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Ensayos
sobre
microhistoria
DARío G BARRIERA
t' [A DO;;;'

COLECCIÓN
HISTORIA E HISTORIOGRAFÍA

HISTORIA AMBIENTAL / Hl5TORIA REGIONAL /


CRÓNICA / HISTORIA Y REGIONAL UTOPíA,A,e
:\lICROHlSTORIA / DE LA HISTORIA
. :;;wjrilord. Mºrdia Edlwrial
prohistoria
ENSE?';ANZA DE LA HISTORIA
J¿l'd 2002
COORDINACIÓN
LAURA EUGENiA
soLfs
V ANDARi MANUEL MENDOZA

ISBN 968·5709·00·9
i

Ensayos
sobre
microhistoría
DAR;O G. BARR:ERA Jndice
e O;,! P l LA D o
Primera Edición: ~ovjembre de 2002

Coedición Red Utopía, A.e. I jitalljdfora MOrdía I prohistoriQ

PORTADA. T1POGRAFfA y D1SE~O :NT"SRTOR

Vandar¡ M. MendoLá So:!s


'·¡;MI.IlSA·;.
ISBN 968·5709-00-9
=·c.ó':;ÉS DE Li\MICROHISTORiA. ESCAUS DE

Derechos re5ervados confo';:D.e


ala ley, por ia presente edición, : e Ó::-.:l\:\CIÓN y PRINCIPIOS DEA'lÁLISIS:

- c. _-\. YICROHISTORlAALMICROANr\LISIS RADICAL

© prohistoria
© jítalljdfora M°R.HIA Artes Crdfia(.J
[7J
(diseño}' tipografía)}'

© RED UTOI!fA, ASOC1AC1Ó>< CIVIL

3121828
Mordia, Michoacán1 "'"'iéxíCQ, 58000 '·'J5!·MijiSA"M
"ABAS" DE U MICROHISTORIA.
C'omtinicate C()1J.~ ::~ :' LJNDO SEGURO AL Ul'-,TVERSO DE LO POSIBLE
e. m.E D1TO R:

red urac@prodigy.net.mx
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re durac@hotmail.com

E!S,\1PLAR !\'o
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C3.ISIS y RESIGNIFICACIÓN DE U MICROHISTORlA.
",":\..-I.ENTREVISTAA G¡OVM'NI LE\'I

[61]

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M.>\RGENES y MÓNADAS. ACERCA DEL
,',D\'E);fMfENTO DE LA «NUEVA MICROHISTORIA»

[73]
l,iii.i4.i"'S"'@& DESPUÉS DE LA
DE LA «MICROHISTORLA. LOCAU. ,.n.~'''~L'H,
microhistoria
A LA. «MICROHISTORIA DE ESCALA" observación y principios de andlisis:
- ..:.·.u de
L99] " la. microhistoria al microandlisis radical.

DARÍO G. BARRIERA

MICROHISTORIA A LA ESPAÑOlA

EL HISTORIADOR COMO ACTOR.

[147]

CfI .
ace poco más o menos tres años publi
cábamos en Argentina un conjunto
textos en donde se abordaba el tema
la micro historia. 1 Hoy, agotado el número, se
reeditan aquellos trabajos gracias a la buena
ÉXITO Y FRACASO DE LA ;"1!CROHISTOR:.".

disposición de editorial jitalljdfora y José Mendo­


[159] za Lara. A los mismos se ha agregado una biblio­
y, este texto, que sirve a la manera de pre­
sentación.
'YSiNaibd
La ocasión es propicia pues para, a la distancia
UNA ENTREVISTA ESPECIALA. CARLO GINZBURG -temporal y física- aquilatar algunos supues­
GINZBCRG COC-;VERSA CON AORIANO SOFRI
tOS y exponer otros. Para comenzar, me gustaría
EN FEBRERO DE 1982)
retomar una frase algo estridente de nuestro en­
[211)
trevistado, Giovanni Levi, que con el paso del
tiempo -para mi gusto- fue ganando peso. El
mmmm_m'lBiNi·M·J!SS¡;¡g autor de La herencia inmaterial propinaba, en
HANSEL y GRETEL VlSITAi\ TliRfN. PISTAS
BIBLIOGR;\FICAS PARA DESA>JDilR LA EXPERIENCV\ Cfr. BARRIERA, Darío -coordinador- «La microhistoria
MICRO}IISTÚRlC,," en la encrucijada», dossier publicado en Prohistoria, III, 3,
Rosario 1999, pp. 175 a 295.
[263)
[7]
8 ENSAYOS SOBRE ~lICROHISTORIA O"SPUÉS _A MICROH;STORIA... 9

1998, un diagnóstico concluyente: «hoy nadie hace ~Pero qué es, entonces, lo que aparece con más
microhistoria».2 En e! momento, recuerdo, re­ ~ _=rza cuando Levi decía ya nadie hace rnicrohis­
flexionaba casi automáticamente sobre la autori­ '. ";a? Sencillamente que constituyó una experien­
dad que los actores detentan para cerrar los pro­ :.::", fruto de un proceso y que, en consecuencia,
cesos que han abierto. Pensé, en suma, que se tra­ :::;be ser considerada en cuanto tal. Por lo tanto,
taba un gesto de autoridad. Sin embargo, la ,,, necesario preguntarse cuál es el contenido de
afirmación de Levi está profundamente imbuida :esa experiencia y, en el ir despejando qué
de historicidad. =uas prácticas historiográficas -asociadas con
de la afirmación apunta a subrayar :::sre proceso- no lo son. Para esto, realizaré un
se trató de un proceso del que se puede tomar -ecorrido muy rápido que algunos luga­
distancia. Lo mismo puede encontrarse también res comunes sobre la microhistoria, la historia 10­
en enunciados que son ligeros sólo en apariencia y los enfoques regionales, para finalizar luego
y que por aulas y pasillos universita­ :on algunas consideraciones sobre lo que implica
rios como «clichés» -por ej. cuando Antonio :a adopción historiográfica del miaoanálisis radi­
Annino, Jacques Revel o G. Levi, entre otros, pro­ como experiencia en marcha.
ponen que la rnicrohistoria es la vía italiana a la
crisis de una historia social que debe hacer frente La micro historia como <<Cliché»
al agotamiento de! modelo explicativo estructu­
':"'lgunos años antes de la entrevista mencionada,
ral-materialista 3 , así como en e! inteligente traba­
:::..nto Levi como Ginzburg habían publicado ar­
jo que Pons y Serna dedican en este volumen al
::;:\1105 donde exponían claramente sus puntos de
«éxito y fracaso la microhistoria».
.sra sobre el tema. 4 En ambos, la caracterización
~+,-----------

2 "Crisis y de la microhistoria. U na entreviSTa a


Giovanni
3 REVEL, d'eche/les. La mícroanalyse a l'expérience, _:::X1, Giovanní "On mícrohistori», en BURKE, Peter New
EHESS, introduction. LEVI, Giovanni "Crisis y 011 Historical Writillg, Polity Press, 1991; editado
resignificaci6n ... », cit. Annino, por su parte, afirmaba que «... es por Ed. Biblos (trad. de Cristina
una manera de descubrir los en los grandes sistemas en la compilación de Burke, Formas de hacer
interpretativos en la historia.», en CIBOTTI, Ema "Reflexio­ Madrid, 1993, trad. de José Luis Gil Arisru, "Sobre
nes sobre la historia y el oficio de historiador. Una .. ~:Ghistoria», pp. 119 a 143, las citas corresponden a esta
emrevista con Antonio en Elltrepasados, Año II], nüm. ; ~.~ijn, GINZBURG, Cario «Microstoria: due o {fe cose che
4-5,1993, p. 123. • lei», en Quaderni Storici, XXIX, 86, 1994, pp. 511 a 539,

-------~~_.... _ - ­
10 Er-:SAYOS SOBR:': MíCROHISTORIA DESPUÉS DE LA MICROHISTORIA.•• 11

de la microhistoria aparece construida con cierta :~ :mpone evocarlo por el momento sin proble­
densidad y, en el artículo de Levi, aparece con toda :-:-.::.:ización alguna, para dar lugar más tarde a los
claridad, desde el principio, que se trata esencial­ ::: ~lemas que se abren detrás del mismo. Cuan­
mente de «... una práctica historiográfica .. ,» cuyas _ Se resumen las caraCterísticas de esta produc­
«.. ,referencias teóricas son múltiples y, en cierto se mencionan tres principios y dos recursos
sentido, eclécticas»,5 Pero como ha sucedido con _ 1:1mnes. Los principios serían la reducción de la
tantos orros procesos o corrientes historiográficas ~'.:ala de análisis, la explotación intensiva de las
-constitUidas voluntariamente o, como en algu­ -'~e!1tes y la adopción de un modelo exposidvo
nos casos célebres, escolastÍzadas a contrapelo de _rientado por la descripción densa (Geertz), la na­
la voluntad de sus cultores 6 la microhistoria dió rración policial basada en el paradigma indiciario
lugar a un cliché que ha gozado de cierta autono­ Ginzburg) o el drama social (Levi).7 Los recur­
mía relativa. Tratándose de una suerte de slogan, ,05, a su vez, tienen que ver con la convicción se­
;ún la cual un tema particular es una puerta de
~ntrada a otro de carácter general y, por último,
~a búsqueda de la excepción como caso, disolvien­
5 LEY!, Giovanni (,Sobre microhisroria)), cit., p. 119.
6 Cuyo principal ejemplo sería sin duda la «escuela de los la discusión sobre el asunto de la «represan­
Annales),; Peter Burke asegura que « ... esta nueva hisroria es la :aIÍvidad» de la parte respecto de un supuesto
obra de un determinado grupo de estudiosos vinculados con
la revista fundada en 1929 y conocida como Annales. Los que :odo'" _­
no pertenecen al grupo generalmente lo llaman la •escuela de Estas características -aun cuando suponen una
Annales'y destacan lo que sus miembros tienen en común, en -.lerte esquematización y abrigan, al interior de
tanto que los que pertenecen al grupo a menudo niegan la
existencia de semejante escuela ... » Propone que llamemos a
este fenómeno «... el movimienro Annales ... )) y se considera a
sí mismo una suerte de «... compañero de ruta [ ... ] un extraño
que se ha sentido inspirado [... ] por ese movimiento.» Cfr. como aparece consignado en BURKE, Peter Historia y
BURKE, Peter La Revolución Historiogrdfica Francesa: La Es­ Social, México, 1997 [la. Ed. en inglés, 1992], p. 52 Y
cuela de los Annales: 1929-1989, Gedisa, Barcelona, 1996, pp. así es corno aparece también en «Las babas de la
11 y 13. Una de las mejores definiciones en este punto, la .:~rohistoria ... », en este volumen. Respecto de la propuesta
dieron los annalistes celebraban el comienzo de la sépti­ Ginzburg, siempre es aconsejable revisar un texto
ma década de vida de revista: "Ni école , tant sont grands _~,dacional, traducido hace años al español: GINZBURG,
les tisques symétriques de devenir chapelle ou institution, ni - -.0 "Señales. Raíces de un paradigma indiciario», en
boite aux leures (meme de renom). mais lieu ~,~,RGANI, Aldo -compilador- Crisis de la Razón. Nuevos
d' expérimemation.» Annales E. S. C, novembre-décembre 1989, ';idos en la reladón entre saber y actividades humanas, SXXI,
n. 6, p.lIl7. .c,:ico, 1983, pp. 55 a 99.
DESPUÉS DE LA MICROHISTORL\." 13
12 ENSAYOS SOBRE MICROH1STORIA

cada una de ellas, simplificaciones que son con­ ~:.dor toda investigación microhistórica -con­
naturales al estatuto de cliché al que se hizo refe­ .:.lye- es la creencia de que la observación mi­
rencia- permiten avanzar, de todas maneras, por ::oscópica revelará factores anteriormente no ob­
el camino de ciertas confusiones endémicas, la más ;~rvados». 9 Cuando se refiere a los resultados ob­
grave de las cuales, por extensión y consecuen­ :::nidos en su propio análisis sobre las compra­
cias, se monta sobre la propensión a indicar que .entas de tierras en Santena durante el siglo XVII,
la micro historia operaba con una «reducción de ~nfatiza que los mismos fueron posible sólo por
la escala de análisis», cuando en realidad se trata­ .. .la reducción de escala de observación a un área
ba sobre todo de una reducción de la escala de la ::x:tremadamente localizada ... », insistiendo hasta
observación, que es sólo un gesto analítico. Esta d cansancio en que el principio fundamental de
confusión atraviesa parcialmente un texto muy cla­ :a práctica microhistórÍca es reducir la escala de
ro, como el de Giovanni Levi. En el mismo, Levi observación y no las dimensiones de lo observa­
definía que la práctica microhistórica « ... se basa do. la La confusión puede generarse, en todo caso,
en la reducción de la escala de observación, en un a partir de que Levi considera esta operación bá­
análisis microscópico y en un estudio intensivo sica como un procedimiento analítico (que lo es)
del material documental». Desecha el pro blema \' se traspone, así, sin más, el sufijo micro (corres­
de la conceptualización de la escala «... en cuanto pondiente a la observación) al análisis. Esto su­
factor inherente a todos los sistemas sociales y pone transformar la reducción de la escala de ob­
como característica importante de los contextos servación en microandlisis, y esto no es así (Grendi
de interacción social que incluyen aspectos cuan­ en 1975 ya enfatizaba acerca del estudio de lo
titativos y espaciales diversos» dado que ya había ~elacional, pista profundizada por el microanálisis
sido debatido por los antropólogos. «Para la ~adical). El sufijo micro para análisis está ligado
microhistoria -continúa Levi- la reducción de di procedimiento analítico todo, e importa asu­
escala es un procedimiento analítico aplicable en ::lit una serie de principios teóricos y de método.
cualquier lugar, con independencia de las dimen­
siones del objeto analizado».8 «El principio unifi-
G:;;:=:. -...._ _.. ~-- ::"EVI, Giovanni "Sobte microhistoria'), cit., p. 124. Véase
..'::lbién «1; n problema di scale;" en Dieá interventi di storia
8 LEV!, Giovanni "Sobre microhistoria>l, cit., p. 122. Su refe­
::,de, Turfn, 1981, pp. 75 a8l.
rencia para ,dos antropólogos •• es BARTH, Frederik -·ed- Scale
~EVI, Giovanni "Sobre microhistoria», cit., p. 125 Y 126.
and Jocial organization, Oslo, 1978.

.," •
20 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA
DESPUÉS DE LA MICROHISTORIA•.. 21

este grupo inglés, finalmente, resultan diametral­ Los vocablos que aluden al objeto en historia
mente opuestos a los de la versión criolla. Mien­ ::royincial y regional, provienen de! antiguo léxi­
tras que la «histo ria local» en la Argentina no puede ~.~. militar romano y, por otra parte, han quedado
desbordar desde su definición la cuestión delimi­ .;.:rapados en la «lexicografía del estado». Tanto
tativa, el grupo de Cambridge planteaba lo local régión, derivado de regire y pro-vincia, designa­
corno vía de acceso a las estructuras. Michael ba~n para los romanos extensiones organizadas en
Pastan, por ejemplo, ya había sugerido en la dé­ territorio, vencidas, a partir de un centro que se
cada de 1960 el uso de la metáfora de la lente ye! les imponía militarmente, con sus consecuencias
foco, invitando a realizar un recorrido de lo mi­ administrativas y poLíticas. Este carácter concep­
croscópico a lo macrocósm1co. La idea de la local tual antiguo, ha traspasado la semántica de los
history consistía en leer en el rico ritual de la co­ términos, y esto es particularmente fuerte sobre
munidad una imagen especular de la estructura todo en el caso de las «provincias», Las «historias
social. 14
provinciales» comparten, además de una coyun­
Edoardo Grendi sugiere acertadamente que la tura temporal y política de surgimiento (en Ar­
cadena relacional que une la historia local con la gentina, por ejemplo, los preparativos para la ce­
historia nacional es poco convincente. Por otro lebración del Centenario en 1910 fueron el pri­
lado, la tensión formal remueve la temática de su mer y principal caldo cultivo), un sentido de
anterior aspecto concreto a un forzado nivel abs­ la oportunidad y unas directrices de construcción
tracto de dudoso pedigrí. Desde una perspectiva de imágenes del pasado. Lo que los artesanos de
antropológica, críticas de mayor calado pueden las historias provinciales se proponen destacar, en
encontrarse en el referido texto de Ignasi Terradas casi todos los casos, son los valores básicos y las
i Saborit, quien no sólo realiza un inventario de diferencias que hacen al valor agregado estas
los riesgos que implica el abordaje de la historia unidades «provinciales» a la historia nacional, sien­
local, sino también de los aportes que la misma do también un común denominador echar mano
ha tornado del extended case rnethod, el social al recurso de oposición puerto / interior o poder
network analysis y la literatura. central/poderes provinciales, lo que asigna a to­
=~,--_ . _ - ..­ dos estos esfuerzos un perfil claramente político.
14 GRENDI. Edoardo «Charles Phyrhían-Adams e la 'local Sin embargo, y aun cuando son comprensibles
hisrory' inglese';, en Quaderní stori¿i, XXX, 89, 2, agosto de en su contexto, estas historias provinciales pre­
1995, pp 559 a 578.
26 ENSAYOS SOBRE MICRO HISTORIA DESPUÉS DE LA MICROHíSTORIA... 27

«últimos gritos de la moda posmoderna», que pro­ ponía -con Tolstoi, por ejemplo- que no había
clamaron el final de la historia primero, y la creación más universal que pintar la propia aldea;
desespacialización y desterritorialización de las Jorge Luis Borges nos hablaba entusiasmado del
experiencias humanas después. Así, Fernández y (íalepb, aquél punto en la piedra que condensa
Dalla Corte se plantean, en la introducción a su el todo y nos permite acceder al conjunto sólo
libro, que «... uno de los dilemas de la era global observándolo. La «mónada» de Benjamín. La re­
es, precisamente, la comprobación y el descubri­ cuperación del locus, la indagación a partir del
miento de que la gente debe compartir un mun­ espacio de la experiencia por excelencia es otra de
do atravesado por profundas diferencias». 18 En este las tantas estrategias analíticas y metodológicas
pequeño párrafo puede compartirse todo el dra­ que gozan de buena salud y continúan abriendo
matismo que implica tomarse las cosas en serio: perspectivas, pero que, como decíamos, no com­
el problema a trabajar es el de la gente y su modo parten el sitio de la microhistoria.
de compartir el mundo. Esto no es micro ni
macro: este es el problema. En esta propuesta, lo Qué es la mÍcrohistoría

local como espacio de la experiencia inmediata,


y qué el microanálisis radical.

deviene -siguiendo a Castro Nogueira- «... pro­


mesa de conciencia y subjetividad ... ». había mencionado que la microhistoria estaba
Tanto en los mencionados trabajos de Dalla atravesada por unas estrategias y posiciones fren­
Corte y Fernández como en otro del geógrafo Vi­ te a la escala, el uso fuentes, la elección del
cente Di Cione, esta tensión esencial se resuelve caso, la función de la parte en el todo y la veta
con la adopción de una categoría típicamente com­ narrativa. Pero vaya subrayar aquí otros atribu­
pleja: lo que se detecta hoy escalarmente, asegu­ tos que hacen al conjunto que con toda legitimi­
ran, es lo glocal. 19 dad puede llamarse «microhistoria».
Esta idea tiene algunos antecedentes: la novela La primera pregunta debiera de hacerse de esta
clásica del siglo XIX y de comienzos del XX, pro­ manera: ¿qué caracteres configuran lo que cono­
cemos bajo el rótulo de microhistoria? Para esto
hay que oir y leer voces y palabras de protagonis­
" FERNÁNDEZ, Sandra DALLA CORTE, Gabrieia ­ tas y estudiosos del fenómeno.
complladoras- Lugares... , p. 9.
19 DI ClONE, Vicente Reaíídades, Geografías y r.l
T"
Los protagonistas, en principio, son refracta­
Palomar, 1999. rios a sugerir o reconocer que se trata de una «es­
28 ENSAYOS SOBRE ;"1!CROHISTORIA DESPUÉS DE LA MICROHISTORIA...
29

cuela». Comparten, con algunos compañeros de nal). Pero el mismo Carlo Ginzburg, por ejem­
ruta que se sumaron (sobre todo de! ámbito fran­ plo, ha insistido en caracterizarla como una expe­
cés e inglés) el diagnóstico acerca del fenómeno riencia innovadora emergente de una «periferia»
de reacción que significó la propuesta Ginz­ historiográfica. 20
burg, Levi, Poni y Grendi frente al estructuralis­ Así, todos estos caracteres van a ser comple­
mo y al marxismo, corrientes de las que prove­ mentados y complejizados por otros dos que re­
nían justamente estos autores. También coinci­ sultan transversales y necesarios: por una parte,
den, los "fundadores) y sus distinguidos acólitos, el de la conformación de unas redes académicas,
en que se trata de una práctica. editoriales y políticas, en torno a la microhistoria
Esta caracterización es importante, en la me­ y, por el otro, el proceso de etiquetación y difu­
dida en que prioriza el carácter experimental y la sión de estos productos bajo ese «nombre».
existencia de resultados sobre la antigua prepon­
derancia de matrices teóricas. Es decir: caracteri­ La difusión internacional de estos trabajos dió
zar la microhistoria como práctica, supone refren­ origen, por supuesto, a varios fenómenos. Detrac­
dar también el principio de reacción, ya en un ciones como las formuladas por Josep Fontana, o
nivel un tanto más sutil, ligado a los estatutos los. resultados historiográficos producidos por la
gnoseológicos de los artefactos historiográficos. cállda recepción que, sobre todo durante los
La experiencia micro histórica tiene también 19905., ruvieron en España los esrudios micro­
una lengua en común, que en principio es sola­ históricos, dando lugar a unos mestizajes prácti­
mente la italiana. Habrá que esperar hasta finales cos que remataron en libros excelentes como lo
de los 1980s. para las primeras traducciones y para son Sotos contra Riquelmes de Jaime Contreras o
las discusiones y difusión de estas obras en len­ Hacerse Nadie... de Angel Rodríguez Sánchez.
gua francesa o española, por ejemplo. otros casos, la perspectiva ofrecida por los
Otra idea que articula este conjunto o proceso microhistoriadores italianos fue banalizada hasta
historiográfico es su varias veces señalado «carác­ el a~surdo, convirtiéndola en una moda empo­
ter marginal». Recuérdese que este es un atributo breClda. y, lo que es muy interesante, es lo que
que prácticamente se otorga casi por compromiso
y obligación a toda vanguardia intelectual (que,
podría decirse, debe ser joven, urbana y margi­ 20 GINZBURG, Carla "Il nome e il come ... ».

_ ..... ­ -~ ..
~----
30 El\iSAYOS SOBRE M1CROHISTORL\. DESPUÉS DE L~ MICROHISTORIA ... 31

sucede por ejemplo en la Argentina, donde estos En este sentido, hablar de microhistoria no
trabajos han circulado, puede afirmarse que se ha supone plantear un modelo al que recurrir, sino
«consumido» mucha micro historia italiana pero al contrario, como se enfatizó de entrada, un pro­
que, hasta donde podemos conocer, ni siquiera ceso al que todavía puede «des-cubrirse» y anali­
ha llegado a convertirse en «moda»; muchísimo zarse en cuanto ta).22 que interesa de la micro-
menos puede afirmarse que haya trabajos que historia es su carácter fenómeno intelectual y
puedan considerarse directamente inspirados en social en sí mismo, y no tanto lo que puede apor­
esta expenencIa. tar de cara al futuro. En realidad, es el estudio
del proceso lo que puede realizar el aporte, estu­
que en este «después la microhistoria», dio en el cual el contenido aparece apropiado y
el tiempo de los saldos no coincide con el tiempo considerado.
de haber hecho las cuentas. 0, para decirlo gastro­ Creo que, de todos modos y desgraciadamen­
nómicamente, la entrada se ofreció a los postres. te, lo que más ha atraído de la micro historia ita­
proceso de renovación que la historiografía liana ha sido su carácter de productor de éxito de
argentina reinaugura en años posteriores a ventas en librerías. asunto sensibiliza
1983 no contempla esta corriente y está, en todo mente a los historiadores, que añoran los años re­
caso, decididamente volcado hacia tradiciones teó­ beldes tanto como añoran inconscientemente el
ricas y metodológicas francesas o anglosajonas. La sostener una relación estrecha con el Estado que,
cuestión escalar está dominada por la tensión en­ suponen, podría reemplazarse edípicamente por
tre lo regional y lo nacional y puede decirse con una relación estrecha con el l\Ifercado.
toda legitimidad que esta salida era la apropiada
para la situación. 21 Hacia el micro análisis radical:
una experiencia en marcha.
Durante todo este proceso se abrió paso también
~~-~----

una matriz teórica que se desarrolló más tardía­


2l Cfr. [os trabajos de Susana Bandieri, Daniel Campi, Sara
Mata de López, entre otros; muestra de ellos en la compila­
mente y que una mayor complejidad: se
ción de FERNÁNDEZ, Sandra y DALLA CORTE, Gabriela
('-' :
Lugares... , cit.; acaba de aparece¡ un rrabajo de Orietta Favaro
discutiendo este argumento en la revista de la UNL, CIio & 22 Modalidad inaugurada exitosamente por Pons y Serna en su
Asocíaldos, 6, 2002.~ Cómo se escribe la microhistoria... Frónesis-Cátedra, Valencia, 2000.

-
32 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA DESPUf:S DE LA MICRO HISTORIA... 33

trata del «microanálisis radicab, o «configura­ de las estrucruras sociales, políticas o culrurales?
cionak Las propuestas de la microhistoria no han ¿Son estas estrucruras meras trabas de la libertad
derivado necesariamente en microanálisis radical. de acción o permiten a los agentes efectuar un
Claro ejemplo de esto es la posición esgrimida por mayor número de lecciones?»23 Es la pregunta
Giovanni Levi en la entrevista que se publica en esencial que aparece, también, en obras como la
este volumen, como así también los últimos tra­ de Anthony Giddens, bajo la forma de la tensión
bajos de Carla Ginzburg. entre «obrar y estructura».24 ]effrey Alexander, en

I
La experiencia microhistórica -como se VIO, su curso sobre la tradición sociológica, refirién­
también con Levi, Ginzburg y Poni, definida a dose a las decisiones teóricas sobre el problema
partir de su elección metodológica- comparte de la acción, el individuo y los grupos, se lo plan­
con las propuestas del microandlisis (cuyos refe­ tea en estos términos:
rentes principales son los trabajos de Edoardo «La elección de ciertas presuposiciones deter­
Grendi, de Maurizio Gribaudi y sus colaborado­ mina no sólo las posibilidades teóricas en un sen­
res en la EHESS), un ámbito de experimentación tido positivo, sino también las restricciones y vul­
e incluso la adopción de la reducción de la escala nerabilidades. Cada presuposición cierra ciertos
de observación; pero no comparten, necesariamen­ caminos aunque abra otros. Los teóricos a menu­
te, ni la carga teórica de la observación, ni los prin­ do se arrepienten de excluir ciertas posibilidades,
cipios que guían el trabajo metodológico con pos­ y en este sentido sus presuposiciones son chale­
terioridad al gesto de reducción de la escala de cos de fuerza de los que intentan escapar. El pro­
observación. Comparten, además del sufijo, una blema es que si escapan demasiado sus teorías se
cierta «pasión» por lo pequeño, pero no el modo alteran radicalmente». 25
de operar con lo pequeño.
Existe una breve serie de preguntas que están G=<~:------

en el centro de las decisiones teóricas que, sean 23 BURKE, Peter «Obertura: la nueva historia, su pasado y su

planteadas o no, existen -de manera explícita o futuro», en Formas ... , cit., p. 32.

24 GIDDENS, Amhony La constitución de la sociedad. Bases

bajo la forma de supuestos- en toda producción para la teoría de la estructuración, Amorrortu, Buenos Aires,
sociológica o historiográfica. Peter Burke lo plan­ 1995, 412pp. [The Constitution o/Society. Outline o/the theory
teaba de esta manera: «¿Quiénes son los verdade­ o/Structuration, Polity Press, Cambridge, 1984J
25 Párrafos más arriba explicaba: "Cuando pensamos cómo es la
ros agentes de la historia, los individuos o los gru­ acción, habitualmeme nos preguntamos si es racional o no. El
pos? ¿Pueden oponerse con éxito a las presiones 'problema de la acción', pues, consiste en dar por sentado que los

~----
-
El"SAYOS SOBRE !\!ICROHISTORIA DESpuES DE LA V,ICROHISTORIA... 35

La micro historia, desde sus resultados, propu­ agencia que produce estructuras, distanciándose
so una serie de respuestas a estas cuestiones, pero del par funcinal «actor / sistema»
abonando desde su elección metodológica la di­ d) incluye al historiador entre los elementos acti­
mensión comprensiva en escalas reducidas. 16 El mi­ vos de la construcción histórica, como participan­
croanálisis radical, en cambio, supone un radical te del juego, como factor en el resultado de la
cambio de punto de vista en torno al principio de configuración expuesta
causación. Su matriz teórica se reconoce en el e) no considera seriamente el par «necesario / no
constructivismo radical y el pensamiento comple­ necesario», reemplazándolo por el par «posible /
jo, algunas de cuyas proposiciones de carácter fi­ no posible)} y, lo que es fundamental,
losófico pueden ser brevemente resumidas: f) desmonta las jerarquías habituales existentes
en el nivel teórico, convirtiendo a las <<normas)}
a) la unÍcausalidad los fenómenos es una
(las leyes, las estructuras) en elementos del juego
ilusión epistemológica
que no provocan determinaciones ni en primera
b) exhibe una actitud de rechazo frente a cual­
ni en última instancia: las certezas deterministas
quiertipo de «pensamiento único» se reemplazan por el principio de incertidumbre,
c) considera la acción de los individuos como el predominio de la negociación y la idea funda­
mental que, a partir de unos vínculos dados, lo
que se derivan son posibilidades y no consecuencias.
actores son racionales o no racionales. [... ] En la teoría social,
esta dicotomía alude a si las personas son egoístas (racionales)
o idealistas (no racionales), si son normativas y morales
En un artículo que va en camino de convertir­
racionales) en su enfoque del mundo o puramente instrumen­ se en un clásico la «Escuela de Edímburgo»,
tales (racionales), si al actuar les interesa aumentar la eficien­ Michael Callon y Bruno Latour se preguntan y
cia (racionalmente) o si están regidas por emociones y deseos
inconscientes (no racionalmente). Todas estas dicotomías se muestran «cómo es que los actores hacen estruc­
relacionan con la vital cuestión de la referencia interna o ex­ turas y cómo los sociólogos le ayudan a hacer­
terna de la acción». ALEXANDER, Jeffrey c. Las teorías socio­
desde la segunda Guerra mundial: análisis multidímen­
10».17 microanálísis radical trabaja con el su­
Barcelona, 1995 [Twent)' Leetures, New York, puesto de que no existe una relación de determi­
1987], trad. Carlos Gardini, p. 21.
Para Aróstegui, sin embargo, se trararía de «... una nueva ~~------------
explicación de generalidades partiendo del análisis micro de
experiencias personales y singulares» Cfr. AROSTEGUI, Julio 27 CALLON, Michel y LATOUR, Bruno "Unscrewing the
La investigación histórica, teoría)' método, Ctítica, Barcelona, Big Leviathan: How Actors Macro-Structure Reality and how
2001, p. 16l. Sociologists Help Them Do Ir", in KNORR-CETINA, Karin
36 ENSAYOS SOBRE MICRO HISTORIA DESPUÉS Lb, MICROHISTORIA... 37

nación teórica entre las estructuras y los actores e siempre. Lo que destacar son algunos pro­
introduce en el juego al trabajo del historiador o blemas que presenta el microanálisis, dado que
sociólogo. Considera a estructuras y actores es, en estos momentos, las pocas vertientes in­
como partes del mismo juego, como novadoras en materia teórica.
de la configuración y, metodológicamente, esco­ Uno de los problemas que presenta puede ubi­
realizar caminos por vínculos tradicionalmen­ carse en el plano de los usos de lenguaje: en prin­
te no transitados. Podría decirse que analiza gran­ cipio, el recurso a la representación gráfica de lo
des cosas siguiendo recorridos pequeños (debe relacional (grafos) es muy problemático por dos
decirse, minuciosa y constructivamente) y no ne­ motivos. Por una parte, las humanas,
cesariamente que analiza pequeñas cosas. aun cuando estén tomadas para un momento
jerarquización de estructuras, vínculos, ac­ dado, contienen flujos de intercambio bastante
tores, actantes 28 y leyes de juego se rea­ complejos como para ser cristalizados en un grá­
liza, desde esta perspectiva, a posteriori. Quizás fico para el cual se ha cargado la matriz de un
por esta razón reviste una particular relevancia la «programa}} con un dato en particular, y no con
asociación entre este modo de análisis con la so­ la trayectoria de la relación. Por otra parte, los
ciología configuracional, atenta al seguimiento de micro analistas no trabajan en todos los casos con
«constelaciones móviles», ya totalmente despren­ buenos reflejos o buena sensibilidad temporal en
dida del retratismo estático de la sociología clásica. este registro de los gráficos: aun si pudieran re­
El micro análisis recibe muchas críticas -sien­ solver la cuestión de la representación de los flu­
do calificado desde individualismo metodológico jos negativos en los vínculos, por ejemplo, ten­
hasta de posmodernism0 29 - que en realidad di­ drían que resolver la manera representar las
cen más de los críticos que del microanálisis, como distintas periodizaciones que corresponden a dis­
tintos tipos de vínculos.
and CICOUREL, Ajan -eds.-, Advances in Social Theory En segundo lugar, el léxico verbal, aun cuando
and lvIethodolouy: ToUiards An Integration ofAfiao and l"facro­ se vale en numerosas oportunidades de ejemplos
Ro~·tledge Keegan Pau!, 1981, pp 277-303.
28 Para estos véase DOMENECH, Miquel TIRA­ y hasta de materiales de observación que provie­
DO, Francisco Sociología nen de lo cotidiano, es todavía excesivamente téc­
Ensayos sobre ciencia. y sociedad, Gedisa, Barcelona,
nico. En este sentido, y siguiendo a Mulkay, es
1998, 302 pp.
29 ALEXfu'\lDER. Las teorías ... dt. GIDDENS, Anrhony evidente que mientras que el repertorio lingüísti­
La constitución, .. , cit.
38 E~SAYOS SOBRE :V!lCROHISTORIA

ca permanezca alejado de los historiadores y del LAS «BABAS» DE LA


consumidor de libros de historia, el microanálisis mícrohistoria

no ampliará sus posibilidades de convertirse en Del mundo seguro al universo de lo posible. 1

una estrategia más o menos exitosa de transferen­


cia de resultados. Por último, y esto no es una
DARÍO G. BAR.rzIERA
cuestión menor, las propuestas metodológicas del
microanálisis suponen una manera y unas canti­
« ... fijó la ampliación en una pared del cuarto, y
dades de acumulación de trabajo que, verdadera­
el primer día estuvo un rato mirándola y acor­
mente, desalientan a los más entusiastas. dándose, en esa operación comparativa y melan­
Para terminar, y quizás por atender a sensacio­ cólica del recuerdo frente la perdida realidad ... »
Julio Cortázar, «Las babas del diablo».
nes personales de este día, pienso que este tipo de
itinerarios (esta vez montado sobre una confusión "N o dicen nada cuando las pinto. U na verdade­
o sobre superposiciones en torno a la escala geo­ ra confusión. Con el tiempo suelo encontrar algo
que vale. Como esa pierna... Adquiere forma y
gráfica) son un ejercicio que refresca las ideas.
tiene sentido. Como una huella en una novela
Parece sugestivo que, a lo largo de este recorrido,
policial». Michelangelo Antonioni, Blow-Up.
la dimensión económica y la dimensión política
de los fenómenos observados no hayan aparecido
-CUno­
a
disociadas. Y este puede ser uno de los saldos que
abre, entre otros, el recurso de la revisión disquisi­
tiva: la cuestión es construir dimensiones vincu­ ondres por París, un albo fotógrafo
lantes, construir, desde las ideas y desde la ac­ ~ británico por otro franco-chileno
ción, unos instrumentos que nos ayuden a supe­ y la subversión de algunos deta­
rar lo que por todas partes se impone como un lles en la historia, son algunos de los desplaza­
lugar común. Que nos ayude a superar el dete­
~~------
rioro de nuestra confianza en la interpretación,
¡ Esta introducción al dossier debe mucho a las jugosas discusio­
en la capacidad creativa de una interpretación his­ nes sostenidas con mi colega y amigo Carlos Otero, a quien deseo
tórica que, siempre, tendrá como principal pro­ agradecer expresamente su generosidad intelectual. Como siem­
pr~ en estos casos, no se le acrediten las omisiones y errores que la
pósito mostrar que pasado, presente o fururo, no misma pueda contener, cornendo éstas enteramente por mi cuenta.
tienen una versión única.
[39]
40 E'JSAYOS SOBRE MlCRO:-:ISTORIA LAS «BABAS" DE L\ MICROHISTORIA.. , 41

mientas que Antonioni eligió hacer sobre los do de Cortázar (que es sin dudas «Las ba­
tropos ofrecidos por Cortázar. La mañana, las bas del diablo») se convirtieron en un lugar recu­
nubes, el cielo y la mujer rubia, las máquinas na­ tópicos artísticos como
rradoras, el laboratorio y la obsesión por el deta­ de una propuesta historiográ­
lle, las continuidades que soportan el esquema de como tantas otras, resiste la confección
un relato cinematográfico que, como el literario, de una genealogía fácil y se encuentra lejos de
ha ganado plaza de clásico. En cada uno de ellos, poder ser congelada en una imagen homogénea o
un hombre que estaba ahí, mimetízado en el pai­ escolastizada.
saje, formaba parte de la comedia al fin y al cabo.
En el relato de Cortázar, la desaparición de la es­ -g)os­
cena del joven, ese personaje que se esfuma, está
sugerida por una metáfora -hilo de la Virgen o efecto, un vistazo poco exhaustivo por sobre
baba del diablo- que remite a una materia de algunos textos de referencia, nos enfrentan con al
existencia leve e intrascendente. Vista desde cer­ menos dos concepciones acerca del análisis
ca, la silueta liviana y delgada muestra una trama microhistórico que, sin llegar a ser inconciliables,
densa que, algunas veces atrapa a las moscas en echan en solares diferentes, Si la carta de
medio de su vuelo, y algunas otras, quizás, se ad­ ciudadanía de la microhistoria es -o al menos
hiere al rostro o la cabellera de alguien, obcecada así ha quedado registrada- indudablemente
y perturbadoramente. liana, la posibilidad de unos orígenes con pro­
Aunque parecen poder extenderse a otras puestas diferenciables no puede ser ignorada.
obras,2 las referencias a Blow-Up ya un innombra­ Un planteo de este tipo había sido hecho ya
por Edoardo Grendi en uno de los artículos pu­
blicados por Quaderní storici en 1994. La pre­
25610 a guisa de ejemplo, laegues Revel se ha valido tanto de
Henri James, Stendhal o Queneau para con tro­
zos provenientes de la literatura, la la reducción
de la escala de observación. Las referencias metafóricas, ade­
más, se han utilizado incluso para transmitir visi6n d'eche/les, La micro-anaiyse a /'expérience, París, 1996, ínrro­
crítica al enfoque: el símil de la alfombra desde una ducción y capítulo de su autoría; también de Revel: ,,[histoíre
perspectiva «al ras del suelo') -situación de en au ras du sob, presentación a la edición francesa del libro de
que la profusión de detalles impide, suprimida distancia, la Levi, Le pouvoir au vil/age, París, 1989.
percepción del diseño- ha gozado también de una difusión l Aquí utilizamos las versiones traducidas al

bastante amplia, Cf, REVEL, Jacques -comp,- Jeux blicara oportunamente, en Buenos Aires, la
42 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA LAS «BABAS" DE LA MICROHISTORJA... 43

tendida unidad, o en sus palabras, el «carácter y preguntas sumamente interesan­

colectivo de la propuesta historiográfica del que no vamos a detenernos, excepto

microanálisis en Italia ha estado sobre todo liga­ diagnóstico acerca de aquellas «al

do a una cuestión de estilo ... }), estilo que se mate­ menos dos,> propuestas microhistóricas que, dice,

rializaba en la reducción de la escala de investiga­


ción, gesto que Grendi ubica en un nivel paralelo
al del estallido de la historia. 4 El paralelismo co­
rresponde menos a la homogeneidad de los enfo­
ques que a una actitud de provocación, a un ensa­
yo de construcción de cierta manera alternativa
podían distinguirse: para Grendi, la discrimina­

ción (<<huidiza e imprecisa») se asentaba entre una

propuesta anclada en lo «sociaL> y otra en lo «cul­

tura}", contraposición que, entiende, « ... ha teni­


do futuro si se toma en cuenta la significativa in­
que la antropología cultural, como an­
II
de hacer historia, con el común objeto de opo­ tropología simbólica e interpretativa, ha termi­
nerla al paradigma de la «historia-síntesis», por nado por ejercer en buena parte de la historiografía
entonces más o menos hegemónico. Grendi seña­ que] el proyecto, madurado más bien
la también la ausencia de un «cimiento común» y sobre la experiencia de la antropología social, ha
la dificultad para individualizar los «textos tenido desarrollos bastante diversificados».6
fundantes» del microanálisis en historia, conclu­ Aunque difícilmente negable o prescindible,
yendo provisoriamente que la reducción de es­ esta observación puede al menos ser matizada. So­
cala de observación «... se pensaba más que nin­ bre todo, a partir de algunos desarrollos posterio­
guna otra como la variable adecuada para hacer res: ni la influencia decisiva de la antropología
ftuctificar analógicamente, en el trabajo históri­ social y cultural como marco teórico,? ni la re­
co, la lección de la antropología social [... permi­ ducción de escalas como estrategia analítica, ni el
tiendo entonces ... : huir de la lógica discurso demostrativo como modo de exposición,
del discurso histórico generaL.)}.5 texto plan- ni el acento puesto en las prácticas sociales ­
como resultado- son materia objetable de una
e=;.<,~----

caracterización de principios que, como bien se-


en sus números 8,9 y 10 (1995/96); cf, GRENDl, Edoardo

«¿Repensar la microílisroria?», en Entrepasados, 10, Buenos

Aires, 1996. pp, 131-39,

4 Fenómeno que suele reconocerse bajo «r..:histoire en miettes ,

"
sello que cobrara enorme difusión internacional a del
ídem, p, 133.
libro que F. Dosse titulara con esa frase,
Nótese la afirmación de este punto en REVEL, JacquesJeux
s GRENDI, Edoardo «¿Repensar.. ,•• , cit., p. 132.
Péchelles, cir., "Présentation.), p. 7.
46 ENSAYOS SOBRE MICROHlSTORIA LAS «BABAS» DE LA MICROHISTORIA,., 47

