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TOMO XVII JULIO - DICIEMBRE DE 1957 N° 52 LIMA - PERU 1958 SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL TOMO ZVI JULIO-DICIEMBRE DE 1987 Ne 52 REVISTA PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL ORGANO DE LA SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL e COMISION DE LA REVISTA Alberto Ulloa Manuel Felix Matruc Pedro Ugarteche Fernando Schwalb Edwin Letts Victor Proaiic JEFE DE REDACCION: Gonzalo Feméndez Puyé SUMARIO PAGS. ALBERTO WAGNER DE REYNA—Las Mediaciones Anglo-Fran- cesas y Norteamericanas en el Conflicto con Espafia ... 153 CarLos AREVALO CARRENO.—Apuntes sobre la Situacién Ju- ridica de Ios Cénsules ws. cece rere eee etree teen tree 193 Documentos Importantes: Discurso del Profesor Haroldo Valladao en ja X Cor rencia Interamericana de Abogados . 198 El Instituto Hispano Luso Americano y el Instituto cae. ticano de Derecho Internacional .......6-- 2+ seers + 202 Acuerdos Internacionales: YT Reunién de la Comision Mista Peruano-Boliviana Acta Final : 205 Convenio Peruano-Brasilefio de Cooperacién Comer and Econémica y Técnica . we seamen tet 207 Sociedad Peruana de Derecho ateraacioal coy 223 Notas Bibliograficas 229 Calendario de Sucesos Inter acioraian: ¥ 233 LIMA - PERU 1958 SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACICNAL CONSEIO DIRECTIVO Presidente: Dr, Alberto Ulloa §&. Vice-Presidente: Dr. Juen Bautista de Lavalle Secreiario: Dr, Enrique Garcia Scaydn Pro-Secrstario: Dr. Edwin 3 Hiederabeemerane vee eta inans Tesorero: Dr. Gonzalo Ferndndez Puyd Pro-Tesorera: Dr. Manuel Garcia Calderdn VYocales Dr. Francisco Tudela y Varela Dr. Arturo Garcia Solaz Dr Victor Andrés Belad Dr. Pedro Ugariteche i | { Dr. Aguilar Corneic, David Dr. Tberico, Mariano i | a Alvarado G., Luis » bLeavalle, Jucn Bauiisia de i » Aramburt, José Félix , Letts, Edwin i i i Aramourt Menchaca, Andras , Leon Barandiardn, losé | i » Arias Schreiber, Didmedes r ee He manda de | » Barreda Laos, Felipe i ys Carlos | » BSasadre, Jorge = Manuel » Beladinde Victor Andrés i a ro Ouse ada, Luis i | , Bustamante y Rivero. Jos » Neuhaus Ugartec! : » Deustua A., Alejandro » Olveira, Pedro i a? oie noza Saldana, Addn » Porras Barrenschea, Raul | i i , Juan Ignacio » FProaie, Victor G. | | it ve eis Manuel » Schwalb L. A,, Fernande { eo Gastaneta, Carlos » soll y Muro, A } ig ey. Artu ure « Tudela y veal, Francisco i it Sayan, Er « Ugarteche, P A Gsores, Cuil , Ullsa, 1 i rs 22 Ditioni, , Villerén, Manuel Vicente : MIEMBROS ASOCIADOS | “ — _ ; ee . | Dr Arévalo, Carlos Dr. i ey Bakula, UW : ae ! | Delgado Inigoyen, javier — ms | |, Encinas Pando, José A. ‘ a i |. Femdndez Puydé, Gonzalo ia Alberto | SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL TOMO XVII JULIO-DICIEMBRE DE 1957 NO 52 REVISTA PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL ORGANO DE LA SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACICNAL COMISION DE LA REVISTA Alberto Ulica Manuel Félix Matriua Pedro Ugarteche Fernando Schwalb Edwin Letts Victor Proaio JEFE DE REDACCION: Gonzalo Ferndndez Puyé SUMARIO PAGS. ALBERTO WAGNER Ds ReyNa—Las Mediaciones Anglo-Fran- cesas y Norteamericanas en el Conflicto con Espafia ... 153 CaRLos AREVALO CARRENO.—Apuntes sobre la Situacién Ju- ridica de los Cénsules ..........0eeee serene weg 1193 Documentos importantes: Discurso del Profesor Haroldo Valladao en la X Confe- rencia Interamericana de Abogados .... _ 199 Bl Instituto Hispano Luso Americano y el Instituto Ame- ricano de Derecho Internacional ...... cesses 202 Acuerdos Internacionales: TII Reunién de la Comisién Mixta Peruano-Boliviana Bota Final cc sn os see oisae ccs pe ag PP Ot oe ae ewe 205 Convenio Peruano- Brasilese - Cooperacién Conieretal, Econémica y Técnica - 207 Sociedad Peruana de Derecho Jataenabional 223 Notas Bibliograficas 229 Calendario de Sucesos Taternacionales 233 LIMA - PERU 1958 La responsabilidad de las ideas y opiniones sustentadas en ios articulos y mnotas correspon- den exciusivamente a sus autores. LA COMISION LAS MEDIACIONES ANGLO-FRANCESA Y NORTEAMERICANA EN EL CONFLICTO CON ESPANA (Enero de 1866 - mediados de 1867) por ALBERTO WAGNER DE REYNA Las mediaciones anglo-francesa y norteamericana, desti- nadas a poner término a la guerra entre el Perti y Chile, de un lado, y Espafia, del otro, no han sido hasta ahora estudia- das detenidamente, con excepcién de la parte inicial de la ges- tidn estadounidense en el libro de William Columbus Davis “The last conquistadores” (University of Georgia Press, 1950) Quiere este articulo suplir esta falta y referirse al periodo des- de enero de 1866 hasta mediados de 1867, que se encuentra bajo el signo de estas mediaciones y de la alianza del Pert con Chile, Bolivia y Ecuador. La gestion norteamericana es reiniciada en 1868; y el 11 de abril de 1871 se llega a la firma en Washington de un at- misticio entre los beligerantes. Pero esta etapa diplomatica pertenece a un periodo diferente pues la guerra en el Pacifico habia ya cesado de hecho con el acuerdo chileno-espafiol de salida de buques suscrito en Londres el 7 de febrero de 1868, que produjo un distanciamiento entre los aliados de la vispera. ANTECEDENTES La noticia de que una expedicién cientifica se habia he- a la mar en C&diz, el 10 de agosto de 1862, con destino al Pacifico causé una viva preocupacién en los Estados ameri- canos riberefios de ese océano, en especial en el Pert. Los hombres de ciencia viajaban a bordo de buques de guerra, que componian una division naval al mando de un general, y el Peri habia seguido una politica de solidaridad continen- tal en las intervenciones europeas en México y Santo Domin- go que hacia esperar, y con raz6n, la animosidad de Espa- fa, de modo que el Presidente Mariscal San Roman solicits facultades extraordinarias y autorizacion al Congreso para re- forzar la marina nacional (1). Una potencia no directamente interesada en el asunto —los Estados Unidos de Norteamérica— previ6 también que la presencia de la escuadra de S. M. C. en aguas del Pacifico podia suscitar dificultades y, en consecuencia, el Gobierno de Washington, con fecha 9 de febrero de 1863 (2), instruyé a su Ministro en la Corte de Madrid para que estudiara la po- sibilidad de interponer los buenos oficios de su pais en el amenazante diferendo peruano-espanol y sondeara el terreno que encontraria un paso de esta naturaleza. Una gestién en el mismo sentido ante el sefior Federico L. Barreda, Minis- tro del Peri en Washington, fué favorablemente acogida por éste. Al producirse la ocupacién de Jas Islas de Chincha, el 14 de abril de 1864, por la escuadra espanola al mando del General Pinzon, la reacci6n peruana fué —junto cen prepa- rarse para ia guerra y promover la solidaridad regional— cottar tada relacion con Espana hasta no recibir satisfacciones del agravio, al mismo tiempo que insinuaba la intervencion de potencias amigas no hispanoamericanas a fin de que éstas bus- casen un avenimiento sobre ia base de una satisfaccion previa al Pera. El Gobierno de Lima pensaba especialmente en el Gabinete de Washington, y le did claramente a conocer su deseo (3). Desde este momento se plantea el tema de la me- diacion norteamericana como /eitmotif optimista en la politi- ca peruana. Las discretas gestiones del Ministro norteamericano en Madrid no llevaron, empero, a ningtin resultado positivo. El 27 de enero de 1865 se firmd, bajo la amenaza de los cafones de la grandemente incrementada flota espafola, el (1) Basadre, Historia de la Republica del Peri, Cuarta Edicién, Lima, -1949. Tomo I, pag. 469. (2) Davis, The Last Conquistadores, pag. 128. (3) Ibid. qdgs, £52 2. 23S. — 155 — Tratado preliminar Vivanco-Pareja, que devolvia las islas se- cuestradas al Pert, pero que contenia estipulaciones que me- recieron el rechazo de la opinién publica y que dié lugar a la revolucién restauradora del honor nacional dirigida por el Coronel don Mariano I. Prado. Mientras tanto el grueso de la Escuadra de S.M.C. se habia dirigido a Chile a exigir reparacién por agravios inferi- dos con motivo de la ocupacién de las Chinchas, y el General Pareja —-sucesor del sefior Pinzén en el comandc— Ilevé sus condiciones a un limite inaceptable para el gabinete de Santia- go. Cuando en setiembre de 1865 se produjo el rompimiento entre ambos, el Cuerpo Diplomatico acreditado en Santiago sugirié negociaciones entre las partes (4) y después propuso él arbitraje como medio de zanjar la cuestién (5), aunque al dia 25 de ese mes habia sido declarada por Chile la guerra a Espafia. Triunfante en el Perti la revolucién, el Gobierno del Coro- nel Prado suscribié un tratado de Alianza con Chile el 5 de diciembre de 1865 —al que accedieron después Bolivia y Ecua- dor—, y declaré la guerraa S. M. C. Las escuadras de am- bos estades sudamericanos se unieron a Chiloé, isla que se escogié como base de operaciones navales. Por nota de 17 de octubre de 1865, Mr. Thomas H. Nel- son, Ministro norteamericano en Chile, en cump'imiento de instrucciones del Secretario de Estado Steward, propuso al Ga- binete de Santiago “el arbitraje de una potencia amiga” y ofre~ cié sus propios buenos oficios y mediacién. Al dia siguiente (6) el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, don Alvaro Co- varrubias, respondidle que aunque habfa pasado la oportunidad (4) Notas del 22 y 24 de setiembre de 1865. Correspondencia diplo- matica anexa a la “Memoria que el Ministro de Estado en el De- partamento de Relaciones Exteriores presenta al Congreso Nacio- nal de 1366”, Santiago de Chile, 1866, pags. 13 y 23 (5) Nota del 18'de octubre de 1865, ibid. pag. 34. En ninguna de estas notas colectivas del Cuerpo Diplomatico aparece la firma de un representante del Perd, pues, retirado el General Vivanco, co- municé su partida el Encargado de Negocios don Melchor F. Gar- cia por nota al sefior Covarrubias de 28 de junio de 1865. y sélo e! 19 de marzo de 1866 solicita don José Pardo y Aliaga audiencia para presentar sus Credenciales. De junio a febrero no hay Legacién del Pera en Santiago y sus archivos se encuentran en poder cel Cén- sul General ea Veiparaiso, don Juan Arguedas F. Prada (6) Ver correspondencia anexa a citada Memoria, pags. 37-39. — 156 — del arbitraje, mi gobierno procuraba restablecer la oportuni- dad perdida, y que encontraba en la mediacién y buenos ofi- cios del sefior Nelson “la espectativa de un arbitro idéneo y de alta imparcialidad”. MEDIACION ANGLO-FRANCESA: PRIMERA FASE. En sendas notas de 29 de enero de 1866 (1) los Encar- gados de Negocios de Francia y Gran Bretana en Santiago ofrecieron al Gobierno chileno los buenos ofictos de sus respec- tivos paises y sometieron un memorandum preparado de co- min acuerdo por los Gabinetes de St. James y las Tullerias en que se proponia una formula de avenimiento, ya aceptada por el de Madrid, que en sustancia consistia en: 1) Declaracion de Chile que no ha queride ofender a Espana; 2) Declaracion de Espana que reanuda sus relaciones con Chile y no tiene en mira la conquista o la anexidn de territorios sudamericanos; y 3) Saludo del pabellén espamiol, que seria contestado por un buque de la flota. El 31 de enero respondié el sefior Covarrubias que Chile en vista de la alianza recientemente celebrada con el Pert (2) no podia secundar esta tentativa de desenlace pacifico, si no se tomaba en cuenta la causa de sus aliados. Por lo demés se abstenia “de emitir un juicio directo sobre el mérito de las bases de arreglo” (3) limitandose a insinuar los términos de avenimiento que reputaba admisibles, esto es que consultaran la dignidad, los intereses legitimos y la seguridad de Chile y sus aliados, El contenido de las notas por las que los Encargados de Negocios de Francia y Gran Bretana presentaban sus buenos oficios era conocide de antemano, de suerte que ya el dia 26 de enero era discutido en Lima (4). El Gobierno peruans —cuando la Legacién de Chile lo informé de la gestién anglo- francesa— estuvo de acuerdo con los términos de la negativa (1) Ibid. pag. 107. (2) Ibid. pag. 109. (3) Circular del Ministro de Relaciones Exteriores de Chile a los agen- tes diplomatices en el exterior, de 2 de febrero de 1866, ibid, pag. 11%: (4) Oficio N° 81, de 26 de enero de 1866, de Martinez a Covarrubias, — 1857 — del Gabinete de Santiago (5), pero como no le habian sido ofrecidos los buenos oficios en cuestién no podia adherir ofi- cialmente a la respuesta dada por el sefior Covatrubias (6). Sin embargo esta conformidad total era sdlo aparente; el Canciller peruano Toribio Pacheco dejd entender al sefior Mar- cial Martinez, Ministro de Chile en Lima, que hubiera prefe- rido un rechazo terminante de las propuestas de Francia y Gran Bretafia, como habia sido categérica la negativa del Ple- nipotenciario peruano en Madrid Valle Riestra frente a las insinuaciones del Ministro espafiol D’Donnell. Los manifiestos deseos de paz expresados por el Canciller Covarrubias en su respuesta y él argumento de que las bases propuestas, no con- sultaban los intereses del Pera, eran, segtin el sefior Pacheco, apropiades para hacer creer que Chile estaba ansioso de paz, idea que reforzaban las cartas que se recibian de Santiago y que acusaban a don Alvaro de debilidad e inercia (7). Por es- ta raz6n se abstuvo el sefior Martinez de leerle la circular chi- lena de 2 de febrero en que se da cuenta de la mediacién anglo- francesa (8), pues este documentc expresa que, en las entre- vistas habidas entre el sefior Covarrubias y los agentes de Lon- dres y Paris, aquél habia manifestado exiraoficialmente su opinién contraria a las bases indicadas. El caracter extraofi- cial de esta declaracién habria abonado la opinién del Gobier- no peruano de que Chile se inclinaba a ceder a Ja presién eu- ropea (9), cuando la Cancilleria del Rimac era decididamen- te opuesta a tal temperamento (10). Desde entonces se vislumbra una desconfianza en el Go- bierno peruano frente al chileno en lo tocante a la mediacion anglo-francesa, desconfianza que —-como veremos— sera co- rrespondida en lo que se refiere a la cuestién norteamericana. La idea de la intervencién amistosa de las potencias eu- ropeas quedo latente, y tan es asi que el 14 de mayo de 1866 (5) Memoria del Secretario de Estado Pacheco, Lima 1867, pags. 9.10. (6) Oficio N® 83, de 3 de febrero de 1866, de Martinez a Covarrubias (7) Carta de Martinez a Covarrubias, fechada en Chorrilos, 12 de fe- brero de 