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REVISTA PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL ORGANO DE DIFUSION DE LA SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL TOMO X ENERO- ABRIL 1950 N° 33 LIMA - PERU SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL Tomo'X ENERO - ABRIL - 1950 Nv 33 REVISTA PERUANA DERECHO INTERNACIONAL ORGANO DE LA SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL COMISION DE LA REVISTA Alberto Ulloa Pedro Ugarteche Jorge Basadre Manuel Félix Madrtua Carlos Malca B. Alejandro Deustua A. SUMARIO Pags. Alwyn V. Freeman.—La competencia general del Consejo de la Organi- zacién de los Estados Americanos con respecto a cuestiones de indole = politica - “ee oo. Felipe Livoni Larco.—El Instituto Rio Branco. 36 Calendario de los sucesos internacionales mas importantes 33 Documentos importantes: Cuestién del Caribe — Decisiones tomadas por el Consejo de la Orga- nizaciéa de los Estados Americanos, actuando provisionalmente como Organo.de Consulta, en Ja sesién de 8 de Abril de 1950 56 Legislacion . 2. na 67 Notas bibliograficas - . 8 ‘ Imprenta SANTA MARIA Lima - Pert 1950 ‘Muy a nuestro pesar nos vemos obligados bor segunda vex a modificar el color de nues- tra cardtula, por no existir en plaza la cartu- lina que hemos venido utilizando hasta el N* 32 de esta Revista, La responsabilidad de las ideas y opiniones sustentadas en los articulos y notas corresponde exclusivemente a sus autores, LA COMISION. LA COMPETENCIA GENERAL DEL CONSEJO DE LA ORGANIZACION DE LOS ESTADOS AMERICANOS CON RESPECTO A CUESTIONES DE INDOLE POLITICA 1, Este informe se somete de acuerdo con una resoluciéa aprobada por el Consejo de la Organizacién el 21 de abril de 1949, que solicita del Consejo de Jurisconsultos: “que elabore un estudio técnico sobre la amplitud de las facul- tades del Consejo de la Organizacién de los Estados Ameri- canos, segin estin formuladas en los instrumentos internacio. nales aplicables, estudio de que podrian servirse los Gobier- nos al pronunciarse sobre la cuestién, bien sea en Ia Confe- rencia Interamericana o mediante el procedimiento que los propios Gobiernos estimen adecuado. Esta resolucién fué aprobada después de que el Representante de Venezuela protests que el Consejo carecia de competencia para conocer del asunto del asilo politico concedido al ex-Presidente Betancourt por la Embajada de Colombia en Caracas, cuestién suscitada por dos comunicaciones de los Representantes de Chile y de Guatemala. 2. Como puede desprenderse tanto de las bases de actua- cién aprobadas para la subcomisién especial que nombré el Con- sejo para estudiar este asunto como de la documentacién que es- tudié esa subcomisién en el curso de sus deliberaciones, la solu- cién de este problema depende de la competencia del Consejo pa- ra ejercer funciones politicas, mas bien que del problema mas amplio de sus facultades generales. Por lo tanto, el presente in- forme se circunscribe al estudio del primer problema: -4— 3. Antecedentes Histéricos del Consejo: El Consejo Direc- tivo: A pesar de que las facultades generales del Consejo estén expecificadas en las disposiciones de la Carta de la Organizacion de los Estados Americanos, suscrita en Bogota el 2 de mayo de 1948, s6lo se puede hacer una evaluacién precisa de esos pode- res si se toman en cuenta otros instrumentos internacionales a os que alude Ia Carta (Articulo 50) y si se hace un anilisis de los poderes que ya tenia el Consejo Directivo de la Unién Pa- namericana, reemplazado por el Consejo en Bogoté. Por este motivo, consideramos util prestar cierta atencién en el principio de este trabajo a la evolucién de las funciones que anteriormen- te ejercia el Consejo Directivo para enfocar con mayor claridad el nuevo y mas amplio papel del actual Consejo. 4, La caracteristica mas importante de las resoluciones y acuerdos que regian el funcionamiento de la Unién Panameri- cana durante sus primeros 50 afios de vida es que no atribuian a esa institucién lo que se ha dado en lamar “funciones politi- cas". Sus modestos objetivos apenas sobrepasaban los que po" dria tener un centro para el intercambio de informacién. Des- de muy temprano en su historia se manifestaron graves temores en cuanto a Ja concesién de poderes politicos a una entidad in- ternacional que podia caer bajo la influencia preponderante de Jos Estados Unidos. Esta renuncia para la creacién de un cuer- po eficaz con jurisdiccién sobre disputas y problemas de indo- le politica duré hasta la Segunda Guerra Mundial, y, ciertamen- te, no era sentimiento exclusivo de las naciones del Hemisferio Occidental. Yo atizaba constantemente el deseo de las Repibli- cas Americanas de resguardar su soberania y libertad de acciéa, consideracién igualmente vital para los Estados Unidos como pa- ra los Gobiernos restantes. Pero cualquiera que fuera la razéa fundamental que inspirara tal falta de confianza, la Unién Pana- mericana fué establecida originalmente como un simple medio para la compilacién y distribucién de informacién comercial. 5. En virtud de una resolucién de la Primera Conferencia Internacional de Estados Americanos (1889-90), se establecié en Washington una Oficina Comercial de las Reptblicas America- ot G ies nas para la “compilacién, arreglo y publicacién... de datos e informes referentes a la producciéa, comercio, leyes y reglamen- tos de aduana de los respectivos paises”. Tal fué la funcién nor- mal de la Oficina, a pesar de revisiones subsiguientes de su no- menclatura, procedimientos y direccién. La Segunda Conferen- cia Internacional de Estados Americanos celebrada en la Ciudad de México (1901-2) puso su administracién y control en manos de un Consejo Directivo, integrado por el Secretario de Estado de los Estados Unidos, como Presidente y por los representan- tes diplomaticos de los paises americanos ante el Gobierno de los Estados Unidos. Una resolucién de la Tercera Conferencia celebrada en Rio de Janeiro en 1906 amplié y definié con mis exactitud las actividades de la Oficina con relacién a la compi- lacién y distribucién de informacién comercial, y le dié el en cargo de “informar sobre las cuestiones designadas por acuer- dos de las Conferencias Internacionales Americanas, contribuir a obtener la ratificacidn de Jas resoluciones y convenciones adop- tadas por las diferentes Conferencias, y dar cumplimiento a to- das las resoluciones que le hayan impuesto o le impongan las Conferencias...” La Quinta Conferencia celebrada en Santi go en 1923, le resté Ia atribucién de servir como Comisién Per- manente de la Conferencia. La Cuarta Conferencia, celebrada en Buenos Aires, en 1910, ratificé la resolucién anterior y le in- trodujo ligeras modificaciones mediante las cuales se invistié la direccién de la “Unién Panamericana” en un Consejo Directi- vo integrado por los Representantes Diplomaticos de los Gobier- nos ante el Gobierno de los Estados Unidos y por el Secretario de Estado de los Estados Unidos. El Gobierno que no tuviera agente diplomatico en Washington podia delegar su representa- cién en cualquier miembro del Consejo. El Articulo XV de la resolucién dispuso que la Unién Panamericana se rigiera por el Reglamento que dictase el Consejo Directivo con sujecién a la resolucién, mas bien que de la manera formulada anteriormen- te por la Conferencia de 1906. 6. La integracién del Consejo Directive se modificd fun- damentalmente en la Quinta Conferencia celebrada en Santiago. Se acordé que a partir de esa fecha el Consejo Directivo podria elegir su propio presidente y vicepresidente. Mas importante ain fué la decisién tomada para conferir a cualquier reptiblica —-6— americana que no tuviera representante diplomatico acreditado en Washington, el derecho de nombrar un representante espe- cial en el Consejo Directive. (Articulo V de la Resolucién so- bre Ja organizacién de la Unién Panamericana). Esta disposi- cién vino como consecuencia de una proposicién de la delega- cién de Costa Rica, tendiente a investir la direccién de la Unin Panamericana en un Consejo que quedaria integrado por repre- sentantes de los Gobiernos Americanos acreditados ante la Unién. Habia existido gran inconformidad con la formula empleada has- ta ese entonces para determinar la representacién ante la Unién, ya que no sélo dejaba sin voto a las naciones que no tuvieran relaciones diplométicas con los Estados Unidos sino que restrin- gia innecesariamente los derechos de los Estados Miembros pa ra confiar su representacién en el Consejo a cualquier persona que estimaran indicada. 7. Es importante notar que la proposicién de Costa Rica (que fué objeto de recomendacién para que el Consejo Directi vo la estudiara en mayor detalle y presentara un proyecto de re- solucién o de convencién a la Sexta Conferencia), tenia por ob- jetivo el establecimiento del Consejo Directive como una orga- nizacién aparte. Durante los debates sobre esta proposicién se hizo evidente que uno de sus objetivos era convertir el Consejo més adelante en el niicleo de un Consejo para una Liga de Na- ciones Americanas. La proposicién de Costa Rica recibié la apro- bacidn entera o condicional de las delegaciones de Colombia, Cuba, Guatemala, Haiti, Honduras, Panamé, El Salvador, la Re- publica Dominicana y Venezuela; pero la delegacién de los Es- tados Unidos consideré que seria a la vez poco aconsejable e impractico el formar un cuerpo politico aparte para tratar de asuntos panamericanos. 8. Otra resolucién de Ia Quinta Conferencia confirié al Consejo Directivo el cometido especial de estudiar las bases que Ie propusieron alguno o algunos de los Gobiernos de las Repi- blicas del continente, “pasa hacer més estrecha la Asociacién entre ellas, con el objeto de promover los intereses comunes de todos”. Dos eminentes periodistas de la América Latina consi- sideran que el cambio efectuado en Santiago representa un pun- to decisivo en la historia de a Unién, hacia la formacién de una Liga de Naciones Americanas; pero este juicio, algo prematuro, -Ite és un poco inexacto, y asi lo demuestran los acontecimientos en Ia Sexta Conferencia de La Habana de 1928. Fué en esta Confe- rencia que se colocé a la Unién Panamericana bajo una Conven- cién formal, pero al mismo tiempo la Conferencia hizo todo lo posible para refutar la nocién de que Ja Unién era un super-esta- do 0 gozaba de privilegios que le permitian ejercer funciones de En el preambulo de esta convencién se de- clara que la “unién moral” de las Repablicas Americanas descan- sa en su igualdad juridica y en el “respeto mutuo de los derechos inherentes a su completa independencia”. A continuacién de esa frase sigue una declaracién que consigna el deseo de esos Estados de proveer eficazmente “a la conciliacién creciente de sus intere- ses econémicos y a la coordinacién de sus actividades de caracter social e intelectual” para cuyo fin las partes acuerdan “continuar realizando su accién conjunta de cooperacién y de solidaridad por medio de... los érganos establecidos en virtud de acuerdos internacionales y mediante Ja Unién Panamericana”. El efecto de la proposicién de Costa Rica en Santiago queda manifiesto en el articulo 3, que delegé la direccién de la Unién en un Consejo “formado por los representantes que cada uno de los Gobiernos Americanos tenga a bien designar”. Pero la parte més significa- tiva de la Convencién es el Articulo 6 que comienza asi: “El Consejo Directivo, como la Unién Panamericana, ten- dran las funciones que le atribuye la presente Convenci6n, bajo la reserva de que no tengan funciones de cardcter poli- fico”. Los patrafos 1 a 4 sientan como atribuciones de la Unién: “1) compilar y distribuir informaciones y folletos referentes al desarrollo comercial, industrial, agricola, social y educacionales, asi como al progreso general de los paises americanos; 2) com” pilar y clasificar informaciones referentes a Convenciones y Tra- tados firmados entre las Repiblicas Americanas y entre éstas y otros Estados, asi como las referentes a la legislacién de las pri- meras; 3) cooperar al desarrollo de las relaciones comerciales, industriales, agricolas, sociales y culturales, al estudio de los pro- blemas del trabajo y a un conocimiento mutuo més intimo en- tre las Repiblicas Americanas; y 4) actuar como Comisién Per- manente de las Conferencias Internacionales Americanas... coo- perar a obtener Ia ratificacién de los Tratados y Convenciones, = Se ejecurar y facilitar la ejecucién de las resoluciones adoptadas por lus Conferencias Internacionales Americanas, dentro de sus atti- buciones; y preparar, de acuerdo con los Gobiernos el progsa- a de las Conferencias Internacionales Americanas...” Des- pués de prohibir terminantemente el ejercicio de funciones po- liticas y precisar de nuevo las obligaciones de la Unién, el pi- rrafo 5 de este Articulo expone que la organizacién deberd: “desempefiar aquellas funciones que le sean conferidas Por la conferencia 0 por el Consejo Directivo, en uso de tas faculta- des que le acuerda esta Convencién. Cuando un Estado en- tendiese que sus intereses vitales estan envueltos en una cues- tiém, 0 que de esta siltima resulta una obligacién para él, po- drd exigir que la resolucién del Consejo sea tomada por una- nimidad”, La redaccién de este articulo carece de claridad. Si com- paramos el texto del pardgrafo 5 con la prohibicién terminante de las “funciones politicas”, no cabe duda de que aquél dara lu- gar a controversias sobre su interpretacién. Es dificil ver cémo puede la Unidn “cooperar al desarrollo de las relaciones comer- ciales, industriales, agricolas, sociales y culturales... y a un cono- cimiento mutuo mas intimo entre las Republicas...”, sin el pe- ligto de tocar asuntos que todavia consideramos, en cierta forma, de cardcter politico. 9. Adin més curioso es a frase sobre “intereses vitales” que figura en el parrafo 5, frase que por inferencia casi llega a anu- lar la prohibicién con que comienza el articulo 6. Es dificil sa- ber cudles son los intereses “vitales” de un estado que no sean a la vez “politicos”. Si, en el desempefio de sus funciones el Consejo Directivo entrara a considerar asuntos que afectaran los intereses vitales de algiin Estado, entonces, hasta al mismo pun- 0, estaria ejerciendo funciones politicas; y esta atribucién téc: nica no es menos real porque se requiera la unanimidad, atin cuando la consecuencia evidente seria que la accién que tomara el Consejo no comprometeria a un Estado sin el consentimiento del mismo. 10. Pero cualquiera que sea el efecto de estas disposiciones contradictorias, nunca Megaron a asumir la condicién de teata- dos porque la Convencién no recibié las ratificaciones necesa- rias. De otro lado, la prohibicién de funciones politicas (que -9— originalmente fué introducida por la Delegacién mexicana) se incorporé a una resolucién de la misma Conferencia con dispo- siciones sobre la organizacién de la Unién Panamericana que de- bian permanecer en vigencia hasta tanto se aprobara la Conven- cién. Esta resolucién puso en vigor las més importantes modifi- caciones contenidas en la Convencién, inclusive los cambios en el método de designar miembros del Consejo Directivo. 11. Aunque no siempre resultaba evidente, el hecho de que constantemente se fueran ampliando Jas atribuciones de la Uniéa Panamericana y las actas de las conferencias anteriores demos- traban que en realidad dos corrientes opuestas habian comenza- do a influir en 1a evolucién del panamericanismo. Una de estas corrientes era el reconocimiento de que los intereses de todas las Repiblicas serian mejor servides por un organismo mis cohesi- vo, del tipo de la Sociedad de Naciones en Ginebra, que respon- diera mejor a las necesidades de la comunidad americana. La otra era la renuencia tradicional para la cesién de poderes sobe- ranos a un organismo que se temia no gozaria de una indepen- dencia absoluta. A este respecto, tal vez no sea ni justo ni exac- to decir que las Republicas de Ja América Latina se mostraban hostiles a Ja concesién de facultades politicas, como tales, a un organismo internacional, pues lo cierto es que ya muchas de es- tas Republicas habian consentido a la solucién de controversias politicas mediante el Pacto de la Sociedad de Naciones, y en cam- bio eran los Estados Unidos :de América los que se negaban cons- rantemente a hacerlo en esa época. Cabe recordar que Ja segun- da tesis se fundaba en gran parte en el temor de que una institu: cién politica americana se pudiera convertir en un instrumento para la intervencién de los paises mas poderosos en los asuntos internos o externos de las naciones mas pequefias. Como ese temor se ha ido disipando ante las repetidas prohibiciones de la intervencién en distintas convenciones y resoluciones desde la Séptima Conferencia de Montevideo, Ja tendencia misma ha ve- nido disminuyendo paulatinamente. Ello, junto con el proceso evolutivo de las realidades internacionales lleva forzosamente a Ia conclusién de que la ola de sentimiento contra la concesién de facultades politicas a la Unién Panamericana alcanz6 su al- tura maxima en La Habana y viene en menguante desde ese en- tonces. —10~ 12, La Séptima Conferencia de Montevideo (1933) se limi- #6 a una resoluci6n (N® rxtv) en el sentido de que en el pro- grama de la Octava Conferencia Internacional Americana debe- ria figurar el tema de posibles reformas del Estatuto de la Unién Panamericana que tenderian a hacer més eficaz su funcionamien- to, Tres afios més tarde se celebré en Buenos Aires la Conferen- cia Interamericana de Consolidacién de la Paz en la que se apro- baron dos tratados y ocho convenciones, un protocolo adicional relativo a la no intervencién y sesentidés resoluciones, recomen- daciones y declaraciones relacionadas con asuntos muy diversos: desde el mantenimiento y conservacién de Ja paz hasta la coo- peracién artistica y cultural. Todas estas actuaciones dieron por resultado un aumento considerable en Jas obligaciones de ia Unién Panamericana y obligaron a la Conferencia a adoptar una Resolucién (x1v) reconociendo que el oportuno cumplimiento de los instrumentos aprobados en Buenos Aires demandaba que se diera mayor amplitud a las funciones de la Unidén y encomen- dando al Consejo Directivo la realizacién de un estudio a este Fespecto para su presentacién a la Octava Conferencia. 13. En Ia Conferencia de 1936 se presentaron dos proyec- tos tendientes a la creacién de una Liga de Naciones America- nas: uno per Colombia y el otro por la Repiblica Dominica. na. Ninguno de los dos fué aprobado por considerarse que es- te tema no habia adquirido atin la madurez suficiente para su consideracién teniendo en cuenta lo complejo de la materia. Sin embargo, se resolvié incluir el asunto en el programa de la Oc- tava Conferencia en Lima y se recomendé a los Gobiernos de Colombia y de la Republica Dominicana que se pusieran de acuerdo entre si y consultaran a los demas Estados con el fin de rendic un informe sobre el particular. Asi lo hicieron y, en marzo de 1938, los dos Gobiernos sometieron conjuntamente a la Unién Panamericana ua proyecto para ser presentado a la Conferencia de Lima, Pero en Lima se dispuso que el proyec- to pasara a la Comisién Internacional de Jurisconsultos Ameri- canos para que ésta realizara un estudio mas detenido del mis- mo y elevara un nuevo informe a’ la Unién Panamericana como base de accién ea la Novena Conferencia — determinacién que a Delegacién de Panama en Bogoté tildé de medidas puramen- te evasivas, ~~ 14. Aun cuando la Conferencia de Lima dié nuevo impul- so al incremento constante de las actividades de la Unién, ésta no experimenté desviacién alguna de su funcién esencialmente zpolitica hasta Ia Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y de la Paz, celebrada en la Ciudad de México en 1945. Después de esta Conferencia se hizo cada vez més dificil defender Ia tesis de que el érgano central del sistema interame- ricano carecia absolutamente de competencia para conocer en los asuntos de orden politico, acatando siempre, como es légico, las instrucciones que le impartieran las Conferencias. Esto no sig- nifica que la corriente de oposicién hubiera perdido toda su fuerza, pues la misma tendencia se puso de manifiesto en Méxi- co y Rio de Janeiro y aun en Bogord no se habia rendido incon- dicionalmente. Ciertamente el problema no quedé resuelto por Ja formula tan vaga que se adopté en 1945 (Resolucién IX), concebida en los siguientes términos: ‘Ademas de sus funciones actuales, el Consejo Directivo de Ia Unién Panamericana conocer’, dentro de los limites que le tracen las Conferencias Internacionales Americanas, 0 por encargo especial de las Reusiones de los Ministros de Relacio- nes Exteriores, de cualquier asunto que afecte al funciona. miento efectivo del sistema interamericano y a la solidaridad y bienestar general de las Repiiblicas americanas”, A [a par de esta ampliacién de facultades del Consejo Di- rectivo se aprobé una modificacién muy importante de su com- posicién, estableciéndose que este Cuerpo se integraré con sen- dos Delegados ad hoc designados por las Repitblicas America- nas, los cuales tendrian categoria de Embajadores pero no po- drian formar parte de la misién diplomatica acreditada ante el Gobierno en cuyo territorio se hallara la sede de la Uniéa Pa- namericana. Se confirié ademas al Consejo Directivo la facul- tad de convocar por mayoria absoluta de votos, a reuniones anua- les de los Ministros de Relaciones Exteriores para tratar exclu- sivamente cuestiones de emergencia (par. 4), y supervisién so- bre otros organismos interamericanos. Por ultimo, la resolucién encargé al Consejo Directivo de la Unién Panamericana la ela- boracién de un proyecto de pacto constitutivo destinado a mejo- rar y fortalecer el sistema panamericano. ~~ 15, En esta importante Conferencia, la Delegacién de Méxi- Co presenté un proyecto de resolucién sobre "Reorganizacion de la Unién de las Republicas Americanas” que demuestra signifi- cativamente hasta dénde habia progresado el pensamiento de América. Ese proyecto contemplé el establecimiento de un sis- tema comprendido por cuatro drganos esenciales: el Consejo, las Conferencias, las Reuniones de Consulta y la Secretaria Per. manente (disposicién reproducida con ligeras modificaciones en la Carta de Bogoté). Aun cuando las funciones del Consejo ha- brian de ser “especialmente de cardcter ejecutivo”, éste —segiin el texto del proyecto— tendria jurisdiccién, “lo mismo que las Conferencias, para tratar cualquier cuestion que afecte a la paz, a la solidaridad 0 al bienestar continental”. Las Reuniones de Consulta habrian de subsistir en forma permanente, aunque pa- ra traar exclusivamente de aquellas cuestiones de emergencia para las que fueron instituidas, y apegandose para su funciona- miento a las disposiciones aprobadas en la Resolucién XVII so- bre ““Procedimiento de Consulta” adoptada en la Reunion de La Habana de 1940. Esta wltima resolucién merece algin comenta- rio por la luz que arroja sobre el procedimiento para la Consul- ta entre los Ministros de Relaciones Exteriores, procedimiento que tuvo su origen en los afios de la guerra y que representa un factor importante en los instrumentos posteriores. El mecanis- mo de Consultas fué creado originalmente por las Conferencias de Buenos Aires y Lima, celebradas en 1936 y 1938 respectiva- mente, con el fin de suministrar un medio expedito y eficaz pa- ra enfrentarse a las amenazas de paz al Hemisferio Occidental. Como no se contaba con un método bien definido para la con- vocacién de las reuniones, las cuales se promovian bajo presin y en condiciones de emergencia, se hacia necesario adoptar algiin procedimiento sistemdtico. Por tal motivo quedé establecido en La Habana que el gobierno que deseara promover una Con- sulta en cualquiera de los casos. previstos en Jos instrumentos in- teramericanos pertinentes deberia dirigirse al Consejo Directivo de la Unién Panamericana indicando Jos asuntos sobre los cua- les quisiera que versara la Consulta. El Consejo Directivo, a su vez, transmitiria la solicitud a los demas Gobiernos Miembros y les pediria que presentasen las observaciones y sugestiones que desearen, Sobre 1a base de las respuestas recibidas le correspon- 13, deria al Consejo determinar la fecha y la sede de la reunién, re- dactar un Reglamento, formular el programa correspondiente y adoptar las demas medidas necesarias. It 16. Tales fueron los antecedentes histéricos que sirvieron de armazén para estructurar el Tratado de Asistencia Reciproca, en Rio de Janeiro, y la Carta de la Organizacin de los Estados Americanos, en Bogoté. Procedamos ahora a examinar estos dos instrumentos a fin de averiguar las facultades generales que ellos confieren al érgano denominado actualmente Consejo de la Or. ganizacion. A. Tratado de Rio de Janeiro. 17. El Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca fué resultado directo de la Conferencia de la Ciudad de México, que elaboré la Declaracién conocida como “Acta de Chapultepec”. En este documento se estipulé que todo atentado de ua Estado contra la integridad 0 Ia inviolabilidad del territorio, o contra la soberania o independencia politica de un Estado Americano se~ ria considerado como un acto de agresién contra los demés Es- tados, y que en caso de actos o amenazas de agresién los Estados americanos se consultarian entre si para concertar las medidas que conviniera tomar. Estos principios fueron consagrados en forma definitiva en el Tratado de Rio de Janeiro, que suminis- tré un procedimiento eficaz para ponerlos en vigencia. Para Jos efectos de nuestra tesis, las partes pertinentes del Tratado son Jas siguientes: ARTICULO 3¢ "2. A solicitud del Estado 0 Estados ditectamente atacados, y has- ta la decisién del Organo de Consulta del Sistema Interamericano, cada una de las Partes Contratantes podré determinar las medidas inmediatas que adopte individualmente, en cumplimiento de la obligacién (de asis tencia mutua)... y de acuerdo con el principio de la solidaridad conti nental. El Organo de Consulta se reunird sin demora con el fin de exa. minar esas medidas y acordar las de caricter colectivo que convenga adoptar”. —-uw— ARTICULO 6* “Si la inviolabilidad 0 la integtidad del tertitorio 0 Ja soberania 0 la independencia politica de cualquier Estado Americano fueren afecta- das por una agresién que no sea ataque armado, o por un conflicto ex- tracontinental o intracontinental o por cualquier otro becho o situacién que pueda poner en peligro la pax de América, el Organo de Consulta se reuniré inmediatamente, a fin de acordar las medidas que en caso de agresién se deben tomar on ayuda del agredido o en todo caso las que convenga tomar para la defensa comin y para el mantenimiento de la paz y la seguridad del Continente”. ARTICULO 11° “Las consultas a que se refiere el presente Tratado se realizaria por medio de la Reunién de Ministros de Relaciones Exteriores de las Rept- blicas Americanas que lo hayan ratificado, o en la forma o por el 6r- gano que en lo futuro se acordare”. ARTICULO 12¢ “El Consejo Directivo de la Unién Panamericana podrd actuar pro- visionalmente como drgano de consulta, en tanto no se reuna el Organo. de Consulta a que se refiere el Articulo anterior’. De conformidad con el Articulo 13, las consultas “serin pro- movidas mediante solicitud dirigida al Consejo Directivo de la Unién Panamericana por cualquiera de los Estados signatarios que haya ratificado el Tratado”. Se establece también que el Consejo Directivo actuaré como érgano de enlace entre las par- tes contratantes asi como entre éstas y las Naciones Unidas (Art. 15). Los acuerdos del Consejo Directivo a que se refieren estos dos articulos deber4n adoptarse por mayoria absoluta de votos; en cambio, para las decisiones en el Organo de Consulta se re- quieren los votos afirmativos de los dos tercios de los Estados signatarios que hayan ratificado el Tratado (Art, 17). Por ul- timo, el instrumento contemplié Ja incorporacién futura de sus disposiciones fundamentales en el Pacto Constitutivo del Siste- ma Interamericano (Art. 26). 18. Consideramos que se puede enfocar mejor 1a competen- cia politica del Consejo si se examinan juntamente las estipula- ciones pertinentes de la Carta de Bogota y del Tratado de Rio; pero cabe formular algunas observaciones preliminares con res-