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TOMO XIX JULIO - DICIEMBRE 1959 N° 56 SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL CONSEJO DIRECTIVO Presidente: Dr. Alberto Ull Vice-Presidente: Dr. Juem Bautista de Lavalle Secretatio: Dr. Enrique Garcia Sayan Pro-Secretario: Dr, Edwin Letts S. Tesorero: Dr. Genzalo Fermdndez Puyé Pro-Tesorero: Dr. Manuel Garefa Calderén Vocales: Dr, Francisco Tudela y Varela Dr. Victor Andrés Belatnde Dr. Pedro Ugarieche Dr, Aguilar Comejo, David » Alvarado G, Luis » Aramburi, José Félix « Aromburi Menchaca, Andrés » Barreda Laos, Felise » Bascdre, Jorge u Belevinde, Vietor Andrés » Bustamante y Rivera, José L. » Detstua A. Alejandro » Espinoza Saldafic, Adén Elguera, Juan Ignacio » Fernéndez Puyé, Gonzalo » Ferrero R., Rath » Garcia Calderén, Manuel » Garcia Gastafiera, Carlos , Garela Sayén, Enrique » GonzGlez Dittoni, Enrique MIEMBROS Dr. Arévalo, Carlos » Békula, juan Miguel 1 Delgado Trigoyen, Javier » Encinas Pando, Iosé A. » Hturriaga R., José Dr. Hoyos Osores, Guillermo » Tberico, Manuel » Lavalle, Juan Bautisia de 1 Letis, Edwin » Leén Barandiaran, José « Lavalle, Hernando de » Metica, Carlos » Matrina, Manuel Felix » Miré Quesada, Luis » Miré Quesada Sosa, Aurelio » Neuhaus Ugarteche, Carlos » Porras Barrenechet, Ratil « Progie, Vicier G. » Romero, Emilio » Schwalb L. A. Fernendo » Soll y Mure, Alfredo » Tudela y Varela, Francisco a Ugerteche, Pedro n Ulloa, Alberto ASOCIADOS Dr. Llosa Pautrat, Jorge , Morel P., Auguste » Ulloa P., Bolfvar » Vegas Garcia, Jorge , Wagner de Reyna, Alberto SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL TOMO xix JULIO-DICIEMBRE DE 1959 Ne 56 REVISTA PERUANA DERECHO INTERNACIONAL ORGANO DE LA SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL ® COMISION DE LA REVISTA Alberto Ulloa Miguel Bakula P, Pedro Ugarteche Fernando Schwalb Edwin Letts Victor Proafio JEFE DE REDACCION Gonzalo Fernéndez Puyé SUMARIO / PAGS. Jorcr GurLteRMo Liosa P.—San Martin y la personalidad inter- nacional del Pert * nee 2, ANTONIO BELAUNDE Mo! YRA.—Las. relaciones entre el erecho Internacional y el Derecho Interno en el pensamiento del Pro- fesor Georges gScelee 60 stieuscatcs ts ia oueGd os Re ieee ees PA 102 ORGANIZACION DE LOS EsTapos AMERICANOS V Reunién de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, 89 Acta Final 114 Discurso del doctor Rail Porras Barrenechea, Ministro de Re- laciones Exteriores del Perti, en el almuerzo que el Congreso Nacional de Chile ofrecié a los Cancilleres Americanos .... 140 Discurso del doctor Ratil Porras Barrenechea, Ministro de Re- laciones Exteriores del Perti en Ja sesién plenaria ........ 144 NACIONES UNIDAS El doctor Victor Andrés Belatinde, Presidente de la XIV Asam- TGS RGRHRESE sc cin ae poy ag 5a pm meus oy Kone ae, be HY 149 Discurso del Dr. V. A. Beladnde al asumir el cargo de Presi- dente de la ONU 150 laciones Exteriores del Peri en ia sesién leneta eee 152 Discurso pronunciado por el doctor Alberto Ulloa, Presidente de la Delegacién del Peri a la KIV Asamblea General, sobre SINE salen Gams se cecnnecs gen. aman ta eer aie 161 Discurso pronunciado por el doctor Alberto Ulloa, Presidente de la Delegacién del Peri a la XIV Asamblea General, sobre el problema de Argelia ............ a 168 Consejo INTERAMERICANO Di S AV Reunion —— Acta Binal woo. ccscesmmeape one: nonenuasnvesn tne sag asnmcomry asd 174 Discurso del doctor Alberto Ulloa, Representante de! Pert, SobRS Bf AGG oe. ies 4 ot ewes a oh SRE ed REESE 233 ACUERDOS INTERNACIONALES — Acta Final de la IV Reunién de la Comisién Mixta Peruano- Boliviana ... 238 NOTAS BIBLIOGRAFICAS .. 245 CALENDARIO DE SUCESOS INTERNACIONALES 247 INDICE DEL TOMO XIX . 264 LIMA-PERU La responsabilidad de las ideas y opiniones sustentadas en Ios articulos y notas correspon- den exclusivamente a sus autores. LA COMISION SAN MARTIN Y LA PERSONALIDAD INTERNACIONAL DEL PERU El proceso de formacién de la personalidad nacional del Peri es Gnico en la América meridional. Las etapas que han sefialado la evolucién politica de las nacionalidades curopeas —desde la barbarie al estado universal— se pueden también reconocer en nuestro devenir histérico en el que la irrupc.6n de la cultura occidental se efectGa sobre un suelo que ya ha labrado el hombre con sus instituciones y su sabiduria. Esto, Gue es un timbre de gloria, constituye también cl complejo presupuesto de nuestro desarrollo nacional y explica muchas de sus contradicciones y frustraciones. Como hay tres Pertes geogrAficos, hay, igualmente, tres Perties histéricos que no han logrado todavia fundirse en el estado nacional unitario y cons- ciente de su pasado y de su destino. Esta es la tarea del espi- vitu y por eso, los hombres que han hecho historia en el Pert son, fundamentalmente, los grandes promotores de las empre- gas espirituales. La realidad culturai e histérica que llamamos el Perti de- jé establecidos sus caracteres fundamentales de civilizacién y dignidad imperiales, para usar las expresiones de Belatinde, con la obra del incanato. La incorporacién de nuestra patria a la historia universal y al Ambito de la civilizacién de occi- dente es el balance del Virreynato, en el que se inicia y asien- ta el proceso de mestizaje racial y cultural que constituye uno de los elemenos bdsicos de ia peruanidad. El Inca Garcilaso de la Vega, en quien se reGnen dos mundos y dos sangres, ¢s asi uno de los simbolos mas puros y perennes del Pertti y Amé- rica. El transito de esta realidad social peruana del siglo XVIII a la forma politica del Estado independiente ofrecia el tremen- ‘ass QO! om do dilema de optar entre la tradicién —que suponia los regi- menes autoritarios del incanato y del virreynato— o la revo- luci6n liberal que podria desgajar las raices histéricas en las que el Pera encuentra el vigor de su personalidad nacional. Lo- grar la independencia del Peri y su constitucién como Estado democratico sin renunciar a su primogenitura histérica, susten- tada en la tradicién civilizadora del Imperio del Cuzco y del Virreynato de Lima, era una tarea que s6lo hombres extraor- dinariamente dotados de sensibilidad espiritual, de abnegacién y desprendimiento, de dotes de autoridad y de mando, po- drian Mevar a buen término. José de San Martin representa el hombre providencial que toma en sus manos esta inmensa tarea y la termina con una grandeza a la que recién la poste- ridad ha podido dar el merecido crédito. San Martin, al capitanear la guerra de la independencia peruana, lo hizo sin traicionar los valores propios de su pueblo. No intent6 imponerle un sistema de gobierno ni entendié su empresa como una simple jornada militar. Por el contrario, asumi6 sobre si la carga de tutor y de maestro y se sometié voluntariamente a la condicién del discipulo que quiere apren- der y conocer la nacién que protege con sus armas y con sus Jeyes. Si el Pera nace a la vida independiente con una defini- da personalidad internacional, con la fuerza intacta de su pres- tigio hist6rico y con el reconocimiento de la funcién de pri- macia espiritual que le corresponde dentro del concierto de las maciones americanas, es porque al frente de sus destinos, es- tuvo un hombre capaz de amar su tradicién con emocién de hombre americano y de confiar inquebrantablemente en su fu- turo. José de San Martin, cuya memoria hoy honramos, me- rece por ello el titulo de padre de nuestra patria y protector perenne de su porvenir. Justo es reconocer que el cardcter libertario de Ja expedi- cién sanmartiniana, respetuosa de la voluntad de los pueblos, de su honra y de sus bienes, es la ejecucién de las instruccio- res terminantes emanadas en ese sentido por el Gobierno de las Provincias Unidas del Rio de la Plata y refrendadas en el tratado suscrito con la Reptiblica de Chile para Ja libertad del Pert. Desde su desembarco en la bahia de Paracas, el 8 de Setiembre de 1820, San Martin se dirige al pueblo peruano co- mo si se tratara de su propio pucblo. Envia la expedicién de — 1 — Alvarez de Arenales a la sierra para despertar el fuego liber- en los no apagados rescoldos de la poblacién indigena, edera del espiritu de Tupac Amaru y de Pumacahua, y or- iza los primeros cuerpos de la Legién Peruana, destinada compartir la gloria de Ayacucho y a asegurar al soldado del PerG un puesto de honor en la campafia militar de su inde- pendencia. El Reglamento Provisorio de 12 de febrero de 1821 es el primer documento de demarcaci6n politica del Pera indepen- nte. Aunque faltaba atin la partida definitiva contra las uerzas realistas, ya nuestra Patria adquiere, desde ese mo- nto, personeria juridica internacional contando con el fun- camento territorial y el gobierno propio. Al crearse, el 3 de Agosto de 1821, los tres Ministerios de Estado, surge el 6rgano Ja politica internacional del PerG, el Ministerio de Rela- nes Exteriores, y un peruano ilustre, Hipélito Unanue, al- canza la responsabilidad de la funci6n ejecutiva, en el Ramo Hacienda. Bajo la autoridad militar y politica del General n Martin el Peré es algo mds que un teatro de operaciones » un sector mas 0 menos importante de Ja revolucién amcri- cana, Nuestra Patria se afirma como un personaje activo y responsable en Ja contienda que la desgarra y contribuye con su aporte de hombres y de ideas a la definicién de la fisono- mia moral y politica dei continente. La obra de San Martin en pro de la afirmacién de la per- sonalidad nacional e internacional del Peri debe ser estudia- Ga, principalmente, a la luz de dos enfoques fundamentales: <1 Estado y la Naci6n. Para el Protector ambos eran términos isolubles, pues mientras el Estado independiente asegura- la vida de la Naci6n, ésta le conferia el fundamento y el sentido, dando contenido y razén de ser a sus instituciones. Fué San Martin adverso a las utopias teéricas y a las refor- prematuras. Su ‘filosofia politica se inspir6 en la nece- d de crear un Estado que pudiese garantizar, sobre bases es, la mayor felicidad de los ciudadanos. Antes que lan- ¢ a especular sobre una reptiblica aérea, San Martin opté camino austero pero seguro de ensanchar y enriquecer las es nacionales en las cuales la organizacién politica debe se para no desaparecer en la triste condicién de letra uerta y de ley incumplida. — 92 — La politica de San Martin est4 orientada a exaltar los valores espirituales que confieren a la nacionalidad su cohe- rencia y Su conciencia histérica; a educar al pueblo para po- der garantizar una vida democrdatica honesta y auténtica; a dignificar la vida civica respetando la voluntad popular libre- mente expresada, premiando el mérito y sancionando los deli- tos; a inculear en todos los ciudadanos la conciencia de que la libertad no es un fin sino un medio que implica responsa- bilidad y deberes, y que exige la virtud de cada uno como ga- tantia del bien de todos. La férmula de la jura de la Independencia, proclamada ante el pueblo de Lima en el memorable 28 de Julio de 1821, constituye una sintesis nitida del pensamiento sanmartiniano en el que se hermanan los principios de libertad y de perua- nidad, de Estado y de Nacidén: “El Pert es desde este momen to libre e independiente por la voluntad de los pueblos y la justicia de su causa que Dios defiende”. Comentando estas pa- Jabras ha dicho Jorge Basadre: “Es ésta una declaracién con taiz y alas. De un lado San Martin se vuelve hacia el pasado y afirma la raigambre de la realidad humana y territorial Ila- mada Pert. De otro, se vuelve hacia el futuro y formula la promesa inmensa de la libertad. A esta colectividad que has- ta entonces era s6lo un conglomerado hist6rico-geogrAfico, la unge con los atributos filosdfico-politicos de la soberania. Afirma asi, al mismo tiempo, los vinculos de nuestra tra- dicién y los vinculos de nuestro destino”. En el Estatuto Provisorio promulgado el 8 de Octubre de 1821, la introduccién es tanto o més importante que el articu- lado. En ella se revela el pensamiento y el cardcter de su au- tor. San Martin declara con franqueza que asume el poder po- Kitico y militar impulsado por el “imperio de la necesidad, 1a fuerza de la razén y la exigencia del bien pttblico”. No pro mete nada que no pueda cumplir, ofrece medidas practicas y realizables antes que declaraciones efectistas, y jura garanti- zar el Estatuto con su persona antes de exigir de los demas ei juramento de obediencia. San Martin sefiala los propios limi- tes de su poder garantizando la independencia del Poder Judi- cial que, segtin sus palabras, “es la Ginica y verdadera salva- guardia de la libertad del pueblo”, y anunciando la convoca- em toria al Congreso soberano para que determine la Constitu- cién definitiva del Estado y su forma de Gobierno. En este documento se consagran las garantias individua- les y se dispone la eleccién de las municipalidades como 6r- ganos de expresién y gobierno de la soberania popular. Por el articulo 8? del Estatuto Provisional se establece que el protector, en consulta con su Consejo de Estado, “Nom- brara los enviados y cénsules cerca de las cortes extranjeras y promovera el reconocimiento de la independencia del Pert, ajustando tratados diplomaticos o comerciales que sean con- formes a los intereses del pais”. Por otras disposiciones se proclama la libertad de los nacidos en el Pert, la comtin na- cionalidad americana y la libertad responsable de la prensa. Queda asi constituido el Estado peruano con una ley su- prema que sefiala limites y cauces a su autoridad y con todos les atributos materiales y politicos exigidos por el Derecho Internacional, incluyendo el derecho de representacién activa mediante el nombramiento de enviados diplomAaticos. Bajo el imperio de las circunstancias, de la vacilante cam- pafia militar y de la insegura situacién politica, San Martin constituye un Estado autoritario pero, al mismo tiempo, res- petuoso de la ley y de la voluntad popular. Concilia asi las dos supremas exigencias del momento: la emancipaci6n y la afirmacién democraética de Ja nacionalidad. No quiso San Martin reemplazar un despotismo por otro ni incluyé entre sus planes reservas nacionalistas y cAlculos basados en futuras rivalidades. Deja a los peruanos Ja libre eleccién de su forma de gobierno y de su carta constitucional. La obra politica de San Martin comienza propiamente con el Estatuto Provisional. Su empefio es asegurarle al Peri un gobierno que garantice su independencia y su ordenado pro- greso. Su simpatia por la férmula monarquica no obedece a otras causas. Ella est4 dominada por la misma necesidad que lievara al Libertador Bolivar a formular su constitucién vita- licia, El espectro de la anarquia, de la tirania y de la violen- cia, y la fustraci6n de la obra de la independencia con la pér- dida de las libertades, pesé6 en el alma del Protector quien enfil6 derechamente hacia la solucién que creyé6 mejor para el Per, aunque ella le enajenara simpatias y adhesiones. Riva Agiicro, y més recientemente de la Puente y Candamo, lamen- = 94 — tan que no prosperara el programa sanmartiniano que, segtin creen, habria asegurado al Peri la pacifica evolucién dei Imperio del Brasil ahorrandonos las turbulancias internas y los sicesivos conflictos internacionales que enmarcan con reflejos de sangre y de fuego el inicio de nuestra vida republicana. Es dificil entrar en el terreno de estas conjeturas y prefiero aco- modarme en este caso al sentir de Sartre para quien en la vida como en la historia lo tinico que tiene valor real y ser pleno ec la existencia vivida; no la que pudo ser. La leccién que debe inspirarnos el plan de San Martin no radica en sus hi- potéticas virtualidades sino en la inspiracién realista que la anima. La mentalidad de San Martin se apoya en el Pert histérico y geogrdfico de su tiempo y busca un estado y una forma de gobierno que correspondan a esa precisa circunstan- cias. En él se anticipa la férmula de Maridtegui que recla- mara, para los problemas peruanos, soluciones peruanas. La tragedia de la vida republicana del Pert es el divorcio entre el Estado y la Nacién, entre la teoria constitucional y ja ignorancia de las masas, entre el aparato administrativo y la anemia civica y econémica del grueso pueblo. El pensa- miento sanmartiniano previd, con genial clarividencia, el sino fatal que significaria para el Peri el abandono de la nacién como sustento y fin del Estado. El protector del Peri mantuvo su palabra de cumplir el Estatuto que su honor garantizaba. Los ejemplos de despren- cimiento y desinterés que ofrece la vida del General San Mar- tin son una leccién de civismo que no puede omitirse al hacer el balance de su obra de estadista. En la politica, el ejemplo personal influye tanto o mas que las ideas y los programas. Con sus actos, el Protector mantuvo la integridad y el valor de los principios consagrados en la legislacién. Di6 la prueba cabal de la pureza de sus intenciones y sefial6 un ejemplo a quienes en el Perti ejercen cargos ptblicos sobre el deber de patriotismo que debe primar sobre toda consideracién o inte- rés privado. San Martin pospuso siempre su gloria a las é gencias de su conciencia. Como gobernante del Perti sacrificé su posicién personal por la salud del Estado. Comprendiendo la necesidad de contar con el apoyo de Bolivar y ia inconveniencia de actuar ambos en la misma es- cena peruana, le cedié el campo, confiando en el genio del Begs yertador la coronacién de la independencia peruana por él ada. Convoc6 al Congreso Constituyente, sabiendo que adverso a sus ideales mon4rquicos y renuncid ante él ndo crey6 llegado el momento de que un cuerpo soberano iera la autoridad en el Pert. Considerando peligrosa su sencia de militar afortunado transfirié las insignias del ndo a las autoridades elegidas por la nacién peruana y las omendé a las luces de la Providencia y a la devocién del lo. Afios més tarde, en 1839, declind la propuesta que le formulara el Gobierno argentino para ser designado Em- ajador en el Pert, aduciendo delicadamente que como Ge- neralisimo del Ejército Peruano no tendria la suficiente in- nendencia en el ejercicio de su cargo. La figura de San lartin emerge como un modelo de gobernante en quien