1866. (8) Correspondencia anexa a la citada memoria de 1866, pég. 110 y siguientes. (9) Oficio N° 93, de 15 de febrero de 1866, de Martinez a Covarrubias. (10) Oficio N® 83 citado. — 158 — el Encargado de Negocios de 5. M. Britanica Mr. Thomson, volvié a insinuarla al Canciller Covarrubias (11). GESTION NORTEAMERICANA: PRIMERA FASE. Por note de 12 de febrero de 1866, el Ministro de Esta- das Unides en Santiago, ofrecié el arbitraje de los Estados Uni- dos a Chile, manifestando que la propuesta se extendia tam- bién al Peru (1). El dia 17 contesta al sefior Covarrubias que estando pen- dientes las conferencias a que han dado lugar las mediaciones de Francia y Gran Bretafia no puede tomar en consideraciéa la propuesta norteamericana “cuya aceptacion seria inconci- liable con la prosecucién de las gestiones de esos Gabinetes” (Paris y Londres). Anadia, sin embargo, que si esas obstacu- les se removieran el Gobierno de Chile cooperaria a las paci- ficas miras de los Estados Unidos (2). La idea del arbitraje era una novedad en el caso frente a los buenos oficies franco-ingleses que no gust6 de primera impresion al Canciller peruano, de modo que estuvo muy de acuerdo con la respuesta de su colega chileno, teniendo en mente que “tan luego como el Ministro americano haya sabido aue las proposiciones de mediacion han fracasado, conocera que las de arbitraje no pueden tener mejor éxito” (3). A instancias del propio Gobierno espanol, la gestién fué renovada en Washington por el Secretario de Estado Steward ante el Encargado de Negocios chileno Astaburuaga (4), pre- guntando si los Gobiernos aliados estaban dispuestos a acep- tar los buenos oficios de los Estados Unidos para iograr el res- tablecimiento de la paz. El General Hovey, Ministro Plenipo- tenciario de la Union en el Peru, recibié a su vez instrucciones de hacer proposiciones de paz al Gabinete de Lima. A pesar de que desde la primera tentativa norteamericana de aveni- (11) Oficio N° 95, de 16 de mayo de 1866, de Covarrubias a Martinez. (1) Correspondencia anexa a la citada Memoria de RR. EE. de Chile, pags. 115-116. (2) Ibid. pags. 116-117. (3) Oficio N® 35 de Pacheco a Pardo, Lima, 24 de marzo de 1866. (4) Nota de Steward a Astaburuaga de 19 de abril de 1866, Memoria de Relaciones Exteriores de Chile de 18656, pag. 194 y Memoria de Pacheco, pag. 16. — 159 — miente se habian producido dos hechos de armas de funda- mental importancia —el 31 de marzo, el bombardeo de Val- paraiso por la escuadra espafiola, que Chile consideraba un erimen de lesa humanidad, y el 2 de mayo, el combate dei Callao, en que fué rechazada esa flota— remitié este diplo- matico, con fecha 24 de mayo, al Canciller Pacheco copia de la nota de Mr. Seward al sefior Astaburuaga solicitando una pronta respuesta sobre el ofrecimiento de buenos oficios (5). El dia 27 se realiz6 en la Legacién norteamericana una con- ferencia a la que concurrieron los sefiores Martinez y Malo —este itimo Ministro del Ecuador en Lima— en que el General adelanté, como idea propia, las siguientes bases de negociacién: 1, Los cinco beligerantes (Espafia y los cuatro aliados) pedirian simultaneamente 4 los Estados Unidos que mediaran en el conflicto. 2. Las banderas de Espatia y de los paises en guerra con ella serfan saludadas simulténeamente. 3. Las mutuas reclamaciones serian sometidas al arb traje. Estas bases respondian a las tres dificultades que, segtin Mr. Hovey, impedian la paz: a) cierta delicadeza sobre cuél de los beligerantes debia abrir las negociaciones de paz; b) la gtiqueta que debe observarse al hacerse los reconocimientos © saludos nacionales; y ¢) las reclamaciones de las partes, y eran indudablemente m4s favorables que las sugeridas por Francia e Inglaterra, que contemplaban un saludo previo al pabellén espafiol. El mismo dia propuso Mr. Hovey estas bases por escrito (a titulo confidencial) a los representantes de Chile, Ecuador y Bolivia, quienes, al siguiente, las discutieron con el sefor Pacheco (6). El Secretario de Relaciones Exteriores del Perl informé sobre la nota oficial y la propuesta confidencial y privada de Mr. Hovey. El sefior Malo se incliné por que se ovyesen las proposiciones de paz, y el sefior Martinez abogé por (5) Aranda: Coleccién de los Tratados. Tomo VI (Lima, 1896), pag (6) Oficio N® 166, de 19 de junio de 1866, de Martinez a Covarrubias. — 160 — su rechazo. Por fin se acordé la respuesta que habia de dar el Canciller peruano a la nota oficial, y en cuanto a las bases confidenciales, se inclinéd éste por que no debia darse opinidn alguna ni tomarse iniciativa de ninguna especie, porque ello podria inducir a Espana a creer que América buscaba la paz, y por lo dem&as era conveniente saber qué pensaban los Go- biernos de Madrid y Washington sobre todo el asunto después del combate del 2 de mayo. El dia 28, respondia el senor Pacheco —-de acuerdo con los Plenipotenciarias citados—- al General Hovey, que su Go- bierno oira las indicaciones que quiera hacerle el Presidente de los Estados Unidos y las tomara en consideracién siempre gue dejen a salvo la honra, dignidad e intereses presentes y tuturos de las Reptiblicas aliadas y se apresurarA a concertar con ellas la resolucién conveniente. FE] 29 de mayo, dieron los agentes de Bolivia, Chile y E- cuador una respuesta colectiva a su ccolega norteamericano, in- dicandole que no estaban autorizados para negociar, pero que sus Gobiernos oirian benévolamente la sugestién de una po- tencia amiga siempre que garantice los derechos de América. Sin entrar a discutir las bases —-afladian—- era menester sa- ber si Espana sigue en la disposicién de paz que la indujo a buscar los buenos oficios del Gabinete de Washington. En tal caso trasmitirian a sus Cancillerias las indicaciones del Gene- ral Hovey que éste les hiciera como sugeridas por el Presi- dente de los Estados Unidos. Mientras con la respuesta a la nota oficial del Ministro norteamericano, dejaba el sefior Pacheco la puerta abierta para ja mediacién de Mr, Seward, la nota colectiva en contestacién a las bases confidenciales era una habil y firme negativa, pues la Ultima condiciédn de los Ministros aliados contradecia abier- tamente la primera sugestién de Mr. Hovey: que las partes solicitaran de consuno la intervencién del Gabinete de Wa- shington. Es curioso notar que de este modo se trataban en Lima dos iniciativas norteamericanas: la oficial, de buenos oficios, que retiraba la idea del arbitraje y que asumia la forma de adelantar sugestiones (palabra que subraya don José Pardo, Mi- nistro peruano en Santiago, en su oficio N° 99 de 31 de marzo) — 161 — y la confidencial de Mr. Hovey, de arbitraje, que era la an- tigua propuesta que se mantenia, y que correspondia al ver- dGadero deseo del Gobierno de Washington. Por esos mismos dias reunia el sefior Covarrubias en su despacho en Santiago a los Ministros de Bolivia y del Perti y les lefa su respuesta negativa a la propuesta de Mr. Seward al sefior Astaburuaga. El primero estuvo de acuerdo con ella mas no el segundo, que preferia una formula que dejara abier- to el paso a los buenos oficios norteamericanos (7), En vista de esta discrepancia el Ministro de Relaciones Exteriores chi- leno redacté dos oficios de fecha 1° de junio con instrucciones al Encargado de Negocios en Washington: uno de cortés re- chazé de los buenos oficios en cuestion (8) y otro en que se reservaba una respuesta definitiva hasta que Chile se pusiera de acuerdo con sus aliados. Ambos fueron remitidos al sefior Martinez, encargandole coniferenciar con el sefior Pacheco y hacer llegar a su destinatario el despacho que mas conviniera a las miras del Gobierno de Lima. El sefior Martinez cumplié esta instruccién y conversé con el Canciller peruano sobre la epistolar disyuntiva. Se mos- tf6 éste de acuerdo con el primero de los oficios, pues pensa- ba que no llegaria a producirse la mediacién formal que insi- nuaban los buenos oficios. Sin embargo preferia en segundo por la siguiente razén: en los oficios sdlo se hacia referencia al bombardeo de Valparaiso y no al combate del Callao del 2 de mayo; el de rechazo no dejaba —como el condicional— abierta la posibilidad de hacerlo en una nueva comunicacié6n. El Ministro chileno estaba pues perplejo: sus instrucciones no preveian el caso de que el sefior Pacheco estuviese de acuer- do con el contenido del primer oficio pero prefiriese la redac- cién del segundo. Y asi envié ambos —con los antecedentes del caso— al sefior Astaburuaga (9), quien por nota de 5 de julio expres a Mr. Seward que Chile abrigaba poca esperan- za de llegar a un arreglo pacifico con Espafia mientras ésta no reparara las ofensas inferidas a América, con lo que se de- (7) Oficio N° 103, de 2 de junio de 1866, de Covarrubias a Martinez. Cf. Oficio N° 111 de Pardo a Pacheco, de 3 de junio de 1866. (8) Oficio de 1° de junio, que en extracto aparece en Memoria de Relaciones Exteriores de 1866. (9) Oficio N° 176, de junio 12 de 1866, de Martinez a Covarrubias. — 162 — sahuciaba los buenos oficios del Secretario de Estado (10). Esta respuesta fué aprobada por el Gobierno del Peri (11). La intencion del Gobierno de Madrid de reocupar las Is- lag ‘de Chincha —declarada al Gobierno de Washington— (12), el bombardeo de Valparaiso el 31 de marzo de 1866 por la escuadra espafiola, el manifiesto convencimiento del Go- bierno chileno de que las intenciones del espafiol no eran lea- les (13) y, por fin, el oficio al sefior Astaburuaga de 1° de junio, son antecedentes del retiro de los buenos oficios ameri- canos y del arbitraje propuesto porque “no todos han aceptado ese ofrecimiento de una manera tan completa para justificar, al presente, una esperanza de que estos buenos oficios pudie- ran levar a efecto la restauracién de la paz”. (14). A lo largo de los meses, las dos gestiones —la anglo-fran- cesa y la norteamericana— seran, al renovarse, por asi decir tivales y parecen excluirse; la intencion britanica era inicial- mente coordinar una accién conjunta de las tres potencias (15) mientras que los Estados Unidos preferian conservar su liber- tad de accion. MEDIACION ANGLO-FRANCESA: SEGUNDA FASE. Tanto en el Peri como en Chile se creia que la noticia Gel bombardeo de Valparaiso y del combate del Callao cam- biarian el cuadro diplomatico de la guerra y que los paises amigos y mediadores deducirian las consecuencias de estos he- chos en lo tocante a la buena fe del Gobierno de Madrid y a la disposicién de los aliados del Pacifico a continuar !a con- tienda. Sin embargo, la situacién no cambié mayormente de cariz, y tanto los Estados Unides como Francia y Gran Bre~ tafia continuaron deseosos de provocar un entendimiento en- tre los contrincantes. Y a su vez los Gobiernos de Lima y San- (10) Ver Memoria de Relaciones Exteriores de Chile de 1866, pags. 253-4. (11) Officio N° 205, de 2 de agosto de 1866, de Martinez a Covarrubias- (12) Davis, ob. cit., pags. 327. (13) Ibid. pags. 327. (14) Nota del Secretario de Estado Seward al Encargado de Negocios de Chile en Washington de 10 de julio de 1866. Correspondencia anexa a la citada Memoria, pags. 255-56. (15) Davis, ob. cit. pag. 280 — 163 — tiago no dejaron de tener en vista al hacer preparativos de guerra ofensiva, las ventajas de las frustradas pero renovables mediaciones o buenos oficios y buscaban establecer cual seria mAs conveniente y desinteresada, aunque sabian que Inglate- tra estaba inspirada por razones economicas y los Estados Uni- dos por politicas. En efecto, el 27 de setiembre de 1866, los Encargados de Negocios de Gran Bretafia y Francia en Lima, les sefores Barton y de Lesseps, respectivamente, proponian por nota conjunta al Secretario de Relaciones Exteriores peruano doa Toribio Pacheco, los buenos oficies de sus paises. En la misma fecha contestaba éste que no podia adoptar una determinacién definitiva al respecto por depender del acuerdo de los aliados y que en consecuencia no aceptaba ni rechazaba la insinuacién hasta realizar la consulta indicada (1). Poces dias después, el 1° de octubre, los Encargados de Negocios de las citadas potencias en Santiago, sefiores Thom- son y Flory, ofrecian al Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, don Aivaro Covarrubias, los buenos oficios de sus Can- illerias, manifestandole también que para el mismo efecto se dirigian a las de Madrid, Lima y Quito. Pero avanzaban un paso més: en el caso que se aceptara la gestién anglo-fran- cesa proponian el siguiente modus operandi: cada uno de los beligerantes formularia sus pretensiones y los Gabinetes de Paris y Londres, temando en consideracién ias de todos, indi- carian las bases de un arreglo satisfactorio y honroso para las partes, quienes quedarian en libertad de acogerlas o rehu- satias. Los Encargados de Negocios expusieron que creian que durante estas negociaciones no podrian realizarse actos de hos- tilidad, idea que rechaz6 el Ministro. (2). El Gobierno chileno dié noticia de la propuesta a los agentes diplomaticos del Pe- ra y Bolivia en Santiago (3), y al dia siguiente, en nueva conferencia (4), con los sefiores Flory y Thomson, la acepté. Preguntado el sefior Covarrubias si podia desde ya formular las pretensiones de su Cancillerfa repuso que para ello requeria del acuerdo con las Reptblicas aliadas. (1) Aranda, Coleccion de Tratades, Tomo VI, Lima, 1896, pdgs. 966-7 (2) Documentos anexos a la citada Memoria de 1867, pag. 21. (3) Memoria citads, pag. 8 (4) Documentos anexos a la citada Memoria de 1867, pag. 23. gong PGA me Casi simultaneamente con esta aceptacién de buenos ofi- cios, el 4 de octubre, embarcaba en el Callao, rumbo a Valpa- raiso, don Marcial Martinez, Plenipotenciario de Chile en Li- ma. No lo llevaba negocio de poca monta a Santiago, sino nada menos que el plan de campana contra la flota espanola, que personalmente iba a poner en manos del Presidente Pérez y de su Canciller (5). El clima politico en ambas capitales era pues en ese momento distinto y la noticia de la respuesta, aunque condicional, afirmativa del Gobierno chileno a la sugestién anglo-francesa debe de haber causado grave inquie- tud en Lima, pues en la segunda quincena de octubre viajé el propio Canciller Pacheco a Chile. El 26 de ese mes, ya estaba el sefior Martinez de vuelta en Lima, y en una entrevista con el Jefe Supremo don Ma- riano I. Prado éste pididéle explicaciones sobre la aceptacién de los buenos oficios, y le manifest6 que “sentia grandemente que esa aceptacion hubiera tenido