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JULIO JORGE CELIS POLANCO

LA MONTAÑA DONDE NACIO EL

PUEBLO DEL SOL

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La presente obra es el resultado de la investigación científica continuada, que se comenzó desde 1987, se presentó por primera vez en el año de 1997, en la Escuela Nacional de

Antropología e Historia, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, I.N.A.H., en la

Tesis de Licenciatura en Arqueología, denominada: “El mito del Coatepec,

aproximaciones arqueológicas”, donde en el capítulo III “El problema de Aztlan”, quedó

aceptado por la Academia Científica de directores y sinodales la ubicación geográfica del

lugar conocido como el Teoculhuacan Chicomoztoc Aztlan, en el actual cerro Culiacán

de Guanajuato. La Tesis fue aprobada por Unanimidad con mención Honorífica y

Recomendación de publicación de Tesis, en el Acta de exámenes profesionales No. 1123,

expediente 8600103 del oficio No. 401 -18-328 del I.N.A.H., E.N.A.H.

LA MONTAÑA DONDE NACIÓ EL PUEBLO DEL SOL.

Autor y Titular: Julio Jorge Celis Polanco.

Fotografías: Julio Jorge Celis Polanco.

La presente obra ha sido registrada ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor en el

Registro Público del Derecho de Autor.

Número de registro: 03-2000-092212013600-01.

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A mi amigo y maestro Don Román Piña Chán. (+).

Al Doctor Paúl Kirchhoff por sus importantes aportaciones a la geografía

prehispánica.

A mi esposa María Elsa Camacho de Celis, luz de mi vida.

A todas aquellas personas que busquen en la verdad histórica, la unión y el progreso de

todos los mexicanos.

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Índice

Agradecimientos………………………………………………………………….…….8

Prólogo………………………………………………………………………………

Introducción

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11

PRIMERA PARTE Datos etnohistóricos

La Búsqueda del Aztlán

El estudio de los mitos……………….………………

La geografía sagrada

………………………………

20

29

36

La Toponímia………………………………………………………………….……… 43

Los chichimecas del Epiclásico……………………………………

El Estado tolteca y sus áreas de control

El retorno al Teoculhuacan Chicomoztoc

La reconstrucción de la ruta……………………………………………………………

47

63

81

99

El

crónicas……………………………………………………………………

Teoculhuacan

Chicomoztoc

Aztlan,

y

su

identificación

con

las

110

La pirámide Montaña………………………………………………………………

…121

El Teoculhuacan de la eterna juventud…

El Teoculhuacan Chicomoztoc lugar de la dualidad……………………………….…

El viejo jorobado, el Teoculhuacan………

127

131

139

4

El regreso al Mictlán…………

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La caída de Tula y los nuevos chichimecas

166

Los aztecas y el Aztlan….………………………………………………………………173

Tras las huellas de un camino; la tierra prometida……….………………….………….193

El Coatepec el cerro de la serpiente………………

………………………………

El sol Huitzilopochtli marca el lugar…………………………………………….

El Camino de Tula a México………………………………………………………

…218

227

232

Situación política del valle de México a la llegada de los mexicas………….……

235

La fundación de México Tenochtitlán…………………………………………..

228

SEGUNDA PARTE

Del mito a la realidad.

Datos físicos del Culiacán y su área de influencia……………………………………

Entre sitios y cuevas….……………………………………………………………

Las cuevas del Chicomoztoc………………………………………….………….……

255

274

295

El corredor climático y la laguna de Yuriria……………………

Consideraciones arqueológicas e históricas del Estado de Guanajuato……………

El Preclásico………………………

306

…311

317

El Clásico –Epiclásico…………………………………………….……………

……

La relación de las fases tempranas de Tula con el Bajío…….….………….………

5

321

334

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El Posclásico, la presencia de Tula………………….…………….……………………341

El Posclásico Tardío, la presencia purépecha………….………………….……….

347

La fase chichimeca……………………………………………………………….…… 349

Datos etnográficos……………………………………………………………..

352

Datos lingüísticos……………………………………………………………………….358

Los diferentes nombres del Teoculhuacan…………………………….…………….….364

Conclusiones, discusión y análisis

Epílogo……………………………………………………………….………………

Bibliografía

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367

386

387

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AGRADECIMIENTOS.

Un trabajo de esta naturaleza que implica años de análisis y estudio con muy escasos

recursos, no hubiera sido posible sin la ayuda de numerosas personas, instituciones y

científicos, que de manera desinteresada apoyan la cultura y la investigación con el afán

apoyar al conocimiento y la investigaciòn de que esta tenga un impacto positivo en

nuestra sociedad cada vez mas alejada de nuestras raíces y cultura general, a todas ellas

muchas gracias. Sin el afán de buscar el protagonismo o de forzar las cosas, este trabajo

expone el resultado de muchos años de trabajo de campo y gabinete y una manera de

corresponder a estos apoyos recibidos es la posibilidad de que esta publicación se realice

y se difunda.

de

De manera sincera, doy gracias y reconozco el apoyo incondicional del empresario y

amigo Raúl Novoa Aguilera, quien me ha apoyado directamente, en este trabajo y la

difusión del mismo.

Una obra de esta naturaleza, que se ha desarrollado a lo largo de varios años de

investigación y análisis, no hubiese sido posible sin el apoyo y el interés de las personas

que han podido entender y han valorado la importancia que tiene para los mexicanos, el

reforzar y enriquecer parte de nuestra identidad cultural, de nuestras raíces, como un

pueblo de una basta historia y tradiciones.

Por lo que agradezco también de manera muy especial, a mi esposa María Elsa Camacho

Celis que tanto me apoya y ayuda en la elaboración y difusión de este trabajo, con

amor y sacrificio. Al compañero y amigo al arqueólogo Roberto Pedraza Renaud por su

de

confianza, amistad y apoyo. Al Ingeniero e Historiador, el Profesor Juan Enrique

Saavedra Morales, por su apoyo en los tiempos más difíciles, por su entusiasmo y pasión

por México, así como a su hermana Yolanda Saavedra Morales que tan gentilmente me

ayudaron y continúan apoyándome.

Deseo agradecer de igual manera al compañero y amigo Benjamín Ariel Nava Hernández,

Director del archivo Municipal de Cortazar, el cual permitió la publicación de

documentos inéditos por medio de esta obra y ha sido compañía confiable en diferentes

expediciones. Del mismo modo agradezco el interés, apoyo, entusiasmo y aportaciones de

mi

hermano el historiador Miguel Ángel Celis Polanco.

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Agradezco de forma especial, al Círculo Nacional de Periodistas A.C., por su Premio Nacional y Reconocimiento, así como por la presea que me fue otorgada por la

Excelencia y Trayectoria Profesional – Cultural: “SOL DE ORO 2008”, nominando a esta

obra por el descubrimiento del Teoculhuacan Chicomoztoc Aztlan en Guanajuato y el

origen de nuestras raíces.

¡A todos ellos, y a todos los que hicieron posible este libro mil gracias!

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PRÓLOGO

Cuando el arqueólogo Alfonso Caso denominó al pueblo azteca como el Pueblo del

Solen su libro publicado allá en los primeros años de la década de los cincuentas del

siglo XX, ya hacía referencia sobre la importancia del paisaje y de las montañas sagradas

para los antiguos mexicanos. Estos conceptos después fueron desarrollados como una

nueva corriente de investigación en los años ochentas en la Escuela Nacional de

Antropología e Historia ENAH y en donde pude participar, en lo que se denominó como

la Arqueología de Alta Montaña desarrollada en ese entonces por el arqueólogo Ismael

Arturo Montero García apoyado por la Doctora Johanna Broda y otros especialistas entre

los que se destacaban el Doctor en Astrofísica de la UNAM Daniel Flores Gutiérrez el

cual desarrolló los cursos e investigaciones en el campo de la arqueoastronomía.

Fue por esas fechas que un amigo mío y maestro, el Doctor Román Piña Chán al

platicarle sobre nuestras expediciones en las altas montañas de México y sobre el paisaje

sagrado, y la búsqueda del cerro Coatepec, el cerro sagrado de los aztecas, que me

aconsejo continuar con los trabajos inconclusos del Doctor Paúl Kirchhoff, el cual me

podía aportar importantes datos sobre las migraciones prehispánicas y la cartografía y con

una identificación de la cual, el estaba de acuerdo con el Doctor Kirchhoff. Se trataba

sobre la montaña del origen, el antiguo Teoculhuacan de las crónicas localizado en el

actual Estado de Guanajuato, cerro que contenía en si a las “míticas” siete cuevas del

Chicomoztoc y que además revelaba un dato por demás importante para la historia de

México: la posibilidad de poder ubicar a la antigua Aztlan, la patria original de los

aztecas que fundaron México.

Fue desde ese año de 1987 que comenzó la aventura por la búsqueda en el basto paisaje

mexicano sobre su realidad física, investigando a fondo todas las anteriores propuestas

para terminar con la más confiable y seria, la identificación de la montaña que realizó el

Doctor Kirchhoff.

Este libro: La Montaña Donde Nació el Pueblo del Sol, es la exposición de todos los

pormenores y detalles, con sus códices, documentos y vestigios, que me llevaron de la

mano a definir y demostrar que efectivamente el volcán Culiacán al sureste del Estado de

Guanajuato, es la antigua montaña del Origen, el Teoculhuacan Chicomoztoc y de la

misma forma poder ubicar al Aztlán, en una región geográfica rica en vestigios

arqueológicos, que rompe con la antigua creencia de que en el Estado de Guanajuato no había existido asentamientos importantes en la época prehispánica, y ahora podemos

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hablar de mas de mil trescientas zonas arqueológicas, algunas de ellas verdaderamente monumentales.

Al aparecer esta tercera edición especial a un año de celebrar el bicentenario de la

Independencia Nacional y el centenario de la Revolución Mexicana, nos ponemos a

reflexionar, sobre lo que nos define como mexicanos y a reconocer que nuestra identidad

tiene sus más profundas raíces en los pueblos mesoamericanos que esculpieron durante

siglos las bases de los múltiples rostros de México y en donde podemos decir que entre

los símbolos antiguos de identidad y que poco a poco ven la luz en el presente, esta la

montaña sagrada del Origen, el Teoculhuacan, la cual es de manera simbólica: La

Montaña Donde nació el Pueblo del Sol.

Febrero de 2009

Acámbaro Gto.

Julio Jorge Celis Polanco.

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INTRODUCCIÓN

Cuando llegaron los conquistadores españoles al Valle de México

contemplaron la gran laguna en donde se asentaba la ciudad de Tenochtitlán en una

extensa isla, llegaron a la capital de un complejo estado militarista y por las narraciones

de los mismos europeos podemos percibir gran impresión y asombro al conocer esta

ciudad:

y Desde que vimos tantas ciudades y villas pobladas en el agua, y en tierra firme otras

grandes poblazones, y aquella calzada tan derecha y por nivel como iba a México, nos

quedamos admirados y decíamos que parecía a las cosas de encantamiento que cuentan

en el libro de Amadís, por las grandes torres y edificios que tenían dentro del agua, y

todos de calicanto, y aún algunos de nuestros soldados decían que si aquello que veían,

si era entre sueños, y no es de maravillar que yo escriba aquí de esta manera, porque hay

mucho de ponderar en ello que no sé como lo cuente: ver cosas nunca oídas, ni aún

soñadas como veíamos

”.

El soldado cronista, Bernal Díaz del Castillo continúa diciendo: “Luego otro día de

por nuestra calzada adelante, la cual es ancha de ocho pasos, y va tan

derecha a la ciudad de México, que me parece que no se torcía ni poco ni mucho, y

puesto que es bien ancha, toda iba llena de aquellas gentes que no cabían, unos que

entraban en México y otros que salían y los indios que nos venían a ver, que no nos

podíamos rodear de tantos como vinieron, porque estaban llenas las torres y cues y en

las canoas y en todas partes de la laguna, y no era cosa de maravillar, porque jamás

habían visto caballos ni hombres como nosotros. Y de que vimos cosas tan admirables,

no sabíamos que decir o si era verdad lo que por delante parecía, que por otra parte en

mañana

íbamos

tierra había grandes ciudades, y en la laguna otras muchas, y veíamos todo lleno de

canoas, y en la calzada muchas puentes de trecho a trecho, y por delante estaba la gran

ciudad de México”.

Días después el Huey Tlatoani, Moctezuma Xocoyotzín, el señor de México, recibió a los

españoles en una histórica ceremonia, cuando fueron instalados los castellanos en los

palacios de Axayácatl padre de Moctezuma. Posteriormente Cortés pidió subir al templo

Mayor de México acompañado de Moctezuma, por decenas de españoles y sus aliados tlaxcaltecas.

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El señor de México: “… le tomo por la mano y le dijo que mirase su gran ciudad y todas las más ciudades que había dentro en el agua, y otros muchos pueblos alrededor de la

misma, en tierra: y que si no había visto muy bien a su gran plaza, que desde allí la

podría ver muy mejor, y así lo estuvimos mirando, porque desde aquel grande y maldito

templo estaba tan alto que todo lo señoreaba muy bien y de allí vimos las tres calzadas

que entran en México…Y veíamos el agua dulce que venía de Chapultepec, de que se

proveía la ciudad, y en aquellas tres calzadas las puentes que tenían hechas de trecho en

trecho, por donde entraba y salía el agua de la laguna de una parte a otra; Y veíamos en

aquella gran laguna tanta multitud de canoas, unas que venían con bastimentos y otras

que volvían con cargas y mercaderías; Y veíamos que cada casa de aquella gran ciudad,

y de todas las mas ciudades que estaban pobladas en el agua, de casa a casa no se

pasaba sino por unas puentes levadizas que tenían hechas de madera, o en canoas; y

veíamos en aquellas ciudades cues y adoratorios a manera de torres y fortalezas y todas

blanqueando que era cosa de admiración, y las casas de azoteas, y en las calzadas otras

torrecillas y adoratorios que eran como fortalezas. Y después bien mirado y considerado

todo lo que habíamos visto, tornamos a ver la gran plaza y la multitud de gente que en

ella había, unos comprando y otros vendiendo, que solamente el rumor y zumbido de las

voces y palabras que allí había sonaba mas que de una legua, y entre nosotros hubo

soldados que habían estado en muchas partes del mundo, y en Constantinopla, y en toda

Italia y Roma, y dijeron que plaza también compasada y con tanto concierto y tamaño y

llena de tanta gente no la habían visto

Este pueblo, que en menos de cien años, conquistó de costa a costa gran parte de

Mesoamérica creando un gran estado imperialista, que según sus relatos al inicio era un

grupo nómada y atrasado, supo aprovechar los conocimientos de pueblos que los

antecedieron, construyeron la grandiosa ciudad de México Tenochtitlán, que tanto

asombró a los conquistadores del siglo XVI. Pero ante este asombroso logro, nos surgen

muchas interrogantes, y muchas dudas: ¿Eran en verdad un grupo lejano y nómada como

ellos decían? ¿Como lograron esto en tan poco tiempo?, de ser así, ¿de donde vinieron

estos asombrosos hombres?, ¿Cuál era su lugar de origen?

Recordemos que los aztecas sólo representan una de las fachadas de la historia antigua de

México y de las más tardías, ellos los aztecas o mexicas eran el resultado de una larga

evolución milenaria que los antecedió. Pero sobre el inicio particular de los aztecas, hay

un relato que nos es familiar desde la infancia sobre su historia y su propio origen.

Las crónicas tardías del siglo XVI mencionan el famoso y misterioso lugar de su origen:

Aztlan, el “lugar de la blancura o de las garzas”, pero de alguna manera se relacionaba íntimamente con una montaña mágica y legendaria; el Teoculhuacan Chicomoztoc. El

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confusiones de los que la han buscado; los aztecas le denominaban Aztlan “lugar de la blancura”, o “de Garzas”, otras tradiciones nombran a este lugar como el Chicomoztoc

las siete cuevas”, o también Teoculhuacan “La divina montaña curva o jorobada” y por

medio del análisis de las fuentes indígenas, como veremos llegamos a la conclusión de

que Teoculhuacan y Chicomoztoc es un mismo lugar, mientras que Aztlan puede ser un

poblado de la región del Bajío o uno mas de los nombres de la montaña, situación que se

desarrollara a lo largo de este trabajo, y en donde el lector podrá sacar sus propias

conclusiones.

