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LITERATURA, PASION SAGRADA HOMENAJ: AL PROFESOR ANTONIO GARCIA BERRIO Felipe Gonzalez Alcdzar, Fernando Angel Moreno Serrano, Juan Felipe Villar Dégano (eds.) DEPARTAMENTO DE LENGUA ESPANOLA, ‘TEORIA DE LA LITERATURA Y LITERATURA COMPARADA FACULTAD DE FILOLOGIA UCM UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID [ors] 2013 METAMORFOSIS DE LA AUTOBIOGRAFIA (A PROPOSITO DE J. M. COETZEE) Avron10 Garino Domixevez Universidad Complutense de Madrid 1. La autobiografia cs sin duda una de las formas més proveicas del canon de los _géneros y no solo en los tiempos modernos. Ya en el mundo antiguo se habla de uno mismo desde la primera persona —Las confésiones de San Agustin— o la tercera Yinicamente —Guerra de las Galias, de Julio César—o combinando ambas (Andbasis, de Jenofonte). Modernamente, las formas autobiogréficas se han multiplicado gra- cias a la progresiva incorporaciGn de géneros de la vida préctica-—cartas, memorias, diarios, etc-— y ampliando el clenco de enunciadores: la segunda persona ha surgi- do con fuerza —-La modificacién, de Michel Butor— combinada con la tercera (Se- ‘as de identidad, de J. Goytisolo) o con las dos (La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes). Esta tiltima obra resulta un tanto més llamativa por cuanto es una tinica conciencia central la que recurre a la primera, segunda o tercera persona, segiin los cometidos que se asigna en cada momento el sujeto de la enunciacién: dar forma al flujo de conciencia por medio del monélogo interior, activar la deliberacién interior para la valoracién de lo dicho o hecho o, finalmente, aludir al pasado a través de un narrador (aparentemente) objetivo. Las razones de tal diversidad son realmente variadas: psicolégicas (multiples transformaciones del yo a lo largo de la existencia, segiin las conocidas tesis laca- nianas), epistemologicas-(cardcter dialégico-de-la-conciencia) y, de manera especial, la crisis del sujeto en la filosofia moderna y contemporiinea, que terminard cristal zando en la comentada afirmacién bartheana de la muerte del autor (1984: 65-71), édiuim bs Oy lapostura deM. Foucault en torno.a.su definicion (1969) y-en-la-concepcién-del-pri- mero.por-paste de_J..Lacan-como-una realidad privada-de identidad y reflexividad (1961:273,278,298), ademas de los planteamnientos de Borges {todos somos producto del suefio de otros). Todos estos factores —a los que podria afadirse alguno més— han contribuido sin duda a la desestabilizacion y amortiguamiento de la figura del sujeto —«un sujeto-débiln, segdn-Vateitrne(1989)— en el marco del pensamiento y 383 nek, jelerms de 384 LITERATURA, PASION SAGRADA Ja literatura posmodernos. El primer afectado fue el autor: su muerte se proclama ahora abiertamente y, segiin Paul de Man (1991: 113-118), si sc admite su existencia G—respecto, especificamente, de la autobiografia->} se justifica Gnicamente como un recurso ret6rico, la prosopopeya, que dota de voz a lo ausente, al silencio, en un intento vano de restaurar lo que el lenguaje cs incapaz. de hacer. Basten como s{nto- mas de la nueva situacién las palabras de R, Barthes (1971: 61): «Generalmente nos inclinamos, a lo menos hoy, a creer que el escritor puede reivindicar el sentido de su obra y definir ese sentido como legal; de allf una intcrrogacién irrazonable dirigida por cl critico al escritor muerto, a su vida, a'los rastros de sus intenciones para que mismo nos asegure de lo que significa su oby quiere hacer hablar al muerto © a sus sustitutos, a su época, al género, al léxico, en suma, a todo lo contempondnen del autor, propietario por metonimia del derecho del escritor proyectado sobre su creacion.» De acuerdo con Ana M' Guasch (2000:529-556;prineipalmente), de las cenizas de este sujeto postestructuralista —que es fandamentalmente un sujeto semiéti- co—surgen dos nuevas modalidades: ‘el sujeto abyecto’ y ‘el sujeto antiedipico’. El primero entronca, de un lado, con las teorias de Lacan (1961), Deleuze y Guattari (1985) y, de otro, con Bataille (1957): un sujeto que trata de provocar repugnancia, rechazo, para influir en la subjetividad del espectador o lector. En