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El gran problema del cuento, para todos, pero mayormente para quienes se inician, es el de la

dispersin : parecen incapaces de limitarse al aspecto central que edifica al cuento, y toman
uno y otro que , as estn conexos con el focal, lo deslen, se le chupan la fuerza.
Para m tengo que el cuento debiera aprender de una lanza la simplicidad efectiva. La lanza
est destinada a penetrar y nada ms. Apenas es ms que una punta. En realidad, lo que no es
punta se dedica a darlle fuerza a la punta. No tiene adornos, y es simple, pero es muy bella.
No es complicada. Pero cuando actua es cosa bien seria: porque est dirigida, guiada, apoyada
y tremendamente fortificada por el astil.
Por eso lo ms importante en la correcin del cuento es el quitar sin misericordia: todo lo
aadido, todo lo que embellece sin raz{on, lo que est torcido, lo difuso.
El cuento es un propsito nada ms, y la lanza es un astil con punta de acero: son bellos por
desnudos.