Está en la página 1de 14
Los placeres del aburrimiento 212 Cuatro siglos de garabatos Publicado por primera vez en italiano como introduccidn al libro de Giuseppe Zevola, Piaceri di noia: Cuctttro secoli di scaraboechi stell’ Archivio Storico del Banco di Napoli (Mikin, Leonardo, 1991), pags. 7-18 Entre los libros histérico-artisticos mas inesperados de los tiltimos afios se encuentra la amplia publicacién de garabatos de log libros de contabilidad del Banco di Napoli. Los modestos autores de estos dibujos no se lo ha- brian creido si les hubieran dicho que, con el paso de los siglos, algunos de sus entretenidos y en ocasiones conmovedores pintarrajos en los mar- genes de los documentos se reunirfan y publicarian en un majestuoso volu- mien, Para ellos, la idea de «arte» estaba relacionada sin duda con la maes- tria, y nunca aspiraron a ser maestros. Por tanto debemos el placer de contemplar estos frutos del aburrimiento a ese cambio radical que vino a identificar la actividad artistica no tanto con la destreza como con la nece- sidad de crear, y que durante los Ultimos cien afios ha despertado el inte- rés por el arte de los «primitivos», de los pintores dominicales o de los psi- coticas y todas aquellas gentes sin adiestramiento como nuestros escribientes. Sin embargo, no debemos pensar que la existencia de cierta vinculacién entre la necesidad creativa y el logro de la maestria tendria que esperar tan- to tiempo para ser descubierta. La encontramos descrita explicitamente en lo que podria calificarse de Carta Fundacional de los estudios histérico-artfs- ticos, la obra Vidas de los mds excelentes arquitectos, pintores y escullores, publicada por primera vez en Florencia en 1550, En la primera de estas bio- grafias, la vida de Cimabue, leemos que sus padres consideraron que el chi- co tena tanto talento que lo enviaron con un maestro de escuela para que aprendiera a escribir y la gramdtica. «Pero en lugar de atender a las clases pasaba el dia entero, como si se sintiera impulsado por la naturaleza, pin- tando en sus libros y en otras hojas de papel hombres, caballos, casas y otras muchas fantasias»', La fortuna, segiin nos cuenta Vasari, favorecis estas incli- naciones porque los pintores de Bizancio acababan de llegar a Florencia y Cimabue a menudo hacia novillos en la escuela para verlos trabajar, iniciando as{ finalmente la gran tradicién que habia de culminar en Miguel Angel, No es necesario decir que el arranque de lo que con seguridad es una biografia puramente legendaria no tiene ningun valor histérico. Es muy improbable que en el siglo xu los chicos tuvieran libros de texto, e inclu- so si hubieran existido, Vasari nunca podria haberlos visto. Pero precisa- mente por esa razon el texto de Vasari merece ser considerado como una pardbola en la que se expresan sus ideas acerca de la vinculacion entre la necesidad creativa que se manifiesta en el arte de los nifios y la adquisicién de maestria que convirtio a Cimabue en el presunto fundador de la tradi- cién del Renacimiento. Para Vasari, las precaces inclinaciones del joven presagiaban las destrezas que posteriormente habria de dominar. Es ciertamente gratificante contemplar los garabatos reunidos en este volumen como una expresién del instinto de juego que nunca nos abando- na, ni siquiera cuando crecemos’. Basicamente hay dos tipos de juegos que les gusta permitirse a estos escribientes: uno de ellos se deriva de la escritu- ray cl otro de la produccion de imagenes. Es el acto de escribir lo que desa- rrolla ese placer por las habilidades manuales analizadas por la profesora Colette Sirat*, un placer que se manifiesta en un amplio espectro que abar- ca desde las simples guirnaldas y espirales hasta las elaboradas florituras pro- cedentes de los libros de caligrafia. A veces, ciertamente, podemos seguir el proceso que conduce desde el mero placer por el movimiento ritmico hasta los intrincados nudos o imagenes hechosa base de lineas continuas (Fig. 297). Por otra parte, el juego de imagenes se revelé como algo mucho menos facil de dominar; la imitacién de la naturaleza es una habilidad que debe éntre- 297 Garabatos de las libros de cantabilidad del Banco di Napok, 1727, mat. 964 213 214 mente poseian. Es evidente que de vez en cuando buscaban apoyo en