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SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL, 1:7 TOMO Xxx 1973 - 1975 NW REVISTA PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL ORGANO DE LA SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL e COMISION DE LA REVISTA DE DERECHO INTERNACIONAL Enrique Garcia Sayin Edwin Letts Sénchez Juan Miguel Bakula Jorge Guillermo Llose Victor G. Proaiio Jefe de Redaceién: Luis Solari Tudela e SUMARIO Nota editorial ies area ren 3 Homenaje a Ia memoria de Alberto Ulloa, Presidente de ia Sociedad’ Pe- ruana de Derecho Internacional: —Palabras de Enrique Garcia Sayén en el acto del sepelio, Lima 27 de febrero de 1975... Aa Rae ae Ne 5 —Alberto Ulloa, por José Luis Bustamante y Rivero. rales 9 —Una primera ‘aproximacién a Ia obra de Alberto Ulloa Sotomayor, por i Jorge Basadre....... ys cola ge nee tear a } EI pensamiento del maestro Uiloa y ed nuevo orden internacional, ‘ por Rail Ferrero... i Hon a EI maestro Alberto Ulloa y el Derecho del Mar, por Andrés A, Aram: br Menchaca, x ea Bete —Allberto y su dinémico enfoque del Derecho Internacional, José Maria Quimper... Sat eee Cees eee Del libro “Posicién Internacional del Peri (1941), por Alberto Uiloa Sotomayor. sre ont 69 Comentarios @ In definicién de Ia’ Agresién, por Antonio Belaunde Moreyra (con documentos de las N. U.) 83 yeumentos Inte iacionales (1975): cambio de Not sobre transporte aéreo; Protocolo de Reformas al Tratado Interamericano do Asistencia Reciproca: Convenio de Panama constitutivo del Sistema Econémico Latinoamericano (SELA) ee “ sera Notas. bibliogréticas, ahaa aes 157 Actividades det Consejo Directive do’ Ia Socie i cree: seD Cronologin do sucoson internacionales (1973-1975), art 18 entre Berd y EE. UU. LIMA - PERU ib a ls ls Remco SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL TOMO Xxx 1973 - 1975 Ne 71 REVISTA PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL ORGANO DE LA SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL e COMISION DE LA REVISTA DE DERECHO INTERNACIONAL Enrique Gareia Sayén Edwin Letts Siachoz Juan Miguel Bakula Jorge Guillermo Llosa Victor G. Proaiio Jefe de Redaceién: Luis Solari Tudela e SUMARIO Nota editorial... 2... | Bi Sb evn hte 6) BA: ice eae Homenaje a la memoria de “Allerto Ulloa, Prosidente “de ia’ Sociedad ruana de Derecho Internacional; Palabras de Enrique Gareia Sayén en el acto del sepelio, Lima 27 de febrero de 1975... . es ene 95 Ba, : 5 Alberto Ulloa, por José Luis Bustamante y Rivero. cue Yaa primera sproximacién a la obra de Alberto Ulloa Sotaimayor, por Totge Baastito, e,. ce. ee cae eee eee vee vee Pocee 18B EL Pensemiento del maestro Ulloa’ y el nuevo orden intemcional, ot Ratil Ferrero, SETI ee since eG he a Pi maestro Alberto Ulloa y el Derecho del Mar, por Andrée’ A.” Aras burt Menehaea. olga 38 A 51 —fllerte Ulloa y su dindmico enfoxue ‘det’ Derecho Tateruasienal, por José Maria Quimper. oot ae 4 Pel libro “Posicién Internacional del Pera” (1941), por Alberto’ Ulloa Sotomayor. ... % aA Bae Bis ni (amentarios a la detinicién de la’ Agresién, por Antonio Belaunde Mareyre con documentos de las N. U.) 5 exiles 83 jentos Intornacionales (1975): cambio de Notas entre Berd y HE, WW. sobre transporte agreo; Protocolo de Reformas al Tratado Interarericano de Asistencia Reeiproca; Convenio de Panama constitutivo del Sistema Eeondaine Latinoamericano (SELA) sty wat ig 120 Notas bibliograficas. ... ms area) 7 157 Actividades del Consejo Ditootivo de’ la Sociedad. 1, | sl 161 ia de succsos internacionales (1973-1975). qi se 168 LIMA - PERU 1976 pe NOTA EDITORIAL EI presente miimero de la Revista abarca el periodo 1° de enero de 1973 al 31 de diciembre de 1975, Se trata, de esta manera, de salvar el retraso que ha afectado su aparicién durante los il. timos afios. En la primera parte se encuentra el homenaje a la memoria del doctor Alberto Ulloa, Presidente de Ia Sociedad Peruana de De- techo Internacional y fundador de Ia Revista, expresado en un dis. curso y en cinco articulos. En mimeros subsiguientes podran La Sociedad Peruana de Derecho Internacional desea regis. Bar de esta sencilla forma, su reconocimiente quien con tan. Doctor Alberto Ulloa Sotomayor 1892 - 1975 Palabras del doctor Enrique Garcia Sayin * por la Sociedad Peruana de Derecho Internacional, en el acto del sepelio del doctor Alberto Ulloa, Presidente de In Sociedad. Lima 28 de febrero de 1975 Staida Ta Sociedad por iniciativa de Alberto Ulloa y de otros ilustres selegas suyos, fue el doctor Ulloa Presidente de la Comisién de la Re. wstz y de la Sociedad desde 1942. Sus muiltiples colaboraciones y el ssidado que ponia en las de los demés, le granjearon a la Revista un “sombre internacional. Apartado no hace mucho, en uso de licencia, Se clercicio de su cargo, no por ello dejé de ocuparse de la publicacién = 1: Revista, Con ocasin de su 80 cumpleaiios en 1972 se le quiso Setar al doctor Ullon un solemne y piiblice homenaje por sus eole- Se & Is Sociedad. Pero 1 lo declind, levede del retraimiento que Sakis edoptado y nos transmitié que tavo el sabor de un mensa. , i Para que continudramos adictos Revista. En hermosas como es. 6a «No soy sino un peregrino del Derecho, en busca de la Justicia nacional ¢ internacional; quo ha ereido sim. “pe que la ansiada solidaridad de los pueblos y de los cbombres no puede prevalecer liticamente si en A De echo y Ia Justicia no se fundamentan, si de ellos ag ciienen y si hacia ellos no se dirigen, . En el largo, a veces aspero. camino, nos hemos encou tzado y marchado juntos muchas veces, «Desde Ja puerta de mi tienda de trabajo, a la Iuz exe: «buscar de mi vide, sé que por el mismo soguizne qavanzando ustedes, y otros que vengan después, en «da hora esperanzada’ de nuevas auroras, bajo el’ cel “de otros mediodias y en Ia luz de otros ‘atarleceres Es asi como nos sentimos hoy objeto de un mandato, ya péstumo, al que procuraremos dar cumplimiento, Por mas que deba