Está en la página 1de 8

UAQ FACULTAD DE PSICOLOGIA

ALFONSO LEÓN MEDINA CORTÉS

LUNES 7 DE DICIEMBRE DEL 2009

PROF. CARLOS CALDERÓN GARCÍA

ENSAYO:

“ACERCA DE UNA RELACIÓN POSITIVA EN FREUD Y SU PSICOANÁLISIS

ANTES DE 1923”
“ACERCA DE UNA RELACIÓN POSITIVA EN FREUD Y SU PSICOANÁLISIS
ANTES DE 1923”

Con la intención de no hacer de este trabajo un “freudismo” más,


intención que puede bien ser en balde, nos volvimos harto repetitivos en tratar
de volver casi siempre a los escritos de Freud, unos escritos que, en principio,
al estar traducidos en otro idioma distinto al original, suponen ya un equivoco
en eso de tratar de “hablar de y por Freud”.
Bien, como se ha podido ver, el Psicoanálisis, la creación de un
personaje que se supone conocemos, sería esa disciplina tan compleja que
retomaría problemas tan antiguos como el hombre mismo y tan ajenos a él que
parecieran extraídos de fantasías, no poco locas y aún menos que
devastadoras, por ser subversivas en muchos sentidos.
Lo retocado del tema nos hace volver a una situación particular que se
nos aparece como fundamental. En algunas partes de la obra de Freud
aparecen diversas referencias a la “ciencia”, una que suponemos estaba bien
presente en Freud y que por supuesto lo influenció para hacer de “su creación”
una u otra cosa, según se intente definir o caracterizar al psicoanálisis.
Las aportaciones que tuviera y tiene el Psicoanálisis para la ciencia, en
especial para la ciencia médica, son muchas y así como múltiples, variadas son
las formas en que son tomadas por los profesionales de la ciencia (apelando a
su reaccionar ante tales aportaciones). Bien diría Lacan que:

A pesar de ello, sigue siendo cierto que al poner en evidencia el papel de


los conflictos afectivos y los trastornos del instinto en la neurosis, aportó
una contribución de suma importancia a la psiquiatría. Por otra parte, al
poner en evidencia el papel del inconsciente en todas las manifestaciones
de la vida mental, puede decirse que aportó una contribución que supera el
marco de las ciencias médicas, y que se aplica al conjunto de las ciencias
del hombre. (Lacan s/r: 102)

