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«El argumento de este libro, asi como su atenta consideracién de pricticamente todas las cuestiones relativas a la compleja nocién de, 7 r uliiculturalidad, lo convierten en una lectura indispensable para todos fy C : aquellos que ya estén hartos de anélisis simplistas respecto al temas | u d a d a n | a MITCHELL COHEN, Times Literary Supplement : a 7 > resulta en absoluto extrafo... que te6ricos politicos canadienses como Will m Uu | t | Cc Uu | t U ra | nlicka y Charles Taylor estén destacando en problemas de cultura, identidad : y derechos colectivos. ¥ Ciudadania multicultural, de Kymlicka, es una poderosa confirmacién de todo clio.» > STEPHEN HOWE, New Statesman & Socieny :El reconocimiento de los derechos de las minorfas eonllée unos resgos obvios. Los nazis -y también los defensores de 1’, artheid- hicieron uso y abuso del Ienguaje de lo Dicho lenguaje lo han empleado también por « famentalistas intolerantes y beligerantes para ju sblos que no pertenecen a su grupo, asf como p: intro del grupo propio, De ahi que una teorfa lit inorias deba explicar emo coexisten los derec! derechos humanos, ¥ también cémo los dereck ‘mitados por los principios de la libertad indivic social. Tal explicacién constituye justamente e De la "Introduccién" oteca de Socials doonageaB Bibli cs it ISBN 84.493. straagaolsozeu EES L. }. Coe, \& ae Ciudadania multicultural PAIDOS ESTADO Y SOCIEDAD Ultimos utulos publicados: 34. G. Bosetti (comp,), feguierda punto cero 35. C. Lasch, La rebelidn de ls dives 36. ICP. Ftoussl, El debate prohbido 37, RLL. Heilbroner, Visioves del futuro 38. L'V. Gerstner, Jt. y otros, Reinvantendo la educeeién 39, B Barry, La justicia coma imparcialided 40. N, Bobbio, La duda y la eloceién 41. W, Kymlicka, Ciudadara multicultural 42. J Rifkin, Bl fin del tabajo 43. C. Castells (comp.), Perspectivas feministas en teorta politica 48. MH. Moore, Gesitin estrardgieay creaciay de valor en el sector piiblico 45, P. Van Parijs, Libertad real para todos 46. P. Kelly, Por in futuro altemativo 47. PO, Costa, 1. M, Pérez Tornero y F. Tropes, Tribus urbanas 48. M. Randle, Resistencia cfvil 49. A. Dobson, Pensamiento poltico verde 50. A. Margalit, La soctedad decente 3. D. Held, La demacracia y el orden global 52. A. Giddens, Politica, sociologra y teorfa social 53. D. Miller, Sobre la sacionalidad 54. S.Amin, El eqpizallemo en la era dela globalteacién 55. R.A. Helfetz, Lideraxgo si respuestas facilae 36. D: Osbamey P. Plastrik, La educeidin de la buroeracia 37. R, Castel. La mexariorfosis dela cwestion social 458. Ur Beck, cQud es la glabalizacion? 58. R Heilbfonery W. Milberg, La crit de isn en el pansaniento ezondmico 60. P. Kotler y otros, Et marketing de las naciones Gt. R. Jaureguly ottos, E tiempo gue vivimos 9 el reparta del teahaja 62, A. Gore, Miserias del presente, igueza de lo posible 63. 2 Braezinski, El gran tablero mundial 64, M, Walzer, Tracado sobre la tolerancia Reinares, Terrorismo y antiterorisino 66. A, Etzioni, La nueva regia de ora 67. M,C. Nussbaum, Los lonites del patrotismso 68. P. Pott, Republicanisino 68, C Mouffe, El retome deo politico 10. D.Zolo, Cosrnspalis TI. A Touraine, ¢Cémo salir del beralismo? 72. S. Strange, Dinero loco 73. R Gargarella, Las teartas de a justicia despuds de Rawls Ti. J. Gray, Falso amanecer 75. E. Reinares y P, Weldman, Sociedades en guerra civil 76, N, Garcfe Canchini, La globalizecian tmaginada 77, BR. Barber, Un lugar para todos 7B. O. Lafontaine, Bi corazdn lare ala equierda 79. U. Beck, Un nuevo mundo feliz 80. A. Calsamiglia, Cuestiones de lealtad H. Bélar, El corazdn de la ropublica 3: eM, Guthenno, El porvenir de la libertad Rifkin, La era dl acceso Will Kymlicka Ciudadania multicultural Una teorfa liberal de los derechos de las minorfas ‘Titulo original: Multicultural citizenship. A liberal theory of minority rights Publicado en inglés por Clarendon Press, Oxford SUMARIO Traduecién de Carme Castells Auleda Cubierta de Victor Vino Agmdecimientés 0.0... ceeeeeesetseceeseteeteetevtee 9 Le Tatroducciéa eee B 1, Los temas B 2. Eseruccura del libro « 1» 2. Las politicas del mulriculturalismo a 25 1, Estados multinacionales y Estados poliécnicos . 