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‘TOMO XXXV ENERO -MARZO 1983 N° 87 es: Andrés A. Aramburd Menchaca Jorge Fernandes Stoll Arturo Garcia y Garcia Edwin Letts Sanchez Roberto Mac Lean Ugarteche Victor G. Proatie Corea Fernando Schwalb Lopez Ajdana { MIEMBRO HONORARIO José Luis Bustamante y Rivero MIEMBROS TITULARES Alzamora Traverso, Catlos Aramburli Menchaca, Andrés A. Arias Schreiber Pezet, Alfonso Bakula Patino, Juan Miguel Belaunde Moreyra, Antonio Calle y Calle, Juan Tost DeBakey, Delia Revoredo de Deustua Arrospide, Alejandro Ego-Aguirre Alvatez, Julio Fernandez Puyo, Gonzalo Fernandez Stoll, Jorge Ferrero Costa, Eduardo Gamio Palacio, Fernando Gatcia Calderon Koechlin, Menuet Gareia y Garcia, Arturo Garcia Montafar, Guillermo Hooper Lopez, René MIEMBROS CORRESPONDIENTES: Furnish, Dale Beck Galer, Julio Jimenez Veiga, Danilo Mackelt, Tatiana B. de MIEMBROS ASOCIADOS Althaus Guarderas, Miguel Alzamora Valdez, Mario Arzubiaga Rospigiios!, Augusto Caceres Enriquez, Jaime Couturier Mariategui,Fernan Danino Zapata, Rob-sto Delgado Aparicio’ ais Encinas dei Par 1, José Antonio. Espinoza Sa@Gaha, José J Femandes de Paredes C., Enrique Garlanw’ Counbe, Juan Guin Sidas, Fernando Leima Villena, Guillermo Loze4a Tamayo, Samuel Liina Mendoza, Ricardo Mac Lean Urziia, Alberto Marchand Stens, Luis Hoyos Osores, Guillermo Leon Barandiaran, Toss Letts Sanchez, Edwin Llosa Gonzales Pavon, Luis B. Llosa Pautrat, Jorge Mac Lean Ugarteche, Roberto Miré Quesada Sosa, Aurelio Morelli Pando, Jorge Pérez de Cuéllar, Javier Proaiio Correa, Victor Puente Radbill, José de la Romero Padilla, Emilio Schwalb Lopez Aldana, Fernando Soto de ta Jara, Alberto Ugarte del Pino, Juan Vicente Ulloa, Bolivar Wagner de Reyna, Alberto Wieland Alzamora, Hubert Wolff, Francis Zanotti, Isidore: Zuleta, Bernatdo Maridtegai Arellano, Jost Carlos Madrtua de Romafia, Oscar Morelli Pando, Aupusto {} sterl ng Parodi, Felipe Pareja Piz Seldan, José Fiérola Ibalta, Nicolas de Ramrs Suero, Alfredo Ruir P)dredge, Alberto San Mittin Caro, Alejandro So’an Tudela, Luis Srsa Voysest, Claudio Soto Polar, Alvaro de Teniple Aguilar, Hila Dumbar Townsend Ezcurra, Andrés Tudela Barreda, Felipe Ulloa Elias, Manuel Vasquez Salas, Jorge Villaran Koechlin, Roberto SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL Tomo XXXV _ Enero - Marzo - No. 87 REVISTA PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL ORGANO DE LA SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL e COMISION DE LA REVISTA Luis Alvarado Garrido Jorge Fernandez Stoll Manuel Garcia Calderon K. Roberto Mac Lean Ugarteche Victor G, Proafio Correa SUMARIO — La Problemdtica Antértica y la Adhesion del Peru al Tratado de Washington.— Jorge A. Colunge Villacorta.. 2... ...000000008 a - El Problema de los Reclamos Territoriales y el Sistema Antartico.— Reger Saar SI co score mre cemorses cose em camsmnnert tira ese mem im eh Bryon essen tire 29 Antartica Ano 2000. Nuevas Perspectivas Politicas » Juridicas.— Oscar Pinochet de la Barra 2... ee ee 45 - Acuerdos de Cooperacién Amazonica y sus Proyeceiones.— Pedro Reals muiy Bigenie: RASe eee ana ewe eee shane emer 61 - Los Principios Generales y la Unidad del Derecho, Parte 4.— Antonio Beladnde Moreyrais bib hiouteiaw are. mean ny Soca eget 89 CRONICA: NO-AL,— Séptima Conferencia de Jefes de Estado 0 de Gobierno de los Paises No Alineados.— Discurso del Dr. Javier Alva Orlandini CNwevaDelhd, ide TOSS) le eee eyes eee eee mie encone 107 ONU.— Plan de Paz para Centroamérica presentado por el Peril en Naciones Unidas.— Discurso del Embajador Celso Pastor de la Torre en la 2426a. sesign del Consejo de Seguridad .......... 0.2.5.4. EVI CONVENIOS: PERE ORM ORSOOEE gigi ae na DEORE aur yy eae seal Sar 121 Nota: BiGtlograteas5:6:55) 5) Rea ONE a aes 129 LIMA - PERU OF eee La responsabilidad de las ideas y opiniones sustentadas en los articulos, discursos y notas co- Tresponde exclusivamente a sus autores. LA COMISION LA PROBLEMATICA ANTARTIDA Y LA ADHESION DEL PERU AL TRATADO DE WASHINGTON por Jorge A. Colunge Villacorta La adhesion del Pera al tratado de Washington de 1959, en abril de 1981, concité un vivo interés en diversos medios. Por ello parece necesario una sintesis del problema antartico que permita vislumbrar las ventajas de la accion peruana dentro del complejo panorama sobre la que ella se perfila. 1. LA ANTARTIDA Y LA SOBERANIA DE LOS ESTADOS. Presentacion inicial.- La region de la Antartida abarca una superficie de 14 millones de kilometros cuadrados (sin las barras de hielo alcanza 13.176,727) y sobre partes de ella va- rios paises han reclamado, por distintintos motivos 0 razones (y por ende con fundamentaciones variadas) soberania plena. Entre los paises americanos s6lo lo han hecho Argentina y Chile. Las diferencias de fundamentacién de los paises interesados son argumenta- das, basicamente, en funcién de lo que consideran son los modos de adquisicion del dominio, aspecto fundamental que se comenta en forma separada en el pre- sente articulo. 2.- LA ANTARTIDA Y EL TRATADO DE WASHINGTON. Después de concluida la lamada “era de los descubrimientos”, el interés so- bre la Antértida se centra basicamente en funcién de las posibilidades que ofrece como zona bajo utilidad estratégica (abrié nuevas dimensiones a la navegacion maritima y aérea, principalmente). De ahi que los reclamos y protestas entre las naciones interesadas menudearon después de 1920; pero, luego de que cientifi- cos € investigadores dieron a conocer el resultado de sus trabajos (la Antartida es un emporio de riqueza: uranio, petréleo, oro, plata, y demas metales codiciados) las actividades de las naciones en pos de una consagracién de sus pretensiones se intensificaron. De este modo, se gestaba ya una atmosfera riesgosa en vista de los variados intereses convergentes 0 contrarios, y a la vez superpuestos sobre esta region, cuando se convoca en Washington, a guisa de paliativo, la Conferen- cia de la Antértida en 1959 con la participacion de los siguientes paises: Argen- tina, Australia, Bélgica, Chile, Francia, Japon, Nueva Zelandia, Noruega, Africa del Sur, URSS, Inglaterra y Estados Unidos, En esta ocasion se suscribe el Tra- tado Antértico. cs De este documento cabe relievar: a) Las partes reconocen ser de interés de toda la humanidad que la Antartida sea utilizada exclusivamente para fines pacificos y no Ilegue a ser escenario u objeto de disputa internacional. b) El funcionamiento del tratado se revisara en 1989 (a pedido de cualquier parte), por lo que diversos estudiosos interpretan esta fecha como término de vigencia previsible, c) Asi, hasta 1989 ningan acto o actividad que se lleve a cabo mientras este tra- tado se halle en vigencia constituira fundamento para hacer valer, apoyar o negar, una reclamacién de soberania territorial en la Antartida, ni para crear derechos de soberania en esta region, d) Ninguna clausula del tratado debera interpretarse como renuncia de dere- chos o reclamaciones territoriales (de las partes) que se hubiere hecho valer precedentemente a él, e) Cualquier miembro de la ONU puede adherirse al tratado. 2.1 ASPECTO COMUN O COINCIDENCIA DE LOS FIRMANTES DEL TRATADO. Los Estados firmantes, atin cuando entre algunos de ellos no estan delimita- das con precision sus parcelas, o las mismas se superponen entre si (justamente en virtud de la heterogencidad de la fundamentacion de sus derechos 0 aspiracio- nes), tienen un elemento comin, tal es el haber hecho accionar su pretendido de- recho ya sea a través de una proclamaci6n oficial o mediante la ocupacion fisica permanente de su territorio, o la combinacion de ambos factores. 2.2 DIVERGENCIAS DE LOS FIRMANTES. Como ya se ha expresado, las divergencias entre los firmantes radican en la fundamentacion de sus derechos. Asi, por ejemplo, mientras Estados Unidos sostiene el derecho del descubrimiento seguido de ocupacion permanente como unico titulo valido, Argentina y Chile fundamentan su posicion en la aproxima- cién fisica del Continente Antartico. Sin embargo, desde el punto de vista doc- trinario, en la posicién chilena se observa una particularidad especial: considera que la aproximacion se ve desprendida del hecho cientifico y objetivo que re- marca la continuidad de la montafa de los andes en territories helados. Ello conlleva a que: a) En la relacién estrictamente bilateral de ambos Estados sobre la delimitacion antartica afloren las discrepancias, pues Chile reivindica zonas que Argentina también las reclama, Ast, el tratadista argentino Juan Carlos Puig, (1), en la pagi- (1) Juan Carlos Puig, ex-Ministro de Relaciones Exteriores. “La Antértida Argentina ante el Derecho”. Editorial R Depalma, 1960. na 162 y siguientes de su libro sobre la materia bajo el subtitulo de “Pretensio- nes Chilenas sobre el sector antartico argentino” expone las diferencias en fun- cién del Decreto Supremo chileno No. 1747, de 1940, que fija los limites de ese pais en virtud de numerosos estudios. b) Pero en la relacion de Chile y Argentina con terceros no-firmantes (por ejemplo Brasil, cuando extraoficialmente sefialé su interés por la antértida anun- ciando una expedicién cientifi esa region), ambos paises se proyectan uni- dos, como es el caso de la Declaracién de 1974, a nivel de Cancilleres, en que ex- presan “que es preocupacion primordial de sus respectivos Gobiernos la obser- vancia de las disposiciones del Tratado Antartico”, seflalando que “todos los Es- tados que realicen actividades en la Antartida deben estar ligados por las mismas normas juridicas”, y agregando que ambos pa(ses actuarén “de comin acuerdo en la proteccion y defensa juridica de tales derechos. .. y asimismo a la salve- guardia de sus respectivos intereses en la Antartida, especialmente en lo relativo a la exploracion y eventual explotacién comercial de los recursos naturales antar- ticos. En realidad esta es la tonica politica de los firmantes: divergencias entre ellos (en espera de 1989 para revitalizar la basqueda de acuerdos de solucién), pero unién entre ellos, a través del espiritu del Tratado, frente a terceros. 3... EL DERECHO FRENTE A LA ANTARTIDA: ORIGEN DE LAS DIVERGENCIAS. Conforme se ha adelantado en parrafos anteriores, los Estados interesados en afirmar sus dominios en la regién antartida lo hacen apoyando sus aspirai nes en titulos de los que, segun sus criterios, emerge el derecho invocado que ex- cluye a terceros, Un anilisis de esta cuestion jurfdica, aun cuando fuere de modo suscinto y a mariera de resefia, nos lle examinar, en primer término, la aplicacién del d recho al caso de la adquisicion del dominio sobre tierras sin duefio, es decir, tierras “res nullius". La consideracién de tierras “res nullius”, por tanto (en vis- ta de la imposibilidad de alegar hoy en dia tal condicién de tierras), nos obliga a examinar aquello que fue consagrado por el derecho internacional clésico sobre ei particular. Dos elementos entraban en juego para establecer el dominio de las cosas: uno de orden psicoldgico, el animus sibi habendi (o simplemente animus), que es la intencién;y el otro de orden material, el corpus, que es la posesion definida. El animus, materializado como la voluntad (emanada o con fundamento en la soberania de un Estado) de excluir a terceros de determinada zona, si es con- siderado aisladamente carece de sustento juridico; en realidad no puede producir efectos si no va acompafiado del segundo elemento: el corpus, Por tanto, la ad- quisicion de un io requiere de “la intencién de actuar en calidad de sobe- Yano y una manifestacion o un ejercicio efectivo de esta autoridad”, conforme fue determinado por el Tribunal Permanente de Justicia Internacional (2). Visualizado el elemento animus y establecida su dependencia respecto del corpus, conviene por lo menos detenerse algo para precisar este segundo clemen- to. Mucho se ha discutido sobre la esencia del corpus. Hay quicnes sostienen que Ja posesin, como tal, debe ser real (3) y total; es decir molecular. Pero esta wikis se deteriora cuando se lleva su concepcion al campo del andlisis de Ia sobe- tania, por ejemplo, del mar territorial; haciéndose mas aceptable —por esta difi- cultad- la flexibilidad de este concepto. Ya en 1888 el Instituto de Derecho In- ternacional (Lausana) decia lo siguiente acerca de Ja ocupacion de territorios: “La toma de posesion se realiza mediante la instauracion de un poder local res- ponsable, dotado de medios suficientes para mantencr el orden y aseguray el eler- ae regular de su autoridad dentro de los limites del territorio ocupado". Este criterio modifica sustancialmente el concepto tradicional. Resulta asi que la presencia del poder se torna en factor previo y determi- nante para dar validez a la ocupacion. Ahora bien, si se acepta esta reflexion, quienes arguyen la imposibilidad de ‘extender la soberania a zonas polares por las condiciones fisicas de las mismas, tendrian poco sustento en sus afirmaciones, Sin embargo, conviene relievat que Eutatlos Unidos ha sostenido en varias ocasiones la tesis de que la ocupacién re gular de los territorios antarticos exige un establecimienio con poblacion per- manente. Se constata, entonces, que hay una contradiccién de criterios. Ver cual de ellos hha concitado mayor acogida es un ejercicio que, entonces, se impone como imprescindible: - A propésito de la isla Trinidad, que estuvo mayormente desierta, pero so- bre la cual entre 1825 y 1894 el Brasil ejercié jurisdiccién en forma intermitente, el Ministerio de Relaciones Exteriores ‘de este pais en una nota cursada a Gran Bretafia el 7 de enero de 1895 (4) decia: «+... Ja ausencia completa de habitantes puede provenir de diferentes cau- (2). Sentencia niirnero 43 de 5 de abril de 1933 sobre la cuestion de Groenlandia Oriental. (3) En su acepcién material y Fisica. (4) Accioly, Hildebrando, Traite de droit internacional public, 1942, T. !l pag. 199. sas. Una de ellas es fa incapacidad absoluta o relativa para la residencia perma- nente. Esta incapacidad, accidente natural, independiente de la voluntad de la propietaria, no priva a ésta de su soberania"’. - Un fallo arbitral (del Rey de Italia, el 28 de enero de 1931) reconocid que una isla sin poblacion puede estar a disposicién absoluta de un Estado. Es posible advertir que numerosos autores recogen muchos casos que acu- san una direccionalidad similar a los dos ejemplos citados a guisa de lo que, bien se podria llamar, jurisprudencia y doctrina internacional. Sin embargo, estos simples ejemplos permiten deducir, como lo hace el profesor Gilbert Gidel (5), que “la idea de que la soberania del Estado sobre un territorio no puede adqui- Tirse Sino por mediacion de los stbditos de ese Fstado no puede ser aceptada como parte integrante de las concepciones juridicas actualmente validas’. De cualquier manera en la Antartida se hace dificil e] establecimiento de poblaciones de subditos de potencias, por lo cual el descubrimiento es esgrimido, también, como fundamento de pretensiones. Pero, en todo caso, ni todos los Estados que han hecho descubrimientos participan de esta tesis. Uno de ellos, Estados Uni- dos (respecto a un espacio descubierto por el americano Wilkes en 1840), hizo una declaracion en 1924 a través del Departamento de Estado, que dice: “Fl Departamento mantiene que el descubrimiento de una tierra desconocida para el mundo civilizado no es suficiente para fundamentat una pretension de sobera- nia, aan cuando esté acompafiado de una toma de posesién formal, salvo que el descubrimiento haya sido seguido de un establecimiento efectivo. . .””, citando a continuaciOon una serie de territorios antarticos descubiertos por Nueva Zelan- dia (Ross), Gran Bretafia (Falkland), que no tienen poblacién permanente por lo que, concluye, no reconoce a los mismos como parte integrante de la sobera- nia de algun Estado. Se advierte pues que la pugna de tesis es un hecho hasta hoy no deslindado, aun cuando la posicién americana es considerada por Cidel “‘excesiva y carente de fundamento’”’. El suscrito no conoce que esta posicion de Estados Unidos haya sufrido al- guna variacion en la actualidad, motivo por el cual la misma debera hacerse pre- sente —puede suponerse— en el desarrollo de esta problematica después de 1989 si se decide revisar el Tratado de Washington. Teniendo presente lo anterior, cabe entonces comentar algo mas sobre la te- sis que parece mas favorable en su aceptaciOn, es decir, aquella que argumentan los Estados para apoyar sus reivindicaciones efectivas en la Antartida, en Ja que el corpus estatia representado por actividades desplegadas. Estas son de tres ti- pos: actividades de control, actividades de explotacion y actividades cientificas. (5) Gidel, Gilbert. Aspectos juridicos de la lucha por la Antgrtida. 