Según la mítica leyenda tradicional mexica, la orden de partida desde el Teoculhuacan

Chicomoztoc Aztlan, la había dado su dios patrono Huitzilopochtli, por medio del canto

de una águila que salió de una de las cuevas del cerro y que parecía pronunciar: tihui,

tihui,” – “nos vamos, nos vamos-, el dios patrono guió a su pueblo y les prometió ser

dueños del Anáhuac, y decenas de años después llegaron a unos islotes de la parte

occidental del lago de Texcoco y allí cumpliendo su promesa el dios patrono les indicó el

sitio del asentamiento definitivo: En una roca con islotes, se levantaba una nopalera; en

ella se posó el águila guía y destrozo con su pico a una serpiente. Tenoch, el caudillo

fundador, dio nombre al poblado a partir del suyo: Tenochtitlán, y los aztecas dejaron de

llamarse definitivamente aztecas para llamarse mexicas o mexicanos. Años después la

promesa de grandeza se cumplió y conformaron uno de los imperios más bastos de

Mesoamérica.

Conforme se penetra a los documentos primarios, las interrogantes se multiplican, ¿cuáles

fueron las causas históricas de la migración?, ¿qué nivel de desarrollo tenían los

emigrantes? Y quizá la pregunta más importante de todas, que vuelve a salir al paso:

¿Cual era o en donde se ubicaba geográficamente su lugar de origen? Tema que ha

inquietado por años a diversos investigadores.

Como sabemos mucha de la información fue destruida en la invasión de la conquista, la

información que se recupero después ya estaba fragmentada por los sobrevivientes a este

drama, con el matiz de la cultura europea, lo que deforma y confunde muchos de los

datos mas “puros” acerca del origen y cultura de los mexicas. Y quizá lo más importante,

los mexicas dieron una versión de su propia historia, ¡que nos confundiría aun más!

Ante la complejidad de este hecho histórico surgen dos problemas importantes, en cuanto

a los datos que disponemos, el primero, que en los relatos existe un estrecho vínculo entre

lo mundano y lo divino, o sea entre la realidad y el mito; el segundo son las discrepancias entre las diferentes versiones del viaje.

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De estos problemas hay una derivación; las interpretaciones del hecho histórico en si, son

múltiples y contradictorias, interpretaciones confusas desde los inicios de la colonia hasta

nuestros días, y a esto se ha sumado lo político, sobre todo cuando el nacionalismo desde

inicios de la vida independiente de México, ha rescatado la leyenda de la fundación de

México y tiende a hacer a los aztecas el pueblo mesoamericano por antonomasia,

transformando la narración del origen en: la historia oficial del asunto del Origen de la

Mexicanidade identidad para el actual pueblo de México, por lo tanto en una versión

histórica nacional de Estado.

Con la obra monumental de México a través de los Siglos, se escribe la versión porfiriana

de la historia de México, en donde se efectúa una interpolación del concepto de México

como nación y de Patria hacia el pasado prehispánico, en donde todos los pueblos

prehispánicos eran ya mexicanos de algún modo y los aztecas los fundadores de esta

mexicanidad y el pueblo principal de entre todos. Era un intento de formar el argumento

de que los antiguos mexicanos forjaron el México desde épocas antiguas, sin tomar en

cuenta las características pluriétnicas y plurilinguisticas de los demás. Conceptos que se

continúan desarrollando por lo menos hasta mitad del siglo XX, en donde las expresiones

artísticas y literarias engloban el concepto de lo que se puede definir como lo mexicano,

compartido por el muralismo y el cine y en donde se llegan a los extremos de hacer una

estampa oficial de lo mexicano, estampa que se exporta y vende al interior y exterior de

México.

Pero regresando a nuestro análisis; para poder entender los conceptos que rodean al

fenómeno del Origen de los aztecas, debemos entender entre otras cosas la cosmovisión

prehispánica, sus arquetipos y particularidades. Un aspecto que debemos tomar en cuenta

es que las crónicas antiguas tienen una amalgama entre la historia real y los mitos. Para

nuestros pueblos antiguos, entre ellos los aztecas, la historia estaba respaldada por el

arquetipo cósmico. La parte visible y la invisible se explicaban al mismo tiempo y la

concepción de su dependencia mutua se reflejaba en sus textos históricos. Los relatos de

las migraciones del posclásico son particularmente ricos en temas en los que se da esta

intima fusión del mito y la historia.

El primero se refiere a un lugar de origen que no es exclusivo de los aztecas, y este es

quizás el punto mas importante, es un lugar de origen compartido por otros pueblos, lo

que lo hace pluriétnico y plurilinguístico; El Teoculhuacan Chicomoztoc,

pictográficamente en los códices, aparece representado como una montaña con la cumbre

curva, provista de un conjunto de siete cuevas o úteros que albergan a los pueblos, con lo

que se describe como la gran montaña madre, simbólicamente como la paridora de los grupos humanos.

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resultan datos históricos y lo más relevante: La ubicación o identificación geográfica de esta montaña arquetípica de origen.

Pero la historia y los mitos cambian su perspectiva, cuando el punto de origen es

encontrado en nuestra geografía actual y se convierte por lo tanto, en un lugar real. Si por

una parte el Chicomoztoc es un arquetipo de amplia distribución en Mesoamérica,

relacionado con los mitos de origen, muchos de estos aspectos míticos e históricos

encuentran su explicación y se aclaran con la montaña real, localizada en le Bajío del

actual estado de Guanajuato. Pero para entender los conceptos históricos y los mitos en

torno al origen de los aztecas, y las ideas que los motivaron, necesitamos retroceder

muchos siglos y entender como a partir de un paisaje real, este fue mitificado y explicar

además no sólo el origen mítico de los aztecas, sino el origen de muchos pueblos, que

eligieron a esta montaña como su lugar mítico de inicio. Algunos pueblos si eran de esa

región del Bajío, otros de otras regiones de norte y occidente; pero lo adoptaron, por su

prestigioso valor mítico cosmogónico.

Recorreremos en este trabajo brevemente, como los pueblos que se desarrollaron en el

Bajío, influirán determinantemente en los valles centrales de México, y nos daremos

cuenta del gran desarrollo cultural que tuvieron los pueblos del la Mesoamérica

Septentrional, en donde esta el Estado de Guanajuato. La región del Bajío esta lleno de

sorpresas para la historia antigua de México ya que fue el crisol de ideas, mitos y culturas

que se verán reflejados en la historia de los estados militaristas del Posclásico.

Para este trabajo y para llegar a estas conclusiones, fue necesario aplicar la ínter

disciplina científica, tomando elementos de las diferentes disciplinas antropológicas que

se emplearon para el estudio y se apoyan entre sí, entre las que se destacan la etnohistoria,

la arqueología, la antropología etnográfica y algunos estudios complementarios como la

glotocronología de la lingüística y la Teoría de la Religión. Estas fueron las herramientas

principales para la identificación geográfica, de un lugar simbólico para algunas etnias del

Posclásico mesoamericano.

El descubrimiento e identificación geográfica de este lugar mítico de origen, lo podemos

sintetizar de una manera muy simple, pero cuyas conclusiones llevan años de estudio por

muchos arqueólogos, antropólogos y lingüistas:

Los pueblos asentados en el Bajío hacia el Epiclásico que producían una cerámica

diagnóstica que los arqueólogos conocemos como el Rojo sobre Bayo, son los mismos grupos que al parecer se asientan en las primeras fases de Tula. A la caída de Tula en el Posclásico continúan migrando hacia los valles centrales grupos del Bajío y Occidente de

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México. La gran mayoría de los pueblos del Bajío (de varias etnias llamados de manera general como chichimecas) reconocían a la montaña Teoculhuacan Chicomoztoc, hoy el

Culiacán, como su lugar mítico y simbólico de origen, como un punto referencial y

simbólico en el paisaje, digamos que de alguna forma, y de manera general, es muy

probable que de esta región provengan los antecesores culturales de los toltecas y

posteriormente de los aztecas.

Pero esta conclusión es lo que desarrollaremos con detalle a lo largo de estas líneas, que

iremos detallando a continuación.

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PRIMERA PARTE

Datos etnohistóricos

“ya salen del Chicomoztoc de dentro del Colhuacatepec…”

Historia Tolteca Chichimeca.

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Si la crónica era indígena debíamos tomar en cuenta, a qué pueblo y provincia pertenecía

el autor, ya que de eso dependía el énfasis de su historia y sus inclinaciones culturales.

Como lo vemos con Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, que tenía un desprecio notable-

hacia los Aztecas, y por lo tanto era muy parcial en cuanto a ellos, pintándolos como lo

peor en cuestión de valores morales.

Además se indagó en lo posible, de dónde obtuvo sus datos el autor; si fue narrativa oral

de algunos parientes o de documentos ya desaparecidos. Como en el caso de Alvarado

Tezozómoc, nieto del emperador Moctezuma Xocoyotzin por línea materna y que además

tenía en su poder códices ya desaparecidos, lo que ocasionó entre otras cosas

contradicciones en su misma información, además que será el caso contrario a

Ixtlilxóchitl, ya que al pertenecer a la nobleza mexica, Alvarado Tezozómoc elevó a su

pueblo con todas sus virtudes y con el fin de que la corona española le reconociera el

linaje de su realeza.

Existe el caso o la explicación directa de algunos informantes indígenas que

sobrevivieron a la conquista y que fueron a las escuelas oficiales, como al Calmecac y al

Tepochcalli y que con el tiempo se convirtió en información de primera mano para los

sacerdotes evangelizadores, como se ve reflejado en la obra del padre Franciscano Fray

Bernardino de Sahagún.

Caso muy similar, el del padre Dominico Fray Diego Durán, y valió la pena comparar

dichos escritos referentes a un mismo tema. Recordemos que en las primeras décadas

después de la conquista militar, siguió la conquista ideológica y decenas de sacerdotes de

diferentes órdenes religiosas aprendieron las lenguas prehispánicas para enseñar la

religión católica y así mismo conocieron la cultura e historia de los conquistados y la

escribieron, con el afán de conocer “sus idolatrías” aunque no dejan de entrever la gran

admiración que les causó conocer las ricas culturas precolombinas.

Se analizó por lo tanto, el tipo de la información que presenta la fuente, en cuanto al

contenido de la misma, si ésta es mítica historicista, o sea, la unión de historias fantásticas

con hechos reales, o si la narración es completamente histórica pocos casos- o si la

narrativa de un hecho es puramente mítica y observamos, al mismo tiempo, las

coincidencias entre los documentos en cada punto relevante.

Así mismo se hizo un profundo estudio iconográfico, que es el significado de los

símbolos y dibujos de los códices, y el toponímico, que es el significado de los nombres de los poblados y lugares; todo esto ayudó a la reconstrucción de la geografía indígena,

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-como hemos dicho - mezclan la historia y los mitos. Una situación que ha confundido a los que han buscado las pistas de la verdad, si no conocen el pensamiento religioso de

estos pueblos y su filosofía.

Es por estas situaciones que hay tanta discrepancia y propuestas diferentes acerca de la

ubicación de la patria originalde los aztecas o mexicas. Hay crónicas y fuentes

documentales que mencionan el hecho de la peregrinación azteca, pero no proponen la

ubicación geográfica del punto de partida o lo mencionan de manera muy vaga y sombría,

como es el caso del códice Mexicanus y el mapa de Sigüenza; hay documentos antiguos

que recogieron a la vez tradiciones mucho más antiguas y puras y que sí ubican al lugar

con exactitud geográfica, como la Historia Tolteca Chichimeca.

De manera cronológica, las propuestas más importantes que se han elaborado en el

pasado, acerca del origen de los aztecas y la ubicación geográfica del Aztlan, son las

siguientes:

El padre Fray Bernardino de Sahagún, en su obra del siglo XVI al hablar de las montañas

las que se les rendía culto, ubica al cerro Culhuacan o Coliuhqui donde está Aztlan,

entre los linderos de los michoacanos y el territorio conquistado por los mexicas, cercano

la Huasteca, en la zona del actual Bajío del estado de Guanajuato, al pie del río

Chignahuapan “el río de las nueve corrientes”, nombre antiguo del río Lerma.

a

a

El padre Fray Diego Durán, en el mismo siglo, identifica que Aztlan debió estar en un

territorio de la recién descubierta Florida o quizá hacia el norcentro de la Nueva España,

ya que no tenía más datos al respecto. Lo que sí aclara es que Aztlan, el Teoculhuacan y

el Chicomoztoc es un mismo lugar: “Estas cuevas Chicomoztoc son del Teoculhuacan

que por otro nombre se llama Aztlán”.

Fernando Alvarado Tezozomoc a inicios del siglo XVII, propone que Aztlan se ubica en

los territorios descubiertos de Nuevo México y después él mismo se contradice,

ubicándolo en la región de Pantlan, hacia el oeste de la Huasteca, expresando en náhuatl,

su idioma materno: “In Aztlan in anepantla”, Aztlan por el rumbo de Pantlan, otro

nombre con que se conocía a la Huasteca y su cultura.

Otros cronistas del mismo siglo, como el indígena Chimalpain Cuauhtlehuanitzin lo

ubican cercano a la Huasteca y describe el lugar físicamente con gran exactitud. Habla de

que la montaña del Culhuacan o Teoculhuacan tiene las cuevas y un lago cercano.

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Diego Muñoz Camargo, cronista indígena de Tlaxcala, lo ubica entre el territorio de

Michoacán y el río Grande de Santiago, nombre que se le daba al río Lerma en la época

novohispana, ubicándolo en la misma región del Bajío.

Francisco Javier Clavijero en el siglo XVIII, en una interpretación muy tardía, propone

que se encuentra al norte de California.

Veytia, en el mismo siglo, propone que Aztlan se encuentra al norte de Sonora y Sinaloa.

Prescott, a inicios del siglo XIX, propone que se localiza en la lejana región de Oregon,

Idaho y Wyoming, en los E.U.A.

Alfredo Chavero, por su parte, ubica a Aztlan en la sierra Tarahumara.

Alexander von Humboldt, a principios del siglo XIX, en sus viajes dice: “la montaña

cuya cima jorobada es coronada por un árbol, que se eleva en medio de las aguas, es el

Ararat de los mexicanos, el pico de Colhuacan”. No lo ubica en ningún lugar en

particular, agrega que se encuentra perdido en la historia.

El geógrafo e historiador Manuel Orozco y Berra en el mismo siglo, ubica al antiguo

monte Culhuacan como el origen de los mexicanos, cercano a la laguna de Yuríria y el río

Lerma, en la región del Bajío de Guanajuato, específicamente en el monte que

actualmente se conoce como Culiacán al sur del estado de Guanajuato. No sabemos

cuáles fueron sus fuentes para estas conclusiones a las que llegó.

A finales del siglo XIX, Carl Berghes hace un esfuerzo por interpretar las fuentes y

propone que el Chicomoztoc se encuentra en Zacatecas, en la zona arqueológica de La

Quemada. Esta idea ha sido retomada por otros investigadores que hacen a un lado las

fuentes etnohistóricas y entran al campo de la especulación interpretativa sin profundas

bases científicas.

Hay propuestas muy extrañas y sin bases, como la de Eustaquio Buelna que a principio

del siglo XX opina que los aztecas venían de la Atlántida griega, o que eran sólo una idea

abstracta de la religión, siendo un mito sin relación con la realidad, como lo propone

Edward Seler también a principios del siglo XX.

Hacia mediados de este siglo se hacen propuestas más serias para ubicar Aztlan.

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El investigador Wigberto Jiménez Moreno en 1940, la sitúa en la laguna de Mexcaltitán en la costa de Nayarit; posteriormente el mismo investigador niega esta propuesta y

propone que Aztlan estaba en la región de Meztitlan en el estado de Hidalgo, pero sin que

esto fuese contundente. También Gutierre Tibón en los setentas del siglo XX, creía que

Aztlan estaba en Nayarit, al hacer una errónea interpretación de las fuentes.

Fue en la década de los sesentas cuando se realiza un estudio científico de las fuentes, por

el Doctor Paul Kirchhoff, quien compara y traduce las fuentes antiguas, como el códice

de la Historia Tolteca Chichimeca, el cual es un tratado de cartografía indígena, y es

cuando se tienen las verdaderas bases para demostrar que el lugar buscado, el

Teoculhuacan Aztlan Chicomoztoc, se encuentra en la región del Bajío de Guanajuato, a

un lado del río Lerma, en el actual monte Culiacán. Como desde un inicio el padre

Sahagún y posteriormente Tezozomoc, Chimalpain, Diego Muñoz Camargo y Manuel

Orozco y Berra, lo habían propuesto. Aunque esto todavía no se había demostrado

contundentemente.

