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HISTORIA DE LA UNIVERSIDAD DE SANTO DOMINGO Y DE LOS ESTUDIOS SUPERIORES

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HISTORIA DE LA UNIVERSIDAD DE SANTO DOMINGO
PRIMADA DE AMERICA
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HISTORIA DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE SANTO DOMINGO Y DE LOS ESTUDIOS SUPERIORES

Por Jesús de la Rosa

La Universidad Constituye para mí un gran honor y una grata satisfacción formular, en este augusto recinto de la Academia Dominicana de la Historia y ante tan selecto auditorio, unos comentarios, a título de presentación, del libro “Historia de la UASD y de los Estudios Superiores” del destacado historiador Franklin Franco. De la Universidad es mucho lo que se escribe y es mucho lo que se dice. Diversas opiniones indican cuál debería ser su misión. Varias ideologías pretenden asignarle a la Universidad posiciones y campos de lucha. Algunos esperan que de su seno surjan revoluciones y una gran variedad de inquietudes. Otros aseguran cuál es el papel de la Universidad en la historia de las naciones y, del mismo modo, cuál lugar debe ocupar en el desarrollo de los países. Pero, a la hora de hacerlo muchos se olvidan del origen y de la historia de esa institución de estudios superiores; muchos ignoran la razón y la coyuntura que marcaron su nacimiento y

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hasta desconocen dónde, cuándo, y los por qué, y demás circunstancias respecto a su surgimiento. El sentido y organización de la Universidad, con cursos regulares, maestros y estudiantes, programas fijos y grados académicos con validez universal es un producto típico de la Edad Media Occidental. Sus antecedentes hay que buscarlos en el desarrollo de las escuelas episcopales durante los siglos IX, X, XI, y, sobre todo, en el siglo XII. La Universidad surge con un sentido de agrupación profesional, en que maestros y estudiantes se organizan en forma de gremio, de corporación, en la época de máxima autoridad del Papado, enseñando en un idioma único, el latín, y creando una cultura más profundamente internacional que la de nuestros días. En el siglo XII, la escuela episcopal de París se mostraba insuficiente para admitir a los numerosos alumnos que a ella acudían, por lo que se abrieron otras escuelas. Esas escuelas se

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unieron entre sí para formar una asociación corporativa que tomó el nombre de universidad, nombre que representaba en la Edad Media toda corporación cuyos miembros gozaran de privilegios comunes. Las universidades surgieron de las viejas escuelas episcopales al organizarse corporativamente maestros y estudiantes, en una sola corporación o en dos separadas. Aunque hundieron sus raíces en las escuelas episcopales, las universidades afirmaron su personalidad buscando siempre la protección de los Papas. Como vemos, resulta impensable la Universidad sin la Edad Media y sin la Iglesia. Las universidades en sus orígenes respondieron a una misma necesidad general de promoción de liderazgo en diversos entornos. Así, las universidades de París y Oxford se generaron a partir de un sistema corporativo de profesores, resultado de la organización gremial del conocimiento de modo parecido a los gremios de los artesanos. Las de Bolonia y Salamanca se organizaron a partir de corporaciones de estudiantes al modo de estudio general. Surgida en el mundo de las cruzadas con una política ecuménica y supranacional la universidad es un producto típico de la Edad Media Occidental. Los centros antiguos de enseñanza superior como la Academia de Platón, el Liceo de Aristóteles, el Museo de Alejandría no

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equivalen a la universidad medieval. Tampoco, las viejas escuelas orientales, las midraschot judías; las madrazas persas; o las medersas islámicas. La denominación de Universidad aparece por primera vez muy a principios del Siglo XIII en un documento del Papa Inocencio III dirigido al studium generale parisiense, donde se habla de Universitas de Maestros y Escolares. En el Siglo XIII, propiamente en el año 1256, el Rey de España Alfonso X, Alfonso El Sabio, promulgó su código de “Las Siete Partidas.” En esa magna obra legislativa, cumbre del derecho medieval, aparece con fuerza de ley, una definición de Universidad que creemos que al momento no ha sido superada y que dice así: Estudio es ayuntamiento de maestros e escolares que es fecho en algún lugar, con voluntad e entendimiento de aprender los saberes. Luego de esta sobria definición de Universidad, muchas se han ido acumulando sobre ella, transformándola, ampliándola, restringiéndola, pero ninguna ha llegado tan certeramente a la esencia propia de la Universidad y de lo Universitario, como esa definición de universidad de Alfonso X enunciada hace ya más de 7 siglos. Esa definición comprende los tres puntales básicos de Universidad: la existencia de maestros; la compañía de estudiantes; y la voluntad de ambos de enseñar y aprender.