abstenerme en esta triste ocasion, por las ra- Ae pndicadess de havor el panegirico de la fecunda exctencia de Alberto Ulloa —lo que habra de sor objeto de un atimero especial de homenaje en Ia Revista—, no podria yo dejar de hacer una muy su- maria referencia a 1a obra verdaderamente formidable como interna- cionalista del doctor Ulloa ni a los miiltiples cargos que cumplis, siem- Pit con honor y eficacia, en representacidn del Pert. Macero univer- sitario, Asesor Juridico de la Cancilleria, delegado a las conferencias con Colombia en Rio de Janeiro que pusieron término af contlicto con Se Pais hermano, Senador por Lima de 1945 a 1948, Presidents de la delegacién del Perdi a la Asamblea General de las Neciones Unidas de 1245 2 1947, primer Dizector de la Academia Diplomatien del Perti en 1954-55, Embajador en Chile; he aqui algunos de los hitos culminan- i on la contribucién de Alberto Ulloa al resguardo de lee intenea internacionales del Peri. También concurrié a reuniones en Washing ifn para tratar de Ia cuestién limitrofe entonces pendiente eon el Eon”. dor. En todos estos encargos ha dejado Ia huclla de sus desvelos, de su ilustracién, de su gallardia y de su talento en defensa de nucstrey aaa, tos internacionales, En medio de la ateneisn que Je demandaban estas misiones no des. euidé mumea su voeacién de publicista, a la que dis curso en miiltiples articulos periodisticos y editoriales, como los notables que produjo en Ia déeada de los afios treinta para el diario “El Peri”, al Indo de ann brillante pléyade de intelectuales de la época, en lo que fue una ean paiia politica inspirada en los més nobles ideales, == Su obra como escritor es realmente asombrosa, Su “Tratado de Derecho Taternacional Piiblico” ha conocido varias ediciones, la pri- de sus publicaciones, no puedo dejar de menciane su libro “La Po. sicién Internacional del Peri”, (1941) ni sue ineursiones en el cam- Po de Ja historia nacional con obras, esctitas en ln mae ica y elegante Be el Perii y otros Estados actualizada hasta el azo 1945; su folleto sobre el laudo Coolidge; su recopilacién do informes como Asesor Ju. Fidico de la Caneilleria; su opiisculo sobre el Régimen Juridico del Mar. ¥ esta iltima referencia hace indispensable sefialar ol Papel que tuvo el doctor Ulloa en Ia defensa de la tesis de las 200 millas, Siendo Emba- Jador en Chile suseribié, en efecto, en 1952 la “Declaracién de San- is20", consogratoria de las proclamaciones de 1947, Mas tarde en Jas dos Conferencias de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar realizadas en Ginebra en 1958 y 1960 justified, con Ia autoridad que todos le reconocian como maestro e internacionalista, Ja Posicién que Seniamos adoptada al respecto. Fue entonces cuando desarrollé su con- cate, Ye expuesto on la tltima edicién de su Tratado de Derecho In- Scescional Piblico, del hombre como sujeto directo del Dect In- Ssnscioual. También el de Ia soberania modal, para explicar Ia pro- sension hasta In distancia de las 200 millas y, por lo tanto, més allé = ** limites tradicionales, de la soberania y jurisdievign a os Esta- & ccxteros. Como miembro de la Delegacion que presidié el doctor iiss = exas dos Conferencias, fui testigo del impacto que produjeron SS Sashes y del respeto que merecieron atin de parte de antagonis. "Ss <= le contienda. Es tan vasto el aleance de los juicios del doctor Ulloa sobre és. —38— sus amigos y discipulos. Quizds no seria muy ambicioso esperar que la obra del doctor Ulloa compuesta hoy de ediciones agotadas, pudiera ser objeto alguna vez, para guia de las generaciones futuras, de una com- pilacién que resultaria casi enciclopédica. A ella podrian agregarse, posiblemente, trabajos que hubicse dejado inéditos, como aquella His. toria Diplomética del Perit, ambiciosa concepeién a la que el esperaba consagrar los tiltimos afios de su existencia. Por la solidez de base de sus asortos, la brillantez y elegancia de su prosa, la solidez de su argu- mentacién juridica puede decirse, sin riesgo de exagerar, que a Alberta se le reconoceré como uno de los patriarcas del internacionalismo uni- versal contempordneo. La grandeza de su obra esté a la par con la de su espiritu, en el que no cabian las pasiones que empequefiecen. Enrique- ¢i6 al derecho de la historia internacional en el més alto grado y todo ello con la modestia caracteristica de los grandes espiritus. Miembro del Instituto de Derecho Internacional con sede en Gi- nobra, de la Academia Peruana de la Lengua y de otras entidades aca- démicas de renombre, su ausencia del reducido aerépago de los hom- bres doctos en grado eminente, habri de ser muy sentida y no tardarén en Megar las expresiones de homenaje y condolencia de esos centros de saber e investigacién , En los diltimos afios de su existencia sobrellevé Alberto Ulloa con una enteraza de varén clisico, adversidades © infortunios presentes en el espiritu de todos los que estamos aqui reunidos. La desaparicién de su esposa y adicta compafiera de mis de 50 afios causd en él estragos que todos pereibimos. Reducido a la soledad por ausencia de sus seres mas queridos cont6 siempre, sin embargo, con la compaftia de amigos que gozaron hasta el final de la amonidad, freseura en el discurrir y ceurrencias en las que era tan prédigo. Con la sensacién de que estamos acompafiando a su ultima mora- da a un peruano eminente y ejemplar me tecojo reverente ante sus restos para decirle que los que aqui quedamos permaneceremos ficles a sus ensefianzas y que en ellas procuraremos inspirar nuestras preoen- paciones por el Pert a quien él amé entraiiablemente. ALBERTO ULLOA In memoriam. Por José Luis Bustamante i Rivero * La figura de Alberto Ulloa es de aquéllas en las cuales la excelen: cia de Ia calidad humana en Jo intelectual, en Io cientitico, en la pres- tancia de la conducta, en la persona toda, pervive mas all de su tiem. po para adquirir en el futuro la dimensién ultraviviente de la ejempla- ridad. Ejemplar fue, en