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LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA

LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA

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JOSEFINA PéREZ y VIVIANA VEGA - La enseñanza de la historia contemporánea de A. Latina en las Univ del Cono Sur * Este trabajo examina críticamente cómo se plantea la enseñanza de la historia latinoamericana en los planes de estudio de las universidades del cono sur. Para ello, las autoras revisan los principales lineamientos del tema de manera comparativa. Con base en el estudio de planes de estudio y de entrevistas realizadas a destacados docentes del área, postulan que, a pesar de diversos intentos en contrario cuyos orígenes pueden rastrearse hasta los albores mismos de la independencia, la enseñanza de la historia latinoamericana continúa teniendo un fuerte sesgo eurocentrista.
JOSEFINA PéREZ y VIVIANA VEGA - La enseñanza de la historia contemporánea de A. Latina en las Univ del Cono Sur * Este trabajo examina críticamente cómo se plantea la enseñanza de la historia latinoamericana en los planes de estudio de las universidades del cono sur. Para ello, las autoras revisan los principales lineamientos del tema de manera comparativa. Con base en el estudio de planes de estudio y de entrevistas realizadas a destacados docentes del área, postulan que, a pesar de diversos intentos en contrario cuyos orígenes pueden rastrearse hasta los albores mismos de la independencia, la enseñanza de la historia latinoamericana continúa teniendo un fuerte sesgo eurocentrista.

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Josefina Pérez Viviana Vega

La enseñanza de la historia contemporánea de América Latina en las universidades del Cono Sur

prohistoria
ediciones

Josefina Pérez Viviana Vega

La enseñanza de la historia contemporánea de América Latina en las universidades del Cono Sur
prólogo de Carlos Antonio Aguirre Rojas

prohistoria
ediciones
ISBN: 978-987-1304-14-1 Rosario, 2007

Pérez, Josefa La enseñanza de la historia contemporánea de América Latina en las universidades del Cono Sur / Josefa Pérez y Viviana Vega 1a ed. - Rosario: Prohistoria Ediciones, 2007. 90 p.; 23x16 cm. ISBN 978-987-1304-14-1 1. Historia Contemporánea-Educación Superior. I. Vega, Viviana II. Título CDD 907.12 Fecha de catalogación: 11/05/2007

Composición y diseño: Liliana Aguilar Edición: María Paula Polimene Diseño de Tapa: A ver, la mascota de José TODOS LOS DERECHOS REGISTRADOS HECHO EL DEPÓSTIO QUE MARCA LA LEY 11723 © Josefina Pérez – Viviana Vega – prohistoria ediciones Tucumán 2253, (S2000JVA) – Rosario, Argentina Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, incluido su diseño tipográfico y de portada, en cualquier formato y por cualquier medio, mecánico o electrónico, sin expresa autorización del editor. Este libro se terminó de imprimir en los talleres de Cromografica, Rosario, en el mes de junio de 2007. Se tiraron 500 ejemplares. Impreso en la Argentina ISBN: 978-987-1304-14-1

A Marta Gordillo por su apoyo y colaboración

Índice

PRÓLOGO .................................................................................................... INTRODUCCIÓN ........................................................................................ CAPÍTULO I. La historia, nuestra historia ................................................... Latinoamérica y su identidad ....................................................................... CAPÍTULO II. Contrastes de pensamiento entre Europa y América ........... Internándonos en el siglo XX ........................................................................ Una historia diferente tiene lugar en América Latina ................................. CAPÍTULO III. Entramos en una nueva etapa histórica .............................. Nuestra identidad .......................................................................................... Las ideologías ............................................................................................... Recorrido historiográfico: la historiografía latinoamericana desde sus inicios hasta la década de 1960 ................................................... Temáticas y preocupaciones en la historiografía latinoamericana ............. Contexto general: los años 1960s. y 1970s. ................................................. Las corrientes historiográficas en los años 1960s. ...................................... Las últimas décadas del siglo XX ................................................................. La educación en el contexto neoliberal ........................................................

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CAPÍTULO IV. Los planes de estudio de la carrera de Historia ................. Análisis de los planes de estudio .................................................................. Particularidades ............................................................................................ CAPÍTULO V. Centros de estudios latinoamericanos .................................. Algunos planteos en relación con la situación actual de la docencia sobre América Latina en México .................................................................. Reflexiones sobre el desarrollo contemporáneo de los estudios latinoamericanos ........................................................................................... Actualidad ..................................................................................................... CONCLUSIONES ......................................................................................... BIBLIOGRAFÍA ...........................................................................................