26 2, Tres formas de derechos difecenciados en funcidn del grupo 46 3. Derechos individuales y derechos colectives 0.0.2.6... 57 1, Resericciones internas y procecciones excernas ........... 58 2. La ambigiiedad de los «derechos calectivos» . vee TL Repensando la tradici6n liberal 20.2.0... 1 1. La historia de las perspectivas liberales sobre las minorias, nacionales .. ane lle at ee cooled platudlctoteclchaadeleclalalorhala dy 2. El fiacaso de los cratados de las minorias «2... 87 SEES Ss ib pi ere eo ca de . La desegregacién racial en los Escados Unidos... 89 esinapaleers 7 Aabwtbsen eee ear 4..La polietnicidad y el renacimiento éenico estadounidense .- 91 5. Los derechos de las minorias en la ttadicién socialisca . 102 © 1995 by Will Kymlick: ay © 199686 dase edclones en castellano, 5. Libertad y cultura We eee TIL Ediciones Paidés Ibérica, S. A, 1. La definicidn de las culturas <0... see 12 Mariano Cubi, 92 - 08021 Barcelona 2. Liberalismo y libertad individual «2.00002... s ss 17 p Editorial Paidés, SAICE, 3. Las culcutas societales como contexto de eleccién .... 120 Spade elas Alcee 4, El valor de le pertenencia culcural 122 pain paldos.com 5. Casos dificiles . . 134 ISBN: 84-493-0284-6 6. Individualizar culcaras : 2 144 Depésito legal: B-39.712/2000 7. Conclusién . eee Vitteee 149 Arde Cag ec rae eonier niet (Barcelona) 6, La justicia y los derechos de las minorfas ............. 131 7 i 1. El argumento de la igualdad .... ttle etelalt 82 : 2. Fl nanel de Ins nacros a arierdne hisrarione 164 Impreso en Espafa - Printed in Spain § — Ciudadanéa multiculcural 3. El valor de fa diversidad culeural .... 4, La analogia con los Estados ...... 5. Conclusién 7. Asegurar la yor de las minorias . 1. Pama alcanzar este ideal de una sociedad y organizacién politica homo- _s€nea,* los gobiernos,a lo largo de la hiscoria, han seguido diversas polit ‘cas con respecto a las minorfas culcurales. Algunas minorfas fueron fisicas mente eliminadhs, ya fuese mediante expulsiones masivas (lo que hoy s¢ denomina «limpieza étnica») o bien mediante el genocidio. Otras minorfas fueron asimiladss de forma coercitiva, foreindoles a adoprar el lenguaje, la religién y las costumbres de la mayoria. En otzos casos, las minotfas fueron sracadas como extranjeros cesidentes, sometides a segeegacién fisica'y dis- criminacién econémica, sf enman pieretén te dane ne rns Alo largo de la historia se han realizado diversos incencos de peoteger las minorias culeurales y de regular los conflictos potenciales encte las cul. curas mayoritarias y las minoritatias. Por ejemplo, a principios del siglo Xx, tracados bilarerales regularon el tratamiento de los conciudadanos naciona- les en otto pafs, Ast, Alemania accedié a conceder decerminados derechos y privilegios a los ciudadanos de etnin polaca que habieaban dentro de sos 3, Sobel supuesta de homogeneidad culeural en el pensemiento politico occiden- sal, vésse McRae, 1979; Van Dyke, 1977; Walzer, 1982, pigs. 1-3; MeNeill, 1986, 23, Sobre la celidad de la hecerogeneided culeucal en la historia y sus causas,véase ‘McNeill, 1986, Acerca de la reciente magnitud de esta diversi, véase Cacles y Miller, 1993, pig 8. ‘1 aucor us la expresin polity, que puede eaducirse por forma de gobiceno, de ad- iministracién de los asuntoscolectivos, 