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SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL TOMO XXXII JULIO - SETIEMBRE — 1981 NP 81 REVISTA PERUANA DERECHO INTERNACIONAL ORGANO DE LA SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL COMISION DE LA REVISTA Luis Alvarado Garrido dorge Fetnandez Stoll Manuel Garcla Ca'derén K. Roberto MacLean Ugerteche Victor G, Proafo Gorrea SUMARIO —Disertacién det Canciller, Doctor Javier Arias Stella, en ta ceremonia de inauguracién del afc lectivo de la Academia Diplomatica de! Peri. (9 de abri! de 1981) . 5 —Discurso del Minisiro de Relaciones Exteriores del Peri, Doctor Javier Arias Stelia, en et XXXVI Periodo de Sesiones de la Asamblea General de igs Naciones Unidas. (Nueva York, 21 de setembre de 1981)... 18 Reflexiones sobre la Organizacién do las Naciones Unidee, por, Embajador Javier Pérez de Cuel’ar 26 —No Alineados ... .. 32 —Los Recursos Humanos de la Amazonia, por Manuel M. Marzal, S. J. 35 —Perii_. Repiblica Dominicana 53 —La Zona Econémica Exclusiva, por ¢! Embajador A'lonso Arias Schreiber Pezet 56 —Discurso de! Minisiro de Relaciones Exteriores de! Perd, Doctor Javier Arias Stella, en la Reunién Ministerial del Grupo de los 77 en Washing- ton. (28 de setiembie de 1981) ... 7 —Constantes de Ia Poiltica Internacional del Peri, por el Embajador Jorge Guillermo Llosa i.e. cee tee nee eet eee 81 —Conmemoracién de! LXX Aniversario del Acuerdo sobre CAnsules, si crito en Catacas el 18 de juio de 1911... 95 —Conmemoracién del Dia de! Diplomatico Peruano. (3 de agosto de 1981) es 100 —Discursos pronunciados en el agasajo det Cuerpo Diptomatica en ho- nor del Ministro de Relac‘ones Exteriores de! Peri y sefora . + 107 —La Comision Consuitiva de Reiaciones Exteriors ... ... |... 118 LIMA — PERU 1981 PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL (Juilio-Setiembre 1981) SOGIEDAD PERUAY : oe Presidente: Luis Alvarado Garrido Vice-Presidente: Manue! Garcia Caldorén K. Secretaria-Tesorera: Delia R. de DeBakey Vocales: Andrés A. Atamburd Menchaca Jorge Fernandez Stoll Edwin Letts Sanchez Roberlo McLean Ugartechs Victor G. Proafio Correa Fernando Schwalb Lépez Aldana MIENIBRO HONORARIO José Luis Bustamante y Rivero MIEMBROS TITULARES Aguilar Cornejo, David Alvarado Garrido, Luis Alzamora Traverso, Car‘os Aramburd Menchaca, Andrés A. Aramburd Salinas, José Félix Arias Schreiber Pezet, Alfonso Baku'a Patifio, Juan M gue! Bustamante Denegri, Felipe De Calle y Calle, Juan’ José Dedstia “Arospice, Alejandro Ego-Aguirre Alvarez, Julio Fernandez Puyo, Gonzalo Fernandez Stoll, Jorge Gamio Pa‘acio, Fernando Garcia Ca'derdn Koechlin, Manuel Garcia y Garcia, Arturo Garcia Montufar, Guillermo Hooper Lopez, René Hoyos Osores, Guillermo Leén Barandiaran, José Letts Sanchez, Edwin Llosa Gonzales Pavén, Luis E. Liosa Pautrat, Jorge MacLean Ugarteche, Roberto Miré Quesada Sosa, Aurelio More!li Pando, Jorge Neuhaus Ugarteche, Carlos Pérez de Cuellar, Javier Proafio Correa, Victor Puente Radbill, José de la Rometo Padilla, Emilio Schwalb Lopez Aldana, Fernando: Soto ce ia Jara, Alberto Ugerie dei Pino, Juan Vicente U%oa, Bolivar Wagner de Reyna, Alberio Wieland Alzamora, Hubert MIEMBROS CORRESPONDIENTES Furnish, Dale Beck Jiménez, Danilo Maskelt, Tatiana B. de Zuleta, Bernardo Zanoiti, Isidoro Wolf, Francis MIEMBROS ASOCIADOS: Althaus Guarderas, M/guet Alzamora Valdéz, Mario Arzubiaga Rospig'iosi, Augusto Belainds Moreyra, Antonio Caceres byes Jaime Couturier Mariategui, Hernan Da'iino Zapata, Roberto DeBakey, Delia Revoredo de Efcings de) Pando, José Antonio Espinoza Sa'dafia, José Fetndndez de Paredes C., Enrique Ferrero Costa, Eduardo Garland Combe, Juan Guillén Salas, Fernando Lohmann Viena, Guillermo Lozada Temayo, Samue! Luna ‘Mendoza, Ricardo MacLean Urziia, Alberto Marchand Stens, Luis Mariétegui Arellano, José Carlos Maurtua de Romafia, Oscar Moret! Pando, Augus iter! ‘arodi, pe Pareja Paz So'dan, José Ruiz Eldredge, Alberto ‘San Martin ), Alejandro Solari Tudela, Luis Soto Polar, Alvaro de Temple Aguilar, Ella Dumbar Townsend Escurra, Andrés Tudela Barreda, Felipe van Elias, Manuel Vasquez Salas, Jorge Villaran Koechiin, Roberto SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL TOMO Xxxitt JULIO - SETIEMBRE — 1981 Ne at REVISTA PERUANA DERECHO INTERNACIONAL ORGANO DE LA SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL COMISION DE LA REVISTA Jorge Fernandez Stoll Manuel Garcia Ca'deron K. Luis Alvarado Garr'do Roberto MacLean Ugarteche Victor G. Proaflo Correa SUMARIO —Disertacién det Canciller, Doctor Javier Arias Stella, en ia ceremon’a ‘do inauguracién del afio'lectivo de la Academia Dipiomética del Peri. (9 de abrit de 1981) . —Discurso de! Ministro de Reiaciones Exterlores de! Peri, Doctor Javier Arias Stela, en el XXXVI Poriodo de Sesiones de la Asamblea General de tas Naciones Unidas. (Nueva York, 21 de setembro de 1981) 13 —Retlexiones sobre la Organizacién de las Nactones Unidas, por ei Embajador Javier Pérez de Cuel'ar 26 —No Alfineados . 32 —Les Recursos Humanos de ia Amazonia, por Manus’ M. Marzal, S. J. 38 56 a —Perd_- Repiblica Dominicana ... —La Zona Econémica Exclusiv: Schreiber Pezet . —Discurso de! Ministro de Retaciones Exteriores dei Peri, Doctor Javier Arias Ste!la, en ja Reunion M'nisterial del Grupo de fos 77 en Washing- por el Embajador Alfonso Ar'as fon, (28 de setiembre de 1981) ... 7 —Constantes de ia Politica Internacionat del Pera, por e! Embajador Jotge Guilermo Llosa... 81 —Conmemoracién de! LXX Aniversario del Acuerdo sobre ‘cénsules, sus- erito en Caracas el 18 de jullo de 1911... 95 4 det Dia del Diplomatico Peruano. (3 de agosto de 100 —Discursos pronunctados en el agasajo del Cuerpo Dipfomitico en ho- Ser a mete co Wintaclonan Externe, Oe Pedy sebore 107 —ta Comisién Consu'tiva de Re’aciones Exteriores 118 LIMA — PERU “... todo el proceso de la Historia de: Peri, disgregado por Ja geogratia y divers'ticado por las disimi'es irrupciones etnogra- fieas, no es sino una dramatica y angustiosa lucha de’ Espiritu contra !a Naturaleza, en un incesante afén de fusion y de sinte- 98. La historia deb'era desarroliarse, dentro de ese cauce tradi- ional, lejos de toda tendencia ‘audatoria circunstancial, con un hondo sentido humano, para ser, segdn el deseo de ‘os {i:ésofos, a la vez que Uma hazafia de la libertad, una de las formas mas nobles de ia simpatia humana”. RAUL PORRAS BARRENECHEA (Mito, Tradicién e Historia de! Perd.— Lima, 1969. Instituto Radi Porras Barrenechea, p. 106). La responsabilidad de las ideas Y opiniones sustentadas en los articulos, discursos y notas co- tresponde exc'usivamente a sus autores, La Comision DISERTACION DEL CANCILLER, DOCTOR JAVIER ARIAS STELLA, EN LA CEREMONIA DE INAUGURACION DEL ARO LECTIVO 1981 DE LA ACADEMIA DIPLOMATICA DEL PERU (Lima, 9 de Abril de 1981) Voy a iniciar este ecto declarando inaugurado el Afio Lectivo de 1981. Espero que esta conversacién que tenga hoy con ustedes me brinde la opor- tun dad, a lo largo de este afic, de poder continuaria si es que encuentran @! tema y su tesis suficlentemente sugetente e interesante. Cuando se me dijo que era costumbre que el Ministro conversara con tos alufhnos en su clase inaugural, tuve a'gunas ideas. ‘La primera fue que Conversara sobre medicina, un campo que pudiera ser atractivo @ ustedes por un afén de conocimiento y cultura en unos 45 minutos de char'a. Pero, también se me dijo Ministro, por qué aprovechando que después de més de dos meses de transcurridos tos problemas con el Ecuador, no hace’ a’- ‘gunos alcances reteridos a la sélida posicién peruana en el marco juridigo internacional?, y para el efecto me a'canzaron bibliografia sobre derecho internacional para que procediera a hacer el anélisis de estilo. La primera opcién, sin duda era para mi mas faci! al estar muy docu- mentado; me sentia eutorizado al hablar sobre un tema muy mio, La segun- da opcién, si bien era menos fac! no obstante tener experiencia ganada tuego de varios meses de gestién, no me hacia sentir con la autoridad su- ficiente para esbozar un tema de esa indole ante ustedes; tinalmente, y esa ha sido una posicién intermedia, he preferido hablaries, casi pensando en voz alta, de un tema de anélisis que creo es importante a todos los péerua- nos: las caracteristicas de tres hombres que a mi modo de ver, han tenl- do, tienen y tendrén una gran infivencia con ‘es ocurrencias del Peri pre- sentes y futures, y que, sin duda, tendrén mucho més que ver con el de- sarrollo de !as actividades que ustedes hoy comienzan a desarrollar una etapa de preparacién para servir a! Perd. En patologia que es 'a rama de mi especialidad, y que tiene que ver Con @! estudio del hombre en sus reacciones anorma‘es frente a las noxas © injurias que modifican su estado funcional, existe un aforismo de Will'am Osler, uno de ‘os més gtandes médicos y maestros americanos, que dice: =—3— “Como es nuestra Patologia, asi seré nuestra Medicina”; como es el cono- cimiento profundo de las alteraciones orgén'cas producidas por las noxas que dafian e interrumpen la normalidad del individuo, ast sera nuestra efi clenc'a de Médicos. De idéntica manera podemos afirmar que “Como es e! conocimiento del Per, asi sera la efectividad de nuestra accién en la Diplo- macia’. Y es en ese sentido que debemos entender el enfoque que preten- do hacer el dia de hoy. Por fortuna hoy existe en e! Per una creciente conciencia sobre Ia im- poriancia y e! significado de} fenomeno social, una cada vez mas decidida Y universal comprens'én de que e! Perd requiere cambios. Esa es conse- cuencia de! esfuerzo de grupo. Desde que se piasmo Ja Republica, grandes pensadores han ido anaiizando ia realidad de nuestro pais en diversas ac- tividades y creando esa concienc.a que hoy por fortuna esté ya generaiizada. No seria posib'e justicieramente rendir homenaje a todos los que han con- tribuido @ ir creando esa conciencia, pero tampoco seria permisible, olvidar- 8 de aigunos nombres que son esenciaies, y por’eso conscientes de que tenemos que cometer omisiones, recordemos algunos de los que se nos curre no pueden faitar en este listado: Manuel Gonzéiez Prada, autor de “Paginas Libres” y otros libros criticos que fueron y son tan importantes para crear esta conciencia nacional; Javier Prado y Ugarteche, con su es- tudio social durante ia etapa de la dom nacién espafiola dio la referencia ba- sica para que pudiéramos enfocar mejor la prob’ematica de la Republica; Victor Andrés Belaiinde, con sus estudios sobre ta reaXdad nacional y tan- tos oiros, a quen muy merecidamene al dia de ayer se ha rendido un rei- terado: homenaje, porque como tuve oportunidad de decir, é! signifcaba a'go esi como e: patriarca de ia diplomacia peruana en el Peru; José de ‘a Riva- Agiero, autor de un muy importante y primerisimo documento sobre la his- toria del Perd y otros ensayos; Francisco Garcia Calderén, autor del “Pert Contemporaneo”, un ejemplar ané‘isis escrito primeramente en francés; Ale- jendro Déustua,, autor segutamente de lo que es e! primer andiisis de los ‘aspectos cuturaies del pais; Manuel Vicente Vitaran, con sus estudios so- bre la educacién, que son todavia tenidos en cuenta; José Uriel Garcia, con ‘su fibro fundamental: 6! Nuevo Indio, que da ‘as bases para comprender: el problema de fa etapa, hoy tan importante, de enjuiciar con propiedad a! hom- bre autéctono peruano; Luis Valedrce!, autor de “Tempestad en fos Andes” y otros fibros de historia y ensayos de trascendencia; Jorge Basadre ‘sin el cua! no podriamos habiar de historia de nuestra Repiblica; y otros que vi- ven, como Luis Alberto Sanchez, critico y realmente ejemplar maestro por su productividad en e: campo de los anéVsis criticos de Ia literatura perua- na. A esos pioneros se unen en grupos recientes una pléyade de seguido- fes que en-revistas y ‘ibros criticos sobre 1a evolucién social contemporanea han venido y vienen continuando’ ia obra de’ sus predecesores pero utili- zando-técnicas més modernas de} andlisis soclo‘ég'co y econémico, a todos Jos cuales el Pera. debe mucho. Pero si nos preguniamos qué hombres tienen més signiticacién y tras- sendencia en las courrencias de! Perd actual, creo yo que ustedes habrén de epincidir conmigo en que hay tres figuras, que por e! impacto de su ac- cidn y su obra han tenido, tisnen y tendrén en las décadas futures vigenc'a en nuestro Perd. Estas tres figuras son: José Carlos Marldtegui, Victor Rad! Haya de la Torre y Fernando Belainde Terty. Tres hombres de ‘deas, tres formas de ver y comprender ei problema de! Peru. Les dije que pretendia incciar a manera de un pensamiento en voz alta, del andlisis de estos tres personajes. No sé cuanto podamos avanzar ¢) dia de hoy, pero vamos a he- erlo con aigin otdenamienio. Primero, veamos cémo se origina el pense- miento de estos tres peruanos, ‘uego esiudiemos cémo vieron y ven uno de los prob'emas iundamentaies de nuestra Patria, a actitud frente al Indio, y fina’men’e, si nos alcanza el tiempo o en otra oportunidad, la concepcién: de cada uno de ellos dei probiema esencial dei Peri. Potsoriormente, pode- mos estudiar Io que ha ccurtido a lo largo de ‘as décadas que siguieron a la génesis de sus movimientos en @! Port, y cémo han evolucionado en el mundo las tesis que ‘e sirvieron de guia, de patron 6 de mode'o y cual’ es 'e! corolario fina! ai que, intentando. ser imparcia‘es, —cosa que habra de resultar siempre dificil, y ustedes tienen que tener una visién fisica de quién hhabia, porque obviamente esté identificado— puede llegarse. de todo este andlisis comparativo. ‘Comencemos, pues, por la génesis dei pensamiento de esios tres gran- des peruanos. Mariétegui, es una autoridad, un escritor tino y preciso, .un hombre que es mas tedrico 0 politico que realmente un ejecutor u hombre de accién. Haya de la Torre, un orador de nota, un politico de vocacién, se distingue como creador de un movimiento politico american. Beladnde Terry, un maestro universitario y un profesionad de éxito en su profesién, es més que un hombre tedrico, un hombre de accién, un hombre que con una gran intuicién se desenvuelve con facilidad en e! émbito de las ejecu- ciones, pero es un poco ajeno y proclive a las elucubraciones filosdticas. Marlategul, recoge lo mejor de sus experiencias en Europa. Temprane- mente en ta década de los afios veinte viaja a Italia, Alemania, Francia y alll encuentra el momento alboral en la aplicacién: del socialismo marxiste, le estudia con ahinco, permanece varios afios en estos lugares con los hom- bres de vanguardia del movimiento, liberal, ios conoce, iniercambia opinio- nes y regresa al Peri, nutrido asi.con una idea conoreta, contribulf al ané- lisis fisico socialista de la problemética y de la historia del Perd. Mariétegui estuvo impedido, por razones personales fisicas de recorrer ‘#1 Pert, sobre toda en sus zonas andinas de més rica raigambre histérica, Y 61 no niega este hecho cuando lo confiesa ast en algunos de sus Jibros ‘a! decir: “he hecho en Europa mi mejor aprendizaje, y estoy convencido que No hay salvacién para indoamérica sin a ciencla y el aporte europeo y oc- cidental”. Funda e! Partido Socialista dei Peru, el 16 de setiembre de! aio 1928, y desde entonces su figura y su prédica constituyen de una u otra forma e}- norte o e! paradigma de! Partido Gomunista Peruano aciual y’ de muchos otros partidos y movimientos, a'gunos ya fenecidos y otros todavia en relativa actividad. Haya dela Torre, bebe también de la fuente marx'sia, {a estudi analiza, pero rapidamente, y creo yo acertadamente, refuta la tesis de: Lenin, ‘a refuta: porque tempranamente se da cuenta de que e concepto de qué: imperialismo es 1a Gitima iase de! capital’smo que sostiene ia tesis ieni- nista, no se aplica a !a realidad peruana y americana, y por eso dice que e! Imperialism es el principio o primera etapa dei capitalismo en ios pale ses subdesarro‘lados, y utilizando ‘a dialéctica marxista de la continuldad condicionada por !a negacién, legan a \a ap’cacién por esta razon de! mar- xismo en América, desde a’ surge ese conocido antagon’smo entre Haya de 1g Torre y quiones preconizaban, preconizaban entre comiias, ‘os movimién- fos, comunistas. Haya de “a Torre cree que él tuvo razén cuande afirmé que la pro- duocién y los cambios ef e' hombre, © producidos por e! hombre, varian de un pais a otro, y varian también, en un mismo Pais de una a otfa ge- neracién. Pero si se alejé de e'los en esta afirmacién, sefia'ando que 6 de acuerdo con |a tesis debia cambiar ‘a palabra pas por Continente. Mu‘titud ¥ muy inicia'es destiertos, prisiones, desde e! com’enzo de su actividad po. “iitica, asi como voluntarios destierros en otras etapas de su vida. que en ota! dan una suma de 83 afios, alejado de! pais, le merma pos‘bi'idades a Victor Rau! Haya de la Torre de conocer en profundidad y de recorrer en extensién en forma de estudio e! territorio patrio. Estimulado. por la tevolucién mejicana y por e! movimento de teforma universitaria en las décadas finales de: 10 e in'c'a‘es del 20, Victor Red’ Haya de la Torre funda el APRA el 7 de mayo de 1924 en México, El APRA, ‘como ustedes saben, es la sigla do la A’lanza Popular Revo'ucionar'a Ame- ricana. Vietor Rail Haya de ia Torre pues, fundé una Alianza Popu'ar Re- vo'ucionaria Americana, un movimiento cont'nental. Cuando se 'e dijo afios después del 24 por qué no incorporaba al Partido Socia'isia de Maridtegu’, que como he sefialado fue creado en 1928, a su movimien'o, 6! contes's que no podia un movimiento continenta: sumarse a un mov'mien'o surgido nacional o localmente. Fernando Belaunde Terry, insurge a ‘a politica mayor, impulsado pot ‘sus alumnos, Etios se dan cuenta del mensaje que fuye en las. clases de! maestro, de peruanidad, y ese hé'ito naciona'ista hace que sus alumnos lo Veven a pensar en la posible postulacién a’ més alto cargo de la Nac’én. Be'ainde Terry, profesor en 'a Escuela de Ingenieria, profesor, ereador Decano de la Escuela de Arqui‘ectura, dirige numerosas tes’s universitarias ‘sobre vialidad, sobre urbanismo, sobre diverses. aspectos de ta organizacién soc'al en todas !as instituciones de la Repdb’ca y es arrancado de ese tra bsjo por sus alumnos. De esas tesis trabajadas en gabinete, se va mode- lando y se va dando forma a !o que més tarde constituiria la médula © base de su actitud politica. Be’ainde no se identifica’ con n’nguno de los movi- mientos po'lticos. universa'es reconocidos en e’ momeno en que es ‘anza- do a la paestra mayor. E! tiene y habla tenido siempre una enorme admir Fac én por !a civilizacién andina, y es asi que lanzado ae politica se hace cada vez mas presente esta fija atencién en e! pasado peruano, y va p as- mandose en 6! una conciencia para poder deifnir en una forma distinta el accionar politico, Recorre ¢@: pé intensamenie, creo sin temor a equivoca:me que muy Pocos peruanos, no conozco ningin otto, pueden atirmar que han visitado lodas y cada una de ias prov ne.as de! Peri, Yy casi sin exc usién, todos los distritos. Y ai hacerlo asi, desde que inicia su peregrinaje po itico de es- tudio, con mucha antelacién a todos los procesos: @ectoraies, 0 hace en una actitud de maestro y de canalizador de ias iea idades concretas en cada tona. Y es alii donde va encontrando un hecho que habla de gravitar de ‘manera muy importante en ‘a definicién de su ideoiogia po.itica. Alii donde va, en los lugares més a'ejados, encuentra que ‘9 poco que ha hecho e! Pueblo para su avance social, sea ya un mogesto camino, sea ya ia plaza pdblica, sea ya una iglesia o una escue a, no ha sido producto de la preo- Cupacién centra! estata', sino que, casi sin excepcién este modesto avance en cada pueblo aejado es producto de la accién misma espontanea y ar- monizada de sus moradores. Y es alli, entonces, ante !a comprobacién de una realidad, que va cimentado su pensamiento socic-politico; y confirma Su tosis ya esbozada, de que e! pasado peruano podia servir, remozado, actual y canalizado, para dar las grandes lineas de accién que puede, sin desconocer !o que ocurre allende nuestro mar, plasmar una linea de accion Polltica valida contemporénea. En Chincheros y Apurimac, en e! afio de 1956, Boladnde Terry funda el Partido Accién Popular. Para poder va‘orar a esta altura de !a conversacién, un mond‘ogo hasta ahora, e! significado del pensamiento de estos tres peruanos, sin duda debemos tener presente, @! momento en que ocurre esa génesis politica. Mariategui como Haya de la Torre, desarrol’an sus ideas primigenias en ta década de! 20. Ya lo dije hace unos momentos, que la teoria habla a’can- zado auge, y sobre todo habia alcanzado e! nivel de ser e! motivo de! en- candilamiento de la intelectuatidad de entonces, y por lo tanto de! gran e'e- mento de estimulo a las nuevas generaciones. Belainde aparece en ‘a dé- cada del 50, treinta afios después, cuando ya comienzan a asomar en el mundo las primeras frustraciones en cuanto a la validez, en cuanto a la eu- tora cémo se recibieron las tesis marxistas on las. décadas anteriores, y ‘cuando cada vez mas hay signos concreios, no sdlo de errores en la praxis, sino ya cuestionamiento dei va.or mismo de ia tiosofia que antes se habia considerado casi ideal. Esto pues, indudabiemente, tiene que influir en el Pensamiento de cada uno de los personajes, y tiene que ser tenido en cuen- ta para justipreciar comparativamente ios resultados de su pensamiento y las evoluciones del mismo. En coneiusion, podtiamos decir que, Maridegui ve al Perd denito de una Optica un.versai, porque el marxismo, como ustedes “saben, es una’ tilo- sotia que preiende conceptua.izar \a version histérica en’ funcién de deter minadas variables, pero con un senlido unversai, de aii ©, cardcter univer sal internacional de ios movimienios de e..a detivados. Mariéiegu, have de ‘que @1 sociausmo habitat en ei Perk no podia ser ni caico ni copia, 0 ayo ‘@n agunos de sus texios, pero .a verdad es, que nunca detinid en qué con- sistia ia diferencia que él prevendia debia tenerse en cuenta en su postuia- ‘Gi6n; y por ei conirario, cuando uno analiza las soluciones