cambio, el sujeto anticdipico conecta con el espiritn iconoclasta de las vanguardias, se alza contra el patriarcado y ataca el canon establecido, predicando la insumisién y reivindicando, desde el lenguaje y la ideologia, una vision feminista de la realidad. «El sujeto pos- moderno—sefiala Pilar Lozano (2007: 167}— sea cual sea su modalidad, imprime a Jos protagonistas de las novelas un afin de reconstrucci6n no sélo de su propia iden- tidad y psicologia sino también de su relacién —o mas bien, de su incapacidad de relacién— con los demas, Veremos mis adelante cémo inflaye en tos contenidos de las novelas: percepcién esquizofrénica de la realidad, incomunicacion, fragmenta~ cion de los sentimientos, pérdida del sentido del mundo, paranoia espacio-temporal, ausencia de relaci6n entre el cuerpo y la mente.» Nada de lo dicho anteriormente deberia ocasionar grandes quebraderos epistemol6gicos 0 metafisicos puesto que ya Nietzsche (2002: 60, 80, 86...) babla del sujeto como una entidad ficcional mientras ‘Vattimo (1989) sefiala muy oportunamente que el pensamiento posmoderno trata de situarse mas alld del sujeto, el superhombre, que ya no es exactamente un sujeto ni uma causa sino un efecto, y M. Foucault (1985: 375) alude al sujeto como una invencién reciente. Todas las razones resefiadas —2.las que-podsian-afiadirse otras certeram@hte sefialadas por A..Garéia Berrio.(1994; 316-367)— apuntan a un estado de opinién que permite justificar la depreciacién y desestabilizacién de la categoria 384 vacusere, tet Lecbeweh Chvbwisltl) y Daler e6 Coden C Seut) HOMENAJE AL PROFESOR ANTONIOGARCIABERRIO 385 de sujeto en el marco del pensamniento y la literatura posmodernos y, de paso, les ‘nuevas formas y debates en torno a la autobiografia. 2. En efecto, {a definicién del estatuto de la narracién en primera persona plantea no pocas dificultades al estudioso por razones de muy diversa indole como son la notable variedad de: sus manifestaciones en el dmbito de la literatura y, de mane- ra especial, las bases sobre las que pretende asentar su credibilidad. Un tipo muy cultivado, la autobiografia no literaria, asume como postulado bisico su referencia directa a la realidad efectiva; otro muy distinto es el enraizado en la fiecién y, fi- nalmente, ¢s preciso mencionar el que se nutre de la mezcla de ambos. El primero Plantea, en principio, pocas dificultades puesto que identidad entre autor, narra- (Peeks eto TN, dor y personaje sirve, scgrin Ph. Lejeune (1975, 1980, 1993, entre otros), de aval ala ef sath ne veracidad de los datos consignados y su contraste con la realidad efectiva, aunque 1no escascan los casos extremos como la autobiografia por persona interpuesta: tal es el caso de Gertrade Stein —que pone el relato de su vida en boca de su secretatia, Alice Toklas— o J. M. Coetzee quien, como se vers més adelante, se parapeta tras‘ latercera persona ola figura del bidgrafo para referir partes importantes de su vida. Con todo, las dificultades siguen presentes ¢ incluso aumentan por el hecho de que Ia literatura se ha ido apropiando a lo largo de su azarosa historia de géneros con una dilatada trayec:oria en el émbito de la lengua prictica —confesiones, memo- a ras, diarios, etc.— io que viene a complicar més un asunto nada fécil de por sf, (fares oe" 2 Asi, pues, las tesis sobre la mucrte del autor, la crecicnte impottancia de un tipo de autobiografia que mezcla deliberadamente elementos reales y ficticios y el pos- tulado que defiende la naturale csencialmente ficcional del lenguaje son factoves que justifican sobradamente que se hable del género autobiografico como una reatl. dad completa o parcialmenteRictcia. De abi que autores como S, Doubrovsky (IE f 1993: 107-217), en primer lugar, y, tras él, J. Lecarme (1993), Gasparini (2004), Lejeune (1993), V. Colonna (1990)—o Manuel Alberca (2007)—~ recurran al térrnie, no auttoficcién, acuiiado por cl primero de los autores franceses mencionados, para aludir a un tipo de narracién autobiografica de marcado cardcter fragmentario, en a que el autor sc hace presente en el universo narrative con su nombre propio. Manuel Alberca califica de ambiguo el pacto que instauran