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La Universidad ha ostentado históricamente el monopolio de producción y transmisión del conocimiento, aunque a partir de estructuras, servicios y recursos distintos, lo que no cuestiona su permanencia en el tiempo, como lo prueba el hecho de que de las 75 universidades fundadas en Europa en los siglos XIII, XIV, XV, y XVI, 60 de ellas continúan operando, más o menos de la misma forma que antaño y en los mismos lugares. A pesar del aumento del número de universidades en Europa, su funcionamiento prácticamente permaneció inalterado hasta finales del siglo XVIII, a raíz de la creación por Napoleón III de las Grandes Escuelas lo que supuso la aparición de una elite funcionarial externa a la Universidad y paralela al proceso de centralización de ésta. Paralelamente con la creación en Francia de las Grandes Escuelas, en Alemania, Alexander Humboldt, naturalista y geógrafo germano, promovió un modelo de universidad basado en la investigación, que se ha mantenido hasta hoy, cuando las tecnologías de la información y de la comunicación cuestionan la ubicación física de la universidad, permitiendo concebirla de manera virtual, sin límites ni fronteras. La misma idea de universidad clásica concebida como comunidad de profesores y estudiantes, se aleja de la realidad del mundo actual y de los que sueñan con facilitar el acceso a la educación superior a amplias capas de la población con finalidades distintas a las de la transmisión de conocimiento.

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La autonomía de las universidades, la libertad de cátedras, los privilegios de las corporaciones de maestros y estudiantes, el cogobierno, y hasta la jurisdicción especial (Fuero Universitario), son cuestiones de viejo abolengo, de más de ocho siglos de existencia. Para una mejor comprensión de la universidad y de sus funciones, Franklin Franco tuvo a bien dedicar la introducción de su libro a la historia del surgimiento de ese fenómeno, y a una recreación de las circunstancias políticas y económicas que rodearon su aparición.

Fundación de la Universidad de Santo Domingo Fue en el año 1510 cuando los religiosos dominicos arribaron a La Española. La mayoría de ellos procedía de la Universidad de Salamanca. Esos cristianos devotos, algunos de ellos seguidores o alumnos de Francisco Vitoria, autor de la teoría del Derecho de Gentes, nunca dejaron de soñar con reproducir en esta isla los ambientes universitarios donde se habían formado. Los sacerdotes dominicos venidos a La Española organizaron en la Villa de Santo Domingo un Estudio General dedicado a la formación de los religiosos y a la admisión y formación de los novicios. Dicho plantel inició sus labores en el año 1518. En el mismo se leían cátedras de Teología Moral y Dogmática, y se formalizaban los planes de estudios vigentes en la Orden. Era un

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estudio pequeño, una especie de imitación del Estudio General San Esteban de Salamanca. Las asignaturas cursadas en un estudio general podían ser convalidadas por las cursadas en una universidad; pero, los grados y los títulos académicos sólo las universidades podían conferirlos. Un estudio general en la Villa de Santo Domingo de La Española sin el complemento de una universidad, y a más de 7 mil millas náuticas de Salamanca, hacía prácticamente inútil el esfuerzo que supone una carrera de varios años de estudios superiores. ¿Solución? La fundación de una universidad mediante la elevación a esa categoría del Estudio General ya existente en el Real Convento de La Española. Y fue ésa, precisamente, la que buscaron los religiosos dominicos al enviar una suplicatoria al Papa Pablo III en procura de que su Estudio General fuera elevado a la categoría de Universidad. No debemos identificar, el Estudio General, erigido por los religiosos dominicos en el Real Convento de Santo Domingo antes de 1538, con la Universidad que vino después. El Estudio General del Real Convento de los dominicos de La Española fue elevado a la categoría de Universidad, con el nombre de Universidad de Santo Domingo, en virtud de la Bula In Apostolatus Culmine, expedida en Roma, el 28 de octubre de 1538, por Su Santidad el Papa Pablo III.

