, ¿podría repetirme sus instrucciones?» «Quizá un ejemplo me permita ver mejor lo que tengo que hacer, ¿podrías facilitármelo?» «Hay alguna contradicción en estas órdenes, por lo que necesito se me reconfirmen.» 4. Preguntar ¿por qué? antes de proceder a hacer lo que se entiende injusto: En no pocos casos, toca recibir instrucciones con el fin de que hagamos algo que puede corresponder a otra persona

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y que. por lo menos, aparentemente, resulta injusto aceptar. En este caso, cabe muy bien pedir que se nos expliquen las razones por las que se nos ha elegido. Ejemplo: «Por qué me tiene que locar siempre a mí?» «Este asunto corresponde al departamento de personal, ¿por qué tenemos que atenderlo nosotros? ¿Cuál es la razón para que yo lo haga?» 5. Defender los derechos cuando se puedan ver comprometidos o conculcados: Es esencialmente importante para sentirse bien. En cualquier situación en que alguien pretenda obrar en contra de los propios derechos, hay que hacerlos valer con firmeza pero sin violencia. Por ejemplo: «Señora, la "cola" continúa por aquí.» «Perdone, pero en este hotel, las paredes son de "papel", les ruego bajen el volumen del televisor.» «Esta tarde no lo haré, porque me esperan en otro sitio.» «Está bien que te disculpes una vez. pero llegar tarde a todas y cada una de las reuniones es apropiarte de nuestro propio tiempo.» 6. Manifestar el desacuerdo con entera claridad: Equivale a poner de manifiesto el propio punto de vista o las razones que avalan la discrepancia, sin rodeos y sin tomar la «precaución» de disculparse previamente, por tener que expresar la oposición. Cabe en estos casos decir: «Es así. y no estoy dispuesto a ceder en este asunto.» «Una opinión es una opinión, pero los hechos dicen otra cosa. O sea, lo que hay que hacer.» «Creo que esto es así y que este tema está suficientemente debatido.» 7. Discrepar sin dar entrada a la discusión: Es absolutamente necesario para una larga serie de circunstancias. Cambiar de tema o hacer algún gesto de disconformidad podrían ser pretextos válidos para «salirse» del asunto, sin entrar a discutirlo. Por ejemplo: «A propósito de todo esto, he leído que...» (y salirse por la «tangente»). 8. Insistir en la posición adoptada ante la negativa del «otro», estando claros los propios derechos: Esta resistencia es absolutamente necesaria cuando se tiene razón. Hay que defender una postura y sostenerla hasta conseguir el resultado espera-

do o de forma que los derechos conculcados queden claramente de manifiesto. Ejemplo: «Sí, está muy bien, pero insisto en que ésta es la mejor manera de llevarlo a cabo.» «Tú tienes toda la razón desde tu punto de vista, ahora toca hacerlo y no veo por qué mi propuesta no siga siendo válida.» «Me repito, pero esto es así.» «Sí, todo está muy bien, pero no puedo compartir ese pensamiento.» 9. Decir «NO» cuando se tenga que decir «NO» y «SÍ» cuando se tenga que decir «SÍ»: En este sentido, cuando toca negar algo, sobre todo si se trata de un favor, suele ser frecuente que se experimente un sentimiento de culpa. Esto se debe a que, sobre un variado número de posibilidades. «Hemos sido escogidos» para resolver la papeleta o responder a una expectativa de ayuda. La solución que encontramos más atinada es la que se desprende de lo siguiente: — Si el pedido, favor o requerimiento está en contra de los objetivos que tenemos preestablecidos, la respuesia que se impone es «NO». — Si, para el caso, no hay oposición respecto de los objetivos perseguidos, la respuesta que se impone es «SI». — Si lo que se nos pide está en línea y a favor de los objetivos que habremos de conseguir, la respuesta tendría que ser «SÍ» para una buena mayoría de situaciones posibles. Al decir «NO» hacerlo SIN manifestar dolor o malestar por la negativa. Hacerlo, simplemente, sin amargura y mediando una sucinta explicación de las razones en que se funda la respuesta. 10. No «colaborar» con los que hablan con intención de herir o simplemente se expresan airados con generalizaciones tan inútiles como falsas: Porque, para sentirse ofendido, hay que «colaborar» con el que intenta la ofensa. Hay que prestarse a ello. En este asunto, cabe recordar que la época de lo duelos por un

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«quítame de aquí estas pajas» felizmente ha pasado. Hoy se sabe que el que no participa del propósito del que pretende ofender mediante la "ayuda» de sentirse ofendido, no podrá ser jamás ofendido. En estas circunstancias, cabe además, otras «salidas». Sea el caso de un jefe que tiene por costumbre soltar expresiones como ésta: «Sois un atajo de inútiles.» Repuesta: «¿Podrías decirnos qué es lo que te mueve a decir esto?» Veamos otro ejemplo: «Tu siempre serás como tu padre.» Respuesta: «Aclárame lo que me quieres decir con esto.» En todos los casos, la «clave» de las respuestas a todo tipo de manifestaciones descansará en advertir, de una parte, cuál es el grado de emoción que muestra quien las dice y el contexto en que vienen referidas cuando se expresan. De otra, buscar la mayor objetividad y racionalidad posible con la respuesta, sin dejarse "desconcertar» nunca. 11. Escribir y poner en práctica «GUIONES» que permitan cambiar la conducta, la actitud y el vocabulario de los que se expresan mal: Estos «GUIONES» podrán permitir —a quien los confeccione y lleve, eficazmente a la práctica— controlar y hacer evolucionar la conducta de aquellos que tienden a bloquear o a manipular en particular a las personas más tolerantes y pacíficas. Los «GUIONES» se fundamentan en la escasa o ninguna resistencia que suelen ofrecer las personas —en su sano juicio— cuando se les oponen los SENTIMIENTOS que se experimentan por efecto de sus pretendidas «agresiones». El peso de los sentimientos afectados abre el camino de la conciliación y está en la base para propiciar el cambio de actitud y de conducta. Naturalmente, el primer paso es cerciorarse de haber recibido claramente el mensaje o la orden del «otro». A esta parte del «GUIÓN» podríamos llamarla: REFERIR. Luego cabe expresar los sentimientos o el estado emocional que provoca esa conducta y esas palabras. A esta segunda parte, le llamaremos MANIFESTAR. Ahora cabe proponer el cambio de conducta que se pretende conseguir. A esta tercera parte la podríamos denomi-