algunas versiones modernas de ba autobiografia como las de Aira, Aztia, Bolafio, Donoso, Cabrera Infante, Cortézar, C. Fuentes. J. Llamazares, Torrente Ballester, Umbral, ete. Lo que esti en discusién ssi, aun asumiendo que la avtobiografia consiste en la reconstruccién de una vida la bisqueda del hile secreto que cohesiona ¢ imprime sentido al material biografico, puede todavia hablarse realmente de la presencia de una identidad, Se muestran a 385 386 LITERATURA, PASION SAGRADA favor G. Gusdorf (1991: 9-18; 1991), PJ. Bakin (1991: 79-93), J. Olney (1991: 33-47) Ys Por supucsto Ph. Lejeune (1991: 47-61), mientras J. Lacan (1961: 273,278, 298), J. Derrida (1967, 1972), De Man (1991: 113-118), R. Barthes (1971: 38; 1984: 61-66), y P. Bourdien (1994: 87-93) defienden ta tesis contraria: lo tinico que puede postularse detras de la autobiografia es una ‘ilusién biogréfica’, silencio, vacio, sustitucion y ficcionalidad, en suma. El yo autobiogrdfico —afirma Lacan (1972: 311}— apunta al sujeto de la enunciacién ‘pero no lo significa’ y, para Gusdorf, el objetivo tiltimo de la autobiografia se cifra en la ‘salvacién personal’ a través de una sutil operacion hermenéutica, No resulta nada banal al respocto la vinculaci6n establecida por Baj- ‘in (1989: 283-292) entre el género de la autobiografia de naturaleza socio-politica y el encomio en el mundo clisico. En este momento la solucién que goza de un mayor predicamento es sin duda la que aborda la definicién del género desde una perspectiva pragmitica, encuadrén- dolo por tanto en un contexto comunicativo, histérico y social, y contando con el soporte del pacto autobiogréfico —en el sentido en que lo concibe Ph. Lejeune—el cual se postula como un contrato de escritura y de lectura. De acuerdo con el autor francés, el pacto ¢s doble: de identidad —remite al compromiso del sujeto consigo mismo, en virtud del cual (y como atestigua la firma) se establece que quien ¢jerce la actividad de la escritura en la vida real es quien se expresa y actia en la nacracién— y de sinceridad, esto es, el relativo a la autoexigencia del sujeto de ser veraz. Adernés recalcar el cardcter institucional y regulado de la categoria del género, la pragmética insiste en que no existe un dinico pacto sino que es competencia del lector decidir cual asume en un determinado contexto. Es fa opcién preferida por E. Bruss (1991: 62-79), D, Villanueva (1991: 95-114), J. M. Pozuelo Yvancos (1993: 179-225) y F. Cabo Aseguinolaza (1993: cap. 2). Segiin Pozuela Yvancos (ibid., 200-211), no es posible conciliar los planteamientos de Lejeune y de la Deconstruccién por cuanto cl hecho de que se reconozca el caricter ficcional de la autobiografia no excluye al mismo tiempo que, por su condicién de género fronterizo, pueda asignarse un valor de verdad a los hechos consignados en su interior. Merece resefiarse en este sentido Ja doctrina de Bajtin (1989: 184), segdin la cual la autobiografia se ve afectada por un doble cronotopo: uno, externo, de naturaleza socio-politica, y otro, interno, que remite a Jos hechos representados en el texto. Ast se define el contexto natural de Ja autobiografia, un contexto en ol que se deciden tanto los pactos de ficcin como Jos contratos de lectura estipulados por el autor y aceptados por el lector. Pozuelo Yvancos (1993: 211) alude al libro como la nueva plaza pttblica a través de la cual se difunde la imagen de ese yo inventado y presentado ante los demas como auténtico {gracias al pacto autobiografico que instaura 386 HOMENAJE AL PROFESOR ANTONIOGARCIABERRIO 387 May otra es Ia situacién de la autobiografia literaria en la cual se presenta como real lo que es fruto de invencidn, caso més comtin, 0 se produce la mezcla de ele- ‘mentos imaginarios con otros tomados del contexto hist6rico-biogrifico: caso de El hijo de Greta Garbo, de F. Umbral, 0 Memorias de Adriano, de M. Yourcenar. Todo esto pone de manifiesto la complejidad intrfnseca de! género autobiogrifico, ade- ms de facilitar la aparicién de nuevas modalidades. Entre ellas cabe mencionar lo que en el Ambito francés se denomina, desde que $. Doubrovsky acuié el término en 1977, autoficcién; a esta denominacién se acoge, como