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Sandra Golpe Ferreiro Nº5 2ºD

ÍNDICE:

o ¿Qué es la Guerra Civil?................................................ 1


o Breve recorrido por la historia de España……………….. 1-3
o Causas de la Guerra Civil………………………………………. 3-10
o Conclusión…………………………………………………………... 11
o Fuentes de información………………………………………… 11

¿QUÉ ES LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA?

La Guerra Civil española fue un conflicto bélico que dio comienzo en julio de 1936, a
raíz de la sublevación de un sector del Ejército contra el gobierno de la II República
española, y que concluyó el 1 de abril de 1939 con la victoria de los rebeldes. El triunfo
de éstos permitió la instauración de un régimen dictatorial encabezado por el general
Francisco Franco, principal dirigente militar y político de los sublevados, que sustituyó
al sistema parlamentario republicano.
Como es sabido la Guerra Civil fue la culminación de una serie de luchas entre las
fuerzas de la reforma y las de la reacción que dominaban la historia española desde
1808, lucha en la que los reaccionarios intentaron utilizar el poder político y militar para
retrasar el progreso social, como veremos seguidamente.
BREVE RECORRIDO POR LA HISTORIA DE ESPAÑA
DESDE 1868-1936
Los orígenes de la Guerra Civil española se remontan a siglos atrás en la historia del país
por ello sería conveniente realizar un breve resumen que nos sitúe en la época previa al
conflicto pasando desde el destronamiento de Isabel II en 1868 hasta la II República
(1931-1936).

En líneas generales, entre 1856 y 1866, se alternaron en el poder los moderados,


presididos fundamentalmente por Narváez, y los miembros de la Unión Liberal, fundada
y dirigida por O´Donnell, sin embargo a partir de 1866, las discrepancias entre la reina y
el jefe de Gobierno O´Donnell acaban con una profunda crisis política y su expatriación
a Francia, mientras que en el exilio los progresistas y los demócratas acuerdan unir
fuerzas contra Isabel. De esta forma en el año 1868 con motivo de la revolución
conocida como la Gloriosa o Setembrina los Borbones son expulsados de España y se
abren posibilidades de configurar un nuevo sistema político basado en principios
ideológicos del liberalismo democrático y en los intereses de las clases medias
españolas. Tratando de seguir dichos principios se trató de establecer un sistema basado
en una monarquía parlamentaria regido por la Constitución de 1869 y que buscó también
el establecimiento en España de una nueva dinastía, la de Saboya, quien, debido a los
numerosos problemas y trabas con los que se encontró (guerra de Cuba, tercera guerra
Carlista, oposición republicana…), abdicó desesperado en 1873 y, en el consiguiente
vacío de poder, la Primera República se proclamó en 1873. Fue durante esta etapa
(1868-1874) cuando la debilidad de la burguesía española como clase potencialmente
revolucionaria se vio acentuada, además de que este bienio (1873-1874) se caracterizó
porque en muchos aspectos fue para España lo que 1848-1849 había sido para el resto de
Europa. Después de haberse armado del suficiente valor para desafiar al Antiguo
Régimen, la burguesía abandonó sus propias ambiciones reformistas, asustada por el
fantasma del desorden proletario.
Sin embargo pronto se llegó a una situación próxima a la anarquía y, en 1874, Alfonso
XII, hijo de Isabel, recuperó el trono gracias a otro pronunciamiento militar y se
abandonó la reforma a cambio del retorno de la paz social y la consiguiente correlación
de fuerzas entre la oligarquía terrateniente, la burguesía urbana y el resto de la población
quedó perfectamente reflejada por el sistema político de la restauración monárquica de
1876. Concretamente la monarquía de la Restauración fue un sistema semi-
constitucional basado en la manipulación electoral y en la alternancia en el poder del
partido Conservador y el partido Liberal. Ambos partidos (grupos de políticos
“profesionales”, partidos de notables) no dependían de la opinión popular expresada en
elecciones democráticas, sino que, cuando los resultados electorales no se manipulaban
en el Ministerio del Interior, se manejaban a nivel local. Este sistema de manipulación se
basaba en el poder social de los jefes locales o caciques. El sistema empezó a
tambalearse tras la derrota ante Estados Unidos y la pérdida de Cuba, Puerto Rico y las
islas Filipinas en el “desastre” de 1898. Consecuencia de ello fue la proliferación de
escritos “regeneracionistas” que criticaban lo artificioso del régimen existente y pedía su
renovación y democratización (su mayor representante fue Joaquín Costa).
En 1902 Alfonso XIII ocupó el trono. El período de vigencia del gobierno constitucional
de Alfonso se puede caracterizar por la sucesión de crisis (1909, 1917) y de intentos de
reforma (Maura, Canaleja). Concretamente en 1917, la integración de elementos
descontentos dispares llegó a constituir una seria amenaza: regionalistas catalanes
conservadores, republicanos, trabajadores afetados por la subida de los precios
provocada por la guerra y oficiales subalternos preocupados por sus ingresos y
posibilidades de promoción. A todo ello además, se le sumó una guerra colonial en el
Marruecos español y una humillante derrota en Annual de un cuerpo del ejército español
en el año 1921.
Lo cierto es que a pesar de todos los intentos de reforma, éstos siempre fracasaron y por
ese motivo comenzaron a vislumbrarse dos vías de escape, por un lado la opción
autoritaria que desembocaría en la Dictadura de Primo de Rivera en 1923-1929 y por
otro lado, la apertura al modelo democrático que trae consigo la implantación de la IIª
República (1931-1939). En un primer momento ésta fue aceptada con gran entusiasmo
por la mayoría de la población puesto que trajo consigo la democracia y las libertades
individuales y sociales. Sin embargo ese entusiasmo inicial se transformó en poco
tiempo en violencia y enfrentamientos que hicieron muy difícil la convivencia y el
mantenimiento del régimen republicano, puesto que esta República originó actitudes de
apoyo y rechazo que dividieron la sociedad española y crearon un ambiente de tensión
que fue aumentando hasta desencadenar en la Guerra Civil de 1936.
Esta fuerte tensión e inestabilidad se ve claramente reflejada en una gran fragmentación
y polarización política, la cual podemos observar en el siguiente cuadro a modo de
resumen:

