OBRAS ESCOGIDAS

TOMO I
V. I. Lenin
Edición: Progreso, Moscú 1961.
Lengua: Castellano.
Digitalización: Koba.
Distribución: http://bolchetvo.blogspot.com/

Índice

PREFACIO ................................................................1
Prologo ..................................................................9
La doctrina de Marx ............................................12
El materialismo filosófico ...................................12
La dialéctica ........................................................13
La concepción materialista de la historia ............14
La lucha de clases................................................15
La doctrina económica de Marx ..........................16
El valor ................................................................16
La plusvalía .........................................................17
El socialismo .......................................................21
La táctica de la lucha de clase del proletariado ...22
FEDERICO ENGELS .............................................26
TRES FUENTES Y TRES PARTES
INTEGRANTES DEL MARXISMO ......................31
MARXISMO Y REVISIONISMO ..........................34
¿A QUE HERENCIA RENUNCIAMOS? ..............40
I. Uno de los representantes de la "herencia" ......40
II. Los aditamentos del populismo a la "herencia"
.............................................................................47
III. ¿ha ganado la "herencia" vinculándose con el
populismo? ..........................................................50
IV. Los "ilustradores", los populistas y los
"discípulos" .........................................................55
V. El señor Mijailovski y la renuncia de los
"discípulos" a la herencia ....................................56
TAREAS URGENTES DE NUESTRO
MOVIMIENTO .......................................................61
¿QUE HACER? .......................................................65
Prologo ................................................................65
I. Dogmatismo y "libertad de crítica" ..................68
A) ¿Que significa la "libertad de crítica"? ......68
b) Los nuevos defensores de la "libertad de
crítica" .............................................................71
c) La crítica en Rusia ......................................75
d) Engels sobre la importancia de la lucha
teórica..............................................................78
II. La espontaneidad de las masas y la conciencia
de la socialdemocracia ........................................81
a) Comienzo de la marcha ascensional
espontanea .......................................................81
b) Culto de la espontaneidad. Rabóchaya Mysl
........................................................................84
c) El "Grupo De Autoemancipación" y
Rabócheie Dielo ..............................................89
III. Política tradeunionista y política
socialdemócrata ...................................................93
a) La agitación política y su restricción por los
economistas .....................................................94
b) De como Martinov ha profundizado a
Plejanov ..........................................................99
c) Las denuncias políticas y la "educación de la
actividad revolucionaria" ..............................100
d) ¿Que hay de común entre el economismo y
el terrorismo? ................................................103
e) La clase obrera como combatiente de
vanguardia por la democracia .......................105

f) Una vez mas "calumniadores", una vez mas
"mistificadores"............................................ 112
IV. Los métodos artesanos de trabajo de los
economistas y la organización de los
revolucionarios ................................................. 114
a) ¿Que son los métodos artesanos de trabajo?
..................................................................... 114
b) Los métodos artesanos de trabajo y el
economismo ................................................. 116
c) La organización de los obreros y la
organización de los revolucionarios............. 119
d) Envergadura del trabajo de organización 126
e) La organización "de conjuradores" y la
"democracia" ................................................ 129
f) El trabajo en escala local y en escala nacional
..................................................................... 133
V. "Plan" de un periódico político destinado a toda
Rusia ................................................................. 138
a) ¿Quien se ha ofendido por el artículo ¿Por
donde empezar??.......................................... 138
b) ¿Puede un periódico ser un organizador
colectivo? ..................................................... 141
c) ¿Que tipo de organización necesitamos? . 146
Conclusión........................................................ 149
Anexo. Intento de fusionar Iskra. Con Rabócheie
Dielo ................................................................. 150
Enmienda para ¿Que hacer? ............................ 153
UN PASO ADELANTE, DOS PASOS ATRÁS.. 155
Prologo ............................................................. 155
a) Preparación del congreso ............................. 157
b) Significación de los agrupamientos en el
congreso ........................................................... 158
c) Comienza el congreso. Incidente con el Comité
de Organización................................................ 159
d) disolución del grupo "Yuzhni Rabochi" ...... 163
e) El incidente de la igualdad de derechos de las
lenguas.............................................................. 164
f) El programa agrario ...................................... 168
g) Los estatutos del partido. Proyecto del
camarada Martov .............................................. 171
h) Discusión sobre el centralismo antes de la
escisión entre los iskristas ................................ 176
i) Articulo primero de los estatutos .................. 177
j) Victimas inocentes de una falsa acusación de
oportunismo ...................................................... 188
k) Continúa la discusión sobre los estatutos.
Composición del consejo ................................. 193
l) Termina la discusión sobre los estatutos. La
cooptación para los organismos centrales. Se
retiran los delegados de Rabócheie Dielo ........ 195
ll) Las elecciones. Final del congreso .............. 201
m) Cuadro general de la lucha en el congreso. El
ala revolucionaria y el ala oportunista del partido
.......................................................................... 214
n) Después del congreso. Dos métodos de lucha
.......................................................................... 219

Índice
ñ) Pequeños disgustos no deben empañar un gran
placer ................................................................. 228
o) La nueva Iskra. El oportunismo en las
cuestiones de organización................................ 233
p) Algo sobre la dialéctica. Dos revoluciones ... 247
Anexo. El incidente del camarada Gusev con el
camarada Deutsch ............................................. 249
EL COMIENZO DE LA REVOLUCIÓN EN RUSIA
............................................................................... 254
DOS TÁCTICAS DE LA SOCIALDEMOCRACIA
EN LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA .......... 256
Prologo .............................................................. 256
1. Una cuestión política urgente ........................ 258
2 ¿Que nos da la resolución del III Congreso del
POSDR sobre el gobierno provisional
revolucionario?.................................................. 260
3. ¿Que es la "victoria decisiva de la revolución
sobre el zarismo"? ............................................. 263
4. La liquidación del régimen monárquico y la
instauración de la república............................... 266
5. ¿Como hay que "impulsar la revolución hacia
adelante"? .......................................................... 268
6. ¿De que lado amenaza al proletariado el peligro
de verse con las manos atadas en la lucha contra la
burguesía inconsecuente? .................................. 269
7. La táctica de la "eliminación de los
conservadores del gobierno" ............................. 276
8. La tendencia de Osvobozhdenie y la del
neoiskrismo ....................................................... 278
9. ¿Que significa ser el partido de la oposición
extrema durante la revolución? ......................... 282
10. Las "comunas revolucionarias" y la dictadura
democrática revolucionaria del proletariado y de
los campesinos .................................................. 283
11. Breve comparación de algunas resoluciones
del III Congreso del POSDR y de la "conferencia"
........................................................................... 288
12. ¿Disminuirá el alcance de la revolución
democrática si la burguesía le vuelve la espalda?
........................................................................... 290
13. Conclusión. ¿Tenemos derecho a vencer? .. 294
Epilogo. Otra vez la tendencia de Osvobozhdenie,
otra vez el neoiskrismo...................................... 298
I. ¿Por que elogian los realistas liberales burgueses
a los “realistas" socialdemocratas?.................... 299
II. Nueva "profundización" del problema por el
camarada Martinov............................................ 302
III. La exposición burguesa vulgar de la dictadura
y el concepto que tenia Marx de ella ................. 305
SOBRE LA REORGANIZACIÓN DEL PARTIDO
............................................................................... 311
LAS ENSEÑANZAS DE LA INSURRECCIÓN DE
MOSCÚ ................................................................. 317
EN RUTA .............................................................. 322
EN MEMORIA DE HERZEN ..............................328
SOBRE EL DERECHO DE LAS NACIONES A LA
AUTODETERMINACIÓN ................................... 332

1. ¿Que es la autodeterminación de las naciones?
...........................................................................332
2. Planteamiento histórico concreto de la cuestión
...........................................................................334
3. Las particularidades concretas de la cuestión
nacional en Rusia y la transformación
democrático-burguesa de esta ...........................336
4. El "practicismo" en la cuestión nacional .......338
5. La burguesía liberal y los oportunistas
socialistas en la cuestión nacional .....................340
6. La separación de Noruega de Suecia.............346
7. La decisión del congreso internacional de
Londres en 1896 ................................................349
8. Carlos Marx, el utopista, y Rosa Luxemburgo,
la practica ..........................................................351
9. El programa de 1903 y sus liquidadores .......355
10. Conclusión...................................................360
LA GUERRA Y LA SOCIALDEMOCRACIA DE
RUSIA ...................................................................363
EL ORGULLO NACIONAL DE LOS RUSOS ....367
LA CONSIGNA DE LOS ESTADOS UNIDOS DE
EUROPA ...............................................................369
SOBRE LA CONSIGNA DE LOS ESTADOS
UNIDOS DE EUROPA .........................................372
EL IMPERIALISMO, FASE SUPERIOR DEL
CAPITALISMO ....................................................373
Prologo ..............................................................373
Prologo a las ediciones francesa y alemana ......373
EL IMPERIALISMO FASE SUPERIOR DEL
CAPITALISMO ....................................................376
I. La concentración de la producción y los
monopolios ........................................................377
II. Los bancos y su nuevo papel ........................383
III. El capital financiero y la oligarquía financiera
...........................................................................390
IV. La exportación de capital ............................396
V. El reparto del mundo entre las asociaciones de
capitalistas .........................................................399
VI. El reparto del mundo entre las grandes
potencias............................................................402
VII. El imperialismo, fase particular del
capitalismo ........................................................407
VIII. El parasitismo y la descomposición del
capitalismo ........................................................412
IX. La crítica del imperialismo .........................416
X. El lugar histórico del imperialismo ..............421
EL PROGRAMA MILITAR DE LA REVOLUCIÓN
PROLETARIA ......................................................425
INFORME SOBRE LA REVOLUCIÓN DE 1905
...............................................................................432

PREFACIO

La presente edición de Obras Escogidas de
Vladímir Ilich Lenin en tres tomos se publica para
ayudar a quienes estudien la historia del Partido
Comunista de la Unión Soviética.
Figuran en el primer tomo obras escritas por
Lenin en el período comprendido de 1897 a enero de
1917, en el segundo, de marzo de 1917 a junio de
1918, y en el tercero, de julio de 1918 a marzo de
1923.
Las obras vienen dispuestas en orden cronológico,
a excepción de los trabajos Carlos Marx, Federico
Engels, Marxismo y revisionismo y Tres fuentes y
tres partes integrantes del marxismo, con los que
comienza el primer tomo.
En estos trabajos da a conocer Lenin la vida y las
actividades de los fundadores del marxismo, expone
cómo se formó su concepción del mundo y revela la
esencia y el significado de la doctrina marxista.
Lenin señala como un importante acontecimiento el
encuentro de Marx y Engels en septiembre de 1844
en París, que sentó el comienzo de su gran amistad.
"Desde que el destino relacionó a Carlos Marx con
Federico Engels -escribe-, la obra a la que ambos
amigos consagraron su vida se convirtió en una obra
común".
Marx y Engels asimilaron todo lo mejor que
habían dado hasta ellos los cerebros más notables de
la humanidad. En el artículo Tres fuentes y tres
partes integrantes del marxismo, Lenin mostró que la
doctrina marxista era resultado de la elaboración
crítica de las tres principales tendencias ideológicas
del siglo XIX: la filosofia alemana, la economía
política inglesa y el socialismo francés. Subrayó que
el marxismo supuso una verdadera revolución en la
filosofía, la Economía Política y el desarrollo de la
doctrina socialista.
El marxismo-leninismo es la ciencia de las leyes
de desarrollo de la sociedad, la ciencia de la
revolución socialista y la dictadura del proletariado,
la ciencia de la edificación de la sociedad socialista y
comunista. El marxismo surgió en la década del 40
del siglo XIX. En aquel período, en una serie de
países de Europa Occidental había cuajado ya el
régimen capitalista y se habían agudizado las
contradicciones de clase entre la burguesía y el
proletariado. La clase obrera había salido a la
palestra de la lucha política como una fuerza

independiente.
El gran mérito histórico de Carlos Marx y
Federico Engels consistió, según explicaba Lenin, en
que argumentaron científicamente la misión histórica
universal del proletariado como poderosa fuerza
revolucionaria capaz de destruir el régimen
capitalista y crear una nueva sociedad, la sociedad
comunista. Marx y Engels señalaron al proletariado y
a las masas trabajadoras el camino de la
emancipación, demostraron la necesidad del partido
marxista, como fuerza dirigente del movimiento
obrero, y sentaron los principios científicos de su
estrategia y su táctica.
Las obras de Lenin esclarecen la esencia de la
doctrina filosófica del marxismo. Utilizando las
realizaciones de las ciencias sociales y naturales de
su época, asimilando y reelaborando con espíritu
creador todo lo valioso que había dado el desarrollo
anterior del pensamiento filosófico, Marx y Engels
crearon la forma superior del materialismo, el
materialismo dialéctico e histórico, exento de los
defectos de la filosofía materialista anterior. Lenin
reveló la esencia revolucionaria de la dialéctica
marxista como ciencia acerca de las leyes generales
del movimiento del mundo y del pensamiento
humano y subrayó que la dialéctica materialista y el
materialismo filosófico están indisolublemente
ligados y se interpenetran como dos aspectos de una
misma doctrina filosófica, el marxismo.
Lenin subraya el carácter revolucionario de la
filosofía marxista y su orientación hacia un objetivo
concreto.
Lenin muestra en sus obras qué gran
descubrimiento supuso la aplicación consecuente de
las tesis del materialismo dialéctico a la esfera de los
fenómenos sociales. Carlos Marx fue el primero en
señalar el camino del estudio científico de la historia
como proceso único y regular de enorme diversidad y
carácter contradictorio. Marx demostró que la base
del desarrollo de la sociedad humana es el modo de
producción de su vida material. El conjunto de las
relaciones de producción constituye la estructura
económica de la sociedad, estructura que determina
su régimen social y político.
El marxismo demostró que la sociedad capitalista
no había suprimido ni podía suprimir las
contradicciones de clase. Únicamente produjo nuevas

2
clases, creó nuevas condiciones de opresión y nuevas
formas de lucha en lugar de las viejas. El capitalismo
puso al desnudo las contradicciones entre las clases:
la sociedad, enseñaba Marx, se va escindiendo más y
más en dos clases antagónicas, la burguesía y el
proletariado.
En el artículo Carlos Marx, Lenin subraya
particularmente la importancia de la doctrina
económica de Marx como la confirmación más
profunda y completa de la teoría marxista y como
aplicación de ésta al estudio del desarrollo de la
sociedad humana. "El estudio de las relaciones de
producción de una sociedad históricamente
determinada y concreta en su aparición, su desarrollo
y su decadencia -decía Lenin- es lo que compone la
doctrina económica de Marx". Marx hizo un
profundo análisis del capitalismo como formación
económico-social, descubrió las leyes de su
surgimiento, desarrollo y muerte. Mostró que, con el
auge del capitalismo, se desarrolla y fortalece el
proletariado, se agudizan las contradicciones de la
sociedad capitalista y se hace inevitable la sustitución
del capitalismo por el socialismo. Marx y Engels
enseñaban que el socialismo no es invención de unos
soñadores, sino objetivo final y resultado necesario
del desarrollo de la sociedad humana. Lenin subraya
como una de las tesis más importantes del marxismo
la de que sólo la lucha política del proletariado lleva
a éste a la conciencia de que no tiene más salida que
el socialismo. Por otra parte, el socialismo no se
convierte en fuerza mientras no pasa a ser el objetivo
de la lucha política de la clase obrera.
Carlos Marx y Federico Engels vincularon
indisolublemente la teoría revolucionaria con la
práctica revolucionaria. En el transcurso de medio
siglo sintetizaron teóricamente la experiencia de la
lucha de clase de los obreros y las masas
trabajadoras, dieron respuesta a las cuestiones que
planteaba la práctica de la lucha revolucionaria y
desarrollaron y elaboraron en todos sus aspectos la
ciencia marxista. Lenin señala que el marxismo
plantea todas las cuestiones en un terreno histórico,
"no limitándose a explicar el pasado, sino en el
sentido de prever sin temor el porvenir y de una
atrevida actuación práctica para su realización..."
Lenin se detiene a analizar con detalle la actividad
revolucionaria práctica de Marx y Engels en la Liga
de los Comunistas y en la I Internacional, fundada
por Marx. Señalando el papel rector de Marx en la
Internacional, Lenin escribió que era "el alma de la
asociación", el autor de su primer Llamamiento y de
multitud de resoluciones, declaraciones y
manifiestos. Después de la disolución de la I
Internacional, la actividad práctica de Marx y Engels
no cesó, y su papel como dirigentes espirituales se
hizo cada vez más importante.
En el artículo Federico Engels, Lenin muestra el
enorme interés que Marx y Engels manifestaban por

V. I. Lenin
Rusia y la profunda simpatía con que seguían el
desarrollo de su movimiento revolucionario y
apoyaban la lucha heroica de los revolucionarios
rusos. "...Marx y Engels vieron con toda claridad que
la revolución política en Rusia tendría también una
enorme importancia para el movimiento obrero de la
Europa Occidental".
En las obras de Lenin se emite un profundo juicio
de las más importantes obras de los fundadores del
marxismo y se muestra el gran papel que dichas
obras desempeñaron en la educación revolucionaria
del proletariado y en la lucha contra las tendencias
anticomunistas, hostiles a la clase obrera.
La ciencia creada por Marx y Engels lleva ya más
de un siglo de desarrollo triunfal, enriqueciéndose
con nuevas experiencias y nuevas síntesis de la lucha
de la humanidad por el progreso.
Al nombre de Lenin se halla vinculada una nueva
época en el desarrollo de la ciencia marxista. Lenin
dejó una enorme herencia literaria al Partido
Comunista y a los pueblos de la Unión Soviética, a
los partidos comunistas y obreros hermanos, a la
clase obrera y a los trabajadores de todos los países.
Las obras de Lenin encierran una inapreciable
riqueza ideológica, son venero verdaderamente
inagotable de conocimientos acerca de las leyes del
desarrollo social y la lucha de clase del proletariado,
acerca de las vías de la edificación del socialismo y
el comunismo.
En las obras de Lenin, organizador y guía del
PCUS, fundador del Estado socialista soviético, se
desarrolla la gran doctrina marxista en las nuevas
condiciones históricas: en la época del imperialismo
y las revoluciones proletarias, en la época del tránsito
del capitalismo al comunismo. En ellas se ven
desarrolladas las tres partes integrantes del
marxismo: la filosofía, la Economía Política y la
teoría del comunismo científico.
En sus inmortales obras, Lenin dio respuesta a
todas las cuestiones cardinales que la nueva época
histórica planteaba al proletariado internacional.
Lenin desarrolló la doctrina marxista de la
hegemonía del proletariado en la revolución y de la
dictadura del proletariado y creó una teoría integral
del partido marxista de nuevo tipo, de su papel
dirigente y de sus principios orgánicos, políticos e
ideológicos, así como de su estrategia, táctica y
política. Lenin subrayaba en todo momento que sin la
dirección de un partido marxista de nuevo tipo,
pertrechado de la teoría revolucionaria de
vanguardia, la clase obrera no podía cumplir su
misión histórica de constructora de la nueva
sociedad, la sociedad comunista.
Las obras de Lenin reflejan su lucha infatigable
por la pureza de la teoría marxista, contra los intentos
del revisionismo y el oportunismo para tergiversarla
y deformarla, por la unidad, la disciplina, la cohesión
monolítica y la pureza ideológica del partido, por la

Prefacio
ligazón indisoluble del partido con las masas, por la
aplicación consecuente de las normas de vida de
partido y de los principios de la edificación del
partido, entre los que la dirección colectiva es el más
importante.
Figura en el tomo el artículo ¿A qué herencia
renunciamos?, en el que se fija la actitud del partido
proletario hacia las tradiciones revolucionarias de su
país. Considerándose continuadores de la herencia
ideológica dejada por los elementos avanzados de la
sociedad rusa de la década del 60, los populistas
liberales afirmaban que los marxistas rompían con
las mejores tradiciones revolucionarias y renunciaban
a la herencia ideológica. Lenin puso al desnudo la
esencia anticientífica y seudorrevolucionaria de las
concepciones populistas y sus rasgos característicos.
Comparando las concepciones de los demócratas
revolucionarios rusos de la década del 60 con las de
los populistas y los socialdemócratas, Lenin
demostró que no eran los populistas, sino los
marxistas, precisamente, los más consecuentes
defensores de la herencia de los ilustradores
revolucionarios
rusos,
cuyo
más
notable
representante fue Nikolái Chernishevski.
Lenin consideraba que el partido marxista era el
heredero legitimo de todas las conquistas progresivas
y tradiciones democráticas revolucionarias de los
pueblos de Rusia. Sin embargo, señalaba, conservar
una herencia no significa limitarse a ella: hay que
seguir
avanzando,
hay
que
determinar
independientemente las vías y los medios de la lucha
revolucionaria.
En la lucha por la creación del partido de nuevo
tipo, desempeñó un papel de una importancia
extraordinaria el libro ¿Qué hacer? Cuestiones
candentes de nuestro movimiento (1902). En él,
Lenin fundamentó y desarrolló, aplicándolas a la
nueva situación histórica, las ideas de Marx y Engels
acerca del partido como fuerza revolucionadora,
dirigente y organizadora del movimiento obrero y
elaboró los problemas ideológicos y de organización
más importantes, que inquietaban a los
socialdemócratas rusos en aquel período. Lenin dio
respuestas exhaustivas a numerosas cuestiones:
relación de los elementos consciente y espontáneo
del movimiento obrero; papel de la socialdemocracia
rusa en la revolución democrático-burguesa; formas
orgánicas, vías y métodos de creación de un partido
obrero marxista combativo.
¿Qué hacer? dio cima a la derrota ideológica del
"economismo", tendencia oportunista en la
socialdemocracia rusa. Lenin demostró que los
"economistas"
eran
una
variedad
del
bernsteinianismo, que, después de la muerte de Marx
y de Engels, lanzó la consigna de "libertad de
crítica", es decir, exigía la libertad de introducir en el
socialismo ideas burguesas, la ideología burguesa, la
supeditación del movimiento obrero a la burguesía.

3
“...El problema -escribió Lenin- se plantea solamente
así: ideología burguesa o ideología socialista. -o
hay término medio... Por eso, todo lo que sea rebajar
la ideología socialista, todo lo que sea alejarse de
ella equivale a fortalecer la ideología burguesa".
La conciencia socialista, señalaba Lenin, debe ser
llevada al movimiento obrero por el partido marxista
revolucionario, cuya tarea más importante es luchar
por la pureza de la ideología socialista, contra la
influencia burguesa en la clase obrera, contra los
oportunistas, vehículos de la ideología burguesa en el
movimiento obrero. Lenin reveló la grandísima
importancia de la teoría del socialismo científico para
el movimiento obrero y para toda la actividad del
partido marxista revolucionario de la clase obrera.
Subrayaba insistentemente que "sólo un partido
dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir
la misión de combatiente de vanguardia".
En ¿Qué hacer?, Lenin fundamentó la táctica del
proletariado y de su partido en la inminente lucha
contra la autocracia. Señaló que la clase obrera de
Rusia podía y debía encabezar el movimiento
democrático de todo el pueblo contra el régimen
terrateniente-autocrático, ponerse a la vanguardia de
todas las fuerzas revolucionarias y oposicionistas de
la sociedad rusa. En relación con esto, hizo hincapié
en la importancia que tenía, como medio de
educación política de las masas y de elevación de su
actividad revolucionaria, la labor de la
socialdemocracia
orientada
a
desenmascarar
políticamente la autocracia y el orden de cosas
feudal.
Lenin fundamentó el plan de creación de un
partido marxista centralizado combativo en Rusia y
el papel de un periódico clandestino, para todo el
país, como poderosa arma de unificación de los
comités y grupos locales en un solo partido.
Figura en el tomo la obra Un paso adelante, dos
pasos atrás (Crisis en nuestro Partido), aparecida en
mayo de 1904. En este trabajo, Lenin desarrolló la
doctrina marxista del partido, elaborando los
principios de organización del Partido Bolchevique
como partido de nuevo tipo. El partido marxista enseñaba Lenin- es una parte de la clase obrera, su
destacamento de vanguardia, el partido no puede
confundirse con toda la clase y se crea mediante la
selección de los hombres mejores y más fieles a la
revolución. El partido sólo puede cumplir su papel de
luchador de vanguardia si constituye un
destacamento unido de la clase obrera, aglutinado por
la unidad de voluntad, por la unidad de acción, por
una disciplina única. Lenin subrayó reiteradas veces
la necesidad de una disciplina férrea en el partido,
igualmente obligatoria para todos sus militantes.
El partido únicamente puede ser fuerte y estar
unido a condición de que se base en los principios del
centralismo. Esto significa la dirección del partido
por un centro, que es su Congreso y, entre Congreso

4
y Congreso, por el CC; la subordinación rigurosa de
la minoría a la mayoría y de las organizaciones
inferiores a las superiores. "No someterse a la
dirección de los organismos centrales -escribió
Lenin- equivale a negarse a seguir en el partido,
equivale a deshacer el partido..."
En las condiciones de existencia clandestina del
partido, sus organizaciones no podían basarse en el
principio electivo. Sin embargo, Lenin consideraba
que, cuando saliera de la clandestinidad, el partido
realizaría plenamente el principio del centralismo
democrático.
El partido marxista es la encarnación de los lazos
del destacamento de vanguardia con las masas de
millones de hijos de la clase obrera. Si en él existen
la democracia interna y la autocrítica, el partido se
fortalece y sus lazos con las masas se multiplican.
Lenin hablaba de la necesidad de llevar a cabo en el
partido una "labor de autocrítica, poniendo
despiadadamente al descubierto sus propias
deficiencias..." El partido marxista, enseñaba Lenin,
es la forma superior de organización de clase del
proletariado, la forma que asegura la dirección de
todas las demás organizaciones de la clase obrera. El
partido dirige la actividad de dichas organizaciones
hacia un fin común: el derrocamiento del poder de
los terratenientes y los capitalistas y la edificación de
una nueva sociedad, la sociedad socialista. Todos
estos principios fueron la base de la organización del
Partido Bolchevique, partido de nuevo tipo.
En Un paso adelante, dos pasos atrás se hizo, por
vez primera en la historia del marxismo, una crítica
exhaustiva del oportunismo en cuestiones de
organización y se mostró el gran peligro que supone
para el movimiento obrero rebajar la importancia de
la organización. Basándose en el análisis de un
enorme cúmulo de datos, Lenin reprodujo el
panorama de la lucha interna del partido en el II
Congreso del POSDR y mostró que en la discusión
de los problemas más importantes se fueron
definiendo las posiciones de los delegados, se fueron
formando los grupos principales y se fue marcando
con creciente nitidez la divisoria entre los bandos en
pugna. Lenin esclareció la esencia de lucha entre la
parte revolucionaria y la parte oportunista del
Congreso por la formulación del primer punto de los
Estatutos, relativo a la militancia en el partido. En
aquella batalla, los mencheviques opusieron al
principio de creación de un partido proletario
monolítico, rigurosamente organizado y disciplinado,
como estipulaba la fórmula leninista, el principio de
la creación de un partido pequeñoburgués
heterogéneo, difuso y amorfo. Lenin analiza en su
libro la ligazón de la posición de los mencheviques
en los debates del primer punto, relativo a la
militancia en el partido, con todo el conjunto de sus
concepciones oportunistas en problemas de
organización y saca la conclusión de que los

V. I. Lenin
bolcheviques son el ala revolucionaria del partido, y
los mencheviques, el ala oportunista. "La división en
mayoría y minoría -dijo Lenin- es continuación
directa e inevitable de la división de la
socialdemocracia en revolucionaria y oportunista, en
Montaña y Gironda, que no es de ayer, que no sólo
existe en el partido obrero ruso...". Lenin demostró
que el menchevismo era una variedad del
oportunismo internacional.
En Un paso adelante, dos pasos atrás Lenin
elaboró normas firmes para la vida de partido, que
pasaron a ser ley en toda la actividad del Partido
Comunista.
Entra en el primer tomo la notable obra de Lenin
Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución
democrática. En este libro, escrito en junio y julio de
1905, se fundamentan teóricamente, en todos sus
aspectos, los acuerdos del III Congreso del POSDR,
así como el plan estratégico y la línea táctica del
partido en la revolución. Por vez primera en la
historia del marxismo, Lenin elaboró el problema de
las peculiaridades de la revolución democráticoburguesa en la época del imperialismo, así como el
de sus fuerzas motrices y sus perspectivas. Sometió a
demoledora crítica los planteamientos oportunistas,
hostiles al marxismo, de los mencheviques en los
problemas teóricos, estratégicos y tácticos en la
revolución, planteamientos que propugnaban la
hegemonía de la burguesía liberal en la revolución y
tendían a suplantar ésta por pequeñas reformas.
Señalando las peculiaridades de la revolución rusa
como primera revolución democrático-burguesa de la
época del imperialismo, en la que las principales
fuerzas motrices fueron el proletariado y los
campesinos, Lenin fundamentó en todos sus aspectos
la idea de que el proletariado, como clase
revolucionaria de vanguardia, puede y debe ejercer la
dirección, la hegemonía en la revolución
democrático-burguesa. El proletariado es la clase
más avanzada y la única consecuentemente
revolucionaria y posee su propio partido político.
Lenin elaboró el problema de la alianza de la
clase obrera y los campesinos en la revolución
democrático-burguesa, alianza en la que el
proletariado debe desempeñar el papel dirigente, y de
la alianza del proletariado con los campesinos pobres
y con todas las masas semiproletarias de la ciudad y
del campo en la revolución socialista.
En su obra, Lenin especificó las formas y medios
proletarios de lucha, que aseguran la victoria de la
revolución. Lenin consideraba la insurrección armada
el medio decisivo para el derrocamiento del zarismo
y la conquista de la república democrática. Exigía
que se llevara a cabo una meticulosa preparación
política y militar de la insurrección. El partido lanzó
consignas políticas que ofrecían amplio campo a la
iniciativa revolucionaria de las masas y organizaban
a éstas para la insurrección. Esas consignas fueron:

Prefacio
organización de huelgas políticas de masas;
establecimiento inmediato de la jornada de ocho
horas por vía revolucionaria; creación de comités
revolucionarios campesinos para la realización de
transformaciones democráticas en el campo, llegando
a la confiscación de las tierras de los terratenientes;
armamento de los obreros y formación de un ejército
revolucionario. Las consignas del partido
desempeñaron un papel enorme en la movilización
de las masas, en la formación del ejército político de
la revolución.
Esclareciendo los acuerdos del III Congreso
acerca de la necesidad de formar un gobierno
provisional revolucionario, Lenin señaló que este
gobierno no debía ser sino la dictadura democráticorevolucionaria del proletariado y los campesinos. Al
señalar las tareas del gobierno provisional
revolucionario -aplastar la resistencia de la
contrarrevolución,
consolidar
las
conquistas
revolucionarias y realizar el programa mínimo del
POSDR, expresión de los anhelos de las masas
populares-, Lenin explicó cuál debía ser la actitud del
partido obrero hacia él. Consideraba posible, y en
determinadas condiciones necesario, que los
socialdemócratas formasen parte del mismo.
En Dos tácticas de la socialdemocracia en la
revolución democrática, Lenin restableció en sus
derechos las ideas de Marx acerca de la revolución
ininterrumpida, dadas al olvido por los oportunistas
de la II Internacional, y elaboró la teoría de la
transformación de la revolución democráticoburguesa en revolución socialista.
"El proletariado -escribía Lenin- debe llevar a
término la revolución democrática, atrayéndose a las
masas campesinas para aplastar por la fuerza la
resistencia de la autocracia y paralizar la
inestabilidad de la burguesía. El proletariado debe
llevar a cabo la revolución socialista, atrayéndose a
las masas de elementos semiproletarios de la
población, para romper por la fuerza la resistencia
de la burguesía y paralizar la inestabilidad de los
campesinos y de la pequeña burguesía".
Era ésta una nueva teoría que daba al traste con
las concepciones de los mencheviques rusos y de los
oportunistas de la socialdemocracia de Europa
Occidental, quienes negaban la idea de la hegemonía
del proletariado, así como la política de alianza del
proletariado y los campesinos y las posibilidades
revolucionarias de las masas semiproletarias de la
ciudad y del campo, y levantaban un muro entre la
revolución democrático-burguesa y la revolución
socialista.
La teoría de la revolución socialista elaborada por
Lenin en 1905 encerraba casi todos los elementos
principales de la deducción acerca de la posibilidad
del triunfo del socialismo inicialmente en un solo
país capitalista, deducción a la que Lenin llegó en
1915.

5
La primera revolución rusa confirmó la justeza de
la estrategia y la táctica de los bolcheviques. En las
obras Enseñanzas de la insurrección de Moscú e
Informe sobre la revolución de 1905 que figuran en
el
presente
tomo,
Lenin
esclarece
los
acontecimientos de dicha revolución, hace el balance
de ella y traza las perspectivas, sintetizando a fondo y
en todos sus aspectos la experiencia y las
peculiaridades de la primera revolución rusa. "La
peculiaridad de la revolución rusa -decía Leninestriba precisamente en que, por su contenido social,
fue una revolución democrático-burguesa, mientras
que, por sus medios de lucha, fue una revolución
proletaria".
El entrelazamiento de las huelgas económicas y
las políticas durante la revolución imprimió una gran
fuerza al movimiento y demostró que en las épocas
revolucionarias "el proletariado puede desarrollar una
energía combativa cien veces mayor que en épocas
corrientes de tranquilidad". Todo el desarrollo de la
revolución rusa llevaba inevitablemente al choque
armado de los obreros con el gobierno zarista y
terminó por conducir a la insurrección armada de
diciembre.
En las obras de Lenin consagradas a la revolución
de los años 1905-1907 se pone de manifiesto la
importancia internacional de la misma. La revolución
rusa despertó el movimiento revolucionario en Asia,
impulsó las revoluciones de Turquía, Persia y China.
Lenin caracterizó la primera revolución rusa de
prólogo de la futura revolución proletaria.
La derrota de la revolución de 1905 suscitó un
loco desenfreno de la contrarrevolución. La reacción
se manifestó en todas las esferas de la vida social, en
la ciencia, en la filosofía, en el arte. Entre los
intelectuales adquirieron gran difusión estados de
ánimo contrarrevolucionarios, la apostasía ideológica
y el apasionamiento por el misticismo y la religión.
Los mencheviques abjuraron vergonzosamente del
programa revolucionario y de las consignas
revolucionarias del partido. Se afanaban por liquidar
el partido revolucionario. Fue un grandísimo mérito
de Lenin señalar con genial clarividencia al partido
en este período extraordinariamente duro, en este
período crítico de su vida, el camino para seguir
adelante. Lenin desplegó una lucha encarnizada
contra los liquidadores, los otzovistas, los trotskistas
y otros oportunistas. El artículo de Lenin En ruta da
a conocer con detalle las condiciones de trabajo del
partido, sus tareas y su táctica en este período.
En dicho artículo, Lenin subraya particularmente
la importancia del fortalecimiento máximo del
partido, expresando la firme seguridad de que "la
socialdemocracia, que demostró en la revolución
abierta que es el partido de la clase y que supo llevar
tras de sí a millones de personas a la huelga, a la
insurrección en 1905 y a las elecciones en 19061907, sabrá también ahora seguir siendo el partido de

6
la clase, el partido de las masas, sabrá seguir siendo
la vanguardia, que en los momentos más difíciles no
se separará de su ejército y sabrá ayudar a éste a
remontar este período difícil, a estrechar de nuevo
sus filas y a preparar nuevos luchadores".
Los bolcheviques fortalecieron el partido del
proletariado sobre la firme base ideológica de la
teoría del marxismo, enriquecida por la experiencia
de la revolución. En los años de reacción se puso en
primer plano la lucha en el frente ideológico contra
diversos intentos de revisar las bases teóricas del
partido, su concepción revolucionaria del mundo.
En
su
obra
clásica
Materialismo
y
empiriocriticismo, escrita en 1908, Lenin rechazó los
ataques de los ideólogos burgueses y los revisionistas
a la filosofía del marxismo. Basándose en una
profusión de datos de las ciencias naturales y la
historia, Lenin demostró que sólo una filosofía, el
materialismo dialéctico, ofrece un cuadro científico
del mundo. Lenin sintetizó, basándose en el
marxismo, los últimos descubrimientos de las
ciencias naturales y defendió y desarrolló el
materialismo filosófico marxista. Expuso la
concepción marxista de la práctica como base del
conocimiento y criterio de la verdad.
Lenin defendió y desarrolló la dialéctica
materialista marxista, que tiene una importancia
primordial para la actividad revolucionaria del
proletariado y de su partido.
Lenin defendió y desarrolló el materialismo
histórico, ciencia de las leyes del desarrollo de la
sociedad, fundamentó el principio del partidismo en
la filosofía y demostró que entre la concepción del
mundo y la política del partido existe una ligazón
directa, inmediata. Las obras filosóficas escritas por
Lenin en el período de reacción son ejemplo de lucha
implacable contra los enemigos de la filosofía
marxista, ejemplo de partidismo bolchevique
militante, de defensa del marxismo. Dichas obras
desempeñaron un papel enorme en la vida del partido
y en la defensa y el desarrollo de su teoría. A
mediados de abril de 1908, Lenin envió a la prensa
su artículo Marxismo y revisionismo, que era, como
el mismo autor dijo, una "declaración formal de
guerra" al revisionismo. Lenin demostró en este
trabajo que, al triunfar en el movimiento obrero el
marxismo, sus enemigos cambiaron los métodos de
lucha y se aplicaron a socavar la doctrina marxista
mediante "enmiendas" y "revisiones" de sus
postulados más importantes. Los revisionistas
negaban el materialismo y la dialéctica marxistas,
negaban las tesis básicas de la economía política
marxista, rechazaban la idea de la lucha de clases y la
dictadura del proletariado y renunciaban al
socialismo como objetivo final del movimiento
obrero. Lenin enseñaba que el revisionismo es un
fenómeno internacional con profundas raíces en la
sociedad capitalista y que había que desplegar una

V. I. Lenin
lucha constante y sistemática contra él. Lenin estaba
seguro de la victoria inevitable del marxismo sobre el
revisionismo, del triunfo absoluto del marxismo.
Decía: "La lucha ideológica del marxismo
revolucionario contra el revisionismo, librada a fines
del siglo XIX, no es más que el preludio de los
grandes combates revolucionarios del proletariado,
que, pese a todas las vacilaciones y debilidades de los
filisteos, avanza hacia el triunfo completo de su
causa".
En este período y en el siguiente ocupó un puesto
particular en la teoría y en la labor práctica del
partido la cuestión nacional, cuya esencia e
importancia se analizan en la obra de Lenin Sobre el
derecho de las naciones a la autodeterminación. A la
política de opresión nacional y de azuzamiento de
unas naciones contra otras, a la política de
envenenamiento de la conciencia de las masas
populares con la toxina del nacionalismo, del
chovinismo de gran potencia, Lenin oponía la
reivindicación internacionalista, científicamente
fundamentada, de la plena igualdad de las naciones,
del derecho de cada nación a resolver su propio
destino. Lenin analizó en todos sus aspectos la
importancia de la estrecha unión de los trabajadores
de las naciones oprimidas y opresoras en un frente
único de lucha contra el imperialismo. Subrayando la
necesidad de mantener en el programa la
reivindicación del derecho de las naciones a la
autodeterminación, Lenin explicaba que el
reconocimiento de este derecho a cada nación no
debe confundirse con el problema de la conveniencia
de la separación de una u otra nación, ya que este
problema debe ser considerado concretamente y
resuelto en beneficio del proletariado y de las masas
trabajadoras. "Completa igualdad de derechos de las
naciones; derecho de autodeterminación de las
naciones; fusión de los obreros de todas las naciones:
tal es el programa nacional que enseña a los obreros
el marxismo, que enseña la experiencia del mundo
entero y la experiencia de Rusia". El programa
leninista en la cuestión nacional y la política del
partido convencieron a los pueblos oprimidos de que
sólo los bolcheviques eran verdaderos defensores de
sus intereses y derechos.
Toda su actividad revolucionaria, verdaderamente
internacionalista, había preparado al Partido
Bolchevique para hacer frente a las grandes pruebas
de la guerra imperialista mundial. Considerable
número de obras de Lenin comprendidas en este
tomo pertenecen al período de la guerra imperialista
mundial de los años 1914-1918. En ellas, Lenin
analiza la situación que se creó para el movimiento
obrero internacional a causa del comienzo de la
guerra y de la traición de los líderes de la II
Internacional y de los partidos socialistas europeooccidentales. En el Manifiesto del CC del POSDR La
guerra y la socialdemocracia de Rusia, Lenin definió

Prefacio
la guerra como una guerra imperialista, de rapiña, por
parte de ambas coaliciones imperialistas. El objetivo
de la guerra, decía Lenin, era la lucha de los Estados
imperialistas por los mercados, por un nuevo reparto
de las colonias y por el saqueo de otros países, el
afán de sofocar el movimiento revolucionario del
proletariado y la democracia y de azuzar a los
trabajadores de unas naciones contra los de otras.
Lenin lanzó la consigna de convertir la guerra
imperialista en guerra civil. Condenó la traición de
los líderes de la II Internacional a la causa del
proletariado, a los grandes principios del
internacionalismo, y declaró una guerra implacable al
socialchovinismo y al centrismo.
En un clima de rabioso desenfreno del
chovinismo, Lenin publicó en diciembre de 1914 el
artículo Sobre el orgullo nacional de los rusos.
Desenmascaró las frases hipócritas de la burguesía y
los oportunistas en torno al patriotismo, el "amor a la
patria", la "defensa del solar patrio". Explicó la
esencia del patriotismo verdaderamente proletario.
"¿Es ajeno a nosotros, proletarios conscientes rusos,
el sentimiento de orgullo nacional? ¡Naturalmente
que no! Amamos nuestra lengua y nuestra patria, nos
esforzamos con todo nuestro empeño para que sus
masas trabajadoras (es decir, las nueve décimas
partes de su población) se eleven a una vida
consciente de demócratas y socialistas". Subrayó la
ligazón indisoluble del patriotismo proletario con el
internacionalismo. Decía: "El interés del orgullo
nacional (no entendido servilmente) de los rusos
coincide con el interés socialista del proletariado ruso
(y de todos los demás) proletarios".
Lenin se enorgullecía de que a la clase obrera de
Rusia le hubiera tocado en suerte desempeñar un
notable papel en la lucha emancipadora de la
humanidad. Se enorgullecía de pertenecer al gran
pueblo ruso, que había dado pruebas de heroísmo,
valentía y firmeza sin par en la lucha por la
independencia de la patria, así como en la lucha
revolucionaria por la libertad y el socialismo, y había
enriquecido a la humanidad con grandísimas
realizaciones de la ciencia y de la cultura.
En sus obras correspondientes al período de 19141917, Lenin trata los problemas de la estrategia y la
táctica del proletariado en las condiciones de la
guerra imperialista. El Partido Bolchevique fue el
único que dio consignas justas de lucha contra la
guerra imperialista. El partido desarrolló el
marxismo, lo enriqueció con la doctrina de Lenin
acerca del imperialismo, la nueva teoría de la
revolución socialista y la doctrina de la posibilidad
de la victoria del socialismo en un solo país. En los
artículos Sobre la consigna de los Estados Unidos de
Europa y El programa militar de la revolución
proletaria, Lenin, basándose en la ley del desarrollo
desigual del capitalismo, por él descubierta, llegó a la
genial conclusión de que era posible la victoria del

7
socialismo inicialmente en varios países capitalistas o
incluso en un solo país. "La desigualdad del
desarrollo económico y político -decía Lenin- es una
ley absoluta del capitalismo. De aquí se deduce que
es posible que el socialismo triunfe primeramente en
unos cuantos países capitalistas, o incluso en un solo
país capitalista".
Fue éste el mayor descubrimiento de la época y
pasó a ser el principio rector de toda la actividad del
Partido Comunista, de toda su lucha por la victoria de
la revolución socialista y la edificación del
socialismo en nuestro país.
La doctrina de Lenin acerca de la posibilidad de la
victoria del socialismo en un solo país ofreció al
proletariado una clara perspectiva de lucha, liberó la
energía y la iniciativa de los proletarios de cada país
para el embate contra su burguesía nacional y
pertrechó al partido y a la clase obrera de una
seguridad, científicamente fundamentada, en la
victoria.
Esta teoría fue fundamentada científicamente en
todos sus aspectos en el libro El imperialismo, fase
superior del capitalismo, escrito en el verano de
1916. Este trabajo de Lenin, continuación y
desarrollo de El Capital de Marx, constituyó una
valiosísima aportación al tesoro teórico del
marxismo-leninismo. El análisis marxista y la
síntesis científica del enorme caudal de datos
históricos acumulados en el medio siglo transcurrido
desde la aparición de El Capital de Marx,
permitieron a Lenin sacar la conclusión de que el
capitalismo había entrado en su etapa superior y
última de desarrollo, el imperialismo. Lenin reveló la
esencia del imperialismo como capitalismo
monopolista y mostró sus rasgos típicos:
concentración de la producción y los monopolios;
creciente papel de los bancos; ensambladura del
capital financiero con el industrial y creación de la
oligarquía financiera; exportación de capital; reparto
del mundo entre las alianzas capitalistas; reparto del
mundo entre las grandes potencias. Basándose en un
profundo análisis de los datos económicos y políticos
de la época imperialista, Lenin puso al desnudo las
principales contradicciones del capitalismo, demostró
que su agudización era inevitable en el imperialismo
y fundamentó en todos los aspectos la tesis básica de
que el imperialismo es la última etapa del desarrollo
del capitalismo, la antesala de la revolución
socialista.
La gran fuerza y vitalidad de la teoría leninista de
la revolución socialista ha sido confirmada en la
práctica: por la experiencia de las revoluciones
proletarias en Rusia, China y los otros países de
Europa y Asia que constituyen hoy el sistema
socialista mundial.
En El imperialismo, fase superior del capitalismo,
Lenin sometió a crítica demoledora las
elucubraciones de Kautsky y otros oportunistas, que

8
querían ocultar, velar la profundidad de las
contradicciones del imperialismo y la inevitabilidad
de la crisis revolucionaria por él engendrada.
Desenmascaró hasta lo último la teoría kautskiana
antimarxista del "ultraimperialismo", según la cual el
imperialismo lleva a una economía capitalista
organizada que elimina todas las contradicciones,
crisis y guerras. "Cualesquiera que fueran las buenas
intenciones de los curitas ingleses o del dulzón de
Kautsky -decía Lenin-, el sentido objetivo, esto es, el
verdadero sentido social de su "teoría" es uno y sólo
uno: el consuelo archirreaccionario de las masas con
la esperanza en la posibilidad de una paz permanente
bajo el capitalismo, distrayendo la atención de las
agudas contradicciones y de los agudos problemas de
la actualidad para dirigirla hacia las falsas
perspectivas
de
un
pretendido
nuevo
"ultraimperialismo" futuro. Excepción hecha del
engaño de las masas, la teoría "marxista" de Kautsky
no contiene nada".
La obra de Lenin El imperialismo, fase superior
del capitalismo es un arma combativa del marxismo
revolucionario. Ayuda a los partidos comunistas y
obreros a luchar contra la ideología de la reacción
imperialista, contra todas las manifestaciones del
reformismo y el revisionismo contemporáneos.
El marxismo-leninismo es una doctrina inmortal
en continuo desenvolvimiento. Lo desarrollan las
decisiones del Partido Comunista de la Unión
Soviética y los documentos de los partidos
comunistas y obreros hermanos de otros países.
Esta gran e invencible doctrina se ve enriquecida
por la experiencia del movimiento obrero y del
movimiento comunista, por la experiencia de la
edificación del comunismo en la URSS y del
socialismo en las democracias populares. El triunfo
del marxismo-leninismo en todo el mundo es
inevitable, ya que esta doctrina refleja la marcha
regular y progresiva de la historia y predice el futuro
luminoso que ha de alcanzar la humanidad.
Instituto de Marxismo-Leninismo del CC del
PCUS
Editorial del Estado de Literatura Política

V. I. Lenin

CARLOS MARX

(Breve esbozo biográfico con una exposición
del marxismo)1
Prologo
El artículo sobre Carlos Marx que ahora aparece
en forma de folleto, lo escribí (si mal no recuerdo) en
1913 para el Diccionario Granat. Al final del artículo
se insertaba una bibliografía bastante detallada acerca
de Marx, más que nada de publicaciones extranjeras.
En la edición presente se ha prescindido de ella.
Fuera de ello, la Redacción del Diccionario, por su
parte, teniendo en cuenta la censura, eliminó del
artículo sobre Marx la parte final, en que se exponía
su táctica revolucionaria. Lamentablemente, me
resulta imposible reproducir aquí ese final, pues el
manuscrito se quedó no sé dónde con mis papeles, en
Cracovia o en Suiza. Sólo recuerdo que allí citaba,
entre otras cosas, el párrafo de la carta de Marx a
Engels del 16-IV-1856 en que el primero escribía:
"En Alemania todo dependerá de la posibilidad de
respaldar la revolución proletaria con alguna segunda
edición de la guerra campesina. Entonces todo saldrá
a pedir de boca". Eso es lo que no comprendieron en
1905 nuestros mencheviques, que se han hundido
ahora hasta la traición completa al socialismo, hasta
el paso al lado de la burguesía.
N. Lenin
1

V. I. Lenin empezó a escribir el artículo Carlos Marx,
destinado al Diccionario Enciclopédico de los Hermanos
Granat, en la primavera de 1914, encontrándose en
Poronin (Galitzia), y lo terminó en Berna (Suiza) en
noviembre de 1914. En el prólogo a este artículo, escrito
en 1918, al ser editado en folleto aparte, Lenin señala de
memoria el año 1913 como fecha del artículo.
En 1915 apareció el artículo en el Diccionario, con la
firma de V. Ilin, seguido del suplemento Bibliografía del
marxismo. Teniendo en cuenta la censura, la Redacción
omitió dos capítulos -El socialismo y La táctica de la
lucha de clase del proletariado- e introdujo
modificaciones en el texto.
En 1918, la Editorial Pribói publicó este trabajo, con el
prólogo de V. I. Lenin, en forma de folleto, tal como había
salido en el Diccionario, pero sin el suplemento
Bibliografía del marxismo.
El texto completo del artículo, de acuerdo con el
manuscrito, fue publicado por primera vez en 1925, en
Marx-Engels-Marxismo, recopilación de artículos
preparada por el Instituto Lenin, anejo al CC del PC (b) de
Rusia.

Moscú, 14. V. 1918.
Publicado en 1918, en el folleto: N. Lenin. Carlos
Marx, Ed. Pribói, Moscú. T. 26, pág. 45.
Carlos Marx nació el 5 de mayo de 1818 en
Tréveris (ciudad de la Prusia renana). Su padre era un
abogado judío convertido al protestantismo en 1824.
Su familia era acomodada y culta, aunque no
revolucionaria. Después de cursar en Tréveris los
estudios de bachillerato, Marx se matriculó en la
Universidad, primero en la de Bonn y luego en la de
Berlín, siguiendo la carrera de Derecho, mas
estudiando sobre todo Historia y Filosofía.
Terminados sus estudios universitarios, en 1841,
presentó una tesis sobre la filosofía de Epicuro. Sus
ideas eran todavía entonces las de un idealista
hegeliano. En Berlín se acercó al círculo de los
"hegelianos de izquierda”2 (Bruno Bauer y otros),
que intentaban sacar de la filosofía de Hegel
conclusiones ateas y revolucionarias.
Después de cursar sus estudios universitarios,
Marx se trasladó a Bonn, con la intención de hacerse
profesor. Pero la política reaccionaria de un gobierno
-que en 1832 había despojado de la cátedra a Ludwig
Feuerbach, negándole nuevamente la entrada en las
aulas en 1836, y que en 1841 retiró al joven profesor
Bruno Bauer el derecho a enseñar desde la cátedra de
Bonn- le obligó a renunciar a la carrera académica.
En esta época, las ideas de los hegelianos de
izquierda hacían rápidos progresos en Alemania. Fue
Ludwig Feuerbach quien, sobre todo a partir de 1836,
se entregó a la crítica de la teología, comenzando a
orientarse hacia el materialismo, que en 1841 (La
esencia del cristianismo) triunfa resueltamente en sus
doctrinas; en 1843 ven la luz sus Principios de la
2

Hegelianos de izquierda o jóvenes hegelianos: corriente
idealista en la filosofía alemana de las décadas del 30 y 40
del siglo XIX, que trató de hacer conclusiones radicales de
la filosofía de Hegel y de fundamentar la necesidad de la
transformación burguesa de Alemania. Representaban a
los hegelianos de izquierda: D. Strauss, B. y E. Bauer, M.
Stirner y otros. A esta corriente estuvieron adheridos L.
Feuerbach, así como los jóvenes C. Marx y F. Engels, que
rompieron después con los hegelianos de izquierda y
criticaron su esencia idealista y pequeñoburguesa en La
sagrada familia (1844) y La ideología alemana (18451846).

V. I. Lenin

10
filosofía del porvenir. "Hay que haber vivido la
influencia liberadora" de estos libros, escribe Engels
años más tarde refiriéndose a esas obras de
Feuerbach. "Nosotros" (es decir, los hegelianos de
izquierda, entre ellos Marx) "nos hicimos al
momento feuerbachianos". Por aquel entonces, los
burgueses radicales renanos, que tenían ciertos
puntos de contado con los hegelianos de izquierda,
fundaron en Colonia un periódico de oposición, la
Gaceta del Rin (que comenzó a publicarse el 1 de
enero de 1842). Sus principales colaboradores eran
Marx y Bruno Bauer; en octubre de 1842, Marx fue
nombrado redactor jefe del periódico y se trasladó de
Bonn a Colonia. Bajo la dirección de Marx, la
tendencia democrática revolucionaria del periódico
fue acentuándose, y el gobierno lo sometió primero a
una doble y luego a una triple censura, para acabar
ordenando su total supresión a partir del 1 de enero
de 1843. Marx viose obligado a abandonar antes de
esa fecha su puesto de redactor jefe, pero la
separación no logró tampoco salvar al periódico, que
dejó de publicarse en marzo de 1843. Entre los
artículos más importantes, publicados por Marx en la
Gaceta del Rin, Engels menciona, además de los que
citamos más abajo (véase Bibliografía3), el que se
refiere a la situación de los campesinos viticultores
del valle del Mosela4. Como las actividades
periodísticas le habían revelado que no disponía de
los necesarios conocimientos de Economía Política,
se aplicó ardorosamente al estudio de esta ciencia.
En 1843, Marx se casó en Kreuznach con Jenny
von Westphalen, amiga suya de la infancia, con
quien se había prometido ya de estudiante. Pertenecía
su mujer a una reaccionaria y aristocrática familia de
la nobleza prusiana. Su hermano mayor fue ministro
de la Gobernación en Prusia durante una de las
épocas más reaccionarias, de 1850 a 1858. En el
otoño de 1843, Marx se trasladó a París, con el
propósito de editar allí, desde el extranjero, una
revista de tipo radical en colaboración con Arnoldo
Ruge (1802-1880; hegeliano de izquierda,
encarcelado de 1825 a 1830, emigrado después de
1848, y bismarckiano después de 1866-1870). De
esta revista, titulada Anales franco-alemanes, sólo
llegó a ver la luz el primer cuaderno. La publicación
hubo de interrumpirse a consecuencia de las
dificultades con que tropezaba su difusión
clandestina en Alemania y de las discrepancias de
criterio surgidas entre Marx y Ruge. Los artículos de
Marx en los Anales nos muestran ya al
revolucionario que proclama la "crítica despiadada de
todo lo existente", y, en especial, la "crítica de las
armas", apelando a las masas y al proletariado.
En septiembre de 1844 pasó unos días en París
3

En la presente edición se omite la bibliografía de las
obras marxistas y sobre el marxismo.
4
Se trata del artículo de C. Marx La justificación del
corresponsal del Mosela.

Federico Engels, que fue a partir de este momento el
amigo más íntimo de Marx. Ambos tomaron
conjuntamente parte activísima en la vida, febril por
aquel entonces, de los grupos revolucionarios de
París (especial importancia revestía la doctrina de
Proudhon5, a la que Marx sometió a una crítica
demoledora en su obra Miseria de la Filosofía,
publicada en 1847) y, en lucha enérgica contra las
diversas doctrinas del socialismo pequeñoburgués,
construyeron la teoría y la táctica del socialismo
proletario revolucionario o comunismo (marxismo).
Véanse las obras de Marx correspondientes a esta
época, 1844-1848, más abajo, en la Bibliografía. En
1845, a petición del gobierno prusiano, Marx fue
expulsado de París como revolucionario peligroso, y
fijó su residencia en Bruselas. En la primavera de
1847, Marx y Engels se afiliaron a una sociedad
secreta de propaganda, la "Liga de los Comunistas”6
5

Proudhon (1809-1865): socialista pequeñoburgués
francés, anarquista, fundador del proudhonismo, corriente
anticientífica y antimarxista. Al criticar la gran propiedad
capitalista de acuerdo con su posición pequeñoburguesa,
Proudhon aspiraba a perpetuar la pequeña propiedad
privada, proponía organizar la Banca del Pueblo y la
Banca de Cambio, con ayuda de las cuales obtendrían los
obreros -según él- sus propios medios de producción, se
convertirían en artesanos y asegurarían la venta
"equitativa" de sus productos. Proudhon no comprendía el
papel histórico y el significado del proletariado y negaba
la lucha de clases, la revolución proletaria y la dictadura
del proletariado. Como anarquista, negaba también la
necesidad del Estado. Marx y Engels mantuvieron una
lucha consecuente contra los intentos de Proudhon de
imponer sus ideas a la I Internacional. El proudhonismo
fue sometido a una crítica demoledora en la obra de C.
Marx Miseria de la filosofía. La lucha resuelta de C. Marx
y F. Engels y sus partidarios contra el proudhonismo
terminó con la completa victoria del marxismo en la I
Internacional.
Lenin caracterizó el proudhonismo de "teoría del pequeño
burgués y del filisteo obtuso", incapaz de colocarse en el
punto de vista de la clase obrera. Las ideas del
proudhonismo son utilizadas en gran escala por los
"teóricos" burgueses para propugnar la colaboración de
clases.
6
La "Liga de los Comunistas"; primera organización
internacional del proletariado revolucionario, fundada en
1847 en Londres. Los organizadores y fundadores de la
"Liga de los Comunistas" fueron C. Marx y F. Engels,
quienes, por encargo de esta organización, escribieron el
Manifiesto del Partido Comunista. La "Liga de los
Comunistas" tenía por objeto derrocar a la burguesía,
liquidar la vieja sociedad burguesa, basada en los
antagonismos de clases, y crear una sociedad nueva, una
sociedad sin clases ni propiedad privada. La "Liga de los
Comunistas" desempeñó un gran papel histórico como
escuela de revolucionarios proletarios, como germen del
partido proletario, como precursora de la Asociación
Internacional de los Trabajadores (I Internacional). La
"Liga de los Comunistas" existió hasta noviembre de
1852. Sus jefes más destacados desempeñaron

11

Carlos Marx
y tomaron parte destacada en el II Congreso de esta
organización (celebrado en Londres, en noviembre
de 1847), donde se les confió la redacción del famoso
Manifiesto del Partido Comunista, que vio la luz en
febrero de 1848. Esta obra expone, con una claridad
y una brillantez geniales, la nueva concepción del
mundo, el materialismo consecuente aplicado
también al campo de la vida social, la dialéctica
como la más completa y profunda doctrina del
desarrollo, la teoría de la lucha de clases y del papel
revolucionario histórico mundial del proletariado
como creador de una sociedad nueva, de la sociedad
comunista.
Al estallar la revolución de febrero de 1848, Marx
fue expulsado de Bélgica y se trasladó nuevamente a
París, desde donde, después de la revolución de
marzo, pasó a Alemania, estableciéndose en Colonia.
Del 1 de junio de 1848 al 19 de mayo de 1849 se
publicó en esta ciudad la -ueva Gaceta del Rin7, que
tenía a Marx de redactor jefe. El curso de los
acontecimientos revolucionarios de 1848 y 1849 vino
a confirmar de un modo brillante la nueva teoría,
como habían de confirmarla también en lo sucesivo
todos los movimientos proletarios y democráticos de
todos los países del mundo. Triunfante la
contrarrevolución, Marx hubo de comparecer ante los
tribunales y, si bien resultó absuelto (el 9 de febrero
posteriormente un papel dirigente en la I Internacional.
Véase el artículo de F. Engels Contribución a la historia
de la "Liga de los Comunistas" (C. Marx y F. Engels.
Obras escogidas en dos tomos, t. II, págs. 314-332, ed. en
español, Moscú).
7
"-eue Rheinische Zeitung" ("Nueva Gaceta del Rin"):
diario editado en Colonia desde el 1 de junio de 1848 hasta
el 19 de mayo de 1849 bajo la dirección de C. Marx y F.
Engels. Su redactor jefe fue C. Marx. El periódico, que
tenía gran influencia en toda Alemania, desempeñó el
papel de educador de las masas populares, a las que
exhortaba a luchar contra la contrarrevolución. La posición
decidida e intransigente de este periódico, su
internacionalismo combativo, la aparición en sus páginas
de denuncias políticas dirigidas contra el gobierno
prusiano y las autoridades de Colonia, le concitaron la
fobia de la prensa feudal-monárquica y liberal-burguesa,
así como las persecuciones del gobierno. En mayo de
1849, en plena ofensiva de la contrarrevolución, el
gobierno prusiano, aprovechando el hecho de que Marx no
poseía la ciudadanía prusiana, ordenó expulsarle de Prusia.
La expulsión de Marx y las represalias contra los demás
redactores de la -ueva Gaceta del Rin fueron la causa de
que el periódico suspendiese su publicación. El último
número de la -ueva Gaceta del Rin, el 301, impreso en
rojo salió el 19 de mayo de 1849. En su postrera
exhortación a los obreros, los redactores del periódico
declaraban que "su última palabra será siempre y en todas
partes: ¡la emancipación de la clase obrera!" Acerca de la
-ueva Gaceta del Rin véase el artículo de F. Engels Marx
y la "-ueva Gaceta del Rin" (1848-1849). (C. Marx y F.
Engels. Obras escogidas en dos tomos, t. II, págs. 305-313,
ed. en español, Moscú).

de 1849), posteriormente fue expulsado de Alemania
(16 de mayo de 1849). Vivió en París durante algún
tiempo, pero, expulsado nuevamente de esta capital
después de la manifestación del 13 de junio de 1849,
fue a instalarse a Londres, donde pasó ya el resto de
su vida.
Las condiciones de la vida en la emigración eran
extraordinariamente penosas, como lo prueba
especialmente la correspondencia entre Marx y
Engels (editada en 1913). La miseria llegó a pesar de
un modo verdaderamente asfixiante sobre Marx y su
familia; a no ser por la constante y altruista ayuda
económica de Engels, Marx no sólo no habría podido
llevar a término El Capital, sino que habría
sucumbido fatalmente bajo el peso de la miseria.
Además, las doctrinas y corrientes del socialismo
pequeñoburgués y del socialismo no proletario en
general, predominantes en aquella época, obligaban a
Marx a mantener una lucha incesante y despiadada, y
a veces defenderse contra los ataques personales más
rabiosos y más absurdos (Herr Vogt). Apartándose de
los círculos de emigrados y concentrando sus fuerzas
en el estudio de la Economía Política, Marx
desarrolló su teoría materialista en una serie de
trabajos históricos (véase Bibliografía). Sus obras
Contribución a la crítica de la economía política
(1859) y El Capital (t. I, 1867) significaron una
revolución en la ciencia económica (véase más abajo
la doctrina de Marx).
La época de reanimación de los movimientos
democráticos, a fines de la década del 50 y en la
década del 60, llamó de nuevo a Marx al trabajo
práctico. El 28 de septiembre de 1864 se fundó en
Londres la famosa I Internacional, la "Asociación
Internacional de los Trabajadores". Alma de esta
organización era Marx, que fue el autor de su primer
Manifiesto y de un gran número de acuerdos,
declaraciones y llamamientos. Con sus esfuerzos por
unificar el movimiento obrero de los diferentes
países y por traer a los cauces de una actuación
común las diversas formas del socialismo no
proletario, premarxista (Mazzini, Proudhon, Bakunin,
el tradeunionismo liberal inglés, las oscilaciones
derechistas de Lassalle en Alemania, etc.), Marx, a la
par que combatía las teorías de todas estas sectas y
escuelitas, fue forjando la táctica común de la lucha
proletaria de la clase obrera en los distintos países.
Después de la caída de la Comuna de París (1871) que Marx (en La guerra civil en Francia, 1871)
analizó de un modo tan profundo, tan certero y tan
brillante, con tan gran espíritu práctico y
revolucionario- y al producirse la escisión provocada
por los bakuninistas8, la Internacional no podía
8

Bakuninismo: corriente que lleva el nombre de M.
Bakunin, Ideólogo del anarquismo, enemigo jurado del
marxismo y del socialismo científico. Los bakuninistas
desplegaron una lucha tenaz contra la teoría marxista y la
táctica del movimiento obrero. La tesis fundamental del

12
subsistir en Europa. Después del Congreso de La
Haya (1872), Marx consiguió que el Consejo General
de la Internacional se trasladase a Nueva York. La I
Internacional había cumplido su misión histórica y
cedió el campo a una época de desarrollo
incomparablemente más amplio del movimiento
obrero en todos los países del mundo, época en que
este
movimiento
había
de
desplegarse
extensivamente, engendrando partidos obreros
socialistas de masas dentro de cada Estado nacional.
Su intensa labor en la Internacional y sus estudios
teóricos, todavía más intensos, quebrantaron
definitivamente la salud de Marx. Este prosiguió su
obra de transformación de la Economía Política y se
consagró a terminar El Capital, reuniendo con este
fin una infinidad de nuevos documentos y
poniéndose a estudiar varios idiomas (entre ellos el
ruso), pero la enfermedad le impidió dar cima a El
Capital.
El 2 de diciembre de 1881 murió su mujer. El 14
de marzo de 1883, Marx se dormía dulcemente para
siempre en su sillón. Yace enterrado, junto a su
mujer, en el cementerio de Highgate de Londres.
Varios hijos de Marx murieron en la infancia, en
Londres, cuando la familia atravesaba extraordinarias
dificultades económicas. Tres de sus hijas
contrajeron matrimonio con socialistas de Inglaterra
y Francia: Eleonora Eveling, Laura Lafargue y Jenny
Longuet. Un hijo de esta última es miembro del
Partido Socialista Francés.
La doctrina de Marx
El marxismo es el sistema de las ideas y la
doctrina de Marx. Marx es el continuador y
consumador genial de las tres principales corrientes
ideológicas del siglo XIX, que tuvieron por cuna a
los tres países más avanzados de la humanidad: la
filosofía clásica alemana, la economía política clásica
bakuninismo es la negación de cualquier Estado, incluida
la dictadura del proletariado, y la incomprensión del papel
histórico-universal del proletariado. Bakunin propugnó la
idea de "la "igualación" de las clases, de la unificación de
las "asociaciones libres" desde abajo. Una sociedad
revolucionaria secreta, compuesta de "destacadas
personalidades", según los bakuninistas, debía dirigir
levantamientos
populares
que
se
realizarían
inmediatamente.
Por
ejemplo,
los
bakuninistas
consideraban que los campesinos rusos estaban dispuestos
a lanzarse en seguida a la insurrección. Esta táctica de
conspiraciones, levantamientos inmediatos y del
terrorismo era aventurera y hostil a la ciencia marxista
acerca de la insurrección. El bakuninismo fue una de las
fuentes ideológicas del populismo. Acerca de Bakunin y
bakuninistas véanse los trabajos de C. Marx y F. Engels La
Alianza de la democracia socialista y la Asociación
Internacional de los Trabajadores (1873); de F. Engels
Los bakuninistas en acción (1873), La literatura de
emigración (1875); el trabajo de V. I. Lenin Sobre el
gobierno provisional revolucionario (1905), y otros.

V. I. Lenin
inglesa y el socialismo francés, unido a las doctrinas
revolucionarias francesas en general. La maravillosa
consecuencia y la unidad sistemática que hasta los
adversarios de Marx reconocen en sus ideas, que en
conjunto representan el materialismo moderno y el
socialismo científico moderno como teoría y
programa del movimiento obrero de todos los países
civilizados del mundo, nos obligan a trazar, antes de
exponer el contenido principal del marxismo, o sea,
la doctrina económica de Marx, un breve resumen de
su concepción del mundo en general.
El materialismo filosófico
Desde los años 1844 y 1845, época en que se
forman sus ideas, Marx es materialista y,
concretamente, sigue a L. Feuerbach, cuyo único
lado débil fue para él, entonces y más tarde, la falta
de consecuencia y de universalidad de que adolecía
su materialismo. Para Marx, la importancia histórica
universal de Feuerbach, lo que "hizo época", era
precisamente la resuelta ruptura con el idealismo
hegeliano y la afirmación del materialismo, que ya
"en el siglo XVIII, sobre todo en Francia, no había
sido solamente una lucha contra las instituciones
políticas existentes y, al mismo tiempo, contra la
religión y la teología, sino también... contra toda
metafísica" (en el sentido de "especulación ebria", a
diferencia de la "filosofía sobria") (La sagrada
familia, en Herencia literaria). "Para Hegel -escribía
Marx-, el proceso del pensamiento, al que convierte
incluso, bajo el nombre de idea, en sujeto con vida
propia, es el demiurgo (el creador) de lo real... Para
mí, por el contrario, lo ideal no es más que lo
material traspuesto y traducido en la cabeza del
hombre" (El Capital, t. I. Palabras finales a la 2a ed.).
Coincidiendo en un todo con la filosofía materialista
de Marx, F. Engels expone del siguiente modo esta
concepción filosófica en su Anti-Dühring (véase),
cuyo manuscrito había tenido Marx en sus manos:
"...La unidad del mundo no consiste en su ser... La
unidad real del mundo consiste en su materialidad,
que tiene su prueba... en el largo y penoso desarrollo
de la filosofía y las ciencias naturales... El
movimiento es la forma de existencia de la materia.
Jamás ni en parte alguna ha existido ni puede existir
materia sin movimiento ni movimiento sin materia...
Si nos preguntamos... qué son, en realidad, el
pensamiento y la conciencia y de dónde proceden,
nos encontramos con que son productos del cerebro
humano y con que el mismo hombre no es más que
un producto de la naturaleza que se ha formado y
desarrollado en su ambiente y con ella; por donde
llegamos a la conclusión, lógica por sí misma, de que
los productos del cerebro humano, que en última
instancia no son tampoco más que productos
naturales, no se contradicen, sino que se armonizan
con la concatenación general de la naturaleza".
"Hegel era idealista, es decir, que no consideraba las

Carlos Marx
ideas de su cerebro como reflejos (Abbilder, a veces
Engels habla de "reproducciones") más o menos
abstractos de los objetos y de los fenómenos reales,
sino, al contrario, eran los objetos y su desarrollo los
que para él eran los reflejos de la idea, existente, no
se sabe dónde, antes de aparecer el mundo". En
Ludwig Feuerbach, obra donde F. Engels expone sus
ideas y las de Marx acerca del sistema de este
filósofo y cuyo original mandó a la imprenta después
de haber revisado un antiguo manuscrito suyo y de
Marx, procedente de los años 1844 y 1845, acerca de
Hegel, Feuerbach y la concepción materialista de la
historia, Engels dice: "El gran problema cardinal de
toda filosofía, especialmente de la moderna, es el
problema de la relación entre el pensar y el ser, entre
el espíritu y la naturaleza... ¿Qué es lo primero: el
espíritu o la naturaleza?... Los filósofos se dividían
en dos grandes campos, según la contestación que
diesen a esta pregunta. Los que afirmaban la
anterioridad del espíritu frente a la naturaleza, los
que, por tanto, admitían en última instancia una
creación del mundo, de cualquier clase que fuera...,
se agrupaban en el campo del idealismo. Los demás,
aquellos para quienes la naturaleza era lo primero,
formaban en las distintas escuelas del materialismo".
Todo otro empleo de los conceptos de idealismo y
materialismo (en sentido filosófico) no hace sino
sembrar confusión. Marx rechaza enérgicamente no
sólo el idealismo -aliado siempre de un modo o de
otro a la religión-, sino la doctrina de Hume y Kant,
tan extendida en nuestros días, el agnosticismo, el
criticismo y el positivismo en sus distintas formas;
para él, esta clase de filosofía era una concesión
"reaccionaria" hecha al idealismo y, en el mejor de
los casos, una "manera vergonzosa de aceptar el
materialismo por debajo de cuerda y renegar de él
públicamente". Acerca de esto puede consultarse,
aparte de las obras ya citadas de Engels y Marx, la
carta de este último a Engels del 12 de diciembre de
1866; en ella, Marx habla de una manifestación del
famoso naturalista T. Huxley, en que se muestra
"más materialista" que de ordinario y reconoce:
"nosotros observamos y pensamos realmente; nunca
podemos salirnos del materialismo"; pero, al mismo
tiempo, Marx le reprocha el dejar abierto un
"portillo" al agnosticismo, al humeísmo. En
particular, conviene hacer presente de un modo
especial la concepción de Marx acerca de la relación
entre libertad y necesidad: "La necesidad sólo es
ciega mientras no se la comprende. La libertad no es
otra cosa que el conocimiento de la necesidad"
(Engels,
Anti-Dühring).
Esto
equivale
al
reconocimiento de la lógica objetiva de la naturaleza
y de la transformación dialéctica de la necesidad en
libertad (a la par que de la transformación de la "cosa
en sí", ignorada, pero susceptible de ser conocida, en
"cosa para nosotros", y de la "esencia de las cosas"
en los "fenómenos"). El principal defecto del "viejo"

13
materialismo, sin excluir el de Feuerbach (y no
digamos el materialismo "vulgar" de Büchner- VogtMoleschott), consistía, según Marx y Engels, en lo
siguiente: (1) en que este materialismo era
"predominantemente mecánico" y no tenía en cuenta
los últimos progresos de la química y la biología (en
nuestros días habría que añadir la teoría eléctrica de
la materia); (2) en que el viejo materialismo no tenía
un carácter histórico ni dialéctico (sino metafísico, en
el sentido de antidialéctico) y no mantenía de un
modo consecuente ni en todos sus aspectos el criterio
de la evolución; (3) en que concebía la "esencia
humana" en abstracto, y no como el "conjunto de las
relaciones sociales" (históricamente concretas y
determinadas), razón por la cual no hacía más que
"interpretar" el mundo, cuando en realidad se trata de
"transformarlo"; es decir, en que no comprendía la
importancia de la "actuación revolucionaria
práctica".
La dialéctica
La dialéctica hegeliana, como la doctrina más
universal, rica de contenido y profunda del
desarrollo, era para Marx y Engels la mayor
adquisición de la filosofía clásica alemana. Toda otra
fórmula del principio del desarrollo, de la evolución,
parciales estrecha y pobre, que mutilaba y
desfiguraba la verdadera marcha del desarrollo en la
naturaleza y en la sociedad (marcha que a menudo se
efectúa a través de saltos, catástrofes y revoluciones).
"Marx y yo fuimos seguramente casi los únicos que
tratamos de salvar" (del descalabro del idealismo,
comprendido el hegelianismo) "la dialéctica
consciente para traerla a la concepción materialista
de la naturaleza". "La naturaleza es la piedra de toque
de la dialéctica, y hay que decir que las ciencias
naturales modernas, que nos han brindado materiales
extraordinariamente copiosos" (¡y esto fue escrito
antes de ser descubiertos el radio, los electrones, la
transformación de los elementos, etc.!) "y que
aumentan cada día que pasa, demuestran con ello que
la naturaleza se mueve, en última instancia, por
cauces dialécticos, y no sobre carriles metafísicos".
"La gran idea cardinal de que el mundo no puede
concebirse como un conjunto de objetos terminados
y acabados -escribe Engels-, sino como un conjunto
de procesos, en el que las cosas que parecen estables,
al igual que sus reflejos mentales en nuestras
cabezas, los conceptos, pasan por una serie
ininterrumpida de cambios, por un proceso de
génesis y caducidad; esta gran idea cardinal se halla
ya tan arraigada desde Hegel en la conciencia
habitual, que, expuesta así, en términos generales,
apenas encuentra oposición. Pero una cosa es
reconocerla de palabra y otra cosa es aplicarla a la
realidad concreta, en todos los campos sometidos a la
investigación". "Para la filosofía dialéctica no existe
nada definitivo, absoluto, consagrado; en todo pone

14
de relieve lo que tiene de perecedero, y no deja en pie
más que el proceso ininterrumpido del devenir y del
perecer, un ascenso sin fin de lo inferior a lo
superior, cuyo mero reflejo en el cerebro pensante es
esta misma filosofía". Así, pues, la dialéctica es,
según Marx, "la ciencia de las leyes generales del
movimiento, tanto el del mundo exterior como el del
pensamiento humano".
Este aspecto revolucionario de la filosofía
hegeliana es el que Marx recoge y desarrolla. El
materialismo dialéctico "no necesita de ninguna
filosofía entronizada sobre las demás ciencias". Lo
único que queda en pie de la filosofía anterior es "la
teoría del pensamiento y sus leyes, la lógica formal y
la dialéctica". Y la dialéctica, tal y como la concibe
Marx, así como Hegel, engloba lo que hoy se llama
teoría del conocimiento o gnoseología, ciencia que
debe enfocar también históricamente su objeto,
investigando y sintetizando los orígenes y el
desarrollo del conocimiento y el paso del no
conocimiento al conocimiento.
La idea del desarrollo, de la evolución, ha
penetrado actualmente casi en su integridad en la
conciencia social, pero no a través de la filosofía de
Hegel, sino por otros caminos. Sin embargo, esta
idea, tal como la formularon Marx y Engels,
arrancando de Hegel, es mucho más vasta, más rica
de contenido que la teoría de la evolución al uso. Es
un desarrollo que parece repetir las etapas ya
recorridas, pero de otro modo, sobre una base más
alta (la "negación de la negación"); un desarrollo que
no discurre en línea recta, sino en espiral, por decirlo
así; un desarrollo a saltos, a través de catástrofes y de
revoluciones, que son otras tantas "interrupciones en
el proceso gradual", otras tantas transformaciones de
la cantidad en calidad; impulsos internos del
desarrollo originados por la contradicción, por el
choque de las diversas fuerzas y tendencias que
actúan sobre un determinado cuerpo o en los límites
de un fenómeno concreto, o en el seno de una
sociedad dada; interdependencia e íntima e
inseparable concatenación de todos los aspectos de
cada fenómeno (con la particularidad de que la
historia pone constantemente de manifiesto aspectos
nuevos), concatenación que ofrece un proceso único
y lógico universal de movimiento: tales son algunos
rasgos de la dialéctica, doctrina del desarrollo mucho
más compleja y rica que la teoría corriente. (Véase la
carta de Marx a Engels del 8 de enero de 1868, donde
ridiculiza las "rígidas tricotomías" de Stein, que sería
irrisorio confundir con la dialéctica materialista.)
La concepción materialista de la historia
La conciencia de que el viejo materialismo era
una doctrina inconsecuente, incompleta y unilateral
llevó a Marx a la convicción de que era necesario
"poner en armonía con la base materialista,
reconstruyéndola sobre ella, la ciencia de la

V. I. Lenin
sociedad". Si el materialismo en general explica la
conciencia por el ser, y no al contrario, aplicado a la
vida social de la humanidad exige que la conciencia
social se explique por el ser social. "La tecnología dice Marx (en El Capital, t. I)- descubre la relación
activa del hombre respecto a la naturaleza, el proceso
inmediato de producción de su vida, y, al mismo
tiempo, de las condiciones sociales de su vida y de
las representaciones espirituales que de ellas se
derivan." En el prólogo a la Contribución a la crítica
de la Economía Política, expone Marx una fórmula
íntegra de los principios del materialismo aplicados a
la sociedad humana y a su historia. Dice así:
"En la producción social de su vida, los hombres
contraen determinadas relaciones necesarias e
independientes de su voluntad, relaciones de
producción que corresponden a una determinada fase
de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales.
El conjunto de estas relaciones de producción
forma la estructura económica de la sociedad, la base
real sobre la que se levanta la superestructura jurídica
y política y a la que corresponden determinadas
formas de conciencia social. El modo de producción
de la vida material condiciona el proceso de la vida
social, política y espiritual en general. No es la
conciencia del hombre la que determina su ser, sino,
por contrario, el ser social es lo que determina su
conciencia. Al llegar a una determinada fase de
desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la
sociedad chocan con las relaciones de producción
existentes, o, lo que no es más que la expresión
jurídica de esto, con las relaciones de propiedad
dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De
formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas
relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre
así una época de revolución social. Al cambiar la
base económica, se revoluciona, más o menos
rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida
sobre ella. Cuando se estudian esas revoluciones, hay
que distinguir siempre entre los cambios materiales
ocurridos en las condiciones económicas de
producción y que pueden apreciarse con la exactitud
propia de las ciencias naturales, y las formas
jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas,
en una palabra, las formas ideológicas en que los
hombres adquieren conciencia de este conflicto y
luchan por resolverlo.
Y del mismo modo que no podemos juzgar a un
individuo por lo que él piensa de sí, no podemos
juzgar tampoco a estas épocas de revolución por su
conciencia, sino que, por el contrario, hay que
explicarse esta conciencia por las contradicciones de
la vida material, por el conflicto existente entre las
fuerzas productivas sociales y las relaciones de
producción"... "A grandes rasgos, podemos designar
como otras tantas épocas de progreso, en la
formación económica de la sociedad, el modo de
producción asiático, el antiguo, el feudal y el

Carlos Marx
moderno burgués". (Compárese con la concisa
fórmula que Marx da en su carta a Engels del 7 de
julio de 1866: "Nuestra teoría de la organización del
trabajo determinada por los medios de producción").
El descubrimiento de la concepción materialista
de la historia, o, mejor dicho, la consecuente
aplicación y extensión del materialismo al campo de
los fenómenos sociales, acaba con los dos defectos
fundamentales de las teorías de la historia anteriores
a Marx. En primer lugar, en el mejor de los casos,
estas teorías sólo consideraban los móviles
ideológicos de la actividad histórica de los hombres,
sin investigar el origen de esos móviles, sin percibir
las leyes objetivas que rigen el desarrollo del sistema
de las relaciones sociales, sin advertir las raíces de
estas relaciones en el grado de progreso de la
producción material; en segundo lugar, las viejas
teorías no abarcaban precisamente las acciones de las
masas de la población, mientras que el materialismo
histórico permitió por primera vez el estudio, con la
exactitud del naturalista, de las condiciones sociales
de la vida de las masas y de los cambios
experimentados por estas condiciones. La
"sociología" y la historiografía anteriores a Marx
acumularon en el mejor de los casos, datos no
analizados y fragmentarios, y expusieron algunos
aspectos del proceso histórico. El marxismo señaló el
camino para una investigación universal y completa
del proceso de nacimiento, desarrollo y decadencia
de las formaciones económico-sociales, examinando
el conjunto de todas las tendencias contradictorias y
concentrándolas en las condiciones, exactamente
determinables, de vida y de producción de las
distintas clases de la sociedad, eliminando el
subjetivismo y la arbitrariedad en la elección de las
diversas ideas "dominantes" o en su interpretación y
poniendo al descubierto las raíces de todas las ideas
y de todas las diversas tendencias manifestadas en el
estado de las fuerzas materiales productivas, sin
excepción alguna. Son los hombres los que hacen su
propia historia, pero ¿qué determina los móviles de
estos hombres, y, más exactamente, de las masas
humanas?, ¿a qué se deben los choques de las ideas y
aspiraciones contradictorias?, ¿qué representa el
conjunto de todos estos choques que se producen en
la masa toda de las sociedades humanas?, ¿cuáles son
las condiciones objetivas de producción de la vida
material que forman la base de toda la actuación
histórica de los hombres?, ¿cuál es la ley que preside
el desenvolvimiento de estas condiciones? Marx se
detuvo en todo esto y trazó el camino del estudio
científico de la historia concebida como un proceso
único y lógico, pese a toda su imponente complejidad
y a todo su carácter contradictorio.
La lucha de clases
Todo el mundo sabe que en cualquier sociedad las
aspiraciones de los unos chocan abiertamente con las

15
aspiraciones de los otros, que la vida social está llena
de contradicciones, que la historia nos muestra la
lucha entre pueblos y sociedades y en su propio seno;
sabe también que se produce una sucesión de
períodos de revolución y reacción, de paz y de
guerras, de estancamiento y de rápido progreso o
decadencia. El marxismo da el hilo conductor que
permite descubrir la lógica en este aparente laberinto
y caos: la teoría de la lucha de clases. Sólo el estudio
del conjunto de las aspiraciones de todos los
miembros de una sociedad dada, o de un grupo de
sociedades, permite fijar con precisión científica el
resultado de estas aspiraciones. Ahora bien, el origen
de esas aspiraciones contradictorias son siempre las
diferencias de situación y condiciones de vida de las
clases en que se divide toda sociedad. "La historia de
todas las sociedades que han existido hasta nuestros
días -escribe Marx, en el Manifiesto Comunista
(exceptuando la historia de la comunidad primitiva,
añade más tarde Engels)- es la historia de las luchas
de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y
plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales; en
una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron
siempre, mantuvieron una lucha constante, velada
unas veces, y otras franca y abierta; lucha que
terminó
siempre
con
la
transformación
revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento
de las clases beligerantes... La moderna sociedad
burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la
sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de
clase. Únicamente ha sustituido las viejas clases, las
viejas condiciones de opresión, las viejas formas de
lucha por otras nuevas. Nuestra época, la época de la
burguesía, se distingue, sin embargo, por haber
simplificado las contradicciones de clase. Toda la
sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos
grandes campos enemigos, en dos grandes clases,
que se enfrentan directamente: la burguesía y el
proletariado". Desde la Gran Revolución Francesa, la
historia de Europa pone de manifiesto en distintos
países con particular evidencia la verdadera causa de
los acontecimientos, la lucha de clases. Ya la época
de la restauración dio a conocer en Francia algunos
historiadores (Thierry, Guizot, Mignet, Thiers) que,
al sintetizar los acontecimientos, no pudieron por
menos de ver en la lucha de las clases la clave para la
comprensión de toda la historia francesa. Y la época
contemporánea, la época que señala el triunfo
completo de la burguesía y de las instituciones
representativas, del sufragio amplio (cuando no
universal), de la prensa diaria barata y que llega a las
masas, etc., la época de las potentes asociaciones
obreras y patronales cada vez más vastas, etc.,
muestra de un modo todavía más patente (aunque a
veces
en
forma
unilateral,
"pacífica",
"constitucional") que la lucha de clases es el motor
de los acontecimientos. El siguiente pasaje del
Manifiesto Comunista nos muestra lo que Marx

16
exigía de la sociología para el análisis objetivo de la
situación de cada clase en la sociedad moderna, en
relación con el análisis de las condiciones de
desarrollo de cada clase: "De todas las clases que hoy
se enfrentan con la burguesía, sólo el proletariado es
una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás
clases van degenerando y desaparecen con el
desarrollo de la gran industria; el proletariado, en
cambio, es su producto más peculiar. Las capas
medias -el pequeño industrial, el pequeño
comerciante, el artesano, el campesino-, todas ellas
luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su
existencia como tales capas medias. No son, pues,
revolucionarias, sino conservadoras. Más todavía,
son reaccionarias, ya que pretenden volver atrás la
rueda de la historia. Son revolucionarias únicamente
cuando tienen ante sí la perspectiva de su tránsito
inminente al proletariado, defendiendo así no sus
intereses presentes, sino sus intereses futuros, cuando
abandonan sus propios puntos de vista para adoptar
los del proletariado". En bastantes obras históricas
(véase Bibliografía), Marx nos ofrece ejemplos
profundos y brillantes de historiografía materialista,
de análisis de la situación de cada clase concreta y a
veces de los diversos grupos o capas que se
manifiestan dentro de ella, mostrando hasta la
evidencia por qué y cómo "toda lucha de clases es
una lucha política". El pasaje que acabamos de citar
indica lo intrincada que es la red de relaciones
sociales y grados transitorios de una clase a otra, del
pasado al porvenir, que Marx analiza para extraer la
resultante de la evolución histórica.
Donde la teoría de Marx encuentra su
confirmación y aplicación más profunda, más
completa y más detallada, es en su doctrina
económica.
La doctrina económica de Marx
"El fin que persigue esta obra -dice Marx en su
prefacio de El Capital- es descubrir la ley económica
del movimiento de la sociedad moderna", es decir, de
la sociedad capitalista, de la sociedad burguesa. El
estudio de las relaciones de producción de una
sociedad históricamente determinada y concreta en
su aparición, su desarrollo y su decadencia es lo que
compone la doctrina económica de Marx. En la
sociedad capitalista impera la producción de
mercancías; por eso, el análisis de Marx empieza con
el análisis de la mercancía.
El valor
Mercancía es, en primer lugar, un objeto que
satisface una necesidad humana cualquiera. En
segundo lugar, un objeto susceptible de ser cambiado
por otro. La utilidad de un objeto lo convierte en
valor de uso. El valor de cambio (o valor,
sencillamente) no es, ante todo, más que la relación o
proporción en que se cambia un determinado número

V. I. Lenin
de valores de uso de una especie por un determinado
número de valores de uso de otra especie. La
experiencia diaria nos dice que, a través de millones
y miles de millones de actos de cambio de esa clase,
se equiparan constantemente todo género de valores
de uso, aun los más diversos y menos equiparables
entre sí. ¿Qué hay de común entre todos estos
diversos objetos, qué los hace equivalentes a cada
paso, dentro de un determinado sistema de relaciones
sociales? Tienen de común el ser productos del
trabajo. Al cambiar sus productos, lo que hacen los
hombres es establecer relaciones de equivalencia
entre las más diversas clases de trabajo. La
producción de mercancías es un sistema de
relaciones sociales en que los diversos productores
crean distintos productos (división social del trabajo)
y en que todos estos productos se equiparan los unos
a los otros por medio del cambio. Por tanto, lo que
todas las mercancías tienen de común no es el trabajo
concreto de una determinada rama de producción, no
es un trabajo de un género determinado, sino el
trabajo humano abstracto, el trabajo humano en
general. En una sociedad determinada, toda la fuerza
de trabajo, representada por la suma de valores de
todas las mercancías, constituye una y la misma
fuerza humana de trabajo; así lo patentizan miles de
millones de actos de cambio. Por consiguiente, cada
mercancía por separado no representa más que una
cierta parte del tiempo de trabajo socialmente
necesario. La magnitud del valor se determina por la
cantidad de trabajo socialmente necesario o por el
tiempo de trabajo socialmente necesario para
producir determinada mercancía o determinado valor
de uso. "Al equiparar sus diversos productos
sometidos a cambio, los hombres equiparan sus
diversos trabajos como modalidades de trabajo
humano. No se dan cuenta, pero lo hacen". El valor
es, como ha dicho un viejo economista, una relación
entre dos personas. Hubiera debido simplemente
añadir: relación encubierta por una envoltura
material. Sólo partiendo del sistema de las relaciones
sociales de producción de una formación social
históricamente dada, relaciones que toman cuerpo en
el cambio, fenómeno generalizado que se repite miles
de millones de veces, cabe llegar a comprender lo
que es el valor. "Como valores, las mercancías no
son más que cantidades determinadas de tiempo de
trabajo coagulado". Después de analizar en detalle el
doble carácter del trabajo encarnado en las
mercancías, Marx pasa al análisis de la forma del
valor y del dinero. En este punto, la principal tarea
que Marx se asigna es buscar el origen de la forma
monetaria del valor, estudiar el proceso histórico de
desenvolvimiento del cambio, comenzando por las
operaciones sueltas y fortuitas de trueque ("forma
simple, suelta o casual del valor": determinada
cantidad de una mercancía es cambiada por
determinada cantidad de otra mercancía) hasta

Carlos Marx
remontarse a la forma general del valor, en que
mercancías diferentes se cambian por otra mercancía
determinada y concreta, siempre la misma, y a la
forma monetaria, en que la función de esta
mercancía, o sea, la función de equivalente general,
la ejerce ya el oro. El dinero, producto en que
culmina el desarrollo del cambio, y de la producción
de mercancías, disimula y encubre el carácter social
de los trabajos parciales, la concatenación social
existente entre los diversos productores unidos por el
mercado. Marx somete las diversas funciones del
dinero a un análisis extraordinariamente minucioso,
debiendo advertirse, pues tiene gran importancia, que
en estas páginas (como en los primeros capítulos de
El Capital) la forma abstracta de la exposición, que a
veces parece puramente deductiva, reproduce en
realidad un gigantesco arsenal de datos sobre la
historia del desarrollo del cambio y de la producción
de mercancías. "El dinero supone cierto nivel de
cambio de mercancías. Las distintas formas del
dinero -simple equivalente de mercancías, medio de
circulación, medio de pago, tesoro y dinero mundialseñalan, según el distinto alcance y la preponderancia
relativa de una de estas funciones, grados muy
distintos del proceso social de producción" (El
Capital, t. I).
La plusvalía
Al alcanzar la producción de mercancías un
determinado grado de desarrollo, el dinero se
convierte en capital. La fórmula de la circulación de
mercancías era: M (mercancía) - D (dinero) – M
(mercancía), es decir, venta de una mercancía para
comprar otra. La fórmula general del capital es, por
el contrario, D - M - D, es decir, compra para la
venta (con ganancia). El crecimiento del valor
primitivo del dinero que se lanza a la circulación es
lo que Marx llama plusvalía. Ese "acrecentamiento"
del dinero lanzado a la circulación capitalista es un
hecho conocido de todo el mundo. Y precisamente
ese "acrecentamiento" es lo que convierte el dinero
en capital, o sea, en una relación social de
producción históricamente determinada. La plusvalía
no puede provenir de la circulación de mercancías,
pues ésta sólo conoce el intercambio de equivalentes;
tampoco puede provenir de un aumento de los
precios, pues las pérdidas y las ganancias recíprocas
de vendedores y compradores se equilibrarían; se
trata de un fenómeno social medio, generalizado, y
no de un fenómeno individual. Para obtener la
plusvalía, "el poseedor de dinero necesita encontrar
en el mercado una mercancía cuyo valor de uso
posea la singular propiedad de ser fuente de valor",
una mercancía cuyo proceso de consumo sea, a la
par, proceso de creación de valor. Y esta mercancía
existe: es la fuerza del trabajo del hombre. Su uso es
el trabajo, y el trabajo crea valor. El poseedor de
dinero compra la fuerza de trabajo por su valor,

17
determinado, como el de cualquier otra mercancía,
por el tiempo de trabajo socialmente necesario para
su producción (es decir, por el coste del
mantenimiento del obrero y su familia). Una vez ha
comprado la fuerza de trabajo, el poseedor del dinero
tiene el derecho de consumirla, es decir, de obligarla
a trabajar durante un día entero, supongamos que
durante doce horas. Pero el obrero crea en seis horas
(tiempo de trabajo "necesario") un producto que
basta para su mantenimiento; durante las seis horas
restantes (tiempo de trabajo "suplementario")
engendra un "plusproducto" no retribuido por el
capitalista, que es la plusvalía. Por consiguiente,
desde el punto de vista del proceso de producción, en
el capital hay que distinguir dos partes: el capital
constante, invertido en medios de producción
(máquinas, instrumentos de trabajo, materias primas,
etc.) -y cuyo valor pasa sin cambios (de una vez o en
parte) al producto elaborado-, y el capital variable,
que es el que se invierte en pagar la fuerza de trabajo.
El valor de este capital no permanece inalterable,
sino que aumenta en el proceso del trabajo, al crear la
plusvalía. Por tanto, para expresar el grado de
explotación de la fuerza de trabajo por el capital
tenemos que comparar la plusvalía no con el capital
total, sino con el capital variable exclusivamente. La
cuota de plusvalía, que así llama Marx a esta
relación, sería, pues, en nuestro ejemplo, de 6:6, es
decir, del 100%.
Es premisa histórica para la aparición del capital,
primero, la acumulación de determinada suma de
dinero en manos de ciertas personas, con un nivel de
desarrollo relativamente alto de la producción
mercantil en general; y, segundo, la existencia de
obreros "libres" en un doble sentido -libres de todas
las trabas o restricciones puestas a la venta de la
fuerza de trabajo y libres por carecer de tierra y de
toda clase de medios de producción-, de obreros sin
hacienda alguna, de obreros "proletarios" que no
pueden subsistir más que vendiendo su fuerza de
trabajo.
Hay dos modos fundamentales de aumentar la
plusvalía: prolongando la jornada de trabajo
("plusvalía absoluta") y reduciendo el tiempo de
trabajo necesario ("plusvalía relativa"), Al analizar el
primer modo, Marx hace desfilar ante nosotros el
grandioso panorama de la lucha de la clase obrera
para reducir la jornada de trabajo y de la intervención
del poder público, primero para prolongarla (siglos
XIV-XVII) y luego para reducirla (legislación fabril
del siglo XIX). La historia del movimiento obrero en
todos los países civilizados ha proporcionado, desde
la aparición de El Capital, miles y miles de nuevos
datos que ilustran este panorama.
En su análisis de la producción de la plusvalía
relativa, Marx investiga las tres etapas históricas
fundamentales en el proceso de intensificación de la
productividad del trabajo por el capitalismo: 1) la

18
cooperación simple; 2) la división del trabajo y la
manufactura; 3) las máquinas y la gran industria. Con
qué profundidad pone Marx de relieve los rasgos
fundamentales y típicos del desarrollo del
capitalismo nos lo dice, entre otras cosas, el hecho de
que el estudio de la llamada industria de los "oficios"
rusa ha aportado abundantísimos materiales para
ilustrar las dos primeras etapas de las tres señaladas.
En cuanto a la acción revolucionadora de la gran
industria mecanizada, descrita por Marx en 1867, en
el medio siglo transcurrido desde entonces ha venido
a revelarse en toda una serie de países "nuevos"
(Rusia, el Japón, etc.).
Continuemos. Importante en el más alto grado y
nuevo en Marx es el análisis de la acumulación del
capital, es decir, de la transformación en capital de
una parte de la plusvalía y de su empleo no para
satisfacer las necesidades personales o los caprichos
del capitalista, sino para volver a producir. Marx
hace ver el error de toda la economía política clásica
anterior (desde Adam Smith) al entender que toda la
plusvalía que se convertía en capital pasaba a formar
parte del capital variable, cuando en realidad se
descompone en medios de producción más capital
variable. Tiene excepcional importancia en el
proceso de desarrollo del capitalismo y de su
transformación en socialismo el crecimiento más
rápido de la parte del capital constante (en la suma
total del capital) con relación a la parte del capital
variable.
Al acelerar el desplazamiento de los obreros por
la maquinaria, produciendo en uno de los polos
riquezas y en el otro polo miseria, la acumulación del
capital origina también el llamado "ejército de
reserva del trabajo", el "excedente relativo" de
obreros o "superpoblación capitalista", que reviste
formas extraordinariamente diversas y permite al
capital ampliar con singular rapidez la producción.
Esta posibilidad, combinada con el crédito y la
acumulación de capital en medios de producción, nos
da, entre otras cosas, la clave para comprender las
crisis de superproducción, que se suceden
periódicamente en los países capitalistas, primero
cada diez años, poco más o menos, y luego con
intervalos mayores y menos precisos. De la
acumulación del capital sobre la base del capitalismo
hay que distinguir la llamada acumulación primitiva,
cuando se desposee violentamente al trabajador de
sus medios de producción, se expulsa al campesino
de su tierra, se roban los terrenos comunales y rigen
el sistema colonial y el sistema de las deudas
públicas, de los aranceles aduaneros, proteccionistas,
etc. La "acumulación primitiva" crea en un polo el
proletario "libre", y en el polo contrario el poseedor
del dinero, el capitalista.
Marx caracteriza en los célebres términos
siguientes la "tendencia histórica de la acumulación
capitalista": "La expropiación de los productores

V. I. Lenin
directos se lleva a cabo con el más despiadado
vandalismo y con el acicate de las pasiones más
infames, más ruines y más mezquinas y odiosas. La
propiedad privada, ganada con el trabajo personal"
(del campesino y del artesano) "y que el individuo
libre ha creado identificándose en cierto modo con
los instrumentos y las condiciones de su trabajo, cede
el sitio a la propiedad privada capitalista, que
descansa en la explotación del trabajo ajeno y que no
tiene más que una apariencia de libertad... Ahora no
se trata ya de expropiar al obrero que explota él
mismo su hacienda, sino al capitalista, que explota a
muchos obreros. Esa expropiación se opera por el
juego de las leyes inmanentes de la propia
producción capitalista, por la centralización de
capitales. Un capitalista mata a muchos otros. Y a la
par con esta centralización o expropiación de muchos
capitalistas por unos cuantos, se desarrolla, en escala
cada vez mayor y más amplia, la forma cooperativa
del proceso del trabajo, se desarrolla la aplicación
consciente de la ciencia a la técnica, la explotación
sistemática del suelo, la transformación de los
medios de trabajo en unos medios que no pueden
utilizarse más que en común, las economías de todos
los medios de producción mediante su utilización
como medios de producción de un trabajo social
combinado, la incorporación de todos los pueblos a
la red del mercado mundial, y, junto a ello, el
carácter internacional del régimen capitalista. A
medida que disminuye constantemente el número de
los magnates del capital, que usurpan y monopolizan
todas las ventajas de este proceso de transformación,
aumenta en su conjunto la miseria, la opresión, la
esclavitud, la degeneración, la explotación; pero
también aumenta, al propio tiempo, la rebeldía de la
clase obrera, que es instruida, unida y organizada por
el mecanismo del propio proceso de producción
capitalista. El monopolio del capital se convierte en
grillete del modo de producción que se había
desarrollado con él y gracias a él. La centralización
de los medios de producción y la socialización del
trabajo llegan a un punto en que se hacen
incompatibles con su envoltura capitalista, que
termina por estallar. Suena la última hora de la
propiedad privada capitalista. Los expropiadores son
expropiados" (El Capital. t. I).
Otro punto extraordinariamente importante y
nuevo es el análisis que Marx hace de la
reproducción del capital social tomado en su
conjunto, en el tomo II de El Capital. También en
este caso, Marx toma un fenómeno general, y no
individual; toma toda la economía social en su
conjunto, y no una fracción de ella. Rectificando el
error de los clásicos a que nos referíamos más arriba,
Marx divide toda la producción social en dos grandes
secciones: I) producción de medios de producción y
II) producción de artículos de consumo. Y con el
apoyo de cifras, estudia detalladamente la circulación

Carlos Marx
del capital social en su conjunto, tanto en la
reproducción simple, como en la acumulación. En el
tomo III de El Capital, se resuelve, sobre la base de
la ley del valor, el problema de la formación de la
cuota media de ganancia. Es un gran progreso en la
ciencia económica el que Marx parta siempre, en sus
investigaciones, de los fenómenos económicos
generales, del conjunto de la economía social, y no
de casos sueltos o de las manifestaciones
superficiales de la competencia, a los que suele
limitarse la economía política vulgar o la moderna
"teoría de la utilidad límite"9. Marx analiza primero
el origen de la plusvalía y luego pasa ya a su
descomposición en ganancia, interés y renta del
suelo. La ganancia es la relación que guarda la
plusvalía con todo el capital invertido en una
empresa. El capital de "alta composición orgánica"
(es decir, en el que el capital constante predomina
sobre el capital variable en proporciones superiores a
la media social) da una cuota de ganancia inferior a
la media. El capital de "baja composición orgánica"
rinde una cuota de ganancia superior a la media. La
competencia entre los capitales, su paso libre de unas
ramas de producción a otras, reducen en ambos casos
a la media la cuota de ganancia. La suma de los
valores de todas las mercancías de una sociedad
determinada coincide con la suma de precios de estas
mercancías, pero en las distintas empresas y en las
distintas ramas de producción las mercancías, bajo la
presión de la competencia, no se venden por su valor,
sino por el precio de producción, que equivale al
capital invertido más la ganancia media.
Así, pues, un hecho conocido de todos e
indiscutible -que los precios difieren de los valores y
las ganancias se compensan unas con otras-, Marx lo
explica perfectamente partiendo de la ley del valor,
pues la suma de los valores de todas las mercancías
coincide con la suma de sus precios. Pero la
reducción del valor (social) a los precios
(individuales) no es una operación simple y directa,
sino que sigue un camino muy complicado: es
perfectamente lógico que en una sociedad de
productores de mercancías dispersos, ligados
únicamente por el mercado, las leyes que rigen esa
sociedad se manifiesten forzosamente a través de
resultados medios, sociales, generales, con una
compensación recíproca de las desviaciones
individuales en uno u otro sentido.
La elevación de la productividad del trabajo
significa un crecimiento más rápido del capital
constante con relación al capital variable. Pero, como
la plusvalía es función privativa de éste, se
9

Teoría de la utilidad límite fue elaborada por el
economista burgués austríaco Bohm-Bawerk en oposición
a la teoría del valor de Marx. Böhm-Bawerk determina el
valor de las mercancías en dependencia de su utilidad para
los hombres y no en dependencia de la cantidad de trabajo
socialmente necesario invertido en su producción.

