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SIT TIBI TERRA LEVIS

Ya va entrando la tarde y Ismael se para a descansar .Lleva toda la


mañana por el monte, recogiendo setas, una de sus aficiones favoritas. Tiene
sus sitios especiales, lugares que pocos conocen en el pueblo, sitios dónde los
sabrosos hongos crecen en abundancia.
Su cesta está casi llena, está contento el día ha sido bueno.
Toma un trago de la bota de vino que siempre lleva en sus salidas, le
encanta la sensación del vino pasando por su garganta y sobre todo en la
montaña, para el es algo especial. La prefiere a la del vino de la taberna del
pueblo, siempre con sus humos de puros y cigarros, le parece que contaminan el
sonrosado líquido, le arrebatan su sabor, es en el campo donde mejor se
saborea un buen vino.
Ya satisfecha su sed, se levanta para continuar con su rutina del día,
piensa recoger unas cuantas setas más y se volverá para casa, antes que le
atrape la negra oscuridad. Siempre es peligroso, es fácil despistarse, y no
sería el primero ni el último al que le pudiera pasar.

Sus ojos oscuros y penetrantes escudriñan cada rincón del bosque, en


busca del preciado manjar, se mueven rápidos ,vigilantes , atentos a cualquier
indicio. Son los ojos de una persona acostumbrada al monte y todo lo que lo
rodea.
Esos ojos pronto se fijan en un reflejo blanquecino, las hojas rastreras
del bosque casi tapan una gran seta, muy blanca, un ejemplar enorme.
Ismael como experto micólogo pronto se da cuenta que está ante una
pieza única, una enorme AMANITA VIROSA.
Pronto le llega a sus fosas nasales el nauseabundo olor de la planta, un
olor que casi le hace vomitar el vino que tomó hace unas horas.
Con rapidez saca de su bolsillo derecho un pañuelo y se lo lleva a su nariz,
mitigando así el olor.
Con su navaja especial corta el tallo de la enorme seta y la deja con
delicadeza en la cesta, con el resto de lo que ha encontrado a lo largo del día.
Sabe de la toxicidad de la Virosa, pero su idea es enseñarla en el pueblo como
preciado trofeo.
Allí arrodillado recogiendo la Amanita, se da cuenta de que algo raro
está sucediendo, de pronto parece como si la oscuridad envolviera el bosque,
como si se estuviera produciendo un eclipse. A su vez empezó a notar frío por
todo su cuerpo y la sensación de ser observado se adueñó de su mente.
Se fue girando lentamente, y lo que vio estremeció cada recodo de su
cuerpo, cada átomo de su ser, cada centímetro de su piel.
Una enorme bola centelleaba suspendida del suelo, irradiando luces de
diversos colores.
El terror se adueñó de su ser, un pavor tan extremo que sintió que el
alma se le desgarraba en su interior y le producía un enorme dolor, un dolor
profundo, sórdido, silencioso, que como un cáncer se extendía por sus órganos
y los aplastaba, los retorcía, explotaban dentro de su ser y sus pedazos eran a
su vez foco de nuevos dolores y sufrimientos.
Los músculos de su cuerpo se relajaron de tal manera que cayó de bruces
ante el océano de luces que tenía delante, al instante sintió que se mojaba, que
no podía retener su orina ni sus heces.
A la vez sentía que su mente era examinada, que algo corría por sus
neuronas y se paseaba por su cerebro de arriba abajo una y otra vez , como si
su cabeza fuera una autopista que virtualmente era recorrida millones de veces
por corrientes eléctricas invisibles.
Poco a poco fue relajándose cerrando los ojos. Cuando los volvió a abrir
ya no estaba en el bosque, estaba suspendido en un espacio infinito que parecía
no tener fin, a su lado flotaban también su cesta y demás pertenencias.
Pronto se dio cuenta que algo faltaba, la Amanita Virosa se había
esfumado. Estaba en estos pensamientos cuando un extraño sonido llegó a sus
oídos, un gemido infrahumano que poco a poco iba aumentando su volumen hasta
hacerse insoportable, como si miles de insectos revolotearan dentro de su
cráneo provocando un eco insufrible que rebotaba por toda su cabeza.
Hubiera querido arrancarse la cabeza para no seguir con semejante
agonía, pero no podía mover ni un solo músculo de su cuerpo. Pero igual que
llegó desapareció el chirrido aquel.
Entonces Ismael vio ante sus ojos un ser viscoso, glutinoso. Una masa
gelatinosa de extraños colores que se deshacía en ríos de humores malolientes,
pestilentes ,nauseabundos. Entonces comprendió lo que había ocurrido, el
extraño ser había sido atraído por el color y el olor de la Amanita Virosa. Su
forma de vida tan elemental tan ancestral, había deglutido a la Amanita, y a su
vez había absorbido las sustancias tóxicas de la seta, y ahora estaba pagando
las consecuencias.
Mientras todo esto pasaba, Ismael no se daba cuenta que su entorno
estaba cambiando, la muerte del ser implicaba la desaparición del entorno
donde se encontraba.
Pronto se encontró en caída libre hacia el suelo terrestre de la Sierra de
Guara, una caída rápida que no permitió a Ismael darse cuenta de su suerte.
Cayó a plomo, la muerte era segura, pero rápida.
Allí quedó tendido en suelo oscense, lejos de su tierra natal y perdido
para los suyos.

Sólo meses después y como consecuencia de una serie de casualidades su


cuerpo es encontrado por un perdido excursionista. Este a su vez es
encontrado por un grupo de expertos montañeros.
De esta forma se puedo dar sepultura a los restos de este amante de la
naturaleza.

Sit Tibi Terra Levis


(Que la tierra le sea leve)
Autor: Aníbal Barca

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