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REVISTA PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL ORGANO DE DIFUSION DE LA SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL - TOMO IV. ENERO - JUNIO 1944 N° 11-12 LIMA - PERU SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL “TOMO IV ENERO-JUNIO DE 1944 Nos. 11 y 12 REVISTA PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL ORGANO DE LA SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL COMISLON DH LA REHEVISTA Alberto Ulloa José Galvez Pedro Ugarteche Luis Alvarado G. Guillermo Hoyos Osores SUMARIO Alberto Ulloa.—El Ejército y la posicién internacional del Pert ... José Luis Bustamante y Rivero.—la Conferencia Internacional de Abogados de 1943 y la organizacién mundial de post-guerra . M. Segundo Nifiez Valdivia.—Hacia un nuevo sistema para la ae quisicién de la nacionalidad de origen ... Alejandro Demaison.—La XXVI1 Conferencia ae ie ool ar aes bajo ... Luis Fabio amuan colCcnu ucts ae Wate ae Fuentes -ail Derecho Peruano (Continuacién) Manuel A. de Elias Bonnemaison. eat Pistoia Ee 12 eae es diplo- maticas entre Peri y Argentina (Continuacién) . Victor Andrés Belainde, Alberto Ullea y Luis iearade G. __Melitén F. Porras, Manuel de Freyre y Santander y Rodrigo Octavio .. Comentarios .. : eae El Derecho Internacional Bel porvenir.— Pree on de opiniones sos- tenidas en comtin por un grupo de norteamericanos activamen- te interesados en el Derecho Internacional ... Sociedad Peruana de Derecho Internacional Instituciones Internacionales ... Peer Calendario de los sucesos nea ale mas Sie co tances sue Documentos importantes Legislacién ... Notas Eiplisershces, ae Publicaciones recibidas ... LIMA - PERU IMPRENTA TORRES AGUIRRE 1944 Pag. 31 50 57 70 80 89 102 115 118 128 136 160 170 183 SOCIEDAD PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL Presidente: Alberto Ulloa Vice-Presidente: Juan Bautista de Lavalle Secretario: Mario Sosa Miembros del Instituto Americano de Derecho Internacional ‘ictor Andrés Belaunde Arturo Garcia Salazar Manuel Augusto Olaechea Alberto Ulloa Manuel Vicente Villaran Miembros fundadores Anselmo V. Barreto Juan Bautista de Lavalle José Matias Manzanilla Anibal Maurtua Francisco Tudela Carlos Wiesse Miembros asociados Luis Alvarado G. José Félix Aramburt Diémedes Arias Schreiber José Luis Bustamante y Rivero Carlos Concha Pedro Dulanto Adan Espinosa Saldaiia José Galvez Carlos Garcia Gastafieta Guillermo Hoyos QOsores Hernando de Lavalle Ignacio Meave Seminario Pedro M. Oliveira Ratl Porras Barrenechea Oscar Saldivar Alfredo Solf y Muro Mario Sosa Pedro Ugarteche Jorge Vasquez REVISTA PERUANA DE DERECHO INTERNACIONAL Oregano de la Sociedad Peruana de Derecho Internacional COMISION DE LA REVISTA Alberto UViloa José Galvez Pedro Ugarteche Luis Alvarado G. Guillermo Hoyos Osores Tomo IV - Nos. 11 y 12 = 1944 La responsabilidad de las ideas y opiniones sus- tentadas en los articulos y notas corresponde exclust- vamente a sus autores, LA COMMISION, EL EJERCITO Y LA POSICION INTERNACIONAL DEL PERU En todos los paises del mundo existe una interferencia, que hace erisis en periodos o en sucesos determinados, entre las actividades militares y las actividades politicas, en or- den a la vida internacional del Estado. En algunos es el pro- pio ejérecito, mediante sus aspiraciones y sus planes, el que determina la politica internacional. Para no referirme sino a poeos casos y a hechos globales, me bastara4 recordar los de Alemania y el Japon. En la primera, es sabido, segin esta ya al alcance de una simple cultura superficial, que ha sido el militamsmo, principalmente prusiano, el que ha trazado no sdlo los gran- des rumbos de la accién internacional del Estado sino tam- bién sus objetivos geogrdficos, mediatos e inmediatos, que resultaban sus fines politicos y econdmicos. Se ha hecho publicaciones reveladoras del pensamiento del Gran Estado Mayor Aleman, en distintas épocas y, muy especialmente, en el tiltimo medio siglo. Asi se ha sabido que fué aquella instituciém la que, no limitandose a preparar la guerra cercana sobre las fronteras mismas de Alemania 0 en los territorios préximos, traz6 e impulsé la aspiracién a consolidar el dominio, m4s o menos materializado en insti- tuciones politicas, hacia el Danubio, los Baleanes y el Asia Menor, para penetrar a las riquezas petroliferas de Persia, de Mesopotamia y del Irak, en el famoso trazo de un cami- no que, al mismo tiempo que asegurara la supremacia ale- mana sobre Europa, garantizara la provisién ilimitada de ” a # pen eee su poder, financiero e industrial, para nuevas y cada vez mas extensas empresas; que erigiera a Alemania en la muralla en- tre el Oriente y el Occidente y que atravesara, como una fle- cha, el corazén del Imperio Briténico. » En el Japon, el militarismo est&é unido a la tradicién secular, desde el horizonte milenario y nebuloso en que se confunde con las leyendas dindsticas y guerreras, hasta los puntos coneretos de las grandes realizaciones japonesas de fines del siglo pasado contra la China; de comienzos de es- te siglo contra Corea y Rusia; de la época actual contra los intereses occidentales en Asia.-y, especialmente,, contra las posesiones insulares de los Estados Unidos de Amériea. Pero la interferencia a que me he referido, entre las actividades militares y las actividades politicas, en orden a la vida internacional del Estado, no toman, per cierto, en todas partes, el caracter de autoritaria supremacia. de los casos que he mencionado. Segtin una concepcién m4s equilibrada y razonable de la funeiéan hist6rica de los pueblos, el Ejército no hace si- no sustentar la politica internacional. El Ejéreito es un érga- no primario y brillante del Estado, pero no se confunde con éste, sino que acttia dentro de la esfera de sustentador de la nacionalidad, que le es mas propia y que corresponde a una idea mas democratica de la organizacién ptiblica de las sociedades humanas. El Hjército no trata de absorber toda la vida y la capacidad del Estado para que éste sea tri- butario y sirviente de ambiciosas aspiraciones militares. El Ejército pertenece al Estado, por la esencia misma de su constituciédn, en cuanto es uno de sus fundamentos y de sus medios de regulacion y una, garantia de su estatuto juridico. El Hjército pertenece a la Nacién,»en cuanto esta compuesto, en virtud del servicio militar obligatorio y del acceso democratico a la profesién y a la jerarquia militares, de los ciudadanos del Estado, en un sentido politico, y de los hombres del pueblo, en un sentido social. Los Estados ibero-americanos pasaron, en la époea in- mediatamente posterior a su Independencia, por un largo pe- riodo que Ja Historia y la Literatura han llamado muchas ee a veces “la época de la anarquia militar”. Esta calificacién puede ser m4s o menos exacta, si se considera que la gue- rra misma de la Independencia y que el incierto periodo que la siguié, fueron propicios al surgimiento, por mérito o por audaeia, de prestigios y de emulaciones militares. Pero me parece evidente, también, que puede verse en aqueila épo- ca un periodo correspondiente a la primera de las formas de la interferencia en orden a la vida internacional del Hs- tado de que me estoy ocupando. En el Perd, al que voy a referirme tnicamente ahora, ereo que puede distinguirse, sin temor de mucho errar, las dos etapas. De 1821 a 1845, cl Ejército hace, en gran parte, la politica internacional, Desde 1845, atin cuando el periodo se iniecia por un gobernante militar, como Castilla, e] Ejér- cito sustenta la politica internacional. Es posible que, atin después: de 1845, haga muchas veces la politica interna, pe- ro creo que no puede afirmarse que ha hecho, desde entonces, la politica internacional sino que se ha limitado a cumplir con su deber profesional y sustancial de realizar o de ejecutar las eoncepciones politicas internacionales de los hombres de Hs- tado, mas alla de las fronteras, en la guerra ofensiva de 1859 con el EKeuador, o en las guerras defensivas, de 1865 eon Es- pafa y de 1879 con Chile. En 1828, cuando la primera guerra con Bolivia, conduci- da, como la segunda, por Gamarra, la direccién politica inter- nacional y la ejecucién militar de la campafia se confunden. Enemigos de Bolivar y de los colombianos, Gamarra y el Bjér- cito peruano piensan que necesitan vengar la humillacién y los agravios inferidos al Pert por el Libertador y por las di- visiones que trajo al Peri y que dejé aqui, ain por un tiempo. * Piensan, también, que el conflicto bélico con Colombia es inevitable y entonees asestan un golpe inteligente y duro al poderio y prestigio colombianos, invadiendo Bolivia, depo- niendo a Sucre, primer lugarteniente del Libertador, y ex- pulsando del suelo boliviano a las divisiones colombianas que alli habian quedado bajo la autoridad de aquel general y pa- ra el mantenimiento de su mando politico, Como acto dl we . a drama Pert-Colombiano, hay que reconocer que el Hyéreito del Pert realizé bien, militarmente, un objetivo politico in- dispensable para la definicién de la nacionalidad, expulsan- do a los colombianos de Bolivia y evitando, pocos meses mas tarde, un fracaso en dos frentes, ya que la guerra direc- ta con Colombia era un hecho cereano. Esta guerra estaba vinculada a la primera, no sélo como parte de una concepcién general de liberacién del Pert de la influencia colombiana y de afirmacién del prestigio y de la he- gemonia peruanos en el Sur del Pacifico, sino también como una consecuencia inevitable de la guerra con Bolivia. Sin embargo, el militarismo peruano fracas6é en la cam- pana del Norte. No participo, y ya lo he dicho en varias opor- tunidades, del concepto de que aquella campafia constituyé un desastre como el que han querido presentar los escritores y los politicos colombianos y ecuatorianos. Felizmente, la ac- cidn de la Marina sobre Guayaquil compensé la derrota de Tarqui e impidié que se hicieran efectivas las condiciones ver- gonzosas de Girdén. El balance general de la guerra permite afirmar que nin- guno de los dos paises logré su finalidad de hegemonia. N# la obtuvo el Pera ni pudo mantenerla Colombia. Tampoeo pu- do ésta, entonces, imponer un arreglo- de limites y es precisa- mente por ello que, 113 afios después, fué posible solucionar la cuestién territorial favorablemente al Peri, mucho mas cerca, clertamente, de las aspiraciones y de las lineag perua- nas del primer decenio de la Independencia, que de las colom- bianas. Cuando las Guerras de la Confederacién de 1835 a 1839, no puede hablarse de éxitos ni de fracasos militares, por mas que las concepciones politicas y las ejecuciones*materiales es- tuvieran a cargo de los ejércitos. Un militar boliviano, Santa Cruz, asume enérgicamente la idea politica de la Confedera- cién y cuenta con el apoyo de fuerza de las tropas de Gama- rra, pero éste no tiene ninguna predileccién por la idea po- litica. Es simplemente un ambicioso, depuesto pero batallador, que subasta por influencia su espada. Desde Sicuani, en 1835, escribe, con la misma fecha, dos cartas, casi gemelas, desean- ee ae do éxito y ofreciendo su concurso a Santa Cruz, que es el pré- ximo invasor de] Peri persiguiendo la Confederacién, y a ‘Salaverry, que le opone el fervoroso y convencido entusiasmo de un nacionalismo friamente sacrificado mas tarde, en su gallarda figura de visionario y de rebelde, en el fusilamiento de la Plaza de Arequipa, después del desastre de Socabaya; pero también después del marcial y perennizado ataque de Uchumayo, Mas Salaverry confunde la individualidad internacional con su propia ambicién. No es el] momento de juzgar en favor “6 en contra de la Confederacién de 1835. Pero es evidente que su concepto y la esperanza de sus proyecciones hacia el porve- nir, pueden ser sélidamente defendidas. En la misma época, Orbegoso hace también su propio juego politico y se suma a Santa Cruz contra Salaverry y contra Gamarra. No son, por cierto, los militares sino los estadistas —estuvieran o no equi- vocados— los que desde Chile alientan, principalmente, la lu- cha contra Santa Cruz y promueven la intervencién. Coneluida la Confederacién, después de Buin y de Yun- gay, Gamarra no descansa en el propésito de llevar la guerra a Bolivia a pesar de que Chile hace esfuerzos diplomaticos por evitarla. Finalmente logra el ecaudillo peruano @jecutar su empefio, pero, absurda desde el punto de vista politico, la guerra resulta una catastrofe desde el punto de vista mili- tar, y el propio Presidente de la Repiblica pierde la vida en la batalla de Ingavi, terminando con él la politica hereméni- ca que los militares peruanos de la primera mitad del siglo XIX siguieron contra Bolivia. A pesar de que, después de 1845, subsisten causas de ale- jamiento peruano-boliviano y de que, en uno y otro pais, hay mandatarios militares —Castilla y Ballivian— que tienen agra- vios personales, el Peri y Bolivia acaban por restablecer, atin cuando precariamente, la paz; y el periodo de reciproca interpenetracién politica encuentra término. Casi inmédiata- mente surge el conflicto de la moneda feble, pero no obede- ee, como los choques anteriores, a las aspiraciones 0 a las am- biciones de los caudillos militares. ag “% — 3 — Después se marcan bien la direcciones civiles de las cues- tiones internacionales, ya definidas en la politica con Bolivia a que acabo de referirme y en las vastas concepciones de so~ lidaridad americanas que dieron vida al Congreso de Lima de 1847. No hubo causas militares ni exigencias de esta naturale- za en la Guerra con el Ecuador de 1859, por mas que tanto el Presidente Castilla, como el Ejército mismo, ,ejecutaran con suficiencia triunfadora una campafia que debié ser defi- nitiva pero que fué solamente brillante y estéril. En la lucha diplomatica y, en la lucha militar contra la intervencién espafiola, desde 1864 hasta 1866, los civiles y los militares se confunden. Castilla y Echenique redactaron juntos la ley de 9 de setiembre de 1864 que autorizaba al Po- der Ejecutivo para repeler por la fuerza la agresién; pero esta ley la habia pedido el ministerio civil de don Manuel Costas y del que uno de nuestros cancilleres mds célebres, To- ribio Pacheco, era Ministro de Relaciones Exteriores. Cuando el error lacerante del tratado Vivanco-Pareja, la Revolucidn la hacen el pensamiento civil representado desde Lima por Galvez y los liberales y la accién militar representada desde Arequipa por el coronel Prado; y cuando la Restauracién lle- ga al Poder, se organiza un famoso ministerio civil y los ciu- dadanos se hermanan con los soldados en la jornada del 2 de mayo de 1866. A pesar de los sesenta afios transcurridos, es muy dificil juzgar de la Guerra del Pacifico y de los acontecimientos in- ternacionales y politicos vinculados