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ENSAYO

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JUAN JOSE OPPIZZI


FRIEDRICH
NIETZCHE
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ENSAYO

FRIEDRICH NIETZCHE
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© POR JUAN JOSE OPPIZZI
E-Mail: luceroppizzi@yahoo.com.ar

E uropa supo de este hombre hosco y


atormentado, hijo de un pastor protestante de
Sajonia, cuando, en 1869, a los veinticuatro
años de edad, en virtud de sus llamativos
estudios de filología, fue llamado a ocupar la
cátedra de dicha materia en la universidad suiza
de Basilea. En esa época, en el lago de los
Cuatro Cantones, se hallaba el músico Richard
Wagner, ya unido a Cósima Lizst, con quienes
Nietzsche trabó una amistad que no sería muy
prolongada. En principio admiró la música del
gran operista y lo consideró –tal como fue– la
vanguardia de una estética nueva.

Su primer libro, El origen de la tragedia, de


1872, suscitó la hostilidad del ambiente
filosófico de su entorno. En realidad, la
polémica no tenía mucho asidero, ya que el
tema no rozaba ninguna arista sensible; se trata
de un análisis muy completo del pensamiento
griego, en donde el autor descubre dos enfoques
estéticos opuestos (y acaso complementarios):
la concepción vital apolínea (con base en la
figura del dios Apolo y proyección en la
arquitectura) y la dionisíaca (con base en la
figura del dios Dionisos y proyección en la
música).

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A partir de 1875, la amistad de Nietzsche con


Wagner sufrió un declive. Luego de haber
publicado un opúsculo de ferviente apoyo al
músico, Wagner en Bayreuth, el filósofo
consideró que la música del gran compositor no
era la expresión revolucionaria de nuevos
valores, sino los estertores finales de un
romántico en decadencia. El eje de su ataque se
centró en la última ópera de Wagner, Parsifal,
donde creyó ver un cambio respecto de las ideas
expresadas en El anillo del Nibelungo. En tanto 3
que allí se exalta al heroísmo pagano en la figura
de Sigfrido, en Parsifal el tema de la redención
cristiana pone una atmósfera recogida, que
Nietzsche juzgó negadora de aquella otra
vitalidad.

Hoy, con la perspectiva de los años, los ataques


del filósofo quedan, frente a la innegable
grandeza musical de Parsifal, más expuestos a
las dudas que los rodearon en su momento; tal
vez la raíz de tanta virulencia (en tres libros
reiteró su anatema a Wagner: Humano,
demasiado humano, El caso Wagner y Nietzsche
contra Wagner) se debió a lo que se supo,
cuando la razón lo había abandonado, en las
varias notas amorosas enviadas a Cósima Lizst.

La suerte de Nietzsche con las mujeres nunca le


fue gentil. Otra relación gravitante en su vida la
aportó Lou Andreas Salomé, finlandesa de vasta
cultura y de inteligencia superior, discípula
suya. Pero también resultó fuente de sinsabores,
cuando la fantasía del profesor imaginó una
unión más allá de lo puramente cultural. El
rechazo y el casamiento de ella con un
compañero de estudios lo hundió en la tristeza
en un momento en que su estabilidad emocional
empezaba a mostrar algún deterioro.

A partir de 1883 y hasta 1887, publicó el


conjunto de sus mejores obras, entre las que
descuella Así hablaba Zarathustra, un bellísimo
poema en prosa estructurado en forma de
parábolas. Allí está expuesta de manera amplia
la segunda de las grandes ideas que aportó al
acervo humano: el superhombre.

Entre un lenguaje poético hondo y un discurso


filosófico que no pierde tampoco la densidad
rigurosa, la interpretación de lo que es el
superhombre necesita de la capacidad y de la
agudeza del lector. Nietzsche se hubiera
horrorizado al ver cómo se pasó en limpio algo
tan complejo, a lo largo de los años. El concepto
que puede hacerle honor a las especulaciones
tan sutiles que despliega la obra, no puede redu-

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cir la idea del superhombre a una mera


propuesta genética o –peor aún– a una
maquinaria política racista. La superación de lo
humano por algo netamente elevado se propone
en Así hablaba Zarathustra como la adopción de
nuevas tablas de valores, nuevas ópticas vitales,
orientadas a la obtención de otro ejemplar
homínido, interiormente hablando.

El punto de partida es la afirmación de lo


concreto, la asunción del papel creador por 4
parte del hombre, en la fórmula “Dios ha
muerto”. Nietzsche adscribe al humanismo
ateo, en franca hostilidad a las concepciones
religiosas judeo -cristianas. Dos obras
posteriores, El anticristo y Genealogía de la
moral, desarrollan esta posición filosófica en un
discurso mucho más crudo y sin ropaje de
símbolos y metáforas. La dureza que surge en
estos libros acusa a las tradiciones religiosas de
haber condenado a la humanidad a una
crueldad disfrazada de compasión, de haber
impuesto una moral a través de horrendos
suplicios y de impedir siempre la realización
vital del individuo.

