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Para entender mejor la idea de los tres

círculos, considérese una analogía.
Supongamos que uno puede organizar su
vida de trabajo en forma que satisfaga tres
requisitos:
Primero, que esté haciendo un trabajo para
el cual tiene una disposición innata y en el
cual podría llegar a ser el mejor. ("Siento
que yo nací para hacer esto".)
Segundo, que le pagan bien por lo que
hace. ("No puedo creer que me paguen por
hacer esto".)
Tercero, que esté haciendo un trabajo que
no sólo le gusta sino que lo apasiona y goza
con él. ("Todas las mañanas voy con entusiasmo al trabajo y realmente creo en lo que estoy
haciendo".)
Si se puede dirigir a la intersección de los tres círculos y convertirla en un concepto sencillo y
cristalino que le sirva de guía en sus decisiones, tiene a su disposición un concepto de erizo.
Para tener un concepto de erizo plenamente desarrollado se necesitan todos los tres círculos. Si
gana mucho dinero haciendo cosas en las que jamás será el mejor, sólo creará una compañía
próspera pero no una gran compañía. Si llega a ser el mejor en algo pero no tiene una pasión
innata por lo que está haciendo no podrá conservar su posición en la cima. Y en fin, por más que
se apasione, si no puede ser el mejor en lo que hace o si lo que hace no es económicamente viable,
puede que se divierta pero no producirá grandes resultados.