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© Un libro bien grande donde dice todo lo de la hacienda © Kristel Best Urday
Primera edición: Serie Casa Chúcara. Sarita Cartonera, Lima, 2006

Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº: 2006-1789 Ejemplar realizado por cartoneros de la ciudad de Lima, encuadernado y pintado de tapas por ellos mismos. © Sarita Cartonera, 2006 Proyecto fundador: Eloísa Cartonera. Buenos Aires, Argentina. © CHUSCA. Cultura Local Contemporánea.

Diagramación: Jaime Vargasluna, Kristel Best Urday Diseño de exteriores: Pepe La Rosa, Diego Muñoz, Shylla Marcos Agradecemos a la autora su cooperación, autorizando la publicación de este ejemplar Impreso por: CHUSCA. Cultura Local Contemporánea

Contactos: info@saritacartonera.com / www.saritacartonera.com teléfonos: 420 5858 / 9918 9831

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A los lectores de Sarita Cartonera: Sarita Cartonera1, excéntrico proyecto editorial, tiene como principal objetivo difundir la literatura latinoamericana a partir de una propuesta que quiebre el modo de producción convencional. Este sello editorial busca devolverle la autenticidad al libro, haciendo del proceso de producción de cada uno de sus ejemplares una experiencia irrepetible. Los libros cartoneros son hechos con interiores de papel barato y tapas de cartón comprado a quienes lo recogen en las calles de Lima. Sus portadas integran el aspecto plástico al libro, están escritas con témpera y a mano, dándole así a cada volumen la condición de único: todos ellos son distintos entre sí aunque se trate del mismo título. El material que caracteriza a este sello editorial es el cartón. Su uso se sustenta no sólo en la reducción de los costos de publicación sino también en la posibilidad de aprovechar el diseño presente en este objeto cotidiano. La propuesta de libros de cartón trajo consigo al grupo que la ejecutaría: los recicladores de cartón, generando trabajo para jóvenes con escasas posibilidades de desarrollo. Un libro cartonero une dos tecnologías de producción: el texto literario -expresión cultural canónica, hoy informatizado- y el trabajo manual que convierte al reciclador de cartón en artesano.

Sarita Colonia simboliza la esperanza popular; por este motivo fue escogida para encabezar el nombre de este singular proyecto (o de esta singular institución, no sabemos) y el uso del cartón, de donde proviene el término Cartonera, nos ayuda a convertir la lectura en una práctica popular en el Perú.

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Sarita Cartonera busca poner en circulación la literatura latinoamericana, sin mayores prejuicios. Siendo un proyecto comunitario, construye una red en la que interactúan distintos actores sociales con un fin común: editar libros atractivos, económicos y de alto nivel literario. La historia que hay detrás de cada librito cartonero es la celebración de la solidaridad.

Sarita Cartonera

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serie CASA CHÚCARA

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Los niños de San Agustín

Un libro bien grande
donde dice todo lo de la hacienda
Edición preparada por: Kristel Best Urday

Recopilación: Kristel Best Urday María González Chumpitaz

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Los niños de San Agustín Pertenecen a una de las últimas generaciones de alumnos de Juana Barrantes, la señorita Juanita, en la Hacienda San Agustín. Muchos son bisnietos de sus primeros alumnos.

Kristel Best Urday (Lima, 1981). Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Lima, Perú. En el 2004 obtuvo la primera distinción en el concurso ¿Dónde están nuestros héroes y heroínas? organizado por SUR, Casa de Estudios sobre el socialismo, en la categoría Testimonio. Actualmente vive en La Plata, Argentina, donde sigue la maestría en Historia y Memoria de la Universidad Nacional de La Plata. La investigación colectiva sobre la historia oral de la Hacienda San Agustín dio como resultado el libro Oía mentar: la Hacienda San Agustín, todavía en preparación, y Un libro bien grande donde dice todo lo de la hacienda.

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Dedicado con alegría a los niños de la Hacienda San Agustín entre el carrizo, la acequia, salir a caminar, dibujar, cantar, contar y sonreír.

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Mañana Un día ella será como nosotros Es duro y necesario. Bajo el cielo del Perú habrá justicia, no este oscuro árbol de pena y de violencia. Un día ella será. Será y le habré dejado, no dinero, no gloria, no linaje, sino el legado de una paz sin miedo donde los dones de la patria sean suyos, de todos. Lo prometo ahora a Ximena, a los niños que en sus juegos son de mañana en el presente incierto. Sebastián Salazar Bondy Vida de Ximena