1951. La primera (control) es descrita asf por el americano Cheney (6): “Desde un punto de apoyo cuyo emplazamiento ha sido cuidadosamente elegido, puede el Estado ejercitar regularmente el control civil 0 administrative de una amplia superficie todavia no poblada ... esta conducta (adaptada a las condiciones po- lares) ofrece una base razonable para una pretensin de soberan{a”. En este punto creo Sonveniente hacer una pausa para subrayar que es la acti- vidad de control la que ha servido (entre otras) como base a la institucibn de las aguas jurisdiccionales, siendo por tanto preciso recordar que el sistema de con- trol se ha desplegado en la Antartida sobre actividades de pesca (ballena princi- palmente) llegando Gran Bretafia, inclusive, a expedir licencias desde 1903, dere- cho que el Peri ha recogido dentro de sus actividades de cautela referida a sus aguas jurisdiccionales de 200 millas. La mayoria de tratadistas, concediéndole un menor grado de contundencia, apuntan también a las actividades cientificas como expresion de efectividad. Las mismas adoptan variadas formas: las exploraciones, por ejemplo, Pero el caréc- ter discontinuio de las mismas las hacen fragiles ante las exigencias del derecho. Por lo menos esto sostuvo Argentina (iinico pais que tiene actividades cientificas ininterrumpidas desde épocas remotas) frente a Chile (7), que, por otro lado, destaca sus actividades econdmicas (explotacién) y actividades administrativas como formas de efectividad exigidas por e| derecho internacional, Como se podré advertir, las invocaciones de efectividad en apoyo de preten- siones, tampoco son muy claras. Y de ello habrian tomado conciencia las poten- cias interesadas, pues no han mantenido, de modo uniforme y coherente, tales manifestaciones en sus disputas. Es por ello que, tal vez, la mayoria de los Esta- dos tratan de encontrar por otros caminos la fundamentacién de sus pretensio- nes. Normalmente las buscan en dos direcciones: unos se remontan al pasado, magnificando el descubrimiento y la ocupacién simbélica; y otros han acudido a una teoria nueva (la del sector) para diluir el cumplimiento del derecho comin: la efectividad, que, como se sefialé, es de diffcil demostracion. , El descubrimiento, de por si, nunca ha sido considerado como proveedor de derecho. Ya Victoria, y también Grotio (en su De Marem Liberum, Capitulo II), Jo rechazaron. Inglaterra que parte del descubrimiento para fundamentar sus re- clamaciones, ha tratado de revitalizar este elemento calificandolo como un “in- choate title”, es decir, un principio de titulo o un titulo en embridn, a partir del cual invoca a su favor todos los territorios descubiertos por ingleses (el $0 por ciento de los descubrimientos antes de la | Gran Guerra fueron llevados a cabo por ingleses), Sobre el particular va se dio cuenta de que el primer objetante es (6) Cheney, Charles. International Law. Pag. 298. (7) Nota de 12 de noviembre'de 1940 respecto a territorios disputados en las Orcadas de! Sur. Estados Unidos, cuyo Secretario de Estado Hughes suscribid una nota en 1924 dirigida a Noruega con el siguiente texto: “Si un explorador es hoy capaz de probar la existencia de territorios desconocides por la civilizacion, el acto del descubrimiento, acompafado de una toma de posesién formal, careceria de si nificacion a menos que anuncie que se habia realizado un establecimiento.”” La teoria del Sector —en la cual se refugian directa o indirectamente muchas pretensiones— merece, por tanto, una breve resefia. E] origen del sistema se encuentra en un discurso pronunciado en Canada, el 20 de febrero de 1907, por un senador de esa nacionalidad. Solicitaba en su po- nencia el parlamentario que el Canada debe “hacer una declaracion formal de po- sesion de las tierras situadas al norte del Dominio, que se extiendan hasta el Polo Norte”. Afios mas tarde la tesis alcanzaba difusion luego de los estudios del te- rico soviético Lakhtine, quien preconiza su adopcién (en realidad en zonas del polo norte) desarrollando su alcance con la denominacién de “‘sectores de in- fluencia geografica y econdmica". Fl enunciado general comporta, a posteriori, matices de interpretacion que varian desde los mas rigidos como el sosienido por el chileno Pinochet de la Barra, hasta otros que buscan la combinacién del mis- mo con la posicién que funda la soberania sobre un territorio a través del descu- brimiento. Al respecto, dice Pinochet de la Barra: “La labor de colonizacién rea- lizada fuera del sector propio del Fstado no le confiere la soberania’’. (8). Pues bien, dentro de la teoria de los sectores, o bajo el manto de ella, pero sin mencionarla por su nombre, chilenos y argentinos se debaten en fundamentar los conceptos de ‘‘continuidad” y “contigitidad”. Los chilenos nos hablan de la similitud geografica entre la tierra de Graham y la Patagonia, citando declaracio- nes de gedlogos y gedgrafos, pero la ampliacién de estos conceptos conducen, indefectiblemente, al retorno dei derecho natural: la teoria de las fronteras na- turales, Pero también sobre estas nuevas concepciones Estados Unidos se mantiene hostil. Su Secretario de Marina Adams (9) en 1929, encuentra cuatro peligros en la teoria de los sectores: 1o. concluye con una division arbitraria de gran parte del mundo; 20. carece de justificacién en el derecho internacional; 30. viola la costumbre de establecer la soberania territorial mediante el descubrimiento (y establecimiento permanente) y 40, supone una infraccion a la libertad de los mares. Por diltimo y tal como se mencionara més adelante, el derecho moderno que tiende a captar factores éticos como la solidaridad, la justicia social y econdmica (8) Pinochet de la Barra, Oscar. La Antértida Chilens o territorio chileno antértico. 1944, (9) Gidel. Op. cit. pig. 92. internacional, y factores técnico-ciéntificos como la previsién del futuro econd- mico, viene implantando las nociones de condominio plural y patrimonio comin de la huranidad, tesis que dan lugar a una nueva y més sdlida teorfa, sobre cuyo ‘amplio contenido queda cubierta la Antartida, del mismo modo como, por ejem-, plo, se viene trabajando (y con cierto avance positivo) en las cuestiones de los lamados mares profundos, Tales serfan los aspectos mas relievantes que, desde el punto de vista juridi- co-histérico, merecerian una especial atencién, 4. LOS DERECHOS HEREDADOS DE ESPANA POR LOS ESTADOS SUDAMERICANOS. En una apasionada defensa a los derechos chileno-argentinos sobre la Antar- tida (10) el diplomatico peruano Felipe Barreda Laos se remonta 2 Ja bula del Pontifice Alejandro VI, expedida en 1493 (en la que practicamente se divide al globo en dos, entre Espafia y Portugal, otorgindoseles a cada uno derechos de descubrimiento en cada una de las dos mitades), para ahuyentar las pretensiones de europeos sobre la Antértida americana. Fundamenta el reconocimiento del derecho ibero-portugués en el reconocimiento del mismo por Inglaterra, y 1a ob- servancia a esta situacion por mas de 300 afios al hecho que, situaciones en con- trario s6lo se produjeron como derivacién de convenios celebrados por Inglaterra con Espafia y Portugal. Mas adelante, en 1670, expresa Barreda, Gran Bretaia reconoci6 los derechos espafioles sobre la Antartida americana por tratado cele- brado con Espafia, cuyo articulo 15 sefiala: “El presente tratado no derogara de ninguna manera, la preeminencia, derecho y dominio que cualquiera de los con- federados tuviera en los mares de América, estrechos, y cualesquiera aguas, sino que los tendrén y retendrdn con la misma amplitud que de derecho lés compete, id debiéndose entender siempre, que de ninguna manera se interrumpiré la ibertad de navegar’’. El mismo autor hace un examen de la zona Antartida descubierta en le era magalldnica del siglo XVI para preguntar —,COmo puede hablarse de descubri- miento de la Antértida sudamericana por europeos no espajioles en los sighos XVIII, XIX y XX cuando la Antértida aparece en los mapas publicados después del viaje de Magallanes, desde hace 400 afios? Y luego de listar numerosos he- chos histéricos afirm: “E] Descubrimiento sobre las Iineas trazadas para Espafia y Portugal consti- tuyen el titulo firme, saneado, para el establecimiento y delimitacion de los do- minios de] Nuevo Mundo. Pare el Derecho Internacional, varias deducciones de muy alto valor jurfdico, derivan de estos antecedentes: lo. El descubrimiento (10) Barreda Laso, Felipe. Le Antértica Sudamericana ante el Derecho Internacional. Buenos Aires. 1948. 10 completa la configuracién continental de América de polo a polo, en el curso del siglo XVI; 20. El titulo de dominio territorial fundado en el Descubrimiento no requiere para su perfeccionamiento la captacién minuciosa de los accidentes geograficos de la extension territorial de la zona continental descubierta; 30, El titulo fundado en el descubrimiento no requiere para su perfeccionamiento la poblacién sobre toda la extensién territorial, pues establece y crea el dominio eminente del Estado sobre todos los territorios pablados y desiertos, comprendi- dos en la zona continental descubierta’” 5.- EL DERECHO SOBRE LA ANTARTIDA NO ESTA CREADO., Por necesidades de orden fisico y juridico, la delimitacién de la soberania en la Antartida debe ser sometida a reglas peculiares, Por ello, /as tradicionales teo- rias sobre los modos de adquirir el dominio (aplicables en tierra), son “‘material- mente inaplicables’’ (11) en la region helada, Esto explica que el prestigioso in- ternacionalista Scharzerberger relievara “la relatividad inicial de todo titulo yla multiplicidad creciente de sus elementos en su movimiento hacia una efectividad (u operatividad) absoluta’’. Pero la imaginacion de los internacionalistas se yuel- ca para encontrar soluciones a este delicado problema. Asi, es corriente observar cierta tendencia a apoyar la teoria de Poirier (o de los sectores o vectores) en su aplicacion en la Antartida, Esta teoria, que carece de todo sustento juridico, complicaria atin mas las actuales divergencias; por ejemplo, lo reclamado por Chile invadiria territorios que también corresponderian a Uruguay, Brasil y Peri; y¥ lo reclamado por Argentina (que ya se superponé con lo aspirado por Chile) invadiria también zonas del Brasil y Uruguay. Otra corriente de solucién, justificada por cierto por la actual evolucién de las relaciones internacionales y que viene ganando una sustantiva adhesién en la comunidad internacional, es la preconizada por el Profesor Fauchille, quien pro- pone que el continente antartico sea sometido a un régimen de “patrimonio co- man de la humanidad’’, Es decir, que esta proposicion planteada hace muchos afios, hoy en dia bien podria compararse al régimen que se esté elaborando res- pecto a los fondos marinos, cuyo sustento principal reside en la constatacién real y objetiva de que no es posible encontrar en la actualidad porciones del globo terraqueo sujetas a la calificacién de “res nullius” Y, por ende, sujetas a apropia- cién. 6.- LOS PAISES SUDAMERICANOS FRENTE AL TRATADO DE WASHINGTON. La convocatoria a la Conferencia de Washington de 1959 —que dio lugar al Tratado del mismo nombre— fue arquitectada pacientemente por Estados Uni- (11) Gidel. Op. cit. pag. 131. 11 dos, tarea que le tomé algunos afios en que tuvo que vencer, pacientemente, sererosos obstaculos; entre ellos, resistencias de algunos sectores nacionalistas de Argentina y Chile, Muestra clara y evidente se encuentra en dos publicaciones ponactenses, ambas bajo la firma de un prestigioso diplomatico platense, ex-Em- bajador en Londres y conspicuo parlamentario, don Alberto M. Candioti. En aia ellas (1) se pronuncia vehementemente en contra del Convenio de Wa- shington, porque —adujo— “conduce a la internacionalizacion de todo e] Conti- nents Antartico —incluido nuestro territorio~, com gran provecho para los Bsta- Joe Unidos de América y para la Union Soviética”, destacando que la misma pre~ tende instituirse porque las potencias extracontinentales “evidenciaron poco ilorés” en defender sus reclamaciones territoriales en vista de la notoria falta de solide de sus argumentos, requiriendo del Ejecutivo argentino la decision de no setificar el tratado. Iustrada esta ponencia con un mapa en el que aparecen los territorios antarticos argentinos dentro del cuadrante americano, es decir, bajo tl refugio.no expreso de la teoria de los sectores, el eseritor descubre con facili dad su preferencia doctrinari En la misma publicacion, Candioti alerta sobre el hecho de que Argentina perder el derecho de jurisdiceion bajo el espiritu del Tratado de Washington, } propugna la idea de que, el hecho de no ratificar este instrumento, obligaré Estados Unidos a “‘negociar otro Tratado Antartico”. En otro libro (13) ef mismo autor amplia y reitera sus argumentos sobre lo que él considera es el trasfondo ‘del Tratado de Washington (Ja futura internacio- nalizacion de la region antartica), expresando que: “El tratado, en su texto ace tual, es la puerta abierta a la internacionalizacion” , para luego agregar que “este propésito es bien conocido y definido de Estados Unidos. Asi lo propuso el 28 de Agosto de 1948 el Departamento de Estado a los siguientes paises: Argentina, ‘Australia, Gran Bretafia, Chile, Francia, Nueva Zelandia y Noruega”. $i bien ¢s cierto que, a simple vista, el vaticinio de Candioti podria interpre~ tarse como engendrado por temores y otros elementos de orden subjetivo, pare- terla que sus reflexiones tendrian cierta dosis de objetividad a la luz de algunos pronunciamientos de parlamentarios ingleses con ocasion de la discusion del Tra, pido Antirtico en la Camara de los Lores. Asi: Lord Shackleton: “. . . por e age ate la Antartida es una terra nullius ... Hay wna cldusula muy clara en el atfealo IV por la eual ningun cambio se producir4 respecto a reclamaciones aitritoriales en los proximos treinta afios. Todos conserva:an sus actuales dere- Shes, pero no harén ninguna tentativa de reforzarlos, Ellos respetarin ¢l statu quo. Ninguna reclamacion nueva podra ser presentada ni ninguna accibn aus s° Giecute podré ser tomada como base futura para formular dichas demandas. Esto (12! Cendtioti M, Alberto. Nuestra Antartida no es tierra conquistada ni anexada. El Trata- do Antartico no debe ratificarse. Buenos Aires, 1960. (13) Candiot Mt, Alberto. El Tratedo Antirtico y nuestras Fuorzas Armadas. Buenos Aires, 1960. 419 parece un arreglo satisfactorio que ha hecho mds facil la participacién de Chile y Argentina, no obstante sus grandes prejuicios en este campo, al permitirles con- servar su posicién, sin causar dafo al orgullo nacional. Nos da tiempo para pen- sar en el futuro, mientras se mantiene una situacion en la cual la competicion de derechos territoriales no tiene ya importancia”’, Shackleton no ha sido el Gnico parlamentario inglés que se ha pronunciado en ese sentido. El Conde de Lucan manifesté refiriéndose al convenio en cues- tién: “Es esencialmente un Tratado regional, algo semejante a otros que han aparecido en los filtimos afos, y seria sin duda preferible que pudiera estar més directamente ligado a las Naciones Unidas”. Por filtimo merecen también atencién las expresiones de Mac Nair y Wind- Jesham (también parlamentarios ingleses). Dijo el primero: “El Tratado también ha establecido, aunque en forma embrionaria, el sistema para una administracion internacional .. .” Por su lado, Windlesham, refiriéndose a la ponencia ya citada de Shackleton manifesto: “El noble Lord ... que formuld la mocion , ,. expre- sO su esperanza de que ésta (la Antartida) legara a ser el primer territorio de las Naciones Unidas. No creo que haya nadie hoy en la Casa de los Lores, que no es- té de acuerdo con él y que no desee sinceramente que haya aqui una oportuni- dad por fin, para que, no sdlo los signatarios de este Tratado, sino también otros, convengan en que hay aqui un nuevo territorio donde podamos tal vez empezar con buena voluntad”’ Analizadas las transcritas intervenciones bien se puede advertir que la inter- nacionalizacion de la Antartida, ain cuando no fuere en su mas amplia expre- sin, o solo incida sobre determinadas zonas, es un elemento que, creo, no que dar descartado en la evolucion de esta materia, sobre todo si se tiene en cuenta la posicion estadounidense y la flexibilidad de! criterio inglés que, en todo caso, Por 108 parraros transcritos parece susceptible de acceder a soluciones pragmiaticas. 7... VINCULACION TEORICA DEL PERU CON LA PROBLEMATICA ANTARTICA, Existen naturalmente distintos y variados elementos que vinculan al Peri con la problematica antartica, En lineas anteriores se intenté apuntar los principales fundamentos en que ciertos paises se apoyan para pretender configurar sus derechos y espectativs pasé revista, también, a las dificultades existentes sobre algunos de ellos en cuanto son apreciados bajo el rigor reflexivo del derecho, Igualmente se comen- tO acerca de la nueva tendencia de la ciencia juridica sobre la materia, Asi, desde el punto de vista teérico, respecto al Perti se podrian apuntar al- 13 gunos de estos principales elementos que lo vinculan a fa Ant&rtica a través de los siguientes hechos: - a) La Ant&rtida constituye un gran regulador climatico, especialmente para los paises circumpolares, entre los que se encuentra el Peri. b) El TIAR (clausula IV) reconoce la existencia de una Antartida sudamericana en los limites comprendidos entre los paralelos 24 y 90 grados; c) La primera expedicién con mandato del Imperio espafiol fue nombrada y preparada con esfuerzo del Virreynato del Peri, en 1605, saliendo la expedi- cién del Callao para realizar el primer descubrimiento efectivo de lo que hoy corresponde a gran parte del cuadrante sudamericano; d) Los estudios del aleman Hreiter sostienen que la Antartida sudamericana es la prolongacién de la cordillera de los andes; e) De materializarse la aplicacién de la teorfa de los sectores corresponderia al Peri una parcela determinada y precisa; f) Hay también antecedentes geoldgicos de interés, por ejemplo, los estudios practicados por Nordenskjold, del Padre Agostini y de Zruggen, que arrojan vinculaciones similares entre el continente antartico y el sudamericano; g) Por tiltimo, debe sefialarse la teoria del condominio plural y/o del patrimo- nio comin de la humanidad que, como es obvio, excluye la posibilidad de una ingerencia en la problematica a titulo universal, Para una mejor precision de éstos y otros elementos de vinculacién, se trans- cribe el pardgrafo 40, del Comunicado de Prensa de 11 de abril de 1981 en el que la Cancilleria da cuenta de los motivos que rigieron o sustentaron la decision del Pert de adherir al Tratado de Washington, Dice a la letra: “4o, La decisién.del gobierno peruano de adherir al Tratado de Ja Antartida se funda no solamente en el interés que tiene, como todo miembro de la comuni- dad internacional, sino, ademas, en un interés especial, directo y sustancial deri- vado de una situacién geografica del enfrentamiento de su costa pacffica al conti- nente antartico, de la influencia que ejerce en su clima, en su ecologia y en su biologia marina, de los vinculos histéricos que lo ligan desde las primeras expe- diciones que se aventuraron a explorar dicho continente y sus aguas, asi como de las obligaciones asumidas conforme al Tratado Interamericano de Asistencia Re- efproca que incluye una parte del territorio antartico en la zona descrita en el articulo 40., en virtud de lo cual el Peri’ coparticipa en la responsabilidad por la defensa de la Regién”. De otro lado, existe también la Declaracién de la Asamblea Constituyente de 3 de mayo de 1979 que extracta la posicién y vinculacién del Pert con la re- gién helada: 14 “Declara que el Peri, pais del hemisferio austral, vinculado a la Antértida por costas que se proyectan hacia ella, asi como por factores ecologicos y ante- cedentes historicos, propician la vigencia de un régimen internacional que, sin desmedro de los derechos que correspondan a la Nacion, asegure, en beneficio de toda la humanidad, la racional y equitativa explotacion de los recursos de dicho continente”’. EL DESARROLLO FUTURO DE LA CUESTION ANTARTICA, Ya se adelant6, en lineas anteriores, la vinculacion del Pert a la cuestion an- tartica. De todo lo dicho, lo inmediatamente determinante es la funcién de regu- lador climético de aquella region respecto al Peri. Vale decir que hay una depen- dencia entre nuestro clima —sobre todo el costefio— asf como de uno de los fac- tores mas importantes de nuestra riqueza marina ~la Corriente de Humboldt- con la naturaleza misma de la region antartica; de ahi que una modificacion sus- tantiva en esta Zona austral -por ejemplo debido a una explotaci6n irracional de sus recursos- dar lugar a la materializacion de efectos nocivos en el medio am- biente peruano. Esta posibilidad, amén de la carga juridica que le cabe al Pert a través del Tratado Interamcricano de Asistencia Reciproca (TIAR), cuya jurisdiccion al- canza hasta el cuadrante sudamericano de a Antértida, son hechos reales que jus- tifican que el Peri no pueda mantenerse, indefinidamente, alejado del desarrollo juridico politico destinado a conjugar el futuro de tan vasta e importante regién, Desde e] punto de vista factual, el Tratado de Washington es hoy en d{a el unico foro abierto para debatir el problema de la Antartica. Sin embargo, su es- tructura interna divide en dos a sus miembros. Los paises signatarios (suscripto- tes originales), denominados partes consultivas estan premunidas sobre los otros, los adherentes, de una serie de prerrogativas, atin cuando se abre la posibilidad de que un miembro no consultivo pueda llegar a serlo, pero siempre con elementos limitantes, cosa que ya sucedio en una oportunidad. No entraremos a analizar los detalles de esta artificial y hasta discriminatoria distincién entre miembros consultivos y adherentes de] Tratado de