nar CAMBIAR. Por último, o en cuarto lugar, hay que destacar el «premio» que recibirá el «otro» si se presta a conducirse, en adelante, como se le pide. Lo que podríamos llamar PREMIAR, y tendríamos todas las partes esenciales de un buen GUIÓN DE CAMBIO. Veamos su aplicación en el siguiente ejemplo: Sea el caso de un colaborador, miembro de un grupo de trabajo de determinada empresa, que tiene «fama» de llegar tarde a las reuniones, pretextando siempre causas más o menos legítimas y aceptables. Escena: Habiendo comenzado la reunión, llega este colaborador, da sus excusas y se sienta. Su Jefe, al final de la reunión, le Cita en su despacho para hablar del asunto. Cuando éste llega, le dice: «Hola. Romualdo, siéntate. Quería decirte algo que me tiene muy preocupado. El lunes has llegado 10 minutos tarde a la cita con los Pérez. El miércoles te presentaste 8 minutos tarde a la reunión del comité de calidad, a la que asistías en mi representación. Hoy entraste en nuestra reunión semanal con más de 15 minutos de retraso y con los compañeros en plena tarea.» (Hasta aquí los hechos referenciados. O sea: REFERIR.) Y sigue: «No me interrumpas, por favor, porque quiero decirte que me siento frustrado y mux dolido conmigo mismo, porque me debo explicar muy mal acerca de las razones por las que todos y cada uno de nosotros tenemos que ser rigurosamente puntuales respecto de nuestras citas y compromisos de reunión.» (Esto es «expresar» los sentimientos o MANIFESTAR.) Y continúa: «Cuento con que en adelante resuelvas todos los inconvenientes que se atraviesan en tu camino para impedirle acudir a tiempo.» (Aquí termina la propuesta de «cambio» de conducta. Es decir: CAMBIAR). Finalmenic. termina con el «premio» «Créeme que con el cambio de conduela que espero de tu parte me sentiré muy satisfecho y valoraré tu colaboración decidida en este aspecto de tus responsabilidades de trabajo.» O sea: PREMIAR. Como vemos por el ejemplo presentado, al « GUIÓN» ha atendido a los cuatro pasos o etapas que lo compone. A saber:

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REFERIR-MANIFESTAR-CAMB1AR-PREMIAR. Etapas o fases que pueden reducirse a una frase, más o menos larga, en que se vean expresadas de un lirón. Todo dependerá del caso y de las circunstancias que lo rodeen. Como buen «GUIÓN», nos está diciendo que hay que ESCRIBIRLO y que hay que PRACTICARLO a fin de que quien persiga el cambio de actitud o de conducta de «otro», se EXPLIQUE con naturalidad, con SEGURIDAD y con una suave FIRMEZA. Por supuesto que sin llamar la más mínima atención respecto de la fluidez con que se expresa. Bien repelido —imaginando la posible escena—. cuidando la PRIVACIDAD en que se deberá llevar a cabo la entrevista y la PRECISIÓN de lo que se diga, sobre lodo al «REFERIR» los hechos —implicados en la actitud o en la conducta en cuestión—. todo saldrá bien. En el fondo, lo que se persigue con la aplicación de este tipo de «GUIONES» es NEGOCIAR el perfeccionamiento de una relación. Lo que es lo mismo que decir que se trata de lograr beneficios recíprocos respecto de las necesidades que sean importantes para los intervinienics. 12. Escuchar para comprender y luego proceder en consecuencia: Esto no es nada fácil porque hasta parecería que hemos sido educados para «contestar» o no hemos sido educados para eso. pero suele ser lo que hacemos habilualmenie. Esto no es malo en sí mismo, simplemente, es insuficiente y, por lo común, improcedente, si lo que se busca es perfeccionar una relación o lograr una mayor intimidad si fuera del caso. Escuchar para comprender, significa entrar de una manera activa e imaginativa en el contexto o situación del «otro». Intentar entender su sistema de referencia, diferente del nuestro. No pocas veces, una palabra corriente significa que. quien la usa, no es que esté mal informado, sino que «clasifica sus datos» de una manera distinta de la nuestra. Esta «clasificación» puede ser tal que aprendamos una forma nueva e instructiva de mirar el asunto

de que se habla. Por esto cabe, de una parte, intentar «sintonizar amablemente» con el «otro», para SENTIR con él. Esto es SIMPATIZAR. De otra, intentar EXPERIMENTAR con él. Esto es EMPATIZAR. Para que todo salga bien, aún queda la tarea de comprobar la COMPRENSIÓN. O sea, de hablar o de explicarnos acerca de lo que entendemos que nos dice y que «experimenta» el «otro en su caso y, en qué medida le afecta el tema o asunto o el problema de que se habla, pidiéndole su aprobación.» La respuesta llevará siempre el sello de la apertura y de la manifiesta disposición a colaborar para sacar adelante una comunicación enriquecedora. Todo cuanto venimos diciendo aquí resultará efectivo para ganar terreno respecto de nuestras posibilidades de ESCUCHAR BIEN y de conseguir hacerlo de forma persuasiva. No obstante, a veces, tenemos que actuar AFIRMANDO NUESTRA POSICIÓN y utilizando recursos para hacernos OÍR o para «meter baza» y hasta para que otro se vea hábilmente sustituido en el uso de la palabra. En estos casos, vendrán muy bien las siguientes lácticas:

Para interrumpir: — Dirigirse al que habla, llamándole por su nombre y aprovechando el impacto para decir lo que se pretendía decir. — Estar atentos a la respiración y a las pausas del que habla, a fin de usarlas para «meter baza» con lo que se tenía preparado decir, expresándolo de forma clara, breve y precisa y prosiguiendo con el uso de la palabra mientras se entienda necesario. — Intervenir cuando el mensaje del «otro» permita matizar o agregar algo. Luego, proseguir como si se estuviera legítimamente en uso de la palabra.

178 Para evitar interrupciones:

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4.

USANDO LA NUEVA FUERZA AL COMUNICAR EL PENSAMIENTO

— Evitar mirar en dirección a quien pretende interrumpir. — Continuar, en todos los casos, sosteniendo contacto visual sobre aquella persona o sector del público o del grupo a quien o a quienes se estaba dirigiendo la palabra. — Controlar mediante una señal no-verbal al que pretende concretar la interrupción. — Expresar con suave firmeza: — «Estoy hablando,Señor... Señora.» — «Espere su turno, por favor.» — En ningún caso volverse en dirección al que intenta concretar la interrupción, para insistir en que se está en uso de la palabra. Estas tácticas serán especialmente útiles en reuniones de diverso tipo y a la hora de hablar en público. Son especialmente socorridas si se aplican a los llamados «rompe reuniones». Por último, no tenemos que dejar de lado que cuanto venimos proponiendo, tiene como fin principal proporcionar una «salida» a quienes por timidez, miedo o delicadeza personal pueden verse manipulados por personas acostumbradas a tener éxito con sus maneras agresivas y con su vocabulario vulgar o altisonante. Hacerse valer y respetar ante los demás y respetarles, son presupuestos esenciales y perfectamente compatibles que se armonizan en una efectiva, sincera y abierta EXPRESIÓN ORAL-EMOCIONAL.

En el cuerpo de todo ser humano que goce de buena salud, circulan activamente tres tipos de energía: FÍSICA, MENTAL y EMOCIONAL. No solemos saber utilizarlas y por esto sólo unos pocos han descubierto y aprovechado su poder. Hemos dicho que en un cuerpo sano o que goce de un buen estado de salud general. Si no es así. toda esta fuerza se va agotando como consecuencia de la enfermedad, que le impide su renovación por las vías habituales. Por ejemplo, mediante una determinada dieta alimenticia, el ejercicio, la buena respiración y las consabidas explosiones del ánimo que acompaña a los momentos de buen humor y de sana alegría. Es éste entre otros, el proceso natural en el que no solemos reparar de ordinario por resultarnos obvio. Pero detrás de él, está el secreto de UNA NUEVA FUERZA, que podemos utilizar para enriquecer nuestros pensamientos y nuestras acciones. Como hemos dicho, disponemos de tres grandes fuentes de energía: la FÍSICA, la MENTAL y la EMOCIONAL. Veamos cómo debemos preservarlas: Energía física: O corporal, va de suyo con todo cuerpo sano. Se preserva evitando el consumo indiscriminado de productos intoxicantes del organismo como las drogas, el tabaco y el alcohol. Se aumenta con un dieta equilibrada, que se complementa con la buena masticación y digestión de los alimentos, el descanso reparador del sueño nocturno y el ejercicio. En particular, el que produce caminar desplazándose de forma ACTIVA. En cuanto a los deportes, el de la natación bien realizada, sin llegar al cansancio excesivo o al agotamiento que generan los esfuerzos irracionales. Energía mental: O del pensamiento crítico-reflexivo. Se preserva combatiendo las preocupaciones, los miedos y las ansieda-

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des. Se potencia con el estudio, la buena lectura, los pensamientos positivos, las prácticas de distensión y la serena resolución de los problemas cotidianos de lodo tipo. Energía emocional: 0 de los sentimientos. Se preserva evitando el odio, la envidia, la inquina, el hablar inexpresivo, los resentimientos y todo cuanto lleve a pensar de forma negativa o dañina. Se potencia con los mejores deseos para con todo y para con todos, cultivando los efectos y la disposición a cooperar en las buenas obras, ejercitando la compresión, la armonía, la paz y la calma. Como vemos, las guías elementales son harto conocidas y no del lodo ejercitadas, permiten, a su vez. el agregado de otras múltiples y hasta mejores recomendaciones. Sin embargo. lo que a lodo esto conviene agregar, es el equilibrio armonioso en el FLUIR de las energías cuando se vuelcan al exterior. Porque este «fluir» consiste en una forma de irradiación que, bien expandida, se realimenta hasta lograr todo su formidable poder. Si. por el contrario, cosa que toca a la inmensa mayoría de la gente —no hay ni idea de lodo esto—, el equilibrio general se ve maltratado y. lejos de constituir un poder, se precipita en una serie de manifestaciones de lipo psicofísico, que constituyen verdaderas enfermedades que gravitan sobre las delicadísimas funciones del ESPÍRITU. Con ello, éste se va «recogiendo» y privando paulatinamente a la persona de su asistencia. Todo lo contrario de lo que se puede ganar provocando su EXPANSIÓN. Esio hace que vuelva a estar sobre el tapete el aporte invalorable de la EXPRESIÓN ORAL-CORPORAL, bien realizada. Porque en el ENTRECEJO está el mecanismo «disparador» voluntario de estas energías. Energías que acuden a la superficie de la piel y se expanden cuando habla el persuasor o persuasora experimentados. «Hablar EMOCIONALMENTE» nos pide la moderna psicología. Hablar movilizando estas energías para volcarlas en nues-

