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EI Mito del PARTIDO Simbolo de la Esclavitud Moderna a manera ce proiogo ‘Amigo lectcr: con intima satisfaceiéa ponemos a tu ateance y consideracion este modesto folleto, fruto Gel esfuerzo de dos g:upos de compafieros, que la revista Acrata “RUTA” de Venezuela reunié y publicd en su N® 15 en sepitembre de 1973, y due Of:clos Varins, integran‘e de la FORA en Tucuman lo reedita pcr consicerar‘o muy oportuno dado ¢! auge desplegado por el bolcheviquisrro en estos Ul- timos t'empos, gracias a la demagog'’a proporcionada por el peronis- avi, QUIZ4S Sea Ss’ Mayor exageracién uno de los mas serios psligros que acechan a los pueblos que por carecer de este convcimiento se preslan con facilidad a servir de concjillo de experimentacién a una organizacion cacecada en la umidad de la absoluto impartide a tra- vés de! Estado ror la d'ctadura del partido, ajustando los resortes dc! Estado @ tal punto de convertir a todo pais dominado en uaa extensa carcel. La similitud tedrica y organica de la iglesig cristiana nos leva a conjugarla en igual medida y pos'cién al bolcheviquisime, e1 amo- ralismo en ambcs es proverbial “El fin justifica los medios” score la “ae Ng coeagt mag base de este fatid’co fundamento la iglesia asol6 a ia humanidad sometida a su dominio per casi dos mil afios, detuyo, contuyo y p: S-gui6 con safia enfermiza a todo amago de investigacién cientifica, ja s'myle duca a la palabra divina, bastaba para ser eondenado a la hoguera. Los bolehaviques preceden eon igual ensafiamiento a tedo ad- sailo o de ducnsa conduc‘a a ios designios impartidos por el baitwe, La evelucién clentifiea la apliean eon sadismo filos6f'co; quien duda de la bondad de la dictadura del Proletariadg esti loco, desequilib-ado y sometido al lavaco del cerebro o conducido f'nalmen- te a las cdrceles de las estepas de Siberia, donde Ja muerte es el mojer alivio a los pesares fisieas y psiquicos. No nos ‘leva el interés de forzar con nuestros argumentos y pun. tos de vista a una definic'én tuya, el ejemplo y andlisis de los docu- mentes expuestos nos parecen lo suficientemente elocucn‘es, como bara que te ub’ques en la verdadera atalaya de la revolucién social, Comba‘ir el partidismo, el principio de autoridad ecmo lo hace la FORA y comprendar que el Estado en cualquiera de sus formas que adopte Sera siempre el obstaculo para arribar a una organizacion social, donde rija. el prineipig del amor y respeto humano, Ia libertad, la jus. tL di y I solidaridad como el fundamento filoséfico de esa socied: Ovicios Varios de Tucumdn suma su csfucrzo a la. tarea perme- pnte de ofrecer de una manera u otra, ejemplos que sitvan de be y orien‘acion a la capacitacién y emancipacién del nombre d= vestigio de autoridad y privilegio, con la fromacién de esa persona. Hdad sera posible detener ese vorticalismy obsecuente, que conduce a Ja esclavitud y la anulacién de la personalidad humana, aspiracién manifiesta en todas las tendoneias politicas y mcvimientos ideo\é- g'cos que ambicionan el poder de] Istado, Sociedad de Resistencia Chreros de Oficios Varics ADHERIDA A LA F. OR. A, = Stria, Los Gsibos y P.irana S. M. de Tucuman La Comision 4 inistrativa EI Mito del Partido LaRevolucién mo es Obra de los Partidos Las reyoluciones de tipo socal no son efectuadas por “partidos”, grupos 0 cnadros: acaeeen como el resitliady de Luezas histéricas y contradice‘ones que ponen en acti fos sectores de pobla. eién. Se t-adue: sas” hallan ‘nsoportable la sociedad @: secuencia 2 le tensién entre lo ac lo posible, entre “Io que es” y “lo que podia ser”. La miseria ebyecta solamente no produce t:- Voluciones. La mayor parte de las veces ocasicn d:smoraliza- cién intitil 0, lo que es peor, la lucha privada y personal pava sore- vivir. no sélo —como aflima Trotsky— porque las “ma- tente, sino también a con- Ya, Revolucion Rusa de 1917 gravita en la concicncia de todos como wna pesadilla, porque fue en gran parte le consecuencia de “insaportahles condiciones" de ung desvastadora guerra imperialis ta. Log sucios en ella contenidos fueron pulverlzasios por una gnerra civil atin mas sangrienta, por el hambre y la traicién. Lo que emer- gid de la revolucion fue Ja ruina, no de una vieja sectsdad, sino de las esperanzas de construir uma nueva, La Revolucion Rusa fallé lamentablemente al sustituir el zarismo por el eapitalismo de Esta~ do. Los boloheviques fuezon las trég'cas victimas de su ideologia y en gran niimero pagaren con sus vidas durante las purgas de los afics ireinta. Intentar adquirir una sabiducia total de ese frustraco ensayo Tevolucicnario es ridicalo. Ta que podemos apceader de las reyoluciones del pasado es lo que todas ellas tienen en comin y sus profundas I'mitaciones, si se comparan con las enormes posth' @2s que aho-a se abren ante nosotros. Bl rasta més sorprendente de las pasadas revolue’ones ss intciaron espontaneamente. Tanto si se examinan los prolegomenos de la Rovoluc'on Francesa de 1789, como si se estudia 1a de Leas, 1a Comuna de Paris, la revolucién rusa de 1905, Ia eaida del zarismo en 1917, la revoluc’én hingara de 1956, 0 !a huelga gene:al francesa de 1968, las fases inic’ales son generalmente idénticas: un periodo de fermentacién que se transforma espontancamente en una insu- rreccién popular. Que ésta triunfe 0 no depende de su resolucién, o de si el Estado puede emplear con ef‘eacia su fuerza armada, es de- cir, si las tropas pueden ser lanzadas contra el pueblo. El “gio:ieso partido”, alla donde existe, va casi invar'ablemen* detras de los acontecimientos. En febrero de 1917 la organ‘zacién bolchevique de Petrogrado se opuso a la declaracion de huelga, pre- e’samente en el momento mismo en que la revolucién estaba desti- neda a expulsar al zar, Afortanadamente, los trabajadozes ignora- ton la “Jireeeién” bolchey'que y proclamaron por doquier la huelga. En Jos acoatecimientos que siguicron nadic so vio mas sozprend do por la revolucién que los partidos “reyelucionarios”, incluyendo los bolchev'ques. Lo recuerda el lider bo!chevique Kayurov con estas pa- labr: “No hubo en absolute ninguna directris del parti'lo... ¢l co- mité de Petvograde habia sido detenido y el representante del Co- mits Central, camarada Shliapnikov, era incapaz de dar inic!ativa alguna para el siguiente dix”. Lo cual acaso fu un hecho afor nado: antes de la detencién del comité de Petrogrado, la evaluacién que éste hacia de la situacién y de su rol en ella ea tan dep'orable. que de segu’r los trabajacores sus orlentaciones es dudoso que la re- volucién se hub'era producido cuando lo hizo. Frereia 1968 Idénticas historias podriamos aducir en las revoluciones que pre- cedieron a Ja de 1917 y en las que siguieron. Citavemos solamente 1a mas reciente: la rebelidn es*udiantil y Ja huelga general en Francia sin durante mayo.junio de 1268. Existe una clara tendencia a olvidar que cerca de una docena de partidos de tipo bolchevique, “altamen« te centralizados” existia en Paris en ese mumen_o. Rara vez se men- ciona que cada uno de estos grupos de “vanguardia” despreciaba 1a rebelién estudiantil del 7 de mayo, cuando Jas luchas en la calle se