la ca no es una actividad refiida con la moral sino puesta 1 servicio de los mayores ideales humanos, como son la jus- , el bien y la libertad. Asi como en la antigiiedad se buscaba en los Varones de arco el modelo herdico que ofrecer a la juventud, en nuestro tiempo debemos avivar el culto de los valores morales © encarnan préceres como el libertador San Martin. Ante ienes parecen dominados por el sentido sensualista del po- er, como malos discipulos de un maquiavelismo vergonzan- =. hay que oponer ensefianza de la historia cuyo juicio nitivo e inapelable premia siempre la virtud y rechaza ystinadamente la m&xima mendaz de que en politica todos medios son buenos. Los principios consagrados en el Estatuto provisional fue- ron Ilevados a la realidad para la que habian sido concebidos. ha criticado, en este sentido, la oportunidad de la convo- ria al Congreso Constituyente y el envio de la primera 6n dipiomdtica peruana ante los gobiernos de América y opa. Con relacién al Congreso Constituyente hay que afir- rotundamente que, si bien comprometi6 la estabilidad po- a y el desarrollo de la campafia militar, aseguré la plena ania de los peruanos tanto en el aspecto politico de go- bierno interior cuanto en el aspecto internacional ya que fue ocasiOn para que se movilizara el sentimiento peruanista de stras regiones periféricas y se pronunciaran entusiastamen- so por la nacionalidad peruana las provincias de Jaen y de — 9 — Maynas cuya posesién reclamaria mas tarde la Reptiblica de Colombia. Pese a todas las fallas del gobierno tripersonal de nuestro primer congreso es indiscutible que con 4 se afirma la perua- nidad y nuestro pais define su patrimonio territorial, en base al principio de la libre determinacién de los pueblos, y su dignidad de Estado soberano por la libre eleccién de los man- catarios populares. Del mismo modo, el envio de la misién de Garcia del Rio y Paroissien con el propésito de gestionar el reconocimiento de nuestra independencia y sondear la posibilidad de establecer en el Peri una Monarquia independiente en la persona de un Principe de la realeza europea, puede ser criticada desde el Angulo de la oportunidad diplomatica y politica, ya que su objetivo mon4rquico contrariaba los principios republicanos de Ja mayoria de los peruanos y de las otras naciones de América, pero nadie puede dejar de reconocer que con esta Misién di- plomatica el gobierno peruano daba un testimonio efectivo de su existencia como autoridad independiente y dejaba su nom- bre firmemente establecido ante los gobiernos extranjeros que tanta influencia e importancia tuvieron en el remate de la emancipacién americana y en los afios de su consolidacién. San Martin concibié el ejercicio de la libertad y de los derechos politicos como una forma superior de la cultura, co- mo la expresién acabada del alma nacional. Se preocupé, por ello, de exaltar los valores tradicionales y presentes del espiritu peruano anticipandose a la concepcién de ese otro gran argentino que fué Sarmiento para quien gobernar fué sinénimo de educar. El siempre recordado Embajador argen- tino Luis Felipe Yofre, dijo con ocasién de la firma del Con- venio Cultural Peruano Argentino, que, “en su breve paso por ¢! gobierno, San Martin ejecuté tres actos de profundo signi- ficado. Fundé la Biblioteca Nacional de Lima, dié un Decreto destinado a proteger las obras de la cultura indigena preco- lombina, y ordendé Ja impresién de los «“Comentarios Reales” del Inca Garcilaso de la Vega». A estas medidas, cuya trascen- dencia histérica es notoria y que testimonian la sensibilidad de San Martin hacia los valores de la cultura nacional, debe afia- cirse la presencia significativa del Protector en actos que pu- sieron en evidencia su propésito de vincular al naciente Estado - 97 — la tradicién cultural de la nacién peruana. Es particular- mente representativa su recepcién en los claustros de la virrey- Universidad de San Marcos en la que la inquietud revo- naria encendié en una sola pasién a los maestros y los ulos. Esta continuidad hist6rica de nuestra primcra de estudios ha sido reafirmada por otro argentino ilustr ctual Presidente Arturo Frondizi, quien la ha llamado arnacion de lo més entrafiable y lo mas fecundo de nues- a América”. La politica peruana durante el Protectorado tiene ambien- agora en la que se discute, con elevacién y fervor, lo re- -o a la forma de gobierno que més convenga al naciente do. Nada revela mejor la estirpe espiritual de San Martin la atmésfera de pasién civica y de debate ideolégico que ropicié y que ha quedado como una ensefianza de con- cencia civica para los peruanos y un modelo de lo que debe juego de la democratica discrepancia cuando ella no otra inspiraci6n ni otro fin que el del amor al pais. 5 con las armas y los arreos militares vino al Pert la im- de la expedicién libertadora, arma de la inteligencia, ja cual el genio desbordante de Monteagudo difundié ¢i --nsamiento del Pera libre. Dentro del régimen legal de la se suscit6 un animado debate periodistico con la apa- de hojas, como “La Abeja Republicana” en la que se fa resueltamente los no ocultos planes monarquicos de n Martin y de su activo Ministro. El debate doctrinario que la prensa escrita Ilevaba al ca- a calle y de los hogares, adquiere rango académico con cién de la Sociedad Patriética en la que se renueva nidas intenciones politicas la labor peruanista de la sociedad de Amantes del Pais. El gobierno del Pro- no rehuye el didlogo sino mas bien lo orienta y cana- 4 finalidades constructivas, como corresponde a toda consciente de sus responsabilidades ante la ciuda- En la palestra de la Sociedad Patridtica se medira jento de los mon4rquicos y de los republicanos y a amplio eco el verbo y la sabiduria de la brillante generacién del liberalismo peruano en la que refulgen es de S4nchez Carrién, Maridtegui, Luna Pizarro, z de Mendoza, Arce y Tudela. De esta forma San =. 98 — Martin rinde tributo a la inteligencia del. Perti a la que quiere hermanar en la forma mas noble con sus actos de gobernante. Es preciso tener en cuenta que esta actividad y Ja de promocié6n educacional, realizada con Ja fundacién de insti- tutos de ensefianza, se lleva adelante, como dijera Monteagu- do, “casi a la vista del enemigo y en medio de los aparatos de la guerra”. Esta obra de elevacién y dignificacién ciudadanas, cum- plida en momentos de emergencia, es uno de los méritos no menores del gobierno sanmartiniano y una prueba més de su elevado concepto de la democracia entendida como leal com- petencia en el servicio del pais. La turbulenta historia del Pera republicano significa, desgraciadamente, la negacién de este ideal de civilizacién. Atin hoy dia no hemos perdido el habito de considerar a la politica como una actividad prac- tica y contingente, ajena a la preocupaci6n intelectual por los problemas permanentes y profundos del Perd. El cambio que por fortuna en nuestros dias advertimos, por la preocupacién de la ciudadania en los planteamientos ideolégicos de la con- troversia politica, constituye un retorno al ideal sanmartiniano y un homenaje a su espiritu. Quiso el Protector que la virtud y el mérito fueran re- compensados y que una patriética emulacién estimulara la actividad de los ciudadanos. Surgié asi la Orden del Sol del PerG. destinada a convertirse, como dice el decreto de su creacién en un “monumento que sirva para marcar el siglo de la regeneracién peruana”. En la “Exposicién de las tareas del Gobierno” presentada por el Ministro Monteagudo, éste vincula la Orden del Soi al astro rey que los incas adoraron como su segunda deidad, después del invisible Pachacdmac. De esta manera San Martin encuentra un simbolo contempo- raneo para significar las excelencias de una antigua tradicién de justicia y quiere que el Peri independiente emule al Im- perio de los Incas en la jerarquia moral que lo hizo célebre. Confirmando la inspiracién profundamente peruanista de la Orden, su fundador establecié que ella estaria colocada bajo cl patrocinio de Santa Rosa de Lima, protectora del Pera y América. Donde la profunda intuicién de las esencias peruanas que distingue a San Martin alcanza una reveladora grandeza. es — 6 :-— la creacién de los simbolos nacionales. Los que ven en s6lo un politico frio y un militar endurecido por la disci- na, deberian meditar en la calidad poética de un espiritu apaz de acertar como por inspiracién de la tierra en los em- Dlemas de la nacionalidad. La leyenda que imagina a San Martin viendo durante suefios los colores del Pera encierra una profunda verdad. Sélo un rapto poético, una ensofiacién creadora, explican el acierto expresivo que significa simbolizar al Pera en el rojo y el blanco de su bandera. Son colores didfanos, generosos, como una clarinada alegre o como un canto del coraz6én. Y son, al mismo tiempo, tonos de severa liturgia que elevan el alma hacia el sentimiento de lo herdéico, de lo puro y lo santo, en los que se encierra el sacramental designio de nuestra pa- tria sefialada para el sacrificio y para la gloria. Ninguna mortaja mejor