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Declinación de la Calidad Política una Hipótesis Explicativa

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¿A qué se debe la creciente levedad de la política chilena? Antonio Cortés Terzi presenta una hipótesis sobre las causas de la disminución de la calidad de esa función tanto en quienes son sus actores como en quienes la piensan o analizan.
¿A qué se debe la creciente levedad de la política chilena? Antonio Cortés Terzi presenta una hipótesis sobre las causas de la disminución de la calidad de esa función tanto en quienes son sus actores como en quienes la piensan o analizan.

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Informe N° 596
Política Nacional
27/03/2007

Novedades
21/03/2007 Economía

Declinación de la Calidad Política: una Hipótesis Explicativa
Antonio Cortés Terzi Desde hace algunos meses, el escenario político que se devela a través de los medios de comunicación deja la sensación de estar caracterizado por conductas y rencillas de política menor, en momentos, hasta pedestres. Percepción que se forja no sólo por la relevancia que se les ha dado a temas efectivamente menores, sino también y sobre todo por las argumentaciones y lenguajes empleados en las polémicas, aun cuando éstas se refieran a tópicos de trascendencia. Argumentaciones y lenguajes que, en lo general, pueden calificarse de perogrullescos y maniqueos.

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Es sabido que los mass media no cubren la totalidad de los hechos y dinámicas políticas. Ergo, no dan cuenta cabal del conjunto de variables que componen el escenario político real. En lo sustantivo, lo que los mass media reflejan y construyen es, precisamente, el escenario político mediático que es sólo una parte del escenario total. Podría pensarse, en consecuencia, que sería injusto o sesgado juzgar la pol ítica en virt ud de su s man ifestacion es mediát icas. Algo de razón habría en ese argumento, pero muy poca. En primer lugar, porque es altamente indicativo de la calidad de la política la manera en que ésta se desenvuelve en el plano comunicacional, pues los propios actores políticos han definido ese plano como mecánica preferencial para relacionarse con la ciudadanía. Y en segundo lugar, porque un factor clave para medir la calidad de la política es el cómo ésta enfrenta la competencia que insoslayable y legítimamente se establece entre el espacio político y el espacio mediático. Competencia que se genera por ser ambos espacios de poder y que pugnan por imponer agendas, estilos y lógicas. Dicho brevemente: si bien la exposición mediática de la política no agota el quehacer integral de la política, lo que expone -aun sesgadamente- es un indicador gravitante de la calidad de la política. Por otra parte, si a la evaluación de la política se le agrega lo que ha estado aconteciendo en los últimos meses en los mundos y circuitos estrictamente políticos (partidos, parlamento, por ejemplo) y político-intelectuales (think tanks, analistas, comentaristas, por ejemplo), no mejora significativamente la imagen de la calidad de la política revelada por los mass media.