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INTRODUCCIÓN

l presente trabajo es deudor de los debates y discusiones, formales o circunstanciales, surgidos entre colegas y profesores de Historia egresados de nuestro Instituto y de otras universidades, que se produjeron en diferentes escenarios como reuniones de cátedra, congresos, organismos relacionados con la educación y también en charlas de café. Al terminar la carrera de Historia tomamos conciencia de que, con el conocimiento adquirido, habíamos construido el esqueleto de un precioso edificio. Teníamos por delante la ardua tarea de rellenarlo y darle terminaciones. El conocimiento obtenido también nos sirvió para reflexionar sobre aquello de “sólo sé que no se nada”. Dentro de este cúmulo de pensamientos, sentimos que teníamos una deuda mayor con la historia de América Latina, que trasladamos a los planes de estudio ya que consideramos que en nuestro país, y en Latinoamérica en general, se le da escasa importancia a la enseñanza de la historia latinoamericana a nivel medio y superior. Así, pues, nos propusimos investigar sobre la enseñanza de la historia latinoamericana contemporánea, a nivel universitario, en nuestro país y en países vecinos. Pretendemos realizar un trabajo que nos permita conocer los lineamientos, las singularidades, las semejanzas y las limitaciones de la formación universitaria con respecto al estudio de la historia latinoamericana en la propia Latinoamérica. En este sentido, formulamos los siguientes interrogantes: - ¿Qué se aborda de la historia latinoamericana de los siglos XIX y XX en la carrera de Historia de nuestras universidades? - ¿Qué se enseña y qué no, qué recortes se hacen, cómo construye y resignifica América Latina su propia historia en las aulas universitarias, de dónde se nutre la ciencia para construir la Historia? - ¿Hay una uniformidad, se puede hablar de una particularidad latinoamericana común en esta especificidad? - ¿Cuánto tiempo, en horas cátedra, se le dedica al estudio de la historia latinoamericana contemporánea? - ¿Cuáles son las características de la cursada? - ¿Qué bibliografía se emplea y cuáles son los autores más leídos? - ¿Qué contenidos predominan?

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¿Qué material editado existe sobre el tema que nos inquieta? ¿Cómo fue la evolución de esta cátedra dentro de la carrera de historia? ¿Cómo fue la evolución del estudio de la Historia? ¿Cuándo surgió la cátedra de Historia de América Contemporánea y en qué contexto? Finalmente, esta información, que contribuye a dejar impresas tendencias definidas desde una dinámica propia, atraviesa dimensiones políticas, sociales y culturales que nos llevan a visualizar un contexto general, histórico e historiográfico, haciendo un recorte y jerarquizando factores especiales que atraviesan el período. Tomamos como referentes a autores como Eric Hobsbawm, Leopoldo Zea, Alcira Argumedo, José Luis Romero y otros, a efectos de centrarnos en algunos ejes y hacer un cuadro comparativo en torno del núcleo de nuestro trabajo. Nos abocamos, entonces, en primer término, a obtener información sobre planes de estudio, programas y contenidos de la carrera de Historia, y dentro de ella acerca de la cátedra de Historia Latinoamericana, en las universidades nacionales y algunas vecinas (Uruguay, Perú, Chile, Brasil, Bolivia), como así también a buscar publicaciones que tuvieran relación o que trataran directamente el tema abordado. Además, entrevistamos a docentes y a intelectuales contemporáneos y acudimos a diferentes escritos que, desde distintos lugares, dentro del marco ideológico latinoamericano, tuvieron esta preocupación y la investigaron. Cabe señalar que encontramos limitaciones. En primer lugar, es muy difícil obtener información sobre los planes de estudio, programas y contenidos de las carreras de Historia –y dentro de ella sobre la cátedra de Historia de Latinoamérica– en las universidades de países extranjeros, ya que, en la mayoría de los casos, no tienen cargada la información en Internet y es extremadamente difícil obtenerla por otra vía, especialmente teniendo en cuenta la falta de presupuesto. Tampoco accedimos a publicaciones que tuvieran relación directa con el tema abordado. Sí hallamos trabajos ligados con la evolución y el enfoque de la enseñanza de la Historia, acerca de la educación, vinculados con el papel de la universidad y la situación de la universidad latinoamericana y su relación con el contexto histórico o con la sobrecarga de esa visión eurocentrista de la Historia –factor de gran incidencia sobre el problema planteado.

