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Osip
Mandel-
stam
Cuadernos de Voronezh

BIBLIOTECA
DIGITAL DE
AQUILES
JULIÁN

Muestrario de
Biblioteca Digital Poesía 54
2

Cuadernos de
Voronezh
Osip Mandelstam, Rusia

Edición Digital Gratuita


Coeditores:
distribuida por Internet
Fernando Ruiz Granados
Muestrario de Poesía 54
México
José Acosta Editor: Aquiles Julián, República Dominicana.
New York, EE.UU.
Pedro Camilo
Santo Domingo, RD Primera edición: Febrero 2010
Aníbal Rosario Santo Domingo, República Dominicana
New York, EE.UU.
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Nicaragua / Rep. Dominicana
César Sánchez Beras
Massachusetts, EE.UU.
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Santo Domingo, RD
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DIGITAL DE
AQUILES
JULIÁN
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Contenido
El poeta y la máquina de matar / Aquiles Julián 6

Recuerdos sobre Mandelstam / Ana Ajmátova 11

Primer cuaderno 22

Vivo en huertos importantes… 23


¡Orejeras, mis orejeras!... 23
Déjame marchar, déjame volver, Voronezh… 23
Debo vivir, aunque esté dos veces muertos… 24
¿Qué calle es esta?... 24
Tierra negra 24
Privándome del mar, del vuelo y del correr… 25
Sí, estoy en el suelo y mis labios tiemblan… 25
¡Qué turbio fluye el Kama cuando… 26
Estanzas 26
Era un día de cinco cabezas. Yo llevaba ya encogido… 28
Hablando de una humeda cinta… 29
Todavía estamos llenos de vida… 29
Lingotes constantes y sonantes de las noches romanas… 30
¿Puede alabarse a una mujer muerta?... 30
En las pestañas muertas se heló San Isaac… 30
Tras el pálido Paganini 31
Corre la ola junto a la ola, rompiendo la cresta… 32
Oficio el ritual del humo… 32
No devolveré a la tierra como mariposa blanca… 32

Segundo cuaderno 34

Tras las casas y los bosques… 35


Nacimiento de la sonrisa… 35
Me asombra el mundo cada vez más… 35
Jilguero mío, inclino la cabeza… 36
El día tiene hoy el pico amarillento… 36
Ni tú, ni yo, sino ellos… 36
En las montañas reposa el ídolo… 37
4

Estoy en el corazón del siglo. El camino es oscuro… 37


Y el maestro del taller de los cañones… 38
La ley de los pinares… 38
Con la fina hoja de Gillette… 38
Noche. Viaje. El primer sueño… 39
Las etapas lejanas del convoy… 40
¿Dónde estoy? ¿Qué me ocurre? 40
Con la soga se hundía en el agua oscura… 40
Cuando tiembla y palpita… 41
Como don tardío… 41
Todo va mal… 42
Tu pupila en la corteza celeste… 42
Sonríe, cordero colérico de la tela de Rafael… 43
Cuando el mago… 43
Como halcón cautivo… 44
La amada levadura del mundo… 44
Un diablillo con el pelo húmedo… 44
Todavía no estás muerto. Todavía no estás sólo… 45
Miro tan solo el rostro del hielo… 45
Este campo abierto, lento y sofocante… 46
¿Qué haremos con la mortandad de la llanura… 46
Como plata de mujer arde… 47
Ahora estoy en una telaraña de luz… 47
Como piedra caída del cielo que despierta la tierra… 47
Siento el primer hielo, lo siento…. 48
¿Dónde encontraré refugio en este mes de enero?... 48
Me gusta el aliento helado… 49
Entre el rumor y la prisa del pueblo… 49
¿Dónde está el lamento atado y clavado?... 50
Como Rembrandt, mártir del claroscuro… 51
Jirones de redondas bahías, grava y sol… 51
Canto con la garganta mojada y el alma seca… 52
Armado con la vista de puntiagudas avispas… 53
Hubo ojos más cortantes que una afilada guadaña… 53
Aún recuerda Tiflis el desgaste de mis botas… 53
El sueño defiende el Don en mi sueño… 54
Como madera y cobre es el vuelo de Favorski… 55
Estoy hundido en el foso de los leones y en la fortaleza… 55

Tercer cuaderno 56

Versos del soldado desconocido… 57


3 59
Imploro, como piedad y gracia… 60
Vi un lago erguido, aplomo… 60
En la pizarra bermeja, carmesí… 61
Lo diré llanamente, en un susurro… 61
El cielo de la última cena se apegó al muro… 62
5

Me extravié en el cielo ¿Qué haré? 62


Me extravié en el cielo ¿Qué haré? 63
Quizás es un signo de locura… 63
No compares: lo que vive no es comparable… 64
Roma… 64
Para que la piedra arenisca cobijara… 65
Verde Creta, vasta isla azul… 66
Cómo me gustaría… 67
La teta y la iota de la flauta griega… 67
Como en las calles de Kiev-Vij… 68
Llevo a mis labios este verdor… 69
En viscoso juramento se pegan los brotes… 69
Me apuntaban la pera y el cerezo aliso… 70
Hacia la tierra vacía, cojeando sin querer… 71

Notas 72

La dignidad del poeta / Jesús García Gabaldón 79


El poema nunca escrito / Sergio Bufano 83
Sobre un poema de Osip Mandelstam / José Manuel Prieto 88
Esperanza contra toda esperanza / Joaquín Estefanía 101

Osip Mandelstam / biografía 103


6

El poeta y la máquina de matar.


"De qué te quejas, éste es el único país que
respeta la poesía: mata por ella".
Osip Mandelstam, a su esposa

Por Aquiles Julián

Vivimos un tiempo prerracional, prehumano. Un tiempo en


que el crimen y el abuso o se ocultan, o se justifican y se
ensalzan. Millones engañados, cómplices inconscientes de
criminales despiadados: Hitler, Lenin, Stalin, Trotsky, Pol
Pot, Mao, Harry Truman, George Bush… Vivimos tiempos
terribles. Inadvertidas masacres se ejecutan bajo nuestras
narices, embobadas por el último desfile de moda, el último
escándalo sexual del comediante de turno, el último fenómeno
mediático, el último estupefaciente, en una sucesión
apabullante de nimiedades dimensionadas para distraernos,
para engatusar la percepción y narcotizar la conciencia.

El concepto moral de Lenín era muy directo, patológicamente simple: el


exterminio de las “clases superfluas”, el asesinato puro y simple de los que a su
juicio eran miembros de “las clases condenadas por la Historia”. Por más que
la historiografía soviética se dedicara luego orwellianamente a embellecer,
expurgar, disfrazar y transformar una conducta sangrienta en un cuento de
hadas (sorprendentemente, unas “biografía” maquillada del feroz asesino Félix
Dzerzhinsky, alias “el martillo bolchevique”, a quien Lenín encomendó crear La
Checa, se titula “Félix significa feliz”, una muestra de beatificación de la
historia y falsificación de la verdad), las órdenes de Lenín de agarrar a 30
personas al azar y fusilarlas da la exacta medida de sus escrúpulos que, por
cierto, brillaban por su ausencia.

Esa mentalidad de asesino en masas, escudada en sus disparatosa ideología y


sus falaces “leyes históricas” que les sirven de tapadera y justificación, llegó a su
culminación con el líder de una banda de atracadores de Tiflis: Iosif Stalin.

Los otros no eran mejores. Los crímenes de Trotsky , compinche de Lenin, no


quedan exculpados por haber perdido el tour de force por el naciente imperio
bolchevique y luego haber sido mandado a asesinar por su viejo contrincante. El
concepto de que había clases superfluas, destinadas a perecer y desaparecer y
que convenía darle una manita a la “Historia” (sí, un ente metafísico, una diosa
secular inventada por estos ateos “científicos”) fusilando en masa a las personas
que tenían la desdicha de calificar dentro de estos grupos sociales al criterio de
los nuevos zares, produjo matanzas incalificables. Y cuando no, se provocaban
hambrunas espantosas para someter a la gente y desprenderse de un buen
número de ellas (el campesinado también fue, después de manipulado y
engatusado, sindicado de clase superflua). Las hambrunas provocadas en
Ucrania y sus secuelas, que llevaron a humildes campesinos al acto horrendo del
canibalismo por el simple afán de supervivencia, es demostración de la sevicia
7

patológica de estos “heraldos de los nuevos tiempos”. ¿Qué los diferencia de


Hitler y sus crematorios? ¡La tecnología! Los nazis fueron más sofisticados, no
menos criminales. La misma mentalidad de asesinato en masa: judíos y
opositores, en el caso de los nazis; grupos sociales superfluos a su criterio, en el
caso de los bolcheviques.

Dos magníficos libros: En la corte del zar rojo y Llamadme Stalin, del
historiador Simon Sebag Montefiore pintan el atroz retrato de Koba, que
evoluciónó desde ladronzuelo en Tiflis hasta adueñarse del poder total y crear
un vasto imperio mediante un hábil rejuego entre politicastros ambiciosos
(todos se detestaban entre sí y aspiraban a la principalía y todos subestimaron al
astuto oseta), haciendo alianzas con unos para aplastar a otros, sólo para luego
volverse y también aplastar al antiguo aliado.

Al arte, los bolcheviques le asignaron una función: engatusar, adulterar,


falsificar, disfrazar, distorsionar, justificar, mentir descaradamente, crear una
realidad ficticia para consumo interno y externo, magnificar, endiosar,
dimensionar, exagerar, borrar, reescribir… en fin, una función política y militar
dentro de la guerra psicológica (ideológica, según la verborrea totalitaria):
reestructurar las percepciones, adaptarse a las políticas momentáneas de los
altos jerarcas, explicar que las percepciones reales eran erróneas y decir cómo
debían ser interpretadas, justificar lo injustificable, dignificar la infamia y
embadurnar de honor al crimen y al criminal, cantar las hazañas del psicópata y
dar estatura de héroe al mediocre y al bandido.

Los escrúpulos morales eran cosa de la “burguesía derrotada”. Trotsky, el


soberbio y altanero geniecillo bolchevique lo explicó en el panfleto “Su moral y
la nuestra”. No hay que temer comprometerse en la peor infamia, siempre
tendremos un aparato de escritores, periodistas y propagandistas que dará la
versión oficial que exculpa y disfraza, que pinta idílicamente una realidad rosa
al gusto de las damas de corazón sensible, con su héroe homérico que afronta
los peligros y dificultades con actitud decidida para restaurar el honor y salvar a
los desvalidos. Félix significa feliz, no se olvide.

La dictadura zarista, aquel gobierno medieval, obsoleto, con sus terratenientes,


sus nobles, sus estratos sociales, sus campesinos-siervos… Aquel anacronismo,
aquella supervivencia de un período superado que se resistía a ceder, generó un
sano ambiente de rechazo, y sus disparates, como su alianza “santa” en la
Primera Guerra Mundial y su atraso militar la llevaron a su bancarrota y a la
Revolución de Febrero, única verdadera ocurrida en aquella infortunada nación.

Pero aquel endeble ensayo de democracia iniciado en febrero del 1917, en un


país sin tradición democrática, confuso y metido en el atolladero de la guerra,
fue asaltado por Lenín y su banda financiada con fondos alemanes, una
estrategia interesada del militarismo alemán para debilitar la alianza que
acogotaba el expansionismo germano.

Lenín hizo compromisos indignos con los alemanes, que lo escoltaron a Rusia y
le proveyeron de fondos para su aventura. Y mediante una hábil estratagema,
dio un golpe de Estado (no hizo una revolución), para impedir que la
democracia rusa se consolidara. Luego inventarían una historia rosa para pintar
8

de héroes a la partida de canallas que se apropiaron de un proceso del cual no


eran agentes y llevaran al país por el derricadero del “socialismo real”.

Frente a la perplejidad de las mayorías, los bolcheviques hicieron gala de su


“moral” y se adueñaron del país, imponiendo a balazo limpio sus pretensiones
(ya saben, “el poder nace del fusil”, lección moral 01, básica). Luego empezarían
todos a luchar por la principalía.

Stalin, colocado en la aparentemente inocua posición de secretario de


organización de la fracción bolchevique, maniobró para colocar a sus
incondicionales y aliados en las posiciones de
decisión y aguardó su momento. Todos los
ensorbecidos jefecillos bolcheviques lo
menospreciaban, y él, a su vez, les devolvía el
cumplido. Cuando Lenín representó un obstáculo
para su hegemonía, se aseguró de que no lo
siguiera siendo y oportunamente Lenín murió.
Posteriormente, empezó una ardua labor de
desbroce de competidores empleando todos los
medios posibles. Los fue excluyendo e
incriminando en absurdas conspiraciones,
arrancándole confesiones y produciendo sus
propios eventos justificatorios a la medida, como
el conveniente asesinato de Kirov.

E implantó el Gran Terror.

La admiración por el terror jacobino de los


bolcheviques es proverbial. Para Lenín y Marx el
error de los jacobinos fue no profundizar el terror
Carta de Stalin a Lavrenti Beria donde el
lo suficiente para asesinar o postrar a la sociedad, a primero ordena, solamente firmando «За»
los discrepantes, a cualquiera que no fueran ellos («Pro»), la ejecución de las 346 personas
mismos, sin importar el costo en sangre, en vidas. listadas en la carta en enero de 1940.
Tomado de Wikipedia

Y con las manos sueltas para poner en práctica sus teorías, ¿qué podían hacer
sino extasiarse en aplicar en profundidad el terror?

Para lanzar un velo sobre su pasado, el atracador de Tiflis decidió expurgar no


sólo a sus compinches del autodenominado Partido Comunista de la Unión
Soviética, PCUS, sino a la sociedad misma. Los escritores, científicos,
personalidades, incluyendo muchas de las que se prosternaron, incluyendo a
quienes fueron sus cómplices en crímenes, fueron arrojados a las ergástulas,
deportados a lejanos campos en condiciones infrahumanas, cuando no se les
proporcionaba el eficiente pistoletazo en la nuca en los cárceles de la Lubianka.

Brillantes escritores encontraron uno u otro final. Algunos, como Solzenitsin,


tuvieron la fortuna de sobrevivir y compartirnos aquella horrenda historia, en
medio de la sorna y la calumnia de la matraca canalla de los izquierdistas y sus
“compañeros de ruta”, sarta de infames escritorzuelos y parásitos de viajes,
ediciones y aplausos comprados.
9

La matraca canalla, el aparato de desinformación, propaganda, calumnia y


espionaje, ese formidable, siniestro, eficiente y disimulado aparato que coordina
y traza líneas de manera directa e indirecta (a través de sus sicarios
intelectuales) a decenas de miles de amplificadores que se comprometen a
repetir y repetir, a gritar y a vociferar, a susurrar y a reafirmar las calumnias,
distorsiones, mentiras y medias verdades que la claque totalitaria considere
oportuno difundir, fue establecida por orden de Lenín a comienzos de la década
del ´20 del siglo pasado.

La tarea se le encomendó a un bon vivant alemán: Willi Münzenberg, quien se


las ingenió para comprometer con “el futuro” a importantes intelectuales,
neutralizar a otros y desacreditar a quienes se sustrajeron a sus chantajes y
melosidades tóxicas. Un par de libros muestran los entretelones de ese montaje,
que comprometió en crímenes a Pablo Neruda y a Nicolás Guillén, a Jorge
Amado y a Paul Eluard, a Louis Aragon y a miles más. Fueron expertos en
pathablar, en la jerga orwelliana, cómplices voluntarios la mayoría, de los más
sórdidos y horrendos episodios, sólo comparables a los protagonizados por sus
semejantes: los nazis.

El aparato de calumniar, mitificar y desinformar, pese a la desarticulación del


“socialismo real” en 1990, sigue en lo esencial indemne y cumpliendo su oscuro
trabajo. Una apreciable cantidad de escritores dominicanos y latinoamericanos
siguen compartiendo su pasión por el estalinismo y la represión sangrienta;
evocan los buenos viejos tiempos de los viajes gratuitos y otras sinecuras;
cantan nostálgicos a sus héroes, buscan nuevos césares a los que dedicar sus
odas, como el deschavetado Chávez o el comediante en jefe Castro, cuando no a
criminales como Tirofijo o el Mono Jojoy; se embelesan idealizando al siniestro
Che Guevara, autor de estas líneas melodiosas: “El odio como factor de lucha, el
odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones
naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría
máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no
puede triunfar sobre un enemigo brutal.” y siguen a la espera de que un cambio
de vientos les devuelva el espacio para sus cánticos de alabanza al dictador
dadivoso.

Una víctima, una de tantas, del Gran Terror estalinista fue el poeta Osip
Emilievich Mandelstam.

En aquel período siniestro, Mandelstam fue capaz de un acto de audacia


tremendo: escribir un poema contra el torvo asesino instalado en el Kremlin.
Aquel poema fue su condena, más al mismo tiempo le honra y distingue por el
valor temerario demostrado.

Stalin, poeta mediocre, era alérgico al talento. De hecho, la idea que prevalecía
en él era la de serviles escribanos sometidos a los designios de la NKVD (la KGB
posterior y hoy la FSB, como en aquel cuento dominicano sobre nuestras
querellas de principios del siglo XX, sólo nos queda comprobar que “son los
mesmos”). Alexander Soltzenitsin se propuso desenmascarar a aquella estafa
histórica y mostrar cómo un premio Nobel, el concedido al supuesto escritor
soviético Mijail Sholojov por su novela El Don apacible, no fue más que el
premio a la carátula creada por la NKVD de un proyecto en que se emplearon
10

los textos incautados a los mejores escritores rusos para enhebrar una novela y
crear algo que Gorski buscaba: el libro colectivo, amorfo, de todos y de ninguno,
que reflejara la directriz del Partido y cambiara según los intereses del momento
(véase el formidable libro “Ingenieros del alma”, de Frank Westerman si se
quieren más detalles).

A Mandelstam lo fueron acorralando hasta que lo hicieron morir. Le forzaron a


escribir una humillante oda al Gran Líder y Padrecito de los Pueblos para salvar
su vida. No sirvió de nada. Mandelstam estaba condenado. Una sobreviviente, la
brillante Ana Ajmátova, amiga de Mandelstam y su esposa, nos comparte su
imagen de él en aquellos tiempos de desamparo y crueldad.

Esa sociedad malvada y cruel, con patente cinismo, aquellos jueces miserables
de un poder corrupto y falso, condenaron en 1934 a Mandelstam por el poema a
Stalin al destierro en los montes Urales. El poeta llegó al extremo de intentar
suicidarse. Vivió varios años exiliado en la ciudad de Voronezh, cerca de la
frontera de Ucrania. A su regreso, fue de nuevo hecho preso y de nuevo
condenado a cinco años de trabajos forzados en uno de los campos del GULAG.
Murió en "Vtoraya Rechka", un campo de concentración próximo a
Vladivostok. Su esposa, Nadiezhda, aprendió de memoria los poemas de
Mandelstam para preservarlos en medio de aquellos años inciertos.
Risiblemente, en 1956 Mandelstam fue “rehabilitado” por la condena falaz de
1938, y 31 años más tarde, en 1987, por su condena del 1934. ¿Y quién juzgó y
condenó a su vez a aquellos “jueces” verdugos?

Los grandes asesinos en masa gozan de la admiración de los incautos y de los


serviles. Hay quienes justifican el crimen y lo glorifican. Por ahí andan los
versos de Louis Aragon que canta a los energúmenos de la GPU. Y tenemos a
Neruda, al cubano Guillén, a tantos que uncieron su poesía y su decoro al
mamotrero sangriento del estalinismo, callaron los crímenes cuando no los
justificaron con estridencia, sintiéndose “voceros” del porvenir.

Y hoy seguimos adorando a los pichones de tiranos y a los tiranos consumados.


Justificando y glorificando la patada y el garrote. Tras la migaja. Siempre tras la
migaja.

Leyendo la historia de los imperios: el asirio, el lidio, el medo, el caldeo, el


romano… vemos que aquellos reyes que arrasaban ciudades y pasaban a cuchillo
a sus habitantes, aquellas ínfulas engoladas, aquellas pretensiones de
perpetuidad terminaron barridas, se hundieron en la noche de los tiempos.
Igual pasó al Reich de los 1,000 años de Hitler, con sus sueños de hegemonía,
sus mitos arios y su inmenso desprecio por la vida humana. Igual sucederá a los
intentos dinásticos de los Castro, al de Kim Jong-il en Corea del Norte y sus
émulos. Y la vergüenza eterna enlodará a quienes cantaron serviles a los nuevos
césares. Por igual, la admiración eterna acompañará a los que padecieron, a los
que resistieron, a los que sucumbieron ante la furia de la barbarie prepotente, a
los que hilvanaron aún sea un precario ejemplo de dignidad en tiempos difíciles,
como diría el gran poeta cubano Heberto Padilla.
11

Recuerdos sobre Mandelstam (1)

Prólogo de Anna Ajmátova


1

Mandelstam era un magnífico conversador: no se escuchaba y se respondía a


sí mismo, como hacen ahora casi todos. En la
conversación se mostraba educado, ingenioso y hablaba
de temas infinitamente diversos.

Nunca le oí repetirse o echar mano de temas


trillados. Osip Emilievich Mandelstam tenía una
capacidad extraordinaria para aprender lenguas.
Recitaba de memoria en italiano páginas enteras de la
Divina Comedia. Poco antes de su muerte le pidió a
Nadia (Nadiezhda Mandelstam) que le enseñara inglés,
una lengua que desconocía por completo. Hablaba de
poesía de manera espléndida y subjetiva, y a veces se
mostraba sorprendentemente injusto, por ejemplo con
Blok. De Pasternak decía: "He pensado tanto en él que
hasta me he cansado" y "Estoy seguro de que no ha leído
ni una sola línea mía". De Marina: "Soy anti-
Tsvietáieva".

Con la música se sentía como en su propia casa, tenía una relación muy
especial con ella. Lo que más temía era quedarse mudo. Llamaba a eso sofoco.
Cuando tenía un ataque de asma, sentía verdadero pánico y se ponía a pensar
absurdas razones para explicar esa desgracia. La segunda y más frecuente causa
de su pesadumbre eran los lectores. Siempre tenía la impresión de que no le
12

apreciaban aquellos que él quería, sino otros. Conocía bien y recordaba la poesía
ajena, y a menudo se deleitaba recitando de memoria algunos versos que había
leído. Por ejemplo:

En el barro que hierve por las pisadas de los caballos


Está tirada la ropa blanca del hermano-nieve...

Sólo los recuerdo con su voz. ¿De quién son?

Le gustaba hablar de lo que él llamaba "idolatría". A veces, cuando quería


entretenerse a mi costa, contaba cualquier cosa sin importancia. Por ejemplo,
me contó que en su juventud había traducido el verso de Mallarmé "La jeune
mère allaitant son enfant" ("La joven madre alimentaba a su hijo") como "La
joven madre se alimentaba de sueño". Nos reímos tanto que caímos en un diván
al cual le crujían todos los muelles, en "Tuchka" (La nubecita) y casi nos
morimos de risa, como la muchacha del Ulises de Joyce.

Conocí a Osip Mandelstam en "La torre" de Viacheslav Ivánov en la


primavera de 1911. Por entonces, era un joven flaco, con un lirio en el ojal, una
cabeza grande echada hacia atrás y largas pestañas. Lo vi por segunda vez en
casa de los Tolstoi, en Staro-Nevski (la vieja avenida Nevski) ; él no me
reconoció, y Alexei Nikolaevich Tolstoi le
preguntó quién era la mujer de Gumiliov y él
hizo señas con las manos de que era yo la del
sombrero grande. Temí que sucediera algo
irreparable y me presenté yo misma.

Ese fue mi primer Mandelstam, el autor de


La Piedra verde (Editorial Acmé) con esta
dedicatoria: "A Anna Ajmátova, llamarada de
conocimiento en días inmemoriales.
Respetuosamente, el autor".

Con su peculiar y adorable autoironía, a Osip


le encantaba contar cómo un viejo hebreo,
dueño de la tipografía en que se imprimió La
piedra, le felicitó por la publicación del libro,
estrechándole la mano y diciéndole: "Joven,
usted escribirá cada vez mejor".

Le veo como a través de la rara niebla de la isla Vasilievski y en el antiguo


restaurante "Kinshi" (en la esquina de la Segunda Línea y el Bolshoi Prospekt;
ahora hay allí una peluquería), donde, según la leyenda, Lomonósov solía
trabajar y adonde nosotros, Gumiliov y yo, íbamos a desayunar desde "Tuchka"
(La nubecita). No hubo ni podía haber ninguna reunión en "Tuchka", que era,
sencillamente, la habitación de estudiante de Nikolai Stepanovich Gumiliov, y
donde ni siquiera nos podíamos sentar. La descripción de las reuniones "five
o'clock" de Georgui Ivánov (en Poetas) es una invención desde la primera hasta
la última palabra. N. V. Nedóbrovo no pisó el umbral de "Tuchka".

Ese Mandelstam es el generoso colaborador, si no coautor de la "Antología


13

de la estupidez antigua", que los miembros del Taller de los Poetas componían
(casi todos, excepto yo) antes de cenar: “Lesbia, dónde estuviste”, “El hijo de
Leonid era avaro" (...)

En los años diez nos encontramos, naturalmente, en todas partes: en las


redacciones, en casa de conocidos, en los viernes de "Hiperborrea", esto es, en
casa de Lozinski, en "El perro errante" (Brodiachaya sobaka), donde, por cierto,
me presentó a Maiakovski. Una vez en "El perro", cuando todos estaban
cenando y armando ruido con la vajilla, Maiakovski se puso a recitar poesía.
Osip Emilievich Mandelstam se acercó a él y le dijo: "Maiakovski, deje de
recitar. Usted no es una orquesta rumana". Eso sucedió ante mis ojos (entre
1912 y 1913). El ingenioso de Maiakovski no supo qué contestar; eso lo contaba
con mucha gracia Jardzhiev. También nos veíamos en la "Academia del verso"
(La Sociedad de los defensores de la palabra artística, donde reinaba Viacheslav
Ivánov), y en las reuniones hostiles a esa Academia, del Taller de los Poetas,
donde Mandelstam pronto se convirtió en el primer violín. Por entonces,
escribió un poema misterioso (y no muy logrado) sobre "El ángel negro en la
nieve". Nadia Mandelstam afirma que está dedicado a mí (...)