31/01/2007 Economía

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Ciertamente que hay excepciones y que Chile tiene una reserva gratificante en cuanto a calidad política y político-intelectual. Pero el asunto es que la media dominante en la política es su declinante densidad. Las reflexiones, discusiones y producciones político-intelectuales que a la postre circulan y "hacen agenda" han devenido en una suerte de letanía que reitera temas, argumentos y proposiciones ya gastadas y que no dan cuenta de la emergencia de nuevos fenómenos y conflictos - universales y nacionales-, fenómenos y conflictos que no sólo conforman los principales núcleos problemáticos para el desarrollo del país sino que, además, empiezan a sobredeterminar el tratamiento de los viejos temas todavía en debate. Pero el adelgazamiento de la calidad política no es una cuestión que se palpe sólo en el ámbito políticointelectual y discursivo. Es también tanto o más tangible en ciertas conductas prácticas que, a pesar de su escasa racionalidad y organicidad, logran protagonismo e irrumpen la marcha del mínimo de cordura histórico-proyectiva que debe subyacer en el acontecer político. Conductas prácticas como, por ejemplo, la exacerbada y prematura electoralización del escenario político, la sublimación de la lógica puramente electoral en los procesos de toma de decisiones, el "cainismo" desatado en algunos partidos y entre presidenciables, personalismos que rayan en la megalomanía y que, sin embargo, ponen en jaque a las instituciones y colectivos, la recurrente estructuración de grupos político-corporativos dentro de una misma cultura política, etc. Si bien, como se decía, el deterioro en la calidad de la política ha tenido expresiones muy visibles en los últimos meses, es un fenómeno que se arrastra desde hace mucho más tiempo y que resulta de la acumulación de situaciones y procesos originados en transformaciones modernizadoras y en algunas "atrofias" que se encarnan en las modernidades que viven países de desarrollo relativo, como Chile. En lo que sigue de este Informe se analiza una de esas situaciones que están interviniendo en la erosión del nivel de la política nacional, a saber, la que emana de la relación entre disminución de los alcances del poder de la esfera política y el deterioro de la calidad de la política. Y se ha seleccionado esa situación no sólo en virtud de su trascendencia dentro del fenómeno global, sino también porque es un tópico que ha recibido un tratamiento analítico menor al que su importancia requiere.

Factores Debilit an tes del P oder de la P olítica, de su s Inst ituciones y A ct ores

En las sociedades modernas, el espacio político o lo que podría acotarse como subestructura política, gravita menos en los procesos de toma de decisiones en comparación a la gravitación que tenía en sociedades "tradicionales" o no modernizadas y muchas de sus funciones también se han visto disminuidas en cuanto a peso social. Este fenómeno se debe a un primer factor -entre otros- bastante conocido: a transformaciones en el Estado y sus aparatos que han implicado el abandono de roles y una merma en la centralidad que ocupara en el pasado en el plano del poder. Todo lo cual está en estrecha relación con otro cambio, a saber, la instalación y despliegue en la sociedad civil de un número mayor de funciones con efectos sociales significativos y, por ende, de actividades y organismos que entran "espontáneamente" al proceso de toma de decisiones. 27/03/2007 ©2003 asuntospublicos.org

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Ahora bien, por causas históricas la política, sus instituciones y actores, en lo sustantivo, se estructuraron mental y prácticamente en virtud de sociedades organizadas en torno a un Estado tradicional, esto es, un Estado no sólo centralizador de las relaciones de poder, sino también extendido en espacios de la sociedad civil. En otras palabras, la matriz conceptual de la política chilena, los pilares de sus edificios institucionales y las lógicas conductuales de sus actores han sido fuertemente determinadas por la existencia de un Estado factótum y expandidamente omnipresente. En consecuencia, el grado de poder real de las instituciones y act ores polít icos se h a medido en referencia y en dependencia del poder del Estado.