iniciaron de veras. Los trosk’stas de la JOR fueion una notable ex- vpcién, si bien se l'mitaron a dejarse Ievar por los acontecimien- tos, siguiendo en lo sustancial las directrices del Movimiento 22 de Margo, Hasta el 7 de mayo, todos los grupos maoistas eriticaron Ia reyucita estudiantil como algo periférico y sin importancia. Los t.ots- kislas del FER lo cons‘deraron como “aventurisia” y trata:un do hacer abandonar las barr‘eadas 2 los estudiantes el 10 de mayo; el pa tido comunista, por supueste, jugé un papel de completa trai- cién, Se hallaba cautivade por el movimiento popular, pese a distar mucho de dirigivle. Es sarcast'co que la mayoria de eslus grupos bol- cheviques se dieran a la tarea de maniobrar sin pudor alguno en les asambleas estudiantiles de la Sorbona, en un esiueizo por con- trolarlas, e introdujeron en ellas elementos de discord’a que acaba- ron por desmoralizar a todo el conjumto. Después, para complelar el sarcasmo, todos eros grupos boleheviqnes se pusieron a chailar aceree de la nesesidad de una “direecién centralizada” cuando el movimiento colapsé —un movimiento que se produjo muy a pesar de sus directrices y, en ocasiones, en oposicion a ellas. Las revoluciones y rebaliones de alguna importancia, no solamen- te revelan una fase espléndidamente an4rquica sino que tienden tam- b’én, espontaneamente, 2 crear sus propias formas de autogobierno revolucionario, Las secelones parisinas de 1793-94 fueron las mas no- tables Litumas ce autogobierno creadas por cualquier revoluciéa soc’al en la historia. Una forma mas conocida: los consejos, o “sevicts” establecidos ror los trabajadores de Petrogrado en 1905. Aunque me- nos democralicos que las secciones, el consejo estaba destinade a re- aparecer ahos mds tarde en algunas revoluciones. Sin embargo, otra forma de autogobierno, o autogestién revolucionaria lo fueron los comités de fabrica establecidos por los anarquistas en la Revolucién Espafivla de 1936. Finalmente, las secciones reaparecieron en las asambleas de estudiantes y en los comités de aecién durante la re- vuelta y la huelga general de Paris, en mayo-junio de 1968. ‘Llewados a cate punto debemos preguntar qué rol desempetia ¢) “yartido reyolucionario” en todos estos desayrollos. Para comenzar, hemos visto que tiende a tener una funcidn inhibitoria, ea modo alguno dé “vyanguardia”. Alla donde existe o ejerce Influencia tiende a refrenar el flujo de los acontecimientos, no a “coordina” las Tuer7as reyolucionazias. Esto no es casual, Bl partido esté estructurado de acu Jo con Jas lineas jerdrquicas que refleja la sociedad misma a la tse pretende oponerse. Pese a sus pretensiones teéricas es un orga- nismo burgués, un Estado en miniatura, con un aparate y ua euadro cuya funcién es tomar el poder, no disolverlo. Afincado en el periodo revolucionario asimila todas las formas técnicas y mentalidad de pucceracia, Sus miemiros estan edurados en la obediencia, en los conceptos preformados de un dogma rig'do, y ensenados a reverenciar \derismo. Este liderismo 0 funcién dirigente del partico, a su vez, pase ex: costumbres nacidas del mando, la autoridad, la man’pu- lacién y hegemonia. Esta situacién empeora cuando el partido par- ticipa en eleeciones parlamentar‘as. Debido a las exigencias de las campafias electcvales, el partido acaba de modelarse & si mismo total- mente de acuerdo con las furmas eaistentes e incluso adquicre ‘ins atavics externos del partido electoral. La situacién ge deteriora ain mucho mas cuando ¢l partido adquiere grandes medios Ge propagan- da, costosos cuarteles generales, numerosos. periddieos controlados vigidamente pct: la etispide, y un “Aparato” pagado; en resumen, una buroeracia con intereses creados. La Jerarquia del Mando A medida qué el partido créce, ia distantla etitre la direccién y los hombres de base se acrecienta fatalmente. Los lideres no solamente convierten en “personajes”, sino que pierden contacto con 1a silua- ‘a en las filas bajas. Los grupos localés, qué conocen su situa+ én de cada momento muchd mejor que cualquier licci: remoto, se ven obligados a subordinar su visién directa a las directrices de arriba, Gos 3 a Los ditigenites, qué careten de todo conoe'miento directo de los pré= blemas leeales responden rutinaria y cautamente. Si b’en reclama una mayor amplitud de mas y justifica una mayor “competencia teériea” propia, la competencia del lider tiende a disminuir cuanto mas as. © onée en la jerarquia de mando. Cuando mas nos acereamos al nivel donde se toman Jas decisions “reales”, mejor obsérvamds ei caracter conservador del proceso que elabora las decisiones, cuanio mas bro crdticos y ajenos son los factores que en’:an en juego, tanto més 8 consideracioncs de prestigio y el atrincheramiento suvlantan 14 creacién, Is imaginacton y la dedicacién desinteresada g los objet!vos revolucionarios. El resultado es que el partido se hace menos eficiente desde un panto de vista zevoluc’onario, cuanto mas busca la eficlencia en In Jerarquia, los cuadsos, y la centralzacién. Angus todos vayan al paso, las (rdenes suelen ser en general equivocadas, sobre tado cuando los acontecimientos empiezan a fluir rapidos y a tomar giros inespe- rados, lo cual acaece en todas las revoluciones. E] partida solamente es eflciente et un seritido: en el de moldear a la sociedad de acucrdo con su propia imagen jerarguica si la revolucién tiene éxito. Crea 1a buroeracia, la centralizacién y el Estado, Alienta las condiciones socia- les que justifienn este tipo de sociedad. De uyui que en vez de desapa- reeer progrestvamenie, el Estado contrelado. por al “glerioso partido” preseva las condiciones esenciales que “necesita” la existencia de un Estado, y de un partido para “guanijarto”, Por otra parte, este tipo de partido es ex!remadamente. vulnesa- ble en periodos de represion. La birguesia no tiene sino que echat mano a la diveccién vara destruir todo el movimiento. Con los Heres en prisién u ocultos, el partido queda paralizado. Los obedientes adhe. tidos no tienen a quien obedecer y tienden a dispersarse. La desmo- ralizacién sobieviene rapldamente. El partido se descompone, no alo por su atmésfera, sino también por la escasez de recursos interns, Las anteriores afirms¢iones no son meras hipétesis 0 juicies, sino el resumen histérico de todos los parl'dos marcxistas de masas del siglo pasado —los socialdemoéeratas, los comunistas, y el partido trots- kista de Osilan, el Gnico partido de masas en su género—. Pretender que estos parties dejaron de interpretar seriamente los principios moarxistas no basta para imped’r otra pregunta: ¢Por qué este hecho Pas ge dio por primera vez? El caso es que eslos partides degenerardn po, que estaban estructurados segiin los modelos burgucses. Hl germen de la degencracién lo Nevaban implicito desde su nacimiento. El partido bolchevique escap6 a esta suerte entre 190¢ y 1917 pir una razén: fue una organizacién ilegal durante la mayor parte de lus afios que condujeron a la revolucién. El partido se veia cont.nua- mente destruido y reconstruide, de manera que hasta que no tome el poder no pudo cristalizar en una maquina plenamente centralista, b ! oeratica