Washington, Alrededor de ella bastenos apuntar ciertos comentarios tangencia- les. Todo parece indicar que la division anotada es fruto palpitante y secuela de las dificultades que tuvieron que afrontar los paises interesados y convocados por Estados Unidos a finales de la década del cincuenta, donde se confrontaron posiciones extremas, las cuales, a modo de resefia, estan mencionadas a lo largo del presente articulo. As{, el Tratado de Washington se cierra contornando estas posiciones, es decir, sin pronunciarse sobre el fondo de ellas: el documento de 15 Washington no puede interpretarse “‘como renuncia de derechos o reclamaciones territoriales. consagrando también la no aceptacién de fundamento con va- lor ni creacién de derechos de soberania respecto a actividades que se desplie- guen durante su vigencia. De lo que se deduce, siguiendo la interpretacion en contrario, que tampoco el tratado reconoce el derecho de cualquier parte que asi lo hubiere proclamado antes de la firma del Tratado en cuestion, en este pun- to, apenas reconoce que el Estado parte “no renuncia” a su derecho o reclama- cién que no es lo mismo que el reconocimiento (por los otros miembros) del de- recho mismo o la reclamacion en si. Y es sdlo hasta aquf, desde el punto de vista contractual, que se compromete un pais como el Peri que decide prestar su adhesion al Tratado de Washington, que en el momento actual es el tinico foro eet dentro de la comunidad internacional para tratar este tema de modo global. De lo dicho se explica, por parte de ciertos firmantes, la necesidad de pre- servar y no remover hasta hoy el sorteo que los articulos correspondientes hicie- ron respecto de algo sustantivo: la delimitacién y el reconocimiento de soberanias respecto de la Antartida, El momento politico que rodeé a la suscripcién parece que asi lo exigfa, pues el tratado evitaba en primer término la posibilidad de una conflagracién sobre esta zona, punto prioritario de aquel entonces, dejando para més adelante la visualizacion del tipo o cualidad de derecho de las partes. Por tanto, “‘quieta non movere”’ es el elemento politico volitivo que llevé a los firmantes a separar a los miembros del Tratado entre partes consultivas y par- tes adherentes; pues de ellas solo las primeras, en uso de sus prerrogativas, tienen Ja posibilidad de imprimir una mayor fluidez al tratamiento de esta cuestion de fondo, Dentro de esta situacion, inclusive, cualquier miembro firmante del Tra- tado puede, por derecho propio, pedir la revision hasta 1989 del Tratado mismo, Jo que significa otra posibilidad de orden procesal que, dado el momento, puede significar la apertura de un mayor y adecuado dinamismo dentro del cual los adherentes tendran mucho més que aportar que en las actuales circunstancias, donde mudar e! statu del indicativo de “non movere” predominante sdlo es po- testad de los miembros consultivos. La adhesién del Pertial Tratado de Washington también se encuadra, por tan- to, dentro de la necesidad de buscar el didlogo que sea capaz de solventar un problema congelado desde 1958, en el que, evidentemente, tiene un claro interés que, por ahora, queda ‘ado como tal con el acto significativo de la adhesion practicada el mes de abril de 1981 Hasta ahora, en los largos debates de los miembros del Club de la Antartida (muchos de ellos poco conocidos por la reserva y sigilo con que determinadas materias son tratadas) merece atencién especial los rumbos que van tomando asuntos importantes como la explotacion de recursos vivos y minerales, tema en ey 16 el que se trabaja desde 1960. En este campo, por ejemplo, recientes investiga- ciones muestran inusitado interés por un crustaceo denominado “Krill” (término noruego que alude a un “pez diminuto"’), el cual tiene el mismo contenido pro- taico en peso seco que la carne de res. Desde 1961 la Uni6n Soviética, por ejem- plo, viene industrializando este producto (en pasta, en la produccion de quesos y cerveza, principalmente). Actualmente, durante los cinco meses de temporada, se cosechan mas de 125 mil toneladas de “Krill”, el que a su vez “es alimento de mas de cinco tipos de ballenas, tres focas, veinte pescados, tres calamares y nu- merosas aves” (14), por lo que preocupa seriamente que una sobrecosecha de es- te crustéceo pueda desencadenar la extincion de otras especies al romperse el na- tural equilibrio de sobrevivencia animal que puede alcanzar hasta a zonas alejadas de la Antartida. Chile también ha iniciado en 1983 la cosecha industrial del “Krill”, De este modo, y siempre con la idea del beneficio propio pero dejando a sal- vo el interés de evitar la extincién de las especies, algunos paises han intentado prender en el sefio del Tratado la idea del establecimiento de zonas econdmicas exclusivas, pero tal intento no parece haber prosperado por violar las previsiones del Tratado que anulan nuevos reclamos, por un lado, y debido a la congelada si- tuacion en la que Argentina, Australia, Chile, Francia, Nueva Zelandia, Norucga y el Reino Unido han establecido formalmente reclamos de limites territoria- les, De todos ellos s6lo Australia, Francia, Nueva Zelandia y el Reino Unido re- conocen entre si sus reclamos. Pero los reclamos de Chile, Argentina y el Reino Unido se superponen parcialmente, amén de que el quince por ciento del territo- rio continita libre de reclamo. Frente a estos paises, otro grupo de socios no han hecho reclamos formales ni reconocen los reclamos de aquellos. Estos son Africa del Sur, Estados Unidos de América, Bélgica y Japon, este itltimo, como conse- cuencia de su derrota durante la Segunda Guerra Mundial que le impide cual- quier conquista territorial. Dentro de esta hdbil ambigitedad los miembros consultivos van trabajando con cicrta dificultad sobre cuestiones vinculadas, en mayor o menor grado, a la obtencion de alguna formula (proyectos de convenios) que, por un lado, satisfa- gan las apetencias y posibilidades individuales en materia de explotacion de re- cursos, y por otro lado, explicitar un interés por demostrar a la comunidad inter- nacional que el club de Washington es capaz de llegar a acuerdos que preserven la vida animal en la zona austral y obtener seguridades para evitar la modifica cién del medio ambiente. Y todo ello a espaldas del tratamiento de la cuestion de fondo, es decir, a la delimitacion y naturaleza de los derechos en esta zona. Este escollo, que es el de mas dificil avance, fue planteado afios atras a nivel de las Naciones Unidas, pero la propuesta de tratamiento no prosperd. Atin asi, (14) De la Revista “Foreing Policy’ No. 55, Summer 1979. la comunidad internacional mantiene su esperanza de que los socios consultivos pongan en juego una firme decision politica por aperturar una negociacion efec- tiva y positiva que cautele los intereses de la sociedad internacional, Por lo pronto el Perti ha registrado su interés por la Antartida ante la comu- nidad de las naciones con la medida adoptada en abril de 1981, la cual agrega un nuevo tema de cardcter real y objetivo a su accion internacional. Anexos: Tratado antartico de 1958 Nota de adhesion del Peru, Comunicado de prensa de la Cancilleria del Pert. 18 ee TRATADO ANTARTICO Los Gobiernos de Argentina, Australia, Bélgica, Chile, La Reptiblica France- sa, Japon, Nueva Zelandia, Noruega, La Unién del Africa del Sur, la Unién de Repiblicas Socialistas Soviéticas, el Reino Unido de Gran Bretafa e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América. Reconociendo que es en interés de toda la humanidad que Ja Antartida con- tine utilizandose siempre exclusivamente para fines pacificos y que no llegue a ser escenario u objeto de discordia internacional; Reconociendo la importancia de las contribuciones aportadas al conocimien- to cientifico como resultado de la cooperacién, fundada en la libertad de investi- gucion cientifica en la Antartida, como fuera aplicada durante el Afio Geofisico Internacional, concuerda con los intereses de la ciencia y el progreso de toda la humanidad; Convencidos, también, de que un Tratado que asegure el uso de la Antértida exclusivamente para fines pacificos y la continuacién de la armonja internacio- hal en la Antartida promovera los propésitos y principios enunciados en la Carta de lus Naciones Unidas, Han acordado lo siguiente ARTICULO I |, La Antértida se utilizaré exclusivamente para fines pacificos. Se prohibe, entre otras, toda medida de caracter militar, tal como el establecimiento de bases y fortificaciones militares, la realizacion de maniobras militares, asi como los en- sayos de toda clase de armas. 2, El presente Tratado no impediré el empleo de personal o equipo militares para investigaciones cient{ficas o para cualquier otro fin pacifico. 19 ARTICULO II La libertad de investigacion cientifica en la Antartida y la cooperacion hacia ese fin, como fueran aplicadas durante el Ano Geofisico Internacional, continua- ran, sujetas a las disposiciones del presente Tratado. ARTICULO III 1. Con el fin de promover la cooperacién internacional en la investigacion cient ‘fica en la Antartida, prevista en el Articulo Il del presente Tratado, las Par. tes Contratantes acuerdan proceder, en la medida mas amplia posibles (a) al intercambio de informacién sobre los proyectos de programas cient ifi- cos en la Antartida, a fin de permitir el maximo de economia y eficien- cia en las operaciones; (b) al intercambio de personal cientifico entre las expediciones y estaciones en la Antértida; (©) al intercambio de observaciones y resultados cientificos sobre la Antar- tida, los cuales estarin disponibles libremente. 2. Al aplicarse este Articulo se dara mayor estimulo al establecimiento de relaciones cooperativas de trabajo con aquellos Organismos Especializados de las Naciones Unidas y con otras organizaciones internacionales que tengan interés cientifico o técnico en la Antartida ARTICULO IV 1. Ninguna disposicién del presente Tratado se interpretaré (a) como una renuncia, por cualquiera de las Partes Contratantes, a sus de- techos de soberania territorial o a Jas reclamaciones territoriales en la Antartida que hubiere hecho valer precedentemente: (b) como una renuncia o menoscabo, por cualquiera de las Partes Contra- tantes, a cualquier fundamento de reclamacion de soberania territorial en la Antartida que pudiera tener, ya sea como resultado de sus activi- dades o de las de sus nacionales en la Antartida, 0 por cualquier otro motivo; (c) como perjudicial a la posicion de cualquiera de las Partes Contratantes, en lo concerniente a su reconocimiento 0 no recono: imiento del dere- cho de soberanja territorial, de una reclamacién o de un fundamento de reclamacién de soberania territorial de cualquier otro Estado en la Antartida, 2. Ningiin acto o actividad que se leve a cabo mientras el presente Tratado se halle en vigencia constituird fundamento para hacer valer, apoyar o negar una 20 reclamacién de soberania territorial en la Antartida, ni para crear derechos de so- berania en esta region. No se hardn nuevas reclamaciones de soberania territo- rial en la Antértida, ni se ampliaran las reclamaciones anteriormente hechas valer, mientras el presente Tratado se halle en vigencia, ARTICULO V 1. Toda explosion nuclear en la Antartida y la eliminacién de desechos ra- diactivos en dicha region quedan prohibidas, 2, En caso de que se concluyan acuerdos internacionales relativos al uso de Ja energia nuclear, comprendidas las explosiones nucleares y la eliminacién de desechos radiactivos, en los que sean Partes todas las Partes Contratantes cuyos representantes estén facultados a participar en las reuniones previstas en el Arti- culo IX, las normas establecidas en tales acuerdos se aplicaran en la Antartida. ARTICULO VI Las disposiciones del presente Tratado se aplicar4n a la regién situada al sur de los 60 grados de latitud Sur, incluidas todas las barreras de hielo; pero nada en el presente Tratado perjudicara o afectara en modo alguno los derechos 0 el ejercicio de los derechos de cualquier Estado conforme al Derecho Internacional en lo relativo a la alta mar dentro de esa region, ARTICULO VIL 1, Con el fin de promover los objetivos y asegurar la aplicacién de las dis- posiciones del presente Tratado, cada una de las Partes Contratantes, cuyos re- Presentantes estén facultados de participar en las reuniones a que se refiere el Articulo IX de este Tratado, tendra derecho a designar observadores para llevar a cabo las inspecciones previstas en el presente Articulo, Los observadores serin nacionales de la Parte Contratante que los designa. Sus nombres se comunicaré en cada una de las demds Partes Contratantes que tienen derecho a designar ob- servadores, y se les dara igual aviso cuando cesen en sus funciones, 2. Todos los observadores designados de conformidad con las disposicio- nes del parrafo 1 de este Artfculo gozaran de entera libertad de acceso, en cual- quier momento, y cada una y a todas las regiones de la Antartida. 3. Todas las regiones de la Antartida, y todas las estaciones, instalaciones y equipos que alli se encuentren, asi como todos los navios y aeronaves, en los puntos de embarque y desembarque de personal o de carga en la Antartida, esta- ran abiertos en todo momento a la inspeccién por parte de cualquier observador designado de conformidad con el parrafo | de este Articulo. OT 4, La observacion aérea podra efectuarse, en cualquier momento, sobre cada una y todas las regiones de la Antartida por cualquiera de las Partes Contra- tantes que estén facultadas a designar observadores. 5. Cada una de las Partes Contratantes, al entrar en vigencia respecto de ella el presente Tratado, informard a las otras Partes Contratantes y en lo sucesi- vo, les informara por adelantado sobre: (a) toda expedicién a la Antértida y dentro de la Antartida en la que parti- cipen sus navios o nacionales, y sobre todas las expediciones a la Antar- tida que se organicen o partan de su territorio; (b) todas las estaciones en la Antartida ocupadas por sus nacionales, y (c) todo personal o equipo militares que se proyecte introducir en la Antar- * tida, con sujecién a las disposiciones del parrafo 2 del Articulo | del presente Tratado. ARTICULO VIII 1, Con el fin de facilitarles el ejercicio de las funciones que les otorga el presente Tratado, y sin perjuicio de las respectivas posiciones de las Partes Con- tratantes, en lo que concierne a la jurisdiccién sobre todas las demas personas en la Antirtida, los observadores designados de acuerdo con el pArrafo 1 del Articu- lo VIL y el personal cientifico intercambiado de acuerdo con el subparrafo 1(b) del Articulo III del Tratado, asf como los miembros del personal acompafiante de dichas personas, estaran sometidos sdlo a la jurisdiccion de la Parte Contratan- te de la cual sean nacionales, en lo referente a las acciones u omisiones que ten- gan lugar mientras se encuentren en la Antartida con el fin de ejercer sus funcio- nes, 2. Sin perjuicio de las disposiciones del parrafo 1 de este Articulo, y en espera de la adopcién de medidas expresadas en el subpdrrafo 1(e) del Articulo IX, las Partes Contratantes, implicadas en cualquier controversia con respecto al ejercicio de Ja jurisdiccién en la Antartida, se consultaran inmediatamente con el 4nimo de alcanzar una solucién mutuamente aceptable. ARTICULO IX 1, Los representantes de las Partes Contratantes, nombradas en el pream- bulo del presente Tratado; se reuniran en la ciudad de Canberra dentro de los dos meses después de la entrada en vigencia del presente Tratado y, en adelante, a in- Aervalos y en lugares apropiados, con el fin de intercambiar informaciones, con- wv mutuamente sobre asuntos de interés comun relacionados con la Antar- + fda, y formular, considerar y recomendar a sus Gobiernos medidas para promo- 2 principios y objetivos del presente Tratado, inclusive medidas relaciona- con: ee ae go (a) uso de la Antartida para fines exclusivamente pacificos; (>) facilidades para la investigacion cientifica en la Antartida, (c) facilidades para la cooperaci6n cient{fica internacional en la Antértida, (d) facilidades para el ejercicio de los derechos de inspeccién previstos en el Articulo VII del presente Tratado, (e) cuestiones relacionadas con el ejercicio de la jurisdiccién en la Antérti- da; (f) proteccién y conservacién de los recursos vivos de la Antartida 2. Cada una de las Partes Contratantes que haya llegado a ser Parte del pre- sente Tratado por adhesion, conforme al Articulo XIII, tendra derecho a nom- brar representantes que participarén en las reuniones mencionadas en el parrafo 1 del presente Articulo, mientras dicha Parte Contratante demuestre su interés en la Antértida mediante la realizacion en ella de investigaciones cientificas im- portantes, como el establecimiento de una estacién cientifica o el envio de una expedicion cientifica, 3. Los informes de los observadores mencionados en el Articulo VII del presente Tratado seran transmitidos a los representantes de las Partes Contratan- tes que participen en las reuniones a que se refiere el parrafo | del presente Art{- culo, 4. Las medidas contempladas en el parrafo | de este Articulo entraran en vigencia cuando las aprueben todas las Partes Contratantes, cuyos representantes estuvieron facultados a participar en las reuniones que se celebraron para consi- derar estas medidas, 5. Cualquiera o todos los derechos establecidos en el presente Tratado po- drén ser ejercidos desde la fecha de su entrada en vigencia, ya sea que las medidas para facilitar el ejercicio de tales derechos hayan sido 0 no propuestas, considera- das 0 aprobadas conforme a las disposiciones de este Articulo. ARTICULO X Cada una de Jas Partes Contratantes se compromete a hacer los esfuerzos apropiados, compatibles con la Carta de las Naciones Unidas, con el fin de que nadie leve a cabo en la Antértida ninguna actividad contraria a los propésitos y principios del presente Tratado. ARTICULO XI 1. En caso de surgir una controversia entre dos o més de las Partes Con- tratantes, concerniente a la interpretacién o a la aplicacion del presente Tratado, dichas Partes Contratantes se consultarin entre s{ con el propésito de resolver la on controversia por negociacion, investigacién, mediacion, conciliacién, arbitraje, decisién judicial u otros medios pacificos, a su eleccion. 2. Toda controversia de esa naturaleza, no resuelta por tales medios, sera referida a la Corte Internacional de Justicia, con el consentimiento, en cada caso, de todas las partes en controversia, para su resoluciOn, pero la falta de acuerdo para referirla a la Corte Internacional de Justicia no dispensara a las partes en controversia de la responsabilidad de seguir buscando una solucién por cualquie- ra de los diversos medios pacificos contemplados en el parrafo | de este Articu- lo, : ARTICULO XII 1. (a) El presente Tratado podra ser modificado o enmendado, en cual- quier momento, con el consentimiento unanime de las Partes Contra- tantes, cuyos representantes estén facultados a participar en las reunio- nes previstas en el Articulo IX. Tal modificacion o tal enmienda entra- ra en vigencia cuando el Gobierno depositario haya sido notificado por la totalidad de dichas Partes Contratantes de que las han ratificado. (b) Subsiguientemente, tal modificacién o tal enmienda entrara en vi- gencia, para cualquier otra Parte Contratante, cuando el Gobierno de- positario haya recibido aviso de su ratificacion. Si no se recibe aviso de ratificacién de dicha Parte Contratante dentro del plazo de dos afios, contados desde la fecha de entrada en vigencia de la modificacion o enmienda, en conformidad con lo dispuesto en el subparrafo 1(a) de es- te Articulo, se la considerara como habiendo dejado de ser Parte del presente Tratado en la fecha de vencimiento de tal plazo. 