Inadecuación de la Política

Las cambios en el Estado introducidos por las modernizaciones de toda índole que ha vivido el país y que han reconfigurado la dimensión del poder estatal y societario, no ha sido cabalmente absorbida por el campo de la política y, por ende, no se ha readecuado conceptual e integralmente, y las renovaciones parciales que muestra han sido, en gran medida, producto de imposiciones empíricas más que de procesos ordenados hacia un norte preciso y precedido de reflexiones conceptualizadoras del ser y deber ser de la política moderna. Tal es esta carencia en el campo político que el propio Estado continúa sufriendo el conflicto entre lo que fue y lo que debe ser, a la luz de su reconfiguración en materia de poder. De ahí que, después de lustros, el tema de la modernización del Estado continúe en el tapete y que aún no existan una o más concepciones sólidam ent e elaboradas acerca de l a m oderni zación est rict amen te pol íti ca del Est ado. De por sí, la disminución del poder del Estado conlleva a una disminución del poder de la subestructura política forjada bajo la impronta del poder político tradicional y que -como se dijo- estaba en estrecha dependencia del poder del Estado. Pero en el caso de las instituciones y actores políticos la pérdida de poder se amplifica por otras consecuencias del mismo fenómeno. En primer lugar, el retardo en asumir y adaptarse a las nuevas realidades en las que se desenvuelven les genera un cuadro impreciso en cuanto a la identificación de sus nuevos alcances y funciones. Y es obvio que una instancia de poder se debilita per se cuando sufre indefiniciones internas acerca de su identidad y funcionalidad. En segundo lugar, el deterioro objetivo de sus poderes y el escenario de imprecisiones en cuanto a nueva identidad y funcionalidad se traducen en tendencias que merman su legitimidad social, lo que, por supuesto, lesiona aún más la dimensión de sus poderes. En tercer lugar, la instalación y robustecimiento de poderes en la sociedad civil y que están fuera de la subestructura política inauguran o potencian nuevas formas de relaciones de poder y amplían el abanico de competencias políticas. Es decir, hoy el conflicto y la competencia política dominante no se dan sólo ni siempre entre instituciones y actores políticos reconocidos por la subestructura política. Al conflicto y competencia se incorporan "poderes extrainstitucionales" que existen y operan con independencia o autonomías relativas de los cuerpos que integran la subestructura política y que, no obstante, participan 27/03/2007 ©2003 asuntospublicos.org

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activamente no sólo de los grandes procesos de toma de decisiones sino también de los procesos de creación de opinión pública. Este cuadro -que forma parte de las identidades de las sociedades modernas- entraña, a su vez, un gran cambio en las relaciones de poder, pues la competencia entre los componentes de la subestructura política y los "poderes extrainstitucionales" tiene una doble dimensión: la natural y propia entre instancias de poder y la que se establece por la naturaleza distinta de ambos poderes (institucional e intrainstitucional). Esto es, en las sociedades modernas se agrega un tipo de rivalidad "no tradicional" entre cuerpos de poder y cuyo origen radica en el hecho en sí de la existencia de poderes institucionales y extrainstitucionales. Ahora bien, lo descrito deviene en un factor altamente corrosivo del poder de la subestructura política y de sus partes integrantes. De un lado, porque debe enfrentar contrapoderes que, estando fuera del ámbito político-institucional, opera o puede operar con recursos o mecánicas que no están contenidos en la subestructura política, haciendo prácticamente más evidente los límites de la esfera política. Y, de otro lado, porque la pugna entre ambos momentos necesariamente adquiere connotaciones de pugna por legitimidades y reconocimientos en cuanto a protagonismos en los procesos de toma de decisiones. El solo hecho que se plantee tal tipo de lucha es un menoscabo para el poder de la subestructura política.

Debilitamiento del Poder P olítico Tradicional y Deterioro en la Calidad P olítica

Sin duda que el menor peso de la política en general deviene en una de las principales matrices explicativas de la caída que se observa en la densidad de la política. Sin embargo, esa realidad por sí sola no tendría por qué conducir fatalmente a ese resultado. Lo que termina por configurar el cuadro explicativo son las reacciones que el fenómeno produce dentro del ámbito de la política y ent re sus actores. En tal sentido, habiendo una causa sobredeterminante (pérdida de poder de la esfera política tradicional), el adelgazamiento en la calidad de la política tiene variaciones explicativas que responden a las distintas reacciones que genera el fenómeno grueso o sobredeterminante. En seguida se puntualizan algunas de esas reacciones y sus nexos con la baja en la densidad de la política. 1. En muchos cuerpos y actores políticos todavía persisten altos grados de incomprensión y/o de escasa asimilación del fenómeno de marras. No obstante, resienten experimentalmente la pérdida de poder. Pero su negativa o incapacidad para reconocer la objetividad del hecho, los induce a explicaciones y conductas erróneas. De una parte, no ven el problema como efecto de los alcances menores que tiene la subestructura política, sino, fundamentalmente, como una suerte de conspiración fraguada desde los "poderes fácticos" para desprestigiar y deslegitimar el poder de la política, sin parar mientes que tanto los poderes fácticos como la competencia que éstos establecen con la esfera política forman parte, precisamente, de la realidad moderna en la que ha de desenvolverse la política. De otra parte y merced a esa "explicación", la actitud que domina en esos cuerpos y actores es genéricamente dicho- la de preocupaciones y defensas corporativas o semicorporativas, tras el afán de reivindicar sus prestigios y legitimidades. De ahí que uno de los signos de la política chilena actual sea la tendencia a la introversión y a la sublimación de lo comunicacional.