LAS FUERZAS POLÍTICAS Y SINDICALES EN LA IIª REPÚBLICA


IDEOLOGÍA PROGRAMA BÁSICO PARTIDARIOS ORGANIZACIONES Y PRINCIPALES
DIRIGENTES
-no aceptaron la legalidad -oligarquía -FASCISTAS:
republicana. terrateniente. -juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista
Autoritarios -se declararon -alta burguesía -Falange Española. Xosé Antonio Primo
antimarxistas. financiera e de Rivera (unidas en 1934 como FE-JONS)
-defienden la unidad de la industrial. -MONÁRQUICOS:
patria, el orden social y el -Comuñón Tradicionalista (carlistas)
catolicismo -Renovación Española. Calvo Sotelo.

-visión crítica de la vida. -pequeños y -Partido Agrario.


-defensa de los derechos medianos -Acción Popular, base de la CEDA. Gil Robles.
de la Iglesia, la propiedad propietarios -Liga Catalana (nuevo nombre de la Liga
Derechas
privada y el orden agrarios. Regionalista desde 1933).
tradicional. -burgueses urbanos. -Partido Nacionalista Vasco.
-Organizaciones sindicales católicas.

-defensa de la república -pequeña burguesía -DE DERECHAS:


como forma de Estado. -clases medias -Derecha Liberal Republicana. Alcalá Zamora
-laicismo. urbanas. -CENTRODERECHA:
Republicanos
-reformismo en distintos -muchos -Partido Republicano Radical. Lerroux.
grados. intelectuales. -IZQUIERDA:
-Acción Republicana. Azaña
-Partido Republicano Radical Socialista.
Marcelino Domingo.
-Organización Republicana Gallega
Autónoma. Casares Quiroga.
-Izquierda Republicana de Cataluña.
Francisco Maciá, Luis Companys.

-defensa de los intereses -obreros -SOCIALISTAS:


de los trabajadores industriales. -Partido Socialista Obrero Español.
industriales y jornaleros -jornaleros -Unión General de Trabajadores. Largo
Izquierdas
agrícolas. agrícolas. Caballero, Indalecio Prieto.
-abolición de la propiedad -COMUNISTAS:
privada y de las -Partido Comunista de España. Dores Ibárruri
diferencias de clase. -ANARQUISTAS:
-oscilan entre el apoyo y la -Federación Anarquista Ibérica. B. Durruti
oposición a los gobiernos -Confederación Nacional del Trabajo.
republicanos.