mode- los que trataban de copiar lo mejor que sabian (Figs. 298 y 299), No obstan- te, incluso en esos casos el dominio de las correctas proporciones revel6 estar normalmente mis alld de su capacidad: las extremidades y los cuerpos de sus ilustraciones raramente encajan. Sin embargo, es improbable que estos fracasos los desanimaran. Después de toda, no se lo tomaban en serio; sim- plemente querfan jugar, y el juego era reconfortante cualquiera que fuese el resultado. En esto reside precisamente el atractivo de dibujar rostros o moni- gotes: aunque su aspecto nos sorprenda y difiera enormemente de lo que uno se haya propuesto hacer, nos demuestran tener un cardcter y fisonomia propios. En todas partes he rendido homenaje al artista que describi6 por primera vez este descubrimiento*. Se trata de Redalphe Tépffer (1799-1846), el inventor de la tira cémica y autor de un entretenido tratada’ sobre fiso- nomia en el que presents lo que podria calificarse como el estudio empiri- co de la expresién facial (Fig. 300). Cualquier rostro que uno pintarrajee, por primitivo o distorsionado que sea, nos impresionara como «creacidn», como ser individual y potencial habitante de un mundo imaginario. Este hecho, aunque nos repitamos, es independiente de la destreza del dibujante; c inde- WH pet ae 298 Garabatos de los 4 Per TT p 4 libros de contabilidad del dp yg digahe Banco di Napoli, 1684 mat. 598 dim aan peel uteeteatztchs 300 Ilustracidn Yee : procedente de Rodolphe ¢) Set ets meth pprtaelemed: Frnt giles Toplfer, Essaide : ee a plfer, te quit Feeppe Damn ate” Frye Clan g: physiagnomie (Ginebra, wir oe ae pruatine, ella ane eae & 15) Shaptele,, belbuktoud ab 'actuases pore buoys ms 0S oped bie er eee psp ro a 'aah pay hls age jee ee peratronrcleab chate facile pour ee Aueenb mains Shaparelan, mnt Jasbacue wenvella, Kal, a fofbuWardes, ryusle Sime £) Feagpit, Tansiny de quale capaci D etten, Home, we je tamer que babe eka hoy el tach pin eenlannten ome toe fet oaverem Lele iua asin Peeve ute, Sey rin Veke Taman Gey poeple OF appiede Meet durun Gur So ye saute he ben bikeg af de melt pliwe toy mpetal 4) 18 VONDOD OO@JOE pendiente también del grado hasta el cual emplee deliberadamente un len- guaje primitivo o pretenda hacer un retrato razonablemente realista. En cual- quier caso, nunca es facil decidir entre estas alternativas. Después de todo, laregresidn a un modo de comportamiento infantil pertenece a las técnicas humoristicas mas comunes, y las imagenes que nos sorprenden por toscas pueden haber sido hechas en broma. Aun asi, para cualquier historiador del arte que contemple las imdge- nes de estos libros de contabilidad resultard obvio que gran parte de su vocabulario visual se ha filtrado a través de los lenguajes artisticos vigen- tes. Métodos tales. como el sombreado estan tomados de dibujos 0 graba- dos conocidos para el autor (Figs. 301 y 302)*, Por otra parte, también esta claro que solian adoptar la linea de menor dificultad, prefiriendo por ejem- plo perfiles en vez de vistas frontales y dibujando las cabezas mirando hacia la izquierda, que es lo que resulta mds natural para todo el que empufie la pluma con la mano derecha (Fig. 303)’. Si bien es facil mostrar que los garabatos suelen ser grandes acreedo- tes del estilo y las convenciones de su tiempo, no debemos olvidar el pro- ceso inverso: la influencia que ha tenido el juego de los garabatos sobre el arte de los maestros. No es que esta influencia se haya hecho sentir en todos los tiempos y estilos: all4 donde las convenciones artisticas se basan en la estricta disciplina y la aplicacién de férmulas rigidas, la prdctica del arte excluira toda juguetona relajacion de las costumbres. Es sélo cuando estas costumbres se relajan deliberadamente cuando la practica artistica se vuel- ve permeable a ese libre juego de la pluma que denominamos garabatear. Hay por encima de todo un maestro que cultivé esta relajacién, Leonardo da Vinci, en cuya oeuvre la destreza del dibujo aleanzé también una cota sin precedentes. Fue Leonardo quien se sabe que urgié al pintor a que bus- 301 Garabatos de los lipros de contabilidad del f Banco di Napoli, 1615, ¢ mat. 42 cara el estimulo de formas casuales como manchas en la pared o brasas incandescentes para realzar su poder de