lugar”. Consideraba que Chile se habia colocado, al proceder sin ponerse de acuerdo con sus aliados, en una situacién muy embarazosa, y que a la vuelta del sefior Pacheco seria necesario estudiar la manera de “salir del paso sin herir a los mediadores”. El senor Marti- nez se refirié a la presién de las potencias europeas, a ia mala posicién en que se coloca quien mo acoge en principio una amistosa intervencién diplomatica, en especial si el con- trario lo hace —lo que era de presumirse en el caso de Es- pafia, como se desprendia de la informacién dada por el Mi- nistro de Chile en Paris, sefior Rosales (6)—, y resto impor- tancia a la-aceptacién condicionada de los buenos oficies. To- mando !a cfensiva, el sefior Martinez recordé que el Pert ha- bia procedido en igual forma frente a la gesti6n norteameri- cana, a lo que repuso el senor Prado que era diferente un ofre- cimiento “incoloro y mal definido” de un amigo comin de una mediacién formal, en que se fijaba el procedimiento, poz parte de potencias europeas, cuya influencia y presidn eran inconvenientes y peligrosas. Su Excelencia era pues franca- mente opuesto a la gestién anglo-francesa y partidario de se- guir adelante con el plan ofensivo. A esto se anadia la cir- (5) Of. 229, de 26 de octubre de 1866, de Martinez a Covarrubias. (6) Of. de 13 de setiembre, de 1866, de Rosales a Covarrubias. — 165 — sunstancia de que el Gobierno de los Estados Unidos mani- festaba —segtin el Plenipotenciario peruano en Washington— pesar porque las Cancillerias de Paris y Londres habian lo- grado mediar, y estaba dispuesto a bucar una solucién mas ventajosa para América (7). Estando las cosas en este punto, se produjo una extem- porénea propuesta de los mediadores, que fué entregada al se- for Covarrubias en conferencia de 7 de diciembre de 1860. (8). Cambiaba ella el caracter de la negeciacién, pues antes de que Chile y sus aliados hubiesen presentado sus pliegos de reclamaciones, Francia y Gran Bretafia sugerian motu pro- prio la siguiente férmula de avenimiento: 1. Declaraciones reciprocas en el sentido de las bases sometidas en la primera fase de la mediacién, salvo los saludos en vista de la ausencia de la bandera espaficla en el Pacifico. 2. Restablecimiento en su pleno vigor del Tratado en- tre el Pertti y Espaiia de 27 de enero de 1865. 3, Revocacién de las medidas contra los peninsulares en las Repiblicas aliadas. 4. Indemnizacién reciproca de dafios causados después de la declaracién de guerra, canje de prisioneros y mutua de- volucién de presas. Don Alvaro Covarrubias tomé nota de la férmula, y ma- nifest6 que no podia entrar a discutirla sin acuerdo de los Gobiernos aliados. Dos dias después, escribia el Canciller al Ministro de Chi- le en Lima, refiriéndose a toda la negociacién: “La forma en que se nos hizo el ofrecimiento de mediacién, que se halla determinada en el protocolo de la primera confe- rencia, nos colocaba, a nuestro juicio, en el caso de aceptarla. Asimismo lo creyeron el senor Pardo y sefor Pacheco con quienes nos encontramos totalmente de acuerdo en este asun- to. Las aceptamos, pues, como di noticia a V. 8. oportuna- mente. Pero, el Encargado de Negocios de S.M.B. me presenta (7) Of. 233, de 3 de noviembre de 1866, de Martinez a Covarrubias (8) Documentos anexos a la citada Memoria de 1867, pags. 24 y si guientes. — 166 — antes de ayer las bases sobre las cuales podria verificarse el avenimiento de nuestra actual contienda con Espana, signi- ficAndome que ellas debian considerarse inicamente como simples bases de discusién. Ya de antemano habia tenido yo noticia del paso que debia dar el sefior Thomson, y, aunque no conocia las estipu- laciones que sé establecian en las bases referidas, convine con el sefior Pacheco en no dar al diplomatico britanico ninguna opini6n sobre ellas y en prometerle sélo que, después de po- netlas en conocimiento de los demas Gobiernos de las Repi- blicas aliadas, transmitiria a él y a su colega de Francia la resolucién que, de comtin acuerdo se juzgase conveniente adop- tar sobre el particular. Asi lo hice en efecto, significando al mismo tiempo al senor Thomson que la presentacidn de aquellas bases envol- via una desviacién notable de la forma primitiva en que los Gobiernos de Francia e Inglaterra ofrecieron al de Chile la interposicién de sus buencs ofictos. Como lo vera V. 8. por la dltima de las copias referidas, dichas bases son de todo punto inaceptables. Por mucho que deseemos la paz nunca la celebrariamos si para ello fuese pre- ciso subscribir a semejantes condiciones. No dudo que opine como nosotros el gobierno de esa Re- publica, y al encargar a V. 5. de darle conocimiento de lo ex- puesto y de transmitirme oportunamente su contestacién, el aGnico fin que tengo en mira es cumplir lo estipulado con los representantes de los Gobiernos mediadores” (9). Mientras tante, por nota de 11 de noviembre, los sefiores Barton y de Lesseps solicitaban del Gobierno peruano una respuesta al ofrecimiento de buenos cficios de las Cortes de St. James y de las Tullerias, a lo que don José Antonio Barre- nechea, a la sazén Sub-Secretario encargado de la Cartera de Relaciones Exteriores por ausencia del sefior Pacheco en Cht- le, contestaba evasivamente en nota de 13 del mismo mes (10), sin conocer atin el nuevo giro que habia tomado la ne- -gociacién en Santiago. En conierencia del 19 de noviembre mostr6 e! senor Mar- (9) Of 141 de 9 de noviembre de 1866 de Covarrubias a Martinez. (10) Aranda, ob. cit. Tomo VI, pags. 967 y siguientes, — 167 — tinez al senor Prado los documentos remitidos por su Cancille- via y éste declaré tan inaceptables las bases que se excusé de discutir sobre ellas (11). Pero, aparte del propio tenor de la nueva propuesta anglo-francesa y de ta prevencién de Su Ex- celencia contra la ingerencia europea en la cuestidn espafola, habia una razén més para que el Gobierno de Lima asumiese una actitud negativa, y ella era que se perfilaba ya la reno vacion de la mediacién norteamericana (12). LA GESTION NORTEAMERICANA: SEGUNDA FASE. El 6 de octubre de 1866, el Secretario de Estado nortea- mericano, Mr. Seward, tuvo una larga conferencia con el Mi- nistro peruano en Washington don Federico L. Barreda, en la que, junto con hacer valer la prioridad cronolégica de su get- tién de avenimiento y las ventajas de resolver en la capital de la Union, y no en Europa, el conflicto de Espana con las Re- publicas aliadas, propuso el siguiente plan: el Presidente de jos Estados Unidos dirigiria a los beligerantes sendas a idén- ticas notas invitandolos a enviar a sus Plenipotenciarios 4 Washington, los que reunidos en Congreso bajo la presiden- cia de departamento de Estado, entrarian en negociaciones de paz. En los puntos de reclamacién o en los que no se alcan- zara a un acuerdo —ni atin mediante los buenos oficios de los huéspedes de la conferencia— el Presidente de los Estados Unidos nombraria un Arbitro que decidiria sobre ellos. Acep- tado este procedimiento se firmaria un armisticio que envol- veria el reconocimiento de las naciones signatarias y su inte- gridad territorial. Por Gltimo, si las Reptblicas del Pacifico conviniesen en este medio de arreglo, los Estados Unidos in- vitarian al Brasil y sus aliados, asi como al Paraguay, a con- currir a dicho Congreso a fin de poner término a la guerra que sostenian. Para el senor Barreda la propuesta era satisfactoria ya que el hecho de Ilevar a Espafia a defender su causa nate un Congreso de Plenipotenciarios americanos constituiria para (lL) Of. 245, de Martinez a Covarrubias, de 20 de noviembre de 1865. (12) Of. 230, de 15 de noviembre de 1866, de Martinez a Covarrubias. — 168 — ella una grave derrota y significaria la pérdida de su influen- cia en el Continente (1). Aunque el sefor Pacheco se encontraba ausente en Chile, el Jefe Supremo del Perti resolvid acceder a esta oferta de me- diacién de los Estados Unidos por considerar aceptables las indicaciones para abrir la negociaci6n y juzgar que un rechazo podria constituir un desaire para el Gobierno de Washington. Tan favorable disposicién fué comunicada pocos dias después, verbal y confidencialmente, por el Coronel Prado al General Hovey, Ministro estadounidense en Lima, que no oculté su satisfaccidn (2). Y en consecuencia por oficio de 4 de noviem- bre, suscrite por don José Antonio Barrenechea, se dieron ins- trucciones al senor Pardo en Santiago para que informara de la resoluci6n peruana al Gobierno de Chile y obtuviera su conformidad (3). Para comprender esta inmediata reaccién del Perit es me- nester recordar dos circunstancias de cierta monta: en primer lugar, Chile habia aceptado sin consultar al Gobierno de Lima la mediacién anglo-francesa, cosa que habia causado disgusto al Gobierno del sefior Prado; en seguida, los Estados Unidos no habian retirado frente al Peri sus buenos oficios, paso que sé6lo habian dado en relacién con Chile (4),'de modo que para la Cancilleria del Rimac en realidad se trataba de ls continuaci6n de un negocio en marcha, que ahora adquiria caracteres mas definidos. Hl senor Martinez —a quien la idea no parecié tan mala— en oficios a su Cancilleria de 3 y 4 de noviembre (5), daba algunos datos complementarios: el Arbitro seria el Zar de Ru- sia y el Pert’ comunicaria al de Washington su aceptacién por el préximo vapor del norte. Parecia, pues, que los aconteci- mientos se precipitaban, sin una razén profunda y poderosa que los explicara, La correspondencia del Ministro chileno en Lima nos re- (1) Officio 168, de 8 de octubre de 1866 de Barreda a Pacheco — Correspondencia anexa a la citada Memoria de 1867, pags. 39-41. (2) Oficio 239, de 15 de noviembre de 1866, de Martinez a Cova- trubias. (3) Correspondencia anexa a la citada Memoria de 1867, paAgs. 37-39. (4) Memoria del Canciller Pacheco, pag. 17, (5) Oficios 235 y 236. — 169 — yela, sin embargo, algo mas. Con fecha 1° de noviembre ha- pia redactado este diplomatico una larga exposicién al Pre- sidente Pérez en que explica sus ideas sobre la situacién inter- nacional, y en que al referirse a la “gravisima cuestién de la paz” da con franqueza su opinién basada en las Ultimas obser- vaciones hechas por él: “sea por estas o aquellas razones, la guerra no puede continuar por el momento, y de aqui nace la diversa situacién en que se encuentran los Gobiernos de las dos Reptblicas aliadas. El de Chile, que no tiene més interés que el de su honra y el de la América, puede esperar mejor opor- tunidad; pero el del Pera, que, 2 m de esos intereses, tiene otros, cuales son los de la organizacién del pais, que cree po- der completar a la sombra de !a guerra exterior, y Si se quiere también el interés que nace de las clausulas del pacto de 5 de diciembre que le son favorables, no se encuentra dispuesta a admitir contemporizacién alguna. De esta diversa situacién emana la diferencia, conque ambos han apreciado la media- cién propuesta por la Francia e Inglaterra. El Gobierno de! Pera se halla dispuesto a rechazarla, al paso que el de Chile la ha aceptadc. Es cierto que aquel alega en justificacién de su conducta altas consideraciones de politica, que ya aprecio en lo que valen, pero tras ellas diviso muy claro la accién de aquellos intereses especiales, que le obligan con mas fuerza a techazar toda idea de mediacién. Qué va a suceder en este conflicto? gCual sera el desenlace de esta situacién tirante? No lo sé, pero sea cual haya de ser, yo siento los sintomas de una penosa desinteligencia entre los aliados, Aun suponien- do que el Pert: arrastrado por el querer de la mayoria de las cuatro Repitblicas, hubiese de aceptar la mediacién, es indu- dable que deducird pretensiones tan exorbitantes que hard im- posible toda negociacién. Desde luego, me parece que querra que el negocio se trate en Norte América, a fin de que, sin men- guar la accién de los agentes de fos mediadores, pueda ejer- cer influencia el Gobierno de Washington que, segtin informes del sefior Barreda, se muestra muy bien dispuesto en favor de las Reptiblicas del Sur”. “Preciso es buscar algim arbitrio que evite ia desinteli- gencia entre nosotros y a esto me he dado en mis meditacio- nes. Admitiendo la hipétesis de que sea para nosotros una fa- — 179 — tal necesidad la de procurar la terminacién de la guerra, creo que el mejor camino que podria seguirse para llegar a buen término, consultando todos los intereses, es el siguiente: “Pactar una tregua por seis meses, con condicién expresa de que se suspenderan los actos de neutralidad de las grandes potencias, de que quedara de hecho suspendido el embargo de los barcos que Espana y Chile tienen en Inglaterra, y por fin que la tregua sera prorrogable. “Concluides los seis meses se ajustara otro pacto, igual al anterior en todas sus partes. “Terminado este segundo periodo, se celebrara un trata- do sencillisimo de paz, poco mas 0 menos en estos términos: Se establece la paz entre los Gobiernos tales y cuales y el de Espafia; no hay devoluci6én de presas (el canje de prisioneros se har4 al mismo tiempo que el armisticio); se someteran al arbitraje de la Rusia las cuestiones de si la Espaha es res- ponsable de los dafios, causados por el bombardeo de Valpa- raiso y del Callao; de si debe devolver los 3 millones de pesos que recibié del Pera, en yirtud del tratado preliminar de 27 de enero; la cuestién de cuanta es la cantidad que el Peri debe a la Espafia por causas anteriores al 14 de abril del 64”. Como se vé, las ideas del sefior Martinez trasuntan las trasmitidas desde Washington y son bastante pesimistas en cuanto a que el Pertti llegue a admitir una mediacién eficaz. Sin embargo, cuatro dias mas tarde parece que la aceptacion por el Perti de la propuesta norteamericana es un hecho prac: ticamente consumado. ¢Qué ha ocurrido? ¢Estaba don Mar- cial mal informado sobre las intenciones del Gobierno de Li- ma? ;O un nuevo factor ha pesado en el animo del coronei Prado? En Post-data del 14 de noviembre, en la misma carta al Presidente de Chile nos da la clave el Plenipotenciario en Lima: “la noticia que le trasmitid su agente diplomatico en Washington de que el sefior Maximiano Errazuriz habia reci- bide orden de suspender toda compra de elementos de guerra y de romper los negocios que sobre la materia tuviesen pen- dientes le causé (al Jefe Supremo) la mas penosa impresion”. En carta particular de esa misma fecha al senor Covarru- bias, se explica mas ampliamente el sefior Martinez sobre su