CAPÍTULO V

Centros de estudios latinoamericanos
abiendo tomado conocimiento de la existencia de centros de estudios latinoamericanos, hemos decidido investigar su importancia y desarrollo, así como sobre su implicancia en la enseñanza formal de la Historia. Indagando sobre su origen y formación, encontramos que en 1985 tuvo lugar en México un encuentro coordinado por la Universidad Autónoma, con el objeto de reflexionar acerca de las perspectivas que se abrían para la investigación y la docencia en los estudios latinoamericanos.79 En el discurso inaugural del mismo, Julio Labastida Martín del Campo expuso sobre el desarrollo de los estudios latinoamericanos en México, en función del esfuerzo de la Universidad Autónoma y de la colaboración de muchos intelectuales que posibilitaron el proceso de maduración de estos centros. Allí señalaba que Leopoldo Zea, en 1947, inició un seminario sobre la historia de las ideas en América Latina, que posteriormente se convirtió en el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Filosofía y Letras, y que, por otra parte, Pablo González Casanova estuvo ligado a la creación, en 1961, del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Los esfuerzos de ambos intelectuales, pioneros en este emprendimiento, crearon las bases para que en la década de 1970 tomaran auge los estudios latinoamericanos, que a la vez recibieron el aporte de numerosos refugiados de otros países de la región. Con estos aportes se logró crear en México la licenciatura de postgrado, en torno al estudio de los problemas de la región; de esta manera, este país se constituyó en un polo de atracción para los estudiantes interesados en formarse con una visión abarcadora de la situación latinoamericana.
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COORDINACIÓN DE HUMANIDADES DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MÉXICO Balance y Perspectivas de los Estudios Latinoamericanos, UNAM, México, 1985.

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Así, a mediados de los años 1980s., en la UNAM se impartía una licenciatura con carácter interdisciplinario estructurada en torno a la Historia, la Filosofía y la Literatura; la tendencia era convertir a la Historia en el eje fundamental de la carrera. A partir de los años 1950s., en consonancia con el desarrollo de diferentes disciplinas humanas y sociales, los estudios latinoamericanos adquirieron un perfil más definido y concreto, enriquecido por el aporte de historiadores, economistas y sociólogos que buscaban, cada uno desde su disciplina específica, dar una visión global y también particular de los procesos de América Latina. En ocasión del citado encuentro, José G. Moreno de Alba hizo alusión a la necesidad de que los pueblos latinoamericanos encontraran su identidad y se aferraran a ella, con el fin de imponer sus normas culturales y sus leyes económicas, remarcando que aunque en la superficie aflorasen diferencias regionales y nacionales explicables, en el fondo teníamos todos problemas análogos y virtudes semejantes. Jorge Ruedas de la Serna exponía en ese encuentro acerca de la institucionalización de los estudios latinoamericanos a nivel internacional, señalando que América Latina tenía cada vez más presencia mundial en razón de experiencias políticas diversas, como la Revolución cubana o la situación centroamericana; por otro lado, se habrían despertado nuevas inquietudes en torno al trabajo de los exiliados, la deuda externa multimillonaria y las manifestaciones culturales (como el “boom” literario), que harían que América Latina se constituyera en objeto de interés y de estudio. Asimismo, señalaba que, a la fecha de ese encuentro, los países de América Latina no contaban con centros de estudios semejantes a algunos dependientes de instituciones europeas o de Estados Unidos. Los europeos dedicados al estudio de América Latina se distinguen por su capacidad de acumulación de conocimientos, por la combinación de enfoques y por el esfuerzo de sistematización de la información. Así, encontramos en Alemania, Francia, Italia y Gran Bretaña importantísimos centros de estudios, dependientes de universidades o fundaciones, donde se realizan investigaciones históricas, socioeconómicas y culturales sobre Latinoamérica. En la Universidad complutense de Madrid y en la de Barcelona, se imparten cursos a nivel de licenciatura, maestría y doctorado sobre América Latina.

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En la Unión Soviética, las investigaciones sobre América Latina se habían iniciado en los años 1920s., sobre todo a partir del caso mexicano. En 1961 se fundó el Centro de la Latinoamericanística Soviética, dependiente del Instituto de América Latina de la Academia de Ciencias de la URSS, que publicaba la revista América Latina. Con respecto a Estados Unidos, es tal la abundancia y variedad de estudios latinoamericanos que, de las 193 universidades que ofrecen cursos de lengua y literaturas hispánicas, son más de 40 las que cuentan con carreras en estudios latinoamericanos a nivel de maestría o de doctorado.80 Las asociaciones norteamericanas que se dedican al estudio de nuestra región han constituido la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA) que, por su magnitud, es una de las más importantes del mundo. En Japón existen 5 centros de estudios latinoamericanos, entre lo cuales se destacan el de la Universidad de Sofía en Tokio y el de la Universidad de Osaka. En cuanto a nuestra América, el desarrollo de estos estudios ha estado afectado por dificultades varias. Por empezar, las actividades de instituciones abocadas al análisis de la cultura y de la realidad latinoamericana han sido consideradas indeseables por los gobiernos de facto; las dictaduras militares de Argentina, Uruguay y Chile desmantelaron los centros que habían consolidado una producción académica importante. A estas dificultades de orden político se suman las de orden económico. Sin considerar la situación especial, y quizá privilegiada, de México, el número de centros y la disponibilidad de recursos en Latinoamérica son considerados como precarios en el Balance de Estudios Latinoamericanos realizado por la UNAM en 1985. He aquí un listado de los mismos: - La Casa de las Américas en Cuba. - El Centro de Estudios Latinoamericanos Justo Arosemena en Panamá. - El Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos en Venezuela. - El Centro de Estudios Latinoamericanos de la Pontificia Universidad Católica en Ecuador. - Las sedes de CLACSO y FLACSO.