se vio, M. Alberca en su citado estudio, mientras J. M. Pozuelo (2010: 22-35) prefiere una designacién mas matizada, aunque emparentada con Ja autoficeién: figuracién. En realidad, la defi- nicion que ofrece Doubrovsky del nucve tipo se lleva a cabo dos afios después de la publicacion de Roland Barthes par Roland Barthes, es decir, contaba con un terreno relativamente abonado. El autor presenta una definicién de autofiecén caracteriza- da por dos rasgos fundamentales: el fragmentarismo y la alusién al narrador-per- sonaje como un ‘sujeto troceado que no coincide consigo mismo’. Lecarme (1993: 227) insiste, en cambio, en el hecho de la identidad entre autor-narrador-personaje, que se sella con la coincidencia de nombres entre los tres, y, simulténeamente, su naturaleza ficcional, Es un aspecto también resefiado por V, Colonna (1990; 30), quicn subraya la dimensién ficcional de la autoficcién, dado que el auror se atribuye, sin renunciar a su identidad real, una personatidad ficticia. Manuel Alberca (2007: 23-80, 91-163) alude, por su parte, al cardcter contradictorio del contexto en que se origina y despliega la autoficcién: por una parte, la crisis del sujeto, y, de otra, el muy notable auge del género autobiografico en el seno de la narrativa contemporénea, La autoficcién implica, segdn él (2007: 29), una operacion de donacién del autor ala ‘par que una simulacién de identidades: «-¢5 el resultado también de un experimento de reproducci6n literaria asistida, que consisti6 en tomar genes de los dos grandes géncros narratives, novela y au- tobiografia, mezclarlos en la probeta o matriz. de la casilla vacia del pacto autobio. grafico elaborado por Philippe Lejeune. La mezcla incluye datos de la biografia del autor con otras de naturaleza esen- ialmente ficticia; de ahf, surge esa modalidad autobiogréfica a medio camino entre lo real y lo inventado, que es la caracteristica mas destacada de los textos autoficcio- nalcs. En la nueva modalidad convergen, por tanto, el pacto de novelesco, respon- sable del despliegue imaginario, y el verismo definitorio del pacto autobiogrifico, aunque en su interior se diluyan los limites entre Jo real y lo inventado y, lo que es 387 388 LITERATURA, PASION SAGRADA mds importante, el autor disfrute de la capacidad de atribuirse diferentes voces y personalidades y vivir varias vidas. En todas esta operaciones el autor se hace eco de algunos de los valores mAs sobresalientes de la Posmodernidad como el relativismo respecto de la nocién de verdad, la entreveracién de realidad y ficcién, ta autoinven- cién y el hedonismo. Por tanto, a la luz. del pacto ambiguo que la sustenta, cabe interpretar la autofic- ci6n, bien como una novela —destacando de este modo su aspecto ficcional— bien como autobiografia, marcando, por consiguiente, su dimensi6n verista. En ambos casos se produce en el receptor un efecto desestabilizador que lo lleva a vacilar so- bre qué estatuto asignar a lo que tiene ante sus ojos: se presenta en el marco de un contexto ficcional, pero la identificacién de los nombres del auror, det narrador y del personaje protagonista inducen a pensar que sc trata de un relato anclado en la ‘experiencia de quien Jo cuenta. Pero, como recnerda oportunamente Alberca (2007: 130-131), entre ambas soluciones, la novelesca y la avtobiogréfica —que se sitdan en los extremos del espectro— existen otras de carfcter intermedio: La autoficcién establece un estatuto narrative nuevo cuya hibridez puede que no dé resultados siempre interesantes 0 significativos, pero se caracteriza por proponer algo diferente a la novela autobiografica. En la medida en que no disfraza la relaci6n con el autor, como lo hace la novela autobiogréfica, la autoficcién se separa de ésta, y en In medida que reclama o integra la ficcién on su relato se aparta radicalmente de la propuesta del pacto autobiogrifico. No basta con veconocer o atestiguar clementes autobiogréficos en ol rclato para considerarlo una autoficci6n y para identificar los personajes novelescos con su autor, sino una calculada estrategia para auto-representarse de manera ambigua El paso de la novela autobiogréfica a la autoficcién sefiala el