Dejando un poco de lado lo anterior, sin soslayar con ello estas


aportaciones de Freud para la ciencia , intentamos abocarnos sobre las
necesidades o deseos que el mismo Freud tenía para que se le
reconociese dentro de este campo, aunque más que a su persona puede
que a su creación.
De parte de la sociedad, Freud tenía cierta esperanza de
reconocimiento, uno que es bien mostrado en la carta a Fliess:
“Verdaderamente crees que algún día habrá sobre la casa (de Bellevue,
cerca de Viena), una placa de mármol sobre la que se pueda leer: ´ ¿En
esta casa se le reveló al Dr. Sigmund Freud, el 24 de julio de 1885, el
misterio del sueño?´” (Citado en Assoun 2003).
Pero el ejemplo presente no sería suficiente para mostrar el deseo
de Freud, para que varios de sus descubrimientos tuvieran valor científico,
por lo menos, antes de cierta época de su vida.
Iniciaremos comentando que no es nuestra pretensión hacer parecer
que Freud deseara postular a su Psicoanálisis como una ciencia, pues
queda claro desde Assoun (2003), cuando menciona desde Nueve
conferencias de introducción al psicoanálisis, que no hay Weltanschauung
psicoanalítica, no hay pues intención con ello de ciencia, de intelecciones
que homogenicen o que resuelvan todos los problema de la existencia.
Lo que desde nuestra comprensión se asoma en Freud, sería esa
necesidad o cuando menos petición que se hace a la ciencia, para que
ésta pueda albergar dentro de sus realidades a estudiar, esa otra realidad
que Freud descubrió y desarrollo teóricamente. Cabe destacar el hecho
de que el psicoanálisis de Freud sí alberga tintes científicos, al menos
como ciencia explicativa positiva (Lacan, s/r).
Sabemos que la ahora nominada “ciencia de Freud”, no sería por
menos la misma que hoy conocemos, pues en la época en que se
resolvió el mismo personaje a escribir sobre dicha disciplina, existía un
antecedente y panorama reacio del paradigma positivo de la ciencia, para
reconocer a las ciencias sociales o humanas como tales, pues su
material de estudio no se prestaba para la comprobación, tan sistemática,
y con la formulación de leyes que presentaban algunas ciencias duras
como la física, el modelo por excelencia de dicho paradigma. Recordemos
tan solo el surgimiento del “Círculo de Viena” durante el inicio del siglo
XX, un significante más que trascendente para el desarrollo del
psicoanálisis freudiano.
Por lo antes mencionado, no hablaremos de ahora en más de una
“ciencia de Freud”, de un psicoanálisis científico positivo, pero si de un
inherente deseo del mismo personaje por estructurar y desarrollar sus
“descubrimiento” hipotético-deductivos en función de una lógica positiva,
que apelaría a una lógica de casos por la misma necesidad de encontrar
en éstos la base empírica para la construcción de su misma teoría.
No es muy difícil dar por supuesta esta necesidad de apegarse a
fundamentos positivos en Freud, ya que desde su formación académica
vemos el realce de su interés por las posiciones médicas. Sería un poco
después, cuando encontraría en Breuer y en Chartcot la necesidad misma
de esa “especulación” en la forma de “hacer ciencia” con la hipnosis, la
sugestión y todas esas técnicas que dejará, a su vez, de lado al
conformar al verdadero psicoanálisis.
Sería pues, desde nuestra perspectiva, esa misma necesidad de
apegar sus métodos y observaciones a un paradigma positivo, que lo
conduciría a obtener un gran prestigio durante largo tiempo dentro de las
disciplinas del hombre, uno que sin duda no es siquiera completo, o al
menos tan completo como parece haberlo deseado Freud.
La necesidad de reconocimiento, de la que hablamos hace un
momento, no es la única en Freud, tenemos conocimiento, de lo
aparentemente irracional que puede parecer el Inconciente en Freud, o al
menos de la lógica tan distinta con la cual se plantea esa otra realidad.
Por ello sería fundamental para dicho personaje esa apelación a la
especulación, mostrada en los casos que expondría en algunos escritos o
conferencias (sin público), casos que bien son inventados o que más que
reales, son dejadas de lado desde una realidad concreta y bien definida,
para abordarse desde otra lógica, una que me parece más completa que
la primera. Bien diría Freud mismo que:
“Cuando el interrogante fundamental de la ciencia se calla y es
menester hablar a toda costa en razón de la importancia de lo que está
en juego, hay que interrogar al lenguaje mitológico” (Freud, 1992c).

De esta manera sí existiría, y como ya mencionamos sería


necesaria, para Freud una “especulación” cuando se da lugar al
encuentro entre los resultados encontrados por la explicación de hechos
reales con la descripción de sistemas filosóficos o hechos históricos.
(Santamaría 2002)
Lo que acontece de manera soberbia en dicho personaje, es que
dicha especulación no resulta para nada discordante del paradigma
presente en ese momento de ciencia. Los ejemplos, múltiples y variados,
de las exposiciones psicoanalíticas logran el encuentro, y de muy buena
manera, de la explicación positiva, analítica pues, con lo fantástico que
pueden llegar a ser argumentos teóricos como los de un Inconciente, un
Narcisismo o aún un Yo escindido, reprimido desde dentro.
Un ejemplo que contendría esta necesidad antes expuesta, a la vez
del imperativo del mismo Freud para recuperar siempre el deseo de hacer
ciencia positiva en tanto explicación, sería el que nos presenta en su
Introducción al narcisismo:
Uno se debate en este dilema: es desagradable abandonar la
observación a cambio de unas estériles disputas teóricas, pero no
es lícito sustraerse de un intento de clarificación. Por cierto,
representaciones como las de libido yoica, energía pulsional yoica
y otras semejantes no son aprehensibles con facilidad, ni su
contenido es suficientemente rico; una teoría especulativa de las
relaciones entre ellas pretendería obtener primero, en calidad de
fundamento, un concepto circunscrito con nitidez. Sólo que a mi
juicio esa es, precisamente, la diferencia entre una teoría
especulativa y una ciencia construida sobre la interpretación de la
empina. (Freud, 1992a, XIV: 74)