El investigador Antonio Pompa y Pompa (1995) realizó algunos estudios del Bajío y

situaba el lugar de origen en el Culiacán de Guanajuato, estando de acuerdo con

Kirchhoff, pero no contó con apoyo de las autoridades para sus propuestas.

Han existido otras propuesta posteriores y hasta trabajos de investigación arqueológica,

que se practicaron en la isla de Mexcaltitán en el estado de Nayarit, pero los Arqueólogos

Raúl Arana y Raúl Barrera, de 1990 a 1991, no encontraron ningún vestigio que los

relacionara con los Aztecas y se concluyó definitivamente, que de ese lugar Mexcaltitán-

no provenían las tribus nahuas ni los aztecas.

Aún así, el gobierno del Estado, hizo caso omiso al informe científico y por

conveniencias políticas, el mismo Gobernador del Estado hace oficial, que la “Cuna de la

mexicanidad” estaba en Nayarit. El investigador Jesús Jáuregui, opina en relación a la isla

de Mexcaltitan de Nayarit: “En la conformación del nuevo mito de Mexcaltitán – Aztlan,

intervinieron factores relacionados con el orgullo familiar, la reivindicación provinciana

y el interés turístico”. Hicieron oficial el argumento de que en Nayarit está la “Cuna de la

mexicanidad”, sin la mínima demostración histórica o simbólica. ¡Se ha llegado a

otorgar veracidad a discursos improvisados, carentes de fundamento documental y

desconocedores de la cosmovisión nativa!” (Jáuregui, 2004, 56-60). Por lo que la

propuesta de Aztlan en Nayarit carece de veracidad.

El profundo y excelente estudio de Christian Duverger (1987), propone que el Aztlan y sus complementos, el Teoculhuacan y el Chicomoztoc es una idea abstracta y no es

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localizable, desconociendo en parte la concepción cosmogónica de la geografía sagrada de los antiguos habitantes, por lo cual le faltaron elementos complementarios para

localizarlo.

La actual investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la U. N. A. M.,

Marie-Areti Hers, retoma la idea de que el Chicomoztoc se encuentra en La Quemada,

Zacatecas, y el origen de los toltecas chichimecas, y de Tula. Proviene del análisis de un

escalón de piedra que aparece en excavaciones de un cerro en Jalisco, lo propone como

un proto Chac Mool, escultura famosa por los toltecas, (Areti-Hers, 2002, 4853).

Primeramente observando la simbología prehispánica, a lo que ella llama “un proto Chac

Mool”, no tiene los mínimos elementos iconográficos de calidad, para que esta alargada

escultura en forma de “penate” o de un clavo o remate arquitectónico sea considerado

como un “proto Chac Mool, además del salón de columnas circulares de La Quemada.

Sabemos que el verdadero nombre antiguo del sitio de La Quemada fue el de Tuitlan y no

el de Chicomoztoc. (Weigand; 2002, 54). En esta zona no hay, como lo confirma el

Doctor Enrique Nalda, los rasgos culturales en cantidad y calidad suficiente para

adjudicarlos a algo que no sea un intercambio ocasional de bienes y conceptos (Nalda,

2008, 41); sin embargo los rasgos más inmediatos de cultura en cantidad y calidad para

Tula es la región del Bajío, como analizaremos más adelante.

En estudios actuales aplicados en la Huasteca en la región de Tamtoc, en el estado de San

Luís Potosí, se ha dicho de manera reciente en 2007 que también ahí estaba “la Aztlan de

los Aztecas”, por interpretación de algunas fuentes, y aunque los antiguos mexicas tenían

como veremos- ciertos parámetros culturales huastecos, no podemos dejar atrás las

grandes raíces toltecas chichimecas, que se dieron en otra zona de Mesoamérica y no en

esta parte de la Huasteca.

El Doctor en Arqueología Don Román Piña Chán en 1975, apoyó la propuesta de que la

montaña del origen estaba en Guanajuato, y en 1987 me insistía en que retomara el

estudio, profundizando en las propuestas de Kirchhoff. Por lo que desde el año de 1987 se

comenzó la investigación de las rutas de migración prehispánica, reconstruyendo la ruta

migratoria de los aztecas, y retomando los estudios del Doctor Paúl Kirchhoff y del

Doctor Román Piña Chán.

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Tenemos en la realidad tangible a la Montaña del Origen, lugar conocido con

diferentes nombres en el pasado; hoy ostenta el nombre castellanizado de

Culiacán que proviene de Culhuacan o de Teoculhuacan, el Culhuacan

divino. Foto tomada en 2008 a un costado de la carretera Salvatierra-

Cortazar.

Una de nuestras mejores herramientas para comprobar los datos de los documentos

antiguos es la Arqueología, porque se puede comprobar materialmente lo que las crónicas

antiguas nos mencionan, aunque no a detalle. Las crónicas presentan historias en su

mayor parte míticas, pero al analizar las evidencias materiales que dejaron los pueblos

desaparecidos podemos explicar de forma general la información que nos dan las mismas.

No ha sido necesario excavar ni alterar ningún contexto, ya que en la superficie se

encuentran las evidencias arqueológicas de dicho hecho, en los cientos de zonas

arqueológicas en toda la región del Bajío y regiones del Occidente, y la cerámica

diagnóstica se ha dejado in situ.

De esta forma hemos podido comprobar que los restos arqueológicos corresponden en

tiempo, y en tipologías cerámicas, a las culturas que decían las crónicas provenir de esta

región, teniendo al cerro Teoculhuacan como un símbolo cosmogónico de la misma.

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EL ESTUDIO DE LOS MITOS

Analizando esto con base en la Teoría de las Religiones, podemos entender el

fenómeno. Mucho se ha hablado de los mitos, pero poco conocemos acerca de su

naturaleza y cómo funcionan. Para esta investigación y cualquier otra que quiera conocer

explicar fenómenos religiosos e históricos entrelazados, es importante analizar la

y

naturaleza de los mismos y cómo se crean estos. Los mitos son producidos por las

sociedades en general, y es un esfuerzo que el hombre hace por conocer e interpretar la

realidad que lo rodea, por lo que crea una cosmovisión, y esta será creada con base en sus

conocimientos, muchas veces empíricos, del universo.

Por lo tanto, los mitos constituyen una fuente del conocimiento e información sobre los

pueblos en los que tuvieron vigencia, ya que los mitos explican el mundo, la naturaleza y

el hombre, respondiendo a los intereses, y cubren a la vez las necesidades de sus

creadores y seguidores, pues el mito es el producto de una ideología del grupo en el poder

de la cultura dominante, en época y espacio de un pueblo. Para tratar de entender

adecuadamente otras concepciones de la vida y el mundo, hay que adentrarnos en nuestro

y

objeto de estudio; las sociedades prehispánicas en nuestro caso- y su pensamiento, claro

está, en la medida de nuestras posibilidades y sin juicios arbitrarios que nos lleven a una

interpretación errónea de la información que estamos trabajando.

Cada pueblo tiene su propia definición de la realidad, así como su simbolismo para

comunicarlo y experimentarlo. De esta forma los mitos se refieren a los diversos aspectos

del mundo y de la vida de una sociedad y los hacen comprensibles.

De acuerdo con el pensamiento mítico, todo lo que existe fue originado por fuerzas

sobrenaturales, por seres superiores al hombre, (Dios o dioses), pero análogos a éste, a

partir de la nada, del caos o de otro orden, de eras o épocas. Es decir, se trata de una

creación, de un ordenamiento o reordenamiento del universo, o del mundo, y además lo

toman por cierto; estos Génesis son diferentes, dependiendo claro, de la religión a la que

se refiera.

Esta consideración es similar a la ciencia que trata de explicar al universo- pero con la

diferencia de que en la conciencia mítica no se buscan los grados de desarrollo o

progreso, sino el inicio o invención del mundo, fenómeno que por lo general es un acto único, efectuado en el tiempo originario. (Mircea Eliade, 1979,55)

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qué religión se refiera; en ese tiempo todo es posible. Por lo anterior es llamado tiempo originario o primordial, porque es el inicio donde todo comienza o se origina. Todos los

acontecimientos que originaron al mundo y que narran los mitos, se llevan a cabo en una

época atemporal, difícil de definir o establecer, está más allá de la historia, esto es, en la

eternidad. (Limón Olvera Op. Cit.28)

Por otro lado el tiempo profano está abierto a lo sagrado, por medio del ritual,

fundamentalmente es por medio del rito, que se vuelve a vivir una parte del tiempo

originario, su modelo, pues lo que sucedió en ese momento, in illo tempore, es un

precedente para las acciones y situaciones que se repetirán constantemente. (Limón

Olvera, Ibidem. 28)

Existe una indudable relación entre el mito y los eventos históricos. En muchos casos la

base de la narración mítica es en realidad histórica, ya que un suceso que aconteció

realmente en el mundo de los humanos se mitifica al tratar de ser explicado o

interpretado. Es decir, que con el paso del tiempo el recuerdo de determinado hecho se

desvanece de su realidad para transformarse en mito; así a lo que sucedió de una manera

totalmente real, se le atribuyen causas y actores sobrenaturales. Por otro lado, puede

existir un mito arquetipo o modelo, que paute ciertos acontecimientos, en este caso los

sucesos se adecúan al mito que viene a ser un modelo establecido previamente. Así

mismo, es posible que el mito y la realidad se fusionen hasta llegar a confundirse y, por lo

tanto, ambos se influyan y modifiquen. (Limón Olvera, Ibidem. 29) En algunas

sociedades antiguas o en desarrollo, la historia y el mito se confunden, ya que las

acciones del hombre son importantes en tanto es la repetición de las actividades

arquetípicas de dioses o héroes civilizadores. Así el tiempo histórico, es a la vez mítico.

En parte veremos cómo estas variantes impregnaron al mito de la montaña del origen de

los mexicas.

Otra de las características que tienen los mitos para que funcionen dentro de una sociedad

y de la religión que los produce, es que deben de estar sustentados en una parte de la

realidad tangible, por ejemplo: si se menciona que fue creado el cielo y la tierra, o los

mares o el mismo hombre, es porque todo esto existe en la vida real para demostrarlo. Así

mismo los mitos de origen, tienen su contraparte real, en cuanto ubican ya sea en una

montaña determinada, en una cueva, o en un lugar específico, la creación a la que se

refiere, es la parte de la realidad histórica envuelta del mito.

Como una necesidad del mito de origen del pueblo mexica y de otros pueblos que lo adoptaron para sí, fue fundamental ubicar este origen en una montaña real y tangible en la geografía, para así darle sustento de credibilidad al mito.

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Es importante resaltar que los mexicas adoptaron éste mito de origen de los pueblos que

los antecedieron como son los toltecas chichimecas, los cuales ya desde un inicio, tenían

perfectamente ubicada la montaña de origen, puesto que estaba dentro de su territorio

real.

Veremos más adelante cómo el pueblo mexica se fue constituyendo por calpullis que

pertenecían a las mismas tradiciones que los toltecas, por lo tanto conocían muy bien el

mito de origen y la montaña real donde se ubica este mito. Veremos también cómo el

mismo mexica hará modificaciones a su conveniencia del mito de origen cuando se

convirtió en un pueblo hegemónico, creando entre otras cosas el concepto de Aztlan

como isla, que no es más que una visión retrospectiva de su misma isla de Tenochtitlán,

situación que después analizaremos.

Sin embargo, es necesario tener presente que tenía una gran importancia la historia para

los mexicas y otros pueblos antiguos, como hechos irrepetibles e irreversibles, puesto que

se ocuparon de registrarlos en el tiempo.

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LA GEOGRAFIA SAGRADA

Una de las herramientas utilizadas para entender y encontrar el lugar físico del

origen, fue por medio del estudio de la Geografía Sagrada, y la correspondencia

cartográfica en los códices. Esta corriente de estudio se desarrolla desde los años 80s del

siglo XX por la Doctora Johanna Broda y el Doctor Ismael Arturo Montero García, la

cual se desarrolló en la E. N. A. H. contando con el apoyo del Doctor Stanislaw

Iwaniszewski, del Profesor Jesús Galindo Trejo y sus estudios de Arqueoastronomía y del

Físico Astrónomo Daniel Gutiérrez Flores y numerosos especialistas en estos temas.

Con el análisis de la iconografía, que es el estudio de los íconos o símbolos gráficos, de

cómo representaban los antiguos mexicanos la naturaleza, la geografía y su mundo, en

general podemos leer los toponímicos de los nombres de lugares e ir reconstruyendo un

complejo rompecabezas geográfico del México prehispánico y observar su

correspondencia con la geografía actual, que en la mayoría de los casos coincide.

Pero para encontrarlas y entenderlas, primero es necesario comprender el pensamiento

cosmogónico de estas sociedades, así como el culto religioso a las montañas y su

significado profundo. Esto nos lleva a un culto universal de los pueblos antiguos: las

montañas sagradas.

Desde la más remota antigüedad en la historia del Hombre, ha existido la creencia de que

las montañas y las altas cumbres estaban habitadas por dioses, o por seres fantásticos. En

casi todos los pueblos del mundo, como ya hemos visto, el hombre ha creído que seres

poderosos controlan los fenómenos naturales, y de esta forma explicarse, el

funcionamiento del universo, creando una cosmovisión o visión del cosmos. Los dioses

principales en las mitologías, por lo regular siempre moraban en los montes, cerca del

cielo y entre las nubes.

Los grandes mitos de creación y de origen en las religiones del mundo, están relacionados

con las montañas y las cuevas, y siguen siendo lugares sagrados y de respeto. En el

México prehispánico no era la excepción. A lo largo y ancho de Mesoamérica se creía

que los diferentes grupos habían nacido de la Madre Tierra, estos principios

fundamentales fueron compartidos por los diversos grupos y pueblos, era una religión

extensa, fragmentada en múltiples matices regionales, pero siendo un factor de cohesión social. (López Austín 1984; 51), (Johanna Broda 1996)

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Al parecer cada año se realizaban fiestas en diferentes montañas, como lo expresa Durán:

y así les cabía hacer fiesta en cada cerro, andando la rueda para que cada cerro fuese

honrado y la comida divina que se había comido en los cerros de masa de ese cerro, la

iban otro año a comer en el otro siéndoles velado y de precepto que un año tras otro no

se pudiese hacer tal solemnidad en un mismo cerro.(Durán: Op.Cit., 167)

Al observar la concurrencia con la que se efectuaban las ceremonias rituales en las

diferentes montañas y cerros, podemos darnos cuenta de lo importante que era este ritual

para los mexicas y los demás pueblos nahuas, puesto que dedicaban gran parte de su

ritualismo anual a este tipo de ceremonias. En el año ritual mexica, en once de las

dieciocho fiestas se realizaban ceremonias rituales en montañas o cerros a diferentes

dioses, siendo más recurrente el culto a los dioses acuáticos, pero sin restarle importancia

a las demás deidades.

Al sur del volcán Popocatepetl en la comarca de Tetella, Ocuituco y Tzacualpan, la gente

adoraba al cerro Tecuicano “el cantor divino”, se llamaba así por que las nubes se

engendraban en su cumbre y de ellas salían tempestades con grandes truenos y

relámpagos. Se hacían muchas ofrendas y sacrificios. En este cerro había un Ayauhcalli

con un ídolo verde de la talla de un niño de ocho años que era tan valioso que los de

Huejotzingo, Cuauhquechola y Atlixco quisieron robarlo, dando lugar a guerras entre

ellos y los mexicas; al llegar los españoles los indios enterraron esta estatua en el monte.

(Durán: Op.Cit., 306)

La gran información que nos revelan las fuentes documentales acerca del culto a los

montes la vemos reflejada en los numerosos sitios arqueológicos que se encuentran desde

las altas montañas hasta los cerros de menor altura, situación que es importante conocer

para comprender la importancia de estos cultos. Las evidencias arqueológicas encontradas

en diferentes montañas y montes de menor altura son muy numerosas y vastas, por lo que

sólo se mencionan algunos ejemplos, de manera general, retomando las evidencias más

importantes.