trénsito del dis- fraz ficticio al nombre propio verdadero, sin que disminuya por ello la ambi- gledad a la que nos tenia acostumbrados la primera, al contrario, se torna més sutil e inquietante en la segunda, Con todo, la difusién de la modalidad de la autoficcién responde también a otros condicionantes como, en especial, el escepticismo en lo concerniente a la capacidad de la autobiografia para reflejar realmente la vida de una persona. Su localizacion en el quicio entre la autobiografia y el relato novelesco, lo Factico y lo ficcional, jus- tifica sobradamente la naturaleza ambigua tanto del pacto en que se sustenta como det contrato de lectura, Este dualismo justificaria en titima instancia la impresion 388 HOMENAJE AL PROFESOR ANTONIO GARCIA BERRIO 389 det lector de encontrarse, en el caso de la autobiografia, ante una novela o,en el caso contrario, ante una autobiografia auténtica. Javier Marfas y Enrique Vila-Matas ofrecen excelentes ejemplos de lo que se viene diciendo en Todas las almas y El mal de Montano, respectivamente. De los datos aqui ofrecidos y de un repaso por los origenes y evolucién del género Manuel Alberca formula una definicién basica:«... sana autoficcién —afirma (2007: 158)—es una novela o relato que se presenta como ficticio, cayo narrador y protagonista tienen el mismo nombre que el autor.» Sin embargo, J.M. Pozuelo (2010: 16-35) se manifiesta decididamente en con- a de considerar autoficciones las obras antes citadas de J. Marias y E, Vila-Matas; para él, ¢s mucho més acertado hablar de figuraciones, Es un térmnino tomado de V. Colonna quien, al aludir a las variedades autoficcionales, menciona la referencial 0 biogréfica, la reflexivo-especular y la figurativa. Se trata de una opcién inevitable Por cuanto, como acaba de verse, dentro del concepto de autoficcién se esconden planteamientos no del todo coincidentes: sla figuracién de un yo personal —sefiala el autor (ibid., 22)— puede adoptar formas de representacién distintas a la referencialidad biogrifica o existencial, aunque adopte retéricamente algunos de Jos protocolos de ésta (por semejanzas 0 asimilaciones que puedan hacerse de la presencia det autor). Las razones con las que Pozuelo (ibid., 29ss.) trata de justificar su eleccién ter- minologica tiencn que ver con un comportamiento claramente diferenciado por parte de los autores arriba mencionados: En ellos, no ¢s tanto la entreveracion de la literatura con su biografia el aspecto mas destacado sino la articulacién de un discurso, una voz ficticia, en la que se atinan la reflexién o exposicion de ideas con la narracién de acontecimientos y todo ello matizado a tra! ciador de la ironia. En el marco de esa vor, to que se produce es, segiin Pozuclo, €l encuentro entre un ‘yo pensante’ y un ‘yo narrante’, Es ahi donde enrafza el hibridismo caracteristico de este tipo genérico-discursivo y donde surgen también las dificultades a la hora de adscribirlo a la persona del autor real. Pozueto insiste en ta distancia deliberadamente buscada entre el yo biogrifico y el yo figurado a través de la cual se cuela la dimen: 's del efecto distan- in ficcional. El autor reconoce asin no que no hay oposicidn, pero si diferencia entre figuracién y autoficcién y, aunque es posible rastrear sin duda la presencia de elementos personales del autor a través de csa voz. figurada, no se puede negar que la ironfa abre una brecha que impide establecer una clara identificacion entre quien vive y quien escribe (y, sobre todo, razona, ademds de narrar), Se trata de una voz que, aun siendo personal —puesto 389 390 LITERATURA, PASION SAGRADA que aparece adosada en un yo— no acepta ficilmente una adscripcién de cardcter autobiogrifico; se trata mas bien, como sefiala el autor, de un espacio discursivoen cl que se dirime su dimension figurativo-ficcional. El fendmeno es tan importante que se ha convertido en una de las sefias de identidad més sobresalientes de la narrativa de nuestros dias: una de fas sefias de identided més sobresalientes de la nacrativa de nuestros dias: *Viene entonces ua ferdmeno de la ereacién contemporinca: la epojé del ‘nuevo artista, quien desconfia de si y entrega el vivir a la conciencia, a ta ‘mirada de otro que esino es é1 mismo. Ha nacido et yo figurado que suplanta al artista (oficinista o héroe, da igual), y ha nacido, esa seri la particularidad vila-matiana, como resultado de ta mirada de los otros, que seré recorrida desde fos ojos (lo que ven) y desde los libros (lo que Teen.” (225). 