CAUSAS QUE PROVOCARON EL ESTALLIDO DE LA


GUERRA CIVIL
Como ya se ha mencionado la Guerra Civil española fue causa de una serie de factores
que ya se venían arrastrando siglos atrás. Entre ellos podemos destacar:

- El problema agrario: La España de los años veinte se caracterizaba por seguir


anclada bajo unas costumbres propias del Antiguo Régimen. La mitad de la
riqueza nacional procedía de la agricultura, mientras que en lugares como
Inglaterra la mayoría de la población ya había pasado del campo a las ciudades.
Pero además el sector agrario se caracterizaba por un profundo atraso que se
sostenía en las barreras arancelarias. Muchos campesinos de Galicia trataban de
sobrevivir en explotaciones minúsculas, las grandes fincas del sudoeste eran
explotadas por grupos de jornaleros sin tierras, contratados diariamente, los
jornaleros de Andalucía pasaban meses y meses en paro, confinados en las
pequeñas ciudades del sur, y algo por encima de esta extrema miseria se
encontraban los campesinos de Castilla la Vieja. Únicamente en la periferia había
una prosperidad relativa en las ricas fincas de Cataluña, en los naranjales de
Valencia y en las haciendas familiares del país vasco.
Durante mucho tiempo hubo zonas de provechosa explotación comercial de
granjas pequeñas y medianas, especialmente la de los fértiles y húmedos valles y
colinas de aquellas regiones norteñas que también habían experimentado la
industrialización (Asturias, Cataluña y el País Vasco). Sin embargo, a lo largo del
siglo XIX, los sectores dominantes en términos de influencia política eran los
grandes terratenientes. Los latifundios se concentraban principalmente en
Castilla la Nueva, Extremadura y Andalucía, aunque también había importantes
latifundios en Castilla la Vieja y en Salamanca.
Esta situación provocó que la sociedad rural se dividiese rígidamente en ricos y
pobres, en regiones de estabilidad y en regiones de malestar. Aunque realizando
un análisis mas detallado podemos afirmar que nos podíamos encontrar con; los
propietarios ricos (conglomerado de arribistas de clase media alta y nobles),
campesinos “medios” que podían vivir decentemente explotando sus tierras y, un
semiproletariado de sufridos micro-propietarios.
A su vez también se podía apreciar un fuerte desequilibrio regional entre las
áreas de desarrollo y las áreas de retraso. Los viticultores de Cataluña
(rabassaires) eran una clase relativamente próspera, aunque al final, la filoxera
había penetrado en Cataluña poniendo en grave peligro la seguridad del
arrendamiento de los rabassaires y los cultivadores de naranjas de Valencia
vivían confortablemente en comparación con lo que era normal en el país.
Ya desde la Ilustración se había tratado de dar solución a este problema a través
de una ley general de reforma agraria (sin embargo, las continuas inversiones en
la tierra y las muchas alianzas matrimoniales entre la burguesía urbana y la
oligarquía terrateniente contrarrestaron las fuerzas comprometidas en la
reforma), pero fue a partir de 1931 y bajo el mandato de una república
democrática cuando, tratando de abordar la difícil tarea de modernizar una
sociedad tradicional y semi-industrilizada, se desembocó en 1936 en la Guerra
Civil.

