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2) El ofigen de Ia raza mapuche... 1a storia del primer copinue....fabulos que unen al hombre y a los onima- les... maravllosas historias acerca de los stos. Un conjunto de hermosos relatos «@ través de ios cucles nos acerca- ‘mos G las costumbres, creencios,ittos y tradiciones mapuches. En 1984, este libro mereci6 figurar en Ia ista de honor de la Organiza lon Intemacional para el Libro Juve- Fil, dstincion que se oforga cnuat mente a las obras que han tenido, Bor su calidad titeraria, un interés in- font on DET? wes Moy ‘ CUENTOS UCANOS fuga ex cin. pincer pd rer, qm, ince ae pct aot ALICIA MOREL CUENTOS ARAUCANOS LA GENTE DE LA TIERRA ILUSTRACIONES DE ANDRES JULLIAN & wrrowat anpres Bao are» ers dine see DP Stag de Chie INDICE (ia gene dea tera a {perente doe amparas . . Tas dos serpientes de la tierra del sur YE pequeno- Zoe hambrento . \* Cuando el Sol y Luna olvidason Ia Tierra El espiitu det lago Pifloodto \( 8201 y et Cangrejo Apéndice ‘ B 2 31 9 ” 1s 8 3 PROLOGO ‘Las mapuches, que quiere decir “gente de Ia tie Pra" por "map tierra, “che”, gente, ocupaban {ima jran gona del cono austral de América del Sur, ue cbareaba la parte central de Chile y Ar- genta. Segin su ubicacign geogrética, se denomina: ban entre, st como, “huillches", gente del sur; "uelches”, gente del este; “rancuiches”, gente det darrigo: “pleunches”. gente del morte; "pehuer- Ghost gente del pehudn 0 araucaria, fc. Para ellos tenian gran importancia fos pure tos cardinalesy orientaban la construccién de sus Faces sogin estos. Ast, fa puerta principal se abria GLorlente; sus cobljas tehfan la cabecera hacia la sade del sly mune de nove oat ol cong fo, porgue ségiin sus creencias, la primera ubi- Zacidn daba vida y estaba protegida por Tos esp ftus'bienhechores, y fa segunda trala enferme- Gades 5 hasta la muerte, porque el sur es el pute fo por donde desaparecen Tos vivos,visitados de fmbroviso por los malos espiritus que de all vie nen’ (Tornds Guevara.) Entonces no habia limites definidos, como ahora, entre los paises. Las guerras y escaramu 2zas hactanse entre caciques, tribus o confederacio- nes de tribus; la causa de’ sus peleas era princi palmente por raptos de mujeres o por razones de ‘supervivencia, al disputar un terreno apto para la agricultura y rico en plantas y drboles de los que sacaban su alimentacion. ‘Subsisten solo los mapuches que viven en Chile, ya que los ttamados “pampas” argentinos fueron exterminados por las continuas guerrillas ‘en su contra, la tiltima de las cuales ta dirigié ef General Roca en 1879. En Chile los mapuches viven desde el sur de Bio-Bio hasta Puerto Montt, ocupando diversos puntos eh la precordillera de los Andes y en la costa. Los que atin mantienen el lenguaje, ls ritos ¥ costumibres no pasan de las 200.000, aunque se considera que el total de mapuches asciende a tinas 500.00, siendo estas cifras inseguras. Otro punto discutible es el de la homogenei- dad racial de los mapuches; si bien hablaban la misma lengua y practicaban parecidas costum- bres, pueden haber tenido diferencias inicas. Hay ‘muchas teorias sobre el origen de las razas amie- ricanas que no corresponde tratar en este prélogo. Solo afadiremos que sin los pacientes y sa- bios investizadores que se dedicaron a lo largo de tres siglos al estudio de la lengua mapuche y a observar sus costurabres, ritos -y tradiciones, no habriamos podido hacer la adapiacién de sus her- riasas oreencias, lenas de espiritualidad. Estos Pueblos no tuvieron o no aleanzaron a tener, CO- io suponen algunos indigenistas,lenguaje escrito; fl recoger su iradicién oral se salvd en parte la “Inisteriosa mitologia cuyos origenes se plerden en la prehistoria, AM. LA GENTE DE LA TIERRA (Leyenda sobre el origen de Ta raza mapuche: AS abuelas de las tribus mapuches ‘uentan como se formé la gente de la terra. Sus cualidades més notables, taf ye atc, isn ge as eredaron del Jos zorros de la siguiente manera: _ Hace muchos afios un indio convidé a sus subir a la montadia a recoger ‘Aunque los nifios eran de corta edad, Tmetiéndose en lugares estrechos bajam as quebradas para juntar el fruto que duran- invierno les serviria de alimento. ‘artieron con sacos y anasto, ervando un par ‘para cargatlos con ia cosecha. ‘Tolavia no se dejan cer as luvs, sup ‘que el otofio comenzaba, Los dias habian estado Galurosos y mientras subfan a la montatia, escw thaban el estallido de los pifiones, en lo alto de fas araucarias, lanzando por el aire su carga de ‘sabrosas semillas. 