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Manual de Historia de las Instituciones Argentinas Victor Tau Anzodtegui / Eduardo Martiré Litres « Esker RIE Falko. Pere ‘Tau Anzoditogut, Victor ‘Manual de histori de las Insttuctonos argentinas / Victor Tau Anzostogul y Eduardo Martire.-7ad.- Buenos Alras: Librorta Historica, 2006. ‘883. ; 25x18 om, 198N67-1206-02-% 1. lstorlainetituclonat Argentina. |. Sartre, Eduardo, I. Tituio eppse Fecha da eatniogacién: 06/08/2008 TH Titre Eder HISTORICA Teri J. Pee ‘Ge esaedien Lea indies SRL, “Aacueaagy 2586 (CP1IZ8 Bienes Ars-Repebion Argentina “ein 4801025 74805.9994 mal: ifoieeishidarica com Dine de cocci: aan Fab Ribeiro SBN. 987-1206.02.% Hecho et depo qe ical ey 1.723 Ingres en Agent. Prints Argentine Primer cin deat ecient el 2002, “Teen dere reserved ate ublossicn ao poe se rpeodscdy et ado enpare,miregirad en otramtida or unite deresupetacin de nformactn em wingi fraps sna, S08 caine, foqonce,seordaien apelin, etn, por pa, Por ‘aie, inet peomiso peso des etal 4 Prlogo a la séptima edicién Presentamos una nueva edicién del Manual publicada por primera vex en 1967. En ediciones y xeimpresiones posteriores hubo revisiones del texto y actualizaciones bibliogréficas. Pero -como lo dijimos en el pro- logo de {a dltima de ellas- nuestro propdsito fue siempre respetar Ia estructura de la obra y aust su propio estilo, salvo modificaciones indis- pensables, porque considerames que, principalmente como instrumen- t0.didéctico, el libro fue adquiriendo una tayectoria propia yun elenco de lecrores, en cuya relacidn no deseamos interferie. En esta edicién decidimos incorporar una cuarta parte, dedicada a las instituciones entre 1930 y 1983, que aproxime al lector a los tiempos presentes, sin perder por ello la distancia temporal que el histariador debe observar en la apreciacién del pasado. Esto mismo nos ha levado 2 realizar algunas modificaciones y ampliaciones en capitulos correlati- vos de Ia tercera parte. ‘Durante la larga vida Biteruria de este libro, los estudios histGricos han sido enriquecidos no sdlo por el crecimiento de Ia labor de investi- gacidn especifica, sino y principalmente por los nuevos planteos tedri- ‘os, ya cn el orden general, ya en las diversas historias especiales que lo integran, La Historia del Derecho y de las Instituciones se ha beneficin- do de cxos planteos; y en su interior se han sucedido exposiciones y debates sobre métodos y enfoques renevadores que le han otorgado una mayor complejidad cientifica y que han modificado o matizado parcialmente sus visiones més tradicionales. As, por ejemplo, cuando emprendimos la redaccién originaria del Manual, era corrienté que los estudiosos mirasen el pasado 2 través de la imagen y estructura del Es- tado contemporineo y exaltasen de modo particular las tendencias m- cionales, centralistas y uniformadoras que se daban. en aquel. En cam- bia, desde hace tnos afios, las concepciones historiogréficas criticas y revisionistas en esta materia han empezado a revalorar el significado politico de lo local y del auto-pobierno, y el fuerte sentido consuetudi- ‘nario y casuista que envuelve al Desecho y a la Politica. Se impone asi repensar cuestiones que parecian haber encontrado explicaciones defi nitivas ¢ incluso revisar periodificaciones histéricas petrficadas que suponfan cortes temporales miso menos abruptos. Como estas revisio- nes sdlo han alcanzado la etapa de los primeros resultados, con muchas hhipétesis ann por desarrollas, es prematuro valerse de ellas para aplicar- Jas en la laboracién de visiones panorimicas. Sin embargo, el lector podré aproximarse a esa tarea renovadora a través de la nueva bibliogra- 5 ‘Maxcat pp Histonta pe tas Insrrrvcionss ARORNTINAS fla que, a esos fines, se ha incorporado a esta obra en algunos temas significativos. La misma imagen del Estado contemporinco, utilizada como tinico. modelo para mirar el pasado, Hev6 a una nocién estrecha de la historia institucional, refiriéndola con carécter exclusivo los poderes y meca- niismos estatales. Desde la primera edicién, nosotros adoptamos wna nocidn mis amplia, considerando a la institucidn como un elemento de Ja vida social, fo que lev’ a observar su existeacia en diversos campos. Esta estructura de la obra es la que hoy seguimos manteniendo, sin olvidar que, en ese orden, nociones y esquiemas son nada mds que instru- ‘mentos destinados a aprehender el pasado historiable, haciéndolo com- prensible a travds de su articulacién conceptual, principalmente a quie- jnés se inician en estos estudios, La bibliografia elemental que se acompafia por materia, a pie de pi- gina, ha sido actualizada con nuevos aportes, tal come lo hicimos ya en edicioues anteriores. Pero en esta ocasin hemos agregado por separa- do, en algunas materias o puntos que lo requieren, libros, articalos y ensayos recientes que, por sw enfoque, interpretacién o informacion aportada, pueden ser de particular ayuda para el lector interesado en ampliar conocimientos © perspectivas que, pot las razones explicadas, zo se hayan incorporados o suficientemente desarvollados en el texto. Esta nueva bibliografia se ha colocado en parrafo separado Nos es grato manifestar que la presente edicién aparece bajo el nuevo sello editorial de un prestigioso editor y librero, don Emilio J. Perxot, antiguo amigo a quien hemos confiado con anterioridad otros libros nuestros. Se reproduce el prdlogo que escribimos para la primera edi- cidn porque explica el origen y destino inicial de este libro, que Gre. adquirieudo con posterioridad nuevos espacios en las aulas universita- rias y en otros dmbitos culturales. VTAyEM. ‘Buenos Aires, abril de 2005. Prdlogo a la primera edicién El Manual que presentamos esti dirigido a quienes se inician en los ‘studios juridicos y tiene un origen cierto: los cursos que dictamos en 4a Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Aunque suponemos que la uilidad de este libro puede extender- se a otros campos intelectuales,seftalamos la finalidad y el origen pasa que de esta manera no se pretenda encontrar en el mismo desarrolios ajenos al objetivo propuesto. El plan de la obra ha seguido la orientaciGn del programa de la materia vigente desde 1960 en Ta Facultad de Desecho y Ciencias Sociales de ta ‘Universidad de Buenos Aires, no sélo porque es el que hemos utilizado en la enseiianza, sino porque consideramos que su contenido esté de acuerdo con la moderna concepcida de la disciplina. Las modificacio- nes introducidas, especialmente en la segunda y la tercera parte, respon- den més que nada af deseo de obtener una mejor sistematizacién del material expositivo. Siguiendo, pues, esa orientacin hemos procurado dar a las institucio- nes argentinas su campo inteligible de accién. Asi en los siglos XVI y XVIL, el estudio comprende todo et imperio hispanico, com una escasa atencign al Rio de ia Plata. En el siglo XVII el lente se aprexima a observar este territorio, que empieza a ser realmente valorado dentro del imperio. Finalmente después de 1810-clenfoque se reduce a nuestro pais, aunque sin omitir las uaturales concomitancias de los sucesos que ‘ocurten fucra del mismo y que sc hallan estrechamente vinculados a la evolucién institacional argentina, Existen dificultades acerca de lo que debe contenes una historia de las inssituciones. Algunos manuales suelen confundila con la historia cons- titucional y refierena aquélla s6lo a uta evoluciéa de los textos constitu ciomales y sus veformas. A veces, también bajo la denominacién de hisro- ria de las instisuciones, se agropa wn conjunto de hechos que se asemeja a la clésica cronologia politico-militar. Es frecuente asimismo que se utii- cen métodos diversos para el tratamiento de las diferentes épocas. Asi, mientras la época hispainica o colonial (tres siglos) se estudia bajo un insatisfactorio enfoque institucional, la época nacional (un siglo y me- dio), en cambio, se expone con un criterio exclusivamente cronol6gico. El contenido de esta obra se sustenta en el concepto que damos sobre instituciones ($8 5-9), cuya imnportancia es de orden metodolégico, es decir, destinado a fijar el rambo de nuestro curso y no simplemente a formuiar vanes especulaciones. Manust og Histouta Du Las InstiTUctones ARGENTINA® Al ajustarnos estrictamente al punto de vista institucional, hemos omi- tido la relacién cronologica de los hechos en cuanto no afectan directa- mente aquel enfoque, Suponemos el conocimiento de esos hechos por el estndiante y ef lector comin, y en todo caso una relacién de los mis- mos se halla ficiimente a su alcance en los numerosos matwales-u obras. especializadas. Nuestra preocupacion, sobre esta base conocida, ha sido dade brindar en forma clara y sistemtica las estructuras institucionales, Esperamas haberlo logrado. Abril de 1967 VIEA.y BM, Advertencia Son