- El problema industrial: La Revolución Industrial es un proceso de evolución


que conduce a una sociedad desde una economía agrícola tradicional hasta otra
caracterizada por procesos de producción mecanizados para fabricar bienes a
gran escala. Este proceso se produce en distintas épocas dependiendo de cada
país. Para los historiadores, el término Revolución Industrial es utilizado
exclusivamente para comentar los cambios producidos en Inglaterra desde finales
del siglo XVIII; para referirse a su expansión hacia otros países se refieren a la
industrialización o desarrollo industrial de los mismos.
De esta manera el desequilibrio en la agricultura tenía su paralelismo con el
desequilibrio industrial. España fue uno de los países que se incorporó
tardíamente al proceso de industrialización, además de que nunca hubo
posibilidades de que coincidieran la industrialización y la modernización
política. En la primera mitad del siglo XIX los progresivos impulsos, tanto
políticos como económicos, de la burguesía española, se vieron
irrevocablemente desviados. La anulación de las restricciones feudales en las
transacciones de la tierra, se añadió a los problemas financieros de la monarquía,
en 1830 y 1850, para liberalizar las extensas tierras comunales, de la aristocracia
y el clero. Esto no sólo redujo cualquier estímulo hacia la industrialización sino
que, al ayudar a expandir los grandes latifundios, también provocó fuertes odios
sociales en el sur.
Sólo en los años anteriores y coincidentes con la Primera Guerra Mundial
comenzó a ponerse al día. Sin embargo su estructura industrial era débil y poco
competitiva y estaba basada en las importaciones de tecnología y capital
extranjeros, por lo que el desarrollo económico tiende a concentrarse en las áreas
más favorecidas, dejando al resto del país empobrecido y al margen de la riqueza
originada por el desarrollo industrial.
La tardía revolución industrial de España se limitó en gran parte a dos regiones:
a Cataluña y a las provincias vascas. Ya en el siglo XVIII Barcelona, capital de
Cataluña era el centro más importante de la industria algodonera, después del
Lancashire. En 1930, además del algodón y la lana, Cataluña había desarrollado
la industria ligera, los talleres de construcción de máquinas y el transporte
marítimo. La industria metalúrgica y naviera vasca se había desarrollado en
torno a las minas de hierro próximas a Bilbao y se había financiado gracias a la
venta de mineral de hierro a Inglaterra. Gran parte de esta industria estaba
controlada por los miembros de una poderosa oligarquía banquera e industrial
local que había prosperado enormemente con los fabulosos beneficios realizados
durante la Primera Guerra Mundial. Tras la derrota de 1898, los españoles
comenzaron a plantearse su estática sociedad y su raquítica economía frente a la
de los países vecinos europeos y empezaron a tomar medidas al respecto, de
manera que entre 1900 y 1935 la renta nacional se dobló y las catastróficas tasas
de mortalidad del Antiguo Régimen disminuyeron, sin embargo este desarrollo
no era más que un remiendo a una sociedad capitalista imperfecta y desordenada,
en la que pronto una sociedad polarizada iba a engendrar una política polarizada.

- El problema del nacionalismo: Tanto el país vasco como Cataluña se


consideraban comunidades progresistas y abiertas, vinculadas a una Castilla
agraria y retrógrada, simbolizada por la capital “parásita”, Madrid.
La coincidencia de unos intereses económicos independientes de los de los otros
españoles, forjada en la lucha por la protección, favoreció el desarrollo, a finales
del siglo XIX, de una petición de autogobierno regional en Cataluña y en las
provincias vascas, favorecidas por ser regiones prósperas y tradiciones culturales
independientes respecto a una capital situada en una región pobre y atrasada.
Cuando el regionalismo moderado de la comunidad financiera catalana, con su
petición de autogobierno, comprobó que no podía encontrar cabida “dentro de
España” la izquierda “nacionalista”, dispuesta a recurrir al lenguaje del
separatismo, vio cómo aumentaba su influencia. Este nacionalismo catalán
resultaba menos atractivo al mundo de los grandes negocios que a la clase media
en general. La gran sorpresa de 1930-1931 fue el descenso de la Lliga,
regionalista, conservadora, el partido del financiero y hombre de negocios
catalán Cambó, y el ascenso de la Esquerra Republicana.
Fue el fantasma del separatismo (doctrina política que propugna la separación de
algún territorio para alcanzar su independencia o anexionarse a otro país) lo que
permitió a los políticos monárquicos de Castilla explotar el nacionalismo
“español” y rechazar toda concesión de autogobierno catalán, afirmando que la
autonomía llevaría a la destrucción de “la unidad de España creada por la
historia”. El descontento catalán y sus reclamaciones de autogobierno habían
dominado la escena política desde 1900. La limitada autonomía concedida a
Cataluña fue suprimida por la Dictadura de Primo de Rivera, y los conspiradores
contra la monarquía prometían a Cataluña el autogobierno en la futura república,
quien sólo hizo de Cataluña un caso especial con el Estatuto de Autonomía.
En las provincias vascas el problema nacional siguió un curso diferente, pues los
grandes hombres de negocios conseguían lo que querían de Madrid y dominaban
su vida financiera. En nacionalismo vasco no era progresista, sino que era
católico y rural, que contaba con la fuerte oposición de los socialistas por su
carácter reaccionario, por ser una campaña contra los trabajadores inmigrantes
no vascos. En los años treinta este racismo evolucionó y el PNV se convirtió en
un partido demócrata-cristiano que contaba con el apoyo de las zonas no rurales.