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La Pontificia Universidad de Santo Domingo, la primera fundada en el Nuevo Mundo, la integraban cuatro Facultades: Teología, Derecho, Artes y Medicina. A ella acudían estudiantes procedentes de Las Antillas y de Tierra Firme. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, egresaron de sus aulas cientos de bachilleres, licenciados, maestros y doctores. La Universidad dominica es madre de las Universidades de Caracas y de La Habana. En efecto, la Universidad de Santiago de León de Caracas fue erigida a imagen y semejanza de la de Santo Domingo, mediante Real Cédula de Felipe V expedido en Valladolid el 22 de diciembre de 1721, y consagrada pontificia por Bula del Papa Inocencio XIII del 18 de diciembre de 1722. La Universidad de San Juan Letrán de La Habana se fundó el 12 de diciembre de 1721 por Bula del Papa Inocencio XIII. En la Bula erectora de la Universidad de La Habana se hace numerosas referencias a la Pontificia Universidad de Santo Domingo. De los diez doctores de la Universidad de Caracas que aparecen como fundadores, hay siete graduados en la Pontificia Universidad de Santo Domingo, entre ellos su primer Rector don Francisco Martínez de Porras. De igual manera, los primeros rectores de la Universidad de San Juan Letrán de La Habana Fray Tomás Linares y Fray José Ignacio de Poveda figuran entre los egresados de la Pontificia Universidad de Santo Domingo. En la Pontificia Universidad de Santo Domingo no hubo otra regulación de los estudios que la propia de la Orden Dominica,

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aunque, poco a poco, por vía de costumbre, fueron introduciéndose en esa institución algunas prácticas de estilo de otras universidades europeas, especialmente las de Alcalá de Henares. Hacia mediados del siglo XVII, no obstante la decadencia de La Española, todavía la Universidad de Santo Domingo conservaba todo su esplendor y graduaba en Artes, Teología, Leyes y Medicina. La Universidad Autónoma de Santo Domingo, al igual que su antecesora dominica está organizada en Facultades; todavía en nuestra Universidad se leen unas que otras cátedras, y permanecen inalterables algunos detalles relacionados con el protocolo de sus ceremonias de graduación. En la página 54 y siguiente de este libro que hoy ponemos en circulación, aparece un documento enviado a la Corte Española por su autor, un sacerdote de la Catedral de Santo Domingo egresado de la Pontificia Universidad de Santo Domingo llamado Domingo Nicolás Antonio Valenzuela, quejándose, entre otras cosas, del “despotismo con que manejaban la Universidad los cancelarios reguladores de la Orden de los Predicadores Dominicos con perjuicio del progreso de la literatura y mayor amplitud de la juventud aplicada.” La lectura de ese documento insta a pensar que la Universidad Autónoma de Santo Domingo de hoy no es tan diferente de su antecesora, la Pontificia Universidad de Santo Domingo de los siglos XVI y XVII.

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La Universidad de Santiago de la Paz El 1 de marzo de 1530, el Arzobispo y Presidente de la Audiencia de Santo Domingo, Sebastián Ramírez Fuenleal, le solicitó a su Majestad, la Emperatriz Juana, establecer en la ciudad de Santo Domingo, un plantel que sirviera de clase y de colegio, en el cual, dos clérigos se dedicaran a la instrucción de los aborígenes y de los negros, y que al mismo tiempo se dieran clases de teología. Al año siguiente la Emperatriz proveyó lo necesario para que “en la ciudad de Santo Domingo oviese donde leyesen y escriviesen gramática los hijos de los naturales, y fuese adoctrinados.” Hernando Gorjón, venido a estas tierras con la expedición de Nicolás de Ovando, llegó a poseer una gran fortuna. Dispuso en vida que al morir sus bienes fueran destinados a la fundación de un colegio en la ciudad de Santo Domingo en que se enseñasen ¨ todas las ciencias ¨ Citando un ensayo del historiador Emilio Cordero Michel, publicado en la revista Clío No.155 de esta Academia Dominicana de la Historia, Franklin Franco pone al descubierto las supuestas magnanimidades que algunos autores le atribuyen a Hernando Gorjón. El Colegio fundado a instancia del Arzobispo Ramírez de Fuenleal fue reforzado con las rentas legadas por Hernando Gorjón, conforme a los deseos de éste. Por Real Cédula de Felipe