iras habituales conversaciones y comunicaciones orales en distintos grados de intensidad. Recordando que los postulados básicos pasan por adoptar posturas corporales propicias (posturas físicas «de base»), por la movilidad del conjunto CEJAS-ENTRECEJOPÁRPADOS, por la mirada clara y limpia, por la buena articulación y emisión de las palabras con la dosis de aire suficiente aspirada POR BOCA. Como decimos anteriormente, la fuerza energética acude a nosotros desde nuestro interior y se libera al influjo de las presiones que disponemos de forma consciente sobre nuestro entrecejo. En sentido inverso, todo se recoge y se calma, atendiendo a este mismo punto para distenderlo completamente. Lo que quiere decir que activación y serenidad dependerán de que nos prodiguemos sobre el entrecejo demandando «vibrar» o «cedamos». Lo que se traduciría en concretar un propósito «interior» de encendernos mientras presionamos físicamente, frunciendo el ENTRECEJO. Caso contrario tener como propósito relajarnos, distendiendo el ENTRECEJO. En ambos casos, acudirá la fuerza o sobrevendrá la calma. El orador hábil, como el buen actor, saben «activarse» para generar todo este movimiento a voluntad y en pleno estado de conciencia, operando sobre su rostro o mejor dicho sobre su ENTRECEJO. De esta manera consiguen plasmar una conducta NATURAL que semeja perfectamente la ESPONTÁNEA de las situaciones corrientes en que se «salta», sin pensarlo, de determinada manera. Por esto, queremos recordar aquí que la NATURALIDAD se aprende, que lo que viene con nuestra naturaleza es la ESPONTANEIDAD. Y ésta, está en la misma base del estímulo respuesta. Me estimulan y respondo automáticamente (espontaneidad). Me estimulan, y respondo controladamente —por saber y haber practicado para dominarme— que. entre estímulo y respuesta. HAY UNA «BRECHA», un «claro», que me permite adaptarme para servir mejor a mis objetivos, procediendo a contestar con

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calma y precisión o NO. Llamándome a silencio, si viene al caso (naturalidad). Por último, digamos que los progresos con las prácticas que sugerimos son muy rápidos y satisfactorios y conducen a la excelencia en el empleo de sí mismos, para servir eficazmente en favor de óptimas comunicaciones.

espiral que, inevitablemente, termina, como dice Carrel16. con la «muerte en vida del sentimiento». Curiosamente, para nosotros, todo este proceso se refleja en el habla que. como lo venimos reiterando hasta la saciedad, se toma INEXPRESIVA, fuertemente intelectualizada y uniforme, con un ritmo muy similar al que se obliga quien lee un texto gramaticalmente puntuado.

5. EL DESAFÍO DE LA RENOVACIÓN Una de las características de nuestro tiempo es la de que vivimos un vertiginoso proceso de cambio. Tanto en nosotros mismos como con mayor medida a nuestro rededor, en que todo parece acelerarse, más y más. generando el nerviosismo y la irritación que determinan el vicio del enervamiento. El consumo energético que el fenómeno provoca y que muy pobremente se renueva, hace que la gente tienda a encontrarse ávida de comodidad y que busque por distintos cauces suprimir o poner bajo mínimos el «desagrado». Consecuentemente, todo cuanto afecte a esta búsqueda le provoque las molestias intolerantes que determinan el desasosiego y la ansiedad, que se llevan invariablemente la salud. El fenómeno trae consigo la pérdida de la verdadera alegría, que tiene como requisito para disfrutarla, «el pago previo» de no pocos esfuerzos y de insalvables momentos de desagrado. Sin suficientes altibajos, absolutamente naturales, la vida se va «aplanando» artificialmente, determinando antes o después un aburrimiento mortal. Por fin, llega el momento de apelar a los estímulos, que tienen, necesariamente, que ser cada vez más fuertes y que, a poco tiempo, terminan en habituación. La habituación impide saborear los acontecimientos placenteros de toda índole y demanda «volver a empezar» con algo «más fuerte todavía»: para proseguir en una

¿Es posible hacer algo frente a lodo esto? Creemos sinceramente que sí. Para ello, hay que recuperar la tertulia. Pero no con el elevado propósito de obtener como resultados determinada ilustración, sino para cultivar el arte de EXPRESAR BIEN EL MENSAJE, cualquiera que éste sea. Cuidando, por parte del que habla, de poner el acento en el comportamiento facial, corporal y emocional que condiga con la comunicación que trate de concretar. En una palabra, atendiendo especialísimamente al «COMO», sin despreciar al «QUÉ». El cambio requiere de nuestra oportuna adaptación, pero esto no significa que nos «pleguemos» a la causa de la indolencia que pide la rapidez de la satisfacción, sino respetando las exigencias naturales que llevan a soportar el «desagrado», con la expectativa del objetivo que se persigue. ¿Estamos a tiempo?... Y, tanto, pues TODOS tenemos ESPÍRITU. Lo repetimos en nuestros cursos de oratoria. ¿Es posible aprender a hablar en público en un día y medio o en dos días? Sí, es perfectamente posible, con el conveniente adiestramiento, y todo porque, el orador, lo lleva «dentro» cada ser humano. Nuestra tarea consiste solamente en ayudarle para que

'* CARREL, A.: La conducía en la vida, Edil. Guillermo Kraft Ltda.. Buenos Aires. 1953.