y jerarquica. Por otra parte, se hallaba minado por las facciones. Esta intensg atmésfera de faccién persistio a lo largo de 1917, hasta la guerra civil, aunque la direc’én del partido era extre- madamente conservadora, un rasgo que Lenin tuvo que combatir aque] ako, primero para volver a orientar el Comité Cen‘iral contra 1 gobierno Provisional (El famoso conflicto sobre la tesis de Abril), y luego para empujar aque! organismo a la insurreccion en octubie. En ambos casos hubo que amenazar con dim‘tir del Comité Cen'jal y llevar sus puntos de vista a “los niveles més bajos del partido”, Disputas ex.tre les Faccicones En 1918 las disputas entre facciones cobraron tal gravedad acerca do! tratade de Brest-Litovsk, que el partido bolchevique estuvo a punto de ascindirse en dos partidos comunistas irreconcillables. Los gruros de la Oposic'én Bolehev'que, asi como los deméeratas Cen’yalistas v la Oposicién Obrera, rifieron duras luchas dentro del partido bolche- vique 8 lo largo de 1919 y 20, sin hablar de los movimientos de opo- siclon que se desarrollaron en el Ejército Rojo debido a Ja tendencia de Trotsky hacia la centralizacién. La completa central'zac'én del Partido Bolehevique —la |:zelizacién de la “unidad leninista”, como denominada més tarda— no se efectud hasia 1921, euando Lenin uid persuadir al décimo congreso del partido de la necesidad de proser'bir las facciones. A esta altura, la mayoria de los guardias blancos habian sido aplastados y los intervencicnistas habian retirado sus tropas d> Rusia. es Boas No nos cansaremos de su’ |-ayar que los boleheviques tendieron a centralizar de tal modo su partido, que cada vez se hallaon mas alslados de la clase obrera. Esta relacién raramente ha sido investi- gada en los ci:cuios bolcheviques de los Gltimos dias de Lenin, y éste fue lo suficiente honesto como para reconocerlo. La Revolucion Rusa ro se limita a la historia del partido boleheylque y sus segu doces, Bajo la marca de acontecimientos oficiales desci:itos por los historia. dores soviéticos hay otros mds esenclales, como 1 movim’ento espon- téneo de los trabajacores y campesinos revolucionarios, que pes‘o- riormente se enfrentarian con violencia a la burocraeia policiaca de los boleheviques. Al caer el zarismo, en febrero de 1917, los trabaia. G.u28 establecieron espontaneamente comités en casi todas las fAbri- cas de Rus‘a y manifestaron un crecicnte interés por intecvenir en ia marcha de las empresas; en junio de 1917, en la comferenc’a de los comilés de fabrica de toda Rusia, celebrada en Petrogrado, los traba- jadores pidieron “la organizacién de un estrechu control de trabajo sobre la produceién y la distribucién”, Las conolusiones de esta con. ferencia rara vez son menclonadas on los informes leninistas acarca de la Revolucién Rusa, pese a que Ja yr-opia conferencia se alines con los halcheviques. Trotsky, que describe los comités de fabrica como “la mas directa y genuina representacién del proletariado de toda el pais”, toca sélo superticialmente el tema en los tres vwolimentes de su h’storia de la revolucién. Sin embargo estos organismos espon- ti $ Ge autogobierno eran tan importantes que Lenin, desconfiandu Jograr el control sobre los consejos en aquel verano de 1917, estaba dispueste . abandonar la consigna“tede el poder para los sovicts” py) el de “todo el poder para les comités de fabrica”, Esta posicién habria empujado a los Koldheviques hacia una actitud totalmente anarco- sindicalisiz, aunque es dudoso que hubieran podido permanecer en ella mucho tiempo. Fin dal Control Obrero Al sobrevenir la revolucién de octubre, los comités de fabrica se apoderaron de los cerl-0s de trabajo, expulsando de ellos a la bur. Buesia y estableciexon un control completo sobre e1 trabajo. Al aceptar oe el control obrero, el famoso decreto de Lenin del 14 de noviembre ro hacia ota cosa que reconocer un theca consumada; los polehequi no se atyevian a oponerse a los trabajadcres en fecha ian temprana, pero empezaron 4 zapar el poder de los comités de fabrica. En ene de 1918, a los dos meses escasos de “decretar” el control obrero, los bolcheviqnes transfitieron la adminisiracién de las faiwicas a la bu'o- cracia de los sindicatos. La historia de que los bolcheviques expari- ntaron. pacientemente el control obrero hasta que éste cemostr ineficaz y cadtico cardcter, es un mito, La “paciencia” de los bol. chevigues sdlo dur6é unas semanas. No se I'milaron a poner fin al cto de los trabajadores unas semanas después del dec.eto wiembre, sino gue pus‘cron también fin, a no macho tardar, ad control sindical. Hacia la primavera de 1918 prActicamente toda la industria rusa se ‘haliaba colocada bajo formas burguesas de admi- nistracién. Lenin af.rmé sumariamente que “la revolueién exige... precisamente en interés del sccialismo, que las masas dehen ohederer ciegemente a la sola voluntad de los dirigentes del proceso de! tra- bajo”. El control obrero fue denunciado no sdélo como “eastico” e “im- piacticable”, sino también como “pequefio-burgués” Oslasky, de la Izqulerda Comun'sta. denunclé amargamente todas estas espireas declaraciones y advirlié al partido: “El socialismo y 1a organizacién socialista debe ser establecide por el proletariado mismo, © 80 se establecerd en modo alguno; en su lugar se instalaré otra cosa: el eapitalismo de Estade”. En nombre ce los “intereses dei socialis- mo” ¢] partido Bolchevique aparté al proletariado de todo aquello que habia conguistada con su esfuerzo e inieiativa. B] partido no coordiné la revclucion ni la dirigié: simplemente, Ia domino. Fimero el control sndical, fueron reemplazados por wna compleja Jerarquia ten mens. truosa come cualgaier otra de los tiempos prerrevolucionarios. Coma demostr:|an los afios venideros, la piofecia de Osinsky se converti:ia en amarga realidad. El problema de quien prevaleceria —el partido bolchev'que 0 las masas Tusas— no se limitaba en modo alguno a las {Ablicas, El desen- lace se d'o tanto en las comarcas rurales como en las ciudades. Una espontdinea guerra campesina habia haliado espaldo en el movimiento de los trabajadores. Contrariamente a lo afirmado por los in‘ormes Jeninistas ofic’ales, la rebelidn agraria no limité sus fines a la redis- —lWe tribucién de Ja tierra en lotes privados. En Uerania, los campesinos influidos pe) las milicias anarquistas ce Nestor Makhno, establecieron. una multitud de comunas rara‘es bajo el lema comunista de: “De cada uno segiin sts fuerzas; a cada uno segtin sus necesidades”. En otros lugares, en el norte, y en el Asia Soviétiea algunos millares de estos orgenismos fueron eslablecidos en parte bajo la iiciativa de los soc.e.