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Espiritualidad de Leonardo Bofff

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Extret del llibre de Leonardo Boff

Espiritualidad, un camino de transformación. Sal térrea, 2001.

CAP. 2 ESPIRITUALIDAD. LA TRANSFORMACIÓN INTERIOR
AHORA podemos hacer ya directamente la pregunta: ¿qué es la espiritualidad? En cierta ocasión le hicieron esta pregunta al Dalai Lama, el cual dio una respuesta extremadamente sencilla: «La espiritualidad es aquello que produce en el ser humano una transformación interior». Alguien que no había entendido la respuesta hizo otra pregunta: - Pero si yo practico la religión y observo las tradiciones, ¿no es eso espiritualidad? Y el Dalai Lama respondió: - Puede que sea espiritualidad; pero si no produce en usted una transformación, entonces no es espiritualidad. Y añadió: - Una manta que no da calor deja de ser manta. Volvió a preguntar el otro: - ¿Pero la espiritualidad cambia o es siempre igual? Y el Dalai Lama repuso: - Como decían los antiguos, los tiempos cambian, y las personas con ellos. Lo que en otro tiempo fue espiritualidad no tiene por qué seguir siéndolo hoy. Lo que en general se llama «espiritualidad» no es mas que el recuerdo de antiguos caminos y métodos religiosos. Y concluyó: - El manta debe ser cortado para ajustarse a la persona; no es la persona la que debe ser cortada para ajustarse al manto. En mi opinión, lo que ante todo debemos retener de este pequeño dialogo con el Dalai Lama es que la espiritualidad es aquello que produce en nuestro interior una transformación. El ser humano es un ser de transformaciones, pues nunca esta acabado, sino que esta siempre haciéndose, física, psíquica, social y culturalmente. Pero hay transformaciones... y transformaciones. Hay transformaciones que no modifican nuestra estructura fundamental, si no que son transformaciones superficiales y exteriores, o meramente cuantitativas. Pero hay transformaciones que son interiores, que son verdaderas transformaciones alquímicas, capaces de dar un nuevo sentido a la vida o de abrir nuevos campos de experiencia y de profundidad rumbo al propio corazón y al misterio de todas las cosas. Y no es rara que tales transformaciones se produzcan en el ámbito de la religión. Pero no siempre es así. Hoy día, la singularidad de nuestro tiempo reside en el hecho de que la espiritualidad esta siendo descubierta como una dimensión profunda del ser humano, como el momento necesario para la plena eclosión de nuestra individuación y como espacio de paz en medio de los conflictos y desolaciones sociales y existenciales.

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Espiritualidad, un camino de transformación. Sal térrea, 2001.

CAP.3 DISTINCIÓN Y RELACIÓN ENTRE ESPIRITUALIDAD Y RELIGIÓN.
Por eso es importante introducir desde el principio una distinción -no se trata de separar, sino de distinguir- entre religión y espiritualidad. Algo que, por otra parte, hizo de un modo sumamente brillante el propio Dalai Lama en Una ética para el nuevo milenio, un libro que merece ser leído para clarificar la enorme confusión de ideas existente en tomo a los temas relacionados con la espiritualidad-religión, la ética y la moral. Muchas veces empleamos estos términos sin saber a ciencia cierta lo que significan. Y debo reconocer que nunca he visto a nadie abordar estos temas con tanta c1aridad y convicción como el Dalai Lama. Voy a permitirme citar un pasaje suyo que me dispensa de hacer una reflexión por mi cuenta, pues asumo plenamente la misma postura que él: «Considero que la religión esta relacionada con la creencia en el derecho a la salvación predicada por cualquier tradición de fe; una creencia que tiene como uno de sus principales aspectos la aceptación de alguna forma de realidad metafísica o sobrenatural, incluyendo posiblemente la idea de un paraíso o nirvana. Asociada a todo ello hay una serie de enseñanzas o dogmas religiosos, ritos, oraciones y cosas semejantes. Considero, por otra parte, que la espiritualidad esta relacionada con aquellas cualidades del espíritu humano -tales como el amor y la compasión, la paciencia y la tolerancia, la capacidad de perdonar, la alegría, las nociones de responsabilidad y de armonía ... - que proporcionan felicidad tanta a la propia persona como a los demás. Ritos y oración, así como nirvana y salvación, guardan una relación directa con la fe religiosa; pero aquellas cualidades interiores no tienen por qué guardar tal relación. No hay, pues, ninguna razón por la que un individuo no pueda desarrollarlas, incluso en un grado muy elevado, sin recurrir a sistema religiosa o metafísico alguno». Estas reflexiones son cristalinas, pues muestran con toda claridad la necesaria distinción entre religión y espiritualidad, las cuales, una vez distinguidas, pueden relacionarse entre sí y convivir sin que ninguna de ellas dependa necesariamente de la otra. He tenido el privilegio de poder escuchar en distintas partes del mundo a este maestro espiritual, y en tres ocasiones he participado con él en otros tantos debates. Y estos breves contactos me han hecho persuadirme de que nos hallamos ante una de las personas mas mesiánicas, en el mejor sentido de la palabra, de nuestros días. Son pocos los que poseen como el Dalai Lama el don de consolar a los afligidos, generar sentido para los desesperados y predicar la paz, fruto del dialogo entre las religiones, cual abrazo entre los pueblos, en orden a salvar a la humanidad como familia y garantizar un futuro para la Casa Común que es el planeta Tierra. Él recorre el mundo entero predicando este evangelio. En una conversación informal que mantuvimos en Berlín, el Dalai Lama me decía: 2