para Grau y para Bolognesi que el rojiblanco que coloreé una tarde el suefio de San Martin en las ardientes arenas de Paracas. La personalidad internacional de un Estado, el prestigio y la autoridad de su palabra, son un reflejo de sus calidades internas de civilizacién y madurez social. La obra de orde- namiento realizada por San Martin se proyecta en el campo internacional con el valor propio de la peruanidad, que le im- prime sus rasgos esenciales y establece las normas tradicio- nales de nuestra politica en la época republicana. En estudios sobre “Las Ideas Internacionales de San Martin”, el doctor Alberto Ulloa ha analizado los actos in- ternos e internacionales de la obra sanmartiniana fijando sus conceptos fundamentales. En el tratado particular entre Chile y las Provincias Unidas para libertar al Pera, firmado en Buenos Aires en 1819, y en el tratado de Unién, Liga y Con- federacién Perpetua entre el Peri y Colombia, mas conocido como Tratado Monteagudo-Mosquera, firmado en Lima en 1822, se encuentran los principios orientados de la accién in- ternacional del Protector. Alberto Ulloa los resume asi: 1° Respeto a los derechos humanos, 2° Libre determinacién de los pueblos para la formacién de gobiernos y la constituci6n de Jas nacionalidades; — 100 — 3° No Intervenci6n, 4° Solidaridad americana. El Per independiente ha sostenido invariablemente estos principios que forman la constelacién ideal que orienta sus ac- tos de Estado soberano. El principio de la libre determinacién ha sido invocado por el Per como uno de los titulos legitimos de su conformaci6n territorial y ha sido respetado por nuestro pais atin en los casos de perjuicio propio. Victor Andrés Belaunde ha estudiado en su obra “La Constitucién Inicial del Peri ante el Derecho Internacional” la actuacién de San Martin en defensa de los principios del derecho americano. Respecto a Guayaquil propuso que se escuchara la opinién del pueblo Mamado a decidir sobre el Estado al que quisiera incorporar su ciudad. Con relacién al Alto Pera imparte el General Alvarado instrucciones en el sentido de que en caso de libertarlo com- pletamente convocara un Congreso general de esas provincias, o a lo menos una convencién preparatoria de un congreso y se pusiese a disposicién de uno u otra el ejército de los Andes, para que pudiese resolver sobre la suerte de ese territorio con completa independencia y libertad”. Estos mismos prinpios de escrupuloso respeto al derecho de los pueblos a constituirse en las formas nacionales de su libre eleccién fueron sostenidos brillantemente por el Ministro Monteagudo en las negociacio- nes con el plenipotenciario colombiano Mosquera. El ideal de solidaridad americana fué reafirmado por el Perti desde los primeros afios de su vida independiente convo- cando en su capital tres congresos continentales, encabezando la defensa del Pacifcio contra la reconquista espafiola que cul- min6 en la gloriosa accién del 2 de Mayo, y brindando su con- curso generoso a la independencia amenazada de México, Costa Rica, Nicaragua, Cuba y Sante Domingo. El nacimiento del PerG como entidad politica independien- te aparece asi configurada en lo interno y en lo internacional por los rasgos ideales impresos por la personalidad superior de SanMartin que supo interpretar la vocacién profunda de nues- tra Patria por los valores espirituales y las normas superiores de la civilizacién. Mantenernos fieles a estos principios con- — 101 — substanciales a la personalidad del Perti es el mejor tributo que podemos rendir a la purisima memoria de aquel que, como en el clasico poema castellano, “a buena hora naci6” y “a buena hora cifié la espada’”. JORGE GUILLERMO LLOSA P. LAS RELACIONES ENTRE EL DERECHO INTERNACIONAL Y EL DERECHO INTERNO EN EL PENSAMIENTO DEL PROFESOR GEORGES SCELLE Para el presente estudio me atendré al pensamiento del Profesor Scelle tal como lo ha expuesto en su obra “Précis de Droit de Gens” (Recueil Sirey, Paris, 1934). El autor trata del tema de un modo general en el capitulo inicial de su obra, y luego toca aspectos particulares del mismo, sobre todo a propésito del estudio de los Tratados como fuente formal del Derecho Internacional. Empecemos por referirnos a la concepci6n filoséfica que el Profesor Scelle se hace del Derecho en general, que él mismo seflala como indispensable para la comprensién de su concep- ci6n del Derecho Internacional. Y bien, el autor se alinea dentro de la peculiar variedad del positivismo juridico enca- bezada por el Profesor Duguit, de quien es un discipuio, y que est4 profundamente influida por las ecuelas sociolégicas fran- cesas, aunque parcialmente contradictorias entre si, ia de Durck- heim y la de Tarde. Esta concepcién hace nacer la fuerza obligatoria del Derecho, o el Derecho a secas, del simple hecho de Ja solidaridad social, que es un hecho natural pues la so- ciedad es el modo natural de la vida humana. Dicha solidari- dad es de dos clases, la que proviene de las similitudes de los individuos miembros del grupo, y la que proviene de la divi- sién del trabajo, en la que tanto énfasis puso Durckheim Ambas coexisten en toda sociedad, y en efecto, el desenvolvi- miento normal de la vida de ésta depende del equilibrio entre las dos formas de solidaridad. necesidades de la vida que se imponen a la solidari- dad social constituyen lo que Scelle, siguiendo a Duguit, Ia- ma “derecho objetivo”, el cual, en su concepcién es el Dere- — 103 — cho verdaderamente tal. Existe ademds el derecho positivo, sea consuctudinario, sea escrito, pero este no es més que la expresién o explicitacién del Derecho objetivo, que surge a su vez como una imposicién de la solidaridad social a medida que las condiciones de la vida se complican por cl progreso. Naturalmente se da el caso en que él derecho positivo se aleja y atin contradice al Derecho objetivo, pero en este caso in- cumple su funcién y se convierte en lo antijuridico por exce- jJencia. Puede cbservarse como esta variedad del positivismo juridico tiene sustanciales puntos de contacto con el jusnatu- ralismo, y en efecto, el Profesor Sceile dice que puede califi- carse de “natural” al derecho objetivo, siempre que se man- tenga el sentido naturalista o biolégico de esa palabra. Combate asi el jusnaturalismo idealista o tradicional que cree en la inmovilidad de las instituciones naturales. El derecho objetivo es constantemente variable y progresivo, como lo es ja vida social misma en que tiene su fuente. A este respecto el Profesor Scelle repite las criticas conocidas del derecho po- sitivo, en especial del escrito, que paga el precio de un mas alto grado de explicitez y univocidad con el defecto, frecuen- temente grave, de la lentitud de su formulacién y luego, de su fijeza, y, como es de esperar, exalta la funci6n correctiva de la jurisprudencia. “La funcién esencial del Derecho —dice el Profesor Scelle— es conferir, repartir y delimitar las competencias”. Y entien- de por competencia “el poder conferido a los individuos miem- pros de la sociedad de emitir actos de voluntad que se reah- zarén en el medio social”. La competencia puede ser discre- cional o ligada, segin que el individuo a que se confiere sea libre de ejercerla o no, y se califica de “capacidad” o de com- petencia propiamente tal segtin esté ordenada a fines de interés particular o de interés colectivo. Sujeto de derecho es todo in- dividuo y Gnicamente cl individuo a que se confiere una com- petencia. Esta es una de las afirmaciones en que el autor pone mayor énfasis y lo hace extendiéndose en una critica, bastante jlar a la de la Teoria Pura del Derecho, de la ficcién de a persona colectiva. La subjetividad de la persona colecti- va, sea una sociedad, una fundacién, un municipio o el Estado, una argucia de la técnica juridica, no siempre feliz, que mula simplemente una atribucién de competencia. No — 104 — existe asi una voluntad del Estado, sino simplemente la vo- luntad dei sujeto individual que ha emitido el acto que se reviste del caracter estatal, y este revestimiento proviene de que tal individuo actta en virtud de una competencia que le ha sido conferida. Puede observarse cOmo a este respecto cl Profesor Scelle se separa de la concepcién sociolégica de Durckheim y se acerca a la de Tarde La distribucién y delimitacién de competencias constitu- ye lo que el Profesor Scelle llama Derecho constructivo, en contraposicién al Derecho normativo que consiste en la de- terminacién de lo que es Iegitimo e ilegitimo en general. Es curioso observar que el problema de Ia distribucién de com- petencias no le Heva a dibujar un cuadro forzosamente pira- midal del Derecho ni a identificarlo con el Estado, rasgos de ja Teoria Pura de Kelsen. Al contrario, considera que toda sociedad tiene forzosamente su propio Derecho, y que el Esta- do no es sino una de ellas; pero reconoce que la sociedad politica es predominante y ha consolidado una ingerencia en todas las otras que caben dentro de su Ambito territorial. Lo que precede prepara el camino para una critica pene- trante de Ja nocién tradicional de