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La oracin verdadera no consiste en decirle a Dios lo que nosotros queremos.

Es ponernos nosotros mismos a Su disposicin para que l pueda decirnos lo que desea. La
oracin no es tratar de conseguir que Dios cambie Su voluntad.
Es tratar de encontrar cul es esa voluntad para ubicarnos o instalarnos en ese propsito que l
tiene para el mundo y para nosotros.
He aqu el por qu es tan importante que nosotros escuchemos y hablemos en nuestras
oraciones. He aqu por qu es conveniente empezar estas reuniones con un silencio.
En ocasiones llegamos muy alterados y confusos, y tenemos que serenamos antes que Dios
pueda hacer algo por nosotros.
Mientras nuestras voces sean clamorosas y pedigeas, no hay lugar para que se escuche la
voz de Dios.
La mayor parte de nosotros los no alcohlicos nos emborrachamos con nuestra intemperancia
de querer que la vida se desarrolle conforme a nuestros propios trminos, y esto es tan
neurtico como la mayor de las neurosis que existen.
Todos los que se alejen de Dios y traten de hacer su propia voluntad desafiando a Dios estn
medio locos.
Slo cuando nuestras voces clamorosas y pedigeas se aquietan empezamos a escuchar la voz
de Dios.
Cuando dejamos que nuestras voluntades se enfren, Dios puede hacernos llegar Su voluntad
hasta donde necesitamos para ver nuestro camino. Dante lo expres as, "En Su voluntad se
encuentra nuestra paz".