3. Para la ejemplificacién de las complejidades de la autobiografia me propongo examinar la de J. M. Coetzee, publicada recientememte en tres voliimenes, en los que pasa revista a las diferentes etapas de su vida: Infancia (1997), Jiaventud (2002) y Verano (2008). Un rasgo general de esta autobiografia especialmente, en los dos primeros libros- es. que el autor se parapeta sistemdticamente tras el anonimato que procara fa tervera persona, hecho al que se alude en el timo libro (2009:199). Cabe deci con todo, que su presencia resulta claramente advertible a partir de 305 datos que va sembrando a lo largo de su reiato: especificamente, ta aparicién del nombre propio que vincula al personaje con el autor. En el ‘tercer volumen es Ja figura del bidgrafo de J. M: Coetzee, Vincent, la que, a ‘través de una serie de entrevistas a personas que han tenido alguna relacion con é1, va reuniendo el material que Fe permitira posteriormente reconstrair cel recorrido ‘vital del autor; técnicamente, ¢s, a mi juicio, ef libro més interesante por su estructura dramética y el multiperspectivismo, Ademis de la coincidencia de nombres, la serie de relatos presenta un conjumto de motivos recurrentes que hacen posible identificar al personaje protagonista con el autor; en cuanto al narrador, la identidad con las otras dos instancias es fécilmente deducible en fos dos primeros casos por lo dicho anteriormente y, aunque formalmente no sea posible en el tercero porque La ‘tarracién aparece en boca de las cuatro mujeres, el colega universitario de Coetzee y el bidgrafo-transcriptor Vincent, si puede afirmarse, creo, que 1o es seménticamente. En principio, se trataria, pues, de una autobiografia por persona interpuesta: en los dos primeros libros es la persona gramatical ka {que introduce dudas més que razonables respecto de quién habia realmente; en ef otto, la pluralidad de enunciadores que asumen altemativamente la tarea de narrar (por delegacién) la vida de J. M. Coetzee. Como se ve, el narrador es la enfidad realmente conflictiva y la que plantea mis dificultades a una adscripcién facil a la categoria de autoficcién.. HOMENAJE AL PROFESOR ANTONIOGARCIABERRIO 391 narrador es la entidud realmente conflictiva y la que plantea mas dificultades a una adscripcién facil a la categorfa de autoficcién.. Son motivos recurrentes de Infancia la educacién, el rechazo afectivo de la fa- milia —principalmente, del padre y menos, aunque va creciendo a lo largo de fa obra, de la madre (82ss., 101, 105, 117ss, 126, 161ss.)—Ia visién negativa de sf mismo (82), el gusto por la lectura (107ss), la referencia a «los Coetzee» (91, 101, 132, 157), la granja del tio Son, un espacio privilegiado (83ss.); en esta obra cl nombre John aparece una sola vez (107) En Juventud persisten algunos de estos como a vision un tanto dcida de st. persona y sus poco gratificantes relaciones afectivas (163-165, 203). Como corresponde a una novela del artista (y de aprendizaje), son también elementos recurrentes las continuss referencias literarias (69-97, 114, 143, 167-168, 189-190, 196-198, 200, 203-205) y su canon: S, Beckett, W. Blake, B. Brecht, S. T. Coleridge, '. S. Eliot, H. M. Enzensberger, Flaubert, Hirderlin, H. James, J. Joy- cc, F. Kafka, Keats, Nabokov, P. Neruda, E. Pound, Rilke, W. Stevens, C. Vallejo, Wordsworth... Segiin Verano, aspectas del Coctzce adulto que confirman lo dicho son fundamentalmeate que se llama Jobn, su opeién a un trabajo en la universidad de El Cabo y su dedicacién a la literatura: ha escrito un libro sobre su infancia y ‘otros de creacién como Tiernas de poniente, En medio de ninguna parte, Foe y Desgra- ia, referencias rigurosamente ciertas (61, 194, 199, 226). Otro dato rclativamente importante es que, de vez en cuando —especialmente, en Juventud y a causa de la identidad encubierta entre autos, narrador y personaje— asoman