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Proemio
Los niños iban descalzos a estudiar, por las mañanas algunos se iban a pajarear a las chacras. Con una piedra en cada mano daban palmadas en medio del campo y los pájaros huían espantados, ya no se acercaban por un rato a los cultivos. Al final de la jornada recibían su propina y con ella juntaban un poquito de dinero para poder comprar sus zapatos de primera comunión. La señorita Juanita los dejaba perder clases con la condición de que las recuperasen por la noche en su casa. El señor Alberto Donaire vive en el asentamiento humano Sarita Colonia. Él es uno de sus fundadores. Cruzando la carretera que conduce a Ventanilla está San Agustín, la hacienda en donde creció. El día de su primera comunión fue el más feliz de su vida porque sus padres le compraron un terno azul a la rodilla, tal como se usaba, y unos zapatos nuevos. El señor Gerardo Bravo admirado y orgulloso recuerda que él aprendió las primeras letras con la señorita Juanita, también sus hijos, sus nietos y ahora su bisnieta. Quien sabe toda la historia de la hacienda San Agustín es la señorita Juanita, nos dijeron. La casa hacienda es grande y antigua, de muros altos y gruesos, con un gran portón, lugar misterioso, lleno de historias y objetos antiguos. Tras pasar el gran portón encontramos un jardín en forma de rombo con palmeras, más allá una baranda, un piso de madera y encima un balcón altísimo, casi derruido. Tocamos una de las puertas 13

e ingresamos a la casa de la señorita Juanita, que en otro tiempo fuera la casa de los dueños de la hacienda, la familia Prado. Una mujer delgada con el pelo cuidadosamente recogido por ganchos, vestida con falda, blusa y tacos altos nos recibió amablemente con su voz gruesa y firme. Las tardes en su casa se hicieron cálidas, la penumbra nos envolvía en una conversación inacabable, escuchando historias sucedidas hace treinta, cuarenta, cincuenta años atrás. La señorita Juanita Barrantes llegó a San Agustín en el año 1941 para enseñar en la escuela de la hacienda a los hijos de los trabajadores. El 2003 fue el último año que dio clases. Las conversaciones que mantuvimos Elizabeth Lino y yo con la señorita Juanita fueron acerca de su labor como maestra, de su entrega a los niños, de cómo los tiempos han cambiado, cómo la vida en la hacienda se transformó por la construcción del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, cómo era cuando existían los dueños, de la llegada e inserción de los japoneses a la vida de la hacienda, de la capilla, del cinema, de la comisaría, de la fiesta del patrón San Agustín, de lo amplias que eran las chacras, de lo lejos que era la ciudad, sea el Callao, sea Lima. Luego surgieron muchas inquietudes que nos hicieron reflexionar acerca del profundo compromiso que la señorita Juanita tiene con la educación, de los cambios vertiginosos que ha sufrido la hacienda en los últimos cuarenta años, de lo que puede significar emocional y económicamente para la gente la desaparición de la hacienda por la ampliación del aeropuerto (proyecto que se ha emprendido desde el año 2000), que el lugar donde 14

ha vivido y trabajado tu familia durante generaciones en verdad no le pertenece ante la ley, de las nuevas personas que han ido llegando tanto de la sierra como de la costa en busca de trabajo en el campo, de que en medio de tantas fábricas es la única área verde que nos puede preservar un poco de la contaminación, de que dichas tierras se han trabajado durante siglos y se van a echar a perder en poco tiempo y diversas cuestiones que no se pueden precisar. Entonces las preguntas derivaron en: ¿qué sentirán los niños, qué pensarán de su vida en la hacienda, de la señorita Juanita, de la casa hacienda, del trabajo de sus padres, de la escuela, de las historias antiguas que escuchan, de sus orígenes, de los aviones, sus ruidos, aterrizajes y despegues, y de la próxima mudanza, del inminente desalojo? Avión, vehículo aéreo más pesado que el aire, capaz de desplazarse en la atmósfera mediante una o varias hélices propulsoras o mediante la expulsión de gases. Tal vehículo nos propusimos construir los niños de San Agustín, María González y yo, pero con carrizo, pues es lo que más se encuentra en la chacra, para viajar por la historia de la hacienda, para poder partir. Largas caminatas emprendimos los sábados, casi siempre nos conducían a la casa abandonada en donde bailábamos, jugábamos, dibujábamos y contábamos historias, rara vez encontrábamos carrizo. Así pasaron varios meses del año 2003 en que las historias en medio de juegos se fueron grabando en cintas de audio que siempre cargaba y que los niños con muchísima curiosidad pedían que retrocediese para escuchar sus voces, gritos y risas, una y otra vez. El desenlace del avión es incierto, aun se escuchan varias versiones de cómo el avión se esfumó aún sin haber 15