invencidn', y sus manuscritos ofte- cen infinidad de evidencias que muestran hasta qué punto ¢l mismo dio también rienda suelta a su pluma, Sus cuadernos contienen un «garabata verbal» regular, la pregunta compulsiva «Dimmi se mai fu fatta una cosa» («dime si algo se ha hecho ya»), que aparentemente le gustaba escribir cuando probaba una pluma nueva’; pero estos mismos manuscritos nos revelan que también estaba absorto en su ludi geometrici, esa permutacion de formas que buscaba‘a.un tiempo para relajarse y para descubrir leyes geometricas”, En su Tratado de Ja pintura sefialé que, al dibujar, el artista deberfa evitar un acabado cuidadoso para no dificultar el flujo de su ima- ginacién. Lo que él denominaba «un comiponimento inculto», un boceto desalifiado, era preferible para estimular la mente''. Por encima de todo, Leonardo:se entregaba libremente al impulso de garabatear siluetas gra- ciosas mientras trabajaba en otras proyectos, ya veces las desarrollaba pos- teriormente para convertirlas en sus bustos grotescos (Fig. 304)”. Alberto Durero, el pintor del norte dela época de Leonardo, ejemplifi- caba otro territorio limitrofe entre la maestria y la relajacidn. Sus dibujos para y PN Ry i a eee ag TT ee 304 Leonardo da Vinci, hoje de papel can Dy eee ee garabatos y i pea ] entretenimientos Dat nt geometricos, h. 1510. ad ren Aa Royal Library, Windsor, ney ey ih 12669 Seng One proceed NIT TT bore ee aed lie 2 CET Lal i ac los margenes del devocionario del emperador Maximiliano (lig. 305) hacen gala de un asombroso virtuosismo para las florituras caligraficas y las fanta- sfas inventadas, y recuerdan a los garabatos por su imaginerfa inconsecuen- te ysu aspecto de ensonacién'’. Con toda seguridad Durero refind y explo- té aquila tradicion de los elementos grotescos marginales que habian florecido en el arte decorativo de la Edad Media, un arte que bien puede haberse ali- mentado de una mente fantasiosa (Fig. 306). Eso mismo podria decirse de Jas nuevas formas de lo grotesco que se pusieron de moda en los siglos sub- siguientes''. Las estrambéticas invenciones de Bracelli (1624; Fig. 307) en su uso del juego con la pluma estén verdaderamente cerca de algunos de los garabatos de los libros de contabilidad napolitanos ( Figs. 308 y 309). Pero para que el garabato pasara del margen al centro de la escena ar- tistica resulté necesario nada menos que la revolucién del siglo xx.a la que se ha hecho alusién al comienzo de este ensayo. 86lo cuando la destreza manual pasé a considerarse menos esencial en el concepto de arte que la originalidad y la creatividad, el garabato pudo fusionarse con las corrien- tes de arte vigentes. El climax de esta evolucién se alcanzo con el surrea- lismo después de que André Breton hubiera abogado por la escritura y el dibujo automaticos. Algunos de los productos resultantes son verdadera- mente indistinguibles de los garabatos de los no entrenados'*. Incluso antes. de esa ¢poca, un destacado maestro como Paul Klee habia expuesto en una de sus conferencias pronunciada en la Bauhaus hasta qué punto disminuia su control consciente en la creacién de sus fantasias visuales", Lejos de ae 305 Alberto Durero, dibujos de los margenes del devocionario del emperador Maximiliano 1515. Bayerische Staatsbibliothek, Munich 308 Garabatos de ios libros de contabilidad de’ Banco di Napoli, 1758, mat. 1383 306 Grotescos de les margenes del salterio de Luttrell, h. 1340. British Library, Londres, Add. MS. 42 130, fal. 196v arie di varie figure ) (Florencia, 1624) 309 Garabatos de los libros de contabilidad del Banco di Napoli, 1767, mat. 1845 218 comenzar con una intencién firme, dl permitia que las formas crecieran bajo su pufio.siguiéridolas a dondequiera que le condujeran (Fig. 310); dicho en la terminologta de los ingenieros modernos, se basaba en la re- troalimentacién tanto como suele hacerlo el garabateo ocioso, aplaudien- do lo que quiera que emergiera si le parecia aceptable. Era casi inevitable que este desplazamiento de la prictica del arte lama- ra también la atencion de criticos y psicélogos del garabato, pero el impul- sa final para su aceptacién oficial vino de Hollywood en la temporada 1936- 1937. En la pelicula de Frank Capra EI secreto de vivir, Gary Cooper interpreta el papel. de un atractivo