con ella, por varias ra- zones. Una de las principales es que la objetividad de una guerra y de sus resultados es de tal manera impresionante y fuerte, que no se puede prescindir de estos ailtimos para,apre- ciar la pericia o el error con que actuaron los hombres. Tales resultados no han concluido directamente todavia. Otra de las razones principales, sobre todo desde el punto de vista del Pert, es que las grandes figuras histéricas de la Nacién o las relevantes figuras que intervinieron en la Guerra, con- tinuaron actuando en el escenario piiblico nacional y, en con- secuencia, su tarea directiva o patriética, sus propésitos, sus —9— errores, han sido objeto de las mds sonoras expresiones de la oposicién o del apasionamiento. No obstante el cardcter personalista de las etapas his- téricas inmediatamente anteriores y siguientes a la Guerra y de la accién individual y directa en ella, es también; lo cier- to que, por sus antecedentes o por su'actividad posterior, aquellas grandes figuras estaban unidas a conceptos y a ban- deras de tesis o de partidarismos politicos. Asi es cémo la ocurrencia misma de la Guerra, sus ori- genes internacionales y econémicos, la falta de preparacién de diversos é6rdenes del Pert para ella, se imputan facilmente, dentro de generalizaciones abstractas o desde el angulo de los intereses, unas veces a Pardo y al Civilismo que pactaron la alianza con Bolivia, cuyo leal cumplimiento fué una de las causas inmediatas de la catéstrofe peruana; que restablecie- ron y mantuvieron un régimen hacendario que dafiaba el cré- dito de la Nacién; que no conservaron la supremacia naval del Pacifico o la equivalencia con los armamentos de esta cla- se de Chile; que no desahuciaron la Alianza, cuyo plan era tripartito, en el momento en que fué evidente el apartamien- to argentino. Otras veces se imputa, con igual facilidad y con los mismos criterios, a Piérola y a sus amigos, por haber rea- lizado, en los afios inmediatamente anteriores a la contienda, empresas revolucionarias que mantuvieron la divisién interna del Peri en términos exacerbados y que contribuyeron a dar a Chile y al mundo la impresién de nuestra falta de cohesién nacional y a desgastar los esfuerzos de organizacién finan- ciera y militar; por haber roto el orden constitucional, ya du- rante la Guerra misma, reemplazando la direccién, (desacer- tada pero profesional), de los planes y de las campafias, por la petulante omniciencia de una jefatura personalisima; por no haber organizado eficientemente la resistencia general y la de Lima, para impedir, si no la derrota, por lo menos una vietoria aplastante del adversario; y por no saber utilizar los migmos improvisados y desarticulados reclutas, en las bata- llas de la capital. Imputaciones andlogas se han hecho a los generales y jefes que perdieron las batallas del Sur y que se revelaron — 19 — inferiores a los estrategas chilenos, atin cuando es cierto que no contando con los sélidos y progresivos recursos de éstos. A quienes quisieron recoger el Poder, en medio mismo del espan- toso desastre, y organizaron, contando con la expectativa y la tolerancia del vencedor, ocupante de Lima, el débil y fugaz Go- bierno de la Magdalena, poniendo a su frente a un hombre de la respetabilidad publica y de la sapiencia juridica de Garcia C'alderén, pero que no era, ciertamente, el caudillo para un pueblo vencido. A los que rompiendo, como aquél, el orden ya establecido y que habia durado mas de un afio, abandonaron en distintas oportunidades esa unidad para ir en busca de la prolongacion ya inutil de la resistencia, atin cuando valero- sa infecunda, o de la paz, y también del predominio de su fi- guracién pavacial como Caceres, Montero o Iglesias. En realidad ninguno de ellos perdié la guerra, La perdié el] Peri y la culpa de sus gobernantes es muy relativa. La perdieron mas de cincuenta afios de desbordadas convulsiones internas que habian dado al pais un escepticismo profundo respecto de la capacidad y de la sinceridad de sus mandata- rios. La perdieron mas de treinta afios de orgia financiera y fiscal, en que la Nacién se habitué a vivir artificialmente, en lo piblico como en lo privado, de la riqueza gratuita e in- mediatamente aprovechable del guano y del crédito agotador de los empréstitos que trasladaban, en buena cuenta, la propie- dad y el provecho de los bienes piblicos a los prestamistas. La perdié el atraso del desarrollo social y econémico del pais, que no pudo, en la hora de prueba, rendir un esfuerzo capaz de salvarlo. La perdieron nuestra inconsistencia espiritual y la falta de fé en la Nacién y en sus hombres; la carencia de un sentido arrogante de superioridad, como el que Chile de- rivaba de su raza, de su orden, de su correccién financiera, de la permanencia de sus ideas de politica internacional, del sometimiento razonado a las directivas de sus gobernantes. Para compensar aquellos defectos y estas virtudes, se opusie- ron imprevisién, desorganizacién, enconos, impericias, y una fuerte dosis, brillante pero estéril, de heroismo y esfuerzos. No teniamos ya superioridad en el mar; pero si, al me- nos, una flota de guerra relativamente poderosa, variada y a5 9 se agil, de la que un solo buque —el ‘“Hudscar’— demostré las ventajas que pueden obtenerse de las condiciones marineras de un jefe excelso y de la bravura de su dotacién; pero la me- jor artillada de nuestras naves —la “Independencia” —sé perdié en una celada en que el amor propio se sobrepuso a la razon. El mismo herdico monitor tuvo que afrontar una empre- sa que, en extensién y en poderio, sobrepasaba sus posibili- dades; y afrontarla sin cesar, a fin de que su ausencia, ain cuando fuera temporal, para descansar y prepararse, no rom- piera el fragil equilibrio que su valor y su pericia habiaa creado a la fuerza aplastante del adversario. Teniamos un ejéreito profesional, del que el espiritu pt- blico estaba conscientemente distanciado, por su participaciéu en las divisiones intestinas, por sus pronunciamientos; por- que las circunstancias lo habian colocado con frecuencia en un bando y lo habian hecho ver como adversario por el otro; ejército euyos elementos materiales eran débiles y apenas reemplazables; cuyo transporte y aprovisionamiento depen- dian del mar que el enemigo tenia que llegar a poseer eomo suyo; ejército que no se hallaba entrenado ni desde el punto de vista militar del combatiente ni desde el punto de vista taetico de los jefes. Pero se le pidid que librara campafias dispersas, que improvisara sus planes sobre el terreno, que considerara la voluntad de morir y el conformismo al sacrifi- cio como una esperanza de victoria y no como una prepara- cién de derrota; que no supiera sino resistir sin conocer hasta dénde y hasta cuando su resistencia era util. Tuvimos otro ejército mas, reclutado frente a la Guerra misma y puesto dentro de cuadros deficientes e inexpertos de oficia- lidad, que las derrotas fueron destrozando; y este otro no pudo ayudar a la primera resistencia ni a la tltima. Tuvi- mos un tercer ejército, de milicianos, simples ciudadanos que, por la compulsion de las leyes o el reclamo del deber, se alis- taron para defender la capital contra un enemigo fuerte, or- ganigado, provisto y orgulloso; o para hostigarlo, después, desde las serranias, en inttil prolongacién de una resistencia que era sin duda una emulacién de honor, pero que agravé los males ptiblicos y, al aplazarla, hizo m&s onerosa la de- rrota. . Esas son las duras, amargas, a veces iluminadas, pero a veces sombrias, Lecciones de la Historia. Que las generaciones eiviles y militares del Perti aprendan de ellas a marchar pa- ralelas en la vida, unidas en la prueba, reconfortadas por una ilusién, la de lograr un solo rumbo, que es derrotero, guia, estrella y horizonte y a la vez punto de partida y meta que se persigue: la grandeza dentro de la misién histérica del Pert. Alberto Ulloa. LA CONFERENCIA INTERAMERICANA DE ABOGADOS DE 1943 Y LA ORGANIZACION MUNDIAL DE POST- GUERRA PARTE PRIMERA EXPOSICION En agosto del ano pasado se celebré en Rio de Janeiro la IL Conferencia Interamericana de Abogados, a imvitacién y bajo los auspicios del Instituto de la Orden de Abogados Brasilefios. Coneurrieron a ese certamen representantes de la mayor parte de los Colegios de Juristas afiliados a la Federacién Interamericana de Abogados constituida en Washington en mayo de 1940. Entre los objetivos de la Federacién figuran el de desa- rrollar la ciencia de la Jurisprudencia en todas sus fases, el de establecer un foro continental para el intercambio de ideas y el de reunirse en conferencia para discutir cuestiones de interés profesional o general. Atentos estos objetivos, no es de extrafiar que la Asam- blea de Rio dedicase acaso la mas preferente de sus preocu- pacienes al estudio de temas relacionados con las consecuen- cias juridicas del actual conflicto bélico y con la organizacién internacional de la paz en el mundo del futuro. Hl Comité wa, . Ejecutivo de la Federacién dispuso, al efecto, que una de las ° Comisiones en que habia de dividirse la Conferencia se ocu- pase de los “Problemras de Post-Guerra”’. Y a esa Comisién fueron llevadas importantes ponencias, preparadas unas en Washington por el Inter-American Bar Association y presen- tadas otras en el curso del certamen por distinguidos miem- bros asistentes. Los debates producidos en el seno de la Comisién de Pro- blemas de Post-Guerra fueron intensos y grandemente ilus- trativos. A base de ellos, la Conferencia adopto, entre otros, los siguientes acuerdos: (1). A).—_ORGANIZACION INTERNACIONAL * 1.—Bases preliminares para la solucién de los problemas de post-guerra La Conferencia expresa su aplauso al esfuerzo desplegado por el Comité Juridico Interamericano de Rio de Janeiro (cu- ya creacién acordaron las Rewniones de Cancilleres de 1939 y - 1942) al elaborar la Recomendacién Prelimenar sobre la solu- cién de los Problemas de Post-Guerra; y exhorta a los quristas de América para que contribuyan a formar opimon ante los respectivos Gobiernos a fin de que tomen en cuenta, en lo po- sible, las ideas de esa Recomendacién al estudiar la solucién de los problemas creados por la guerra; con el objeto de presen- tarse umidos y solidarios en su criterio sobre la futura organi- zacion del mundo. La Recomendacién preliminar a que alude esta Resolu- cién, y cuya Exposicién de Motivos es un precioso exponente (1).—Al redactar este trabajo, el autor no ha tenido a la vista el texto oficial de los acuerdos de la Conferencia, todavia no publicados. Se ha valido tinicamente de sus notas personales. Pese a cualquier di- vergencia de forma, cree, sin embargo, haber logrado la fidelidad en el fondo. eee same de elevado idealismo, de critica social y politica y de. entere- za moral, propicia las siguientes conclusiones : ° I.—Prioridad de la ley moral y de los principios funda- mentales del Derecho Internacional derivados de ella, en las mutuas relaciones de los Estados. Las reglas de Derecho Pos sitivo no deben ser consideradas como un statu-quo perma- nente, sino como susceptibles de perfeccionamiento segtn las nuevas necesidades de la Comunidad Internacional. Il.—Repudio del uso de la fuerza, tanto como instrumen- to de politica nacional, como para liquidar divergencias in- ternacionales. Solo la Comunidad Internacional tendra el de- recho de emplear la fuerza para prevenir o rechazar la agre- sién y para mantener el orden y el respeto al Derecho. Seran especificamente definidos los actos de agresion. Ill.—Obligacién absoluta de los Estados de solucionar sus conflietos por procedimientos pacificos (buenos oficios, conciliacién, mediacién, arbitraje, jurisdiccién internaciénal). Estos procedimientos serdn organizados de modo que impli- que su funcionamiento automatico y progresivo, hasta obte- nerse el objetivo de la pacificacién. Los métodos de concilia- cién y. arbitraje se haran mas faciles y expeditivos. La compe- tencia de las Cortes de Justicia Internacional debera ser .am- pliada; y su aecién se coordinaré con la ereacién de tribuna- les regionales de justicia para la division de la competencia en razon del lugar y de la materia. IV.—Solidaridad ante la agresién. Los Estados asumi- ran responsabilidad colectiva para el mantenimiento de la paz y el orden. No podran legitimamente permanecer neutrales. Cooperaran para hacer efectivas contra el agresor las sancio- nes adoptadas por la Comunidad Internacional. V.—Modificacién del concepto de soberania, entendiéndo- la subordinada a la necesidad suprema de la paz, el orden y la justicia. Hl ejercicio de la soberania implica la prioridad de la ley moral y de los principios del Derecho Internacional. No es atributo de soberania el derecho de hacerse juez en cau- sa propia. La soberania debe armonizarse con la interdepen- dencia de los Estados en el seno de la Comunidad Interna- cional., | VI =—Negesidad de una organizacién internacional més eficiente, mediante la creacién de un mecanismo que repre- sente la voluntad y los intereses de la Comunidad y no los de sus miembros en particular. ‘* VII.—Naturaleza de la futura organizacién internacional. La Comunidad Internacional ser4 organizada a base de la coo- peracién de todos los Estados. En esa organizacién, ya se trate de una Sociedad de Naciones reformada o de una nueva - institucién juridica, se armonizard el principio de la univer- salidad con la existencia de grupos regionales formados por vinculos naturales de solidaridad e intereses comunes. VIJI.—Sistema mas efectivo de seguridad eolectiva, en forma que garantice la proteccién de todos y cada uno de los miembros de la Comunidad Internacional contra actos de vio- lencia. (Esta tesis conduce a la creacién de una fuerza arma- da internacional). TX.—Abandono del sistema de equilibrio politico como instrumento para mantener la paz. Este sistema, que implica simplemente la suspensién temporal de la guerra por el te- mor reciproco a la fuerza de grupos antagéticos, debe ser sustituido por un sistema de seguridad colectiva que proscri- ba permanentemente la guerra. Se procederaé a la limitacién de los armamentos, progresiva y paralelamente al desarrollo del sistema de seguridad colectiva. La industria bélica debe ser funcién exclusiva del Estado. X.—Abandono del imperialismo politico como medio de predominio sobre la voluntad de Estados débiles 0 sobre terri- torios atrasados, para fines politicos 0 militares. La adminis- tracién de las colonias y protectorados serA ejercitada como un encargo sagrado de la civilizacién, de carActer transitorio y con miras al bienestar y desarrollo de esos pueblos. XI.—Eliminacién del nacionalismo politico como expre- sién del predominio de los intereses del Estado que lo profe- sa sobre los intereses de la Comunidad Internacional. Reco- nocimiento por el Estado de los derechos inherentes a la per- sonalidad humana. XII.