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Nacido en la ciudad de Cérdoba el afio 1135, Mosé ben Maimon, el Maiménides de los latinos, recibio del medio familiar una sdlida ensentanza biblica y tal midica a la que se aftadiré més tarde ana brillante formacién filosolica y cientifica, heredada de la comu- nidad sefardi de Al-Andalus. Exiliado de su tierra natal debido « la persecucién almohade, se instalé definiti- vamente en Fostat, el viejo Cairo, donde llegé a ser médico de la corte real. Alli murié en 1204. En plena madurez intelectual, famoso dentro y fuera de su comunidad, Maiménides emprendié la redaccidn en arabe de su obra especulativa mas ambi- iosa, Guia de perplejas, que terminé de escribir hacia 1190. El gran pensador sefardi pretendia en ella ayu- dar a quien, poseyendo un espiritu religioso al par que «versado en filosofia y ciencia verdaderas», se encon- trara, sin embargo, leno de dudas, desorientado, per- plejo. ‘A través de las densas paginas de Guia de perple- ‘jos, «verdadera suma teolégico-filoséfica del judais- mo», el lector descubrira ana innovadora exegesis de Ia Biblia, conocers criticamente las principales teorias aristotélicas, podrd valorar por st mismo la viva polé- mica del autor con los tedlogos islAmicos, y recibirs una preciosa informacién de primera mano sobre el desarrollo cientifico, especialmente de la astronomia, en Ia Edad Media. Con razin Gula de perplejos ha sido considerada por los estudiosos como la obra cum- bre del pensamiento judio medieval. David Gonzalo Maeso publicé en 1983 la primera traduccién moderna espafola de Guia de perplejos, integra y fiel al texto original. Editorial Trotta edita ahora esta valiosa version directa, que entronea por su calidad con la mejor tradiciOn erudita europea. En ella se unen la fidelidad filolégica al texto maimoni- diano y la tersura de una lograda prosa castellana ‘Con la presente traduccién de Gida de perplejos el prestigioso hebreista David Gonzalo Maeso (1902- 1990), Catedratico de Hebreo en la Universidad de Granada durante largos anos y autor de una copiosa bibliografia que supera los 700 titulos, puso fin a una fecunda vida intelectual dedicada con generosidad al estudio y Ia investigacién GUIA DE PERPLEJOS © Herederos de Dovid G CONTENIDO AL / ANDALUS Textos y Estudios Estudio preliminar: Dav Dirigide por Andrés Matinee Cronologia 4 Bsquema general a Primera parte 5 Segunda parte 2 Tercera parte 5 Priore edicibn: 1994 Segundo edicion: 1998 rera edn: 2001 Editorial 2, SA, 1994, 1998, 2 Feat, 55, 28008 Kod Tallon: 91 543 03 6 Fox: 91 543 14 88 ai trtlo@infornel. os lo Masso, 1994 Diz quo Gallego ISBN: 84-0164-2223, Depésito lego M-35776:2001, Impresisn ceo Pinna, SL ESTUDIO PRELIMINAR Rabbi Mosé ben Maimén, en sigla, 0 «acronimia», RaMBaM entre los judios, generalmente conocido por su. patronimico helenizado Maiménides, si no en todos los aspectos, al menos en su conjunto y particularmente como pensador, fildsofo, exegeta biblico, talmu dista, cientifico y yatrdlogo, esta universalmente considerado como la figura mas culminante del hebrafsmo hispano-meridional. La alta icin que de él formulé Menéndez y Pelayo al llamarle «el les judo de los tiempos medios» nos ofrece una idea bas concept Ari tante exacta de su grandeza, no sin acusadas salvedades, de una y otra parte, que netamente diferencian a estos dos eminentes pensa- dores Entre los numerosos y egregios personajes judios que fueron or namento y factores valiosos en las Cortes musulmanas de la Edad Media, tanto en Espafia como en otras naciones, ninguno segura- mente alcanzé la excelsa categoria, en el orden intelectual —no ya el politico propiamente dicho—, de Mosé ben Maimén, «el Sefardi» Como él se firmaba, nacido en Cordoba (1135) y muerto en El Cairo (1204), donde residis la segunda y mas importante época de su vida. Su imagen aparece aureolada por brillantes titulos, que le confieren inigualable rango en la historia del judaismo y de los saberes huma: nos. Su fama, a lo largo de ocho siglos, no ha tenido eclipse, y su nombre siempre esta de actualidad. El elenco de sus escritos ¢s tan vario y abundante como valioso, y ia bibliografia acerca dle los mis mos y st autor es inconmensurable, acrecentandose continuamente con nuevas aportaciones de toda clase y variable envergadura. Por nuestra parte, séanos liito consignar que en diversas ocasio nes y niveles hemos allegado nuestra entusiasta contribucidn al co- nocimiento, recuerdo y enaltecimiento de este gran genio univer MMi noe Toe ms peeclars ce la Edad Media y aan de toda I MAA Aparree esrudios concretos en €lcenteados, «ls jeneral hebraico-espafiola. A él esta dledicado el capitulo mas extenso Ge nuestro Marmal de historia de la literatura hebrea '. Ahora misino tenemos entre manos varios estudios sobre el inagotable tema mat monidiano, y no ha sido el menor, sin duda, entre esos trabajos nues. tros, la presente edicidn castellana de su mas famosa obra, mas citada (por su titulo) que realmente conocida ni directamente estudiada, el Mand wbikin'o Guta de perplejes Como rasgo primordial, dentro del érea de la universalidad que en varios aspectos aureola a esta gran figura, cabe destacar su sefardis mo: él es ante todo una gloria hispana, por miiltiples razones. Nace en Cérdoba, residencia de su familia desde hacia tiempo, que a lo largo de ocho generaciones habia contado distinguidos talmudistas, Alli se formé su espiritu bajo la direccién de su padre, antiguo diseipulo del rabino Yosef ibn Migas, presidente de la famosa Academia de Lucena, y de otros sabios maestros, en el seno de la comunidad his penoidla ; 1 ‘a hacfa mas de un siglo que se habian extinguido los resplando- res del califato cordabés, pero todavia perduraban sedionenton ae aquella cultura hebraica que florecié en las academias talmiidicas, no solamente en la susodicha lucentina, sino en la misma capital, Cérdoba, donde cl joven Maimonides recibié su primera instruccion y dio las primeras muestras de su preclara inteligencia, Al desencadenarse la sangrienta persecucidn de los invasores al mohades (1148), que destruyé las florecientes aljamas andaluzas, Maiménides y sw familia, en vez de emigrar inmediatamence, como hi. eron tantas otras isracitas, anduvieron errantes de ciudad en eindad, como criptojudios, por los dominios islamicos de la Peninsula, quizd en espera de tiempos mejores, que no llegaron, por espacio de trece afios, hasta 1160, cuando Maiménides contaba veinticinco, Esta re sistencia tenaz a abandonar el suelo nativo es una prueba fehaciente del gran amor de Maiménides y su familia —todavia vivia el padre. su patria Sefarad. Durante esta primera etapa, tan decisiva en toda Persona para su formacién intelectual y su futuro, este incansable trabajador intelectual adquirié sola ilustraciGn en todas las ramas fi los6ficas, literarias y cientificas que a la sazon integraban la cultura arabigo-musulmana y judaica. Otro titulo més para considerarle ge- nnuinamente espaol EI hado inexorable le impuls6 a embarcarse con su familia, buscando seguridad, primeramente en Marruecos (Fez) y luego en Oriente, hasta que se establecieron definitivamente en Egipto. Asi y 1. Gredos, Madi 1960, pp, S11-527 10 todo, como prueba de su inquebrantable y perpetuo espaitolism sempre tuvo a gla lamarse y afar junto a su firma cel Sefard aunque muchos, entre ellos santo Toms de Aquino, le suclen desig. nnar por «Moisés el egipcio». dems continus toda su vida en con. tacto con estudiosos judios de patria w oriundez hispana. Para otros aspectos personales prominentes, de proygccién gene ral, que enaltecen la figura gigantesca de Maimonides, y que han en comiado a porfia tantos escritores judios y cristianos, remitimos a nuestro citado Manual, asi como a nuestro Panegirico 0 Corona law- datoria en honor de Maiménides, a modo de semblanza, en cuyos doce apartados se contemplan tantas facetas del insigne cordabés, a quien enfocaremos en el presente estudio solamente a trav. Guta de perplejos. Como sintesis, bastaria recordar la referencia consignada por el in- vestigador Adolfo Bonilla y San Martin en su Historia de la floso damente haremos métito, donde, hablando de la que segi tanto, que Rabbi Gedaliah, su sobrino, en la Cadena de la it eso glo ms Gum see rea defo cunly ante i inmensidad de la bibliografia sobre anotat a especto ks dos bras sig : ‘ un siglo, como mas accesibles y de mas amplias perspectivas, en las uals hallard elector copiosaydtallada informacion, Es la primera cl Dizionario storico degli autori Ebreie delle loro opere’ de Giovanni Bernardo de Rossi (1742-1831), bibliotecario que fue en la de Turin (1769) y profesor de lenguas orientales en Parma hasta 1821. El con: cienzudo ¢ infatigable escudioso e investigador, que llegé a reunir tuna espléndida biblioteca y publicé numerosas cuanto variadas obras, filolégicas y bibliogréficas, en latin y en italiano, dedica a nuestro per bliograficos, y sobre ediciones, versiones y manuscritos de sus obras, agrupando éstas en 33 apartados. La otra obra de referencia es la asi mismo citada al principio del presente epigrafe, del que fuera cate dratico de Historia de la Filosofia en la Universidad Central de Madrid, Adolfo Bonilla y San Martin (1875-1926), discipulo y entw- siasta admirador de Menéndez y Pelayo, y, como éste, denodado es: u tudiador y publicista del semitismo espaol. En dicha Historia de la fi Tosofia espaitola llena siete apretados capitulos, cerca de un centenar y medio de paginas, aproximadamente un tercio del libro (Apéndices parte}, con amplia y documentadisima informacién sobre la vida, Obras, ideas e influencias del gran pensador judio'. Es uno de los es tudios de conjunto mas completos que pueden leerse sobre el mismo Solamente las notas bibliograficas que se acompaiian representan un trabajo verdaderamente colosal ‘Ante la multiplicidad y hondura ideol6gica de toda la produccién maimonidiana, quien reflexione sobre las circunstaricias que fueron te jiendo la azarosa y atareada vida, no exenta de enfermedades, a pesat de ser él tan excelente médico, del insigne pensador hispano-judio, en la primera mitad por tierras andaluzas y marroquies, y la absorbente aetvidad profesional, como médico de la Corte de Saladino, y de cuantos a él acudian, judios, musulmanes o cristianos, en Egipto, ‘que caracteriza la segunda fase de su vida, no puede por menor se preguntarse de ne sacaba tiempo para leer, estudiar a fondo, ana lizar y comentar tantas y tan variadas al par que abstrusas materias. Fruto sezqnado d'tanasvigitasy-continaada meitaion fae la composicién de las excelentes y tan diversas obras que lego a la pos teridad suflientes, en cada rama, para otorgar la inmortalidad a Se ha dicho que «el genio es una larga paciencia»; pero en este aso actividad tan portentosa raya en los linderos de lo milagroso. Es muy posible que, aprovechando su privilegiada situacién en la Corte real y en la comunidad israelita de la cual era Nagid, o «Presidente», asi como su destacada posicién social y holgada situacién econdmi cca, tuviese una legiGn de habiles copistas y amanuenses que le ay daran eficazmente en la dura labor de transcripcién y compulsa de oa ee ie Pero tal supuesto no merma un apice las lotes excepcionales del eximio pensador y asombroso poligrafo, por In ineluible y aprobada intervencion directa y personal en la clabo: racién de los mismos, imposible de descargar en los colaboradores, a diferencia de lo que sabemos acostumbraban hacer celebérrimos pintores de otros tiempos, los cuales a veces se limitaban a aboc las lineas fundamentales de un cuadro, que luego completaba algiin disefpulo. " Tras estas consideraciones generales, que son no més que un des creacién realizada por el genio de Maimonides, polarizaremos nuestra atencién en sus tres obras cumbres, a saber: Misnayyét, «Comentario a la Mind», el Cédigo de la Ley oral rabiniea y base del Talmud, que obtuvo universal aceptacién en el judaismo y suele insertarse en las ediciones sabias de la Mind (1158-1168), trabajo ini 12 ciado en Espatia y terminado en Egipto; Migné! Tord, «Repeticién de la Ley, que le ocupé doce afios de continuo trabajo y marca época en la historia del judaismo 0, mas exactamente, del talmudismo, puesto que viene a ser como tina refundicién o sistematizacién de la vasta en: ciclopedia talmiidica (1168-1180); y More+ wbiikim, o Guia de per plejos (-1190), cuya naturaleza, contenido y excelencias expondremos en los apartados siguientes, y que fue claborado durante el décimo y tundéeimo lustros de la fecunda existencia de Maimonides, y es o cde madurez vital y sapiencial Estas tres obras mayores van escalondadas cronol6g a minora, cuya data es imposible precisar, llenando cada una de aquéllas aproximadamente un decenio. Quiza los pos treros aiios de su vida los emple6 principalmente, como escritor, en re dactar la mayoria de sus tratados médicos, fruto y complemento de sus tareas facultativas. Dicho escalonamiento en sus obras de maximo empeiio demuestra el método y disciplina de trabajo, tesén y constancia de aquel sabio excepcional, asi como, sobre todo, su ineansable afin de autosupera ci6n, Los abundantes frutos por él recogidos del arbol de Ia sabiduria y las ciencias todas en la elaboracién de cada una de esas obras ma: gistrales para aprovecharlos sucesivamente, culminando en su obra aestra, el Méré', solo admiten parangén, en cuanto a grandiosidad, I6gica y la Divina comedia, cada una en su orden, @ ceuyos autores precedié en un siglo o mas, jalonando ast los tres la his toria de la cultura como figuras maximas sefieras de la Baja Edad Media (siglo x11, Maiménides; siglo xi, santo Tomds; siglo xIv, Dante Alighieri) con la Suna UL, EL MORE" N'BOKiM, Es ésta una obra, por varios conceptos, tinica en la literatura univer sal, de ahi que resulte dificil de clasificar dentro de las tradicionales categorias clisicas, precisamente por su enorme riqueza y variedad de contenido como por la singularidad de su estructura y médulos de ex. posicién adoptados, lo cual ha dado lugar a errOneas apreciaciones, por haber sido enjuiciada aprioristica y unilateralmente. Lo curioso es, sin embargo, que el propio autor claramente explica en la I= troduccidn el propésito que le anima y, por ende, el caraeter de la obra que intenta desarrollar La cantidad enorme de referencias y alusiones que esmaltan las paginas del Mér2¥; citas del Antiguo Testamento, de la literatura ra binica, filosofia helénica y arabe, todo un cimulo de menciones, ex presivas de teorias, doctrinas y opiniones, de las mas variadas procedencias, sabiamente discutidas, ponen de manifiesto esa faceta «que distingue al genio al par analitico y sintético de Maimonides, asi 13 ‘como su portentosa retentiva, inmensas lecturas y enorme capaciclad de trabajo, asimilacign, abtracién y coordinaci, Afédase a esto we escribia en una lengua que no era del todo la suya, aunque sf, como vernécula y ofa en los pases de su tesidencia, aprendida en infancia y hablada de continuo, en la calle y centros culturales, la aré biga, més desarrollada y capacitada a la sazén que el viejo idioma by- blico para las lucubraciones cientificas, pero menos centrada y pull mentada, a buen seguro, que éste, en la mentalidad judaica de la época, y, por tanto, del autor, y, sobre todo, mas distante de las cues tiones tratadas en esa obra, la temética eminentemente hebrea, como ‘ocurria en las de tantos egregios escritores judios medievales. Fs muy significativo el hecho de que el mismo autor, después ce compuestas, se arrepintiera de haber empleado el érabe en lugar del hebreo. Comoguiera que sea, hay que reconocer que se trata de una obra pensada en hebreo, que versa sobre materias netamente hebraicas (religion y ciencias judaicas) o con ellas relacionadas y cotejadas, es maltada de frases hebreo-biblicas en tal cuantia que hemos contado la respetable cifra de 1.372 versiculos de 38 libros del Antiguo Tes tamento y 219 pasajes de la literatura rabinica, no pocos de étos y aquellos de cierta extensién, Sin hipérbole puede asegurarse que el Moré nrbiakim es una de las obras cumbres del espiritu humano y una de las mas famosas de la historia de la exégesis escrituraria. Bien podemos afiadir que su autor fue asimismo una obra maestra de la Naturaleza por la variedad y al: teza de sus facultades intelectuales y las obras ingentes que realiz6. Escrituristica, religion, filosofia, teologia, derecho judaico, ciencias y medicina fueron los dominios que sefiores su mente genial, y todos ellos se reflejan en la obra a que nos estamos refirendo. Como decfamos en nuestro Manual, es una obra generalmente considerada como filos6fica, en el mas amplio sentido, o més bien teol6gico-filos6fica, y fandamentalmente lo es, como un caudal co: pioso de doctrina juridica y miltiples referencias cientificass pero, en realidad, su eardeter predominante, To esencal de su content ¥ st misma finalidad la sitian de lleno dentro de la exégesis escrituraria; para convencerse basta con repasar el indice de sus eapitulos. Su pro: pio autor la conceptud de «verdadera ciencia biblica» Podela considerarse como un tratada de filsofia biblica; peo, por lo que a ca silficain se reiere, ex mis bien una de esas obras genial que tompen los mal des rutnarios, conscituyendo un género apart por su orignalidad, como por 3 variado contenido. Como quiera ques a considee,tados convinen en afta aque ha sido la mas divulgaday lei entre todas las de Maimenides, legando a constitu la base del pensamento judaico en los siglos posterones, con infaenci asimismo en los pensadores musulmanes y asta en la Escolistica cristina 14 La realizacién de la mayoria de los libros que se han escrito, sobre todo los de especial predicamento —de muchos taxativamente consta y de otros se deduce— ha obedecido a determinada coyuntura 1 oca sién, personal o eventual, dato de innegable interés, que hasta puede servir de clave para su interpretacién, En el caso del Maré? nbikin nos es perfectamente conocida: su mismo autor la relata detallada y razonadamente en la carta dirigida a su discipulo R. Yosef ben Yehuda ibn ’Aknin, que encabeza la Introduccién al Tratado. La marcada inclinacién de éste hacia las cosas especulativas, patente en sus composicionespoeticas, su eles diposiiones pat el estudio demostradas bajo el magisterio de éste en varias ciencias, especial mente las matematicas y la ldgica, como tambign en la escriturstica, la metafisica y el Kalam o Escoldstica musulmana, y, frente a todo eso, las lagunas advertidas por el maestro en la formacién religiosa del discipulo, movieron a aquel a la composicién del libro, no menos que los deseos formales expresados por el segundo: ‘Cuando Dios decree la separacin y ce encaminaste a otro lugar, aquellos coloquios reavivaran en mi una resolucin que se habia atenuado, y tu ausen ‘cia me impulsé a componer este Tratado, escrito para ty para tus semejantes, Imprevisiblemente para el autor, los destinatarios futuros, 0 sea, todos cuuantos se han interesado por el libro en el decurso de ocho si: glos, habfan de ser innumerables, dado que, a pesar de tan modestos “rigenes, el Mdré!, iluminado por el genio de Maiménides,lleg6 a ser antorcha esplendorosa de la verdad a través de las edades, Digamos, sin embargo, que su autor intuia el posible éxito futuro y difusién de su obra en un circulo de estudiosos mucho més dilatado y a més alto nivel cuando decia a su diseipulo, en el cuerpo de la Introduccién, poco antes de la exposicién de las siete causas de contradiccién u opo: sicién que puedan darse en cualquier libro o escrito: Segura estoy de que todos los principiantes que no hayan efectuado todavia estudios especulativos sacardn provecho de algunos capitalos del presente Tratados pero ls hombres formados, imbuidos ene estudio de a Ley y que, coma ya die, sienten perpejos,sacarin feuto de todos lox capitulo, cas tose alegrarn y qué placer experimentardn con su lectua, En suma, la obra no va dirigida ni a los filésofos ni tampoco a los ayunos de toda formacién intelectual, sino mas bien al cfrculo de estu diosos que se ven desconcertados por ciertos problemas que aparentan contradiceién entre la religion y la filosofia, o simplemente la razén na- tural, extrenios ambos que la Gua de perplejos se propone acordar 15 Es de adve primeros dest dialmente, la coincidencia en este punto esencial, respecto a los atarios, entre la Suma teoldgica, destinada primor tin indicacin expresa de su autor, a los «novatos en esta disciplina» (buius doctrinae novitios), que se ven sumidos en us mar de perplejidades ante tantos problemas, y a tenor de esto se ex pone «en forma apta para la instruccién de los principiantes» (ad eru- ditionem incipientium), y el objetivo inicial del Moré nbiakim, segiin la atestacién explicita de su autor, que dejamos estampada, y de la cual parece un eco la advertencia hecha por santo Tomas al principio mismo del Prélogo a su obra monumental V._NATURALEZA Y ESTRUCTURA Empezaremos por la explicacién del titulo, como premonicién suma ria de la obra, Recordemos que la titulacién de libros, como de estu dios o ensayos cientificos y literarios cualesquiera, tiene su arte, no exento de dificultades, que es preciso resolver con acierto, pues de ello depende la luz primera que el epigrafe irradia sobre el contenido del A diferencia de otras obras de Maiménides, tales como el Kitab al