2. (a) Si después de expirados treinta afios, contados desde la fecha de en- trada en vigencia del presente Tratado, cualquiera de las Partes Contra- tantes, cuyos representantes estén facultados a participar en las reunio- nes previstas en el Articulo IX, asi lo solicita, mediante una comunica- cién dirigida al Gobierno depositario, se celebrara, en el menor plazo posible, una Conferencia de todas las Partes Contratantes para revisar el funcionamiento de! presente Tratado. (b) Toda modificacién o toda enmienda al pieiente Tratado aprobada en tal Conferencia por la mayorfa de las Partes Contratantes en ella re- presentadas, incluyendo la mayoria de aquéllas cuyos representantes es- tan facultados a participar en las reuniones previstas en el Articulo IX, se comunicara a todas las Partes Contratantes por el Gobierno deposita- rio, inmediatamente después de finalizar la Conferencia, y entrara en vi- gencia de conformidad con lo dispuesto en el parrafo 1 del presente Ar- ticulo, (c) Si tal modificacién o tal inmienda no hubiere entrado en vigencia, de conformidad con lo dispuesto en el subparrafo 1(a) de este Articulo, SS ee ee, |e dentro de un perjodo de dos afios, contados desde la fecha de su comu- nicacién a todas las Partes Contratantes, cualquiera de las Partes Contra- tantes podra, en cualquier momento, después de la expiracion de dicho plazo, informar al Gobierno depositario que ha dejado de ser parte del presente Tratado, y dicho retiro tendra efecto dos afios después que el Gobierno depositario haya recibido esta notificacion. ARTICULO XIII 1. El presente Tratado estara sujeto a la ratificacién por parte de los Esta- dos signatarios. Quedara abierto a la adhesion de cualquier Estado que sea miembro de las Naciones Unidas, 0 de cualquier otro Estado que pueda ser invi- tado a adherirse al Tratado con el consentimiento de todas las Partes Contratan- tes cuyos representantes estén facultados a participar en las reuniones previstas en el Articulo IX del Tratado. 2. La ratificacién del presente Tratado o la adhesién al mismo sera efec- tuada por cada Estado de acuerdo con sus procedimientos constitucionales. 3. Los instrumentos de ratificacion y los de adhesién seran depositados ante el Gobierno de los Estados Unidos de América, que sera el Gobierno deposi- tario. 4. El Gobierno depositario informara a todos los Estados signatarios y adherentes sobre la fecha de deposito de cada instrumento de ratificacién o de adhesion y sobre la fecha de entrada en vigencia del Tratado y de cualquier mo- dificacion o enmienda al mismo. 5. Una vez depositados los instrumento de ratificacion por todos los Esta- dos signatarios, el presente Tratado entrara en vigencia para dichos Estados y pa- ta los Estados que hayan depositado sus instrumento de adhesion, En lo sucesi- vo, el Tratado entrara en vigencia para cualquier Estado adherente una vez que deposite su instrumento de adhesion. 6. El presente Tratado sera registrado por el Gobierno depositario confor- me al Articulo 102 de la Carta de las Naciones Unidas. ARTICULO XIV El presente Tratado, hecho en los idiomas inglés, francés, ruso y espajiol, siendo cada uno de estos textos igualmente auténtico, sera depositado en los Ar- chivos del Gobierno de los Estados del mismo a los Gobiernos de los Estados signatarios y de los adherentes. EN TESTIMONIO DE, LO CUAL, los infrascritos Plenipontenciarios, debi- damente autorizados, suscriben el presente Tratado. HECHO en Washington, el primer dia del mes de diciembre de mil novecien- tos cincuenta y nueve. NOTA DE ADHESION DEL PERU EMBAJADA DEL PERU Washington, D.C., 10 de abril de 198] No, 5-3-M/103 Sefior Secretario de Estado: Tengo el alto honor de dirigirme a Vuestra Excelencia a fin de poner en su conocimiento que, en uso de la facultad que confiere el Articulo XIII, Paragra- fo I, del Tratado Ant&rtico, suscrito en Washington el lo. de diciembre de 1959, y en cumplimiento de precisas instrucciones de mi Gobierno, el Pera se adhiere 1 a partir de este momento, al referido instrumento internacional. Al poner en conocimiento de Vuestra Excelencia la presente comunicacién, y teniendo en cuenta que el Gobierno de los Estados Unidos es el depositario del Tratado Antartico, mucho agradeceré a Vuestra Excelencia tenga a bien informar a todos los Estados miembros del Tratado, la decisibn del Gobierno del Peri, Aprovecho la oportunidad para reiterar a Vuestra Excelencia las seguridades de mi mas alta y distinguida consideracién. Fdo. FERNANDO SCHWALB Embajador Al Excelentisimo Sefior Dr, Alexander M. Haig, Secretario de Estado Washington, D.C. COMUNICADO DE PRENSA ADHESION DEL PERU AL TRATADO ANTARTICO El Gobierno del Peri ha decidido adherir al Tratado de la Antartida suscrito en Washington (Estados Unidos de América) el lo. de Diciembre de 1959, me- diante la entrega de una Nota por intermedia de la Embajada del Peri en la capi- tal americana, en la fecha. Al remitir la referida comunicacién al Gobierno de los Estados Unidos de América, en la calidad de Gobierno depositario del Tratado de la Antartida, el Gobierno del Peri’ que pasa a ser el 200, Estado Miembro, desea resaltar los si- guientes puntos fundamentales de. la posicion peruana en asuntos antarticos, a fin de que se tenga un amplio y general conocimiento. lo, El Peri considera que e] Tratado de la Antartida, suscrito el lo. de diciembre de 1959, en Washington, es el tnico instrumento legal para la Antar- tida, siendo instrumento juridico valido y aceptado por todos los Estados miem- bros que son partes, y que desenvuelven actualmente actividades en el Continen- te Austral; y que deben de estar ligados por las mismas normas juridicas. 20. El referide Tratado viene a consagrar principios y notmas positivas, con repercusiones para toda la comunidad internacional, a saber, el uso de la Antartida exclusivamente para fines pacificos, de sxohibician de toda explosion nuclear y de la eliminacién de desechos radioactivos en esa area; de la libertad de investigacion cientifica en la Antartida puesta al servicio de la humanidad y de la cooperacion internacional para el logro de esos objetivos que consagra el Trata- do. 30, El Gobierno peruano dentro del marco de esos principios, propug- nara mediante cualquier procedimiento basado en el principio de la igualdad ju- tidica, entre todos los signatarios, por el establecimiento de un estatuto general y definitivo por la Antartida, en el que se contemplan equitativamente los inte- reses de todos los Estados involucrados. 40. La decisién del Gobierno peruano de adherir al Tratado de la An- tartida se funda no solamente en el interés que tiene, como todo miembro de la comunidad internacional, sino, ademas, en un interés especial, directo y sustan- cial derivado de una situacién geografica del enfrentamiento de su costa pacifi- ca al continente antartico, de la influencia que ejerce en su clima, en su ecologia y en su biologia marina, de los vinculos historicos que lo ligan desde las primeras expediciones que se aventuraron a explorar dicho continente y sus aguas, asi co- mo de las obligaciones asumidas conforme al Tratado Interamericano de Asisten- cia Reciproca que incluye una parte del territorio antartico en la zona descrita en el articulo 4o., en virtud de lo cual el Peri coparticipa en la responsabilidad por la deferisa de la Region. Lima, 11 de abril de 1981. » 2B —— a, EL PROBLEMA DE LOS RECLAMOS TERRITORIALES Y EL SISTEMA ANTARTICO por Rail Salazar Cosio La Antartida: una tierra hipotética Algunos pensadores griegos y otros latinos concibieron su existencia varios siglos antes de Cristo. “Terra Australis Nondum Cognita” o “Alter Orbis’’ para Pomponio de Melo, debia existir como una compensacion natural a la masa o es- pacio fisico que representaba Europa y el Asia. La existencia de esta tierra hipo- tética como necesidad de orden fisico fue corroborada muy posteriormente por dos grandes descubrimientos: Australia y la Antartida. “Y no fue hasta Magallanes quien circunnavegé el globo por primera vez, confirmando de esta manera la redondez de la tierra, que la cartografia europea adopté el postulado de la antipoda del sur propugnado por la escuela aristéte- lica;”” (i) Pero como es de suponer, el paso decisivo de consignar su existencia en los mapas, solo fue dado hasta después de 1821 cuando Thadeus von Bellinghausen, su mas reconocido descubridor y marino de la Rusia zarista, puso un pie por pri- mera vez en la Antartida. Artico, de Artkos u oso en griego, era el polo norte, debido a la orientadora constelacién que se hallaba sobre él. En consecuencia, el polo opuesto deberia ser llamado Antartico, pero como éste es todo un continente, la rigidez de la si- metria se pierde y se le denomina: Antartida. La Antértida: E] hecho: su importancia. La Antartida, a diferencia del Artico que esté compuesto por una masa de hielo flotante, constituye un continente en s{ mismo, pero cubierto en un 95 o/o por hielos perpetuos. Esta rodeada por los océanos Pacifico, Indico y Atlantico, y representa todo un desafio para la navegacién moderna, pues los mares que la circundan, lenos de hielos amenazantes, pueden ser considerados como algunos de los mas peligrosos del planeta. Su aproximacién y acceso se presentd como una de las aventuras mds duras y dificiles que se ofrecian al navegante de los dos ultimos siglos. (1) Frank Alexander: “A recommended aproach to the entartic resources problem”, Master thesis at the Miami School of Law. Set. 1977. 29 De ello podria dar fe el diario de viaje de la expedicién del Capitan Cook, que en 1795 fallé en su intento de encontrar el continente antartico (2). El continente antartico ha sido considerado como el Ultimo luger no conta- minado del planeta y frontera exterior del mismo. Del analisis de sus estructuras geologicas se ha determinado que en el periods terciario, este continente estuvo unido a Sudamérica. El cientifico alem4n Reiter y posteriormente Artowski lla- maron Antarcandes ala cadena de islas que unen la peninsula antartica y la parte mas meridional del continente americano a través del pasaje Drake, al considerar que ésta era una prolongacién sumergida de la Cordillera de los Andes. Para los estudiosos que han investigado las similitudes geologicas entre los continentes, la presencia de ciertos minerales y estructuras geoldgicas afines res- ponden a una antigua unidad geografica bruscamente separada. Esta unidad se- ria un legendatio continente que algunos aman Gondwana y que habria unido Australia, la Antartida, América, Africa e India, segin la teorfa de Wegener. El continente blanco, recién explorado sistematicamente en las tres Ultimas décadas, aparece como un gran reservorio de recursos naturales de caracter prin- cipalmente energético (petroleo y gases naturales) y proteinico (krill), en virtud de lo cual la Antartida y sus recursos adquieren una importancia estratégica que tender4 a incrementarse en un proximo futuro. Ello en relacion directa con las dificultades que podrian presentarse para este tipo de abastecimientos en caso de conflagracién o del natural agotamiento de sus fuentes tradicionales. Algunos ultimos trabajos han coincidido en sefialar la existencia de grandes cantidades de petrdleo en los mares australes de Ross, Bellinghausen y Weddell y asimismo, una presencia de carbon de tal magnitud que se considera que la An- tartida podria contener el mayor yacimiento mundial de este mineral. Otros mi- nerales raros como el Plutonio, Uranio, Niquel y Cobalto han sido detectados en ella, asi como Oro, Cobre y Manganeso. Cuenta ademas con el 90 o/o de los re- cursos de agua fresca en el planeta y esta probada la existencia de importantes recursos vivos en los mares antarticos, especialmente de ‘‘krill”, crustaceo de alto contenido proteinico y susceptible de ser industrializado para el consumo hu- mano. Ademas diversos estudios geopoliticos remarcan también esta connotacion que la Antartida tiene por su posicién geografica respecto a los paises del hemis- ferio sur, principalmente sudamericanos, por lo cual “podria ser utilizada como lave 0 cabeza de puente para operationes militares en contra de ellos”, por ende, (2) H. King: “The Antartic 2000” “En su diario el Capitén Cook comenté: Si alguien tendrfa la resolucién y perseverancia, . . (de aclarar el punto de la existencia de la An- tértida) procedienda mas lejos de donde yo fo he hecho, no le envidiaré que el mundo na se beneficiard con ello’. “El peligro que se corre explorando las costas de estos desconocidos y glaciales mares es tan grande que sin exageracién puedo afirmar que nadie se aventurara jamas a ir mas lejos de donde yo fui”. “la Doctrina Monroe deberia extenderse a la Antartida” (3). Cabe destacar que el TIAR considera una Antartida americana en su Ambito de aplicacion espacial, Esta inexplotada reserva de recursos natlitales, es para la ciencia, un gran la- boratorio de estudios porque sus Hielos guardan datos inalterados de la historia geolégica y climatica de la regién y,ademds porque la Antartida es considerada determinante en los fenomenos meteorologicos y climaticos de nuestro planeta (4). Ultimos estudios han demostrado la directa relacién que existe entre los eco- sistemas de los paises del hemisferio austral y del continente antartico, especial- mente en el caso de aquellos que, como el nuestro, estan enfrentados por costas o vinculados a él por corrientes marinas (5). Cualquier alteracién del medio antartico puede tener efectos perjudiciales para el equilibrio ecolégico del Pera y de cualquiera de los demas paises benefi- ciarios de la Corriente de Humboldt, especialmente en el caso de la fauna marina que estos paises aprovechan gracias a esta corriente marina de procedencia antar- tica (6). Para paises como el nuestro, la injerencia en la administraciOn y regulacion de los asuntos antarticos es fundamental para asegurar la preservacion de nuestro medio ambiente y sus riquezas naturales, asi como para procurar una debida co- tizacion de nuestros principales metales que podria ser afectada por una indiscri- minada explotacién de los recursos no vivos de la Antartida, El desarrollo Historico Politico. E] siglo XX es escenario de dos grandes conflagraciones; para la Antartida la post-guerra represento la posibilidad de ser nuevo episodio de la sobreviniente discordia bipolar. La Guerra Fria auguraba el fantasma de un nuevo tipo de con- flagracion, decisiva, total y de desvastadores efectos que comprometian por sus alcances la existencia de la humanidad, si es que no lo era a través de un directo protagonismo. En cambio el siglo anterior fue, con la excepcion del viaje de Cook de 1795 en el cual cruzo por primera vez el circulo polar antartico, el marco temporal pa- ra una sucesién de aventuras expedicionarias que tuvieron como epilogo el des- (3) Castro, Terezinha: “Defensa Nacional: Asuntos militares y problemas brasileros”. (4) Augstein, Ernest: Instituto de Investigacion Polar “Alfred Wegener”. “Antartida rige clima terrestre’’ Correo, 23 de mayo de 1983. (5) Informe de actividades antdrticas. Ministerio de Relaciones Exteriores de la India. 1982. (6) Pinochet de la Barra, Oscar: “Bases para el desarrolla econémice de fa Antartida en su pPerspectiva politica juridica’’ pag. 364, Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile. 31 cubrimierto de la llamada ‘ultima frontera exterior del planeta”, honor casi incuestionablemente atribuido a Bellinghausen que, por encargo del Zar, dirigid la expedicién que entre 1819 y 1821 tocd por primera vez el continente antar- Aun asi, la cuestién de quiém fue exactamente el primero en descubrir la Antértida todavia permanece en el tapete y no est claramente resuelta a decir de los historiadores norteamericanos e ingieses. Los primeros afirman que fue un marino de Nueva Inglaterra llamado Nathaniel Palmer, mientras los segundos reivindican ése honor a Sir Edward Bransfield de la Marina de Su Majestad (7). Al menos ambos pioneros han dejado sus honrosos nombres para distinguir cier- tas partes de las zonas mds recurridas del continente antartico, la peninsula y sus mares adyacentes, y sobre las cuales se superponen los reclamos territoriaies de Chile, Argentina y el Reino Unido, Lo cierto es que desde entonces la Antartida comienza a mostrar sus grandes es alos Estados modernos. Sus objetivos recursos naturales y elabora- das ventajas estratégicas, expresadas en los primeros estudios geopoliticos sobre la regién, se hacen cada vez mas evidentes y su proyeccién al futuro s6ld consi- gue magnificar su importancia. “Después de concluida la llamada era de los descubrimientos, el interés por la Antértida se centra basicamente en funcién a las posibilidades que ofrece co- mo zona bajo utilidad estratégica’’ (8), En 1885, la introduccién del arpdn de cafién de Sue Foyd marca el inicio de la gran expansién de las ballenerfas polares y cientos de barcos balleneros co- mienzan a invadir los mares antérticos. En 1902, Scott explora el interior de la Antértida en trineo y el 14 de diciembre de 1911, el noruego Amundssen llega por primera vez hasta el mismo polo, que habia sido sobrevolado por e] Almiran- te Byrd de los Estados Unidos (9). El transito del siglo XIX al XX es, al menos en lo que respecta a la Antarti- da, el paso de la romantica aventura expedicionaria, no del todo desprovista de interés, a la busqueda de nuevas fuentes de recursos econdmicos y ventajas del tipo estratégico, A lo largo de él aparece una motivacion paralela y no del todo aséptica, que es la del interés cientifico, factor que posteriormente tendria gran vigencia en la formacién del lamado Sistema Antartico, De la aventura expedicionaria al interés cientifico, se transitaron los no de- _ clarados rumbes de la apetencia econémica y militar. Respecto a lo tiltimo cabe {7) Frank Alexander ob. elt. (8) Colunge, Forge: “La probiemética antdrtide y ta adhesién del Perd al Tratedo de (9) Frank Alexander, ob. clt, SE ee > sefialar los intentos de la Alemania Nazi durante la Segunda Guerra Mundial de instalar una base en el continente blanco que permitiera el control de los pasos antarticos, Con tal objeto, una expedicién aérea apoyada desde barcos de plata- forma, sobrevolé, en 1939, 300,000 km2, de la Antartida, cartografiandola y dejando caer esvasticas de metal cada 15 6 20 metros como simbolo de presencia en la zona donde se localizaria la base, ; Respecto al interés econédmico cabria recordar el papel de los mares antarti- cos en la expansion de la gran industria ballenera y actualmente, la tltimas pre- siones que algunas compafifas petroleras habrian ejercido sobre representantes gubernamentales de sus respectivas nacionalidades, si cabe aplicar este concepto. a las grandes corporaciones transnacionales, para que dentro del Sistema Antarti- co se formalice rapidamente un régimen que autorice la explotacién de hidrocar- buros y que