0, coma en eat caso, por sociedad y organizacin politica. (N. de at.) Ineroduecién 15 fronteras y Polonia, a st vez, proporcioné derechos recfpproces a los ciuda- anos de etnia alemana residences en Polonia. Este siscema de tratados se extendié, adoptando obviamente un tracamienco multilaceral, con el adve- nimiento de la Sociedad de las Naciones. No obscante, dichos cracados resultaban inadecuados por una razén muy clara: slo se concedia Ia proteccién contra la discriminacin y la opre- sidn a una minorfa en el caso de que un cercano «Estado afin se inceresa- se por ella. Por otto lado, dichos tratados resultaron ser desestabilizadores, habida cuenta de que rales Estados afines, de existir, a menudo emplearon las disposiciones del-cratado como pretexco para invadie o intervenir en na~ ciones mas débiles. Ast, la Alemania nazi justificé su invasién de Polonia y Checoslovaquia alegando que dichos paises violaban el tratado acerca de los derechos de los ciudadanos de ecnin germana esidentes en sus respectivos cerritorios. ‘Tras la segunda guerra mundial, era obvio que la cuestién de los derechos de las minotias debfa abordarse de forma diferente. Muchos liberales crefan ye el gnfasis en los «derechos humanosm resolveria [os conMlictas de EES migorts{ Dicio de ore forma, mis que proteger directamente a los gru pos vulfiéfables mediante derechos especiales para los miembros de grupos concrecos y explicitados, las minorfas culturales se protegerian indirecta- mente garancizando los derechos civiles y politicos basicos u todos los in= dividuos, con independencia de su filincin 6 grupo de pertenencid] Los derechos humanos bisicos —como ls libercad de expresi6n, asociaciér con ciencia—, si bien se atribuyen 2 los individuos, se caracterizan por ejercer- se en comunidad con otros individuos; de ahi que pueda afirmarse que pro- regen la vida del grupo. Los liberales dicron por supuesto que, alli donde se protegieran dichos derechos individuales, no era necesacio atribuir dere- cchos adicionales 2 los miembros de minorfas écnicas o nacionales especificas: [[laendencia general de los movimientos dela posgusem en pro dels derechos bhumanos ha consistido en subsumir el problems de las minorias nacionales bajo el problema mis genérico de asegursr los derechos individuales bisicos a todos los seres huumanos, sin sludir a la pertenencia a grupos écnicas. La pre- risa principal ha sido creer que los miembros de las minorias nacionales no necesitan (y pot canto no tienen derecho a, o bien no se les pueden conceder) derechos espectfices. La doctrina de los derechos humanos se preseneé como susticuzo del concepro de los derechos de las minorias, lo que canlleva fa pro- fanda implicacién de que las minorfas cuyos miembros disfrutan de igunldad de cratamicato individual no pueden exigir, legicimamence, fcilidades para el mantenimmiento de su particulacismo étnico (Claude, 1955, pig. 211). | Guiadas por esta filosoffa, las Naciones Unidas eliminaron coda refe- tencia a los derechos de las minorfas étnicas y nacionales en su Declaracién 16 Ciudadania mutticuleurs La sustitucién de los derechos especificos de geupos minoricarios por unos derechos universales fue aceptada por muchos liberales, en parte por- {que parecfa una excensién nacural de Ia via mediante la que se protegtan los derechos de las minorias religiosas. Como se cecordaré, en el siglo XVi los Bs- «ados europeos eseaban inmersos en el conflicto entze catélices y protestan- ces acerca de qué religiéa debia gobernar sus patses, Finalmente estos con- Aictos se resolvieron no mediante la concesin de derechos especiales a minorias religicsas coneretas, sino mediante la separacién de la Iglesia y el Estado y el refuerzo de la libertad religiosa de cada