efecto, esa vida de hombre superior por el influ- Je de su fina aureola espiritual, de la selecta hondura de sus conoci. mientos, de su severa ética profesional y social, del carisma de elegan- cia que infundia a su expresién hablada y eserita. Talento, reciedum. bre animica, madura disciplina del cardeter, devocién estética innata fueron los esquemas primarios que delineaban su personalidad; y si- guiendo esos trazos, él iba perfilando dia a dia con perfeceionismo in. cansable el rumbo de su gallarda trayectoria. EI campo del Derecho fue ol que mejor se acomodaba a los la- mados de su vocacién. En actitud innata, su criterio tavo siempre un sello de equilibrio; y por ello tal vez, rendia culto a la justicia, que es erquetipo de la mds equilibrada de las entelequias, Con la balanza de J ley se aleanza el sereno nivel de lo justo, Y asi se expliea que Ulloa, ela Inisqueda de una justa convivencia humana, usase como instru, mento de su accién el equilibrio de la ley. Su actuacién como abogado fue sefiera e ilustre. Pero con ser tan sable Ie actividad forense, el Derecho Internacional fue el que mayor- sesie atrajo su predileccién. Al internacionalista se le ofrecen més Sistades horizontes; y en esa direccién prefirié desenvolverse el Doe- = Ulloa, estimulando en Ia edtedra, en le diplomacia, on el periodisme 7 = cl libro Ia sistematizacién filosofica de la ciencia juridica y el pa- ‘“iE=Prosidente de la Republica y ex-Presidente de la Corte Internacional de Justicia. te de la paz. Elevada misién de universalismo docente que, situada Por encima de naciones y nacionalidades, predica la armonia en la co- munidad organizada del planeta, Pocos tratadistas han tocado este tema con mayor poder de arras- fre ¥ con més persuasiva conviceién que Ulloa. Sus paginas (1) des. eriben cémo el viejo Derecho Internacional en el cual el Estado, a ma- nera de idolo, era el sujeto indiscutido ¥ el centro primordial de gravi- {acién del anundo de las Naciones, ha visto gradualmente desplazadas estas pretrogativas hacia el Hombre por obra de la evolucién de Ia doc- tina. En el Derecho antiguo, las metas se concentraban en un egocen- trismo estatal: fundacién de linajes dindsticos, negociacién de alian. 2as politicas, forja egoista de colonizaciones, de hegemonias y de impe- tios. El nuevo Derecho Internacional ha dado al traste con la ya cadu- ca idolatria del Estado y ha hecho del sér humano, como personifica- cidn de su especie, la figura-eje de esa vasta disciplina juridica; que- dando circunseritas las funciones del Estado al papel de gestor, procu- rador y garante de Ia supervivencia, el bienestar ¥ Ja promocién de Ios hombres en tanto que tales, esto es, no sélo como stbditos dependientes de una soberania nacional, sino sobre todo como Personas representati- vas de la comunidad humana en Ia amplia redondez del mundo. Con sélida erudicién y cuidadoso ordenamiento cronolégico, des- cribe el Doctor Ulloa el proceso de este viraje tan inesperado como pro- misor, Expresiones tangibles del cambio fueron ciertos hechos histé- tieos por virtud de los cuales el hombro en i mismo, con prescindencia de su nacionalidad Tespecto a determinado Estado, iba aleanzando Jen- (2) _ “Derecho Internacional Piiblieo", por Alberto Ulloa.— Kdiciones Theroo- peyieanes, Madrid. 1957, ‘Tomo 1, pig. 10” aedpites 140 y 141; —‘pége, 3555 451, Capitulo VII. = fancia i de Ia maternidad, la defensa de los derechos de la mujer, la prudente regulacién del trabajo de mujeres i nifios, la proteccién de as minorfas extranjeras insertas en la poblacién de eada pais i la garan- tia internacional de Ja movilidad de las personas a través de las fronte- Tas, con sus fenémenos conexos de migraciones, emigracién ¢ inmigra cién, asi como Ia prohibicién del trabajo forzado. De este mejor justiprecio individual i la consiguiente proteceién que en una primera etapa iban ganando ciertos derechos aislados de la per- sona humana en la esfera internacional, se pasé en una etapa posterior al reconocimiento, ya més explicito, de un ciimulo de esos derechos es- timados como un haz complejo e indivisible, como un patrimonio in- separable de Ia persona misma con la calidad de atributo inherente a la personalidad. I asi se acufié Ia frase “Derechos Humanos”, vale decir “esenciales”, que asoman en Ia doctrina del derecho piiblico desde loe dias de la Bastilla. Mandelstam solicita en Ia Liga de las Naciones que Jos proclame con cardcier universal en 1928. En 1929, el Instituto de Derecho Internacional redacta una Declaracién enumerativa que sus- trae tales derechos de todo ataque del Estado. Igual independencia del axbitrio estatal enuncia en 1931 Ia Liga Internacional de los Derechos del Hombre, al pedir a la Liga de Naciones la celebracién de un Con- gzeso Mundial para refrendar ese objetivo. En nuestra América, Ia Con- ferencia de Chapultepec (1945) adopta dos memorables Resoluciones (la XL i la LVI), sobre esta materia. I el Predmbulo de la Carta de las Naciones Unidas promulgada en San Francisco (1945) reafirma esos derechos fundamentales del hombre, enyo mejor ejercicio esté regla- s=entado en varios de sus capitulos.