necesarias algunas indicaciones relativas al modo bro, A fin de evitar repericiones de correlacionar los disti épocas y de posibilitar la consulta por separado de cada tema, nos servi- mos de la numeracién cosrida de parigrafos. De esta manera se facilita la remisidn a otras partes del libro donde se traen antecedentes, refor- ‘mas posteriores, anotaciones comexas, 0 cualquier otro aspecto de inte- és vinculado con ol tema que se estudia. El mtimero entre paréntesis ido del signo § indica esa circunstancia. ‘Al pie de la pagina donde comicnza cada tema se indica la bibliogra- ‘fla principal vtilizada, a fin de remitir a esas obras a quienes deseen obfener tna informacién més completa. Cierta desproporcién cuan- titativa en fa bibliografia citada se debe a que en algunos temas nos hemos visto obligados a tabajar con una mis abundante para alcan- zat la sintesis adecuada, Hemos prescindido en casi todos os casos de la mencidn de Jas fuentes éditas documentiles ode las coleccio- nnes de leyes, para no recargar aun més las ya extensas néminas bi- bliogréficas. En sta edicién hemos colocado en algunos temas, en pirrafo separado, precedida del ntimero correlative y la letra “a” La nueva bibliografla, ‘que no nevesariamente se halla incorporada o reflejada en el texto, Yncluimos también un indice de abreviaturas, destinado a aclarar las siglas con que aparccen las publicaciones més citadas en ja bibliografia correspondiente. La contsibucién realizada por cada autor en la elaboracién de la presen- te obra es Ja siguiente: ‘Al doctor Tay Awzo.Arsavi corsesponden la Introduccién (pirrafos 6- 16); y los capinulos I (16-32 y 34-56), II, 1 (93-119 y 121), 1V (146- 152), V (153-161), VII (197-205), VIGIL, 1X, X, XM, XIE, XIV, XV, XVI, XVI, XVI, XIX, XXII, XXL, XXIV, XXVI (686-699), XX “VIMT, XXX (785-791 y 800-817), XXXT, XXX (846 y 848), XXXIV, XXXV, XXXVIT, XXXVI, XXRIX, XL, XL, XLU, XL y XLIV. ‘Al doctor Martin pertenecen los capitulos 1 (pérrafo 33), TH (120), IV (122-145), V (162-164), VI, VII (189-196 y 206-236), XI, XX, XXI, XXV, XXVI (700-704), XXVM, XXTK, XXX (792-799), XEXM (837-845 y 849-863), XXXII y XXXVI. De dlaboracién conjunta son los pérrafos 1-5 de la Introduccién. Abreviaturas A. Archivums, Revista de la Junta de Historia Eclesiistica Argentina, Buenos Aires A.D.H. Anuiria det Departamento de Historia, Facultad de Filosofia y Humanidades de la Universidad Nacional de Cérdoba AEA. Anuario de Estudios Americanos. Sevilla. AHLD.E. Anuario de Historia del Derecho Espafol. Madtid. AHLJ.E. Anuario Histivico Jurtdico Ecuatoriane. Quito. ALES, Anuario del Instituto de Estudios Histrico sociales. Tandil B.AN.H. Boletin de la Academia Nacional de Historia. Bucnos Aires. B.LLH, Boletin del Instituto de Investigaciones Histéricas. Pacultad de Filosofia y Letras. Buenos Aires. B.LELER. Bolesén del Instinuto de Historia Argentina y Americana Dr Emilio Ravignani, Facultad de Filosofia y Letras. Buesios Aires. C.CLELA, Academia Nacional de la Historia, Cuarto Congreso Inter- nacional de Historia de América. Buenos Aires, 1966. H. Historia. Revista trimestral de Historia argentina, americana y es paitola, Buenos Aires. HLA. Historia Argentina, planeada y ditigida por Rostxro Lovi.uier. Buenos Aires, 1968. FLAC. Academia Nacional de la Historia, Historia Argentina Contem- porénea: 1862-1930. Buenos Aires. H.Ch. Hitoria. Instituto de Historia. Universidad Catélica de Chile. Santiago de Chile. HLN.A. Academia Nacional de la Historia. Historia de la Nacitn Argen- tina. Buenos Aires. Hum. Hivmanidades. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educa- ign. Universidad Nacional de la Plata. LC. Jus Commune, Zeitschrift fr Europilische Rechtsgeschichte. Frankfurt am Main. LE, Investigaciones y Ensayos. Academia Nacional de la Historia, Bue- nos Aires. J.G.L. Jabrbnch fier Geschichte Latcinameritas. Kéin. N.HN.A. Academia Nacioual de la Historia. Nueva Historia de ia Naciin Argentina. Buenos Aires, 1999-2002. B. Profustoria, Rosatio, QE Quasdcrni Fiorentini per la Storia del pensievo giuridico moderna, Uni- vversitd de Firenze, Milatto. R.CHA Revista Complutense de Historia de América, Madrid, ‘Manat pa Historia ne 1s Instrructonns ARGENTINAS: RCLHLD. Revista Chilena de Historia del Derecho. Seminario de His- totia y Filosofia del Derecho de la Facultad de Ciencias Juridicas de la Universidad de Chile. Santiago de Chile. REHJ. Revista de Enudios Histbrico-Jurtdicos, Valparaiso, REP Revista de Estusios Polfticos. Madrid. RED.CS. Revista de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Bue- nos Aires, RUHL, Revista Histirica. Instituto Histérico de la Organizacién Nacio- nal. Buenos Aires. RHA. Revista de Historia de América. México. RILA.A, Revista de Historia Americana y Argentina. Facultad de Filo- sofia y Lenas de la Universidad Nacional de Cuyo. Mendoza RIAD. Revista de Historia del Derecho, Tnstivato de Tavestigaciones de Historia del Derecho. Buenos Aires. RI. Revista de Indias. Madrid, RIAD. -RLH DRL. -R.HDRL. Revista det Instituto de Histo~ ria del Derecho Ricardo Levene. Buenos Aires. (Las distintas abreviaturas conresponden al cambio de denominacién de la publicacién). S.C.LHLA. Academia Nacional de la Historia, Sesto Congreso Intorna- sional de Historia de América, Buenos Aires, 1982. TC. ‘Hubajos y Comunicaciones. La Plata. ‘ECLLHLA. Academia Nacional de la Historia, Tercor Congreso Interna- sional de Historia de América. Buenos Aires, 1961. U. Universidad, Universidad Nacional del Litoral. Santa Fe. a Indice Prologo a la séptima edicidn . Prologo a Ja primera edicién .. Advertencia ‘Abreviaturas Introduccién ... Concepto de la historia (1 a 6) Las instituciones (6 a 9) ‘Metodologia histérica (10 2 15) La heuristica (12) La critica (13) El ordenamiento y la exposicién (14) ‘Mitodos en la enseftanza (15) Primera parte ‘LA EPOCA HISPANICA Capitulo I La peninsula ibérica a fines del siglo XV (16 a 33) ‘Organizacién politica (20 2 23) ‘Ordenamiento legal 824 a 28) Evolucién social y econdmica (29 a 33) La conguista de América: tirutos (34 41) Los fines de fa empresa (42) cardcter de la colonizacién espafiola (43 a 49) La condicién politica de las Indias (0 2 55) Incorporacién de las Indias a Ja Corona de Castilla (53) ‘Mansa na Histor px tas Iksrerucions ARGENTINAS Capitulo IL « La organizacién politica indiana hasta fines del siglo XVI (86 y 57) El gobiemo indiano desde la peninsula (58 a 67) EL rey (89 y 60) Origen def poder politico (61 a 63) La Casa de la Contratacién de Indias (64) El Consejo Real y Supremo de Indias (65 y 66) Las juntas especiales (67) EL gobiemo local de las Indias (68 a 94) ‘Generalidades (68 y 69) Las capitulaciones (70) Los adelantos (71) Los virreyes (72 a 74) Los gobernadores (75 y 76) Los cortegidores y alcaldes mayores (77) (Otros funcionaris (78) El control de los funcionarios indianos (79 a 84) Los cabildos y el gobierno de las ciusiades (85 y 92) Capitulo I El derecho indiano (93 « 103) Ta organizaci6u judicial (104 a 121) Jucces capitulares (106) Jueces reales (107) Jucces celesidsticos (111) Las audiencias (112 a 115) Los fiscales (1116) Jueces mercantiles (117) El protomedicato (118) El fuero universitario (119) El fuero minero (120) Letrados y abogados (121) 9 Capitulo IV . ‘La politica econdunica de las Indias bajo los Austrias. El mercantiliseno (122 a 145) La agriculeura (126) La ganadecia 8127 a 130) La propiedad de fa tierra (181 y 132) La mineria (133 a 136) La industria (137 y 188) El comercio (139 a 143 El contrubando (144) Los consulados (145) La Real Hacienda (146 2 152) Las regalias (147) Los monopolios o estancos (148) Los impuestos (149 y 150) La administraciéa fiscal (151 y 152) Capitulo V EL Réo de la Plata durante los siglos XVI y XVII (153 a 164) El sentido colonizador y la organizacién politica (153 « 159) La organizacién judicial (160 y 161) El desarrollo comercial (162 a 164) Capitulo VI wo M45 155 El despotismo ilustrado, Sus manifestaciones en Jo politico, religioso, econdmico y social (165 2 178) El libre comercio (179 a 188) Capitulo VII EL Rio de la Plata durante el siglo XVIM (189 a 236) Creacidn del virreinato (191 « 193) La andiencia y ta organizacion judicial (194 a 197) EL régimen de Las intendencias (198 a 205) El consulado de Buenos Aires (206) Situacién econémica (207 a 221) Las mevas ideas econémicas (222 a 228) La apertura del puerto de Buenos Aires (229 a 236) Capitulo VIL... La sociedad estamental en Indias (237) ‘Los blancos: espaitoles y crillos (238 y 239) La condiciéa de los indios (240 a 255) Las encomiendas (247 a 252) Reducciones y pueblos indigenas (253 y 254) 1Las misiones jesuiticas (255) # mestnae (256 2259) a esclavinud: fa trata de negros (260 a 268: La familia (269 a 275) ‘ , Los extranjeros (276 y 277) ‘Los derechos personales (278) Capitalo IX ... La Iglesia (279 a 289) La organizaci6n eclesidstica (279 a 284) La predicacién religiosa (285 y 286) La influcncia social del clero (287 a 289) EI Real Patronato (290 a 296) Capitulo X ... 