—Eliminacién del imperialismo eeonémico para la absorcién egoista de los mercados. Los territorios poco evolu- cionados serdn administrados por la Comunidad Internacional bajo el principio de la igualdad de tratamiento para todos los Estados, fomentando su produccién de materias primas, su capacidad de consumo de manufacturas y la libre concurrencia ; a fin de armonizar el progreso paulatino de esos terriferios con los intereses de la Comunidad Internacional. XI[L—Eliminacién del nacionalismo econémico, median- te el reconocimiento de la interdependencia econémica de los _ Estados y dando atencién preferente a la coordinacién de la economia mundial. Se procuraraé combinar la auto-determina- cién nacional con el interés primordial de la Comunidad. Se fomentara el libré intercambio y la supresidn de barreras aduaneras. XIV.—Eliminacién de los factores sociales de guerra, so- bre la base de que la justicia social y el mejoramiento de las condiciones de vida de los individuos tienen relacién directa con el mantenimiento de la paz. Los Estados procuraran ele- var el nivel de vida de sus nacionales i garantizarles un gra- do de seguridad econémica que les permita vivir con la sufi- ciencia y tranquilidad necesarias para desenvolver su perso- nalidad. La industria nacional debe organizarse tomando en euenta los intereses de toda la poblacién y no sdlo los de las clases privilegiadas; también habran de tomarse en cuenta los intereses y necesidades de la Comunidad Internacional. Los servicios de cardeter social de la nueva organizacién interna- cional deberan tener amplitud suficiente para emprender ta- reas que no se encuentren al alcance de los Estados indivi- dualmente. La labor de la Oficina Internacional del Trabajo deber& proseguirse y desenvolverse todo lo posible. 2,—Organizacién de la Comunidad Internacional La Conferencia sefiala como objetivo primordial de la paz el establecimiento y mantenimiento entre las Naciones, en cuanto fuera posible, de un Sistema Internacional Universal, con funciones judiciales, legislativas y ejecutivas, basado en los principios jurtdicos y en la experiencia interna de las Na- clones y adaptado a las necesidades y limitaciones de la coope- racién internacional, —. 1. Se funda este acuerdo en que uno de los medios de ase- gurar la convivencia pacifica interestatal con garantia de es- tabilidad, seria la creacién de una nueva institucién mundial, especie de Estado Supranacional, que, a semejanza de lo que ocurre en la organizacién interna de los Estados, esté provis- ta de los tres Poderes Judicial, Legislativo y Ejecutivo; el pri- mero dotado de un sistema de Cortes Judiciales Internaciona- les de jurisdiccién obligatoria; el segundo encargado de fi- jar —y revisar periddicamente— los principios baésicos del Derecho Internacional a los cuales habran de ajustarse los Es- tados en su vida de relacién; y el tercero, auxiliado probable- mente de una fuerza internacional que le permita prevenir los conflictos, sofocar las agresiones y asegurar el cumplimiento de los fallos judiciales expedidos en las controversias entre Hstados. A la constitucién de estos tres Poderes coneurriran los Estados con un eriterio de cooperacién, en el cual la inter- dependencia reciproca y el interés colectivo primarian sobre el concepto clasico de las soberanias nacionales. 38.—Conveniencia de estudiar la organizacién de una Fuerza Policial de la Comunidad Internacional La Conferencia recomienda a la Comisién Permanente de la Federacion Interamericana de Abogados el estudio de st debe estimarse como obligado corolarto de la organizactén de la Comunidad Internacional en forma de un Estado Su- pranactonal, la creacién de una Fuerza de Policta Internacio- nal, que sdlo deberé ser empleada en casos taxativamente esti- pulados en la Ley Constitucional de dicho Estado y mediante decision del Supremo Tribunal de Justicia Internacional. La justificaci6n de este tema, propuesto por la Federa- cidn de Abogados, fué presentada a la Conferencia por el Re- lator doctor Carlos Castillo Cabral (brasilefio), en un informe cuya sintesis es la siguiente: El fracaso de la Sociedad de Naciones tuvo un doble ori- gen: la falta de pod®r ccercitivo, por no haber creado una fuerza internacional; y el principio que requeria la unanimi- dad para.imponer sanciones. oe En la liquidacién de la guerra actual y en las etapas posteriores habré que dar a la organizacién internacional un sentido que, sin apartarse del realismo, no excluya el idealis- mo. Vale decir, que considere las dificultades de eliminar sin transiciones los conceptos juridicos vigentes, pero que no pon- ga atajo a la imaginacién ecreadora de los organizadores de un mundo nuevo, que no quiere estabillidad, sino revolucién. Realismo no debe significar respeto a los mitos guerreros ni- a la ley de la victoria; ni tampoco prejuicios nacionalistas o de soberania absoluta, que llevan al aislacionismo internacional. Idealismo no supone salto bruseo a un régimen radicalmente nuevo y perfecto, sino aproximacién a él en el menor tiempo posible. Corbett aboga por una internacionalizacién progresiva de los Estados, mediante el agrupamiento de naciones afines en federaciones paralelas, hasta llegar al Estado Supranacio- nal. Dentro de esta etapa transitoria actuaria, en opiniédn de ese autor, como Policia Mundial, la unién militar anglo-norte- americana (English speaking world), que tendra en sus ma- nos el control de la victoria. Ello importaria, mas o menos, el gobierno policial del mundo por las Naciones Unidas, ba- jo las normas —probablemente— de la Carta del Atlantica, Quienes objetan esta tesis aducen que ella traeria consi- go la necesidad de un “largo armisticio” sujeto a la tutela policial anglosajona, mieutras se organiza la Policia Interna- cional definitiva; con lo cual se veria entorpecida la rapida organizacién normal del mundo. Encomendar a la unién mili- tar anglo-americana la ejeeucién policial del Tratado de Paz que haya de poner término a la Segunda Guerra Mundial se- ria dejar exclusivamente en manos de los vencedores una fun- cién que, dentro de los nuevos conceptos de interdependencia y de justicia que han de regir la Comunidad Internacional, debe ser ajena a las Partes ex-contendientes 0, por lo menos, compartida y controlada por elementos imparciales. Se impo- ne, pues, la inmediata creacién de una Policia Internacional, a base de su dependencia de un Estado Supranacional orga- nizado antes de que cese la lucha armada y plasmado, por ejemplo, en los moldes insinuados por el Comité Ejecutivo In- 2 65.2 teramericano de Rio de Janeiro en su Recomendacién Preli- minar. Presupuesta la formacién del Estado Supranacional, Cul- bertson, en su “World Federation Plan’, sugiere varias solu- clones minuciosamente estudiadas sobre el procedimiento for- mativo de la Policia Internacional que habra de ejecutar sus decisiones. Su plan se resiente, de un lado, de un excesivo respeto por los nacionalismos de las grandes potencias y dis- plicencia para las potencias latino-americanas, que en su pro- yecto de federaciones regionales asimila el autor a los Esta- dos Malayos; y peca, de otro lado, de utépico al pretender perpetuar la supremacia anglo-americana en el mundo, sin to- mar en cuenta que a la interdependencia no escapan ni los” mas fuertes grupos de naciones, Segtin él, el Cuerpo Mévil o personal militarizado de la Policia Internacional se localizaria en las colonias, las cuales serian administradas por la Comu- nidad de Naciones hasta que alcancen posibilidad de auto- gobierno. El Cuerpo Mévil se constituiria por hombres reclu- tados en las mismas colonias. No puede negarse importancia a la objecién de Michael Straight, de que la fuerza internacional se aplicaria, como la ideada por Metternich en el Congreso de Viena, “a proteger la propiedad y reprimir los movimientos populares’. Pero esta objecién no funcionaria en un Estado Supranacional bien constituido, porque el uso de la fuerza no dependeria del ér- gano politico de ese Estado, sino del Supremo Tribunal de Justicia Internacional y a base de una ley que prevea los casos de intervencién. En suma: una Policia Internacional supone un Estado Supranacional que, asentado sobre bases nuevas y distintas de las de la Liga de Naciones, fuese regido, no por la aecién politica directa de los Gobiernos nacionales integrantes, me- diante sus diplomaticos, —forma de constitucién que resté eficacia a la Liga—, sino por la aecién eoordinada de todos los Estados, inspirados en el concepto de interdependencia y con puntos de mira universales. Esta solucién no excluye, des- de luego, la participacién de los altos dirigentes individuales de categoria internacional que, como cabezas de la humani- ee dad, trazarian o ayudarian a trazar el rumbo superior del Es- tado, con un ancho criterio capaz de sobreponerse a objeti- vos parciales de simple nacionalismo. Una Comunidad de Naciones lograda en esta forma nue- va, preveria taxativamente en su Ley Constitucional los casos de intervencién coercitiva, previa decisién del Supremo Tri- bunal Internacional. Asi, la Policia Internacional seria el com- plemento necesario de la organizacién y garantizaria la paz mundial. Y asi el Estado Supranacional representaria un me- dio eficaz para la defensa de las naciones débiles contra los imperialismos. Hay que marchar a este desideratum por medio de la for- macion de una conciencia piiblica mundial, a base de prepara- cién democratica, Pese a la brillantez con que est&é redactado el informe del doctor Castillo Cabral, la Comisién de Problemas de Post- Guerra no pudo dejar de tomar en cuenta lo complejo y de- licado del tema. Frente a la opinién aprobatoria del Delega- do doctor Jorge Americano (Sao Paulo), segtin la cual si el Derecho no ha de ser una utopia, exige la existencia de una sancién, lo cual sélo se obtiene donde existe una fuerza; hizose escuchar el, mesurado parecer del viejo internacionalista bra- silefio doctor Rail Fernandez, quien haciendo reminiscencia de una propuesta semejante formulada en Francia después de la anterior guerra, observé que una fuerza de Policia Interna- cional tendria que ser suficientemente poderosa como para vencer al ejército de cualquier nacién, y que una fuerza de esas proporciones exigiria un territorio, y mas aun, una po- blacién fuera de la soberania de cualquier Estado. El Dele- gado norteamericano Morris objeté la ponencia atribuyéndole un cardcter politico. Y el argentino Thedy apoyé la objecién, exponiendo que la existencia de una Policia Internacional presupone una solidaridad internacional efectiva, mientras no exista la cual es prematura la tesis, 0 mejor dicho antitesis, del doctor Castillo, Antitesis, porque si hay solidaridad unani- me, no se requiere fuerza. ae oe Estas dificultades pusieron de manifiesto la necesidad de un mayor estudio del tema, que fué transferido a la Comisién Permanente de la Federacién. 4.—Bases para la organizacién de la Justicia, Internacional La Corte Permanente de Justicia Internacional debe ser mantenida, con las modificaciones que fueren necesarias para adaptar su Estatuto a@ las nuevas circunstancias y a las exi- gencias de la Comunidad Internecicnal. Especialmente debera ser resguardado, como al presente, el principie democrético fundamental de la independencia judicial y de la separacion entre las funciones judiciales y las legislativas o ejecutivas. La Corte Permanente de Arbitraje Internacional (creada en las Conferencias de La Haya de 1899 y 1907) debe ser, igualmente, mantenida. La jurisdiccién de la Corte Permanente de Justicia Inter- nacional y de los Tribunales Arbitrales debe ser perfeccionada, tanto mediante la sumisién de todos los Estados al Poder Ju- dicial Internacional, como por la renovacién de los plazos a que fueron subordinadas ciertas adhesiones a la jurisdiccién obligatoria de la Corte Permanente de Justicia Internacional y que expiraron en el curso de la presente guerra, Refundiendo dos proyectos afines que le fueron presenta- dos, la Confernecia presté su asentimiento a las conclusiones que anteceden teniendo en cuenta, entre otras, las siguientes consideraciones: La Corte Permanente de Justicia Internacional fué crea- da en virtud del articulo 14 del Paeto de la Sociedad de Na- ciones e instalada en 1921. El proyecto primitivo de ereacién de la Corte establecia su jurisdiccién obligatoria en caso de surgir entre Estados divergencias que no hubiesen podido ser salvadas por la via diplomatica y a falta de convenios que designasen otra juris- diccién. Pero el Consejo de la Liga, dominado por las Grandes Potencias, atenué el texto de ese proyecto, conyirtiendo en ot Bo simplemente facultativo el sometimiento a la jurisdiccién de la Corte. Surgid luego una formula transaccional, incorpora- da al articulo 36 del Estatuto de la Liga, segtin la cual la ju- risdiccién de la Corte seria obligatoria en ciertas categorias de litigios, a saber: a) Interpretacién de tratados; b) Diluci- dacién de todo punto de Derecho Internacional; ec) Hstableci- miento de hechos que constituyan violacién de un compromiso internacional; d) Definicién de la naturaleza o extensién de las reparaciones debidas a la quiebra de un compromiso in- ternacional. Esta formula no fué suscrita por Rusia ni el Japén; el Paraguay, que primitivamente la acepté, denuncié después su adhesion; y los Estados Unidos no la reconcieron, por no ha- ber concurrido a la firma del Pacto de la Sociedad de Na- clones. La ineficacia de la Corte Permanente de Justicia Inter- nacional ha obedecido, pues, a las restricciones introducidas en cuanto a la obligatoriedad de su jurisdiccién, y a su falta de universalidad derivada del apartamiento de ciertas nacio- nes. En la nueva organizaciOn de la justicia mundial deben ser corregidos ambos defectos, ampliando, de un lado, la com- petencia obligatoria del Tribunal, incluso a casos ocurrentes entre individuos particulares y el Estado, cuando éste viole derechos fundamentales de aquéllos; y abriendo, de otro la- do, el camino a la adhesién de Rusia, Japén, Estados Unidos y Paraguay. Convendria, ademas, formular de un modo mas exacto las normas del Derecho Internacional Positivo, corri- giendo sus lagunas y deficiencias; pues a medida que es mas cierta la regla de Derecho, los litigios se tornan menos alea- torios y se atrae, con ello, la confianza de los litigantes en el juez. Conforme al nuevo plan, la Corte Permanente no depen- deria ya de la Liga de Naciones, sino de una Unién Adminis- trativa de todos los Estados, constituida mediante una conven- cién suscrita por los miembros de la Comunidad Interna- cional. 