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Cuerpos y actores políticos se introvierten buscando fórmulas que renueven imágenes, discursos, estilos, etc. supuestamente dañados por la "conspiración" fáctica y que, también supuestamente, los dejen en mejor pie para las competencias mediáticas con los "fácticos" y, por supuesto, con sus respectivos rivales políticos tradicionales.

Fórmulas Riesgosas

Bajo esta línea reactiva quienes la siguen se encuentran con tres dramas. Primero, abandonan los principales caminos a través de los cuales podrían tocar el asunto de fondo, esto es, el deterioro del poder de la política. Uno de los cuales es ir a buscar poder en donde el poder tradicional se ha diluido, a saber, la sociedad civil. Y el otro es el de la simple readecuación de las instancias y actores para hacer el mejor uso posible de ese objetivadamente menor poder con el que cuentan. Segundo, las preferencias por las renovaciones con fines mediáticos los van encerrando en contradicciones, puesto que con esos énfasis corren el riesgo de mermar más su poder real. De un lado, porque si lo que se persigue es popularidad, fácilmente puede caerse en un juego discursivo y gestual que redunda en expresiones de baja calidad política. Y de otro, porque se entra de lleno en el "campo de batalla" que mejor conoce uno de los "adversarios" fácticos, los mass media, pero además, porque se está operando con un recurso de poder que no le es propio, que lo controla, ni más ni menos, un "adversario". Por cierto que aquello no garantiza poder real y sí reproduce polít ica en códigos puramente mediát icos. Tercero, la introversión autodefensiva -y un tanto paranoica- que conduce a una compulsiva e inacabable indagación y revisión internista de las formas y relaciones que rigen en las instancias políticas y que serían causantes -según la visión analizada- del debilitamiento en prestigio y legitimidad por su ineficacia para enfrentar las competencias con los "poderes fácticos", insoslayablemente produce cuadros que bien podrían describirse como de "corporativismo político", en el sentido de que la política es pensada, esencialmente, en perspectiva y en función del aparato político que se trate. Por supuesto que ello da lugar a la presencia de una política empequeñecida. No sólo porque el objeto de la política es pequeño sino porque todo el pensar y actuar de la política tiende a girar en torno a ese objeto. 2. Al revés de lo señalado en el punto anterior, existe otro conjunto de actores que han percibido el menoscabo del poder político -por ende de su propio poder- y lo han absorbido como un dato dado e inmutable. Para los propósitos de este Informe, poco importan las maduraciones intelectuales que cada quien -dentro de este conjunto- ha hecho del asunto. Cabe la sospecha que en muchos casos la percepción raya en la inconciencia. Sí importa dejar sentado que, en su mayoría, estos actores guardan silencio sobre sus apreciaciones o las hablan en sordina. Es obvio que una mirada tal sobre el poder de la política -proviniendo de un actor de ella y que además la vivencia- no es el mejor aliciente para esforzarse por su calidad. Pero el asunto es todavía peor si se tiene en cuenta que lo normal es que ese tipo de mirada o percepción se ha forjado en el actor ya instalado en el ejercicio práctico de la política y no antes que se decidiera a desarrollar esa actividad. Se puede presumir, en consecuencia, que el "descubrimiento" de la disminución de la gravitación de la política entrañe niveles de frustración entre quienes arriban a ese "descubrimiento" y que, por lo mismo, sientan debilitarse su vocación política inicial. 27/03/2007 ©2003 asuntospublicos.org