Es sobresaliente notar que la investigación arqueológica en las montañas es antigua en

México. El francés Desiré Charnay en 1887 subió al volcán Iztaccihuatl y en el sitio

conocido como Nahualac realizó diversas excavaciones extrayendo numerosas vasijas

con el rostro del dios Tlaloc y su pintura azul característica. En el volcán Iztaccihuatl son

numerosos los sitios arqueológicos detectados, entre los más sobresalientes están los sitios denominados El Pecho, El Caracol, Nahualac, Cueva de los Brujos, El Solitario, Amacuiltecatl, la cueva de Calucan. Un sitio arqueológico que sobresale por su

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4,300 a 3,800 m. s. n. m., localizándose en diferentes montañas como el Pico de Orizaba con 8 sitios, el Popocatepetl con 5, el Iztaccihuatl cuenta con 12 sitios, en el Nevado de

Toluca se han localizado 15 sitios, un sitio en La Malinche, un sitio en el Cofre de Perote,

3 en la Sierra Nevada en las montañas Teyotl, El Mirador y el Telapón así como 5 sitios

en el Ajusco. (Montero: 1995, 295-314)

De esta forma casi todas las montañas de nuestro México eran objeto de algún culto a un

dios en particular, de ahí la costumbre, que todavía observamos, de poner una o varias

cruces en la parte más alta de los cerros y montes -y en donde había o hay adoratorios

prehispánicos-, lo que nos revela una antigua manifestación religiosa prehispánica, que

fue sustituida por la católica.

Como ocurrió en la montaña del origen, el Teoculhuacan Chicomoztoc de Guanajuato,

actual Culiacán, en donde se han localizado numerosas zonas arqueológicas de

importancia tanto en las faldas del volcán, como en la cumbre donde existía una pirámide

mayor que fue destruida en los años cincuentas del siglo XX para construir las actuales

antenas, así como en los alrededores. Pero de la arqueología del Bajío y del Culiacán

hablaremos más adelante.

El cerro Culiacán, antiguo Teoculhuacan Chicomoztoc, es un volcán que dentro

de la geografía sagrada fue profundamente mitificado y se le rendía culto por lo

menos desde la época de la cultura Chupícuaro, unos 500 años antes de Cristo.

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LA TOPONIMIA

Pasando al tema de las crónicas y fuentes primigenias, como los códices, es

básico el conocimiento de la iconografía prehispánica la gramática y los símbolos

glíficos- para entender de esta forma la información que podemos obtener de ellos. En el

caso de los documentos geográficos, es básico descifrar la toponímica o los nombres de

los lugares.

Los nombres de los lugares con los que denominaron a la geografía, estaban íntimamente

ligados a su cosmovisión, religión y características geográficas reales, aunada a una

íntima convivencia con la naturaleza. Los espacios naturales del paisaje cobraban un

significado muy diferente a como se concibe por el pensamiento occidental.

En el extremo izquierdo tenemos la figura simple de una colina, cerro o

montaña, el glifo Tepetl (Códice Boturini), al cual se le agregaba algún otro

elemento, encima, abajo o dentro, para identificarlo con un lugar en específico

de la geografía. Muchos otros toponímicos podrían ser animales, cosas o

sucesos. Al centro el toponímico de Azcapotzalco “en el hormiguero” y el de

Acolman “en la curvatura del río”, representado por un brazo con agua; los

últimos dos del Códice Mendoza.

Los topónimos o nombres de lugares, tenían su representación gráfica común y de esa

manera se leían en los códices (y en algunas piedras labradas que han sobrevivido hasta

nuestra época); eran sencillos, los dibujos prehispánicos siempre se delineaban con color

negro. En la geografía el glifo o pictograma de Tepetl “cerro o monte” se representaba

como una forma alta y redondeada, era de color verde o café, por ser este el color de la

vegetación y de la vida, y llevaba unas pequeñas protuberancias alrededor, se ensanchaba

y se curvaba en su base, con un par de franjas en color rojo y amarillo, que para algunos

investigadores representa la boca cerrada del monstruo de la tierra.

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Esta forma del monte o cerro se explica dentro de la cosmovisión mesoamericana, según

la cual la corteza terrestre con sus montes y valles constituía la parte superior de un

lagarto o de Tlaltecuhtli “el señor de la tierra”, cuya piel era rugosa, dura y áspera,

calidad que se indica mediante las protuberancias y las fauces de este monstruo en forma

de cuevas. Pensaban que los cerros eran huecos y guardaban el agua de la lluvia (como

grandes cántaros), de los ríos y de los manantiales, por lo que su superficie solía pintarse

de verde, ya que éste es el color de lo fresco y de lo que reverdece, así como de lo que

está tierno y crudo, como la vegetación que brota de ellos.

Tlaltecuhtli, “el señor de la tierra”, es el monstruo de la tierra, una especie de

batracio y lagarto, que representa a la corteza terrestre; su boca por lo regular

eran las cuevas, y su cuerpo los montes y valles. Detalle del Códice Borbónico,

Lámina 5.

Al glifo general de cerro se le agregaba un elemento específico fonético y gráfico que

definía al lugar en cuestión; un cerro con un chapulín en la cumbre era Chapultepec, si se

le dibujaba la estilización del zacate, era Zacatepec, si se le ponía el dibujo de una

serpiente, generalmente de perfil, era el Coatepec, el “cerro de la serpiente.

Así mismo, si la cumbre del cerro se dibujaba curveada se leía Colhuacatepec y si era el

lugar sagrado de origen, se leía Teoculhuacatepec “el divino monte de la cumbre curva o

torcida” y el dibujo era aun más complejo, ya que generalmente se le agregaban al dibujo

varias connotaciones geográficas, topográficas y simbólicas, como las siete cuevas del

Chicomoztoc y la blancura de la cumbre, que nos relaciona simbólicamente con el “lugar

de la blancura”.

Los topónimos son fundamentales para identificar una realidad geográfica, física, histórica o religiosa, ya que los nombres de lugar llegan a tener multitud de datos, tanto

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del paisaje material, como simbólico de los lugares determinados, reseñan

acontecimientos importantes, rasgos peculiares, seres, animales o cosas. Podemos agregar

lo que comenta Anaya: “El hombre va fijando su peculiar comportamiento en el nombre

del lugar en que actúa o se desplaza. El hombre va depositando en aquel nombre de

lugar la señal inequívoca de su expresión cultural e histórica, grabando en sus signos un

momento determinado en un toponímico.” (Anaya, 1960; 7)

Tepeyácac o Tepeyac, en la nariz del cerro”, es representado en los códices con una

cabeza humana de perfil, en donde sobresale la nariz, lo que no es sólo un recurso de los

escribas del México antiguo, sino que debe verse como una identificación del propio

monte con las características geográficas y físicas del mismo. Tepeyac es la “nariz” o

península de la Sierra de Guadalupe al sur, que miraba al lago de Texcoco en el Valle de

México, donde se encontraba el antiguo santuario de la diosa Tonantzin.

Representación glífica de Tepeyac, “en la nariz del cerro”; es la humanización

de la geografía en los nombres de los lugares y la manera de representarlo en

que

en la vida real es una península. Detalle de la Foja 37v de la Historia Tolteca

Chichimeca.

los códices, con la típica forma del cerro pero con una nariz prominente,

Una de las montañas del México prehispánico más sobresaliente por su carga simbólica y

religiosa, es el monte sagrado del Teoculhuacan “la divina montaña de la cumbre

torcida”; cuenta en la Historia Tolteca Chichimeca, Foja 16r, con una compleja

representación. En esta montaña se encuentra el lugar de origen llamado Chicomoztoc, el

lugar de “las siete cuevas, y otras crónicas lo nombran también como el Huehue

Colhuacan “el antiguo lugar curvo o torcido”, el Amaquemecan “vestido de papel”, el

Mixtitlan “lugar entre nubes”, o el nombre de Aztlan, “lugar de la blancura”, o de las

garzas”, entre sus principales nombres.

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Esta montaña plagada de cuevas, era el sitio ancestral de nacimiento y origen mítico de dioses y de las tribus que salieron de su interior, para poblar la tierra (en sentido

simbólico cosmogónico). Este lugar también conocido como el Colhuacatepec-

Chicomoztoc “la montaña de la cumbre curva de las siete cuevas”, se convirtió en el

símbolo de origen de las distintas etnias y pueblos de Mesoamérica, como los Nahuas,

Purépechas, Zacatecos, Otomíes, Matlatzincas, Guachichiles, Pames, y como arquetipo de

gran distribución en Mesoamérica; los Mayas Quichés de Guatemala decían provenir de

un lugar que le nombraban el Wukub Pecc, las siete cuevas. (López Austin, 1993, 36)

Para entender este fenómeno religioso, y a la montaña misma, nos remontaremos en el

tiempo a las primeras menciones sobre este lugar en un desarrollo historiográfico.

La sagrada montaña de las siete cuevas, la montaña de la cumbre torcida, la

que se identifica con el lugar sagrado del origen, cumple con los requisitos

físicos geográficos y míticos, es una montaña con profundas cañadas plagadas

de cuevas, manantiales; la forma y altura de la misma cumplieron con los

parámetros dentro de la cosmovisión, para que fuera identificada y venerada

por algunos pueblos de diferentes épocas de Mesoamérica como un símbolo

dentro del paisaje, convirtiéndose en un arquetipo.

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LOS CHICHIMECAS DEL EPICLÁSICO

Una de las ciudades más importantes y grandes del mundo, Teotihuacan, la

Ciudad de los Dioses”, era abandonada y saqueada; esto ocurría entre los años 700 al 800

de nuestra era, nuevas ciudades surgían o cobraban fuerza como Xochicalco en Morelos,

Cantona o un poco después el Tajín en Veracruz. En el valle poblano-tlaxcalteca, surgían

nuevas ciudades, como Cacaxtla y reocupaban la Cholula clásica con los nuevos pueblos

toltecas-chichimecas, en este período de militarismo extremo que Enrique Nalda, (2001,

20-29), así como otros investigadores lo han definido como el periodo Epiclásico. Un

pueblo que surgirá con gran fuerza hacia el año 900 de nuestra era y que cubrirá el vacío

de poder dejado por Teotihuacan y dominará parte del escenario cultural, será Tula, en el

actual estado de Hidalgo.

Grupos humanos venidos de las antiguas fronteras de la época Clásica y mas allá, que se

desarrollaron en las tierras del Bajío y Occidente, llegaban a los valles centrales de

México. Entre los actuales estados de Guanajuato, Jalisco y San Luis Potosí, y de forma

más marginal Zacatecas, lo que conocemos como la Mesoamérica septentrional, llegaban

a los valles centrales de México etnias que de manera genérica se les conocían como

chichimecas y que llegaban a los centros de cultura y de poder del Altiplano que

Teotihuacan dejaba.

Entre ellos se destacan los Toltecas-chichimecas, etnias nahuas y Otopames (Wright Carr,

2005, 26-29), que habrían de iniciar un mundo diferente en una época de reorganización

social. Combinarían la herencia cultural del mundo Clásico con las aportaciones de los

nuevos pueblos que llegaban de Occidente.

Lo que sabemos de los chichimecas históricos es poco y viene de fuentes más bien

tardías. Esta palabra no indica una tribu específica, sino más bien, es un conjunto de

grupos, a veces bastante diferentes, que se alían en ciertos momentos y en otros combaten

entre ellos.

La palabra chichimeca en náhuatl significa, según se dice “linaje de perros, ya que una

de las razas de perro mesoamericano era el llamado Tlalchichi “perro de la tierra. No

debemos dar a este nombre el sentido despectivo que tendría entre nosotros, ya que muy

probablemente se refiere a un nombre tribal, en que el perro es el tótem de la tribu. Así

mismo pudo ser cualquier otro animal como un coyote, un halcón, una tortuga o cualquier

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animal que por razones mágicas eligieron en un pasado oscuro. Con el tiempo el

significado de este nombre se amplió hasta incluir no sólo a los chichimecas originales,

sino a todos los recién llegados o a los emigrantes que llevaban vida nómada o

seminómada.

Después existirá la separación entre el teo-chichimeca o chichimeca culto, como los

toltecas y aztecas, que eran agricultores y tenían un calendario y estratificación social, y

los chichimecas cazadores-recolectores que en el siglo XVI serían los pames, zacatecos,

huachichiles, jonaces, guaxabanes y otros grupos similares.

posible también que el nombre de chichimeca provenga de una vieja leyenda de origen

nahuatl y que los Huicholes aún conservan. Cuenta la leyenda, que sita el Doctor Ignacio

Bernal que un leñador se instaló en una cueva y vivía con una perra. A diario salía a

cortar leña. El leñador era el único hombre que existía por ahí, le extrañaba mucho que, al

regresar a la cueva, todos los días encontraba agua del río y tortillas calientes. Lleno de

curiosidad decidió esconderse y entonces vio que la perra se quitaba la piel y se convertía

en una hermosa mujer. Mientras iba al río a traer agua el leñador quemó la piel de la

Es

perra. La mujer inmediatamente empezó a gritar sintiendo terribles dolores en la espalda,

que tenía la espalda quemada al igual que la piel de la perra. El leñador le echó el agua

ya

con que se preparaba la masa para las tortillas y con eso se alivió. Después se casaron y

sus hijos explican la palabra de “linaje de perros”. (Bernal, 1979, 100)

simple vista resulta un poco difícil entender cómo estos cazadores nómadas podrían

reunir la fuerza suficiente para asediar y aún vencer los centros de poder establecidos.

Pero las ruinas de numerosos sitios en Guanajuato, Querétaro y estados vecinos, nos

indican que estas tribus realmente no eran nómadas como se pensaba, ya que tenían una

estratificación y organización social compleja, para poder construir sitios como el de

Peralta en Abasolo, Plazuelas en Pénjamo, El Cenizo en Salamanca, la zona ceremonial

en Cañada de la Vírgen en San Miguel de Allende, las pirámides de Orduña en

Comonfort, la Loma de San Agustín en Cortazar, o el Cerro del Chivo en Acámbaro

-todas en Guanajuato-, nos demuestra este hecho.

A

Durante siglos recibieron influencia de Teotihuacan, de la zona de Jalisco y de

Michoacán, pero ellos crearon un desarrollo propio en la zona del Bajío, con sus

antecesores más directos; la gente de la cultura Chupícuaro, que los hace diferentes de los

demás. No se sabe el nombre de la etnia -o etnias- que produjo una complicada

arquitectura que sólo la conocemos como el “Complejo de los patios hundidos” o las culturas del Bajío, también denominadas como las culturas del Teotlalpan, “tierra divina”, ya que así se conocía a la región hacia el Posclásico. Pero sin duda, estos pueblos

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En realidad, sólo después de ese suceso la mujer toma el nombre de Chimalma, que quiere decir “mano de escudo. Pocos meses después y estando Chimalma encinta,

Mixcoatl es asesinado por uno de sus capitanes que usurpa el trono de Culhuacan. Debido

a ello la viuda se refugia con sus padres, donde muere al dar a luz a un hijo. (Bernal: Op.

Cit., 1979) Respecto al nacimiento de Quetzalcoatl, la crónica de los Anales de

Cuauhtitlan eleva a Chimalma a la categoría de una madre “vírgen”:

Año 1 caña. En él, según se dice, se refiere, nació Quetzalcoatl, el que fue llamado

nuestro príncipe, el sacerdote 1 Caña Quetzalcoatl. Y se dice que su madre fue la

llamada Chimalman. Y así se refiere cómo se colocó Quetzalcoatl en el seno de su

madre: ésta se tragó una piedra preciosa.De esta forma la esposa de Mixcoatl será una

advocación de la tierra en su calidad de madre “vírgen”, similar a Coatlicue (madre de

Huitzilopochtli, el principal dios mexica) y Tonantzin. Es importante ver que también

Chimalma, será en un futuro, una de las guías sacerdotisas de la peregrinación azteca.

Ese niño, nació en un año Ce Acatl, uno carrizo”, al ser hijo del señor Mixcoatl era

considerado un pilli, un príncipe, por lo que su nombre era Ce Acatl Topiltzin. Más tarde

tomará el nombre de Quetzalcoatl al ordenarse sacerdote de este dios en Xochicalco, y

será una de las figuras más importantes del México antiguo. Quetzal en nahuatl es el

pájaro de bellas plumas que se encuentra todavía en las selvas de Chiapas y Guatemala, y

Coatl quiere decir serpiente. La serpiente con plumas de quetzal, por lo tanto el nombre

completo del famoso sacerdote guía es: Uno Carrizo, Nuestro Venerable Príncipe,

Serpiente Emplumada”. Al morir su madre, el niño el futuro Quetzalcoatles recogido y

educado por sus abuelos maternos que vivían cerca del sitio mágico de Tepoztlán y el

pequeño príncipe fue educado en el credo de Quetzalcoatl que se adoraba en Xochicalco.

Con el tiempo, debido a sus brillantes cualidades y el prestigio de su nacimiento, se

convierte en el sumo sacerdote del dios Quetzalcoatl y toma el nombre del dios, de

acuerdo con la antigua costumbre prehispánica.