que preconiza Mariétegui para el Perl, uno encuentra que estes adhieren de manera es- tricta a Ja filosofia marxista. Haya de la Torre, ve ai Perd dentro de ‘o que podriamos decir una op- ‘ica continentalista, a unién de indoamerica, fundamental e.emento para iu- char y hacer contrapeso a. imperialismo yanqui, dijo en sus deiiniciones ini- ciaes, y, posteriormente, —obvio que existian otros imperialismos— para hacer el contrapeso a toda forma de imperiatismo. Pero es, en este ento- que continenia, en osta unién que tene que llegar a ser econémica, donde Haya de la Torre cenita ‘a esencia de su pensamiento y de su posicion po- litia, Indudabiemente, @. entoque supranacional es correcto, pero sin duda ‘iguna, es también cierto en que esia visién coniinenial, supranacional, se iluye un poco ia vision dei propio pais, y @ veces, en algunos casos, se puede inc'uso elejar una de ias urgencias de nuestra realidad y de nuestra problemética. Y de ese avjamiento y de las consecuencias de ese enfo- que, hay ejempios claros a ‘o largo del andilsis critico que. pueda. hacerse de este distinguido politico, pero que no es ei caso ahora mencionar. Si va'dria !a pena quizes, sustentando ese concepto, recordar uno de Jo articulos péstumos de Jorge Basadre, donde en una entrevista para la Revista “Oiga” en junio de 1979, cuando ‘e preguntan por qué si era ami- 190 de todos los que dieron crigen a! Partido Aprista Peruano, por qué no ‘enrolé entonces almovim'ento, dice lo siguiente: “nunca fui aprista, por- ‘me parecia que en esa especie de continenta'ismo que preparaban, ha- ‘ind purificecion desde arriba que cividaba ta historia real de América ‘Latina. Deblan mantenerso —continia— las esencias naciona‘es, y el apris- MO MO Propugnaba eso en aque! momento”, termina la cita de Basadre. hin Belainde, por el contrario, ve al Perd con una lupa que podemos de- cir e8 nacional, tanto que el dia de hoy criticos de la historia, como por ejemplo, Arnold Toynbee, no discute en afirmar su admiracién por las ca- racteristicas y el avance social y politico de la organizacion de nuestra ci- viizasion andina; y hombres como Toynbee, compara con ventaja a la ci- villzaci6n andina en sus aspectos politicos y sociaies con incluso la civi- lizacién occidental; por qué no utilizar esie bagaje, esta experienc.a, esto que se ha desarrollado entre hombres que son os mismos que los que ahora tenemos que ver !a problematica, que tienen una herencia bioldgica de iguales reacciones y que tienen que aciuar ante una geografia idéntica- mente desafiante; por qué no utlizar ‘0 que ‘ue motivo de admiracién en @) pasado, para esta realidad concrela @ idéntica, ahora dentro de una con- cepcién moderna y actua‘izada, haciendo uso de los elementos que acon- sejan ias experiencias de otros paises, pero sirviéndonos de ella como ei elemento medutar, que por ser nuestro, por ser autéctono, por nacer con nuestros anlecesores y por estar envivitos en quienes asi. los hemos: here- dado, habrén de ser més fécilmente asimilabies y receptivos. Esa es la vi- sion bésica de Fernando Belainde, en cuanto a la génesis de su’ pense- miento. Mariétegui y Haya son cosmopoiitas, universalistas, estudian ia proble- matica universai con mucha propiedad, con mucho detalle, son humanistas, ¥ e808 conocimientos los proyectan a la sociedad peruana. Fernando Be- launde es en cambio autoctonista. No desconoce |a realidad ocurrida en la evolucién histérica universal, pero ni ia utiliza ni la antagoniza. Hemos visto ‘como Haya de la Torre parte de refutar a Mariétegul, por esi decirio, por- ‘que comienza negando en su esencia la aplicacién de la tesis marxista a la realidad americana. Belaiinde no entra a discutir, ni dice no al enfoque do aque‘los 0 de los otros, no refute, y de alli ha venido muchas veces ia di- ficultad de distinguidos inteléctua'es peruanos que en a'gin momento iie- gaban a decir que era un partido sin pensamiento y sin ideologia. No es que fuera asi, sino que imbuidos como toda la mayorla de intelectua'es en las corrientes universaies y pensando siempre en esia iotma de transferit '9 extra a nuestra realidad, eran incapaces de comprender la génesis del pensamiehto que habla guiado a Fernando Beladnde. Pero hoy dia, como tendremos, oja'a, oportunidad de ver en otras con- versaciones, esta forma de enfoque viene encontrando validez universal. Si enjuic'amos !a base de! pensamiento de Marlétegul y de Haya de la Torre, vemos que en el'a 6! Perd es receptor de las Ideas fundamenta'es que gulan 9! pensamiento politico de estos peruanos. Para Mariétegui, en ta parte de arriba, los e'ementos fundementa’es, como habré oportunidad de discutir, son la abolicién de! capital y llegar a la dictadura de! pro'etarla- do; pera Haya de la Torre ‘a unidad politica de América y la lucha antiim- Yt Periatista. Pero todos estos son conceptos que se reciben, surgen o tienen ‘su orgen fuera del Perd y se ap'ican y dan motivos a acciones concretas que son las Iineas politicas de estos lideres de nuestra patria. Por e. contrario, pata Be‘aiinde el Perd no es el elemento receptor de las ideas sino el elemento generador de les ideas. Encontré en el andtisis de la civilizacion andina que habia a’canzado, y que habia iogrado un p'eno dominio y conocimiento de ‘a tierra, y de alli a! estud’ar como se logré un Idea’ de justic'a en el antiguo Peri, nacen esas ideas de !a Carretera co- lonizadora a ia selva y de la priotidad de la matginal. Y de! ana'isis d ayiiu y de la mita, que ya hablan p'asmado en sus primeros mov'mientos poilticos una conclencia al recotrer ios viliorios peruanos, surge la i basica de otra de sus grandes ‘ineas pragmaticas y po'it'cas, ta Cope: cién Popular. Creo que hemos Iiegado s6lo a una primera parte y no alcanza e! tiem- po para abordar la segunda y tercera que habla programado, Pero si han tenido (a resistencia de poder seguir esta conversacion y hay oportunidad en el futuro, estaré muy satisfecho de poder seguir haciéndo'o, Antes de dar por certado este primer contacto con ustedes, quiero ex- presaries mis mejores votos porque todos, s'n excepcién, tengan éxito en los estudios que hoy inician y que lo hagan convencidos de que el Pera espera mucho de ustedes, en una carrera tantas veces discutida, tantas ve- ces no apreciada en toda su magnitud, pero que puedo afitmar con impar- Cialidad, que es no sélo una carrera hermosa, sino una carrera en la que como en pocas otras se puede defender mejor e' sagrado interés naciona’. es DISCURSO DEL MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DEL PERU, DOCTOR JAVIER ARIAS STELLA, EN EL XXXVI PERIODO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS (Nueva York, 21 de Setiembre de 1981) ‘Sefior Presidente: Me complace expresarle ia cordial fellcitacién de la De'egacion del Pera por su e’eccion pata Presidir los trabajos del XXXVI Perlodo de’ Se- siones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Esta designacion significa un merecido homenaje a su persona y a su condicién de experi- mentado diplomatico e internacionalista, Asimismo, expreso €l reconocimiento de la De'egac'én que preside a ‘su distinguido predecesor e! Embajador Rudiger Von Wechmar de la Re- Pdbfica Federal de A'emania, qu’en ha ejercido con indiscutib'e brillo las delicadas funciones de Presidente de la Asamb'ea, tanto dentro como fuera de este ilustre recinto. El Perd da la bienvenida a la Repib'ica de Vanuatu con motivo de su Ingreso a las Naciones Unidas, pais unido a nuestra comunidad de intereses por su ubicacién en e! Océano Pacifico, en e! convenc'miento de que con- Iribuiré eficazmente a tos trabajos de esta Organizacién, Constituye para mi una satistaccién espec'al ditigitme a esta Asamblea cuando Belice accede a la independencia. Extiendo, en esta opottun'dad mis més calurosas felicitaciones a este nuevo Estado de América Latina. Deseo finalmente expresar !a admiracién y e! reconocimiento del Go- bierno del Pert al Doctor Kurt Wa'heim, Secretario Geneva’ de las Naclones Unidas, quien en un lapso de 10 afios ha prestado a la causa de la paz servicios eminentes medante un estuerzo persona’ y una habilidad d’p'omd- tica que merecen e! homenaje de nuestra Organizacién. La reunién, cada afio, en este recinto de todos ios paises miembros de la Organizacién, a niveles de Jefes de Estado 0 de Goblerno o de Ministros de Relaciones Exteriores nos da !a oportunidad de hacer un balance de la situacién internacional y, [o que 6s més importante atin, de tomar concien- cla de nuestras responsebilidades respecto a la preservacién de fa paz y al logro de 1a prosperidad de nuestros pueblos. Durante e! Gitimo afio, dos realidades se han dibujado con acentuada nitidez en la escesa internacional. La progresiva expansién de tendencias ideopollticas universalistas ha or'ginando una viva reaccién, y se ha producido un’ nuevo choque entre las concspciones que de manera distinta buscan e! camino para alcanzer el bienestar de la comunidad. Reaparece asf una nueva tensién internacional y la competencia por la ‘supremacia del poder militar agrava y ahonda nuestros temores y preocu- paciones. Los objetivos de concertacién se debilitan en la medida que la bipola- ridad carga de rlesgos !a paz y la seguridad internacional. De otro fado, 'a forma como los palses del Tercer Mundo han sabido sostener sus posiciones en !a Conferencia de! Mar togrando. no en pocos fasos, convencer de la lusticia de sus tesis, originalmente inaceptab'es para Jas naciones industrializadas, es uno c'ara demostracién de! enorme poten- celal que encierran fos paises en desarrol'o si ellos se cohosionan y utl'i- zan 'o mejor de su voluntad de coordinacién y acc'én. Este ejemplo da una luz de esperanza en el todavia lento progreso ha- cla 'a consecucién de un nuevo ordenamiento internacional. Pero creemos que no es sélo a histérica tarea que 'e esté encomen- dada a los paises en desarrollo. Asf como ya se empieza a comprender que nuestras demandas a los pafses desarrollados no conlievan inamistad, ni en- trentamientos, asi también on la lucha por a hecemonfa mundial que va ve- mos esbozada, nada obliga a los paises en desarro'lo a tomar partido con uno u otro de los polos embarcados en una pugna que crelamos superada hace ya dos décades. Esa fuerza, de la que comenzamos a tomar conclencia, generada por I convergencia de los paises en desarrollo, bien puede tener e! histérico destino, en este foro de las Naciones Unidas, de erigitse en fa palanca que evite el peligro de una conflagrac'én suicida, y que se transforme en el motor que garantice 1a paz. Promover activamente la coexistencia paciiica. He alli 'a tarea de! Ter- cer Mundo en la hora presente. aii ae | Sefior Presidente, seflores De'egados: Cuando el afio pasado dimos cuenta en esta Asamblea de! signiticado y trascendencia de la ascensién como Presidente Constitucional de! Arqui- tecto Fernando Belatinde Terry, dijimos que adauitfamos ef solemne compro- miso de preservar fa tibertad, respetar los derechos humenos y trabaiar sin desmayo para la construccién de una sociedad verdaderamente justa. Transcurrido el primer afio de gobierno puedo afitmar aqui, con leghti- ma satisfaccién, repitiendo lo dicho pot el Presidente Belainde: “hov. en el Perd: la Constitucién impera. 1a ley rige y ta libertad reina en toda la Repiblica”. Nuevas leyes de Promocién Agropecuaria, de Petréleo y de Minas es+ tén dando un renovado vigor a ‘a potencla’ riqueza natural peruana. La creacién de! Banco de Materla'es, y la institucién de a Hipoteca Social para vivienda. que subsidia e! interés. dan impulso creador a un vasto plan de vivienda que en este momento significa, entre 'o construlde y en elecucién. m&s de 10,000 unidades habitaciona'es de carécter social. Con energla se ha emprendido 'a comp'ementacién de trechos. ‘a re- paracién de seamentos. y la construceién de nuevas vies en la Carretera Panamericana de la Costa, en la ‘ongitudinal de la Slerra y en Ia Carretera Marginal de la Selva que con renovado entusiasmo esta permitiendo. a la reciente poblacién peruana, nuevos y promisorios asientos. para 'a efecti- va ocupacién del territorio nacional. El éfecto multiplicador de !a Cooperacién Popular. trabajo voluntario de as comunidades con fa asesor{a técnica del Estado, considerada internacio- nalmente como la modalidad mas eficiente de la tecnoloala intermadin. vie- ne dando ya frutos en los pueblos marainados a través de sus 150 centrales provinciales. Esta inmensa tarea 'a hacemos paralelamente al esfuerzo de sanear ta economia todavia afectada por ia crisis que encontramos y por los efectos de! momento de recesién e Inflacién mundial. Prometimos libertad de expresién y hemos cumplido, enmendando a situacién encontrada. Hoy en ¢| Peri los diarios de circulacién nacional. 'os canales de televisin y las radio-emisoras hen sido entregados a sus leqi- timos propietarios, devolviéndose a! pueblo peruano 'e! p'eno derecho al libre juego de opiniones e ideas. Prometimos autoridades edilicias legftimas y e! pasado 23 de noviembre se realizaron las elecciones en todo el pals. Shee Vivir en fibertad y p'ena democracia, sabemos bien, no es objetivo fé- ‘til. Pero qué puede enaltecer més a un Gobierno y al partido politico ma- yoritario que lo sustenta, que e! saber respetar la presencia y la critica de todos os sectores politicos opositores 0 no sin excepcién como ahora pue- de comprobarse en mi pais. EI p’eno respeto alos derechos humanos y ‘a sincera bisqueda de justic'a y progreso son los mejores elementos disuasivos y de contencién a ‘eualquier intento de promover vio'encia y caos soc’al, y son también 'a mejor garantia para !a esiabilidad de’ sistema demorrAt'co hoy por fortuna ‘ganado por la expresa voluntad de! pueb'o peruano. Seflor President. La politica exterior de! Perd esta principalmenie basada en !a perma- nente adhesién y continuo respeto a los principios que constituyen la. base de! ordenamiento juridico internacional. Se desenvuelve en armonia con nuestra posicién continental americana Y con nuestros anhe'os y planes de cooperacién ¢ integracién en ‘as subre- giones, andina, amazénica y de! Pacifico; con nuestro. afén, de vincu'acién con todos los paises 2 nivel regiona’, hemisférico e Intercontinental; en es- tricta armonia a nuestra condicién de pais en vies de desarrollo, hermanado on todas las naciones de! Tercer Mundo, asi como en concordancia con nuestra ubicac'én de pals auténticamente independiente y no aiineado. Nos complace que hayamos logrado ‘os mejores nive'es de relacién con todos los palses ‘imltrofes, io que, garantiza no sélo una fraterna vinculacién sino la efectiva consecucién de nuestros objet'vos comunes de colabora- clén para e! desarrolio dentro de! respeto @ nuestras soberanias naciona’es. El imperativo integrac’onista que emana de |a constitucién del, estado ha sido asumido con todo vigor por e! Gobierno del Pert. Hemos asi con- tribu'do a un ané'is's profunde de! Acuerdo de Cartagena y al sincevamien’o de pasiones sentando \as bases para garentizar ‘a reactivacién de este, e! m&s ambicioso esfuerzo solidario hasta hoy realizado para recoger e! an- helo integracionista bolivariano. Me satisface que dentro de un definido cronograma de acciones ten- dientes a ‘ograr esa tarea se acaba de rea‘izar a principios de setiembre, en Bogotd, ‘a reun'én de la Gomis’én de! Acuerdo en “a que los Ministros de Industria © Integracién han tomado fructiferas decisiones. Durante este periodo se han dado efectivos pasos para ‘levar ade’ante el Tratado de Cooperacién Amazénica y para el'o, @ princ'pios de este mes, tuyo lugar una reun'én técnica, con Ia participacién de todos fos paises: miembros, como paso preliminar a 'a préxima reunién de! Consejo Ama- tonico. Conscientes de que sin Ia vinculacién fis'ca cualquier estuerzo de in- tegrac'én econémica es utdépico, pianteamos en ‘a Organizacién de Estados Americanos la necesidad de iniclar trabajos serios para la interconexlén de Yes Cuencas de! Orinoco, de! Amazonas y del P’ata. Es estimutante anotar que habléndose recogido esta propuesta, habré de Vevarse en octubre p'6xmo en Libia, bajo !os auspicios de nuestra or- ‘ganizac'én regional la primera reunién técnica de andlisis y estudio de este trascendente proyecto de a'cance continenta’. En’ su memoria sobre ta labor de la Organizacién, e! Secretario Gene- ral ha mencionado el fe'iz’término de un inciden‘e Yronterlzo, En efecto, en los primeros meses de este afio e! Peré se vio obligado @ reps'er, en. defensa de su soberanla e integridad territorial, ta presencia ‘en su territorio de fuerzes. militares fordneas. La situacién asi creada pudo sor resuelta con ‘a valiosa intervencién de los Paises Garantes del Protoco'o de Paz, Am’stad. y Limites de Rio de Ja- neiro y de sus documentos complementarios p'enamente vigentes, que el Peri y e! Ecuador suscribieron solemnemente en 1942. Debemos reiterar nuestro agredecimiento a los Gob‘etnos de Argentina, Brasil, Chite y Estados Unidos que mediante el documento $ 14384 de fe- cha 23 de febrero de 1981 informaron a’ Presidente de! Consejo de Segu- tidad de Ja Declarac’én que habian emitido en la Décimo Novena Reunién de Consulta de Ministros de Re'aciones Exteriores de la Organizac’én de Estados Americanos atirmando que habian asumido y seguirfan asumiendo sus responsabilidades como Paises Garantes de! Protoco’o de Rlo de Ja- nelro de 1942, Dentro de! marco de ese instrumento juridico, el Peri mantiene inva- ‘able su buena disposicién para terminar de co'ocar los hitos en ‘os 78 ki'émetros en ta CordiYera del Céndor. Vemos con preocupacién que en los ditimos afios so ha acentuado una ‘efervescencia social en América Centra! y e! Caribe, que es expresién de las dificu'tades y deficiencias para lograr un desarrol'o sostenido. La magnitud de ‘as dolorosas conftontaciones a que ha dado ‘ugar es\e estado de cosas, han sido los catalizadores que han po'arizado hacia esta regién la atenc'én de |a comunidad internaciona'. ye Si bien existe conciencia de la necesidad y deseo, de colaborar en el ‘estuerzo de! desarrollo socio-econémico en dicha regién, se ha hecho evi- dente una indefinicién en los mecanismos y una descordinacion. pat secucién de estos objetivos. Hemos comprobado que muchos paises latinoamericanos cos ciclos tec- nolégicos més avanzados y con recursos humanos disponibles no han po- / dido, @ pesar de su buena disposicién, volcar sus experiencias 0 potencia- Mdades a as regiones centroamericana y caribefia por 1a debilidad de las economfas oferentes y receptores que impiden la répida y tacit utifizacion de esos recursos. Por eso, ahora que varias naciones tienen la voluntad de plasmar lo ‘ue se ha denominado miniplan Marshall para esas regiones, el Perti pro- Pone que dentro de ese esfuerzo se plasme un programa de apoyo @ la Coo- peracién Hortzontal constituyendo un Fondo Fiduclario para ese propésito. Mi Gobierno desea expresar su fraterna preocupacién por la seria si- tuacién existente en la Repiblica de El Salvador y, al mismo’ tiempo que formula votos por una pronta solucién de la misma, hace un llamado a la estricta observancia de! principio de no intervencién en un problema cuya solucién politica y democratica es de exclusiva incumbencla de los salva- dorefios, sin ninguna ingerencia fordnea directa @ indirecta. EI Perd comparte con otros pueblos de América, Africa, Asia y Oceanla una problemética comin: La de! desarro’'o. El Tercer Mundo es una reali- dad Insoslayable en e! gran debate internacional de nuestros dias. ‘An no encontrames el camino para un justo y rapido desenvolvimiento, Pero nuestros paises continian absorbiendo, sin un reciproco balance, un tercio 0 més de tas exportaciones de los palses industrializados y contri- buyen con un cuarenta por ciento o més de las utilidades que esos paises: obtionen de sus intervensiones. Tenemos diticultades en el logro de térmi- nos de intercambio que sean justos, pefo las estadisticas indican que para fa década de 1980-1990 contribuiremos con casi e! 30 por ciento al aumento de la produccién mundial. No extrafia entonces los enormes esfuerzos que han hecho y deben se- guir haciendo los paises del Tercer Mundo para buscar Ja precisa identifi- cacién de Jos problemas comunes. Tampoco flama la atencién que se haya requetido un tepianteamienty de las relaciones internacionales en el que tengan cabida todas las nacio nes de! mundo. att ‘Sin embargo, ‘a persistencia de politicas proteccionistas en muchos pal- 9e8 industrializados, e! problema de !a caida de los precios de las materias prmas ocasionada por factores ajenos a la voluntad de los paises produc~ tores, 1a resistencia a {a transferencia de recursos financieros a las naclo-~ es en desarrolol, ia postergacién de !as demandes para un nuevo orden ‘aconémico internacional, e! deterioro de los términos de intercambio, la de- fensa de ta soberania y jurisdiceién maritima, son problemas comunes @ todo e! mundo en desarrol'o y deben ser base de una tarea conjunta que per- ‘mita superarios. Para ello requetimos no sé!o de enunciados sino de suf- ciente capacidad de decisién que permita evitar todo lo que nos puede di- vidir y afirmar las éreas. que nos vinculan y so‘idarizan, Es estimuiante comprobar que e! Info:me de ja Comisién Independiente sobre Problemas internacionales de Desarrollo, que fue presidida por e! emi- nente politico Willy Brandt, ha Sabido recoger !a realidad y avizorar \as erspectivas del mundo de hoy y de mafiana, y también detinir un conjunto de soluciones que de llevarse ce'osamente a cabo haciendo fecundo el hasta ahora improductivo diélogo entre e! Norte y Sur, bien podrian poner- 0s en el camino hacia ese mundo justo al que aspiramos. El Pera confia, por el'o, que un espiritu de solidaridad y equitfbr'e pri- me en la Conferencia Cumbre préxima a rea'izarse en Cancin - México, con la participacién de un ndmero limitado de Jefes de Estado. Creemos, que estando en juego ei futuro del ordenamiento internacional, hay que pensar ‘en otras reuniones cumbres en tas que puedan expresar su posicién fas na- ciones que