era ‘‘casi imposible de ser detenida” por una moratoria en su explo- tacion que exceda a mas de dos afios, tal como ¢ra exigida y en mayores plazos por los paises reivindicacionistas y preservacionistas del Tratado Antartico, de acuerdo con el tratadista chileno Pinochet de la Barra en obra anteriormente ci- tada. _Tampoco se puede desconocer la indiscriminada pesca del krill que en aguas antarticas y adyacentes realizan algunas potencias pesqueras del hemisferio nor- te, principalmente, y que, a pesar de la magnitud del recurso, podria afectar a otras especies marinas que se sustentan de él, como eslabon primario de una am- plia cadena ecologica. Cabe sefialar especificamente el caso de la ballena que es un recurso que ya ha sufrido una gran expoliacion en aguas antarticas y otros mares del planeta, como hemos visto anteriormente, y que se alimenta directa- mente de dicho crustaceo. La opinién piblica internacional que se halla alta- mente sensibilizada en el tema de la preservacion de la ballena no es consciente aun de las implicancias que tendria una sobreexpiotacion de este crustaceo, En definitiva, el concepto que da unidad a esta multiplicidad de intereses como méviles de la actividad estatal es el del interés politico y que a inicios del presente siglo se comienza a hacer explicito. Este se expresara en la clasica for- ma del reclamo territorial, tal como ya ha sido esbozado. Los Reclamos Territoriales. La formacion de las. normas del Derecho Internacional sobre adquisicién de territorios esta muy ligada a la historia de la expansién europea sobre América y Africa, principalmente, que se realiza.a partir del siglo XV. Si es necesario con- signar un acontecimiento que eventualmente marque su inicio, el Tratado de Tordesillas puede cumplir el cometido. Este Tratado firmado en 1495 bajo el auspicio papal y que para algunos autores representa la “primera reparticién del mundo”, divide el mundo abierto ala aventura expedicionaria entre portugueses y espafioles, El proceso de gestacién de estas normas se podria sefialar que con- 33 cluye, (si ello es dable afirmar con respecto a los procesos hist6ricos y la evolu- cion del Derecho) por lo menos en su etapa formativa, con la suscripcidn del Acta de Berlin en 1885, que formaliza los elementos que la practica de los esta- dos europeos habian delineado en los Ultimos siglos. Estas normas que en ese entonces podian ser calificadas de consuetudinarias se informan fundamentalmente de dos principios clasicos del Derecho Romano como elementos necesarios para cualquier pretension de adquisicién territorial: el “animus” y el “corpus” que expresan, en definitiva los elementos subjetivo y objetivo en la pretension de adquirir. El acto material de actuar como propieta- tio o “corpus” que perfecciona la intencién de adquirir y al titulo invocado para tal fin o “animus”. Para el caso especifico de la adquisici6n territorial. este elemento material u objetivo ha sido definido en términos de ‘“‘ocupacion efectiva”, concepto al cual es preciso reconocer una falta de alcance preciso a la luz de los diversos ca- sos en los cuales ha sido aplicado. Lo que si parace claro, también a partir de su aplicacion concreta, es que en algunos casos adquirid predominancia o mayor pe- so frente al clasico titulo del descubrimiento —al cual los ingleses califican de “embrionario”— y que no habia sido acompamfado “en un tiempo razonable”’ (10) por una “ocupacién efectiva” del territorio descubierto. La historia esta lena de casos de estados que, mediante actos de “ocupacion efectiva’, desplazaron a otros que poseian el titulo “‘embrionario” del descubri- miento o meros actos de simbolica anexion. ‘La posesién debe ser actual, con- tinua y atil”, afirma un tribunal que conocié el caso de la Isla de Palma (11). El repertorio de los Estados para expresar la simbolica anexién como signo exterior de intencion reivindicadora se hizo cada vez mas amplio, tanto como las diversas formas en que estos fueron sustituidos o desmantelados por otros Esta- dos pretendientes a los mismos territorios. La suscripcion del art. 35 de la mencionada Acta de Berlin, acuerdo referido a los territorios que actualmente corresponden a la Repiiblica del Congo, es la expresiOn escrita de los elementos que conforman la institucion de la adcuisicion territorial y tiene un caracter testimonial indudable al poner sobre e! papel las normas que habian estado gestandose en la practica de los estados europeos. Pe- To, a Su vez, resulta sorprendente, a la luz de criterios actuales, al considerar que, de manera necesaria, dicho acuerdo tuvo que atribuir el caracter de ‘‘res nullius’” o “cosa de nadie” a territorios habitados por tribus autéctonas. El acuerdo trae un elemento que termina por dar la forma “‘definitiva’’ al concepto de la “‘ocupacion efectiva’’ que habia estado en pleno desarrollo. Era (10) Frank Alexander ob. cit. pag. 392. (11) Jones vs US 137 202 a 212 (1890). 34 . la exigencia del ejercicio de ciertas funciones gubernativas sobre el territorio que el Estado pretendia reivindicar, complementando de esa manera la ocupacién fi- Sica y otros actos realizados por sus nacionales para tal fin. Actos de jurisdiccién estatal también efectives sean de control o administraciOn de los territorios recla- mados y ocupados. La formalizacion del proceso arrojé cierto nivel de exigencia que estaba de acuerdo con las zonas reguladas, templadas o tropicales y la intensa competencia desplegada por los estados europeos con el objeto de adquirir territorios de ultra- mar. El Acta, pese a que las partes reconocen estar referida a las costas de Africa y que no vincula a terceros estados, formaliza las normas consuetudinarias de la época. Asi, poco tiempo después y én el caso de las islas Carolinas, Espafia fue Tequerida a que, en un tiempo prudencial, hiciera efectiva su soberania mediante el ejercicio regular de una administracién que garantice el orden y los derechos adquiridos (12). De aqui nace la teorjia de las “dos instancias’’, si asi se puede traducir los “two steps de Frank Alexander en su obra anteriormente citada (1). Pareciera que la “‘ocupacion efectiva” se descompone de dos fases complementarias entre st y vinculadas a las dos palabras que expresan el concepto. El caso de anexiones simbolicas o la incorporacién de extensos territorios australes a la jurisdiccién de ciertos estados reclamadores de territorios, mediante normas legales internas y sin el sustento de una ocupacidn fisica, que se menciona casi imposible de practi- car, carecerian de valor juridico alguno porque no compiementan actos materia- les que son requeridos por esta teoria. Si se piensa que estos actos sustituyen al primer paso o instancia que es emi- nentemente material, dado que es poco posible de ser llevado a la practica, flexibili- zando de esta manera los alcances de la exigencia, ello conllevaria, a decir de los tratadistas uruguayos autores de un libro sobre Ja materia (13), la desnaturaliza- cion de su sentido bajo pretexto de adecuarla a la realidad antartica. Lo que si es evidente es que en ciertos casos de territorios dificilmente acce- sibles 0 inhabitables como el de las islas Clippertton, los tribunales avalaron una simple anexién simbdlica que habia estado a cargo de Francia, sin algun tipo de previa o posterior ocupacion fisica de las islas. En el caso de las Islas de Palma “los Paises Bajos fueron favorecidos en contra de los Estados Unidos que se pro- clamaban sucesores de los derechos espafioles. El reclamo de Holanda fue descri- to como un titulo basado en cierto despliegue de autoridad (sobre la isla) en con- tra del titulo embrionario del descubrimiento que por sucesion esgrimia Estados (12) J.B. Moore, international Arbitrations Val. V (73) Arbuet Garre y Puceiro “‘Antartida, continente de los mas para los menos. 35 Unidos. El énfasis fue puesto en el continuo y pacifico despliegue de funciones gubernamentales a cargo de Holanda que habia recepcionado impuestos e insta- lado banderas” (14). Pareciera que en los casos de territorios inhéspitos o poco aptos para la habi- tacién, la jurisprudencia, en algunos de estos casos, ha puesto énfasis sobre los actos jurisdiccionales de los estados pretendientes sin inclusive exigir el pre-requi- sito de la ocupaci6n fisica, en consideracién al peculiar caracter de estos territo- tios; antecedente que es visto con mucho interés por los pafses reclamadores de territorios en la Antartida, Esta actitud ha sido considerada como una via de ex- cepcién dentro del tratamiento general que también ha confirmado la primacia de la “efectividad” sobre el descubrimiento. Cabria sefalar, en ultima instancia, que en‘ funcidn a la problematica antartica, este tiltimo modo de adquisicién ten- dria mayor relievancia frente a los otros cldsicos como la accesién, la continui- dad, etc,, en raz6n a las grandes distancias que separan a la Antartida de los terri- torios del estado mas proximo (mds de 1,000 km.). La norma general aplicable la podria definir el pronunciamiento que hizo el Instituto de Derecho Internacional en Lausana en 1898: ‘La toma de posesion se realiza mediante la instauracién de un poder local responsable dotado de me- dios suficientes para mantener el orden y asegurar el ejercicio regular de su auto- ridad dentro de los limites del territorio ocupado”. El caso de Groenlandia Oriental tiene gran importancia, en funcién tanto como por el tribunal que lo resolvié (la Corte Internacional de Justicia) como por el tipo de territorio sobre los cuales versaba la cuestién sub-litis. El alto tri- bunal favorecié la posicién de Dinamarca que se basaba en su intermitente y po- co amplio, en lo espacial, despliegue de autoridad estatal, a despecho de Noruega que consideraba no sustantiva y por ende insuficiente la efectividad del Rey da- nés sobre esas heledas costas. La Corte manifestd que en consideracién a las se- veras condiciones fisicas del territorio, el despliegue discontinuo de ciertas fun- clones gubernativas eran suficientes para otorgar soberania que, en estos casos, requiere la intencién de actuar en calidad de soberano y una manifestacion o un ejército efectivo de esa autoridad”. (15) Todo hace pensar que la jurisprudencia internacional atenud la exigencia de la “ocupacién efectiva” cuando ella se hubo referido a territorios de dificil acceso para el hombre, privilegiando, en estos casos el elemento de control o cierto despliegue de autoridad estatal sin el apoyo de la simple ocupacién fisi- ca, Pero todos estos casos han estado referidos a territorios sobre los cuales dos (14) Auburn, F.M, ob, ort, pdg. 12 (16) Sentencia No, 43 del § de abril de 1933 sobre Ja cuestién de Groenlandia oriental, Corte Internacional de Justicia, 36 o mas estados contendian y por ende, consideraban necesariamente que eran sus- ceptibles de ser adquiridos o reivindicados. Los tribunales tenian que decidir, en razon a la imposibilidad de que se realizase una ocupacion efectiva de los territo- tios reclamados, cual de los contendientes esgrimia un “mejor titulo”’ de acuerdo con su adecuacion al concepto (16). A su vez, en estos casos se percibe una nula participacion de terceros intere- sados o con un interés. contrapuesto a dichas adjudicaciones y por tanto, por omision o simple desinterés convalidaron y permitieron la tranquila ejecucioén de las resoluciones en cuestion. Dentro de la problematica antartica el caso seria diferente porque por varias razones, una de ellas podria ser la del interés de la comunidad internacional, en “la preservacion del dltimo lugar no contaminado del planeta” y a su vez, ‘‘de- terminante en los fenémenos ecologico-ambientales del mismo”’, este interés co- lectivo estaria en contraposicién con una apropiacién estatal exclusiva que even- tualmente podria acarrear consecuencias negativas en contra del interés general. ° La atenuacién de las exigencias impuestas por el Derecho Internacional co- rre el riesgo de desnaturalizarlas, como ya se ha visto, asimismo, tornase arbitra- ria cualquier definicin de un grado aceptable de efectividad” para que sea otorgada la soberanfa, El limite entre la flexibilizacion y el desmantelamiento de la exigencia es totalmente brumoso, Un caso asi precisa de terminos muy exi- gentes para otorgar soberania exclusiva a algunos paises u otros de diferente na- turaleza, acordes con la realidad a regularse y que tengan en consideraci6n el in- terés colectivo de las demas naciones”’. El desarrollo politico juridico de los iltimos afios ha comenzado a definir ciertas condiciones dentro de las cuales se podria hablar de un interés de la co- munidad internacional en su conjunto (las libertades para la comunicacion inter- nacional reconocidas por la II] Conferencia del Mar de las Naciones Unidas), en consecuencia a este razonamiento, se tiende a considerar que existen ciertas zo- nas ajenas a la apropiacion estatal atribuyéndoles el caracter de “res communis” cuando estos supuestos se realizan. El caso de la Antartida podria ser uno de ellos, tal como se ha reconocido para la Zona de los Fondos Marinos fuera de las jurisdicciones nacionales (200 m.) por la antes mencionada Conferencia Interna- cional y formalizado por la Convencion sobre Derecho del Mar. Pero a su vez, el paralelo de la Antartida con los fondos marinos fuera de las jurisdicciones nacionales no encuentra una exacta simetria, Sobre los fondos marinos nunca pendieron reivindicaciones nacionales, ni ningiin estado habia desplegado actividades de ocupacidn u explotacién (inica forma de ocupacion (16) Caso de fa isla de Palma. 37 posible en la Antartida segiin Fauchille). Si preexistieron, a la declaracion men- cionada (Patrimonio Comin), actividades de exploracién sobre los Fondos Mari- nos, la Convencién del Mar reconocié a sus ejecutores una suerte de derecho pre- ferencial (*). Este tratamiento nos dara una clave para analizar el peculiar pro- blema de la Antartida. La jurisprudencia que hemos estudiado, encaminada a resolver casos de terri- torios de dificil acceso, reconocieron “‘mejores derechos” en razon a la califica- cion de un mayor o menor grado de envolvimiento de los estados sobre los terri- torios reivindicados, sea fisico o de caracter jurisdiccional, otorgando su sobera- nia en un arbitrario: pero légico proceso de adecuar la ‘‘efectividad” de los esta- dos a las peculiares caracteristicas de esos territorios. En la Antartida el interés de la comunidad internacional estar{a contrapuesto a este tipo de adjudicaciones exclusivas como hemos visto anteriormente. A su vez, el temprano e historico envolvimiento de algunos estados sobre la Antartida en términos de esfuerzo na- cional desplegado bajo una solida mixtura de interés materialmente expresado en onerosas actividades antarticas, no todas ellas fundadas en una alta capacidad tecnoldgica, es también dificil de ser desconocido 0 enervado. La solucién es la creacién de un sistema que concilie los exclusivos intereses de algunos estados que han desarrollado antiguas y costosas actividades antarti- cas y el de la comunidad internacional en su conjunto. De alguna manera esa es la pretension del Sistema Antartico y de su fidelidad a este precario equilibrio depende su propia existencia. E] sistema, cuya espina dorsal es el tratado del mismo nombre, ha sido enriquecido por una serie de normas 0 recomendaciones que han elaborado las reuniones de miembros plenos desde su vigencia (1961). Algunos aspectos del Tratado Antartico y sus desarrollos posteriores tratan de cautelar el interés de la comunidad internacional, principalmente al declarar a la Antartida como primera zona de paz del orbe, proscribiendo su militarizacién y la utilizacién nuclear de ella, amén de haber alejado el mentado fantasma de la discordia bipolar que se cernia sobre el continente blanco. Asimismo, tiene la virtud de posponer las latentes fricciones regionales que importaban la superposi- cién de reclamos territoriales. Algunos de sus desarrollos tienen un caracter pre- servacionista que cautela un interés colectivo varias veces mencionado. En definitiva, el Sistema Antartico es un esquema provisional pero con voca- cién de definitivo y que, hasta el momento, satisface a todos los socios plenos que asumen la administracién y regulacion de la cuestién antartica conformando un “Club Exclusivo” que esta abierto a la adhesién de la comunidad internacio- nal. Los paises que pretenden adquirir capacidad deliberativa dentro de él ten- drian que cumplir las mismas condiciones que fueron exigidas a sus socios fun- dadores (17). (*) Resolucién sobre inversionistas pioneros. (17) Oscar Pinochet de ja Barra, “Evolucidn politico-juridica del problema antartico”, Con- ferencia en la Sociedad Chilena de Derecho Internacional. Versién mecanofraf, pag. 15. 38 ST ae Este es un esquema provisional que tiende a desarrollar un manejo interna- cionalmente restringido de los recursos de la Antartida, en la medida que lo per- mite la latente friccién que importa la ‘“‘congelada” cuesti6n de fondo, o proble- ma de la Soberania. Esta reaparece cada vez que se pretende negociar un régi- men que autorice la disposicién de recursos antarticos que es sdlo concebible ba- jo un régimen de dominio. Los paises reclamadores de territorios, siete en total, pueden ser considera- dos los grandes perdedores (18), si se considera que han flexibilizado su posicién al admitir, con la firma del tratado ant4rtico, la ingerencia de otros estados en la regulacion y administracion de la Antartida, Ello en lo aparente y sdlo si es que ellos mantienen una Optica poco permeable en las cuestiones de soberania, que aparecen sin un futuro viable dentro del espiritu del Sistema Antartico, El Tratado importa una internacionalizacion restringida de la Antartida en- tre los paises directamente involucrados en ella por sus actividades y expresa una nueva forma de “efectividad” admitida convencionalmente pero que sélo otorga- ria derechos colectivos y que es afirmada cada vez mas por la adhesiOn de nuevos miembros, EL TRATADO ANTARTICO. El] Tratado Antartico fue suscrito en 1959 por los doce paises que habian instalado bases en la Antartida o habian conducido programas de investigacién cientifica en ese continente durante la realizacion del llamado Afio Geofisico In- ternacional. Los auspiciosos resultados del citado evento en materia de coopera- cién internacional en el 4mbito cientifico y el intercambio de informacion que él propicié, sirvieron como directo antecedente para la culminacién del Tratado y, ademas, favorecieron su pronta formalizacién a pesar de las latentes fricciones que cualquier negociacién antartica suponia. Entre estos doce socios fundadores se encuentran paises que reclaman terri- torios como Argentina, Australia, Chile, Francia, Nueva Zelandia, Noruega y Reino Unido, asi como otras, principalmente industrializados que desconocen las reclamaciones o se reservan el eventual derecho a formularlas, como los Es- tados Unidos, Union Soviética, Bélgica y el Japén que en ese momento poseian ya la capacidad para iniciar la exploracién y explotacién de algunos de los recur- sos antarticos y que se inclinarfan posteriormente a un manejo y administracion internacional de ellos a cargo de los socios del Sistema Antartico, cuya espina dorsal es este Tratado del mismo nombre. El Tratado que esta abierto a la adhesién de cualquier pais miembro de las (18) Pinochet de la Barra, Oscar Ob. cit., versién mecanograf. pag. 9. Candiotti M. Alberto: “El Tratado Antartico no debe ratificarse”. Buenos Aires, 1960, En esta obra el autor afirma: “EI Convenio de Washington conduce a Ia internacionalizacidn del Continente Antartico, inclurdo nuestro territorio”’. 