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Ahora bien, de este estado de cosas surge una atmósfera que propende a dos efectos que dañan la calidad de la política: - Desalienta la profesionalización y tecnificación del actor político y rutinizan o "burocratizan" su accionar, lo que contraviene demandas de la política moderna. - Estimula al actor para buscar compensaciones a su menor poder real en los rituales y pompas del poder, en la popularidad mediática, en nexos instrumentales con otras esferas, etc. Es decir, tiende a extremar el valor de los satisfactores subjetivos de la política.

Los Malos Efectos de los Poderes Fácticos

3. Una última reacción de los actores políticos a destacar frente a la disminución del poder de la esfera política, tiene que ver con otra situación que acompaña este fenómeno y que se menciona más arriba: la emergencia -en sociedades modernas o en etapas de modernización- de poderes en la sociedad civil (llamados "fácticos" o "extrainstitucionales") que se incorporan factualmente y con influencia considerable a los procesos de toma de decisiones. La aparición y desarrollo de ese tipo de poderes y su integración al sistema de poder genera lo que un autor ha llamado "circuitos extrainstitucionales de poder", es decir, circuitos de toma de decisiones compuestos por poderes formales e informales y que si bien no son institucionales tampoco son ilegales. Tal vez, esta realidad moderna sea una de las más decisivas a la hora de explicarse las mermas en el poder de la subestructura política. Ahora bien, estos "circuitos extrainstitucionales" producen, entre otros muchos efectos, no sólo el debilitamiento de poderes institucionales, sino también el desplazamiento de instancias y actores políticos de los epicentros de los sistemas de toma de decisiones. Produce, en otras palabras, una suerte de política, de instancias y actores políticos "subalternos" o "marginales" que se mueven por los carriles menores del poder y en los lindes del proceso real de toma de decisiones. De aquí surgen tres consecuencias negativas para la calidad de la política. - Los "circuitos extrainstitucionales" -en los que participan, hay que insistir, tanto actores "fácticos" como institucionales- tienden a la relativa despolitización de los procesos de toma de decisiones, toda vez que funcionan sin debate público y, normalmente, para resolver problemas acotados, aunque con irradiaciones hacia la vida social. - El fenómeno en cuestión introduce un nuevo tipo de escisión y pugna al interior de la subestructura política, al dividirla entre los agentes que militan en el circuito y los que son excluidos. Y como esa escisión se da, en lo sustantivo, factual e implícitamente, los conflictos que encierra se expresan de manera confusa, recriminatoria y a través de pequeñas maniobras copulares. O sea, sin debate público de ideas. - Las instancias y actores marginados (que no son pocos), por su parte, no siempre concientes de su situación, pero sí con la percepción de no saber en dónde está el poder real, reaccionan o bien con

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escepticismo y frustración o bien con una rebeldía exacerbada que manifiestan, fundamentalmente, por medio de un criticismo radical, poco reflexivo y virtualmente intraducible a práctica política. En conclusión, el deterioro en la calidad de la política nacional tiene, entre otras, dos razones "estructurales" entrelazadas: de una parte, el objetivado proceso de disminución del poder de la subestructura política y la falta de asimilación de tal fenómeno por buena parte de la "clase política", lo que la induce a reacciones inadecuadas. La superación de este estado de cosas, en consecuencia, es tarea de largo aliento. Principalmente, porque los actores políticos van a tardar mucho en asumir las nuevas estructuraciones de las relaciones de poder y van a tardar tanto más en descubrir y renovar mecánicas que conecten la subestructura política con las nuevas realidades que rigen las relaciones de poder.

Antonio Cortés Terzi: sociólogo y Director del Centro de Estudios Avance

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