Lo anterior lo menciona dentro de un contexto de realidad psíquica


de investiduras, entre un proceso primario y uno secundario, lo que luego
llamaría narcisismo primerio y secundario.
También tomamos este fragmento pues a continuación de éste,
Freud comparará su necesidad de apelar también a un poco de
“especulación”, a una falta de lógica deductiva, que existiría en la misma
Física de su época: En nuestros días vivimos idéntica situación en la
física, cuyas intuiciones básicas… están sujetos casi a tantos reparos
como los correspondientes del psicoanálisis.” (Ibíd: 75)
No es menos que contrastante esta idea con las nociones que nos
fuimos haciendo de Freud a lo largo del semestre escolar, pues en éstas
se trataba de dar cuenta de la incompatibilidad de Freud con el “quehacer
científico”, una incompatibilidad que desde mi parecer se circunscribe,
aunque no únicamente, a la necesidad de la primera por albergar una
Weltanschauung, de crear leyes naturales para seres que ya dejaron de
ser naturales desde hace un buen rato.
Así, recibe casi todo mi apoyo la exposición que se hacia de que
autores como Jung o Adler, los cuales se mencionaban como no fieles al
psicoanálisis, por pretender hacer esas generalizaciones, con su teorías
de un -complejo de inferioridad-, fuera de toda pretensión analítica,
apelativa por fuerza a una singularidad.
Ahora, retomando un tanto las ejemplificaciones del mismo autor
en relación a su necesidad de explicaciones positivas conjugadas con
observaciones y especulaciones “anticientíficas”, traemos a mención, lo
que desde mi parecer sería la más grande contribución de este actor para
todo el saber del hombre, el Inconciente. En principio sustraemos el
principio de Freud para el trabajo de justificación del tema presente, uno
que muestra la importancia del “supuesto”: Desde muchos ángulos se nos
impugna el derecho a suponer algo anímico inconciente y a trabajar
científicamente con ese supuesto. (Freud, 1992b, XIV: 163)
Ya luego desarrollará todo un trabajo que intentará, entre otras
cosas, dar muestra de la existencia de “eso” en primer momento
supuesto. Partirá de las lagunas que existen en los procesos concientes
en primer lugar, para dar entrada a lo inconciente, además de que traerá
a mención, y no pocas veces por resultar insuficientes siempre éstas para
el lector, la idea de que “eso” inconciente se escapa por mucho de la
conciencia. Con todo esto su naturaleza quedaría redefinida, sería
representada ahora con una nueva lógica, tanto temporal como normativa
y con ello de dinámica interna; jugando procesos, no simples también, con
la parte conciente de la psique del ser.
Lo anterior es de importancia tal, que puede aparecer como la
piedra angular desde la que partirán todos los avances posteriores del
psicoanálisis. Sin embargo, lo central del tema nos hace revocar las ideas
anteriores, para retomar de “entre sus líneas” la parte positiva de Freud.
Justificada está en nosotros esa enmienda que Freud deja de lado,
que sería el revelar los procesos inconcientes desde una conciencia,
pues sería incorrecto y de legos el tratar de sustituir el proceso psíquico
inconciente por el de una percepción de la conciencia sobre éste (Ibíd:
167). Pero a cada rato el mismo Freud vuelve a comparar esos procesos,
supuesto no de otra manera sino por un conciente, con procesos a la vez
concientes. Esto no nos habla de una contradicción en Freud, sino de un
acto de dejar planteado, desde principio, la imposibilidad de descubrir,
realmente que sería eso inconciente, de contentarse con pesquisas y aún
supuestos, que luego se contrastarían claro con la observación de sus
casos.
El reconocer la existencia de una realidad incognoscible por estar
sujetos a otra realidad diferente y pretender con ello formular una
metodología adecuada por ser también diferente, no sería uno de los
principios del positivismo desde Dobles, Zúñiga y García (1998, citado en
Meza 2009), al menos no uno completo, sino que sólo lo sería la parte
última, la de formular un nuevo método adecuado; sabemos que faltaría la
parte más importante del paradigma positivo, la que nos dice que toda la
realidad (una sola) es cognoscible por el empleo de un método específico,
uno que sería similar al que usan las ciencias naturales y que con ello se
podría obtener un conocimiento objetivo. (Meza, 2009)
Lo anterior no hace mella en nuestras relaciones primeras, sino
que en gran medida las confirman: Freud realmente que tenía conciencia
de algunos de los principios del paradigma positivista1y aún más que ello,
los ponía en juego para la formulación su teoría psicoanalítica, una que en
sí trata de hacerse entender y explicar a partir de una lógica positiva.
A cada momento en que se explican estas aportaciones de Freud
se imprimen también estas consideraciones, que tal parecen volver difícil
el leerlo en veces, pero que primordialmente lo vuelven incuestionable
desde una práctica superficial de lo que sería “hacer ciencia”.
Se abandona la necesidad, que parece indispensable en la ciencia,
de formular leyes para una realidad bien establecida y explicada a partir
de intelecciones teóricas, de consuelo al que sopesa su realidad ante la
incertidumbre, una necesidad de Weltanschauun; para abrazar a la crítica
objetiva y con ello una parte muy importante del positivismo.
Así, desde nuestra concepción, el psico-análisis sería tal por que:
“Para el paradigma positivista la realidad es única, puede ser fragmentada
para su análisis y las partes pueden ser manipuladas
independientemente.” (Ibíd.) Rescatando una parte del semestre, que nos
decía como es que dicha disciplina sería logocéntrica, antes que
pretender abarcar a todo el ser.
Lo que finalmente no comparten la construcción de Freud y el
paradigma actual, es que objeto y sujeto no están más separados, sino
que se funden para construir más o menos una realidad dialéctica entre
ambos. Además de que la investigación positiva sería tendiente a la
cuantificación, mientras que el psicoanálisis formaría parte de las
disciplinas cualitativas. Lo anterior muy a pesar de que vemos en Freud la
parte “económica” como consecutiva de una metapsicología, aunada de la
parte tópica y dinámica en Lo Inconciente, Freud (1992, t XIV), algo que
de nuestra parte veríamos nuevamente como una demanda o deseo
propio del autor por construir un psicoanálisis que tomase en cuenta la
parte cuantitativa.