sina, «Libro de la elucidacién» o Luminar, comentario a la Misnd (heb. Misnayy61), o su gran codificacién del Talmud (heb. Misné? Tord), «Repeticion de la Ley», comiinmente denominada Yad hiizagi La mano fuerte», el titulo de la obra que nos ocupa, en su original rabe, que seguidamente consignamos, se debe al autor, que, ademas, lo fundamenta y razona al principio con el texto biblica (Ex 14,3) Ante todo conviene advertir, para formarse un criterio justo en ésta como en otras muchas cuestiones lingitisticas del More, que fuc ‘obra de un judio, perfecto conocedor de la Biblia hebrea, quien pro bablemente, dentro de su bilingiiismo, hasta pensaba en, hebreo, al menos al elaborar sus escritos de tema escriturario, y por las especia- les circunstancias en que vivian los judios medievales, concretamente en los reinos musulmanes, hubo de componer casi todas sus obras, al igual de tantos otros hispano-judios, en lengua arabe, perfectamente dominada por él, sin duda, hermana de la hebrea ciertamente, pero en cl orden religioso, y también en otros, ambas abismalmente separadas, Tratandose de tradueciones, como es nuestro caso, que, ademas, e una doble perspectiva, la del original ardbigo y la de su rele vante versién hebraica, el problema del titulo, como otros muchos a lo largo de la obra, reviste especial complicacién, que conviene aclarar Recordemos en primer lugar que, a nuestro juicio, la nominacién de un libro, u obra cualquiera, literatia, cientifica 0 a las cuatro cualidades siguientes: cla cision y sugestividad. En el caso que nos ocupa, el titulo hebreo, Méré® mbitkim, que ha oft istica, debe reunir lad, propiedad o exactitud, con- 16 prevalecido, es «parfaitement conforme au titre arabe», Daldlat al ha’irin, escribe Munk, es su interesante nota adicional sobre el parti cular’ (pp. 379-380), afirmacién no del todo exacta por lo que al pri mer término se refiere, dado que dalalat en arabe significa «guia» (fem.), «direccién, orientacién», que Pablo de Burgos, en su famosa obra Scrutinium Scripturarum, teadujo Directio perplexorum, titulo ue el propio Munk reconoce como «le plus exact». Por él contrario, cl substantivo hebreo Moré" {masc.) se aplica solamente a quien acttia como «guia» espiritual, intelectual, docente, es decir, «maestro, pre ceptor, profesor, instructor» (Dict. Elmaleh). Por consiguiente, la traduccion de Buxtorf, Doctor perplexorum, que el citado Munk censura diciendo: «pout le premier mot, il n'est pas exact», a nuestro juicio, es justa respecto al de la versién hebrea, que es la que el sabio hebraista basileense tradujo al latin, aun cuando no lo sea tanto, segiin acabamos de indicar, respecto al susodicho término arabe de original. Antes y después de él otros tradujeron andlogamente: Dix seu director, Demonstrator, fr. Docteur En espaol no hay problemas, por lo que al primer término se re fiere, cuando va sin articulo, dado que Guia, universalmente admiti- do, puede ser del género femenino, en la acepcin del arabe dalalat, 0 bien masculino, en la del hebreo méré*, Por esta raz6n, y ser usual, aunque no preceptivo, en los titulos de libros en nuestra lengua, la su presién del articulo, por innecesario (ef. Guia de pecadores, Alivio de caminantes, etc.) estimamos preferible la titulacién Guia de perplejos, tanto mas que en el hebreo no figura delante de nbn el articulo, y sibien en arabe se consigna, repetimos que puede elidirse en espaol, aun conservando, al menos a voluntad de cada uno, su implicito valor determinativo, De todos modes y en consecuencia, estimamos que, cuando convenga 0 sea preciso expresar el articulo, podra usar se el masculino, a tenor del hebreo, ora se refiera al primer sustantivo, ora al Tratado como tal, y, ocasionalmente, el femenino, referido al término arabe En cuanto a la traduccién del segundo término por égarés, adop- tado por Munk, y copiado en varias retradueciones, por ciertos es cripulos filolégicos que aduce y haberse generalizado en Francia, que se crey6, sin embargo, en el deber de precisar aftadiendo que en realidad «ne s'écarte pas trop de celui qui est employé dans original» paso al castellano en su equivalente «descarriados», que no corres pode en modo alguno al sentido del original arabe, nial de la version hebrea, como queda dicho, y, por afiadidura, desorienta y «descarria» al lector en cuanto a la significacién genuina y el contenido de la obra. En conclusién, hemos preferido, como ya otros hicieron ante riormente al citar la obra, la traducci6n de «perplejos», que si bien en primer término implica la idea de sindecision, irresolucidn», en la es- (6 Lei des gard, Pats 1970 pp fera de la voluntad, encierra la idea de «vacilante, confuso, embara lado», que afecta a la mente, consignados ya en el Diccionario de au toridades, y es la acepcidn en que lo empleé Maiménides. El tiaductor hebreo eligié el participio mbiikim (del verbo bick, «desconce desorientarse, encontrarse perplejo, confuso, embrollado, andar erran fen), teniendo presente, sin duda alguna, la expresién de Ex 14,3: mbiikim hem ba~ares, «andan errantes por la tierra» (Nacar Colunga), «perplexi sunt viae ignari» (Lex. Zorell). Sin embargo, el verbo bik, cuyo participio de la forma pasivo-reflexiva Nifal es el té mino indicado, admite varias significaciones, que se reflejan en las di versas traducciones de dicho pasaje biblico; pero, por el contexto y ex: plicacién aducidos por el propio Maimonides, no hay lugar a dudas respecto al sentido propio que él le dio, es decir, «perplejo» En cuanto a la naturaleza y consiguiente estructura del Maré, la primera sorpresa que asalta a quien, conocedor de la obra solamente por las citas, referencias y clogios en lecturas y estudios, inici lectura directa en alguna traduccién, es su falta de estilo de las obras cientificas, antiguas o modernas, y el plan, que mas se diria ausencia del mismo, de extrafias caracteristicas, en la elabo- racién, Sobre todo, la I parte, con mucho la més extensa, que com: prende 76 capitulos, seitaladamente los 46 primeros, que son un elen co de otros tantos términos hebreo-biblicos, cuya significacién precisa se va elucidando con gran erudicién escrituraria y filolégica y no menor agudeza de ingenio, diriase un repertorio de variis quaestioni- bus, a saber: términos y expresiones, temas y problemas de mas difi cultosa comprensién para los espiritus de mediana ilustracién, que a veces se encuentran desorientados, confusos y desconcertados frente a esas nebulosidades, que constituyen verdaderos escollos para su plena y didfana inteleccién. En suma, una obra algiin tanto andloga, en ese aspecto, pero cuatro siglos anterior, ala inttulada Anmotationes in praecipua ac difficliora Sacrae Scripturae loca, menos conacida de lo gue se mereceria, del Doctor fundatissimus, como llamé a su autor Guillermo Fstius (1542-1613) el papa Benedicto XIV, primeramente expuestas en su magisterio en la Universidad de Douat y publicadas después de su muerte en reiteradas ediciones”. Dicha inesperada sorpresa sube de punto si se tiene en cuenta el merecido rango intelectual reconocido al autor, no solamente en su magistral obra juridica Miiné* Tord, antes mencionada, «che non fu ‘mai superata», en frase de U. Cassuto, sino incluso en toda su pro. duccién, tan variada como extensa, campea una geandiosa y armo- niosa construceién ideolégica, donde no se sabe qué admirar ms, sila minuciosa exactitud analitica o la poderosa pujanza de la sintesis, como afirma dicho autor’, 7 Ambere, la leteratura ebraica postbibic,Fienze, 1988, nim. 6. 18 Ante todo, diriamos como justificacién de esta aparente ausencia de mera estructuracién —y aun real, a través de nuestros criterios Cientificos y literarios actuales— que Maiménides fue fiel a su pro: posito, En este caso no escribia, como en ott obras, para sabios y os y otros en el Mére e encuentran a medio camino en la consecucion de la verdad. Aun los prineipiantes, como hemos in dicado, esperaba el autor podrian sacar provecho de ciertos capitulos. Para tales destinatarios posibles, uleriores, aparte de la ocasién ceruditas, aun cuando mucho han aprendido u sino para los «perplejos», aquellos que circunstancias en que el libro fue dado a luz, una exposicion riguro samente cientifica habria resultado de dificil asimilacion y hasta con traproducente. Era, pues, mas acertado proceder como san Pablo confiesa haber hecho en su predicacién a los corintios, propinandoles comida adecuada como a parvulos (1 Cor 3,2, cf. Heb 5,12-14), Consecuencia obvia de la pretericién de esos presupuestos ha sido el fracaso ante el intento de encasillar el Méré* dentro de un género li Scat evdentemente, como dlanos dicho, de una oba floss Sion dl pensamtento a nivel superior nseparates en la Eued Mtn Jos judios y musulmanes; una obra de copioso contenido lingistico (cf. capitulos mencionados) y también cientifico en dosis considerable; pero, sobre todo, de diddctica escrituraria, de exégesis biblica, de ka cual encierra un arsenal inagotable. En tales condiciones, aparte del in dicado propésito concreto del autor, una sistematizacion rigurosa habria presentado evidentes dificultades ¢ inconvenientes, a tenor del crterio filos6fico, teologico, escrituristico, et., que se adoptara. Pot lo demas, una cosa es earencia de orden sistematico 0 cientifico preme ditado, y otra muy diferente desorden vituperable o amalgama inco- nexa e indigesta. Nadie podria censurar semejante falla en cl Maré! La independencia tematica entre capitulos facilita enormemente st lectura y comprensién, objetivo primordial en todo escrito, maxime de tipo didactico en cualquiera de sus formas o grados. El alto culmen aleanzado por las obras del «Aguila de la Sinagoga» singularmente la que estamos estudiando, de proyeccién ecuménica, por sus eximios valores eserituristicos,teolégicos, filos6ficos y cient! ficos, de una parte, y la época en que florece esta gran figura del ju daismo, divisoria entre la Alta y la Baja Edad Media, por otra, son 19 dos poderosas razones, dos atalayas de vastas perspectivas, para con templar el amplio panorama cultural precedente y copioso hontanar en que bebi6 raudales de sabiduria y doctrina aquella intcligencia genial. Vamos, pues, a sefialar las fuentes principales que aportgron Sus aguas a la obra maimonidiana hasta colmar cumplidamente st an- churoso cauce, Podrian concretarse en las siete siguientes: 1. Sagrada Escritura; 2. Literatura rabinicas 3. Filosofia aristotélica; 4, Filosolia musulmana; 5. Literatura hispano-judia; 6. Ciencias (a nivel de su época), y 7. La escuela de la vida 1. Sagrada Escritura Reiteradamente hemos afiemado que el Mord es principalmente una obra de exégesisescrituraria, expuesta a la luz del propio texto biblico en primerisimo lugar, y las aportaciones de la teologia, filosofia y di versas ciencias al respecto. En cuanto al preeminente dominio de todos los libros del Antiguo Testamento por parte de Maiménides, su continua meditacién, estudio y andlisis de su contenido, aguda pene tracion para desentraiiar los misterios, doctrina y ensefianzas conte nidas en el texto sagrado, nadie podra dudarlo, pues lo pregonan al: tamente la obra que acometio y Hew6 a feliz término precisamente para la elucidacién del mismo, asi como las continuas citas y referencias es criturarias que esmaltan otros escritos del genial poligrafo, y la corona de alabanzas que como conspicuo tannaki («biblista», nombre de la Biblia) se le han tributado. La Escritura fue, por tanto, la primera y mas abundosa fuente en que bebié su inspiraci6n, En él se cumple a maravilla el tipo de comentario de la Biblia por la Biblia misma. Cerca de 1.400 citas biblicas se han registrado en el Méré', y, su mando las reiteraciones de un mismo texto en diferentes lugares, ‘unas 400 mas, con Io cual la cifra se aproxima al doble millar. Sin em bargo, se ha hecho notar que un 20 por 100 de los capitulos del Méré" no contiene citas escriturarias, en tanto que un 9 por 100 ¢a- rece totalmente de expresiones hebreas 0 arameas. Obviamente, los capitulos 1-48 de la I parte son los mas recargados de referencias es criturarias, asi como los posteriores 61-70, y los menos, los seis fina les de la I parte, relativos al Kalam, y en general toda la ily porciones considerables de la III. De todos modos, contempladas en su conju: 10, son tan numerosas las citas escriturarias insertas en las paginas de obra, que S. Munk, refiriendose simplemente a la presentaci grafica del texto, alega como razén de haberlo hecho imprimir en ca racteres hebreos «evitar las cuantiosas dificultades tipogralicas y elas pecto poco atractivo que presenta un texto drabe erizado a menudo de Citas hebreas* Si de esos aspectos externos, aunque muy significativos, pasamos 9. S. Munk, 0 69. 20 a la entrafia de la obra, diremos que «el Guia esté dedicado a la Tord, 0, mas exactamente, a la verdadera ciencia de la Tord, de la Ley», como insistentemente hemos indicado, y afirma Leo Strauss en su «Ensayo Introductorio» titulado «lniciacién al estudio del Guia de los perplejos» que encabeza la version inglesa de Shlomo Pines", y él mismo afade precisando algo mas: «a las dificultades de Ig Ley, a los secretos de la Ley», de ahi que esencialmente sea un tratado de exé gesis escrituraria, aunque de indole especial, que da comienzo por la lucidacién de términos biblicos y continiia con la de simbolos. Los comentarios judios del Moré se orientan. en ese sentido, no so. Jamente los que pudiéramos considerar como clasicos (Efodi, Sem Tab, Crescas, Abravanel), que suelen acompaitar a dichas ediciones de la versi6n hebraica, sino incluso los moderos, asi como los estudios ert- ditos de cualquier tipo realizados por investigadores o eriticos judios, 2. Literatura rabinica Si grande era la capacidad y preparacién escrituristica de Maiménides, ciertamente no le iba a la zaga su erudicidn y formacién en el campo de la vasta y abstcusa literatura rabinica, sefaladamente en el eampo de la Mind y el Talmud, llamado «segunda Biblia del judaismo>, que, por afiadidura, tan estrecho conglomerado forma con la TeNaK, ‘como los judios designan, en sigla, al Antiguo Testamento. El nombre mismo de Talmud es simplificacion de Talmud Tord, «Ensefianza 0 estudio de la Tor». Aunque entrambas ramas enteetejen la formacion intelectual de todo judio culto, sobre todo en la Edad Media, maxime sies un verdadero rabf, quiz en ninguno entre los ilustres se haya dado tan estrecha y elevada conjuncién como la que nos presenta, sobre todo en su obra maestra, el excelso poligeafo cordobés, Irrefragable testimonio de ello nos dan sus obras dos obras cum bres, encuadradas en el ambito de Ia Halaka? 0 derecho judaico, antes citadas: el gran comentario a la Ley oral y el llamado Codigo de Maiménides. El extraordinario predicamento que ambas realizaciones han gozado en el area del judaismo a lo largo de ocho siglos son la mejor demostracién de su valia. Bien puede asegurarse que en ellas se recoge todo el saber rabinico precedente, tan perfectamente asimilado por el genial escritor En el Méré#, cuyo pletérico contenido hemos ponderado, se con- tiene abundantisino material baldico, que arranca, como todo el de recho hebraico, de la legislacién de Moisés. Toda la’ segunda mitad de la Il parte versa sobre la Ley y los preceptos divinos. Como testimonio numérico de las fuentes rabinicas que figuran en la Guia de perplejos, afiadamos que el traductor inglés M, Friedlinder en el Index final con dos cumplidos centenares de referencias. toma das: de los Targumim, dos docenas; de los Midrasim, casi medio cente nar, y de la Mind y Talmud aproximadamente un centenar y cuarto, ci fras que de por si demuestran la abundancia y variedad de estas fuentes. 3, Filosofia aristotélica La encomistica denominacién de «Arist6teles judio de los tiempos medios» y «el talento mas dialéctico y positivo que produjo la raza he brea», dada por Menéndez y Pelayo a nuestro personaje!, no es so: lamente un reconocimiento de su primacia como pensador en el area del judaismo, y concretamente en la rama de los estudios filosoficos, sino también su inclusién dentro de las orientaciones y principios de la escuela peripatética, posicién intelectual bien patente en las lucubra ciones y teorias expuestas en la Guia de perplejos. Para su autor, el Estagirita es el «principe de los filésofos», como para santo Toms es «el Fildsofo» por excelencia. Por cierto que también se ha llamado a Maiménides, «y no sin fundamento», advierte Bonilla y San Martin, el «santo Tomas del judaismor. Numerosas son las referencias a las doctrinas del aristotelismo que esmaltan las paginas del Méré, sobre todo en la II parte, y seria in teresante un florilegio de los elogios que Maiménides tributa al Es- tagirita, como expresién del elevado concepto que de él y su preclara inteligencia tenia, situandole muy por encima de todos los dem lésofos. Con frecuencia se muestra del todo coincidente en él y hasta le defiende de sus impugnadores, otras veces discrepa y puntualiza, pero siempre con el maximo respeto. Donde més se aparta de él, y es logico, situandose netamente dentro de la ortodoxia biblica, es en el igrave problema de la eternidad de la materia y del mundo, propug: nada por Aristételes, cuyos argumentos no le parecen a nuestro filo- sofo demostrativos. En cambio acepta la teoria peripatética sobre el movimiento de las esferas y las sinteligencias separadas», pero con salvedades y reservas. En suma, la gran masa de teorias aristotélicas traidas a colacién, analizadas y discutidas con todo detenimiento, sobre numerosas y vi tales cuestiones filoséficas, incorpora al Méré* al mundo del aristote lismo, como puente entre la revelacién biblica y la filosofia helénica, parte de la clara defensa de los fueros de la razén, buscando la ar- monia entre ambas, como en el mundo iskimico intent6 Averroes y un siglo después, con mejor fortuna, Tomas de Aquino. 4, Filosofia musulmana Maiménides, que compuso todas sus obras, a excepein del Misné# Tord! (y sus contadas poesfas), en lengua arabe, conocia muy a fondo Historia de as ids etic, CSIC, 1974, p 363 22 OC esta literatura, principalmente la filosofia, y hallabase inmerso social y profesionalmente en el mundo y cultura ardbigo-iskimica, aunque, como es l6gico, dada su condicién, estuvieran en su mente y corazén ivados por el irresistible iman del hebraismo y la Biblia. Ante esas realidades y su natural inclinacion, en la busqueda de la verdad, al co- tejo de sus principios filos6ficos, irrenunciables con los de otras este ras, era obvia la constante contemplacién y compulsa de/la filosofia irabe a través del prisma de las verdades y postulados del pensa miento hebreo con sus adherencias peripatéticas, ya cuantiosas en aquella época y aumentadas precisame Como anteriormente dejamos consignado, los seis postreros ca pitulos de la I parte de la obra que nos ocupa contienen una detenida y razonada exposicién del kalam, la filosotia religiosa, racional del Islam, seguida también en su marco especifico, dentro del judaismo, por los caraitas y algunos rabanitas, y con notorias analogias en a Escoléstica cristiana. Describe largamente su origen, naturaleza y fi nalidad y pone de relieve sus lagunas, defectos y etrores, mediante fe por su actuacidn, uuna severa critica y anélisis de sus doctrinas en relacién con las ma: terias tratadas en cada capitulo del Mérd" que por su contenido lo re quiere Lo mas notable al respecto es el sefiorfo con que su autor se de senvuelve en ese campo, marginal de todos modos a su ideologia y religion, a las que se muestra fiel en todo momento, Hay que reco nocerle asimismo el mérito que representa el trasvase de términos fi loséficos de una lengua a otra en materias tan abstrusa y tan estre- chamente ligadas con el dogma. 