Gumiliov estimó pronto y bien a Mandelstam. Se conocieron en París. (Véase


el final del poema de Osip sobre Gumiliov. Allí se dice que Nikolai Stepánovich
iba maquillado y con sombrero de copa:

Pero en Petersburgo el acmeísta está más cerca de mí


Que el Pierrot romántico de París.

Los simbolistas nunca les aceptaron.

También me visitó Osip Emilievich en Zárskoe


Seló. Cuando estaba enamorado, lo que sucedía con
bastante frecuencia, yo era, en algunas ocasiones, su
confidente. A la primera que recuerdo es a Anna
Mijailovna Zelmanova-Chudovskaya, una bella
pintora. Ella le hizo un dibujo con fondo azul oscuro y
la cabeza echada hacia atrás (¿en 1914?), en la calle
Alexeevski. Él no escribió versos a Anna Mijailovna, de
lo cual se quejaba amargamente ante mí, ya que no era
capaz de escribir poemas de amor. La segunda fue
Tsvietáieva, a la cual dedicó poesías de Crimea y
Moscú; la tercera es Salomé Andronikova (Andreeva,
ahora Galpern, a quien Mandelstam inmortalizó en su
libro Tristia: "Cuando no duermes, Solominka, en tu
inmenso tálamo...". Recuerdo ese tálamo suntuoso de
Salomé en la isla Vasillevski).

Desde luego que Mandelstam fue a Varsovia y que


le llamó enormemente la atención el ghetto (de eso se
acuerda M.A.Z.), pero de su intento de suicidio, del que habla Gueorgui Ivánov,
ni siquiera Nadia Mandelstam ha oído hablar, ni de Lipochka, la hija que dicen
nació allí.
14

Al comienzo de la revolución (1920), cuando yo vivía completamente sola y


ni siquiera le veía, él se enamoró de Olga Arbénina, actriz del teatro
Alexandrinski que luego se casaría con Yu, Yúrkina, y le escribió los poemas
("Porque no supe retener tus manos" y otros). Dicen que los manuscritos Se
perdieron durante el bloqueo, sin embargo yo los vi hace poco en casa de J.

A todas esas damas de antes de la revolución (temo que entre ellas me


encuentro yo), él las llamó al cabo de muchos años “dulces europeas” :

Y de las bellezas de entonces, de esas dulces europeas,


¡Cuánta confusión, desgarro y desgracia recibí!

Mandelstam saludó a la revolución como poeta maduro y conocido, al menos


en un pequeño círculo. (Su alma estaba llena de todo lo que ocurría).
Mandelstam fue uno de los primeros en escribir poesía de tema cívico. Para él la
revolución fue un gran acontecimiento, y no es casual que la palabra "pueblo"
aparezca en su poesía.

Vi con bastante frecuencia a Mandelstam entre 1917 y 1918, cuando yo vivía


en Vyborg casa de los Sreznevski (en la calle Botkinskaya, 9), no en la casa
extraña, sino en el piso del viejo doctor Viacheslav Sreznevski, marido de mi
amiga Valeria Serguievna.

Mandelstam venía a visitarme a menudo y recorríamos en un coche de


simones los increíbles baches del invierno de la revolución, entre célebres
hogueras que ardieron casi hasta mayo, escuchando el tableteo de fusiles, que
no sabíamos de dónde procedía.

Así íbamos a las veladas organizadas en la Academia de las Artes a beneficio


de los heridos, y en las que intervenimos los dos en algunas ocasiones. Osip
Emilievich Mandelstam estuvo conmigo en el concierto de Butomo-Nazvanóva
en el Conservatorio, en el que ella cantó a Schubert (véase: "Esa tarde no
resonaba el bosque ojival del órgano: nos cantaban a Schubert...").

De esa época son todos los poemas dedicados a mí: "En los instantes floridos
no busqué..." (de diciembre de 1917); se refiere a mí la profecía, en parte
cumplida:

"Algún día en la loca ciudad,


en la fiesta de los escitas, a orillas del Neva,
al son de un baile abominable
alzarán la toca de tu bella cabeza."

También me está dedicado: "Tu pronunciación asombrosa..."

Además, en diferentes momentos, Mandelstam me dedicó cuatro cuartetos:

1. "Quieres ser un juguete" (1911)


2. "Los rasgos faciales desfigurados..." (años 10)
15

3. "Las abejas se acostumbran al apicultor..." (años 30)


4. "Nuestra relación está en declive..."

Después de algunas dudas, decido recordar en estas notas que tuve que
explicar a Osip que no debíamos vernos tan a menudo, ya que eso podía dar a la
gente pie para hacer comentarios perversos sobre nuestra relación. Después de
lo cual, más o menos, en marzo, Mandelstam desapareció. Aunque por entonces
todo a nuestro alrededor era bastante confuso e informe —alguno desaparecía
para siempre, otro por un tiempo, y a todos nos parecía que se habían ido a las
afueras, por supuesto que no en el sentido actual de esa palabra; por decirlo así,
no había un centro (la observación es de Lozinski)—, a mí no me sorprendió la
desaparición de Osip Emilievich (...)

Vi de nuevo a Mandelstam, de paso, en Moscú en 1918. En 1920 pasó por mi


casa de la calle Serguiévskaya (en Petersburgo) una o dos veces (...)

El verano de 1924 Osip Mandelstam trajo a mi casa (en Fontanka, 2) a su


joven esposa. Nadia era lo que en francés dicen "laide mais charmante". Desde
ese día comenzó mi amistad con Nadia, que llega hasta hoy día.

Osip quería con locura a Nadia. Cuando la operaron de apendicitis en Kiev,


él no salió del hospital y vivió en una habitación del portero del hospital. No
abandonó por un momento a Nadia, no le dejó que trabajara, era muy celoso y le
pedía consejo sobre cada palabra de su poesía. En general, no he visto nada
parecido en mi vida. La correspondencia de Mandelstam a su esposa confirma
plenamente mi impresión.

En 1925 viví con los Mandelstam en un pasillo de la pensión de Zaitsev en


Zárskoe Seló. (...) Los Mandelstam pasaron un invierno en Zárskoe Seló, en el
Liceo Imperial, a causa de la salud de Nadia. (...) A Mandelstam no le gustó vivir
allí. Detestaba con todas sus fuerzas los llamados
"ceceos imperiales" de Gollerbraj y Rozhdestvenski y la
especulación en nombre de Pushkin.

Mandelstam tenía una relación muy singular, casi


terrible con Pushkin. Me parece ver en ella una especie
de aureola de pudor sobrehumano. Estaba en contra de
cualquier "pushkinismo". Respecto al verso de Pushkin,
"El sol de ayer llevan en negras parihuelas...", ni Nadia
ni yo lo conocíamos y sólo ha salido a la luz ahora, de
los borradores (en los años cincuenta). Mandelstam
recogió de mi mesa, mi "Último cuento", esto es, mi
artículo sobre "El gallo de oro" de Pushkin, lo leyó y
dijo: "Vamos a jugar una partida de ajedrez". (...) De los
escritores contemporáneos, Mandelstam tenía en gran
estima a Bábel y a Zóschenko. Mijail Míjailovich Zóschenko lo sabía y se sentía
muy orgulloso de ello. A quien más detestaba Mandelstam por algún motivo era
a Leónov.(...)

En otoño de 1933 Mandelstam obtuvo por fin (lo celebro) un piso (dos
habitaciones, quinto piso, sin ascensor, gas ni baño) en la travesía Naschokinski
16

("El piso es silencioso, como el papel..."), y la vida errante pareció acabarse. A


esa casa llevó libros por primera vez. En su mayoría, se trataba de viejas
ediciones de poetas italianos (Dante, Petrarca).

Pero nada había acabado, todo el tiempo hacía falta llamar a algún sitio,
esperar algo, confiar en algo. y nada de todo eso resultaba bien. Osip Emilievich
era enemigo de las traducciones de poesía. Una vez, en el
piso de Naschokinski, le dijo a Pasternak en presencia mía:
"Sus obras completas consistirán en doce tomos de
traducciones y sólo uno de sus propias poesías".

Mandelstam sabía que en las traducciones se escapa la


energía creadora y, conseguir de él que tradujera, era algo
casi imposible. A su alrededor había mucha gente, a
menudo bastante turbia y casi siempre inútil.

Sin tener en cuenta que aquellos tiempos eran


relativamente "vegetarianos", una sombra de infelicidad y
condena habitaba esa casa. Íbamos por Prechistenka (en
febrero del 34) y no recuerdo de qué hablábamos. Giramos
al bulevar Gogolievski (Bulevar de Gógol) y Osip dijo: "Estoy preparado para la
muerte". De eso hace ya 28 años y siempre que paso por ese sitio me acuerdo de
ese instante.

Durante bastante tiempo no vi a Osip ni a Nadia. En 1933 los Mandelstam


vinieron a Leningrado con alguna invitación. Se alojaron en el "Hotel de
Europa". Osip tenía dos veladas poéticas. Acaba de aprender italiano y estaba
tan apasionado por Dante que recitaba de memoria páginas enteras de la Divina
Comedia. Nos pusimos a hablar del "Purgatorio" y yo recité un pasaje del canto
XXX (la aparición de Beatriz). Cito de memoria:

Sopra candido vel cinta d’oliva


Donna m'apparve, sotto verde manto,
Vestita di color di fiamma viva.
……………. …………….
…………………… "Men che dramma
Di sangue m' e rimaso non tremi:
Conosco i segni dell'antica fiamma"

Osip se echó a llorar. Me asusté: "¿Qué pasa?". "No, no es nada, sólo son esas
palabras y su voz". No me corresponde a mí recordar eso. Si Nadia quiere, que
se acuerde.

Osip me recitó de memoria fragmentos del poema de N. Kliuev: "Los


difamadores del arte", que fue la causa de la muerte del infeliz Nikolai
Alekseevich Kliuev.

Una vez, cuando yo reproché algo a Esenin, Osip me respondió que se podía
perdonar a Esenin sólo por el verso: "No fusilé a los infelices en los calabozos..."

En general, era difícil sobrevivir: sólo conseguíamos algunas traducciones,


17

algunas reseñas y algunas promesas. El dinero apenas llegaba para pagar el piso
y comprar la comida. En esa época, el aspecto de Mandelstam cambió mucho:
más cargado de hombros, con más canas, y con asma, daba la impresión de ser
un anciano y sólo tenía cuarenta años. Sólo sus ojos brillaban como antes. y su
poesía era cada vez mejor, y su prosa también. (...)

Recuerdo muy bien una de nuestras conversaciones de entonces sobre


poesía. Osip Emilievich, quien sufría agudamente lo que hoy se llama "culto a la
personalidad", me dijo: "Ahora la poesía debe ser cívica" y me recitó su poema
sobre Stalin: "Vivimos sin sentir el país a nuestros pies..." De esa época es su
"teoría del conocimiento de las palabras". Mucho más tarde afirmó que la
poesía, festiva o trágica, se escribe sólo como resultado de una aguda
conmoción. Del poema en que alababa a Stalin: "Quiero decir no Stalin, sino
Yugashvili" (1937), me dijo: "Comprendo ahora que se trataba de una
enfermedad".

Cuando le recité a Osip mi poema "Te llevaron al alba...", el poema inicial de


Requiem (1935), sobre el arresto en 1935 de N. N. Punin, (marido de Ajmátova),
me dijo: "Se lo agradezco".

A su vez, Mandelstam me recitó justo el último verso de su poema "Un poco


de geografía" ("No una ciudad") europea... :

Él, celebrado como primer poeta,


Pecador nuestro, y tuyo.

El 13 de mayo de 1934 le arrestaron. Ese mismo día, tras varios telegramas y


llamadas de teléfono, llegué a casa de los Mandelstam desde Leningrado, donde
había tenido lugar poco antes su incidente con Alexei Tolstoi. Éramos todos tan
pobres por entonces que para comprar el billete de ida y vuelta tuve que
empeñar la medalla de la condecoración, la última concedida por Remizov en
1921 (me la entregaron ya después de la huida de Remizov en 1921) y el busto
que me había hecho Danko en 1924 (lo compró S. Tolstaya para el museo de la
Unión de Escritores).

La orden de arresto había sido firmada por el mismo Yágoda. El registro


duró toda la noche. Buscaban poemas y estuvieron buscando entre los
manuscritos que había tirado a un baúl. Nosotros estuvimos sentados en una
habitación. Todo estaba en silencio. Tras la pared, en casa de Kirsánov, sonaba
una guitarra hawaiana. Vi cómo el inspector encontró "El lobo" ("Por el valor
ruidoso de los siglos venideros...") y se lo mostró a Osip Emilievich. Él asintió en
silencio. Al despedirme, me besó. Se lo llevaron a las siete de la mañana. Había
mucha luz. Nadia fue a casa del hermano, y yo a casa de Chulkov, en el bulevar
de Smolensk, 8, y acordamos juntarnos en alguna parte. Al regresar a casa
juntas, arreglamos el piso, y nos sentamos a desayunar.

De nuevo golpearon en la puerta, de nuevo eran ellos, de nuevo un registro.


Yevgueni Yakovlevich Jazin dijo: "Si vienen otra vez, le llevarán a usted con
ellos". Pasternak, en cuya casa estuve ese mismo día, fue a interceder por
Mandelstam a "Izvestia", ante Bujarin, y yo, fui al Kremlin a ver a Enukidze. Por
entonces acceder al Kremlin era casi un milagro. Ello fue posible gracias a la
18

gestión del actor Ruslanov (del Teatro Vajtangov), a través del secretario de
Enukidze. Enukidze estuvo bastante amable, pero enseguida preguntó: "¿es
posible que haya algún poema?" Con esas gestiones se aceleró y, seguramente,
se suavizó el desenlace. La condena fue de tres años en Cherdin, donde Osip se
tiró por la ventana del hospital porque le pareció que iban a por él. (Véase la
tercera estrofa de las "Estanzas") y se rompió el brazo. Nadia envió un telegrama
al Comité Central. Stalin ordenó revisar el caso y autorizó la elección de otro
lugar para cumplir la condena. Después llamó a Pasternak. Lo demás es
demasiado conocido.

Fui con Pasternak a casa de Usievich, donde nos encontrarnos con los jefes
de la Unión Soviética y con muchos jóvenes marxistas. Estuve también en casa
de Pilniak, donde vi a Baltrushaitis, Spet y S. Prokofiev.

En ese tiempo el antiguo síndico del Taller de los Poetas, Serguei Gorodetski,
al participar en algún acto, pronunció la siguiente frase inmortal: "Esos
versículos de una tal Ajmátova, que se pasó a la contrarrevolución" ; incluso en
la Revista Literaria "Literaturnaya Gazeta" que publicó un informe de esa
reunión, se suavizaron esas palabras auténticas (Véase la "Literaturnaya Gazeta"
de mayo de 1934).

Bujarin, al final de su carta a Stalin escribió: "Y Pasternak también está


preocupado". Stalin informó que había dado la orden de que todo estuviera en
orden con Mandelstam. Le preguntó a Pasternak por qué no había intercedido.
"Si mi amigo poeta cayera en desgracia, haría todo lo posible para salvarle".
Pasternak le respondió que si él no hubiera intercedido, Stalin no conocería ese
caso. "¿Por qué no se dirigió a mí o a las organizaciones de escritores?" - "Las
organizaciones de escritores no tratan esos asuntos desde el año 1927" - "Pero,
¿acaso es su amigo?" Pasternak se quedó callado y Stalin, tras una breve pausa,
continuó la pregunta: "¿Es acaso un maestro, un maestro?" Pasternak
respondió: "Eso no importa".

Boris Leonídovich Pasternak pensó que Stalin le estaba poniendo aprueba


para saber si conocía o no el poema y por eso se mostró inseguro.

"¿Porqué siempre hablamos de Mandelstam y de Mandelstam? Hace tiempo


que quería hablar con usted" - "¿De qué?" "De la vida y la muerte". Stalin colgó.

Nadia nunca fue a casa de Boris Leonídovich y no le pidió nada, como escribe
Robert Pane.

De los hombres, fue a visitar a Nadia un tal Perets Markish. Muchas mujeres
acudieron a su casa ese mismo día. Recuerdo que eran guapas y muy bien
vestidas, con vestidos ligeros y primaverales: Sima Narbut, quien todavía no
había sido atacada por la desgracia; la mujer de Senkevich, a quien llamábamos
"la cautiva turca"; Nina Olshevskaya, de ojos claros, esbelta y
extraordinariamente tranquila. Nadia y yo estábamos sentadas con prendas
arrugadas, pálidas y entumecidas. Con nosotros estaba Emma Guerstein y el
hermano de Nadia.

Al cabo de quince días, temprano por la mañana llamaron por teléfono a


19

Nadia y le dijeron que si quería acompañar a su marido debería estar en la


estación de Kazán por la tarde. Todo había terminado. Nina Olshevskaya y yo
fuimos a conseguir dinero para el viaje. Dieron mucho. Elena Serguievna
Bulgákova lloró y me puso en la mano todo el dinero que tenía en su bolso.

Nadia y yo fuimos juntas a la estación. Antes, fuimos a la Lubianka por los


documentos. Hacía un día claro y soleado. Desde cada ventana nos miraban los
bigotes de cucaracha del "culpable del festejo". Tardaron mucho en traer a Osip.
Estaba en tan mal estado que ni siquiera podían sentarle en el furgón policial.
Mi tren, que salía de la estación de Leningrado, se marchaba y no podía esperar.
Los hermanos, esto es, Yevgueni Yakovlevich Jazin y Alexander Emilievich
Mandelstam me condujeron allí y luego regresaron a la estación de Kazán y sólo
entonces llevaron a Osip, con quien ya estaba prohibido hablar. Siento mucho
que no pudiera esperarle y que él no me viera, porque por eso empezó a pensar
en Cherdin que me habían matado. Fueron leyendo a Pushkin bajo la escolta "de
los bravos muchachos de la férrea puerta del GPU".

En ese tiempo tuvieron lugar los actos preparatorios del primer congreso de
escritores (año 1934) y también a mí me enviaron una encuesta para que la
rellenara. El arresto de Osip me causó tanta impresión que ni podía levantar la
mano para rellenarla. En ese congreso Bujarin nombró a Pasternak primer
poeta, para espanto de Demián Bedni, me criticó duramente y, probablemente,
no dijo ni una sola palabra sobre Osip.

En febrero de 1936 estuve en casa de los Mandelstam en Voronezh y conocí


todos los pormenores de su "caso". Me contó cómo, en un ataque de locura, echó
a correr por Cherdin y se le apareció la imagen de mi cuerpo fusilado, de lo cual
habló en voz alta a quien se encontró por la calle, y que los arcos en honor de
Cheliushkin los consideraba erigidos en su honor.

Pasternak y yo fuimos a ver al magistrado de turno del Tribunal Supremo


para interceder por Mandelstam, pero en aquel tiempo ya había comenzado el
terror y todo fue inútil. Resulta sorprendente que la libertad plena, la
grandeza y el aliento profundo surgieran en la poesía de Mandelstam
precisamente en Voronezh, cuando carecía de libertad.

Al regresar de casa de los Mandelstam, escribí el poema "Voronezh", que


termina así:

Pero en el cuarto del poeta caído en desgracia


Miedo y musa se turnan en la guardia.
Y viene una noche
Que no conoce el alba.

El paso del tiempo, 1965

De sí mismo en Voronezh, Osip dijo: "Por naturaleza soy alguien que espera,
por eso mismo, estar aquí me es aún más difícil".

Al comienzo de los años 20 (en 1923), Mandelstam por dos veces criticó
duramente mi poesía en las revistas ("El arte ruso", no 1, 2-3). Nunca hablamos
20

de eso y tampoco me habló de sus elogios a mis versos. Sólo ahora los he leído
(la reseña en el "Almanaque de las Musas" (1916) y la "Carta sobre la poesía
rusa" (1922, Jarkov)).

Allí, en Voronezh, le obligaron, con no muy buenas intenciones, a dar una


conferencia sobre el acmeísmo. No debe olvidarse lo que él dijo en 1937: "No
reniego ni de los vivos ni de los muertos". A la pregunta qué era el acmeísmo,
contestó: "La nostalgia de la cultura universal" (...) ¿Raro? ¡Claro que era raro!
Por poner un ejemplo, echó a la calle a un joven poeta que había ido para
quejarse de que no le publicaban. El joven, turbado, bajaba las escaleras y Osip
le gritó desde el descansillo del piso de arriba: “¿Publicaron a André Chénier?
¿Publicaron a Safo? ¿Publicaron a Jesús?"

S. Lipkin y A. Tarkovski cuentan con gusto hasta hoy cómo Mandelstam les
regañó por sus versos de juventud. Artur Sergueievich Lurje, quien conoció bien
a Mandelstam y escribió con mucha dignidad sobre la relación de Osip
Mandelstam con la música, me contó (en los años diez) que una vez iba con
Mandelstam por la avenida Nevski y vieron a una señora muy imponente. Osip
propuso ingeniosamente a su compañero: "Quitémosle todo eso y se lo damos a
Anna Andreevna” Ajmátova. Todavía Lurje puede verificar la exactitud de esa
frase.

Le disgustaban las mujeres a las que les gustaba El rosario(2). Cuentan que
una vez fue a casa de los Kataiev y conversó amablemente con la bella dueña de
la casa. Al final, quiso probar el gusto de la dama y le preguntó: "¿Le gusta
Ajmátova?" y ella contestó con naturalidad: "No lo he leído", tras lo cual el
invitado montó en cólera, dijo groserías y se marchó furioso. Él no me lo contó.

En el invierno de 1933-34, cuando me alojé en casa de los Mandelstam en


Naschokinski, en febrero de 1934 me invitaron a una velada los Bulgákov. Osip
se preocupó: "¿Quieren traerla a la literatura de Moscú?" Para tranquilizarle, le
dije sin acierto: "No, Bulgákov es un marginado. Seguramente habrá allí alguien
del Teatro del Arte”. Osip se enojó. Se puso a andar por la habitación y gritó:
"¿Cómo alejar a Ajmátova del Teatro del Arte?"

Un día Nadia llevó a Osip a esperarme a la estación. Él se levantó temprano,


helado y de mal talante. Cuando bajé del vagón me dijo: "Ha venido usted a la
velocidad de Anna Karénina". (...)

¿Raro? ... No es ése el asunto. ¿Porqué los escritores de memorias, del tipo
de Shatski-Strajovski, E. Mindlin, S. Makovski, G. Ivánov, B. Livshin, reúnen y
guardan con tanta precaución y cariño cualquier cotilleo o estupidez como
imagen principal y estrecho punto de vida del poeta, y no inclinan la cabeza ante
ese inmenso y sin igual acontecimiento que es la aparición de un poeta cuyos
primeros versos asombran por su perfección y no vienen de ninguna parte?

Mandelstam no tiene maestro. Sobre eso vale la pena pensar. No conozco en


la poesía universal un hecho semejante. Conocemos las fuentes de Pushkin y de
Blok, pero quién dirá de dónde llegó hasta nosotros esa nueva armonía divina, a
la que llamamos la poesía de Osip Mandelstam.
21

II

Voronezh

Toda la ciudad está helada.


Vidriosos árboles, muros, nieve.
Cruzo con temor entre cristales.
La carrera incierta de los trineos floreados.
y sobre el Voronezh de Pedro, están los cuervos,
los álamos y una bóveda verdosa,
erosionada, turbia, de polvo solar
y en la batalla de Kulikovski soplan las laderas
de la tierra poderosa, vencedora
y los álamos, como cálices móviles
resuenan con más fuerza sobre nosotros
como si mil invitados bebieran
a nuestra salud en el banquete de bodas.
Pero en el cuarto del poeta caído en desgracia
Miedo y Musa se turnan en la guardia.
Y viene una noche
que no conoce el alba.

1936
Anna Ajmátova

(1) Texto extractado de Páginas de mi diario, de Anna Ajmátova


(2) Libro de poemas de Ajmátova. (n. del T.)
22

Primer cuaderno
23

Vivo en huertos importantes...


Vivo en huertos importantes.
Vanka, el casero, podría pasear por aquí.
El viento trabaja en vano en las fábricas,
y los troncos de la ciénaga conducen lejos.

La noche arada y negra, de las orlas de las estepas,


Se heló en los pequeños adornos de las luces.
Tras el muro, el dueño, ofendido,
Va y viene con sus botas rusas.

Y suntuosa cruje la lápida


De este cobertizo.
Duermo mal en casas ajenas.
Y cerca de la banca sólo está la muerte.
Abril de 1935

¡Orejeras, mis orejeras!...


¡Orejeras, mis orejeras!
Recuerdo las noches de Voronezh:
La voz no bebida del Ay.
y los silbatos de la Plaza Roja a medianoche...

Bueno, ¿cómo va el metro?.. Calla, no contestes.


No preguntes cómo germinan los brotes...
y tú, reloj de las luchas del Kremlin,
Lengua del espacio en un punto oprimido...
Abril de 1935

Déjame marchar, déjame volver,


Voronezh...
Déjame marchar, déjame volver, Voronezh:
Suéltame o déjame escapar,
caer o regresar.
Voronezh, capricho; Voronezh, cuervo, cuchillo...
Abril de 1935
24

Debo vivir, aunque esté dos veces


muerto...
Debo vivir, aunque esté dos veces muerto,
y la ciudad enloquezca por el agua:
¡Qué bueno es! ¡Qué alegre! ¡Qué pómulos tiene!
¡Cómo agrada el arado a la capa de grasa y
la estepa yace en el barrizal de abril,
y el cielo, el cielo es tu Buonarotti...!
Abril de 1935

¿Qué calle es ésta?...