sido concluido y de vez en cuando se filtra un rumor de qué pudo haber sucedido en verdad. La intención y motivación principal de emprender este trabajo, por un lado partió de descubrir que no tengo muchos recuerdos de mi niñez, casi como si no la hubiese vivido, es decir, como si no hubiese ocurrido o como si no hubiese participado en ella, pero esto fue percibido posteriormente. Por otro lado, fue la necesidad de crear, de hacer lo que los niños siempre hacen y los adultos no nos percatamos. Los niños más ligeros de prejuicios, más ávidos de conocimientos miran el mundo con ojos extrañados, pero no ajenos, se apropian de lo que ven y viven, aunque no les corresponda o entiendan en ese momento. Los niños crean una forma de ser, actuar y pensar con cada acto cotidiano, podría ser lo más cercano a lo que es ser verdaderamente consecuente. Nosotros fuimos a San Agustín con el objetivo de recopilar su historia a través de los relatos que las personas nos contarían, de sus anécdotas, costumbres, creencias, prejuicios, tristezas, luchas, temores, alegrías, olvidos y recuerdos que se adquieren y elaboran tras una larga experiencia de vida. Toda esta búsqueda hizo que nos preguntáramos acerca del lugar que ocupan los niños dentro de esta historia que se alimenta de la experiencia que dan los años. De este modo intentamos reflexionar acerca de la memoria en relación a los niños. Ésta no podría sustentarse únicamente de los recuerdos, pues todavía no tienen muchos ni están consolidados. Entonces pensamos que la memoria podría entenderse como la capacidad creativa por la cual los niños perciben las cosas del mundo, éste adquiere una lógica, un orden propio y es así como ellos forjan su identidad. Siendo este orden guiado –en parte- por la 16

experiencia de los adultos, sin embargo, es asumido desde la perspectiva de los niños, creando cada uno de ellos su identidad, con su propia interpretación de los prejuicios, sentimientos, anécdotas y símbolos del mundo de los adultos. Recorra las chacras de flores, cebollas, coles, manzanilla, cuidado se caiga en la acequia, si se empina un poquito va a poder ver despegar los aviones tras el muro o tal vez pueda subir a uno y partir hacia su destino favorito, visite la casa hacienda, si sube al segundo piso camine despacito porque está a punto de caerse, cuidado con los duendes buenos y malos que de noche salen, ya no puede tomar la línea 20 Sarita Colonia porque ya no va, pero sí un mototaxi para llegar hasta los árboles chilenos que siempre dan sombra y airecito frío, por la calle Lima está el mural de la Fania All Stars, juegue una pichanguita en la cancha de fútbol mientras no estén las ovejas pastando, si va por el establo cuidado con los perros que son bravos y con los chivos y cabras que corren duro, almuerce en el comedor para apoyar a las señoras, lea este libro bien grande con alegría pues los niños hablan, entienden, piensan, desean y sueñan en serio. Se agradece con mucho cariño al profesor Manuel Larrú Salazar, quien nos enseñó a andar, abrazar, soñar, bailar, comer, beber, cantar la literatura; a María González Chumpitaz por su valiente e irreversible compromiso con los niños de San Agustín; a Elizabeth Lino, compañera de cuentos y viajes; a Alejandro Reyes, por su lectura, aliento y fotografías; a don Pablo Obregón que nos ayudó a recoger el carrizo y a armar la estructura del avión; a Lorena por su experiencia, fotografías y por convertirse en la hermana de la hermana; a Carlos Alberto Best por navegar los mares y 17

haber caminado cada rincón del planeta, incluso la hacienda San Agustín; aAlicia Urday por su discreto interés y apoyo; a los amigos que leyeron, escucharon y escucharon: Margarita Velasco, Lucero Ugaz, Joan Manuel Muñoz, Bárbara Antezana; a Jaru que todo el tiempo escuchó más y más; a Sarita Cartonera por hacer libros tan especiales y vitales.

Kristel Best Urday. Lima, enero 2006.

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Una vez yo entré a la casa hacienda
Andrés «El Pollito»

Dice que había una señora que había sembrado ese árbol y le había dicho que cuando crezca le iba a proteger, que cuando muera se iba a vengar de todas las personas que le habían hecho daño. Y dice que ese árbol creció y que siempre lloraba porque su dueña había muerto. Y dice que la señorita Juana tiene el libro. Un libro bien grande donde dice todo lo de la hacienda.
Susan

Yo he estudiado allí con la señorita Juana y la señorita Dora, es como una escuelita y primero era un cine. Cuando tú pasas por allí gritan voces y por eso ya no quiero pasar de noche.
Cinthya

Donde la señorita Juanita me da miedo porque es grandote, por detrás de la cancha están derrumbadas las paredes para subir las escaleras. Donde la señorita Juana hay un colegio que es para los chiquitos, ahí estudié cuando tenía cuatro años. Me enseñaba las vocales, cantaba y jugaba al arroz con leche.
Jesús

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En ese cerro grandazo, yo no sé, mi mamá sabe. Atrás de la casa de mi abuelita hay bebitos enterrados. Dice que el túnel está tapado con una alfombra, parece uno de esos túneles de agua, igualito. Está tapado y encima hay una alfombra que da para el cementerio. Creo que de ahí sacan las cabezas de los muertos. La señorita prende velas en la cabeza, así dice mi tía. Ella siempre regaba las flores de la señorita Juana y le pagaba. Dice que había un hombre, un abuelito que siempre andaba con una cámara y que ese abuelito era malo porque siempre tomaba fotos a todos. Y al que se cruzaba en su camino tomaba foto, se morían las personas. No se morían pero les pasaba algo malo, así dicen.
Susan