19
comprende que la cuota de ganancia (o sea, la
relación que la plusvalía guarda con todo el capital, y
no con su parte variable solamente) acuse una
tendencia a la baja. Marx analiza detenidamente esta
tendencia, así como las diversas circunstancias que la
ocultan o la contrarrestan. Sin detenernos a exponer
los capítulos, extraordinariamente interesantes, del
tomo III, que tratan del capital usurario, comercial y
en dinero, pasamos a lo esencial, a la teoría de la
renta del suelo. Teniendo en cuenta que la superficie
del suelo está limitada, puesto que en los países
capitalistas lo ocupan enteramente propiedades
particulares, el coste de los productos de la tierra no
lo determinan los gastos de producción en los
terrenos de calidad media, sino en los de calidad
inferior; no lo determinan las condiciones medias en
que el producto se lleva al mercado, sino las
condiciones peores. La diferencia existente entre este
precio y el precio de producción en terrenos mejores
(o en condiciones mejores) constituye la renta
diferencial. Marx analiza en detalle la renta
diferencial, demostrando que proviene de la
diferencia de fertilidad de los distintos campos, de la
diferencia de los capitales invertidos en el cultivo,
poniendo totalmente de relieve (véase también las
Teorías de la plusvalía, donde merece especial
atención la crítica de Rodbertus) el error de Ricardo,
de que la renta diferencial no se obtiene más que por
el paso sucesivo de terrenos mejores a otros de
calidad inferior. Por el contrario, se dan también
casos inversos: los terrenos de una clase determinada
se transforman en tierras de otra clase (gracias a los
progresos de la técnica agrícola, a la expansión de las
ciudades, etc.), y la decantada "ley del rendimiento
decreciente del suelo" es un profundo error, que
carga sobre la naturaleza los defectos, las
limitaciones y las contradicciones del capitalismo.
Además, la igualdad de ganancias en todas las ramas
de la industria y de la economía nacional en general,
supone completa libertad de competencia, la libertad
de transferir los capitales de una rama de la
producción a otra. Pero la propiedad privada del
suelo crea un monopolio, que es un obstáculo para
esa transferencia libre. En virtud de este monopolio,
los productos de una agricultura que se distingue por
una
baja
composición
del
capital
y,
consiguientemente, da una cuota de ganancia
individual más alta, no entran en el juego totalmente
libre de igualación de las cuotas de ganancia. El
propietario agrícola puede, en calidad de
monopolista, mantener sus precios por encima del
medio; este precio de monopolio origina la renta
absoluta. La renta diferencial no puede ser abolida
dentro del capitalismo; en cambio, la renta absoluta
puede serlo, por ejemplo, con la nacionalización de
la tierra, cuando ésta se hace propiedad del Estado.
Esta medida significaría el quebrantamiento del
monopolio de los propietarios agrícolas, una

20
aplicación más consecuente y más completa de la
libertad de competencia en la agricultura. Por eso,
advierte Marx, los burgueses radicales han formulado
repetidas veces a lo largo de la historia esta
reivindicación
burguesa
progresiva
de
nacionalización de la tierra, que, sin embargo, asusta
a la mayoría de los burgueses, porque "toca"
demasiado cerca a otro monopolio mucho más
importante y "sensible" en nuestros días: el
monopolio de los medios de producción en general.
(Marx expone en un lenguaje extraordinariamente
popular, conciso y claro su teoría de la ganancia
media sobre el capital y de la renta absoluta del
suelo, en su carta a Engels del 2 de agosto de 1862.
Véase Correspondencia, t. III, págs. 77-81. Véase
también, en la misma obra, págs. 86-87, la carta del 9
de agosto de 1862.) En la historia de la renta del
suelo es también importante señalar el análisis en que
Marx demuestra la transformación de la renta de
trabajo (cuando el campesino crea el plusproducto
trabajando en la tierra del amo) en renta natural o
renta en especie (cuando el campesino crea el
plusproducto en su propia tierra, entregándolo luego
al amo por el imperio de la "coerción
extraeconómica), después en renta en dinero (que es
la misma renta en especie, sólo que redimida a
metálico, el "obrok" de la antigua Rusia, en virtud del
desarrollo de la producción de mercancías) y, por
último, en renta capitalista, en que el campesino deja
el puesto al patrono, que cultiva la tierra con ayuda
del trabajo asalariado. En relación con este análisis
de la "génesis de la renta capitalista del suelo", hay
que señalar una serie de profundas ideas de Marx (de
particular importancia para los países atrasados como
Rusia) acerca de la evolución del capitalismo en la
agricultura. "La transformación de la renta natural en
renta en dinero no sólo es acompañada
invariablemente por la formación de la clase de
jornaleros pobres, que se contratan por dinero: ésta la
precede incluso. En el curso del período de su
formación, cuando esta nueva clase aparece sólo
esporádicamente, entre los campesinos más
acomodados, obligados a pagar el censo, va
extendiéndose, como es lógico, la costumbre de
explotar por su cuenta a obreros asalariados rurales,
del mismo modo que ya bajo el feudalismo los
siervos de la gleba acomodados tenían a su vez
siervos a su servicio. De esta manera, se va formando
en ellos, poco a poco, la posibilidad de acumular
cierta fortuna y de transformarse en futuros
capitalistas. Entre los cultivadores antiguos de tierra
propia surge de ese modo un foco de arrendatarios
capitalistas, cuyo desarrollo depende del desarrollo
general de la producción capitalista fuera de la
agricultura". (El Capital, t. III, pág. 332)... "La
expropiación y la expulsión de la aldea de una parte
de la población campesina, no sólo "liberan" para el
capital industrial a los obreros, sus medios de vida y

V. I. Lenin
sus instrumentos de trabajo, sino que le crean
también el mercado interior" (El Capital, t. I, pág.
778). La depauperación y la ruina de la población
campesina influyen, a su vez, en la formación del
ejército de reserva del trabajo para el capital. En todo
país capitalista, "una parte de la población campesina
se encuentra constantemente en trance de
transformarse en población urbana o manufacturera
(es decir, no agrícola). Esta fuente de superpoblación
relativa corre sin cesar... El obrero del campo se ve,
por consiguiente, reducido al salario mínimo y tiene
siempre un pie en el pantano del pauperismo" (El
Capital, t. I, pág. 668). La propiedad privada del
campesino sobre la tierra que cultiva es la base de la
pequeña producción y la condición de su
florecimiento y su desarrollo en la forma clásica.
Pero esa pequeña producción sólo es compatible con
un marco estrecho, primitivo, de la producción y de
la sociedad. Bajo el capitalismo, "la explotación de
los campesinos se distingue de la explotación del
proletariado industrial sólo por la forma. El
explotador es el mismo: el capital. Indudablemente,
los capitalistas explotan a los campesinos por medio
de la hipoteca y de la usura; la clase capitalista
explota a la clase campesina por medio de los
impuestos del Estado" (Las luchas de clases en
Francia). "La parcela del campesino sólo es ya el
pretexto que permite al capitalista sacar de la tierra
ganancia, intereses y renta, dejando al agricultor que
se las arregle para sacar como pueda su salario" (El
18 Brumario). Ordinariamente, el campesino cede
incluso a la sociedad capitalista, es decir, a la clase
capitalista, una parte de su salario, descendiendo "al
nivel del colono irlandés, y todo bajo el aspecto de
propietario privado" (Las luchas de clases en
Francia). ¿Cuál es "una de las causas de que en
países donde predomina la propiedad parcelaria, el
precio del trigo esté más bajo que en los países donde
hay modo capitalista de producción"? (El Capital, t.
III, pág. 340). La causa es que el campesino entrega
gratuitamente a la sociedad (es decir, a la clase
capitalista) una parte del plusproducto. "Estos bajos
precios (del trigo y de los demás productos agrícolas)
son, por tanto, consecuencia de la pobreza de los
productores y en ningún caso resultado de la
productividad de su trabajo" (El Capital, t. III, pág.
340). Con el capitalismo, la pequeña propiedad
agraria, forma normal de la pequeña producción, se
va degradando, es destruida y desaparece. "La
propiedad parcelaria es, por naturaleza, incompatible
con el desarrollo de las fuerzas productivas sociales
del trabajo, con las formas sociales del trabajo, con la
concentración social de los capitales, con la
ganadería en gran escala y con la utilización
progresiva de la ciencia. La usura y el sistema fiscal
tienen necesariamente que arruinarla en todas partes.
El capital invertido en la compra de la tierra es
capital sustraído al cultivo. Dispersión infinita de los

Carlos Marx
medios de producción y diseminación de los
productores mismos". (Las cooperativas, es decir, las
asociaciones de pequeños campesinos, cumplen un
extraordinario papel progresivo burgués, pero no
pueden sino atenuar esta tendencia, sin llegar a
suprimirla; además, no debe olvidarse que estas
cooperativas muy convenientes para los campesinos
acomodados, dan muy poco, casi nada, a la masa de
los campesinos pobres, y que esas asociaciones
terminan por explotar ellas mismas el trabajo
asalariado). "Inmenso derroche de energía humana.
El empeoramiento progresivo de las condiciones de
producción y el encarecimiento de los medios de
producción son ley de la propiedad parcelaria". En la
agricultura, lo mismo que en la industria, la
transformación capitalista del régimen de producción
se produce al precio del "martirologio de los
productores". "La diseminación de los obreros del
campo en grandes extensiones quebranta su fuerza de
resistencia, mientras que la concentración de los
obreros de la ciudad la aumenta. Lo mismo que en la
industria moderna, en la agricultura moderna,
capitalista, el aumento de la fuerza productiva del
trabajo y su mayor movilidad se consiguen a costa de
destruir y agotar la propia fuerza de trabajo. Fuera de
ello, todo progreso de la agricultura capitalista no es
sólo un progreso del arte de esquilmar al obrero, sino
también del arte de esquilmar el suelo... Por lo tanto,
la producción capitalista no desarrolla la técnica y la
combinación del proceso social de producción más
que socavando a la vez las fuentes de toda riqueza: la
tierra y el obrero" (El Capital, t. I, final del capítulo
13).
El socialismo
Por lo expuesto, se ve cómo Marx llega a la
conclusión de que es inevitable la transformación de
la sociedad capitalista en socialista, apoyándose
única y exclusivamente en la ley económica del
movimiento de la sociedad moderna. La
socialización del trabajo, que avanza cada vez más de
prisa bajo miles de formas, y que en el medio siglo
transcurrido desde la muerte de Marx se manifiesta
de un modo muy tangible en el incremento de la gran
producción, de los cartels, los sindicatos y los trusts
capitalistas, y en el gigantesco crecimiento del
volumen y la potencia del capital financiero, es la
base material más importante del ineluctable
advenimiento del socialismo. El motor intelectual y
moral, el agente físico de esta transformación es el
proletariado, educado por el propio capitalismo. Su
lucha con la burguesía, que se manifiesta en las
formas más diversas y cada vez más ricas de
contenido, llega a convertirse inevitablemente en
lucha política para la conquista del poder político por
el proletariado ("dictadura del proletariado"). La
socialización de la producción no puede por menos
de conducir a la conversión de los medios de

21
producción en propiedad social, a la "expropiación de
los expropiadores". La elevación gigantesca de la
productividad del trabajo, la reducción de la jornada
de trabajo y la sustitución de los vestigios, de las
ruinas de la pequeña explotación, primitiva y
diseminada, por el trabajo colectivo perfeccionado
son las consecuencias directas de esa conversión. El
capitalismo rompe definitivamente los vínculos de la
agricultura con la industria, pero, al mismo tiempo,
con la culminación de su desarrollo, prepara nuevos
elementos de esos vínculos, de la unión de la
industria con la agricultura, sobre la base de la
aplicación consciente de la ciencia y de la
combinación del trabajo colectivo y de un nuevo
reparto territorial de la población (poniendo fin al
abandono del campo, a su aislamiento del mundo y al
atraso de la población campesina, así como a la
antinatural aglomeración de masas gigantescas en las
grandes ciudades). Las formas superiores del
capitalismo moderno preparan una nueva forma de
familia, nuevas condiciones para la mujer y para la
educación de las nuevas generaciones: el trabajo de
la mujer y del niño y la disgregación de la familia
patriarcal por el capitalismo revisten inevitablemente
en la sociedad moderna las formas más horribles,
más miserables y más repulsivas. No obstante, "la
gran industria, al asignar a la mujer, a los jóvenes y a
los niños de ambos sexos un papel decisivo en el
proceso socialmente organizado de producción, al
margen de la esfera doméstica, crea la base
económica para una forma más alta de familia y de
relaciones entre ambos sexos. Sería igualmente
absurdo, se comprende, ver el tipo absoluto de la
familia en la forma cristiano-germánica o en las
antiguas formas romana y griega o la oriental, que,
por lo demás, constituyen en su conjunto una sola
línea de desarrollo histórico. Evidentemente, la
combinación del personal obrero formado por
individuos de ambos sexos y de todas las edades -que
en su forma primaria, brutal, capitalista, en que el
obrero existe para el proceso de producción y no el
proceso de producción para el obrero, es una fuente
pestilente de ruina y esclavitud-, en condiciones
adecuadas debe convertirse inevitablemente, al
contrario, en fuente del progreso humano" (El
Capital, t. I, final del capítulo 13). El sistema fabril
nos muestra "el germen de la educación de épocas
futuras, en que para todos los niños, a partir de cierta
edad, se unirá el trabajo productivo a la enseñanza y
a la gimnasia, no sólo como método para el aumento
de la producción social, sino como el único método
capaz de producir hombres desarrollados en todos los
aspectos" (lugar citado). Sobre esa misma base
histórica plantea el socialismo de Marx los
problemas de la nacionalidad y del Estado, no
limitándose a explicar el pasado, sino en el sentido de
prever sin temor el porvenir y de una atrevida
actuación práctica para su realización. Las naciones

V. I. Lenin

22
son un producto inevitable y una forma inevitable de
la época burguesa de desarrollo de la sociedad. Y la
clase obrera no podía fortalecerse, madurar y
formarse, sin "organizarse en los límites de la
nación", sin ser "nacional" ("aunque de ninguna
manera en el sentido burgués"). Pero el
desenvolvimiento del capitalismo va destruyendo
cada vez más barreras nacionales, acaba con el
aislamiento nacional y sustituye los antagonismos
nacionales por antagonismos de clase. Por eso, es una
verdad innegable que en los países de capitalismo
avanzado "los obreros no tienen patria" y que la
"acción común" de los obreros, al menos en los
países civilizados, "es una de las primeras
condiciones de su emancipación" (Manifiesto
Comunista). El Estado, la violencia organizada,
surgió como algo inevitable en una determinada fase
de desenvolvimiento de la sociedad, cuando ésta,
dividida en clases irreconciliables, no hubiera podido
seguir existiendo sin un "poder" colocado
aparentemente por encima de ella y diferenciado,
hasta cierto punto, de ella. El Estado, fruto de los
antagonismos de clase, se convierte en un "Estado de
la clase más poderosa, de la clase económicamente
dominante, que, con ayuda de él, se convierte
también en la clase políticamente dominante,
adquiriendo con ello nuevos medios para la represión
y la explotación de la clase oprimida. Así, el Estado
antiguo era, ante todo, el Estado de los esclavistas
para tener sometidos a los esclavos; el Estado feudal
era el órgano de que se valía la nobleza para tener
sujetos a los campesinos siervos, y el moderno
Estado representativo es el instrumento de que se
sirve el capital para explotar el trabajo asalariado"
(Engels, El origen de la familia, la propiedad
privada y el Estado, obra en que el autor expone sus
ideas y las de Marx). Incluso la forma más libre y
más progresiva del Estado burgués, la república
democrática, no elimina, ni mucho menos, este
hecho; lo único que hace es variar su forma (vínculos
del gobierno con la Bolsa, corrupción -directa e
indirecta- de los funcionarios y de la prensa, etc.). El
socialismo, que conduce a la supresión de las clases,
conduce de este modo a la abolición del Estado. "El
primer acto -escribe Engels en su Anti-Dühring- en
que el Estado actúa efectivamente como
representante de toda la sociedad -la expropiación de
los medios de producción en nombre de toda la
sociedad- es a la par su último acto independiente
como Estado. La intervención del poder del Estado
en las relaciones sociales se hará superflua en un
campo tras otro de la vida social y se adormecerá por
sí misma. El gobierno de las personas es sustituido
por la administración de las cosas y la dirección del
proceso de producción. El Estado no será "abolido, se
extinguirá". "La sociedad, reorganizando de un modo
nuevo la producción sobre la base de una asociación
libre de productores iguales, enviará toda la máquina

del Estado al lugar que entonces le ha de
corresponder: al museo de las antigüedades, junto a
la rueca y al hacha de bronce" (Engels. El origen de
la familia, la propiedad privada y el Estado).
Finalmente, en lo que se refiere a la actitud que el
socialismo de Marx adopta con respecto a los
pequeños campesinos, que subsistirán en la época de
la expropiación de los expropiadores, es necesario
señalar un pasaje de Engels, en que se recogen las
ideas de Marx: "Cuando estemos en posesión del
poder del Estado, no podremos pensar en expropiar
violentamente a los pequeños campesinos (sea con
indemnización o sin ella) como nos veremos
obligados a hacerlo con los grandes terratenientes.
Nuestra misión respecto a los pequeños campesinos
consistirá ante todo en encauzar su producción
individual y su propiedad privada hacia un régimen
cooperativo, no por la fuerza, sino por el ejemplo, y
brindando la ayuda social para este fin. Y aquí
tendremos, ciertamente, medios sobrados para
presentar al pequeño campesino la perspectiva de
ventajas que ya hoy tienen que serle mostradas"
(Engels. El problema campesino en Francia y en
Alemania, ed. Alexéieva, pág. 17; la trad. rusa
contiene errores. Véase el original en Die -eue
Zeit10).
La táctica de la lucha de clase del proletariado
Después de poner al descubierto, ya en 18441845, uno de los defectos fundamentales del antiguo
materialismo, consistente en que no comprendía las
condiciones ni apreciaba la importancia de la acción
revolucionaría práctica, Marx consagra durante toda
su vida, paralelamente a los problemas teóricos, una
intensa atención a las cuestiones de táctica de la
lucha de clase del proletariado. Todas las obras de
Marx, y en particular los cuatro volúmenes de su
correspondencia con Engels, publicados en 1913, nos
ofrecen a este respecto una documentación
valiosísima. Esta correspondencia está todavía muy
lejos de haber sido debidamente clasificada,
sistematizada, estudiada y ordenada. Por eso, hemos
de limitarnos forzosamente aquí a las observaciones
más generales y más breves, subrayando que, para
10

"Die -eue Zeit" ("Tiempos Nuevos"): revista teórica de
la socialdemocracia alemana; se editó en Stuttgart de 1883
a 1923. Hasta 1917 fue redactada por C. Kautsky, y
después por G. Cunow. De 1885 a 1895 publicó Die -eue
Zeit varios artículos de C. Marx y F. Engels. Este aconsejó
constantemente a la Redacción de la revista y la criticó con
todo rigor por sus desviaciones del marxismo. La revista
publicó también artículos de F. Mehring, P. Lafargue y
otros dirigentes del movimiento obrero internacional. A
partir de la segunda mitad de la década del 90, después de
la muerte de F. Engels, la revista se convirtió en portavoz
de las ideas oportunistas, insertando periódicamente
artículos de los revisionistas. Durante la primera guerra
mundial (1914-1918) ocupó una posición centrista,
apoyando, de hecho, a los socialchovinistas.

23

Carlos Marx
Marx, el materialismo despojado de este aspecto era,
y con razón, un materialismo a medias, unilateral, sin
vida. Marx determinó la tarea esencial de la táctica
del proletariado en su rigurosa correspondencia con
todas las premisas de su concepción materialista y
dialéctica
del
mundo.
Sólo
considerando
objetivamente el conjunto de las relaciones mutuas
de todas las clases, sin excepción, que forman una
sociedad dada, y considerando, por tanto, el grado
objetivo de desarrollo de esta sociedad y sus
relaciones con otras sociedades, podemos tener una
base que nos permita trazar la táctica acertada de la
clase de vanguardia. A este respecto, todas las clases
y todos los países no son estudiados de un modo
estático, sino dinámico, es decir, no en estado de
inmovilidad, sino en movimiento (movimiento cuyas
leyes emanan de las condiciones económicas de vida
de cada clase). El movimiento es a su vez enfocado
no solamente desde el punto de vista del pasado, sino
también del porvenir, y, además, no con el criterio
vulgar de los "evolucionistas", que no perciben más
que cambios lentos, sino dialécticamente: "En los
grandes procesos históricos, veinte años son igual a
un día -escribía Marx a Engels-, si bien luego pueden
venir días en que se condensen veinte años"
(Correspondencia, t. III, pág. 127)11. La táctica del
proletariado debe tener en cuenta, en cada grado de
su desarrollo, en cada momento, esta dialéctica
objetivamente inevitable de la historia humana; de
una parte, utilizando las épocas de estancamiento
político o de la llamada evolución "pacífica", que
marcha a paso de tortuga, para desarrollar la
conciencia, la fuerza y la capacidad combativa de la
clase avanzada; y de otra parte, encauzando toda esta
labor de utilización hacia la "meta final" del
movimiento de esta clase, capacitándola para
resolver prácticamente las grandes tareas al llegar los
grandes días "en que se condensen veinte años". Dos
consideraciones de Marx tienen en este punto
particular importancia: una, de la Miseria de la
Filosofía, se refiere a la lucha económica y a las
organizaciones económicas del proletariado; la otra
pertenece al Manifiesto Comunista y se refiere a sus
tareas políticas. El primer pasaje dice así: "La gran
industria concentra en un solo lugar una multitud de
personas, desconocidas las unas de las otras. La
competencia divide sus intereses. Pero la defensa de
los salarios, este interés común frente a su patrono,
los une en una idea común de resistencia, de
coalición... Las coaliciones, al principio aisladas, se
constituyen en grupos y, enfrente del capital siempre
unido, el mantener la asociación viene a ser para
ellos más importante que la defensa de los salarios...
En esta lucha -verdadera guerra civil- se van uniendo
y desarrollando todos los elementos necesarios para
11

Véase la carta de C. Marx a F. Engels del 9 de abril de
1863.

la batalla futura. Al llegar a este punto, la coalición
adquiere un carácter político". Ante nosotros tenemos
el programa y la táctica de la lucha económica y del
movimiento sindical de varios decenios, de toda la
larga época durante la cual el proletariado prepara
sus fuerzas "para la batalla futura". Hace falta
comparar esto con los numerosos ejemplos de Marx
y Engels, sacados del movimiento obrero inglés, de
cómo la "prosperidad" industrial suscita tentativas de
"comprar a los obreros" (Correspondencia con
Engels, I, 136)12 y de apartarlos de la lucha; de cómo
esta prosperidad en general "desmoraliza a los
obreros" (II, 218); de cómo el proletariado inglés "se
aburguesa"; de cómo "la nación más burguesa de
todas" (Inglaterra) "parece que quisiera llegar a tener
junto a la burguesía una aristocracia burguesa y un
proletariado burgués (II, 290)13; de cómo desaparece
en él la "energía revolucionaria" (III, 124); de cómo
habrá que esperar más o menos tiempo hasta que "los
obreros ingleses se desembaracen de su aparente
contaminación burguesa" (III, 127); de cómo al
movimiento obrero inglés le falta "el ardor de los
cartistas" (1886; III, 305)14; de cómo los líderes de
los obreros ingleses se transforman en un tipo
intermedio "entre el burgués radical y el obrero"
(dicho refiriéndose a Holyoake, IV, 209); de cómo,
en virtud del monopolio de Inglaterra y mientras ese
monopolio subsista, "no habrá nada que hacer con el
obrero inglés" (IV, 433)15. La táctica de la lucha
económica en relación con la marcha general (y con
el resultado) del movimiento obrero, se examina aquí
desde un punto de vista admirablemente amplio,
universal, dialéctico, verdaderamente revolucionario.
El Manifiesto Comunista establece el siguiente
principio del marxismo, como postulado de táctica de
la lucha política: "Los comunistas luchan por
alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la
clase obrera; pero, al mismo tiempo, defienden
también, dentro del movimiento actual, el porvenir
de este movimiento". Por eso, Marx apoyó en 1848,
en Polonia, al partido de la "revolución agraria", "el
partido que hizo en 1846 la insurrección de
Cracovia". En Alemania, Marx apoyó en 1848 y
1849 a la democracia revolucionaria extrema, sin que
jamás se retractara de lo que entonces dijo sobre
táctica. Para él, la burguesía alemana era un elemento
"inclinado desde el primer instante a traicionar al
pueblo" (sólo la alianza con los campesinos hubiera
puesto a la burguesía en condiciones de alcanzar
12

Véase la carta de F. Engels a C. Marx del 5 de febrero
de 1851.
13
Véanse las cartas de F. Engels a C. Marx del 17 de
diciembre de 1857 y del 7 de octubre de 1858.
14
Véanse la carta de F. Engels a C. Marx del 8 de abril de
1863, así como las cartas de C. Marx a F. Engels del 9 de
abril de 1863 y del 2 de abril de 1866.
15
Véanse las cartas de F. Engels a C. Marx del 19 de
noviembre de 1869 y del 11 de julio de 1881.

V. I. Lenin

24
enteramente sus objetivos) "y a pactar un
compromiso con los representantes coronados de la
vieja sociedad". He aquí el análisis final de Marx
acerca de la posición de clase de la burguesía
alemana en la época de la revolución democráticoburguesa. Este análisis es, entre otras cosas, un
modelo del materialismo que considera a la sociedad
en movimiento y, por cierto, no toma solamente el
lado del movimiento que mira hacia atrás:... "sin fe
en sí misma y sin fe en el pueblo; gruñendo contra
los de arriba y temblando ante los de abajo;...
empavorecida ante la tormenta mundial; jamás con
energía y siempre con plagio;... sin iniciativa;... un
viejo maldito condenado, en su propio interés senil, a
guiar los primeros impulsos juveniles de un pueblo
robusto"... (-ueva Gaceta del Rin, 1848, véase
Herencia literaria, t. III, pág. 212)16. Unos veinte
años más tarde, Marx decía en una carta a Engels
(III, 224) que la causa del fracaso de la revolución de
1848 fue que la burguesía había preferido la paz en la
esclavitud a la sola perspectiva de lucha por la
libertad. Al terminar la época revolucionaria de
1848-1849, se levantó contra los que se obstinaban
en seguir jugando a la revolución (lucha contra
Schapper y Willich), sosteniendo que era necesario
saber trabajar en la época nueva, en la fase que iba a
preparar, bajo una "paz" aparente, nuevas
revoluciones. La siguiente apreciación de la situación
de Alemania en los tiempos de la más negra reacción,
en el año 1856, muestra en qué sentido pedía Marx
que se encauzase esta labor: "En Alemania todo
dependerá de la posibilidad de respaldar la
revolución proletaria con alguna segunda edición de
la guerra campesina" (Correspondencia con Engels,
II, 108)17. Mientras en Alemania no estuvo terminada
la revolución democrática (burguesa), Marx
concentró toda la atención, en lo que se refiere a la
táctica del proletariado socialista, en impulsar la
energía democrática de los campesinos. Opinaba que
la actitud de Lassalle era, "objetivamente, una
traición al movimiento obrero en beneficio de Prusia"
(III, 210), entre otras cosas porque se mostraba
demasiado complaciente con los terratenientes y el
nacionalismo prusiano. "En un país agrario -escribía
Engels en 1865, en un cambio de impresiones con
Marx a propósito de una proyectada declaración
común para la prensa-, es una bajeza alzarse
exclusivamente contra la burguesía en nombre del
proletariado industrial, sin mencionar para nada la
patriarcal "explotación del palo” a que los obreros
rurales se ven sometidos por la nobleza feudal" (III,
217)18. En el período de 1864 a 1870, cuando tocaba
16

Véase C. Marx. La burguesía y la contrarrevolución,
artículo segundo.
17
Véase la carta de C. Marx a F. Engels del 16 abril de
1856.
18
Véanse las cartas de F. Engels a C. Marx del 27 de
enero y del 5 de febrero de 1865.

a su fin la época culminante de la revolución
democrático-burguesa en Alemania cuando las clases
explotadoras de Prusia y Austria disputaban en torno
a los medios para terminar esta revolución desde
arriba, Marx no se limitó a condenar a Lassalle, por
sus coqueterías con Bismarck, sino que corrigió a
Liebknecht, que había caído en la "austrofilia" y
defendía el particularismo. Marx exigía una táctica
revolucionaria que combatiese tan implacablemente a
Bismarck como a los austrófilos, una táctica que no
se acomodara al "vencedor", el junker prusiano, sino
que reanudase sin demora la lucha revolucionaria
contra él, incluso en el terreno creado por las
victorias militares de Prusia (Correspondencia con
Engels, III, 134, 136, 147, 179, 204, 210, 215, 418,
437, 440-441)19. En el famoso mensaje de la
Internacional del 9 de septiembre de 1870, Marx
ponía en guardia al proletariado francés contra un
alzamiento prematuro; pero cuando, a pesar de todo,
éste se produjo (1871), aclamó con entusiasmo la
iniciativa revolucionaria de las masas "que toman el
cielo por asalto" (carta de Marx a Kugelmann). En
esta situación, como en muchas otras, la derrota de la
acción revolucionaria era, desde el punto de vista del
materialismo dialéctico en que se situaba Marx, un
mal menor en la marcha general y en el resultado de
la lucha proletaria, que el que hubiera sido el
abandono de las posiciones ya conquistadas, la
capitulación sin lucha: esta capitulación hubiera
desmoralizado al proletariado y mermado su
combatividad. Marx. que apreciaba en todo su valor
el empleo de los medios legales de lucha en las
épocas de estancamiento político y de dominio de la
legalidad burguesa, condenó ásperamente, en 1877 y
1878, después de promulgarse la Ley de excepción
contra los socialistas20, las "frases revolucionarias"
19

Véanse las cartas de F. Engels a C. Marx del 11 de junio
y del 24 de noviembre de 1863, del 4 de septiembre de
1864, del 27 de enero de 1865 y del 6 de diciembre de
1867; así como las cartas de C. Marx a F. Engels del 12 de
junio de 1863, del 10 de diciembre de 1864, del 3 de
febrero de 1865 y del 17 de diciembre de 1867.
20
La Ley de excepción contra los socialistas fue
promulgada en Alemania por el gobierno Bismarck en
1878 para luchar contra el movimiento obrero y socialista.
La ley prohibía todas las organizaciones del Partido
Socialdemócrata, las organizaciones obreras de masas y la
prensa obrera. Fueron confiscadas las publicaciones
socialistas y se persiguió y expulsó a los socialdemócratas.
Sin embargo, las represiones no quebrantaron al Partido
Socialdemócrata, que supo reorganizar sus actividades
adaptándose a las condiciones de la clandestinidad:
empezó a editarse en el extranjero el periódico SotsialDemokrat, Órgano Central del partido; se reunían
sistemáticamente (en 1880, 1883 y 1887) los Congresos
del partido; en la ilegalidad resurgieron con rapidez en
Alemania grupos y organizaciones socialdemócratas
encabezados por el Comité Central clandestino. A la vez,
el partido aprovechó ampliamente todas las posibilidades

Carlos Marx
de un Most; pero combatió con la misma energía,
acaso con más, el oportunismo que por entonces se
había adueñado temporalmente del Partido
Socialdemócrata oficial, que no había sabido dar
inmediatas pruebas de firmeza, tenacidad, espíritu
revolucionario y disposición a pasar a la lucha ilegal
en respuesta a la Ley de excepción (Cartas de Marx
a Engels, IV, 397, 404, 418. 422, 42421. Véanse
también las cartas a Sorge).
Escrito en julio-noviembre de 1914. Publicado
por primera vez en forma abreviada, con la firma de
V. Ilin, en 1915, en el tomo 28 del Diccionario
Enciclopédico Granat, 7a edición.
V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso, t. 26, págs. 4393.

legales para fortalecer sus lazos con las masas. Su
influencia aumentó sin cesar. En las elecciones al
Reichstag en 1890, los votos obtenidos por los
socialdemócratas se triplicaron con creces en comparación
con el año 1878.
C. Marx y F. Engels prestaron una enorme ayuda a los
socialdemócratas alemanes. En 1890, bajo la presión del
creciente movimiento obrero de masas, fue derogada la
Ley de excepción contra los socialistas.
21
Véanse las cartas de C. Marx a F. Engels del 23 de julio
y del 1 de agosto de 1877 y del 10 de septiembre de 1879,
así como las cartas de F. Engels a C. Marx del 20 de
agosto y del 9 de septiembre de 1879.-52.

25

FEDERICO E1GELS

¡Qué lumbrera intelectual se ha apagado!
¡Qué gran corazón ha dejado de latir!22
El 5 de agosto de 1895 falleció en Londres
Federico Engels. Después de su amigo Carlos Marx
(fallecido en 1883), Engels fue el más notable sabio y
maestro del proletariado contemporáneo de todo el
mundo civilizado. Desde que el destino relacionó a
Carlos Marx con Federico Engels, la obra a la que
ambos amigos consagraron su vida se convirtió en
una obra común. Y así, para comprender lo que
Federico Engels ha hecho por el proletariado, es
necesario comprender claramente la importancia de
la doctrina y actividad de Marx en pro del desarrollo
del movimiento obrero contemporáneo. Marx y
Engels fueron los primeros en demostrar que la clase
obrera con sus reivindicaciones surge necesariamente
del sistema económico actual, que, con la burguesía,
crea inevitablemente y organiza al proletariado.
Demostraron que la humanidad se verá liberada de
las calamidades que la azotan no por los esfuerzos
bien intencionados de algunas que otras nobles
personalidades, sino por medio de la lucha de clase
del proletariado organizado. Marx y Engels fueron
los primeros en dejar sentado en sus obras científicas
que el socialismo no es una invención de soñadores,
sino la meta final y el resultado inevitable del
desarrollo de las fuerzas productivas dentro de la
sociedad contemporánea. Toda la historia escrita
hasta ahora es la historia de la lucha de clases, la
sucesión en el dominio y en las victorias de unas
clases sociales sobre otras. Y esto ha de continuar
hasta que no desaparezcan las bases de la lucha de
clases y del dominio de clase: la propiedad privada y
la producción social caótica. Los intereses del
proletariado exigen que estas bases sean destruidas,
por lo que la lucha de clases consciente de los
obreros organizados debe ser dirigida contra ellas. Y
toda lucha de clases es una lucha política.
Estos conceptos de Marx y de Engels los ha hecho
suyos en nuestros días todo el proletariado en lucha
por su emancipación. Pero cuando los dos amigos, en
la década del 40, participaban en la literatura
socialista y en los movimientos sociales de aquel
tiempo, estos puntos de vista eran completamente
22

Las líneas que figuran como epígrafe al artículo
Federico Engels fueron tomadas por Lenin de la poesía de
N. Nekrásov En memoria de Dobroliúbov.

nuevos. A la sazón había muchos hombres con
talento y otros sin talento, muchos honrados y otros
deshonestos, que, en el ardor de la lucha por la
libertad política, en la lucha contra la autocracia de
los monarcas, de la policía y del clero, no percibían
el antagonismo existente entre los intereses de la
burguesía y los del proletariado. Estos hombres ni
siquiera admitían la idea de que los obreros actuasen
como una fuerza social independiente. Por otra parte,
ha habido mucho soñadores, algunas veces geniales,
que creían que bastaba tan sólo convencer a los
gobernantes y a las clases dominantes de la injusticia
del régimen social existente para que resultara fácil
implantar en el mundo la paz y el bienestar general.
Soñaban con un socialismo que triunfara sin lucha.
Finalmente, casi todos los socialistas de aquella
época y, en general, los amigos de la clase obrera no
veían en el proletariado más que una llaga y
contemplaban con horror cómo, a la par que crecía la
industria, crecía también esta llaga. Por eso todos
ellos pensaban en el modo de detener el desarrollo de
la industria y del proletariado, de parar "el carro de la
historia". Contrariamente al temor general ante el
desarrollo del proletariado, Marx y Engels cifraban
todas sus esperanzas en el continuo crecimiento
numérico de éste. Cuantos más proletarios haya tanto
mayor será su fuerza como clase revolucionaria y
tanto más próximo y posible será el socialismo. De
expresar en pocas palabras los méritos de Marx y
Engels ante la clase obrera, podría decirse que
enseñaron a la clase obrera a tener conocimiento y
conciencia de sí misma y sustituyeron los ensueños
por la ciencia.
He aquí por qué el nombre y la vida de Engels
deben ser conocidos de todo obrero; he aquí el
motivo de que insertemos en nuestra recopilación,
que, como todo lo que editamos, tiene por objeto
despertar la conciencia de clase de los obreros rusos,
un esbozo sobre la vida y la actividad de Federico
Engels, uno de los dos grandes maestros del
proletariado contemporáneo.
Engels nació en 1820, en la ciudad de Barmen,
provincia renana del reino de Prusia. Su padre era
fabricante. En 1838, Engels, por motivos familiares,
se vio obligado, antes de terminar el liceo, a
colocarse como dependiente en una casa de comercio
de Bremen. Este trabajo no le impidió ocuparse de su

Federico Engels
capacitación científica y política. Siendo todavía
alumno del liceo, Engels llegó a odiar la autocracia y
la arbitrariedad de los funcionarios gubernamentales.
El estudio de la Filosofía le llevó aún más lejos. En
aquella época, en la filosofía alemana predominaba la
doctrina de Hegel, de la que Engels se hizo
partidario. A pesar de que el propio Hegel era
admirador del Estado autocrático prusiano, a cuyo
servicio se hallaba en calidad de profesor de la
Universidad de Berlín, la doctrina de Hegel era
revolucionaria. La fe de Hegel en la razón humana y
en los derechos de ésta y la tesis fundamental de la
filosofía hegeliana, según la cual en el mundo
transcurre un proceso constante de cambio y
desarrollo, indujeron a los discípulos del profesor
berlinés, que no querían resignarse a la realidad, a la
idea de que también la lucha contra la realidad, la
lucha contra la injusticia existente y el mal reinante
tiene sus raíces en la ley universal del desarrollo
perpetuo. Si todo en el mundo se desarrolla, si unas
instituciones sustituyen a otras, ¿por qué han de
perdurar eternamente la autocracia del rey prusiano o
del zar ruso, el enriquecimiento de una minoría
insignificante a expensas de la enorme mayoría, el
dominio de la burguesía sobre el pueblo? La filosofía
de Hegel hablaba del desarrollo del espíritu y de las
ideas: era una filosofía idealista. Del desarrollo del
espíritu deducía el desarrollo de la naturaleza, el del
hombre y el de las relaciones entre los hombres, el de
las relaciones sociales. Marx y Engels, conservando
la idea de Hegel del perpetuo proceso de desarrollo23,
rechazaron su preconcebida concepción idealista;
analizando la vida real, vieron que no es el desarrollo
del espíritu lo que explica el desarrollo de la
naturaleza, sino, a la inversa, que el espíritu tiene su
explicación en la naturaleza, en la materia...
Contrariamente a Hegel y otros hegelianos, Marx y
Engels eran materialistas. Enfocando el mundo y la
humanidad desde el punto de vista materialista,
vieron que, lo mismo que todos los fenómenos de la
naturaleza tienen por base causas materiales, así
también el desarrollo de la sociedad humana está
condicionado por el desarrollo de las fuerzas
materiales, las fuerzas productivas. Del desarrollo de
las fuerzas productivas dependen las relaciones en
que se colocan los hombres entre sí en el proceso de
producción de los objetos indispensables para la
satisfacción de las necesidades humanas. Y en dichas
relaciones está la clave que permite explicar todos los
fenómenos de la vida social, los anhelos del hombre,
23

Marx y Engels señalaron más de una vez que su
desarrollo intelectual era debido en gran parte a los
notables filósofos alemanes y, en particular, a Hegel. "Sin
la filosofía alemana -dijo Engels- no existiría tampoco el
socialismo científico". F. Engels. Prefacio a "La guerra
campesina en Alemania". (Véase C. Marx y F. Engels.
Obras escogidas en dos tomos, t. I, págs. 597-610, ed. en
español, Moscú.)

27
sus ideas y sus leyes. El desarrollo de las fuerzas
productivas crea las relaciones sociales, que se basan
en la propiedad privada; pero vemos ahora también
cómo este mismo desarrollo de las fuerzas
productivas despoja de la propiedad a la mayoría de
los hombres para concentrarla en manos de una
insignificante minoría; destruye la propiedad, base
del régimen social contemporáneo, y tiende al mismo
fin que se han planteado los socialistas. Estos sólo
deben comprender cuál es la fuerza social que por su
situación en la sociedad contemporánea está
interesada en la realización del socialismo e inculcar
a esta fuerza la conciencia de sus intereses y de su
misión histórica. Esta fuerza es el proletariado.
Engels lo conoció en Inglaterra, en el centro de la
industria inglesa, en Manchester, adonde se trasladó
en 1842, como empleado de una firma comercial de
la que su padre era uno de los accionistas. Allí
Engels no se limitó a permanecer en la oficina de la
fábrica, sino que anduvo por los barrios inmundos en
los que se albergaban los obreros y comprobó con
sus propios ojos la miseria y las calamidades que los
azotaban. No conformándose con sus propias
observaciones, Engels leyó todo lo que se había
escrito hasta entonces sobre la situación de la clase
obrera inglesa y estudió minuciosamente todos los
documentos oficiales que estaban a su alcance. Como
resultado de sus observaciones y estudios apareció en
1845 su libro La situación de la clase obrera en
Inglaterra. Ya hemos señalado más arriba en qué
consiste el mérito principal de Engels como autor de
dicho libro. Es cierto que también con anterioridad a
Engels fueron muchos los que describieron los
padecimientos del proletariado e indicaron la
necesidad de ayudar a éste. Pero Engels fue el
primero en afirmar que el proletariado no sólo
constituye una clase que sufre, sino que precisamente
la miserable situación económica en que se encuentra
le impulsa inconteniblemente hacia adelante y le
obliga a luchar por su emancipación definitiva. Y el
proletariado en lucha se ayudará a si mismo. El
movimiento político de la clase obrera llevará
ineludiblemente a los trabajadores a la conciencia de
que no les queda otra salida que el socialismo. Por
otra parte, el socialismo tan sólo se transformará en
una fuerza cuando se convierta en el objetivo de la
lucha política de la clase obrera. Estas son las ideas
fundamentales de la obra de Engels sobre la situación
de la clase obrera en Inglaterra, ideas aceptadas ahora
por todo el proletariado que piensa y lucha, pero que
entonces eran completamente nuevas. Estas ideas
fueron expuestas en un libro escrito con amenidad,
lleno de los cuadros más auténticos y patéticos en los
que se mostraban las calamidades del proletariado
inglés. Era un libro que constituía una terrible
acusación contra el capitalismo y la burguesía. La
impresión que produjo fue muy grande. En todas
partes comenzaron a citar la obra de Engels como el

V. I. Lenin

28
cuadro que mejor representaba la situación del
proletariado contemporáneo. Y en efecto, ni antes de
1845 ni después apareció una descripción tan
brillante y veraz de las calamidades sufridas por la
clase obrera.
Engels se hizo socialista estando ya en Inglaterra.
En la ciudad de Manchester se puso en contacto con
los militantes del movimiento obrero inglés existente
en aquel entonces y empezó a colaborar en las
publicaciones socialistas inglesas. En 1844, al pasar
por París de regreso a Alemania, conoció allí a Marx,
con quien ya mantenía correspondencia. Estando en
París, Marx, bajo la influencia de los socialistas
franceses y de la vida en Francia, también se hizo
socialista. En la capital de Francia los dos amigos
escribieron juntos su obra La sagrada familia o
critica de "la crítica critica". Esta obra, escrita en su
mayor parte por Marx y que apareció un año antes de
La situación de la clase obrera en Inglaterra,
contiene las bases del socialismo revolucionariomaterialista, cuyas ideas principales hemos expuesto
más arriba. La sagrada familia es un nombre burlón
dado a los filósofos hermanos Bauer y a sus
secuaces. Estos señores predicaban una crítica que
estaba por encima de toda realidad, por encima de los
partidos y de la política, que negaba toda actuación
práctica y sólo contemplaba "críticamente" el mundo
circundante y los sucesos que ocurrían en él. Los
señores Bauer calificaban desdeñosamente al
proletariado de masa carente de sentido crítico. Marx
y Engels se enfrentaron enérgicamente con esta
tendencia absurda y nociva. En nombre de la
verdadera personalidad humana, la del obrero
pisoteado por las clases dominantes y por el Estado,
Marx y Engels exigían no la contemplación, sino la
lucha por un orden social mejor. Y veían,
naturalmente, que la fuerza capaz de librar esta lucha,
en la que estaba interesada, era el proletariado. Ya
antes de la aparición de La sagrada familia, Engels
había publicado en la revista Anales francoalemanes, editada por Marx y Ruge, su Estudio
critico sobre la Economía Política24, en el que
analizaba desde el punto de vista socialista los
fenómenos básicos del régimen económico
contemporáneo, como consecuencia inevitable de la
dominación de la propiedad privada. Su relación con
Engels contribuyó sin duda a que Marx se decidiera a
ocuparse del estudio de la Economía Política, ciencia
en la que sus obras produjeron toda una revolución.
Desde 1845 a 1847 Engels vivió en Bruselas y en
París, alternando los estudios científicos con las
actividades prácticas entre los obreros alemanes
residentes en dichas ciudades. Allí Engels y Marx se
relacionaron con una asociación clandestina alemana,
la "Liga de los Comunistas", que les encargó que

expusiesen los principios fundamentales del
socialismo elaborado por ellos. Así surgió el famoso
Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels,
que vio la luz en el año 1848. Este pequeño libro vale
por tomos enteros: su espíritu da vida y movimiento,
hasta hoy día, a todo el proletariado organizado y
combatiente del mundo civilizado.
La revolución de 1848, que estalló primero en
Francia y se extendió después a otros países de la
Europa Occidental, permitió a Marx y Engels
regresar a su patria. Allí, en la Prusia renana,
asumieron la dirección de la -ueva Gaceta del Rin,
periódico democrático que aparecía en la ciudad de
Colonia. Los dos amigos constituían el alma de todas
las tendencias democráticas revolucionarias de la
Prusia renana. Ellos defendieron hasta la última
posibilidad los intereses del pueblo y de la libertad
contra las fuerzas reaccionarias. Como es sabido, las
fuerzas reaccionarias vencieron, la Nueva Gaceta del
Rin fue suspendida, y Marx, que mientras se hallaba
en la emigración había sido privado de los derechos
de súbdito prusiano, fue expulsado del país; en
cuanto a Engels, después de participar en la
insurrección armada del pueblo y combatir en tres
batallas en pro de la libertad, huyó a Londres, a
través de Suiza, una vez derrotados los insurgentes.
A Londres vino a establecerse también Marx.
Engels no tardó en colocarse de nuevo en la misma
casa de comercio de Manchester, de la que había sido
empleado en la década del 40, y más tarde se hizo
socio suyo. Hasta 1870, Engels vivió en Manchester
y Marx en Londres, lo que no fue óbice para que
siguieran en el más íntimo contacto espiritual,
manteniendo correspondencia casi a diario. En esta
correspondencia los dos amigos intercambiaban sus
ideas y conocimientos, continuando la elaboración en
común de la doctrina del socialismo científico. En
1870 Engels se trasladó a Londres y hasta 1883, año
en que murió Marx, continuaron su vida intelectual
conjunta, una vida llena de intensísimo trabajo. Su
resultado fue, por parte de Marx, El Capital, la obra
más grande sobre economía política de nuestro siglo,
y, por parte de Engels, toda una serie de obras
grandes y pequeñas. Marx trabajó en el análisis de
los complejos fenómenos de la economía capitalista.
Engels, en sus trabajos, escritos en un lenguaje muy
ameno, muchas veces en forma de polémica, enfocó
los problemas científicos más generales y los
diversos fenómenos del pasado y del presente en el
sentido de la concepción materialista de la historia y
de la doctrina económica de Marx. De estos trabajos
de Engels citaremos: la obra polémica contra
Dühring (en ella el autor analiza los problemas más
importantes de la filosofía, de las ciencias naturales y
de la sociología)25, El origen de la familia, la
25

24

Se refiere a la obra de F. Engels Esbozos a la crítica de
la economía política.

Es un libro admirablemente instructivo y de rico
contenido (Se trata del libro de F. Engels Anti-Dühring. La
subversión de la ciencia por el señor Eugenio Dühring).

Federico Engels
propiedad privada y el Estado (traducida al ruso y
editada en Petersburgo, 3a ed. de 1895), Ludwig
Feuerbach (traducción al ruso y notas de J. Plejánov,
Ginebra, 1892), un artículo sobre la política exterior
del gobierno ruso (traducido al ruso y publicado en
Sotsial-Demokrat, núms. 1 y 2, en Ginebra)26, sus
magníficos artículos sobre el problema de la
vivienda27 y, finalmente, dos artículos, pequeños pero
muy valiosos, sobre el desarrollo económico de
Rusia (Federico Engels sobre Rusia28, traducido al
ruso por V. Zasúlich, Ginebra, 1894). Marx murió sin
haber logrado dar definitivo remate a su grandiosa
obra sobre el capital. Sin embargo, esta obra estaba
terminada en borrador, y Engels, después de la
muerte de su amigo, emprendió la difícil tarea de
redactar y editar los tomos segundo y tercero de El
Capital. En 1885 editó el segundo y en 1894 el tercer
tomo (el cuarto tomo ya no alcanzó a redactarlo)29.
Por desgracia sólo ha sido traducida al ruso una pequeña
parte de esta obra, la que esboza la historia del desarrollo
del socialismo (Del socialismo utópico al socialismo
científico, 2a ed. de 1892, Ginebra). (Con este título se
publicó en 1892 la edición rusa de la obra de F. Engels Del
socialismo utópico al socialismo científico, al que
sirvieron de base tres capítulos del libro de F. Engels AntiDühring). (Véase C. Marx y F. Engels. Obras escogidas en
dos tomos, t. I, págs. 84-144, ed. en español, Moscú.)
26
Lenin alude al artículo de F. Engels La política exterior
del zarismo ruso, publicado en los dos primeros cuadernos
del Sotsial-Demokrat con el título La política extranjera
del Imperio Ruso.
"Sotsial-Demokrat": revista literaria y política editada por
el grupo "Emancipación del Trabajo" en el extranjero
(Londres y Ginebra) de 1890 a 1892. Desempeñó un gran
papel en la propaganda de las ideas del marxismo en
Rusia; en total, salieron cuatro cuadernos. Colaboraron
activamente en Sotsial-Demokrat J. Plejánov, P. Axelrod y
V. Zasúlich.
27
Lenin tiene en cuenta los artículos de F. Engels
Contribución al problema de la vivienda. (Véase C. Marx
y F. Engels. Obras escogidas en dos tomos, t. I, págs. 510592, ed. en español, Moscú.)
28
Se refiere al artículo de F. Engels Acerca de las
relaciones sociales en Rusia y al epílogo de este artículo,
incluidos en el libro Federico Engels sobre Rusia,
Ginebra, 1894.
29
Lenin, conforme a la indicación de Engels, señala como
tomo cuarto de El Capital la obra de Marx Teorías de la
plusvalía, escrita en 1862-1863. En su prólogo al segundo
tomo de El Capital, Engels. Escribió: "Me reservo la
publicación de la parte crítica de este manuscrito (Teoría
de la plusvalía. - N. de la Edit.) como tomo IV de El
Capital; además de ella se eliminarán numerosos pasajes
que han sido tratados exhaustivamente en los tomos II y
III". Sin embargo, Engels no pudo preparar la edición del
tomo IV de El Capital. La mencionada obra fue publicada
por vez primera bajo la redacción de C. Kautsky en 19051910, en lengua alemana. En esta edición se infringieron
los requisitos fundamentales que exigía la publicación
científica del texto y se tergiversaron diversas tesis del
marxismo.

29
Estos dos tomos le exigieron muchísimo trabajo. El
socialdemócrata austríaco Adler observó con razón
que, con la edición del segundo y tercer tomos de El
Capital, Engels erigió a su genial amigo un
monumento majestuoso en el que, involuntariamente,
había grabado también con trazos indelebles su
propio nombre. En efecto, dichos tomos de El
Capital son obra de ambos, de Marx y Engels. Las
leyendas de la antigüedad nos demuestran diversos
ejemplos de emocionante amistad. El proletariado
europeo tiene derecho a decir que su ciencia fue
creada por dos sabios y luchadores cuyas relaciones
mutuas superan a todas las emocionantes leyendas
antiguas sobre la amistad entre los hombres. Engels
siempre, y en general con toda justicia, se posponía a
Marx. "Al lado de Marx -escribió en una ocasión a
un viejo amigo suyo- me correspondió el papel de
segundo violín"30. Su cariño hacia Marx mientras
éste vivió y su veneración a la memoria del amigo
muerto fueron infinitos. Engels, el luchador austero y
pensador profundo, era hombre de una gran ternura.
Después del movimiento de 1848-49, Marx y
Engels, en el exilio, no se dedicaron únicamente a la
labor científica. Marx creó en 1864 la "Asociación
Internacional de los Trabajadores", que dirigió
durante todo un decenio. También Engels participó
activamente en sus tareas. La actividad de esta
"Asociación Internacional", que, de acuerdo con las
ideas de Marx, unía a los proletarios de todos los
países, tuvo una enorme importancia para el
desarrollo del movimiento obrero. Pero, incluso
después de haber sido disuelta dicha asociación, en la
década del 70, el papel de Marx y de Engels como
unificadores de la clase obrera no cesó. Por el
contrario, puede afirmarse que su importancia como
dirigentes espirituales del movimiento obrero seguía
creciendo constantemente, porque el propio
movimiento continuaba desarrollándose sin cesar.
Después de la muerte de Marx, Engels, solo, siguió
siendo el consejero y dirigente de los socialistas
europeos. A él acudían en busca de consejos y
directivas tanto los socialistas alemanes, cuyas
fuerzas,
a
pesar
de
las
persecuciones
gubernamentales, iban constante y rápidamente en
aumento, como los representantes de países
atrasados, por ejemplo, españoles, rumanos, rusos,
que se veían en el trance de meditar y medir con toda
cautela sus primeros pasos. Todos ellos
aprovechaban el riquísimo tesoro de conocimientos y
experiencias del viejo Engels.
Marx y Engels, que conocían la lengua rusa y
leían libros en ruso, se interesaban vivamente por
El Instituto de Marxismo-Leninismo, adjunto al CC del
PCUS ha hecho una nueva edición de la obra Teorías de la
plusvalía (tomo IV de El Capital) en tres volúmenes,
según el manuscrito de 1862-1863.
30
Se tiene en cuenta la carta de F. Engels a J. F. Becker
del 15 de octubre de 1884.

30
Rusia, seguían con simpatía el movimiento
revolucionario de nuestro país y mantenían
relaciones con revolucionarios rusos. Ambos eran ya
demócratas antes de hacerse socialistas y tenían
profundamente arraigado el sentimiento democrático
de odio a la arbitrariedad política. Este sentimiento
político innato, a la par que la profunda comprensión
teórica del nexo existente entre la arbitrariedad
política y la opresión económica, así como su
riquísima experiencia de la vida, hicieron que Marx y
Engels
fueran
extraordinariamente
sensibles
precisamente en el sentido político. Por lo mismo, la
heroica lucha sostenida por un puñado de
revolucionarios rusos contra el poderoso gobierno
zarista halló en el corazón de estos dos
revolucionarios probados la simpatía más viva. Y a la
inversa, era natural que el intento de volver la
espalda a la tarea inmediata y más importante de los
socialistas rusos -la conquista de la libertad política-,
en aras de supuestas ventajas económicas, les
pareciese sospechoso e incluso fuese considerado por
ellos como una traición a la gran causa de la
revolución social. "La emancipación del proletariado
debe ser obra del proletariado mismo", nos enseñaron
siempre Marx y Engels31. Y para luchar por su
emancipación económica, el proletariado debe
conquistar ciertos derechos políticos. Además, Marx
y Engels vieron con toda claridad que la revolución
política en Rusia tendría también una enorme
importancia para el movimiento obrero de la Europa
Occidental. La Rusia autocrática ha sido siempre el
baluarte de toda la reacción europea. La situación
internacional extraordinariamente ventajosa en que
colocó a Rusia la guerra de 1870, que sembró por
largo tiempo la discordia entre Alemania y Francia,
naturalmente, no hizo más que aumentar la
importancia de la Rusia autocrática como fuerza
reaccionaria. Únicamente una Rusia libre, que no
tuviese necesidad de oprimir a los polacos,
finlandeses, alemanes, armenios y otros pueblos
pequeños, ni de azuzar continuamente una contra otra
a Francia y Alemania, daría a la Europa
contemporánea la posibilidad de respirar aliviada del
peso de las guerras, debilitaría a todos los elementos
reaccionarios de Europa y aumentaría las fuerzas de
la clase obrera europea. Por lo mismo, Engels,
teniendo también en cuenta los intereses del
movimiento
obrero
del
Occidente,
abogó
calurosamente por la implantación de la libertad
política en Rusia. Los revolucionarios rusos han
31

Véase C. Marx. Estatutos provisionales de la
Asociación de los Trabajadores, Estatutos generales de la
Asociación Internacional de los Trabajadores; F. Engels.
Prefacio a la edición alemana de 1890 del Manifiesto del
Partido Comunista (Véase C. Marx y F. Engels. Obras, t.
XIII, p. I, 1936, pág. 13, ed. en ruso; Obras escogidas en
dos tomos, t. I, págs. 19-21 y 335-358, ed. en español,
Moscú.)

V. I. Lenin
perdido en su persona al mejor de sus amigos.
¡Memoria eterna a Federico Engels, gran luchador
y maestro del proletariado!
Escrito en otoño de 1895. Publicado por primera
vez en 1896 en la recopilación Rabótnik N° 1-2.
V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso. t. 2, págs. 1-14.

TRES FUE1TES Y TRES PARTES I1TEGRA1TES DEL MARXISMO

La doctrina de Marx suscita en todo el mundo
civilizado la mayor hostilidad y el mayor odio de
toda la ciencia burguesa (tanto la oficial como la
liberal), que ve en el marxismo algo así como una
"secta nefasta". Y no puede esperarse otra actitud,
pues en una sociedad erigida sobre la lucha de clases
no puede haber una ciencia social "imparcial". De un
modo o de otro, toda la ciencia oficial y liberal
defiende la esclavitud asalariada, mientras que el
marxismo ha declarado una guerra implacable a esa
esclavitud. Esperar una ciencia imparcial en una
sociedad de esclavitud asalariada, sería la misma
pueril ingenuidad que esperar de los fabricantes
imparcialidad en cuanto a la conveniencia de
aumentar los salarios de los obreros, en detrimento
de las ganancias del capital.
Pero hay más. La historia de la filosofía y la
historia de las ciencias sociales enseñan con toda
claridad que no hay nada en el marxismo que se
parezca al "sectarismo", en el sentido de una doctrina
encerrada en sí misma, rígida, surgida al margen del
camino real del desarrollo de la civilización mundial.
Al contrario, el genio de Marx estriba, precisamente,
en haber dado solución a los problemas planteados
antes por el pensamiento avanzado de la humanidad.
Su doctrina apareció como continuación directa e
inmediata de las doctrinas de los más grandes
representantes de la filosofía, la economía política y
el socialismo.
La doctrina de Marx es todopoderosa porque es
exacta. Es completa y armónica, dando a los hombres
una concepción del mundo íntegra, intransigente con
toda superstición, con toda reacción y con toda
defensa de la opresión burguesa. El marxismo es el
sucesor natural de lo mejor que la humanidad creó en
el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía
política inglesa y el socialismo francés.
Vamos a detenernos brevemente en estas tres
fuentes del marxismo, que son, a la vez, sus tres
partes integrantes.
I
La filosofía del marxismo es el materialismo. A lo
largo de toda la historia moderna de Europa, y
especialmente a fines del siglo XVIII, en Francia,
donde se libró la batalla decisiva contra toda la
basura medieval, contra el feudalismo en las
instituciones y en las ideas, el materialismo demostró

ser la única filosofía consecuente, fiel a todas las
teorías de las ciencias naturales, hostil a la
superstición, a la beatería, etc. Por eso, los enemigos
de la democracia trataban con todas sus fuerzas de
"refutar", de minar, de calumniar el materialismo, y
defendían las diversas formas del idealismo
filosófico, que se reduce siempre, de un modo o de
otro, a la defensa o al apoyo de la religión.
Marx y Engels defendieron del modo más
enérgico el materialismo filosófico y explicaron
reiteradas veces el profundo error que significaba
todo cuanto fuera desviarse de él. Donde con mayor
claridad y detalle aparecen expuestas sus opiniones,
es en las obras de Engels Ludwig Feuerbach y AntiDühring32, que -al igual que el Manifiesto
Comunista- son libros que no deben faltar en las
manos de ningún obrero consciente.
Pero Marx no se detuvo en el materialismo del
siglo XVIII, sino que llevó más lejos la filosofía. La
enriqueció con adquisiciones de la filosofía clásica
alemana, especialmente del sistema de Hegel, que, a
su vez, había conducido al materialismo de
Feuerbach. La principal de estas adquisiciones es la
dialéctica, es decir, la doctrina del desarrollo en su
forma más completa, más profunda y más exenta de
unilateralidad, la doctrina de la relatividad del
conocimiento humano, que nos da un reflejo de la
materia en constante desarrollo. Los novísimos
descubrimientos de las ciencias naturales -el radio,
los electrones, la transformación de los elementoshan confirmado de un modo admirable el
materialismo dialéctico de Marx, a despecho de las
doctrinas de los filósofos burgueses, con sus
"nuevos" retornos al viejo y podrido idealismo.
Marx profundizó y desarrolló el materialismo
filosófico, lo llevó a su término e hizo extensivo su
conocimiento de la naturaleza al conocimiento de la
sociedad humana. El materialismo histórico de Marx
es una conquista formidable del pensamiento
científico. Al caos y a la arbitrariedad, que hasta
entonces imperaban en las concepciones relativas a la
historia y a la política, sucedió una teoría científica
asombrosamente completa y armónica, que muestra
cómo de un tipo de vida social se desarrolla, en
virtud del crecimiento de las fuerzas productivas, otra
32

Se trata del libro de F. Engels Anti-Dühring. La
subversión de la ciencia por el señor Eugenio Dühring.

32
más alta, cómo del feudalismo, por ejemplo, nace el
capitalismo.
Del mismo modo que el conocimiento del hombre
refleja la naturaleza, que existe independientemente
de él, es decir, la materia en desarrollo, el
conocimiento social del hombre (es decir, las
diversas opiniones y doctrinas filosóficas, religiosas,
políticas, etc.) refleja el régimen económico de la
sociedad. Las instituciones políticas son la
superestructura que se alza sobre la base económica.
Así vemos, por ejemplo, cómo las diversas formas
políticas de los Estados europeos modernos sirven
para reforzar la dominación de la burguesía sobre el
proletariado.
La filosofía de Marx es el materialismo filosófico
acabado, que ha dado una formidable arma de
conocimiento a la humanidad, y sobre todo, a la clase
obrera.
II
Una vez hubo reconocido que el régimen
económico es la base sobre la que se alza la
superstructura política. Marx se entregó sobre todo al
estudio atento de este régimen económico. La obra
principal de Marx, El Capital, está consagrada al
estudio del régimen económico de la sociedad
moderna, es decir, de la sociedad capitalista.
La economía política clásica anterior a Marx se
había formado en Inglaterra, en el país capitalista
más desarrollado. Adam Smith y David Ricardo
sentaron en sus investigaciones del régimen
económico los fundamentos de la teoría del trabajo,
base de todo valor. Marx prosiguió su obra,
fundamentando con toda precisión y desarrollando
consecuentemente esa teoría, puso de manifiesto que
el valor de toda mercancía lo determina la cantidad
de tiempo de trabajo socialmente necesario invertido
en su producción.
Allí donde los economistas burgueses veían
relaciones entre objetos (cambio de unas mercancías
por otras), Marx descubrió relaciones entre personas.
El cambio de mercancías expresa el lazo establecido
por mediación del mercado entre los distintos
productores. El dinero indica que este lazo se hace
más estrecho, uniendo indisolublemente en un todo la
vida económica de los distintos productores. El
capital significa un mayor desarrollo de este lazo: la
fuerza de trabajo del hombre se transforma en
mercancía. El obrero asalariado vende su fuerza de
trabajo al propietario de la tierra, de la fábrica o de
los instrumentos de trabajo. Una parte de la jornada
la emplea el obrero en cubrir el coste del sustento
suyo y de su familia (salario); durante la otra parte de
la jornada trabaja gratis, creando para el capitalista la
plusvalía, fuente de las ganancias, fuente de la
riqueza de la clase capitalista.
La teoría de la plusvalía es la piedra angular de la
doctrina económica de Marx.
El capital, creado por el trabajo del obrero, oprime

V. I. Lenin
al obrero arruina al pequeño patrono y crea un
ejército de parados. En la industria, el triunfo de la
gran producción se advierte en seguida, pero también
en la agricultura nos encontramos con ese mismo
fenómeno: aumenta la superioridad de la gran
agricultura capitalista, crece el empleo de
maquinaria, la hacienda campesina cae en las garras
del capital financiero, languidece y se arruina bajo el
peso de la técnica atrasada. La decadencia de la
pequeña producción reviste en la agricultura otras
formas, pero esa decadencia es un hecho indiscutible.
Al aplastar a la pequeña producción, el capital
hace aumentar la productividad del trabajo y crea una
situación de monopolio para los consorcios de los
grandes capitalistas. La misma producción va
adquiriendo cada vez más un carácter social -cientos
de miles y millones de obreros son articulados en un
organismo económico coordinado-, mientras que el
producto del trabajo común se lo apropia un puñado
de capitalistas. Crecen la anarquía de la producción,
las crisis, la loca carrera en busca de mercados, la
escasez de medios de subsistencia para las masas de
la población.
Al aumentar la dependencia de los obreros
respecto al capital, el régimen capitalista crea la gran
potencia del trabajo asociado.
Marx va siguiendo la evolución del capitalismo
desde los primeros gérmenes de la economía
mercantil, desde el simple trueque, hasta sus formas
más altas, hasta la gran producción.
Y la experiencia de todos los países capitalistas,
tanto de los viejos como de los nuevos, hace ver
claramente cada año a un número cada vez mayor de
obreros la exactitud de esta doctrina de Marx.
El capitalismo ha vencido en el mundo entero,
pero esta victoria no es más que el preludio del
triunfo del trabajo sobre el capital.
III
Cuando el régimen feudal fue derrocado y vio la
luz la "libre" sociedad capitalista, en seguida se puso
de manifiesto que esa libertad representaba un nuevo
sistema de opresión y explotación de los
trabajadores. Como reflejo de esa opresión y como
protesta contra ella, comenzaron inmediatamente a
surgir diversas doctrinas socialistas. Pero el
socialismo primitivo era un socialismo utópico.
Criticaba a la sociedad capitalista, la condenaba, la
maldecía, soñaba con su destrucción, fantaseaba
acerca de un régimen mejor, quería convencer a los
ricos de la inmoralidad de la explotación.
Pero el socialismo utópico no podía señalar una
salida real. No sabía explicar la naturaleza de la
esclavitud asalariada bajo el capitalismo, ni descubrir
las leyes de su desarrollo, ni encontrar la fuerza
social capaz de emprender la creación de una nueva
sociedad.
Entretanto, las tormentosas revoluciones que
acompañaron en toda Europa, y especialmente en

Tres partes y tres fuentes integrantes del marxismo
Francia, la caída del feudalismo, de la servidumbre
de la gleba, hacían ver cada vez más palpablemente
que la base de todo el desarrollo y su fuerza motriz
era la lucha de clases.
Ni una sola victoria de la libertad política sobre la
clase feudal fue alcanzada sin desesperada
resistencia. Ni un solo país capitalista se formó sobre
una base más o menos libre, más o menos
democrática, sin una lucha a muerte entre las
diversas clases de la sociedad capitalista.
El genio de Marx está en haber sabido deducir de
ahí y aplicar consecuentemente antes que nadie la
conclusión implícita en la historia universal. Esta
conclusión es la doctrina de la lucha de clases.
Los hombres han sido siempre en política
víctimas necias del engaño de los demás y del
engaño propio, y lo seguirán siendo mientras no
aprendan a discernir detrás de todas las frases,
declaraciones y promesas morales, religiosas,
políticas y sociales, los intereses de una u otra clase.
Los partidarios de reformas y mejoras se verán
siempre burlados por los defensores de lo viejo
mientras no comprendan que toda institución vieja,
por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la
fuerza de unas u otras clases dominantes. Y para
vencer la resistencia de esas clases, sólo hay un
medio: encontrar en la misma sociedad que nos
rodea, educar y organizar para la lucha a los
elementos que puedan -y, por su situación social,
deban- formar la fuerza capaz de barrer lo viejo y
crear lo nuevo.
Sólo el materialismo filosófico de Marx señaló al
proletariado la salida de la esclavitud espiritual en
que han vegetado hasta hoy todas las clases
oprimidas. Sólo la teoría económica de Marx explicó
la situación real del proletariado en el régimen
general del capitalismo.
En el mundo entero, desde Norteamérica hasta el
Japón y desde Suecia hasta el África del Sur, se
multiplican las organizaciones independientes del
proletariado. Este se instruye y se educa manteniendo
su lucha de clase, se despoja de los prejuicios de la
sociedad burguesa, adquiere una cohesión cada vez
mayor, aprende a medir el alcance de sus éxitos,
templa sus fuerzas y crece irresistiblemente.
Publicado con la firma de V. I. Lenin en marzo de
1913, en el Nº 3 de la revista Prosveschenie.
V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso, t. 23, págs. 4048.

33

MARXISMO Y REVISIO1ISMO

Un conocido aforismo dice que si los axiomas
geométricos chocasen con los intereses de los
hombres, seguramente habría quien los refutase. Las
teorías de las ciencias naturales, que chocaban con
los viejos prejuicios de la teología, provocaron y
siguen provocando hasta hoy día la lucha más
rabiosa. Nada tiene de extraño, pues, que la doctrina
de Marx, que sirve directamente a la educación y a la
organización de la clase de vanguardia de la sociedad
moderna, que señala las tareas de esta clase y
demuestra la sustitución inevitable -en virtud del
desarrollo económico- del régimen actual por un
nuevo orden de cosas: nada tiene de extraño que esta
doctrina haya tenido que conquistar en lucha cada
paso dado en la senda de la vida.
No hablemos de la ciencia y la filosofía
burguesas, enseñadas de un modo oficial por los
profesores oficiales para embrutecer a las nuevas
generaciones de las clases poseedoras y
"amaestrarlas" contra los enemigos de fuera y de
dentro. Esta ciencia no quiere ni oír hablar de
marxismo, declarándolo refutado y destruido; tanto
los hombres de ciencia jóvenes, que hacen carrera
refutando el socialismo, como los ancianos caducos,
que guardan el legado de toda clase de anticuados
"sistemas", se abalanzan sobre Marx con el mismo
celo. Los avances del marxismo, la difusión y el
afianzamiento de sus ideas entre la clase obrera,
provocan inevitablemente la reiteración y la
agudización de estos ataques burgueses contra el
marxismo, que de cada una de sus "destrucciones"
por obra de la ciencia oficial, sale más fortalecido,
más templado y más vital.
Pero, entre las doctrinas vinculadas a la lucha de
la clase obrera y difundidas predominantemente entre
el proletariado, el marxismo tampoco afirmó su
posición de golpe, ni mucho menos. Durante el
primer medio siglo de su existencia (desde la década
del 40 del siglo XIX), el marxismo luchó contra las
teorías que le eran profundamente hostiles. En la
primera mitad de la década del 40, Marx y Engels
ajustaron cuentas con los jóvenes hegelianos
radicales, que se situaban en el punto de vista del
idealismo filosófico. A fines de esta década pasa a
primer plano la lucha, en el campo de las doctrinas

económicas, contra el proudhonísmos33. Esta lucha
llega a su final en la década del 50: crítica de los
partidos y de las doctrinas que se habían revelado en
el turbulento año de 1848. En la década del 60, la
lucha se desplaza del campo de la teoría general a un
campo más cercano al movimiento obrero
propiamente dicho: expulsión del bakuninismo de la
Internacional. A comienzos de la década del 70, se
destaca en Alemania, por breve tiempo, el
proudhonista Mühlberger; a fines de este período, el
positivista Dühring. Pero la influencia de uno y otro
sobre el proletariado ya es sumamente insignificante.
El marxismo triunfa ya, incondicionalmente, sobre
todas las demás ideologías del movimiento obrero.
Hacia la década del 90 del siglo pasado, este
triunfo, en sus rasgos fundamentales, estaba ya
consumado. Hasta en los países latinos, donde por
más tiempo se habían mantenido las tradiciones del
proudhonismo, los partidos obreros estructuraron, de
hecho, sus programas y su táctica sobre bases
marxistas. Al reanudarse -en forma de congresos
internacionales
periódicosla
organización
33

Proudhon (1809-1865): socialista pequeñoburgués
francés, anarquista, fundador del proudhonismo, corriente
anticientífica y antimarxista, Al criticar la gran propiedad
capitalista de acuerdo con su posición pequeñoburguesa,
Proudhon aspiraba a perpetuar la pequeña propiedad
privada, proponía organizar la Banca del Pueblo y la
Banca de Cambio, con ayuda de las cuales obtendrían los
obreros -según él- sus propios medios de producción, se
convertirían en artesanos y asegurarían la venta
"equitativa" de sus productos. Proudhon no comprendía el
papel histórico y el significado del proletariado y negaba
la lucha de clases, la revolución proletaria y la dictadura
del proletariado. Como anarquista, negaba también la
necesidad del Estado. Marx y Engels mantuvieron una
lucha consecuente contra los intentos de Proudhon de
imponer sus ideas a la I Internacional. El proudhonismo
fue sometido a una crítica demoledora en la obra de C.
Marx Miseria de la filosofía. La lucha resuelta de C. Marx
y F. Engels y sus partidarios contra el proudhonismo
terminó con la completa victoria del marxismo en la I
Internacional.
Lenin caracterizó el proudhonismo de "teoría del
pequeñoburgués y del filisteo obtuso", incapaz de
colocarse en el punto de vista de la clase obrera. Las ideas
del proudhonismo son utilizadas en gran escala por los
"teóricos" burgueses para propugnar la colaboración de
clases.

35

Marxismo y revisionismo
internacional del movimiento obrero, ésta se colocó
inmediatamente y casi sin lucha, en todo lo esencial,
en el terreno del marxismo. Pero, cuando el
marxismo hubo desplazado a todas las doctrinas más
o menos completas hostiles a él, las tendencias que se
albergaban en estas doctrinas comenzaron a buscar
otros caminos. Cambiaron las formas y los motivos
de lucha, pero la lucha continuó. Y el segundo medio
siglo de existencia del marxismo (década del 90 del
siglo pasado) comenzó con la lucha de la corriente
hostil al marxismo, en el seno de éste.
Esta corriente debe su nombre al ex marxista
ortodoxo Bernstein, que es quien más ruido hizo y
quien dio la expresión más completa a las enmiendas
hechas a Marx, la revisión de Marx, al
revisionismo34. Incluso en Rusia, donde el socialismo
no marxista, lógicamente -en virtud del atraso
económico del país y del predominio de la población
campesina, oprimida por los vestigios feudales-, se
mantuvo más tiempo, incluso en Rusia, este
socialismo se convierte claramente, a nuestros ojos,
en revisionismo. Y lo mismo en la cuestión agraria
(programa de municipalización de toda la tierra) que
en las cuestiones generales programáticas y tácticas,
nuestros socialpopulistas sustituyen cada vez más
con "enmiendas" a Marx los restos agonizantes y
caducos del viejo sistema, coherente a su modo y
profundamente hostil al marxismo.
El socialismo premarxista ha sido derrotado. Ya
no continúa la lucha en su propio terreno, sino en el
terreno general del marxismo, a título de
revisionismo. Veamos, pues, cuál es el contenido
ideológico del revisionismo.
En el campo de la filosofía, el revisionismo iba a
remolque de la "ciencia" académica burguesa. Los
profesores "retornaban a Kant", y el revisionismo se
arrastraba tras los neokantianos; los profesores
repetían, por milésima vez, las vulgaridades de los
curas contra el materialismo filosófico, y los
revisionistas,
sonriendo
complacidamente,
mascullaban (repitiendo ce por be el último manual)
que el materialismo había sido "refutado" desde hacía
mucho tiempo. Los profesores trataban a Hegel como

a un "perro muerto"35 y, predicando ellos mismos el
idealismo, sólo que mil veces más mezquino y trivial
que el hegeliano, se encogían desdeñosamente de
hombros ante la dialéctica, y los revisionistas se
hundían tras ellos en el pantano del envilecimiento
filosófico de la ciencia, sustituyendo la "sutil" (y
revolucionaria) dialéctica por la "simple" (y pacífica)
"evolución". Los profesores se ganaban su sueldo del
Estado ajustando sus sistemas, tanto los idealistas
como los "críticos", a la "filosofía" medieval
imperante (es decir, a la teología), y los revisionistas
se acercaban a ellos, esforzándose en hacer de la
religión una "incumbencia privada", no en relación al
Estado moderno, sino en relación al partido de la
clase de vanguardia.
Huelga decir qué significación real de clase tenían
semejantes "enmiendas" a Marx: la cosa es clara de
por sí. Señalaremos solamente que Plejánov fue el
único marxista dentro de la socialdemocracia
internacional que hizo, desde el punto de vista del
materialismo dialéctico consecuente, la crítica de
aquellas increíbles banalidades acumuladas por los
revisionistas. Es tanto más necesario subrayar esto
decididamente, por cuanto en nuestro tiempo se
hacen tentativas profundamente erróneas para hacer
pasar el viejo y reaccionario fárrago filosófico bajo el
pabellón de la crítica del oportunismo táctico de
Plejánov36.
Pasando a la Economía Política hay que señalar,
ante todo, que en este campo las "enmiendas" de los
revisionistas eran muchísimo más multifacéticas y
minuciosas; trataron de sugestionar al público con
"nuevos datos del desarrollo económico". Decían que
en el campo de la economía rural no se opera de
ningún modo la concentración y el desplazamiento
de la pequeña producción por la grande y, que en el
comercio y en la industria se opera con extrema
lentitud. Decían que, ahora, las crisis se han hecho
más raras y más débiles, y que era probable que los
cartels y los trusts diesen al capital la posibilidad de
eliminar por completo las crisis. Decían que la
"teoría de la bancarrota", hacia la cual marcha el
capitalismo, es inconsistente a causa de la tendencia
a suavizar y atenuar las contradicciones de clase.
Decían, finalmente, que no estaría mal enmendar
también la teoría del valor de Marx con arreglo a

34

Lenin alude al bernsteinianismo: corriente hostil al
marxismo en la socialdemocracia internacional, surgida a
fines del siglo XIX en Alemania, y que debe su nombre al
socialdemócrata oportunista alemán Eduardo Bernstein.
Después de la muerte de Engels, Bernstein propugnó la
revisión descarada de la doctrina revolucionaria de Marx,
de acuerdo con el espíritu del liberalismo burgués (en los
artículos Problemas del socialismo y en el libro Premisas
del socialismo y tareas de la socialdemocracia),
pretendiendo convertir el Partido Socialdemócrata en un
partido pequeñoburgués de reformas sociales.
En Rusia fueron partidarios del bernsteinianismo los
"marxistas legales", los "economistas", los bundistas y los
mencheviques.

35

Lenin cita las palabras del epílogo de C. Marx a la
segunda edición del primer tomo de El Capital.
36
Véase el libro Ensayos sobre la filosofía del marxismo
de Bogdánov, Bazárov y otros. Aquí no es lugar oportuno
para analizar este libro, y por el momento, tengo que
limitarme a la declaración de que, no tardando, he de
demostrar en una serie de artículos, o en un folleto
especial, que todo lo que se dice en el texto sobre los
revisionistas neokantianos guarda también relación, en
sustancia con estos "nuevos" revisionistas neohumistas y
neoberkelianos. (Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso,
t. 18. - N. de la Edit.)

36
Böhm-Bawerk37.
La lucha contra los revisionistas, en torno a estas
cuestiones, sirvió para reavivar fecundamente el
pensamiento teórico del socialismo internacional, al
igual que, veinte años antes, había ocurrido con la
polémica de Engels contra Dühring. Los argumentos
de los revisionistas fueron analizados con hechos y
cifras en la mano. Se demostró que los revisionistas
embellecían sistemáticamente la pequeña producción
actual. El hecho de la superioridad técnica y
comercial de la gran producción sobre la pequeña no
sólo en la industria, sino también en la agricultura,
está demostrado con datos irrefutables. Pero, en la
agricultura, la producción mercantil está mucho
menos desarrollada, y los estadísticos y economistas
actuales no saben, por lo general, destacar aquellas
ramas (y, a veces, incluso las operaciones) especiales
de la agricultura que expresan cómo ésta se ve
englobada, progresivamente, en el intercambio de la
economía mundial. La pequeña producción se
sostiene sobre las ruinas de la economía natural,
gracias al empeoramiento infinito de la alimentación,
al hambre crónica, o a la prolongación de la jornada
de trabajo, al descenso de la calidad del ganado y del
cuidado de éste; en una palabra, gracias a aquellos
mismos medios con que se sostuvo también la
producción artesana contra la manufactura
capitalista. Cada paso de avance de la ciencia y de la
técnica mina, inevitable e inexorablemente, los
cimiento de la pequeña producción en la sociedad
capitalista. Y la tarea de la economía socialista
consiste en investigar este proceso en todas sus
formas, no pocas veces complejas e intrincadas, y
demostrar al pequeño productor la imposibilidad de
sostenerse bajo el capitalismo, la situación
desesperada de las haciendas campesinas en el
régimen capitalista y la necesidad de que el
campesino acepte el punto de vista del proletariado.
Ante el problema de que tratamos, los revisionistas
cometieron, en el aspecto científico, el pecado de
incurrir en una generalización superficial de algunos
hechos unilateralmente desglosados, al margen de su
conexión con todo el régimen del capitalismo, y, en
el sentido político, cometieron el pecado de llamar o
empujar inevitablemente al campesino, de modo
voluntario o involuntario, al punto de vista del
propietario (es decir, al punto de vista de la
burguesía), en vez de empujarle al punto de vista del
proletario revolucionario.
El revisionismo salió aún peor parado en cuanto a
la teoría de las crisis y a la teoría de la bancarrota.
Sólo durante un tiempo muy breve, y únicamente
37

Teoría de la utilidad límite fue elaborada por el
economista burgués austríaco Böhm-Bawerk en oposición
a la teoría del valor de Marx. Böhm-Bawerk determina el
valor de las mercancías en dependencia de su utilidad para
los hombres y no en dependencia de la cantidad de trabajo
socialmente necesario invertido en su producción.

V. I. Lenin
gentes muy miopes, podían pensar en modificar las
bases de la doctrina de Marx bajo el influjo de unos
cuantos años de auge y prosperidad industrial. Muy
pronto, la realidad se encargó de demostrar a los
revisionistas que las crisis no habían fenecido: tras la
prosperidad, vino la crisis. Cambiaron las formas, la
sucesión, el cuadro de las distintas crisis, pero éstas
seguían siendo parte integrante, inevitable, del
régimen capitalista. Los cartels y los trusts,
unificando la producción, reforzaron al mismo
tiempo, a la vista de todos, la anarquía de la
producción, la inseguridad económica del
proletariado y la opresión del capital, agudizando de
este modo, en un grado nunca visto, las
contradicciones de clase. Que el capitalismo marcha
hacia la bancarrota -tanto en el sentido de las crisis
políticas y económicas aisladas, como en el sentido
del completo hundimiento de todo el régimen
capitalista- lo han venido a demostrar, de un modo
bien palpable y en proporciones particularmente
extensas, los modernos y gigantescos trusts. La
reciente crisis financiera en Norteamérica, la
espantosa agudización del paro en toda Europa, sin
hablar de la próxima crisis industrial, de la que
apuntan no pocos síntomas, todo ello ha hecho que
las recientes "teorías" de los revisionistas hayan sido
olvidadas por todos, incluso, al parecer, por muchos
de ellos mismos. Lo que no se debe olvidar son las
enseñanzas que esta inestabilidad de los intelectuales
dio a la clase obrera.
En cuanto a la teoría del valor, sólo es necesario
decir que, aparte de alusiones y suspiros muy vagos,
a la manera de Böhm-Bawerk, los revisionistas no
aportaron aquí absolutamente nada ni dejaron, por
tanto, ninguna huella en el desarrollo del
pensamiento científico.
En el campo de la política, el revisionismo intentó
revisar lo que realmente constituye la base del
marxismo, o sea, la teoría de la lucha de clases. La
libertad política, la democracia, el sufragio universal
destruyen la base para la lucha de clases -nos decían
los revisionistas- y dan un mentís a la vieja tesis del
Manifiesto Comunista de que los obreros no tienen
patria. Puesto que en la democracia impera la
"voluntad de la mayoría", no debemos ver en el
Estado, según ellos, el órgano de la dominación de
clase, ni negarnos a hacer alianzas con la burguesía
progresista,
socialreformista,
contra
los
reaccionarios.
Es indiscutible que estas objeciones de los
revisionistas se reducían a un sistema bastante
armónico de concepciones, a saber: a las harto
conocidas concepciones liberalburguesas. Los
liberales han dicho siempre que el parlamentarismo
burgués suprime las clases y las diferencias de clase,
ya que todos los ciudadanos sin excepción tienen
derecho al voto y a intervenir en los asuntos del
Estado. Toda la historia de Europa durante la

37

Marxismo y revisionismo
segunda mitad del siglo XIX, y toda la historia de la
revolución rusa, a comienzos del siglo XX, enseñan
palpablemente cuán absurdos son tales conceptos.
Con las libertades del capitalismo "democrático", las
diferencias económicas, lejos de atenuarse, se
acentúan y se agudizan. El parlamentarismo no
elimina, sino que pone al desnudo la esencia de las
repúblicas burguesas más democráticas como
órganos de opresión de clase. Ayudando a ilustrar y a
organizar a masas de población incomparablemente
más extensas que las que antes participaban de un
modo activo en los acontecimientos políticos, el
parlamentarismo prepara así no la supresión de las
crisis y de las revoluciones políticas, sino la mayor
agudización de la guerra civil durante estas
revoluciones. Los acontecimientos de París, en la
primavera de 1871, y los de Rusia, en el invierno de
1905, pusieron de manifiesto, con excepcional
claridad, cuán inevitablemente se produce esta
agudización. La burguesía francesa, para aplastar el
movimiento proletario, no vaciló ni un segundo en
pactar con el enemigo de toda la nación, con las
tropas extranjeras que habían arruinado a su patria.
Quien no comprenda la inevitable dialéctica interna
del parlamentarismo y de la democracia burguesa,
que conduce a solucionar la disputa por la violencia
masiva de un modo todavía más tajante que en
tiempos anteriores, jamás sabrá desarrollar, sobre la
base de este parlamentarismo, una propaganda y una
agitación consecuentes desde el punto de vista de los
principios, que preparen verdaderamente a las masas
obreras para la participación victoriosa en tales
"disputas". La experiencia de las alianzas, de los
acuerdos, de los bloques con el liberalismo
socialreformista en Occidente y con el reformismo
liberal (demócratas constitucionalistas38) en la
revolución rusa, muestra de manera convincente que
38

Demócratas constitucionalistas ("partido demócrata
constitucionalista"): partido principal de la burguesía
imperialista de Rusia, fundado en octubre de 1905. Los
demócratas constitucionalistas se denominaban partido de
la "libertad del pueblo", pero en realidad aspiraban a un
entendimiento con la autocracia a fin de mantener el
zarismo en forma de monarquía constitucional. Al estallar
la guerra imperialista (1914-1918), exigieron continuar "la
guerra hasta la victoria". Después de la revolución de
Febrero y como resultado de una confabulación con los
líderes socialistas revolucionarios y mencheviques del
Soviet de Petrogrado, ocuparon los puestos de dirección en
el gobierno provisional burgués y aplicaron una
antipopular política contrarrevolucionaria.
Triunfante la Gran Revolución Socialista de Octubre, los
demócratas constitucionalistas -enemigos encarnizados del
Poder soviético- tomaron parte en la lucha armada y en
todas las intervenciones de la contrarrevolución. Después
de la derrota de los intervencionistas y los guardias
blancos, los demócratas constitucionalistas continuaron su
actividad contrarrevolucionaria antisoviética en la
emigración.

estos acuerdos no hacen más que embotar la
conciencia de las masas, no reforzando, sino
debilitando la significación real de su lucha, uniendo
a los luchadores con los elementos menos capaces de
luchar, con los elementos más vacilantes y traidores.
El millerandismo francés39 -la más grande
experiencia de aplicación de la táctica política
revisionista en una amplia escala, realmente
nacional- nos ha dado una valoración práctica del
revisionismo, que el proletariado del mundo entero
jamás olvidará.
El complemento natural de las tendencias
económicas y políticas del revisionismo era su
actitud ante la meta final del movimiento socialista.
"El objetivo final no es nada; el movimiento lo es
todo": esta frase proverbial de Bernstein expresa la
esencia del revisionismo mejor que muchas largas
disertaciones. Determinar el comportamiento de un
caso para otro, adaptarse a los acontecimientos del
día, a los virajes de las minucias políticas, olvidar los
intereses cardinales del proletariado y los rasgos
fundamentales de todo el régimen capitalista, de toda
la evolución del capitalismo, sacrificar estos intereses
cardinales en aras de las ventajas reales o supuestas
del momento: ésa es la política revisionista. Y de la
misma esencia de esta política se deduce, con toda
evidencia, que puede adoptar formas infinitamente
diversas y que cada problema un poco "nuevo", cada
viraje un poco inesperado e imprevisto de los
acontecimientos -aunque este viraje sólo altere la
línea fundamental del desarrollo en proporciones
mínimas y por el plazo más corto-, provocará
siempre, inevitablemente, esta o la otra variedad de
revisionismo.
El carácter inevitable del revisionismo está
condicionado por sus raíces de clase en la sociedad
actual. El revisionismo es un fenómeno internacional.
Para ningún socialista un poco enterado y reflexivo
puede existir ni la más pequeña duda de que la
relación entre los ortodoxos y los bernsteinianos en
Alemania, entre los guesdistas y los jauresistas
(ahora, en particular, los broussistas) en Francia40,
39

Millerandismo (ministerialismo): corriente oportunista
en los partidos socialistas de Europa Occidental a fines del
siglo XIX y comienzos del XX; debe su nombre al
socialista francés A. Millerand, que en 1899 entró a formar
parte del gobierno burgués reaccionario de Francia y
aplicó juntamente con la burguesía una política
imperialista.
40
Guesdistas y jauresistas, broussistas (posibilistas):
Guesdistas: partidarios de Julio Guesde y Pablo Lafargue,
corriente marxista de izquierda, que propugnaba una
política proletaria revolucionaria independiente. Los
guesdistas conservaron el nombre del Partido Obrero de
Francia y continuaron apoyando el programa del partido,
aprobado en 1880 en el Havre, cuya parte teórica fue
escrita por C. Marx. Ejercían una gran influencia en los
centros industriales de Francia y unieron a los elementos
avanzados de la clase obrera. En 1901, los guesdistas

38
entre la Federación Socialdemócrata y el Partido
Laborista Independiente en Inglaterra41, entre De
formaron el Partido Socialista de Francia.
Jauresistas: partidarios de Juan Jaurés, que encabezó el ala
derecha, reformista, del movimiento socialista francés.
Encubriéndose con la exigencia de la "libertad de crítica",
los jauresistas trataban de revisar las tesis fundamentales
del marxismo y propugnaban la colaboración de clase del
proletariado y la burguesía. En 1902, los jauresistas
formaron el Partido Socialista Francés, que mantuvo
posiciones reformistas.
Broussistas (posibilistas): miembros de la corriente
oportunista surgida en el movimiento obrero francés en los
años del 80 del siglo XIX, encabezada por Benito Melon y
Pablo Brousse. Los posibilistas eran adversarios a un
partido revolucionario del proletariado y se pronunciaban
por la renuncia a la lucha revolucionaria, considerando que
el paso paulatino al socialismo era posible únicamente con
el concurso de los organismos de la administración local,
es decir, de los municipios. Por su política oportunista, que
se reducía a la llamada "política de posibilidades", fueron
calificados irónicamente por Guesde de posibilistas. A
fines de la década del 80, los posibilistas, con el apoyo de
algunos elementos oportunistas de otros países, y en
particular de Hyndman (Federación Socialdemócrata de
Inglaterra), intentaron apoderarse de la dirección del
movimiento obrero internacional. Sin embargo, la mayoría
de las organizaciones socialistas de los distintos países no
siguieron a los posibilistas y participaron en el Congreso
de marxistas celebrado en París del 14 al 20 de julio de
1889. Este Congreso fue el comienzo de la II
Internacional. Engels sostuvo una lucha perseverante
contra los posibilistas, desenmascarando su actividad
escisionista. En 1902, los posibilistas, junto con otros
grupos reformistas, fundaron el Partido Socialista Francés.
En 1905, el Partido Socialista de Francia y el Partido
Socialista Francés se unificaron en un solo partido.
Durante la guerra imperialista de 1914-1918, Guesde, con
toda la dirección del Partido Socialista Francés, se pasó a
las posiciones del socialchovinismo.
41
Se refiere a la Federación Socialdemócrata de Inglaterra,
fundada en 1884. A la par con los reformistas (Hyndman y
otros) y los anarquistas, formaba parte de la Federación
Socialdemócrata
de
Inglaterra
un
grupo
de
socialdemócratas revolucionarios partidarios del marxismo
(Harry Quelch, Tom Mann, Edward Eveling, Leonora
Marx y otros), que constituían el ala izquierda del
movimiento socialista de Inglaterra. F. Engels criticó
rigurosamente a la Federación Socialdemócrata de
Inglaterra por su dogmatismo y sectarismo, por apartarse
del movimiento obrero de masas de Inglaterra y por
ignorar sus peculiaridades. En 1907 la Federación
Socialdemócrata de Inglaterra empezó a llamarse Partido
Socialdemócrata. Este, junto con los elementos de
izquierda del Partido Obrero Independiente formó en 1911
el Partido Socialista Británico; en 1920, la mayoría de sus
afiliados tomó parte en la fundación del Partido Comunista
de la Gran Bretaña.
Independent Labour Party (I. L. P.) (Partido Laborista
Independiente) fue fundado en 1893. Lo encabezaban
James Keir Hardie, Ramsay MacDonald y otros. Aunque
pretendía mantener la independencia política respecto a los
partidos burgueses, en realidad, el Partido Laborista

V. I. Lenin
Brouckere y Vandervelde en Bélgica42, los
integralistas y los reformistas en Italia43, los
bolcheviques y los mencheviques en Rusia, es, en
todas partes, sustancialmente, una y la misma, pese a
la gigantesca diversidad de las condiciones
nacionales y de los factores históricos en la situación
actual de todos estos países. La "división en el seno
del socialismo internacional contemporáneo se
desarrolla ya, ahora, en los diversos países del
mundo, esencialmente, en una misma línea, lo cual
muestra el formidable paso adelante que se ha dado
en comparación con lo que ocurría hace 30 ó 40
años, cuando en los diversos países luchaban
tendencias heterogéneas dentro del socialismo
internacional único. Y ese "revisionismo de
izquierda" que se perfila hoy en los países latinos con
el nombre de "sindicalismo revolucionario"44, se
adapta también al marxismo "enmendándolo":
Labriola en Italia, Lagardelle en Francia apelan a
cada paso del Marx mal comprendido al Marx bien
Independiente sólo era "independiente" del socialismo,
pero muy dependiente del liberalismo" (Lenin). Al
comienzo de la primera guerra mundial (1914-1918), el
Partido Laborista Independiente publicó un manifiesto
contra la guerra (el 13 de agosto de 1914). Luego, en
febrero de 1915, en la Conferencia de Londres de
socialistas de los países de la Entente, los independientes
se adhirieron a la resolución socialchovinista adoptada por
la Conferencia. A partir de entonces, los líderes de los
independientes, encubriéndose con frases pacifistas,
mantuvieron una posición socialchovinista. En 1919, los
lideres del Partido Laborista Independiente, bajo la presión
de las masas radicalizadas del partido, tomaron el acuerdo
de abandonar la II Internacional. En 1921, los
independientes ingresaron en la llamada Internacional II y
media y, después de la disgregación de ésta, volvieron a
ingresar en la II Internacional. En 1921, el ala izquierda
del Partido Laborista Independiente de Inglaterra se separó
de éste e ingresó en el Partido Comunista de la Gran
Bretaña.
42
En el Partido Obrero Belga, Brouckere y sus partidarios
se pronunciaban contra la participación de los socialistas
en un gobierno burgués reaccionario y luchaban contra
Vandervelde, que encabezaba a los revisionistas belgas.
Posteriormente, Brouckere pasó a las posiciones
oportunistas.
43
Los integralistas: partidarios del socialismo "integral",
variedad del socialismo pequeñoburgués.
44
"Sindicalismo revolucionario": corriente pequeño
burguesa semianarquista, surgida en el movimiento obrero
de diversos países de Europa Occidental a fines del siglo
XIX. Los sindicalistas negaban la necesidad de la lucha
política de la clase obrera, el papel dirigente del partido y
la dictadura del proletariado, y consideraban que los
sindicatos, mediante la huelga general de los obreros, pero
sin revolución, pueden derrocar el capitalismo y tomar en
sus manos la dirección de la producción. Lenin señalaba
que "el sindicalismo revolucionario ha sido en muchos
países el resultado directo e inevitable del oportunismo,
del reformismo y del cretinismo parlamentario". (Véase
Obras, 5a ed. en en ruso, t. 16, pág. 188.)

Marxismo y revisionismo
comprendido.
No podemos detenernos a examinar aquí el
contenido ideológico de este revisionismo, que dista
mucho de estar tan desarrollado como el
revisionismo oportunista, y que no se ha
internacionalizado, que no ha afrontado ni una sola
batalla práctica importante con el partido socialista
de ningún país. Por eso, nos limitaremos a ese
"revisionismo de derecha", que hemos dejado
esbozado más arriba.
¿En qué estriba su carácter inevitable en la
sociedad capitalista? ¿Por qué es más profundo que
las diferencias debidas a las particularidades
nacionales y al grado de desarrollo del capitalismo?
Porque en todo país capitalista existen siempre, al
lado del proletariado, extensas capas de pequeña
burguesía, de pequeños propietarios. El capitalismo
ha nacido y sigue naciendo, constantemente, de la
pequeña producción. El capitalismo crea de nuevo,
infaliblemente, toda serie de "capas medias"
(apéndice de las fábricas, trabajo a domicilio,
pequeños talleres diseminados por todo el país en
virtud de las exigencias de la gran industria, por
ejemplo, de la industria de bicicletas y automóviles,
etc.). Estos nuevos pequeños productores se ven
nuevamente arrojados también, de modo no menos
inevitable, a las filas del proletariado. Es
perfectamente
natural
que
la
mentalidad
pequeñoburguesa irrumpa de nuevo, una y otra vez,
en las filas de los grandes partidos obreros. Es
perfectamente natural que deba suceder así, y así
sucederá siempre hasta llegar a las peripecias de la
revolución proletaria, pues sería un profundo error
pensar que es necesario que la mayoría de la
población se proletarice "por completo" para que esa
revolución sea realizable. Lo que hoy vivimos con
frecuencia en un plano puramente ideológico: las
disputas en torno a las enmiendas teóricas hechas a
Marx; lo que hoy sólo se manifiesta en la práctica a
propósito de ciertos problemas parciales, aislados,
del movimiento obrero, como discrepancias tácticas
con los revisionistas y las escisiones sobre este
terreno, lo tendrá que vivir sin falta la clase obrera,
en proporciones incomparablemente mayores,
cuando la revolución proletaria agudice todos los
problemas en litigio y concentre todas las
discrepancias en los puntos de importancia más
inmediata para determinar la conducta de las masas,
obligando a separar, en el fragor del combate, los
enemigos de los amigos, a echar por la borda a los
malos aliados, para asestar los golpes decisivos al
enemigo.
La lucha ideológica del marxismo revolucionario
contra el revisionismo, librada a fines del siglo XIX,
no es más que el preludio de los grandes combates
revolucionarios del proletariado, que, pese a todas las
vacilaciones y debilidades de los filisteos, avanza
hacia el triunfo completo de su causa.

39

Escrito no más tarde del 3 (16) de abril de 1908.
Publicado en 1908 en la recopilación Carlos Marx
(1818-1883). Firmado: VI. Ilín.
V. I. Lenin. Obras, 58 ed. en ruso, t. 17, págs. 1526.

¿A QUE HERE1CIA RE1U1CIAMOS?
En el número 10 de Rússkoe Bogatstvo45 del año
1897, escribe el señor Mijailovski, exponiendo el
juicio del señor Minski sobre los "materialistas
dialécticos": "él (el señor Minski) debía saber que
esta gente no desea tener ningún vínculo de
continuidad con el pasado y renuncia decididamente
a la herencia" (pág. 179), o sea, "a la herencia de las
décadas del 60 y del 70", a la que ya en 1891 había
renunciado solemnemente el señor V. Rózanov en
Moskovskie Védomosti46 (pág. 178).
En este comentario del señor Mijailovski sobre
"los discípulos rusos" hay un sinnúmero de
falsedades. Por cierto que el señor Mijailovski no es
el único y original autor de esta falsedad acerca de la
"renuncia de los discípulos rusos a la herencia"; hace
mucho que la repiten casi todos los representantes de
la prensa liberal-populista al combatir a los
"discípulos"47. En los comienzos de su furiosa guerra
contra los "discípulos", el señor Mijailovski, si la
memoria no nos es infiel, aún no había inventado esa
falsedad; fueron otros los que lo hicieron antes que
él. Más tarde consideró que era necesario valerse
también de ella. A medida que los "discípulos"
fueron desarrollando sus puntos de vista en la
literatura rusa, cuanto más exhaustiva y
45

"Rússkoe Bogatstvo" ("La Riqueza Rusa"): revista
mensual editada en Petersburgo desde 1876 hasta
mediados de 1918. Desde comienzos de la década del 90
fue órgano de los populistas liberales, siendo dirigida por
S. Krivenko y N. Mijailovski. La revista propugnaba la
reconciliación con el gobierno zarista, manteniendo, al
mismo tiempo, una encarnizada lucha contra el marxismo
y los marxistas rusos.
A partir de 1906, la revista pasó a ser órgano del partido
semidemócrata constitucionalista de los "socialistas
populares".
46
"Moskovskie Védomosti" ("Las Noticias de Moscú"):
uno de los periódicos rusos más antiguos. Empezó a
editarse, como una pequeña hoja, por la Universidad de
Moscú en 1756. Desde 1863, el periódico, en manos de M.
N. Katkov, pasó a ser un portavoz monárquiconacionalista, que propugnaba las ideas de los sectores más
reaccionarios de los terratenientes y del clero. Desde 1905
fue uno de los órganos principales de las "centurias
negras". Se publicó hasta la Revolución de Octubre de
1917.
47
Discípulos: los discípulos de C. Marx y F. Engels. Este
término se utilizaba en los años del 90 del siglo XIX como
denominación legal de los marxistas.

detalladamente se pronunciaban sobre toda una serie
de problemas teóricos y prácticos, menos objeciones
serias se podían hallar en la prensa adversaria contra
los puntos fundamentales de la nueva orientación,
contra la noción del carácter progresivo del
capitalismo ruso, contra la absurda idealización
populista del pequeño productor, contra la necesidad
de buscar la explicación de las corrientes del
pensamiento social y de las instituciones jurídicopolíticas en los intereses materiales de las diversas
clases de la sociedad rusa. Estos puntos
fundamentales fueron silenciados, se prefirió y se
prefiere no hablar de ellos; pero, en cambio, han
aumentado las invenciones tendientes a desacreditar
la nueva orientación. Entre estas invenciones, "malas
invenciones", se encuentran también las frases en
boga acerca de "la renuncia de los discípulos rusos a
la herencia", acerca de su ruptura con las mejores
tradiciones del mejor y más avanzado sector de la
sociedad rusa, o de que han roto el hilo democrático,
etc., etc., y muchas otras cosas por el estilo. La
extraordinaria difusión que se ha dado a tales frases
nos obliga a detenernos en un análisis minucioso de
las mismas y en su refutación. Para que nuestra
exposición no aparezca como carente de pruebas,
comenzaremos estableciendo un paralelo históricoliterario entre dos "publicistas del agro", tomados
para caracterizar la "herencia". Hacemos la salvedad
de que nos limitaremos exclusivamente a los
problemas económicos y sociales, analizando, de
toda la "herencia", sólo éstos y dejando de lado los
problemas filosóficos, literarios, estéticos, etc.
I. Uno de los representantes de la "herencia"
Hace 30 años, en 1867, comenzaron a publicarse
en la revista Otéchestvennie Zapiski48 los ensayos
48

"Otéchestvennie Zapiski" ("Anales Patrios"): revista
literaria y política; empezó a editarse en Petersburgo en
1820. Desde 1839 pasó a ser la mejor publicación
progresiva de aquella época. Colaboraban en la revista V.
Belinski, A. Herzen, T. Granovski, N. Ogariov y otros. A
partir de 1846, después de marcharse V. Belinski, empezó
a declinar la importancia de Otéchestvennie Zapiski. Desde
1868, al ser dirigida por N. Nekrásov y M. SaltykovSchedrín, Otéchestvennie Zupiski inició un nuevo período
de florecimiento, cuando la revista agrupaba a los
intelectuales revolucionario-democráticos. Después de la

¿A que herencia renunciamos?
económico-sociales de Skaldin, bajo el título de En
una perdida aldea y en la capital. Estos ensayos
fueron publicados en el curso de tres años, de 1867 a
1869. En el año 1870 su autor los recopiló y los editó
en un solo volumen bajo el mismo título49. Trabar
conocimiento con este libro, casi totalmente olvidado
en la actualidad, es extraordinariamente instructivo
en lo que se refiere al problema que nos interesa, o
sea, el de la actitud de los representantes de la
"herencia" frente a los populistas y frente a los
"discípulos rusos". El título del libro no es exacto. El
propio autor lo ha notado y explica en el prólogo que
el tema se refiere a la actitud de la "capital" con
respecto a la "aldea", es decir, que se trata de ensayos
económico-sociales sobre esta última y que no es su
propósito hablar en especial de la capital. Es decir,
quizás haya tenido ese propósito, pero no lo creyó
conveniente: como yo podría, no quiero; y como
querría, no puedo. Skaldin cita, para explicar esa
inconveniencia, la frase de un escritor griego.
Haremos una breve exposición de los puntos de
vista de Skaldin.
Comenzaremos por la reforma campesina50, punto
muerte de N. Nekrásov (1877), la revista cayó bajo la
influencia de los populistas.
La revista fue perseguida constantemente por la censura, y
en abril de 1884 fue suspendida por el gobierno zarista.
49
Skaldin. En una perdida aldea y en la capital, San
Petersburgo, 1870 (451 págs). No nos ha sido posible
conseguir los números de Otéchestvennie Zapiski,
correspondientes a ese período; por lo tanto hemos
utilizado únicamente el libro.
En los archivos del Instituto de Marxismo-Leninismo,
adjunto al CC del PCUS hay un resumen del libro de
Skaldin En una perdida aldea y en la capital, hecho por C.
Marx, así como un ejemplar del mismo, editado en 1870,
con sus apuntes y notas. La comparación del resumen
hecho por Marx con la obra de Lenin ¿A qué herencia
renunciamos? demuestra que Marx y Lenin tenían la
misma opinión acerca de la información y las conclusiones
del autor del libro.
50
Se refiere a la ley sobre la emancipación de los
campesinos del régimen de servidumbre (la llamada
"reforma campesina"), promulgada por el gobierno zarista
en 1861. La necesidad de la reforma se debió a toda la
marcha del desarrollo económico del país y al auge del
movimiento campesino de masas contra la explotación
feudal. La "reforma campesina" fue una reforma burguesa
aplicada por señores feudales. Su contenido burgués "se
exteriorizaba tanto más cuanto menos se recortaban las
tierras campesinas, cuanto más completa era su separación
de las tierras de los terratenientes, cuanto más bajo era el
tributo que tenían que pagar a los señores feudales".
(Véase V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso, t. 20, pág. 173.)
La "reforma campesina" fue un paso en el camino de la
transformación de Rusia en una monarquía burguesa.
En total fueron "manumitidos" 22,5 millones de
campesinos. Sin embargo, se conservaron las haciendas de
los terratenientes. Las tierras de los campesinos se
declaraban propiedad del terrateniente. El campesino
podía obtener una parcela de tierra solamente con arreglo a

41
de partida al cual deben remontarse inevitablemente,
aun hoy, quienes deseen exponer sus concepciones
generales sobre los problemas económicos y sociales.
En el libro de Skaldin se dedica mucho espacio a la
reforma campesina. Skaldin fue tal vez el primer
escritor que, en forma sistemática y basándose en
innumerables hechos y en un examen minucioso de
toda la vida del campo, supo mostrar la situación
calamitosa de los campesinos después de efectuada la
reforma, el empeoramiento de sus condiciones de
vida, las nuevas formas de su dependencia en lo
económico, en lo jurídico y en su vida cotidiana; en
una palabra, supo mostrar todo lo que desde entonces
ha sido mostrado y demostrado, en forma
circunstanciada y minuciosa, a través de
innumerables investigaciones y descripciones. En la
actualidad, todas estas verdades no constituyen
novedad alguna, pero en aquel entonces, no sólo
constituían una novedad, sino que hasta suscitaban la
desconfianza de la sociedad liberal, la cual temía que
detrás de estas alusiones a las llamadas "deficiencias
de la reforma", se ocultase la condenación de ella y
un velado espíritu feudal. El interés que ofrecen los
puntos de vista de Skaldin es tanto mayor por tratarse
de un contemporáneo de la reforma (y, posiblemente,
incluso un participante de ella. No disponemos de
ningún dato histórico-literario, ni biográfico de
Skaldin). Sus concepciones se basan, por
consiguiente, en la observación directa, tanto de la
"capital" como de la "aldea" de entonces, y no en un
estudio de gabinete de material-libresco.
En las concepciones de Skaldin, referentes a la
reforma campesina, llama ante todo la atención del
lector actual, habituado a las melosas narraciones
populistas sobre el tema, la extraordinaria sensatez

la norma establecida por la ley (y de acuerdo con el
terrateniente), con rescate.
La reforma socavó el viejo sistema de prestación personal,
pero no lo suprimió. En poder de los terratenientes quedó
la mejor parte de las parcelas campesinas ("tierras
recortadas", bosques, prados, abrevaderos, pastizales, etc.),
sin los cuales los campesinos no podían explotar su
hacienda de modo independiente. Antes de ser concluida
la transacción de rescate los campesinos se consideraban
"provisionalmente obligados" y prestaban servicios al
terrateniente en forma de censos y prestaciones personales.
El rescate por los campesinos de sus parcelas, en
propiedad, constituyó un robo manifiesto por parte de los
terratenientes y el gobierno zarista. Los campesinos
tuvieron que pagar por sus tierras centenares de millones
de rublos, lo que condujo a la ruina de sus haciendas y al
empobrecimiento en masa del campesinado.
Los demócratas revolucionarios rusos, con N.
Chernishevski a la cabeza, condenaron la reforma agraria
por su carácter feudal. Lenin, calificó la "reforma
campesina" de 1861 de primer violencia en masa contra
los campesinos en favor del capitalismo naciente en la
agricultura, de "limpieza de tierras" por los terratenientes
para el capitalismo.