4 5,—Meétodos de ejecucién de sentencias de los Tribunales Internacionales La ejecucién de las sentencias judiciales o arbitrales de- be ser asegurada por sanciones econdmicas y financieras, y even- tualmente por la fuerza, aplicadas por la Comunidad de Nacio- nes 0 com su autorizacién. Esta ejecucién compulsiva no debe comprometer la integridad territorial o la independencia poli- tica del Estado deudor. Practicamente, el empleo de estas medidas postula una adecuada organizacién de la Sociedad Internacional, dotada de los medios apropiados para asegurar el respeto de la ley y el acatamiento de las decisiones de la justicia, A diferencia de lo que ocurre en la justieia privada, don- de la fuerza del Estado apoya y d& seguridad a la ejecucién de las sentencias, en la esfera internacional los fallos no cuen- _ tan con la existencia de sanciones que garanticen su cumpli-' miento. La Liga de Naciones no establecié esas sanciones, . li- +mitandose a disponer que en caso de incumplimiento o ineje- eucién, el Consejo propondria las medidas adecuadas para asegurarla. (Art. 13). : Hn el Protocolo de Ginebra de 1924, la ejeeucién de sen- tencias internacionales fué minuciosamente regulada: a) Me- diante presién pacifica del Consejo de la Liga; b) Mediante ganciones econémicas y financieras; ¢) Mediante ejecucién por la fuerza con autorizacién del Consejo; d) Mediante la declaracién de agresor, si el reo acudia a las armas. Pero la Gran Bretafia objeté el proyecto, que no pasé de tal. Kl American Bar Association propiciéd en su ponencia ante la Conferencia de Abogados de Rio la adopcién de es- tos mismos medios en el futuro, aunque con ciertas restric- ciones analogas a las que en el orden civil privado prohiben la prisién por deudas y el embargo de los instrumentos de trabajo. Asi, en el orden internacional la ejecucién de senten- clas no deberia comprometer la integridad territorial o la in- dependencia del Estado deudor. 5 ee 5 Pero este régimen pertenece a un dominio en el que, como acertadamente lo expuso el jurista brasilefio doctor Raul Fernandez, ningtin progreso es posible fuera de una organi- zaci6n cualquiera de la Sociedad Internacional que esté mu- nida de los resortes necesarios, incluso de fuerza, para ase- eurar el respeto a la ley y la obediencia a las decisiones de la justicia. be ow! 6.—Nermas de conducta para los Gobiernos militares en los territorios ocupados por razon de guerra Ein presencia del hecho de la ocupacién militar de territo- rios enemigos o sometidos, realizada por las fuerzas de las Na- ciones Unidas, la Conferencia recomienda que los gobiernos militares provisorios de ocupacién procuren aplicar en esos te- rritortos las propias leyes locales de estos tiltimos, en cuanto no impliquen colisién con los intereses de la preservacién del orden instituide por las autoridades militares ocupantes; revo- car todas las leyes discriminatorias o fascistas impuestas por ei enemiga; y establecer un gobierno tnspirado en los principios democriticos. ~ _ Surgid esta conclusién, por mayoria de votos, como re- sultado de los debates de una tesis presentada por el Pro- fesor Ratil Pederneiras (brasiieiio). El Relator, sefior San- chez Lustrino, se inclinaba a que la Conferencia se abstuviese de emitir pronunciamiento sobre dicha tesis, por cuanto es- tando proscrita la guerra segtin el Derecho Internacional Americano, la adopcién de un estatuto para el gobierno de paises militarmente ocupados por razén de guerra parece co: sa implicante y fuera de lugar. Pero el internacionalista doc- tor Ratll Fernandez observé que, frente al hecho consumado de la ocupacién de territorios enemigos o sometidos, por fuer- zas cle los gobiernos aliados, es natural que éstos busquen y deseen la opinién de los juristas sobre el comportamiento le- gal a que habran de cefir sus actos las autoridades militares de ocupacién. Esta atingencia did lugar a la aprobacién del acuerdo arriba trascrito. ee _ A asa pa 7,.—Penalidades y juzgamiento de los crimenes de guerra Aunque la Conferencia no se pronuncié expresamente so- bre este tema, remitiéndolo para mejor estudio a la Comisién Permanente de la Federacién Interamericana de Abogados, es interesante referirse a dos ponencias presentadas sobre la materia a la Comisién de Problemas de Post-Guerra, para des- cubrir el pensamiento predominante al respecto entre los hombres de Derecho americanos. La primera de dichas ponencias, propuesta por la Comi- sién Permanente de la Federacién, fué relatada por el Dele- gado americano doctor Oscar Stevenson y se sintetiza en cua- tro puntos: a) Naturaleza de los crimenes de guerra; b) Agen- tes punibles; ¢) Penas aplicables; d) Constitucién de los tri- bunales juzgadores. En cuanto al primer punto, el Relator aboga porque la Comunidad Internacional elabore para el futuro un Codigo Penal Internacional Politico o Cédigo Penal de las Naciones, eoncerniente a los atentados contra el orden publico interna- cional y a los hechos contra el derecho universal de gentes; especificando las infracciones, sistematizando las normas re- presivas 0 punitivas, puntualizando los agentes responsables e instituyendo los tribunales encargados del juzgamiento, Pero mientras ese Cédigo pueda ser elaborado, existen ya preceptos internacionales de derecho positivo, adoptados en la Conferencia de La Haya, en el Pacto de la Sociedad de Naciones, en el Tratado de Washington, en el Protocolo de Gi- nebra, -en el Acuerdo de Locarno, en la Convencién de Gue- rra, en el Tratado Naval de Londres, ete., en los cuales se con- dena la guerra injusta o de agresién, se prohibe el uso de ga- ses asfixiantes y de balas dum-dum, el bombardeo de eluda- des abiertas, el empleo de venenos y otras formas de sabo- taje, los actos de torpeza o erueldad con ocasién de la belige- rancia, la ejecucién de rehenes, las matanzas de civiles, las contribuciones extorsivas, ete., y se establece regulaciones so- bre el tratamiento de navios mercantes por los buques de gue- rra, el empleo de submarinos, el comportamiento con los pri- — 27 — sioneros, heridos y enfermos en campafia, el uso del pabellén de parlamento, ete. Se sefiala, ademas, como obligatoria la so- lucién pacifica de los conflictos mediante los recursos de couciliacién, arbitraje y sometimiento a la justicia internacio- nal, Las infracciones contra cualesquiera de estos preceptos del derecho positivo constituyen crimenes internacionales o de suerra y merecen, por lo mismo, una sancién penal. En cuanto al segundo punto (Agentes responsables), ca- be oponer reservas, ce antemano, a la teorfia de la responsa- bilidad penal del Estado como entidad juridica o de la Ma- cién como entidad humana, porque el primero es una abstrac- cién y la segunda un congiomerado de hombres que obede- cen a sus dirigentes o earecen de medios para desobedecer sus directivas. Hay que aceptar, pues, que la responsabilidad de la guerra injusta y de los abusos de guerra corresponde a los hombres de Gobierno que hubiesen provocado aquélla y a los militares y funcionarios que actuasen como ejecutores materiales de las ofensas al Derecho Internacional so pretexto de cumplimiento de érdenes superiores. En cuanto al tercer punto (penas aplicables), hay que re- conocer que el derecho positivo internacional no contiene dis- posiciones que especifiquen penalidades para los crimenes Je guerra, La falta de esas disposiciones y de una jurisdiccién internacional competente sirvid de asidero al Gobierno de Holanda para negarse a la entrega de su refugiado, e] Kaiser Guillermo II, como lo determinaba el Tratado de Versalles. Pero en ausencia de una ley penal positiva de orden inter- nacional, deben ser aplicados los principios generales de la ley penal vigente en el pais del delincuente y atin, por analo- gia, las sanciones previstas en dicha ley para delitos simila- res. De este modo,-sometiendo a los criminales internaciona- les a las normas punitivas de sus propios paises, el Hstado o los Estados victoriosos que los ecapturen y los lleven a juicio no incurriran en abuso ni hard4n sementera de miartires, apli- cando penas arbitrarias. En cuanto al cuarto punto (Tribunales juzgadores), ad- mitiendo como un mal inevitable la necesidad de tribunales especiales para el juzgamiento de los crimenes de guerra —ya * ee, — 93 — que hoy por hoy no los hay permanentes y preestablecidos— el doctor Stevenson se pronuncia en favor de la organizacion, en cada caso, de “Tribunales Mixtos”, integrados por milita- res y civiles, tanto para evitar las sospechas de venganza o prepotencia que suscitaria un tribunal exclusivamente mili- tar creado por causa de guerra, como para poder contar con técnicos civiles especializados en Derecho Penal y Derecho In- ternacional, que colaboren en la tarea de desentrafar la natu- raleza multiforme de esta clase de crimenes y de apreciar de- bidamente la actuacién delictuosa de los agentes dentro de las variadas y especialisimas circunstancias a que el estado de guerra hubo de someterlos. Esta ponencia, importante por su contenido Y por su ac- tualidad, did origen a un movido debate. Quién opinéd porque el juzgamiento de los crimenes de la presente guerra debia dejarse a los dirigentes de las Naciones Unidas, abrigando la esperanza de que antes el asesinato o el suicidio los libra- rian de ese trabajo. Quién sostuyo o que esos crimenes son, por su indole, politicos o militares, y que, por tanto, ho correspon- de a los juristas ocuparse de ellos. Este sugirid que el conse- jo de los juristas puede hacer falta a logs estadistas y a los miembros de las Cortes Marciales en cuanto a la forma de sancionar las infracciones que la ley internacional ha estable- cido. Aquél adujo que el hecho de sancionar las violaciones de las leyes de la guerra importaria un retroceso en el Dere- cho Americano, que lejos de legislar sobre la guerra, la de- clara ilegitima. Unos defendieron la tesis de que la democra- cia no admite tribunales especiales ni penas que no estén pre- vistas con anterioridad al delito. Otros apelaron al tribunal de la opinién ptblica como tnico competente para pronun- clarse sobre esta forma de criminalidad, La segunda ponencia, presentada por el jurista brasilefio doctor Vieira Cavaleanti, exhibié una tendencia mas acentua- damente juridica y en parte opuesta a la anterior, sostenien- do que “los crimenes y delitos de guerra cometidos en razén de ella, deben ser castigados conforme a los sistemas juridi- cos preexistentes”. Por consiguiente, nada de penalidades dic- — 99 — ' tadas con posterioridad a los hechos justiciables; nada de jue- ees especiales nombrados para cada caso particular. La materia es ardua y seguira atrayendo la mediacién del Comité Permanente de la Federacién Interamericana de Abo- eados. Entre tanto, y segin todas las probabilidades, los he- chos que se desarrollen en el teatro europeo de la guerra da- ran una solucién realista a las cavilaciones de los letrados de América. B).—FORTALECIMIENTO DEL SISTEMA DEMOCRATICO 8.—Declaracién de los derechos y deberes del hombre La Conferencia considera necesaria la declaracién por la Comunidad Internacional de los Derechos y Deberes del Hom- bre que caracterizan la Democracia; y recomienda que la Fe- deracién Interamericana de Abogados estudie wn proyecto de esos derechos y deberes, para ser considerado en prozima Con- ferencia. La justificacidn de esta ponencia, presentada por el Co- mité Ejecutivo de la Federacién de Abogados y magiStral- mente relatada por el jurisconsulto brasilefio doctor Levy Carneiro, estriba en que los regimenes internos de gobierno, como medios que son para aleanzar la felicidad en la convi- vencia humana, tienen decisiva influencia en el mantenimien- to de la paz; y en que, por lo mismo, es de interés sustancial para la Comunidad Internacional propiciar la universaliza- cién de regimenes que, como el democratico, aspiran a de- senvolver en toda su dignidad y plenitud la personalidad hu- mana, reconociéndole sus derechos fundamentales y marcan- do, a la vez, los deberes que le impone la interdependencia colectiva. En el curso de la discusiédn pudo advertirse el eriterio de que, una vez declarados los Derechos y Deberes de] hom- bre, Se aspirarfa a que las Constituciones Politicas de todos los Estados civilizados los consignasen en su articulado. La enumeracion de dichos derechos y deberes estaria inspirada en los principios democraticos y en las cuatro libertades procla- madas por la Carta del Atlantico. Se mencionaria, por tanto, los derechos fundamentales a la vida, a la instruccién, al tra- bajo y a la libertad de pensamiento, de creencia y de asocia- cion; asegurando a la persona humana garantias de tranqui- lidad contra el hambre y contra el temor, de prosperidad mi- nima dentro de un standard humano de vida y de seguridad contra los riesgos del trabajo y de la vejez. 9.—Difusion de la ensefianza democratica La Conferencia considera que para los fines del manteni- miento de la paz y el imperio del Derecho y de la Justicia en el] mundo de post-guerra, es indispensable orientar la educa- cién e instruccién desde los primeros afios en sentido democré- tico; debiendo los educadores crear y estimular en el esptritu de las jovenes el culto fervoroso de la democracia. Esta ponencia, formulada por la Delegacién Uruguaya, es sustancialmente idéntica a la aprobada en la VIII Confe- rencia Interamericana de Lima (1938) a propuesta de la De- legacié6n de Panama. José Luis Bustamante y Rivero, HACIA UN NUEVO SISTEMA PARA LA ADQUISICION DE LA NACIONALIDAD DE ORIGEN La determinacién de la nacionalidad de origen es objeto de dos sistemas fundamentales, téecnicamente muy conocidos con los nombres de jus sanguinis y jus soli. Ambos sistemas han funcionado y funcionan actualmente. Se basan en principios y fundamentos totalmente opuestos e irreductibles, a tal extremo que han dividido a los tratadis- tas y a las legislaciones en dos grupos antagénicos. A pesar de los esfuerzos desplegados en el campo inter- nacional, hasta ahora no ha sido posible armonizarlos. Fakta un criterio intermedio que sirva de lazo de unidn. Es verdad que existe un tereer sistema: el llamado sistema mixto, en el cual se combinan el jus sanguinis con el jus soli, establecién- dose generalmente la preeminencia de uno de éstos, y dan- dose menor intervencién:al sistema opuesto. Pero este tercer sistema no constituye ni debe considerarsele como un sistema nuevo, ya que no aporta ningtin nuevo principio relativo a la adquisicién originaria de la nacionalidad. Tampoco encierra un eriterio ecléctico. En realidad, significa mas bien la yux- taposicién de los dos sistemas clasicos, es decir la posibilidad de su funcionamiento simulténeo. Desde este punto de vista, el llamado sistema mixto, al reunir los dos sistemas antagont- cos, no gana en perfeccidn, sino que engloba mas bien los de- fectos y los inconvenientes de cada uno de ellos. El jus sanguinis, —que atribuye al recién nacido la nacio- nalidad de los padres—, es una doctrina propiamente ¢uro- oo pea: funciona en casi todos los paises de aquel Continente y en sdlo contados paises de América. En cambio el jus soli— que establece la nacionalidad por el lugar del nacimiento— es una teoria, aunque de origen feudal, pero que hoy esta con- siderada como americana: funciona en la gran mayoria de los paises de nuestro Continente, El! funcionamiento de estos dos sistemas origina una no- table diversidad legislativa que, a su vez, provoca una serie de inconvenientes, a veces insalvables, de orden internacio- nal. Entre éstos, los que asumen mayor gravedad son los fe- némenos de la doble nacionalidad y de la apatridia (1). Estos fenédmenos se preseutan, con extraordinaria fre- cuencia, con motivo de los movimientos migratorios entre Eu- ropa y América (2). He aqui los casos mas frecuentes. Ma- trimonios procedentes de cualquier pais americano que sigue el principio del jus soli (por ejemplo el Pertt) estén de paso o radicados en cualquier pais europeo (por ejemplo Italia) donde impera el sistema del jus sanguinis. Los hijos de estos matrimonios no son peruanos, por no haber nacido en e] Pert (articulo 4° de la Constitueién peruana); tampoco son ita- lianos porque los padres no tienen. esta nacionalidad. (inciso 1° del articulo 1° de la ley italiana N° 555 de 13 de junio de 1912). Es el caso tipico de la apatridia o falta de nacionali- dad. Y al contrario: los hijos de padres europeos que nacen en cualquier pais americano que siga el jus solis, tienen necesaria- mente doble nacionalidad. Son americanos (peruanos por ejemplo) por haber nacido en el Perg y son europeos (alema- nes por ejemplo) por ser hijos de padres alemanes, Facilmente se comprende los gravisimos trastornos que estos fendmenos traen consigo. Inconvenientes de dificil o im- i (1).