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Manual Merck de ion Medica Para El Hogar(2)(2)

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Antes de comenzar el tratamiento, se debe determinar hasta dónde se
ha extendido el linfoma (es decir, el estadio de la enfermedad). El
examen superficial sólo puede detectar un ganglio linfático agrandado,
pero los procedimientos de estadiaje detectan la enfermedad que
permanece oculta. La enfermedad se clasifica en cuatro estadios según
su extensión y los síntomas que presente. La elección del tratamiento y
las perspectivas para el paciente dependen del estadio de la
enfermedad. La posibilidad de recuperación completa es excelente para
quienes se encuentren en los estadios I, II o III y es superior al 50 por
ciento para los enfermos en estadio IV.
Los cuatro estadios se subdividen, según la ausencia (A) o presencia
(B) de uno o más de los siguientes síntomas: fiebre inexplicable
(superior a los 37,7 ºC durante 3 días consecutivos), sudores nocturnos
y una pérdida inexplicable de más del 10 por ciento del peso corporal
durante los 6 meses anteriores. Por ejemplo, un estadio puede ser
descrito como IIA o IIB.
Se utilizan varios procedimientos para determinar el estadiaje o evaluar
la enfermedad de Hodgkin. La radiografía de tórax contribuye a la
identificación de ganglios agrandados cerca del corazón. Las
linfografías son radiografías que se realizan después de que una dosis
pequeña de colorante (contraste), que se observa gracias a los rayos X
(colorante radiopaco), se inyecta en los vasos linfáticos del pie. El
contraste se dirige hacia los ganglios linfáticos del abdomen y de la

pelvis, poniéndolos en evidencia. En gran medida, la TC de abdomen y
de pelvis ha reemplazado a este procedimiento. La TC es más rápida y
más cómoda que la linfografía y además es capaz de detectar de forma
precisa los ganglios linfáticos agrandados o incluso la diseminación del
linfoma en el hígado y otros órganos.
El control con galio es un procedimiento alternativo para determinar el
estadio de la enfermedad y efectuar el seguimiento de los efectos del
tratamiento. Se inyecta en la sangre una dosis pequeña de galio
radiactivo y entre 2 o 4 días más tarde se realiza un examen del
organismo con un aparato que detecta la radiactividad y que emite una
imagen de los órganos internos (gammagrafía).
A veces se necesita una intervención quirúrgica para examinar el
abdomen (laparotomía) y para determinar si el linfoma se ha extendido
hasta allí. Durante este procedimiento, los cirujanos a menudo extirpan
el bazo (esplenectomía) y realizan una biopsia de hígado para
determinar si el linfoma se ha extendido a estos órganos. Sólo se
realiza una laparotomía cuando la elección del tratamiento depende de
los resultados de la misma (por ejemplo, cuando el médico necesita
saber si debe prescribir radioterapia o quimioterapia o ambas).

Tratamiento

La radioterapia y la quimioterapia son dos tratamientos eficaces. Con
uno o ambos tratamientos, la mayoría de los enfermos que padece la
enfermedad de Hodgkin puede curarse.
La radioterapia como único tratamiento cura a más del 90 por ciento de
los enfermos que se encuentran en los estadios I o II de la enfermedad.
Los tratamientos habitualmente se administran en régimen ambulatorio
durante aproximadamente 4 o 5 semanas. La radiación se aplica en las
áreas afectadas y en los ganglios linfáticos cercanos.

Los ganglios linfáticos muy agrandados que se localizan en el tórax son
tratados con radioterapia habitualmente precedida o seguida de
quimioterapia. Mediante este doble enfoque, el 85 por ciento de los
enfermos se curan.
Los tratamientos para el estadio III varían según el caso. Cuando el
enfermo está asintomático, el uso exclusivo de radioterapia puede ser
suficiente. Sin embargo, sólo se cura del 65 al 75 por ciento de estos
enfermos. El uso adicional de quimioterapia incrementa la posibilidad
de curación al 75 u 80 por ciento. Cuando un paciente presenta otros
síntomas además del aumento de tamaño de los ganglios linfáticos, se
aplica quimioterapia con o sin radioterapia. Para estos pacientes, la
posibilidad de curación oscila entre el 70 y el 80 por ciento.
En el estadio IV, se utiliza una combinación de varios quimioterápicos.
Dos combinaciones comunes (tradicionales) son los regímenes de
quimioterapia CVPP (ciclofosfamida, vincristina, procarbacina y
prednisona) y ABVD (adriamicina, bleomicina, vinblastina y
dacarbacina). Cada ciclo de quimioterapia dura un mes, con un período
total de tratamiento de 6 meses o más. Los tratamientos alternativos
incluyen otras combinaciones de fármacos. Incluso en este estadio
avanzado de la enfermedad, el tratamiento consigue la curación en más
del 50 por ciento de los enfermos.
La decisión de utilizar quimioterapia para tratar la enfermedad de
Hodgkin no es fácil ni para el paciente ni para el médico. Aunque la
quimioterapia aumenta las posibilidades del paciente de manera
notable, los efectos secundarios pueden ser graves. Los fármacos
pueden provocar una esterilidad temporal o permanente, un riesgo
elevado de infección y una pérdida reversible del cabello. La leucemia y
otros cánceres afectan a algunas personas durante períodos de 5 a 10