42
del autor. Skaldin considera la reforma sin tratar de
engañarse a sí mismo, sin ningún género de
idealizaciones, la ve como un arreglo entre dos partes
-los terratenientes y los campesinos-, que hasta
entonces habían usufructuado en común la tierra en
determinadas condiciones y que ahora se han
dividido, modificando con esa división la posición
jurídica de ambas partes. Los intereses de las partes
fueron el factor determinante de la forma en que se
realizó esa división y de la extensión de lo que
recibió cada parte. Esos intereses determinaban las
tendencias de ambas partes, pero la posibilidad para
una de ellas de participar directamente en la reforma
misma y en la solución práctica de los diversos
problemas de su realización, ha sido, entre otras
cosas, lo que determinó su predominio. Tal es la
interpretación que Skaldin da a la reforma. En cuanto
al problema principal de la reforma -el de las
parcelas y los pagos-, Skaldin se detiene en forma
particularmente minuciosa, volviendo más de una
vez a él en sus ensayos. (Su libro se divide en 11
ensayos, independientes por su contenido, que por su
forma parecen cartas de la aldea. El primer ensayo
aparece fechado en 1866, el último, en 1869).
Respecto de los llamados campesinos "con poca
tierra", el libro no contiene, claro está, nada nuevo
para el lector contemporáneo, pero para el de fines de
la década del 60, sus afirmaciones eran tan nuevas
como valiosas. No nos proponemos, naturalmente,
repetirlas; sólo queremos señalar las particularidades
de la caracterización que hace Skaldin de este
fenómeno, particularidades que lo distinguen
ventajosamente de los populistas. Skaldin no habla
de la "escasez de tierra", sino de que "se ha recortado
una parte demasiado importante de las parcelas
campesinas" (pág. 213, así como también 214 y
muchas otras; confrontar título del ensayo III), de
que las parcelas mayores fijadas por el Reglamento51
resultaron inferiores de las que los campesinos tenían
antes de la reforma (pág. 257); cita de paso algunos
juicios
y
comentarios
extraordinariamente
característicos y típicos de los campesinos sobre este
aspecto de la reforma52. Las explicaciones y la
demostración de este hecho son en Skaldin
extraordinariamente sólidas, vigorosas e incluso
51

Se refiere al Reglamento de los campesinos liberados
del régimen de servidumbre, que fue firmado por el zar
Alejandro II el 19 de febrero de 1861.
52
"El (subrayado por el autor) ha recortado tanto nuestra
tierra que sin esta tierra recortada no se puede vivir; nos ha
rodeado por todas partes con sus campos de tal modo que
no tenemos dónde llevar el ganado a pacer; así resulta que
tenemos que pagar aparte por la parcela y también aparte,
y todo lo que nos pide, por la tierra recortada", "¡Qué
mejora de vida es ésa! -me dijo un mujik con cierta
instrucción y ducho, de los campesinos que en el pasado
pagaban el tributo en especie-, nos han dejado el tributo en
especie como antes y además nos han recortado las
tierras".

V. I. Lenin
bruscas para un escritor como él, por lo común,
excepcionalmente moderado, sensato y, por sus
concepciones generales, indudablemente burgués. Si
hasta un escritor como Skaldin habla de esto tan
enérgicamente, quiere decir que el fenómeno llamó
poderosamente la atención. También habla Skaldin
de lo gravoso de los pagos de una manera enérgica y
sólida poco común, demostrando sus afirmaciones a
través de una gran cantidad de hechos. "Los
impuestos excesivos -leemos en el subtítulo del
ensayo III (1867)- son la causa principal de la
pobreza de los campesinos", y Skaldin muestra que
los impuestos son superiores a los ingresos que los
campesinos obtienen de la tierra; cita de Los trabajos
de la Comisión de Impuestos los datos que muestran
la distribución de los impuestos en Rusia que se
perciben tanto de las clases superiores como de las
inferiores, de donde resulta que sobre estas últimas
recae el 76% de todos los tributos, y sobre las
primeras tan sólo el 17% mientras que en Europa
Occidental la relación es, en todas partes,
incomparablemente más favorable para las clases
inferiores. En el subtítulo del ensayo VII (1868)
leemos: "Las desmesuradas cargas monetarias
constituyen una de las causas principales de la
indigencia de los campesinos", y el autor muestra
cómo las nuevas condiciones de vida han exigido de
pronto al campesino dinero, dinero y más dinero;
muestra cómo en el Reglamento se aceptaba, por
regla, recompensar a los terratenientes por la
abolición del derecho de servidumbre (252), cómo el
monto del tributo era fijado "de acuerdo con los datos
suministrados por los terratenientes, por sus
administradores y por los alcaldes, es decir, de
acuerdo con datos totalmente arbitrarios y carentes
de la menor veracidad" (255), a consecuencia de lo
cual, los tributos medios en especie deducidos por las
comisiones resultaron ser más elevados de lo que
debían ser en realidad. "A la carga de los tributos se
añadió para los campesinos la pérdida de la tierra que
habían usufructuado durante siglos" (258). "Si la
valuación de la tierra para el rescate se hubiera hecho
por su valor real en la época de la emancipación y no
según la capitalización del tributo, el rescate podría
haberse efectuado muy fácilmente y no se necesitaría
ni siquiera la colaboración del gobierno ni la emisión
de títulos de crédito" (264). "El rescate que, según el
espíritu del Reglamento del 19 de febrero, debía ser
un alivio para los campesinos y traer el mejoramiento
de sus condiciones de vida, tiende frecuentemente, en
realidad, a aumentar aún más su penuria" (269).
Mencionamos aquí todas estas citas -de por sí poco
interesantes y en parte anticuadas- para demostrar
con cuánta energía se expresaba en favor de los
intereses de los campesinos un escritor que se
conduce como adversario del sistema comunal y que
en toda una serie de problemas se ha pronunciado

43

¿A que herencia renunciamos?
como un verdadero manchesteriano53. Es muy
aleccionador señalar la total coincidencia de casi
todas las tesis útiles y no reaccionarias del populismo
con las de este manchesteriano. Se comprende de por
sí que, con tales concepciones acerca de la reforma,
Skaldin no podía entregarse a esa empalagosa
idealización de ella, como lo hicieron y lo hacen los
populistas diciendo que ella ha sancionado la
producción popular, que era superior a las reformas
campesinas europeo-occidentales, que había hecho
de Rusia algo así como tabla rasa, etc. Skaldin no
sólo no ha dicho ni ha podido decir nada semejante,
sino que, por el contrario, dijo francamente que
nuestra reforma campesina se había realizado en
condiciones menos ventajosas para los campesinos,
que había sido menos provechosa que la de
Occidente. "El problema se planteará directamente escribía Skaldin-, si nos preguntamos por qué las
felices consecuencias de la emancipación no se
manifiestan entre nosotros con la misma rapidez y el
mismo crecimiento progresivo, como se han
manifestado, por ejemplo, en Prusia y Sajonia en el
primer cuarto del presente siglo" (221). "En Prusia,
como en toda Alemania, se rescataban no las parcelas
de los campesinos, que desde hacía mucho ya eran
reconocidas por la ley como propiedad de éstos, sino
la prestación obligatoria de servicios a los
terratenientes" (272).
Ahora pasaremos del aspecto económico al
aspecto jurídico de la reforma en la apreciación de
Skaldin. Skaldin es un ardiente adversario de la
caución solidaria54, del sistema de pasaportes y del
poder patriarcal de la "comunidad" en el
campesinado
(y
de
las
corporaciones
pequeñoburguesas) sobre sus miembros. En el III
ensayo (1867) insiste sobre la necesidad de suprimir
la caución solidaria, la capitación y el sistema de
pasaportes, sobre la necesidad de establecer
impuestos patrimoniales igualitarios y la sustitución
de los pasaportes por certificados gratuitos y
permanentes. "El impuesto sobre pasaportes dentro
del propio país no existe en ningún otro Estado
civilizado" (109). Como se sabe, este impuesto ha

sido abolido tan sólo en 1897, En el título del IV
ensayo leemos: "La arbitrariedad de las comunidades
agrícolas y las dumas urbanas en el envío de
pasaportes y en el cobro de impuestos a
contribuyentes ausentes"... "La caución solidaria es
un yugo pesado que deben soportar los propietarios
hacendosos y cumplidores por los vagos y
holgazanes" (126), Skaldin quiere explicar la
desintegración del campesinado, que ya entonces
comenzaba a manifestarse, haciendo referencia a las
cualidades personales de los que progresan y de los
que se arruinan. El autor describe minuciosamente
las dificultades con que tropiezan los campesinos que
viven en San Petersburgo para obtener y prorrogar
los pasaportes y refuta la objeción de los que dicen:
"Gracias a Dios que toda esta masa de campesinos
sin tierra no ha sido adscrita a las ciudades y no vino
a aumentar el número de los habitantes urbanos
carentes de bienes raíces..." (130)... "La bárbara
caución solidaria..." (131)." "Uno se pregunta:
¿pueden llamarse libres, desde el punto de vista civil,
las personas colocadas en semejante situación? ¿No
es esto lo mismo que los glebae adscripti?55 (132).
Culpan a la reforma campesina, "Pero, ¿acaso es
culpable la reforma campesina de que la legislación,
después de emancipar al campesino de su
servidumbre respecto al terrateniente, no haya podido
concebir nada para liberarlo de la sujeción a la
comunidad y al lugar de residencia?... ¿Dónde están,
pues, los indicios de su libertad civil, si el campesino
no puede elegir el lugar de residencia, ni el género de
sus ocupaciones?" (132). Skaldin, en forma
verdaderamente justa, y certera, denomina a nuestro
campesino "proletario sedentario" (231)56. En el
título del ensayo VIII (1868), leemos: "...La
adscripción de los campesinos a sus comunidades y
parcelas entorpece el mejoramiento de sus
condiciones de vida... Es una traba para el
desenvolvimiento de trabajos fuera de la localidad".
"Además de la ignorancia de los campesinos y del
aplastamiento bajo el peso del aumento progresivo de
los impuestos, una de las causas que traba el
desarrollo del trabajo campesino y, por consiguiente,
de su bienestar, es su adscripción a las comunidades

53

Manchesterianos: partidarios de la "escuela
manchesteriana" en la Economía Política burguesa, que en
la primera mitad del siglo XIX se pronunciaban por el
libre cambio y la derogación de las leyes que
obstaculizaban el desarrollo del capitalismo (leyes sobre el
pan y otras). Manchester, gran ciudad industrial de
Inglaterra, fue el centro de este movimiento. Encabezaban
la "escuela manchesteriana" Richard Cobden y John
Bright.
54
Caución solidaria: responsabilidad colectiva obligatoria
de los campesinos de cada comunidad rural por el pago
puntual y completo de los impuestos en metálico y por el
cumplimiento de toda clase de prestaciones en favor del
Estado y los terratenientes (contribuciones, pagos de
rescate, recluta de quintos, etc.). Esta forma de vasallaje de
los campesinos fue suprimida únicamente en 1906.

55

Campesinos de la época del antiguo Imperio Romano,
adscritos a las parcelas, de las que no podían irse, aun
cuando éstas no les dieran ni para vivir. (N. de la Edit.)
56
Skaldin ha mostrado muy detalladamente la justicia no
sólo de la segunda, sino también de la primera parte de
esta definición (proletario). Dedica mucho espacio en sus
ensayos a la descripción de la situación de dependencia de
los campesinos y de su miseria, de la difícil situación de
los jornaleros agrícolas, a la "descripción del hambre de
1868" (título del ensayo V) y de todo género de formas de
sojuzgamiento y de humillación del campesino. También
en la década del 60, igual que en la del 90, hubo gentes
que silenciaban y negaban la existencia del hambre.
Skaldin se alza ardientemente contra ellas. Claro está que
sería superfluo traer citas minuciosas sobre esta materia.

44
y parcelas. Atar la mano de obra a un solo lugar y
encadenar la comunidad agraria con lazos
indisolubles es ya de por sí una condición
extremadamente desventajosa para el desarrollo del
trabajo, para la iniciativa personal y para la pequeña
propiedad agraria" (284). "Los campesinos, sujetos
como están a sus parcelas y comunidades, privados
de la posibilidad de emplear su trabajo donde resulte
más productivo y más ventajoso para ellos, han
quedado como congelados en esta forma de vida
semejante a la de un rebaño, improductiva, tal como
han salido de manos del régimen de la servidumbre"
(285). El autor, por consiguiente, enfoca estos
problemas del modo de vida campesino desde un
punto de vista netamente burgués, pero, pese a ello
(más exacto: precisamente por ello) aprecia, en forma
extraordinariamente justa, lo pernicioso de la
adscripción de los campesinos para toda la evolución
social y para ellos mismos. Con singular fuerza
(agregaremos por nuestra parte) se manifiesta este
perjuicio en los grupos más inferiores del
campesinado, en el proletariado rural. Muy
acertadamente dice Skaldin: "es loable la
preocupación de la ley por que los campesinos no
queden sin tierra; pero no conviene olvidar que la
preocupación de los propios campesinos sobre el
particular es incomparablemente más fuerte que la de
cualquier legislador" (286). "Además de la
adscripción de los campesinos a sus parcelas y
comunidades, incluso su alejamiento provisorio para
ganar un jornal, tropieza con una multitud de
restricciones y gastos, a consecuencia de la caución
solidaria y el sistema de pasaportes" (298). "Para
muchos campesinos, a mi juicio, se abriría una salida
de la difícil situación actual si se adoptaran...
medidas tendientes a facilitar a los campesinos la
posibilidad de renunciar a la tierra" (294). Aquí
Skaldin expresa un deseo que contradice
radicalmente todos los proyectos populistas, que se
reducen a lo contrario: fortalecimiento de la
comunidad57, no enajenación de las parcelas, etc.
57

La comunidad (agraria) en Rusia representaba una
forma de usufructo colectivo de la tierra por los
campesinos, que se caracterizaba por una rotación de
cultivos obligatoria y por la indivisibilidad de los bosques
y pastizales. Los rasgos principales de la comunidad
agraria rusa eran la caución solidaria, la redistribución
sistemática de la tierra, la imposibilidad de negarse a
aceptarla y la prohibición de su compraventa.
Los terratenientes y el gobierno zarista aprovechaban la
comunidad para acentuar el yugo feudal y obtener de los
campesinos el pago del rescate y tributos. Lenin señalaba
que la comunidad, sin preservar al campesino de la
proletarización, era de hecho una barrera medieval que
dividía a los campesinos.
Los populistas idealizaban la comunidad y veían en ella la
garantía de una vía específica, no capitalista, del desarrollo
de Rusia hacia el socialismo. En los años 80 del siglo XIX,
J. Plejánov demostró la inconsistencia de las ilusiones

V. I. Lenin
Numerosos hechos mostraron plenamente desde
entonces la razón que tenia Skaldin: el mantener la
sujeción de los campesinos a la tierra y el carácter
estamental cerrado de la comunidad campesina sólo
empeora la situación del proletariado rural, entorpece
el desarrollo económico del país y no ofrece, en
absoluto, condiciones para defender al "proletario
sedentario" contra las peores formas de
sojuzgamiento y de dependencia, contra la caída
vertical del salario y del nivel de vida.
De las citas transcritas más arriba el lector ya
puede deducir que Skaldin es enemigo de la
comunidad agrícola. Se pronuncia en contra de la
comunidad y la redistribución de las tierras desde el
punto de vista de la propiedad personal, del espíritu
emprendedor, etc. (págs. 142 y sigs.). Skaldin refuta
a los defensores de la comunidad afirmando que el
"derecho consuetudinario secular" ya ha caducado:
"En todos los países, a medida que los habitantes
rurales se ponían en contacto con el medio civilizado,
el derecho consuetudinario fue perdiendo su pureza
primitiva, se ha ido menoscabando y deformando.
Este fenómeno se observa también en nuestro país: el
poder de la comunidad poco a poco se convierte en el
poder de las sanguijuelas y de los escribanos rurales,
y en lugar de proteger la persona del campesino, lo
oprime como un pesado yugo" (143), observación
muy justa, cuya veracidad ha sido confirmada
durante los últimos 30 años por una infinidad de
hechos. "La familia patriarcal, la posesión comunal
de la tierra, el derecho consuetudinario", a juicio de
Skaldin, están irremisiblemente condenados por la
historia. "Aquellos que abrigasen el deseo de
conservar para siempre estos venerados monumentos
de los siglos pasados, demostrarían con ello que
están más dispuestos a dejarse arrastrar por una idea
que a penetrar en la realidad y comprender la marcha
incontenible de la historia" (162), y agrega a esta
observación efectivamente justa una vibrante filípica
manchesteriana. "El usufructo comunal de la tierra dice en otro lugar- coloca a cada campesino en
situación de esclavo con respecto a toda la
comunidad" (222). Así, pues, la incondicional
hostilidad a la comunidad, desde un punto de vista
netamente burgués, se asocia, en Skaldin, con una
consecuente defensa de los intereses de los
populistas en cuanto al "socialismo comunal", y en los
años 90, Lenin no dejó piedra sobre piedra de las teorías
populistas. Basándose en numerosos hechos, Lenin mostró
cómo se desarrollaban las relaciones capitalistas en el
campo ruso y cómo el capital, al penetrar en la comunidad
patriarcal, dividía desde adentro a los campesinos en
clases antagónicas: en kulaks y campesinos pobres.
Las comunidades impedían el desarrollo del capitalismo
en el campo. En 1906, el ministro zarista Stolypin
promulgó una ley ventajosa para los kulaks, que
autorizaba la salida de los campesinos de la comunidad y
la venta de las parcelas.

¿A que herencia renunciamos?
campesinos. Skaldin no relaciona, en absoluto, su
animadversión a la comunidad con los insensatos
proyectos de aniquilamiento violento de la
comunidad ni con la implantación forzosa de otro
sistema similar de posesión de la tierra, proyectos
que suelen propugnar los actuales adversarios de la
comunidad que pregonan una descarada ingerencia
en la vida campesina y se pronuncian contra la
comunidad, no precisamente desde el punto de vista
de los intereses de los campesinos. Por el contrario,
Skaldin protesta enérgicamente contra su inclusión
entre los partidarios de "la destrucción violenta del
usufructo comunal de la tierra" (144). "La
Disposición del 19 de febrero ha dejado -dice-, muy
sabiamente en manos de los propios campesinos, la
decisión de pasar... del usufructo comunal al familiar.
En efecto, nadie, fuera de los campesinos mismos,
puede decidir con fundamento sobre la oportunidad
de tal paso". Por lo tanto Skaldin es adversario de la
comunidad sólo en el sentido de que ésta traba el
desarrollo económico, la salida de los campesinos de
la comunidad y la renuncia a la tierra, es decir, en el
mismo sentido en el que ahora se manifiestan
contrarios a la comunidad los "discípulos rusos"; esta
hostilidad nada tiene de común con la defensa de los
intereses egoístas de los terratenientes, ni con la
defensa de los resabios y del espíritu del régimen de
servidumbre ni con la defensa de la ingerencia en la
vida de los campesinos. Es muy importante tener en
cuenta esta diferencia, por cuanto los populistas de
hoy, habituados a ver adversarios de la comunidad
solamente en el campo de Moskouskie Védomosti,
etc., se hacen pasar de buen grado por gente que no
entiende otra forma de hostilidad hacia la comunidad.
El punto de vista general de Skaldin, con respecto
a las causas de la penosa situación de los campesinos,
se reduce a que todas ellas reposan en las
supervivencias del derecho de servidumbre.
Describiendo el hambre del año 1868, Skaldin hace
notar que los terratenientes feudales se referían a ella
con malévola alegría diciendo que su origen residía
en la indisciplina de los campesinos, en la supresión
de la tutela terrateniente, etc. Skaldin se rebela
vivamente contra estas opiniones. "Las causas del
empobrecimiento de los campesinos -dice- son
heredadas de la servidumbre (212) y no son los
efectos de la abolición de ésta; éstas son las causas
generales que mantienen a la mayoría de nuestros
campesinos a un nivel próximo al proletariado", y
Skaldin repite los juicios antes citados sobre la
reforma. Es absurdo acometer contra las particiones
familiares: "Aun cuando estas particiones causan un
daño temporal a las ventajas materiales de los
campesinos, dejan a salvo, en cambio, su libertad
individual y la dignidad moral de la familia
campesina, es decir, los bienes superiores del
hombre, sin los cuales no es posible ningún éxito de
la civilización" (217), y Skaldin señala, con razón,

45
las auténticas causas de la campaña contra las
particiones: "muchos terratenientes exageran el
perjuicio que proviene de las particiones y descargan
sobre ellas, del mismo modo que sobre la ebriedad de
los campesinos, todas las consecuencias de estas u
otras causas de la indigencia de los campesinos cuyo
reconocimiento es tan desagradable para los
terratenientes" (218). A los que dicen que ahora se
habla mucho acerca de la pobreza campesina,
mientras que antes no se la mencionaba para nada -lo
cual probaría que la situación de los campesinos ha
empeorado-, Skaldin contesta: "Para poder juzgar
sobre los resultados de la emancipación del poder de
los terratenientes, comparando la situación actual de
los campesinos con la de antes, habría que ubicar en
el tiempo en que imperaba la servidumbre el recorte
actual de las parcelas campesinas e imponer a los
campesinos de entonces todas las gabelas que han
aparecido después de la emancipación, y entonces se
vería si los campesinos siervos habrían podido
soportar tal situación" (219). Este es un rasgo, en alto
grado característico e importante, de las
concepciones de Skaldin, quien reduce todas las
causas del empeoramiento de la situación de los
campesinos a las supervivencias de la servidumbre
que ha dejado en herencia las prestaciones, los
tributos, los recortes de tierra, la falta de derechos
individuales y la obligatoriedad para los campesinos
de tener un lugar fijo de residencia. Skaldin no sólo
no ve el hecho de que en el propio régimen de las
nuevas relaciones económico-sociales, en el propio
régimen de la economía posterior a la reforma,
pueden residir las causas del empobrecimiento
campesino, sino que ni siquiera admite semejante
pensamiento, pues está profundamente convencido
de que con la completa abolición de todos estos
resabios del régimen de la servidumbre sobrevendrá
la prosperidad general. Su punto de vista es
precisamente negativo: eliminad las trabas al libre
desarrollo del campesinado heredadas del régimen de
la servidumbre y todo marchará bien en este mundo,
que es el mejor de todos. "De parte del poder estatal dice Skaldin- aquí (es decir, con respecto a los
campesinos) sólo puede haber un camino; la
paulatina y continua eliminación de las causas que
han llevado a nuestro campesino al embotamiento y
pobreza actuales y que no le permiten elevarse y
reponerse" (224, subrayado por mí). En este aspecto
es sumamente ilustrativa la respuesta que da Skaldin
a los que defienden la "comunidad" (o sea, la
sujeción de los campesinos a la comunidad y a la
parcela) y que alegan que, en caso contrario, "se
formaría un proletariado rural". "Esta objeción -dice
Skaldin- se rebate por sí misma, teniendo en cuenta
las inmensas extensiones de tierra que tenemos sin
cultivar y que no hallan mano de obra que las trabaje.
Cuando la ley deje de imponer restricciones a la
distribución natural de la mano de obra, en Rusia

V. I. Lenin

46
serán verdaderamente proletarios sólo mendigos por
oficio, o gente incorregiblemente corrompida y
entregada a la bebida" (144); punto de vista típico de
los economistas e "ilustradores" del siglo XVIII,
quienes creyeron que la abolición de la servidumbre
y de todas sus supervivencias crearía sobre la tierra el
reino del bienestar universal. Probablemente, un
populista miraría a Skaldin con altivez y diría
simplemente: es un burgués. Sí, claro está, Skaldin lo
es, pero es el representante de la ideología burguesa
progresista, mientras que la ideología del populista es
pequeñoburguesa y reaccionaria en toda una serie de
puntos. Y ¡este "burgués" ha sabido defender mejor
aún que un populista los intereses prácticos y reales
de los campesinos, intereses que han coincidido y
coinciden con las exigencias de todo el desarrollo
social!58
Para finalizar la caracterización de las
concepciones de Skaldin, añadiremos que este autor
es enemigo del sistema estamental, defensor de un
tribunal único para todos los estamentos, simpatiza
"en teoría" con la administración subdistrital sin
estamentos, es ferviente partidario de la instrucción
pública, sobre todo de la general, de la
autoadministración y de las instituciones del
zemstvo59; es partidario de un amplio crédito agrario,
sobre todo del pequeño crédito, porque de él hay una
gran demanda entre los campesinos para comprar
tierra.
También
aquí
se
manifiesta
el
"manchesteriano": Skaldin dice, por ejemplo, que los
bancos de los zemstvos y urbanos son "una forma
patriarcal o primitiva de bancos" y que deben ceder
el lugar a los bancos privados, los cuales tienen
"todas las ventajas" (80). El valor de la tierra se
puede aumentar "mediante la reanimación de la
actividad industrial y comercial en nuestras
provincias" (71), etc.
Resumiendo. Por el carácter de sus concepciones,
Skaldin puede ser llamado burgués ilustrador. Sus
concepciones recuerdan extraordinariamente las de
los economistas del siglo XVIII (claro está, con la

debida refracción de las mismas a través del prisma
de las condiciones rusas), y el carácter general
"ilustrador" de la "herencia" de la década del 60 ha
sido expuesto por él con suficiente relieve. Al igual
que los ilustradores de Europa Occidental y la
mayoría de los representantes de la literatura de la
década del 60, Skaldin está animado por un ardiente
odio al régimen de servidumbre y a todas sus
manifestaciones en el terreno económico, social y
jurídico. Este es el primer rasgo característico del
"ilustrador". El segundo rasgo característico, común
a todos los ilustradores rusos, es la fervorosa defensa
de la ilustración, de la autoadministración, de la
libertad, de las formas europeas de vida y, en general,
de la europeización de Rusia en todos los aspectos.
Finalmente, el tercer rasgo característico del
"ilustrador" es la defensa de los intereses de las
masas populares, principalmente de los campesinos
(los que aún no estaban totalmente emancipados o los
que se iban emancipando en la época de los
ilustradores), la sincera fe en que la abolición del
régimen de servidumbre y de sus supervivencias
habría de traer el bienestar general, y el sincero deseo
de contribuir a ello. Estos tres rasgos constituyen la
esencia de lo que entre nosotros se llama "la herencia
de la década del 60", y es importante subrayar que no
hay nada de populista en esta herencia. No son
pocos en Rusia los escritores que, por sus
concepciones, responden a las mencionadas
características y que nunca han tenido nada de común
con el populismo. Cuando en la concepción del
mundo de un escritor aparecen esos rasgos, todos
reconocen en él a un "custodio de las tradiciones de
la década del 60", independientemente de su actitud
frente al populismo. A nadie, claro está, se le
ocurriría decir, por ejemplo, que el señor M.
Stasiulévich, cuyo aniversario se ha festejado hace
poco, "ha renegado de la herencia" porque fue
adversario del populismo o porque ha mantenido una
actitud indiferente ante los problemas planteados por
éste. Hemos tomado como ejemplo a Skaldin60

58

60

Y por el contrario, todas las medidas prácticas
progresistas que encontramos entre los populistas, son por
su contenido completamente burguesas, es decir, están
encaminadas precisamente hacia el desarrollo capitalista y
de ningún otro. Sólo pequeños burgueses han podido
inventar la teoría, según la cual la ampliación de la
posesión territorial campesina, la reducción de los
impuestos, el cambio de residencia, el crédito, el auge de
la técnica, la regulación de la venta y otras medidas
semejantes, pueden servir a una "producción popular".
59
Zemstvo: administración autónoma local encabezada por
la nobleza en las provincias centrales de la Rusia zarista.
Los zemstvos fueron creados en 1864 y sus atribuciones se
circunscribían a los asuntos económicos puramente locales
(construcción de hospitales y caminos, estadística,
seguros, etc.). Controlaban su actividad los gobernadores y
el ministro del Interior, que podían dejar en suspenso
cualquier acuerdo que no fuera del agrado del gobierno.

Nos objetarán, tal vez, que Skaldin no es típico de la
década del 60 por su hostilidad a la comunidad y por su
tono. Pero aquí no se trata solamente de la comunidad. Se
trata de las concepciones comunes a todos los ilustradores
y que Skaldin comparte. En cuanto al tono, efectivamente,
tal vez no sea típico, por su manera serena, moderada,
gradual de razonar, etc. No en vano Engels llamó a
Skaldin liberolkonsernativ (En su artículo "Soziales aus
Rubland" ("Acerca de las relaciones sociales en Rusia"),
Engels caracteriza a Skaldin como conservador
moderado.) (En su artículo "Soziales aus Rubland"
("Acerca de las relaciones sociales en Rusia"), Engels
caracteriza a Skaldin como conservador moderado.) Sin
embargo, elegir a un representante de la herencia con un
tono más típico sería, en primer lugar, inconveniente por
diversos motivos y, en segundo lugar, al hacer un paralelo
con el populismo actual, podría originar malentendidos.
Por el carácter mismo de nuestro objetivo, el tono (a pesar

47

¿A que herencia renunciamos?
precisamente porque siendo un representante
indudable de la "herencia" es, al mismo tiempo, un
enemigo abierto de aquellas instituciones del pasado
que el populismo ha tomado bajo su defensa.
Hemos dicho que Skaldin es un burgués. Ya
hemos aportado suficientes pruebas para demostrar
esta característica, pero es necesario hacer la
salvedad de que entre nosotros, a menudo, y en
forma absolutamente incorrecta, estrecha y
antihistórica, se entiende esta palabra vinculándola
(sin distinción de épocas históricas) con la defensa
egoísta de los intereses de una minoría. No se debe
olvidar que en la época en que escribían los
ilustradores del siglo XVIII (a quienes la opinión
general reconoce como líderes de la burguesía), y en
la que escribían también nuestros ilustradores, en la
época que va del 40 al 60, todos los problemas
sociales se reducían a la lucha contra el régimen de
servidumbre y sus supervivencias. Las nuevas
relaciones económico-sociales y sus contradicciones
se hallaban aún en estado embrionario. Por eso,
ningún interés egoísta se manifestaba entonces en los
ideólogos de la burguesía; todo lo contrarío, tanto en
Occidente como en Rusia, creían con toda honestidad
en la prosperidad general y la deseaban sinceramente.
Aun siendo sinceros no veían (y en parte aún no
podían verlo) las contradicciones en el régimen que
surgía del feudalismo. No en vano Skaldin cita en un
lugar de su libro a Adam Smith: hemos visto que,
tanto sus concepciones como el carácter de su
argumentación, repiten, en muchos casos, las tesis de
este gran ideólogo de la burguesía avanzada.
Y si confrontamos las aspiraciones concretas de
Skaldin, por una parte, con las concepciones de los
populistas contemporáneos y, por otra, con la actitud
que tienen hacia aquéllas los "discípulos rusos",
veremos que los "discípulos" estarán siempre en
favor de la aspiraciones de Skaldin, por cuanto ellas
expresan los intereses de las clases sociales
progresivas, los intereses esenciales de todo el
desarrollo social por el camino determinado, o sea, el
camino capitalista. Y en cuanto a aquello que los
populistas han alterado en las aspiraciones concretas
de Skaldin o en el modo de Skaldin de plantear los
problemas, constituye un hecho negativo que los
discípulos rechazan. Los discípulos no se "lanzan"
contra la "herencia" (esto es una invención absurda),
sino contra los aditamentos románticos y
pequeñoburgueses que los populistas hacen a ella. Y
ahora pasaremos a analizar esos aditamentos.
del proverbio) no hace la música, y el tono de Skaldin,
precisamente porque no es típico, destaca con más relieve
su "música", es decir, el contenido de sus concepciones. Y
a nosotros sólo nos interesa ese contenido. Es únicamente
por el contenido de las concepciones por lo que (y no por
el tono que los escritores emplean) nos proponemos trazar
el paralelo entre los representantes de la herencia y los
populistas de la época actual.

II. Los aditamentos del populismo a la
"herencia"
De Skaldin pasaremos a Engelhardt. Sus cartas
Desde la aldea61 son también ensayos económicosociales sobre la aldea, de suerte que, tanto por el
contenido como incluso por la forma, su libro se
parece mucho al de Skaldin. Engelhardt es mucho
más talentoso que Skaldin y sus cartas desde la aldea
están escritas de una manera mucho más amena y
con más imágenes. No contienen extensos
razonamientos como los del serio autor de En una
perdida aldea y en la capital, pero, en cambio,
abundan en caracterizaciones mucho más acertadas y
en otras imágenes. No es de extrañarse, pues, que el
libro de Engelhardt goce de tan firme simpatía por
parte del público lector, y que hace muy poco haya
sido reeditado, mientras que el de Skaldin está casi
completamente olvidado, pese a que las cartas de
Engelhardt
comenzaron
a
publicarse
en
Otéchestvennie Zapiski apenas dos años después de
la aparición del libro de Skaldin. Por eso, no creemos
que sea necesario dar a conocer al lector el contenido
del libro de Engelhardt; nos limitaremos pues a una
breve caracterización de dos aspectos de sus
concepciones: en primer término, propias de la
"herencia", en general, y en particular, comunes a
Engelhardt y a Skaldin; en segundo término, las
concepciones específicamente populistas. Engelhardt
es ya un populista, pero en sus concepciones hay
todavía tantos rasgos propios de todos los
ilustradores, tanto de lo que ha sido rechazado o
alterado por el populismo contemporáneo, que uno se
ve en aprietos para ubicarlo en el lugar que le
corresponde: entre los representantes de la "herencia"
en general, sin el tinte populista, o entre los
populistas.
A los primeros, Engelhardt se aproxima, ante
todo, por la notable sensatez de sus concepciones,
por la manera simple y directa de caracterizar la
realidad, por la inexorable disección de todas las
cualidades negativas, de los "pilares" en general y del
campesinado en particular, de esos mismos "pilares"
cuya falsa idealización y embellecimiento
constituyen parte integrante y necesaria del
populismo. El populismo de Engelhardt, expresado
en forma muy débil y tímida, se halla, por lo mismo,
en directa y flagrante contradicción con el cuadro de
la realidad aldeana, que con tanto talento ha trazado;
y si algún economista o publicista tomase como base
de sus juicios sobre la aldea los datos y

61

Se refiere a las cartas del publicista populista A.
Engelhardt Desde la aldea, que tuvieron gran divulgación.
Once cartas fueron publicadas en la revista Otéchestvennie
Zapiski de 1872 a 1881. La duodécima carta apareció en
1887.

48
observaciones aportados por Engelhardt62, le sería
imposible extraer de este material conclusiones
populistas. La idealización del campesino y de su
comunidad es una de las partes integrantes y
necesarias del populismo, y los populistas de todos
los matices, empezando por el señor V. V.63 y
terminando por el señor Mijailovski, han rendido un
buen tributo a esta tendencia a idealizar y embellecer
la "comunidad". En Engelhardt no hay ni rastro de tal
embellecimiento. En contraposición a la fraseología
corriente acerca del espíritu de comunidad de nuestro
campesino y a la costumbre de oponer ese "espíritu
de comunidad" al individualismo de las ciudades, a la
competencia en la economía capitalista, etc.,
Engelhardt pone al descubierto, de manera
implacable, el sorprendente individualismo del
pequeño labrador. Muestra minuciosamente que "en
los problemas de la propiedad, nuestros campesinos
son los propietarios más extremistas" (pág. 62, citado
según la edición de 1885), que no toleran "el trabajo
en conjunto", odiándolo por motivos puramente
personales y egoístas: trabajando en común cada uno
"teme trabajar más que el otro" (pág. 206). Este
temor de trabajar un poco más llega a su más alto
grado de comicidad (quizás hasta de tragicomedia)
cuando el autor relata cómo las mujeres que viven en
una misma casa y están vinculadas por una hacienda
común y el parentesco, lava cada una de ellas la parte
de la mesa en la cual comen; o cuando ordeñan por
turno las vacas para recoger la leche para su propio
hijo (temen la ocultación de la leche) y prepara cada
una por separado la papilla para su hijo (pág. 323).
Engelhardt expone con tantos pormenores estos
rasgos, los confirma con tal multitud de hechos, que
no puede ni hablarse del carácter fortuito de tales
hechos. Una de dos: o Engelhardt es un observador
inepto, que no merece confianza, o las fábulas acerca
del espíritu de comunidad y de las cualidades
comunitarias de nuestros campesinos son una mera
invención que atribuye a la economía rasgos
deducidos de la forma de propiedad de la tierra
(además de que de esa forma de propiedad de la
tierra no se toman sus aspectos administrativofiscales). Engelhardt muestra que la tendencia del
62

Dicho sea de paso: esto sería no sólo
extraordinariamente interesante e instructivo, sino un
procedimiento completamente legítimo para un
economista-investigador. Si los hombres de ciencia
confían en el material contenido en las encuestas respuestas y juicios de muchos propietarios, con
frecuencia parciales y poco entendidos, que carecen de una
concepción íntegra y cuyos puntos de vista no han sido
bien meditados-, ¿por qué no confiar en las observaciones
que durante 11 años enteros ha estado recogiendo un
hombre de notable espíritu de observación y de indudable
sinceridad, un hombre que ha estudiado muy bien la
materia de la que habla?
63
V. V.: seudónimo de V. Vorontsov (1847-1918), uno de
los ideólogos del populismo liberal de los años 80 y 90.

V. I. Lenin
campesino en su actividad económica es la de llegar
a ser kulak: "en cada campesino hay una dosis de la
idiosincrasia del kulak" (pág. 491), "el ideal del
kulak impera en el ambiente campesino"... "Más de
una vez he señalado que en el campesino se hallan
desarrollados al máximo el individualismo, el
egoísmo, la tendencia a la explotación"... "Cada uno
se siente orgulloso de ser un pez grande y tiende a
devorar al chico". Engelhardt demuestra de manera
magistral que el campesino tiende no precisamente al
régimen de "comunidad", y de ninguna manera a la
"producción popular", sino al más corriente régimen
pequeñoburgués propio de toda sociedad capitalista.
La aspiración de todo campesino acomodado de
dedicarse a operaciones comerciales (363), de hacer
trabajar a otros a cuenta del pan prestado, de comprar
el trabajo del campesino pobre (págs. 457, 492 y
otras), es decir, traducido al lenguaje económico, la
transformación de los mujiks hacendosos en
burguesía rural, ha sido descrita y demostrada por
Engelhardt de manera irrefutable. "Si los campesinos
no pasan a la economía en forma de artel -dice- y
siguen administrando cada uno su hacienda por
separado, pese a la abundancia de tierra entre los
campesinos labradores, también habrá campesinos
sin tierra y obreros agrícolas. Diré más aún: creo que
la diferencia en las propiedades de los campesinos
será aún más considerable que ahora. Pese a la
posesión comunal de la tierra, al lado de los
"ricachos" habrá muchos campesinos sin tierra, de
hecho jornaleros. ¿De qué me sirve a mí o a mis hijos
tener derechos sobre la tierra, si no tengo capital ni
aperos para cultivarla? Es como darle tierra a un
ciego y ¡que te la comas!" (pág. 370). La "economía
en forma de artel" aparece aquí con cierta triste
ironía, solitaria, como un buen e ingenuo deseo, que
no sólo no surge de los datos que existen sobre el
campesinado, sino que es refutado y excluido
expresamente por dichos datos.
Otro rasgo, que aproxima a Engelhardt a los
representantes de la herencia sin tinte populista, es su
convicción de que la causa principal y básica de la
penosa situación de los campesinos reside en las
supervivencias del régimen de la servidumbre y en la
reglamentación que le es propia. Eliminad estos
resabios y esta reglamentación, y el asunto se
arreglará. La actitud categóricamente negativa de
Engelhardt frente a la reglamentación, su sarcástica
ridiculización de todo género de tentativas de
beneficiar, mediante la reglamentación desde arriba,
al labriego, se hallan en la más franca contradicción
con las esperanzas populistas en "la razón y la
conciencia, en la sabiduría y el patriotismo de las
clases dirigentes" (palabras del señor Yuzhakov en
Rússkoe Bogatstvo 1896, N° 12, pág. 106), con la
proyectomanía populista a propósito de la
"organización de la producción", etc. Recordemos
con cuánto sarcasmo arremete Engelhardt contra la

49

¿A que herencia renunciamos?
disposición que establece que en los molinos no se
permite la venta de vodka para "bien" del campesino;
con qué indignación habla de la disposición de varios
zemstvos en 1880 de no sembrar centeno antes del 15
de agosto, de esa grosera ingerencia de los "sabios"
de gabinete -so pretexto también de velar por los
intereses de los campesinos- en la economía de
"millones de propietarios-agricultores" (424).
Después de señalar la existencia de reglas y
disposiciones tales como la prohibición de fumar en
los bosques de coníferas, de pescar lucios en
primavera, de talar abedules jóvenes para las "fiestas
de mayo", de destruir nidos, etc., Engelhardt anota
sarcásticamente: ..."la suerte del campesino ha sido
siempre y sigue siendo la preocupación fundamental
de los intelectuales. ¿Quién vive para sí mismo?
¡Todos viven para el campesino!... El mujik es tonto,
no puede arreglarse solo; si nadie se preocupa de él,
es capaz de quemar todos los bosques, exterminar
todos los pájaros, pescar todos los peces, esquilmar la
tierra y acabar consigo mismo" (398). Dime, lector,
¿podría este escritor simpatizar aunque más no fuera
con las leyes predilectas de los populistas acerca de
la no enajenabilidad de las parcelas? ¿Podría decir
algo semejante a la frase anteriormente citada de uno
de los pilares de Rússkoe Bogatstvo? ¿Podría
compartir el punto de vista de otro pilar de la misma
revista, el señor N. Káryshev, quien reprocha a
nuestros zemstvos provinciales (¡en la década del
901) por "no encontrar lugar" para grandes y serias
inversiones sistemáticas para la organización del
trabajo agrícola"?64
Señalemos todavía otro rasgo que acerca a
Engelhardt a Skaldin: su actitud inconsciente ante
muchas expresiones de deseos y medidas de carácter
netamente burgués. No es que Engelhardt hubiese
querido embellecer al pequeño burgués, ni buscar
argumentos (a la manera del señor V. V.) contra el
empleo de ese calificativo a tal o cual empresario.
No, de ninguna manera. Engelhardt, simplemente,
siendo un amo práctico, se siente atraído por todo lo
que es progresivo y contribuye al mejoramiento de la
hacienda sin notar, en absoluto, que la forma social
de estas mejoras ofrece la mejor refutación de sus
propias teorías acerca de la imposibilidad del
capitalismo entre nosotros. Recordemos, por
ejemplo, su entusiasmo por los éxitos obtenidos por
él en su hacienda con el sistema del trabajo a destajo
de los obreros (por golpear el lino, por trillar, etc.).
Engelhardt ni sospecha siquiera, según parece, que la
sustitución de la remuneración por tiempo por la del
destajo es uno de los procedimientos más extendidos
de la economía capitalista en desarrollo, mediante el
cual logra la intensificación del trabajo y el aumento
de la cuota de plusvalía. Otro ejemplo. Engelhardt
64

Rússkoe Bogatstvo, 1896, N° 5, mayo. Artículo del
señor Káryshev sobre las inversiones de los zemstvos
provinciales para medidas económicas; pág. 20.

ridiculiza el programa de la Zemledélcheskaya
Gazeta65 que dice: "suspensión de la entrega de los
campos en arriendo en krug66, organización de la
economía basada en el trabajo de jornaleros,
introducción de maquinaria y aperos perfeccionados,
cría de ganado de raza, sistema de rotación de
cultivos, mejoramiento de prados y campos de
pastoreo, etc., etc.". "[Pero si todo esto no son más
que lugares comunes", exclama Engelhardt (128). Y,
sin embargo, éste es precisamente el programa que él
mismo ha realizado en la práctica, y el progreso
técnico alcanzado en su hacienda se debe,
justamente, al hecho de haber organizado su
explotación sobre la base del trabajo de jornaleros. Y
aún más: ya hemos visto con cuánta franqueza y
lealtad puso Engelhardt al desnudo las verdaderas
tendencias del campesino hacendoso; sin embargo,
esto no le ha impedido, en absoluto, afirmar que "no
se necesitan fábricas, sino pequeñas (subrayado por
él) destilerías de aguardiente, mantequerías rurales",
etc. (pág. 336), es decir, "es necesario" que la
burguesía rural pase a desarrollar las industrias
agrícolas, paso que siempre y en todas partes ha sido
uno de los síntomas más importantes del capitalismo
agrario. Aquí se manifiesta el hecho de que
Engelhardt no ha sido un teórico, sino un propietario
práctico. Una cosa es razonar acerca de la posibilidad
del progreso sin el capitalismo, y otra dirigir uno
mismo una hacienda. Puesto en la tarea de organizar
racionalmente su hacienda, Engelhardt, se ha visto
obligado, por la fuerza de las circunstancias que lo
rodeaban, a lograr dicho fin mediante procedimientos
netamente capitalistas y dejar de lado todas sus dudas
teóricas y abstractas con respecto al sistema de
"jornaleros". Skaldin razonaba, en teoría, como un
típico manchesteriano, sin notar, en lo más mínimo,
este carácter de sus razonamientos ni la concordancia
de éstos con las necesidades de la evolución
capitalista de Rusia. Engelhardt, en la práctica, se ha
visto obligado a proceder como un típico
manchesteriano, contrariamente a su protesta teórica
contra el capitalismo y a su propio deseo de confiar
en los caminos peculiares de su patria.
Pero Engelhardt profesaba esa creencia que nos
obliga a llamarlo populista. El ya ve claramente la
verdadera tendencia del desarrollo económico de
Rusia y comienza a excusarse de las contradicciones
de dicho desarrollo. Se esfuerza por demostrar la
imposibilidad del capitalismo agrario en Rusia, por
demostrar que "nosotros no tenemos knecht" (pág.
65

"Zemledélcheskaya Gazeta" ("Gaceta Agraria"): órgano
del Ministerio de Bienes Fiscales (desde 1894 del
Ministerio de Bienes Fiscales y de Agricultura); se editó
en Petersburgo de 1834 a 1917.
66
Krug. ("círculo"): unidad antigua de medición de la
tierra (que comprendía tres desiatinas, con la obligación, al
arrendarla, de destinar una a cultivos de otoño, otra a los
de primavera y otra a pastizales. (N. de la Edit.)

V. I. Lenin

50
556) a pesar de que él mismo, y del modo más
minucioso, refutó las fábulas acerca de la carestía de
nuestra mano de obra, a pesar de haber revelado el
mísero salario por el que trabajó su vaquero Piotr con
su familia, al que le queda, fuera de la manutención,
6 rublos al año "para la compra de sal, aceite vegetal
y ropa" (pág. 10). "Y eso que a él también se le tiene
envidia, y si se le despide, se hallarán de inmediato
50 voluntarios para ocupar su puesto" (pág. 11). Al
señalar el éxito de su hacienda, el hábil manejo del
arado por los obreros, exclama triunfalmente: "Y,
¿quiénes son esos labradores? Los ignorantes, los
negligentes campesinos rusos" (pág. 225).
Después de haber refutado por la propia
administración de su hacienda y por el
desenmascaramiento del individualismo campesino
todas las ilusiones respecto del "espíritu de
comunidad", Engelhardt, sin embargo, no sólo "cree"
en la posibilidad del paso de los campesinos a la
hacienda de artel, sino que enuncia la "convicción"
de que así ocurrirá, de que nosotros, los rusos,
realizaremos precisamente esta gran obra,
implantaremos nuevos métodos de administración de
las haciendas. "En ello, pues, radica el carácter
peculiar, la originalidad de nuestra economía" (pág.
349). Engelhardt el realista se transforma en
Engelhardt el romántico que compensa la absoluta
falta de "originalidad" en el método de dirección de
su propia hacienda y en el de los campesinos que
había observado, ¡con la "fe" en el carácter "peculiar"
futuro! De esta fe ya no hay más que un solo paso
hasta los rasgos ultrapopulistas que -aun cuando en
casos muy aislados-, se encuentran en Engelhardt,
hasta el estrecho nacionalismo que raya en el
chovinismo ("a Europa misma haremos añicos",
"también en Europa el campesino estará con
nosotros" (pág. 387), decía Engelhardt, con motivo
de la guerra, a un terrateniente), ¡y hasta la
idealización del pago en trabajo! Sí, el mismo
Engelhardt, que había dedicado tantas páginas
excelentes de su libro a la descripción de la
desesperada y humillante situación del campesino
que, habiendo tomado dinero o cereales en préstamo
para devolverlos con el trabajo, se ve obligado a
trabajar casi gratuitamente en las peores condiciones
de dependencia personal67, este mismo Engelhardt
hasta llegó a decir que "sería bueno que el doctor (se
trataba de la utilidad y la necesidad de un médico en
la aldea. V. I.) tuviera su propia hacienda, de suerte
que el campesino pudiera pagar con su trabajo por la
asistencia médica" (pág. 41). Los comentarios
sobran.
En resumen, haciendo el parangón entre los
67

Recordad la escena: el stárosta (es decir, el
administrador del terrateniente) llama al campesino a
trabajar cuando éste tiene su propio trigo que se desgrana y
sólo el recuerdo de la "bajada de los pantalones" en el
subdistrito le obliga a marchar.

rasgos positivos -expuestos más arriba- de la
concepción del mundo de Engelhardt (o sea, lo que
tiene de común con los representantes de la
"herencia", sin ningún género de tinte populista) y los
negativos (o sea, populistas), tendremos que
reconocer que los primeros predominan sin duda
alguna en el autor de Desde la aldea, mientras que
los segundos sólo constituyen una especie de
intercalación extraña, casual, sugerida desde fuera y
que no concuerda con el tono fundamental del libro.
III. ¿ha ganado la "herencia" vinculándose con
el populismo?
- ¿Pero qué es lo que usted entiende por
populismo? -preguntará probablemente el lector-. El
contenido que encierra el concepto de "herencia" fue
definido más arriba, pero sobre la noción de
"populismo" no fue dada ninguna definición.
- Por populismo entendemos un sistema de ideas
que comprende los tres rasgos siguientes: 1) La
concepción del capitalismo en Rusia como una
decadencia, una regresión. De aquí la tendencia y el
deseo de "detener", "paralizar", "interrumpir la
demolición" de los pilares seculares por el
capitalismo y otros lamentos reaccionarios por el
estilo. 2) La concepción de la originalidad del
régimen económico ruso, en general, y de la del
campesino con su comunidad, artel, etc., en
particular. Los populistas no estiman necesario
aplicar a las relaciones económicas rusas los
conceptos que sobre las diversas clases sociales y sus
conflictos ha elaborado la ciencia contemporánea.
Consideran al campesinado comunal como algo
superior y mejor en comparación con el capitalismo;
es la idealización de los "pilares". Niegan y
disimulan las contradicciones que existen entre los
campesinos, propias de toda economía mercantil y
capitalista, niegan el nexo de estas contradicciones
con su forma más desarrollada en la industria y en la
agricultura capitalistas. 3) El desconocimiento de las
relaciones existentes entre la "intelectualidad" y las
instituciones político-jurídicas del país con los
intereses materiales de determinadas clases sociales.
La negación de esta relación y la falta de una
interpretación materialista de estos factores sociales
obligan a ver en ellos una fuerza capaz de "arrastrar
la historia por otra vía" (señor V. V.), "desviarse del
camino" (señor N.-on68, señor Yuzhakov y otros),
etc.
Esto es lo que nosotros entendemos por
"populismo". Ya ve el lector que empleamos este
término en el amplio sentido de la palabra, como lo
emplean también todos los "discípulos rusos", que se
pronuncian en contra de todo un sistema de
concepciones y no en contra de algunos de sus
68

N-on o Nik-on: seudónimo de N. Danielsón, uno de los
ideólogos del populismo liberal de los años 80 y 90 del
siglo XIX.

51

¿A que herencia renunciamos?
representantes aislados. Entre éstos, claro está,
existen diferencias a veces no pequeñas. Nadie las
pasa por alto. Pero los rasgos mencionados de esa
concepción del mundo son comunes a los diferentes
representantes del populismo, comenzando con...
bueno, digamos, el señor Yúzov y terminando con el
señor Mijailovski. Los señores Yúzov, Sazónov, V.
V. y otros, a los mencionados rasgos negativos de sus
concepciones agregan algunos más, igualmente
negativos, que no vemos, por ejemplo, en el señor
Mijailovski ni en otros colaboradores de la actual
Rússkoe Bogatstvo. Negar estas diferencias entre los
populistas en el estrecho sentido de la palabra y los
populistas en general sería, claro está, incorrecto;
pero sería más incorrecto aún desconocer que las
concepciones económico-sociales fundamentales, de
todos y cada uno de los populistas, coinciden en los
puntos principales señalados. Y puesto que los
"discípulos rusos" refutan precisamente esas
concepciones fundamentales, y no solamente las
"lamentables desviaciones" de ellas hacia el lado
peor, tienen, evidentemente, el pleno derecho de
emplear la noción de "populismo" en el amplio
sentido de la palabra. Y no sólo tienen ese derecho,
sino que no pueden proceder de otra manera.
Volviendo a las concepciones fundamentales del
populismo ya señaladas, tenemos que dejar
constancia, ante todo, que la "herencia" no tiene nada
que ver con dichas concepciones. Existe una serie de
indudables representantes y custodios de la
"herencia" que nada tienen de común con el
populismo; no plantean en absoluto el problema del
capitalismo; ni creen para nada en la originalidad de
Rusia ni de la comunidad campesina, etc.; ni
consideran a los intelectuales y a las instituciones
político-jurídicas como un factor capaz de "desviarse
del camino". Hemos mencionado antes, como
ejemplo, el editor-redactor de la revista Véstnik
Evropy69, al que se puede acusar de cualquier cosa
menos de infringir las tradiciones de la herencia. Por
el contrario, hay personas que por sus concepciones
se aproximan a los principios fundamentales del
populismo que hemos señalado y, con todo, directa y
abiertamente
"reniegan
de
la
herencia".
Mencionemos aunque no sea más que al mismo señor
Y. Abrámov, a quien cita también el señor
Mijailovskí, o al señor Yúzov. El populismo, contra
el cual luchan los "discípulos rusos", no existía en
absoluto cuando (expresado en lenguaje jurídico) se
"abrió" la sucesión, o sea, en la década del 60.
Embriones, gérmenes del populismo había, claro
está, no sólo en la década del 60, sino también en la
69

"Véstnik Evropy" ("El Mensajero de Europa"): revista
mensual histórico-política y literaria, de orientación
burguesa y liberal. Se editó en Petersburgo desde 1866
hasta 1918 y publicaba artículos contra los marxistas
revolucionarios. Hasta 1908, M. Stasiulévich fue su editor
y redactor.

del 40 y aun antes70, pero la historia del populismo
no nos interesa ahora en absoluto. Lo importante para
nosotros, volvemos a repetirlo, es dejar establecido
que la "herencia" de la década del 60, en el sentido
en que la hemos caracterizado antes, no tiene nada de
común con el populismo, o sea, que no hay nada de
común entre ellos si atendemos a la esencia de sus
concepciones, pues plantean problemas diferentes.
Hay custodios de la "herencia" que no son populistas
y hay populistas que "renegaron de la herencia".
Claro está, también hay populistas que custodian la
"herencia",
o
que
pretenden
custodiarla.
Precisamente por eso hablamos de los vínculos de la
herencia con el populismo. Veamos entonces lo que
aportaron estos vínculos.
En primer lugar, el populismo dio un gran paso
adelante respecto a la herencia al plantear ante el
pensamiento social, para su solución, problemas que
los custodios de la herencia en parte aún no habían
podido (en su época) plantear y, en parte, no los han
planteado ni los plantean en virtud de la estrechez de
horizonte que les es propia. El planteamiento de
estos problemas es un gran mérito histórico del
populismo, y es completamente natural y
comprensible que al dar (no importa cual sea) una
solución a dichos problemas, el populismo haya
ocupado por ello mismo un lugar de vanguardia entre
las corrientes progresistas del pensamiento social
ruso.
Pero la solución que el populismo dio a estos
problemas resultó totalmente inservible, pues se
basaba en teorías atrasadas que, en Europa
Occidental, hace tiempo habían sido arrojadas por la
borda; se basaba en la crítica romántica y
pequeñoburguesa
del
capitalismo;
en
el
desconocimiento de los importantísimos hechos de la
historia y de la realidad rusas. Mientras era aún muy
débil en Rusia el desarrollo del capitalismo y de las
contradicciones que le son propias, esta crítica
primitiva del capitalismo podía tenerse en pie. Pero
el populismo indudablemente no corresponde al
desarrollo actual del capitalismo en Rusia, al actual
estado de nuestros conocimientos acerca de la
historia y la realidad económicas rusas, a las actuales
exigencias presentadas a la teoría sociológica.
Habiendo sido en su tiempo un fenómeno progresivo
por haber sido el primero en plantear el problema del
capitalismo, el populismo es ahora una teoría
reaccionaria y nociva que desorienta el pensamiento
social, que contribuye al estancamiento y a toda clase
de asiatismos. El carácter reaccionario de su crítica
del capitalismo, incluso da, actualmente, al
populismo, rasgos tales que lo colocan por debajo de
la concepción del mundo que se limita a custodiar

70

Confrontad ahora el libro de Tugán-Baranovski: La
fábrica rusa (San Petersburgo, 1898).

52
fielmente la herencia71. Ahora trataremos de
demostrar que esto es así mediante el análisis de cada
uno de los tres rasgos fundamentales de la
concepción populista del mundo señalados más
arriba.
Primer rasgo: el reconocimiento del capitalismo
en Rusia como una decadencia, una regresión.
Cuando se planteó el problema del capitalismo en
Rusia, pronto se puso en evidencia que nuestro
desarrollo económico es capitalista; y los populistas
consideran esto como un retroceso, un error, una
desviación del camino determinado por toda la vida
histórica de la nación, del camino que habían
consagrado los pilares seculares, etc., etc. En lugar de
la ardiente fe de los ilustradores en el desarrollo
social existente, apareció la desconfianza hacia este
desarrollo; en lugar del optimismo histórico y de la
elevación de espíritu, el pesimismo y el desaliento
basados en la certidumbre de que cuanto más
marchen las cosas tal como marchan, tanto peor,
tanto más difícil será la solución de los problemas
planteados por el nuevo desarrollo; aparecen
entonces las proposiciones de "detener" y "paralizar"
este desarrollo; aparece la teoría de que el atraso es la
felicidad de Rusia, etc. Todos estos rasgos de la
concepción populista del mundo no sólo no tienen
nada de común con la "herencia", sino que son
directamente opuestos a ella. El reconocer el
capitalismo ruso como una "desviación del camino",
una decadencia, etc., lleva a desnaturalizar toda la
evolución económica de Rusia, a desnaturalizar estos
"cambios" que se efectúan a nuestra vista. Seducido
por el deseo de detener y suspender la demolición de
los pilares seculares por el capitalismo, el populista
cae en una sorprendente torpeza histórica; olvida que
detrás de este capitalismo nada hay fuera de una
explotación idéntica, unida a infinitas formas de
sojuzgamiento y de dependencia personal que
agravan la situación del trabajador; nada hay fuera de
la rutina y el estancamiento en la producción social y,
por consiguiente, en todas las esferas de la vida
social. Luchando desde su punto de vista romántico y
pequeñoburgués contra el capitalismo, el populista
arroja por la borda todo realismo histórico, al
confrontar siempre la realidad del capitalismo con la
ficción del orden precapitalista. La "herencia" de la
década del 60, con su fervorosa fe en el carácter
progresivo del desarrollo social dado, con su
hostilidad
implacable
orientada
íntegra
y
exclusivamente contra las supervivencias del pasado,
71

He tenido ya la oportunidad de hacer notar antes, en el
artículo sobre el romanticismo económico, que nuestros
adversarios revelan una miopía sorprendente al interpretar
los términos reaccionario, pequeñoburgués como recursos
polémicos, mientras que estas expresiones tienen un
sentido filosófico-histórico absolutamente definido.
(Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 2, pág. 211. N. de la Edit)

V. I. Lenin
con su convicción de que con sólo eliminarlas, las
cosas marcharían de la mejor manera posible, esa
"herencia" no sólo no tiene nada de común con las
señaladas concepciones del populismo, sino que
directamente las contradice.
Segundo rasgo del populismo: la fe en el carácter
original del desarrollo de Rusia, la idealización del
campesino, de la comunidad, etc. La teoría de la
originalidad de Rusia ha obligado a los populistas a
asirse a las anticuadas teorías europeo-occidentales,
los ha impulsado a tratar con sorprendente ligereza
muchas conquistas de la cultura de Europa
Occidental: los populistas se consolaban con que si
carecemos de estos o aquellos rasgos de la
humanidad civilizada, en cambio "hemos sido
destinados" a mostrar al mundo nuevos modos de
gestión económica, etc. El análisis del capitalismo y
de sus manifestaciones producido por el pensamiento
europeo-occidental avanzado no sólo no se aceptaba
con respecto a la santa Rusia, sino que, por el
contrario, todos los esfuerzos estaban encaminados a
inventar pretextos que impidieran llegar, con
respecto al capitalismo ruso, a las mismas
conclusiones que se hicieron con respecto al europeo.
Los populistas se han prosternado ante los autores de
este análisis y... siguieron tranquilamente siendo
románticos, contra quienes siempre han luchado
estos autores. Esta teoría relativa a la originalidad de
Rusia, común a todos los populistas, no sólo no tiene
nada de común con la "herencia", sino que se opone
directamente a ella. "Los de la década del 60", por el
contrario, aspiraban a europeizar a Rusia, creían en
su incorporación a la cultura europea general, se
preocupaban por trasplantar las instituciones de esta
cultura también a nuestro nada original suelo. Toda
teoría referente a la originalidad de Rusia se halla en
completa discrepancia con el espíritu de la década del
60 y sus tradiciones. Menos aún concuerda con esta
tradición la idealización y el embellecimiento de la
aldea por los populistas. Esta falsa idealización, que
deseaba a toda costa ver a nuestra aldea como algo
fuera de lo común, algo que en nada se parece a la
estructura de cualquier otra aldea de cualquier otro
país durante el período de las relaciones
precapitalistas, se halla en la más flagrante
contradicción con las tradiciones de la sensata y
realista herencia. Cuanto más profundamente se
desarrollaba y avanzaba el capitalismo, cuanto más
fuertemente se manifestaban las contradicciones en el
campo, contradicciones que son comunes a toda
sociedad
mercantil
capitalista,
tanto
más
acusadamente se ponía de relieve la contradicción
entre las melosas fábulas de los populistas sobre el
"espíritu de comunidad" y "de artel" del campesino,
etc., por un lado, y la escisión efectiva de los
campesinos en burguesía aldeana y proletariado
rural, por el otro; tanto más rápidamente los
populistas, que continuaban mirando las cosas con

¿A que herencia renunciamos?
ojos de campesino, iban convirtiéndose de
románticos sentimentales en ideólogos de la pequeña
burguesía, puesto que el pequeño productor, en la
sociedad contemporánea, se va convirtiendo en un
productor de mercancías. La falsa idealización del
campo y los sueños románticos sobre el "espíritu de
comunidad" llevaron a los populistas a adoptar una
actitud de extrema ligereza frente a las necesidades
reales de los campesinos, necesidades que emanan
del desarrollo económico actual. En teoría se podía
hablar cuanto se quisiera de la fuerza de los pilares,
pero en la práctica, cada populista sentía muy bien
que la eliminación de los vestigios del pasado,
resabios del régimen anterior a la reforma que hasta
hoy en día enredan de pies a cabeza a nuestros
campesinos, desbrozaría el camino precisamente para
el desarrollo capitalista y no otro. Más vale el
estancamiento que el progreso capitalista: tal es, en el
fondo, el punto de vista de cada populista con
respecto al campo, aun cuando, claro está, no todo
populista se decide a decirlo abierta y directamente
con la franqueza ingenua del señor V. V. "Los
campesinos, sujetos como están a sus parcelas y a
comunidades, privados de la posibilidad de emplear
su trabajo donde resulte más productivo y más
ventajoso para ellos, han quedado como congelados
en forma de vida semejante a la de un rebaño,
improductiva, tal como han salido de manos del
régimen de la servidumbre". Así lo veía uno de los
representantes de la "herencia", con su característico
punto de vista de "ilustrador”72. "Es mejor que los
campesinos continúen estancados en su forma de
vida rutinaria, patriarcal, antes que desbrozar el
camino para el capitalismo en el campo", así lo ve, en
el fondo, cada populista. En realidad, no se
encontrará, seguramente, ningún populista que pueda
negar que el carácter estamental cerrado de la
comunidad campesina, con su caución solidaria y la
prohibición de vender la tierra y de renunciar a la
parcela, se halla en la más aguda contradicción con la
actual realidad económica, con las actuales
relaciones mercantil-capitalistas y su desarrollo. Es
imposible negar esta contradicción, pero la esencia
del problema reside en que los populistas temen,
como al fuego, a tal planteamiento del problema, a
tal confrontación de la situación jurídica de los
campesinos con la realidad económica, con el
desarrollo económico actual. El populista se obstina
en creer en un desarrollo inexistente creado por su
fantasía romántica, sin capitalismo, y por eso... por
eso está dispuesto a detener el desarrollo actual que
marcha por la vía capitalista. Frente a los problemas
relativos al carácter estamental cerrado de la
comunidad campesina, la caución solidaria y el
derecho de los campesinos a vender la tierra y
72

Lenin se refiere a Skaldin Y cita las palabras de éste.
(Véase Skaldin. En una perdida aldea y en la capital, San
Petersburgo, 1870, pág. 285.)

53
renunciar a la parcela, el populista no sólo adopta una
actitud de suma cautela y temor por el destino de los
"pilares" (pilares de rutina y estancamiento), sino que
cae tan bajo que llega a felicitar la resolución de
carácter policial, que prohíbe a los campesinos
vender la tierra. "El mujik es tonto -se le podría decir
a tal populista repitiendo las palabras de Engelhardt-,
no puede arreglarse solo. Si nadie se preocupa por él,
es capaz de quemar todos los bosques, exterminar
todos los pájaros, pescar todos los peces, esquilmar la
tierra y acabar consigo mismo". Aquí el populista
directamente "reniega de la herencia" convirtiéndose
en reaccionario. Y tened en cuenta, además, que esta
destrucción del carácter estamental cerrado de la
comunidad campesina, a medida que avanza el
desarrollo económico, se vuelve cada vez más y más
una necesidad perentoria para el proletariado rural,
mientras que las inconveniencias que de ello se
derivan para la burguesía campesina de ninguna
manera son tan considerables. El "mujik hacendoso"
puede fácilmente tomar tierra en arriendo en otro
lugar, abrir un negocio en otra aldea, trasladarse
dondequiera y por el tiempo que quiera por asuntos
de negocios. Pero para el "campesino" que vive
principalmente de la venta de su fuerza de trabajo, la
sujeción a la parcela y a la comunidad representa una
enorme restricción de su actividad económica,
significa la imposibilidad de hallar a un patrono más
conveniente, significa la necesidad de vender su
fuerza de trabajo precisamente a sus compradores
locales que pagan siempre menos y que tratan de
someterlo a toda clase de yugos. El populista, una
vez que cayó en el dominio de los sueños románticos,
que se propuso como objetivo sostener y
salvaguardar los pilares a pesar del desarrollo
económico, se deslizó, sin darse cuenta de ello, por
este plano inclinado hasta situarse al lado del agrario
que con toda el alma ansía la conservación y
consolidación de "los lazos del campesino con la
tierra". Bastaría mencionar cómo el carácter
estamental cerrado de la comunidad campesina
engendró modos particulares de contratación de
obreros: los dueños de fábricas y explotaciones
agrícolas envían a sus empleados a las aldeas, sobre
todo a los retrasados en el pago de impuestos, para la
contratación más ventajosa de obreros. Felizmente, el
desarrollo del capitalismo agrario, al destruir la "vida
sedentaria" del proletario (tal es el efecto que
produce el trabajo de los campesinos realizado fuera
de la localidad) desplaza paulatinamente esta
servidumbre por libre contratación.
Otra confirmación, quizás, no menos importante,
de nuestra tesis acerca de lo nocivas que son las
actuales teorías populistas, nos la ofrece el hecho de
que entre los populistas es corriente la idealización
del pago en trabajo. Anteriormente, hemos citado el
ejemplo de cómo Engelhardt, al caer en el pecado
populista, ha llegado incluso a decir que "sería

V. I. Lenin

54
bueno" ¡desarrollar en el campo el pago en trabajo!
Esto mismo lo hallamos en el famoso proyecto del
señor Yuzhakov sobre las escuelas secundarias
agrícolas (Rússkoe Bogatstvo, 1895, N° 5)73. En la
misma idealización ha incurrido el señor V. V.,
colaborador al igual que Engelhardt de la revista, el
cual afirmó, en artículos económicos serios, que el
campesino obtuvo una victoria sobre el terrateniente
que, según él, deseaba implantar el capitalismo; pero
la desgracia consiste en que el campesino se
encargaba de trabajar tierras del terrateniente
recibiendo en cambio de él tierras "en arriendo", es
decir, había restablecido completamente el mismo
sistema de economía que ya existía bajo el régimen
de servidumbre. Estos son los ejemplos más
palpables de la actitud reaccionaria de los populistas
ante los problemas de nuestra agricultura. En forma
menos aguda encontraréis esta idea en cada
populista. Cada uno de ello habla del daño y el
peligro del capitalismo en nuestra agricultura pues
éste -¡fijaos!-, reemplaza al campesino independiente
por el jornalero. La realidad del capitalismo ("el
jornalero") se contrapone a la ficción del campesino
"independiente"; esta ficción se basa en el hecho de
que el campesino de la época precapitalista posee los
medios de producción, pero se guarda silencio,
discretamente, sobre el hecho de que por dichos
medios de producción tiene que pagar el doble de su
valor; que esos medios de producción sirven para el
pago en trabajo; que el nivel de vida de este
campesino "independiente" es tan bajo que en
cualquier país capitalista lo considerarían
paupérrimo; que a la extrema miseria y a la inercia
mental de este campesino "independiente" hay que
añadir además la dependencia personal que
acompaña inevitablemente las formas precapitalistas
de economía.
El tercer rasgo característico del populismo olvido de la vinculación existente entre la
"intelectualidad" y las instituciones político-jurídicas
del país, de una parte, y los intereses materiales de
determinadas clases sociales, de otra-, se halla
relacionado íntimamente con los rasgos precedentes:
sólo la falta de realismo en el enfoque de los
problemas sociológicos pudo dar vida a la teoría
sobre "lo erróneo" del capitalismo ruso y la
posibilidad de "desviarse del camino". Esta
concepción del populismo tampoco guarda relación
alguna con la "herencia" y las tradiciones de la
década del 60; por el contrario, está directamente en
oposición a dichas tradiciones. De esta concepción,
naturalmente, se deriva la posición de los populistas
ante las numerosas supervivencias de la
reglamentación, anterior a la reforma, en la vida rusa,
que en modo alguno habrían podido compartir los
73

Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 2, págs. 6169 y 471-504. (N. de la Edit.)

representantes de la "herencia". Para caracterizar esta
posición, nos permitimos hacer uso de las excelentes
observaciones del señor V. Ivanov en el artículo Una
mala invención (-óvoe Slovo74, septiembre de 1897).
Su autor habla de la conocida novela del señor
Boborykin De otra manera, poniendo al descubierto
su incomprensión de las discusiones entre los
populistas y los "discípulos". El señor Boborykin
pone en boca del héroe de su novela -un populistaun reproche dirigido a los "discípulos" que, según él,
sueñan con "un cuartel con intolerable despotismo de
las reglamentaciones". El señor V. Ivanov, con este
motivo, hace notar:
"Ellos (los populistas) no sólo no han hablado del
intolerable despotismo de la "reglamentación" como
"sueño" de sus adversarios, sino que, por ser
populistas, ni hablan ni pueden hablar así. En este
terreno, la esencia de su disputa con los
"materialistas económicos" consiste precisamente en
que los vestigios de la antigua reglamentación, que
vienen conservándose en nuestro país, pueden, a
juicio de los populistas, servir de base para el ulterior
desarrollo de la reglamentación. Lo intolerable de
esta vieja reglamentación se les oculta, por un lado,
debido a la idea de que "la misma alma campesina
(única e indivisible) está evolucionando" hacia la
reglamentación, y por el otro, debido a la convicción
de que existe o debe llegar a existir la belleza moral
de la "intelectualidad", de la "sociedad" o, en general,
de las "clases dirigentes". Acusan a los materialistas
económicos
de
apasionarse
no
por
la
"reglamentación", sino, todo lo contrario, por el
orden europeo-occidental basado en la falta de
reglamentación. Y los materialistas económicos
afirman efectivamente que los resabios de la vieja
reglamentación, nacida sobre la base de la economía
natural, se vuelven cada día más "intolerables" en un
país que ha pasado a la economía monetaria, la cual
provoca numerosos cambios, tanto en la situación
real como en la fisonomía intelectual y moral de los
diversos sectores de su población. Por eso, están
convencidos de que las condiciones necesarias para
el surgimiento de una nueva "reglamentación"
beneficiosa para la vida económica del país, no
pueden desarrollarse a base de las supervivencias de
una reglamentación adaptada a la economía natural y
al derecho feudal, sino solamente en una atmósfera
74

"-óvoe Slovo" ("La Nueva Palabra"): revista mensual
científico-literaria y política, editada en Petersburgo desde
1894 por los populistas liberales, y desde la primavera de
1897 por los "marxistas legales" (P. Struve, M. TugánBaranovski y otros). En la revista se publicaban artículos
de J. Plejánov, V. Zasúlich, Y. Mártov, A. Gorki y otros.
Durante su destierro en Siberia, Lenin publicó en la revista
-óvoe Slovo dos artículos: En torno a la definición del
romanticismo económico y Con motivo de una nota
periodística. En diciembre de 1897, el gobierno zarista
suspendió la revista.

¿A que herencia renunciamos?
vasta y multilateral como la creada por la ausencia de
esta vieja reglamentación como sucede en los países
avanzados de Europa Occidental y América. En este
estado se encuentra el problema de la
"reglamentación" en la disputa entre los populistas y
sus adversarios" (págs. 11-12,1. c.). Esta posición de
los populistas frente a "los resabios de la vieja
reglamentación", representa de por sí, tal vez, el más
pronunciado retroceso del populismo con respecto a
las tradiciones de la "herencia". Los representantes
de esta última, como ya hemos visto, se distinguieron
por su condenación rotunda y apasionada de todas las
supervivencias de la vieja reglamentación. Por lo
tanto, en este aspecto, los "discípulos" están
incomparablemente más cerca de las "tradiciones" y
de la "herencia" de la década del 60 que los
populistas.
La falta de realismo sociológico, además del ya
señalado error, muy importante, de los populistas, les
lleva también a esa especial manera de pensar y de
razonar sobre asuntos y problemas sociales, que se
puede
denominar
presunción
estrechamente
intelectualista o, tal vez, modo burocrático de pensar.
El populista siempre razona acerca de qué camino
debemos escoger "nosotros" para la patria, con qué
calamidades habremos de tropezar si "nosotros"
encaminamos la patria por tal camino, qué salidas
podríamos asegurar "nosotros" si evitáramos los
peligros del camino por el que marchó la vieja
Europa, si hubiéramos "tomado lo mejor", tanto de
Europa como de nuestra tradicional comunidad, etc.,
etc. De aquí la completa falta de fe y el desdén del
populista por las tendencias propias de las diferentes
clases sociales, que hacen la historia de conformidad
con sus intereses. De aquí la sorprendente ligereza
con que el populista emprende (olvidando las
circunstancias que lo rodean) todo posible género de
proyectomanía social comenzando por cualquier
"organización del trabajo agrario" y terminando por
la "comunización de la producción" gracias a los
esfuerzos de nuestra "sociedad". "Mit der
Gründlichkeit der geschichtlichen Action wird der
Umfang der Masse zunehmen, deren Action sie ist"75,
en estas palabras está expresada una de las más
profundas y más importantes tesis de aquella teoría
histórico-filosófica que de ninguna manera quieren y
pueden comprender nuestros populistas. A medida
que se amplía y se profundiza la creación histórica de
los hombres, debe crecer también la masa de la
población que es el forjador consciente de la historia.
75

Marx. Die heilige Familie ("La sagrada familia"), 120;
según Béltov (Con el seudónimo de N. Béltov, J. Plejánov
publicó su conocido libro Contribución al problema del
desarrollo de la concepción monista de la historia, editado
legalmente en Petersburgo en 1895.), pág. 235.
("Juntamente con la solidez de la acción histórica, crecerá
consiguientemente también el volumen de la masa, cuya
acción ella es". - N. de la Edit.)

55
El populista, en cambio, que siempre razona sobre la
población en general y sobre la población trabajadora
en particular, considerándolas como el objeto de tales
o cuales medidas más o menos racionales, como un
material que debe ser encaminado por esta u otra
ruta, y que jamás considera a las diversas clases de la
población como personajes históricos que actúan
independientemente por un camino dado, nunca se
planteó el problema de las condiciones del camino en
cuestión, condiciones que pueden desarrollar (o, por
el contrario, paralizar) la actividad independiente y
consciente de estos creadores de la historia.
Así, aun cuando el populismo dio un gran paso
adelante con respecto a la "herencia" de los
ilustradores, por haber planteado el problema del
capitalismo en Rusia, en una serie de importantes
cuestiones de la vida social, quedó atrás respecto de
los "ilustradores", debido a la solución tan
insatisfactoria que dio a dicho problema, a
consecuencia del punto de vista pequeñoburgués y de
su crítica sentimental del capitalismo. La adhesión
del populismo a la herencia y a las tradiciones de
nuestros ilustradores, en resumidas cuentas, resultó
un hecho negativo: el populismo no ha resuelto los
nuevos problemas que el desarrollo económico de
Rusia posterior a la reforma planteó al pensamiento
social ruso, y se limitó, ante ellos, a proferir
lamentaciones sentimentales y reaccionarias,
mientras que la solución completa de los viejos
problemas, que ya habían sido planteados por los
ilustradores, fue obstruida por su romanticismo.
IV. Los "ilustradores", los populistas y los
"discípulos"
Ahora podemos hacer el resumen de nuestros
paralelos. Trataremos de dar una breve
caracterización de la correlación existente entre las
tres corrientes del pensamiento social mencionadas
en el subtítulo.
El ilustrador tiene fe en el actual desarrollo social,
por cuanto no nota las contradicciones que le son
propias. El populista teme dicho desarrollo, por haber
notado ya estas contradicciones. El "discípulo" cree
en el actual desarrollo social, porque ve la garantía de
un futuro mejor sólo en el pleno desarrollo de estas
contradicciones. La primera y la última corrientes
tienden, por eso, a apoyar, acelerar y facilitar el
desarrollo por el camino dado, a eliminar todos los
obstáculos que traban este desarrollo y lo frenan. El
populismo, por el contrario, tiende a detener y
paralizar este desarrollo, teme destruir algunos
obstáculos que se oponen al desarrollo del
capitalismo. La primera corriente y la última se
caracterizan por lo que se puede llamar optimismo
histórico; cuanto más lejos y más rápidamente
marchan las cosas tal como están marchando tanto
mejor. El populismo, por el contrario, lleva
naturalmente al pesimismo histórico; cuanto más

56
lejos marchen así las cosas tanto peor. Los
"ilustradores" no plantearon para nada los problemas
relativos al carácter del desarrollo posterior a la
reforma, limitándose exclusivamente a la guerra
contra las supervivencias del régimen anterior a la
reforma, a la tarea negativa de desbrozar el camino
para un desarrollo europeo de Rusia. El populismo ha
planteado el problema del capitalismo en Rusia, pero
lo ha resuelto adjudicándole un carácter reaccionario
y no ha podido, por eso, recoger íntegramente la
herencia de los "ilustradores". Los populistas siempre
combatieron contra los hombres que tendían hacia la
europeización de Rusia, desde el punto de vista
general de la "unidad de la civilización", y lo hacían
no sólo porque no podían limitarse a los ideales de
esos hombres (en tal caso la guerra sería justa), sino
porque no querían marchar tan lejos en el desarrollo
de esa civilización, es decir, la civilización
capitalista. Los "discípulos" resuelven el problema
del capitalismo en Rusia en el sentido de su carácter
progresivo y, por eso, no sólo pueden, sino que deben
recoger íntegramente la herencia de los ilustradores,
complementándola con el análisis de las
contradicciones del capitalismo, desde el punto de
vista de los productores que no son propietarios. Los
ilustradores no destacaron como objeto de atención
especial a ninguna clase de la población; hablaban no
sólo del pueblo en general, sino también de la nación
en general. Los populistas deseaban representar los
intereses del trabajo sin especificar, sin embargo,
determinados grupos del sistema contemporáneo de
economía; en la práctica sustentaban siempre el
punto de vista del pequeño productor, al cual el
capitalismo convierte en productor de mercancías.
Los "discípulos" no sólo toman como criterio los
intereses del trabajo, sino que señalan, además,
grupos económicos totalmente definidos de la
economía capitalista, es decir, los productores que no
son propietarios. La primera corriente y la última
responden, por el contenido de sus aspiraciones, a los
intereses de las clases que el capitalismo crea y
desarrolla; el populismo, por su contenido, responde
a los intereses de la clase de pequeños productores,
de la pequeña burguesía, que ocupa un lugar
intermedio entre las otras clases que componen la
sociedad actual. Por eso, la actitud contradictoria del
populismo ante la "herencia” no es, en modo alguno,
una casualidad, sino la resultante necesaria del propio
contenido de la concepción de esta corriente: hemos
visto que uno de los rasgos fundamentales de la
concepción de los ilustradores era su fervorosa
aspiración de europeizar a Rusia, mientras que los
populistas no pueden, sin dejar de ser lo que son,
compartir plenamente esta aspiración.
En resumidas cuentas hemos llegado, según se ve,
a la conclusión que más de una vez hemos señalado
ya por motivos concretos: los discípulos son mucho
más consecuentes y mucho más fieles depositarios de

V. I. Lenin
la herencia que los populistas. No sólo no reniegan
de la herencia sino, por el contrario, consideran que
una de sus principales tareas es refutar los recelos
románticos y pequeñoburgueses que obligan a los
populistas, en muchos y muy importantes puntos, a
renunciar a los ideales europeos de los ilustradores.
Pero de por sí se entiende que los "discípulos" no
custodian la herencia como los archiveros conservan
los viejos documentos. Salvaguardar la herencia no
significa, ni mucho menos, limitarse a ella; y a la
defensa de los ideales generales del europeísmo los
"discípulos" unen el análisis de las contradicciones
que nuestro desarrollo capitalista lleva implícitas y la
apreciación de dicho desarrollo, desde el punto de
vista específico anteriormente señalado.
V. El señor Mijailovski y la renuncia de los
"discípulos" a la herencia
Para concluir volveremos de nuevo al señor
Mijailovski y al examen de su afirmación sobre el
problema que nos interesa. El señor Mijailovski
sostiene no sólo que esta gente (los discípulos) "no
desea mantener ningún vínculo de continuidad con el
pasado y renuncia decididamente a la herencia" (I. c.,
pág. 179), sino, además que "ellos" (juntamente con
otras personas de las más diversas tendencias,
incluidos el señor Abrámov, el señor Volynski y el
señor Rózanov) "arremeten contra la herencia con
extraordinaria maldad" (180). ¿De qué herencia habla
el señor Mijailovski? De la herencia de las décadas
del 60 y del 70, de aquella de la cual ha renegado y
reniega solemnemente Moskovskie Védomosti (178).
Ya hemos señalado que si ha de hablarse de la
"herencia" que se nos ha legado a los hombres
contemporáneos, se deben distinguir dos herencias:
una, la herencia de los ilustradores en general, gente
absolutamente hostil a todo lo anterior a la reforma y
que se pronunció en favor de los ideales europeos y
por los intereses de la vasta masa de la población. La
otra, es la herencia del populismo. Ya hemos dicho
que sería un craso error confundir estas dos cosas
diferentes, ya que todo el mundo sabe que hubo y
hay gente que guarda "las tradiciones de los años del
60", sin tener nada en común con el populismo.
Todas las observaciones del señor Mijailovski
reposan, íntegra y exclusivamente, en la confusión de
estas dos herencias, completamente distintas. Y
puesto que el señor Mijailovski no puede ignorar esa
diferencia, su afirmación adquiere un carácter
completamente definido, no ya de absurda, sino de
calumniosa. ¿Solamente contra el populismo
arremetía Moskovskie Védomosti? En absoluto: no
menos, sino más, lo hizo contra los ilustradores en
general, y Véstnik Evropy, completamente ajeno al
populismo, es no menos enemigo de este periódico
que el populista Rússkoe Bogatstvo. Con aquellos
populistas que más resueltamente renegaron de la
herencia, por ejemplo, con Yúzov, Moskovskie

¿A que herencia renunciamos?
Védomosti, claro está, no estaría de acuerdo en
muchas cosas, pero es muy poco probable que se
lanzara contra él con tanta furia, y de todos modos ya
lo habría hecho objeto de sus elogios por aquello que
lo distingue de los populistas que desean conservar la
herencia. ¿Arremetió el señor Abrámov o el señor
Volynski contra el populismo? En absoluto. El
primero es populista; ambos atacaron a los
ilustradores en general. ¿Arremetieron los "discípulos
rusos" contra los ilustradores rusos? ¿Renegaron
alguna vez de la herencia que nos legó una innegable
hostilidad hacia el modo de vivir anterior a la
reforma y a sus supervivencias? No sólo no
arremetieron,
sino
todo
lo
contrario,
desenmascararon la tendencia de los populistas a
sostener algunas de estas supervivencias a causa del
miedo pequeñoburgués ante el capitalismo.
¿Arremetieron acaso alguna vez contra la herencia
que nos legara los ideales europeos en general? No,
no sólo no arremetieron, sino que, por el contrario,
desenmascararon a los populistas por su afán de
sustituir -en muchos y muy importantes problemaslos ideales europeos en general por toda una serie de
absurdas invenciones autóctonas. ¿Atacaron alguna
vez la herencia que nos ha legado la preocupación
por los intereses de las masas trabajadoras de la
población? No sólo no atacaron, sino por el contrario,
denunciaron a los populistas por su inconsecuencia
en la atención de dichos intereses (ya que se
empeñan en confundir la burguesía campesina con el
proletariado rural), por reducir el beneficio que
podría resultar de esas preocupaciones ya que, en
lugar de prestar atención a lo que es, sueñan con lo
que podría ser, por que sus preocupaciones son
extremadamente estrechas, ya que jamás supieron
valorar debidamente las condiciones (económicas y
otras) que facilitan o dificultan a esas personas la
posibilidad de ocuparse sólo de sí mismas.
El señor Mijailovski puede no concordar con la
justeza de estas revelaciones y, como populista, por
supuesto, no estará de acuerdo, pero acusar de
"furiosos" ataques contra "la herencia del 60 y del
70" a la gente que, en realidad, ataca "furiosamente"
sólo al populismo, que lo ataca por no haber sabido
resolver en el espíritu de esta herencia y sin
contradecirla los nuevos problemas planteados por la
historia posterior a la reforma, decir semejante cosa,
significa desnaturalizar el asunto.
Es divertido ver al señor Mijailovski indignarse
contra los "discípulos" porque nos confunden de
buena gana a "nosotros" (es decir, a los publicistas de
Rússkoe Bogatstvo) con los "populistas" y otras
personas ajenas a Rússkoe Bogatstvo (pág. 108). Esta
curiosa tentativa de deslindarse de los "populistas",
sosteniendo al mismo tiempo todas sus concepciones
fundamentales, no puede provocar más que risa.
Todo el mundo sabe que los "discípulos rusos"
emplean los términos "populista" y "populismo" en el

57
amplio sentido de estas palabras. Que entre los
populistas hay muchos matices diferentes, no lo ha
olvidado ni negado nadie: ni P. Struve, ni N. Béltov,
por ejemplo, han "confundido" en sus libros al señor
Mijailovski con el señor V. V., ni siquiera con el
señor Yuzhakov, es decir, no han ocultado la
diferencia en sus concepciones, ni han atribuido a
uno las concepciones del otro. P. Struve señaló,
incluso directamente, la diferencia entre las
concepciones del señor Yuzhakov y las del señor
Mijailovski. Una cosa es confundir las diversas
concepciones y otra generalizar y clasificar en la
misma categoría a los escritores que, pese a las
diferencias en muchos problemas, son solidarios en
los puntos fundamentales y principales contra los
cuales se alzan precisamente los "discípulos". Para
éstos lo importante no es demostrar, por ejemplo, que
las concepciones que diferencian a un señor Yúzov
de los demás populistas no sirven: lo importante es
refutar las concepciones que son comunes al señor
Yúzov, al señor Mijailovski y a todos los populistas
en general, es decir, la actitud que asumen frente a la
evolución capitalista de Rusia, su modo de examinar
los problemas económicos y sociales desde el punto
de vista del pequeño productor, la falta de
comprensión del materialismo social (o histórico).
Estos rasgos constituyen el patrimonio común de
toda una corriente del pensamiento social que ha
desempeñado un importante papel histórico. Esta
vasta corriente encierra los más diversos matices,
tiene flancos de derecha y de izquierda, se encuentra
en ella gente que ha descendido hasta el
nacionalismo y el antisemitismo, etc., y hay gente
que no puede ser culpada de eso; hay quienes
mantienen una actitud despreciativa ante muchos
legados de la "herencia" y hay quienes tratan, dentro
de lo posible (es decir, dentro de lo posible para un
populista), de preservarla. Ninguno de los "discípulos
rusos" ha negado esas diferencias entre los diversos
matices, a ninguno de ellos podría el señor
Mijailovski acusar de haber atribuido las
concepciones de un populista de un matiz a las de un
populista de otro matiz. Pero si estamos en contra de
las concepciones fundamentales que son comunes a
todos esos matices ¿para qué nos vamos a ocupar de
las diferencias particulares de una corriente general?
¡Es una exigencia totalmente carente de sentido! La
comunidad de concepciones sobre el capitalismo
ruso, sobre la "comunidad" campesina, sobre la
omnipotencia de la llamada "comunidad" en
escritores que están muy lejos de ser solidarios en
todo, ha sido señalada más de una vez en nuestra
literatura mucho antes de la aparición de los
"discípulos", y no sólo ha sido señalada, sino también
ensalzada como una feliz particularidad de Rusia. El
término "populismo", en el amplio sentido de la
palabra, fue también empleado en nuestra literatura
mucho antes de aparecer los "discípulos". El señor

V. I. Lenin

58
Mijailovski no sólo ha colaborado muchos años en la
misma revista junto al "populista" (en el sentido
estrecho de la palabra) señor V. V., sino que también
ha compartido con él los rasgos fundamentales,
anteriormente señalados, de esas concepciones. Al
refutar en las décadas del 80 y del 90 las diversas
conclusiones del señor V. V., rechazando por
incorrectas sus incursiones en el campo de la
sociología abstracta, el señor Mijailovski, sin
embargo, en esos mismos años, hacía la salvedad de
que su crítica no iba dirigida, ni mucho menos,
contra los escritos sobre economía de dicho señor y
que se solidarizaba con él en las concepciones
fundamentales sobre el capitalismo ruso. Por eso, si
ahora los pilares de Rússkoe Bogatstvo, que tanto han
hecho por el desarrollo, afianzamiento y divulgación
de las concepciones populistas (en el amplio sentido
de esta palabra), piensan librarse de la crítica de los
"discípulos rusos" mediante la simple declaración de
que no son "populistas" (en el estrecho sentido de la
palabra), que constituyen una "escuela ético-social"
completamente distinta, esta argucia, naturalmente,
no puede sino provocar la burla justificada contra
personas tan valientes y, al mismo tiempo, tan
diplomáticas.
En la pág. 182 de su artículo, el señor Mijailovski
saca a relucir en contra de los "discípulos" este otro
argumento fenomenal. El señor Kámenski ataca
mordazmente a los populistas76; esto, tenedlo en
cuenta, "es síntoma de que está enojado, pero no
tiene ningún derecho a ello (¡¡sic!!). Nosotros, los
que somos "viejos subjetivos", así como los "jóvenes
subjetivos", sin entrar en contradicción con nosotros
mismos, nos permitimos esta debilidad. Pero los
representantes de la teoría "justamente orgullosa de
su inexorable objetividad" (expresión de uno de los
"discípulos") se hallan en otra situación".
¿Qué significa esto? Si la gente reclama que las
concepciones sobre los fenómenos sociales reposen
sobre un análisis inexorablemente objetivo de la
realidad y de la verdadera evolución, ¡¿hay que
deducir de allí que no tiene derecho a enojarse?!
¡Esto es simplemente un galimatías, un absurdo! ¿No
habría oído el señor Mijailovski que el famoso
tratado sobre El Capital es considerado como uno de
los modelos más formidables de objetividad
inexorable en la investigación de los fenómenos
sociales? Para toda una serie de sabios y
economistas, el defecto principal y fundamental de
este tratado es precisamente su inexorable
objetividad. Y sin embargo, en pocos tratados
científicos hallaréis tanto "corazón", tantas ardientes
y apasionadas agudezas polémicas contra los
representantes de las concepciones atrasadas, contra
76

Se tiene en cuenta el artículo de J. Plejánov Acerca de la
interpretación materialista de la historia, publicado en
1897 con la firma de N. Kámenski en el número 12
(septiembre) de la revista -óvoe Slovo.

los representantes de aquellas clases sociales que, a
juicio del autor, frenan el desarrollo social, como en
ése. El escritor que con inexorable objetividad ha
demostrado que las concepciones, digamos, de
Proudhon, son el reflejo natural, comprensible e
inevitable de los puntos de vista y del estado de
ánimo del petit bourgeois francés, sin embargo, "ha
arremetido" con ira y ardor apasionados contra este
ideólogo de la pequeña burguesía. ¿No supondrá el
señor Mijailovski que aquí Marx "se contradice"? Si
cierta teoría exige de toda personalidad social un
análisis inexorablemente objetivo de la realidad y de
las relaciones que sobre la base de esta última se
forman entre las diversas clases, ¿mediante qué
milagro se puede extraer de aquí la conclusión de que
la personalidad no debe simpatizar con esta o aquella
clase, que "no tiene derecho" a ello? Es hasta ridículo
hablar aquí del deber, puesto que ningún ser viviente
puede quedar al margen de una u otra clase (tan
pronto haya comprendido la relación mutua entre
ellas), no puede dejar de alegrarse con el éxito de esa
clase, ni dejar de sentir amargura por sus fracasos; no
puede dejar de sentir indignación contra los que se
manifiestan hostiles a ella, contra los que ponen
trabas a su desarrollo difundiendo concepciones
atrasadas, etc., etc. La fútil argucia del señor
Mijailovski sólo demuestra que hasta hoy día aún no
se ha orientado en el muy elemental problema de la
diferencia entre el determinismo y el fatalismo.
""¡El capital está en marcha!," esto es indudable escribe el señor Mijailovski-, pero (¡¡sic!!) el
problema está en cómo recibirlo" (pág. 189).
El señor Mijailovski descubre América, señala un
"problema"
que
los
"discípulos
rusos",
evidentemente, ¡ni siquiera habían pensado!
¡Seguramente no es la discrepancia sobre este
problema lo que ha separado a los "discípulos rusos"
de los populistas! Sólo se puede "recibir" de dos
maneras al capitalismo que se está desarrollando en
Rusia: reconociéndolo como un fenómeno progresivo
o como un fenómeno regresivo; como un paso
adelante en el verdadero camino o como una
desviación de él; apreciándolo desde el punto de vista
de clase de los pequeños productores, a la que el
capitalismo aniquila, o desde el punto de vista de
clase de los productores desposeídos creada por el
capitalismo. No hay término medio77. Por
consiguiente, si el señor Mijailovski objeta la justeza
de la posición de los "discípulos" frente al
77

No hablamos, claro está, de la recepción que no
considera necesario en absoluto guiarse por los intereses
del trabajo, o para la que la misma generalización,
expresada por el término "capitalismo", es incomprensible
e ininteligible. Por más importantes que sean en la vida
rusa las corrientes de pensamiento social referentes a este
problema, ellas no tienen absolutamente nada que ver en la
disputa entre los populistas y sus adversarios, y no hay
para qué mezclarlas en ella.

59

¿A que herencia renunciamos?
capitalismo, quiere decir, que acepta la posición de
los populistas, la misma que muchas veces ha
expuesto en artículos anteriores con toda precisión.
El señor Mijailovski no ha presentado ni presenta
ninguna enmienda ni adición a sus viejas
concepciones sobre este problema; sigue siendo
populista. ¡Oh, de ninguna manera! El no es
populista. ¡Válgame Dios! El es representante de la
"escuela ético-sociológica"...
"Mejor es que no hablen de los bienes futuros (??)
que ha de traer (?) el ulterior desarrollo del
capitalismo", continúa diciendo el señor Mijailovski.
El señor Mijailovski no es populista. Sólo se
limita a repetir íntegramente los errores de los
populistas y los métodos incorrectos de sus
razonamientos. Cuántas veces se ha insistido ante los
populistas en que semejante planteamiento del
problema sobre "lo futuro" es incorrecto, que no se
trata de las "futuras", sino de las reales
modificaciones progresivas de las relaciones
precapitalistas, que ya se están operando,
modificaciones que trae (y no que traerá) el
desarrollo del capitalismo en Rusia. Al trasladar el
problema al terreno "de lo futuro", el señor
Mijailovski, en el fondo, considera como
demostradas, precisamente aquellas afirmaciones que
los "discípulos" refutan. Considera como demostrado
que, en la realidad, en lo que está sucediendo ante
nuestros ojos, el desarrollo del capitalismo no aporta
ninguna modificación progresiva a las viejas
relaciones económico-sociales. En esto consiste
precisamente la concepción populista, y es contra ella
contra lo que polemizan los "discípulos rusos",
demostrando lo contrario. No hay un solo libro
publicado por los "discípulos rusos" en el que no se
hable y se demuestre que la sustitución del pago en
trabajo por el trabajo asalariado libre en la
agricultura, que la sustitución de la industria llamada
de oficio, por la fabril, es un fenómeno real que se
efectúa (y con enorme velocidad) ante nuestros ojos
y de ninguna manera un fenómeno sólo "del futuro";
que esta sustitución es un fenómeno progresivo en
todos los aspectos; que destruye la producción
manual, pequeña, rutinaria y dispersa que se
caracterizaba por su secular inmovilidad y
estancamiento; que aumenta la productividad del
trabajo social creando con ello la posibilidad de
aumentar el nivel de vida del trabajador; que crea las
condiciones para la transformación de esa posibilidad
en necesidad, es decir: que transforma al "proletario
sedentario", abandonado "en un rincón perdido",
inmóvil, tanto en el sentido físico como moral, en un
ser con posibilidad de movimiento; que europeíza las
formas asiáticas de trabajo con sus infinitas formas
de servidumbre y de dependencia personal; que "el
modo europeo de pensar y de sentir no es menos
necesario (observad: necesario. V. I.) que el vapor, la
hulla, la técnica, para la efectiva utilización de la

maquinaria"78, etc. Todo esto lo dice y lo demuestra,
repetimos, cada "discípulo", pero, todo esto, por lo
visto, nada tiene que ver con el señor Mijailovski "y
sus compañeros": todo esto se escribe sólo contra los
"populistas" "ajenos" a Rússkoe Bogatstvo. Pues
Rússkoe Bogatstvo es una "escuela éticosociológica", cuya misión consiste en hacer pasar los
viejos trastos bajo el manto de una nueva bandera.
Tal como ya lo hemos señalado antes, el objetivo
de nuestro articulo es el de refutar las invenciones,
muy difundidas en la prensa liberal-populista, acerca
de que los "discípulos rusos" reniegan de la
"herencia", rompen con las mejores tradiciones de la
mejor parte de la sociedad rusa, etc. No carecerá de
interés destacar que el señor Mijailovski, al repetir
estas trilladas frases ha dicho, en el fondo,
exactamente lo mismo que dijera antes que él, y de
manera más categórica, el "populista" "ajeno" a
Rússkoe Bogatstvo, el señor V. V. ¿Conoce el lector
los artículos que publicó este autor en -edelia79 hace
tres años, a fines de 1894, en respuesta al libro del
señor P. B. Struve? A decir verdad, a mi juicio, no ha
perdido nada si no los conoce. La idea fundamental
de dichos articulos consiste en que los "discípulos
rusos", según él, rompen el hilo democrático que se
extiende a lo largo de todas las corrientes
progresistas del pensamiento social ruso. ¿Pero acaso
esto no es lo mismo -aunque con palabras distintas-,
que lo que ahora repite el señor Mijailovski,
acusando a los "discípulos" de renunciar a la
"herencia", contra la que malignamente arremete
Moskovskie Védomosti? En realidad, como ya lo
hemos visto, los autores de esta invención achacan a
otros su afirmación absurda de que la ruptura
definitiva de los "discípulos" con el populismo
significa la ruptura con las mejores tradiciones de la
mejor parte de la sociedad rusa. ¿No será al revés,
señores? ¿No significa esta ruptura limpiar de
populismo estas mejores tradiciones?