Esto ha sido causa de continuas confusiones, ya que frecuentemente se ha mezclado el

dios con el personaje histórico, así como los numerosos sacerdotes que, a lo largo de los

siglos, llevaron el mismo titulo de éste u otros dioses. (Bernal, I. Ibidem) Siendo

Quetzalcoatl un hombre joven, tiene el apoyo de los antiguos compañeros de su padre.

Pero antes de regresar a Culhuacan, busca los restos de Mixcoatl y los entierra en el Cerro

de la Estrella en Iztapalapa y eleva a su padre a la categoría de dios. En este cerro existe

un templo piramidal y se ha descubierto recientemente que es de la época teotihuacana.

El usurpador se preocupa por estos acontecimientos y contrata los servicios de un guerrero que lo proteja, y llega -de incógnito- Quetzalcoatl a ocupar el cargo, llegando el

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momento Quetzalcoatl se descubre a sí mismo, pero noblemente perdona al traidor,

entonces el usurpador ataca a Quetzalcoatl para sorprenderlo y matarlo, pero Quetzalcoatl

es más rápido y desde la cima del cerro, vence y mata al maligno señor. Con la muerte del

usurpador que, recordémoslo, era también el asesino de su padre, Quetzalcoatl se

convirtió en el jefe indiscutido de los Toltecas, y les da los beneficios de la civilización

aprendida en los palacios de Xochicalco, que une con su origen teo-chichimeca.

Abandona no del todo- Culhuacan y llega con su grupo de toltecas a Tulancingo y

después hacia el año 980 de nuestra era, según cálculos, se instala definitivamente en

Tula que se convierte desde este momento, en la capital Tolteca. A este personaje se le

atribuye la fundación de Tula, aunque este sitio ya estaba habitado desde las últimas fases

culturales de Teotihuacan. Quetzalcoatl decide construirse una ciudad verdaderamente

grandiosa y para ello importa artistas y artesanos de varios sitios, destacándose la gente

del Bajío de donde ellos provenían, y de sus vecinos los Huastecos, Mixtecos y Otomíes.

Con el tiempo le fueron atribuyendo a Quetzalcoatl, la alta cultura mesoamericana y ser el

inventor de todos los beneficios que disfrutaba el mundo, las antiguas crónicas nos

refieren que él bajó al inframundo para obtener los huesos de los hombres y las mujeres

de las eras anteriores y con su sangre les dio vida para que poblaran la era del Quinto Sol.

Se le atribuían la invención del calendario, los horóscopos, la escritura, los libros, la

astronomía, la medicina y los ritos ceremoniales. Sabemos perfectamente que estos

conocimientos venían de épocas mucho más antiguas, pero estas atribuciones aún

falsasnos demuestran el prestigio absolutamente inigualado que logró éste hombre ante

la posteridad, para el pueblo tolteca y sus predecesores los aztecas.

Quetzalcoatl se oponía a la práctica de los sacrificios humanos. Solía decir muchas veces

“…que no quería más que culebras y mariposas que le ofreciesen y diesen en sacrificio.”

Un grupo no estaba de acuerdo con él y rendía culto a un dios de la guerra, el sanguinario

dios nocturno Tezcatlipoca el espejo que humea” (que mandaba a seres como a la bruja

Itzpapalotl). Sus sacerdotes urden continuamente intrigas contra Quetzalcoatl y su caída

final se atribuye a actos de magia y engaños causados por su rival; se dice que logra

emborracharlo y duerme con una sacerdotisa del palacio con lo que queda deshonrado.

Por medio de todo tipo de artimañas Quetzalcoatl pierde su prestigio como representante

del dios, y se ve obligado a abandonar Tula, y se dice que se embarca a la tierra del negro

y del rojo, más allá del mar del Golfo de México-.

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Ehecatl Quetzalcoatl y Tezcatlipoca frente a frente, en un detalle del Códice

Borgia, con todos sus atavíos característicos de ambos que los definen, fueron

de las principales divinidades prehispánicas del Posclásico, Tezcatlipoca dios de

la noche y de la guerra, al cual le dedicaban sacrificios humanos y Ehecatl

Quetzalcoatl como advocación del viento, identificado con el color de la

blancura, la dirección oeste, y de principios más pacíficos.

A

en el año Ce Acatl “uno carrizo”, que es el año en el que Quetzalcoatl prometió volver.

(Bernal I. Op.Cit.) Posiblemente y de forma inicial esto pudo darle una ventaja a Cortés,

en

más que una conquista militar. Cuando los mexicas se dan cuenta de que no eran dioses

los españoles ya era demasiado tarde, ya habían pactado con sus enemigos y se cernía el

colapso del mundo prehispánico que se dio en pocos años.

donde la conquista de México fue más una estrategia diplomática y política de alianzas

esto se añade que, por una casualidad extraordinaria, Cortés desembarca precisamente

Pero inicialmente, y retomando al personaje paterno de Quetzalcoatl, Mixcoatl, nos surge

una pregunta: ¿de dónde provienen este Mixcoatl y los toltecas teo-chichimecas que se

mencionan en las crónicas?

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Máscara de turquesas que acompañaba al “penacho de Moctezuma”, el cual

como el penacho se encuentra en Viena. El atavío completo del sacerdote que se

disfrazaba de Quetzalcoatl Topiltzin no se conserva, ya que tenía elementos de

oro, que seguramente fue fundido desde tiempos de la Conquista, además de

textiles, plumas y pieles de animal, posiblemente de jaguar. (Imagen tomada de

Nacional Geographic, 1983)

Culturalmente y por sus características, así como por los restos arqueológicos y los tipos

cerámicos diagnósticos que datan del inicio de la ciudad de Tula, observamos que

provienen efectivamente de la zona del Bajío, como ya lo comentamos, y como lo

demuestran los estudios de la arqueóloga Beatriz Braniff, en 1972, y los trabajos de los

arqueólogos Cobean y Mastache, en 1989, en el área nuclear de Tula, siendo

sobresaliente en la parte antigua de la ciudad conocida como Tula Chico, donde la

cerámica del complejo Coyotlatelco y sus variantes -rojo sobre bayo-, es la misma que se

encuentra asociada a los sitios de los Patios Hundidos del Bajío. Y a la vez coinciden con

las fechas: Teotihuacan se abandona hacia el 700 u 800 de nuestra era, y es la época que

Tula surge como tal, y donde podemos ver la cerámica del Bajío en Tula.

Estudios recientes demuestran que este complejo cerámico relacionado con el Bajío

proviene desde fechas un poco más tempranas, del 650 al 700 d. C. (Paredes Gudiño,

2004, 329-343), cuando el complejo de Patios Hundidos todavía estaba en su apogeo, el

abandono de estos complejos arquitectónicos de Guanajuato, se nota de manera más

definitiva hacia el 900 de nuestra era. (Nalda, 2008, 36-43)

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El Colhuacatepec Chicomoztoc, también conocido como el Teoculhuacan, era el punto de origen simbólico elegido por los teo-chichimecas compuestos de diferentes etnias,

destacándose principalmente la gente de habla náhuatl y probablemente otopame. (Wright

Carr, 2005, 26-29) Mencionaban estos grupos en sus crónicas que el Teoculhuacan era

una montaña llena de cuevas, que también se le daba el nombre de Chicomoztoc las siete

cuevas”.

El padre Fray Bernardino de Sahagún en su obra comenta acerca de los toltecas:

y

de allí fueron a poblar a la ribera de un río junto al pueblo de Xicocotitlan, el cual

tiene el nombre de Tula

(Sahagún, 1985, X, 595)

estos dichos toltecas todos se nombran chichimecas

Todavía cercano a la antigua ciudad de Tula en el estado de Hidalgo, existe el cerro

Xicuco, lo que le da el nombre de Tula Xicocotitlán. La zona de donde provenían los

toltecas teo-chichimecas, la región del Bajío, donde está el monte Teoculhuacan

Chicomoztoc, hoy en Guanajuato, era una frontera cultural permeable y pluriétnica, de

gran intercambio social, donde se compartían lenguas y costumbres. (Nalda, 1986, 43-52)

Un grupo cultural de gran influencia para los Toltecas y posteriormente para los Aztecas

eran los Huastecos, que para la época tolteca se encontraban al norte del territorio tolteca,

teniendo su capital o por lo menos uno de los principales polos de desarrollo en la

provincia de Pánuco o Pantlan, este territorio en general es una de las pistas futuras para

localizar el monte Teoculhuacan por la relación cultural y cercanía de algunos

asentamientos que tuvo con los toltecas y el territorio del Bajío. El padre Sahagún en su

prosa del siglo XVI nos comenta sobre los Huastecos:

“el nombre de todos estos tomase de la provincia que llaman Cuextlan, donde los que

y por otro nombre toueyome cuando son muchos y

toueyo cuando uno, el cual nombre quiere decir nuestro prójimo. A los mismos llamaban

los cuales fueron así llamados porque viven en la provincia de

están poblados se llaman cuexteca

panteca o panoteca

Pánuco, que propiamente se llama Pantlan o Panotlan, cuasi Panoayan, que quiere decir

lugar por donde pasan

(Sahagún, Ibidem, X, 607)

Estos elementos los retomaremos posteriormente, como un elemento de gran importancia

para nuestro trabajo.

Como ya se puntualizó, el monte Teoculhuacan era el punto de partida simbólico que estos pueblos reconocían para sí. La Historia Tolteca Chichimeca es un códice que nos

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revela de manera extraordinaria el retrato más completo del monte Teoculhuacan o Colhuacatepec, con todos sus elementos simbólicos, que retomaron los pueblos

posteriores a los toltecas, entre ellos el más famoso son los aztecas o mexicas. Los

toltecas al salirdel monte tenían en esta versión a cuatro sacerdotes guías, tradición que

otros pueblos heredarán; el documento a continuación dice:

“en el año ce tecpatl llegaron a Tollan, de allá del Colhuacatepec, partieron los toltecas

chichimecas Ixcicouatl, Quetzaltehueyac, Tezcauitzil y Tololouitzin, junto con los

nonualca chichimeca

(H. T. CH., Op. Cit: 132, 12)

En la ilustración del documento, en la Foja 16r, podemos ver cómo se le representa en la

figura. Es una montaña con su cumbre torcida hacia la derecha, que da todas la variantes

del nombre para el mismo lugar: Culhuacan o Colhuacan “lugar curvo o torcido” y de ahí

se desprenden los nombres de Huehue Culhuacan “el antiguo o viejo Culhuacan”,

Colhuacatepec “la montaña curveada”, Teoculhuacatepec “la divina montaña de la

cumbre curveada”, Teoculhuacan “el divino Culhuacan, Coliuhqui “lugar encorvado”, la

cumbre tiene el glifo de la nieve lo que le da su nombre de blancura como Aztlan o

Aztatlan y en la base de la cumbre se dibujan 5 tiras de papel salpicado de chapopote, lo

que implica su relación con los dioses de la lluvia (Broda, 2009, 40-47), que da el nombre

de Amaquemecan o “vestido de papel”, que es otra idea de la nieve en la época de

invierno y su blancura. Posiblemente sea esta relación con la región oeste de la blancura,

por esto es que en los códices se ilustra a Mixcoatl o a los mixcoas con el cuerpo pintado

de blanco y se les llame los Iztac mixcoas o los mixcoas blancos, ya que provienen

simbólicamente del lugar de la blancura.

Otros autores como veremos, le agregan el nombre de Mixtitlan “lugar entre nubes”. El

monte en sus laderas es rocoso y lleno de cactos, nopales y magueyes y al centro como

elemento principal a manera de una flor de siete pétalos, úteros o brazos, se ilustra el

Chicomoztoc “las siete cuevas”, donde en cada uno de los brazosde las cuevas están

las tribus con sus nombres toponímicos que los identifican.

Destacan los toltecas con un manojo de tules y los aculhuas que se representan con un

brazo y el glifo del agua. Para algunos investigadores esta representación del

Chicomoztoc, sugiere la matriz de la diosa madre tierra. (Heyden, Doris. 1998) De esta

cueva salieron no sólo las siete tribus sino todas las que reclamaban haber salido del

prestigioso lugar; el cronista Chimalpahin dice:

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“este referido Chicomoztoc ciertamente que ha mucho tiempo que existe con agujeros,

desde que todos vinieron a salir de allí, la diversidad de gentes, las gentes de Nueva

España, tal como todos lo reconocen.(Chimalpahin, 1991, 29)

Podemos notar que fue durante la época colonial cuando el cronista recogió esta

tradición, y hace notar la importancia del lugar de origen de las gentes. En la versión de

la H. T. CH. se nos enlista qué pueblos son los que salieron del Teoculhuacan

Chicomoztoc:

he aquí el relato de los chichimeca: los quauhtinchantlaca, los moquiuixca, los

acolchichimeca, los tzauhteca, los zacateca, los manpantlaca y los texcalteca, los siete

pueblos

(H. T. CH., Op. Cit., 157-159)

Un aspecto constante que se repite en estas narraciones es que cada crónica describe siete

u ocho tribus diferentes a las otras, esto se debe a que el autor del documento da una

prioridad al pueblo protagonista de su historia y de su propia región geográfica particular,

estos pueblos son los que serán mencionados que salieron del Teoculhuacan, de tal forma

que su región será la elegida y el centro de la historia.

La H. T. CH. nos describe que cuando salieron los toltecas del Teoculhuacan un grupo se

fue a establecer a Tula en donde se dividieron, y otro grupo continuó su peregrinar hasta

llegar al valle de Puebla y se establecen en Cholula. Los toltecas hacen la guerra a los

originales habitantes de la zona, los Olmecas Xicalancas, llamados también ayapancas,

los cuales son derrotados.

La descripción que hace la crónica del recorrido de Cholula al Teoculhuacan corresponde

a la realidad geográfica actual, ya que los mapas indígenas y su cartografía son bastante

efectivos o cercanos a la realidad, como veremos más adelante y de aquí se desprende una

de las principales claves para localizar a la montaña.

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EL ESTADO TOLTECA Y SUS AREAS DE CONTROL

La ciudad de Tula se asienta a un lado del río del mismo nombre y al sur del

cerro Xicuco o Chicuco -que como ya comentamos-, es el que le da el nombre antiguo de

Tollan Xicocotitlan “Tula cercana o en el Xicuco”. Tula constituyó un gran imperio o

Estado, con un extenso territorio bajo su dominio e influencia. El periodo de desarrollo de

Tula, es como sabemos posterior y más corto que el de Teotihuacan. Comienza a

edificarse al final del período Clásico, 800 D.C., y concluye hacia el año 1200 D.C.

Hacia los primeros siglos de ocupación se nota en Tula, como ya explicamos, la presencia

de gente venida del Bajío (Cobean y Mastache, 1989), lo que coincide con los códices y

las crónicas.

Reconstrucción de la plaza ceremonial de Tula, en su época de esplendor, con los sacerdotes efectuado un ritual en el momoztli o altar, donde se encuentra la escultura de Chac Mool. (Imagen tomada de Matos Moctezuma, 2003)

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Tula es considerado un Estado, al igual que su antecesor Teotihuacan y de la misma forma lo fue México Tenochtitlán. No voy a referirme aquí, a los problemas teóricos de la

definición y naturaleza de Estado; sin embargo, quiero señalar algunos aspectos generales

sobre este punto, en la medida que orientan la discusión acerca de la estructura y

funcionamiento de Tula.

Los aspectos que son importantes resaltar, son aquellos que se refieren al hecho de que el

Estado supone una sociedad dividida en clases, de un poder centralizado y de un grupo o

clase gobernante que organiza a la sociedad y se ubica por encima de ella, controlando la

producción, la distribución y el consumo. Si bien la clase gobernante no es el Estado, sí es

la concretización del poder; el grupo que ejerce el poder. El Estado presupone también

territorialidad y una forma específica de organización del pensamiento y cosmovisión de

la sociedad, así como la existencia de una religión desarrollada, que en nuestros pueblos

antiguos es el principal elemento de control ideológico, a través del cual se da la

legitimación moral del sistema. Asimismo el Estado supone la existencia de organismos

coercitivos materiales como es el militarismo. (Cobean, Ibidem)

La mencionada crónica de la Historia Tolteca Chichimeca, H. T. CH., es también un

documento cartográfico o Códice Mapa, además de que como hemos visto, es un

documento histórico y cosmogónico. Esta crónica nos describe a detalle, en un mapa, la

ubicación de los pueblos del imperio o Estado tolteca, con las provincias y cabeceras más

importantes que dependían del centro rector. Gracias a la traducción que se hizo del

náhuatl por el equipo del doctor Paul Kirchhoff en los sesentas, es que podemos leerla de

manera coherente. (Kirchhoff, 1961)

Hay personas que dudan de la valía de la Historia Tolteca Chichimeca, porque

desconocen la naturaleza del documento. Este códice fue escrito y pintado en

Quauhtinchan, municipio del estado de Puebla, hacia 1550, el cual se encuentra

actualmente en París, Francia y es parte de un conjunto de documentos históricos de los

señoríos de Quauhtinchan. Esta obra ha tenido diferentes denominaciones como la del

Xiutlapoualli, Papeles de la conquista de la tierra o Anales de Quauhtinchan. (Kirchhoff,

Op. Cit. 6)

Por el párrafo 10 de la Historia Tolteca Chichimeca, sabemos que esta obra pertenecía a

la familia Castañeda del Tecalli Tezcacoatecpan, lo cual se comprueba por un testamento

de María Ruiz de Castañeada. Esta familia pertenecía al linaje de Moxquiuix (que decían

provenir del Teoculhuacan Chicomoztoc), señorío de los Nahuas, como lo confirma un manuscrito de 1553.