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Espiritualidad, un camino de transformación. Sal térrea, 2001.
«Creo que los tibetanos que vivimos en el exilio, tras haber sido arrojados de nuestra patria, estamos realizando la misma vocación de los judíos cuando perdieron su tierra y fueron deportados al exilio en Babilonia. Aquella fue para ellos la ocasión propicia para reunir las tradiciones con el fin de mantener la cohesión entre ellos, escribir las escrituras sagradas y difundir entre los pueblos el monoteísmo, es decir, la creencia en el Dios única y, por consiguiente, Dios de todos los pueblos». Y aún afirmó algo mas: «Tal vez el sentido espiritual de nuestro exilio sea el de obligarnos a recorrer el mundo para hablar de espiritualidad, de paz entre los pueblos, de dialogo entre las religiones. Y es precisamente esta lo que estamos haciendo con todo nuestro empeño y con una gran humildad». Yo creo que el Dalai Lama, mas que cualesquiera otros líderes espirituales, realiza esta misión sin grandes alardes y con mucho humor, pero al mismo tiempo con un lenguaje que nace del fondo del corazón y que, por eso mismo, es profundamente verdadero, conmovedor y convincente. Así pues, la primera distinción que hay que hacer es entre religión y espiritualidad. Sin ella no podremos recuperar la debida relevancia de la espiritualidad para nuestros días, marcados por el modo secular de ver el mundo y por el redescubrimiento de la misteriosa complejidad de la subjetividad humana. Nosotros conocemos nuestras religiones, porque, tal como sucede con el lenguaje, nos habituamos a ellas, que son unos constructos culturales realmente grandiosos, ante todo porque toda religión promete salvación al ser humano, defiende la vida y nos abre a la eternidad; pero, además, porque muestra el camino para llegar a esa eternidad, que no es otro que el camino de la recta doctrina y la rectitud de vida. De este modo, las religiones proporcionan una visión sobre Dios, sobre el cielo, sobre quién es el ser humano y sobre lo que éste debe hacer en el mundo. Las religiones elaboran doctrinas y señalan caminos hacia la luz. Pero las religiones no se limitan a predicar teorías, sino que insisten también en la práctica. Las religiones son una fuente de ética, es decir, de comportamientos. En el caso del cristianismo, concretamente, son los comportamientos, en definitiva, los que salvan. No la teoría, sino la práctica. Y lo mismo ocurre en el budismo. En Una ética para el nuevo milenio, el Dalai Lama repite una y otra vez que las religiones únicamente salvan, permitiendo el acceso al nirvana y la transfiguración de las personas, si consiguen transformar la recta visión del mundo en una practica profundamente coherente, en «amorosidad» para con los demás, en compasión para con quienes sufren, en sentido de responsabilidad por los semejantes y en una vida de desprendimiento que nos capacite para abrimos acogedoramente a todo cuanto nos llega de la realidad. Si logramos desarrollar esta practica, entonces seremos capaces de construir un camino que llevara inexorablemente a lo que es el cielo, el nirvana, la suprema realización del ser humano. En sus propias palabras, «el objetivo de la practica espiritual y, consiguientemente, de la 3

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Espiritualidad, un camino de transformación. Sal térrea, 2001.
practica ética es transformar y perfeccionar el estado general del corazón y de la mente (kun long, que nosotros traduciríamos por "actitud fundamental"). De este modo nos hacemos mejores personas». Las religiones construyen edificios teóricos (las doctrinas), practicos (las morales) y festivo-simbólicos (las liturgias y los ritos). Pero construye también edificios artísticos, grandes templos y catedrales. Fijémonos en los fantásticos templos erigidos por el hinduismo en la India, o en las grandes catedrales medievales, verdaderas sumas teológicas» hechas de piedra y vidrieras. A través del arte en general, de la música sacra y de las artes plásticas, las religiones nos han elevado hacia Dios. Siempre hubo un matrimonio fiel y feliz entre arte y religión. Leonardo Boff

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