78

Palabras de Schulze-Gaevernitz en Schmollers Jahrbuch
("Anuario de Schmoller"), 1896, en su artículo sobre la
industria algodonera de Moscú-Vladímir.
"Schmollers Jahrbuch" ("Anuario de Schmoller"): el título
completo es Jahrbuch für Gesetzgebung, Verwaltung und
Volkswirtschaft im Deutschen Reich ("Anuario de
Legislación, Dirección y Economía Nacional del Imperio
Alemán"): revista de Economía Política; fue editada desde
1877 por los economistas burgueses alemanes,
representantes del socialismo de cátedra, F. Holtzendorf y
L. Brentano, y desde 1881 por G. Schmoller.
79
"-edelia
" ("La Semana"): periódico político y literario liberalpopulista; fue editado en Petersburgo de 1866 a 1901. El
periódico se pronunciaba contra la lucha con la autocracia
y propugnaba la llamada teoría de "pequeños asuntos", es
decir, exhortaba a los intelectuales a renunciar a la lucha
revolucionaria y a ocuparse del "trabajo cultural, desligado
de la política".

60
Escrito en el destierro a fines de 1897. Publicado
por primera vez en 1898 en la colección: Vladímir
Ilín. Estudios y articulos económicos. San
Petersburgo.
V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso, t. 2, págs. 505550.

V. I. Lenin

TAREAS URGE1TES DE 1UESTRO MOVIMIE1TO

La socialdemocracia rusa ha declarado ya en
múltiples ocasiones que la tarea política inmediata
del partido obrero ruso debe ser el derrocamiento de
la autocracia, la conquista de la libertad política. Esto
declararon hace más de 15 años los representantes de
la socialdemocracia rusa, los miembros del grupo
"Emancipación del Trabajo"80; lo declararon también,
80

Grupo "Emancipación del Trabajo": primer grupo
marxista ruso, fundado por J. Plejánov en Ginebra en
1883. Además de Plejánov, formaban parte del grupo
Pável Axelrod, Vera Zasúlich, Lev Deutsch y V. Ignátov.
El grupo "Emancipación del Trabajo" desplegó una gran
labor de propaganda del marxismo en Rusia. Traducía al
ruso, editaba en el extranjero y difundía en Rusia las obras
de C. Marx y F. Engels: el Manifiesto del Partido
Comunista, Trabajo asalariado y capital, Del socialismo
utópico al socialismo científico y otras, y también
popularizaba el marxismo en sus publicaciones. El grupo
asestó un serio golpe al populismo, que era el obstáculo
ideológico principal en la difusión del marxismo y el
desarrollo del movimiento socialdemócrata en Rusia. En
sus trabajos El socialismo y la lucha política (1883),
-uestras discrepancias (1885) y otros, Plejánov sometió a
la crítica marxista las teorías reaccionarias populistas.
Desempeñaron un gran papel en la preparación y
formación del Partido Socialdemócrata en Rusia dos
proyectos de Programa de los socialdemócratas rusos (el
de 1883 y el de 1885), escritos por J. Plejánov y editados
por el grupo "Emancipación del Trabajo". El libro de
Plejánov (N. Béltov) Contribución al problema del
desarrollo de la concepción monista de la historia, que
"ha educado a toda una generación de marxistas rusos"
(Lenin), tuvo gran importancia en la difusión de las ideas
del marxismo y en la defensa del materialismo dialéctico e
histórico.
Plejánov y Zasúlich fueron amigos personales de Engels y
durante muchos años mantuvieron correspondencia con él.
El grupo "Emancipación del Trabajo" estableció contacto
con el movimiento obrero internacional y a partir del
primer Congreso de la II Internacional en 1889 (París) y a
lo largo de toda su existencia representó en los diversos
Congresos de ésta a la socialdemocracia rusa. A la vez, el
grupo adolecía de graves errores, consistentes en la
sobrestimación del papel de la burguesía liberal en la
revolución y el menosprecio del papel revolucionario de
los campesinos como reserva de la revolución proletaria.
Estos errores fueron el embrión de las futuras ideas
mencheviques de Plejánov y de otros componentes del
grupo.
V. I. Lenin señaló que el grupo "Emancipación del

hace dos años y medio, los representantes de las
organizaciones socialdemócratas rusas que en la
primavera de 1898 formaron el Partido Obrero
Socialdemócrata de Rusia81. Pero, a pesar de estas
reiteradas declaraciones, el problema de las tareas
políticas de la socialdemocracia en Rusia vuelve a
plantearse en la actualidad. Muchos representantes de
nuestro movimiento manifiestan sus dudas en cuanto
al acierto de la mencionada solución del problema82.
Trabajo" "sólo dotó de una base teórica a la
socialdemocracia y dio los primeros pasos al encuentro del
movimiento obrero". (Véase Obras, 5a ed. en ruso, t. 25,
pág. 132.
En el II Congreso del POSDR, en agosto de 1903, el grupo
"Emancipación del Trabajo" anunció su disolución.
81
En la primavera de 1898 (del 1 al 3 (13-15) de marzo) se
celebró clandestinamente en Minsk el I Congreso del
POSDR. Hallándose recluído en la cárcel de Petersburgo
en 1896, Lenin planteó la necesidad de convocar el
Congreso. La detención y deportación de Lenin y de otros
dirigentes de la "Unión de lucha" de Petersburgo a Siberia,
impidieron prácticamente convocar el Congreso. Este fue
preparado por la organización socialdemócrata de Kíev,
que pudo salvarse de la represión.
Asistieron al Congreso 9 delegados, representando a 6
organizaciones (un delegado de cada una de las "Uniones
de lucha" de Petersburgo, Moscú, Kíev y Ekaterinoslav;
dos del grupo de Rabóchaya Gazeta, de Kíev, y tres del
Bund).
El Congreso acordó unificar las "Uniones de lucha"
locales y el Bund en un solo Partido Obrero
Socialdemócrata de Rusia (POSDR) y eligió un Comité
Central. Como órgano oficial del partido fue reconocido
Rabóchaya Gazeta, y la "Unión de los socialdemócratas
rusos" fue declarada representante del partido en el
extranjero. El Congreso lanzó el manifiesto del POSDR,
que planteaba como tareas principales la lucha por la
libertad política y contra el absolutismo, ligándola a la
lucha ulterior contra el capitalismo y la burguesía.
El I Congreso, que proclamó la formación del POSDR, fue
un paso adelante en la cohesión del proletariado en torno a
la socialdemocracia revolucionaria. Pero el Congreso no
creó el Partido como un todo único y no elaboró el
programa ni los Estatutos. El Comité Central elegido por
el Congreso fue detenido poco después. Se ahondaron la
dispersión y las vacilaciones en las organizaciones
socialdemócratas locales. La tarea de crear un partido
marxista único seguía siendo la tarea principal de la
socialdemocracia rusa.
82
Se trata del "economismo", corriente oportunista surgida

62
Dicen que la lucha económica tiene una importancia
predominante, relegan a un segundo plano las tareas
políticas del proletariado, empequeñecen y restringen
estas tareas e incluso manifiestan que las
disquisiciones sobre la formación de un partido
obrero independiente en Rusia son simple repetición
de palabras dichas por otros y que los obreros deben
sostener de modo exclusivo la lucha económica,
dejando la política para los intelectuales en alianza
con los liberales. Esta última declaración del nuevo
símbolo de la fe (el tristemente célebre Credo) se
reduce ni más ni menos que a considerar menor de
edad al proletariado ruso y a negar en redondo el
programa socialdemócrata. En realidad, Rabóchaya
Mysl (sobre todo en el Suplemento83 se ha
en la socialdemocracia rusa a finales del siglo XIX y
comienzos del siglo XX, variedad rusa del oportunismo
internacional. Los "economistas" tenían sus órganos de
prensa: en Rusia, el periódico Rabóchaya Mysl ("El
Pensamiento Obrero"), y en el extranjero, la revista
Rabócheie Dielo ("La Causa Obrera").
En 1899, fue publicado el Credo, manifiesto de los
"economistas", redactado por E. Kuskova. Lenin leyó el
Credo hallándose en la deportación y escribió la Protesta
de los socialdemócratas de Rusia, en la que sometió a una
crítica tajante el programa de los "economistas". Estos
circunscribían las tareas de la clase obrera a la lucha
económica por la elevación de salarios, el mejoramiento
de las condiciones de trabajo, etc., afirmando que la lucha
política debía correr a cargo de la burguesía liberal. Los
"economistas" negaban el papel dirigente del partido de la
clase obrera, considerando que el partido solamente debía
contemplar el proceso espontáneo del movimiento y
registrar los acontecimientos. Postrándose ante la
espontaneidad del movimiento obrero, los "economistas"
rebajaban la importancia de la teoría revolucionaria, de la
conciencia. Afirmaban que la ideología socialista puede
surgir del movimiento espontáneo y negaban la necesidad
de introducir en el movimiento obrero la conciencia
socialista, abriendo con ello el paso a la ideologia
burguesa. Los "economistas" defendían el aislamiento y
los métodos artesanos de trabajo en el movimiento
socialdemócrata e intervenían contra la necesidad de crear
un partido de la clase obrera centralizado. El
"economismo" amenazaba con apartar a la clase obrera del
camino de clase revolucionario y convertirla en un
apéndice político de la burguesía. La Iskra desempeñó un
gran papel en la lucha contra el "economismo". En su libro
¿Qué hacer?, Lenin demolió por completo las posiciones
ideológicas del "economismo".
83
"Rabóchaya Mysl" ("El Pensamiento Obrero"):
periódico de los "economistas", editado desde octubre de
1897 hasta diciembre de 1902. Aparecieron 16 números.
Los dos primeros fueron impresos en mineógrafo, en
Petersburgo; los números 3-11 se publicaron en el
extranjero, en Berlín; los números 12-15, en Varsovia. El
último, el 16, se editó en el extranjero. Fue redactado por
K. Tájtarev y otros.
"Suplemento especial de "Rabochaya Mysl": folleto
editado por la redacción del periódico Rabóchaya Mysl en
septiembre de 1899. En este folleto, sobre todo en el
artículo -uestra realidad, firmado por R. M., se defendían

V. I. Lenin
manifestado
en
el
mismo
sentido.
La
socialdemocracia rusa atraviesa un período de
vacilaciones y de dudas que la hacen llegar hasta a
negarse a sí misma. De un lado, el movimiento
obrero es desligado del socialismo: se ayuda a los
obreros a librar la lucha económica, pero de ningún
modo se les explica a la vez, o se les explica
insuficientemente, los fines socialistas y las tareas
políticas de todo el movimiento en su conjunto. De
otro lado, el socialismo es desvinculado del
movimiento obrero: los socialistas rusos comienzan
de nuevo a hablar cada vez más de que la lucha
contra el gobierno debe ser sostenida exclusivamente
por los intelectuales, pues los obreros se
circunscriben a la lucha económica.
A nuestro juicio, son tres las circunstancias que
han preparado el terreno a estos lamentables
fenómenos. En primer lugar, en los comienzos de su
actividad los socialdemócratas rusos se limitaron al
simple trabajo de propaganda en círculos. Al pasar a
la agitación entre las masas, no siempre pudimos
evitar el caer en otro extremo. En segundo lugar, en
la fase inicial de nuestra actuación tuvimos que
defender muy a menudo nuestro derecho a la
existencia en lucha contra los secuaces de "La
Voluntad del Pueblo”84, que concebían la "política"
abiertamente ideas oportunistas.
Lenin criticó las ideas de Rabóchaya Mysl -como variedad
rusa del oportunismo Internacional- en su trabajo Una
tendencia retrógrada en la socialdemocracia rusa (Obras,
5a ed. en ruso, t. 4, págs. 240-273), en los artículos
publicados en el periódico Iskra y en su libro ¿Qué hacer?
84
"La Voluntad del Pueblo": sociedad política secreta de
los populistas-terroristas, creada en agosto de 1879 como
resultado de la escisión de la organización "Tierra y
Libertad". A la cabeza de "La voluntad del Pueblo" se
hallaba un Comité Ejecutivo compuesto por Andréi
Zhelíábov, Alexandr Mijáilov, M. Frolenko, N. Morózov,
Vera Figner, Sofia Peróvskaya, A. Rviatkovski y otros. Al
mismo tiempo que defendían las posiciones del socialismo
utópico populista, los miembros de "La Voluntad del
Pueblo" emprendieron el camino de la lucha política,
considerando como tarea más importante el derrocamiento
de la autocracia y la conquista de la libertad política. Lenin
señalaba que "los adeptos de "La Voluntad del Pueblo"
dieron un paso adelante al iniciar la lucha política, pero no
lograron vincularla al socialismo". (Obras, 5a, ed. en ruso,
t. 9, pág. 179.)
Los adeptos de "La Voluntad del Pueblo" luchaban
heroicamente contra la autocracia zarista, pero, partiendo
de la errónea teoría de los "héroes" activos y la "multitud"
pasiva, pensaban transformar la sociedad con sus propias
fuerzas, sin la participación del pueblo, mediante el terror
individual, la intimidación y la desorganización del
gobierno. Después del 1 de marzo de 1881 (día en que
dieron muerte al zar Alejandro II), el gobierno destruyó la
sociedad "La Voluntad del Pueblo" mediante crueles
persecuciones, ejecuciones y provocaciones. No dieron
resultado alguno los repetidos intentos llevados a cabo en
los años 80 con el fin de hacer resurgir "La Voluntad del

Tareas urgentes de nuestro movimiento
como una actividad divorciada del movimiento
obrero y reducían la política a una simple conjura. Al
rechazar una tal política, los socialdemócratas
cayeron en otro extremo, relegando a un segundo
plano la política en general. En tercer lugar, al actuar
desperdigados en pequeños círculos obreros locales,
los socialdemócratas no prestaron la debida atención
a la necesidad de organizar un partido revolucionario
que coordinase toda la actividad de los grupos locales
y permitiese montar con acierto la labor
revolucionaria. Ahora bien, el predominio de una
actividad dispersa va unido de modo natural al
predominio de la lucha económica.
Todas estas circunstancias dieron lugar a la
inclinación hacia un solo aspecto del movimiento. La
corriente "economista" (en la medida en que aquí se
puede hablar de "corriente") motivó los intentos de
erigir esta estrechez de miras en una teoría particular,
los intentos de utilizar para este fin el
bernsteinianismo en boga, la "crítica del marxismo"
en boga, que preconizaba las viejas ideas burguesas
bajo una nueva bandera. Estos intentos originaron el
peligro de debilitar los vínculos entre el movimiento
obrero ruso y la socialdemocracia rusa, como
combatiente de vanguardia por la libertad política.
De ahí que la tarea más urgente de nuestro
movimiento consista en reforzar estos vínculos.
La socialdemocracia es la unión del movimiento
obrero con el socialismo. Su cometido no estriba en
servir pasivamente al movimiento obrero en cada una
de sus fases, sino en representar los intereses de todo
el movimiento en su conjunto, señalar a este
movimiento su objetivo final, sus tareas políticas, y
salvaguardar su independencia política e ideológica.
Desligado de la socialdemocracia, el movimiento
obrero se achica y adquiere por fuerza un carácter
burgués: al sostener exclusivamente la lucha
económica, la clase obrera pierde su independencia
política, se convierte en un apéndice de otros partidos
y traiciona el gran precepto: "La emancipación de la
clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma".
En todos los países hubo un período en que el
movimiento obrero y el socialismo existieron por
separado, siguiendo caminos distintos, y en todos los
países esta desvinculación fue causa de la debilidad
del socialismo y del movimiento obrero; en todos los
países, sólo la unión del socialismo con el
movimiento obrero creó una sólida base tanto para el
uno como para el otro. Pero en cada país esta unión
del socialismo con el movimiento obrero fue lograda
a lo largo de un proceso histórico, siguiendo una vía
particular, de acuerdo con las condiciones de lugar y
Pueblo".
A la vez que criticaba el programa erróneo y utópico de
los adeptos de "La Voluntad del Pueblo", Lenin se refería
con gran respeto a la abnegaba lucha de la sociedad contra
el zarismo y apreciaba en alto grado su técnica
conspirativa y su rígida organización centralizada.

63
tiempo. En Rusia, la necesidad de la unión del
socialismo con el movimiento obrero fue proclamada
hace ya mucho en el terreno teórico, pero en la
práctica esta unión sólo va haciéndose efectiva en
nuestros días. Este proceso es muy difícil y no tiene
nada de extraño que vaya acompañado de diferentes
vacilaciones y dudas.
¿Qué enseñanza se desprende para nosotros del
pasado?
La historia de todo el socialismo ruso hizo que su
tarea más urgente fuera la lucha contra el gobierno
autocrático, la conquista de la libertad política;
nuestro movimiento socialista se ha concentrado, por
decirlo así, en la lucha contra la autocracia. Por otro
lado, la historia muestra que en Rusia la separación
entre el pensamiento socialista y los representantes
avanzados de las clases trabajadoras es mucho mayor
que en otros países, y que, de perdurar esta
separación, el movimiento revolucionario ruso está
condenado a la impotencia. De aquí se deduce
lógicamente el deber que está llamada a cumplir la
socialdemocracia rusa: llevar las ideas socialistas y la
conciencia política a la masa del proletariado y
organizar un partido revolucionario ligado
indisolublemente con el movimiento obrero
espontáneo. Mucho se ha hecho ya en este sentido
por la socialdemocracia rusa, pero aún es más lo que
queda por hacer. A medida que crece el movimiento,
se amplía el campo de actividad de la
socialdemocracia, el trabajo es cada vez más diverso
y aumenta el número de militantes del movimiento
que concentran sus energías en la realización de
diferentes tareas parciales planteadas por las
necesidades cotidianas de la propaganda y la
agitación. Este fenómeno es completamente natural e
inevitable, pero obliga a prestar singular atención a
que las tareas parciales del trabajo y los distintos
procedimientos de lucha no se conviertan en algo que
se baste a sí mismo y a que la labor preparatoria no
adquiera el rango de trabajo principal y único.
Nuestro cometido principal y fundamental
consiste en coadyuvar al desarrollo político y a la
organización política de la clase obrera. Quien relega
este cometido a un segundo plano y no subordina a él
todas las tareas parciales y los distintos
procedimientos de lucha, se sitúa en un camino falso
e infiere grave daño al movimiento. Relegan este
cometido, en primer lugar, quienes exhortan a los
revolucionarios a luchar contra el gobierno con las
fuerzas de círculos sueltos de conspiradores,
desligados del movimiento obrero. Relegan este
cometido, en segundo lugar, quienes restringen el
contenido y el alcance de la propaganda, agitación y
organización políticas; quienes estiman posible y
oportuno invitar a los obreros a paladear la "política"
solamente en momentos excepcionales de su vida,
solamente en casos solemnes; quienes sienten
excesivo afán de sustituir la lucha política contra la

V. I. Lenin

64
autocracia por la simple reclamación a la autocracia
de ciertas concesiones y se preocupan muy poco de
que la reivindicación de concesiones se transforme
en una lucha sistemática e irrevocable del partido
obrero revolucionario contra la autocracia.
"¡Organizaos!", repite a los obreros en los más
diversos tonos Rabóchaya Mysl, y con ella todos los
partidarios de la corriente "economista". Como es
natural, nos solidarizamos por entero con esta
llamada, pero añadiendo sin falta: organizaos no sólo
en sociedades de ayuda mutua, en cajas de resistencia
y en círculos obreros, sino también en un partido
político, para la lucha decidida contra el gobierno
autocrático y contra toda la sociedad capitalista. Sin
esta organización, el proletariado no es capaz de
elevarse hasta el nivel de una lucha consciente de
clases; sin esta organización, el movimiento obrero
está condenado a la impotencia; con las cajas de
resistencia, los círculos y las sociedades de ayuda
mutua exclusivamente, la clase obrera no conseguirá
jamás cumplir la gran misión histórica a la que está
llamada: emanciparse a sí misma y emancipar a todo
el pueblo ruso de su esclavitud política y económica.
Ninguna clase ha logrado en la historia instaurar su
dominio si no ha promovido a sus propios jefes
políticos, a sus representantes de vanguardia, capaces
de organizar el movimiento y dirigirlo. También la
clase obrera rusa ha demostrado ya que es capaz de
promover a tales hombres: la lucha de los obreros
rusos, que en los cinco o seis años últimos ha
alcanzado vasto desarrollo, muestra que la clase
obrera posee una gran masa de fuerzas
revolucionarias y que las persecuciones del gobierno,
por feroces que sean, lejos de disminuir, acrecientan
el número de obreros que tienden hacia el socialismo,
hacia la conciencia política y hacia la lucha política.
El Congreso de nuestros camaradas en 1898 planteó
con tino la tarea, y no repitió palabras ajenas, no
expresó una simple inclinación de "intelectuales"... Y
nosotros debemos emprender con decisión el
cumplimiento de estas tareas planteando en el orden
del día el problema del programa, de la organización
y de la táctica del partido. Ya hemos dicho cómo
concebimos los puntos fundamentales de nuestro
programa, pero, naturalmente, éste no es el lugar para
desarrollar en detalle estos puntos. Tenemos el
propósito de dedicar a las cuestiones de organización
una serie de artículos en los próximos números. Este
es uno de nuestros problemas más acuciantes. En este
sentido nos hemos quedado muy a la zaga de los
viejos militantes del movimiento revolucionario ruso;
es preciso reconocer abiertamente esta falla y dedicar
nuestras fuerzas a una organización más conspirativa
del trabajo, a una propaganda sistemática de las
normas de nuestro trabajo y de los procedimientos
para desorientar a los gendarmes y para no caer en
las redes de la policía. Hay que preparar hombres que
no consagren a la revolución sus tardes libres, sino

toda su vida; hay que preparar una organización tan
numerosa, que pueda aplicar una rigurosa división
del trabajo en los distintos aspectos de nuestra
actividad. Por último, en lo que atañe a las cuestiones
tácticas, aquí nos limitaremos a lo siguiente: la
socialdemocracia no se ata las manos, no limita su
actividad a un plan cualquiera previamente preparado
o a un solo procedimiento de lucha política, sino que
admite como buenos todos los procedimientos de la
lucha reivindicativa contra el gobierno y la conquista
de partido y permitan lograr los mayores resultados
posibles en unas condiciones dadas. Si existe un
partido bien organizado, una huelga puede
convertirse en una demostración política, en una
victoria política sobre el gobierno. Si existe un
partido bien organizado, la insurrección en una
localidad aislada puede transformarse en una
revolución triunfante. Debemos recordar que la lucha
reivindicativa contra el gobierno y la conquista de
ciertas concesiones no son otra cosa que pequeñas
escaramuzas con el adversario, ligeras refriegas en
las avanzadillas, y que la batalla decisiva está por
venir. Tenemos enfrente la fortaleza enemiga, bien
artillada, desde la que se nos lanza una lluvia de
metralla que se lleva a los mejores luchadores.
Debemos tomar esta fortaleza, y la tomaremos si
todas las fuerzas del proletariado que despierta las
unimos a las fuerzas de los revolucionarios rusos en
un solo partido, hacia el que tenderán todos los
elementos activos y honestos de Rusia. Sólo entonces
se verá cumplida la gran profecía del obrero
revolucionario ruso Piotr Alexéiev: "¡Se alzarán los
brazos vigorosos de millones de obreros, y el yugo
del despotismo, protegido por las bayonetas de los
soldados, saltará hecho pedazos!"85
Escrito en octubre y a principios de noviembre de
1900. Publicado en diciembre de 1900 en el Nº 1 de
Iskra.
V. I. Lenin. Obras, 5ª ed. en ruso, t. 4, págs. 371377.

85

El discurso de Piotr Alexéiev fue publicado por primera
vez en 1877 en Londres, en la revista Vperiod!
("¡Adelante"!) (publicación no periódica). Desde entonces
fue reeditado clandestinamente repetidas veces, gozando
de gran popularidad entre los obreros rusos.

¿QUE HACER?
Problemas candentes de nuestro movimiento86
"...La lucha Interior da al partido fuerza y
vitalidad; la prueba más grande de la debilidad de un
partido es el amorfismo y la ausencia de fronteras
netamente delimitadas; el partido se fortalece
depurándose..."
(Extracto de una carta de Lassalle a Marx, 24 de
junio de 1852)
Prologo
Según el plan inicial del autor, el presente folleto
debía estar consagrado a desarrollar detalladamente
las ideas expuestas en el artículo ¿Por dónde
empezar?87 (Iskra88, N° 4, mayo de 1901)89. Ante
86

El libro "¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro
movimiento" fue escrito por Lenin a fines de 1901 y
comienzos de 1902.
En diciembre, en el número 12 de Iskra publicó Lenin el
artículo Conversación con los defensores del economismo
al que posteriormente denominó esbozo de ¿Qué hacer?
Lenin escribió el prefacio para el libro en febrero. A
comienzos de marzo vio la luz ¿Qué hacer? en Stuttgart,
en la Editorial de Dietz, lo que se anunciaba en el número
18 de Iskra, del 10 de marzo de 1902.
El libro ¿Qué hacer? desempeñó un gran papel en la
creación de un partido marxista revolucionario de la clase
obrera de Rusia, por la victoria de la orientación leninistaiskrista en los comités y las organizaciones del POSDR y,
más tarde, en su Congreso de 1903.
En 1902-1903 fue difundido el libro ampliamente en las
organizaciones socialdemócratas de Rusia. Encontraban
esta obra al practicar registros y detenciones de
socialdemócratas en Kiev, Moscú, Petersburgo, Nizhni
Nóvgorod, Kazán, Odesa y otras ciudades.
En 1907 fue publicado con algunos cambios ¿Qué hacer?
en la recopilación 12 años. En todas las ediciones
posteriores fue publicado según el texto de 1902,
comprobado con el texto de la edición de 1907.
87
El artículo de V. I. Lenin ¿Por dónde empezar?,
publicado como artículo de fondo en el número 4 del
periódico Iskra, contiene la respuesta a las cuestiones más
importantes referentes al movimiento socialdemócrata de
Rusia: .sobre el carácter y el contenido principal de la
agitación política, sobre las tareas de organización y el
plan de creación del partido marxista combatiente de toda
Rusia. Lenin llamó al artículo ¿Por dónde empezar?
esbozo del plan que fue desarrollado en el libro ¿Qué
hacer?
El artículo sirvió de documento programático para la
socialdemocracia revolucionaria y fue difundido

ampliamente tanto en Rusia como en el extranjero. Las
organizaciones socialdemócratas locales lo leían en el
periódico Iskra y lo reeditaban como folleto aparte. La
Unión Socialdemócrata Siberiana imprimió 5.000
ejemplares del folleto y lo propagó por toda Siberia. El
folleto fue impreso también en Rzhev y fue difundido en
Sarátov, Tambov, Nizhni Nóvgorod, Ufá y otras ciudades.
88
"Iskra": primer periódico marxista ilegal de toda Rusia,
fundado por Lenin en 1900, que desempeñó el papel
decisivo en la creación del partido marxista revolucionario
de la clase obrera.
Como era imposible editar un periódico revolucionario en
Rusia, debido a las persecuciones policíacas, Lenin,
hallándose deportado en Siberia, trazó con todo detalle el
plan de edición del periódico en el extranjero. Terminada
la deportación (enero de 1900), Lenin inició
inmediatamente la puesta en práctica de su plan.
El primer número de la Iskra leninista apareció en
diciembre de 1900 en Leipzig; los siguientes en Munich;
desde julio de 1902 en Londres, y desde la primavera de
1903 en Ginebra. Los socialdemócratas alemanes Clara
Zetkin, Adolfo Braun y otros, el socialdemócrata polaco
Julián Marchlewski, que residía en aquel período en
Munich, y Harry Quelch, uno de los dirigentes de la
federación socialdemócrata inglesa, prestaron una gran
ayuda para preparar el periódico (organización de la
imprenta secreta y adquisición de caracteres rusos).
Formaban parte de la Redacción de Iskra: Lenin, Plejánov,
Mártov, Axelrod, Potrésov y Zasúlich. I. SmidóvichLeman fue secretaria de la Redacción al principio, y
después, desde la primavera de 1901, Krúpskaya, que se
encargaba también de la correspondencia de Iskra con las
organizaciones socialdemócratas rusas. Lenin ejercía
prácticamente las funciones de redactor jefe y de director
de Iskra. Escribía artículos sobre todos los problemas
fundamentales de la formación del partido y de la lucha de
clase del proletariado de Rusia, y se hacía eco de los
acontecimientos más importantes de la vida internacional.
Iskra se convirtió en el centro de unificación de las fuerzas
del partido, de selección y educación de los cuadros del
partido. En diversas ciudades de Rusia (Petersburgo,
Moscú, Samara y otras) se constituyeron grupos y comités
del POSDR de orientación leninista-iskrista. Las
organizaciones iskristas surgían y actuaban bajo la
dirección inmediata de los discípulos y compañeros de
lucha de Lenin: Bauman, Bábushkin, Gúsev, Kalinin,
Krásikov,
Krzhizhanovski,
Léngnik,
Lepeshinski,
Rádchenko y otros.
A iniciativa de Lenin y con su participación directa, la
Redacción de Iskra elaboró el proyecto de programa del
partido (publicado en el número 21 de Iskra) y preparó el

66
todo, debemos disculparnos ante el lector por haber
cumplido tardíamente la promesa que hicimos en
dicho artículo (y que repetimos en respuesta a
muchos requerimientos y cartas particulares). Una de
las causas de dicha tardanza ha sido el haber
intentado, en junio del pasado año de 1901, unificar
todas las organizaciones socialdemócratas en el
extranjero. Era natural esperar los resultados de esta
tentativa, pues si hubiese tenido éxito, habría sido tal
vez necesario exponer las concepciones de Iskra en
materia de organización bajo un aspecto algo
distinto; en todo caso, este éxito habría prometido
que se iba a poner muy rápidamente fin a la
existencia de dos corrientes en la socialdemocracia
rusa. El lector sabe que la tentativa fracasó90 y, como
II Congreso del POSDR, que se celebró en julio-agosto de
1903. Para la fecha de la convocatoria del Congreso, la
mayoría de las organizaciones socialdemócratas locales de
Rusia se habían adherido a Iskra, aprobando su táctica, su
programa y su plan de organización y reconociéndola
como su órgano dirigente. En una resolución especial, el
Congreso señaló el papel excepcional de Iskra en la lucha
por el partido y la proclamó Órgano Central del POSDR.
El II Congreso aprobó la Redacción compuesta por Lenin,
Plejánov y Mártov. A despecho de la decisión del
Congreso del Partido, Mártov se negó a formar parte de la
Redacción, y los números 46-51 de Iskra salieron bajo la
dirección de Lenin y Plejánov. Más tarde, Plejánov pasó a
las posiciones del menchevismo y exigió que fuesen
incluidos en la Redacción de Iskra todos los antiguos
redactores mencheviques repudiados por el Congreso.
Lenin no pudo aceptar esto y abandonó la Redacción de
Iskra el 19 de octubre (1 de noviembre) de 1903 y fue
cooptado para el CC, desde donde empezó a luchar contra
los oportunistas mencheviques. El número 52 apareció
bajo la dirección exclusiva de Plejánov. El 13 (26) de
noviembre de 1903, Plejánov, por su cuenta y riesgo y a
despecho de la voluntad del Congreso, cooptó para la
Redacción de Iskra a los antiguos redactores
mencheviques. A partir del número 52, los mencheviques
convirtieron la Iskra en su propio órgano.
89
Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 1-13.
(N. de la Edit.)
90
En la primavera y el verano de 1901, entre las
organizaciones socialdemócratas del extranjero ("Unión de
los Socialdemócratas Rusos", el Comité del Bund en el
extranjero, la organización revolucionaria "SotsialDemokrat" y las organizaciones extranjeras de Iskra y
Zariá), a iniciativa y con la participación del grupo
"Borbá", se mantuvieron conversaciones para lograr un
acuerdo y la unificación. A fin de preparar el Congreso, en
el que debía efectuarse la unificación, en junio de 1901 fue
convocada en Ginebra una conferencia de representantes
de estas organizaciones (por eso se la llama la
"Conferencia de junio" o "de Ginebra"). En dicha
Conferencia fue elaborada una resolución (acuerdo en
principio), en la que se reconocía la necesidad de
consolidar todas las organizaciones socialdemócratas y se
censuraba el oportunismo en todos sus matices y
manifestaciones:
"economismo",
bernsteinianismo,
millerandismo, etc. Véase El PCUS en las resoluciones y
acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos

V. I. Lenin
trataremos de demostrar, no pudo terminar de otro
modo después del nuevo viraje de Rabócheie Dielo91,
en su número 19, hacia el "economismo". Ha
resultado absolutamente necesario emprender una
lucha decidida contra esta tendencia vaga y poco
determinada, pero, por ello mismo, tanto más firme y
capaz de resucitar en variadas formas. De acuerdo
del CC, parte 1, págs. 22-24, 1954, 7a ed. en ruso). Sin
embargo, el nuevo viraje de la "Unión de los
Socialdemócratas Rusos" y de su órgano Rabócheie Dielo
hacia el oportunismo predeterminó el fracaso de los
intentos de unificación.
El Congreso de unificación de las organizaciones del
POSDR en el extranjero se celebró el 21 y 22 de
septiembre (4-5 de octubre) de 1901 en Zurich. Asistieron
al Congreso 6 miembros de las organizaciones extranjeras
de Iskra y Zariá (Lenin, Krúpskaya, Mártov y otros), 8
militantes de la organización revolucionaria "SotsialDemokrat" (entre ellos, tres miembros del grupo
"Emancipación del Trabajo": Plejánov, Axelrod,
Zasúlich), 16 miembros de la "Unión de los
Socialdemócratas Rusos" (entre ellos, cinco del Comité
del Bund en el extranjero) y 3 representantes del grupo
"Borbá". Lenin, que asistió al Congreso con el seudónimo
"Frei" pronunció un brillante discurso sobre el primer
punto del orden del día: "Un acuerdo en principio e
instrucciones para las Redacciones". (véase Obras, 5a ed.
en ruso, t. 5, págs. 271-275). Fue éste el primer informe
público de Lenin pronunciado ante los socialdemócratas
rusos en el extranjero. En el Congreso se presentaron
enmiendas y suplementos oportunistas a la resolución de
junio adoptados por el III Congreso de la "Unión de los
Socialdemócratas Rusos". Debido a eso, la parte
revolucionaria del Congreso (miembros de las
organizaciones de Iskra, Zariá y de Sotsial-Demokrat)
hizo una declaración sobre la imposibilidad de llegar a la
unificación y abandonó el Congreso. A iniciativa de Lenin
estas organizaciones se unieron en octubre de 1901 en la
"Liga de la Socialdemocracia Revolucionaria Rusa en el
Extranjero".
91
"Rabócheie Dielo" ("La Causa Obrera"): revista, órgano
de la "Unión de los Socialdemócratas Rusos en el
Extranjero". Se editó en Ginebra desde abril de 1899 hasta
febrero de 1902 bajo la dirección de B. Krichevski, P.
Tieplov (Sibiriak), V. Ivanshin, y, más tarde, de A.
Martínov. Aparecieron 12 números (9 volúmenes). La
Redacción de Rabócheie Dielo fue el centro de los
"economistas" en el extranjero. Rabócheie Dielo apoyaba
la consigna bernsteiniana de la "libertad de crítica" del
marxismo y defendía posiciones oportunistas en las
cuestiones de la táctica y las tareas de organización de la
socialdemocracia rusa. Propagaba ideas oportunistas de
subordinación de la lucha política del proletariado a la
lucha económica, prosternándose ante la espontaneidad del
movimiento obrero y negando el papel dirigente del
partido. Uno de los redactores de Rabócheie Dielo, V.
Ivanshin, pertenecía a la dirección de Rabóchaya Mysl
("El Pensamiento Obrero"), órgano de los "economistas"
declarados que contaba con el apoyo de Rabócheie Dielo.
En el II Congreso del POSDR, Rabócheie Dielo
representaba el ala de extrema derecha, oportunista, del
partido

67

¿Qué hacer?
con esto, ha cambiado y se ha ampliado muy
considerablemente el plan inicial del folleto.
Su tema principal debía haber abarcado tres
problemas, planteados en el artículo ¿Por dónde
empezar?, a saber: los problemas del carácter y el
contenido principal de nuestra agitación política,
acerca de nuestras tareas de organización y acerca del
plan de crear, simultáneamente y por distintas partes,
una organización combativa de toda Rusia. Estos
problemas interesan desde hace mucho tiempo al
autor, quien ha tratado ya de plantearlos en
Rabóchaya Gazeta92, con ocasión de una de las
tentativas infructuosas de reanudar su publicación
(véase el cap. V). Mas el propósito inicial de
circunscribirse, en este folleto, al examen de estos
tres problemas y exponer en lo posible nuestras ideas
en forma positiva, sin recurrir o casi sin recurrir a la
polémica, ha resultado completamente irrealizable
por dos razones. Por una parte, el "economismo" ha
resultado ser mucho más vital de lo que suponíamos
(empleamos el término "economismo" en su sentido
amplio, como se explicó en el número 12 de Iskra
(diciembre de 1901), en el artículo Una conversación
con los defensores del economismo, que trazó, por
decirlo así, un esbozo del folleto93 que ofrecemos a la
atención del lector). No cabía ya duda de que los
distintos conceptos sobre el modo de resolver estos
tres problemas se explicaban mucho más por un
antagonismo radical entre las dos tendencias de la
socialdemocracia rusa, que por divergencias de
detalle. Por otra parte, la perplejidad de los
"economistas" al ver que Iskra sostenía de hecho
nuestras concepciones ha puesto de manifiesto con
92

"Rabóchaya Gazeta" ("La Gaceta Obrera"): órgano
clandestino de los socialdemócratas de Kíev. Se publicó en
esta ciudad con la colaboración y bajo la dirección de B.
Eidelman, P. Tuchapski, N. Vigdórchik y otros. En total,
aparecieron dos números: uno en agosto de 1897 y otro en
diciembre (con fecha de noviembre) del mismo año. P.
Tuchapski, que salió al extranjero por encargo de la
Redacción, dio a conocer a J. Plejánov y a otros militantes
del grupo "Emancipación del Trabajo" en el número 1 de
Rabóchaya Gazeta y consiguió su conformidad de
colaborar en el periódico. El número 2 de Rabóchaya
Gazeta tuvo un carácter político más acusado, debido a su
ligazón con el grupo "Emancipación del Trabajo". Los
socialdemócratas, agrupados en torno a Rabóchaya
Gazeta, llevaban a cabo una labor orientada a la
preparación del I Congreso del POSDR. El I Congreso del
POSDR (marzo de 1898) decidió que Rabóchaya Gazeta
fuera el órgano oficial del partido. Después del Congreso,
debido a la detención de los miembros del Comité Central
y de la Redacción de Rabóchaya Gazeta y de la
destrucción de la imprenta, el número 3 del periódico,
preparado ya para su impresión, no fue publicado. En.
1899 intentaron reeditar el periódico Rabóchaya Gazeta.
De estas tentativas se trata en el libro de Lenin ¿Qué
hacer?
93
Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 360367. (N. de la Edit.)

toda evidencia que a menudo hablamos lenguajes
literalmente distintos; que, debido a ello, no podemos
llegar a ningún acuerdo sin comenzar ab ovo94, que
es necesario intentar una "explicación" sistemática en
la forma más popular posible, a base del mayor
número posible de ejemplos concretos, con todos los
"economistas," sobre todos los puntos cardinales de
nuestras discrepancias. Y he resuelto hacer esta
tentativa de "explicación" con plena conciencia de
que esto aumentaría considerablemente las
proporciones del folleto y retardaría su aparición;
pero no he visto ninguna otra posibilidad de cumplir
la promesa hecha en el artículo ¿Por dónde empezar?
Así que a las disculpas por la tardanza tengo que
añadir las excusas por los enormes defectos del
folleto en lo que a su forma literaria se refiere: he
tenido que trabajar con una precipitación extrema y,
por otra parte, muchos otros trabajos reclamaban mi
atención.
El examen de los tres problemas arriba indicados
sigue constituyendo el tema principal del folleto.
Pero he tenido que comenzar por dos problemas de
carácter más general: ¿por qué una consigna tan
"inocente" y "natural" como la de "libertad de crítica"
es para nosotros una verdadera señal de batalla?, ¿por
qué no podemos llegar a un acuerdo ni siquiera en la
cuestión
fundamental
del
papel
de
la
socialdemocracia en relación al movimiento
espontáneo de masas? Luego, la exposición de los
conceptos sobre el carácter y el contenido de la
agitación política se ha convertido en una explicación
de la diferencia entre la política tradeunionista y la
socialdemócrata, y la exposición de los conceptos
sobre las tareas de organización, en una explicación
de la diferencia entre los métodos primitivos de
trabajo, que satisfacen a los "economistas", y la
organización de revolucionarios, que reputamos
indispensable. Después, insisto en el "plan" de un
periódico político destinado a toda Rusia, tanto más
que las objeciones hechas contra él, eran
inconsistentes y no se ha dado una respuesta a fondo
a la cuestión, planteada en ¿Por dónde empezar?, de
cómo podríamos emprender, por todas partes a la
vez, la formación de la organización que
necesitamos. Por último, en la parte final del folleto
espero demostrar que hemos hecho todo cuanto
dependía de nosotros para prevenir una ruptura
definitiva con los "economistas", ruptura que, sin
embargo, ha resultado inevitable; que Rabócheie
Dielo ha adquirido una significación particular, si
queréis "histórica", por haber reflejado, en la forma
más completa, con el mayor relieve, no el
"economismo" consecuente, sino más bien la
dispersión y las vacilaciones que han constituido, en
la historia de la socialdemocracia rusa, el rasgo
distintivo de todo un periodo; que, por esta razón,
94

Ab ovo: desde el principio. (N. de la Edit.)

68
adquiere también importancia la polémica,
demasiado detallada, a primera vista, con Rabócheie
Dielo, pues no podemos avanzar sin liquidar
definitivamente este período.
N. Lenin
Febrero de 1902.
I. Dogmatismo y "libertad de crítica"
A) ¿Que significa la "libertad de crítica"?
La "libertad de crítica" es, sin duda, la consigna
actualmente más en boga, la que con más frecuencia
se emplea en las discusiones entre socialistas y
demócratas de todos los países. A primera vista, es
difícil imaginarse algo más extraño que esas
solemnes alusiones a la libertad de critica hechas por
una de las partes contendientes. ¿Acaso en el seno de
los partidos avanzados se han levantado voces en
contra de la ley constitucional que, en la mayoría de
los países europeos, garantiza la libertad de ciencia y
de investigación científica? "¡Aquí pasa algo!", se
dirá toda persona ajena a la cuestión, que haya oído
la consigna en boga, repetida en todas las
encrucijadas, pero que no haya penetrado aún en el
fondo de las discrepancias. "Esta consigna es, por lo
visto, una de las locuciones convencionales que,
como los apodos, son legalizados por el uso y se
convierten casi en nombres comunes".
En efecto, para nadie es un secreto que, en el seno
de
la
socialdemocracia
internacional95
95

A propósito. En la historia del socialismo moderno es
quizá un hecho único, y, en su género, extraordinariamente
consolador, que una disputa entre distintas tendencias en el
seno del socialismo se haya convertido, por primera vez,
de nacional en internacional. Antes, las discusiones entre
lassalleanos y eisenacheanos*, entre guesdistas y
posibilistas**, entre fabianos*** y socialdemócratas****,
entre partidarios de "La Voluntad del Pueblo"***** y
socialdemócratas eran discusiones puramente nacionales,
reflejaban particularidades netamente nacionales, se
desarrollaban, por decirlo así, en distintos planos.
Actualmente (ahora se ve esto bien claro), los fabianos
ingleses, los ministerialistas franceses******, los
bernsteinianos alemanes, los críticos rusos******* son
una sola familia; se ensalzan mutuamente, aprenden los
unos de los otros y, en común, luchan contra el marxismo
"dogmático". ¿Será posible que, en esta primera contienda
realmente internacional con el oportunismo socialista, la
socialdemocracia
revolucionaria
internacional
se
fortalezca lo suficiente, para acabar con la reacción
política que desde hace ya largo tiempo impera en Europa?
* Lassalleanos y eisenacheanos; dos partidos del
movimiento obrero alemán de la década del 60 y
principios de la del 70 del siglo XIX, que libraron
encarnizadas luchas, principalmente en las cuestiones de la
táctica y, sobre todo, en la cuestión más palpitante de la
vida política de Alemania de aquella época, la de los
caminos de su unificación.
Lassalleanos: partidarios y seguidores del socialista
pequeñoburgués alemán F. Lassalle, miembros de la
Unión General Obrera Alemana, fundada en 1863 en el

V. I. Lenin

Congreso de las sociedades obreras en Leipzig. Su primer
presidente fue Lassalle, que expuso el programa y los
fundamentos de la táctica de la Unión. Lassalle y sus
partidarios apoyaban en su labor práctica la política de
gran potencia de Bismarck; "objetivamente esto fue una
infamia y una traición a todo el movimiento obrero a favor
de los prusianos", escribía F. Engels a C. Marx el 27 de
enero de 1865. C. Marx y F. Engels criticaron repetidas
veces y de una manera muy rigurosa la teoría, la táctica y
los principios de organización de los lassalleanos como
corriente oportunista en el movimiento obrero alemán.
Eisenacheanos:
miembros
del
Partido
Obrero
Socialdemócrata de Alemania, creado en 1869 en el
Congreso Constituyente en Eisenach. Encabezaban a los
eisenacheanos Guillermo Liebknecht y Augusto Bebel,
que se hallaban bajo la influencia ideológica de C. Marx y
F. Engels. En el programa de los eisenacheanos se decía
que el Partido Obrero Socialdemócrata de Alemania se
consideraba como una "sección de la Asociación
Internacional de los Trabajadores y comparte sus
aspiraciones". Respecto a la unificación de Alemania, los
eisenacheanos defendían la "vía democrática y proletaria,
oponiéndose a que se hiciera la menor concesión al
prusianismo, al régimen de Bismarck, al nacionalismo".
(V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso, t. 23, pág. 365).
Con la fundación en 1871 del Imperio Alemán quedó
liquidada la contradicción principal entre los lassalleanos y
eisenacheanos, y en 1875, bajo la influencia del auge del
movimiento obrero y de la acentuación de las represiones
gubernativas, ambos partidos se fusionaron en el Congreso
de Gotha, constituyendo el Partido Socialista Obrero de
Alemania (posteriormente, el Partido Socialdemócrata de
Alemania).
Acerca de los lassalleanos y eisenacheanos véase el
artículo de Lenin Augusto Bebel, escrito en agosto de
1913.
** Guesdistas y jauresistas, broussistas (posibilistas):
Guesdistas: partidarios de Julio Guesde y Pablo Lafargue,
corriente marxista de izquierda, que propugnaba una
política proletaria revolucionaria independiente. Los
guesdistas conservaron el nombre del Partido Obrero de
Francia y continuaron apoyando el programa del partido,
aprobado en 1880 en el Havre, cuya parte teórica fue
escrita por C. Marx. Ejercían una gran influencia en los
centros industriales de Francia y unieron a los elementos
avanzados de la clase obrera. En 1901, los guesdistas
formaron el Partido Socialista de Francia.
Jauresistas: partidarios de Juan Jaurés, que encabezó el ala
derecha, reformista, del movimiento socialista francés.
Encubriéndose con la exigencia de la "libertad de crítica",
los jauresistas trataban de revisar las tesis fundamentales
del marxismo y propugnaban la colaboración de clase del
proletariado y la burguesía. En 1902, los jauresistas
formaron el Partido Socialista Francés, que mantuvo
posiciones reformistas.
Broussistas (posibilistas): miembros de la corriente
oportunista surgida en el movimiento obrero francés en los
años del 80 del siglo XIX, encabezada por Benito Melon y
Pablo Brousse. Los posibilistas eran adversarios a un
partido revolucionario del proletariado y se pronunciaban
por la renuncia a la lucha revolucionaria, considerando que
el paso paulatino al socialismo era posible únicamente con
el concurso de los organismos de la administración local,

¿Qué hacer?

es decir, de los municipios. Por su política oportunista, que
se reducía a la llamada "política de posibilidades", fueron
calificados irónicamente por Guesde de posibilistas. A
fines de la década del 80, los posibilistas, con el apoyo de
algunos elementos oportunistas de otros países, y en
particular de Hyndman (Federación Socialdemócrata de
Inglaterra), intentaron apoderarse de la dirección del
movimiento obrero internacional. Sin embargo, la mayoría
de las organizaciones socialistas de los distintos países no
siguieron a los posibilistas y participaron en el Congreso
de marxistas celebrado en París del 14 al 20 de julio de
1889. Este Congreso fue el comienzo de la II
Internacional. Engels sostuvo una lucha perseverante
contra los posibilistas, desenmascarando su actividad
escisionista. En 1902, los posibilistas, junto con otros
grupos reformistas, fundaron el Partido Socialista Francés.
En 1905, el Partido Socialista de Francia y el Partido
Socialista Francés se unificaron en un solo partido.
Durante la guerra imperialista de 1914-1918, Guesde, con
toda la dirección del Partido Socialista Francés, se pasó a
las posiciones del socialchovinismo.
*** Fabianos: miembros de la Sociedad Fabiana,
organización reformista inglesa fundada en 1884,
denominada así en memoria del capitán romano Fabio
Máximo (siglo III a.n.e.), llamado Cunctátor ("El
Contemporizador") por su táctica expectante, que le hacía
rehuir los combates decisivos en la guerra contra Aníbal.
La Sociedad Fabiana se componía preferentemente de
intelectuales burgueses: científicos, escritores, políticos
(como Sidney y Beatriz Webb, George Bernard Shaw,
Ramsay MacDonald y otros). Según definición de Lenin,
los fabianos eran "la expresión más acabada del
oportunismo" (Obras, 5a ed. en ruso, t. 16, pág. 339). En
1900, la Sociedad Fabiana ingresó en el Partido Laborista.
El "socialismo de los fabianos" es una de las fuentes de la
ideología laborista.
**** Se refiere a la Federación Socialdemócrata de
Inglaterra, fundada en 1884. A la par con los reformistas
(Hyndman y otros) y los anarquistas, formaba parte de la
Federación Socialdemócrata de Inglaterra un grupo de
socialdemócratas revolucionarios partidarios del marxismo
(Harry Quelch, Tom Mann, Edward Eveling, Leonora
Marx y otros), que constituían el ala izquierda del
movimiento socialista de Inglaterra. F. Engels criticó
rigurosamente a la Federación Socialdemócrata de
Inglaterra por su dogmatismo y sectarismo, por apartarse
del movimiento obrero de masas de Inglaterra y por
ignorar sus peculiaridades. En 1907 la Federación
Socialdemócrata de Inglaterra empezó a llamarse Partido
Socialdemócrata. Este, junto con los elementos de
izquierda del Partido Obrero Independiente formó en 1911
el Partido Socialista Británico; en 1920, la mayoría de sus
afiliados tomó parte en la fundación del Partido Comunista
de la Gran Bretaña.
Independent Labour Party (I. L. P.) (Partido Laborista
Independiente) fue fundado en 1893. Lo encabezaban
James Keir Hardie, Ramsay MacDonald y otros. Aunque
pretendía mantener la independencia política respecto a los
partidos burgueses, en realidad, el Partido Laborista
Independiente sólo era "independiente" del socialismo,
pero muy dependiente del liberalismo" (Lenin). Al
comienzo de la primera guerra mundial (1914-1918), el
Partido Laborista Independiente publicó un manifiesto

69
contemporánea, se han formado dos tendencias, cuya
lucha tan pronto se reaviva y estalla en llamas, como
contra la guerra (el 13 de agosto de 1914). Luego, en
febrero de 1915, en la Conferencia de Londres de
socialistas de los países de la Entente, los independientes
se adhirieron a la resolución socialchovinista adoptada por
la Conferencia. A partir de entonces, los líderes de los
independientes, encubriéndose con frases pacifistas,
mantuvieron una posición socialchovinista. En 1919, los
lideres del Partido Laborista Independiente, bajo la presión
de las masas radicalizadas del partido, tomaron el acuerdo
de abandonar la II Internacional. En 1921, los
independientes ingresaron en la llamada Internacional II y
media y, después de la disgregación de ésta, volvieron a
ingresar en la II Internacional. En 1921, el ala izquierda
del Partido Laborista Independiente de Inglaterra se separó
de éste e ingresó en el Partido Comunista de la Gran
Bretaña.
***** "La Voluntad del Pueblo": sociedad política secreta
de los populistas-terroristas, creada en agosto de 1879
como resultado de la escisión de la organización "Tierra y
Libertad". A la cabeza de "La voluntad del Pueblo" se
hallaba un Comité Ejecutivo compuesto por Andréi
Zhelíábov, Alexandr Mijáilov, M. Frolenko, N. Morózov,
Vera Figner, Sofia Peróvskaya, A. Rviatkovski y otros. Al
mismo tiempo que defendían las posiciones del socialismo
utópico populista, los miembros de "La Voluntad del
Pueblo" emprendieron el camino de la lucha política,
considerando como tarea más importante el derrocamiento
de la autocracia y la conquista de la libertad política. Lenin
señalaba que "los adeptos de "La Voluntad del Pueblo"
dieron un paso adelante al iniciar la lucha política, pero no
lograron vincularla al socialismo". (Obras, 5a, ed. en ruso,
t. 9, pág. 179.)
Los adeptos de "La Voluntad del Pueblo" luchaban
heroicamente contra la autocracia zarista, pero, partiendo
de la errónea teoría de los "héroes" activos y la "multitud"
pasiva, pensaban transformar la sociedad con sus propias
fuerzas, sin la participación del pueblo, mediante el terror
individual, la intimidación y la desorganización del
gobierno. Después del 1 de marzo de 1881 (día en que
dieron muerte al zar Alejandro II), el gobierno destruyó la
sociedad "La Voluntad del Pueblo" mediante crueles
persecuciones, ejecuciones y provocaciones. No dieron
resultado alguno los repetidos intentos llevados a cabo en
los años 80 con el fin de hacer resurgir "La Voluntad del
Pueblo".
A la vez que criticaba el programa erróneo y utópico de
los adeptos de "La Voluntad del Pueblo", Lenin se refería
con gran respeto a la abnegaba lucha de la sociedad contra
el zarismo y apreciaba en alto grado su técnica
conspirativa y su rígida organización centralizada.
****** Millerandismo (ministerialismo): corriente
oportunista en los partidos socialistas de Europa
Occidental a fines del siglo XIX y comienzos del XX;
debe su nombre al socialista francés A. Millerand, que en
1899 entró a formar parte del gobierno burgués
reaccionario de Francia y aplicó juntamente con la
burguesía una política imperialista.
******* Los críticos rusos: se tiene en cuenta a los
llamados "marxistas legales" (Struve, Bulgákov, Berdiáev
y otros), que criticaban en la prensa legal la doctrina
revolucionaria de Marx.

70
se calma y adormece bajo las cenizas de imponentes
"resoluciones de armisticio". En qué consiste la
"nueva" tendencia que asume una actitud "crítica"
frente al marxismo "viejo, dogmático", lo ha dicho
Bernstein y lo ha mostrado Millerand con suficiente
claridad.
La socialdemocracia debe transformarse, de
partido de la revolución social, en un partido
democrático de reformas sociales. Bernstein ha
apoyado esta reivindicación política con toda una
batería de "nuevos" argumentos y consideraciones
bastante armoniosamente concordados. Ha sido
negada la posibilidad de fundamentar científicamente
el socialismo y de demostrar, desde el punto de vista
de la concepción materialista de la historia, su
necesidad e inevitabilidad; ha sido negado el hecho
de la miseria creciente, de la proletarización y de la
exacerbación de las contradicciones capitalistas; ha
sido declarado inconsistente el concepto mismo del
"objetivo final" y rechazada en absoluto la idea de la
dictadura del proletariado; ha sido negada la
oposición de principios entre el liberalismo y el
socialismo; ha sido negada la teoría de la lucha de
clases, pretendiendo que no es aplicable a una
sociedad estrictamente democrática, gobernada
conforme a la voluntad de la mayoría, etc.
Así, pues, la exigencia de que la socialdemocracia
revolucionaria diese un viraje decisivo hacia el
socialreformismo burgués, iba acompañada de un
viraje no menos decisivo hacia la crítica burguesa de
todas las ideas fundamentales del marxismo. Y como
esta última crítica contra el marxismo se venía
realizando ya desde hacía mucho tiempo, desde la
tribuna política, desde las cátedras universitarias, en
numerosos folletos y en una serie de tratados
científicos; como toda la nueva generación de las
clases ilustradas ha sido educada sistemáticamente,
durante decenios, a base de esta crítica, no es de
extrañar que la "nueva" tendencia "crítica" en el seno
de la socialdemocracia haya surgido de golpe,
completamente acabada, como Minerva de la cabeza
de Júpiter. Por su contenido, esta tendencia no ha
tenido que desarrollarse ni formarse; ha sido
trasplantada directamente de la literatura burguesa a
la literatura socialista.
Prosigamos. Por si la crítica teórica de Bernstein y
sus aspiraciones políticas estaban aún poco claras
para ciertas personas, los franceses se han cuidado de
demostrar palmariamente lo que es el "nuevo
método". Francia ha justificado, una vez más, su
vieja reputación de "país en que las luchas históricas
de clases se han llevado cada vez a su término
decisivo más que en ningún otro sitio" (Engels, del
prefacio para la obra de Marx Der 18 Brumaire)96.

V. I. Lenin
En lugar de teorizar, los socialistas franceses
pusieron directamente manos a la obra; las
condiciones políticas de Francia, más desarrolladas
en el sentido democrático, les han permitido pasar
inmediatamente al "bernsteinianismo práctico", con
todas sus consecuencias. Millerand ha dado un
ejemplo brillante de este bernsteinianismo práctico:
¡no en vano Bernstein y Vollmar se han apresurado a
defender y a ensalzar tan celosamente a Millerand!
En efecto, si la socialdemocracia es, en esencia,
simplemente un partido de reformas, y debe tener el
valor de reconocerlo con franqueza, un socialista no
sólo tiene derecho a entrar en un ministerio burgués,
sino que incluso debe siempre aspirar a ello. Si la
democracia implica, en el fondo, la supresión de la
dominación de clase, ¿por qué un ministro socialista
no ha de encantar a todo el mundo burgués con
discursos sobre la colaboración de las clases? ¿Por
qué no ha de seguir en el ministerio, aun después de
que los asesinatos de obreros por los gendarmes han
puesto de manifiesto por centésima y milésima vez el
verdadero carácter de la colaboración democrática de
las clases? ¿Por qué no ha de participar
personalmente en la felicitación al zar, al que los
socialistas franceses no dan ahora otros nombres que
los de héroe de la horca, del látigo y de la
deportación (knouteur, pendeur et déportateur)? ¡Y a
cambio
de
esta
infinita
humillación
y
autoenvilecimiento del socialismo ante el mundo
entero, de la corrupción de la conciencia socialista de
las masas obreras -la única base que puede
asegurarnos el triunfo-, a cambio de todo esto, unos
rimbombantes proyectos de miserables reformas; tan
miserables, que se había logrado obtener más de los
gobiernos burgueses!
Todo aquel que no cierre deliberadamente los ojos
tiene que ver por fuerza que la nueva tendencia
"crítica", surgida en el seno del socialismo, no es sino
una nueva variedad del oportunismo. Y si no
juzgamos a los hombres por el brillo del uniforme
que ellos mismos se han puesto, ni por el
sobrenombre pomposo que a sí mismos se dan, sino
por sus actos y por la clase de propaganda que llevan
a la práctica, veremos claramente que la "libertad de
crítica" es la libertad de la tendencia oportunista en el
seno de la socialdemocracia, la libertad de hacer de la
socialdemocracia un partido demócrata de reformas,
la libertad de introducir en el socialismo ideas
burguesas y elementos burgueses.
La libertad es una gran palabra, pero bajo la
bandera de la libertad de industria se han hecho las
guerras más expoliadoras y bajo la bandera de la
libertad de trabajo se ha despojado a los trabajadores.
La misma falsedad intrínseca encierra el empleo
actual de la expresión "libertad de crítica". Personas

96

Lenin cita un fragmento del prólogo de F. Engels a la
tercera edición alemana de la obra de C. Marx El 18
Brumario de Luis Bonaparte, Véase C. Marx y F. Engels.

Obras escogidas en dos tomos, t. I, págs. 220-313, ed, en
español, Moscú.)

¿Qué hacer?
realmente convencidas de haber impulsado la ciencia
no reclamarían libertad para las nuevas concepciones
al lado de las antiguas, sino la sustitución de estas
últimas por las primeras. En cambio, los gritos
actuales de "¡Viva la libertad de crítica!" recuerdan
demasiado la fábula del tonel vacío.
Marchamos en pequeño grupo unido por un
camino escarpado y difícil, fuertemente cogidos de
las manos. Estamos rodeados por todas partes de
enemigos, y tenemos que marchar casi siempre bajo
su fuego. Nos hemos unido en virtud de una decisión
libremente adoptada, precisamente para luchar contra
los enemigos y no caer, dando un traspiés, al pantano
vecino, cuyos moradores nos reprochan desde un
principio el que nos hayamos separado en un grupo
aparte y el que hayamos escogido el camino de la
lucha y no el de la conciliación. Y de pronto algunos
de entre nosotros comienzan a gritar: "¡Vamos al
pantano!" Y cuando se intenta avergonzados,
replican: "¡Qué gente tan atrasada sois! ¡Cómo no os
avergonzáis de negarnos la libertad de invitaros a
seguir un camino mejor!" ¡Ah, sí, señores, libres sois
no sólo de invitarnos, sino de ir adonde mejor os
plazca, incluso al pantano; hasta consideramos que
vuestro verdadero puesto está precisamente en él, y
nos sentimos dispuestos a prestaros toda la
colaboración que esté a nuestro alcance para
trasladaros allí a vosotros! ¡Pero en tal caso soltad
nuestras manos, no os agarréis a nosotros, ni
ensuciéis la gran palabra libertad, porque nosotros
también somos "libres" para ir adonde nos parezca,
libres para luchar no sólo contra el pantano, sino
incluso contra los que se desvían hacia él!
b) Los nuevos defensores de la "libertad de
crítica"
Precisamente esta consigna ("libertad de crítica")
es la que ha sido solemnemente propugnada estos
últimos tiempos por Rabócheie Dielo (N° 10), órgano
de la "Unión de Socialdemócratas Rusos"97 en el
97

La "Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero"
fue fundada en 1894 a iniciativa del grupo "Emancipación
del Trabajo" y a base del reconocimiento por todos sus
miembros del programa del grupo, que fue encargado de
redactar las ediciones de la "Unión" y en marzo de 1895
transmitió a ésta su propia imprenta para que la
aprovechara. En 1895, durante la estancia de Lenin en el
extranjero, fue adoptada la decisión de que la "Unión"
editase las recopilaciones Rabótnik ("El Trabajador"). La
"Unión" publicó seis números de Rabótnik, 10 números de
Listok "Robotniko" ("La Hoja del Trabajador"), el folleto
de Lenin Explicación de la ley de multas (1897), la obra de
Plejánov -uevo campaña contra la socialdemocracia rusa
(1897), etc.
El I Congreso del POSDR (marzo de 1898) reconoció a la
"Unión" como representante del partido en el extranjero.
Más adelante predominaron en la "Unión" los elementos
oportunistas: los "jóvenes", o sea, los "economistas", que
se negaron a solidarizarse con el Manifiesto del Congreso,

71
extranjero, y lo ha sido no como un postulado
teórico, sino como una reivindicación política, como
respuesta a la pregunta "¿Es posible la unión de las
organizaciones socialdemócratas que actúan en el
extranjero?": "Para una unión sólida, es indispensable
la libertad de crítica" (pág. 36).
De esta declaración se desprenden dos
conclusiones bien definidas: 1) Rabócheie Dielo
asume la defensa de la tendencia oportunista en la
socialdemocracia internacional en general; 2)
Rabócheie Dielo exige la libertad del oportunismo en
el seno de la socialdemocracia rusa. Examinemos
estas conclusiones.
A Rabócheie Dielo le disgusta, "sobre todo", la
"tendencia de Iskra y Zariá98 a pronosticar la ruptura
puesto que en él se declaraba que la conquista de la
libertad política era el objetivo más inmediato de la
socialdemocracia.
En noviembre de 1898, en el I Congreso de la "Unión",
celebrado en Zurich, el grupo "Emancipación del Trabajo"
se negó a redactar las ediciones de aquélla, excepto el
número 5-6 de Rabótnik y los folletos de V. I. Lenin Las
tareas de los socialdemócratas rusos y La nueva ley
obrera. Desde abril de 1899, la "Unión" empezó a editar la
revista de los "economistas" Rabócheie Dielo, cuya
Redacción integraban B. Krichevski, V. Ivanshin y otros.
La "Unión" hizo declaraciones apoyando a Bernstein, el
millerandismo, etc.
La lucha en el seno de la "Unión" continuó hasta su II
Congreso (abril de 1900, Ginebra), así como en el mismo
Congreso. Como resultado de esta lucha, el grupo
"Emancipación del Trabajo" y sus partidarios abandonaron
el Congreso y crearon una organización aparte,
denominada "Sotsial-Demokrat",
En el II Congreso del POSDR, en 1903, los representantes
de la "Unión" (los adeptos de Rabócheie Dielo)
mantuvieron posiciones extremadamente oportunistas y lo
abandonaron después de que el Congreso reconoció a la
"Liga de la Socialdemocracia Revolucionaria Rusa en el
Extranjero" como única organización del partido fuera de
Rusia. El II Congreso del partido anunció la disolución de
la "Unión". (Véase El PCUS en las resoluciones y
acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos
de CC, 7a ed. en ruso, parte 1, pág. 56.)
98
"Zariá" ("La Aurora"): revista político-científica
marxista, editada en 1901-1902 en Stuttgart por la
Redacción de Iskra. Sólo aparecieron cuatro números, en
tres volúmenes: el número 1 salió en abril de 1901 (en
realidad vio la luz el 23 de marzo, de acuerdo con el nuevo
calendario); el número 2-3, en diciembre de 1901, y el
número 4, en agosto de 1902.
La revista Zariá criticó el revisionismo internacional y
ruso y defendió los fundamentos teóricos del marxismo.
Estas cuestiones fueron tratadas en las obras de Lenin
publicadas en la revista: Los perseguidores del zemstvo y
las Aníbales del liberalismo, los cuatro primeros capítulos
de la obra La cuestión agraria y los "críticos de Marx"
(bajo el título de Los señores "críticos" en la cuestión
agraria). El programa agrario de la socialdemocracia
rusa, así como las obras de J. Plejánov: La crítica de
nuestros críticos. Parte 1. El señor P. Struue en el papel de
crítico de la teoría de Marx del desarrollo social, Cant

V. I. Lenin

72
entre la Montaña y la Gironda99
socialdemocracia internacional"100.

en

la

"En general -escribe B. Krichevskí, director de
Rabócheie Dielo-, las habladurías sobre Montaña y
Gironda en las filas de la socialdemocracia nos
parecen una analogía histórica superficial, extraña en
la pluma de un marxista: la Montaña y la Gironda no
representaban dos distintos temperamentos o
corrientes intelectuales, como puede parecerles a los
historiadores-ideólogos, sino distintas clases o capas:
por una parte, la burguesía media, y por otra, la
pequeña burguesía y el proletariado. Pero en el
movimiento socialista contemporáneo no existen
choques de intereses de clases; por entero, en todas
(subrayado por B. Kr.) sus variedades, incluyendo a
contra Kant o el testamento espiritual del señor Bernstein
y otros.
99
Montaña y Gironda: denominación de dos grupos
políticos de la burguesía durante la revolución burguesa
francesa de fines del siglo XVIII. Se llamaba Montaña jacobinos- a los representantes más decididos de la
burguesía, la clase revolucionaria de aquel tiempo, que
defendían la necesidad de destruir el absolutismo y el
feudalismo. Los girondinos a diferencia de los jacobinos,
vacilaron entre la revolución y la contrarrevolución y
siguieron la senda de las componendas con la monarquía.
Lenin llamó Gironda socialista a la corriente oportunista
de la socialdemocracia y Montaña, jacobinos proletarios, a
los socialdemócratas revolucionarios. Después de la
escisión del POSDR en bolcheviques y mencheviques,
Lenin subrayó repetidas veces que los mencheviques
representaban la corriente girondista en el movimiento
obrero.
100
La comparación de las dos tendencias existentes en el
seno del proletariado revolucionario (la revolucionaria y la
oportunista) con las dos corrientes de la burguesía
revolucionaria del siglo XVIII (la jacobina -la Montaña- y
la girondina) fue hecha en el artículo de fondo del número
2 de Iskra (febrero de 1901). El autor de dicho artículo fue
Plejánov. Los demócratas constitucionalistas, los "sin
título" y los mencheviques gustan aún ahora de hablar del
"jacobinismo" en la socialdemocracia rusa. Pero hoy día
prefieren callar u... olvidar el hecho de que Plejánov lanzó
por primera vez este concepto contra el ala derecha de la
socialdemocracia. (Nota de Lenin para la edición de 1907.
- N. de la Edit.)
Los "sin título": grupo semimenchevique, semidemócrata
constitucionalista, de los intelectuales burgueses rusos (S.
Prokopóvich, E. Kuskova, V. Bogucharski, V. Portugálov,
V. Jizhniakov y otros), formado en el período de descenso
de la revolución de 1905-1907. Tomó su nombre de la
revista semanal política Bez Zaglavia ("Sin Título") que se
editó de enero a mayo de 1906 en Petersburgo bajo la
dirección de S. Prokopóvich. Más tarde, los sin título se
agruparon
en
torno
al
periódico
demócrata
constitucionalista de izquierda Továrisch ("El Camarada").
Encubriéndose con su posición formal sin partido, los sin
título fueron los heraldos de las ideas del liberalismo
burgués y del oportunismo y apoyaron a los revisionistas
de la socialdemocracia de Rusia e internacional.

los más declarados bernsteinianos, abraza la posición
de los intereses de clase del proletariado, de su lucha
de clase por la liberación política y económica"
(págs. 32-33).
¡Afirmación audaz! ¿No ha oído B. Krichevski
hablar del hecho, observado ya hace mucho tiempo,
de que precisamente la amplia participación de la
capa de los "académicos" en el movimiento socialista
de los últimos años ha asegurado una difusión tan
rápida del bernsteinianismo? Pero, ante todo, ¿en qué
funda nuestro autor su juicio de que incluso "los más
declarados bernsteinianos" abrazan la posición de la
lucha de clases por la liberación política y económica
del proletariado? Nadie lo sabe. Esta defensa
decidida de los más declarados bernsteinianos no se
apoya en ningún argumento, en ninguna razón. El
autor entiende, por lo visto, que con repetir cuanto
dicen de sí mismos los más declarados bernsteinianos
huelgan las pruebas de su afirmación. Pero ¿es
posible figurarse algo más "superficial" que este
juicio acerca de toda una tendencia, fundado en lo
que dicen de sí mismos sus propios representantes?
¿Es posible imaginarse algo más superficial que la
"moraleja" subsiguiente a propósito de los tipos o
vías de desarrollo del partido, distintos y hasta
diametralmente opuestos (Rabócheie Dielo, págs. 3435)? Los socialdemócratas alemanes, se dice,
reconocen una completa libertad de crítica; en
cambio, los franceses, no, y precisamente su ejemplo
demuestra todo el "mal de la intolerancia".
Precisamente el ejemplo de B. Krichevski contestaremos a esto- demuestra que a veces se
llaman marxistas gentes que ven la historia
literalmente "a lo Ilovaiski”101. Para explicar la
unidad del partido socialista alemán y el
fraccionamiento del francés, no hace falta en
absoluto hurgar en las particularidades de la historia
de este o el otro país, comparar las condiciones del
semiabsolutismo militar y el parlamentarismo
republicano, analizar las consecuencias de la
Comuna y las de la ley de excepción contra los
socialistas, comparar la situación económica y el
desarrollo económico, recordar cómo "el crecimiento
sin par de la socialdemocracia alemana" fue
acompañado de una lucha de energía sin igual en la
historia del socialismo, no sólo contra las
aberraciones teóricas (Mühlberger, Dühring102, los
101

D. Ilovaiski (1832-1920): historiador, autor de
numerosos manuales oficiales de historia, muy difundidos
en las escuelas primarias y medias de la Rusia
prerrevolucionaria. En sus manuales, la historia se reducía
principalmente a la actividad de los zares y los caudillos y
militares; el proceso histórico lo explicaba por
circunstancias secundarias y fortuitas.
102
Cuando Engels atacó a Dühring, muchos representantes
de la socialdemocracia alemana se inclinaron hacia los
conceptos de éste y acusaron a Engels incluso

¿Qué hacer?
socialistas de cátedra103), sino también contra las

públicamente, en un congreso del partido* de aspereza, de
intolerancia, de polémica impropia de camaradas, etc.
Most y sus camaradas propusieron (en el Congreso de
1877) eliminar del Vorwärts** los artículos de Engels, por
no "presentar interés para la enorme mayoría de los
lectores", y Valteich declaró, que la publicación de esos
artículos había perjudicado mucho al partido, que también
Dühring había prestado servicios a la socialdemocracia:
"debemos aprovecharlos a todos en interés del partido, y si
los profesores discuten, el Vorwärts no tiene en modo
alguno por qué ser campo de tales disputas" (Vorwärts,
1877 N° 65, 6 de junio), ¡Como veis, éste también es un
ejemplo de defensa de la "libertad de crítica", y no estaría
demás que meditaran sobre él nuestros críticos legales y
oportunistas ilegales, que tanto gustan de referirse al
ejemplo de los alemanes!
* Del 27 al 29 de mayo de 1877 se celebró en Gotha el
Congreso ordinario del Partido Obrero Socialista de
Alemania. En este Congreso, al discutirse la cuestión
acerca de la prensa del partido, fueron rechazados los
intentos de algunos delegados (Most, VahIteich) de
censurar y criticar al periódico Vorwärts ("Adelante"),
Órgano Central del partido, por haber publicado los
artículos de Engels enfilados contra Dühring (editados en
1878 como libro aparte bajo el título Anti-Dühringo La
subversión de la ciencia por el señor Eugenio Dühring),
así como al mismo Engels por su rigurosa polémica. Al
mismo tiempo, por razones prácticas, el Congreso decidió
continuar la discusión de las cuestiones teóricas en un
suplemento de carácter científico y no en el periódico.
** "Vorwärts" ("Adelante"): diario, Órgano Central de la
socialdemocracia alemana; empezó a publicarse en
Leipzig desde 1876 bajo la dirección de G. Liebknecht y
otros. Después de la promulgación de la Ley de excepción
contra los socialistas en 1878, el periódico fue suspendido.
Volvió a editarse desde enero de 1891 en Berlín como
continuación del Berliner Volksblatt ("Hoja Popular de
Berlín"), que empezó a publicarse en 1884. En las páginas
del periódico, F. Engels luchó contra todas las
manifestaciones del oportunismo. A partir de la segunda
mitad de la década del 90, después de la muerte de F.
Engels, la Redacción de Vorwärts pasó a manos del ala
derecha del partido, insertando con regularidad artículos
de oportunistas, que predominaban en la socialdemocracia
alemana y en la II Internacional. Comentando la lucha
contra el oportunismo y el revisionismo en el POSDR de
una manera tendenciosa, Vorwärts apoyó a los
"economistas" y, más tarde, después de la escisión del
partido, a los mencheviques. En los años de la reacción,
Vorwärts publicó artículos calumniosos de Trotski, sin
permitir a Lenin y a los bolcheviques que los refutaran e
hicieran un análisis objetivo de la situación en el partido.
Durante la primera guerra mundial, Vorwärts mantuvo una
posición socialchovinista; después de la Gran Revolución
Socialista de Octubre pasó a ser uno de los centros de
propaganda antisoviética. Fue editado hasta el año 1933.
103
Socialistas de cátedra: corriente de la economía
política burguesa de la década del 70 y 80 del siglo XIX,
cuyos representantes, haciéndola pasar por socialismo,
desplegaron desde las cátedras universitarias la
propaganda del reformismo liberal burgués.

73
aberraciones tácticas (Lassalle), etc., etc. ¡Todo esto
es superfluo! Los franceses riñen, porque son
intolerantes; los alemanes están unidos, porque son
buenos chicos.
Y observad que, por medio de esta incomparable
profundidad de pensamiento, se "recusa" un hecho
que echa por tierra completamente la defensa de los
bernsteinianos. Sólo a través de la experiencia
histórica se puede resolver definitivamente y sin
vuelta de hoja el problema de si abrazan la posición
de lucha de clase del proletariado. Por tanto, la
máxima importancia en este sentido corresponde
precisamente al ejemplo de Francia, por ser éste el
único país donde los bernsteinianos han intentado
actuar independientemente, con la aprobación
calurosa de sus colegas alemanes (y, en parte, de los
oportunistas rusos: véase R. D., N° 2-3, págs. 83-84).
La alusión a la "intransigencia" de los franceses además de su significación "histórica" (en sentido
"nozdriovino"104)- no es más que una tentativa de
disimular con palabras fieras hechos sumamente
desagradables.
Pero, en cuanto a los alemanes, tampoco estamos,
en modo alguno, dispuestos a regalárselos a B.
Krichevski y a los demás numerosos defensores de la
"libertad de crítica". Si se tolera todavía en las filas
del partido alemán "a los más declarados
bernsteinianos", es por cuanto acatan la resolución
de Hannóver105, que desechó resueltamente las
"enmiendas" de Bernstein, así como la de Lübeck106,
Marx y Engels desenmascararon el carácter reaccionario
del socialismo de cátedra. Lenin denominó a los
socialistas, de cátedra las chinches de la "ciencia
universitaria policiaco-burguesa" (véase Obras, 5a ed. en
ruso, t. 16, pág. 24), que odiaban la doctrina revolucionaria
de Marx. En Rusia, los "marxistas legales" eran los que
propugnaban los puntos de vista de los socialistas de
cátedra.
104
-ozdrion: personaje de la obra de N. Gógol Almas
muertas. Gógol denominó a Nozdriov hombre "histórico",
porque dondequiera que aparecía se producían "historias"
y escándalos.
105
Lenin se refiere a la resolución del Congreso de
Hannóver del Partido Socialdemócrata Alemán, celebrado
del 9 al 14 de octubre de 1899, Ataques a los puntos de
vista fundamentales y a la táctica del partido. A. Bebel
pronunció un informe oficial respecto a esta cuestión. Por
aplastante mayoría de votos, el Congreso aprobó la
resolución presentada por Augusto Bebel, que rechazaba
los intentos de revisar las bases teóricas y tácticas de la
socialdemocracia. Sin embargo, en ella no se decía nada
de los revisionistas en la socialdemocracia alemana, por lo
que le concedieron su voto Bernstein y sus partidarios.
106
Lenin alude a la resolución del Congreso de Lübeck del
Partido Socialdemócrata Alemán (22-28 de septiembre de
1901), dirigida contra Eduardo Bernstein, quien, después
del Congreso de Hannóver de 1899, no solamente no cesó
en sus ataques contra el programa y la táctica de la
socialdemocracia, sino que, por el contrario, los recrudeció
y los sacó del seno del partido. En el curso de los debates y

74
que contiene (a pesar de toda su diplomacia) una
advertencia directa a Bernstein. Se puede discutir,
desde el punto de vista de los intereses del partido
alemán, en qué medida era oportuna esa diplomacia o
si vale más, en este caso, un mal ajuste que un buen
pleito; se puede disentir, en una palabra, en la
apreciación de la conveniencia de uno u otro
procedimiento de repudiar el bernsteinianismo, pero
no se puede dejar de ver el hecho de que el Partido
alemán ha repudiado dos veces el bernsteinianismo.
Por tanto, creer que el ejemplo de los alemanes
confirma la tesis de que "los más declarados
bernsteinianos abrazan la posición de la lucha de
clases del proletariado por su liberación política y
económica", significa no comprender absolutamente
nada de lo que sucede ante los ojos de todos
nosotros107.

en la resolución presentada por Bebel, aprobada por la
aplastante mayoría del Congreso, se le hizo una
advertencia expresa a Bernstein. Sin embargo, en el
Congreso de Lübeck no se planteó como problema de
principio la cuestión sobre la incompatibilidad de la
revisión del marxismo con la pertenencia al Partido
Socialdemócrata.
107
Hay que observar que, al tratar la cuestión del
bernsteinianismo en el seno del Partido alemán, R. Dielo
se ha limitado siempre a un mero relato de hechos,
"absteniéndose" por completo de hacer su propia
apreciación de los mismos. Véase, por ejemplo, el número
2-3, pág. 66, sobre el Congreso de Stuttgart*; todas las
discrepancias están reducidas a cuestiones de "táctica", y
sólo se hace constar que la inmensa mayoría es fiel a la
anterior táctica revolucionaria. O el número 4-5, pág. 25 y
siguientes, que es una simple repetición de los discursos
pronunciados en el Congreso de Hannóver, con la
resolución de Bebel; la exposición de las concepciones de
Bernstein y la crítica de las mismas quedan nuevamente
aplazadas (así como en el número 2-3) para un "artículo
especial". Lo curioso del caso es que, en la pág. 33 del
número 4-5, leemos: "...las concepciones expuestas por
Bebel cuentan con una enorme mayoría en el Congreso", y
un poco más adelante: "...David defendía las opiniones de
Bernstein... Ante todo, trataba de demostrar que ...
Bernstein y sus amigos, a pesar de todo (¡sic!), se
mantienen en el terreno de la lucha de clases..." ¡Esto se ha
escrito en diciembre de 1899, y, en septiembre de 1901, R.
Dielo no cree ya, por lo visto, que tenga razón Bebel y
repite la opinión de David como suya propia!
* El Congreso de Stuttgart del Partido Socialdemócrata
Alemán, reunido del 3 al 8 de octubre de 1898, examinó
por vez primera el problema del revisionismo en la
socialdemocracia alemana. En el Congreso se dio a
conocer una declaración de Bernstein, que se encontraba
ausente, en la que exponía y defendía sus opiniones
oportunistas, que ya había manifestado antes en una serie
de artículos. Entre los adversarios de Bernstein no hubo
unidad de criterio en el Congreso. Augusto Bebel, Kautsky
y otros se manifestaron en pro de la lucha ideológica y de
la crítica de los errores de Bernstein, pero se opusieron a
que se le aplicasen medidas disciplinarias. La minoría, con

V. I. Lenin
Hay más aún. Rab. Dielo presenta a la
socialdemocracia rusa, como hemos visto, la
reivindicación de "libertad de crítica" y defiende el
bernsteinianismo. Por lo visto, ha debido persuadirse
de que se ha agraviado injustamente a nuestros
"críticos" y bernsteinianos. ¿A cuáles, precisamente?
¿Quién, dónde y cuándo? ¿En qué, precisamente,
consistió la injusticia? ¡R. Dielo guarda silencio
sobre este punto, no menciona ni una sola vez a
ningún crítico o bernsteiniano ruso! Nos resta sólo
hacer una de las dos hipótesis posibles. O bien la
parte injustamente agraviada no es otra que el mismo
R. Dielo (lo confirma el hecho de que en ambos
artículos de su número 10 se trata únicamente de
agravios inferidos por Zariá e Iskra a R. Dielo). En
este caso ¿cómo explicar el hecho tan extraño de que
R. Dielo, que siempre ha negado tan obstinadamente
toda solidaridad con el bernsteinianismo, no haya
podido defenderse a sí mismo, sin intervenir a favor
de los "más declarados bernsteinianos" y de la
libertad de crítica? O bien han sido injustamente
agraviadas unas terceras personas. ¿Cuáles pueden
ser entonces los motivos para no mencionarlos?
Vemos, pues, que R. Dielo continúa el juego del
escondite, en que se ha entretenido (como lo
pondremos de manifiesto más adelante) desde el
momento mismo de su aparición. Además, observad
esta primera aplicación práctica de la tan decantada
"libertad de crítica". De hecho, esta libertad se redujo
en el acto no sólo a la falta de toda crítica, sino a la
falta de todo juicio independiente en general. Ese
mismo R. Dielo, que guarda silencio sobre el
bernsteinianismo ruso, como si fuera una enfermedad
secreta (según la feliz expresión de Starover108),
¡propone para la curación de esta enfermedad copiar
lisa y llanamente la última receta alemana contra la
variedad alemana de la enfermedad! ¡En vez de
libertad de crítica, imitación servil... o, peor aún,
simiesca! El idéntico contenido social y político del
oportunismo internacional contemporáneo se
manifiesta en unas u otras variedades, según las
peculiaridades nacionales. En un país, un grupo de
oportunistas ha actuado desde hace mucho tiempo
bajo una bandera especial; en otro, los oportunistas
han desdeñado la teoría, siguiendo en la práctica la
política de los radicales socialistas; en un tercero,
algunos miembros del partido revolucionario se han
evadido al campo del oportunismo y tratan de
alcanzar sus objetivos, no por medio de una lucha
abierta en favor de los principios y de la nueva
táctica, sino valiéndose de una corrupción gradual,
imperceptible y, si se puede usar esta expresión, no
punible de su partido; en un cuarto país, esos mismos
Rosa Luxemburgo a la cabeza, se pronunció con mayor
energía contra el bernsteinianismo.
108
Se refiere al artículo de A. Potrésov (Starover) ¿Qué ha
ocurrido?, publicado en el número 1 de la revista Zariá en
abril de 1901.

75

¿Qué hacer?
tránsfugas emplean idénticos procedimientos en las
tinieblas de la esclavitud política, con una relación
completamente original entre la actividad "legal" y la
"ilegal", etc. Pero ponerse a hablar de la libertad de
crítica y del bernsteinianismo como de una condición
para unir a los socialdemócratas rusos, sin analizar en
qué precisamente se ha manifestado y qué frutos
particulares ha dado el bernsteinianismo ruso, es lo
mismo que hablar por hablar.
Intentemos, pues, nosotros mismos decir, aunque
sea en pocas palabras, lo que no ha querido decir (o
acaso ni siquiera ha sabido comprender) Rabócheie
Dielo.
c) La crítica en Rusia
La particularidad fundamental de Rusia, en el
aspecto que estamos examinando, consiste en que ya
el comienzo mismo del movimiento obrero
espontáneo, por una parte, y el viraje de la opinión
pública avanzada hacia el marxismo, por otra, se han
distinguido por la unión de elementos notoriamente
heterogéneos, bajo una bandera común y para luchar
contra un adversario común (las concepciones
políticas y sociales anticuadas). Nos referimos a la
luna de miel del "marxismo legal". En general, fue un
fenómeno extraordinariamente original, en cuya
posibilidad nadie hubiera podido creer siquiera en la
década del 80 o a principios de la década siguiente
del siglo pasado. En un país autocrático, con una
prensa completamente sojuzgada, en una época de
terrible reacción política, en que eran perseguidos los
más mínimos brotes de descontento político y de
protesta, se abre de pronto camino en la literatura
visada por la censura la teoría del marxismo
revolucionario, expuesta en lenguaje esópico, pero
comprensible para todos los "interesados". El
gobierno se había acostumbrado a considerar
peligrosa únicamente la teoría de "La Voluntad del
Pueblo" (de la revolucionaria), sin que notara, como
suele suceder, su evolución interna, regocijándose
ante toda crítica dirigida contra ella. Antes de que el
gobierno se diera cuenta, antes de que el pesado
ejército de censores y gendarmes tuviera tiempo de
dar con el nuevo enemigo y caer sobre él, pasó
mucho tiempo (mucho para nosotros, los rusos). Y,
mientras tanto, aparecía un libro marxista tras otro;
empezaron a publicarse revistas y periódicos
marxistas; todo el mundo, como por contagio, se
hacía marxista; a los marxistas se les halagaba, se les
lisonjeaba; los editores estaban entusiasmados por la
extraordinaria rapidez con que se vendían los libros
marxistas. Se sobreentiende que entre los marxistas
principiantes, rodeados de esa humareda de éxito, ha
habido más de un "escritor envanecido"...109
Hoy puede hablarse de ese periodo con calma,
109

Un escritor envanecido: título de uno de los relatos de
Máximo Gorki.

como del pasado. No es un secreto para nadie que el
florecimiento efímero del marxismo sobre la
superficie de nuestra literatura tuvo su origen en la
alianza de elementos de extrema izquierda con
elementos sumamente moderados. En el fondo, estos
últimos eran demócratas burgueses, y esta conclusión
(confirmada con evidencia por el desarrollo "crítico"
posterior de esta gente) se imponía a ciertas personas
ya en la época en que la "alianza" estaba aún
intacta110.
Pero, en este caso, ¿no corresponderá la mayor
responsabilidad por la "confusión" subsiguiente
precisamente a los socialdemócratas revolucionarios,
que pactaron esa alianza con los futuros "críticos"?
Esta pregunta, seguida de una respuesta afirmativa,
se oye a veces en boca de gentes que enfocan el
problema en forma demasiado rectilínea. Pero esa
gente carece en absoluto de razón. Puede tener miedo
a alianzas temporales, aunque sea con gente insegura,
únicamente el que tenga poca confianza en sí mismo,
y ningún partido político podría existir sin esas
alianzas. Ahora bien, la unión con los marxistas
legales fue una especie de primera alianza
verdaderamente política, concertada por la
socialdemocracia rusa. Gracias a esta alianza, se ha
logrado el triunfo, asombrosamente rápido, sobre el
populismo, así como la enorme difusión de las ideas
del marxismo (si bien en forma vulgarizada).
Además, la alianza no fue pactada sin "condición"
alguna, ni mucho menos. Pruebas al canto: la
recopilación marxista Materiales sobre el desarrollo
económico de Rusia, quemada por la censura en
1895. Si se puede comparar con una alianza política
el acuerdo literario con los marxistas legales, se
puede comparar ese libro con un acuerdo político.
La ruptura no fue provocada, desde luego, por el
hecho de que los "aliados" resultaron ser unos
demócratas burgueses. Por el contrario, los
representantes de esta última tendencia son aliados
naturales y deseables de la socialdemocracia, siempre
que se trate de objetivos democráticos de ésta,
110

Aludimos al artículo de K. Tulin contra Struve (véase
V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 1, págs. 347-534. - N.
de la Edit.), redactado a base de la conferencia que tenía
por título Cómo se ha reflejado el marxismo en la
literatura burguesa. Véase el Prólogo. (Nota de Lenin para
la edición de 1907. - N. de la Edit.)
Lenin alude a su artículo El contenido económico del
populismo y su crítica en el libro del señor Struve. (El
reflejo del marxismo en la literatura burguesa), que vio la
luz con el seudónimo de K. Tulin.
El artículo fue incluido en la recopilación Materiales para
la característica de nuestro desarrollo económico, que fue
editada en abril de 1895 en una imprenta legal, con una
tirada de 2.000 ejemplares. El gobierno zarista prohibió su
difusión y, transcurrido un año, lo confiscó y quemó. Se
lograron salvar sólo 100 ejemplares, que fueron repartidos
en secreto entre los socialdemócratas de Petersburgo y de
otras ciudades.

V. I. Lenin

76
objetivos que la situación actual de Rusia pone en
primer plano. Pero es condición indispensable para
esta alianza que los socialistas tengan plena
posibilidad de revelar a la clase obrera el
antagonismo hostil entre sus intereses y los de la
burguesía. Mas el bernsteinianismo y la tendencia
"crítica", hacia la cual evolucionó totalmente la
mayoría de los marxistas legales, habían eliminado
esta posibilidad y corrompían la conciencia socialista
envileciendo el marxismo, predicando la teoría de la
atenuación de las contradicciones sociales,
proclamando que es absurda la idea de la revolución
social y de la dictadura del proletariado, reduciendo
el movimiento obrero y la lucha de clases a un
tradeunionismo estrecho y a la lucha "realista" por
pequeñas y graduales reformas. Era exactamente lo
mismo que si la democracia burguesa negara el
derecho del socialismo a la independencia, y, por
tanto, su derecho a la existencia; en la práctica, eso
significaba tender a convertir el incipiente
movimiento obrero en un apéndice de los liberales.
Naturalmente, en estas condiciones, la ruptura se
hizo necesaria. Pero la particularidad "original" de
Rusia se manifestó en que esa ruptura sólo
significaba que los socialdemócratas se apartaban de
la literatura "legal", más accesible para todos y
ampliamente difundida. Los "ex marxistas" se
hicieron fuertes en ella colocándose "bajo el signo de
la crítica" y obteniendo casi el monopolio para
"demoler" el marxismo. Las consignas: "¡Contra la
ortodoxia!" "¡Viva la libertad de crítica!" (repetidas
ahora por R. Dielo) se pusieron en seguida muy en
boga; y que ni siquiera pudieron resistir a esa moda
los censores ni los gendarmes, se ve por hechos como
la aparición de tres ediciones rusas del libro del
famoso (famoso a lo Eróstrato) Bernstein111 o la
recomendación de los libros de Bernstein, del señor
Prokopóvich y otros, por Zubátov112 (Iskra, N° 10).
A los socialdemócratas les incumbe ahora una tarea
de por sí difícil, e increíblemente más dificultada aún
debido a obstáculos puramente exteriores: la tarea de
combatir la nueva corriente. Y esta corriente no se ha
limitado al terreno de la literatura. El viraje hacia la
"crítica" ha ido acompañado de un movimiento en
sentido contrario: la propensión de los
111

El libro de E. Bernstein "Die Voraussetzungen des
Sozialismus und die Aufgaben der Sozialdemokratie"
("Premisas
del
socialismo
y
tareas
de
la
socialdemocracia") fue editado en ruso, en 1901, con
diferentes títulos: 1) Materialismo histórico, traducido por
L. Kántsel, S.Petersburgo, Znanie; 2) Problemas sociales,
traducción de P. Kogan, Moscú; 3) Problemas del
socialismo y tareas de la socialdemocracia, traducción de
K. Butkovski, Moscú, Editorial de Efímov.
112
Zubátov: coronel de la gendarmería, intentó introducir
el así llamado "socialismo policiaco". Creó falsas
organizaciones de obreros con la protección de los
gendarmes y la policía, a fin de apartar a los obreros del
movimiento revolucíonario.

socialdemócratas prácticos por el "economismo".
Podría servir de tema para un artículo especial
esta interesante cuestión: cómo ha surgido y se ha
estrechado el lazo de unión e interdependencia entre
la crítica legal y el "economismo" ilegal. A nosotros
nos basta consignar aquí la existencia incuestionable
de este lazo de unión. Precisamente por eso ha
adquirido el famoso Credo una celebridad tan
merecida, por haber formulado francamente este lazo
de unión y haber revelado sin proponérselo la
tendencia política fundamental del "economismo":
que los obreros se encarguen de la lucha económica
(más exacto sería decir: de la lucha tradeunionista,
pues esta última comprende también la política
específicamente obrera), y que la intelectualidad
marxista se fusione con los liberales para la "lucha"
política. El trabajo tradeunionista "en el pueblo"
resultó ser la realización de la primera mitad, y la
crítica legal, la realización de la segunda mitad de
dicha tarea. Esta declaración fue un arma tan
excelente en contra del "economismo", que, si no
hubiese aparecido el Credo, valía la pena de haberlo
inventado.
El Credo no fue inventado, pero sí publicado sin
el asentimiento y acaso hasta en contra de la voluntad
de sus autores. Al menos, el que estas líneas escribe,
que participó en sacar a la luz del día el nuevo
"programa"113, tuvo que escuchar lamentaciones y
113

Se trata de la protesta de los 17 contra el Credo. El que
estas líneas escribe, participó en la redacción de la protesta
(fines de 1899)*. La protesta fue publicada, junto con el
Credo, en el extranjero en la primavera de 1900. (Véase V.
I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, 1. 4, págs. 163-176. - N. de
la Edit.) Actualmente se sabe ya, por el artículo de la
señora Kuskova (publicado, creo, en la revista Byloe**),
que fue ella la autora del Credo, y que entre los
"economistas" de aquel entonces, en el extranjero,
desempeñaba un papel prominente el señor Prokopóvich.
(Nota de Lenin para la edición de 1907. - N. de la Edit.)
* La "Protesta de los socialdemócratas de Rusia" fue
escrita por Lenin en el destierro, en agosto de 1899. Estaba
enfilada contra el Credo, manifiesto de un grupo de
"economistas" (S. Prokopóvich, E. Kuskova y otros, que
más tarde se hicieron demócratas constitucionalistas).
La Protesta fue discutida y aprobada por unanimidad en
una reunión de 17 marxistas desterrados, convocada por
Lenin en el pueblo de Ermakóvskoe, comarca de
Minusinsk. Las colonias de deportados políticos de
Turujansk y Orlov (provincia de Viatka) se adhirieron a la
Protesta, que luego fue enviada por Lenin al grupo
"Emancipación del Trabajo" en el exilio. A comienzos de
1900, la Protesta fue reproducida en el libro de J. Plejánov
titulado Vademécum para la Redacción de "Rabócheie
Dielo".
** "Byloe" ("El Pasado"): revista histórica, dedicada
principalmente a la historia del populismo y los
movimientos sociales que le precedieron; fue fundada por
V. Búrtsev. En 1900-1904 se editó en Londres, y en 19061907, en Petersburgo, bajo la dirección de V. Bogucharski
y P. Schiógolev, con la participación de V. Búrtsev. En

¿Qué hacer?
reproches por el hecho de que el resumen de los
puntos de vista de los oradores hubiera sido
difundido en copias, hubiera recibido el mote de
Credo y ¡hubiera sido publicado incluso en la prensa
junto con la protesta! Referimos este episodio,
porque revela un rasgo muy curioso de nuestro
"economismo": el miedo a la publicidad.
Precisamente éste es el rasgo característico no sólo
de los autores del Credo, sino del "economismo" en
general: lo han manifestado tanto Rabóchaya Mysl, el
adepto más franco y más honrado del "economismo",
como R. Dielo (al indignarse contra la publicación de
documentos "economistas" en el Vademécum114), así
como el Comité de Kíev, que hace cosa de dos años
no quiso autorizar la publicación de su "Profession
de foi"115 junto con la refutación escrita en contra de
la misma116, y muchos, muchos representantes del
"economismo".
Este miedo a la crítica, que manifiestan los
adeptos de la libertad de crítica, no puede explicarse
tan sólo por astucia (si bien de vez en cuando las
cosas no ocurren, indudablemente, sin astucia; ¡no es
ventajoso dejar descubiertos al empuje del adversario
los brotes, débiles aún, de la nueva tendencia!). No,
la mayoría de los "economistas", con absoluta
sinceridad, desaprueban (y, por la propia esencia del
"economismo", tienen que desaprobar) toda clase de
controversias teóricas, disensiones fraccionalistas,
amplias cuestiones políticas, proyectos de organizar a
los revolucionarios, etc. "¡Sería mejor dejar todo esto
a la gente del extranjero!", me dijo un día uno de los
"economistas" bastante consecuentes, expresando la
siguiente idea, muy difundida (y también puramente
tradeunionista): lo que a nosotros nos incumbe es el
movimiento obrero, las organizaciones obreras que
tenemos aquí, en nuestra localidad, y el resto no es
1907 fue suspendida por el gobierno zarista. En 1908
volvió a editarla V. Búrtsev en el extanjero (París) hasta
1912. La revista Byloe empezó a reeditarse en Rusia en
1917 y continuó publicándose hasta 1926. Después de la
Gran Revolución Socialista de Octubre la dirigió P.
Schiógolev.
114
"Vademécum para la Redacción de "Rabócheie Dielo",
Recopilación editada por el grupo "Emancipación del
Trabajo", con un prefacio de J. Plejánov (Ginebra, febrero
de 1900) estaba dirigido contra el oportunismo en las filas
del POSDR, principalmente contra el "economismo" de la
"Unión de los Socialdemócratas Rusos en el Extranjero" y
su órgano, la revista Rabócheie Dielo.
115
"Profession de foi" (Profesión de fe: programa y
exposición de la concepción del mundo): octavilla del
Comité del POSDR de Kíev, en la que se exponían sus
ideas oportunistas. El contenido de la octavilla coincidía
en muchas de sus partes con el conocido Credo de los
"economistas". En su artículo A propósito de la
"Profession de foi", Lenin criticó este documento (Véase
Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, págs. 310-321).
116
Por lo que sabemos, la composición del Comité de
Kíev ha sido modificada posteriormente.

77
más que invención de los doctrinarios,
"sobreestimación de la ideología", como decían los
autores de la carta publicada en el número 12 de
Iskra, haciendo coro al número 10 de R. Dielo.
Ahora cabe preguntar: en vista de estas
particularidades de la "crítica" rusa y del
bernsteinianismo ruso, ¿en qué debía consistir la
tarea de los que de hecho, y no sólo de palabra,
querían
ser
adversarios
del
oportunismo?
Primeramente, era necesario preocuparse de que se
reanudara el trabajo teórico, que apenas si se había
iniciado en la época del marxismo legal y que ahora
había vuelto a recaer sobre los militantes ilegales: sin
un trabajo de esta índole, no era posible un
incremento eficaz del movimiento. En segundo lugar,
era preciso emprender una lucha activa contra la
"crítica" legal, que corrompía profundamente los
espíritus. En tercer lugar, había que actuar de un
modo enérgico contra la dispersión y las vacilaciones
en el movimiento práctico, denunciando y refutando
toda
tentativa
de
rebajar,
consciente
o
inconscientemente, nuestro programa y nuestra
táctica.
Sabido es que R. Dielo no hizo ni lo primero, ni lo
segundo, ni lo tercero, y más adelante tendremos que
aclarar detalladamente esta conocida verdad en sus
más diversos aspectos. Pero, por ahora, sólo
queremos poner de manifiesto la flagrante
contradicción en que se halla la reivindicación de la
"libertad de crítica" con las particularidades de
nuestra crítica patria y del "economismo" ruso. En
efecto, echad un vistazo sobre el texto de la
resolución con que la "Unión de los
Socialdemócratas Rusos en el Extranjero" ha
confirmado el punto de vista de R. Dielo:
"En interés del ulterior desarrollo ideológico de la
socialdemocracia,
reputamos
absolutamente
necesaria la libertad de criticar la teoría
socialdemócrata en las publicaciones del partido, en
el grado en que dicha crítica no esté en pugna con el
carácter de clase y el carácter revolucionario de esta
teoría". (Dos Congresos, pág. 10.)
Y se dan los motivos: la resolución "coincide en
su primera parte con la resolución del Congreso del
partido en Lübeck a propósito de Bernstein"... ¡En su
simplicidad, los "aliados" ni siquiera notan qué
testimonium paupertatis (certificado de pobreza) se
firman a sí mismos con esta manera de copiar!...
"Pero..., en su segunda parte, restringe la libertad de
crítica de un modo más estricto que el Congreso de
Lübeck".
¿De modo que la resolución de la "Unión" está
dirigida contra los bernsteinianos rusos? Porque de
otro modo sería un absurdo completo referirse a
Lübeck. Pero no es cierto que "restrinja la libertad de
crítica de un modo estricto". En su resolución de

V. I. Lenin

78
Hannóver, los alemanes rechazaron punto por punto
precisamente las enmiendas que presentó Bernstein,
y en la de Lübeck hicieron una advertencia a
Bernstein personalmente, mencionando su nombre en
el texto. En cambio, nuestros imitadores "libres" no
hacen la menor alusión a una sola de las
manifestaciones de la "crítica" y del "economismo"
especialmente rusos; si se guarda silencio de esa
forma, la mera alusión al carácter de clase y al
carácter revolucionario de la teoría deja mucha más
libertad para falsas interpretaciones, sobre todo si la
"Unión" se niega a calificar el "llamado
economismo" como oportunismo (Dos Congresos,
pág. 8, párrafo I). Pero esto lo decimos de paso. Lo
principal consiste en que la posición de los
oportunistas frente a los socialdemócratas
revolucionarios es diametralmente opuesta en
Alemania y en Rusia. En Alemania, los
socialdemócratas revolucionarios están, como es
sabido, por el mantenimiento de lo que existe: el
viejo programa y la vieja táctica, que todo el mundo
conoce y que han sido explicados en todos sus
detalles a través de la experiencia de muchos
decenios. Los "críticos", en cambio, quieren
introducir modificaciones, y como esos "críticos"
representan una ínfima minoría y sus aspiraciones
revisionistas son muy tímidas, es fácil comprender
los motivos por los cuales la mayoría se limita a
rechazar lisa y llanamente las "innovaciones". En
cambio, en Rusia, son los críticos y los
"economistas" los que quieren mantener lo que
existe: los "críticos" quieren que se continúe
considerándolos como marxistas y que se les asegure
la "libertad de crítica" de que gozaban en todos los
sentidos (pues, en el fondo, nunca han reconocido
ningún vínculo de partido117; además, no había entre
nosotros un órgano de partido reconocido por todos,
117

Ya la falta de vínculos abiertos de partido y de
tradiciones de partido constituye una diferencia tan
cardinal entre Rusia y Alemania, que debería haber puesto
en guardia a todo socialista sensato contra cualquier
imitación ciega. Pero he aquí una muestra del punto a que
ha llegado la "libertad de crítica" en Rusia. Un critico ruso,
el señor Bulgákov, hace la siguiente reprimenda al crítico
austríaco Hertz: "Con toda la independencia de sus
conclusiones Hertz sigue, sin embargo, en este punto
(acerca de las cooperativas), por lo visto, demasiado atado
por las opiniones de su partido, y, al disentir en los
detalles, no se decide a desprenderse del principio general"
(El capitalismo y la agricultura, t. II, pág. 287). ¡Un
súbdito de un Estado políticamente esclavizado, en el cual
las 999/1.000 de la población están corrompidas hasta la
médula por el servilismo político y por la absoluta
incomprensión del honor de partido y de los vínculos de
partido, hace una reprimenda altiva a un ciudadano de un
Estado constitucional por estar excesivamente "atado a las
opiniones del partido"! Lo único que les queda a nuestras
organizaciones ilegales es ponerse a redactar resoluciones
sobre la libertad de crítica...

que pudiera "restringir" la libertad de crítica, aunque
sólo fuera por medio de un consejo); los
"economistas" quieren que los revolucionarios
reconozcan la "plenitud de derechos del movimiento
en el presente" (R. D., N° 10, pág. 25), es decir, la
"legitimidad" de la existencia de lo que existe; que
los "ideólogos" no traten de "desviar" el movimiento
del camino "determinado por la acción recíproca
entre los elementos materiales y el medio material"
(Carta en el número 12 de Iskra); que se considere
como deseable sostener la lucha "que es posible para
los obreros en las circunstancias presentes", y, como
posible, la lucha "que libran realmente en el
momento actual" (Suplemento especial de R. Mysl,
pág. 14). En cambio, a nosotros, los socialdemócratas
revolucionarios, nos disgusta ese culto de la
espontaneidad, es decir, de lo que existe "en el
momento presente"; reclamamos que se modifique la
táctica que ha prevalecido estos últimos años,
declaramos que, "antes de unificarse y para unificarse
es necesario empezar por deslindar los campos de un
modo resuelto y definido" (del anuncio sobre la
publicación de Iskra)118. En una palabra, los
alemanes se conforman con lo que existe, rechazando
las modificaciones; nosotros reclamamos que se
modifique lo existente, rechazando el culto de ello y
la conformidad con ello.
¡Precisamente esta "pequeña" diferencia es la que
nuestros "libres" copiadores de resoluciones
alemanas no han notado!
d) Engels sobre la importancia de la lucha
teórica
"Dogmatismo, doctrinarismo", "fosilización del
partido, castigo inevitable por la compresión violenta
del pensamiento", éstos son los enemigos contra los
cuales arremeten caballerescamente en Rab. Dielo
los campeones de la "libertad de crítica". Mucho nos
place que se haya llevado al orden del día esta
cuestión, y sólo propondríamos completarla con otra:
¿Y quiénes son los jueces?
Tenemos ante la vista dos anuncios de
publicaciones literarias. Uno es el "Programa del
órgano de prensa de la Unión de los
Socialdemócratas Rusos, Rab. Dielo" (una separata
del número 1 de Rabócheie Dielo). El otro, es el
"Anuncio sobre la reanudación de las publicaciones
del grupo "Emancipación del Trabajo" ". Ambos
datan de 1899, cuando la "crisis del marxismo"
estaba desde hacía mucho tiempo al orden del día.
Pues bien, en vano buscaríamos en la primera de
dichas obras una alusión a este fenómeno y una
exposición definida de la actitud que el nuevo órgano
piensa adoptar a este respecto. Ni este programa ni
los suplementos al mismo, aprobados por el III
118

Véase V. I. Lenin, obras, 5a ed, en ruso, t. 4, pág. 358.
(N. de la Edit.)