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II expedida el 19 de diciembre de 1550 se permite su funcionamiento con el nombre de Colegio de Gorjón; y por Real Cédula del mismo monarca, firmada en Valladolid por la Emperatriz Juana en nombre de éste, el Colegio de Gorjón de la ciudad de Santo Domingo se erige en Estudio General y Universidad con los privilegios de la Universidad de Salamanca con ciertas limitaciones. En el año 1583, por Ordenanzas dictadas por el Visitador Rodrigo de Rivero, el Estudio General y Universidad de la ciudad de Santo Domingo es bautizado con el nombre de Universidad de Santiago de la Paz. La Universidad de Santiago de la Paz no alcanzó la importancia que sus fundadores pretendieron que llegara a tener. Las desavenencias entre las autoridades civiles y las eclesiásticas en torno a la jurisdicción sobre esa institución, y ciertas anomalías administrativas que sobrevinieron malograron los propósitos de sus gestores. Manejadas sus rentas por la autoridad municipal, el peculado y la incuria imposibilitaron su progreso. Quince años después de fundada, la Universidad de Santiago de la Paz no ofrecía otra enseñanza que la de la Gramática. Por lo que fue cosa fácil para el Arzobispo Dávila y Padilla obtener del Rey, con el apoyo de las autoridades de la colonia, la conversión de dicha Universidad en un Seminario conciliar. Tal propósito se cumplió en el año 1603.

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Exhibiendo amplios conocimientos en materia de historia colonial, Franklin Franco expone en su libro el período de prosperidad en que se vivía en La Española en momentos en que fueron fundadas las Universidades Pontificia de Santo Domingo y Real Universidad de Santiago de la Paz. Con respecto a esta última, el destacado historiador señala que “del examen de los documentos históricos se puede concluir que la fundación de una institución dedicada la educación superior se debió al desarrollo económico de La Española y a la importancia que había tomado la ciudad de Santo Domingo y su puerto. En tal virtud, su creación se convirtió en una necesidad.” Lo que en esa época se enseñaba en las universidades nada tenía que ver con asuntos de producción económica, por lo que resulta difícil establecer una relación lineal o de necesidad entre la creación de una universidad en los tiempos medievales y el desarrollo económico del entorno.

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La primera Universidad rusa, la de Moscú, se creó en el siglo XVIII y las primeras universidades de Asia y Australia no vieron la luz sino en el siglo XIX. En tanto que en América, y precisamente en la América española, en el siglo XVI, se fundaron cuatro universidades: Ponficia Universidad de Santo Domingo, 1538; Real Universidad de San Marcos de Lima, 1551; Real Universidad de México, 1551; y Real Universidad de Santiago de la Paz, 1558. Como puede apreciarse, al margen del desarrollo económico de las ciudades, el “Id y Enseñad” fue cumplido cabalmente por la Iglesia y, posteriormente, por la España Imperial. En Europa y en América, la Universidad precedió a la fundación de los Estados Nacionales. Por ello, los uasdianos, en ocasiones exclamamos con orgullo, que la UASD fue primero que la República.

¿Universidad de Santo Domingo o Universidad de Santo Tomas de Aquino? En relación con la fundación de dos universidades en la ciudad de Santo Domingo, en la página 42 de su ensayo “Historia de la Universidad Dominicana” publicado en 1999 por la Editora Universitaria, Tirso Mejía Ricart cita a Pedro Henríquez Ureña: “En Santo Domingo se organizaron pues, como señala Pedro Henríquez Ureña, las dos primeras universidades del Nuevo

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Mundo: una conventual y pontificia, la de Santo Domingo, que se inició en 1532 como Estudio General y reconocida como Universidad en 1538 con el nombre de Santo Tomás de Aquino y otra de hechura municipal que comenzó a operar en el Colegio de Gorjón en 1550 y se convirtió en Universidad Real en 1558, que a partir del 1583 se llamaría Santiago de la Paz, para satisfacer los deseos de su benefactor, dueño del ingenio del mismo nombre.” Consideramos que nuestro Pedro Henríquez Ureña yerra al afirmar que en la ciudad de Santo Domingo se organizaron las dos primeras universidades del Nuevo Mundo, en vez de decir que en la América española, en el siglo XVI, se fundaron cuatro universidades, incluyendo la primera, la Pontificia Universidad de Santo Domingo; y yerra de nuevo cuando sostiene que el Estudio General de los dominicos fue elevado a la categoría de Universidad con el nombre Universidad de Santo Tomás de Aquino. Este último error Franklin Franco lo comete repetidas veces en su libro “Historia de la UASD y de los Estudios Superiores.” Si leemos la suplicatoria de los dominicos del Real Convento de Santo Domingo dirigida al Papa Pablo III en procura que su Estudio General fuera elevado a la categoría de Universidad nos daríamos cuenta que en ninguna parte de esa misiva se menciona el nombre de Santo Tomás de Aquino. Tampoco en el texto de la Bula In Apostolatus Culmine.