¿Qué calle es ésta?
La calle de Mandelstam.
¡Qué endiablado apellido!
No consigues olvidarlo.
Suena retorcido, extraño.

Fue poco recto


y nada delicado,
y por eso esta calle
O, para ser más precisos, esta zanja,
Lleva el nombre
De ese tal Mandelstam....
Abril de 1935

Tierra negra
Respetada, ennegrecida, cuidada,
fértil, toda de aire y cuidados,
desmigajada, coral—
húmedos terrones de mi tierra y libertad...

En los días de los primeros arados, negra hasta azularse


la labor desarmada en ella arraiga,
arado rumor de miles de colinas:
25

algo ilimitado se ve en estas lindes.

Y sin embargo, la tierra es yerro y hoja afilada,


no reces por ella, no la pisotees,
como flauta carcomida abre bien las orejas,
como clarinete matutino hiela el oído...

¡Cómo agrada el arado a la capa de grasa y


la estepa yace en el barrizal de abril!
Te saludo, tierra negra: ten coraje, ojos...
y en la labor un silencio elocuente y negro.
Abril de 1935

Privándome del mar, del vuelo y


del correr...
Privándome del mar, del vuelo y del correr,
y dando al pie el apoyo de una tierra herida,
¿Qué habéis logrado? Excelente cálculo:
No podréis arrancar mis labios trémulos.
Mayo de 1935

Sí, estoy en el suelo y mis labios


tiemblan...
Sí, estoy en el suelo y mis labios tiemblan,
pero lo que digo, en la escuela lo aprenderán:

En la Plaza Roja la tierra es redonda


y su pendiente endurece a gusto.

En la Plaza Roja la tierra es redonda


y su pendiente es inesperadamente inmensa,

y asciende hasta los campos de arroz,


mientras haya un esclavo en la tierra.
Mayo de 1935
26

¡Qué turbio fluye el Kama


cuando...
1
¡Qué turbio fluye el Kama cuando
las ciudades se asientan sobre rodillas de encina!

Vistiéndose de telarañas, barba a barba,


el ardiente abeto se desliza, rejuveneciendo en el agua

en ciento cuatro remos se apoyaba el agua,


arriba y abajo llevaba a Kazán y a Cherdin.

Allí navegaba yo por el río con cortinas en la ventana


con cortinas en la ventana y fuego en la cabeza.

Y conmigo, mi mujer, cinco noches sin dormir,


cinco noches sin dormir y tres escoltas.

2
Yo contemplaba, alejándome, el oriente
de las coníferas,
el caudaloso Kama llevaba a una boya.

Y quería limpiar de plantas las montañas,


pero apenas lograba llenar el bosque de sal.

Y quería instalarme allí, compréndelo,


en los seculares Urales, poblados de gente.

Y quería proteger a esta loca llanura


y guardarla en un largo capote.
Abril - Mayo de 1935

Estanzas
1
No quiero cambiar el último céntimo del alma
con los jóvenes de la sierra,
pero, al igual que el campesino libre acude al koljós
entro yo en el mundo y la gente es buena.
27

Me gusta el capote del ejército rojo,


largo hasta los talones, liso y sencillo de mangas,
y el corte similar de la nube del Volga,
que para reventar, en la espalda y el pecho,
se mantuvo en la reserva.
y cayó en el verano.

2
Una maldita costura, un ridículo antojo
nos separó. y ahora, entiende:
¡Debo vivir, respirando y "bolchevizando",
mejorando ante la muerte,
durar un poco más y jugar con la gente.

3
Piensas cómo en mi amada Cherdin,
donde huele el Os y el Tobol se ensancha,
me agitaba en treinta centímetros de barullo
no miré la pelea de los machos cabríos difamadores,
como un gallo en la transparente penumbra
del verano.
¡Come, escupe, sí, algo hizo, sí, es enemigo!
Arranqué de cuajo el pico del soplón.
Un salto y ya estoy cuerdo.

4
Y tú, Moscú, hermana mía, ligera,
cuando encuentras en el avión al hermano,
antes de que suene el primer timbre del tranvía:
Más suave que el mar, más confusa que una ensalada
de madera, vidrio y leche...

5
Mi país hablaba conmigo,
me consentía, me regañaba, sin leerme,
pero me fortalecía, como a un testigo,
me veía y de pronto, como una lente,
me inflamó con el rayo del Almirantazgo.

6
Debo vivir, respirando y "bolchevizando",
trabajar el habla, sin escuchar, amigo de mí mismo.
Oigo en el Ártico el golpeteo de las máquinas
soviéticas.
Recuerdo todo: el cuello de los hermanos alemanes,
y al jardinero y verdugo que mataba el tiempo
con el peine lila de Lorelei.

7
No he sido expoliado ni doblegado,
sólo me he agigantado...
28

Como en el Cantar de Ígor, mi cuerda está tensa,


y en mi voz, después del asma,
resuena la tierra —la última arma—,
la seca humedad de las hectáreas de tierra negra.
Mayo - Julio de 1935

Era un día de cinco cabezas. Yo


llevaba ya encogido...
Era un día de cinco cabezas. Yo llevaba ya encogido
cinco días enteros.
Iba orgulloso del espacio que crecía ante mis ojos,
el sueño era más grande que el ruido, el ruido era
más viejo
que el sueño, fundido, sutil,
detrás nuestro volaban las carreteras con las riendas
de los cocheros.
Era un día de cinco cabezas y, apestado por la danza
iba yo a caballo y a pie iba la masa de las cumbres negras:
El ojo se convertía en carne de coníferas en
las noches blancas,
no, en las armas blancas, con la dilatación del poder
de la aorta.

El mar azul apenas me cubría dos dedos, el ojo de


una aguja,
lo justo para que la lancha del turno de escolta
navegara a toda vela.
¡Ah, seco cuento ruso, cuchara de palo!
¿Dónde estáis, los tres bravos muchachos de la
férrea puerta del GPU?

Para que la mercancía milagrosa de Pushkin no caiga en


manos de los parásitos,
se forma una generación de pushkinistas de capote
y revólver,
jóvenes amantes de los versos de diente blanco.

El tren iba a los Urales. En nuestras bocas cerradas


galopaba Chapaiev
hablando en una película sonora.
Tras las traviesas, en una cinta,
se ahogaba y saltaba sobre su caballo.
Abril - 1 de junio de 1935
29

Hablando de una húmeda cinta...


Hablando de una húmeda cinta
—han hallado una reserva de sonidos a los peces—
se abalanzaba la película sonora
sobre mí, sobre todos y sobre vosotros...

Llenos de desdén hacia los falsos caídos,


con un cigarrillo mortal entre los dientes,
iban los oficiales de la última hornada
hacia la ingle entreabierta de la llanura...

Se oía el zumbido bajo


de los aviones reducidos a cenizas,
y la hoja de afeitar inglesa, la del caballo,
rasuraba las mejillas del almirante.

Mídeme, país, vuelve a tallarme,


¡Oh milagroso ardor de la tierra registrada!
Se encasquilló el fusil de Chapaiev:
¡Ayúdame, desátame, divídeme!...
Junio de 1935

Todavía estamos llenos de vida...


Todavía estamos llenos de vida,
todavía se pasea en las ciudades de la Unión
con vestidos y blusas de telas chinas
con mariposas y hojas.

Todavía la maquina número uno corta


cáusticamente los panales de los castaños,
y caen en la limpia servilleta
densos y sabios mechones.

Todavía hay bastantes vencejos y golondrinas,


todavía el cometa no nos enloqueció,
y la tinta lila y sensata
escribe formas de estrellas y de colas.
25 de mayo de 1935
30

Lingotes contantes y sonantes de


las noches romanas...
Lingotes contantes y sonantes de las noches romanas,
seno que alienta el joven Goethe.
Acaso estoy en la respuesta, pero no en la pérdida:
Existe una vida plena fuera de la ley.
Junio de 1935

¿Puede alabarse a una mujer


muerta?...
¿Puede alabarse a una mujer muerta?
Ella está lejos y sola.
El poder de su amor extraño la llevó
a una tumba violenta y ardiente.

Pesadas golondrinas de cejas redondas


volaron desde la tumba hasta mí
para decirme que se reponían
en su frío lecho de Estocolmo.

Tu familia estaba orgullosa del violín del bisabuelo,


su cuello la hacía más bella
y tú abrías la boca sonrosada
y sonreías en italiano, en ruso...

Guardo tu triste recuerdo,


fruto silvestre, osito, Mignon,
pero las ruedas de molino pasan el invierno en la nieve
y se hiela la cuerna del cartero.
3 de junio de 1935

En las pestañas muertas se heló


San Isaac...
31

En las pestañas muertas se heló San Isaac,


las calles señoriales se han vuelto azules—
La muerte del organista, el pelo de oso,
y en el camino cepas ajenas...

Ya apaga el fuego el perrero—


Una bandada de coches enormes
recorre la tierra —globo amueblado—
y el espejo deforma al sabelotodo.

En las escaleras de las plazas hay niebla y desacuerdo,


aliento, aliento y canto.
Se heló el talismán de Schubert en la pelliza—
Movimiento, movimiento, movimiento...
3 de junio de 1935

Tras el pálido Paganini...


Tras el pálido Paganini
baila y canta un grupo de cíngaros,
uno, una danza checa, otro una polka,
y otro un baile húngaro.

Altiva y esbelta muchacha,


con tu canto, amplio como el Enisei,
me arrastras hacia tu música.
En tu cabeza, polaca, está
la colina rizada de Marina Mniszek.
Es sospechoso tu arco, violinista.

Cálmame con el cano Chopin,


el serio Brahms —no, mejor,
con París, furiosamente salvaje,
con un carnaval sudoroso y enharinado,
o con cerveza de la joven Viena,

que flota, en un frac de director de orquesta,


en los fuegos artificiales del Danubio, en las carreras
de caballos,
y el vals, que desde la tumba se vierte en la cuna,
como la ebriedad.

¡Toca, haz estallar la aorta,


con una cabeza de gato en la boca!
¡Eran tres diablos y tú eres el cuarto,
el último y espléndido diablo en flor!
5 de abril - 18 de junio de 1935
32

Corre la ola junto a la ola,


rompiendo la cresta...
Corre la ola junto a la ola, rompiendo la cresta
de la ola,
abalanzándose sobre la luna con el ansia de un esclavo.
Y el joven abismo marino de los jenízaros,
la ciudad de las olas sin sueño,
se agita, se retuerce y excava un foso en la arena.

Y por el aire, sombrío y mullido, aparecen


las almenas de un muro sin empezar
y de las escalas de espuma caen los soldados
de los sultanes sospechosos —pulverizados, desunidos—
mientras fríos eunucos reparten el veneno.
27 de junio de 1935

Oficio el ritual del humo...


Oficio el ritual del humo:
Caídas en desgracia ante mí
yacen las fresas del verano marino,
las cornalinas dos veces limpias
y el ágata, hermano de la hormiga.

Pero prefiero al simple soldado


del fondo del mar —gris, salvaje,
de quien nadie está contento.
Julio de 1935

No devolveré a la tierra como


mariposa blanca...
No devolveré a la tierra como mariposa blanca
de harina la ceniza prestada.
Deseo que el cuerpo que piensa
33

se convierta en calle, en país:


El cuerpo vertebrado, carbonizado,
consciente de su extensión.

Apoyándose en caballetes de muerte,


exclamaciones de verdeoscuras coníferas
y coronas profundas como pozos
dilatan la vida y el tiempo amado.
¡Oh, cercos de coníferas con la bandera roja,
grandes coronas de letras!

Los camaradas de la última leva iban


al trabajo en los duros cielos,
la infantería llevaba en silencio
las exclamaciones, fusiles al hombro.

Y millares de piezas de la artillería antiaérea—


de pupilas marrones o azules—
caminaban en desorden —gente, gente, gente—
¿Quién seguirá tras ellos?
21 de julio de 1935 - 30 de mayo de 1936
34

Segundo cuaderno
35

Tras las casas y los bosques...


Tras las casas y los bosques,
durante más tiempo que los trenes de mercancías,
silba, Sadkó de las fábricas y de los jardines,
por el poder de los trabajos nocturnos.

Silba, viejo, respira dulcemente,


como Sadkó, el huésped de Novgorod,
en el fondo del mar azul,
silba monótonamente en la profundidad de los siglos,
sirena de las ciudades soviéticas.
6 - 9 de diciembre de 1936

Nacimiento de la sonrisa
Cuando un niño comienza a sonreír,
con una pequeña bifurcación de amargor y dulzura,
las orillas de su sonrisa desembocan
sin burlas en la anarquía del océano.

Se siente mejor que nadie:


Juega a la gloria con los ángulos de la boca
y ya cose la sutura irisada
al conocimiento infinito de la realidad.

Sobre las palmas del agua se alzó el continente—


La boca del caracol, suspendida, próxima—
Y en los ojos sopla el instante de Atlante
bajo la leve afectación de la alabanza y el asombro.
8 de diciembre de 1936 - 17 de enero de 1937

Me asombra el mundo cada vez


más...
Me asombra el mundo cada vez más,
y los niños y la nieve me asombran;
Pero la sonrisa es verdadera, como el camino,
36

ni dócil, ni servil.
Diciembre de 1936 - 1938

Jilguero mío, inclino la cabeza...


Jilguero mío, inclino la cabeza—
Miremos juntos al mundo:
Este día de invierno, punzante como el salvado,
¿es tan duro en tu pupila?

La punta de la quilla, las plumas negroamarillas,


inyectan el color bajo el pico.
¿Sabes hasta cuándo serás jilguero,
hasta cuándo trinarás?

¡Qué porte tiene en la testa,


negro y rojo, amarillo y blanco!
A los dos, con ojo avizor, mira de ambos lados,
pero ya no mirará más, ¡echó a volar!
9 - 27 de diciembre de 1936

El día tiene hoy el pico


amarillento...
El día tiene hoy el pico amarillento:
No puedo comprenderlo,
y entre la bruma y las áncoras
me miran las puertas del mar...

Navegan en silencio, en silencio


los barcos de guerra por el agua desteñida.
Y los estrechos plumieres de los canales
son más negros aún bajo el hielo...
9 - 28 de diciembre de 1936

Ni tú, ni yo, sino ellos...


Ni tú, ni yo, sino ellos,
tienen la fuerza de las desinencias:
Su caña porosa canta con el aire,
37

y agradecidos, los caracoles de los labios humanos


arrastran hacia sí su peso que respira.

No tienen nombre. Entra en su cartílago


y serás el heredero de sus principados:
Y en los vivos corazones de la gente,
errante por sus bifurcaciones y meandros,
representarás sus placeres y tormentos
en sus flujos y reflujos.
9 - 27 de diciembre de 1936

En las montañas reposa el ídolo...


En las montañas reposa el ídolo,
en solícito, ilimitado y grato ocio.
Y por su cuello gotea la grasa del collar
que protege los flujos y reflujos del sueño.

Cuando fue niño y con él jugaba el pavo,


le alimentaban con el arco iris indio,
le daban leche de arcilla rosada
y no se conmovían por él los milpiés.
Es de hueso aletargado, hecho un nudo,
rodillas, manos, hombros humanizados
sonríe con su boca silenciosa,
piensa con el hueso, siente con la frente
y se esfuerza en recordar su aspecto humano...
10 - 26 de diciembre de 1936

Estoy en el corazón del siglo. El


camino es oscuro...
Estoy en el corazón del siglo. El camino es oscuro.
Pero el tiempo aleja el fin:
El fatigado fresno de un bastón
y el miserable musgo del cobre.
14 de diciembre de 1936
38

Y el maestro del taller de los


cañones...
Y el maestro del taller de los cañones,
el artesano de los monumentos de la fragua,
me dice: no es nada, padre,
ya te haremos uno así...
Diciembre de 1936

La ley de los pinares...


La ley de los pinares:
El familiar sonido de la viola y el arpa,
los troncos están desnudos y torcidos,
y sin embargo, son arpas y violas.
Crecen como si Eolo comenzara a curvar
cada tronco en el arpa
y lo arrojase, compadeciéndose de las raíces,
ahorrando el tronco, ahorrando fuerza,
y despertara a la viola y al arpa
para que suenen en la corteza con reproche.
16 - 18 de diciembre de 1936

Con la fina hoja de Gillette...


Con la fina hoja de Gillette
se corta fácilmente la cerda del letargo:
Recordemos juntos el verano
semiucraniano.

Vosotras, cumbres famosas,


plantas de nombre agreste,
gloria de los cuadros de Ruisdael,
y para empezar sólo un arbusto
en el ámbar y la carne de las rojas arcillas.

La tierra se mueve en las alturas. Da gusto


mirar las capas puras
y ser dueño de la inmensa simplicidad
de media sala de hospital.
39

Sus colinas volaban en cúmulos ligeros


hacia una meta lejana.
Su camino de bulevar estepario
parecía una cadena de tiendas en el calor umbrío.
Y se arrojó el sauce al fuego,
y el álamo se alzó presuntuoso...
Sobre el campo amarillo reinaba
una vía de humo helado.

Y el Don, como sangre,


argenteaba torpemente, sin profundidad.
Y el agua recogida con la mitad del cazo
se perdía, como mi alma.

Cuando se tendía en duras camas


el peso de las veladas,
y, al salir de la ribera,
rumoreaban ebrios los árboles...
15 - 27 de diciembre de 1936

Noche. Viaje. El primer sueño...


Noche. Viaje. El primer sueño,
tentador y nuevo...
¿Qué sueño?, ¿sueño con Tambov
y los brazos calientes de la nieve?
¿O con el río Tsni,
cubierto por un velo blanco, blanco?

O sueño conmigo en los campos del campesino


del koljós—
el aire en la boca, la vida con una boina
y el sol del girasol de los malvados
que mira fijamente a los ojos.

No tengo sueños de pan o de hogar,


sino de algo profundo:
El Consejo del Koljós se levanta adormilado
y se convierte en el Don azul...

Anna, Rossosh y Gremiache:


Sus nombres florecen.

La blancura de la nieve cruje


desde la ventana del vagón...
23 - 27 de diciembre de 1936
40

Las etapas lejanas del convoy...


Las etapas lejanas del convoy
a través del cristal de la villa.
Debido al calor y al hielo
el río parece cercano.
¿Este bosque, es de abedules?
No, de abetos no, sino de lilas.
¿y éste qué abedul es?
No estoy seguro.
Sólo ennegreció la prosa,
ilegible y leve del aire.
26 de diciembre de 1936

¿Dónde estoy? ¿Qué me ocurre?...


¿Dónde estoy? ¿Qué me ocurre?
La estepa sin invierno está desnuda...
Es la madrastra de Koltsov...
Bromeas: ¡el jilguero de la patria!
Sólo una mirada a la ciudad
muda en la helada.
Sólo la tetera nocturna
que habla consigo misma.
El saludo de los trenes
en medio del aire de la estepa
y el acento ucraniano
de sus dilatados silbidos.
23 - 25 de diciembre de 1936

Con la soga se hundió en el agua


oscura...
Con la soga se hundió en el agua oscura
el cubo de las grandes tormentas,
desde la hacienda noble
hasta el núcleo del océano.
41

Se hundió la estaca,
cuidadosa y amenazante, se hundió...
¿Ves?: el cielo está más alto,
una nueva construcción, casa y tejado,
y en la calle brilla el sol.
26 de diciembre de 1936

Cuando tiembla y palpita...


Cuando tiembla y palpita
el jilguero en el nido del aire,
el rencor sazona la toga
y hace relucir el birrete.

Calumnian la percha y la tablilla,


calumnia la jaula de cien barrotes
y todo en el mundo está al revés
y hay una frondosa Salamanca
p ara los pájaros sabios y desobedientes.
Diciembre de 1936

Como don tardío...


Como don tardío
siento el invierno:
Me gusta su balanceo
incierto desde el principio.

Produce terror,
como el comienzo de las cosas terribles.
Para todos es el círculo sin bosque
e incluso el cuervo siente miedo.

Pero lo más duro de todo


es el azul celeste y convexo:
Y en la sien, el hielo
de los riachuelos que murmuran sin sueño...
29 - 30 de diciembre de 1936
42

Todo va mal...
Todo va mal
porque ante mí veo
el ojo del gato usurero,
nieto del estancado verde
y mercader del agua del mar.

Allí donde con letras encendidas


se ofrece Kashchej
piedras que hablan
y espera feliz a los huéspedes,
toca las piedras con las tenazas
y presiona el oro de los clavos.

En sus somnolientas estancias


vive el gato, no para el juego:
En sus pupilas ardientes guarda

el tesoro de la montaña entornada


y en las pupilas suplicantes, gélidas, implorantes,
hay festines de chispas esféricas...
29 - 30 de diciembre de 1936

Tu pupila en la corteza celeste...


Tu pupila en la corteza celeste,
gira a lo lejos y a ras de suelo,
la defienden los lapsus
de las débiles, previsoras pestañas.

Será beatificada
y vivirá mucho tiempo en su tierra natal.
Arroja a mis espaldas
el remolino asombrado del ojo.

Contempla ya de buen grado


los siglos fugaces,
luminosa, iridiscente, incorpórea
y aún suplicante.
2 de enero de 1937
43

Sonríe, cordero colérico de la tela


de Rafael...
Sonríe, cordero colérico de la tela de Rafael,
en la tela de los labios del orbe, pero ya no es la misma...

En el leve aire del caramillo se diluye el dolor


de las perlas—
En el color añil de la felpilla ha entrado la sal
del océano...

Color de los bandidos del aire y de la espesura


de la caverna,
pliegues de agitado reposo derramados sobre
las rodillas

en el peñasco más duro que el pan seco está el


joven cañaveral
y navega por los confines del cielo el poder encantador.
9 de enero de 1937

Cuando el mago...
Cuando el mago
a las ramas caídas lleve
el bisbiseo de los pelajes
castaños o bayos,

y no quiera cantar el descolorido


y perezoso bogatyr
y el pequeño y poderoso
Pinzón hiberne,

bajo el precipicio del cielo,


bajo el arco de sus cejas,
en el trineo lila
pronto me sentaré.
9 de enero de 1937
44

Como halcón cautivo...


Como halcón cautivo,
estoy al lado de Koltsov.
No tengo mensajero
y mi casa carece de porche.

Un pinar azul
me sujeta la pierna
y como un periódico sin decretos,
abre el horizonte.

En la estepa los desniveles andan como nómadas,


andan y andan sin parar
los nidos nocturnos, las noches, las nochecitas—
Como si a ciegos guiaran...
9 de enero de 1937

La amada levadura del mundo...


La amada levadura del mundo:
Sonidos, lágrimas y trabajos,
los acentos lluviosos
de la desgracia en plena ebullición.
¿De qué vena la podemos extraer?

En la miseria de la memoria
reconoces por primera vez a los ciegos,
llenos de agua cobriza, por sus magulladuras
y sigues sus huellas,
tú, desconocido y desamado por ti,
ciego y lazarillo al tiempo...
12 - 18 de enero de 1937

Un diablillo con el pelo húmedo...


Un diablillo con el pelo húmedo
se ha colado —¿Adónde va, adónde?
En los huecos de los cascos,
en las huellas apresuradas:
45

Kopek a kopek recoge


el aire racionado de la villa.

El camino espejea y salpica:


Las huellas fatigadas
permanecen aún un poco más
sin velo, sin mica...
Cruje la rueda en la cuesta:
Se ladea, ¡nada!

Me aburro: Mi caso
habla y habla, de sesgo.
Tras él pasó otro,
sonrió y se rompió el eje...
12 - 18 de enero de 1937

Todavía no estás muerto. Todavía


no estás solo...
Todavía no estás muerto. Todavía no estás solo.
Con tu amiga la mendiga
gozas de la grandeza de las llanuras,
de la niebla, del frío y de la nevada.

Vive tranquilo y consolado


en la pobreza opulenta, en la miseria poderosa.
Son benditos los días y las noches
y es inocente la fatiga dulce y sonora.

Infeliz aquel que, como su sombra,


teme el ladrido y maldice al viento.
Y miserable aquel que, medio muerto,
pide limosna a su propia sombra.
15 - 16 de enero de 1937

Miro tan solo el rostro del hielo...


Miro tan solo el rostro del hielo:
No va a ninguna parte y yo de ningún sitio vengo.
Y, siempre liso, sin arrugas se pliega
el milagro del llano que respira.
46

Con un guiño de calma y consuelo


el sol saluda a la almidonada miseria.
Los bosques son inmensos, casi como aquellos...
Y la nieve cruje en los ojos, inocente como
el pan desnudo.
16 de enero de 1937

Este campo abierto, lento y


sofocante...
Este campo abierto, lento y sofocante
me sacia hasta el hastío.
Y se abre de par en par el horizonte, recompuesto
como si una venda tapara sus ojos.

Aguantaría mejor el aspecto estratificado


de la arena en las almenadas orillas del Kama:
Soportaría su tímido brazo,
sus meandros, bordes y fosos.

Trabajaría bien con él, un siglo, un


instante sólo—
envidioso de las costras que rápidas se cierran,
escucharía la marcha fibrosa de los anillos
bajo la corteza de los troncos que la corriente
arrastra...
16 de enero de 1937

¿Qué haremos con la mortandad


de la llanura...
¿Qué haremos con la mortandad de la llanura,
con la prolongada hambruna de su Milagro?
Porque lo que pensamos apertura en ellos
lo vemos derramarse cuando miramos.
Y sigue creciendo la pregunta: ¿Adónde van, de dónde
vienen? , ¿acaso en ellos no se arrastra lentamente
aquel a quien gritamos en sueños:
El Judas de los espacios increados?
47

16 de enero de 1937

Como plata de mujer arde...