¿Qué hacer?
Congreso de la "Unión" en 1901119 (Dos Congresos,
págs. 15-18), mencionan el trabajo teórico ni sus
objetivos inmediatos en el presente. Durante todo
este tiempo, la redacción de R. Dielo pasó por alto las
cuestiones teóricas, a pesar de que inquietaban a
todos los socialdemócratas del mundo entero.
Por el contrario, el otro anuncio señala ante todo
que en estos últimos años se observa menor interés
por la teoría, reclama con insistencia una "atención
vigilante para el aspecto teórico del movimiento
revolucionario del proletariado" y llama a "criticar
implacablemente las tendencias bernsteinianas y
otras tendencias antirrevolucionarias" en nuestro
movimiento. Los números aparecidos de Zariá
señalan cómo se ha cumplido este programa.
Vemos, pues, que las frases sonoras contra la
fosilización del pensamiento, etc. disimulan la
despreocupación y la impotencia en el desarrollo del
pensamiento teórico. El ejemplo de los
socialdemócratas rusos ilustra con particular
evidencia un fenómeno europeo general (consignado
también hace ya mucho tiempo por los marxistas
alemanes): la famosa libertad de crítica no implica la
sustitución de una teoría por otra, sino la libertad de
prescindir de toda teoría coherente y meditada,
significa eclecticismo y falta de principios. Quien
conozca a poco que sea el estado efectivo de nuestro
movimiento verá forzosamente que la amplia
difusión del marxismo ha ido acompañada de cierto
rebajamiento del nivel teórico. Mucha gente, muy
poco preparada e incluso sin preparación teórica
alguna, se ha adherido al movimiento por su
significación práctica y sus éxitos prácticos. Por este
hecho, se puede juzgar qué falta de tacto manifiesta
Rab. Dielo al lanzar con aire victorioso la sentencia
de Marx: "cada paso del movimiento efectivo es más
importante que una docena de programas"120. Repetir
estas palabras en una época de dispersión teórica es
exactamente lo mismo que gritar al paso de un
entierro: "¡ojalá tengáis siempre algo que llevar!"
Además, estas palabras de Marx han sido tomadas de
su carta sobre el programa de Gotha121, en la que
119

El III Congreso de la "Unión de los Socialdemócratas
Rusos" se celebró en la segunda mitad de septiembre de
1901 en Zurich. El Congreso aprobó adiciones y
enmiendas al proyecto del acuerdo sobre la unificación de
las organizaciones de socialdemócratas rusos en el
extranjero, que había sido elaborado por la Conferencia de
Ginebra en junio de 1901. El Congreso aprobó las
Instrucciones para la Redacción de "Rabócheie Dielo",
que estimulaban a los revisionistas. Los acuerdos del
Congreso pusieron de manifiesto que entre los dirigentes
de la "Unión" prevalecían las tendencias oportunistas y
que se negaban a cumplir las resoluciones de la
Conferencia de junio.
120
Véase C. Marx y F. Engels. Obras escogidas en dos
tomos, t. II, pág. 9, ed. en español, Moscú.
121
El programa de Gotha: programa del Partido Obrero
Socialista de Alemania, aprobado en 1875 por el Congreso

79
censura duramente el eclecticismo admitido en la
formulación de los principios: ya que hace falta
unirse -escribía Marx a los dirigentes del partido-,
pactad acuerdos para alcanzar los objetivos prácticos
del movimiento, pero no trafiquéis con los principios,
no hagáis "concesiones" teóricas. Este era el
pensamiento de Marx, ¡y he aquí que entre nosotros
hay gentes que en su nombre tratan de aminorar la
importancia de la teoría!
Sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco
movimiento revolucionario. Nunca se insistirá lo
bastante sobre esta idea en un tiempo en que a la
prédica en boga del oportunismo va unido un
apasionamiento por las formas más estrechas de la
actividad práctica. Y, para la socialdemocracia rusa,
la importancia de la teoría es mayor aún, debido a
tres circunstancias que se olvidan con frecuencia, a
saber: primeramente, por el hecho de que nuestro
partido sólo ha empezado a formarse, sólo ha
empezado a elaborar su fisonomía, y dista mucho de
haber ajustado sus cuentas con las otras tendencias
del pensamiento revolucionario, que amenazan con
desviar el movimiento del camino justo. Por el
contrario, precisamente estos últimos tiempos se han
distinguido (como hace ya mucho predijo Axelrod a
los "economistas”122) por una reanimación de las
tendencias revolucionarias no socialdemócratas. En
estas condiciones, un error, "sin importancia" a
primera vista, puede causar los más desastrosos
efectos, y sólo gente miope puede encontrar
inoportunas o superfluas las discusiones fraccionales
y la delimitación rigurosa de los matices. De la
consolidación de tal o cual "matiz" puede depender el
porvenir de la socialdemocracia rusa por años y años.
En segundo lugar, el movimiento socialdemócrata
es, por su propia naturaleza, internacional. Esto no
sólo significa que debemos combatir el chovinismo
nacional. Esto significa también que el movimiento
incipiente en un país joven únicamente puede
desarrollarse con éxito a condición de que aplique la
experiencia de otros países. Para ello, no basta
de Gotha, en el que se unificaron los dos partidos
socialistas alemanes, que hasta aquel entonces habían
estado separados: los eisenacheanos (dirigidos por A.
Bebel y G. Liebknecht e influidos por C. Marx y F.
Engels) y los lassalleanos. El programa adolecía de
eclecticismo y era oportunista, puesto que los
eisenacheanos hicieron concesiones a los lassalleanos en
las cuestiones más importantes y aceptaron las
formulaciones lassalleanas. C. Marx y F. Engels
sometieron el proyecto del programa de Gotha a una
crítica demoledora, considerándolo como un gran paso
hacia atrás en comparación con el programa de Eisenach
aprobado en 1869. (Véase C. Marx y F. Engels. Obras
escogidas en dos tomos, t. II, págs. 7-40, ed. en español,
Moscú).
122
Se refiere al artículo de P. Axelrod A propósito de las
tareas actuales y la táctica de los socialdemócratas rusos,
Ginebra, 1898.

80
conocer simplemente esta experiencia o copiar
simplemente las últimas resoluciones adoptadas; para
ello es necesario saber asumir una actitud crítica
frente a esta experiencia y comprobarla por sí mismo.
Todo aquel que se imagine el gigantesco crecimiento
y
ramificación
del
movimiento
obrero
contemporáneo comprenderá la reserva de fuerzas
teóricas y de experiencia política (así como
revolucionaria) que es necesaria para cumplir esta
tarea.
En tercer lugar, tareas nacionales como las que
tiene planteadas la socialdemocracia rusa no las ha
tenido planteadas aún ningún otro partido socialista
del mundo. Más adelante, tendremos que hablar de
los deberes políticos y de organización que nos
impone esta tarea de liberar a todo el pueblo del yugo
de la autocracia. Por el momento, no queremos más
que indicar que sólo un partido dirigido por una
teoría de vanguardia puede cumplir la misión de
combatiente de vanguardia. Y para hacerse una idea
siquiera sea un poco concreta de lo que esto significa,
que el lector recuerde a los precursores de la
socialdemocracia rusa, como Herzen, Belinski,
Chernishevski y a la brillante pléyade de
revolucionarios de la década del 70; que piense en la
importancia universal que la literatura rusa va
adquiriendo ahora; que..., ¡pero basta también con lo
indicado!
Citaremos las observaciones hechas por Engels en
1874 sobre la importancia que la teoría tiene en el
movimiento socialdemócrata. Engels reconoce, no
dos formas de la gran lucha de la socialdemocracia
(la política y la económica) -como se estila entre
nosotros-, sino tres, colocando a su lado también la
lucha teórica. Sus recomendaciones al movimiento
obrero alemán, ya robustecido práctica y
políticamente, son tan instructivas desde el punto de
vista de los problemas y de las discusiones actuales,
que confiamos en que el lector no lamentará que
insertemos un extenso extracto del prólogo escrito
para el folleto Der deutsche Bauernkrieg123, obra que
desde hace ya mucho tiempo es una rareza
bibliográfica:
"Los obreros alemanes tienen dos ventajas
esenciales sobre los obreros del resto de Europa. La
primera es la de que pertenecen al pueblo más teórico
de Europa y que han conservado en sí ese sentido
teórico, casi completamente perdido por las clases
llamadas "cultas" de Alemania. Sin la filosofía
alemana, que le ha precedido, sobre todo sin la
filosofía de Hegel, jamás se habría creado el
socialismo científico alemán, el único socialismo
científico que ha existido. De haber carecido los
obreros de sentido teórico, este socialismo científico
123

Dritter Abdruck, Leipzig, 1875. Verlag der
Genossenschaftsbuchdruckerei. (La guerra campesina en
Alemania, tercera edición, Leipzig, 1875. Edición de la
Editorial Cooperativa. - N. de la Edit.)

V. I. Lenin
nunca habría sido, en la medida que lo es hoy, carne
de su carne y sangre de su sangre. Y lo inmenso de
esta ventaja lo demuestra, por una parte, la
indiferencia por toda teoría, que es una de las causas
principales de que el movimiento obrero inglés
avance tan lentamente, a pesar de la excelente
organización de los diferentes oficios, y, por otra, lo
demuestran el desconcierto y la confusión sembrados
por el proudhonismo, en su forma primitiva, entre los
franceses y los belgas, y, en la forma caricaturesca
que le ha dado Bakunin, entre los españoles y los
italianos.
La segunda ventaja consiste en que los alemanes
han sido casi los últimos en incorporarse al
movimiento obrero. Así como el socialismo teórico
alemán jamás olvidará que descansa sobre los
hombros de Saint-Simon, Fourier y Owen -tres
pensadores que, a pesar del carácter fantástico y de
todo el utopismo de sus doctrinas, pertenecen a las
mentes más grandes de todos los tiempos y se han
anticipado genialmente a una infinidad de verdades
cuya exactitud estamos demostrando ahora de un
modo científico-, así también el movimiento obrero
práctico alemán nunca debe olvidar que se ha
desarrollado sobre los hombros del movimiento
inglés y francés, que ha tenido la posibilidad de sacar
simplemente partido de su experiencia costosa, de
evitar en el presente los errores que entonces no era
posible evitar en la mayoría de los casos. ¿Dónde
estaríamos ahora, sin el precedente de las
tradeuniones inglesas y de la lucha política de los
obreros franceses, sin ese impulso colosal que ha
dado particularmente la Comuna de París?
Hay que hacer justicia a los obreros alemanes por
haber aprovechado con rara inteligencia las ventajas
de su situación. Por primera vez desde que existe el
movimiento obrero, la lucha se desarrolla en forma
metódica en sus tres direcciones concertadas,
relacionadas entre sí: teórica, política y económicopráctica (resistencia a los capitalistas). En este ataque
concéntrico, por decirlo así, reside precisamente la
fuerza y la invencibilidad del movimiento alemán.
Esta situación ventajosa, por una parte, y, por
otra, las particularidades insulares del movimiento
inglés y la represión violenta del francés hacen que
los obreros alemanes se encuentren ahora a la cabeza
de la lucha proletaria. No es posible pronosticar
cuánto tiempo les permitirán los acontecimientos
ocupar este puesto de honor. Pero, mientras lo sigan
ocupando, es de esperar que cumplirán como es
debido las obligaciones que les impone. Para esto,
tendrán que redoblar sus esfuerzos en todos los
aspectos de la lucha y de la agitación. Sobre todo, los
jefes deberán instruirse cada vez más en todas las
cuestiones teóricas, desembarazarse cada vez más de
la influencia de la fraseología tradicional, propia de
la vieja concepción del mundo, y tener siempre
presente que el socialismo, desde que se ha hecho

81

¿Qué hacer?
ciencia, exige que se le trate como tal, es decir, que
se le estudie. La conciencia así lograda y cada vez
más lúcida debe ser difundida entre las masas obreras
con celo cada vez mayor, se debe cimentar cada vez
más fuertemente la organización del partido, así
como la de los sindicatos...
...Si los obreros alemanes siguen avanzando de
este modo, no es que marcharán al frente del
movimiento -y no conviene tampoco en absoluto al
movimiento que los obreros de una nación cualquiera
marchen al frente del mismo-, sino que ocuparán un
puesto de honor en la primera línea de combate y se
hallarán bien pertrechados para ello, si, de pronto,
duras pruebas o grandes acontecimientos reclaman de
ellos mayor valor, mayor decisión y energía"124.
Estas palabras de Engels resultaron proféticas.
Algunos años más tarde, al dictarse la Ley de
excepción contra los socialistas, los obreros alemanes
se vieron de improviso sometidos a duras pruebas. Y,
en efecto, los obreros alemanes les hicieron frente
bien pertrechados y supieron salir victoriosos de esas
pruebas.
Al proletariado ruso le están reservadas pruebas
inconmensurablemente más duras aún; tendrá que
luchar contra un monstruo, en comparación con el
cual la ley de excepción en un país constitucional
parece un verdadero pigmeo. La historia plantea hoy
ante nosotros una tarea inmediata, que es la más
revolucionaria de todas las tareas inmediatas del
proletariado de cualquier otro país. La realización de
esta tarea, la demolición del más poderoso baluarte,
no ya de la reacción europea, sino también (podemos
decirlo hoy) de la reacción asiática, convertiría al
proletariado ruso en la vanguardia del proletariado
revolucionario internacional. Y tenemos el derecho
de esperar que obtendremos este título de honor, que
ya nuestros predecesores, los revolucionarios de la
década del 70, han merecido, siempre que sepamos
inspirar a nuestro movimiento, mil veces más vasto y
profundo, la misma decisión abnegada y la misma
energía.
II. La espontaneidad de las masas y la
conciencia de la socialdemocracia
Hemos dicho que es preciso inspirar a nuestro
movimiento, mucho más vasto y profundo que el de
la década del 70, la misma decisión abnegada y la
misma energía que en aquella época. En efecto,
parece que hasta ahora nadie había puesto aún en
duda que la fuerza del movimiento contemporáneo
consistiese en el despertar de las masas (y,
principalmente, del proletariado industrial), y su
debilidad, en la falta de conciencia y de espíritu de
iniciativa de los dirigentes revolucionarios.
124

Lenin cita un fragmento del prólogo de F. Engels a su
trabajo La guerra campesina en Alemania. (Véase C.
Marx y F. Engels. Obras escogidas en dos tomos, t. I,
págs. 608-610, ed. en español, Moscú.)

Sin embargo, en estos últimos tiempos, se ha
hecho un descubrimiento asombroso, que amenaza
con trastrocar todos los conceptos que dominaban
hasta ahora con respecto a esta cuestión. Este
descubrimiento ha sido hecho por R. Dielo, que,
polemizando con Iskra y Zariá, no se ha limitado a
objeciones particulares, sino que ha intentado reducir
"el desacuerdo general" a su raíz más profunda: a la
"distinta apreciación de la significación relativa del
elemento espontáneo y del elemento conscientemente
"metódico"". Rab. Dielo nos acusa de "subestimar la
importancia del elemento objetivo o espontáneo del
desarrollo"125. A esto contestaremos: si la polémica
de Iskra y Zariá no hubiera dado ningún otro
resultado que el de llevar a R. Dielo al
descubrimiento de ese "desacuerdo general", este
resultado sería de por sí una gran satisfacción para
nosotros: hasta tal punto es significativa esta tesis,
hasta tal punto ilustra claramente la esencia de las
actuales discrepancias teóricas y políticas entre los
socialdemócratas rusos.
Por eso mismo la relación entre lo consciente y lo
espontáneo ofrece un enorme interés general y es
preciso analizarla con todo detalle.
a) Comienzo de la marcha ascensional
espontanea
En el capítulo anterior hemos consignado el
apasionamiento general de la juventud ilustrada de
Rusia por la teoría del marxismo, a mediados de la
última década del siglo pasado. También las huelgas
obreras adquirieron por aquella época, después de la
famosa guerra industrial de 1896126 en Petersburgo,
125

Rabócheie Dielo, N° 10, septiembre de 1901, págs. 1718. Subrayado en el original.
126
Lenin tiene en cuenta las huelgas de masas de los
obreros de Petersburgo en 1896. La huelga empezó el 23
de mayo en la manufactura de Kalinkin y rápidamente se
extendió a todas las fábricas textiles de Petersburgo y, más
tarde, a las grandes empresas de construcción de
maquinaria, las manufacturas de goma, a la papelera y
azucarera. El proletariado de Petersburgo se alzó por vez
primera en un amplio frente a la lucha contra los
explotadores. Participaron en la huelga más de 30.000
obreros. La huelga fue dirigida por la "Unión de lucha por
la emancipación de la clase obrera de Petersburgo", que
difundió proclamas y octavillas, exhortando a los obreros a
defender unidos y con firmeza sus derechos. La "Unión de
lucha" imprimió y propagó las principales reivindicaciones
de los huelguistas: reducción de la jornada hasta 10½
horas, aumento de las tarifas, puntualidad en el pago de los
salarios, etc.
La huelga causó gran impresión en el extranjero. Las
huelgas de Petersburgo contribuyeron al desarrollo del
movimiento obrero en Moscú y otras ciudades de Rusia y
obligaron al gobierno zarista a revisar urgentemente las
leyes fabriles y a promulgar una nueva ley el 2 (14) de
junio de 1897 reduciendo la jornada en las fábricas hasta
111/2 horas. Estas huelgas, según señaló más tarde Lenin,
"inauguraron la era del movimiento obrero, que luego fue

V. I. Lenin

82
un carácter general. Su extensión por toda Rusia
atestiguaba claramente cuán profundo era el
movimiento popular que volvía a renacer, y, al hablar
del "elemento espontáneo", es natural que
precisamente ese movimiento huelguístico debe ser
calificado, ante todo, de espontáneo. Pero hay
diferentes clases de espontaneidad. También durante
la década del 70 y en la del 60 (y aun en la primera
mitad del siglo XIX), hubo en Rusia huelgas,
acompañadas de destrucción "espontánea" de
máquinas, etc. Comparadas con esos "motines", las
huelgas de la década del 90 pueden incluso llamarse
"conscientes": hasta tal punto era considerable el
progreso del movimiento obrero en aquel período.
Eso nos demuestra que, en el fondo, el "elemento
espontáneo" no es sino la forma embrionaria de lo
consciente. Y los motines primitivos reflejaban ya un
cierto despertar de lo consciente: los obreros perdían
la fe tradicional en la inamovilidad del orden de
cosas que los oprimía; empezaban... no diré que a
comprender, pero sí a sentir la necesidad de oponer
resistencia colectiva y rompían decididamente con la
sumisión servil a las autoridades. Pero esto, sin
embargo, más que lucha, era una expresión de
desesperación y de venganza. En las huelgas de la
última década del siglo pasado vemos muchos más
destellos de conciencia: se formulan reivindicaciones
determinadas, se calcula de antemano el momento
más conveniente, se discuten los casos y ejemplos
conocidos de otros lugares, etc. Sí los motines eran
simplemente levantamientos de gente oprimida, las
huelgas sistemáticas representaban ya embriones de
lucha de clases, pero nada más que embriones. En sí,
esas huelgas eran lucha tradeunionista, no eran aún
lucha socialdemócrata; señalaban el despertar del
antagonismo entre los obreros y los patronos, pero
los obreros no tenían, ni podían tener, la conciencia
de la oposición inconciliable entre sus intereses y
todo el régimen político y social contemporáneo, es
decir, no tenían conciencia socialdemócrata. En este
sentido, las huelgas de la última década del siglo
pasado, a pesar de que, en comparación con los
"motines", representaban un enorme progreso,
seguían siendo un movimiento netamente
espontáneo.
Hemos dicho que los obreros no podían tener
conciencia socialdemócrata. Esta sólo podía ser
introducida desde fuera. La historia de todos los
países atestigua que la clase obrera, exclusivamente
con sus propias fuerzas, sólo está en condiciones de
elaborar una conciencia tradeunionista, es decir, la
convicción de que es necesario agruparse en
sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar del
gobierno la promulgación de tales o cuales leyes

creciendo sin cesar". (Véase Obras, 5a ed. ruso, t. 16, pág.
95).

necesarias para los obreros, etc.127. En cambio, la
doctrina del socialismo ha surgido de teorías
filosóficas, históricas y económicas, elaboradas por
representantes instruidos de las clases poseedoras,
por los intelectuales. Los propios fundadores del
socialismo científico moderno, Marx y Engels,
pertenecían por su posición social a los intelectuales
burgueses. De igual modo, la doctrina teórica de la
socialdemocracia
ha
surgido
en
Rusia
independientemente en absoluto del ascenso
espontáneo del movimiento obrero, ha surgido como
resultado natural e inevitable del desarrollo del
pensamiento entre los intelectuales revolucionarios
socialistas. Hacia la época de que tratamos, es decir,
a mediados de la última década del siglo pasado, esa
doctrina no sólo constituía ya un programa
completamente formado del grupo "Emancipación
del Trabajo", sino que incluso había llegado a
conquistar a la mayoría de la juventud revolucionaria
de Rusia.
De modo que existían tanto el despertar
espontáneo de las masas obreras, el despertar a la
vida consciente y a la lucha consciente, como una
juventud revolucionaria que, armada de la teoría
socialdemócrata, tendía con todas sus fuerzas hacia
los obreros. Además, importa sobre todo dejar
sentado el hecho, olvidado a menudo (y
relativamente poco conocido), de que los primeros
socialdemócratas de ese período, al ocuparse con
ardor de la agitación económica (y teniendo bien
presentes en este sentido las indicaciones realmente
útiles del folleto, entonces manuscrito aún, Sobre la
agitación), lejos de estimarla como su única tarea,
por el contrario, ya desde el comienzo se asignaban
las más amplias tareas históricas de la
socialdemocracia rusa, en general, y la de derrocar a
la autocracia, en particular. Así, por ejemplo, el
grupo de socialdemócratas de Petersburgo, fundador
de la "Unión de lucha por la emancipación de la clase
obrera"128, redactó, ya a fines de 1895, el primer
127

El tradeunionismo no descarta en modo alguno toda
"política", como a veces se cree. Las tradeuniones han
llevado siempre a cabo cierta agitación y lucha políticas
(pero no socialdemócratas). En el capítulo siguiente
expondremos la diferencia entre la política tradeunionista
y la socialdemócrata.
128
La "Unión de lucha por la emancipación de la clase
obrera", organizada por Lenin en el otoño de 1895,
agrupaba a unos veinte círculos obreros marxistas de
Petersburgo. Toda la labor de la "Unión de lucha" se
basaba en los principios del centralismo y una rigurosa
disciplina. A la cabeza de la "Unión de lucha" figuraba el
Grupo Central: V. Lenin, A. Vanéiev, P. Zaporozhets, G.
Krzhizhanovski, N. Krúpskaya, L. Mártov (Y.
Tsederbaum), M. Silvin, V. Starkov y otros. La dirección
inmediata fue encomendada a cinco miembros del grupo,
encabezados por Lenin. Toda la organización fue dividida
en grupos distritales. Los obreros más conscientes y
avanzados (I. Báhushkin, V. Shelgunov y otros) mantenían

83

¿Qué hacer?
número de un periódico, bajo el título de Rabócheie
Dielo. Completamente preparado para la imprenta,
dicho número fue recogido por los gendarmes
cuando registraron el domicilio de uno de los
miembros del grupo, A. A. Vanéiev129, en una
el enlace de estos grupos con las fábricas y talleres. En las
fábricas había organizadores especiales que recogían
información y difundían las publicaciones. En las grandes
empresas fueron creados círculos obreros.
La "Unión de lucha" llevó a cabo por primera vez en Rusia
la fusión del socialismo con el movimiento obrero. Dirigió
el movimiento obrero, vinculando la lucha de los obreros
por las reivindicaciones económicas con la lucha política
contra el zarismo. La "Unión de lucha" publicó octavillas
y folletos para los obreros. El redactor de las publicaciones
de la "Unión de lucha", era Lenin, bajo cuya dirección se
preparaba la edición de Rabócheie Dielo, periódico obrero
político. La "Unión de lucha" extendió su influencia fuera
de Petersburgo. A iniciativa suya se efectuó la unificación
de los círculos obreros en "Uniones de lucha" en Moscú,
Kíev, Ekaterinoslav y en otras ciudades y regiones de
Rusia.
En diciembre de 1895, el gobierno zarista asestó un serio
golpe a la "Unión de lucha": en la noche del 8 (del 20) de
diciembre de 1895 fue detenida gran parte de los
dirigentes de la "Unión", con Lenin a la cabeza. También
fue confiscado el primer número del periódico Rabócheie
Dielo, que estaba preparado para la imprenta.
Pasados algunos días, en la primera reunión del grupo
celebrada después de las detenciones, se tomó el acuerdo
de denominar la organización de los socialdemócratas de
Petersburgo "Unión de lucha por la emancipación de la
clase obrera". Con motivo de la detención de Lenin y de
otros miembros de la organización, los miembros de la
"Unión" que seguían en libertad publicaron una octavilla
política, escrita por los obreros.
Lenin continuó dirigiendo la "Unión" desde la cárcel,
ayudándola con sus consejos, enviándole cartas y
octavillas cifradas. Escribió el folleto Sobre las huelgas
(que hasta hoy día no ha sido encontrado) y Proyecto y
explicación del programa del Partido Socialdemócrata.
(Véase Obras, 5a ed. en ruso, t. 2, págs. 81-110.)
La importancia de la "Unión de lucha por la emancipación
de la clase obrera" de Petersburgo consistió en que la
"Unión", según expresión de Lenin, fue el embrión del
partido revolucionario que se apoyaba en el movimiento
obrero y dirigió la lucha de clase del proletariado. Desde la
segunda mitad de 1898, la "Unión de lucha" pasó a manos
de los "economistas", que por mediación del periódico
Rabóchaya
Mysl
propugnaban
las
ideas
del
tradeunionismo y el bernsteinianismo. Sin embargo, los
antiguos miembros de la "Unión", que no fueron
detenidos, tomaron parte en 1898 en la preparación y la
celebración del I Congreso del POSDR y en la redacción
del Manifiesto, aprobado más tarde, continuando las
tradiciones de la "Unión de lucha por la emancipación de
la clase obrera" leninista.
129
A. A. Vanéiev murió en 1899, en Siberia Oriental, de
tuberculosis,
contraída
cuando
se
encontraba
Incomunicado en prisión preventiva. Por eso, hemos
considerado posible publicar la información que figura en
el texto, cuya autenticidad garantizamos, pues procede de
gente que conocía a Vanéiev personal e íntimamente.

irrupción hecha en la noche del 8 de diciembre de
1895. De modo que el primer Rabócheie Dielo del
primer período no tuvo la suerte de ver la luz. El
editorial de ese periódico (que quizás dentro de unos
30 años alguna revista como Rússkaya Stariná130
exhumará de los archivos del departamento de
policía) esbozaba los objetivos históricos de la clase
obrera de Rusia, colocando en el primer plano la
conquista de la libertad política. Luego seguía el
artículo ¿En qué piensan nuestros ministros?131,
dedicado a la disolución violenta de los Comités de
Primera Enseñanza por la policía, así como una serie
de artículos de corresponsales, no sólo de
Petersburgo, sino también de otras localidades de
Rusia (por ejemplo, sobre la matanza de obreros en la
provincia de Yaroslavlt132). Así, pues, este "primer
ensayo", si no nos equivocamos, de los
socialdemócratas rusos de la década del 90 no era un
periódico de un carácter estrechamente local, y
mucho menos "economista"; tendía a enlazar la lucha
huelguística con el movimiento revolucionario contra
la autocracia y atraer a todas las víctimas de la
opresión política del oscurantismo reaccionario para
que apoyaran a la socialdemocracia. Y todo el que
conozca, por poco que sea, el estado del movimiento
de aquella época no pondrá en duda que semejante
periódico habría sido acogido con plena simpatía
tanto por los obreros de la capital como por los
intelectuales revolucionarios y habría tenido la más
vasta difusión. El fracaso de esta empresa demostró
únicamente que los socialdemócratas de entonces no
estaban en condiciones de satisfacer las exigencias
vitales del momento por falta de experiencia
revolucionaria y de preparación práctica. Lo mismo
cabe decir del Sankt Petersburgski Rabochi Listok133
130

El artículo de fondo A los obreros rusos, escrito por
Lenin para el periódico Rabócheie Dielo, no se ha
encontrado hasta hoy día.
"Rúskaya Stariná" ("La Antigüedad Rusa"): revista
mensual de historia, fundada por M: Semevski. Fue
editada en Petersburgo de 1870 a 1918. En Rússkaya
Stariná se publicaban muchas memorias, diarios, apuntes,
cartas de estadistas rusos y personalidades de la cultura
rusa, y también otros documentos.
131
Véase V. I. Lenin, Obras, 5ª ed, en ruso, t. 2, págs. 7580. (N. de la Edit.)
132
Se alude a la represión de que fueron víctimas los
obreros huelguistas de la Gran Manufactura de Yaroslavl
el 27 de abril (9 de mayo) de 1895. La huelga, en la que
participaron más de 4.000 obreros, se debió a que la
dirección de la empresa fijó nuevas tarifas que reducían el
salario de los obreros. La huelga fue aplastada cruelmente.
El artículo sobre la huelga de Yaroslavl de 1895 fue
escrito por Lenin; hasta hoy día no ha sido hallado.
133
"S.Peterburgski Rabochi Listok" ("Boletín Obrero de
San Petersburgo"): órgano de la "Unión de lucha por la
emancipación de la clase obrera", de Petersburgo.
Aparecieron dos números: el primero en febrero (con
fecha de enero) de 1897 (lo imprimieron en Rusia en
mimeógrafo, con una tirada de 300 a 400 ejemplares), y el

V. I. Lenin

84
y, sobre todo, de Rabóchaya Gazeta y del Manifiesto
del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia,
fundado en la primavera de 1898. Se sobreentiende
que ni siquiera pasa por nuestra mente el imputar esta
falta de preparación a los militantes de entonces.
Mas, para aprovechar la experiencia del movimiento
y sacar de ella enseñanzas prácticas, es necesario
darse perfecta cuenta de las causas y de la
significación de tal o cual defecto. Por eso, es de
extrema importancia dejar sentado que una parte
(acaso la mayoría) de los socialdemócratas que
actuaron en el período de 1895 a 1898 consideraba
posible con toda razón, ya entonces, en los albores
del movimiento "espontáneo", defender el más
amplio programa y táctica de combate134. En lo que
respecta a la falta de preparación de la mayoría de los
revolucionarios, siendo un fenómeno completamente
natural, no podía provocar ninguna aprensión
particular. Desde el momento en que el
planteamiento de los objetivos era justo, desde el
momento en que había suficiente energía para
intentar reiteradas veces lograr esos objetivos, los
reveses temporales representaban una desgracia a
medias. La experiencia revolucionaria y la habilidad
de organización son cosas que se adquieren con el
tiempo. ¡Lo único que hace falta es querer desarrollar
en uno mismo las cualidades necesarias! ¡Lo único
que hace falta es tener conciencia de los defectos,
cosa que en la labor revolucionaria equivale a más de
la mitad de la corrección de los mismos!
Pero la desgracia a medias se convirtió en una
verdadera desgracia cuando esa conciencia comenzó
a ofuscarse (y es de notar que era muy viva entre los
segundo fue impreso tipográficamente en Ginebra en
septiembre del mismo año.
El periódico planteó la tarea de fundir la lucha económica
de la clase obrera con las amplias reivindicaciones
políticas y señaló la necesidad de crear el partido obrero.
134
"Al mantener una actitud negativa ante la actividad de
los socialdemócratas de fines de la última década del siglo
pasado, Iskra no tiene en cuenta que entonces faltaban
condiciones para todo trabajo que no fuera la lucha por
pequeñas reivindicaciones", dicen los "economistas" en su
Carta a los órganos socialdemócratas rusos (Iskra, N°
12). Los hechos citados en el texto demuestran que esta
afirmación sobre la "falta de condiciones" es
diametralmente opuesta a la verdad. No sólo a fines, sino
incluso a mediados de la década del 90, existían
plenamente todas las condiciones para otro trabajo,
además de la lucha por las pequeñas reivindicaciones;
todas las condiciones, salvo una preparación suficiente de
los dirigentes. Y he aquí que, en vez de reconocer
francamente esta falta de preparación por nuestra parte,
por parte de los ideólogos, de los dirigentes, los
"economistas" quieren cargar toda la responsabilidad a la
"falta de condiciones", a la influencia del medio material
que determina el camino del cual ningún ideólogo logrará
desviar el movimiento. ¿Qué es esto sino servilismo ante
la espontaneidad, enamoramiento de los "ideólogos" de
sus propios defectos?

militantes de los susodichos grupos), cuando
aparecieron
gentes,
e
incluso
órganos
socialdemócratas, dispuestos a erigir los defectos en
virtudes, que hasta intentaron dotar de un
fundamento teórico a su halago servil y a su culto de
la espontaneidad. Ya es hora de hacer el balance de
esta tendencia, muy inexactamente caracterizada por
la palabra "economismo", término demasiado
estrecho para expresar su contenido.
b) Culto de la espontaneidad. Rabóchaya Mysl
Antes de pasar a las manifestaciones literarias de
ese culto, haremos notar el siguiente hecho
característico (comunicado por la fuente arriba
mencionada), que arroja cierta luz sobre la forma en
que surgió y creció entre los camaradas que actuaban
en Petersburgo el desacuerdo entre las dos futuras
tendencias de la socialdemocracia rusa. A principios
de 1897, A. A. Vanéiev y algunos de sus camaradas
tuvieron ocasión de tomar parte, antes de su
deportación, en una reunión privada de "viejos" y
"jóvenes" miembros de la "Unión de lucha por la
emancipación de la clase obrera"135. La conversación
giró principalmente en torno a la organización, y
particularmente en torno a los Estatutos de las cajas
obreras, que, en su forma definitiva, fue publicado
en el número 9-10 del Listok "Rabótnika"136 (pág.
46). Entre los "viejos" ("decembristas" como los
llamaban en tono de chanza los socialdemócratas
petersburgueses) y algunos de los "jóvenes" (que más
tarde colaboraron activamente en Rabóchaya Mysl),
se puso en el acto de manifiesto una divergencia
acusada y se desencadenó una acalorada polémica.
Los "jóvenes" defendían los fundamentos principales
del Estatuto tal como ha sido publicado. Los "viejos"
decían que no era eso lo que ante todo hacía falta,
sino fortalecer la "Unión de Lucha" transformándola
en una organización de revolucionarios, a la que
debían subordinarse las distintas cajas obreras, los
135

La "reunión privada" a que alude Lenin se celebró en
Petersburgo entre el 14 y 17 de febrero (26 de febrero y 1
de marzo) de 1897. Asistieron a la reunión los "viejos" -V.
Lenin, A. Vanéiev, G. Krzhizhanovski y otros miembros
de la "Unión de lucha por la emancipación de la clase
obrera", de Petersburgo-, puestos en libertad por tres días,
antes de ser deportados a Siberia, y los "jóvenes", que
dirigieron la "Unión de lucha" después de la detención de
Lenin.
136
"Listok "Rabótnika"" ("Hoja del "Trabajador""):
publicación no periódica, órgano de la "Unión de los
Socialdemócratas Rusos en el Extranjero". Se editó en
Ginebra de 1896 a 1898. Aparecieron 10 números; de los
cuales los ocho primeros fueron redactados por el grupo
"Emancipación del Trabajo". Debido a que la mayoría de
los miembros de la "Unión" empezó a apoyar a los
"economistas", el grupo "Emancipación del Trabajo" se
negó a redactar las ediciones de la "Unión"; por eso, los
números 9 y 10 (noviembre de 1898) aparecieron bajo la
dirección de los "economistas".

85

¿Qué hacer?
círculos para la propaganda entre la juventud
estudiantil, etc. Se sobreentiende que los
contrincantes distaban mucho de ver en esta
divergencia el principio de un desacuerdo; todo lo
contrario, la consideraban como algo aislado y
casual. Pero este hecho prueba que, también en
Rusia, el "economismo" no surgió ni se difundió sin
lucha contra los "viejos" socialdemócratas (los
"economistas" de hoy día lo olvidan con frecuencia).
Y si esta lucha no ha dejado, en su mayor parte,
vestigios "documentales", ello se debe únicamente a
que la composición de los círculos que funcionaban
cambiaba con inverosímil frecuencia, a que no había
ninguna continuidad, razón por la cual las
divergencias tampoco quedaban fijadas en
documento alguno.
La aparición de Rab. Mysl sacó el "economismo"
a la luz del día, pero no lo hizo tampoco de golpe. Es
preciso imaginarse concretamente las condiciones de
trabajo y la vida efímera de los numerosos círculos
rusos (y sólo puede imaginárselo así quien lo haya
experimentado), para comprender cuánto hubo de
casual en el éxito o en el fracaso de la nueva
tendencia en las distintas ciudades, así como todo el
tiempo en que ni los partidarios ni los adversarios de
esto "nuevo" pudieron determinar, ni tuvieron
literalmente ninguna posibilidad de hacerlo, sí era en
realidad una tendencia especial o si reflejaba
simplemente la falta de preparación de personas
aisladas. Así, los primeros números de Rab. Mysl,
tirados en hectógrafo, no llegaron en absoluto a
manos de la inmensa mayoría de los
socialdemócratas, y, si ahora tenemos la posibilidad
de referirnos al artículo de fondo de su primer
número, es sólo gracias a su reproducción en el
artículo de V. I.137 (Listok "Rabótnika", N° 9-10, pág.
47 y siguientes), que, claro está, no dejó de elogiar
con empeño (un empeño desatinado) el nuevo
periódico, que se distinguía tan marcadamente de los
periódicos y proyectos de periódicos arriba
mencionados138. Este artículo de fondo expresa con
tanto relieve todo el espíritu de Rab. Mysl, y del
"economismo" en general, que vale la pena de
examinarlo.
Después de señalar que la mano de bocamanga
azul139 no podrá detener el desarrollo del movimiento
obrero, el artículo, continúa: "...El movimiento
obrero debe esa vitalidad a que el propio obrero, por
137

V. L: Ivanshin.
Digamos de paso que este elogio de Rabóchaya Mysl,
en noviembre de 1898, cuando el "economismo", sobre
todo en el extranjero, se había definido completamente,
partía del propio V. I., que muy pronto formó parte del
cuerpo de redactores de Rab. Dielo. ¡Y Rab. Dielo todavía
continuó negando la existencia de dos tendencias en el
seno de la socialdemocracia rusa, como la sigue negando
en el presente!
139
Los gendarmes zaristas llevaban uniformes azules.
138

fin, toma su destino en sus propias manos,
arrancándolo de las de los dirigentes", y esta tesis
fundamental sigue desarrollándose más adelante en
forma detallada. En realidad, los dirigentes (es decir,
los socialdemócratas, organizadores de la "Unión de
Lucha") fueron arrancados por la policía, puede
decirse, de las manos de los obreros140, ¡mientras que
las cosas se exponen como si los obreros hubieran
luchado contra esos dirigentes y se hubieran librado
de su yugo! En vez de exhortar a marchar hacia
adelante, a consolidar la organización revolucionaria
y extender la actividad política, comenzaron a incitar
a volver atrás, hacia la lucha exclusivamente
tradeunionista. Se proclamó que "la base económica
del movimiento es velada por la aspiración constante
de no olvidar el ideal político", que el lema del
movimiento obrero debe ser: "lucha por la situación
económica" (!), o, mejor aún, "los obreros, para los
obreros"; se declaró que las cajas de resistencia
"valen más para el movimiento que un centenar de
otras organizaciones" (que se compare esta
afirmación, de octubre de 1897, con la discusión
entre los "decembristas" y los "jóvenes" a principios
de 1897), etc. Frasecitas como éstas, de que en el
primer plano no es preciso colocar la "flor y nata" de
los obreros, sino al obrero "medio", al obrero de la
masa, que la "política sigue siempre dócilmente a la
economía"141 etc., etc., se pusieron de moda,
adquiriendo una influencia irresistible sobre la masa
de la juventud enrolada en el movimiento, juventud
que en la mayoría de los casos no conocía más que
fragmentos del marxismo en su exposición legal.
Esto era someter por completo la conciencia a la
espontaneidad, a la espontaneidad de aquellos
"socialdemócratas" que repetían las "ideas" del señor
V. V.; a la espontaneidad de aquellos obreros que se
dejaban arrastrar por el argumento de que obtener un
aumento de un kopek por rublo valía mucho más que
todo socialismo y que toda política; de que debían
"luchar, sabiendo que lo hacían no para imprecisas
generaciones futuras, sino para ellos mismos y para
sus propios hijos" (editorial del número 1 de R.
140

El siguiente hecho característico demuestra que esta
comparación es justa. Cuando, después de la detención de
los "decembristas", se difundió entre los obreros de la
carretera de Schlisselburgo la noticia de que había
ayudado a la policía el provocador N. Mijáilov (un
dentista), relacionado con un grupo que estaba en contacto
con los "decembristas", aquellos obreros se indignaron de
tal modo, que decidieron matar a Mijáilov.
141
Del mismo editorial del primer número de Rabóchaya
Mysl. Se puede juzgar por esto acerca de cuál era la
preparación teórica de esos "V. V. de la socialdemocracia
rusa", quienes repetían la burda trivialización del
"materialismo económico", mientras que en sus
publicaciones los marxistas hacían la guerra contra el
auténtico señor V. V., llamado desde hacía tiempo
"maestro en asuntos reaccionarios" por ese mismo modo
de concebir la relación entre la política y la economía.

V. I. Lenin

86
Mysl). Frases de esta índole constituyeron siempre el
arma favorita de los burgueses de Europa Occidental
que, en su odio al socialismo, trabajaban (al estilo del
"socialpolítico" alemán Hirsch) para trasplantar el
tradeunionismo inglés a su suelo patrio, diciendo a
los obreros que la lucha exclusivamente sindical142 es
una lucha para ellos mismos y para sus hijos, y no
para imprecisas generaciones futuras con un
impreciso socialismo futuro. Y, ahora, "los V. V. de
la socialdemocracia rusa" se han puesto a repetir esa
fraseología burguesa. Nos importa consignar aquí
tres circunstancias que nos serán de gran utilidad
para seguir examinando las divergencias actuales143.
En primer lugar, el sometimiento de la conciencia
por la espontaneidad, arriba indicado, se produjo
también por vía espontánea. Parece un juego de
palabras, pero, desgraciadamente, es una amarga
verdad. No se produjo este hecho por una lucha
abierta entre dos concepciones diametralmente
opuestas y por el triunfo de la una sobre la otra, sino
debido a que los gendarmes "arrancaban" un número
cada vez mayor de revolucionarios "viejos" y a que,
en número cada vez mayor, aparecían en escena los
"jóvenes" "V. V. de la socialdemocracia rusa". Todo
el que haya, no ya participado en el movimiento ruso
contemporáneo, sino simplemente respirado sus
aires, sabrá perfectamente que la situación es como la
que acabamos de describir. Y si, no obstante,
insistimos particularmente para que el lector se
percate por completo de este hecho notorio, si, para
mayor evidencia, por decirlo así, insertamos datos
sobre Rabócheie Dielo del primer período y sobre las
discusiones entre los "viejos" y los "jóvenes",
suscitadas a principios de 1897, es porque gentes que
presumen de "democracia" especulan con el hecho de
que el gran público (o los muy jóvenes) ignora esto.
Aún insistiremos sobre este punto más adelante.
En segundo lugar, ya en la primera manifestación
literaria del "economismo" podemos observar un
fenómeno, sumamente peculiar y extremadamente
característico,
para
comprender
todas
las
divergencias en el seno de los socialdemócratas
contemporáneos, fenómeno consistente en que los
partidarios del "movimiento puramente obrero", los
admiradores del contacto más estrecho y más
"orgánico" (expresión de Rab. Dielo) con la lucha
proletaria, los adversarios de todos los intelectuales

no obreros (aunque sean intelectuales socialistas) se
ven obligados a recurrir, en defensa de su posición, a
los argumentos de los "tradeunionistas puros"
burgueses. Esto nos prueba que R. Mysl desde su
aparición -sin darse cuenta de ello-, había comenzado
a realizar el programa del Credo. Esto prueba (cosa
que R. Dielo no puede comprender de ningún modo)
que todo lo que sea inclinarse ante la espontaneidad
del movimiento obrero, todo lo que sea rebajar el
papel del "elemento consciente", el papel de la
socialdemocracia,
equivale
-en
absoluto
independientemente de la voluntad de quien lo hacea fortalecer la influencia de la ideología burguesa
sobre los obreros. Todo el que hable de
"sobreestimación de la ideología"144, de exageración
del papel del elemento consciente145, etc., se imagina
que el movimiento puramente obrero puede de por sí
elaborar y elaborará una ideología independiente, tan
pronto como los obreros "arranquen su destino de
mano de los dirigentes". Pero esto es un craso error.
Para completar lo que acabamos de exponer arriba
añadiremos las siguientes palabras, profundamente
justas e importantes, que C. Kautsky dijo con motivo
del proyecto de nuevo programa del Partido
Socialdemócrata Austríaco146:
"Muchos de nuestros críticos revisionistas
entienden que Marx ha afirmado que el desarrollo
económico y la lucha de clases, además de crear las
premisas para la producción socialista, engendran
directamente la conciencia (subrayado por C. K.) de
su necesidad. Y he aquí que esos críticos replican que
Inglaterra, el país de mayor desarrollo capitalista, es
más ajeno que ningún otro país a esta conciencia. A
juzgar por el proyecto, se podría creer que esta
sedicente concepción marxista ortodoxa, refutada del
modo indicado, es compartida también por la
comisión que redactó el programa austríaco. El
proyecto dice: "cuanto más aumenta el proletariado
con el desarrollo capitalista, tanto más obligado se ve
a emprender la lucha contra el capitalismo y tanto
más capacitado está para emprenderla. El
proletariado llega a adquirir la conciencia" de la
posibilidad y de la necesidad del socialismo. En este
orden de ideas, la conciencia socialista aparece como
144

Carta de los "economistas" en el número 12 de Iskra.
Rabócheie Dielo, N° 10.
146
-eue Zeit, 1901-1902, XX, 1, Nº 3, pág. 79. El
proyecto de la comisión de que habla C. Kautsky, fue
aprobado por el Congreso de Viena (a fines del año
pasado) en una forma algo modificada.
En el Congreso de Viena del Partido Socialdemócrata
Austriaco que se celebró del 2 al 6 de noviembre de 1901,
fue aprobado el nuevo programa del partido en lugar del
viejo programa de Hainfeld (1888). En el proyecto del
nuevo programa, preparado por una comisión especial (V.
Adler y otros) por encargo del Congreso de Brünn de
1899, se hicieron serias concesiones al bernsteinianismo.
145

142

Los alemanes incluso tienen una palabra especial: NurGetoerkschaitler con que se señala los partidarios de la
lucha "exclusivamente sindical".
143
Subrayamos actuales para los que se encojan
farisaicamente de hombros y digan: ahora es sumamente
fácil denigrar a Rabóchaya Mysl, cuando no es más que un
arcaísmo, Mutato nomine de la fabula narratur ("bajo otro
nombre, la fábula habla de ti". - N. de la Edit.),
contestamos nosotros a esos fariseos contemporáneos,
cuya completa sumisión servil a las ideas de Rab. Mysl
será demostrada más adelante.

¿Qué hacer?
el resultado necesario y directo de la lucha de clase
del proletariado. Pero esto es falso. Por cierto, el
socialismo, como doctrina, tiene sus raíces en las
relaciones económicas actuales, exactamente igual
que la lucha de clase del proletariado, y, lo mismo
que ésta, se deriva aquél de la lucha contra la pobreza
y la miseria de las masas, pobreza y miseria que el
capitalismo engendra; pero el socialismo y la lucha
de clases surgen paralelamente y no se deriva el uno
de la otra; surgen de premisas diferentes. La
conciencia socialista moderna puede surgir
únicamente sobre la base de profundos
conocimientos científicos. En efecto, la ciencia
económica contemporánea constituye una premisa de
la producción socialista lo mismo que, pongamos por
caso, la técnica moderna, y el proletariado, por
mucho que lo desee, no puede crear ni la una ni la
otra;
ambas
surgen
del
proceso
social
contemporáneo. Pero el portador de la ciencia no es
el proletariado, sino la intelectualidad burguesa
(subrayado por C. K.): es del cerebro de algunos
miembros de esta capa de donde ha surgido el
socialismo moderno, y han sido ellos quienes lo han
transmitido a los proletarios destacados por su
desarrollo intelectual, los cuales lo introducen luego
en la lucha de clase del proletariado allí donde las
condiciones lo permiten. De modo que la conciencia
socialista es algo introducido desde fuera (von
Aussen Hineingetragenes) en la lucha de clase del
proletariado, y no algo que ha surgido
espontáneamente (urwüchsig) dentro de ella. De
acuerdo con esto, ya el viejo programa de Heinfeld
decía, con todo fundamento, que es tarea de la
socialdemocracia el llevar al proletariado la
conciencia de su situación (literalmente: llenar al
proletariado de ella) y de su misión. No habría
necesidad de hacerlo si esta conciencia derivara
automáticamente de la lucha de clases. El nuevo
proyecto, en cambio, ha transcrito esta tesis del viejo
programa y la ha añadido a la tesis arriba citada. Pero
esto ha interrumpido por completo el curso del
pensamiento..."
Ya que no puede ni hablarse de una ideología
independiente, elaborada por las mismas masas
obreras en el curso de su movimiento147 el problema
147

Esto no significa, naturalmente, que los obreros no
participen en esta elaboración. Pero no participan en
calidad de obreros, sino en calidad de teóricos del
socialismo, como los Proudhon y los Weitling; en otros
términos, sólo participan en el momento y en la medida en
que logran, en mayor o menor grado, dominar la ciencia de
su siglo y hacerla avanzar. Y, a fin de que los obreros lo
logren con mayor frecuencia, es necesario ocuparse lo más
posible de elevar el nivel de la conciencia de los obreros
en general; es necesario que los obreros no se encierren en
el marco artificialmente restringido de la "literatura para
obreros", sino que aprendan a asimilar más y más la

87
se plantea solamente así: ideología burguesa o
ideología socialista. No hay término medio (pues la
humanidad no ha elaborado ninguna "tercera"
ideología; además, en general, en la sociedad
desgarrada por las contradicciones de clase nunca
puede existir una ideología al margen de las clases ni
por encima de las clases). Por eso, todo lo que sea
rebajar la ideología socialista, todo lo que sea
alejarse de ella equivale a fortalecer la ideología
burguesa. Se habla de espontaneidad. Pero el
desarrollo espontáneo del movimiento obrero marcha
precisamente hacia su subordinación a la ideología
burguesa, marcha precisamente por el camino del
programa del Credo, pues el movimiento obrero
espontáneo
es
tradeunionismo,
es
-urGewerkschaftlerei, y el tradeunionismo implica
precisamente la esclavización ideológica de los
obreros por la burguesía. Por eso, nuestra tarea, la
tarea de la socialdemocracia, consiste en combatir la
espontaneidad, hacer que el movimiento obrero
abandone
esta
tendencia
espontánea
del
tradeunionismo a cobijarse bajo el ala de la burguesía
y atraerlo hacia el ala de la socialdemocracia
revolucionaria. La frase de los autores de la carta
"economista", publicada en el número 12 de Iskra, de
que ningún esfuerzo de los ideólogos más inspirados
podrá desviar el movimiento obrero del camino
determinado por la acción recíproca entre los
elementos materiales y el medio material, equivale
plenamente, por tanto, a renunciar al socialismo, y si
estos autores fuesen capaces de meditar lo que dicen,
de meditarlo hasta su última consecuencia, valiente y
lógicamente, como corresponde a toda persona que
interviene en la actividad literaria y pública, no les
quedaría más remedio que "cruzar sobre el pecho
huero las manos inútiles" y... ceder el campo de
acción a los señores Struve y Prokopóvich, que
arrastran el movimiento obrero "por la línea de la
menor resistencia", es decir, por la línea del
tradeunionismo burgués, o a los señores Zubátov,
que lo arrastran por la línea de la "ideología" clericalpolicíaca.
Recordad el ejemplo de Alemania. ¿En qué
consistió el mérito histórico de Lassalle ante el
movimiento obrero alemán? En haber apartado ese
movimiento del camino del tradeunionismo
progresista y del cooperativismo, por el cual se
encauzaba espontáneamente (con la participación
benévola de los Schulze-Delitzsch y consortes). Para
realizar esta misión, fue necesario algo muy distinto
de la charlatanería sobre la subestimación del
literatura general. Incluso sería más justo decir, en vez de
"no se encierren", "no sean encerrados", pues los obreros
leen y quieren leer todo cuanto se escribe también para los
intelectuales, y únicamente ciertos intelectuales (de ínfima
categoría) creen que "para los obreros" basta con relatar el
orden de cosas que rige en las fábricas y rumiar lo que ya
se conoce desde hace mucho tiempo.

88
elemento espontáneo, sobre la táctica-proceso, sobre
la acción recíproca de los elementos y del medio, etc.
Para ello fue necesario desplegar una lucha
encarnizada contra la espontaneidad, y sólo como
resultado de esa lucha, que ha durado largos años, se
ha logrado, por ejemplo, que la población obrera de
Berlín, de sostén del partido progresista, se haya
convertido en uno de los mejores baluartes de la
socialdemocracia. Y esta lucha no ha terminado aún,
ni mucho menos, hoy día (como podrían creer gentes
que estudian la historia del movimiento alemán a
través de Prokopóvich, y su filosofía, a través de
Struve). También en el presente, la clase obrera
alemana está fraccionada, si se puede usar esta
expresión, en varias ideologías: una parte de los
obreros está agrupada en los sindicatos obreros
católicos y monárquicos; otra, en los sindicatos de
Hirsch-Duncker148, fundados por los admiradores
burgueses del tradeunionismo inglés; una tercera, en
los sindicatos socialdemócratas. Esta última es
incomparablemente mayor que las demás, pero la
ideología socialdemócrata sólo ha podido conquistar
esta supremacía y sólo podrá mantenerla librando
una lucha porfiada contra todas las demás ideologías.
Pero -preguntará el lector- ¿por qué el
movimiento espontáneo, el movimiento por la línea
de la menor resistencia, conduce precisamente a la
supremacía de la ideología burguesa? Por la sencilla
razón de que la ideología burguesa es mucho más
antigua por su origen que la ideología socialista,
porque su elaboración es más completa y porque
posee medios de difusión incomparablemente más
poderosos149. Y cuanto más joven es el movimiento
148

Los sindicatos de Hirsch-Duncker: organizaciones
sindicales reformistas fundadas en Alemania en 1868 por
los dirigentes del partido progresista burgués M. Hirsch y
F. Duncker. Propugnando la "armonía" de intereses del
trabajo y del capital, los organizadores de los sindicatos de
Hirsch-Duncker consideraban que junto con los obreros
podían ingresar en los sindicatos los capitalistas y negaban
la necesidad de la lucha huelguística. Afirmaban que los
obreros pueden librarse del yugo del capital en el seno de
la propia sociedad capitalista mediante la legislación del
Estado burgués y con la ayuda de la organización sindical.
Consideraban que la tarea principal de los sindicatos
consistía en servir de intermediarios entre los obreros y
empresarios y en acumular recursos pecuniarios. La
negación de las huelgas convertía a los sindicatos de
Hirsch-Duncker en organizaciones de rompehuelgas. Su
actividad se limitaba principalmente a organizar cajas de
ayuda mutua y la labor cultural y educativa. Los sindicatos
de Hirsch-Duncker, aunque existieron hasta mayo de
1933, nunca fueron una fuerza considerable en el
movimiento obrero alemán, a pesar de todos los esfuerzos
de la burguesía y el apoyo prestado por los organismos
gubernamentales. En 1933, los dirigentes oportunistas de
los sindicatos de Hirsch-Duncker ingresaron en el "frente
de trabajo" fascista.
149
Con frecuencia se oye decir: la clase obrera tiende de
un modo espontáneo al socialismo. Esto es por entero justo

V. I. Lenin
socialista en un país, tanto más enérgica debe ser, por
lo mismo, la lucha contra toda tentativa de afianzar la
ideología no socialista, tanto más resueltamente se
debe preservar a los obreros de los malos consejeros,
que chillan contra "la exageración del elemento
consciente", etc. Los autores de la carta de los
"economistas", haciendo coro a Rab. Dielo, fulminan
diatribas contra la intolerancia, propia del período
infantil del movimiento. A esto contestamos: sí,
nuestro movimiento realmente se encuentra en su
infancia y, para que llegue con mayor celeridad a la
madurez, debe precisamente contagiarse de
intransigencia con quienes frenan su desarrollo
prosternándose ante la espontaneidad. ¡No hay nada
más ridículo y nocivo que presumir de viejo militante
que hace ya mucho tiempo pasó por todos los
episodios decisivos de la lucha!
En tercer lugar, el primer número de Rab. Mysl
nos señala que la denominación de "economismo" (a
la cual no tenemos, claro está, el propósito de
renunciar, pues, de uno u otro modo, es un mote ya
establecido) no expresa con suficiente exactitud la
esencia de la nueva corriente. Rab. Mysl no repudia
por completo la lucha política: en los estatutos de las
cajas, publicados en su primer número, se habla de la
lucha contra el gobierno. Rabóchaya Mysl entiende
tan sólo que "la política sigue siempre dócilmente a
la economía" (en tanto que Rabócheie Dielo varía
esta tesis, asegurando en su programa que "en Rusia,
más que en ningún otro país, la lucha económica está
ligada de modo inseparable a la lucha política").
Estas tesis de Rabóchaya Mysl y de Rabócheie Dielo
son falsas de punta a cabo, si entendemos por política
la política socialdemócrata. Como ya hemos visto,
es muy frecuente que la lucha económica de los
obreros esté ligada (si bien no de modo inseparable)
a la política burguesa, clerical, etc. Las tesis de Rab.
Dielo son justas, si entendemos por política la
política tradeunionista, es decir, la aspiración común
a todos los obreros de conseguir del Estado tales o
cuales medidas, cuyo fin es remediar los males
propios de su situación, pero que todavía no acaban
con esa situación, es decir, no suprimen el
sometimiento del trabajo al capital. Esta aspiración es
realmente común, tanto a los tradeunionistas
ingleses, que mantienen una actitud hostil frente al
en el sentido de que la teoría socialista determina, con más
profundidad y exactitud que ninguna otra, las causas de las
calamidades que padece la clase obrera, y precisamente
por ello los obreros la asimilan con tanta facilidad, siempre
que esta teoría no retroceda ante la espontaneidad, siempre
que esta teoría someta a la espontaneidad. Habitualmente,
esto se sobreentiende, pero Rab. Dielo lo olvida y lo
desfigura. La clase obrera va de modo espontáneo hacia el
socialismo, pero la ideología burguesa, la más difundida (y
resucitada sin cesar en las formas más diversas), es, sin
embargo, la que más se impone espontáneamente a los
obreros.

89

¿Qué hacer?
socialismo, como a los obreros católicos, a los
obreros "de Zubátov", etc. Hay diferentes clases de
política. Vemos, pues, que Rab. Mysl, también en lo
que a la lucha política se refiere, más que repudiarla
se prosterna ante su espontaneidad, ante su falta de
conciencia. Al reconocer plenamente la lucha política
derivada en forma espontánea del propio movimiento
obrero (o dicho con más exactitud: los anhelos y las
reivindicaciones políticas de los obreros), renuncia
por completo a elaborar independientemente una
política socialdemócrata específica, que corresponda
a los objetivos generales del socialismo y a las
condiciones actuales de Rusia. Más adelante
demostraremos que Rab. Dielo incurre en el mismo
error.
c) El "Grupo De Autoemancipación"150 y
Rabócheie Dielo
Hemos examinado tan detalladamente el editorial,
poco conocido y casi olvidado en el presente, del
primer número de Rab. Mysl, porque expresó antes y
con mayor relieve que nadie esta corriente general,
que luego había de aparecer a la luz del día por
pequeños y numerosos arroyuelos. V. I. tenía plena
razón cuando, ponderando el primer número y el
editor de Rab. Mysl, dijo que había sido escrito "con
energía y con brío" (Listok "Rabótnika", N° 9-10,
pág. 49). Toda persona de convicciones firmes que
piensa que da algo nuevo escribe "con brío" y escribe
de manera que destaca con relieve sus puntos de
vista. Sólo quienes están acostumbrados a nadar entre
dos aguas carecen de todo "brío"; sólo la gente de
esta índole es capaz, después de haber elogiado ayer
los bríos de Rab. Mysl, de atacar hoy los "bríos
polémicos" de sus adversarios.
Sin detenernos en el Suplemento especial de
"Rab. Mysl" (más adelante tendremos, por distintos
motivos, que referirnos a esta obra, que expresa del
modo más consecuente las ideas de los
"economistas”), por ahora consignaremos tan sólo
brevemente el Llamamiento del Grupo de
Autoemancipación de los Obreros (marzo de 1899,
reproducido en -akanune151 de Londres, N° 7, julio
del mismo año). Los autores de este llamamiento
dicen con toda razón que "la Rusia obrera no ha
150

El "Grupo de autoemancipación de la clase obrera":
pequeño grupo de "economistas" creado en Petersburgo en
el otoño de 1898, cuya existencia se prolongó unos
cuantos meses. El grupo lanzó un llamamiento en el que
exponía sus objetivos (con fecha de marzo de 1899· y
publicado en la revista -akanune ("La Víspera") en julio
de 1899) y editó los reglamentos y algunas proclamas para
los obreros.
151
"-akanune" ("La Víspera"): revista mensual de
tendencia populista; se editó en ruso en Londres desde
enero de 1899 hasta febrero de 1902, bajo la dirección de
E. Serebriakov. Aparecieron 37 números. La revista
agrupó en torno suyo a los representantes de los diferentes
partidos y corrientes pequeñoburgueses.

hecho más que empezar a despertar, a mirar en
torno suyo y se aferra instintivamente a los primeros
medios de lucha que encuentra al alcance de su
mano", pero deducen de esto la misma conclusión
falsa que R. Mysl, olvidando que lo instintivo es
justamente lo inconsciente (lo espontáneo), en cuya
ayuda deben acudir los socialistas; que los primeros
medios de lucha "que encuentran al alcance de su
mano" siempre serán, en la sociedad moderna,
medios de lucha tradeunionista, y que la primera
ideología "que encuentra al alcance de su mano" será
la ideología burguesa (tradeunionista). Tampoco
"niegan" esos autores la política, sino que, siguiendo
al Sr. V. V., solamente (¡solamente!) dicen que la
política es una superestructura, y que, por esto, "la
agitación política debe ser una superestructura de la
agitación en favor de la lucha económica, debe surgir
sobre el terreno de esta lucha y seguir tras ella".
En cuanto a R. Dielo, comenzó su actividad
directamente por la "defensa" de los "economistas".
Después de haber afirmado con evidente falsedad, en
su primer número (N° 1, págs. 141-142), que
"ignoraba a qué camaradas jóvenes se había referido
Axelrod" cuando en su conocido folleto152 dirigía una
advertencia a los "economistas", R. Dielo tuvo que
reconocer, en la polémica con Axelrod y Plejánov,
suscitada a propósito de esa falsedad, que "fingiendo
no saber de quién se trataba, quiso defender a todos
los emigrados socialdemócratas más jóvenes contra
esa acusación injusta" (Axelrod acusaba a los
"economistas" de estrechez de miras)153. En realidad,
esa acusación era completamente justa, y R. Dielo
sabía muy bien que aludía, entre otros, a V. I.,
miembro de su redacción. Señalaré, de paso, que en
la polémica mencionada Axelrod tenía completa
152

En torno a la cuestión de las tareas actuales y de la
táctica de los socialdemócratas rusos. Ginebra, 1898. Dos
cartas a Rabóchaya Gazeta, escritas en 1897.
153
La polémica entre el grupo "Emancipación del Trabajo"
y la Redacción de Rabócheie Dielo comenzó en abril de
1899 con motivo de publicar en el número 1 de Rabócheie
Dielo una reseña del folleto de Lenin Las tareas de los
socialdemócratas rusos (Ginebra, 1898). A la vez que
negaba el carácter oportunista de la "Unión de
Socialdemócratas Rusos" en el Extranjero" y la creciente
influencia de los "economistas" en las organizaciones
socialdemócratas de Rusia, la Redacción de Rabócheie
Dielo afirmaba en la reseña que "el contenido del folleto
coincide por completo con el programa de la Redacción
de Rabócheie Dielo", y que la Redacción no sabía "de qué
camaradas "jóvenes" habla Axelrod" en el prólogo al
folleto.
En la Carta a la Redacción de "Rabócheie Dielo", escrita
en agosto de 1899, P. Axelrod demostró la inconsistencia
de los intentos de Rabócheie Dielo de identificar la
posición de la socialdemocracia revolucionaria, expuesta
por Lenin en el folleto Las tareas de los socialdemócratas
rusos, con la posición de los oportunistas rusos y
extranjeros. Más tarde, la polémica con Rabócheie Dielo
continuó en las páginas de Iskra y Zariá.

V. I. Lenin

90
razón y que R. Dielo estaba enteramente equivocado
en la interpretación de mi folleto Las tareas de los
socialdemócratas rusos. Este folleto fue escrito en
1897, antes de la aparición de Rab. Mysl, cuando yo
consideraba, con toda razón, que la tendencia inicial
de la "Unión de lucha" de San Petersburgo, que he
definido más arriba, era la predominante. Y, al
menos hasta mediados de 1898, esa tendencia era
realmente la que preponderaba. Por eso, R. Dielo no
tenía ningún derecho a referirse, para refutar la
existencia y el peligro del "economismo", a un folleto
que exponía concepciones desplazadas en San
Petersburgo en 1897-1898 por las concepciones
"economistas"154.
Pero R. Dielo no sólo "defendía" a los
"economistas", sino que él mismo caía
continuamente en sus aberraciones principales. Esto
se debía al modo ambiguo de interpretar la siguiente
tesis de su propio programa: "El movimiento obrero
de masas (subrayado por R. D.) que ha surgido en
estos últimos años constituye, a nuestro juicio, un
fenómeno de la mayor importancia de la vida rusa,
llamado principalmente a determinar las tareas
(subrayado por mí) y el carácter de la actividad
literaria de la Unión". No puede ponerse en duda que
el movimiento de masas es un fenómeno de la mayor
importancia. Pero la cuestión estriba en el modo de
interpretar "la determinación de las tareas" por este
movimiento de masas. Puede interpretársela de dos
maneras: o bien en el sentido del culto de la
espontaneidad de ese movimiento, es decir,
reduciendo el papel de la socialdemocracia al de
simple servidor del movimiento obrero como tal (así
la conciben Rab. Mysl, el "Grupo de auto
emancipación" y los demás "economistas") o bien en
el sentido de que el movimiento de masas plantea
ante nosotros nuevas tareas teóricas, políticas y de
organización, mucho más complejas que las tareas
con que podíamos contentarnos en el período que
precedió a la aparición del movimiento de masas.
Rab. Dielo tendía y tiende a concebirla precisamente
154

Defendiéndose, Rabócheie Dielo completó su primera
falsedad ("ignoramos a qué camaradas jóvenes se ha
referido P. B. Axelrod") con una segunda, al escribir en su
Respuesta: "Desde la aparición de la reseña de Las tareas,
han surgido o se han definido más o menos claramente
entre algunos socialdemócratas rusos tendencias hacia la
unilateralidad económica, que significan un paso atrás en
comparación con el estado de nuestro movimiento,
esbozado en Las tareas" (pág. 9). Esto lo dice la
Respuesta, aparecida en el año 1900. Y el primer número
de Rabócheie Dielo (con la reseña) apareció en abril de
1899. ¿Es que el "economismo" surgió sólo en 1899? No;
en 1899 se oyó por primera vez la voz de protesta de los
socialdemócratas rusos contra el "eco no mismo" (la
protesta contra el Credo). Pero el "economismo" había
surgido en 1897, como lo sabe muy bien Rabócheie Dielo,
pues V. I. ya en noviembre de 1898 (Listok "Robátnika",
N° 9-10), se deshacía en elogios para Rabóchaya Mysl.

en el primer sentido, porque no ha dicho nada
concreto acerca de las nuevas tareas, antes bien, ha
razonado todo el tiempo como si el "movimiento de
masas" nos eximiera de la necesidad de concebir con
claridad y resolver las tareas que éste plantea. Baste
recordar el hecho de que R. Dielo consideraba
imposible plantear ante el movimiento obrero de
masas como primera tarea el derrocamiento de la
autocracia, rebajando esta tarea (en nombre del
movimiento de masas) al nivel de la lucha por
reivindicaciones políticas inmediatas (Respuesta,
pág. 25).
Dejando a un lado el artículo La lucha económica
y política en el movimiento ruso, publicado por B.
Krichevski, director de Rab. Dielo, en el número 7,
en el que repite esos mismos errores155, pasaremos
directamente al número 10 de R. Dielo. Desde luego,
no nos detendremos a analizar objeciones aisladas de
B. Krichevski y Martínov contra Zariá e Iskra. Lo
único que nos interesa aquí es la posición de
principios que Rabócheie Dielo ha adoptado en su
número 10. No nos detendremos, por ejemplo, a
examinar el caso curioso de que R. Dielo vea una
"contradicción flagrante" entre la tesis:
155

La "teoría de las fases" o la teoría de los "tímidos
zigzags" en la lucha política se expone, por ejemplo, en
ese artículo del modo siguiente: "Las reivindicaciones
políticas, que por su carácter son comunes a toda Rusia,
deben, sin embargo, durante los primeros tiempos" (¡esto
fue escrito en agosto de 1900!) "corresponder a la
experiencia adquirida por una determinada capa (¡sic!) de
obreros en la lucha económica. Sólo (!) a base de esa
experiencia se puede y debe iniciar la agitación política",
etc. (pág. 11). En la pág. 4, el autor, indignado por las
acusaciones, a su juicio completamente infundadas, de
herejía economista, exclama en tono patético: "Pero ¿qué
socialdemócrata ignora que, según la doctrina de Marx y
Engels, los intereses económicos de las distintas clases
desempeñan un papel decisivo en la historia y que, por
tanto (subrayado por mí), en particular la lucha del
proletariado por sus intereses económicos debe tener una
importancia primordial para su desarrollo como clase y
para su lucha de liberación?" Este "por tanto" está
completamente fuera de lugar. Del hecho de que los
intereses económicos desempeñan un papel decisivo no se
desprende en modo alguno la conclusión de que la lucha
económica (=sindical) tenga una importancia primordial,
pues los intereses más esenciales, "decisivos" de las clases
pueden ser satisfechos únicamente por transformaciones
políticas radicales en general; en particular, el interés
económico fundamental del proletariado puede ser
satisfecho únicamente por medio de una revolución
política que sustituya la dictadura de la burguesía por la
dictadura del proletariado. B. Krichevski repite el
razonamiento de los "V. V. de la socialdemocracia rusa"
(la política sigue a la economía, etc.) y de los
bernsteinianos de la alemana (por ejemplo, Woltmann
alegaba precisamente los mismos argumentos para probar
que los obreros, antes de pensar en una revolución política,
debían adquirir una "fuerza económica").

91

¿Qué hacer?
"La socialdemocracia no se ata las manos, no
restringe sus actividades por un plan o un
procedimiento cualesquiera de lucha política fijados
de antemano: admite todos los medios de lucha, con
tal de que correspondan a las fuerzas efectivas del
partido", etc. (Nº 1 de Iskra)156
y la tesis:
"Si no existe una organización fuerte, iniciada en
la lucha política en cualquier circunstancia y
cualquier período, no se puede ni hablar de un plan
de actividad sistemático, basado en principios firmes
y aplicado rigurosamente, único plan que merece el
nombre de táctica" (N° 4 de Iskra)157
Confundir la admisión en principio de todos los
medios de lucha, de todos los planes y
procedimientos, con tal de que sean convenientes,
con la exigencia de guiarse en un momento político
determinado por un plan inflexiblemente aplicado,
cuando se quiera hablar de táctica, equivale a
confundir el hecho de que la medicina reconozca
todos los sistemas terapéuticos con la exigencia de
que en el tratamiento de una enfermedad determinada
se siga siempre un sistema determinado. Pero de lo
que se trata, precisamente, es de que Rab. Dielo, que
padece una enfermedad que hemos llamado culto de
la espontaneidad, no quiere reconocer ningún
"sistema terapéutico" para curar esta enfermedad. Por
eso, ha hecho el notable descubrimiento de que la
"táctica-plan está en contradicción con el espíritu
fundamental del marxismo" (N° 10, pág. 18), que la
táctica es "un proceso de crecimiento de las tareas
del partido, que crecen junto con éste" (pág. 11;
subrayado por R. D.) Esta última sentencia tiene
todas las probabilidades de hacerse célebre, de
convertirse en el monumento imperecedero de la
"tendencia" de Rab. Dielo. A la pregunta "¿A dónde
ir?", este órgano dirigente responde: El movimiento
es un proceso de cambio de distancia entre el punto
de partida y los puntos siguientes del movimiento.
Este pensamiento de incomparable profundidad no
sólo es curioso (si sólo fuera curioso, no valdría la
pena de detenerse particularmente a analizarlo), sino
que representa, además, el programa de toda una
tendencia, a saber: el mismo programa que
Rabóchaya Mysl expresó (en su Suplemento especial)
en los términos siguientes: es deseable la lucha que
es posible y es posible la lucha que se libra en un
momento dado. Esta es precisamente la tendencia del
oportunismo ilimitado, que se adapta en forma pasiva
a la espontaneidad.
"¡La táctica-plan está en contradicción con el
156

Véase V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, pág. 376
(N. de la Edit.)
157
Véase V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 6-7.
(N. de la Edit.).

espíritu fundamental del marxismo!" Pero ¡si esto es
una calumnia contra el marxismo, esto equivale a
convertirlo en la caricatura que los populistas nos
oponían en su guerra, contra nosotros! Esto es
justamente rebajar la iniciativa y la energía de los
militantes conscientes, mientras que el marxismo, por
el contrario, imprime un impulso gigantesco a la
iniciativa y a la energía de los socialdemócratas,
abriendo ante ellos las perspectivas más vastas,
poniendo (si podemos expresarnos de este modo) a
su disposición las potentes fuerzas de millones y
millones de hombres de la clase obrera, que se alza a
la lucha "espontáneamente". Toda la historia de la
socialdemocracia internacional abunda en planes, que
propugna ya uno ya otro jefe político, demostrando la
perspicacia y la justeza de las concepciones políticas
y de organización de los unos o revelando la miopía
y los errores políticos de los otros. Cuando Alemania
atravesó uno de los mayores virajes históricos formación del Imperio, apertura del Reichstag,
concesión del sufragio universal-, Liebknecht tenía
un plan de la política y de la acción en general a
desarrollar por la socialdemocracia, y Schweitzer
tenía otro. Cuando sobre los socialistas alemanes se
abatió la Ley de excepción, Most y Hasselmann,
dispuestos a exhortar pura y simplemente a la
violencia y al terror, tenían un plan, otro tenían
Hochberg, Schramm y (en parte) Bernstein, quienes
se pusieron a predicar a los socialdemócratas,
diciéndoles que, con su insensata violencia y su
revolucionarismo, habían provocado esa ley y que
debían ahora obtener el perdón con una conducta
ejemplar; un tercer plan tenían los que venían
preparando, y llevaron a cabo, la publicación de un
órgano ilegal158. Cuando se lanza una mirada
retrospectiva, muchos años después de terminada la
lucha por la elección de un camino y después de
158

Se refiere al periódico "Der Sozialdemokrat", Órgano
Central del partido Socialdemócrata de Alemania durante
el periodo de vigencia de la Ley de excepción contra los
socialistas. Se editó en Zurich del 28 de septiembre de
1879 al 22 de septiembre de 1888, y en Londres desde el 1
de octubre de 1888 hasta el 27 de septiembre de 1890. En
1870 y 1880, el periódico fue dirigido por G. Vollmar;
desde enero de 1881, por E. Bernstein, que en aquel
entonces estaba muy influido por F. Engels. La dirección
ideológica de Engels garantizaba la orientación marxista
de Der Sozialdemokrat. El ánimo combativo de las masas
obreras de Alemania, que habían superado la confusión
provocada en los primeros momentos por la Ley de
excepción, tuvo gran importancia para la actividad del
periódico. Der Sozialdemokrat, a pesar de incurrir en
algunos errores, defendió firmemente la táctica
revolucionaria y desempeñó un gran papel en la
agrupación y organización de las fuerzas de la
socialdemocracia alemana. Después de la derogación de la
Ley de excepción contra los socialistas, fue suspendido el
periódico. Vorwärts ("Adelante") pasó a ser otra vez el
Órgano Central del partido.

V. I. Lenin

92
haber pronunciado la historia su veredicto sobre la
conveniencia del camino elegido, no es difícil, claro
está, manifestar profundidad de pensamiento
lanzando la sentencia de que las tareas del partido
crecen juntamente con éste. Pero, en un momento de
confusión159, cuando los "críticos" y los
"economistas" rusos rebajan la socialdemocracia al
nivel del tradeunionismo y los terroristas predican
con ardor la adopción de una "táctica-plan" que
repite los viejos errores, limitarse en un momento así
a unos pensamientos profundos de esta índole
significa firmarse uno mismo un "certificado de
pobreza". En un momento en que muchos
socialdemócratas rusos padecen precisamente de
falta de iniciativa y de energía, de falta de "amplitud
en la propaganda, la agitación y la organización
políticas"160, de falta de "planes" para organizar en
forma más vasta la labor revolucionaria; en un
momento así, decir que "la táctica-plan está en
contradicción con el espíritu fundamental del
marxismo" no sólo equivale a envilecer el marxismo
en el sentido teórico, sino, en la práctica, a arrastrar
al partido hacia atrás.
"Un socialdemócrata revolucionario se propone
como tarea -nos alecciona más adelante R. Dieloúnicamente acelerar con su trabajo consciente el
desarrollo objetivo y no suprimirlo o sustituirlo por
planes subjetivos. Teóricamente, Iskra sabe todo
esto. Pero la enorme importancia que el marxismo
atribuye con toda razón a la labor revolucionaria
consciente le lleva, en la práctica, como resultado de
su concepto doctrinario de táctica, a aminorar la
importancia del elemento objetivo o espontáneo del
desarrollo" (pág. 18).
Otra vez la mayor confusión teórica, digna del
señor V. V. y cofradía. Pero desearíamos preguntar a
nuestro filósofo: ¿en qué puede traducirse la
"aminoración" del desarrollo objetivo por parte del
autor de planes subjetivos? Por lo visto, en perder de
vista que este desarrollo objetivo crea o afianza,
hunde o debilita a estas o las otras clases, capas,
grupos, a tales o cuales naciones, grupos de naciones,
etc., condicionando así una u otra agrupación política
internacional de fuerzas, una u otra posición de los
partidos revolucionarios, etc. Pero la falta de tal autor
no consistirá entonces en aminorar el elemento
espontáneo, sino en aminorar, por el contrario, el
elemento consciente, pues lo que no tendrá será la
159

Ein Jahr der Verwirrung ("Un año de confusión") es el
título puesto por Mehring en su Historia de la
socialdemocracia alemana al apartado en que describe los
titubeos y la indecisión que los socialistas manifestaron en
un principio, al elegir la "táctica-plan" que correspondía a
las nuevas condiciones.
160
Del editorial del número 1 de Iskra. (Véase V. I. Lenin,
Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, pág. 374. - N. de la Edit.)

"conciencia" para una comprensión cabal del
desarrollo objetivo. Por eso, ya el solo hecho de
hablar de "apreciación de la importancia relativa"
(subrayado por Rabócheie Dielo) de lo espontáneo y
de lo consciente revela una falta absoluta de
"conciencia". Si ciertos "elementos espontáneos de
desarrollo" son en general accesibles a la conciencia
humana, la apreciación errónea de los mismos
equivaldrá a "aminorar el elemento consciente". Y si
son inaccesibles a la conciencia, no los conocernos y
no podernos hablar de ellos. ¿De qué habla, pues, B.
Krichevski? Si considera erróneos los "planes
subjetivos" de Iskra (y él los declara erróneos),
debería probar qué hechos objetivos no son tenidos
en cuenta por esos planes y acusar a Iskra, por esta
razón, de falta de conciencia, de "aminorar el
elemento consciente", usando su lenguaje. Pero si él,
descontento con los planes subjetivos, no tiene más
argumento que el de invocar la "aminoración del
elemento espontáneo" (!!), lo único que demuestra
con esto es que: 1) en teoría, comprende el marxismo
a lo Karéiev y a lo Mijailovski, suficientemente
puestos en ridículo por Béltov; 2) en la práctica, se
da por satisfecho en absoluto con los "elementos
espontáneos de desarrollo" que arrastraron a nuestros
marxistas legales hacia el bernsteinianismo, y a
nuestros socialdemócratas, hacia el "economismo", y
muestra una "gran indignación" contra quienes se han
decidido a desviar a toda costa la socialdemocracia
rusa del camino del desarrollo "espontáneo".
Y más adelante siguen ya cosas completamente
divertidas. "Así como los hombres, a pesar de todos
los éxitos de las ciencias naturales, seguirán
multiplicándose según los métodos antediluvianos,
del mismo modo la aparición de un nuevo orden de
cosas social, pese a todos los éxitos de las ciencias
sociales y al aumento del número de los combatientes
conscientes, será también en lo sucesivo,
preeminentemente,
resultado
de
explosiones
espontáneas" (pág. 19). Así como la vieja sabiduría
dice: para tener hijos, ¿a quién le faltará la
inteligencia?, la sabiduría de los "socialistas
modernos" (a lo Narciso Tuporílov161) dice: para
participar en la aparición espontánea de un sistema
social nuevo le alcanzará la inteligencia a cualquiera.
Nosotros también creemos que le alcanzará la
inteligencia a cualquiera. Para participar de este
modo, basta con dejarse arrastrar por el
"economismo", cuando reina el "economismo", y por
el terrorismo, cuando el terrorismo ha surgido. Así,
en la primavera de este año, cuando tanta
importancia tenía el prevenir
contra
el
apasionamiento por el terrorismo, Rabócheie Dielo
161

Se trata de la poesía satírica Himno del moderno
socialista ruso, publicada en el número 1 de Zariá (abril
de 1901), firmado por Narciso Tuporiloo, donde Y.
Mártov, su autor, ridiculizó a los "economistas" por su
adaptación al movimiento espontáneo.

¿Qué hacer?
estaba perplejo ante este problema "nuevo" para él. Y
seis meses más tarde, cuando la cuestión ha perdido
actualidad, nos ofrece a un mismo tiempo la
declaración siguiente: "Entendemos que la tarea de la
socialdemocracia no puede ni debe consistir en
contrarrestar el auge del espíritu terrorista"
(Rabócheie Dielo, N° 10 pág. 23) y la resolución del
Congreso: "El Congreso considera inoportuno el
terror agresivo sistemático" (Dos Congresos, pág.
18) ¡qué claridad y congruencia más notable! No lo
contrarrestamos, pero lo declaramos inoportuno; y lo
declaramos de tal manera, que el terror no
sistemático y defensivo no va incluido en la
"resolución". ¡Hay que reconocer que semejante
resolución está a cubierto de todo peligro y queda
garantizada por completo contra los errores, como lo
está un hombre que habla para no decir nada! Y para
redactar semejante resolución, no hacía falta más que
una cosa: saber seguir tras el movimiento
manteniéndose en la cola. Cuando Iskra puso en
ridículo a Rabócheie Dielo por haber declarado que
la cuestión del terror era cuestión nueva162,
Rabócheie Dielo, enfadado, acusó a Iskra de "una
pretensión verdaderamente increíble de imponer a la
organización del partido la solución que a los
problemas de táctica había dado hacía más de 15
años un grupo de escritores emigrados" (pág. 24). En
efecto ¡qué pretensión y qué exageración del
elemento consciente: resolver de antemano los
problemas en teoría, para luego convencer de la
justeza de esa solución tanto a la organización como
al partido y a las masas!163 ¡Otra cosa es repetir
lugares comunes y, sin "imponer" nada a nadie,
someterse a cada "viraje", ya sea hacia el
"economismo", ya sea hacia el terrorismo! Rabócheie
Dielo llega incluso a generalizar este gran precepto
de la experiencia de la vida, acusando a Iskra y Zariá
de "oponer su programa al movimiento, como un
espíritu que se cierne sobre un caos amorfo" (pág.
29). Pero ¿en qué consiste el papel de la
socialdemocracia sino en ser el "espíritu" que no sólo
se cierne sobre el movimiento espontáneo, sino que
eleva a este último al nivel de "su programa"? Pues
no ha de consistir en seguir arrastrándose a la cola
del movimiento, cosa que, en el mejor de los casos,
sería inútil para el movimiento y, en el peor de los
casos, extremadamente nociva. Pero Rabócheie Dielo
no sólo sigue esta "táctica-proceso", sino que la erige
en un principio, de modo que sería más justo llamar a
esta tendencia sequidismo, en vez de llamarla
oportunismo. Hay que reconocer por fuerza que
quienes están firmr-rnents decididos a seguir el
162

Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 7-8.
(N. de la Edit.)
163
No se debe olvidar tampoco que, al resolver "en teoría"
la cuestión del terror, el grupo "Emancipación del
Trabajo" resumió la experiencia del movimiento
revolucionario anterior.

93
movimiento marchando a la cola están asegurados,
en absoluto y para siempre, contra la "aminoración
del elemento espontáneo de desarrollo".
***
Así, pues, hemos podido persuadirnos de que el
error fundamental de la "nueva tendencia" en el seno
de la socialdemocracia rusa consiste en rendir culto a
la espontaneidad, en no comprender que la
espontaneidad de las masas exige de nosotros,
socialdemócratas, una elevada conciencia. Cuanto
más poderoso es el auge espontáneo de las masas,
cuanto más amplio se hace el movimiento, tanto
mayor, incomparablemente mayor, es la rapidez con
que aumenta la necesidad de una elevada conciencia,
tanto en el trabajo teórico de la socialdemocracia,
como en el político y en el de organización.
El movimiento ascensional espontáneo de las
masas, en Rusia, ha sido (y sigue siendo) tan rápido,
que la juventud socialdemócrata ha resultado poco
preparada para cumplir esas gigantescas tareas. Esta
falta de preparación es nuestra desgracia común, la
desgracia de todos los socialdemócratas rusos. El
auge de las masas se ha producido y se ha extendido
en forma ininterrumpida y continua, y no sólo no ha
cesado donde había comenzado, sino que se ha
propagado a nuevas localidades y a nuevos sectores
de la población (bajo la influencia del movimiento
obrero, se ha reanimado la efervescencia entre la
juventud estudiantil, entre los intelectuales en
general, hasta entre los campesinos). Pero los
revolucionarios se han rezagado de este movimiento
ascensional, tanto en sus "teorías" como en su
actividad, no han logrado crear una organización
permanente que funcione sin solución de
continuidad, capaz de dirigir todo el movimiento.
En el primer capítulo hemos hecho constar que
Rabócheie Dielo rebaja nuestras tareas teóricas y
repite "espontáneamente" el grito de moda: "libertad
de crítica"; los que lo repiten no han tenido la
"conciencia" suficiente para comprender que son
diametralmente opuestas las posiciones de los
"críticos" oportunistas y las de los revolucionarios en
Alemania y en Rusia.
En los capítulos siguientes examinaremos cómo
se ha manifestado el culto de la espontaneidad en el
terreno de las tareas políticas, así como en la labor de
organización de la socialdemocracia.
III. Política tradeunionista y política
socialdemócrata
Comenzaremos una vez más con un elogio a
Rabócheie Dielo. Literatura de denuncias y lucha
proletaria es el título con que Martínov encabeza, en
el número 10 de Rabócheie Dielo, un artículo sobre
las discrepancias con Iskra. "No podemos
circunscribirnos a denunciar el estado de cosas que
entorpece su desarrollo (el del partido obrero).
Debemos también hacernos eco de los intereses

V. I. Lenin

94
inmediatos y cotidianos del proletariado" (pág. 63).
Así formulaba Martínov el fondo de esas
divergencias. "...Iskra... es de hecho el órgano de la
oposición revolucionaria, que denuncia el estado de
cosas reinante en nuestro país y, con preferencia, el
estado de cosas político... En cambio, nosotros
trabajamos y seguiremos trabajando por la causa
obrera, en estrecho contacto orgánico con la lucha
proletaria" (ibíd.) Fuerza es agradecer a Martínov
esta formulación. Adquiere un destacado interés
general, porque, en el fondo, no sólo abarca nuestras
discrepancias con Rabócheie Dielo, sino también, en
general, todas las discrepancias entre nosotros y los
"economistas" en lo que a la lucha política se refiere.
Hemos demostrado ya que los "economistas" no
niegan en absoluto la "política", sino que tan sólo se
desvían
constantemente de
la concepción
socialdemócrata hacia la concepción tradeunionista
de la política. Exactamente igual se desvía Martínov,
y por eso consentimos en tomarlo como espécimen
de las aberraciones economistas en esta cuestión.
Trataremos de demostrar que nadie podrá echarnos
en cara esta elección: ni los autores del Suplemento
especial de "Rabóchaya Mysl”, ni los autores de la
proclama del "Grupo de autoemancipación", ni los
autores de la carta "economista" publicada en el
número 12 de Iskra.
a) La agitación política y su restricción por los
economistas
De todos es sabido que la lucha económica164 de
los obreros rusos se extendió en vasta escala y se
afianzó paralelamente a la aparición de la "literatura"
de las denuncias económicas (concernientes a las
fábricas y a los oficios). El contenido principal de las
"octavillas" consistía en denunciar el orden de cosas
existente en las fábricas, y entre los obreros pronto se
produjo un verdadero apasionamiento por estas
denuncias. En cuanto los obreros vieron que los
círculos de los socialdemócratas querían y podían
proporcionarles hojas de nuevo tipo que les decían
toda la verdad sobre su vida miserable, sobre su
trabajo increíblemente penoso y sobre su situación de
parias, comenzaron a llover, por decirlo así, cartas de
las fábricas y de los talleres. Esta "literatura de
denuncias" produjo una enorme sensación, no sólo en
las fábricas cuyo estado de cosas fustigaba, sino en
todas las fábricas adonde llegaban noticias de los
hechos denunciados. Y puesto que las necesidades y
los padecimientos de los obreros de distintas
empresas y de diferentes oficios tienen mucho de
164

Con el fin de evitar interpretaciones erróneas, hacemos
notar que en la exposición que sigue entendemos por lucha
económica (según el uso establecido entre nosotros) la
"lucha económica práctica", que Engels llamó, en la cita
arriba insertada, "resistencia a los capitalistas" y que en los
países libres se llama lucha gremial, sindical o
tradeunionista.

común, la "verdad sobre la vida obrera"
entusiasmaba a todos. Entre los obreros más
atrasados se desarrolló una verdadera pasión "por
aparecer en letras de molde", pasión noble por esta
forma embrionaria de guerra contra todo el orden
social moderno, basado en el pillaje y en la opresión.
Y las "octavillas", en la inmensa mayoría de los
casos, eran de hecho una declaración de guerra,
porque la denuncia ejercía una acción terriblemente
excitante, movía a todos los obreros a reclamar que
se pusiera fin a los escándalos más flagrantes y los
disponía a sostener sus reivindicaciones por medio de
huelgas. Los mismos fabricantes tuvieron, en fin de
cuentas, que reconocer hasta tal punto la importancia
de las octavillas como declaración de guerra, que
muy a menudo ni siquiera querían aguardar a la
guerra. Las denuncias, como ocurre siempre,
producían gran efecto por el mero hecho de su
aparición, adquiriendo el valor de una poderosa
presión moral. Más de una vez bastó con que
apareciera una octavilla para que las reivindicaciones
quedaran satisfechas entera o parcialmente. En una
palabra, las denuncias económicas (de las fábricas)
han sido y siguen siendo un resorte importante de la
lucha económica. Y seguirán conservando esta
importancia mientras subsista el capitalismo, que
engendra necesariamente la autodefensa de los
obreros. En los países europeos más adelantados se
puede observar, incluso hoy, cómo denuncias de
escándalos que ocurren en alguna "industria
artesana" en un punto remoto o en alguna rama de
trabajo a domicilio, olvidada de todos, se convierten
en punto de partida para despertar la conciencia de
clase, para iniciar la lucha sindical y la difusión del
socialismo165.
La inmensa mayoría de los socialdemócratas
rusos ha estado, durante los últimos tiempos, casi
enteramente absorbida por ese trabajo de
organización de las denuncias en las fábricas. Baste
165

En el presente capítulo hablamos únicamente de la
lucha política, de su concepto más amplio o más
restringido. Por eso, señalaremos sólo de paso, como un
simple hecho curioso, la acusación lanzada por Rabócheie
Dielo contra Iskra de "abstención excesiva" en punto a la
lucha económica. (Dos Congresos, pág. 27; rumiada por
Martínov en su folleto La socialdemocracia y la clase
obrera.) Si los señores acusadores midieran en puds o en
pliegos de imprenta (como gustan de hacerlo) la sección
de Iskra dedicada a la lucha económica durante el año y la
compararan con la misma sección de R. Dielo y R. Mysl
juntos, verían en seguida que, incluso en este sentido,
están atrasados. Es evidente que la conciencia de esta
sencilla verdad les fuerza a recurrir a argumentos que
demuestran a las claras su confusión. Iskra -escriben-,
"quiéralo o no (!), tiene (!) que tomar en consideración las
exigencias imperiosas de la vida y publicar, cuando menos
(!!), cartas sobre el movimiento obrero" (Dos Congresos,
pág. 27). ¡Este sí que es un argumento que nos deja
verdaderamente aniquilados!

95

¿Qué hacer?
recordar el caso de Rab. Mysl para ver hasta qué
punto había negado esa absorción, cómo se había
llegado a olvidar que esa actividad por sí sola no era
aún, en el fondo, socialdemócrata, sino solamente
tradeunionista. En realidad, las denuncias no se
referían más que a las relaciones de los obreros de un
oficio determinado con sus patronos respectivos, y el
único objetivo que lograban era que los vendedores
de la fuerza de trabajo aprendieran a vender esa
"mercancía" con mayores ventajas a luchar contra los
compradores en el terreno de transacciones
puramente comerciales. Estas denuncias podrían
convertirse (a condición de que la organización de
los revolucionarios las utilizase en cierto grado) en
punto de partida y elemento integrante de la actividad
socialdemócrata, pero asimismo podían conducir (y,
con el culto de la espontaneidad, tenían que conducir
por fuerza) a la lucha "exclusivamente sindical" y a
un movimiento obrero no socialdemócrata. La
socialdemocracia dirige la lucha de la clase obrera no
sólo para obtener condiciones ventajosas de venta de
la fuerza de trabajo, sino para que sea destruido el
régimen social que obliga a los desposeídos a
venderse a los ricos. La socialdemocracia representa
a la clase obrera no sólo en su relación con un grupo
determinado de patronos, sino en sus relaciones con
todas las clases de la sociedad contemporánea, con el
Estado como fuerza política organizada. Se
comprende, por tanto, que los socialdemócratas no
sólo no pueden circunscribirse a la lucha económica,
sino que ni siquiera pueden admitir que la
organización de las denuncias económicas constituya
su actividad predominante. Debemos emprender
activamente la labor de educación política de la clase
obrera, de desarrollo de su conciencia política. Hoy
día, después de la primera acometida de Zariá e Iskra
contra el "economismo", "todo el mundo está de
acuerdo" con eso (si bien hay algunos que lo están
sólo de palabra, como veremos en seguida).
Cabe preguntar en qué debe consistir la educación
política. ¿Es posible limitarse a la propaganda de la
idea de que la clase obrera es hostil a la autocracia?
Naturalmente que no. No basta explicar la opresión
política de que son objeto los obreros (de la misma
manera que no bastaba explicarles el antagonismo
entre sus intereses y los de los patronos). Es
necesario hacer agitación con motivo de cada
manifestación concreta de esa opresión (como
comenzamos a hacerla con motivo de las
manifestaciones concretas de opresión económica). Y
puesto que las más diversas clases de la sociedad son
víctimas de esta opresión, puesto que se manifiesta
en los más diferentes aspectos de la vida y de la
actividad sindical, cívica, personal, familiar,
religiosa, científica, etc., ¿no es evidente que no
cumpliríamos nuestra misión de desarrollar la
conciencia política de los obreros si no nos
comprometiéramos a organizar una campaña de

denuncias políticas de la autocracia en todos los
aspectos? Porque, para hacer agitación con motivo de
las manifestaciones, concretas de la opresión, es
preciso denunciar esas manifestaciones (lo mismo
que para hacer la agitación económica, era necesario
denunciar los abusos cometidos en las fábricas).
Se diría que la cosa está clara. Pero aquí,
precisamente, es donde resulta que sólo de palabra
está "todo el mundo" de acuerdo en cuanto a la
necesidad de desarrollar la conciencia política en
todos sus aspectos. Aquí, precisamente, es donde
resulta que Rabócheie Dielo, por ejemplo, no sólo no
ha emprendido la labor de organizar denuncias
políticas en todos los aspectos (o comenzar su
organización), sino que se ha puesto a arrastrar
hacia atrás también a Iskra, que había iniciado esa
tarea. Oíd: "La lucha política de la clase obrera es
sólo" (precisamente, no es sólo) "la forma más
desarrollada, más amplia y efectiva de la lucha
económica" (programa de Rabócheie Dielo: véase su
número 1, pág. 3). "En el presente, ante los
socialdemócratas se plantea la tarea de imprimir a la
lucha económica misma, en lo posible, un carácter
político" (Martínov en el número 10, pág. 42). "La
lucha económica es el medio más ampliamente
aplicable para incorporar a las masas a la lucha
política activa" (Resolución del Congreso de la
Unión y "enmiendas"; véase Dos Congresos, págs.
11 y 17). Como ve el lector, todas estas tesis
impregnan a Rabócheie Dielo desde su aparición
hasta las últimas "instrucciones a la redacción", y
todas ellas expresan, evidentemente, un mismo
concepto de la agitación y de la lucha políticas.
Analizad, pues, este concepto desde el punto de vista
del criterio, que domina entre todos los
"economistas", de que la agitación política debe
seguir a la económica. ¿Será cierto que la lucha
económica es, en general166, "el medio más
ampliamente aplicable" para incorporar a las masas a
la lucha política? Eso es falso de arriba abajo.
Medios no menos "ampliamente aplicables" para tal
"incorporación" son todas las manifestaciones de la
opresión policíaca y de los desmanes de la
autocracia, y de ningún modo tan sólo las
166

Decimos "en general", porque en Rab. Dielo se trata
precisamente de los principios generales y de las tareas
generales del partido entero. No cabe duda de que en la
práctica se dan casos en que la política debe efectivamente
seguir a la economía, pero sólo los "economistas" pueden
decir esto en una resolución destinada a toda Rusia. Pues
hay también casos en que "desde el comienzo mismo" se
puede llevar a cabo la agitación política "únicamente en el
terreno económico", y, no obstante, Rab. Dielo ha llegado,
por fin, a la conclusión de que "no hay ninguna necesidad"
de ello (Dos Congresos, pág. 11). En el capítulo siguiente
señalaremos que la táctica de los "políticos" y de los
revolucionarios, lejos de desconocer las tareas
tradeunionistas de la socialdemocracia, es, por el contrario,
la única que asegura su realización consecuente.

V. I. Lenin

96
manifestaciones ligadas a la lucha económica. ¿Por
qué los zemskie nachálniki167 y los castigos
corporales de que son objeto los campesinos, las
concusiones de los funcionarios y el trato que la
policía da a la "plebe" de las ciudades, la lucha contra
los hambrientos y la persecución de los deseos de
ilustración y de saber que siente el pueblo, la
exacción de tributos y la persecución de las sectas
religiosas, la dura disciplina del palo impuesta a los
soldados y el trato cuartelero que reciben los
estudiantes y los intelectuales liberales; ¿por qué
todas estas manifestaciones de opresión, así como
miles de manifestaciones análogas, que no guardan
una relación directa con la lucha "económica", han de
representar en general medios y motivos menos
"ampliamente aplicables" para la agitación política,
para incorporar a las masas a la lucha política?
Justamente al revés: en la suma total de los casos
cotidianos en que el obrero sufre (él mismo y las
personas allegadas a él) falta de derechos,
arbitrariedad y violencia, es indudable que sólo
constituyen una pequeña minoría los casos de
opresión policíaca en el terreno de la lucha sindical.
¿Para qué, pues, restringir de antemano la amplitud
de la agitación política, declarando el "más
ampliamente aplicable" sólo uno de los medios, al
lado del cual, para un socialdemócrata, deben
hallarse otros que, hablando en general, no son
menos "ampliamente aplicables"?
En tiempos muy, muy remotos (¡hace un año!...),
Rabócheie Dielo decía: "Las reivindicaciones
políticas inmediatas se hacen asequibles a las masas
después de una huelga o, a lo sumo, de varias
huelgas", "en cuanto el gobierno emplea la policía y
la gendarmería" (N° 7, pág. 15, agosto de 1900).
Ahora, esta teoría oportunista de las fases ha sido ya
rechazada por la Unión, que nos hace una concesión,
declarando: "no hay ninguna necesidad de desarrollar
desde el comienzo mismo la agitación política
exclusivamente sobre el terreno económico" (Dos
Congresos, pág. 11). ¡El futuro historiador de la
socialdemocracia rusa, por este solo hecho de que la
"Unión" repudie una parte de sus viejos errores, verá,
mejor que por los más largos razonamientos, hasta
qué punto han envilecido el socialismo nuestros
"economistas"! Pero ¡qué ingenuidad la de la Unión
al figurarse que, a cambio de esta renuncia a una
forma de restricción de la política, podía llevársenos
a consentir la otra forma de restricción! ¿No hubiera
167

Zemskie nachálniki. En 1899, con el propósito de
incrementar el poder de los terratenientes sobre los
campesinos, el gobierno zarista instituyó el cargo
administrativo de zemski nachálnik. Los zemskie
nachálniki eran designados entre los terratenientes nobles
de cada lugar y tenían enormes atribuciones
administrativas y judiciales sobre los campesinos incluido
el derecho a encarcelarlos y someterlos a castigos
corporales.

sido acaso más lógico decir, también aquí, que se
debe desarrollar lo más ampliamente posible la lucha
económica, que es preciso utilizarla siempre para la
agitación política, pero que "no hay ninguna
necesidad" de considerar la lucha económica como el
medio más ampliamente aplicable para incorporar a
las masas a una lucha política activa?
La Unión atribuye importancia al hecho de haber
reemplazado por las palabras "el medio más
ampliamente aplicable" la expresión "el mejor
medio", que figura en la resolución correspondiente
del IV Congreso de la Unión Obrera Hebrea
(Bund)168. Por cierto que nos veríamos en un aprieto
si tuviésemos que decir cuál de estas dos
resoluciones es mejor: a nuestro juicio, las dos son
peores. Tanto la Unión como el Bund se desvían en
este caso (en parte, quizás hasta inconscientemente,
168

La "Unión General Obrera Hebrea de Lituania,
Polonia y Rusia" (Bund) fue organizada en 1897 en el
Congreso constituyente de los grupos socialdemócratas
hebreos, celebrado en Vilno; agrupaba preferentemente a
los elementos semiproletarios de los artesanos hebreos de
las regiones occidentales de Rusia. En el I Congreso del
POSDR (1898), el Bund ingresó en el partido "como una
organización autónoma, independiente únicamente en las
cuestiones especiales referentes al proletariado hebreo" (El
PCUS en las resoluciones y acuerdos de los Congresos y
Conferencias y de los Plenos del CC, 7a ed. en ruso, parte
1, pág. 14).
El Bund fue el portador del nacionalismo y el separatismo
en el movimiento obrero de Rusia y mantuvo posiciones
oportunistas
en
importantísimas
cuestiones
del
movimiento socialdemócrata. En el II Congreso del
POSDR los bundistas exigieron que se reconociese al
Bund como único representante del proletariado hebreo.
Después de que el Congreso rechazó estas pretensiones, el
Bund abandonó el partido. En 1906, de acuerdo con la
decisión del IV Congreso (de Unificación), el Bund volvió
a ingresar en el POSDR.
En el seno del POSDR los bundistas apoyaron
constantemente al ala oportunista del partido
("economistas", mencheviques, liquidadores) y lucharon
contra los bolcheviques y el bolchevismo. A la
reivindicación programática de los bolcheviques sobre el
derecho de las naciones a la autodeterminación, el Bund
oponía la reivindicación de la autonomía cultural-nacional.
En los años de la reacción stolypiniana, el Bund mantuvo
una posición liquidacionista y participó activamente en la
creación del Bloque de Agosto antipartido. Durante la
primera guerra mundial (1914-1918), los bundistas
mantuvieron posiciones socialchovinistas. En 1917, el
Bund apoyó al gobierno provisional contrarrevolucionario
y luchó al lado de los enemigos de la Gran Revolución
Socialista de Octubre. Durante la intervención armada
extranjera y la guerra civil, los dirigentes bundistas se
adhirieron a las fuerzas de la contrarrevolución. Al mismo
tiempo, entre los miembros de filas del Bund se inició un
viraje hacia la colaboración con el Poder soviético. En
marzo de 1921, el Bund se autodisolvió, y parte de sus
miembros ingresó, de acuerdo con las condiciones
generales, en el PC(b) de Rusia.