- El problema social: La España de los años treinta había sido moldeada por las
experiencias del siglo XIX (la tardía industrialización y la formación de una
burguesía vagamente estructurada, los enfrentamientos sobre la posición y
privilegios de la Iglesia Católica).
A pesar de su riqueza la aristocracia española no tenía una fuerza social
influyente. Las clases medias habían comprado tierras en las grandes ventas de
tierras de la Iglesia y de los municipios y tenían intereses que las relacionaban
estrechamente con la aristocracia terrateniente. En el país vasco había un grupo
compacto de banqueros, armadores e industriales, en Cataluña había una clase
capitalista semejante, pero en general, no había una clase media interesada por el
desarrollo de una economía industrial. No había, por tanto, un conflicto
generalizado entre lo burgués y lo feudal, ni espacio para radicales urbanos que
pudieran movilizar a “las ciudades en contra de los terratenientes”. El conflicto
de clases fue esencialmente un conflicto entre obreros urbanos organizados y un
proletariado rural relativamente desorganizado, en difícil alianza con sectores de
la clase media, por una parte, y, por otra, una amalgama de terratenientes,
banqueros, grandes industriales, funcionarios de alto rango y altos oficiales del
ejército- la “oligarquía” de España.
Los españoles no hablaban de la “clase media”, sino de “las clases medias”, de
ahí deriva el gran enigma y problema de la historia reciente de España.
Lo más habitual es dividirlo en una clase media “tradicional” y una pequeña
burguesía; pero estas categorías se superponen y se funden, incluso en la misma
persona). El núcleo de la clase media “tradicional” estaba formado por artesanos
en situación desahogada y profesionales modestos, muchos de ellos en
competencia por conseguir los mal pagados puestos del sector pública. En él se
incluían los rangos inferiores del cuerpo de oficiales.
Los esfuerzos de estas clases menos afortunadas estaban especialmente
centrados en guardar las apariencias (como la práctica corriente de tener dos
empleos). En general, eran partidarios del gobierno que daba empleo a tantos de
ellos; eran también en su mayoría católicos y conservadores, imitadores, en su
modesta esfera, de las actitudes aristocráticas, pero carentes de la orgullosa e
independiente cultura burguesa. No obstante, algunos de ellos eran republicanos
y en 1931 muchos de ellos estaban desilusionados con la monarquía y votaron
contra el rey y la oligarquía. Durante la Segunda República algunos de ellos
apoyaron las reformas sociales de los socialistas; otros dieron marcha atrás. Fue
esta clase media asustada y preocupada por su status, la que se inclinó a la
derecha en las elecciones de noviembre de 1933 y apoyó a los nacionalistas en
1936.
La pequeña burguesía estaba formada por pequeños oficiales, tenderos,
farmacéuticos, maestros y algún suboficial. Aunque muchos compartían las
actitudes convencionales de la clase media “tradicional”, de sus filas procedían
los meneurs que organizaron protestas democráticas de la clase trabajadora de
las ciudades. Eran republicanos convencidos.
El republicanismo no tenía ningún programa social propiamente dicho, pues
carecía de una base social sólida, aquello fomentaba las divisiones ideológicas y
personales que debilitaron al movimiento en cuanto fuerza de la izquierda. En
1931 el republicanismo era un conglomerado de grupos, los cuales lograron
unirse después de 1926 para derrotar a la monarquía, aunque no pudieron
mantenerse unidos para consolidar una república progresista y moderna.