individuo. Por tanto, las minorfts religiosas gozan de una proceccién indirecta, ya que se les garan- tiza la libertad individual de culeo, de manera que la gente se puede asociat libremente con otros corteligionarios, sin remor a la disctiminacién o a la desaprobacién del Estado, ‘Muchos liberales de posguerra han considerado que a tolerancia reli- sgiosa baseda en In separacién de la Iglesia y el Estedo proporcione un mo- delo para aborder las diferencias ecnoculeurales, Desde esta perspectiva, la identidad étnica, como la religién, es algo que la gente debetfa poder ¢x- ppresar libremence en su vida privada, pér0 qlié Wo conciere al Estado. El Estado no se opore a la libertad de las persons para expresar su filiacién culeural concrera, pero no abona tales expresiones; més bien, adaptando la frase de Nathan Glazer, el Bscado se comporta con «desatenci6n benigaa» Glazer, 1972, pag. 25; 1983, pig. 124). Los miembros de grupos éenicos y nacionales estén procegidos contra le diseriminaciéa y los prejuicios: tie~ nen por tanto libercad para incentar mancener todos aquellos aspeccos de sit herencia 0 identided étnica que deseen, siempre que ello no encre en con- tradiccién con los derechos de los dems. No obstante, sus esfuerzos son uramente privadas, por lo que no les corresponde a organismos ptiblicos concedes idencidades o discapucielaces legales a la pertenencia culeural 0 @ la idencidad éxnica. Esta separacién del Estado y la etnicided imposibilica cualquier reconocimiento legal o gubernamental de los grupos éenicos, asf como cualquier uso de criterios émnicos en Ia distcibucién de derechos, re- cursos y deberes,* Muchos liberales, especialmente desde posiciones de izquierda, han he- cho una excepcién en el caso de Ia acién positiva para los grupos raciales ue se encuentran en una sicuacién de desventaja. Pero, en cierto sencidl ésta es Ia excepcién que confirma la regia. Generalmente, la accién posit. vase defiende como una medida temporal que debe evolucionar necesaria 4, Acerca de las adhesiones liberales 2 esta postura, véase Glazer, 1975, pg. 220; 1978, pig, 98; 1983, pig. 124; Gordon, 1975, pig. 105; Porcer, 1975, pig. 295; Van den Berghe, 19810, pig. 347; Ajeenscar, 1984, pigs. 251-252; Rosey, 1991, pig. 209; Ku aches, 1991. niu, 22: Edwards, 1985: Brora. 1980. fe, 44 Incroduccién 47 y ripidamente hacia una sociedad «ciega en materia de color» percenencia écnica. Lo que se precende es cemediar afios de discriminacién y, por tanto, acercarse al tipo de sociedad que habria existido si hubiéramos observado la separacién de Estado y etnicidad desde el principio, De ah que Is Conven- cin sobre Discriminacién Racial de las Naciones Unidas impulse progra- ‘mas de accién positiva slo donde éstos poseen este cariccer temporal y te- rapéutico. Lejos de abandonar el ideal de Ia separacién del Estado y le ‘ecnicidad, la accién positiva es un método para intencar logcar dicho ideal. Algunos liberales, especialmente entre posiciones de derecha, conside- ran contraproducente buscar una sociedad uciega en materia de color» ode percenencia étnica mediante politicas que «cengan en cuenta la raza», Tax les liberales aducen que la accién positiva exacerba el problema que se su= pone deberia resolver, habida cuenta que hace que la gente sez més cons- cience de las diferencias de grupo y tenga mayor resentimiento hacia los ‘otros grupos. Esra dispura enere los liberales acerca de la necesidad de pro- gramas de acci6n posiciva cetapéutica es habicual en muchas democracias Tiberales.