— Tales fueron los preludios de la selemne Declaracién Universal de Derechos del Hombre proclamada el 3® de diciembre de 1948 por Naciones Unidas mediante su Asamblea ‘Geeersl en Paris; documento “cuya importancia historiea i juridica somo lo dice Ullox— corona, mediante un acto de Derecho Interna- Geoal formal, la evolucién secular de conceptos filosdficos i sociales eps trascendencia esti en cambiar la base misma de ese Derecho i on Ge como objetivo primordial el bienestar humano”. (1) Gon Ie aparicién de los grandes Organismos Internacionales en el ges siglo (Ia Liga de las Naciones en 1919 i la Organizacién de Ji Necioncs Unidas en 1945) cobré forma tangible i orgénica la im- (2) Aibexto Ulloa, obra citada, tomo I, pig. 364. =~ plantacién de un verdadero régimen 0 meeanismo ejecutivo destinado 8 asegurar la garantia internacional de los derechos fundamentales del Hombre. Asi lo atestiguan hechos tan importantes i concretos como la creacin de la Organizacién Internacional del Trabajo (OIT) en 1919, con el objeto de velar por el justo bienestar del trabajador mediante el anilisis, el mejoramiento i la seguridad de las condiciones de trabajo en el mundo segiin la vidente inspiracidn de Albert Thomas, Después de la segunda guerra mundial, la ONU establece i sostiene toda una serie de ramas o dependencias suyas con programes cada vex mis vas- tos, tales como Ia Organizacién para Ja Alimentacién i la Agricultura (FAO) en 1945, a la cual se confia el estudio i la vigilancia técnica de Jas provisiones alimenticias mundiales en funcién del incremento de la industria agricola i de la productividad; la Organizacién Mundial de Ja Salud (OMS) en 1948, sucedinea de Ia Oficina Internacional de Higiene (Roma, 1907), encargada de mirar por la preservacién i me- jora de las condiciones de salud del hombre; la Organizaciéa para Ia Educacién, la Ciencia i la Cultura (UNESCO), que on 1945 reempla- 76 a la antigua Organizacién de Cooperacién Intelectual de la Liga de las Naciones; i, finalmente, el Consejo Econémico i Social (ECOSOC), que busea el modo de proveer a las necesidades econdmicas i financie. ras consiguientes a los nuevos objetivos sociales de la flamante Orga- nizacién Mundial de Naciones. Todas las manifestaciones hasta aqui deseritas referentes a la ine corporacién del Hombre a Jos fines del Derecho Internacional tuvieron una historia gradual i progresiva, constituyeron un proceso variado i ascendente, desde las simples enunciaciones doctrinales de juristas i publicistas de alta nota que avizoraban ol porvenir, i pasando por una etapa intermedia de oficializacién de las nuevas doctrinas mediante proclamaciones unilaterales de los Estados o pactos entre ellos —bilate- rales o multilaterales—, hasta Ia concepeién i creacién de organismos mundiales permanentes que situaban al Hombre como uno de los su- Jetos principales de su accién. Importantes testimonios de esta nueva versién transformadora del Derecho en la vida tangible de los sociedades fueron en remota época, la Carta Magna de Inglatera i, posteriormente, el Bill of Rights de Virginia, la Declaracién de Inde. pendencia de los Estados Unidos de América, la Declaracién de los De. rechos del Hombre i del Ciudadano emitida por la Revolucién France. sa, Ta Conferencia de Ginebra de 1864 sobre Ia Crux Roja, el Tratado — 13 — de Versalles, In Carta del Atldntico (seguridad para los hombres de vi- ves del temor i de la necesidad) i la ya recordada Carta de lee Naciones Unidas. En cuanto a la colaboracién de los Estados latinos del continente americano, merecen mencidn varios de lor aeuerdes de las ‘Conforencias Tnteramericanas de Santiago (1923), La Habann (1928), Montevideo (1933), Lima (1938), Bogota (1948) i Caracas (1954). Tras este intento de sintesis histériea en que he tratado de com- vendiar la eopiosa i erudita exposicién del libro del Profesor Ulloa, ug puedo menos que exaltar aqui, con una conviceién mezelada de espe- zvanza, ese admirable fenémeno de expansién del Derecho que en su tentacular movimiento de avance se esfuerza por difundir en todo el ‘undo aquellos postulados juridieos fundamentales que consagran la Preeminencla de la especie humana, a saber; la opcién a la subsisten. cis, a una vida sin temor, a Ia educacion, al trabajo, a la libertad, a la Justicia i a la paz, Por obra del Derecho i atin a posar de posibles di. sidencias parciales sobre otros temas, los grupos humanos parccen con. verger, én mayor proporeién de dia en dia, hacia la unidad en cuanto 2 estos elevados principios; i hay que pensar, que producida la unifi caciin de las normas, vendri luego la de los espfritus i voluntades has. ta culminar en un parejo i undnime entendimicnto, en un acuerdo to tal de concepeiones, sentimientos i objetivos mediante el cual plasma. én hombres i Gebiernos, como antes en las Tablas de Ia ley mosaiea, el nuevo Decélogo universal de su condueta respecto a los derechos i atri- Butos de la persona humana, En las manos i bajo la responsabilidad de los pueblos i gobiernos del mundo queda, pues, la decisién de si este noble desideratum sera Ievado a la realidad o si habré de reducirse al sspejismo de un suefio, grandioso i vano a la vez. Tratadista de fuste, el Doctor Ulloa, con su habitual sindéresis jue Sica, sabia desprender de las grandes premicas que él sostuvo la eon. Ssssnte aplicacidn de eada una a las innovaciones doctrinales que ihan psreciendo en el campo del Derecho Internacional, Asi, bajo el influ- ® de su idea matriz sobre la ereccién del Hombre como sujeto primor- de esa rama del Derecho, él presté ldgico respaldo en el dominio “=! Derecho del Mar @ la doetrina peruana de las doscientas miles = be rativo del bienestar humano, queda ya corta i falta de una base social convincente la antigua férmula de las tres millas, respaldada sdlo en el concepto de Ia defensa militar del Estado ribereiio; pues seain lo ex- plica nuestro autor, “los progresos de las artes de la guerra —cuyas ar- mas hoy en dia tienen alcance intercontinental i atin astral— convier ten en caduca e irrisoria la defensa de cualquier costa frente al ataque de un agresor, ya que no habria zona alguna marina, ni de tres, mi de doscientas, ni de mil millas que fuera en Ja actualidad suficiente para tal propésito defensive”, (1). En adelante, el verdadero derecho exige que sean los imperatives morales i el respeto a la ley, mas no ya el po- der de Tas armas, los que detengan la agresién, hoy mis facil i temible que ayer. Esto no quiere decir, ciertamente, que la finalidad originaria de Ia efensa haya quedado descartatla de tn nocién del Mar Territoriel: por l contrario, ella se mantiene en vigencia, lado a lado de Ia finalidad del benefieio humano, como uno de Ios dos elementos determinants de la existencia de ese Mar, cuya area —ensanchada ahora— sigue constitu- yendo la zona de avanzada 0 faja natural de preservacién del territorio de cada Estado costanero, Esa vigoncia del objetivo de defensa en cl concepto del Mar Territorial cobra vigor irrefutable en la argumenta- cin del Dr. Ulloa, cuando éste dice, refiriéndose a la Declaracién trie partita que Chile, Ecuador i Perit suscribieron en 1952, lo siguiente: a Declaracién de Santiago, emitida por los plenipotenciarios de los tres paises, no ha sido, como se la ha querido presentar, una norma agresiva destinada a violar derechos ajenos, La Declaracién de Santia- go es una norma defensiva: su punto de partida ha sido el abuso que se venia cometiendo frente a las costas de nuestros paises por parte de las expediciones pesqueras venidas de lejanos parajes o continentes en actitud de depredacién i acaparamiento. No se trata, pues, de una nornia surgida de Ja voluntad arbitraria de los Estados que la han proclama- do”. (2). I en otro lugar continia: “., .Negar a los hombres que vi- ven en las regiones costeras de nuestros paises, que sufren las condicio- nes inhéspitas del mismo medio, de la misma cordillera i del mismo ambiente que erearon la riqueza maritima; negar a esos hombres el derecho preferencial a Ia riqueza que se encuentra al aleance de sus (1) | Alberto Ulloa, obra citada, tomo 1%, pag. 559, piragrafo 648 e); pig 561, parégrafo 649 a). (2) “Alberto Ulloa, obra citada, tomo 1%, panigrafo 651 ¢). pig. 367. —15— manos i a aprovecharla en beneficio de su condicién de seres humanos, equivaldria a pretender que éstos, sobre cuyas cabezas se ofrecen los frutos ubérrimos de arboles euyas raices se encuentran en su heredad, deban perecer de hambre i no beneficiarse de esos frutos, en espera de que una caravana distante e irresponsable, contra Ia Naturaleza, con- tra el legitimo provecho de los vecines, de los vercanos, de los duefios naturales, venga a Mevarse esa riqueza ajena para completar su mesa -". (1). Obvio es defender ese patrimonio natural de tan burda agresién. Volviendo al otro elemento de Ia nueva concepeién del Mar Te- rritorial, o sea Ia promocién del bienestar humano, el Dr. Ulloa razo- 2 asi: “Cuando nos encontramos frente a un problema como el de los espacios maritimos, tenemos que considerar en primer término cudl es el interés del Hombre, Esto tiltimo, tomado en el sentido de la conser- weciGn del ser humano, no en el sentido econémico de su riqueza 0 Iu: =e. I la conservacién del ser humano exige que éste pueda aprovechar = una forma natural, legitima, protegida por normas internacionales, le riqueza que se encuentra a su aleance. ..” (2) Tal es la razén por Eecual la opinidn de los Estados sostiene cada vez més firmemente el de- secho de utilizar todos los recursos naturales, sean vivos 0 inorgénicos, & les aguas i del lecho i subsuelo de sus respectivos mares territoriales ‘Sexe una distancia no mayor de doscientas millas de la costa, a fin de |" eemstituir asi un fondo de subsistencia, una reserva de elementos o sm=pes de poder alimenticio i econémico que puedan asegurar In super- ‘Srencia i la promocién de niveles razonables de vida en las poblaciones & kes paises riberefios con vistas al fomento 0 incremento del potencial a Suele argiiirse en contrario el alegato de que conforme al princi- Be & |e libertad de los mares proclamado por Wilson en 1918, hay ‘Seem Libres 0 zonas do alta mar a cuyo uso en comtin tienen opeién Jas naciones de In Ilamada “comunidad internacional”; i cuya maciin parcial por sélo los Estados ribereiios mediante la amplia- & los mares territoriales més alla de las tres millas constituiria ss=peciin de derechos adquiridos. Pero —segtin el Dr. Ulloa lo ‘Suns el problema no es ée: no se trata de admitir o negar si ABero Ulloa, obra citada, tomo 1°, pardgrafo 651 1), pig. 571 +) ASerto Ulloa, obra citada, tomo 1°, parigrafo 651 th, pag, 369. — ie hay mares libres, sino hasta dénde Jo son 0 dénde comienzan, esto es, cul es su linea de lindero con los mares territoriales, La cuestién Heva, pues, en si misma una idea de limitacién. I las limitaciones de un con- cepto corresponden a la mentalidad juridica i a las mecesidades huma- nas de una época determinada, jamés a normas intangibles ni perpe- tuas. (1) En materias de derecho, esta verdad queda demostrada por la experiencia. Por ejemplo: a) El progreso de la artilleria, con sus efectos sobre el tiro de caiién i sobre la proyeccién asombrosamente multiplicada del vuelo del eohete, no se concilia ya con Ia medida de un mar territorial de tres ni de doce millas, que resulta de juguete fren- te al poder casi inverosimil de una agresién contemporsnea con dispo- sitivos electrénicos o cibernéticos capaces de franquear cualquier dis- tancia i hacer impacto en cualquier blanco b) A comienzos del siglo XVIII Ia poblacién de la Tierra sobrepasaba en poco los 500 millo- nes de hombres, mientras que en la actualidad excede los 3,000 millo- nes; i un céleulo reciente estima que al advenir el afio 2,000, la po- blacién mundial alcanzaré los 4,000 millones de individuos. En el ca- so del Peri, su poblacién se ha elevado de tres a catorce millones de hombres en poco mas de sesenta afios. La desaforada progresién de es- tas cifras pone en evidencia cémo el caudal de recursos naturales ne- cesario para proveer a Ia subsistencia i desarrollo de los habitantes de nuestro tiempo es un caudal muchas veces més grande que el que de- mandaban las antiguas necesidades humanas; i revela cudnto més se ha agravado la responsabilidad de los Estados, particularmente la de los poco desarrollados, en Io concerniente al deber de allegarse esos recur- sos para tales fines. No es siquiera conccbible que, admitida osta situa- cién, se escatime a los Estados un Area de aprovisionamiento mucho més amplia que la antigua i se pretenda desconocerles su derecho a una extensin de mar territorial suficientemente provista del agrandado vo- lumen de recursos naturales que necesitan, en