no participen en esta ocas'én. Vemos por ello con interés, la reunién que e! Sistema Econém'co La tinoamericano tiene programada para este afio, para coordinar ia posicién de América Latina y hacer efectivo el didlogo con los Estados Unidos, en un estuerzo para lograr un mejor entendimiento hemistérico. Asi como consideramos e! desarrollo como una suerie de patrimonio comin de fa humanidad o derecho irrenunciable de nues‘ros pueblos, cree- mos también que ia paz y la seguridad no puede ser pr grupo de naciones. Y pata que este derecho a la paz y la seguridad intor- nacional sea disfrutado por todos, surgié e! movimiento No Al'neado, craado por la conviceién que a través de la asociacién de los palses, respotando Jas soberanlas nacionales y rechazando todo tipo de discriminacion, la paz pueda preservarse sin necesidad de que las naciones formen bloques con una u otra de las grandes potencias mundia'es. En este afio que celebrames el vigésimo aniversario de! Movimiento No Alineado, me complace sefialar su extraordinaria contribucién a la coordi- nacién de esfuerzos de los paises en desatro!o que tanto ha fotta’ecido == fuestra posicién en {a lucha por el establecimiento de un nuevo ordenamien- to mundial y la preservacién de 1a esencia po'ftica misma de! o/elineamiento ‘sustentada en el no-compromiso con los dos grandes polos de’ poder mundial. EI actual Gobierno de! Peru que ha recogido de’ pasado peruang.el legado de una tradicién de justicia y de trabalo, para hacer de ello el nd- cleo de una nueva ideologia politica, esté particu'armente dotado para prac- Hear una po'ttica exterior verdaderamente independiente y. soberana, sin. de- jar de aprovechar todo |o, positivo aplicable a la realidad nacional. que pue- dan ofrecer las distintas vertientes politicas, que imperan hoy en.el. mundo. En la tarea histérica que antes le hemos asignado a! Tercer Mundo Para garantizar fa paz, sin duda 2'guna e! Movimiento No Alineado y el Grupo de los 77 estén lamados a ser los grandes protagonists de la con- secucién de tan importante meta. En la basqueda de un nuevo orden, los paises en desarrollo estuvieron consclentes que no podian a’canzer resultados inmediatos de su didlogo con los paises. industrializados y que era necesario’ aprovechar @! maximo’ las complementaridades de sus economia, existentes y potenc'a’es. Por ello, e! Grupo de los 77, que comprende en e! momento a mas de 127 paises en vias de desarrol'o, idearon lo que se ha llamado. ‘la cooperacién sur-sut”, y @pro- baron en Garaballeda e! “Programa de Gooperacion Econém'ca entre los paises en desarrolio”, el cual de manera coherente y concreta contiene dis- tintos objetivos sectoriales en e! campo. tinanciero y monetario, comercial, alimentario, materias primas, eneraético, tecnolégico y que ya se encuen- tran en distintos grados de instrumentac'én. Es necesario menclonar que !a coopsracién horizonta’ no sustituye I cooperacién econémica g'oba! entre palses en desarrollo y paises industria \izados. E! Gobierno de! Peri, consciente de |a verdadera dimensién de! esfuer 20 y deseoso de participar en la so'ucién de los problemas internaciona'es, alienta les negociaciones globales dentro de las Naciones Unidas’ como la mejor manera de llegar en forma concertada y a través de a negociasion —¥ no por el enfrentamiento— a ‘a reestructuracién dol injusto’ orden eco némico internacional, reduciendo e! creciente nive' de tensiones mundiales y forjando un mundo verdaderamente seguro pera todos. El Perd ha seguido particinando activamente en la Tetcera Conferencia de Naciones Unidas sobre Derecho de! Mar, que vione celebréndose desde fines de 1973, y que en agosto acaba de cu'minar en Ginebra su décimo perlodo de sesiones. Al hacerlo ast no hacemos més que proteger os: altos lntereses niacionales del pais, productor minero por excelencla. que en el futuro con muchos otros paises podria ver afectado los precios de sus’ma- terlas primas, minera'es, si se permite una exp'otacién fibre y unilateral de a empresas transnaciona'ss, lo que violaria e! principio de que’dichos fondos y Sus Tecursos son patrimonio comin de la humanidad. Nos satisiace que en esta ditima reunién se haya convertide en "“Ofi- cial” el Texto de la Convencion hasta entonces “Oficioso", que la tesis de tes 200 mitias tan tenazmente defendida aicance su definitive consagracién; que se. haya defendido |as.sedes de la Autoridad Inte-nacional de los Fondos Marinos y el Tribunal In‘ernacional del Derecho de! Mar, y que e! diffoll te- ma de la deimitacién de las zonas econdmicas y p ataformas continentales ‘entre Estados con costas adyacentes y frenle a frente haya logrado el, con- senso. Como ya lo dijera antes, estos éxitos demuestran que los Estados de! Tercer Mundo se encuentran unidos y firmes para impedir que se alieren @spectos sus‘ancia’es de! Proyecto de Convencion, !o que también es com- partido por a gran mayorla de las naciones deserrolladas participantes en la conferencia. Tenemos Ia firme esperanza de que ‘a revisién que efectda e! Goblerno de los Estados Unidos, de su posicién sobre e! Proyecto de Convencion conduzea a conclusiones similares de las que petmitieron a sus negocia- dores anteriores trabajar dentro de la conferencia. Asi honraran ios compro- misos negociados por consenso con fos demés Estados participantes en la Confetencia, pues seria muy lamentab'e su maiginacién de’ nuevo Derecho Internacional.de! Mar que inexorablemente ha de ser establecido como la Giniea garantia contra e! caos, ‘a confrontacién y ias actividades l'egit’mas de cualquier Estado. Uno de los hechos mds importantes de {a polltica exterior peruana en e! presente afio ha sido la adhesién del Perd a! Tratado Antartica suscrito en la Qudad de Wash'ngton e! 1° de diciembre de 1989. Ei Gobierno del Peri considera que, dada la especia’ situacién geogtatica de! pals, tiene un interés directo y sustancial en la regién Aniértica y que, en consecuencia, dentro del respeto al principio de la igualdad juridica entre todos los -sig- natarios, brindaré sus mejores estuerzos a la busqueda de un Estatuto ge- era! y definitivo’para la citada regién, ene! que se contemple equitativer mente los intereses de todos los Estados invo'ucrados. Mi pais considera oportuno sefialar el importante paso dado por ia Or- ganizacin de las Naciones Unidas al propiciar la Reun'én Mundia’ sobre Fuentes de Energia Nuevas y Renovab'es, que ha permitido la e'aboracién del Programa de Accién de Na’robi sobre e! epravechamiento y la uti'iza- cién de esas tuentes de energla. Estima, ademés, que para consolidar los ‘avances tealizados en Nairobi, sera necesario efectuar una real transferen- — ii Gla de recursos financieros y tecnolégicos de ios paises desarro'lades a los ‘en vias de desarro‘‘o, con miras a la utiizacion de esas nuevas fuentes do ‘energia. EI Gobierno del Perd observa con aprensién la estrecha interre’acién ‘existente entre ia tensa situacién internacional y e! estancamiento de! pro- ‘ceso del desarme. Ei deterioro de éste, a consecuencia de! aumento de pre- siones regionaies y globa'es, de la falta de confianza y didiogo entre ios Estados y de! mal emp!eo de los criterios de seguridad, viene siendo peli- grosamente agravado por una escalada atmamentista a nivel mundial en ta que es‘n principaimente comprometidos quienes poseen los mayores arse- na'es de armamento nuclear y convenciona'. En este contexio, preocupa especia'mente al Peri ta comprobacién que {a importancia universa! de la paz tiende a diluirse en formulaciones tedri- cas y de compromiso, cuando no en desentendimientos que levan al fra- ‘easo, y que los estuerzos institucionalizados de ‘as Naciones Unidas y de una multiplicidad de entidades internaciona’es en el campo de! desarme, in- tensos y costosos, confrontan e! riesgo de burocratizafse al no ser ‘egiti- mados por la voluntad polltica de los gobiernos llamados, precisamente a ‘acelerar {a consecucién de una de las metas superiores y urgentes de la comunidad internacional: E! desatme general y completo. En consonancla con los lineamientos tradiciona‘es de la posicién dei Perd, inherentes a su histérica vocacién por la paz, nuestra Gobierno con- tinuaré brindando su contribucién en todas ‘as esferas de la prob‘ematica del desarme, y espera asimismo que Jas grandes potencias responsabies por ®! comercio discrecional de una capacidad de destruccién de su propia creacién, asuman conscientemente el comprom’so politico de imprimir un Impu'so creador y definitive a este proceso, de modo que la paz y segu- ridad internacionales a'eancen una dimens'én reai y cotidiana en la comu- nidad de naciones. Nuestra Organizacién, por su constante y dificii tarea de promover un ‘orden mundia: en e! que cada individuo, como cada nac6n, pueda ejercer sin ‘rabas, limitaciones ni amenazas, los derechos elementa'es a la tiber- tad, la seguridad, e! desarrollo y ¢! bienestar, constituye e! marco apropia- do para la consideracién de todo cuanto se re!acione con a defensa de !os derechos humanos. El Perd que hace dos décadas ratificé la Declaracién Universal de De- techos Humanos, es signatario de’ Pacto internacional de Derechos Civi'es ¥ Politicos y su Protocolo Facu'tativo y, a nive! regional, ha ratifieado la Convencién Interamericana sobre Derechos Humanos conocida como “Pacto ~~ de. San José” y ha suscrito asimismo, otros instrumentos internacionales que tienen como fin ta proteccién de los derechos del hombre, El Perd, acorde con su probada vocacén humanista, renueva hoy su ad- hesion a tales derechos y principios, asi como su decidido empefio de con- tribuir a la promocién de la dignidad esencial de !a persona humana y el desarrollo y bienestar de fa sociedad en un marco de libertad, justicla so- Glal.y pleno respeto a los derechos bisicos del individuo. Esta histérica posicién de principios, consagrada en la nueva Carta Potltica del Estado Peruano ha sido y seré celosamente respetada por el Gobierno del Presidente Belainde Terry. Rechazamos por inhumano y antihistérico el sistema de Apartheid impe- rante en Sudéfrica. Ei Peri pals orgulloso de su ancestro multiracial, no Puede admitir que se establezca diferencias discriminatorias de ninguna na- tura'eza y asi lo consagra en uno de sus articulos !a Constitucién Peruana. El régimen sudafricano se ha situado de espaldas al Mundo y a la rea- lidad y ha provocado el rechazo unanime de la comunidad internacional, que condena al Apartheid como una practica incivilizada que debe desapa- recer inmediatamente. El Perd denuncia, una vez més, la ilegai ocupacién del territorio de Namibla, en vioiacién flagrante de mandatos expresos de ias Naciones Uni- das y de la opinién consultiva de la Corte Internacona! de Justicia. Reaffr- mamos aqui e! apoyo Incondicional de mi Gob'erno a la libre determinacién del pueblo Namibiano, a su derecho inalienable a la independencia y a! res- peto de su soberanla e integridad territorial asi como, de sus recursos na- turales. Mi pais, el pasado mes de mayo con ocasién de Ia visita de una Mision de Consuita del Consejo de las Naciones Unidas para Namibia, reiteré su rechazo a toda forma de imperialismo, colonialismo, neocolonialismo, y dis- oriminacién racial y expresé sus votos porque Namibia adquiriera en_pleni- tud gobierno propio dentro del marco que fijan los principios, acuerdos y resoluciones de las Naciones Unidas. El Peri reatirma su vocacién pacifista y de pleno y total apoyo al prin- cipio que proscribe la utilizacién de la fuerza para la solucién de las con- troversias, principio fundamental y rector de su politica exterior. Las con- Iroversias deben solucionarse por los medios paciticos previstos en los ins- ttumentos internacionales @ 103 cuales. se hallan sometidas las partes, ya que el respeto de !as obligaciones emanadas de los Tratados, que esté con- sagrado en la Carta, es ta base indiscutible sobre 'a que se halian cimen- tedas las relaciones internacionales contemporéneas, E! Peri colaboraré en iim tohsecuencia en la adope'dn de todo instrumenio internacional que proscri- ba definitivamente 1a utilizacién de ia tuetza en ‘as re'aciones entre los Estados. Por elo, es lamentable que ain persisian s'tuaciones de tensién entre lak, en Chipre, en Kampuchea, y en Aiganistan. Mi De'egacién considera que debe hacerse todo estuerzo en esta Asamb'ea y en €! Consejo ce Segu- tidad para poneries pronto ‘término y, a! m’smo tiempo, ‘da su pleno’ respal- do e! Secretario Genera! en sus esfuerzos por encontrar formu'as potiticas regociadas que contribuyan a su so'ucién, sea por mandato del Consejo o por su propia inictativa dentro del marco dé sus’ atribuciones. Mi Delegacién no pcede dejar de manifestar su rechazo a ta reciente invasién de Ango’a por tropas extranjeras, que no solamente representan un atentado contra 'os princ'pios consagrados en !@ Carta de las Naciones Uni- das sino que ademés contribuye a eumentar e! petigro que corrén la paz y la seguridad internacional. Expfesamos nuestra ser'a preocupac én ante el deterioro que ha expe- rimentado {a situacién en el Medio Oriente. Gondenamos |a agresién y uso de la fuerza en ‘os recientes sucesos tanto en e! Libano como en! Irak, ‘que volaron las normas de la convivencia pacitica y ‘os principio cons: gtados en la Carta de las Naciones Unidas. Es muy urgente que la Asamb’ea Genera’ encuentre procedimientos y mecanismos validos que permitan so'uc'onar satisfactoriamente este do'o- 080 conflicto, teniendo en cuenta las resoluciones pertinentes de! Consejo de Seguridad y de la Asamb‘ea General, la nc'a segura de tolbs les Estados y partes involucradas de esa regién, asi como todos aquellos es- fuerzos valederos que tienden a buscar la paz y el entendimiento. E\ Perd considera que es obligacién de esta Asambiea, abordar !a ta- rea_de desarrollar y hacer mAs ofectivas ‘as disposiciones, de la Carta de la Organizacién. Cree que para elo deben ser revita!izados, para hacerios mas operatives, !os mecanismos de toma de decisién de jas Naciones Un- das, como es e’ caso notable del Consejo de Seguridad. Desaiienta cons- tatar e! ma! uso de las prerrogativas de excepcién que t'enen algunos pal- ses dentro de /a Organizacién. Es, por esto, nuestra ob'igacién urgente e ineludible dar solucién a esta seria situacién. En mi pais, e! Jefe’ del Estado ha hecho un I'amado @ todos los par- tidos po'lticos y sectores dela actividad nacional para que, sin deponer particulares convicciones, se encuentren “en e! anhelo insat'siecho de los hogares humildes, en la insa'ubridad de los tugurlos urbanos y rurales y ‘en @! decaimiento de las escue’as, con ta devisién de remediar sus males” =f ‘Ha reclamado una gran conjunc’én de esfuerzos: una ional ‘ En esta hora de tension y de prueba que vive !a comunidad interna~ cional ereo que, igua'mente, toca hacer una honda tefiex’on. Un t'amado a ta conciencia de todas !as naciones para que utilizando sélo !o positive de! progreso y de ta clencia’ se acometa 'a solucién de los prob‘emas de ta humanidad. ‘Mi pais, por ello, reciama en este Trigésimo Sexto Periodo de Sesiones de Ja Asamblea Genera! de tas Nac'ones Unidas !a hermandad mundia!. REFLEXIONES SOBRE LA ORGANIZACION DE LAS NACIONES UNIDAS Por el Embajador Javier Pérez de Cuellar La Organ'zacién de las Naciones Unidas es ia mas reciente y sin duda la mas completa respuesta a la necesidad seculatmente sentida por todos Jos pueb'os de. mundo —cuya personeria se arrogé e! Predmbulo de la Gar- ta— de que se coordinen esfuerzos de manera permanente, para preservar la paz y la seguridad internacionales y para crear un sistema de in'ercam- bios pacificos que conduzca gradualmente a fa universalizacién de la jus- ticia y de ta prosperidad. Hay (que admitit, in, embiargay abe. paraddjicamente, 'e Carla: iene hizo casi imposib'e el logro de ese doble objetivo, al inclinarse con anti histérica miopia ante las realidades de |a inmediata post-guerra, y mante- ner, de un lado, con todo su vigor el control virtual de! derecho y de! orden intornac'ona’es por |a jerarquia de tas grandes potencias, y preservar ine tacta, por otto, la soberania de los Estados Miembros; al mismo tiempo que Introducia timidamente en sus Capitulos VI y Vil algunos pocos e'ementos de una autoridad internaciona'. La Organizacién resuité asi una estructura simp'emente superpuesta a !a antigua realidad, es decir, al “concierto de naciones” y a! sistema internacional estat Se ha dicho desde entonces que la Organizacién en vez de ser el ne- cesario “‘sustituto de !a politica dei poder”, es apenas un “registro de ta poiltica del poder” y que por ello sus dec'siones mas importantes no pue- den nunca contrariar los intereses de los Estados Miembros y menos ain sorresponder a “pautas mora’es superiores de justicia”, Es indudable que si se hubiera querido que la Organizac'én fuera verdadero arbitro de esa paz integral a que se aspira, se la habria consiituido en actor independiente en la escena internacional y né en simp'e agente de elecucién de les deci- siones polfticas de sus miembros y, lo que es peor, de !os més poderosos de entre ellos. E'lo hubiera significado un cambio revolucionario en la co- munidad internacional, pues no se hubiera creado una organizacién de go- biernos sino un gobierno universal. Ahora bien, si debemos por el momento contentarnos con que la Orga- nizacién refieje 'o que es “la realidad internacional”, tratemos por lo menos, de que no estratifique sus imperfecciones sino que sirva para suprimirias y para adaptarse gradua'mente @ ias exigencias de ta Comunidad de Nacio- nes. {Pero como obtenerio? Una formula de solucién esté en principio ya lograda y sélo hay que concertarse sobre su mejor empleo: es la universalidad, que Vevara a la total participacién en la Organizacién de ia comun'dad internacional y que implicaré. su auténtica democratizacién. Creemos en efecto, que la mayoria numérica acabar& imporiendo a! “‘direclorio de polencias” las verdaderas prioridades y si, al mismo tiempo, se cohesiona en torno a causas justas, destruiré finalmente su supremacia y la sustituira por un orden constitucio- na! internacional. Es bien sabido que en ‘a Asamb'ea General se han for- mado mayorias por encima y a pesar de presiones, y que las grandes po- tencias han tenido que acomodar més de una vez sus inic‘alivas a ios jus: tos intereses de ia mayoria numérica. Otro remedio, con componentes de! anterior, seria sin duda el esta- blecer un mecanismo que ajuste periddicamente ‘os principales érganos de Naciones Unidas y su funcionamiento a las necesdades crecientes y cam biantes de ‘a comunidad internacional, de manera que proporcione al siste- ma la flexibilidad que !e es tan necesaria. Hay que romper para ello la con- tradiccién que existe en ia Carta, al admitir e! princip'o de su propia refor- ma y al hacerla depender, a! mismo tiempo, de 'a voluntad unanime de fos cinco miembros permanentes de! Consejo; siendo ast que uno de los obje- tivos primordiaies de toda modificaclén de la Carta seria, precisamente, el estatuto privilegiado de esos membros. Los intentos realizados por diver- 808 paises han resu'tado hasta ahora ineficaces sea por la celosa vigl’encia de ‘as grandes potencias, sea por la timidez de las reformas propuestas, sea por el escepticismo de quienes no creen ain posib'e cambio a'guno en la estructura del poder internacional. Sin embargo, esos esfuerzos no deben cesar porque los fines, propésitos y princ’pios de ia Organizacién de- ben acabar primando sobre las facultades de los Stganos que fueron crea~ dos precisamente para dares aplicacién. Esto en cuanto a las imperiecciones sustanciaies de ‘a Organizablon ‘que afectan el cump'imiento de su responsabilidad en e) manten'miento de la paz y al seguridad. Hay también deficienc’as forma’es constantemento apuntadas pot muchos de sus critlcos, pero sin exp'icar que son atribuibles al aceierado crec'miento de Neciones Unidas y a la complejidad de los pro- blemas politicos, econémicos y sociales surgides en {os 85 afios de su an- dar. No debe o'vidarse, en efecto, que Naciones Unidas cuenta con tres ve~ ces m&s miembros que en sus inicios y que ose incremento incide tanto en la composicién de todos sus srganos —desde e! Consejo de Seguridad hasta ‘ef Secretariado— cuanto en la intensidad de las labores de los mismos y de los 30 otros organismos de! Sistema. Por otra parte, {a Organizecién ac- Ss. #1 empleo de la energia atémica para fines pacitices, ia proteccién de! me- ents, la utlizacién de tos recursos potenciaies de ‘os, fondos ma- tinos. Su Secretariado maneja comp'ejas operacionss —no provistas en la Carta— de mantenim‘ento de la pez en e! Med’o Oriente, en Chipre, en Cachemira. ‘Sus agencias especializadas hacen frente a incesan‘es rec’ama- clones relativas a proteccién de !a infancia, problemas de alimentacion, dra- mas de refugiados, asistencia al desarrollo. ‘téa shora en campos antes insospechados, como !a tecnologia dei espacio, de dio Hay que afiadir a todo eso que Naciones Unidas no es como tantos creen, una Organizacién exc'us vamente po'itica y @ la que se debe juzgar 86/0 por sus logros politicos. En reaiidad, e! Sistema de Naciones Unidas se compone de més de 30 érganos, inc'uyendo agencias especializadas y ‘orgenismos auténomos, y de todos el’os s6'0.!a Asamblea General, el Con- sejo de Seguridad, e' Consejo de Tutela y ‘a Comision de Desarme pueden, en igor, ser calificados de polit'cos, Los demas abarcan toda !a gama de actividades. de la comunidad internacional y si resu'tan alguna vez politiza- dos a pesar de su cardcter técnico, es por la naturaleza inter-gubernamon- tal de la Organ’zac’én. De todas maneras, en el aspecto po'ftico, puede afirmarse que la Or- ganizacién ha probado ser e! principal e'emento de orden y de es'abiidad en el mundo y que ha contribuldo poderosamente a reducir o eliminar las ensiones internacionales por haber sido e! centro indispensable y hast shora insustituible en que los gobiernos han d'scutido sus prob‘emas bi'a- terales y muchos de los grandes problemas mundia'es. Se 'e ha comparado con ingenio y aclerto, a un consultorio de psiqu'atra donde e! paciente al airear sus problemas, los reduce a dimensiones manejab'es y hasta puede elim'narlos detinitivamente. Respecto a cuestién tan esencial para ia paz como el desarme y regu- lacién de armamentos, la Carta asigné tanto a! Consejo de Seguridad cuan- to a la Asamblea General responsabilidades especiticas poniendo asi dra- mat'co énfasis en un grave problema que acababa de ocesionar una guerra desventajosa. No obstante que la Organizacién no ha podido cumplir a ca- ba'idad esa fundamental tarea, ha hecho posib'e !a: conclusién de acuerdos importantes como ei Tratado Antértico de 1959 que prohibe ‘as actividades militares en esa zona, el Tratado de Moscu de 1983 que prohibe ios ensa- yoR nucleares en la almésfera, e! espacio ultraterrestre y debajo de! agua; @! Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre, de 1967; 0! Tratado de Tuate'olco Sobre |@ proscripcién de armas nuc'eares en Amér'ca Latina, de 1967; el ‘Tratado sobre la No Pro‘iferacion de Atmas Nuc'eares, de 1968, que pro- hibe Ia transferencia de armas nucleares a otros paises; e! Tratado de 1972, que prohibe @! emplazamiento de armas nucleares y otras de destruccién en masa en los fondos marinos y oceanicos y su subsuelo. Otros intentos ‘encaminados a la desnuclearizacién de Africa, del Sudeste Asiat'co, del Medio Oriente; de! Océano Indico estén en estudio. Tal vez la més valiosa realizaclén de Naciones Unidas en e! campo po- {itico ha sido el establecimiento a partir de 1948 de las operaciones de man- tenimiento de la paz con e! obje!o de reducir o diso'ver tensiones 0 con- tener'as, sea mediante tuerzes de paz u observadores militares, sea a tra- vés de gestiones de buenos ofic.os confiadas por e! Consejo de Seguridad ‘© fa Asamblea General ai Sacretariado Genera’ o emprendidas a Iniciativa de 6! para ayudar a resolver conilctos po'iticos. En una u otra forma esa presencia paciticadora de Naciones Unidas ha eslado presente en el Gerca- no Oriente, en India y Pakistén, en Yemen, en la Republica Dom’nicana, en e! Congo, en Chipre, en Nueva Guinea Occidental y muy recientemente en Afganistan. La desco'onizacién es un campo en e! que Naciones Unidas ha desa- rrollado una labor trascendental. Su presién moral, su vigltancia y su dina- mismo han contribuido @ que 70 naciones (mas de 700 millones de hombres) bajo dominio colonia! hayan a'canzado su indeperidencia y se hayan incor- porado @ su seno en los pasados 30 aflos. Su lucha contra e! racismo y la discriminacién racial se prosigue con constante y creciente energia des- de 1948. Uno de los mayores y més trascendentaes jogros de !@ Organizacion ‘ha sido el planteamiento y ei debate de !os prob’emas maritimos con el ob- jeto de establecer un orden juridico ene! espacio oceanico, e! cual se es: pera que. culminaré con la adope'én en 1982 de una Convencién sobre e! Derecho de! Mar que proteja. por igual a los intereses de ios miembros de la comun'dad Internaciona’. E! Perd ha sido sucesivamente inspirador y mo- tor determinante en los pro'ongados y arduos esfuerzos para obtener los resultados que estén hoy tan cercanos, En el orden econémico y social 'a accién de Naciones Unidas se ex- Vende cada dia a partir de! precepto de que e! progreso econémico y so- cial es un derecho inalienable de cada nacién. En ta década del 60 se emprendié Ia lucha para tomper e! cic'o de 'a pobreza, el hambre, la ignorancla y ia enfermedad y en 1970, a! inaugu- rarse e! segundo decenio de’ desarrollo, se establecié una estrategia que cubrié todas las teas de! desarrollo politico y soclal para esa década. Otra nueva estrategia para la promocién de! desarro"'o de los (palses necesita. dos y la cooperacién econdmica internacional fue aprobado en 1980. Entre tanto, én ios afios 1974 y 1975 la Asamblea General se empefié en 'a defi- nicién @ iniciacién de un nuevo orden econémico internaciona’, que fue ma- teria. de una Decleracién y de un Programa de Acclén, asi como de una Garta de Derechos y Deberes Econémicos de los Estados. Para atender necesidades més concretas de la comunidad intemnacio- na!, ‘a Organizacién cred con cardcter permanente fas comisiones econd- micas para diferentes areas geografices como es la CEPAL pata América Latna; la Conferencia de Comercio y Desarrollo (UNCTAD); e! Programa de Naclones Unidas para el Desarrollo (PNUD); !a Organizaclén para el De- ‘sarrollo. Industrial (UNIDO); el Programa de ‘as Naciones Unidas para e! Medio Ambiente (UNEP); e! Consejo Mundial de Alimentacién; !a Comislén de Cooperaciones Transnacionaies; 'a Conferencia de Ciencia y Tecnologia para e! Desarrollo. En cuanto a los problemas sociales, desta¢a en el haber de la Orga- nizacién la Deciaracién Universal de Derechos Humanos prociamada en 1948. Aflos después se lograron el Convenio sobre Derechos Econémicos, Sociales y Culturales y e! Convenio sobre Derechos Civiles y Politicos. Asi. mismo, !a Gomisién de Derechos Humanos ejerce una permanente viailan- ¢ia sobre @! respeto de esos derechos en todos ‘os Ambitos del mundo. Es, sin embargo, penosamente cierto que la Organizacién no ha po- dido cumplir plenamente todas las taroas que en los érdenes politico y eco- némico le asigna, directa o indirectamente, la Carta. .Cémo comprobar sin decepcién que sigue haciéndose uso de la fuerza para resolver divergencias internacionales, que continia desenfrenada la carrera armamentista y que Siguen produciéndose interierencias, francas @ encublertas, en fos asuntos internos de los Estados? 2Cémo conformarse con los magtos {rutos del dié- logo entre paises pobres y ricos, !anzando esperanzadamente hace 15 afios? 2C6mo no dolerse, fina'mente, de a quiebra constante de la influencia mo- ral de las Naciones Unidas por obra de! incumplimiento 0 inobservancia de sus decisiones y recomendacionos? Fuerza es admitir la extreme dificu'tad de poner de acuerdo sobre cuestiones trascendentales de paz, seguridad y desarrollo a 156 naciones: que por causa de ‘a variedad de sus pos'ciones pollticas, econémicas y so- Ciales defienden igual nimero de inte-eses diferentes. Pero e3 evidente, al mismo tiempo, que todas e!las estén convencidas de que la Organizacién constituye e! mecanismo insustituible para !a consideracion ¥ soluc'én de sus problemas, como lo prueba e! uso constante que hacen de sus indis- pensables canales. Patece entonces obtigatorio, y al mismo tiempo urgente, que {os pai- ses miembros extraigan la conclusién do ese reierldo convencimiento, es decir, que se aboquen al perfeccionamien'o de !a Organizacién para que inspire confianza por su eficacla y por ta imparcialidad en @! trato de ‘os asuntos que se ie sometan y respeto por e' acatamlento por ‘os gobiernos de las decisiones y recomendaciones que adopte. Lo que significa que Na- clones Unidas se superaré en la medida en que evolucione hacia alguna forma de autoridad mundial. Hasta que ese objetivo se alcance y en tanto hombres de paz sigan ideando manetas de perieccionarla, debe darse respaldo franco y activo a la Organizacién de las Naciones Unidas que no solamente han tenido el mérito de sobrevivir —como irénicamente se ha dicho— sino sobre todo el de crecer y evolucionar en ta! medida, que no puede razonablemente pen- sarse en disolverla o sustituirla y sf, por ef contrario, en inyectarle vita'i- dad y poderio. a Shwe NO ALINEADOS DISCURSO DEL CANCILLER DEL PERU, DOCTOR JAVIER ARIAS STELLA, EL ACTO DE CONMEMORACION DEL XX ANIVERSARIO DE LA PRIMERA REUNION DE JEFES DE ESTADO Y DE GOBIERNO DEL GRUPO DE PAISES NO ALINEADOS (Lima, 1° de Setiembre de 1981) “Sefiores: En primer lugar permitaseme expresar mi sincero reconocimiento a mi amigo y colega, e Cancil'er de Egipto, por la gentileza de habernos env'a- do tan licido mensaje sumandose a esta ceremonia conmemorativa. Vaya también mi sincero agradecimiento a todos ‘os exce’entisimos Emba- jadores, Jefes de Mision, y encargados de negocios, que con su presencia han so'emnizado este acto. En forma minuciosa y documentada, e! Embajador Lu's Sabogal ha re- fevado la h’storia de !a gestacién, los objetivos y principios bésicos, asi co- ‘mo 'os fundamenta’es logros que para a’canzar 'a paz y el conc‘erto inter- nacionales, ha conseguido e’ movimiento que hace dos décadas fuera bau- tizado como e! No A'ineamiento. Hoy, cuando en ei Ambito Internaciona! parec'era que nos encontramos ‘en los umbrales de una nueva etapa de busqueda de equiibrio a través de 1a confrontacién firme de ideas y de posiciones d'vergentes, se hace ev'- dente y resu'ta oportuno destacar el ro’ que e' No Alineamiento est I'ama- do a cumplir en los préximos afios. ‘Aunque haya quienes piensen, por !a fa'ta ce progresos tangib'es, que ha perdido actua'idad la necesidad de encontrar so‘ucién a la problematica de! desarro'lo, permanece v'gente, y nues’ras naciones agravan dia a dia tu situacién en la medida que ella no se resue've. Prob’emas como las deu- das externas derivadas de ‘as necesidades crecien‘es de energia y allmen- tos, '08 déficlts crénicos de las balanzas de pasos, 'a desestabilizacién de fon precios de nuestros productos de exportacién y el proteccionismo en las naclones Industrializadas, que testringen e' mercado de los paises en de- it an ‘Sartollo, conspiran hasta hoy para a’canzar las metas de mejores riveles de vida para nuestros pueblos. No sotprende, asi, que los indices socio-econém'cos en 'o que respecta 8! anaifabetismo, nutricién, mortelidad infantil, crec’miento demografico y vida tural sean abrumadoramente negativos para ‘os paises de! Tercer Mundo. Ninguna responsabilidad mas urgente, por !o tanto, para !os gobernan- tes de los paises en desarrollo que aunar esfusizos y voluntades para ol ‘ogro de una nueva estructura internacional verdaderamente justa. En esta hora de bisqueda de un nuevo equilibrio entre tas grandes po- tencias, no se’ puede negar !a preocupacién por 'a presencia en ‘a esceria internaciona) de s'gnos ce tensién que ensombrecen e! manten'miento de ta paz internac‘onal, diticu'tando atin mds la adopelén de medidas ‘que son de urgente exigencia para que nuestros paises encuentren a! fin’ e! camino para superar su alarmante siluacién de subdesarro'lo. Por ello, os 93 paises No Alineados tienen grandes responsabilidedss y tareas por cump!ir en este momento histér'co que vive 'a humanidad. E! No Alineamiento no debe sé'o rediirmar sus principlos primigen’os para promover ta paz y Ia justicla, sino también constituirse en fuerza dind- mica que sitva como un gran cata izador que estimule 'as convergencias de os paises miambros en !a procura de un nuevo ordenamiento mundial, Ya 'o hizo con éxito en e! pesado cuando logré, como se ha mencionado, ser factor esencial para que 'a Asamblea Genera’ de las Naciones Unidas, en 1978, adoptara la Declaracién y el Programa de Accién para un Nuevo Orden Econémico Internacional. Creo, por ello, que e' NOAL, puede desempefar un rol fundamenta’ en este nuevo enfoque al problema econdmico internaciona!. Ahora que ‘os pal- bes industrlalizados so apres'an a participar en un d’A’ogo en la Cumbre y en un futuro préximo, en negociaciones g'obales, surge la esperanza de que ‘emplezan a ser conscientes de que ‘os problemas de los palses ricos y los de 10s pobres son interdependientes y deben ser resue'tos conjuntamente. No se puede neger, asimismo, que !a préx’ma Reunién de Canciin sig- nifica que no han cafdo en el vacio las recomendaciones de ‘2 Comisién Independiente sobre Problemas Internacionales de! Desarro''o, presid'da por Willy Brandt. En su “Programa para 'a Supetvivencia”, ‘a Comision na de- Finido un marco de objetivos y acciones que de emprende’se con seriedad podria significar e! encuentro de un fructifero camino hacia o! anslado nue- Wo oFden econémico internacional, Si bien no podemos ignorar las diferencias, a veces proiundas y cas! siempre ideo-pollticas, existentes entre tos paises miembros de! NOAL, \a a busqueda de efectivos denominadores comunes, dentro del concepto més puro de independencia y no polarizacién, debe ser e! gran factor de cohe- si6n para que el Sur adquiera un poder de negoc/acién importante que le permita un didlogo equillbrado con los paises que integran el tlamado Norte. Tenemos aqui una significativa tarea por cump!ir que bien puede verse di- namizada regionalmente para faci'itar ef posterior entendimiento global. Ante el desaffo de la hora, se erijen como guias permanentes la inde- Pendencia, la igua'dad, la coexistencia activa y pacitica, el provecho mutuo, fa renuncia a {a agresién, la no injerencia en los esun‘os internos de los Palses, el respeto a la soberania e integridad territorial, valores del No Ali- neamiento capaces de conducimnos a ‘a justicla y a la concertacién univer sal que anslamos para nuestros pueblos. LOS RECURSOS HUMANOS DE LA AMAZONIA por Manuel M. Marzal s.J. Profesor dei Departamento de Ciencias Sociales ‘de Ia Pontificia Universidad Catéiica del Peri INTRODUCCION Pienso que es una prueba de ia sensibilidad de los organizadores de esta Mesa Redonda que el primer tema esté dedicado al hombre y aunque el fenguaje de os planificadores nos ha malacostumbrade a hablar de recur- Sos humanos, recursos energéticos, recursos agropecuarios, etc. como de diferentes insumos de la produccién, todos sabemos que ef hombre, antes que un recurso de ia produccibn, es e! verdadero fin de Ja produccién, y que un sistema de produccién funciona bien, cuando sirve a! hombre. Tam- bién pienso que es una prueba de sensibitidad de los organizadores invitar para este tema a un antropdlogo, que, por una cierta deformacién profe- sional, va a orientarlo hacia el hombre native (1) (y que conste que asi lo hice notar, cuando acepté Ia invitacién, que agradezco sinceramente). Los antropélogos somos un poco “sospechosos”; ordinariamente no se nos in- vita a estas reuniones, pues se supone que vamos a defender por encima de todo ta permanencia de los grupos indigenas tal y como estan, para po- der hacer nuestro “trabajo de campo”. Yo personaimente no pienso asi y ‘reo que las socledades indigenas tienen que evolucionar, para poder sobre- vivir y adaptarse a un mundo que es cualitativamente diferente. Pero, tam- poco pienso como cierios sectores —qulero creer que son minoritarios— que juzgan que la poblacién nativa debe desaparecer ante e! “progreso”, ante la “unidad nacional” o ante cualquiera de esos slogans que a todos os conmueven y que son més admisibles que la palabra oxtorm'nio; en,an- ‘ropologia, como saben, se utilizan dos palabras més técnicas: “etnocidio”, ‘cuando se acaba con una cultura, y “genocidio”, cuando se acaba con un puebio. Voy a tratar, pues, de ta poblacién nativa y de tas posibilidades de ésta para constituirse en fronteras vivas del Pert. Segan l censo de! 72, el pals (1) Tomo el término native como sinénime de indio de ‘a selva. Como es sabido, aunque la palabra indio se deba a un error geografies de los primeros conquistadores europeos, ha acabado por imponerse y as! se lama indios a los descendientes ‘de 2 poblacién autéctona americana. ee ee eontaba con poco més de 14 millones de personas, de las que habitaban en ‘a region de !a selva y ceja de selva (unos 700 mil km2) casi dos millo- nes; de esos, segin un culdadoso estudio realizado por e! antropéiogo Luis M. Urlarte y publicado en Ia revista del Centro Amazénico de antropologia (CAAAP), eran nativos unos 212 mil (2). © sea, poco mas de la décima parte de !a poblacién es nativa; os demés son colonos otganizedos (de os que luego hablara otro ponente), migracién esponténea, que se ha afincado de- finitivamente, natives desnativizados y poblacién urbana de las cludades de selva y ceja de seiva (Iquitos, Pucallpa, etc.). En cuanto a la posibi'idad de que la pob/acién nativa se convierta en fronteras vvas, que es e! punto central de! tema, hay que recordar que en las fronteras amazénicas de! Pera hay poblacién natva desde mucho antes que existiera e! Peré incaico, el Pert colonial o ¢! Peri republicano: esos grupos, greconocen esas fronteras?, gse sienten realmente peruanos? Para responder esta pregunta, me parece indispensable desarro'lar tres- puntos: la historia de {a politica indigenista peruana, !a historia de la ocupacién de 1a Amazonia por los no nativos y.'a situac’én actual de los’ grupos nati- vos; luego, a modo de conc'usién, presentaré una serie de formulaciones que sintetizan mi punto de vista. Una J'tima observacién previa de eardcter metodolégico: esto es una mesa redonda y a mi sélo se me ha encargado piantear el problema y ex- Prosar mi opinién persona’. Pero luego habré un debate, pata escuchar .a palabra de ottos invitados, muchos de el'os con mayor autoridad que yo por su larga convivencia con el mundo nat'vo, que aciararé o corregiré mis pun- tos de vista. Ademés, creo que estamos de acuerdo en que es un proble- ma difiel! y hay ideas poco claras: una encuesta organizada por e! CAAAP entre los partidos politicos con motivo de las e'ecclones confirma esa falta de claridad (8). Y ademés es un problema vivo, donde cada dia entran en juego factores nuevos que rompen e! equilibrio anterior (pensamos en e: descubrim’ento y explotacién de un nuevo recurso, como e! caucho:o el pe- tr6leo; 'a construcclén de la carretera marginal; 'a emigracién. ‘ntensiva des- de {a sierra; la promu'gacién de nuevas leyes sobre la seva, etc.). Paso ya a exponer cada punto de! trabajo: 4. Historla de ta politica indigenista peruana ‘Aunque el descubrimiento europeo del Amazonas ocutre on 1542 so’o diez afios después de la conquista espafiola de! Peri, la poblacién nativa (2) Uriarte, 1976: 11. (9) Eeecciones, partidos politicos y ta Amazonia, Lima, 1980, CAAAP. ‘No ya a ser sometida de un modo sistemético hasta el segundo’ terclo de! sig'o XVII y con el'a va a_ntentarse una politica similar a la del resto de la poblacién Indigena; por eso, creo necesar'o empesar por presentar el ‘cuadro mas amplio de !a politica indigenista peruana (4). Pienso que, desde {a Mlegada de los espafioles hasta la aclua'idad, puede habarse de tres pro- yectos politicos-cu'ture’es d'ferentes de los “vencedores” para integrar a los “vencidos” en la sociedad que nacié a ralz de la dortola de! Tawantinsuyo: @! colonial, al republicano y el moderno: 1) El proyecto co‘onial decidié conservar a los indios como tales (es decir, como grupo aparte, aunque fuera como “indio genérico”, agutinando la multitud de einias dominadas po'fticamen‘e por los incas) y. organizarlos en reducciones © “tepublicas de indios”. Ta! fue la ‘abor del Virrey To'edo, e! verdadero organizador del virreynato, y de ahi la defin'cién det Pert co- lonia’ como “un reino con dos repiiblicas, de espafo'es y de indios”, dada por Solérzano y Pereyra, ¢: mas importenie jurista colon al. ,Qué signiticaba ser indio en ‘a colonia? Aunque ios indios eran cibres y podlan conservar muchas cosiumbres indigenas compatibles con el cristianismo y podian ser gobernados por sus propios curacas, tenfan que vivir en “teducciones”, es decir en un tertitorio propio y exclus’vo de indios, con propiedad en parie ‘comuna! y en parte privada, con lo que se ‘rataba de asegurar cu conser- vacién, su catequizacién, e! pago del tributo y e! Servic'o persona! o mita @ la actividad minera, que ere e! scstén de (a economia colonial. Esta ne- esidad de conservar a los ‘ndios como mano de obra era vita’. Guaman Poma se Io escribe ciaramente a Felipe Ill: “En este reino se esiiin acaban- do los indios; de acd a veinte afios ya no/habré Indios para e! serviclo de 3u corona...; sin ellos Vuestra Majested no vale gran cosa y ecuérdese que Castilla es Cas! por los ind'os” (6). Tal era a situacién juridico-labora! dei indlo costefio y andino; la del selva¥co tenia ciertos rasgos a'enuan'es que veremos después. Este proyecto politico colonial fundiond @ medias por una serie de ra zones: Los Indios se huian de jas reducciones por temor a ia mita o para trabajar en ias “repdblicas de espaficles” 0 cludades como peones; jos es- pafioles se fueron apoderando de muchas tierras indigenas en las famosas “composiciones de tierras"; |a misma corona espafio'a vaci'é sobre |a con- veniencia politica de mantener dos “tepdblicas” {an diferentes y as! dio nor- mas de cestellanizacién obligatoria; finalmente, se presenté con todo vigor el mestizaje tanto bio'dgico como cultural. (4) i resumo. algunas ideas que he desarro'lado amp iamenie en mi re- im atte Tibro Historia. de la aniropologia indigenista: México y Pord, Lima, 1981, Pontificia Universidad Catdlica del Perd. (8) Guaman Poma, 1966, Ml: 1 a 2) El proyecto republicano determiné asimilar # la poblacién indigena, suptimiendo por decreto todas 1as barreras impuestas por fa colonia entre Indios y no indios. Antes de la batalla de Ayacucho habfan sido suprimidos por San Martin la denominacién de “indio”, e! tributo y la m'te y por Bolivar ef régimen comuna! de la tletta y los curacazgos, a fin de hacer de! indio un “cludadano” con todos los derechos y para instaurar en el Perd una sola nacién mestiza bajo un so'o estado. A pesar de ‘as buenas intenciones de {os libertadores, los resultados fueron diferentes: indios despojados de sus tierras por e! creciente ‘atifun- dismo © indios despojados de su identidad, al verse oblgados a incorpo- arse al mundo mestizo de las cludades, de las plantaciones o de las fa bricas de! naciente capitalismo industrial; pero muchos indios optaron por alerrarse tenazmente a las “reg'ones de refugio” de sus comunidades no reconocides y de dificil acceso. Ta! p'anteamiento asimilacionista comenzé a cusstionatse con a cris’s de !a ideologia ‘ibera’ y con la aparicién del In- digenismo, ese movimiento politico-cu'tural de los afios 20, cuando el Perd vo'vié a tomar conciencia de su rea'idad indigena. 