Como plata de mujer arde
lo que luchó contra el óxido y la fusión.
Y el silencioso trabajo hace brillar
el arado de hierro y la voz del poeta.
Enero de 1937

Ahora estoy en una telaraña de


luz...
Ahora estoy en una telaraña de luz—
Cabellos negros, rubio claro—
El pueblo necesita la luz y el aire azul,
el pan y la nieve del Elbrus.

Nadie puede aconsejarme,


y yo solo no sé si lo encontraré:
Esas piedras transparentes, quejosas,
no existen en Crimea ni en los Urales.

El pueblo necesita un verso secreto y suyo


para despertarse siempre con él
y lavarse con su sonido:
Una ola de pelo castaño, con rizos de lino...
19 de enero de 1937

Como piedra caída del cielo que


despierta la tierra...
Como piedra caída del cielo que despierta la tierra
en cualquier parte,
cayó en desgracia un verso, que no conoce al padre:
Lo inexorable es un hallazgo para el creador,
no puede ser de otro modo, nadie le juzga.
20 de enero de 1937
48

Siento el primer hielo, lo siento...


Siento el primer hielo, lo siento
crujir bajo los puentes.
Recuerdo qué luminosa flota
la ebriedad sobre las cabezas.

Desde las duras escalas, desde las plazas


y los palacios angulosos,
el círculo de su Florencia
cantaba con más fuerza Alighieri
con los labios cansados.

Así mi sombra roe con los ojos


el granuloso granito
y de noche ve una hilera de troncos
que de día parecían casas.

O la sombra holgazanea
y bosteza con vosotros,

o hace ruido entre la gente,


calentándose con su vino y su cielo,

y alimenta con pan amargo


a los molestos cisnes.
22 de enero de 1937

¿Dónde encontraré refugio en este


mes de enero?...
¿Dónde encontraré refugio en este mes de enero?
La ciudad abierta es una extraña cadena...
¿Acaso estoy borracho de tanta puerta cerrada?
Quiero gritar por todas las cerraduras y cerrojos...

Medias de seda de ululantes pasajes


y desvanes de calles segadas—
se esconden de prisa en los rincones
y echan a correr en cada esquina...

En el foso, en la tiniebla verrugosa


49

resbalo hasta una bomba de agua escarchada.


Tropiezo, respiro el aire muerto
y echan a volar frenéticos los grajos.

Y tras ellos, gimo y grito


a una caja de madera helada:
¡Un lector!, ¡un consejero!, ¡un médico!
¡En una escala de espinas, hablar al menos!
1 de febrero de 1937

Me gusta el aliento helado...


Me gusta el aliento helado
y el vaho del habla en invierno:
Yo soy yo; la realidad es la realidad...

Un niño, rojo como un tomate,


dueño y señor de su trineo,
se lanza pendiente abajo.

Y yo, en desacuerdo con el mundo, con la libertad,


acepto el contagio del trineo
de estriados brazos de plata.

Y el siglo podría caer más ligero que una ardilla,


más ligero que una ardilla en un blando arroyo,
con medio cielo en las botas de fieltro, en los pies...
24 de enero de 1937

Entre el rumor y la prisa del


pueblo...
Entre el rumor y la prisa del pueblo,
en las estaciones y muelles
mira el párpado la poderosa señal
y las cejas comienzan a moverse.

Yo sabía, él sabía, tú sabías,


y luego arrástrame adonde quieras:
50

A la locuaz espesura de la estación,


a la espera junto al caudaloso río.

Lejos están ahora esa parada


y ese jarro de agua hirviendo
en la hilera de botes de hojalata
y la tiniebla que velaba los ojos.

Pasaba la fuerza del habla de Perm


y la lucha de los pasajeros
y me acariciaban y me clavaban
a la pared los ojos llenos de reproche.

Muchas cosas se ocultan


en nuestros pilotos y segadores,
y en los camaradas ríos y espesuras
y en las camaradas ciudades...

No debo recordar lo que sucedió:


Los labios ardientes, las duras palabras—
se movían las cortinas blancas
y resonaba el hierro del follaje.

En realidad, todo estaba tranquilo,


sólo un barco cruzaba el río
y tras el cedro crecía el alforfón
y el pez iba en el rumor del río.

Y en su casa —en su meollo—


entré en el Kremlin sin permiso,
desgarrando el lienzo de la distancia
con el peso de la cabeza culpable...
Enero de 1937

¿Dónde está el lamento atado y


clavado?...
¿Dónde está el lamento atado y clavado?
¿Dónde Prometeo, subsidio y sostén de la escala?
¿Y dónde el milano y sus ojos
amarillos y alertas,
sus garras y su volar escorado?

No se puede hacer volver la tragedia,


pero estos ofensivos labios,
51

estos labios llevan directamente a la esencia


de Esquilo, el cargador, y de Sófocles, el leñador.

Él es el eco y el saludo, él es el jalón, no: el arado...


Se irguió el teatro de piedra y aire

de los tiempos que maduran en que todos quieren


ver a todos:
A los nacidos, a los caídos en desgracia y a
los inmortales.
10 de enero - 4 de febrero de 1937

Como Rembrandt, mártir del


claroscuro...
Como Rembrandt, mártir del claroscuro,
yo me sumergí en un tiempo que hace enmudecer.
A mi áspera costilla encendida
no la protegen ni estos guardianes
ni este soldado dormido bajo la tempestad.

¿Me perdonarás, hermano espléndido,


maestro y padre de la oscuridad verdinegra?
Pero el ojo de la pluma del halcón
y los ardientes joyeros de medianoche en el harén
agitan no para bien, agitan sin bien
a una conmovida generación de pieles de penumbra.
4 de febrero de 1937

Jirones de redondas bahías, grava


y azul...
Jirones de redondas bahías, grava y azul,
y una lenta vela que se prolonga en una nube—
Cuando comenzaba a apreciaros me han separado
de vosotros:
Más larga que la fuga de un órgano es la amarga hierba
de los mares —los falsos cabellos— y huele a mentira
52

una férrea ternura embriaga la cabeza


y la herrumbre corroe la suave pendiente de la
orilla...
¿Por qué habéis puesto bajo mi cabeza otra arena?
Vosotros, guturales Urales, regiones del Volga
de anchos hombros,
o este territorio uniforme, todos vosotros sois
mis derechos.
Y aún debo inspirarlos con mi pecho.
4 de febrero de 1937

Canto con la garganta mojada y el


alma seca...
Canto con la garganta mojada y el alma seca,
la mirada húmeda, limpia la conciencia.
¿Es bueno este vino? ¿ Están bien estos odres?
¿Es buena la agitación en la sangre de Cólquida?
El pecho, sin lengua, calladamente es oprimido,
yo no canto, canta mi aliento.
El oído enfundado en un verdugo y la cabeza sorda,
el canto desinteresado es su propio elogio...

Consuelo para los amigos y brea para los enemigos:


El canto de un solo ojo, ensombrecido por el musgo.

El don de la voz de un cazador


que a caballo por las cumbres, con libre y
abierto aliento, canta,

Preocupado sólo por llevar al altar


a las doncellas, con honradez
y enojo, sin pecado.
8 de febrero de 1937
53

Armado con la vista de


puntiagudas avispas...
Armado con la vista de puntiagudas avispas
que succionan el eje terrestre, el eje terrestre,
huelo todo lo que me es dado ver
y hago memoria en vano...

No dibujo, no canto
y no llevo el arco de una voz negra:
Sólo absorbo la vida y me gusta
envidiar a las avispas, fuertes, astutas.

O, si evitando el sueño y la muerte,


el aguijón del aire y el calor del verano,
pudieran obligarme asentir
el eje terrestre, el eje terrestre...
8 de febrero de 1937

Hubo ojos más cortantes que una


afilada guadaña...
Hubo ojos más cortantes que una
afilada guadaña
en un reloj de cuco y en una gota de rocío.

Y apenas enseñaron a distinguir en su tamaño


la multitud solitaria de las estrellas.
9 de febrero de 1937

Aún recuerda Tiflis el desgaste de


mis botas...
Aún recuerda Tiflis el desgaste de mis botas,
el gastado esplendor de las suelas.
Y yo recuerdo la algarabía de las voces y
54

los cabellos negros, cerca del monte David.

Callejuelas color pistacho


frescas de tiza o nieve:
Balcón —cuesta—herradura—caballo—balcón,
robles, plátanos, lentos olmos...

Y la serie femenina de las letras floridas


embriaga la vista en la membrana de la luz:
Y la ciudad, tan hábil, se extiende hacia la fortaleza
mientras el joven verano envejece.
7 - 11 de febrero de 1937

El sueño defiende el Don en mi


sueño...
El sueño defiende el Don en mi sueño,
y comienzan las maniobras de las tortugas,
de su agitada y presta coraza,
y los curiosos tapices del habla de las gentes.. .

En la batalla me guían palabras comprensibles—


en defensa de la vida, en defensa
de la tierra patria, donde la muerte dormirá de día
como la lechuza. . .
El cristal de Moscú brilla entre sus angulosas costillas.

Las irresistibles palabras del Kremlin—


En su defensa de la defensa,
y de la coraza de la guerra —y la ceja y la cabeza
reunidas amistosamente junto a los ojos.

La tierra escucha —otros países— la batalla,


su caja coral que cae:
—El esclavo no debe ser esclavo, ni la esclava esclava—
Y canta el coro, en duelo con el reloj.
3 - 11 de febrero de 1937
55

Como madera y cobre es el vuelo


de Favorski...
Como madera y cobre es el vuelo de Favorski.
En las astillas del aire somos vecinos del tiempo,
y una flota de tablones hacia
cerrados robles y arces de cobre nos lleva.

Y en las rondas el alquitrán todavía se molesta


y rezuma. ¿Acaso el corazón es sólo un trozo de
carne asustada?
Soy culpable en mi corazón que se dilata
hasta el infinito.

Oh, tiempo que impregna a innumerables amigos,


tiempo de plazas terribles y ojos felices.
Paseo mis ojos alrededor de toda la plaza,
de toda esta plaza con su bosque de banderas.
11 de febrero de 1937

Estoy hundido en el foso de los


leones y en la fortaleza...
Estoy hundido en el foso de los leones y en la fortaleza
y hacia abajo voy, hacia abajo, hacia abajo,
bajo el fermento de lluvia de estos sonidos,
más fuertes que el león, más potentes que el Pentateuco.

¡Cuánto se aproxima tu llamada


al mandato de la especie y de lo nuevo!
Collar de perlas de Oceanía
y dulces cestos de las tahitianas...

¡Oh, continente de un canto que castiga,


próximo a la profundidad de una densa voz!
El rostro salvaje y dulce de las muchachas ricas
de ti no es digno, alma mater.

Mi tiempo aún no tiene límites:


Yo acompañé el éxtasis del mundo,
como la música en sordina del órgano
acompaña una voz de mujer.
12 de febrero de 1937
56

Tercer cuaderno
57

Versos del soldado desconocido


Que este aire sea testigo
de su corazón de largo alcance,
y en las trincheras, un omnívoro y activo
océano sin ventana es la materia...

¿De qué sirven estas estrellas delatoras?


Todo deben contemplar ¿Para qué?
En la reprobación del juez y del testigo,
en un océano sin ventana, está la materia.

Recuerda la lluvia, rudo sembrador—


Su anónimo maná—,
cómo bosques de crucecitas señalaban
al océano o cuña militar.

Habrá gente débil y fría


que matará, sentirá hambre y frío
y en una célebre tumba
yacerá el soldado desconocido.

Enséñame, débil golondrina


que has des aprendido a volar,
cómo dominar esta tumba aérea
sin timón y sin alas.

Y de Lérmontov, Mijail
te entregaré un severo informe
de cómo la bóveda enseña a la tumba
y una fosa de aire imanta.

2
Con temblorosos racimos de uva
nos amenazan estos mundos,
y de ciudades furtivas,
dorados lapsus, delaciones,
bayas de hielo tóxico, penden
las elásticas tiendas de campaña de
las constelaciones,
los dorados sebos de las constelaciones.

3
Mezcla arábiga, picadillo,
luz pulverizada por la velocidad del rayo.
Con sus suelas oblicuas
permanece el rayo en mi retina.

Millones de muertos de saldo


abrieron una senda en el vacío:
58

¡Buenas noches! Le desean


lo mejor las enterradas fortalezas.

Incorruptible cielo atrincherado,


cielo de multitud de muertes al por mayor,
por ti, lejos de ti, íntegro,
llevo mis labios a las tinieblas.

Por maltrechos cráteres,


terraplenes, desprendimientos,
demoraba y abrumaba:
El sombrío, virulento y
humillado genio de las tumbas.

4
Muere bien la infantería
y canta bien el coro nocturno
sobre la aplastada sonrisa de Svejk,
sobre la lanza de pájaro de Don Quijote,
y sobre el metatarso de pájaro del caballero.
Y el inválido se hace amigo del hombre—
A ambos les aguarda el trabajo—
Y en la valla del siglo, con muletas
de madera llama la familia.
¡Eh, la camaradería, el globo terrestre!

5
¿Para qué debe crecer el cráneo
por toda la frente —de sien a sien—?
¿Para que en sus queridas órbitas
puedan penetrar las tropas?
En vida crece el cráneo
por toda la frente —de sien a sien—,
Se atormenta por la nitidez de sus suturas,
se aclara con la cúpula del entendimiento,
espumea con el pensamiento, se sueña.
Cáliz de cálices y patria de patrias,
cofia recamada de pespuntes de estrellas,
gorrito de la felicidad —padre de Shakespeare...

6
Claridad del fresno, sutileza del sicomoro,
apenas enrojecido regresa a casa,
como si de desmayos los dos cielos
con su pálido fuego cubriera.

Sólo el exceso nos une.


Delante no hay un abismo, sino un error en el
cálculo.
Y luchar por el aire necesario
es la gloria a otro no reservada.
59

Y saturando mi conciencia
con una vida agitada,
¿beberé acaso este brebaje no escogido?
¿comeré mi propia cabeza bajo el fuego?

¿Para eso se preparó la tara


del hechizo en el espacio vacío?
¿Para que las estrellas blancas
apenas enrojecidas regresaran a casa?

¿Escuchas, madrastra del campamento estelar,


la noche que caerá ahora y luego?

7
Vierten sangre las aortas,
y en las filas, un susurro resuena:
Yo nací en el noventa y cuatro,
yo nací en el noventa y dos...
Y apretando en el puño el triturado
año de nacimiento, en tropel, con la manada,
cubierta la boca de sangre, susurro:
—Yo nací en la noche del dos al tres
de enero del noventa y uno,
año sin esperanza, y los siglos
me rodean con el fuego.
2 de marzo de 1937 - 1938

3*
Por el éter, en décimas medido,
luz pulverizada por la velocidad del rayo,
comienza la cifra, transparente
por el luminoso dolor y el átomo último de los ceros.

Campo tras campo, por un nuevo terreno


vuela en triángulo la grulla,
vuela la noticia como luminosa ropa nueva y ajada,
y la batalla de ayer ilumina.

Vuela la noticia como luminosa ropa nueva y ajada:


No soy Leipzig, ni Waterloo,
ni la Batalla de las Naciones, soy nueva.
Conmigo se iluminará el orbe.

* Versos de "El soldado desconocido" no incluidos en la versión final


60

Imploro, como piedad y gracia...


Imploro, como piedad y gracia,
Francia, tu tierra y tu madreselva.

La verdad de tus tórtolas y las mentiras


de tus pequeños viticultores al fijar las lindes.

En el ligero diciembre tu aire cortado


se cubre de escarcha —rico y molesto.

Una violeta en la cárcel: ¡para volverse loco


en la inmensidad!
Silba una canción indolente y burlona.

En la que se agitaba, arrastrando al rey,


la alborotada calle de julio...

Y ahora, en París, en Chartres y en Arlés,


reina el buen Charlie Chaplin.

Con el bombín en la cabeza y la extraviada precisión


de un autómata, corteja a la florista.

Allí donde la rosa en el pecho, en el sudor de


las dos torres,
el velo de la tela de araña se petrifica.

Lástima que el carrusel del aire gire


agradecido, respirando la ciudad.

Dobla tu cuello, atea


de dorados ojos de cabra.

Y con retorcidas tijeras que se entrechocan


corta los mezquinos ramos de rosas.
3 de marzo de 1937

Vi un lago erguido, aplomo...


Vi un lago erguido, aplomo.
Erigida ya su morada de agua dulce
los peces jugaban con la rosa aplastada por la rueda.
61

El zorro y el león luchaban en la barca.

Embelesados, miraban al interior de los tres portales


del mal —enemigos de otros arcos ocultos.
La gacela cruzó veloz la luz violeta
y desde las torres la roca lanzó un suspiro.

Llena de humedad se alzó la noble piedra arenisca,


y entre la ciudad-grillo de los artesanos
el océano-niño surge del arroyo insípido
y arroja tazas de agua a las nubes.
4 de marzo de 1937

En la pizarra bermeja, carmesí...


En la pizarra bermeja, carmesí,
ante el desafío de la montaña escarpada,
hundida entre tres caminos de nieve
se alza, soñolienta, media ciudad como un trineo,
enganchado a los arneses de carbón rojo,
protegida con masilla
y fundida en azúcar de caramelo.
No busques en ella el paraíso de las grasas invernales,
ni la inclinación holandesa de las pistas de hielo.
Aquí no chilla la alegre turba
de enanos con gorras de orejeras,
y sin que me preocupe la comparación,
arranca mi dibujo, enamorado de la tierra firme,
como rama seca, pero viva de arce
que el humo arrastra, corriendo sobre zancos...
6 de marzo de 1937

Lo diré llanamente, en un
susurro...
Lo diré llanamente, en un susurro,
porque aún no es hora de partir:
Con sudor y experiencia
se alcanza el juego del cielo inconsciente...
62

Y bajo el fugaz cielo del purgatorio


a menudo olvidamos
que el dichoso almacén del cielo
es una casa extensa y duradera.
9 de marzo de 1937

El cielo de la última cena se apegó


al muro...
El cielo de la última cena se apegó al muro.
Resquebrajado por la luz de los tallos
se desplomó en ella, se iluminó,
y se transformó en trece cabezas.

Éste es mi cielo nocturno.


Ante él estoy de pie como un niño:
La espalda se congela, los ojos escuecen,
atrapo el entramado celeste.

y a cada golpe del puntal


caen sin cabeza las estrellas:
Nuevas heridas del mismo fresco,
tinieblas de una eternidad inconclusa...
9 de marzo de 1937

Me extravié en el cielo. ¿Qué


haré?...
Me extravié en el cielo. ¿Qué haré?
El que está a su lado, que responda.
Más fácil os sería, novenas de Dante,
hacer girar los discos atléticos.

No me separéis de la vida: ella sueña


ahora con matar y halagar
para que en los oídos, en los ojos y en las órbitas
golpee la nostalgia florentina.
63

No me coronéis, no me coronéis
con un afilado y halagüeño laurel;
mejor: ¡desgarrad mi corazón
con el reclamo añil de una esquirla!

Y cuando muera, exhausto,


que el amigo viviente de todos los vivos
amplíe y dilate
en mi pecho el eco del cielo.
9 de marzo de 1937

Me extravié en el cielo. ¿Qué


haré?...
Me extravié en el cielo. ¿Qué haré?
El que está a su lado, que responda.
Más fácil os sería, novenas de Dante
hacer girar los discos atléticos,
jadear, volverlos negros, azul celeste...

Si no soy pasado, si no existo en vano—


Tú que estás por encima de mí,
si eres el escanciador y el bodeguero,
dame fuerzas para beber sin espuma inútil
a la salud de la torre giratoria,
de la loca contienda del azur...

Palomas, negrura, nido de estorninos,


muestras de las sombras más añiles,
hielo de primavera, primer hielo, hielo supremo,
nubes —combatientes del encanto—,
guardad silencio: llevan a una nube presa.
9 - 19 de marzo de 1937

Quizás es un signo de locura...


Quizás es un signo de locura,
quizás es tu conciencia
el nudo de la vida, en el cual nos reconocen
y lanzan a la existencia...
64

Así la discreta araña de luz


deshace las aristas de las catedrales
de vidrieras del más allá
y de nuevo las junta en un único haz.

Complacidos haces de líneas puras


dirigidos por un rayo silencioso
se reúnen y un día se encontrarán
como huéspedes de altiva cabeza—

Aquí sólo, en la tierra y no en el cielo,


como en una casa llena de música—
Pero no los asustemos, ni les hagamos daño—
Sería bello vivir para verlo...

Perdonad lo que os digo


y leedlo en silencio, en silencio...
15 de marzo de 1937

No compares: lo que vive no es


comparable...
No compares: lo que vive no es comparable.
Con suave temor
acepté la igualdad de las llanuras
y el círculo del sol me hirió.

Me dirigí al aire que sirve.


Esperaba de él favores o noticias
y me preparé para partir y floté en el arco
de los viajes que no empiezan...

Estoy dispuesto a errar en busca de más cielo,


pero una clara nostalgia me impide partir
desde las colinas todavía jóvenes de Voronezh
hacia las claras y universales de Toscana.
16 de marzo de 1937

Roma
Donde las ranas de las fuentes,
con sus chorros y golpes de agua,
ya no duermen, se desvelan y gimen
y, con toda la fuerza de sus faringes y valvas
65

rocían de agua anfibia la ciudad


que gusta decir sí a los fuertes.

Antigüedad ligera, estival, insolente,


de mirada ávida y llanos escalones,
como el inviolado puente del Ángel
de planta horizontal sobre el agua amarilla—

Ciudad azul, informe, cenital,


en el tímpano de las casas,
cúpula de golondrina

Modelada de callejuelas y corrientes—


La habéis convertido en un vivero de asesinos,
vosotros, mercenarios de sangre morena,
ítalos de negras camisas,
feroces cachorros de césares muertos...

Todos son huérfanos tuyos, Miguel Ángel,


cubiertos de piedra y oprobio:
La noche, húmeda de lágrimas; David, el inocente
joven de pies ligeros; y el cesto donde inmóvil
Moisés yace en la cascada—.
La fuerza liberada y la medida del león
callan en la esclavitud y el sueño hipnótico.

Escaleras de desiguales peldaños


en la plaza de los ríos de escaleras deslizantes
alzó Roma, lenta criatura,
para que los pasos se sientan como actos
y no para podridos placeres
como muelles esponjas de mar.

De nuevo excavaron la fosa del foro


y abrieron las puertas a Herodes
y sobre Roma gravita el pesado mentón
del dictador degenerado.
16 de marzo de 1937

Para que la piedra arenisca


cobijara...
Para que la piedra arenisca cobijara
al amigo, al viento y al deshielo
dibujaron muchas garzas y botellas
en las botellas del zar.
66

La vergüenza del gobierno egipcio


se adornó con piel de perro escogida
y repartió la herencia de los muertos
erigiendo una pirámide de baratijas.

Diferente es mi hermano de sangre,


cantor del pecado y del consuelo.
Aún se oye el rechinar de tus dientes,
querellándose desde la indolente ceniza.

Ovillo de poca fortuna,


desenredado en dos testamentos,
mundo restituido en la despedida, en el grito,
profundo como una calavera.

Junto al gótico vivió con escándalo


y escupió de frente a la araña
el ángel ladrón y bachiller indolente,
el incomparable François Villon.

Él es el bandido del clero celestial,


no deshonra sentarse a su lado—
Y antes del fin del mundo
cantarán las alondras...
18 de marzo de 1937

Verde Creta, vasta isla azul...


Verde Creta, vasta isla azul
de alfareros. Tus dones se cuecen
en el rumor de la tierra. ¿Oyes
el estridente batir de las aletas subterráneas?

Este mar apareció como caído del cielo


en la afortunada arcilla de la cocción.
Y la vasija del poder gélido
se hendió en el mar y en el ojo.

Devuélveme lo que es mío, isla azul,


voladora Creta, devuélveme mi trabajo
y con tus rebosantes pezones de diosa
amamanta la vasija recién cocida...

Existió y cantó, volviéndose azul,


mucho antes que la Odisea,
hasta que, como alimento y bebida,
lo llamaron “mío” y “mía”.
67

Hazte fuerte, brilla,


estrella del cielo de ojos bovinos,
azar, pez volador,
agua afirmativa.
Marzo de 1937

Cómo me gustaría...
Cómo me gustaría,
sin que nadie se entere,
volar tras el rayo
adonde yo no existo.

Y tú, irradia el círculo


—no hay otra felicidad—
y aprende de las estrellas
el significado de la luz.

Quiero decirte
que susurro,
que con un susurro,
niña, al rayo te doy.
27 de marzo de 1937

Nereidas, mis Nereidas...


Nereidas, mis Nereidas,
para vosotras sollozos son comer y beber.
A vosotras, hijas del agravio mediterráneo,
os ofende mi piedad.
Marzo de 1937

La teta y la iota de la flauta


griega...
La teta y la iota de la flauta griega—
Como si no les bastase la fama—
sin modelar, sin un atestado
maduraban, sufrían, atravesaban fosos.
68

Abandonarla, imposible,
no se calma apretando los dientes,
no se anima a hablar con la lengua
ni se ablanda con los labios...

Pero el flautista no conoce el descanso:


Le parece que está solo,
que hubo un tiempo en que modeló
el mar natal con arcilla color lila...

Con un ambicioso sonido susurrante,


con un musitar de labios que recuerdan,
se apresura a ahorrar,
toma los sonidos —pulcro y avaro.

No lo repetiremos siguiéndole,
bolas de arcilla en las palmas marinas,
y cuando de mar me llené
mi medida se hizo peste...

No amo mis labios—


En su raíz está el crimen
y sin quererlo, menguando, menguando,
cruzo el meridiano de la flauta.
7 de abril de 1937

Como en las calles de Kiev-Vij...