La señorita Juana parece que es bruja porque nunca muere. En su casa hay un túnel al cementerio. También por donde nosotros vivimos es un cementerio en abajo, en mi casa sí hay un muerto abajo.
Midori

La señorita Juanita, cuando todos estábamos jugando, nos tenía cólera, dijo: «¡Cómo no quisiera que se caiga la pared y que se mueran ustedes!». Entonces, cuando nosotros corrimos, la pared se cayó toditito, toditito.
Dayana

Yo entraba con mis amigos porque la señorita Juanita sacaba una calavera grande que daba miedo. Cuando yo estudiaba me llamaba siempre, me gritaba y me decía: 22

«Ahora te voy a llevar a las calaveras».
Jesús

Una vez yo entré a la casa hacienda, estaba jugando con el Saúl y con la Xiomara. La señorita Juana me llevó donde la calavera grande. El Saúl, la Xiomara y yo nos asustamos.
Andrés «El Pollito»

Yo lo salvé al Pollo. El Pollo estaba solo, yo le dije: «¡Pollo saaaal! ¡Sal! ¡Sal de ahí, Pollo!». Le agarré la mano al Pollo para que pueda correr. La Xiomara estaba corriendo primerita y nosotros estábamos corriendo rapidito. Agarré a los dos para que no se cayeran y fuimos afuera. Habían bastantes calaveras. Después la puerta se cerró y una calavera grande salió y el Pollo le dijo a la calavera: «Ven, no me muerdas». El Pollo saltó la puerta y todas las calaveras entraron. Todas entraron y van a ver, ahí terminó.
Saúl Midori: La señorita Juana parece que es bruja. - ¿Por qué? Midori: Porque nunca muere. Estefani: Y además es mala, usa unos tacazos. Midori: A los chiquitos que entran a su casa le dice salgan de aquí son malos también. Estefani: Eso no es verdad, nos han contado.

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Cuando dormimos en la noche, salen los fantasmas, las brujas, los animales
Midori

Y salen esos qarqachas, dicen que son personas, que se vuelven animales porque cuando tú con tu hermano son novios, tienen relaciones o se quieren se vuelven qarqachas, porque Dios les castiga. Mi abuelita le había dicho a mi tía un día: «Nunca vayas allí, porque allí hay qarqachas. ¡Cuidado no vayas allí!». Había un lago, en la sierra salen qarqachas y aquí también. Dice que mi tío no tenía miedo: «Eso no existe». Después, un día, cuando había ido a pasear a sus cabras, entonces ahí habían dos animales, dos perros se estaban bañando en el lago. Un día había visto a un león en la sierra, le habían atrapado y le habían amarrado sus patas. Después, cuando ya era de día, se volvió un hombre. Las personas de allá lo habían atrapado.
Susan

Cuando subimos con la Wendy, con la Maday y con la Cinthya vimos un caballo sin cabeza. En la noche si te subes desde un lado ves una qarqacha, una cabeza de persona con cuerpo de animal y su pata de chancho, dos patas chiquititas de chancho y sin brazos ni cabeza, y eso te mata cuando tú lo miras, pero cuando él te mira te persigue por todos lados. También a las doce de la noche, cuando duermes, penan todos los muertos, los duendes 25

hacen una fiesta para que piensen que ahí hay señores, gente, y salgan a mirar. Pero no hay gente, son los duendes.
Cinthya y Lenny

A las doce de la noche, en luna llena, siempre sale un minotauro y está ahí, llorando, por su casa de la señorita Juana. Ahí, arriba de una pampita, hay un caballo que bota plata y a la luz del día se vuelve barro porque está encantado. Yo vi bastantes cosas así en barro, barro, barro.
Susan

En la cancha había un caballo sin cabeza que aparecía con un señor, pero no se le veía la cara al señor y cualquiera que lo veía, al otro día o se moría o lo ahorcaban. El caballo del señor lo colgaron en el árbol, enfrente del comedor.Antes había un pozo y de ahí salían almas y al fondo era el cementerio, le tumbaron todo porque ya estaba rajado y se podían caer todas las tumbas.
Estefani

En la hacienda hay una bruja muy mala que mata a las personas. Se convierte, tal vez, en cualquier insecto muy pequeño, que cuando estás con las piernas abiertas la bruja pasa por tu huacha y te mueres, por eso yo en la noche camino con mis piernas cerradas.
Susan