> Pero lo que la mayorfa de los liberales de la posguerra, tanco de dece- cchas como de izquierdas, contindan rechazando es la idea de una diferencia- cin permamente en los derechos o estatus de los miembros de deretminados ‘grupos. Rechazan concretamence la aficmaci6n segtin la cual los derechos es- ppecificos de grapo son necesarios para reconciliar diferencias culcurales tradi- cionales mas que para remediar discriminaciones hiseéricas. Como veremos en los capftulos siguientes, los liberales de posguerra se han opuesto por doguier y de forma repetida a la idea de que deberia concederse a los gru- pos étnicos o nacionales especfficos una identidad politica permanente o win estatus constieucional.é Sin embargo, cada vez esta més claro que los derechos de las minorias, no pueden subsumirse bajo la cacegoria de derechos humanos. Las pauras y_ Procedimincés tradicionales vinculados a los derechos humanos son sim- plementé incapaces de resolver importantes y concrovercidas cuestiones re- lativas @ las minorfas culcurales como las siguientes: gqué lenguas deberfan acepeatse en los Parlamentos, burocracias y cribunales? ¢Se deberian dedi car fondos piiblicos para escolacizar en su lengua materna a todos los gru- 5, Sobre este debate, véase Rosenfeld, 1991; Sowell, 1950, 6. Para diversos ejemplos, véase Basch y Henderson, 1980, pégs. 241-248; 1992, ‘Bigs. 69-70; Clinton, 1996; Gordon, 1975, 1978 y 1981; Glaze, 1975, pig. 220; Van Dyke, 1982, pigs 28-30; Svensson, 1979, pigs. 430-435; Adam, 1979; Degansar, 1987: Knopf, 1982, pigs. 29-39; Laforest, 1991; Ajeensta, 1988, cap. 8; F. Morton, 1985, pigs. 73-85; Schwarz, 1986, cap. 1; Broce, 1980, pigs, 44-45; Asch, 1984, pigs. 75-88 y 100-104; Weave, 1985, pigs. 141-142. Para mis referencias y dscusin, vése Kym lick, 19892, cap. 7: cambién Kymnlcka, 1991 pos émnicos 0 nacionales? ¢Se deberfan trazar fronceras internas (distritos. legislacivos, provincias, Estados) rendences a logeat que las minorigs culcu. rales formen una mayorfa dencro de una cegién local? ;Deberia devolver poderes gubernamentales el nivel cencral a niveles locales o regionales con- trolados por minorias concretas, especialmente en temas culeuralmente de licados como la inmigracién, las comunicaciones y la educacién? ;Debe- ‘fan diseribuirse Jos organisms politicos de acuerdo con un principio de proporcionalidad nacional o étnica? {Se deberfan conservar y proteger las zonas y lugares de origen cradicionales de los pueblos indigenas para su ex. clusivo beneficio, procegiéndolas de Ia ustrpacién de los colonos 0 de los explocadores de cecursos? ¢Qué grado de integracién cultural puede exi- gitse de los inmigrances y los refugiados antes de que adquieran la ciuda dania? El problema no es que las doccrinas tradicionales sobre los derechos hhumanos den una respuesta errénea a tales euestiones, sino, mas bien, que menudo no dan ninguna, El derecho a la libercad de expresién no nos dice cual es Ia politica lingifstica adecuada; el derecho a vorar no nos dice como dleben trazarse las fronceras politicas o cémo deberfan distcibuirse los pade- res entre los discincos niveles de gobierno; el derecho a ia movilidad y libre Circulacién nada nos dice sobre cémo debe ser una politica adecuada de inmigraci6n y nacionalizacin, Estas cuestiones se han dejado a les proce- dimiencos habituales de coma de decisiones mayoricarias de cada Escado, Voy a soscener que el resultado de ello es que las minorias culturales son vulnerables a injuscicias significativas a manos de la mayorfa, asf como el agravamiento del conflicto etnoculeural, “Para resolver estas cuestiones. mnera equicative-debemos com- plement: ipios tradicionales de los derechos humsnos con una teo- sfade los derechos d¢ Bs as. Ta necesidad de dicha ceocis ha qucdado dolorosamente clara en EUfOpa Oriental y en la ancigua Unién Soviecica, Las disputas sobre la ausonomia local, el crazado de fronceras, los derechos lingiisticos y fs politica de nacionalizacién han sumido gran parte