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logre traerlo a la superficie de la piel a fin de que HABLE y SE HAGA en él. Esta posibilidad no tiene que dejarse de lado a expensas de «sí necesito» o «no necesito» que el ESPÍRITU «se haga en mí». Hay que lograrlo para sentirse más a gusto consigo mismo. Para acceder a una nueva plenitud a la que está convocado todo el mundo y que, desgraciadamente, tantos ignoran. Este es el cambio más importante que puede acometerse y la más valiosa de las inversiones sobre sí mismo. Para ello, basta con seguir las instrucciones que capítulo a capítulo hemos.venido distribuyendo. Hacerse un plan de trabajo de sólo unos pocos minutos de prácticas cada día. Teniendo en cuenta lo que siempre repetimos y repetiremos a nuestros alumnos. «Toda oportunidad de hablar, es una oportunidad de PRACTICAR y de afirmar lo que se lleva ganado.» El objetivo a plazo cierto que dependerá de la constancia de cada uno. es «PERCIBIR QUE EL ESPÍRITU OPERA VISIBLEMENTE DESDE EL INTERIOR A TRAVÉS DE SU MÁS EFECTIVA FORMA DE MANIFESTACIÓN: LA EXPRESIÓN ORAL-CORPORAL.» El tiempo y las prácticas nos irá dando la razón y probando que este enfoque del tema no tiene nada de misterioso. Lo que a iodo el mundo le suele suceder es que. valiéndose de lo que le es obvio, no repara en que las cosas son así. Que el ESPÍRITU puede ser percibido con independencia de la MENTE. Que resulta relativamente fácil advertirlo durante una actuación en público o a través de una comunicación exigente de la relación profesional o interpersonal. Los objetivos parciales, convendrá dividirlos en periodos de tiempo no muy largos, dígase dos o tres meses, en los que se apreciarán claramente los progresos. Progresos que se verían reforzados si actuáramos, de tanto en tanto, ante una cámara de vídeo para registrar lo ganado a medida que transcurren los días. En todos los casos, no olvidar lo que decimos en el tema 4 de este mismo capítulo: el ESPÍRITU responde al «arranque», al

«activador» que subyace en el ENTRECEJO y sobre el que hay que concentrarse y actuar frunciéndolo y movilizándolo, toda vez que se pretende generar una fuerte conmoción emocional o por el contrario, distendiendo para volver al estado de CALMA. O sea, la clave o soporte fundamental para ENCENDER O APAGAR la ENERGÍA INTERIOR. Para irradiarla o retenerla.

6.

DEL ESPÍRITU A LA SOCIEDAD

Hay una enseñanza que la Madre Naturaleza nos brinda y que no solemos tener en cuenta a la hora de pensar y de actuar. Si semblamos una semilla en el terreno preparado, ésta comenzará su autodestrucción para permitir el desarrollo del germen que lleva dentro. En su día llegará a la superficie de la tierra y desde allí. siempre de «dentro» hacia «afuera», de sus raíces al tronco y hasta las ramas más altas, continuará creciendo siempre para dar sus frutos. Luego, por medio de ellos, entrar en el ciclo vital de producir innúmeras semillas, que tienen el ineluctable destino de perpetuar la presencia de su especie sobre la Tierra. «De dentro hacia afuera.» Si comparamos a la Naturaleza con lo que sucede TODOS LOS DÍAS, veremos que los hombres, por una defonnación comprensible de la escuela n, solemos proceder al revés: «De fuera hacia dentro.» Por ejemplo: buenas maneras para unos modos lamentables. Tener una empresa bien organizada

" La escuela nos proporciona una enseñanza que va de «fuera hacia adentro» con el propósito de ensanchar nuestro cerebro con el caudal de conocimientos que nos han legado nuestros mayores. De allí que la intención sea orientarse a pensar eficazmente para resolver, cada uno por nuestra cuenta, los problemas cotidianos. Pero no nos ha enseñado a CREAR, a INNOVAR y a plegarnos armoniosamente con el CAMBIO, dotados de un generoso espíritu de COOPERACIÓN, de respeto y de servicio a los demás.

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y bien consliluida para trabajar con la mira puesta en la mejor y exclusiva manera de «hacer dinero». Ser libre y no poder trabajar con un grupo para conseguir, enire lodos, los resultados previstos. De «fuera hacia dentro». De lo que a mí me pasó, de mi experiencia hacia mi hijo... La lista podría resultar interminablemente tediosa. Pongamos las cosas en su lugar. Los buenos modos se delentan en las buenas maneras. Tener una empresa bien organizada para trabajar cada día mejor al servicio del CLIENTE y de la comunidad y. por natural añadidura, recibir el beneficio que. de esla forma, se sabe ganar. Ser libre y no saber trabajar idealmente con un grupo es una contradicción, poique la libertad es el paso previo a la madurez de la COOPERACIÓN. Porque ser libre importa un estado de apertura a la comprensión de cómo funcionan los demás, a fin de asumir por propia y exclusiva determinación y el compromiso de trabajar en el desarrollo de una OBRA común. Si extrapolo lo que a mí me pasó e intento aplicárselo a mi hijo, lo más probable es que no me escuche y que yo no advierta la diferencia, por lo que iré dando tumbos, de fracaso en fracaso, que achacaré a mulliiud de factores y al remanido tema del contraste generacional. Es muy probable que los hombres de nuestro tiempo hayamos extraviado el verdadero camino, porque nos perdemos en la mar de «solicitudes visuales», tan propias de nueslro desnaturalizado entorno. «Caminad puestos los ojos en el cielo y los pies sobre la tierra», dice el viejo y sabio proverbio. O sea, la VISTA en el IDEAL ambicioso y a veces lejano. Mientras que. con los «pies sobre la tierra», atendemos al pleno de nuestras acciones, que deberán armonizarse con las tareas que demandará cumplir con el destino elegido. En la empresa y en las profesiones, aplicar este principio lleva implícita la sujeción a un IDEAL DE SERVICIO, centrado en la persona del CLIENTE, del usuario o del beneficiario de las propias reflexiones y de las propias acciones. Esto significa que, a la