soberania. Sefiala el Pro- fesor Scelle que ésta es el fruto de una doble ficcién: primera, Ja de que el Estado constituye una persona, y segunda, que esa persona est€ por encima del Derecho. Le basta ahora atacar este segundo punto, y dice que atin cuando la soberania se concibe en la forma alemana moderna de la “competencia sobre la competencia”, se trata siempre de una funcién social la cual debe ser ejercida de acuerdo con el derecho objetivo De resultas, s6lo el Derecho es soberano. Atin cuando un individuo esté investido de la “competencia sobre la compe- tencia” no es de hecho soberano porque el poder se enfrenta siempre a la resistencia del medio, la cual representa asi al derecho objetivo. En lo tocante a la aplicacién usual del concepto de sobe- rania del Estado al Derecho Internacional, con lo que entra- mos a la materia propia de nuestro tema, el Profesor Scelle dice “Si existen dos sociedades vecinas y en relaciones la una con la otra, no puede haber soberania en ninguna de ellas, pues para fijar la regla de sus relaciones harfa falta un determina- nador comin de competencias”, y agrega “Es una tarea vana — 105 — el tratar de construir el Derecho, y en particular el Derecho Internacional, sobre la nocién de soberania del Estado”. En efecto, para el Profesor Scelle, el Derecho Internacional, al igual que todo Derecho, se origina en el hecho de la solidaridad social, en este caso, la solidaridad de individuos que pertenecen a sociedades estatales distintas. Desde que se crea un contacto entre individuos de distintas sociedades se crea un Derecho que engloba y se impone a esas sociedades, si es que ese con- tacto ha de perdurar. El mismo derecho estatal es el fruto de un proceso federativo de sociedades pre-estatales y que ahora han quedado convertidas en intraestatales y subordinadas a aquel, que se impuso por ser el propio de la solidaridad so- cial mAs amplia. Este mismo proceso federativo esta en cur- so, y mas atin, ha estado siempre en curso, en el plano de las relaciones internacionales, por el simple hecho de que existe una solidaridad social mds amplia que la del Estado. A este respecto tiene el Profesor Scelle otra idea original. El objeta que cuando se hable de Derecho Internacional se entienda so- bre todo Internacional P&iblico. El Derecho Internacional Pri- vado no es menos, en su opinién, una expresi6n de la solidari- dad humana més alla del Estado. Dice, si existe una Union Postal Internacional, instituci6én de derecho ptiblico, es porque existe un intercambio internacional de correspondencia, obe- diente a intereses privados, que la precede tanto en el tiempo como en su importancia, y esto puede generalizarse a todas las relaciones humanas que tienen su expresién en €l Derecho In- ternacional Privado. Como se ve, el Profesor Scelle se afirma claramente den- tro de una concepcién monista del Derecho. EJ Derecho que corresponde a la solidaridad social mas amplia se impone y subordina siempre al que corresponde a la solidaridad social menos amplia. De este modo el derecho internacional se im- pone y subordina al Derecho Estatal, aunque éste temporal- mente se resista a esta subordinacién. Pero antes de tratar con més detalle de la concepcién monista propia del Profesor Scelle, veamos la opinién que le merecen las soluciones que otros autores han dado al problema de las relaciones entre el Derecho Internacional y el Estatal o interno. En primer lugar se insurge el profesor Scelle contra la concepcién de que el Derecho Internacional es el fruto de un — 106 — contrato social entre Estados, por el cual estos renuncian a parte de sus derechos anteriores o presociales. Sefiala que esta concepcién no tiene ningin fundamento histérico y des- conoce ¢l papel fundamental de la costumbre en el Derecho internacional, la cual, como se vera més tarde, él niega que pueda considerarse como un contrato tacito. Sefiala que, por Jo dem4s, nunca ha habido un acuerdo sobre los Ilamados derechos fundamentales de los Estados, y atin cuando se les trata de reducir al derecho bdsico de conservacién, tal derecho no esté demostrado, pues nada prueba que una comunidad es- tatal deba conservarse cuando no corresponde al Derecho ob- jetivo, Concluye, en efecto que “No hay en realidad ni per- sonalidad del Estado ni derechos subjetivos de los Estados. Sélo puede haber competencias de gobernantes correspondientes a poderes y deberes”’. El Profesor Scelle reconoce mayor mérito intelectual a la teoria de Jellinek, segin la cual el Derecho Internacional es el fruto de la autolimitacién del Estado. La resume en estos términos: “El Estado no puede estar ligado por otra voluntad que la suya, pero se liga a si mismo por las normas que dicta y los tratados que acuerda. El Derecho Internacional es un Derecho Estatal exteriormente prolongado, un derecho puabli- co externo”. Se cae asi en un monismo al revés, con predo- minio del Derecho estatal, pretensi6n que slo tendria verosi- militud en el caso de absoluta hegemonia de un Estado sobre jos restantes. Pero, no siendo este el caso, objeta el Profesor Scelle que la teoria de Jellinek no ofrece ningin fundamento al Derecho Internacional, pues asi como el estado puede auto- limitarse, podria también derogar su autolimitacién, y con ello al Derecho Internacional mismo. Y si se reconoce que de hecho existe una limitacién a este poder de derogacién, como jo hace el propio Jellinek, entonces la teorfa se contradice a si misma, pues ya la simple voluntad del propio Estado no seria Ja fuente del Derecho Internacional. Como un paso mas avanzado se refiere el Profesor Scelle a la teoria dualista de Triepel. Le atribuye ¢l gran mérito de haber definido el concepto de tratado Ley, por contraposicién al tratado contrato. Este tendria por objeto fijar prestaciones contrapuesas y sinalagméticas. El tratado Ley en cambio, se propone fijar normas generalés de acuerdo con interés colec- — 107 — tivo, es decir, constituye una verdadera legislacién. No obs- tante, el Profesor Scelle se manifiesta en desacuerdo con el aserto de Triepel segin el cual la fuente del Tratado Ley, la voluntad colectiva de los Estados, da al Derecho Internacio- nal un fundamento suficiente y distinto del derecho Estatal. Dice que “si es imposible, en efecto, demostrar la existencia de una voluntad estatal, lo es mas atin demostrar la de una voluntad superestatal a la que no se da una base nueva, y atribuirle un poder de obligacién del que no se proporciona prueba alguna”. Pasa luego al and4lisis de la concepcién dualista de An- zilotti, cuyos trabajos califica de imponentes. A diferencia de Triepel, Anzilotti no reconoce el poder obligatorio de la vo- luntad colectiva de los Estados. En su opinién, el Derecho Internacional se funda en el principio “pacta sunt servanda”, la cual tiene fundamento en la moral y en la politica inter- nacional, es decir, de orden metajuridico. Esto marca la diferencia entre el Derecho internacional y el interno, pues este, a su vez, se funda en la regla constitucional. De aqui la division de los dos érdenes juridicos. En consecuencia no ca- be conflicto entre ambos, lo Gnico que hay es “reenvios” del uno al otro. El profesor Scelle no acepta que no haya con- flictos entre el Derecho Internacional y el interno, en su opi- nién los hay, y el Derecho Internacional acaba por imponerse siempre. Objeta también la categoria que sefiala Anzilotti de “derecho interno internacionalmente irrelevante”. En su opi- nién tal categoria s6lo tiene una validez provisoria, mientras no exista una regla internacional convencional o consuetudi- naria que amplie el campo de la relevancia internacional. En suma, “Es la norma intersocial la que condiciona a la norma interna, atin si ésta le es anterior. Que ella la tome antes o después de su nacimiento poco importa, si la obliga a entrar en su marco y a sufrir su ortopedia. El monismo es una doc- trina de jerarquia y no de prioridad de normas”. Por estas razones no puede el Profesor Scelle aceptar el dualismo. Finalmente, el Profesor Scelle se refiere a la concepcién, monista como la suya, de los representantes de la Escucla Austriaca, Kelsen y Verdross, a la que se ve obligado a for- mular ciertas reservas. — 108 — A Kelsen le objeta el apriorismo con que construye e1 sis- tema unitario del Derecho partiendo de la hipotética “Ley fundamental”. Esta concepcién esta refiida con su propia doc- trina que hace derivar el derecho del hecho de la solidaridad social. Para Scelle la invocacién de la “Ley fundamental” no es pues necesaria. De otro lado, objeta el que Kelsen admita que pueda situarse la “Ley fundamental” tanto en el plano internacional como en el interno, caso en el cual se va a un monismo estilo Jellinek, cosa incompatible con el Derecho in- ternacional. En general difiere menos de Verdross, pero le objeta de todos modos el dar un valor puramente moral al principio “pacta sunt servanda” que coloca como ley fundamental del derecho, y de otro lado, le objeta el no haberse liberado del todo del concepto de soberania estatal. Hecha esta revisidn de las