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Descentralizacion y economia

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Desde la antigüedad, ha correspondido al Estado la ejecu-
ción de las obras de ingeniería agrícola de mayor envergadura.
Por principio, siendo que éste maneja recursos de toda la colec-
tividad, siempre se ha esperado que los beneficios sean también
entonces de toda la comunidad.

Ya en el período pre–inka los pueblos del Perú compren-
dieron la importancia de mejorar los sistemas de riego y de am-
pliar la frontera agrícola. Hay innumerables vestigios de obras
que se erigieron con ese propósito en todo el territorio andino.

Pero quizá los más notables y conocidos sean el canal de
Racay Pampa, que ejecutaron los chankasen Ayacucho; el canal
La Cumbre, de hasta 110 kilómetros, que construyeron los moches
en el valle de Chicama, en La Libertad; el canal Taymi que ca-
varon los mochicas, en Lambayeque, a partir del río Chancay, y
cuya bocatoma Raca Rumi es hasta hoy utilizada; y los de Chiome
y Chumbe, que construyeron los cañete, en el área sur de Lima.

Descentralización y Economía/ Alfonso Klauer/ 103

Ninguna iniciativa fue sin embargo tan generalizada como
la construcción de andenes, que por igual, y durante más de tres
mil años, llevaron a cabo todos los pueblos cordilleranos. Me-
diante esta costosa iniciativa, se concretó la incorporación a la
agricultura de secano de millones de hectáreas arrancadas de la
aridez a los cerros. A valores de hoy, miles de millones de dólares
se invirtieron en andenería.

Es decir, predominando la administración autónoma de
cada espacio, todo el territorio andino fue escenario de inversio-
nes en la agricultura. Cada pueblo –en el contexto de lo que hoy
podemos denominar un sistema descentralizado–, veló por inver-
tir, en su territorio, para en este caso alcanzar sus objetivos de
adecuado autoabastecimiento alimentario.

La Colonia –además del genocidio–, no sólo significó que
los pueblos ancestrales dejaran durante tres siglos de ejecutar nue-
vas inversiones en la agricultura. Sino que, por añadidura, la for-
zada concentración de los pueblos en las “reducciones”, y el con-
secuente abandono del territorio agrícola, trajo como consecuen-
cia la destrucción casi íntegra de las costosas obras que se habían
ejecutado a lo largo de miles de años.

Por lo demás, impuesto el centralismo más absoluto, y pre-
valeciendo el gasto fatuo e inútil –particularmente en iglesias–,
no se construyó durante el Virreinato una sola obra de importan-
cia para la agricultura. Esta sesgada y deliberada omisión, fue el
complemento de una política imperial que centró todas sus obse-
siones en la extracción minera con destino a Europa.

Sin que se modificara un ápice esa nefasta política, el
Estado republicano condujo los asuntos públicos de la misma
manera durante sus 130 primeros años. Así, el frívolo desarrollo
urbano de Lima, el trazo de las más importantes líneas férreas, y
el destino del guano, no fueron sino la continuación de la políti-
ca económica general que se había impuesto durante la Colonia:
exceso en el gasto improductivo, importancia absoluta a la extrac-
ción minera, y satisfacción de los mercados exteriores. Es decir,
nada se condujo en función de los intereses internos.

Recién en 1953 el Estado peruano empezó a realizar las
primeras y grandes inversiones en la agricultura, inaugurando a
fines de esa década la represa de San Lorenzo, en Piura. En la
década del 60 se iniciaron en Arequipa las obras que conducirían
a formar el sistema de presas del río Chili –Aguada Blanca, El
Frayle y El Pañe–; y, en Lambayeque, la represa de Tinajones. En
la década del 70 se iniciaron las obras de las represas de Poechos,
en Piura; y Condorama, para la irrigación de las pampas de Majes,
en Arequipa. En la década del 80 se construyó la represa de Gallito
Ciego, en el río Jequetepeque, en La Libertad; y se inició la cons-
trucción del túnel de Olmos, para la irrigación de las pampas de

Descentralización y Economía/ Alfonso Klauer/ 104

mismo nombre, en Lambayeque. Y en la década del 90 empezaron
las obras de las represas de Pasto Grande, en Moquegua; y Cucho-
quesera, como parte de la irrigación Río Cachi, en Ayacucho; así
como obras de irrigación en Tacna.

Y actualmente –además de estar en ejecución o por ejecu-
tarse partes de los proyectos arriba anotados–, están realizándose
obras de ampliación de la frontera agrícola en las irrigaciones de
Chavimochic, en los valles de Chao, Virú y Moche, en La Liber-
tad; Chinecas, en los valles de Santa–Lacramarca, Nepeña, y
Casma–Sechín, en la costa de Ancash; así como, en Tumbes, con-
juntamente con Ecuador, el proyecto Puyango–Tumbes.

A fines de 1995, el Instituto Nacional de Desarrollo –INADE

122

– estimaba que los proyectos más importantes –o las partes de
ellos– que estaban en ejecución o por ejecutarse eran los si-
guientes:

Área

Inversión%

Hect.

Proyecto

Depart.

Previstaejec.

Millones $

Costa

Puyango–TumbesTumbes

637

1

48 000

Chira–Piura

Piura

82872119 000

Olmos

Lambayeque1 18027112 000

Tinajones

Lambayeque

522

86 000

Jequetepeque–ZañaLa Libertad

56442

66 000

Chavimochic

La Libertad

2 13426147 900

Chinecas

Ancash

14026

44 200

Majes

Arequipa

2 47430

62 400

Pasto Grande

Moquegua

28020

9 300

Tacna

Tacna

57912

21 300

Cordillera
Río Cachi

Ayacucho

20439

17 400

Así, sobre el total de inversiones estimadas, 9 338 millones
de dólares, el 98 %, están orientadas a la Costa. E igual porcentaje
corresponde a las áreas de tierras nuevas que se incorporarían a
la agricultura y/o que mejorarían sus sistemas de riego.