97

¿Qué hacer?
bajo la influencia de la tradición) hacia una
interpretación economista, tradeunionista, de la
política. En el fondo, la cosa no cambia en nada con
que esta interpretación se haga empleando la
denominación "el mejor" o con que se emplee la
expresión: "el más ampliamente aplicable". Si la
Unión dijera que la "agitación política sobre el
terreno económico" es el medio más ampliamente
aplicado (y no "aplicable"), tendría razón con
respecto a cierto período del desarrollo de nuestro
movimiento socialdemócrata. A saber: tendría razón
precisamente con respecto a los "economistas", con
respecto a muchos militantes prácticos (si no a la
mayoría de ellos) de 1898 a 1901, puesto que esos
militantes prácticos-"economistas", en efecto,
aplicaron la agitación política (¡en el grado en que,
en general, la practicaban!) casi exclusivamente al
terreno económico. ¡Semejante agitación política era
aceptada y hasta recomendada, como hemos visto,
tanto por Rab. Mysl como por el "Grupo de
autoemancipación"! Rab. Dielo debiera haber
condenado resueltamente el hecho de que la obra útil
de agitación económica fuera acompañada de una
restricción nociva de la lucha política: pero, en vez
de hacerlo, declara que ¡el medio más aplicado (por
los "economistas") es el medio más aplicable! No es
de extrañar que estas gentes, cuando las tildamos de
"economistas", no encuentren otra salida que
insultarnos a más no poder, llamándonos
"mixtificadores", "desorganizadores", "nuncios del
papa", "calumniadores"169, llorar ante todo el mundo
diciendo que les hemos inferido una afrenta
sangrante; declarar casi bajo juramento que "ni una
sola organización socialdemócrata peca hoy día de
"economismo"170. ¡Ah, esos calumniadores, esos
hombres malos, esos políticos! ¿No habrán inventado
a propósito todo el "economismo" para inferir a la
gente, por simple odio a la humanidad, afrentas
sangrantes?
¿Qué sentido concreto, real, tiene, en labios de
Martínov, el hecho de plantear ante la
socialdemocracia la tarea de "imprimir a la lucha
económica misma un carácter político"? La lucha
económica es la lucha colectiva de los obreros contra
los patronos por conseguir condiciones ventajosas de
venta de la fuerza de trabajo por mejorar las
condiciones de trabajo y de vida de los obreros. Esta
lucha es, necesariamente, una lucha profesional,
porque las condiciones de trabajo son en extremo
variadas en los distintos oficios y, por lo tanto, la
lucha por la mejora de estas condiciones tiene que
hacerse forzosamente por oficios (por los sindicatos
en Occidente, por asociaciones profesionales de
carácter provisional y por medio de octavillas en
Rusia, etc.). Imprimir a la "lucha económica misma
169

Así se expresa literalmente el folleto Dos Congresos,
págs. 31, 32, 28 y 30.
170
Dos Congresos, pág. 32.

un carácter político" significa, por tanto, procurar la
consecución de esas mismas reivindicaciones
profesionales, de ese mismo mejoramiento de las
condiciones de trabajo en los oficios por medio de
"medidas legislativas y administrativas" (según se
expresa Martínov en la página siguiente, 43, de su
artículo). Es justamente lo que siempre hacen y han
hecho todos los sindicatos obreros. Ojead la obra de
los esposos Webb, verdaderos eruditos (y
"verdaderos" oportunistas), y veréis que los
sindicatos obreros ingleses, desde hace ya mucho
tiempo, han comprendido y cumplen la tarea de
"imprimir a la lucha económica misma un carácter
político"; desde hace mucho tiempo, luchan por la
libertad de huelga, por la supresión de todos los
obstáculos jurídicos que se oponen al movimiento
cooperativo y sindical, por la promulgación de leyes
de protección de la mujer y del niño, por mejorar las
condiciones de trabajo mediante una legislación
sanitaria e industrial, etc.
¡Así, pues, la frase pomposa de "imprimir a la
lucha económica misma un carácter político", que
suena "terriblemente" profunda y revolucionaria,
oculta, en el fondo, la tendencia tradicional a rebajar
la política socialdemócrata al nivel de la política
tradeunionista! So pretexto de rectificar la
unilateralidad de Iskra, que considera más importante
-habéis de saberlo- "revolucionar el dogma que
revolucionar la vida"171, nos ofrecen como algo
nuevo la lucha por las reformas económicas. En
efecto, la frase "imprimir a la lucha económica
misma un carácter político", no tiene en absoluto
ningún otro contenido que la lucha por las reformas
económicas. Y el mismo Martínov habría podido
llegar a esta conclusión simplona, si hubiese
meditado debidamente en la significación de sus
propias palabras. "Nuestro partido -dice, dirigiendo
su artillería más pesada contra Iskra- podría y debería
plantear ante el gobierno reivindicaciones concretas
de medidas legislativas y administrativas contra la
explotación económica, contra el paro forzoso, contra
el hambre, etc." (Rabócheie Dielo, N° 10, págs. 4243). Reivindicar medidas concretas ¿no es acaso
reclamar reformas sociales? Y preguntamos una vez
más a los lectores imparciales si calumniamos a los
rabochedieletitsi172 (¡que se me perdone este poco
feliz vocablo en boga!) al calificarlos de
bernsteinianos velados, cuando ellos lanzan, como
discrepancia con Iskra, la tesis sobre la necesidad de
la lucha por reformas económicas.
171

Rabócheie Dielo, Nº 10, pág. 60. Así aplica Martinov al
caótico estado actual de nuestro movimiento la tesis: "cada
paso de movimiento real es más importante que una
docena de programas", aplicación que hemos analizado ya
más arriba. En el fondo, esto no es sino una traducción al
ruso de la célebre frase de Bernstein "el movimiento lo es
todo; el objetivo final nada".
172
Partidarios de Rabócheie Dielo. (N. de la Edit.)

V. I. Lenin

98
La socialdemocracia revolucionaria siempre ha
incluido y sigue incluyendo en la órbita de sus
actividades la lucha por las reformas. Pero utiliza la
agitación "económica" no sólo para reclamar del
gobierno toda clase de medidas, sino también (y en
primer término) para exigir que deje de ser un
gobierno autocrático. Además, considera su deber
presentar al gobierno esta exigencia no sólo sobre el
terreno de la lucha económica, sino también sobre el
terreno de todas las manifestaciones en general de la
vida social y política. En una palabra, como la parte
al todo, subordina la lucha por las reformas a la lucha
revolucionaria por la libertad y el socialismo. En
cambio, Martínov resucita en una forma distinta la
teoría de las fases, tratando de prescribir
infaliblemente la vía económica, por decirlo así, del
desarrollo de la lucha política. Propugnando en un
momento de ascenso revolucionario como una
pretendida "tarea" especial la lucha por reformas,
arrastra con ello al partido hacia atrás y hace el juego
al oportunismo "economista" y liberal.
Prosigamos. Después de ocultar púdicamente la
lucha por las reformas tras la pomposa tesis de
"imprimir a la lucha económica misma un carácter
político", Martínov presenta como algo particular
únicamente las reformas económicas (y hasta sólo
las reformas en la vida fabril). No sabemos por qué
lo ha hecho. ¿Tal vez por descuido? Pero si no
hubiera tenido en cuenta más que las reformas
"fabriles", su tesis entera, que acabamos de exponer,
perdería todo sentido. ¿Tal vez porque estima posible
y probable que el gobierno haga "concesiones" sólo
en el terreno económico?173 De ser así, resultaría un
error extraño: las concesiones son posibles y son
hechas también en el terreno de la legislación sobre
castigos corporales, pasaportes, pagos de rescate,
sectas, censura, etc., etc. Las concesiones
"económicas" (o seudoconcesiones) son, se entiende,
las más baratas y las más ventajosas para el gobierno,
pues espera ganarse con ellas la confianza de las
masas obreras. Pero, por eso mismo, nosotros, los
socialdemócratas, no debemos de ningún modo y
absolutamente por ningún motivo dar lugar a la
opinión (o a la equivocación) de que apreciamos más
las reformas económicas, de que justamente estas
reformas las consideramos de particular importancia,
etc. "Estas reivindicaciones -dice Martínov con
respecto a las reivindicaciones concretas de medidas
legislativas y administrativas de que habla más
arriba- no serían un simple gesto, puesto que, al
prometer ciertos resultados tangibles, podrían ser
apoyadas activamente por la masa obrera"... No
somos "economistas", ¡oh, no! ¡Únicamente nos
173

Pág. 43: "Desde luego, si recomendamos a los obreros
que formulen ciertas reivindicaciones económicas al
gobierno, lo hacemos porque en el terreno económico el
gobierno autocrático está dispuesto, por necesidad, a hacer
ciertas concesiones".

arrastramos a los pies de la "tangibilidad" de
resultados concretos, con tanto servilismo como lo
hacen los señores Bernstein, Prokopóvich, Struve, R.
M. y tutti quanti! ¡Únicamente damos a entender
(con Narciso Tuporílov) que todo lo que no "promete
resultados tangibles" es un "simple gesto"! ¡No
hacemos sino expresarnos como si la masa obrera no
fuese capaz (y como si no hubiese demostrado su
capacidad, pese a todos los que cargan sobre aquélla
su propio filisteísmo) de apoyar activamente toda
protesta contra la autocracia, incluso la que no le
promete absolutamente ningún resultado tangible!
Tomemos aunque más no sea esos mismos
ejemplos citados por el propio Martínov sobre las
"medidas" contra el paro forzoso y el hambre.
Mientras Rabócheie Dielo se ocupa, según promete,
de elaborar y desarrollar "reivindicaciones concretas
(¿en forma de proyectos de ley?) de medidas
legislativas y administrativas", que "prometan
resultados tangibles", Iskra, "que considera siempre
más importante revolucionar el dogma que
revolucionar la vida", ha tratado de explicar el nexo
que une íntimamente el paro forzoso a todo el
régimen capitalista, advirtiendo que "viene el
hambre", denunciando "la lucha de la policía contra
los hambrientos", así como el escandaloso
"reglamento provisional de tipo inquisitorial", y
Zariá ha publicado como folleto de agitación la parte
de su Revista de la vida interior174 dedicada al
hambre. Pero, Dios mío, ¡qué "unilaterales" han sido
esos ortodoxos incorregiblemente estrechos, esos
dogmáticos, sordos a los imperativos de la "vida
misma"! ¡Ni uno solo de sus artículos ha contenido ¡qué horror!- ni una sola, fijaos bien, ni siquiera una
sola "reivindicación concreta" que "prometa
resultados tangibles"! ¡Desgraciados dogmáticos!
Habría que llevarlos a aprender con los Krichevski y
los Martínov, para que se convencieran de que la
táctica es el proceso del crecimiento, de lo que crece,
etc., y que es necesario imprimir a la lucha
económica misma un carácter político.
"La lucha económica de los obreros contra los
patronos y el gobierno (¡¡"lucha económica contra el
gobierno"!!), además de su directo significado
revolucionario, tiene también el de llevar de continuo
a los obreros a pensar en su privación de derechos
políticos" (Martínov pág. 44). Hemos insertado esta
cita, no para repetir por centésima o milésima vez lo
que ya hemos dicho más arriba, sino para agradecer
de manera especial a Martínov esta nueva y excelente
formulación: "La lucha económica de los obreros
contra los patronos y el gobierno". ¡Formidable! Con
qué inimitable talento, con qué magistral eliminación
de todas las discrepancias parciales y diferencias de
matices entre los "economistas" tenemos aquí
174

Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso t. 5, págs. 297319. (N. de la Edit.)

¿Qué hacer?
expresada, en una exposición concisa y clara, toda la
esencia del "economismo", comenzando por llamar a
los obreros a la "lucha política en aras del interés
general, para mejorar la situación de todos los
obreros"175, continuando luego con la teoría de las
fases y terminando con la resolución del Congreso
sobre el medio "más ampliamente aplicable", etc. "La
lucha económica contra el gobierno" es precisamente
política tradeunionista, que está a una distancia muy
grande, pero que muy grande, de la política
socialdemócrata.
b) De como Martinov ha profundizado a
Plejanov
"¡Cuántos Lomonósov socialdemócratas han
aparecido estos últimos tiempos en nuestro país!",
observó cierto día un camarada, refiriéndose a la
asombrosa inclinación por la que mucha gente
propensa
al
"economismo"
quiere
llegar
indefectiblemente por "su propia inteligencia" a las
grandes verdades (por el estilo de aquello de que la
lucha económica hace pensar a los obreros en su falta
de derecho) desconociendo, con un desdén magnífico
de genios autodidactas, todo cuanto ya ha dado el
desarrollo anterior del pensamiento revolucionario y
del movimiento revolucionario. Un genio de esta
índole es precisamente Lomonósov-Martínov. Ojead
su artículo Problemas del día y veréis cómo se
aproxima, con "su propia inteligencia", a cosas que
hace ya mucho había expuesto Axelrod (acerca del
cual nuestro Lomonósov guarda, naturalmente, un
silencio absoluto); cómo empieza, por ejemplo, a
comprender que no podemos pasar por alto la
oposición de tales o cuales capas de la burguesía
(Rabócheie Dielo, N° 9, págs. 61, 62, 71; comparad
con la Respuesta de la Redacción de Rabócheie Dielo
a Axelrod, págs. 22, 23, 24), etc. Pero -¡oh!- sólo "se
aproxima" y sólo "empieza", nada más; pues, a pesar
de todo, hasta tal punto no ha comprendido aún las
ideas de Axelrod, que habla de "lucha económica
contra los patronos y el gobierno". En el curso de tres
años (de 1898 a ,1901), Rabócheie Dielo venía
acumulando fuerzas para comprender a Axelrod, y no
obstante, ¡no lo ha comprendido! ¿Tal vez esto
ocurre también porque la socialdemocracia, "lo
mismo que la humanidad", siempre se plantea
únicamente tareas realizables?
Pero no sólo se distinguen los Lomonósov por
ignorar mucho (¡ésta sería una desgracia a medias!),
sino también por no percatarse de su ignorancia. Esto
ya es una verdadera desgracia, y esta desgracia es la
que los mueve sin más a emprender la labor de
"profundizar" a Plejánov.
"Desde que Plejánov escribió el opúsculo citado
(Sobre las tareas de los socialistas en la lucha contra
175

Rabóchaya Mysl, "Suplemento especial", pág. 14.

99
el hambre en Rusia), ha corrido mucha agua bajo los
puentes
-cuenta
Lomonósov-Martínov-.
Los
socialdemócratas, que en el transcurso de 10 años
han dirigido la lucha económica de la clase obrera...,
no han tenido aún tiempo de ofrecer una amplia
fundamentación teórica de la táctica del partido. En
la actualidad, esta cuestión ha madurado, y, si
quisiéramos ofrecer una fundamentación teórica de
esta índole, nos veríamos, sin duda, precisados a
profundizar considerablemente los principios tácticos
desarrollados en su tiempo por Plejánov... Nos
veríamos, ahora, precisados a definir la diferencia
entre propaganda y agitación de una manera distinta
a la establecida por Plejánov" (Martínov acaba de
citar las palabras de Plejánov: "El propagandista
inculca muchas ideas a una sola persona o a un
pequeño número de personas, mientras que el
agitador inculca una sola idea o un pequeño número
de ideas, pero, en cambio, las inculca a toda una
masa de personas"). "Por propaganda entenderíamos
la explicación revolucionaria de todo el régimen
actual o de sus manifestaciones parciales,
indiferentemente de si ello se hace en forma
accesible para algunas personas tan sólo o para las
grandes masas. Por agitación, en el sentido estricto
de la palabra (¡sic!), entenderíamos el llamamiento
dirigido a las masas para ciertas acciones concretas,
el contribuir a la intervención revolucionaria directa
del proletariado en la vida social".
Felicitamos a la socialdemocracia rusa -así como
a la internacional- por esta nueva terminología
martinoviana, más rigurosa y más profunda. Hasta
ahora creíamos (con Plejánov y con todos los jefes
del movimiento obrero internacional) que un
propagandista, si trata, por ejemplo, la cuestión del
paro forzoso, debe explicar la naturaleza capitalista
de las crisis, señalar la causa de la inevitabilidad de
las mismas en la sociedad actual, indicar la necesidad
de transformar la sociedad capitalista en socialista,
etc. En una palabra, debe ofrecer "muchas ideas",
tantas, que todas esas ideas, en su conjunto, podrán
ser asimiladas en el acto sólo por pocas
(relativamente) personas. En cambio, el agitador, al
hablar de esta misma cuestión, tomará un ejemplo, el
más destacado y más conocido de su auditorio pongamos por caso, el de una familia de parados
muerta de inanición, el aumento de la miseria, etc.- y,
aprovechando este hecho conocido de todos y cada
uno, dirigirá todos sus esfuerzos a inculcar a las
"masas" una sola idea: la idea de lo absurdo de la
contradicción entre el incremento de la riqueza y el
aumento de la miseria; tratará de despertar en la
masa el descontento y la indignación contra esta
flagrante injusticia, dejando al propagandista la
explicación completa de esta contradicción. Por eso,
el propagandista procede, principalmente, por medio
de la palabra impresa, mientras que el agitador actúa

100
de viva voz. Al propagandista se le exigen cualidades
distintas que al agitador. Así, llamaremos
propagandistas a Kautsky y a Lafargue; agitadores, a
Bebel y Guesde. Y establecer un tercer terreno o
tercera función de actividad práctica, involucrando
en esta función el "llamamiento dirigido a las masas
para ciertas acciones concretas", es el desatino más
grande, pues el "llamamiento", como acto aislado, o
bien es un complemento natural e inevitable del
tratado teórico, del folleto de propaganda y del
discurso de agitación, o bien constituye una función
netamente ejecutiva. En efecto, tomemos, por
ejemplo, la lucha actual de los socialdemócratas
alemanes contra los aranceles sobre los cereales. Los
teóricos escriben estudios de investigación sobre la
política aduanera en los que "llaman", digámoslo así,
a luchar por la conclusión de tratados comerciales y
por la libertad de comercio; lo mismo hacen el
propagandista, en las revistas, y el agitador, en sus
discursos públicos. La "acción concreta" de la masa
consiste en ese caso en estampar sus firmas al pie de
una petición dirigida al Reichstag, exigiendo que no
sean aumentados los aranceles sobre los cereales. El
llamamiento a esta acción parte indirectamente de los
teóricos, de los propagandistas y de los agitadores, y,
directamente, de los obreros que recorren las fábricas
y las viviendas particulares con las listas de adhesión
a la petición. Según la "terminología de Martínov",
resultaría que Kautsky y Bebel son ambos
propagandistas, y que los portadores de las listas de
adhesión son agitadores. ¿No es así?
El ejemplo de los alemanes me ha hecho recordar
la palabra alemana Verballhornung, literalmente
"ballhornización". Juan Ballhorn era un editor de
Leipzig, del siglo XVI; editó un abecedario, en el
que, como era costumbre, estampó un dibujo que
representaba un gallo, pero, en lugar del dibujo
habitual del gallo con espolones, figuraba uno sin
espolones y con un par de huevos al lado. La portada
del abecedario decía: "Edición corregida de Juan
Ballhorn". Desde entonces, los alemanes dicen
Verballhornung al referirse a una "corrección" que,
de hecho, empeora lo corregido. Y, quiérase o no,
uno recuerda a Ballhorn al ver cómo los Martínov
"profundizan" a Plejánov...
¿Para qué habrá "inventado" nuestro Lomosónov
este embrollo? Para demostrar que Iskra, "lo mismo
que Plejánov hace ya unos quince años, presta
atención a un solo aspecto de la cuestión" (pág. 39).
"Según Iskra, cuando menos para el presente
período, las tareas de propaganda relegan a segundo
plano las tareas de agitación" (pág. 52). Si
traducimos esta última frase del lenguaje de
Martínov a un lenguaje corriente (pues la humanidad
no ha tenido tiempo aún de adoptar esta terminología
recién descubierta), resulta lo siguiente: según Iskra,
las tareas de propaganda y de agitación política
relegan a segundo plano la tarea de "plantear ante el

V. I. Lenin
gobierno reivindicaciones concretas de medidas
legislativas y administrativas", que "prometen ciertos
resultados tangibles" (o, en otros términos, la
reivindicación de reformas sociales, si se nos permite
emplear todavía una vez más la vieja terminología de
la vieja humanidad, que no ha llegado aún al nivel de
Martínov). Proponemos al lector comparar con esta
tesis el siguiente fragmento:
"Nos asombra en estos programas" (en los
programas de los socialdemócratas revolucionarios)
"también el que eternamente pongan en primer plano
las ventajas de la actividad de los obreros en el
parlamento (que no existe en nuestro país) pasando
completamente por alto (debido a su nihilismo
revolucionario) la importancia de la participación de
los obreros en las asambleas legislativas de los
fabricantes, asambleas que existen en nuestro país,
para discutir asuntos de las fábricas... o bien la
importancia de la participación de los obreros aunque
sólo sea en la administración municipal urbana..."
El autor de este párrafo expresa de un modo algo
más directo, claro y franco la idea a que ha llegado
por su propia inteligencia Lomonósov-Martínov. El
autor es R. M., en el Suplemento especial de
"Rabóchaya Mysl" (pág. 15).
c) Las denuncias políticas y la "educación de la
actividad revolucionaria"
Al lanzar contra Iskra su "teoría" de la "elevación
de la actividad de la masa obrera", Martínov, en
realidad, ha puesto al descubierto su tendencia a
rebajar esta actividad, pues ha declarado que el
medio preferente, de particular importancia, "más
ampliamente aplicable" para despertarla, y el campo
de dicha actividad, era esa misma lucha económica,
ante la cual se han arrastrado todos los
"economistas". Este error es característico, porque no
sólo es propio de Martínov, ni mucho menos. En
realidad, se puede "elevar la actividad de la masa
obrera" únicamente a condición de que no nos
circunscribamos a la "agitación política sobre el
terreno económico". Y una de las condiciones
esenciales para esa extensión indispensable de la
agitación política es organizar denuncias políticas
que abarquen todos los terrenos. La conciencia
política y la actividad revolucionaria de las masas no
pueden educarse sino a base de estas denuncias. Por
eso, esta actividad constituye una de las funciones
más importantes de toda la socialdemocracia
internacional, pues incluso la libertad política no
elimina en lo más mínimo esas denuncias: lo único
que hace es desplazar un poco la esfera a la que van
dirigidas. Por ejemplo, el partido alemán afianza sus
posiciones y extiende su influencia gracias
precisamente a la persistente energía de sus
campañas de denuncias políticas. La conciencia de la

¿Qué hacer?
clase obrera no puede ser una verdadera conciencia
política, si los obreros no están acostumbrados a
hacerse eco de todos los casos de arbitrariedad y
opresión, de violencias y abusos de toda especie,
cualesquiera que sean las clases afectadas; a hacerse
eco, además, desde el punto de vista socialdemócrata,
y no desde ningún otro. La conciencia de las masas
obreras no puede ser una verdadera conciencia de
clase si los obreros no aprenden, a base de hechos y
acontecimientos políticos concretos y, además,
necesariamente de actualidad, a observar a cada una
de las otras clases sociales, en todas las
manifestaciones de la vida intelectual, moral y
política de esas clases; si no aprenden a aplicar en la
práctica el análisis materialista y la apreciación
materialista de todos los aspectos de la actividad y de
la vida de todas las clases, capas y grupos de la
población. Quien oriente la atención, la capacidad de
observación y la conciencia de la clase obrera
exclusivamente, o aunque sólo sea con preferencia,
hacia ella misma, no es un socialdemócrata, pues el
conocimiento de sí misma, por parte de la clase
obrera, está inseparablemente ligado a la completa
nitidez no sólo de los conceptos teóricos... o mejor
dicho: no tanto de los conceptos teóricos, como de
las ideas elaboradas sobre la base de la experiencia
de la vida política, acerca de las relaciones entre
todas las clases de la sociedad actual. Esta es la razón
de que sea tan profundamente nociva y tan
profundamente reaccionaria, por su significación
práctica, la prédica de nuestros "economistas" de que
la lucha económica es el medio más ampliamente
aplicable para incorporar a las masas al movimiento
político. A fin de llegar a ser un socialdemócrata, el
obrero debe formarse una idea clara de la naturaleza
económica y de la fisonomía social y política del
terrateniente y del cura, del dignatario y del
campesino, del estudiante y del vagabundo, conocer
sus lados fuertes y sus puntos flacos, saber orientarse
en las frases y sofismas de toda índole más
corrientes, con los que cada clase y cada capa
encubre sus apetitos egoístas y su verdadera
"entraña", saber distinguir qué instituciones y leyes
reflejan estos u otros intereses y cómo los reflejan. Y
no es en los libros donde puede encontrarse esta
"idea clara": sólo la pueden proporcionar cuadros
vivos, así como denuncias, formuladas sobre huellas
frescas, de todo cuanto suceda en un momento
determinado en torno nuestro, de lo que todos y cada
uno hablan a su manera o sobre lo que cuando menos
cuchichean, de lo que se manifiesta en determinados
acontecimientos, cifras, sentencias judiciales, etc.,
etc., etc. Estas denuncias políticas que abarcan todos
los aspectos de la vida son una condición
indispensable y fundamental para educar la actividad
revolucionaria de las masas.
¿Por qué el obrero ruso manifiesta todavía poca
actividad revolucionaria frente al trato bestial de que

101
la policía hace objeto al pueblo, frente a las
persecuciones de las sectas, frente a los castigos
corporales impuestos a los campesinos, frente a los
abusos de la censura, los malos tratos de que son
objeto los soldados, las persecuciones de las
iniciativas culturales más inofensivas, etc.? ¿No será
porque no le "hace pensar" en ello la "lucha
económica", porque eso le "promete" pocos
"resultados tangibles", porque le ofrece poco
"positivo"? No; semejante juicio, repetimos, no es
sino una tentativa de cargar culpas en cabeza ajena,
cargar el filisteísmo (o sea, el bernsteinianismo)
propio sobre la masa obrera. Debemos imputar la
culpa a nosotros mismos, a nuestro atraso con
respecto al movimiento de las masas, a no haber
sabido aún organizar denuncias suficientemente
amplias, resonantes y rápidas contra todas esas
ignominias. Si llegamos a hacerlo (y debemos y
podemos hacerlo), el obrero más atrasado
comprenderá o sentirá que el estudiante y el
miembro de una secta, el mujik y el escritor son
vejados y atropellados por esa misma fuerza
tenebrosa, que tanto le oprime y le sojuzga a él en
cada paso de su vida, y, al sentirlo, él mismo querrá
reaccionar, lo querrá con un deseo incontenible, y
sabrá, organizar hoy una batahola contra los
censores, desfilar mañana en manifestación ante la
casa del gobernador que haya sofocado un
alzamiento de campesinos, dar pasado mañana una
lección a los gendarmes con sotana que desempeñan
la función de la santa inquisición, etc. Hasta ahora
hemos hecho muy poco, casi nada, para lanzar entre
las masas obreras denuncias múltiples y de
actualidad. Muchos de entre nosotros ni siquiera
tienen aún conciencia de esta su obligación y se
arrastran espontáneamente tras la "lucha cotidiana y
gris", dentro de los marcos estrechos de la vida fabril.
En semejantes condiciones, decir: "Iskra tiene la
tendencia de rebajar la importancia de la marcha
ascendente de la lucha cotidiana y gris, en
comparación con la propaganda de ideas brillantes y
acabadas" (Martinov, pág. 61), significa arrastrar al
partido hacia atrás, significa defender y ponderar
nuestra falta de preparación, nuestro atraso.
En cuanto al llamamiento dirigido a las masas
para la acción, surgirá por sí mismo, siempre que
haya enérgica agitación política y denuncias vivas y
resonantes. Coger a alguien en flagrante delito y
estigmatizarlo en el acto ante todo el mundo y por
todas partes, produce mayor efecto que cualquier
"llamamiento" y ejerce muchas veces una influencia
tan grande, que mas tarde ni siquiera se puede
determinar quién fue, propiamente, el que "llamó" a
la muchedumbre y quién, propiamente, el que lanzó
tal o cual plan de manifestación, etc. No se puede
llamar a la masa a una acción -en el sentido concreto
de la palabra, y no en el sentido general- más que en
el lugar mismo de la acción; ni se puede exhortar a la

V. I. Lenin

102
acción a los demás sin dar el ejemplo uno mismo y
en el acto. A nosotros, publicistas socialdemócratas,
nos incumbe ahondar, extender e intensificar las
denuncias políticas y la agitación política.
A propósito de los "llamamientos". El único
órgano que, antes de los acontecimientos de la
primavera176, llamó a los obreros a intervenir
activamente en una cuestión que no prometía
absolutamente ningún resultado tangible al obrero,
como era la del reclutamiento militar de los
estudiantes, fue "Iskra". Inmediatamente después de
la publicación de la orden del 11 de enero sobre "la
incorporación de 183 estudiantes a las filas del
ejército", Iskra publicó un articulo sobre este hecho
(N° 2 de febrero)177, y antes de que hubiera
comenzado toda manifestación, llamó directamente
"a los obreros a acudir en ayuda de los estudiantes",
llamó al "pueblo" a contestar abiertamente al
insolente desafío del gobierno. Preguntamos a todo el
mundo: ¿cómo explicar la notable circunstancia de
que, hablando tanto de "llamamientos", destacando
los "llamamientos" hasta como una forma particular
de actividad, Martínov no haya mencionado para
nada este llamamiento? ¿Y no será filisteísmo,
después de esto, que Martinov declare que Iskra es
unilateral porque no "llama" suficientemente a la
lucha por reivindicaciones que "prometan resultados
tangibles"?
Nuestros "economistas", entre ellos Rabócheie
Dielo, tenían éxito por haberse adaptado a la
mentalidad de los obreros atrasados. Pero el obrero
176

Se refiere a las acciones de masas revolucionarias de
los estudiantes y obreros: manifestaciones políticas,
reuniones, huelgas que tuvieron lugar en febrero y marzo
de 1901 en Petersburgo, Moscú, Kíev, Járkov, Kazán,
Tomsk y otras ciudades de Rusia.
El movimiento estudiantil de 1900 y 1901, surgido a base
de reivindicaciones de tipo docente, adquirió el carácter de
manifestaciones políticas revolucionarias contra la política
reaccionaria de la autocracia y fue apoyado por los obreros
avanzados, repercutiendo en todas las capas de la sociedad
rusa. Las manifestaciones y huelgas de febrero y marzo de
1901 se debieron a la leva forzosa de 183 estudiantes de la
Universidad de Kíev por haber participado en una reunión
estudiantil. (Véase el artículo de V. I. Lenin. Leva forzosa
de 189 estudiantes, Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, págs. 391396.) El gobierno envió contra los participantes en las
acciones revolucionarias a la policía y los cosacos, que los
dispersaron y apalearon. Centenares de estudiantes fueron
detenidos y expulsados de los centros de enseñanza
superior. Fue aplastada con gran crueldad la manifestación
del 4 (17) de marzo de 1901 en una plaza próxima a la
Catedral de Kazán, en Petersburgo. Los acontecimientos
de febrero y marzo de 1901 pusieron de manifiesto el
incremento del auge revolucionario en Rusia. Tuvo gran
importancia la participación de los obreros en el
movimiento, que se desplegó de acuerdo con consignas
políticas.
177
Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed en ruso, t. 4, págs. 391396. (N. de la Edit.)

socialdemócrata, el obrero revolucionario (y el
número de estos obreros aumenta de día en día)
desechará con indignación todos estos razonamientos
sobre la lucha por reivindicaciones que "prometan
resultados tangibles", etc., pues comprenderá que no
son sino variantes de la vieja canción del aumento de
un kopek por rublo. Este obrero dirá a sus consejeros
de R. Mysl y de R. Dielo: en vano os afanáis, señores,
interviniendo con demasiado celo en asuntos que
nosotros mismos resolvemos y esquivando el
cumplimiento de vuestras verdaderas obligaciones.
Pues no es muy inteligente decir, como lo hacéis
vosotros, que la tarea de los socialdemócratas es
imprimir a la lucha económica misma un carácter
político; esto no es más que el comienzo, y no
consiste en ello la tarea principal de los
socialdemócratas, pues en Rusia, como en el mundo
entero, es la policía misma quien comienza muchas
veces a imprimir a la lucha económica un carácter
político, y los obreros mismos aprenden a
comprender al lado de quién está el gobierno178. En
efecto, esa "lucha económica de los obreros contra
los patronos y el gobierno", que vosotros ostentáis
como una América que hubierais descubierto, la
hacen en numerosos puntos remotos de Rusia los
obreros mismos, que han oído hablar de huelgas,
pero que quizás nada sepan de socialismo. Esa
"actividad" nuestra, de los obreros, que todos
vosotros
queréis
sostener
presentando
reivindicaciones concretas que prometen resultados
tangibles, ya existe entre nosotros, y, en nuestro
trabajo cotidiano, sindical, pequeño, nosotros mismos
estamos lanzando esas reivindicaciones concretas, a
menudo sin ayuda alguna de los intelectuales. Pero
esa actividad no nos basta; no somos niños a los que
178

La exigencia de "imprimir a la lucha económica misma
un carácter político" expresa con el mayor relieve el culto
de la espontaneidad en el terreno de la actividad política.
La lucha económica adquiere a menudo un carácter
político espontáneamente, es decir, sin la intervención de
ese "bacilo revolucionario que son los intelectuales", sin la
intervención de los socialdemócratas conscientes. Por
ejemplo, la lucha económica de los obreros en Inglaterra
adquirió también un carácter político sin participación
alguna de los socialistas. Pero la tarea de los
socialdemócratas no se limita a la agitación política en el
terreno económico: su tarea es transformar esa política
tradeunionista en lucha política socialdemócrata,
aprovechar los destellos de conciencia política que la
lucha económica ha hecho penetrar en el espíritu de los
obreros para elevar a éstos hasta el nivel de la conciencia
política sociademócrata. Ahora bien, los Martínov, en vez
de elevar e impulsar la conciencia política que se despierta
espontáneamente, se prosternan ante la espontaneidad y
repiten, repiten hasta dar náuseas, que la lucha económica
"hace pensar" a los obreros en su privación de derechos
políticos. ¡Es de lamentar, señores, que este despertar
espontáneo de la conciencia política tradeunionista no os
"haga pensar" a vosotros mismos en la cuestión de
vuestras tareas socialdemócratas!

¿Qué hacer?
se puede alimentar sólo con la papilla de la política
"económica"; queremos saber todo lo que saben los
demás, queremos conocer con detalle todos los
aspectos de la vida política y tomar parte activa en
todos y en cada uno de los acontecimientos políticos.
Para lograrlo, es necesario que los intelectuales
repitan menos lo que ya nosotros mismos sabemos179,
y que nos den más de lo que todavía no sabemos, de
lo que jamás podremos saber nosotros mismos por
nuestra experiencia fabril y "económica", o sea:
conocimientos políticos. Estos conocimientos
vosotros, los intelectuales, podéis adquirirlos solos y
179

Para confirmar que todo este discurso de los obreros a
los "economistas" no es fruto de nuestra imaginación, nos
referiremos a dos testigos que, sin duda, conocen el
movimiento obrero directamente y que no son, ni mucho
menos, propensos a ser parciales para con nosotros, los
"dogmáticos", pues uno de los testigos es un "economista"
(¡que considera incluso a Rabócheie Dielo como un
órgano político!), y el otro, un terrorista. El primer testigo
es el autor de un artículo notable por su veracidad y
vivacidad. El movimiento obrero de Petersburgo y las
tareas prácticas de la socialdemocracia, publicado en el
número 6 de Rab. Dielo. Divide a los obreros en: 1)
revolucionarios conscientes; 2) capa intermedia, y 3) el
resto de la masa. Y he aquí que la capa intermedia
"frecuentemente se interesa más por los problemas de la
vida política que por sus intereses económicos inmediatos,
cuya relación con las condiciones sociales generales ha
sido comprendida hace ya mucho tiempo" ...Rab. Mysl es
"criticada con dureza": "siempre lo mismo, hace mucho
que lo sabemos, hace mucho que lo hemos leído", "en la
crónica política, tampoco esta vez hay nada nuevo" (págs.
30-31). Pero incluso la tercera capa, "la masa obrera más
sensible, más joven, menos corrompida por la taberna y
por la iglesia, que casi nunca tiene posibilidad de
conseguir un libro de contenido político, habla a diestro y
siniestro de los acontecimientos de la vida política y
medita las noticias fragmentarias acerca de un motín de
estudiantes", etc. Y el terrorista escribe: "...Leen un par de
veces las líneas que relatan minucias de la vida de las
fábricas en distintas ciudades extrañas y luego dejan de
leer... Les aburre... No hablar en un periódico obrero sobre
el Estado... significa considerar al obrero como a un niño...
El obrero no es un niño" (Svoboda, ed. del grupo
revolucionario-socialista, págs. 69 y 70).
"Svoboda" ("Libertad"): revista editada en Suiza en 1901 y
1902 por el grupo del mismo nombre, fundado en mayo de
1901 y que se denominaba grupo "revolucionariosocialista". Aparecieron dos números: en 1901 y en 1902.
El grupo "Svoboda" editó también En vísperas de la
revolución. Publicación no periódica de problemas de la
teoría y la táctica, N° 1, periódico-revista Ecos N° 1, el
folleto de L. Nadiezhdin Resurgimiento del movimiento
revolucionario en Rusia, etc.
El grupo "Svoboda" no tenía "ideas firmes, serias,
programa, táctica, organización, ni raíces en las masas"
(véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 25, pág. 221).
En sus ediciones, el grupo "Svoboda" propugnaba las
ideas del "economismo" y terrorismo y apoyaba a las
organizaciones antiiskristas en Rusia. Terminó la
existencia del grupo en 1903.

103
tenéis el deber de proporcionárnoslos cien y mil
veces más de lo que lo habéis hecho hasta ahora;
además, debéis ofrecérnoslos no sólo en forma de
razonamientos, folletos y artículos (que a menudo ¡disculpad la franqueza!- suelen ser algo aburridos),
sino indispensablemente en forma de denuncias vivas
de todo cuanto nuestro gobierno y nuestras clases
dominantes hacen en estos momentos en todos los
aspectos de la vida. Cumplid con mayor celo esta
obligación vuestra y charlad menos sobre "la
elevación de la actividad de la masa obrera".
¡Desplegamos mucha más actividad de la que
vosotros suponéis, y sabemos sostener, por medio de
la lucha abierta en la calle, incluso las
reivindicaciones que no prometen ningún "resultado
tangible"! Y no sois vosotros quienes "elevaréis"
nuestra actividad, pues vosotros carecéis justamente
de esa actividad. ¡Deberíais prosternaros menos ante
la espontaneidad y pensar más en elevar vuestra
propia actividad, señores!
d) ¿Que hay de común entre el economismo y
el terrorismo?
Más arriba, en una nota, hemos confrontado a un
"economista" y a un terrorista no socialdemócrata,
que por casualidad han resultado solidarios. Pero,
hablando en general, entre los unos y los otros existe
un lazo no casual, sino intrínseco y necesario, sobre
el que tendremos aún que hablar más adelante y al
que es necesario referirse precisamente al tratar de la
educación de la actividad revolucionaria. Los
"economistas" y los terroristas contemporáneos
tienen una raíz común, a saber: el culto de la
espontaneidad, del que hemos hablado en el capítulo
precedente como de un fenómeno general y que
ahora examinamos bajo el aspecto de su influencia en
el terreno de la actividad política y de la lucha
política. A primera vista, nuestra afirmación podría
parecer paradójica: tan grande parece la diferencia
entre quienes subrayan la "lucha cotidiana y gris" y
quienes preconizan la lucha más abnegada del
individuo aislado. Pero esto no es una paradoja. Los
"economistas" y los terroristas rinden culto a dos
polos opuestos de la corriente espontánea: los
"economistas", a la espontaneidad del "movimiento
netamente obrero", y los terroristas, a la
espontaneidad de la indignación más ardiente de los
intelectuales, que no saben o no tienen la posibilidad
de vincular el trabajo revolucionario con el
movimiento obrero para formar un todo. A quien
haya perdido por completo la fe en esta posibilidad, o
nunca la haya tenido, le es realmente difícil encontrar
para su sentimiento de indignación y para su energía
revolucionaria otra salida que el terror. Así, pues, el
culto de la espontaneidad, en las dos direcciones
indicadas, no es sino el comienzo de la realización
del famoso programa del Credo: los obreros
despliegan su "lucha económica contra los patronos y

104
el gobierno" (¡que nos perdone el autor del Credo
que expresemos sus ideas en el lenguaje de
Martínov! Nos parece que tenemos derecho a
hacerlo, pues también en el Credo se habla de cómo
los obreros, en la lucha económica, "chocan con el
régimen político"), ¡y los intelectuales, con sus
propias fuerzas, despliegan su lucha política,
naturalmente, por medio del terror! Esta es una
conclusión completamente lógica e inevitable, sobre
la que no se puede por menos de insistir aunque los
que comienzan a realizar ese programa no se hayan
percatado de que esa conclusión es inevitable. La
actividad política tiene su lógica, que no depende de
la conciencia de los que con las mejores intenciones
del mundo exhortan, bien al terror, bien a imprimir
un carácter político a la lucha económica misma. De
buenas intenciones está empedrado el camino del
infierno, y en el caso presente las buenas intenciones
no bastan a salvar del apasionamiento espontáneo por
"la línea del menor esfuerzo", por la línea del
programa netamente burgués del Credo. Porque
tampoco es nada casual la circunstancia de que
muchos liberales rusos -tanto los liberales declarados
como los que se cubren con una careta marxistasimpaticen de todo corazón con el terror y traten de
sostener el avance del espíritu terrorista en el
momento actual.
Y he aquí que, al surgir el "grupo revolucionariosocialista "Svoboda", que se había propuesto
justamente la tarea de cooperar por todos los medios
al movimiento obrero, pero incluyendo en el
programa el terror y emancipándose, por decirlo así,
de la socialdemocracia, este hecho ha confirmado
una vez más la notable perspicacia de P. B. Axelrod,
que con toda exactitud predijo estos resultados de las
vacilaciones socialdemócratas ya a fines de 1897 (en
su trabajo A propósito de las tareas y de la táctica
actuales) y esbozó sus célebres "dos perspectivas".
Todas las discusiones y discrepancias posteriores
entre los socialdemócratas rusos están ya, como la
planta en la semilla, en esas dos perspectivas180.
180

Martínov "se imagina otro dilema, más real" (?) (La
socialdemocracia y la clase obrera, pág. 19): "O la
socialdemocracia asume la dirección inmediata de la lucha
económica del proletariado y, por lo mismo (!), la
transforma en lucha revolucionaria de clase"... "Por lo
mismo", es decir, evidentemente, por la dirección
inmediata de la lucha económica. Que nos indique
Martínov dónde se ha visto que, por el único y sólo hecho
de dirigir la lucha sindical, se haya logrado transformar el
movimiento tradeunionista en movimiento revolucionario
de clase. ¿No caerá en la cuenta de que, para realizar esta
"transformación", debemos encargamos activamente de la
"dirección inmediata" de la agitación política en todos sus
aspectos?... "O bien otra perspectiva: la socialdemocracia
abandona la dirección de la lucha económica de los
obreros y, con ello..., se corta las alas"... Según el juicio de
Rabócheie Dielo, arriba citado, es Iskra la que
"abandona". Pero hemos visto que Iskra hace para dirigir

V. I. Lenin
Desde el punto de vista indicado, se concibe
también que Rabócheie Dielo, que no ha podido
resistir a la espontaneidad del "economismo",
tampoco haya podido resistir a la espontaneidad del
terrorismo. Es de sumo interés señalar aquí la
argumentación especial que ha esgrimido "Svoboda"
en defensa del terror. "Niega por completo" el papel
intimidador
del
terror
(Renacimiento
del
revolucionarismo, pág. 64), pero en cambio, subraya
su "significación como excitante". Esto es
característico, en primer lugar, como una de las fases
de la descomposición y decadencia de ese círculo
tradicional (pre-socialdemócrata) de ideas que había
obligado a seguir asidos al terror. Reconocer que en
la actualidad es imposible "intimidar" al gobierno -y,
por consiguiente, desorganizarlo- por medio del
terror, equivale, en el fondo, a una condenación
rotunda del terror como sistema de lucha, como
esfera de actividad consagrada por un programa. En
segundo lugar, esto es aún más característico como
ejemplo de la incomprensión de nuestras tareas
urgentes en cuanto a la "educación de la actividad
revolucionaria de las masas". "Svoboda" hace
propaganda del terror como medio para "excitar" el
movimiento obrero e imprimirle un "fuerte impulso".
¡Es difícil imaginarse una argumentación que se
refute a sí misma con mayor evidencia! Cabe
preguntar sí es que existen en la vida rusa tan pocos
abusos que aún haga falta inventar medios
"excitantes" especiales. Y, por otra parte, si hay
quien no se excita y no es excitable ni siquiera por la
arbitrariedad rusa, ¿no es acaso evidente que seguirá
contemplando también el duelo entre el gobierno y
un puñado de terroristas sin que nada le importe un
comino? Se trata ni más ni menos de que las masas
obreras se excitan mucho por las infamias de la vida
rusa, pero nosotros no sabemos reunir, si es posible
expresarse de este modo, y concentrar todas las gotas
y arroyuelos de la excitación popular que la vida rusa
destila en una cantidad inconmensurablemente mayor
de lo que todos nosotros nos figuramos y creemos y
que hay que reunir en un solo torrente gigantesco.
Que esto es factible lo demuestra de un modo
irrefutable el formidable ascenso del movimiento
obrero, así como el ansia de los obreros, señalada ya
más arriba, por la literatura política. Pero los
llamamientos al terror, así como los llamamientos a
que se imprima a la lucha económica misma un
carácter político, representan distintas formas de
esquivar el deber más imperioso de los
revolucionarios rusos: organizar la agitación política
en todos sus aspectos. "Svoboda" quiere sustituir la
agitación por el terror, confesando sin rodeos que,
"en cuanto empiece una agitación intensa y enérgica
entre las masas, el papel excitante de éste
la lucha económica mucho más que "Rab. Dielo", además,
no se limita a esto, ni restringe, en nombre de esto, sus
tareas políticas.

¿Qué hacer?
desaparecerá" (Renacimiento del revolucionarismo,
pág. 68). Precisamente esto pone de manifiesto que
tanto los terroristas como los "economistas"
subestiman la actividad revolucionaria de las masas,
a pesar de la prueba evidente que representan los
acontecimientos de la primavera181; además, unos se
precipitan en busca de "excitantes" artificiales, otros
hablan de "reivindicaciones concretas". Ni los unos
ni los otros prestan suficiente atención al desarrollo
de su propia actividad en lo que atañe a la agitación
política y a la organización de las denuncias
políticas. Y ni ahora ni en ningún otro momento se
puede sustituir esto por nada.
e) La clase obrera como combatiente de
vanguardia por la democracia
Ya hemos visto que la agitación política más
amplia y, por consiguiente, la organización de
denuncias políticas en todos los aspectos constituye
una tarea en absoluto necesaria, la tarea más
imperiosamente necesaria de la actividad, siempre
que
esta
actividad
sea
verdaderamente
socialdemócrata. Pero hemos llegado a esta
conclusión partiendo sólo de la apremiante necesidad
que la clase obrera tiene de conocimientos políticos y
de educación política. Ahora bien, esta manera de
plantear la cuestión sería demasiado restringida,
desconocería las tareas democráticas generales de
toda socialdemocracia en general y de la
socialdemocracia rusa actual en particular. Para
explicar esta tesis del modo más concreto posible,
trataremos de enfocar la cuestión desde el punto de
vista más "familiar" al "economista", o sea desde el
punto de vista práctico. "Todo el mundo está de
acuerdo" en que es necesario desarrollar la
conciencia política de la clase obrera. Pero ¿cómo
hacerlo y qué es necesario para hacerlo? La lucha
económica "hace pensar" a los obreros únicamente en
las cuestiones concernientes a la actitud del gobierno
hacia la clase obrera; por eso, por más que nos
esforcemos en la tarea de "imprimir a la lucha
económica misma un carácter político", no podremos
jamás, en el marco de dicha tarea, desarrollar la
conciencia política de los obreros (hasta el grado de
conciencia política socialdemócrata), pues el marco
mismo es estrecho. La fórmula de Martínov nos es
preciosa, no como prueba del confusionismo de su
autor, sino porque expresa con relieve el error
fundamental de todos los "economistas", a saber: la
convicción de que se puede desarrollar la conciencia
política de clase de los obreros desde dentro, por
decirlo así, de su lucha económica, o sea, tomando
sólo (o, cuando menos, principalmente) esta lucha
como punto de partida, basándose sólo (o, cuando
menos, principalmente) en esta lucha. Esta opinión es
181

Se trata de la primavera de 1901, cuando comenzaron
grandes manifestaciones en las calles. (Nota de Lenin para
la edición de 1907. - N. de la Edit.)

105
falsa de punta a cabo; y precisamente porque los
"economistas", furiosos por nuestra polémica con
ellos, no quieren reflexionar con seriedad sobre el
origen de nuestras discrepancias, acabamos
literalmente por no comprendernos, por hablar
lenguas diferentes.
La conciencia política de clase no se le puede
aportar al obrero más que desde el exterior, esto es,
desde fuera de la lucha económica, desde fuera de la
esfera de las relaciones entre obreros y patronos. La
única esfera en que se puede encontrar estos
conocimientos es la esfera de las relaciones de todas
las clases y capas con el Estado y el gobierno, la
esfera de las relaciones de todas las clases entre sí.
Por eso, a la pregunta: "¿qué hacer para aportar a los
obreros conocimientos políticos?", no se puede dar
únicamente la respuesta con la que se contentan, en
la mayoría de los casos, los militantes dedicados al
trabajo práctico, sin hablar ya de los que se inclinan
hacia el "economismo", a saber: "Hay que ir a los
obreros". Para aportar a los obreros conocimientos
políticos, los socialdemócratas deben ir a todas las
clases de la población, deben enviar a todas partes
destacamentos de su ejército.
Si empleamos adrede esta formulación ruda y nos
expresamos adrede de una forma simplificada y
tajante, no es de ninguna manera por el placer de
decir paradojas, sino para "hacer pensar" bien a los
"economistas" en las tareas que de un modo
imperdonable desdeñan, en la diferencia que existe
entre la política tradeunionista y la política
socialdemócrata, diferencia que no quieren
comprender. Por eso, rogamos al lector que conserve
su calma y nos siga atento hasta el final.
Tomemos como ejemplo el tipo del círculo
socialdemócrata más difundido en estos últimos años
y examinemos su actividad. "Está en contacto con los
obreros" y se conforma con esto, editando hojas que
flagelan los abusos cometidos en las fábricas, la
parcialidad del gobierno hacia los capitalistas, así
como las violencias de la policía; en las reuniones
que se celebran con los obreros, la conversación, por
lo común, no se sale o casi no se sale del marco de
estos mismos temas; las conferencias y las charlas
sobre la historia del movimiento revolucionario,
sobre la política interior y exterior de nuestro
gobierno, sobre la evolución económica de Rusia y
de Europa, sobre la situación de las distintas clases
en la sociedad contemporánea, etc., son casos
sumamente raros y nadie piensa en establecer y
desenvolver de manera sistemática relaciones con las
otras clases de la sociedad. En el fondo, el ideal del
militante, para los miembros de un tal círculo, se
parece, en la mayoría de los casos, mucho más a un
secretario de tradeunión que a un jefe político
socialista. Pues el secretario de cualquier tradeunión
inglesa, por ejemplo, ayuda siempre a los obreros a
sostener la lucha económica, organiza la denuncia de

106
los abusos cometidos en las fábricas, explica la
injusticia de las leyes y reglamentos que restringen la
libertad de huelga y la libertad de colocar piquetes
cerca de las fábricas (para anunciar a todos que la
huelga ha sido declarada), explica la parcialidad de
los árbitros pertenecientes a las clases burguesas de
la población, etc., etc. En una palabra, todo secretario
de tradeunión sostiene y ayuda a sostener "la lucha
económica contra los patronos y el gobierno". Y
nunca se insistirá bastante en que esto no es aún
socialdemocratismo, que el ideal del socialdemócrata
no debe ser el secretario de tradeunión, sino el
tribuno popular, que sabe reaccionar contra toda
manifestación de arbitrariedad y de opresión,
dondequiera que se produzca y cualquiera que sea la
capa o la clase social a que afecte; que sabe sintetizar
todos estos hechos para trazar un cuadro de conjunto
de la brutalidad policíaca y de la explotación
capitalista; que sabe aprovechar el menor detalle para
exponer ante todos sus convicciones socialistas y sus
reivindicaciones democráticas, para explicar a todos
y a cada uno la importancia histórico-mundial de la
lucha emancipadora del proletariado. Comparad, por
ejemplo, a hombres como Roberto Knight (conocido
secretario y líder de la Unión de obreros caldereros,
uno de los más poderosos sindicatos de Inglaterra) y
Guillermo Liebknecht y apliquémosles los contrastes
enumerados por Martínov en la exposición de sus
discrepancias con Iskra. Veréis que R. Knight empiezo a repasar el artículo de Martinov- "ha
exhortado" mucho más "a las masas a realizar
acciones concretas determinadas" (pág. 39) y que G.
Liebknecht se ha ocupado más de "enfocar desde un
punto de vista revolucionario todo el régimen actual
o sus manifestaciones parciales" (págs. 38-39); que
R. Knight "ha formulado las reivindicaciones
inmediatas del proletariado e indicado los medios de
satisfacerlas" (pág. 41) y que G. Liebknecht, sin dejar
de hacer esto, no ha renunciado a "dirigir al mismo
tiempo la enérgica actividad de los diferentes
sectores oposicionistas", "dictarles un programa
positivo de acción"182 (pág. 41); que R. Knight ha
tratado precisamente de "imprimir, en la medida de
lo posible, a la lucha económica misma un carácter
político" (pág. 42) y que ha sabido a la perfección
"formular al gobierno reivindicaciones concretas que
prometían ciertos resultados tangibles" (pág. 43), en
tanto que G. Liebknecht se ha ocupado mucho más,
"en forma unilateral", de "denunciar los abusos"
(pág. 40); que R. Knight ha concedido más
importancia a la "marcha progresiva de la lucha
cotidiana y gris" (pág. 61), y G. Liebknecht, "a la
propaganda de ideas brillantes y acabadas" (pág. 61);
que G. Liehknecht ha hecho del periódico dirigido
por él, precisamente, "un órgano de oposición
182

Así, durante la guerra franco-prusiana, Liebknecht dictó
un programa de acción para toda la democracia; en mucha
mayor escala aún lo hicieron Marx y Engels en 1848.

V. I. Lenin
revolucionaria que denuncia nuestro régimen, y sobre
todo nuestro régimen político, en cuanto que está en
pugna con los intereses de las capas más diversas de
la población" (pág. 63), mientras que R. Knight "ha
trabajado por la causa obrera en estrecho contacto
orgánico con la lucha proletaria" (pág. 63) -si se
entiende por "estrecho contacto orgánico" ese culto
de la espontaneidad que hemos analizado más arriba
en los ejemplos de Krichevski y de Martínov- y "ha
restringido la esfera de su influencia", convencido,
desde luego, como Martínov, de que "con ello se
hacía más compleja esta influencia" (pág. 63). En una
palabra, veréis que Martínov rebaja de facto la
socialdemocracia al nivel del tradeunionismo,
aunque, claro está, en modo alguno lo hace porque
no quiera el bien de la socialdemocracia, sino
simplemente porque se ha apresurado un poco a
profundizar a Plejánov, en lugar de tomarse la
molestia de comprenderlo.
Pero volvamos a nuestra exposición. El
socialdemócrata, como hemos dicho, si es partidario,
y no sólo de palabra, del desarrollo integral de la
conciencia política del proletariado, debe "ir a todas
las clases de la población". Surgen estas preguntas:
¿Cómo hacerlo? ¿Tenemos fuerzas suficientes para
ello? ¿Existe un terreno para este trabajo en todas las
demás clases? ¿Un trabajo semejante no implicará
abandono o no conducirá a que se abandone el punto
de vista de clase? Examinemos estas cuestiones.
Debemos "ir a todas las clases de la población"
como teóricos, como propagandistas, como
agitadores y como organizadores. Nadie duda de que
el trabajo teórico de los socialdemócratas debe
orientarse hacia el estudio de todas las
particularidades de la situación social y política de
las diversas clases. Pero muy, muy poco se hace en
este sentido, muy poco si se compara con la labor
que se lleva a cabo para el estudio de las
particularidades de la vida de las fábricas. En los
comités y en los círculos podemos encontrar gentes
que incluso estudian a fondo algún ramo de la
siderurgia, pero apenas si encontraréis ejemplos de
miembros de las organizaciones que (obligados por
una u otra razón, como sucede a menudo, a retirarse
de la labor práctica) se ocupen especialmente de
reunir materiales sobre alguna cuestión de actualidad
de nuestra vida social y política que pudiera dar
motivo para una labor socialdemócrata entre los otros
sectores de la población. Cuando se habla de la poca
preparación de la mayor parte de los actuales
dirigentes del movimiento obrero, no se puede dejar
de mencionar asimismo la preparación en este
aspecto, pues también está ligada a la concepción
"economista" del "estrecho contacto orgánico con la
lucha proletaria". Pero lo principal, evidentemente, es
la propaganda y la agitación entre todas las capas de
la población. Para el socialdemócrata de Europa
Occidental, esta labor la facilitan las reuniones y

¿Qué hacer?
asambleas populares, a las cuales asisten todos los
que lo desean; la facilita la existencia del parlamento,
en el que el representante socialdemócrata habla ante
los diputados de todas las clases. En nuestro país no
tenemos ni parlamento ni libertad de reunión, pero
sabemos, sin embargo, organizar reuniones con los
obreros que quieren escuchar a un socialdemócrata.
Del mismo modo, debemos saber organizar
reuniones con los representantes de todas las clases
de la población que desean escuchar a un demócrata.
Pues no es socialdemócrata el que olvida en la
práctica que "los comunistas apoyan todo
movimiento revolucionario”183; que, por tanto,
debemos exponer y subrayar ante todo el pueblo los
objetivos democráticos generales, sin ocultar ni por
un instante nuestras convicciones socialistas. No es
socialdemócrata el que olvida en la práctica que su
deber consiste en ser el primero en plantear, en
acentuar y en resolver toda cuestión democrática
general.
"¡Pero si todo el mundo está de acuerdo con ello!"
-nos interrumpirá el lector impaciente-, y las nuevas
instrucciones a la redacción de Rab. Dielo, aprobadas
en el último Congreso de la Unión, dicen con
claridad: "Deben servir de motivos para la
propaganda y la agitación políticas todos los
fenómenos y acontecimientos de la vida social y
política que afecten al proletariado, sea directamente,
como clase especial, sea como vanguardia de todas
las fuerzas revolucionarias en la lucha por la
libertad" (Dos Congresos, pág. 17. Subrayado por
mí). Estas son, en efecto, palabras muy justas y muy
excelentes, y estaríamos enteramente satisfechos si
"Rabócheie Dielo" las comprendiese, si no dijese, al
mismo tiempo, otras que las contradicen. No basta
titularse "vanguardia", destacamento avanzado: es
preciso también obrar de suerte que todos los demás
destacamentos vean y estén obligados a reconocer
que marchamos a la cabeza. ¿Es que los
representantes de los demás "destacamentos" son tan
estúpidos que van a creernos "vanguardia" porque lo
digamos?, preguntamos al lector. Figurémonos de
manera concreta el siguiente cuadro. El
"destacamento" de radicales o de constitucionalistas
liberales rusos ilustrados ve llegar a un
socialdemócrata que les declara: Somos la
vanguardia; "ahora nuestra tarea consiste en
imprimir, en la medida de lo posible, un carácter
político a la lucha económica misma". Todo radical o
constitucionalista, por poco inteligente que sea (y
entre los radicales y constitucionalistas rusos hay
muchos hombres inteligentes), no podrá por menos
de acoger con una sonrisa semejantes palabras y
decir (para sus adentros, claro está, ya que en la
mayoría de los casos es diplomático experimentado):
183

C. Marx y F. Engels, Obras, 2a ed. en ruso, t. 4, pág.
459.

107
"¡He aquí una "vanguardia" bien simplona! No
comprende siquiera que es a nosotros, representantes
avanzados de la democracia burguesa, a quienes
corresponde la tarea de imprimir a la lucha
económica misma de los obreros un carácter político.
Porque también nosotros queremos, como todos los
burgueses del Occidente de Europa, incorporar a los
obreros a la política, pero sólo a la política
tradeunionista y no a la politica socialdemócrata. La
política tradeunionista de la clase obrera es
precisamente la política burguesa de la clase obrera.
¡Y la formulación que esta "vanguardia" hace de su
tarea no es otra cosa que la formulación de la política
tradeunionista! Así, pues, que se llamen cuanto
quieran socialdemócratas. ¡Yo no soy un niño, no
voy a enfadarme por una etiqueta! Pero que no se
dejen llevar por esos nefastos dogmáticos ortodoxos,
¡que dejen la "libertad de crítica" a los que arrastran
inconscientemente a la socialdemocracia al cauce
tradeunionista!"
Y la ligera sonrisa de nuestro constitucionalista se
transformará en risa homérica, cuando sepa que los
socialdemócratas que hablan de la vanguardia de la
socialdemocracia, en el momento actual, cuando el
elemento espontáneo prevalece casi absolutamente
en nuestro movimiento, ¡temen más que nada
"aminorar el elemento espontáneo", temen "aminorar
la importancia de la marcha progresiva de la lucha
cotidiana y gris a expensas de la propaganda de ideas
brillantes y acabadas", etc., etc.! ¡Una "vanguardia"
que teme que lo consciente prevalezca sobre lo
espontáneo, que teme propugnar un "plan" audaz que
tenga que ser aceptado incluso por aquellos que
piensan de otro modo! ¿No será que confunden el
término vanguardia con el término retaguardia?
Reflexionad, en efecto, sobre el siguiente
razonamiento de Martínov. En la página 40 declara
que la táctica de denuncias de Iskra es unilateral;
que, "por más que sembremos la desconfianza y el
odio hacia el gobierno, no alcanzaremos nuestro
objetivo mientras no logremos desarrollar una
energía social suficientemente activa para el
derrocamiento de aquél". He aquí, dicho sea entre
paréntesis, la preocupación, que ya conocemos, de
intensificar la actividad de las masas, tendiendo a la
vez a restringir la suya propia. Pero no se trata ahora
de esto. Como vemos, Martínov habla aquí de
energía revolucionaria ("para el derrocamiento").
Mas ¿a qué conclusión llega? Como, en tiempo
ordinario, las diversas capas sociales actúan
inevitablemente en forma dispersa, "es claro, por
tanto, que los socialdemócratas no podemos
simultáneamente dirigir la actividad enérgica de los
diversos sectores de oposición, no podemos dictarles
un programa positivo de acción, no podemos
indicarles los procedimientos con que haya que
luchar día tras día por defender sus intereses... Los
sectores liberales se preocuparán ellos mismos de

108
esta lucha activa por sus intereses inmediatos, lucha
que les hará enfrentarse con nuestro régimen
político" (pág. 41). De esta suerte, después de haber
comenzado a hablar de energía revolucionaria, de
lucha activa por el derrocamiento de la autocracia,
¡Martínov se desvía inmediatamente hacia la energía
sindical, hacia la lucha activa por los intereses
inmediatos! De suyo se comprende que no podemos
dirigir la lucha de los estudiantes, de los liberales,
etc., por sus "intereses inmediatos", ¡pero no era de
esto de lo que se trataba, respetable "economista"! De
lo que se trataba era de la participación posible y
necesaria de las diferentes capas sociales en el
derrocamiento de la autocracia, y esta "actividad
enérgica de los diversos sectores de oposición" no
sólo podemos, sino que debemos dirigirla sin falta si
queremos ser la "vanguardia". En cuanto a que
nuestros estudiantes, nuestros liberales, etc. "se
enfrenten con nuestro régimen político", no sólo se
preocuparán ellos mismos de esto, sino que
principalmente y ante todo se preocuparán la propia
policía y los propios funcionarios del gobierno
autocrático. Pero "nosotros", si queremos ser
demócratas avanzados, debemos preocuparnos de
sugerir a los que no están descontentos más que del
régimen universitario o del zemstvo, etc., la idea de
que es malo todo el régimen político. -osotros
debemos asumir la tarea de organizar la lucha
política, bajo la dirección de nuestro partido, en
forma tan múltiple, que todos los sectores de la
oposición puedan prestar y presten efectivamente a
esta lucha, así como a nuestro partido, la ayuda de
que sean capaces. -osotros debemos hacer de los
militantes prácticos socialdemócratas jefes políticos
que sepan dirigir todas las manifestaciones de esta
lucha múltiple, que sepan, en el momento necesario,
"dictar un programa positivo de acción" a los
estudiantes en agitación, a los descontentos de los
zemstvos, a los miembros indignados de las sectas, a
los maestros lesionados en sus intereses, etc., etc. Por
eso, es completamente falsa la afirmación de
Martínov de que "no podemos desempeñar con
respecto a ellos más que el papel negativo de
denunciadores del régimen... Sólo podemos disipar
sus esperanzas en las distintas comisiones
gubernamentales" (subrayado por mí). Al decir esto,
Martínov demuestra así que no comprende nada en
absoluto del verdadero papel de una "vanguardia"
revolucionaria. Y si el lector tiene esto en cuenta,
comprenderá el verdadero sentido de las siguientes
palabras de conclusión de Martínov: "Iskra es un
órgano de oposición revolucionaria que denuncia
nuestro régimen, y sobre todo nuestro régimen
político, en cuanto que está en pugna con los
intereses de los sectores más diversos de la
población. Por lo que a nosotros se refiere,
trabajamos y trabajaremos por la causa obrera en
estrecho contacto orgánico con la lucha proletaria. Al

V. I. Lenin
restringir la esfera de nuestra influencia, hacemos
más compleja ésta" (pág. 63). El verdadero sentido
de tal conclusión es: Iskra quiere elevar la política
tradeunionista de la clase obrera (política a la cual,
por equivocación, por falta de preparación o por
convicción, se limitan con tanta frecuencia entre
nosotros los militantes prácticos) al nivel de la
política socialdemócrata; en cambio, Rab. Dielo
quiere rebajar la política socialdemócrata al nivel de
la política tradeunionista. Y, como si esto fuera poco,
asegura a todo el mundo que "estas dos posiciones
son perfectamente compatibles en la obra común"
(pág. 63). ¡O, sancta simplicitas!
Prosigamos. ¿Tenemos fuerzas bastantes para
llevar nuestra propaganda y nuestra agitación a todas
las clases de la población? Naturalmente que sí.
Nuestros "economistas", que a menudo se inclinan a
negarlo, olvidan los gigantescos progresos realizados
por nuestro movimiento de 1894 (más o menos) a
1901. "Seguidistas" auténticos, con frecuencia tienen
ideas propias del período, hace mucho tiempo
fenecido, inicial del movimiento. Entonces, nuestras
fuerzas eran realmente mínimas, entonces era natural
y legítima la decisión de consagrarnos por entero al
trabajo entre los obreros y de condenar con severidad
toda desviación de esta línea, entonces la tarea
estribaba en consolidarnos en el seno de la clase
obrera. Ahora ha sido incorporada al movimiento una
masa gigantesca de fuerzas; hacia nosotros vienen los
mejores representantes de la nueva generación de las
clases instruidas; por todas partes, en provincias, se
ven obligadas a la inacción gentes que ya han tomado
o desean tomar parte en el movimiento y que tienden
hacia la socialdemocracia (mientras que, en 1894, los
socialdemócratas rusos se podían contar con los
dedos). Uno de los defectos fundamentales de
nuestro movimiento, tanto desde el punto de vista
político como desde el de organización, consiste en
que no sabemos emplear todas estas fuerzas,
asignarles el trabajo adecuado (hablaremos con más
detalle sobre esta cuestión en el capítulo siguiente).
La inmensa mayoría de dichas fuerzas está
completamente privada de la posibilidad de "ir a los
obreros"; por consiguiente, no puede ni hablarse del
peligro de distraer fuerzas de nuestra labor
fundamental. Y para suministrar a los obreros
conocimientos políticos verdaderos, vivos, que
abarquen todos los aspectos, es necesario que
tengamos "hombres nuestros", socialdemócratas, en
todas partes, en todas las capas sociales, en todas las
posiciones que permiten conocer los resortes internos
de nuestro mecanismo estatal. Y nos hacen falta estos
hombres no sólo para la propaganda y la agitación,
sino más aún para la organización.
¿Existe terreno para la actividad en todas las
clases de la población? Los que no lo ven prueban
una vez más que su conciencia está en retraso con
respecto al movimiento ascensional espontáneo de

109

¿Qué hacer?
las masas. Entre unos, el movimiento obrero ha
suscitado y suscita el descontento; entre otros
despierta la esperanza en el apoyo de la oposición; a
otros les da conciencia de la imposibilidad del
régimen autocrático, de lo inevitable de su
hundimiento. Sólo de palabra seríamos "políticos" y
socialdemócratas (como muy a menudo ocurre, en
efecto), si no tuviéramos conciencia de nuestro deber
de utilizar todas las manifestaciones del descontento
y de reunir y elaborar todos los elementos de
protesta, por embrionaria que sea. Dejemos ya a un
lado el hecho de que la masa de millones de
campesinos trabajadores, de artesanos, de pequeños
productores, etc., escuchará siempre con avidez la
propaganda de un socialdemócrata, a poco hábil que
sea. Pero ¿es que existe una sola clase de la
población en que no haya individuos, grupos y
círculos descontentos de la falta de derechos y de la
arbitrariedad y, por consiguiente, accesibles a la
propaganda del socialdemócrata, como portavoz que
es de las aspiraciones democráticas generales más
urgentes? A los que quieren formarse una idea
concreta
de
esta
agitación
política
del
socialdemócrata en todas las clases y capas de la
población, les indicaremos las denuncias políticas,
en el sentido amplio de la palabra, como el principal
(pero, claro está, no el único) medio de esta
agitación.
"Debemos -escribía yo en el artículo ¿Por dónde
empezar? (Iskra, N° 4, mayo de 1901), del que
tendremos que hablar en detalle más abajo- despertar
en todas las capas del pueblo que tengan un mínimo
de conciencia la pasión por las denuncias políticas.
No debe asustarnos el hecho de que las voces que
denuncian políticamente sean ahora tan débiles, raras
y tímidas. La razón de este hecho no es, ni mucho
menos, una resignación general con la arbitrariedad
policíaca. La razón está en que las personas capaces
de denunciar y dispuestas a hacerlo no tienen una
tribuna para hablar desde ella, no tienen un auditorio
que escuche ávidamente y anime a los oradores, no
ven por parte alguna en el pueblo una fuerza que
merezca la pena de dirigirle una queja contra el
"todopoderoso" gobierno ruso... Ahora, podemos y
debemos crear una tribuna para denunciar ante todo
el pueblo al gobierno zarista: esa tribuna tiene que
ser un periódico socialdemócrata"184.
El auditorio ideal para las denuncias políticas es
precisamente la clase obrera, que tiene necesidad,
ante todo y por encima de todo, de amplios y vivos
conocimientos políticos, que es la más capaz de
transformar estos conocimientos en lucha activa, aun
cuando no prometa ningún "resultado tangible". En
cuanto a la tribuna para estas denuncias ante todo el
pueblo, no puede ser otra que un periódico destinado
184

Véase V. I. Lenin, Obras, 5ª ed. en ruso, t. 5, págs. 1011. (N. de la Edit.)

a toda Rusia. "Sin un órgano político, sería
inconcebible en la Europa contemporánea un
movimiento que merezca el nombre de movimiento
político", y, en este sentido, por "Europa
contemporánea" hay que entender también, sin duda
alguna, a Rusia. La prensa se ha convertido en
nuestro país, desde hace ya mucho tiempo, en una
fuerza; de lo contrario, el gobierno no invertiría
decenas de millares de rublos en sobornarla y en
subvencionar a toda clase de Katkov y Mescherski. Y
no es una novedad en la Rusia autocrática que la
prensa ilegal rompa los candados de la censura y
obligue a hablar abiertamente de ella a los órganos
legales y conservadores. Así ocurrió en los años del
70 e incluso del 50. ¡Y cuánto más extensos y
profundos son ahora los sectores populares
dispuestos a leer la prensa ilegal y, para emplear la
expresión del obrero, autor de la carta publicada en el
número 7 de Iskra185, a aprender en ella a "vivir y a
morir"! Las denuncias políticas son precisamente una
declaración de guerra al gobierno, como las
denuncias de tipo económico son una declaración de
guerra al fabricante. Y esta declaración de guerra
tiene una significación moral tanto más grande,
cuanto más vasta y vigorosa es la campaña de
denuncias, cuanto más numerosa y decidida es la
clase social que declara la guerra para iniciarla. Las
denuncias políticas son, pues, ya de por sí, uno de los
medios más potentes para disgregar el régimen
adverso, apartar del enemigo a sus aliados fortuitos o
temporales y sembrar la hostilidad y la desconfianza
entre los que participan continuamente en el poder
autocrático.
Sólo el partido que organice campañas de
denuncias en las que realmente participe todo el
pueblo podrá convertirse en nuestros días en
vanguardia de las fuerzas revolucionarias. Las
palabras "todo el pueblo" encierran un contenido
muy grande. La inmensa mayoría de los
denunciadores que no pertenecen a la clase obrera (y
para ser vanguardia es necesario precisamente atraer
a otras clases) son políticos realistas y gentes
185

En el número 7 de Iskra (agosto de. 1901), en la
sección Crónica del movimiento obrero y cartas de
fábricas y talleres, se publicó la carta de un obrero tejedor
de Petersburgo, testimonio de la enorme influencia que
ejercía la Iskra leninista en los obreros avanzados.
"...He dado a leer a muchos camaradas la Iskra -decía el
autor de la carta- y el número ha quedado todo manoseado,
lo que es una lástima por el mucho valor que tiene... Se
habla en él de nuestra causa, de toda la causa rusa, cuyo
valor no se puede medir con kopeks ni determinar con
horas... El domingo pasado reuní a once personas y les leí
¿Por dónde empezar?; no nos separamos hasta bien
entrada la noche. ¡Qué bien está dicho todo, cómo ha
sabido el autor llegar al fondo de las cosas!... Quisiéramos
escribir a esta vuestra Iskra una carta para que no sólo
enseñe cómo hay que empezar, sino cómo hay que vivir y
morir".

110
sensatas y prácticas. Saben muy bien que si peligroso
es "quejarse" incluso de un modesto funcionario, lo
es todavía más hacerlo con respecto al
"todopoderoso" gobierno ruso. Por eso; no se
dirigirán a nosotros con quejas sino cuando vean que
éstas pueden surtir efecto, que representamos una
fuerza política. Para llegar a ser una fuerza política a
los ojos del público, es preciso trabajar mucho y con
porfía por elevar nuestro grado de conciencia,
nuestra iniciativa y nuestra energía; no basta colocar
la etiqueta de "vanguardia" sobre una teoría y una
práctica de retaguardia.
Pero -nos preguntarán y nos preguntan ya los
partidarios excesivamente celosos del "estrecho
contacto orgánico con la lucha proletaria"-, si
debemos encargarnos de la organización de
denuncias de los abusos cometidos por el gobierno en
las que realmente participe todo el pueblo, ¿en qué se
manifestará entonces el carácter de clase de nuestro
movimiento? ¡Pues precisamente en que seremos
nosotros, los socialdemócratas, quienes organicemos
esas campañas de denuncias en las que intervenga
todo el pueblo; en que todas las cuestiones planteadas
en nuestra agitación serán esclarecidas desde un
punto de vista invariablemente socialdemócrata, sin
ninguna indulgencia para las deformaciones,
intencionadas o no, del marxismo; en que esta
agitación política multiforme será realizada por un
partido que reúna en un todo indivisible la ofensiva
en nombre del pueblo entero contra el gobierno con
la educación revolucionaria del proletariado,
salvaguardando al mismo tiempo su independencia
política, y con la dirección de la lucha económica de
la clase obrera y la utilización de sus conflictos
espontáneos con sus explotadores, conflictos que
ponen en pie y atraen sin cesar a nuestro campo a
nuevas capas del proletariado!
Pero uno de los rasgos más característicos del
"economismo" es precisamente no comprender esta
relación; aún más: no comprender el hecho de que la
necesidad más urgente del proletariado (educación
política en todos los aspectos, por medio de la
agitación política y de las denuncias políticas)
coincide con idéntica necesidad del movimiento
democrático general. Esta incomprensión se pone de
manifiesto no sólo en las frases de Martínov, sino
también en diferentes pasajes de la misma
significación en los que los "economistas" se refieren
a un pretendido punto de vista de clase. He aquí, por
ejemplo, cómo se expresan al respecto los autores de
la carta "economista", publicada en el número 12 de
Iskra186: "Este mismo defecto fundamental de Iskra
186

La falta de espacio no nos ha permitido dar en Iskra
una respuesta completa y detallada a esta carta, tan propia
de los "economistas". Su aparición nos causó verdadero
júbilo, pues hacia ya mucho tiempo que oíamos decir por
diferentes lados que Iskra carecía de un consecuente punto
de vista de clase, y sólo esperábamos una ocasión propicia

V. I. Lenin
(la sobreestimación de la ideología) es la causa de su
inconsecuencia en las cuestiones relativas a la actitud
de la socialdemocracia ante las diversas clases y
tendencias sociales. Resolviendo por medio de
construcciones teóricas..." (y no basándose en "el
crecimiento de las tareas del partido, que crecen
junto con éste...") "la tarea de pasar inmediatamente a
la lucha contra el absolutismo y apercibiéndose,
probablemente, de toda la dificultad de esta tarea
para los obreros dado el actual estado de cosas..." (y
no sólo apercibiéndose, sino sabiendo muy bien que
esta tarea les parece menos difícil a los obreros que a
los intelectuales "economistas" que tratan a aquéllos
como a niños, pues los obreros están dispuestos a
batirse incluso por reivindicaciones que no prometan,
para emplear las palabras del inolvidable Martínov,
ningún "resultado tangible")... "pero no teniendo la
paciencia de esperar a que hayan acumulado fuerzas
para esta lucha, Iskra comienza a buscar aliados entre
los liberales y los intelectuales..."
Sí, sí, se nos ha acabado, en efecto, toda la
"paciencia" para "esperar" los días felices que nos
prometen desde hace mucho los "conciliadores" de
toda clase y en los cuales nuestros "economistas"
cesarán de echar a los obreros la culpa de su propio
atraso, de justificar su insuficiente energía por una
pretendida insuficiencia de fuerzas de los obreros.
¿En qué, preguntamos a nuestros "economistas",
debe consistir la "acumulación de fuerzas por los
obreros para esta lucha"? ¿No es evidente que
consiste en la educación política de los obreros, en
poner ante ellos al desnudo todos los aspectos de
nuestro infame régimen autocrático? ¿Y no está claro
que justamente para este trabajo necesitamos tener
"aliados entre los liberales y los intelectuales",
prestos a aportarnos sus denuncias sobre la campaña
política contra los zemtsi, los maestros, los
funcionarios de Estadística, los estudiantes, etc.?
¿Será, en realidad, tan difícil de comprender este
asombrosamente "sabio mecanismo"? ¿No os repite
ya P. Axelrod desde 1897 que "el problema de que
los socialdemócratas rusos conquisten partidarios y
aliados directos o indirectos entre las clases no
proletarias se resuelve ante todo y principalmente por
el carácter de la propaganda hecha en el seno del
proletariado mismo"? ¡Pero los Martínov y demás
"economistas" siguen, no obstante, creyendo que los
obreros deben primero, por medio de "la lucha
económica contra los patronos y el gobierno",
acumular fuerzas (para la política tradeunionista) y
sólo después, según parece, "pasar" de la
tradeunionista "educación de la actividad" a la
actividad socialdemócrata!
"...En sus indagaciones
-continúan los
"economistas"-, Iskra se desvía con frecuencia del
o la expresión cristalizada de esta acusación en boga, para
darle una respuesta. Y tenemos por costumbre no contestar
a un ataque con la defensiva, sino con un contraataque.

111

¿Qué hacer?
punto de vista de clase, escamoteando los
antagonismos de clase y colocando en el primer
plano la comunidad del descontento contra el
gobierno, a pesar de que las causas y el grado de este
descontento son muy diferentes entre los "aliados".
Tal es, por ejemplo, la actitud de Iskra hacia los
zemstvos"... Iskra (según dicen los "economistas")
"promete a los nobles, descontentos de las limosnas
gubernamentales, la ayuda de la clase obrera, y
haciendo esto no dice ni palabra del antagonismo de
clase que separa a estos dos sectores de la
población". Si el lector se remite a los artículos La
autocracia y los zemstvos (N° 2 y 4 de Iskra)187 a los
que por lo visto hacen alusión los autores de la carta,
verá que están consagrados188 a la actitud del
gobierno ante la "blanda agitación del zemstvo
burocrático estamental" y ante la "actividad
independiente de las clases poseedoras". El artículo
dice que el obrero no puede contemplar con
indiferencia la lucha del gobierno contra el zemstvo;
invita a los zemtsi a dejar a un lado sus discursos
blandos y a pronunciarse con palabras firmes y
categóricas
cuando
la
socialdemocracia
revolucionaria se alce con toda su fuerza ante el
gobierno. ¿Qué hay en esto de inaceptable para los
autores de la carta? Nadie lo sabe. ¿Piensan que el
obrero "no comprenderá" las palabras "clases
poseedoras" y "zemstvo burocrático estamental"?
¿Creen que el hecho de impulsar a los zemtsi a pasar
de los discursos blandos a las palabras categóricas es
una "sobreestimación de la ideología"? ¿Se imaginan
que los obreros pueden "acumular fuerzas" para la
lucha contra el absolutismo si no saben cómo éste
trata también a los zemstvos? Nadie lo sabe tampoco.
Lo único claro es que los autores tienen una idea muy
vaga de las tareas políticas de la socialdemocracia.
Que esto es así nos lo dice con mayor claridad aún
esta frase: "Idéntica es la actitud de Iskra ante el
movimiento estudiantil" (es decir, que también en
este caso "escamotea los antagonismos de clase"). En
187

Se tiene en cuenta el artículo de P. Struve La
autocracia y el zemstvo, publicado en los números 2 y 4 de
Iskra, febrero y mayo de 1901. La publicación en Iskra del
artículo de Struve, y en Zariá, de la "memoria
confidencial" de S. Witte La autocracia y el zemstvo, con
prólogo de P. Struve (R. N. S.), fue posible gracias al
acuerdo que establecieron en enero de 1901 las
Redacciones de Iskra y Zariá y la "oposición democrática"
(Struve). Este acuerdo, concluido por P. Axelrod y V.
Zasúlich, con ayuda dé J. Plejánov y con el voto en contra
de Lenin, duró poco tiempo: en la primavera de 1901 se
puso de relieve la completa imposibilidad de una
colaboración sucesiva de los socialdemócratas con los
demócratas burgueses, y se deshizo el bloque con Struve.
188
Y, en el intervalo entre la aparición de estos artículos,
se ha publicado (Iskra, N° 3) uno especialmente dedicado
a los antagonismos de clase en el campo. Véase V. I.
Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, págs. 429-437. (N. de la
Edit.)

lugar de exhortar a los obreros a afirmar, por medio
de una manifestación pública, que el verdadero
origen de la violencia, de la arbitrariedad y del
desenfreno no se halla en la juventud universitaria,
sino en el gobierno ruso (Iskra, N° 2)189, ¡deberíamos
haber publicado, por lo que se ve, razonamientos
concebidos en el espíritu de R. Mysl! Y semejantes
ideas son expresadas por socialdemócratas, en el
otoño de 1901, después de los acontecimientos de
febrero y de marzo, en vísperas de un nuevo auge del
movimiento estudiantil, auge que revela que, incluso
en este plano, la "espontaneidad" de la protesta
contra la autocracia rebasa a la dirección consciente
del movimiento por la socialdemocracia. ¡La
aspiración espontánea de los obreros a intervenir en
defensa de los estudiantes apaleados por la policía y
los cosacos rebasa a la actividad consciente de la
organización socialdemócrata!
"Sin embargo, en otros artículos -continúan los
autores de la carta-, Iskra condena violentamente
todo compromiso y defiende, por ejemplo, la
posición de intolerancia de los guesdístas", A quienes
suelen afirmar con tanta presunción y ligereza que las
discrepancias actuales entre los socialdemócratas no
son esenciales y no justifican una escisión, les
aconsejamos que mediten bien estas palabras. Los
que afirman que no hemos hecho casi nada todavía
para demostrar la hostilidad de la autocracia hacia las
clases más diversas y para hacer conocer a los
obreros la oposición de los sectores más diversos de
la población contra la autocracia, ¿pueden militar
eficazmente en una misma organización con quienes
ven en esta actividad un "compromiso",
evidentemente un compromiso con la teoría de la
"lucha económica contra los patronos y el gobierno"?
Con ocasión del 40 aniversario de la liberación de
los campesinos, hemos hablado de la necesidad de
llevar la lucha de clases al campo(N° 3)190; a
propósito de la memoria secreta de Witte, hemos
descrito (N° 4) la incompatibilidad que existe entre
los órganos de la administración autónoma local y la
autocracia; en relación con la nueva ley (N° 8)191,
hemos atacado el feudalismo de los terratenientes y
del gobierno que les sirve, y hemos saludado el
Congreso ilegal de los zemstvos (N° 8)192, alentando
a los zemtsi a pasar de las peticiones humillantes a la
lucha; hemos alentado (N° 3, con motivo del
llamamiento del 25 de febrero del Comité Ejecutivo
de los estudiantes de Moscú) a los estudiantes que,
comenzando a comprender la necesidad de la lucha
189

Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, págs.
391-396. (N. de la Edit.)
190
Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, págs.
429-437. (N. de la Edit.)
191
Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 8792. (N. de la Edit.)
192
Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 9394. (N. de la Edit.)

V. I. Lenin

112
política, la han emprendido, y, al mismo tiempo,
hemos fustigado la "bárbara incomprensión" de los
partidarios del movimiento "puramente universitario"
que exhortaban a los estudiantes a no participar en
las manifestaciones callejeras; hemos puesto al
descubierto (Raid policiaco contra la literatura, N°
5) los "sueños absurdos", la "mentira y la hipocresía"
de los taimados liberales del periódico Rossia193, y, al
mismo tiempo, hemos estigmatizado la rabiosa
represión del gobierno de torturadores "contra
pacíficos literatos, contra viejos profesores y
científicos, contra conocidos liberales de los
zemstvos"; hemos revelado (N° 6)194 el sentido
verdadero del programa "de tutela del Estado para el
mejoramiento de la vida de los obreros" y celebrado
la "confesión preciosa" de que "más vale prevenir
con reformas desde arriba las exigencias de reformas
desde abajo, que esperar esta última eventualidad";
hemos alentado (N° 7) a los funcionarios de
Estadística en su protesta y condenado a los
funcionarios esquiroles (N° 9). ¡El que vea en esta
táctica un oscurecimiento de la conciencia de clase
del proletariado y un compromiso con el liberalismo
revela que no entiende en absoluto el verdadero
sentido del programa del Credo y, de facto, aplica
precisamente este programa, por mucho que lo
repudie! Porque, por eso mismo, arrastra a la
socialdemocracia a "la lucha económica contra los
patronos y el gobierno" y retrocede ante el
liberalismo, renunciando a la tarea de intervenir
activamente en cada problema de carácter "liberal" y
a determinar frente a cada uno de estos problemas su
propia actitud, su actitud socialdemócrata.
f) Una vez mas "calumniadores", una vez mas
"mistificadores"
Como recordará el lector, estas amables palabras
son de Rab. Dielo, que de este modo contesta a
nuestra
acusación
de
"haber
preparado
indirectamente el terreno para hacer del movimiento
obrero un instrumento de la democracia burguesa".
En su simplicidad, Rab. Dielo ha decidido que esta
acusación no es ni más ni menos que un recurso
polémico. Como si dijera: estos agrios dogmáticos
han resuelto decirnos toda clase de cosas
desagradables, porque ¿qué puede resultar más
desagradable que ser instrumento de la democracia
burguesa? Y se publica en negrilla un "mentís": "una
calumnia sin paliativos" (Dos Congresos, pág. 30),
193

"Rossia" ("Rusia"): diario moderado-liberal; se editó en
Petersburgo en 1899-1902 bajo la dirección de G. Sazónov
y con la colaboración de los folletinistas A. Amfiteátrov y
V. Doroshévich. Adquirió vasta difusión entre las capas
burguesas de la sociedad rusa. En enero de 1902 fue
suspendido por el gobierno debido a la publicación del
folletín de Amfiteátrov Los señores engañadores.
194
Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, pág. 78 y
79 (N. de la Edit.)

"una mistificación" (pág. 31), "una mascarada" (pág.
33). Como Júpiter, Rab. Dielo (aunque se parece
bastante poco a Júpiter) se enfada precisamente
porque no tiene razón, y demuestra, injuriando
irreflexivamente, que es incapaz de seguir el hilo de
las ideas de sus adversarios. Y sin embargo, no hay
que reflexionar mucho para comprender por qué todo
culto de la espontaneidad del movimiento de masas,
todo rebajamiento de la política socialdemócrata al
nivel de la política tradeunionista equivale a preparar
el terreno para convertir el movimiento obrero en
instrumento de la democracia burguesa. El
movimiento obrero espontáneo no puede crear por sí
solo más que el tradeunionismo (e inevitablemente lo
crea), y la política tradeunionista de la clase obrera
no es otra cosa que la política burguesa de la clase
obrera. La participación de la clase obrera en la lucha
política, e incluso en la revolución política, no hace
en modo alguno de su política una política
socialdemócrata. ¿Se le ocurrirá a Rabócheie Dielo
negar esto? ¿Se le ocurrirá, por fin, exponer ante todo
el mundo, sin ambages ni rodeos, el concepto que
tiene de los problemas candentes de la
socialdemocracia internacional y rusa? No, nunca se
le ocurrirá nada semejante, porque se mantiene
firmemente aferrado al recurso de "hacerse el
muerto": Ni soy yo quien soy, ni sé, ni quiero saber
nada del asunto. Nosotros no somos "economistas",
Rabóchaya Mysl no es el "economismo"; en general,
en Rusia no hay "economismo". En un recurso muy
hábil y "político", que sólo tiene el pequeño
inconveniente de que a los órganos que lo ponen en
práctica se les suele aplicar el mote de "usted dirá".
Rab. Dielo cree que, en general, la democracia
burguesa es en Rusia una "quimera" (Dos Congresos,
pág. 32)195. ¡Qué gentes más felices! Como el
avestruz, esconden la cabeza bajo el ala y se
imaginan que con eso han hecho desaparecer todo lo
que les rodea. Una serie de publicistas liberales que,
cada mes, anuncian triunfalmente que el marxismo
está en descomposición e incluso que ha
desaparecido; una Serie de periódicos liberales
(Sankt-Petersburgskie
Védomosti196,
Russkie
195

Se invoca aquí mismo las "condiciones concretas rusas
que llevan fatalmente el movimiento obrero al camino
revolucionario". ¡Esta gente no quiere comprender que el
camino revolucionario del movimiento obrero puede no
ser el camino socialdemócrata! Toda la burguesía del
Occidente de Europa, bajo el absolutismo, "empujaba",
empujaba conscientemente a los obreros al camino
revolucionario. Pero los socialdemócratas no podemos
contentarnos con esto. Y si de una u otra forma rebajamos
la política socialdemócrata al nivel de la política
espontánea, de la política tradeunionista, con ello
precisamente favorecemos a la democracia burguesa.
196
"Sankt-Peterburgskie Védomosti" ("Noticias de San
Petersburgo"): periódico editado en Petersburgo desde
1728 como continuación del primer periódico ruso
Védomosti, que empezó a publicarse en 1703. De 1728 a

¿Qué hacer?
Védomosti197 y muchos otros), en cuyas columnas se
estimula a los liberales que llevan a los obreros una
concepción brentaniana de la lucha de clases198 y una
concepción tradeunionista de la política; la pléyade
de críticos del marxismo, cuyas verdaderas
tendencias ha puesto tan bien al descubierto el Credo
y cuya mercancía literaria es la única que circula por
Rusia sin impuestos ni alcabalas; la reanimación de
las tendencias revolucionarias no socialdemócratas,
sobre todo después de los sucesos de febrero y
marzo; ¡todo esto, por lo visto, es una quimera!
¡Todo esto no tiene en absoluto nada que ver con la
democracia burguesa!
Rab. Dielo, lo mismo que los autores de la carta
"economista" del número 12 de Iskra, debieran haber
"pensado en la razón de que los sucesos de la
primavera hayan producido una reanimación tan
considerable de las tendencias revolucionarias no
socialdemócratas, en lugar de fortalecer la autoridad
y el prestigio de la socialdemocracia". La razón
consiste en que no hemos estado a la altura de
nuestra misión, en que la actividad de las masas
obreras estaba por encima de la nuestra, en que no
hemos
tenido
dirigentes
y
organizadores
revolucionarios suficientemente preparados, que
conocieran a la perfección el estado de ánimo de
todos los sectores oposicionistas y supieran ponerse a
la cabeza del movimiento, convertir una
manifestación espontánea en una manifestación
política, imprimirle un carácter político más amplio,
etc. En estas condiciones, seguirán inevitablemente
aprovechándose de nuestro atraso los revolucionarios
no socialdemócratas más dinámicos y más enérgicos,
y los obreros, por grandes que sean la abnegación y
1824, Sankt-Peterburgskie Védomosti fue editado por la
Academia de Ciencias, y desde 1875, por el Ministerio de
Instrucción Pública. Se publicó hasta finales de 1917.
197
"Russkie Védomosti" ("Noticias de Rusia"): periódico
editado en Moscú a partir de 1863 por los intelectuales
liberales moderados. En los años 80 y 90 colaboraron en él
los escritores del campo democrático (V. Korolenko, M.
Saltykov-Schedrín, G. Uspenski y otros) y se publicaron
artículos de los populistas liberales. Desde 1905, el
periódico fue el órgano del ala derecha del partido
demócrata constitucionalista. V. I. Lenin señaló que
Russkie Védomosti compaginaba de manera original "la
democracia constitucionalista de derecha con un matiz de
populismo". (Véase Obras, 5a ed. en ruso, t. 23, pág. 193.)
En 1918, Russkie Védomosti fue suspendido junto con
otros periódicos contrarrevolucionarios.
198
Concepción brentaniana de la lucha de clases,
"brentanismo": "doctrina liberal burguesa que reconoce la
lucha "de clase" no revolucionaria del proletariado" (véase
V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 37, pág. 237) y
propugna la posibilidad de resolver el problema obrero en
el capitalismo mediante la legislación fabril y la
organización de los obreros en sindicatos. Debe su nombre
a L. Brentano, uno de los principales representantes de la
escuela de los socialistas de cátedra en la economía
política burguesa.

113
la energía con que luchen con la policía y con las
tropas, por muy revolucionaria que sea su actuación,
no podrán ser más que una fuerza que apoya a esos
revolucionarios, serán retaguardia de la democracia
burguesa, y no vanguardia socialdemócrata.
Tomemos el caso de la socialdemocracia alemana, de
la que nuestros "economistas" quieren imitar sólo los
lados débiles. ¿Por qué no se produce en Alemania ni
un solo suceso político sin que contribuya a afianzar
más y más la autoridad y el prestigio de la
socialdemocracia? Porque la socialdemocracia
resulta ser siempre la primera en la apreciación más
revolucionaria de cada suceso, en la defensa de toda
protesta contra la arbitrariedad. No acaricia la ilusión
de que la lucha económica llevará a los obreros a
pensar en su privación de todo derecho, que las
condiciones concretas conducen fatalmente al
movimiento obrero al camino revolucionario.
Interviene en todos los aspectos y en todos los
problemas de la vida social y política; interviene
cuando Guillermo se niega a ratificar el
nombramiento de un alcalde progresista burgués
(¡nuestros "economistas" no han tenido aún tiempo
de explicar a los alemanes que esto es, en el fondo,
un compromiso con el liberalismo!); interviene
cuando se dicta una ley contra las obras y estampas
"inmorales", cuando el gobierno ejerce una presión
para que sean elegidos determinados profesores, etc.,
etc. Siempre está la socialdemocracia en primera
línea, excitando el descontento político en todas las
clases, sacudiendo a los dormidos, espoleando a los
rezagados, proporcionando abundantes materiales
para el desarrollo de la conciencia política y de la
actividad
política
del
proletariado.
Como
consecuencia de todo esto, hasta los enemigos
conscientes del socialismo se penetran de respeto
hacia el luchador político de vanguardia, y no es raro
que un documento importante, no sólo de las esferas
burguesas, sino incluso de las esferas burocráticas y
palaciegas, vaya a parar por una especie de milagro a
la sala de Redacción de Vorwárts.
Ahí está la clave de la aparente "contradicción"
que sobrepasa la capacidad de comprensión de
Rabócheie Dielo hasta tal punto, que éste se limita a
levantar las manos al cielo clamando: "¡Mascarada!".
En efecto, ¡figúrense ustedes: nosotros, Rabócheie
Dielo, consideramos como piedra angular el
movimiento obrero de masas (¡y lo imprimimos en
negrilla!), prevenimos a todos y a cada uno contra el
peligro de aminorar la importancia del elemento
espontáneo, queremos imprimir a la misma, a la
misma, a la misma lucha económica un carácter
político, queremos mantener un contacto estrecho y
orgánico con la lucha proletaria! Y se nos dice que
preparamos el terreno para convertir el movimiento
obrero en instrumento de la democracia burguesa. ¿Y
quién nos lo dice? ¡Gentes que llegan a un
"compromiso" con el liberalismo inmiscuyéndose en

114
todos los problemas "liberales" (¡qué incomprensión
del "contacto orgánico con la lucha proletaria"!),
dedicando tanta atención a los estudiantes e incluso
(¡qué horror!) a los zemtsi! ¡Gentes que, en general,
quieren consagrar una parte mayor de sus fuerzas (en
comparación con los "economistas") a la actuación
entre las clases no proletarias de la población! ¿No es
esto una "mascarada"?
¡Pobre Rabócheie Dielo! ¿Llegará alguna vez a
desentrañar el secreto de este complicado
mecanismo?
IV. Los métodos artesanos de trabajo de los
economistas y la organización de los
revolucionarios
Las afirmaciones de Rab. Dielo -examinadas más
arriba-, cuando dice que la lucha económica es el
medio de agitación política más ampliamente
aplicable, que nuestra tarea consiste ahora en
imprimir a la lucha económica misma un carácter
político, etc., demuestran que se tiene una
comprensión estrecha de nuestras tareas, no
solamente en el terreno político, sino también en el
de organización. Para la "lucha económica contra los
patronos y el gobierno" no hace falta en absoluto una
organización centralizada destinada a toda Rusia
(que, por ello mismo, no puede formarse en el curso
de semejante lucha), una organización que reúna en
un solo impulso común todas las manifestaciones de
oposición política, de protesta y de indignación, una
organización
formada
por
revolucionarios
profesionales y dirigida por verdaderos jefes políticos
de todo el pueblo. Y esto se comprende. El carácter
de la estructura de cualquier institución está
determinado, natural e inevitablemente, por el
contenido de la actividad de dicha institución. Por
esto Rab. Dielo, con las afirmaciones que hemos
examinado anteriormente, consagra y legitima no
sólo la estrechez de la actividad política, sino
también la estrechez del trabajo de organización. Y
en este caso, como en todos, es un órgano de prensa
cuya conciencia retrocede ante la espontaneidad. Y,
sin embargo, el prosternarse ante las formas de
organización que surgen espontáneamente, el no
tener conciencia de lo estrecho y primitivo de nuestro
trabajo de organización, el no ver hasta qué punto
somos todavía "artesanos" en este importante
dominio, la falta de esta conciencia, digo, es una
verdadera enfermedad de nuestro movimiento. No es,
desde luego, una enfermedad propia de la
decadencia, sino del crecimiento. Pero precisamente
ahora, cuando la ola de la indignación espontánea
nos cubre, por decirlo así, a nosotros, como
dirigentes y organizadores del movimiento, es
singularmente necesaria la lucha más intransigente
contra toda defensa del atraso, contra toda
legitimación de la estrechez de miras en este sentido;
es singularmente necesario despertar, en cuantos

V. I. Lenin
toman parte o se proponen tomar parte en el trabajo
práctico, el descontento por los métodos primitivos
de trabajo que reinan entre nosotros y la decisión
inquebrantable de desembarazarnos de ellos.
a) ¿Que son los métodos artesanos de trabajo?
Vamos a tratar de responder a esta pregunta
trazando en pocas palabras un cuadro de la actividad
de un círculo socialdemócrata típico, por los años de
1894 a 1901. Ya hemos hablado del apasionamiento
general de la juventud estudiantil de aquel período
por el marxismo. Claro que este apasionamiento no
correspondía sólo, ni siquiera tanto, al marxismo en
calidad de teoría como en calidad de respuesta a la
pregunta: "¿qué hacer?", como en calidad de
llamamiento para ponerse en marcha contra el
enemigo. Y los nuevos combatientes se ponían en
marcha con un equipo y una preparación
extraordinariamente primitivos. En muchísimos
casos carecían casi por completo hasta de equipo y
no tenían absolutamente ninguna preparación. Iban a
la guerra como verdaderos mujiks, sin más que un
garrote en la mano. Falto de todo contacto con los
viejos dirigentes del movimiento, falto de toda
relación con los círculos de otros lugares o incluso
con los de otros puntos de la ciudad (o de otros
centros de enseñanza), sin organización alguna de las
diferentes partes del trabajo revolucionario, sin plan
alguno sistemático de acción para un período más o
menos prolongado, un círculo de estudiantes se pone
en contacto con obreros y empieza a trabajar.
Paulatinamente, desarrolla una agitación y una
propaganda cada vez más vasta y, por el hecho de su
intervención, se atrae las simpatías de sectores
obreros bastante amplios, la simpatía de una parte de
la sociedad ilustrada, que proporciona dinero y pone
a disposición del "Comité" nuevos y nuevos grupos
de jóvenes. Crece el prestigio del comité (o Unión de
lucha), crece la envergadura de su actividad, y aquél
va ampliando esta actividad de un modo
completamente espontáneo: las mismas personas que,
un año o unos cuantos meses antes, intervenían en
círculos de estudiantes y resolvían la cuestión de a
"¿dónde ir?", que establecían y mantenían relaciones
con los obreros, componían y publicaban octavillas,
se ponen en relación con otros grupos de
revolucionarios, consiguen publicaciones, emprenden
la labor de publicar un periódico local, empiezan a
hablar de organizar una manifestación y, por fin,
pasan a operaciones militares abiertas (operaciones
militares abiertas que pueden ser, según las
circunstancias, la primera hoja de agitación, el primer
número del periódico, la primera manifestación). Y,
por lo general, en cuanto se inician dichas
operaciones, se produce un fracaso inmediato y
completo. Y el fracaso es inmediato y completo,
precisamente porque esas operaciones militares no
son el resultado de un plan sistemático, bien

115

¿Qué hacer?
meditado y minuciosamente preparado, de una lucha
larga y empeñada, sino, sencillamente, el crecimiento
espontáneo de una labor de círculo hecha de acuerdo
con la tradición; porque la policía, como es natural,
conoce casi siempre a todos los principales dirigentes
del movimiento local, que ya han "dado que hablar"
en los bancos universitarios y sólo espera el
momento más propicio para hacer la redada, dejando
con toda intención que el círculo se extienda y se
desarrolle lo bastante para contar con un corpus
delicti
tangible,
y
dejando
cada
vez
intencionadamente unas cuantas personas de ella
conocidas, como "de semilla" (expresión técnica que
emplean, según mis noticias, tanto los nuestros como
los gendarmes). No puede uno menos de comparar
semejante guerra con una expedición de bandas de
campesinos armados de garrotes, contra un ejército
moderno. Como tampoco podemos menos de admirar
la vitalidad de un movimiento que se ha extendido,
ha crecido y ha obtenido victorias, a pesar de la
completa falta de preparación de los combatientes. Es
cierto que, desde el punto de vista histórico, el
carácter primitivo del equipo era, no sólo inevitable
al principio, sino incluso legitimo, como una de las
condiciones que permitía atraer gran cantidad de
combatientes. Pero en cuanto empezaron las
operaciones militares serias (y empezaron ya, en
realidad, con las huelgas del verano de 1896), las
deficiencias de nuestra organización de combate se
hicieron sentir cada vez más. Después del primer
momento de sorpresa, después de haber cometido
una serie de errores (como dirigirse a la opinión
pública contando fechorías de los socialistas, o
deportar a los centros industriales de provincias
obreros de las capitales), el gobierno no tardó en
adaptarse a las nuevas condiciones de la lucha y supo
colocar en los puntos convenientes sus
destacamentos de provocadores, de espías y de
gendarmes, pertrechados con todos los medios
modernos. Las redadas se hicieron tan frecuentes,
extendiéndose a un número de personas tan grande,
barriendo los círculos locales hasta tal punto, que la
masa obrera quedaba literalmente sin dirigentes, el
movimiento adquiría un carácter esporádico increíble
y era absolutamente imposible establecer continuidad
ni conexión alguna en el trabajo. La extraordinaria
dispersión de los militantes locales, la composición
fortuita de los círculos, la falta de preparación y la
estrechez de horizontes en el terreno de las
cuestiones teóricas, políticas y de organización eran
consecuencia inevitable de las condiciones descritas.
Las cosas han llegado a tal extremo que en algunos
lugares, los obreros, viendo nuestra falta de firmeza y
de hábitos de actividad clandestina, sienten
desconfianza hacia los intelectuales y se apartan de
ellos: ¡los intelectuales, dicen, originan detenciones
por su acción, demasiado irreflexiva!
Toda persona que conozca algo el movimiento

sabe que no hay un socialdemócrata razonable que no
vea ya, al fin, en el carácter primitivo de los métodos
de trabajo, una enfermedad. Pero para que el lector
no iniciado no vaya a creer que "construimos"
artificialmente una fase especial o una peculiar
enfermedad del movimiento, nos remitiremos al
testigo que ya hemos citado antes. Que se nos
disculpe la extensión de la cita.
"Si el paso gradual a una actividad práctica más
amplia -escribe B-v199 en el número 6 de Rab. Dielo-,
paso que depende directamente del período general
de transición por el que atraviesa el movimiento
obrero ruso, es un rasgo característico..., existe otro
rasgo no menos interesante en el conjunto del
mecanismo de la revolución obrera rusa. Nos
referimos a la escasez general de fuerzas
revolucionarias aptas para la acción200, que se deja
sentir no sólo en Petersburgo, sino en toda Rusia. A
medida que el movimiento obrero se intensifica, a
medida que se desarrolla la masa obrera, a medida
que se hacen más frecuentes los casos de huelgas,
que la lucha de masas de los obreros se despliega
más abiertamente, lo que recrudece la persecución
gubernamental, las detenciones, los destierros y
deportaciones,
esta
escasez
de
fuerzas
revolucionarias de alta calidad se hace cada vez más
sensible e, indudablemente, no deja de influir sobre
la profundidad y el carácter general del movimiento.
Muchas huelgas se desarrollan sin que las
organizaciones revolucionarias ejerzan sobre ellas
una influencia enérgica y directa..., se deja sentir la
escasez de hojas de agitación y de publicaciones
ilegales...., los círculos obreros se quedan sin
agitadores... Al mismo tiempo, se nota
constantemente la falta de recursos pecuniarios. En
una palabra, el crecimiento del movimiento obrero
sobrepasa al crecimiento y al desarrollo de las
organizaciones revolucionarias. Los efectivos de
revolucionarios activos resultan ser demasiado
insignificantes para concentrar en sus manos la
influencia sobre toda la masa obrera en agitación,
para dar a todos los disturbios ni aun sombra de
armonía y organización... Los círculos dispersos, los
revolucionarios dispersos no están unidos, no están
agrupados, no constituyen una organización única,
fuerte y disciplinada, con partes metódicamente
desarrolladas"... Y después de formular la reserva de
que si, en lugar de los círculos deshechos, aparecen
inmediatamente nuevos círculos, este hecho
"demuestra tan sólo la vitalidad del movimiento...,
pero no prueba que exista una cantidad suficiente de
militantes revolucionarios plenamente aptos", el
autor concluye: "La falta de preparación práctica de
los revolucionarios petersburgueses se refleja
199

B-v: B. V. Sávínkov, uno de los dirigentes del partido
socialrevolucionario.
200
Todos los pasajes subrayados lo han sido por mí.