muchacho de una aldea que vive feliz en su pueblo tocando la tuba cuando inesperadamente se convierte en heredero de una enorme fortuna. Sin embargo, su deseo de utilizar el dinero para aliviar sus dificultades.estd a punto-de verse frustrado por un rival que reivindica esta herencia alegando que el joven sefior Deeds no es compos mentis. En la con- siguiente escena en los tribunales que constituye el climax de la comedia su rival presenta a dos viejas brujas de laaldea del héroe para que testifiquen que consideran que el joven esta «chiflado» (en otras palabras, loco). Sin embargo, para la defensa resulta facil obtener un testimonio posterior de las ancianas en el que dicen que, bajo su punto de vista, «todo el mundo-estd chiflado». Cuando se cita a declarar a un psiquiatra austriaco para que demuestre que la aficién por la tuba debe de ser sintoma de locura; el héroe replica con aire triunfante que todo el mundo tiene aficiones similares. EL juez que preside la vista queda en evidencia al revelarnos que él mismo es un «tellenador de oes», ya que ha coloreado todas las letras «a» del texto que tiene'delante de si, y en lo que al propio psiquiatra se refiere, vemos. que ha cubierto'sus papeles con Jos «garabatos» mds estrambéticos, lo cual basta- 310 Paul Klee, Teatro exdtico, 1922. Fundacién Paul Kige, Berna Wy 219. ria para hacer que encierren a cualquiera en un manicomio. El caso queda desestimado y el seftor Deeds queda libre para disponer de su fortuna. Fue con el éxito de esta pelicula como el habito de garabatear atrajo la atencién general y proporcioné a esta palabra vigencia generalizada en el mundo anglosajén. Si fueran necesarias pruebas, podrfan encontrarse en la publicacién ese mismo aio de un pequeiio libro que tomaba prestado su titulo del comentario citado més arriba: «odo el mundo esta chiflado»”. Es cierto que el autor afirmaba que haba estado recogicndo garabatos durante muchos afios, habiendo empezado su coleccién con una seleccidn de garabatos de presidentes de Estados Unidos, desde George Washington hasta Franklin D. Roosevelt, y afiadiendo un breve diagndstico psicoldgi- co a sus elaboraciones. El autor también tuve la brillante idea de seguir el rastro de un proyecto legislativo hasta que finalmente se elevé al presidente, y de reproducir los garabatos que afirmaba haber reunido tras cada sesion. Terminaba con los garabatos realizados por diversas celebridades de la épo- cay con una tabulacién de rasgos estereot{picos a los que atribuia un valor diagnéstico, no sin admitir, no obstante, que no se debia sobreestimar su fiabilidad como sintomas. Aun asi, la moda de interpretar los garabatas lleg6 pronto a los medios de comunicacién, y el London Evening Standard organizé un concurso bajo ellema de «Envienos sus garabatos» en el que prometia un premio (Fig. 311) a todo aquel cuyo dibujo fuera publicado y analizado por un psicélogo. Debo confesar aqui haber cometido un crimen; en la confianza, eso si, de que habiendo pasado mas de cincuenta afos la prescripcion del delito me salve de ser procesado. Yo remit{ un garabato enganchando como cebo el comentario «soy un garabateador espantoso» (Fig. 312). Tuvo cl efecto deseado. El diagnéstico impreso bajo mi garabato no valia mucho la pena, pero tuve el placer de recibir los diez chelines con los que fui répidamen- te recompensado. La pregunta de cuando un garabato no es un garabato espera todavia la respuesta de los fildsofos. Francamente, no fue la codicia en realidad lo que me impuls6 a partici par en este concurso. Yo me habja interesado por esta cuestin durante algdn tiempo: el interés surgié de mi colaboracién con el historiador del arte y coanalista Ernst Kris en un estudio de la caricatura que también habia de incluir lo grotesco. En una de las conferencias que pronuncié en aquella épo- ca sobre el arte de los enfermos mentales, el propio Kris volvié sobre el and- lisis del garabato, al que con buen criterio queria distinguir de las elabora- ciones registradas en un manicomio. La diferencia parece descansar principalmente en la funcién que tiene garabatear en las vidas de las perso- nas normales sin adiestramiento y en los individuos anormales. Mientras que los garabatos pueden ocupar una parte importante de la vida de los enfer- mas