cl estilo indirecto libre e incluso el monslogo interior. La cuestién inmediata ¢ si esta tercera parte de las memorias de Coetzee puede incluirse en la modalidad definida por V. Colonna como ‘figurativa’ (1990: 264-280). Se trata, como se recorda- 14, de una cos refiexiua, no identificable con la persona del autor en términos biogr’- ficos, sino definible como un lugar en el que se opera la figuracién/ficcionalizacion y la cocxistencia entre narracién y deliberacién. Considero que esto es lo que ocurre también en cl caso de Coetzee, sobre todo, respecto de Juventud y de Verano. En esta ‘iltima el bidgrafo alude (209), durante su entrevista con Sophie, a la existencia de diarios y cartas de J. Coetzee que ha manejado para preparar los cuestionarios, aun- que no les atribuya una gran credibilidad por una raz6n fundamental: No es posible ~~dice (217)— confiar en lo que Coetzee escribe en ellos, no como tun registro exacto de los hechos, y no porque fuese un embustero, sino porque era un creador de ficciones. En las cartas crea una ficcién de si mismo para sus corresponsales; en los diarios hace algo muy similar para sf mismo, 0 tal vez para 1a posteridad. Como documentos son valiosos, desde luego, pero si quiere usted 391 302 LITERATURA, PASION SAGRADA, saber la verdad tendré que buscarla detrés de las ficciones que claboran y ofrla de quienes le conocieron personalmente. ‘Como se ve, Ja confrontacién se produce aqui entre los documentos escritos del autor —que serian, en principio, los que deberfan concitar un nivel més elevado de credibilidad— y los testimonios orales de sus conocides. Lo importante es que, aun desde la tercera persona, el protagonista se dota de una voz desde la que opi- na sobre diversos aspectos de la vida y, sobre todo, respecto del arte literario y su vocacién de escritor, El camino a seguir para arrancar con la csctiture ¢s objeto de rmiltiples deliberaciones a lo largo de Juventud (69-97, 114, 143, 167-168, 189-190, 196-198, 200, 203-205) y las soluciones que se proponen habitualmente son diversas Y no todas igualmente convincentes. El narrador alude, entre otras, al suftimiento, al cansancio y a la locura: La felicidad, se dice, no ensefia nada. El sufrimiento, por otra parte, te curte para el faturo. El suftimiento es la escuela del alma. Entre las aguas del suftimiento se emerge cn la Icjana orilla purificado, fuerte, listo para afrontar de nuevo los retes de la vida del arte Sin embargo, el sufrimicnto no sienta como un baiio purificador. Al contrario, te sientes como una piscina llena de agua sucia. De cada nuevo sufrimiento no se emerge mas brillante y inds fuerte, sino més tonto y blando, (84-85) Otro asunto recurrente en Juventud (capitulos 6, 7, 8, 20) tiene que ver con las dificutrades que entrafta la labor de escribir y, mas especificamente, con el momento dearrancar y lo que ello supone para cualquier escritor: el terror a la pagina en blan- 0. De ahi la demorada reflexién respecto de la conveniencia de cambiar de género, una ver. constatada su incapacidad para la poesia; la nueva opei6n fo empnja hacia Ja narracién con la vista puesta en Henry James. Asi, pucs, son varios los nticleos te- miticos de esa voz ‘ajena’ a través de la cual J. M. Coetzee habla de J. M. Coetzee. A Jos mencionados podrian aiiadirse otros como los alusivos al acceso al territorio de la creacin artistica, entre los que destaca especialmente uno, cl sexo, emparentado con el arte por su cardcter creativo. Con todo, reconoce que su precaria vida amorosa no Je augura un futuro muy halagtiefio como escritor: No es tonto, Sabe que su currfculo amatorio es del montén, Nunca ha despertado Ja pasién de un corazén femenino, lo que él Hamarfa una gran pasién. De hecho, al mirar atrés, no puede recordar haber sido objeto de pasi6n, de una verdadera 392 HOMENATE AL PROFESOR ANTONIO GARCIA BERRIO 393 pasién de ningiin grado, Seguro que esto dice algo de él. En cuanto al sexo en si, entendido en su sentido mis concreto, sospecha quelo que él da es bastante pobre; y lo que obtiene a cambio también. Si la culpa es de alguien, es suya. Porque si no pone corazén, sise contiene, spor quéno habria de hacer lo