- listas revolucionarlos, y en gran medida eomo consecnenc’a del tra- d'cional impulso colectivisia que emo:gin de le eomuna rua, el mir. Importa paro si estas comunas q7an 9 no numerosas, o si incluian gan nfimero de campesinos. Lo trascendental es que se tretaba ce auténticos organismos populares, el nucleo de una moral y un espiritu soc’al muy superiores a los deshumanizantes valores d2 la sociedad burguesa. Los bo!cheviques acogieron con reseryas desde el primer momento a esios organismos e incluso en ocasiones los conden: }:on. Para Lenin, lo preferido, la forma mas “sosialista” de empresa agricola era la rep-esentada por la granja estatal: de mode literal, una f4br‘ca agri- cola én la que el Estado poseia Ja tierra y Jos equipos de labranza, y designaba gerentes que alqailaban campesinos por un sako base. Aparece en estas aciitudes hacia el control obrero y las comunas ag? calas el espiritu y 1a mentalidad esencialmente burguesas que penctra- pan el partido bolchevigue, espizitu y mentalidad que trascendian no solamente de sus teorias, sino de sus métodos cazacteristicos organi- gativos. En diciembre de 1918 Lenin lanzé un atague contra las comu- nas bajo el ;votexte de que los campesinos eran “forzades” a entrar én ellas, En verdad, poca o ninguna coereién fue utilizada para o.ga- nizar aquellas formas comunistas de autogobierno. Asi, Robert G. Wesson, que estudid detalladamente las comunas soviéticas concluye: “aquellos que entraron en las comunas \debleron hacerlo en su gran mayoria por voluntad propia”, Las comunas no fueron suprimidas, p.vo se limité su desarrollo, hasta que Stalin las integrd en la eolec- tivizacién forzosa de finales de los afios veinte y principios de los treinta. Hacia 1920 los boicheviques se habian aislado ellos mismos de la clase obrera y campesina rusa. La éliminacién del cont ol obre 0, 19, sapres’6n de la Makhnovina, la represiva atmésfera del pais, la infa. tuada, burocracia, la aplustante pobreza material heredada de los == ss afios de Ja guea civil, todo elo tomado en su conjunto originé una profunda hostilidad hacia el gobierno holchevique. Con el fin de las hostilidades un nueva movimiento surgié de las profundidades de la sociedad rusa reclamando una “tercera reyolucién”, no una restau- racién del pasado, sine el apremiante deseo de evar a cabo los objetivos de la libertad, tanto econémica como politica, que habia reunido a las masas alrededc\- del programa bolchevique de 1917, EL nuevo movimiento hallé su forma més consciente en el proletariado de Petrogrado y en los marineros de Cronstadt. También hallé expre- sion en el partido: el desarrollo de tendencias anticentralistas y anarcosindicalistas entre los bolcheviques hasta el punto de que un bloque de grupos de oposicién, orientados en ese sentido aleanzé 124 votes en una conferencia provincial de Moscu, contra 154 partidarios del Comité Central, La Revelion de Kronstadt El 2 de marzo de 1921 los “marineros rojes” d> Cronstadt se alza- son en abieria rebelion, levantando la bandera de “La Tercera Revo- lucién de los Trabajaderes”. El prog:ama de Cronstadt reclameba elec- ciones liprus para los soviets, libertad de expresion, libertad nara los anazquistas y los partidos socialistas de Izquierda, sindicatos libres, y liberac.6n de todos Jos presos pertenecientes a los partidos socialistas, Las mas vergonzosas histcras fueron fabricadas por los boleheviques pata explicar esta rebelién. las cuales serian reconocidas en los afios poster'ores como ignominiosas mentiras. La rebelién fue califi- cada como una “conspiracién de guardias blancos”, pese a que la ma- yo.ia de los miemb:os del partido comunista de Cronstadt se unio a los marineros —precisamente coms comunistas— denunciando a los dirigentes del partido com) traidores a la revolucion de octubre. Como afirma Robert Vincent Daniels en su estudio sobre los movimientos boleheviques de oposicién: “tos comunistas corrientes eran en verdad tan poco de fiar.., que el gobierno no tenia confianza cn clos”. = Bl principal cu-iro de tropas émpleado fueron los chequisias y tas oficiales cadates de las escuelas militares del Rjéreito Rojo, El asalto final de Kronstadt fue dir‘gido por el Estado Mayor de? Partido Comu- nista. Un amplio grupo de los delegados asistentes al décimo Con- gcese del Partido fue enviado precipltadamente desde Mosea con este fin. Tan débil era el régimen internamente que ia élite tuvo que hacer este Yepugnante trabajo. Aun mas significativo que la rebelién de Cvonstadt fue el movie miento huelguistico que se desarrollé entre los trabajadores de Petro- grado, uri movimiento que desencaden6 el levyantamiento de los mari neros. Las historias leninistas no cuentan este critico e importante desarrollo, Las primeras huelgas estallaron en la f4li'ca de Troubot- chine el 23 de febrero de 1921. En poeos dias el movimiento se pro- pags de una fabrica a otra hasta que el dia 28 de febrero fueron a la hhuelga los famosos talleres Putilov, “el erisol de la zevolucidn”. Los trabajadores exy/resaron no sdlo demandas econdmicas, sino también claras exigencias politicas, adelantandose a las que reclamarian pocos dias después los marinos de Cronsiadt. Bl 24 de febrero los bolche- viques declaranon el “estado de sitio” en Petrograde y detuvieron a los lideres obreros, rey) Imiendo las manifestaciones ce éstos con los oficiales eadetes. El hecho es que los dolcheviques hicieron algo mas que reprimir un “motin de marineros”: aplastaron con Ja fuerza armada a la propia clase trabajadora. Es en este momen! que Lenin reclamé la axtirpac:on de las facclones en el Pr) tido Comunista ruso. La centralizacién del partido fue ahora completa, y el eamino se hallaba preparado para Stalin. Hemos discutido estos aconteclmieniios porque conducen a 1a con. clusion qué nuestras tltimas hornadas de marxistas-leninistas quieren elucir: ¢l Partido Botchevigue aleanzé su grado maximo de centra~ lizacién en los dias de Lenin, no para Mevar a cabo una revolucién 0 para supcimir el movimiento contrarrevolucionarie de Ia Guardia Bianca, sino para llevar a cabo una contrarrevolucién propia contra las mismas fuerzas que pretendian representar. Las facciones fueron prohibidas y se creé un partido monolitico, no para evitar una “restan- racién capitalista” sino para contener él movimiento de Iss masas obreras hacia 1a democracia soviética y la Ubertad social. El Lenin de 1921 se opuse al Lenin de octubre de 1917, ey De aqui en adelante Lenin floté. Este hombre que mas que ningan Oto traté de basar los problemas de su partido en las cont:adicciones sociales st hallé a si mismo intentando a tltima hhura parar la buro- eratizacion creada por él mismo. Nada hay mas patético y tragico que el Lenin de los tiltimos afios, Paralizado por un cuerpo simplista de formulas marxistas, no se le ocurrieron mejores con’jamed'das ue las de tipo organizativo. Propone la Inspeceién de Trabajadores y Campesinos para corregir las deformaciones burocraticas en el partido y en el Estado, y aguslla inspecctén cayé en manos de Stalin que, con pleno dazecho, la llevé a su mayor esplendor buroeratico. Lenin sug‘rid después la reduceién de la Inspeccién de Obdreros y Campe- sinos y su absorci6n en la Comisién de Control. Defendié asimismo la ampliacién del Comité Central. Estas son las soluciones: ampliar este organismo, absorber éste en aquél, este tercer organismo se mod'fica o se cambia por otro. Este extraordinaw’o ballet de formas organiza ‘ivas continua creciendo hasta su muerte, como si e! problema pudiera ser resuelto por medios organizativos. Como afirma Mosche Lewin un admirador de Lenin: Hl lider bolchevique “trataba