Es decir, el sesgo no puede ser más exagerado. O, si se pre-
fiere, la discriminación contra los intereses de los pueblos cor-
dilleranos no puede ser más notoria. Bien puede decirse que el 2
% destinado a Ayacucho no es sino la excepción que confirma las
reglas que mostraremos a continuación.

En efecto, si se tiene en cuenta que la producción de los
departamentos de Piura, Lambayeque, La Libertad, pero también
Ancash, está predominante y tradicionalmente orientada a cul-
tivos agroindustriales, hay además entonces una clara discrimi-
nación contra los cultivos alimenticios.

Descentralización y Economía/ Alfonso Klauer/ 105

Pero sabiéndose también que lo que más se siembra en di-
chos departamentos es algodón, azúcar y arroz, y que en general
esos productos son manejados por medianos y grandes agricul-
tores, hay también una notoria discriminación contra los intere-
ses de los pequeños agricultores.

Por lo demás, resulta inobjetable que cuando se iniciaron
los grandes proyectos de Chira–Piura y Tinajones, el algodón y
la caña de azúcar que se producían en los valles beneficiados esta-
ban en gran parte orientadas a la exportación. Y hoy mismo la
Comisión de Promoción de la Inversión Privada –COPRI123


destaca que la calidad de las tierras de diversos de esos proyec-
tos es específicamente buena para los cultivos de exportación.
Así, sin duda, puede sostenerse que por lo menos el 50–60 % de
las inversiones están finalmente orientadas a satisfacer exigen-
cias de los mercados exteriores.

Es decir, en un sesgo de nítidas reminiscencias coloniales,
hay una tendencia del “moderno” Estado peruano a incrementar
las tierras de cultivo, pero no para alimentar a la población del
país, sino para resolver los problemas de abastecimiento alimen-
ticio y de insumos de otros pueblos. Así, en algo tan caro a los
intereses de un pueblo como su alimentación, puede sostenerse
que el centralismo, además de ineficiente y corrupto, es antina-
cional.

Analizando el cuadro precedente, Armando Tealdo 124

hace
dos observaciones importantes: a) con excepción del proyecto
Chira–Piura, el resto de los proyectos se encuentra alrededor del
30 % de la inversión total prevista, faltando invertir algo más de
6 mil millones de dólares, y; b) las partidas que se consignan en
el Presupuesto de la República para esas obras son pequeñas, “si
se mantuvieran estas asignaciones, los proyectos se concluirían
en períodos que van de los 6 años (en el mejor de los casos) a casi
los 100 años (en el peor de los casos), situándose el promedio en
los 27 años”. Pero además nos hace ver que, mucho de lo avan-
zado, ha sido financiado con deuda externa.

En general, casi todos los grandes proyectos de ampliación
de la frontera agrícola son de larga maduración. No sólo porque,
por su envergadura, son generalmente prolongadas las fases de
construcción de las obras, que usualmente se preveen en dos o
más etapas. Sino porque, además, es todavía entonces más larga
la fase de recuperación de la inversión. Pero todos esos largos pla-
zos se dilatan aún más cuando, por falta de recursos, las cons-
trucciones sufren extensas paralizaciones, u ocurren grandes lap-
sos entre la culminación de una fase y el inicio de la siguiente.

En el caso del proyecto Tinajones, por ejemplo, al cabo de
largas tres décadas, aún no se inicia la segunda y definitiva etapa,
que incluye el trasvase de aguas de los ríos Chotano y Conchano,
de la cuenda del Atlántico, al río Chancay. El proyecto Chira–

Descentralización y Economía/ Alfonso Klauer/ 106

Piura lleva veinte años de prolongada y reiteradamente interrum-
pida ejecución. Otro tanto ocurre en el caso del proyecto Majes
que, al cabo de años de espera, inició en agosto del 2000 la cons-
trucción de un importante canal. Y se prevé recién para junio del
2002 la licitación de nuevas e importantes obras. En el caso del
proyecto Olmos la construcción del túnel principal ha experi-
mentado varias interrupciones, algunas incluso de varios años.

¿Cuán profesionalmente serios pueden considerarse los es-
tudios previos de estos proyectos, cuando sólo por excepción se
cumplen a cabalidad los plazos inicialmente previstos? ¿No pare-
ce obvio que el inicio de muchos de ellos sólo responde a expec-
tativas clientelístico–electorales de nuestros gobernantes, a quie-
nes poco parece importar qué vendrá después de la colocación de
la “primera piedra”?

¿Conocen a ciencia cierta nuestras autoridades, cuán alte-
rados han quedado los supuestos iniciales de rentabilidad econó-
mico–financiera de la inversión, con las tan accidentadas trayec-
torias de los proyectos? ¿Comparten con nosotros la sospecha de
que las prolongadas dilaciones han convertido en negativa esa
rentabilidad?

Y, para terminar, ¿comparten también con nosotros la sos-
pecha de que, dada la orientación proexportadora que a la postre
tienen estos proyectos, a la luz de los verdaderos intereses del
país, la rentabilidad social de los mismos es también negativa?
¿Y que, como a todas luces parece, el resto de la economía, y en
consecuencia también el resto de la actividad agropecuaria, están
subsidiando a unos pocos miles de agricultores privilegiados; y,
a través de ellos, a los consumidores de otros países? ¿No resul-
ta éste, un nuevo y agravante cargo al centralismo?

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