3) El proyecto moderno no trata ya de asimilar a ia poblacién indige- na, sino de integrarla en 1a sociedad nacional, pero respetando sus pecu- liaridades cultura'es; 0 dicho de otro modo, los indios no deben asimilarse ‘al cuerpo social del pals, como se asimi'an los alimentos, s'no integrarse al mismo como miembros con funciones y caracieristicas especificas. Este gran cambio se inicié con la Constituc’én politica de 1920, en cuyo articulo 54 se lee: “El Estado protegeré la raza indigena y dictara leyes especia’es para su desarrollo y cultura en armonfa con sus necesidades. La nacion re- conoce {a existencia legal de las comunidades”. La Constitucién de 1933 confirmé ambas innovaciones y ademas puso la base de la reforma agraria para dotar a las comunidades sin tierra suficiente. En consecuencia se ci6 ef reconocimiento legal de las comunidades indigenas, aunque tas co- munidades nativas no entrarén en ei marco juridico hasta ta ley de 1974, pero nunca aparecieron las leyes especia'es, ni se inicié en gran escala la reforma agrarla. Simu'téneamente, hubo una gran efervescencia indigenista, que se ex- presé en una serie de ensayos sociales, que, aj mismo tiempo que ref'exio- naban sobre el indio, planteaban el problema de !a identidad nacional. En cierto modo, se hacia una dob'e difici! pregunta: zcudnto de peruano tie- nen 108 indios y cudnto de Indio tienen los peruanos? Nuestra comunidad Indigena (1924) de Castro Pozo, Tempestad en los Andes (1927) de Valcar- ce!, Siete ensayos de interpretacién de la realidad peruana (1928) de Marla- tegul, El nuevo indio (1930) de José U. Garcia y La realidad nacional (1931) de Victor A. Belaénde constituyen, probab’emente, e! conjunto de ensayos, ublicados durante su septenio, més influyentes y estimulantes de! Pert moderno, ‘Aigunos afios después, en 1947 se fundd ei Instituto Indigenista Peruano, se iniclan programas de antropologia aplicada como eb de Vicos o e! de Puno-Tambopata (éste itimo precisamente para estudiar |a adaptacion del excedente indigena andino a la ceja de selva) y hasta se prepara un “Pian nacional de integracién de ta poblacién aborigen” (1959), que se traduce en un ambicioso “Programa de desarrollo comunal”, bajo la mistica de Ac- cién Poputar durante el primer gobierno de dicho partido. Durante el régimen militar se tomaron una serie de medidas importantes, tales como Ia reforma agraria, ! estatuto de comunidades natives de la selva, la educacién bilingle y 1a oficializacién del quechua. Pero, pata en- tonces, ya se habla comenzado a cuestionar a meta integracionista por dos fazones fundamenta'es: en primer lugar, el proyecto indigenista moderno no lograba preservar la identidad de ‘a poblacién indigena, al integrarla al pals, sino que scababa esimilandola como e! proyecto republican; en segundo lugar, en algunas zonas, pero sobre todo entre algunas etnias amazénicas, parecia surgir e! “Movimiento indio” (0 sea, no e! movimiento de los defen- ‘sores de los ind'os, sino e! de los indios mismos) y aun comenzaba a ha- blarse de una “‘nacionalidad quechua” o “aymara’’ Tal es el telén del fondo sobre ei que hay que estudiar 'a politica pe- tuana actual con los grupos nativos de !a Amazonia, porque en definitiva pa- tece que s6!o hay tres caminos —conservarios como grupo, asimiarios to- talmente o integrarlos—. Pero, para situar mejor ef problema, hsbré que empezar por contar la historia de la ocupacién de la Amazonia. 2. Historia de la ocupacién de la Amazonia Cuando los conquistadores llegaron a la Amazonia, ésta llevaba muchos afios ooupada por los nativos. Steward y Metraux (1945) tecogen una lista de 106 grupos ‘riba'es para ta regién peruana-ecuatoriana a !o largo de la historia conocida, pero muchos han desapatecide por completo. El mismo Steward sefia'a tres grandes periodos en la ocupacién de la selva: uno de “exploracién y conquista” (1832-1600), en e! que se busca E! Dorado y se fundan pueblos que acaban abandonéndose; un “perfodo misional” (1630- 1830) y un “periodo nacional” (1830 - hasta la actualidad) (6). 1) Periode de conquista. Aunque pueda parecer excesivo remontarse tanto al pasado, pienso que en la ocupacién de ia selva tiene mucha ver- (©) Steward, 1963: 510-14. dad e! vejo atorismo ce que ia “historla es meesira de !a vida” y asi pode- mos sacar lecciones pata ¢. problema que nos preocupa. La ocupacién eu- ropea es'uvo espo'eada por ia existencia de reinos fantésticos (E! Dorado, e! Eden Paititi, etc,), pero pronto tuvo que reconocerse que ‘a seiva resu taba muy div‘cll de ser explotada econémicamente. Fuera de determinadas zonas de ceje de selva, que se convirtieron en encomiendas con mano de obra Indigena, ‘a mayor parte de ‘a region amazénica carecia de va‘or para 1 gobierno co’onia! y éste la conservé como un modo, de asegurar ta so- beranfa y para defender las fronteras del virre'nato frente a a amenazante expansion portuguesa. En ese sentido. et gobierno co'onial v'o, con agrado la presencia de ‘cs misioneros. que realizaban su m’si6n evangel’zadora y que, de paso, aseguraban ‘a soberania espafiola. 2) Periodo mislona’, Es espec’a'mente itustrativo lo ocurrido en este pe- riodo. Fueron fundamentaimante ‘os jesu'tas desde Quito y los franciscanos desde Ocopa, quienes trataron de evangelizar ‘a selva norte (a misin de Maynas) y ‘a se'va central (a partir del femioso Cerro de 'a Sal), respecti- vamente, Un jesuita criotio de Popayan, Francisco Figueroa, nos ha dejado en’ su Reacién de tac mislones de [a Compaiila de Jess en el pais de Maynas (1661) un cuadro de la vida misionera, en !2 que é! fue uno de ‘os prineipa'es protagonistas durante casi un cuarto de sig’o hasta su muerte @ manos de los nativos cocamas. La piedra angular del sistema fue e! pue- bio reduccién, conformado por familias indias exc'usivamente y organizado 6e acuerdo a las ordenanzas del virrey Toledo, pero tratando de minimizar les relaciones colonia'es (no ten‘an que pagar tributo, ni estaban ob‘igados @ la mita); esto se debla, “e 'a incapacidad de Ia tlerra, ta d'stancia de ella y fos servicios de los indios en viajes, expedic’ones y manutenc’én de los mistoneros” (7). Efectivamente, ninguno de ‘os productos de fa misién (cacao, vainilia, canela, cera...) podia comercializarse en ‘os centros de consumo, ni por su escaso volumen, ni por el costo de transporte; entre ‘os servicios de los indios estaba la obligaci6n de integrar 'as “milicias indige- nas” contra ‘os portugueses. Este cunto merece un comentaro aparte: es sabido que el territorio evangelizado por los jesultas de Maynas era inmenso, y en su:momonto de mayor ampiitud se ex'endia a lo largo de toda la cuenca del Marafhén-Ama- zonas y sus principa’es af'uentes entre el pongo de. Manser‘che y la con ‘Suenc’a del rio Negro con e! Amazonas, junto a ta actual ciudad de Manaos. Ese debid ser e! limite oriental de ‘a actua’ repdblica peruana, heredera de! antiguo virreinato. Pero se inic'é 'a penetracién de !os portugueses hacia et ceste desde Belém do Pard. Lo mismo estaba ocurriendo en !a frontera sur de’ virreinato, en 'a reg’én de! Paraguay. Los paulistas nabian iniciado sus incursiones sisteméticas a las reducciones quaranies, para conseguir mano (7) Chantre, 1901: 629. de obra esciava para sus plantaciones y, sin duda, para acercar su trontera a Potost, que era e! motor econém'co del virreinato. Ante esta amenaza cons+ tente, un jesuita |imefio, Antonio Rulz de Montoya, que era uno de los fun- dadores y superior regional de las reducciones de’ Paraguay, se fue hasta Madrid y alli consiguié de Fet’pe IV la au‘orizacién para formar un ejército indigena. Alli ¢! ejército indigena conso'idé ‘a autonomia de \as reducciones, hasta hacerlas parecer un estado dentro de’ estado y fue, sin duda, una de les causas de !a expulsién de ‘os jesu’tas. La organizacién de ejércitos in- digenas se repitié en ‘as misiones de Maynas y mantuvo el territorio misio- nal, aunque una parte de! mismo se habla perd'do definitivamente. En {a organizacién de ta misién los jesultas encontraron una serie de diffeultades, segén Figueroa, tales como la falta de preparacién de ‘os mi- sioneros para trabajar en un mundo ecoldgico y cultura’ tan diferente al propio, (a descontlanza de los indios hac'a ios espafioles; ‘a dispersion de ia poblacién y ‘a resistencia de los !ideres indigenas, que organizaron ver- daderos levantamientos, algunos de caracter mesiénico, en donde dieron muerte a 7 misioneros. Las caracteristicas de los pusb!os-reducciones ‘ue- ron una cuidadosa atencién reiigiosa, con frecuencia de sacramentos y ce- ‘ebracién muy, solemne de tas fiestas, y una organizacién de la vida comu- nal con economfa basada en agricultura de roza y quema, caza, pesca y recoleccién de chacras comuna'es para gastos comunes y gobierno de fos mismos indios, bajo e! contro! ditimo de los misioneres. Pero, aunque se conservaban algunas costumbres indigenas de acuerdo a las ordenanzas to- iedanas, fos pueblos ord'nariamente estaban Integrados pot familias de et nias diferentes y asf hubo una verdadera destructuracién de la sociedad na- tiva, fo que fue ei motivo més imporiante para les rebeliones, Figueroa con- cluye su informe con algunos “med'os necesarios para ef fomento de las misiones”, ta'es como la presencia continua de los misionéros en ‘os pue- bios, a divu'gacién de! quechua como ‘engua general, la prohib'cién de en- comiendas en !a zona “porque no se destruyan as reducciones y despue- blen” (8), !@ instalacién de nuevas fraguas porque ‘as hechas son el “gran atfactivo y reclamo” para atraor a os Indios y ta construcc'én de nuevas vias de penetracién. Diches sugerencias p'antean’ problemas perennes de ‘as teducciones, como la comunicacién id’omética con los natlvos, y revelan ‘sus mismas contradicciones, como ia in‘roduccién de tecno'ogia y ’a apertura de vias de comunicacién, que abria el paso’a los colonos no ind’genas. Figueroa es un misionero de la primer generacion. Para ver la evolu- eién hay que analizar otros cronistas (Maron', 1738; Ur'arte, 1768, etc.), pero quizés ta obra més completa es !a de José Chantre y Herrera (1790) que sproveché su destierro italiano para escribir ‘a historia mds completa de la (8) Figueroa, 1904: 288. ht m’sién de Maynas. En esa visién de conjunto, uno de los puntos més tia- mativos es la catéstrofe demogréfica: “Es cosa de admirar —escribe— que habiendo fundado los sioneros mas de 80 reducciones en e! decurso de 130 afios..., liegando a predicar e! evangelio en 39 ‘enguas..., el n? de almas que se contaban en la misién en e! afio 1768 no pasase de 15 mil..., (cuando) ya en el afio 1656 tenfan reducidos tos primeros misioneros en sélo 13 pueblos 15 mil familias” (9). Tal catdstrofe demografica ta atribuye Chantre a las pestes (por no es- tar los indios inmunizados contra determinados gérmenes patégenos), a las Inoursiones de los portugueses y a la hufda de los indios de los pueblos Por no aceptar e! nuevo mode!o de vida impuesto: por los misioneros. Son interesantes algunos jucios sobre ia misién, hechos por los con- tompordneos. Por citar un solo ejemplo, voy @ recoger el testimonio de Jorge Juan y Antonio de Ulloa en sus Noticias secretes de América (1746). Des- pués de presentar una sintesis histér'ca de fa mislén de Maynes, y dentro de su preocupacién por la expansién portuguesa, que “por ef afio 1732 se hablan apoderado de todos los paises que median entre los rios Napo y Negro” (10), los dos marinos polité!ogos conciuyen que hay que fortalecer fas misiones y emprender una potitica de ocupacién del teritorio amazénico. Para el fortalecimiento de las misiones legan a recomendar que todas pa- sen a poder de los jesuites, porque eran los quo mostraban més eficacia en la empresa. Para (a ocupacién de la Amazonia por !os mestizos, presentan un ex- trafto plan de colonizacién compu'siva con “todos los delincuentes que de- Jan de ser castigados por no tener inmediato e! recurso de presidio a donde poderlos enviar, y a todos los mestizos ociosos que viven sin oficio ni be- eficio..., déndo‘es tierras de muchas que hay incultas”; ademas, como na tura'mente, no podia haber una coicnizacién sin mujeres, los dos marinos Proponen “que todas las mujeres, sean blancas o mestizas, que estén en mala vida, se envien inmediatamente desierradas” (11) @ la selva. Y ast Continéan dando una serie de detalles y motivaciones sobre su plan de) co- fonizacién a base de elementos antisocia’es —presid’arios, vagabundos y Prostitutas—, {o que refieja una menta'idad de la que no sé si siempre he- mos podido librarnos. Afortunadamente este proyecto nunca se Ilevé a cabo, ni tampoco la recomendacién de entregar las misiones a los jesuftas. Al contrario, pocos afios después, por razones que Carlos Ill “guardaba en su (9) Chantre, 1901: 580. 10) Juan y Ulloa, 1953: 200. (11) Juan y Ulloa, 1953: 298-307. a! Ae real pecho” —como decia textua'mente la real cédule— y sobre las que los historiadores siguen especulando, todos los jesuitas fueron expulsados del virte'nato, como de todas las posesiones del reino espatio!. Los misio- neros de Maynas fueron sustituides por e'érigos, muchos de los cuales aban- donaron sus puestos al comprobar que ‘a rea‘idad era muy diierente “al pa- also del oro, de! cacao y la canola”, que ia propaganda antijesulta habia difundido. Por eso, la rea! c&dula de 15 de julio de 1802 ordenaba, sigu'en- do la propuesta del gobernador Requena, “agregar al Virreinato de Lima et gobierno y comandancia general de Maynas... y asi mismo... poner todos esos pueblos y misiones a cargo del co'sgio... de Ocopa” (12). Es bien co- nocido que dicha cédule es base juridica para probar fa peruanidad de la margen izquierda del Marafién y Amazones. No hay posibiiidad de resefiar ia labor misionera de los franciscanos desde Ocopa, por falta de tiempo. Pero es sabido que tuvo duracién (en al- gunos territorios ya han cumptido tres s'glos) y gran emplitud (e' P. Heras. Yecoge en un apéndice de la nueva edicién de la crénica de Amich una lista de 120 pueblos fundados por los franciscanos), pero parece que nunca tuveron una organizacién re'igiosa, ni socio-econémica, tan cuidadosa co- mo las de las reducciones jesulticas y que suftleron ta muerte de 72 mi- sioneros a manos de los indios. Ademas, en’ 1742 estallé la rebelién mesig- nica de Juan Santos Atahua'pa, considerada como una de las tres grandes rebeliones indigenas de la colonia, junto con la de Manco Inca en Vilca- bamba y !a de Tupac Amaru en el Cusco, que se apoderé de gran parte de! territorio misiona! franciscano y a donde ésios no, pud'eron entrar sino des- pués de la independencia. 8) Periodo naciona!. Al princip’o la regién amezénica estuvo més als- Jada todavia que en la colonia, pues ‘as misiones, que eran e! canal mayor de contacto con la sociedad colonial, entraron en un period de retraccién con la supresion dei colegio de Ocopa por Bolivar en 1824, porque. fa ma- yoria de sus integrantes eran espafioles y podfan convertiree en un apoyo de los rea’istas; es cierto que, doce afios después, e! presidente Orbegoso restablecié el colegio de Ocopa, considerando que “a civilizacién de las trlbus. salvajes del interior y su reduccién a {a santa fe catdlica es una em- Presa digna de las tuces de! siglo y acepta a los ojos del Todopoderaso” (13). Pero, las mistones caté\icas no entraron en una nueva expansién haste el comienzo del siglo XX, en que se divide toda la Amazonia en tres cir- ‘cunscr'pciones ec'esidsticas encomendadas a los agustinos (0! norte) a los franciscanos (el, centro) y @ los dominicos (e! sur). * Pero’ en el iiltimo cuarto de! siglo XIX se desarro!la un “boom” en la ‘Séiva,“@! Gaucho, de facil obtencién, pues bastaba con reco'ectario y cuyo (12) en Amich, 1975: 503. (13) en Amich, 1975: 516. precio estaba en ascenso casi constante. Parecia ser una alternativa para 9! fsco, una vez que'la riqueza guanera habia desaparecido a raiz de la guerra de Chile, aunque ‘a exportecién va'a Nacerse directamente hacia tos mercados internacionales a través do Brasil. Carlos Fermin Fitzcarrald (+ 1897) y Julio Gésar Arena crearon dos imperios cauchetos, porque compra- ton inmensas cantidades de tierra, organizaron verdaderas compafiles trans- naciona‘es y practica‘on los métodos mis increib'es con los nat'vos (“co- trerias", venta como: ésclavos, etc.). Por citar un solo testimonio, tomado de Guido G. Pennano, que se revere a lo que ocurrla en la zona de! Putumayo exp'otada por ‘a compafiia de Arana Asociada con los Ing/eses, e! cénsul Casement presenté un Informe secreto al Ministerio de Relaciones Extorlo- tes inglés: “La conclusin del informe sofia'aba que on 12 afios de esc'a- vitud y de vio‘encia se habfan producido 4 mi! toneladas de caucho, que representaban un va'or aproximado de 1.500,000 libras esterlines, pero que 30 mii nat'vos —entre witotos, bo- ras, omaguas, etc.— habian sido muertos para lograrlo” (14). EI apogeo de! caucho duro unos treinia afos (1884-1914). Aunque éste terminé por ‘a competencia de! caucho sud-as’atico y por ta bala dei pre- io en el mercado mundial, dicho apogeo acele' |a emigracién esponténea hacia ta Amazonia. Ast tlegamos a !a situacién actua’. 3. Los grupos nativos en Ia actualidad De acuerdo a clertas proyecciones, ia pob‘acién nativa en la actualidad debe ser casi un cuarto de millon de personas. Aunque los nativos tengan una cultura bastante similar, cond'cionada por e! medio ecolégico y por e! nivel tecnolégico, hay diferencias signiticativas, tanto por su lengua como por su ofgan'zacién social y asi puede hab'arse de unos 64 grupos etnolin- guisticos. Uriarte, en su articu'o ya citado, distingue los grupos nativos, de acuerdo a varios criterios: primero, por su volumen (asf los campas son unos 45 mil; los aguarunas, unos 26 mit; fos quechuas-lamistos, unos 22 mil; los cocamas, unos 20 mil; los machiguengas, unos 12 mi!; mientras que hay por lo menos 27 grupos que no l'egan a! millar); pero no hay que o'vidar que zigunos grupos nativos tienen div'dido su tefritorio triba’ por las actuales fronteras pollticas que separan a! Peri de sus vecinos amazénicos. El se- gundo ¢riterio es la contighiedad territox‘ai: hay grupos que consetvan un tertitorio sin infiltraciones signif'cativas de co'onos (como los mayorunes o los achua'es), pero hay otros que estén en zonas donde hay abundante po- b’acion no-netiva (como los shipibos o los cocamas). EI tercer criterio es e) nivel de contacto, con los diferentes frentes de expansién de la sociedad (14) Pennano, 1981: 226. nacional. Y aiff Utiarte distingue entre e| a’s'amiento (pre 0 postoontacto), et contacto esporddico y ef contacto permanente, ante e! que algunos gf pos han fogrado una clerta adaptacién, manteniendo su identidad éin’ca ba- sica (como los lamistos o los aguarunas), mientras que otros han enirado en un proceso de destribalizac’én (como los cocamas, cocamillas, o los omaguas). Sin embargo, en este punto hay que tener en cuenta que !a “iden- tidad” perdida puede recuperarse o recrearse, como parece ocurtir ante la dindmica de! naclente mov'miento indio 0 de! desencanto de !as altemnativas olrecidas por 'a sociedad naciona’; es un fenémeno smilar a 'o que sucede ‘en fas comundades andinas con la Vamada “migracién de retorno”. En la G't'ma publicacién del CAAAP, Los nativos invis'Wes de Anthony W. Stocks (Lima, 1981) se estudia a los. cocamil!es de! Hual'aga y se sostiene que, aunque muchos os consideran “bio'égicamen'e desapatecidos como grupos 6inicos e Integrados a la ou'tura blanco-mest'ze”, en realidad “conservan muchas formas y précticas de su pasado histérico, mantenléndo!as, no por un vago sentido de tradic’én, sino porque las encuentran ites” (15), ipor mas que el autor concluya que "la p'ena integracién de ‘os cocamilia como tupo étnico nativo es impos’ble ahora, debido a ta cantidad de cocamilla que tratan de asimilarse a 'a sociedad blanca-mestiza, aunque sea sin éxito. ¥ quienes han rechazado ias costumbres cocam'tia” (16), Sin embargo, en un epiiogo de la obra, en que se refiere a sucesos posteriores a su trabaio de campo, cuenta cémo, ai salir la !ey de comunidades. nativas (D.L. 22175), y al proponerse a las seis comunidades cocamilla si “estaban dispuestos a salir de su enc’erro 0, identificarse ple- namente como cozamilla y solicitar su reconocimiento. al go- bierno, 0 estaban contentos de ser considerados campesinos mestizos y de ese modo enterrar defin'tivamente su pasado co- mo cocamilla; sin excepcién optaron unénimemente las sels co- munidades por e! reconocim‘ento y reunimos casi dos mil fir- mas con solicitudes al gobierno para.este fin" (17). Pero, volvamos ya a 'os “frentes de expansién econém'ca” de la socie- dad naciona! de que hab'a Uriarte. Dicho autor sefiala e' frente extractivista, ‘que va de! caucho de tines de! siglo pasado hasta el “boom” petrolere ac- tua’; ef pecuario, con la creacién de grandes empresas ganaderas; e| agr'- cola, con la bésqueda de nuevas ticrras de, cultive para un pals con una insuficienc’a crénica de !as mismas; y el mercant'!, formado por comercian- tes “regatones” y una ‘arga cadena de intermed’ar'os, en busca de merca- dos para la naciente industria nac’ona'. No podemos detenernos en el cul- dadoso ana'isis que hace Uriatte sobre e! impacto de cada-uno de estos (15) Stocks, 1981: 9. (16) Stocks, 1981: 147. (17) Stocks, 1961: 155. frentes sobre las sociedades nativas, pero es indudable que éste es uno de 08 puntos neurélgicos de la relacién soc’edad nacional - sociedad nativa. El gob’emo debe velar, de acuerdo a les notmas de ‘a constitucién vigente que !uego analizaremos, pata que esta expansién econdmica no se haga a costa de los nat'vos. E! caso de! caucho fue algo extreme sin duda ninguna, Pero hay nuevas formas de expiotacién y de despojo y de esa manera no €2 posible convertir, ni mantener las socledades nat'vas, que por otra parie ‘son las que mejor estén adaptadas al medio, como “fronteras vivas”. Para terminar este apartado, quiero analizar un sélo caso de grupo na- tivo do frontera, que tiene trégica actuelidad por tratarse de ‘os aguatunas ¥ huambisas del distrito de! Cenepa, cuya frontera noroeste es precisament= {a cordillera del Céndor, donde tuvo iugar el reciente conilicto con ei Ecua- dor. Los datos los tomo de un ensayo que el CAAAP ast a punto de publi- car, escrito por un vetorano misionero con mas de veinte afios por la zona, e! P. José Maria Guallart (1981), que esté asistiendo también a esta mesa tedonda. Para Guallart, en! distrito del Cenepa donde no hay una pobla- cién no-nat'va rea'mente significative, hay una frontera humana nativa sufi- cientemente densa, de acuerdo a 'as posibilidades reales de ta relacién hombro/tierra, y prueba su afirmacién con un minucioso anélisis cuantita- tivo de fa poblacién de las distintas comunidades aguarunas y huambisas, de los tipos de suelo (de acuerdo a Ia clasiticec’on de 1a ONERN), de 1a cantidad de tierra d'sponib'e y realmente sembrada, etc. Dicha frontera na- tiva tiene una naciente conciencia nacional, a pesar de que al otro lado de {a frontera estén los shuar de! mismo grupo jivaro, que se mantiene so- bre todo por las escueles, hacia las que los aguarunas muestran gran inte- 16s, por e! aprendizaje de nuevas técnices, aunque sin renunciar por eso al mundo de valores de su propia conciencia étnica. Pero, esta naciente con- ciencia nacional se ve amenazada —aunque quizés no sea percibido clara- mente por muchos nativos— por ¢! irato discrim’nante y aun opresive de ‘que son objeto por parte de muchos representantes de la soc’edad nacional. A modo de conclusiones Por fin quiero recoger de un mado sistematico lo que pienso de ‘as preguntas p'anteadas en la Introduccién de esta exposicién. Como ya dlje, espeto que m/s afirmaciones estimulen el debate en toro a este tema, que es tan importante si queremos hacer una politica amazéniea al servicio del hombre: 1) Tenemos que aprender de Ia “sabiduria” milenaria de las sociedades indigenas peruanas, Y esto es especialmento valde para el partido gober- nante, que sostiene “e| Peri como doctrina”, entendida como “busqueda de inspiracién en el territorio y el hombre del Perd, tendeno’a a revivir, conso- lidindo‘os con jas ideas técnicas de nuestro tempo, los principios basicos aoe ‘que nos dieron pasada grandeza..., remozamiento de! principio cooperati- vista y la ayuda mutua” (18). El Perd tiene en su territorio tres de los ma- yores obstéculos para !a vida humana —el desierto, el ande y la selva— y sin embatgo sus sociedades indigenes supieron dar so'uc'ones inteligentes a e503 tres obstéculos —complejo sistema de rlego, el contro! vertical de un maximo de pisos eco'égicos y !a agr'cultura rotativa de roza y quema—e Incluso crearon altas culturas, que siguen consideréndose como grandes. rea- lizaciones de ta humanidad. En el caso concreto de las sociedades amaz6- cas, ellas, a partir de un exhaustivo conocimiento de la fora y fauna 'o- sales y de una utilizacién renovable sus recursos naturales, que es un mo- elo para los actua'es movimientos ecologistas, han logrado una economia de autosubsistencla en un medio tan hostll. Es indudable que !a tecnologia moderna puede aportar al desarrollo de ta se'va (por ejemplo, facilitanda 1a extraccién de! recursos o utilizando me- Jor algunos, como materia prima para determinadas industrias quim'cas), pero debe recordarse la sabidurla nativa y no entrar en la: trampa de !a voraci- dad capitalista, que acaba destruyendo, e! ecosistema o, en lenguaje mas popular, matando la “gallina de los huevos de oro”. 