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Bachelard Gaston - La Poetica Del Espacio

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duplicado, en la tierra y en el cielo. Pero en esta vida poética de las imáge-
nes, hay algo más que un simple juego de dimensiones. El ensueño no es
geométrico. El soñador se compromete a fondo. Se encontrará en la tesis de
C. A. Hackett El lirismo de Rimbaud un apéndice bajo el título "Rimbaud
y Gulliver", páginas excelentes donde se nos representa a Rimbaud cerca de
su madre, grande en el mundo dominado. Mientras que junto a su madre
no es más que un "hombrecillo en el país de Brobdingnag", en la escuela el
pequeño "Arturo se imagina que es Gulliver en el país de Liliput". Y C. A.
Hackett cita a Victor Hugo, quien en Las contemplaciones (Recuerdospater-
nos),
muestra a los niños riendo.

De voir d'affreux géants tres bétes
Vaincus par des nainspleins d'esprit

[Viendo unos horribles gigantes muy necios / Vencidos por enanos lle-

nos de ingenio.]

C. A. Hackett ha indicado en esta ocasión todos los elementos para un psi-
coanálisis de Arthur Rimbaud. Pero si el psicoanálisis, como hemos obser-
vado con frecuencia, nos da puntos de vista preciosos sobre la naturaleza
profunda del escritor, puede desviarnos a veces del estudio de la virtud di-
recta de una imagen. Hay imágenes tan inmensas, su poder de comunica-
ción nos llama tan lejos de la vida, de nuestra vida, que los comentarios psi-
coanalíticos sólo pueden desarrollarse al margen de los valores. ¡Qué
inmenso ensueño en estos dos versos de Rimbaud!:

Petit Poucet reveur, j'égrenais dans ma course
Des rimes. Mon auberge était a la Grande Ourse.

[Pulgarcito soñador, desgranaba e'n mi camino / las rimas. Mi posada
estaba en la Osa Mayor, (trad. de E.M.S. Dañero) ]

Se puede admitir que la Osa Mayor era para Rimbaud "una imagen de Ma-
dame Rimbaud" (Hackett, p. 69). Pero esta profundización psicológica no
nos da el dinamismo de este impulso de imagen que hace encontrar al poe-
ta la leyenda del Pulgarcito de Valonia. Incluso debo poner entre parénte-
sis mis conocimientos psicoanalíticos, si quiero recibir la gracia fenómeno-
lógica de la imagen del soñador, del profeta de quince años. Si la posada de
la Osa Mayor no es más que la casa dura de un adolescente embromado, no
despierta en mí ningún recuerdo positivo, ningún ensueño activo. Sólo
quiero soñar aquí en el cielo de Rimbaud. La causalidad peculiar que el psi-

LA MINIATURA

]51

coanálisis deduce de la vida del escritor, aunque sea psicológicamente «ac-
ta, tiene muy pocas probabilidades de volver a encontrar una influencia so-
bre un lector cualquiera. Y sin embargo, yo recibo la comunicación de esta
imagen tan extraordinaria. Hace de mí por un instante, desprendiéndome
de mi vida, de la vida, un ser imaginante. En tales ocasiones de lectura he
llegado poco a poco a poner en duda, no sólo la causalidad psicoanalítica
de la imagen, sino también toda causalidad psicológica de la imagen poéti-
ca. La poesía, en esas paradojas, puede ser contracausal, lo cual es otra ma-
nera de ser de este mundo, de estar comprometido en la dialéctica de las pa-
siones. Pero cuando la poesía llega a su autonomía puede decirse que es
acausal. Para recibir directamente la virtud de una imagen aislada -y toda la
virtud de una imagen está en un aislamiento— la fenomenología nos pare-
ce ahora más favorable que el psicoanálisis, porque la fenomenología recla-
ma precisamente que asumamos nosotros mismos, sin crítica, con entusias-
mo, dicha imagen.

Entonces, en su aspecto de ensueño directo, "la posada de la Osa Mayor"
no es una cárcel maternal ni tampoco una muestra de aldea. Es una "casa
del cielo". En cuanto se sueña intensamente ante un cuadrado, se experi-
menta su solidez, se sabe que es un refugio de gran seguridad. Entre las cua-
tro estrellas de la Osa puede habitar un gran soñador. Tal vez huya de |a tie-
rra, y el psicoanalista enumera las razones de su huida, pero el soñador está
primeramente seguro de encontrar un albergue, un albergue a la medida de
sus sueños. Y esta casa del cielo, ¡cómo gira! Las otras estrellas perdidas en
las mares del cielo giran mal. Pero el Gran Carro no pierde su ruta. Verlo
girar también, es ya ser dueño del viaje. Y el poeta vive seguramente, soñan-
do una coalescencia de las leyendas. Y esas leyendas, todas esas leyendas, son
reanimadas por la imagen. No constituyen un saber ya viejo. El poeta no
repite los cuentos de la abuela. No tiene pasado. Está en un mundo nuevo.
Ha realizado, frente al pasado y las cosas de este mundo, la sublimación ab-
soluta. Al fenomenólogo le corresponde seguir al poeta. El psicoanalista só-
lo se preocupa de la negatividad de la sublimación.

VIII

Acabamos de asistir, lo mismo en el folklore que en el poeta, y sobre el te-
ma de Pulgarcito, a transposiciones de tamaño que prestan una doble vida
a los espacios poéticos. A veces bastan los versos para esta transposición, co-
mo en estas líneas de Noel Bureau:11

Noel Bureau, Les mains tenclues, p. 25.

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