ruchos casos con apre- mio, para alimentar i dar una minima holgura a sus pobladores. En Jo que al Pert respecta, su posicién juridiea tiene en su abono una circunstancia especialisima i poco menos que tnica, cual es la de que el trayecto de la Corriente de Humboldt, pegado a lo largo de su costa, Ie ofrece como don de Ia Naturaleza, en forma de especies vivas, un cuimulo de riquezas naturales que se parecen grandemente a un caso (1) Alberto Ulloa, obra citada, tomo 1°, pardgrafo 651 d), pag. 558. —i7— de accesién natural, Seguin lo expuesto, la ampliacién de los mares te- mitoriales que preconiza i proclama Ja doctrina contemporénea no im- plica en modo alguno el propésito de quebrantar reglas antiguas sobre Ja anchura de esos mares: impliea sélo en este mundo de hoy, que es mareadamente diferente del de ayer, la atinada voluntad de crear nuc- vas reglas correspondientes a situaciones nuevas. Se trata de crear un DERECHO NUEVO que, como dice el Dr. Ulloa, “tiene como objeti- vos o fundamentos realidades i concepciones que no existian hace algiin tiempo” (1) i que han venido a substituir ideas o convenciones ya ea- ducas del viejo Derecho. (2) El Decreto Supremo expedido por el Gobierno del Perti, con el vo- to aprobatorio del Consejo de Ministros, el 1° de agosto de 1947, da en- trada en el Derecho Positivo de nuestro pais a las nuevas concepciones del Derecho del Mar i atribuye al régimen juridico del Mar Territorial Pernano los dos objetivos basicos que le son hoy caracteristicos. 0 sea: el servieio del hombre mediante la consecucién del bienestar humano i la proteceién i defensa de los recursos naturales insertos en el territorio na- cional. Cada uno de los considerandos del Decreto alude, en diversas formas, a la misién estatal de promover, vigilar, preservar, conservar, explotar i proteger los recursos naturales de toda el drea maritima cos. tera, a los que califica como patrimonio nacional incorporado al domi- nio de Ia Nacién. I esos mismos considerandos mencionan la necesidad de velar por que el abuso en la explotacién de las riquezas naturales no cause detrimento a la economia del pais ni a la produccién alimenticia, que son de interés nacional. La parte dispositiva del Decreto, on sus tres primeros articulos, reconoce al Estado el poder de uso de su sobera- nia para realizar estas funciones tutelares i amplia a 200 millas la an- chura de Ia faja maritima en que habré de ejercerla. El Decreto del 1° de agosto de 1947 constituye una tipica “procla- s=scidn unilateral”, del Gobierno peruano, abonada por el precedente & dos proclamaciones similares del Presidente Truman en 1945 i de Series otras de Gobiernos latinoamericanos sobre la misma materia en Ses posteriores. El empleo de las proclamaciones unilaterales como (2) Alberto Ulloa, obra citada, pardgrafo 650, pig. 563. (2)_Ex el libro del Dr. Ulloa no figura ninguna referencia a la tesis Hamada Ser G! “Mar Patrimonial”, aparecida con posterioridad a la publicacidn de esa obra, == == por tanto, aquel autor pudiera insertar en ella sus coentarios. No eabe, puics, <= Se sticulo emitir opinién sobre esa nueva tesis, de la enal diserepo sustancial, —— — 18 — sistema de formacién de las normas de derecho en Ia vida de los Esta- dos dista mucho de ser extraiio a las costumbres lativas en el am- biente internacional; i el doctor Ulloa asi lo admite i respalda con im- Presionante acopio de ejemplos. Muchas instituciones de derecho i mu- chas decisiones de orden piblico han nacido de esa modalidad procesal, acabando por ser aceptadas 0 no contradichas. Cita él, a este propésito, los actos de libre determinacién por los cuales hubo pueblos que procla- maron por si mismos su independencia; i plebiscitos populares que sir- vieron de fuentes a grandes transformaciones politicas; i gestos de jus ta insurreccién que forjaron Estados i aisladas iniciativas de un Esta- do que se convirtieron en reglas pricticas de Ia guerra terrestre i ma- ritima durante siglos. Finalmente, la Doctrina Monroe tuvo su origen en la Declaracién unilateral hecha por el Presidente de los Estados Unidos de América Santiago Monroe ante el Congreso de su pais en 1823, como medida preventiva de defensa contra posibles intromisiones de los Estados europeos en Ia vida politica de las jévenes naciones recién independizadas del continente amerieano (1). La doctrina abarcaba dos Puntos: el rechazo de toda intervencién extranjera i especialmente cu- ropea en los asuntos internos de cualquier Estado americano nacido a Ja libertad en el entonees reciente proceso continental de emancipacién; i el repudio de todo proyecto de. colonizacién que en cl mismo conti- nente pudiera ser intentado por alguna potencia imperialista. La De- claracién Monroe, pese a haber sido objeto de larga i ruda controver- sia —por los Estados europeos especialmente—, en cuanto a su inten cién i sus aleances, debido a Ia inculpacién de encubrir propésitos he- geménicos de los Estados Unidos en América, tuvo en varias ocasiones vigencia util i efectiva en nuestro continente como medio de preser- vacién de los pequeiios Estados frente a designios intervencionistas de terceros. Acredita esta resefia que las proclamaciones unilaterales son instrumentos juridicos practicados i reeonocidos como capaces de crear derecho. En cuanto al Decreto peruano de 1947, su virtualidad para ello esté amparada en los incisos 9° i 16? del art. 154 de la Constitucién; i sino Togé a darscle la categoria de ley por el Poder Legislative, fue sin duda porque al haber ratificado el Congreso como Tratado multila- teral Ia Declaracién tripartita de Santiago (1952), que establecié para Ecuador, Pert i Chile la zona maritima soberana de 200 millas, es (1) Alberto Ulloa, obra citada, parégrafo 651 d), pig. 567, tomo 1°. we HG obvio que quedé también ratificada en forma implicita la legalidad del Deereto de 1947, del cual es una eonfirmaciSn el Tratado, Hasta aqui el comentario —muy incompleto por