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Estos datos están contenidos en la Guía Peterson ´83 (Peterson´s Guide ´83-Humanities & Social Sciences), Editor de la Serie Phyllis Marstellar, Princeton, New Jersey, 1982.

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- Los centros de la Universidad Central y de Los Andes en Colombia y los de las Universidades de San Carlos y Cándido Mendes en Brasil. - En 1978, bajo los auspicios de la UNAM, se crearon la Sociedad Latinoamericana de Estudios sobre América Latina y el Caribe y la Federación Internacional de Estudios sobre América Latina y el Caribe. A partir de 1979, el Centro Coordinador de esas sociedades tiene su sede en la UNAM. El Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos (CCYDEL), se plantea como objetivo contribuir a que los estudios sobre América Latina y el Caribe sean un instrumento que favorezca la integración y difusión de los mismos. El CCYDEL ha promovido la creación de centros afines en Colombia, Brasil, Argentina y otros. En la actualidad, las instituciones de las cuales el CCYDEL es órgano ejecutor ascienden a más de 300 en Latinoamérica, Estados Unidos, Europa, Asia y África. La Asociación Internacional de Historiadores, con sede rotativa, estableció que la incorporación de nuevas instituciones dedicadas al estudio de América Latina sólo se aceptaría una vez que dichas instituciones formaran parte de la mencionada Federación Internacional. Con estas y otras acciones, el CCYDEL se propone contribuir al establecimiento de condiciones más favorables para la producción de conocimiento con un sentido latinoamericanista.81 Susy Castor y Lucía Sala de Touron, que expusieron en el encuentro de 1985 coordinado por la UNAM sobre los estudios históricos de América Latina en México, hablaban de una historia de América Latina en construcción. La multiplicación de las instituciones de investigación histórica y de centros de docencia para formar historiadores y el aumento del número de historiadores profesionales se habrían traducido, en los últimos años, en una profusión de estudios sobre temas o etapas variados de los procesos históricos del subcontinente. En forma paralela, hacían referencia a la crisis del conocimiento histórico en América Latina, planteando la necesidad de renovar las interpretaciones históricas tradicionales y de revigorizar las nuevas tendencias que venían caracterizando a la historiografía latinoamericana contemporánea. La elaboración historiográfica sobre América Latina, tema de la ponencia de Castor y Sala de Touron, hundiría sus raíces en las condiciones sociales bajo las cua-

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RUEDAS DE LA SERNA, Jorge “Institucionalización de los estudios latinoamericanos, visión del objeto de estudio (Europa, EE.UU. y América Latina)”, en Balance y Perspectivas..., cit.

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les se desarrollaron las ciencias sociales en general y la ciencia histórica en particular. Señalaban las autoras que la visión globalizadora tardó mucho en emerger en el continente, dado que la corriente positivista y otras afines ocuparon, durante un lapso importante y de manera casi exclusiva, el panorama de la historiografía latinoamericana. En este sentido, las autoras destacaban los importantes esfuerzos para una visión de conjunto de América Latina que se manifestaron a partir de la tercera y, sobre todo, de la cuarta década del siglo XX. En los años 1920s. Carlos Pereyra publicaba su Historia de América y Ricardo Levene hacía lo propio con una obra homónima. En 1940, Luis Alberto Sánchez editó su Breve Historia de América. Finalmente, Castor y Sala de Touron mencionaban a Leopoldo Zea, que desde 1947 organizaba un seminario sobre “Historia de las ideas en América Latina” y que en 1949 publicaba su obra Dos etapas del pensamiento en Hispanoamérica: del Romanticismo al Positivismo. De todas maneras, la historiografía latinoamericana no lograba, sino excepcionalmente, abrirse hacia una historia continental. A partir de la década de 1960, según las mencionadas autoras, tres nuevos factores condicionaron el desarrollo de la ciencia histórica y caracterizaron la historiografía sobre América Latina: 1. El triunfo y la consolidación de la Revolución cubana. Este acontecimiento se transformó en el parteaguas de todo proceso latinoamericano; desde entonces, se habla de un antes y un después de la misma. Los acalorados debates sobre la estrategia a seguir en el campo de la Revolución adquirían un carácter continental. También la contrainsurgencia y otros aspectos de la política imperialista unían en una lucha cada vez más común a nuestros pueblos. Muchos intelectuales se congregaron en el exilio y siguieron desarrollando su obra de investigación. Las reflexiones se enriquecieron a partir de esta convivencia. El intercambio de información sobre los procesos históricos nacionales amplió el conocimiento mutuo del conjunto de los países del continente. La agresividad de la política imperialista en Centroamérica colocó en primer plano a esta región, no sólo del escenario político latinoamericano sino también mundial. La problemática de estos pueblos llevó, a nivel continental, a ubicar estas experiencias en el cuadro de su evolución histórica y en el contexto del destino del continente. Esta presencia de lo continental se fue imponiendo a todos los estudiosos de las ciencias sociales.