5. Literatura hispano-judia Cuando Maiménides vino al mundo, bien entrado el siglo xil, ya ha: bian desaparecido de la escena los grandes astros de la literatura hebraico-espafola; otros ilustres ingenios, tales como Abraham ibn Ezra, Yehuda al-Hlarizs, los Quimbi (padre y dos hijos), vivieron en el mismo siglo (y algunos, parte del siguiente}; pero los tristes hados que se abatieron sobre las comunidades hebreas del Mediodia ibér 0, con el advenimiento de los almohades, impusieron un éxodo ge~ neral de sus elementos, que perdieron por tal motivo cohesién y en lace entre si, al menos en cierto grado y aspectos. Por otra parte, sin embargo, el nuevo estado de cosas contribuyé a la difusion del saber judaico y notoriedad de sus mas valiosos representantes por nume- rosos paises de los tres continentes. A pesar de todas esas contrarie- dades y circunstancias, el espiritu racial, religioso y cultural que alentaba en aquel pueblo, y que ha sido su estrella en tan dificultosos y dramaticos trances, mantuvo su inadmisible confraternidad entre las diversas y dispersas comunidades. Por ello, dentro de las pecu- liares caracteristicas inherentes a cada pais, comarca y periodo his 23 t6rico, se ha conservado y perpetuado una esencial unidad religi cultural. Desde los tiempos del emirato se mantenfan relaciones de ese tipo entre los judios de Occidente y Oriente, donde hasta el siglo x florecieron las grandes academias que tan magna labor colectiva r lizaron; bajo los esplendores del califato y reinos de taifas, tan am, tes algunos de ellos del progreso y la ilustracién, esos contactos se in tensificaron todavia mas, y prosiguieron en siglos sucesivos, por la accién principalmente de conspicuos personajes. Y asi como las obras y la fama de Maiménides no tardaron en llegar a los mas altos centros de instruccién judaicos del Mediodia de Francia y de la Espafia musulmana —tras el exilio de nuestro personae y familia—, como lo demuestra la traduccién al hebreo del Mére* en vida del autor y de la enconada polémica entre maimonidistas y sus contra tios, después de muerto, de igual modo es I6gico suponer que a Egipto y otras regiones del Oriente Proximo llegarian las obras maes tras de la Escuela hispano-judia, maxime existiendo entre ambos meridianos el poderoso elemento de unién representado por la lengua frabe. Para esos intercambios el influyente médico de la corte de Saladino gozaba de privilegiada posicidn. Las relaciones de maestro y discipulo entre Maiménides, residente en El Cairo, y R. Yosef ben Yehuda ibn ’Aknin, ceuti, prolongadas cuando éste, vuelto a su tierra de origen, se convirtid en destinatario, por envios periédicos de los varios capitulos, a medida que iban saliendo de la pluma del autor de Guia de perplejos, abonan suficientemente tal suposicidn de faci les y asiduas intercomunicaciones y envios entre Occidente y Oriente. De ellos se benefici6 por su parte Mosés «el Egipcio», al par que de sus obras se beneficiaban sus correligionarios occidentales, seiiala damente en las exégesis escriturarias y estudios talmiidicos, en que tan alto ray6, y las ciencias en general, aparte del bagaje llevado personalmente por él Consecuencia de estos presupuestos es gue, aun cuando Mai ménides no cite expresamente a las grandes figuras de Ia exéyesis y talmudismo hispano-judias, ello no significa que las ignorase. Lo propio ocurre asimismo con Averroes y Avicena, cuyos escritos, sobre todo los de éste, indudablemente conocia y de ios que, segtin afirma taxativamente Munk, extrajo el autor del Maré! su exposicion del sis- tema peripatético. Por lo demas, las coincidencias y reflejos en deter minadas cuestiones y materias son evidentes, como el citado traductor francés pone de relieve en diversas notas explicativas, 6. Ciencias Todos los escritos de RaMBaM pregonan que fue un cientifico de gran talla y vastos conocimientos, con un perfecto dominio de todas las ramas del saber cultivadas en su tiempo, De sus obras podra en- 24 tresacarse materia pra una enciclopedia de las ciencias, que reflejaria -on bastante exactitud el estado y nivel de las mismas en el sigho Xi En nuestro libro El legado del judaismo espariol, capitulos XII y Xill, y en menor cuantia algunos més, resaltamos esta faceta del in- signe poligrafo cordobés. Notemos asimismo que el largo capitulo a él edicado.en nuestro Mannal de bistnia dela laeratura bebrea leva como titulo global «Ciencias» (ademas de «exégesis y talmudismon, en que tanta cabida tienen igualmente las materias cientificas), epi. safe de por si bastante significativo. El infatigable y erudito investigador Adolfo Bonilla y San Martin, cn su citada obra", tras una vision de conjunto con abundante in. formacién bibliogratica relativa a los escritos de y sobre Maiménides, hace un minucioso estudio de sus producciones, que clasifica en tres grupos: a) teoldgicas; b) teologico-filoséficas, y ¢) cientificas (refe rentes especialmente a la medicina), Estudia por separado la psicolo- Bia, ética, fisica y metafisica de nuestro autor; pero en realidad, en el igo inmenso de la produccién maimonidiana, entran en mayor 0 menor cuantia todas las ciencias. Asi, por ejemplo, de las matematicas stronoma, repetiremos simplemente lo dicho en nuestro Manwal: como él mismo recuerda a su discipulo Yosef ben Yehuda, fue en elas maestro, «Cuando ti aprendist conmigo astronomia y matemsticas...—e dice tve gran legit al vertu excelente ingenio y pronta comprensidn Maimcnides no solamente Fue docto en estas ciencias, sino La heterogeneidad de contenido del Méré* corre pareja con las referencias de indole cientifica que enriquecen esta «obra capital de Maiménides desde el punto de vista filos6fico» (A. Bonilla). Interesante es advertir que en la orientacién prevalente hoy dia de una mayor conjuncién entre la filosofia en su sentido mas estricto y las ciencias, aparte de la «filosofia» que de cada una de ellas pueda ha cerse, como una de las facetas de su estudio, Maiménides aparece en cierto modo como un precursor de este método o diteccién, a una dis- tancia de ocho siglos. 7. La escuela de ta vida El profundo sentido didactico que Maiménides posefa, y del cual, aparte de otras manifestaciones, hizo gala, antes de ser nombrado mé dico de la corte, en simultaneidad con el ejercicio de la medicina, dando conferencias paiblicas sobre materias filosoficas, como un ‘modus vivendi, se manifiesta claramente en todos los capitulos de su obra cumbre y en su método de exposicién, del que después nos ocu- paremos. Hijo de un notable talmudista, matemético y astrénomo, ue tanto se preocup6 por la esmerada educacién de su hijo, y alum= to en las escuelasjudias y mmosulmanas andalzas, aprendid nto o jue en estos centros, en los azares de la asendereada primera tnitad de su existencia y su constante esfuerzo de autodidacto. Bien podia proclamar él también, y lo demostré en su variada y gigantesca produccidn, que aprendia —y también enseflaba— no tanto para la tscuela, y mucho menos enclaustrado en las a veces férreas mallas ra- binicas, sino mas para la vida En todas las situaciones o trances en que ésta se le presenta: naci do en una ciudad de glorioso abolengo hist6rico, monumental y cien- tifico, «la casa de las ciencias», errante por diversas comarcas Y civ: dads de la Andalucia almohade durante los afios de su adolescencia y primera juventud, residente en tierras magrebies durante un lustro, peregrino en la tierra de Israel y estabilizado, al fin, en Egipto, no sin ‘varias alternativas en los comienzos, no fueron solamente sus entra- ables compatieros los libros, en los cuales bebié rauclales de sabidu- rfa, al par que iba elaborando sus propias creaciones, para provecho y ensefianza de los demés, en varias ramas de la ciencia judaica y uni versal, sino que fue también, y ante todo, su gran maestra la vida, que alos espicitus geniales se les presenta y ssale al encuentro como una madre, y como esposa virginal acoge» (Eclo 15,2-10). En todas sus obras puso el sello de su preclara inteligencia, y todas reflejan a su vez Jas vicisitudes de una azarosa y plena vida, consagrada al trabajo y al bien de sus semejantes. Esos valores profundamente humanos son quiza los mejores blasones de la extraordinaria produccién maimo- nidiana, dignos, por tanto, de ser destacados en «una personalidad tan saliente y un escritor tan fecundo como Maiménides» (A. Bonilla). La trascendencia de esta fuente de inspiracion y su incidencia en las obtas del filésofo cordobés se hace ostensible de modo muy espe- cial en la que estamos estucliando. Esa Guia de perplejos, quiza supe- rando incluso los propésitos de su autor, al que tampoco ha de con- siderarse ajeno en los nuevos circulos'maximos que puedan irse desplegando ante su obra, vino a ser un Directoriuun vitae de muchas almas piadosas: lo que suxgié de la vida, madre y maestra de la his- toria, vuelve a la vida, para fecundarla Factor de extraordinario relieve en la vida tanto de los pueblos como de los individuos, mucho mas en ciertos aspectos dentro del jt daismo, es el religioso, que tan relevante lugar ocupa en sus escritores, no ya solamente biblicos, sino en otros érdenes y a otros niveles, dé otras épocas, singularmente la medieval. En el caso que estudiamos, la vida religiosa ofrece capital importancia como inspiradora de gran parte de las obras del autor del Méré’, y de modo singularisimo en ésta, su mas alta creacidn. A su vez ésta8, y mas que ninguna la que seiialamos, ejercieron extraordinaria influencia en los diversos estratos de la vida judaica hasta nuestros dias, Pero este aspecto, correlativo del otro, s6lo interesa a nuestro propésito a mado de complemento. 26 VIL. METODO, LENGUAJE ¥ ESTILO Si comparamos la armoniosa y hasta férrea arquitectura de la Suma eolégica del insigne Aquinate, tan severamente estructurada en par {es, cuestiones y articulos, con la sucesion invertebrada de capitulos (178 en ota) gue caractetizn al Moreh rbikin, echaremos de vet la jofunda diferencia formal entre ambas obras, pese a las ntimerosas Pipitales conexioncs de contenido que las unen, Evidentemente, [a ‘obra. cumbre del pensador judio no es un tatado teol6gico, filosoi- fo, ni siquiera escriturario del estilo a que estamos acostumbrados, a fenot de los prevalentes médulos grecolatinos. Esta primera sorpresa @ descubrimiento suele producir cierta decepcién inicial en la mente el lector o estudioso, que esperaba, tal vez, una obra perfectamente fntramada, maxime tratindose de un autor como Maimonides, de li ‘ida inteligencia y severo rigor l6gico y cientifico, que demostrd cum plidamente en todos sus escritos, sobre todo en su sistematizacion del famenso conglomerado talmiidico, puesto que eso es su Mine Tord Hlamado «Codigo de Maimonides», y en una obra tan estimada y ponderada como es la que estudiamos Para salir al paso de ese posible desconcierto, verdadera y prime- _ ra-eperplejidad» que puede asaltar al lector, cumple formular algunas aclafaciones que nos den la clave de esa aparente anomalia, que mas ben demuestra la alveza de miras, independencia de criteria y hasta simpética modestia del genial autor, sin mengua de su noble dignidad de verdadero sabio, que ante todo busca la verdad y procurs, por todos los medios difundirla “Ante todo conviene advertir que ese presumible desmigajamiento de la obra, al ser redactada por capitulos sueltos, verosimilmente con eventuales demoras o interrupciones, remitidos ocasionalmente al destinatatio, no resta unidad al conjunto de la obra, cuyo plan tenia a buen seguro bien elaborado in mente su autor, quiza desde aiios antes. Lo demuestra la advertencia que él mismo anticipa a su disct palo Ibn ’Aknin, y en su persona a cualquicr lector de la obra, que #para abarcar ef conjunto de la obra, no basta caprar el sentido de ‘cada capitulo por separado, sino que importa darse cuenta de todos los detalles y concetar los diferentes capitulos para comprender su I zaz6n». Comoquiera que sea, no puede negarse que, a primera vista, el “libro despierta la impresidn de algo francamente extrano e inesperado, farente de orden y consistencia, como hace notar ef antes citado Leo Strauss'*. Esta caracteristica del Méré! es evidente y no hay por q Pietender soslayarla ni paliarla, como si se tratara de un lamentable efecto en obra de tal magnitud. Como el mismo prologuista reco- AOee, «el hechizo del Guia no se manifesta de inmediato», y aiiade: 27 pero a medida que se va avanzando en su conocimiento, se siente tno atraido por su hechizo, ques tal vez a forma mae clevads de edificacion>. Ese encanto, muy diferente sin duda del producido por tuna obra postica de altos vuelos, es de otto orden, semejante al que se ha seialado en otto excelso filésofo, tan admirado y seguido por el nuestro, el Estagivita, quien, como certeramente afirma 1. Laurand, «aun sin tener nada del encanto de Platén, es, sin embargo, uno de log mayores genios que en el mundo han aparecido, la més vasta y pro. funda inteligencia de la Antigiiedad», y, como remate, pondera st abundancia, cohesion y vigor de ideas», cualidades todas ellas per- fectamente aplicables a nuestro personaje. Algo semejante ocurre S156 le compara con el genial historiador Tucidides Respecto a los destinatarios del libro o simplemente interesados por él, escribe el susodicho Leo Strauss, quizé exagerando la nota: «La Guia no es un libro filos6fico, escrito por un filésofo pata filbsofos, sino tun libro judaico, compuesto por un judio para judios», aserto sélo en parte aceptable. Menos atin suscribiriamos la siguiente afirmacién de {que «judio y filsofo son dos conceptos antitéticos». El egregio filésofo cordobés, asi como otros correligionarios suyos, le su estirpe, con an terioridad y posterioridad, dan un solemne mentis a tal aseveracién, Dentro de la multiplicidad de materias tratadas en las tres partes del Méré®, A. Justiniano, traductor de la obra al latin (Paris, 1520), sintetizando, éstamp6 el siguiente juicio lapidario, afiemando que st autor tuvo el acierto de tratar «quae sunt religions religiose, quae phi losophica philosophice, quae talmudica talnudice, ac demum quae sunt divina divine». En cuanto a la composicién material y hados primetos del libro, indica su autor en la breve pero sustanciosa carta ditigida a su dis wulo y primer destinatario, reiteradamente mencionado, que encabe- 2a la TntroduccinssLo he dividido dices en capituos que one forme se vayan escribiendo, se iran enviando a donde residas.» Son, pues, breves estudios, con cierta autonomia dentro de un plan general, Pero que, por su indole misma y forma de redaccién, se sustraen ala rigidez de un tratado cientifico elaborado con otra orientacién y fr nalidad inmediata. Se trata, pues, de una obra de modestos origenes, ‘ocasionalmente emprendida, como algunas de fray Luis de Leon, que por su propia y extraordinatia grandeza intrinseca se elevé a los mas altos niveles,trocdndose en espléndida antorcha que ha iluminado no solamente al judaismo posterior, a lo largo de ocho centurias, sino a grandes sectores del pensamiento universal Sobre el lenguaje empleado en la obra diremos que el easgo mis destacado es una extraordinaria diafanidad, cualidad primerisima en todo escrito que no busque intencionadamente —como se diria de tantos fil6sofos— lo enigmatice, sibilino, cabalistico, conceptista, © 1S. L Laurand, Mame des eades request Ls th pp 380,290 28 j i bien el sbuseado ropaie de I dicelinculterana, Tal quits im me primordialmente en los escritos filosoficos y todos aquellos en tminados con toda clatidad. Complemento de esta cualidad es la pre fision en el uso de los tecnicismos y téminos props. Fstas cons! deraciones justfican plenamente —no ditemos excusan— la innegable ausencia de riqueza y variedad, galas primorosas del lenguaje, que no solamente hacen deleitosa la lectura de un libro, sino que tambien pueden contribuir a abrillantar los conceptos. Pero el verdadero filé sofo, y més todavia el exegeta escriturario, las dos facetas mas desta eadas en el autor del Mér2*, ante todo y sobre todo buscan apasio. nadamente la verdad y rehiiyen cuanto pueda obnubilatla En consecuencia, la construccién de la frase en la obra que anali zamos, tanto en el texto original arabigo como en las dos antiguas versiones hebreas, verdadero calco de aquel, es bastante rudimentaria De conformiad con las leyes que informan la sintaxis semitica, bien pa tente en el estilo hebreo-biblico, como en sus versiones excesivamente Iiterales, predomina la parataxis 0 coordinacién, predominan. temente copulativa. En cuanto a la subordinacidn 0 hipotaxis, son escasas las modalidades de oraciones compuestas, dado que las subor dinadas, enlazadas con la principal en estos casos, se reducen casi al two, ‘con ese matiz semintico, concretado especificamente en eada clausula, Adela conjuncidn universal wa-, «y», que se repite hasta la saciedad. De ahi que el traductor deba puntualizar y destacar, conforme al sentido ‘Obvio de la frase, en tales casos, el caricter de la misma, mediante la conjuncién més adecuada. Fl hipérbaron, aunque notoriamente mis feusade ue en el Tenguaebiblico, es, con todo, bastante moderado Las oraciones de relativo, bien caracterizadas por los respectivos pro. Hombres invariable, sn ete noon la menor dala La repeticiSn de una misma palabea o formula frascolégica, si bien x verdad! que ahora entero” mental de inepetacion 0 com Pfensidn, no lo es menos que, cuando es exagerada, resulta enojosa Festa brio yexpresvidd ala elocucin, Es una dels earacteniice digase defectos estilisticos, més salientes en la envoltura literaria del Moré}. Diriase constitufa para su autor «la mejor figura literaria», con ¥istas, sin duda, a la transparencia, y que de intento la prodligaba en su Tenguaje, que todas las traducciones, desde las dos famosas hebreas in dicaidas, hasta las mas modernas, han respetado cast como un tabii, Es orrientisimo ver una misma diccidn, nombre o verbo, repetida «los 0 es y mis veces dentro de la misma frase, aun de sucinta extension, Detalle curioso es la segunda persona singular, empleada con fre ‘uiencia en verbos © pronombres, referida al destinatario directo del libro, que confiere especial animacion y viveza al estilo, acusa el tono idéctico y, a pesar del mondlogo expositivo, evoca un cierto sabor de didlogo entre maestro y discfpulo, de tan preclaro abolengo en la li feratura universal 29 Diremos, finalmente, que la enorme cantidad de citas hebraicas ue esmaltan las paginas del libro, cuyo niimero defamos consignado, Te convierten précticamente en bilingiie, sobre todo en los 70 prim ross capitulos de la I parte, y bastantes de la Ill e incluso de la Il, a pesar del peculiar contenido predominantemente cientifico de ésta. Es hota muy destacable, que lo distingue en el vastisimo panorama de la literatura exegética biblica, judaica y cristiana, asi como también de la poesia hebraico-espaiiola medieval. IIL EDICIONES, VERSIONES ¥ COMENTARIOS La atraccin ejercida por la personalidad y las obras de Maiménides, y en especial por la més celebrada y universal entre todas ellas, obje- to de nuestro estudio, se ha manifestado, obviamente, en estas tres di- recciones: ediciones, versiones y comentarios, que brevemente vamos a explanar Conviene advertir que si para la simple enumeracién y aclaracié de las obras y doctrinas del eminente poligrafo seria necesaria una ex- tensa monograffa, para la reseita de los innumerables estudios, tra bajos y publicaciones de todas clases, que se han Ilevado a cabo en torno a dichos tres amplisimos temas y que llenarian grandes espacios en una biblioteca maimonidiana, seria preciso uno 0 varios gruesos voltimenes. 1. Ediciones Notemos ante todo que aparte quedan los manuscritos y cédices, ‘aque son muy numerosos y andan esparcidos por Bibliotecas piiblicas y privadas de Europa» (Bonilla). Una veintena larga se consignan en el prélogo antepuesto a la version inglesa de Friedlander, y en la monu: mental obra de S. Munk, a quien se debe la edicién princeps del texto original arabe del Méré y excelente traduccién francesa, con amplias notas explicativas, de gran erudicién, se da cuenta de los manuscritos consultados. También en el Dizionario storico degli au tori Ebrei e delle loro opere, de G, Bernardo de Rossi, se consignan abundantes y minuciosos datos bio-bibliograficos relativos a nuestro autor y, concretamente, a su obra capital, «el excelente y famoso libro al que judios y cristianos tributan las mayores alabanzasm 2. Versiones Como ha ocurrido en tantas obras de la literatura judeo-drabe hispa no-medieval, compuestas en lengua arabiga, en que la versién he 30 brea se sobrepuso al original, publicado posteriormente 0 no, ¢ in icluso en ciertos casos salvé la obra al perderse éate (caso del Fons vitae, de Ibn Gabirol, con la traduccién latina), de la version hebraica del Moré nebickim se han efectuado numerosas ediciones desde la se gunda mitad del siglo xv, llegando a ser uno de los libros capitales de {a espiritualidad judaica, verdadero exponente del fervor religioso y alto nivel culeural de las Comunidades. La primera y tinica‘edicion del original, repetimos, no se realiz6 hasta mediado del siglo pasado, por obra de S. Munk, reiterada, con indicacién de variantes, por Isacar Joel". Al latin se tradujo en época temprana de la invencidn de la imprenta y siguieron otras versiones latinas posteriormente, asi como a las principales lenguas europeas. A continuacién anotamos alunos datos generales al respecto, con la indicacién del autor y fecha de publicacién. 