entrevista con el coronel Prado: —i7i— “Me dijo que su principal motivo de agravio consistia en que el Gobierno (chileno) no era con él expansivo, comuni- cative y franco. Mientras yo le doy, me agregaba, pruebas dis- tias de la mayor sinceridad, franqueza y deferencia, no recibo el pago en la misma moneda. Parece que en Santiago hay mas espiritu de exclusivismo y de nacionalidad. Sin hacer mencién de otros hechos, se referia a los ultimos acontecimientos. Chile acept6 la mediacién anglo- francesa, antes de consultar al Pe- ri, al paso que este contesté, asi como posteriormente lo ha hecho el Ecuador, que no podia admitir ni rechazar esa oferta hasta no consultar a sus aliados. Este era el tmico medio de ne exponerse a funestas Gesinteligencias. Pero lo que ha habida de peor es lo siguiente (hablo, refiriéndome al sefior Prado): La compra de “Dundemberg” era asunto que interesaba a am- bos Gobiernos, y tanto que el del Perti habia propuesto com- prarlo de cuenta mitad; no obstante el de Chile dié orden, en los momentos mAs criticos, de que se suspendiese o se rom- piese esa negociacion, y esto sin noticia del Gobierno del Pe- ri. ¢Por qué este silencio? Porque me interrogaba, se le re- gervé a Ud. este hecho importantisimo, cuando fué a tratar prec: samente ese asunto, entre otros? “Chile no ha tenido franqueza conmigo, decia; ha obrado cautelosamente, en estos momentos, em que el acuerdo hu- biera sido el mejor medio de proceder”. Y afiade mas adelante: “Mis explicaciones produjeron el mas brillante resultado. Aan cuando fueron deficientes en cuento al secreto guardado sobre la orden dada a Err4zuriz, pues lo tnico que dije fué que necesitaba conocer los términos de ella y que de ningun modo podia Mamarse secreta desde que debia ser conocida por ei Sr. Barreda, no obstante, Prado se manifestaba llano a aceptar mis excusas. Es de advertir que Barreda es el que ha contri- buido a agriar mds este incidente. El no pierde oportunidad de ensalsar y festejar la politica del Perti, de hacer resaltar la accién que en ello le corresponde personalmente y de man festar que esa politica esta a la cabeza del movimiento ameri- cano. Para conseguir todo esto, nos sefala siempre un lugar subalterno. “FJablando de la orden en cuestién, asevera que le cayo — 172 — como un rayo, y que Errazuriz avergonzado tuvo que partir precipitadamente para Europa. Barreda se empefia hoy en que se admita la influencia Norte Americana, aun cuando se mues- tra mafiosamente timido y reservado en sus consejos, porque cree ser el héroe de Ja fiesta. Nosotros no debemos, a pesar de todo esto, dejarnos arrastrar en nuestras resoluciones de pre- vensiones ni de mezquindades. “Pero, querido amigo, desnudémonos de todo amor propio y pongamonos frente a frente de la historia. ¢Qué va a decirse de nosotros mAs tarde? Que hicimos todo el aparato de arras- trar al PerG a la guerra, que nos manifestamos por ende muy agradecides del Gobierno de Prado; que después cuando éste pugnaba por arrastrarnos a su turno a la guerra ofensiva, no- sotros le opusimos la fuerza de la imercia y scto voce hicimos lo necesario para que la guerra fuese imposible. Por fin, opina el sefior Martinez sobre la gestion ameri- cana misma: “R] Gobierno de Norte América se presta a hacer con no- sotros el papel que ha hecho y hara la Francia con la Espana, cual es marchar por debajo de cuerda en perfecta inteligencia. Puede ser que interese a Seward cambiar respecto a nosotros de politica, como lo viene manifestando desde algunos meses atras, pero sea que exista o no algtin interés egoista en ese sentido, la verdad es que el aspecto de la intrvencién yanqu: es hoy dia bueno. Yo tengo, como el que mas miedo, terror 4 la influencia Norte Americana en estos paises, pero si por vir- tud del ejercicio de una mediacién, ha de adquirir el mediador ascendiente en las naciones llamadas a hacer la paz ¢qué es lo que conviene a la América, que la potencia fuerte preponde- rante sea una europea o que sea una americana?”. Y entrando en aspectos mAs personales dice don Marcial: “Como es natural, Barreda se atribuye todo el honor de lo que esta pasando en Washington. El es el que ha hecho virar la politica de Seward, él le promovié ia conversacion que ha dado motivo a este incidente, él redacté la nota que fué aprobada por el Gobierno de Jhonson, a é! le prodigaron éste y sus Ministros una multitud de elogios. Mientras tanto es notoria que el cambio de frente que ha hecho Seward pro- yiene de su éxito en Méjico, de la felicidad con que se ha 173 — reconstruido la Unién, del clamor piiblico para que adopte una politica americana, de los festejos que los Gobiernos europeos je han hecho dltimamiente, etc. En cuanto a la conversacién referida, es indudable que fué Seward quien la promovio y quien did las ideas. Me cortaria la cabeza si las tres cuartas partes de fa nota, aprobada por el Gabinete de Washington, no son del mismo Seward. “Hay en ella frases, palabras, salvedades, condiciones, que son propias y muy usuales del Ministro Americano. “E] que vaya por nuestra parte a Norte América tendra que chocar de frente con la petulancia del Agente peruano, tendra hasta cierto punto que competir con él en galanteria y cortesania respecto de Saward. “sQué chileno podria ir a manejar una negociacién tan delicada como esta? No veo sino dos, Ud. y Tocornal, Si Ud. no puede desprenderse de Santiago, influya con él para que vaya”. Como en les cuatro primeros dias de noviembre habia despachado el sefior Martinez, amén de varios extensos ofi- cios, las dos larguisimas cartas al Presidente Pérez y al. Can- ciller Covarrubias, termina esta tiltima con una siplica im- precatoria, que a casi cien afios de distancia comprendemos y apreciamos con la més viva simpatia: “Mandame, por Dios, un oficial que ya no tengo pulmenes”. En oficio de 16 de noviembre respondia el] Ministro de Relaciones Exteriores de Chile a su Ministro en Lima que no crefa “llegado el caso de aceptar el ofrecimiento de los Esta- dos Unidos”, pues aun no se habia formalizado. Pero atin en tal supuesto, militaban contra él dos objeciones que hacer: 1— la aceptacién de Chile a la mediacién anglo-francesa, que no se- ria, empero, obstdculo insalvable; y 2.— ja imposibilidad en que se encontraba de iniciar una negociacién pacifica con Es- pafia sin la seguridad de obtener una reparacién por el bom- bardeo de Valparaiso, lo que el Gobierno de Santiago habia advertido a los mediadores europeos, y que era conditio sine qua non. Allanados estos dos inconvenientes —decia el seficr Covarrubias— podria secundar las miras del Pert, mas por el deseo de marchar de acuerdo con él, que en vista de la con- wees TOF es fianza que podian inspirar los Estados Unides “en favor de nuestra América”. Y anadia: “Para hacerse ilusiones halagiiefias a este respecto, es pre- ciso olvidar la historia de los sucesos de la presente guerra. Pero nosotros recordaremos siempre que fué el Gobierno de los Estados Unidos quien nos aconsejaba someternos a las des- honrosas exigencias de Espafia; quien nos censur6é por haber aceptado la guerra y haciendo una triste excepcion entre todas las naciones, inclusa la Francia, se obtuvo de protestar contra el bombardeo de Valparaiso. Cuando se compara la conducta de los Estados Unidos a la noticia de este atentado con la que observé la Inglaterra, por ejemplo, hay razon para desconfiar de la eficacia de los sentimientos de aquella reptiblica en ob- sequio nuestro” (6). * Aunque la respuesta peruana a la sugestién de Mr. Seward parecia inminente, esta no se produjo de inmediato: primero esperaba el coronel Prado la vuelta del senor Pacheco de Chi- le pues no habia si habia contraido alli algan compromisco re- lativo a la mediacién anglo-francesa (7), después —-cuando a su llegada se supo que nada habia acordado el Canciller peruano en Santiago sobre el particular— fué necesario con- cordar las miras de ambos aliados en el sentido de que quedara fuera de un posible arbitraje la indispensable satisfaccién por el bombardea de Valparaiso, de modo que sdlo en el vapor el 28 de noviembre salid el oficic por el cual el senor Pacheco manifestaba al senor Barreda, en Washington, “que esta dis- puesto @ aceptar los buenos oficios de aquel Gobierno en la forma sugerida informalmente por Mr. Seward”, pero al pro- pio tiempo —decia el senor Martinez al senor Covarrubias— comunicando a éste (Barreda) la respuesta de V.S. a la insinua- cién confidencial de esos buenos oficios, para que estudiandola y formando con ella su criterio particular pueda indicar a Mr. (6) Este pdarrafo del oficio ha sido suprimido en el texto publi- cado en la Correspondencia anexa a la Memoria de RR. EE. de 1867, pags. 41-43. (7) Oficio 244, de 18 de noviembre de 1866, de Martinez a Cova- rrubias. — 175 — Seward cuales son las salvedades que el Gobierno de Chile qui- siera que se consultasen en la proposicién formal (8). EL VIAJE DEL CANCILLER COVARRUBIiAS Serias desinteligencias entre los aliados podian, pues, ser producidas por sus diversos puntos de vista en materia de me- diaciones y de enfoque de la guerra maritima. Ello determind el viaje del Canciller Covarrubias a Lima en los primeros dias de diciembre de 1866 “para tratar verbalmente el asunto con los gobernantes del Perit y poner en armonia las miras y re- soluciones de ambos Gobiernos” (1). En varias entrevistas con el Jefe Supremo y algunos Secretarios de Estado, en especial el de Relaciones Exteriores, discutid Don Alvaro los siguientes puntos: A) La disposicién de Chile de ir a la paz gracias a la intervencién diplomatica anglo-francesa, que se suponia en Lima, pe:o acerca de la cual lograron las explicaciones del Canciller chileno disipar toda duda. B) La orden dada al sefior Errazuriz de suspender en los Estados Unidos las negociaciones para la compra de buques de guerra, que —segtin el sefor Covarrubias— no tenia el alcance que le atribuia el Gobierno del Pert. Muy por el contrario, cuando el sefior Prado, deseoso de adquirir para el Peri el poderoso “Dunderberg” pidié a aquél que pusiera a disposicién del sefior Barreda las 80.000 libras esterlinas que el Minis- tra chileno en Washington tenia a la suya, se excusé el Can- ciller manifestando que su pais tenia vivo interés en comprar- lo, “Aunque manifesté a S. E. —dice Don Alvaro a su Go- bierno— buena voluntad para acceder a esta solicitud, le hice con todo presente que ahora teniamos un vive interés en que la compra se hiciese por cuenta de Chile a diferencia de lo que antes pensabamos, pues nos eta entonces indiferente que la compra se hiciese por nuestra cuenta, por la del Pert exclusi- vamente, © por cuenta comtin, como se !o habiamos expresado en diversas ocasiones. (8) Oficio 251, de 3 de diciembre de 1866, de Martinez a Cov rrubias. (1) Memoria citada del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile de 1867. — 176 — “Los esfuerzos que Chile habia hecho para la adquisicién de ese poderoso elemento de guerra, el estado a que el negocio habia llegade, cuando fatalmente se interrumpié, y otras con- sideraciones de no menor importancia, nos hacia mirar como un deber el seguir la negociacién en nombre y por cuenta del Gobierno de Chile. S. E. estuvo perfectamente de acuerdo en esta manera de apreciar la cuestién; y en consecuencia quedé convenido que se darian érdenes al Ministro del Pera en Washington para dejar el negocio en manos de nuestros agentes” (2). C) La disposicién del Gabinete de Lima, de aceptar de plano los buenos oficios norteamericanos y su proyecto de ave- dimiento, comunicado al Plenipotenciario del Perti en Washing ton, quedando aclarado que esa aquiescencia se subordinaba al acuerdo del Gobierno de Chile. Sobre las mediaciones se llegs al compromiso: “1? que sé contestara a la Francia y a la Inglaterra rechazando las bases presentadas, expresando someramente los fundamentos de este rechazo; 2° que se manifestara el pensamiento de los Gobiez- nos de! Perti y de Chile a propdsito de arreglos de paz, expo- niendo que la Espafia ha conculcado en sus procedimientos coa ambos paises y especialmente con ¢l apoderamiento de Jas Chin- chas y el bombardeo de Valparaiso, los principios dei derecho internacional, e insinuando por nuestra parte la resolucion de no llevar adelante la guerra sino por defender tales principios, y hasta obtener las debidas reparaciones y 3° que si Ilegare el caso de que los Estados Unidos ofrezean sus buenos oficios, se les daré una contestacién analcga” (3). D) El destino de la expedicién maritima contra las naves espafiolas, Mientras el Gobierno peruano era partidario —co- mo sabemos— de operar contra las Filipinas, el de Chile que- Ha dirigir las fuerzas navales al Atlantico ya sea Megando solo al Rio de la Plata (Buenos Aires y Montevideo), ya sea hasta las Antillas (Cuba). El ardor bélico aliado nos parece ahora desproporcionado a los medios que tenian a su disposicién Chi- (2) Oficio de Covarrubias al Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Lima, 30 de diciembre de 1866. (3) Oficio de Covarrubies al Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Lima, 11 de diciembre de 1865. Ver también oficio del 30 de diciembre de 1866. — 77 — le y el Pera, de modo que —-pensamos— los cuerdo habria sido prescindir de los planes de una campana ofensiva (que por lo demas nunca Ilegé después a realizarse); pero el acuerdo entre los sefiores Prado y Covarrubias fué otro: se decidio “que res- pecto del movimiento de la escuadra aliada se someteria a la resolucién del Gobierno de Chile la idea de que saliesen para Manila los buques peruanos “Hudscar” e “Independencia”, acompafiados de dos o tres buques chilenos (los que se juz- guen mas aparentes para llenar el objeto de esa expedicién) y para el Atlantico las corbetas peruanas “Unién” y “América” acompanadas también de dos o tres buques nuestros” (4), E) La deuda del Pert a Chile por el mantenimiento de la escuadra peruana. “Pretendié el sefior Covarrubias que el Gobierno del Pert principiase a pagar a Chile, por partes, lo que le adeuda, a consecuencias del mantenimiento de la es- cuadra, El sefior Prado manifest6 la mejor voluntad, pero se excusé con la penuria de su tesoro. El sefior Covarrubias traté de obtener la promesa inmediata de algo, pero no pudo con- seguir nada. Se le dijo que, a medida que se pudiese, se le iria dando abonos mds o menos considerable, con cuya espec- tativa falible hubo de darse por contento el