Bernard Lepetit y la suya propia, exhuma las po­ adopción del modelo de exposición explicativa
tencialidades de la reducción de escala (<<recurso muy generalmente relacionado, según sea bajo el
de una fecundidad excepcional») pero no privile­ impacto del paradigma indiciario o la descripción
una escala sobre la otra, asegurando que el densa, con el esquema de una novela policial o
mayor rédito analítíco proviene de la compleji­ con la forma del drama sodal. IO
dad que significa la consideración de ambas di­ Este acuerdo parece mantenerse corno telón de
mensiones. El otro punto de vista, apumado corno fondo detrás de la primera diferenciación plan­
fundamentalista -y suscrito sobre todo por teada por Grendi (en referencia a las vertientes
Simona Cerutti y Maurizio Gribaudi- propone cultural y social, derivadas de sendos tipos de an­
la superioridad de la dimensión micro sobre la tropología). Sin embargo tanto la versión estereo­
macro, en tanto que la primera engendra a la se­ tipada corno esta primera subdivisión, impiden
gunda: la defensa de esta primacía de un orden ver divergencias más importantes, ubicadas en el
sobre el otro reposa, según los propios autores, modo de concebir la relación entre los niveles
en la ubicación de los «procesos causales eficien­ mlcro y macro.
tes» en el marco de los fenómenos producidos a En este sentido, Maurizio Gribaudi hacía un
nivel micro. Revel culmina la presentación de es­ llamado pretendiendo ubicar la atención en otra
tos trabajos afirmando la utilidad de sostener des­ parte. Para este historiador, el debate es también
acuerdos abiertos y « ... someterlos a quienes ten­ bifronte: se discute sobre las capacidades de
drán a bien prestarnos su atencióm>, pero sin desli­ neralización o especificación propia de los
zar más que una punta la pista teórica que nos que s micro o macro y, por otro lado, sobre la esen­
pone sobre la explicación de la diferencia. cia diferente de los fenómenos sociales que resul­
tan pertinentes para el uso de uno u otro niveL
En este marco, Gribaudi asegura que la oposición
de escalas nos pone sobre una pista «falsa». Para
Si a una definición por característícas generales que la misma se vuelva pertinente, « ... debe to­
nos referirnos, la que corresponde a la microhistoria rnarse esencialmente según las diferentes modali­
parece haber sido esquematizada a partir de un
soporte de tres puntas: reducción de la escala de
él CE por ejemplo el exceleme rrabajo de BURKE, Perer Hís­
análisis, explotación intensiva de la(s) fuente(s) y ;oria y Teoria Social, México, 1997 [1 a. Ed, en inglés 1
"speclalmente p. 52 Y ss.
48 ENSAYOS SOBRE MICROHlSTORL'I. LAS «BABAS» DE LA MICRO HISTORIA... 49

dades de la formalización causal de los fenóme­ del análisis microhistórico. Para Gribaudi, la re­
nos sociales y de las evol uciones históricas. [.. .10 ducción de escala «no basta}).
cuaL .. ] no implica necesariamente objetos y ni­ En la medida que esta reducción está orienta­
veles de análisis diferentes ... ».11 Las diferencias a confirmar casuísticamente unas
entre estos se ecuentra más en el plano de diseñadas, no se ha operado ninguna modifica­
las justificaciones empíricas y retóricas que en la ción en el enfoque, permanencia que
naturaleza del objeto de estudio. Mientras que un procedimiento deductivo, constatable también
los estudios «macro}) se caracterizan por la utili­ en la elección de las evidencias y en la
zación de un método deductivo, que organiza las demostrativa. A cambio de la tríada reducción de
evidencias en torno a un marco de referencias la escala - o:plotación Íntemiva de la de la
condente o inconcientemente pre-determinado, fuente - retórica demostrativa «indiciaria», Gribaudi
los «micro», subrayan, por el contrario, « .. .la di­ propone -¿siguiendo? a Levi- que la especifici­
mensión la incertidumbre y la posibilidad». dad del enfoque micro analítico se en otros
Girbaudi toma el ejemplo de un estudio principios: inestabilidad de las formas - procesos
historia social sobre un fenómeno general que, generativos - peso decisivo de las acciones individua­
habiendo reducido la escala espacial y temporal, les. '3 Estos elementos, re-envían a una posición
ha dado por resultado un libro que poco que se distingue por el abandono del concepto de
que ver con la microhistoria. La imagen es hoy determinación (sobre todo asociado a las evolu­
conocida, y su versión caricaturizada ha ciones macro-estructurales), que otorga un enor­
guado bajo la denominación de «daumardismQ»; me peso específico a la contextualización y que,
pero lo que aquí interesa es menos la crítica al en la mayor parte de los casos, sus resulta­
libro marras que el embate frente a un dos en el uso del denominado modelo configura­
donal. El acento puesto en el contexto adquiere
sentido sólo en el marco de la premisa «gene­
rativa», mientras que la configuración -una cons­
\\ GRIBAUDI, Maurizio «Echelle, pertinence,

en REVEL, ]acquesjeux d'échelies, cit., p. 113.


telación permanentemente móvil a la que es ne­
11 Basada en la crí1:ica -en eS1:e caso, bas1:ante feroz- sobre el
cesario considerar sintetiza
trabajo de DAUMARD, Adeline Les Bourgeois de Paris au YJXe

siecle, París, 1970, desarrollada por Gribaudi en el artículo ci1:a­

do, pp.1l5-120; GRENDI, Edoardo dl daumardismo una vía

senza usóta?". en Quaderni Storici, X, 29-30, 1975, pp. 729-737.


,) GRIBAUDI, Maurizio .», cit., p. 120.

- - - - - - _.... _-_ .....~


50 ENSAYOS SOBRE ~llCROHISTOR[A LAS «BABAS» DE LA MICROHISTORIA..• 51

pequeños cortes) el estado del centro princi­ -Cuatro­


pal de interés: la negociación de los actores socia­
concretos. obstante la calidad y densidad de los aportes
la discusión, la puesta en escena de un debate
«Si la causalidad se certifica al interior de cada focalizado sólo sobre la «microhistoria» y no en el
contexto particular, y los compor­ "mÍcroanálisis» cercena la posibilidad de señalar
tamientos sociales se engendran concreta­ '.'Ías de reflexión que corren por otros caminos. La
mente a partir de las dinámicas de interacción referencia posible es, entonces, el contexto científico.
de los individuos... »14 Aunque resulte una obviedad, muchos fueron
En efecto, la capacidad individual de interpre­ los tópicos científicos aparentemente indiscuti­
tación y de construcción de lo real es lo que yace bles que se han esfumado a lo largo de este siglo:
en el corazón de este modelo, evidentemente mar­ ;a idea del enigma como límite de la ciencia, el
~volucionismo, la newtoniana, la idea mis­
cado por el constructivismo lógico, la sociología
redes y los aportes de Norbert Elias. Gríbaudi :na de paradigma e, inclusive, se ha discutido y se
asegura, por lo tanto, que ".. problema de la discute fuertemente la teoría de la relatividad. En
escala no es pertinente sino al interior de la ópti­ desarrollo científico del siglo XX,
ca macrosociológica», cuyo «modelo causal [... ] «.. .la idea de previsión, la ciencia como cien­
implica la necesidad de mostrar cuáles son las ar­ cia de lo general, la conciencia del tiempo
ticulaciones entre los fenómenos que son propues­ como lugar de despliegue de la necesidad
tos como de una diferente y actuantes en atemporal de las dejan de ser criterios
niveles de escalas 15 absolutos y definitorios de la cientificidad. Se
delinea un itinerario que a través de las fisuras
~, ..
,-----­ de la presunta necesidad de los límites
14 GRIBAUDI, Maurizio cíe., p. 122. 'cartesianos' de la ciencia produce lo que pode­
GRIBAUDI, ~faurizio cir., p. 127; en otro traba­
jo, fruto de un ejercicio colectivo, Gribaudi y sus colaboradores
mosdefinir como desafio de la complejidad».16
profundizan sobre estas mismas líneas. Muy ejemplifícame de las
ideas aquí resumidas es su trabajo personal "Reseaux eeocenrrés
et inscriptions sociales. Continuités et discontinuítés dans les CERUTI, Mauro «El miro de la omnisciencia v el del
formes de structuration de l'espace parisien», en GRIBAUDI, :"ervado[», en WATZLAWICK, Paul y KRIEé~¡ Pecer
Maurizio -dir.- Espaces, temporalités, stratifications, Éditions de :- mp.- El ojo del observador. Contribuciones al constructivismo,
['EHESS, Paris, 1998, pp. 71 a 120. .: ódisa, 1998, p. 41.
52 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA
LAS «BABAS', DE LA MICRO HISTORIA... 53

Han cambiado no solamente las preguntas sino ¡:arse, entonces, a la naturaleza de la síntesis. El
los tipos de preguntas; las dicotomías necesario/ afianzamiento del dominio de lo discontinuo, de
no necesario y existente/no existente, han sido lo particular, el antes mencionado desafío de la
desplazadas por el par posible/no posible, a par­ {omplejidad, han impactado doblemente sobre
tir del cual se han reformulado los problemas clá­ este punto: en primer lugar, y esto constituye de
sicos tanto en las ciencias duras como en las so­ alguna manera otra obviedad, cualquier intento
ciales. La mirada de Ceruti -y de buena parte de mirada omnicomprensiva (es e! calificativo que
de los constructivistas en general- tiene conse­ parece más adecuado para las síntesis que algunos
cuencias interesantes, incluso, si se las toma en añoran) estaría científicamente vigilado y discu­
consideración para pensar fenómenos como e! de tido de una manera feroz por la pluralidad y den­
los confines de la ciencia o las hibridaciones, en la sidad de estudios sobre fenómenos particulares
medida que -desde esta perspectiva- la valora­ que, en mayor o menor medida, pueden estar ma­
ción de la frontera y de los límites coincide con e! ;:izando o negando completamente e! resultado
eje de la redefinición de las nociones de problema ··sintético». Pero lo que es quizás menos obvio, es
y cuestionario científico, normalmente ubicadas que la síntesis sí está dentro de! universo de lo
en e! núcleo duro de cada una de las disciplinas. posible, en la medida en que no se conciba igno­
Algo similar sucede con la noción de síntesis, rando el desarrollo científico que ha vivido e! co­
tan central para los historiadores: frente al desa­ nocimiento histórico. Han cambiado las condi­
fío de una salida de! periodo caracterizado por la ciones objetivas dentro de las cuales realizar la sín­
fragmentación de! conocimiento histórico -o, en tesis y, por esto, la naturaleza de la misma es com­
la expresión de Revel antes citada, de anarquía pletamente diferente. Siguiendo a Ceruti, las di­
epistemológica-, existen miradas, como la ofreci­ ferencias y las contraposiciones «... son irreducti­
da por Giovanni Levi en la entrevista que se in­ blemente constitutivas de los dominios cognitivos
cluye en este volumen, que realizan la lectura del de los puntos de vista dados. [... ] El problema ya
proceso desde una perspectiva pendular, síntesis­ ¡zo es el de hacer homogéneos y 'coherentes' diferentes
dispersión-síntesis. Levi dice también, es justo puntos de vista; el problema es comprender cómo
recordarlo, que e! historiador nunca ha dejado de )untos de vista diferentes se producen recíprocamen­
hacer síntesis; pero la interpretación debiera orien­ ~e. La desaparición de la imagen clásica de la ra­
zón y de! conocimiento provoca un deslizamien­

CRISIS y RESIGNIFICACIÓN DE LA
mícrohisforía
Una entrevista a Giovanni Levi. 1

•t. t.
¿Qué corrientes usted identifica dentro de la
microhístoria, y de estas corrientes se identifica
mds con la que usted lanzó en su momento con la
Herencia Inmaterial?

Giovanni Levi:
una pregunta muy difícil, yo creo que hoy na­
die hace microhistoria. Hay una crisis la micro­
historia, en el sentido que el éxito de la microhis­
toria en diarios, las revistas, etc. ha producido
dos cosas: una es la que Jaime Contreras, un
toriador español, llama historia basura, ocuparse
de cosas que no interesan a nadie, que son muy
pequeñas, y que ésta es una suerte de imagen fal­
sa de la microhistoria. Por ejemplo es el caso de

I Realizada por Darío Amolfo, Dado Barriera, Ignacio


Martinez y Diego Roldán. en el Centro Cultural Parque de
Rosario, octubre de 1999. Agradecemos a Giovanni
y Carina Fri¿, directora del Centro de Documentación
de esa institución, cuya gentil predisposición posibilitó este
~ncuentro.

[61]
62 ENSAYOS SOBRE MICRO HISTORIA UNA ENTREVISTA A GIOVANNI LEV¡ 63

The lesbian mm, libro que tuvo éxito en Es­ muy especifico, la familia, la historia de uno, la
tados Unidos y que es una historia sin ningún historia del OtrO, pero hay mucha dificultad para
en principio, porque el 80% de las mon­ hacer una interpretación global, una nueva inter­
jas son lesbianas. Esto no es interesante para no­ pretación del fenómeno inmigratorio, que es uno
sotros. Por otra parte, existe una crisis en la causa de los temas importantes que se discuten aquí y
por la cual la mÍGrohistoria había nacido a princi­ en general produce la misma interpretación:
pios de los 80: la microhistoria nació como una las cadenas migratorias, las relaciones de paren­
crítica a una conceptualización muy fuerte del tesco, los fenómenos de protección, clientelismo,
marxismo, del estructuralismo, y en general era etc. Pero esto lo sabemos desde hace treinta
una propuesta para complicar la conceptualiza­ años, ahora el problema es estudiar la inmigra­
ción, describir la realidad como más complicada ción desde la paridad, o tomar otra posición,
de que las ideologías dominantes la considera­ otros problemas.
ban. Hoy me parece que estamos totalmente del
otrO lado de la cuestión, todo lo vemos como muy ¿Cómo le explicaría a un estudiante los principios
complicado pero no tenemos una interpretación metodológicos microhistoria?
global de la historia. Guinzburg ha hecho un
bro de macrohistoria historia nocturna, yo he Giovanni Levi:
hecho un pequeño articulo sobre el Estado mo­ Es uno solo. Es un problema de escala. La mícro­
derno, que no es micro historia sino que es macro­ historia no es estudiar cosas pequeñas sino mirar
historia, porque el es también macrohis­ en un punto especifico pequeño, pero proponerse
toria, yo explico allí situaciones muy generales. problemas Es la modificación de la es­
Creo que hoy, la mÍcrohistoria es un insttu­ cala de la observación. Revel da el ejemplo del
mento útil pero no es la solución a los problemas film BlotO Up, es la historia de una fotografía que
de la historia en este momento, ha sido muy im­ la primera vez no explica el problema, la segunda
portante durante quince años de debate. Un vez se ve la mano entre las hojas, la tercera es una
plo que puedo dar en la Argentina es que mucho mano con un revolver, a medida que se reduce la
de los colegas que estudian la inmigración y la escala se más preciso el detalle. la varia­
emigración han producido investigaciones a nivel ción de la óptica del historiador, en este sentido
es muy importante el historiador, no el documen­
ENSAYOS SOBRE ~jjCROHISTORIA
UNA ENTREVISTA A GIOVA,"lNI LEVI 65
64

too La posición que toma el historiador en la in­ la actitud del historiador es muy semejante hacia
la realidad: ¿qué cosa es la realidad? Es una inves­
vestigación.
tigación que el historiador hace en dirección a la
Si este es el principio fundamental, esta reduc­ realidad sin jamás acabar la investigación. Ahora
ción de la escala de andlisis, modifica la forma en este sentido es muy importante el protagonis­
de construir el objeto del historiador y la forma de ta de la investigación, que es el historiador, tanto
como la realidad investigada.
organizar el relato?

La microhistoria ademds de un reposicionamiento del


Giovanni Levi:

Sí, yo creo que sí, se puede decir una cosa muy en


objeto, ¿implica un reposicionamiento del historia­
general, todos los historiadores profesionales jó­
dor con a la sociedad?
venes como vosotros, o de media edad, o viejos

como yo, tienen una posición de autoridad, bus­


Giovanni Levi:
can la verdad y dicen: la batalla de Pavón ha sido
Este es un problema que yo remitiría a un debate
así. En general los historiadores tienen una posi­
mas general, que podría ser el tema de otra entre­
ción de autoridad, yo creo que busco la realidad y
vista, que es la crisis de la actividad del historia­
comunico al lector la realidad, los hechos como
dor hoy. Hoy los historiadores no son tan impor­
han ocurrido, yo creo que la consecuencia del cam­
tantes como antes porque la relación que tienen
bio de análisis es de dar más importancia no a la
con los medios de comunicación es muy peque­
relatividad porque siempre buscamos la verdad
ña. Por ejemplo su revista prohistoria tendrá, pon­
sino a la especificidad del punto de vista. Puedo
gamos por ejemplo, 300 lectores como máximo.
dar un ejemplo judío. En la religión judía se con­
La televisión tiene 3.000.000 y puede contar la
sidera que no se puede decir que dios exista. N o
misma historia, puede contar la historia de Santa
se puede decir existe. Dios existe o no exisre, no
Fe como vosotros. Después confronten: la opinión
se puede responder a esra pregunta. Pero todo el
publica ¿es una interpretación científicamente
análisis de los rextos sacros, el análisis del Talmud,
garantizada por trescientos ó una utilización po­
es una discusión como si dios existiera pero sin
lítica por tres millones?
poder saber quién es el que hace. No tiene una
Uno de los problemas que la microhistoria se
previsibilidad, una descriptividad. Yo pienso que proponía al principio era una relación diferente
66 ENSAYOS SOBRE ,\11CROHISTOR1A
UNA ENTREVISTA A GIOVANN! LEV! 67

con el lector, tener más lectores. Una forma de sando la idea de que es más fácil hablarle a los
historia menos académica más informal. Yo que desde el hoy al pasado que desde el
creo que esta es muy importante en todo 10 do al hoy. Esta es una indicación muy con­
que se llama el revisionismo histórico. Los histo­ siderar que la escritura historiográfica es una es­
riadores no la capacidad de responder a la critura comunicativa y es una operación de co­
agresión de la vulgarización de la historia de los municación. La comunicación debe imaginar al
revisionistas. Ahora, por ejemplo, en Italia esta la lector, debe imaginar lo que el lector sabe. Hoy
discusión" el fascismo o el antifascismo?" los lectores o lo estudiantes de la universidad sa­
los dos sus culpas. Esta es la vulgata que ben muy poco de la historia, es muy difícil orga­
hoy tenemos en Italia, o ¿es mejor Stalin que nizar un diálogo comprensible con los estudian­
Hitler? Otra pregunta sin sentido historiográfico, tes. Yo creo, por ejemplo, que un problema fun­
pero muy importante desde el punto de vista po­ damental se da de hoy al pasado antes que del
lítico, del efecto político. Yo creo que uno de los pasado a hoy. Pero este es solo un de la
problemas de la historia hoy y de la microhistoria temporalidad. Es realmente un problema muy
tambíen es la relación nueva con el publico, en importante para reflexionar.
10 años nuestra profesión va a cambiar radicalmente.
La microhistoria, como muchos otras vertientes de la
Yen este tipo estudio y en este tipo de escritura, to­ historia de la historiografía, ha incorporado muchos
mando estos dos ejes que señaló ¿Cómo debe hacerjugar conceptos provenientes de las otras ciencias sociales.
el historiador a la ternporalídad y la noción de proceso ¿Cómo evalúa el impacto, las consecuencias teóricas,
teniendo en cuenta que ha achicado la escala? esta importación de conceptos?

Giovanni LevÍ:

Giovanni Levi:

Ahí también hay un problema de escala. Yo creo


Yo no creo que sea una importación de concep­

es muy importante el problema de la tos. Yo creo que las ciencias sociales son una, como

ralidad, en el sentido que es un problema Dios. En este sentido, uno de los errores máxi­

trucción de la temporalidad, es una operación de mos que se pueden cometer es importar concep­

comunicación a los lectores. Marc Bloch, por tos. La historia puede producir conceptos funda­

plo, ha hecho una cosa muy importante, impul­ mentales para la sociología, economía, etc .. Por­

~=~-~-- - - - _............_­ - .... _--- _._-_ .............. _­


68 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA
UNA ENTREVISTA A GIOVA'INI LEY! 69

que no es un problema de identidad, es un pro­ yo lo considero de historia contemporánea. Pero


blema de dialogar cosas. Yo creo que una de las ~l libro Maurizio Gribaudi, que es un libro
grandes contribuciones que puede hacer la histo­ sobre el fascismo, es el máximo de contempora­
ria a las otras que ha dado a otras '-"'''.H.... ''~ neidad posible. Muchas de las de la micro­
sociales, es proponer la ¡¡mitación del empleo de historia nacen de una crítica de la historia oral,
los conceptos que los economistas considera~ un~­ de la aplicación muy simplista, muy basurista de
versales. En este sentido, yo creo que la h¡stona la historia oral. Porque la historia oral tiene una
produce conceptos. definitiva no es una im­ comunicación inmediata, pero falsa, porque es
portación, es una forma cultural general de .filo­ muy emotiva, trabaja con una transmisión muy
sofía, historia, antropología, economía, soclOlo­ emotiva del sentido de la historia. problema
gía, que trabaja por buscar una descripción de la historia en general, y de la microhistoria
de la realidad, sin (ambién, es el de una comunicación controlada,
no una comunicación emocional. Yo creo que gran
La mayoría de los estudios microhútóricos con~cidos parte de la discusión que ha hecho la microhistoria
tienen que ver con sociedades de Antiguo R~gnnen) ;n su programa es una resistencia, una crítica a la
al menos los mds exitosos) y cuando se analzza una utilización de fuentes orales como de
sociedad contempordnea qué medida este meto­ información histórica, información histórica fac­
dología debe ser modificada, cómo es la ?eración mal. Hay otra forma de utilizar las fuentes orales,
reconstructiva, teniendo en cuenta la complepdad que como un lugar interesante para estudiar las crea­
presenta ésta sociedad contempordnea? ¿Es vdlido .:iones individuales, o una reconstrucción indivi­
introducir esta distinción? dual de los hechos históricos.

Giovanni Levi: : Qué es lo que el enfoque microhistórico suma a los


Yo creo que un libro muy interesante de ,o,tudios de redes?
microhistoria es el de Maurizio Gribaudi sobre la
obrera de Turín, que es un libro de historia G iovanni Levi:
contemporánea. Yo se que la historia contempo­ ,:lVimos una verdadera pasión por el análisis de
ránea en la Argentina es más contemporánea que -:des, porque era una posibilidad de estudiar ca-
en Italia. Por ejemplo el libro de Franco Ramella individuales sin impresionismo, pero buscan­
TFF
ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA
72
III
consideramos que el laicismo es la parte intere­ INDICIOS, MÁRGENES Y MÓNADAS.
sante, pero entendimos que para cambiar la so­ Acerca del advenimiento de la
ciedad hay que cambiar raíces profundas de la «NUEVA MICROHISTORIA» 1
antropología del hombre argentino, que es idén­
tico al italiano, al croata, al polaco o al portugués. MATTI PELTONEN

¿ Usted cree que los historiadores volverdn a escribir


síntesis, grandes síntesis? 1. ¿El renacimiento de la narrativa?

Giovanni Levi: Alrededor 1975, publicado un grupo de


Lo hacemos siempre. La historia tiene un trend estudios históricos a los cuales se reconoció in­
cíclico que es síntesis, disrrupción de la síntesis mediatamente como representantes de algo nue­
(como es la micro historia) resíntesis y redestruc­ vo. Libros como el A10 n ta illo u.. . E. Le Roy
ción de la síntesis. Yo creo que es un fenómeno Ladurie (1975), Wighs and Hunters de Edward
ondulatorio. relación a la síntesis, no creo que Thompson (1975), queso y los gusanos de
la microhistoria sea negativa. La identificación del Ginzburg (1976) o Cultura y Sociedad... de N atalie
problema del estado c"'~tólico es un buen resulta­ Zemon Davís (1975), parecían indicar un cam­
do microhistórico que tiende a la síntesis. bio en el paradigma historiográfico. este artí­
culo he denominado a estos estudios «la nueva
microhistoria» de los 1970s., que, no obstante,
fueron recibidos por comentaristas coetáneos de
diferentes maneras.
En los años 19805., esta <mueva microhistoria»
fue discutida bajo los términos de un «retorno de
la narrariva». fue el título de un influyente
artículo de Lawrence Stone quien, ciertamente,
~-~-----

, Traducción del inglés por Ignacio Martínez y Daría Barriera.


INDICiOS, MARGENES Y MONADAS ... 77
ENSAYOS SOBRE MlCROHISTORIA
76
y microteoría, que sostienen entre sí una relación
completamente con todos los argumentos problemática. En sociología, esta relación quizás
metodológicos de Ginzburg, por ejemplo, en lo no sea tan antagónica, pero la relación entre
concerniente a la inutilidad de los métodos cuan­ les micro y macro del fenómeno social, es tam­
titativos y las grandes bases de datos. bién percibida como uno de los problemas teóri­
La característica común en ambas versiones, es cos más arduos. 5 La sociología moderna o acadé­
la importancia otorgada a la naturaleza es­ mica nació, a fines del siglo como un macro­
pacial de la relación micro-macro. La definición proyecto, como una reacción a la psicología. El
de Roger Chartier distingue nítidamente este as­ enfoque micro sociológico, por su parte, es una
pecto: nueva tendencia, una reacción a la perpectiva ma­
cro de la sociedad, desarrollada en los años 195 Os.
«Es en esta escala reducida, y quizás solamente
en donde podemos comprender, sin reduc­ y 1960s. slogan de la microsociología fue «bring
clones deterministas, relaciones entre siste­ men back in». La micro sociología se interesó por
mas de creencias, de valores y representaciones la cotidiana, los acontecimientos relativamen­
de un lado y filiaciones sociales por el otrO».3 te triviaÍes y reiterados, los hábitos, las costum­
bres. Las discusiones acerca de la conexión entre lo
def1l1ición fue citada aprobatoriamente micro y lo macro, empezaron también relativamen­
tanto por Levi como por Ginzburg. La metáfora te tarde, alrededor de los 19805. 6
espacial es dominante también en otras '-lC,HI.~a., La historia de la distinción macro-micro es to­
sociales donde opera la distinción entre enfoques talmente diferente en economía y sociología. En
macro v micro. economía, todo el cuerpo teó­
rico se divide generalmente en dos bloques, macro -,...,~~~~-­

; COLLINS, Randail Theoretical Socio!ogy, Harcourt Brace


~.~~~~--­

]avanovich, 1988, pp. 373-410; MOUZELIS, Nicos "The Poverty


CHARTIER, Roger "Iruelíecrual History or Socioculrural of Sociological Theorp>, in 27,4, 1993, p. 667.
History?», en LA CAPRA., Dominick & KA.PLAN, S~e".en 6 KNORR-CETINA, Karin & A. V. -eds.-
(eds.): l>1odern EI/ropean Intellectua! History. (5' New Advances in Socia! and Methodology. Tot./lard an
Perspectives. Cornell UniversiryPress, 1981, Integration oflvficro-and A1clcro-Socío !ogies, Routledge & Kegan
4 LEVI Giovanni "On microhistori», in Peler ~ed.­ Paul, 1981; HECHTER, Michael -ed.- TÍJe
New ' in HistoricalWriting, Polity Press, 1991,.P' 95, lvficrofoundations of}4acrosociology, Temple Press,
cuando se refiere a Barth; GINZBURG, Carlo «Microbstoty: 1983; ALEXANDER, Jeffrey c. et al.--eds.- The A'ficro­
Two or Theer Things that 1 Know about It», in Critical Macro Link, University of California Press, 1987.
20, Aurumn 1993, 10-35, especialmente p. 22, ___ ~
78 ENSAYOS SOBRE !v!ICROHISTORIA INDICIOS, M..\RGENES y MONADAS ... 79

la primera, la teoría micro explica el comporta­ tal y producción. El nuevo enfoque fue macrodiná­
miento de los actores económicos individuales mico, cuando se trataba de analizar situaciones
(consumidores, empresas, desocupados) y la con subempleo. El máximo exponente de este tipo
macroteoría, indaga las relaciones entre variables de análisis fue John Maynard Keynes. Detrás suyo
económicas agregadas (producción, empleo, pre­ puede identificarse a su maestro, Alfred Marshall,
cios ... ) dentro de un área extensa. Las palabras y su revolucionario manual de 1890, PrincipIes 01
macro y micro fueron introducidas en economía Economics, que marca la fundación de la moderna
con algún retraso. Esto sucedió recién hacia fines economía académica. Marshall había introduci­
de los 1940s y comienzos de los años 1950s. 7 Por do ya una do ble división de la teoría económica
ejemplo, el clásico manual de Paul Samuelson, de acuerdo a un criterio temporal. Siguiendo a
Economía, comenzó a utilizar estos conceptos re­ Marshall, los fenómenos económicos se dividían
cién en la edición de 1958. 8 en dos categorías, los pertenecientes a períodos cor­
Lo interesante en cuanto al uso de metáforas tos (o período del mercado) ya períodos largos.
espaciales en la descripción del enfoque micro es El período corto cubre las actividades econó­
que, en un primer momento, en los textos de eco­ micas desarrolladas en un período de mercado,
nomía, el aspecto temporal fue privilegiado fren­ que es tan corto que los productores no tienen el
te al espacial. Los conceptos utilizados inicialmen­ tiempo suficiente para adecuar su actividad a las
te fueron macrodinámica y m icrodindmica. Esta fluctuaciones de la demanda y la competencia; el
última refería a situaciones donde todos los re­ stock de capital y el nivel de producción perma­
cursos económicos eran completamente emplea­ necen constantes. El cuerpo de la teoría econó­
dos, permaneciendo constantes el stock de capi­ mica desarrollado por Marshall cubría sólo este
período corro. La teoría del período largo hubiera
e=¡e¡,.:- - - - - ­
requerido el tratamiento de la sociedad como un
7 The New Palmgrave. A Dictionary o[Economics, vol III, 273­ organismo, y demandado un «tratamiento más
275,461-463.
8 La marginalidad de la discusión metodológica acerca de las
filosófico». Este tipo de análisis debía ser total­
microfundaciones de la macroteoría en economía, puede ser mente diferente al tratamiento extremadamente
percibida desde el hecho mismo que los dos tratados más
formal y matemático dado al período corto, en­
populares de medodolorría económica de comienzos de los
1980s. -el de Blaug (1980) y el de Caldwell (1982)- igno­ tonces, no podía tener, siguiendo a Marshall, la
ran estos desarrollos, aún en sus versiones revisadas (de 1992 misma «definición y precisión de pensamiento».
y 1994 respectivamente.)
INDICIOS, IvLARGENES Y MÓNADAS.,. 81
80 ENSAYOS SOBRE :'HCROHISTORiA