4a) Hebreas. Hay dos famosas: la efectuada por Semuel ibn Tibbon, hijo dei llamado «padre, o patriarca, de los traductores», cefectuada en vida del autor, con’el cual mantuvo correspondencia sobre el particular ", y la del gran prosista Yehuda al-Hlarizi, con- tempordneo del anterior. Del primero escribe Friedlander: «La tra duccién de Ibn Tibbén es muy esmerada; sacrificé la elegancia del es tilo al deseo de reproducir concienzudamente el original, sin descuidar ni una particula, por insignificante que pudiera parecer», llegando hasta el extremo de imitar sus ambigiiedades, con lo cual la version re sulta un verdadero calco del texto original, favorecido, ademas, por tratarse de dos lenguas semiticas antiguas. Respecto a la efectuada por Al-Harizi " a ruegos de la comunidad de Marsella, dice el citado autor: «Se preocupé menos de las palabras y las particulas, pero es eribié en un estilo superior. La vox populi, sin cmbargo, decidi6 a favor de la versién de Ibn Tibbén, cuyo rival quedé cast olvidado. Incluso Abraham, el hijo de M. Maiménides, en su opisculo Las _guerras del Serr, en defensa de las obras paternas, califica la version de Al-Harizi como incorrecta. La mayoria de las traducciones mo: dernas’se efectuaron de la versién de Ibn Tibbdn». Nétese, sin em- bargo, que a veces Munk da preferencia a la interpretacién de Al Harizi Mencién muy especial merece también Sem Tob ben Yosef ibn Falaquera (0 Palquera)®, que vivid a lo largo del siglo xin y compu- 50 el Moré! ha-Mére", «Guia del Guia», comentario a la obra de RaMBaM, en el cual se traducen fragmentos de la misma, y que rei- teradamente se ha impreso con ésta 17. Jerse, 1930-1931 20. Thi pp. 388-549, 31 Hay memoria asimismo de una versién versificada. También fue retraducida la versién de Ibn Tibbén al hebreo misnaico por M Levin? ‘Aniadamos, finalmente, que la edicién del Méré* n-bikimy, segin la versién tibboniana, de que hay noticia, basada en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Paris, copiado (1452) por un Samuel ben Ishaq, aunque se ignora su fecha y lugar exactos, se cree fundamen talmente que es anterior a 1480, y de ella se han efectuado varias edi ciones en los siglos xvt al xix. As{ como de la versién de Ibn Tibbén existen muchos manuseri tos, de la de AF-Hlarizi solamente se conoce uno, editado con notas por L. Schlosber® b)_ Latinas, Varias son las conocidas, y alguna més, conjeturada, desde la edad de oro de la Escoléstica (siglo Xit) hasta el primer tercio del siglo xv. En la citada obra de Friedlinder y, con mas informa ci6n, en la de Bonilla puede verse el elenco de las mismas. Fl se gundo hace la siguiente observa Es evidente que Alberto Magno y santo Tomés de Aquino conocian el Mr [puesto que le cian repetidamente. Cieeto que podian tener noticia de él por las Stas que hace Rainindo Mart en su Pugio Fidei (1270); pero nada se opone a tae, adems, hubiseotea versa latina completa La debida a Augustino Giustiniani, O. P., obispo de Nebio (publi cada en Paris, 1520), realizada sobre ia versidn hebrea de Al-Hlarizi, en la dedicatoria hace referencia a una traducci6n latina antigua, gue, al parecer, él se limita a reproducir, limandola. Esta traduccion fue severamente juzgada por José Scaligero. Algunos han querido identificarla con la supuesta de Jacob Monteno (Jacobo Mantino), segiin Bonilla, sin fundamento. La mas conocida y, sin duda, la mejor entre las que estamos estu- diando es la efectuada por Juan Buxtorf (hijo), que vio la luz en Basilea (1629) ) En lenguas modernas. La primera aparecida en esta drea lin- giistica fue Ia italiana realizada por Amadeo M. di Recanati (Ye didyah ben Mo¥é), quien la diet6 a su hermano Elias, el cual la copi6 fen caracteres hebreos, terminandola el 8 de febrero de 1583, y de la {que se guarda manuscrito en la Real Biblioteca de Berlin y en la Palatina de Parma. Una segunda versidn al mismo idioma, con notas, 21. Zolkiew, 1928. london, 1851, pare 1876, 1879, 24. Wid, 300. 32 | = on fae obra de J. Matoni, titulada Guida degli Smarrit duccién de la francesa de Munk ‘Alalemdn fue traducido separadamente: III parte, con el texto he breo de Ibn Tibbén, por Simén Scheyer”, I, por R. Farstenthal”, y I, por M. E. Stern’ Al inglés se tradujeron los capitulos 26 a 49 de la IIL parte, con- cernientes a los mandamientos, por James Townley ™, y va precedida de una biogeafia de Maiménides y ei elenco de sus obras, asi como di sertaciones sobre diversas materias. Pero la versién, calificada de snotabilisima» por Bonilla, del doctor Friedlinder, The Guida for Perplexed en tres tomos™, ias dos iltimas en un solo volumen, efec tuada sobre el original arabe, a base del texto publicado por Munk, ‘marca época en la historia del Méré* en los paises de habla inglesa. Va precedida esta traduccién de una biografia de Maiménides, una rese fia bibliografica sobre varios aspectos del Méré* y un extenso andlisis de la obra. Ocho decenios después (1936) aparecié una nueva version inglesa, también del original arabe, preparada por Shlomo Pines y Leo Strauss, bajo los auspicios de la Universidad de Chicago, a cargo del primero la traducci6n, introduccién y notas, y del segundo un «En- sayo introductorio», sobre «lniciacién al estudio de la Guia de per- plejos». En el Preface, firmado por ambos, se empieza por afirmar que hace tiempo se sentia la necesidad de una nueva traduecién de la obra, alegando como legitimacién que en ninguna de las versiones modernas existentes se cumple el desideratum de toda traduccién, cual 5, su juicio, la maxima aproximaci6n al original. En efecto, esta tra: duccién, en otros aspectos muy meritoria, nos parece adolece de ex cesiva literalidad —tacha que ya se puso a la misma de Munk— lo cual, a nuestro modesto entender, ha de reputarse ms bien como un defecto, cuando se lleva a extremos exagerados, con mengua del valor lierario. En. solapa del libro se afirma que «el trabajo del pro: fesor Pines aventaja a todas las traducciones anteriores del Guia a las lenguas occidentales». En francés tenemos la nunca bastante alabada de Salomon Munk, reiteradamente mencionada en los apartados precedentes; no sabemos de ninguna més en esa lengua, quiz por la avasalladora hegemonia ejercida por ésta. Quiz todavia se pueda subscribir el juicio de Bonilla: «Sin disputa, la traduccién mas concienzuda y estimable es la francesa de S. Munk, el cual la aftadié valiosisimas notas que avaloran considerablemente su trabajo, y publicé ademas el texto arabe» *, 29. London, 182 40, 1881-1885; London, 1904, New York 1927 evisu 33 como anteriormente dejamos consignado. El titulo puesto a la versi6 al que ya hicimos algunos reparos, concepto general del tratado, segin el traductor, y algunos datos sobre su valor van claramente enuinciados en la portada: «Le Guide des égarés, traté de Théologie et de Philosophie, par Moise ben Maimoun, dit Maimonide, Traduit pour la premiere fois sur original arabe et accompagné de notes cri Tiques, littéraires et explicatives, par..». Acertadamente le lama Fried: binder «the regenerator of the Guide». Se publicé en tres tomos-"*, y rincipios de nuestro siglo el eminente erudito y bibli6filo, tantas citado, profesor Bonilla, consignaba: «Es obra ya rara en el mercado y que se paga a muy elevado precio». Por fortuna, en 1970 se cefectu6 una reimpresion, Digna de recordarse es la nota emotiva que el autor inserta en el Preface de los tomos I y Ill, sobre «la plus dure Epreuve qui puisse venir paralyser les efforts dun écrivain... la perce totale de la vuer, que hace mas admirable la gigantesca labor de Munk, poniendo al mismo tiempo de relieve la abnegacién de com petentes colaboradores, a los que él rinde homenaje. ‘Terminemos di ciendo que a partir de lt publicacién de la obra del ilustre investigador de la filosofia judaica, todos cuantos se han ocupado del Mdré! y su autor son deudores en mucho a su valiosfsima traduccién. Digna de mencién es la versi6n al bringaro™, por el doctor Klein. Nota muy destacable en la historia de las traducciones del Maré cs que «la més antigua de las versiones en lenguas vulgares es la es paitola», escribe Bonilla y San Martin, el cual inserta una larga nota sobre la'misma en su Historia. Se trata del cédice KK-9, existente hoy en la Biblioteca Nacional de Madrid, que contiene la traduccion del Méré! hecha sobre la hebrea de Al-Eiarizi, por Pedro de Toledo (siglo xv), «que probablemente era de origen judio», y acerca de cuyo mérito formula Bonilla muy riguroso juicio. En el curso de nuestra versién haremos ocasionalmente alguna referencia a ese m: nnuscrito, Desde aquellas fechas (1419-1432), nada absolutamente sabe~ os de trabajos de esta indole realizados en torno a la obra del gran poligrafo cordobés, hasta muy entrado el presente siglo. Oportuno hos parece recordar la reconvencién que el repetidamente menciona- do Bonilla hacia en su Historia a los hebraistas de su tiempo, al par gue una invitacién a cualquier erudito animoso: «Ya que nuestros he- braistas desdeitan mostrar al priblico, en trabajos ttiles para la gene ralidad, el fruto ce su mucha sabiduria, seria de desear que algin pro- fano, imitando al italiano Maroni (supra), tradujese al castellano esa én de Munk, prestando con ello un buen servicio a la filosofia y ala historia patria». Como respuesta tardia, 0 simple coincidencia, 32. Pai 1956-1866. 55. Budapest, 18781880 34 cen pp 301-303, 34 aparecié por los afios 20 (sin fecha) una versién espafiola de la 1 parte (solamente), con el titulo Guia de los descarriados, por José Suarez Lorenzo. Varios lustros después el publicista argentino Leon Dujovne, traductor de varios libros, dio a la estampa la que nos ‘ocupa, con el mismo titulo, Estas dos versiones en lengua castellana son retraduccién de la francesa de Munk, incluso las escasas notas. Por otra parte, la segunda es totalmente desconocida en Espiia, y confesamos que, aun teniendo suficiente conocimiento de la misma, pese a las intensas gestiones realizadas por varios conductos, nos ha sido imposible conseguir un ejemplar. 3. Comentarios La tercera direccién reveladora del interés suscitado por Guia de per ples, dentro y fuera del judaismo, en el deeurso de ocho siglos, de ciamos se manifiesta en los comentarios que de la misma se han ef tuado. Steinschneider hace notar que algunos pasajes filos6ficos del ‘Méré!, asi como la gran obra haldkica de Maiménides (traducida al abe contra la intencién del autor), encontraron comentaristas in- cluso entre los maestros islémicos, probablemente ya en el siglo xil, como entre los escolisticos cristianos en el mismo, mediante tra dueciones latinas. La densidad doctrinal del tratado filoséfico-teol6gico que nos cocupa y la consiguiente necesidad de aclarar no pocas cuestiones abs trusas tratadas en el mismo dio lugar a una falange de comentaristas, que han acrecentado extraordinariamente la bibliogralia maimot diana. Friedlinder representa un elenco de casi medio centenar, por ‘fen alfabético, con interesantes datos acerca de los autores y sus trabajos, casi todos en hebreo, y en gean parte manuscritos, si excep- tuamos algunos traductores ut otros, como Scheyer, Munk, Leibniz, Kauffman. Steinschneider (p. 99) destaca algunos nombres més fa mosos, entre los que figuran los que pudiéramos llamar la «plana mayor» de los comentadores cuyas elucidaciones o escolios acompa- fian, en las grandes ediciones, y aun menores, de la obra (en hebreo), al texto, situado en el centro, Transcribimos la siguiente lista del ei= tado investigador: el propio traductor Semuel ibn Tibbén, su correc- tor Sem Tob ibn Falaquera (1280), Yosef ibn Caspi (1330), Mosé Narboni (1362, lo empez6 en Toledo y termind en Soria), Profiat Duran (Efod,, Ephodaeus) (1394), Sem ‘Tob ben Yosef ben Sem Tob (1488), nieto del cabalista y contradictor Sem Tob ibn Sem Tob (m. 1430), Aser ben Abr. Bonan Crescas (m. 1410), Don Isaac Abravanel (m. 1508) y David ibn Yahya. Bonilla dedica todo un apartado 0 ca~ pitulo (el 18) de su Historia a «Maiménides y sus comentadores», No 35. Init Mamie, Madd 36.5. SigalBacnos Aire, 195. 35 deja de ser curioso que entre éstos figuren también algunos cabalistas, escuela de la que «el Arist6teles judio» se mostré siempre irreductible adversario; tal, por ejemplo, Abraham Abulafia (1240-1292) y algu: 0s comentaristas alemanes, como Menahem, el hermano de Abigdor Kara (ca. 1439). Como remate, cumple resaltar la estimable opinion de Bonilla, quien, a proposito de los comentadores, escribe: «El mas profundo de todos es, sin disputa, Moisés ben Joshita de Natbona..., inteligentisimo, aunque obscuro, peripatético: Finalmente, conviene recordar que toda traduccion representa tuna exégesis,y, si lleva algunas notas, mixime de cierta extensiGn oca: sional, como es el caso de Munk, puede resultar, hasta cierto punto, al ‘menos un mini-comentario, Por otra parte, la mayoria de los eserito- res judios, y algunos cristianos, como hemos visto, sobre temas rel gi0sos, teoldgicos o filos6ficos, han insertado copiosas referencias al ‘Méré®, elucidando o discutiendo las teorias expuestas por RaMBaM. IX. NUESTRA EDICION CASTELLANA 1. Gonsideraciones generales Empresa de gran envergadura, a todas luces, debe reputarse traducir, con los aditamentos pertinentes a una edicién destinada al gran put blico, Guta de perplejos. Por eso, al iniciar nuestra labor, nos vino a la memoria, sin vana afectacién, mas bien a modo de «proemio galea Co», la paladina afirmacion de san Jeronimo: «Aggrediar opus difici: imum («Voy a emprender una obra dificiisima»):”. Conforme al acertado criterio que en ese lugar expone aquel incomparable maestro de traductores, hemos procurado, como primordial aspiracién en nuestra labor, que «su interpretacién no necesite de otra interpreta ion, como stele acontecer —dice el santo doctor— en los escritores demasiado altilocuentes, cuyas explicaciones son mas dificiles que lo mismo que intentan elucidar». Permitasenos advertir que no se trata en nuestro caso de un salmo como el indicado, de 17 versiculos, por muchas complicaciones que ofrezca: es una obra extensa, variada y profunda, de alta teologia y abstrusa filosofia a veces, donde se traen a colacién nada menos que cerca de millar y medio de versiculos bi- blicos, equivalentes a tres quintos del Salterio, con frecuentes refe rencias a la literatura rabinica y diversos autores, aparte de la expo- sicién doctrinal del autor, que constituye el cuerpo de la obra. No obstante, es de justicia reconocer la impagable deuda que contrae con todos cuantos nos precedieron en la exegesis de este libro mara- villoso todo aquel que lo aborda con cualquier propésito, sobre todo quien pretende traducirlo y exponerlo. 37. Epi 240, sobre Sabo 90, BAC, th 36 Fr Los numerosos comentarios y estudios de que ha sido objeto esta obra, a modo de guias de Guia de perplejos, ponen de manifiesto las innegables dificultades de todo orden que encierra. Sin embargo, por graves que éstas sean, y precisamente por eso mismo, es un deber pri- mordial del traductor, o simplemente del especialista, tratar de eluci darlas lo mejor posible mediante la exactitud y perspicuidad de dic ci6n, las adecuadas notas explicativas y cuantos subsidios exegéticos La version hebrea del Méré, simultaneada a buen seguro con otros quehaceres y exigencias del modus vivendi de una familia de emigrados, ocupa a Semuel ibn Tibbén, hombre de gran cultura y ex perto traductor, continuador de la tradicién paterna, unos cinco aiios (1199-1204), a juzgar por los datos que poseemos: carta del propio Maiménides sobre el asunto y conclusién del trabajo el aio mismo del fallecimiento del autor ‘Cuando se otea el panorama maimonidiano, en seguida se obser vaes tanto lo que se ha escrito, no ya en relacién con los numerosos € importantisimos escritos que integran el elenco del eminente poligra- fo cordobés, su vida y significacidn en el mundo del judaismo y de la ultura en general, sino incluso simplemente esta su obra magna, Guia de perplejos, que, al revés de lo usual y aun preceptivo en esta clase de publicaciones, ia labor mas necesaria y primera ha de ser una rigurosa decantacién y esmerada seleccién, Ojala, ademés, se pueda dar algiin paso adelante y descubrir o poner mas de relieve tal o cual faceta de un personaje al que se le puede aplicar con justicia el famo- so elogio: sobre él nunquant satis. A tal objeto nos parece conducen- te, ante todo, la publicacién de su obra mas importante, puesta al al: cance del mundo de las letras. En efecto, la necesidad de una versién espafiola era urgente ¢ inaplazable, maxime si tenemos en cuenta el resurgimiento de los es- tudios hebraicos —lo propio que los biblicos— en nuestra patria du rante los tiltimos decenios, A los excelsos méritos que anteriormente hhemos expuesto y ponderado, se une el de ser una obra que marca el cénit del pensamiento filoséfico judaico medieval, y recoge y enriquece Jas mas puras esencias y logros de la meritisima escuela exegética hebraico-espaiiola en varias de sus mas espléndidas rama 2. Estructura de la presente edicién Esta determinada por las caracteristcas internas de Ia obra. Se respe- ‘3, como es justo, su division tripartita y su seecionamiento en capi tos, Un breve sumario va antepuesto a cada una de las tes partes, y el titulo adecuado, a cada capitulo, a tenor de su contenido, en forma sucinta y entre paréntesis cuadrado, como cosa afiadida al original, pero insoslayable, a nuestro juicio, para un lector moderno, pese al fe tichismo con respecto al texto primigenio, de cualquier obra que sea, hoy dia prevalente en ciertos sectores. Las numerosisimas citas bibli cas, con indicacién, al final de cada una, pero en el cuerpo del texto, del libro, capitulo y versiculo a que pertenezcan, y lo mismo las to- madas de la literatura rabinica. Las notas explicativas, cuya indole se explicita seguidamente, se han restringido al minimo indispensable para la recta inteligencia del texto, o, a lo sumo, a una breve glosa, Eercenando toda amplificacién erudita ociosa, semejante mas bien a tun comentario, Los dos a modo de apéndices del Proemio: Cronologéa maimoni diana y Esquema general del Méré!, nos parecen de notoria utilidad, dado que, ademas de presentar una sinopsis del tema respectivo y dar mayor cohesién y precisién a ciertos detalles, pueden ahorrar even tuales aclaraciones en notas. En cambio, no se ha incluido «indice de referencias biblicas» porque su utilidad real en este caso se nos figura sumamente limitada, por no decir nula, Mucho mas préctico, sin dda alguna, es el indice de matevias, cualquiera que sea su extension, que, portal motivo, hemos inluido al fina En cuanto a epigrafes de capitulos, inexistentes en el original y las versiones hcbreaseandichas, la mayoria de las ediciones en lenguas modernas prescinden totalmente de ellos en el cuerpo de la obra. La de Munk antepone a cada parte una «Table des chapitres» con epi igrafes en general excesivamente largos, casi como «sumarios». Mas breves son los de Friedlinder. Nosotros los hemos simplificado mucho 3. Texto original y versiones Afortunadamente, en nuestros dias la proclama de acudir ad fontes en la investigacion y estudios hist6ricos, cientificos y literarios va consi- deréndose como inexcusable imperativo. En nuestro caso, el camino abierto por S. Munk a mediados del siglo pasado ha tenido denoda- dos seguidores como Friedlinder a principios del actual y S. Pines se- senta afios después, En consecuencia, el primicerio texto original aré bigo, las dos famosas versiones hebreas antiguas, de Ibn Tibbén y Ab-Hari2i, también «la mas conocida» y, sin duda, la mejor entre las latinas, de Buxtorf y las tres (francesa y dos inglesas) tan reiterada: mente mencionadas, constituyen el sepremfluus hontanar adonde el traductor, o simple investigador, hodierno de la Gua de perplejos de herd ir a beber su inspiracién. La amplia informacién bibliogratfica {que dejamos consignada es mas que suficiente pata quienes deseen do- cumentarse cumplidamente al respecto. 