La tercera de las singulares ideas que Nietzsche


aportó a la historia de la filosofía, es la más
sugestiva y la menos abordable: “el eterno
retorno de lo mismo”. Se refiere a una
posibilidad cósmica transformada en objetivo:
todo lo que se vive y lo que existe (en tanto
distribución determinada de materia, energía y
movimiento) lleva en sí la eventualidad de
repetirse en cualquier momento de la historia
del universo y en infinitas oportunidades. Para
Nietzsche, esa posibilidad era una certeza
apasionada, con lo cual ponía una contradicción
respecto de la idea superadora de lo humano: si
todo vuelve fatalmente a una repetición infinita,
no cabe la perspectiva de ninguna modificación,
como podría ser incluir al superhombre en el
devenir de los hechos del mundo. Tomando esta
idea en su categoría de posibilidad, adquiere
una mayor solidez dentro de las teorías
interpretativas del universo.

En 1888, Friedrich tuvo los anuncios de su


locura final. No pudo completar La voluntad de
poder, una obra dislocada por las confusiones de
su mente. Testigo valioso de este último período
fue el filósofo danés Georg Brandes (que, con un
ciclo de conferencias magistrales en
Copenhague, dio a conocer masivamente al
autor de Así hablaba Zarathustra), por cuya
boca se sabe que las últimas cartas de Nietzsche Lou Andreas Salomé
ostentaban rasgos grotescos, hechos a lápiz, y

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mensajes absurdos. En 1889 fue internado en un El análisis actual de la obra de Nietzsche permite
hospicio, del que salió, en 1900, muerto. Existe observar que su tono va en un crescendo desde El
un breve material fílmico, que lo muestra en origen de la tragedia hasta La voluntad de poder.
compañía de su madre, en actitud pasiva, Abandona paulatinamente las formas elípticas o 5
mirando de reojo a la cámara. moderadas del discurso, e introduce frases
cortas, más contundentes. Va descartando el
El extraño fuego de su genio ha provocado buen trato hacia las figuras que le sirven como
muchos más intentos por amortiguarlo que por referencia, para llevarlas a un plano inclinado
e n t e n d e r l o. To d a v í a h a y d i c c i o n a r i o s desde la discrepancia a la condena y de ésta al
enciclopédicos informando que “murió sumido anatema.
en el más absoluto embrutecimiento”, como si el
haber abordado ciertos temas le hubiese En la severidad crítica se incluyó a sí mismo, a
acarreado un castigo atroz. Sin embargo, el peor partir de la mitad de su período creativo: en un
derrotero de sus ideas pasó por la Alemania prólogo tardío a El origen de la tragedia
nazi; ¡Paradojas de la historia y de los falsarios!: considera que es un libro “pesado y femenino”;
Nietzsche nunca sintió apego por la cultura en varias cartas opina que recién de Así hablaba
alemana y condenó todos los fastos del imperio, Zarathustra en adelante había logrado escribir
empezando por la figura de Otto Bismarck, el “aceptablemente”. Podría decirse que el proceso
“canciller de hierro”, un príncipe que gobernó general de su pensamiento avanza por un
detrás del emperador Guillermo I hasta 1890, al maniqueísmo asimétrico: la pretensión de
que le sobraba ambición y le faltaban “transmutar los valores” coloca en un grupo
escrúpulos, especie de anticipo del otro siempre creciente lo “condenable” y en otro, cada
canciller, cuarenta años después, el que se hizo vez menos extenso, lo “aprobable”.
llamar Führer. Con este último, la idea del
superhombre fue puesta en un molde obtuso y Esa marcha de la concepción nietzscheana va en
bárbaro, adaptada a la mentalidad del partido contra de su misma labor expresiva: si lo que
nacionalsocialista y a las aspiraciones sostiene no halla comparación ejemplificadora
patrioteras de una sociedad envenenada. con ningún valor tradicional, se reduce el campo
del lenguaje y de las imágenes con las cuales
En el acceso a algunos campos de concentración transmitir los nuevos valores, y llega un
podía leerse la cita textual: “bendito sea lo que momento –y son varios esos momentos– en que la
nos endurece”, un repugnante insulto al legado transmisión se corta; quedan flotando imágenes
filosófico de Nietzsche y a cualquier hombre que poéticas (hermosísimas, hay que reconocer),
piense y sienta. Otra injusticia respecto del pero impotentes.
pensamiento nietzscheano es haberle atribuido
antisemitismo. En tal fama tuvo una También hoy podría decirse que es una falsedad
participación activa la siniestra hermana de analítica unir estrechamente el deterioro mental
Friedrich, Elisabeth. Años después de la muerte de Nietzsche con el curso de sus ideas y de su
de ella, se descubrió que, en unión de su marido obra, como si una cosa hubiera sido
(un desaforado racista), adulteró los originales consecuencia automática de la otra. Fueron las
de varias obras y de la correspondencia del derivaciones cerebrales de una sífilis el origen de
filósofo, agregándoles palabras y conceptos su locura, no el atrevimiento de haberse
Hostiles a los judíos. Algunas crónicas enfrentado con la cultura judeo-cristiana.
tambiénle achacan una intriga que alejó a Lou
Andreas Salomé.

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