241 La ensefianza (297 a 300) Las universidades (301 a 308) La Universidad de Cordoba (305 y 306) ‘La Universidad de Charcas (307 y 308) La ensefianza del derecho (309.2 313) La medicina y el protomedicato (314 a 317) La imprenta (318 y 319) Los libros ¢ impresos (320 a 325) El petiodismo (326 a 329} Capitulo Xt 28 La onganizaci6n militar dnrante la conquista y la colonizacién Lahweste 402338) 0 on G20) El cjétcito defensivo 8834 a 338) La antotidad militar (39) Tas fuerzas militares del Rio de ta Plata (340 a 342) 278 Capitulo XIE. La crisis del xégimen indiano (343 a 360) La conduccién gubernative (344 y 345) “Fensiones, ideas e intentos de independencia (346 a 352} Los acontecimientos desencadenantes (353 a 360) Segunda parte LA EPOCA PATRIA Capitulo XII... La Revolcién de Mayo: fandamentos politicos yjuridicos (361.2 383) 1Las corrientes ideoldgicas influyentes (372 y 383) El ejercicio del gobierno propio (374 a 383) ‘Hlacia la declaracidn de la Independencia (384 390) El carécter continental de la tucha por la emancipacién (391 a 395) Capitulo XIV ... a7 El constitucionalismo (396 a 404) Los derechos y deberes de las personas (405 a 414) Capitulo XV . La forma de gobierno (415 a 439) El Poder Legislativo (418) EL Poder Bjecutivo (419 a 424) La correlacién de las fonciones legislativas y cjecutivas (425) ‘Requisitos para ocupar la funcidn publica (426) [Los secretarios de Estado (427) Organos consultivos (428) ‘La organizacién judicial. Origenes del Poder judicial (429 2 437) Las residencias y la responsabilidad de los fancionarios puiblicos (438) Tntentos mondrquicos (439) ‘Manat ou Histonta bp LAs INSTITCOIONES ARGENTINAS Capitulo XVI La forma de Estado: federalismo y unitarismo (440 a 448) Las causas del federalismo (443 a 448) ‘La organizacién territorial 8449 a 452) “EL régimen de las autononvias provinciales (453 2471) EL Poder Legislativo (457) El Poder Ejecutivo (458) La onganizacién judicial (459 a 465) Carécter y aplicacién de los ensayos constitucionales (566 y 467) El caudillo (468 y 469) ‘Las facultades exttaotttinarias y la suma del poder priblico (470 y 471) Capitulo XVII Los pactos interprovinciales (472 y 473) El pacto federal de 1831 y las tentativas consticucionales (474 a 480) Elencargo de ls relaciones exteriores. El jefe supremo de la Confedera- cidn Argentina (481 2 488) La generacién de 1837 (489 « 494) Capitulo XVI. 1Las segregaciones tertitoriales (495 a 500) La politica exterior (501 a 506) El reconocimiento de la independencia (501) La guerra con el Brasil: causas y consectiencias (507 a 510) ‘Conflictos durante el periodo 1835-1852 (511 a 519) Bolivia (512) Paraguay (513) Las Tslas Malvinas (514) La Banda Oriental y Ja intervencién anglo-francesa (515 2 518) Chile (619) Capitulo XIX La representaci6u politica (520 a 532) El cindadano (522 a 525) Caracter de la representacién (526 a 529) Fl acto electoral (530 a 582) Elderecho patrio precodificado (533 a 540) 371 403 Capitulo XX ‘La economia (541 2 578) Librecambio y proteccionismo (1810-1829) (541. a 546) La ley de aduana de 1835 (547 a 551) El movimiento comercial 8552) La ganaderfa ($53 « 562) El saladero (563 a 566) La agricultura (567 a 573) ‘Las industrias (574 y 575) ‘La mineria (576 a 578) La tierra piiblica ($79 4 590) Capitulo XZ. Las finanzas (591 a 615) 1La politica financiera nacional (1810-1820) (591, a 595) ‘La politica financiera provincial (1820-1852) 596 a 601) La moneda (602 a 605) Los bancos (606 2 615) oo 487 Capitulo XX ... ‘Las reformas sociales de 1a Revotucién (616 a 628) 1Los expafioles peninsulares (617 4 620) Ta egelavitud (621 a 628) Los indigenas (624) Los extranjeros (625) La familia (626) La abolicién de titulos (627 y 628) Capitulo XXII ‘La ensefianza elemental (629 a 633) Fundacion de fa Universidad de Buenos Aires (634 4 641) La ensefianza del derecho (642 2 645) a libertad de imprenta (646 2 654) La circulacién de libros (653) La Biblioteca Publica de Buenos Aites (654) El periodismo (655 y 656) Manuat ox HisTorta bp 1as Insvrructonps ARGENTINAS Capitulo XXIV La Iglesia ante la emancipacién americana (657 a 665) En el Rio de la Plata (658 a 661) ‘La posicién de ta Santa Sede (662 a 665) ‘Origen del Patronato Nacional (666 a 670) La reforma eclesifstica (671 y 672) Capitulo XXV . Eejéreito patrio (673 a 685) Las tropas vereranas (675 y 676) Las milicias (677 a 680) ‘Las armas y elementos bélicos (681 a 683) ‘La marina de guerra (684) El mand de las armas (685) Tercera parte LA EPOCA CONSTITUCIONAL Capitulo XXVI. 1+ 503 La organizacién constinucional (686 2 704) EL Acuento de San Nicolis (690 a 692) La Constinucién Nacional de 1853 (693 y 694) ‘La formacidn del Estado de Buenos Aires (695) El conflicto entre la Confederacidn y Buenos Aires (696 a 698) ‘La reforma de 1860 (699) La unién definitiva (700 a 704) Capitulo XXVIL ... 519 specs econémico-financieros de a organizacién constitucional (708 a La libre navegacién de los rios (706 a 708) Factores econdmivos en la separacién de Buestos Aires (709) Las finanzas de la Confederacién (810 a 716) ‘Los bancos de la Confederacién (717 y 718) Las finanzas det Estado de Buenos Aires (719 a 721) Capitulo XXVIII El sistema politico constitucional (722 a 752) ‘Los derechos y deberes de tus personas en Ja Constitucién Nacional (727 y 738) El Poder Legislativo Nacional (736 a 740) EI Poder Ejecutivo Nacional (741 a 744) El Poder Judicial Nacional (745 a 747) La Corte Suprema de Justicia (748 y 749) Los gobiernos de las provincias (750 a 752) 1La prictics constinucional (753 4 765) ‘Las intervenciones federales (763 a 765) Capitulo XXIX Las tendencias politicas predominantes (766 a 784) El testamento politico de Mitre (766 a 768) La politica de conciliacin (769) La época de Roca (770 a 772) La revolucidn de 1890 (773 y 774) La politica del Acuerdo (775 y 776) ‘La segunda presidencia de Roca (777 y 778) La terminacién del predominio roquista (79 y 780) El radicatismo en el poder (781 a 783) La revolucién de 1930 (784) 873 Capitulo XXX .. La sanci6n de Jos eddigns nacionales (785 a 792) La cnestidn capital (792 a 799) Los territorios nacionales (800 a 802) Bl sistema electoral (803 a 818) ‘Régimen anterior a 1912 (804 a 814) La ley Sdenz Pesia (815 a 818) 591 Capitulo XXXI... La politica exterior (819 a 830) ‘La guerra con el Paraguay (820 a 822) Las cuestiones limftrofes (823 a 828) Relaciones con las naciones europeas (829 a 833) ‘La politica continental (834 « 836) a “Masrcan pp Histonta ps uas Instructors ARGRSTINAS Capitulo XXXII. sn 601 La conguista del desierto (837 a 848) La Patagonia (388 a 845) El Chaco (846 a 848) y colonizacién (849 a 859) Tr ley de 1876 (885 « 856) El desarrollo ferroviario (860 a 863) Capitulo XXXM0T El desarrollo econémico (864 a 881) La ganaderia (864 a 869) Los frigorificos (870 a 874) La agricultura (875 2 877) El comercio de exportacidn (878) La mineria (879) Las industrias (880 y 881) Las finanzas (882 3 898) ‘La moneda (889 a 891) ‘Los basscos (892 a 898) La cuestidn obrera (899 907) Capitulo XXXIV ... ‘La enseiianza elemental y media (908. (914) Los estudios universitarios (915 a 925) La ley Avellaneda (919) ‘Fundacidn de la Universidad de .a Plata (920 a 922) Anntecedentes de la creacidn de la Universidad Nacional det Litoral (923) ‘La Universidad Nacional de Tucumin (924) La reforma de 1918 (925) La enseiianza del derecho (926 a 929) Las academias naciouales (930) El periodismo (931 a 934) Capitulo XXXV 619 La Iglesia y el Estado (935 950) La libertad de cultos (937) EI Patronato Nacional (938 2942) Relaciones con la Santa Sede (943 y 944) El matrimonio civil (945 a 947) La onganizacién ectesidstica (948 a 950) La acci6n politica y social del catolicismo (951 a 953) Capftulo XXXVI El ejéscito nacional (954 a 961) ‘La marina de guerra (962 a 964) Ta aviacidn militar y naval (965 y 966) Cuarta Parte LAS INSTITUCIONES ENTRE 1930 ¥ 1983 Capitulo XXXVIL Las teudencias politicas predominantes (967 a 982) Entre gobiernos civiles y militares. Los presidentes de la Concordancia (967 2969) La Revolucidn de 1943 y las presidenicias de Pern (970 y 971) La Revolucién Libertadora (972) La presidencia de Frondizi (973 y 974) La presidencia de Ilia (975) La Revolucidn Argentina (976 y 977) El sctomno de Peron y su tercera presideucia (978 y 979) El Proceso de Reorganizacién Nacional (980 a 982) Capitulo XXXVIIL .. 