4. La presente traduecién Diremos, en primer lugar, que nos hemos esforzado por atenernos fielmente a las leyes y normas que rigen ese arte dificil. Lejos, pues, de 38 esa literalidad, que a veces se proclama como un mérito y nos parece Fecusable cuando degenera en servil calco del original, como igual mente del polo opuesto, en que se parafrasea o se imprime a la claw: sula un matiz semantico o un sesgo distinto del original, hemos pro curado con todo ahinco desentrafiar la significacién propia y exacta de la diccién original y cefirnos a su estruct a en todos sus aspectos, dentro de las leyes sintacticas, exigencias y permisividades de nuestra lengua. Hemos tenido pre te no sélo al lector ordinario, extraiio por completo al original arabigo y a la primigenia version hebraica, de sepcial cones ete sf en exe cao, sing también, en un segundo plano, al conocedor, siquiera sea en graclo elemental, de estas enguas, Eomo es el caso, por ejemplo, de quienes al menos «saludaron» estas lenguas semiticas en la Facultad de Letras. El traductor y anotador de una obra cientifica de altos vuelos, como es e] Moré, puede elegir entre dos sistemas 0 tendencias la sim plemente filol6gica y la literaria 0, mejor atin, una mezcla acertada de ambas. La primera reviste excepcional importancia para quien desee Sseguit 0 consultar eventualmente el texto original, y en tal caso se im- pone sacrificar algo de la clegancia en aras de ese positivo provechos la segunda se dirige mas bien a aquellos que por ignorancia o desin terés del mismo —y serén la mayoria o casi totalidad de los lectores en nuestro easo— prefieren una diccin que, ademas de correcta y fel, resulte fluida y, en la medida de lo posible, conveniente y de buen gusto, hasta elegante En una traduccién como la presente, destinada mas bien al gran public, de variable cultura, no podia haber dada respecto a la elec Gi6n; pero nos place sobre manera la coincidencia con el preparador de una edicién savante, como la de Munk, el cual confiesa He procurado mis y mis adherieme al partido de los que solamente lerdn la traduceitn, yy sin menoscabo del idldad, me he aljado agin tanto de sa li teralidad, que se echard de ver sobre todo n la Introduccion y primeros cap tulos™ En summa, el desideratum en toda version es conjugar discreta mente los tres factores: la fidelidad mas estricta al texto, significacion y matices, claridad de diccién y casticismo de estilo. En las obras lisicas, sobre todo antiguas, el lenguaje ofrece sobresaliente interés. Por eso el citado traductor francés estampa la siguiente observacion: «He procurado por todos los medios que, a través de mi traduccién, fuera posible darse cuenta de cada palabra”, meta loable, sin du da, aunque con reservas y, ademas, dificilmente asequible. Particu larmente sugestivo, a este propésito, es el caso de las antiguas edicio- 39. thid, I, p. VL 39 y aun las modernas cualificadas de obra nes bilingiies grecolatina aiiade el mismo autor clasicas, Oportunaments Es un expedient fi, cuando se trata dela interpretacién de pasajes profundo ¥ oscuros, palar st ignorancia tras una vrsin vaga de elegane factura;en una ‘obra com la presente me ha parecido que la elegancia debi subordinarse la ‘expesion precisa del pensamienco de Como muestra de la dificultad practica de alcanzar ciertas cotas ideales o, al menos, de contentar a todos, nos permitimos estampar el siguiente juicio de tn «famoso critico» (M. Franck), el cual echaba de menos, en el por tantos titulos encomiable trabajo de Munk, «un peu plus de liberté et de naturel dans la traduction» Por nuestra parte, sin mengua ni menoscabo de la claridad y pecu lic estilo del Moré, hemos procurado imprimir a una version, en la me. dda de muestras fuerzas, la soltura, variedad y ojalé hasta la elegancia relativa compatibles con el respeto al original y a la materia tratada, que nos han sido asequibles. El lector competente podra dictaminar, sobre todo si se percata de que esas cualidades de estilo facilitan y' hacen ‘més deleitosa la comprensién, lectura o estudio de una obra que, junto a valores excepcionales, de esos que nunca prescriben, contiene asi: ‘mismo capitulos y pasajes de innegable aridez. escolastica, abstrusa di- ficultad y hasta escaso atractivo, como reconoce el propio Munk’ Asi, pues, en cuanto al estilo hemos procurado atender al gusto moderno de los mejores traductores —no muchos ciertamente- cualesquiera obras, o a las normas que, a nuestro juicio, constituyen el ideal de todo buen hablista y traductor, cuales son, en primer término, evitar, como un escollo, la pesadez, monotonia, aridez, repeticiones, defectos que forzosamente retraen del paladeo y aun de la simple Jectura, aun por via de consulta, de una obra cualquiera. Ni la filo- sofia ni las ci bundosas en el Moré, a pesar de sus peculiares caracteristicas, pueden ser una excepcién en cuanto al ropaje en que vayan envueltas, En tal caso el traductor no solamente est autorizado para levantar, siquiera moderadamente, el nivel del original, sino que lo estimamos un deber indeclinable. Particular empeiio hemos puesto en evitar repeticiones de vocablos, demasiado frecuentes en el original, y que si bien en ocasiones evitan ambigiiedades, en otras pueden y aun deben soslayarse sin el menor re= paro, La maxima simplificacién ha sido, pues, una de nuestras metas. Tratandose de voces hebreas (cuya traduccion siempre se acompa: fia), que a veces se repiten reiteradamente dentro del mismo capitulo, v. gr.,en los 45 primeros de la I parte, solamente hemos consignado su significacién la primera vez, sobre todo si aparece en cabeza, 40. fbi, pp. 1K 4. bid, Proface dee pane pV, 40 Notemos que el estilo de Maiménides en el Méré! es extraordi- nariamente densus et brevis, pese a las frecuentes reiteraciones ver- bales, en gracia a la diafanidad conceptual, totalmente desnudo de arrequives u ornatos literarios y digresiones eruditas, que resultarian ajenos a la materia tratada, aparte de que la mentalidad del autor era poco propicia a los vuelos y hedonismos de la fantasia. Pero es al mismo tiempo tuna «prosa sutily,en frase de L. Strauss, lorcual obliga al traductor casi a realizar una labor de orfebreria y aguzar el ingenio, puesto que obligatoriamente debera amoldarse a ese troquel. Apenas dimos comienzo a nuestra versién, la obligada compulsa y cotejo con las ya existentes nos puso de manifiesto una caracteristica comiin a todas, notorio defecto, a nuestro juicio, a saber: excesiva prolijidad y falta de concisién adecuada al texto original, en parte principal por exigencias de la lengua a la que se vertia y quiz también por estimar quedaba de ese modo més didfana y comprensible la enunciacién del pensamiento. Por nuestra parte, agradeciendo la ayuda que nos han prestado, hemos intentado cefiirnos siempre al texto con el maximo empeiio, no servil ni literalmente, sino concep: tual y lingiisticamente. Por fortuna, la lengua castellana, pese a la fre cuente propensién de nuestros escritores de todos los tiempos @ la ext berancia o profusién, dispone de recursos que quiz no abunden en la misma medida en ottas y se presta magnificamente a la coneisi6n, 5. Referencias biblicas A lo largo de este Proenrio hemos ponderado la profusién de citas es criturarias que enriquecen los capitulos del Maré, de las que podrian computarse unas dos mil, incluyendo las repeticiones de cierto ntimero de versiculos, estudiados bajo distintos aspectos, asi como también las citas meramente implicitas. Ello demuestra el saber enciclopédico que del Antiguo Testamento poseia su autor, y lo corroboran sus restantes escritos. Bien puede ascgurarse dominaba totalmente ad pedem litierae, y en sus exégesis, el Sefer s‘farim 0 «Libro de los li bros», su alimento espiritual desde la infancia —conforme aconsejaba san Jerénimo—, como base para los inmensos estudios que sobre sus profundos arcanos y doctrina realizaria a lo largo de su fecunda vida. El hecho de que en esa doble actividad, recepriva y comunicat va, muchos otros doctores judios o simples creyentes —al igual que cristianos— le antecedieran y subsiguieran, y no fuera en esto un caso singular, no resta un Apice a su mérito, dadas las dificultades que a la saz6n, hasta la invencién de la imprenta, asaltaban a todo «bi- blidfilo» (en su doble acepcién). No disponia tampoco del instru- mental bibliografico realizado al cabo de los siglos por los grandes es- crituristas, que hoy dia atesoran las espléndidas bibliotecas. La contemplacién panorémica de ese ctimulo de referencias, su- perficialmente perceptible a la vista de los indices que suelen acom- 4 pafar a las ediciones del Méré, es sugestiva y aleccionadora respecto a la contribucidn obtenida de cada libro candnico. Todos los veterc ntarios de la Biblia hebrea (a excepcién del menor, Abdias, de an en esas istas, en las que se destacan por su nu merosidad las citas de Gn y Dt, Sai y Profetas Mayores. El conjunto de ellas, como ya hicimos obsetvar, presta singular aspecto a las pa ginas de este libro, convertido asi en bilingie, dado que a nadie se le fculta aparecen en su lengua original hebrea (o aramea) y no tradu- das al arabe, todas esas referencias, como igualmente las espigadas nla literatura rabinica. Una advertencia se impone. Para el traductor, este segundo ele. mento ofrece, por una parte, el alivio de ser conocido y aun diriamos familiar para cualquier mediano biblista, elucidado y refrendado por tts versiones a todas as lenguas y por innumerabls extudios exe péticos y comentarios. De otra parte, plantea la opcién de la version tds acertada al idioma al que se trastade, El especial predicamento y general aceptacion de que goza la edicién de Nacar-Colunga, para ‘muchos casi evulgata espaitola>, nos ha hecho preferirla a cualquier otra, con la salvedad de que cuando nos ha parecido conveniente apartarnos algiin tanto de su interpretacién o podria atisbarse mejor la raz6n de la cita, dando otro sesgo a la frase, asi lo hemos hecho, como es nuestra costumbre, En el caso de otras citas, particularmen te rabinicas, en las que no se dispone de versiones castellanas, al menos accesibles, hemos traducido directamente. 6. Notas explicativas Son un subsidio obligado en toda traduecién, y aun en cualquier libro, para aclarar conceptos, tamizar teorias, puntualizar alusiones y resaltar matices que pudieran quedar algiin tanto obnubilados en el texto. Omitirlas totalmente, por razones que fuere (v. gr. la mencio- nada edicién de Friedlinder) o restringirlas casi exclusivamente a las de indole lexicolégica o textual (v. gr., la de Pines) nos parece una equivocacién; lo prudente sera una acertada dosificacién. Asi, la su- prema aspiracion ha de ser aquilatar en la frase, hasta donde sea po- sible la significacién y matices de la diccién original, de manera que no se precise ulterior elucidacién, También ha de evitarse el empenio de exigir al autor mas de lo que dice, aduciendo citas que amplifique su pensamiento, Los numerosos datos ¢ informacién consignados la Introduccién 0 predmbulo que suele encabezar todo libro ahorraran con frecuencia explicaciones. Una amplificacion excesiva, hasta des- mesurada, como frecuentemente hace Munk, aun siendo plausible intento iluminar al maximo el texto, llega a convertir las notas en un comentario, que, aparte de la inflacién que supone, distrae la atencid del lector, hacigndole perder momenténeamente ei hilo del discurso. Ante tales presupuestos, nuestro criterio ha sido bien explicito en 42 esta cuesti6n: ilustrar lingiistica 0 filol sere a tnducein represent tna exggens del testo, tanen Las no rebasen la justa medida, su utilidad sera siempre muy estimable pntided, procuando m poste dettded de contenido, Lo coc Tres tipos principales de notas creemos pueden seftalarse: lingtifs- tico-filologicas, estético-literarias y doctrinales, Tal es la triple orien Ib clcos del eseo ¥ vot cman wocess ces qe donde Buse loa: Betas ex nected de nase coro esbe formar algunas cs Introduccién 0 Proemio, realizada por un cristiano o por un judio, 0 simplemente por personas de distinta ideologia, estriba fundamental mente no tanto en la traduccién misma, que en cualquier caso debe ibrocsinctur fdcldad al amma e ect eomben de alec Eig, cno a ben en fos eapectos euplecrog a cousldeer deeds privetivas de cada seto,y hasta de cada naviduo. Se at, por con Siguiente, de unidad esencal dentro de la abvia variedad, o-al menos Moctrinal de la obta'y su elucidaci6n, y que ni por un momento de de su autor, sino simplemente panoramas distintos que se contemplan ree ds vies, dood Yon gor bo cntnaa on etiouoe, pct dante y con undnime respeto siempre a la ideologfa y credo del autor, as{ como al entorno cronolégico y cultural del libro. ADVERTENCIAS FINALES, Dos quisiéramos formular a nuestros lectores: 1.*) No hemos crefdo necesario alargar mAs este ya bastante ex- tenso Proemio con un elenco bibliogrifico de obras y estudios de 43 todas clases relacionados con el Méré!, que siempre resultard in completo, y en este caso —valga la paradoja— asimismo excesivo. Quedan, no obstante, indicadas las fuentes principales 0 mas as quibles. 2.) La transcripcién de voces hebreas, tan descuidada general Iente, y arabes, constante preocupacién nuestra en todos los trabajos sobre temas semiticos, ha sido objeto de nuestra preferente atencidn El sistema seguido es el que se indica en nuestro Manual tan rei- teradamente mencionado, en el apartado «Transcripcién fonétic ide voces hebreas , asi como también, més simplificado, en el TIL Apéndice, «Esquema de transcripcién de voces hebreas» de los Prolegémenos al ME’AM LO‘EZ, por D. G. M. y P. P. R.®, En ambas obras puede verse, asimismo, la lista de «Siglas de libros del Antiguo Testamento» Finalmente, deseariames, sinceramente, que todos repasen es tudien las paginas de este libro inmortal con el mismo agrado, devo ion y entusiasmo con que la edicion ha sido preparada, no perdo. nando esfuerzos a fin de ahorrarselos al culto y benévolo lector. Que testa Guia de perplejos disipe sus perplejidades, dudas y nebulosidades en la exégesis de la sagrada Escritura y le ayude a comprender cada dia mas y mejor la eterna palabra de Dios. Davip GonzaLo Matso 44 CRONOLOGIA 1135, Nacimiento de Maiménides en Cérdoba, en ls postrimerias de la do- ‘minacion almoravide sobre la Peninsula, 1148, Los almohades, invasores alricanos de la Peninsula, se apoderan de la antigua capital del califato y desencadenan sangrienta persecucién Contra judios y eristianos, como consecuencia de la cual el padre de Maimonides con su familia inicia una vida errante de ciudad en cidad por Andalucia 1151. Estancia relativamente pacifica de Ia familia en Almeria, hasta la toma de esta ciudad por los almohades, A partir de esta fecha, nueva vida peregrinante por diversas ciudades del sur de espafa 1160. La familia de Maiménides se establece en Fer (Marruecos), en el mismo plan de ‘aytisin, © criptojudios. 1165, Sabado, dia 4 del mes de Iyar (18 abril), embarque para Palestina y Hlegada i Akko el 16 de mayo, tras penosa travesia, Traslado a Fustat (Viejo Cairo, Egipto), Maiménides abre una escuela de Filosofia y se inconpora a ia Academia de Medicina, ‘Mueren el padre de Maiménides y David, su hermano, en un viaje de negocios de joyas, que tenian en comin. Muere, asimismo, la esposa de Maiménides, el cual contrae segundas ‘nupeias con la hermana de un influyente pataciego, Ibn Almati, uno de los secretarios del rey, el cual, a su veo, cas6 con una hermana de Maiménides de la cual tavo un hijo (Abraham). 1168. Termina su gran comentario a la MiSnd, empezado en Espana (1158); 1169-1171, Saladino, visit del Gltimo califafatimita de Egipto, EL-Adid, al ‘cual depuso en este tltimo aio, 1171, Saladino se aduena de Egipto e instaura la dinastia eyubita. Mai manides, a propuesta del visic AlFadel, es nombrado médico de Ta corte del Sultan, cargo que desemperiars hasta su muerte y here dard su hijo y descendientes. 1174, Ala muerte de Neruddin, soberano de Siria, del cual era lugar niente Saladino, éste asume la mas alta magisiratura, 45 Es nombrado naggid («principe») de la comunidad judia de Egipto 1180. Terminacién del Mind" Térd!, empezado doce afios ant 190; (Como limites, 1185-1200). Composicién de In Dalal (Moré, Guia de perplejos Muerte de Averroes, principal fildsofo del Islam espatiol. Carta de Maiménides a Semuel ibn Tibbén, resid (Francia) traductor del Moré 1204, Terminacién de dicha traduecisn, E1113 de diciembre fallece a los sesenta y nueve afios de 46 ESQUEMA GENERA\ Fi siguicnte esquema general del Moré, cuya dificultad de encuadramiento nos adelantamos a sefalar, da una idea bastante exacta de la heterogencidad de materias y desconexidn de las mismas, Creemos puede ayudar a formarse nerales de la obra, asi como de los tuna mejor representacion global y lin puntos nucleares que la integran, I PARTE.—INTRODUCCION Capitulo: 30 Exégesis de términos biblicos fundamentales sueltos, dos o tres en cada capitulo, 31-32. Inteligencia y sentidos del hombre 33-34. Digresién psicoligico-didactica. Consejos didcticos. 35-418 Expresiones relativas a Dios. IML TEOLOGIA DOGMATICA Y LINGOISTICA (B) 49° Los angeles. 50. Sobre la fe 51-70 Diversas cuestiones acerca de la Divinidad: atributos divinos, 47 71-76 Sobre los mutacilime 32 De Deo. IL PARTE.—INTRODUCCION 1-TEOLOGIA MORAL (8) 1-54 Conelusién general de la obra. Conocimiento de Dios, Conducta 1-2 Demostracién de la incorporeidad de Di |-TEOLOGIA DOGMATICA (E) SOBRE 1D 3-11 Sobre las esferas celests y las Intelig ncias separadas, 12-31 Sobre el origen del mundo; hipétesis. Teorias filosGficas y su ref tacién. La creacién y la sagrada Escritura. | IL, COSMOGONIAS FILOSOFICAS ¥ BIRLA (4) 32-38 Sobre la Revlacén | 39 Sobre la Ley de Moisés, | | 40. El hombre, ser social V. ANTROPOLOGIA (Bj: DIGRESION PSICO-SOCIOLOGICA 41-48 Sobre la visién profética Vi TEOLOGIA DOGMATICA (6) DELA VISION PROFETICA IIL, PARTE.—OBSERVACION PRELIMINAR Capitulos 1-7 Sobre as visiones de Ezequiel, LLTEOLOGIA MISTICA EZEQUEELIANA ¥ COSMOGONIA () 8.9 Sobre la materia y la forma, I, HILEMORRISMO AnisToTELICO 10-12 Sobre el bien y el mal, | I TEOLOGIA MORAL. (A) 13-48 Sobre el Universo, 48 49 PRIMERA PARTE INTRODUCCION e En el nombre de Ybwh Dios del universo [cARTA DEDICATORIA] Muy estimado discipulo R. Yosef b. R. Y paraiso!): Desde que Ilegaste a mi lado, procedente de los tiltimos con fines, para cursar conmigo, mi aprecio hacia tu persona se acrecent6 | por tu gran aficién al estudio y por descubrir en tus poemas decidida inclinacién a lo especulativo, e incluso ya desde que me llegaron tus | scttos y Maqiimas® de Alejandra, antes de comprobar tu eapacidad 0 “Prokgsmeno"= (M ono encabezamst de a Treat aici, due Maid le Shido ow uz cael bt ‘lo epecil par expres ex concep, ques desig mediante I lca dle hos con y incre 4." Esl dovinnaio (agri aba, Ester Ocsidene)- Manning ad Sse elas Bari) amo en auge por tu excelente ingenio y répida comprensién; y, observan do tu marcada inclinacién hacia las mateméticas, te deje libertad de ejercitarte en ellas, convencido de cual seria tu porvenir. Cuando es tudiaste conmigo ia l6gica, se reafirmaron en ti mis esperanzas, al verte capacitado para declararte los misterios de los libros proféticos, y en condiciones de comprender lo que cumple a los perfectos Empecé, pues, a iniciarte en ellos, y observé que inquitias mas y mas, insistiendo en que te explicara cuestiones metafisicas y te dilucidara lo que al respecto opinan los mutacalimes® y si sus métodos se basan en la demostraci6n, 0, en otro caso, a qué arte pertenecen. Me di cuenta sabias algo sobre el particular, aprendido con diferentes maestros, y te hallabas perplejo, poseido de estupefacci6n; tu noble espiritu te urgia a «encontrar el objeto de tus anhelos» (Ecl 12,10). Yo no cesaba de disuadirte, recomendandote abordar las cosas por su orden, pues mi intencién era que la verdad se fuera asentando en ti por sus pasos, y la certeza no llegara como por casualidad. Mientras permaneciste conmigo, jamés te rehusé la elucidacién de un versiculo o de algin texto interesante de nuestros doctores. Mas cuando Dios dispuso nuestra separacién y ti te encaminaste a otro lugar, aquellos colo- quios reavivaron en mi una resolucién que se habia atenuado, y tu au: sencia me movié a componer este Tratado, escrito para ti y tus se mejantes, por pocos que sean, en capitulos sueltos, y lo que vaya redactando se te enviard sucesivamente al sitio donde te encuentres. Vale. Dame a conocer el camino por donde it, porque ati alzo mi alma (Sal 143,86) AA vosotros, mortales, lamo y me dijo los hijos de los hombres (Pr 8,4) Inctina ta od y escucha la palabras del sabio y aplica tu coraén para enter eras (Ps 22,17) El objeto primordial de este Tratado es la explicacién de ciertos nom- bres 0 términos” que aparecen en los libros proféticos. Entre ellos los hay polivalentes*, pero que los ignorantes toman en alguno de los sen- tidos usuales; otros son metaforicos, y también los entienden en la acepcién primitiva de la metéfora, y asimismo los hay anfiboldgi- 46. Mutcdine: derivado de Kal, ming Seabe qv desig ls tego dl sn, reradaente ads em eta obra de Matménis, sole todo en caps: 71y 7375 del pt Maiménides atede por tales no sleet on oom station y adjetos sno ‘ama los verbs en ni formas mina) ys laos spomes de acca El nome, ‘bre tod los antopénines, Hone epi rerani ena ieoog lengua ilicon, geo yan parte pas alerstani, [Piao Mle wade bomonymess Ms. PT, aqiv0cs A. Gisiian, aegivoc, y Pes, guiocl sun trmibo rteradamerte empendo ca td I Ot, due aoe parece mie tao y exact, de acuerdo con la acta erminloglainghsica ys el sigieaio,denominae polivatet. Tambien se posta Hamar police, 54 cos, que a veces se los supone empleados como apelativos?, en tanto que otras se los considera como polivalentes. No es la finalidad de este Tratado poner todos ellos al alcance del vulgo ni de los principiantes, como tampoco adoctrinar a quien solamente ha estudiado la ciencia de la Tora, es decir, la ensefianza tradicional (Talmud). La razén de ser del presente Tratado en toda su integridad, y de todos sus simila res, es el estudio cientifico de la Tord en su auténtico seutido, o mas bien ilustrar al hombre religioso en cuya alma esta anclada la verdad de nuestra Ley como objeto de creencia, que se muestra perfecto en su religiosidad y costumbres, ha estudiado las ciencias filosSficas y co nnoce sus secretos, y al cual la razén humana atrae y guia a sus domi nios; pero se encuentra desorientado por la exterioridad de la Tord y quello que siempre entendié w otros le imbuyeron respecto a dichos términos polivalentes, metafSricos 0 anfibol6gicos, reducido a un es- tado de perplejidad y confusién: o adherirse a lo que al respecto aprendié conforme a su saber y entender, y entonces se imaginarfa haber traicionado los fundamentos de su Ley, o bien atenerse a lo que capté sin dar entrada al raciocinio. En tal supuesto, habria renuncia- do a la raz6n, alejandose de ella, convencido de un menoscabo y pérdida en sw religion, y, obstinado en semejantes fantasias, sera presa de la inquietud y congoja, con el corazén atenazado y violenta turbacién. Esta obra persigue asimismo un segundo objetivo: explicar las alegorias ocultas que encierran los libros proféticos, sin clara evi dencia de que lo sean, y que, en cambio, el ignorante o el irreflexivo toman en su sentido externo, sin percatarse del interno. No obstante, siel verdaderamente instruido las examina e interpreta en su aparente significacién, también se siente sumido en honda perplejidad; pero una vez le hayamos desentrafiado la alegoria o advertido que se trata de una expresién parabélica, se verd aliviado y libre de tal per- nleidad. Por eso ritalé el tratado Dalat al-pa'rin, «Guta de per plejos» No pretendo que mi obra disipe toda clase de dudas en quien la haya entendido perfectamente, pero si en su mayoria y las mas graves. El sensato no me exigird ni esperar que cuando yo aborde un tema lo agote, ni que, al comenzar la explicacién de tal o cual alegoria, apure todo cuanto al respecto se haya dicho. Si eso no lo aceptaria ningiin hombre circunspecto en la conversacién para quien con él hablase cara a cara, gc6mo