años, e incluso más tiempo, después del tratamiento con quimioterapia
o con radioterapia y a más gente aún cuando el tratamiento ha sido
combinado (quimioterapia y radioterapia).
El enfermo que no mejora después de la radioterapia o la quimioterapia
o que mejora pero presenta recaídas después de 6 a 9 meses tiene
menos posibilidades de vivir más tiempo que el que recidiva después
de un año o más de haber recibido el tratamiento inicial. La
quimioterapia combinada con altas dosis de radioterapia y trasplante de
médula ósea o de progenitores de células sanguíneas puede ser de
utilidad para ciertos pacientes. Las altas dosis de quimioterapia
combinadas con un trasplante de médula ósea conllevan un alto riesgo
de infección, que llega a ser mortal en algunos casos. Sin embargo,
aproximadamente del 20 al 40 por ciento de los enfermos que reciben
un trasplante de médula ósea se mantiene libre de la enfermedad de
Hodgkin durante al menos 3 años, e incluso puede curarse. Los
mejores resultados se obtienen en sujetos menores de 55 años que, a
pesar de todo, tienen un buen estado general de salud.

Linfoma no hodgkiniano

Los linfomas no hodgkinianos constituyen un grupo de cánceres muy
relacionados entre sí (tumores malignos) que se originan en el sistema
linfático y que habitualmente se diseminan por todo el organismo.
Algunos de estos linfomas son de desarrollo lento (a lo largo de años),
mientras que otros se diseminan rápidamente (en cuestión de meses).
El linfoma no hodgkiniano es más frecuente que la enfermedad de
Hodgkin. Su incidencia está aumentando, sobre todo en ancianos y en
personas infectadas por el VIH (SIDA).

Aunque se desconoce la causa del linfoma no hodgkiniano, ciertos
indicios sugieren una vinculación con un virus aún no identificado. Sin
embargo, la enfermedad no parece ser contagiosa. Un tipo raro de
linfoma no hodgkiniano de desarrollo rápido guarda relación con la
infección causada por el HTLV-I (linfotrópico de células T humanas tipo
I), un retrovirus con función similar a la del virus de immunodeficiencia
humano (VIH), que produce el SIDA. El linfoma no hodgkiniano también
puede ser una complicación del SIDA, responsable en parte del
incremento de nuevos casos.

Síntomas

El primer síntoma notable es el aumento del tamaño de los ganglios
linfáticos en un área en particular, como el cuello o la ingle, o bien en
todos los territorios ganglionares. Los ganglios linfáticos aumentan de
tamaño de forma progresiva y, en general, no producen dolor. En
algunos casos, los ganglios linfáticos agrandados, localizados en las

amígdalas, causan dificultad al tragar. Los que se localizan dentro del
pecho o del abdomen pueden ejercer presión sobre varios órganos,
causando dificultad respiratoria, pérdida de apetito, estreñimiento
severo, dolor abdominal o hinchazón progresiva de las piernas. Si el
linfoma invade el flujo sanguíneo, puede originar leucemia. Los
linfomas y las leucemias presentan muchas características similares.
Los linfomas no hodgkinianos tienen más tendencia a invadir la médula
ósea, el tracto gastrointestinal y la piel que la enfermedad de Hodgkin.
En el niño, es probable que los primeros síntomas del linfoma no
hodgkiniano sean la infiltración de la médula ósea por las células
cancerosas, la sangre, la piel, el intestino, el cerebro y la médula
espinal, más que la presencia de ganglios linfáticos agrandados. Tal
infiltración causa anemia, erupciones y síntomas neurológicos, como
debilidad y sensibilidad anormal. Los ganglios linfáticos agrandados
suelen localizarse en las partes profundas del cuerpo, y suelen
provocar una acumulación de líquido alrededor de los pulmones
produciendo dificultad respiratoria, presión sobre el intestino, con
pérdida de apetito o vómitos y obstrucción de los vasos linfáticos, que
producirá a su vez retención de líquidos.

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