39 Naciones Unidas establece una regulacion y administracién internacionalmente restringida de los asuntos antarticos dirigida por los Miembros Consultivos, que son los doce originales mas Polonia y Alemania Federal; calidad que un pais adhe- rente puede adquirir después de instalar una base cientifica o haber conducido sustantivas actividades de investigacion en la Antartida. Ademas, el Tratado dis- pone la desmilitarizacién de ella y proscribe el uso de energia nuclear en toda la zona al sur del Paralelo 60° S. y expresamente, soslaya la cuestion de fondo al “congelar” los reclamos territoriales hasta su revision que podria realizarse en 1961, si es que alguno de los miembros plenos lo solicita. Las principales disposiciones del Tratado Antartico son las siguientes: a) La Antartida sera utilizada exclusivamente para fines pacificos y se prohibe toda actividad militar en ella a menos que tenga un cardcter logistico o de apoyo a la investigacién. b) Existe plena libertad de investigacion cientifica en la Antartida. c) Ningtn acto o actividad que se lleve a cabo mientras esté vigente el Tratado constituira fundamento para hacer valer, apoyar o negar soberania. No se podra hacer nuevas reclamaciones o ampliar las existentes. Ninguna de las disposiciones del Tratado podra interpretarse como una renuncia a los dere- chos de soberania o a las reclamaciones territoriales que alguna parte contra- tante hubiere hecho valer precedentemente. d) Toda persona que se desplaza en la Antartida solo esta bajo la jurisdiecion de su estado, e) Toda controversia se resolvera por medios pacificos. f) Transcurridos 30 aiios se podra celebrar una conferencia para revisar el Tra- tado a pedido de cualquiera de las partes. DESARROLLO DEL SISTEMA ANTARTICO En las reuniones ordinarias y especiales que han venido realizando los Miembros Consultivos desde 1961, afio en que entro en vigencia el Tratado Antartico, han nacido algunos acuerdos que tratan sobre la disposicion de recur- sos antarticos. Se ha logrado formalizar un Convenio sobre Conservacion de Re- cursos Vivos Marinos Antarticos que, recogiendo algunos principios adoptados anteriormente como “el eco sistema antartico es especialmente vulnerable a la in- terferencia humana” o, que cualquier actividad antartica tendra por considera- cién primordial el respeto por el equilibrio ecoldgico y la preservaci6n del medio ambiente al sur del Paralelo 60 grados S” (19), afirma el contenido preservacio- nista que ha caracterizado el desarrollo del Sistema Antartico. De otro lado, en las Gltimas reuniones especiales se ha venido descutiendo un acuerdo que permitiria la explotacién de hidrocarburos y minerales antarti- (19) Vi y Vil Reuniones Consuttivas. 40 cos, El proyecto no ha-podido ser concretads aun porque, de alguna manera, el tema de la disposicién de recursos ingresa en el delicado tema de la soberania que permanece expresamente ‘‘congelado” por la letra del Tratado. Es claro, sin embargo, que la internacionalizacion restringida que el Trataco umplicitamente establece importa una “flexibilizacion” de las posturas territorialistas, al admitir ei acceso de otros estados en la regulacion y administracion antartica, en virtud a sumer bresia a dicho acuerdo internacional. Los paises que reclaman tertiterios ¢xigen que cualquier régimen que auto- fice la disposicidn de recursos antarticos les reconozea derechos preferenciales que podrian concretarse-en la admimisiracion de las actividades @ realizarse en Zo- nas Vinculadas a sus reclamaciones. El internacionalismo sustentado por las de- mas partes contratantes pretende que el proyecto defina una forma de adminis= tracion en iguaidad de condiciones entre los Miembros Consultivas y a cargo de Steganos del propia Tratado, UNA MIRADA HACIA EL FUTURO Los antecedentes del Tratado Antartico aparecen como un elemento valioso para entender el significado del Sistema montado alrededor de él y una pauta va- lida para prever su-desarrolle y orlentacién general. La prolifica labor de las reu- niones de miembros plenos o Consultivas ha enriquécido él esquema notmativo nacido dei. Tratado, conformando todo: un sistema que regula toda la amplitud dela Wamada “cuestién antartica” cuya éspina dorsal sigue siendo el Tratado pe- ro al que dificilmente puede seguirsele llamando “marco” o norma estatutaria del “Club Exclusive” al estar negociando dentro de él un cenvenio que autoriza: ria la explotacién de los recursos mineralés antarticos y haberse convenido une sobre recursos viyos marinos. El Tratado, como hemos visto, falla-expresa y ostensiblemente en regular ¢i aprovechamiento de las riquezas naturales encerradas en el continente blanco y sus atticulos més importantes y delicados (en funciona la cuestién de fondo) sa- tisiacen tanto alos paises teclamadores de territorics como a los que desconocen esta posibilidad, “‘congelando” los reclamos territoriales, “sin reconocer o desco- nocer” (los), tal como lo describe el tratadista argentino Mario Amadeo, en una tedaccion que algunes autores han calificado como unejercicio de “acrabacia ju- ridica’’, que obviamente no resuelve el problema pero que lo difiere hasta mejo- res tiempos, esperando, probablemente, que:el desarrollo mutuamente satisfacto- tio del Sistema afiance una salida conjunia y no exclusivista. Les Estados Unidos de América desde finales de la Segunda Guerra Mundial st habian manifestado en favor de foritilas que tendian 2 la internacionaliza- cién de la Antartida, @ las cuales ciertos paises, incluida la reivindicacionista Gran Bretafia, habian mostrado interés y disposicién favorable. Pero ia mayoria de los paises reclamadores de territorios se mantuvieron en una trinchera opues- ta, principalmente Chile y Argentina, que tempranamente habian mostrado su disconformidad frente a este tipo de iniciativas, El catalizador de la cuestién fue la realizacién del Afio Geofisico Internacio- nal y alguna de sus posteriores consecuencias. Durante dicho evento los dos mencionados paises hicieron esfuerzos para que sus resoluciones remarcasen “el caracter puramente cientifico del evento” y en relacion a las bases que se cons- truyeron, en virtud al programa de cooperaci6n cientifica, se afirmase su caracter de “iniciativas temporales. . , que no modificaban el status existente en Antarti- ca" (20). Una consecuencia posterior a la realizacion de dicho evento fue la ma- nifestacién de la Unién Soviética de que no levantaria esas “bases provisionales” al término del evento y que se hallaban localizadas en varias zonas sobre las cua- les pendian reclamos territoriales, principalmente australianos; Washington en- tonces afirmé “lo mas probable es que la presencia soviética se prolongue indefi- nidamente” (21), La Union Soviética casi simultaneamente manifesto que des- conocer{a cualquier régimen que no previera su participacidn y que los descubri- mientos de Bellinghausen y Lazarev de 1821 le hab{an dado derecho a participar y a tomar parte en el futuro de la Antartica, (22). Imaginables son los problemas que los paises reinvindicacionistas tuvieron que vencer, principalmente ‘en el ambito interno, para suscribir el Tratado de Washington; recordemos la prédica del internacionalista argentino Alberto Candiotti en contra de dicho tratado. Pero por otro lado, las bondades de la cooperacion internacional que el Afio Geofisico habia mostrado y el temor a la politica de hechos consumados, antes mencionada, permitié la pronta suscrip- cién del Tratado Antartico entre disimiles interesados y propuesto por la Secre- taria de Estado norteamericana. El desarrollo del Sistema Antartico tratard de mantener este buen sentido que ya han mostrado algunos paises reinvindicacionistas, incorporando ciertos elementos que interesan al conjunto de la comunidad internacional, que hasta ese momento y en su gran mayoria se habia mantenido alejada y ajena a la forma- cién de este esquema juridico que deviene en “res inter alias acta” para los paises no vinculados por él, Cualquier especulacién sobre su desarrollo deberd tener en cuenta las pre- guntas casi proféticas que el delegado de Francia ante la Conferencia de Washington hiciera a ciertos representantes de paises con reclamaciones territo- riales‘(23) ‘“‘Creen Uds. que habria una verdadera congelacidn de las soberanias (20) “‘La Nacién” Julio 7 y 11, 1955 Buenos Aires, Argentina. (21) Enrique Guajardo, Revista del Instituto Antértico de Chile, No. 10 pag. 55, 1977. (22) Memordndum Gobierno de la Unidn Soviética del 7 de junio de 1950. (23) André Gras, discurso mimeografiado, oct. 29 pég., 6, 1959. 42 I ——CitS ¥ que se podra después de 30 afios hacer revivir la situacién integralmente? No tienen Uds. la impresion que si este Tratado se cumple bien, no nos encontrare- mos al final delante de una internacionalizacién de hecho de la Antartica?”, Sim- plemente quedaria afiadir que actualmente son muchos més los paises los llama- dos a otorgar tal calificacién o que existe una realidad internacional diferente a la cual la evolucién del Sistema Antartico deberd tener en cuenta para poder considerar que este “funciona bien”, 43 | | ANTARTICA ANO 2,000 NUEVAS PERSPECTIVAS POLITICAS Y¥ JURIDICAS por Oscar Pinochet de la Batra. (Discurso de incorporacién a la Sociedad Cientifica de Chile, como miembro ti- tular. Sesién del 29 de noviembre de 1982) Uno de los aspectos mas atrayentes del problema antartico es su absoluta originalidad, de tal manera que cada paso en busca de soluciones debe apoyarse en normas nuevas o en la adaptacién muy especial de normas ya conocidas. Estos nos impone una primera obligacién: la de ser lo suficientemente ima- ginativos para idear, para crear medios que, por una parte, se ajusten a la extrema originalidad del continente antartico y, por otra, sean practicos y operables en condiciones muy dificiles. 1. Soberania Uno de los primeros puntos —y mds delicados— es el de la soberania en An- tartica. Por afios me ha interesado precisar cuales serian las normas minimas a que deberian ajustarse los paises deseosos de ver reconocidas sus pretensiones de de- rechos soberanos, Esto ha quedado un tanto sobrepasado por los acontecimientos. | | | | | | Reconozcamos que la adquisicién de soberania territorial exclusiva en pleno | siglo XX, en la forma clasica a que estuvo acostumbrada la humanidad durante | centurias, ha pasado a la categoria de tema propio de estudios académicos. | | | | | | | Ya el Congreso Africanista de Berlin, en 1885, hizo un tltimo esfuerzo en esta materia. Sus resultados fueron efimeros y el hombre moderno advirtié que el planeta tierra no era mas res nullius, al alcance de los paises ansiosos de au- mentar su soberania. Sin embargo, a principios de este siglo, Gran Bretafia marc trazos sobre el mapa antartico para indicar a otros gobiernos, eventualmente interesados, los li- mites de sus pretensiones, gesto que fue seguido por otros seis paises, entre ellos Chile, en una carrera de sectores que luego se transform en carrera de bases. 45 i Cada vez se hizo valer antecedentes de diverso orden y debe reconocerse que algunos de ellos eran y siguen siendo de calidad ante ¢] derecho internacional. El problema es otro y vale la pena presentarlo claramente: pronto a comen- zar el tercer milenio de la era cristiana, el derecho internacional esta mirando en una direccion que no es la estrecha y restringida de las exclusividades, Por el contrario, estos iiltimos afios del siglo XX son bastante explicitos al respecto y basta alzar los ojos al espacio interplanetario o contemplar la inmensidad del mar © considerar la tendencia a multiplicar los vinculos internacionales en asociacio- nes fraternales y solidarias, para darse cuenta de que la linea gruesa de la historia va cada vez mas hacia caminos de amplia y dificil unidad. Es la reaccién humana preocupada por la sobrevivencia en un mundo nds chico, mas contaminado, mas leno de apetitos y egoismos, al borde del colapso nuclear. Surge entonces entre esas miserias un instinto atin mas poderoso, el ins- tinto de la vide. Antartica puede ser un lugar de prucba para nuestros instintos y para nues- tza inteligencia. iEntonces, los antecedentes geograficos, historicos, juridicos, politicos, eco- némicos sobre el sexto continente no tienen valor practico y deben ser abando- nados? Nada mas lejos de eso. Fue justamente el reconocimiento de su existen- cia lo que permitio reunir al primitivo grupo de paises redactores del Tratado Antartico, tanto para gozar de los beneficios pacificos y cientificos del continen- te austral como para ocuparse, con una mayor cuota de responsabilidad, de su preservacion. Todo esto es parte de la historia de Antartica y no se puede borrar de una plumada. El haber estado juntos en el acto que dio nacimiento al tratado, proporciond a algunos paises la oportunidad tinica de establecer las reglas del juego para el fu- turo, Claro que no se procedié con un dnimo restrictivo o egoista, sino amplia- mente abierto a la participacion de todos los paises interesados, con tal que se respeten esas reglas. De ahi que quienes han llegado después al “club”, aunque han partido de un sistema antartico preexistente, estan aportando sus valiosas ideas para mejorarlo. Parece apropiado tratar de determinar cual es actualmente el efecto practico de los titulos de soberania en Antartica. Recuerdo muy bien —pues estuve en la dicusion de! Tratado Antirtico de Washington, de octubre a diciembre de 1959- que ante las dudas de ciertos de- legados por la suerte que podrian correr los titulos de soberania y el verdadero 46 efecto de la “‘congelacion” prescrita en el Art. IV, el delegado de Francia y ase- sor juridico del Quai d’Orsay, profesor de Derecho Internacional Piblico sefior André Gros, precisO 0, quizds, profetizo, lo siguiente. “‘;En 30 afios mas, como vamos a encontrarnos en la Antartica? gCreen Uds. que habra una verdadera congelacion de las soberanias y que se podra después de 30 afios hacer revivir la situacion integralmente? ;No tiene Uds. la impresiOn que si este tratado se cum- ple bien, no nos encontraremos al final delante de una internacionalizacion de hecho de la Antartica?” (1). Son términos que pueden aceptarse o no, pero ahi estan para hacernos refle- xionar. Conviene repetir que no se “‘congelé” Ja soberania propiamente tal sino que se congelaron las disputas, se congeld “‘lo litigioso antartico”. Como lo anota otro francés, el profesor René-Jean Dupuy (2) se mantuvo en statu quo la situa- cion que se vivia esos dias, “sin renuncia ni menoscabo” para nadie, como dice el Art. IV del tratado, quedando inmovilizado lo litigioso para unos y para otros, pero cada pais siguié administrando su sector, Esto no se ha suspendido en nin- gun momento. A pesar de la naturaleza de esta “congelacion™, las decisiones administrativas colectivas —producto de las recomendaciones—, los controles, el especial ejerci- cio de la jurisdiccién, han ido creando una situacién especialisima que tiene to- das las posibilidades de perpetuarse. Quisiera insistir un poco mas en esta materia. Quienes desde hace 40 afios estamos divulgando la soberania de Chile en la Antartica, tenemos la responsabilidad de explicar hoy los cambios que se han producido con motivo de la vigencia del Tratado Antartico de 1959. Tengo la impresién de que las declaraciones de sectores hechas hasta 1942 por siete paises no cumplieron totalmente sus objetivos, en vista de la reticencia mundial para reconocerlas y la falta de aprobacion por parte de organismos in- ternacionales, sean judiciales o politicos. En el siglo XXI, mas importante que pasear por los hielos la bandera secto- rial, sera avanzar con nuestra preocupacién mas alla del sector y abarcar toda la Antartica con una mirada mas amplia, de responsabilidad mas grande pero com- partida: la de coadministradores de una inmensa zona especial de conservacién que ocupa todo el extremo austral de la Tierra. (1) André Gros, discurso mimeografiado, actubre 29, 1959, pag. 6. (2) Rene-Jean Dupuy, “‘Lée Traité sur l‘Antarctique”, Annuaire Francais de Droit International, 1960, 9.123. 47 El pais que pretendiera llevar adelante, con desconocimiento de las realida- des existentes, una politica exclusivista, no tendria porvenir en el sistema antarti- co o fuera de él. No se trata, sin embargo, de un condominio o de otro caso de soberania compartida, No, es mas bien un coimperio, un mandar con la autoridad nacida del Tratado Antartico, al que los signatarios Ilegaron por titulos de diversa natu- raleza. Hay algo muy importante: los contratantes ejercen colectivamente jurisdic- cion, es decir, un poder o autoridad que les habilita para tomar decisiones y ha- cerlas cumplir, Paralelamente existen, o pueden existir, por cierto, soberanias sectoriales individuales, con ciertas restricciones que ya les impone el mismo Tra- tado, Existe algo innegable. el continente antartico ha adquirido en estos ultimos afios una personalidad especial, diferente a la de sus coadministradores. El continente antartico esta viviendo, como siempre lo hizo, mas alla de he- chos circunstanciales, su propia vida. Si el tratado terminara poco después de 1991, los derechos o pretensiones existentes antes del 23 de junio de 1961 resurgiran de entre los hielos, aunque no sé si lo harian vigorosos o como helados fantasmas. Sin embargo ,puede alguien concebir una Antartica prospera y pacifica sin el convenio de Washington? ;Se- ria posible y deseable una Antartica tal como la conocimos en las décadas del 40 y del 50, con sus tensiones, como una fuente de perturbacion de todo el hemisfe- tio austral? Tengo la impresion de que con tratado o sin tratado el pasado no volvera a repetirse exactamente igual en la Antartica. Y ésta es una primera reflexion. 