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Americanorum Medii Aevi, y es traducido en México por Heinrich Berlín en 1947 del alemán al español. (Kirchhoff. Ibidem,8)

Fue en la década de los cincuentas y sesentas del siglo XX, que el Doctor Paul Kirchhoff,

su equipo hace una nueva paleografía y traducción de la obra. Cabe resaltar que el

y

objetivo de investigación de Kirchhoff, no era el Teoculhuacan, su interés se centra en el

área de Cuauhtinchán y su correspondencia geográfica y aunque realizó un breve artículo

sobre Aztlan dejó abierta la investigación sobre este tema.

Pero la causa del por qué fue pintada y escrita la Historia Tolteca Chichimeca, responde a

un problema social, ya que esta obra es la fundamentación histórica de una demanda,

pues lo que busca el autor es explicar la presencia en Quauhtinchan de los Moxquiuix y

en la región, pueblo que liga su linaje con los primeros toltecas-chichimecas que salen del

Teoculhuacan, así como de tantos grupos étnicos, relatando las hazañas que dieron los

antepasados de los pilli (nobles), y además explicar las pugnas internas que

desembocaron en migraciones, conquistas, convenios, asesinatos, y otros hechos que

tenían un trasfondo antiguo y candente, es el problema de la relación entre los hombres y

la tierra.

El documento sirve de esta manera para justificar el poder de este linaje ante el Virrey de

la Nueva España, defendiendo sus derechos de nobleza y describiendo con delicada

exactitud los linderos geográficos que por derechos antiguos de conquistas les

pertenecían. Por lo tanto el tlacuilo debió tener especial interés en las descripciones

geográficas, y se observa que el autor tenía a mano o conocía otros códices, pintados y

escritos en relación a despojos y linderos.

No es aventurado afirmar, que existían varios documentos semejantes y que éstos

sirvieron como fuentes para escribir y pintar la Historia Tolteca Chichimeca. Además no

hay que olvidar que al lado de los registros pictóricos, que servían de recurso

nemotécnico, existía la tradición oral, que conservó largas sagas y poemas religiosos.

(Kirchhoff, Ibidem: 15)

Sabemos que los pueblos descritos en la obra y sus linderos, se remontan a muchos años

antes de la llegada de los españoles, cientos de años, pueblos famosos que tenían bien

ubicados, así como accidentes topográficos que se mencionan en la fuente, como

montañas y ríos. Por lo tanto tenían muy bien ubicada a la montaña del origen, ya que era

inicio simbólico de sus dinastías y de ahí sus derechos, que reclamaban al Virrey. Por

el

lo que podemos considerar que la información de esta obra es por demás confiable, ya

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que al revisar la geografía en el campo, nos encontramos con muchos de esos pueblos, algunos desaparecidos desde la llegada de los españoles y otros siguieron su desarrollo.

Por sólo poner un ejemplo, en la obra se habla de Teotenango, una fuerte ciudad de

filiación Matlatzinca, esta ciudad fue abandonada y se convirtió en una zona arqueológica

explorada por el arqueólogo Román Piña Chán en los años setentas. De igual forma se

habla de Cholula en Puebla, o de Cuauhtitlan, pueblos que siguieron su desarrollo y son

ahora ciudades modernas.

Hubo pueblos que cambiaron su nombre antiguo por otro como Teticpac, es Chapa de

Mota en el Estado de México, o se castellanizaron, y fue necesario revisar en el Archivo

General de la Nación A. G. N. o en archivos parroquiales los nombres antiguos de

pueblos y montañas, que en muchos casos se encontró. En base a esto fuimos

reconstruyendo un complejo rompecabezas geográfico, basado en diferentes documentos

y evidencias.

La Historia Tolteca Chichimeca, es un documento de primera mano para este cometido,

pero para poderla interpretar correctamente debemos de tener en cuenta una cosa: está

escrito y pintado de acuerdo a los cánones indígenas, dentro de lo que es su cosmovisión.

Algunos investigadores dudan de la efectividad de este documento, porque fue hecho en

los primeros años de la época novohispana, y argumentan que perdió su esencia

prehispánica, pero una vez analizado y estudiado, podemos confiar en la información del

mismo, ya que se nota que fue hecho con base en otro documento más antiguo que ya

desapareció, del cual se copió los pormenores históricos, geográficos y míticos

prehispánicos. Simplemente la correspondencia geográfica del documento con la realidad

es sorprendente y esto se debe al origen del por qué fue hecho este documento: para

reclamar a la Corona española y al virrey de la Nueva España, los territorios y linderos de

las tierras de Coatlinchan en Puebla, basándose en la historia antigua y mítica de la

región, reclamando de alguna forma, sus derechos de nobleza tolteca que desde la

montaña del origen los ubicaba como un “pueblo elegido”.

La manera de comprender el mundo por nuestros pueblos antiguos, estaba supeditada en

gran medida por su cosmovisión, a sus mitos y religión en general, en el esquema de su

universo religioso y de esa forma plasmaban y entendían a la naturaleza, y bajo sus

propios conceptos lo plasmaban en sus códices. De esta forma, haciendo una correcta

lectura del códice de las provincias del imperio tolteca, observamos que se dividían en los

cuatro puntos cardinales y el centro universal, que en su momento (hacia el año 900 de nuestra era) era Tula, y de esta forma nos da las pistas más claras para encontrar al

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Teoculhuacan-Chicomoztoc, ya que por su importancia lo ubicaron en su cartografía de manera muy clara.

Las investigaciones realizadas por Kirchhoff, demuestran que los aztecas no sólo durante

su peregrinación llegan a Tula, sino que ya en su patria original Aztlan-Aztatlan, desde

donde partió la peregrinación, pertenecía al Estado tolteca.

La cartografía descrita en la Historia Tolteca Chichimeca, nos describe los veinte barrios

o cabeceras de población en que estaba dividido el imperio tolteca.

Es fundamental determinar que el número veinte es una de las claves para entender la

cartografía indígena. El veinte determina el sistema numeral y es junto con el trece,

fundamental para el calendario. Cada mes del calendario solar estaba constituido por

veinte días. Veinte son cuatro veces cinco o cinco veces cuatro; por lo cual no sólo son

cuatro, sino cinco los puntos cardinales o rumbos del universo, cuando consideramos al

quinto, como el centro del mundo.

La Historia Tolteca Chichimeca dice:

Aquí están los pueblos que eran complemento del tolteca. La gran Tollan se formaba de

estos veinte pueblos, que constituían sus manos y sus pies. De estos tolteca eran sus

pueblos. Allí se dispersaron en la gran Tollan por lo que cada uno fue a posesionarse de

sus ciudades

Pantecatli, Itzcuitzoncatli, Tlematepeua, Tlequazpeua, Tezcatepeua.

Tecollotepeua, Tochpeneca, Zenpoualteca, Cuextlaxteca, Cozcateca.

Nonoualca, Cuitlapiltzinca, Aztateca , Tzanatepeua, Tetetzincatli.

Teuhxilcatli, Zacanca, Cuixcoca, Quauhchinchinolca, Chiuhnauhteca.

(H. T. CH., Kirchhoff, Op. Cit.132)

Esta es la lista de los veinte pueblos que fueron analizados por Kirchhoff (1962), cada

uno de éstos cuenta con su cabecera principal y ordenando los nombres debidamente, se

forman cinco grupos de cuatro nombres cada uno. Tula o Tollan queda al centro, y llama

la atención el nombre de Aztateca que se identifica con el proveniente de Aztlan. Destacando los cinco nombres como los más importantes para cada grupo, las cabeceras y

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puntos cardinales, el Centro, el Norte, Sur, Este y Oeste, quedando de la siguiente manera:

Tula, Pánuco, Tulancingo, Teotenango y Aztatlan. Así mismo ordenándolos

geográficamente y étnicamente en su ubicación real nos queda:

Centro Tula. Estado de Hidalgo. Nahuas, otomíes y huastecos.

Norte Pánuco. Zona huasteca., abarcaba el Norte de Querétaro, Hidalgo,

Guanajuato, San Luís Potosí, Veracruz y Tamaulipas. Huastecos y chichimecas.

Sur Teotenango. Estado de México. Matlatzincas.

Este - Tulancingo. Estado de Hidalgo. Nahuas y huastecos.

Oeste - Aztatlan o Aztlan. Estado de Guanajuato. Nahuas, Otopames y

Huastecos, además de los grupos Chichimecas nómadas.

Podemos ver que la zona huasteca es la más amplia y dispersa, aunque la cabecera estaba

en el actual pueblo de Pánuco, en la actual huasteca tamaulipeca.

Si vemos más a detalle la descripción que hace el códice, de estos cuatro centros podemos

leer que primero ubica en la parte central a la capital Tula o Tollan de los toltecas y

dentro de las poblaciones cercanas a Tula, está Nonoalco un poco hacia el occidente de la

ciudad.

Podemos obtener las siguientes conclusiones:

1.

En la lista de los pueblos se trata de la lectura de un mapa pictórico desconocido

del Estado tolteca.

2.

3.

4.

Como vimos, no se trata de cuatro grupos de 5 nombres sino de cinco grupos de 4

nombres.

Los 5 grupos están enumerados con el orden: Este, Centro, Occidente y Sur.

Este esquema coincide con una realidad geográfica.

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5.

Este esquema, además corresponde al sistema cósmico de las 5 direcciones

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celestes, por lo tanto el Estado tolteca estaba estructurado con los mismos

principios del orden cósmico.

6.

Se sabe que al Estado tolteca pertenecían pueblos de diferentes etnias y lenguas.

(Kirchhoff, Op. Cit., 132)

La región de Pánuco con sus montañas sagradas y numerosos restos

arqueológicos, era donde se ubicaba la cabecera norte del Estado tolteca.

7.

En el grupo del Occidente destaca la presencia de Aztatlan como un poblado,

tanto el códice al hacer una descripción de las migraciones de salida lo ubican

cercano al Chicomoztoc como Kirchhoff (1989), así lo consideran.

Al respecto de la ubicación de Aztlan al Sur del estado de Guanajuato como parte

integrante del Estado tolteca, Martínez Marín afirma que quedaría situado dentro de

Mesoamérica:

“La extensión del imperio tolteca tenía cinco provincias, una de las cuales era

Chicomoztoc, la más alejada hacia el occidente en donde se encontraba Aztlan, de donde el lugar resulta tolteca, dentro de Mesoamérica.(Carlos Martínez Marín, 1963)

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Entre los pueblos mencionados de la lista está un Cuextlaxtlan de filiación huasteca hacia el norte, pero esta población no ha sido localizada. Por los hallazgos arqueológicos y por

las fuentes podemos ver que la zona de influencia huasteca ocupaba gran parte de la zona

norte de Tula hasta el Pánuco, los asentamientos de esta cultura se extendían por la Sierra

Gorda de Querétaro y Guanajuato, seguramente dejaron varios toponímicos dispersos en

la geografía, como Cuextecan Ichocayan “donde lloró el huasteco”, paso de las

migraciones tardías, así también, los huastecos dejaron sus vestigios. He observado tipos

cerámicos huastecos (tipo Pánuco) en la inmediaciones de la Sierra de la Gavia por la

cuidad de Celaya en Guanajuato, en pleno Bajío.

En esta amplia zona norte se destacaba la provincia y cabecera de Pantlan y recordando la

explicación del padre Sahagún sobre los huastecos, Pantlan es sólo una variante de

Cuextlan, o sea la huasteca de manera general, que para el siglo X de nuestra era, se

extendía hacia el Noroeste, y hacia el siglo XVI cuando llegan los españoles los huastecos

se encuentran replegados hacia el Este, en el Golfo de México, debido en parte a cambios

climáticos extremos, por lo que se vieron obligados a ir a zonas mas húmedas. El extremo

norte estaba dado por el río Pánuco en la población del mismo nombre. Los demás

toponímicos que nos habla la H. T. CH., como Tlemaztepec y Tlequaztepec, se han

perdido en la geografía actual.

En el grupo de poblados que estaban hacia el Este de Tula, se mencionan a Tezcaltepec,

Tecolotepec, Tochpan y Cempoallan, siendo la cabecera el pueblo de Tollancinco. Entre

Tula y el actual Tulancingo o Tollancinco, encontramos a un poblado que aun conserva el

nombre de Zempoala o Cempoallan, en los alrededores de Tulancingo, hay dos lugares

llamados Tezcaltepec, Tuspan (Tuxpan) o Tochpan, queda no lejos de Tulancingo al Sur

del mismo.

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Tulancingo, con sus vestigios arqueológicos, era la cabecera Este del Estado

Tolteca. Zona arqueológica de Huapalcalco.

El grupo Sur destaca la presencia de varios pueblos importantes, como Zacanco, Cuixcoc,

Chihnauhtlan y Quauhchichinolco. De su cabecera por ser una importante zona

arqueológica del Estado de México, es fácil su identificación: el actual Teotenango, a los

Tenanca o Teotenanca también se les conocía como Zacanca o Zacanco, que es el actual

Tenango del Valle al Sur de la actual Toluca. En las cercanías de Tenango del Valle hay

varios Zacango. Al río Lerma se le conocía como el Chiuhnahatenco o como el

Chignahuapan el río de las nueve corrientes, como este río se interna hacia el

Occidente y Norte de México se pensaba que descendía al mundo de los muertos, al

noveno nivel del inframundo, y las almas de los difuntos lo tenían que cruzar con la

ayuda de un perrito rojo. Durante el siglo XVI los españoles le nombraron como el Río

Grande de Toluca. (Kirchhoff, Op. Cit., 1989)

Cercanos al Nevado de Toluca, se encuentran los pueblos de Cuixcoc en el actual

Cuixcocingo y Quauhchichinolco el la actual Cuauhchichinola al pie del volcán

Chiuhnauhtecatl al Norte de Tenango del Valle. Toda esta zona la ocupaban los

matlatzincas.

Hacia el Sureste de Tula quedaba un pueblo tolteca, pero que era hasta cierto punto independiente del centro, que era Cholula, y que dominaba una extensa área geográfica de

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pueblos de los actuales estados de Puebla, Tlaxcala, Veracruz y Oaxaca. Cholula fue un

gran centro del Clásico, conquistado por los toltecas del Posclásico y que dominaban el

camino hacia el Golfo de México.

El grupo de pueblos que se encontraban hacia el Oeste del control central de Tula, es el

que más nos interesa, ya que la capital de esta provincia es la buscada Aztlan o Aztatlan,

tan conocida por los toltecas, por ser una de sus provincias; es la famosa patria original de

los aztecas que posiblemente se encontraba al pie de la montaña Teoculhuacan

Chicomoztoc y que colindaba a la vez para el siglo XVI- con el territorio Purépecha o

Tarasco, que frenaba la expansión del futuro imperio Mexica hacia el Occidente.

Los pueblos mencionados para esta provincia que nos presenta la Historia Tolteca

Chichimeca (H. T. CH.), son Aztatlan, Tzanatepec y Tetetzinco (o Tetelzingo).

(Kirchhoff, Ibidem., 1989)

Por lo que entre otras cosas, sabemos que esta zona también fue conquistada siglos

después de los toltecas por los mexicas, que se vieron detenidos por los purépechas hacia

el Occidente, teniendo como frontera natural al río Lerma.