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Su Santidad el Papa Pablo III, al elevar a la categoría de Universidad el Estudio General de los Dominicos del Real Convento de Santo Domingo, bautizándolo con el nombre de Universidad de Santo Domingo (Universitas Sancti Dominici) no hizo más que seguir la costumbre de la época de nombrar a las universidades con los nombres de las ciudades donde estaban ubicadas. Así, Universidad de Salamanca, de la ciudad de Salamanca; Universidad de Alcalá de Henares, de la ciudad de Alcalá de Henares; Universidad de Sevilla, de la ciudad de Sevilla etc. Fue muy entrado el siglo XVIII, cuando Fernando VI autorizó a la Vieja Universidad dominica a ostentar el nombre de Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino. El escudo de la Universidad Primada data también de esa época.

Dominicos versus jesuitas En 1701, por Cédula Real de Fernando VI, se le otorgó licencia a los sacerdotes de la Compañía de Jesús para fundar un Colegio en el antiguo local donde funcionaba la Universidad de Santiago de la Paz. Una vez que los jesuitas tomaron posesión de dicho establecimiento, lograron que la Real Audiencia de Santo Domingo restaurara la Universidad de Santiago de la Paz, “apoyándose en sus antiguos títulos y en documentos conservados en el colegio.” De manera que en la Villa de Santo Domingo

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volvieron a funcionar dos universidades: la Pontificia Universidad de Santo Domingo de dominicos; y la Real Universidad de Santiago de la Paz de jesuitas. Los jesuitas de la Real Universidad de Santiago de la Paz negaron la validez de los grados y títulos otorgados por la Pontificia Universidad de Santo Domingo bajo el alegato de que la Universidad de los dominicos no tenía privilegios con título legítimo por carecer para ello de la real investidura, ignorando el hecho de que la Universidad de Santo Domingo venía funcionando ininterrumpidamente desde su fundación en 1538, a sabiendas, y con la intervención aprobatoria de la autoridad pública encargada de velar por la autenticidad de los documentos pontificios. La actitud de los jesuitas culminó en una cita ante el Consejo de Indias a la que acudieron los padres dominicos de la Pontificia Universidad de Santo Domingo con una copia colacionada de la Bula In Apostolatus Culmine ya que la copia primigenia que recibieron de la Santa Sede se había quemado en el incendio provocado por Francis Drake, en enero de 1586, en el Real Convento de los dominicos y en otras edificaciones de la ciudad de Santo domingo. El original de la Bula se había perdido cuando Napoleón Bonaparte ordenó el traslado de los tomos de Bulas del Archivo Vaticano a París, extraviándose entre ellos el tomo en que se hallaba la copia directa y primigenia de ese documento pontificio. Tampoco, los dominicos de la Universidad de Santo

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Domingo pudieron presentar los Estatutos de la Universidad ya que en la misma no hubo otra regulación de los estudios que la de la propia Orden. Afortunadamente, los jesuitas que regenteaban la Real Universidad de Santiago de la Paz no lograron conseguir ni de la autoridad real, ni del Tribunal de la Real Audiencia, que se declaran nulos los grados concedidos por la Universidad de Santo Domingo, ni tampoco el cierre de ésta. ¿Cómo se solucionó ese conflicto que duró más de 40 años entre religiosos dominicos y jesuitas disputándose el predominio de los estudios superiores de La Española? De una manera muy salomónica: el Rey Fernando VI firmó, el 26 de mayo de 1747, dos Cédulas Reales reconociendo como Universidades, tanto la de los dominicos como la de los jesuitas. A la Universidad de Santo Domingo de los dominicos, la bautizó con nombre de Pontificia y Real Universidad de Santo Tomás de Aquino. La Corona estaba cansada de tantos pleitos entre dominicos y jesuitas disputándose el dominio de la educación superior en el Nuevo Mundo. Los religiosos de esas dos Órdenes se pelearon aquí, en Chile, en Quito, en Santa Fe de Bogotá y en Guatemala. El Archivo de Indias estaba lleno de memoriales de litis entre dominicos y jesuitas.