Sin embargo, Marshall no publicó jamás una sola embargo, en este sentido, el trabajo de Carlo Ginz­
página sobre el período largo (o sobre macroeco­ burg puede ser tomado como una excepción. En
nomía) y una peligrosa división surgió en la teo­ mi opinión, la mayoría los trabajos de Carlo
ría económica. 9 necesario subrayar que el cri­ Ginzburg están basados en una enorme tensión
terío orginai la división entre macro y micro temporal. Me refiero especialmente a Historia
teoría en economía temporal y no espacial. Nocturna, Queso ... , y Ecstasies,", En estos traba­
Esta diferencia, también es generalmente deSTa­ jos, el aspecto más interesante, el resultado que
cada en las discusiones sociológicas. 10 Ginzburg quiere comunicar a sus lectores, surge
de la colisión de un acontecimiento excepcional
con la consolidada estructura de la cultura popu­
3. Ginzburg 1)S. Foucault: sobre cultura popular.
lar. Este momento especial revela las estrucruras,
Muchos microhisroriadores, creo, pueden ser cri­ cuya importancia es muy difícil, sino imposible
ticados por ignorar la cualidad temporal del de ver, en otra temporalidad. Los microhistoriado­
micronivel, a favor de una mayor atención presta­ res, en realidad, tratan de descubrir cosas más
da a otrOS aspectos. EsTO, se supone, resulta de la grandes con sus microscopios y sus magníficas
elección del objeto. Pero no se le presta especial lentes. Este aspecto del proyecto microhistórico
atención y no es generlamente mencionado cuan­ no está adecuadamente ilustrado por la metáfora
do se discute el enfoque microhistórico. ll Sin espacial descripta como una focalización de la aten­
ción hacia áreas pequeñas,
El Queso y los Gusanos es el mejor ejemplo de
9 COLEMAN, D. C. Hi5tory and theeconomic Pasto An Account la estrategia narrativa de Guinburg, donde la ar­
ofthe Rise and Pall 01 Economic in Britain, Clarendon
ticulación de las estructuras de largo plazo con
Press, 1987, p. 128.
11] COLLINS, Randall "On the Micro-foundarions of Macro­ acontecimientos de corta duración crea conflictos
sociology», in The American ¡ouma! o(Sociology, 86, 1981,
984-101'4. Es iluminadora la formulació"n realizada por DeWalt
y Pelto, acerca de los tres aspectOs de la conexión enne nive­
les macro y micro-tiempo, causalidad y espacio. Desafortuna­ Shapes of the Past'" in Storía della Storíographia, 17, 1990, pp.
damente. no continuaron trabajando sobre las mismas. DE 28-38; LEVI, Giovanni "On rnicrohisrorv.... li, cít.
WALT, Bíllie & PELTO, Pertri -eds.- lvfícro and Macro GINZBURG, Cario «Microhistory: Two ... », ~it. MUIR,
Levels 01Analysis in Anthropology. !ssues ir¡ Theory and Research, Edward & RUGGIERO, Guido -eds.- Microhístory and the
Westview Press, 1982, pp. 1 a 21. Lost Peoples The Europe, John Hopkins University Press,
!l DAVIS, Naralie Zemon "The Possibilities of rhe Past.», in
1991, pp, vii-xviii.
lOl/mal olInterdisciplinary History 12, 1981, pp. 267-275; "The
=='===~~
82 ENSAYOS SOBRE ;"!ICROH1STORIA INDICIOS, MARGENES Y MÓNADAS... 83

atrapantes, que pueden ser resaltados en el texto que Acontecimientos excepcionales en la historia
los historiadores crean para sus lectores. Para mu­ de los conflictos sociales crean «archivos de
chos profesionales, esta tensión temporal merece ob­ 5ión», que sacan a la luz cosas que habían existido
jeciones. Lo difícil de aceptar y entender, es la exis­ en un nivel que no producía documentación per­
tencia autónoma de la estructura de larga duración durable. Son estos «archivos de represión» los que
de la cultura popular. Se preguntan cómo alguien han sido usados muv a menudo en estudios re-
I

puede creer que tales estructuras, largas y general­ cientes sobre la cultura popular. Esta situación
mente ocultas, existen realmente, siendo que su paradójica, en la cual es el «enemigo» quien ar­
tenda no está ampliamente documentada. ¿Cómo chiva y preserva información sobre lo «marginal»
puede alguien hablar de la existencia autónoma de y lo «bajOl) ha dado lugar también a nuevas obje­
una radical cultura campesina, si al mismo tiempo ciones frente a este tipo de investigaciones. Algu­
está influída por la cultura dominante en la nos observadores han expresado que, quizás, «•• .la
misma sociedad?12 Dominick La Capra, por cultura popular existe solamente en el acto de re­
plo, encuentra inadmisible incluso en principio que presión», postura que parece subyacer a la crítica
la cosmovisión del molinero Menocchio pudiera que La Capra hizo de Queso ... Es también en
haber estado basada en la antigua cultura campesi­ este pumo en el que el mismo Ginzburg ha sido
na, ya que teme que de este modo, reforzaría de más cntlCO. refiero aquí a su crítica frente a la
guna manera las relaciones hegemónicas en la actitud foucaultiana de «populismo negro)}, en el
historiografía profesional. Si la cultura popular es prefacio de El Queso ... La crítica se vuelve más
también un nivel importante de la cultura, enton­ interesante en tanto parece revelar un inesperado
ces, quienes la estudian, hacen también un impor­ punto débil en las ideas metodológicas de
tante trabajo en historia intelectual que, de acuerdo Foucault.
a La constituiría «".una bizarra y viciosa pa­
radoja según la cual una relación vicaria con los opri­ crítica de Ginzburg a Foucault es similar
midos del pasado, sirve de pretexto para pretensio­ a la que Mikhail Bakh tin realizara a
nes de dominación contemporáneas». ,3 Febvre por haberse concentrado solamente en
la cultura oficial en su estudio sobre la cosmo­
visión de Rabelais. Esta limitación de la pers­
6- CritÍcism, Cornell
12 LA CAPRA, Dominick
Universi1:y Press, 1985, pp. 45-69
pectiva se justifica por 51 en la medida q~e se
13 Idem. p. 69
90 ENSAYOS SOBRE MICRO HISTORIA INDICIOS, MÁRGENES Y MÓNADAS ... 91

o Davis describen mundos y personas totalmente Le Possession du Loudun, de Certeau revela


diferentes a nosotros, alternativas que la moder­ su interés por los fenómenos marginales. Este
nización destruyó, lugares nostálgicos a los que enfoque fue también propuesto en su artículo
podemos escapar en sueños. metodológico más conocido «La Operación... »,
que en muchos de sus puntos de partida se acerca
al programático artículo Ginzburg «Indi­
6. Otras micmhistonas.
CiOS ... )}. por ejemplo remarcable, la similitud
El enfoque sostenido por Ginzburg y Levi es sólo en sus respecrívas visiones acerca de la investiga­
una de las formas para definir la microhistoria. ción histórica como esencialmente diferente de las
Es interesante compararlo, entonces, con otrOS otras ciencias sociales. Los puntos de De Certeau
conceptos de microhistoria. Propongo recupera~ fueron desarrollados en oposición a la monografía
primero las propuestas de Michel de Ceneau. SI de Paul Veyne Cómo se escribe la hútoria (1970).24
bien no es considerado frecuentemente en esta En el contexto esta discusión, De Certeau
línea, merece atención no sólo como un cultor de toma posición respecto de varias cuestiones fun­
la microhistoria sino También como uno de los damentales. Una de ellas es la relación entre la
pocos historiadores que han producid~ contribu­ historia y las (otras) ciencias sociales. Ya en esta
ciones meTOdológicas interesantes e mfluyentes. relación, De Certeau cultivaba su enfoque margi­
Estoy pensando aquí fundamentalmente en «La nal. En su concepción, la historia no se opone a
Operación histórica» (1974) Y en su :nonog~afía los modelos creados por la investigación científi­
Le Possession du Lottdun (1970), pubhcada cmco ca social. Propone que la historia analiza las des­
años antes de la «primera ola)}, aunque hay que viaciones de estos modelos. 25 Su concepto de «des­
admitir que JI Benandantí de Ginzburg fuera pu­ viación signitlcante» no está realmente muy lejos
blicado ya en 1966. Por supuesto, podemos tam­
bién recuperar muchos trabajos británicos ante­
... _-~._--
riores al «mágico año de 1975», o por ejemplo a ~,

George Rudé y sus precursores uabajos de fi~es 24 Cfr. La discusión entre De Cerreau y Veyne, a comienzos de

de los 19505. y comienzos de los 19605. La dIfe­ los 1970s., compilada ahora en REVEL, Jacques y HUNT,

Lynn Histories. French Construcríons olthe Past, The New I'ress,

rencia radica en que estos estudios no produjeron 1995, pp. 299-318.

ideas metodológicas nuevas. 25 DE CERTEAU, Michel The Writting 01 History, Columbia,

1988 rI9721.2~
-~~"=='---
INDICIOS, MÁRGENES Y MÓNADAS." 93
ENSAYOS SOBRE MTCROHISTORIA
92
La de Walter Benjamin como historia­
de lo «excepcional normal)} inventado por los dor fue reforzada en 1981 cuando fuera publica­
microhistoria d ores .ltal'lanos. 26 do su Das Passagen- lVerk. Este manuscrito incon­
De Certeau se refiere a Fernand Braudel cuan­ cluso es uno de los textOs más comentados ac­
do introduce la idea áreas marginales y tualmente. Desafortunadamente, Benjamin es
menos de frontera como objetos de estudio episte­ considerado menos un historiador que un filóso­
mológicamente fértiles. punto ~s que estos , fo de la historia. 28 Pienso que Susan Buck-Morss
nómenos nítidos y fáciles de manepr revelan mas estaba en lo cuando escribió Benjamín
y son menos complicados para analizar que .0trOS no era tanto un filósofo de la historia como un
considerados más centrales. Las áreas margmales historiador de la filosofía. A de que
tienen claras relaciones con sus centros, existe una el manuscrito está compuesto de de in­
continuidad por definición. En su artículo acerca vestigación, también admite el concepto de libro
del concepto de civilización, Braudel habla de planificado -ya que no son sólo apuntes, sino
«micro elementos de civilización»."' notas que han sido trabajadas y en ocasiones ex­
tensamente comentadas, y algunas de ellas no son
notas en absoluto, sino las reflexiones de Benjamin
acerca de su método o su objeto- ya estas
En la edición española (Hacer la Historia, Barcelona, 197~~, notas son al mismo tiempo el manuscrito.
p. 46, la expresión más cercana es "".el detalle que consnruye
N. de los T. " Benjamin escribía en los 19305. sobre París
Fernand On 1980, p. 20v. Es
interesante observar que incluso un detractor ran tenaz de la como la Capital del Siglo XIX. Con esta expre­
microhistotía como John H. Eliiar, propone u,na estrategIa d~ sión críptica, Benjamin quería decir que, en el si­
microhistórica que se acerca a las Ideas de Braudel
v De sobre las áreas o acontecimientos margmales glo XIX, París era mucho más que la capital de
~omo epistemológicamente críticos. Cfr. ELLIOT, John .;.
r,r'
lvat¡Ona an
l d CompaYrlt;"c
",.
,/.".r H
An lnnaugurai
1 4! ~
Lect..
199're ~~~-----------

ae'1:,vered befire
o the Univcrsitv- 011 10. may .
, d" D

Clarendon Press, Oxford, 199 L , donae 'Ice que ," ero 28 La excepción es Hans quien ha mencionado que
como las sí se tiende a expre­ "Walter Benjamins, Ernst Blochs und Theodor Adornos
los valores y costumbres metropolitanas, ba!o emphatische und philosophish-spekulativ überh6hre
destilada y frecuentemente rarificada; un estudlO Herausgebung des Einzelnen, Besonderen und Konkreten in des
de las s~ciedades coloniales ofrece otra forma, Geschichte." MEDICK, Hans "Micro-Hisrorie}), en SCHULZE,
potencialmente promisoria, de enfocar la cuestión de,las iden­ Winfried -Hg.- Sozialgeschichte, Alltagsgeschichte, Mikro-His­
tidades colectivas distintivas y procesos de formaclOn de las torie, Vandenhoeck & 1995-,-p.49. __
identidades». "_ _ ~ .-----=====~=-
INDICIOS, :-'1.~RGENES y MÓN,~DAS, •• 95
94 ENSAYOS SOBRE :>'HCROHISTORIA

Francia. Su pensamiento era, sin embargo, abso­ 7. Conclusión,


lutamente único y exuaordinario. Había estudia­
La nueva microhistoria ha sido descripta como el
do los pasajes de París como un ut-fenómeno de
estudio la excepción normal. Esta es una de las
la modernidad, como un collage de cuadros que
respuestas al problema de cómo los historiadores
expresan lo inconciente o el mundo soñado de la
estudian la relación macro-micro: sin embargo esta
temprana era industrial. Benjamin vió la vida co­
respuesta fue la que se dio a los críticos, que des­
mercial antigua en los pasajes parisinos como una
confiaban de toda la idea de microhistoria. De­
mónada que reflejaba el mundo en la ciudad de
trás de esto está la convicción de que los únicos
manera comprehensiva. Los pasajes eran como
vínculos o conexiones posibles entre micro y macro
miniaturas del mundo que los rodeaba.
serían las «excepcionalldades» (personas ~ acon­
Las ideas básicas acerca de este tipo de meto­
importantes) y (<normalidades» (per­
dología de la investigación histórica había sido ya
sonas o acontecimientos que representan a un gru­
revelada en su malograda disertación de 1928. En
po más amplio). Normal y excepcional son con­
su prefacio crítico metodológico, Benjamin se re­
ceptos relevantes también para describir las ideas
firió a Leibniz y su concepto de mónada. «La
usadas en la definición de las micro fundaciones
es una mónada lo que, en resumen, significa: cada
de la macroteoría económica. Recientemente,
idea contiene la imagen del mundo».29 En la más
Robert Solow expresó su insatisfacción respecto a
abarcadva, pero desafortunadamente
la situación donde los micro actores de los proce­
fragmentada parte epistemológica del manuscri­
sos económicos son ora «... un único agente repre­
tO de París, Benjamin continúa su pensamiento
sentadvo que vive para siempre, o quizás un gran
monadológico. Está imeresado en «... sólo lo tri­
número de agentes inmortales idénticos».31 Solow
vial, la basura». Para él, «.. .la historia se
está buscando modelos con agentes heterogéneos.
en imágenes, no en relatos» y la cuestión es « .•
La típica microunidad en economía es el conocÍ­
tectar el cristal del acontecimiento total en el
lisis del momento pequeño, individual",30
e=!,...,-----­
~------

29 BENJAMIN, Walter The Origin of German Drama, Ph¡!osphy: Aesthetícs, History, Uníversity of Chicaoo Press, 1989,

pp. 47, 67 Y 48. "

Verso, 1977, p, 48.

30 BENJAMIN, Walter "N [Re the

3150LO\v, Robert A1onopo/istic Competition and

Mac/'oecollomlc Theo/'y, Cambridge, 1998, p.l O.

Theory of Progressl», In SMITH,

96 ENSAYOS SOBRE >'lICROHISTORIA INDICIOS, MARGENES Y MÓNADAS ... 97

do concepto de Alfred Marshall «the represen­ luto, son utilizadas categorías más concretas. Ade­
tative firm». más, la discusión histórica está más orientada
En sí mismas, estas categorías de lo <<normaL> metodológicamente, mientras que en las otras
y lo «excepcional» no tienen nada de estimulan­ ciencias sociales se discuten teorías (o sus modos
tes, pero cuando comparamos las discusiones de de conceprualizar).
los historiadores con las producidas al interior de
las otras ciencias sociales, la diferencia es muy lla­ 2.- N o hay correlato en las ciencias sociales
mativa. Las investigaciones históricas utilizan con­ para la discusión sobre indicios, márgenes o
ceptos mucho más concretos y, desafortunada­ mónadas. Quizás algunas líneas de investigación
mente, parecen no estar para nada concientes de se acerquen, pero son sorprendentemente más
que lo se discute es la relación micro-macro. De concretas que en la investigación histórica. Pode­
todas maneras, la idea de un doble vínculo como mos mencionar, por ejemplo, la idea ya expresada
lo «exceocional normaL> es totalmente nuevo para
L
por Émile Durkheim, de considerar los suicidios
las ciencias sociales. Además, pienso que pode­ como un indicador de la salud de una sociedad o
mos introducir como sub grupos de esta categoría comunidad. Además, muchos de los conceptos
los microenfoques descriptos más arriba (indicios, utilizados en la discusión científica sobre la rela­
márgenes y mónadas) y compararlos con la discu­ ción entre los niveles micro y macro parecen in­
sión en las ciencias sociales acerca de las microfun­ dicar que se necesita una tercera substancia. Pala­
daciones de la macro teoría. bras como «vínculo», «nexo» o «fundación» indi­
can la materialidad de la conexión como espacio,
1.- Como en el caso de «excepcional» y «nor­ o un tercer elemento existiendo entre estos nive­
mal» incluso estos conceptos (indicios, márgenes les. El hecho de que la naturaleza de este «tercen>
y mónadas) pueden ser distinguidos por su ca­ elemento no esté definida, da la impresión de
rácter concreto. Cuando se discute la relación abstracción y generalidad.
micro-macro, las ciencias sociales están utilizan­
do de manera similar muchos conceptos abstrac­ 3.- Es interesante advertir cómo varias ciencias
tos que de alguna manera son más universales. sociales, incluso la historia, han comenzado a for­
En las discusiones historiográficas, si la impor­ mular sus propios conceptos para analizar la co­
tancia de esta relación no es reconocida en abso­ nexión entre 10 micro y lo macro al mismo tiem­

----~----
98 El"SAYOS SOBRE MJCROHISTORIA

po. te desarrollo paralelo en cuestiones DE LA «MICROHISTORIA LOCAL» (MEXICANA) 11


metodológicas nos está indicando algo, porque las a la
conceptualizaciones han sido muy diferentes. Esto «ÑIICROHISTORIA DE ESCALA» (ITALIANA).
muestra que los estudios históricos, al menos en
cuesLÍones metodológicas, consLÍtuyen un modo
CARLOS A. AGUIRRE ROJAS
de investigación independiente y original. Aun­
que fácilmente puedan percibirse influencias de
las otras ciencias, está claro que al menos los con­ «No hay razones, excepto las de una tra­
ceptos, tienden a ser típicos para «una» ciencia. dición filosófica nunca revisada, para suponer
que menos generalidad sea lo mismo que me­
4.- La comparación con las otras ciencias so­ nos valor epistemológico o científico».
ciales puede también brindar una nueva compren­ Norbert Ellas, 1986.
sión sobre el significado del «advenimiento de la
nueva microhistoria». No fue sólo (o no del todo)
el «renacimiento de la narrativa», o el «renaci­
miento de la historia de las mentalidades);, aun­ j
.
o~·.encionar hoy en México, dentro de
. la comunidad de historiadores, el
que también hubo algo de esw. En este artículo ", término de I<microhistoria» es sus­
he tratado de mostrar que significó nuevas mane­ citar de inmediato una posible confusión. Porque,
ras para descibir y analizar la relación macro-micro desde los años 19705. y hasta hoy, y cada vez con
(conexión de acontecimientos o personas con la más fuerza, el término de microhistoria, se fue
estructura) desde el punto de vista metodológico. asociando, progresivamente, al proyecto y al mo­
Además, este enfoque -en el que se comparan delo de historia defendido y explicitado por el
las discusiones sobre la relación macro-micro en historiador mexicano Luis González y González,
historia y otras ciencias sociales- ha mosuado modelo que encuentra su expresión y aplícación
que la idea postestructuralista de la imponancia paradigmática en el hoy bien conocido libro de
de las discontinuidades no ha sido tan relevante o este autor titulado Pueblo en vilo. 1
fértil en este punto.

; Cfr. PuebLo en vilo, FCE, México, 1968. De esta fecha data la

[99J
100 EKSAYOS SOBRE :"lICROHISTORIA
DE U\ «MICROHISTORIA LOCAL" ;yIEXICAKA A LA... 101

y sin embargo, sí al evocar el término de micro­


Así, es el mismo Luis González y González el
historia, uno tiene en la mente a la importante y
para definir su versión lo que es la micro-
cada vez más difundida corriente historiográfica
historia, va a recurrir a la "historia anticuaria» de
de la micro historia italitma, está pensando en un
Nierzche, afirmando que esta última « .•. es la
proyecto intelectual que de hecho, se sitúa real­
Cenicienta del cuento». Y luego, describiendo los
mente en las antípodas absolutas de esta "micro­
rasgos y raíces de esta microhisroria agrega «... fluye
historia» de Luis González y González.
manantial humilde; se origina en el corazón y
Porque al acercarse con cuidado a las reflexio­
en el instinto. Es la versión popular de la histo­
nes y a la caracterización que el propio Luis
ria, obra de aficionados de tiempo parcial. La
González y González ha hecho de esta misma
mueve una intención piadosa: salvar del olvido la
«micro historia mexicana", resulta fácil descubrir
parte del pasado que ya está fuera de uso. Busca
que en ella se trata, fundamentalmente, de un
mantener el árbol ligado a las raíces. Es la que
claro y explícito retorno hacia los horizontes y ha­
nos cuenta el pretérito de nuestra vida diaria, del
cia el universo de la muy antigua y ampliamente
hombre común, de nuestra familia y de nuestro
difundida rama de la historia local. Un retorno
rerruño». Para rematar con la frase: «su manifes­
que, por lo demás, no es concebido como una sim­
tación más espontánea es la historia pueblerina o
ple vuelta atrás, desde el nivel de la historia. gen~­ microhistoria o historia parroquial o historia
ral y de los modelos más globales sobre la hIstOria matría»,
de México, hacia la tradicional historia local y
regional, sino más bien como una reivindicación ~~----------­

saludable de la necesidad de regresar a ese plano , Cfr. En panicular el articulo «Teoría de la microhisrotia» en
de la hisroria local y de ámbitos espaciales más el libro Nueva invitación a La microhistoria, FCE, México, 1982,
D. 33. Una idea simílar puede verse en el pequeño libro Otra
restringidos, como salida al agotamiento y a la invitación a la microhistoría, FCE, México, 1997, en donde se
relativa falta de renovación de esas mismas histo­ equipara explícitamente a la microhistoria mexicana con, por
ejemplo, la "Local Histoty» inglesa o también con la «Perite
rias generales. Histoire» ftancesa, señalando sin embargo los inconvenientes
de esas denominaciones, pero insistiendo en la idea de que
más aliá de su denominación, esa historia local o microhisroria
·.se ha ejercido sin el 'nombre justo' ... durante dos mil años»
(Cfr. Op. cit, p. 15), afirmaci6n que nos ilustra claramente
edición original aunque el libro ha sido reeditado muchas veces, respecto a la idea del propio Gonzáiez y Gonzáiez en cuanto
y en alguna ocasión en grandes rirajes hasta el día de hoy. a la microhistoria mexicana como simple nueva versión de esa
:mriquísima historia local.
102 ENSAYOS SOBRE MiCROHISTORIA DE LA «M1CROHISTORL" LOCAL» MEXICANA A LA... 103

Con lo cual, resulta claro que esta microhístoria Con lo cual, es pertinente afirmar que la
mexicana es, en su esencia, una explícita llamada microhistorÍa italiana está en las antípodas de esta
para regresar al cultivo y al desarrollo de la histo­ microhistoria mexicana. Pues si esta última es en
ria local. Una llamada que, dentro del contexto lo esencial, sólo una nueva versión de la antigua
de profunda renovación historiográfica que vivió historia local, versión sofisticada y complejízada
México después y bajo los benéficos efectos de la con algunas de las técnicas y los métodos
importante revolución cultural de 1968 3 parece­ historiográficos desarrollados en los años 1950s.
ría haber sido muy bien escuchada, atendida y y 19605. por la historia demográfica, por la his­
respondida por todo un cierto sector de los histo­ toria de la vida cotidiana, etc., la microhistoria
riadores mexicanos de las últimas tres décadas. italiana, en cambio, es un complejo proyecto in­
Pero, si bien es claro que no es el llamado con­ telectual que solamente utiliza el nivel de lo «lo­
tenido en la obra de Pueblo en vilo ni en los traba­ cal» o de lo «regional» como simple y estricto «es­
jos de Invítación a la microhistoria y Nueva invita­ pacio de experimentación».
ción a la rnicrohistoria el que provoca el importan­
te auge de la historia regional y local mexicanas
posteriores a 1968, también es cierto que dicho
la historia local y regional mexicana por otro, son simplemen­
auge va a corresponderse parcialmente y a soste­ te sendas expresiones de un proceso más global. que rebasa a
ner en parte a la creciente y progresiva difusión México y que abarca a toda América Latina y que condensa
de esa misma «microhistoria» proclamada y de­ los efectos de la Revolución Cultural de 1968, en nuestro
subcontinente, bajo la forma de un intenso desarrollo de una
fendida por el historiador Luis González y original y muy pujame historia regional. Desgraciadamente,
González. 4 falta todavía la o personas que extraigan las lecciones
generales merodológicas e historiográficas- de esta
imponente producción de historia regional latinoamericana
de las últimas tres décadas, producción que sin duda singula­
riza a nuestras historiografías, frente a otras hisroriografías del
3 Al respecto Cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas "Los efectos
mundo occidemal. Sobre la fuerza y desarrollo de esta histo­
de 1968 en la historiografía occidenta)" en re\·isIa La
ria regional latinoamericana, Cfr. el articulo de Alan Knight,
No. 3, México, 1998, artículo en donde imemamo$ ubicar
«Latinoamérica: un balance hisroriográfico» en la revista His­
coordenadas de ese conrexto poS( 68 en el mundo
toria y Grafía, num, 10, México 1998, o también el de Susana
occidental, y sus efectos generales en las historiografías de
Bandieri, "Emre lo micro y lo macro: la historia regional.
todo el occidente.
Síntesis de una experiencia)) en revista Emrepasados, num, 11,
Viéndolo en una perspectiva temporal más amplia, es evi­
Buenos Aires. 1996, por mencionar sólo dos ejemplos de en­
dente que tanto la 'obra como el proyecto de «microhistoria»
tre los muchos posibles.
de Luis Gomález y González por un lado, y el auge enorme de
104 SOBRE \HCROHISTORIA DE «MlCROHISTORIA LOCAL» MEXICANA A LA... 105

Es decir que la microhistoria italiana no es, reducir la de observación con fines expe­
en contra de lo el término «micro» podría rimen tales». 5
equivocadamente evocar, una hisroria de micro­ Y sin embargo, tanto la mÍcrohistoria mexi­
espacios o de microregiones o de microlocali­ cana como la mÍcrohisroria italian.a recupera­
dades, -es decir una historia local o de do y luego popularizado, en el ámbito sus res­
cios pequeños y reducidos- sino más bien una pectivos ámbitos nacionales, y para el caso de la
nueva manera la historia que, entre microhistoría italiana en el ámbito europeo y luego
sus procedimientos principales, reivindica el de todo el mundo occidental, el término de
'cambio de escalas' del nivel de observación y de «microhístoria» que por lo demás ellos no
estudio de ¿os problemas históricos, y por lo tan­ taron. 6 Y también, ambas micro historias son hi­
to, utiliza el acceso a los niveles «microhístó­
ricos» -es decir a pequeñas o reducidas ~~,------

de observación, que pueden ser locales, pero 5 Sobre estas citas cfr. el artÍculo de Gíovanní Levi, «Sobre la
también individuales o referidas a un fragmen­ microhistoría)}, en el libro Formas de hacer historia, Alianza
Editorial, Madrid, 1993, pp.122 124. Giovanni Levi ha sido
to, una parte o un pequeño de una aún más explícito de J a entre la historia local y
realidad cualquiera- como espacio de experi­ la microhistoria italiana en entrevistas. Así, dice por
ejemplo: "La micro historia no nada que ver con la histo­
mentación y de trabajo, como procedimiento ria local. Es decir, se puede hacer microhistoría de Galileo
metodológico para el enriquecimiento del aná­ Galilei o de Pie ro della Francesca ... la hisroria local es otra
lisis histórico. Giovanni Levi es muy explícito cosa distinta, la historia local estudia una localidad ... en este
sentido, no diré nunca microhistoria o historia local, son dos
cuando afirma: «la microhistoria en cuanto cosas totalmente distintas, yo me ofendería mucho
práctica se basa en en la reducción de si fuese considerado un local. Los dos pueblos a
los que en particular he dedicado muchos años, son dos pue­
la escala de observación, en un análisis micros­ blos que considero sin interés, de los que no he escrito
cópico y en un estudio intensivo del material la historia. He escrito una en ellos». (Cfr. entrevista
documenta]", pero para aclarar de inmediato <<Antropología y microhistoria: conversación con Ciovanni
Levi,) en i'vfanuscrits No. 11, enero 1993, pp. 17 Y 18. Levi
«para la microhistoria, la reducción de es­ insiste en esta distinción, también en otras dos entrevistas que
cala es un procedimiento analítico aplicable en son "I! piccolo, il grande e il piccolo)), Aleridiana, No. 10,
1990, pp 223-224, Y en "La microhistoria italiana», en La
cualquier lugar, con independencia de las dimen­ Jornada Semanal, No. 283, noviembre de 1994, p. 36.
siones del objeto analizado») agregando que «el 6 Cario Ginzburg ha revisado acuciosamente la historia del tér­

auténtico problema reside en la decisión de mino "microhistoria" en su artículo "Microstoria: due o tre cose
che so di lei)), en la revista Quaderni XXlXc~
106 ENSAY05 S08RE .\ilCROHISTORIA
DE Lr. «,'vllCROHISTORL.l, LOCAL" :vlEXiCANA A LA... 107

jas de los efecros culturales e historiográficos des­ Las raíces y el contexto de origen de la
atados por la Revolución Cultural de 1968, microhístoria italiana.
plegando sus respectivas curvas de vida en el mis­
mo lapso temporal de las últimas tres décadas. Lo No es posible entender originalidad y la na­
que sin duda explica que, en México, la evocación turaleza específica del aporte que ha represen­
del término se preste a confusión. tado la corriente la microhistorla italiana,
Pero también, subraya el de que, sólo si no la ubicamos dentro del contexto general
historiadores poco atenws o poco informados de producido por la enorme revolución cultural
los principales desarrollos recientes de la histo­ planetaria de 1968, cuyos impactos se han he­
riografía mundial, puedan llegar a confundir la cho sentir en la historiografía, como también
mícrohistoria italiana con la microhistoria mexi­ en toda la cultura del mundo occidental de las
cana. Pues la diferencia clara y profunda que existe, últimas tres décadas. 7
de un lado entre una versión más o menos sofisticada Porque, a treinta años de distancia, resulta cla­
de la antigua y tradicional historia local e incluso ro que 1968 representó también, entre tantas
regional, y del otro al complejo recurso del procedi­ otras cosas, la crisis de los modelos generales y
miento metodológico del «cambio de escala» y el abstractos que, habiéndose desplegado exitosa­
acceso al nivel de lo «micro» como un lugar de expe­
~ .........

rimentación historiográfica, es una diferencia que no


puede escapar a la mirada cuidadosa de cualquier 7 Sobre la caracterización de 1968 y sus impactos en la cultura
y la hlSwrIografía posteriores Cfr. Fernand Braudel «Renaci­
historiador actualizado respecto del estado general miento, Reforma, 1968: revo:uciones culturales de du­
de los desarrollos y de las corrientes de la historio­ raci,óm (entrevista a ,a revista L'Express, noviembre de 971)
grafía más contemporánea. en La Jornada Semanal, numo 226, México, octubre de 1993,
Immanuel Wallersrein, ,<1968: revolución en el sistema-mun­
do. Tes!s.e interrogantes", en revista Estudios socío16gicos, No.
20, Menco, 1989, Francois Dosse, "Mai 68, les effets de
I'Histoire sur en revista Cahiers de !'IHTP, numo
11, París, abril de 1989, "Mai 68, mal 88: les ruses de la
ralson» en revista EJpacesTemps, numo 38-39, París, 1988, así
~_ .. _-~
como nuestros arrículos, Carlos Amonio Agulrre ,,1968:
agosto de 1994. En este artículo, también Ginzburg caracteriza a la gran ruptura,), en La Jornada Semanal, numo México
la "microhistoria mexicana» como una simple variante de la his­ oct~bre de 1~93, "Los efectos de 1968 en la híswriografl~
toria /.ocaL, estableciendo su distinción radical con el proyecto occ.ldentaJ,), Clr. «Repensando los movimientos de 1968", en
intelectual de los microhistotiadores italianos. el lrbro 1968. Rafees y razones, Universidad Autónoma de Ciu­
_ ...~_._-==~"""=~:..::::.Juáre~(:d.Juir.eZu..19CJ..'J -~-_.~_...._._
DE LA «MíCROH1STORIA LOCAL» MEXlCANA A LA... 109
ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA
108
acompasa y empalma espontáneamente con el
mente dentro de las ciencias sociales europeas proceso evidente de «irrupción de la diversidad»
durante los años 1950s. y 19605. como esquema que también representaron en todo el mundo los
de aproximación a los problemas y a las temáticas movimientos de 1968.
abordadas por los científicos sociales, fueron va­ Ya que 1968 rompió con casi todas las «cen­
ciándose de contenido y perdiendo cada vez más, tralidades» que parecían inconmovibles en los años
tanto su capacidad explicativa como su fundamen­ anteriores, liberando y haciendo aparecer en la
to nutricio oriainario,
0
derivado de la rica y múl­
, escena social a una diversidad de actores, deman­
tiple investigación empírica de los caso~, 1as, SI­ das, realidades y procesos hasta ese momento
tuaciones y las realidades sociales e hlstóncas marginados u ocultos. Y entonces, es a partir del
particulares, final de los años 19605. que surgen y se afianzan
Una crisis de estos modelos generales, tanto los nuevos movimientos sociales, con demandas
funcionalistas como estructuralistas e incluso que no son ya sólo económicas o políticas, sino
«marxistas» -de un marxismo que, por lo demás, también eco~ogistas, pacifistas, feministas,
era un marxismo simplificado, manualesco y muy antirracisras, o de defensa de la identidad y de los
' .
lejano de1 ver d a d ero espmtu M a,rx 8 se
1
derechos de las más distintas minorías, grupos o
actores sociales. Irrupción de demandas y
G=l""- - - - - ­
de lucha culturales o sociales, reivindicación de
B En este sentido del agotamiento de los «m?delo~ generale~"

vaciados de contenido y reducidos a esq~emas. Slmp1it1cados de .a la igualdad y visibilidad de las mujeres, cuestio­
realidad, vale la pena volver a revisar el libro pionero de J?afl Paul namiento de la lógica productivista-destructiva del
Sartre Critica de la razón dialéctica. Allí, Sartre ya a entrentar a
esos marxistas ya sus modelos empobrecidos que pen­ medio ambiente y de los ecosistemas, defensa del
saban oue, a Flauberr, bastaba con deCir era un derecho a la diferencia, búsqueda modelos pe­
«pequeÍio de la época del segundo impeno. . como dagógicos alternativos o reivindicación de los
hubo decenas mites de esos burgueses y solo uno fue
Gustave Flaubert y sólo lino La educación sentimental, ese múltiples caminos y esquemas civiliza torios to­
modelo de explicación no basra. De este modo, Sartre . mados por los grupos humanos, que desmontan
una de las críticas recurrentes de todos los mícrohlStonadores
italianos a esos modelos generales, constituyéndose en uno de sus y cuestionan radicalmente a las viejas centra­
antecedentes intelectuales imporeames, aunque en un ar: tece­ lidades y hegemonías de io económico-político,
dente no explicito y no asumido co~scíentemente eso: mismos
microhistoriadores. Sobre la relaCión entre esa de los mo­
de la clase obrera como único sujeto revoluciona­
delos generales yel nacimiento de la mi~rohistOria véase el rexto rio, de la lógica y el monopolio machista y pa­
de Carla Ginzburg ya citado "MICrostona: due o tre cose che so
di leí», cit., pp. 517-521.
110 ENSAYOS SOBRE MICRO HISTORIA DE LA "MICROHISTORIA LOCAL» MEXICANA A LA... 111

triarcal, de la discriminación racista y étnica, o .:ido a simples relatos con pretensiones de ver­
de un tipo de familia, de educación o de civiliza­ dad-, un relativismo que renuncia explLita­
ción considerado como superior respecto a los restantes. mente al carácter científico del conocimiento
Una florida irrupción de lo diverso y una con­ histórico y reduce el resultado del trabajo del
comitante crisis de los centros y las hegemonías historiador a su sola y específica dimensión na­
establecidas, que necesariamente se proyecta tam­ rrativa. Falsa alternativa posmoderna que, no ca­
bién sobre esos modelos generales y abstractos ­ sualmente, será duramente criticada y desmontada
construidos, en el necesario proceso de abstrac­ en sus supuestos e implicaciones metodológicas prin­
ción que los soporta, sobre la atención privilegia­ cipales por los más importantes representantes de la
da en torno de esos actores, o demandas, o ten­ microhistoria italiana. 9
dencias, o realidades consideradas como «centra­ Frente a esta primera respuesta posmoderna,
les», o «fundamentales» y por lo tanto excluyentes que era un verdadero callejón sin salida para los
de esa diversidad y multiplicidad sólo reconocible historiadores confrontados a esta crisis de los
en el ámbito de lo «oarticular»-
>
como cuestio­ modelos generales, la micro historia italiana va a
namiento de sus límites explicativos y como re­ ensayar otro camino, completamente diferente, que
cordatorio urgente y necesario de que dichos mo­ consiste en propugnar el retorno a lo «micro» y la
delos son sólo abstracciones construidas de esa vuelta a la historia viva y vivida por los hombres,
misma rica y multiforme realidad particular. mediante el cambio de escala, pero sin renunciar
Crisis de los modelos generales en ciencias en ningún momento a la necesidad e incluso al
sociales que tuvo una primera falsa salida en el
~C<o-'------
desarrollo de las múltiples posturas posmo­
dernas desplegadas también después de 1968. 9 Al respecto cfr. las agudas crIticas de CarIo Ginzburg a las
posiciones de Hyden White en sus artículos "Provas e
Una falsa y cómoda salida que consistía sim­ possibilidades a margem de dI ritorno de Martin Guerre» de
plemente en negar la validez, e incluso la posi­ Natalie Zemon Davis» y "Exphrasis e citacao" en el libro A
bilidad misma de construir modelos «genera­ micro-/Jistoria e Olmos ensayos, Dife!, Lisboa, 1989 y también
en sus artículos "Solo un testigo» en revista Historias, numo
les», a los que calificó de simples «metarelatos» 32, México, 1994 y "Revisando la evidencia: el juez y el histo­
y frente a los cuales lo que se defiende es un riador» en revista Historias, numo 38, México, 1997. V éanse
también las críticas de Giovanni Levi a las posturas
relativismo total de las posiciones y del cono­
posmodernas en su articulo "Sobre la microhistoria" ya citado
cimiento historiográfico -en esta óptica redu­ y en su artículo ,,1 pericoli del Geertúsmo», en la revista
Quaderni Storici, numo 58, año XX, 1985.
112 ENSAYOS DE LA «MICROHISTORIA LOCAL» MEXICANA A LA", 113

rol fundamental del plano general. Por eso, hecho de que la propuesta mÍcrohistórÍca haya na­
Ginzburg va a definir la búsqueda de la cido y se haya desarrollado en Italia, y no en ningu­
corriente italiana, definiéndola como un proyec­ na otra parte del mundo, nos acercamos también a
to cuyo objetivo sea la construcción de (,un para­ ese contexto historiográfico particular que ha sido el
digma general capaz de explicar los casos indivi­ espacio de origen de esta corriente historiográfica
duales y cualitativos, sin reducirse a la casuís­ que ahora analizamos.
tica»,10 es decir restituir nuevamente el esen­ Entonces, resulta claro que la mÍcrohistoria ita­
cial de lo particular, de las realidades diversas cuyo liana se inscribe dentro de un proceso más vasto,
intento de explicación concreta genera j ustamen­ que la rebasa y subsume pero que la sobredetermina
te la construcción de esos modelos generales, pero e impacta igualmente, y que es el proceso ya men­
sin abandonar o rechazar la imprescindibilidad y cionado de despliegue de la historiografía de la
la relevancia de esa dimensión de lo nínsula italiana como renovada y estricta historia
Poniendo entonces en el centro su propuesta social. Un proceso que todas las historiografías del
historiográfica general, una novedosa forma de re­ siglo veinte han tenido que cumplir, más tarde o
cuperación de la compleja dialéctica entre esca­ más temprano, y que en Italia se retarda claramente
las macrohistóricas y microhistórÍcas de la realidad por la irrupción del fascismo y por el posicionamiento
social, los mÍcrohistoriadores italianos van italia¡lo dentro de la Segunda Guerra Mundial. Pero
a lograr consolidar y afirmar de manera definitiva el como es bien sabido, en Italia el fascismo será venci­
tránsito de la historiografía italiana hasta su condi­ do por una profunda y organizada resistencia social
ción como verdadera y estricta historia social. Ya que popular, lo que determinará el hecho de que, al salir
al preguntarnos sobre las razones que explican el la Segunda Guerra Mundial, la tarea inmediata a
cumplir por los historiadores será la de ese tránsito
~.,.,------
masivo y generalizado desde los espacios de la
lü Cfr. el brillanrfsimo aniculo de Cario Ginzburg "Indicios, historiografía jurídica, política, y de la filosofía de la
Raíces de un paradigma de inferencias indiciales", en el libro
Mitos, emblemas, indicios, Ed" Gedisa, Barcelona, 1994. Val·
hasta los nuevos territorios de la historia
dría la pena ver también, en esra misma y compleja .ínea de social y cultural. II
invesrigación el muy imeresame debate que suscitó posrerior­
menre este artículo y de. cual es só:o una pequeña muestra la
transcripción recogida en la revista Quaderni di Storia, num,
12, año VI, 1980, Lamentablemente no podemos detenernos en 11 Cfr. los artículos de Daniela Coli «Idealismo e marxismo
este artículo en el análisis que ameritaría este ensayo excepcional. nella italiana deglí ani '50 e '60», de Alberto
114 ENSAYOS SOBRE ),llCROHISTORIA DE LA «MICROHISTORIA LOCAL» :\1EXIC,>\KA A LA.•. 115