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2. La institucionalización de las ciencias sociales en América Latina, con el establecimiento de las facultades de Historia en las décadas de 1940 y 1950, se reforzó con la creación de las carreras de Sociología, Antropología, etc. También se sintió con mucha fuerza la influencia del pensamiento desarrollista proveniente de la CEPAL, creada a fines de los años 1940s. En las décadas de 1960 y 1970 existieron grandes discusiones, debates y reflexiones sobre la realidad de América Latina. Se desarrollaron la teoría de la dependencia y las críticas a ella. Se fortaleció la corriente marxista, se diversificaron los enfoques en su interior y proliferaron otras que, calificándose de marxistas, se fueron alejando de los conceptos esenciales. Al mismo tiempo, los economistas recurrían cada vez más a visiones históricas para indagar sobre el origen de los procesos contemporáneos. Así, por las puertas de la Sociología y de la Economía, entraba la Historia con una visión continental en el quehacer de las ciencias sociales latinoamericanas. 3. A partir de la profesionalización, nuevas influencias se hicieron sentir en el campo de la ciencia histórica. La Escuela francesa de los Annales inspiró a toda una generación de historiadores. Al mismo tiempo, el marxismo (aunque vetado en muchas universidades) entró por fin en las aulas, sobre todo a partir de los años 1960s. No obstante, fue tardía y escasa la producción sobre historia global de América Latina. La escasez de obras sobre el conjunto de América Latina escrita por historiadores latinoamericanos, es un dato fundamental para apreciar como éstos se han dedicado al tema de manera limitada. De todos modos, vale la pena señalar algunos trabajos: un ensayo pionero fue el de Gustavo Beyhant “Raíces contemporáneas de América Latina” (1968). La Historia Contemporánea de América Latina de Tulio Halperin Donghi fue un libro que marcó una etapa. En 1964 aparecía La formación del Estado Nacional latinoamericano de Marcos Kaplan; en 1969 La economía latinoamericana desde la conquista ibérica a la revolución cubana de Celso Furtado; y en 1970 El subdesarrollo latinoamericano y la teoría del desarrollo de Osvaldo Sunquel y Pedro Paz. La historia económica de América Latina aparecía con fuerza en el escenario historiográfico en el coloquio de CLACSO de 1970, en Lima, y en el posterior en Roma, que dieron como resultado La Historia Económica en América Latina (1982), con análisis bibliográfico de Enrique Florescano.

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El Primer Encuentro de Historiadores de América Latina y el Caribe, realizado en 1974 por la UNAM, marcó un hito: de allí nacería la asociación que los agrupa, la Asociación de Historiadores Latinoamericanos (ADHILAC). A esa altura, México se había convertido en el centro de los estudios latinoamericanos, sin perjuicio de la producción que se realizaba en otros países de la región, y de la que con dificultades supervivía en el sur. Se celebraban reuniones con investigadores latinoamericanos, con participación de invitados extranjeros; se promovían conferencias y mesas redondas; se publicaban libros y revistas. En los años 1970s., el tema del Estado tomó singular actualidad y fue objeto de numerosos trabajos. Sin duda, El desarrollo del capitalismo en América Latina, de Agustín Cueva, marcó una nueva etapa en tanto ensayo marxista que polemizaba con el dependentismo, así como Imperialismo y Liberación de González Casanova, que rescata a los movimientos obreros, populares y nacionales para la historia. Por otra parte, si tomamos América Latina en los 30, veremos que de 14 autores sólo 4 son historiadores. En América Latina. Historia de Medio Siglo, la proporción es similar, 5 en 22. Merecen ser señalados algunos trabajos sobre la historia de regiones de América Latina, como Centroamérica y la economía occidental de Ciro F. Cardoso y Héctor Pérez Brignoli, en 1978; el estudio histórico de Edelberto Torres Rivas en Centroamérica hoy, y otros sobre la región del Caribe. Paralelamente, los nuevos encuentros de ADHILAC en Caracas 1977, Quito (1981) y Cuba (1983) marcaban progresos importantes. En general, los trabajos y debates responden a las grandes preocupaciones que padece América Latina. La inquietud frente a la crisis que sacude todo el continente plantea la necesidad de inquirir sobre las raíces históricas para entender el presente. Algunos planteos en relación con la situación actual de la docencia sobre América Latina en México Como ya señalamos, los estudios históricos pioneros sobre América Latina se desarrollaron en México en torno a la historia de las ideas. Arturo Ardao fecha en los años 1940s. el comienzo del estudio de los caracteres específicos del pensamiento latinoamericano, con la inauguración del seminario de José Gaos