4 CCUENTOS ARALEANOS El padre y los nifios celebraban con gritos y risas cada estallido de los pinones, que como Tie via, cafan a la tierra, entre la hojarasca. La cosecha sera muy buena, con este tiem gp seco! —eslebr el padre— Esaremos varios lias por allé arriba, en el gran bosque. Y¥ contd a los nifios que los pines eran re- gale de los esptrtusprotectores, o mismo qu es esas silvestres, las papas, las avellanas y la deli- glosa mura, que ademnts de ser una planta finda ie mirar, carece de espinas. En el gran bosque buscaron un lugar donde dormir y hiego se pusieron a recoger piftones que ese afio se habian dado especialmente grandes y de cascara firme y dorada. Y estaban en medio de su tarea cuando de omg el tiempo cambio, Sop el viento note, fos nubarrones aparecieron unos mas negtos que otros por detrés de los cerros como si alguien fabricara sin cesar. Y aunque el padre y los nifios se apresuraron a lena su scos y cannsos para descender J: go al valle, el temporal los sorprendié en plena Cordillera. Al poco rato los riachuelos se transfor- ‘maron en torrentes y los rios en grandes aveni- das. El Hacedor de lluvias, montado en sus nuba- srones, hizo caer un verdadero diluvio. —Vamos a refugiarnos en una roca alta —di- jo el padre, indicando un enorme pefiasco que so- resalia como una plataforma sobre la quebrada. Ayud6 a los nifios a trepar, pero mi él mi los guana- cos cargados de frutos alcanzaron a subir y un 1A GENTE DE LA THERRA s torrente log arrastré en sus aguas, que retumba- ban con todas las vooes desatadas de la montafa Los nifios Horaron a gritos, abrazados sobre Ja roca, al ver desaparcoer a su padre y aia pare jade guanacos que criaron desde pequetios; pero fis [bos ao Baia sino sumentar I fra de 6 aguas. El Hacedor de iluvias Tela con largos truenos y dejaba caer culebrillas relampaguean tes para ‘iluminar el desastre; ef especticulo de lop pueblos arrados y de fos howabesy anne s que se ahogaban parecla praducirle una felicidad. 2 aa _Pasaron muchas horas, tal vez dias, y los in- diecitos se sintieron condenados a morir de ham: bre y frio en su refugio. La tempestad aumentaba @ Tatos y luego decaia sélo para cobrar nueva fuerza. Los valles empezaron a inundarse y ca si toda la gente muri. Cuando los indieltos ya desfallcian pensan- do que el torrente se los iba a llevar también, al- ‘go chocé fuerte contra la roca; como estaba muy ‘oscuro, no podfan saber qué era y tuvieron ain més miedo al ofr que aquello crujia y raspaba la Piedra como una garra gigantesca. Ala luz de los relémpagos se dieron cuenta de que se trataba de las ramas de un érbo, un in menso coihue centenario descuajado por él tem- oral, que se atajé en la roca al venir aguas abajo. Los nifios, acostumbrados a atravesar los rios fen canoas y lefios, no dudaron en subir a aquel navio arbéreo, que elevaba sus ramas como mas- % CCUENTOS ARAUCANOS tiles y cuyo tronco se veta ancho y largo como tn Fite relay al $e refugiaron entre el ramaje para proteger- se dela Ita, juste tempo, El Aol comin ‘aguas abajo con su aueva carga. Trai ya otros seres a bordo: los niffos descubricron entre las hhojas no s6lo nidos con sus huevos, sino a nume- 10308 animalitos que se habfan agarrado a los ra- Iajes. Conejos, cururos y hasta una culebra, tem- blaban amansados por el miedo, junto a los pe- quefios indies, Hasta el dia siguiente, cuando aclaré un co, no deseubrieron gu eel 4rbol también an ‘un puma y una zorra, de las lamadas “chills” porvsu modo de aullar. “Estoy hostigado con la carne de conejo toring el Pum guando vio Jos nis, reo que debes seguirte hostigando, como yo de los eururos —contest6 la Chilla con una Sonrisa maliciosa. —cOué piensas, dime? —se asombré el Pu- ma, entrecerrando los ojos. —Tenemos fama de sanguinarios, amigo. Creo que e808 nifios se han salvado por algtin fa- vor de las estrellas y ha llegado el momento en ue nosotros subamos de categoria, ‘Qué te propones? —pregunié el Puma. ‘propongo y te propongo que los cuide- ros erie y aie sean nuestros hijos —res- pondlé la Chillairguiendo la cabeza. Pero cémo puede ser es0? —rugio el Pur ‘ma escandalizado. LA GENTE DE LA TIERRA La Chill, que acababa de perder su camada de zorritos en la inundacién, contests: “Yo... les daré la leche que ya no tomarén sis pequelios. ¥ fi les enseriarés, como a tus co- Chorros, a ser los més fuertes y valientes de la Tic- ‘ra, los mas orgullosos que jamés se entregan. El Puma medit6 un rato agitando su cola, —Con mi leche les trasmitiré mi inteligencia y mi astucla —continué Ia Chilla—. Es nuestra ‘oportunidad. 