—Designamos econ el nombre de ‘fapatridia’’ la falta de na- tionalidad. Apatrida es el sujeto sin patria. Se les llama también apo- loides o apolides (palabra griega que significa sin ciudad) o heimath- loses (término alemén que significa sin domicilio o sin nacionalidad). La legislacién soviétiea designa con la palabra inestatualidad (sin Es- tado) la condicién de las personag que mo son ciudadanos de algtin ae 08) Los fenémenos de doble nacionalidad o de apatridia se pue- den presentar también con motivo de la adquisicion derivativa de la nacionalidad. No nos referimos a estos casos, porque este trabajo se concreta a la nacionalidad originaria, nd a la derivada. axe 39-== posible solucién que afectan las relaciones entre los Estados, e inconvenientes de orden individual, —atin mas graves— que se presentan al sujeto que no est& vinculado a un clima juri- dico y politico determinado, o que esta al mismo tiempo s0- metido y obligado a dos Estados, que pueden tener principios juridicos y politicos y hasta intereses opuestos. Y esta gra- vedad se aeentiia si se tiene en cuenta que los fenédmenos de apatridia y doble nacionalidad no constituyen, como piensan algunos autores, raras excepciones que pueden resolverse me- diante principios también excepcionales. No. Constituyen fe- némenos constantes que se producen con la frecuencia de los movimientos migratorios y, especialmente, con motivo de la gran corriente de emigracién que se ha producido y se produ- ce actualmente hacia tierras de América. Pero hay algo mas: es verdad que los dos sistemas clasi- cos cnentan con fundamentos juridico-sociolégicos que resul- tan inobjetables. Pero también es cierto que encierran nota- bles defectos observables especialmente en su proceso de apli- cacién. Ninguno de ellos puede ser considerado como sistema perfecto. Ninguno ‘podria ser elevado a la categoria de siste- ma universal, porque no pueden adaptarse a las condiciones especificas de los diversos Estados y porque, ademas, al apli- ecarse, originan fendmenos de macionalidad manifiestamente artificiales. Es por estas consideraciones que estimo indispensable pensar en la elaboracién de un nuevo sistema para la adquisi- cién originaria de la nacionalidad, que econtenga fundamen- tos juridicos de mayor solidez, que sea una expresidn de la realidad social, es decir, que exprese lo que en realidad es la nacionalidad: el vinculo juridico y politico que une al indi- viduo con un Estado determinado. Este es el objeto del pre- sente trabajo. Nos ocuparemos pues, primero de los antecedentes histd- ricos del jus sanguinis y del jus soli, segundo de los funda- mentos en que se basan estos sistemas, tercero de la exposicion de un nuevo sistema, Ilamado sistema del domicilio. d Los dos sistemas clasicos han surgido légicamente como consecuencia del proceso de evolucidn histérica. El jus san- guinis es seguramente el sistema mds antiguo. Aparece posi- blemente en las primeras formaciones sociales organizadas a base de agrupaciones de orden familiar. En estas primitivas formaciones, la relacidn del individuo con el grupo se esta- blece por vinculaciones de sangre, a través de los lazos fami- liares. Pero es en Grecia y en Roma donde el sistema adquiere ya, caracteres legales. En estos pueblos, la nacionalidad (la vinculacién con la ciudad) esta determinada exclusivamente por la filiacién. En Atenas, un decreto del afio 451 establecid que el ciudadano debe ser hijo de padre y madre atenienses, aunque es verdad que, posteriormente, disminuye un tanto el rigor de ese principio, otorgandose Ja ciudadania al hijo de un ciudadano y de una extranjera (3). En Roma, en el de- recho antiguo, la nacionalidad de origen depende tnicamente de la condicién de los padres. El hijo nacido de justas nup- cias toma la nacionalidad del padre en el momento de la con- cepeién; el nacido fuera de justas nupcias adquicre la nacio- nalidad de la madre en el momento del nacimiento. Las refor- mas justinianeas no modificaron estos principios (4). Destruido el Imperio Romano por la invasién de los ger- manos y demas pueblos denominados barbaros, el principio del jus sanguinis adquiere atin mayor predominio. Ello obede- cid a las condiciones sociolégicas de los pueblos que. invadie- ron Europa en la primera mitad de Ja Edad Media. Eran pue- blos trashumantes, que carecfan del menor concepto de sobe- rania territorial. El suelo no lograba influenciarlos, precisa- mente: por su eardcter de pueblos némadas, El tinico elemen- tos de cohesion social que mantenia la unidad del grupo, era el origen comin, es decir los lazos de sangre, el parentesco. En la estruetura politica de estos pueblos predomina pues el faetor étnico, el elemento personal, (3).—A. Jardé.— La formacion del pueblo griego. pag. 344. (4). —J. Declareuil—Roma y la organizaciédn del Derecho, pag, 62. = Pero poco a poco, y obedeciendo a miltiples causas, el nomadismo de aquellos pueblos va desapareciendo, y esta cir- eunstancia modifica profundamente su organizacién social. Los pueblos barbaros se establecen en territorios determina- dos que se convierten, primero en propiedad del grupo y, des- pués, en propiedad del jefe. Asi surge el senor feudal. Se opera entonces tm cambio en los principios politicos: la so- berania personal se convierte en soberania territorial. Pero hay algo mds: una de las earacteristicas de la organizacion politico-social de la feudalidad consiste no sdlo en la reapari- cién del elemento territorial, (que también existia en Grecia y Roma), sino, especialmente, en el gran predominio aue 6s- te adquiere sobre el elemento personal. Es dificil explicarse por qué no coexistieron armonicamente ambos factores y eual es la razon del casi absoluto predominio del elemento territo- rial. Tal vez ello se deba a-que los pueblos barbaros, con mo- tivo de sus continuos desplazamientos por Europa, no pudie- ron mantener su wnidad politica, su unidad de grupo, sino que se dividieron en numerosas ramas independientes. El procesd de sedentarizacién no se realizé pues a base de la danidad ét- nica de los primitivos pueblos, sino a base de numerosas frac- ciones de los mismos que constituyeron, después, los diversos feudos. Este fraccionamiento en pequenos estados, en gran parte auténomos y hasta rivalks entre si, significé evidente- mente la quiebra del eriterio 0 principio personal que eohe- giond a los primitivos grupos. Debilitado extraordinariamente o extinguido ese elemento de eohesién politica, tuvo que sur- gir necesariamente otro en su reemplazo, el suelo, el elemento. territorial. Posiblemente sea ésta la razon de aquel predomi- nio de la comunidad territorial sobre la comunidad étniea - que se observa en la feudalidad, porque es evidente que, en esta époea, la tierra cobra una importancia tan extraordina- ria que en realidad la persona se convierte en un elemento secundario, aceesorio al suelo. La division en tierras nobilia- rias y plebeyas y el famoso adagio de que “el suelo noble hace al hombre noble” son una prueba manifiesta de esta in- fluencia, ae cee Esta transformacién de los principios de organizacién po- litica tuvo que influir, necesariamente, en el fendmeno de la nacionalidad originaria, El jus sanguinis surgid como couse- cuencia de la unidad étnica. Es la influencia del elemento personal, del parenteseo. Pero sustituido este elemento por el criterio netamente territorial, la macionalidad se condiciona también a la importancia del suelo. Aparece asi el jus soli: el lugar del nacimiento determina la nacionalidad. Ya Sumner Maine (5) afirmé que “desde el instante en que una tribu se fija para morar de un modo definitivo en una extensién dada de territorio, la tierra y el suelo reemplazan al paren- tesco como fundamento de la organizacién social”. Y atin cuando esta tesis haya sido materia de objeciones, cobra gran importancia si se le aplica a la época feudal. La gran impor- tancia del suelo y la estrecha vineulacién del hombre con la tierra explican pues, ampliamente, el nacimiento y poste- rior desenvolvimiento del jus soli como sistema para la ad- quisicién de nacionalidad. El jus soli funcionéd en Europa durante aquel largo pe- riodo de experiencias politicas y de agrupacién de los peque- fios Estados, que transcurre desde la época feudal hasta la formacién de los grandes Estados nacionales. La preponde- rancia de este principio politico se debié a la incorporacién de diversos territorios y a la reunién de nacionales y extran- jeros dentro del Estado nacional. De aqui que, como resul- tado de la diversidad de costumbres y de la influencia terri- torial de las doetrinas feudaies, se incorporara el principio en las legislaciones de los Estados europeos hasta después de 1789 (6). Posteriormente se inicid en Europa una etapa de decre- cimiento del jus soli y de revalorizacion del jus sanguinis. En Franeia, como en muchos otros Estados europeos, fun- cionaba el jus soli. El principio fué ineorporado en el pro- yeeto del Cédigo Civil; pero los legisladores franceses, al dis- (5).—Sumner Maine—— Etudes sur l’histoire des institutions pri- mitives.— Cit. por A. Moret en su libro De los Clanes a los Imperios. pig. 78. (6).—A. Aleorta—Curso de Derecho Internacional Privado, Tomo I, pag. 355, a eutir ese proyecto, rechazaron el criterio territorial y acepta- ron el principio opuesto, declarando francés a todo individuo hijo de franceses, nacido en Francia o en el extranjero. Se impuso asi el sistema del jus sanguinis. El ejemplo fué se- euido por otros Estados y, poco a poco, fué incorporado a la eran mayoria de las legislaciones hasta convertirse en lo que es hoy: un verdadero sistema continental europeo. Aunque de- be tenerse presente que el rigor del jus sanguinis ha sido atemperado, en algunos paises, mediante la aplicacién del jus soli para determinados casos, En América no ocurrié lo mismo. Espafia adopté también el principio del jus soli y lo aplicé a las colonias americanas mediante la ley 27, titulo 27, libro 9° de la Recopilacién de Indias, en la cual se establecié que “cualquier hijo de extran- jero nacido en Hspafia, es verdaderamente originario y na- tural de ella, mandando que en cuanto a ésto se guarde en las Indias las leyes sin hacer novedad” (7). Al producirse la emancipacién la mayoria de los nuevos Estados americanos mantuvieron el sistema, no precisamente obedeciendo a la gran influencia que ejercié la legislacién espanola, sino, espe- cialmente, por razones de politica migratoria a que nos refe- riremos después. El jus soli, —al igual que el jus sanguinis en Europa,— se convirtiéd en sistema continental americano. Esta ligera resefia del proceso de formacién de los dos sistemas cldsicos nos permitird establecer sus principales fun- damentos. IT El jus sanguinis se basa en la gran influencia de la ra- za y de los lazos de sangre, en los vinculos de parentesco y de filiacién. En este sistema, el factor étnieco es preponderante. Considera que el recién nacido esta vinculado a sus padres y, al través de éstos, al grupo familiar y racial. El individuo, al nacer, no esté desprovisto de vinculaciones, no es el suje- to nuevo que comienza una nueva etapa vital. En él se en- cuentran en germen, las costumbres, las tendencias y hasta — (7).