Dice que mi abuelito también le vio a la bruja que estaba volando en la noche. Mi abuelito estaba yendo, dice que su pelo, como era bien largo, se enredó en espinas. Le 26

dijo: «Si tú, si me desatas, yo te voy a dar todo, todo lo que quieras». Entonces mi abuelito le desató y la bruja le dijo: «Nos vamos a encontrar en el mismo sitio». Después, mi abuelito cuando fue, la bruja le quería envenenar y que no le envenenó. Y le dijo: «Si no me das, si no me das, si no me das... ¡Nada! ¡Yo te voy a matar!». Mi abuelito siguió, la bruja se fue, le dejaron libre y le dio bastante plata en un cofre a mi abuelito. También le vio al pishtaco cuando se estaba yendo. Dice que ese pishtaco le mata a las personas y de su grasa hacen cremas para la piel.Aveces las personas llevan dinero y cuando las matan juntan bastante dinero y ropa y cuando está vieja la plata la muelen con limón y eso es el oro.
Susan

Midori: Un señor de negro con su gorra y cola, era larga, dice que el diablo tenía cachos. El diablo no es feo, dicen. - ¿El diablo es feo? Susan, Estefani y Midori: ¡El diablo es bonito! Es gringo. Es blancón. Hay un montón de señoras que se visten todas de rojo ¿no? y también dicen que son... Midori: Su mamá de la Susan contó, dice que su abuelito entró allí y dice que era bonito ese diablo, le cantaba, le cantaba canciones muy bonitas.

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Sí, yo sí, su casita he visto y ahí duendes chiquititos
Midori

¡Mi papá vio, mi papá vio! Como mi papá antes trabajaba había encontrado su zapato del duende. Dice que era de madera y era puntiagudo y su punta era para arriba y estaba bien lustrado.
Susan

El otro día en un camión un señor estaba durmiendo. Un chiquito estaba llorando, llorando, llorando y después: «¿chiquito, qué haces acá?» dijo el señor, y era un duende.
Calín

Por mi casa hay una acequia y por el baño los duendes siempre se aparecen, entonces a las personas les asustan y les hacen creer que los estuviesen matando. Dicen que los duendes sacan un cuchillo y los señores se asustan y no pueden hacer nada. Y en verdad no hacen nada, solamente les asustan.
Susan

Unas señoras me dijeron que habían duendes por unas casas. La lluvia, llovía y llovía, estaba saliendo bastante agua y después el duende desarmó una casa. El duende vino a su casa de mi tío Ángel. Se salió el duende, después se escondió y quería matarlo a mi tío Ángel. El duende lo 29

mató. Después le llevaron al hospital, al Ángel, y ya se sanó. Ahora está vivo y la casa la armaron los papás y las mamás de ellos. La mamá le ayudó a los papás a armar la casa.
Chelcy

A unas chicas que siempre salían a la calle un duende se les apareció y les tiraba piedras porque salían todas las noches a las fiestas. Eran duendes buenos porque no querían que esas chicas hagan eso, porque se quedaban hasta muy tarde.
Susan

A mi primita casi se la llevan los duendes al fondo donde hay un platanal. No estaba durmiendo, estaba llorando en la noche y yo durmiendo. Los duendes ahí estaban y cuando estaba llorando yo me desperté, fui adentro, no había, estaba llorando y ahí se durmió.
Midori

En mi casa, por el Callao, yo tengo una higuera y ahí salen duendes porque en los higos, adentro, están los duendes. Te llevan a las pistas.
Mildred

En la casa abandonada, dice que el que no se bautiza sale duende. Yo ya me bauticé.
Diana

Cuando mis hermanas se habían ido y yo me quedé sola, estaba limpiando y ahí estaban dos duendes. Se 30

estaban pasando a la tienda de mi mamá. Riéndose se fueron.
Estefani Bonilla

El vecino de mi abuelita vio un duende que se bajó su pantalón y se limpió su potito, estaba orinando en un huequito, de ahí un hueco se abrió y se metió debajo de una piedra. Después ya no estaba debajo de la piedra cuando la abrió.
Susan

- ¿Y los duendes son malos o buenos? Midori: Algunos son buenos y algunos son malos. Susan: Las personas dicen que los duendes malos tienen verrugas y son viejos y arrugados. Midori: Y ¿cómo Papá Pitufo es bueno? Estefani: ¡Ése no es duende! Susan: Son diablitos, que tienen lo que a veces tú, de repente eres fuerte y ahí está también el Fortachón.

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María Marimacha
Lenny

A mí me cuenta mi mamá La Caperucita Roja, Los Tres Chanchitos, Pulgarcito y María Marimacha. Su mamá de María Marimacha le mandaba: «Anda cómprame lechuga, corazón y mondongo». Fue a comprar y todas las cosas -el mondongo, la lechuga- las sacó del muerto. Luego su mamá le dijo: «María Marimacha ven a comer». Y le dijo: «No mamá, yo no quiero comer porque esta comida huele a muerto». Y su mamá le dijo: «¡Ah! Entonces no vas a la fiesta, ni vas conmigo al cine, ni al circo. ¡Vas a ver!». Y se quedó encerrada. Después vinieron los muertos hasta el sexto piso:
«María Marimacha, voy por el primer piso, voy por el segundo piso María Marimacha, voy por el tercer piso María Marimacha, voy por el cuarto piso María Marimacha, voy por el quinto piso María Marimacha, voy por el sexto...».