2) Sobre el futuro le Jas sociedades nativas no hay que caer en el fa- lalismo de las leyes histéricas, que presegian la desaparic’én inevitable de esas sociedades. Hasta donde llegan mis conocimientos, !as clenclas socla- les no concluyen ningdn fatalismo histérico, sino mas bien una evolucién muttilinea} 0, al menos, hay una polémica no resuelta entre evolucion'stas unilineales y muttilinea'es; Ia h'stor'a ir a donde nosotros queramos lievarla, teniendo en cuenta, naturalmenie, todas las mé'tiples variab'es en juego pro- pios de la cond'cién humana, 1as peculiaridades cultura'es y las situacio- nes historicas. Y una de las ventajas de los regimenes democraticos y de feuniones como ésta es que se pueden confrontar les Ideas y aun desen- mascarar los intereses. Hay que buscar formulas politico-sociales que per- mitan el normal desarrol'o de las sociedades indigenes y, como luego se veré, la Constitucién peruana vigente contiene ya los principales principios de ese normal desarrollo. 3) Sobre la pregunta clave si las sociedades nativas pueden ser fronte- tas vivas, pienso que es uti! recordar algunos hechos. En primer lugar, 1a historia nos ensefia que las fronteras hispanohablantes han sido defendidas por ejércitos indigenas, tanto en las reducciones del Paraguay frente a los avances de los paulistas como en las reducciones de Maynas frente a los avances portugueses desde Belém do Paré. Ademés, cualquiera que asista fa mafiana del domingo al saludo a la bandera en la Plaza de Armas de (18) en Pend, 1980: etecciones y planes de gobierno, 1980: 69. nif <= Iquitos, comprobaré que sigue hablendo muchos natives en el ejérc'to pe- tuano. Pero sobre la pregunta de fondo de si 'os grupos nativos tienen en fa actualidad 0 pueden tener en un futuro préximo una verdadera conc’en- cia nacional, creo que a'gunss grupos ya tienen una nacien'e conclencia nac’onal, cuyo disarrollo va a depender, sobre todo, de ‘a conducta de la sociedad naciona’. Desde tuego ‘a “memoria co’ectiva” de esos pueblos so- bre la sociedad nacional no es muy feliz; después do ‘os escandalos cauchs- tos de! Putumayo, yo no sé qué pensarlan los nativos, al enterarse de que @! Jurado Nacional E'ectoral proc'amaba senador por Loreto a Ju'lo Gésar ‘Arana; e! incidente de hace un par de afios de los indios eguarunas, que ‘se opusieron @ tomar parte en una pelicu'a de Hetzog sobre Fitzearra’d, a posar de que les pagan bien, revela 2'go de esa memoria colect'va, aunque nto niego que en la oposicién aguaruna pud'era haber manipu'aciones poll- ticas de!. grupo, como oourre tantas veces, S' !a sociedad nacional muestra una verdadera preocupacién por !as sociedades nativas, en la linea de lo que ordena la Constitucién de la repiiblica, esa naclente conc’encia nacio- nal se ira forte'ec’endo. incluso en sociedades natives que estén montedas ‘a caba‘io a ambos ‘ados de 1as actua'es tron‘eras polfticas, puede darse esa conc’encia nacional; yo no creo, por ejemp'o, que nadie tema que, en caso de un posible contlicto con Bolivia, los aymavas de Chuculto y Huancané vayan a casarse a Bolivia, donde vive realmente e! mayor niic’eo aymara de! continente. 4) Como una frontera vva no es una conelencia ‘nacional o sen- tido de pertenencia, sino un determinado nivel de deserrol‘o sic’o-econémico de una zona, algunos se preguntarn si es posible crear zonas econémica- mente fuertes e integrar a los nativos. Esto parece especia mente importante por 'a competencia de estados vecinos que, por una parte, Yenen una agre- siva po'ltica de explotacién egropecuaria o ‘ndustrial de la selva y, por otra, no parecen tener mucho respeto a la supervivencia de ‘os nat'vos. (En una teciente reunién en Manaos me declan que e! 80% del tertitorlo de! estado de Acte ya ha sido comprado por compafiias de Saa Paulo). Persona'mente creo que sobre las grandes cludades de 'a Amazonia (Iquitos o Pucallpa) o! gob’erno debe pensar ‘es medides mas adecuadas para asegurar su desarro- lo industrial (e! desarro!'o de Manaos se ha hecho, sobre todo, come zona franca, medida que tiene sus pros y coniras, que deben estudiarse a otros niveles) y en ese desarrol’o puede colaborar muy bien la poblacién urbana v desnativ'zada. En cyanto a los grupos netivos que conservan melor su con- clencia étnica, no sue'en estar preparados para adaptatse a Ja ‘6gica de ‘a productiv dad capitalista, tin distante de su prop’ sistema do valores, pero se adaptan bien a empresas artesana’es de corte autogestionario, En este sen- tido no esté de més recordar la neces'dad de fomentar una politica de in- vestigaciones sobre e! mundo nativo y la necesidad de 'a presencia de cien- tificos socia'es 0 de personal m'sionero con gran experienc'a en !os o:ys- ee nismos de desarrollo: regional, en que se ventile la politica econémica de ta region amazénica. 5) Un punto esenciai es asegurar Ia propiedad de la terra en tos gru- pos natives. La constitucién politica 'vigente reconoce multiplic’dad de for mas de ‘propiedad (art. 187) y consagra ‘a reforma agraria, espec ficando que “la ‘ey fijar& los limites (de ‘a propiedad) segin ‘as peculiaridades de ada zona” y que el Estado “dicta las normas especia’es que, cu'dando el equiibrio eco'égico, requiere ta Amazonia para el desarro'lo de su poten- cial agrario” (art. 180). Ademés, !a const'tucién reconoce Ia “existencia legal y personerla juridica” de !as comunidades nativas, que “son auténomas en su organizacién, trabajo comunal y uso de la tierra, asi como en lo econd- mico'y ‘adm’nistrativo”, debiendo ¢’ Estado respetar y proteger “lés tradi- ciones de las comunidades nativas” (art. 161). En consecuencia “as ‘ierras de 128 comun'dades nativas son inembargab'es 'e ‘mprescriptib'es. También son ina‘ienables” en condiciones normales, aunque ‘a misma comunidad pue- de venderlas con el voto de dos tercios de’ sus miembros (art. 1637 lo cua! es una peligrosa innovacién sobre ‘a constitucién de 1993. Pero, aunque e! marco juridico es muy prometedor, la realidad tiene grandes fa’'as. Desafor- tunadamente no puedo ofrecer datos exactos sobre @! niimero de comunida- des nat'vas no reconocidas oficia'mente, pero me consta por tas frecuentes denuncias en este punto, como en otros révativos a la propiedad de ‘as tie- res comuna’es, que hay serios problemas, que denuncian, dentro y fuera del pais, determinadas' instituc‘ones de defensa; ta'es instituciones tenen e veces otras intenciones, pero dejando las intenciones al juicio de Dios, 'o importante es que se investigue 'os hechos y que e! Estado reconozca y pro- teja rea'mente ‘as tietras de tos nativos. 6) Otro punto importante, la moviiizacién politica de los natives contri- buiraé a fortalecer la conciencia nacional. La constitucién vigente ya no esta- bece, como !a de” 33, entre los requ’sitos para poder votar ber leer y escribir, de manera que !os municipios con mayoria de pob‘ecién nativa pue- den eleg'r a'ca'des nativos y aun pueden convertirse en una fuerza po'ltica de importancia relativa. Desafortunadamente, ‘os partidos politicos de! pais Po parecen muy interesacos en 'os prob'emas, ni en e! escaso caudal e‘ec- toral nat'vo; ni siqu’era ‘os partidos de izquierda marxista tan preocupados por la moviizecién popular, porque, fleles a la ‘ectura marxista de Marié- tegu’, no ven en as etnias nacionatidades oprimidas, sino sectores de c’ases explotadas. Esa movilizacién politica de los nativos ha comenzado a pro- ducirse y en la actua'idad, con !a asesoria primero de organismos creados por e! régimen militar y 'uego por instituciones privades de diferente signo, existen el Consejo Aguaruna, el Congreso Amuesha y !a Confederacién Sh'- pibo, que de alguna manera quieren constituirse en un “poder indio”. Todo e80 puede forta'ecer ‘a conciencia nacional. si e' Estado establece cana’es ‘de comunicac én con esas agrupaciones. Dentro. de ese fortalecimiento politico de ta conciencia nacional de los grupos nativos es prioritario implementar !a regionalizacién, que estabiece el art. 269 do 1a constitucién. La Amazonia ha funcionado siempre en el pals como una colonia interna. Medidas como el canon petro'ero o e? Organ'smo Regional de Desarrollo (ORDE-LORETO) estan haciendo mucho més. crelb'e 2! cambio de actitud de la sociedad naciona’ y contribuirén af fortalec'miento de las fronteras vivas. 7) Finalmente, un ditimo punto: hey que reconocer realmente Ja varie- dad cultura! de nuestros grupos natives. La homogene'dad no es necesaria- menie una fuerza de cohesién, sobre todo cuando se quiere imponer por ia fuerza y. mutilando, los valores més entrafiables de la propia personalidad. Por es0 Ia consiitucién declara que “EI Estado preserva y estimula las ma- nifestaciones de las culturas nativas” (art. 34) y ““promueve el estudio y co- nocimiento de las lenguas aborigenes. Garantiza el derecho de fas... co- munidades nativas a recibir educacién también. en su propio idioma” (art. 86). Todo esto significa fortalecer modos de vida diferentes a los de la ma- yorla del pals, pero que entrafian valores humanos indudab'es. No creo en e! mito del “buen salvaje”, pero desgraciadamente: tempoco en e! mito del “buen civilizado”, porque el terrorismo, !a droga, el desajuste familiar y tan- tas lacras de nuestra sociedad moderna han matado e! optimismo que tuvie- ron los primeros antropélogos. evolucionistas. Creo que todos estos. puntos pueden ayudar al debate posierior y espe- to que ese debate contribuya a que la explotacién de la Amazonia peruana se haga respetando los derechos de sus primeros ocupantes, los nativos. REFERENCIAS CITADAS AMICH, José y Fernando PALLARES y Vicente CALVO ofm) (1771) Historia de las misiones dei convento de Santa Rosa de Ocopa, Lima, 1975, Ed. Milla Batres, edit. Julian Heras. BELAUNDE, Victor Andrés 1831 La realidad nacional, Lima, 1964, Imp. Pab'o Villanueva. GASTRO POZO, Hildebrando 1924 Nuestra comunidad indigena, Lima, Ed. £1 Lucero. CHANTRE Y HERRERA, José (si) (1780) Historia de las misiones de a Compatiia de Jesiis on ei Maraiién espafiol, (1637-1767), Madrid. 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Pacifico, = DECLARACION CONJUNTA SUSCRITA ENTRE EL MINISTRO DE RELACIO- NES EXTERIORES DEL PERU, DOCTOR JAVIER ARIAS STELLA, Y EL SE- CRETARIO DE ESTADO DE RELACIONES EXTERIORES DE LA REPUBLICA DOMINICANA, SENOR MANUEL E. TAVARES ESPAILLAT (Lima, 24 de Julio de 1981) "El seflor Secretario de Estado de Relaciones Exteriores de ia Repi- biica Dominicana, Manue’ E. Tavares Espallat, rea'izd una visita oficial al Perd entre ios dias 22 y 25 del mes de julio de 1981. En esa oportunidad, ef Excelentisimo sefior Presidente de ia Republica, ‘don Fernando Belatinde Terry, recibié en audiencia especia’ al sefior Canci- Ver Manuel E. Tavares, quien le presenié los saludos de! Exce’entisimo sefior Presidente de la Repibica Dominicana, don Antonio Guzman Fernandez. El sefior Cancit'er de la Repdblica Dominicana tomé contacto con altas eutoridades de! Gobierno de! Pera y en un ambiente de cordialidad mantuvo conversaciones con el sefior Min'stro de Relaciones Exieriores, doctor Javier Arias Stel’a, en ef curso de las cuales examinaron asuntos de interés. comin en los campos bilateral y regional; y co'ncidieron en formular la siguiente Dec'aracién Conjunta: El Ministro, de. Relaciones Ex'eriores de! Perd y el Secretario de Estado e Relac’ones Exteriores de la Republica Dominicana expresaron su adhe- s'6n a los principios de” Derecho Internacional consagrados en ia Carla de tas Naciones Unidas y la Carta-de ia Organizacién de Estados Americanos, atirmando que 'a convivencia pacitica de los Estados depende del respelo a 'a soberania, ia integridad territorial e independencia de ios Estados, la no intervencién, e! respeto a los Tratados internaciona'es y el fie! cumplimiento de las obligaciones emanadas de los mismos; ‘os cua es constituyen obliga- ién ine'udible para todos los miembros de 'a Comunidad internacional, ‘Ambos Cancilteres convin‘eron en ‘eafirmar su firme convencimiento en que la preservacién y fortalecimiento de la democracia garantiza e! pleno elercicio de ia libertad y el respeto de los Derechos inherentes a la persona humana. ie Sefia'aron el importante paps! que deben desarroltar ‘os paises de Amé= fica Latina para actuar coordinadamente a fin de propiciar el estab'ec'm’ento de un orden politico y econémico més justo en las re!acones internaciona’es. Manifestaron su preocupacién por ia situacién de crisis que afecta ac- tua'mente ‘a reg’én de América Gentra’ coincidiendo en ta necesidad que Se encuentren soluciones adecuadas a los problemas quo agobian’ a esia zona, sin injerencias externas y como expresién de la libre determinac’én popular. En 'o que conc’eme a E’ Salvador formu'aron votos para que este pais encuentre una so'ucién po'ttica prop'a dentro de los cauces democraticos que deben ser fijados por los mismos salvadorefios, sin intervenciones fo- raneas directas o indirectas. Resa'taron ‘2 importancia de los movimientos de integracién en América Latina como medio adecuado para acceder a mejores n've'es de desarrol’o de 108 paises de la region. En este contexto, el Canci'ter de la Repibvica Dominicana destacé {a trascendencia y proyeccién de! Grupo And'no. &! Can- Giller de! Pert recibié con interés e! deseo de la Repdblica Dom'nicana de participar en !a Junta de! Acuerdo de Cartagena en calidad de observador. En ‘as enitevistas sosten das por fos dos Cancil‘eres, coincidieron en afirmar que !as re'aciones peruano-dominicanas se mantenen a un nivel de gran cordia‘idad y expresaron su deseo de forta'ecer !a cooperac’én entre fos dos paises tanto en e! campo de la Cooperacién Técnica como en el ‘sector de la Economia, como formas de acentuar la amistad entre ambas naciones. En ese sentido, a! término de ta vista !os Representantes de los Go- biernos de! Perd y de la Repiblica Dominicana susctibieron un Conven'o Basico de Cooperacién Técnica por e] cual se comprometen a renovar es- fyerzos para ampliar y desarro!tar los vinculos entre los dos palses. Asimismo ambos Cancilieres expresaron la voluntad de sus Goblernos ce mantener negociaciones encaminadas a la suscripcién de un Acuerdo Cu'- tura! entre ambos paises, asi como otros convenios re’atives a los Sectores de Comercio y de Transportes. El Secretario de Estado de ‘a Republica Dominicana expres6 a! Can- ci'ler del Peri e! reconocimiento de su Gobierno por ‘a colaborac’én reci- bida para la organizacién de la D'vis'én de Asuntos Econdmicos de la Can- cil’eria:dominicana. E! Canelller de’ Perd, por su parte man'festé la dispo- ‘sicién del Gobierno peruano de continuar proporcionando ‘a as’stencia téc- nica que fuese necesaria. tee E! Secretario de Estado de Relaciones Exterlores de ‘a ; Manue! E. Tavares Espai'iat, quien estuvo acompafiado i bajador Horacio Vicioso Soto, Director General de la Divisién de Americanos de \a Canclileria Domin'cana, expresé su especia! agradecim'ento or las mitip'es atenciones recib'das del Gobierno y pueblo peruanos du- rante su visita oficial al Perd. Firmado en la Ciudad de L'ma, a los veinticuatro dias de! mes de julio de mil novecientos ochenta y uno. Javier Arias Stella, Ministro de Relaciones Exter'ores del Perd; Manuel E. Tavares Espaillat, Secretario de Estado de Relaciones Exteriores de la Repiblica Dominicana”. LA ZONA ECONOMICA EXCLUSIVA ‘Su natura‘eza juridica, Usos militares Texto comp'elo de la exposic’én que resum'6 el Embajador Arias-Schreiber en el Simposio sobre el Derecho de’ Mar organizado Consejo Argentino para las Re'aciones Intornacionaies. Buenos A'res, 9 de seciembre de 1 Sefior Presidente de! Consejo Argentino para las Re'ac'ones inter Sefioes Presidentes de! Centro Naval y de! Instituto Nava! de Estimados colegas, sefioras y sefiores: Agradezco muy cordia'mente ias amabies pa'abras de! Embaji ‘Cam nos, testimonio de su amistad y de su largueza de espiritu, tensivo mi reconocimiento at Consejo Argentino para las Ri naciona’es y al Instituto Neval dé Conierencias por su invitacién par en este Simposio sobre una de !as disciplinas mas importantes echo internacional contemporéneo. Antes de entrar en materia, quiero referirme a! papel muy que ja Repib'ica Argentina ha venido cumpiiendo en la Tercera a de Derecho de! Mar, para contribuir a! establecimiento de un justo sobre los usos y la explotacién de’ espacio oceénico, Las iniciativas y 1a actuac’én de sus delegados han sido va'iosas en ta bisqueda de férmu'as dirigidas a concil’ar los némicos del Estado riberefio en su mar adyacente hasta las los intereses genera'es de ‘a comun'cacién internacional; y ta \ det primero sobre la plataforma cont!nental como pro‘ongaclon sumergida de su propio territorio, con ia nocién det patr'monio comGn de ‘a humanidad, Ademés, los representantes argentinos han parilcipado activamente en Jas negociac'ones de la Gonferencia para |a concertacién de reg as satisfac- preservac.on de! la delimitacion de las zonas entre Estados vecinos; los pro- | arreg:o de las controversias; ‘as clausulas finaes y dis- Fosiciones transitorias; y s'gue promoviendo y coordinando consultas para reso'ver ciertas lagunas de! Proyecto de Convencién sobre ei paso inocente fen el mar territorial y sobre la conservac én de las especies que se desp'a- zan entre las zonas econémicas y ja ata mar. Creo innecesario mencionar los nombres de ‘os miembros de la dee gaclén argentina a quenes debemos todos estos esfuerzos, porque ustedes , 98 conocen bien y porque siempre han trabajado en equipo, a! margen de motivaciones personales. Pero si deseo dejar constancia de Ia sat'sfacc'én que sus colegas de otros paises sentimos por su desempefio en la Conie- Tencia, coherente con e' talento y con los ‘dea'es de justicia que distinguen a los hijos de esta gran nacién. Mi charla se concentraré sobre dos cuestiones que han sido objeto de encend das controversias con respecto a la zona econdmica excusiva —o ta ZEE para ser mas breves—: primero, ‘a de su naturaleza juridica, y ‘uego la de los usos militares. Al tratar esos dos aspectos cubriré e! régimen ep!i- cab'e a las demés actividades en dicha zona, de acuerdo con ol Proyecto de Convencion que acaba de ser oficia‘izado en Ginebra. Desarrollaré el tema a manera de pince!adas, o sea sefia!ando Jos con- ceptos sobresalientes, para comp’starios luego en el didlogo con ustedes, pues pienso que el interés de! Simposio esta mas en provocar el debate que en oir lo que ta! vez sori lugares comunes, Las preguntas u, observaciones que deseen formu’ar, ene! curso o al final de la exposicién, serén por lo tanto muy bienvenidas. 