Ministro chile- no” (5). F) Ei nombramiento del Capitan de Navio Williams Rebolledo como segundo jefe de la Escuadra aliada, lo que no fué admitido por el sefior Prado “por la ojeriza que los ma- rinos peruanos tienen contra ese Jefe” (6). Hay un punto més del cual habian tratado los estadistas aliados en Lima, que seria después del mayor momento, pero al que no se hace referencia en ninguno de los dos oficios que escribid el Canciller Covarrubias en 18656 sobre su misién CO ni en el memorandum redactado por el sefior Martinez para resumir los resultados de as negociaciones habidas en ella (8). Solamente encontramos noticia de él en una carta del sefior (4) Officio de Covarrubias de 30 de diciembre ya citado. (5) Memorandum sobre el viaje de Covarrubias (redactado por Mar- tinez). (6) Ibid. (7) Archivo Nacional de Chile — Agentes de Chile en el Pert, tomo 14, afio 1866. (8) En los papeles de don Marcial Martinez, en poder de ta familia. — 1738 — Covarrubias al Ministro de Relaciones Exteriores de Chile del 30 de abril de 1868 (9). Seg ella, tiene don Alvaro memo- ria fresca de haber dado a conocer “el pensamiento que mt (su) Gobierno abrigaba de obtener la liberacién de nuestras corbetas detenidas en Inglaterra, a titulo de neutralidad, p mitiendo a Espafia sacar sus fragatas, que por igual motivo es- taban retenidas en los puertos ingleses”, O no se dié importan- cia a esta manifestacién del Canciller chileno o tuvo ella un caraecter secreto —gue Ilev6 a ocultarla a su propio Pleni- potenciario en Lima—, pues si no seria inexplicable el silencio que guardan los tres tinicos documentos chilenos contempora neos a las negociaciones sobre un punto de tanta importancia para el Gobierno de Santiago. A fines de diciembre estaba don Alvaro de vuelta en su hogar. LA MEDIACION ANGLO-FRANCESA: TERCERA FASE. De acuerdo con lo convenido en Lima, celebré el senor Covarrubias, a su vuelta a Santiago, el 19 de enero de 1867, una conferencia con los Encargados de Negocios de Francia y Gran Bretafia en que adelanté que la respuesta relativa a las bases presentadas por ellos seria negativa y ofrecié fundamen tar por escrito las razones de la misma. Los diplomAaticos eu- topeos expusieron que tenian instrucciones de proponer una tregua indefinida, que no resultaria de un convenio entre fos beligerantes sino de un acuerdo de los mediadores y cada uno de los bandos. Ofda esta insinuacién y después de algunas acla- taciones manifest6é el Canciller chileno que para una contes- tacion a ella se pondria de acuerdo con las Cancillerias de Li ma, Quito y La Paz. (1). “La tregua propuesta —comenta (9) Archive Nacional de Chile — Agentes de Chile en el Peri, tom 14, afio 1866. (al final). (1) Protocolo de 1° de enero de 1867. Documentos anexos a la citada Memoria de Relaciones Exteriores de Chile de 1867, pags, 26-27 Los buenos oficios y mediacién anglo-francesas fueron ofrecidos al Pert el 27 de setiembre de 1866 (Aranda, ob. cit. VI, pag. 966); el 11 de noviembre solicitaron los Encargados de Negocios britanico y francés en Lima una respuesta sobre el particular, y reiteraron est: pedido el 20 de diciembre de 1866 (Aranda, ob. cit. VI pag. 969) El sefor Pacheco respondié el 22 de diciembre (Aranda, ob. cil VI pég. 970) que el Gobierno de Chile —por haberse levado 1s — 179 — después en su memoria ministerial don Alvaro— era suscep- tible de provocar diversas opiniones sobre la conveniencia o inconvenientes de su aceptacién; pero se hallaba lejos de im- putar una ofensa al decoro de los aliados del Pacifico, cuanto gue sdélo tendia a consagrar de un modo seguro el estado pa- sivo en que a !a sazon se mantenia la guerra, dejando intactas las pretensiones y accién «ulterior de todos los beligerantes. Ba- jo este aspecto, pudo estimarse més ventajosa que la propo- sicién de avenimiento de los Estados Unidos, que recordaré en breve, y que libraba la suerte de nuestra causa al fallo de un arbitro desconocido”. (2). Cumpliendo su promesa, el dia 2 de enero —y sin ex- presar juicio sobre la proposicién de tregua indefinida @)— enviaba el canciller a don Marcial Martinez copia del acta de la conferencia, con el encargo de obtener la opinién del Go- bierno peruano (4) sobre el asunto. El dia 17 respondia éste que el Jefe Supremo del Perti no estaba de acuerdo con la tregua propuesta, (5) e informaba también de los progresos hechos por el plan norteamericano en el Gabinete de Lima. Pero mientras tanto ha ocurrido en Santiago algo impre- visto: el dia 12 de enero, don José Pardo, Plenipotenciario del Perti en Chile, va por razones de su cargo a visitar en su des- pacho al sefior Covarrubias y al no encontrarlo pasa a ver 4 don José Joaquin Pérez, Presidente de la Reptiblica. De esta entrevista informal hay dos versiones que parcialmente se cu- bren. Segtin el diplomético limefio, al hablar a Su Excelencia de la salida de la escuadra aliada de Valparaiso para hostilizar a los espafioles, el mandatario chileno le respondié que habia sobrevenido una proposicién de tregua. “Yo manifesté entor ces —dice el sefor Pardo— que no habiende incompatibilidad entre el ofrecimiento de los Estados Unidos y la expedicién, negociacién en Santiago— catia una contestacién en nombre pro- pio y en el del Peri, lo que acontecia precisamente en esta confe- rencia y en la nota de! 23 de enero de 1867 (2) Memorio de Releciones Exteriores de Chile de 1867, pag. 9 (3) Ibid. (4) Correspondencia anexa a la citada Memoria de Relaciones Exterio- res de 1867, pag. 32. Ver también el ficio de Pardo a Pacheco, Aranda, ob. cit. VI, pag. 979, de 8 de enero de 1867. (5) Oficio de Martinez a Covartubias N° 271, Lima 17 de enero de 1867. Ver también oficio de Pacheco a Pardo de 16 de enero de 1867, Aranda, ob. cit. VI, pég. 978. — 180 — mucho menos !o habria entre la propuesta de tregua ya inicia- da y aceptada”. El sefior Pérez expreso que, si el Senado de su pais no habia querido proveer de recursos para la guerra, todo proyecto agresivo era irrealizable y que a él y sus Mi- nistros les habia parecido muy aceptable y nada deshonmrosa la tregua. A lo que el sefior Pardo se limit a decir que no conocia la opinién de su Gobierno pero que suponia que seria contraria a ese temperamento, El agente peruano se form6 asi la opinién de que Chile habia aceptado en principio la idea de la tregua y que sé!o queria la anuencia de sus aliados pa- ra concertarla, opinién que consider6 corroborada al consul- tar el punto con el sefior Covarrubias, pues éste se excusd de manifestarle su parecer sobre la dltima propuesta anglo-fran- cesa, silencio que interpret6 don José como nacido de una in- clinacién decidida hacia ella. (0). La versién chilena es la siguiente: ‘La conferencia del diplomatico peruano con S. E. el Pre- sidente de la Reptblica y algunos de mis colegas fué literal- mente una conversacién privada y familiar. “En ella principiéd el sefior Pardo por preguntar cuanto saldria a campafia la escuadra aliada. S. E. el Presidente le respondié recordando a la ligera los nuevos tropiezos que ha- bian surgido para tomar la ofensiva contra Espana, tropiezos que aumentaban los que han existido siempre, como !o mani- festaré a VS. mas adelante. “Entre los nuevos tropiezos figuraba la entonces reciente proposicién de tregua indefinida, y esto llevé naturalmente a los interlocutores a hablar de esa prcposicién y de la media- cian del Gabinete de Washington. “Discurriendo en este nuevo terreno, S. E. el Presidente emitié la opinion de que la tregua indefinida era preferible a las bases de arreglo propuestas por los Estados Unidos. Agrego gue la primera dejaba a cada uno de los beligerantes en po- sesion de sus pretensiones y con su accién expedita en el por- (6) Ver nota de Martinez a Paredes de 9 de abril de 1867 —-que co- menta al oficio de Prado— anexa al oficio 309 de Martinez a Co- varrubias, Lima 4 de abril de 1867. Este relato se halla, segura- mente, en la primera parte de’ oficio de 16 de enero de 1867, de Pardo a Pacheco, que parcialmente copia Aranda ob. cit. VI pag. 982 y siguientes. — 181 — venir, sin imponerles ninguna condicién humillante o desdoro- sa; al paso que la mediacién norteamericana entregaba sus destinos al fallo de un tercera desconocido e independiente de su propia eleccién, y comenzaba también por una tregua. Tal fué la mente de las palabras de S. E. el Presidente, vertidas por lo demas en la confianza de la intimidad personal, y por tanto poco cuidadosas de la reserva y precisién diplomaticas. “B] sefior Pardo dijo, por su parte, que él presumia que sus compatriotas recibirian la proposicién de tregua como Te- cibieron los israelitas el mana bajado del cielo. “Ta conversacién se pro!ongd sobre el mismo tema, sin conducir a ningun resultado ni dar pie para establecer una opinion definitiva sobre la tregua, ya fuera favorable o adversa, ya partiera de S. KE, el Presidente o def diplomatico peruano. “Este Ultimo se vid conmigo en uno de los dias siguientes y me refirid ja conversacién recordada; pero, 0 yo comprendi muy mal su intencién, o el sefior Pardo no acert6 a hacerme entender que me pedie mi juicio sobre las ‘opiniones vertidas por el Jefe de la Reptiblica en aquella entrevista familiar y sin ninguna significacion politica, “Bl hecho es que yo me quedé en silencio, y que no ha- bria podido hacerlo, si se me hubiese pedido parecer” (7). Pero lo importante del caso no fueron Jas conversaciones mismas del sefor Pardo con los sefiores Pérez y Covarrubias, pues el oficio de aquél fué —como veremos oportunamente— a y objeto de debate en ef Con- conocido por la opinion pub! greso peruano. El 23 de enero pasé el Ministro de Relaciones Exterio- res chileno la anunciada nota a les Encargados de Negocios de Francia y Gran Bretafia rechazando, con largas y corteses explicaciones, las bases propuestas anteriormente y desahucia- das en la conferencia de 1° de ese mes (8). Por oficio de 9 de marzo decia el Canciller Covarrubias ail Ministro Martinez, en Lima, que esperaba respuesta del Ecuador para contestar Ja proposicién de tregua indefinida. Oficio N° 192 de Covarrubies a Martinez, Santiago, 24 de abril de 1867. (8) Correspondencia anexa 2 la Memoria de Relaciones Exteriores de Chile, 1867, pag. 27 y siguientes — 182 — LA GESTION NORTEAMERICANA: ‘TERCERA FASE. Mientras tanto habia recibido el sefor Barreda sus ins- rucciones en Washington y manifestado la buena disposicion del Peri para aceptar la sugestion de los Estados Unidos. Pa- rece que el Plenipctenciario interpreté “con algiin exceso” ec! punto de vista de su Cancilleria y olvidé Ja reserva chilena en Io tocante al bombardeo de Valparaiso y la opinién del Ecua- dor segtin 1a cual el 4rbitro que se nombrara debia ser deter- minado por los beligerantes, Expuso, igualmente, que su Go- pirno, en el deseo de acoger la propuesta norteamericana, con- templaba la posibilidad de “desestimar la mediacién anglo-fran- cesa” si fuera necesario (1). Mr. Steward, sin embargo, nc quiso que se fuera tan lejos, y se mostré llano a cooperar en esa mediacién, con el propésite de no inferir un desaire a las potencias europeas, pero también de impedir que ellas logra tan demasiada influencia diplomatica en América. Este nuevo sesgo no era ingrato al Gobierno peruano pero en nota de 3 de enero de 1867, el General Hovey, Minis- tro norteamericano en Lima, al exponer en este sentido el de- seo del Departamento de Estado insinud que las Republica: aliadas se desligaran de la mediacién anglo-francesa para acep tar la cooperacién de su pais, con lo que se planted un serio pro- blema a la Cancilieria peruana. ¢Cual era la verdadera inten cién del Gabinete de Washington? ¢En qué forma seria mas eficaz y favorable a América meridional su intervencién? ¢Po- dia el Peri cargar con la responsabilidad de provocar la sus- titucién de la mediacién anglo-francesa por la ahora nueva mente perfilada ingerencia de la Union? El Canciller Pachecc respondié el dia 6 del mismo mes que agradecia a los Estado: Unidos el estar dispuestos a hacerse parte en la gestién de la: potencias europeas pero que, como los propésitos de éstas tro- pezaban con dificultades casi insuperables, no habia Megad: todavia el momento de aprovechar este ofrecimiento, de sue? te que, por ahora, quedaba inoperante ja generosa interven cién del Gabinete de Washington para secundar a los de St James y las Tullerias en la negociacién referida. La respuest: (1) Oficie 267 de Martinez a Covarrubias, Lime, 10 de enero 1867. — 183 — parecia una negativa cortés, pero segtin el sefior Martinez —que de inmediato tuvo conocimiento de las notas cambiadas— era en verdad una invitacién a los Estados Unidos a presentar sus propias bases (2), dejando asi a salvo cualquier responsabili- dad peruana pero logrando el objetivo deseado. Sea esto exac- to o no, es el hecho que Mr. Hovey dirigid el 8 un nuevo do- cumento a la Cancilleria del Rimac exponiendo un plan con- creto de avenimiento (3). El 28 del mismo mes hizo lo propio en Santiago el senor Kilpatrick, Plenipotenciario en dicha ca- pital, remitiendo a la del Mapocho copia del oficio de Mr. Steward de 20 de diciembre de 1866, en que se le daban las instrucciones pertinentes (4). El plan que sometia el Gobierno norteamericano (en obe- decimiento a una resolucién de la Camara de Representantes, que encomendaba al Ejecutivo promover la armonia en Amé- tica) era en sintesis el siguiente: 1. @elebracién de uma conferencia —que se instalaria en Washington el 1° de abril de 1867— de los Plenipotencia- rios de Espafia, Pert, Chile, Bolivia y Ecuador para tratar de las materias de diferencia entre los beligerantes y ajustar una paz permanente, equitativa, justa y honrosa. 2. Espafia nombraria un delegado; los aliados podrian es- tar representados por sendos personeros o convenir que uno fuera mandatario de varios paises. Los acuerdos serian por unanimidad y requeririan de ratificacién. 3. EI delegado de los Estados Unidos —sin voto— pre- sidiria e imterpondria sus buenos oficios para facilitar el logro de un acuerdo. 4, En caso que éste no se alcanzase, el Presidente norte- americano designaria un 4rbitro, Estado o Soberano ajeno a la Conferencia, que decidiria las cuestiones que ella le sometiera, en forma concluyente y obligatoria para las partes. 