cierto—, de la obra capital del Dr. Ulloa, sobre el Derecho Internacional Pablien Un examen integral de las actividades priblicas de este entraiia- ble amigo excederia los limites de un articulo necrolégico; mas he de consignar aqui, en breve mencién, algunos otros rasgos_prominentes de su esforzada trayectoria, En la eétedra sanmarquina diets los cursos de Derecho Internaeio- nal Pablico ¢ Historia Internacional del Pord i fue on ellen no sélo tun dechado de sdlida i exhaustiva ensefianza, siempre al dia on las no- vedades de In ciencia i siempre avizor en Ia intuieién del porvenir Juridico, sino también un estimulante acicate para el innerée de sus alumnos por la claridad de su verbo i la brillantez de ou diecioe, Fluian las lecciones de su boca como riquisimo raudal. Sa prestigio docente Sntinuaba Ia estela de esos juristas de seleccidn que se llamaron Mracel Augusto Olaechea, Ernesto i José Maria de la Jara i Urete 1 Manuel Vi- cente Villarén. Su actuacién en quehaceres diplomnétices comenaé antes de Ja se- gunda guerra mundial, cuando entre 1932 i 1934 asistié como miem- bro de la Delegacién del Perti a las conforencias on que fue ne- Jarisia i porito en Derecho Internacional, segin lo acredits el tomo de sus dictmenes impreso en aquella época. Fue, asimismo, Ministro Pleni- Potenciario del Peri en Holanda i, afios més adelante, Embajador del Feri en Chile. Numerosos fueron los congresos i conferencio: interna- Stnales en los cuales fue Hamado a participar; i asi, Presidié o asistis * diversas conferencias interamericanas del sistema continental de este = Unidas; figuré como Presidente de la Delegacién Peruana on le pri- mera sesién de ese Organismo (1946), en Londres i Nueva York; i con 2 igual carécter 0 sélo como Delegado en ulteriores oportunidades. Sien- do miembro de la Comisién Juridica de las Naciones Unidas, en 1963, fue cuando —con notable sentido de previsién— enuncid i condené lo que él lamé ya entonces por primera vez Ia “agresién econémica”, 0 sea un nuevo estilo de “intervencién”, utilizado por ciertas potencias hajo la forma de presiones 0 represalias econémicas 0 financieras cuyo empleo habian de fustigar sélo afios més tarde las Naciones Unidas con el peso de su autoridad. El Dr. José Maria Quimper, discipulo del Pro- fesor Ulloa, relata este episodio sumamente interesante en el articulo que, en homenaje a su memoria, publies en “La Créniea”, de Lima del 7 de marzo de 1975. Intervino, ademas, el Dr. Ulloa, como Pre- sidente de Ia Delegacién del Pert, on las dos Conferencias de Ginebra de los afios 1958 i 1960 sobre Derecho del Mar, defendiendo alli vigo- rosamente Ia doctrina peruana de las doscientas millas. Sus tareas de publicista, iniciadas por una aficién innata al perio- dismo probablemente heredada de su padre, no se limitaron a Ia publi- eacién del Tratado de Derecho Internacional Ptiblico. Varios afios an- tes, en 1941, habia ya sacado a luz otro libro, “Posicién Internacional del Peri”, pleno de datos valiosos sobre nuestra historia diplomitica i rico en eruditas disquisiciones doctrinales. Diez afios después dié a la imprenta Ia biografia de don “Nicolis de Piérola” en Ia cual perennizé su doble tributo al més insigne de los caudillos civiles de nuestra de- mocracia republicana i a don Alberto Ulloa Cisneros, su padre, gran amigo i admirador de Piérola. I como fervoroso promotor que era de los fines de la Sociedad Peruana de Derecho Internacional, quiso do- tarla de un érgano publicitario propio i fundé hace més de treinta afios, en 1941, la “Revista Peruana de Derecho Internacional”, encar- gada de xecoger i divulgar Jas orientaciones cientifieas, los problemas reales i las proyecciones futuras de ese importante sector del Derecho. Como Director de la Revista, ininterrumpidamente reclecto en el car- go por undnime consenso de sus consocios, probé el Dr. Ulloa su vocacién de periodista en la seleccién de los temas publicados, en la actualidad de los asuntos debatidos, en la serenidad para el trato de Jos sujetos polémicos, en la enunciacién impareial de las posibles so- luciones, en Ia austera batuta del conductor equilibrado; todo ello sin perjuicio de una libertad de buena fe, que daba a redactores i colabo- radores una plena independencia de juicio subordinada a la concien- cia de su propia responsabilidad. Esa unidad de direceién fue, sin a duda, la clave del prestigio de la Revista; pues la invariable inspira. eién rectora aseguraba la permanencia de una linea de ética periodisti- ca a través de las circunstancias del tiempo i de los criterios de las personas. No culminé, sin embargo, el publicista su tarea. El habia dedic cado sus tiltimos afios a la preparacién de una obra de inmensa tras- cendeneia para su patria: la “Historia Internacional del Peri”, Bue ceando en bibliotecas i archivos nacionales i extranjeros i agotando sus horas en prolijos trabajos de investigacién, tenia ya muy adelantada, al parecer, esta produecién valiosisima. Persona que conoce algunos de sus inéditos fragmentos asegura que sorprende en el texto la ro- tunda originalidad del criterio histérico que en él introduce el autor, quien logra dar a los hechos una interpretacién no s6lo novedosa i personalisima, sino profundamente sensata i humana, Podemos abric gar Ia certidumbre de que este fruto péstumo del licido pensamiento de Ulloa saldré a luz en un libro que le otorgue su més alta consa- gracién intelectual. I el Perii recibiré con jubilo esa muestra gene- rosa del fervor que puso en él i en su servicio este preclaro hijo suyo que atravesé el silencio de su iiltimo dia con la misma nobleza mag. nénima i altiva con que habia vivido. Alberto Ulloa no quiso ser profesionalmente un politico, I era que, acaso, en su concepto la politica exige concesiones i flexihilida- des que la severidad de su cardcter, moldeado en la justicia, no ad- mitia. Pero como al mismo tiempo él so interesaba vivamente por la essa publica i por el acertado manejo del pais, hubo en el curso de su wida ocasiones en que no esquivé el Iamado del civismo i accedié a intervenir en situaciones 0 cargos de indole politica. Simpatizé con 4 candidatura presidencial de José Maria de la Jara i Ureta. Se afilié al Frente Democritico Nacional en 1945, I fue elegido en el mismo So Senador de la Reptblica por el Departamento de Lima, dejando s= el Parlamento la huella de su vasta cultura, de su saber juridico § de su entereza ciudadana. Como un honroso testimonio de sus méritos de intelectual i de Seabre piiblico, el Dr. Ulloa recibié en vida distinciones de muy se- Seleca calidad. En el Pert, la Academia Peruana Correspondiente de Se Real Espafiola de In Lengua i la Academia de la Historia le hicio- ss su Miembro de Ntimero; i se conté, ademés, entre los miembros Sseiedores de la Academia de Derecho, de la cual fue designado Pre- 92 sidente, En una érbita més vasta i entre otras conaotadas entidades juridicas extranjeras, pertenecié como Miembro Titular al Instituto de Derecho Internacional, la centenaria i respetable asociacién de am- bito mundial que selecciona i reine en su seno a internacionalistas del Derecho de todas las nacionalidades. Y aqui, en Ia lista ya copiosa de cualidades i merecimientos, que- da sélo por citar, adolorida i nostdlgica, la mencién del amigo. La mencién de quien hizo de [a estima i la lealtad humanas el binomio en que encuentra su simbiosis ol concepto de la amistad. Quienes fui- mos amigos de Alberto Ulloa sabemos de la nobleza de su alma i del gran corazén que se escondia bajo Ia coraza pulquérrima de su exter- na altivez, Pero sabiamos también que, en el fondo, su palpitar era afectuoso i fino; i su impulso, amplio i generoso. {Nos haces falta, Amigo! Lima, 17 de setiembre de 1975. UNA PRIMERA APROXIMACION A LA OBRA DE ALBERTO ULLOA SOTOMAYOR Por Jorge Basadre (*) I Sa abuelo, José Casimiro Ulloa, fue, siendo muy joven, une de los Giscipulos predilectos de Cayetano Heredia en San Fernando, enviade PELE masstzo a Paris, Después de su regreso al Peri, no sélo llegs * sr una figura influyente en los progresos de la medicina nacional’s mediados y a fines del siglo XIX, un dirigente longevo en Ja vida uni- Tewiteria y wn impulsor tenaz del periodismo en su campo cientitice 7 profesional. Més atin, se definié como un Poligrafo que no tiene ca- SS Smilares en nuestra historia, Discurrié con luciden y enterern co. Sx Is explotacién del guano; su folleto editado en 1850 sobre este » su campafia contra las consignaciones en La Revista de Lima, @berien ser una fuente de consulta para los especialistas. (1) Le in- ademas, el estudio de la época de la Independencia y su mo. 2 sobre la revolucién del Cuzco en 1814 sigue siendo muy itil. tembién en el campo de los debates sobre la vida internacional; = = 2 horas juveniles, polemizé en defensa de sus ideas sobre le s ‘boliviana (olvidado seguidor péstumo de Andrés Santa en la vejez, con su optisculo titulado Entre el Perti y Bo See de Historia de ta Republica e Historia del Derecho Peruano weional Mayor de San Marcos: exMinistro de Educsegn, igq Uilon Huano. Apunees econémicos y adminiarsttons, Lic 1859. 132 p y XIE de “Réplicas™. J.C. Ulloa, “La te er en Revista de Lima. Tomo T. 1860, jyigs. 924399 ia livia 0 solucién del antagonismo y restablecimiento de su solidaridad, mientras que, de un Iado, con sélida argumentacién, negé que la Re- publica altiplanica hubiese tenido derecho sobre el Océano Pacifico, coincidiendo en esto con Antonio Raimondi y Mariano Felipe Paz Sok dan, por otra parte considerd un hecho consumado la separacién de los dos Perties y planted que en la cuestién fronteriza entre ellos se si- guiera el principio de los limites naturales dentro de los marcos del derecho y la justicia y de las conveniencias mutuas de los pueblos. (2) Apasionadamente inmerso en la vida politica, se le vio insurgir como liberal avanzado en las luchas de 1855 a 1860 y en el Congreso Cons- tituyente de 1867, para luego separarse de quienes, miembros de ese grupo, terminaron por identifiearse con el primer partido civil, el de Manuel Pardo. Ulloa, por el contrario, combatié tenaz y acerbamente ese movimiento y estuvo muy cerca de Piérola en la angustiosa etapa de la atm no bien comprendida Dictadura de 1879-1881. EI padre del internacionalista a quien se rinde aqui homenaje, Alberto Ulloa Cisneros, estuvo muy ligado a la diplomacia y al Mi. nisterio de Relaciones Exteriores en una fructifera etapa de su larga vida. A él se debié la organizacién del Archivo de Limites en 1896; y. como Oficial Mayor de este Ramo desde 1896 hasta 1901, influyé po- derosamente en nuestros rumbos diplométicos. Quiso ser, més tarde, diarista y politico; y supo en ese terreno combatir sin disfraces en fa- vor de lo que ereyé benéfico y en contra de lo que estimé nocivo para el pais con una independencia y un denuedo a veces heroico cuyo re- euerdo deberia producir sonrojo en los rostros de quienes ahora afir- man que jamés hubo aqui periodismo libre. En medio de sus agobia- doras luchas, cuando fue necesario, recordé su antigua voeacién y es asi como le debemos testimonios sumamente valiosos sobre lo que de- bié ser la alianza peruano-boliviana-argentina y acerca de eémo ella se malogré. Por lo demés, su pluma facil y, a la vez, densa, estuvo siem- pre al servicio de los intereses nacionales en los litigios de limites. (3) En sus ultimos afios en 1917-1918, ingresé a la Camara de Diputa- dos donde ofrecié nuevas muestras de su capacidad de estadista; y alli (2) José Casimiro Ulloa, Limites entre el Persi y Bolivia o solucién del anta- gonismo y restablecimiento de su solidaridad. Tima, Torres Aguirre. 1889. 123. p (3) " Véase “Datos biogréficos de Alberto Ulloa”. por Alberto Ulloa Sotomayor en Alberto Ulloa, Escritos histéricos, Buenos Aires, Espasa Argentina, 1946, pp. XLXLVII, Un libro de Alberto Ulloa Cisneros: La opinién colombiana y ef problema de Tacna y Arica, Lima “El Tiempo”, 1905. 441 p.