hora de pensar y de actuar, tendrá que estar siempre presente, para señalur el NORTE motivador y movilizador que representa. Si no es así, si no procedemos en su consecuencia, el mismo afán de «hacer bien las cosas», puede llevarnos a extraviar su verdadero lugar y el sentido del esfuerzo que se prodiga y, por lo tanto, a colocar «el carro delante del caballo».

No hace mucho tiempo, leímos una publicación que decía que un grupo de estudiosos había descubierto entre los pliegues ignotos de la intimidad más profunda de los seres humanos «una parcela». Un «algo» subyacente, cuya misión era promover las buenas acciones y empujar a las personas hacia el bien, además de velar por su salud y por la seguridad del propio CUERPO en donde se encuentra recogido. Pues bien a esa «parcela», nosotros, afortunadamente, venimos dedicando desde hace más de veinte años nuestra modesta curiosidad. Le llamamos: ESPÍRITU. Ese «algo» indescriptible, que liene una cierta pero radical autonomía de lo que Freud llamó el subconsciente y que, en términos imprecisos y globales, le hemos llamado «parte inconsciente» de nuesira totalidad. Pensamos que el ESPÍRITU es el gran inspirador de las buenas cosas y que vigila, pendiente de orientarlo TODO, hacia el bien de las personas y de la naturaleza. De «dentro hacia afuera». Del ESPÍRITU hacia el Universo entero. Digamos, también, en un estadio más manejable: del ESPÍRITU HACIA LA SOCIEDAD. Es la gran ruta del éxito. En el gráfico podemos apreciar la representación del mejor camino para seguir el mandato del ESPÍRITU en su permanente ascensión: de «dentro hacia afuera». (Fig. 22.) Desde el mismo momento de nacer hasta que se hace posible el disfrute de una determinada «libertad», somos eminentemente dependientes. También lo somos después, para muchas exigencias de la propia vida, dada la insuficiencia de nuesira formación, a

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todas luces parcial. Luego accedemos a lo que llamamos «libertad», con las naturales limitaciones de todo tipo, que se apiñan en torno de la vida del hombre; sobre todo en las modernas ciudades. Somos libres, pero, para una buena mayoría, trabajar para ganar el sustento significa ceder a la empresa u organización las mejores y más saludables horas de cada jomada. Luego viene lo que «viene»: la familia, los compromisos, el endeudamiento y sus secuelas de preocupación y la imperiosa necesidad de ganar más para satisfacer a las incontenibles nuevas necesidades, que se llevan siempre lo ganado, y. así. en-más... Con este panorama, es natural que tantas personas se depriman. Casualmente, en esto días el alcalde de un pueblo de España tomó la decisión de prohibir la circulación rodada de motocicletas y ciclomotores por las calles del pueblo entre las doce de la noche y las seis de la mañana. No queremos ver la cara de los afectados, entre los que había que opinaban que la disposición era una flagrante limitación de la libertad individual. Otros, que se habían quedado sin lo que más les gustaba: pasear y correr con sus vehículos de noche, a la salida de las discotecas sobre las tres de la mañana en que las calles estaban prácticamente libres. Demás está decir que estas opiniones contrastaban con la de los que pretendían dormir de noche y, si fuera posible, estar más tranquilos durante el día. Ejemplos como éste o el de los hoteles, en que le ha dado «a todo el mundo» por moverse a «a su aire», sin importarle un rábano de los demás huéspedes, son una muestra palpable de lo que hay que soportar, hoy por hoy, en los países «más evolucionados». O sea, los que presumen de tener el mayor índice de de alfabetización y de escolaridad. Algo debe andar mal. porque el equilibrio se va conquistando a trompicones y a fuerza de «descubrir», cada uno por su cuenta, lo que más conviene para ganar una convivencia más o menos respetuosa de los demás. Todo esto nos lleva a la conclusión de que hay que poner orden y concierto en estos asuntos. Y no se trata de buscar un dic-

tador que. a fuerza de represión y malos tratos, tire por la borda la posibilidad de usar la sensatez y los más elementales principios de convivencia social y familiar y de concurrencia empresarial. Escuchemos lo que nos dice la Naturaleza a este respecto: Somos dependientes, al sólo efecto de aprender que lo que hacen por nosotros los demás, tenemos que hacerlo con todo el mundo. 2" La «libertad» personal es sólo un camino para obtener una cierta «independencia» y poder llegar a decir «puedo hacer a mi aire lo que se me antoje». 3U Una vez que puedo decir lo que antecede y que esté plenamente convencido de ello, tengo que COMPROMETERME, «LIBREMENTE». A COOPERAR conmigo mismo y con los demás. Para mi propio bien y para el bien de TODOS. Y éste es el verdadero fin del hombre: COOPERAR PARA BIEN DE TODOS Y DE LA NATURALEZA TODA. Como cuanto decimos viene de la propia Naturaleza y es lo que previene nuestro ESPÍRITU desde nuestra interioridad, en marcha hacia «afuera», todo esto tiene que resultarnos grato, alegre y constituir un motivo de felicidad. Una verdadera fuerza conducente al ÉXITO EN LA VIDA. Éxito al que TODOS estamos convocados. Por eso podemos ver en la imagen de la «PIRÁMIDE INVERTIDA» (fig. 21). Abajo, en la cúspide, el área que demarca la dependencia que también tiene que ver con el «tener». Es un campo limitado en el que los logros se satisfacen bastante de prisa. Dependo, pero anhelo mi independencia y quiero autoridad. Me apetecen muchas cosas y. como el buen comer, tengo muy pronto los límites de su relativa satisfacción. Esto es: TENER. Luego viene un área intermedia. La dependencia evoluciona hacia la «libertad» y la autosuficiencia. Ahora tengo, por ls