Un tránsito no sólo la excepcional ::1icrohistoria iraliana se ha formado y afianzado


difusión y aceptación, en la Italia de los años icntro de un clima altamente receptivo al tipo de
1950s. y l%Os., del conjunto de trabajos yapor­ ~istoria económica, demográfica, social y cultu­
res producidos en esos años por la corriente de ,al que ella va a desarrollar. Y que también, expli­
los Annales,12 sino también el hecho de que la ca el hecho de que algún autor haya caracterizado
a esa microhistoria italiana como el simple «ca­
~~,-------------
mino italiano» hacia esa misma historia social.
Caracciolo "La storiografía italiana e il Pero la micro historia de los historiadores ita­
Pasquale Villani "La vicenda della
conrinuÍta e frarrure}) todos incluidos en el libro La lianos, siendo sin duda parte de la nueva historia
contemporanea. Indirizzi Il Milán, social de la península, y alimentándose de la mis­
y también el artículo de ma, va mucho más allá de ella, al conformarse
l'histoire social e
revista Geneses, numo 3, como una propuesta metodológica original y como
Luigi Masella, Passato e presente nel una nueva vía del análisis histórico, que no ca­
Donano, Bari, 1979.
12 Falta un trabajo satisfactorio
sualmente ha desbordado los límites de la penín­
presencia y esa red de lllllU<;r¡Cla> sula itálica para difundirse con fuerza en Europa
ses en Italia. A la espera y en el resto del mundo occidental durante los
desarrollos inreresantes
Mastrogregori, El manuscrito últimos cuatro lustros.
México, 1998. También el artículo Ginzburg y CarIo Así, resulta difícil entender esa originalidad y
Poni "El nombre y el cómo: intercambio desigual y mercado
historiográfico», en revista HÍJ'toria Social, numo 10, Valencia, de la propuesta micro histórica, si no con­
1991, Maurice Aymard "Impact of the Annales School in sideramos ciertos datos que son característicos y
Mediterranean Countries» en Revíew, Vol. 1, No. 3í4, 1978, singulares del contexto italiano de los años 19505.
«LItalia-mondo nell'opera di Braudeb, Crítica A1arxista, No. 1,
1987, «La storia inquieta di Fernand Braudej", Passato epresente,
No. 12, 1986. Por ejemplo, hasca hoy, nadie ha subrayado el
hecho de que Fernand Braudel, protagonista esencial de esos
Annales de los años 19 50s. y 1960s., tenía relaciones importantes «el azar ha querido mis libros se lean, sin duda, más en Italia
y mas o menos permanent~s de intercambio y colaboración con en Francia. No demasiado bien por qué razones». (cfr. esta
Federico Melis, con Federico Chabod, con Franco Venturi o con en el libro Ecrits sur f'hístoire JI, Arthaud, Paris, 1990,
Delio Canrimori, y también que ha tenido como discípulos en p. 285). En nuestra opinión no se trata de un azar y la razón que
sus seminarios parisinos a Ugo Tucci, a /Ilberto Tenenti, o a ésto es ustamente estas transformaciones de la
Ruggiero Romano, entre muchos otrOS, en una red que cubría aquí eStan10S solamente evocando de
prácticamente los centros principales de la innovación historiográfica Se trata sin embargo de una línea de
y de los desarrollos más importantes de esa historiografía italiana y que valdría la pena desarrollar mucho
de la segunda posguerra. Lo que ha llevado a decir a Braudel que

-
116 ENSAYOS SOBRE MICROH1STORiA
DE LA «MJCROHISTORiA LOCAL" MEXJCANAA LA... 117

y 1960s. y que aluden, en un caso a dos situacio­


nes coyunturales de esa Italia de la segunda post­ - J.:,'a asimilación y síntesis sería imposible tam­
guerra, y en el ouo a reaiídades de larga duración :-i¿n entender a esta misma corriente de la micro­
~istoria italiana. 13 Una variedad y enorme multi­
de la historia italiana, que en esa misma coyuntu­
ra de postguerra se han manifestado también como plicidad de las distintas «fuentes» o «raíces» inte­
elementos importantes y definitorios de esa mis­ lectuales en que se apoya la propuesta microhis­
ma microhistoria. rótica que es el fundamento evidente de sus com­
En primer lugar, la riqueza y la complejidad plejas visiones acerca de la dialéctica macro/micro,
de la visión microhistórica no se puede entender de la definición misma de lo microhisrórico y de
sin considerar la situación coyuntural de extremo lo macrohistórico, de su construcción progresiva
cosmopolitismo cultural que Italia ha vivido en esos de la noción de cultura y de un nuevo modelo de
años de la coyuntura que corre entre 1945 y 1968 historia cultural, lo mismo que de su renovación
aproximadamente. Pues como fruto de la relativa pro.funda de la hisroria económica, demográfica y
declinación que la historiografía italiana ha vivi­ SOCial en las que ha incursionado. Complejidad
do, luego del brillo de los trabajos de Benedetto sus visiones y propuestas teóricas, metodoló­
Croce y de Antonio Gramsci entre otros, los his­ gicas e historiográficas que ha llevado a un histo­
toriadores de la península se han dedicado a asi­ riador francés a decir que el lema de esa microhis­
milar todo y a aclimatar todo dentro de su paisa­
je historiográfico, recuperando lo mismo a la co­
rriente de los Annales que a los autores de la es­
cuela de Frankfurt, a los resultados de la historio­ 13 Para darse cuen~a de este cos;nopolitismo excepcional, bas­

grafía socialista británica y a la antropología ta ver las referenCIas a pIe de pagina o contenidas en los ensa­
y?S de Edoardo Grendi: Giovanni Levi o Carlo Ginzburg. Por
anglosajona, lo mismo que a sus propias tradicio­ ejemplo, es bl~n conOCido el enorme trabajo de recuperación
nes italianas y a las más diversas corrientes y au­ que Edoardo Grend¡ ha llevado a cabo para introducir dentro
de los debates de la cultura italiana a un conjunto importante
tores de la historia del arre, de la crÍrÍca literaria o d.e los aportes de la antropología anglosajona y en general de
de la antropología de los diferentes países de ciertos autores relevantes del pensamiento social analosajón
ropa. Una apertura cosmopolita acendrada hacia como por ejemplo Norbert Elías, Karl Polanyi, Edward I{
Thompson o Fr,ederi~k Banh, entre otros. Al respecto pueden
los últimos desarrollos del pensamiento crítico ve~se Edoar~o G~end¡, Polanyi. Dall'antropologia economica alfa
dentro de las ciencias sociales contemporáneas, sin mzcroanalw stortca, Etas Libri, Milan, 1978, así como su com­
de textos L'antropologia economica Giulio Einaudi
1972. "
-----~._-~._-
118 ENSAYOS SOBRE 1\lICROHISTORIA DE LA «MICROHISTORIA LOCAL" MEXICANA A LA... 119

toria italiana es ¿por qué hacer las cosas simples si se la cultura de las clases oprimidas, de la forma­
pueden hacer de una mane¡'a compl~ja?l;' y funcionamiento de los mercados en los orí­
En segundo lugar, es claro que prácticamente del capitalismo, de la historia de la forma­
todos los representantes de la microhistoria ita­ ción de las élites y las clases dominantes o del
liana se encuentran ubicados en posiciones polí­ papel de los saberes «indiciarios» propios de las
ticas o ideológicas de izquierda, insertándose de clases populares en la historia, entre tantos otros.
múltiples maneras en el abanico de tradiciones y Una toma de posición abierta dentro de las fi­
filiaciones culturales esa Italia de la segunda post­ las de la historiografía critica contemporánea que
guerra, pero siempre dentro de emplazamientos que además de estar a la base del carácter profunda­
cuestionan a la sociedad existente, y que denuncian­ mente innovador y revolucionario de las tesis micro­
do su carácter injusto y explotador, reivindican la históricas, explica en parte tanto el espectro de
necesidad y la del pensamiento necesaria­ sus filiaciones intelectuales específicas antes alu­
mente crítico dentro las ciencias sociales. 15 didas, como su vasta difusión fuera de Italia, en
U na ubicación ideológica en perspectivas de los espacios de la historiografía europea y occi­
izquierda que no sólo explica el ya mencionado dental -e incluso, más recientemente, también
distanciamiento a las posiciones y las falsas Japonesa.
salidas postmodernas, sino también el hecho de En tercer lugar, y junto a este cosmopolitismo
que los autores microhistóricos sean cultural acendrado ya esta clara vocación de izquierda
promotores la nueva historia social italiana, de esta historiografía italiana de la segunda post­
abordando temas de historia de la clase obrera, guerra, se encuentran también dos estructuras sub­
yacentes de larga duración, que manifestándose tam­
bién con fuerza en estos años 19405., 1950s. y
1960s., recién vividos, van a contribuir a definir los
" Cfr. la referencia en el artículo ya citado de Giovanni Levi
"Sobre la microhistoria,), p.142, y ía referencia que es perfiles específicos proyecto microhistórico. Dos
una afirmación del historiador francés Jacques en su estructuras que si bien han estado presentes a lo
cio «Lhistoire au ras du so)" al libro de Giovanni Levi go de siglos y siglos, van a reactualizar justamente
pouvoir au vi/lage, Gallimard, Paris, 1989.
Jj Sobre esta filiación de izquierda de la microhistoria italiana su presencia y su impacto dentro de la cultura
basta revisar los testimonios explícitos tanto de Giovanni Levi en liana, después del fin de la segunda guerra y justa­
su "Entrevista a Giovanni Levi" en Estudios Sociales, numo 9,
Santa Fe, 1995, como de Cario Ginzburg en "Carlos mente como consecuencia de su irrupción.
~"",a _ _~_-_ .. ~._~. - _ ..............- ~- ----­
120 ENSAYOS :VHCROHISTORJA DE LA ":VilCROHlSTORL~ LOCAL» MEXlCANA A LA... 121

La primera de estas arquitecturas de larga du­ historiografía italianas, que explica en parte la
ración es la profunda y muy ampliamente difun­ construcción de la micro historia italiana. Pues
dida densidad histórica general del espacio que hoy dentro de ese espacio «lleno de historias» es
conocemos como Italia. Una densidad histórica Italia, resulta más fácil aprehender esas múltiples
extraordinaria que se percibe ya de inmediato con «escalas» de la realidad histórica cuyo juego e
sólo recorrer la ciudad de Roma y toparse a pocos interrelación están en el centro de la propuesta
metros de distancia con presencias y monumen­ microhistórica. Y así, el paso de los distintos pla­
tos que nos resumen en unos cuantos kilómetros nos «macro históricos» a los diferentes niveles
como capas estratigráficas que parecerían conscien­ «microhistóricos» es más fácil y fluido en una his­
temente ordenadas, la historia europea de por lo toriografía que se encuadra dentro de una reali­
menos los últimos veinte siglos. Una densidad que dad que es un verdadero repertorio, múltiple, va­
ha llevado a los historiadores a calificar a Italia de riado y inagotable, de «ejemplos», de «casos»,
ser «un libro abierto de historia», un «archivo vivo» de «individuos» y de «espacios» históricos del más
que salta a la vista en cuanto uno recorre las dis­ diverso orden, tamaño, duración, ubicación o es­
tintas áreas, zonas, pueblos y ciudades de toda la pecificidad.
península itálica. 16 densidad de la historia Finalmente, y como una segunda estructura de
nacional que es «anormal» respecto de la larga duración de la realidad social italiana, que
media europea y occidental, y que se ha ido aso­ se actualiza también en estas décadas posteriores
ciando progresivamente a la <<identidad» de la re­ a la Segunda Guerra Mundial, está la extrema des­
cién creada «nación» italiana, identidad que el as­ centralización y multipolaridad de esa unidad lla­
censo del fascismo puso en cuestión y en crisis y mada Italia. Pues como pocos países modernos,
que se reactttalizó en sus efectos y presencias j us­ Italia es también «diversidad» y por lo tanto un
tamente después de la derrota de Mussolini y paisaje que en verdad es una síntesis compleja de
durante los años de 1945 a 1968. muy distintas regiones, zonas, ciudades y espa­
Concentración y carácter evidente de do his­ cios diferentes. Pero, además, junto a su enorme
tórico» dentro de la cultura, la vida cotidiana y la diversidad estructural, Italia posee el hecho de que
sus diferentes partes componentes se han consti­
16Cfr. el artÍclllo ames mencionado de Carla Gínzburg y Carla tuido, a lo largo de los siglos, en otros tantos po­
Poní, "El nombre y el cÓmo... » en donde se sllbraya esta densidad los fuertes de desarrollo e irradiación de flujos his­
histórica excepcional del paisaje mismo de la península italiana.
DE ,,:V:ICROHISTORIA MEXICANA A LA... 125
124 ENSAYOS SOBRE ~HCROHISTOR¡A

ficarse, derivando de ese punto de partida o ma­


centrarnos en lo que consideramos su núcleo duro triz común que es el procedimiento microhistó­
epistemológico, constituido por el procedimiento ri~o, tanto una rama de autores que han profun­
microhistóríco del cambio de escala y de la recons­ dizado sobre todo en la línea de la renovación
trucción de la compleja dialéctica entre lo macro y lo gen,eral la historia económica, demográfica y
micro en historia, procedimiento compartido por SOCIal, como también, en otra vertiente, una línea
los distintos representantes de sus diversas ramas que se ha desarrollado privileO'iadamente en el
o variantes, y da sustento y consistencia al ape­ espacio de la reconstrucción y :firmacíón de una
lativo mismo de dicha «microhistoria italiana», nueva y original propuesta de historia cultural.
Con ello, no olvidamos que en los más de cua­ La primera asociada a los nombres de Edoardo
trO lustros que tiene ya de vida esta corriente ~rend!) Giovanni Levi y sus discípulos, que ha
historiográfica, ha podido evolucionar y diversi­ rncurslOnado preferentemente en el tema de la
relación entre los individuos o actores y su con­
e=l"""'- - - - - - texto específico, adentrándose entonces en el es­
Carla Ginzburg ,,:'v1icrosroria: due o tre .. ,» cit., «Indicios",," tudio de lo que ha sido llamado el análisis de las
cit" así como la "Introducción,) de su libro Historia nocturna,
Muchnik Editores, Barcelona, 1991. Sobre la difusión redes microhistóricas y reproblematizando desde
de la microhisroria en el mundo, es curioso observar que mien­ allí temas como el de la biografía, el de la relación
tras en Francia está más difundida la rama de hisroria social,
e~tre lo~ diversos sistemas de normas y los espa­
económica y demográfica desarrollada por Grendi y por Levi, o
también por Maurício Gribaudi o por Simona Cerruti entre otros, CIOS pOSIbles de su transgresión, los modos con­
en cambio en Estados Unidos son mucho más populares y difun­ cretos de ajuste del funcionamiento de un meca­
didos los trabajos de Carla Ginzburg, Para comparar esta des­
igual difusión puede verse ejemplo el libro coordinado por nismo ~conómico, las formas de cohesión y com­
Jacques Revel, jeux des coedirado por Gallimard y Le portamiento de las élites, el cambio generacional
Seuil, París, 1996, en donde Carla Ginzburg sólo es citado de
manera marginal veces en todo el libro, En el otro extremo de los patrones de expectativas y de percepciones
véase también el libro editado por Edward :'v1uir y Guido Ruggiero, de una clase o las formas específicas de inserción
Microhistory and the Lostpeoples ofEurope, John Hopkins U niversity de los grupos dentro de una entidad urbana más
Press, Baltimore, 1991, publicado en Estados U nidos en donde
predominan los ensayos del mismo Gínzburg, En Japón global entre otras,20
y Brasil, igual que en España parece ser más conocida la obra de
Carla Ginzburg que la del resto de los microhistoriadores italia­
e=l~<- ----­
nos, mientras que en parece haber una situación más
equilibrada en cuanto conocimiento la difusión de los resul­ 10Hablamos e,n este caso de los textos bien conocidos de
tados de las dos principales vertientes la microhistoria italia­ Edoardo Grendl, J Balbi, Giulio Einaudi , TiurJ'n , 199 7! ) G'lovannl,
na, Un tema interesan te que valdría la pena desarrollar ulteriormente.
126 ENSAYOS SOBRE MlCROHISTORIA DE LA ,,;VIlCROHISTORIA LOCAL» MEXICAl'lA A LA... 127

y la segunda, vinculada casi al Pero más allá los aportes específicos de


nombre y a la obra de Carla Ginzburg, que en estas dos vertientes microhistóricas, cuyo aná­
cambio se ha concentrado en desarrollar un nue­ lisis ameritaría un ensayo aparte, el espacio
vo y original modelo de construcción para el es­ común compartido por ambas, es el del ya re­
rudio de la historia cultural, modelo que en ferido procedimiento micro histórico. Un pro­
el centro de atención el rescate complejo de la cedimiento que, como su nombre lo indica,
cultura de los oprimidos, la revalorización del implica en principio un claro reclamo de retor­
«punto de vista de las víctimas», redescubriendo no al nivel microhistórico, retorno defendido
y explicitando el «paradigma indiciario» como frente al agotamiento y crisis de los modelos
método de recuperación de esa cultura popular, a globales y concebido como un camino posible
la vez que insiste en la necesaria e ineludible para recuperar esa dimensión viva y vívida de
interrelación e interdependencia enue la culrura la historia, esa diversidad obliterada en los
de y la cultura de las clases sometidas, modelos globales cuestionados, retorno que sin
reproblematizando los modos generales y especí­ caer en la falsa salida postmoderna permitiera
21
ficos su compleja y permanente dialéctica. renovar y relanzar a la historia social italiana.
Pero, lejos de una interpretación demasiado fácil
de ese retorno, lo que los autores italianos propo­
Levi, La herencia inmaterial, ~ crea, Barcelona, 1990, "'laurido nen es volver a la dimensión micro histórica, pero
Gribaudi, Itinéraíres ou¡¡riers. Espaces et groupes sociaux a Turin
au début du XXc EHESS, París, 1987, o Simona Cerruti, sin abandonar el nivel de los procesos macrohistó­
La ¡¡ilie edes métiers, EHESS, París, 1990, por mencionar sólo ricos, sin subsumirse totalmente en el espacio
algunos de los ejemplos más difundidos.
21 Sobre esta línea puede verse el trabajo de Pietro Redondí,
micro, sino por el contrario el de penetrar en él,
Galileo Herético, Alianza Editoríal, Madrid, 1990, y también y para recrear un modo nuevo de asumir tanto lo macro
sobre todo los trabajos de Carlo Ginzburg, El queso y los gusa­
como lo micro en historia, redefiniendo también de
nos, Muchnik, Barcelona, 1981, Historia Nocturna, ya citado,
¡'¡¡fitos, emblemas, indicios, mencionado, Les batailles nocturnes, un modo nuevo su compleja dialéctica. Porque al
Flammarion, París, 1 El juez y el historiador, "'fuchnik, proponer esa vuelta al ámbito de las realidades
Barcelona, 1993, Jobre Piero, Muchnik, Barcelona,
1984, y junto con Prosperi, Giochi di pazienza, Giulio
Einaudi, Turin, 1975. También vale la pena ver los trabajOS
mas recientes Occhiacd di legno, Feltrinelli, Milan, 1998 y centrales de la historia cultural, sobre la diversidad
History, rhetaríe, Brandeís University Press-Universíty y el intercultural así como sobre las condiciones mis­
Press of New Hanovcr, 1999, en donde Ginzburg mas y la naturaleza general del propio oficio de historiador y
amplia sus para reflexionar sobre algunas de las de sus implicaciones más esenciales.
128 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA DE LA «MICROHlSTORIA LOCAL» MEXICANA A LA... 129

microhistórícas los autores que van a concentrar­ mental, enfatizando la primacía epistemológica de
se durante un periodo en torno del equipo cons­ «lo general» y reduciendo el nivel mícrohistórico a
tructor y dirigente de la hoy célebre revista la condición de un simple conjunto de ejemplos,
Quaderni Storíci,22 tienen muy clara la necesidad casos o diversas de esa misma
de distanciarse, críticamente, de las dos formas «generalidad)}. Con lo cual, el plano micro, resul­
tradicionales y más difundidas de enfrentar esa ta ser una suerte de simple «espejo» de lo general,
dialéctica macro/micro que han sido ensayadas en que está obligada a y a devolver pasiva­
el pasado y que en el fondo resuelven el problema mente la imagen, tal vez un poco deformada o
privilegiando a uno solo de los dos términos, y defectuosa pero siempre correspondiente, de esa
reduciendo el otro a ese primero. misma dimensión general,23
La que es una reducción de la complejidad de Una reducción de lo micro a lo macro, que como
ese nexo macro/micro la de concebir al nivel contrapartida necesaria ha engendrado igualmente
macro histórico como el más importante o funda­ a su opuesto. Pues a esta minimiza-ción de lo
micro se ha desarrollado también una postura in­
versa, que privilegiando el nivel de lo micro o de lo
22Es bien sabido que la revista Quaderni Storici, que terminará particular como el nivel esencial y central del análi­
asociándose a la corriente microhistórica como su órgano de sis, ha terminado por concebir a lo macrohistórico
expresión y difusión más ha comenzado $U histo­
sólo como la suma, el conjunto o el simple agregado
ria en 1966 llamándose emonces Quaderni Storici delle lvfarche
_y publicando, cosa de señalar, en su primer número, de casos, o también en otra posible como el
la primera rraducción del célebre artículo de Fernand mero «telón de fondo» poco relevante desde el pun­
Braudel «HistOria y ciencias sociales. La larga duración». Pero
es sólo en los años 'setentas, luego de una reorganización de su to de vista epistemo-lógico, de esas mismas realida­
comité, de ciertos cambios y de perder el apelativo "delle des o fenómenos microhistórícos o particulares. 24
Marche» que ha comenzado a funcionar como el principal
espacio de concentración y de irradiación de la corriente de la e=: , mmmmm~~_

microhisroria. Lo que no impide, además, que ya en los años


1980s. haya comenzado a ser un abandonada o dejada de Reducción que es justamente el objeto de la crítica de Jean
lado por algunos de los representantes de esa mis­ Paul Sartre en su libro Crítica de la razón ala que ya
ma microhistoria, como en el caso del propio Giovanni Levi o hemos aludido en la nota número 8.
de Cario Ginzburg, una parte de su fuerza de inno­ Una adecuada crítica de esre procedimiento que reduce lo
vación y de su carácter de «núcleo estructuradof>, y de "foro a ser una simple suma de los casos y de las dificultades
de concentracióm de los descubrimientos principales de esa e implicaciones de este paso, puede verse en el artículo de
microhistoria. Un tema que valdría la pena profundizar con Bernard Lepetit "Les Annales aujourd'hui» en Review, vol.
más detalle. xvm, numo 2, Binghamton, 1995.
130 ENSAYOS SOBRE .\!lCROHISTORIA DE LA «MICRO HISTORIA LOCAL" MEXICANA A LA... 131

Frente a estas dos formas de asumir la dialéctica ~-\sí,


ya la economía y la sociología habían crea­
macro/micro, que en el fondo reducen un término ::':J las ramas diferenciadas de la macroeconomía o
al otro para simplificar falsamente el problema y elu­ .2. macrosociología por un lado, frente a la micro­

dirlo, la microhistoria italiana propone más bien ::economía y la micro sociología por el otro, que en
restituir la complejidad de esa relación entre lo micro ::esta perspectiva correspondían a dos niveles dis­
y lo macro, reivindicando la igual relevancia de am­ ~intos de la realidad estudiada, y por lo tanto eran
bos planos en términos gnoseológicos y epistemo­ :::oncebidos como espacios con actores, lógicas,
lógicos y proponiendo un modo nuevo de concebir reglas, normatividades y situaciones completa­
su específica articulación. Un nuevo modo de apre­ mente distintas entre sí. Afirmando entonces la
hensión de la dialéctica macro/micro, que a la vez absoluta autonomía y diferencia de estos dos uni­
que se distancia de las dos formas de reducción alu­ versos macro y micro económico/sociológico estas
didas, se alimenta igualmente de las experiencias ciencias no veían ninguna conexión entre ambas,
previas realizadas por otras ciencias sociales o huma­ separándolas como ramas independientes de su
nas que, antes de ella, han confrontado ya esta dife­ propio quehacer analítico.
rencia de escalas referida. Diferencia radical de lo macro y lo micro pos­
Porque es claro que no son los microhistoriado­ tulada por la sociología y la economía, que será
res italianos los que han inventado el recurso al ni­ recuperada por la microhistoria italiana, al asu­
vel micro, ni tampoco son ellos los primeros en ha­ mir que efectivamente se trata de dos niveles dife­
berse adentrado en los problemas que la diferencia renciados, e irreductibles el uno al otro, y cada
de las escalas macro/micro plantea. Pero en cambio, uno con una lógica y una especificidad que les
si les corresponde a ellos el hecho de haber intenta­ son exclusivas y singulares. Pero, a diferencia de
do una forma nueva y original de abordar este pro­ la aproximación sociológica o económica, en el
blema, forma que al mismo tiempo recupera y su­ caso de la microhistoria se trata de una sola reali­
pera a las maneras ensayadas por la economía, la so­ dad histórica, presente en niveles diversos y sus­
ciología, la arquitectura, la geografía, la antropolo­
gía o la historia local o regional anteriores. 25
«Architecture, Geographie, histoire; usages delle echelle» en
Geneses, numo 13, Paris, 1993. Considero que ésta es una ver­
~,------ sión un poco más trabajada que la que, con algunas diferen­
25 En e! argumento de esta idea, resumo las ideas que me ha
cias, se incluye en el libro ya referido Jeux d'echelles, con e!
suscitado la lectura de! brillante ensayo de Bernard Lepetit ¡ítulo «De l' échelle en histoire».
132 E~SAYOS SOBRE ;,,1!CROHISTORIA
DE LA «MICROHISTORL\ LOCAL» MEXICANA A LA.. , 133

ceptible de ser observada y estudiada ~n, sus ma­


problema investigado. Pero, a diferencia de los
nifestaciones correspondientes a las dlsnntas es­
geógrafos y los arquitectos, con la plena concien­
calas en que se despliega, pero que dada su unici­
cia de que en ese pasaje de una escala a otra, lo
dad originaria nos obliga a establecer y a recrear
que ellos investigan son niveles distintos de una
el modo de conexión particular entre esos dos o
misma realidad que está presente, simultáneamen­
más niveles o escalas considerados. Con lo cual,
te en varias escalas o dimensiones, y no un mismo
e! desafío será e! de reconstruir esa conexión y objeto que ha sido reducido a proporciones ma­
movimiento de una escala a otra, pero respetando nejables por los hombres para su más fácil apre­
y asumiendo a la vez esas especificidades y dif~­ hensión. Reivindicando entonces el hecho de que
rencias derivadas del procedimiento del camblO se trata de dos dimensiones de lo real, distintas
de escala. pero interconectadas, los microhistorladores par­
Procedimiento que se ha enriquecido también ten en este periplo interescalas a la búsqueda de
desde las lecciones de la geografía y la arquitectu­ informaciones, percepciones y formas inaccesibles
ra, las que «reduciendo» las dimensiones de un desde sólo un nivel de esa misma realidad.
mismo objeto nos han demostrado qU,e al c~:n­ Finalmente, y siempre dentro de este juego de
biar la escala de observación o de conslderaClon, simultáneos rescates y deslindes de las formas
cambia también necesariamente el nivel de infor­ anteriores de aproximación al vínculo macro/
mación disponible en torno de ese objeto, micro, los autores la mlcrohistoria italiana han
modificándose profundamente lo que es percep­ recogido también la lección la antropología, la
tible y lo que no lo es y transformando también que abandonando radicalmente e! nivel de lo
la conficruración de la realidad analizada. Cam­ macro, y denunciando sus limites y su «pobreza»
bios queo el geógrafo o el arquitecto conocen b'len relativa frente a las realidades particulares, se ha
y que serán igualmente incorporados por los dedicado a mostrar y demostrar la riqueza exube­
microhistoriadores italianos, los que al moverse rante de 10 micro, desplegando análisis exhausti­
de una escala macro hacia una micro, lo harán vos e intensivos y construyendo descripciones
justamente para acceder a informaciones nuevas e densas y reconstrucciones totales que intentan
inéditas, descubriendo otros elementos la rea­ agotar la descripción los distintos objetos que
lidad histórica considerada y estableciendo nue­ aborda. Reconociendo entonces los límites de la
vas conexiones, vínculos o configuraciones de! escala macrohistórlca, pero negando la salida de
134 ENSAYOS SOBRE ).l!CROHISTORIA DE LA «MICRO HISTORIA LOCAL» MEXICANA A LA••. 135

obviarla o abandonarla, desarrollada por la antro­ ~;:r entonces en qué reside uno de los aportes re­
pología igual que por la historia local o regional, : o!ucionaríos más esenciales contenidos en su modo
los microhistorÍadores italianos van a recuperar proponer y luego desplegar operativamente el
toda esa multifacétíca del nivel micro pero (antas veces referido procedimiento microhistórico
justamente para utilizarla en la reconstrucción de italiano. Pues asimilando críticamente y superan­
un plano macro nuevo, más complejo, rico, do a un mismo tiempo -bajo el modo de la clá­
rrollado y lleno de determinaciones. 2G sica aufhebung hegeliana-, a las formas prece­
de abordar la dialéctica macro/micro, lo
que los microhistoriadores italianos van a
La originalidad del procedimiento
va a ser un claro desplazamiento y trascendimiento
micro histórico italiano
del tradicional pensamiento dicotómico de los
Si revisamos con cuidado, tanto las principales opuestos.
obras, como también los ensayos metodológicos Porque es muy claro que, siguiendo en este
más importantes de los representantes centrales punto las profundas lecciones de N orbert Elias,27
de la microhistoria italiana, nos será fácil enten- los promotores de esta visión micro histórica ita­
liana van a abandonar totalmente las clásicas ex­
plicaciones que oponen lo general a lo particular,
Es claro para nosotros la influencia de las distintas vertien­ planteando falsas disyuntivas, explícitas o im­
tes de la antropología XX, desde los trabajos de Frederick plícitas, del individuo o el contexto, la visión de
Barth hasta los de Claude Strauss, y pasando por las leccio­
nes de Clifford Geertz entre otros, ha sido decisiva en la cons­ lo social en contra de lo individual, lo macro con­
trucción de las diferentes perspectivas de los diversos autores de tra, al margen o en concurrencia con lo micro, la
la mícrohístoria italiana. Sin embargo, el desarrollo adecuado de
este punto ameritaría por sí mismo todo un nuevo ensayo que no
podemos ine! uir aquí. Sobre este punro puede verse el articulo de ~,",,'------

Paul-Andre Rosental «ConstruÍfe le 'macro' par le 'micro'. Frederlk


27 Cfr. al respecto y sobre todo el libro de Norbert Elías,
Barth et la microstoria», en el libro ¡eux d'echelles antes citado.
También pueden verse varios de los ensayos incluidos en el libro fondamental, Gedísa, Barcelona, 1982, y más en
Ethnologies en miroir, Maíson des Sciences de I'Hornme, París, todo el conjunto de su obra incluyendo sus libros
1992 y muy en panicular el artículo de Christian Bromberger sobre The Germans, Deporte yacio en el proceso de la civiliza­
"Du grand au petit. Variations des échelles et des obj ects d' analyse ción, El proceso de la civilización, o La civilización de los padres
dans l'histoire récente de l'ethnologie de la FraIlce». Véase tam­ y otros ensayos, entre varios otros. Por lo demás es claro que sin
biéIlla «Introducción» del libro de Carla Ginzburg Historia noc­ la consideración de la obra de J\' orbert Elias resulta muy dif[­
turna, ya citada, yel artículo también referido de Giovanni Levi c¡] entender los aportes y el conjunto de la propuesta de los
microhistoriadores italianos. __
,,1 perícoli del ~=-=---
138 ENSAYOS SOBRE IvllCROHISTORV\ DE LA "MICRO HISTORIA LOCAL" MEXICANA A LA.•. 139

cesos de centralización política en la formación nueva visión de verdadera dialéctica e interpene­


estado moderno, sino más bien analizar las tración y presuposición mutua, donde lo macro
formas concretas de despliegue y de particularización está en lo micro y lo micro incluye a lo macro, sin
de estos procesos y tendencias macrohistóricos, eliminar sus diferencias específicas, pero también
por ejemplo en la especificidad de la clase obrera sin olvidar que un nivel o escala sólo tiene sentido y
turinesa primero pro-socialista y luego pro-fas­ significación dentro de esa misma dialéctica que
cista, o también en la compleja consttucción, es­ lo subsume y sobredetermina como una de sus
tratificada y muy densa del rito/mito del aquela­ partes componentes.
rre moderno y de su singular curva de vida en Lo que entonces nos permite, finalmente, com­
Europa y fuera de Europa, o finalmente en los prender en qué consiste ese procedimiento micro­
modos concretos de transmisión del status, del histórico: en él se trata, según los cultores de la
privilegio y del poder en una pequeña aldea del micro historia italiana, de partir la recupera­
Píamonte moderno. 29 ción de una tesis o conjunto de tesis ya estableci­
Por lo tanto, el verdadero núcleo del procedi­ das o definidas dentro del plano rnacrohistó-rico,
miento micro histórico italiano 10 que pone en el para luego, en un movimiento que es justamente
centro de su preocupación no es ni sólo lo micro el de la «reducción de la escala de observación»,
ni sólo 10 macro, sino más bien la totalidad de esa llevar estas mismas hipótesis hacia un plano dis­
compleja dialéctica entre los niveles o escalas tinto, un plano de proporciones siempre menores
macrohistóricas y microhistóricas. y ello, más allá al plano o nivel original, y que será justamente el
de las formas tradicionales de enfocar estos nive­ universo microhistórico a trabajar. Entonces y con­
les macro y micro sociales y dentro de una pers­ siderando ese plano «reducido» o microhistórico
pectiva no binaria dicotómica, ni de rígidas opo­ como simple laboratorio histórico o «lugar de ex­
siciones y exclusiones, sino más bien desde una perimentación», habrá que retrabajar y someter a
prueba a dichas hipótesis o tesis macro históricas,
verificando su validez, compleji-zando sus deter­
Nos referimos, en estos ejemplos de los úlrimos dos párra­
fos a las obras bien conocidas de Giovanni Levi, La herencia minaciones, matizando sus contenidos e incorpo­
inr~aterial, de Carla Ginzburg, El fos gusanos, Pesquisa rándole siempre nuevos y más sutiles elementos,
sobre Píero, e Historia nocturna, Pietro Redomli, GaLileo a través de los procedimientos antes referidos del
Herético o de Maurício Gribaudi, Itinéraires ouvriers, Espaces et
groupes sociaux a Turin au début du )(Xe sU:ele, todas ellas men­ «análisis microscópico» de los problemas y los
cionadas en las notas anteriores .
.....
DE «M1CROHISTORL'" LOCAL» MEXICANA A LA .•. 141
140 ENSAYOS SOBRE MICROH1STORIA

tórico: se trata en general de avanzar hacia la cons­


puntos estudiados, y mediante la explotación ex­
t~~cción de m.odelos más complejos de explica­
haustiva e intensiva de todo el material y de to­ ClOn de lo sOClal y de lo histórico, modelos más
dos los elementos derivados de ese mismo univer­ sutiles y desarrollados que sean capaces de reco­
so microhistórico. Finalmente, y para cerrar el cír­ y luego reproducir esa multidimensionalidad
culo del recorrido global dentro de esa dialéctica flex~bilidad, variabilidad y extrema riqueza de la~
macro/micro, el microhistoriador deberá volver realIdades concretas que dichos modelos intentan
hacia la dimensión macrohistórica, replanteando aprender.
y hasta reformulando radicalmente de un modo Pero entonces, y para evitar posibles confusio­
distinto las hipótesis y tesis originalmente some­ nes, la pena preguntarse acerca de las condi­
tidas a este procedimiento o ejercicio, replantea­
cíon~s específicas dentro de las cuales es posible y
miento o reformulación que luego del paso o in­
p~rtlnente la aplicación o puesta en práctica de
cursión por el experimento microhis-tórico, de­ dicho procedimiento micro histórico. ¿Cuándo es
berá necesariamente redundar en la construcción posible hablar de un plano o escala macrohis­
y elaboración de nuevas tesis, modelos y perspec­ tórica, que incluya dentro de sí otros varios pla­
tivas macrohistóricas, mucho más ricas, comple­
nos mÍcrohistóricos?, ¿y cuándo es posible ese
jas, finas y sutiles que las anteriormente existentes.
movimiento de «reducción de la escala de obser­
Procedimiento micro histórico que da sentido vación» y el concomitante descenso hacia lo
a la frase antes citada de Jacques Revel cuando ha micro?, ¿y de qué «micro» estamos hablando cuan­
dicho para caracterizar el espíritu general de esa do lo definimos como un laboratorio del análisis
micro historia italiana: "¿por qué hacer las cosas histórico o un lugar de experimentación del his­
simples cuando pueden llevarse a cabo de una
toriador?, ¿y qué se requiere para que en esa di­
manera compleja?», Y puesto que la realidad so­
mensión microhistórica sea aplicable el «análisis
cial -como, por lo demás, toda la es
microscópico» y también el «uso y tratamiento
sumamente compleja y dado que el objetivo la
exhaustivo e intensivo de los materiales» disponi­
ciencia social es el de captar de la mejor manera
bles? Y finalmente, ¿cómo garantizamos el movi­
dicha complejidad, entonces resulta clara la in­
miento de retorno desde lo micro hacia lo macro,
tención general que persigue esta promoción,
y luego la reestructuración de ese macro desde los
fensa y popularización de ese ejercicio microhis-
resultados del viaje realizado hacia el nivel micro?
ENSAYOS SOBRE !\lICROHJSTORIA DE LA «MICRO HISTORIA LOCAL,) MEXICANA A LA... 143
142

Porque es evidente que no cualquier problema ,:uyos intentos de explicación han generado ya la
es susceptible de ser sometido al ejercicio del cam­ construcción de múltiples modelos, hipótesis y
bio de escala y de aplicación del procedimiento leo rías diversas. E igualmente, al hablar de uni­
microhistórico, del mismo modo que no cualquier versos microhistóricos hablamos entonces de cier­
plano o nivel de la realidad tiene respecto de cual­ tas dimensiones, planos o espacios que son parte
quier otro una relación de escalas interrelacionadas orgdnica de esas totalidades globales y complejas
que podamos incluir dentro de la dialéctica macro! y además que son partes o espacios particularmente
reveladores de esas mismas totalidades.
micro ya referida.
Entonces, para entender mejor esta compleja Lo cual acota y especifica las condiciones y los
dialéctica entre lo macro histórico y lo microhis­ marcos de aplicación del procedimiento microhis­
tórico, puede ser útil volver al importante y de­ tórico. Pues al hablar de totalidades específicas y
batido concepto de totalidad histórica. Así, la re­ de partes o dimensiones reveladoras hablamos,
lación macro! micro puede ser especificada como para ilustrarlo con un ejemplo gráfico, del tipo
la relación que existe entre una cierta totalidad de relación que puede existir, por ejemplo, entre
histórica y social compleja, y una de sus partes un rompecabezas considerado como todo, y una
específicas, aquella que pueda ser especialmente de las piezas especiales del mismo, pieza que por
«reveladora» del todo que se investiga. Lo que sig­ el fragmento del dibujo que incluye, permite des­
nifica que la elección de las dimensiones macrohis­ cifrar de manera mas evidente y en una fo rma
tóricas y luego de los universos micro históricos particularmente acentuada, el sentido del diseño
no es para nada una elección casual, azarosa o ar­ o dibujo general plasmado en el conjunto de di­
bitraria. Porque es la realidad misma que estamos cho rompecabezas. 3o
estudiando la que está compuesta de múltiples Así, dado que una totalidad no es un simple
dimensiones o niveles, niveles o escalas orgáni­ agregado o conjunto cualquiera de elementos ­
camente relacionados y entre los cuales hay al modo por ejemplo de un zoológico cualquiera,
dialécticas y vínculos claramente establecidos.
Por ello, cuando hablamos de la dimensión
30 No es entonces, tal vez solo por azar, que uno de los libros
macrohistórica nos referimos a esas totalidades
Importantes de Carla Ginzburg, escrito en ca-autoría con
histórico-sociales que han sido ya identificadas Adriano Prosperi, y aún no traducido infelizmente al español,
hace mucho tiempo por las ciencias sociales y se llama Jus:amente Giochi di pazienza, libro que hemos ya
cItado antenormente.
,
144 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA DE LA «MICROHISTORIA LOCAL" MEXiCANA A LA... 145

que es una simple suma o conjunto de animales, Con 10 cual, es claro que el procedimiento
casual y caprichosamente reunidos en un mismo .-r:icrohistórico no es aplicable indiscrimina­
lugar físico y que por tanto no constituye una ¿amente, a cualquier problema de historia o den­
verdadera totalidad- sino que es un conjunto ,ro de cualquier circunstancia. Y sin embargo,
complejo de elementos, necesarios y articulados Iambién resulta claro que tanto su desarrollo como
de modo específico y cuya unidad y relaciones su posible difusión y extensión futura, se refieren
determinadas constituyen justamente a la totali­ a ese universo de ciertos temas esenciales que, du­
dad en cuestión, entonces la tarea del microhis­ rante décadas y siglos han preocupado a los
toriador es, en el inicio, la misma que la del niño cultores de los territorios de la musa Clío. Porque
o adulto que se enfrenta al rompecabezas: partír al proponer una nueva estrategia epistemológica para
de la imagen global ya conocida, para comenzar resolver el viejo y recurrente problema de la rela­
ubicando aquellas piezas claves, especialmente ción entre los niveles macro y micro dentro de la
«reveladoras» o «descifradoras» de la imagen de historia, 10 que la mÍcrohistoria italiana ha hecho
conjunto, desde las cuales habrá de desarrollarse es recordarnos una vez más que el conocimiento
3
la (re)construcción de toda la figura buscada. ! histórico no se agota nunca, y que las verdades
históricas, verdadero objetivo y sentido global del
ejercicio de nuestra ciencia, si bien son perfecta­
mente alcanzables y cognoscibles, siempre encie­
31 Cuando hablamos de parte especialmente "reveladora» del
todo, eso no quiere decir ni mucho menos parte «representa­
rran aún ciertos aspectos o elementos aún por
tiva» del todo. Pues, después de Michael Foucault, es bien descubrir o descifrar. Si la realidad y el universo
sabido que los «márgenes» de una totalidad cualquiera o s~s mismo son infinitos, no podrían ser finitas ni las
elementos «excluidos» -y por tanto muy poco «representatl­
vos»- pueden ser tan reveladores o más de sus estructuras verdades históricas ni el conocimiento histórico de
esenciales como sus elementos más (,típicos» o característicos. las mismas. Pero es justamente allí en donde reside,
Un punto que se vincula con el célebre oximoron populariza­
do por los microhistoriadores italianos de lo «excepcional en parte, el inmenso placer de nuestro oficio.
norma!>, y que sin embargo no podemos desarrollar más am­
pliamente en este mismo ensayo. Al respecto cfr. el articulo de
Edoardo Grendi «Microanalisi e storia soúale», cito en donde
se enuncia por primera vez dicho oximoron. Sobre las leccio­
nes de Foucault en torno al puntO mencionado cfr. Francisco
Vázquez García, FoucauÜ o La crítica de la razón, Montesinos,
Barcelona, 1995 y también Foucau!ty los historiadores, Univer­
sidad de Cádiz, Cádiz, 1987.