de la te- gi6n en confliccos violencos, Hasta que no se resuelvan las cuestiones rela Civas a los derechos de las minorfas hay pocas esperanzas de que se pueda restaurac la paz 0 de que se respecen los derechos humanos bisicos Por tanto, no resulea sorprendente que los derechos de las minorfes ha- yan recuperado una posicién preponderance en las relaciones intetnaciona. les. Por ejemplo, la Conferencia sobre Seguridad y Cooperacién en Europa {CSCE) adopts en 199] una Declaracién sobre los Derechos de las Mino- tfas Nacionales y, posceriormence, establecié un Alco Comisionado para las Minorfas Nacionales en 1993, Las Naciones Unidas han estado deberiendo ddos textos imporrances: una Declaracién sobre los derechos de las personas ercenecientes a minorias nacionales 0 écnicas. reliaiosas v linetifericas Ineroduecisn 19 (1993), y un borrador de una Declaracién Universal sobre los Derechos In- digenas (1988). El Consejo de Europa adopré una declaracidn sobre los de- rechos de Ias lenguas minoritarias en 1992 (Ia Carca Europea para las Len« ‘guas Regionales o Minoritarias). Podrfan dacse otros ejemplos. Sin embargo, estas declaraciones siguen siendo objeto de controversias Algunas se adopteron precipitadamente, para ayudar a evicer la escalada del conflicto en Europa Oriental. A resultas de ello, escas declaraciones son bastante vagas, y, 2 menudo, parecen estar motivadas mas por la necesidad de apaciguar a las minorfas beligerances que por un sentido claro de lo que Ja justicia exige. Por consiguience, ni la justificacién subyacente a estos derechos ni sus limices estén todavia clasificados. Creo por tanto que resulta legitimo y, de hecho, ineludible, comple- smentar los derechos human ales con los derechos de las minio- fas. En un Estado multiculcural, una teorfa de la justicis omniabaecadera incluind canto derechos universales, asignados a los individuos indepen- dientemente de su percenencia de grupo, came detetminados derechos di ferenciados de grupo, es decir, un westatus especial» para las cultucas mi noritsrias. El reconocimiento de los derechos de las minarias conlleva unos ries- g0s obvios. Los nazis —y también los defensores de la segcegacién cacial y el apartheid— hicieron uso y abuso del lenguaje de los derechos de las mi- norfas. Dicho Lenguaje lo han empleado también por doquiier nacionaliscas y fandamentalistas incolerances y beligerantes para justificar ln dominae ci6n de los pueblos que no percenecen a su grupo, asf como para reprimir a los disidentes dentro del grupo propio. De ah gue una ceoria liberal de los derechos de las minorias deba explicar cSmo coexisten los derechos de fas mi nnorfas con los derechos humanos, y también cémo los desechos de las mino- sfas estdn limitados por los principios de liberted individual, democracia y justicia social. Tal explicacién constituye justamente el objetivo de este libro 2, ESTRUCTURA DEL LiBEO. Decie que las sociedades modernas son crecientemente «multiculeura- les» es casi una ttivialidad. Sin embargo, la vaguedad del cémino oculca a menudo importantes distinciones. La primera parte del segundo capitulo considerard diversas formas de pluralismo cultural. Concretamente, guiré entre Estados «multinacionalesm (donde la diversidad culcural surge de la incorporacién de culcuras que antetiormente poseitn aucogobierno y 7. Para un resumen de estos progresos, véase Lernes, 1991; Thornberry, 1991; Bloed, fannum. 1993. 