—A, Alcorta. Ob. cit, pig. 353, oe O8es los habitos sociales de sus antecesores. Trae pues, consigo, toda la experiencia de orden espiritual y biolégica de aqué- llos. En buena cuenta, resume toda la historia de sus antepa- sados; es el continuador cde ia experiencia familiar. En virtud de esta vineulacién se considera que el recién nacido debe tomar la nacionalidad de los padres. El jus san- guinis se condensa pues en esta férmula: son nacionales los hijos de padres nacionales. Es evidente que este sistema se basa en una vineulacién innegable: los lazos de sangre, la relacién de filiacién. Es muy posible que no sea suficiente, por si sola, para determi- nar la adquisicién de la nacionalidad; pero constituye un fac- tor de apreciable significacién. Después de todo, la Nacién presupone siempre la existencia de un grupo social, de un elemento personal, cohesionado por una experiencia y por un destino comtin, por una serie de aspiraciones, de intereses o por el mero hecho de vivir en comin. Y una de las formas mediante las cuales el sujeto se incorpora originariamente a un grupo social es, precisamente, a través de esas relaciones de sangre y de filiacién. Pero si es verdad que el jus sanguinis se basa en un fun- damento de efectiva consideracién, también lo es que entra- ha numerosos defectos que lo hacen inaceptable como siste- ma nico. En primer lugar desconoce la significacién social del suelo, del “medio” en general, factor de preponderante in. fluencia como veremos luego, Ademas, d4 lugar, en numero- sos casos, a la formacién de un vineculo nacional realmente inoperante y manifiestamente artificial. Esto ocurre siempre, cuando se trata de hijos de padres radicados o establecidos en el extranjero. Este es el caso conéreto: los padres (euro- peos por ejemplo) estan radicados o domiciliados en Améri- ca. Los hijos, de acuerdo con el jus sanguinis son europeos. Es decir son nacionales de un Estado que desconocen, del cual no tienen posiblementemente mas referencias que las reci- bidas en ambiente familiar. Estan vineulados a un pais lejano, cuyo proceso de desenvolvimiento y cuya evolucién social no pueden sentir ni comprender, por lo mismo que entre ellos y el Estado del cual resultan nacionales, no existe ninguna ei * a relacién efectiva y reciproca de influeneciag ni de intereses. Surge asi la nacionalidad como una relacidn meramente afec- tiva, como un vinculo puramente sentimental, que cacla vez se hace mas inconsistente y mas laxo, a medida que el sujeto se adapta y se incorpora al medio social extranjero en el cual se desarrolla. Pero la nacionalidad no puede consistir simple- mente en un vineulo de esta naturaleza. La nacionalidad, —no hay que olvidarlo,— es el vineulo juridico y politico que une al individuo con un Estado. No es, pues, un mero con- eepto abstracto; tiene un profundo contenido social. Es un vineulo en funcién, en constante ejercicio. Fundamentalmente implica una relacién humana, efectiva, entre el hombre y un grupo social, En el caso propueste, —que no es un caso excepcional buscado exprofesamente, sino el caso general, aplicable a to~ dos los hijos de emigrantes que nacen en el territorio extran- jero donde éstos se han radicado,— el jus sanguinis origina, pues, nacionalidades ficticias, imaginarias, nacionalidades inoperantes, precisamente a causa de su manifiesta artificia- lidad. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el jus san- guinis esta intimamente vineulado eon la organizacién juri- dica de la familia y con el ejercicio de la patria potestad, fe- némenos que son objeto de una apreciable transformacion. Ademéas, no siempre los padres tienen la misma nacionalidad. De aqui que, en muchos casos, el sistema resulte manifiesta- mente impreciso en su aplicacién, imprecisién que origina no- tables dificultades. Esta situacién se presenta cuando los padres tienen distinta nacionalidad, cuando los hijos provie- nen de uniones extra-matrimoniales y cuando se trata de hi- jos péstumos, ; El primer caso es bastante frecuente en razén de que se va imponiendo, cada vez mas, el principio de la libertad de la mujer en materia de nacionalidad, segtin el cual, el matrimo- nio no debe influir en la nacionalidad de la mujer. En estos casos (distinta nacionalidad de los padres) el criterio predo- minante otorga al hijo legitimo la nacionalidad del padre. Pero gpor qué motivo? ;Por qué no tomar en cuenta la nacio- * # iad nalidad de la madre? La razé6n estriba en el concepto clasico de la unidad familiar, en la organizacién de la familia bajo la exclusiva autoridad del padre, y también, en razén de ser éste, quien ejerce la patria potestad. Pero estos argumentos van perdiendo ya su consistencia. El derecho familiar esta evolucionando notablemente a tono con la evolucién social por la que pasa la familia. Se va orientando, cada vez mas, en el sentido de sacar a la mujer de Ja incapacidad en que la habia colocado el derecho clasico, y tiende a repartir entre los dos cényuges las funciones y ix representacién familiares. Ademas, la patria potestad no es ya un derecho del padre, es mas bien un derecho del hijo y, en muchas legislaciones, su ejercicio se confiere a los dos cényuges simultaneamente. Al- go mas: claramente se observa, en los tiempos actuales, un fe- ‘némeno de desplazamiento de la patria potestad, de la auto- ridad de los padres hacia la autoridad del Estado, en razén de que, en muchos easos, aquéllos se encuentran realmente in- capacitados para ejercitarla debidamente, por motivos de or- den social y econémico. Pero los casos mas graves se presentan tratandose de hi- jos ilegitimos o de hijos péstumos. Algunos tratadistas, si- guiendo la opinién del Instituto de Derecho Internacional (sesiones de Oxford, 1880 y de Venecia, 1896) sostienen que los hijos ilegitimos deben tomar la nacionalidad del padre o de la madre, segin por quién sean reconocidos, y que los hijos reconocidos sélo por la madre conservan esa nacionali- dad atin cuando sobrevenga un reconocimiento del padre. Otros, en cambio, afirman que el reconocimento posterior del padre hace variar la nacionalidad materna del hijo. Y ésto se agrava tratandose de hijos adulterinos e incestuosos, los cuales, segtin una opinién, siguen el mismo principio que los naturales y, segin otra, se les debe considerar como hijos de padres desconocidos. En cuanto a los hijos péstumos, el Insti- tuto de Derecho Internacional establecié que deben seguir la nacionalidad que tuvo el padre en el momento del falleci- miento. En cambio, Opiniones bastante respetables, aplican al péstumo la nacionalidad de la madre. a La falta de precisién en la aplicacién del jus sanguinis es, pues, manifiesta. Por tiltimo, no hay que olvidar el caso de los hijos de padres des¢onocidos. En estos casos el sistema es evidente- mente inaplicable. Como observamos, el jus sanguinis esta lejos de ser un sistema aceptable. Hn algunos casos, origina nacionalidades artificiales; en otros, resulta impreciso en su aplicacién; y; en otros, es inaplicable. Examinemos ahora los fundamentos del jus soli. Son dos los argumentos principales en que se basa este sistema: la influencia del suelo y las condiciones politico- sociolégicas de los paises que lo han adoptado. La influencia del suelo constituye un argumento de muy seria consideracién. Es evidente que el suelo, la tierra, ejer- een una influencia preponderante y capital en las agrupacio- nes humanas. Constituyen el principal elemento de la produc- cién y de la formacién de la riqueza y determinan, por con- siguiente, —en gran parte,— la formacién de las clases y demas estratos sociales. Su influencia en el sujeto colectivo y en el sujeto individual es, pues, extraordinaria. El suelo, y mas especificamente, el medio ambiente,— considerando a este fenédmeno en su aspecto integral, como el complejo que resulta de las acciones y reacciones mutuas de los factores geo- grafico, econdmico y social,— ejerce ciertamente una infiuen- cia indudable y decisiva en el sujeto y en los grupos huma- nos. Interviene en el desarrollo somatico y psiquico del indi- viduo, define sus aptitudes. Determina sus formas de activi- dad y su actitud en la sociedad. Determina, asimismo, el] de- sarrollo de las relaciones humanas y condiciona las formas de organizacién social (8). (8).—Las investigaciones que se han hecho para la determinacién del medio ambiente, se han otientado especialmente al aspecto geogra- fico y han llegado a establecer una intima relacién entre el suelo ¥ el clima y la naturaleza del individuo y del grupo social. Se ha tratado ND ce De aqui que el jus soli considere que el elemento terri- torial, la estrecha relacién que existe entre el hombre y la tierra, sea el factor determinante de la nacionalidad. El in- dividuo debe tener pues la nacionalidad del territorio don- de nace. El sistema se concreta en esta férmula: son naciona- les los nacidos en el territorio nacional. Es evidente que, desde este aspecto, el jus soli es mucho mas aceptable que el jus sanguinis. Es innegable que, después de todo, el hombre es un producto de su medio, un resultado de las influencias ambientes. Y esta vinculacién es, mucho mas fuerte y, sobre todo, mucho mas real, por su estabilidad y consistencia, que los lazos de sangre, —de efectiva pero re- lativa influencia,— y que el vineulo racial, euya indetermina- cién es manifiesta. de explicar, de este modo, las modalidades somdticas y psiquicas de las diversas agrupaciones humanas, asi como gu cardcter, la aptitud indi- vidual y colectiva, el desarrollo intelectual y hasta las modaliddes po- lticas. Pero es indudable que muchas de estas conclusioneg no han sido objeto de una seria constatacién cientifica, El determinismo geografi- co se ha dejado Nevar, en muchos casos, del juego de la imaginacién. Es verdad que el aspecto geografico ejerce una gran influencia en la determinacién del medio. El profesor francés Edmundo Perrier manifiesta, por ejemplo, que ‘‘la sequedad, la humedad, la mayor o menor violencia del viento, el calor, la luz, la electricidad misma pue- den modificar temporalmente 9 de manera permanente los caracteres personales de lo8 serés vivos animales y vegetales, La abundancia, la escasez, la naturaleza de la alimentacién tienen una influencia mayor todavia y, si no se puede ser, de buen principio, tan afirmativo para el uso o desuso de todos los 6rganos, no se podra negar, en todo caso, que el ejercicio hace crecer los masculos y crea habitos’’ (E. Perrier. La Tierra antes de la Historia, pag. 119). Pero no debemos dejarnos evar del error de considerar al medio geogr4fico como el factor ac- tivo y al hombre como el sujeto pasivo que necesariamente debe sopor- tar y someterse a la influencia de aquél. El hombre ejerce también una influencia decisiva sobre el medio geogrdfico, No sélo lo controla, si- no que, actuando sobre 61, lo modifica y le imprime el sello de su per- sonalidad. Lo ‘‘humaniza’’. Origimariamente el aspecto geogrdfico determina una modalidad econdmica. A su vez, el desarrollo del proceso econémico actia sobre aquél, modificando sus ecaracteristicas primitivas. De las aeciones y reacciones mutuas de ambos factores se deriva una caracteristica or- ganizacién social. La sociedad al evolucionar incesantemente, acttia también sobre el desarrollo del proceso econémico y sobre el aspecto geografico. De estas intimas y reciprocas influenciag de los factores geografico, econédmico y social, surge el verdadero concepto del medio como algo vivo, evolucionante. — 43 — Pero hay otra razén que justifica la adopciédn del jus soli y que se refiere especialmente a las condiciones sociold- gicas de los paises americanos. Como es sabido, la mayor par- te de estos paises se encuentran dentro de un proceso de tor- macién, que se realiza no sélo por efecto del natural desarro- Ilo de la poblacién propiamente americana, sino también a expensas de las grandes masas emigrantes extranjeras que, desde hace tiempo, se trasladan de otros Continentes, y prin- cipalmente de Europa, hacia las hospitalarias tierras ameri- canas. Este trasplante crea un serio problema para los paises americanos ya que, en determinado momento, pueden encon- trarse con una gran poblacién extranjera dentro del Estado nacional que afectaria necesariamente al ejercicio de su so- berania y hasta a su propia independencia politica. Este gra- visimo problema, que confrontan todos los paises de inmigra- cidn, tiene que ser resuelto mediante la asimilacién del ele- mento extranjero. Y esto sélo se consigue con la aplicacién del sistema del jus soli. Claro esté que este principio, que tan innegables venta- jas ha ofrecido a muchos paises de América, es un arma de dos filos: sédlo podra lienar debidamente su propésito si fun- ciona junto con una buena ley de inmigracién que controle y escoja cuidadosamente la inmigracién mds adecuada a las condiciones étnicas del pais. De lo contrario, sin el debido control que el Estado debe ejercer sobre todo movimiento mi- gratorio, se propiciaria mds bien la formacién de diversos y heterogéneos grupos nacionales dentro de un mismo Estado, que afectaria seriamente el principio de la unidad nacional y que significaria un problema tan grave como el anterior. De todos modos, para los paises de inmigracién el siste- ma es mucho mas conveniente que el jus sanguinis. Ademas ofrece esta ventaja indiscutible: como no estA relacionado con la organizacién familiar, evita los inconvenientes que presen- ta el jus sanguinis cuando los padres tienen distinta nacio- nalidad, cuando se trata de hijos ilegitimos, 0 de hijos de pa- dres desconocidos. El lugar del nacimiento, —elemento fun- eee eee damental del jus soli,— es un hecho evidente. HE] sistema es, pues, de una precisién absoluta. Como hemos manifestado, entre los dos sistemas exvues- tos, el jus soli es mucho mas aceptable. Pero no se puede megar que también encierra algunos errores y d& lugar a in- convenientes manifiestos. Desconoce, en primer lugar, la influencia de los vineulos de sangre, de la filiacién; elemento que, aunque de influencia relativa, es uno de los factores que evidentemente condicio- nan la nacionalidad de origen. Por otra parte, hay que darse cuenta que el jus soli no se basa exactamente en la influencia del medio, no exige como condicién la adaptacién al medio ambiente. De acuerdo icon su formula, —son nacionales los que nacen en el territo- rio nacional,— se basa exclusivamente en el hecho econcreto del nacimiento. Y aqui estriba su principal error. Cuando los padres estan definitivamente radicados o domiciliados en un pais, es incuestionable que al nacimiento sigue un légico proceso de adaptacion del sujeto al medio donde se desarrolla y donde estan establecidos los padres. En estos casos el jus soli es inobjetable. Pero cuando los padres son simplemente re- sidentes o estan de transito, el proceso de adaptacién no tie- ne oportunidad de manifestarse y entonces el jus soli origina, —lo mismo que el jus sanguinis,— nacionalidades artificiales. Por solo el hecho del nacimiento el sujeto adquiere nacionali- dad, pero cuando los padres regresan inmediatamente al pais de origen la nacionalidad adquirida resulta inoperante: vin- culacién ficticia con un pais lejano y totalmente descono- cido. Como vemos los dos sistemas expuestos adolecen de erro- res en sus fundamentos y en su proceso de aplicacién, Resul- tan, pues, inaceptables por el criterio exclusivo y unilateral que los informa y por los inconvenientes que originan, —espe- cialmente la formacién de vinculos nacionales artificiales. Tratemos en consecuencia de exponer un nuevo sistema para la adquisicién de la nacionalidad de origen: el sistema del domicilio. “— 45 — Jil La nacionalidad no se impone. La nacionalidad es un vineulo voluntario. Estos principios reconocidos por el Insti- tuto de Derecho Internacional, han merecido la aceptacién mas generalizada de los tratadistas. En virtud de estos conceptos se estima que la macionali- dad es el resultado de un acto voluntario, del deseo: de] indi- viduo de pertenecer a determinado Estado. Pero como no es posible esta expresién de voluntad tratandose de la nacio- nalidad originaria (nacionalidad por nacimiento), se interpre- ta el interés presunto del recién nacido, “la voluntad que ve- rosimilmente tendria si estuviera en estado de hacerla cono- cer” (9). En unos casos esa presuncién se inclina hacia el lu- gar del nacimiento y, en otros, hacia la nacionalidad de los padres y entonces se adopta o el jus soli o el jus sanguinis. i Pero cuales son efectivamente los elementos que pueden servir de base para este proceso de interpretacién? 