1 Paradigma un tanto diferente de lo que planteamos anteriormente, aunque no en


lo esencial, pues cabe mencionar que autores como Dobles, Zúñiga, García y el
mismo Meza, a los cuales se hace referencia, no pertenecían a la época de Freud,
pero que se retoman por considerarse muy buenos exponentes de lo que sería el
planteamiento del “positivismo”.
Con todo esto nos hemos percatado que son no pocas las
diferencias que presentan las visiones de lo que se podría entender como
“ciencia positiva” y lo que se nominaría “psicoanálisis”; lo definitivo sería
que las similitudes tienden a presentarse como esenciales, sobre todo
aquellas que, como desde inicio se dejo constancia, pretenden albergar
un deseo en Freud de dar reconocimiento a su Psicoanálisis como
constituido desde una ciencia, para cuestionar lo que la ciencia hasta ese
momento había dejado del lado de la filosofía, de la metafísica o aún en
“el cesto” de la medicina (en los calabozos, más actualmente en los
centros psiquiátricos).
La intención se va confirmando, pero no se da por concluida,
habría más de un Freud y más de uno sería positivo.

BIBLIOGRAFIA
Assoun, P. (2003) Freud contra el “Freudísmo”, visión del mundo, El freudismo,
Alianza Editorial, D.F, México. pp. 55-71

Freud, S. (1992). Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico Trabajos


sobre metapsicología y otras obras (1914-1916). Obras Completas. Buenos Aires:
Amorrortu. t. XIV

. (1992a). Introducción del Narcisismo (1914), en op.cit., tomo XIV, pp. 74-
75.

. (1992b). Lo Inconciente (1915), en op.cit., tomo XIV, p.163-167.

. (1992c). Más allá del principio de placer. Obras Completas (1920-1921


Buenos Aires: Amorrortu. t. XVII

Lacan, J. (1956). Conferencia: Freud en el siglo. 16 de Mayo de 1956. Las Psicosis


Seminario 3, pp. 102-107. Texto extraído el 5 de Diciembre del 2009 desde
http://www.scribd.com/doc/7145524/Jacques-Lacan-Seminario-3

Meza, C. L. (2009). El paradigma positivista y la concepción dialéctica del


conocimiento. Extraído el 5 de Diciembre del 2009 desde
http://www.cidse.itcr.ac.cr/revistamate/ContribucionesV4n22003/meza/pag1.html