- El problema de la Iglesia: Uno de los rasgos curiosos de la historia política


española es que, en un país tan católico, no apareciera un partido conservador
que se dedicara a defender los intereses de la Iglesia.
El catolicismo siguió siendo la religión del Estado. Las órdenes no sufrieron las
penalidades que tuvieron que padecer en Francia, y conservaron el control de
gran parte de la educación secundaria. Un estado civil empobrecido no podía
competir con esta situación, sin embargo era el control de las órdenes regulares
sobre la educación de las minorías privilegiadas lo que alarmaba a los liberales.
Por eso no había ninguna necesidad de defender a una Iglesia tan identificada
con la clase dominante. El anticlericalismo republicano y socialista basaba su
atractivo en una fuerte significación simbólica: la Iglesia santificaba el sistema.
Los católicos más exaltados no querían una posición privilegiada, sino un Estado
teocrático (Gobierno ejercido directamente por Dios). El carlismo era un
movimiento de protesta religiosa y rural que defendía las libertades regionales
históricas y se enfrentaba a los liberales urbanos partidarios del Estado
centralizador. Sostuvo dos guerras importantes en defensa de los derechos al
trono de Don Carlos que fracasaron, pero el ataque de la Segunda República a la
Iglesia le dio un nuevo objetivo y le ofreció una tercera oportunidad.
Sin embargo la existencia de estos extremistas a lo largo del siglo XIX no sólo
alimentó las llamas de una tendencia anticlerical virulenta y muchas veces
vulgar, sino que además impulsó a la Iglesia de España a adoptar posturas mucho
más a la derecha que las otras iglesias católicas de Occidente. La Iglesia católica
en su conjunto, no podía aceptar un Estado moderno a no ser con el objetivo de
destruir todos los principios liberales existentes en su interior.
Por otra parte los integristas presentaban el catolicismo liberal como una
traición, la tolerancia como una forma sutil de acabar con la Iglesia. Esta
tendencia integrista, con su continua exageración de las amenazas del
liberalismo para los valores católicos y su lenguaje catastrofista, envenenaría la
atmósfera política después de 1900, veneno que produciría efecto en el cuerpo de
la Segunda República.

- El problema político: Hasta la República no surgió un partido de masas de


derechas. El único verdadero partido de masas, duradero y organizado se levantó
en el año 1931 y fue el partido socialista (PSOE). En 1910 su dirigente fue
elegido por primera vez representante en las Cortes; en cambio, en 1900, en Italia
el partido socialista tenía 33 representantes en el Parlamento. Esta debilidad
histórica dentro del sistema parlamentario es de gran importancia. Algunos
dirigentes socialistas, sobre todo los pertenecientes al movimiento sindical,
habían perdido confianza en una política electoral que les había permitido
obtener tan escasos beneficios.
La debilidad del movimiento laboral no reflejaba simplemente el retraso de su
desarrollo en una economía débil, sino también una consecuencia de la división
del propio movimiento.
La clase trabajadora industrial de España estaba concentrada e dos zonas:
Cataluña y las regiones industriales de la costa cantábrica. Cada región tenía su
propia organización laboral característica en representación del anarquismo y del
marxismo.
En Barcelona y en las ciudades industriales de Cataluña la mayoría de los
obreros estaban integrados en el sindicato anarcosindicalista, la CNT.

El anarcosindicalismo español rechazaba la actividad política en sentido


“burgués” y defendía la “acción directa” de los sindicatos contra los empresarios
y la gran huelga general revolucionaria, que destruiría el capitalismo burgués.
La CNT, con su estructura federal que concedía gran independencia a cada
sindicato local y su preocupación obsesiva por el debate ideológico, no fue
nunca una fuerza coherente. Siempre albergó al menos tres tendencia:

 los anarquistas puros: utópico y elitistas, que a veces encontraban en el


terrorismo el sustituto moral de una revolución que no podían conseguir, y en
otras ocasiones creían que sólo un largo proceso de adoctrinamiento podía crear
una clase trabajadora con conciencia revolucionaria.
 Los anarcosindicalistas “duros”: que rechazaban todo elitismo y creían que los
trabajadores debían estar organizados en asociaciones fuertes para llegar a ser
una fuerza revolucionaria eficaz pero que, a pesar de ello, estaban dispuestos a
poner en peligro dicha organización lanzándose a la calle o a debilitarla ocn
huelgas prolongadas que estaban condenadas al fracaso.
 Sindicalistas “moderados”: que se resistían a creer que la revolución estaba a la
vuelta de la esquina y temían que la CNT, al lanzarse por el camino de la
revolución, malgastara sus fuerzas. Si la capital de los anarcosindicalistas duros
era Barcelona, los sindicalistas “puros” tenían su mayor fuerza en ciudades como
Sabadell, donde no había emigrantes recientes en número suficiente para
imponerse a los trabajadores especializados locales, y en Levante.
La represión gubernamental y la intransigencia de los empresarios favoreció en
todo momento los objetivos de los extremistas, muchas veces por el simple
hecho de encarcelar a los dirigentes moderados más conocidos. Así ocurrió
cuando en 1919, cuando la CNT estuvo a punto de convertirse en un poderoso
sindicato dirigido por hombres como Salvador Seguí.
El rasgo más sorprendente de la CNT era su capacidad para experimentar
repentinos y enormes aumentos en el número de sus afiliados, llegando a
dominar el panorama laboral de Cataluña entre 1916 y 1923 con una serie de
espectaculares huelgas y actos de violencia, aunque resultaran
contraproducentes. Después de 1924 la clandestinidad favoreció la penetración
de los extremistas en la CNT. Organizados en la FAI, se hicieron dueños de la
CNT.
Mientras que la CNT no quería saber nada de la política, por considerarla estéril,
y deseaba abolir el Estado en cuanto instrumento de tiranía y opresión, el primer
artículo del estatuto fundador del partido socialista español declaraba como
objetivo “la posesión del poder político por la clase trabajadora”.