mentales, en las personas normales son solo elaboraciones incidenta- les, La observacidn ocasional de individuos normales sin adiestramicnto, in Evening ndard, 140 ptiembre de 1937, pag. 18 DOODLES Hi) BN to-day THE LATE SIR HENRY CURTIS-BENNETT, Cf ths dle a ta Phi iio +2 game with plenty of fui—aad a ‘AL you have te da is tw send in. hepren io pomects 4 deci by sume funoee person, send ¥ saying how fi iia yout ponte 2 Deeding, * ABOVE IS A SHOPPING LIST ANALYSIS. sogerg ocmsing ged. hose DOODLED ON STANLEY LUPINO ALPOSTCARD Sa miter tit, it alata iat ANALYSIS THIS DECORATIVE DESIGN TERRIBLE DOODLER," ep Berar Goma, ievion reindag't A HIGHLY INTRICATE DOODLE FUNNY FACES hie Maye 6 Hughman, 2 che Rational yl, Quer Anneacgat EOFs Pe ad ory lee Rae he “ANALYSIS: Mae re ow, act and try menyespectao; it” Te not snsererted i poo! a cctivg temperance qitrelaborate, Caula be 8 good amatleok and Wes 17 Wear are detocaed Spl syslem Ficktong ANALYSIS th te Tipreore Un eit ‘alter thse oon TERRIBLE /DOODLER,” / ‘tars Dr. Ernst Gombtich, in art bistorian, anclati the example reproduced above. Mis addres is 24, ‘Gtanhope-gordens, N.6. é ANALYSIS. ‘A friendly and amusing personality, with a kindly and humorous attitude to life. : a.goed senee..of. the-gratesque. ‘Impu . by nature, but has trained himself to work his impulses into a design. Uncohventional, tolerant, spontaneous. Has a somewhe't® critical view of his fellow-men. Not interested in machinery; not rigid or conventional. Has some familiarity with Oriental china. Prejers to state his point of view well rather than to argue about it. 222 ademas de la observacidn de uno mismo, sugiere que garabatear es algo que suele ocurrir cuando uno esté o bien «desocupado» o en un estado de aten- cién dispersa, como por ejemplo cuando el yo est4 completamente ocupa- do en alguna otra cosa. Al principio, uno normalmente es consciente de determinada idea intencional, cierta «intencién de dibujar» que puede desem- bocar en algtin disefio geométrico o decorativo. En algunos casos uno puc- de «pretender» reproducir algiin objeto del entorng; en otres no hay tal inten- cin. La mano que dibuja «crea» de forma auténoma; las Iineas o los pasos sucesivos «van sugiriendo» los pasos subsiguientes. La observacién clinica muestra que garabatear tiene con frecuencia una funcién dindmica, si no recurrente, entre las personas normales: las fantasias y pensamientos ocul- tos en los garabatos son aquellos de los que el garabateador quiere liberarse, no fuera a ser que perturbaran su proceso de concentracién". En otra con- ferencia, Kris pasé a ejemplificar esta teoria analizando las asociaciones de un paciente que revelaba sus preocupaciones durante la €poca en que dibu- j6 lo que parecfa un garabato absurdo”. La referencia de Kris a la descarga de tension nos recuerda un mecanismo psicolégico que los bidlogos entretanto han venide a denominar «actividad de reemplazo», como cuando una persona impaciente golpetea con los dedos en la mesa 0, en una situacidn tensa, se rasca la cabeza. Parece como sila emo- cién reprimida estuviera buscando una salida alternativa, algo que también se pucde observar en la conducta de los animales”. En verdad hay ejemplos y contextos en los que los garabatos sugieren cierta relacién con un «bloqueo mental». Me tefiero a los cuidadosos garabatos hallados en los manuscritos de las novelas de Dostoievski (Figs. 313 y 314). Aqui debemos reconocer tam- bién que estas fantasfas le sirvieron para superar un bloqueo o dilema que iy ea GL gE eM 313 Fiador Dastoievski pagina dei manuserito de pagina del manuserito de 223 Los endemoniados, E} idiota, reproducida en la reproducida en la obra de edicién de Edward Ernest J. Simmons, Wasiolek, The Notebook Dasteievski (Landres, for the Idiat. Fodor 1950) Dostoevsky (Chicago, 1967) habfa obstaculizado su proceso de escritura y le ofrecia una alternativa que debid de haberle ayudado a recuperar el hilo de su imaginacién. No puede cabernos duda alguna, sin embargo, de que desde un punto de vista psicoldgico el garabato pucde servir a multitud de funciones. Para aproximarnos un poco mis a ellas quiza tengamos que investigar en ¢] mis- terio de la atencién, una facultad humana de la que todavia sabemos dema- siado poco”. Nossuelen decir, sin