Y sopló y lloró, después su abuelita y su abuelito han venido y le jalaron. Huellas, huellas, huellas quedaron.
Lenny

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Si comes lechuzas te maldicen
Davis y Julio

Hay unas africanitas que son bonitas, son chiquititas, de colores. Se comen en tallarín, en estofado, con sopa, pero algunas tienen bicho, yo me las preparo, sopa de pichones también. Nos vamos por el establo donde están las vacas, hay toro, paloma, caballo. Allá mato, algunas están allí sentaditas, hay algunas palomas, no les gustan que cacen sus palomas. Por el establo, por arriba, hay leche. A veces nos quitan la honda porque piensan que vamos a cazar sus palomas. De chiquito, nosotros íbamos cuando veíamos una palomita, nada, no le dábamos, no le dábamos, ahora ya. Nosotros somos amigos, cazamos y las vendemos a las señoras que quieren, se lo fríen. Yo me cacé una vez un canarito, mi canario ha puesto cría. Algunos son cuculí y los reconocemos porque su canto dice cu cu cu cu. De años son estos árboles, acá duermen los cuculíes, también hay loros. A las cinco cazamos, nos vamos por Ciudad, al río. Por el aeropuerto vemos los aviones, hay búhos, también lechuzas. Si comes lechuzas te maldicen. Si te agarran, si te sacan un pelo, dicen que te puedes enfermar, que te puede causar la muerte. Así dice un señor porque él ya estaba todo mal, flaquito. Nos dijo: «¡Cuando vean las lechuzas mátenlas!». Nosotros hemos matado lechuzas. Una vez se me vino una, pero no me cayó, se fue corriendo de costado. Por eso siempre cuando andamos, andamos con gorras.
Davis y Julio

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De la papa y del haba y del alverja
Susan

Había un pueblo que siempre tenía trigo y bastantes cosechas, pero ellos decían que ya se habían cansado de esas cosechas. Como ya se habían cansado dejaron de comer, entonces, se iban a la ciudad y todas sus cosechas se estaban pudriendo. Habían tres niños que se estaban yendo de ese pueblo y estaban vestidos de blanco: ésa era la papa, el trigo y la alverja. Dice que se estaban yendo y que unos policías los vieron y los encarcelaron en un calabozo y no les dieron de comer.Al día siguiente, encontraron una papa, una alverja y un trigo y después de ese día en ese pueblo no hubo más cosecha.
Susan

Mi mamá me contó de una señora que se había muerto y tenía una hijita. Cuando estaba muerta se apareció como un ángel y le dijo que no le cuente a nadie porque si le decía a alguien se iba. La niña vivía con su papá nomás y sus hermanos. Ella andaba toda piojosa y no podía cocinar porque era muy chiquita, entonces cuando su papá volvía le gritaba. Un día apareció su mamá y le buscó su piojo, la limpió toda, hizo la comida y le dijo que no le diga a nadie que ella había venido. Cuando volvió su papá la niñita no le dijo nada. Siempre iba su mamá y su papá le decía: «¿Cómo has hecho la comida?». Su mamá le dijo: «No sé, no sé, así dile». «¿Cómo lo has hecho? ¿Quién ha venido?». «Mi mamá ha venido», le dijo la niña. Y después su mamá 37

nunca vino porque dijo que Dios ya no le daba permiso para irse a la tierra.
Estefani

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Opa
Estefani y Susan

Había un señor tan tonto que le decían opa, su papá le decía opa, su esposa le decía opa. La señora le dijo: «Esta semana va a ser Semana Santa, le vas a dar el chancho más gordo al Señor, a los santos y que cuides la puerta». Entonces había venido un señor Santos y le dio el chancho más gordo y su esposa le había dicho que le dé a los santos, no al señor. Cuando volvió la señora le dijo: «¡Ya que importa! Entonces cuida la puerta porque voy a salir un rato». Y se decía: «Mi esposa no viene, no viene, no viene» y entonces sacó la puerta y fue a buscarla. Cuando se encontraron se echaron a dormir y el señor se orinaba, estaba diciendo: «me orino, me orino». Y había un pishtaco que se le había amarrado su pie en su caballo. El señor «¡ahh!», gritó porque se orinaba y el caballo se asustó y le orinó al caballo y el caballo arrastró al pishtaco. Entonces se agarraron toda su plata del pishtaco, él tiene mucho dinero porque es matagente.
Estefani y Susan

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El arco iris es de puro gas
Susan

Yo he ido con mi mamá a la sierra, allá sale granizo y también sale arco iris de color blanco y negro en la noche. Mi mamá dice que cuando las señoras están embarazadas y le miran al arco iris, y piensan cómo va a nacer su bebito y si va a ser bonito, gringo, con ojos azules. Pero cuando están vestidas de color rojo el arco iris le mata porque camina y camina hasta que se le pone por todo su cuerpo y la señora se muere porque el arco iris es de puro gas y puedes morirte con gases en tu cuerpo.
Susan