713 El fuancionamiento del sistema politico (983 a 1011) La vigencia de la Constitucida de 1853 y sus reformas (983 989) Los poderes ejecutivo y legislativo: su fincionamiento (990 a 992) El poder judicial (993 y 994) La Corte Suprema de Justicia (995 a 997) La legislacién nacional (998 a 1001) Los gobiernos provinciales (1002 a 1006) El constitucionalismo provincial (1007) Los territories naciounles y su conversion en provincias (1008 a 1010) El régimen manicipal (1011) Manual. pu Historia px tas Instsucron Capitulo XXXIX Lineamientos de la economia y las finauzas en sus mnarvos instimiciona tes (1013 a 1029) La produccién agraria (1020 a 1023) La industria (1024 y 1025) ‘La modemizacién del tansporte: vias fésreas y carreterass Kneas fluviales, maritimas y aéreas (1026 a 1029) Capitulo XL Poblacidn, inmigracién y estructura social (1030 a 1038) El mundo del trabajo (1034 a 1040) Legislacién laboral (1084 a 1037) ‘Organizacién sindical (1038 a 1040) Capitulo XLI ‘La politica exterior (1041 a 1051) Europa y los Estados Unides (1041 y 1042) La Segunda guerra mundial y el nuevo orden internacional (1043 2 1045) Diplomacia, politica y comercio en la posguerra (1046 y 1047) Las telaciones con Iberoamérica (1048 y 1049) Las Malvinas: negociacicn diplomtica y conflicto bético (1050 y 1051} Capitulo XLIL .. ‘La ensefianza elemental y media (1052 a 1057) ‘Los estudios universitarios (1058 a 1064) La censefianza del Derecho (1068 y 1069) Las academias nacionales (1065) La investigacién cientfica (1066 y 1067) El periodismo: prensa grifica, radio y televisin (1068 4 1072) Capitulo XLII... La Iglesia y la cultura carélica (1073) EL Concilio Vaticano II y la renovacién religiosa (1074 y 1075) La relacién con el Estado. El Acuerdo de 1966 sobre Paronato (1076 a 1081) La organizacién eclesidstica (1082) . 748 765 . 798 a5 Po renee io XLIV 825, cael Armadas: Ejéscito, Marina y Aerondutica (1083 a 1094) dpralo ieniio e industrial (1089) Lucpuida ‘continental y la hacha| eal suberign (209021094) ‘Las Fuerzas ce Seguridad (1095 a 1097) 1La Prefectura Naval Argentina (1095) Ta Gendarmerfa Nacional (1096) La Policia Federal Argentina (1097) Introduccién Concepto de 1a historia © 1. La primera tarea consistini en aclarar Jos vocablos que sirven para denaminar muestra disciplina. Como ocurte con otras vocablos de las Ciencias sociales, el significado de la vor. “historia” ha sido atentamente cstudiado a través del tiempo, y las conclusiones que pueden extracrse al respecto no son concordantes en cuanto a su objeto. Si observamos 2 un cientifico trabajando en su laboratorio, advertire- mos que realiza sus estudios sobre fa base de experimentos efectuados con objetos fisicas accesibles. Trabaja en el presente, y personalmente puede seguir el desarrollo del experimento en todas sus fases. Si no ha captado con precision algéin aspecto del proceso, puede repetirlo cuan- tas veces quiem y dar luego sus conclusiones, Ese estudioso se encuen- tra ante un objeto real, que existe, y le es permitido presenciar el desa- rrollo del experimento o hecho fisico hasta que su reiteracién pueda dar lugar a ta formmulacién de una ley fisica. Conta historia no ocurre Lo mismo. Se ocupa, si, de objetos reales, pero inexistentes, y pretende llegar a conocer cada objeto tal cual existi6, no tal cual pudo ser o tal cunt debid cer. El objeto sobre el cual versa a historia es un hecho pasado ¢ irreversi- ble, fa estado en ef tiempo y en el espacio, pero ahora no existe, no actiia. En la historia no se da a Logica de la misma manera que en los fendme- nos fisicos. Ello se debe especialmente a que el agente promotor del hecho hist6rico es 1a voluntad humana, la que no responde de igual (1) Mase Bocce, Israucidn ae Betoss, México Buena Aires, 1952; once Lins Cassa y ‘Artem J, Plas Ancitheet, Del sea la hisora elie Una sain dela norgraio ‘ant dl dod, Burn Acer, VEL; H.C, Cotrovarcen, Han dete Fizona, Misco, Ts Tost Axionao Magan, Tia del saber Hixdncs, segunda edicién, Mdnd, 1951; Bi ‘Maxiou, HT commie hushice, Bascelona, 1958; Eouatso Manne, La Faso il dees, copa etre, RD, N° 20, 19D; hina ects y eben del dene, EC, 21,1973. (la) Presa Buss (ed), Formas de hacer nora, Madea, 1998; Hwan H. Cann, iQue ‘Barat, Barcelona, 1998; Feceaico Sukaez, La Hsu ye mide de investiga Ht, ‘Madi, 1987 ‘Mana pe Hisronta Ds Las Inertruicionns Anomrnas ‘manera ante dos incitaciones idénticas. La voluntad def hombre se halla en permanente lucha para mbdificar la naturaleza, y tampoco puede este aspecto cotrelacionarse con los hechos fisicos. 2. Ala pregunta qué es a historia’, podemos responder utilizan explicaciones que ha dado el historador francés Hien Trax Mansons In historia esl conocimiento del pasado bunano. Un conocimiento verdadero, opaestoa lo que podrfa haber sido, al resultado de la imagi- uacidn, dela novela, del mito, de las leyendas pedagégicas, de aquells “aleluyas” de fa escuela primaria, conocimiento que serd culminacién de am esfinerzo riguroso y sistematico por halla la verdad de lo sucedi- do Alhblar de paso uanoentenemos or tal roa as aciones pensamientos, los sentimientos y las obras (materiales y espirinaa. Is) del hombre o de los hombres de ayer, uscentes de comprension por el hombre de hoy, que es el historiador. EB pasado, que por obra del historiador vuelve a fa vida en su concien- cia, se convierte en alguno distiato ~contimia Maxxov- de lo que fue en realidad, pues por lo pronto no se lo conoce come presente (tal corto lo vivieron los hombres del pasado), sino como pretérito, como algo que fue ¥ no que es. Por otra pare, el historiador tiene una visibn mucho més amolia de esos hechos investigados, conoce sus anteceden: tes (il vez mejor que quien viv el pasado de que se trata) y us conse ccuencias, es decir, sabe qué pasé después, cosa que el hombre de ayer, el hhombxe del pasado, nunca pudo saber. También el historiador que co- ee a Somprende el pasado, wuelea en ese conocimiento todo el ge de o1108 cou 3s, impresiones y experiencias que no st 4) sino todos los hombres que han sucedido 4 quel que vis aan tiempo y lugar determinados, le han trasmnitido. Por eso historia est inseparablemente unida al historiador. “Para que podamos conocer un sector del pasado, 10 sélo es preciso que queden de & documentos significativos, sino también que haya un historiador capaz de dar con ellos y, sobre todo, de comprendertos", pues para co- rover el objeto desus estudios el historiador “debe poseer en su cultura fereonaly ena carota miss de su esprtas aides slip cas que le permitan imaginarse, volver a sentir y comprender los senti- imientos, las ideas, la conducta de los hos sastreando en los documentos”, hombres det pasado que vaya Entre nosotros, Cassavt y Piaaz Amvcnsrecut han elaborado una Aefinicién que es conveniente conocer. Pata estos autores la historia es Ia reerencin intlecrual del pasado lnemane mediante le isqueda de ls Bec ellada sobre a bse detestmonio yl exposicin congrnte 0 CONCERTO DH LA HISTORIA eer TON ‘La expresin “re-creacién intelectual” es rica en contenido. Ella, por si, define el aleance de la historia. Seala su objetivo y coloca los limites natnrales a sa dominio, Todo debe reducirse a tna re-creaci6n intelec tual. Elhecho ha ocurrido una vez, sélo una. Ha sido captado de alguna manera por otro t ot0s hombres, trasmitiéndose « la posterioridad bajo la forma de testimonio. Gracias a ello, el historiador advierte of hecho y sobre la base de esas huellas procede a la re-reczeaci6n intelec- ‘unl del mismo. Hay, naturalmente, una gran diferencia entre la recrea- cién intelectual y cl becho real. Aquélla depende exclusivamente de la texistencia de testimonios, pues en caso de no existir © no conocerse ést0s, el hecko no puede ser conocido. Ademds, conviene sefialar que al jntervenir en esta re-creacién la mente del historiador, Jos hechos anali- zados reciben inevitablemente un impacto subjetivo, ya sea por los ele- mentos riilizados en la operacién intelectual o por el enfogne que ct estudioso tiene interés en dar a los mismos. ‘Al decir que la historia tiene por objeto el pasado humano, no se quiere significar que ha de acurmularse desordenadamente todo lo que ha deja- do de ser presente, Esto serd el pasado, pero la historia tiene que supe- tar una visidn tan simple. En efecto, fa historia, como ciencia, aspira a . De esta mauiera, el rey reconocido y proclamado solamente Castilla quedaba de hecho tambien aceptadoren Indias, “ ‘No correspoucle que volvamos a considerar el alcance que por entonces tenfa el poder rea, ya estudiado al ocuparnos de las instituciones caste. Manas (§§ 20-22), pero deseamos sefalar uma limitacin mds que, con- tenida en el derecho castellano, navo bastante aplicacién en Indias. En efecto, por via disposicién originada en ef siglo XVT y reitesada en varias opornmidades, se establecié que aqucllas disposicionee reales ccontrarias al derecho vigeute y que causaran algxin perjuicio debtan ser tan s6lo obedecidas ¥ no cumplidas, hasta que, mejor informado el monarca, resolviese definitivameute, De esta manera, como dice Gar- ts-Gait0, se dejaba a salvo la auroridad dela ley al mismo tiempo, se evitaba Ia injusticin que