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EL REGRESO DEL POCHTECATL

POR: Roberto Laguna Luna


Clementina Mendoza Carrillo

TRILOGÍA DEL CICLO NAHUATL

EL REGRESO DEL PCHTECATL

KUKULKAN BAJA AL MICTLÁN

LA CONJURA DE TLATELOLCO

Editorial 234 dec-l


Derechos reservados

POR: Roberto Laguna Luna


Clementina Mendoza Carrillo
II. LA VISIÓN MAYA
LA CÍCLICA DANZA CÓSMICA
La cíclica danza cósmica, generadora de la marcha constante del tiempo, despertó en el
ánima del maravillado espectador humano el anhelo por desentrañar sus lejanos
misterios. Por esta inquietud, generaciones de hombres emergieron curiosos de la espesa
vegetación selvática y se avocaron a la ardua tarea de registrar, durante noches
interminables y a través de miles de años, los divinos movimientos celestes,
desarrollando una civilización con glifos ideográficos y fonéticos propios, que culminó
con la creación del calendario maya. En la vasta zona tropical de Yucalpetén, ciudades
nacían y crecían, transfiriéndose sucesivamente la antorcha portadora de conocimientos
en una periódica carrera de relevos; cuyo final las conducía, irremediablemente de
vuelta, a la impenetrable oscuridad de la selva, de donde habían surgido...

Inmovilización del quehacer humano, Silencio, Murmullo selvático, cisma de la


civilización, interregno...

Entonces, después de transcurrido mucho tiempo, la civilización maya, negándose a


morir, ordenó que a una señal del cielo los descendientes de estos hombres, venidos a
menos, fueran convocados una vez más con el propósito de llevar a cabo el proyecto
más ambicioso de Yucalpetén: “Construir la sacra ciudad de Chichen-Itza”. Y acaeció
que, desde los rincones más remotos del mundo, llegaron los sacerdotes y gobernantes
que supieron leer el mensaje estelar. El mismísimo Ce Acatl Topiltzin Quetzalcóatl
salió de Tollan (Tula Hidalgo, México), para responder al insistente llamado de las
estrellas, jurando a su gente antes de partir que: “él, regresaría”.

Bajo la dirección de Quetzalcóatl (rey de Tula, gobernante de un pueblo toltecatl, los


que tienen abuelos), los hombres (itzaes y toltecas) reunidos en una fecha (455 d.c.) y
lugar determinado con antelación (Zinyaácan Bakhalal), por sabios cuyos nombres se
perdieron para siempre entre los escombros de viejas ciudades olvidadas, se dieron a la
tarea de realizar esos sueños ancestrales. Y en un lapso de setecientos ochenta años,
sobrepasaron las hazañas tecnológicas y cientificas alcanzadas hasta entonces, llevando
a la ciudad al pináculo de una grandeza jamás vista ni imaginada en región alguna.
Debido a este progreso, los hombres de Tancáh y de las ciudades aledañas se referían a
Chichen-Itza bajo el sobrenombre de: “La Mariposa”, aseverando que la crisálida del
saber, encerrada en las mentes mayas, al ser incitada por las estrellas, era capaz de dar a
luz ciudades como ésta. Pero el factor climático se alteró y la desgracia se enseñoreó de
Chichen-Itza, de la misma forma que con las ciudades antecesoras, y su ciclo estaba por
terminar en el momento de sus mayores logros, finalizando el último capítulo de su
historia con la fecha del calendario Katún-ocho, fecha fatídica y, por cierto, la última
que registraría el calendario de la ciudad.