podria hacerlo en un libro sin exponerse a la dia~ 9. Seretiee a os nombres gendrios, comune 0 cnetaiosYamados-convensionales= ox os ramaticosdabes, concep extensivo en ran pate std el lene hua como mar lor atic, 10. Los sabes designan con el apeltivo Fgh lo que nostro manos Derecho casio, sem enera toa la egiacn entoncada el Carin yl Tad. Su equivalent ne da, Emo ex Tab censeanes,eaon), se Tad Tord plead pr Ibn ibn y Sends dene triba de cualquier necio con infulas de sabio, que lanzase los dardos de su ignorancia contra él? En mis escritos talmiidicos " ya expuse algunas normas generales sobre este asunto, despertando la atencién sobre méltiples cuestiones, y adverti que el Ma‘ase? be-re%it (obra, relato, de la Creacibn») se identifica con la fisica, y el Ma‘asé" merkaba” («relato del Carro ce este») ®, con la metafisica, y expliqué la sentencia rabinica «Y no se expondrd la Merkaba! ni siquiera a uno solo, salvo que se trate de un auténtico sabio, que comprenda por si mismo, y tinicamente, los principios fundamentales. En consecuencia, no esperes aqui mas de los primeros elementos, que en este Tratado ni siquiera se encuentran or- denados de manera coherente, sino diseminados y entremezclados con otras materias que era forzoso elucidar. Mi intencign es que las verdades sean entrevistas y seguidamente se encubran, a fin de no con travenir al designio divino —cosa, por otra parte, imposible—, el cual encubrié a la masa general las verdades tendentes a la aprehen: sion de la Divinidad, conforme a la sentencia: «Los arcanos de Yhwh son para los que le temen» (Sal 25,14). ‘Ten en cuenta que en el campo de la fisica también hay cuestiones que no pueden exponerse tal y conforme son en realidad. Ya sabes lo {que dicen los Doctores (jbendita sea su memorial); «No debe inter- pretarse el Ma‘ase br-re'sit delante de dos personas». Por consi- {guiente, exponer tales cosas en un libro equivaldria a explanarlas a miles dé individuos. Por tal motivo esas materias aparecen en los li bros proféticos también bajo alegorias y, a ese tenor de los libros sa- zgrados, los doctores (jbendita sea su memoria!) recurren a enigmas y alegorias, porque son asuntos relacionados con la metalisica, en la ‘cual estan integrados. Ni pienses que tales misterios sean conocidos en toda su amplitud por uno solo de nosotros, sino que, a veces, la ver dad brilla hasta imaginarnosla tan clara como el dia, pero otras lao: curecen la materia y la rutina hasta sumirnos en una noche lobrega, como anteriormente estabamos, semejantes a quien, sumergido en tétrica noche, ve fulgurar relampago tras relimpago. Hay personas que ven centellear ese fulgor una y otra vez, como si la luz los envol viera sin intermisién ni tregua, y para ellos la noche es como el dia, supremo grado de profecia al que se refiere la expresion: «Pero tii qué date aqui conmigo» (Dt 53,31, 0 v. 28), del que dijo: «Su faz se habia hecho radiant... (Ex 34,29) ®. Los hay asimismo a quienes en 1 Maines fe un tld de primera i y ina awteridad, stor de varias la elevates sobee estas materia (id. Ha HI parte cap. XX. 1. Son las dos denominaciones,respestiament, de Gay Ez I, ass de exraornario predict o solamente nl Antigo Testament sino ea eda erature, cabal alma y de mado muy destacadoen a presente obra de Maiméaies. 13, aLa veri de Ibn Tibi nercala aqui teece palabras qu no se encuentran ie os ns de niga igo ner I de Al Hari tampa en os exacts de Ibo Falagurs,¥ gue ‘heads on superfans, pra fae sige viene deci To miso» (MI) 56 toda su nocturnidad ese relmpago relumbra una sola vez; es el geado de quienes se dijo: «Se pusieron a profetizar, una sola vez» (Nm 11,25)s y, finalmente, los que entre una y otra fulguracién, ven trans- cutrir intervalos mayores 0 menores. Pero hay también quien no al: canza un grado tal que su noche sea iluminada por un solo relimpa- go, sino que como un cuerpo pulimentado w objeto semejante, cual piedras preciosas, que brillan en la oscuridad nocturna, ¢ incluso esa {enue luz que sobre nosotros resplandece, no es permanente, dado que alternativamente brilla y desaparece, como la refulgencia de flameante espada (Gn 3,24). A este tenor varian los grados en los hombres per- fectos. En cuanto a aquellos que no perciben la luz ni un solo dia, sino que andan errantes en la noche, de quienes se dijo: «No saben ni en- tienden, andan en tinieblas» (Sal 82,5), para los cuales la verdad se halla totalmente encubierta, por manifiesta que esté, segan lo dicho: «¥ ahora no ven la luz.que resplandece en los cielos» (Job 37,21}, y gon la mayoria de los hombres, de Gos se rescind totalmente n este Tratado. Has de saber que cuando un hombre cabal, conforme al grado de su perfeccién, desea expresarse de palabra o por escrito sobre lo que ha captado de estos misterios, no le es posible exponer ni siquiera lo que haya aprehendido, con absoluta claridad y orden, como lo haria en otras ciencias cuya ensefianza es del dominio piblico. Por el con- trario, le sucedera al instruir a los otros lo mismo que cuando lo aprendié para si, a saber: el asunto parecera iluminarse y en seguida se obnubilara, como si tal fuera su naturaleza, tanto en lo mucho como en lo poco. Por tal motivo, todos los grandes sabios metalisicos y tedlogos, amantes de la verdad, al explicar algo sobre esta materia, siempre recurrian a alegorias y enigmas, incluso desarrollando esas alegorias en todas sus especies y géneros. Usualmente presentaban la cuestion tratada al principio, en medio o al fin, salvo que surgiera una imagen coherente con el asunto desde el principio hasta su término. A veces también la materia que se intentaba inculcar al discipulo, aun siendo tinica en si, fraccionabase en diferentes alegorias. An mas os- curo resulta el caso de tal alegoria, esencialmente tinica, aplicada ad diversa, de manera que el principio corresponda a un asunto, y el final, a otro. Puede darse el caso, asimismo, de una alegoria aplicada dos temas andlogos en determinada clase de cieneia. En consecuen- cia, pretender ensenar sin alegorias ni enigmas origina oscuidad y res triccin verbal equivalentes al uso de las mismas, como si los sabios y doctores fueran guiados al respecto por la voluntad divina, al igual que los determinan sus disposiciones fisicas. Considera esta realidad. El Altisimo (jexaltada sea su memorial), deseoso de perfeccionarnos y mejorar mediante sus leyes positivas el estado de nuestra sociedad —sélo factible mediante cirtos dogmas ra cionales que requieren ante todo comprender a la Divinidad (jexalta da seal) segiin nuestras facultades, posible solamente por la ciencia S7 metafisica, cuyo estudio subsigue al de la fisica,lindante con aquélla y anterior en la ensefianza, como es notorio a sus iniciados—, puso como portico de su Libro el relato de la creacién, que es, como ya ex plicamos, ciencia fisica. Pero, debido a la gravedad e importancia de sta materia y por la limitacién de nuestra capacidad para aprehender fen toda su realidad el més trascendental de los asuntos, se ha recur do, en la exposicién de los temas profundos que la divina Sabiduria quiso inculcarnos, a parabolas, enigmas y expresiones extremada- mente nebulosos. Por eso los sabios (;bendita sea stu memoria!) sen- tenciaron: «Explicar a mortales toda la entidad del relato de la crea Cién es imposible, Por tal motivo la Escritura te dice veladamente: “En tn principio creé Dios”...». Te advierten, pues, que los asuntos en cuestién son recénditos. También conoces el dicho de Salomén: «Lejos se queda lo que estaba lejos, y profundo lo profundo. (MR 62 1,6), aun cuando se trate de la interpretacién més abstrusa, como se nos ha inculcado respecto al vulgo, cudnto mas tratandose de nuestros doctos y doctores de nuestra Ley, que se esfuerzan en ensefidrnosla tal como la aprendieron, Seguro estoy de que todos los principiantes que no hayan efec tuado todavia estudios especulativos sacarén provecho de algunos capitulos del presente Tratado; pero los ya formados, imBuidos en el estudio de la Ley y que, como ya dije, se sienten perplejos, se benefi iarin de todos los capitulos, y cuanto se alegraran y qué placer ex: perimentaran con su lectura. En cuanto a los embrollados, cuyo ce ebro se encuentra perturbado por teorias opuestas a la’ verdad y métodos equivocados, que, sin embargo, toman como ciencia verda- dera, con pretensiones de hombres especulativos, aun sin saber nada que pueda en realidad de verdad llamarse conocimiento y ciencia, és0s se retraerdn de no pocos capitulos y sentiran notoria repugnancia al no captar su sentido, convencidos ademds de la falsa moneda que tie nen en suis manos, su tesoro y su fortuna para el dia de la adversidad. Dios (jexaltado sea!) me es testigo de los grandes temores que constantemente he experimentado al poner por escrito cosas que deseo incluir en este Tratado, pues son materias ocultas que no figu ran en ninggin libro de los compuestos por nuestros correligionarios, en esta época de la Diéspora, que se nos han conservado. ¢¥ cmo podria yo decir algo nuevo y consignarlo? Pero me he apoyado en dos principios: uno es lo que se ha dicho sobre cosas andlogas: «Cuando se trata de obrar por Dios...», y el otro: «Todos tus actos se realicen en nombre del cielo» (Dios). Asi, pues, en estos dos principios me he sustentado para lo expuesto en ciertos capitulos de este Tratado, En conclusién, me encuentro como quien, estrechado en una encrucijada, sin posibilidad de exponer una verdad bien asentada, sino es a un solo hombre destacado, desageadando a millares de ignorantes, pre- fiere arrancar a ese tinico de la perplejidad en que se halla sumido y cevidenciarle el camino de su extravio, con el fin de que Hlegue a la per- feccion y consiga la tranquilidad COSERVACION PRELIMINAR En cualquier libro o exposicién se encontraré alguna de las siete cau sas siguientes de contradieci6n u oposicién Causa 1." El autor ha recopilado palabras de gentes de opiniones dispares, sin citar los nombres ni consignar la paternidad de cada una. 16. Maimenides se acpa a pols cata de ou cbra ynos a aga sce claves qe pe en lair aga conrad also apres, tao de obra como de las numero Ferenc de los dctres aio en ll ctados,y que teen ademas aplcaion univers 63 En eal obra aparecerdn contradicciones 0 afirmaciones antagénicas dado que, entre dos proposiciones, una reflejara el sentir de un incl Yiduo, y la segunda, de otro. Causa 2.4 El autor del libro profes6 primeramente tal eorfa, que después cambi6 por otra, y aparecen juntas ambas posiciones. Causa 3." ‘Tales aseveraciones no se toman en su obvio sentido, sino unas literal y otras metaféricamente, ambas con su genuina sig. nificaci6n, o bien las dos proposiciones contradictorias conforme a su sentido literal son alegorias, y, a través del mismo, parecen contrade- cirse y oponerse entre sf Causa 4." Bs el caso de una determinada condicién que no se in dica de modo explicito en su lugar, o bien los dos asuntos son diver- gentes y no se concreta en él uno de ellos, de manera que aparente- ‘mente hay contradiccién en el texto, sin que realmente exista Causa 5." La necesidad de la enseftanza o exposicién de una materia oscura ¢ intrincada que ha de mencionarse presuponerse para la explicacién de una cuestién facil y debe preceder a la primera, dado que siempre ha de empezarse por lo més sencillo, obliga a que en tal circunstancia el docente se ingenie para explicar el primer asunto de alguna manera, sin pretender su exhaustividad, fidndolo a la imaginacién del oyente, a fin de que comprenda lo que en ese ‘momento se quiere poner a su alcance, Después, en su lugar adecua do, se expondra minuciosamente esa materia oscura en su auténtica realidad. Causa 6." La contradiccién se presenta velada y no se hace os- tensible sino tras varias premisas. Cuantas mas se precisen pata des velarla, tanto més se ocultard al autor, el cual pensar no hay contra diccién entre las dos primeras proposiciones. Sin embargo, tomando cada una de éstas y ariadiéndole una premisa justa de la cual resulte necesaria conclusién, y procediendo igualmente con cada conclusidn, juntando a cada cual una premisa verdadera para deducit una conse ‘cuencia perentoria, se legard, tras una cadena de silogismos, a desve- lar la contradiccion u oposicion entre las dos iltimas conclusiones. Lo propio les ocurre hasta a los escritores conspicuos. Solamente en el caso de que entre las dos primeras proposiciones hubiera manifiesta contradiccién, y el autor, olvidando la primera, al consignar la otra en lugar diferente de su obra, el tal revelaria tama deficiencia que seria indigno de figurar entre aquellos cuyas palabras merecen atenci6n. Causa 7." Las necesidades de la exposicién en materias noto- riamente oscuras obligan a velar ciertos detalles y revelar otros. 64 Ocurre a veces que se impone sustentar la argumentacién a base de tuna determinada premisa, en tanto que otras se ve compelido a apo- yarse en la contradictoria de la primera. En caso semejante, el lector vulgar no debera percatarse de tal contradiecion, para lo cual el autor habra de ingeniarse para disimularla a todo tran En cuanto a las contradicciones que se encuentran en la Mind y las Baraitot, obedecen a la causa 1.*, Asi, constantementé vers que afirman: «El principio contradice el final», y la respuesta es: «EI prin- cipio es la sentencia de tal doctor, y el final, de otro». Igualmente en contraras que dicen: «Rabbi asiente a la opcién de tal doctor y la consigna sin nombrarle, y en otro aprueba lo que dijo un tercero y transcribe simplemente su sentencia». A menudo encontrar expre siones como ésta: «eA qué doctor pertenece esta aseveracién anoni- ma? —A tal o cual. De quin es ese texto de la Mind? —De fulanom. Los ejemplos son innumerables. Las contradicciones y discrepancias que aparecen en el Talmud proceden de la 1.* 0 la 2.* causa, de ahi que a cada paso encuentres: «En este punto coincide con tal doctor, y en otro, con uno difer >. Incluso se dice: «En un caso asiente con él y en otto, disiente». Asimismo: «Dos ‘Amora’ discrepan de la opinién de tal doc- tor». Todos estos casos encajan en la 1." causa, Respecto a la 2." dicen, por ejemplo: «Rab renuncié a tal opinién» 0 «Raba, a tal otra, y en tal caso se investiga cul de las dos es la siltima, Andlogamente se dice: «En la primera recensién, Rabbi ASi” afirma tal cosa, yen la se- sgunda, tal otra». En cuanto a la contradiccién w oposi ciertos pasajes de cualquier libro profético, provienen de la 3." 0 4. causa, y tales el objetivo primordial de esta observacién preliminar Bien sabes que los Doctores (jbendita sea su memoria!) acostumbran a decir: «Un texto se expresa de esta manera, y otro, de distinta» Plantean la aparente contradiccién y a seguida explican que hay tuna condicién tacita, o se trata de materias diferentes. Por ejemplo: «Oh Salomén, gno basta que tus palabras contradigan las de tu padre, sino que entre ellas mismas?...». Asi se expresan a menudo los doctores (ibendita sea su memorial!), pero lo mas corriente es que se refieran a cuestiones proféticas relacionadas con preceptos religiosos Gn en el sentido externo de 17. Rabb por exclesa, sn mx denominacin en Ia teratara misaicoralmidicay asc cl laconsss sgn aR Yeu Nal Sano (Rabb br a (220), fimo de os tomeasiterl sepetedorese dei, lattctreh, nese dl Ley oral qe €8 Inimero demas de dscenoscncent aborara la Mind (HL. H. pp 395-396 18. Amores oexpostres, so es dire, cometarss deis Mu, que eaboraron Guemar, edn pate, epetce del Tabard, ca ss dos recensione, sep lexi donde es tn sadn lv respetivn aeadem: Trg palestinese inppiasert amo Va Torun bab abi ed H.L- Ht pate, cap. VM 19. "Rabo Rab (352-27, pesidente de a Academia de Sua y uno de os rapes com piladopes del Flood babii, 65 ‘ ensefianzas morales. Por nuestra parte, solamente queremos llamar la atencién acerea de ciertos versiculos que en su sentido literal ofrecen contradicciones en orden a determinadas opiniones y creen cias. Algunos se explicaran en este Tratado, dado que su tema tam bien se inserta en los misterios de la Tord. Ahora bien, si en los li bros proféticos hay contradicciones emanadas de la causa 7.1, es tuna cuestién de estudio e investigacién, que no debe resolverse al Respecto a la diferencia observable en los escritos de los verdade- ros filésofos, dimana de la causa 5, y la mayoria de las contradic ciones que s¢ encuentran en las obras de los autores y comentaristas {que no hemos mencionado provienen de la causa 6.*. A la misma co- rresponden otrosi graves contradicciones existentes en las Midrasot y las Haggadét. Por eso recomiendan: «Nada de cuestiones sobre difi cultades en las Haggadét». También las hay que son debidas a la Las posibles divergencias apreciables en el presente Tratado se si tiian dentro de las causas 5." y 7.*. Advierte esto, compréndelo bien y recuérdalo perfectamente para que no te confundas en algunos ca tulos, Tras estos preliminares, me ocuparé en primer lugar de los térmi nos cuyo sentido exacto importa elucidar, conforme a su contexto en cada pasaje: sera la clave para adentrarse en lugares cuyas puertas, estén cerradas, y cuando éstas se abran y se haya penetrado en su in terior, las almas encontraran en ellos reposo, 10s ojos, delete, y los cuerpos, solaz. de sus fatigas y trabajos. brid las puereas, qu entre un pueblo justo, que se mantiene fil (ls 26,2) CAPITULO PRIMERO [Sélem («imagen») y dm («semejanza»), Sobre la incorporeidad de Dios} Pensaron algunos que el hecho de significar gélem, en hebreo, la forma y aspecto de una cosa, inducia a la corporificacion de Dios, conforme a lo dicho: «Hagamos al hombre a nuestra imagen a nues tra semejanza» (Gn 1,26). Greian, en consecuencia, que Dios tiene fi- sara de hombre, es decir, su forma y aspecto; deduccidn obligada era ia neta doctrina de la corporeidad de Dios, convencidos de que si se apartaban de tal ereencia, desmentian el texto biblico y hasta negaban la existencia de Dios, sino era un cuerpo con cara y manos, como ellos, en forma y aspecto, salvo que mas grande y resplandeciente, a su 66 juicio, y su substancia no precisamente «carne y sangre» *: es lo sumo gue podian concebir con respecto a Dios. En cuanto a lo que debe afirmarse para descartar la corporeidad y asentar la unidad ver- dadera, cuya realidad se basa en la exclusion de la corporeidad, su cumplida demostraci6n la averiguaras a lo largo de este Tratado, en el presente capitulo me limito a una simple indicacién, con vistas a la clucidacion de sélem y d'nuit igo, pues, que la forma, segxin la opinién vulgar, es decir, la con- figuracién y aspecto de una cosa, se designa en hebreo mediante el substantivo t0.ar. Asi, p. ej: «de hermosa presencia y bello rostro» (Gn 39,6); «gCual es su figura?» (1 Sm 28,14); «con aspecto de un hijo de rey» (Jue 8,18). Y de la estructura attficial se dice: «lo eject tacon los cinceles, lo marca con el compas» (Is 44,13). Es una deno- minacién que jamas se aplica a Dios (jexaltado sea!) —jlejos de no sotros!—. En cuanto a sélem, se aplica a la forma natural, es decir, a la esencia constitutiva de una cosa, lo que ella es en si y compone su realidad, en cuanto tal ente determinado. En el hombre es la raz6n de donde procede su capacidad intelectiva, y a causa de la misma se dijo de él: «Y creé Dios al hombre a imagen suya» (Gn 1,26). ¥ asi mismo: «Tui despreciaras su apariencia (de los impios) (Sal 73,20), porque el desprecio afecta al alma, que es la forma especifica, no a la dlisposicién y aspecto de los miembros. Afirmo asimismo que la razén de llamar a los idolos con el mismo nombre de «imagenes» (s'lamim) estriba en que se buscaba en ellos la razén de lo supuesto, no su figu- ra y aspecto. Lo propio digo respecto a la expresién: «una imagen de vuestros tumores» (1 Sm 6,5), pues lo que se aperecia era el medio para apartar el mal de los tumores, no su aspecto. De todos modos, si hubiera de admitirse que el nombre sélem, expresivo de la imagen de &tos y de los idolos, ha de referirse a su estructura y aspecto, el tér- mino seria polivalente o anfibolégico, y designaria no ya solamente la forma especifica, sino también la artificial, asi como las estructuras andlogas de los cuerpos fisicos y su aspecto externo. Al decir ‘ y «la Bile dado que denteo de lo necesario» no existe en absoluto fy ninalo», sino sfalso» y «verdadero», Considera asimisma caprruLo 2 [Estado primitivo del hombre y su prevaricacién] Cierto erudito me planteé hace aiios una objecién importante, digaa_ de consideracién, como gualmente It respvesta dada para su feta , p. ¢) «Que Yhwh cumpla su palabra» (1 Sm 1,23); «El campo de Efron quedé adquirido» (Gn 23,17); «La casa situada en la ciudad quedara como propiedad» (Lv 25,30); «La realeza de Israel se afirmara en tus manos» (1 Sm 24,21). En este sentido se aplica siempre la palabra qiim a Dios (jexaltado sea!), v. gr: «Ahora mismo voy a levantarme, dice Yhwh» (Sal 12,6, 1s 33,10), equivalente a «ahora yo confirmaré mi deereto, mi prome- 36. Por eos indus astr eee sexes cles sation ellos jas. Vd infra cap 72 7. La dsinin ag eabecids por Maiminies em jut ct, dead nctume |ainurabilidad de Dros Yo, Yhwh, noe amb rEg ein Des on ne) (all, 80 sa, mi amenaza»; «Tii te alzaras y tendras miscricordia de Sin» (Sal 102,14), es decir, ti confirmaras la promesa hecha de compadecerte de ella. ¥ como quien esta resuelto a realizar algo se siente movido a obrar «incorporindose, dicese de quienquiera que se inclina hacia un objeto que «esta de pie», p. ej: «Que mi hijo ha sublevado contra mi aun servidor» (1 Sm 22,8), Esta tltima significacién se aplica meta foricamente al decreto divino de destruccién fulminadé por Dios contra quienes se hicieron acreedores al castigo, pe): «Me alzaré con la espada contra la casa de Jeroboam» (Am’7,9); «Y se levantard conta la casa de los malvados» (Is 31,2). Es posible que las palabras susodichas: «Ahora mismo v encierren idéntico sen tido, como igualmente: «Ti te alzarés y tendras misericordia de Si6n», es decir: ti te levantaras contra sus enemigos. Es la significa i6n expresada en numerosos pasajes, donde no cabe el sentido recto de «estar de pie» 0 «estar sentado», conceptos ajenos a la divinidad {jexaltada sea!), Por tal motivo dijeron los Doctores: «En el mundo superior no ha lugar nia estar sentado ni de pie», porque el verbo ‘nad es con frecuencia sinénimo de gitm. CAPITULO 13 [’Amad (estar en pie, levantado, erecto, enhiesto»; subst. ‘émida?); sus varias acepciones; ejemplos] “Amad es un término polivalente, cuyo sentido primordial es el de estar 0 ponerse en pie»; v. gr.: «Cuando comparecié en pie ante el Faraén» (Gn 41,46); «Aunque se me pusieran delante Moisés y Samuel» (Jr 151}; «Y él se qued6 en pie junto a ellos» (Gn 188). También significa «abstenerse, detenerse, cesar; p. eu: «Se estan ahi callados sin responder» (Jb 32,16); «¥ ces6 de tener hijos» (Gn 29,35), y asimismo «estabilizarse, durar, conservarse, subsistir>, por ejemplo: «Para que puedan conseruarse largo tiempo» (Jr 32,14); «Podras sostenerte» (Ex 18,23); «Conserv6 su gusto» (Jr 48,11), es decir, continué subsistiendo y conservandose; «Y su justicia permanece para siempre» (Sal 111,3), 0 sea, es estable y permanente. Siempre que el verbo ‘amad se refiere a Dios (jexaltado seal), se entiende en este til- timo sentido; p. ej «Afirmaranse aquel dia sus pies sobre el monte de los Olivos» (Zc 14,4), es decir, sus causas intermedias, o mas bien sus efectos, 0 eventos por él causados, subsistiran, se confirmaran Insistiremos en esto al hablar de la equivocidad del término régel (spies). En tal acepcién asimismo han de tomarse las palabras de Dios (jexaltado seal): «Pero tti quédate aqui conmigo» (Dt 5,31, 0 ¥. 