Como en las calles de Kiev-Vij
una mujer busca a su marido
y en sus mejillas de cera
no cae ni una lágrima.

Las cíngaras no leen el futuro de las mujeres bellas,


no suenan los violines en el parque Kupechevski,
en la avenida Kreschatik se caen los caballos
y los señores del barrio de Lipki huelen a muerte.

Salíamos con el último tranvía


de la ciudad del ejército rojo
y un húmedo capote gritó:
"¡Sabedlo, volveremos!"
Abril de 1937
69

Llevo a mis labios este verdor...


Llevo a mis labios este verdor—
este viscoso juramento de hojas,
esta tierra perjurada:
madre de campanillas, arces y robles.

Mira cómo me hago fuerte y me quedo ciego


obedeciendo a las raíces humildes,
¿acaso no es excesivo el esplendor
del parque y sus ruidos?

Y las ranas, como bolitas de mercurio


se juntan en una esfera con las voces
y las ramas son ramos
y el vapor, invención láctea.
30 de abril de 1937

En viscoso juramento se pegan los


brotes...
En viscoso juramento se pegan los brotes,
cayó una estrella:
Es una madre que dijo a su hija
que no se diera prisa.

Espera, murmuró con voz clara


la mitad del cielo,
y el murmullo prolongado respondió:
Sólo podría tener un hijo...

Alcanzaré la gloria
de otra vida.
El pie ligero mecerá
mi cuna.

Será un marido sincero y salvaje,


dócil y manso.
Sin él, como en un libro negro
dará miedo el sofocante mundo...
70

Con un guiño el relámpago


trabó la lengua.
El hermano mayor frunció el ceño
y la hermana se lamenta.

El viento suave, alado,


sopla también en el caramillo:
Que sea un niño de frente ancha
y que se parezca a los dos.

Pregunta el trueno a sus conocidos:


Vosotros, truenos, ¿ habéis visto
que el tilo contraiga matrimonio
con el cerezo aliso?

Y de las frescas soledades


del bosque, gritos de aves.
Las casamenteras aves silban
aduladoras en honor de Natacha.

Y a los labios se pegan


tales juramentos que en verdad
los ojos galopan juntos para perderse
en las pisadas de los caballos.

Y todos le apremian:
Clara Natacha,
¡Cásate para que seamos felices
y tengamos salud!
2 de mayo de 1937

Me apuntaban la pera y el cerezo


aliso...
Me apuntaban la pera y el cerezo aliso—
sin fallar me golpearon con una fuerza disgregadora.

Racimos y estrellas, estrellas y racimos:


¿Qué dualidad de poder es ésa? ¿En qué flor
está la verdad?

Con flores o a la fuerza golpea el aire


muerto de los garrotes blancos.

Y la dulzura de la doble fragancia es huraña:


Lucha y se extiende —mezclada, intermitente.
4 de mayo de 1937
71

Hacia la tierra vacía, cojeando sin


querer...
I
Hacia la tierra vacía, cojeando sin querer,
con desigual y dulce paso
ella camina, adelantándose apenas
a su rápida amiga y al joven que le lleva un año.
La arrastra la libertad oprimida
del defecto que la anima.
Y parece que una clara sospecha
no quiere detenerse a su paso.
Esta temprana primavera
es para nosotros madre
de un cuerpo muerto.
Y todo va a comenzar eternamente.

II
Hay mujeres que nacieron en una húmeda tierra.
Cada uno de sus pasos es un sollozo sonoro,
y su vocación, acompañar a los muertos
y ser las primeras en saludar a los que resucitan.
Pedirles caricias es un crimen
y separarse de ellas, imposible.
Hoy ángel y mañana gusano en una tumba
y pasado mañana sólo un contorno difuso.
Lo que fue un paso se hace inaccesible.
Las flores son inmortales. El cielo, denso.
Y el futuro, sólo una promesa.
4 de mayo de 1937
72

Notas
Primer cuaderno
Vivo en huertos importantes: Evoca la casa, situada en las afueras de Voronezh, del
agrónomo E. P. Vdovin, al cual los Mandelstam alquilaron una habitación en abril de 1935. El
poema alude al personaje de las canciones populares rusas "Vanka, el casero", amante de una
princesa a quien el príncipe ordenó matar. También incluye el retrato del "dueño, ofendido”,
según Nadiezhda Mandelstam, porque nadie iba a visitar al poeta.

¡Orejeras, mis orejeras!: El poeta escucha las noticias de Radio Moscú. Tras ellas, suenan
las campanadas del reloj de la torre Spaskaya del Kremlin, que marcaba el uso horario oficial en
la Unión Soviética. Además, en el programa de radio se oyen grabaciones de sonidos del tráfico
de Moscú, junto a la plaza Roja. El Ay es un vino francés. El poema alude también a la
inauguración de 1a. primera línea del metro de Moscú. Calla, no contestes: Rememoración de
un famoso verso del poema de Tiutchev "Silentium".

Déjame marchar, déjame marchar, déjame volver Voronezh: Mandelstam elabora


este poema "futurista" sobre la base de dos juegos paronomásicos que surgen al descomponer la
palabra Voronezh (VORON "cuervo" y NOZH "cuchillo") y recrearla en los verbos proVORONit'
("escapar"), vyRONit' ("huir") y uRONit' ("salvar"). Se trata, en cierta manera, de un homenaje a
Velimir Jlébnikov y a su poema "Conjuro de la risa" , que le sirve a Mandelstam para conjurar su
destierro en Voronezh.

Tierra negra: Homenaje a la tierra negra ucraniana y a su lucha por la libertad.


Mandelstam consideraba la tierra como materia poética por excelencia, y a la poesía como el
arado que hace surgir de ella frutos. Alude también al movimiento revolucionario populista
"Tierra y libertad", que surgió en Rusia en 1870 y celebró su primer congreso en Voronezh en
1879.

Privándome del mar, del vuelo y del correr: Alusión a Tristia, de Ovidio (111,7 , vv. 45-
48) y a su poemario del mismo nombre, publicado en 1916.

Sí, estoy en el suelo y mis labios tiemblan: Reescritura del último poema escrito por
Pushkin, "Monumento". Campos de arroz: Metonimia para nombrar a China y la idea de la
revolución universal.

¡Qué turbio fluye el Kama: El K ama es un río que nace en los Urales y baña Kazán y
Cherdin, ciudad a la que inicialmente fue desterrado Mandelstam. Aquí el poeta recuerda el
viaje en tren y en barco desde Moscú a Cherdin, que duró cinco noches y en el que iba
acompañado por su mujer y escoltado por tres soldados. Según Nadiezhda Mandelstam el poeta,
que iba esposado y con quien estaba prohibido hablar, pasó todo el tiempo mirando por la
ventana. En principio, Mandelstam había titulado este poema, el siguiente y otro más, "Kama",
iniciando con ellos una serie de poemas sucesivos en los Cuadernos de Voronezh.

Estanzas: Me gusta el capote del ejército rojo: Alude también al famoso relato de Gógol
titulado "El capote". Nadiezhda Mandelstam llamaba en la intimidad a su marido: "Mi Gógol".
Bolchevizando: neologismo, creado a partir de "bol’shevik" ("bolchevique"). Os y Tobol: Ríos
que pasan por la ciudad de Cherdin. Treinta centímetros: En ruso, "semivershkovaja", que
significa "de siete vershok". El vershok era una antigua unidad de medida rusa equivalente a 4,4
cms. Un salto y ya estoy cuerdo: Alusión a su intento de suicidio en el hospital de Cherdin,
donde se arrojó por la ventana. Con el rayo del Almirantazgo: El Almirantazgo es el edificio
histórico más alto de San Petersburgo y termina en una aguja dorada. Como en El Cantar de
Igor, mi cuerda está tensa: Mandelstam no sólo rinde homenaje al Cantar de Igor, sino que,
además, responde a un poema de un tal Dligach, publicado en la revista Novy Mir en 1935, en el
que aseguraba que se podía reconocer al enemigo de clase por el sonido de su lira ("En el canto
reconozco al enemigo:/ su última cuerda aún está tensa").
73

Era un día de cinco cabezas: Mandelstam evoca de nuevo en este poema su viaje de
destierro desde Moscú a Cherdin, acompañado de su mujer y escoltado por tres jóvenes
soldados que leían a Pushkin. Además, alude a la película sonora de los hermanos Vasiliev
titulada "Chapaiev" (1934), que cuenta la historia del comandante rojo Chapaiev, el cual murió
ahogado mientras luchaba contra la guardia blanca. Mandelstam evoca la escena de "guerra
psicológica" en la que los oficiales blancos avanzan sin preocuparse de las pérdidas humanas,
para desconcertar al enemigo". GPU: Acrónimo de Gosudarstvennoe Politicheskoe Upravlenie
("Dirección Política Estatal"), sigla de la policía política soviética, que más tarde pasaría a
denominarse KGB. Versos de diente blanco: Metonimia para aludir a Pushkin, cuyos "gloriosos
dientes blancos son la joya de la poesía rusa", según escribió Mandelstam en su "Coloquio sobre
Dante".

Hablando de una húmeda cinta: Continúa aquí la evocación de la película sobre el


comandante Chapaiev y la guerra psicológica.

Todavía estamos llenos de vida: La Unión: La Unión Soviética. La tinta lila: Así era el
color de la tinta soviética de la época.

Lingotes contantes y sonantes de las noches romanas: El joven Goethe: Alude al


guión radiofónico del mismo título que Mandelstam comenzó a preparar en Voronezh para
conseguir algo de dinero.

¿Puede alabarse a una mujer muerta?: Dedicado a Olga Vaksel (1903-1932), de quien
estuvo enamorado Mandelstam en el invierno de 1924-1925. Olga Vaksel se casó con un
diplomático noruego y al cabo de poco tiempo se suicidó en Oslo. Sin embargo, a Mandelstam le
contaron que había muerto en la estación de Estocolmo. Dicha noticia sorprendió al poeta
cuando trabajaba en El joven Goethe. Mignon: Protagonista femenina del Wilhelm Meister de
Goethe, la cual fue raptada en Italia por los cíngaros. La cuerna del cartero: Eco del Winterreise
de Schubert, el músico preferido de Mandelstam.

En las pestañas muertas se heló San Isaac: Dedicado a Olga Vaksel. Reconstruye un
encuentro del poeta con ella en el hotel de Inglaterra, que se hallaba frente a la catedral de San
Isaac en San Petersburgo. Alude también al lied de Schubert "En camino", a la música de órgano
y a su pelliza (shube, en ruso, crea un juego paronomásico con Schubert), como símbolo de la
poesía, que aparece también en La cuarta prosa.

Tras el pálido Paganini: Dedicado a Marina Tsvietáieva. El título inicial del poema era:
"La violinista". Se refiere, según Nadiezhda Mandelstam, a un concierto de la violinista Galina
Barinova que se parecía mucho a Marina Tsvietáieva. El Enisei es un río de Siberia. Marina
Mniszek (1588-1614), fue la mujer del pseudo-Dmitri, quien luchó contra Boris Godunov por el
trono ruso, Hay, además, un eco del poema de Tristia "En trineo, tendidos en un lecho de paja",
dedicado también a Tsvietáieva.

Corre la ola junto a la ola: En apariencia, el poema recrea el ambiente del Estambul
otomano y el famoso cuerpo militar de los jenízaros, antigua guardia militar creada por Murat I
e integrada exclusivamente por jóvenes cristianos de las tierras conquistadas y convertidos al
islam. Según Nadiezhda Mandelstam, se refiere a la represión desatada tras el asesinato del
dirigente comunista Kirov (1886-1934).

Oficio el ritual del humo: El poema evoca el ambiente de Koktebel, junto al mar Negro,
donde los Mandelstam estuvieron en junio de 1933, y donde, años atrás, solían reunirse
intelectuales y artistas en casa del poeta Maksimilian Voloshin (1878-1932). La escena aparece
también en Coloquio sobre Dante.

No devolveré a la tierra como mariposa blanca: Se refiere al funeral por los aviadores
del "Maxim Gorki", que murieron en una catástrofe aérea a mediados de mayo de 1935. Según
Rudakov, las figuras de Lenin y Stalin son identificadas con los aviadores. La imagen de la
catástrofe aérea, vista en un noticiero documental de la época, reaparece en los Versos del
soldado desconocido.
74

Segundo cuaderno
Tras las casas y los bosques: Sadkó: Héroe de las bylinas rusas del ciclo de Novgorod. Es
un músico, comerciante y navegante que hace un trato con el rey del mar para hacerse rico a
cambio de casarse con una de sus hijas. Finalmente, con la ayuda de San Nicolás logra huir y
regresa a Novgorod.

El día tiene hoy el pico amarillento: El poeta recuerda San Petersburgo y evoca un
verso de Alexander Blok ("el agua verde dormía") sobre la llegada de barcos de guerra británicos
a su puerto, durante la primera guerra mundial. También recrea su poema de Tristia "Se
unieron las Helenas para la guerra".

En las montañas reposa el ídolo: Forma parte de una serie de poemas sobre Stalin, el
cual aparece aquí caracterizado como deidad, (ídolo de piedra de la montaña, según la mitología
del Cáucaso) y, además, como la estatua del tiempo del Infierno de Dante (XIV, 103), dios
hindú, Buda y feto, en una especie de anagnórisis 0 recorrido mítico a los orígenes de la
representación simbólica de lo sagrado, esto es, de la divinidad, en la historia de las
civilizaciones.

Estoy en el corazón del siglo: Junto con Y el maestro del taller de los cañones, forma una
serie de dos monumentos de cobre: el primero, de sí mismo, apoyándose en un bastón y el otro,
de una figura militar (probablemente Stalin).

La ley de los pinares: Evoca el paisaje de la naturaleza en la región de Zadonsk, donde


pasó el verano de 1936, convaleciente de asma. En el pinar que veía desde la casa de campo que
alquiló gracias a los 500 rublos que Pasternak le hizo llegar a través de Ajmátova, ve aparecer a
Eolo tocando el arpa y la viola con los troncos.

Con la fina hoja de Gillette: El título inicial de este poema era "Zadonsk", donde pasó el
verano de 1936. Mandelstam evoca aquí el paisaje del camino que recorría desde su casa de
campo a los baños, y lo compara con los cuadros paisajísticos del pintor holandés Ruisdael. La
hoja de Gillette, como símbolo de la cultura moderna, aparece también en La cuarta prosa.

Noche. Viaje. El primer sueño: Este poema y los siguientes evocan, en clave bucólica y
onírica, la estancia de Mandelstam en un sanatorio de Tambov, entre diciembre de 1935 y junio
de 1936, situado en una colina, junto al río Tsni. Asimismo este poema alude a un viaje en tren a
un sovjos cercano, pasando por las aldeas llamadas Anna, Rossosh y Gremiache, en cuyos
nombres Mandelstam quiere recordar a Anna Ajmátova, Marina Tsvietáieva, y a su esposa
Nadiezhda. También aprovecha Mandelstam para evocar la colectivización de la tierra y la vida
de los campesinos en los koljoses y sovjoses, en las imágenes crípticas de la segunda y de la
tercera estrofa.

¿Dónde estoy? ¿Qué me ocurre?: Mandelstam une, en una serie paronomástica, koljos y
sovjos, dando como resultado Koltsov. Alude a Alexei Koltsov (1809-1843), poeta nacido en
Voronezh, cantor de la "húmeda madre-tierra" —a la que Mandelstam, siguiendo a Lérmontov,
convierte en madrastra—, evocando no sólo su destierro, sino también el destino trágico de los
poetas rusos, simbolizados aquí en el fusilamiento de Nikolai Gumiliov (1883-1921), cuyo poema
"El horror de la estrella " es recordado en el verso inicial " ¿Dónde estoy? ¿Qué me ocurre?

Cuando tiembla y palpita: Poema de tema español; alude a la Guerra Civil española y, en
concreto, al incidente entre Unamuno y el General Millán Astray en Salamanca, que fue
reproducido en la prensa soviética. Según Natalia Stempel, a Mandelstam le conmovió este
suceso hasta tal punto que se puso a estudiar español.

Todo va mal: El título inicial de este poema era “Kashchej”, nombre del gato de Natalia
Stempel, amiga de los Mandelstam en Voronezh. Kashchej simboliza, en el folclore ruso, la
imagen del diablo representado en la figura de un esqueleto. En la poesía rusa aparece en
Ruslán y Ludmila, de Pushkin y en el Skazka o zare Berendee, de Zhukovski; poemas éstos que
resuenan en los versos de Mandelstam, quien ve en el diabólico gato la reencarnación del mal en
el ojo de Stalin, representado en este poema, de nuevo, como ídolo de piedra que guarda un
75

tesoro en la montaña. Piedras que hablan: símbolo que identifica la poesía de Mandelstam,
continuador, como declara en “La mañana del acmeísmo”, de la piedra de Tiutchev.

Tu pupila en la corteza terrestre: Dedicado a su mujer, Nadiezhda.

Sonríe, cordero colérico de la tela de Rafael: Según Nadiezhda Mandelstam, este


poema no se refiere a un cuadro de Rafael, sino a la “Madonna Litta” de Leonardo. Se trataría,
en su opinión de un lapsus o “de la nostalgia por el Hermitage”.

Cuando el mago: Poema de tema fúnebre, compuesto con reminiscencias de Derzhavin,


como si el poeta presenciara su propio e inminente entierro, en un trineo de lila. El bogatyr es el
héroe por excelencia de la poesía épica rusa. Para la composición utiliza una serie
paronomástica derivada de una misma raíz; en este caso, “sneg” (“nieve”), símbolo de la muerte.
A ella contrapone la figura de pinzón (en ruso, snegir), que simboliza al poeta.

Como halcón cautivo: Se trata aquí de una nueva serie paronomástica circular en los dos
primeros versos (OKOLO KOL’COVa/KAK aOKOL ZAKOL’COVA), originada a partir del
nombre d Koltsov (en ruso, Koltsov incluye “koltso”, “anillo”). De la misma manera, en la
segunda estrofa, aparece “krugozor” (“horizonte”), que contiene “krug” (“círculo”). En su
conjunto, en el poema prosigue el itinerario “dantesco” —infernal— de Mandelstam, que entra,
caracterizado como poeta ciego, en otro nuevo círculo.

La amada levadura del mundo: Este primer verso parece una nueva imagen de la
creación poética. Sonidos, lágrimas y trabajos. Reminiscencias de un trabajo teórico de
Yakubinski sobre “Los sonidos del lenguaje poético”; el poema “Ángel” de Lérmontov, su guión
sobre El joven Goethe, donde describe las lágrimas de Goethe al componer el Wilhelm Meister;
y, finalmente, a la obra de Hesíodo, Los trabajos y los días, recordado en su ensayo sobre A.
Blok.

Un diablillo con el pelo húmedo: El poema evoca un viaje después de la lluvia. El poeta
contempla las huellas y los charcos y piensa sobre su “caso”, imaginando la aparición del diablo
en una rueda. En realidad, es una reescritura del poema de Pushkin “Camino de invierno”, al
que Mandelstam superpone el “aire racionado” del poema de Tiutchev (“No hables: él me mide
el aire”), y del destierro del Ovidio en el Ponto Euxino (Ex Ponto, IV), considerado como “eje”
del “carro” del mundo.

Todavía no estás muerto: El título inicial de este poema era “La mendiga”. Se refiere a su
mujer y está escrito en una situación de miseria absoluta. El poeta recuerda las palabras de
Karamzin sobre la tormenta de nieve. Teme el ladrido y maldice el viento: proverbio árabe, que
alude al final de La Cuarta Prosa: “El viento sopla, el perro ladra”.

¿Qué haremos con la mortandad de la llanura?: Poema sobre Stalin, considerado


aquí como “Judas de los espacios increados”. Hay una alusión directa al “milagro” de la
colectivización de la tierra y a la gran hambruna de los años treinta.

Ahora estoy en una telaraña de luz: Según Nadiezhda Mandelstam, este poema y el
siguiente (Como piedra caída del cielo) son una defensa y apología de la poesía como
reacción a su “Oda” sobre Stalin. El Elbrus es el más alto del Cáucaso. Mide 5269 metros y está
en Georgia.

Siento el primer hielo, lo siento: El poeta siente nostalgia de Petersburgo —ciudad de


granito— al comienzo del invierno y recuerda “las duras escalas” de Dante (paraíso XVII, 58-
60), citando su Coloquio sobre Dante y considerándose a sí mismo —como en una carta escrita
al crítico Kornei Chukovski— “una sombra”.

¿Dónde encontraré refugio en este mes de enero?: La ciudad abierta es una extraña
cadena: En la antigua Unión Soviética había ciudades abiertas en las que los condenados podían
cumplir su destierro, y ciudades cerradas en las que tenían prohibido vivir. El poema, según el
testimonio de Natalia Stempel, da cuenta de la búsqueda desesperada de Mandelstam para
encontrar a alguien a quien leer sus poemas. En una escala de espinas: Alusión a Dante.
76

Me gusta el aliento helado: Poema construido sobre dos pares paronomásicos: ja (“yo”) /
jav (“la realidad”) y vek (“siglo”) / veksha (“ardilla”). Alude también a su poema “El siglo”,
incluido en Tristia.

Entre el rumor y la prisa: Prosigue la paronomasia del poema anterior: vek (“siglo”) /
veko (“párpado”). Según A. Mets, Mandelstam ofrece en este poema un nuevo retrato de Stalin.
El poema evoca también el destierro en Cherdin y, más bien, parece un vuelo imaginario que
lleva de vuelta al poeta desde su destierro hasta el Kremlin, invirtiendo —con el lienzo de la
distancia— la “cabeza culpable”.

¿Dónde está el lamento atado y clavado?: Mediante la alusión a Esquilo y a Prometeo,


Mandelstam lleva la esencia de la tragedia a su propia condena, considerada como martirio. El
arado constituye aquí, en opinión de Omry Ronen, una metáfora de la poesía en su función
histórica. Resuenan en el poema ecos de versos de Viacheslav Ivánov y de Innokenti Annenski
sobre la tragedia en el arte ruso moderno.

Como Rembrandt, mártir del claroscuro: De la tragedia, Mandelstam pasa al tema del
martirio de la mano de Rembrandt y el cuadro “Camino del Calvario”, atribuido a él en esa
época y pintado en realidad por J. W. De Wet el viejo, el cual se hallaba en el museo de Bellas
Artes de Voronezh. Es un poema sobre Stalin, “espléndido hermano”, “maestro y padre de la
oscuridad verdinegra”. Los ardientes joyeros de medianoche en el harén: Se refiere a los joyeros
que pusieron rubíes en las estrellas que coronan las torres de Kremlin, y que se iluminaban de
noche.

Canto con la garganta mojada y el alma seca: El título inicial de este poema era
“Cancioncilla abjasa” y alude a su Viaje a Armenia. Cólquida es el nombre de la antigua región
de Asia, al este del Ponto Euxino y al sur del Cáucaso. Según la leyenda, los argonautas fueron a
ella para la conquista del vellocino de oro.

Armado con la vista de puntiagudas avispas: El título inicial del poema era “Las
avispas”. Mandelstam hace un juego paronómico entre su propio nombre de pila, Osip, el
sustantivo osa (“avispa”) y os (“eje terrestre”).

Aún recuerda Tiflis el desgaste de mis botas: El título inicial del poema era “Tiflis”
(Tbilisi), la capital georgiana donde nació Stalin y donde Mandelstam comenzó de nuevo a
escribir poesía en 1930, tras un silencio de cinco años. El poema evoca también otro sobre Tiflis
(“Sueño con la encorvada Tiflis”) incluido en Tristia: Balcón —cuesta-herradura-caballo-
balcón: Enumeración paronomásica circular: baLKON-naKLON-podKova-KON-baLKON.

El sueño defiende el Don en mi sueño: Poema sobre Stalin. Mandelstam entabla, en


sueños, una batalla imaginaria contra la política belicista del Kremlin y proclama solemnemente
la defensa de la vida, la libertad y la igualdad de las personas y de los pueblos. Las maniobras de
tortugas: Alusión a los desfiles de tanques en las paradas militares de Moscú. El sustantivo
“defensa” (OBORONA) sirve en esta ocasión como base para la serie paronomásica:
OBORONjaet (“defiende”), BRON (“coraza”), BROv (“ceja”), sOBRANy (“reunidas”), kOROBA
(“caja”). Otra serie paronomásica se encuentra en el sustantivo RAB (“esclavo”), en el penúltimo
verso: raBU ne BYt’ raBOm, raBe ne BYt’ raBOJ, a la que Mandelstam añade la reminiscencia
sonora de BOJ (“batalla”). Y canta el coro, en el duelo con el reloj: Kyril Taranovski señala que,
en los años treinta, las campanadas de media noche del reloj de Kremlin iban seguidas del canto
de la Internacional.

Como madera y cobre es el vuelo de Favorski: En este poema, Mandelstam alude al


“Requiem” que escribió en 1934 tras la muerte de Andrei Biely, y que fue ilustrado por V. A.
Favorski (1886-1964), pintor, ilustrador y teórico del arte, quien, por otra parte, también sufrió
el destierro a mediados de los años 30. De ese hecho deriva el segundo verso: “En las astillas del
aire somos vecinos del tiempo”.

Estoy hundido en el foso de los leones y en la fortaleza: En este poema Mandelstam


funde el recuerdo de la cantante americana Marian Anderson, de quien escuchó por la radio un
concierto de “spirituals”, traducidos al ruso por otra cantante de Voronezh amiga suya, cuyo
marido, el flautista Karl Schwab, fue arrestado por segunda vez.
77

Tercer cuaderno
Versos del soldado desconocido: (1) Corazón de largo alcance: Alusión a la artillería de
largo alcance, que hizo su aparición en la Primera Guerra Mundial. El océano son ventana es la
materia: Alusión a las mónadas de Leibnitz. Cuña militar: estrategia bélica inventada por los
romanos. El soldado desconocido: Según el testimonio de Nadiezhda, se trata del propio
Mandelstam. Lérmontov: Alude al poema de Lérmontov titulado “El demonio”. Con
temblorosos racimos de uva: Alude al gas tóxico empleado en la Primera Guerra Mundial. Los
dorados sebos: Alusión al hambre mediante el uso del “sebo” de las cartillas de racionamiento.
Svejk: personaje principal de la novela de Jaroslav Hasek, El buen soldado Svejk, sobre la
Primera Guerra Mundial.