1) NATURALEZA JURIDICA DE LA ZONA ECONOMICA 4Por qué ha sido y sigue siendo tan debatida? Se trata s6'o de una cuestién académ'ca? ¢Cud‘es son las principales tesis para expicarla? La ZEE es re‘ativamente una nueva institucién que ha tevo'ucionado el Derecho de! Mar y esa especie de dicotomia trad’c’ona! entre e! mar terri- torial, dominio de! Estado riberefio, y la alta mar, dmb'to de nadie, o de todos, 0 de uso comin. Se comprende entonces que la primera pregunta es @ quién pertenece !a zona, !o que ha dado motivo a interpretaciones contra- Puestas tanto en la Conferencia como entre ‘os estudiosos de! derecho. No ‘se trata de una cuestién simplemente académica, porque la respuesta que seri se de a esa pregunta comporta impticaciones practicas muy importantes para 46 Conducta de ‘os Estados en ese espacio maritimo. La més evidente de ta'es consecuencias es fa de establecer @ quién corresponden los l'amados “derechos res'duaes”, 0 sea los que no son atribuidos de manera expresa ni a! Estado riberefo ni a los demas Estados, fo que una trascenden- cia especial en e} caso de las actividades de cardcter militar y puede te- neria adn mas en ei futuro con respecto @ nuevos usos del mar resu'tantes de los progresos cientificos y tecnolégicos. Las tesis que han sido planteadas para definir la natura'eza juridica de la ZEE son basicamen‘e tres: — la que sostione que es una parte de la alta mar, en la cual se de‘ega al Estado riberefio c’ertos derechos para fines econémicos y jurisdiccién para fines conexos, conservando todos 'os Estados las demés libertades tradicionales; — la que la define como una zona “sui generis”, distinta de! mar territo- tial y de ‘a alla mar, en la cual los derechos y deberes del Estado ri- berefio y de los demas Estados estén sujetos a un régimen juridico es- pecifico establec'do por la Convencion; — la que, admitiendo que se trata de una zona “sul generis”, la considera de jurisdiccién nacional por !a naturaieza y el alcance de ‘os derechos que en ella se reconoce al Estado riberefio, sin perjuicio de las liberta- des de comunicacién internacional. Serla muy largo para una exposicion como ésta entrar al detalle de to- dos los argumentos que se invocan en apoyo de las tres interpretaciones. Me limitaré por lo tanto a resumir lo esencial. Primera tesis: !a zona econdmica es parte de fa alta mar Quienes sostienen esta posicién conservadora parten del hecho hisié- rico que antes del surgimietno de la zona econémica exclusiva como nueva institucién de! Derecho de! Mar, el espacio a! que ésta se aplica era cons!- derado alta mar; y el hecho de atribuir al Estado riberefio derechos o juris- dicclones especia'es para determinados fines, desde el mar territorial hasta ia distancia maxima de 200 millas, no altera la natura‘eza juridica de ese ‘espacio, que sigue siendo alta mar, al gua’ que la zona contigua donde tam- bién se reconocié al Estado riberefio ciertas competenc’as para otros fines, sin modificar su condicién de alta mar. Al respecto, cabe observar que asi como ‘a nocién cldsica de la aia mar fue recogida en la Convencion de Ginebra de 1958 por acuerdo entre Jos Estados participantes (que eran entonces 86), ¢! estatuto lega’ de la zona econémica. exclusiva debe ser a su vez definido por acuerdo entre los ac- ae — tuaes Estados part cipantes (més de 160); y si la nueva Convencién esia- biece que esa zona tiene un régimen juridico especifico, diferente y sepa rado de: mar territorial y de la ata mar, nadle puede airbu re véidamen.e 6 estatuto de la alta mar. De otro lado, como veremos més ade an.e, 'a indole y la extension de 08 detechos que se reconocen ai Estado riberefio en la zona econdmica ‘exclusiva son esencialmente opuestos a los derechos de que gozan todos 108 Estados en ‘a alta mar, sobre bases de ‘gua.dad; y resuita irrisorio com- parar'os con las competencias estab.ecidas en ia zona contigua, de cuya definicidn se ha suprimido ahora la relerencia de que era parie de la alta mar. Por .o demas, .0s sostenedores de esta iesis ni siquiera coinciden en deiinir ia na.uraieza juridica de ja ata mar: si es res nusuis, res communis (© res Communixatis usus, ni pueden en consecuencia exp.icar cua, de estas tres interpreaciones seria apiicabe 4 ia ZEE. Agunos se han aveniuiado a opinar que é) titular dei derecho en ia aia mar —y por ende en @ zona economica— es ia comunidad .nlernaciona., a cua; vendria ia poiestad de ve egar determinadas compelencias al Es.ado riberefio. Esta teoria tue sus- jentada duranie los trabajos preparaiorios de ia Tercera Conlerencia sobre ei Derecho do, Mar, bajo «a nocién de: “mandaio internacional”, segin ta cua, el Estado riberefio debia actuar como tideicomiso de 'a comunidad in- ternacional, y @i ejerc:cio de 10s poderes que ‘e serian contiados estaria sujeto al control de los demés Estados, Sin embargo, !a idea fue desesiimada, sea porque a juicio de @gunos se basaba en la ficcién de la “comunidad iniernacionai” como titular de un derecho que no posee y que por !o tanto mal pueds delegar, desde que ni ella misma tiene personalidad juridica (“nemo plus juris tranfere potest quod non habet”); sea porque estaba en contradiccién con Ia tesis de ‘a “sobe- tania econém'ca sostenida por la mayoria de los paises costeros en desa- rrolio como fundamento para la insiitucién de una zona de jurisdiccién det Estado riberefio. E! recuerdo de este anlecedente es importante; pues si ta nocidn de! mandato internacional hubiese sido aceptada, existiria fundamento para sos- tener que la zona de aplicac'én de los poderes de'egados al Estado rbe- tefio eva una parte de !a aita mar y no-una zona de jurisdiccién naciona’. A le Inversa, el rechazo de ia primera tesis contirma la validez de la segunda. ‘A pesar de estas c'aras consideraciones, un co'ega en la Con‘erencia sobre el Derecho de! Mar, Jean Pierre Queneudec, Profesor de la Un'versi- dad de Brest, en e! articulo titulado “Un prob!éme en suspens: ‘a nalure de ta zone économique” publicado en la Revista irania de Relaciones Interna- ‘cidna’és en 1975, adujo ‘0s argumentos s'guientes /para sustentar, eobre ba- ‘S98 interpretativas, la idea de que |a ZEE debia ser calificada como alta mi — Afirmacion N° 1: Porque e! Estado riberefio no ejerée soberania terri- toria) en la ZEE. Respuesta: La ZEE no esta sometida a! mismo régimen de plena sobe- tania que se aplica en e! mar territotia! y eso Ja diferen- cia de esta ditima institucién. Pero,e! Estado riberefio ejer- ce en ia ZEE una soberenia modal, de indole econdmica, que sélo cabe en una zona de jurisdiccién nac/onal y que esta exciuida de la alta mar. — Afirmacién N° 2: Porque en la zona econdmica rigen las liberiades de comunicac’én internaciona: que son propias de la alta mar. Respuesta: Si bien rigen esas libertades, estan sujetas a clertas res- tricc‘ones que no ocurren en alta mar. En la 2EE las liber- tades deben ser compat’bles con ios derechos de} Estado riberefio y ¢on las disposiciones de sus leyes y reglamen- tos (68, 2 y 3). Ejemplos: 0! Estado riberefio puede detener un buque y entablar proceso si cause dafios 0 riesgos de dafios importantes de contem‘nacién (220, 3, 6 y'6) El tre- zado para tender tuberias submarinas esta sujeto a! consen- timiento de! Estado riberefio (79, 3 sobre la plataforma con- tinental, que se aplica al iecho y subsue'o de a ZEE hasta las 200 milias). Por ‘o tanto, ‘as libertades no son idénti- cas en la zona econdmica y la alta mar, — Afirmacion N° 3: Porque en a ZEE se aplica ‘a ‘ey de! pabsllén, o ‘sea que los buques estan sometidos a la jurisdice'én exclusiva del propio Estado. Respuesta: Hay excepciones muy importantes ai respecto. Una de elas es !a que acabamos de citar en el caso de la contamina cién. Otra es la que ocurre traténdose de la pesca, en que también e! Estado riberefio puede detener un buque yen- tab'er proceso por vio'aciones de sus leyes y reglamenios (73). Nada de esto cabe en a ata mar, donde sélo se apil- ca la ley de! pabellén (92). — Afirmacién N° 4: Porque en la ZEE los buques de guerra y otros bu- ques piblicos gozan de inmunided. Respuesta: Esto rige inc'usive en e' mar territorial, donde los buques de guerra y otros buques piblicos conservan su inmunidad, con la Gnica diferenc’a que e! Estado riberefio puede im- pedir un paso no inocente y exigir !a salida de los bu- ques (25, 30). — Afirmacién N° 5: Porque el derecho de persecuclén no se interrumpe cuando e! buque perseguido atraviesa !a ZEE de otro Respuesta: Es clerto, pero hay a'go mucho més importante: que e! de- Estado. recho de persecucién también’ se aplica a violaciones co- metidas en la ZEE y ya no s6'o en el mar territoria’ (111, 2); ésta es una innovacién esencia! que no r'ge ciertamente en alta mar. ‘Como se ve, ninguno de los argumentos invocades son suficientes para asimilar la zona econém'ca exe'usiva a la a'ta mar, y antes bien permiten inferir que se trata de dos espacios distintos. Pero hay otras considerdcio- nes fundamentales que amparan esta d't'ma interpretacién y que cabe resu- mir como sigue: — En alta mar todos fos Estados tienen ‘os mismos derechos y fin guno puede ejercer forma a’guna de soberania o jurisdiccién espacia', m'on- tras en la ZEE el Estado riberefio ejerce derechos de soberania con res- pecto a los recursos y otras actividades econémicas y jurisd’cclén en mate~ tia de instalaciones, investigac'én «clentifica y preservacién de’ medio marino; — En alta mar, el ejercicio de !as libertades de comun'caci6n. interna- cional (0 sea navegacién, sobrevuelo y tend'do de cables y tuberlas subma- tings) debe tener en cuenta ‘os intereses de todos fos Estados en condic’o- nes de. Igualdad, mientras en !a ZEE ese ejercicio debe tener en cuenta los derechos especiales de! Estado riberefio y las d’sposiciones establecidas en sus leyes y reg'amentos; — En alta mar rigen las libertades de instalaciones, pesca e investiga cién cientifica, mientr la ZEE esas actividades estén sujetas a ‘a au- torizacion y al contro! exclusive de! Estado riberefio. Segiin se desprende de lo que precede, ‘os elementos esonciales que tipitican a la alta mar y @ la zona econdm'ca son contrapues’os y excluyen- tes entre si. La consecuencia légica de esta constatacién es que no cabe atribuir a ambos espacios !a misma naturaleza juridica. ‘i ‘Segunda tesis: ja zona econémica exclusiva es una zona “sui generis” Durante !os debates en la Tercera Conferencia sobre e! Derecho de! Mar, al discutirse e! estatuto lega’ de la ZEE muchas delegaciones sostu- vieron que se trataba de una nueva institucién con caracterfsticas especta- les que !a identifican como una zona “su generis”, distinta de! mar territo- rial y de ‘a alta maf. Este concepto fue recogido por el Presidente de la Segunda Comisién, Embajador Andrés Aguilar, en los informes que emitié en 1976 al presentar las revisiones al texto Gnico de negociacién. =e En apoyo de dicha tes’s se aduce que la zona econdmica tiene a’gunos elementos de la nocién de a'ta mar, concretamente las tades de comunicacién internaciona', y a! mismo tempo ciertos de! mar territorial, particu'armente los derechos relativos a los recurso otras actividades econémicas, asi como a tas instalaciones, 'a i cientitica y fa preservacién del medio marino, aunque sujetos a as condiciones. Ahora bien, esos elementos no estén yuxtapuestos, como en luna suerte de institucién hibrida o bivalente, sino han sido reformulados y adecuados dentro de un régimen unitario, distinto de los otros regimenes también unitarios de! mar territorial y de la alta mar. "0 ZEE constituye una institv= ci6n especial, diferente de !as dos instituciones clésicas ya menc'onadas} Desde luego, nosotros concordamos que un “tertlum genes” para repetir el término utilizado por 'a Corte In'ernaclo= ra’ de Justicia en e! caso de 'ss zones pesqueras y que, con mayor raz6n. cabe aplicar a la zona econémica exclusiva. Sin embargo, a nuestro julio 'e calificacén de zona “sui generis” es una verdad incompleta cue no te sue've e! prob’ema de la identidad, filiacién o portenencia de |a zona, Por cierto, este Ult'mo problema también es objeto de controversia. Hay quienes piensan que ‘a mente humana asocia necesariamente los conceptos de “res” y de “domin'um" y exige que toda cosa deba tener un duefio, sea pdblico 0 privado, individual o co'ectivo. Otros cuestionan ta proyeccién de esta exigencia a’ derecto Internacional, pues si bien nadie discute que el may terfitor'al pertenece al Estado riberefio, en cambio como ya vimos existe desacuerdo sobre si la a'ta mar es cosa de nadie, cosa dé todos 0 cosa de uso comdn. Nosotros comprendemos que se cuestione la aplicacién de! concepto de propiedad a la a'ta mar, porque una de las caracteristicas esenciales de esta G'tima es precisamente la de no pertenecer a ningin Estado; pero pen= ‘s8mos que en el caso de la zona econémica exclusiva sf existe un titular de! derecho y que éste no puede ser otro sino et Estado riberefo, por las razones que explicaremos en su momento. Admitimos que e' Provecto de Convencién no lo define asf de manera expresa, pues ha dejado sin resol ver la cuesti6n de los poderes residus'es. Por 'o tanto el asunto es'é libra do a la interpretacién. Hasta donde yo tengo conocimiento, los partidarios de! concepto de que !a zona econém'ca es una zona “sui generis” se han abstenido de definir @ quién pertenece ese espacio maritimo. Podria suponerse, desde su punto de vista, que se tratarfa de una zona de condominio, con derechos reparti- dos entre e! Estado riberefio para fines econém'cos y conexos. y derechos de los demas Estados para fines de comun'cacién internaciona’. Sin embar- go no es asi, porque el condomin'o significa propiedad en comin de une =i cosa indivisib'e con respecto a la cual los condéminos ejercen igua'es de- rechos y una jurisdice’én compartida, e'ementos ambos que son incompatl- bles con e! régimen juridico de la ZEE. A falta de mayores esclarecimientos de los partidarios de la segunda tesis, 0 sea de la zona “sul generis”, su mérito principal es el de haber exe'uldo que la ZEE forma parte de !a alta mar. El articu'o 75 de! texto Unico de negociacién tenia la ventaja de definir expresamente la alla mar ‘como un espacio que no comprendia a 'a zona econémica exclusiva. E! ac- tual artfoulo 86 de! Proyecto de Gonvenclén es en cambio ambiquo, al es- tablecer que las disposiciones de la alta mar no se aplican a la zona eco- némica exclusiva, lo cual debe entenderse en términos generales, pues a su vez el articulo 58, parrafo 2, aplica a la ZEE varias disposiciones de la Sec- cién 1 de la alta mar, aunque sujetas al criterio de 'a compatibilidad. Sin embargo, serla ertade inferir que esta modificacién ha tenido e!. pro- Pésito o el efecto de asimilar la zona econdmica a la a'ta mar. Primero, Porque ella fue ecompafiada de una nueva disposicién (el articu'o 86), con arreg’o a la cual la ZEE esta sujeta a un rég'men juridico especifico. Si esa zona formase parte de la a'ta mar deberia figurar en una seccién de esta Gitima y no como una institucién independiente. Segundo, porque al ifor- mar de esos cambios, el Presidente de la Conferencia dejé constancia de que e'los mantenian las caracteristicas esenciales del régimen juridico espe- citico de la ZEE, sin alterar e! equilibrio implicito en e! texto Gnico de ne- gociacién entre los derechos y deberes de! Estado riberefio y los de los otros Estados. Como el Presidente de la Segunda Comis‘én habla declarado en sus anteriores informes que no cabla asimilar Ja zona econdmica excly- siva ni al mar territorial ni a 'a alta mar, es obvio que al decidir la’ inclu- sién de los nuevos atticulos lo hizo con el entendimiento de que preserva- ban la naturaleza juridica de la ZEE, definida por é! mismo como una zona “sui generis”, Sobte e! particular debe tenerse en cuenta que /os Presidentes actua- ron no a titulo personal, ni como delegados de sus respectivos paises, sino como autoridades e’egidas por la Conferencia y encergadas de cumplir un mandato de ella. Por !o tanto sus informes tienen un valor importante para interpretar tas disposiciones del Proyecto de Convenc'én. Una vez establecido que la ZEE es distinta de !a alta mar y de! mar territorial, cabe preguntarse si e! concepto de zona “sul generis” exc'uye que se trate de una zona de jurisd’celén nacional. A nuestro juicio, ambas nociones son. compatibles, porque si bien nadie cuestiona que la ZEE di- fiere det mar territorial, a su vez el mar territorial no es !a unica zona de jurisdicc!én nacional. Como veremos luego, hay otros espacios que recaen dentro de este mismo género, entre e!!os la plataforma continental. E! Pro- yecto de Gonvencién 10 reconoce asi cuando, en su articulo 1, define “la =e Zona” (es decit la zona internacional de ios fe bito situado fuera de los limites de la caso signitica més allé de la platatorma cont! ticu'o 76 estab'ece que !a plateforma continental 90 lias en os casos en que e! borde exterior det mat esa distancia. Ye! articu'o 56 reconoce e! derecho de riberefio en el lecho y subsue'o de la ZEE con resnec los recursos que all ex'sten. En consecuencia, si e! lecho y subsuelo de ‘a zona | siva se confunde con la piataforma continenta! cuando ésta. 200mitlas, y si ‘a plataforma continental es considerada una diccién naciona', se desprende como conclusién del silogismo « y subsue'o do la ZEE recas igualmente dentro de! concepto de Fisdiccién nac'onal. Dados el caracter y la gama de los derechos que | tado riberefio ejerce no sélo en el lecho y subsue’o de Ia ZEE, bién en sus aguas suprayecentes, de conformidad con e! articu'e 56 yecto de Convencién, ambos sectores de la ZEE estén integr régimen unitario como una zona indivisib'e de jurisdiccién naclo Mi impresion es que los sostenedores de la segunda tesis se hah que- dado a fa mitad del camino, quiz por tazones estralégicas en la conduc: cién de las negociaciones, 0 porque juzgaron que en !as actua'es cirouns~ tancias no habria acuerdo para ir mas allé. Prueba de ello es lo que ou 11i6 al discutirse 0! problema de los “derechos residu cido irresue'to en ef Proyecto de Convenc’én, pues ta férmu'a det articulo 59 se limita a disponer que en 'os casos en qué !a Convenc’én no atribuye derechos 0 jurisdiccién a! Estado riberefo o a otros Estados en la ZEE y_ surja un conficto de intereses entre el'os este deberia ser resue'to sobre una base de equidad y'a la luz de todas Jas circunstancias pertinentes, te- niendo en cuenta la importancia respectiva que revistan los intereses para fas partes asi como para la comunidad internacional en su conjunto Aunque a formula puso témino\ 2 un debate inconducente en ‘a Cofr ferencia. desde que las posiciones de 'os Estados eran Irreconciliab'es, apat- te de defectos técnicos que seria largo analizer aqui, quedé corta en e! pro- pésito de completar e! desiinde entre la preservacién de las libertades de comunicacién internaciona’ y 'a proteccién de los demas intereses del Es- tao riberefio en una zona donde este ditimo ha de acrecer su dominio por razones de necesidad que explicaremos mas adelante Tercera tesis: {a zona econémica exchisiva es una zona de jurisdice’én nacional Quizé ta manera més simp'e de introducir 'a tercera interpretacién so- bre !a naturaleza juridica de la ZEE consiste en establecer ab initfo '6 que Be ‘se entiende por zonas de jurisdiccién nacional. Como e? Proyecto de’ Con venc’én omite una definicién a! respecto, tenemos que intentarla por nues- Ira cuenta. Personalmente considero que recaen bajo ese género todas aque- las zonas donde el Estado riberefic ejerce sea la soberania p'ena, sea de- rechos de soberania (en la versién espafola), o derechos soberanos'(en !as otras fenguas) y jurisdiccién, con miras a utilizer los recursos de sus mares adyacentes en beneficio de su desarrollo nacional y de proteger otros inte- reses de su poblacién. De acuerdo con esa definicién y teniendo en cuenta las disposiciones pertinentes de! actual proyecto de Convencién cabe considerar como zonas de jurisdiccién nacional: 1) Las aguas interiores y el mar territorial hasta a d’stancia de 12 mil'as, donde e! Estado riberefio ejerce soberania, sin otra excepcién que #! derecho de paso inocente reconoc'do a los demés Estados; 2) Las aguas archipelagicas, comprendidas dentro de lineas de base que unen tos puntos extremos de las islas y arrecifes més alejados, bajo ciertas condiciones, y donde e! Estado arch’pelagico ejerce soberania, sin ‘otra excepoién que el derecho de paso inocente o de paso por determins- das vies maritimas; 3) La zona econémica exclusiva, hasta 'a distancia méxima de 200 mi- Nas, donde e! Estado riberefio ejerce derechos de soberania con respecto @ los recursos y otras actividades econémicas y jurisdiccién en mater‘ de ins- talaciones, investigaci6n cientifica y preservacién del medio marina, también alo clertas condiciones y sin perjuicio de las. ‘ibertades de comun'cacién internacional. (Dentro de la zona econémica exclusiva esta hoy inclulda la zona contigua, hasta la distencia maxima de 24 millas); 4) La plataforma continental, hasta 200 millas o hasta e! borde exte- rior del margen continental, donde el Estado riberefio ejerce, mutatis mu- tandis, los mismos derechos de soberania y jurisdiecién que en la zona eco- némica exclusiva. En cambio, no son zonas de jurisdiccién naciona': 1) La alta mar, donde todos los Estados ejercen derechos iguales a! amparo de las libertades de comunicacién internacional, pesca e investiga- c'én cientifica; y 2) La zona internacional de ‘os fondos marinos, que ha dec’arada patrimonio comdn de la humanidad y donde las actividades estaran sujetas — 6 — a ja gestion y contro! de una Autoridad internaciona! abierta a la patticipa- cl6n de todos los Estados. La inferencia de que la zona econémica exclusiva es una zona de ju- risdiccién nacional, a la luz de {as disposiciones del Proyecto de Conven- cién, se basa de un lado en la naturaleza de los conceptos uillizados para ca‘ificar las potestades de! Estado riberefio, y, del otro, en @! aleance de los derechos que 'e son reconacidos en ese espacio maritima, Y Desde el punto de vista conceptua', si bien el término “derechos de so- berania” 0 “derechos soberanos" no involucra la soberania en su acepeion integral, como autoridad suprema del Estado dentro de un dmbito determi- nedo, sf comporta una eplicacién funcional de \a soberanfa para clertos fines con respecto a los cuales el Estado a quien se reconoce esos