28), y «Yo estaba entonces entre Yhwh y vosotros» (ibid. v. 5). 81 CAPITULO 14 [Adam (shombrem); su triple signifcacién} En cuanto a la equivocidad del término “Adam, aplicase, ante todo, al primer hombre, y, segiin la Escritura, se deriva de ‘adama" («tie tra»); sirve también como apelativo de la especies p. e).: «No per manecera por siempre mi espiritu en el hombre» (Gn 6,3); «¢Quién sabe si el hilito del hombre...?» (Eel 3,21); «No tiene el hombre ven: taja sobre la bestia» (ibid. v. 19). Designa también a la multitud, a saber, la plebe, con exclusion de los distinguidos, v. gr.: «Plebeyos y nobles» (Sal 49,3). En esta tercera acepcion tenemos: « Viendo los hijos de Dios” ‘que las hijas de los hombres» (Gn 6,2); «Moriréis como hombres» (Sal 82,7). CAPITULO 15 INasab o yagab («quedar parado, estar firme»); sus acepciones, especialmente en el pasaje de la escala de Jacob] Aunque estas dos raices sean diferentes, tienen, como sabes, idéntico sentido en todas sus conjugaciones. Es un término polivalente, con la acepcién, unas veces, de «estar en pic, alzarse>, v. gris «La hermana del nifio se mantenia'a poca distancia» (Ex 2,4); «Los reyes de la tie- rra se alzan» (Sal 2,2); «... salieron y se quedaron alli en pie» (Nm 16,27), y otras, la de «ser estable, permanente», v. gr.: «Tu palabra cesta en pie, como los cielos» (Sal 119,89), como si dijera «es incon- movible, permanente». Siempre que este término se refiere al Creador ‘encierra este sentido, v. gr.: «Junto a él estaba Yhwh» (Gn 28,13), consistente y permanente sobre ella a saber, la escala, cuya extremi- ddad superior tocaba en los cielos, y la inferior en la tierra, por donde se remontan y ascienden todos los que suben, a fin de llegar a ver a aquel que esta necesariamente arriba, dado que se encuentra de ma- nera estable y permanente en la cumbre de la escala. Fs evidente* que 38, Vid. Gu2.7y 3.23, Aniloga relchn sents presenta homo yhumms en a 59. Soe ls varia acepiones del hebreo "loin, sri peop del ep. Pee 3 opininenaneads poe Minis easva cde Mk cadet on 1s LX, Siac, Tange ( Ongslony ovat elcino snes paces sali mls vernet moderns reduces aa ‘ast oninimemene este tenia por ~Diw-, a ben se acute sau sonido (nd, By ‘Comentda pp 126129) La de Ferrara tadace:“Hijos dos grandes 30. Bae metfor oalegora come en gue sla cabeza dea escala sia I fers spe si, econaa por el primer motor, ose Dio, el cal se dic alegicamente en situa sre ‘lla Vdscap 0 de eta I pate (ME). 82 al decir yo aqui «sobre ellay, es en raz6n de la metéfora empleada. Los «mensajeros de Dios» que suben son los profetas*t, de los cuales se dice claramente: «Y mand6 a su angel» (Nm 20,16}; «Subi6 el Angel de Yhwh de Galgala a Bétel» (Je 2,1). Con cuanta exactitud se dice «subian y bajaban» —la subida antes que la bajada—, dado aque después de haber ascendido y alcanzado algunos peldatios de la escala, tiene lugar la bajada, con lo que aprendio para guiar a los mo- radores de la tierra e instruirles, lo cual se indica mediante el término sdescender, como ya hemos explicado. Volviendo a nuestro tema, a saber, que misgab significa «estable, perpetuo, permanente», y no westar en pie» como un cuerpo, en el mismo sentido ha de entenderse «Tit te pondras sobre la roca: 33,21), pues como no se te ocultara, nasab y ‘arnad tienen al respecto ‘una misma significaci6n, y asf dijo Dios: «Yo estaré alli delante de ti en la roca de Horeb» (ibid. 17,6) CAPITULO 16 [Sir («roca»); sus varias acepciones; aplicado a Dios} ir€s un término polivalente, signficativo de «roca», v. gr: «Hiere la roca» (Ex 17,6); rambién designa una «piedra dura», como el peder- nal, por ejemplo «Hazte cuchillos de piedra» (Jos 5,2), y asimismo la mina de donde se extrae el mineral, p.e}: «Considerad la roca de que habsis sido tallados» (Is 51,1). De esta tiltima acepcidn deriva el sen- tido metaférico para expresar la raiz y principio de una cosa; por eso, 41 mismo, tras la frase susodicha, afiade: «Mirad a Abrabam, vuestro padre» (ibid. v. 2}, como aclarando: «La roca de donde habéis sido cortados es Abraham, vuestro progenitor; debéis, por tanto, seguir sus huellas, abrazar su religién y observar sus costumbres; por cuanto la naturaleza de la mina requiere su reencuentro en lo que de ella se ha extraido». Conforme a esta viltima acepcién se ha llamado a Dios «Roca», como principio que es y causa eficiente de todo lo que existe fuera de 4k; p. ¢j.: «El es la Roca; sus obras son perfectas» (Dt 32,4); «De la Roca que te crié te olvidaste» (ibid. v. 18); «Su Roca los vendié» (ibid. v. 30); «Yhwh es la Roca eterna» (Is 26,4). Igualmente: «Ti te pondras sobre la roca» (Ex 33,21), es decir, «apoyate y sosténte en la consideracién de que él (jexaltado sea!) es el principio universal, el 41, lator ise en gue de wmase aut el emi ma’) en seid pi: ritivo de “nensajero™= (Me). 2 Vid supa, ap 10, 83 portico por donde llegars hasta él», como ya hemos explicado a propesito de las palabras =He agut un lugar cerca de mi (Ex 33,21) CAPITULO 17 [La expresion metaforica en ta fisica y en la metafisica] No pienses haya sido tinicamente la ciencia divina ta retraida del vulgo: mayormente ocurre en la fisica #*, Ya hemos insistido en que: “Nada del Ma‘a&# lr-réir ante dos personas.» No solamente entre los adeptos de la Tord, sino también entre los filésofos y sabios de los pueblos antiguos que se pronunciaban sobre los principios de las Cosas en términos abstrusos y enigmaticos. Asi Platon y sus predece sores denominaban a la materia «hembra», ya la forma, «macho». Ya sabes que los principios dle los seres que nacen y perecen son tres: la materia, la forma y la privacién particular inherente a la materia, pues si sta no contuviera en sf la privacién, no seria susceptible de forma, de ahi que la privacién sea elemento integrante de los princi- ios. Esta cesa cuando adviene la forma, y una nueva privacion la Substituye, y asf perpetuamente, como se ensefia en la fisica. Por tanto, si aun aquellos que nada perderian explicandose con claridad recurieron a los términos metaforicos y empleo de imagenes, en su en- Ssehaza, cunto més necesario sera que nosotros, hombres religiosos, evitemos expresar sin velos aquello que resulta de ardua comprensién para el vulgo o en que él se imagina la verdad desfigurada de cémo nosotros pretendemos se entienda. Penétrate bien asimismo de esto. CAPITULO 18 [Verbos qarab, naga’ y naga¥ (xacercarse, tocar»; subst. griba", ‘gira! y n'giSa!); sus varias signifcaciones, recta, cientifica ¥y teologica] Estos tres términos tienen unas veces la significacién de «abordar, tocar y aproximarse» en orden al espacio, y otras, la unién del cono” 43, Vid supra cap. 8 at capt eum eve partes nl explain deeeminns pollens ator lama aia ten eel hecho de que ls materia ela fis han sido espace, gal que las fn metas, por medio de mein. 84 cimiento con el objeto conocido, por analogia con la aproximacién de mn cuerpo a otro. En cuanto al sentido primitivo de qarab, que im plica la nocién de acercamiento en el espacio, tenemos: «Cuando es- tuvo cerca del campamento» (Ex 32,19}; «Y el Faraén se acercaba» (ibid. 14,10). El sentido originario de naga’ es el contacto entre dos ccuerpos, vr: + ella tocd sus pies» (ibid. 4,25); «Y tocando con él mi boca» (Is 6,7). La acepcién primigena de nagas es wdifigirse hacia una persona, v. gr: «Y Juda se adelanté hacia él» (Gn 44,18). La segunda significacién de estos tres términos expresa la unién por el conocimiento, una aproximacin mediante la percepcién, no un acercamiento espacial. En este sentido de «unién por el conocimiento» aparece empleado naga’ al decir: «Porque ha llegado su maldad hasta los cielos» (Jr 51,9), y empleado garab: «Y si alguna cosa hallais d masiado diffcil,lievadmela a mi» (Dt 1,17), como si dijeras me la ha réis saber. Vemos, pues, esta usado en la acepeidn de «dar a conocer» lo que debe ser «conocido». Para nagaé tenemos: «Acercésele, pues, Abraham y le dijo» (Gn 18,23), pues entonces Abraham hallabase en estado de inspiracién y trance profético, como se dita", item: «Pues este pueblo se me acerca sélo de palabra, y me honra solamente con los labios» (Is 29,13). En cualquier texto donde aparezca, en los libros proféticos, cl término garab o naga expresando una relacién entre Dios (jexaltado sea!) y la criatura, es siempre en este tiltimo sentido, porque Dios (jexaltado sea!) no es un cuerpo, como se demostraré en el presente Tratado, ni él (jensalzado seat) se allega o acerca a cosa alguna, ‘como tampoco nada se apropincua ni le aborda a él (jexaltado sea!), dado que, descartada la corporcidad, se descarta el espacio y es ocio™ so hablar de acercamiento y proximidad, como de alejamiento, agla- tinacién, separacidn, ni contacto 0 sucesion. No creo abrigues duda alguna ni que haya nada obscuro para ti en los siguientes pasajes: «Cerca esta Yhwh de cuantos le invocan» (Sal 145,18); «Se compla cen en acercarse a Dios (Is 58,2); «Mi bien es estar apegado a Dios» {Sal 73,28), en todos los cuales se trata de un acercamiento cognosci tivo, es decir, de una percepcién cientifica, no de una aproximacién espacial. Igualmente en estos otros: «Cerca de él» (Dt 4,7); «Acércate ti y escucha» (ibid, 5,27); «S6lo Moisés se aproximara a Yhwh, pero ellos no se acercarén» (Ex 24,2). Ahora bien, si ti prefieres entender la expresion «se aproximara>, aplicada a Moisés, como que podia allegarse a la montafia por donde descendia la luz, ¢s decir, «la gloria de Dios», libre eres, pero aferrandote a este principio: que no hay di- 45, El seo su maldad (su ju ha lead haa Dios, uh sbid de os pcaos de Babe ydecrera su castigo, Resse qe silos» (pr, sno de lances, tan ene ‘Aniso como en el Nuvo Testament yest rabies, se rplen cha ees eh gar) com is ignifisacion de «Dow, porrexpeto as nome Wer Vid nf cap. 21 deta patey A de 85 ferencia entre qué individuo se halle en el centro de la tierra o en la cumbre de la novena esfera, si posible fuera, pues no est ni mis Iejos ni mas cerca de Dios, sino que el acercamiento a él (jexaltado seal) es por la percepcién, y el alejamiento de él es propio de quien no le conoce. En esta aproximacién y apartamiento hay una gran va riedad de gradaciones "5; en uno de los capitulos de este Tratado ex pondré cual sea la superioridad relativa en orden a esa percepcién En cuanto al siguiente texto: «Toca los montes y humearin» (Sal 14,5), se significa: intimales tu orden, y esto metaféricamente, lo propio que en este otro: «Toca su persona» (Job 2,5) se da a entender: enviale tu plaga. Debes, por tanto, en cada pasaje, considerar el verbo inaga8 y todos sus derivados de conformidad con el contexto, a saber a veces se designa el contacto entre dos euerpos; otras, la unién me- diante el conocimiento y percepcién de una cosa, puesto que quien percibe algo que anteriormente no habia percibido, se aproxima, di ‘moslo asi, a una cosa que antes estaba lejos de él. Entiéndelo bien, CAPITULO 19 [Male (sllenar(se), cumplir(se)s su triple significacién; aplicado a Dios] ‘Male’ es un término polivalente, que se aplica en hebreo a un cuerpo aque penetra en otro hasta wllenatlon,p. fj «Llend su edmtaror (Gn 24,16); «Que se colme un ‘émer» (Ex 16,32.33)”. Tal uso es fre cuente. También se emplea el vocablo para designar un plazo deter- minado y concluso; por ejemplo: «Cuando se completé su tiempo» (Gn 25,24); «Dieron término a sus cuarenta dias» (ibid. 50,3) Asimismo se usa en el sentido de «perfeccién» y culminacién en el mé rito, v. gr: «Lleno de la bendicién de Yhwh» (Dt 33,23); «Los ha lle- nado de sabiduria del coraz6n» (Ex 35,35); «Estaba lleno de sabida- ria, de entendimiento y de conocimiento» (1 Re 7,14). En este sentido se ha dicho: «Toda la tierra esta Ilena de su gloria» (Is 6,3), lo cual significa: toda la tierra atestigua su perfeccién, es decir, la patentiza por doquier, como igualmente: «Y la gloria de Yhwh ilen6 el habit culo» (Ex 40,34). En cualquier texto donde encuentres el verbo male", 47. Bs deve la esfera ms encambrad, Sobre mera dest inf ap. 4 del Ih “8, Lies euna gran Inca epoca de sperioidad 49. Véase lo que el autor indica al respeco, props de lox tbs negativos nl cap, (6 dee pa $0. Medida de capciad pars ls dds, equivalent I sina parte de un sais de 59 ro 86 aplicado a Dios, es en este sentido, sin que ello implique un cuerpo que «llene» un espacio. No obstante, si quieres admtir que «la glotia de Dios» significa «la luz creada»**, generalmente llamada «gloria», y que sea ésta la que «llenaba el habitaculo», no hay en ello inconve CAPITULO 20 IRiim (sclevarlse}») y nasa’ («alzar, levantar, transportar»}; sus acepciones; referidos a Dios] Réim es un verbo polivalente que expresa «elevacién» en el espacio y también de rango, es decir, majestad, nobleza y potencia. Dicese, P. ej: «El arca se alz6 sobre la tierra» (Gn 7,17), en su primera acep- cin, y en la segunda: «He exaltado a un elegido del pueblo» (Sal 89,20); «Yo te he levantado del polvo» (1 Re 16,2); «Yo te aleé de en medio del pueblo» (ibid. 14,7). Siempre que este término se refiere a Dios, es en esta segunda acepcidn, p. ej: «Alzate, joh Dist, al en lo alto de los cielos» (Sal $7,6). El verbo nasa’ expresa también «elevacion de lugar» y «encubri miento de rango y acrecentamiento en dignidad; asf leemos, en la pr mera acepcién: «Ellos cargaron el trigo sobre sus asnos» (Gin 42,26), y son numerosos los pasajes con la de «llevar o transportar», porque implica elevacién local. La segunda significacién es patente en los siguientes ejemplos: Su reino sera exaltado» (Nm 24,7); «El los llevé y sostuvo» (Is 6,39); «Con qué derecho os levantais vosotros?» (Nm 16,3}. Todos los textos en que el verbo nasa’ aparece aplicado a Dios encierran este ‘itimo sentido, v. gr.: «jAlzate, juez de la tierra» (Sal 94,2); «Asi dice el Altisimo» (Is 57,15), refiiéndose a elevacién, majestad y po- tencia, no de empinamiento local. Quiza te resulten dificultosas mis expresiones «encumbramiento de rango, de majestad y de potencia», Y preguntes cémo se pueden conjuntar varias ideas en una sola acep- ‘in, Ya se te explicara que para quienes aleanzan la perfecta apre- hensién, Dios no puede ser calificado por numerosos atributos, y todos cuantos denotan glorificacién de él y de su prepotencia, pode- SL. Vide supr, cap. 10 52. sEs decir «um palabra que no debi ncerar snow sla seni ie eerminad, sobre odo apiads 3 Dio. Eastor cmt ag de una ve par stp aa jc up thi forme gulmente espe la exlacones queda de mucho tos homies ee ‘os cptlos donde hablar deo atsbatsdvinoy, qo, por my rows gue sean ene eto Ilo seme expen una sola coals onc din (Mk 87 rio, perfeccién, bondad y diversos otros, confluyen en un mismo con cepto, cual es la esencia divina, no algo extrinseco a ella. Mas adelante verds capitulos sobre sus nombres y atributos. Mi objetivo en el pre sente es tinicamente demostrarte que los términos rim y nasa’ no deben entenderse como «elevacién local», sino de «categoria CAPITULO 21 ['Abar («pasar»); sus varias acepciones. Exégesis de Ex 34,6] La significaci6n primitiva del hebreo ‘abar, como la de su homélogo frabe ‘dbara, es el «traslado» de un cuerpo en el espacio. Expresa ante todo el movimiento del animal a una cierta distancia en linea directa, ej: «Pas6 delante de ellos» (Gn 33,3); «Pasa delante del pueblo» (Ex 33,3) Es frecuente. Después pas6 a significar, metaforicamente, la propagacién de los sonidos por el aire, p. ¢).: «Hizo publicar en el Campamento» (Ex 36,6); «Lo que yo oigo difundirse en el pueblo de Dios» (1 Sm 2,24), y asimismo para indicar la legada de la luz y la di- vina presencia que los profetas contemplaban en sobrenatural vision, v. gra «Apareci6 una hornilla humeando y un fuego llameante, que paso por las dos mitades» (Gn 15,17), lo cual se realiz6 en profética Visi6n, puesto que al principio del relato se dice: «Cay6 un sopor sobre Abraham» (ibid. v. 12). Conforme a esta metafora han de en- tenderse las palabras «Yo pasaré por la tierra de Egipto» (Ex 12,12) y cualquier otro pasaje anslogo. En el mismo sentido empléase, a veces, cuando alguien efectia una accion cualquiera y la exagera hasta ex” tralimitarse, p. ej.: «Cual varon dominado por el vino» (Jr 23,9). Otrosi se aplica en sentido figurado al que rebasa un objetivo y apun: ta.a otro, p. ei: «Disparé otra flecha de modo que pasase mas alla de al» (1 Sm 20,36). De conformidad con ese sentido translaticio han de entenderse las siguientes palabras: «Mientras pasaba Yhwh delante de als (Ex 34,6), donde el pronombre «su» del término hebreo pana se refiere a él (jexaltado sea!), y asi lo entienden nuestros doctores, 1a saber, que la faz mencionada en el verso es la de Dios (jexaltado seal), Aunque esto lo atestiguan en un conjunto de Haggadot (aex plicaciones alegéricas»), que aqui no son del caso, corroboran de al {una manera nuestra opinién. Asi el pronombre sufijo de dicho vo- cablo referido al Solo Santo (jbendito seat) da a entender, a mi juicio, que Moisés (jsobre él la paz!) habia solicitado cierta percepcién, la ex presada por «ver la faz» en estas palabras: «Pero mi faz no la vers» (Ex 33,23), y le fue prometida una de orden inferior ala suplicada por i, a saber, la designada por la expresién «ver su posterioridad», con estas palabras: «Y me verds las espaldas» (ibid.). Ya lo hicimos notar 88 en nuestro Miiné” Tord. Aqui se indica, pues, que Dios (jexaltado seat) le vel6 aquella percepeién designada por el substantive panim («rostro), y le trasladé a otra cosa, cual es el conocimiento de las ac- ciones atribuidas a Dios (jexaltado sea!), que se consideran como ‘numerosos atributos, conforme se explicara™. Cuando digo «le vel6», quiero significar que tal percepcién est velada y es inaccesible por su naturaleza, y el intelecto del hombre perfecto, aun cuardo haya al- canzado lo asequible a su naturaleza, apetece otra percepcién ulterior, observa gue su Taculead de aprehensign se embota y hasta se amen: gua, conforme se explicara en uno de los capitulos de este Tratado'’, menos que le asista la ayuda divina, a tenor de la promesa: «Y yo te cubriré con mi mano mientras paso» (Ex 33,22). En cuanto al Targum, ha procedido segiin su costumbre en estas ccuestiones, puesto que siempre, al encontrar como atribuida a Dios a: ‘guna cosa que presupone corporcidad o a ella perteneciente, da por supucsta la clipsis del determinativo (omen regens) , y considera la attibucién en cuestién como algo sobrentendido, que es el determi nante de Dios. Asi, parafrasca las palabras «Junto a él estaba Yhwh» (Gn 28,13), diciendo: «He aqui que la gloria del Senior se desplegaba en lo alto», y las siguientes: «Que vele Yhwh entre los dos» (ibid. 31,49), a este tenor: «Que el verbo del Sefior contemple». Tal es su sistema habiual de interpretacién (jsobre él la paz!). Iguaimente, en «Mientras pasaba Yhwh delante de él» (supra, Ex 346), parafrasea: «EI Sefior hizo pasar su presencia ante su faz y él clamé»; por tanto, quello que pas6 fue sin duda una cosa sensible. El término pand'w lo refiere a Moisés, nuestro maestro, de manera que la expresién «ante su faz» significa «en su presencia» (0 «delante de él»), como en «Los