5. Desde el momento en que todos los beligerantes hu- (2) Oficio 273 de Martinez a Covarrubies, Lima, 19 de enero de 1867. (3) Aranda, ob. cit. vol. VI, pag. 974 (4) Documentos anexos a la cit. Memoria de RR. BE. de 1867, pag. 44 y siguientes. — 184 — biesen comunicado su aceptacién al plan regiria un armisticio, que habria de durar hasta la terminacién de la Conferenci: #1 dia 10 de enero respondia al sefor Pacheco al General Hovey que tan pronto como se pusiera de acuerdo con los pai- ses aliados daria una respuesta definitiva (5), y el dia 25 de ese mismo mes manifestaba el sefior Barreda al Secretatio de Estado, contestando una pregunta de éste, que ya conocia él la favorable actitud de su Gobierno sobre el plan y que “por con- siguiente debia suponer que las resistencias no vendrian de! Pert”, (6) respuesta que oficialmente fué puesta en conocimiento del Gobierno chileno por el Plenipotenciario Pardo. La favorable opinion del Gabinete de Lima respecto de la propuesta de Mr. Steward y la presién que con el paso ante- tiormente descrito buscé ejercer sobre el de Santiago, no fue- ron dbice para que el General Prado —elegido Presidente Pro- visorio de la Republica, el 16 de febrero —-expresara al seficr Martines el 23 de ese mes que, a pesar de juzgar mas con- veniente el plan norteamericano que la tregua sugerida por Francia e Inglaterra, estaba dispueste —st asi lo deseaba Chi le— a dar sobre el primero una respuesta negativa y que —no deseandose poner término a la guerra— debia desecharse de una vez y simultaneamente ambos expedientes. Pidid a Don Marcial que su Gobierno sefialara el dia en que, tanto en Lima como en Santiago, se remitiesen sendas notas a las Legaciones de Estados Unidos, Francia y Gran Bretana desestimando las respectivas propuestas, oferta que trasmitid el Ministro a su Cancilleria por oficio del dia siguiente. (7). El sefior Cova- rrubias no dié curso a esta iniciativa del Presidente peruano, limitandose en la respuesta a celebrar el “perfecto acuerdo de mitas” de ambos Gobiernos en lo tocante a la gestion nortea- mericana y a manifestar que se aguardaba la opinién del Ecua- dor para dar una contestacién sobre la tregua indefinida (8). (3) Oficio 273 de Martinez a Covarrubias, ya citado. (6) Documentos anexos a la cit. Memoria de RR. EE. de 1867, pag 43 y siguientes. (7) Oficio 291 de Martinez a Covarrubias, Lima, 24 de febrero de 1867. (8) Oficio 176 de Coverrubias a Martinez, Santiago, 9 de marzo de 1867. — 185 — Espafia acepté, en febrero, el plan americano, con dos mo- dificaciones: i. Que se precisara el periodo durante el cual habria de presentarse por lo beligerante las materias que trataria la Con- ferencia de Plenipotenciarios en Washington, quedando enten- dido que sdélo sobre las oportunamente inscritas versaria el arbitraje; y 2. Que se especificara mas al arbitro, dejando dentro de este marco mas cefido absoluta libertad al Presidente de le Union para su designacién. (La primera de estas sugestiones fué aceptada por Mr. Steward; la segunda, no) (9). En e} curso de los proximos meses y pese a las declaracic- nes favorables en Lima y Washington, el plan norteamerica- no no recibié la aceptacién oficial y definitiva por el Pert, y ello trajo consigo la renuncia del sefior Barreda, que como Plenipotenciario ante el Gobierno estadounidense, habia reco- mendado su adopcién, y se sentia desautorizado (10), El 17 de abril dirigid el sefior Covarrubias a Mr. Kilpa- trick una nota por la que Chile accedia a la propuesta de que él habia sido portador pero haciendo reservas que, en opi- nién del Departamento de Estado, “prejuzgaban cuestiones im- portantes sobre las que versa una parte esencial de sus diferen- cias con Espaiia y que ésta no podia aceptar como condicién previa”. (11) Don Alvaro comentaba asi esta negativa revestida de la forma de una aquiescencia condicionada: “Era, pues, inevitable, segin la mas obvia previsién, la necesidad de ocurrir al arbitraje. Pero la eleccién del arbitro no correspondia a las partes desavenidas, contra lo que suce- de de ordinario, sino al mediador. ¢Quién podia garantizar a los aliados del Pacifico que el arbitro escogido por el Gabinete de Washington no apreciase la presente guerra con el mismo (9) Oficio de Steward a Hale, Ministro de los EE. UU, en Madrid, de febrero de 1867, anexo al oficio 551 de la Legacién chilena en Lima a Covarrubias, Lima, 4 de julio de 1867 (10) Oficio 298 de Martinez a Covarrubias, Lima, 11 de marzo de 1867. (11) Oficio del Plenipotenciario peruano en Washington don José Anto- nio Garcia y Garcia @ la Cancilleria peruana de 10 de enero de . cit. vol, VI, pag. 991 — 186 — erréneo criterio que habia sugerido a la mediacién angio-fran- cesa los inadmisibles términos de arreglo pacifico cometidos a nuestra consideracién en noviembre? “Las reservas con que accedimos a la proposicién de los Estados Unidos, eran eficaces para conjurar esa eventualidad Segtin ellas, la condenacién del bombardeo de Valparaiso, responsabilidad de Espafia por ese odioso atentado y por los demas dafios y ultrajes que tiene inferidos a Chile y al Pert con sus injustas agresiones, y la conservacion del noble trofeo de guerra que nuestro pais posee en el vapor Covadonga, puntos que quedaban fuera del alcance del arbitro, En cuanto a los dos primeros, la sentencia arbitral sélo debia establecer la importancia y naturaleza de las reparaciones que el enemi- go hubiera de otorgar a las Reptiblicas aliadas”. (12). Quedaba atin pendiente la respuesta peruana; pero de ella —asi como de otras incidencias— se tratard en capitulo aparte. ENFRIAMIENTO DE LAS RELACIONES PERUANO-CHILENAS. El 9 de marzo de 1867, el diputado gobiernista don Fer nando Casos, al defender e] mantenimiento de cierta contri bucién destinada a la guerra con Espafia en el Congreso Cons- tituyente del Pera, afirmé que Chile habia firmado el pacto de tregua propuesto por Francia e Inglaterra y por lo tanto rotc Ja alianza americana y que en consecuencia pedia la liquida- cién de la cuenta de los gastos de armada peruana en agua de Chile. Como este titimo dato correspondia, en efecto a una gestién hecha por el sefior Martinez ante el Gobierno de Lima (1) y la supuesta aceptacién de la tregua tenia por base un oficio del Ministro en Santiago a la Cancilleria del Rimac (2) las antiguas desconfianzas a que nos referimos en anterior ca- pitulo afloraron de nuevo y agitaron a Ja opinion publica pe ruana. El dia 11 del mismo mes fué llamado don Simén Paredes desde hacia poces dias sucesor de don Toribio Pacheco en e (12) Memoria de Relacicnes Exteriores de Chile de 1867 citada, pay Ts (1) Oficio N? 290, de Martinez a Covarrubias, Lima, 24 de febrer de 1867. (23 Oficio de 16 de enero de 1867, de Pardo a Pacheco. ~~ 187 — Ministerio de Relaciones Exteriores, al Congreso y en & ase- guro “que el Gobierno de Chile no habia firmado la tregua; que no habia exigido liquidacién de cuentas; y que era por consiguiente inexacto que se hubiese roto el pacto de alianza, El seAor Ministro fundé sus aseveraciones en la lealtad y en el americanismo del Gobierno de Chile; en los documentos existentes en los archivos de su Ministerio, y finalmente en las seguridads que acababa de darle el Plenipotenciario de Chi- le en Lima de la inexactitud de aquellos hechos” @). El sefior Martinez quedé insatisfecho con la declaracién dei Canciller Paredes y aun se maravillé de oirle decir que habia triunfado y “defendido al amigo y al aliado”. El mismo dia 11, al vidjar el Ministro chileno en el tren de Chorrillos 4 Lima, lo hizo llamar el Presidente Prado, que subié en Mira- flores, a su coche, y le did explicaciones sobre la intervencién del diputade Casos (4). ¥ por fin por nota del 23 de marzo las repitid el Plenipotenciario en Chile, don José Pardo, a la Cancilleria de Santiago, felicitandose de que la alianza “conti- ntia en el mismo pie de firmeza y cordialidad que conviene a los intereses y el honor ambas Reptiblicas” (5). Contestado este documento el mismo dia en el tono m4s amistoso por el sefor Covarrubies (6), parecia terminado definitivamente el jncidente. El propio parlamentario peruano que lo. promovio rectificé sus aseveraciones de! dia 9 y afirmé que Chile habia aceptado sélo en principio la tregua indefinida y pedido a sus aliados que respondieran también favorablemente a la propuesta anglo-francesa. Si la primera intervencién del senor Casos pro- dujo alarma en el ptiblico de Lima, la segunda no tuvo po: largo tiempo una influencia benéfica sobre él, pues al poco hizo el diputado circular, en apoyo de su intervencién en el Congreso, copias del oficio del sefior Pardo de 16 de enero y de su respuesta, explicdndole que el gobierno peruano no podia com- placer al de Chile y aceptar la tregua propiciada por Ingla- (3) Nota de Pardo a Covarrubias de 23 de marzo de 1867. Documen- tos anexos a la citada Memoria de Relaciones Exteriores de Chile de 1867, pag. 33. (4) Oficio N® 298, de Martinez a Covarrubias, Lima 11 de marzo de 1867. (5) Nota de 23 de matzo, ya citada, (6) Documentos anexos a la citada Memoria de Relaciones Exterio- res de Chile de 1867, pég. 33. — 188 — terra y Francia (7), asi como de un despacho del Plenipoten- ciatrio en Washington, don Federico Barreda, segtin el cual dado que Chile desea la paz y ha desistido de hacer adquisi- ciones bélicas, ha terminado el casus foederis y el Pert queda desligado de cualquier compromiso con ese pais (8). Uno de los sustentaculos de la argumentacién del sefior Casés era el siguiente parrafo del texto del oficio del sefor Pardo de 16 de enero de 1867 que hizo ptblico dicho: parla- mentario: “Yo manifesté entonces (al Presidente Pérez) que ro habiendo habido incompatibilidad entre los ofrecimientos de Estados Unidos y la expedicién, mucho menos lo habria entre las propuestas de tregua ya iniciadas y aceptadas” (9). La reaccién chilena en vista de estas incidencias fué de profundo desagrado, como lo muestra este comentario oficial de don Alvaro Covarrubias. “La discusién promovida en el Congreso de esa reptblica por el diputado Casés nos ha causado una impresién bien pe- nosa, no sdlo porque da triste idea de los sentimientos que los peruanos abrigan hacia Chile y de su criterio pablico como observa V. S. muy bien, sino principalmente por el papel inca- lificable que ese gobierno ha representado en el incidnte. La palabra poco estimable y desautorizada del diputado Casés, no nos habria inspirado mas que desdén, si no comprendiéramos por la conferencia que tuvo V. S. con el Jefe Supremo del Pe- rt, que aquel diputado habia llevado al seno del Congreso una misién confidencial” (10). Por su parte, la conducta del Plenipotenciario Pardo fué muy duramente juzgada por los circulos gubernamentales chi- lenos. gCémo era posible que, a base de conjeturas, calificara expresamente de aceptada la propuesta anglo-francesa de tre- gua? ¢Era propio que hubiese deslizado esta palabra en su con- (7) Officio N° 187 de Covarrubias a Martinez, Santiago, 2 de abril de 1867. (8) Oficio N° 274 de Martinez a Covarrubias, Lima 19 de enero de 1867. (9) Esta parte del oficio no aparece en el Tomo VI de la Coleccién de Tratados de Aranda (ver pag. 982) y la tenemos copiada en la nota N° 150, fechada en Lima el 9 de abril de 1867 de Mar- tinez a la Cancilleria peruana. (10) Oficio N° 179 de Covarrubias a Martinez, Santiago, 23 de marzo de 1867. — 189 — versacién con el Presidente de Chile para de este modo auto- tizarla? Don Marcial Martinez, siempre incisivo, escribia a este propésito. “Ayer estuve leyendo en el Ministerio algunos cficios de Pardo (José) y vuelvo a repetir a Ud. que es de todo punto imposible que haya un agente ptiblico que obre mas perfidamente respecto del Gobierno cerca del cual esta acreditado... Es nuestro Don José de la escuela antigua, de aquella que se fijaba en las muecas de los Ministros, en su mane:a de entrar, de saiudar y de sentarse, y mas en lo que no decian que en lo que decian... No tiene ese oficio (de 16 de enero) ni una palabra que pueda comprometer seriamente a Wd. pero el veneno y la malicia se encuentran en las tarja- duras de Pardo, en sus alusiones pérfidas y en ese espiritu ge- neral de hostilidad hacia Chile que respiran todos sus despa- chos” (11). ¢Qué hubiera dicho Don Marcial si alguien le hubiera confiado el secreto que la famosa afirmacién del “pér- fideo” Don José no era suya y que el oficio del 16 de enero fué adulterado al pasar oficiosamente de mano en mano hasta llegar al ptblico limefio y a la prensa chilena? El sefior Pardo habia escrito textualmente: “Yo manifesté entonces que no habiendo habido incompatibilidad entre el ofrecimiento de los Estados Unidos y la expedicién, mucho menos lo habria entre jas propuestas de tregua y el anunciado plan. (en vez de: ya iniciadas y aceptadas) (12). Protestando por la revelacién de documentos confiden- ciales y la interpretacién dada a ellos, pasé el sefior Martinez con fecha 9 de abril dos extensas notas a la Cancilleria perua- na, a las que ésta se limit6é a acusar recibo, sin duda con el propésito de preparar una respuesta circunstanciada. Como esta no se cursara se interpretd la actitud del Gobierno de Li- ma como un desaire frente al de Chile, pues —segin éste— los documentos debieron “haber merecido los honores de una consideracién inmediata” (13). A esta circunstancia se sumaron tres hechos més que signi- (11) Carta de Martinez a Covarrubias, Lima, 21 de marzo de 1867. (12) Oficio N° 146, Santiago 24 de abril de 1867, de Pardo a Paredes, Ministro de Relaciones Exteriores del Peri. (13) Oficio N° 192, de Covarrubies a Martinez, Santiago, 24 de abril de 1867. — 190 — ficaron otros tantos motivos de queja del Gabinete de Santia- go contra el de Lima: 1. Con fecha 18 de febrero se iniciaron las sesiones del Congreso Constituyente del Pert, y ante este cuerpo leyé el Jefe Supremo del pais, un mensaje correspondiente a su ges- tién dsde el 28 de noviembre de 1865, en que asumid la Dic- tadura, mensaje cuyas apreciaciones sobre la guerra del Para- guay determiné el retiro del Plenipotenciario brasilefio en Li- ma, sefior Varenhagen. Las referencias que en él hizo el Co- ronel Prado a Chile parecieron insuficientes al Gobierno de Santiago. “Ciertamente que Chile y los otros aliados del Pacifico, apenas mencionados por el Exemo. sefior Prado en aquella ocasién solemne, tenian derecho para aguardar un mejor re- cuerdo del jefe de una nacién con quien han compartido y comparten los sacrificios consiguientes a una guerra dilatada y dispensiosa. Si el silencio del Jefe Supremo del Peri no implica el desconocimiento de esos sacrificios, si él no ha sido motivado por algin otro mévil de esta naturaleza, el olvido que yoluntaria o involuntariamente se ha hecho de la Alianza A- mericana es muy propio para relajar estrechos y gloriosos vinculos que unen al presente a repttblicas hermanas por an- tecedentes y destinos y amenazadas por un peligro comun” (14) decia, poco después, don Alvaro Covarrubias al Plenipo- tenciario Martinez. 