MICROHISTORIA A LA ESPAÑOLA*

BERNARD VINCENT

.
~
a microstoria, tal como la han promovido
e ilustrado Carlo Ginzburg, Giovanni
Cario Poni o Edoardo Grendi,
ha tenido un considerable eco en la comunidad cien­
rífica internacional, interesando a las ciencias socia­
les en general y a la historia en particular. susci­
:ado entusiasmos y reticencias, pero jamás indife­
¡encia. Sin embargo, curiosamente, se continúan
debatiendo a menudo los trabajos de los «padres
fundadores» sin prestar demasiada atención a las
iniciativas tomadas en este dominio por otros inves­
tigadores desde de los años 1990. Por lo
tanto, una puesta en perspectiva general sería de gran
utilidad. Es por esto que propongo aquí algunas re­
flexiones a partir de la lectura de obras de microhistoria
publicadas en España durante los últimos años.

::=: , mm _ _ __

, Este artículo es una visión revisada de la conferencia "La


:nicrohistoria en la historiografía española reciente», brindada
el autor en la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR el
. . de octubre de 1998; traducción del francés por Darío Barriera.

[147]
m: _ ... _~ ...... _ - - - ­
148 ENSAYOS SOBRE i>lICROHISTORIA
MICROHISTORIA A LA ESPAÑOLA 149

y digo microhistoria porque el término ha sido


:-.;an. Por una parte, la convicción desde hace
reivindicado muy claramente al menos dos veces.
::lucho tiempo compartida por numerosos histo­
La primera, en ocasión de la publicación del tra­
,iadores acerca de que lo que se ha llamado histo­
bajo de Jaime Contreras, Sotos contra Riquelmes
~ia de las mentalidades, luego historia cultural o
(Madrid, Anaya y Mario Muchnik, 1992), y una
iistoria socio-cultural, era una práctica frívola o
segunda, por Tomás A. Mantecón Novellan, ~u­
sensacionalista. Recordemos los sarcasmos que
tor de La muerte de Antonia Isabel Sánchez, Ttra­
Josep Fontana disparó sobre el libro de Emmanuel
nía y escandálo en una sociedad rural del Norte es­
Le Roy Ladurie, Montaillou, village occitan ...
pañol en el Antiguo Régimen (Alcalá de Hena.res,
(Paris, Gallimard, 1973), que pertenece, de algu­
Centro de Estudios Cervantinos, 1997). JaIme
na manera, a la prehistoria de la microhistoria; o
Contreras no emplea jamás -excepto que me
también del juicio lapidario que el mismo J osep
equivoque- el término microhistoria en su li~ro,
Fontana formulara sobre el libro de Carlo
pero la colección dentro de la cual este fue e~lt~­ Ginzburg, El queso y los gusanos (Barcelona, 1982,
do se llama precisamente Microhistorza y la lllVI­
1e ed., 1976) desde el II Congreso de Historia de
tación a incluirlo hace referencia explícita a la ten­
:\ndalucía (Córdoba, 1991). Según el historiador
tativa renovadora de la experiencia micro histórica catalán, el libro donde el molinero Menocchio es
y a Carlo Ginzburg. En cuanto a Tomás Ma.nte­
el héroe, no tiene sino un valor literario. Por otra
cón, consagra una larga introducción a la calIdad parte, la fuerte tendencia a la historia localista,
del aporte de la micro historia a la historia de la que muy frecuentemente permanecía en un pla­
criminalidad (pp. 17-24) y el estudio está prece­ no en extremo descriptivo, acaso anecdótico, no
dido de un prefacio de José Ignacio Fortea Pérez
incitaba siquiera a realizar proposiciones que pu­
donde aparece, desde la segunda línea, l~ palabra sieran en valor las escalas de estudio de dimensio­
microhistoria acompañada de comentarlOS a un nes reducidas.
artículo de Giovanni Levi. Sin embargo, muchos factores han hecho posi­
ble una evolución favorable a la microhistoria.
Que la microhistoria haya obtenido derecho
Ante todo la existencia de fuentes considerables,
de ciudadanía en España, hoy parece algo que va judiciales, municipales, eclesiásticas, que permi­
de suyo. Sin embargo, su emergencia ha sido len­
ten estudiar la madeja de relaciones de una po­
ta y difícil. Dos obstáculos principales se le opo- blación dada y bien acotada. Daré un ejemplo

-
150 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORJA MICROHISTORIA A LA ESPAÑOLA 151

personal, referido al estudio de los moriscos. So­ no podía acumular todos los datos referentes a los
bre esta minoría de la España del siglo XVI, dis­ habitantes de Larca y mucho menos de Murcia,
ponemos de una gran cantidad de estudios. Ha entre 1550 y 1570. Una vida entera no sería sufi­
sido subrayado muchas veces que los comporta­ ciente, lo mismo que una zambullida en los ar­
mientos y las prácticas variaban al infinito según chivos notariales hubiera sido azarosa e incierta.
los lugares. Pero aún hoy, apenas conocemos por En cambio, ha acosado a todos los actores del con­
qué y cómo se determinan los individuos a perte­ flicw desencadenado por la inquisición, y parti­
necer a una misma comunidad. Solo un estudio cularmente a los conversos. Su trabajo es una ver­
fino, tomando en cuenta todos los acontecimien­ dadera construcción, ya que no había un fondo
tos, permitiría aprehender los procesos de documental mayor. necesario enwnces encon­
aculturación y los obstáculos que encontraban. Las trar pacientemente todos los elementos de un
fuentes que hacen posible este tipo de enfoque, puzzle, volviendo comprensibles los juegos y el
sobre todo inquisitoriales y señoriales, existen. Por desarrollo de los enfrentamientos entre inquisi­
lo demás, la declinación del paradigma marxista, ción y oligarquía local. Lo importante es que Jai­
evidente en los años 1980s. y la influencia enri­ me Contreras, excelente conocedor de la historia
quecedora de una historiografía mas diversificada, y de las fuenres de la inquisición, había soñado
han sido determinantes a la hora de la eclosión de en utilizarlas para resolver una cuestión de histo­
la microhistoria. ria social, la del lugar de los judea-conversos en la
sociedad española del siglo XVI. La escala
El primero de los microhistoriadores españo­ microhistórica, mejor que cualquier otra, era ca­
les ha sido Jaime Contreras. No insistiré casi so­ paz de poner al desnudo los caminos y las estrate­
bre su Sotos contra Riquelmes, en la medida en que gias que, no por ser individuales son menos signi­
ha conocido una difusión profusa. Quisiera insis­ ficativas entre todas las opciones posibles.
tir, sin embargo, sobre la originalidad del recorri­
do. Jaime Conteras se inspira mucho en Giovanni Tomás Manrecón nos ha propuesto el examen
Levi, quien recogió para su Herencia Inmaterial... de un proceso excepcional, el que se abrió tras el
«... todos los acontecimientos biográficos de to­ asesinato de una mujer, Antonia Isabel Sánchez,
dos los habitanres del pueblo de Santena que han el 1°. de agosto de 1799, en un pueblo del norte
dejado una huella documental». Jaime Contreras de España, sesenra kilómetros al oeste de Santan­
154 ENSAYOS SOBRE )..!ICROHfSTORIA MICROHfSTORIA A LA ESPAÑOLA 155

modelo de micro historia en el que el escándalo verdadero emprendimiento parainquisitorial que


estudiado es revelador de los comportamientos y traduce la voluntad de la Iglesia de aplicar los
de los procesos de regulación de una comunidad preceptos del Concilio de Trento y de imponer
aldeana ejemplar de la España del noroeste. una estricta moral social. Sin duda. Pero desde
una perspectiva foucaultiana, se inclina muy rá­
Muy recientemente, Angel Rodríguez Sá~chez pidamente a creer que este inmenso esfuerzo ha
ha publicado una obra titulada Hacerse nadu, so­ dado resultados inmediatos. Podríamos pregun­
metimiento, sexo y silencio en la España de finales tarnos si los sectores de la población local no han
del siglo XVI (Lleida, Milenio, 1998). En esta oca­ resistido a la iniciativa del obispo y no han evita­
sión, el teatro de los hechos informados se sitúa do su convocatoria. ¿Y qué ha quedado de esta
en Caria, pequeña ciudad del norte de tentativa?
Extremadura, y sede de un obispado. 1591,
el obsipo García de Galarza, quiso hacer una en­ Si la utilización del corpus suscita interro­
cuesta so bre el estado de su diócesis y en particu­ gantes, esto no impide que su extensión -alre­
lar sobre la vida y la moralidad su grey. Los dedor de un hogar sobre tres han respondido de
fieles estaban invitados a hacer una confesión no una u otra manera al cuestionario- permita a
sacramental y a responder a trece preguntas pre­ Angel Rodríguez presentar una buena fotografía
cisas, incitándolos a la delación de los conciuda­ de las relaciones tejidas entre muchos de los ha­
danos que hubieran pecado. Aquí, la referencia a bitantes de Coria. Muestra perfectamente, en par­
la microhistoria es menos explícita. Sin embargo ticular, los mecanismos del clientelismo y de la
Angel Rodríguez Sánchez agradece al final del li­ dependencia vividos cotidianamente. Pone muy
bro a Jaime Contreras, quien le ha animado a po­ bien en escena a los miembros la familia
ner en limpio un trabajo que corresponde a una Ovando, poderosa en Coria como en Cáceres, tan­
« forma de hacer historia » que es común a los to como a los diversos miembros del capitulo de
dos autores. Esta forma no es otra que la la catedral, comenzando por el deán Alonso
micro historia. Angel Rodríguez parte del dossier Fernández de Herena, personaje central de las
de las 303 confesiones de los habitantes (165 infamias en causa. No menos de 63 denuncias lo
mujeres y 138 hombres) que se presentaron es­ designan como un hombre inclinado desenfrena­
pontáneamente. En esta empresa, el autor ve un damente a la caza, el juego y las mujcEcs, El lec­

-."S
M¡CROHISTORIA A LA ESPA¡(¡OLA 157
ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA
156
[e, se trata de examinar la cuestión esencial de la
tor del líbro podrá descubrir mil y una anécdotas so~~ranía no a partir de los textos de los grandes
al respecto. Pero lo importante no está allí. Para [eoncos o de la práctica de talo cual Estado, sino
sublimar sus pasiones, los habitantes de Coria a laluz .de los hechos en la jurisdicción de la pe­
tenían necesidad de descubridores de tesoros, de ~uena cmdad de Cambrai. El observatorio es par­
curanderos, de mediadores. Todos estos interme­ n.cularmente pertinente en la medida en que la
diarios encontraban solución a todas las deman­ Cl~da~ pertenecía en el siglo XVI a su arzobispo,
das, porque una parte de la población era capaz pnnClpe del Sacro Imperio Romano Germánico
de todo por obtener protección y subsistencia y y, por lo tanto, miembro de la Dieta imperial y
muchos otros estaban dispuestos a cerrar los ojos vasallo del emperador. Pero naturalmente, el ar­
delante de las múltiples ofensas a la moral cristia­ zobispo dependía también de la Santa Sede. En
na. Angel Rodríguez pone en escena los principa­ fin, Cambrai tenía dos vecinos muy poderosos, el
les lugares de las transgresiones, la casa de las rey de E~paña, s~ñor de los Países Bajos, y el rey
Vandas y la casa del deán, donde las barreras so­ de FranCIa. La hIstoria de Cambrai fue muy agi­
ciales estaban borradas. tada a lo largo de todo el siglo AvI, hasta que el
gobernador de la ciudad, Jean de Monduc, señor
Un último libro, el más reciente todos, per­ de Ba~agny, estableció su control con el apoyo de
tenece al dominio de la mícrohistoria. Se trata
Francla. La población decidió entonces entregar
Felipe JI y Cambrai: el consenso del pueblo. La sobe­
la plaza a Felipe II, cosa que fue aceptada por el
ranía entre la práctica y la teoría política, 1595­ re~resentante del Rey Católico. Cambrai quedó
1677 (Madrid, Sociedad Estatal para la Conme­
baJO tutela española hasta 1677.
moración de los Centenarios de TI y Carlos
~I acontecimiento de 1595 fue singular.
V, 1999) escrito por José Javier Ruiz Ibañez. Con
¿Como es que una ciudad podía decidir su suer­
él, abandonamos el terreno de la historia

t~? ¿Y cómo el r~y más poderoso de la época po­


sociocultural de los ejemplos precedentes para
dla a~eptar esta msólita decisión mientras que el
abordar el de la historia sociopoLítíca. y no es este
arzobispO exiliado intentaba hacer valer sus dere­
el menor de sus méritos. Desde esta perspectiva,
chos? José Javier Ruiz Ibáñez analiza a la vez las
constituye un aporte muy novedoso de la

corrientes de pensamiento político de las cuales


microhistoría sin que la palabra aparezca una sola

abrevaban los habitantes de Cambrai y las figuras


vez bajo la pluma de José Javier Ruiz. N o obstan­
-
158 ENSAYOS SOBRE MICRO HISTORIA

jurídicas que inventaron los consejeros de los re­ HISTORIADOR COMO AUTOR.
yes de España para no restituir el regalo ofrecido Éxito y fracaso de la
en 1595. Solo las armas francesas pusieron fin a MICROHISTORIA.
esta aparente anomalía. Así es administrada la
prueba de las influencias recíprocas permanentes
JUSTO SER."iA / ANACLET POr-;S
entre teoría y práctica políticas. En la circunstan­
cia, es la práctica la que ha subvertido a la teoría.
"Pero, repitámoslo: no se trata de esbozar
Los cuatro libros de Jaime Contreras, Tomás aquí un tratado del arte de escribir (... ). Lo
Mantecón, Rodríguez y José J avíer que de momento nos es este
Ruiz en común una última preocu­ cipio, muy claro: para realizar bien su ta­
rea, para cumplir verdaderamente su co­
pación de la microhistoría, la del cuidado acorda­
metido, al historiador le es también nece­
do a la manera presentar su relato. Cada uno sario ser un gran escriton>
de ellos intenta disponer el escenario de manera
Henri Irenée Marrou
precisa, lo que animó a Tomás Mantecón y Ángel
Rodríguez a reconstituir gráficamente los
y a dar un retrato detallado de los personajes.
modo tal muestran que, hacer historia, es tam­
bién esde que fuera rotulada así, desde que
fuera patrocinada por Giulio Einaudi,
la mícrostoria es una voz italiana de creciente éxi­
to internacional pero ambiguo significado. Ha
sido una denominación de origen con la que el
editor etiquetaba investigaciones muy diferemes
entre sí y cuya única característica común parecía
ser lo pequeño, los objetos de menudas dimen­
siones o la escala reducida con que se abordarían.
¿Por qué la calificamos como ambigua? Porque,
160 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA EL HISTORiADOR COMO AUTOR••• 161

de entrada, ésa es la impresión que el lector se hoy en día pueda seguir hablándose de «la»
puede llevar de la consulta los manifiestos que microhisto ria.
los microhistoriadores publicaran a finales de los Ya no existe el fondo editorial (<<Microstorie»)
años setenta. Tanto es así que la consulta de esos que dirigieron Ginzburg y Levi y que permitió
textos programáticos -textos que debemos a identificarlos: se cerró a mediados de los noventa
Edoardo Grendi, Carlo Ginzburg y Carla Poni o y se transfirieron sus obras a la mayor y más pres­
Giovanni Levi y que preceden o que coinciden con tigiosa colección de de Einaudi (<<Paper­
el nacimiento de «Microstorie», la colección que backs»). ¿Podemos hallar mejor síntoma de la cri­
los amparó- no permitía averiguar si estábamos sis editorial y personal que el cierre de una colec­
o no ante una corriente o escuela histórica. Ade­ ción emblemática? La casa ha cambiado de pro­
más, en los años sucesivos, la imprecisión no se piedad: ha ido a parar a manos de Silvio Berlus­
ha corregido y seguimos sin contar con alguna coni, caracterizado ideológicamente por su inquie­
introducción teórico-sistemática que defina con tante populismo conservador y empeñado en com­
rigor el paradigma con el que se ha dado cobijo a pletar concentraciones empresariales en el ramo
obras muy distintas y desigual valor. Carece­ de la industria cultural y de entretenimiento.
mos igualmente de textos enciclopédicos que den hecho y otros factores personales han motivado,
orden convencional a lo que ya se sabe y del que además, que algunos de los autores de «Microsto­
serían muestra esas investigaciones. Tampoco con­ ríe» o, mejor, que algunos de los autores-símbolo
tamos con alguna publicación periódica a la que de Einaudi hayan cambiado ostentosamente de
podamos reconocer como portavoz de los avances sello y se hayan pasado a la competencia: Carlo
obtenidos. No espacio institucional o aca­ Ginzburg, por ejemplo, dirige ahora la sección
démico que permita ser identificado como el re­ «Culture» de la célebre colección «Campi del
cinto de la ortodoxia historiográfica. Más aún, sapere» de Feltrinelli, una sección que no invoca
cuando en los años noven ta Giovanni Levi, Carlo ya el rótulo de la microhistoria, una sección en la
Ginzburg o Edoardo Grendi han hecho balance que su responsable se interroga sobre la diversi­
de lo publicado sólo han coincidido en descartar dad cultural, la pluralidad de voces y en la que el
cualq uier filiación de escuela; han descartado primer libro (Occhiaccí dí legno), del que él mis­
igualmente una empresa común en la que todos mo es autor, no contiene alusión alguna a la co­
puedan admitirse; y han descartado, en fin, que rriente a la que se le asoció. Y, como símbolo fi­


162 ENSAYOS SOB"E ~HCROHISTORIA EL HrSTORIADOR COMO AlJTOR... 163

nal, el viejo editor ha muerto, el viejo y prestigio­ :a obra y de la que ésta es prueba y materializa­
so patrón ha fenecido derrotado por la edad pero ·:ión. Así, aunque entre los historiadores haya ca­
su desaparición ha ocurrido después de que la casa sos afortunados de empresas colectivas que pro­
padeciera una elefantiasis de crecimiento que de­ porcionan amparo y audiencia a epígonos -y el
bió ser subsanada externamente. Tantos avatares ejemplo más evidente es la repercusión interna­
han sucedido que incluso en sus últimas contri­ cional de Annales-, esto es más la excepción que
buciones, cuando se les ha pedido hacer balance la regla. Es decir, los éxitos y los fracasos son, en
de lo que ha sido o es la microhistoria (1994), principio, individuales, y el vigor de una mono­
esos mismos autores parecen hacer el duelo por grafía es principalmente dependiente del genio
una corriente que si en efecto llegó a existir ahora del historiador, de la personalidad que hace la
estaría ya difunta. Si es esto cierto, estaríamos ante obra, del investigador que escribe, de cómo narra
una paradoja evidente: cuando el éxito interna­ y de los recursos que emplea. Expresado de otra
cional de la microhistoria es más evidente, cuan­ manera, aún en el caso de que no hubiera existido
do se multiplican las referencias, los estudios crí­ jamás una «escuela de los Annales», Los reyes tau­
ticos, los congresos y las evaluaciones -es decir, maturgos seguiría siendo uno de nuestros clási­
en los años noventa-, es precisamente cuando cos: un volumen concebido de tal modo que su
podemos dar por concluida esa experiencia colec­ forma, su enunciación, su argumentación y la re­
tiva. ¿Colectiva? tórica de que se sirve el historiador -para que así
le aceptemos sus preguntas y las respuestas conje­
Un repaso historiográfico revela ciertos rasgos turales que audazmente propone- serían su vir­
colectivos, en efecto, pero el caso de «la» tud, los atributos imperecederos que le permiten
microhistoria revela más aún lo que Henri Marrou auparse por encima de sus limitaciones documen­
decía de la pervivencia de la obra histórica. Su tales o de sus explicaciones ya inaceptables.
suerte futura puede estar garantizada o no por un En ese sentido, buena parte del éxito ey del
contexto editorial, puede estar asegurada o no por fracaso) que cabe atribuir a la microhistoria de­
instituciones académicas que le den repercusión, pende de una obra y de un historiador, dependen
pero -como apostillaba Marrou- su vigencia y de El queso y los gusanos (1976), de Carlo
la duración de sus efectos obedecen a un hecho Ginzburg; dependen de un factor azaroso y ex­
puramente textual, a una virtud que se expresa en cepcional como es el de una cualidad personal

,
164 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORL"
EL HISTORIADOR CQ¡'"IO AUTOR... 165
materializada en un libro concreto. Es a ese volu­
men, del que nos ocupamos extensamente en otra La editorial Einaudi, fundada en el TurÍn de
parte (2000), al que en buena medida debemos 1933, ha sido hasta fecha bien reciente el baluar­
achacar la difusión de la etiqueta (microhistoria) te de la izquierda cultural y fue en su origen el
asociada a una obra de calidad y reforzada por producto exquisito de colaboraciones opositoras,
otras que siguieron pero que ya no alcanzaton la antifascistas y progresistas: entre otras, la del
nombradía de aquélla. Un volumen de éxito, un matrimonio Leone y Natalia Ginzburg, la Cesare
éxito que sobrepasa el contexto circunstancial en Pavese e halo Calvino, después, además de la de
el que había aparecido y que precedió a la crea­ su principal inspirador: Giulio Einaudi. Eran
ción de una colección de la que sería deudora, ha aquéllos, como los han descrito sus propios pro­
llevado a numerosos lectores a identificar una cosa tagonistas y como se reflejan en el libro conme­
y la otra. En este caso, además, se trataría de una morativo Cinquant'anni di un editore, años de
identificación confirmada editorialmente con otras mocedad, pero sobre todo eran años de resisten­
obras bien resueltas aunque en ocasiones muy dis­ cia política y de inquietud intelectual, universal,
tintas (por ejemplo Terra e telai, de Franco de amistades compartidas y de excitación litera­
Ramella, o La herencia inmaterial, de Giovanni ri~. El ensayo de calidad, las revistas de pensa­
Levi). Pero se trataría también de una sabia ope­ mIento y, en fin, la Literatura fueron así, desde
ración de prestigio en virtud de la cual el editor sus inicios, el ámbito de intervención del editor.
publica a otros autores reverenciados (E. P. Pero, en principio, esos primeros años eran tam­
Thompson) que, en principio, nada tienen que bién años de riesgo político y de extrema cruel­
ver con la etiqueta (la microhistoria). Se trata, dad. Como nos relató su viuda en esa espléndida
pues, de una asimilación mercantil mediante la evocación que lleva por título Léxico particular,
cual se adopta como vecinos de colección a histo­ Leone Ginzburg, aquel que fuera el primer ani­
riadores distinguidos a los que se toma como an­ mador de las ediciones Einaudi, moria en la cár­
tecesores y de cuya virtud el resto se contagia por c~l romana de Civitavecchia después de haber ejer­
contigüidad: dan cimiento, antigüedad, prestigio CIdo la oposición antifascista (Giustizia e liberta),
y honorabilidad. Reparemos algo más en estos después de haber estado confinado con su familia
hechos, reparemos en lo que ha rodeado a Einaudi en los Abrmos y después de haber sido apresado
y a Ginzburg. y torturado por lo nazis: «sin concluir su obra
sin dejarnos un mensaje. Por eso no podemos re~
e
166 ENSAYOS SOBRE ;'!lCROHISTORIA EL HISTORIADOR COMO AUTOR••• 167

signarnos; ni perdonar», apostillaba Norberto históricas y ensayos sobre arte, para acabar
Bobbio en su Perfil ideológico del siglo }(X en Ita­ codirigiendo con Giovanni Levi la colección más
lia. De todas las personas que rodearon a Einaudi emblemática de la renovación historiográfica y a
en la guerra o en la inmediata posguerra, aquella la que ya hemos hecho alusión: «Microstorie».
que, a juicio del editor, más firmemente mantuvo
la continuidad dicha empresa cultural, aque­ ¿Qué interés tiene este pequeño apunte infor­
lla que, según anota en su memorias, «custodió» mativo que vincula los avatares de la casa edito­
los valores de la casa, y se mostró siempre como rial con El queso y los gusanos? Quizá este anecdo­
su conciencia crítica, fue precisamente Natalia tario de la microhistoria nos permita empezar a
Ginzburg. En fin, en el transcurso de varias déca­ entender, aunque sea externamente, el hecho ca­
das, la editorial se ha renovado, ha incrementado pital que ahora nos ocupa: por qué se identifica la
vertiginosamente sus colecciones, ha incorporado micro historia con dicha obra y, más en general,
a prestigiosas figuras de! mundo cultural italiano con Carlo Ginzburg. ¿Es razonable que esto sea
reciente en calidad asesores, ha atravesado así? ¿Es la microhistoria una forma especial de
momentos de grave crisis económica y, como de­ investigación definida principalmente por Ginz­
cíamos, ha acabado por cambiar su propiedad burg y expresada como nunca en ese libro? Y en
hasta pasar -para escándalo de algunos- a la e! caso de que esto sea así, ¿agota su definición la
órbita de Berlusconi. El rasgo más sobresaliente práctica microhistórica? La primera respuesta a
de esa pequeña historia es la relevancia que siem­ estos interrogantes es toda una paradoja historio­
pre se dio en Einaudi a los asesores, a los comités gráfica: la producción microhistórÍca se identifi­
de lectura, al modo de lo que Gallimard estable­ ca internacionalmente, sobre todo en e! dominio
ciera en Francia. Uno los nombres más signifi­ anglosajón, con el modelo impuesto por Ginzburg
cativos de quienes se han ocupado de esta tarea -no por casualidad este último es docente en la
-y que ya no la ejerce al haber abandonado la UCLA-, y aun hoy un congreso norteamericano
casa- es precisamente el de Carlo Ginzburg, hijo so bre microhistoria invoca el modelo germinal
de Leone y de Natalia. Fue él quien tradujo a Marc impuesto por El queso y los gusanos; en Italia, por
Bloch, quien prologó la versión italiana de Los reyes e! contrario, esa filiación no ha sido tan evidente
taumaturgos y a quien, en fin, se le hizo responsa­ y, además, las primeras reflexiones sobre e! proce­
ble de las evaluaciones y de las lecturas de obras der micro analítico en historia son anteriores a las
168 ENSAYOS SOBRE :'lICROH1STOR1A EL HISTORIADOR cmm ACTOR", 169

obras mayores y más conocidas de aquél y, ade­ otros subrayan el vigor de esa corriente, los res­
más, con una orientación con la que no siempre ponsables italianos concluyen que nunca existió,
coinciden. Abreviando podríamos decir la que nunca hubo un patrimonio común y que ni
versión más divulgada, o, al menos, aquella que siquiera hay un único rótulo bajo el que todos se
mejor difusión ha tenido, es la que entiende como cobijen. Precisemos, esas dos fuentes, esos
sinónimos paradigma indiciario y microhistoria y, dos modos contrapuestos de entender la
por tanto, la que sigue el modelo de microhistoria, las disputas tardías a que han
ción conjetural-basado en la inferencia abductiva dado lugar y que se hacen universalmente ex­
de Pierce- implantado a partir de los plícitas en los textos publicados en 1994 por
dejados por el célebre molinero Menocchio. Sin Ginzburg y Grendi.
embargo, podríamos aceptar que en Italia hay, al
menos, dos modos de entender la microhistoria: -g)os-
la que encarna Edoardo Grendi y la que se identi­
fica con Carla Ginzburg. Esto es algo sobre lo que Los primeros intentos habidos en Italia en los que
nos pronunciábamos ya en 1993, en (,El ojo de la ya se dice defender un modelo cognoscitivo
aguja», y sobre lo que, hasra fecha reciente, hasta micro analítico para la historia datan de la prime­
1994, no se habían extendido suficientememe los ra mitad de los años setenta. En un histo­
propios microhistoriadores, sus exégetas o sus riador modernista, Edoardo Grendí, particular­
impugnadores. Por eso, el prudente silencio que mente sensible a los avances producidos en las
se ha mantenido sobre este hiato ha favorecido la ciencias sociales, defendía la elección un enfo­
confusión, la amalgama y la reunión de opciones que micro para una disciplina en la que, la
diferentes, de opciones no siempre congruentes. ruptura annalista, sus oficiantes se habrían acos­
Ese hecho y el retraso con que unos y ouos se han tumbrado a operar con las grandes magnitudes,
manifestado han acabado por ahondar aún más con la larga duración y, en definitiva, con aque­
las confusiones, malentendidos y las perplejí­ llos procedimientos seriales que se fundaban en
dades que provoca. justo cuando historiado­ el anonimato yen lo cuantitativo. La repercusión
res de todo el mundo celebran, hablan de y con­ este paradigma había tenido en la Italia de
vienen en la actualidad de la micro historia, sus aquellas fechas es indudable, y quizá dos hechos
oficiantes decretan la muerte, y cuando unos y lo prueban suficientemente: por una parte,
---~~_ ..~-
170 ENSAYOS SOBRE )v!lCROHISTORIA EL HISTORIADOR CO.\10 171

dación en 1967 de una revista -Quaderní Storicí orro, el estudio de las relaciones sociales a través
delle Marche- cuyo primer artículo, el proemio sus distintas manifestaciones económicas o ex­
historiográfico que servía de proclama intelectual, traeconó micas. Lo que, en 1972, decía o parecía
era la traducción italiana de la IOllgue durée de envidiar de la antropología era, en efecto, su ape­
Braudel; por orra, y poco tiempo después, la edi­ go al contexto, a «la situzionalira. concreta (e cioé
ción de la Storia d'Italia de Einuadi (1972), a la le istituzioni, la storia, ecc.)). Entregados a la téc­
que podemos considerar como una síntesis entre nica la observación participante, los etnógrafos
categorías y modos analíticos tomados en présta­ reúnen sus datos, hacen acopio de lo que rrans­
mo de Allllales -y, por consiguiente, de su prin­ miten sus informantes, sabiendo que cada hecho
cipal inspirador en aquellas fechas, Braudel- y forma parte una cadena de de los que
convenciones e intuiciones propias de la historio­ no puede ampmarse impunemente. Pero, además,
grafía italiana de impronta gramsciana. Grendi asumía la tradición de la antropología
susrantivista, la tradición que, a partir de la teo­
Las propuestas de Edoardo Grendi no eran to­ ría del don y del principio de reciprocidad, vin­
talmente congruentes con algunas de las certezas culaba a Polanyi, a Mauss, a Boas o a Malinowski.
que este paradigma historiográfico imponía en El objetivo de esa perspectiva no era la mera im­
aquellas fechas. Frente a la historia total propug­ portación de modelos etnológicos -añadía el
nada por Braudel, aquello que Grendi defendía liano en esas fechas-, sino interrogarse la
era un modelo de análisis más modesto per­ evidencia supuestamente incontrovertible de al­
mitiera reducir los objetos de investigación. En gunas categorías: en concreto aquellas que, de ma­
realidad, su propuesta no era sino el traslado al triz económica, se habían incorporado a la disci­
ámbito histórico de una perspectiva micro que ya plina histórica como si fueran obvias en sí mis­
se habían dado con anterioridad, en otras disci­ mas, las de mercado y racionalidad. Ambos con­
plinas, tanto en la antropología como en la eco­ ceptos, que constituían desde antiguo objeto pre­
nomía. En el primer caso, dos eran las enseñanzas ferente de la microeconomía, se abordaban desde
sobre las que Grendi ponía el énfasis en aquellas esta última disciplina como nociones lógicas su­
fechas (y después): por un lado, el enfoque pro­ bordinadas a la teoría de la elección racional, en
piamente micro-analítico de la etnología, identi­ principio, una teoría normativa. En este caso, las
ficado con la contextualización del hecho; por actividades económicas, al menos desde la
EL HISTORIADOR COMO AUTOR... 173
172 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA

singular de casos concretos dotados de su parti­


pectiva marginalista, se explicaban a partir del cular historicidad. La reivindicación de la histo­
postulado de la maximización y ello servía ta~to ria hecha por los antropólogos daba unos resulta­
para explicar las elecciones de los empresanos dos contrarios a lo sucedido en el caso francés.
como las decisiones de los consumidores. En este Por eso, precisamente, es por lo que Past and Pre­
sentido, aún adoptando el enfoque micro, la eco­ sent tuvo desde sus orígenes una impronta bien
nomía expulsaba los contextos de dichas diferente a la que podemos apreciar en los Annales
elecciones y, en ese sentido, era escasamente fruc­ de las mismas Como apostilló años des­
tífera para los historiadores, al menos en compa­ pués Clifford Geertz, cuando los antropólogos
ración con los usos y los rendimientos de la pers­ optan por lo microscópico no es por incapacidad
pectiva micro entre los antropólogos. teórica o generalizante, no es por estar apegados a
una teoría humanista de la acción, como deplora­
. Pero eran todas las antropologías variantes de rían Lévi-Strauss y la generación de estructuralistas
una< disciplina contextua!, variantes de una d"15C1­ que encabezó. Si optan por lo microscópico ­
plina que siempre otorgaría relevancia al cont~x­ el etnólogo norteamericano en interpre­
to? Los Annales habían recibido una fuerte 111­ tación de las culturas- es porque el investigador
fluencia de la perspectiva antropológico-estruc­ se propone analizar los mismos «megaconceptos
tural y, como tal, el impulso etnológico que aquella con los que se debaten las ciencias sociales con­
publicación podía experimentar tenía más q~e ver temporáneas» pero partiendo «de los conocimien­
con el análisis de invariantes, con el estudIO de tos extraordinariamente abundantes que tiene de
reglas y, en definitiva, con la posibilidad esta­ cuestiones extremadamente pequeñas). ¿Hay al­
blecer modelos. Por eso, precisamente, es por lo guna coincidencia en lo dicho por Geertz a pro­
que Claude Lévi-Strauss marcaba diferencias con pósito de lo microscópico en etnología y lo que
la historia «tradicional» como disciplina de la ac­ defendiera Grendi para la historia?
ción y celebraba la proximidad modelo
braudeliano al estudio de inconsciente, según Como se puede observar, la defensa de esta pers­
leemos en el primer capítulo de su Antropología pectiva no tiene, en principio, nada que ver con
estructural. Por el contrario, la variante anglosajona,
los postulados en los que se basa la microeconomía,
al menos desde E. Evans-Pritchard, había reivin­
una microeconomía en la que sus practicantes
dicado, más allá de la formalización, el estudio
=
E'iSAYOS SOBRE :".!JCROHISTORIA
EL HISTORIADOR COMO AUTOR •.• 175
174