2. Antartica pacifica y cientifica Que ese continente esté totalmente aislado tras los mas vastos océanos, es un simbolo que no podemos desestimar. Por eso es que la Antartica debe continuar construyendo sola un futuro de caracteristicas propias. Y aqui caemos en un tema importante. ,qué clase de Antartica queremos? Creo que Uds. estaran de acuerdo conmigo en que este enorme territorio austral 48 —— ee debe seguir siendo fundamentalmente un gran parque internacional, el mayor la- boratorio cientifico del mundo y la tltima zona no contaminada del planeta. Queremos que la Antartica siga siendo el mas importante laboratorio cienti- fico, como en realidad lo es desde la iniciacion del Afio Geofisico Internacional, el lo. de julio de 1957, hace ya un cuarto de siglo. Sus puestos de investigacién suman varias decenas y quienes los sirven se acercan a Jas 1,000 personas en in- vierno y van de 4,000 a 5,000 en verano. El mundo se perjudicaria si de la noche a la mafiana se detuviera ese trabajo, que ha sido calificado “el mas exitoso programa de investigaciOn internacional en la historia de la ciencia”. (3) Se perjudicaria si un dia se debilitara la labor de conjunto que se ha creado, la hermandad que une a hombres de 14 naciones dife- rentes, la relacion estrecha fomentada por organismos como el SCAR, la planifi- cacion, la coordinaciOn de resultados, etc, Queremos también que los iltimos convenios sobre las focas, sobre los re- cursos vivos, sirvan para un juicioso aprovechamiento econémico del mar antar- tico, de tal manera que esta riqueza renovable no se agote, como estuvo a punto de pasar con la ballena, 3. Aprovechamiento econdmico e Ese es el presente, pero debemos ser previsores y planear el porvenir. Debemos hacerlo con el sentido de responsabilidad del que preserva un ver- dadero tesoro de la naturaleza, un monumento austral de cuyo punto central parten todos los meridianos dél planeta, como lazos que llaman a un cordial y colectivo entendimiento. Debemos hacerlo con audacia, porque la Antartica no sera jamas conquista- da por los mediocres o los timoratos, sino por quienes piensen con grandeza y actien con decisién, come Amundsen y Scott, como Shackleton, como Charcot y Byrd, como los loberos y los balleneros conocidos y desconocidos, como los hombres de ciencia que exponen su vida cada dia en bien de toda la humanidad. Y asi entramos al punto que a todos nos preocupa: el aprovechamiento de las riquezas minerales y especificamente, el aprovechamiento del petréleo. De cémo comenzé esta inquietud es parte de la historia de las reuniones an- tarticas. Si hubiera que ponerle una fecha seria el mes de octubre de 1972 y lu VII reunion consultiva de Wellington, Nueva Zelandia, hace justamente 10 afios. (3) Barney Brewster, “Antarctica, wilderness at risk’’, Australia, 1982. pag. 114, No vamos a repetir lo ya relatado en varias oportunidades. Unicamente a fe- licitarnos de que, luego de ciertas actitudes precipitadas que pedian una increi- blemente pequefia moratoria de dos afios, después de la cual se habria autorizado la libre entrada en el continente polar a la exploracion y subsiguiente explota- cién petrolera, se decidiera en reuniones consultivas posteriores no innovar mien- tras no se contara con la reglamentacién pertinente. Sin caer en la infidencia puedo decir que en las negociaciones de Wellington de 1972 —on sesiones de las que no quedaron actas— hubo una delegacion que se mantuyo firme en una moratoria no inferior a los 10 afios o en una moratoria que duraria el tiempo necesario para redactar el mencionado reglamento. Esa delegacion fue la de Chile y quienes entonces formamos parte de ella hicimos uso de una terquedad que bien valia la pena manifestar. Con el mismo énfasis usado esos dias quiero decir hoy que se ha pasado més alla del plazo prudente para confeccionar el mencionado instrumento internacio- nal, Quienes acaban de tomar parte en la reunién consultiva especial sobre recur- sos minerales antArticos celebrada recientemente en Wellington, saben que se ha avanzado significativamente en ciertos puntos del temario, También deben re- conocer que quedan pendientes algunos que son de importancia decisiva y po- drian bloquear el resultado si no son resueltos unénimemente. Chile era uno de los paises que hasta 1973, antes de la crisis del petroleo, se oponia tenazmente a convertir el laboratorio cientifico y el parque internacional antérticos en una productiva sociedad comercial. Esa crisis cambi6 dramatica- mente las circunstancias y ahora habria que tomar en cuenta los siguientes ante- cedentes favorables a una complementacién del sistema antartico: — Ia explotacién petrolera estaré limitada en el tiempo y durara lo que dure la produccién de los pozos; se ha dicho que si el mundo entero tuviera que de- pender de las posibles reservas antarticas, éstas no durarjan mas de tres afios, (4) — la explotacién petrolera esta limitada en el espacio, ya que los estudios geoldgicos preliminares indicarian la existencia de petroleo principalmente en las plataformas continentales; — como resultado de lo anterior, la explotacion petrolera no hara entrar ala Antartica en una etapa nueva y negativa de su historia, como se temia, sino en un lapso relativamente breve, atin més breve si se piensa en la larga vida de Ja Antartica, antes que en la corta vida de los hombres; (4) Nota anteior, pag. 105. 50 — la mayor parte de! continente no sera realmente afectada por la produc- cién petrolera y el hombre apenas la advertira, ya que no tendra lugar mi en las zonas de interés turisticos ni en las zonas especialmente protegidas a fin de pre- servar la flora y la fauna, y — el delicado asunto de la contaminacion es de extremada gravedad, por lo que ya se ha visto en el Artico, frente a Alaska y Canada, existiendo en los paises tiberefios del Polo Norte, y desde luego en-la Union Soviética, procedimientos para descontaminar el hielo y el permafrost; — podra preservarse el paisaje antartico, ya que no habra tala de bosques ni desvio de rios y, por excepcion, algun corto oleoducto, en vista de la convenien- cia que tendra el almacenaje del petréleo en estanques su bmarinos; — la actividad minera sera restrictiva, excepcional y solo permitida bajo se- veras normas y sanciones; — la actividad cientifica deberd, por el contrario, fomentarse con parte del dinero obtenido en la explotacién, y continuard siendo la principal de Antartica; — la zona del tratado antartico, con sus 34 millones de Km. cuadrados de mares, hielos y rocas —es decir 1/14 de la superficie terrestre— debera continuar siendo una region de especial atencién de la humanidad, por sus condiciones eco- logicas, por su caracter de verdadero pulmon planetario, el equilibrio de su tem- peratura, su flora y fauna originales, el mayor depésito de hielo y fuente de otras riquezas para épocas de escasez. i * * . Las normas generales de un régimen sobre recursos minerales antarticos que- daron establecidas en la recomendacién XI-] de Buenos Aires, en 1981, y pue- den resumirse asi: — mantencidn del Tratado Antartico, papel activo y responsable de las partes consultivas, proteccion del ambiente antartico y de sus ecosistemas, resguardo de los intereses de toda la humanidad, — salvaguardia de los principios del articulo 1V del Tratado Antartico, y — que el régimen sea aceptable tanto para aquellos Estados que han hecho 51 ————— valer derechos o pretensiones de soberania territorial, como para aquellos que no los reconocen, Estos seis principios son fundamentales y sélo haber llegado a un acuerdo sobre ellos significa un paso importante. ,COmoimplementarlos? ,;Cémo hacer concordar a unos y a otros en un problema atin mas complicado que aquel que tuvimos en Washington en 1959, al redactarse el Tratado? La “congelacién” de lo litigioso en beneficio de la ciencia no preocupaba, ya que salvo los problemas del ejercicio de la jurisdiccion, no se temia un dafio para las pretensiones o derechos. Hoy podria ser diferente. Siempre se dijo que ex- plorar es un acto de ciencia, no de politica. La duda surge cuando se trata de de- sarrollar actividades econémicas como la mineria. La pugna entre paises reclamantes y no reclamantes ha renacido con vigor al comenzar a negociarse un reglamento para la prospeccién, exploracién y explota- cién del petréleo, Me parece que ésta es la dificultad principal que debe tenerse en cuenta, mas que los peligros de la contaminacion y mas que las complicadas normas especiales que regiran una asociacion absolutamente singular. 4. Control por sectores-cuadrantes Es mas facil entender el futuro de las regiones antarticas si entramos en ellas con mente nueva y las consideramos realmente lo que son: un continente con personalidad propia, un continente que nunca tuvo poblacion autoctona y que es posible moldear segin nuestras necesidades y las del mundo de hoy, sin que sea tocado por el tema de la descolonizaci6n. Y sin embargo, a pesar de esta personalidad tinica, y aunque suene a contra- diccién, todo el desarrollo debe llegar a Antartica de los continentes y mares que la rodean. Todo lo cual nos lleva sin mas preambulo a plantear las eventuales activida- des econdmicas a partir de la divisién en sectores-cuadrantes de 90 grados, cuyos nombres y limites serian los siguientes: Sudamericano del meridiano de Greenwich al meridiano 90 grados Oeste Pacifico del meridiano 90 grados Oeste al meridiano 180 grados 52 : Australiano del meridiano 180 grados al meridiano 90 grados Este Africano de] meridiano 90 grados Este al meridiano de Greenwich. No es una divisidn caprichosa ni soy yo su autor. Los que primeros relacionaron las tierras polares con el continente.america- no fueron el belga Adrién de Gerlache, (5) en su viaje de 1898 - 1899, quien las llam@ ‘‘Regiones Antarticas Sudamericanas’’, y el sueco Otto Nordenskjéld, (6) 1902 - 1903, quien las denomino ‘“‘Antartida Americana”. En Chile se refirié al sector americano el ilustre ge6égrafo Luis Riso Patron, (7) en 1907, fijandole como limites los meridianos extremos de América del Sur. En el mismo decenio, Jean Charcot lo denomind mas propiamente “Antarctique Sudamericaine’’, (8) en su segunda expedicion, 1908 - 1910, y otro compatriota suyo, el meteorologo Jules Rouch, amplié enseguida el sector hasta el meridiano de Greenwich, por un lado, y el meridiano 120 grados Oeste, por el otro. (9) Pero fue Sir Clements Robert Markham, (10) Presidente de la Real Sociedad Geografica de Londres, quien dividié la Antartica en cuatro sectores- cuadrantes de 90 grados, hace justamente 70 afios, con los limites que sefialé hace un mo- mento, partiendo del meridiano de Greenwich. A su idea adhirieron desde en- tonces muchos especialistas en problemas antarticos, entre ellos recuerdo dos gedlogos ingleses, de la Universidad de Cambridge, Priestley y Tilley, y a otros hombres de ciencia. Hace acerca de 40 afios mencioné en un trabajo (11) la importancia del sector-cuadrante o continental, no ya solamente en su ambito geogr4fico, sino como un antecedente para valorizar la presencia y los titulos de los paises situa- dos alrededor de la Antartica. Vecindad y ubicacién que, segiin se ha visto, sir- ven asimismo para facilitar el control o acceso a la region. Esta teoria del sector-cuadrante o continental, que yo adaptara‘del gran tra- (5) Adrian De Geslache, “Quince mois dans IAntarctique”, Bruxelles, 1902, pag. 28. (6) Otto Nordenskjdld, “Au Péle Antarctique”. Paris, pag. 10. (7) Luis Riso Patron, “La Antartica Americana’, Anales de la Universidad de Chile, 1907. (8) Jean Charcot, “Le Pourquoi-Pas? dans | “Antarctique™, Paris, 1910, pag. 344. (9) Jules Rouch, “Le Péle Sud”, Paris, 1921, pag. 17. (10) Sir Clements Markham, “The Lands of Silence”, London, 1910. (11) Oscar Pinochet de la Barra, “La Antértida Chilena”’, Santiago, 1944, pp. 105-116. Cs Sa aan ny DEERE rE eT ee LT tadista Paul Fauchille (12) para valorizar los titulos antarticos, ha sido después mencionada con interés por profesores como Charles Rousseau (13) y Gilbert Gidel. (14) La idea del sector-cuadrante de 90 grados Ja expongo ahora para el solo efec- to del mejor control del aprovechamiento econémico de la Antartica. Durante la primera reunién consultiva especial sobre los recursos minerales antarticos, realizada en Wellington en junio del presente afio, la delegacién de los Estados Unidos de América dio a conocer un interesante proyecto con el mismo fin. Lamentablemente los meridianos que esa delegacion marcé para sefialar sus sectores-cuadrantes me parecen arbitrarios. Creo que seria mucho mas conve- niente, tanto por razones practicas como de claridad conceptual, hacer coincidir el limite de los sectores-cuadrantes con el meridiano de Greenwich, el 90 grados Oeste, el 180 grados y el 90 grados Este. De esta manera, tres de estos grandes sectores antarticos quedarian enfrentando en forma mas exacta a los tres grupos terrestres australes: América, el grupo Australia-Nueva Zelandia, Africa, y el cuarto al Océano Pacifico. Renaceria, entonces, un concepto geografico que tiene ya larga aceptacion. Es natural que los miembros del Tratado Antartico, sin perjuicio de su inte- rés en la administracién de todo el continente, tengan especial preocupacion por el destino de aquel cuadrante antartico situado frente a sus costas. En cuanto a aquellos miembros del Tratado que pertenecen al hemisferio norte, su preferen- cia por intervenir en cualquiera de los cuadrantes antarticos no se vera afectada. Es natural, asimismo, que los Estados vecinos a un cuadrante den mas im- portancia a la conservacién incontaminada de hielos y mares situados en sus ve- cindades, al control de las areas especialmente protegidas y al turismo. Esta division, como dije, ayudaria a un aprovechamiento econdmico mas ra- cional del continente Antartico, descentralizando labores petroleras y facilitando les trabajos. Los miembros consultivos lo han administrado bien desde 1961, en materias relativamente sencillas. Con la industria petrolera se entrara a una fase mas complicada: desde las autorizaciones para explorar y explotar, hasta los de- rechos por “royalties” y patentes, sin olvidar las ‘acomodaciones’ econdmicas a que haya lugar, las medidas de prevencién de la contaminacién y las que han de tomarse para descontaminar en caso de accidentes, Asi como la comunidad internacional ha aceptado durante dos decenios la responsabilidad especial de los miembros del Tratado Antartico en la administra- (12) Paul Fauchille, ’Traité de Droit international Public”, t. 1, 2a. parte, pdrrafos 531-539. (13) Charlee Rousseau, “Derecho Internacional Publico”, Barcelona, 1957, pag. 250. (14) Gilbert Gidel, “Aspects juridiques de la lutte pour l’Antarctique”, Paris, 1948 y “Les Péiles et le droit de gens, Université de Paris, 1950. ee 54 cién de toda Ia zona de aplicacion habra que reconocer también una responsabili- dad especial a aquellos miembros consultivos que deseen velar, con mas experien- cia y conocimiento, en el sector-cuadrante en el que han ejercido tradicional- mente sus actividades 0 que conocen mejor por haberlo explorado con mas asi- duidad. En resumen, parece recomendable adoptar, por razones practicas de admi- nistracién y control del aprovechamiento econdmico de Antartica, el sector-cua- drante o continental, con los limites ya indicados. 5. Bl turismo antartico Vamos a otra reflexién que me parece importante. Soy un convencido de que las actividades petroleras antarticas seran, como dije, un mal necesario, limitado tanto en el tiempo como en el espacio. De ahi que me alienta la esperanza de seguir viendo, paralelamente a ellas, el desarrollo siempre creciente de las restantes actividades pacificas propias de ese continente. Entre esas actividades doy importancia primordial al turismo. Es natural que la humanidad, preocupada por la contaminacién ambiental y por el aumento acelerado de la poblacion mundial, tenga en Antartica ese lugar de esparcimiento, esa Terra Australis que fue durante siglos un suefio maravillo- so. Poco se ha hecho en materia de turismo y si tenemos alguna experiencia ella se debe, principalmente, al esfuerzo privado de personas de gran vision como el sefior Guillermo Schiess y sus continuos viajes turisticos desde el cuadrante T mericano al australiano, usando para ello un barco cuya silueta ya es familiat en esos mares helados, el “World Discoverer”. Debe recordarse, asimismo, los viajes de la firma Lindblad, los de Society Expeditions, de Estados Unidos, los de Nueva Zelandia y los de Argentina en el barco “Regina Prima”. Durante las reuniones consultivas se han fijado zonas especialmente protegi- das y lugares de especial interés cientifico, pero hasta hoy se ha postergado la de- terminaciOn de sitios de especial interés turistico, como lo dispone la recomen- dacion VIII - 9. Esto es de suma conveniencia para evitar la contaminacién de este continente limpio, para proteger fauna y flora, para no perturbar a los cien- tificos ‘en sus trabajos. H No se necesita mucha imaginaciOn para predecir que el turismo —al revés de la actividad petrolera— sera aqui una labor econémica permanente. El Hombre contemporaneo necesita de paisajes y emociones diferentes a los que pueden pro- porcionarle los demas continentes. Antartica sera entonces ese ‘paraiso terre- 55 ent nal” con que se sofid en la Edad Media, el que ademas proveia de “excelente agua” a gran parte de los reinos de Etiopia y otros vecinos, segin un libro escrito en 1350(15) por un anénimo fraile franciscano espafiol. Una parte de la profecia se esté cumpliendo: el continente polar austral tie- ne paisajes que justifican esa denominacion de “paraiso terrenal”,en cuanto ala “excelente agua” que de aqui se llewara al sediento mundo gris del norte, no esta lejano el dia en que el transporte de extensos témpanos tabulares dé la razon al fraile franciscano. La industria del Turismo en Antartica tendra todavia muchas dificultades antes de extenderse, pero ya ha sido estudiada en detalle para el cuadrante suda- mericano. (16) No cabe duda de que hoy comienza con caracter selectivo y no esta exenta de peligros. En todo caso tiene como atractivo extra el ser un turismo-aventura con participacién mas activa de los interesados. Chile ya posee experiencia en materia de turismo antartico, Hace un cuarto de siglo, en diciembre de 1956, iniciando esas actividades en el continente po- lar, un avin de la Linea Aérea Nacional con 66 turistas a bordo sobrevolo el ar- chipiélago Shetland del Sur y la Peninsula Antartica, regresando enseguida a Punta Arenas. Dos afios después, en el verano 1958-59, la motonave Navarino, de la Empresa Maritima del Estado, con 80 pasajeros a bordo, recorrié los mis- mos lugares y hubo desembarcos en varias bases, Hoy, sin perjuicio de nuevos cruceros por mar, que toman bastante tiempo, especialmente si se los hace partir de Africa, Australia o Nueva Zelandia, esta el turismo aéreo y es Chile de nuevo el pais que abre rambos con la magnifica pista de la isla Rey Jorge y su hosteria, obra de la Fuerza Aérea de Chile, y la vecindad de una fauna y de una flora de real interés. En este continente dedicado por un tratado internacional, en forma exclusi- va, a labores pacificas, no veo, aparte de las investigaciones cientificas, otra vo- cacion permanente que la del turismo Habra que tener en cuenta, eso si, para que esta belleza pase integra a las generaciones venideras, lo dispuesto en la recomendacion X-8 de la reunion con- sultiva de 1979 en Washington: “El ecosistema del Area del Tratado Antartico es especialmente vulnerable a la intromisién humana y gran parte de la impor- tancia de la Antartica se deriva de su condicion no contaminada y no perturbada y de los efectos que ejerce en areas adyacentes y en el medio ambiente mundial”. (15) “Book of the knowledge of all the kingdoms, lands and Lordships that are in the world’, publicado por The Hakluyt Society, Londres, 1912, pag. 36. (16) Jacques Patri D. y Berta Carvajal A., “Turismo en la provincia antartica chilena”’, Universidad de Chile, 1978. 