'Y empez6 a acercarse lentamente @ los nifios, deteniéndose cuando ellos abrian demasiado los ojos o lanzaban un grito de miedo, Se restregé ont sus pleraasy Tuego se echo al suelo, mos trando que tenia abundante leche. Luego se aproximé el Puma con mayores cui- dade, Satiendo que ya ere famoso por est se ion. ‘Los nifios, que no habfan comprendido el enguaje de grufidos de los animales, no enten- dieron al comienzo su intencién. Se extrafaron ‘de que el Puma les pusiera en el pecho una pata sin gargs scéndoles un erie algo tore, y ue la Chilla se diera vueltas en el suelo jugando, fhientras los miraba con su expresion astuta, c2- Facteristica de la familia de los zorros.. ‘Como llevaban dias sin comer, no tardaron en tomar confianza y beber la leche que la Chills, de manera evidente, les ofrecia, Y junto con este alimento, entendieron el lenguaje de los animales. Viajaron varios dias en el Arbol gigante. Los péjaros venfan a pararse en sus Tamas y otros ® CCUENTOS ARALEANOS animales treparon al tronco salvador, sin saber ps entre el ramaje se excondian el Puma y la Los nifios construyeron una ruca y el sol ene traba por la puerta que daba al oriente y salfa por la del poniente, segin la antigua costumbre de la fens delat, gue resets los puntos crdina Y tienen al niimero euatro como sagrado. Cuando por fin el Hacedor de lluvias se can- 6 de galopar sobre las nubes y regres6 a su es: condite detras de los cerros, las aguas empera- ron a bajar y los rios a volver a su cauce. Enton- es el cothue se enterré en el barro como un na- vio que encalla y cuando el viento sec6 la tierra, el Puma, la Chilla y los nifios saltaron del tronco y buscaron un valle escondido donde vivir. _Lo primero que hicieron, aun antes de cons- tir ona roca, o de buscar ura cuera donde ha tar, fue poner nombre a los hijos adoptivos. Nembres xiigicos que los protegerian ‘para siemm pre. Al nifio lo llamaron Mangue, el céndor que plage en el clo Wigilando Te tierra y ala nila, Melipal, como.a la Cruz del Sur. Ta Chilla les hablé de buscar otros alimentos, ¥ los niffos recordaron las palabras de su padre, sobre lo que la naturaleza regala’ los pifiones, las fresas silvestres, las papas, las avellanas y la mur- ta, Pero como reinaba el favierno y las aguas he- bfan arrasado con los frutos, siguicron alimentén- dose con la leche de la Chilla y con la carne que el Puma les traia, LA GENTE DE 1A THERRA » Pronto fueron expertos cazadores con las en- sefianzas de su padre adoptivo; aprendieron a se guir los rastros, a oler el viento, a percibir los signos de la naturaleza. El Puma empez6 a jugar con ellos para que supieran defenderse, siendo Aistintos de los que ensefé al nifio los juegos y luchas que mostr6 a la nifia, ‘Cuando Tiegé la primavera y florecié Ia selva y se dieron los primeros frutos, la Chilla dejé de ar leche a los nifios y se alimentaron de hierbas rrafces, de peces de los riachuelos, de aves de las 's) de huevos silvestres, de animalitos que ellos mismos consegufan. La Chilla les ensefié to- das sus mafias : cémo atraer a los gansos curiosos, revoledndose en el suelo y moviendo las patas; ‘cémo poner trampas y redés, imitar cantos, en fin, el arte refinado de cazar para comer. ‘Ademds, les dieron lecciones més importan- tes, que Melipal y Manque nunca olvidaron. Hay que sonreir siempre, como lo hago yo les advirti6 la Chilla una noche que reposaban junto al fuego—. Es muy importante la cara, so- fe todo si estamos delante del enemigo. —Tui sonries demasiado —interrumpié el Pu- ma—— Es preferible una expresién indiferente; asi no saben lo que pensamos, Pero cuando uno tiene que atacar, Ia furia debe brillar en los ojos y en todo el cuerpo. Otras veces se necesita el silencio y preparar cada musculo para sorprender al ene- Inigo, asi —y el ledn mostré Ia actitud en acecho. Y¥ mientras el Puma les dio clases sobre las 20 ‘CUENTOS ARALEANOS tdcticas de guerra, la Chilla les ensefé las astucias de la diplomacia, ‘Guindo estuveron bien entrenados para el enemigo, Melipal pregunté un dia: AL no fendremos amigos, también? Los dos animales, preocupados mas de la de- fensa segun la ley de'las sclvas del sur, se mira- ron sorprendidos: —jAmigos? —dijeron a coro. ‘Los nifios se pusieron a reir al ver sts expre- siones: a la Chilla se le enchuecé Ia risa y al Pu- ma se le pusicron ojos de “Son importantes los amigos también en la guerra —exclamé Manque—. Hay que confiar en alguien y tener aliados. ‘—Supongo que no viviremos en guerra siem- pre —afiadio Melipal. Ei Puma considers que habfa que pensar lo de los amigos y se alejé por el bosque en busca de un arroyuelo, El correr del agua mueve mis pensamien- tos —aifo. La Chilla, en cambio, empezé a darse vueltas ‘para pillarse la cola donde le picaba una pulga; ¥ esto también le removis los sesos. ‘Al final de Ia tarde, los nifios escucharon los consejos de sus padres adoptives. Hay que oler bien a los recién conocidos antes de llamarlos amigos —dijo el Puma— El ‘olfato no engafia, Conviene més ofr que contar nuestros se cretos —agregé la Chilla. 