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Franklin Franco considera, en su libro “Historia de la UASD y de los Estudios Superiores” que esas disputas entre Órdenes religiosas por el control de los estudios superiores tenían un trasfondo ideológico que se traducía en enfrentamientos entre seguidores de la doctrina de Santo Tomás de Aquino y adeptos a las de Juan Escoto y Francisco Suárez. La Universidad Santiago de la Paz de los Jesuitas no vivió mucho. Desapareció en 1767, cuando el Rey Carlos III expulsó los jesuitas de España y de todos sus dominios. La Universidad de Santo Domingo de los dominicos, rebautizada con el nombre de Real Universidad de Santo Tomás de Aquino, continuó funcionando y otorgando títulos y grados académicos de validez universal. El 26 de octubre del año 1931 acaeció en la ciudad de Santo Domingo un hecho muy singular. Por iniciativa del entonces Rector de la Universidad de Santo Domingo, don Federico Henríquez y Carvajal, se celebró el 393 aniversario de la Universidad en esa fecha en vez de hacerlo el 28 de octubre. Don Federico Henríquez y Carvajal cometió el error de calcular que la V Kalendas Nobembris del Calendario Romano, fecha de expedición de la Bula In Apostolatus Culmine, se correspondía con la fecha 26 de octubre del calendario actual. Al otro día de suceder ese hecho, el editorial del periódico ¨ La Opinión ¨ hizo reparo de que el aniversario de la fundación de la Universidad de Santo Domingo se celebrara el 26 de octubre en vez del 28 del

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mismo mes. Pero, el Rector Federico Henríquez y Carvajal no admitió que estaba equivocado. Dijo: “Lo que el Rector expuso y mantiene es un hecho histórico documentado, con fecha cierta. Para comprobarlo basta con una lectura de la Bula In Apostolatus Culmine.” Para entonces, se encontraba bajo estudio en el Congreso Nacional un proyecto de Ley que declaraba el 26 de octubre de cada año “El Día Universitario” en memoria de la fecha bularia sostenida por el Rector Federico Henríquez y Carvajal. A petición del Rector Henríquez y Carvajal el proyecto de Ley que consagraba el 26 de octubre como ¨ Día Universitario ¨ fue retirado del Congreso hasta tanto que esta Academia Dominicana de la Historia no diera a conocer su parecer en cuanto a la fecha de fundación de la Universidad de Santo Domingo. Habiéndose sometido esa cuestión a la consideración de una comisión ¨ad hoc ¨ de dos académicos quienes rindieron un informe verbal al Presidente de la Academia Dominicana de la Historia conforme al cual se solicitara por escrito, vía diplomática, a la Cancillería del Vaticano una copia certificada de la Bula In Apostolatus Culmine con la recomendación de que dicha copia no fuera fotográfica. El gobierno dominicano, por vía diplomática, solicitó a la Cancillería del Vaticano dicha copia certificada de la Bula In Apostolatus Culmine. El resultado de esa pesquisa fue una

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declaración de la Cancillería del Vaticano afirmando que: “No había en los Registros de Pablo III constancia alguna de la existencia de dicha Bula.” El sacerdote capuchino Fray Cipriano de Utrera revivió la controversia en torno a la primacía universitaria de América en un enjundioso estudio que tituló Universidades de la Paz y Santo Tomás de Aquino y Seminario Conciliar de Santo Domingo de la Isla Española publicado en Ciudad Trujillo, en 1947, por la Editora de Padres Franciscanos y Capuchino, en donde, coincidiendo con los jesuitas y repitiendo sus mismos argumentos, negaba que la Pontificia Universidad de Santo Domingo fuera el primer establecimiento de educación superior fundado en el Nuevo Mundo. A partir de la publicación de Cipriano de Utrera, la polémica en torno a la primacía universitaria de América cobró más bríos; tres universidades se la disputaban: la Universidad de Santo Domingo, fundada el 28 de octubre de 1538 por el Papa Pablo III, mediante