7 rr a 6. Ocupacion de explotacion Nos acercamos al final de estas reflexiones. Antartica va pobléndose en una forma mds acelerada de lo que suponia- mos, Surge la pregunta ;predominara aqui el hombre, como en los otros conti- nentes, o proseguird imperturbable el dominio de la naturaleza? En otros téermi- nos gla permanencia humana constituira una ocupacién de habitacion o sola- mente una ocupacion de explotacion? Aqui debo volver nuevamente al profesor francés, Paul Fauchille, (17) uno de los abogados de! caso de Groenlandia Oriental, el unico problema polar trata- do por la Corte Internacional de Justicia en el ya lejano afio de 1933. Segin Fauchille, las regiones polares slo pueden ser objeto, por su naturale- za, de una ocupacion de explotacion, es decir, limitada. No podria idearse para ellas —y pienso en la Antartica— una ocupacion permanente o de habitacién, con ciudades parecidas a las de] gran norte europeo y asiatico. ,Qué hemos visto en Antartica en los Ultimos cuarenta afios? Una ocupa- cién con pequefios puestos permanentes. Desde el Afio Geofisico Internacional y su continuaci6n, el Tratado Antarti- co, las bases han aumentado en niimero, en tamafio y en cantidad de ocupantes, pero no dejan de seguir siendo pequefios puntos negros en la enorme superficie helada. EI turismo esta trayendo ahora, rapidamente, mAs visitantes y no seria raro que en la isla Rey Jorge, al lado de la pista de aterrizaje, de la hosteria, cerca de la base Marsch y del centro meteoroldgico Presidente Frei, creciera en muy poco tiempo més una pequefia aldea con su iglesia, su escuela, su almacén, sus centros de reunién, para familias completas. Una joven arquitecto chilena ha trabajado en un programa al respecto. (18) La isla Rey Jorge pertenece al archipi¢lado Shetland de! Sur, unos 800 Km. mas alla del Cabo de Hornos. Por su situacion geografica frente a América, por su clima apropiade a la vida humana, yo veo es- tas islas subantarticas con pequefias poblaciones permanentes antes del fin de este siglo. Pero, més que el turismo, seré la mineria, comenzando a fines de.este-siglo por a industria del petroleo, Ja que podra traernos gente de los otros continentes en forma semipermanente, pues la mayor parte debera marcharse a comienzos del invierno, para volver a la primavera siguiente. (17) Ver nota 12. 418) Marcia Poupin, “Planifica ciudades antarticas”, “E! Mercurio”, mayo 30, 1982, .y “Ciudad entre hielos”, Hoy, junio 15, 1982. 57 Si, Fauchille, medio siglo atras, parece haber tenido razon acerca de la ocu- pacién de explotacién, La region polar austral sera muy dificilmente poblada pot millones de seres humanos, con enormes ciudades, ferrocarriles, fabricas y chimeneas llénas de humo. Antartica tiene un angel guardian. Un angel guardian de frio, de hielo y de nieve, que cada afio despide a los invasores estivales y cuida en medio de una lar- ga noche la mantencién de este pulmon ‘que luego regulara la temperatura y la pureza del aire y del agua en todo el hemisferio austral. 7 Conelusion Log paises interesados en este continente deberian habituarse a la idea de que es diferente a los demas y administrarlo con normas apropiadas; de que sus titulos geograficos e historicos, sus descubrimientos y otros antecedentes les han dado un puesto de privilegio para preservarlo en beneficio de ellos y de toda la humanidad; que deben aprovecharlo juiciosamente, de acuerdo a sus particu- lares condiciones; que deben tenerlo, en fin, como reserva para los casos de nece- sidad que se presenten en el futuro. Aquellos paises como Chile y otros seis mas, que han hecho valer titulos de soberania territorial, no estan dbligados a renunciar a ellos y si a conservarlos en los términos del articulo IV del Tratado Antartico. No existen razones para ha- cérlog renunciar a sus pretensiones o derechos, y lo litigioso antartico solo rena- cera en la eventualidad en que dicho convenio quede sin efecto. Hay autores que creen ver un vacio politico y juridico en la falta de recono- cimiento internacional de esos titulos antarticos. (19) El vacio politico, desde luego, no existe, y basta ver el excelente funcionamiento del Tratado Antartico, el elogio que de él se hace y como ha abierto el camino a otros convenios en el espacio y en el mar. E] vacio juridico tampoco existe, aunque es comprensible que la originalidad del sistema antartico, de este coimperio especial, de este ejer- cicio de jurisdiccién, desoriente a algunas personas. Pero el sistema se ha estado formando por mas de 20 afios y se completara con el acuerdo sobre el aprovecha- miento econémico de] continente polar, pendiente deaiie) 1961, Une Antartica pacifica, dedicada a la ciencia y al urinent, come norma, ge- neral, y como sapere is Sutera aenre econdémico con el minimo de con- 4 OF Le: 5 de sire? 59 Soe rare kibre al wey que la Humanidad desea preservar para-bien de todos y cuyos coadministradores guia con leyes propias; ajustadas al medio, es decir; eficientes. » (19) Frank C. Alexander, “legal aspects: explotation: oF antaretio: resources en University of Miami Law Review, diciembre de 1978. a + 58 UC Un pais, el mas cercano al continente blanco, llamado Chile, que nacié con una vocacién ant4rtica indiscutible y hoy marcha en la primera linea del queha- cer polar austral, en un futuro que no tendra mas limites que nuestra capacidad de accién y nuestro deseo de servicio, en beneficio nuestro y en beneficio de to- dos. Hagamonos merecedores del tinico continente que no ha conocido jamas una guerra. Seamos dignos del continence de la paz. 59 -_ h0lUm ACUERDOS DE COOPERACION AMAZONICA Y SUS PROYECCIONES por Pedro Reategui Gamarra y Eugenio Risi Valdettaro (Trabajo que obtuvo el Premio Luis Alvarado Garrido, Presidente de la Sociedad Peruana de Derecho Internacional, en el concurso convocado entre los alumnos de la Academia Diplomatica del Peru en 1982.) TEMARIO 0, INTRODUCCION I, ASPECTOS INTRODUCTORIOS 2. INSTANCIAS DE LAS NEGOCIACIONES DEL TRATADO DE COOPE- RACION AMAZONICA 2.1, EL DESARROLLO DE LAS NEGOCIACIONES SEGUN LOS ME-. CANISMOS PREVISTOS EN EL TRATADO DE COOPERACION AMAZONICA 3. ANALISIS DEL TRATADO DE COOPERACION AMAZONICA - ASPEC- TOS JURIDICOS ¥ ECONOMICOS 3.1. CONSIDERANDOS 3.2. ASPECTOS CENTRALES DEL ARTICULADO 3.3. MECANISMOS INSTITUCIONALES 4. PROYECCIONES Y APLICABILIDAD DEL TRA TADO DE COOPERA- CION AMAZONICA 4.1, GENERALIDADES 4.2. PROYECCIONES EN LOS ACUERDOS DE COOPERACION DE LA AMAZONIA 4.2.1. PROYECCIONES DE BOLIVIA 4.2.2. PROYECCIONES DEL BRASIL 4.2.3. PROYECCIONES DEL ECUADOR 4.2.4. PROYECCIONES DE VENEZUELA 5. BREVES CONCLUSIONES 6. BIBLIOGRAFIA INTRODUCCION Para fines de la presente investigacién cuya tematica se titula: “Acuerdos de Cooperacién Amazénica y sus Proyecciones’’, es de utilidad hacer ciertas preci- siones de forma y fondo. Con relacidn a aquellas de forma, debemos manifestar que la metodologia empleada se sustenta en programas de encuestas realizadas y estructuradas por los autores, cuyo radio de accién se circunscribié a las misio- nes diplomaticas de los paises miembros del Tratado de Cooperacian Amazonica acreditadas ante el Gobierno del Peri, a funcionarios diplomaticos de las direc- ciones pertinentes de la Cancilleria Peruana y a miembros del Instituto Nacional de Planificacion. Con respecto a aquellas de fondo, se ha de hacer mencion que el propdsito de la monografia no es el de duplicar esfuerzos intelectuales realizados anterior- mente, sino el de contribuir en el Iimite de nuestros alcances a la ampliacién de estudios experimentales que se vienen realizando en el ambito de la Cooperacion Amazénica, 62 1, ASPECTOS INTRODUCTORIOS. La Amazonia constituye una de las zonas de mayor importancia del planeta. Es interesante mencionar la apreciacion del Dr. Landau: “.. se sabe menos de la cuenca del rio Amazonas que del Polo Norte. La Ama- zonia sigue siendo en muchos sentidos la ultima frontera de la humanidad. Todo en ella es superlativo ...”’ En efecto, esta region tiene una diversificada y variada vegetacion, y es lade mayor extension en el mundoen cuanto a bosques tropicales Iluviosos se refiere. Tiené una superficie de 5’870,000 kilometros cuadrados, la que es equivalente a mas de Ja mitad de lade Europa. Posee una red fluvial de 80,000 kilometros, de los cuales la mayoria son navegables; contiene casi la quinta parte del agua dulce que corre por el planeta. Su area de drenaje es mucho mas del doble de cual- quier otra y el caudal del rio Amazonas (4.2 millones de pies cibicos por segun- do) es siete veces mayor que el del Mississippi, siendo su poblacion equivalente aproximadamente a diez millones de.personas. Es la Amazonia, pues, una inmensa area geografica de caracteristicas econd- micas y ecologicas propias integradas por territorios bajo la soberania de diferen- tes paises, correspondiendo al Brasil la mayor parte de dicho territorio (cerca de dos veces la de todos los territorios juntos de los demas paises miembros del Tra- tado de Cooperaci6n Amazdnica, con excepcién de Guyana y Surinam, los cua- les participan y se benefician del Convenio por encontrarse dentro del area deno- minada “‘zona de influencia de la Cuenca’’), Por tanto, la Amazonia abarca casi la mitad del territorio de América del Sur, pero con una densidad poblacional que no llega a un habitante por kilémetro cuadrado. Estas peculiaridades de la Amazonia indujeron a que los paises (con territo- trios que la integran) concibiesen la necesidad de organizarse en el Tratado de Cooperacién Amazonica para establecer mecanismos de cooperacién que les per- mitiesen asumir las responsabilidades que, por los condicionantes geograficos o teenologico-financieros, no podrian afrontar unilateralmente, sobre todo si se tiene en cuenta que la Amazonia es una unidad geografica y ecoldgica en la cual la accién de un solo pais puede romper $u equilibrio natural o afectar involunta- riamente los intereses de otros paises (por afectar dentro de un conjunto ecoldgi- co -particularmente sensible, a uno de sus elementos, condicionando la existencia de los demas recursos). Los paises de la cuenca (en medida ain modesta, pero creciente) han em- prendido recientemente vigorosos esfuerzos para conocer mejor los recursos eco- nomicos de la Amazonia. Pese a ello, éstos todavia estan en gran medida inex- plotados. Asi, por ejemplo, se estima que la potencialidad hidroeléctrica de la region es del orden de 5,500 millones de kilowatts. En la actualidad se hace pla- 63 nes referentes a seis proyectos hidroeléctricos principales y estén en estudio otros 45. La fauna y la flora amazénicas son las mas ricas de la tierra y sus rios se cuentan entre los mas largos y los de mayor volumen. En los territorios ama- zonicos de Perii y Ecuador se encontré petréleo; en el de Colombia, carbén;en e] de Brasil, mineral de hierro, manganeso, oro, uranio, casiterita y bauxita, éste diltimo recurso también se hallé en Guyana, Surinam y Venezuela. La produc- cién agropecuaria y selvicola con posibilidades de exportacién incluye madera, caucho, yute, cacao, palma africana, nueces del Brasil, especias, etc., ademas de ganado y pesca. Con lo poco que se conoce, se sabe ya que la Amazonia es una basta reserva de recursos naturales de vital importancia econdémica. Esto no quiere decir que no existan proyectos de gran escala para construir obras de infraestructura y que ciertas a¢tividades industriales no estén en marcha en la regién. Como todo lo demas en la Amazonia, su escala es superlativa. El desarrollo econdmico tiende ahi a adoptar un estilo predatorio de explotacién. Con frecuencia se supone que los gobiernos de los paises amazOnicos alientan esta concepcién. De la misma manera, s¢ sospecha que apoyan, en nombre dél crecimiento economico, los ata- ques contra la vida y la propiedad de la poblacién indigena que perpetran terra- tenientes y especuladores. Es claro que no es asi. Sin embargo, las dificultades de aplicar y hacer respetar las leyes en una region tan vasta y de tan dificil acceso como la amazonica, dan credibilidad para algunos de tales supuestos, Se des- prende de lo antedicho la existencia de ciertas dificultades para la regulacion de las actividades privadas en los remotos confines de la cuenca. 2. INSTANCIAS DE LAS NEGOCIACIONES DEL TRATADO DE COOPERACION AMAZONICA. Se ha de visualizar que dentro de los primeros antecedentes sobre coopera- cién amazénica resalta la Conferencia del Cuatricentenario del Descubrimiento del Amazonas realizada en 1942, cuyo objetivo fue en principio el intercambio comercial, las mejores normas de navegacién y transporte al igual que la unifor- mizacion de criterios sobre tarifas aduaneras. La Conferencia no llegé a reali- zarse por falta de interés y recelos de los paises involucrados En 1946, durante la Primera Asamblea de la UNESCO, Brasil propuso la ereacién de un laboratorio internacional responsable del estudio de los recursos naturales de la Hylea Amazonica (la expresion Hylea fue acufiada por el natura- lista alemas Von Humboldt para describir el bosque tropical amazénico). La Primera Conferencia Internacional de la Hylea Amagdnica se llevd a cabo en Iquitos del 30 de Abril al 10 de Mayo de 1948, a la que acudieron representantes oficiales de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Francia, Italia, los Paises Bajos, Pera y Venezuela. La reunién tuvo el propésito de crear una institucion cienti- fica que se dedicara al estudio del tropico hmedo amazonico. El acuerdo resul- tante fue suscrito por todos los participantes, pero ratificado sdlo por Francia y 64 eG Ecuador. La iniciativa provocé controversias politicas en Brasil, porque se le consider6é un intento de “‘internacionalizar” la Amazonia. Los demés paises fue- ron disminuyendo su interés en participar debido a desconfianzas hacia Brasil por su posicién poco flexible y porque se pensaba que mediante su intervencién dicho pafs anhelaba potenciar su influencia en el area, A pesar de ello, se ha reconocido que dentro del marco de la Hylea Amaz6- nica se realizaron importantes investigaciones ilustrativas éstas de las tiquezas re- gionales dando pie a un nuevo periodo caracterizado por la cooperacién multila- teral mediante diversos proyectos enmarcados en un estrechamiento politico y econdmico. Un segundo antecedente que propicia el nacimiento del Tratado de Coopera- cién Amazonica es la Declaracién Conjunta suscrita por los Cancilleres de Pera y Brasil en 1966 en la que se analizo la oportunidad de realizar una reunion de Cancilleres de los paises miembros de la Cuenca Amazénica orientada hacia la creacion de mecanismos que incentiyen su desarrollo socio-econdémico; sin em- } bargo, ésta no lleg6 a concretarse por discrepancias de indole politica. Es de utilidad para fines didacticos hacer ciertas precisiones sobre la natura- leza de la clasificacién de paises amazénicos. Es necesario sefialar que ser pais amazonico no significa ser riberefio del Amazonas sino riberefio de los rios a- fluentes del mismo, En base a esta reflexion el status de riberefios lo tienen sdlo: Peri, Brasil y Colombia; los demas paises de la Cuenca, vale decir Bolivia, Vene- zuela y Ecuador son tinicamente riberefios de los afluentes del Amazonas, Guya- na y Surinam son catalogados como paises dentro de la “zona de influencia de la Cuenca Amazénica’’, ello reconocido como tal por el Tratado de Cooperacién A- mazonica por ser territorios geografica, ecoldgica y econémicamente similares a los otros paises amazénicos. En principio la iniciativa de un Tratado de Cooperacion Amazénica surgi del Brasil, ello como parte de la idea de la Cancilleria brasilefia que un tratado de este tipo tendria un caracter geo-politico a nivel continental, global y amplio; no limitandose a ser solamente un proyecto sub-regional. Se puede percibir que los paises andinos son casi en totalidad también paises amazénicos. As{ pues, es de nuestra consideracion que un proyecto a largo plazo lejos de inviabilizar el Pacto Andino promoveria el reforzamiento del mismo; dentro, bien esta, de un marco mas amplio. Es como respuesta a ello que se creyd que un Tratado Amazénico sin hablar especificamente de comercio (aunque dicho Convenio tiene en su arti- culado los mecanismos necesarios conducentes a una integracion comercial) co- ordinaria los intereses eminentemente politicos de los paises del sub-continente sudamericano; eflo mediante el acercamiento y la posible unificacion bi-oceanica a través del desarrollo amazénico. Interesante y preocupante es de sefialar que todo lo que deberia unir a nuestros paises al contrario los separa, existe una cor- dillera andina dificil de ser vencida, con una topografia de relevante complejidad. 65 iid Asi, cuando se empieza a pensar ya en un Tratado Amazonico se hace en el sentido de dar sustancia al propio Grupo Andino y no de inviabilizarlo, Siendo Pert y Brasil los paises amazénicos por excelencia (teniendo Brasil mas de 3 mi- llones de kilometros cuadrados de amazonia y Pert dos tercios de su territorio es decir mas de 800,000 kildmetros de Selva) son ellos los llamados no solamente a interconectar el Atlantico con el Pacifico, sino también a formar, en términos geo-politicos un sub-continente con una connotacién totalmente nueva y diversa. Se delinea de lo mencionado anteriormente otro de los propdsitos funda- mentales en la creacidn de un Tratado de Cooperacién Amazdnica, cual seria el de preservar las riquezas ecologicas sin dilapidarlas, sino mas bien utilizarlas en beneficio nuestro, Seria mediante gestiones de la Cancilleria Peruana que se in- tensificaria un acercamiento y conorecion de las aspiraciones de Peri y Brasil en la cuestién del desarrollo amazénico, Hasta el afio de 1975 Pert y Brasil estuvie- ron geopoliticamente aislados el uno del otro, prevaleciendo atin esa idea geo-po- litica de que Brasil tenia ambiciones centralizadas en la adquisicién de un puerto en el Pacifico, Fuera de toda posibilidad de un imperialismo militar de Brasil, la preocupacién del gobierno peruano no se localizaba en torno a la pujante pene- tracién privada de hacendados amazénicos brasilefios, No sera hasta el comienzo de la segunda fase del régimen militar peruano que se ira verificando progresiva- mente una significativa distencién, Sin embargo, cabe precisar que no solo Perit cambié, Brasil también.se encaminé de nuevo hacia un sistema mucho mas abier- to a todos los sectores populares, procesandose de dicha forma una re-democrati- zacién del Brasil. As{ pues cuando el Gral, Morales Bermudez viaja al Brasil en su visita del 15 de Octubre de 1979, el camino estaba mds que cimentado y pre- parado para un nuevo estrechamiento de relaciones entre ambas naciones, invi- tindose al ya Presidente del Brasil Figueiredo para que viniese al Peri, realizan- dose el respectivo intercambio dos afios después, es decir en Junio de 1981 —momento éste muy oportuno puesto que el Tratado de Cooperacién Amazoni- ca habfa sido ya ratificado por todos los paises miembros. Uno de los temas cen- trales de la visita del Presidente del Brasil fue precisamente el estrechamiento de la cooperacién amazénica, ello plasmado en la Declaracién Conjunta suscrita por ambos Jefes de Estado (Belatinde y Figueiredo). Meses después de la firma de di- cho documento se iniciaran los primeros encuentros sobre la Cooperacion y De- ‘sarrollo Amazénicos. 2.1 EL DESARROLLO DE LAS NEGOCIACIONES SEGUN LOS MECANISMOS PREVISTOS EN EL TRATADO DE COOPERACION AMAZONICA El Tratado de Cooperacién Amazénica fue suscrito en Brasilia el 3 de Julio de 1978, por los siguientes paises: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, PERU, Surinam y Venezuela. Siendo Venezuela el ultimo pais miembro en de- positar su instrumento de ratificacién, acto realizado el 2 de Julio de 1980, por lo que de conformidad con el articulo XVIII del Tratado, éste entré en vigencia ——rEEEE ~