Imploro como piedad y gracia: El poema alude a Maya Kudasheva, esposa de Romain
Rolland, quien en su visita a Moscú en 1937 podía interceder por el poeta ante Stalin. “Esa era la
esperanza de Mandelstam”, declara su mujer. Por eso Francia —representada en la persona de
Maya Kudasheva— es la “atea de dorados ojos de cabra”. La alborotada calle de julio: Alusión a
la revolución francesa de 1797. Corteja a la florista: Alusión a una escena de Entre candilejas,
película de Chaplin. La rosa en el pecho, en el sudor de las dos torres: Alusión a la catedral de
Notre Dame, a través de la novela homónima de Balzac.

Vi un lago erguido, a plomo: Titulado inicialmente “Reims-Laon”. Rememora un viaje de


Mandelstam por Francia en 1909, para visitar las catedrales góticas de Reims y de Laon. A
plomo: Alusión a la plomada como principio ético y estético, así como al Taller de los poetas,
que reunía a los acmeístas y que se organizaba como un grupo masónico. Del mal —enemigos de
otros arcos ocultos: Verso paronomástico: NEDUGI-NEDRUGI DRUGlkh Nevskrytykh Dukh.

En la pizarra bermeja, carmesí: Dedicado a Natalia Stempel. Evoca un paseo juntos al


atardecer por Voronezh nevada, hasta la casa de Natalia Stempel, situada en una colina, desde
donde se divisa la ciudad.

El cielo de la última cena se apegó al muro: Titulado inicialmente “La última cena”.
Caen sin cabeza las estrellas: En la poesía de Mandelstam, las estrellas simbolizan el régimen
soviético. Además, hay aquí un eco del poema de Tiutchev “Tarde de verano”.

Me extravié en el cielo. ¿Qué haré?: Poemas sucesivos, compuestos por Mandelstam a


modo de variantes y dedicados a Natalia Stempel. Hace alusión también al “cielo de la última
cena” del poema anterior. Novenas del Dante: Alude al tipo de estrofas que forman la Divina
Comedia del Dante. Los discos atléticos: Omry Ronen cree que se trata de una alusión a la
estatua del Barón Klodt en Petersburgo. La nostalgia florentina: Alude a la nostalgia que sentía
Dante por Florencia en su destierro, y a la del propio Mandelstam por Petersburgo.

Roma: Evoca un paseo histórico y cultural por Roma, de la mano de la poesía de Miguel
Ángel “Grato m’e il sono” —que había sido traducida al ruso por Tiutchev— y de sus estatuas de
David y Moisés. El paseo llega hasta la época contemporánea y concluye con una condena del
régimen fascista de Mussolini, el “dictador-degenerado”.

Culpable deudor de dilatada sed: Describe el motivo de una vasija helénica del museo
de bellas Artes de Voronezh, al que se superpone una meditación sobre la desgracia del poeta.

Cómo me gustaría: Titulado inicialmente “Estrellita” y dedicado a Nadiezhda


Mandelstam.

La theta y la iota de la flauta griega: Trata del segundo arresto de Karl Schwab, flautista
de la orquesta de Voronezh, en el cual ve Mandelstam un presagio de su próxima muerte. La
theta y la iota: Letras del alfabeto griego presentes en la palabra rusa flejta (“flautista”).

Como en las calles de Kiev-Vij: Inicialmente, este poema era el último de los Cuadernos
78

de Voronezh y se lo había ocultado Mandelstam a su mujer. Vij: personaje del folclore ucraniano
que es el jefe de los gnomos y cuyos párpados son tan largos que le llegan hasta el suelo. A través
de él Mandelstam alude al relato homónimo de Gógol. Kreschatik es el nombre de la avenida
principal de Kiev y Lipki es el barrio en el que en los años treinta estaba la sede le la Cheka en
Kiev.

Llevo a mis labios este verdor: Dedicado a Natalia Stempel. Evoca un paseo por el
parque en abril.

En viscoso juramento se pegan los brotes: Dedicado a Natalia Stempel. Fue escrito
cuando ella les anunció a los Mandelstam que iba a casarse.

Me apuntaban la pera y el cerezo aliso: Dedicado a Nadiezhda Mandelstam y a Natalia


Stempel.

Hacia la tierra vacía, cojeando sin querer: Dedicado a Natalia Stempel.


79

La dignidad del poeta


por Jesús García Gabaldón
Osip Mandelstam fue arrestado en Moscú en la madrugada del 17 de mayo
de 1934, en presencia de su mujer, Nadiezhda Mandelstam y de Anna Ajmátova.
Le acusaron de actividades antisoviéticas y contrarrevolucionarias por haber
escrito este poema sobre Stalin:

Vivimos sin sentir el país bajo nuestros pies,


nuestras voces a diez pasos no se oyen.
Y cuando osamos hablar a medias,
al montañés del Kremlin siempre evocamos.
Sus gordos dedos son sebosos gusanos
y sus seguras palabras, pesadas pesas.
De su mostacho se burlan las cucarachas,
y relucen las cañas de sus botas.

Una taifa de pescozudos jefes le rodea,


con los hombrecillos juega a los favores:
uno silba, otro maúlla, un tercero gime.
y sólo él parlotea y a todos, a golpes,
un decreto tras otro, como herraduras, clava:
en la ingle, en la frente, en la ceja, en el ojo.
y cada ejecución es una dicha
para el recio pecho del oseta.

Tras pasar quince días sometido a interrogatorios, sin apenas comer ni


dormir, y tras un primer intento de suicidio cortándose las venas, fue
condenado por la policía política soviética (entonces GPU) a tres años de
destierro. Era, en realidad, una condena extremadamente suave, quizás la
menor posible en aquella época, a la que Ajmátova denominaba "vegetariana",
en contraste con los siguientes años de terror.

En otras circunstancias, Mandelstam habría sido fusilado (como ya sucedió


en 1921 con el poeta acmeísta Nikolai Gumiliov, primer marido de Ajmátova, o
como entre 1938 y 1941 sucedería con Meyerhold, Platónov, Bábel, Pilniak y
tantos otros escritores) o condenado a trabajos forzados. Por aquel entonces,
Mandelstam era ya una persona enferma (de asma, del corazón, del sistema
nervioso) y envejecida (tenía cuarenta y ocho años y aparentaba más de
setenta).

Todavía gozaba de la protección de Nikolai Bujarin, director de Izvestia,


quien sería fusilado a finales de marzo de 1938, y quien intercedió por él ante
Stalin, al igual que lo hicieron otros escritores, como Ajmátova, Pasternak y
Sklovski. El propio Stalin se encargó personalmente de llamar a Pasternak para
preguntarle si Mandelstam era un maestro; aseguró a la mujer del poeta que
"con Mandelstam todo iría bien" y dio la orden de "aislar, pero preservar" , que
se tradujo en una condena de tres años de destierro en Cherdin, en los Urales.
80

Durante el viaje a Cherdin, dadas sus condiciones tan precarias de salud, se


le permitió al poeta ser acompañado por su mujer. Eso sí, con la escolta de tres
"bravos muchachos del GPU", que leían a Pushkin. Debido a las alucinaciones
que sentía a partir de los interrogatorios, Mandelstam fue internado en el
hospital local de Cherdin, donde sólo había un médico y una enfermera. Allí
intentó suicidarse saltando desde una ventana. Se rompió el brazo y recuperó la
cordura.

Poco tiempo después dieron a elegir a Mandelstam el lugar para cumplir su


destierro (elección, sin duda, inaudita en la época), a excepción de Moscú,
Leningrado y diez ciudades prohibidas. El poeta eligió Voronezh, ciudad
universitaria situada en la frontera de Rusia con Ucrania. Allí vivió Mandelstam
desde junio de 1935 hasta finales de mayo de 1937, en diversos lugares (primero
un hotel, luego habitaciones en pisos céntricos, más tarde en las afueras).

Al comienzo, siguiendo instrucciones de Stalin, el secretario del partido


comunista para asuntos de cultura y propaganda, P. F. Iudin, envió una carta a
los jefes locales del partido, con las instrucciones sobre el "caso" Mandelstam.
Había que ofrecer trabajo al poeta, permitirle escribir e incluso publicar. Así,
durante 1935 y comienzos del 36, Mandelstam trabajó como asesor literario del
Teatro Bolshoi de Voronezh, como guionista literario de la emisora de radio
local (preparó programas sobre la juventud de Goethe, Swift, Ariosto, Blok...) y
como colaborador de la revista Kommuna (fue enviado a un sovjos con el
encargo —que fue incapaz de cumplir— de escribir sobre la colectivización de la
tierra. Asimismo, el poeta fue invitado a dar una conferencia sobre el acmeísmo
(claro está, con la abierta recomendación de realizar una autocrítica y una
descalificación de su pasado acmeísta), al cual definió como "nostalgia de la
cultura universal", afirmando que no renegaba ni de los vivos ni de los muertos
refiriéndose a Ajmátova y a Gumiliov.

Meses más tarde, tras ser declarado oficialmente inválido, pasar una
temporada en un asilo psiquiátrico en Tambov y quedarse completamente sin
trabajo, Mandelstam recibió otro "encargo": escribir una Oda a Stalin. A ello se
dedicó entre enero y febrero de 1937, con la vana esperanza de salvarse.

Mandelstam cumplió el encargo y envió tres poemas sobre Stalin al


secretario de la Unión de Escritores de Moscú, N. Stavski, quien, al cabo de un
tiempo, los utilizó para pedir a Yágoda, "una solución" al "caso Mandelstam". La
solución consistió en una nueva detención el 2 de mayo de 1938 y una nueva
condena por el mismo delito de "actividades contrarrevolucionarias ", pero, esta
vez, a cinco años de trabajos forzados en Siberia. Mandelstam murió el 27 de
diciembre de 1938 en un campo de trabajo en las afueras de Vladivostok y fue
enterrado en una fosa común.

Con la brevedad, acaso sentenciosa, que exigen estas páginas —porque no es


éste el lugar, ni es ahora el tiempo de entretener razones y ensartar
argumentos—, me apresuraré a señalar que, a mi juicio, los Cuadernos de
Voronezh constituyen la cima creativa de Mandelstam y una de las más
poderosas y complejas creaciones del espíritu del siglo XX. Para mí, este libro
sólo es comparable, en este siglo, a La tierra baldía y los Cuatro cuartetos de
81

Eliot, los Cantos de Ezra Pound, las Elegías de Duino de Rilke y Espacio, de
Juan Ramón.

En este siglo que ahora acaba, marcado trágicamente por la Revolución


Rusa, la primera y la segunda guerras mundiales, los fascismos y totalitarismos,
el progreso material y la miseria moral de la cultura europea, la obra final de
Mandelstam, escrita en una situación de extrema precariedad, nos ofrece el
ejemplo moral de la dignidad de la poesía frente al terror y la barbarie. En este
sentido, la lucha por la dignidad social del poeta, por su derecho a la voz y a su
postura en la vida, es, como escribió Mandelstam a propósito de Dante, la
tendencia fundamental que determinó su vida y su obra: la autoafirmación del
poeta en la poesía, expresada en la convicción de que la poesía, como también
escribió, es la conciencia de tener razón.

Los Cuadernos de Voronezh es un título doméstico. Se trata de los cuadernos


escolares en los que Mandelstam anotó los poemas que escribió en Voronezh.
Sólo se publicaron en Rusia a partir de 1988.

En total son tres, cada uno compuesto a su vez de tres ciclos en torno a un
poema central. En su conjunto, creemos, su composición sigue el modelo de la
Divina Comedia de Dante. En este sentido, el primer cuaderno representa el
infierno, el segundo el purgatorio y el tercero el paraíso o cielo.

Por lo demás, la obra constituye en lo esencial un diario lírico del poeta en


los tres años de destierro. Mandelstam, consciente de su cercana muerte, ensaya
un canto final, a modo de despedida y de afirmación de la vida. En su conjunto,
encontramos en los Cuadernos de Voronezh, la culminación de lo que Mijail
Gaspárov denomina la "tercera poética " de Mandelstam. Se trata de una poesía
con una vertiginosa asociación de imágenes y sonidos en plena metamorfosis,
una síntesis de súbitas metáforas y analogías elípticas potenciadas por un
proceso de anamorfosis que culmina con una nueva figuración del sujeto,
encarnado en la imagen rota y fragmentaria del propio poeta.

El primer cuaderno, escrito entre abril y junio de 1935, trata el tema del
destierro del poeta. Sus tres ciclos son: Voronezh y la tierra negra (poema éste
que constituye el germen creativo de las "Estanzas"), los Urales y Cherdin, y las
piedras y los aviadores. Las Estanzas son, en cierto modo, un conjuro de su
propio caso, una inversión de la culpabilidad, una reafirmación en la poesía y en
la vida tras su intento de suicidio en Cherdin ("un salto y ya estoy cuerdo") . Las
palabras del poeta aparecen entonces como confesión íntima, y última: "¡Debo
vivir, respirando y "bolchevizando", / mejorando ante la muerte, / durar un
poco más y jugar con la gente".

El segundo cuaderno fue escrito entre el 6 de diciembre de 1936 y finales de


febrero de 1937. El tema principal es el terror, o para ser más precisos, el
comienzo de la época del terror. Mandelstam presenta su "caso” (su detención y
posterior destierro), no ya como un caso único, sino como un caso
representativo de la época. Los poemas de este ciclo ofrecen un diálogo entre el
poeta (transfigurado en jilguero) y Stalin (ídolo de piedra), como símbolos
82

trascendidos de las relaciones entre el arte y el poder. Frente al vuelo de la


poesía, el eje terrestre del poder.

Para la contraposición, Mandelstam usa, al modo de Jlébnikov, la atracción


paronímica derivada de su propio nombre y del de Stalin (Osip es la versión
eslava de Iosif), sobre la base de la raíz os' (eje) y su desplazamiento semántico
sy ("avispas"). Así, Mandelstam se identifica sucesivamente con diferentes
poetas perseguidos por el poder a lo largo de la historia: Pushkin, Dante, Ovidio,
Fray Luis de León, etc... Sus tres ciclos son: la sonrisa y el jilguero (que incluye
los recuerdos de Zadonsk, donde pasó el verano del 36, el sanatorio de Tambov
y los viajes del verano del 35 por los alrededores de Voronezh, en concreto a un
sovjos), la vista y las avispas (que aproxima la poesía a la pintura, representada
aquí por Miguel Ángel, Rafael y Rembrandt; y a la esencia de la tragedia griega)
y el aire helado (como premonición de su propia y cercana muerte).

El centro se halla en la Oda a Stalin, que Mandelstam se obligó a escribir


entre enero y febrero del 37, con la esperanza, si no ya de salvarse —siempre
tuvo la conciencia de haber sido condenado a muerte por Stalin y siempre pensó
que su destierro era, en realidad, un aplazamiento de la condena— al menos de
intentar salvar a su mujer, Nadiezhda y, a través de ella, a su poesía. La Oda a
Stalin, que no fue incluida en la versión final de los Cuadernos de Voronezh,
sino que fue desgajada, junto con otros dos poemas sobre Stalin —los tres se
incluyen aquí al final del libro— generó a su vez otros poemas de sentido
contrario y de simbología compleja.

Mandelstam compone su poema como un canto en alabanza de Stalin, un


retrato al carboncillo de un Stalin de perfil, vestido con capote y gorra,
presenciando los desfiles militares desde la tribuna de la Plaza Roja, convertida
en tribuna de oradores. Pero, en otro poema, Mandelstam confiesa: "No sé
cantar ni dibujar". O como le diría a Ajmátova al volver del destierro: "Ahora sé
que se trataba de una enfermedad". Con todo, los poemas sobre Stalin son de
extraordinaria ambigüedad, y fueron compuestos por Mandelstam siguiendo el
doble modelo de sus poemas para niños y sus poemas satíricos (del tipo de la
"Antología de la tontería antigua", de los acmeístas), y sólo en los versos finales
pueden ser interpretados como himnos épicos. Lo que sucede es que, sin cesar el
juego, Mandelstam preparó una variante apócrifa de esos finales. Así por
ejemplo, el poema "Si me detuvieran mis enemigos" concluye: "Y en la tierra,
que la putrefacción corroe, / despertará Stalin la razón y la vida". Y la versión
apócrifa: "Y en la tierra, que la putrefacción corroe, / asesinará Stalin la razón y
la vida".

El tercer cuaderno, compuesto entre marzo y mayo de 1937, tiene como


centro los "Versos del soldado desconocido", e incluye los ciclos del cielo (como
calvario, despedida de la vida y requiem), de la antigüedad (como reafirmación
de la cultura y del arte, ejes de la civilización), y de los brotes gemelos (poemas
de amor y despedida dedicados a Nadiezhda Mandelstam y a Natalia Stempel).

Los "Versos del soldado desconocido", verdadero testamento poético y obra


maestra absoluta de Mandelstam, surgen de la visión del entierro de los
aviadores del "Maxim Gorki“ . Esta nueva forma de muerte, "la muerte en el
aire", "la tumba aérea", es considerada por el poeta ruso como imagen de la
83

época, y como presentimiento de la inminente segunda guerra mundial. Se trata


de un poema antibélico que traza la historia de la guerra, del terror y de la caída
de las civilizaciones y de los grandes imperios autoritarios (romano, egipcio,
napoleónico...). Al mismo tiempo, es un canto a la vida, a la libertad y al ser
humano, en todo cuanto tiene de ser único e irreductible, representado aquí en
Leibnitz, Shakespeare, Lérmontov, Don Quijote, Svejk... y el propio
Mandelstam, auténtico "soldado desconocido": "...

Cubierta la boca de sangre, susurro: / —Yo nací en la noche del dos al tres / de
enero del noventa y uno, / año sin esperanza, y los siglos / me rodean con el
fuego.

El poema nunca escrito

por Sergio Bufano


...Mandelstam prefería mantener distancia
de esa estética que más tarde se encaminaría
con paso militante hacia el realismo socialista.

En el mes de diciembre de 1938, en un campo de prisioneros de la Unión


Soviética, la temperatura congelaba la respiración y la conciencia de los
comisarios políticos. Los 25 grados bajo cero no perdonaban nada. Implacables,
solidificaban las lágrimas y no dejaban llorar, aunque no por ello impedían la
tristeza. Al menos la tristeza del poeta Osip Mandelstam, o lo que quedaba de él
al cabo de algunos años de permanencia en ese desierto helado en donde sólo el
aullido del viento apaga el aullido de los lobos.

En una barraca de madera que dejaba filtrar por sus ranuras los puñales de
aire hirientemente fríos, durmió mal, como siempre, y despertó cuando la luz
plomiza del lejano noroeste de Rusia, cerca del río Kolima, amagaba con
aparecer, pero no aparecía. El sol era en su memoria un círculo delgado y frágil,
que se desvanecía detrás de cada ráfaga blanca; Mandelstam ya no recordaba ni
un sólo día de verano. Ni una primavera. Olvidado el color verde del pasto, el
amarillo de las hojas de otoño, el rocío de las noches estivales, había olvidado
también la agradable sensación del calor cuando se levantó de su camastro y
salió hacia el galpón para tomar el té que le servirían sus guardianes.

No llegó a cruzar la calle y cayó muerto, probablemente agradecido por la


generosidad de la naturaleza que le impedía seguir viviendo. Ya era hora de
morir. Por fin, la muerte le abría las puertas de la libertad para escapar del
tormento de su cuerpo sometido.

Cuerpo que nunca más apareció. En alguna fosa común que todavía hoy
84

comparte con cientos de intelectuales, revolucionarios o campesinos


disconformes, los restos del poeta se ha congelado sesenta y cuatro inviernos.
Nunca más se supo de él. No hay memoria que pueda rescatar sus huesos.

Y nunca, además, fue posible comprender el gesto que lo condujo a la cárcel


y la muerte.

San Petersburgo

El avión se inclina hacia la izquierda en busca de la pista de aterrizaje y por


la ventanilla aparecen gigantescos bosques de color ocre. El otoño se muestra
frondoso y difícilmente descriptible en su belleza. Las variaciones sobre el
amarillo le otorgan al paisaje una irrealidad de tal hermosura que corta el
aliento. Decenas de miles de árboles compiten para desafiar a un pintor, a un
poeta, a cualquiera que pretenda reproducirlos, volcarlos en el papel,
transmitirlo para otros que no podrán imaginarlo. En cada árbol, cientos de
amarillos. Los motores se frenan y al interrumpir la imagen surge la duda: ¿es
cierto lo que hemos visto? ¿O fue una ensoñación?

La máquina toca el suelo y la brusca frenada disuelve el encanto. A lo lejos,


diminutas, se ven altas chimeneas de industrias que recuerdan jornadas
gloriosas leídas en los viejos, hoy más viejos todavía, textos de la Revolución:
obreros, proletarios, días de pasión que se han disuelto como los miles de ocres
que fugazmente acaban de pasar por la diminuta ventanilla. Este es suelo ruso,
es San Petersburgo, la ciudad construida sobre un pantano y cuya historia en el
Siglo XX levantó las ideas libertarias más formidables luego de la Revolución
Francesa. Sólo ella, sus edificios, sus calles, sus canales venecianos sobreviven.
El resto se hundió y llevó consigo a millones de seres que dispusieron
voluntariamente sus vidas para ser llevados y otros millones que fueron
sumergidos contra su deseo.

Calles anchas y arboladas desembocan en inmensos espacios vacíos. Palacios


zaristas de preciosas y deterioradas portadas se enfrentan al cemento de
edificios stalinistas de grises pálidos y helados. Parecen querer demostrar la
solidez de un futuro que fue efímero. Las aguas de los canales se mueven lentas.
Sorpresivamente, con un porte majestuoso e indiferente a la historia de los
hombres, sólido y plomizo, sobre todo regio, aparece el Neva ancho y caudaloso.
En sus márgenes se levantan palacios de colores vivos ahora opacados por la
llovizna que desdibuja sus contornos. Todo el paisaje es difuminado por una luz
que las pequeñas gotas que caen del cielo hace zigzaguear ante los ojos.

Al costado izquierdo queda el Palacio de Invierno, y junto a él se extiende la


avenida Nevsky alguna vez recorrida por multitudes vestidas de overol. Unas
calles más allá una figura conocida levanta enérgicamente el brazo, adusta, un
pie adelante señalando una marcha que aparentemente no se detendrá jamás: es
Lenin que indica el camino.

El camino conduce a lo largo del canal Fontanka, una masa de agua


domesticada y convertida en calle por el zar Nicolás. Detrás de árboles de hojas
ocres hay un edificio de tres pisos con una angosta escalera de madera que
desemboca en un largo pasillo con varias puertas. En cada uno de esos cuartos
85

vivía una familia, salvo la poeta Anna Ajmátova que no compartía el suyo con
nadie, viuda ya de su marido tempranamente fusilado y con su hijo adolescente
detenido en la Lubianka. En esa habitación escribió buena parte de su obra,
recibió a sus amigos poetas, pintores, críticos y actores. También a Isaiah Berlin.
Y por supuesto a Mandelstam. En las cuatro paredes hay fotografías del poeta:
antes y después de su primera detención, joven y envejecido por la prisión,
sonriente en la foto familiar y serio en la de su prontuario. Manuscritos de
poemas se juntan con legajos policiales recuperados después de la Glasnov. Allí
está apenas un trozo de su vida, y el doloroso espejo de una generación de
artistas.

Una noche en vela. Un huevo duro.

Osip Mandelstam, ruso por adopción, nació en 1891 en Varsovia en el seno


de una familia judía. Miembro de la corriente acmeista, amigo de Anna
Ajmátova, recibió la Revolución de Octubre con indiferencia. No le
entusiasmaba el clima revolucionario que recorría Rusia y prefería mantenerse
ajeno a la actividad política. Era miembro, como muchos otros, de la Unión de
Escritores, pero distante de la militancia gremial de la entidad.

Su energía era volcada exclusivamente en el papel, donde escribía poemas


que nada tenían que ver con la revolución social, el comunismo o el
proletariado. A diferencia de Maiakovski, Babel y tantos otros poetas que se
habían comprometido con el surgimiento de los soviets, Mandelstam prefería
mantener distancia de esa estética que más tarde se encaminaría con paso
militante hacia el realismo socialista.

Sin embargo, como el suicida que busca el método más doloroso para acabar
con su vida, Mandelstam creó –sin llegar a escribirla jamás- la única poesía
política de toda su existencia, un producto de escasa calidad literaria pero
decididamente mortífero, como si le complaciera elaborar un veneno que
garantiza la muerte pero a largo plazo y mediante indecibles sufrimientos. El
poema ni siquiera tiene título, pero su lectura no permite confusiones: es contra
Stalin.

En la tarde del 16 de mayo de 1934 Anna Ajmátova caminó las cuadras que
separaban su casa de la vivienda de Mandelstam y su esposa Nadiezhda. Desde
siempre acostumbraban a leerse mutuamente sus textos antes de darlos a
conocer a otros. Los acercaban sus talentos literarios y un amor que trascendía
las cuestiones estéticas. Es conocida la historia de ese día, narrada por Berlin:
como en la casa no había absolutamente nada más que té, Mandelstam salió, sin
un peso en el bolsillo, a buscar algo para comer. Regresó al rato con un huevo
duro que le regaló un vecino y que pretendía compartir luego entre los tres.