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3 \ 2 1

INTn-DFPENDENCm:

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Fig. 21 delante, lo que quiero «hacer». Y el hacer, como el «tener», se satisfacen también pronto. No es mucho lo que puedo sólo. Tengo mis clarísimas limitaciones en esto del HACER. Es el área intermedia que me va ha permitir «madurar». Llegar a la más auténtica etapa en la que descubriré que las grandes cosas no pueden acometerse en solitario. Que es menester llevarlas adelante con la contribución de los demás y que, para eso. es indispensable estar dispuesto a asumir LIBREMENTE, EL COMPROMISO DE COOPERAR. Y, así, entramos en el área más grande de la PIRÁMIDE, la que cubre toda la ancha base de su fundamento. Ésta es la que coincide con el «SER». Aquí nunca quedaremos saciados, poique de acrecer en el SER nadie puede «llenarse» totalmente. Y las otras etapas se reúnen también aquí, con sus respectivas proporciones, quedando los pasos que la Naturaleza nos señala muy claros: DEPENDENCIA, INDEPENDENCIA,

COOPERACIÓN. Con ellos llegar a TENER, llegar a HACER, llegar interminablemente, a SER. Y éste es también el camino de la ascensión del ESPÍRITU HUMANO. Así mirado, el lema no tiene nada de desalentador. Si pensamos un tanto acerca de lo que nos «parecen» las cosas y lo que «realmente» son, veremos que la Naturaleza nos está gritando, con sus designios, cuál es el mejor camino para encontrar el equilibrio armónico que nos lleve a disfrutar de una vida plena y feliz. Esto solemos descubrirlo por sí solos, pero demasiado tarde. A una edad en que la madurez termina de abrirse paso, sorteando la maraña de mentiras y de «falsos mapas» que nos proporciona el entorno, para que todo salga favorable a los intereses que lo mueven. Si no fuera así. ¿qué pasaría con la moda, por ejemplo? ¿Cómo podrían subsistir las empresas que viven de ella, si todos los años no nos viéramos compelidos a tirar prendas seminuevas que sólo valen para una temporada? Hemos escogido la moda del vestuario, por tenerla más a mano, pero otro tanto sucede con una enorme variedad de «bienes» y de «cosas» que cimentan los pilares de «nuestro mudo feliz» en el que el «agrado-satisfacción» campea sobre las mentes y sobre los cuerpos de los más «programados». La MADUREZ, sin embargo, no es un problema de edad. El adulto, según los fundamentos del «análisis transaccional», emerge, para concretar las bases de la personalidad a los tres años de edad aproximadamente. La edad ADULTA, es un problema de «principios». De orden. De saber «poner las cosas en SU lugar». Y la Naturaleza nos señala el lugar de cada cosa formándonos y capacitándonos para «ver», a los que aceptamos y queremos «VER». Las aficiones primero, la vocación después, nos van revelando las posibilidades y las exigencias de nuestra probable contribución. En una de nuestras obras aludimos precisamente a este tema singularmente importante diciendo: «En armonía con el Universo.» Porque somos criaturas del Universo, sujetas a los desig-

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nios de la de la Especie Humana en el planeta Tierra. Nuestro llamado es evidente: COOPERAR, insertándonos armoniosamente en el desarrollo de la Naturaleza mediante una permanente actitud de servicio. Pero como esa entrega ha de ser libremente resuella, la Naturaleza nos lleva a buscar primero la libertad y la independencia. De otra parte, nos sentimos impulsados a «soñar». Es probable que otras especies animales también sueñen, pero sólo el hombre puede hacerlo «despierto», con ayuda de la imaginación, para VER con bastante precisión el IDEAL a alcanzar en la. vida para la plenitud de su realización al servicio de los demás. Y aquí aparece el componenie precioso de la interdependencia. El hombre muy pronto sabe, como lo venimos diciendo, que solo muy poco puede hacer y toma la decisión de trabajar junto a otros hombres y mujeres para multiplicar los resultados de sus pensamientos y de sus acciones. Desde ese momento descubre que la INTERDEPENDENCIA es un pensamiento mucho más maduro que la INDEPENDENCIA: que pasa a ser válida para muy determinadas actividades que siempre requerirán de los demás para abrirse paso hacia el éxito o hacia la consecución de los resultados que se persigan. Los pasos a seguir son, como lo hemos dicho: DEPENDENCIA. INDEPENDENCIA. COOPERACIÓN. Y quien quiera que «VEA»: en la dependencia, las palabras comienzan a ser válidas para «pedir» a los demás las ayudas que necesitamos. En la independencia, las palabras son necesarias para abrirnos paso y tratar de ganar el lugar perseguido y la autonomía deseada. En la interdependencia, las palabras son imprescindibles para PERSUADIR a otros a fin de que comprendan cuánto hay que DAR para sacar adelante un proyecto compartido de empresa o de trabajo. Está claro que la herramienta obvia para labrar el ÉXITO EN LA VIDA es el lenguaje desde los primeros pasos. Pero lenguaje y sentimientos componen la EXPRESIÓN ORAL HUMANA y.

sin estos últimos, la persuasión es. cuando menos, muy penosa y sin efectos para «mover a la acción». De esta forma, la Naturaleza nos vuelve a decir que la herramienta más preciosa y efectiva es la EXPRESIÓN ORAL-COR PORAL-EMOCIONAL bien conseguida... y. ésta, el gran poder activador de la Energía Espiritual. La Energía Humana. «La mayor y más misteriosa energía que existe sobre la Tierra» \

" CARREL. A.: Premio Nobel de Biología, i>p. cit.