resutaria de au aplicacién. El precepto, pues, tenfa un alto contenido juridico, y social. Debido a las enormes distan. cias y al descouocimicnto territorial, tuvo un campo propicio de aplica- cin cu etNucvo Mondo aunque muchas veces fueron también intere- ‘egoistas los que se valicron de este recurso para dilatar la aplicaci de algunas disposicioues reales que les eran datwonble 60. A partir de la mmerte de Farwaxno, ocurrida en 1516, y hasta rs fines de la centuria siguieute, la Coroua estuvo en poder de pric del Hamada Casa de Austra, El primero de ellos, Cantos Te Espatia y V de Alemania (1516-1556), era nicto de Frrnanno y también de Max- at1s%o T, v pertenecia ala dinastfa austriaca de los Habsburgo, Dur: te su reinado el imperio alcanzé gran extensi6n geoprstica, y consi do deur admin ete, que aston Fein H (1856 by icargo de mantener con una singular dedicacidn ; uegoros administrativos. m arin ats fo reyes del siglo siguiente, Fats IIT (1598-1621), Ferre IV (1621- 1665) y Cantos 1° hechizado” (1665-1700), abendonaron ts peo. blemas de la administracién indiana ~también los propioe peninsla- 2 Ex. comsnno Io1aNo DESDE La raninguta se5~ a valcos o primeras minisros, especialmente, durante el reinado de [ Pruwe IIT, a don Francisco Gounz oe Sanpovar ¥ Roms, duque de ‘Lerma; bajo Feuive IV, don Gasear ps Guzman, conde duque de Oliva res, y don Luis Méspiz pe Hano y GuawAx. El valid era, al mismo ticmpo, amigo intimo del rey y cjercia directamente el gobierno de Lt ‘Monarguia, debido a los poderes que, de hecho o de derecho, habia delegado ess él el propio rey. La figura del valido evolucioud a través del siglo, y en buena parte sus caracteristicas dependicron de la persona que obtavo el favor real, En la segunda mitad de fa centuris aparecié: mis perfilada su figura con Ta denominacién de primer minssro. ‘No se abandonaron, sin embargo, como apunta ZowsAgqutn BEct, los principios fundamentales de la Monarquia ni los fines de la empresa indiana, aunque se advirtié “un mayor descuido administrativo, un cre~ ciente abancdono del espiritu imperial, la pobreza, el estauicamiento de todas las actividades y el auge de ciertasfallas en ef gobierno, como cf peculado y la venta de oficias”. Era una decadencia on todos los érdenes ue, junto a la reciente pujanza de otras naciones, iba a configurar ese estado de postracién de la Espafa de fines de sigio XVIL. 61. Origen del poder politico, De acuerdo con las doctrinas desarro~ Hadas en os siglas XVI y XVI, ef hombre, impulsado por sus necesida- des sociales, establecia la comunidad, Ia que otorgaba el uso del poder y potestad politica al gobernante en determinadas condiciones y formas. Eldeber primordial del gobernante o del principe cra atender el bien de Ja conmaidad, sin poder wsar a sn capricho la autoridad conferida. Eu principio, el pueblo tampoco podia reasumir csa potestad, salvo en ca- 08 MnUY graves, come, por ejemplo, cnando el gobemnante se convertia ‘en tirano o cuando desaparecia el principe sin dejar legitimo stcesor. ‘Esta potestad 0 poder politico era, pues, de derecho natural, eu cuanto respondia a las inclinaciones sociales def hombre y procedia de Dios, ‘quien Jo entegaba a la comunidad a} constituirse ésta ELrey, pues, recibfa el poder de la comunidad, y cada sucesién de prin- Cipes en el rono significaba una verdadera renovacién del pacto origi- nario, formalizada mediante el juramento del nuevo rey de guardar y respetat las leyes y los privilegios vigentes, a lo que el pueblo sespondia jurandole obediencia. De alli, dice ‘Gancia-Gatto, “el rey es un admi~ nistrador de la comunidad, un magistrado que cjerce el oficio o cargo de rey", que ha de gobernac conforme a las leyes y en bencicio de la comunidad. Bu caso contiario, se convertia en un titano, el vinculo con la comunidad se rompia y cesabs cf deber de obedieneia. Este doctrina fite elaborada por los principales tedlogos y juristas espa- oles, y aunque a través de los diversos autores es posible notar diferen- n Manu be Elis7ossa ps Las Tnsrsructonss ARGENTINAS cias ~algunas de ellas importantes, se puede considerar la emaciada como doctzina gencralmente admitida por la mayoria de tos tratadistas (Francisco ps Vitoria, Dominao px Soro, Luis pp Mona, FRancis- co SuAnez, Fernanno VAzquez ps Mancuacs, MARTIN DE AZPILCUR- 1a, Disco be CovaKnumiss) ¥ como tal, aplicada en el derecho politico dela época, 62, La doctriua, sin embargo, no resulté aplicable desde un primer momento a las Indias, pues el dominio de los Reyes Catilicos sobre ‘estos territorios se habia originado en otros titulos (S$ 34-41}, y no ca Ja voluntatia concesidn de la comunidad indigena, Gaxcts-GaLto 50s- tiene que sdlo hacia 1540, cuando el mimero de espaftoles en Indias era considerable y la conquista del territorio se habia efectuado con el es- facie de aquellos y 2 su costa, puede considerarse que “también en Indias el poder del rey sobre los espaitoles to recibe mediante tn pacto de Ja comunidad”. Asimismo, se intent obtener el reconocimiento voluntario de los indigenss al rey ($ 41). 163. Sin embargo, esta idea acerca del origen del poder fue desplazada Jeutameute a medida que Ja figura del Estado alcanzé a diferenciarse de Ja comunidad y que sungié wia concepcién providencialista del monar- . Estos funcionarios, designados por el rey, junto con los sacenio- tes, ejereian en cierto modo un control, y sus informes a fa Corona servian para agua fa condncta de los adclantalos. Como vemos, aun en el momento inicial dela conquista, la libertad de acc ‘errs crs tenis su melons as ion estos El adelantado cn Indias fue nombrado durante la primera mitad del siglo XVI para efercer sus atribuciones en tertitorios atin no descubier- tes o sip poblar. Es decir que para aquellas comarcas que en esa época ya halifan superado la etapa inicial, se nombraron otros fisncionarios, no adelantados, En muchas capitulaciones scconcedian, ademis de este oficio, otros cargos politicos. ZoRnaguin BECU interpreta esas dobles ~ concesiones como un intento de someter al adelantado a la jerarquia administrativa y reducitlo a la categoria de un funcionario rentado obediente a tas Srdenes reales. ’ Desde medias del siglo XVI, aunque con diferencias entre las comar~ «asi ya asentada en su may la conquista espai - recis la necesidad del adelantado,y sus aeons puuontaeee cidas por fos Grganos y las autoridades que conformarian defisiiva: ‘mente el sistema indiano, No se extinguid, sin embargo, el timlo de adelante, gue desde entonces fie simplemente una dignidad otorga- . ° so ‘i or lt Corona en premio de servicios cumplidos oa cumple por el Ex gomtuavo tocat ps uas Ismias 72. Los virreyes. El oficio de virrey para las Indias fue inicialmente ‘otorgado a CaisTépat, CaLon en las capitulaciones de Santa Fe (1492), La concesidn era amplia, no demasiado clara con respecto a sus atribu- clones, y luego se convirtié en hereditaria. Ello provocé largos y nume- ros0s Conflictos, especialmente con el hijo del descubridor, don Dreco CoLdy, y sélo al cabo de enojosos pleitos, que conchiyeron en 1538, s¢ dio tézmino a este singular virreinato. A partic de entonces la Corona considerd el oficio como la mis alta magistratura, pero dentro de la administracién texritorial, sujeta directamente al rey y destigada de toda capitulacién, En tal carécter fueron designados los primeros virreyes para Nueva Espatia y Pent. Bl del Peni se destacs pronto como el més importante, no slo por su extensidn territorial, sino también por so repercusién econémica, de manera que los virreyes trasladados de Nue- va Espafia al Peri estimaban el cambio como un significativo ascenso en su carrera administrativa. A mediados del siglo XVIII, las necesida- des obligaron a la creacién de otros dos virreinatos: los de Nueva Gra- nada y del Rio de la Plata (6 169). Si bien los primeros virreyes fueron ~segiin Ors Carpiqui- “como encarnacién suprema del Estado espaiiol en las Indias, altos funcio- narios que govaron de un complejo de atribuciones hasta entonces munca igualadas y de la maxima confianza de la Corona”, sus pode- res, paulatinameate, quedaron limitados no sélo por el deber de in- formar al rey, sino también por las Srdenes minuciosas provenientes de Espaiia que debian cumplir. Conservaron, sin embargo, tn alto rango jerirquiico, que se ponia de manifiesto en Ix pompa y el brillo que los acompafiaba, como ep la misma recomendacién en el senti- do de que se les tuviera “mucho respeto y reverencia”, pues repre- senraban la propia persona real. “Al principio, los virreyes se designaban sin plazo fijo, a voluntad del rey, deste 1629, ef nombramiento era trienal, aunque podia prorro- garse. Se procuraba elegir a las personas desarraigadas del lugar donde sjerciap sus funciones, probibiéndoseles terminantemente trasladarse al mismo con ss hijos y aun con sus hijos