El movimiento obrero estuvo siempre debilitado por culpa de la división, sobre


todo por el gran cisma entre los seguidores de Bakunin1 y los de Marx2

1 2

Las consecuencias de la rivalidad y de la división entre los dos grandes


movimientos obreros no pasaron desapercibidas a sus dirigentes y hubo algunos
intentos de unión. Pero las diferencias de temperamento y de organización eran
demasiado grandes para superarlas, a no ser con pactos ocasionales y frágiles. En
1936 la condición de la CNT para fusionarse con la UGT fue “la total supresión
del capitalismo y del Estado”; era algo que los socialistas que esperaban dominar
el Estado no podían concebir
Hay que mencionar además otros dos partidos obreros: los comunistas y el
POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista).
Ambos tenían escasa importancia en 1936, pero sus conflictos tendrían
consecuencias nefastas y precipitarían la crisis política más grave de la
República durante la Guerra Civil.
El POUM nunca fue un partido numeroso. Nunca logró formar un sindicato
propio y en octubre de 1934 carecía de fondos para pagar las llamadas
telefónicas que permitieran organizar la revolución. Por eso, sólo logró
imponerse en alianza con la CNT, aunque esta alianza presentó dificultades dado
que el líder del POUM criticaba la falta de disciplina marxista dentro de la CNT,
mientras que a ésta última le resultaba insoportable el rígido marxismo de la
primera.
Respecto al Partido Comunista cabe destacar que en 1931 era un partido
diminuto, carente de dirección, sin el menor contacto con la realidad política y
social. Tachaba a los políticos burgueses de la Segunda República y a sus aliados
socialistas de “socialfascistas”.
En vísperas de la Guerra Civil tenía quizá 30.000 miembros. Creció rápidamente
en la guerra, sobre todo en Cataluña, donde, poco antes de su estallido, se unió
con el PSOE catalán para formar el PSUC (Partido Socialista Unificado de
Cataluña). Si los socialistas creían que iban a absorber a los comunistas se
equivocaron, así pues, fue en Cataluña donde el enfrentamiento entre el POUM y
los comunistas se adquirió tonos más virulentos y en mayo de 1937 se
enfrentaron en las calles de Barcelona.

CONCLUSIÓN:

En definitiva, la Guerra Civil Española representó la última expresión de los intentos de


los elementos reaccionarios en la política española de aplastar cualquier reforma que
pudiera amenazar su privilegiada posición. En conclusión ésta fue la culminación de una
serie de accidentadas luchas entre las fuerzas de la reforma y las de la reacción que
dominaban la historia española desde 1808.
Aunque comparativamente con la Segunda Guerra Mundial o el conflicto de Vietnam la
Guerra Civil pueda parecer de escasa importancia, lo cierto es que ésta fue algo más que
una lucha entre extremos fanáticos de la izquierda y la derecha y una tercera España con
talante reconciliador, pues constituyó un triste ensayo para la conflagración mundial y,
especialmente pareció abrir las compuertas de una nueva y terrorífica forma de
enfrentamiento bélico, temido universalmente.

FUENTES DE INFORMACIÓN:

- La guerra civil española. Paul Preston


- La tragedia española. Raymond Carr.
- Libro de texto Historia contemporánea 2º Bachillerato.
- Biblioteca Encarta 2004.