2. Por ley de 17 de agosto de 1866 confirié Chile el gra- do de General de Divisién al Coronel Prado, en su calidad de Jefe Supremo del Pera, quien fué autorizado por Resolu- cién Legislativa del Congreso Constituyente de 13 de abril de 1867 a aceptar esta honrosa distincién. Tanto la solicitud al Parlamente peruano como los agradecimientos oficiales del Presidente condecorado al Ministro Martinez parecieron frios a éste y al Gabinete de Santiago (15). 3. Con fecha 13 de junio de 1867 aprobé el Congreso (14) Oficio N° 175 de Covarrubias a Martinez, Santiago, 2 de marzo de 1867. (43) Oficio N° 317 de Martinez a Covarrubies, Lima, 14 de abril de 1867 y oficio N° 194 de Covarrubias a Martinez, Santiago, 2 de mayo de 1867. — 191 — peruano una ley que declaraba que continuaba la guerra con Espafia y que el Gobierno no podia entrar en negociaciones para ponerle fin sin instrucciones del Legislativo. Era este ei resultado de las largas e imitiles gestiones de mediacién y los incidentes parlamentarios e internacionales a que nos hemos venido refiriendo; pero también significaba el deseo de la ma- yoria del pais de continuar la contienda hasta lograr una jus- ta reparacién de Espafia, frente a las posibles veleidades paci- fistas del Ejecutivo o de sus aliados. La ley en cuestién ponia fin a la mediacién americana, que —como sabemos— veia con especial agrado el Gobierno de Lima y no gozaba de la simpatia del de Santiago. Refle- jando esta situacién pasé la Cancilleria del Rimac una nota, el 5 de julio, a la Legacién norteamericana en que recordaba que el Pertti habia aceptado en principio la propuesta del Ga- binete de Washington, pero que no pudo hacerlo definitiva- mente sin consultar a sus aliados, y manifestaba que ahora —en vista de la citada ley— no podia continuar considerandola sin expresa autorizacién del Legislativo. El texto de esta nota produjo hondo desagrado en Santiago: “Contestando, pues el Gobierno peruano al de Washington, que por su parte habia aceptado la propuesta de mediaci6n, pero que esta no ha podido verificarse por la oposicién, es de- cir, por culpa de sus aliados, apresurandose a descargar so- bre nosotros la responsabilidad de la negativa, el Gobierno peruano no nos ha guardado la buena correspondencia, ni ha seguido la Tinea de conducta que era de esperar”, (16) comen- taba el Ministro Covarrubias al Plenipotenciario en Lima, exagerando, sin duda, el alcance del documento. CONCLUSION. Las mediaciones anglo-francesa y americana, que obede- cian a diversos méviles, asumieron a lo largo de estos 18 me- ses diversas caracteristicas que no se ajustan a una denorina- cién juridica uniforme, y que fueron algunas mas y otras menos aceptables para los paises aliados en su lucha con Espafa. (16) ficio N° 227, de Covarrubias a Martinez, Santiago, 24 de agosto de 1867. — 192 — Ambas contaron con la simpatia o atin la inspiracién de esta potencia. Los aliados, en teoria, deseaban continuar la guerra; el Peri con mayor empefio que Chile, pais mas realista en con- siderar las dificultades de una campafia naval en mares remo- tos. En la prdctica, con la partida de los buques espafioles de las costas del Pacifico Sur, habian terminado las operaciones bélicas, y era evidente que convenia encontrar una salida a esa situacidn. Que Chile prefiriese la gestién de Francia e Inglaterra y el Perit la iniciativa de los Estados Unidos, trajo consigo des- confianzas y recriminaciones. Recelaba el Gobierno de Lima del de Santiago, a quien suponia dispuesto a la tregua indefi- nida — Ja paix moins /e nom, segtin la expresi6n del Encargado de Negocios del Emperador Napoleén (1)— y Chile resen- tiase con el Perti por actos a los que en un clima internacional mas favorable y menos suspicaz se habria atribuido un alcance limitado . Las mediaciones de 1866-67 no lograron poner fin a la guerra y aparte preparar remotamente el armisticio de 1871 su principal resultado fué contribuir a separar a los aliados. Junto con esta evolucién en el campo diplomatico, las desavenencias en la escuadra aliada —por el comando, las vi- tuallas, el sesgo de la guerra— llegaron a un punto en que el Canciller chileno empleé la palabra “ruptura” (2). Siguiendo este proceso su curso, en octubre de 1867 (3) se separaron las divisiones navales del Pert y Chile, y desde 1868 se perfilé la competencia entre ambos estados por la supremacia en el mar. En el cuadro de acontecimientos mas importantes, han que- dado estas mediaciones en la penumbra de la historia, y con justicia, pues su significancia es secundaria, pero su estudio nos ha permitido echar una mirada en la entreala diplomatica de afios cargados de destino para el PerG, Chile y Bolivia. (1) Officio citado de Pardo a Pacheco de 16 de enero de 1867 (2) Oficio de Pardo a la Cancilleria peruana de 15 de febrero de 1867. (3) Protocolo de la Conferencia de 5 de octubre de 1867 entre Pardo y Vargas Fontecilla. “APUNTES SOBRE:LA SITUACION JURIDICA DE LOS CONSULES” por CARLOS AREVALO ¥ CARRENO Una de las premisas que sirve de base a la instituci sular es aquella que establece que tanto la condicién juridica del Cénsul como su campo de accién oficial dependen de la legislacién y de las autoridades territoriales. No s6lo es impres- cindible que su calidad oficial sea reconocida por el poder te- rritorial mediante el exequatur, sino que es necesario que sus diversas funciones sean aceptadas minuciosamente por diche poder, el que de otra manera le negaria su aprobacién. De alli la importancia que revisten los tratados internacionales para llegar a la determinaci6n de su situacién, sobre todo si se ob- serva que la legislacién o las costumbres ofrecen al respecto una diversidad extrafia y hasta caprichosa. En efecto, cuando no existe convenciédn, sabemos que los Estados quedan en li- bertad absoluta para establecer a su antojo la condicién y la libertad de accién de los cénsules extranjeros. Es asi como la legislacién de ciertos paises se limita sobre la materia a expresarse de manera sumaria, refiriéndose sim- plemente, por ejemplo, a los “Privilegios usuales de los Cénsu- les’ o bien a las “inmunidades y privilegios que le han sido acordados” y atin a la mds remota “proteccién del Derecho In- ternacional”’, como lo hace el Reglamento Consular del Pert. Otras, no sefialan sino el privilegio de la exencién de impuestos directos 0 apenas contienen la especificacién negativa de que los Cénsules no gozan de los privilegios acordados a los diplo- maticos. En suma, ninguna de estas legislaciones ofrece la po- sibilidad de profundizar la cuestién de la condicién real del Cénsul : — 194 — Resulta dificil en verdad, establecer su situacién juridica en los paises donde se halla acreditado, si se parte de bases le- gales tan imprecisas. Por otro lado, la doctrina internacional no ayuda a esclarecer el problema. Una parte apreciable de los publicistas refiere la materia al Derecho de Gentes, con lo que solo enuncian una abstraccién sin realizacién positiva, des- de que cada Estado es libre de adoptar el punto de vista que que le conviene sobre la posicién juridica de los funcionarios consulares. Resulta asimismo superfluo, como lo hacen otros publicistas, inquirir si los cénsules se encuentran o no bajo la proteccién del derecho internacional. Cuando en la practica se trata de hacer valer derechos ¢ inmunidades consulares ante un gobierno local, es indispensable apoyarse en una base mas con- creta y real que el derecho de gentes, que no estd codificado ni garantizado hasta hoy por un poder internacional Lejos de estas preocupaciones, la cuesti6n que se plantea en la practica del servicio consular es de naturaleza eminente- mente positiva: consiste en saber si los Cénsules pueden estar privados de ciertos derechos o inmunidades que parecen tan necesarios para el cumplimiento de sus deberes, como lo es por ejemplo, el privilegio de la extraterritorialidad para el desem- pefio de las funciones diplomaticas. Es en este sentido que se ha recurrido a la doctrina y a la costumbre internacional, aun- que infructuosamente como acabamos de verlo, pues ni la una ni la otra saben ni pueden persuadir a un Estado de la conve- niencia de que su soberania territorial haga ciertas concesiones en beneficio de los servicios consulares extranjeros. En la investigacién sobre la condicién juridica de los Cén- sules, se ha discutido mucho, también, la cuestién de saber si el Cénsul posee cardcter representativo. A decir verdad, ella re tié una importancia considerable en la época en que los coénsules eran a la vez agentes comerciales y politicos, pero hoy la materia no ofrece duda alguna en el dominio practico y ju- ridico. Segtin Irizarry y Puente las divergencias de opinién entre los autores al respecto, provienen de una apreciaci6n in- suficientes de dos elementos esenciales: uno, la naturaleza de la representacién consular, esto es, determinando si es politica o comercial; otro, el alcance de la representacién, o en otros — 195 — términos, si se extiende a los intereses del gobierno tanto como comprende aquellos de los particulares. Juridicamente puede decirse que el carécter de las relacio- nes entre los Estados es politico y no comercial. Con el pro- pésito de mantener y de continuar estas relaciones politicas, los Estados designan agentes politicos que son reconocidas co- mo representantes diplomaticos, y que representan en el extran- jero la totalidad de la personalidad politica de dichos Estados. En Jo que concierne a los Cénsules, hallamos que tan solo re- presentan al Estado como érganos de su politica comercial Estos funcionarios por consiguiente, no representan ja soberania de su pais en el sentido politico, pero, en cambio intervienen en ciertas relaciones que interesan al derecho ptiblico general aunque no incidan directamente en el derecho diplomatico. Ea Francia, la “Instruction générale pour les Consuls en pays étrangers” percibid ya en 1814 esa modalidad de la institucién, al expresar que el mandato consular tenfa como fuentes “los tratados positivos, el uso comtin de las naciones o el derecho en general...” Este criterio, abria desde entonces las puertas a la posibilidad de que fueren acordadas a los cénsules me- diante convenciones, privilegios e inmunidades reservados de ‘or- dinario a los agentes diplomdaticos pero que le son igualmente necesarios en el ejercicio de sus funciones. Por lo demés, es curioso observar como la mayor parte de jos autores que han tratado la cuestién, niegan a los cénsules todo caracter representativo alegando que no son sino simples oficiales comerciales delegados por sus respectivos gobiernos, cuya funcién en consecuencia no compete al Derecho Interna- cional. gCémo explicar entonces, que la generalidad de los re- glamentos consulares sefialen aunque sea vagamente, al referir- se a las facultades de los Cénsules—, que éstas estaran regidas, en Ultima instancia, por las reglas del Derecho Internacional? Nos hallamos pues ante un circulo vicioso, desde que es preci- samente esta tiltima instancia la que le escatiman tanto la doc- trina como la jurisprudencia. Otra cuestién. que tiene estrecha relacién con la preceden- te, es la relativa al caracter diplomatico de los Cénsules. Un reducido niimero de autores afirma que poseen ese cardcter. En verdad, la discusién de consideraciones de orden te6rico pa- — 196 — ta saber si un Consul es o no “ministro ptiblico” seria inago ble; inclusive de la respuesta que se dé, dependen para muchos publicistas, los derechos y privilegios de los Cénsules. Natur: mente, esa respuesta es sin duda alguna negativa y se ha vist agravada por la circunstancia de que, segGn los mismos exper- tos (informe al Consejo de la Liga de las Naciones, 1928), exis tan diferencias esenciales entre los agentes diplomaticos y lo Cénsules, desde su nominacién hasta ei momento en que 1 misién llega a término. A nuestro juicio las diferencias que separan a diplomatico y consules no tienen nada que ver con su mominacién ni con € cese de sus funciones, que depende Gnicamente de ta decisiér de su gobierno o de aquel ante el cual se hallan acreditados Ademas, creemos que los fundamentos de esta discriminac: son menos vdlidos hoy que nunca, desde que la mayor part de los servicios diplomAticos y consulares se encuentran unif cados bajo la denominacién comtin de “Servicios Exteriores como para demostrar que ya nada los separa. En muchos hasta es imposible acceder a los cargos mas altos de la carrer diplomatica sin justificar servicios més o menos prolongado en la rama consular. Se estima, acertadamente, que esa prac tica proporciona a los diplomaticos la preparacién econémic y comercial que los capacitara para defender mejor los interesc de sus respectivos Estados. Finalmente, con sentido de las realidades debemos deja establecido que no se trata de transformar un principio ace; tado con raz6n o sin ella. Lo cierto es que el funcionario cor sular, aunque carece de la representacién politica de su pats precisa para el desempefio de sus funciones con Ja autorida. necesaria, de ciertas atribuciones e inmunidades que no le so: habitualmente reconocidas. ¢Cémo podrian entonces serles con cedidas, sin vulnerar los principios de las Cancillerias sin lc dictados de la jurisprudencia? Simplemente, mediante conver. ciones negociadas entre los Estados que de tal suerte contribu: rian al mejor de los acuerdos internacionales, cual es ¢l funda do sobre la proteccién reciproca y eficaz de intereses siempr en juego. En todo caso, ya no puede negarse que el Consul, recon: cido en debida forma por un exequatur, se encuentra en lo qu — 197 — respecta a los deberes inherentes a su cargo y atin en ausencia de tratado, bajo la proteccién especial del Derecho Internacio- nal. Es el mandatario oficial de un pais extranjero, con una funcién de caracter ptiblico muy vasta: la representacién de Jos derechos ¢ intereses de sus nacionales, la vigilancia de ia ejecucién de tratados de comercio y de navegacién, diversas funciones administrativas, notariales y a veces judiciales. De- be