1A GENTE DE LA THEMRS ” Si nosotros somos verdaderos,ningin men- tiroso nos engafara —sentencid el Purma—, Cuk dado con ese desco de escondernos de nosotros mismos que a veces nos domina. ‘—El olor de la mentira es fuerte y desagra- dable —exclamé la Chilla—. Aunque el mentiroso se adorne y disimule, su engafio aparecera en ca- da movimiento y gesto que haga. “No es un olor del cuerpo, sino del alma —explicé el Puma viendo le expresién de los nifios. "_ Los amigos son como hermanos, ni més arfiba ni més abajo que nosotros —advirtié la Chilla. —La verdadera igualdad s6lo se consigue en elamor de los amigos —concluyé el Puma, dando tun suspiro por lo mucho que habfa pensado. Ahora conocemos la guerra y Ia paz —dijo Manque— y podemos salir del valle a buscar a otros nifios como nosotros, —Parece que ha llegado la hora de despedir- nos —murmuré la Chilla con tristeza Resolvieron esperar la luz de pleno dia para un momento tan importante, Contrariando sus costumbres nocturnas, el Puma y la Chilla salieron de sus madrigueras ‘cuando el sol lucié en el cenit. Se sentaron muy erguidos frente a Mengue y Melipal y dijeron sus ‘iltimas palabras : ‘—De ahora en adelante ustedes son “Ia gente de la tierra”, los mapuches que llevan en su san- gre la fuerza y la valentia del puma. Este ¢s un 2 ‘CUENTOS ARALEANOS: pacto para si raza aan et tre la de ustedes y Ia Same aa Ja Chilla: —También Mevan en su sangre la astuciz los zorros. Los hijos de ustedes nos mina oes simpatia, porque en cada uno de ellos la leche aves ipa ae fl ot mathe Manque abrazaron a sus padi adoptivos y ellos lamieron caras Lait como tite despedida, "78 Y Sus Tuvieron que caminar mucho alle fértiles donde algunos nitoc gation eee también salvados de las aguas POF 9tt0s animales, Cuenian que a islas fos - entan que las islas los ibraron de aho: De esta manera se voivieron a formar las tri- bus yl apace fauron in geste ae te iesbepoles hata Rg Bratt laced aca se hen que descienden de los pumas y los zorros. LEYENDA DE LAS LAMPARITAS NV una profunda caverna, cerca del crater de un voleén, vivia el Gran Bro- jo, atormentado por sus maldades. Era.como el jefe de los brujos menores y de los brujitos. Pasaba inventando diabluras mis 0 menos graves La gente de los valles le tenfa miedo porque crefan que era el causante de todas sus enferme- dades y de la muerte de sus rebafios de llamas y guanacos y de sus aves de corral. Muchas veces sucedian desgracias de las que el Brujo era ino- cente; pero de todas maneras él y sélo él sembra- ba la mala suerte en los campos. Para tenerlo contento, le dejaban afuera de sus rucas céntaros llenos de “mudd”, especie de chicha que al Gran Brujo Te encantaba. Cuando la noche estaba més oscura, solia ba jar de Ja cumbre montado en una ventolera. Al asar por lo més espeso del bosque encendia mi- les de lamparitas rojas con el fuego que trafa del voledn, y ast no el camino de vuelta. u CURNTOS 4RAL/CANOS —Veniré muy borracho —murmuraba para ‘si— y las luces me guiarén hasta mi caverna. E1'Brujo no se media para tomer. Vaciaba jerro tras Jarry de chicha hasta que no se daba Senta ni por donde andaba, Era la Sniea manera de olvidar todas las maldades que hacia y la ra- bia que e le retoreia como culebra en el corezdn. Esta rabla no tenia explicaciOn; tal vez fuera In semilla de su propia brujeria El mudi fo hacia volar dulcemente en toro a Jas rucas y cantaba unas canciones muy tontas y desafinadas: Soy ti gorgorita gue se Hove el vento y tengo cosquillas de puro contento Hasta los nilfios,envueltos en sus mantas, des- perfaban'y se refaa’ el Brujo. Sabian que estan Bo borracko no hacia dafio a nadie. ¥ las risa in- fantiles caian como agua pura en el alma del Brujo; sentia una alegria rara al escucharlas, tina especie de felicidad que le recordaba bosques virgenes, frutos maravillosos, el nacimiento de las vertientes, que conocié cuando él era un recién acido y no habia hecho ninguna maldad todavia. Enlonees se proguntaba —ePor qué tuve que ser malo? Ay, mi madre fue una serpiente y mi padre un diablo, ¢qué otra ‘cosa podia ser yo sino un malvado brujo? "Y luego afiadia con sonrisa lagrimosa: —Pero nacf bueno. .. Lo recuerdo. Y como los borrachos pasan de la risa al Ilan- EVENDA DE LAS LAMPAR to sin motivo, el Brujo se ponta a Horar sin con- suelo y regresaba con lentos bamboleos a su casa. Y¥ en el camino de vuelta, olvidabase de apa- ‘gar las lamparitas que dejara colgando de los ra- ‘majes igual que campanillas. Asf, durante