El territorio que coincide culturalmente con la región en donde podría estar Aztlan o

Aztatlan, colindaba a su vez con la zona huasteca que estaba hacia el Norte con quienes

compartían muchos elementos culturales, a tal grado que el cronista indígena nieto de

Moctezuma II, Don Fernando Alvarado Tezozomoc, en su obra nos ubica

geográficamente a Aztlan diciendo en su lengua natal “In Aztlan, In Anepantla” que

significa: “Aztlan por Pantlan”. (Tezozomoc, Op. Cit.: 51) Es prudente recordar, que otro

de los nombres para la zona huasteca era el de Pantlan y que como vimos era muy

extensa.

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Teotenango, en Tenango del Valle en el Estado de México, la cabecera Sur del

Estado tolteca, zona arqueològica que fue trabajada en los años setentas del

siglo XX por Román Piña Chán.

Con estos datos podemos ir ubicando, en una realidad geográfica más tangible y estrecha

a la montaña del origen mítico. Sabemos entonces que el pueblo de Aztlan o Aztatlan se

encontraba posiblemente en las inmediaciones del Teoculhuacan y pertenecía como

veremos más delante a las culturas del Bajío culturalmente hablando, constructores de los

Patios Hundidos, hacia el Norte lo limitaban pueblos de etnias huastecas y chichimecas

en la Sierra Gorda, hacia el Oeste las culturas de los Guachimontones de Jalisco, por lo

que descartamos que se adentrara más hacia el Occidente extremo como en el estado de

Nayarit, y noroeste como Zacatecas, Durango o Sinaloa.

El límite territorial de que nos habla Sahagún, Tezozómoc y la H. T. CH., era la frontera

cultural de Mesoamérica, una línea pluriétnica y permeable que pasaba por el Sur del

actual estado de Guanajuato, teniendo hacia su extremo Suroeste a la laguna de Yuriria y

el río Lerma. Los demás pueblos de la lista que presenta la H. T. CH. para el grupo Oeste,

no han sido localizados aún, pero seguramente no están lejos de la cabecera principal.

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Esta descripción que nos da la H. T. CH., demuestra que además de que conocían en la época prehispánica la ubicación de Aztlan Aztatlan por medio del monte Teoculhuacan,

la descripción cartográfica de los mapas indígenas corresponden a una realidad tangible y

que podemos comprobar con la realidad. Aunque han pasado muchos siglos y aún

después de la conquista, todavía han sobrevivido los principales nombres de los pueblos,

algunos castellanizados y otros un tanto deformados pero es posible reconstruir la zona de

control del imperio Tolteca central con sus capitales.

Es necesario resaltar que la influencia tolteca se extendió por otras zonas de Mesoamérica

de manera clara y contundente, fuera del control central, por grupos que migraron y

conquistaron, estableciendo rutas comerciales y culturales. Al respecto tenemos dos zonas

de influencia cultural tolteca, la primera es hacia la península de Yucatán.

Hay tradiciones que señalan que los toltecas encabezados por Quetzalcoatl o Kukulcan

llegaron a Yucatán y después de vencer a los habitantes locales, se establecen en la

península, como lo afirma el Doctor Ignacio Bernal (1979).

“Se trata de un grupo fuertemente integrado por jefes y sacerdotes guerreros que logran

imponerse sobre los mayas. El resultado es visible en los elementos arquitectónicos de

Chichen Itza, donde se entremezclan armoniosamente con los elementos traídos del

centro, como el templo de los guerreros el cual es casi una copia del templo C de Tula en

Hidalgo, donde están los “atlantes” de Tula.

En los dos sitios se construyen pirámides estilo centromexicano, se emplean las

columnas de serpientes con la cabeza en la base y la cola formando un dintel y otros

muchos detalles, en medidas, estilos artísticos, en frisos, como las mariposas estilizadas

llamadas Itzpapalotl de origen toltecaotomí, que ostenta en el pecho el Chac Mool de

Chichen Itza, por sólo citar un detalle.” (pp72).

Las semejanzas entre Tula y Chichen Itza son obvias, aunque la ciudad maya conservó

algunos rasgos del arte Pucc, adquirió elementos de muy clara presencia tolteca (Nalda,

Op. Cit., 25)

La segunda zona de influencia y entremezclada con las etnias de la zona es hacia el

Occidente de México, llegando hasta los actuales estados de Nayarit y Sinaloa.

Los Anales de Cuauhtitlan nos describen que al caer el imperio tolteca, un grupo de ellos se dirige hacia el Occidente llegando hasta las costas de Mazatlán en Sinaloa (Jiménez Moreno, 1981, 80), lógicamente llevando su cultura y religión:

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“y se establecieron

por todas partes en los países de los habitantes de la costa, donde

hoy todavía viven.(A. Cuauhtitlan, Op. Cit.)

lo que demuestra que la toponímia náhuatl en Sinaloa como Mazatlán y Culiacán, fue

llevada por los toltecas al caer el imperio, llevando el nombre toponímico y arquetípico

de Culhuacan por su importancia simbólica, más no es el Culhuacan original, sino que es

posterior, al que como sabemos está en Guanajuato.

Las cuatro cabeceras de dominio del imperio Tolteca, que haciendo la

reconstrucción cartográfica del códice de la Historia Tolteca Chichimeca,

podemos entender la dinámica de su territorio, en donde la provincia Oeste, la

antigua Aztlan o Aztatlan, era bien conocida para la época tolteca y es el lugar

de donde posteriormente saldrían los aztecas para peregrinar.

Probablemente un grupo tolteca se dirigió a esta zona, Tula estaba en decadencia y

buscaban donde asentarse, al migrar le iban poniendo el nombre a los lugares que iban de

acuerdo a su cosmovisión y costumbre, repitiendo constantemente en las localidades los topónimos conocidos o famosos de los valles centrales, como Xalisco, un Aztatlan en Nayarit y un Culiacán en Sinaloa.

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Más hacia el Noroeste, en tierras de los actuales estados de Jalisco, Nayarit, Sinaloa,

Durango y Zacatecas encontramos las tribus chichimecas, grupos de diferentes etnias,

algunos con rasgos nahuas, muchas tribus semisedentarias que se ubicaban dispersos

alrededor de centros ceremoniales.

La influencia de La Quemada en Zacatecas fue de manera más indirecta que los pueblos

del Bajío, que sí influyeron sobre las primeras etapas de Tula de forma más directa; de

cualquier forma el poblado de Aztatlan, se ubicaría en algún asentamiento del Bajío de

Guanajuato, posiblemente, según las crónicas cerca de la montaña del Teoculhuacan.

Los “atlantes” de Tula, son las cariátides que sostenían el techo de uno de los

templos principales de Tula Xicocotitlan en el estado de Hidalgo. Los toltecas

que según las crónicas salieron del Teoculhuacan Chicomoztoc, constituyeron

un gran Imperio-Estado, con amplias zonas de dominio comercial y militar,

teniendo bien ubicada una de sus cabeceras de control, la famosa Aztlan o

Aztatlan en el extremo occidental de su dominio.

Cuando los arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia I. N. A. H. excavaron en la isla de Mexcaltitán, que se suponía era la famosa AztlanAztatlan, como

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ya se puntualizó, no se encontró ningún rasgo cultural que denotara la presencia de la cultura Náhuatl, ni Azteca, con lo que quedó demostrado que no venían de esta zona.

(Comunicación personal con los Arqueólogos Raúl Arana y Raúl Barrera, 1991)

Al caer el Estado tolteca, los toltecas de pueblos o colonias satelitales en el estado de

Nayarit probablemente se desarrollaron y se entremezclaron con los grupos locales de

menor desarrollo cultural, los más avanzados migraron y otros grupos marginales se

quedaron, que fue lo que encontró el conquistador Nuño de Guzmán en el siglo XVI, el

cual llegó hasta Culiacán, en Sinaloa.

Así también tenemos hacia Zacatecas una influencia Clásica más modesta, en la

arquitectura y en las artes menores, como “el patio de las columnas “, que nos recuerda a

Tula. La Quemada se encontraba como punto de paso en la ruta de la turquesa explotada

por el imperio tolteca, y que llegaba hasta el Suroeste de los Estados Unidos, teniendo

como otro punto de paso las lejanas ciudades de Chihuahua, en Casas Grandes.

De la misma forma investigadores han querido ver en esta zona de La Quemada, el origen

de las tribus nahuas y de los toltecas-chichimecas y de la misma forma, las evidencias

materiales son insuficientes, las evidencias materiales no tienen la calidad ni la cantidad

suficientes para considerar a los pobladores de La Quemada como antecesores directos de

los pobladores de Tula, más bien se consideran como contactos ocasionales de

intercambio. (Nalda, 2008, 41)

En cambio, en Tula podemos ver una relación más clara con el Occidente inmediato

como lo es el Bajío, más allá las influencias se diluyen o son más esporádicas y escasas o

pobres. (Paredes Gudiño, 2004) La cerámica diagnóstica del Bajío, la vemos en las

primeras etapas de ocupación en Tula coincidiendo con las ideas mitificadas de las

migraciones, y en últimas fechas con las exploraciones en los sitios del Bajío de

Guanajuato se han descubierto elementos muy importantes que veremos después en Tula

como las bases de columnas, o esculturas de remates arquitectónicos de caracoles

cortados, pero estos datos los revisaremos posteriormente.

Existen en cambio datos a la inversa, una influencia de Sur a Norte; sobreviven algunas

antiguas tradiciones orales de que gente de habla náhuatl que llegaron del Sur a las zonas

del Noroeste de México. Los actuales Huicholes de Nayarit, que su lengua

lingüísticamente se emparentó con el náhuatl, manejan una historia acerca de su origen,

ellos dicen venir del Sur, de una cueva, se perdieron debajo de la tierra y después fueron a

salir de esta por el país del peyote el “hicuri”. (Espinosa R., 38, 114-115)

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EL RETORNO AL TEOCULHUACAN CHICOMOZTOC

Como podemos darnos cuenta, el territorio de influencia tolteca era muy amplio

y dejaron constancia de ello en diferentes lugares del territorio nacional. Fundaron

colonias, al igual como lo hicieron los teotihuacanos y lo hicieron los mexicas, para

garantizar el control del imperio, y una de las principales ciudades que los toltecas

conquistaron y que permaneció con cierta independencia de Tula fue Cholula, en el valle

de Puebla al pie del volcán Popocatepetl.

La pirámide de Cholula, en una foto de 1905, del A. G. N., de la colección

fotográfica de B. Waite, foto no. 42. Desde este lugar, será el punto de partida para

encontrar las claves que nos llevaron a ubicar a la montaña sagrada del origen,

dentro de nuestro actual territorio mexicano.

Cholula, monumental por su gran pirámide, la mayor de los valles centrales, era conocida

como el Tlachihualtepetl “la montaña hecha a mano; hoy ostenta una iglesia a la Vírgen

de los Remedios en su cumbre y aparenta ser un cerro en medio del valle. Desde la época Clásica, Cholula era el enclave del camino hacia el Golfo de México, hacia las costas y

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Lámina foja F. 15v del códice de la Historia Tolteca Chichimeca, en donde

comienza la narración de la aventura del camino de regreso de Cholula en

Puebla al Teoculhuacan Chicomoztoc Aztlan de Guanajuato. Los cuadretes de

la izquierda muestran los toponímicos de los lugares por donde pasaron,

acompañados del texto explicativo en idioma náhuatl. Cada uno de las

estaciones del viaje se explica en el texto de manera desglosada.

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Página siguiente del mismo códice, foja F.15r, en donde se narra el camino

emprendido por los dos embajadores toltecas, en seis días de camino, de

Cholula hasta el Teoculhuacan Chicomoztoc. El último cuadrete de la izquierda

representa el día en el que llegaron: día 13 Flor, una flor con trece círculos y el

rostro de uno de los embajadores.

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En el día 8 quauhtli (águila) Ixcicohuatl y Quetzalteueyac, partieron de Tlachihualtepec de Cholollan (Cholula) y fueron a dormir allá a Tepetlaoztoc ”

En el códice puede verse el glifo del día 8 Águila, con el glifo

toponímico del pueblo de Tepetlaoztoc “en las cuevas del

tepetate”.

Después la crónica continúa narrando:

Cuando amaneció fueron a Cuauhtitlan. El día 9 cozcaquauhtli (buitre o zopilote),

Ixcicouatl y Quetzateueyac partieron de Tepetlaoztoc (y) allá fueron a dormir a

Cuauhtitlan (lugar donde abundan las águilas)

Podemos ver en el códice a la cabeza de Quetzalteueyac, junto

al glifo de Cuauhtitlan, a manera esquemática de que pasó por

este lugar.

La crónica continúa diciendo:

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“Cuando amaneció fueron a Nonualco (en Tula), en el día 10 ollin (movimiento), Ixcicohuatl y Quetzateueyac partieron de Cuauhtitlan y fueron a dormir a Nonualco”

Representación del día 10 Movimiento. Se observa en el códice a

la figura del personaje, Ixcicohuatl, en el glifo de Nonualco,

vecino a Tula. Nonualco se representa como una colina.

La crónica continúa narrando:

Cuando amaneció fueron a Teticpac, en el 11 tecpatl (cuchillo de pedernal), Ixcicouatl y

Quetzateueyac partieron de Nonualco, (y) allá fueron a dormir a Teticpac (sobre la roca).

Observamos en el códice la representación de Quetzalteueyac

sobre el glifo de Teticpac, indicando que pasaron por este lugar.

Después agrega:

Cuando amaneció fueron a Xalpantzinco en el día 12 quiahuitl, Ixcicouatl y Quetzalteueyac partieron de Teticpac y fueron a dormir a Xalpanzinco.

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Podemos ver el glifo 12 quiahuitl (lluvia) en el cuadro superior y

la cabeza del personaje Ixcicohuatl encima de Xalpanzinco “en

el pequeño arenal, o “en el asiento del arenal”.

La crónica continúa describiendo:

Cuando amaneció fueron a Colhuacatepec, el día 13 xochitl, Ixcicouatl y

Quetzaltehueyac partieron de Xalpanzinco para llegar a Colhuacatepec Chicomoztoc

donde estaban los Tlatoque, los tepilhuan chichimeca ”

En el códice, podemos ver el cuadrete con la fecha de 13 xochitl

(flor), y el rostro de Quetzalteueyac. Es el día que llegaron al

Teoculhuacan Chicomoztoc, al Colhuacatepec.

Se hace una pausa narrativa y la crónica describe los pueblos teo-chichimecas, que

estaban en el Colhuacatepec Chicomoztoc:

los Quauhtinchantlaca, los moquiuixca, los totomihuaque, los acolchichimeca, los

tzauchteca, los zacateca, los texcaltecas y los malpantlaca. El mismo día 13 xochitl,

llegaron a Colhuacatepec, Ixcicouatl y Quetzalteueyac cumplieron con su deber, allá en Colhuacatepec hicieron su signo, su señal.La crónica nos describe los nombres diferentes con que se le conoce al Colhuacatepec (o Teoculhuacan). Al Teoculhuacan, en

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la crónica se le designa con ocho nombres diferentes: se le llama el Coliuhquitepetl “el

monte curvo”, el Atlxoxouhqui, el Iztactollin, el Iztacacatl, el Tlapapalichatl, el

Tlapapalatla, el Nahuallachtli, el Zaquianmiztli (H. T. CH., Ibidem. 160, 172).

Y

más bellas del códice (la de la foja 16r): el esquema cargado de profundos simbolismos, a

después dice: “He aquí el Coliuhquitepec”, y se ilustra una de las representaciones

la

montaña Colhuacatepec Chicomoztoc.

Imagen del códice de la Historia Tolteca Chichimeca, foja 16r, donde se

representa al monte Teoculhuacan Chicomoztoc, con toda su complejidad

simbólica y física, donde se desprenden los diferentes nombres que tenía la

montaña. El glifo de la nieve en la punta curva, da el nombre de “lugar de la

blancura”: Aztlan-Aztatlan; las cinco tiras de papel: Amaquemecan “vestido de papel”; las biznagas, cactos, piedras, le darán otros nombres, así como en relación a las siete cuevas, Chicomoztoc.

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Después a los jefes de cada tribu les perforaron el septum de la nariz, para que ostentaran las insignias y los adornos de su rango, toman sus armas y comienzan el camino de

regreso a Cholula. Después agrega:

He aquí a las mujeres chichimecas; salieron de Chicomoztoc 16 personas.

En el día VII mazatl, partieron de Chicomoztoc los chichimecas.