derechos es. soberano y no esté sometido a la potestad superior de ningtin otro Estado. En cuanto al término “jurisdiccién” que etimolégicamente, significa “de- cir 0 deciarar el derecho”, conl!eva fa autoridad de un Estado para dictar las feglas aplicables en elercicio de !as competencias que ie son reconocidas Y para asegurar la ejecucién de esas reg'as frente a otros Estados. La sola utilizacién de estos dos conceptos, que el Proyecto de Conven- cién atribuye exclusivamente a! Estado riberefo en la zona econém'ca, bas- tarla para conciuir que se trata de un espacio de jurisdiccién nac‘ona’. Pero hay consideraciones de igual o mayor trascendencia, resultantes de! alcance de los derechos que son reconoc'dos a! Estado riberefio y que se aplican @ [os principales usds de la zona en cuestion. Exploracién y explotacién, conservacién y administracion de los recursos naturales tanto vivos como to vivos de! lecho de! mar y su subsuelo y de !as aguas suprayacentes; otras actividades econémicas como fa produccién de energia derivada de! agua, de las corrientes y de ‘los vientos; establecimiento y utllizacién de islas ar tificiales, instalacfones y estructuras; investigacién cientifica marina; protec clén y preservacién de! medio marino... Después de esa enumeracién uno se pregunta zqué queda para los demas Estedos? En realidad s6lo quedan las libertades de comunicacién internacional, cuyo ejercicio ni siquiera es Irrestricto, puesto que debe tener en cuenta los derechos y las obligaciones: del Estado riberefio; y queda ei derecho de los Estados sin litoral y Estados con caracteristicas especiales a participar en la explotacién de 'os exce- dentes de los recursos vivos, un derecho que a su vez esté sujeto a cond! ciones restrictivas en e! Proyecto de Convencién. Por lo tanto, al poner sobre !a balanza los derechos y jurisdiccién de! Estado riberefio y {as libertades y derechos de otros Estados en !a ZEE, des- de e! punto de vista tanto cualitativo como cuantitativo, hay que admitir que €! peso se inclina largamente en favor del Estado riberefio, Si a e!lo se agre- ga 'a facultad que se reconoce a este d'timo para garantizar el cump'imiento de sus leyes y reglamentos en los casos expresamente previstos, que Inc’uye fa visita, !a inspeccién, e! apresamiento y Ia iniciacién de procesos judi- cla'es, es i'6gico cuestionar que él ejerce en la zona /os atributos propios de la jurisfecién nacional. Estas consideraciones fueron expuestas tanto en los debates de la Se- qunda Comisién como en las negociaciones de los grupos oficiosos de la Conferenc'a, donde !os pattidatios de la tesis de ‘a alta mar s6'o exhible- ron argumentos fragmentarios en apoyo de sus puntos de vista (principal- mente la ausencia de soberania y la ap'icacion de {as libertades de comu- nicac’én internacional) o se limitaron a repetir e! aserto de que {a califi- cacién de la ZEE como un espacio de jurisdiccién nacional respondia al pro- pésito de “territorializar”’ esa zona. El Grupo de Estados ‘sin litora’ y de Estados en situacién geogréfica desventajosa presenté una propuesta sobre !a zona econémica que 'a definfa expresamente como parte de ta alta mar, Pero que no tuvo acogida. Aunque de nada de esto existe reg’stro, porque las reuniones y !as propuestas fueron informales, quienes hemos participado ‘en la Conferencia tenemos fresco el recuerdo de lo que pasd. Por to demés, la zona econémica debe ser analizada en su perspectiva histérica para comprender mejor cud'es son sus a’cances. E! antecedente mas remoto de esta nueva institucién es la zona maritima de 200 millas que pri- mero Chile y ‘uego el Perd establecioron en 1947 para proteger y utilizar los recursos alll existentes en beneficio de las poblaciones costeras, sin afec- tar el derecho de libre navegacién. Desde entonces ella tue instituida con os atributos de soberanta y jurisdiccién nacionales para fines esencialmente ‘econémicos. La Declaracién de Santiago de 1952, suscrita por Chile, Ecua- dor y Perd recogié expresamente esos mismos attibutos. En las décadas de! 50 al 70 otros Estados !atinoamericanos extend eron su dom'nio hasta las 200 mil!as, algunos de el’0s como mar territorial. En 1972, los paises de la re- gn del Caribe reunidos en la Conferencia de Santo Domingo adopteron la institucién de! mar patrimonial, como zona adyacente al mar territor‘al, también hasta ‘a distancia de 200 millas, agregando a las competencias para fines econédmicos las relacionadas con Investigacién cientifiea y 'a con- taminacién, Ese mismo afio, en e! Seminario de Yaundé, los Estados africa- os aprobaron una recomendac’én que reconocia su derecho a establecer més al!é de! mar territorial una zona econémica en la que ejercerian juris- dieci6n para exp'otar los recursos vivos de! mar en provecho’ princ'palmente de sus pueblos, as! como para prevenir'y controlar a contaminacién. Iniciados fos trabajos preparatorios de |a Tercera Conferencia sobre ef Derecho del Mar, e! concepto de la zona econémica exc'usiva fue abrién- dose paso como una solucién transeccional entre las pos'ciones de las po- tencias maritimas que s6'o estaban dispuestas a reconocer un mar territo- — 67 — rial hasta ol Ifmite de 12 millas y derechos preferenclales del Estado riba- Teflo para 'a exp'otacién de clertes especies en areas adyacentes conside- radas de alta mar, y las posiciones de los paises que hablan establecide un mar territorial de 200 millas. Este breve recuento de la génesis de la institucién revela que desde el principio ella fue concebida con Jas caracteristicas de una zona de jurisdic- cién nacional. Posteriormente, la mayoria de los Estados costeros ha esta- biecido zonas maritimas hasta ol {mite de tas 200 millas: Sein un euadro publicado por la FAO, en diciembre de 1980 eran 86 !os paises que hablan adoptado ese IImite: 14 como mar territorial o zona de soberania y jurisdic- cién; 48 como zonas econémicas exclus'vas; y 24 como zonas pesqueras. A ellos se suman ottos 12 Estados que han establecido zonas mds alld de fes 12 millas, de 15, 24, 50, 100 millas 0 de lineas medianas, por en mares cerrados 0 semicerrados donde no es posib’e extender ta'es hasta la distancla maxima de 200 millas. En total, son casi clen los paises que han excedido e! limite de tas 12 mi'jas médiante e! establecimiento de zones de d'stinta natura'eza, y entra ellos no pasan de una decena los que consideran esas zonas como pafte de la a'ta mar. Por lo tanto, 'a practica general de los Estados, que han procedido asi en virtud de actos unilaterales, sin esperar la conc'usion de las nagocieciones en !a Conferencia, confirma !a tesis segin 'a cual para la gran mayoria do los palses costeros se trata de zonas de jurisd’ccién na- clonal, respecto de las cuales se sentian autorizados a tegis'ar. Esta conclusién esta ademas amparada por Ja doctrina prevaleciente en nuestros dias. Como todos saben, el punto de partida para justificar !a am- pliacién de {os limites tradicionales es la existencia de una relaclén natural ‘entre e! mar y sus recursos, fa costa y sus habitantes, rolacién independiente y anterior a la voluntad de cualquier Estado. Rebasarla el marco de la pre- ‘sente exposicién entrar a! andlisis de las distintas teorlas que han sido @x- puestas sobre Ia materia, tales como {a doctrina de la contigiidad o adya- cene’a, la de fa unidad eco'dgica o ecosistema, la de dependencia o interés vital, 1a de soberania permenente sobre los recursos natura'es, !a de! de- echo al desarrollo o la de auto-proteccién de! Estado riberefio. E! hecho es que hoy prevalece el criterio de que por razones geogréficas, econémi+ cas y sociales (a los cuales yo agregatla las de seguridad) el Estado ribe- refio tiene un derecho superior a! de cualquier otro Estado para disponer de los recursos de sus mares adyacentes y para proteger otros intereses de su poblacién, dentro de una zona que no exceda de 200 millas. Al referirse a esa nueva institucion, hoy consagrada en el Proyecto de Convencién, un ndmero creciente de autores, inclusive de paises desarrolla- dos, Ia califican como zona de jurisdiccién nac'onal. Asimismo, entre otras ‘organizaciones, el Comité de Pesca de ‘a FAO aude al establecimiento de esa zona como una ampliacién de ‘a jurisdiccién nacional, destaca !os bene- ficios econémicos y socia'es que e'’a reportaré a ‘os Estados costeros y se- fala las medidas que éstos deben tomar para la observacién, el control y la vigitancia de la pesca en las zonas sometidas a su jurisdiccién. Por su parte, ia Corte Internacional de Just’cia, en su fallo de 1974 so- bre el caso entre el Reino Unido e Is‘endia, se refirid a la zona pesquera como un tertium genes entre @! mar territor.al y la alta mar. Tal concepto fue apiicado a una zona distnta de ‘a ZEE, porque ésta no estaba en dis- cusién ante la Corte. Pero basta comparar ias caracteristicas de una y otra insiitucién para comprender que si Ja Corte juzgé pertinente el concepto del “tercer género” tratandose de la zona pesquera, con mayor razén seria apro- plado en e! caso de la ZEE. Por todas ias razones expuestas, nosotros llegamos a Ja conclusion que la zona econdmica exclusiva es un amb to de jurisdiccién nacional en cuan- to 86.0 el Es:ado riberefio ejerce en ella derechos de sobevania y jurisd’c- ion para regular ‘as actividades més importantes, con miras a promover su desarro'lo econdmico y a proteger oiros intereses de su poblacién. Ninguna de las libertades o derechos que se reconocen en Ia ZEE a los demas Es- tados tienen e; mismo caracter. Los usos de terceros Estados son margina- les con respecto a ia zona, en la cual esos Estados no ejercen una compe- tencia espacial, sino jurisdiccién solamente sobre sus prop'os buques, y esto ni siquiera en términos abso‘utos, pues como ya dijimos el Estado riberefio puede detener y procesar @ quienes infrinjan sus leyes y reglamentos en me- tera de pesca y de contaminacién. Los derechos reconocidos al Estado riberefio en la zona econdmica ex- clusiva para los fines previstos en el Proyecto de Convencién son de tal na- turaleza y alcances que su ejercicio sdlo puede ser asegurado mediante la sujec'én de ese espacio maritimo a la autoridad de! Estado riberefio como propietario de !a zona en cuestién, sin perjuicio del jus communicationis que interesa a todos los Estados. Si esto ya es valid hoy, con mayor razén ‘o seré en el futuro, en medida en que los progresos cientificos y tecnolégicos, los nuevos usos y ‘abusos del mar, e! aumento de la capacidad de 'os paises en desarrollo para sacar provecho de sus zonas gosteras y los. posibles conflictos que de alii resulten con relacién a las actividades de otras naciones, demanden a! Es- tado riberefio e! ejercicio de competencias practicamente similares a las que corresponden en el mar territorial savo re at'vas al paso inocente. He aqui algunos ejemplos que es posib’e anticipar desde ehora con respecto a ‘9s siguientes usos del mar: — 01 estab‘ecimenio de isias artific'ales para tines diversos (puertos, bases aeronduticas, estaciones meteoro'dgicas, centros de investigaclén y entrenamiento, fabricas, almacenes, viviendas, ete.) asi como de otras insta- laciones y estructuras, comportaré si no una “polderizacién” del territorio maritime dei Estado rberefic, cuando menos un ereciente ejercicio de com- Petenclas para asegurar el orden, fa vigiiancia y la administracion de las ac- tvidades envue'tas; — |08 riesgos de contaminac'én resu'tantes de éstas y otfas actividades, puestos en evidencia a raiz de los graves accidentes ocurridos en los U'ti- mos aflos con motivo del trénsito de buques petro'eros y de operaciones en la p.ataforma continental, exigira al Eslado riberefio la adopcién de medidas adiciona'es para proteger su mar adyacente, sus recursos vivos y otros inte- reses de sus poblaciones; — en unos paises més que en otros, ‘a intensificacién del contrabando, ei trafico de estupetaciontes y de armas, de! traude fiscal, de las transmi- siones no autorizadas de radio y televis‘én, de migraciones clandestinas y de otras actividades licitas requerirért también una intervencién més amplia y Sistematica de tos servicios costeros en ‘a zona econdm'ca. Sabemos que ai describir este proceso se dir que entonces tenian ra- z6n los representantes de !as potencias maril'mas cuando ‘emian que la aceptacién de nuestros puntos de vista conducirian a lo que llamaban la “creeping jurisdiction”, es dec'r ‘a “jurisdiccién rampante", e! avance o arrastre subrepticio del dominio de! Estado riberefio. Nosotros admitimos que ese temor era fundado, no con respecto a la liberiad de navegacién sino @ otros usos en la zona econémica, y segu'mos pensando que esto es inevi- tabie. Nadie ignora que el Proyecto de Convencidh ha sido el resu'tado de compromisos politicos, mas que una obra de juristas esclarec'dos, y que muchas de sus disposiciones no han tenido en cuenta !a evolucién prev'si- ble de ta conducta ‘de los Estados sino sus intereses inmed'atos, 2 menudo contrapuestos. Pero inclusive si los autores dei texto hubiesen podido coreg’ sus de- fectos, sus lagunas y sus fa'tas de previsién, serla ingenuo ¢ irrealista pen- sar que habrian tesuelto de manera detinitiva tos problemas concernientes a Ia utilizacién del espacio oceénico. Aunque la nueva Convencién ha sido elaborada con la esperanza de que rija durante el tiempo més !argo posi ble, esta vocacién de permanenc’a es siempre relativa tratandose de una d'sciplina como la de! Derecho de’ Mar que se aplica a sujetos, situaciones y actividades en constante mutacion. Los cambios ocurridos desde !a mitad de este sigio son demasiado i'ustrativos para hacerse {a ilusién de que un proceso siml'ar y quizé més radical, no ocurtiré en los préx'mos decenios. i Nosotros creemos que los crecientes usos del mar y factores politicos, ‘econdm cos y sociales llevaran a ios Estados a reforzar su dominio en las zonas de jurisdiccién naciona', sin que ese proceso irreversible deba inter- Pretarse, ni mucho menos, como ia manitestacién de una voluntad abusive el Estado riberefio, sino como una exigencia resultante de sus necesidades de desarrollo y de la obligacién de proteger sus intereses contra las ame- nazas provenientes del mar o contra ios dafios que a 6! se ocasionen, Asi lo teconoce Gi'bert Apollis, catedratico auxillar de la Facultad de Derecho y Ciencias Econémicas de Montpellier, en su obra “L’emprise ma- ritime de (‘Etat cétier” publicada por la Revista General de Derecho Interna- cional Pabiico en 1981. Esa obra contiene una descripcién muy objetiva de Jos fundamentos que han llevado @ jos Estados costeros a extender su domi- nio maritimo; del papel que desempefian jas practices unilalerales en la evo- lucién de! Derecho del Mar; de la justificacién de los poderes nacionales de! Estado riberefio sobre su mar adyacente; y de las causes y condiciones del forta‘ec miento de 1a proteccién costera. Citaré tan 86/0 tres parrafos que considero muy elocuentes en apoyo de las ideas a que he hecho referencia. En e! capitulo de la parte re'ativa a lo quo 61 ‘ntitula “ias bases politico-juridicas de la nacionalizacién de ios recur- ‘sos costeros”, tras de analizar el valor econémico que tienen no sélo los re- ‘cursos minerales, anima‘es y vegetales existentes en Ja plataforma continental y en la zona econdmica exclusiva, sino también los objetos abandonados en @! fondo de: mar, el agua, ‘a energia y el espacio mismo, cuyas pos bilidades de utilizacién se multip‘ican con los progresos de la tecnologia marina, Apo- I's expresa lo siguiente: “Este inventario no tiene otro objeto que demostrar e! des|izamiento insensibie de una soberania sobre tal o cual recurso especifco hacia una soberanla global sobre e! espacio marino, en todas sus dimensiones, considerado en bloque como riqueza econémica. E! paso de esta sobe- rania econémica multiforme a la soberanfa politica o tertitorial es fun- c'én del desarrollo de jas necesidades de proteccion experimentadas por la co'ectividad costera Aquellas obran tanto en !a medidd de ios peligros a que est4 expuesto e! interés nacional en fos confines mariti- mos, como de jas ventajas crec’entes que él saque o cuente sacar de! medio marino. La éptica de nacionalizacién que ha sucedido la de la Protecc'én desemboca en una proteccién reforzada”. Mas adelante, después de referirse a la proteccién de la seguridad del Estado riberefio, de su orden juridico nacional, de su mar adyacente y de Sus recursos vivos, dice asi: “Espacio protector y espacio protegido, e! dominio maritimo de! Estado costero tiende a convertirse, a! término de la evolucién, en un 4 ees &rea de soberania nacional donde se ejercen competencias muy diver- ‘sas, estrechamente. imbricadas unas a otras y modu'adas en funcién de las necesidades especiticas de cada tipo de Estado. La legitimacion de estas necesidades en si mismas conduce a admitir la licitud de las com- Petencias nacionaies que el'as demandan para su satistaccin”. Fina'mente, al formu:ar sus conc'usiones generaies, e! catedratico fran- cés admite con honestidad y con cierta amargura lo que sigue: “La impres'én que domina en la lectura de! Proyecto oficioso de Convencién pub'icado el 27 de agosto de 1980, y de! cua’ clertos prin- cip'os son ya considerados como la expres'én del derecho positive con- suetudinario, es !a victoria completa de ‘as tesis de los paises costeros m&s combat vos, Que se trate de! cardcter exc'usivo de la zona econd- mica y de su sustraccién a la alta mar, de ‘a extensién de los derechos sobre os fondos marinos mas al’é de las 200 milias y de su intrusion ‘en el “patrimon’o comén de la humanidad”, o de! sistema de! Estado aren’pe'agico que comporta !a “territorializacién de vastas areas oced- nicas”, sus pretens‘ones, que no hace mucho parecian escanda’osas, son hoy consagradas por el derecho pib'ico internacional”. Esia conc‘usién es tal vez exagerada, pues nosotros no estamos p'ena- mente satistechos con las disposic’ones de! Proyecto de Convencién, aunque sf creemos que la prictica de los Estados se encargar4 de sup'ir sus caren- cias @ insutic’encias, ta! como ha sucedido después de las Convenciones de 1958. Pasamos ahora al timo tema de la exposicién: Mi) USOS MILITARES EN LA ZONA ECONOMICA EXCLUSIVA ‘Ademés de las consideraciones genera'es que se hicieron durante la sesién de Caracas en 1974, y de las discusiones habides en reuniones ofi- roses de la Segunda Comisién, a lo ‘argo de varios periodos de sesiones, e! fema de los usos miitares en ‘a zona econdmica exclusiva y en e! mar ‘en general fue suscitado por ‘os representantes de a'gunos paises en desa- roll en el Pienario de la Conferencia, recordando que é! habia sido “ne'uldo ‘en la ‘ista de temas y cuestiones bajo e! rubro “Utilizacién con fnes paci- feos del espacio oceénico, zonas de paz y seguridad”. A pedido de esas de egaciones, e: enionces Presidente de la Conteren- cia Embajador H. S. Amerasinghe, convocd “al Plenario en abri! de 1976 para examinar este asunto, aunque expresé que é! debia vincularse a las negocia- ciones internaciona'es entab'adas en 'a esfera de! desarme y a otras med'- das adoptadas por las Naciones Unidas sobre a desnuclearizacién y Ia desmi- rk Marizacion de los fondos marinos y ‘a creacién de zonas de paz, Io que a su julcio imponia ciertas limitaciones a su tratemiento por ia Conterenc’a so- bre el Derecho del Mar. En e] debate intervinieron timicamente diecisiete de egaciones. La ma- yoria de ‘os representantes de ‘os paises en desarrolio que hicieron uso de Ja palabra sostuvieron que ‘a Conferencia debia estabiecer disposiciones concretas dirg'das a asegurar la conducta pachica de los Estados tanto en las zonas internaciona’es como nacionaes de! espacio oceanic, pues la Convencién seria incomp'eta si a los objetivos de justicia, desarrollo y bienestar no agregara ios de a paz y ‘a seguridad. Relteraron las propues- tas que habien sido presentadas con respecto a la zona econdmica —a las cuales me releriré 'vego—, y manifestaron que era necesario definir 0 que se entendia por “usos pacificos” a tin de evitar interpretaciones arbitrarias. Los de'egados de ia Un'6n Soviética, Buigaria, Cuba y Estados Unidos adujeron que si bien eran partidarios de la utilizacién de! espacio ocedn'co con fines paciticos, conforme se habia establecido en ciertos articulos de! texto nico de negociacién, sus ap icac:ones debian considerarse dentro de: marco de los foros donde se cinducian negoclec'ones para mantener la paz y la seguridad internaciona'es, promover el cese de la carrera de armamen- tos y e! desarme general y comp’eto, todo ‘o cua! esiaba fuera del aican- ce de la Comerencia sobre el Derecho del Mar, El debe'e conc'uyé sin que @! Presidente recomendara procedmiento alguno para considerar ‘a inc!u- 86n de disposiciones adicionales en el texto tnico. revisado. A'go parecido sucedé en la Segunda Comision, donde !os de egados de algunos paises en desarro‘lo presentaron diversas propuestas para prote- ger la seguridad naciona’ de! Estado riberefio en su zona econdmica exc!u- siva, contra ios usos mil'tares de otros Estados. Sin rec'amar el estableci- miento en esa zona de! rég’men del paso inocente aplicable en el mar te- tritorial, ellos sugirieron que cuando menos se cons’gnase ia obligacién de todos los Estados de observar una conducta pacifica en la ZEE, abstenién- dose de actividades miitares que pudesen poner en pe'igro la seguridad del Estado rberefio, tales como maniobras navales con ejercicio de atmas de tiro. También propusieron que se modifcase el articulo relative a! em- p'azamiento de insta'aciones y estructuras en la zona econémica, de ma- era que en todos los casos se tequ'tiese ‘a autorizacién del Estado riberefio. Estas propuestas fueron objetadas por los representantes de las poten- cias maritimas bajo el consabido pretexto de que pretendian “territoria‘izar” fa zona econdmica exclusiva y que, ‘a rea''zacién de actividades militares con fines paciticos esté de acuerdo con la Carta de !as Naciones Unidas y con los princip'os de! derecho internaciona’. La fa'ta de un apoyo suticiente