casi to- do el ao, la selva lucfa hermosas huminarias, has- ta que legaba el invierno con sus Muvias inter- ainables. Una a una las luce se ban apagando y el Brujo, al no tener gufa, se ponfa a dormir to- et pas ‘Socios x coe lene sk voleén. Los hombres y los animales descansaban de males y terrores. De este modo pasaron muchos soles y Iuvias y el Brujo, con su mala voluntad, se puso mas y mds perverso. También se puso més tonto; y un tonto malo y poderoso es el peor szote que puc- den tener los hombres y los seres de la naturaleza. Y sucedié que un afio llovié més de la cuen- ta y el verano se atras6. El Brujo tuvo que espe- far para encender sus lamparas y como le hacia falta su bebida favorita, se puso de un genio es- pantoso. Aullaba en la cima de la montafia, arro- Jando piedras y centzas. Su amigo, el gigante Che- uve, hacia otro tanto, lanzando lava y agua hir- viendo a los valles, y robando nifias pequefias pa- ra comérselas. Cuando por fin Hegé el buen tiempo, hnibo sols apt on viet wens on eee Brujo, al no encontrar toda la bebida que nece- sitaba para apagar su tremenda sed, se veng6 de los campesinos enterrando sus dedos negros las siembras de papas. eae | —iQué peste més terrible! —se quejaban las mujeres al recoger las cosechas y encontrar las papas podridas—. ¢Qué comeremos este afio? bre, Y Penssban en sus nlios que pasarfan ham. re. Se reunieron los jefes y duefios de las tierras para decidir qué hacer con el malvado Brujo. El més joven dijo: bellamosle ef muda junto a los matorraes; nosotros estaremos escondidos abi y cuando esté borracho, le damos la paliza. A ver si asi no re- aresa. Algunos dijeron que sf y otros que era muy peligroso apalear al Brujo, porque podia conver. firlos en ranas o en peces. —iY hasta en piedras! —grité otro més mic- El de mediana edad aconsej6: Le pondremos algo amargo como el natre en Ja chicha, una yerba que le dé dolor de est6- mago y le quite para siempre las ganas de to- marla. Pero también hubo razones en contra: all no hallar la bebida de su gusto, podria vengarse de ‘manera terrible, robando los animales © matén- Entonces habl6 el més anciano: tae QooT02, 446, fendremos que juntarnos, todas 8 criaturas Tierra eal Brujo del demonio, Quiero decir que tenemos que LEVENDA DE LAS LAMFARITAS. » reunirnos con huestros animales protectores del aire, de la tierra y del agua. Y también sera ne- ‘esario invocar a los buenos espiritus de las sel vas. Entre todos, tal vez podamos echarlo para siempre de nuestros valles. Esta vez los jefes, los campesinos y los jéve- nes estuvieron de acuerdo. La violencia nunca es una solucién —con- cluy6 el anciano—, un golpe acarrea tarde o tem- prano otro golpe; pero actuar unidos y con astu ia traeré un buen final. ‘Cada familia se preocupé de hablar con su animal protector. 'Y unos acudieron a las colinas para conver- sar con el Guanaco y otros a las selvas para ha- blar con el Puma. Los de la orilla del mar confe- renciaron con los Delfines y los de la montafia, con el Aguila Blanca. Los que habitaban cerca de las selvas se in- ternaron para comunicarse con los espiritus de los érboles, cuyos. pensamientos, son profundos como rafces y amplios como sombras. El espiritu del Canelo aconsejé lo mas sabio: —E] Brujo de la montafia necesita sus lm paras para no perderse en la espesura de la selv sie las quitamos, no podré atravesar Jos bosques yno sabré encontrar los senderos hacia los valles. Sélo ast nos dejard en paz. ‘Los hombres y los animales consideraron que el Canelo habia dado la solucién mejor y més sen- cilla, ¥ ademés, no encerraba ninguna vi ‘En seguida se pusieron a planear lo que cada uno tendria que hacer para arrebatar al Brujo sus lamparitas. Los campesinos junterfan cientos de_jarros de chicha para emivorracharlo por largo tempo. Despuss de mucho beber, el Brajo resresaria @ través del hosque tan mareado ¥ cegaton, que se Ha muy fell confundirlo y cada hombre, cada ni Toy animal esconderia una de las brillantes faces, dejando al malvado a oscuras para siempre "Ese mismo dia las mujeres y las nifis se po sieron a fabricar grandes cantidades de la beblda favorita del Brajo. Jaros y jarros de greda se pu Siovon a fermentar y el olor del muda Henaba el tie, seo lievaba el viento hasta Jn montaba. Pore el viento tambien quiso participar en la fgucrfa contra ef que hacia tanto dao. ‘En toro a cada ruca se alinearon Tos cénta- sos leno asa oe rds, la on gu gra, Brajo, ain dormigo, empex6 a oler el agsio per- fume con que el viento le hacia cosquillas, envol endolo de la cabeza a los pies. No tardé en despertar, sediento: Out olores suben del valet yAasah! Esos infelices aprendieron biea