20 Gtudadania mulciculearsl estaban concentradas territotialmente a un Estado mayor) y Estados «po- ligenicos» (donde la diversidad cultural surge de la inrnigracién igdividual y familiar), Exploraré cambién las diferencias encre «minorfas nacionales» (en Estados multinacionales) y «grupos étnicos» (en Estados poliétnicos); ‘me ocuparé después de la relacién encre raza, eniz y nacionalidad. El resto del capitulo segundo’ proporciona una ripologia de los diferen- tes cipos de los detechos de las minorfas que pueden exigir grupos émnicos y nacionales. Conctetamente, distinguiré: * derechos de autogobierno (la delegaci6n de poderes a las minorfas na- Cionales, @ menudo « través de algiin tipo de de federalismo); + derechos poliéenicos (apoyo financiero y proreccién legal para devermi- nadas préctices asociadas con determinados grupos Etnicos 0 religio- 0s); y ‘+ derechos especiales de representacién (escatios gasantizados para grupos éznicos o nacionales en el seno de las insticuciones cencrales del Estado que los engioba). Daré ejemplos de cados ellos en diversos paises y exploraré algunas de las diferencias clave encre dichos pafses en términos de repzesentacién ins- titucional y proteccién consticucional. Estas cres formas de derechos diferenciados por grupos se suelen déscri- bir como «derechos colectivos». En el capitulo tezcero exploraré la conexién entre derechos colectivos y derechos individuales. Muchos liberales creen ‘que los derechos colectivos se contradicen incrinsecamente con los dere- chos individuales. Argumentaré que hay que distinguir encre dos signifi- cados de derechos «colectivos». Los derectios colectivos pueden refetitse al derecho de un grupos limicar la libertad de sus propios miembros en nom- bre de la solidaridad de geupo o de la purezs culcuaral («tescricciones incer- ras»), 0 bien pueden aludir al derecho de un geupo a limiear el poder polt- tico y econémico ejercido sobre dicho grupo por la sociedad de la que forma parce con el objeto de asegurar que los recursos y las instieuciones de que de~ pende la minorfa no sean vulnerables a las decisiones de la mayorfa («pro- tecciones externasn), Soscendré que escas protecciones no encran necesaria~ ‘mente en conflicto con la libertad individual. De hecho, el rasgo distintivo de una ceoria liberal de los derechos de las minorias es precisamente que Gea acepra algunas protecciones externas para los grupos étnicos y las mi- nosfas nacionales, pero es muy escéptica ante las rescricciones intemas, En el capftulo cuarto esbozo le telacién histérica entre el liberalismo y los derechos de las minorias. Los liberales del siglo x1x, asf como los del pe- Hfodo de encreguettas, apoyaron de forma generalizada los derechos de las minotias, Las razones que explican el cambio en Ia teotfa liberal tras la se- ganda guerra mundial son complicadss, de ab que intente dar cueara de ntroduceiéa = 21 algunas de ellas. Parte de la explicacién se basa en el declive del imperio britdnico y en el fracaso de In Sociedad de Naciones. Otto factor importan- te es la creciente influencia en todo el mundo de la concepcién estadouni~ dense de una Constitucién ciege en materia de etnicidad. Argumencaté que esta concepcién estadounidense fue configurada por Factores ‘inicos (como, por ejemplo, la segregracién racial y la magnicud de la inmigracién) que no son necesariamente aplicables a otros paises. De hecho, sostendré que la creencia estadounidense en una Constitucién ciega en maceria de etnicidad 1o ¢s ni siquiera vélide para los Estados Unidos, puesto que ignora el esta- tus de los indios americanos, de los portorriquenos y otros pueblos. En el capitulo quinto analizo el papel de la culcura en la ceorfa demo- cexdtica liberal. Primero defenderé una determinada visin del liberalismo, basada en un compromiso con la libertad de eleccién y con (una forma de) Ja autonomia personal. A continuacién explicaré por qué dicha visién libe- ral no sélo es consistente con el interés por la percenencia cultural o écnica, sino que incluso exige tomar dicho dato en consideracién. Argumentaré que