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y con la cátedra de Alejandro Korn en Buenos Aires (que ocuparía Francisco Romero). No podemos omitir la actividad fértil de Leopoldo Zea, conformando su Historia de las Ideas en América Latina en 1947. A mediados de los años 1980s., sorprendía la cantidad de cursos y difusión cultural que se realizaba en este sentido, entre los cuales señalamos, como ejemplo, que a nivel licenciatura en la UNAM (Facultad de Filosofía y Letras) se organizó la carrera de Estudios Latinoamericanos, en la que el eje histórico era considerado columna vertebral. Susy Castor y Lucía Sala especifican con detalles los planes de estudio de otras carreras donde se dictan contenidos amplios sobre historia latinoamericana, describen las temáticas que incorporan determinados postgrados y señalan que los mismos se abocan al problema de intentar suplir la ausencia de una formación básica adecuada. Concluyen que es importante luchar por la inclusión de estudios históricos sobre América Latina en las carreras de Historia o de otras ciencias sociales que no lo contuviesen, y enfatizan la necesidad de intercambiar experiencias y superar el nivel en aquellas instituciones que ya los tuvieran. Reflexiones sobre el desarrollo contemporáneo de los estudios latinoamericanos El historiador Agustín Cueva, presente en el encuentro de México Balance y Perspectivas de los Estudios Latinoamericanos, señalaba en su ponencia que los estudios latinoamericanos realizados en México no estaban hechos “desde fuera”, por latinoamericanistas interesados en conocer un objeto más o menos exótico y ajeno a ellos, ni tampoco respondían a una perspectiva de dominación. Afirmaba que se trataba de construir y reafirmar un sujeto histórico cuya identidad e integración estaban constantemente amenazados, sobre todo, por las concepciones “panamericanistas”, “hemisféricas” y similares, cuyo origen imperial era de sobra conocido. Otra cuestión que destacaba Cueva era que la gran mayoría de los estudios latinoamericanos no estaban motivados solamente por razones profesionales, sino también por una preocupación vital por el destino de nuestros pueblos, sin que tal característica fuera en menoscabo de la calidad académica.

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Actualidad Hoy, a 20 años de aquel encuentro de México coordinado por la UNAM, ¿qué balance podemos realizar al respecto? Hemos tomado conciencia de que México fue la cuna de la institucionalización de estos estudios y también conocimos la existencia a nivel mundial, tanto en Europa como en Estados Unidos, de centros de estudio que se dedican a la temática latinoamericana. Entrevistamos, en el curso de nuestra investigación, a Carlos Alberto Torres –director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de California, en Los Ángeles–, que nos explicó la importancia de esa “unidad integrada de investigación”.82 Según lo que manifiesta Torres, inferimos que tiene mucha significación el Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA), tanto por su envergadura interdisciplinaria como por el lugar que ocupa en el estudio de la historia de Latinoamérica. En función de nuestro estudio entrevistamos a José Moya, historiador, que actualmente está ejerciendo en esa Universidad como profesor, especializado en historia argentina y latinoamericana. El nos da una explicación muy contundente sobre la consolidación de la historia latinoamericana en Estados Unidos:83 “Los Centros de Estudios Latinoamericanos tienen sus orígenes en el profundo arraigo que tiene el estudio de la historia latinoamericana para Estados Unidos y su expansión ocurre después de la Segunda Guerra mundial, sobre todo después de la revolución cubana y forma parte de la guerra fría. [...] A su vez, esta familiaridad formaría parte de una estrategia de prevención del comunismo que se basaba más en la promoción de la democracia que en el apoyo de dictaduras. [...] Estos centros formaron parte de la visión anticomunista, no de la derecha belicosa sino de lo que se llamaba la izquierda democrática.”

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Entrevista a Carlos Alberto Torres, realizada el 25 de julio de 2003. Versión completa en http:// www.prohistoria.com.ar. Entrevista a José Moya, realizada el 19 de septiembre de 2003. Versión completa en http:// www.prohistoria.com.ar.