la lsecign que les di, al ratiries sus cosechas de papss. Llevaré un buen go para mis dmpares, porque esta vez si que ortachera sera eran Pidi6 2 su amigo, el Cheruve, que le preste- ra.una de sas teas y 2 cambio él le traeria una Fadiccta pare la comida, gue més se queria el simntc? LUEVENDA DE LAS LAMPARITAS » Bajé entonces el Brujo agitando su fuego co- mo bandera, de modo que los que estaban espe- randolo se pusieron alerta. Encendié ldmparas iluminando cada senderi- o del bosque para tener seguras las huellas a su regreso. Y luego s¢ dirigié hacia los cientos de céntaros que rodeaban las rucas. —Nunca he probado un mudai tan delicioso como éste —exclamé el Brujo, tragando sin pa- rar—. La préxima vez apestaré todos los manza- nos, porque veo que da buen resultado el mal- ‘rato. Ni por un instante se le paso por la cabeza que tanto jarro lleno pudiera ser trampa, Poco antes del amanecer, cuando la noche es. més oscura y tranquila, porque todos los seres, ‘aun los nocturnos, reposan, el Brujo inicio su sgeso,elvidando por cierto a indicia promet ‘al Cheruve, A medida que se internaba en el Dosque, iban desapareciendo una a una las lam- paritas que dejara encendidas. —Vaya, qué pasa con mis luces? —grité con tuna voz que parecia salirle de las orejas, tan ma- reado se sentia, ‘Unas ligeras risas y murmullos sonaron aqut yall. —2Quign se rie? {Ya verdn! —aull6 furioso, dandose encontrones con las ramas. Los guanacos escondieron las luces detrés de sus cabezas, los venados, entre sus astas, los pur ‘mas, con sus anchas patas, las éguilas, con sus alas, los hombres, bajo sus mantas. Y tos nifios 2» CUENTOS ARALCANOS hhufan por todas partes, como luciérnagas risue- putetdvando entre sus manos una radiante lam- ita. lasta las truchas de los iachuelos jugaron & eberse los reflejos, iluminéndose en el agua co- smo fuegos fatuos, El Brujo suplicé que le devolvieran sus luees, dandose cuenta de que si conseguian arrebatarse- fas, estaba perdido. Pero los espiritus protectores ‘se negaron, porque no se puede creer en las Pro- mesas de un borracho. ‘Solamente logré que los pensamientos de los Arboles lo guiaran hasta su gruta, donde a pesar Ge su derrota y de Ia rabia que le hervia en Ia ca era, cayé al suelo echando humos alcohélicos por boca y orejas. Nunca més pudo bajar a los valles a hacer dano'a los hombres y a las criaturas humildes. Nurna mis ol Chem le presi uma de fuego Fer po erie Heraeus indiecita. Pero aque- Taces que entre todos le quitaron, vuelven a iluminar cada aio los senderos y son las flores Hel copihue que cuelgan de los ramajes de la sel ‘va como campanitas. In orilla del mar. LAS DOS SERPIENTES DE LA TIERRA DEL SUR (Cuento basado en leyenda huilliche) ANDO Chile era sélo de los Mapuches, Se llamaba simplemente tiers.” Ademés de hombres y muchos ani Jes, vivian en la tierra dal sur dos enormes Ser We ie sur dos enormes ser- Por supuesto que una era muy mala y peles- Bay ba ctra, omy oon, ho Py meee sens ake te La serpiente mala se Uamaba Cal Cal y dor- mfa en el fondo del mar, en pr ae > una “profunda ca- La serpiente buena se Hamaba Tren tubdabe Ee nmeane as ine 2 Sea, Los indios vivian temiendo que Cal Cal se enojara, poraue entonces emperaba a mover Su ola en él mar, levantando inmensas olas que inundaban la tierra y abrian cavernas y abismos. Cada afio, durante las cosechas, los Mapuches fapartaban las frutas més jugosas, el maiz més los animales mas gordos y se dirigfan a 2 (CUENTOS ARAUCANOS Desde Ja punta de un cerro, el Cacique, acom- pafiado de la Machi, gritaba: —Toma, Cai Cai, aqui va una guanaca con st guanaquito. afl Y por el despefiadero saltaba cl agua salpicando a los Mapuches reunidos para presen- lar los sacrificios. Si el mar se picaba, seguian tirando lo mejor de sus pertonencias, hasta sus propias mantas de ‘vieufia y cueros de puma. ‘Un dia, el pequefio Maiti se puso a lorar: que el Cacique tiré al agua su venadito regalén, su pudti. Su Ilanto parecié muy mal al jefe y a los in- dios; y también ala mamé del nifio. Ella dijo: —gCémo se te ocurre Horar en un momento as{? ¢No sabes que Cai Cai puede despertar fur "Hosa ilos dios no loran! a td escondié sus ligrimas, tray as de un sorbo y se qued6 mirando tristemente el mar. Entonces vio que su pudi nadaba entre las las mejor que un delfin. Cuando el Cacique se alej6 con su gente, Mai- ‘i ayud6 a salir del agua a su venadito y lo escon- i6 en el bosque. Esa misma noche despert6 Cai Cai con un aullido feroz: —jTengo hambre, tengo mucha hambre! 