analizan teóricamenre la conducta del consumI­ zar extracontextualmente los datos patrimoniales
dor racional. Y no tiene que ver porque en un de los burgueses de cinco ciudades francesas: in­
caso estamos ante una teoría normativa y, en otro, tenrado que fueran congruentes, esas informacio­
nos hallamos ante una teoría explicativa: lo micro nes carecían de vida y sólo consentían compara­
en historia, de acuerdo con Grendi, tiene que ver ciones muy externas, numéricas, sin nombres, sin
más con el relieve dado al conrexto, con el análi­ relaciones y sin que el lector supiera el valor
sis circunstancial que los etnólogos anglosajones bólico que el contexto daba a cada objeto.
asumen mancomunadamente (y ésta es, en fin,
una generalización que nos consenrimos). Por tan­ Es por eso por lo que, poco tiempo después,
to, la primera consecuencia que se extrae de aque­ hacia 1977, Grendi defendería expresamente el
lla temprana propuesta, la que hiciera Grendi a la esrudio micro analítico -y así lo llamaba- en el
altura de 1972, es la reducción de la escala de seno de aquellas formas de agregación social y
observación. Pero, como decíamos, más allá de este política más reducidas que las que podían repre­
procedimiento, lo que Grendi defendía era el aná­ sentar el Estado o la nación: «e perché deve essere
lisis de las relaciones sociales, los modos de l'aggregato-nazione e non la comunita o la citra o
interacción múltiples y complejos que se dan en­ il mestiere il luogo d' elezione per lo studio de
tre sujetos operantes en un conrexto histórico. queste trasformazioni?» Si, a juicio de Grendi, la
Ahora bien, el estudio relacional y, a la vez, la historia social había de tener por objeto
reducción de la escala sólo podían ser practica­ «ricostruire l' evoluzione e la dinamica com­
bles en aquellos dominios en los que, por sus pe­ portamenti sociali», es decir, las relaciones, «il
queñas dimensiones, el análisis pudiera resultar villaggio contadinQ» o el «quartiere urbanQ), for­
realizable y, además, ser significativo. De entre mas diversas de comunidad, son áreas privilegia­
los textos que entonces publicara, dos son das de dicho estudio, leemos en «Micro-analisi e
cialmenre en los que desarrolló esta tesis. El pri­ storia sociale». ésta una tesis que nuestro autor
mero de ellos es una respuesta dada por Grendi al no ha modificado sustancialmente y, hecho,
modelo analítico de la burguesía francesa adopta­ muchos años después, en 1994, cuando reevaluaba
do por Adeline Daumard y sus colaboradores. el micro análisis histórico acababa su en
aquel texto, les reprochaba el cartesianismo . los mismos términos, acababa reivindicando otra
mal de las categorías empleadas para homogenel- vez la reducción de la escala para así hacer flore­
176 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORJA EL HISTORIADOR COMO AUTOR ... 177

cer el contexto, para así emprender una historia entrevista publicada en 1990, Giovanni Levi le
social en la que los estudios de comunidad per­ atribuye a Grendi un carácter «inglés», y esa atri­
mitiesen exhumar la compleja red de las relacio­ bución es algo más que una boutade. Decía
nes sociales. Thompson en «The peculiarities of the English»
que el mejor idioma de los anglosajones habría
¿Cuáles fueron los referentes que le permitie­ sido aquel en el que confluyen históricamente el
ron fundamentar aquella temprana propuesta léxico protestante, el lenguaje individualista, el
microanalítica? No son siempre los mismos, no empirismo y, en definitiva, aquel que se propone
son exactamente los mismos aquellos que defen­ abatir los universales. Pues bien, esos atributos
diera en 1972 y los que menciona, por ejemplo, son probablemente los mismos con los que se re­
en 1993 con motivo de la publicación de Il Cervo vistió Grendi en desde) su temporada londi­
e la Repubblica. Hay, sí, coincidencias y hay leal­ nense, hecho que es aún más llamativo si tene­
tades que permanecen, y, entre éstas, hay una in­ mos en cuenta su procedencia, la de una historio­
clinación evidentemente anglosajona, muy poco grafía en la que el peso del historicismo y del idea­
«francesa», sobre la que convendrá demorarse. A lismo había sido y seguía siendo muy grande.
este historiador italiano, por ejemplo, se debe la Quizá por esta razón -quizá por este empirismo
difusión en Italia de ciertos autores que, para las en el que se nutrió- es por lo que pueda enten­
fechas en las que comenzó a divulgarlos, no eran derse mejor el relieve que Grendi iba a dar a la
muy conocidos. Sin duda, que estos referentes noción de contexto, una noción en este caso en­
pertenecieran al ámbito anglosajón no es extraño tendida a la manera de P. Thompson. Quizá
si se tiene en cuenta la productiva estancia que por esta razón -quizá por esta lealtad- es por
este autor disfrutara en la London School of Eco­ lo que pueda entenderse que haya sido este in­
nomics de la posguerra. Este hecho permite en­ vestigador italiano aquel que más ha contribui­
tender la línea de investigación que Grendi reco­ do a difundir en su país la obra del historiador
rre desde los años sesenta, una línea con objetos británico.
variados, una línea que se inicia con la historia
del movimiento obrero y, especialmente, con la ¿Qué lección aprende nuestro autor de la obra
difusión de la obra de los historiadores marxistas de Thompson? Grendi lo expresó con toda clari­
británicos que se ocupaban de ese tema. En una dad en 1981, justamente en la introducción que
178 ENSAYOS SOBRE :-'¡¡CROHISTORIA EL HISTORIADOR COMO AUTOR ... 179

hiciera a un volumen recopilatorio de aquél, en integran. En este caso, la acción humana


un volumen que servía de compendio de algunos puede explicarse en su contexto, pues las de­
de sus trabajos menores y que, al estar editado en _.oíones y sus implicaciones son fruto de una elec­
la colección «MicrostorÍe», podía tomarse como _lón que es inextirpable de la propia experiencia
la invocación micro analítica de Thompson. Ade­ ~.:umulada y de las informaciones que se reúnen.
más del sano y descreído empirismo que caracte­ embargo, para Grendi le reprochaba a Thomp­
riza a la tradición británica -ajena, por tanto, a 'on tres vicios: la relativa elementalidad y el deli­
los excesos de los «cartesianismos» y de los idea­ ~erado impresionismo de sus categorías, el silen­
lismos continentales-, Grendi aprecia en su obra .:tO acerca de las estructuras extraintencionales,
dos virrudes. En primer lugar, la reivindicación acerca de las coerciones y de los determinismos y,
del «protagonismo degli individui e dei gruppi a la postre, el tono autocelebrativo que empleaba.
sociali, l' human ageney»; en segundo término, la En suma, la lectuta que Grendi realiza de Thomp­
«rigorosa contesrualizzazione» del objeto históri­ son intenta subrayar la forma con la que abor­
co, en este caso de los individuos y de los grupos. da el estudio contextualizado de los individuos y
A partir de estos supuestos, a juicio de Grendi, de los grupos a través de un estímulo propiamen­
Thompson censura ciertos vicios de su propia tra­ te antropológico. Eso le permite el his­
dición marxista- que, obsesionada por el toriador italiano- disolver teleologías de «la Sto­
cientificismo, parece haber olvidado en ocasiones riografia conservatrÍce» y banalidades «della tradi­
la mirada «aperta, esploratoria, autocritica», en zione marxista)). "Para nosotros en efecto
definitiva, el uso constante de la «ragione attiva». Thompson-, el estimulo antropológico no surte
uso de esa razón crítica le habría permitido su efecto en la construcción de modelos, sino en
investigar no tanto la lógica (estructural) del ca­ la localización de nuevos problemas, en la per­
pital cuanto su proceso histórico de formación: le cepción de problemas antiguos con ojos nuevos».
habría permitido también sacudirse la
da metáfora base/superestructura, que tantos Esta mirada distanciada y que Grendi
reduccionismos había provocado en el de aprecia en Thompson la lleva hasta el extremo,
las instituciones y de la cultura; y le habría per­ hasta un extremo en el que poder hallar ciertas
mitido finalmente abordar a los protagonistas de afinidades con otro autor, también instalado en
ese cambio: las clases populares y los individuos la tradición británica, un autor que años antes
180 ENSAYOS SOBRE ,\IJCROHISTORIA

EL HISTORIADOR COMO AUTOR... 181


había efectuado una lectura igualmente hetero­
doxa y «etnológica)} del proceso de formación del un análisis de la economía de mercado v de
capitalismo. Se refiere a Karl Polanyi. Quizá pue­ 'us orígenes, comprobando la historicidad' del
dan sorprendernos las sintonías que Grendi esta­ contrato y del beneficio económico y subrayando
blece entre ambos autores: mientras uno pertene­ el carácter de economía «incorporada» que tienen
ce a la tradición marxista, el OtrO no; mientras los distintos tipos de transacciones. Es decir, la
uno se expresa como antropólogo, el otro lo hace economía funciona, antes del capitalismo, como
como historiador. Sin embargo, ambos compar­ un subproducto de las obligaciones de parentes­
ten un mismo interés crítico-analítica co, políticas y religiosas, quedando los medios de
del proceso de formación del capitalismo- y, ade­ subsistencia garantizados como un derecho mo­
más, lo desarrollan con instrumentos y categorías ral que derivaba de la pertenencia a una comuni­
heterodoxos. En ese sentido, el atractivo que Karl dad humana. En ese sentido, reciprocidad,
Polanyi ejerce en Grendi resulta perfectamente redistribución e intercambio constituyen for­
comprensible: «1'esperienza teodca)) de este últi­ mas de transacción que son diversamente do­
mo autor «ha influenzato del pari srorici e antro­ minantes según las sociedades históricas o si­
pologi», aunque fundamentalmente en el ámbito multáneas, según jerarquías internas de esas
anglosajón. En efecto, este autor, al que se le co­ mismas comunidades.
noce como un antropólogo de la economía, desa­
rrolló parte de su obra en Gran Bretaña y en A partir de estos supuestos, dos son las ideas
tados Unidos a partir del temprano exilio que le que nuestro autor trata de desmentir. Por un lado,
alejó de su Budapest natal, de ese Budapest en el la de que los mercados puedan contemplarse como
que compartía amistad y camaradería intelectual la forma omnipresente de la organización econó­
con Lukács. De todas sus obras, aquella que cons­ mica. Por otro, la de que esa misma organización
tituye un clásico todavía vigente es sin suda la determine la estructura social y la cultura en to­
que lleva por título La gran transformación, pu­ das las sociedades. De ser ciertas estas premisas
blicada originalmente en 1944 y pronto editada en algún momento histórico, sólo se cumplirían
en su primera y parcial versión castellana en la por entero bajo el capitalismo concurrencial do­
editorial Claridad de Buenos Aires. En ésta y en minado por el mecanismo del mercado autorre­
otras investigaciones, Polanyi desarrolla, como se guiador. Frente al axioma smithiano del interés
económico como móvil de la acción social, frente
r
182 ENSAYOS SOBRE ),HCROHISTORIA EL HISTORlADOR COMO AUTOR... 183

a la reevaluación del homo oeconomicus de la tradi­ ~:d en Italia con la edición de La grande trasfor­
ción neoclásica, Polanyi subraya la certidumbre ;,lzione, un volumen que aparece en Einaudi en
inversa: el hombre no tiene una propensión inna­ y del que Grendi publicará una extensa y
ta al tráfico. Es sólo la necesidad social de organi­ s:gnificativa reseña en la Rivista sto rica italiana, el
zar los recursos el factor que conduce al cambio. ?rincipal medio corporativo de los investigadores
En ese sentido acepta alguno de los supuestos de aquel país. Pero esa operación de difusión se
marxistas para el análisis de la economía capita­ consuma con Polanyi. DaII'a n tro-p ologia economica
lista, supuestos que no podrían generalizarse para dla microanalisi storica (1978), una obra rara ­
las sociedades primitivas y arcaicas. Por tanto, la ~a obra de un historiador presentando a un antro­
conclusión que extrae Polanyi es la de que la es­ pólogo de la economía-: una obra de introduc­
tructura institucional del capitalismo concurren­ ción de la que es autor Grendi yen la que su subti­
cial escindió la economía de la sociedad y del Es­ :ulo es suficientemente explícito de las intencio­
tado, transformando el trabajo y la tierra en mer­ ::es que el historiador le da.
cancías y organizando su oferta como si, en efec­
to, fuesen artículos elaborados para ser vendidos. En una primera parte, el investigador italiano
Esta es da gran transformación» que se experi­ describe y analiza las categorías polanyianas, po­
menta en Occidente y de la que nacen los merca­ niéndolas en relación con la antropología social
dos «incontrolados}), en los que la economía ha inglesa, con el sustantlvismo económico y, al fin,
dejado de estar incorporada a la sociedad. con la antropología marxista. En la segunda par­
te, por el contrario, la figura de Polanyi pierde
Tal vez hoy ya no nos sorprenda la tesis en la relieve para dar paso a un uso productivo de sus
que se sustentan estos argumentos. Sin embargo, conceptos y enfoques de modo que permitan fun­
no hay que olvidar la época en la que estas ideas dar una nueva mirada sobre viejos temas. En de­
se expresan. Probablemente lo que sí que nos pue­ tlnitiva, Grendi se propone abatir dos rasgos re­
de sorprender es la escasa o nula recepción que currentes del trabajo histórico y que son dos vi­
este autor tuvo en Italia o en Francia hasta los cios de origen tomando para ello a Polanyi como
años setenta, cuando Grendi, en un caso, y Anna­ ;:xcusa teórica que le permita desarrollar la aproxi­
les, en el otro, empezaron a difundirlo. L~ opera­ :nación microanalítica en historia. Al hacerlo así,
ción de recuperación del autor húngaro se poten- :.spira a destruir el teleologismo implícito o ex­
~--=~~~---
184 ENSAYOS SOBRE },lICROHISTORIA EL HISTORIADOR COMO ACTOR", 185

plicito que ha informado buena de los aná­ una mirada micro analítica que no da por supues­
lisis histórico-económicos del capitalismo, Al ha­ ID ningún elemento que no se explique en su re­
cerlo así, aspira también a combatir el lación contextual. Esta última aseveración nos per­
normativo con el que los historiadores mite precisamente volver sobre una de las
luar la modernidad de las sociedades que estu­ dumbres que Thompson sostiene y que
dian, y del que son ejemplo fehaciente los hilos defendía ardorosamente: la historia como la dis­
conductores «progresistas» que se incluyen en los ciplina del contexto, entendiendo por tal que el
manuales o libros de texto, según denunciara ex­ análisis que se realice sobre cualquier hecho his­
presamente Grendi en un artículo posterior, de tórico sólo podrá adquirir significado dentro de
1979. El rechazo de esos errores procedimentales un conjunto de hechos siendo también cada uno
le facultarán -añade- para poner en práctica de ellos un eslabón de una cadena. Y eSID es lo
los estudios de comunidad. De ese modo, leemos que permite a Grendi relativizar una de las carac­
en ese volumen de 1978, podremos pasar «di un terísticas más celebradas de la historiografía
procedimento dal 'micro' dell'unita domestica al annalista: la interdisciplinariedad. Su preocupa­
'macro' della socíeta piu ampia, attraverso la co­ ción no es la de estar atento sin más a las innova­
munid in tesa come forma di aggregazione ciones de las ciencias sociales para ejercer sobre
socio-spaziale intermedia [... J. Questo procedi­ un canibalismo interesado, sino, por el con­
mento -concluye- e opposto a quello general­ trario, obligar a las categorías y a los métodos a
mente seguito dall' approccio storÍco che definisce confrontarse con el hecho inerte cuyo significado
i caratteri generali della sociera suBe basi di una no se lo dan esas ciencias extrahistóricas, sino la
considerazione ideal-ti pica dei rapponi interper­ de relaciones factuales y personales de la que
sonali astraendo q uindi dalla loro definizione es inseparable. Se expresa, pues, desde el más cons­
spaziale e di scala». realismo histórico, desde una noción de
realidad externa en la que es el observador el que
Al margen de que la unidad doméstica, la co­ se supedita a los dictados del material empírico,
munidad o el mercado puedan ser objetos, nue­ en la que es el investigador el que se esfuerza por
vos o viejos, que se introducen o se re introducen captar la pertenencia social de lo que estudia. Esa
en el discurso histórico de aquellas fechas, la lec- idea contexto no le lleva entonces, en aquellas
ción que extrae Gren~i_e_s_m_ás propiamente la de__smr-=___te_chas, a combatir las posiciones ~scépticas_-!al_
I 186 ENSAYOS SOBRE ),!lCROHISTORIA

vez porque el peso del neo pirronismo histórico


era escaso frente al dominio de las viejas formas
EL HISTORIADOR COMO AUTOR...

permitan aplicar esa mirada total que reclama. Es


por eso por lo que algunos autores del Network
187

de positivismo-, pero será en los noventa, en Analysis y sus concepciones sociales serán impor­
particular en su contribución de 1994, cuando la tantes para este historiador. Si de lo que se trata
asuma el punto de vista cognoscitivo para es de reconstruír una red de relaciones sociales en
oponerse al relativismo epistemológico. ¿Por aquellos agregados en los que la reducción de es­
esta demora? Pues porque en la agenda de Grendi cala permite su exhumación, entonces autores
esta propenslon sólo se incorpora cuando otrOS también anglosajones como Jeremy Boissevain o
microhistoriadores la hagan el centro del debate Fredrick Barth serán imprescindibles, el comple­
histórico. curioso, lo personal y lo irónico es mento necesario. ¿Por qué razón? Porque le per­
que este investigador la empleará para oponerse a miten pensar al sujeto como un ego o como un
las desventajas o a los riesgos de otras formas de empresario que se sirve de sus conocimientos per­
microhisto ria. sonales y de sus interacciones sociales para hacer
valer sus intereses, pero asumiendo que aquellas
La idea de contexto es, pues, tal y como Grendi relaciones son a la vez su propia el límite
la expresa, una lección que la etnología ha- frecuentemente infranqueable que lesiona su
bía asumido. Por eso no es extraño que este histo- maximización, el freno que opone resistencia al
riador haya privilegiado la aproximación a la an- despllegue de una racionalidad olímpica, inca n­
tropología, pero que 10 haya hecho sobre los su- dicionada. Lo dice expresamente en 1993, en Jl
puestos que el propio Thompson había delimita- Cervo e la Repubblica. En su caso, sin embargo, la
do. Por esa razón, cobra protagonismo la descrip- adopción de la metáfora de la red el estudio
ción polanyiana de la economía incorporada, en- de las relaciones sociales y, por tanto, su reivindi­
tendiendo por tal la imposibilidad de separar la cación del estudio de las esferas de acción y de
instancia económica de la sociedad y, por tanto, influencia de los individuos no le llevan a aceptar
obligando al investigador a efectuar una lectura finalmente el individualismo metodó-logico. En
total de un hecho que no consiente una única 1 9 , en aquella primera formulación del
mirada disciplinaria. Y, en ese sentido, Grendi microanálisis histórico, se expresaba con alguna
elige como objeto las formas de agre- ambigüedad, hasta el punto de que parecía ob­
gación intermedias, en la medida en que éstas _ _iIIIlW
_ _ _servar
__ con simpatía ese tal vez
EL HISTORIADOR C01vl0 AUTOR .. , 189
188 ENSAYOS SOBRE ~llCROHISTORlA

Es más, hay en ese texto, titulado significativa­


aquellas fechas el dominio francés de la historia ::nente «Ripensare la microstoria?», un tono re­
estructural era omnipresente; en los años noventa de ironía dolida, un tono que le permite
ya no será así, y la se convierte en su disc~rso marcar distancias con respecto a su principal ri­
en la imagen de las coerciones y de las determma­ \'al, Carlo Ginzburg, y de eso es prueba L"L'<L',"~'
ciones que limitan la acción de los individuos. La te el interrogante con que matiza la propuesta.
ambivalencia con que contempla el individualis­ Pone siempre entre comlllas las palabras microhis­
mo metodológico es perfectamente razonable y, a toria y microhistoriadores y se profesa nuevamente
nuestro juicio, en estrecha sintonía con la actitud seguidor del microanálisis histórico, una etiqueta
que mantuviera Thompson. Evaluando las con­ de menor éxito, un rótulo más modesto, menos
cepciones la acción que profesó, Anthony enfático, pero una designación que le para
Giddens le atribuyó al historiador británico una subrayar la metadisciplinariedad de la perspecti­
adhesión implícita al individualismo metodoló­ va (micro análisis) , una perspectiva en donde el
gico. Thompson no lo admitió; Grendi, tampo­ adjetivo (histórico) alude sólo a una las formas
co. ¿Pero hay en estas posiciones algo que des­ posibles que adopta un enfoque compartido por
mienta su tesis básica, aquella segun la cual la diversas ciencias. ¿A qué se debería, pues, su me­
historia es resultado de las elecciones y acciones nor conocimiento internacional?
de los individuos y que su conocimiento es
reductíble al de esos individuos, de sus propieda­ )Jo creemos que ese desconocimiento se deba
des y de sus actos? a las aristas de su programa, ni a las posibles in­
coherencias que podamos hallar en estas propues­
Concluyamos esta primera aproximación. A tas. )Jo creemos tampoco que su escasa repercu­
pesar de la~ sugestivas y ambivalentes implica­ sión se deba a la irresuelta que se da en
ciones este programa de investigación tiene Grendi entre el relieve dado a la human agency y
la historia desde una perspectiva microanalí­ la oscuridad o la ambigüedad con las que se refie­
tica, y más allá de los acuerdos o desacuerdos que re al individualismo metodológico. Creemos, por
podamos admitir, el conocimiento internacion~l el contrario, que si su microanálisis no ha tenido
que se tiene de Grendi es muy reducido, muy mi­ más repercusión se debe a que no cuenta con una
noritario, y de ese injusto trato que la suerte le obra como El queso y los gusanos. Si el éxito de un
inflige parece lamentarse abiertamente en 1994.
-
190 ENSAYOS SOBRE :-.nCROH1S'OR1A EL HIS,ORlADOR COMO AlIfO R•.. 191

historiador se mide por el genio que expresa en appunto perché rivelante». Con esta fórmula con­
una obra, como apuntó Marrou; si en la fortuna tradictoria, paradójica, Grendi, más que referirse
de una monografía interviene principalmente la al objeto de investigación, lo hace para plantearse
escritura, los modos de escritura, y menos los da­ el problema de las fuentes, polemizando implíci­
tos v las informaciones con que se inviste, como tamente con la cuantificación y la serialización
ano~ó Marrou y apostilló Veyne; en ese caso, de­ características de la historia annalista. Así, su afir­
beríamos convenir en que no hay tal cosa en Gren­ mación alude al uso frecuente e inevitable de do­
di. Más aún, como Giovanni Levi (1994), cumentos indirectos o en negativo ante la falta de
uno de los discípulos más aventajados y agradeci­ testimonios explícitos que nos den información
dos, su escritura, sometida a una depuración tor­ primera mano. En ese caso, lo excepcional pue­
tuosa, es oscura, «ilegible», poco placentera. Que revelar efectivamente en aquello que
su obra haya tenido escaso eco no quiere decir, definiríamos como normal, pero eso no implica­
sin embargo, que a Edoardo Grendi no se le cite, ba que Grendi estuviera defendiendo en 1977 o
pero en este caso, cuando con motivo de la en 1994 la adopción de casos excepcionales, ra­
microhistoria, se alude a su persona es porque se ros, extravagantes, extemporáneos o periféricos
le reconoce la paternidad de un oxímoron afortu­ para el estudio histórico. Por eso es por lo que su
nado -lo excepcional normal-, oxímoron que noción de contexto le sirve para «normalizar» los
compendiaría la tarea cognoscitiva de la perspec­ objetos estudiados; por eso es por lo que, a su
tiva micro. A esta fórmula retórica, como a las juicio, la conducta y las ideas de Menocchio -el
metáforas a que son tan afines los microhis­ molinero que estudiara su rival en El queso y los
toriadores, se le ha dado un relieve desproporcio­ gusanos- podían ser analizadas desde la red de
nado. Ya lo decíamos en 1993 y sobre ello se pro­ relaciones sociales en las que se inserta su vida y
nunció el propio Grendí un año después. no forzando el caso como si éste fuera explicable
desde una cultura extracontextual, extralocal. Así
¿Qué era eso de lo excepcional normal? se expresaba en 1994 y así concluía haciendo aún
leemos en su artículo de 1977, «caratteristíca­ más explícita la rivalidad que los enfrentaba.
mente lo sto rico lavara su molte testimonianze
indirette: in questa situazione il documento ecce­
zionale puo risultare eccezionalmente 'normale' \
m
192 ENSAYOS SOBRE l\nCROHISTORIA EL HISTORIADOR COMO AUTOR... 193

-éfres-
::xhumar la acción de las clases populares, y éstas
habían dejado escasa huella de sí, pocos vestigios
El texto más célebre -el primero pero también documentales, Franc;:ois Furet defendía la recons­
el más incompleto- que Ginzburg ha publicado trucción estadística, una reconstrucción hecha con
sobre la micro historia es el que lleva por título dI las grandes magnitudes y ajena por tanto al ras­
nome e il come», traducido en castellano en los treo personal de los nombres que rotulan una vida.
años noventa con el título de «El nombre y el Frente a esta tesis, que llegó a ser palabra de or­
cómo». Es un pequeño ensayo escrito con Carla den entre los annalistas, Ginzburg y Poni sosten­
Poni y aparecido en 1979, es decir, dos años des­ drán algo bien distinto, algo que está en evidente
pués de que Grendi defendiera su opción (<<Micro­ sintonía con lo argumentado por Grendi en 1975
analisi e storia sociale») en la misma revista y que justamente le había servido para reprochar
Quaderni storici. ¿Es exactamente un manifiesto a Adeline Daumard su cartesianismo. Opuestos a
metodológico y programático de una nueva co­ la despersonalización homogeneizadora, a la
rriente, o es, por el contrario, un artículo circuns­ descontextualización y al olvido del simbolismo
tancial en donde hallamos breves apuntes acerca que entrañan las acciones y sus productos,
de lo que sea la microhistoria? Dicho texto fue Ginzburg y Poni defendían la individualización
concebido originariamente como una comunica­ de la historia: buscar «al mismo individuo o gru­
ción presentada en un coloquio celebrado en Roma po de individuos en contextos sociales diferentes.
sobre Annales y la historiografía italiana. Más allá El hilo de Ariadna que guía al investigador en el
de las comparaciones y de las dependencias que laberinto de los archivos -añadían- es el que
observan entre Italia y Francia, los autores tenían distingue un individuo de otro en todas las socie­
una propuesta, defendían una opción, en concre­ dades que conocemos: el nombre».
to un tipo de investigación fundada en el nom­
bre. ¿En el nombre? ¿Qué quiere decir esto? Como La reconstrucción basada en el nombre no
decíamos a propósito del paradigma annalista abandona necesariamente, según sostienen ambos,
triunfante en los años sesenta y setenta, la seriali­ la fuente serial o, más aún, la investigación serial.
zación y el anonimato eran unos modos específi­ Sin embargo, lo que las diferencia es tomar o no
cos -los modos específicos- de la historia so­ el anonimato como resultado final. En efecto, «el
cial. Si esa nueva historia social tenía por objeto centro de gravedad del tipo de investigación mi­

-~=---
194 ENSAYOS SOBRE ¡'¡:CROH1STORIA EL HISTORIADOR CO¡'10 AUTOR ... 195

cronominativa que aquí proponemos» persigue a ::'éro. Grendi y Ginzburg (y Po ni) comparten
individuos concretos, buscando descubrir «una ?ersonalización -«il nome»- del objeto de
de tela de araña tupida» a partir de la cual .. ·.-estigación, para lo cual la reducción micro ana­
es posible obtener «la imagen gráfica de la red de .. ::.::a les parece la más conveniente. De ese modo,
relaciones sociales en que el individuo está inte­ proponen reconstruir la red de relaciones for­
grado». Enunciada así, la conclusión a la que lle­ ",::.ales o informales de los sujetos, y, en suma, la
gaban no era en principio muy diferente a la que .=..:Lividad intencional de los individuos, para lo
había propuesto Grendi. Desde este punto de vis­ ::.lalla fuente serial y otras que no consienten la
ta, no debe extrañar, pues, que los autores resca­ ~'Jantificación pueden ser contempladas desde la
taran el oxímoron de aquél, aunque, en este caso, ::lisma perspectiva nominal. En definitiva, tam­
ampliando polémicamente sus significados. Y ésta ::>ién hay un similar por las aportaciones
es ya una prueba de la distancia que -;;:levantes de otras disciplinas sociales y, en parti­
separará a Ginzburg de Grendi, una distancia que ::..tlar, por la perspectiva antropo-lógica. Ahora
se hace formal, evidente, explícita en los años no­ ::<en, a partir de estas coincidencias, Ginzburg y
venta. ¿En qué consistían los registros dados aho­ :'oni hablan de lo excepcional normal como si este
ra a lo excepcional En un primer senti­ JxÍmoron implicara también la creación de obje­
do, «un documento realmente excepcional (y por ,os de investigación definidos a partir de esta cua­
ello estadísticamente poco frecuente) puede ser :idad, algo que se aleja de la pretensión originaría
mucho más revelador que mil documentos estereo­ de Grendi. La importancia de este último
tipados». Según otro significado, lo excepcional ':0 es capital en la medida en que los autores lo

normal alude a determinados Case Studies y, por sostienen tres años después de la aparición de El
tanto, a objetos de investigación que son extraor­ queso y los gusanos y, por tanto, cuando un
dinariamente para nuestro sentido ,Jaro referente que puede dar sentido a ese nuevo
común, pero normales en sociedades precapi­ significado de lo excepcional normal: un extraño
talistas, si no de derecho al menos de hecho. molinero, contumaz, extravagante y
sible, creador y sabedor de metáforas orgánicas
Es en este último punto, en esta última que describen el mundo y su génesis; un
ción, donde los autores ensanchan el sentido de .::ional campesino a cuyo interior llegan tradicio­
lo excepcional normal hasta proponer un tercer
196 ENSAYOS SOBRE ,\lICROHISTORL~
EL HISTORIADOR COMO AUTOR ... 197
nes populares de las que ni siquiera es consciente
pero a partir de las cuales el historiador se propo­ __ Grendi, es decir, el documento no serializable
ne reconstruir un pequeño fragmento de la cul­ ~ ~ro significativo por revelador; otra cosa distinta
tura popular y de la cosmogonía moderna. Pero, ~, buscar un objeto de investigación que, por su
además, la publicación de «El nombre y el cómo» :~)ildición extraña pueda descubrir en negativo o
coincide en el tiempo con la difusión de «Indi­ ?or fragmentos hechos o procesos históricos nor­
cios», un célebre ensayo de Ginzburg sobre el pa­ :nales, colectivos; y otra, finalmente, es el indicio
radigma indiciario, un texto en el que, como ve­ :omo mecanismo de creación de un paradigma
remos inmediatamente, se defiende un modelo :ognoscitivo, la huella escasa pero igualmente re­
epistemológico de base conjetural, un modelo en ~;eladora a la que hay que dar con audacia un sig­
el que el historiador se aventura con hipótesis ex­ nificado. El indicio es característico de determi­
cepcionales para dar sentido a objetos que tam­ nadas prácticas o disciplinas. Ginzburg describe
bién lo son. Esto es, leyendo «El nombre y el a este propósito el uso del paradigma indiciario
cómo» e «Indicios», se tiene la impresión de que ~n la crítica de arte para atribuir, mediante sig­
constituyen dos racionaliza-ciones retrospectivas nos pictóricos marginales, autorías en disputa o
de una investigación que es previa o simultánea; ignoradas (Morelli); en el método detectivesco
se tiene la impresión de que sirven, entre otras para hallar las pruebas de inculpación o exculpa­
cosas, para defender teóricamente -apelando a ción de crímenes o delitos (Sherlock Holmes); o
lo excepcional normal- la conversión de un ob­ en el psicoanálisis para detectar los síntomas ­
jeto extraño en una vía de acceso al universo co­ los representantes de las pulsiones- propios de
rriente de las clases populares y de su cultura. la psique profunda (Freud). La mirada que con­
vierte un dato en indicio es un mirada basada en
Por tanto, partiendo de lo excepcional normal la sintomatología o «semiótica» médica: son los
son tres los significados que se le atribuyen a la ojos de un médico que pueden ver más allá de la
microhistoria, son tres los hallazgos. Uno hace epidermis. En efecto, lo que tienen de común los
referencia a las fuentes, otro a los objetos de in­ protagonistas o los creadores de esos tres ejem­
vestigación y el último alude al método de cono­ plos es su condición médica. Ginzburg insiste
cimiento y a las inferencias a aplicar. En efecto, sobre ello estableciendo evidentes analogías entre
una cosa es lo excepcional normal en el sentido la historia y la medicina como prácticas basadas
en testimonios indirectos, observaciones indicia­
198 ENSAYOS SOBRE :.nCROHJSTORIA EL HISTORIADOR COMO AUTOR... 199

rías e inferencias conjeturales. ésta, la de la ana­ .-::anera directa a una realidad que, por principio,
logía entre la historia y la medicina, un tesis anti­ .:: es opaca, impenetrable, muerta y, por princi­
gua, una tesis que reaparece periódicamente, que ?10, irrestituible, como lo es el crimen y su esce­
llega hasta Ginzburg pero de la que se hizo eco :lario. Pero su intención es recuperar un pasado
contemporáneo un gran helenista, maestro de este que, aunque se le resista, es posible devolver de
historiador e historiógrafo distinguido: Arnaldo algún modo al presente. ¿Cuáles son los mecanis­
Momigliano. mos de esta restitución tentativa y parcial? El uso
de un material -la fuente histórica- que siem­
Si aceptamos esta idea, si le admitimos que la pre es indirecto, vicario, es decir, un signo. En ese
historia es la disciplina de lo concreto reconstrui­ caso, el procedimiento es similar al que desarro­
do indirecta y oblicuamente, mediante indicios, llan las disciplinas sintomáticas, esto es, operar
su método será el la abducción. ESla última con escasas informaciones que, gracias a su atina­
fue analizada y descrita por el filósofo pragmatista da decodificación, permitan captar algo de lo que
Charles S. Peirce. La inferencia abductiva es aque­ parecía inerte, insignificante, sin sentido. En de­
lla en la que, poniendo en relación una regla y un tlnitiva, la operación es encontrar los parentescos
resultado, obtenemos un caso; es decir, sabemos de significado de un material siempre escaso por
que este resultado que alcanzamos puede ser el naturaleza. ¿Parentescos de significado? ¿De dón­
caso de una regla que hemos sometido a hipóte­ de toma Ginzburg esta voz y, sobre todo, los usos
sis. «La deducción prueba que algo tíene que ser; que va a darle?
la inducción muestra que algo es actualmente ope­ historiador es como un sabueso, alguien que
rativo; la abducción sugiere que algo puede ser». olfatea, que desconfía, que sabe de las íntimas e
En efecto, el proceso abductivo interviene siem­ insospechadas relaciones de la realidad, alguien
pre que hay que poner en relación un hecho, al que ve porque sabe mirar, porque sabe buscar.
que sólo podemos acceder con pruebas, con testi­ Ocupado de aclarar asuntos extraños o aparente­
monios o con indicios, modo que esa inferen­ mente carentes de sentido, ese investigador está
cia permita ser verificada. Reconocer que el cono­ despierto porque sabe que no puede renunciar a
cimiento histórico siempre es abductivo no impli­ su objeto, porque sabe que debe proponer inter­
ca caer en una suerte de relativismo. Significa so­ pretaciones verosímiles apoyadas en datos empí­
lamente que el historiador no puede acceder de ricos. Es como el detective que basándose en hue­
200 ENSAYOS SOBRE ;"l!CROHISTORIA EL HISTORIADOR COMO AUTOR ... 201

llas menores avizora conexiones que para otros son En ese caso, pues, Menocchio es o puede ser
simplemente invisibles. ¿Y qué conectaría ese his­ tomado como un síntoma, como el dato revela­
toriador? Los objetos de los que se ocupa Ginzburg dor de algo que lo trasciende, como el signo de
son las formas culturales. Por tanto, la mirada de algo que está ausente pero del que sería expresión
sabueso mirada sintomática- le permitiría parcial o representación. El historiador lo toma,
trabar relación entre esas formas, próximas o leja­ pues, como una vía de ingreso, como ese punto
nas, inmediatamente afines o históricamente dis­ concreto y expedito que permite, al modo de
tantes. Si la historia es un proceso en el que los Verne, acceder al centro de la tierra. Los datos
efectos de los actos y de los productos humanos que hacen del molinero un caso -y que en prin­
no siempre se agotan ni se olvidan, sino que pue­ cipio parecen corresponder al delirio o a lo inex­
den dilatarse más allá de la consciencia de sus res­ plicable- son las informaciones de partida y las
ponsables, es posible hallar consecuencias, trasla­ conexiones con las que el historiador se aventura,
dos y contagios constatables en la larga duración. son las interpretaciones resultantes. Pero ... ¿co­
Si, además, esos actos yesos productos están so­ nectar con qué? Si es extraño, excepcional en el
metidos a la cárcel de un estructura social y cul­ sen tido corriente de la expresión, ¿cuáles serán la
tural de la que son emanación, en ese caso los fuentes de esa concepción tan extravagante? La
objetos tratados pregonan en voz alta corrientes audacia de Ginzburg trataría de aclarar un caso
que son subterráneas o alejadas en el tiempo. «raro» y el modo de que sirve es, como anticipá­
ejemplo más célebre de este tratamiento históri­ bamos, el de los parecidos de familia. Esa expre­
co es el de Menocchio, el molinero de El queso J sión es propia de la morfología y, en esta acep­
los gusanos; el más extremo es el que hallamos en ción, la morfología es una disciplina fundada so­
Historia nocturna. De ese modo, lo que empezó bre Vladimir Propp a la que Ginzburg le empare­
siendo la historia de un individuo se revela al ja Ludwig Wittgenstein. Lo dice expresamente en
nal como la historia de una colectividad o, mejor, Mitos, emblemas, indicios y lo dice como el descu­
como la historia de una cultura popular cuyas brimiento personal que es, como el hallazgo doc­
corrientes subterráneas emergen en cualquier es­ trinal de un modo de proceder que es antiguo y
pacio de la humanidad allá en donde se dan las que él mismo practicaba pero del que no tenía los
condiciones de expresión, allá en donde se con­ referentes claros. Tal y como lo insinúa, es el
densan o confluyen. Wittgenstein que hizo comentarios a La rama
202 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORL-\
EL HISTORIADOR CO"lOAUTOR.•. 203