objecciones del Profesor Scelle a las teorias de otros internacionalistas, podemos pasar a la exposicién de su propia doctrina monista. Toquemos en primer lugar la cuesti6n del sujeto de dere- cho en Derecho Internacional. Ahora bien, consecuente con su concepci6n filoséfica ya referida, el Profesor Scelle protesta del prejuicio de que el Estado sea sujeto de derecho. Afirma “Nosotros diremos al contrario que en las diferentes sociedades internacionales el sujeto de derecho es siempre y no puede set otro que el individuo, sea en el campo del derecho piiblico o del privado, y que al menos en el campo del derecho privado, los in- dividuos que son sujetos de derecho en el derecho interno lo son también en derecho internacional”. Y luego agrega: “Una de- claracién unilateral de voluntad, un tratado, un acto ilicito de los que se dice que comprometen al Estado, son siempre ac- tos emanados de individuos, agentes o gobernantes, investidos de una competencia representativa, y jamds del ser ficticio que se Ilama Estado. La competencia que permite a los gobernan- tes y agentes crear situaciones juridicas internacionales les es atribuida por el Derecho Internacional. Pero ella lo es, sea di- rectamente, sea con mds frecuencia, indirectamente, en el sen- tido de que el derecho internacional consuetudinario conside- ra como poseedores de competencia internacional a los gober- nantes y agentes que el derecho estatal ya ha investido de una competencia estatal que los habilita a actuar internacionalmen- — 109 — te”, y concluye, “Resulta de ello, para los gobernantes y agen- tes nacionales que se conviertan asi en gobernantes y agentes internacionales, un desdoblamiento funcional caracteristico de jas relaciones intersociales”. Esta nocién del desdoblamiento de funciones tiene una importancia decisiva en Ja concepcién del Profesor Scelle y puede considerarse como el gran recur- so de imaginacién que salva la unidad de su sistema. Por lo demas, él considera que el fenémeno no sdlo se presenta en lo tocante a las relaciones entre el Derecho internacional y el in- terno, sino en otras encrucijadas del Derecho, por ejemplo en el derecho constitucional de los estados Federales, donde fun- cionarios locales pueden, de hecho, ejercer, por desdoblamien- to, funciones federales. El Profesor Scelle reconoce que el Derecho internacional puede proteger intereses particulares 0 individuales sin dar por ello a los individuos favorecidos la capacidad o competencia de actuar por s{ mismos, es decir, sin atribuirles subjetividad juridica para ese fin. Esta es la Gnica limitacién que él vé a Ja subjetividad juridica del individuo en Derecho internacional; pero pone énfasis en el hecho de que esta limitacién no existe en cl Ambito del derecho internacional privado, y ya sabemos Ja importancia que el Profesor Scelle atribuye a esta rama de derecho como expresién primigenia de una solidaridad social jnternacional, y atin en el campo del derecho internacional pt- blico advierte una lenta pero progresiva tendencia no sélo a proteger cada vez en mayor grado los intereses individuales, cosa que es innegable, sino a conferir a los individuos la ca- pacidad de actuar en su propio nombre, la que eventualmen- te, cree, habra de llegar a darles la capacidad de recurrir por si mismos, y no por intermedio del Estado a que pertenecen, a los tribunales internacionales. Volvamos al tema del desdoblamiento funcional, y para esto, revisemos primero las diferentes formas de sociabilidad que el Profesor Scelle reconoce en el Ambito internacional. El distingue tres clases: sociedades interestatales, sociedades su- perestatales y sociedades extraestatales. Las primeras se carac- terizan por que “no comportan instituciones propias u érga- nos comunes” y porque “toman sus gobernantes y sus agentes de las colectividades estatales de base’. Agrega, “es sobre es- ta clase que razona, de ordinario, la doctrina clasica, porque — 110 — Ja sociedad humana o global del Derecho de Gentes es la cul- minaci6n de este tipo”. Las segundas son las que comportan un grado de centralizacién y organizacién, aunque ésta no tenga el cardcter de un superestado. El ejemplo més representativo cuando se escribié el libro que nos ocupa, era la Sociedad de las Naciones, y hoy dia lo es las Naciones Unidas. El tercer grupo es de las sociedades, que integradas siempre por indivi- duos de distinta nacionalidad, se califican de extraestatales por- que ellas no recurren para su funcionamiento a la actividad de gobernantes o agentes estatales. Ellas persiguen una fina- lidad limitada y particular cada una. Su ejemplo serfan las muchas organizaciones no gubernamentales que existen hoy en dia. En todas estas socicdades se realiza las cuatro funciones juridicas inherentes a toda vida social: la formulacién del de- recho, o legislacién; la realizacién del Derecho, funcién guber- namental o administrativa; la funcién jurisdiccional o compro- bacién de la reguiaridad de actos juridicos discutidos, y por tanto, comprobacién de la validez de las situaciones juridicas de ellos resultantes; finalmente, la funcién sancionadora. La dife- rencia en el cumplimiento de estas funciones en el ambito in- ternacional y en el estatal, es que en éste s¢ realizan median- te érganos dotados de competencias especificas, en tanto que en el Ambito internacional de integracién, este proceso institu- cional apenas ha avanzado en las sociedades supraestatales, en tanto que en las sociedades interestatales se rea’ las formas que el Profesor Scelle Hama colaboracién y con- currencia, las cuales son, evidentemente, m&s imperfectas. La colaboracién se da, sobre todo, en la funcién legislati- va, sea en forma espont4nea en la formacién de la costum- bre internacional, sea en forma voluntaria, en el derecho con- vencional o escrito. Cabe aqui repetir la observacién ya hecha en otro punto de que el Profesor Scelle considera a la costum- bre internacional como la manifestacién mas directa de la so- lidaridad social en este 4mbito y que, por lo tanto, no se la puede asimilar a la categoria de derecho convencional, ni si- quicra a un supuesto derecho convencional tacito. Sobre el de- recho convencional mismo, indica que es donde mejor se mues- tra el desdoblamiento de funciones de los agentes y gobernan- tes que intervienen en su formulacién, pues aunque aparente- a mediante —llil— cttian en una capacidad puramente estatal, en realidad n también como legisladores internacionales, esto es, de iad internacional conformada con las sociedades esta- ue intervienen en el tratado. Por lo demés, insiste el v Scelle en que los tratados internacionales son suscep- de todos los vicios que con frecuencia se observan en erecho escrito, El cumplimiento de las funciones jurfdicas por concurren- presenta cuando desaparece la colaboracién, y entonces neiones feudales se fraccionan en vez de coordinarse y manifiesta el cardcter andrquico de las sociedades no orga- das institucionalmente. Esto ocurre por ejemplo, en el cam- Derecho Internacional Privado. En este caso el fraccio- iento de la funcién no reviste toda su gravedad porque adherido al territorio de cada Estado, dentro del cual, gentes judiciales aplican su propia norma sobre conflicto ‘yes. Ello no quita que al cumplir esta funcién, aunque sea ta forma inorgénica, dichos agentes cumplen una funcién nacional, con lo que caen nuevamente dentro de la figura desdoblamicnto. El caso es mucho més grave cuando la 6n jurisdiccional y sancionadora se ejercen del mismo mo- n Derecho Internacional Piblico, pues, como se sabe, el re- ultado suele ser la represalia y hasta la guerra. Este es uno los campos en que se hace mds necesario el progreso del echo Internacional, pues su actual estado de imperfecci6n duce, con frecuencia, o a que la infraccién del derecho no sancionada, o la sancién revista una forma colectiva, que 2 a los no culpables y puede dejar impune al sujeto indi- ual de derecho culpable. Hasta aqui llega lo que puede decirse la parte general de concepcién del Profesor Scelle sobre las relaciones del De- ho Internacional con el interno. Nos queda ahora referirnos punto de vista sobre un problema concreto que, por lo de- es aquel en que efectivamente se somete a prueba toda ucién teérica al asunto general planteado, el de los casos <= conflicto entre un tratado internacional y una ley interna. En primer lugar, consecuente con su posicién ya conocida, =. Profesor Scelle sostiene que es falsa la concepcién clasica Gn la cual un tratado obliga a los Estados que intervienen = =], y no a los individuos. En su parecer, un tratado, como to- — 1122 — da norma juridica, estA referida siempre a individuos, su sen- tido es siempre modificar la competencia de los individuos, go- bernantes, agentes o particulares, a que por su materia se re- fiere. Cuando los representantes de dos Estados, A y B, con- cluyen un tratado, éste se convierte, desde su entrada en vigor en norma de la sociedad internacional AB. De este modo, el Profesor Scelle rechaza por innecesario y en el fondo antiju- ridico el