1Quiero comer carne fresca de pudil LAS DOS SERPIENTHS DE LAHERRA DEL SUR 38 Por lo menos, Maitii creyé que eso era lo que gritaba Ia tremenda serpiente, moviendo las olas. La tierra también se remecié muy fuerte y todos los indios salieron arrancando de sus rueas. Maita y su mama corrieron hacia los cerros donde vivia la serpiente buena. Los hombres la llamaban con grandes cla mores: —iTren Tren, sélvanos de Cai Cait A pesar del apuro y del susto, hombres, mu Jeres y nifios Ilevaban sobre sus cabezas sus ea: Ghartitos de greda llenos de maiz. Sabian que Cai Cai, al inundar sus valles, des- truia las cosechas; habia que salvar las semillas para sembrar cuando pasara la emergenci Detrés de los indios iban sus perros, sus gua- nacos, sus pavos, sus gallaretas, sus puddes, en- tre ellos el venadito de Maiti. ‘También hufan los animales salvajes, los pu- mas, los zorros, las giifias, las liebres, los cururos y todas las aves de la tierra y del mar. Cai Cai iba entrando por las llanuras, nadan- do sobre grandes olas y los indios tenfan que tre- ar rapido hacia las cumbres. A todo hombre que tocaba la serpiente con lengua, lo convertfa en piedra; y a los anima- les los transformaba en peces. Después de mucho ‘subir por quebradas y Atravesar precipicios, llegaron frente a la caverna de Tren Tren, que estaba sumida en un hondo suefio = No ta despertaron los gritos y suplicas de la multitud, ni el ruido de las patas de los animales ‘que pasaban atropelléndose sobre las escamas de su Jomo. Los indios mayores observaron que Tren Tren estaba muy gorda, porque se habja tragado tuna docena de guanacos; y cuando una serpiente esti recién almorzada, no hay nada que la des- ierte, hasta que vuelve a sentir hambre. Cai Cai, entretanto, ya casi alcanzaba la ca- vyerna de Tren Tren, nadando sobre las aguas al- borotadas. Sus amigos, los pillanes del ‘Trueno, del Fuego y del Viento, la ayuidaban amontonando rnubes para que loviera, tronara y cayeran rayos y relampagos. ‘Tren Tren roncaba. Los animales escarbaban y enterraban garras y pezuiias en el lomo de dormilona para despértarla; los indios saltaban y gemian a grandes voces; y los péjaros de la tierra y del mar daban aletazos sobre la cabeza de la serpiente. En vano, porque Tren Tren estaba ciega y sorda en su suefio. Cai Cai ya trepaba los riscos cercanos y se sentian, como un viento, sus bufidos. Daba fero- ces coletazos que producian derrumbes de cerros y arrancaba inmensos arboles mientras aullaba: Quiero tragarme Ia tierra, quiero matar @ mi enemiga Tren Tren y comérmela a pedacitos! ‘Maiti temblaba abrazado a su pudd. Y el ti ritén se trasmitfa de indio a indio, de animal en animal, de pluma a pluma. Como despertar a Tren Tren? 1.AS DOS SERPIENTES DELA-TIERRA DEL SUR 35 De pronto, del grupo de madres afligidas se escapé una nifita, Rayén, que también estaba asustada pero se cans6 de tener miedo y se puso a jugar. Caminando sobre el lomo de Tren Tren, le- 6 junto a uno de los ojos de la serpiente, inmen- 80, inmévil como un lago verde; porque las ser- pientes no tienen parpados y duermen con los ojos abiertos. Rayén se reflejé como en un espejo y se dis- trajo, miréndose. ¥ empez6 a hacer morisquetas ya bailar. Viendo que la nifiita dentro del ojo ha- fa lo mismo que ella, a Rayén le dio risa y sus carcajadas resonaron en la gruta més fuerte que los llantos y gemidos. A Tren Tren nunca le habian gustado las lé- grimas ni las quejumbres y s{ le encantaban las risas y la alegri “Muy lejos primero, Tren Tren oyé las carca- Jjadas de Rayén. Luego, con su ojo, el que servia de espejo, vio borrosamente la figura que baila- ba, hasta que ya bien despierta se dio cuenta de que era una alegre nifiita india. Entonces la serpiente buena también rié y su risa fue un verdadero insulto para Cai Cai y los Pillanes. ‘De pura rabia, la mala serpiente cayé cerro abajo y los Pillans se sintieronempujados has: ta el fondo del cielo por las divertidas carcajadas de Tren Tren. Sobre el lomo estremecido de risa cafan_pa- tas arriba los animales -y pies al cielo los hom % CUENTOS ARALEANOS bres. ¥ por la caverna, las aves de la tierra y del mar volaron perseguidas por los alegres ecos. Rayén se sujeté entre las arrugas que tenia ‘Tren Tren cerca de sus ojos y ambas pasaron un rato muy agradable, Pero el placer fue corto: Cai Cai vluié a la carga atin més furiosa y partis la tierra sembranm- doe mar de isles. ee ruck lanes Ia apoyacon desde el sel con rruenos tan sonoros y largos, que parecta que mil carretas se daban vuelta echaaido a rodar piedras entre las nubes. ‘Tren Tren se enderez6, haciendo caer al sue- Jo de Ia gruta a todos los que tenfa sobre el lomo, incluso a Rayén y Maiti. 