asimismo informar sobre la situacién politica y econémica del pais en que reside, etc. en fin, funciones todas éstas que lo convierten en cierta forma en un agente politico y sobre todo, en garantia de respeto a la dignidad del pais que representan. DOCUMENTOS IMPORTANTES Amsterdam, 25 de setiembre de 1957. Sefor J. P. A. Francais Presidente del Instituto de Derecho Internacional Sefor Presidente: Con motivo de la discusién sobre el tema de la distincién entre las aguas territoriales y las aguas interiores, he tenido la oportunidad de es- cuchar ciertas expresiones ocasionaies referentes a las medidas tomadas por algunos Estados de la América del Sur sobre la extensién de sus aguas territoriales, Como la cuestién del limite o extensién de las aguas territoriales ha sido deliberadamente excluida del informe debatido y de las reso- luciones adoptadas, no he considerado oportuno hacer declaraciones que hubieran podido provocar un debate fuera de programa y prematuro. Pero deseo hacer notar que las medidas tomadas y las convenciones internacionales firmadas entre algunos pises de la América Latina, y que establecen algunas reglas nuevas de Derecho Maritimo Internacional, no han side actos ocasionales o arbitrarios sino medidas de urgencia, im- puestas por el deber de esos Estados riberefios de defender la riqueza ictiolégica de las aguas inmediatas a sus costas, la vida econémica de las poblaciones vecinas, y la agricultura nacional cuya vida depende de los pAjaros, biolégicamente dependientes, a su vez, de ciertos pescados que s6lo existen en la zona maritima considerada, en raz6n de la temperatura de las aguas determinada por la composicién geolégica de los continentes. Los Estados del Pacifico Sur han estimado que son necesarios nuevos principios y reglas de Derecho Maritimo Internacional, considerando los derechos naturales de los hombres, segiin la marcada tendencia del De- recho Internacional en los diltimos tiempos. Por otra parte Ja III* Reunién del Consejo Americano de Jurisconsultos —que es un érgano de la Unién Panamericana— celebrada en México en febrero de 1956, adopts por una mayoria de tres cuartos los “Principios de México” sobre Derecho Maritimo que estan fundamentalmente de acuerdo con los criterios men- cionados més arriba. En consecuencia, me permito pedir a mis honorables Colegas conse- — 199 — quis, por sa parte, una informacién completa sobre el caso, informaciéx para Ja que me complazco en ofrecer la colaboracién de la Sociedad Peruana de Derecho Internacional. ‘Agradeciendo al sefor Presidente que haga conocer esta carta a los miembros del Instituto, le presente el testimonio de mi consideracién mAs distinguida. Alberto UNoa, Presidente de la Sociedad Peruana de Derecho Internacional Miembro Asociado del Instituto. a A LOS JURISTAS DE LAS AMERICAS Discurgo pronunciado por ei Profesor Haroldo Valladao, delegado y an- tiguo Presidente def Instituto de los Abogados brasilefios en Ja Sesion inaugural de ia X? Conferencia Interamericana de Abogados. Por segunda vez tenemos el altisimo honor de hablar a los Juristas de las Américas en nombre de los. abogados brasilefios, la primera durante muestra II? Conferencia en Rio de Janeiro, el die de su instalacién, con- memorativa del Centenario del Instituto de los Abogados Brasilefios, el 7 de octubre de 1943, y ahora, en esta X® Conferencia, en la “muy noble y leal ciudad” de Buenos Aires, huéspedes de la glotiosa ‘Federacién ‘Argentina de Colegios de Abogados” en Ja docta “Facultad de Derecho y Ciencias Sociales”, el 14 de noviembre de 1957. Estgbamos, entonces, en las primeras realizaciones de nuestra Fede- racién nteramericana y ya combatfamos en nuestro discurso los regi- menes totalitarios en moda, y que sufriamos de cuerpo presente y la Conferencia los condené en las esforzadas recomendaciones de su XML Comisién, de Derecho Internacional Comparado. Participamos como orador, y después como Presidente del Institute de los Abogados Brasilefios, con entusiasmo y firmeza, en el gran mo- vimiento de los juristas que contribuyé a la caida de la dictadura en nuestro pais, en 1945 Vosotros, también, juristas argentinos, tuvisteis que padecer nuestras mismas penas, que imposibilitaron la reunién aqui de la ILI? Conferen- cia... Empero, irguiéndoos en una resistencia sublime, de lances valientes que emocionaron el ‘Continente, habiais de luchar para vencer. magnifi- camente, y poder recibir, hoy, altaneros, con Ia frente erguida, a vuestros colegas de las Américas que aqui estén todos orgullosos de vuestra fibra, para saludaros en esta X* Conferencia y felicitaros nobles abogados ar- gentinos, pot el ejemplo que nos disteis a todos, de amor vivo y heroico al derecho, a la Justicia y a las libertades publicas. ‘Tuvisteis en vuestro espléndido combate el apoyo constante de cs Ba mee yuestros colegas de las Américas, y, en el Brasil, por medio de varias resoluciones, de nuestro Instituto y nuestro Orden de Abogados. Nosotros mismos, en dos conferencias, una en el Instituto (el 8 de mayo de 1947) publicada en resumen en “La Prensa” de 10-5-47, y otra en el Congreso Juridico Nacional de Bahia, el 12-647 (Haroldo Valiadao, Justicia, De- mocracia, Paz, 1948, paginas 383-385, analizamos juridicamente, para protestar al final con vehemencia contra ellos, aquel “Juicio Politico” que aparté a cuatro de los cinco Jueces de vuestra Corte Suprema, y aquellas decisiones de la nueva Corte que impusieron restricciones a le libertad de discusién de vuestro Colegio de Abogados y culminaron con la salida de vuestra Sede Social del Palacio de los Tribunales, con la expulsion de vuestro Colegio de Abogados de la Casa de Justicia Este, empero, no es slo nuestro destino y nuestro garbo, de los abo- gados de ayer, de hoy y de maiions, el suftir la persecucién de les dicta” ores de todos los tiempos, y combatirlos y superarlos, viéndoles desa- parecer iuego, mientras que nosotros perduramos... Cabenos, adn, la gloria y la responsabilidad de ser los constructores Gel nuevo derecho, los renovadores del orden juridico, las palancas del progreso juridico. Es porque somos los primeros en sentir, en le convivencia cotidiana con los deseos, los dolores y las alegrias de nuestros semejantes, las reacciones humanas frente a las disposiciones juridicas vigentes, vagas. incompletas o injustas; es porque zecibimos nosotros, los abogados, el primer impacto de las nuevas necesidades sociales. El derecho promulgado, el derecho en vigor, sea la ley, sean los casos “leaders” de la jurisprudencia, dada la generalidad de sus términos, no agota los problemas juridicos de la vida humana, no abarca siquiera la mayoria de las cuestiones que un abogado tiene que orientar 0 resolver en su practica profesional, dada la multiplicidad, inclasificable, de las relaciones sociales. Hay, en primer término, toda la serie de disposiciones puramente supletorias o interpretativas de la voluntad de los interesados que dejan un vasto campo a la autonomia de la voluntad, y de abi la formulacién tan comin, por los respectivos abogados, de nuevas normas juridicas. Después, entre las propias disposiciones coercitivas de los textos le- gales 0 de las seatencias bésicas de Jos tribunales superiores, hay grandes espacios en blanco donde es menester interpolar, como en las matema- ticas con las progresiones, precurando una aproximacién de la realidad » través de una amplia construccién juridica. ¥ aqui, también, los abo- gados Ilenan las grandes lagunas del derecho promulgado, buscando so- luciones equitativas y proponiendo nuevos principios. Existen, finalmente, las normas juridicas anacrénicas o injustas que es preciso atacar o alterar, y alli estén los abogados en la vanguardia para emprender la obra reformadora. ;Cuantas y téntas veces, para atender a los justos anheles del clien- te, el abogado piensa y medita sobre el caso, estudia y vuelve a estudiar — 261 — la ley y los casos anteriores, y nada encuentra, y va a la doctrina, a los principios generales, recurre a la propia intuicién, y descubre una direc- triz que sugiere al Tribunal que la acepta, y que mafiana constituye una nueva norma juridica consagrada por la jurisprudencia y que se trans- forma asi en derecho vigente! A través, pues, de la accién de los abogados, que aconsejan y pleitean, un derecho futuro, un derecho ideal, llega a ser, con frecuencia un de- recho en vigor: térnase un derecho existente, con ia croaciéa de férmu- las y reglas usuales y de nuevos principios de jurisprudencia. En este sentido es grande nuestro poder, y al igual que los legis- ladores y los jueces, los abogades transforman también el “jus constituen- dum” la “legem ferendam” on “jus constitutum”, en “legem latam”. ¥ de ahi nuestra responsabilidad diaria, en cada caso profesional. que se agiganta cuando en nuestras ascciaciones y federaciones de clase, como hoy y en esta Federacién Interamericana, actuamos en “block”, proponiendo las necesaries reformas del derecho, para el mejoramiento de las leyes y la organizacién de Ja justicia. Empero, para ejercerla digna y noblemente, pregonando y defendien- do la Justicia y la Equidad en las relaciones humanas, los abogados ne- cesitan la mayor independencia y libertad. Debemos actuar fuera y por encima de la presién de grandes fuer- zas que pretenden deshumanizar a los hombres; tenemos que trabajar sin sujecién al poder politico, al poder econémico, al poder téenico, pode- yes que por si solos llevan a la prepotencia, pues su ley es la ley del mayor y del més fuerte. Conquistamos un Derecho Constitucional y un Derecho Electoral pata coartar los abusos del poder politico, exigimos un Derecho de Tra- bajo y un Derecho Anti-Trust para acabar con los excesos del poder eco- némico, y reclamamos ya un Derecho Atémico para impedir los malos usos del poder técnico, con el descubrimiento de Ia energia nucicar... Esta es la misién gloriosa del derecho: proteger al hombre contra los desmanes del propio hombre, acompafiando la evolucién para dar, a cada nuevo progreso social, econémico o técnico otra proteccién juridica a la petsona humana. Ningiin poder nuevo para el hombre sia el con- trol inmediato dei orden juridico deberia otorgarsele. ¥ ahora, después del lanzamiento del satélite artificial, en entrevistas en Rio de Janeiro, ei 9 y el 16 de octubre, mostramos que la actual aproximacién de un Novisimo Mundo, con el descubrimiente del mundo interplanetario, con la utilizacién del espacio interplanetaric, imponia Ja creacién de un Novisimo Derecho. En el umbraf de una Nueva Era, la alborada de un Nuevo Derecho. ¥ asi como el Derecho Aéreo vino para ordenar los problemas juri- dicos del espacio aéreo, un “Jus inter astra”, un Derecho Interplanetario disciplinara los problemas juridicos de! espacio interplanetario, problemas que ya son del presente; y, después, en el futuro, un “Jus inter gentes astrorum”, un Derecho “Inter gentes” planetarias, regulara, con los — 202 — anunciados contactos con otros planetas, las posibles relaciones de los habitantes de diversos astros. Empero, todos estos nuevos derechos, al ser planeados, deben inspi- tare en un espiritu universal, libre del Acido disolvente de la soberania nacional, por encima de la prepotencia de paises, de continentes, de pla- notas, superior al egoismo de individuas, de grupos, de pueblos o de naciones, pues el mundo fué dado por Dios a los hombres para que todos los gozasen en paz, vale decir con buena voluntad, altruisticamente, amén- dose y ayuddndose los unos a Ios otros. Esta base ética dora la Justicia con aquel resplandor divino sin el cual los hombres se entredevorarian- Que sea ese altisimo espiritu en que herm4nanse “Jus y Amor”, Jus- ticia y Caridad, nuestro ideal cotidiano, para que nos puedan llamar siempre: Apéstoles del Derecho. EL INSTITUTO HISPANO LUSO-AMERICANO Y EL INSTITUTO AMERICANO DE DERECHO INTERNACIONAL En el N° 50 de esta Revista correspondiente al segundo semestre de 1955 se publicé una informacion y un articulo del Presidente de le Sociedad Peruana de Derecho Internacional, reproducide del “American Journal of International Lew”, referentes a los esfuerzos que venia reali- zando dicho Presidente para promover la resurreccién del antiguo Insti- tuto Americano de Derecho Internacional Con este motive hemos tenido noticia de alguna confusién que se ha que se pregunta si el Instituto Hispano-Luso-Americano de Derecho Tnterna- sional, fundado en 1950, no reemplaza al antiguo Instituto Americano de Derecho Internacional, institucién meramente continental pero de la producido en un sector de quienes se interesan en estas cuestione: que formaban parte juristas que son o pueden ser miembros del primer Instituto. ‘Ambas Instituciones son diferentes y su convivencia puede significar progreso del Derecho Internacional; tanto en la obra separada que rea- licen como en Ia coordinacién de sus trabajos. Fl 1.H.L.A.D.1., fundado en 1950, no fué creado para eliminar ai reemplazar al Instituto Americano de Derecho Internacional, que ha- bia sido fundado cerca de cuarenta afios antes y cuya personalidad cien- Hfica era un alto exponente de capacidad continental americana. El pri- mer Instituto no comprende a los Estados Unidos que, exclusivamente por tazén de su importancia intelectual y de la generosa ayuda econémi- ca de sus instituciones, fueron y serén parte esencial en el Instituto Ame- ricano. El sélo enunciado literal de los nombres de las dos instituciones, acredita que tienen érbitas espirituales distintas; y si no se puede ha- blar de érbitas cientificas, no es solamente porque habria perjuicio al — 203 — progreso doctrinario del Derecho Internacional sino poraue toda idea de aglomeraciones o grupos politicos debe ser cuidadosamente eliminada de este género de igstituciones. En el espiritu de los fundadores del 1-HL.A.DI. no estuvo en mira crear una Institucién eliminatoria o debilitadora det movimiento Pana- mericano, para deslizar hacia el plano exclusivamente Tbero-ameticano el esfuerzo cientifico de los paises de esta ascendencia en América. Ha- bela sido un propésite politico que es incompatible con ja vocacién y fi- nalidad-cientificas de estas instituciones. Por otra parte les juristas americanos miembros del LHLADL saben que la cohesién espiritual y muy especialmente juridica Panameri- cana es indestructible, dentro de las actuales condiciones del mundo. Esa cohesién —respecto de cuya forma caben muchas resetvas ¥ respecto jento