LECTORAL
En toda manifestación afectiva, el ESPÍRITU se hace presente mediante la puesta en marcha del ródi.u» interior que todos tenemos. De allí la facilidad, casi inequívoca, de su «decodificación», que nos permite captar la medida emocional y la naturaleza de los sentimientos que abrigan al mensaje oral-corporal bien expresado. Como la comodidad ha barrido buena parte de los hábitos expresivos, el «lecloral»* que suministramos a continuación puede servir de guía para comprobar que. efectivamente, hay un lenguaje básico «binario», compuesto por la actividad del conjunto cejas-entrecejo, que opera forzando la expansión de las cejas hacia arriba o la contracción del entrecejo.

* Utilizamos esla palabra para significar la lectura de la EXPRESIÓN ORAL(Lecioral), <N & 4 •

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EL PODER III. IA EXPRESIÓN OKAL

APÉNDICE

199 Palabras que sugieran alturas y bienes que invitan a mirar hacia arriba, como: «alto», «elevado», «ideal», etc. Palabras que reflejan estados de placer, como «deleite», «bienestar», «dicha», «gozo», etc. Palabras que concurren a enaltecer o exaltar, como: «honor», «honrar», «encomiar», «alabanza», etc. Palabras que contribuyen a significar el lucimiento, como: «brillar», «resplandeciente», «sobresalir», «descollar», etc. Palabras cuyo significado tiene que ver con el valor, como: «audacia», «intrepidez», etc.

Los ejemplos siguientes corresponden a palabras que obligan a la contracción del entrecejo o amostrar el ceño fruncido: 1. 2. 3. Palabras que encierran reflexión: «Pienso» «Creo», «deberíamos», etc. Palabras que reflejan cantidades de algo, como: «mucho», «poco», etc. Palabras que revelan valoraciones respecto de tamaños reducidos como: «pequeño», «diminuto», «insignificante», etc. Palabras que influyen en las dimensiones de una estimación, como: «muy», «mis», «mucho», etc. Palabras que entrañan determinado grado de complejidad en las cosas: «difícil», «precario», »pobrísimo». «complejo», «duro», etc. Palabras que suscriben un dilema, como: «siempre», «nunca», «definitivo»,etc. Palabras que involucran, como «todos», «juntos», etc. Palabras que implican recogimiento y pena, como «dolor», «penoso», «doloroso», «meditando», «recogido», «recoleto», etc.

4. 5. 6. 7.

4. 5.

8.

6. 7. 8.

A continuación proporcionamos otra lista de palabras que. contrariamente a las anteriores, requieren la expansión de las cejas levantándolas arriba. Veamos: 1. Palabras que revelan valoraciones respecto de tamaño o volúmenes elevados, como: «grande», «mayor», «grandioso», «mayúsculo», «enorme», etc. Palabras que reflejan el logro de algo perseguido, como: «éxito», «triunfo», «brillante», «sensacional», etc. Palabras que expresan una expansión del ánimo, como: «alegría», «feliz», «elocuente» , «maravilloso», «colosal», «geaial», etc.

2. 3.

A estos ejemplos tenemos que sumar los que vienen a combinar en una misma palabra los dos movimientos de base. Sea el caso de palabras como: «importante», en la que «impor», requiere la contracción del entrecejo y «tante» la expansión de las cejas que se levantan hacia arriba. Como ésta palabra del ejemplo podríamos citar: «elocuente», «estupendo», etc. Como podemos colegir, no cabe emitir un manual de expresiones faciales por palabras, dado que la motricidad de las cejas y la contracción del entrecejo no se activan aisladamente. Todo el cuerpo EXPRESA y lo hace con un grado de complejidad imposible de trasladar en una cuidadosa explicación intelectual a base de palabras. De otra parte —como lo hemos practicado en determinadas partes de este libro—, resultaría siempre tediosa c imprecisa tamaña pretensión. Cabe entonces interpretar nuestros ejemplos como simples soportes que ponen de relieve la existencia de un muy complejo código que, a su vez, se corresponde con el accionar del ESPÍRITU en cada uno de nosotros a la hora de hablar, como se tiene que hablar: EMOCIONALMENTE. Los cuidados que prodiguemos en «hablar con las cejas, no con la garganta» valdrán para conseguir una imagen y una expresión facial y corporal exquisitamente persuasivas y entrañable-

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t.L PODER ÜE LA EXPRESIÓN ORAL

mente humanas; con su inagotable carga de placer y de efectividad al servicio de nuestras comunicaciones orales interpersonales y en público.

EPÍLOGO
Pensamos haber dejado claro entendimiento de que todo cuanto explicamos en este libro vale para fomentar la cooperación humana, motivar y movilizar a las personas en favor de los más diversos objetivos de servicio, para evitar los conflictos y ganar el bienestar y el progreso de todos. No obstante, pueden surgir algunos individuos que utilicen nuestros propios consejos para trocarlos en elementos contundentes que. finalmente, valgan para jugar o tirárselos a la gente a la cabeza: «Lo que te pasa es que no sabes usar el poder de las cejas.» «Y a ti las posturas de base no te funcionan»... Si esto fuera lodo lo que han podido sacar de las páginas precedentes, no pueden sentirse muy ufanos.

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