duda con razon, que cualquier logro cons- tructivo exige la maxima concentracién mental, Por otra parte, también sabemos que es dificil, si no imposible, concentrarse durante un tiempo pro- longado en una tarea monctona. Por mucho que lo intentemos, mds tarde o més temprano nuestra mente empieza a divagar y la calidad del trabajo se resiente. La experiencia demuestra que este peligro disminuye si la mente se mantiene ligeramente ocupada en otra labor durante la ejecucién de una tarea casi mecdnica. Se dice de Rubens que mientras pintaba hacia que le leyeran los cldsicos, y de Mozart que mientras copiaba una melodia pedia a su mujer que leleyera. Hace mucho tiempo que los simples mortales hemos descubierto este remedio contra la fatiga encendiendo la radio 0 escuchan- do miisica con auriculares. Hay muchos estudiantes que afirman que no pueden trabajar sin uno de estos paraddjicos apoyos para la concentraci6n. Qué est sucediendo? Quizd ese otro canal alternative de impresiones sen- sibles esté evitando que la mente se disperse en cualquier otra direccidn y esto mejore indirectamente a ejecucién dela tarea. Podriamos imaginar asi que garabatear cumplirfa una funci6n similar, Casi por definicién no exige ninguna concentracién, sino que mantiene nuestras mentes ocupadas y entretenidas. Mientras escuchamos mas o menos sin querer.una vozal otro lado del teléfono o los exhaustivos argumentos de un conferenciante dis- frutamos también del agradable juego de ver como surgen las configura- ciones mds inesperadas y van asumiendo vida propia. De nifios se nos dice que no debemos entregarnos al juego antes de haber terminado los deberes, pero garabatear subvierte este virtuoso man- dato y nos permite jugar secretamente mientras tenemos que atender a alguna otra clase de quehacer serio. Como hemos visto, el resultado de este juego no se encuentra del todo bajo nuestro control consciente, y ésa es precisamente la raz6n por la que no sdlo nos parece que relaja, sino que en estos libros de contabilidad también hemos aprendido que el garabateador nunca permanece del todo ajeno a las costumbres de su cultura. Mi impre- sién es que esa familiaridad con fa libertad de la que gozé el arte contem- pordneo ha favorecido que hoy dia muchos garabateadores leven mucho mis alld las sugerencias de sus sofadoras mentes de lo que era acostum- brado entre los empleados del banco de Napoles, Nuestros garabatos, en no menor medida que los suyos, tienen un estilo propio. Aun asf, no debemos exagerar la similitud entre el acto de garabatear y lacreacién artistica. Una diferencia salta ala vista claramente: la relativaa Ja funcidn o el propdsito. Hasta el artista més moederno debe hacer un esfuer- zo para obtener sus materiales, sus lienzos, papel, pincel o lapiz, si quiere ganarse la vida. El garabato, al igual que los gra/fitti, es fruto de la oportuni- dad. Los dos tienen sin duda mucho en comiin, pero podriamos deseribir el garabato como el hermano inocente de los graffitti, Mientras que el yanda- lo esta tentado por desfigurar un muro blanco con un pintarrajo o un men- saje grosero bdsicamente para ejercer su poder y desembarazarse de su agre- sividad, el garabateador normalmente desea mantener la privacidad”. Es la tentacién que representa la hoja de papel en blanco situada junto al teléfono o sobre la mesa de una reunion lo que nos induce a animar las horas de abu- rrimiento oa relajar nuestras tensiones permitiendo que nuestra pluma des- pliegue su propio juego sobre este territorio de libertad. La herramienta en nuestras manos pide ser utilizada y demostrarnos su poder creativo; en igual medida hoy dia que hace muchos siglos. Hace algunos anos recibi de mi ban- co de Londres un elegante boletin en el que recomendaba varios de los ser- vicios que podia ofrecer a sus clientes (Fig. 315). Sus ilustraciones me hicie- ron detenerme, ya que al cabo de los siglos mostraban una pluma ocupada en ese mismo tipo de garabato caligrafico que proporcioné solaz y recreoa los empleados del Banco di Napoli. Plus ¢a change... 315 Boletin realizada por al National Bank ARRANGING A MEETING esimi I you would Ike lo arrange a meeting wit’ @ NafWest Personal Financial . by) | 225 Manager, simply complete and retum the atlached form and we shall contact you.