dorada de Frazer el que, en efecto, completa esa ria cultural, aunque una historia cultural bien
mirada morfológica de la que él es portador. La peculiar -como vemos- y que, en concreto, toma
mirada morfológica es la de quien se ocupa de como objeto a la propia de las clases subalternas,
encontrar filiaciones entre formas (en este caso, en lenguaje gramsciano. Este hecho tiene unas
culturales) próximas o distantes, formas que rom­ repercusiones especiales que nos permiten enten­
pen las barreras contexruales más cercanas y que der mejor y ahora el modo que tiene de utilizar
de manera latente o manifiesta aparecen y reapa­ las fuentes. La documentación expresa, diría Ginz­
recen periódicamente. Por eso, más allá de la ve­ burg, das relaciones de fuerza entre las clases de
rosimilitud de la conexión, más allá de que se la una sociedad determinada}}, y esto se verifica si­
aceptemos o no, Ginzburg ve más proximidad lenciando o deformando la cultura de aquéllas.
entre el universo cultural Menocchio y los Pero, a la vez, muchas de esas fuentes recogen in­
Vedas que entre el molinero y sus contemporá­ cluso la voz de quienes fueron sus víctimas: las
neos y vecinos. actas inquisitoriales -añade por ejemplo en <iIl
inquisitore come antropologo)¡- son polifó-nicas
Es por eso por lo que cuando en «El nombre y y de las respuestas forzadas, entrecortadas o inco­
el cómo» se proclama el análisis nominal que per­ herentes de los encausados puede extraerse una
mita restaurar las relaciones de un individuo no información y una percepción del mundo.
tenemos por qué tomarlo en el sentido de Grendi.
No es que Ginzburg postule una investigación de
Desde esta perspectiva, la consecuencia es do­
relaciones sociales que, al modo de la red, nos dé
ble: por un lado, cualquier vestigio de esa reali­
la pista de las interacciones cotidianas. Al hablar
dad cultural sometida puede ser tomada como una
de relaciones aquí, en este contexto, lo que debe­
vía excepcional, pero esa condición no excluye de
mos entender es, pues, aquel repertorio de co­
entrada que de algún modo pueda pregonar la
nexiones internas de ese molinero de la que es
normalidad sobre la que se solapa; por otro, se
depositario, guardián o simple portador. Frente a
necesita depurar más y mejor las verificaciones
un microanálisis propiamente social, que es en
documentales y los criterios en los que se basan
definitiva el que se expresaría en la obra de Grendi,
para que no concedamos un relieve excesivo a la
Ginzburg opta por una microhistoria cultural. El
cultura dominante. Por tanto, Ginzburg se en­
interés de este último es, en efecto, el de la histo-
frenta a una documentación «heterogénea» y "des­
EL HISTORIADOR COMO AUTOR... 205
204 ENSAYOS SOBRE :-'llCROHJSTORJA

ta, sino que admite un margen amplio -«un ri­


equilibrada» -es decir, no serial-, frente a la gor elástico»- en donde interviene el olfato, el
cual propone nuevos instrumentos analíticos. Esa golpe de vista, la sospecha fundada, la filiación
preocupación, que ya aparece en las primeras obras aventurada aunque hábil y verosímilmente pre­
de Ginzburg, y que se va perfilando en su estudio sentada. Enfrentado a fuentes heterogéneas, frag­
de objetos de investigación absolutamente excep­ mentarias, que albergan informaciones deforma­
cionales, parece encontrar su correlato metodo­ das sobre casos extraordinarios en las que lo que
lógico en «Indicios». En este último texto, el au­ predomina es la incertidumbre, el paradigma
tor, al repasar el procedimiento indiciario, se apro­ indiciario no puede ser sino intuitivo, elástico.
pia de un modelo inferencial -la abducción­ Aspiramos a la verdad pero sólo contamos con
que no está pensado sólo para lo excepcional, pero datos inconexos, con huellas escasas. Como aña­
que él había aplicado o aplicaría en el futuro para día Momigliano, la historia se asemejaría en este
casos extraordinarios. Así, por ejemplo, cuando caso a la medicina y a la retórica, esto es, opera
en su Pesquisa sobre Piero justifica la tarea investi­ con la verdad -acierta o no acierta siendo su prue­
gadora que se ha propuesto -jugando en el títu­ ba la sanación del enfermo-, pero debe presen­
lo con las dos acepciones que la palabra tiene-, tarse de tal modo, debe mostrarse de tal modo,
no encuentra mejor metáfora que la del escalador que su oficiante persuada, que se deposite en él el
que se enfrenta a una pared vertical a la que debe crédito que merece. Es decir, el hallazgo está guia­
hacer frente con escasísimos recursos y con pocos do por la idea reguladora de la verdad, está some­
clavos. Al final, al problema de identificar el ca­ tido al principio normativo y deontológico de lo
rácter abductivo de la investigación histórica con verdadero; pero, dado que se trata de un logro
la pesquisa a través de indicios excepcionales que audaz debe dársele fuerza persuasiva y verosimili­
revelarían algo oculto igualmente excepcional, se tud, de suerte que alcancemos -como apostillaba
añade el fundamento discrecional de esta opera­ Ginzburg en «Montrer et citen>- la evidentia in
ción: la intuición. narratione. Por eso, por un lado, el historiador
puede combatir expresamente el escepticismo y
La intuición es la que establece los parecidos el relativismo: hay una realidad histórica de la que
de familia, por decirlo con el Wittgenstein «morfo­ quedan vestigios recuperables que nos permiten
lógico». Es decir, Ginzburg sabe que su método acceder aunque sea parcialmente a un mundo
no consiente un proceso de verificación comple-
206 ENSAYOS SOBRE "lICROHISTORIA EL HISTO'ZIADOR COMO AUTOR ... 207

antiguo. por otro, postula la fuerza de la :'rente al desinterés que Grendi manifiesta por la
retórica, la consciencia de un modo expresivo, narración, por adoptar el problema de! relato como
enunciativo, que haga convincente el hallazgo. asunto central de la microhistoria, Ginzburg lo
¿Quiere eso decir que, a la postre, el poder de hace uno de sus instrumentos básicos. En efecto,
persuasión es lo que da consistencia a la conexión, el éxito de El queso y los gusanos -y por extensión
a la conjetura? de la escritura del autor- se debe -entre otras
razones- a la forma narrativa. Como sabemos
Ginzburg se ha defendido de esta deriva desde Émile Benvenisre, el historiador clásico de
sofística o escéptica sosteniendo que la retórica los griegos es el que estuvo allí y, por tanto, fue
no es sólo encandilar con artificios o artimañas, testigo directo de 10 que aconteció y por eso nos lo
como se entiende en su acepción ciceroniana. transmite con poder de convicción, hacien­
Retórica es también, añade pro domo sua, el arte do hablar a los protagonistas y dando carnalidad,
de la convicción basado en pruebas, de acuerdo profundidad y zozobra a los contendientes. Esto
con el sentido aristotélico que esta último es lo que, por ejemplo en nuestro siglo,
techné tenía. Sin embargo, opondríamos nosotros, con e! triunfo de la historia científica, parece ha­
la fuerza persuasiva que tienen ciertos pasajes de berse perdido. Los historiadores habrían cedido
queso y los gusanos no son resultado de la prue­ esta noble tarea a otros profesionales y sólo en
ba entendida al modo de la retórica aristotélica, fecha reciente habrían recuperado esta meta anti­
sino de la verosimilitud, del dramatismo o, sim­ gua que, en principio, no tiene por qué ser in­
plemente, de la imaginación estética con que re­ compatible con la verdad y con la explicación.
viste la escena o la conjetura. En ese caso, pues,
logros de la obra dependerían estrechamente Los antropológos, por ejemplo, de quien tanto
la cualidad personal, de la capacidad indivi­ han aprendido los historiadores las últimas dé­
dual que el historiador tenga para revelar ese cadas, son aquellos que basan su persuasiva
sado, para hacerlo persuasivo, para ubicarnos allí. en la observación participante, en el hecho sim­
no quiere decir necesariamente que «inven­ ple pero esencial de haber estado allí, hecho sobre
te», sino que los mismos datos, las mismas el que se ha extendido Geertz en una obra célebre
maciones se transmiten de tal modo que e! relato (El antropólogo como autor) en la que desvela el
nos traslada empáticamente al escenario. Por eso, recurso retórico de la presencia. Pues bien, la na­
208 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA EL HISTORIADOR COMO AUTOR... 209

rración de Ginzburg atrae, seduce, porque, según El historiador como autor. ..


determinados procedimientos, la impresión que BIBLIOGRAFÍA
extrae el lector es que el narrador le conduce has­
ta allí, a aquel lugar inaccesible espacial y tempo­
3rc~v'ENISTE, Émile Vocabulario de las insfÍtuciones indoeuropeas,
ralmente. Hay dramatismo, hay escenificación,
-::aurus, Madrid, 1983; BOBBIO, Norberto Perfil ideológico del
hay actuación y hay observación. Y hay, además, XX en Italia, FCE, México, 1989; BURKE, Perer (ed.) For­
conjeturas razonables y aventuradas, interpreta­ mas de hacer historia, Alianza, Madrid, 1993; CARACCIOLO,
ciones autoriales que detienen el relato y que dan A., «In margine a vent'anní di Quaderni Storici», en GROSSI,
Paolo (ed.) Storia sociale e dimensione giuridica, Giuffre, Milán,
la medida de una imaginación y de una intuición
1986, pp. 155-164; ECO, Umberro y SEBEOK, T. Elsignade los
audaces. Se expresaría como un investigador que tres, Lumen, Barcelona, 1989; EDIZIONI EINAUDI,
conforme narra añade también las conexiones que Cinquant'anni di un editore. Le Eaizíoni Einaudi negli anni 1933­
dan sentido a las huellas inconexas con las que 1983, Einaudi, Turín, 1983; EINAUDI, Giulío Fragmentos de
memoria, Edícions Alfous el Magnánim, Valencia, 1990; Giu/ío
tropezó en principio. De eso, el mejor ejemplo es Eínaudi en didlogo con Severino Cesari. Anaya & Mario Muchnik,
el que encarna Sherlock Holmes, pero por exten­ Madrid, 1994; GEERTZ, Clifford La interpretación de las culturas.
sión también los otros dos «detectives» (Dupin y Gedisa, México, 1987; El antropólogo como autor, Paidós, Barce­
Peirce) a los que reunieron Eco y Sebeok. Se ex­ lona, 1989; GINZBURG, Carlo "Prefazione", en BLOCH, Marc
Iretaumaturghi. Einaudi, TutÍn, 1973, pp. XI-XIX.; ElquesoyloJ
presada también como un psicoanalista que debe gusanos, Muchnik editores, Barcelona, 1981: Pesquisa sobre Piero,
enfrentarse ante síntomas censurados, deforma­ Muchnik eds., Barcelona, 1984 [1981J; Mitos, emblemas, indi­
dos y a los que tiene que dar orden y coherencia, cios, Gedísa, Barcelona, 1989; «Montrer et citer. La vériré de
I'hisroíre", Le Dibat, 1989, pp. 43-54 ; Historia nocturna, Muchnik
filiación y causa. Los casos clínicos de Freud, con
eds., Barcelona, 1991 [1989]; (con Carlo PONI), "El nombre y
interpretaciones disputadas, discutidas, son so­ el cómo: intercambio desigual y mercado historiográfico», Histo­
bre todo espléndidos relatos que dan congruen­ riaSoeial, núm. 10,1991, pp. 63-70 [1979]; "Arisrotele, lasroría,
cia a unos representantes de pulsiones emergidos la prava», Quaderni Storiei, núm. 85, 1994, pp. 5-17; "Micrastoria:
due o tre cose che so dí lei", Quaderni Storici, núm. 86, 1994, pp.
anárquicamente, por asociación libre. La narra­
511-539 [Hay una versión castellana, que no es totalmente ídén­
ción es orden y el historiador también puede ser tica, en Manuscrits, núm. 12, 1994, pp. 13-42].; Occhiaecí di
un autor. legno. Feltrinelli, Milán, 1998; GINZBURG, Natalia Léxico fo­
miliar. Ediciones del Bronce, Barcelona, 1998; GRENDI, Edoardo
(ed.), L'antropología economica. Einaudi, Turín, 1972; "I1
'daumardismo': una via senza uscíra?)), Quaderni Storici, núms.
29-30, 1975, pp. 729-737; "Recensione a La Grande


210 ENSAYOS SOBRE MICRO HISTORIA ~

Trasformazione», Rivista Sto rica Italiana, año 88, fase. III, 1976, UNA ENTREVISTA ESPECIAL A
pp. 628-638; "Micro-analisi e sroria sociale», Quaderni Storici,
núm. 35,1977, pp., 506-520; PoLanyi. Dall'antropologia economica
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alla microanalisi storica. Etas Libri, Milán, 1978; ,<!mroduzione», Carla Ginzburg conversa con Adriano Sofi
en THOMPSON, E.P., Societa patrizia, cultura plebea. Einaudi,
en febrero de 1982).
Turín, 1981, pp. vii-xxxvi; II Cervo e la repubblica. Einaudi, Turín,
1993; "Ripensare la microstoria?", Quaderni Storici, núm. 86
(1994), pp. 539-549; LEV!, Giovanni La herencia inmaterial. .,., .

N erea, Madrid, 1990; "I! piccolo, il grande, il piccolo. Intervista


a Giovanni Levi», Meridiana, núm. 10, 1990, pp. 211-234; "SO­

a
PRESENTACI6N
bre microhistoria», en BURKE, P. (ed.), Formas de hacer historia.
Alianza, Madrid, 1993; "Entrevista a Giovanni Levi», Estudios
Sociales, núm. 9,1995, pp. 111-124; LÉV1-STRAUSS, Claude s~s
a entrevista que el lector ti.ene ent:e
Antropología estructural, Paidós, Barcelona, 1987; MARROU, ~ manos no es una entreVIsta ordmana
Hemi 1. El conocimiento histórico, Labor,. Barcelona, 1968. más. Se trata, por el contrario, de una
MOMIGLIANO, Arnaldo Tra storia e storicismo, Nisui-Lischi, entrevista muy especial, tanto por los protagonistas
Pisa, 1985; MUIR, E. Y RUGGIERO, G. (eds.), Aficrohistory
and the Lost Peoples of Europe, The Johns Hopkins University
que la han escenificado y construido, como también
Press, Baltimore, 1991; PEIRCE, Charles El hombre, un ,'igno, ?or las condiciones particulares y por la naturaleza
Crítica, Barcelona, 1988; POLANl'I, Karl La gran transforma­ misma de este diálogo aquí reproducido.
ción, Claridad, Buenos Aires, 1947; PROPp, Vladimir Morfolo­ Para comenzar, el personaje entrevistado es
gía del cuento, Fundamentos, Madrid, 1981; REVEL, J acques
(ed.), Jeux d'échelles. La micro-analyse a l'expérience. Gallimard­
Carlo Ginzburg, que no es sólo uno de los repre­
Seuil, París, 1996; SEBEOK, T. A., Signos: una introducción a la sentantes más importantes de la cada vez más co­
,'emiótica, Paidós, Barcelona, 1996; SE~1\'A, Jusro y PONS, nocida y difundida tendencia historiográfica de
Anaclet "El ojo de la aguja. ¿De qué hablamos cuando hablamos la microhistoria italiana, sino también, uno de los
de microhistoria?», Ayer, núm. 12, 1993, pp. 93-133; Cómo se
escribe la microhistoria. Ensayo sobre CarIo Ginzburg. [editado ya
más brillantes y audaces historiadores que hoy
por Cátedra, 2000, n. del ed.]; THOMPSON, Edward P. The existen en el panorama mundial de los estudios
Poverty ofTheory and Other Esays, Merlin, Londres, 1978; Societa históricos contemporáneos.
patrizia, cultura plebea. Einaudi, Turín, 1981; VEYNE, Paul Cómo Porque Carlo Ginzburg, como es bien sabido,
se escribe la historia. Foucault revoluciona la historia, Alianza, Ma­
drid, 1984; WITTGENSTEIN, Ludwing Observad01m a «La es el autor de libros tan importantes y tan inno­
rama dorada» de Frazer, Tecnos, Madrid, 1992; Sobre La certeza. vadores como El queso y los gusanos, Historia noc­
Gedisa, Madrid, 1997. turna, 1 benandanti, Pesquisa sobre Piero o Giochi

[211]
212 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORL....

Ul':A El':TREV;STA ESPECIAL A CARLQ GINZBURG 213


di Pazienza, entre otros, libros todos de los cuales
se habla y se comenta en esta entrevista -aún :>mparable, por su agudeza, profundidad y ri­
cuando para la fecha de la misma, el libro de His­ -cIeza de implicaciones al igualmente notable en­
toria flocturna no era mas que un proyecto en "-;\'0 de Fernand Braudel sobre «Historia y cien­
curso de trabajo- y que considerados en su con­ _.as sociales. La larga duración». Ensayo metodoló­
junto configuran toda una inédita y original pro­ excepcional, titulado en su versión original
puesta, de un nuevo modelo para el abordaje de la Espía. Raíces de un paradigma indiciario» que
historia cultural, modelo que retomando las lec­ :10 sólo ha hecho explícito este tan debatido y

ciones de una vasta y compleja lista de antece­ multicitado, aunque en general muy poco com­
dentes importantes, que van desde Marc Bloch prendido «paradigma indiciario», sino que tam­
hasta Aby Warbug, pasando por la Escuela de bién ha vuelto a colocar en e! centro de nuestra
Frankfurt, la de los Annales o los traba­ atención, a algunos de los temas centrales del es­
jos de DeHo y de Arnaldo Momigliano tatuto mismo de la historia como «modo de co­
entre muchos otros, han revolucionado a fondo :,"ocimiento» de lo real, temas como el de la sin­
nuestras antiguas ideas acerca de la cultura popu­ gular forma de «ciencia» que es la historia frente a
lar en la Europa del siglo A'VI, nuestra evaluación las llamadas «ciencias exactas» pero también fren­
y comprensión de las complejas construcciones te a otras ciencias «sociales», o e! del papel del ra­
culturales que subyacen a la existencia de los ri­ zonamiento abductivo para su construcción, que
tos y mitos de! Sabbat o Aquelarre, nuestra per­ redefinen de manera radical, a través de sus múl­
cepción del modo en que los oprimidos rehacen y tiples implicaciones, al conjunto de prácticas y
reconfiguran los mensajes de la cultura dominan­ de concepciones características del propio oficio
te, nuestros modos de abordar los temas de historiador.
de la historia del arte o nuestras viejas concepcio­ y si, por estas razones, entre varias otras que
nes sobre la historia cultural y religiosa del podríamos mencionar, nuestro entrevistado resulta
siglo de las «reformas» de Lutero y Calvino, con a priori muy interesante para el conjunto de los
todas sus consecuencias, entre otros temas. historiadores de todo el planeta, es igualmente
Al mismo tiempo, es también Cario Ginzbutg excepcional el personaje que lleva a cabo la entre­
quien escrito e! más genial ensayo de metodo­ vista, construyendo y desplegando el cuestiona­
logía histórica de los últimos cuarenta años, sólo rio de preguntas y comentarios a que es aquí so­
metido Carla Ginzburg. Porque el entrevistador

~~-----
218 ENSWOS SOBRE !v!lCROHISTORIA UNA ENTREVISTA ESPECIAL A CARLO GINZBURG 219

¿Quién es Carlo Ginzburg, por qué se habla de ramas de sorgo. Los he estudiado en los docu­
tanto de él, y qué cosa interesante tiene para con­ mentos de los procesos conservados en el archivo
tarnos? Vamos a escucharlo. de la Curia Arzobispal de Udine.
Existe un estereotipo de la región del Fri ul,
como una tierra de labradores piadosos y bebe­
dores, que sólo aparece en los periódicos a causa
de algún terremoto, o por algún acto de terroris­
Adriano Sofri: mo. Pero creo que el Friul reserva sorpresas hoy, y
Tú te dedicas al oficio de historiador hace ya una todavía más hace algunos siglos.
veintena de años. ¿Qué temas y argumentos has estu­
diado ya cuáles te sientes más cercano? Adriano Sofri:

Friulano era también Menocchio. ¿Quién era él?

CarIo GinzDurg:

Un cierto grupo de temas se refiere a la brujería,


CarIo Ginzburg:
y más en general, a la cultura popular en relación
Un molinero de una aldea cercana a Pordenone,
con la cultura de la gente docta.
asesinado por la Inquisición a finales del siglo
He comenzado con los «benandanti», que eran XVI, después de haber sufrido dos procesos. A
una secta friulana de hombres y mujeres «nacidos él le he dedicado un libro intitulado El queso y
con la camisa» -es decir envueltos en la mem­ los gusanos. Según Menocchio, que decía que
brana amnióüca en el momento del nacimiento­ los libros que leía los razonaba «con su cere­
entre fines del siglo XVI y fines del siglo XVII. bro», en el principio existía una materia infor­
Tenían nombres como Olivo Caldo, Paolo me que giraba vertiginosamente, como la leche
Gasparutto, María Panzona, 1-'\na La Rossa. Inte­ gira para hacer el queso, y de la misma forma
rrogados por la Inquisición, contaron que cuatro en que del queso putrefacto nacen los gusanos,
veces al año salían en espíritu a ver a los muertos, así de aquel caos primitivo nacieron los ánge­
o también, armados de ramos de hinojos, a com­ les, y entre ellos el más potente de todos que
batir por la fertilidad de los campos, contra las era el propio Dios. También por esta afirma­
brujas y los brujos, que a su vez estaban armados ción fue condenado a muerte.

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U NA ENTREVISTA ESPECIAL A CARLO GINZBURG 221
220 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA

italiano sino más bien europeo; que los primeros


Adríano Sofri:
en teorizar la legitimidad de la «simulación» lo
Otro grupo de argumentos tuyos se refiere a la histo­
habían hecho en una ciudad que no era católica,
ria reLigiosa, en particular a la historia herética del
sino que ya había sido conquistada al movimien­
siglo XVI. Son tus escritos más pesados, pero la suerte
to de la Reforma, es decir en Estrasburgo; y que
los ha rescatado haciendo que sus temas se conviertan
por lo tanto el así llamado nÍcodemismo no nacía
en temas de actualidad: la penitencia y la confesión,
simplemente del deseo de salvar la propia piel,
la vileza y el coraje.
sino que también ligado al «reflujo» que
siguió a la derrota de los campesinos, y a un in­
CarIo Ginzburg: tento de teorizar una posición religiosa que supe­
En efecto. Hace algunos años, Gíorgio Amendola, rase al mismo tiempo dos confesiones, de un
acusando a los intelectuales italianos de no iden­ lado la confesión protestante, y del otro la católi­
tificarse suficientemente con el Estado, empleó ca. Como en otros casos parecidos, por ejemplo en
para denigrarlos el término de «nicodemismo». el reclamo de Berlinguer al «diecianovismo)), la ana­
Nicodemo es, dentro del Evangelio, el dignatario logía de Amendola era una analogía forzada, y tenía
que hace una visita a Cristo noche, para no ser un sobre todo más bien retórico.
reconocido como su secuaz. reformador Juan En otro texto publicado en una colección eru­
Calvino, a finales siglo XVI, definió con des­ dita, he publicado también en 1970, la
precio como nicodemÍtas a aquellos simpatizan­ sión de un anabaptista arrepentido, un sacer­
tes que, dentro de los países católicos, se limita­ dote marquesal, Don Pietro Manelfi, que prove­
ban a una adhesión puramente interna a la Re­ yó a la Inquisición una meticulosa de todos
forma, para no exponerse al martirio. El proble­ sus compañeros de Secta. Para los historiadores
ma ha sido estudiado, por primera vez, por el his­ futuros, los «arrepentidos) de hoy son un
toriador Delio Can!Ímori, influenciado ciertamen­ dero regalo. bien sabido que los historiadores
te por la experiencia la oposición encubierta se alimentan de cadáveres.
de muchos intelectuales italianos bajo el fascis­ Por lo demás, este conjunto de temas es, como
mo. En mi libro titulado justamente Il quiera que sea, aquel del cual hoy me siento más
demismo (publicado en 1970), se documentaban distanciado.
algunas cosas importantes: que el fenómeno
«nÍcodemita» no era un fenómeno típicamente

--====~ . __. ­
222 ENSAYOS SOBRE M!CROHISTORIA UNA ENTREVISTA ESPECIAL A CARLa GINZBURG 223

Adríano Sofri:
CarIo Ginzburg:

Después te has ocupado de temas más cercanos a La


Es verdad. muchos pequeños cuadernos lle­

historia deL arte, antes aún de la redacción del libro


nos títulos fantásticos de libros que no escribi­

sobre Pie ro de la FrL1ncesca.


ré nunca.

CarIo Ginzburg:
Adríano Sofri:

Si, con un ensayo sobre Warbug y sobre sus con­


Después has escrito un artícuLo que te ha consagrado

tinuadores, y en particular sobre una cuestión de


definitivamente, y taL vez demasiado, como «Maine

método: de qué manera se pueden utilizar las


a penser: Espía. Raíces de un paradigma indi­

imágenes como una fuente histórica. Y más ade­


Clano». artículo lo ha Leído todo eL mundo, po­
lante, también con un ensayo sobre las imágenes
licías y ladrones, padres e htjos, racionalistas e

eróticas del siglo en particular aquellos es­


irracionalistas.

tupendos cuadros mitológicos llenos de mujeres

desnudas, pintados por Tiziano para la recámara


CarIo Ginzburg:

privada de Felipe II, el de España.


Me he dado cuenta, es verdad, de que existía una

cierta presIOn, proveniente muchas partes y que

Adríano Sofri: era a veces declarada y a veces no, para que me

tienes todas las credenciaLes necesarias desde el transformase en el ideólogo oficial del «Paradig­

punto de vista académico, pero también un aLma de ma indiciario», Esta idea no me gustaba para nada,

artesano: tus títulos, por ejempLo, se han convertido y he tratado de escabulllrme hacia otra parte,

cada vez más en títulos muy apetecibles. Has comen­ moviéndome un poco, y entonces me he puesto a

zado con títulos opacos como 1 constÍtuti di don escribir el libro sobre Piero.

Pietro Manelfi o Il nicodemismo, para Llegar fi­


nalmente a golosinas Llamativas como por ejempLo Adriano Sofrí:
El queso y los gusanos, «Espía. Raices de un pa­ Desde la salida de este último, ha pasado ya un tiempo
radigma indiciario», (,Lo alto y lo bajo», "El nom­ suficiente para decantar las polémicas más
bre y el como». Quién sabe cuáL será eL próximo, extemporáneas, y para intentar un baLance. ¿Cómo
ha marchado eL libro respecto a lo que tú esperabas
del mismo?
224 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA UNA ENTREVISTA ESPECIAL A CARLa GINZBURG 225

CarIo Ginzburg: conservó. Freud dice que si el dinero no da ale­


Ha marchado muy bien y ha tenido ya dos edi­ gría es porque los sueños infantiles no contem­
ciones, no obstante que se ocupa de cuestiones plan nunca al dinero. Nunca he estado tan emo­
que normalmente son abordadas solamente por cionado como en el momento en que afronté la
los especialistas, como por ejemplo el problema investigación sobre Piero de la Francesca. En 1953,
de la datación de obras de arte, su significado, en Roma, había visto el cuadro de «La Flagela­
etc. No sé a qué cosa se ha debido este resultado, ción» recién restaurado. Es posible entonces, que
pero es verdad que aprecio este libro de una ma­ el tono del prefacio al libro tenga algo que ver
nera particular. Las reacciones negativas han ve­ con ese antiguo deseo que ahora se realizaba fi­
nido, sobre todo, de un sector de la corporación nalmente.
de los historiadores del arte. Pero la cuestión de método sigue en pie y tie­
ne una importancia crucial. Es como pasar de la
Adriano Sofrí:
historia sagrada a la historia profana. Porque exis­
En tu introducción aL libro Pesquisa sobre Piero
te una historia sagrada del arte, en la cual la con­
parecía casi que tú mismo Lo estabas buscando, su­
sideración de la obra, incluida su propia datación,
brayando Los aspectos de tu invasión de este campo, depende siempre de la relación relativa con las
otras obras. Demostrar entonces que, basándose
en detrimento incluso de Los resultados de La investi­
gación. solamente en el «estilo» y sin la referencia a datos
cronológicos externos, es imposible una datación
CarIo Ginzburg: absoluta, equivale a demostrar la insostenibilidad
En ese prefacio, lo que hay es sobre todo un com­ de la historia del arte tradicional, y a convertir en
ponente autobiográfico. Yo fui a la Universidad profana, con esta historia del arte, a la concep­
con la intención de convertirme en historiador del ción misma del arte. La reacción de muchos his­
arte. Después, me sucedió rápidamente que co­ toriadores del arte, que han leído mi libro como
mencé a rechazar eSIa opción, a partir de mis pri­ una especie de torpedo contra su propia discipli­
meras aproximaciones al modo en el cual se prac­ na, me ha dado razón en este punto.
ticaba esta disciplina, al mismo tiempo que co­ Por lo que corresponde a mí, existe todavía otro
menzaba a verme atraído por otras disciplinas his­ factor. Yo no hablo del estilo porque no soy sufi­
toriográficas. Pero aquella vocación originaria se ciememente competente para hacerlo. Me en­
226 ENSAYOS SOBRE ~,!lCROHISTORH UNA ENTREVISTA ESPECIAL A CARLO GrNzBURG 227

cuentro, dentro del campo la crítica de arte, :~a Borghese, Longhi ve el cuadro de una Santa
un poco en la situación los japoneses, que fa­ ~ün la palma, atribuido a un autor anónimo del
brican transistores porque no poseen petróleo. XVI, Y dice que la palma era un agregado
Las polémicas no me desagradan, francamen­ :Josterior, que el escote estaba repintado, etc. y
te. y he sentido siempre una grande despropor­ ue por lo demás, era claro que el autor del cua-
ción entre la riqueza de cuadros pintados y el era Rafael. Una vez que se eliminaba todo lo
modo en el cual hablan ellos los historiadores . que había sido repintado, quedaba entonces al
del arte. Podríamos decir que si la guerra es un descubierto todo el conjunto de cosas que él ha­
asunto demasiado serio para dejarlo solamente en bía justamente anunciado, excepto el unicornio,
manos de los generales, entonces el arte es tam­ que por lo demás él no habría podido imaginar.
bién un asunto demasiado serio para dejarlo solo Pero es realmente cierto que Longhi considera a
en manos de los de historia del arte. Y la «demostración}) con una especie de desprecio.
si existe un exceso seguridad en el rono que em­ Sería interesante también, ver la conexión en­
pleo respecto de estos problemas, eso se debe, para­ ue la prueba científica y la prueba judicial. Es
dójicamente, a la plena conciencia de los límites claro, de todos modos, que el estatuto del
dentro de los cuales me muevo, y no al comrario. 50 de «mostrar» es diferente de aquel que se

re a la prueba. Y también que la invitación a los


Adriano Sofri:
historiadores del arte para que vayan con más
¿Cuál es entonces tu relación con la obra de Longhi?
cuencia a los archivos está lejos de ser una invita­
ción superada.
CarIo Ginzburg:
El problema de fondo que está planteado en el Adríano Sofrí:

libro, y más en dentro de este campo Pero queda la duda de sí, al insistir sobre la disputa

estudios, es el problema de la prueba. metodológica, no se distrae la atención del lector co­


no haber conocido personalmente a Ro mún respecto de la apasionante persecución de lo que

Longhi: está claro que Longhi, generalmente, ", el objetivo de la investigación, sobre todo en lo que

fería mostrar más que demostrar. De cualquier ;e refiere a lfi identificación de los personajes del cua­
modo las dos cosas convergen de una manera es­_1ro de La Flagelación.

pléndida. Como cuando por ejemplo, en la


228 ENSAYOS SOBRE MICRO HISTORIA
UNA ENTREVISTA ESPECIAL A CARLO GINZBURG 229
Carlo Ginzburg:
Pero pienso que las dos cosas están ligadas, el . lo que en realidad se trata, es de que ahora
nerario de la investigación y la discusión sobre el eXIsten nuevos temas, nuevos métodos, un nuevo
método. ¿Por qué no hacer entrar, siempre, al lec­ estatuto de la ptueba, y un nuevo público, y to­
tor dentro de! laboratorio del estudioso? Pienso dos ellos vinculados entre sí como un solo con­
que presentar el resultado de la investiaación v, junto. E incluso de un nuevo comitente o perso­
o
no su camino falsea definitivamente las cosas. naje que solicita el trabajo. algún tiempo los
Yo por ejemplo, fui a buscar a las brujas como comitentes estaban muy bien individualizados:
una manifestación de la lucha de clases y he en­ eran ordenes religiosas, partidos políticos, las cla­
contrado finalmente un culto de fertilidad. Se ses dominantes, etc. Pero ¿quién es hoy mi comi­
busca e! oriente y se encuentra finalmente el po­ tente? 1Vle lo he preguntado muchas veces y no
niente. Creo que hace falta contar juntos, la in­ puedo ciertamente resolverlo, diciendo simple­
vestigación y también los resultados. El método, mente que es la casa editorial Einaudi. Me gusta­
dice Granet, es etimológicamente el camino, una ría, por ejemplo, poder decir que mis comitentes
vez que ha sido recorrido. son Menocchio, o María Panzona ...
Naturalmente existen estudiosos exce!entes que
no sienten ningún impulso de comunicarse con Adríano Sofrí:
los otros. Yo, que poseo este impulso de una ma­ Alguien te ha reprochado el lanzamiento publicita­
nera fortísima, no ceso de imaginarme a qué per­ rio del libro sobre Piero de la Francesca. Puede ser
sona dirigirme. Cantimori, por ejemplo, se tenía solamente envidia, por la focilidad con la cual pasas
a si mismo como permanente y atormentado in­ de las páginas Llenas de polvo de los archivos, a las
terlocutor, y su propia escrirura lo muestra clara­ páginas satinadas de los periódicos y las revistas.
mente, con todos aquellos paréntesis, con aquel ¡Pero, en qué batalla no existe el riesgo de procurarse
tono de confesión hecha en público, -esa espe­ ttlgunos lectores malvados? ¿ y, en suma, qué te ha
cíe de "dialéctica actuada» tal como la ha defini­ provocado a tí el éxito?
do halo Calvino.
CarIo Ginzburg:

Muchos historiadores no han advenido para


nada que su oficio ha cambiado; OtrOS piensan que Entre el que escribe y el que lee se establece siem­

basta con cambiar su objeto de estudio; cuando pre una relación un poco azarosa. Es necesario

iarle crédito a la capacidad de recepción, pero

230 EN'SAYOS SOBRE MfCROHISTORfA UNA ENTREVISTA ESPECIAL A CARLO GINZBURG 231

también a la incomprensión de la gente que te Adríano Sofri:

lee. El éxito me produce placer. Me gusta hablar­ ¿Cómo has logrado terminar con esa gran sombra de

le a tantas personas. Naturalmente, soy vanidoso. Can tim orí?

Pero no es necesariamente cierto que el éxito se


burla de ti. El verdadero riesgo, es el de entrar en CarIo Ginzburg:
una espiral en la cual uno se ve inducido a repetir CantÍmori dijo una vez: «he sabido que la jerga
aquello que ha provocado su éxito. de los niños ingleses está llena de palabras del
En el fondo, esperaba tener éxito muchísimo siglo XVIII». Ningún historiador, de todos aque­
antes, y me he asombrado de no haber tenido llos que conocía, habría podido decir una frase de
suficiente éxito cuando fue publicado el libro so­ este tipo. Cantimori tenía una apertura extraor­
bre los Benandanti. Ese si que era un libro pione­ dinarÍa, que se reflejaba solo parcialmente en las
ro, que anticipaba muchas cosas: su pecado era cosas que escribía. Y no porque Cantímori se deja­
que no existía todavía el público adecuado para se limitar, como sí era el caso de Sereni, por el respe­
ese libro. Bromas aparte, los escritos que han te­ to a la vulgata stalinista: pero sí existía un poco de
nido más éxito eran también mis mejores escri­ inhibición, que era la consecuencia de una necesi­
tos. Los libros destinados a un público restringi­ dad profunda, una cierta pedagogía positiva.
do, se han quedado dentro de esos confines limi­ Se ha hablado sobre este último punto recien­
tados. Es el caso del libro sobre el nicodemismo, temente, cuando se ha atribuido a Cantimori la
por ejemplo, que hoy me parece equivocado, en responsabilidad de la fallida publicación de los
el sentido de estar, tal vez, un poco como asfixia­ trabajos de Nietzsche, que habría sido «peligro­
do por el esfuerzo de ajustar las cuentas con Delia sa» para el lector desarmado. Se trata de una acu­
Cantimorí (algo que se advierte también en elli­ sación demasiado fácil. Yo a Nietzsche lo he leí­
bro Giochi di pazienza, un libro-seminario que he do, justamente, con el propio Cantimori, en un
escrito con Adriano Prosperi). En estos trabajos, seminario en el año de 1961-1962, dedicado pre­
quería demostrar que era tan bueno e incluso más cisamente al ooúsculo sobre «Del daño v de la
que Cantimori, y en su mismo terreno. A veces, utilidad de la historia». Pero es verdad, ¡in em­
incluso con un poco de escarnio. bargo, que en Cantimori existía una distinción
de niveles. ejemplo, se declaraba preocupado
qué cosa habría sucedido en Canicatti, si hu­
232 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORL:" U"lA ENTREVISTA ESPECIAL A c."'RLO GINZBURG 233

leído el libro de Eric Hobsbawm sobre Los Adriano Sofri:

rebeldes primitivos. Has estudiado también con Arsenio Frugoni, y tam­


Para mí se trata justamente de lo contrario, y bién Frugoni era un intelectual de intereses muy va­
un gran deseo de encontrar lectores para riados; y es extraño que se le recuerde tan poco.