4,Cémo presumir, m4s o menos fundadamente, cual es la voluntad del recién nacido? En realidad no existen esos elementos 0 es muy dificil descubrirlos. La verdad es que cuando el Estado adop- ta e impone uno u otro de aquellos sistemas, no interpreta la voluntad del recién nacido; lo que hace es interpretar su pro- pia voluntad, descubrir sus propios intereses. De acuerdo con sus conyeniencias, con sus necesidades, el Estado dicta sus leyes sobre nacionalidad. El ecriterio de la presuncidn es, pues, inexacto y demasiado convencional. Al artificioso criterio de la presuncién habria que opo- ner entonces otro que sea mas légico y mas de acuerdo con la realidad. El individuo debe pertenecer al grupo social con el cual esté mayormente vinculado, debe ser nacional del Es- tado en el que va a desenvolverse y del cual recibe, desde el primer momento, una serie de influencias y de medidas de pro- teccién necesarias para su futuro desarrollo. Debe pertenecer al pais en el cual va a ejercitar el vinculo nacional, (9).—André Weiss—Manual de Derecho Internacional Privado, Tomo I, pag. 187, i Aires Mediante este criterio, que podemos llamar de la mayor vinculacién, puede evitarse la aparicién de esas nacionalidades artificiales, de esas nacionalidades inexistentes, a que nos he- mos referido anteriormente. Este criterio esté mas de acuerdo con la naturaleza propia de la nacionalidad (vineulo juridico que une al individuo con un Estado). Y esta también de acuer- do con el interés del Estado, ya que éste, en guarda de sus propios intereses, debe impedir la formacién de grupos apa- rentemente nacionales, pero realmente extranjeros, que a den poner en peligro su estabilidad. Pero ;c6mo hacer funcionar este eriterio? ,Cual sera el factor que realmente exprese esa mayor vineulacién? Mas cla- ramente: ;dénde encontrar esa verdadera vinculacién del in- dividuo con un medio social? ;En la nacionalidad de los pa- dres? No siempre, porque éstos, —es el caso de los emigran- tes,— pueden estar radicados en un pais extranjero y estar mas bien desvinculados de su pais de origen. ;En el lugar del nacimiento? Tampoco en todos los casos, porque los padres pueden ser simplemente residentes o estar de paso y tratarse entonces de un nacimiento meramente accidental. Esa mayor vinculacién puede encontrarse mds bien en el domicilio. En efecto: El domicilio, —me refiero, desde luego, al domicilio real, lugar de radicacién efectiva, y no a los diversos domicilios re- lacionados con determinada actividad o sefialados para tal o cual acto juridico,— significa estabilidad, radicacién, per- manencia o por lo menos deseo manifiesto de permanecer en determinado pais. Todas las legislaciones establecen los requt- sitos necesarios para la adquisicion del domicilio, a base de la comprobacién de un previo proceso de adaptacién. General- mente son dos los factores que lo condicionan: la residencia durante un tiempo mas o menos largo y el 4nimo de perma- nencia acreditado mediante una serie de circunstancias, co- mo el matrimonio con nacional, ejercicio profesional, indus- trial, ete., cireunstancias que aseguran la efectividad de ese proceso de adaptacién al medio social. En el domicilio se en- cuentra una vineulacién de orden juridico y otra vinculacién dees IR case real, humana. Es el centro alrededor del cual gira todo el sis- tema de relaciones juridicas del individuo, y no olvidemos que la nacionalidad es también vinculacién juridica, Es el lugar donde casi siempre se encuentra el grupo familiar, el centro de la vida afectiva y donde el individuo vive, se desa- rrolla y realmente esta. Al través del domicilio, el recién na- cido se vineula pues con la familia y, lo que es més importan- te, se relaciona con el suelo, se vincula con el medio ambiente, porque el domicilio, —ya lo dijimos,— implica un proceso de adaptacién. Sobrada razén tuvo Savigny al ubicar a la persona, no en la nacién sino en el domicilio. Acertada, opi- nién que influyé poderosamente en la formacién del actual eriterio domiciliario para la determinacién de la ley personal. Por consiguiente, si la nacionalidad debe estar determi- nada por la mayor vinculacién del individuo con un grupo social, y si el domicilio expresa con mayor exactitud esa ma- yor vinculacién, es indudable que el recién nacido debe ad- quirir la nacionalidad del Estado donde estan domiciliados los padres. La idea puede concretarse en esta formula: son nacionales los hijos de padres domiciliados en el territorio. na- cional, formula que referida a nuestro pais puede precisar- se asi: son peruanos los hijos de padres domiciliados en el Pert. El eriterio domiciliario tiene estas ventajas. En primer lugar, reconoce la influencia de las relaciones familiares, del parentesco (principio del jus sanguinis) ya que, al vincular al recién nacido con el domicilio de los padres, toma en con- sideracién los profundos motivos afectivos que naturalmente surgen como consecuencia de la filiacién. Es verdad que el hijo no toma la nacionalidad de los padres, pero ésto no afec- ta esas relaciones porque, cuando los padres se domicilian en el extranjero, se desvinculan en gran parte del pais de origen y se vinculan mas bien al nuevo clima juridico, al grupo so- cial del pais donde establecen su domicilio. En segundo lugar, reconoce la indiscutible influencia del suelo, del medio (prin- cipio del jus soli). Por ultimo permite que el individuo ad- quiera precisamente la nacionalidad del lugar donde va @ vivir y desarrollarse y donde esté radicado el grupo familiar. ‘Wee | Otorga, pues, al sujeto un vinculo nacional efectivo, una na- cionalidad ‘absolutamente real y evita, —lo que es muy impor- tante,— la posibilidad de nacionalidades artificiales. Lo que acabo de indicar no significa, desde luego, que el eriterio domiciliario pueda asimilarse al sistema mixto (fun- cionamiento simultdneo del jus sanguinis y del jus soli). No. Como manifesté al comienzo de este trabajo, el llamado sis- tema mixto no es un nuevo sistema ni encierra un criterio ecléctico. Hs la yuxtaposiecién de los dos sistemas, la aplicacién simultanea de los mismos, lo que significa la suma de sus de- fectos y de sus inconvenientes. Mediante la aplicacién del sistema domiciliario, el hijo de peruanos, —por ejemplo,— que nace en el Pert, pero cu- yos padres estan radicados y domiciliados en el extranjero no adquiere, —como pretende el jus soli,— la nacionalidad peruana. Y esto es absolutamente légieo ;Cémo es posible’ aplicarle la nacionalidad de un pais cuyas influencias no va a recibir y cuando por el contrario se va a adaptar a otro pais mediante vineulos afectivos, econédmicos y sociales? En realidad ese pais donde forma su personalidad, donde estan domiciliados los padres, es su verdadera patria. Del mismo modo, y por idénticas razones, los hijos de extranjeros domi- ciliados en el Pertti adquieren la nacionalidad peruana y né, —como sostiene el jus sanguinis,— la nacionalidad de los pa- dres, nacionalidad que, en este caso, significa una vineula- cin artificiosa y sin posibilidades de fTuncionamiento, Considero pues que el criterio domiciliario tiene funda- mentos mas aceptables que los dos sistemas clasicos antes enunciados. Es preciso reconocer, sin embargo, que el sistema del do- micilio puede ofrecer algunas dificultades en su aplicacién, pero facilmente subsanables. El caso de la*doble nacionalidad s6lo puede presentarse cuando los padres estén domiciliados en dos Estados diferentes, situacién sumamente rara que no se aviene con el principio de permanencia y radicacién que condiciona la constitucién del domicilio. Pero en el caso de presentarse puede resolverse la dificultad aundndose al domi- cilio el hecho mismo del nacimiento y estableciéndose que, en ie el ae este caso, es nacional el nacido en el territorio nacional siem- pre que los padres estén domiciliados. De este modo se evita- ria la doble nacionalidad. Tratandose de hijos ilegitimos, puede ocurrir también que el padre y la madre estén domiciliados en diversos Esta- dos. Esta situacién pucde igualmente solucionarse mediante el criterio anterior, aplicandose el principio de que son nacio- nales los hijos iJegitimos nacidos en el territorio macional, siempre que el padre o la madre estén domiciliados. Solucién muy aceptable si se tiene en cuenta que, generalmente, el hijo ilegitimo vivird en el domicilio materno. Sélo hay un caso en que, de acuerdo con la férmula ex- puesta, no podraé funcionar el eriterio domiciliario: cuando se trate de hijos de padres desconocidos. Pero hay que tener en cuenta que, atin en este caso, el sujeto siempre encontraré un domicilio: el lugar del nacimiento. Este elemento de ma- yor vinculacién determinard, pues, Ja nacionalidad. El principio del domicilio, como determinante de la na- cionalidad originaria, no ha sido objeto de elaboracién ni de sistematizacién, El insigne ex-profesor de la Universidad de Guatemala, doctor José Matos, hizo ya una ligera alusién al respecto (10). Las legislaciones sdlo lo consideran como crite- rio supletorio para resolver las dificultades que trae consigo la aplieacién del jus sanguinis y del jus soli. Tal vez valga la pena estudiar y reflexionar sobre este principio a fin de elevarlo a la categoria de sistema para la adquisicién de la nacionalidad de origen. Por mi parte, con- sidero, —repito— que contiene fundamentos mucho mas acep- tables que los que informan logs dos sistemas clasicos que fun- cionan actualmente. M. Segundo Nifiez Valdivia. (10).—José Matos, Curso de Derecho Internacional Privado, 1941, pag. 288, LA XXVI CONFERENCIA INTERNACIONAL DEL TRABAJO Del 20 de abril al 11 de mayo Utltimos se reunié, en Fila- delfia, edificio del Mitten Hail, de la Universidad de Temple, este importante certamen internacional, con la concurrencia de cuarenta Estados-Miembros. El desorden provocado por la guerra, especialmente en Europa, hace précticamente imposible formular una lista com- pleta de los Estados que, legalmente, son Miembros de la Or- ganizacién Internacional del Trabajo. La invasién germana ha planteado problemas delicados y casi insolubles al respec- to. Sin embargo, puede ofrecerse una relacién provisional de los Estados Miembros, al mes de setiembre de 1939: Afganis- tan, Albania, Argentina, Australia, Bélgica, Bolivia, Brasil, Bulgaria, Canada, Checoeslovaquia, Chile, China, Colombia, Costa Rica, Cuba, Dinamarea, Reptblica Dominicana, Ecua- dor, Espafia, Estonia, Egipto, Etiopia, Finlandia, Francia, Gran Bretafia, Grecia, Haiti, Huneria, India, Irak, Tran, Irlan- da, Letonia, Liberia, Lituania, Luxemburgo, México, Norue- ga, Nueva Zelandia, Paises Bajos, Panamé, Pert, Polonia, Portugal, Rumania, Suecia, Suiza, Tailandia, Turquia, Unién Sudafrieana, Uniédn de las Reptblicas Socialistas Soviéticas, Estados Unidos de Norte América, Uruguay, Yugoeslavia y Venezueia. Autes de 1939, se separaron de la Organizacién, Alema- nia, Italia y Japén; y después de dicha fecha, Espafia y Ru- mania, Algunas Reptblicas centroamericanas no son miem- bros de la Organizacién, Tampoco lo son Paraguay, Islandia y Saudi-Arabia. eve ee Los mas importantes Estados-Miembros, con la excep- cién de la Unién de las Reptiblicas Socialistas Soviéticas, han concurrido a la Conferencia. Paraguay, Nicaragua e Islandia, Estados no adheridos a la Organizacién, han enviado observa- dores. En la misma forma ha procedido Dinamarea, Estado- Miembro que no tiene gobierno en el exilio. Por el Comité Francés de Liberacién Nacional ha coneurrido una nutrida de- legacién, encabezada por M. Adrien Tixier, actual Comisario de Asuntos Sociales del Comité, y ex-subdirector de la O. L. T.— El Gobierno Italiano, presidido por el Mariscal Badogho, ha pedido la reincorporacién de Italia a la Organizacién. Por eada Estado-Miembro pueden coneurrir cuatro Dele- dos: dos gubernamentales, elegidos por los gobiernos respec- tivos; uno patronal, designado por el gobierno de acuerdo con la entidad de empleadores (empresarios) mas representa- tiva; y uno obrero, designado en forma similar, de acuerdo con las organizaciones sindicales de trabajadores. Por cada cues- tién téenica de orden del dia, pueden conecurtir dos asesores para cada Delegado. | Figuran, entre los Presidentes de Delegacién, Ministros de Estado, Directores de las administraciones del trabajo, de las organizaciones de seguros sociales, miembros de los’ Parla- mento, etc. Se caicula que, entre Delegados y asesores, han asistido cerea de quinientas personas a Filadelfia. El temario del orden del dia, ha estado formado asi: I.—Politiea, programa y posiciéa futuras de la Organiza- cién Internacional del Trabajo; II.—Recomendaciones a las Naciones Unidas para una politica social, en el presente y en la postguerra; Ill.—Organizacién del Empleo en el periodo de transi- cién de la guerra a la paz; 1V.—Seguridad Social; principios y problemas resultan- tes de la guerra; V.—Normas minimas de politica social en los territorios cdependientes ; Vi—Informes sobre la aplicacién de los Convenios (ar- ticulo 22 de la Constitucién) ; Vil.