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la Bula In Apostolatus Culmine, cuyo original se había extraviado o acaso no había existido nunca; la Universidad de San Marcos de Lima, fundada por Real Cédula de Carlos V fechada en Valladolid, el 12 de mayo de 1551, y confirmada por Su Santidad Pío V por Breve Exposición Nobis Niper, expedido en Roma, el 25 de julio de 1571; y la Universidad de México, fundada por Real Cédula del Príncipe Felipe el 21 de septiembre de 1551 y confirmada por Su Santidad el Papa Clemente VII, mediante la Bula Ex Supernae Dispositionis Arbitrio, del 7 de octubre de 1595. Por años, pesó sobre los padres dominicos del Real Convento de la Isla Española la velada acusación de que se habían prestado a falsificar y a fingir un documento pontificio. En el verano de 1953, el investigador dominico Vicente Beltrán de Heredia, catedrático de la Pontificia Universidad de Salamanca, encontró en el Inventario de Bulas Perpetuas de Pablo III, la partida o registro correspondiente a la Bula In Apostolatus Culmine prueba que no se trataba de un documento mítico, que se trataba de un documento que había sido aprobado y despachado por Su Santidad el Papa Pablo III. También, Vicente Beltrán de Heredia encontró la suplicatoria de los dominicos del Real Convento de La Española dirigida al mismo Pontífice en procura de obtener del Pontífice la elevación a la categoría de Universidad del Estudio General que habían fundado. Encontrada la solicitud y el registro de la aprobación y despacho de la Bula In Apostolatus

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Culmine, se tenía un antecedente y un consiguiente irrebatible acerca de la historicidad y autenticidad de ese documento pontificio. De manera que gracias a las labores de investigación del sacerdote dominico Vicente Beltrán de Heredia se había probado que la Bula erectora de la Universidad de Santo Domingo no era un documento mítico como afirmaban los jesuitas de la Universidad de Santiago de la Paz y sostenía el historiador español Fraile Cipriano de Utrera, sino que era un auténtico documento histórico acerca del cual no cabía ya ninguna discusión. El 23 de mayo de 1959, el entonces cónsul de la República Dominicana en Sevilla, el historiador César Herrera, encontró en el Archivo General de Indias una copia del original de la Bula In Apostolatus Culmine llevada a cabo el 23 de marzo de 1542 por Fray Rodrigo de San Vicente, Procurador General de la Orden de Santo Domingo, y legalizada por notarios apostólicos en presencia del Arzobispo de Santo Domingo. Es la más antigua que se conoce y contiene una descripción de los caracteres físicos del original. Después, se puso sobre el tapete el hecho cierto de que la Bula erectora de la Universidad de Santo Domingo carecía de ¨ pase regio ¨ alegando por ello que sus efectos jurídicos eran nulos. Este argumento era poco consistente ya que según las Leyes de las Siete Partidas del Rey Alfonso X, entonces vigentes en todo el

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Imperio español, el Estudio General o la Universidad lo podía establecer tanto el Papa como el Rey. A continuación la última frase de la conferencia que pronunció Fray Vicente Beltrán, el 10 de septiembre de 1954, en el Paraninfo de la Universidad de Santo Domingo, acerca de sus investigaciones que concluyeron con el hallazgo de los documentos probatorios de la autenticidad y legalidad de la Bula In Apostolatus Culmine: “Creo haber disipado las nubes de más importancia con que la crítica histórica, procediendo con el rigor tal vez excesivo que a veces suele emplear, ha podido oscurecer la normal tramitación constitutiva de vuestro principal centro académico; y por tanto que en adelante esta antigua capital y hoy bella y floreciente ciudad puedan ostentar con orgullo su primacía universitaria en el nuevo mundo.”