Canicatti. Cuando me invitan a hablar en públi­


co no me invitaba nadie), voy y me Carlo Ginzburg:
to muchísimo. Encontrar gente que me ha leído, Es cierto. Frugoni era un personaje mucho más
hablar con ellos, darme cuenta de cómo me han rico de lo que dejan ver las cosas que ha escrito.
comprendido y de cómo me han mal entendido, (Esto ha sido dicho muchas personas, lo que
aunque es también algo narcisista, es una cosa que no invalida para nada, sin embargo, lo que he di­
me agrada: es como reconstruir el texto, cho). Frugoni enseñaba es necesario leer Ías
enriqueciéndolo. Y se experimenta entonces, fuentes a contraluz, testimonio, testimo­
concretamente, 1mprevisibilidad de la «tra­ nia en primer lugar de sí mismo. Una
dición») texto, aún cuando es un libro recomendación que en la práctica, se revela como
por los contemporáneos. mucho menos obvia -incluida la historiografía
Puedo agregar también, la influencia que res­ francesa-, de lo que se podría creer al respecto.
pecto a esto mi mala conciencia social. Me Era la lección de Benedetto en su libro de
encuentro siempre muy inclinado a alejar de mi Teoría e Historia de la historiografía, que ha pro­
las cosas desagradables. Y tengo un sentido de ducido dos grandísimos resultados, que son Delio
culpa ligado a mi privilegio social, que he descu­ Cantimori y Arnaldo Momigliano. Frugoni inclu­
bierto solo de manera tardía: la suma de privile­ so extendía esa lección, a textos que no eran
gios relatívos a mi familia, a las condiciones en las específicamente historiográficos. rodos esta­
cuales he estudiado, etc. Paradójicamente, el éxi­ mos acostumbrados a leer
to me pone en paz conmigo mismo, cuando me ejemplo las octavillas. En un as­
permite comunicarme con personas que no gozan pecto de despreocupación que podría chocar, como
de estos mismos privilegios. estetismo y hedonismo, frente a las limitaciones
una educación católica.
Estoy entre aquellos relativamente pocos ita­
lianos, que han tenido la suerte de no recibir una
234 ENSAYOS SOBRE ;VílCROHISTOKLA. UNA ENTREVISTA ESPECIAL A CARLO GINZBURG 235

educación católica, y por tanto de una vo­ saje, y he tenido la impresión de que esto tenía
cación hedonista sin resentir ninguna culpa. algo que ver con el libro el Sabbat que estoy
ahora escribiendo. Es la misma impresión que dan
Adriano Sofri:
ciertos cuadros de en Viena, por ejem­
Alguna vez se dijo que los historiadores eran políticos
plo aquel titulado Jornada con un bosque­
fallidos. Para la nueva hútoria y para tu caso parti­
cillo, una tempestad al fondo, que se afana,
cular ¿se puede decir que los historiadores S01l nove­
un hombre que orina junto a una casa, un ani­
listas fallidos? mal, y todo ello visto a vuelo de pájaro. Me gusta
la distancia, la relación de escala entte el paisaje y
CarIo Ginzburg: los hombres que los restituye a sus justas propor­
verdad que me habría gustado escribir nove- ciones. Como sucede también en la última escena
Cambiaría cualquier libro de historia por el de Paisa, al final de la batalla, cuando el guerri­
libro de Marce! Proust En busca del tiempo llero se suicida, mientras que la máquina se aleja.
do. Pero no se trata de esto. Para la historia, im­ Introducir en la escritura una de escala
porta la acumulación del {(sentido histórico»: no entre hombres y paisaje, he aquí un problema tí­
las obras maestras, sino la sedimentación, las ho­ picamente literario, pero que atañe al historiador.
jas acumuladas que se convienen en capas de Es necesario hacer sentir en la narración esta dis­
rra, en cultura. Un buen instrumental para orien­ tancia, esta relación. Si lo que se quiere es comu­
tarse en e! mundo. Pero no es así para e! nicar y transmitir las cosas, es justo este proble­
do ahí solo las obras singulares son ma de estilo, pero también de conocimiento,
las que cuentan. al cual uno va a encontrarse. Los historiadores en
cuanto a lo que a mi corresponde, a los general lo ignoran, y aún cuando se de
UÁ~""'"''-''' años he comprendido que no iba a ser tener en cuenta a la narración, la tratan siempre
novelista. Pero continúo valorando enormemente como un simple y puro problema retórico.
e! hecho haberme planteado el problema de la
narración. Mira, he recortado de su periódico, Adriano Sofri:

Lucha continutt, una fotografía de un paisaje la­ Tú eres judío: ¿qué cosa quiere decir esto?

tinoamericano. Debe ser en Cuzco. En esta foto,


está una mujer y un niño perdidos dentro del pai-
UNA ENTREVISTA ESPECIAL A CARLa GINZBURG 237
236 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA

crepúsculo, con las trenzas rituales habituales. Son


CarIo Ginzburg:
gente mantenida, que están ahí solo para estu­
Quiere decir mucho. Es el lado opuesto de los
diar. Caminaba entonces con Luisa, teniendo una
privilegios de los cuales hablaba antes, es la sen­
impresión muy fuerte, y de pronto, en un mo­
sación precoz de la persecución, conectada con el mento, veo a uno de ellos y le digo a Luisa: «mira
hecho de ser judío. Pero el vínculo que esto tuvo a ese de allí», y era yo mismo, que caminaba con
con mi trabajo de historiador lo había eliminado, mis manos detrás de la espalda, que es mi modo
pura y simplemente. Un día, Paolo Fossati obs~r­ característico de tener la cabeza levantada. Era ine­
vó con naturalidad que no era extraño que un JU­ vitable sentir allí mi parte judía oriental, saber
dío como yo estudiase heréticos y brujas: yo no lo que por un simple accidente histórico, por un
había pensado para nada. Pero aún ahora, no sé puñado de generaciones, yo no era uno de entre
qué cosa significa, verdaderamente, tal correlació~. ellos. Yal mismo tiempo, me volvía a la mente la
'Es una autobiografía transpuesta, es una neceSI­ frase de Babel, que había visto citada en el tiem­
< . . ;> P
dad de ajustar las cuentas conmIgo mIsmo. ue­ po de la Guerra de los Seis Días: cuando veo a un
de ser, pero eso no me convence. . judío montado a caballo, y azotándolo mientras
Está también el hecho de la pertenencIa a la lo conduce, no es un judío, es un cosaco.
burguesía intelectual judía, que me ha dado esta Frente al Muro de las Lamentaciones he teni­
percepción precoz de la persecución, y luego, una do más dificultades, al mismo tiempo una gran
percepción tardía del privilegio. Hace muy poco emoción, pero también un cierto disgusto. Todos
tiempo, he hecho un viaje a Israel que me ha pro­ se sienten más cómodos con las religiones ajenas.
vocado sentimientos muy contrastantes, pero muy En resumen, el ajuste de cuentas con el judaís­
intensos. Me he quedado impresionado por los mo, es algo que debo hacer todavía en el futuro.
niños que me preguntaban en judío, no obstante Por lo demás, soy una gente enormemente asimi­
que yo era evidentemente turista. También por lada. Excepto por esta situación, de haber sido
las caras, que eran como una especie de álbum de niño durante la persecución. Sobre lo cual tengo
familia. El barrio de los ortodoxos orientales, tie­
un recuerdo muy nítido. Estaba con mi madre,
ne en la entrada una amonestación o exhorto para
que era la única persona no judía de toda mi fa­
la vestimenta decorosa de las mujeres; si pasa un
milia, mi madre Natalia, que se apellidaba Tanzi
automóvil en sábado le arrojan de pedradas; solo
cuando era soltera. Recuerdo entonces que tenía
se ven hombres y muchachos muy pálidos en el
r-
238 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA UNA ENTREVISTA ESPECIAL A CARLa GI"IZBURG 239

conmigo el libro Carola Prosperi, El niño más que podría dedicar algunos años de mi vida a esta
jeliz del mundo, y antes del final de este libro mi investigación. Se lo dije entonces a Cantimori y
abuela escribe mi nombre sobre el libro, de una él me espetó como respuesta: «también tú».
manera nueva, diferente, y me recomienda: «di Naturalmente, es posible remontarse a una
que te llamas Carla cierta cantidad de razones para explicar esta elec­
ción. Había visto, por ejemplo, el filme Dies ¡rae
Adriano Sofri:
de Dreyer. Aquí se desarrolla el a la ma­
¿Son s610 jemen inas las figuras adultas de tu infoncia?
dre de la protagonista, la bruja gorda, y ahí Dreyer
no representa a los jueces como si mons­
CarIo Ginzburg: truos: ellos tienen más bien un aire triste y sose­
No, tengo un recuerdo muy vivo de mi padre. Y gado, de gente que está buscando realmente la
después, de mi abuelo, del cual mi madre cuenta verdad. Brujas y jueces, aparecen aquí como per­
muchas cosas en sus novelas. Pienso siempre en la sonas que se encuentran, cada una con su propia
historia de mi abuelo, cuando era joven, que te­ buena fe.
nía necesidad de muestras de tejidos de ballenas También ha influido, ciertamente, el libro so­
para estudiarlas, y entonces se fue a Spitzbergen, bre El mundo mágico de Ernesto de Martina, que
en donde había una ballena que había naufraga­ había leido un año antes. Y antes de esto, tam­
do en la arena, rodeada de pescadores, yen la cual bién la lectura del libro Cristo se detuvo en Eboli
mi abuelo se abrió camino a sablazos, dentro de Carlo Levi. Aunque en este último caso, la co­
cuerpo mismo del cetáceo. nexión es más intrincada. Entre 1940 y 1943 he­
mos permanecido prácticamente abandonados, en
Adriano Sofri:
una pequeñísima región de los Abruzos, que era
¿Cuándo has decidido estudiar las brujas?
Pizzoli. Yo he conservado una memoria vivísima
de esto; y, por lo demás, el pizzolano ha sido el
CarIo Ginzburg: único dialecto que mi hermano Andrea y yo, lle­
un poco de improviso, un día en la gamos a hablar. Por lo tanto, está la analogía en­
Normal. Estábamos en la comida del medio día, tre las dos regiones, y el aislamiento, y la estrecha
y cinco minutos antes me había venido a la men­ amistad entre Carlo y mi padre. Y también,
te la idea de ocuparme de la brujería, pensando la cuestión central de la desviación cultural. Aquí,


240 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA UNA E:>lTREVISTA ESPEClAL A C~RLO GINZBURG 241

yo he aprendido mucho de mi madre. No me es plicaba el rechazo de la jerarquía docta, de la iden­


fácil hablar de mi madre sin traicionarla, pero ella tificación entre inteligencia y cultura escrita. Y
es una intelectual al mismo tiempo muy culta y en este sentido, mí madre se siente probablemente
muy distinta de las intelectuales vin­ cristiana, pero sólo en el sentido del Tolstoi del
culadas a los libros. Por ejemplo, el hecho de que libro La guerra y la paz -aunque ya el hecho de
la cultura en sentido antropológico, es mucho más el viejo Tolstoi, arase los campos con el
importante que la cultura libresca, aunque estas champagne y con el cubo de hielo a un lado, es
palabras no serían las suyas, lo he aprendido de una cuestión absolutamente diferente.
ella. En resumen, que no solo la calidad humana
de las personas, sino también su comprensión de Adriano Sofri:

la realidad, son independientes y algunas veces Has hablado de Dreyer. ¿Cuáles otras películas te

hasta inversamente proporcionales a la magnitud gustan más?

su cultura escrita. Así, para mi madre, el ma­


yor o menor dominio de la cultura escrita, no ha CarIo Ginzburg:

sido nunca una jerarquía de valores importante. «Deshonrada» de Sternberg, con Marlene Die­

En su familia, el primer lugar lo tenía la inteli­ trich, que es el más bello film de toda la historia

gencia y después la belleza. Y mi madre ha del cine. !\1ás bello todavía que «Venus rubia»,

necido siempre a un ambiente intelectual y bur­ En general, la relación con las imágenes, es tan
gués, con la excepción de ese periodo de confina­ importante para mí como la cultura escrita.
miento, ambiente al cual se encontraba ligada lectura también maniática, de los significados
muy profundamente. Me he dado cuenta de esto, las imágenes, nos lleva a reconstituir un
regresando por primera vez a Pizzoli con en de visión al cual no estamos habituados. Como
el año de 1960, cuando se descubrió una lápida en el caso del tren de los hermanos Lumiere, cuan­
dedicada a mi padre. do los espectadores se tiraban aterrados las
Entonces, para mí, es muy claro el hecho sillas. O la ruptura extraordinaria marcada por la
que tomarse en serio el discurso de las btujas (y llegada del primer plano. Aunque es
todavía con mayor razón, el discurso del moline­ ria también, la velocidad con la cual
ro Menocchio, que expresa no una creencia, sino aprende a decodificar los significados.
una interpretación personal de la realidad), im­ la variedad de los medios con los en un
242 E¡';SAYOS MICROHISTORIA UNA ENTREVISTA ESPECIAL A CARLO GINZBURG 243

film, se alude a la representación de un sueño, ya tendencialmente sordo, y sordo completamen­


como su reconocimiento se ha convertido en un si me comparo respecto del tan grande papel
lugar común. El tiempo de desciframiento im­ tiene la música para mis hijas). verdad, no
puesto por una pintura, como «La flagelación» de bstante, que la relación entre palabra escrita e
Piero de la Francesca, nos reenvía a un mundo .magen es una relación complicada. Ha sido así,
totalmente :ambién, respecto de la relación entre la pintura
:: la fotografía. La pintura tenía una gran canti­
Adriano Sofri: dad de usos y la fotografía no ha abarcado más
¿ Tal vez porque su son más naturalistas? que una parte de esos usos, pero no todos. En
general no existe el progreso: existen, más bien,
CarIo Ginzburg: algunos progresos. Pero el problema es el del pre­
No, no sé si sea verdad. Pienso en un amigo mío, cio que se paga por estos progresos, de aquello
un médico lucano, muy bueno para narrar, que que se destruye para que estos progresos se reali­
cuenta las cosas muy lentamente, con grandes cen. Se trata del libro que mata a la Catedral, del
pausas, y después, de improviso, en lo que trans­ cual hablaba Víctor Hugo. Un hecho nuevo, de
curre un guiño de ojo, empieza a hablar con un los últimos años, es el de la emergencia de ciertas
ritmo condensado. ¿Qué cosa es entonces «natu­ tendencias que contrastan con el progreso tecno­
ra!»? cine es más bien completamente irreal. Y lógico. Por ejemplo, el regionalismo. Como en el
esto me fascina, tanto sobre las páginas como so­ caso del catalanismo en España, en donde existe
bre la pantalla, esta manipulación del tiempo, esta ahora un editor que tiene en proceso de publica­
sucesión contracciones y de hipertrofias. ción, en versión catalana, los cien libros más im­
portantes de la historia la humanidad. Sería
Adriano Sofri: como traducir Platón en Sardo. Existe entonces
¿Pero cuál es entonces el destino de la palabra un proceso doble, en el que al mismo tiempo que
en un tiempo dominado de estaforma por las el inglés se convierte en la lengua universal y jun­
to a ello, reaparecen los dialectos. Es un poco
CarIo Ginzburg: como en el modelo medieval, donde teníamos el
verdad que también la alta cultura es hoy una latín universal y las lenguas vulgares habladas.
cultura las imágenes (y de la música, pero yo

n
244 E0iSAYOS SOBRE :-'lICROHlSTOR1A
UNA ENTREVISTA ESPECiAL A CARLO GINZBVRG 245
En realidad, los progresos no hacen tabla rasa
en aquellos lugares en donde se instalan. No sólo ,ilencio, pero, estrictamente, es superior sólo tec­
sería desastroso que eso ocurriera, sino que de nológicamente. Sería muy grave que la cultura del
hecho nunca sucede de este modo. Así, pienso que silencio fuese barrida o eliminada. Es la interre­
la palabra escrita conservará su posición. Y ade­ iación entre los dos, entre el silencio y la voz, lo
más, una posición vital según entiendo: porque que es interesante, aún cuando alguien presuma
una sobrevívencia de los libros, sólo al modo de que todo puede decirse, que todo es verbalizable.
los bisontes polacos dentro de las reservas, sería y aún cuando esto contradice el caso de mi pro­
algo bien triste. Por ejemplo, como con la irrever­ pio trabajo, cuando yo he intentado traducir en
sibilidad del cine, que lo hace diferente del libro, en palabras el sentido de los silencios: por ejemplo,
el cual se puede ir hacia adelante, se puede regresar como cuando Menocchio calla durante los inte­
e ir hacia atrás, se puede uno detener. rrogatorios.

Adriano Sofri:
Adriano Sofri:

Pero también el cine permite hoy la reversibilidad,


¿Qué relación has tenido con una terapia de la pa­
como en el caso de una cinta normal grabada.
labra como es el psicoandlisis?

Carlo Ginzburg: CarIo Ginzburg:


Tanto mejor. Para mÍ, el descubrimiento de la Una vez pensé que tenia necesidad de un psicoa­
cultura no verbal ha sido una de las conquistas nalista. Entonces me han indicado dos posibili­
más importantes. Porque he crecido en medio de dades. El primero me ha parecido un tonto a pri­
un exceso de presencia verbal, no sólo en contra­ mera vista. Voy entonces con el segundo, que era
posición con la cultura manual, sino también con alto, que tenía bigotes grises y me dije entonces,
la música o con otras expresiones. La palabra es­ ésta es la persona que yo necesito. Me siento en­
taba en el centro de todo: pero ahora ya no estoy tonces, confiado, y me dice inmediatamente: «esa
convencido de esto. Pienso mas bien en un con­ silla es mi silla», y mientras me movía de ella y
trol de la comunicación vocal que abarque los si­ me disculpaba, me he enterrado sus anteojos. Me
lencios y su significación. La cultura de la pala­ dijo que debía de volver después de cinco meses.
bra es tecnológicamente superior a la cultura del En ese lapso he conocido a Luisa, y la cuestión se
ha terminado para siempre.
r
246 ENSAYOS SOBRE MíCROHíSTORL" UNA ENTREVISTA ESPECIAL A CARLO GINZBURG 247

El silencio ha sido engullido por la palabra, mite libros. Después, decidió irse a vivir entre las
pero existe también un silencio que no funciona poblaciones indígenas de América, en cuya vida
solamente como pausa entre las palabras. Y vice­ se sumergió completamente, pero respecto de las
versa. Sería necesaria una especie de convención cuales se mantuvo como alguien diferente. Des­
moratoria, para circunscribir, para controlar esa pués volvió a Europa y se dedicó a estudiar a
escalada de la palabra. Así, a la sexualidad, por Botticelli.
ejemplo, no le importan para nada los discursos. Tal vez existe en mi, un componente de «cora­
Dicho esto, y reconocidos los límites de la cul­ za» psicológica, que me impide ir más allá de la
tura verbal, es claro que yo sigo siendo parte de frontera entre lo que estudio y mi propia vida
esta última. personal. No me gusta aquello que alguna vez se
llamaba e! irracionalismo. Es verdad, sin embar­
Adriano Sofri: go, que la razón ha autorizado mistificaciones y
Un visitante frecuente de otras culturas, como lo eres obscenidades de toda suerte. E igualmente, exis­
tú, ¿qué relación directa ha tenido con pociones, con te una forma de evasión de esta razón, que es pa­
drogas o con rituales exóticos? rasitaria y estulta. «En las salas de concierto ale­
manas, está prohibido mitsingen, es decir tararear»,
CarIo Ginzburg: recordaba Benedetto Croce, contra la idea de! crí­
Ninguna. Como para Marcial «lasciva no bis pa­ tico como artista. La crítica como simple coro, la
gina, sed vita proba)}. Tengo una fuerte repugnan­ mímesis de la crisis como un medio para contro­
cia cultural a la mezcla entre el arte y la vida (y larla, produce, sobre todo en las páginas, efectos
también, a la mezcla oficio-vida). grotescos. Por lo tanto, estoy más bien en e! largo
Si es necesario desconfiar de la politización de! plazo, por una especie de buen sentido ilumínís­
arte, con mayor razón hay que desconfiar de la tico, por llamarlo de esta manera.
estetización de la vida. ~~ aturalmente, también Cuando he conocido el personaje de Morelli,
aquí las cosas son mas complicadas. Observa por he recordado a mi abuelo, Giuseppe Levi, que
ejemplo una historia como la de Aby \x7arburg, pertenecía a la mÍsma cultura de Morelli, y que
hijo de una gran familia de banqueros, que re­ era de la región de Trieste, de la escuela vienesa y
nunció a su derecho de primogenitura a cambio positivista. Hace muy poco tiempo, MusattÍ ha
de una cuenta abierta para poder adquirir sin lí­ recordado que, durante la guerra, se había ubica­
m-
a

248 ENSAYOS SOBRE "llCROHISTORL\ U~A ENTREVISTA ESPECIAL A CARLO GI!\ZBURG 249

do en un lugar muy cercano a Ivrea con el profe­ persona de rodillas frente a él, en la tierra y con
sor Levi, al cual Adriano OlivettÍ había confiado las manos apretadas. Es una denuncia contra la
una traducción de un libro de Jung. A la mitad superstición, pero en el cuadro se advierte tam­
del libro, Levi pidió a Musatti que fuese él quien bién, un respeto extraordinario por el pequeño
continuara la traducción, porque Levi no enten­ hombre que reza. En el fondo, esa es la sustancia
día nada. Lo comprendo perfectamente, y tengo sim­ del gran libro de Marc Bloch sobre Los reyes tau­
patía por este positivismo de finales del siglo XIX. maturgos: es el engaño desenmascarado, pero jun­
Cuando era muchacho, he leído muchos ensa­ to a un profundo respeto por los escrufulosos que
yos de Benedetto Croce, que había encontrado en han sido engañados. (Y estoy tentado a decir, que
mi propia casa, con la dedicatoria a mi padre. un problema similar, se plantea hoy respecto de
Estos ensayos me han atraído y al mismo tiempo la cuestión de los adictos a la heroína). Y no está
me han suscitado un cierto rechazo. Después, dicho ahí, para nada, que la comprensión de la
cuando habré tenido unos 17 años, he leído a realidad que tenían estas personas, fuese inferior.
Lukacs, su ensayo sobre el realismo crítico, y me Pues aquí se encuentra la doble motivación que
he sentido profundamente ofendido del modo en yo señalo: se trata de desmistificar, pero también
que trataba a Kafka y a Dostoievsky. Tuve enton­ y al mismo tiempo, de comprender.
ces, una especie de necio proyecto de estudio, re­ Existe un pensamiento de Bertold Brecht, en
ferido a la idea de afrontar de una manera no irra­ sus diálogos con Walter Benjamin, que me gusta
cionalista, problemas y fenómenos ignorados por mucho: no es necesario partir de las buenas cosas
el racionalismo en sus diferentes formas. Hoy, viejas, sino más bien de las malas cosas nuevas. El
aquella vieja idea, se ha convertido en el esfuerzo camino para comprender, pasa por esta ruta. Por
de constituir una lucidez crítica de tipo racional, otra parte, en mi vida estoy ligado a las cosas vie­
pero conociendo y comprendiendo los fenóme­ jas, y sufriría si tuviese que ser propietario de un
nos irracionales, sin traicionarlos y sin simplemen­ automóvil. ~o tengo deseo de poseer una televi­
te hacerles el coro, sin repetirlos, sin mitsingen sión, y evito los medicamentos. Una vez, hablan­
detrás de ellos. do con mi hija Lisa y con algunos otros mucha­
En los Estados Unidos, en la ciudad de Wi­ chos que eran sus amigos, me he escuchado decir,
lliamstown, he visto un pequeño cuadro de Goya. que el verdadero estado de la embriaguez se al­
Hay ahí un gigantesco espantajo, y una pequeña canzaría, en el momento en que alguien lograra
250 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA U NA ENTREVISTA ESPECIAL A CARLa GI;-'¡ZBuRG 251

embriagarse solamente con agua simple. No es­ Adriallo Sofri:

toy seguro de haberme dado a entender demasia­ A mi me sucede a veces lo contrarío, de sentirme abm­
do bien, y por lo demás, yo mismo no tengo las mado de mis relaciones con las personas, por una

ideas totalmente claras a este respecto. suerte de obligación de reencontrarse, material y

Pero se trata de la relación entre tener y ser. afectivamente, y entonces tener la actitud de vincu­
¿Está bien tener muchas cosas? Quisiera, a veces, larme más a las cosas, de sentir que defender las co­
liberarme también de todos los libros, pero por sas, es como un modo de defender a las personas.

hedonismo, no por ascetismo. No fantaseo con Pero es verdad que este es un estado de ánimo conser­

mi futuro. Me divierto con mi trabajo, pero si vador, literalmente hablando.

alguien me dijese que, dentro de veinte años, ha­


bré dejado totalmente esta actividad, no protes­ CarIo Ginzburg:

taría y no estaría demasiado sorprendido. Me gus­ Claro, en este último sentido, esta «piedad» por las

taría andar por la vida de una manera ligera. De cosas, la siento yo también muy fuertemente. Sien­

hecho, tengo ya demasiadas cosas. (Aunque, por to el deterioro de los objetos como si fuese la muerte.

fonuna, todavía no un automóvil). U na persona A los quince años he escrito un poema épico,
como yo, que busca sus estímulos en la propia titulado «El día del juicio», en 980 versos. Para
realidad, debe por lo tanto continuar constru­ que me entiendan bien, cuando hablo de versos,
yendo el camino, hoy y siempre. En cambio, hablo por ejemplo de frases como «Bum, bam,
quien continúa sintiendo la necesidad de te­ bom bom! el ruido de los tambores». En ese poe­
ner cosas, es porque está todavía dentro de ellas, ma había de todo, incluso ángeles que no sola­
limitado por ellas. mente mataban a los hombres, sino que también
Por lo demás, la vida impone continuamente destruían las cosas, y entre estas últimas, tam­
separaciones, a veces temporales y a veces defini­ bién los frescos de Piero de la Francesca en la ciu­
tivas, de personas a las que uno ama, de tal suerte dad de Arezzo. (Todo se terminaba en el Paraíso,
que me parece que no vale la pena permanecer con un reencuentro en el cual no faltaba ningu­
atado a los objetos. Tal vez por eso es que yo no no, es decir donde estaba yo, mis amigos, San Pa­
los defiendo. blo, Stalin, las muchachas).
Es verdad que los intereses de un investigador
se cristalizan muy precozmente. Porque es cierto

m
UNA ENTREVISTA ESPECIAL A CARLO GINZBlJRG 253
252 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA

gar a tener momentos vertiginosos, aunque lo mis­


que el interés por todo aquello que sobrevive a la mo me ha pasado, obviamente, en otras líneas.
muerte, me había sido transmitido de alguna y existen también otras situaciones, en las cua­
manera a arte, a través de los cuadros me he sentido igualmente gozoso, no sé, por
de pintura, y después a través de los libros. Por ejemplo en un viaje aéreo, en una fiesta en Nueva
eso, he hablado en mi artículo «Espía. Raíces de York, dentro de un gran automóvil alquilado. No
un paradigma indiciario», a propósito del proble­ en lo que se refiere a este punto, ninguna
ma del único y de la copia. Existe aquí resistencia de tipo moral.
un sentimiento de pérdida, que es muy afín al ideas me vienen, en cambio, mucho más
sentimiento provocado por la extinción de espe­ difícilmente al leer libros. Respecto de las pági­
cies vivas. nas impresas tengo reacciones mas bien lentas.
cambio, la conversación me gusta y en ocasiones
Adriano Sofrí: me hace pensar. Pero la cosa que me gusta más
caminar vienen ideas a la mente cami­ intensamente, es el hecho de escribir: incluso
nando, o leyendo, y qué relación tiene ésto con el manualmente. Estar ahí, retomar innumerables
hecho viajar o con el hecho de quedarte en tu casa? veces la página, sobre lo cual tengo incluso reglas
maniáticas, como la puntuación, o también la fo­
Carlo Ginzburg: bia por las asonancias.
por pasear y leo por el gusto de leer. Aun­
que es que pienso mucho caminand~. Adriano Sofri:

cuanto a la cuestión de que te vengan las Ideas, ¿Qué cosa es lo que estds investigando ahora?

bueno, la mejor cosa es leer una novela en el tren.


Viajar es andar a pie o en el tren, porque si vas en CarIo Ginzburg:
el avión, estás en el avión y no hay nada más El Sabbat. Es un libro que retoma el conjunto de
eso. Aunque también puedes viajar en autobús: todas las investigaciones sobre la brujería, y tam­
existen algunos viajes en autobús formidables, bién sobre los cultos de la fertilidad, con algunas
como por ejemplo el viaje de Gubbio a Umbertide. sorpresas. Estoy escribiendo ahora el prefacio. Al
En el tramo de ferrocarril al cual estoy más acos­ respecto, yo procedo de la siguiente manera: es­
tumbrado, el tramo de Bologna a Roma, me ha cribo primero la carátula del libro, volteo la pági­
sucedido, leyendo y mirando hacia fuera, el lle­
254 E¡-;SAYOS SOBRE MICROHISTORIA UNA S¡-;TREvrSTA ESPECIAL CARLO GINZBCRG 255

na y escribo la dedicatoria, si es que esta existe, que la forma exasperada de la acción política, y lo
después escribo el prefacio, el primer capitulo y es de una manera muy cierta: hoy, vivimos en
así hasta el final. Aunque no creo que este sea el medio de complots. ¿No valdría la pena que los
mejor modo de escribir un libro. historiadores del tiempo largo, de un lado, yaque­
En el tiempo en que trabajé sobre los llos que son historiadores «hiperpolíticos» del otro,
benandanti, tuve la sensación de que había levan­ establecieran un diálogo? ¿Qué cosa habría suce­
tado una pequeña loza que cubría un hoyo, y de dido si AJí Agca hubiese matado al Papa? Nadie
que entonces había logrado ver hasta el centro se ha preguntado, verdaderamente, cuándo triun­
mismo de la tierra. Y entOnCes volví a cerrar la fan los complots y qué consecuencias derivan de
loza: en aquellos tiempos, estaba clamorosamente su triunfo, ni tampoco que relación tiene todo
impreparado para este problema. En sustancia, esto con los tiempos largos.
se trata de la interrelación entre ciertas estructu­ Y este, es el mismo problema que, en política,
ras de larguísima duración y «el complot», que se ha presentado bajo la forma del debate de la
es, por lo demás, el problema que estaba ya en el oposición entre evolución y revolución, y que en
centro del libro sobre Los reyes taumaturgos. la ciencia es la discusión en tre el caso y la necesi­
Como una tendencia de mediano plazo, en los dad. Paradójicamente, el conocimiento de la lar­
años más recientes, se ha desarrollado una esci­ ga duración, de la inercia de las estructuras socia­
sión que consiste en que, mientras por un lado se les y mentales en nuestra sociedad, coincide con
piensa en términos de tiempos largos, del otro y el conocimiento opuesto, de una contingencia que
de manera totalmente independiente, se es partí­ incumbe a toda la humanidad, incluso hasta el
cipe de una especie de «teoría del complot}). Pero punto de amenazarla con su destrucción total: la
esta es una escisión irreflexiva, que no ha sido ra­ catástrofe nuclear.
zonada. La crisis de la idea de revolución, ha lle­ No se trata tanto, entonces, de pronunciar un
vado al primer plano de la escena a los tiempos juicio moral sobre la posibilidad de la acción po­
largos, a la viscosidad de las estructuras sociales; lítica, sino mas bien de ver las condiciones su
pero el complot, la conspiración, la revolución y, actuación, su incidencia y su compatibilidad. En
en sustancia, la misma acción política, quedan este sentido, es por ejemplo instructivo el hecho
entonces fuera de esta concepción de los tiempos de que una acción política, como la que ha desaro­
largos. Pero, en el fondo, el complot no es más liado el Movimiento de Solidarnosc en Polonia,
256 ENSAYOS SOBRE l..!ICROHISTORL, UNA ENTREVISTA ESPECIAL A CARLa GINZBURG 257

acción que, más que cualquier otra, había tratado La imaginación moral no tiene nada que ver
de adecuar los cambios que provocaba a las con­ con la fantasía, que prescinde del objeto y es nar­
diciones imperantes, que dicha acción ¡se encuen­ cisista -aunque puede ser, obviamente, óptima.
tra hoy aplaJtada por los milllares y por la URSS Esa imaginación quiere decir, por el contrario,
siendo acusada de '<compIOl')! sentir mucho más de cerca a ese asesino de la usu­
rera, o a Natacha, o a un ladrón, un sentimiento
Adriano Sofri:
que es, justamente, lo contrario del narcisismo.
¿Qué cosa aconsejarías a los muchachos que quieren

dedicarse a la historia?
Adriarzo Sofri:

¿ Yesto es posible sólo con los individuos?

CarIo Ginzburg:
Leer novelas, muchísimas novelas. Porque la cosa Carla Ginzburg:
fundamemal en la historia es la imaginación mo­ De ninguna manera. En los estudios de Witold Kula
ral, y en las novelas esrá la posibilidad de multi­ sobre la sociedad feudal, o en los Karl Polanyi
plicar las vidas, de ser el Príncipe Andrei, de La sobre la economía antigua, no se trata de individuos
guerra y la paz, o el asesino de la vieja usurera y sin embargo la imaginación triunfa. instrumento
Crimen y castigo. realidad, la imaginación mo­ fundamental, aquí, es el extrañamiento, la capaci­
ral encuentra mas diflcilmente, fuemes desde las dad de ver como incomprensibles cosas que parecen
cuales poder alimentarse. Incluso los periódicos, evidentes, y no al revés, como hacen en general los
la incluyen mas bien implícitamente, mucho más historiadores. Es aquello que explica Sklovsky a pro­
que suscitarla, y ello en la mejor de las hipótesis. pósito de TolstoÍ. (Así, la más grande tragedia de mi
Existe entonces el riesgo de un debilitamiento vida lector, es por ejemplo, cuando Natacha, en
reciproco entre las propias noticias, o por el con­ el teatro, se enamora de Anatole). Yes eso, exacta­
trario, el hecho de dar por descontada una pre­ mente, lo que le ha permitido a Polanyi escribir de
disposición a esta imaginación moral. Muchos his­ una manera no trillada, sobre un tema tan retomado
toriadores, por su pane, tienden a imaginar a los como el de la industrialización. Las películas y las
otros como si fueran iguales a ellos, es decir per­ novelas históricas, en las que todos se comportan
sonas aburridísimas. como si fuesen personajes de hoy en día, son inso­
portablemente aburridas.
258 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA UNA ENTREVISTA ESPEClAL A CARLO GINZBURG 259

A menudo, en este tipo novelas y películas los mundos posibles. Toma, por ejemplo, la foto
que acabo de mencionar, los que se dirigen hacia que ustedes publicaron sobre el Irán, o la que pu­
el pasado, lo hacen con una proyección puramen­ blicaron sobre Salvador, o aquella del camino
te retrospectiva, sin regreso, que no busca y no ve de Dantzig: y bien, aún cuando fueses continua­
aquello que es diferente. Con un exceso de iden­ mente bombardeado de fotos como éstas, tendrías
tificación. como en el caso de la vieja tesis de que hacer un esfuerzo mucho mayor para alejar­
Stokely Carmichael, que decía que Adán era ne­ las de tí, pero finalmente las alejarías lo mismo.
gro. Yo pienso, por el contrario, que es justamen­ La gente tiende a estar lo mejor que le es posible.
te a lo que es diferente, a lo que es disímil, a lo y en esta acción de alejar, existe incluso un im­
que necesitamos mirar. No es una cosa fácil. Sería pulso sano. Es claro que no se puede ganar la feli­
necesario, para ello, inventar una máquina para cidad sólo para uno mismo, por sus propias fuer­
pensar cosas desagradables. zas, pero también es verdad que existe en cada
El problema no es entonces el individuo. Más uno, entre los distintos impulsos opuestos que
bien es la interrelación entre la individualidad y conducen al cinismo, o al altruismo, la voluntad
una serie de comunidades. de ser Aquel que viviese con la conciencia
plena, en todo momento, de las tragedias de este
Adriano Sofri: mundo, estaría frito.
En elfin de nosotros debíamos encontrar un título No tengo, para nada, el deseo de vivir en otra
para nuestro periódico. Queríamos evitar ser considera­ época, en otro tiempo. Tal vez, nunca antes como
dos, una vez mds, como «aquellos que tienen siempre el en el mundo de hoy, las tragedias y la violencia
nudo en la garganta». Pero también, queríamos el/itar han encontrado gente que dé testimonio de ellas.
la actitud de gritar de alegría y de fingir que no paó'aba Yes ésta, la mínima condición de redención que
nada. Habíamos intitulado al periódico «Serán años los sufrimientos padecidos pueden encontrar, Pero
obscuros, pero serán nuestros años: felicitaciones)}. la circulación tan vasta de todas esas noticias do­
¿' Tti, que relación tienes con nuestro tiempo presente? lorosas o terribles, en su conjunto, obliga a quie­
nes la reciben a defenderse. Es como si la presión
Carlo Ginzburg: de la atmósfera se volviese tan fuerte, que empe­
En todo momento, se pueden encontrar razones zaras a sentir que va a hacerte explotar. Se volvería
infinitas para pensar que uno vive en el peor de entonces necesario cuidarse del moralismo, ya que
260 ENSAYOS SOBRE MICROHISTORIA
UNA ENTREVISTA ES?EClAL A CARLO GINZBURG 261
si en la psique de las así bombardeadas, no
se produjesen una suerte de amicuerpos, no sería riesgo, es el de crear una sociedad que conoce una
posible vivir. como con el frío: se buscan las acumulación incesante de culpas, mientras que
maneras de soportarlo el mayor tiempo posible, no dispone de instrumentos de desculpabilización.
antes de morir a causa de él. Con lo cual, lo que se produce es una inversión,
en donde un proceso de desresponsabilización,
Adríano Sofrí:
avanza de manera paralela al crecimiento la
Pero existen, para cada persona, umbrales diferen­
culpabilización.
tes. Por ejemplo, el caso de esa mujer de TrevÍ5o, que

se p¡'endió fuego en una plaza, hace poco más de un

mes, después de haber visto las fotografías de los ni­

ños ajusticiados en Irán.

CarIo Ginzburg:

En general, se trata aquí del problema de los ins­

trumemos de desculpabilización en nuestra so­


ciedad. Existe un estudio sobre las brujas de
Salem, realizado por dos estudiosos americanos,
que fue escrito en la época de la Guerra de Viet­
nam: este ensayo se esfuerza en describir, cómo
en aquella comunidad, personas que actuaban de
buena habían podido llegar a tomar decisio­
nes monstruosas. Dejando de lado la cuestión
enorme de la causalidad, es importante el vínculo
entre reflexión analírica y desculpabilización. ¿Es
verdad que el análisis, llega como su resultado
último, a la desculpabilización? ¿y si es verdad, es
esto deseable? En el pasado, existlan rituales de
desculpabilización que hoy han desaparecido. El