politicos. También se les prohi- ‘bia toda vinculacién con intereses econémicos y comerciales en 1a re- ‘8ién, y para compensar esas privaciones se es dotaba de una excelente remuperacion, aun cuando se admite que sus gastos debieron ser tam- bign clevados, para mantener el decoro de su investidura, Para asegurar {a continuidad de la obra de gobiemo ¢ informar a su sucesor, el virrey saliente debia redactar una ntemoria, en la que se consignaba no sdlo la actividad desarvollads, sino también los principales problemas cuya so lucién requerfa el concurso del nuevo fincionario. ‘Era asistido en sus finciones por una secretarfa, cuiyo mimero de miem- ss (Masmuat o8 Hietonta Di tas Insrirccionss ARGBNTIN bros crecié af desarrollarse la burocracia, llegando a dividir su trabajo eu departamentos. El virrey encoutraba también ciertas limitaciones en el desempetio de su cargo. Eat primer Iugar, su deber de informar a la Corona en forma detalada sobre la marcha del gobiemo, asi como sobre “las personas bbeueméritas” para ser ocupadas en cargos piiblicos. Luego por el siste- ‘ma de visitas (§ 80) y juicios de residencia (§ 82), ¥ por el control de la audicacia. Precisamente, se aconsejaba 2 los virreyes que las materias mds arduas e importantes fuetan consultadas en acuerdo con los oido- res, aunque siempre reservandose aquellos la decisién fina, ‘Muchos de los virreyes perteuecian a familias nobles y distinguidas de Ia peninsula. Los hubo también nacidos en suelo americano, Ena larga lista de los virreyes hubo quienes se entregaron al servicio del progreso material, espiritual e intelectual de la region. Otros, en cambio, indife- teutes a la obra de gobierno, se dedicaron tan sdlo a gozar de los bene- ficios y las houras burocriticas. 73. Las atribucions de los virreyes deben set cuidadosamente estudia- das, teniendo en cuenta la caracterizacién que hemos dado para todo el zégimen, De acuerdo cou lo dispuesto en La legislacida indiana, los vi- "reyes eran, por lo general, ademas de tales, gobernadores, capitanesgene- rales 3 presidentes de las audiencias de su distrito. De esta manera, s¢ queria significar que, aparte de su investidura vireeinal de orden politi- co, cou jutisdiccién en todo el texitorio, tenfan funciones gubernati- vas, militares y judiciales, en el distrito capital donde residiau, Como cada uno de los cargos tenfa sus funciones privativas, para conocer las ‘que desempeiiaba cl jefe del virteinato debe estarse al tanto de las que resulten de ia acumulaci6n de todas ellas, Fllo, pues, permite distinguir cexitre el superior gobiemo politico del territotio ejercido por el visrey y el gobiemo ordiaatio a cargo delos demés oficios, algunos de los cuales se solfan también acunvular en el titular del visrcinato. ‘Algunas leyes indianas otorgaban atribuciones tan sélo a los visreyes, pero offas, cn cambio, fo hacian conjuntamente a Tos visteyes y a los presideutes gobemadores que se encontraban al frente de las provincias ‘mayores, sin faltar las que incluian también a los demds gobernadores. Ello obligaria a una detallada discriminacién que, ajustada al texto le- gal, no siempre responder‘a a la prictica de gobierno, que muchas veces hho respeté tau estricto ordenamiento. Pero debe sefialarse esta circuns- taucia para explicar la diferencia de grades que siempre se reconocié al respecto y tambiéu para notar que, aunque de manera distinta de la moderna sistematizacién contenida cu las constitucioues politicas, of sistema indiano tuvo también su coherente estructura, Bx cosranxo tocar pu tas Ixptas See concedié al virrey ua amplia facultad legislativa ~que no siempre pudo utifizarse-, al punto de que “en todas las cosas, casos ¥ negocios, ‘que se offecieren, hagan lo que pareciere y vieren que conviene, y pro- ‘vean todo aquello que nos podriarnos hacer y proveer”, con el agregutlo de que sus Ordenes y mandatos debian cumplirse y ejecutarse sin dilata- cidn ni consultas previas al rey (Recopilacién, lib. TIL, tit. IH, ley 2). Asimismo, el vierey, en cuanto tal, tenia estas otras attibuciones: hacer respetar las leyes protectoras de los ind/gewas; castigar los delitos que se hnubiesen cometido antes de su gobierno; perdonar fos delitos y exces0s cometidas en su jurisdiceiéu; proveer y ordenar uuevos descubrimicn- tos; presidir las audiencias de otros distritos dentro del virreinato cuin- do se hallase de visita cn las mismas, para tratar asuntos de gobiemo, sin entrometerse en los negocios de justicia; abrir caminos y reparar _puentes cout la comtribucidn de Jos que resultasen beueficiados; ordenar el destierro y la remisidn a Espaiia de las personas, luego de proceso judicial coneaviode a causaal Rey “e 74, Ademés de estas atribucioues privativas, que le cotrespondian por su oficio de virres, tenia las siguientes: 4) En su carécter de gobernador: ejecutaba las disposiciones reales; dic- taba también leyes y ordenanzas locales; efectuaba nombramientos de funcionarios menores ¢, interinamente, los de gobernadores de las pro- vincias menores, corregidares y alcaldes mayores; mantenia el orden de «a distrito; ejereia Ja politica de abastos, sin menoscabo de las atribu- ciones privativas del cabildo, atendia la sanidad piblica, of sistema de comunicaciones, el control de las obras puiblicas; promovia la fiuda- cidn de chudades y, en general, l fomento de las explotaciones e indus- tig autorizadae por la Corona. En materia de real hacienda, debfa procurar el aumento y la percepcién, de las reatas scales, y la clara y diligente administraciéu de las mismmas. A fin de considerar éstos aspectos, y especialmente la reduecidu de los gastos, debia reunirse cou los ofteiales del ramo. Sin embargo, le estaba prohibido librar y gastar fondos de la real hacienda sin especial autori- zacién del rey, salvo casos urgentes en que sélo el virrey podia hacerlo ‘con acuerdo de los oidores y oficiales reales. En materia eclesidstica, debfa puardar y hacer cumplir ios derechos y ‘preeminencias del real patronato y ejercia ef denominado vicepatromato {8 298). b) Bn sucalitiad de presidente de lt real audiensia, ostentaba la repre- sentacidn del rey como fuente suptema de justicia, Decidia cuestio- nes de competencia entre magisteados y ejercia control sobre todos os érganos y autoridades judiciales, debiendo informar al rey sobre ca ‘Mauss on Histoxta ps 1s INSTsruclonst AROHTINAS Ja forma en que se administraba justicia y la couducta privada de los jueces, pero no debia interferir en la resoluciGn de los casos judicia. Jes que no le competian. ©) Como capitdn general, era el supremo jefe militar del distito. A sa cargo estaban ol reclutamiento ¥ la provision de fas rropas, la fortifica- cidn del territorio, cl sostenimiento de cuarteles y. hospitales militares, cl abastecimiento y el despacho de las armadas, y la construccién de navios. Como veremos, ejercfa asiznismo fanciones judiciates ro militar (§ 110). " neti 75, Los gobernadores. A la cabeza de las dennominadas provincias ma- yores y menores sc encontraba ungobernador, Conviene establecer des- de ya tna caracteristica que es fundamental para explicar la diferencia entre unas y otras. Las provincias mayores eran. aquellas en las que fon- cionaba una audiencia, por lo que el yobernador cra, ademis, presidente de la misma, a lo que debia agregarse su funcién de capitin general. De ahi que en ta legislacidn indiana se acostumbraba, frecuentemente, de- ‘nominarlo ~para diferenciarlo acaso de los otros fancionatios del mis- mo nombre- presidente gobernador y capitén general, a veces tan sél0 presidente. Ep cambio, las provincias menores, de extensién mas redu- ida 0 ubicacién menos estratégica, no tenfan andiencias, y su mis alto funcionario era siraplemente gobernador y capicéa general, sin peryui- cio de que tuvicra también atribuciones judiciales. Debe mencionarse, asimismo, ofra categoria de gobemadores, que estaban suborinados a tos nds presence eran ss faces en un sectrio nor atin, y la aparicién de esta categoria se en 1607 al dividirse fa isla de Cuts en dos distritos, el de La thee de Samiago, con sndos gobemadores, estando el kim subordiny Primero, que cra, por otra parte, capitin general de toda [a isla -Ademis, el origen del nombramiento influfa en Ja extensi6n de su man- dato y poderes, segiin fuesen por capinulaciéa, por designacién real, por nambramiento o cleccién local, o por compra del oficio. Como se advierte, era apreciable la diferencia de jerarquia y atribucio- snes que separaban las distintas categorias o clases de gobernadores. Todas ‘estas provincias estaban sujetas al mando superior del virrey, a quien debian consultarle los principales asuntos de cada uno de los distritos y obedecer y cumplir sus drdenes. Pero a veces, por prescripcidn legal, algnnos gobernadores gozacon de una selativa independencia. Asi, por ¢jemplo, se ordend al virrey del Pert que no se entrometiera en ef 20- biemo det presidente gobernador de Chile, dependiente de aquél, salvo 0 ca508 graves y de mucha importancia. En otras oportunidades fue la coorme distancia la que obré dle separacion natural con el jefe del virsei- Bx comsano Locat pu tas Iyptas ato, Tal es el caso de Buenos Aires, cuyos gobernadotes mantuvieront ‘escaso contacto y dependencia con of mismo virrey del Peni, y se atu- ‘vieron a los resultados de Ja comunicacién directa con as autoridades residentes en la peninsula (§ 158). 