requisito clasico de la recepcién del Tratado en el Derccho interno. Todo tratado vale de inmediato en el 4mbi- to de cada Estado que lo ratifica, sin mas requisito que la ra- tificaci6én misma. La Ilamada recepciédn o la homogenizacién del Derecho Interno al Tratado puede ser un procedimiento Util en algtin caso, pero es imperfecto y normalmente innece- sario. Por lo demas, advierte, que éste es el criterio seguido por muchas Constituciones estatales modernas. El Profesor Scelle hace, no obstante, la critica de disposiciones constitucionales como aquélla del derecho consuetudinario anglosajén, segtin el cual el Derecho internacional es parte de la Ley del pais. Es- ta férmula d&, aparentemente, raz6n a una concepcién mo- nista del derecho, pero su sentido bien puede ser todo lo con- trario, subordinar la validez de la norma internacional a su re- cepcién en el derecho interno e, incluso, eventualmente admi- tir su derogacién por un acto unilateral del legislador estatal. En cuanto ai conflicto entre un tratado internacional y el ordenamiento juridico estatal, el Profesor Scelle cita dos ca- sos en que el tratado ha primado sobre disposiciones constitu- cionales posteriores. Uno de ellos es el caso de la Constitucién holandesa de 1848, que estatuia la separacién de la Iglesia del Estado, violando el Concordato de 1827, y el otro, el del ar- ticulo 61 de la Constitucién alemana de Weimar, que preveia la incorporacién de Austria al Reich aleman en violacién del articulo 80 del Tratado de Versalles. Este tiltimo ejemplo, fué contradicho por los sucesos de 1938. También cita como ejem- plo la incompatibilidad de ciertas disposiciones del Pacto de la Sociedad de las Naciones con las Constituciones de muchos Estados que fueron miembros de ella. En conclusién, afirma el Profesor Scelle, que un tratado internacional puede ser nu- lo si las autoridades internacionales que intervinieron en él no se ajustaron a las reglas internacionales que fijaban su compe- tencia, las que en virtud del desdoblamiento funcional son las — 113 — mismas que las del derecho estatal; pero que no cabe nulidad una inconstitucionalidad material, es decir, del contenido. trato prima siempre sobre la Constitucién, cuyas constitu- nes contrarias al tratado quedan, ipso jure, abrogadas. El mis- mo criterio se aplica, como es natural, al caso de conflicto en- un tratado internacional y una simple ley estatal. No obs- te, el Profesor reconoce que este criterio no es aplicado jmente por los tribunales estatales y aunque los interna- Sonales, como la Antigua Corte Permanente de Justicia In- nacional, no lo ha afirmado con claridad. En una oportuni- dicha Corte se pronuncié en el sentido de que en caso de conflicto de una ley interna y un Tratado la responsabilidad del Estado queda comprometida, pero esto, en su opinién, no resentativa sino también para el respeto de los derechos hu- manos; y Que los gastos militares excesivos significan una sustrac- sién de recursos indispensables para el mejoramiento del ni- vel de vida de los pueblos en general, RESUELVE: Exhortar a los Gobiernos de los Estados Americanos ai examen del problema de los gastos militares para que, en el caso de ser excesivos en relacién a los requerimientos de la defensa nacional y continental, los reduzcan gradual y pro- gresivamente. XUI INFORME DE LA COMISION INTERAMERICANA DE PAZ La Quinta Reunién de Consulta de Ministros de Rela- ciones Exteriores, CONSIDERANDO: Que, de acuerdo con la Resolucién XIV de la Segunda Reunién de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, — 133 — rada en La Habana, Cuba, en 1940, y con lo dispuesto 2 €l Estatuto de la Comisién Interamericana de Paz, la Co- i6n ha cumplido con presentar un Informe a esta Reunion documento 5), RESUELVE: Dar por recibido el mencionado Informe y dejar constan- de su reconocimiento por la forma en que la Comisién eramericana de Paz cumple la elevada misién que le ha sido confiada. XIV HOMENAJE A CARLOS DAVILA La Quinta Reunién de Consulta de Ministros de Rela- ciones Exteriores, CONSIDERANDO: Que ella tiene por sede la noble y acogedora tierra chi- lena, patria del ilustre americano Don Carlos Dévila, ex Se- cretario General de la Organizacién de los Estados America- nos y ex Presidente de la Reptiblica de Chile, de grata y esclarecida memoria; Que no lejos del sal6n de deliberaciones descansan los restos mortales del egregio desaparecido; y Que es deber ineludible de América honrar a aquellos va- rones ejemplares que ofrendaron, con infatigable dedicacién y ja la fuerza de su talento, positivos beneficios a la causa la solidaridad continental y al progreso de los pueblos del tinente, RESUELVE: 1 Rendir respetuoso homenaje de gratitud y admiracién la memoria de Don Carlos Davila, esforzado propulsor y fi- eminente del ideal interamericano. Comunicar el texto de esta resolucién a la viuda y ares del doctor Davila. — 134 — xV VOTO DE AGRADECIMIENTO La Quinta Reunién de Consulta de Ministros de Rela- ciones Exteriores, RESUELVE: 1. Expresar a Su Excelencia el Presidente de la Rept- blica de Chile, sefior Jorge Alessandri Rodriguez, su reconoci- miento por la muy cordial hospitalidad del Gobierno y pueblo de Chile y por todas las atenciones y cortesias brindadas a los Miembros de la Reunién. 2. Felicitar a Su Excelencia, el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, sefior Germ4n Vergara Donoso, por la in- teligente y acertada conduccién de las deliberaciones de la Reunién, asi como por la eficaz colaboracién que prest6 a la Reunién el personal del Ministerio a su digno cargo. 3. Expresar su satisfaccién al Gobierno de la Reptiblica de Chile por la designacién del sefior Emilio Bello Codesido, distinguido hombre ptiblico chileno, como Presidente Provisio- nal de la Reunién. 4. Expresar asimismo su satisfaccién al Gobierno de la Reptblica de Chile por el nombramiento del sefior Luis Melo Lecaros, Subsecretario de Relaciones Exteriores de Chile, como Secretario General de Ja Reunién, cuya acertada actuacién contribuyé en forma importante al buen desarrollo de las labores de esta Reunién. 5. Hacer constar su agradecimiento al Secretario General de la Organizacién de los Estados Americanos, sefior José A. Mora, y a todos sus colaboradores, por la forma en que fue preparada esta Quinta Reunién de Consulta. 6. Agradecer.a todo el personal de la Secretaria General de la Quinta Reunién de Consulta por la eficaz colaboracién que ha prestado. 7. Extender su agradecimiento a Ja prensa continental, que tan eficaces servicios ha prestado a esta Quinta Reunién de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores. — 135 — XVI GASTOS EXTRAORDINARIOS OCASIONADOS POR DISPOSICIONES DE LA QUINTA REUNION DE CONSULTA La Quinta Reunién de Consulta de Ministros de Rela- ciones Exteriores, CONSIDERANDO: Que esta Reunién ha aprobado varias resoluciones que implican gastos no previstos en el presupuesto ordinario de la Uni6én Panamericana, RESUELVE: Pedir al Consejo de la Organizacién de los Estados Ame- ticanos que vote créditos adicionales al respective presupues- to de la Unién Panamericana, de acuerdo con el Articulo 64 del Reglamento de ésta, para atender a los gastos extraordi- narios que ocasionen las disposiciones de 1a Quinta Reunién de Consulta. XVII PREPARACION DEL ACTA FINAL La Quinta Reunién de Consulta de Ministros de Rela- ciones Exteriores, CONSIDERANDO: Que la preparacién del Acta Final de la Quinta Reunién de Consulta en los cuatro idiomas oficiales requiere una cui- dadosa coordinacién que no se podra realizar satisfactoriamen- te en el tiempo limitado de que se dispone, — 136 — RESUELVE: 1. Preparar el Acta Final para ser firmada en uno solo de los idiomas oficiales de la Reunién. 2. Encomendar ai Consejo de la Organizacién de los Es- tados Americanos que constituya una Comisi6n de cuatro de sus Miembros, que representen los cuatro idiomas oficiales de la Organizacién, para que dirijan la traduccién y Goordinacién de los textos del Acta Final en los otros tres idiomas oficiales. 3. Autorizar al Consejo para que apruebe esos tres textos, los cuales se considerarén como textos oficiales del Acta Final y serén parte integrante de ella tal como sea suscrita por los Ministros de Relaciones Exteriores. 4. Todos los textos oficiales del Acta Final seran igual- mente aut€énticos. RESERVAS Y DECLARACIONES Reservas del Uruguay: La Delegacién del Uruguay vota favorablemente la Parte I de la Resolucién sobre Derechos Humanos (Resolucién VIII), bajo las reservas de orden constitucional a que pudiera dar lugar la aprobaci6n de los proyectos a que se refieren los numerales 1 y 2 de la citada Parte I de la Resolucién VIII. La Delegacién del Uruguay desea dejar constancia de que al votar negativamente la Parte II de la Resolucién sobre Derechos Humanos (Resoluci6n VIII), lo ha hecho por en- tender: 1. Que lo esencial de dicha Parte II ya ha sido contem- plado por el apartado b) de la Resolucién relativa a la Comisién Interamericana de Paz (Resolucién IV). 