los pro- blemas de gobierno como un ejecutivo de mente rigidamente “leni- aista”. No aplicaba métedos de andlisis social al gobierno y se con- tentaba eon entenderlo simplemente en términos de métedos orga- nizatives 0 téenicos”, Les Medios Reermplazan a los Fines Si es cierto que en las revoluciones burguesas “la fraseologia des- plaza al contenido”, en la revolucién bolch:vique las formas reempla- zan al contenido. Los soviets reemplazarvon a los trabajadores y a sus comités de fabrica, el Partido reemplazdé a los soviets, el comité cen- tral reemplazé al Partido y el Buré politico al Comité Central. En men, los medios reemplazaron a los fines. Esta increible sustitu- sn del ecntenido por las formas es uno de los rasgos mAs caracteris. ticos del marxismo-leninismo. En Fiancia, durante los acontecimientos de mayo-junio de 1968 todas las organizaciones bolcheviques se apres. eo Pom 4 taron para destruir la asamblea estudiantil de la Sorbona, para acre- su influencia y reclular adeplos. Su principal p-eocupacién no sé referia a la revolucion o a las auténticas fcmas sociales creadas por los estud’an‘es, sino al c/ecimiento de sus propics partdos. En los Estados Unidos ocurrié otro tarito y una situacion analoga se da entre los grupos éstudiantiles, Solamente una fuerza se podia oponer al crecimiento de la bura- cracia en Rusia: una fuerza social, Si el proletcxiado y campesinado res hubieran acertado a Gesarrollar el campo d2 la autogestiGn a través de comités de fabrica, comunas rurales y soviets lbres, la historia del pais hubicra podido dar un vueleo radical. No hay dudt que el ?2caso de la revolucién socialista en Europa después de la Primera Guerra Mundial levd a un aislamiento de la revolucién en Rusia. La pobreza material ce Rusia, junto con le pres‘6n del mundo capitalista cireundante iba claramente en contra del desarrollo de wa sdlida sociedad libertaria, realmente socialista. Pero en modo aleuno era forzaso que Rusia tuvieva que desarrollarse de acuerdo con lineas de capiialismo estatal. Contrariamente a las prev's'ones de Trotsky y Lenin la revolucién fue destruida por fuerzas internas, no por la invasl6n de los ejércitos extranjeros. Si el Movimiento, sur- giendo de aba‘o hublera continuade en Ja Hnea de los primitivos lo & Os de la vevolueién, en 1917, una estructura social de facetas diver. sas pudo haberse desarrollado sobre la base del control obrero de la industria, y wna libre economia inspirada por los campesinos, y cn el contraste vivo de ideas, programas y grupos roliticos. En fin, Rus'a no se habria visto aprisionada entre las cadenas del totaliterisme ¥ Stalin no hublera envenenado el movimiento tevolucionario, prepa- rando el camino al fascismo y a la Segunda Guerra Mundial. El desarrollo del partido bolchevique hacia presumir estas conse+ cuencias dejando de lado las intenciones de Lenin y Trotsky. Al des- truir el poder de los comités de fatwica en la indusirla, al aplastar al movimiento maknovista, a los obreros de Petrogrado, a los marinas de Kronstadt, los boleheviques garantizaban practicamente el triunfo de la buroeracia rusa sobre la soc‘edad rusa, El partido cen')alizado —una institucién completamente burgucsa— se conyirt'é en el refu- gio de la contrarrevolucién en sus formas mas siniestras, Es decir, la contrarrevolucién encubierta implivila en la rkopia bandera y en la terminologia ce Marx. Finalmente, lo que los bolehey:ques suprim‘c- ss PGi ron en 1921 no era una “ideologia”, o una “conspiracién de los guar- dias blancos”, sino una lucha elemental del pueblo ruso para liber- tarse de sus argollas y asumir el control sobre su destino. Para Rus a esto significd 1a pesadilla de la dictadura de Stalin: para la gene- racién de los afios treinta significa el horror del fascismo y la trai- cion de los partidos comunistas en Europa y en los Estados Unidns. Fin Primera parte Federacién de Estudiantes Libertarios EI Mito del Partido segunda parte Exceso de Partides Obreros Es un hecho y un claro desafio a la inieligencia de las gentes: diez o doce partidos de estirpe marxista -leninista 9 simplemente marxista, se disputan el titulo de partido de la clase obrera. En realidad, no puede haber diez o doce partidos o partidillos de Ja elase obrera. Es como en réligidn: no puede haber diversos dioses verdaderos. Tal hecho lo descalifica globalmente y €l simple obser- vador del fendmeno concluye muy cuerdamenie la falsedad de to- dos ellos, La pluralidad de partidos que se autoatribuyen el titulo Ge “partidos de la clase obrera”, no hace sino demestrar por la sim- ple prueba dei sentnde comin que no hay ningtin partide de la clase obrera, Esta es para tales grupos la coartada ideolégica, pero en realidad, todos los partidos carismaticos desconfian profundamente de la clase obrera, Hay que tener en cuenta que la mayor parte de esos partidos fueron fundades por burgueses, o por individuos que vivian o pensaban como tales, y por tanto, despreciaban a Ja clase obrera. Lenin y Trotsky, entre otros, reian sarcdsticos cuando los anarquistas @ consejistas querian confiar la gestién econdmica y el autogobierno politico a las organizaciones naturales de la clase obzera: los sindicatos y consejos. {Como pueden ser revolucionarios yo 2s lus partidos que en nombre de ja clase obrera estatifican Ja economia y marginan radicalmente a las masas obreras de su crganizacién y control y le asignan el mero rol de fuerza del tra- bajo? Es asombroso considerar cémo los partidos “revolucionarios” de la clase obrera, lo primere que hacer: al Degar al poder es sepa- rar a la clase obruva de la tarea auténticamente revolucionaria. La elase obvera, na de ser dirigida y por tanto la funcién del dirigente es e] atributo primero de esos partidos. Por ello permite aficmar ® la critica libertaria no sdio el cardcter burgués de esos grupos, como hacen los compafieros mencionados, sino la concepcién radi- ealmente yrrimitiva de su filosofia politica, basada en cl au‘ocita- rismo, No olvidemos que Ja autoridad es vieja corno el mundo, m'en- tras que el socialismo es una realidad comunitaria basada en la Fesponsabilidad compartida. De Io dicho se colige el cardcter excluyente de todo partidd Ia Iweha por el poder hace qua se excluyan uncs a otros, puesto que, s'endo cada uno de ellos el “partido” por antonomasia, sé'o a cada uno de ¢llos carresponde e} control de aquél. D> aii Ia dicta- dura y el totalita'ismo sobre los grupos descartades del poder y so- bre la clase trabajadora. éNo aspiran sin embei'go los anarquistas y sindiealistas revolu- clonariys a sustituir a todos los partidos, a imponer, por tanto una hegemonia exeluyente de vocos los partidos? ¢No se trata, en fin de cuentas, de la sustitucién de una hegemonia por otra? —pregun- tan los epigonos del partido por antonomasia, No. La superioridad ideologica del angjcquisme y det s‘ndicalis- mo revolucionsrio es que no aspira al poder, siro a la liquidacién del poder tal como lo coneiben los demas Fartidos. Por tan‘, no entra en Ja lucha hegeménica excluyente. El s‘ndicalismo revolu- cionario, por ejernmin, ofrece a todos lg posibilidad de una partici- pacién abierta, es en si