El águila y el jaguar que dieron de beber el agua sagrada sobre huizaches o

mezquites al inicio de la peregrinación, a los recién salidos del Teoculhuacan, y

con ello adquirían de manera simbólica la cultura sedentaria, curiosamente el

atavío de estos personajes es de los mimixcoas, los guerreros de Mixcoatl. Y se

observan los atavíos chichimecas como son el manojo de flechas, la bolsa

petactli “petaca” y el escudo de flechas que representa la guerra. Estos

personajes como veremos, serán retomados para la peregrinación azteca. Foja

20r. Historia Tolteca Chichimeca.

Nótese cómo se usa indiscriminadamente tanto el nombre de Chicomoztoc como el de

Colhuacatepec para el mismo lugar, queda muy claro que las cuevas del Chicomoztoc son

del cerro Colhuacatepec.

La crónica por último, nos narra que estando los chichimecas del Colhuacatepec listos para partir, preparan sus alimentos para el camino y el primer poblado al que llegan, está

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en la falda de la montaña Teoculhuacan; es Aztlan o Aztatlan. La futura patria de los

aztecas y una de las cabeceras de control político comercial, como ya hemos visto, del

imperio tolteca.

Se describe de la siguiente forma:

He aquí los diez días que caminaron y el camino (de regreso) por el cual vinieron los

chichimecas…, los siete pueblos de allá de Chicomoztoc. Aquí empieza el camino: luego

ya vienen a Aztatlan, luego ya vienen a Yauonauac; luego ya vienen a Cuixtlauhco; luego

ya vienen a Tzouactepec; luego ya vienen Tzanatepec; luego ya vienen a Cilman donde

durmieron….

La descripción del códice, continúa describiendo el camino por varios poblados hasta

llegar a Tula y después de varios días de camino, pasan por el Valle de México y pasan

por entre los volcanes, el Popocatepetl y el Iztaccihuatl. En total de regreso hacen 10 días

hasta Cholula, como ya lo apunta la crónica.

Llegan a Cholula y emprenden la campaña militar, derrotando de forma rápida y

definitiva a los xochimilcas y ayapancas. Después los victoriosos se reparten las tierras,

los toltecas se quedan en Cholula y hacia los cuatro rumbos y puntos cardinales, se

reparten las tierras entre los chichimecas los demás poblados y de esta forma

permanecieron hasta la llegada de los españoles.

Esta información se obtuvo directamente del códice en las fojas: 14v, 15r, 16r, 15v, 17v,

18r, 18v, 19r, 19v, 20v, 21r, 21v, 22v, 23v, 24r, 24v, 25v, y 26r.

(H. T. CH., Kirchhoff, pp. 158,180)

Ésta es la aventura del camino de regreso a la montaña del origen, donde cada parte

intercambia lo que posee; los toltecas la civilización sedentaria y los chichimecas la

fuerza armada, la cual produce magníficos resultados, que sabrán aprovechar después los

toltecas y posteriormente los mexicas al expandir su imperio. Por lo que este proceso que

la crónica indígena nos muestra de forma mágica y simplificada, se desarrollará durante

los siglos XIII y XIV de nuestra era.

La crónica de la H. T. CH., nos muestra en su narrativa algunos aspectos que vale la pena

comentar. Cuando invocan el consejo y protección de su dios supremo Tloque Nahuaque

“el señor del cerca y del junto”, también conocido como Ometeotl “el señor dual” nos remite a un concepto de alto desarrollo filosófico, ya que esta deidad era un concepción del dios absoluto el cual no podían representar porque era ilimitado, infinito, el creador

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absoluto, “el que se crea a sí mismo”, el que se encontraba en el último cielo y que su asiento era en el monte Teoculhuacan, como centro del universo cósmico en el

Omeyocan.

Al Teoculhuacan, en la crónica se le designa con ocho nombres diferentes; se le llama el

Coliuhquitepetl “el monte curvo”, el Atlxoxouhqui “el lugar donde mana agua cruda (o

de manantial)”, el Iztactollin “el lugar del ave blanca”, el Iztacacatl “el lugar de la hierba

blanca”, el Tlapapalichatl “el lugar de la abertura”, el Tlapapalatla “el lugar roto, abierto”,

el Nahuallachtli “donde se nahualiza, donde se hace magia, o lugar de los nahuales, el

Zaquianmiztli “donde hay fieras como leones”. (H. T. CH., Ibidem, 160, 172)

Los lugares o personas de gran importancia religiosa, simbólica o social, tenían

comúnmente varios nombres para designar a un mismo lugar o persona, de aquí la gran

importancia del Teoculhuacan, sus diferentes nombres denotan las características físicas

del lugar, su valor religioso, ritual y simbólico.

Además de ser la montaña curva, es un lugar de blancura, hierbas y aves, es un lugar que

ha sido abierto para que salgan de su interior los hombres y es un lugar de práctica

mágica donde los nahuales hacen sus rituales y donde merodean peligrosas fieras.

Posteriormente veremos cómo los cronistas Chimalpain y Tezozómoc, designan con otros

nombres más al lugar, descubriendo éstas y otras características del lugar de origen; el

Teoculhuacan Chicomoztoc Aztlan.

Cuando los embajadores tocan la montaña, está caliente, denota vida en su interior, como

el vientre materno; pero la montaña en la realidad está caliente, hacia uno de sus flancos

brota un manantial de agua caliente. Posteriormente con el bastón rompen y abren la

cueva, de su interior sale primero el intérprete del náhuatl, el llamado Coatzin. Diego

Muñoz Camargo en su crónica ofrece una versión parecida, pero en este caso es el héroe

cultural Chichimeca, es Mixcoatl Camaxtle, el que dio con un palo en una peña y de ahí

salieron los cuatrocientos o innumerables chichimecas. (Muñoz C., 1982, 42)

Se abre la montaña, que es el elemento femenino, la madre Tierra, su vientre húmedo y

caliente. Simbólicamente, el bastón es el elemento fálico; la tierra queda preñada, la miel

y las abejas son elementos sagrados de la fecundidad y del inframundo y la tierra da a luz

a los chichimecas de su interior, es la misma madre que dará a luz a Huitzilopochtli y que,

anterior a los toltecas, había dado a luz a Mixcoatl y a los mimixcoas.

Por lo tanto, es el origen de hombres y dioses, es el origen divino del hombre que es simbólicamente hijo de la tierra. Es por esto, que los hombres escogían a este lugar como

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su punto de origen y partida, todos querían provenir del mismo sagrado lugar, además de compartir el prestigio de provenir del mismo lugar de origen de los dioses guías y

patronos de los pueblos.

Imagen de una parte del códice conocido como el Mapa de Cuauhtinchan

número 2, el cual representa el momento en que los dos embajadores de

Cholula llegan al Teoculhuacan Chicomoztoc. Al igual que el otro códice de la

Historia Tolteca Chichimeca, narra el mismo evento histórico, y cita el mismo

día “trece flor”. Por lo que esta historia era bien conocida por varias

tradiciones, así como la ubicación geográfica de la montaña de origen.

La madre podría llamarse Coatlicue, Chimalma o Tonantzin, el lugar es el Chicomoztoc

que esta en el Teoculhuacan y el hombre con un origen divino, sentirá tener la supremacía

sobre los demás pueblos, de ahí que diferentes etnias lo escogieran como su lugar de

origen.

Según la versión de la Historia Tolteca Chichimeca, las tribus que salen de Chicomoztoc son los totomiuaque, los quauhtlinchantlaca, los texcaltecas, los malpantlaca, los

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acolchichimeca, los tzauchtecas y los zacatecas y para que no queden dudas, de que se trata de un mismo lugar la crónica nos dice de manera muy clara:

“y luego ya salen de Chicomoztoc, de dentro del Colhuacatepetl

205)

(H. T. CH., Ibidem,

Las siete cuevas del Chicomoztoc pertenecen a la montaña del Colhuacatepetl, por lógica

es el mismo lugar. Los demás códices y cronistas nos enlistarán siete u ocho tribus

diferentes, dependiendo de la región geográfica a que se refiera el autor, todos los pueblos

querían tener el mismo prestigioso origen simbólico.

En las narraciones míticas los pueblos que salen de la montaña están en estado primitivo,

no saben hablar el náhuatl ni comen el maíz, y en el camino adquieren la cultura y el

conocimiento por medio de una iniciación mágica, de esto se desprenden dos vertientes;

una que nos da la idea de que vivían en un estado nómada y semisalvaje, y otro que nos

dice que ya conocían la cultura y el calendario.

Sin duda los grupos del Bajío tenían la base cultural mesoamericana, porque sus vestigios

nos hablan de una alta cultura, bajaban a los valles centrales, cuando los Estados

imperialistas como Teotihuacan pierden el control de las rutas de intercambio y fuerza

política durante el Epiclásico, y después en el Posclásico cuando cae el poderío de Tula

ocurren otras migraciones, y no existían la restricciones territoriales. Estos grupos eran

denominados genéricamente como chichimecas, teniendo entre sí diferentes lenguas. Las

crónicas insisten en presentarlos como nómadas chichimecas a los primeros en salir y por

medio del contacto “mágico”, con dioses o semidioses, adquieren la cultura civilizada.

Es importante destacar un detalle de la narrativa de la Historia Tolteca Chichimeca, una

vez que los embajadores convencen a los chichimecas de partir y emprender el camino de

regreso, uno de los poblados al que llegan primero es Aztatlan o Aztlan, la patria original

de los aztecas, ya que este poblado al parecer se encontraba en las faldas de la montaña

Teoculhuacan Chicomoztoc o en las inmediaciones de ella, y recordemos que Aztatlan

era la capital de la provincia Oeste del imperio Tolteca, futura capital de los aztecas

chicomoztoquenses, lo que da pauta a suponer su existencia.

Puede parecer repetitivo, pero esta es una de las partes más importantes de la

investigación, ya que Aztlan o Aztatlan, por lo tanto era un lugar bien identificado en la

época tolteca, los demás lugares por donde pasan se están identificando en la geografía actual para poder reconstruir la ruta completa, que como veremos no varía mucha de otras rutas de peregrinación, como la misma ruta azteca.

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LA RECONSTRUCCIÓN DE LA RUTA

La Historia Tolteca Chichimeca (H. T. CH.), como ya se puntualizó entre otros

temas, es un tratado de cartografía indígena con narraciones míticas e históricas, pero que

es bastante preciso con la realidad geográfica. Esta crónica indígena es la que nos da los

datos para encontrar el importante lugar de origen.

Al leer correctamente la crónica encontramos la correspondencia geográfica correcta, las

provincias y cabeceras que se mencionan a los cuatro puntos cardinales de Tula son

reales, Pánuco al Norte, Tulancingo al Este, Teotenango al Sur y Aztatlan al Oeste.

Los datos para encontrar el punto exacto donde se localiza geográficamente la montaña

sagrada del origen, el Teoculhuacan-ChicomoztocAztlan, es precisamente la

reconstrucción de la ruta del camino de regreso que hacen los embajadores toltecas de

Cholula al Teoculhuacan.

Por cierto, los 6 días que hacen los embajadores toltecas coinciden perfectamente con el

calendario prehispánico, como se puede constatar capítulos más adelante, cuando

toquemos el tema del calendario y sus días. Si tomamos en cuenta los 20 días del

calendario, los últimos 6 días de cada mes, son en el orden que narra la Historia Tolteca

Chichimeca: Cuauhtli águila, Cozcacuauhtli buitreo zopilote, Ollin movimiento,

Tecpatl cuchillo de pedernal, Quiahuitl lluviay Xochitl flor. Lo que nos muestra

que la correlación calendárica y su uso era correcto, todavía a inicios de la colonia, que es

cuando se hace este códice.

La ruta y el camino que realizaron los embajadores toltecas, lo recorrimos físicamente en

diciembre del año 1997, como un experimento comprobatorio. Mis acompañantes fueron

unos “chalmeros”, personas entusiastas que anualmente hacen el recorrido en

peregrinación de Milpa Alta en el Distrito Federal, a Chalma, Estado de México, en tres

días, contando con el apoyo de una unidad móvil para auxiliarnos en caso necesario.

Tracé en cartas topográficas del INEGI a escala 1:50,000 la ruta por caminar, evitando las

cañadas y las escaladas innecesarias, cruzando carreteras y en muchas ocasiones pasando

a un lado del trazado de las mismas, pues como sabemos los caminos naturales ya eran

conocidos desde hace mucho tiempo atrás y durante la época colonial se utilizaban. Contamos con el equipo de apoyo móvil que nos monitoreaba y apoyaba en caso de algún

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debajo de la espesa capa de contaminantes. En esta etapa contamos además con un guía que nos ayudó a tomar los caminos más accesibles para bajar pronto hacia el valle.

Otra toma del punto de partida de nuestra expedición, con la iglesia sobre la

pirámide de Cholula en el estado de Puebla.

Bajamos hacia el Valle de México entre los bosques de coníferas de las pendientes de la

sierra, y alcanzamos un buen ritmo de caminata a los terrenos de cultivo de las pendientes

suaves de la sierra. Tomamos el rumbo hacia Texcoco, hasta llegar al actual poblado de

Tepetlaoztoc al anochecer.

En este poblado descansamos, acampando en las afueras, para seguir al día siguiente con

la caminata.

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el camino era más corto y plano por lo que el desplazamiento fue mejor que el día anterior, pasamos por Coacalco hasta salir a Cuauhtitlan.

El tercer día llegan los embajadores muy cerca de Tula en Nonualco, que por los datos

que da Alva Ixtlilxochitl se identifica con el pueblo de San Pablo Huatengo en el

Municipio de Jilotepec en el Estado de México:

Tula

Pochotl se salvó, en los desiertos de Nonualco, en Cuautitenco lugar cerca de

(A. Ixtlilxochitl, 1: 91)

Llegamos a Tula en el Estado de Hidalgo, a la zona arqueológica, que tomamos como

punto central, pasando al Noroeste del actual Jilotepec.

Sabemos que la colina de Nonualco está a 5 kilómetros al Oeste de Tula, así que a la

mañana siguiente pasamos a un lado de ésta, para dirigirnos a nuestro siguiente punto.

Al tercer día de recorrido llegamos a Tula, la capital del Imperio Tolteca, en el

estado de Hidalgo, en donde descansamos esa noche. (Imagen tomada de Atlas

de la Historia de México, 1984, Salvat)

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El cuarto día llegan los embajadores toltecas hasta Teticpac, que por antiguos informes de Montúfar en 1897, era otro nombre de Chiapan, la actual Chapa de Mota en el Estado de

México. Chapa de Mota no está tan lejano y cruzando sierras no muy escarpadas

llegamos en una jornada a este pueblo que está en el extremo Noroeste del Estado de

México, ya en los límites con el estado de Querétaro. Descansamos esa noche, el quipo

móvil nos llevó apoyo logístico. Para el siguiente día fuimos cruzando el estado de

Querétaro sin mayores dificultades, hacia la capital del mismo.

Chapa de Mota con una de sus iglesias, que como muchas fueron levantadas y

construidas con materiales de los sitios que ahí existieron.

Después alcanzamos a ver al cerro Culiacán desde el valle de la ciudad de Querétaro, la

posición en las cartas topográficas y su forma cónica lo delataban. Pudimos dirigirnos a la

montaña de manera directa, pero quise respetar la ruta marcada por el códice, así que

caminamos hacia el Noroeste de la ciudad de Querétaro.

Una de las probables causas de por qué no siguieron de forma directa a la montaña los

embajadores, fue porque podría haber territorios controlados por otros pueblos, que se

encuentran frente a la actual ciudad de Querétaro -como la zona arqueológica de El Pueblito- y los toltecas se vieron obligados a caminar más hacia el Norte evitando esta

parte, probablemente era una zona hostil, ya que muy seguramente estaba controlado el

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paso por esta parte y pasar directo por el valle frente a este pueblo ofrecería algunas

dificultades, además de que en esa época algunos valles estaban ocupados por ciénegas y

lagunas.

Antes de llegar al estado de Guanajuato, la montaña se fue cubriendo poco a poco por la

extensa sierra de La Gavia y sabíamos que estábamos ya muy cerca de llegar. Seguimos

la ruta del códice, caminando al Noroeste de la ciudad de Querétaro, hasta salir por entre

algunos cerros que son como un corredor natural llegando hasta el municipio de

Comonfort, al Norte de Apaseo El Grande ya en el estado de Guanajuato.

El quinto día llegan los mensajeros toltecas a Xalpantzinco, cercano al actual pueblo de

Xalpa (Jalpa), en Apaseo El Grande en Guanajuato. Xalpanzingo es el diminutivo de

Xalpa “en el arenal”. Era costumbre prehispánica que junto a un pueblo existiera otro

menor con el mismo nombre pero en diminutivo, que también se refiere al segundo de ser

fundado y es un asentamiento posterior.