mismo la mujer? (163- 164 casi lo mismo en 203), Es preciso seftalar que las cuatro mujeres entrevistadas por el biégrafo de Coet- zee en Verano —fulia, Margot, Adriana y Sophie— confirman, cada una a su mane- 1a, la impresi6n de una vida amatoria poco exitosa (y lo mismo cabe decir de alguno de los protagonistas de sus novelas: por ejemplo, David Lurie, el personaje central de Desgracia). Lo més interesante sin duda —y Jo que permite confirmar la iden- tidad, a pesar de las apariencias, entre cl autor, el narrador y el personaje—es que los motives recurrentes en el segundo libro (a los que acaba de hacerse referencia) encuentran su confirmacién en ef tercero (como sie tratara de vasos comunicantes). Efectivamente, Verano termina siendo, a través de su vision multiperspectivista, la narracién que confirma los datos de la biogeafa humana ¢ intelectual de John Co- exzee, adems de dar a conocer al lector fragmentos de su pensamicnto litcrario: un hombre reservado y poco decidido (207), escritor independiente de cualquier credo politico aunque comprometido e idealista (219, 221), el cual alude a la incapacidad de los creadores para amar realmente a una mujer y a fa imperiosa necesidad de escribir (84, 168), ademas de confesar su enorme atraccién por la poesia (189); ha profesado, por otra parte, la enseiianza media y universitaria (199-207), un buen escritor aunque no excepcional (218, 231-232) que, no obstante el distanciamiento inicial, termina conviviendo con su padre (235ss., 250-253). Hay una coda final del autor real, en la que se muestra agradccido a Marilia Bandeira, su ascsora respecto del portugués de Brasil (importante en el relato de Adriana), y a los herederos de Samuel Beckett por el permiso para reproducir fragmentos de una de sus obras. A Ja huz de estos datos, la primera conclusién es que ¢l lector se encuentra ante una autobiografia en tercera persona 0 por persona interpuesta. Su catalogacion como autoficcién plantea més de un problema; la identidad autor, natrador y per- sonaje puede afirmarse.con relativa facilidad respecto de Infancia y Juventud, puesto que la nica dificultad proviene del recurso a la tercera persona aunque, por los datos apuntados, el problema se resuelve sin grandes complicaciones. En Verano los obstéculos se mulkiplican porque la funcién de narrar es desempefada ala par porel bidgrafo y los personajes entrevistados. Asf, pues, no podria caralogarse en pri como antoficcién porque, formalmente, la identidad se limita al autor y al persona~ je Ahora bien, este hecho no impide, en mi opinién, que pueda hablarse de autofic- 393~ 34 LITERATURA, PASION SAGRADA. Gi6n porgne, de acuerdo con lo dicho en ef desarrollo de este trabajo, no escascan en la historia las autobiograffas en tercera persona y, como acaba de verse, existen datos cen el texto que permiten establecer la identidad entre autor, narrador y personaje all margen del nombre propio. Por consiguiente, puede muy bien afirmarse queen este caso los entrevistados y el biégrafo Vincent actiian como narradores por delegacion y son, consiguientemente, proformas narrativas y verdaderos alter ego de] autor. Tanto esta obra como Juventud serian, pues, autoficciones con un cardcter marcada- mente figurativo por la existencia de esa voz responsable de un discurso que alterna narracién y reflexién, Esta experiencia narrativa constituye una mas —y, sin duda, tuna de las més agresivas— formas de contar la propia vida mezclando elementos reales ¢ inventados que tiende a problematizar con bastante frecuencia la identidad entre autor y narrador. Por todo ello, la define un estatuto ambiguo por ambiva- lente, esto es, por tener su asiento en dos mundos: el de la realidad efectiva —que aporta el material de base, la historia— y el dela ficcién, quelo manipula a través de las convenciones y estrategias que le son propias (hecho al que hay que sumer, como se acaba de ver, los juegos con la voz narrativa). En suma, otro ¢s yo. 394 HOMENAJE AL PROFESOR ANTONIOGARCIA BERRIO 395 Bibliografia AA.VV. (1991): La autobiografia y sus problemas tebrices. Estudios e investigacién do- cumental. 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