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Yo con Edison nos metimos al agua de la acequia y estaba hondo el agua de la acequia
Saúl

Dicen que en la acequia hay chapa y dicen que en la acequia hay plata.
Jesús

Antes la acequia era limpiecita, todos se bañaban, pero ahora está cochinota.
Dayana

Cuando mi primo Felipe se cayó en la acequia se pasó por el puente de Jano, por el de Ana y salió por el otro lado. Yo también me he caído en la acequia.
Lenny

Cuando era chiquita estaba cruzando y estaba cargando mi ternerita para ir a la toma y la ternera estaba viendo, y como su hijo era chiquitito me empujó y me caí. Bastante agua, entonces mi hermano tuvo que tirarse para sacarme. Me había asustado porque tomé bastante agua, dice que cuando tomas bastante agua te quita el canto. Me pasaron el huevo y en el vaso ves si está sucia el agua que has tomado y me calmé. Mi tía también se ha caído.

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Antes venía bastante juguete por la acequia: muñeca, vasitos, jarritos y una muñequita de barro que le faltaba sus bracitos y nosotros los chapábamos. Yasmín tiene bastante, un costal tiene de juguetes de la acequia. ¡Papá Noel la acequia!
Yoselin

Cuando estábamos chiquitos nos bañábamos. Antes venía agua limpia, venía todo limpio el mar, sin cochinada, sin basura.Antes nos bañábamos pero ahora ya no, también me he bañado en el río, nos hemos bañado.
Julio

- ¿Pollito, tú te has caído? Andrés: Sí, una vez yo me caí a la acequia. - ¿Cómo te caíste, Pollito? Andrés: Así. Dayana: Y voló con sus alas. Mildred: Por eso es que no se manchó de agua.

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Yo trabajo todos los días en la chacra
Mildred

A veces cuando le dicen a mi mamá para trabajar en la chacra ahí voy. Ahora mi mamá está trabajando en casas. Mi papá también está trabajando, es pintor, pinta las casas. Somos cinco hermanos, los demás son mayores. El menor trabaja en la chacra cortando flores, las junta todas, las amarra y las lleva para vender. Yo le llevaba el almuerzo a mi hermano.
Jesús

Mi mamá me lleva a la chacra, pero yo me regreso. Saca cebolla, a veces corta apio, le pagan cinco si no diez soles. Mi abuelita saca y corta cebolla y le pagan un sol cincuenta dos sacos.
Midori

Mi mamá de chiquita ha trabajado en la chacra porque mi abuelita se iba a traer leche y ella trabajaba con sus hermanos. Mi mamá nació en Puno y mi abuelita en Iquitos.
Cristina

Mi mamá trabajó en la chacra cuando era chiquita. Yo recién tenía tres años cuando me llevaba a la chacra, hacían unas casitas con trapos y allí yo dormía. Mi papá es 45

ingeniero, pero como no tiene trabajo es chofer de carro, de la 21. Cuando mi mamá trabajaba en la chacra, mi papá trabajaba en la 19, pero después se cambió a la 21.
Susan

Melchor es un abuelito que vivió mucho tiempo acá, él trabaja en la chacra. Es abuelito como un bebito, igual que mi abuelita. Mi abuelita también trabaja en la chacra, pero no es tan abuelita, ella desbotona las flores.
Estefani

Mi papá trabaja de chofer en las combis que pasan por la avenida Argentina.
Helen

Mi papá trabaja por Gambetta, ahí siembran apios, col, tomate, todo lo que haya. Todos los días se va en la tarde o en la noche y llega tempranito.
Alexandra

Yo me llamo Julio Luis Avendaño, tengo doce años. Mi papá maneja taxi, mi mamá hace la limpieza en la casa y yo en la calle como siempre. Yo riego las chacras de sábado a domingo, de lunes a viernes no, de las doce hasta la una.
Julio

Yo trabajo todos los días en la chacra. Cargo apio, culantro, rabanito y beterraga. Me voy a las cuatro de la mañana hasta las dos o tres de la tarde. Hoy día no he ido, 46

he estado limpiando mi casa. Mi papá tiene su camión, lo lleva a la curva y todo lo que saca lo vende: poros, apio, pero el dueño de la chacra le cobra también para sacar. Hay veces que no quieren dar tampoco y los sábados mi hermano en la noche va a cobrar.
Mildred

- ¿Qué hace tu papá en las flores? Dayana: Mi papá trabaja. Edison: No, no, mi papá cuida lo que roban. - ¿Quiénes roban? Edison: Los rateros, ¿quién más? - ¿Y qué roban? Edison: Flores, y mi papá trae cuy.