—Memoria del Director. — 59 — lua Oficina Internacional del Trabajo preparé muy inte- resantes informes sobre cada una de estas cuestiones de orden del dia. En ellos se aborda, entre otros puntos, la ampliacién de las funciones de la Organizacién, en forma tal que, para el esquema internacional de la postguerra, se le asigne el desta- cado rol que le corresponde, con relacién a otras organizacio- nes mundiales. Se desea que, ademés de los problemas socia- les, la Organizacién tenga ingerencia en los problemas eco- némicos; que una declaracién sobre objetivos sociales, acom- pafte a todo pacto de paz. Se deben planear sistemas para asegurar, metdédicamente, la desmovilizacién y la reintegracién, en la vida civil, de los miembros de las fuerzas armadas, asi como de los trabajado- res de las industrias de guerra. Ello se completaria con pro- eramas de trabajos ptiblicos dotados de gran elasticidad, con servicios de empleo, de formacién profesional, ete. La Seguridad Social debe garantizar a todos los asala- tiados y a los trabajadores independientes, contra los mas co- munes riesgos; y proporcionar, a todos los miembros de la comunidad, asistencia médica, ya sea por un servicio ptblico, ya por medio del seguro social. Los informes preparados por la O. I. T. aportan la in- mensa ventaja de la experiencia en el trato internacional de los problemas sociales, ofreciendo, al mismo tiempo, una vas- tedad documental dificil de aleanzar por los particulares. Funcionarios especializados, en contacto con los avances so- ciales de los diversos paises del mundo, intervienen en la pre- paracién de los informes, mirando las euestiones del bienestar de las clases econémicas débiles, con amplias perspectivas de lejania integral. El desarrollo de esta reunién de la Conferencia, asi como el de las anteriores, se caracteriza por la altura y amplitud de los debates. Se forma una atmdésfera de profunda preocu- pacién por los grandes problemas universales, al amparo de — 53 — la cual brotan ideas generosas, tonalizadas de arraigadas es- peranzas y emocionado fervor. Baste citar, al acaso, algunas declaraciones: “Tos programas de paz en los campos de los asuntos so- ciales, econdmicos e industriales, como también en las relacio- nes entre las naciones, no se lograran por la discordia y la lu- cha... Para las naciones que se encuentran en la agonia de la guerra, esta Conferencia se pres¢nta como ejemplo signi- fieativo de esa unidad de propdésitos y de accién, que es la esperanza de nuestra civilizacién”. (Discurso del senor Robert Johnston, Presidente de la Universidad de Temple). En un mensaje a la Conferencia, el Presidente Roosevelt, expres6: “Sobre vuestras recomendaciones descansaran aqué- llos acuerdos que, en el campo del trabajo y las normas socia- les, deberan formar parte de cualquier ajuste internacional . para obtener un mundo decente”. Elogié, finalmente, a la O. I. T. como una demostracién de “tenacidad indestructible del sistema democrAtico de vida”. El doctor Mariano Bustos, Delegado Gubernamental de Chile, abog6 por que la O. I. T. contribuya con su experiencia técnica a formular los grandes principios de orden social que deben figurar enaltecidos en los tratados de paz. ™ El enfervorizamiento general culmina en la “Declaracién de Filadelfia”. Mediante ella la O. I. T. se obliga a laborar a favor del mantenimiento de la ocupacién integral y a levan- tar el nivel de vida de los trabajadores del mundo. Sera de su responsabilidad examinar toda politica o medida econémi- ca y financiera internacionales. Se asientan los dignos prin- cipios de que el trabajo no es simplemente una mercan- cia; de que la libertad de expresién y asociaciéu son esencia- les para el mantenimiento del progreso; de que la pobreza en cualquier parte, constituye un peligro para la prosperidad en todas partes; de que la paz duradera sélo se podra establecer, si se funda en la justicia social; de que los seres humanos tie- nen derecho a igualdad de tratamiento, con prescindencia de raza, eredo y sexo. La sociedad ‘debe organizar el empleo de los trabajadores en ocupaciones donde tengan la satisfac- cién de dar la mayor medida de su destreza y aptitudes; de- wa, — 64 — be aplicar una politica de salarios que asegure a todos parti- cipacién equitativa en los frutos del progreso; debe reconocer el derecho al contrato colectivo y la colaboracién de los tra- bajadores y empleadores en la iniciaciOn y aplicacién de las medidas sociales econédmicas; debe extender los beneficios de los seguros sociales, al total de la poblacién; debe dictar me- didas de proteeccién y seguridad para todos los trabajadores; debe reglamentar provisiones de bienestar infantil y de pro- teccién a la maternidad; debe garantizar igualdad de opor- tunidades en materia de oficios ~ “ducacion. Al lado de estos principios de enorme resonancia univer- sal, la Conferencia ha resuelto diversas cuestiones particula- res. El presupuesto de la Ofieina ha sido ampliado a la suma de US. $ 2.500,000.00. Se estudia la incorporacién del portu- gués como idioma oficial de la O. I. T., ademas del inglés, francés y espafiol, que ya tienen tal condicién. Se ha pro- puesto la creacién de comisiones internacionales de patronos y obreros para las mayores industrias del mundo. Se ha plan- teado la liberacién de las barreras comerciales internaciona- les, cuya eliminacién sea razonable; la creacién de una espe- cie de policia voluntaria, dentro de cada pais, para cautelar las condiciones sociales y de trabajo. La Presidencia de la Conferencia correspondiéd a Walter Nash, Ministro de Nueva Zelandia. La Secretaria del Traba- jo Federal de los Estados Unidos, sefiorita Frances Perkins, habfa presidido la Conferencia realizada en New York, en 1941. Nash se sintié orgulloso de haber presidido una Confe- rencia que habia tratado de crear un mundo mejor; “sabemos —dijo— que se puede realizar y sera realizado, si es huma- namente posible”. La participacién del Pertti en este certamen internacional ha aleanzado muy destacado relieve y prestigio. Cabe sefialar que ésta es la primera vez que el Pert en- via una Delegacién completa a una Conferencia Internacional del Trabajo; delegacién que estuvo constituida asi: 1) por el Gobierno: doctor Jorge Fernandez Stoll, Director General de Trabajo, Delegado y Presidente de la Delegacién; doetor Juan Ignacio Elguera, Secretario de la Hmbajada del Pera en — 55 — Washington, D. C,, Delegado; doctor Carlos Rodriguez Pas- tor, Catedratico de Derecho Social de la Facultad de Derecho, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Delegado Suplente y Asesor; sefor Emilio Godoy, Asesor ; 2) por los empleadores: sefior Carlos A. Vidal, Representante de Inter- national Business Machines Company of Delaware, en Lima, Delegado, nombrado por el Gobierno, de acuerdo con la So- ciedad Nacional de Industrias; 3) por los trabajadores: senor Juan P. Luna, Diputado obrero por Lima, Delegado; y senor Arturo Sabroso, Delegado Sunlente y Asesor; ambos designa- dos por el Gobierno, de acuerdo con las entidades sindicales de trabajadores. La Delegacién ha tenido, pues, una conformacién tripar- tita (Gobierno, empleadores y trabajadores), que es la qué, de acuerdo con la Constitucién de la Organizacién Internacio- nal del Trabajo, debe representar a cada pais. Su actuacién ha destacado con prestancia, por las atina- das y prudentes intervenciones en los debates de la Confe- rencia, por el ambiente de cordialidad que ha sabido acentuar a favor del Pert, por su aporte a la redaccién de la “Decla- racién de Filadelfia”. Las propuestas peruanas incluidas en ésta se refieren a: la igualdad de trato a las naciones*menos desarrolladas, en cuanto a adquisicién de maquinaria indus- trial; la eliminacién de la competencia de productos artificia- les, en relacién con la produccién natural; la distribucién equitativa de los transportes, como medio de promover el progreso de nuestra economia y la elevacién del nivel de, vida de nuestros obreros, Los Delegados del Perti han ocupado, asimismo, cargos de importancia en las Comisiones de mayor interés. El doctor Fernandez Stoll integré la Comisién de Proposiciones; y el sefior Vidal, fué designado para ocupar una de las vicepre- sidencias del grupo patronal. Pero el triunfo fundamental de la concurrencia del Pert a la Conferencia, esté constituido por su eleccién como miem- bro del Consejo de Administracién de la Oficina Internacio- nal del Trabajo. El articulo 7 de la Constitucidn de la Or- ganizacién, determina que la O. I. T. estara bajo la direccién ioe Gres de un Consejo de Administracién compuesto de 32 personas: 16 representantes de los Gobiernos, 8 de los empleadores o patrones y 8 de los trabajadores. Ocho representantes de los gobiernos son nombrados por los miembros de importancia in- dustrial mas considerable (en la actualidad, Estados Unidos de Norte América, Béleica, Canada, Francia, Gran Bretafa, In- dia, Paises Bajos y China). Los otros ocho representantes de los gobiernos serdnm designados por los Delegados Guberna- mentales a la Conferencia. El Pert fué elegido con la mas alta votacién. ‘La eleccién del Perti —se ha expresado en sesidn de Consejo de Minis- tros— al érgano gubernativo permanente de tan elevada en- tidad internacional, para estudiar las cuestiones sociales, rea- firma el prestigio del pais en el extranjero”. En momentos en que las desgracias de la mas pavorosa conflagracién de todos los tiempos, afligen a la humanidad, ha brotado, en la XXVI Conferencia Internacional del Tra- bajo, un rayo de esperanza para la creacién de un mundo me- jor. Se ha seleccionado con acierto la ciudad de Filadelfia, para el desarrollo de este imponente certamen. Con justisimo fundamento el Alcalde de la ciudad, Bernard Samuel, clamé por que se firmara, en el Independence Hall, la Cuna de la Li- bertad Americana, el documento que procriba las guerras pa- ra siempre, marecando asi el més seguro y promisor sendero para las realizaciones de la Justicia Social. La “Declaracién de Filadelfia” ha venido a confirmar ¢é- mo fué de evidente la expresién que, alguna vez, manifestara Edward J. Phelan, Director de la O. I. T., en los siguientes términos: “Si se quiere utilizar todas las riquezas del mundo para un mayor bienestar de todos, la oportunidad de llegar a un acuerdo sobre las medidas que aseguren la colaboracién armoniosa de los tres elementos fundamentales —la tierra, el capital y el trabajo— tendra su lugar preferente en una de- claracién de politica general”. Alejandro Demaison. CONTRIBUCION DE MANUEL ATANASIO FUENTES AL DERECEO PERUANO (Continuactén) MANUEL A, FUENTES EN LA CATEDRA Una vocacién indiscutible e indiscutida unia a Manuel A. Fuentes con las labores de la Catedra. A la ensefianza se dedieé directa e indirectamente en todas las épocas de su vi- da. Directamente al dictar, por primera vez en el Peri, el eurso de Medicina Legal en la Facultad de Derecho de nues- tra Universidad Mayor de San Marcos; indirectamente, en las diferentes publicaciones que, con un contenido pedagdgico y un objetivo didactico, did a luz enfocando los mas variados aspectos de la jurisprudencia. En la Facultad de Derecho su funcién fué de precursor. La CAtedra de Medicina Legal, era implantada en esa Facul- tad con las caracteristicas de una audaz innovacién en nues- tro medio juridico. Fundada por Decreto de 12 de abril de 1875, que reformaba el plan de ensefanza de la Facultad de Derecho, ocupaba, de acuerdo con el articulo 3°, un lugar en- tre las materias propias del 5° afio de estudios. Sin embargo, como es muy sabido, el desempefio de la misma exigia la pre- sencia de un profesor igualmente versado en las disciplinas juridicas y en las ciencias médicas. Esa dualidad de aptitudes encontré su gallarda concrecién en la personalidad de Manuel A. Fuentes, por muy diversas razones. ww 55 Muchas habian sido las vineculaciones de Manuel A. Fuentes con la Facultad de Medicina. Sabemos cémo, el afio de 1834, su padre el doctor Francisco Fuentes, fué Rector in- terino del Colegio de la Independencia, antigua denominacién de nuestra Facultad de Medicina. Y cémo el propio Manuel A. Fuentes, fué nombrado secretario el afio de 1838, durante el rectorado del doctor Cayetano Heredia, siendo él a la sa- zon, a pesar de su juventud, Bachiller en Filosofia y Sagrados Canones. Ya dentro del claustro, el afio de 1843 fué propuesto para ensefiar Filosofia, habiendo sido aceptada su candidatu- ra por la Junta. Luego, dos afios después, viajé a Paris con la comisién de adquirir un Gabinete de Fisica y otro de Historia Natural, que permitieran al Colegio de la Independencia, rea- lizar en forma eficiente su programa educacional. No podia tener mejores eredenciales Manuel A. Fuentes, para ser el llamado a inaugurar la Catedra de Medicina Le- gal: Primero alumno distinguido en el Colegio de la Indepen- dencia, entre los afios de 1837 y 1840; mas tarde, secretario y maestro del mismo, sus vinculaciones con las ciencias mé- dicas eran antiguas y constantes. Antiguas porque le prove- nian por tradicién familiar, ya que era hijo de un brillante facultativo; y constantes, porque en ningun momento de su vida, se desvincul6é de esas disciplinas con las que congenia- ba con excepcionales aptitudes. Asi, varios aos antes de la inauguracién de la CAatedra, publicaba el “Manual Practico de Medicina Legal’ (Lima, - 1869), y sus “Apuntes sobre exhumaciones y autopecias” “Mo- delos de Reconocimientos Médico-Legales” (Lima, 1873), an- teriores a su actividad docente. Estos tiltimos apuntes esta- ban dedicados al doctor Manuel Odriozola y, en breves fra- ses preliminares, Fuentes indicaba que este libro habia sido escrito para familiarizar a los Jueces de Paz y capacitarlos en los aspectos médicos del Derecho. En este sentido juzga el autor que su tratado es complementario del “Formulario para los Jueces de Paz”. Esta, advertencia es profundamente signi- ficativa, porque nos revela hasta qué punto era necesaria la implantacién de la asignatura en el plan de estudios de la Facultad de Derecho. — 59 — Asi llegamos al momento en que, creada la Catedra, fué nombrado para desempefiarla Manuel A. Fuentes, y como pro- fesor adjunto, el doctor Manuel Aurelio Fuentes, su hijo. Sin embargo, en la primera experiencia del curso tropezé con la dificultad de que el alumnado no tenia un apreciable conoci-: miento de Anatomia y Fisiologia, que le’ permitiera la com- prensién de las explicaciones. Entonces, a comienzos del afio, y con fecha de 20 de mayo, vid la luz otro Decreto ampliato- rio y modificatorio del anterior que, a la letra, decia ast: “Atendiendo a que el estudio de la “Jurisprudencia Mé- dica” que en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Marcos deben hacer los alumnos del 5° afio, segtin el Su- premo Decreto de 12 de abril filtimo, requiere el conocimien- to previo de algunos rudimentos de Anatomia y Fisiologia, se dispone que en el 4° afio de estudios de la referida Facultad se den lecciones de dichos rudimentos, y en el 5°, de la parte cientifica del enunciado curso”. En esta forma quedaba desdoblada la asignatura, a cargo de los mismos catedrdticos y de modo que permitia que la nueva disciplina Negara en forma eficaz al alumnado: Tan saludable fué esta medida que quedé confirmada en el “Regla-. mento General de Instruccién Ptblica”, de 18 de marzo de 1876, en el cual aparecia para el 4° afio de Derecho el ler. cur- so de Jurisprudencia Médica, y el 2° curso para el tiltimo afio de estudios. Como lo hace notar muy bien el doctor Guiller- mo Fernandez Davila en su ensayo sobre “La ensefianza de la Jurisprudencia Médica en la Facultad de Derecho”, “estas disposiciones supremas llevaban la firma del doctor Manuel Odriozola como Ministro de Instruccién; y es asi como fue- ra un médico a quien se debi6é el honor de que este curso fuera involucrado en el Plan de Estudios de la Facultad de Dere- cho, en época en que todavia en la mayor parte de los paises del orbe, no se pensaba, ni remotamente, en adoptar tan im- portante medida”, El curso de Jurisprudencia Médica fué dictado por Ma- nuel A. Fuentes durante los afios de 1875 y 1876, La renuncia de quienes eran los finicos capacitados para mantenerlo en for- ma brillante, trajo como consecuencia la supresién del mismo.