Estaban leyendo sus escritos cuando tocaron a la puerta. Se presentaron tres


hombres: Guerasimov, Veprintsev y Zablovski, todos agentes de la policía
secreta. Sin violencia, aunque ásperos, ingresaron en la casa y comenzaron a
revisar cada uno de los papeles del poeta. No tenían apuro, y la labor les llevó
toda la noche: buscaban la poesía que jamás podrían encontrar porque,
sorprendentemente, nunca había sido volcada al papel por Mandelstam.
Elaborada en su cabeza, permanecía guardada en su memoria.
86

Fue una noche larga y tensa; cada nota, cada escrito fue revisado
minuciosamente. Amaneció y Nadiezhda, Ajmátova y el poeta seguían sentados
esperando que terminara la labor de los agentes. Los tres sabían que él iba a ser
detenido y fue Ajmátova la que insistió para que Mandelstam comiera el huevo
duro donado por el generoso vecino antes de salir hacia la cárcel de la Lubianka.

El poema nunca escrito pero recitado en algunas oportunidades dentro del


círculo de amigos, había sido copiado por alguien que pretendía los favores del
régimen y que lo entregó a las autoridades. Esa delación le costó tres años de
destierro en un campo, un breve período de libertad restringida y una nueva
detención que acabó con su vida.

Tres meses después de ese episodio, se realizó el Primer Congreso de


Escritores Soviéticos y la palabra de Máximo Gorki fue escuchada con religiosa
atención. Pero muchos resultaron defraudados: el discurso del escritor no
incluyó mención alguna del poeta preso. A pesar de las solicitudes para que
influyera ante las autoridades y lograra la liberación de Mandelstam, Gorki
prefirió callarse. Preocupado por otros temas, habló de Oscar Wilde y lo incluyó
entre los "muchos otros degenerados sociales creados por la influencia
anarquista de las condiciones inhumanas en el estado capitalista".

Unos meses más tarde, en enero de 1935, Gorki insistió en que "hay que
exterminar al enemigo sin cuartel ni piedad, sin prestar la menor atención a los
gemidos y suspiros de los humanistas profesionales". El peso que su voz tenía en
la Unión Soviética era sólo comparable con el de León Tolstoi en la primera
década del siglo. ¿Ignoraba que su consejo sería llevado a cabo por burócratas
solícitos siempre atentos a satisfacer los deseos de Stalin?

Ignorante o no, su palabra fue escuchada. En 1937 no hubo cuartel ni piedad:


fueron fusilados el poeta Nikolai Kliuiev, cercano a Esenin, y el escritor Boris
Pilniak; en 1938 murió el prisionero Mandelstam; el mismo año fue fusilado
Aleksandr Arosev, escritor que había participado junto con los bolcheviques en
la Revolución; en enero de 1940 fue fusilado Meyerhold, el vanguardista
director de teatro que había hecho suyas las ideas revolucionarias; en el mismo
mes y año fue fusilado el escritor Isaak Babel, autor de Caballería Roja. La lista
es interminable e incluye críticos literarios, pintores, ensayistas, novelistas y
cuentistas. La represión cultural fue tan vasta que Ajmátova la describió en un
poema como una vigilia perpetua:

Y vino una noche


que no conoció la aurora.

El florecimiento de la poesía rusa, producido en las últimas dos décadas del


siglo XIX, y que fue acompañado por un nuevo impulso en los primeros años de
la Revolución, cayó aplastado finalmente por la represión cultural. Cada poeta
era investigado, cada poesía era minuciosamente leída e interpretada por
funcionarios que trabajaban día y noche para encontrar una palabra, una estrofa
que pudiera aludir a Stalin. El obsesivo control sobre los artistas demostraba,
curiosamente, la importancia que la poesía tenía en el pueblo ruso.
87

No hay que quejarse. Este es el único país que respeta la poesía:


matan por ella. En ningún otro lugar ocurre eso..., ironizaba
Mandelstam cuando se enteraba de la muerte de alguno de sus colegas en
alguna cárcel lejana.

El hombre nace, luego muere, pero la policía permanece... había dicho ya


Nikolai Gumiliev, el acmeista pionero entre los artistas por la fecha de su
muerte: fue fusilado en agosto de 1921.

Lo que distingue a Mandelstam de sus pares es que nunca participó del


ímpetu revolucionario que recorrió la literatura rusa. No adhería a la poesía
política ni tenía pretensiones de vincular su creación estética con el compromiso
social, tal como hacían muchos de sus amigos. ¿Cuál fue el impulso, entonces,
que lo llevó a crear una única poesía política en toda su vida, y precisamente en
contra de Stalin? ¿Por qué, sin haberla volcado al papel desafió recitarla en
algunos círculos literarios, donde muy probablemente encontraría un delator?
Manifestación de rabia o búsqueda de un suicidio distinto que el utilizado por
Maiakovski, Esenin, Svetaieva o tantos otros, nadie podrá responder nunca a
esas preguntas. Una frase pronunciada a su esposa podría orientar para
descifrar el enigma del gesto que lo impulsó al sacrificio: La muerte de un
artista no es el fin, sino su último acto creador.

Poema
(sin título)

Vivimos insensibles, al suelo bajo nuestros pies,


Nuestras voces a diez pasos no se oyen.
Pero cuando a medias a hablar nos atrevemos
Al montañés del Kremlin siempre mencionamos.
Sus dedos gordos parecen grasientos gusanos,
Como pesas certeras las palabras de su boca caen.
Aletea la risa bajo sus bigotes de cucaracha
Y relucen brillantes las cañas de sus botas.
Una chusma de jefes de cuellos flacos lo rodea,
infrahombres con los que él se divierte y juega.
Uno silba, otro maúlla, otro gime,
Sólo él parlotea y dictamina.
Forja ukase tras ukase como herraduras
A uno en la ingle golpea, a otro en la frente, en el ojo, en la ceja,
Y cada ejecución es un bendito don
Que regocija el ancho pecho del Osseta.

Noviembre de 1933

Publicado inicialmente en Glocal Revista


88

Sobre un poema de Osip


Mandelstam
Por José Manuel Prieto
A Osip Mandelstam le costó la vida un epigrama contra Stalin. José Manuel Prieto
reconstruye ese terrible capítulo del totalitarismo al presentar esta traducción,
comentada verso por verso, de la célebre sátira.
a Sergio Pitol
I
En 1996 el historiador Jean Meyer, que por aquel entonces daba los toques
finales a su libro Rusia y sus imperios, me pidió que le
tradujera del ruso un poema del poeta Osip
Mandelstam (Varsovia, 1891-campo transitorio de
Vtoraya Rechka, cerca de Vladivostok, 1938). La
perestroika estaba todavía cerca y yo había recién
publicado una traducción del Réquiem de Anna
Ajmátova, uno de los más importantes poemas políticos
del siglo XX. El poema que Jean Meyer quería incluir
en su libro era el muy conocido “Epigrama contra
Stalin”, que empieza con el verso: “Vivimos sin sentir el
país a nuestros pies”. Como cualquiera que hubiera
vivido en Rusia en aquellos años de fines de los ochenta
y principios de los noventa yo conocía muy bien el
poema y en más de una ocasión lo había recitado en voz
alta, admirado por sus indudables cualidades formales, en particular el verso
inicial: My zhibiom pod saboyu nie zhuya strani, palabras de una fuerza casi
mágica. Del poema no existía ninguna versión en castellano y la versión en
francés que aparecía en el recién publicado libro de Vitali Shentalinski, De los
archivos literarios de la KGB, era tan pobre comparada con el bellísimo original
ruso que de inmediato comencé a traducir una variante más satisfactoria en el
margen de la página. En mi traducción improvisada busqué captar el encanto
del poema y a la vez conservar la severa gravedad de sus versos. Trabajé varios
días en una versión que Jean Meyer terminó incluyendo en su hoy día muy
celebrado libro y que luego clavé sobre mi escritorio. El poema le había costado
la vida a Mandelstam y escribirlo había sido un acto de increíble valentía, de
arrojo, o más bien de integridad artística. Por años no he dejado de pensar en él,
de leer todo lo referente a su creación y más que nada a la reacción terrible de su
destinatario. Tan sólo una cosa no me dejaba en paz: a pesar de que lo había
traducido con el mayor esmero y paciencia, no había quedado del todo
satisfecho con el resultado. El poema no terminaba de cuajar en español,
parecía una copia muy pálida del original tan bello y potente, como cincelado en
ruso. Esto es porque a diferencia de la obra de un poeta como Joseph Brodsky, a
quien también he traducido in extenso, la poesía de Osip Mandelstam es de una
concentración asombrosa, poco discursiva. De ahí que me sea virtualmente
imposible traducir de manera satisfactoria todas las sonoridades, la riqueza de
muchas imágenes que no logran caer o encajar totalmente en la lengua de
89

llegada, el castellano en este caso. En la operación se pierde el aura de


significados y alusiones que rodea cada palabra en la versión original,
absolutamente transparente para el lector en lengua rusa. Como si de todo un
árbol sólo lográramos transplantar las ramas más gruesas y todo su follaje,
verde y cambiante, quedara en el territorio de la otra lengua.
Estaba el hecho, además, de que el poema es rimado, como casi toda la poesía
rusa, pero escogí verterlo en verso libre escarmentado por los fallidos intentos
de tantos traductores que, con más buena voluntad que pericia y con una idea a
mi modo de ver equivocada sobre cómo traducir poesía rimada, elaboran
versiones que difícilmente funcionan en castellano. En cualquier caso, terminé
publicando aquella versión y recibí muchos elogios. Pasaron los años, más de
diez y no había vuelto a leer mi versión del epigrama hasta fecha reciente, con
vistas a incluirlo en una Antología personal de la poesía rusaque estoy
preparando. Tras una atenta relectura no creí posible cambiar ninguna de las
soluciones que en su momento hallé para su traducción pero sí consideré
pertinente añadirle unos comentarios que buscan transmitir al lector ese halo de
significado del que hablo más arriba. He creído además importante y hasta
necesario aportar una relación detallada de las circunstancias históricas que
rodearon su creación, algo totalmente necesario dadas la personalidad de su
creador, la naturaleza del poema en cuestión y las terribles consecuencias que
terminó acarreándole.
Una última cosa antes de pasar al poema y a los comentarios: como ya dije, en
Rusia se le conoce como el “Epigrama contra Stalin”, un nombre que algunos
consideran desacertado porque supone una disminución de su importancia.
Según algunos, este nombre se trató de una maniobra de los amigos de
Mandelstam (entre otros, Boris Pasternak) para equipararlo a esas pequeñas
piezas de ocasión que buscan zaherir, satirizar, y que hallaron su máximo
exponente en Marcial, el poeta latino del primer siglo después de Cristo.
Descrito por un crítico como las dieciséis líneas de una sentencia de muerte, es
quizá el más importante poema político del siglo XX, escrito por uno de sus más
grandes poetas y contra el que fue, bien podría afirmarse, el más cruel de sus
tiranos.

II
EPIGRAMA CONTRA STALIN

Vivimos sin sentir el país a nuestros pies,


nuestras palabras no se escuchan a diez pasos.
La más breve de las pláticas
gravita, quejosa, al montañés del Kremlin.
Sus dedos gruesos como gusanos, grasientos,
y sus palabras como pesados martillos, certeras.
Sus bigotes de cucaracha parecen reír
y relumbran las cañas de sus botas.
90

Entre una chusma de caciques de cuello extrafino


él juega con los favores de estas cuasipersonas.
Uno silba, otro maúlla, aquel gime, el otro llora;
sólo él campea tonante y los tutea.
Como herraduras forja un decreto tras otro:
A uno al bajo vientre, al otro en la frente, al tercero en la ceja,
[al cuarto en el ojo.
Toda ejecución es para él un festejo
que alegra su amplio pecho de oseta.

Noviembre de 1933

III
COMENTARIOS

Verso primero

Vivimos sin sentir el país a nuestros pies,


(Мы живем, под собою не чуя страны,)

Este verso con que el poema comienza no presenta mayor dificultad, en


apariencia, que la de trasmitir con absoluta claridad la idea de la vida azarosa de
los ciudadanos, el peligro que se respiraba en todo el país. La imagen, sin
embargo, se ve amplificada por el verbo que Mandelstam escoge para trasmitir
esa sensación y que vertí al castellano como “sentir”, pero que en el original
es chuyat, palabra que en su primera acepción arroja olfatear, ventear(para los
animales), y que alude a la percepción vaga y periférica de la fiera que ventea al
cazador, aporta esa dimensión cinegética. De ahí que la imagen que en ruso
proyecta todo el verso es de la de personas que flotan, la zozobra de una
existencia que ha perdido la referencia, el suelo debajo; trasmite una clara
sensación de urgencia y peligro, de claro acoso.

Verso segundo

nuestras palabras no se escuchan [no son audibles]


/ a diez pasos.
(Наши речи за десять шагов не слышны,)
91

En la Rusia soviética los ciudadanos han adquirido la costumbre de hablar en


voz baja por temor a los oídos ajenos, los padres evitan conversar sobre
cualquier tema delicado frente a sus hijos, los amantes temen ser escuchados;
las delaciones, como la misma que informará a las autoridades de la existencia
del epigrama, están a la orden del día. La costumbre es simple y llanamente salir
a la calle para tratar cualquier asunto, hasta los de escasa importancia. Cuando
Sir Isaiah Berlin visita a Anna Ajmátova en el Leningrado de la posguerra, al
comienzo mismo de la entrevista la poeta le señala el techo en señal de que
podrían estar escuchándolos. En Contra toda esperanza, las memorias de
Nadiezhda Mandelstam, viuda de Osip, el poeta cuenta cómo en cierta ocasión,
tras un viaje a provincia, encontró que en todo Moscú los teléfonos habían sido
cubiertos con almohadas porque se había corrido la voz de que servían como
terminales de escucha. Algo imposible, en realidad, para el desarrollo
tecnológico de la época, pero otras memorias,Avec Staline dans le Kremlin, de
Boris Bazhanov, ex secretario de Stalin que desertó en 1929, cuentan cómo,
dentro del Kremlin, Stalin había hecho instalar una pequeña central personal
que le permitía escuchar las conversaciones de los otros líderes comunistas. Una
tarde Bazhanov, que no sospechaba de la existencia de aquella habitación, abrió
la puerta equivocada y encontró a Stalin escuchando absorto, con los audífonos
puestos, alguna conversación entre los líderes del partido, los contados que
tenían el privilegio de vivir en el Kremlin. Esta visión precipita la fuga de
Bazhanov por la frontera con Irán, en 1929, a pie.

Verso tercero

La más breve de las pláticas


(А где хватит на полразговорца,)

En el original, literalmente: “cuando alcanza para media conversación”. Otra


variante podría ser “cuando nos animamos a una pequeña conversación”
(rasgoborets). El “alcanza” (jvatit), que traduzco por “nos animamos”, alude
aquí tanto a la prisa, la falta de tiempo, como al miedo que agarrota a todos.
En 1934, de visita en casa de Pasternak, Mandelstam no puede evitar leer el
epigrama, que acaba de escribir. Es un acto de total insensatez, toda vez que a la
velada habían asistido personas que no tardaron en delatar la lectura. Una
persona muy cercana a ambos, Emma Gerstein, cuenta en sus Memoriasotra
sesión en la que estaba presente el hijo de Nikolái Gumiliov, Lev, que también
pasaría muchos años en el gulag. Aquel comportamiento a todas luces suicida de
Mandelstam tenía, sin embargo, otra explicación: antes de escribir sus poemas,
los componía en la cabeza, y sólo cuando estaban ya listos, tras un largo proceso
que más recuerda los afanes del Jaromir Hladík de “El milagro secreto”, el
cuento de Jorge Luis Borges, los ponía en papel, casi frente al pelotón de
fusilamiento. Mandelstam además sabía que el epigrama era un poema que
jamás sería publicado y buscaba dejarlo “registrado” en la mayor cantidad de
mentes para evitar así que desapareciera con su muerte, que seguramente él
adivinaba próxima.
92

Verso cuarto

gravita, quejosa...
(Там припомнят...)

En el original, literalmente: “sale a relucir”, lo “mientan” (pripomniat)...


¿Gozaba Stalin de esa ciega admiración popular que todavía muchos le
atribuyen en aquellos años anteriores al Gran Terror y a los Procesos de Moscú?
El verbo utilizado, pripomniat, comporta un dejo de fastidio. Se le dice a
alguien: “¡te lo recordaré!” (ya tebie pripomniu!), en el sentido de “me las
pagarás”, “me las cobraré”. No es sólo que se recuerde al dictador, sino que es
un recuerdo quejoso.
A Pasternak se lo había recitado también en privado y con anterioridad durante
un paseo por un Moscú invernal. La respuesta de Pasternak, siempre más
cauteloso y astuto (moriría en su cama, en la privilegiada villa para escritores de
Peredelkino), fue, literalmente: “Lo que me ha leído usted no tiene relación
alguna ni con la literatura ni con la poesía. No es un hecho literario sino un acto
suicida que no apruebo y del cual no quiero tomar parte. Usted no me ha leído
nada y yo no escuché nada, y le pido que tampoco se lo lea a nadie más.”
El poeta, sin embargo, sí lo hizo y, como hemos visto, en más de una ocasión.
Un memorialista lo acusa de haberlo hecho movido por un odio terrible hacia
Stalin.

... al montañés del Kremlin.


(... кремлёвского горца.)

Para un intelectual de la vieja escuela como Mandelstam (graduado del mismo


elitista Colegio Tenishev al que asistió el niño Vova –diminutivo de Vladimir–
Nabokov), la imagen de un georgiano, un “montañés” (goriets), en el Kremlin es
señal de absoluta extrañeza y asilvestramiento. Las personas que ocupan los
altos puestos del gobierno en la Rusia Soviética son de muy bastos modales,
poco menos que campesinos. En 1921, cuando unos amigos van a interceder por
la vida del poeta Nikolái Gumiliov (el primer esposo de Anna Ajmátova, acusado
falsamente de participar en una conspiración monárquica y fusilado por ello),
les sorprende descubrir, en el juez de instrucción que llevaba el caso –el
“comisario” de la Cheka según la terminología revolucionaria–, el aspecto y los
modales de un tendero de la época zarista. Dice el memorialista que, al
confesarles que no había nada que él pudiera hacer para salvar la vida del poeta,
movió las manos con la suavidad de “quien mide o aquilata la calidad de un
paño”. Y, sin embargo, lo que tenía en sus manos era la vida de Nikolái
Gumiliov.

Verso quinto

Sus dedos gruesos como gusanos, grasientos,


93

(Его толстые пальцы, как черви, жирны,)

El “gran” poeta de la época, vate ensalzado por la propaganda oficial, no era


Vladimir Maiakovski ni ninguno de los otros tres grandes titanes del siglo XX
ruso: Marina Tsvetáeva, Boris Pasternak o Anna Ajmátova. El gran bardo
proletario respondía al nombre de Demián Biedny, Demián “el Pobre”, y era un
hábil rimador de coplas partidistas cuya popularidad era inmensa. Su posición
dentro de la jerarquía soviética era tal que tenía apartamento en el Kremlin,
donde, según otro memorialista, pagaba sus deudas de incorregible jugador de
cartas con pedacería de oro que cortaba con un alicate y pesaba en una pequeña
balanza sobre el paño verde de la mesa. Vecino, en consecuencia, de Iósif Stalin,
este tomaba a veces libros prestados de la biblioteca del falso poeta obrero,
libros que luego devolvía, se había quejado Demián a un colega, “con huellas de
sus grasientos dedos en las páginas”. Mandelstam parece haber conocido la
anécdota y metamorfoseó los dedos de Stalin en “gusanos grasientos”.

Verso sexto

y sus palabras como pesados martillos, certeras.


(А слова, как пудовые гири, верны,)

En el original, literalmente: “Y sus palabras como pesas de un pud, certeras.”


Durante toda su vida Stalin, que recibió instrucción en un seminario ortodoxo
en Tiflis (el actual Tbilisi), conservó un marcado acento georgiano. Hablaba
escogiendo las palabras de una lengua que llegó a manejar con soltura, el ruso,
pero que nunca dejó de serle extranjera. Dentro de los acentos que un ruso
distingue con facilidad, el georgiano destaca particularmente por su pesadez.
Son innumerables los chistes basados en la pronunciación de los georgianos,
dura y poco sensible a los múltiples fonemas de la lengua rusa.
Esas pesas de un pud provocan en mí este otro recuerdo: en mis primeros años
de estudiante en Rusia solía ejercitarme por las mañanas con una de esas pesas
de un pud, una antigua medida rusa que equivale a unos dieciséis kilos. De
hierro colado y un diseño que se remonta al XIX y al furor de la gimnasia suiza,
terminan en una especie de asa por la que se las levanta con una sola mano, la
derecha, la izquierda, cuidando, temiendo, no dejarlas caer en un pie. Hoy ya no
se venden, desplazadas por mancuernas occidentales, cromadas y de discos
intercambiables.

Verso séptimo

Sus bigotes de cucaracha parecen reír


(Тараканьи смеются усища,)

En el original, literalmente: “Ríen sus bigototes de cucaracha”. Imagen infantil


que con toda probabilidad alude al muy conocido poema para niños de Kornéi
94

Chukovski, en el que una “bigotuda cucarachota” (usati tarakanishe) mantiene


aterrorizados a los animales del bosque hasta que un “valiente gorrión” se
planta frente a ella y la engulle de un picotazo.
Encuentro una confirmación de esta suposición mía en El cielo de la Kolyma,
las invaluables memorias de Evguenia Ginzburg. Un día, cuenta Ginzburg,
comenzó a leerles ese poema a los niños a su cargo en el jardín de infantes
donde trabajaba en la lejana provincia de Magadán. Un colega, al escuchar
sobre “la terrible bigotuda cucarachota”, comprendió horrorizado cuál podía ser
la “lectura” de aquel pasaje y a punto estuvo de denunciarla por
leerlesese poema a los niños. Como es un poema que todavía hoy memorizan
los niños de toda Rusia, la lectura de este verso pasa, invariablemente, por
este locus de la memoria, una imagen a la vez cómica y terrible.

Verso octavo

y relumbran las cañas de sus botas.


(И сияют его голенища.)

El atuendo de Lenin, el chalequito de burgués suizo en el que afinca sus


pulgares la mañana de 3 de abril de 1917 cuando arenga a la multitud frente a la
estación de Finlandia, es demostrativamente el de un hombre pacífico, un civil.
Fue León Trotski quien, en 1918, en plena guerra entre Blancos y Rojos, se hizo
fotografiar con un atuendo de cuero y correajes que escandalizó a Moses
Nappelbaum, retratista de la Perspectiva Nevski. A Nappelbaum, autor de
célebres retratos de la élite petersburguesa, entre los que se encuentran el de la
propia Anna Ajmátova, aquello le pareció –y en efecto lo había sido hasta la
fecha– un ridículo traje de chauffeur, impropio para un líder de la Revolución
Mundial.

El atuendo, sin embargo, hizo fortuna y se convirtió en el uniforme distintivo de


los comisarios de la Cheka y, levemente reformado –botas de caña alta, guerrera
de paño–, en el uniforme de toda la dirigencia bolchevique.
95

Verso noveno

Entre una chusma de caciques de cuello extrafino


(А вокруг него сброд тонкошеих вождей,)

Mandelstam utiliza sbrod, que aquí traduzco por “chusma”, término despectivo
e injuriante. Según el crítico ruso Benedict Sarnov, este verso casi seguro le
prolongó la vida a Osip Mandelstam. Las primeras personas que escucharon,
aterrorizadas, el epigrama pensaron que el arresto y fusilamiento de
Mandelstam era inminente. En lugar de ello, Stalin ordenó una medida leve de
entre el arsenal punitivo soviético: “exilio administrativo” a la ciudad de
Cherdin, a la que se le permitió viajar acompañado por su esposa. Luego, la
medida sería suavizada todavía más cuando, en 1935, les permitieron
trasladarse a Voronezh, pequeña ciudad provincial en el sur de Rusia, de clima
más templado. Stalin, siempre según Sarnov, le otorgó un plazo al poeta para
que escribiera un poema dedicado a su persona. “Stalin sabía perfectamente que
la opinión que de él tendrían las generaciones futuras dependería en alto grado
de lo que sobre él escribieran los poetas.” Más aún tratándose de Mandelstam,
tan sagaz que había llegado a entender el tipo de personas, “caciques de cuello
extrafino”, que rodeaba al dictador y de qué manera él, Stalin, jugaba con ellos,
los dominaba. Tanta penetración, tan sutil compresión de la vida del líder,
parece haber impresionado a Stalin. Esto quizás explique la insistencia con que,
durante una célebre conversación telefónica (véase comentario al siguiente
verso), Stalin le pregunta a Pasternak si Mandelstam podría ser considerado un
“verdadero maestro”. Su pregunta fue: “¿Pero es o no un maestro?”
La verdad sea dicha, Stalin demostró ser un psicólogo no menos fino y
penetrante que el poeta (lo que, por otra parte, no debe extrañarnos).
Efectivamente, en la ciudad de Voronezh, Mandelstam terminó escribiendo una
triste Oda a Stalin, en enero de 1937, y a la que J.M. Coetzee le ha dedicado un
interesante ensayo (en “Osip Mandelstam and the Stalin Ode”, de su
libro Giving Offense / Essays on Censorship). En la oda figura este verso: “Me
gustaría llamarte no Stalin, sino Yugashvili.” Es decir, recurriendo no a su
pseudónimo oficial, partidista, sino a su nombre de cuna, más humano,
acercándose a él por su parte más suave, rescatable. Un “encargo” semejante le
fue hecho a Mijaíl Bulgákov, que también dedicaría casi un año, al final de su
vida, ya mortalmente enfermo, a escribir la obra teatral Batum, pieza sobre la
juventud heroica del joven Yugashvili y que transcurre en el Bakú
prerrevolucionario.
Pasternak, un tanto más sutil, llegó a enviarle a Stalin, durante las exequias de
su esposa Nadezhda Alliluyeva, un telegrama que fue publicado en la Gaceta
Literaria y que algunos consideran que lo salvó de ir a dar al gulag: “Me uno al
sentimiento de mis camaradas. La víspera profunda y tenazmente la pasé
pensando en Stalin, como artista, por primera vez.” Es decir, le hizo la velada
promesa de que algún día usaría su talento para dejar una imagen “humana” o
literaria del dictador...
Permítaseme aquí esta otra digresión biográfica que ilustra a través de qué
prisma vivencial leo también este poema: muchos años después, cuando
estudiaba en la más grande universidad técnica de Siberia, en la profunda
96

retaguardia soviética, conversé en uno de sus salones de conferencia por


primera vez y durante media hora con el hijo de Lev Kámenev, uno de aquellos
caudillos, fusilado en 1936. Había vivido todos esos años bajo un apellido falso,
Glebov, y en aquel invierno aún no había salido de su relativo anonimato. No
tenía, constato ahora de memoria, el cuello fino al que hace alusión Mandelstam
y sí la nuca calva y llena de pliegues de un gospodinprofesor. De baja estatura y
regordete, fumaba incesantemente en el auditorio, algo que estaba
estrictamente prohibido. Brillante profesor de filosofía, hablé con él, lo recuerdo
muy bien, de la Estética de Aristóteles. A fines de los ochenta recuperó su
apellido verdadero y llegué a verlo dando entrevistas en la televisión sobre su
padre y sobre sí mismo, siempre cigarrillo en mano.