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Mi mamá me enseña a hablar a los aviones
Chelcy

Le ayudo a mi mamá a sacar perejil y después a cocinar y mi mamá me da propina. Mi mamá me manda a botar todos los días, a regar y a regar y después yo boto las basuras cuando barre mi mamá. Mi mamá saca poro, a veces yo la ayudo y después le mandan a sacar más. Luego le mandan a lavar ropa, todos los días, de la señora Mari. Mi primo elAntoni se cayó un día en la acequia cuando había bastante agua, había bastante botella. Estaba con mi hermanita la Diaré, empujó a la Diaré y después el Antoni se cayó a la acequia y se pasó por el otro puente. Los que viven donde mi tía Gloria, su hermana de ella, lo sacó a mi primo el Antoni. Se asustó, solamente se vomitó y después tomó agua fría. Yo nunca me meto a la acequia porque sino me caigo y me ahogo, cuando viene agua, la agua me lleva. Sale bastante agua por la calle Lima, un montón, botan hasta basura las señoras. Denantes limpiaron la acequia para que quede bien limpiecita y después de nuevo la han ensuciado. Mis animales: gato, pollo, pato, pollitos, cuyes, gallitos, después se pierden. Cuando están en los caminos les machuca el carro, por eso debo cuidarlo bien a mi perro. Tengo dos perros: una Canela y una Chiripa, la negra, y eso no más tengo de animales.

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He vivido en Sarita, yo vivo desde abril. El avión, mi mamá le canta, le sabe cantar y después veo mucho a los aviones, después mi mamá me enseña a hablar a los aviones: «chau - le digo - chau».
- ¿De noche no han escuchado cosas? Porque este es un lugar antiguo. Mildred: Ya lo van a botar, ya. - ¿Por qué lo van a botar? Mildred: Sí, porque quieren hacer más aeropuerto.

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Los Narradores (en orden de aparición) Andrés «El Pollito» Susan Fabiola Bonilla Gavilán Sandy Midori Román López Jesús Sandoval Cinthya Dayana Sáenz Parra Saúl Lenny Estefani Bravo Chelcy Vargas Rivera Calín Diana Mildred Estefani Bonilla Gavilán Davis Julio Avendaño Yoselyn Obregón Jerí Alexandra Helen Cristina

Y los acompañaron: Wendy, Luis David y Yersi Quispe Jayta, Daryl, Edison y Nilson Sáenz Parra, Fabrizio, Milagritos, Xiomara, Felipe, Menardo, Carlos, Joan, Diaré Vargas Rivera, Miguel Ángel, Hillary, Yosel, Jotachi, Maday, Roberto, entre otros.

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Índice

Págs.

Proemio ................................................................................. 13 Una vez yo entré a la casa hacienda ................................... 21 Cuando dormimos en la noche, salen los fantasmas ......... 25 Sí, yo sí, su casita he visto ................................................... 29 María Marimacha ................................................................. 33 Si comes lechuzas te maldicen ........................................... 35 De la papa y del haba y del alverja ..................................... 37 Opa ........................................................................................ 39 El arco iris es de puro gas ................................................... 41 Yo con Edison nos metimos al agua de la acequia ............. 43 Yo trabajo todos los días en la chacra ................................. 45 Mi mamá me enseña a hablar a los aviones ...................... 49 Los Narradores ..................................................................... 52

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NOTA:
Mientras preparábamos la edición de este libro nos llegó una feliz noticia: en La Paz ha nacido Yerbamala Cartonera (yerbamalacartonera@bolivia.com). Así va creciendo la red de editoriales cartoneras. Maravilloso, ¿no? Y ya que estamos haciendo una nota, pues prepárense para los próximos libros, Fantasmandino de Zenón Aira, y El caso Marama de Alan Pauls. Ah, y queremos harto a Punche.

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Para tolerar los fastidios en el micro o la combi, para no desesperar en la cola, para espantar cualquier tipo de fantasma o para cuando tengas simplemente ganas de leer. Un libro cartonero, tu mejor cómplice.

ALGUNOS TÍTULOS PUBLICADOS Mi poncho es un kimono flamenco, Fernando Iwasaki Nerópolis, Montserrat Álvarez Manifiesto (hablo por mi diferencia), Pedro Lemebel Underwood portátil modelo 1915, Mario Bellatin El arte nazi, Santiago Roncagliolo Fuga última, Aldo Miyashiro Final aún, Edgar Saavedra El príncipe, Miguel Ildefonso El mago, Carlos Yushimito Vacas negras en la noche, Romy Sordómez COEDICIONES ELOÍSA CARTONERA El ángel izquierdo de la poesía, Haroldo de Campos Mil gotas, César Aira El pianista, Ricardo Piglia Evita vive, Néstor Perlongher
Puede conseguir un ejemplar de Sarita Cartonera en cualquier buena librería de Lima, en Dédalo, en los libreros de Quilca, en Fotocopiadoras Mary (Ciudad Universitaria UNMSM), en el kiosko de Daniel (Al costado de la PUC), en Trujillo en la librería Adriática, en Arequipa en cualquier librería que se respete o pidiéndolos a quierounlibrito@saritacartonera.com

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