V. I. Lenin

116
también en los resultados de su trabajo. Los últimos
procesos, y en particular los de los grupos
"Autoemancipación" y "Lucha del Trabajo contra el
Capital"201 han demostrado claramente que un
agitador joven, que no conozca al detalle las
condiciones del trabajo y, por consiguiente, de la
agitación en una fábrica determinada, que no conozca
los principios de la conspiración y que sólo haya
asimilado" (¿asimilado?) "las ideas generales de la
socialdemocracia, puede trabajar unos cuatro, cinco o
seis meses. Luego viene la detención, que muchas
veces trae consigo el desmoronamiento de toda la
organización o, por lo menos, de una parte de ella.
Cabe preguntar: ¿puede un grupo trabajar con éxito,
con fruto, cuando su existencia está limitada a unos
cuantos meses? Es evidente que los defectos de las
organizaciones existentes no pueden atribuirse por
entero al período de transición...; es evidente que la
cantidad y, sobre todo, la calidad de los efectivos de
las organizaciones activas desempeñan aquí un papel
de no escasa importancia, y la tarea primordial de
nuestros socialdemócratas... debe consistir en
unificar realmente las organizaciones, con una
selección rigurosa de sus miembros".
b) Los métodos artesanos de trabajo y el
economismo
Debemos detenernos ahora en una cuestión que
seguramente se plantean ya todos los lectores:
¿puede establecerse una relación entre estos métodos
primitivos de trabajo, como enfermedad de
crecimiento, que afecta a todo el movimiento, y el
"economismo", como una de las tendencias de la
socialdemocracia rusa? Nosotros creemos que sí. La
falta de preparación práctica, la falta de habilidad en
la labor de organización son, en, efecto, cosas
comunes a todos nosotros, incluso a quienes desde el
principio han sustentado inflexiblemente el punto de
vista del marxismo revolucionario. Y es cierto que
nadie podría echar en cara a los militantes
consagrados al trabajo práctico esta falta de
preparación por sí sola. Pero, además de la falta de
preparación, el concepto "métodos primitivos de
trabajo" supone otra cosa: supone el reducido alcance
de todo el trabajo revolucionario en general, el no
comprender que sobre la base de este trabajo de
estrecho horizonte no se puede constituir una buena
201

Se tiene en cuenta "El grupo de obreros para la lucha
contra el capital", fundado en Petersburgo en la primavera
de 1899 por V. Gutovski (posteriormente, el conocido
menchevique E. Maiévski); el grupo fue formado por
algunos obreros e intelectuales, pero no mantuvo estrechos
vinculos con el movimiento obrero de Petersburgo. A poco
de su constitución, después de la detención de casi todos
sus miembros, se disolvió en el verano de 1899. Por sus
puntos de vista se asemejaba al "economismo". El grupo
editó la hoja -uestro programa que, sin embargo, no
adquirió difusión.

organización de revolucionarios, y, por último -y esto
es lo principal-, supone tentativas de justificar esta
estrechez de horizontes y de erigirla en una "teoría"
particular, es decir, suponen el culto de la
espontaneidad también en este terreno. Y tan pronto
como se manifestaron tales tentativas, se hizo
indudable que los métodos primitivos de trabajo
están relacionados con el "economismo", y que no
nos libraremos de la estrechez en nuestro trabajo de
organización si no nos libramos del "economismo"
en general (es decir, de una concepción estrecha,
tanto de la teoría del marxismo como del papel de la
socialdemocracia y de sus tareas políticas). Y esas
tentativas han sido observadas en dos direcciones.
Unos comenzaron a decir que la masa obrera no
había planteado aún ella misma tareas políticas tan
amplias y tan combativas como las que le "imponían"
los revolucionarios, que debe luchar todavía por
reivindicaciones políticas inmediatas, sostener "una
lucha económica contra los patronos y el
gobierno”202 (y a esta lucha "accesible" al
movimiento de masas corresponde, naturalmente,
una organización "accesible" incluso a la juventud
menos preparada). Otros, alejados de todo
"gradualismo", comenzaron a decir que se podía y se
debía "hacer la revolución política", pero que, para
eso, no había necesidad alguna de crear una fuerte
organización de revolucionarios que educara al
proletariado en una lucha firme y empeñada; que
para eso era suficiente que cogiéramos todos el
garrote ya conocido y "accesible". Hablando sin
alegorías: que organizásemos la huelga general203 o
estimulásemos el proceso del movimiento obrero,
"dormido", con un "terror excitante"204. Ambas
tendencias, la oportunista y la "revolucionista",
capitulan ante los métodos primitivos de trabajo
imperantes, no tienen fe en la posibilidad de librarse
de ellos, no comprenden nuestra primera y más
urgente tarea práctica: crear una organización de
revolucionarios capaz de dar a la lucha política
energía, firmeza y continuidad.
Acabamos de citar las palabras de B-v: "El
crecimiento del movimiento obrero sobrepasa al
crecimiento y al desarrollo de las organizaciones
revolucionarias". Esta "valiosa noticia de un
observador directo" (comentario de la redacción de
Rabócheie Dielo al articulo de B-v) tiene para
nosotros valor doble. Demuestra que teníamos razón
al considerar que la causa fundamental de la crisis
por que atraviesa actualmente la socialdemocracia
rusa está en el atraso de los dirigentes ("ideólogos",
revolucionarios, socialdemócratas) respecto al
202

Rab. Mysl y Rab. Dielo, sobre todo la Respuesta a
Plejánov.
203
¿Quién hará la revolución politica?, folleto publicado
en Rusia en la recopilación La lucha proletaria y reeditado
por el Comité de Kíev.
204
Renacimiento del revolucionarismo y Svoboda.

117

¿Qué hacer?
movimiento ascensional espontáneo de las masas.
Demuestra que todas esas disquisiciones de los
autores de la carta "economista" (en el número 12 de
Iskra), B. Krichevski y Martínov, sobre el peligro de
aminorar la importancia del elemento espontáneo, de
la lucha cotidiana y gris, sobre la táctica-proceso,
etc., son precisamente una defensa y una exaltación
de los métodos primitivos de trabajo. Esas gentes que
no pueden pronunciar la palabra "teórico" sin una
mueca de desprecio, que llaman "sentido de la vida"
a su prosternación ante la falta de preparación para la
vida y ante la falta de desarrollo, demuestran de
hecho que no comprenden nuestras tareas prácticas
más imperiosas. A gentes que se han quedado atrás
les gritan: "¡Marcad el paso! ¡No os adelantéis!" A
gentes que adolecen de falta de energía y de
iniciativa en el trabajo de organización, de falta de
"planes" para organizar amplia y valientemente el
trabajo, ¡les hablan de la "táctica-proceso"! Nuestro
pecado capital consiste en rebajar nuestras tareas
políticas y de organización al nivel de los intereses
inmediatos, "tangibles", "concretos" de la lucha
económica cotidiana, ¡pero siguen cantándonos: hay
que imprimir a la lucha económica misma un carácter
político! Repetimos: esto es literalmente el mismo
"sentido de la vida" que demostraba poseer el
personaje de la épica popular que gritaba, al paso de
un entierro: "¡Ojalá tengáis siempre algo que llevar!"
Recordad
la
presunción
incomparable,
verdaderamente digna de un narciso, con que esos
sabios aleccionaban a Plejánov: "A los círculos
obreros no les son accesibles en general (¡sic!) las
tareas políticas en el sentido real, práctico de esta
palabra, es decir, en el sentido de una lucha práctica,
conveniente y eficaz, por reivindicaciones políticas"
(Respuesta de la Redacción de "R. D.", pág. 24).
¡Hay círculos y círculos, señores! A un círculo de
"artesanos", desde luego, no le son accesibles las
tareas políticas, mientras no reconozca el carácter
artesano de sus métodos de trabajo y no se libre de
ellos. Pero si, además, esos artesanos están
enamorados de sus métodos, si escriben siempre en
cursiva la palabra "práctico" y se imaginan que la
práctica exige que ellos rebajen sus tareas al nivel de
comprensión de las capas más atrasadas de las masas,
entonces, desde luego, esos artesanos son incurables,
y, en efecto, las tareas políticas les son en general
inaccesibles. Pero a un círculo de corifeos como
Alexéiev y Myshkin, Jalturin y Zheliábov le son
accesibles las tareas políticas en el sentido más real,
más práctico de la palabra, y le son accesibles
precisamente por cuanto sus ardientes prédicas
encuentran eco en la masa, que se despierta
espontáneamente; por cuanto su hirviente energía es
secundada y apoyada por la energía de la clase
revolucionaria. Plejánov tenía mil veces razón
cuando no sólo indicó cuál era esta clase
revolucionaria, no sólo demostró que era inevitable e

ineludible su despertar espontáneo, sino que planteó
incluso ante los "círculos obreros" un alto y
grandioso cometido político. Y vosotros invocáis el
movimiento de masas que ha surgido a partir de
entonces, para rebajar ese cometido, para reducir la
energía y el alcance de la actividad de los "círculos
obreros". ¿Qué es esto sino egolatría del artesano,
enamorado de sus métodos? Os vanagloriáis de
vuestro espíritu práctico y no veis el hecho conocido
de todo militante ruso entregado al trabajo práctico:
qué milagros puede hacer en la obra revolucionaria,
no sólo la energía de un círculo, sino incluso la
energía de un solo individuo. ¿O es que creéis que en
nuestro movimiento no pueden existir los corifeos
que existieron en la década del 70? ¿Por qué razón?
¿Porque estamos poco preparados? ¡Pero nos
preparamos, nos prepararemos y estaremos
preparados! ¡Verdad es que el agua estancada de la
"lucha económica contra los patronos y el gobierno"
ha creado entre nosotros, por desgracia, verdín: han
aparecido gentes que se ponen de hinojos adorando la
espontaneidad y que contemplan con unción (como
dice Plejánov) "la parte trasera" del proletariado
ruso! Pero sabremos sacudirnos ese verdín.
Precisamente ahora es cuando el revolucionario ruso,
dirigido
por
una
teoría
verdaderamente
revolucionaria,
apoyándose
en
una
clase
verdaderamente revolucionaria, que se despierta
espontáneamente, puede al fin -¡al fin!- alzarse en
toda su talla y desplegar todas sus fuerzas de gigante.
Para ello sólo hace falta que, en la masa de militantes
entregados al trabajo práctico, en la masa todavía
más extensa de gentes que sueñan con el trabajo
práctico ya desde el banco de la escuela, sea acogido
con burla y desprecio todo intento de rebajar nuestras
tareas políticas y el alcance de nuestro trabajo de
organización ¡Y lo conseguiremos, no se preocupen
ustedes!
En el artículo ¿Por dónde empezar? he escrito
contra Rabócheie Dielo: "En 24 horas se puede
modificar la táctica de agitación en algún problema
especial, se puede modificar la táctica de realización
de algún detalle de organización del partido, pero
cambiar, no digamos en veinticuatro horas, sino
incluso en veinticuatro meses, el punto de vista que
se tenga sobre el problema de si hace falta en
general, siempre y absolutamente, la organización de
combate y la agitación política entre las masas, es
cosa que sólo pueden hacer personas sin
principios"205. Rabócheie Dielo contesta: "Esta
acusación de Iskra, la única que pretende estar
basada en la realidad, carece en absoluto de
fundamento. Los lectores de Rabócheie Dielo saben
perfectamente que nosotros no sólo hemos exhortado
a la agitación política, desde el principio, sin esperar
205

Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, pág. 6. (N.
de la Edit.)

V. I. Lenin

118
a que apareciera Iskra..." (diciendo que, no ya a los
círculos obreros, "ni aun siquiera al movimiento
obrero de masas se le puede plantear como primera
tarea política la de derribar el absolutismo", sino
únicamente la lucha por reivindicaciones políticas
inmediatas, y que "las reivindicaciones políticas
inmediatas se hacen accesibles a las masas después
de una o, en todo caso, de varias huelgas")... "sino
que también con nuestras publicaciones, editadas en
el extranjero, hemos proporcionado a los camaradas
que actúan en Rusia los únicos materiales de
agitación política socialdemócrata..." (y, en estos
únicos materiales, no sólo han practicado con la
mayor amplitud la agitación política exclusivamente
en el terreno de la lucha económica, sino que
discurrieron, al fin, la idea de que esta agitación
limitada era "la más ampliamente aplicable". ¿Y no
advierten ustedes, señores, que su argumentación
demuestra precisamente la necesidad de la aparición
de Iskra -en vista del carácter de esos materiales
únicos- y la necesidad de la lucha de Iskra contra
Rabócheie Dielo?)... "Por otra parte, nuestra
actividad editorial preparaba en la práctica la unidad
táctica del partido..." (¿la unidad de creer que la
táctica es el proceso de crecimiento de las tareas del
partido, que crecen juntamente con éste? [Valiente
unidad!)... "y, por ello mismo, hacía posible crear
una "organización de combate", para cuya formación
ha hecho la Unión todo lo que le era accesible a una
organización residente en el extranjero" (Rabócheie
Dielo, N° 10, pág. 15). ¡Vano intento de salir del
paso! Que han hecho ustedes cuanto les era
accesible, es cosa que yo nunca he pensado en negar.
Lo que yo he afirmado y afirmo es que los límites de
lo que es "accesible" para ustedes se estrechan por la
miopía de sus concepciones. Mueve a risa que se
llegue ni aun a hablar de "organizaciones de
combate" para luchar por "reivindicaciones políticas
inmediatas" o para "la lucha económica contra los
patronos y el gobierno".
Pero si el lector quiere ver perlas de
enamoramiento "económico" de los métodos
primitivos, tendrá que pasar, naturalmente, del
ecléctico y vacilante Rab. Dielo al consecuente y
decidido Rab. Mysl. "Dos palabras ahora sobre la
llamada intelectualidad revolucionaria -escribía R.
M. en el Suplemento especial, pág. 13-. Es cierto que
más de una vez ha demostrado en la práctica que está
totalmente dispuesta a "la contienda decisiva con el
zarismo". Únicamente, lo malo es que, perseguida sin
tregua por la policía política, nuestra intelectualidad
revolucionaria consideraba esta lucha con la policía
política como una lucha política contra la autocracia.
Por esto sigue aún sin encontrar contestación a la
pregunta: "¿De dónde sacar fuerzas para luchar
contra la autocracia?
¿No es verdad que es incomparable este olímpico
desprecio que siente por la lucha contra la policía un

admirador (en el peor sentido de la palabra) del
movimiento espontáneo? ¡¡Está dispuesto a justificar
nuestra falta de habilidad para el trabajo conspirativo
diciendo que, con el movimiento espontáneo de
masas, para nosotros no tiene importancia, en el
fondo, la lucha contra la policía política!! Esta
conclusión monstruosa la suscribirían muy pocos: tan
dolorosamente siente todo el mundo las deficiencias
de nuestras organizaciones revolucionarias. Pero si
no la suscribe, por ejemplo, Martínov, es sólo porque
no sabe o no tiene el valor de meditar hasta el fin sus
propias tesis. En efecto, ¿puede decirse acaso que
una "tarea" como la de que las masas planteen
reivindicaciones concretas, que prometan resultados
tangibles, exige una preocupación especial por crear
una organización de revolucionarios sólida,
centralizada y combativa? ¿No realiza también esta
"tarea" una masa que de ninguna manera "lucha
contra la policía política"? Aún más: ¿sería realizable
esa tarea, si, además de un reducido número de
dirigentes, no se encargaran de cumplirla también (en
su inmensa mayoría) obreros que son absolutamente
incapaces de "luchar contra la policía política"?
Estos obreros, los hombres medios de la masa, son
capaces de dar pruebas de una energía y abnegación
gigantescas en una huelga, en la lucha contra la
policía y las tropas en la calle, pueden (y son los
únicos que pueden) decidir el desenlace de todo
nuestro movimiento, pero precisamente la lucha
contra la policía política exige cualidades especiales,
exige revolucionarios profesionales. Y nosotros no
debemos preocuparnos sólo de que la masa "plantee"
reivindicaciones concretas, sino también de que la
masa de obreros "destaque", en número cada vez más
grande, estos revolucionarios profesionales. Así,
pues, hemos llegado al problema de las relaciones
entre
la
organización
de
revolucionarios
profesionales y el movimiento puramente obrero. A
esta cuestión, poco desarrollada en las publicaciones,
le hemos dedicado nosotros, los "políticos", mucho
tiempo en conversaciones y discusiones con
camaradas más o menos inclinados hacia el
"economismo". Merece la pena de detenerse en él
especialmente. Pero terminemos antes con otra cita la
ilustración de nuestra tesis sobre la relación entre los
métodos primitivos de trabajo y el "economismo".
"El grupo "Emancipación del Trabajo" -decía el
señor N. N.206 en su Respuesta- exige que se luche
directamente contra el gobierno, sin pensar dónde
está la fuerza material necesaria para dicha lucha, sin
indicar que caminos ha de seguir ésta". Y,
subrayando esta última expresión, el autor hace a
propósito de la palabra "caminos" la observación
siguiente: "Esta circunstancia no puede explicarse
por los fines de la conspiración, porque en el
206

N. N.: S. Prokopóvich, uno de los "economistas"
activos, posteriormente demócrata constitucionalista.

119

¿Qué hacer?
programa no se trata de una conjuración, sino de un
movimiento de masas. Y las masas no pueden
avanzar por caminos secretos. ¿Es acaso posible una
huelga secreta? ¿Es posible celebrar en secreto una
manifestación, presentar una petición en secreto?"
(Vademécum. pág. 59). El autor ha abordado de lleno
tanto la "fuerza material" (los organizadores de las
huelgas y de las manifestaciones), como los
"caminos" por los que tiene que seguir esta lucha;
pero se ha quedado, sin embargo, confuso y perplejo,
pues se "prosterna" ante el movimiento de masas, es
decir, lo considera como algo que nos exime de
nuestra actividad, de la actividad revolucionaria, y no
como algo que debe alentar e impulsar nuestra
actividad revolucionaria. Una huelga secreta es
imposible para las personas que participen en ella o
tengan con ella relación inmediata. Pero, para las
masas de obreros rusos, esa huelga puede ser (y lo es
en la mayoría de los casos) "secreta", porque el
gobierno se preocupará de cortar toda relación con
los huelguistas, se preocupará de hacer imposible
toda difusión de noticias sobre la huelga. Y aquí es
donde ya hace falta la "lucha contra la policía
política", una lucha especial, una lucha que nunca
podrá sostener activamente una masa tan amplia
como la que toma parte en las huelgas. Esa lucha
deben organizarla, "según todas las reglas del arte",
personas que tengan como profesión la actividad
revolucionaria. Y la organización de esta lucha no es
ahora menos necesaria porque las masas se
incorporen espontáneamente al movimiento. Al
contrario, la organización se hace con este motivo
más necesaria, porque nosotros, los socialistas,
faltaríamos a nuestras obligaciones directas ante las
masas, si no supiéramos impedir que la policía haga
secreta (y si a veces no preparásemos nosotros
mismos en secreto) cualquier huelga o manifestación.
Y sabremos hacerlo precisamente porque las masas
que despiertan espontáneamente destacarán también
de su seno más y más "revolucionarios profesionales"
(siempre que no se nos ocurra invitar a los obreros,
en todos los tonos, a que sigan chapoteando en un
mismo sitio).
c) La organización de los obreros y la
organización de los revolucionarios
Si en el concepto de "lucha económica contra los
patronos y el gobierno" se engloba, para un
socialdemócrata, el de lucha política, es natural
esperar que el concepto de "organización de
revolucionarios" quede más o menos englobado en el
de "organización de obreros". Es lo que realmente
ocurre, de suerte que, cuando hablamos de
organización, resulta que hablamos literalmente en
lenguas diferentes. Recuerdo, por ejemplo, como si
fuera ahora mismo una conversación que tuve un día
con un "economista" bastante consecuente, al que yo

antes no conocía207. La conversación giraba en torno
al folleto ¿Quién hará la revolución política? Pronto
convinimos en que el defecto capital de este folleto
consistía en no tener en cuenta la cuestión de la
organización. Nos figurábamos estar ya de acuerdo,
pero..., al seguir la conversación, resultó que
hablábamos de cosas diferentes. Mi interlocutor
acusaba al autor de no tener en cuenta las cajas de
resistencia para casos de huelga, las sociedades de
socorros mutuos, etc.; yo, en cambio, pensaba en la
organización de revolucionarios indispensable para
"hacer" la revolución política. ¡Y, en cuanto se reveló
esta discrepancia, yo no recuerdo haber estado jamás
de acuerdo sobre ninguna cuestión de principio con
este "economista"!
Mas ¿en qué consistía el motivo de nuestras
discrepancias? Ni más ni menos en que los
"economistas" se desvían constantemente del
socialdemocratismo hacia el tradeunionismo, tanto en
las tareas de organización como en las tareas
políticas. La lucha política de la socialdemocracia es
mucho más amplia y más compleja que la lucha
económica de los obreros contra los patronos y el
gobierno. Del mismo modo (y como consecuencia de
ello), la organización de un partido socialdemócrata
revolucionario debe ser inevitablemente de un género
distinto que la organización de los obreros para la
lucha económica. La organización de los obreros
debe ser, en primer lugar, sindical; en segundo lugar,
debe ser lo más extensa posible; en tercer lugar, debe
ser lo menos clandestina posible (aquí y en lo que
sigue me refiero, claro está, sólo a la Rusia
autocrática). Por el contrario, la organización de los
revolucionarios debe englobar ante todo y sobre todo
a gentes cuya profesión sea la actividad
revolucionaria (por eso, yo hablo de una
organización de revolucionarios, teniendo en cuenta
a los revolucionarios socialdemócratas). Ante esta
característica general de los miembros de una tal
organización debe desaparecer en absoluto toda
distinción entre obreros e intelectuales, por no hablar
ya de la distinción entre las diversas profesiones de
unos y otros. Esta organización, necesariamente, no
debe ser muy extensa, y es preciso que sea lo más
clandestina posible. Detengámonos sobre estos tres
puntos distintivos.
En los países que gozan de libertades políticas, la
diferencia entre la organización sindical y la
organización política es completamente clara, como
es también clara la diferencia que existe entre las
tradeuniones y la socialdemocracia. Las relaciones de
esta última con las tradeuniones, desde luego, varían
inevitablemente de unos países a otros, según las
condiciones históricas, jurídicas, etc., pudiendo ser
más o menos estrechas, complejas, etc., (desde
207

Seguramente se trata de la primera entrevista de V. I.
Lenin con A. Martínov, que tuvo lugar en 1901.

120
nuestro punto de vista, deben ser lo más estrechas y
lo menos complejas posible), pero no puede ni
hablarse en los países libres de identificar la
organización de los sindicatos con la organización
del Partido Socialdemócrata. En Rusia, en cambio, el
yugo de la autocracia borra, a primera vista, toda
distinción entre la organización socialdemócrata y el
sindicato obrero, pues todo sindicato obrero y todo
círculo están prohibidos, y la huelga, principal
manifestación y arma de la lucha económica de los
obreros, se considera en general crimen de derecho
común (¡y, a veces, incluso delito político!). De esta
suerte, las condiciones de Rusia, de una parte,
"incitan" con fuerza a pensar en las cuestiones
políticas a los obreros que luchan en el terreno
económico, y, de otra, "incitan" a los
socialdemócratas a confundir el tradeunionismo con
el socialdemocratismo
(nuestros Krichevski,
Martínov y consortes, que no cesan de hablar de la
"incitación" del primer género, no se dan cuenta de la
"incitación" del segundo género). En efecto,
imaginémonos a gentes absorbidas en un 99 por 100
por "la lucha económica contra los patronos y el
gobierno". Los unos, durante todo el período de su
actuación (de 4 a 6 meses), no pensarán jamás en la
necesidad de una organización más compleja de
revolucionarios. Los otros, tal vez, "tropezarán" con
la literatura bernsteiniana, relativamente bastante
difundida, y adquirirán la convicción de que lo que
importa en realidad es la "marcha progresiva de la
lucha cotidiana y gris". Otros, en fin, se dejarán acaso
seducir por la tentadora idea de dar al mundo un
nuevo ejemplo de "estrecho contacto orgánico con la
lucha proletaria", de contacto del movimiento
sindical con el movimiento socialdemócrata. Cuanto
más tarde llega un país al capitalismo y, por
consiguiente, al movimiento obrero, dirán estas
gentes, tanto más pueden participar los socialistas en
el movimiento sindical y apoyarlo, y menos puede y
debe haber sindicatos no socialdemócratas. Hasta
ahora, el razonamiento es perfectamente justo, pero
la desgracia consiste en que van más lejos y sueñan
con una fusión completa entre el socialdemocratismo
y el tradeunionismo. En seguida vamos a ver, por el
ejemplo de los Estatutos de la Unión de Lucha de
Sankt Petersburgo, la influencia perjudicial de estos
sueños sobre nuestros planes de organización.
Las organizaciones obreras para la lucha
económica deben ser organizaciones sindicales. Todo
obrero socialdemócrata debe, dentro de lo posible,
apoyar a estas organizaciones y trabajar activamente
en ellas. De acuerdo. Pero es en absoluto contrario a
nuestros
intereses
exigir
que
sólo
los
socialdemócratas puedan ser miembros de las
uniones "gremiales", ya que esto reduciría el alcance
de nuestra influencia sobre la masa. Que participe en
la unión gremial todo obrero que comprenda la
necesidad de la unión para la lucha contra los

V. I. Lenin
patronos y contra el gobierno. El fin mismo de las
uniones gremiales sería inasequible si no agrupasen a
todos los obreros capaces de comprender aunque no
fuese más que esta noción elemental, si estas uniones
gremiales no fuesen unas organizaciones muy
amplias. Y cuanto más amplias sean estas
organizaciones, tanto más amplia será nuestra
influencia en ellas, influencia ejercida no solamente
por el desarrollo "espontáneo" de la lucha
económica, sino también por la acción directa y
consciente de los miembros socialistas de los
sindicatos sobre sus camaradas. Pero, en una
organización amplia, la clandestinidad rigurosa es
imposible (pues exige mucha más preparación que la
que es necesaria para la participación en la lucha
económica). ¿Cómo conciliar esta contradicción
entre la necesidad de contar con efectivos numerosos
y el régimen clandestino riguroso? ¿Cómo conseguir
que las organizaciones gremiales sean lo menos
clandestinas posible? En general, no puede haber más
que dos vías: o bien la legalización de las
asociaciones gremiales (que en algunos países ha
precedido a la legalización de las asociaciones
socialistas y políticas), o bien el mantenimiento de la
organización secreta, pero tan "libre", tan poco
reglamentada, tan lose, como dicen los alemanes, que
para la masa de los afiliados el régimen clandestino
quede reducido casi a la nada.
La legalización de los sindicatos obreros no
socialistas y no políticos ha comenzado ya en Rusia,
y no cabe la menor duda que cada paso de nuestro
movimiento obrero socialdemócrata, que crece en
progresión rápida, alentará y multiplicará las
tentativas de legalización, realizadas sobre todo por
los partidarios del régimen vigente, pero también, en
parte, por los mismos obreros y los intelectuales
liberales. Los Vasíliev y los Zubátov han izado ya la
bandera de la legalización; los señores Ozerov y
Worms ya han prometido y facilitado su concurso a
la legalización, y la nueva corriente ha encontrado ya
adeptos entre los obreros. Y nosotros no podemos
dejar de tener en cuenta esta corriente. Sobre la
forma en que hay que tenerla en cuenta, difícilmente
puede existir entre los socialdemócratas más de una
opinión. Nuestro deber consiste en desenmascarar de
continuo toda participación de los Zubátov y los
Vasíliev, de los gendarmes y los popes en esta
corriente, y revelar a los obreros las verdaderas
intenciones de estos elementos. Nuestro deber
consiste en desenmascarar asimismo toda nota
conciliadora, de "armonía", que se deslice en los
discursos de los liberales en las reuniones obreras
públicas, ya se deban estas notas a que dichas gentes
abriguen el convencimiento sincero de que es
deseable una colaboración pacífica de las clases, ya a
que deseen congraciarse con las autoridades, o a
inhabilidad simplemente. Tenemos, en fin, el deber
de poner en guardia a los obreros contra los lazos de

¿Qué hacer?
la policía, que en estas reuniones públicas y en las
sociedades autorizadas observa a los "más
despiertos" y trata de aprovecharse de las
organizaciones legales para introducir provocadores
también en las ilegales.
Pero hacer todo esto no significa en absoluto
olvidar que la legalización del movimiento obrero
nos beneficiará, en fin de cuentas, a nosotros, y no,
en modo alguno, a los Zubátov. Al contrario,
precisamente con nuestra campaña de denuncias
separamos la cizaña del buen grano. Ya hemos
indicado cuál es la cizaña. El buen grano está en
interesar en las cuestiones sociales y políticas a
sectores obreros aún más amplios, a los sectores más
atrasados;
en
liberarnos,
nosotros,
los
revolucionarios, de las funciones que son, en el
fondo, legales (difusión de obras legales, socorros
mutuos, etc.) y cuyo desarrollo nos dará
infaliblemente cada vez más y más materiales para la
agitación. En este sentido, podemos y debemos decir
a los Zubátov y a los Ozerov: ¡Trabajen ustedes,
señores, trabajen! Por cuanto tienden ustedes una
celada a los obreros (mediante la provocación directa
o la corrupción "honrada" de los obreros con ayuda
del "struvismo"208), nosotros ya nos encargaremos de
desenmascararles. Por cuanto dan ustedes un paso
efectivo hacia adelante -aunque sea en forma del más
"tímido zigzag", pero un paso hacia adelante-, les
diremos: "¡Sigan, sigan!" Un paso efectivo hacia
adelante no puede ser sino una ampliación efectiva,
aunque minúscula, del campo de acción de los
obreros. Y toda ampliación semejante ha de
beneficiarnos y precipitará la aparición de
asociaciones legales en las que no sean los
provocadores quienes pesquen a los socialistas, sino
los socialistas quienes pesquen adeptos. En una
palabra, ahora nuestra tarea consiste en combatir la
cizaña. Nuestra tarea no consiste en cultivar el grano
en pequeños tiestos. Al arrancar la cizaña,
desbrozamos el terreno para que pueda crecer el
trigo. Y mientras los Afanasi Ivánovich y las Puljeria
Ivánovna209 se dedican al cultivo doméstico, nosotros
debemos preparar segadores que sepan hoy arrancar
la cizaña y mañana recoger el buen grano210.
208

Struvismo: es decir, marxismo legal (según el nombre
de su principal representante P. Struve).
209
Afanasi Ivánovich y Puljeria Ivánovna: familia
patriarcal de pequeños terratenientes provinciales, descrita
en la novela corta de N. Gógol Terratenientes de antaño.
210
La lucha de Iskra contra la cizaña ha dado lugar, por
parte de Rabócheie Dielo, a esta salida airada; "Para Iskra,
en cambio, estos acontecimientos importantes (los de la
primavera) son menos característicos de su tiempo que las
miserables tentativas de los agentes de Zubátov de
"legalizar" el movimiento obrero. Iskra no ve que estos
hechos hablan precisamente contra ella y que atestiguan
que el movimiento obrero ha tomado a los ojos del
gobierno proporciones muy amenazadoras" (Dos
Congresos, pág. 27). La culpa de todo la tiene el

121
Así, pues, nosotros no podemos resolver por
medio de la legalización el problema de crear una
organización sindical lo menos clandestina y lo más
amplia posible (pero nos encantaría que los Zubátov
y los Ozerov nos ofreciesen la posibilidad, incluso
parcial, de resolverlo de este modo, ¡para lo cual
tenemos que combatirlos con la mayor energía
posible!). Nos queda el recurso de las organizaciones
sindicales secretas, y debemos prestar toda clase de
ayuda a los obreros que emprenden ya (como nos
consta) este camino. Las organizaciones sindicales
no sólo pueden ser extraordinariamente útiles para
desarrollar y reforzar la lucha económica, sino que
pueden convertirse, además, en un auxiliar de gran
importancia para la agitación política y la
organización revolucionaria. A fin de llegar a este
resultado y hacer entrar el naciente movimiento
sindical en el cauce deseable para la
socialdemocracia, es preciso, ante todo, comprender
bien lo absurdo del plan de organización que
preconizan, desde hace ya cerca de cinco años, los
"economistas" petersburgueses. Este plan ha sido
expuesto en los Estatutos de la caja obrera de
resistencia de julio, de 1897 (Listok "Rabótnika", N°
9-10, pág. 46, del número 1 de Rab. Mysl) y en los
Estatutos de la organización obrera sindical de
octubre de 1900 (boletín especial, impreso en Sankt
Petersburgo y mencionado en el número 1 de Iskra).
El defecto esencial de estos dos estatutos consiste en
que reglamentan con todo detalle una vasta
organización obrera y la confunden con la
organización de los revolucionarios. Tomemos los
segundos estatutos, por ser los que mejor están
elaborados. Se componen de cincuenta y dos
artículos: 23 exponen la estructura, el modo de
administración y los límites de competencia de los
"círculos obreros", que serán organizados en cada
fábrica ("diez hombres como máximo") y elegirán los
"grupos centrales" (de fábrica). "El grupo central reza el art. 2- observa todo lo que pasa en la fábrica y
lleva la crónica de los acontecimientos en la misma".
"El grupo central da cuenta cada mes a todos los
cotizantes del estado de la caja" (art. 17), etc. Diez
artículos están consagrados a la "organización de
barrio" y 19, a la complejísima relación entre el
"Comité de la organización obrera" y el "Comité de
la Unión de Lucha de Sankt Petersburgo" (delegados
de cada barrio y de los "grupos ejecutivos": "grupos
de propagandistas, para las relaciones con las
provincias, para las relaciones con el extranjero, para
la administración de los depósitos, de las ediciones,
de la caja".
"dogmatismo" de estos ortodoxos, "sordos a las exigencias
imperiosas de la vida". ¡Se obstinan en no ver trigo de un
metro de alto para hacer la guerra a cizaña de un
centímetro de altura! ¿No es esto una "deformación del
sentido de la perspectiva en relación al movimiento obrero
ruso?" (Ibíd.)

122
¡La socialdemocracia equivalente a "grupos
ejecutivos" en lo que concierne a la lucha económica
de los obreros! Sería difícil demostrar de un modo
más evidente cómo el pensamiento del "economista"
se desvía de la socialdemocracia hacia el
tradeunionismo; hasta qué punto le es extraña toda
noción de que el socialdemócrata debe, ante todo,
pensar en una organización de revolucionarios
capaces de dirigir toda la lucha emancipadora del
proletariado. Hablar de la "emancipación política de
la clase obrera", de la lucha contra la "arbitrariedad
zarista" y escribir semejantes estatutos de una
organización es no tener el menor concepto de cuáles
son las verdaderas tareas políticas de la
socialdemocracia. Ni uno solo del medio centenar de
artículos revela en lo más mínimo que los autores
hayan comprendido la necesidad de la más amplia
agitación política entre las masas, de una agitación
que arroje luz sobre todos los aspectos del
absolutismo ruso, así como sobre la fisonomía de las
diferentes clases sociales de Rusia. Por otra parte,
con semejante estatuto, no sólo son irrealizables los
fines políticos, sino incluso los fines tradeunionistas,
porque éstos exigen una organización por
profesiones, cosa que ni siquiera menciona el
estatuto.
Pero lo más característico, acaso, es la pesadez
asombrosa de todo este "sistema" que trata de ligar
cada fábrica al "comité" por medio de una serie de
reglas uniformes, minuciosas hasta lo ridículo, con
un sistema electoral de tres grados. Encerrado en el
estrecho
horizonte
del
"economismo",
el
pensamiento se apasiona por detalles que despiden
un tufillo a papeleo y burocracia. En realidad, las tres
cuartas partes de estos artículos no son, claro está,
aplicados jamás; en cambio, una organización tan
"clandestina", con un grupo central en cada fábrica,
facilita a los gendarmes el llevar a cabo redadas
increíblemente vastas. Los compañeros polacos han
pasado ya por esta fase del movimiento; hubo un
tiempo en que todos ellos estaban entusiasmados por
la idea de crear en todas partes cajas obreras, pero
renunciaron a ella sin tardar, al persuadirse de que
sólo facilitaban presa abundante a los gendarmes. Si
queremos amplias organizaciones obreras y no
amplias redadas, si no queremos dar gusto a los
gendarmes, debemos hacer de suerte que no sean
organizaciones reglamentadas. ¿Podrán entonces
funcionar? Veamos cuáles son sus funciones:
"...Observar todo lo que pasa en la fábrica y llevar la
crónica de los acontecimientos en la misma" (art. 2
de los Estatutos). ¿Es que hay necesidad absoluta de
reglamentar esto? ¿Es que esto no podría conseguirse
mejor por medio de crónicas en la prensa ilegal, sin
necesidad de crear grupos especiales a este efecto?
"...Dirigir la lucha de los obreros por el mejoramiento
de su situación en la fábrica" (art. 3 de los Estatutos);
para esto tampoco hace falta reglamentación. Todo

V. I. Lenin
agitador, con dos dedos de frente, sabrá averiguar
perfectamente, por una simple conversación, qué
reivindicaciones quieren presentar los obreros;
después las transmitirá a una organización estrecha, y
no amplia, de revolucionarios que editará una hoja
volante apropiada. "...Crear una caja... con cotización
de dos kopeks por rublo" (art. 9) y dar cuenta cada
mes a todos los cotizantes del estado de la caja (art.
17); excluir a los miembros que no paguen su
cotización (art. 10), etc. He aquí para la policía una
verdadera ganga, pues nada hay más fácil que
penetrar en el secreto de la "caja central fabril",
confiscar el dinero y encarcelar a todos los elementos
activos. ¿No sería más sencillo emitir cupones de uno
o dos kopeks con el sello de una organización
determinada (muy reducida y muy secreta), o,
incluso, sin sello alguno, hacer colectas cuyo
resultado se daría a conocer en un periódico ilegal,
con un lenguaje convencional? Se alcanzaría el
mismo fin, y los gendarmes tendrían muchísimo más
trabajo para descubrir los hilos de la organización.
Podría continuar este análisis de los Estatutos,
pero creo que con lo dicho basta. Un pequeño núcleo
bien unido, compuesto por los obreros más seguros,
más experimentados y mejor templados, con
delegados en los principales barrios y en rigurosa
conexión clandestina con la organización de
revolucionarios, podrá perfectamente, con el más
amplio concurso de la masa y sin reglamentación
alguna, realizar todas las funciones que competen a
una organización sindical, y realizarlas, además, de la
manera deseable para la socialdemocracia. Sólo así
se podrá consolidar y desarrollar, a pesar de todos los
gendarmes, el movimiento sindical socialdemócrata.
Se me objetará que una organización tan lose,
nada reglamentada, sin ningún miembro conocido y
registrado, no puede ser calificada de organización.
Es posible, para mí la denominación no tiene
importancia. Pero esta "organización sin miembros"
hará todo lo necesario y asegurará desde el comienzo
mismo un contacto sólido entre nuestras futuras
tradeuniones y el socialismo. Los que bajo el
absolutismo quieren una amplia organización de
obreros, con elecciones, informes, sufragio universal,
etc., son unos utopistas incurables.
La moraleja es simple: si comenzamos por
establecer
una
fuerte
organización
de
revolucionarios, podremos asegurar la estabilidad del
movimiento en su conjunto, alcanzar, al mismo
tiempo, los objetivos socialdemócratas y los
objetivos propiamente tradeunionistas. Pero si
comenzamos por constituir una amplia organización
obrera con el pretexto de que ésta es la más
"accesible" a la masa (en realidad, es a los gendarmes
a quienes será más accesible y pondrá a los
revolucionarios más al alcance de la policía), no
lograremos ninguno de estos objetivos, no nos
desembarazaremos de nuestros métodos primitivos y,

123

¿Qué hacer?
con nuestro fraccionamiento y nuestros fracasos
continuos, no conseguiremos otra cosa que hacer más
accesibles a la masa las tradeuniones del tipo
Zubátov u Ozerov.
¿En qué, pues, deben consistir justamente las
funciones de esta organización de revolucionarios?
Vamos a decirlo con todo detalle. Pero examinemos
antes un razonamiento muy típico de nuestro
terrorista, que (¡triste destino! marcha de nuevo del
brazo con el "economista". La revista para obreros
Svoboda (en su número 1) contiene un artículo
titulado La organización, cuyo autor trata de
defender a sus amigos, los "economistas" obreros de
Ivánovo-Voznesensk.
"Mala cosa es -dice- una muchedumbre
silenciosa, inconsciente; mala cosa un movimiento
que no viene de la base. Ved lo que sucede en una
capital universitaria; cuando los estudiantes, en una
época de fiestas o durante el estío, retornan a sus
hogares, el movimiento obrero se paraliza. ¿Puede
ser una verdadera fuerza un movimiento obrero así,
estimulado desde el exterior? De ninguna manera...
Todavía no ha aprendido a andar solo, lo llevan con
andaderas. En todas partes el cuadro es el mismo: los
estudiantes se van y el movimiento cesa; se encarcela
a los elementos más capaces, a la crema, y la leche se
agria; se detiene al "comité" y, en tanto que no se
forma uno nuevo, sobreviene una vez más la calma.
Y no se sabe qué otro se formará, el nuevo comité
puede no parecerse en nada al antiguo: aquél decía
una cosa, éste dirá lo contrario; el lazo entre el ayer y
el mañana está roto, la experiencia del pasado no
beneficia al porvenir, y todo porque el movimiento
no tiene raíces profundas en la multitud, porque no
son un centenar de bobos, sino una decena de
hombres inteligentes quienes hacen el trabajo.
Siempre es fácil que una decena de hombres caigan
en la boca del lobo; pero, cuando la organización
engloba a la multitud, cuando todo viene de la
multitud es imposible que la empresa sea destruida"
(pág. 63).
La descripción es justa. Hay aquí un buen cuadro
de nuestros métodos artesanos; pero, por su falta de
lógica y de tacto político, las conclusiones son dignas
de Rabóchaya Mysl. Es el colmo de la falta de lógica,
porque el autor confunde la cuestión filosófica e
histórico-social de las "profundas raíces" del
movimiento con una cuestión técnica y de
organización como es la de la lucha más eficaz
contra los gendarmes. Es el colmo de la falta de tacto
político, porque, en lugar de apelar a los buenos
dirigentes contra los malos, el autor apela a la
"multitud" contra los dirigentes en general. Este es un
intento de hacernos retroceder en el terreno de la
organización, lo mismo que la idea de sustituir la
agitación política por el terror excitante hace

retroceder en el sentido político. Ciertamente que me
veo en un verdadero embarras de richesses211, sin
saber por dónde comenzar el análisis del galimatías
con que nos obsequia Svoboda. Para mayor claridad,
comenzaré por un ejemplo: el de los alemanes. Nadie
negará, me imagino, que su organización engloba a la
multitud, que entre ellos todo viene de la multitud,
que el movimiento obrero ha aprendido a andar solo.
Sin embargo, ¡¡cómo aprecia esta multitud de varios
millones de hombres a su "decena" de jefes políticos
probados!! ¡Cómo se adhiere a ellos! Más de una
vez, en el parlamento, los diputados de los partidos
adversos han tratado de irritar a los socialistas
diciéndoles: "¡Buenos demócratas sois vosotros! El
movimiento de la clase obrera no existe entre
vosotros más que de palabra; en realidad, es siempre
el mismo grupo de jefes quienes hacen todo. Desde
hace años, desde hace decenas de años, son Bebel y
Liebknecht quienes dirigen. ¡Vuestros delegados,
supuestamente elegidos por los obreros, son más
inamovibles que los funcionarios nombrados por el
emperador!" Pero los alemanes han acogido siempre
con sonrisa desdeñosa estas tentativas demagógicas
de oponer la “multitud" a los "jefes", de atizar en ésta
malos instintos de vanidad, de privar al movimiento
de solidez y estabilidad, minando la confianza que la
masa siente hacia la "decena de hombres
inteligentes". Los alemanes han alcanzado suficiente
desarrollo político, tienen suficiente experiencia
política para comprender que, sin "una decena" de
jefes de talento (los talentos no surgen por centenas),
de jefes probados, profesionalmente preparados e
instruidos por una larga práctica, que estén bien
compenetrados, no es posible la lucha firme de clase
alguna en la sociedad contemporánea. También los
alemanes han tenido sus demagogos, que adulaban a
los "centenares de bobos", colocándoles por encima
de las "decenas de hombres inteligentes"; que
glorificaban el "puño potente" de la masa, empujaban
(como Most o Hasselmann) a esta masa a actos
"revolucionarios" irreflexivos y sembraban la
desconfianza hacia los jefes firmes y resueltos. Y
gracias únicamente a una lucha tenaz e intransigente
contra toda clase de elementos demagógicos en su
seno, el socialismo alemán ha crecido y se ha
fortalecido. Y, en el período en que toda la crisis de
la socialdemocracia rusa se explica por el hecho de
que las masas que despiertan de un modo espontáneo
carecen de jefes suficientemente preparados,
inteligentes y expertos, nuestros varones prudentes
nos dicen con el ingenio de Juan el tonto: "¡Mala
cosa es un movimiento que no viene de la base!"
"Un Comité formado por estudiantes no nos
conviene porque es inestable". ¡Perfectamente justo!
Pero la conclusión que hay que sacar de ello es que
hace falta un Comité de revolucionarios
211

Dificultades por la abundancia. (N. de la Edit.)

V. I. Lenin

124
profesionales, sin que importe si son estudiantes u
obreros quienes sean capaces de forjarse como tales
revolucionarios profesionales. ¡En cambio, vosotros
sacáis la conclusión de que no hay que estimular
desde el exterior al movimiento obrero! En vuestra
ingenuidad política, ni siquiera os dais cuenta de que
hacéis así el juego a nuestros "economistas" y a
nuestros métodos artesanos. Permitidme una
pregunta: ¿Cómo han "estimulado" nuestros
estudiantes hasta el presente a nuestros obreros?
Únicamente aportando los estudiantes a los obreros
las briznas de conocimientos políticos que ellos
tenían, las briznas de ideas socialistas que habían
podido adquirir (pues el principal alimento espiritual
del estudiante de nuestros días, el marxismo legal, no
ha podido darle más que el abecedario, no ha podido
darle más que briznas). Y este "estímulo desde el
exterior" no ha sido muy considerable, sino, al
contrario,
insignificante,
escandalosamente
insignificante en nuestro movimiento, pues no hemos
hecho más que cocernos con demasiado celo en
nuestra propia salsa, prosternarnos con demasiado
servilismo ante la elemental "lucha económica de los
obreros contra los patronos y el gobierno". Nosotros,
revolucionarios de profesión, debemos "estimular"
así, cien veces más, y estimularemos. Pero
precisamente porque elegís esta infame expresión de
"estímulo desde el exterior", expresión que inspira de
modo inevitable al obrero (al menos, al obrero tan
poco desarrollado como vosotros) la desconfianza
hacia todos cuantos le aportan desde el exterior
conocimientos políticos y experiencia revolucionaria,
y que despierta el deseo instintivo de rechazar a
todos ellos, obráis como demagogos, y los
demagogos son los peores enemigos de la clase
obrera.
¡Sí, sí! ¡Y no os apresuréis a chillar a propósito de
mis "procedimientos" polémicos "faltos de espíritu
de camaradería"! Yo no pongo en entredicho la
pureza de vuestras intenciones; ya he dicho que la
ingenuidad política basta también para hacer de una
persona un demagogo. Pero he demostrado que
habéis descendido hasta la demagogia, y no me
cansaré nunca de repetir que los demagogos son los
peores enemigos de la clase obrera. Son los peores,
porque excitan los malos instintos de la multitud y
porque a los obreros atrasados les es imposible
reconocer a dichos enemigos, los cuales se presentan,
y, a veces, sinceramente, en calidad de amigos. Son
los peores, porque, en este período de dispersión y de
vacilación; en que la fisonomía de nuestro
movimiento aún está formándose, no hay nada más
fácil que arrastrar demagógicamente a la multitud, a
la cual sólo las pruebas más amargas lograrán
después persuadir de su error. He aquí por qué los
socialdemócratas rusos actuales deben tener como
consigna del momento la de combatir con decisión
tanto a Svoboda como a Rabócheie Dielo, que están

descendiendo a la demagogia. (Más abajo
volveremos a hablar en detalle sobre este punto212).
"Es más fácil cazar a una decena de hombres
inteligentes que a un centenar de bobos". Este
excelente axioma (que os valdrá siempre los aplausos
del centenar de bobos) parece evidente únicamente
porque, en el curso de vuestro razonamiento, habéis
saltado de una cuestión a otra. Habíais comenzado
por hablar y seguís hablando de la captura del
"comité", de la captura de la "organización", y ahora
habéis saltado a otra cuestión, a la captura de las
"raíces profundas" del movimiento. Naturalmente,
nuestro movimiento es indestructible sólo porque
tiene centenares y centenares de miles de raíces
profundas, pero no es de esto de lo que se trata, ni
mucho menos. En lo que se refiere a las "raíces
profundas", tampoco ahora se nos puede "capturar", a
pesar de todo el primitivismo de nuestros métodos de
trabajo, y, sin embargo, todos deploramos y no
podemos menos de deplorar la captura de
"organizaciones", que impide toda continuidad en el
movimiento. Ahora bien, ya que planteáis la cuestión
de la captura de las organizaciones e insistís en tratar
de ella, os diré que es mucho más difícil pescar a una
decena de hombres inteligentes que a un centenar de
bobos; y seguiré sosteniéndolo sin hacer ningún caso
de vuestros esfuerzos para azuzar a la multitud contra
mi "antidemocratismo", etc. Por "hombres
inteligentes" en materia de organización hay que
entender tan sólo, como lo he indicado en varias
ocasiones, los revolucionarios profesionales, lo
mismo da que sean estudiantes u obreros quienes se
forjen como tales revolucionarios profesionales. Pues
bien, yo afirmo: 1) que no puede haber un
movimiento revolucionario sólido sin una
organización de dirigentes estable y que asegure la
continuidad; 2) que cuanto más extensa sea la masa
espontáneamente incorporada a la lucha, masa que
constituye la base del movimiento y que participa en
él, más apremiante será la necesidad de semejante
organización y más sólida deberá ser ésta (ya que
tanto más fácilmente podrá toda clase de demagogos
arrastrar a las capas atrasadas de la masa); 3) que
dicha organización debe estar formada, en lo
fundamental,
por
hombres
entregados
profesionalmente a las actividades revolucionarias;
4) que en el país de la autocracia, cuanto más
restrinjamos el contingente de los miembros de una
organización de este tipo, hasta no incluir en ella más
que
aquellos
afiliados
que
se
ocupen
212

Sólo haremos notar aquí que todo cuanto hemos dicho
con respecto al "estímulo desde el exterior" y a todos los
demás razonamientos de Svoboda sobre organización se
refiere por entero a todos los "economistas", comprendidos
los partidarios de Rabócheie Dielo, porque o han
preconizado y sostenido activamente estos puntos de vista
sobre las cuestiones de organización, o se han desviado
hacia ellos.

¿Qué hacer?
profesionalmente de actividades revolucionarias y
que tengan ya una preparación profesional en el arte
de luchar contra la policía política, más difícil será
"cazar" a esta organización, y 5) mayor será el
número de personas tanto de la clase obrera como de
las demás clases de la sociedad que podrán participar
en el movimiento y colaborar activamente en él.
Invito a nuestros "economistas", terroristas y
"economistas-terroristas"213 a que refuten estas tesis,
de las cuales no desarrollaré en este momento más
que las dos últimas. La cuestión de si es más fácil
pescar a "una decena de hombres inteligentes" que a
"un centenar de bobos" se reduce a la cuestión que he
analizado más arriba de si es compatible una
organización de masas con la necesidad de mantener
un riguroso régimen clandestino. Nunca podremos
dar a una organización vasta el carácter clandestino
indispensable para una lucha firme y continuada
contra el gobierno. Y la concentración de todas las
funciones clandestinas en manos del número más
pequeño posible de revolucionarios profesionales no
significa en modo alguno que estos últimos
"pensarán por todos", que la muchedumbre no
tomará parte activa en el movimiento. Al contrario, la
muchedumbre hará surgir de su seno a un número
cada vez mayor de revolucionarios profesionales,
pues sabrá entonces que no basta que algunos
estudiantes y obreros que luchan en el terreno
económico se reúnan para constituir un "comité",
sino que es necesario forjarse, a través de años, como
revolucionarios profesionales, y "pensará" no tan
sólo en los métodos artesanos de trabajo, sino
precisamente en esta formación. La centralización de
las funciones clandestinas de la organización no
implica en manera alguna la centralización de todas
las funciones del movimiento. Lejos de disminuir, la
colaboración activa de las más amplias masas en las
publicaciones ilegales se decuplicará cuando una
"decena" de revolucionarios profesionales centralicen
las funciones clandestinas de esta labor. Así, y sólo
así, conseguiremos que la lectura de las
213

Este término seria acaso más justo que el precedente en
lo que a Svoboda se refiere, porque en El renacimiento del
revolucionarismo se defiende el terrorismo y, en el
artículo en cuestión, el "economismo". "Están verdes...",
puede decirse hablando en general de Svoboda. Este
órgano cuenta con buenas aptitudes y las mejores
intenciones y, sin embargo, no consigue otro resultado que
la confusión; confusión principalmente porque,
defendiendo la continuidad de la organización, Svoboda no
quiere saber nada de continuidad del pensamiento
revolucionario y de la teoría socialdemócrata. Esforzarse
por resucitar al revolucionario profesional (El
renacimiento del revolucionarismo) y proponer para esto,
primero, el terror excitante, y, segundo, la "organización
de los obreros medios" (Svoboda, N° 1, págs. 66 y
siguientes), menos "estimulados desde fuera", equivale, en
verdad, a demoler la propia casa a fin de tener leña para
calentarla.

125
publicaciones ilegales, la colaboración en ellas y, en
parte, hasta su difusión dejen casi de ser una obra
clandestina, pues la policía comprenderá pronto cuán
absurdas e imposibles son las persecuciones
judiciales y administrativas con motivo de cada
ejemplar de publicaciones distribuidas en millares de
ejemplares. Lo mismo cabe decir no sólo de la
prensa, sino de todas las funciones del movimiento,
incluso las manifestaciones. La participación más
activa y más amplia de las masas en una
manifestación no sólo no saldrá perjudicada, sino
que, por el contrario, tendrá muchas más
probabilidades de éxito si una "decena" de
revolucionarios profesionales, probados, bien
adiestrados, al menos tan bien como nuestra policía,
centraliza todos los aspectos clandestinamente:
edición de octavillas, elaboración del plan
aproximado, nombramiento de un grupo de
dirigentes para cada distrito de la ciudad, cada
barriada fabril, cada establecimiento de enseñanza,
etc. (se dirá, ya lo sé, que mis concepciones "no son
democráticas", pero más adelante refutaré de manera
detallada esta objeción nada inteligente). La
centralización de las funciones más clandestinas por
la organización de los revolucionarios no debilitará,
sino que reforzará la amplitud y el contenido de la
actividad de una gran cantidad de otras
organizaciones destinadas al gran público, y, por
consiguiente, lo menos reglamentadas y lo menos
clandestinas posible: sindicatos obreros, círculos
obreros de autodidactas y de lectura de publicaciones
ilegales, círculos socialistas, círculos democráticos
para todos los demás sectores de la población, etc.,
etc. Tales círculos, sindicatos y organizaciones son
necesarios por todas partes; es preciso que sean lo
más numerosos, y sus funciones, lo más variadas
posible, pero es absurdo y perjudicial confundir estas
organizaciones con la de los revolucionarios, borrar
entre ellas las fronteras, extinguir en la masa la
conciencia, ya de por sí increíblemente oscurecida,
de que para "servir" a un movimiento de masas es
necesario disponer de hombres que se consagren
especial y enteramente a la acción socialdemócrata, y
que estos hombres deben forjarse con paciencia y
tenacidad hasta convertirse en revolucionarios
profesionales.
Sí, esta conciencia se halla oscurecida hasta lo
increíble. Con nuestros métodos artesanos de trabajo
hemos comprometido el prestigio de los
revolucionarios en Rusia: en esto radica nuestra falta
capital en materia de organización. Un
revolucionario blandengue, vacilante en las
cuestiones teóricas, limitado en su horizonte, que
justifica su inercia por la espontaneidad del
movimiento de masas, más semejante a un secretario
de tradeunión que a un tribuno popular, sin un plan
audaz y de gran alcance que imponga respeto incluso
a sus adversarios, inexperto e inhábil en su arte

V. I. Lenin

126
profesional (la lucha contra la policía política), ¡no
es, con perdón sea dicho, un revolucionario, sino un
mísero artesano!
Que ningún militante dedicado al trabajo práctico
se ofenda por este duro epíteto, pues, en lo que
concierne a la falta de preparación, me lo aplico a mí
mismo en primer término. He trabajado en un
círculo214 que se asignaba tareas vastas y omnímodas,
y todos nosotros, miembros del círculo, sufríamos lo
indecible al ver que no éramos más que unos
artesanos en un momento histórico en que,
parafraseando el antiguo apotegma, se podría decir:
¡Dadnos una organización de revolucionarios y
removeremos a Rusia en sus cimientos! Y cuanto
más frecuentemente he tenido que recordar el agudo
sentimiento de vergüenza que experimentaba
entonces, tanto más se ha acrecentado en mí la
amargura sentida contra esos seudosocialdemócratas,
cuya propaganda "deshonra el nombre de
revolucionario" y que no comprenden que nuestra
obra no consiste en abogar por que el revolucionario
sea rebajado al nivel del artesano, sino en elevar a
éste al nivel del revolucionario.
d) Envergadura del trabajo de organización
Como hemos visto, B-v habla de "la escasez de
fuerzas revolucionarias aptas para la acción, escasez
que se observa no sólo en Petersburgo, sino en toda
Rusia". Y no creo que haya nadie que ponga en duda
este hecho. Pero el problema consiste en cómo
explicarlo. B-v escribe:
"No vamos a tratar de esclarecer las razones
históricas de este fenómeno; sólo diremos que,
desmoralizada por una larga reacción política y
desarticulada por los cambios económicos que se han
producido y se siguen produciendo, la sociedad
promueve un número extremadamente reducido de
personas aptas para el trabajo revolucionario; que la
clase obrera, destacando revolucionarios obreros,
completa en parte las filas de las organizaciones
clandestinas, pero que el número de estos
revolucionarios no responde a las exigencias de la
época. Tanto más, cuanto que el obrero, que está
ocupado en la fábrica once horas y media por día, no
puede, por su situación, desempeñar principalmente
más que funciones de agitador; en cambio, la
propaganda y la organización, la reproducción y
distribución de literatura clandestina, la publicación
de proclamas, etc., corren sobre todo, quiérase o no, a
cargo de un número extremadamente reducido de
intelectuales" (R. Dielo, Nº 6, págs. 38-39).
En muchos puntos no estamos de acuerdo con esta
214

Lenin alude al círculo de los socialdemócratas de
Petersburgo encabezado por él (los "viejos"). Sobre la base
de este circulo, en 1895 fue fundada la "Unión de lucha
por la emancipación de la clase obrera".

opinión de B-v; y en particular no estamos de
acuerdo con las palabras subrayadas por nosotros, las
cuales muestran con singular relieve, que, después de
haber sufrido mucho (como todo militante práctico,
que piense algo) por nuestros métodos primitivos, Bv no puede, porque está oprimido por el
"economismo", encontrar una salida de esta situación
intolerable. No, la sociedad proporciona un número
extremadamente grande de personas aptas para la
"causa", pero nosotros no sabemos utilizarlas a todas.
En este sentido, el estado crítico, el estado de
transición de nuestro movimiento puede formularse
del modo siguiente: no hay hombres y hay infinidad
de hombres. Hay infinidad de hombres, porque tanto
la clase obrera como sectores cada vez más variados
de la sociedad proporcionan cada año más y más
descontentos, que desean protestar, que están
dispuestos a cooperar en lo que puedan en la lucha
contra el absolutismo, cuyo carácter insoportable no
lo ve aún todo el mundo, pero lo sienten masas cada
vez más extensas, y cada vez más agudamente. Pero,
al mismo tiempo, no hay hombres, porque no hay
dirigentes, no hay jefes políticos, no hay talentos
organizadores capaces de realizar un trabajo a la vez
amplio y unificado, coordinado, que permita utilizar
todas las fuerzas, hasta las más insignificantes. "El
crecimiento y el desarrollo de las organizaciones
revolucionarias" están atrasados, no sólo en relación
con el crecimiento del movimiento obrero, cosa que
reconoce también B-v, sino en relación con el
crecimiento del movimiento democrático general en
todos los sectores del pueblo. (Por lo demás, es
probable que B-v reconocería hoy esto, como
complemento a su conclusión). El alcance del trabajo
revolucionario es demasiado reducido si se compara
con la amplia base espontánea del movimiento, está
ahogado por la pobre teoría de "la lucha económica
contra los patronos y el gobierno". Pero hoy, no sólo
los agitadores políticos, sino también los
organizadores socialdemócratas tienen que "ir a todas
las clases de la población"215. No creo que ni un solo
militante dedicado al trabajo práctico dude de que los
socialdemócratas puedan repartir las mil funciones
fragmentarias de su trabajo de organización entre los
distintos representantes de las clases más diversas. La
falta de especialización es uno de los más graves
defectos de nuestra técnica que B-v deplora tan
amargamente y con tanta razón. Cuanto más
menudas sean las diversas "operaciones" de la labor
215

Entre los militares, por ejemplo, se observa
últimamente una reanimación indudable del espíritu
democrático, en parte como consecuencia de los combates,
cada vez más frecuentes, en las calles con "enemigos"
como los obreros y los estudiantes. Y, en cuanto nos lo
permitan nuestras fuerzas, debemos dedicar sin falta la
atención más seria a la labor de agitación y propaganda
entre soldados y oficiales, a la creación de "organizaciones
militares" afiliadas a nuestro partido.

¿Qué hacer?
general, tantas más personas podrán encontrarse que
sean capaces de llevarlas a cabo (y, en la mayoría de
los casos, absolutamente incapaces de ser
revolucionarios profesionales), y tanto más difícil
será que la policía "pesque" a todos esos "militantes
que desempeñan funciones fragmentarias", tanto más
difícil será que pueda montar con el delito
insignificante de un individuo un "asunto" que
justifique los gastos del Estado para la Ojrana. Y, por
lo que se refiere al número de personas dispuestas a
colaborar con nosotros, ya hemos dicho en el
capítulo anterior qué cambio gigantesco se ha
producido en este aspecto en los cinco años últimos.
Pero, por otra parte, también para agrupar en un todo
único todas estas pequeñas fracciones, para no
fragmentar con las funciones del movimiento el
propio movimiento y para infundir al ejecutor de las
funciones menudas la fe en la necesidad y en el valor
de su trabajo, fe sin la cual nunca trabajará216, para
todo esto hace falta precisamente una fuerte
organización de revolucionarios probados. Contando
con una organización así, la fe en la fuerza del
partido se hará tanto más firme y tanto más extensa,
cuanto más clandestina sea la organización, y en la
guerra, como es sabido, lo más importante es no sólo
inspirar confianza en sus propias fuerzas al ejército
propio, sino impresionar al enemigo y a todos los
elementos neutrales; una neutralidad amistosa puede,
a veces, decidir la contienda. Con semejante
organización, elevada sobre una base teórica firme y
contando con un órgano socialdemócrata, no habrá
que temer que el movimiento sea desviado de su
216

Recuerdo que un camarada me refirió un día que un
inspector de fábrica, que había ayudado a la
socialdemocracia y estaba dispuesto a seguir ayudándola,
se quejan amargamente, diciendo que no sabía si sus
"informes" llegaban a un verdadero centro revolucionario,
no sabia hasta qué punto era necesaria su colaboración, ni
hasta qué punto era posible utilizar sus menudos servicios.
Todo militante dedicado a la labor práctica podría citar,
naturalmente, casos semejantes, en que nuestros métodos
primitivos de trabajo nos han hecho perder aliados. ¡Y los
empleados y los funcionarios podrían prestamos y nos
prestarían, pequeños servicios, que en conjunto serían de
un valor inapreciable, no sólo en las fábricas, sino en
correos, en ferrocarriles, en aduanas, entre la nobleza y en
todas las demás instituciones, incluso de la policía y hasta
de la corte! Si contáramos ya con un verdadero partido,
con una organización verdaderamente combativa de
revolucionarios, no nos precipitaríamos a utilizar a todos
esos "auxiliares", no nos daríamos prisa por llevarlos
siempre y necesariamente al corazón mismo de la "acción
clandestina"; al contrario, los cuidaríamos de un modo
peculiar e incluso prepararíamos especialmente personas
para esas funciones, recordando que muchos estudiantes
podrían sernos mucho más útiles como funcionarios
"auxiliares" que como revolucionarios "a breve plazo".
Pero, vuelvo a repetirlo, sólo puede aplicar esta táctica una
organización ya perfectamente firme, a la que no faltan
fuerzas activas.

127
camino por los numerosos elementos "extraños" que
se hayan adherido a él (al contrario, precisamente
ahora, cuando predominan los métodos primitivos,
vemos cómo muchos socialdemócratas, creyéndose
los únicos verdaderos socialdemócratas, desvían el
movimiento hacia la línea del Credo). En una
palabra, la especialización presupone necesariamente
la centralización, y, a su vez, la exige en forma
absoluta.
Pero el mismo B-v, que ha mostrado tan bien toda
la necesidad de la especialización, no la aprecia
suficientemente, a nuestro parecer, en la segunda
parte del razonamiento citado. Según él, el número
de revolucionarios procedentes de los medios obreros
es insuficiente. Esta observación es perfectamente
justa, y volvemos a subrayar que la "valiosa noticia
de un observador directo" confirma plenamente
nuestra opinión sobre las causas de la crisis por que
actualmente atraviesa la socialdemocracia y, por
tanto, sobre los procedimientos de remediarla. No
sólo los revolucionarios en general están retrasados
con respecto al auge espontáneo de las masas, sino
que incluso los obreros revolucionarios están
atrasados en relación con el auge espontáneo de las
masas obreras. Y este hecho confirma del modo más
evidente, incluso desde el punto de vista "práctico",
no sólo el absurdo, sino el carácter político
reaccionario de la "pedagogía" con que se nos
obsequia con tanta frecuencia cuando se trata del
problema de nuestros deberes para con los obreros.
Este hecho testimonia que la más primordial e
imperiosa de nuestras obligaciones es contribuir a la
formación de obreros revolucionarios, que, desde el
punto de vista de su actividad en el partido, estén al
mismo nivel que los revolucionarios intelectuales
(subrayamos: desde el punto de vista de su actividad
en el partido, porque en otros sentidos no es, ni
mucho menos, tan fácil ni tan urgente, aunque sí
necesario, que los obreros lleguen al mismo nivel).
Por eso, nuestra atención debe dirigirse
principalmente a elevar a los obreros al nivel de los
revolucionarios y no a descender nosotros mismos
indefectiblemente al nivel de la "masa obrera", como
quieren los "economistas", e indefectiblemente al
nivel del "obrero medio", como quiere Svoboda (que,
en este sentido, pasa al segundo grado de la
"pedagogía" "economista"). Nada está más lejos de
mí que la idea de negar la necesidad de una literatura
popular para los obreros y de otra literatura
especialmente popular (pero, claro está, no vulgar)
para los obreros especialmente atrasados. Pero lo que
me indigna es esa constante adición de la pedagogía
a los problemas políticos, a las cuestiones de
organización. Pues vosotros, señores campeones del
"obrero medio", en el fondo, más bien ofendéis a los
obreros con el deseo de inclinarse sin falta hacia
ellos, antes de hablar de política obrera o de
organización obrera. ¡Erguíos, pues, para hablar de

128
cosas serias y dejad a los pedagogos la pedagogía,
que no es ocupación de políticos ni de organizadores!
¿Es que entre los intelectuales no hay también
hombres avanzados, elementos "medios" y "masas"?
¿Es que no reconoce todo el mundo que los
intelectuales también necesitan una literatura
popular? ¿No se escribe esa literatura? Pero
imaginaos que, en un artículo sobre la organización
de los estudiantes de universidad o de bachillerato, el
autor, como quien hace un descubrimiento, se pusiera
a machacar que hace falta, ante todo, una
organización de "estudiantes medios". Semejante
autor sería seguramente puesto en ridículo, y con
toda razón. Le dirían: usted denos unas cuantas
ideíllas de organización, si las tiene, y nosotros
mismos ya veremos quién es "medio", superior o
inferior. Y, si no tiene ideíllas propias sobre
organización, todas sus disquisiciones sobre las
"masas" y los "elementos medios" serán simplemente
fastidiosas. Comprended de una vez que las
cuestiones de "política" y de "organización", ya de
por sí, son tan serias, que no se puede hablar de ellas
sino con extrema seriedad: se puede y se debe
preparar a los obreros (lo mismo que a los
estudiantes de universidad y de bachillerato) para
poder abordar ante ellos esas cuestiones, pero, una
vez que han sido abordadas, dad verdaderas
respuestas, no déis marcha atrás, hacia los
"elementos medios" o hacia las "masas", no salgáis
del paso con frases y anécdotas217.
El obrero revolucionario, si quiere prepararse
plenamente para su trabajo, debe convertirse también
en un revolucionario profesional. Por esto no tiene
razón B-v al decir que, por estar ocupado el obrero
en la fábrica once horas y media, las demás funciones
revolucionarias (salvo la agitación) "corren sobre
todo, quiérase o no, a cargo de un número
extremadamente reducido de intelectuales". No
sucede esto "quiérase o no", sino a consecuencia de
nuestro atraso, porque no comprendemos que es
nuestro deber ayudar a todo obrero que se distinga
por su capacidad a convertirse en un agitador,
organizador, propagandista, distribuidor, etc., etc., de
carácter profesional. En este sentido, malgastamos
vergonzosamente nuestras fuerzas, no sabemos
cuidar lo que tiene que ser cultivado y desarrollado
217

Svoboda, N° 1, artículo La organización, pág. 66: "La
masa obrera apoyará con todo su peso todas las
reivindicaciones que sean formuladas en nombre del
Trabajo de Rusia" (¡sin falta, Trabajo con mayúscula!). Y
el mismo autor exclama: "Yo no siento hostilidad alguna
hacia los intelectuales, pero"... (este es el pero que
Schedrín traducía con las palabras: ¡¡no crecen las orejas
más arriba de la frente!!)… "pero me pongo terriblemente
furioso cuando viene una persona y me dice una serie de
cosas muy bellas y muy buenas, y exige que sean
aceptadas por su (¿de él?) belleza y demás méritos" (pág.
62). Sí, también yo "me pongo terriblemente furioso"...

V. I. Lenin
con particular solicitud. Fijaos en los alemanes:
tienen cien veces más fuerzas que nosotros, pero
comprenden perfectamente que los obreros "medios"
no proporcionan con demasiada frecuencia
agitadores, etc., efectivamente capaces. Por eso,
procuran en seguida colocar a todo obrero capaz en
condiciones que le permitan desarrollar plenamente y
aplicar plenamente sus aptitudes: hacen de él un
agitador profesional, le animan a ensanchar su campo
de acción, a extenderla de una fábrica a todo un
oficio, de una localidad a todo el país. De este modo,
el obrero adquiere experiencia y habilidad
profesional, ensancha su horizonte y sus
conocimientos, observa de cerca a los jefes políticos
eminentes de otras localidades y de otros partidos,
procura elevarse él mismo a su nivel y reunir en su
persona el conocimiento del medio obrero y la
lozanía de las convicciones socialistas con la
competencia profesional, sin la que el proletariado no
puede luchar empeñadamente contra sus enemigos
perfectamente instruidos. Así, y sólo así, surgen de la
masa obrera los Bebel y los Auer. Pero lo que en un
país políticamente libre se hace en gran parte por sí
solo, entre nosotros deben hacerlo sistemáticamente
nuestras organizaciones. Todo agitador obrero que
tenga algún talento, que "prometa", no debe trabajar
once horas en la fábrica. Debemos arreglárnoslas de
modo que viva por cuenta del partido, que pueda
pasar a la acción clandestina en el momento preciso,
que cambie de localidad, pues de otro modo no
adquirirá gran experiencia, no ampliará su horizonte,
no podrá sostenerse siquiera unos cuantos años en la
lucha contra los gendarmes. Cuanto más amplio y
más profundo es el auge espontáneo de las masas
obreras, tantos más agitadores de talento destacan, y
no
sólo
agitadores,
sino
organizadores,
propagandistas y militantes "prácticos" de talento,
"prácticos" en el buen sentido de la palabra (que son
tan escasos entre nuestros intelectuales, en su mayor
parte un poco apáticos y descuidados a la rusa).
Cuando tengamos destacamentos de obreros
revolucionarios (y bien entendido que en "todas las
armas" de la acción revolucionaria) especialmente
preparados por un largo aprendizaje, ninguna policía
política del mundo podrá con ellos, porque esos
destacamentos de hombres consagrados en cuerpo y
alma a la revolución gozarán igualmente de una
confianza ilimitada por parte de las más amplias
masas obreras. Y cometemos una gran falta no
"empujando" bastante a los obreros hacia este
camino, que es común para ellos y para los
"intelectuales", hacia el camino del aprendizaje
revolucionario profesional, tirando con demasiada
frecuencia de ellos hacia atrás con discursos necios
sobre lo que es "accesible" a la masa obrera, a los
"obreros medios", etc.
En este sentido, como en los demás, el reducido
alcance del trabajo de organización está en relación

¿Qué hacer?
indudable e íntima (aunque la inmensa mayoría de
los "economistas" y de los militantes prácticos
novatos no lo reconozcan) con la reducción del
alcance de nuestra teoría y de nuestras tareas
políticas. El culto de la espontaneidad origina una
especie de temor de apartarnos, aunque sea un paso,
de lo que sea "accesible" a las masas, un temor de
subir demasiado alto, por encima de la simple
satisfacción de sus necesidades directas e inmediatas.
¡No tengan miedo, señores! ¡Recuerden ustedes que
en materia de organización estamos a un nivel tan
bajo, que es absurda hasta la propia idea de que
podamos subir demasiado alto!
e) La organización "de conjuradores" y la
"democracia"
Y hay entre nosotros muchas gentes tan sensibles
a "la voz de la vida", que temen más que nada
precisamente esto, acusando a los que mantienen las
opiniones expuestas más arriba de ser secuaces de
"La Voluntad del Pueblo", de no comprender la
"democracia", etc. Tenemos que detenernos en estas
acusaciones, que apoya también, como es natural,
Rabócheie Dielo.
Quien escribe estas líneas sabe muy bien que los
"economistas" petersburgueses acusaban ya a
Rabóchaya Gazeta de seguir a "La Voluntad del
Pueblo" (cosa comprensible si se la compara con
Rabóchaya Mysl). Por eso, cuando después de la
aparición de Iskra un camarada nos refirió que los
socialdemócratas de la ciudad de X califican a Iskra
de órgano de "La Voluntad del Pueblo", no nos
sentimos nada sorprendidos. Naturalmente, esa
acusación era para nosotros un elogio, pues ¿a qué
socialdemócrata decente no le han acusado los
"economistas" de lo mismo?
Estas acusaciones son debidas a una doble
confusión. En primer lugar, se conoce tan poco entre
nosotros la historia del movimiento revolucionario,
que es calificada de afecta a "La Voluntad del
Pueblo" toda idea de una organización combativa
centralizada que declara una guerra resuelta al
zarismo. Pero la magnífica organización que tenían
los revolucionarios de la década del 70 y que debería
servirnos a todos de modelo no la crearon, ni mucho
menos, los secuaces de "La Voluntad del Pueblo",
sino los partidarios de "Tierra y Libertad"218, que una
218

"Tierra y Libertad": organización clandestina de los
populistas revolucionarios, fundada en Petersburgo en el
otoño de 1876. Formaron parte de ella Monk y Olga
Natanson, J. Plejánov, O. Aptekmán, S. Kravchinski S.
Peróvskaya, A. D. y A. F. Mijáilov y otros.
Los partidarios de "Tierra y Libertad" consideraban a los
campesinos la fuerza revolucionaria fundamental de Rusia
y trataban de alzarlos a la insurrección contra el zarismo.
Desplegaban una labor revolucionaria en diversas regiones
de Rusia: Tambov, Vorónezh, etc.
Debido al fracaso de la labor revolucionaria entre los

129
escisión dividió en partidarios de "El Reparto Negro"
y secuaces de "La Voluntad del Pueblo". Por esto es
absurdo, histórica y lógicamente, ver en una
organización revolucionaria de combate algo
específicamente propio de "La Voluntad del Pueblo",
porque toda tendencia revolucionaria, si piensa
realmente en una lucha seria, no puede prescindir de
semejante organización. El error de los secuaces de
"La Voluntad del Pueblo" no consistió en procurar
que se incorporaran a su organización todos los
descontentos y en orientar esa organización hacia una
lucha resuelta contra la autocracia. Eso, por el
contrario, constituye su gran mérito ante la historia.
Y su error consistió en apoyarse en una teoría que, en
realidad, no era en modo alguno una teoría
revolucionaria, y en no haber sabido, o en no haber
podido, establecer un nexo firme entre su
movimiento y la lucha de clases en la sociedad
capitalista en desarrollo. Y sólo la más burda
incomprensión del marxismo (o su "comprensión" en
el sentido del "struvismo") ha podido dar lugar a la
opinión de que la aparición de un movimiento obrero
espontáneo de masas nos exime de la obligación de
crear una organización de revolucionarios tan buena
como la de los partidarios de "Tierra y Libertad" o de
crear una organización incomparablemente mejor.
Ese movimiento, por el contrario, nos impone
precisamente esa obligación, porque la lucha
espontánea del proletariado no se convertirá en su
verdadera "lucha de clases" mientras esta lucha no
sea dirigida por una fuerte organización de
revolucionarios.
En segundo lugar, muchos -y entre ellos, por lo
visto, B. Krichevski (R. D. N° 10, pág. 18)- no
comprenden bien la polémica que siempre han
sostenido los socialdemócratas contra la concepción
de la lucha política como una lucha "de
conjuradores". Hemos protestado y protestaremos
siempre, desde luego, contra la reducción de la lucha
política a las dimensiones de una conjuración219, pero
campesinos y al enconamiento de la represión
gubernamental, en 1879, se formó en el seno de "Tierra y
Libertad" un grupo de terroristas que renunciaron al
trabajo revolucionario entre los campesinos y
consideraban que el medio principal de la lucha
revolucionaria contra el zarismo era el terrorismo contra
los gobernantes zaristas.
En el Congreso celebrado aquel año, "Tierra y Libertad" se
escindió en dos organizaciones: "La Voluntad del Pueblo",
que emprendió el camino del terror, y "El Reparto Negro",
que continuó manteniendo las posiciones de "Tierra y.
Libertad". Más tarde, una parte de los partidarios de "El
Reparto Negro" -Plejánov, Axelrod, Zasúlich, Deich e
Ignátov- abrazaron el marxismo, y en 1883 crearon en el
extranjero la primera organización rusa marxista, el grupo
"Emancipación del Trabajo".
219
Véase Las tareas de los socialdemócratas rusos, pág.
21, la polémica contra P. L. Lavrov, (Véase V. I. Lenin,
Obras, 5ª ed. en ruso, 1. 2, págs. 459-460. - N. de la Edit.)

130
eso, claro está, no significaba en modo alguno que
negáramos la necesidad de una fuerte organización
revolucionaria. Y, por ejemplo, en el folleto citado en
la nota, junto a la polémica contra quienes quieren
reducir la lucha política a una conjuración, se
encuentra el esquema de una organización (como
ideal de los socialdemócratas) lo suficientemente
fuerte para poder, "con objeto de asestar el golpe
decisivo al absolutismo", recurrir tanto a la
"insurrección" como a cualquier "otra forma de
ataque"220. Por su forma, una organización
revolucionaria de esa fuerza en un país autocrático
puede llamarse también
organización "de
conjuradores", porque la palabra francesa
"conspiration" equivale en ruso a "conjuración", y el
carácter conspirativo es imprescindible en el grado
máximo para semejante organización. Hasta tal punto
es el carácter conspirativo condición imprescindible
de tal organización, que todas las demás condiciones
(número de miembros, su selección, sus funciones,
etc.) tienen que coordinarse con ella. Sería, por tanto,
extrema candidez temer que nos acusaran a los
socialdemócratas de querer crear una organización de
conjuradores. Todo enemigo del "economismo" debe
enorgullecerse de esa acusación, como de la
acusación de seguir a "La Voluntad del Pueblo".
Se nos objetará que una organización tan
poderosa y tan rigurosamente secreta, que concentra
en sus manos todos los hilos de la actividad
conspirativa,
organización
necesariamente
centralista, puede lanzarse con demasiada facilidad a
un ataque prematuro, puede forzar irreflexivamente
el movimiento, antes de que lo hagan posible y
necesario la extensión del descontento político, la
fuerza de la efervescencia y de la indignación de la
clase obrera, etc. Nosotros contestaremos que,
hablando en términos abstractos, no se puede negar,
desde luego, que una organización de combate puede
entablar una batalla impremeditada, la cual puede
terminar con una derrota que no sería en absoluto
inevitable en otras condiciones. Pero, en semejante
problema, es imposible limitarse a consideraciones
abstractas,
porque
todo
combate
entraña
posibilidades abstractas de derrota, y no hay otro
220

Las tareas de los socialdemócratas rusos, pág. 23.
(Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 2, pág. 461. N. de la Edit.) Por cierto, he aquí otro ejemplo de cómo
Rab. Dielo o no comprende lo que dice o cambia de
opinión según el "viento que corre". En el número 1 de R.
Dielo se dice en cursiva: "El contenido del folleto que
acabamos de exponer coincide plenamente con el
programa de la Redacción de "Rabócheie Dielo" (pág.
142). ¿Es cierto esto? ¿Con las Tareas coincide la idea de
que no se puede plantear al movimiento de masas como
primera tarea la de derribar la autocracia? ¿Coincide la
teoría de la "lucha económica contra los patronos y el
gobierno"? ¿Coincide la teoría de las fases? Que el lector
juzgue acerca de la firmeza de principios de un órgano que
de modo tan original comprende la "coincidencia".

V. I. Lenin
medio de disminuir esa posibilidad que preparar
organizadamente el combate. Y si planteamos el
problema en el terreno concreto de las condiciones
actuales de Rusia, tendremos que llegar a esta
conclusión positiva: una fuerte organización
revolucionaria es en absoluto necesaria, precisamente
para dar estabilidad al movimiento y preservarlo de
la posibilidad de ataques irreflexivos. Justamente
ahora, cuando carecemos de semejante organización
y el movimiento revolucionario crece espontánea y
rápidamente, se observan ya dos extremos (que,
como es lógico, "se tocan"): o un "economismo"
totalmente inconsistente, acompañado de prédicas de
moderación, o un "terror excitante", de la misma
inconsistencia, que tiende "a producir artificialmente,
en el movimiento que se desarrolla y se consolida,
pero que todavía está más cerca de su principio que
de su fin, síntomas de su fin" (V. Z. en Zariá, Nº 2-3,
pág. 353). Y el ejemplo de Rab. Dielo demuestra que
existen ya socialdemócratas que capitulan ante ambos
extremos. Y no es de extrañar, porque, amén de otras
razones, la "lucha económica contra los patronos y el
gobierno" no satisfará nunca a un revolucionario, y
siempre surgirán, aquí o allá, extremos opuestos.
Sólo una organización combativa centralizada, que
aplique firmemente la política socialdemócrata y que
satisfaga, por decirlo así, todos los instintos y
aspiraciones revolucionarios, puede preservar al
movimiento de un ataque irreflexivo y preparar un
ataque que prometa éxito.
Se nos objetará también que el punto de vista
expuesto sobre la organización contradice el
"principio democrático". Mientras la acusación
anterior es de origen específicamente ruso, ésta tiene
carácter específicamente extranjero. Sólo una
organización del extranjero ("La Unión de
Socialdemócratas Rusos") ha podido dar a su
redacción, entre otras instrucciones, la siguiente:
"Principio de organización. Para favorecer el
desarrollo y unificación de la socialdemocracia, es
preciso subrayar, desarrollar, luchar por un amplio
principio democrático en su organización de partido,
cosa que han hecho especialmente imprescindible las
tendencias antidemocráticas que han aparecido en las
filas de nuestro partido" (Dos Congresos, pág. 18).
En el capítulo siguiente veremos cómo
precisamente lucha Rab. Dielo contra las "tendencias
antidemocráticas" de Iskra. Ahora veamos más al
detalle el "principio" que proponen los
"economistas". Todo el mundo estará probablemente
de acuerdo en que el "amplio principio democrático"
supone las dos condiciones imprescindibles
siguientes: en primer lugar, una publicidad completa,
y, en segundo lugar, el carácter electivo de todos los
cargos. Sin publicidad sería ridículo hablar de
democracia, y, además, sin una publicidad que no

¿Qué hacer?
quede reducida a los miembros de la organización.
Llamaremos democrática a la organización del
partido socialista alemán, porque todo en él se hace
públicamente, incluso las sesiones de sus congresos,
pero nadie llamará democrática a una organización
que se oculte, para todos los que no sean miembros
suyos, tras el velo del secreto. Por tanto, ¿qué sentido
tiene proponer un "amplio principio democrático",
cuando la condición fundamental de ese principio es
irrealizable para una organización secreta? El
"amplio principio" resulta ser una mera frase, sonora,
pero vacía. Aún más. Esta frase demuestra una
incomprensión completa de las tareas urgentes del
momento en materia de organización. Todo el mundo
sabe hasta qué punto está extendida entre nosotros la
falta de discreción conspirativa en la "gran" masa de
revolucionarios. Ya hemos visto cómo se queja
amargamente de ello B-v, exigiendo, con toda razón,
"una severa selección de los afiliados" (R. D., N° 6,
pág. 42). ¡Y de pronto surgen gentes que se ufanan
de su "sentido de la vida" y, en semejante situación,
subrayan, no la necesidad de la más severa
discreción conspirativa y de la más rigurosa (y, por
consiguiente, más estrecha) selección de afiliados,
sino un "amplio principio democrático"! Esto se
llama no dar en el clavo.
No queda mejor parado el segundo signo de
democracia, el carácter electivo. En los países que
gozan de libertad política, esta condición se
sobreentiende por sí misma. "Se considera miembro
del partido todo el que acepta los principios de su
programa y ayuda al partido en la medida de sus
fuerzas", dice el artículo primero de los Estatutos de
organización del Partido Socialdemócrata Alemán. Y
como toda la liza política está descubierta para todos,
al igual que la rampa de la escena para los
espectadores de un teatro, el que se acepte o no se
acepte, se preste o no se preste apoyo son cosas que
todos saben por los periódicos y por las reuniones
públicas. Todo el mundo sabe que determinado
dirigente político ha comenzado de tal manera, ha
pasado por tal y tal evolución, se ha portado de tal y
tal modo en un momento difícil de su vida, se
distingue en general por tales y tales cualidades: por
tanto, es natural que a este dirigente lo puedan elegir
o no elegir con conocimiento de causa, para
determinado cargo de partido, todos los miembros
del partido. El control general (en el sentido literal de
la palabra) de cada uno de los pasos del afiliado al
partido, a lo largo de su carrera política, crea un
mecanismo de acción automática, cuyo resultado es
lo que en Biología se llama "supervivencia de los
mejores adaptados". La "selección natural", producto
de la completa publicidad, del carácter electivo y del
control general, asegura que, al fin y al cabo, cada
dirigente quede "en su sitio", se encargue de la labor
que mejor concuerde con sus fuerzas y con sus
aptitudes, experimente sobre sí mismo todas las

131
consecuencias de sus errores y demuestre ante los
ojos de todos su capacidad de reconocer sus faltas y
de evitarlas.
¡Pero prueben ustedes a encajar este cuadro en el
marco de nuestra autocracia! ¿Es acaso concebible
entre nosotros que "todo el que acepte los principios
del programa del partido y ayude al partido en la
medida de sus fuerzas" controle cada paso del
revolucionario clandestino? ¿Que todos elijan a una u
otra persona de entre estos últimos, cuando, en
interés de su trabajo, el revolucionario está obligado
a ocultar su verdadera personalidad a las nueve
décimas partes de esos "todos"? Reflexionad aunque
sea un momento acerca del verdadero sentido de las
sonoras palabras de Rab. Dielo y veréis que una
"amplia democracia" de una organización de partido
en las tinieblas de la autocracia, cuando son los
gendarmes los que seleccionan, no es más que un
juego inútil y perjudicial. Es un juego inútil, porque,
en la práctica, nunca ha podido ninguna organización
revolucionaria aplicar una amplia democracia, ni
puede aplicarla, por mucho que lo desee. Es un juego
perjudicial, porque los intentos de aplicar en la
práctica un "amplio principio democrático" sólo
facilitan a la policía las grandes redadas y consagran
por una eternidad los métodos primitivos de trabajo
dominantes, distrayendo el pensamiento de los
militantes dedicados a la labor práctica de la seria e
imperiosa tarea de forjarse como revolucionarios
profesionales, desviándolo hacia la redacción de
detallados reglamentos "burocráticos" sobre sistemas
de elecciones. Sólo en el extranjero, donde no pocas
veces se reúnen gentes que no pueden encontrar una
labor verdadera y real, ha podido desarrollarse, en
alguna que otra parte, especialmente en diversos
pequeños grupos, ese "juego a la democracia".
Para demostrar al lector hasta qué punto es
indecorosa la forma en que Rab. Dielo gusta de
preconizar un "principio" tan noble como la
democracia en el trabajo revolucionario, nos
remitiremos de nuevo a un testigo. Se trata de E.
Serebriakov, director de la revista de Londres
-akanunie, que siente gran debilidad por Rab. Dielo
y gran odio contra Plejánov y los "plejanovistas": en
los artículos referentes a la escisión de la "Unión de
Socialdemócratas Rusos" en el extranjero, -akanunie
se puso decididamente al lado de Rab. Dielo y se
abalanzó con una verdadera nube de palabras
mezquinas sobre Plejánov. Tanto más valor tiene
para nosotros el testigo en este punto. En el número 7
de -akanunie (julio de 1899), en el artículo titulado:
Con motivo del llamamiento del Grupo de
autoemancipación de los obreros, E. Serebriakov
decía que era "indecoroso" plantear cuestiones de
"prestigio, de primacía, de lo que se llama el
areópago, en un movimiento revolucionario serio", y
decía entre otras cosas, lo siguiente:

132
"Myshkin, Rogachov, Zheliábov, Mijáilov,
Peróvskaya, Figner y otros nunca se consideraron
dirigentes y nadie los había elegido ni nombrado,
aunque en realidad si lo eran, porque, tanto en el
periodo de propaganda como en la lucha contra el
gobierno, se encargaron del paso mayor del trabajo,
fueron a los sitios más peligrosos y su actividad fue
la más fructífera. Y la primacía no resultaba de que la
desearan, sino de que los camaradas que los rodeaban
confiaban en su inteligencia, en su energía y en su
lealtad. Temer a un areópago (y, si no se le teme, no
hay por qué hablar de él) que puede dirigir
autoritariamente el movimiento, es ya demasiada
candidez. ¿Quién le obedecería?".
Preguntamos al lector: ¿en qué se diferencia el
"areópago" de las "tendencias antidemocráticas"?
¿No es evidente que el "plausible" principio de
organización de Rabócheie Dielo es tan cándido
como indecoroso? Cándido, porque a un "areópago"
o a gentes con "tendencias antidemocráticas"
sencillamente no las obedecerá nadie, toda vez que
"los camaradas que los rodean no confiarán en su
inteligencia, en su energía y en su lealtad". E
indecoroso, como salida demagógica en la que se
especula con la presunción de unos, con el
desconocimiento, por parte de otros, del estado en
que realmente se encuentra nuestro movimiento y
con la falta de preparación y el desconocimiento de
la historia del movimiento revolucionario, por parte
de los terceros. El único principio de organización
serio a que deben atenerse los dirigentes de nuestro
movimiento tiene que ser el siguiente: la más severa
discreción conspirativa, la más rigurosa selección de
afiliados y la preparación de revolucionarios
profesionales. Si se cuenta con estas cualidades, está
asegurado algo mucho más importante que la
"democracia", a saber: la plena y fraternal confianza
mutua entre los revolucionarios. Indiscutiblemente,
necesitamos esta confianza, porque no se puede
hablar entre nosotros, en Rusia, de sustituirla por un
control democrático general. Y cometeríamos un
gran error si creyéramos que, por ser imposible un
control verdaderamente "democrático", los afiliados
a una organización revolucionaria se convierten en
incontrolados: no tienen tiempo de pensar en las
formas pueriles de democracia (democracia en el
seno de un apretado grupo de camaradas entre los
que reina plena confianza mutua), pero sienten muy
vivamente su responsabilidad, sabiendo además, por
experiencia, que una organización de verdaderos
revolucionarios no se parará en nada para librarse de
un miembro indigno. Además, está bastante
extendida entre nosotros una opinión pública de los
medios revolucionarios rusos (e internacionales), que
tiene tras sí toda una historia y que castiga con
implacable severidad toda falta a las obligaciones de
camaradería (¡y la "democracia", la verdadera, no la

V. I. Lenin
democracia pueril, queda comprendida, como la parte
en el todo, en este concepto de camaradería!). ¡Tened
todo esto en cuenta y comprenderéis qué repugnante
tufillo a juego a los generales en el extranjero
despiden todas esas habladurías y resoluciones sobre
"tendencias antidemocráticas"!
Hay que observar, además, que la otra fuente de
tales habladurías, es decir, la candidez, se alimenta
también de la confusión de ideas acerca de lo que es
la democracia. En el libro de los esposos Webb sobre
las tradeuniones inglesas hay un capítulo curioso: La
democracia primitiva. Los autores refieren en este
capítulo cómo los obreros ingleses, en el primer
período de existencia de sus sindicatos, consideraban
como señal imprescindible de democracia el que
todos hicieran de todo en la dirección de los
sindicatos: no sólo eran decididas todas las
cuestiones por votación de todos los miembros, sino
que los cargos también eran desempeñados
sucesivamente por todos los afiliados. Fue necesaria
una larga experiencia histórica para que los obreros
comprendieran lo absurdo de semejante concepto de
la democracia y la necesidad, por una parte, de que
existieran instituciones representativas y, por otra, de
funcionarios profesionales. Fueron necesarios unos
cuantos casos de quiebra de cajas de los sindicatos
para que los obreros comprendieran que la relación
proporcional entre las cuotas que pagaban y los
subsidios que recibían no podía decidirse sólo por
votación democrática, sino que exigía, además, el
consejo de un perito en seguros. Leed también el
libro de Kautsky sobre el parlamentarismo y la
legislación popular y veréis que las deducciones del
teórico marxista coinciden con las lecciones que dan
prolongados años de práctica de los obreros unidos
"espontáneamente". Kautsky protesta enérgicamente
contra la forma primitiva en que Rittinghausen
concibe la democracia, se burla de la gente dispuesta
a exigir en su nombre que "los periódicos populares
se redacten directamente por el pueblo", demuestra la
necesidad de que existan periodistas profesionales,
parlamentarios, etc., para dirigir de un modo
socialdemócrata la lucha de clase del proletariado;
ataca el "socialismo de anarquistas y literatos", que,
por "efectismo", exaltan la legislación directamente
popular y no comprenden hasta qué punto es sólo
relativamente
aplicable
en
la
sociedad
contemporánea.
Todo el que haya trabajado de un modo práctico
en nuestro movimiento sabe cuán extendido está
entre la masa de la juventud estudiantil y entre los
obreros el concepto "primitivo" de la democracia. No
es de extrañar que este concepto penetre tanto en
estatutos como en publicaciones. Los "economistas"
de tipo bernsteiniano decían en sus Estatutos: "§ 10.
Todos los asuntos que afecten a los intereses de toda
la organización sindical serán decididos por mayoría
de votos de todos sus miembros". Los "economistas"

¿Qué hacer?
de tipo terrorista repiten tras ellos: "Es
imprescindible que los acuerdos del comité recorran
todos los círculos y sólo entonces sean acuerdos
efectivos" (Svoboda, N° 1, pág. 67). Observad que
esta exigencia de aplicar ampliamente el sistema de
referéndum se plantea ¡después de exigir que toda la
organización se base en el principio electivo! Desde
luego, nada está más lejos de nosotros que el
censurar por eso a los militantes dedicados al trabajo
práctico, que han tenido muy poca posibilidad de
conocer la teoría y la práctica de las organizaciones
efectivamente democráticas. Pero, cuando Rab.
Dielo, que pretende tener un papel dirigente, se limita
en semejantes circunstancias a una resolución sobre
un amplio principio democrático, ¿qué es esto sino
puro "efectismo"?
f) El trabajo en escala local y en escala
nacional
Si las objeciones contra el plan de organización
que aquí exponemos, al que se reprocha su falta de
democracia y su carácter conspirativo, carecen
totalmente de fundamento, queda todavía una
cuestión que se plantea muchas veces y que merece
ser examinada en detalle: se trata de la relación entre
el trabajo local y el trabajo en escala nacional. Se
expresa el temor de que, al crearse una organización
centralista, el centro de gravedad pase del primer
trabajo al segundo, el temor de que esto perjudique al
movimiento, debilite la solidez de los vínculos que
nos unen con la masa obrera, y, en general, la
estabilidad de la agitación local. Contestaremos que
nuestro movimiento se resiente durante estos últimos
años precisamente por el hecho de que los militantes
locales están demasiado absorbidos por el trabajo
local; que, por esta razón, es, sin duda de ningún
género, necesario desplazar algo el centro de
gravedad hacia el trabajo en el plano nacional; que
este desplazamiento no debilitará, sino que, por el
contrario, dará mayor solidez a nuestros vínculos y
mayor estabilidad a nuestra agitación local.
Examinemos la cuestión del órgano central y de los
órganos locales, rogando al lector que no olvide que
el asunto de la prensa no es para nosotros más que un
ejemplo ilustrativo del trabajo revolucionario en
general, infinitamente más amplio y más variado.
En el primer período del movimiento de masas
(1896-1898), los militantes locales intentan publicar
un órgano destinado a toda Rusia, la Rabóchaya
Gazeta; en el período siguiente (1898-1900), el
movimiento da un gigantesco paso hacia adelante,
pero los órganos locales absorben totalmente la
atención de los dirigentes. Si se hace un recuento de
todos esos órganos locales, resultará221, en números
221

Véase el Informe ante el Congreso de París, pág. 14:
"Desde entonces (1897) hasta la primavera de 1900,
fueron publicados en diversos puntos treinta números de
varios periódicos... Por término medio, se publicó más de

133
redondos, un número al mes. ¿No es esto una prueba
evidente de que nuestros métodos de trabajo son
primitivos? ¿No demuestra esto con evidencia el
atraso en que nuestra organización revolucionaria
está respecto al auge espontáneo del movimiento? Si
la misma cantidad de números de periódicos se
hubiera publicado, no por grupos locales dispersos,
sino por una organización única, no sólo habríamos
ahorrado una enormidad de fuerzas, sino asegurado a
nuestro trabajo infinitamente más estabilidad y
continuidad. Olvidan con demasiada frecuencia esta
sencilla consideración, tanto los militantes dedicados
a la labor práctica, que trabajan de un modo activo
casi exclusivamente en los órganos locales (por
desgracia, en la inmensa mayoría de los casos, la
situación no ha cambiado), como los publicistas que
muestran en esta cuestión un extraordinario
quijotismo. El militante dedicado al trabajo práctico
se da generalmente por satisfecho con la
consideración de que a los militantes locales "les es
difícil"222 ocuparse de la publicación de un periódico
destinado a toda Rusia y que mejor es tener
periódicos locales que no tener ninguno. Esto último
es, desde luego, muy justo, y ningún militante
dedicado al trabajo práctico reconocerá más que
nosotros la gran importancia y la gran utilidad de los
periódicos locales en general. Pero no se trata de
esto, sino de ver si es posible librarse del
fraccionamiento y de los métodos primitivos de
trabajo, que tan palmariamente quedan reflejados por
los treinta números de periódicos locales publicados
en toda Rusia en dos años y medio. No os limitéis al
principio indiscutible, pero demasiado abstracto, de
la utilidad de los periódicos locales en general; tened,
además, el valor de reconocer francamente sus lados
negativos, que han puesto de manifiesto dos años y
medio de experiencia. Esta experiencia demuestra
que, en las condiciones en que nos encontramos, los
periódicos locales, en la mayoría de los casos,
resultan en principio inestables, políticamente
carecen de importancia, y, en cuanto al consumo de
energías revolucionarias, resultan demasiado
costosos, como totalmente insatisfactorios desde el
punto de vista técnico (me refiero, claro está, no a la
técnica tipográfica, sino a la frecuencia y regularidad
de la publicación). Y todos los defectos indicados no
son obra de la casualidad, sino consecuencia
inevitable del fraccionamiento que, por una parte,
un número al mes". Se refiere al artículo Informe sobre el
movimiento socialdemócrata ruso al Congreso Socialista
Internacional, celebrado en París en 1900, editado por la
"Unión de Socialdemócratas Rusos", Ginebra, 1901. El
informe lo escribió la Redacción de Rabócheie Dielo por
encargo de la "Unión".
222
Esta dificultad es sólo aparente. En realidad, no hay
círculo local que no pueda abordar activamente una u otra
función del trabajo en la escala nacional. "No digas que no
puedes, sino que no quieres".