mismo esta particlpacién abierta a todos. Et Sindicalismo revolucinario no pide a los demas que abdiquen ante su peder, sino que contemp'en ila posibilidad de una reestructuraciéa social de la base comunitarla, al margen del poder tradicional. Este poder es el gran factc): excluyente, el que mediatiza y ali:nta a las masas. Este poder del punto omega, este poder antidemoeraties, an- tirrewolucionailo y antisoclalista del vértice, debe ser sustitu'do. por el poder de participacion generallzada en la base social. Debe part )- — 18 — de ésta; el poder de decision y participacién debe estar dilutdo, ge- neralizado, debe ejercerse en todos y cada uo de los sestores de ja actividad econédmiea y politica. Este poder decisoric de base diluido en la fabriea, en la industria y en la fedewacién de comunas, arranca de la periferia social, donde nacen todos los fendmenos esenciales de la vida comunitaria y se articula hacia arriba ch nexos que muy bien pueden ser federativos, Pero el yjoder reside en la base, que puede revocarlo en cualquier momento. Frente al primitivismo de la flosofia politica de “les partidos de la clase obrera”, afineados toda- via en el ancestral principio de autoridad, la resppnsabilidad com- partida en la base. Es‘a es la filosofia politica, clara y directa, que corresponde al fenémeno comunitario del socialismo, el cual se basa en lg solidet."dad y la mutua correspondencia, El soclalismo de diri- gentes y dirigides no es socialismo, sino autoritarismo y empieza ror lg discriminac’én politica y termina en el nacimiento de nuevas clases privilegiadas, como muestra la experiencia. Por tanto, insis- timos: no ofrecen los anarquistas y sindicalista revolucionarios a nadie su propio poder, ni menos ain, piden a los demas que abdi- quen ante 61, Ofrecen a todos, en cambio, un quehacer comunitario de Ja sociedad, en un plano de igualdad radical en cuan- en tab to a derechos de pprticipacion y decisién. gPor qué el airado Fecha, vo dee ofrecimienty por parte de las poderes carismaéticos? gPcic qué cl ataque saiudo, contra el anarquismo de todas las éliles, tanto Jas clisicamente burguesas, como Jas que se consideran revolucio- La cosa esti clara. Bl anarquismo es algo insélito que ame- a en la rai a toda noclon autcetaria, Al defender la democracia sin mistificacion, es decir, la ejerciia directamente por el pueblo a través de sus organismos de partielpacién, hace apprecer super- fluas a esas mismas élites dirlgent y contrarrevolucionario, Lu democ y subraya su caracter ,similive ache soclalisia de participacion hace innecesario el Estalo y, por ende, a todas sionales del ppder politico, es dec}: del que tiene sus raices més profundas en la alienacién auloriiaria se reyuslve airaco contra el intento democratico de despojarlo de sus las minorias profe- taco. ‘Todo lo ancestral, fii prerrogativas. Entones surgen los cpitetos de utopismo, infantilismo, pequefio burguesismo, etc. Y las campafias denigratorias, con todos los medios disponibles, ‘cont tnlea concepeién posible del so- cialismo: la andrquica o libertaria, Bl ejemplo sefiaiado por los ami- ges de “Anarchos” sobre los acontecimientos del mayo-junio fran« vés de 1968 resulta bien claro y no s6lo en ctianto al trabajo de zapa de las actividades decisorias de base, en favor de las capillas mi nisculas. Bajo la masa de los hechos revolucionct-ios, los poderes desbordados por Ja riada de Ja iniciativa y la imaginac’én se dieron Ja mano: Gaullismo - P, ©, irancés, es decir, dos proiotipos del prin ciplo de autoridad. EI del gaulllsmo dentro de le burguesia (gran burguesia) tradic‘onal, y el del P. C, den'yo del campo Namado so. sialismo. Autoridad y Estado ‘Ya hemos visto que, asombrosamente, los “partidos de la clase obrera no cuentan con ésta como agente activo en la creacién del socialismo, sino con lo que Iaman el nuevo Estado, el cual, coma verémos con Engels, nada tiene de riuevo. En el nuevo orden socia- lista, éste es el agente mégico de la eonstruecién sosialista, y ahora. ya, desde su iristatiracion, las masas obréras deben entregarle su albedrio y esperar a que el nuevo Estado obre sus maravillas. Ovid es dacir que a partir de éste momento la divergenicia eritre Estado- clase obrera ya 10 cesa de erecer. Pero eritonces vedirios: ¢Posee el Estado en general, igual da que se Mame so¢ialisia 6 burgués, un auténtico carisma, algin poder especial, una eticacia meravillosa =a que solo posee en cuanto Estado, alguna fuerza salvadora, exte Jor a la sociedad, ante la cual ésta ha de abdicar y reconocer su in ferioridad? y los recursos que en su poder nos parecen maravillosos pertenecen a la sociedad; recursos econémicos, téen‘cos y humanos: °s decir, fabrieas, talleres, campos, materias primas, cuadros directivos, pfa- nificadeves, ingenieros, economistas, funcionarios, admin'stradores, juris‘as, Inclusive, los elementos de represién, Todo aso esti en la sociedad y el Estado lo usurpa. La abdiescién de la soberania social hace pos‘ble tal usurpacién, De manera que él Estado no es nada sin Ja sociedad. El Estado no tiene nada, no da nada, sélo utiliza lo que la sociedad le permite utilizar en su nombre y, no poeas veces, contra su voluntad. Lo qne se propone el anccguismo y ¢! Sind'calismo Revoluciona- rio es una reivindicacién historica de la sociedad. Pretende re: a ésia, tocas los recursos que le son usurpados. Efectuadg esta res- titucién, la sociedad aprenderé su autogobierno y el Estado, ente fic‘icio, no tendra razén de ser. Los enormes recursos que el Estado utiliza, tomados de la sociedad y que le permiten llevar a cabo rea- lizaciones que slrven de admiracién a 10s papanatas, seran emplea- dos ahora por la sociedad en su conjunto. Los sindica‘os y federa- clones industriales, las cooperativas de consumo, los consejos téeni- cos y administratives absorberan los encrmes recursos ulilizados an- terlormente con crilerio escasamente racional por departamentos y min'storios, o por el capitalismo privado, La poblacién trabajadc.a icacién econdmica 7& en los sindi- b) proceso de la produccién y de la plani: y aquel proceso se desarroll: alvigh a purty de ta tibe calos locales de industria y en Jas federactones industriales a los niveles Jorales, regionales y naclonales, 9 inernacional si fuese ne- cesarlo. La poblacion trabajadora esteria normalmente constltuida elementos quo constituyen la base de la poduceién en todos ; ‘os calificados, téenicos de todas las categorias, obreros de divenia calificacién, administrativos. eu 2i Revelucién y Reestruclurccién Social Es elerto, como dicen los amigos de Federavién de Estudiantes iberlarios, wespecty a que las revoluciones de tipo social “no son efectuadas por partidos”, grupos o cuadros; sino ror amplios secto- res de poblacién, Los acontecimicn'cs de mayo-junio francés de 1968 nos demuestra gue el ciclo de las grandes revuluciones trans~ formadcras no se han cerrado Gefinitivamente y que otras eclosio- nes como las de mayo-junio, pero mas decislvas pueden ocurrir, siem- pre que sv den Jas condiciones necesarias, Entonces, la espontanie- dad del movimiento y de las masas que en el intervienen es un hecho probado. La