Decadencia y cierre de la vieja universidad Después del estallido de la Revolución, la caída de la monarquía de Luis XVI, y la proclamación de la República Francesa, Francia y España entraron en guerra. En ese conflicto, España llevó la peor partida. Francia ocupó gran parte de la región norte del territorio ibérico. Para alcanzar la paz, en 1795, España cedió a Francia, mediante el Tratado de Basilea, la parte oriental de La Española. Ese hecho trastornó el ordenamiento social de la

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antigua colonia: las instituciones fueron desmanteladas; muchos colonos abandonaron sus predios de la Isla para dirigirse a otras posesiones; numerosas familias abandonaron La Española para dirigirse a Cuba y a otros destinos; se produjo la salida del Arzobispo y del clero, tanto religioso como secular y de la casi totalidad de los catedráticos y alumnos de la Universidad. En el capítulo 7 de su obra “Historia de la UASD y de los Estudios Superiores” Franklin Franco narra los grandes acontecimientos ocurridos en Europa y América en las últimas décadas del siglo XVIII que repercutieron en La Española y que afectaron su ordenamiento social y político. En 1809, con el auxilio de la flota inglesa y el concurso del gobierno colonial de Puerto Rico, Juan Sánchez Ramírez restaura el poder colonial español en la parte este de La Española. En la página 63 y siguiente del libro de Franklin Franco ¨ Historia de la UASD y de los Estudios Superiores ¨ aparece un documento fechado el 31 de agosto de 1813 del gobernador Carlos Urrutia dirigido al Despacho de la Gobernación de Ultramar de España, clamando por más atención a la educación que envuelve una descripción sobre la situación de la colonia. Recomendamos su atención a ese tan importante documento. En 1815, seis años después de restablecido el dominio español de la parte este de La Española, por auto de Carlos Urrutia, Capitán General de Santo Domingo, la Real y Pontificia

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Universidad de Santo Tomás de Aquino de nuevo abrió sus puertas, esa vez al calor de las ideas liberales que nos venían de las Cortes de Cádiz. El doctor José Núñez de Cáceres fue el primer Rector de esa fase histórica de la Vieja Universidad. El 1 de diciembre de 1821, el doctor José Núñez de Cáceres proclama la constitución del Estado Independiente de Haití Español, bajo la protección de la Gran Colombia. Inmediatamente después, en febrero del 1822, se produce la invasión haitiana. En julio de 1823, se cierra de nuevo la Universidad debido a que sus profesores y sus estudiantes la abandonaron. En el período de la ocupación haitiana hubo dos intentos de reabrir la Universidad: uno de parte de una comisión nombrada por el presidente Boyer; y otra del diputado dominicano ante la Asamblea Constituyente de Port au Prince Federico Peralta. Ambos intentos resultaron fallidos, la Vieja Universidad continuó cerrada. El 16 de junio de 1859, el Presidente de la República General Pedro Santana promulgó la Ley que restablecía la antigua Universidad de Santo Domingo en el edificio del antiguo convento de Regina con cuatro Facultades: Filosofía, Jurisprudencia, Ciencias Médicas, y Sagradas Letras. Pero, por falta de recursos, la Universidad no llegó a abrir sus puertas. En 1866, por iniciativas de José Gabriel García y Emiliano Tejera se establece en la ciudad de Santo Domingo el Instituto

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Profesional. En 1891, el Instituto Profesional cerró sus puertas. Fue reinstalado en 1895 bajo el rectorado del Arzobispo Meriño. El 16 de noviembre de 1912, por Decreto del Gobierno Provisional del doctor Ramón Báez, refrendado por el Ministro de Justicia e Instrucción Pública, Licenciado Jacinto Peynado, se declaró al Instituto Profesional oficialmente transformado en la Universidad de Santo Domingo. Nos resta por comentar, los capítulos más importantes del libro de Franklin Franco, los referentes al funcionamiento del Instituto Profesional; a la Universidad de Santo Domingo en tiempos de Trujillo; a los aportes del Movimiento Renovador; a las contribuciones de la Universidad Autónoma de Santo Domingo al desarrollo del país; y a las luchas libradas por su maestros, estudiantes, y empleados de esa Vieja Casa de estudio en defensa de la libertad del pueblo dominicano. Nos hubiese gustado extender estos comentarios hasta el final. Pero, el tiempo apremia por lo que no quiero excederme más de lo ya me he excedido. El libro de Franklin Franco que hoy ponemos en circulación es un libro polémico. Deja al lector enfrentado a una obra escrita con pluma de acero, afilada, insistente, pero que al final convence. Después de leer el voluminoso libro de Franklin Franco, convencido quedé de que se trata de la obra más completa que sobre el tema de la educación superior aquí se ha escrito. Mucha Gracias, Muchísimas Gracias a todos.

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