76, Por regla geucral, los gobernadores eran. nombrados por ef rey por tun periodo de tres a cinco atios, aunque frecientemente no se cumplis com este plazo. Al igual que fos virteyes y otros funcionarias, se les ‘imponian ciertas restricciones durante el ejercicio de su cargo. No po- ian casarse sit licencia real y les estaba prohibido designar a pariontes suyos en cargos administrativos. Asimismo, se les vedaba intervenir en. todo tipo de negocios particulares. Al ser designados debiau presentar tun inwentario de sus bienes y otorgar fianza. En cuanto a hs atribuciones, diferian de acuerdo con ta categoria de cada tino de los gobernadores. Asi, los denominados presidentes gober- nadores tenfan, por lo general, las misma funciones que hemos sefiala- do para cl virrey en sn canicter de gobemador, presidente de fa audien- cia y capitén general, aunque reducidas por su dependencia de éste. Los _gobernadores y capitanes generales de las provincias menores, a su vez, tenian andlogas atribuciones, con ta légica reduccién de poder que co- rrespondia a su categoria. En materia hacendistica, sus decisiones que- daban supeditadas al virrey 0 al presidente gobernador respectivo. Des- de luego, al no existir audiencias en su distrito, sus fenciones judiciales ‘eran de menor jerarquia y generalmente se les daba, en este orden, el titulo de justia mayor. No faltaron algunos gobernadores que tuvieron solamente este titulo, sin las anexas furiciones militares y judiciates. 77. Los cortegidores y alealdes mayores. Se nombraban para “el obiemo de las cindades y sus partidos" donde no hubiera gobemnador, y “lo mismo se ha observado respecto de ios pueblos principales de indios, que son cabeceras de otros” (Recopilacién, lib. V, ti. T, ley 1). Es decir que ambus clases de autoridades eran designadas tanto para poblaciones formadas por espaiioles ~de fas que aqui nos ocupamos— ‘coms para los pueblos indigenas (§ 253). Se ha sosrenido que no exis- distincidn alguna cute cossegidores y alcaldes nayores, pues la dife- rencia de nomenclatura era slo circunstancial de cada regién (on el Pent, corregidores, y ep Nueva Espafia, alcaldes mayores), sin afectar ef contenido funcional del oficio. Recientemente, Gaxcta-GaLzo ha plan- teado la distincién entre ambos oficios, afirmando que mientras fa fsn- cidn de los corregidores esa esencialmente de tipo gubernativo, lade fos alealdes mayores exa judicial, aunque de hecho se fes encomendaban a Gst0s actividades de gobicino. Pese a esta distincidn funcional, varias ® Masuar pp Hisrosta bp Las Inerrruciones ARGRITINAS circuustancias levarou en la época a confunditlos y a considerarlos wn solo oficio cou distinto nombre, El cargo de conregidor, de origen castellauo, estaba regido en cuanto a nombramiento, térmiso, requisites y prohibiciones por las mismas n0r- ras que el de gobemador. Sus atribuciones eran anilogas a las de los ‘gobemuadores de la categoria que le precedfa, con tna mayor dependes- Cia de las autoridades superiores det distrito donde se desempetiaba ‘Agregaba a su titulo el de justicia mayor, que implicaba fuyciones judi- ciales, y a veces también los de lugartenieutes de capindn general o capi- vin a guerra, que significaban atvibucioues militares de orden secunda- rio, Se habia dispuesto, especialmente, que los pueblos de indios enco- mendados fucran puestos bajo Ja jurisdicciéu de fos corregimientos y alcaldfas mayores mis cercanos, debiendo estos fancionarios vigilar el twabajo de fos indfgenas. Por ultimo, debe seiialarse que se nombraron también finncionarios, com la denominacién de corregidores, para administrar algunos pue- bios de indios, con el fin de que se constituyeran en protectores de clos, pero eu la prictica pocas veces se cumplié con este objetivo, ‘La figura del cotsegidor fue objeto de jicios contradictorios en su épo- ca, postulindose su abolicién en deverminadas oportunidades, pero ile- pada la hora de decidir el asunto, las autoridades siempre dieron la ra- zz6n a los que, no conformes con la conducta de muchos de ellos, vefan {gue al fin constisuian el instramento mds apto para regis la comunidad indigena, sirviendo de control y contrapeso a la autoridad que, cada ‘uno en su Grbita, ejercian ef curaca o cacique y el doctrinero. Eu fas reducciones indigenas y eu las misiones, la denominacién de ‘corregidor se adjudicé también al cargo, pero no era ocupado por espa- fioles, sino poe im invtio principal ($ 255) ‘Los alcaldes mayores y los corregidores fueron suprimidos a fines det siglo XVI, al establecerve las intendencias ($ 204). 78. Otros funcionarios, Tanto en las gobernaciones como en los corregimientos se solfa nombrar funcionarios menores, que recibfan Ta denominacién de tenientes. Los gobernadores designaban a los te= anientes generates, que curplian tas funciones que aquéllos les enco- mendaban, desempeiidndose en la propia sede de fa goberuacién. Cuando el teniente era letrado, dice Zonnaguin Brc¥, directamen- te desemapesiaba las fanciones judiciales encomendadas al goberna- dor y asesoraba a éste en los astntos gubentiativos. Cuando no lo era, se le ocorgaban indistintamente algunas de las muttiples aeribu- ciones que debfa ejercer el superior. Reemplazaba temporariamente al gobernador en caso de muerte 0 ausencia. » Ex comtsano vocat Los tenientes de gobernador, a su vez, eran designados por el gobernador para ejercer fiurciones en las ciudades subalrernas de la comarca. Se les delegaban, ademés, atribuciones militares ¥ de justicia, por las que reci- Ibfan los tittdlos de capitin a guerra y de justicia mayor, respectivamente, De manera andloga, los corregidores designaban tenientes de coregider Las atribuciones de estos funcionarios dependieron de fas que, en cada caso, les delegaban sus superiores, los que et cualquier momento po- dian atnpliarlas 0 revocarlas. En la préctica, la distancia y el celo admi- nistrativo fueron factores importantes que determinaron. <1 alcance de os podeces de estos finncionarios menores. Ions 79. El control de los funcionacios indianos. Si bieu existia un con- trol reciproco de caricter funcional entre las autoridades y los Srganos del gobiemnc indian, la legislacién establecié tambiga otros procedi- mientos para evitar los abusos y excesos de los gobernantes. Entre eos, ‘merecen seftalarse, por La importancia funcional alcanzada, los sistemas, de las visitas, las pespuisas y las residencias. 80. La visina era una inspeccién ordenada por las autoridades superio- res y destinada a controlar el fimcfonamiento de los organismos pribli- os, con cierta amplitud en cuanto a los lugares donde se realizaba y sin que los fisncionarios afectados dejasen de ejercer su cargo. Segin Gur UeRMo Césmepes, el tipo mis interesante de visita era ka general, que abarcaba toto un virreinato o capitania general y que se ordenaba s6lo en circunstancias excepcionales. Al promediar el siglo XVII se abando- iné esta modalidad por considerarla incouveniente e infiuctuosa, pref rigadose la visitas especificas. Sin embargo, durante el reinado de Caa- ns IIT se la restablecis con éxito. 81. La pesquisa consist en el envio del llamado juez. pesquisador 0 de comisidn, con el objeto de investigar ¢ informar sobre alguna grave inregularidad (abusos de funcionarios, alteracién del orden. pablico, comisidu de algyin gravisimo delito y otras). Su funcién se limitaba a reunir fa informacidn, haciendo fas veces de wn moderuo juez instruc- tor, para remitirlo actuado a la audiencia, que debia fallar en el proceso. 