Huelga general, o la Huelga ¢ hecho del proceso, que por tal, es de por si complejo, pero si el mds especlacul:: y decisivo. La huclga general tiene su fundamento en los sindicatos, que tienen la facultad de paralizar la vida econé- mica, para ponerla de nuevo en marcha y proceder a la reestructu- racién social. La huelga general era la vieja tactica del sindicalismo revolucionario, cciticada desde todos los éngulos nor los exégetas del. marxismo, U:timamente parece haber sido adoptada en un scn- tido amvlio por diversos partidos marxistas comunistas, entre ellos el P. C. E, Las ensefianvas de mayo-junio de 1968, pese a la traicién de\ P. C. francés, parece que demostré a sus congéneres espanoles la yinbilidad de la huega general para el trausiio revolucionaric, masas, no es el un'co Rosa Luxemburgo y la Ruelga General Los acontecimientos que en Rusia se producen desde i896 a 1906 en el plano de Ins luo’as sociales y weivindicativas, influyeron en la Optica con que Rosa Luxemburgo contemplaba la famosa doe- =) trlua de la huelga general en su obra “Hue'ga de masas, partido y sindicatas”. Extraio enfoque, el citado, que empieza por una rei- vindieacién abiarta de las huelgas de masas y también de la huviga general, previamente maltratada por los padres del materalisiro diatéctice, pweo desencadena un ataque Heno de furor contra los creadores de aquella tactica, anarquistas y sindicalistas revolucio. na‘ios. Agni sigue, la cntrafiable Rosa, bertarla contra si voluntad en sus Intuie‘ones mAs profundas, pero deformada su Optica por la mentalidad marxista, el método de Engels en el ataque paniletario a jos bakuninistas en el estudio sobre la revolucién de 1873 en Espafia Bngels achacé a aquellos la paternidad de tal revolucién, poro hoy todo el mundo sabe cual fue el rol de los internacionalistas espafic- les, Engels se rebajé al nivel mas indigno libelista y demostro como con la mas ferviente pasion se puede prevender hacer obra cien- tifica, Jo cual es lmposible. Nuestra buena Rosa califica a los anar- quistas de nidos de ladrones y \-ateros, canalla con‘rarrevoluciona- iia y sefiala que desempefiaron un papel nulo en las tareas revolu- cicnarias, Mas poco a poco, Rosa Luxemburgo nos va dando las ones de esta safa asombrosa: Ha comprendido que los fenéme- nos revolucionatios de 1905 y 1917 fueron, como todas las grandes revoluciones, espléndidamente liba-tarios en sus prolegémenos, co mo de manera licida hacen ver los amigos de Ja Federaciones de studiantes libertarios. ¥ e! febrero revolucionario fue fundamen- talmente obra de los trabajadores, y se inicié con la huciga general en Petregeado, cuande el partido belchevique consideraba inmadu- ro wl pais para la revolucién. Previamente, como hemos dicho, el anal de Rosa Tuxemburgo sobre la agitacion cbrera alrededor de 1965.6, es un canto a la espon‘aniedad e imaginacion creadora de jns masas. Tcata de hacernos vq. que el partido socialdemocra- 1ico estuvo presente en eslas luchas. ¥ lo estuvo, efectiyamente: pc- ro cn medio de ellas, arrastrade por ellas, desarbolado en Ja mayo- via de las acciones decisivas, El canto de Rosa a la accién conereta, vavioda, roulliforme (anarquiea) de las masas nos recucda el es- ponlune smo del anarquisma joven en los acontecimientos irance- 80s de 1968, sobre todo cuando la opone a ia reflexién esclera’iza- dora de la burocrécia sindical y socialdemocratica alemana, que pzetendia prever, canalizar y controlar estadisticamente los movi- mientos Huelguisticos del proltariado, Tiene Rosa frases cdusticas para, esos funcionarios del movimiento obrero aleman. Sin embargo, Rosa Luxemburgo, llevada por el fin ultimo de su andlisis, exalta en un pasaje las gloriosas realizaciones del socialdemocratismo aleman y lo con’rapone a un anarquismo utépice, ahistérico dilufdo en el tiempo. Ese soclaldemocratismo acabard provocando su muerte, y la de su compaiiero en el espartaquismo, Liebneckt. Pero necesita Rosa Luxemburgo desligar esas realidades histdri- eas de sus valores tradicionaies; en virtud de una asombrosa dia- léctica de la histcvia cree que: “hay el anarquismo, el cual estaba indisolublemente unida la idea de la huelga de masas, ha entrado en contradicion con la idea de la buelga de masas misma.” Esta, hhuelga de masas a revisar por el marxismo, debe ser ahora inter- pretada por éste “que har posible la victoria bajo una forma nue- va.” Independientemente de que algunas organizaciones ane-quisias rusas no esiuvieran a Ja altura de las circunstancias histéricas, sobre toda por sus tendenclas al alslacionismo e Individualismo (no en todos los casos, como demuestran Kronstadt y ¢l movimiento Maknovista), sospechamos que Rosa Luxemburgo necesita motejar a los anazquistas de ladrones y vulgares jrateros para que, “pay la aialéctica de la historia”, cl concepto de la huelga general —huelga de masas— pase, no menos dialéeticamente, del anarquismo al marxisms, jCudnta pasién, cudénto subjetivismo, cudnta negacién de la cleneta vercadera! Pero atin hay més: el concepio anarquista mas bien sindicalista revolucionario de la huelga general es, segin Rosa Luxemburzo, utdpico antihistorico, verbalista, abstracto, Se desatrolla en las re- fiones etéreas y en el dmbito de las razones verbales y los plantea- mientos ledricos. Pero no, Rosa, la huelga general no ha sido in- ventada por doctrinarios, sino por militanies obreros, con los pies mn DA as en la tierra, en los tatleres, en los sindicatos, (Por si vale de algo, diremos que siempre que tuvieron que defender sus intereses, les trabajaderes, en todos tos tiempos, empezaron por crear una soc‘e- doa de resistencia y luego sindicatos, pera jamas un partido politico, Estos surgieron despliés, siguiendo la ideologia burguesa, para ap-o- veehay cuanto pudieran de Ja fuerza obrera). Por lu tanto, con los pies bien sentados en las realidades soclo-econdmicas, y también en las superestructuales de la politica, concib'eron los sindicalistas reyolucionarios el alma de la huelga general. He aqui como la con- elbe Gciffuelhes, un clasico del sindicalismo revolucionario: “La accion directa (de la que se ha tenido la compla- vencia de dar una definicién mendaz) quiere deciz accion de los obreros mismos, es decir, accién directamente ejer- cida por los interesados. Es el trabajador el gue realiza por si mismo ku esiuerzo. Lo ejerce personalmente sobre as que lo dominan para obtener de ellas ven ria acelin directa el ebrere crea él niluce, decidido a no wine q él minmo ta tw os Hens isn, Sh vuigulonto « sreciende las poten tajas vmandias, on Al ot qi dojar a ote La lucha debe sev de n los Interesados, Hay poi Aontron dda din haste una prictioa colidiana qu el memento en que, Hegado a © rior, se transforma en wna con Hamamos huelga general y que se) lo grado de pod lagracton que Ja revolue Por tanto, un proceso cada vez mas complejo dentro de la cotl dianeidad de la lucha diaria. Nada de azules regiones celestiales. Rosa Luxemburgo ataca lo que considera esquematismo abst ac- to de los anarquistas. Pero la idea de huelga general era perfectamente sostenible por el andlisis y el trabajo de la razon, y asi es, puesto que se