1a gente y Ios animales so arrinconaron por que el momento de la gran batalla se aproximaba, Soman ee eater aces ia hecho en su vida, para que la fuerza buena de Tren Tren taviera més poder. Maita y Rayén quedaron juntos, separados solamente por el pequefio pudi. Y empezaron a hhacerse amigos. Cai Cai hizo subir aiin mas el agua y casi su- mergié la-montafia donde habitaba su enemiga; ero Tren Tren arqueé el lomo y con la fuerza de los doce guanacos que ten{a en el estémago, em- ‘pujé hacia arriba el techo de la caverna y la mon- {afia crecié hacia el cielo. Cai Cai y los Pillanes siguieron juntando agua y asi Tren Tren empuj6 muchas veces el te cho de su caverna hasta que la montatia llegé cer- AS DOS SERPIENTES DE LA TIERRA DEL SUR 37 ‘ca del sol, por encima de las nubes, donde ni. los Fillanes ni fs serpiente mala podian alcanzarls. Y desde la misma cumbre, Cai Cai y sus servidores cayeron al abismo y se aiurdieron por miles de afios, “tren Tren, satisfecha, se eché a dormir en la altisima gruta, con sus ojos de lago verde, ‘Timidamente los indios y los animeles se acercaron al borde del abismo para mirar los va~ Hes y vieron que todo estaba leno de agua hasta donde se perdia la vista. Como estaban muy cer cca del sol, la cabeza se les quemaba. Entonces to- maron sus cacharritos de greda y se los pusieron Ge sombrero, luego de amontonar el matz que ha- Dian trafdo. 'Pas6 mucho tiempo antes que el agua baja- ra, volviendo al mar. Maita y Rayén se iclron amigos, caminando y saltando por las cimas de Jos cerros. Los Mapuches y los animales vagaban de cumbre en cumbre buscando qué comer. Las mu- eres y los nifios sembraron el maiz que habian trafdo en los lugares més protegidos y tuvieron cosechas que les permitieron alimentarse. Cada dia el agua bajaba un poco, hasta que después de muchas lunas, todos pudicron volver 2 sus antiguas llanuras, seguidos de sus animales. Desde entonces, ainbas serpientes duermen, Ja buena en la montafia, la malvada en el mar. ‘A veces Cai Cai tiene pesadillas y aparece una. {sla en el océano o se estremece un poco la tierra. Pero de saberse, nadie ha wnelto a verlas por Jas tierras del sur. EL PEQUENO ZORRO HAMBRIENTO L peavetio, Zorro de pel are y rojea abia salido de caza durante varias noches, Aungue vivia junto a una lar guna donde habitaban toda clase de aves acudti- fas que eran sus preferidas, le costaba mucho pillarlas, Ellas sablan vigilar entre los totorales y el més leve ruido las hacia volar a sitio seguro. Bastaba que una sola diera Ia alarma para que todas, patos, cisnes y hasta las, pequefias ta- guas que caminan sobre las hojas de los nentifa- res, buscaran refugio lejos del alcance del Zorro. Otras veces se paraban en un lugar rodeado de agua en el que flotaban plantas verdes y el Zo- tro, Greyendo pisr firme; e dba un buen bao alettando con el ruido 2 los péjaros, que escapa- ‘ban de sus vanos manoteos. Era una trampa muy desagradable que a nuestro amigo le daba una ra- bia Feroz; elaleteo de fos péjaros al echarse @ vo- Jar y hasta el roce de las cafas le parectan risas, y burlas por el bao imprevisto que se habla Gado. El pobre tuvo que contentarse durante algu- “ ‘CunNTOs aRALEANOS nos dias con cucarachos, ya que no tenfa otra co- ssa que mascar. “"2Qué puedo hacer para cazar un pato, aun- ug se3 pequefio? Se han puesto més astutos que yo” —iba diciéndose una noche que rondaba co- ‘mo de costumbre, por la laguna. De pronto, una gran voz surgi de la orilla entre la maleza, y el Zorro dio un salio pensando que alguien 1o ata- aba. Mir‘ a su alrededor y no vio a nadie. Iba a continuar su vigilancia, cuando la voz lo asusts de nuevo y esta vez desde mas cerca —éQuién anda ah{? —pregunté, tembloroso, pensando que se trataria de alguna fiera descono: ida e invisible. —Lo mismo te pregunto —dijo Ia yor —Yo.... soy un pequeiio z0rr0 hambriento. ___—Ah, entonces eras td el que asust6 a los pa Jaros... Bueno, se han ido, no cazaras ninguno esta noche —continué la voz. Dime, Zorro, 2qué otra cosa comes? vergiceem, Pefiero no decirlo porque me da a —murmurd nuestro amigo acordénc 4 de los cacarachos, : ‘i —aTal vez te avergtienza comer ranas_inde- fensas... 0 sapos? —insistié la voz bajando un fone, \Puf! “iPuft,zcémo se te ocurre que yo pued mer algo tan horrible y gelatinoso? Prefiero mo- virme de hambre, pares p.m silencio largo; el dueto de la vox se convertido en un que hacia “glu gla”, a 1 PEQUENO ZORRO HAMBRIENTO a —2Qué te pasa? gTe has ido? —pregunts el Zorro, desconcertado. No, aqui estoy —grits la vor atin més cerca. Y de pronto el Zorvo vio aparecer junto a sus patas a un “horrible y gelatinoso” Sapo. Con su sonrisa més hipécrita, o sea la més éulce, el Zorro exclams: —jConque eras ti! ;Qué estupenda vor tie- nes! jAdmirable para un ser tan pequefio!