134
explica el predominio de los periódicos locales en el
período que examinamos, y, por otra parte, encuentra
un apoyo en ese predominio. Una organización local,
por sí sola, no está realmente en condiciones de
asegurar la estabilidad de principios de su periódico y
colocarlo a la altura de un órgano político, no está en
condiciones de reunir y utilizar materiales suficientes
para enfocar toda nuestra vida política. Y, en cuanto
al argumento a que ordinariamente se recurre en los
países libres para justificar la necesidad de
numerosos periódicos locales -su baratura, por el
hecho de confeccionarlos obreros locales, y la
posibilidad de ofrecer una información mejor y más
rápida a la población-, la experiencia ha demostrado,
que, en nuestro país, este argumento se vuelve contra
los periódicos locales. Estos resultan demasiado
costosos en lo que al consumo de energías
revolucionarias se refiere; y son publicados muy de
tarde en tarde por la sencilla razón de que un
periódico ilegal, por pequeño que sea, precisa un
enorme aparato clandestino, que exige la existencia
de una gran industria fabril, pues en un taller de
artesanos no es posible montar semejante aparato.
Cuando el aparato clandestino es primitivo, resulta
muchas veces (todo militante dedicado al trabajo
práctico conoce abundantes ejemplos de este género)
que la policía aprovecha la aparición y difusión de
uno o dos números para hacer una redada en masa,
que deja todo como para volver a empezar de nuevo.
Un buen aparato clandestino exige una buena
preparación profesional de los revolucionarios y la
más consecuente división del trabajo, y estas dos
condiciones son absolutamente irrealizables en una
organización local aislada, por muy fuerte que sea en
un momento dado. No hablemos ya de los intereses
generales de todo nuestro movimiento (una
educación socialista y política de los obreros basada
en principios firmes); también los intereses
específicamente locales quedan mejor atendidos por
órganos no locales. Sólo a primera vista puede esto
parecer una paradoja, pero, en realidad, la
experiencia de los dos años y medio de que hemos
hablado lo demuestra de un modo irrefutable. Todo
el mundo estará de acuerdo en que, si todas las
fuerzas locales que han publicado treinta números de
periódicos locales hubieran trabajado para un solo
periódico, se habrían publicado sin dificultad sesenta
números de éste, si no cien, y por consiguiente, se
habrían reflejado de un modo más completo las
particularidades del movimiento puramente local. No
cabe duda de que no es fácil conseguir esta
coordinación, pero hace falta que, al fin,
reconozcamos su necesidad; que cada círculo local
piense y trabaje activamente en este sentido sin
esperar el empujón de fuera, sin dejarse seducir por
la accesibilidad y la proximidad de un órgano local,
proximidad que -según lo prueba nuestra experiencia
revolucionaria- es, en buena parte, ilusoria.

V. I. Lenin
Y prestan un flaco servicio al trabajo práctico los
publicistas que, considerándose especialmente
próximos a los militantes prácticos, no se dan cuenta
de este carácter ilusorio y salen del paso con un
razonamiento tan extraordinariamente fácil como
vacío: hacen falta periódicos locales, hacen falta
periódicos regionales, hacen falta periódicos
destinados a toda Rusia. Naturalmente, hablando en
términos generales, todo esto hace falta, pero
también hace falta, cuando se aborda un problema
concreto de organización, pensar en las condiciones
de ambiente y de tiempo. ¿Y no estamos, en efecto,
ante un caso de quijotismo cuando Svoboda (N° 1,
pág. 68), "deteniéndose" especialmente "en el
problema del periódico", escribe: "Nosotros creemos
que en todo lugar con un número considerable de
obreros debe haber un periódico obrero. No traído de
fuera, sino justamente suyo propio", Si este publicista
no quiere pensar en el sentido de sus palabras, por lo
menos piensa tú por él, lector: ¡cuántas decenas, si no
centenares de "lugares con un número considerable
de obreros" hay en Rusia, y qué perpetuación de
nuestros métodos primitivos de trabajo resultaría si
cada organización local se pusiera efectivamente a
publicar su propio periódico! ¡Cómo facilitaría este
fraccionamiento a nuestros gendarmes la tarea de
pescar -y, además, sin el menor esfuerzo "algo
considerable"- a los militantes locales, desde el
comienzo mismo de su actuación, antes de haber
podido llegar a ser verdaderos revolucionarios! En un
periódico destinado a toda Rusia -continúa el autor-,
no interesarían mucho las narraciones de los
atropellos de los fabricantes "y de los pequeños
detalles de la vida fabril en diversas ciudades que no
son las suyas", pero "al vecino de Oriol no le aburrirá
leer lo que sucede en Oriol. Sabe siempre con quién
se han "metido", a quién "se le da su merecido", y
pone su alma en lo que lee" (pág. 69). Sí, sí, el
vecino de Oriol pone su alma, pero nuestro publicista
"pone" también demasiada imaginación. Lo que éste
debiera pensar es si es oportuna una tal defensa de la
mezquindad de esfuerzos. Nadie mejor que nosotros
reconoce la necesidad e importancia de las denuncias
de los abusos que se cometen en las fábricas, pero
hay que recordar que hemos llegado ya a un
momento en que a los vecinos de Petersburgo les
aburre leer las cartas petersburguesas del periódico
petersburgués Rabóchaya Mysl. Para las denuncias
de los abusos que se cometen en las fábricas locales
hemos tenido siempre, y debemos seguir teniendo
siempre las hojas volantes, pero el periódico tenemos
que elevarlo, y no rebajarlo al nivel de hojas de
fábrica. Para un "periódico" necesitamos denuncias
no tanto de "pequeñeces", como de los grandes
defectos típicos de la vida fabril, denuncias hechas
sobre la base de ejemplos particularmente
destacados, que, por lo mismo, puedan interesar a
todos los obreros y a todos los dirigentes del

¿Qué hacer?
movimiento, que puedan enriquecer efectivamente
sus conocimientos, ensanchar su horizonte, dar
comienzo al despertar de una nueva región, de una
nueva capa profesional de obreros.
"Además, en un periódico local, todos los
desmanes de la administración de la fábrica o de
otras autoridades pueden recogerse en seguida, en
caliente. En cambio, mientras llegue la noticia al
periódico general, lejano, en el punto de origen ya se
habrán olvidado de lo sucedido: "¿Cuándo habrá
sucedido esto?; ¡cualquiera lo recuerda!" (ibíd.) ¡En
efecto, cualquiera lo recuerda! Los treinta números
publicados en dos años y medio corresponden, según
hemos visto en la misma fuente, a seis ciudades. De
modo que a cada ciudad corresponde, por término
medio, ¡un número de periódico cada medio año! E
incluso si nuestro ligero publicista triplica en su
hipótesis el rendimiento del trabajo local (cosa que
sería, indudablemente, inexacta con relación a una
ciudad media, porque dentro del marco de los
métodos primitivos de trabajo es imposible aumentar
considerablemente el rendimiento), no saldríamos,
sin embargo" a más de un número cada dos meses, es
decir, una situación que en nada se parece a "recoger
las noticias en caliente". Pero bastaría con que se
unieran diez organizaciones locales y asignaran a sus
delegados funciones activas con el fin de
confeccionar un periódico común, para que entonces
pudieran "recogerse" por toda Rusia no pequeñeces,
sino desmanes efectivamente notables y típicos, y
esto cada dos semanas. Nadie que sepa en qué
situación se encuentran nuestras organizaciones
dudará de esto. Y, en cuanto a lo de sorprender al
enemigo en flagrante delito, si se toma esto en serio y
no como una bonita frase, un periódico clandestino
no puede, en general, ni pensar en ello: esto sólo es
accesible a una hoja volante, porque el plazo máximo
para sorprender así al enemigo no pasa, en la mayoría
de los casos, de uno o dos días (tomad, por ejemplo,
el caso de una huelga breve ordinaria, de un choque
en una fábrica o de una manifestación, etc.).
"El obrero no sólo vive en la fábrica, sino también
en la ciudad", continúa nuestro autor, pasando de lo
particular a lo general con una consecuencia tan
rigurosa que honraría al mismo Borís Krichevski. Y
señala los problemas de las dumas urbanas, de los
hospitales urbanos, de las escuelas urbanas,
exigiendo que el periódico obrero no pase en silencio
los asuntos municipales en general. La exigencia es
de por sí magnífica, pero ilustra con particular
evidencia el vacuo carácter abstracto a que, con
demasiada frecuencia, se limitan las disquisiciones
sobre los periódicos locales. En primer lugar, si en
"todo lugar con un número considerable de obreros"
se publicaran en efecto periódicos con una sección
municipal tan detallada como quiere Svoboda, la cosa
degeneraría, inevitablemente, dadas nuestras
condiciones rusas, en verdadera cicatería, conduciría

135
a debilitar la conciencia de la importancia de un
empuje revolucionario general a toda Rusia dirigido
contra la autocracia zarista y reforzaría los brotes,
muy vivos, y más bien ocultos o reprimidos que
arrancados de raíz, de una tendencia que ya ha
adquirido fama por la célebre frase sobre los
revolucionarios que hablan demasiado del
parlamento que no existe y muy poco de las dumas
urbanas
existentes.
Y
hemos
dicho
"inevitablemente", subrayando así que no es esto,
sino lo contrario, lo que Svoboda quiere. Pero no
basta con las buenas intenciones. Para que la labor de
esclarecimiento de los asuntos urbanos quede
organizada con la orientación debida respecto a todo
nuestro trabajo, hace falta, para empezar, que esa
orientación esté totalmente elaborada, firmemente
marcada, y no sólo por razonamientos, sino por una
enormidad de ejemplos, para que adquiera ya la
solidez de la tradición. Esto es lo que estamos muy
lejos de tener, y lo que hace falta precisamente para
empezar, antes de que se pueda pensar en una
abundante prensa local y hablar de ella.
En segundo lugar, para escribir con verdadero
acierto, de un modo interesante, sobre asuntos
municipales, hay que conocerlos bien, y no sólo a
través de los libros. Pero en toda Rusia no hay casi
en absoluto socialdemócratas que posean este
conocimiento. Para escribir en un periódico (y no en
folletos populares) sobre asuntos municipales o de
Estado, hay que disponer de materiales frescos,
variados, recogidos y elaborados por una persona
entendida. Y para recoger y elaborar tales materiales,
no basta la "democracia primitiva" de un círculo
primitivo, en el que todos hacen de todo y se
divierten jugando al referéndum. Para eso, hace falta
un Estado Mayor de especialistas escritores, de
especialistas corresponsales, un ejército de
"reporters" socialdemócratas, que establezcan
relaciones en todas partes, que sepan penetrar en
todos los "secretos de Estado" (con los que tanto
presume el funcionario ruso y sobre los que tan
fácilmente se va de la lengua), meterse por entre
todos los "bastidores"; un ejército de hombres
obligados "por su cargo" a ser omnipresentes y
omnisapientes. Y nosotros, partido de lucha contra
toda opresión económica, política, social y nacional,
podemos y debemos encontrar, reunir, formar,
movilizar y poner en marcha un tal ejército de
hombres omnisapientes, ¡pero, eso está por hacer
todavía! Ahora bien, nosotros no sólo no hemos dado
aún, en la inmensa mayoría de las localidades, ni un
paso en esta dirección, sino que a menudo ni siquiera
existe la conciencia de la necesidad de hacerlo.
Buscad en nuestra prensa socialdemócrata artículos
vivos e interesantes, crónicas y denuncias sobre
nuestros asuntos y asuntillos diplomáticos, militares,
eclesiásticos, municipales, financieros, etc., etc.:

136
encontraréis muy poco o casi nada223. ¡Por eso es por
lo que "me pongo siempre terriblemente furioso,
cuando viene alguien y me dice una serie de cosas
bellas y magníficas" sobre la necesidad de periódicos
"en todo lugar con un número considerable de
obreros", que denuncien las arbitrariedades tanto en
las fábricas, como en la administración municipal y
en el Estado!
El predominio de la prensa local sobre la central
es señal de penuria o de lujo. De penuria, cuando el
movimiento no ha formado todavía fuerzas para un
trabajo en gran escala, cuando vegeta aún dentro de
los métodos primitivos y casi se ahoga "en las
223

Esta es la razón por la que incluso el ejemplo de
órganos locales excepcionalmente buenos confirma por
completo nuestro punto de vista. Por ejemplo, el Yuzhni
Rabochi151 es un excelente periódico, al que no se le puede
acusar de inestabilidad de principios. Pero, como es rara la
vez que sale y las redadas son muy frecuentes, no ha
podido dar al movimiento local todo lo que pretendía dar.
Lo más apremiante para el partido en el momento actual plantear, en principio, los problemas fundamentales del
movimiento y desarrollar una agitación política en todos
los sentidos- ha sido superior a las fuerzas de ese órgano
local. Y lo mejor que ha dado, como los artículos sobre el
Congreso de los industriales mineros, sobre el paro, etc.,
no eran materiales de carácter estrictamente local, sino
necesarios para toda Rusia y no sólo para el Sur.
Artículos como ésos no los ha habido en toda nuestra
prensa socialdemócrata.
"Yuzhni Rabochi" ("El Obrero del Sur"): diario
socialdemócrata editado clandestinamente por el grupo del
mismo nombre desde enero de 1900 hasta abril de 1903.
Aparecieron 12 números. Fueron redactores y
colaboradores del periódico I. Lalaiants, A. Vilenski
("Iliá"), O. Kogan [Ermanski), B. Tseitlin (Baturski), E. Y.
y E. S. Levin, V. Rozánov y otros.
El grupo "Yuzhni Rabochi" se manifestó contra el
"economismo" y el terrorismo y defendió la necesidad del
desenvolvimiento del movimiento revolucionario de
masas, desplegando una gran actividad revolucionaria en
el sur de Rusia. En agosto de 1902, el grupo mantuvo
conversaciones con Iskra acerca del trabajo conjunto; en
virtud de las cuales en el número 27 de Iskra (1 de
noviembre de 1902) y el número 10 de Yuzhni Rabochi
(diciembre de 1902), fue publicada una declaración sobre
su solidaridad con Iskra. No obstante, el grupo no
compartía por completo el plan de organización de Iskra
para la estructuración del partido a base de los principios
del centralismo democrático y, según indicaba Lenin,
pertenecía a aquellas organizaciones que, "reconociendo
de palabra a Iskra como órgano directivo, perseguían en la
práctica sus planes, especiales y se distinguían por su falta
de firmeza en el terreno de los principios". (Véase el
presente tomo, pág. 287).
El II Congreso del POSDR, tras de señalar "la fecunda
actividad literaria y de organización del grupo "Yuzhni
Rabochi" en pro de la unificación y el restablecimiento del
partido", decidió suspender la publicación del periódico
Yuzhni Rabochi y disolver el grupo que lo editaba, al igual
que todos los grupos y organizaciones socialdemócratas
Independientes.

V. I. Lenin
pequeñeces de la vida fabril". De lujo, cuando el
movimiento ha dominado ya plenamente la tarea de
las denuncias en todos los sentidos y de la agitación
en todos los sentidos, de modo que, además del
órgano central, se hacen necesarios numerosos
órganos locales. Decida cada uno por sí mismo qué
es lo que prueba el predominio actual de periódicos
locales entre nosotros. Yo, por mi parte, me limitaré
a formular de una manera precisa mi conclusión, para
no dar lugar a confusiones. Hasta ahora, la mayoría
de nuestras organizaciones locales piensan casi
exclusivamente en órganos locales y trabajan de un
modo activo casi exclusivamente para ellos. Esto no
es normal. Tiene que suceder al contrario: la mayoría
de las organizaciones locales deben pensar, sobre
todo, en un órgano destinado a toda Rusia y trabajar
principalmente para él. Mientras no ocurra así, no
podremos publicar ni un solo periódico que sea
cuando menos capaz de proporcionar efectivamente
al movimiento una agitación en todos los sentidos en
la prensa. Y cuando esto sea así, se establecerán por
sí mismas las relaciones normales entre el órgano
central indispensable y los indispensables órganos
locales.
***
A primera vista, puede parecer que es inaplicable
al terreno de la lucha específicamente económica la
conclusión de que se precisa desplazar el centro de
gravedad del trabajo del ámbito local al ámbito de
toda Rusia: el enemigo directo de los obreros está
representado en este caso por patronos aislados, o
grupos de patronos, no ligados entre sí por una
organización que, aunque lejanamente, recuerde una
organización puramente militar, rigurosamente
centralista, que hasta en los más mínimos detalles
esté dirigida por una voluntad única, como es la
organización del gobierno ruso, nuestro enemigo
directo en la lucha política.
Pero no es así. La lucha económica -lo hemos
dicho va muchas veces- es una lucha sindical, y por
ello exige que los obreros se unan por oficios, y no
sólo por el lugar de trabajo. Y esta unión sindical se
hace tanto más imperiosamente necesaria, cuanto con
mayor rapidez avanza la unión de nuestros patronos
en toda clase de sociedades y sindicatos. Nuestra
dispersión y nuestros métodos primitivos de trabajo
obstaculizan directamente esta unión, que exige para
toda
Rusia
una
organización
única
de
revolucionarios, capaz de encargarse de la dirección
de sindicatos obreros extensivos a todo el país. Ya
hemos hablado anteriormente del tipo de
organización que sería de desear a este objeto, y
ahora añadiremos sólo unas palabras en relación con
el problema de nuestra prensa.
No creo que nadie dude de que todo periódico
socialdemócrata deba tener una sección dedicada a la
lucha sindical (económica). Pero el crecimiento del
movimiento sindical nos obliga a pensar también en

137

¿Qué hacer?
una prensa sindical. Creemos, sin embargo, que
todavía no se puede ni hablar en Rusia, salvo raras
excepciones, de periódicos sindicales: son un lujo y
nosotros carecemos muchas veces del pan de cada
día. La forma adecuada a las condiciones del trabajo
clandestino, y ya ahora imprescindible, de prensa
sindical tendrían que ser entre nosotros los folletos
sindicales. En ellos deberían recogerse y agruparse
sistemáticamente materiales legales224 e ilegales
sobre la cuestión de las condiciones de trabajo en
cada oficio, sobre las diferencias que en este sentido
existen entre los diversos puntos de Rusia, sobre las
principales reivindicaciones de los obreros de una
profesión determinada, sobre las deficiencias de la
legislación que a ella se refiere, sobre los casos
salientes de la lucha económica de los obreros de este
gremio, sobre los gérmenes, la situación actual y las
necesidades, de su organización sindical, etc. Estos
224

Los materiales legales tienen especial importancia en
este sentido, y estamos particularmente atrasados en lo que
se refiere a saber recogerlos y utilizarlos sistemáticamente.
No será exagerado decir que, sólo con materiales legales,
puede llegar a confeccionarse más o menos un folleto
sindical, mientras que es imposible hacerlo sólo con
materiales ilegales. Recogiendo materiales ilegales de
entre los obreros, sobre problemas como los que ha tratado
Rabóchaya Myls, derrochamos en vano una cantidad
enorme de fuerzas de un revolucionario (al que fácilmente
puede sustituir en este trabajo un militante legal) y, a pesar
de todo, no obtenemos nunca buenos materiales, porque
los obreros, que generalmente sólo conocen una sección de
una gran fábrica y que casi siempre sólo saben los
resultados económicos, pero no las normas ni las
condiciones generales de su trabajo, no pueden adquirir los
conocimientos que tienen generalmente los empleados de
fábrica, los inspectores, los médicos, etc., y que en enorme
cantidad están diseminados en crónicas periodísticas y
publicaciones especiales de carácter industrial, sanitario,
de los zemstvos, etc.
Recuerdo como si fuera ahora mismo, mi "primera
experiencia", que no me dejó gana de repetirla. Me
entretuve durante muchas semanas interrogando "con
apasionamiento" a un obrero, que venía a verme, sobre
todos los detalles de la vida en la enorme fábrica donde él
trabajaba. Verdad es que, aunque con grandísimas
dificultades, conseguí más o menos componer la
descripción (¡sólo de una fábrica!), pero sucedía que el
obrero, límpiándose el sudor, decía con una sonrisa al final
de nuestro trabajo: "¡Más fácil me es trabajar horas
extraordinarias que contestarle a sus preguntas!"
Cuanto más enérgicamente desarrollemos la lucha
revolucionaría, tanto más obligado se verá el gobierno a
legalizar parte del trabajo "sindical" quitándonos de este
modo de encima parte de la carga que sobre nosotros pesa.
Lenin alude a la hoja Cuestionario sobre la situación de la
clase obrera de Rusia (1898) y el folleto Cuestionario
para reunir datos acerca de la situación de la clase obrera
en Rusia (1899), publicados por la Redacción del
Periódico Rabóchaya Mysl. La hoja contenía 17
cuestiones, y el folleto, 158, sobre las condiciones del
trabajo y de la vida de los obreros.

folletos, en primer lugar, librarían a nuestra prensa
socialdemócrata de una inmensa cantidad de detalles
sindicales que sólo interesan especialmente a los
obreros de un oficio determinado. En segundo lugar,
fijarían los resultados de nuestra experiencia en la
lucha sindical, conservarían los materiales recogidos,
que ahora se pierden literalmente en la inmensa
cantidad de hojas y de crónicas sueltas, y
sintetizarían estos materiales. En tercer lugar, podrían
servir de especie de guía para los agitadores, porque
las condiciones de trabajo varían con relativa
lentitud, las reivindicaciones fundamentales de los
obreros
de
un
oficio
determinado
son
extraordinariamente
estables
(comparad
las
reivindicaciones de los tejedores de la región de
Moscú, en 1885225, y de la región de Petersburgo, en
1896), y un resumen de estas reivindicaciones y
necesidades podría servir durante años enteros de
manual excelente para la agitación económica en
localidades atrasadas o entre capas atrasadas de
obreros; ejemplos de huelgas que hayan tenido éxito
en una región, datos sobre un nivel de vida más
elevado, sobre mejores condiciones de trabajo en una
localidad, incitarían también a los obreros de otras
localidades a nuevas y nuevas luchas. En cuarto
lugar, tomando la iniciativa de sintetizar la lucha
sindical y afirmando de este modo los vínculos del
movimiento sindical ruso con el socialismo, la
socialdemocracia se preocuparía al mismo tiempo de
que nuestro trabajo tradeunionista ocupara un lugar,
ni demasiado reducido ni demasiado grande, en el
conjunto de nuestro trabajo socialdemócrata. A una
organización local, si está apartada de las
organizaciones de otras ciudades, le es muy difícil, a
veces casi imposible, mantener en este sentido una
proporción justa (y el ejemplo de Rabóchaya Mysl
demuestra a qué punto de monstruosa exageración de
carácter tradeunionista puede llegarse en tal caso).
Pero a una organización de revolucionarios destinada
a toda Rusia, que sustente de manera firme el punto
de vista del marxismo, que dirija toda la lucha
política y disponga de un Estado Mayor de agitadores
225

El movimiento huelguístico de 1885 abarcó a
numerosas empresas de la industria textil de las provincias
de Vladimir, Moscú, Tver y otras del centro industrial. La
más famosa fue la de los obreros de la manufactura
Nikólskoe, de Savva Morózov, en enero de 1885 (la
huelga de Morózov). En sus reivindicaciones, los obreros
exigían ante todo disminuir las multas, regular las
condiciones de la contratación del trabajo asalariado, etc.
Dirigieron la huelga los obreros progresistas P.
Moiséenko, L. Ivanov y V. Vólkov. La huelga de
Morózov, en la que participaron cerca de 8.000 obreros,
fue aplastada con la intervención de las tropas. 33 obreros
huelguistas fueron entregados a los tribunales, y más de
600, desterrados. Bajo la influencia del movimiento
huelguístico de 1885 y 1886, el gobierno zarista se vio
obligado a promulgar la ley del 3 (15) de junio de 1886 (la
llamada "ley de multas").

138
profesionales, jamás le será difícil determinar
acertadamente esa proporción.
V. "Plan" de un periódico político destinado a
toda Rusia
"El error más grande de Iskra en este sentido escribe B. Krichevski (R. D., N° 10, pág. 30),
imputándonos la tendencia de "convertir la teoría en
doctrina muerta, aislándola de la práctica"- es su
"plan" de una organización de todo el partido" (es
decir, el artículo ¿Por dónde empezar?226) Y
Martínov le hace coro, declarando que "la tendencia
de Iskra de aminorar la importancia de la marcha
progresiva de la lucha cotidiana y gris, en
comparación con la propaganda de ideas brillantes y
acabadas..., ha sido coronada por el plan de
organización del partido, plan que se nos ofrece en el
número 4, en el artículo ¿Por dónde empezar?"
(lugar cit., pág. 61). Finalmente, hace poco, se ha
sumado al número de los indignados contra este
"plan" (las comillas deben expresar la ironía con que
lo acoge) L. Nadiezhdin, que en su folleto En
vísperas de la revolución, que acabamos de recibir
(edición del "grupo revolucionario-socialista"
Svoboda, que ya conocemos), declara que "al hablar
ahora de una organización cuyos hilos arranquen de
un periódico destinado a toda Rusia es concebir ideas
y trabajos de gabinete" (pág. 126), dar pruebas de
"literaturismo", etc.
No puede sorprendernos que nuestro terrorista
coincida con los defensores de la "marcha progresiva
de la lucha cotidiana y gris", pues ya hemos visto las
raíces de esta afinidad en los capítulos sobre la
política y sobre la organización. Pero debemos
observar en el acto que L. Nadiezhdin, y sólo él, ha
tratado honradamente de penetrar en el curso del
pensamiento del artículo que le ha disgustado; ha
tratado de darle una respuesta a fondo, mientras que
Rab. Dielo no ha dicho en esencia nada y ha tratado
tan sólo de embrollar la cuestión, amontonando
indignas salidas demagógicas. Y, por desagradable
que sea, es necesario perder tiempo para limpiar ante
todo los establos de Augías.
a) ¿Quien se ha ofendido por el artículo ¿Por
donde empezar??227

226

Véase V. I. Lenin, Obras, 5ª ed. en ruso, t. 5, págs. 113. (N. de la Edit.)
227
En la recopilación En doce años, Lenin suprimió el
apartado "a") del capítulo quinto, insertando la siguiente
nota: "En la presente edición se suprime el apartado "a")
¿Quién se ha ofendido por el articulo "¿Por dónde
empezar?"?", pues contiene exclusivamente una polémica
con Rabócheie Dielo y el Bund en torno a los intentos de
Iskra de "mandar", etc. En este apartado se decía, entre
otras cosas, que el propio Bund había invitado (en 18981899) a los miembros de Iskra, a reanudar la publicación

V. I. Lenin
Vamos a formar un ramillete de expresiones y
exclamaciones con que se arroja sobre nosotros
Rabócheie Dielo, "No es un periódico el que puede
crear la organización del partido, sino todo lo
contrario"... "Un periódico que se encuentre por
encima del partido, fuera de su control y que no
dependa de él por tener su propia red de agentes"...
"¿Por obra de qué milagro ha olvidado Iskra las
organizaciones socialdemócratas, ya existentes de
hecho, del partido a que ella misma pertenece?"...
"Personas poseedoras de principios firmes y del plan
correspondiente, son también los reguladores
supremos de la lucha real del partido, al que dictan la
ejecución de su plan"... "El plan relega a nuestras
organizaciones, reales y vitales, al reino de las
sombras y quiere dar vida a una fantástica red de
agentes"... "Si el plan de Iskra fuese llevado a la
práctica, borraría completamente las huellas del
Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia que se
viene formando en nuestro país"... "Un órgano de
propaganda se sustrae al control y se convierte en
legislador absoluto de toda la lucha revolucionaria
práctica"... "¿Qué actitud debe asumir nuestro partido
al verse totalmente sometido a una redacción
autónoma?", etc., etc.
Como ve el lector por el contenido y el tono de
estas citas, Rabócheie Dielo se siente ofendido. Pero
se siente ofendido no por sí mismo, sino por las
organizaciones y los comités de nuestro partido, a los
que Iskra quiere relegar, según pretende dicho
órgano, al reino de las sombras y hasta borrar sus
huellas. ¡Qué horror, figúrense ustedes! Pero hay una
cosa extraña. El artículo ¿Por dónde empezar?
apareció en mayo de 1901, y los artículos de
Rabócheie Dielo en septiembre de 1901; ahora
estamos ya a mediados de enero de 1902. ¡Durante
estos cinco meses (tanto antes como después de
septiembre), ni un solo comité, ni una sola
organización del partido ha protestado formalmente
contra ese monstruo, que quiere desterrar a los
comités y organizaciones al reino de las sombras! Y
hay que hacer constar que, durante este período, han
aparecido, tanto en Iskra como en numerosas otras
publicaciones, locales y no locales, decenas y
centenares de comunicaciones de todos los confines
de Rusia. ¿Cómo ha podido suceder que las
organizaciones a las que se quiere desterrar al reino
de las sombras no se hayan apercibido de ello ni se
hayan sentido ofendidas, y que, en cambio, se haya
ofendido una tercera persona?
Ha sucedido esto porque los comités y las demás
organizaciones están ocupados en un trabajo
auténtico, y no en jugar a la "democracia". Los
comités han leído el artículo ¿Por dónde empezar?,
han visto en él una tentativa "de elaborar cierto plan

del Órgano Central del partido y organizar un "laboratorio
literario". (N. de la Edit.)

139

¿Qué hacer?
de la organización, para que pueda iniciarse su
estructuración por todas partes", y, habiéndose
percatado perfectamente de que ni una sola de "todas
esas partes" pensará, en "iniciar la estructuración"
antes de estar convencida de su necesidad y de la
justeza del plan arquitectónico, no han pensado,
naturalmente, en "ofenderse" por la terrible osadía de
los que han dicho en Iskra: "Dada la urgencia de la
cuestión, decidimos por nuestra parte someter a la
atención de los camaradas el bosquejo de un plan que
desarrollaremos más detalladamente en un folleto
cuya impresión está preparándose". Parece imposible
que no se comprenda, si es que se adopta una actitud
honrada respecto a este problema, que, si los
camaradas aceptan el plan propuesto a su atención,
no lo ejecutarán por "subordinación", sino por el
convencimiento de que es necesario para nuestra
obra común, y que, en el caso de no aceptarlo, el
"bosquejo" (¡qué palabra más pretenciosa!, ¿no es
verdad?) quedará como tal bosquejo. ¿¿No es
demagogia arremeter contra el bosquejo de un plan
no sólo "demoliéndolo" y aconsejando a los
camaradas que lo rechacen, "sino incitando a gentes
poco expertas en la labor revolucionaria en contra de
los autores del bosquejo por el mero hecho de que
éstos se atreven a "legislar", a actuar de "reguladores
supremos", es decir, que se atreven a proponer un
bosquejo de plan?? ¿Puede nuestro partido
desarrollarse y marchar adelante, si la tentativa de
elevar a los militantes locales para que tengan ideas,
tareas, planes, etc. más amplios tropieza no sólo con
la objeción respecto a la incorrección de estas ideas,
sino con un sentimiento de "agravio" por el hecho de
que se les "quiera" "elevar"? Porque también L.
Nadiezhdin ha "demolido" nuestro plan, pero no se
ha rebajado a semejante demagogia, que ya no puede
explicarse simplemente por candor o por ideas
políticas de un carácter primitivo: ha rechazado
resueltamente y desde el primer momento la
acusación de "fiscalizar al partido". Por esta razón,
podemos y debemos contestar a fondo a la crítica que
Nadiezhdin hace del plan, mientras que a Rabócheie
Dielo sólo cabe contestar con el desprecio.
Pero el despreciar a un escritor que se rebaja hasta
el punto de gritar sobre "absolutismo" y
"subordinación" no nos exime del deber de
desembrollar la confusión ante la que estas gentes
colocan al lector. Y aquí podemos demostrar
palmariamente a todo el mundo qué valor tienen las
habituales frases sobre una "amplia democracia". Se
nos acusa de haber olvidado los comités, de querer o
de intentar desterrarlos al reino de las sombras, etc.
¿Cómo contestar a estas acusaciones, cuando por
razones de discreción conspirativa no podemos
exponer al lector casi ningún hecho real de nuestras
relaciones efectivas con los comités? Las gentes que
lanzan una acusación tan osada, capaz de irritar a la
multitud, nos llevan ventaja por su desfachatez, por

su desdén de los deberes del revolucionario, que
oculta cuidadosamente a los ojos del mundo las
relaciones y los vínculos que tiene, establece o trata
de establecer. Desde luego, nos negamos de una vez
para siempre a hacer competencia a gentes de esta
calaña en el terreno de la democracia. En cuanto al
lector no iniciado en todos los asuntos del partido, el
único medio de cumplir nuestro deber para con él
consiste en exponerle no lo que existe y lo que se
encuentra im Werden228, sino una pequeña parte de
lo que ha sido, ya que se puede hablar de ello porque
pertenece al pasado.
El Bund nos acusa indirectamente de
"impostura"229; la "Unión" en el extranjero nos acusa
de que tratamos de borrar las huellas del partido. ¡Un
momento, señores! Quedarán ustedes plenamente
satisfechos en cuanto expongamos al público cuatro
hechos del pasado.
Primer230 hecho. Los miembros de una de las
"Uniones de Lucha", que tuvieron una participación
directa en la formación de nuestro partido y en el
envío de un delegado al Congreso en que se fundó, se
ponen de acuerdo con uno de los miembros del grupo
de Iskra para fundar una biblioteca obrera especial,
con objeto de atender a las necesidades de todo el
movimiento. No se consigue fundar la biblioteca
obrera, y los folletos Las tareas de los
socialdemócratas rusos y La nueva ley de fábricas231,
escritos para ella, por caminos de rodeo y a través de
terceras personas van a parar al extranjero, donde son
publicados.
Segundo hecho. Los miembros del Comité
Central del Bund se dirigen a uno de los miembros
del grupo de Iskra con la propuesta de organizar
conjuntamente lo que entonces llamaba el Bund "un
laboratorio de literatura", indicando que, si no se
lograba llevar a la práctica el proyecto, nuestro
movimiento podía sufrir un serio retroceso.
Resultado de aquellas negociaciones fue el folleto La
causa obrera en Rusia232.
228

En proceso de gestación, de surgimiento. (N. de la
Edit.)
229
Iskra, N° 8, respuesta del Comité Central de la Unión
General de Obreros Hebreos de Rusia y de Polonia, a
nuestro artículo sobre la cuestión nacional.
230
Deliberadamente, no presentamos estos hechos en el
orden en que han ocurrido.
231
Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed en ruso, t. 2 págs. 433470 y 263-314, (N. de la Edit.)
232
El autor de este folleto, dicho sea de paso, me pide
ponga de manifiesto que, lo mismo que sus folletos
anteriores, dicho folleto fue enviado a la "Unión",
suponiendo que el grupo "Emancipación del Trabajo"
redactaría sus publicaciones (circunstancias especiales no
le permitían conocer entonces, es decir, en febrero de
1899, el cambio de Redacción). Dicho folleto será
reeditado muy pronto por la Liga.
La "Liga de la Socialdemocracia Revolucionaria Rusa en
el Extranjero" fue fundada a iniciativa de Lenin en octubre

140
Tercer hecho. El Comité Central del Bund, por
intermedio de una pequeña ciudad de provincia, se
dirige a uno de los miembros del grupo de Iskra
proponiéndole que se encargue de la redacción de
Rabóchaya Gazeta, que había reanudado su
publicación, y obtiene, desde luego, su conformidad.
Más tarde, cambia la proposición: se trata solamente
de colaborar, debido a una nueva composición de la
redacción. Claro que también a esto se asiente. Se
envían los artículos (que se ha logrado conservar):
-uestro programa, protestando directamente contra
la bernsteiniada, contra el viraje de la literatura legal
y de Rabóchaya Mysl; -uestra tarea urgente ("la
organización de un órgano del partido que aparezca
regularmente y esté estrechamente vinculado a todos
los grupos locales"; los defectos de los "métodos
primitivos de trabajo" imperantes); Un problema
vital (analizando la objeción de que primeramente
habría que desarrollar la actividad de los grupos
locales y luego emprender la organización de un
órgano común; insistiendo en la importancia
primordial de "la organización revolucionaria", en la
necesidad de "elevar la organización, la disciplina y
la técnica de la conspiración al más alto grado de
perfección")233. La proposición de reanudar la
publicación de Rabóchaya Gazeta no llega a
realizarse, y los artículos quedan sin publicar.
Cuarto hecho. Un miembro del Comité,
organizador del segundo Congreso ordinario de
nuestro partido, comunica a un miembro del grupo de
Iskra el programa del Congreso y presenta la
candidatura de este grupo para la Redacción de
de 1901. Formaban la Liga la sección extranjera de Iskra y
la organización revolucionaria "Sotsial-Demokrat" (en la
que entraba el grupo "Emancipación del Trabajo"). La
tarea de la Liga consistía en difundir las ideas de la
socialdemocracia revolucionaria y contribuir a la
fundación de una organización socialdemócrata
combatiente. La Liga representaba a Iskra en el extranjero.
Cohesionaba a los socialdemócratas rusos emigrados,
partidarios de Iskra, ayudaba económicamente al
periódico, organizaba la distribución del mismo en Rusia y
editaba publicaciones de divulgación marxista. La Liga
publicó varios Boletines y folletos. El II Congreso del
POSDR la confirmó como única organización del partido
en el extranjero, con las prerrogativas del comité del
partido, encargándole trabajar bajo la dirección y el
control del CC de POSDR.
Después del II Congreso, los mencheviques se
atrincheraron en la Liga y emprendieron la lucha contra
Lenin, contra los bolcheviques. En el II Congreso de la
Liga (octubre de 1903), calumniaron a los bolcheviques,
después de lo cual Lenin y sus partidarios abandonaron el
Congreso. Los mencheviques aprobaron unos nuevos
reglamentos de la Liga, contrarios a los reglamentos del
partido aprobados por el II Congreso del POSDR. Desde
aquellos tiempos, la Liga pasó a ser el baluarte del
menchevismo, prolongándose su existencia hasta 1905.
233
Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, págs. 182186, 187-192 y 193-198. (N. de la Edit.)

V. I. Lenin
Rabóchaya Gazeta, que reanudaba su publicación.
Esta gestión, por decirlo así, preliminar, es
sancionada luego por el Comité al que pertenecía
dicha persona, así como por el Comité Central del
Bund; al grupo de Iskra, se le indica el lugar y la
fecha del Congreso, pero el grupo (no teniendo, por
determinados motivos, la seguridad de poder enviar
un delegado a este Congreso) redacta también un
informe escrito para el mismo. En dicho informe se
sostiene la idea de que, con sólo elegir un Comité
Central, lejos de resolver el problema de la
unificación en un momento de completa dispersión
como el actual, por el contrario, corremos, además, el
riesgo de comprometer la gran idea de la creación del
partido, caso de producirse nuevamente una rápida y
completa redada, cosa más que probable cuando
impera la falta de discreción conspirativa; que, por
ello, debía empezarse por invitar a todos los comités
y a todas las demás organizaciones a sostener el
órgano común cuando reanudara su aparición, órgano
que realmente vincularía a todos los comités con un
lazo efectivo y prepararía realmente un grupo de
dirigentes de todo el movimiento; que, luego, los
comités y el partido podrían ya fácilmente
transformar este grupo creado por los comités en un
Comité Central, cuando dicho grupo se hubiera
desarrollado y fortalecido. Pero el Congreso no pudo
celebrarse, debido a una serie de detenciones, y por
motivos de conspiración se destruyó el informe que
sólo algunos camaradas, entre ellos los delegados de
un comité, habían podido leer.
Juzgue ahora el lector por sí mismo del carácter
de procedimientos como la alusión del Bund a una
impostura o como el argumento de Rabócheie Dielo,
que pretende que queremos desterrar a los comités al
reino de las sombras, "sustituir" la organización del
partido por una organización que difunda las ideas de
un solo periódico. Pues precisamente ante los
comités, por reiteradas invitaciones de su parte,
informamos sobre la necesidad de adoptar un
determinado plan de trabajo común. Y precisamente
para la organización del partido elaboramos este plan
en nuestros artículos enviados a Rabóchaya Gazeta y
en el informe para el congreso del partido, y
repetimos que lo hicimos por invitación de personas
que ocupaban en el partido una posición tan
influyente, que tomaban la iniciativa de reconstruirlo
(de hecho). Y sólo cuando hubieron fracasado las dos
tentativas que la organización del partido, juntamente
con nosotros, hizo para reanudar oficialmente la
publicación del órgano central del partido, creímos
que era nuestro deber ineludible presentar un órgano
no oficial, para que, en la tercera tentativa, los
camaradas vieran ya ciertos resultados de la
experiencia y no meras conjeturas. Ahora, todo el
mundo puede apreciar ya ciertos resultados de esa
experiencia, y todos los camaradas pueden juzgar si
hemos comprendido acertadamente nuestros deberes

¿Qué hacer?
y la opinión que merecen las personas que, molestas
por el hecho de que demostremos a unas su falta de
consecuencia en la cuestión "nacional", y a otras lo
inadmisible de sus vacilaciones sin principios, tratan
de inducir a error a quienes desconocen el pasado
más reciente.
b) ¿Puede un periódico ser un organizador
colectivo?
La clave del artículo ¿Por dónde empezar? está
en que plantea precisamente esta cuestión y en que la
resuelve afirmativamente. L. Nadiezhdin es, que
sepamos, la única persona que intenta analizar esta
cuestión a fondo y demostrar la necesidad de
resolverla de un modo negativo. A continuación
reproducimos íntegramente sus argumentos:
"...Mucho nos place que plantee Iskra (N° 4) la
cuestión de la necesidad de un periódico destinado a
toda Rusia, pero en modo alguno podemos estar de
acuerdo en que este planteamiento corresponda al
título del artículo. ¿Por dónde empezar? Es, sin
duda, uno de los asuntos de extrema importancia,
pero no se pueden echar los cimientos de una
organización combativa para un momento
revolucionario con esa labor, ni con toda una serie de
hojas populares, ni con una montaña de proclamas.
.Es indispensable empezar a formar fuertes
organizaciones políticas locales. Nosotros carecemos
de ellas, nuestra labor se ha desarrollado
principalmente entre los obreros cultos, mientras que
las masas sostenían de modo casi exclusivo la lucha
económica. Si no se educan fuertes organizaciones
políticas locales, ¿qué valor podría tener un
periódico destinado a toda Rusia, aunque esté
excelentemente organizado? ¡Una zarza en llamas,
que arde sin consumirse, pero que a nadie transmite
su fuego! Iskra cree que en torno a ese periódico, en
el trabajo para él, se concentrará el pueblo, se
organizará. Pero ¡si le es mucho más fácil
concentrarse y organizarse en torno a una labor más
concreta! Esta labor puede y debe consistir en
organizar periódicos locales en vasta escala, en
preparar inmediatamente las fuerzas obreras para
manifestaciones, en que las organizaciones locales
trabajen constantemente entre los parados
(difundiendo de un modo persistente entre ellos hojas
volantes y octavillas, convocándolos a reuniones,
llamándolos a oponer resistencia al gobierno, etc.).
¡Hay que iniciar una labor política viva en el plano
local, y cuando surja la necesidad de unificarse sobre
esta base real, la unión no será algo artificial, no
quedará sobre el papel, porque no es por medio de
periódicos como se conseguirá esta unificación del
trabajo local en una obra común a toda Rusia!" (En
vísperas de la revolución, pág. 54).
Hemos subrayado en este elocuente trozo los

141
pasajes que permiten apreciar con mayor relieve
tanto el juicio erróneo del autor sobre nuestro plan,
como, en general, su punto de vista falso que opone a
Iskra. Si no se educan fuertes organizaciones
políticas locales no tendrá valor el mejor periódico
destinado a toda Rusia. Completamente justo. Pero se
trata precisamente de que no existe otro medio de
educar fuertes organizaciones políticas que un
periódico para toda Rusia. Al autor se le ha escapado
la declaración más importante de Iskra hecha antes
de pasar a exponer su "plan": la declaración de que
era necesario "exhortar a formar una organización
revolucionaria capaz de unir todas las fuerzas y
dirigir el movimiento no sólo nominalmente, sino en
la realidad, es decir, capaz de estar siempre dispuesta
a apoyar toda protesta y toda explosión,
aprovechándolas para multiplicar y robustecer las
fuerzas militares aptas para el combate decisivo".
Pero, en principio, todo el mundo estará ahora,
después de febrero y marzo, de acuerdo -continúa
Iskra-, y lo que nosotros necesitamos no es resolver
el problema en principio, sino en la práctica; es
necesario establecer inmediatamente un plan
determinado de la estructura para que todo el mundo
pueda ahora mismo y en todas partes iniciar la
construcción. ¡Y he aquí que, de la solución práctica
del problema, nos arrastran una vez más hacia atrás,
hacia una verdad justa en principio, incontestable,
grande,
pero
completamente
insuficiente,
completamente incomprensible para las grandes
masas trabajadoras: hacia la "educación de fuertes
organizaciones políticas"! Pero ¡si no se trata ya de
eso, respetable autor, sino de cómo, precisamente,
hay que educar, y educar con éxito!
No es verdad que "nuestra labor se ha
desarrollado principalmente entre los obreros cultos,
mientras que las masas sostenían de modo casi
exclusivo la lucha económica". Bajo esta forma, la
tesis se desvía hacia la tendencia habitual en
Svoboda, y radicalmente errónea, de oponer los
obreros cultos a la "masa". Pues también los obreros
cultos de nuestro país han sostenido en estos últimos
años "casi exclusivamente la lucha económica". Esto,
por una parte. Por otra, tampoco las masas
aprenderán jamás a sostener la lucha política,
mientras no ayudemos a formarse a los dirigentes de
esta lucha, procedentes tanto de entre los obreros
cultos, como de entre los intelectuales; y estos
dirigentes
pueden
formarse
exclusivamente
enjuiciando de modo sistemático y cotidiano todos
los aspectos de nuestra vida política, todas las
tentativas de protesta y de lucha de las distintas
clases y por diversos motivos. ¡Por eso, es
simplemente
ridículo
hablar
de
"educar
organizaciones políticas" y, al mismo tiempo, oponer
la "labor sobre el papel" de un periódico político a la
"labor política viva en el plano local"! ¡Pero si Iskra
adapta precisamente su "plan" de un periódico al

V. I. Lenin

142
"plan" de crear una "preparación combativa" que
pueda apoyar tanto un movimiento de obreros
parados, un alzamiento campesino, como el
descontento de los zemtsi, "la indignación de la
población contra los ensoberbecidos bachibuzuks
zaristas", etc.! Por lo demás, toda persona
familiarizada con el movimiento sabe perfectamente
que la inmensa mayoría de las organizaciones locales
ni siquiera piensa en ello; que muchas de las
perspectivas aquí esbozadas de "una labor política
viva" no han sido aplicadas en la práctica ni una sola
vez por ninguna organización; que, por ejemplo, la
tentativa de llamar la atención sobre el
recrudecimiento del descontento y de las protestas
entre los intelectuales de los zemstvos origina un
sentimiento de desconcierto y perplejidad tanto en
Nadiezhdin ("¡Dios mío!, ¿pero será ese órgano para
los zemtsi?", En vísperas, pág. 129), como en los
"economistas" (véase la carta en el número 12 de
Iskra), como entre muchos militantes dedicados al
trabajo práctico. En estas condiciones se puede
"empezar" únicamente por incitar a la gente a pensar
en todo esto, a resumir y sintetizar todos y cada uno
de los indicios de efervescencia y de lucha activa. En
los momentos actuales, en que se rebaja la
importancia de las tareas socialdemócratas, "la labor
política activa" puede iniciarse exclusivamente por
una agitación política viva, cosa imposible sin un
periódico destinado a toda Rusia que aparezca con
frecuencia y que se difunda con regularidad.
Los que consideran el "plan" de Iskra como una
manifestación de "literaturismo" no han comprendido
en absoluto el fondo del plan, tomando como fin lo
que se propone como medio más adecuado para el
momento presente. Esta gente no se ha tomado la
molestia de meditar sobre dos comparaciones que
ilustran palmariamente el plan propuesto. La
organización de un periódico político para toda Rusia
-se decía en Iskra- debe ser el hilo fundamental,
asiéndonos al cual podamos invariablemente
desarrollar, profundizar y extender esta organización
(es decir, la organización revolucionaria, siempre
dispuesta a apoyar toda protesta y toda explosión).
Hagan ustedes el favor de decirnos: cuando unos
albañiles colocan en diferentes lugares las piedras de
una obra grandiosa y sin precedentes, ¿es una labor
"de papel" tender la plomada que les ayuda a
encontrar el lugar justo para las piedras, que les
indica la finalidad de la obra común, que les permite
colocar no sólo cada piedra, sino cada trozo de
piedra, el cual, al sumarse a los precedentes y a los
que sigan, formará la línea acabada y total? ¿No
vivimos acaso un momento de esta índole en nuestra
vida de partido, cuando tenemos piedras y albañiles,
pero falta precisamente la plomada, visible para
todos y a la cual todos pudieran atenerse? No importa
que griten que, al tender el hilo, lo que pretendemos
es mandar: si fuera así, señores, pondríamos

Rabóchaya Gazeta, N° 3, en lugar de Iskra, N° 1,
como nos lo habían propuesto algunos camaradas y
como tendríamos pleno derecho a hacer después de
los acontecimientos que hemos expuesto más arriba.
Pero no lo hemos hecho: queríamos tener las manos
libres para desarrollar una lucha intransigente contra
toda clase de seudosocialdemócratas; queríamos que
nuestro hilo, si está justamente tendido, sea respetado
por su justedad y no por haber sido tendido por un
órgano oficial.
"La cuestión de unificar las actividades locales en
órganos centrales se mueve en un círculo vicioso nos dice sentenciosamente L. Nadiezhdin-. La
unificación requiere homogeneidad de elementos, y
esta homogeneidad no puede ser creada más que por
un aglutinador, pero este aglutinador sólo puede
aparecer como producto de fuertes organizaciones
locales, que, en el momento presente, no se
distinguen en modo alguno por su homogeneidad".
Verdad tan respetable y tan incontestable como la de
que es necesario educar fuertes organizaciones
políticas. Y no menos estéril que ésta. Toda cuestión
"se mueve en un círculo vicioso", pues toda la vida
política es una cadena sinfín compuesta de una
infinita serie de eslabones. Todo el arte de un político
consiste precisamente en encontrar y asirse con
fuerza, precisamente al eslaboncito que menos pueda
ser arrancado de las manos, que sea el más
importante en un momento determinado, que
garantice lo más posible a quien lo posea la posesión
de toda la cadena234. Si tuviéramos un destacamento
de albañiles expertos que trabajasen de un modo tan
acorde que aun sin la plomada pudieran colocar las
piedras precisamente donde hace falta (hablando en
forma abstracta, esto no es imposible, ni mucho
menos), entonces, quizás, podríamos asirnos también
a otro eslabón. Pero la desgracia consiste justamente
en que aún carecemos de albañiles expertos y que
trabajen de un modo tan acorde, las piedras se
colocan muy a menudo al azar, sin guiarse por la
plomada común, en forma tan desordenada, que el
enemigo las dispersa de un soplo como si fuesen
granos de arena, y no piedras.
Otra comparación: "El periódico no es sólo un
propagandista colectivo y un agitador colectivo, sino
también un organizador colectivo. En este último
sentido se le puede comparar con los andamios que
se levantan alrededor de un edificio en construcción,
que señalan sus contornos, facilitan las relaciones
entre los distintos constructores, les ayudan a
distribuir el trabajo y a observar los resultados
234

¡Camarada Krichevski! ¡Camarada Martínov! Llamo
vuestra atención sobre esta manifestación escandalosa de
"absolutismo", de "autoridad sin control", "de
reglamentación soberana", etc. Mirad: ¡quiere apoderarse
de toda la cadena! Apresuraos a presentar querella. Ya
tenéis un tema para dos artículos de fondo en el número 12
de Rabócheie Dielo.

¿Qué hacer?
generales alcanzados por el trabajo organizado"235.
Esto hace pensar -¿no es verdad?- en el literato, en el
hombre de gabinete, exagerando la importancia de su
papel. El andamio no es imprescindible para la
vivienda misma: el andamio se hace de materiales de
peor calidad, el andamio se levanta por un breve
período, y luego, una vez terminado el edificio,
aunque sólo sea en sus grandes líneas, se echa al
fuego. En lo que se refiere a la construcción de
organizaciones revolucionarias, la experiencia
demuestra que a veces se pueden construir sin
andamios (recordad la década del 70). Pero ahora no
podemos ni imaginarnos la posibilidad de levantar
sin un andamio el edificio que necesitamos.
Nadiezhdin no está de acuerdo con esto y dice:
"Iskra cree que en torno a ese periódico, en el trabajo
para él, se concentrará el pueblo, se organizará. ¡Pero
si le es mucho más fácil concentrarse y organizarse
en torno a una labor más concreta!" Así, así: "más
fácil concentrarse y organizarse en torno a una labor
más concreta"... Un proverbio ruso dice: "No escupas
en el pozo, que de su agua tendrás que beber". Pero
hay gentes que no sienten reparo en beber de un pozo
en cuyas aguas ya se ha escupido. ¡Qué de infamias
no han dicho nuestros excelentes "críticos" legales
"del marxismo" y los admiradores ilegales de
Rabóchaya Mysl en nombre de esta mayor
concreción! ¡Hasta qué punto está oprimido todo
nuestro movimiento por nuestra estrechez de miras,
por nuestra falta de iniciativa y por nuestra timidez,
que se justifican con los argumentos tradicionales de
"¡Mucho más fácil... en torno a una labor más
concreta!" ¡Y Nadiezhdin, que se considera dotado
de un sentido especial de la "vida", que condena con
singular severidad a los hombres de "gabinete", que
imputa (con pretensiones de agudeza) a Iskra la
debilidad de ver en todas partes "economismo", que
se imagina estar a cien codos por encima de esta
división en ortodoxos y críticos, no nota que, con sus
argumentos, favorece a la estrechez de miras que le
indigna, que él bebe precisamente de un pozo lleno
de escupitajos! Sí, no basta la indignación más
sincera contra la estrechez de miras, el deseo más
ardiente de elevar a las gentes que se prosternan ante
ella, si el que se indigna corre sin velas y sin timón, y
si tan "espontáneamente" como los revolucionarios
de la década del 70 se aferra al "terror excitante", al
"terror agrario", a la "campana a rebato", etc. Ved en
qué consiste ese "algo más concreto" en torno al que
-piensa él- será "mucho más fácil" concentrarse y
organizarse: 1) periódicos locales; 2) preparación de
manifestaciones; 3) trabajo entre los obreros parados.
A la primera ojeada se ve que todas estas cosas han
235

Martínov, al insertar en Rabócheie Dielo la primera
frase de esta cita (N° 10, pág. 62), ha omitido
precisamente la segunda frase, como subrayando así que
no quería tocar el fondo de la cuestión o que era incapaz
de comprenderlo.

143
sido arrancadas por completo al azar, casualmente,
por decir algo, porque desde cualquier punto de vista
que las consideremos sería un perfecto desatino ver
en ellas algo especialmente capaz de "concentrar y
organizar". Y el mismo Nadiezhdin dice unas cuantas
páginas más adelante: "Ya es tiempo de dejar
claramente sentado un hecho: en la base se hace un
trabajo extremadamente mezquino, los comités no
hacen ni la décima parte de lo que podrían hacer...,
los centros de unificación que tenemos ahora son una
ficción, burocracia revolucionaria, el ascenso
recíproco a general, y así seguirán las cosas mientras
no se desarrollen fuertes organizaciones locales". No
cabe duda que estas palabras, al mismo tiempo que
exageraciones, encierran muchas y amargas
verdades. ¿Es que Nadiezhdin no ve el nexo que
existe entre el trabajo mezquino en la base y el
estrecho horizonte de los militantes, el reducido
alcance de sus actividades, cosas inevitables, dada la
poca preparación de los militantes que se encierran
en los marcos de las organizaciones locales? ¿Es que
Nadiezhdin, lo mismo que el autor del artículo sobre
organización publicado en Svoboda, ha olvidado que
el paso a una amplia prensa local (desde 1898) ha ido
acompañado de una intensificación especial del
"economismo" y de los "métodos primitivos de
trabajo"? Además, aunque fuese posible una
organización más o menos satisfactoria de "una
abundante prensa local" (ya hemos demostrado más
arriba que, salvo casos muy excepcionales, esto es
imposible), aun en ese caso los órganos locales
tampoco podrían "concentrar y organizar" todas las
fuerzas de los revolucionarios para una ofensiva
general contra la autocracia, para dirigir la lucha
única. No olvidéis que aquí sólo se trata del alcance
"concentrador", organizador, del periódico, y
podríamos hacer a Nadiezhdin, defensor del
fraccionamiento, la misma pregunta irónica que él
hace: "¿Es que hemos heredado de alguna parte
200.000
organizadores
revolucionarios?"
Prosigamos. No se puede contraponer la
"preparación de manifestaciones" al plan de Iskra,
por la sencilla razón de que este plan dice justamente
que las manifestaciones más extensas son uno de sus
fines; pero de lo que se trata es de elegir el medio
práctico. Nadiezhdin se ha vuelto a enredar aquí, no
viendo que sólo puede "preparar" manifestaciones
(que hasta ahora han sido, en la inmensa mayoría de
los casos, completamente espontáneas) un ejército ya
"concentrado y organizado", y lo que nosotros
precisamente no sabemos es concentrar y organizar.
"Trabajo entre los obreros parados". Siempre la
misma confusión, porque esto también representa
una de las acciones militares de un ejército
movilizado y no un plan para movilizar dicho
ejército. El caso siguiente demuestra hasta qué punto
subestima Nadiezhdin, también en este sentido, el
daño que produce nuestro fraccionamiento, la falta de

V. I. Lenin

144
los "200.000 organizadores". Muchos (y, entre ellos,
Nadiezhdin) han reprochado a Iskra la parquedad de
noticias sobre el paro forzoso, el carácter casual de
las crónicas sobre los fenómenos más habituales de la
vida rural. Es un reproche merecido, pero Iskra es
culpada sin tener culpa alguna. Nosotros tratamos de
"tender un hilo" también a través de la aldea, pero en
el campo no hay casi albañiles y forzosamente hay
que alentar a todo el que comunique aun el hecho
más habitual, abrigando la esperanza de que esto
multiplicará el número de colaboradores en este
terreno y nos enseñará a todos a elegir, por fin, los
hechos realmente sobresalientes. Pero hay tan poco
material de enseñanza, que si no lo sintetizamos en
escala nacional, no hay absolutamente nada con que
aprender. No cabe duda que un hombre que tenga,
aunque sea aproximadamente, las aptitudes de
agitador y el conocimiento de la vida de los
vagabundos, que observamos en Nadiezhdin, podría
prestar servicios inapreciables al movimiento con la
agitación entre los obreros parados; pero un hombre
de esta índole enterraría su talento si no se
preocupara de poner en conocimiento de todos los
camaradas rusos cada paso de su actuación, para que
sirva de enseñanza y de ejemplo a las personas que,
en su inmensa mayoría, no saben aún emprender esta
nueva labor.
Absolutamente todo el mundo habla ahora de la
importancia de la unificación, de la necesidad de
"concentrar y organizar", pero en la mayoría de los
casos falta una noción exacta de por dónde empezar
y de cómo llevar a cabo dicha unificación. Todos
estarán de acuerdo, seguramente, en que, si
"unificásemos", por ejemplo, los círculos aislados de
barrio de una ciudad, harían falta para ello
organismos comunes, es decir, no sólo la
denominación común de "unión", sino un trabajo
realmente común, intercambio de materiales, de
experiencia, de fuerzas, distribución de funciones, no
ya solamente por barrios, sino según las
especialidades de todo el trabajo urbano. Todo el
mundo estará de acuerdo en que un sólido aparato
conspirativo no cubrirá sus gastos (si es que puede
emplearse una expresión comercial) con los
"recursos" (se sobrentiende que tanto materiales
como personales) de un barrio; que en este reducido
campo de acción no puede desenvolverse el talento
de un especialista. Pero lo mismo puede decirse de la
unión de varias ciudades, porque incluso el campo de
acción de una localidad aislada resulta, y ha
resultado, como lo ha demostrado ya la historia de
nuestro movimiento socialdemócrata, enormemente
estrecho: lo hemos probado con todo detalle más
arriba, con el ejemplo de la agitación política y de la
labor de organización. Es necesario, es
imprescindible extender antes que nada este campo
de acción, crear un lazo efectivo de unión entre las
ciudades, a base de un trabajo regular y común,

porque el fraccionamiento deprime a la gente que
"está en el hoyo" (expresión del autor de una carta
dirigida a Iskra) sin saber lo que pasa en el mundo,
de quién tiene que aprender, cómo conseguir
experiencia, de qué modo satisfacer su deseo de una
actividad amplia. Y yo continúo insistiendo en que
este lazo efectivo de unión sólo puede empezar a
crearse sobre la base de un periódico común que sea,
para toda Rusia, la única empresa regular que haga el
balance de toda la actividad en sus aspectos más
variados, incitando con ello a la gente a seguir
infatigablemente hacia adelante; por todos los
numerosos caminos que llevan a la revolución, como
todos los caminos llevan a Roma. Si deseamos la
unificación no sólo de palabra, es necesario que cada
círculo local consagre inmediatamente, supongamos,
una cuarta parte de sus fuerzas a un trabajo activo
para la obra común. Y el periódico le muestra en
seguida236 los contornos generales, las proporciones y
el carácter de la obra; le muestra qué lagunas son las
que más se notan en toda la actividad general de
Rusia, dónde no existe agitación, dónde son débiles
los vínculos, qué ruedecitas del enorme mecanismo
general podría este círculo arreglar o sustituir por
otras mejores. Un círculo que aún no haya trabajado
y que sólo busque trabajo podría empezar ya, no
como artesano en su pequeño taller aislado, que no
conoce ni el desarrollo de la "industria" anterior a él
ni el estado general de determinadas formas de
producción industrial, sino como el colaborador de
una vasta empresa, que refleje todo el empuje
revolucionario general contra la autocracia. Y cuanto
más perfecta sea la preparación de cada tornillo
aislado, cuanta mayor cantidad de trabajadores
aislados participen en la obra común, tanto más
densa se hará nuestra red y tanta menos confusión
provocarán en las filas comunes las inevitables
detenciones.
El vínculo efectivo empezaría ya a crearse por la
función de difusión del periódico (si es que éste
mereciese realmente el título de tal, es decir, si
apareciese regularmente y no una vez cada mes,
como las revistas voluminosas, sino unas cuatro
veces). Actualmente, son rarísimas las relaciones
entre las ciudades en punto a asuntos revolucionarios,
en todo caso son una excepción; entonces, estas
relaciones se convertirían en regla, y, naturalmente,
no sólo asegurarían la difusión del periódico, sino
también (lo que reviste mayor importancia) el
236

Con una reserva: siempre que simpatice con la
orientación de este periódico y considere útil a la causa ser
su colaborador, entendiendo por ello no solamente la
colaboración literaria, sino toda la colaboración
revolucionaria en general. Nota para "Rabócheie Dielo";
esta reserva se sobreentiende para los revolucionarios que
aprecian el trabajo y no el juego a la democracia, que no
separan las "simpatías" de la participación más activa y
real.

¿Qué hacer?
intercambio de experiencia, de materiales, de fuerzas
y de recursos. Inmediatamente, adquiriría la labor de
organización una envergadura mucho mayor, y el
éxito de una localidad alentaría constantemente a
seguir perfeccionándose, a aprovechar la experiencia
ya adquirida por un camarada que actúa en otro
extremo del país. El trabajo local sería mucho más
rico y variado que ahora; las denuncias políticas y
económicas que se recogiesen por toda Rusia
nutrirían intelectualmente a los obreros de todas las
profesiones y de todos los grados de desarrollo,
suministrarían datos y motivos para charlas y lecturas
sobre los problemas más variados, que suscitan,
además, las alusiones de la prensa legal, las
conversaciones en la sociedad y las "tímidas"
comunicaciones del gobierno. Cada explosión, cada
manifestación se enjuiciaría, se discutiría en todos
sus aspectos, en todos los confines de Rusia,
haciendo surgir el deseo de no quedar a la zaga, de
hacer las cosas mejor que nadie (¡nosotros, los
socialistas, no desechamos en absoluto toda
emulación, toda "competencia" en general), de
preparar conscientemente lo que la primera vez se
había hecho en cierta forma espontáneamente, de
aprovechar las condiciones favorables de una
localidad determinada o de un momento determinado
para modificar el plan de ataque, etc. Al mismo
tiempo, esta reanimación de la labor local no
acarrearía la desesperada tensión "agónica" de todas
las fuerzas, ni la movilización de todos los hombres,
como sucede a menudo ahora, cuando hay que
organizar una manifestación o publicar un número de
un periódico local: por una parte, la policía tropezaría
con dificultades mucho mayores para llegar hasta "la
raíz", ya que no se sabría en qué localidad había que
buscarla; por otra, una labor regular y común
enseñaría a los hombres a concordar, en cada caso
concreto, la fuerza de un ataque con el estado de
fuerzas de este u otro destacamento del ejército
común (ahora casi nadie piensa en ninguna parte en
esta coordinación, pues los ataques se producen en
forma espontánea en sus nueve décimas partes), y
facilitaría el "transporte" no sólo de las
publicaciones, sino también de las fuerzas
revolucionarias.
Ahora, en la mayor parte de los casos, estas
fuerzas se desangran en la estrecha labor local;
entonces habría posibilidad, y constantes ocasiones
para trasladar a un agitador u organizador más o
menos capaz de un extremo a otro del país.
Comenzando por un pequeño viaje por asuntos del
partido y por cuenta del mismo, los militantes se
acostumbrarían a vivir enteramente por cuenta del
partido, a hacerse revolucionarios profesionales, a
formarse como verdaderos guías políticos.
Y si realmente lográsemos que todos o una
considerable mayoría de los comités, grupos y
circulo s locales emprendiesen activamente la labor

145
común, en un futuro no lejano estaríamos en
condiciones de publicar un semanario que se
difundiese regularmente en decenas de millares de
ejemplares por toda Rusia. Este periódico sería una
partícula de un enorme fuelle de forja que atizase
cada chispa de la lucha de clases y de la indignación
del pueblo, convirtiéndola en un gran incendio. En
torno a esta labor, de por sí muy anodina y muy
pequeña aún, pero regular y común en el pleno
sentido
de
la
palabra,
se
concentraría
sistemáticamente y se instruiría el ejército
permanente de luchadores probados. Por los
andamios de este edificio común de organización,
pronto veríamos ascender y destacarse de entre
nuestros
revolucionarios
a
los
Zheliábov
socialdemócratas; de entre nuestros obreros, los
Bebel rusos, que se pondrían a la cabeza del ejército
movilizado y levantarían a todo el pueblo para acabar
con la ignominia y la maldición de Rusia.
¡En esto es en lo que hay que soñar!
***
"¡Hay que soñar!" He escrito estas palabras y me
he asustado. Me he imaginado sentado en el
"Congreso de unificación", teniendo enfrente a los
redactores y colaboradores de Rabócheie Dielo. Y he
aquí que se levanta el camarada Martínov y se dirige
a mí con tono amenazador: "Permita que le pregunte:
¿tiene aún la redacción autónoma derecho a soñar sin
previo referéndum de los comités del partido?" Tras
él se levanta el camarada Krichevski (y
profundizando
filosóficamente
al
camarada
Martínov, quien hace mucho tiempo había
profundizado ya al camarada Plejánov), en tono aún
más amenazador, continúa: "Yo voy más lejos, y
pregunto si en general un marxista tiene derecho a
soñar, si no olvida que, según Marx, la humanidad
siempre se plantea tareas realizables, y que la táctica
es un proceso de crecimiento de las tareas, que
crecen con el partido".
Sólo de pensar en estas preguntas amenazadoras,
siento escalofríos y pienso dónde podría esconderme.
Intentaré esconderme tras Písarev.
"Hay diferentes clases de desacuerdos -escribía
Písarev a propósito del desacuerdo entre los sueños y
la realidad-. Mis sueños pueden rebasar el curso
natural de los acontecimientos o bien pueden
desviarse a un lado, adonde el curso natural de los
acontecimientos no puede llegar jamás. En el primer
caso, los sueños no producen ningún daño, incluso
pueden sostener y reforzar las energías del
trabajador... En sueños de esta índole, no hay nada
que deforme o paralice la fuerza de trabajo. Muy al
contrario. Si el hombre estuviese completamente
privado de la capacidad de soñar así, si no pudiese de
vez en cuando adelantarse y contemplar con su
imaginación el cuadro enteramente acabado de la
obra que se bosqueja entre sus manos, no podría
figurarme de ningún modo qué móviles obligarían al

V. I. Lenin

146
hombre a emprender y llevar hasta su término vastas
y penosas empresas en el terreno de las artes, de las
ciencias y de la vida práctica... El desacuerdo entre
los sueños y la realidad no produce daño alguno,
siempre que la persona que sueña crea seriamente en
su sueño, se fije atentamente en la vida, compare sus
observaciones con sus castillos en el aire y, en
general, trabaje escrupulosamente en la realización
de sus fantasías. Cuando existe algún contacto entre
los sueños y la vida, todo va bien"237.
Pues bien, los sueños de esta naturaleza, por
desgracia, son sobradamente raros en nuestro
movimiento. Y la culpa la tienen, sobre todo, los
representantes de la crítica legal y del "seguidismo"
ilegal que presumen de su ponderación, de su
"proximidad" a lo "concreto".
c) ¿Que tipo de organización necesitamos?
Por lo que precede, puede ver el lector que nuestra
"táctica-plan" consiste en rechazar el llamamiento
inmediato al asalto, en exigir que se organice
"debidamente el asedio de la fortaleza enemiga", o
dicho en otros términos, en exigir que todos los
esfuerzos se dirijan a reunir, organizar y movilizar un
ejército regular. Cuando pusimos en ridículo a
Rabócheie Dielo por su salto del "economismo" a los
gritos sobre la necesidad del asalto (gritos en que
había prorrumpido en abril de 1901, en el número 6
del Listok "R. Diela"238), dicho órgano nos atacó,
como es natural, acusándonos de "doctrinarismo",
diciendo que no comprendemos el deber
revolucionario, que exhortamos a la prudencia, etc.
Desde luego, no nos ha extrañado en modo alguno
esta acusación en boca de gentes que carecen de todo
principio y que salen del paso con la sabihonda
"táctica-proceso"; como tampoco nos ha extrañado
que esta acusación la haya repetido Nadiezhdin, que
en general abriga el desprecio más altivo por la
firmeza de los principios programáticos y tácticos.
Dicen que la historia no se repite. Pero
Nadiezhdin se empeña con todas sus fuerzas en
repetirla e imita concienzudamente a Tkachov,
denigrando
la
"educación
revolucionaria",
vociferando sobre "el repique de campanas del
veche"239, pregonando un "punto de vista" especial
"de vísperas de la revolución", etc. Por lo visto,
olvida la conocida sentencia de que, si el original de
un acontecimiento histórico es una tragedia, su copia
no es más que una farsa240. La tentativa de adueñarse

del poder -tentativa preparada por la prédica de
Tkachov y realizada por el terror "intimidador" y que
realmente intimidaba entonces- era majestuosa, y, en
cambio, el terror "excitante" del pequeño Tkachov es
simplemente ridículo; sobre todo, es ridículo cuando
se complementa con la idea de organizar a los
obreros medios.
"Si Iskra -escribe Nadiezhdin- saliese de su esfera
de literaturismo, vería que esto (hechos como la carta
de un obrero en el número 7 de Iskra, etc.) son
síntomas que prueban que pronto, muy pronto,
comenzará el "asalto", y hablar ahora (¡sic!) de una
organización, cuyos hilos arranquen de un periódico
destinado a toda Rusia, es fomentar ideas y trabajo de
gabinete". Fijaos en esta confusión increíble: por una
parte, terror excitante y "organización de los obreros
medios", juntamente con la idea de que es "más fácil"
concentrarse en torno a algo "más concreto", por
ejemplo, alrededor de periódicos locales, y, por otra
parte, hablar "ahora" de una organización para toda
Rusia significa fomentar ideas de gabinete, es decir
(empleando un lenguaje más franco y sencillo),
¡"ahora" ya es tarde! Y para "la amplia organización
de periódicos locales" ¿no es tarde, respetabilísimo
L. Nadiezhdin? En cambio, comparemos con esto el
punto de vista y la táctica de Iskra: el terror excitante
es una tontería; hablar de organizar justamente a los
obreros medios, de una amplia organización de
periódicos locales, significa abrir de par en par las
puertas al "economismo". Es preciso hablar de una
organización de revolucionarios única destinada a
toda Rusia, y no será tarde hablar de ella hasta el
momento en que empiece el verdadero asalto, y no
un asalto sobre el papel.
"Sí -continúa Nadiezhdin-, en, cuanto a la
organización nuestra situación está muy lejos de ser
brillante: si, Iskra tiene completa razón cuando dice
que el grueso de nuestras fuerzas militares está
constituido por voluntarios e insurrectos... Está bien
que tengáis una noción sobria del estado de nuestras
fuerzas, pero ¿por qué olvidáis que la multitud no es
en absoluto nuestra y que, por eso, no nos
preguntará cuándo hay que romper las hostilidades y
se lanzará al "motín"?... Cuando la multitud empiece
a actuar ella misma con su fuerza devastadora
espontánea, puede arrollar y desalojar el "ejército
regular", al que siempre se pensaba organizar en
forma extraordinariamente sistemática, pero no hubo
tiempo de hacerlo". (Subrayado por mí.)

237

Lenin cita el artículo de D. Písarev Errores de un
pensamiento en agraz.
238
"Listok "Rabáchego Diela"": suplemento no periódico
de la revista Rabócheie Dielo; se editó en Ginebra desde
junio de 1900 hasta julio de 1901, apareciendo 8 números.
239
Veche: Asamblea popular en la antigua Rusia, para la
que se convocaba al toque de campana. (N. de la Edit.)
240
Lenin alude a las siguientes palabras de la obra de C.
Marx El 18 Brumario de Luis Bonaparte: "Hegel dice en

¡Extraña

lógica!

Precisamente

porque

"la

alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de
la historia universal se producen, como si dijéramos, dos
veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y
otra, vez como farsa" (véase C. Marx y F. Engels, Obras
escogidas en dos tomos, t. I, pág. 224, ed. en español,
Moscú).

¿Qué hacer?
multitud no es nuestra", es insensato e indecoroso dar
gritos de "asalto" inmediato, ya que el asalto es un
ataque de un ejército regular y no una explosión
espontánea de la multitud. Precisamente porque la
multitud puede arrollar y desalojar al ejército regular,
necesitamos sin falta que toda nuestra labor de
"organización extraordinariamente sistemática" del
ejército regular marche a la par con el auge
espontáneo, porque cuanto más consigamos esta
organización, tanto más probable es que el ejército
regular no sea arrollado por la multitud, sino que se
ponga delante de ella, a su cabeza. Nadiezhdin se
confunde, porque se imagina que este ejército
sistemáticamente organizado se ocupa de algo que lo
aparta de la multitud, mientras que, en realidad, éste
se ocupa exclusivamente de una agitación política
múltiple y general, es decir, justamente de la labor
que aproxima y funde en un todo la fuerza
destructora espontánea de la multitud y la fuerza
destructora consciente de la organización de
revolucionarios. La verdad es que vosotros, señores,
cargáis al prójimo las faltas propias, pues
precisamente el grupo Svoboda, al introducir en el
programa el terror, exhorta con ello a crear una
organización de terroristas, y una organización así
distraería realmente a nuestro ejército de su
aproximación a la multitud, que, por desgracia, no es
aún nuestra y, por desgracia, no nos pregunta, o casi
no nos pregunta aún, cuándo y cómo hay que romper
las hostilidades.
"Dejaremos pasar inadvertida la propia revolución
-continúa Nadiezhdin asustando a Iskra-, como nos
ha ocurrido con los acontecimientos actuales, que
han caído como un alud sobre nuestras cabezas". Esta
frase, relacionada con las que hemos citado más
arriba, nos demuestra palmariamente que es absurdo
el "punto de vista" especial "de vísperas de la
revolución" confeccionado por Svoboda241. Hablando
sin ambages, el "punto de vista" especial se reduce a
que "ahora" ya es tarde para deliberar y prepararse.
Pero en este caso, ¡oh, respetabilísimo enemigo del
"literaturismo"!, ¡para qué escribir 132 páginas
impresas "sobre cuestiones de teoría242 y de táctica"?
241

En vísperas de la revolución, pág. 62.
L. Nadiezhdin, dicho sea de paso, no dice casi nada
sobre las cuestiones teóricas en su "revista de cuestiones
teóricas", si prescindimos del siguiente pasaje, sumamente
curioso "desde el punto de vista de vísperas de la
revolución": "La bernsteiniada en su conjunto pierde para
nuestro momento su carácter agudo, como lo mismo nos
da que el señor Adamóvich demuestre que el señor Struve
debe presentar la dimisión o que, por el contrario, el señor
Struve desmienta al señor Adamóvich y no consienta en
dimitir. Nos da absolutamente igual, porque ha sonado la
hora decisiva de la revolución" (pág. 110). Sería difícil
describir con mayor claridad la despreocupación infinita
que L. Nadiezhdin siente por la teoría. ¡¡Como hemos
proclamado que estamos en "vísperas de la revolución",
por esto "nos da absolutamente lo mismo" que los
242

147
¿No le parece que "al punto de vista de vísperas de la
revolución" le cuadraría más bien la edición de
132.000 octavillas con un breve llamamiento: "¡A
ellos!"?
Precisamente corre menor riesgo de dejar pasar
inadvertida la revolución quien coloca en el ángulo
principal de todo su programa, de toda su táctica, de
toda su labor de organización, la agitación política
entre todo el pueblo, como hace Iskra. Las personas
que, en toda Rusia, están ocupadas en trenzar los
hilos de la organización que arranque de un periódico
destinado a toda Rusia, lejos de dejar pasar
inadvertidos los sucesos de la primavera, nos han
dado, por el contrario, la posibilidad de
pronosticarlos. Tampoco han dejado pasar
inadvertidas las manifestaciones descritas en los
números 13 y 14 de Iskra243; por el contrario, han
tomado parte en ellas, con viva conciencia de que su
deber era acudir en ayuda del auge espontáneo de la
multitud, contribuyendo al mismo tiempo, por medio
de su periódico, a que todos los camaradas rusos
conozcan estas manifestaciones y utilicen su
experiencia. ¡Y, si están vivos, no dejarán pasar
tampoco inadvertida la revolución, que reclamará de
nosotros, ante todo y por encima de todo, experiencia
en la agitación, saber apoyar (apoyar a la manera
socialdemócrata) toda protesta, saber orientar el
movimiento espontáneo, salvaguardándolo de los
errores de los amigos y de las celadas de los
enemigos!
Hemos llegado, pues, a la última razón que nos
fuerza a insistir particularmente en el plan de una
organización formada en torno a un periódico
destinado a toda Rusia, mediante la labor conjunta en
este periódico común. Sólo una organización
semejante aseguraría la flexibilidad indispensable a la
organización combativa socialdemócrata, es decir, la
capacidad de adaptarse inmediatamente a las más
variadas condiciones de lucha, que cambian
rápidamente; saber, "de un lado, rehuir las batallas en
ortodoxos logren o no desalojar definitivamente de sus
posiciones a los críticos!! ¡Y nuestro sabio no se percata
de que, precisamente durante la revolución, nos harán falla
los resultados de la lucha teórica contra los críticos para
luchar resneltamente contra sus posiciones prácticas!
243
En noviembre-diciembre de 1901 se extendió por Rusia
una ola de manifestaciones estudiantiles, apoyadas por los
obreros. En los números 13 (20 de diciembre de 1901) y
14 (1 de enero de 1902) de Iskra, en la sección De nuestra
vida social, se insertaron reseñas de las manifestaciones de
Nizhni Nóvgorod (con motivo del destierro de M. Gorki),
de Moscú (como protesta contra la prohibición de la
velada dedicada a la memoria de N. Dobroliúbov) y de
Ekaterinoslav, así como de las reuniones y protestas
estudiantiles en Kíev, Járkov, Moscú y Petersburgo; a
estas acciones fueron dedicados también los artículos de
V. I. Lenin El comienzo de las manifestaciones (Iskra, N°
13, véase Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 369-372) y de J.
Plejánov Sobre las manifestaciones (Iskra, Nº 14).

V. I. Lenin

148
campo abierto, contra un enemigo que tiene
superioridad aplastante de fuerzas, cuando éste
concentra toda su fuerza en un punto, pero, de otro
lado, aprovecharse de la torpeza de movimientos de
este enemigo y lanzarse sobre él en el sitio y en el
momento en que menos espere ser atacado"244. Sería
un gravísimo error estructurar la organización del
partido contando sólo con explosiones y luchas en las
calles o sólo con la "marcha progresiva de la lucha
cotidiana y gris". Debemos desarrollar siempre
nuestra labor cotidiana y estar siempre dispuestos a
todo, porque muchas veces es casi imposible prever
cómo alternarán los períodos de explosiones con los
de calma, y, aun cuando fuera posible preverlo, no se
podría aprovechar la previsión para reconstruir la
organización, porque en un país autocrático estos
cambios se producen con asombrosa rapidez, a veces
como consecuencia de una incursión nocturna de los
genízaros zaristas245. La misma revolución no se debe
imaginar como un acto único (como, por lo visto, se
la imaginan los Nadiezhdin), sino como una sucesión
rápida de explosiones más o menos violentas,
alternando con períodos de calma más o menos
profunda. Por tanto, el contenido capital de las
actividades de la organización de nuestro partido, el
centro de gravedad de estas actividades debe
consistir en una labor que es posible y necesaria tanto
durante el período de la explosión más violenta,
como durante el de la calma más completa, a saber:
en una labor de agitación política unificada en toda
Rusia, que arroje luz sobre todos los aspectos de la
vida y que se dirija a las grandes masas. Y esta labor
es inconcebible en la Rusia actual sin un periódico
destinado a toda Rusia y que aparezca muy
frecuentemente. La organización que se forme por sí
244

Iskra N° 4: ¿Por dónde empezar? "Un trabajo largo no
asusta a los revolucionarios educadores que no comparten
el punto de vista de vísperas de la revolución", escribe
Nadiezhdin (pág. 62). A este propósito haremos la
siguiente observación: si no sabemos elaborar una táctica
política, un plan de organización, orientados sin falta hacia
un trabajo muy largo y que al mismo tiempo aseguren, por
el propio proceso de este trabajo, la preparación de
nuestro partido para ocupar su puesto y cumplir con su
deber en cualquier circunstancia imprevista, por más que
se precipiten los acontecimientos, seremos simplemente
unos miserables aventureros políticos. Sólo Nadiezhdin,
que ha empezado a intitularse socialdemócrata desde ayer,
puede olvidar que el objetivo de la socialdemocracia
consiste en la transformación radical de las condiciones de
vida de toda la humanidad, y que por ello es imperdonable
que un socialdemócrata se "asuste" por lo largo del
trabajo.
245
Genízaros: infantería regular en la Turquía de los
sultanes, creada en el siglo XIV y que era la fuerza
policíaca principal de aquel régimen. Los genízaros se
distinguían por su gran crueldad. Los regimientos de
genízaros fueron disueltos en 1826. Lenin denominó
genízaros a la policía zarista.

misma en torno a este periódico, la organización de
sus colaboradores (en la acepción más amplia del
término, es decir, de todos los que trabajan para él)
estará precisamente dispuesta a todo, desde salvar el
honor, el prestigio y la continuidad del partido en los
momentos de mayor "depresión" revolucionaria,
hasta preparar, fijar y llevar a la práctica la
insurrección armada de todo el pueblo.
En efecto, figurémonos una redada completa, muy
corriente entre nosotros, en una o varias localidades.
Al no haber en todas las organizaciones locales una
labor común en forma regular, estas redadas van
acompañadas a menudo de la interrupción del trabajo
por largos meses. En cambio, si todas tuvieran una
labor común, bastarían en el caso de la mayor redada
unas cuantas semanas de trabajo de dos o tres
personas enérgicas para poner en contacto con el
organismo central común a los nuevos círculos de la
juventud que, como es sabido, incluso ahora brotan
con suma rapidez; y cuando la labor común que sufre
las consecuencias de las redadas está a la vista de
todo el mundo, los nuevos círculos pueden surgir y
ponerse en contacto con dicho organismo central más
rápidamente aún.
Por otra parte, imaginaos una insurrección
popular.
Ahora,
todo
el
mundo
estará,
probablemente, de acuerdo en que debemos pensar
en ella y prepararnos para ella. Pero ¿cómo
prepararnos? ¿Tendrá que designar el Comité Central
agentes en todas las localidades para preparar la
insurrección? Aunque tuviésemos un Comité Central,
este CC no lograría absolutamente nada con
designarlos, dadas las actuales condiciones rusas. Por
el contrario, una red de agentes246 que se forme por sí
misma en el trabajo de organización y difusión de un
periódico común no tendría que "aguardar con los
brazos cruzados" la consigna de la insurrección, sino
que precisamente trabajaría en la labor regular que le
garantizaría en caso de insurrección las mayores
probabilidades de éxito. Precisamente esta labor
reforzaría los lazos de unión tanto con las grandes
masas obreras, como con todos los sectores
246

Se me ha escapado, ¡ay!, una vez más, la terrible
palabra "agentes", que tanto hiere el oído democrático de
los Martínovl Me extraña que esta palabra no haya
molestado a los corifeos de la década del 70 y, en cambio,
moleste a los "artesanos" de la del 90. Me gusta esta
palabra, porque índica de un modo claro y tajante la causa
común a la que todos los agentes subordinan sus
pensamientos y sus actos, y si hubiese que sustituir esta
palabra por otra, yo sólo elegiría el término "colaborador",
si éste no tuviese cierto deje de literaturismo y de
vaguedad. Porque lo que necesitamos es una organización
militar de agentes. Digamos de paso que los numerosos
Martínov (sobre todo, en el extranjero), que gustan de
"ascenderse recíprocamente a general", podrían decir, en
lugar de "agente en asuntos de pasaportes", "comandante
en jefe de la unidad especial destinada a proveer de
pasaportes a los revolucionarios", etc.

¿Qué hacer?
descontentos de la autocracia, lo cual tiene tanta
importancia para la insurrección. Precisamente sobre
la base de esta obra se formaría la capacidad de
enjuiciar acertadamente la situación política general
y, por tanto, la capacidad de elegir el momento
adecuado para la insurrección. Precisamente esta
obra acostumbraría a todas las organizaciones locales
a hacerse eco simultáneamente de los problemas,
casos y sucesos políticos que agitan a toda Rusia,
responder a estos "sucesos" con la mayor energía
posible, del modo más uniforme y más conveniente
posible: y la insurrección es, en el fondo, la
"respuesta" más enérgica, más uniforme y más
conveniente de todo el pueblo al gobierno.
Precisamente esa labor, por último, acostumbraría a
todas las organizaciones revolucionarias, en todos los
confines de Rusia, a mantener las relaciones más
constantes y a la vez más conspirativas, relaciones
que crearían la unidad efectiva del partido; sin estas
relaciones es imposible discutir colectivamente un
plan de insurrección ni adoptar las medidas
preparatorias indispensables en vísperas de ésta,
medidas que deben guardarse en el secreto más
riguroso.
En una palabra, "el plan de un periódico político
para toda Rusia", lejos de ser el fruto de un trabajo de
gabinete de personas contaminadas de doctrinarismo
y literaturismo (como les ha parecido a gentes que
han meditado poco en él), es, por el contrario, el plan
más práctico para empezar a prepararse en todas
partes e inmediatamente para la insurrección, sin
olvidar al mismo tiempo ni un instante la labor
ordinaria de todos los días.
Conclusión
La historia de la socialdemocracia rusa se divide
manifiestamente en tres períodos.
El primer período comprende cerca de un decenio,
de 1884 a 1894, aproximadamente. Fue el período en
que brotaron y se afianzaron la teoría y el programa
de la socialdemocracia. El número de adeptos de la
nueva tendencia en Rusia se contaba por unidades.
La socialdemocracia existía sin movimiento obrero,
atravesando, como partido político, por el proceso de
desarrollo intrauterino.
El segundo período comprende tres o cuatro años,
de 1894 a 1898. La socialdemocracia aparece como
movimiento social, como ascenso de las masas
populares, como partido político. Fue el período de la
niñez y de la adolescencia. Con la rapidez de una
epidemia, se propaga el apasionamiento general de
los intelectuales por la lucha contra el populismo y
por la corriente de ir hacia los obreros, el
apasionamiento general de los obreros por las
huelgas. El movimiento hace grandes progresos. La
mayoría de los dirigentes eran hombres muy jóvenes,
que estaban lejos de haber alcanzado la "edad de
treinta y cinco años", que el señor N. Mijailovski

149
consideraba como una especie de límite natural. Por
su juventud, no estaban preparados para la labor
práctica y desaparecen de la escena con asombrosa
rapidez. Pero la envergadura de su trabajo, en la
mayoría de los casos, era muy grande. Muchos de
ellos comenzaron a pensar de un modo
revolucionario como secuaces de "La Voluntad del
Pueblo". Casi todos rendían en sus mocedades un
culto entusiasta a los héroes del terror, y les costó
mucho trabajo sustraerse a la impresión seductora de
esta tradición heroica; hubo que romper con personas
que a toda costa querían seguir siendo fieles a "La
Voluntad del Pueblo", personas a las que los jóvenes
socialdemócratas respetaban mucho. La lucha
obligaba a estudiar, a leer obras ilegales de todas las
tendencias, a ocuparse intensamente de los
problemas del populismo legal. Formados en esta
lucha, los socialdemócratas iban al movimiento
obrero sin olvidar "un instante" ni la teoría del
marxismo que los iluminó con luz meridiana, ni la
tarea de derrocar a la autocracia. La formación del
partido, en la primavera de 1898, fue el acto de
mayor relieve, y a la vez el último, de los
socialdemócratas de aquel período.
El tercer período despunta, como acabamos de
ver, en 1897 y aparece definitivamente en sustitución
del segundo período en 1898 (1898-?). Es el período
de dispersión, de disgregación, de vacilación. Como
enronquecen los adolescentes al cambiar la voz,
también a la socialdemocracia rusa de aquel período
se le quebró la voz y empezó a dar notas falsas, por
una parte, en las obras de los señores Struve y
Prokopóvich, Bulgákov y Berdiáiev, y, por otra, en
las de V. I-n. y R. M., de B. Krichevski y Martínov.
Pero sólo los dirigentes iban cada uno por su lado y
retrocedían: el movimiento mismo continuaba
creciendo y haciendo gigantescos progresos. La
lucha proletaria englobaba nuevos sectores de
obreros y se propagaba por toda Rusia,
contribuyendo a la vez indirectamente a avivar el
espíritu democrático entre los estudiantes y entre las
demás capas de la población. Pero la conciencia de
los dirigentes cedió ante la envergadura y la fuerza
del auge espontáneo. Entre los socialdemócratas
predominaba ya otra clase de gente: los militantes
formados casi exclusivamente en el espíritu de la
literatura marxista "legal", cosa tanto más
insuficiente cuanto más alto era el nivel de
conciencia que reclamaba de ellos la espontaneidad
de las masas. Los dirigentes no sólo quedan
rezagados tanto en el sentido teórico ("libertad de
crítica"), como en el terreno práctico ("métodos
primitivos de trabajo"), sino que intentan defender su
atraso recurriendo a toda clase de argumentos
rimbombantes. El socialdemocratismo era rebajado al
nivel del tradeunionismo tanto por los brentanistas de
la literatura legal, como por los seguidistas de la
ilegal. El programa del Credo comienza a llevarse a

V. I. Lenin

150
la práctica, sobre todo cuando los "métodos
primitivos de trabajo" de los socialdemócratas
reavivan las tendencias revolucionarias no
socialdemócratas.
Y si el lector me reprocha el haberme ocupado
demasiado detalladamente de un periódico como
Rabócheie Dielo, le contestaré: R. Dielo ha adquirido
una importancia "histórica" por haber reflejado con el
mayor relieve el "espíritu" de este tercer período247.
No era el consecuente R. M., sino precisamente los
Krichevski y Martínov, que giran a todos los vientos,
quienes podían expresar de modo auténtico la
dispersión y las vacilaciones, la disposición a hacer
concesiones a la "crítica", al "economismo" y al
terrorismo. Lo que caracteriza a este período no es el
desprecio olímpico de la práctica por algún
admirador de "lo absoluto", sino precisamente la
unión de un practicismo mezquino con la más
completa despreocupación por la teoría. Los héroes
de este período, más que negar de un modo abierto
las "grandes palabras", las envilecían: el socialismo
científico dejó de ser una teoría revolucionaria
integral, convirtiéndose en una mezcla, a la que se
añadían "libremente" líquidos procedentes de todo
nuevo manual alemán; la consigna de "lucha de
clases" no impulsaba hacia una actividad cada vez
más vasta, cada vez más enérgica, sino que servía de
amortiguador, ya que "la lucha económica está
íntimamente ligada a la lucha política"; la idea de un
partido no servía para incitar a crear una
organización combativa de revolucionarios, sino que
justificaba
una
especie
de
"burocratismo
revolucionario" y el juego infantil a formas
"democráticas" .
Ignoramos cuándo acabará el tercer período y
empezará el cuarto (que en todo caso anuncian ya
muchos síntomas). Del campo de la historia pasamos
aquí al terreno del presente y, en parte, del futuro.
Pero creemos firmemente que el cuarto período ha de
conducir al afianzamiento del marxismo militante, la
socialdemocracia rusa saldrá de la crisis más fuerte y
vigorosa, la retaguardia de oportunistas será
"relevada" por un verdadero destacamento de
vanguardia de la clase más revolucionaria.
A guisa de exhortación a este "relevo" y
resumiendo lo que acabamos de exponer, podemos
dar esta escueta respuesta a la pregunta: ¿qué hacer?
Acabar con el tercer período.

247

Podría contestar también con un refrán alemán: "Den
Sack schlägt man, den Esel meint man", lo cual quiere
decir: a ti te lo digo, hijuela mía: entiéndelo tú, nuera mía.
No sólo Rab. Dielo, sino la gran masa de los militantes
dedicados al trabajo práctico y de los teóricos sentían
entusiasmo por la "crítica" de moda, se embrollaban en la
cuestión de la espontaneidad, se desviaban de la
concepción socialdemócrata de nuestras tareas políticas y
de organización hacia la concepción tradeunionista.

Anexo. Intento de fusionar Iskra. Con
Rabócheie Dielo
Nos resta esbozar la táctica adoptada y
consecuentemente aplicada por Iskra en las
relaciones de organización con Rabócheie Dielo.
Esta táctica ha sido ya plenamente expuesta en el
número 1 de Iskra, en el artículo sobre La escisión en
la Unión de Socialdemócratas Rusos en el
Extranjero248, Abrazamos en seguida: la posición de
que la verdadera "Unión de Socialdemócratas Rusos
en el Extranjero", reconocida por el primer Congreso
de nuestro partido como su representante en el
extranjero, se había escindido en dos organizaciones;
que seguía sin resolverse la cuestión de la
representación del partido, porque sólo temporal y
condicionalmente la había resuelto, en el Congreso
internacional celebrado en París, la elección para el
Buró Socialista Internacional permanente249, por
parte de Rusia, de dos miembros, uno por cada parte
de la "Unión" escindida. Hemos declarado que, en el
fondo, Rabócheie Dielo no tenia razón; en relación a
los principios, nos colocamos resueltamente al lado
del grupo "Emancipación del Trabajo", pero nos
negamos, al mismo tiempo, a entrar en detalles de la
escisión y señalamos los méritos de la "Unión" en el
terreno de la labor puramente práctica250.
De modo que nuestra posición era, hasta cierto
punto, la expectativa: hacíamos una concesión al
criterio imperante entre la mayoría de los
socialdemócratas rusos, que sostenían que incluso los
enemigos más decididos del "economismo" podían
trabajar codo con codo con la "Unión", porque ésta
había declarado más de una vez que en principio
estaba de acuerdo con el grupo "Emancipación del
Trabajo" y que no pretendía, según afirmaba, tener
una posición independiente en los problemas
cardinales de la teoría y de la táctica. El acierto de la
posición que habíamos adoptado lo corrobora
indirectamente el hecho de que, casi en el momento
de la aparición del primer número de Iskra
(diciembre de 1900), se separan de la "Unión" tres
miembros, formando el llamado "Grupo de
248

Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, págs. 384385. (N. de la Edit.)
249
Buró Socialista Internacional (BSI): órgano
permanente, informativo y ejecutivo, de la II Internacional,
integrado por representantes de todos los partidos
socialistas que formaban parte de la Internacional. J.
Plejánov y B. Krichevski fueron elegidos para representar
en el BSI a los socialdemócratas rusos. Desde 1905, Lenin
representaba al POSDR en el BSI. Durante la primera
guerra mundial, el BSI mantuvo una posición
socialchovinista y desde entonces dejó de ser
prácticamente órgano de la asociación internacional de los
trabajadores.
250
Este juicio sobre la escisión no sólo se basaba en el
conocimiento de las publicaciones, sino en datos recogidos
en el extranjero por algunos miembros de nuestra
organización que habían estado allí.

¿Qué hacer?
iniciadores", los cuales se dirigieron: 1) a la sección
del extranjero de la organización de Iskra; 2) a la
organización revolucionaria "Sotsial-Demokrat”251 y
3) a la "Unión", proponiendo su mediación para
entablar negociaciones de conciliación. Las dos
primeras organizaciones aceptaron en seguida, la
tercera se negó. Por cierto que cuando, en el
Congreso de "unificación", celebrado el año pasado,
uno de los oradores expuso los hechos citados, un
miembro de la administración de la "Unión" declaró
que su negativa se debía exclusivamente a que la
"Unión" estaba descontenta de la composición del
grupo de iniciadores. Considerando que es mi deber
insertar esta explicación, no puedo, sin embargo,
dejar de observar por mi parte que no la considero
satisfactoria: conociendo el asentimiento de las dos
organizaciones para entablar negociaciones, la
"Unión" podía dirigirse a ellas por medio de otro
mediador o directamente.
En la primavera de 1901, tanto Zariá (N° 1, abril)
como Iskra (N° 4, mayo)252 entablaron una polémica
directa contra Rabócheie Dielo. Iskra atacó, sobre
todo, el "Viraje histórico" de Rabócheie Dielo, que
en su hoja de abril, esto es, ya después de los
acontecimientos de primavera, dio muestras de poca
firmeza con respecto al apasionamiento por el terror
y por los llamamientos "sanguinarios". A pesar de
esta polémica, la "Unión" contestó que estaba
dispuesta a reanudar las negociaciones de
conciliación por intermedio de un nuevo grupo de
"conciliadores”253. La Conferencia preliminar de
251

La "Organización revolucionaria "Sotsial-Demokrat""
fue creada por los miembros del grupo "Emancipación del
Trabajo" y sus partidarios en mayo de 1900, después de la
escisión de la "Unión de Socialdemócratas Rusos en el
Extranjero". En su llamamiento, la organización "SotsialDemokrat" anunció sus objetivos: "ayudar al movimiento
socialista en el seno del proletariado ruso" y luchar contra
todas las tentativas oportunistas de tergiversar el
marxismo. La organización tradujo al ruso y publicó el
Manifiesto del Partido Comunista, así como algunos
folletos de J. Plejánov y otros. En octubre de 1901, a
propuesta de Lenin, se integró, junto con la sección
extranjera de Iskra, en la "Liga de la Socialdemocracia
Revolucionaria Rusa en el Extranjero".
252
Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 113. (N. de la Edit.)
253
Se trata del grupo compuesto por D. Riazánov, Y.
Steklov (Nevzárov), E. Gurévich (V. Danévich, E.
Smirnov), que se formó en París en el verano de 1900, y
que en mayo de 1901 pasó a denominarse "Borbá". En su
intento de reconciliar las orientaciones revolucionaria y
oportunista en la socialdemocracia rusa, el grupo "Borbá"
propuso unificar las organizaciones socialdemócratas en el
extranjero, y con este objeto mantuvo conversaciones con
las organizaciones de Iskra y Zariá, con el "SotsialDemokrat" y la "Unión de Socialdemócratas Rusos", y
participó en la Conferencia de Ginebra (junio de 1901) y
en el Congreso "de unificación" (octubre de 1901). En el
otoño de 1901, el grupo "Borbá" se convirtió en un grupo

151
representantes de las tres organizaciones citadas se
celebró en el mes de junio y elaboró un proyecto de
pacto, sobre la base de un detalladísimo "acuerdo en
principio", publicado por la "Unión" en el folleto Dos
Congresos y por la Liga en el folleto Documentos del
Congreso "de unificación".
El contenido de este acuerdo en principio (o
resoluciones de la Conferencia de junio, como suele
llamársele) demuestra con claridad meridiana que
nosotros exigíamos, como condición indispensable
para la unificación, que se repudiara del modo más
decidido toda manifestación de oportunismo en
general y de oportunismo ruso en particular.
"Rechazamos -dice el primer párrafo- todas las
tentativas de introducir el oportunismo en la lucha de
clase del proletariado, tentativas que se han traducido
en el llamado "economismo", bernsteinianismo,
millerandismo, etc." "La esfera de actividad de la
socialdemocracia comprende... la lucha ideológica
contra todos los adversarios del marxismo
revolucionario" (4, c). "En todas las esferas de la
labor de agitación y de organización, la
socialdemocracia no debe olvidar ni un instante la
tarea inmediata del proletariado ruso: derrocar a la
autocracia" (5, a);... "la agitación, no sólo en el
terreno de la lucha diaria del trabajo asalariado contra
el capital" (5, b);..., "no reconociendo... la fase de
lucha puramente económica y de lucha por
reivindicaciones políticas parciales" (5, c);...
"consideramos de importancia para el movimiento
criticar las corrientes que erigen en principio... lo
elemental... y lo estrecho de las formas inferiores del
movimiento" (5, d). Incluso una persona
completamente ajena, después de leer más o menos
atentamente estas resoluciones, ha de ver por su
mismo enunciado, que se dirigen contra los que eran
oportunistas y "economistas", que han olvidado,
aunque sólo sea un instante, la tarea de derribar la
autocracia, que han aceptado la teoría de las fases,
que han erigido en principio la estrechez de miras,
etc. Y quien conozca más o menos la polémica del
grupo "Emancipación del Trabajo", Zariá e Iskra con
Rabócheie Dielo no dudará un instante que estas
resoluciones rechazan, punto por punto, precisamente
las aberraciones en que había caído Rabócheie Dielo.
Por esto, cuando en el Congreso de "unificación" uno
literario independiente y anunció las publicaciones que iba
a tirar. En sus ediciones (Materiales para la elaboración
del programa del partido, tomos I-III, Hoja volante y
otros), el grupo "Borbá" tergiversaba la teoría
revolucionaria del marxismo y se oponía a los principios
leninistas de organización y táctica de la socialdemocracia
revolucionaria rusa. Debido a su renuncia a las
concepciones y a la táctica socialdemócratas y a su actitud
desorganizadora, así como a la falta de contactos con las
organizaciones socialdemócratas de Rusia, el grupo no fue
admitido al II Congreso del POSDR. Por decisión de éste,
el grupo "Borbá" fue disuelto.

152
de los miembros de la "Unión" declaró que los
artículos publicados en el número 10 de Rabócheie
Dielo no se debían al nuevo "viraje histórico" de la
"Unión" sino al espíritu demasiado "abstracto"254 de
las resoluciones, uno de los oradores lo puso con toda
razón en ridículo. Las resoluciones, contestó, lejos de
ser abstractas, son increíblemente concretas: basta
echarles una ojeada para ver que "se quería cazar a
alguien".
Esta expresión motivó en el Congreso un episodio
característico. Por una parte, B. Krichevski se aferró
a la palabra "cazar", diciendo que era un lapsus que
delataba mala intención por nuestra parte ("tender
una emboscada") y exclamó en tono patético: ¿A
quién se iba a cazar?". "Si, en efecto, ¿a quién?",
preguntó irónicamente Plejánov. "Yo le ayudaré al
camarada Plejánov en su perplejidad -contestó B.
Krichevski-, yo le explicaré que a quien se quería
cazar era a la Redacción de "Rabócheie Dielo".
(Hilaridad general.) ¡Pero no nos hemos dejado
cazar!" (Exclamaciones de la izquierda: "[Peor para
vosotros!"). Por otra parte, un miembro del grupo
Borbá (grupo de conciliadores), pronunciándose
contra las enmiendas de la "Unión" a las
resoluciones, y en su deseo de defender a nuestro
orador, declaró que, evidentemente, la expresión "se
quería cazar" se había: escapado sin intención en el
calor de la polémica.
Por lo que a mí se refiere, creo que, de esta
"defensa", el orador que ha empleado la expresión no
se sentirá del todo satisfecho. Yo creo que las
palabras "se quería cazar a alguien" eran "dichas en
broma, pero pensadas en serio": nosotros hemos
acusado siempre a Rabócheie Dielo de falta de
firmeza, de vacilaciones, razón por la cual debíamos,
naturalmente, tratar de cazarlo para hacer que en lo
sucesivo fuesen imposibles las vacilaciones. No se
podía hablar aquí de mala intención, porque se
trataba de falta de firmeza en los principios. Y hemos
sabido "cazar" a la "Unión" corno camaradas, hasta
tal punto255, que las resoluciones de junio fueron
254

Esta afirmación se repite en Dos Congresos, pág. 25.
A saber: en la introducción a las resoluciones de junio
dijimos que la socialdemocracia rusa en conjunto mantuvo
siempre la posición de principios del grupo "Emancipación
del Trabajo" y que el mérito de la "