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QUIETUDES

   (IX)

Nívea  mano  toca


con  yemas  de  al4ileres  blanda  piel
y  llega  hasta  tu  boca
con  caricias  de  miel
que  ocultan,  bajo  el  azúcar,  la  hiel.
!
! GLOSA
! Duro quebranto el que propina el desengaño: una mano que araña y
desgarra mientras se entrega en caricias. Que la apariencia engaña ya es sabido,
pero no se conoce su verdadero alcance hasta que se siente en carne propia,
sajada y dolorida por el desamor descorazonadamente calculado. No sabes desde
dónde acecha ni qué figuras lo encarnan. La trágica certeza del ciervo vulnerado te
inquieta, te acosa y te acorrala en el único redil del que no hay escapatoria porque
te tienes a ti mismo como inicuo enemigo.
! Reflexivo desengaño infligido y afligido.
! ! ! ! ! ! ! ! ! Paco Ayala Florenciano