presentes pasaron delante de él» (Gn 32,22), interpretacién igual- mente aceptable y correcta, Confirma la explicacién de Ongelos el Prosélito {jbendita sea su memoria!) este otro texto eseriturario: «Cuando pase mi gloria...» (Ex 33,22), donde se indica claramente que lo que va a pasar es algo atribuido a él (jexaltado sea!), no su esencia (jsublimado sea su nombre!), y de esta gloria se diria: «Hasta que yo haya pasado» (ibid.), como también: «¥ el Seiior pasé delan- te de él» ‘Ahora bien, si a todo trance fuera preciso sobrentender —como suele hacer Ongelos, admitiendo como eliptico «la gloria», la divina presencia o majestad, el verbo, de conformidad con cada pasaje—, 53, Esln obra magna judi de Maimenies a modo de refund stents de odo ‘Talm comuesa en be ed. Esto prelmina| La elena eal bo Ie Psd Tan (sPandamentos dea Tors) cap. 151, $4 Via. 34 $8. Vd if cap. 32, 56. Serefire,obviamente, at lamadosestadoconsructo, tic del hebeoy del dab, nomen regen. nom risen), seguido de an yeni, como complemen determinate, tnamen tum i non gid Gram. bey de Joo, p20), 89 también nosotros admitiriamos como supuesto el término gal («voz»), y virtualmente el sentido seria: «la vor. del Sefior pas delante de él y clam6». Ya anteriormente explicamos que en hebreo se emplea el verbo ‘abar («pasar») con referencia a 1a. voz, p. ej: «Pregonaron (lit, hicieron pasar la voz) en el campamento» (Ex 36,6). Por tanto, seria la vor la que clamé, y no debe parecerte inverosimil se atribuya el clamor a la vor, pues a las mismas expresiones se recurre a prop6: sito dela palabra de Dios (jexaleado sea!) hablando a Moisés p e «Ofa la voz que le hablaba» (Nm 7,89). Al modo, pues, que se ha atribuido la elocucién a la vor, también aqui el clamor. Algo seme: jante ocurre de modo explicito, me refiero a la atribucién a la voz, con los verbos “amar («decir») y qara’(«llamar, clamar»), v. gr: «Una vor dice: Grita. Yo respondo: «Qué he de gritar?» (Is 40,6). A ese tenor habria que explicar, pues, lo dicho: «Y una vor procedente de Dios pasé delante de él'y clam6: Seftor, Sefior...», repeticién que tiene ‘como objeto reforzar el vocativo, por ser él (jexaltado seat) el llama- do, como en jMoisés, Moisés!, o jAbraham, Abraham! También ésta es una interpretacién muy aceptable. No extrafards, por consiguiente, que un asunto tan profundo y tan arduo se preste a tantas interpretaciones diferentes, pues en nada obsta a nuestro propésito. Puedes, por tanto, elegir la opinion que prefieras, una de dos: que se trata indudablemente, en esta escena im- ponderable, de una visién profética, en la cual todos los esfuerzos de Moisés tendian a percepciones intelectuales, de manera que lo que él apetecia, lo que le era rehusado y lo que él contemplaba era todo de ‘orden intelectual, sin intervenci6n sensorial, segtin expusimos en pi mer término, o bien que se daba conjuntamente una percepe sual, cuyo objeto era una cosa creada, mediante cuya contemplacié se alcanzaba la plenitud de la percepcion intelectual, segun interprets ‘Ongelos, si, a pesar de todo, tal percepcién ocular ho era una vision profética ”, como es el caso de Abraham: «Aparecié una hornilla humeando y un fuego llameante, que pas6...» (Gn 15,17). Cabe, en fin, asimismo la hipotesis de que hubiera una percepcién auditiva y fuera la voz lo que delante de él pas6, lo cual, obviamente, era una cosa creada, Escoge, pues, la opinidn que te plazca, pues mi tinica in tenci6n es que no creas tiene el verbo «pasém, en ese lugar, el mismo sentido que cuando se dice: «Vete delante del pueblo» (Ex 17,5), puesto que Dios {jsea honrado y magnificado!) no es un cuerpo, ni cabe en él movimiento. No se puede, por tanto, decir de él que «pass» en la acepcién primitiva del vocablo en la lengua hebrea 57.) atr da a enender que, aun anit a intervencin del set dea visa, no eesti que Mona vera realmente, en agin feranno creado, el reo de ln mss divin, es odo pad serena simple itn xine slo ela pina exltada de Moo (Ms). 90 CAPITULO 22 [Verbo ba’ («venir, llegar»); su sentido propio, metaférico y deifico) El verbo b6” en la lengua hebrea significa «venir», y se aplica al ani- mal que se dirige a un lugar determinado 0 hacia otro’ individuo, v. gr «Tu hermano ha venido con engaiio» (Gn 27,35), asi como también a la entrada del ser viviente en un sitio, p. ¢}: «Vino José a casa» (ibid. 43,26}; «Cuando haydis entrado en la tierra» (Ex 12,25). Metaforicamente se emplea también este verbo para indicar la llegada de algo que no es un cuerpo, p. ej. «Para que te honremos cuando tt palabra se cumpla» (Je 13,17); «De lo que ha de venir sobre tin (Is 47,13), y hasta de privaciones, v. gr.: «Sobrevino el mal... vino la os- cutidad» (Jb 30,26) ®. Dentro de este sentido figurado, aplicado a lo que carece absolutamente de cuerpo, s¢ asigna igualmente al Creador (jsea honrado y magnificado!), tanto para la llegada de su palabra, como la de su presencia. En el marco de esta metafora se ha dicho: He aqui que yo vendré a ti en densa nube» (Ex 19,9); «Porque ha entrado por ella Yhwh, Dios de Israel» (Ez 44,2); y en todos los pa- sajes semejantes designa la manifestacién de la divina presencia. Asi, el texto «¥ vendra entonces Yhwh mi Dios, y con él todos sus santos» (Ze 14,5) denota la llegada de su palabra, como si dijera la confir- macién de sus promesas, hechas por ministerio de sus profetas; es lo que se indica con la expresién «Todos los santos estaran contigo» Como si dijera: «Llegara la promesa de Yhwh mi Dios, hecha por todos los santos que estan contigo, y hablan a Israel CaPrTULo 23 [Verbos yasa’ («salir») y Sib («volver»); significados del primero y su aplicacién a Dios; idem del segundo} El verbo yaa’ es anténimo de bo’, y se aplica a un cuerpo que sale de tun lugar, donde radicaba, en direccién a otro, sea 0 no un ente ani mado, p. ej: «Habjan salido de la ciudad» (Gn 44,4); «Si se propaga cl fuego» (Ex 5). Metaféricamente designa la aparicién de algo in- corpéreo, p. ej: «En cuanto salieron estas palabras de la boca del rey» (Est 7,8); «Porque lo hecho por la reina sald» (ibid. 1,17), es decir, 58. Ente pase, mal ya cura no sn sno la prio ein del bien y de lal ys tomeyente ton dine attic aloes, promo, que gas -et onr ‘pki del uc pskivrent nL ara exp 17 (M0, 1 3); al igual cl asunto se divulgards «Porque de Sién saldra la Ley» (Is 2 la apari ‘que: «Salia el sol sobre la tierra» (Gn 19,23), para expr ci6n de la luz. ‘A tenor de este sentido metaforico, el verbo asa" se aplica siem: pre en la Escritura con referencia a Dios (jexaltado seal), p. eu: «He Aquf que Yhwh va salir de su lugar» (Is 26,21), esto es, su palabra, foculta ahora a nosotros, va a manifestarse. Se refiere a la realizacién de cosas que no existian, pues todo lo que viene a la existencia pot obra de Dios (jexaltado sea!) se atribuye a su palabra, p. ej «Por la palabra de Yhwh fueron hechos los cielos, y todo su cjército por el aliento de su boca» (Sal 33,6), al modo de los actos que dimanan de los reyes, los cuales se vaien de la palabra para transmit sus ordenes. Sin embargo, Dios (jexaltado sea!) no necesita instrumento con que ‘operat, sino que para su actuacién basta su voluntad, y no ha lugar a palabra, como se expondré®. Ahora bien, al modo como, segi queda indicado, el verbo yasa’ aparece empleado para hacer ostensi ble un acto cualquiera procedente de él, conforme al texto: «He aqui que Yhwh va a salir de lugar» (Is 26,21), el verbo Sib designa, en sen- tido figurado, la cesacién de un hecho por voluntad divina, como en el texto «Me iré, y me volveré a mi lugar» (Os 5,15), cuyo sentido es que la divina presencia, estante entre nosotros, se retirara, y, como consecuencia, nos veremos privados, segsin las palabras conminatorias » (Cnt exited, 92 precipité sobte la tierra» (Ex 9,23). Se le ha dado también sentido fi gurado para indicar que tal cosa se expande y se hace ostensible, aun cuando carezca absolutamente de cuerpo, p. ej «Su voz se desliza como reptante sierpe» (Jr 46,22). O: «La voz. de Yhwh Dios se ex pandia por el jardin» (Gn 3,8), pues la palabra mithal-lek (xexpan- diente, paseante») se refiere a la vor", ‘te sentido translaticio ha de tomarse el verbo halak aplicado Dios (jexaltado seat), es decir, metaforicamente, tratindose de lo in- cotpéreo, ya sea la difusién de la palabra divina, o bien la retraccién de la providencia, por analogéa con lo que en el animal se denomina «apartarse de algo», que él efectiia mediante la marcha. Asi, pues, al modo como la retirada de la providencia exprésase por «ocultar la fazn, en estos términos: «Y Yo entonces ocultaré mi rostro» (Dt 31,18), asi tambien se designa con ese verbo en su acepcién de «re traerse de algo, p. ej «Me iré y me volveré a mi lugar» (Os 5,15). Ahora bien, en'el texto «Y encendido en furor contra ella, fuese Yhwh» (Nm 12,9), hay que distinguir los dos sentidos, a saber: el de Ia retirada de la provideneia, expresada por el término “apartarse», y el de la difusion de la palabra que se expande y manifiesta, 0 sea, que la célera advino y se desplegé hacia ellos dos, por lo cual ella (Miryam) «qued6 cubierta de lepra, como la nieve» (Nm 12,10), Tgualmente se emplea dicho verbo en sentido metaférico con la acepcién «it por buen camino», sin referirse a ningyin movimiento oral, p. ej. «Y si andas por sus caminos» (Dt 28,9); «Tras de Yhih, nuestro Dios, habéis de ir» (ibid. 13,4); « Venid y cam la Tuz de Yhwh» (Is 2,5). CAPITULO 2s [Verbo akan («permanecer, morar, habitar»); sentido propio y metafSrico, aplicado a Dios} Sabido es que este verbo significa «estar presente, residir», p. ¢} ‘«Residia en el encinar de Mambré» (Gn 14,13); «Sucedié durante la cestancia de Israel» (ibid. 35,22). Tal significacion es la universalmen- te aceptada. El sentido de morada en un paraje implica la perman cia del afineado en el mismo; asi, la prolongada estancia del animal en Gt, Esiereunecocoerae yen Maoist interpreta, gue algunos siarisas eros teplamtea en nts dns il novus sol ech pox tes aan ara en fave busindose ene porto mith (on 38}, presenta # Dio, anropamérticame, p= Stindose pr el Ede, Gramatialmente no orece dua apcaiin ag ovat), en ver de Elam, porque amos sbsntvos on del gnero mason, Munk em, 1) no parce rehws i tampoco aeepn de leno ta nerptacin, qo space mis razonable que ao. 93 un lugar, sea comin o particular ®, se expresa diciendo que «mo- ra» en el mismo, aun cuando, obviamente esté en movimiento. Metaféricamente el verbo se aplica a lo inanimado, 0 més bien, a cualquier cosa fija y ligada a otra; se emplea, pues, igualmente en tal caso el verbo en cuestion aun en el caso de que el objeto al que esta conectado el ente de referencia no sea un lugar, ni se trate de un ser animado, p. ¢).: «Encobe sobre él negra nube» (Jb 3,5), pues, eviden- temente, la nube no es un ser animado, ni el dia es un cuerpo, sino tuna parcela del tiempo. En ese sentido translaticio se aplica al Creador (jexaltado sea!), es decir, a la Skind® o divina presencia, en cualquier lugar donde se muestra permanente, o cualquier elemento en que se manifieste de un modo estable. Asi se ha dicho: «Y la gloria de Yhwh perduraba» (Ex 24,17); «Habitaré en medio de los hijos de Israel» (ibid. 29,45); , su «ciencia de todo lo que abarca», y asimismo la nocién de «profe- cia» y sus diferentes grados, y, en fin, el concepto de sus nombres, ue, a pesar de ser numerosos, designan uno y mismo Ser, todo eso hay que reconocer son materias abstrusas. En realidad, son los «mis- terios de la Tora», los «secretos» constantemente aludidos en los li- bros de los profetas y explanaciones de los Sabios (;bendita sea su me- moria!). Son materias de las cuales solamente deben enseiiarse los primeros rudimentos, segiin dejamos dicho, y, aun esto, a personas de las caracterfsticas descritas. En cambio, la negacién de la teoria de la corporalidad de Dios y el descarte de su semejanza con las criaturas y sujecién a pasiones, son ‘materias que deben exponerse con claridad a todos, en la medida de su capacidad, ¢ inculearse como tradici6n a los niios, mujeres, obtusos y carentes de disposicién natural, al modo como aprenden, como tradi- ci6n, que Dios es «uno», que es eterno y nadie fuera de él debe ser adorado. En efecto, no hay «unidad» sino descartando la teoria de la corporeidad, dado que el cuerpo no es «uno», sino un compuesto de ‘materia y forma, que, por definicién, son «dos», y asimismo es divi- sible, sujeto a particidn, Si una vez iniciados en esta doctrina y a ella habituados, en ella educados y hechos mayores, se sienten presa de la perplejidad con respecto a textos de los libros proféticos, se les expli- cara su sentido, inicidndoles en su exégesis, llamando’ su atencién acerca de la polivalencia y acepcién figurada de los diversos términos, hasta que se convenzan de la unidad de Dios y veracidad de los libros proféticos. Ahora bien, si alguno se muestra reacio a comprender dicha interpretacién de los textos y a la posibilidad de identidad de términos con diferencia de significacion, se le advertirs: «La interpre- tacin de este texto es patente a los hombres de ciencia. No obstante, tti debes saber que Dios (jhonrado y glorificado sea!) no es un cuerpo 114 bio y él (jexaltado en nada se parece a todo cuanto hay fuera de él, ni cabe incluirle con tales seres absolutamente en ning definicién comiin. Sepas, por consiguiente, que todo discurso protét: co es verdadero y tiene su interpretacién en sentido alegérico». Con semejante individuo no se proceders mis alli; pero en ningiin caso se dara entrada a la creencia de la corporeidad de Dios, ni nada relacio: nado con el cuerpo, como no se dari a la idea de la inexistencia de ios, 0 a la asociacién”® o culto de otro cualquiera distinto de él. CAPITULO 36 [Sentido de las expresiones xagradar» e sizritar a Dios», su «c6lera, enemistad, etc.»] Cuando hable de los satributos», yo te explicaré en qué sentido se dice que Dios «se complace» 0 «se irrita 0 encoleriza» por tal cosa, pues en ese mismo se indica, con respecto a ciertas personas, que Dios «ponfa sus delicias en ellas», 0 «se mostraba airado o enojado». Pero no es ése el tema del presente capitulo, sino lo que seguidamen- te voy a exponer. Repasando todo el Pentateuco y los libros de los Profetas, encon- traras que las expresiones de sc6lera, enojo, irtitacién y celo» se usan exclusivamente referidas a la idolatrfa, como también que tni: llama «enemigo de Dios, hostil o adversario» suyo al idé: 0S, Pe): ta» ¥ desvidndoos sirvais a otros doses... por que la céiera de Yhwh’se encenderia contra vosottos» (Dt 11,16-17'}s «Y la célera de Yhwh, tu Dios, se encenderia» (ibid. 6,15); «lrvitan dole con las obras de vuestras manos» (ibid. 31,29); «Ellos me han provocado con no-dioses, me han irritado con vanidades...» (ibid. 32,21); «Porque... es un Dios celoso...» (bid. 6,15); «gPor qué, pues, provocaron mi ira con sus idolos?» (Jr 8,19); «Y se irrit6, hastiado por sus hijos y sus hijas» (Dt 32,19}; «Y se ha encendido el fuego de mi ira» (ibid. v. 22); «Vhwh se venga de sus enemigos y es tnflexible para sus adversarios» (Nah 1,2); «Retribuye en cara al que le abo- rrece» (Dt 10}; «Hasta que haya arrojado de ante si a sus enemigos» (Nm 32,21); «... que es0 lo detesta Yhwh tu Dios» (Dt 16,22); sCuanto hay de aborrecible y abominable a Yhwh» (ibid. 12,31} Innumerables son las referencias de este género; si vas haciendo su re cuento en todos los Libros, comprobaras que es como te he dicho. a reinsistencia de los libros proféticos al respecto esta motivada 93. Hs deci idea deseresasocidos a, que reeeseaan el dalamo acl plisimo, 11s porque se trata de un falso concepto relacionado con Dios (jexaltado me refiero a la sidolatrian. Si uno cree que Zaid esta de pie, cuando esta sentado, su desvio de la verdad no es comparable al de «quien pensara que el fuego se encuentra bajo el aire, 0 el agua bajo la tierra, o que la tierra es plana y cosas semejantes. Esta segunda des- viacién dela realidad tampoco seria como la de quien se figura que el sol est compuesto de fuego 0 que el firmamento es un hemisferio y cosas del mismo jaez. Este tercer camino de la verdad tampoco se pa- rece al de quien supone que los dngeles comen y beben y otras cosas por el estilo, Finalmente, este cuarto alejamiento de la genuinidad tampoco es equivalente al de quien esta convencido de que debe ado- rarse algo distinto de Dios. La razén es que segiin se refiera la igno- rancia 0 falsa creencia a un objeto més relevante, quiero decir, que ‘ocupa un rango de mayor importancia en el Ente, revisten superior im- portancia que si se relacionan con lo situado en tn grado inferior. Por sfalsa creencia» entiendo la conviccién de que na cosa es lo contrario de su realidad; por signorancia», que se desconoce aquello que es posible conocer. Por consiguiente, la nesciencia de aquel que no sabe la medida de un cono o la esfericidad del sol, no es equiparable con la de ‘quien ignora si Dios existe o no hay deidad en el universo; como tam- poco la equivocada creencia de quien diera por seguro que el cono de tun cilindro equivale a la mitad de éste, o que el soles un disco, no seria equivalente a la de quien pensara hay mas de una Divinidad, Bien sabes que quienes se entregan al culto de los idolos no lo hacen convencidos de que no existe divinidad fuera de éstos, pues nunca hombre alguno en el pasado se imagin6, ni se imaginar ninguno de las futuras generaciones, que la imagen por él forjada de metal, piedra o madera haya creado el cielo y la tierra, Mas bien se la adora por cotisideraciéit a que es una representacién de algo que actiia como intermediario entre nosotros y Dios, como claramente lo declara la Escritura: «¢Quién no te temerd, Rey de las naciones?...» (Jr 10,7); y en otro pasaje «¥ en todo lugar ha de ofrecerse a mi nombre un sactilico humeante...» (MI 1,11), aludiendo a lo que ellos consideran como la Causa Primera. Ya expusimos esto en nuestra obra mayor", y ¢s cosa que nadie entre nuestros correligionarios pone en duda, Pero, dado que ‘sos infcles, a pesar de creer en la existencia de la Divinidad, aplicaban su falsa creencia a algo solamente debido a Dios, es decir, a la prerro~ gativa del culto y veneracién reservados tinicamente a Dios (jexaltado sea!), conforme ala Escritura: «Adorarés a Yhwh...» (Ex 23,25), fin de que su existencia quede bien afianzada en la creencia del pueblo, 94, Sabi esque, Sein Arsttles, lor custo sementos ene eons pact: son esters que se enelen unas tras, como la de ls plnetas 1 Herr et oad pore gu, ta por aie lau er, le pore fag. Vi La is, TV ap yy ft De ‘el, iV ap 5. Co nf, cap. 72) 95, Vid Mine To, de Mairnides, ib Ie. Dee dole. 116 Ahora bien, ellos acreditaban ese deber en favor de algo que esta fuera del lo cual nab la fe su exitencia (exalt seat) ene Ia masa popular, porque ésta solamente capta las practicas cultuales, no su Finifcacion nla autentiidad del Sra quien adoran, lo cal los hacia fatalmente merecedores del exterminio, conforme a la sentencia: «No ddejaris con vida a nada de cuanto respira» (Dt 20,16). La razén adu- cida no es otra sino erradicar esa errénea teoria, para que no corrompa 1 los demas, segin proclama la Escritura: «Para que no aprendais a imi tat.» (ibid. v. 18). A ésos se les ha llamado «enemigos, adversarios, hostiles», afirmando que quien asi obra provoca el celo, la ira y la c6- lera divinas. ¢Cual sera, pues, a situacion de aquel cuya incredulidad recae sobre sti esencia misma (jexaltado seal), y cuya creencia consiste en imaginarsele el reverso de lo que es, es decir, que no cree en su existencia, 0 cree que son dos, 0 que es corpéreo 0 sujeto a pasiones, o Je atribuye alguna imperfeccién? Un hombre tal es sin duda alguna mas reprensible que quien adora a un idolo, consideréndole como un inter- mediario, o dotado de la facultad de «obrar el bien y el mal» Has de saber ti, hombre tal, que prestando asentimiento a la cor- poreidad de Dios, o a alguna de las condiciones corporales, «provocas su celo, le irritas, enciendes el fuego de su célera, eres su adversario, ‘enemigo, hostil», en mayor grado que quien se entrega a la idolatria se te ocurriera la idea de que quien cree en la corporeidad podei tener la excusa de haber sido educado asf, 0 por su ignorancia o insu- ficiencia mental, deberias pensar lo propio de aquel que practica la ido- latria, pues solamente lo hace por ignorancia 0 educacién: sconservan la costumbre de sus padres». Si, con respecto al primero, dijeras que el sentido literal de la Eseritura induce a la duda, debes saber que un idé- latra es igualmente arrastrado a su culto por fantasfas y falsas ideas. En ‘consecuencia, no admite disculpa quien siendo de por s{ineapaz d flexionar, no acepta la autoridad de los pensadores que se consagean a la investigacién de la verdads porque, ciertamente, yo no acuso de des- creido al que no descarta la corporeidad por medio de la demostra. cién; en cambio, si considero tal a quien no admite su negacién, mé- xime teniendo la parafrasis de Ongelos y la de Jonatan b. Uziel (la paz sea con ellos!), que tanto empeio pusieron por eliminar el antropo- morfismo de Dios. Kste era el proposito del presente capitulo, CAPITULO 37 [Polivalencia del término panim (faz, rostro»); aplicado a Dios) anim es un término polivalente, sobre todo en su sentido translaticio, y significa, ante todo, la «faz, cara, rostro, semblante» de todo animal; 117 asi, p. ej: