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SOCIEDAD PERUANA.DE DERECHO INTERNACIONAL TOMO XX ENERO-DICIEMBRE DE 1960 Nos. 57-58 REVISTA PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL ORGANO DE LA SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL COMISION DE LA REVISTA Alberto Ulloa Miguel Békula P. Pedro Ugarieche Fernando Schwalb Edwin Letts Victor Proatio” JTEFE DE REDACCION Enrique Gonzélez Dittoni SUMARIO : : Pcs. RaGL PoRRAS BARRENECHEA Luis ALvarapo G.— Elogio de Rati Porras . 5 Jorce Basapre.— Un primer esquema de Boas fistodeder :s 9 Jorce GumiLteRMo LuosA— El Perit y la Cultura en la obra diplo- matica de Ratl Porras Barrenechea ............-+..+ 15 RaGL Ferrero. Régimen de los Nacionales y Extranjeros 29 Documentos oficiales sobre la intangibilidad del Protocolo de Rio de Janeiro de 1942, que puso término definitivo al diferendo limitrofe entre el Pera y el Ecuador .... 37 Documentos oficiales del viaje del Presidente del Pera Dr. Manuel Prado a Europa ........--.-++-+++ we 44 Organizacién de los Estados Americanos .. 53 II Conferencia de las Naciones Unidas sobre el eet del mar 82 Organizacién Internacional del Trabajo . 101 Instrumentos internacionales 106 Buptura de relaciones diplomaticas entre el Peri y Gabel 170 Notas bibliograficas oes Indice del tomo KX 175 LIMA-PERU 1961 SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL CONSEJO DIRECTIVO Presidente: Tesorero: . Alberto Ulla S. Dr. Gonzalo Feméndez Puyé Vig vremaen Pro-Tesoreros Dr. Juan Boutisia de Lavalle hears Secretario: Vocal Dr. Enrique Garela Sayén ovale: ser} co Tudela ¥ Varela Pro-Secretario: Dr. Edwin Letts 5. | Dr. Aguilar Cormejo, David e. Hays Osotes, Guillermo 1 : Iberico, Mamuel i : : a . NES » Lavalle, Juan Bautista do | 7) Aromburé, José Félix poe, lust |, Arambura Menchaca, Andsés ee » Leén Barandiarém, José » Lavalle, Hernando de » Malee, Carlos » Medrtua, Manuel Félix » Barreda Laos, Felipe |» Basadre, Jorge » Belatinde, Victor Andrés 2 Bustamante y Rivero, José L. » Miré Quesada, Luis i » Detstua A, Alejandro nw Miré Quesada Sosa, Aurelio | » Espincza Saldafia, Adén ~ Neuhaus Ugarteche, Carlos » Elguera, Juan Ignacio » Porras Barrenechea, Rail} ,, Femaéndez Puys, Gonzalo “ Se Victor G. Ferrero R., Ral @pemasts,, EE w , Rat eee oS |, Garcia Calderén, Manuel ee re zs Cea « Solf y Muro, Alfredo poesia ;, Tudela y Varela, Francie reia Sayén, Enrique 4 Pari » Ugorieche, Pedro lez Dittoni, Enrique |, Ullog, Alberto MIEMBROS ASOCIADOS . Llosa Pauirat, Jorce ‘oe P., Augusio , Bolivar ! Jorge | na, Alberto SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL TOMO X¥ ENERO-DICIEMBRE DE 1960 Nos. 57-58 REVISTA PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL ORGANO DE LA SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL COMISION DE LA REVISTA Alberto Ulloa Miguel Bakula P. Pedro Ugarteche Fernando Schwalb Edwin Letts Victor Proafio TEFE DE REDACCION Enrique Gonzalez Dittoni SUMARIO Pécs. JRAUL PORRAS BARRENECHEA | {0500 (0 oe 3 Luis ALvaRapo G.— Elogio de Ratil Porras .... 5 Jorcr Basapre.— Un primer esquema de Porras historiador 5 JORGE GUILLERMO LiosA.— El Pert y la Cultura en la obra Giplo- méatica de Ratil Porras Barrenechea .................... o 15 RatL FERRERO. Régimen de los Nacionales y Extianjeros 29 Documentos oficiales sobre la intangibilidad del Protocolo de Rio de Janeiro de 1942, que puso término definitive al diferendo limitrofe entre el Pert y el Ecuador ..............2.5. 37 Documentos oficiales del viaje del Presidente del Pert Dr. Manuel Prado a Europa) 2,600) ne: coe Organizacién de los Estados Americanos II Conferencia de las Naciones Unidas sobre el derecho del mar». 82 Organizecién Internacional del Trabajo 101 Instrumentos internacionales ........ a 106 Ruptura de relaciones diplomaticas entre el Peri y Cuba .. 170 Notas: hiblingraficas eee : 171 Indice del tomo KX ...... ee eee 175 LIMA-PERU 1961 RAUL PORRAS BARRENECHEA El 27 de setiembre de 1960 fallecié el doctor Radi Porras Barrenechea, reciente Ministro de Relaciones Exteriores y alta yerarquia intelectual del Pert. Hacia muchos afios que el doctor Porras era miembro ti- tular de la Sociedad Peruana de Derecho Internacional a la que se habia incorporado Iégicamente como uno de los hombres de estudio de las cuestiones territoriales del Pera, a cuya dilu- cidacién habia aportado el acopio, profundo y creciente, de sus conocimientos histéricos y de sus estudios especiales, la brillan- tez de su inteligencia y, eventualmente, Ia fluida elegancia de su forma. Fundador del “Archivo Diplomatico Peruano” publicé ei primer volumen de esta importante serie, felizmente no aban- donada, en que se inserté su estudio sobre ef Congreso de Pa- nama de 1826 y la documentacién paralela. Dentro de su re- lativa concisién, ese estudio de Porras Barrenechea, sobre el Congreso de Panama, es el mas interesante de su indole que se haya publicado, porque revivid los antecedentes y el ambiente de la convocatoria y de fa realizacién del Congreso y puso especial y justificado énfasis en destacar la decisiva participa- cién peruana en su realizacién y la actuacién de los delegados Pperuanos y, especialmente, de don Manuel Lorenzo Vidaurre. Durante cuarenta afios, es notoria Ia vinculaciédn del doctor Porras Barrenechea con Ia vida internacional del Pert. Ade- més de haber ocupado en el Ministerio de Relaciones Exterio- res, antes que las funciones de Jefe de portafolio, las de Di- rector de los Departamentos de Limites y de Relaciones Culturales, el doctor Porras fué miembro de la Delegacién del Pert a las Conferencias Peruano-colombianas de Rio de Ja- neito, en 1933, sobre el problema de Leticia, representante en ja Liga de las Naciones y Embajador en Espafia, misién que correspondia a su vocacién intelectual La Sociedad Peruana de Derecho Internacional considera que rinde un destacado homenaje a la memoria del doctor Porras, publicando el discurso pronunciado en nombre de va- tias instituciones académicas, entre otras la nuestra, por el doc- tor Jorge Basadre, en el sepelio del ilustre historiador e inter- nacionalista ELOGIO DE RAUL PORRAS Por LUIS ALVARADO GARRIDO * Con la doble congoja de Ministro y amigo, traigo, en esta ‘ra verdaderamente crepuscular para la cultura del Pert, el encargo del Gobierno de rendir el postrer homenaje a la escla- recida y egregia figura de Radl Porras Barrenechea. La desaparicién del ilustre maestro enluta definitivamente al Parlamento y a la Universidad, a las Letras y a la Diplo- macia, pues Porras tuvo la multifacética personalidad de los verdaderos humanistas, la de aquellos que, en vez de encerrarse en la torre marfilefia de las ideas y los suefios, hacen confluir en su vida la especulacién intelectual y la actividad humana, a despecho de los a veces inevitables conflictos entre la lealtad terca a los principios y las concesiones obligadas a la realidad. Con el viaje definitivo de Porras, el Perti pierde a uno de sus mas preclaros diplomaticos, al hombre que por espacio de cuarenta afios dedicé no sélo ja finura de su inteligencia estudio de los complejos problemas de la vida internacional del PerG, sino al investigador que supo acentuar en ese que- hacer la vocacién cardinal de su existencia: su pasién por el Perti, fraguada en los puros troqueles de su emocidén peruanis- ta y de su extraordinario conocimiento de la historia y de la geografia peruanas. No se podré olvidar jamds su dedicacién pugnaz, su férrea tenacidad y su maravillosa inteligencia puesta al servicio de la Discurso pronunciado, en nombre del Gobierno Peruano, por el Mi- nistro de Trabajo, Encargado de la Cartera de Relaciones Exteriores, doctor Luis Alvarado Garrido, en 1a ceremonia de inhumacién de los restos del que fuera ex-Canciller de la Repiblica y Senador por Lima, Rail Porras Barrenechea 6 — defensa de los derechos del Pert ni Ja impronta de su perso- nalidad sefiera en las cuestiones de limites con Chile, Colom- bia, Ecuador, desde los cargos de Jefe del Archivo de Limites, Consejero de la Delegacién del Peri a la Conferencia Peruano- Colombiana de Rio de Janeiro y de Asesor ‘Técnico del Minis- terio de Relaciones Exteriores, cn 1926, 1934 y 1941. Su hue- Mla intelectual perdurard en sus libros sobre la “Historia de Jos Limites del Pera” y “Ei Congreso de Panama” voiumen con el que inauguré el Archivo Diplomatico Peruano, los cua- tes hasta ahora son fuentes insustituibles de consulta, al igual que su ensayo biogréfico sobre su abuelo cl Canciller José Antonio Barrenechea; y en innumerables documentos diplo- méticos que ostentan el sello inconfundible de su estilo y que forman parte del patrimonio intelectual de la Cancilleria del Ferd y de su tradicién. Delegado ante la Liga de las Nacio- nes, Embajador en Espafia y Ministro de Relaciones Exterio- res hasta hace pocos dias, con la salud quebrantada pero con Ja mente icida, quiso recibir personalmente el juramento de la Primera Promocién de la Academia D:plomatica, objeto de tantos desvelos suyos. A esos jévenes que llevan su nombre, como cifra y compendio de su sacrificada vocacién por el Servi- cio Diplomatico, les dijo, con la voz quebrada por la emoci6n, que debian mantenerse siempre ficles a la dignidad del Pera y a la suya propia. Fue el legado péstumo de su entrafiabie amor por el Perti y de su culto por la verdad y por los valores morales, que cran, como queria Séneca, ¢l eje diamantino de su personalidad. Porras fué, a lo largo de su existencia y por encima de todo, maestro, en la total y definitiva extensi6n de la palabra. Amé6, con la serenidad de los humanistas del Renacimiento y con la inspiracié6n de Erasmo, a quien tanto admiraba, la inteligencia y la sabiduria, pero no para su propio deleite intelectual sino para lograr el goce supremo del espiritu de hacer entrega gencrosa y espléndida de los frutos de su es- fuerzo. A través de los afios, sin concesiones ni pausas, con hhondura sin par y brillantez inigualada, fue develando ante nifios y jévenes, en el Colegio y en la Universidad, en la con- ferencia, y en la leccién el sortilegio del pasado peruano y el eas PE sentido profundo de la Historia del Perd. Es por eso, tam- bién que la muerte de tan insigne maestro significa luto y dolor para la juventud peruana, a la cual consagr6é sus mejores dias y sus mayores empefios y de la cual, asimismo, nunca sc sinti6 extrafio o alejado. Su casa de Miraflores fue el hogar abierto a todos los estudiantes y a todas las inquietudes; nadie que se haya acercado a él, en demanda de ayuda o con- sejo, salié sin el regalo de sus ideas y de su orientacién. Las aulas de San Marcos y de la Universidad Catélica, del Ins- tituto de Urbanismo y de la Academia Diplomatica, del an- tiguo Colegio Anglo-Peruano y del Colegio Universitario vieron su figura breve y su cabellera de aeda y escucharon las pala- bras exactas de su dicci6n incomparable y de su rigor cartesiano. Profundo historiador, investigador incansable, exquisito es- tilista, su obra acusa las miltiples y brillantes facetas de su inteligencia. Son definitivos sus estudios sobre el Inca Garci- laso, Pizarro, las “Fuentes Histéricas Peruanas” y “Los Cro- nistas del Perti’”, asi como los dedicados a las grandes figuras del siglo XIX: Sdnchez Carrién, Mariano José de Arce, José Toribio Pacheco. Y seran paginas de antologia los discursos a José de la Riva-Agiiero y a Victor Andrés Belaunde, y muestra dilectisima de su emoci6n peruana el clogio a don Miguel Grau. Francisco de Vitoria y Tirso de Molina, Huaman Poma y don Ricardo Palma, merecieron de él agudos andlisis. Su muerte trunca la biografia del Patriarca de las letras peruanas, que habia rastreado exhaustivamente, y la del Fundador de Lima, para la cual poseia la documentaci6n definitiva. La pasién del Ferd que lo dominaba totalmente, lo Hev6 a realizar las anto- logias de Lima, la ciudad de su deleite, y la del Cuzco, la urbe de sus admiraciones; y su magistral estudio sobre el paisaje peruano, monumento de hondura poemAtica y erudicién elegan- te, permanecera como paradigma en la cultura peruana. Porras mantuvo incélume su posicién liberal, alejada de los dogmatismos y de los intolerantes y su creencia pertinaz en los valores supremos de la civilizacién occidental. De é quedard el recuerdo de su aspereza ética y de su valentia arro- gante para defender la dignidad humana y la libertad. Con Porras desaparece uno de los mas grandes valores del Peri de Legs todos los tiempos y uno de los cldsicos de su cultura. Por eso, a €l se le puede definir con sus propias palabras cuando, en ocasién semejante a ésta, despedia a esa gran figura que fue Riva-Agiiero: “Fuc sobre todo un gran peruano que seguird viviendo como un penate venerado al lado de Garcilaso y de Falma, en la regién olimpica de verd= esmalte, adonde no Hegan Ja Envidia ni el Odio, lejos de toda escoria humana. donde su espiritu resplandece bajo la mirada de Dios y dia- Joga va con las sombras de la Patria’. UN PRIMER ESQUEMA SOBRE PORRAS HISTORIADOR Por JORGE BASADRE * Traigo la representacién de la Academia Peruana de la Lengua, del Instituto Histérico del Pert y de la Sociedad Pe- rttana de Derecho Internacional al homenaje que recibe Rati Porras Barrenechea en esta hora de auténtica congoja nacional. Figura sefiera y combativa en el campo de la vida cultural, politica, diplom4tica e internacional, cualquier mezquino ra- zenar por aspectos episddicos se esfuma ante la conciencia dei enorme vacio que deja, de la fuerza en el perfil de su persona- lidad inconfundible y de la copiosa obra que lleg6 a producir y seguia produciendo. Técame hablar tan sélo de su genuino y excepcional des- tino de escritor, historiador ¢ internacionalista que fue, sin du- da, lo que més estimaba en si mismo. Desde muy joven evi- denciéd su calidad de escritor de raza y su consagracién al esclarecimiento del pasado nacional; y la estupenda biblioteca de libros, folletos y periéddicos leidos que lleg6 a formar, a tra- vés de muchos afios, sin haber sido favorecido con el privilegio de una gran fortuna no es sino una de las muestras de la sin- ceridad y la autenticidad de sus porfiados desvelos culturales. Los promisores trabajos de su época de estudiante, de funcio- nario de la Cancilleria y de catedratico incorporado al claustro de San Marcos desde 1928, vinieron a ser reforzados, considera- blemente, con las prolijas investigaciones que efectué durante Discurso pronunciado en el sepelio del Dr, Rail Porras Barrenechea. aoe HOO eee los afios de su estada en Europa, cuando le fue dable trabajar no sdélo en grandes archivos y en Bibliotecas Nacionales de varios paises sino también en poco frecuentados repositorios no- tariales, locales y familiares. Siguid agregando mds tarde a jas fuentes por él entonces recogidas las que obtuvo por btis- quedas, igualmente minuciosas e infatigables, en Lima y provin- cias en las que no cejé ni aun al ostentar, como en los Gitimos tiempos, altos cargos ptiblicos. Puede afirmarse, en suma, que ja dedicacién literaria, histérica ¢ internacional de Porras ha sido una llama que se ha mantenido ardiente y luminosa desde In predestinada mocedad hasta la descollante madurez, a tra- vés de su vida integra, al margen de las incidencias, alternativas o contrastes que ella pudo tener. A diferencia de los eruditos que se instalan en una 4rea, o dentro de un periodo, la vocacién peruanista de Porras irradid sobre todas las épocas de la historia nacional. Ello no fue fruto de vacilaciones frivolas o de versatilidad de “dilettante” sino expresién de fecundidad, de vigor y de constancia para trabajar, de aptitud para producir y de indeclinable ligamen a la dificil y lenta tarea que le atrajo y lo subyugé. Acerca de la cultura inca sus estudios sobre literatura, los mitos, las leyendas, ¢1 quipu y el idioma quechua son fundamentales. En el periodo de la dominacién espafiola, renové las perspectivas de sus ori- genes y acumuld, sobre ellos, abundantisimos materiales insos- pechades por muchos. De estos documentos publicé sélo una parte en ediciones como la de “Cartas” y “Cedulario” del Perd, las relaciones primitivas de la Conquista, la obra lingiiistica de Fray Domingo de Santo Tomas. “El Paraiso en «cl Nuevo Mundo” de Pinelo. Ai mismo tiempo las monografias sobre Pizarro (personaje cuya entusiasta revisién inicié6 y cuyo tes- tamento exhumé), los cronistas (tema de un libro premiado y sobre el cual deleit6 y asombré a un docto auditorio en Buenos Aires, hace pocas semanas), las fundaciones del Cuzco, Jauja, Trujillo y Piura, la influencia peruana de Vitoria constituyen, junto con otros estudios, como fragmentos de una enorme obra de conjunto. Sobre Ila Emancipacién, a los magistrales ensayos juveniles que dedicé a José Joaquin de Larriva y Mariano José de Arce, agreg6, mas tarde aportes que tampoco podrdn ser 1 = omitidos como, por ejemplo, los referentes a Sénchez Carrién (figura cuyo redescubrimiento es obra suya), el Congreso de Panama, Carlos Fedemonte, la Gran Bretafia y la independen- cia del PerG. Sustancial relacién con la €poca republicana tu- vieron muchos de sus trabajos como los que versaron sobre la historia del periodismo, la historia de limites, Felipe Pardo y Aliaga, Pancho Fierro, Ricardo Palma, Toribio Pacheco, José Antonio Barrenechea, Luciano Benjamin Cisneros, Grau. De la historia de la historiografia nacional traz6 un complejo cua- dro panordmico en un nutrido libro en el que hay un apéndice sobre las fuentes cartograficas. Y a lo que investigé sobre los origenes de las ciudades, se suma en otro plano, una adicional y deliciosa expresién en la gracil antologia de Lima y en la del Cuzco préxima a aparecer. Escribid, ademas, la historia de la literatura del paisaje en el Pert, magnificos ensayos sobre ei nombre y sobre el oro de este pais y gran conocedor de los viajeros que se ocuparon de él, publicé ediciones de algunas de esas relaciones y consagr6é paginas admirables a los que vi- nieron de Italia. Trat6 asi de distintas €pocas y de innumera- bles temas, alternando la historia literaria con la de cardcter politico, social, internacionai y cultural en el amplio sentido de esta palabra. Su talento se concentr6é en ricas monografias documentales; pero supo también brillar en la sintesis apre- tada, en la visién de conjunto y una vez con ejemplar conci- sién en el texto escolar. Particularmente fecundas fueron las perspectivas que abrié para el mejor conocimiento de figuras bdsicas como Garcilaso, Ricardo Palma y Riva-Agiiero. En su serie de biografias hay algunas que parecen de marmol o de bronce, siendo constante su predileccién a volverse abogado sin salario de los esfuerzos de la inteligencia y de la dignidad civica para iluminar las rutas del PerG. Asi fue cémo la ap- titud para el examen moroso de olvidados documentos y la escrupulosidad para recoger noticias exactas llevdronie a pu- blicar segtin queda dicho, en ediciones como nunca se habia hecho antes aqui, ignoradas fuentes documentales; y cémo pa- ralelamente, supo dar aportes propios puliéndolos hasta con- vertirlos en obras de arte. Por ello ocupard un lugar tan des- tacado cuando se haga la historia de la historia peruana en el a siglo XX. Porque el erudito acucioso en medio de sus papeles amarillentos tenfa un espiritu de rara agilidad, una de cuyas expresiones, en la vida diaria, era un conversar interesante y flui- do con notas cAusticas y sorpresas hilarantes. En nuestra tra- Cicién cultural aparece en forma persistente a través de los siglos el tipo de quipucamayoc que anota en forma precisa, cuidadosa y a veces 4rida el dato y la cifra; asi como también ©) tipo de haravec que canta o narra, con emocién o gracia a veces inseguras 0 que no pueden ser auténticamente ratificadas por una critica estricta. Porras une lo mejor de ambos. Parece hallarse imbuido en ciertas ocasiones, por el espiritu notarial de aquél; pero, sin destruirlo, triunfa en su obra siempre lo que hay de alfarero o de imaginero en éste. En su vasta produc- cién, acumulada a lo largo de los afios y mas vigorosa en la etapa reciente, a diferencia de los que escribieron notables libros juveniles y luego no los superaron, existe una profunda mina erudita Ilena de zigzagueantes vetas. Pero, ademas, él sabe erigir, encima de ella, la esbelta arquitectura que evidencia al gran estilista. Con todo derecho lleva ahora en su atatid la insignia de académico de la Lengua. Muchas de sus paginas son de antologia. Su prosa tuvo, en determinados pasajes, tibetes clAsicos, de acuerdo con quien desempefié con brillo, durante algunos afios, la cAtedra de historia de la Literatura Castellana; pero en innumerables pdrrafos emerge de pronto, con punteria certera de cazador, el ingenio criollo que en su caso podia generar el adjetivo preciso, el detalle atrayente, la anécdota adecuada y también podia ser, en no pocas ocasiones, demoledor e implacable. Del historiador tuvo no sdlo la larga paciencia y la aptitud para nuevos enfoques de las viejas cosas sino el don de evocar y de dar vida a lo que est4 muerto, la emoci6n retrospectiva que es el mds alto don en ese oficio. Y reiteradamente hizo gala de una viva elocuencia en la que vol- caba la trepidacién nerviosa de su espiritu apasionado, sin des- cender nunca a la fofa exuberancia tropical ni hacer uso de los manidos oropeles tras de los que se esconde la oquedad retérica. En relacién con ios problemas externos de la nacionalidad su actuacién fue, asimismo, siempre descollante. Funcionario de la Cancilleria desde sus dias estudiantiles, creador de la = 13 coleccién titulada “Archivo Diplomatico del PerG”, autor de un breve y enjundioso manual de historia de limites y del do- cumentado alegato, lleno de recéndita erudicién, sobre los lin- deros de la provincia de Tarata, participe gallardo en la de- fensa de los derechos nacionales en Ja cuestiones con Colombia, Ecuador y Chile, autor de una metdédica bibliografia sobre la Amazonia, Embajador y luego Canciller, alternaron en este plano constante de su vida la prosaica funcién administrativa, la exigente acuciosidad técnica, la impetuosa gallardia patrid- tica, el brusco ardor polémico y la merecida y alta representa- cién aacional. Dirigente estudiantil en los tiempos de la precursora re- forma universitaria de 1919, no olvidé, ni aun en sus jornadas postreras, rebeldias y actitudes independientes. Unido por ¢l afecto a hombres de una generacién anterior como Riva-Agiiero y Belaunde, de quienes hizo un generoso clogio, termina aso- ciado a la defensa de la democracia. El pueblo de Lima lo cligid Senador, en votacién excepcionalmente nutrida, y ese acto no implicé6 una paradoja traténdose de quien dedicara tantas horas de su vida al ayer; porque en sus escritos hay una insistencia constante en lo que significa oposicién a la vio- jencia y a la barbarie y una afirmacién enérgica de los fueros de la cultura y del espiritu. Aunque viviera preocupado, a veces con dramatica angustia, por las postergaciones de los ap- tos, los silencios solapados y las asechanzas aleves que pululan en la vida criolla, muere cuando acababa de ser Ministro y recibe hoy, como tal y por razén de su funcién parlamentaria, altisimos honores oficiales. Los merece, sobre todo, por su obra construida sin cansarse ni desilusionarse, exenta de todo atisbo de preocupacién mercantil y no amarrada a los postes de sectas o de dogmas, obra interrumpida por el tremendo acontecimien- to que tanto nos ha conmovido en lo mejor de nosotros mismos que nos ha hecho acudir, ahora aqui, apesadumbrados, a rendir homenaje, olvidando pequefieces, a este peruano eminen- te que tanto hizo para afirmar la fisonomia cultural y espi- ritual del Perti y su personalidad internacional, que no legé vierno de la vida y apenas si conoci6é el otofio que pone ce oro las hojas antes de dejarlas caer. 4 — Esperanzas, ilusiones, vividos recuerdos juveniles se aglo- meran en mi con honda pena. Los acallo al dar en palabras que tratan de expresar en forma somera, con la rigurosa asepsia de la objetividad, las razones por las cuales debia ser absolu- tamente imprescindible que en los multitudinarios funerales de Ratil Porras estuvieran presentes, en conjuncién, que en si es extraordinaria, e invocando valores que no mueren, tanto Ja Academia Peruana de la Lengua, como el Instituto Histérico como la Sociedad Peruana de Derecho Internacional. EL PERU Y LA CULTURA EN LA OBRA DIPLOMATICA DE RAUL PORRAS BARRENECHEA Por JORGE GUILLERMO LLOSA Porras Barrenechea tuvo tres hogares: el materno, donde reunia los libros, los recuerdos, y los discipulos: la Universi- dad, cuya cétedra iba en su compaiiia, como proyeccién per- sonal y con la que se identific6 desde el momento creador del Conversatorio sanmarquino; y cl Ministerio de Relaciones Ex- teriores que fué el escenario de su actividad profesional y el medio escogido para entregarse, desde la juventud hasta la muerte, a su pasién dominante y encendida por el Pert. La obra diplomatica de Porras Barrenechea no puede, por eso, aislarse del resto de su creacién personal, ni limitarse tam- poco al rastro objetivo de los actos y documentos en los que intervino. Biografias de concienzudos y meritorios defensores de los derechos internacionales del Perd pueden componerse con datos semejantes a los de Porras. En ellas podemos seguir el itinerario de inteligencias Hamadas a la polémica y al debate, en el foro internacional que no admite errores ni cobija tole- rancias. Pero esta reconstruccién biografica, con ser ejemplar, no ofreceria la genuina idea de lo original y perenne que tiene la contribucién de Porras a la tradicién diplomética del Pert, que él concibiéd, indesmayablemente, como proyecci6n del alma nacional y del culto a los ideales espirituales que han plasmado Ja fisonomia hist6rica de nuestra patria. Su obra se caracteriza por ese rastreo metédico, iluminado, y a veces angustioso, del ser del Per. Traté de arrancar el secreto de su paisaje —en la contemplacién directa o en las 6 paginas de Cieza, el Inca Garcilaso y Riva Agiiero— y logré sorprender la unidad nacional que se proyecta sobre la diver- sidad del territorio como un triunfo del habitante. Para Po- tras el Pert nace asi, desde los tiempos m4s remotos, unido a la obra de ia civilizaci6n que domina la naturaleza y le impone normas. Frente a lo salvaje y abrupto, del paisaje natural o de Jas agrupaciones primitivas, el Perti representa la ley, el orden fecundo, el equilibrio justiciero, la clemencia, la armo- niosa unién del hombre con la tierra y con el universo. Esto Jo ve Porras en “el paisaje mimado” del Inca Garcilaso, o en el estilo de nuestra vida colonial y republicana, no exento, ciertamente, de efectos, pero dominado siempre por un rasgo de espiritualidad y de sefiorio en el que se refleja una larga tradicién de cultura. Por su posicién geogréfica y por su mi- sidn histérica, el Pert: surge en Sudamérica como un Estado llamado a la sintesis, al nexo, al encuentro de todos los otros pueblos, bajo la sombra propicia de su prestigio milenario. Como herencia gravosa de primogenitura, el Perti ha debido sostener él destino del continente suramericano, con sus glorias y sus infortunios; ha debido conciliar el abolengo americanista con su lealtad al entronque ibérico y le ha tocado en suerte, por mayorazgo, defender un patrimonio territorial] en el que se identificaba la gloria pasada y el destino por venir. La historia de la RepGblica Peruana, dicta una leccién de tragedia y de congoja; una permanente y angustiosa tensién entre el Pert ideal —el dei recuerdo y el del futuro— y ei Pert reai, dividido en lo interno y asaltado desde el exterior; dominado por vicios acumulados de servidumbre indigena € hispanica y por pecados nuevos de hipocresia democratica o caudillismo desembozado. Es un Pera que duele a los que lo aman y por ello la peruanidad de Porras estaba oprimida por ese pesar de corazon y por esa vehemencia de restaurar la patria a su pre- destinada majestad y grandeza. En él, el destino del Pert aparece vinculado a tres elementos fundamentales: ¢l territo- rio, la cultura y la dimensi6n americana. Son rasgos que na- cen del suelo y de la historia pero que se proyectan necesaria- mente a la vida internacional para encontrar en ella su cum- plido término. wee 17? axe En su visi6n integral de la peruanidad, el territorio na- cional corresponde exactamente a una vocacién preestablecida de unidad y de armonia. La historia no ha hecho sino descu- brir esa entidad territorial del Pera que estaba ya predeter- minada por la naturaleza y por el cardcter de sus hombres. Esto lo advierte Porras siguiendo lo que dice Garcilaso con relacién a la extensi6n del Imperio Incaico, cuyos limites se cetienen en el trépico inhéspito y cuyas 4speras montafias se dul- cifican en la imaginaciédn mitica y en la visi6n amabie, simbé6- lica, de la cosmogonia quechua. Los conquistadores y particu- larmente Pizarro, tuvieron una fuerte intuicién del Pera como unidad territorial indivisible. En el discurso académico sobre Pizarro, “el fundador’, Porras sostiene la tesis de la peruan’- dad del conquistador espafiol, que gobern6 este territorio como propio y se opuso a la desmembracién que pretendia Almagro. “La espada de Pizarro —dice el historiador— marcé asi tajos de hazafia, sobre los esteros de Timbez, en las selvas de Jaén y de Moyobamba, en el arenal surefio y en la cinta de luz de los rios amazénicos los intangibles linderos del Pert”. Para Porras, la obra de los misioneros y gobernantes del virreinato y de la diplomacia republicana fue una consolidacién de esa visi6n esencial del territorio peruano, considerado no como una mera extensién fisica sino como el sustento providencial de su tradicién y su destino. La actividad diplomatica desarrollada por Porras Barre- nechea en defeasa de los derechos territoriales del Pera esta imbuida de ese espiritu trascendente que la eleva, por sobre el circunstancial interés del momento, a una creacién perma- nente dentro de nuestra historia cultural. El territorio peruano, en el que se resuelven los contras- tes y coexisten los climas y las especies, ha germinado una disposici6n en sus habitantes, que forma «1 sino caracteristico de su cultura. “La civilizacién peruana se forja en los valles c4lidos de la costa o en las quebradas quechuas, modelando el alma de un pueblo aferrado a la tierra, con un don de equi- librio, enemigo del exceso y de la violencia, en el que dominan, para conformar la civilizaci6n peruana, una nota de humani- dad, de tolerancia y de disposicién para la cultura” (Discur- es TG 4 sc en respuesta al agasajo del Cuerpo Diplomatico, publicado en el “Boletin Cultural Peruano” N’ 2). Porras reitera este pensamiento diciendo: “Los Incas en el momento en que Ile- garon a la forma universal, propugnaron la expansi6n civili- zadora y persuasiva, y por el respeto de Jas creencias y de la personalidad humana del vencido o del débil, por su instinto de unidad social y cultural, forjaron, desde antes de nacer como nacién moderna, el ethos internacional del Pert, al que hemos sujetado nuestra accién en la historia”. De esta manera, el territorio, la cultura y la conducta internacional se unifican bajo el signo de la civilizacién y de los valores éticos que cons- tituyen la contribucién fundamental del Per al desarrollo his- térico de Amércia y a ja vida de relac’6n entre sus pueblos. El pensamiento de Porras Barrenechea, sobre la accién internacional del Per, se polariza en estos extremos; el terri- torio y la misién civilizadora. El contorno y el confin, come diria Belatnde. El contorno inmediato de la Patria, es su suelo y sus linderos creados por Ja obra de las generaciones; el confin se proyecta mds all4 del espacio y del tiempo, como el horizonte ideal que guia, orienta y atrae la marcha de la nacién peruana. En ambos campos realiz6 Porras obra dura- dera de investigacién y de creacién para dar a conocer a los peruanos las dimensiones territoriales y espirituales de su pro- pia patria y para hacer amar y respetar, en el ancho hogar de América, esta imagen del PerG singular y primogénita. Veamos, sucintamente, algo de lo que en el curso de su vida consagrada a la cultura y a Ja diplomacia ha dejado Rati Porras en las especies consagradas de sus libros. Mucho —tal vez si lo mds precioso de su empresa— se ha perdido para siempre con el silencio de su magisterio personal o se ha con- fundido en el torrente impersonal de la vida. Su estilo y su espiritu palpitan sin embargo, en los documentos de la Can- cilleria y en la influencia permanente del recuerdo. En el afio 1926, a los veintinueve de su edad, Porras Ba- rrenechea, en su calidad de Jefe del Archivo de Limites de nuestra Cancilleria, publicé6 la “Exposicién presentada a la Comisién Especial de Limites sobre la frontera Norte del terri- torio de Tacna”’. Se trataba de resolver el problema de la pro- es 10 pes vincia de Tarata retenida por Chile, pese a que ella no figuraba las estipulaciones del Tratado de Ancén, referidas exclu- amente a Tacna y Arica. Segtin ese tratado, el Pert sos- que debia regresar a la soberania peruana todo el terri- © que no perteneciese explicitamente a Tacna, cuyo destino unto con el de Arica— quedaria librado a la decis'én ple- iscitaria. La Exposicién de Porras es de una erudicién maciza * de una fuerza dialéctica incontrovertible. El] autor demues con inmenso acopio histérico y documental cuales eran los mites de Tacna en el afio 1883, de acuerdo a la demarcacién territorial del virreinato y de la Reptiblica, asi como en base = la prueba supletoria de la jurisdiccién eclesidstica. Refuerza su exposici6n con un cuidadoso cuadro de conjunto sobre la oria y la geografia regionales, en el que logra un capitulo interés permanent: para nuestra bibliografia regional. En esas paginas vibra el tierno nacionalismo del historiador, que se recrea en la evocacién del pasado de esas peruanisimas pro- neias en las que desde el incario ha dejado sus huellas vi- ntes la peruanidad. Concluye su exposicién demostrando lo absurdo que se seguiria de la pretensién de la otra parte, en el sentido de que si se tratara de probar lo que no pertenecia a Tacna habria que Ilevar la probanza a todo el resto del terri- torio peruano. Producida ja Exposicién chilena ante el Arbitro, sobre ei mismo asunto, Porras escribe su vivaz “Replica”. En ella el autor luce sus conocidas dotes de polemista y desarma la Exposicién contraria puntualizando que €sta se aleja en gran parte de la cuestién disputada, y trata puntos ajenos a la mis- ma y sin respaldo alguno de documentos; seguidamente res- taura la’ diseusién en su centro que no *s otro que el Laudo sobre Tarata, cuya validez incontrovertible refuerza, despejan- do las dudas que insinuaba la Exposicién chilena. Consciente je la solidez de su posicién, el abogado peruano ofrece espon- ‘aneamente a los contrarios algunos documentos para comple- tar la deficiente prueba cartogrdfica por ellos exhibida y pro- pone los mapas fundamentales de Pentland y D’Orbigny. En 1 metédica refutacion, Porras descarta la pretensién chilena ce entrar a discutir los limites peruano-bolivianos y reitera que tow 120 ee io Gnico que est por dilucidar ¢s la extension de la province: de Tacna cuya prueba corresponde a Chile, por efecto del el mental principio de derecho de que quien invoca debe proba: La pasién y la integridad que ponia en su trabajo, cuar do se trataba de defender ios derechos peruanos, no nublé si- embargo su claridad de comprensién y la serenidad de su ju cio. Prueba de ello estA en que una vez firmado ei Tratad con Chile, en el afio 1929, Rad] Porras publicé su “Histori ce los Limites del Pert”, dedicada a los alumnos de Segund Ensefianza. En este librito —primigenio en su género— ¢< autor resumié con claridad pedagégica su inmensa informaciér sobre la materia, dejando un documento clasico por su conc: sién, solidez y elegancia. En él escribié estas palabras, sobr el arreglo de la cuestién con Chile, que revelan €] sentido cons tructivo que tenia de la historia y del patriotismo: “Apart: de que la verdad no es posible ocultarla y de que es ingenuc olvidar la historia, el estudio detenido de la cuestién peruano- chilena puede servir para constatar cémo la concordia es po- sible atin dentro de las mas irreductibles controversias de lo: pueblos y, sobre todo, para estimular el anhelo de que el por- venir sea diferente y superior al pasado”. El paso de Porras por el Archivo de Limites —que otro: nombres ilustres habian prestigiado— testimonia la profundi- dad de su visién internacional, que no limité a los problemas candentes del momento sino que quiso ensanchar con la r-- construccién severa y metédica de nuestra tradicién diploma- tica. Surgié asf el primer volumen del Archivo Diplomatic: Peruano, coleccién destinada a reproducir documentos del ri- quisimo ¢€ ignoto repositorio de la Cancifleria, para propia ilus- traci6én y afirmacién de la limpia trayectoria internacional de. pais. Ratil Porras hizo la recopilacién y escribié el prélog< de ese primer volumen, dedicado a “El Congreso de Panamé (1826)”, cuyo centenario se conmemoraba en aquellos afios. Familiarizado por sus estudios sanmarquinos con la investiga cién histérica y el trato con las figuras proceras de la Indc- pendencia Peruana, el autor dibuja en su estudio prologal los Pperfiles sugestivos de los primeros estadistas del Pert inde- pendiente. Sanchez Carrién, el “tribuno de la Reptiblica” 5