82, El juicio de residencia consistia en un procedimiento destinado a determinar fa conducta det funciouarioen el desempefio de su oficio. Ek ‘objeto del juicio no cra solamente el castigo de los abusos 0 arbitrarie~ dads, sito que a través del mismo se exaltaba, sicorrespondia, la buena conducte del residenciado, fo que significaba un valioso antecedente para aspitar a ascensos burocriticos u otras mercedes ” ‘Manuat be Histoxia pu ras Inerrrvoionss Anomrivas Bn principio tobe les Foncinarios indanosextabun obigndos 2 so- smeterse a residencia al terminar de desempeiiar un ofici segiin sostiene Manitiz Usquyo, podia ser promovida en, cualguer mason tw y aun fue establecida periddicamente para los oficios perpetuos 0 permancntes. Se prohibfa ocupar un nuevo cargo sin haberse sometido al juicio por ef anterior empleo. Para sustanciar ef juicio se designaba un juez especial, siendo fre- ‘cuente que tal designacién recayera en el sucesor del residenciado en el cargo. Aunque durante casi dos siglos en los despachos de resi- dencia era comin designar un solo juez, con posterioridad se intro- dujo fa costumtee de nombrar tres personas para suptir en orden sucesivo al que no aceptase el cargo. Como principio general, el juez residenciador era designado ral presidente del Consejo de india, ceanio el ofc era de provisidn real, y por los virreyes, presidentes mnadores, respectivamente, i y gobenmadore, respec , cuando el empleo era provisto por EL juicio se tramitaba en el hugar donde ef residenciado habla desempe- fiado su oficio y en general, se exigha la presencia de aquél, aunque se autorizé ocasionalmente 4 algunos altos funcionarios, que debian tras- ladarse a otras regiones, a designar un procurador para que los repre- sentase durante la residencia, El juicio comprendia no sdlo al residen- ciado principal, sino también a otros funcionarios que hubiesen desem- pefiado cargos. durante el gobiemo de aque. EL juez, una vez llega al Ingar, anunciaba la residencia por edictos en Ja capital o en todo el teeritorio sometido a la jurisdiccién del funciona- rio enjuiciado, invitando a espafioles e indios a presentar sus demandas contra aque y sus auniliares dentro de un plazo determinado. 83. El jeicio constaba de dos partes: una secreta, en la que el juez ave~ riguaba de oficio a conducta del facionaro,y otra pablica, en la que el particular agraviado podia promover demandas y querellas para obte- ne satisfaccidn de los agravios infesidos por el residenciado, pero debia prestar fianza de pagar tuna indemnizacién sino lograba probar sus acusaciones. En la parte secreta, ef juez solicitaba informes a organismos oficiales, sevisaba papeles y documentos piblicas, recibfa demucias ansnimas, examinaba testigos, etc. La prueba testimonial era muy importante ye} jez debiaelegirtestigos probos y desapasionados para someterlos a un interrogatorio, que preparaba siguiendo los modelos tradicionales y las <érdenes reales al respecto, Cuando fa jurisdiccién era muy extensa, el joez-enviaba comisionados a las citudades y villas para que obtuviesen la informacién correspondiente. De acuerdo con fas compiobaciones ob- 2 ‘Los canitoos ¥ Bt GOBIND DI As CIUDAD das, el juez formatlaba los cargos concretos contra et residenciado, a quien daba traslado para que produjese su defensa. F La sentencia debia absolver de los cargos 0 condenar al residenciado. En este tiltimo caso se imponian diversas penas de acuerdo con Ja falta F cometida y cl criterio def juzgador (muta inhabilitacién temporal 0 pexpenta, desticrro y traslado). En esta oportunidad se solia analizar no sdlo.el desempeio del enjuiciado en el oficio, sino también su vide privada, moralidad y costumbres, cansigndndose, cnando los habfa, los actos meritorios. ‘Aunque el régimen no fac uniforme ni respetado en todos Jos casos, ent Ja segunda instancia de este juicio intervenia el Consejo de Indias cuan- do el residenciado ocupaba oficio de provisidn real, y la audiencia, en Jos dems casos, Ex cambio, en Jos juicios instaurados por los particula- res contra el residenciado, la apelaci6n era sustanciada ante la audiencia, ‘La sentencia definitiva cerraba el caso, y no se podia volver sobre Jos actos del funcionario comprendidos en ese perfodo, ni aun en wn poste- sor juicio de residencia, 84, Esta institucién, juzgada por algunos como imiitil, corrompida y pemniciosa, ha sido valorada por otros no s6lo por el control que sigai- ficaba, sino, ademis, porque permitia entrever y subsanar los defectos del gobiemo indiano y servia también como adecuado freno a la con- dicta de los funcionarios. Bn el siglo XVIII decay6 visiblemente y fre objeto de una reforma importante (§ 170). Los cabildos y ef gobierno de Jas cindades 85. Al fandar una cixdad (§ 47), los conquistadores espafioles proce- dian a la constinucién del cabildo, dando asi una base juridica al nticleo ‘numano. Segiin Hanae, este érgano era “la untidad local de gobierno politico”, y su jurisdiccién comprendia no sdlo el recinto urbano, sino también [a zona rural circunvecina. “Todas las ciudades indianas tenian su cabildo, y también éstos existian en ls denominadas villar, que cran centros urbanos de menor imper- tancia y jerarquia, pero con vecindad y jurisdicciém separadas de la ciu- dad. No habfa-un cuerpo orginico de leyes destinado a regir la existen- enna {ay Gowcuano Rare, 8) sbi curr onl mica al, Mai, 1952; Rocs2D Sete Bre, La paras oie. ope een oe (3) lap 1 (a) Mavonta Csr Grncls Bes, La ie capitals ndamasy i mains palo en Seaver naw arson, 200 Manivat nat Hrsronia ng Las INSTITUCIONSS ARGENTINAS ‘cia de estos Srginos, sino uormas aisladas, a veces sin alcance general, por Jo que la organizaciéu municipal se basé en Ja costumbre y en las ondenatzas saucionadas para cada cabildo. Segtin afirma Zonzaguin Brot -a quien utlizamos frecuentemente ext este tema~, fos cabildos indianos, en general, no tuvieron.carécter popular, como lo habfaa teni- do sus aniecesoses, los ayuntamientos castellanos (§ 23), en su perfodo deesplendor. Representaron, cn realidad, un grupo o clase social, la de los vecinos de mayor prestigio, que eran los conquistadores y sus des- ceadientes. Esta tendencia aristocrética se mantuvo hasta pritcipios det siglo XVIT, en que, al implantarse ef sistema de venta de los oficios concejiles, s¢ iucorporé a los cabildos un nuevo grupo de vecinos, an- siovos por sti afin de figuracién y progreso social, no exeutos de fines Iucrativos. “Tanto en una época como en la otra, los eargos en los cabildos quedaron en poder de una clase dirigente que no siempre evidencié aptitudes para l gobierno de la ciudad. No obstante, cabe reconocer que, como de~ fensores de la producciGn y del comercio, contribuyeron a mejorar el nivel econémico de la poblaciéu, cuya representacion ejercfan, auutqyue de wna manera indinecta, ‘Zonaaquin BECU sostiene que los cabildos perdicron paulatinamente ef gece de la autonomia que tuvieron al inicio, produciéndose esta trans- formaci6u no sélo por la meuor resisteucia que opusieron a las autori- dades reales Jos nuevos grapos sociales que predominaron en su com- pposiciéu a partir de principios del siglo XVIL, sino tambiga por la polf- tica cada vez. mis centralista impuesta por la Corona. Con todo, mantu- vyieron algunas prerrogativas, como la comunicacién directa con el rey {que les permitierou reacciouar contra abusos de algunos funcionarios reakes. 86. Segiin ZonRAguis Brot, tres categorfas de personas integraban cl cabildo, fas que, enumeradas siguiendo el orden de precedencia en las ‘ceremontas y votaciones, eran: Jos alcaldes ordinarios, fos Funcionarios especiales y los regidores. Los alcaldes odinarias, de primero y segundo voto, eran cargos arruales yy electives. En la mayorfa de los cabilkos habia dos; en los de menor importancis, uno solo. Su funcién més selevante era la de presidir el eabildo cuando no asistfan el gobernador 0 su teniente, no pudiendo reunirse el cuetpo si faltaban los dos alcaldes. En caso de ausencia 0 soverte del gobernador y su teniente sin dejar reemplazantes, asumian ‘en forma interina el mando politico de la provincia. Individualmente erefan funciones judiciales en materia civil y criminal (§ 106), ‘xistian ciertos fuancionarios especiales que patticipaban de las activida- 3 Los casinos ¥ a1 GommenNo Ba Las cruDADEs des capitulares con voz y voto, ocupando hugares prominentes después de los alcaldes y cuyo nombramiento Lo efectuaban —segrnt los cargos, las épocas y Las costumbres locales- el rey, el gobernador 0 el propio «abildo, y aun sc adquirfan en publica subasta. Esos funciowarios eran, en orden jerdrquico: el alférez veal, de alta categoria social, encargado de portar el estandarte real en las ceremonias civiles ¥ religiosas, y en las campaiias militares; el alguact! mayer, que debia ejecutar las decisiones judiciales, dirigirlacircel y mantener el orden eu la ciudad; el provincial dela hermandad, que tenia a su catgo Ja vigilancia de fa campaia, asi como el conocimiento de los delitos que ali se cometian, en finciones andlogas a las de fos alcaldes de hermandad, que contiamaron sieudo legidos; ol deposizara general, encargado de los depesitos judiciales; el fie ejecutor, que dcbia verificat la exactivud de los pesos y medidas em- Pkeados cn ef comercio, atender el abasto urbano y controlar cl cumpli- nicato de fas disposiciones que ex este ordeu habia expedido el cabil- do; y cl receptor de penas de cémara, que estaba comisiouado para recibir las “penas de cdmara” (condenas pecuniatias aplicadas judicialmente a los autores de deteriminados delitos), pero cuando este cargo uo era