Verso décimo

él juega con los favores de estas cuasipersonas.


(Он играет услугами полулюдей.)

La urss de los años treinta conoció el florecimiento y la expansión de un


complicado sistema de patronazgo entre altos mandos del partido y la élite
intelectual, como lo cuenta Sheila Fitzpatrick en su Everyday Stalinism, un
libro de 1999. Era frecuente que los escritores y poetas asistieran a los “salones”
de la nueva clase gobernante. Fue el caso de la amistad que unió a Nikolái
Bujarin, el “preferido del partido”, y los Mandelstam. Bujarin es uno de los que
al estallar el asunto del epigrama interfiere primero y recula luego asustado al
comprender la magnitud de la afrenta que se ha infligido al temible dictador.
Escribirle a Stalin, acudir directamente a él para que dirima un asunto como
aquel, de persecución política o encarcelamiento, se había convertido en
costumbre entre los escritores soviéticos caídos en desgracia. En 1931 le había
escrito Evgueni Zamiatin, autor de la célebre distopía Nosotros (1921),
precursora del Brave New World de Aldous Huxley y de 1984 de George Orwell.
Zamiatin le pidió permiso para emigrar, que le fue otorgado. Mijaíl Bulgákov le
escribe con igual solicitud: que lo dejen irse al extranjero en compañía de su
esposa, y, sin embargo, la petición le es negada.
Curiosamente, en el caso de Mandelstam, es el propio Iósif Stalin quien decide
llamar a Pasternak con la clara intención de interceder por el poeta, y hasta llega
a echarle en cara a Pasternak que sus colegas no hayan hecho nada luego de su
arresto para salvarlo. Ocurre entonces la célebre conversación entre ambos en la
que el dictador, por sobre todas las cosas, quiere saber la opinión de Pasternak y
la de todo el gremio de escritores sobre la poesía de Mandelstam. La
conversación tiene lugar a las 2 de la mañana. Pasternak está en su dacha.
Suena el timbre. Levanta el teléfono:
Stalin: El caso de Mandelstam está siendo analizado. Todo se arreglará. ¿Por
qué no acudieron a las organizaciones de escritores o a mí? Si yo fuera poeta y
mi amigo hubiera caído en desgracia, haría lo imposible (me subiría a las
paredes) para ayudarle.
97

Pasternak: Las organizaciones de escritores no se ocupan de tales asuntos desde


1927, y si yo no hubiera hecho las diligencias, usted, es lo más probable, no se
hubiera enterado.
Stalin: ¿Pero es o no un maestro?
Pasternak: ¡No se trata de eso!
Stalin: ¿De qué entonces?
Pasternak: Me gustaría encontrarme con usted... Que habláramos.
Stalin: ¿Sobre qué?
Pasternak: Sobre la vida y la muerte...
En este punto Stalin colgó bruscamente...

Verso undécimo

Uno silba, otro maúlla, aquel gime, el otro llora;


(Кто свистит, кто мяучит, кто хнычет,)

La Rusia de 1933 todavía no conoce, lógicamente, los Grandes Procesos de


Moscú que se iniciarían a partir de 1936 y se celebrarán hasta 1939, con la
mayoría de aquellos “caciques de cuello extrafino” en el banquillo de los
acusados. Tampoco conoce el espectáculo de autoinculpación que ofrecerán los
ex líderes bolcheviques, acusados de todos los crímenes imaginables. La
descripción de Mandelstam se adelanta con prodigiosa exactitud: más de uno
lloró al escuchar la sentencia y de rodillas imploraron perdón a Stalin y al
partido. Cuando hacen prisionero a Mandelstam, la noche del 13 de mayo de
1934, la NKVD todavía no cuenta con una versión definitiva del poema, o bien
las distintas personas que lo han delatado lo recuerdan de manera diferente, en
particular el último verso. El juez de instrucción le pide al poeta que le escriba la
versión autorizada del poema, a lo que este accede amablemente:

Lo escribió en una hoja de papel y usando la misma pluma con que estamparían
la sentencia que sellaría su suerte.

Verso duodécimo

sólo él campea tonante...


(Он один лишь бабачит и тычет,)

Escogí traducir “campea tonante” por babachit, un neologismo, un verbo


inexistente, que sin embargo no presenta dificultad alguna para el ruso parlante
por ser una expresión onomatopéyica, ba-ba-ba-chit, es decir, zumba con voz
tonante, habla con voz fuerte, de jefe.
98

... y los tutea.


(... y tychet.)

En una primera acepción tykat es también “señalar con el dedo”, “meter por los
ojos”, tratar a alguien de manera familiar y desconsiderada. De modo que el
sentido se mueve entre estas dos acepciones. En Rusia es raro que los
desconocidos se tuteen y en una primera presentación la etiqueta exige el más
riguroso uso del usted. El tuteo es prerrogativa de los barrenderos o de los altos
jefes. En un altercado callejero, el tuteo es percibido de inmediato como una
violentísima agresión. Mandelstam lo utiliza aquí como muestra del maltrato al
que Stalin somete a sus subordinados.

Verso decimotercero

Como herraduras forja un decreto tras otro:


(Как подкову, кует за указом указ:)

La palabra para decreto es la rusa ukaz, de amplio uso también en Occidente, y


nombra una orden sin apelación y de aplicación inmediata. La imagen de que se
forjan como herraduras remite a la frase rusa, más cotidiana, “hacer algo como
quien hornea blynis o blintzes”, es decir, rápidamente y sin pensar. Lo que
transmite la banalización del acto del gobernar.
En 1929 Stalin cree llegado el momento de cinchar apretadamente el inmenso
país, despojarlo del apéndice inútil del capitalismo. Evgueni Preobrazhenski, el
célebre economista, teoriza sobre cómo usar la riqueza que el campesinado
había acumulado en aquellos años de mayor libertad como plataforma para el
despegue industrial del país. La colectivización forzada genera un rechazo
generalizado, el campesinado se resiste fieramente, y Stalin lanza una campaña
de terror que buscará romperle el espinazo a la Rusia campesina. Al menos seis
millones de campesinos ucranianos mueren de hambre en aldeas acordonadas
por el ejército mientras el país cumple sus compromisos de exportación de
granos. Las ciudades se llenan de fugitivos que cuentan el horror. Para 1934 está
claro que el país vive bajo la tiranía de un Estado policial, comparado con el cual
la Rusia de los zares, tan denostada por la generación anterior de intelectuales,
puede ser vista como el más benigno y magnánimo de los regímenes.

Verso decimocuarto

A uno al bajo vientre, al otro en la frente, al tercero en la ceja,


/ al cuarto en el ojo.
(Кому в пах, кому в лоб, кому в бровь, кому в глаз.)

Los decretos de ese emperador de pacotilla tienen, sin embargo, un efecto


mortal. La banalización de la muerte, también. El acercamiento, o el zoom in,
99

para decirlo recurriendo a una terminología del cine, con que el poeta muestra
las partes del cuerpo donde van cayendo las herraduras ucases tiene el efecto de
esos close ups en El acorazado Potemkin de Eisenstein, en que se muestra
también, para mayor impacto de la escena, la pupila enorme tras el cristal de
unos quevedos, la boca abierta en un grito, el rictus de un rostro que ocupa toda
la pantalla.
Mandelstam, un poeta de honda inspiración lírica, no había escrito poesía
ensalzando la Revolución, a diferencia de otros que se dejaron llevar por el
entusiasmo y saludaron con apasionamiento el advenimiento de Octubre.
Alexander Blok fue uno de ellos y llegó a publicar su poema “Los doce”, en que
celebra el triunfo revolucionario con imágenes pletóricas de simbología
evangélica. Vladimir Maiakovski, por su parte, creyó hallar en la Revolución la
apoteosis de la estética futurista que había moldeado sus versos de “vocinglero
jefe”, como se llama a sí mismo en su elegía “A plena voz”. No tardaría en darse
cuenta de que en la Rusia de Stalin pronto quedaría aquella sola voz tonante...
Para el momento en que el destino lo pone en rumbo de colisión con Stalin,
Mandelstam ha publicado un número de libros, ninguno de tónica política, de
tan alto valor poético que toda Rusia –o al menos ese uno por ciento de lectores
de poesía del que hablaba Joseph Brodsky– lo tiene por un Maestro, con
mayúscula.

Verso decimoquinto

Toda ejecución...
(Что ни казнь у него...)

A mediados de los setenta Lev Razgón, un sobreviviente del gulag y autor de las
implacables memorias Nepridumannoye [“de la vida real”; en inglés, True
Stories], fue internado en una clínica moscovita por un padecimiento cardiaco.
Uno de sus vecinos de sala es un ex oficial, hombre amable con los otros
pacientes y en particular con el escritor, a quien asiste solícito. A Razgón, con
quien hace buenas migas, termina contándole algo que jamás había confesado a
nadie: su labor como miembro de una de las miles de brigadas de ejecutores que
operaron en la urss en la década de los treinta. Razgón escucha anonadado
sobre los cien gramos de vodka que tomaban los verdugos al comenzar la noche,
sobre los camiones cargados de prisioneros que eran llevados a bosques en las
afueras, sobre los gritos de las mujeres al borde del foso, los vivas al partido de
algunos hombres, el tiro en la nuca, el puntapié que le propinaban a la víctima
para hacerla caer en el foso al tiempo que apretaban el gatillo porque las esposas
de los verdugos estaban cansadas de lavar sus guerreras salpicadas de sangre...
Muchos camiones durante toda la noche, por toda la urss. Siete millones de
1934 a 1941. La espeluznante cifra de un millón de ejecutados por año.

... es para él un festejo


(... - то малина)
100

En el original: es para él frambuesa, palabra que tiene aquí una profunda


connotación criminal, del bajo mundo; en el argot ruso, malina (“frambuesa”; el
seto de las frambuesas, malinovka) se usa para referirse a la corporación de
delincuentes, la guarida desde donde perpetran sus crímenes. Mandelstam
apunta también aquí a la singular simbiosis entre el mundo criminal y
bolchevique, transmite al lector el impulso de venganza, de ajuste de cuentas,
del mundo lumpen con que se alía, desde el mismo comienzo, el bolchevismo.
No hay memorialista del gulag que no mencione el uso de los comunes en los
campos contra los del artículo 58, los “políticos”, acusados de traición a la
patria. Los comunes no compartían el pecado original de ser “enemigos de
clase” y, por lo tanto, podían ser “reeducados”, desempeñaban labores ligeras,
de intendencia: cocineros, celadores, o en las casas de baño, en Siberia, donde el
calor es de por sí un privilegio.

Verso decimosexto

que alegra su amplio pecho...


(И широкая грудь...)

En el original, simplemente: “Y su amplio pecho...” Delgado, de escasos 168


centímetros, con el rostro picado de viruelas, y un brazo semiparalizado por la
polio con el que sostenía siempre su pipa, Stalin decepcionaba a las personas
que tenían ocasión de verlo en persona y que esperaban encontrarse al coloso
que sugerían sus dobles de granito y piedra erigidos por toda la urss. Para
Mandelstam, ese amplio pecho que se alegra es un pecho no humano, de hierro,
dentro del cual, como en el interior de los toros de bronces minoicos, bramaban
los millones de sus víctimas.

... de oseta.
(... осетина.)

¿Era Iósif Yugashvili georgiano u oseta, de Osetia, la pequeña república del


Cáucaso vecina de Georgia? Stalin era considerado oficialmente un georgiano,
porque los osetas son tenidos por un pueblo de temperamento más violento,
gente menos refinada. Curiosamente, estos dos últimos versos no convencían
del todo a Mandelstam y es increíble que un hecho tan alejado de la política
como la perfección de esta última línea ocupara su mente durante aquellas
sesiones suicidas de lectura en voz alta. Se le recuerda diciendo: “Debo
quitarlos, no me parecen buenos. Me suenan a Tsvetáeva.” No le dio tiempo, sin
embargo, y quedaron en la memoria de quienes lo escucharon. Muchos años
después, ya en tiempos de la perestroika, cuando Vitali Shentalinski encontró la
versión manuscrita de puño y letra del poeta en los archivos de la KGB, no halló
divergencias con las versiones que se habían leído en samizdatpor toda la
URSS. El poema había quedado grabado fielmente en la memoria de quienes lo
habían escuchado en el lejano 1934. ~
101

Esperanza contra toda esperanza


Por Joaquín Estefanía
Entre los libros canónigos sobre el universo concentracionario de Stalin figuran,
entre otros, el Archipiélago Gulag, de Aleksandr Solzhenitsin (Tusquets),
y Relatos de Kolymá, de Varlem Shalámov (Mondadori). En ellos está descrito
con toda brutalidad aquel sistema generalizado de celdas, interrogatorios,
campos de tránsito, campos de trabajo forzado, exilios remotos, fusilamientos,
desapariciones, etcétera, protagonizados por millones de almas perdidas, entre
las que se encontraban las de la mayor parte de los dirigentes que hicieron la
revolución soviética con Lenin en 1917. A estos libros se añadió, a principios de
los años ochenta, la increíble biografía de la viuda de uno de los mejores poetas
rusos del siglo XX, Osip Mandelstam, titulada Contra toda esperanza(Alianza)

LO QUE NO PUEDO OLVIDAR

A esta literatura del horror se añade ahora en castellano otro libro excepcional,
del mismo nivel al menos de los anteriores, escrito por otra viuda superviviente
del exterminio estaliniano: Anna Lárina, la que fue mujer del líder bolchevique
más atrayente de la Rusia revolucionaria, Nikolái Bujarin. Su bellísimo y
aterrador texto Lo que no puedo olvidar es la historia del medio siglo largo que
va desde que conoció a Bujarin, con 17 años, hasta la rehabilitación completa de
este último en la época Gorbachov, pasando por el juicio en el que fue
sentenciado (año 1938) por traición y su posterior desaparición en los
chupaderos siberianos. Aunque Anna Lárina intenta que el protagonista de sus
memorias sea Bujarin, el centro de esta larga resistencia es ella misma. Cuando
Bujarin es arrestado, hace dos peticiones a su mujer: que se aprenda de
memoria, para que un día pueda hacerla pública, su carta testamento "a la
futura generación de dirigentes del partido", y que eduque a su hijo Yuri (que
tiene 11 meses cuando Bujarin es detenido) "como a un bolchevique". La carta
tardó cinco décadas en ser publicada en la antigua URSS y su hijo creció en
orfanatos y no volvió a ver a su madre hasta 1956, cuando tenía 20 años.
Contra toda esperanza, las memorias de Nadiezhda Mandelstam, narra las
trágicas experiencias vividas por su marido Osip, también desaparecido en el
gulag, y por sus compañeros de generación, entre ellos, Anna Ajmátova, Isaac
Babel, Marina Tsvetáieva o Víctor Shklovski. Como Lárina, Nadiezhda
Maldelstam sobrevivió en el ostracismo a la muerte de Osip, hasta que en 1956
se le permitió regresar a Moscú donde inició estas memorias. En mayo de 1939,
tres funcionarios se llevaron al alba a Osip Mandelstam; nunca se le volvió a ver
vivo. Unos meses después, Nadiezhda supo que Osip había dejado de existir al
recibir un giro postal devuelto, con una leyenda: "Causa: muerte del
destinatario". Durante los años que vivieron juntos, Nadiezhda copiaba todos
los poemas de su marido y los escondió, de modo que su obra sobrevivió a su
persona. Entre esa obra poética está el poema a Stalin que el monstruo
georgiano nunca le perdonó: "Sus dedos gordos son sebosos gusanos / y sus
seguras palabras, pesadas pesas, / de su mostacho se burlan las cucarachas, / y
relucen las cañas de sus botas". Hoy inencontrable en las librerías la edición de
Alianza, Contra toda esperanza será reeditada próximamente en Galaxia
102

Gutenberg, en una colección dirigida por Antonio Muñoz Molina, compuesta


por testimonios de las resistencias a los totalitarismos del siglo XX.
Se unirán así dos textos memo
rialistas fundamentales, de calidad excepcional, escritos por las mujeres de
Bujarin y Mandelstam, dos personajes unidos por la historia: fue Bujarin el líder
bolchevique que más protegió al poeta hasta que ambos desaparecieron sin
dejar rastro ni tumba. Para sobrevivir, Osip Mandelstam había de ejercer como
traductor, y esas traducciones se las proporcionaba Bujarin. Las dos viudas no
sólo fueron las sombras de sus maridos mientras éstos vivieron, sino también
las sombras de su obra.
De las memorias de Anna Lárina sobresale un aspecto que supera la experiencia
de la pareja Bujarin, y que atañe a otros muchos de los camaradas de Lenin,
fusilados o desaparecidos por orden de Stalin: la relación amor/odio que les
unía a este último. Bujarin, la joya del partido, el hijo predilecto de la revolución
en palabras de Lenin, fue el principal defensor e ideólogo de la Nueva Política
Económica, una especie de humanismo socialista (por llamarlo de algún modo)
que Stalin abolió como "liberalismo corrompido", iniciando una
industrialización draconiana que obligó a 125 millones de campesinos a
adherirse contra su voluntad a granjas colectivas regidas por el Estado. Stalin
nunca se lo perdonó.
Según Lárina, Bujarin no parece darse cuenta en ningún momento de la trampa
que el dictador georgiano va cerrando en torno a él, y permanece como
abandonado a una extraña indolencia, rehuyendo los debates que en su ausencia
se convierten casi en la aceptación de su culpa, "emprendiendo viajes que tienen
algo de huidas incompletas, como si supiera que tiene que escapar y al mismo
tiempo no fuera capaz de hacerlo, como si no lograra desprenderse del hechizo
que Stalin ejerce sobre él, mientras va tramando cuidadosamente su perdición",
en palabras de Muñoz Molina en un prólogo al libro, que constituye una de las
mejores piezas literarias que ha escrito el novelista español. Mientras todo esto
ocurría, Bujarin escribía cartas adulatorias y serviles a Stalin que no tenían
respuesta, entre ellas una última en la que se preguntaba sin entender nada de
lo que estaba pasando: "Koba : ¿por qué exiges mi vida?".
El amor, la admiración que Lárina tiene por Nikolái Bujarin, le impide plantear
la contradicción: el intelectual, el artista, el bolchevique que defiende el
"humanismo socialista", el revolucionario incorruptible que vive con austeridad,
el aficionado a las artes y a la naturaleza que renuncia a competir por el poder
del Kremlin, el periodista que dirige Pravda o Izvestia en tiempos de cambio
nos seduce tanto que nos produce incomodidad descubrir que Bujarin fue en
algunos momentos tan sectario y tan cruel como cualquiera de sus colegas en la
dirección bolchevique. Muñoz Molina reproduce una carta que escribió al fiscal
Vishinki (el mismo que poco después lo interrogaría a él), que dice: "No sabe
usted cuánto me alegro de que hayan fusilado a esos perros", después de la
ejecución de Zinoviev y Kamenev en 1934.
Lo que no puedo olvidar es un texto emocionante, imprescindible para el
estudio del estalinismo y de las relaciones del intelectual con la política. Que se
puede unir sin complejos al bestiario libresco mencionado al principio.
103

Osip Mandelstam / biografía


Osip Mandelstam nació en Varsovia en 1891 y se inició
como poeta militando en el movimiento “acmeísta”, –
derivación del simbolismo ruso, y reacción contra él–,
pero evolucionó con el tiempo hacia posiciones muy
personales, síntesis del simbolismo, el futurismo y el
acmeísmo. Un poema contra Stalin le valió en 1934 un
destierro a los Urales, donde intentó suicidarse, y tras
varios años en Voronezh, en los que pudo continuar su
producción en condiciones precarias, regresó para ser
nuevamente arrestado en 1938 y condenado a cinco años
de trabajos forzados.

Murió en un campo de trabajo cercano a Vladivostok el 27 de diciembre de


1938. La poesía de Mandelstam, considerado ya uno de los mayores poetas
rusos del siglo, fue milagrosamente conservada por Nadiezhda, su mujer, autora
de dos libros: Contra toda esperanza y Libro segundo, en los que cuenta las
trágicas experiencias que vivió con el poeta durante los años del terror.
Mandelstam fue también un gran prosista. Coloquio sobre Dante, prueba de su
conocimiento de la Divina Comedia, la cual citaba de memoria cuando aún no
había descendido él mismo al infierno de Stalin.

Libros publicados

Poesía

 La piedra, 1913
 Tristia, 1922
 Cuadernos de Moscú, 1930-1935
 Cuadernos de Voronezh, 1935-37

Prosa

 El rumor del tiempo


 La cuarta prosa
 Viaje a Armenia
 De la poesía
 Coloquio sobre Dante
104

Muestrario de Poesía
1. La eternidad y un día y otros poemas / Roberto Sosa 30. El adivinador de hojas y otros poemas / Odysseas
2. El verbo nos ampare y otros poemas / Hugo Lindo Elytis
3. Canto de guerra de las cosas y otros poemas / Joaquín 31. Las ventajas de aprender y otros poemas / Kenneth
Pasos Rexroth
4. Habitante del milagro y otros poemas / Eduardo 32. Nunca de ti, ciudad y otros poemas / Czeslaw
Carranza Milosz
5. Propiedad del recuerdo y otros poemas / Franklin Mieses 33. El barco en llamas y otros poemas / Jaroslav
Burgos Seifert
6. Poesía vertical (selección) / Roberto Juarroz 34. Uno escribe en el viento y otros poemas / Gonzalo
7. Para vivir mañana y otros poemas / Washington Rojas
Delgado. 35. El animal que llora y otros poemas / Antonio
8. Haikus / Matsuo Basho Gamoneda
9. La última tarde en esta tierra y otros poemas / Mahmud 36. Los andamios del mundo y otros poemas / Ledo
Darwish Ivo
10. Elegía sin nombre y otros poemas / Emilio Ballagas 37. Dominican Style y otros poemas / Alexis Gómez
11. Carta del exiliado y otros poemas / Ezra Pound Rosa
12. Unidos por las manos y otros poemas / Carlos 38. Poesía francesa actual / Muestra de 40 autores
Drummond de Andrade 39. Número equivocado y otros poemas / Wislawa
13. Oda a nadie y otros poemas / Hans Magnus Szymborska
Enzersberger 40. Desde la república de la conciencia y otros poemas
14. Entender el rugido del tigre / Aimé Césaire / Seamus Heaney
15. Poesía árabe / Antología de 16 poetas árabes 41. La tierra giró para acercarnos y otros poemas /
contemporáneos Eugenio Montejo
16. Voy a nombrar las cosas y otros poemas / Eliseo Diego 42. Secreto de familia y otros poemas / Blanca Varela
17. Muero de sed ante la fuente y otros poemas / Tom 43. Tal vez no era pensar y otros poemas / Idea Vilariño
Raworth 44. Bajo la alta luz inmerso y otros poemas / Mariano
18. Estoy de pie en un sueño y otros poemas / Ana Istarú Brull
19. Señal de identidad y otros poemas / Norberto James 45. Las ocupaciones nocturnas / Jorge Enrique Adoum
Rawlings 46. La gruta de las palabras y otros poemas / Vladimir
20. Puedo sentirla viniendo de lejos / Derek Walcott Holan
21. Epístola a los poetas que vendrán / Manuel Scorza 47. La vida nada más, la sola vida y otros poemas /
22. Antología de Spoon River / Edgar Lee Masters Gastón Baquero
23. Beso para la Mujer de Lot y otros poemas / Carlos 48. El futuro empezó ayer / Luis Cardoza y Aragón
Martínez Rivas 49. Los errores necesarios y otros poemas / Joaquín
24. Antología esencial / Joseph Brodsky Giannuzzi
25. El hombre al margen y otros poemas / Heberto Padilla 50. Jardín de Piedra / Fernando Ruiz Granados
26. Réquiem y otros poemas / Ana Ajmátova 51. Hablar desde la inseguridad / Rafael Cadenas
27. La novia mecánica y otros poemas / Jerome 52. El hombre acorralado y otros poemas / Luis Alfredo
Rothenberg Torres
28. La lengua de las cosas y otros poemas / José Emilio 53. Territorios Extraños /José Acosta
Pacheco 54. Cuadernos de Voronezh / Osip Mandelstam
29. La tierra baldía y otros poemas / T.S. Eliot
105

Colección
Muestrario de
Poesía
2010