confirmd en diversas ocasiones por Ja praxis. EL concepto idealégico de Ja huel- ga general en nada menoseaba su posibilidad de realizacion. Pese a la impu.acién de utop'smo que se lanza sobre les socialistas de todas —25 — fas escuelas y, sobre todo, de los lipertartos, sabemos que desde et punto de vista objetivo, el socialismo en libertad es posible, Sola- mente que, como dice Marcuse, hay los obstdculos normales que opone Ia sociedad resistente, Nosotros creemos en la espontaneldad de las masas y en el enorme potencial creative que en circunstancias exeepeionales se desoreide de esa espontancidad, Por eso lo defen- demos frente 4 la acc’én restrictiva, excluyente, limltado:a de las “elites dirigentes” cons‘itativamente limitadas ellas m‘smes. Si, entre otras muchas razones, tendemos a Ia destruccién del capitalismo, es porque es el sistema del despllfarro de las energias econdmicas. Por Jas misinas razones nos opynemes a Ia accién restrietiva de las étites: Porque amputan traumaticamente tesoros de enerzias creadoras: cf poder de los dirigentes erece en razén a la pauperizacién niental de Ja sociedad. Pero no perdamos el hilo del andlisls: tos esquemas es. tudlados por el sindicatismo revolue‘onario no esievilizaban ni ne. gaban la accién, Las ideasfuerza de la clase o};cra rusa durante Ja revolucién no se grientaron a la creacién de] Estado o a Ja ins- tauracién de un partidy dirigente, sino a la creacién de los sovie s © consejos. Eso sucedi6 en 1905 y en 1917. Soviets do Iibiinas y so- viets locales. Clerta que Tas carencias del anarcuismo orgunizado fueron noto- vias, sobre todo en ciertos enclaves fundamentales, como puso de manifiesto el prepio Voline (La reyoluciém desconccida). Sin embargo tas primeras manifestaciones del proletariado revolucionatio fueron andirquicas y no bolcheviques. Procadieron, siguiendo una especie de siden o instinto natural, no a la dveacién de instituciones dictato- riales o cocrcitivas, sinc a la organizacién del trabajo desde la fa- brica. La primera organisacion revolucionaria del proletartado de Petreyrado fue la erganizacién de los comités, consejos de fabrica, La revelucion rusa puso de manifiesto la cndcblez del sindicalismo autéctono. Es curioso, la accién revolucionaria de base, centrada en los consejos de fabriea, tue combatida por los sindicatos que cayeron en poder ce los boleheviques: En Rusia la inexistenicia de un sindi- calismo revolucionario dejé aislade a los comilés de fabrica, cuyo control fue absorbido primaramente por los sindicatas y luego por el poder bolehevique. La solucién que reclamaba ©] matiz Lbortaric eae de la rewolucién rasa era la de contro! de toda la economia por sindica’os y la instauracién del soviets local, oponiéndose a la ten- ya de cenitralizar (entiéndase monopolizar el poder) por parte ningim partido. La vision de conjunto de las realidades econd- micas y de las realidades politicas pudo haberse asegurado por el nexo del federalismo, a todos los niveles, en todos los planos. En aia, donde el anareosindicalismo era fuerte, los sind'catos de Ja zona republicana socializaron en 1936 la industria, y erearon més de dos mil colectividades campesinas, lanzando el primer movi- mento autogesilonariy de la historia? En los primeros mescs de 1a frierra ivi el Estado Republicano no existié, y el pueblo y los sindi- ca’os crearon los organismos revolucionarios que i:eclamaba la st tuacién, El curso de una guerra larga y compleja mediatiad en gran parte los primitives logros revolucicnarios, sin Megejr a anularles por completo, La experiencia ha demostrado que revoluelén y gobierno poistl vo, o Th Jo, son ineormypatibl pero Rngely, que ya en el Mantfiedto Comunista, redactado juntamente con Marx, previa él decrectmion Jo paulatino del Estado, sieremete contra la pretension @e los Ana do suprimir el Betado al advenimlento de la revoluclon “..gPero qué se habriin ereido entay soforon anirqutstant {His bran visto alguna ven en su vida lo que es una reveludion' (ha We volucion es sin duda alguna el acto autoritaria por excelonolay om aquella accion mediante Ja cual una parte de 1a poblacion impone a Gtra su voluntad, valiéndose del rifle, de la bayoneta y del oa- jon. ¥ si el partido victorioso no quiere Iuchar en vano debe man- tener su imperio por medio del terror que sus métoios producen en les reaccionarios”. (Almanaceo Reyublicano, 1873) zl cientifieo de Antidihring, Origen de Ia Familia y del Estado, ete., parece perder el equilibrio cuando se refiere a esa insdlita especie, los anarquistas, Sus “impertantes” revelaciones de lo que es una revolucién, son puras nociones, tedricas, por supuesto, pues as) el buen burgués, que fue propietiiio de hilaturas en Manchester, ja- mas pisé una barricada Wsta docto.al aclaracion de Engals roza la epiderm's del pro- biema, sin penetrar en él. Lo que se discute no es el cardcter de una revolucién ni Ja vio‘encia autoritg"2 que despliega, sino el que ésla pueda institucionalizarse en el Estado y malograr la revoluc’On, En Ja wit'ma frase de ese texto de Enge's aparece el argumento clasico que se aduce en favor de la persistencia provisional del Estado, Se- ria éste el guardian de la Revolucién y el encii.gado de proongar la batalia revolucionaria contra las clases vencidas, Mas esto no es otra cosa gue una pobre coartada: Despvovistos de todo poder eco- némico y politico por Ja revolucién, que ha constituido nuevos 0. gan'smos de administracién, las clases tradicionales ,} 2sentes se disuelven y dispersan y quedan reducidas a un muestrario extensi- simo de destinos individuales que tienen que ganarse por si solos una posibilidad de subs'stencia en la nueva situacién revolucionaria. O se adaptan o perecen, La conjura de los generales b'ansos no na- cid en Rusia, sino fuera del pais, en) los circulos de Ja emigvacién (De cualquier modo, una revulucién, atin sin esa “fuerza” providente que es el Estado, siempre hallar4 medies de levantar defensas con- tra las conspiraciones exteriores, si existiesen), No, no es esto. Engels y los marxistas de toda laya enmascaran Ja vaalidad con el mito de la defensa revolucionaria. En verdad, no puede haber decrecimiente espontaneo del Estade, pobre toro sb éste se impone como algo supprior y externo a la sociedad. Desde la altura de su vision cientifica de] mundo, ¢Engels ha olvidado una vieja m4xima filos6fica, abrumadoramente confirmada: “Todo lo que es tiende a ser”. El Estado, institucionalizacién de la autoridad, tiende normalmente a afianzar esa autoridad y, como d'cen Ins com- paiieros de El mito @:1 Partido, a crear las condiciones de su super. vivencla, Con altanera expresion de Engels podtiamos decir: “sefio- res marxistas, gtienen ustedes una sola prueba, siquiera modesta, en contra de la abrumadora verdad de este aserto?”. Pero ahora hay una segunda pate en el razonamiento de En- gels en favor del Estado, que es conveniente examinar: “les anar- quistas declaran —afima Engels— que la organizacién proletaria — 28 — debe comtnzar con la abi nm de la organizacién politiea del Estr- do, Pero la inca organizacion que encuentra disponible el preleta Yiado después de sa victoria 2s