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Para Alcira Argumedo, socióloga e historiadora, la creación de estos centros de estudio obedece a “una brillante política de dominio imperialista”.84 Tomamos conocimiento de que en nuestro país existen centros de estudios latinoamericanos, dependientes de universidades, que tendrían como objetivo la explicación de los procesos y de la fuerza que adquieren hoy los movimientos sociales. Deberíamos profundizar el conocimiento de los mismos, saber hacia dónde se dirigen y qué interpretaciones se formulan desde esos espacios. Son centros con un programa interdisciplinario de capacitación de postgrado dedicado al estudio de América Latina. Según lo que se observa a través de los diferentes programas de actividades, es interesante el trabajo que se realiza para profundizar el conocimiento sobre Latinoamérica, en diversos campos. En la Universidad de Buenos Aires, “Unidad de Docencia e Investigaciones Sociohistóricas de América Latina”, dependiente de la Facultad de Ciencias Sociales, presenta un interesante plan de estudios. Asimismo, cabe señalar el Programa de Investigación para el Desarrollo y la Integración Latinoamericana de la Facultad de Ciencias Económicas. La Universidad Nacional de San Martín, en su Centro de Estudios Latinoamericanos, presenta cursos de postgrado de diversa índole, como así también seminarios. También es interesante lo que propone la Universidad de Belgrano en su “Red Latinoamericana de Cooperación Universitaria”. En el marco de este proceso de creación de centros de estudios latinoamericanos, otras universidades e instituciones privadas instrumentaron institutos de investigación de diferentes temáticas del área.

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Entrevista a Alcira Argumedo. Versión completa en http://www.prohistoria.com.ar.

CONCLUSIONES

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obre el tema de la enseñanza de la historia contemporánea de América Latina, planteamos como hipótesis la existencia de ciertas falencias en la visión histórica que ésta brinda sobre sí misma a nivel universitario. En el curso de nuestro trabajo, encontramos presencias y ausencias sobre el tema que nos inquieta. Señalemos, asimismo, que tuvimos la fortuna de contar con gente que nos brindó su más amplia colaboración, tanto para la obtención de material informativo, como para, en algunos casos, concedernos entrevistas, gracias a las cuales accedimos a opiniones de relevancia que, en ciertos puntos, reforzaron nuestra hipótesis. Para ellos expresamos nuestro más amplio agradecimiento. También encontramos limitaciones que nos impidieron extender el abanico de nuestra investigación. En este caso, dejamos la puerta abierta para el día en que contemos con recursos para trasladarnos a los puntos fijados como objetos de estudio. Uno de los aspectos más interesantes que surge de nuestra investigación es que, desde el principio del período abordado, es decir la Independencia, existieron inquietudes desde una óptica americanista para la enseñanza de la Historia y para la educación en general. Sólo con evocar algunos de los pensamientos de Simón Rodríguez o de Martí tenemos presente aquellas ideas. No obstante, la ideología positivista desempeñó un papel hegemónico, tanto por su capacidad para plantear una interpretación verosímil de las realidades nacionales como para articularse con las instituciones educativas, tramando así un sólido tejido de prácticas sociales en el momento de consolidación de los Estados nacionales (y también en las décadas posteriores), haciendo hincapié en la mirada eurocentrista que aún predomina. La preocupación por este tema puede observarse en la década de 1930, cuando el Gobierno argentino creó una comisión revisora de textos de Historia y Geografía americana; también en Brasil se produjo algo semejante, bregando por una política educativa americanista. Sobre todo es destacable el proyecto del historiador Carlos Heras (1938), que proponía incorporar la enseñanza de la historia de América contemporánea.

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En los años 1940s. Leopoldo Zea comenzó sus publicaciones sobre América Latina, con en el propósito de engarzar el pensamiento latinoamericano en el contexto del pensamiento en general. Así publicó, entre otros, América como Conciencia (1953), América en la Historia (1957) y Filosofía de la Historia Americana (1976). En 1966, siendo director de la Facultad de Filosofía y Letras, hizo del seminario “Historia de las Ideas en América”, creado al regreso de su gira por América Latina en 1947, el meollo del Centro de Estudios Latinoamericanos. Todo indica que en las décadas de 1960-1970 se produjeron ciertos replanteos que, insertos en el contexto histórico del momento, hicieron que apareciera en Argentina la cátedra de Historia de América Contemporánea con autonomía propia, es decir, separada de la de Historia Argentina, como venía planteada hasta entonces. Los avatares que tuvieron lugar a través del tiempo en la enseñanza de la Historia no son ajenos a los fenómenos políticos y culturales latinoamericanos, tal como lo presentamos en el desarrollo del trabajo. Son muy significativos los contrastes de pensamiento entre europeos y americanos; si bien se impuso el pensamiento positivista y eurocéntrico, es importante señalar la existencia de pensadores que, a lo largo del proceso que se abrió a comienzos del siglo XIX, buscaron analizar fenómenos históricos y sociales con parámetros propios. Pese a la presencia de pensamiento con preocupación americanista, la profesionalización de la enseñanza de la Historia progresó muy lentamente hasta la década de 1950. Así lo manifiesta Enrique Tandeter y nos hacemos eco de su evaluación. Recién en la década de 1960 se percibió un repunte, una renovación, en el estudio de la historia latinoamericana. En el intento de analizar la historiografía latinoamericana como unidad, observamos la escasez de trabajos abarcativos. Aún en la actualidad son contados los autores que la tratan en forma global y, a la vez, tienen en cuenta las especificidades de cada país. Cuando a mediados del siglo XX se hizo presente la influencia de corrientes como Annales, la nueva historia económica de Estados Unidos, el marxismo y la Escuela de Berkeley con sus estudios demográficos, tomó cuerpo el análisis de las problemáticas sociales, económicas y de la dependencia, en concordancia con el desarrollo económico y social de Latinoamérica.