2. Que la estructuracién definitiva de la Comisién cuya creacién se propone debe seguir y no preceder a la Convencién sobre Derechos Humanos, a que se refiere Ja Parte I de Ja Resolucién VIII. — 137 — 3. Que las atribuciones de esta Comisién deben ser deter- minadas después de un cuidadoso estudio en forma de que, cumpliendo el cometido para el que se crea, no pueda poner en peligro el principio de no intervencién, cuya estricta observancia recomienda esta misma Reunién de Cancilleres; estudio que considera que de- be ser realizado por los mismos 6rganos técnicos a quienes se les ha encomendado la preparacién de los proyectos a que se refiere la Parte I de ja Resolucién VIII. La Delegacién dei Uruguay vota favorablemente la Re- solucién sobre Ejercicio Efectivo de la Democracia Represen- tativa (Resolucién IX), bajo las reservas de orden constitu- cional a que pudiera dar lugar la aprobacién del proyecto a que se refiere el numeral 1. Declaraciones de los Estados Unidos de América: Como es bien sabido, los Estados Unidos de América, des- de sus comienzos como nacién, han defendido firmemente los derechos humanos. El fomento del respeto a los derechos hu- manos en el sistema interamericano esta respaldado, en conse- cuencia, por los Estados Unidos. Aunque a los Estados Unidos, debido a la estructura de su gobierno federal, no les es posible celebrar acuerdos, multilaterales respecto a los derechos hu- manos o respecto a una Corte Interamericana de Derechos Humanos, por supuesto no objeta que otros Estados partici- pen en convenios sobre estas materias si estén en posicién de hacerlo. -Por lo tanto, aun cuando los Estados Unidos han votado a favor de la Resolucién VIII, “Derechos Humanos”, reservan su posicién respecto a su participacién en los instru- mentos u organismos que puedan surgir, En relaci6n con su voto favorable a la Resolucién IX, “Bjercicio Efectivo de la Democracia Representativa”, la De- legacién de los Estados Unidos de América llama la atencién hacia la declaracién que hizo respecto a la Resolucién VIII, “Derechos Humanos”, y la reitera. — 138 — Reserva de Argentina: La Delegacién Argentina declara que al otorgar su apro- bacién a la Resolucién sobre Derechos Humanos (Resolucién VIII), hace expresa reserva de las disposiciones constitucio- nales y del derecho positivo interno en vigor en la Reptblica Argentina, en cuanto a la constitucién y facultades de los or- ganismos internacionales cuya creaci6n se contempla. FIRMAS DE LOS MINISTROS DE RELACIONES EXTERIORES EN FE DE LO CUAL, los Ministros de Relaciones Exteriores firman la presente Acta Final. HECHA en la ciudad de Santiago de Chile el dia 18 de agosto de 1959. El Secretario General depositara el original del Acta Final en los Archivos de la Unién Panamericana, la cual enviar4 copias certificadas de ella a los Gobiernos de las Reptblicas Americanas. POR EL BRASIL: (F.) Horacio Lafer POR GUATEMALA: (F.) Jess Unda Murillo POR MEXICO: (F.) Manuel Tello POR CUBA: (F.) Ratil Roa Garcia POR BOLIVIA: (F.) Victor Andrade POR HAITI: (F.) Louis Mars POR LA REPUBLICA DOMINICANA: (F.) Porfirio Herrera Baez POR NICARAGUA: (F.) Alejandro Montiel Argiiello POR COLOMBIA: (F.) Julio César Turbay Ayala POR PANAMA: (F.) Miguel J. Moreno, Jr. — 139 — POR COSTA RICA: (F.) Alfredo Vargas Ferndndez POR EL PERU: (F.) Radi Porras Barrenechea POR VENEZUELA: (F.) Ignacio Luis Arcaya POR HONDURAS: (F.) Andrés Alvarado Puerto POR EL SALVADOR: (F.) Alfredo Ortiz Mancia POR EL ECUADOR: (F.) Carlos Tobar Zaldumbide POR EL URUGUAY: (F.) Homero Martinez Montero POR EL PARAGUAY: (F.) Raul Sapena Pastor POR LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA: (F.) Christian A. Herter POR LA ARGENTINA: (F.) Didgenes Taboada POR CHILE: (F.) German Vergara Donoso. TEXTO DEL DISCURSO PRONUNCIADO POR EL MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DEL PERU, DOCTOR RAUL PORRAS BARRENECHEA, EN EL ALMUERZO QUE EL CONGRESO NACIONAL DE CHILE OFRECIO A LOS SENORES MINISTROS DE RELACIONES EXTERIORES DE LAS REPUBLICAS AMERICANAS EL DIA 13 DE AGOSTO DE 1959 Sefior Presidente del Senado; Sefior Presidente de la Camara de Diputados; Sefior Presidente de la Corte Suprema; Sefiores Ministros de Relaciones Exteriores; Sefiores Congresales; Sefiores: En nombre de los Cancilleres de América y por virtud de un man- dato representative, me toca responder a la voz cordial de los legisla- dores chilencs, que vos encarnéis, sefior Presidente, con la prestancia liberal de vuestras palabras y vuestro augutio de fe y esperanza. Nada puede halagar més el sentimiento democratico de quienes traemos a Chile la representacién de todos los pueblos del Continente, que esta recepcién en el recinto de las leyes en el que, el equilibrio v la cordura politica del pueblo chileno, trazaron normas de sagacidad 2 la demo- cracia americana y pusieron las firmes lineas de un institucionalismo, pasado en la subordinacién del interés particular al interés comin y en el rechazo de todo cesarismo, a las fuerzas desbordantes de la anarquia y del individualismo romAntico, Me es grato hacerlo como representan- te del Pera, siempre fiel a la voz de unidad americana y como vocero del pueblo de Lima, libremente elegido por el més alto sufragio para formar parte del Senado del PerG, en la gran renovacién democrética peruana que significaron los comicios de 1956, en que se exorcisé por undécima vez, la plaga endémica de las dictaduras. Es mi deber primordial agradecer, a nombre de todos nosotros, de nuestros Gobiernos y de nuestros pueblos, la hospitalidad de Chile y de su Congreso. Evoco para enaltecerla, como simbolo de este pueblo, de su vocacién de librtad, y también como paradigma de la amistad en- tre Chile y el Pert, para depositar ante ella nuestro simbélico tribute de homenaje, la figura de Bernardo O'Higgins, fundador de la indepen- dencia de Chile y de la del Pert, quien educado en los centros de Ia — 41 — cultura colonial peruana, fué como Washington y como San Martin la encarnacién del desinterés civico. Asceta del deber y estoico de la vic- toria, el héroe chileno se despojé de sus insignias militares, al dia si- guiente de Ayacucho, para ostentar su personalidad civil y fué a buscar el anonimato y el olvido bajo la niebla de Lima o en la paz de Mon- talbaén, entre vifias y maices geérgicos, para dar a la hospitalidad pe- ruana un nombre en la geografia de la gratitud y el desprendimiento, como el de Boulogne sur Mer, como Mont Vernon o como Santa Marta. Su nombre, como dijera el Pera al devolver sus restos “fué simbélico en el poder, en la proscripcién y en la tumba, para servir a la gran causa de la unidad americana”. A la par que al pueblo de Chile y a su Gobierno representativo, agradecemos su acogida al Parlamento chileno, que ha cumplido noble- mente sus funciones defensivas de la democracia y catalizadoras de la opinién publica. Ser recibidos en el Congreso de Chile implica para no- sctros, como lo habéis resaltado acertadamente, una inspiracién serena que ha de refluir sobre nuestras deliberaciones, ya que la democracia vive de la libertad de opinar, de la posibilidad del didlogo, de la fuer- za educativa de la palabra hablada, que son distintivos del Parlamento asi como su poder de discutir la injusticia, y de la tolerancia para las ideas ajenas que él representa en el engranaje democratico y, sobre to- do, del respeto y de la comprensién reciprocos. En ellos han de inspi- rarse nuestros debates abocados, por razones de nuestra representacién soberana, al mas alto nivel dialéctico. El anhelo de los libertadores de una unidad continental, que su- perara lo celular, lo limitado, lo localista y atendiera a la comunidad de lengua o de espiritu, 2 la voluntad de mantener ciertas formas de vida, ha ido adquiriendo, a pesar de las fuerzas centrifugas de nega- cién y discordia, personalidad y conciencia distintivos, que se han cris- talizado en una colectividad ejemplar de pueblos y en un cuerpo juri- dico de normas. que definen el sistema interamericano y lo individuali- zan en el mundo, por el predominio del derecho sobre 1a fuerza, la eli- minacién de las rivalidades de poder y la conviccién de la incompati- bilidad entre Ja civilizacién y la guerra. En el siglo XVIII un brasilero ilustre, Alexandro de Gusmao pro- picié, ya, una personerfa internacional americana, al margen de las com- petencias dindsticas de Europa, al revivir la “ligne des amitiés” que trazaba entre América y Europa un meridiano para dividir el hemisfe- rio de Ja guerra del hemisferio de la paz. Esa voeacién solidaria, basada en la igualdad absoluta de nuestros Estados y en la libre determinacién de ellos, en los principios éticos de nuestra cultura cristiana y humanistica, ha impulsado una unién forma- da Gnicamente para la paz y que aspira, no sélo a consolidar Ia paz en América, sino a extenderla, si fuera posible, a las fronteras tantas ve- ces ensangrentadas de Europa. Nuestras democracias han enarbolado, a lo largo de su convivencia internacional y de su propésito unitario, uma serie de principios basicos de su orden juridico que han sido destacados en el umbral de esta Con-