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Hacía muuuuuchos años que en

nuestro conocido y querido


Gallinero de Pataguay reinaba el
poderoso Gallo Colorado.
Tanto tiempo había pasado, que ni
siquiera nadie recordaba cómo
había aparecido. Las plumas antes
color rojo sangre pasión, ahora
resultaban un poco desteñidas,
tanto, que le llegó a molestarle que
le trataran de “rosadito”.
Era el más viejo de todos.
Y como buen anciano, su “arma” preferida era la lengua…
pues ya no le daba el cuero para “cumplir” a cabalidad con
sus fundamentales responsabilidades.
El tipo se la pasaba
hablando en vez de
satisfacer las
“necesidades” de
todo el gallinero.
Las chicas se les
insinuaban, pero él
como que no
entendía nada…
El amo, que quería
mucho al Colorado, se
dio cuenta de que el
muchacho ya sólo se
dedicaba a cantar.
No cantaba mal, pero
no “rendía” lo
necesario.
Por eso, con mucha
pena…
… tuvo que traer un “péndex”
que cantara a otro ritmo.
Pero el nuevo desde el primer
momento impuso sus
condiciones en el gallinero.
Llamó a Colorado y sin pelos
en la lengua le dijo que en
adelante él sería “el gallo”.
Colorado presintió de golpe
que una olla de vorí vorí le
estaba llamando. Si no hacía
algo… en poco tiempo estiraría
la pata, o mejor el cuello.
Sin amilanarse, le respondió:
-“Está bien. Reconozco que con mi edad ya no puedo
pelear contra un jovencito tan fuerte como vos. Soy
sincero y te voy a hacer fáciles las cosas, por eso me voy
a ir. Pero como hace tanto tiempo que estoy en el poder,
tengo mi orgullo y no quiero que mis chicas se queden
con una mala imagen mía”.
-“Todo sea por un colega. ¿Qué querés?”
-“Los dos vamos a hacer una carrera. Pero para poder irme y
dejar una buena imagen debo ganarte. Como estoy viejo, te
pido un par de metros de ventaja y daremos cinco vueltas al
gallinero. Sólo te pido eso y si me ganás, te quedás como el
único rey y además con mi honra. ¿Está bien? Y voy a gritar
fueeeeerte para que todas mis chicas vean la carrera.

El joven aceptó el reto


del anciano y se burló
de su loca idea en su
propia cara.
¿Qué se creía?
¿Ganarle a él?
Además de viejo,
evidentemente era un
idiota.
Cual veloz Fórmula 1, Colorado salió gritando como si lo
estuvieran matando. Todos se dieron vuelta y quedaron
pasmados con la carrera. Incluso el amo, que tenía los
ojos desorbitados.
En un instante todo pareció detenerse. Como si el
mundo hubiera desaparecido cuando sonó el…
El gallito nuevo quedó allí, tendido, muerto, más
aplastado que una almohada de elefante y jamás sabría
qué le sucedió.
Joven, fuerte, atlético, lleno de polenta, capaz de
producir… o mejor reproducir miles de huevos… quedó
en el polvo como la mítica gran esperanza blanca de los
boxeadores. Sólo se escuchó una queja del amo…
-“¡Qué mala suerte la mía!... El gallo más caro
de todo el país y resultó puto el infeliz”.
Moraleja:
Por más gastado y viejo que esté
el gallo Colorado, siempre es de
cuidado.

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