Conclusiones

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No es casual que en la década de 1960 se haya replanteado el estudio de la historia latinoamericana. No olvidemos que el decenio estuvo signado por el triunfo de la Revolución cubana y su influencia en la región; por otra parte, el mundo occidental estaba marcado por movimientos como los de Praga, París, México y Argentina, sin dejar de considerar la Revolución china y la descolonización de Asia y África. Así, en los estudios históricos se produjeron reinterpretaciones de la realidad latinoamericana y se renovaron las posiciones antiimperialistas. En las décadas de 1960 y 1970 se hizo evidente el renovado interés por la enseñanza de la Historia y la inquietud por conformar un pensamiento latinoamericano. Se rechazó el eurocentrismo y surgió un mayor interés por los procesos del Tercer Mundo, sobre todo por los más recientes. Al interrogarnos por el estudio de la historia de América Latina en el nuevo contexto neoliberal, estamos en condiciones de afirmar que la misma tuvo un retroceso con respecto a las décadas anteriores. En el transcurso de nuestra investigación recogimos diversas opiniones, guiadas por el interés por conocer la situación en las universidades y centros de investigación histórica, con respecto a la enseñanza de la historia latinoamericana. En el año 2002 nos acercamos a la Facultad de Filosofía y Letras y encontramos que sólo existía un seminario de temáticas latinoamericanas, dictado por profesores de Sociología. Consultando a los organizadores del mismo (centro de estudiantes), expresaron que, generalmente, es escaso el interés por la historia de América Latina contemporánea, y que la mayoría de los estudios e investigaciones están centrados en la etapa colonial. Sin embargo, en la Universidad de Rosario observamos un resurgimiento del estudio de América Latina hacia la década de 1980, con la llegada del historiador Alberto Pla; aunque también se produjo un retroceso en la década siguiente. Cristina Viano, profesora integrante de la cátedra de Historia de América Contemporánea de esa Universidad, se refería al tema: “...en el momento de instalación de las nuevas democracias de los ochenta, fueron años de profundo interés de los estudiantes sobre problemáticas latinoamericanas. Y luego hacia fines de la década y en los noventa, con todo el discurso de las grandes ideologías y buena parte del período de la hegemonía neoliberal, creo que decayó...”

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Otra de las opiniones recogidas en nuestro país, nos mostraba un panorama bastante negativo en cuanto a la indagación de problemáticas latinoamericanas. En la entrevista que realizamos a Alcira Argumedo, manifestó las dificultades que había encontrado en el abordaje de las mismas durante la elaboración de su obra Los silencios y las voces en América Latina (1993). Según Argumedo, en ese momento algunos de sus colegas le expresaron que “no estaba de moda el tema, hablar de América Latina era un papelón”. También podemos mencionar que el historiador español Joseph Fontana, al visitar la Argentina en los años 1990s., realizaba un análisis de los estudios históricos en el país. A pesar de no referirse expresamente al estudio de la historia latinoamericana, se preocupaba porque los historiadores argentinos no investigaran temáticas del siglo XX y estuvieran tan volcados al período colonial. Encontró una gran producción desde la Sociología, la Economía y la Política en temas como el peronismo, pero una falencia de “buenos estudios” históricos, fenómeno que también observó en Brasil en relación con la época de Vargas.85 Nuestras inquietudes nos llevan a dejar abiertos los interrogantes para el estudio de la historia de Latinoamérica en el comienzo del nuevo siglo, frente a los estallidos sociales desencadenados en los últimos años en la región, que pusieron de manifiesto la crisis general del neoliberalismo. ¿Estará resurgiendo un interés por la historia latinoamericana, como observa Waldo Ansaldi? En nuestra evaluación final, creemos que aún hay mucho camino por recorrer si nos proponemos otorgarle a “nuestra América” un espacio de estudio equitativo dentro del currículo académico. En esa dirección, sigue siendo destacable la ausencia de una óptica americanista y el sobrepeso eurocéntrico que persiste en los programas de estudio. Si bien es cierto que contamos con centros de estudios latinoamericanos y con cursos de postgrado en donde es posible profundizar el estudio de las problemáticas latinoamericanas, en nuestra opinión el abordaje de la historia de América contemporánea en la formación a nivel de carrera de grado no tiene la profundidad adecuada.

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FONTANA, Joseph “Los historiadores argentinos no investigan el siglo XX”, en Clarín, 13 de diciembre de 1998.

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