Ia elecci6n individual depende de Ia presencia de una cultura societal, definida por Ie lengua y Ia historia, asf como que Ia mayorfa de las personas se sienten fuertemente vinculadas con su propia cultura. A pattir de dicha concepcién del liberalismo, exploraré en el capitulo sexco tres de los principales argumentos en favor de los derechos diferent dos en fancién del grupo para minorias nacionales y grupos. Concrecamente, distinguiré entre los argumencos basados en Ja igualdad, cuyo objetivo es mostrar que las minosfas tienen que hacer frente a ciercas desventajas in- justas que pueden cectificarse mediante un derecho difecenciado en fancién del grupo; y diversas argumentaciones batadas en la historia, cuyo objetivo 5 mostrar que la minora tiene cierto derecho histético a un derecho dife- renciado en funcién del grupo, fundamencado en unm soberania previa, en tratados 0 en algiin otto acuerdo o precedente histérico. También abordaré las tesis que reivindican el valor intrfnseco de la diversidad cultural y cémo esto se relaciona canto con la igualdad como con las argumentaciones his- trices. El capitulo séptimo se centra en las cuestiones de cepresentacién poli- tica, especialmente en fas propnestas para garantizar escafios en el cuerpo legislativo central para los miembros de determinados grupos émnicos o na- cionales. Discutité algunas de las dificultades practicas y ceéricas que plan- tean tales propuestas y consideraré formas alternatives de asegurar una voz ‘las minorfas en la toma de decisiones politicas. También abordaré la ven- si6n entre los derechos de autogobierno (que reclaman la delegacién del poder del gobierno central 2 la comunidad minoritaria) y los derechos de Fepresentacién (que exigen que se garantice Is representacién de las mino- fas en el gobierno central), 22) Ciudedanfa muleicultural: En el capitulo actavo discutiré cmo deberian responder los liberales a situaciones en las que las minorfas exigen el derecho a restringig las liber- tades civiles y polfticas bisicas de sus propios miembros. He sefialado ya gue una ceoria liberal de los derechos de la minorfa no puede justificar ta- les «restricciones internas»; esto es, no puede aceprar Ia idea de que resul- ta moralmente legitimo para un grupo oprimir a sus miembros en nombre de Ia solidaridad geupal, la ortodoxia religiosa o la puseza cultural. Tal con- ducta conculca el compromiso liberal con la auronamia individual. Estd claro que algunas minorias descan tales restricciones intecnas y no compar- ten el compromiso liberal con la auronomia. ¢Se sigue de ello que los Estados liberales deberian imponer las normas libecales sabre las minorfas ilibera- les? Esto plantea complicadas cuestiones sobre el significado de la colecan- cia y sus limices. De ahi que aborde la relacién entre los valores de colerancia y auronom/a individual en [a teorfa liberal y subsraye algunos de los faccores que deben renerse en cuenta a I hora de evaluat la legitimidad de imponer valores liberales « minoriasiliberales, En el capiculo noveno me ocupa de la preocupacién acerca de que los derechos diferenciados en funcién del grupo concedidos a cultutas minori- ‘arias inhibirin el desarrollo de una identidad comparcida, necesaria para un orden social estable. A muchas personas les preocupa que la ciudadanfa di- ferenciada en funcién del grupo fomence que los grapos se centren en sus diferencias y no en sus objerives compartides. Se supone que la ciudadania iene una funci6n integradora, pero, puede desempefiar tal funciGn si la ciudadania no es una identided legal y politica comin? Argumentaré al respecto que los derechos de represencacién y los derechos poliétnicos son coherentes con la ineegracién de los grupos minoritatios y que, de hecho, pueden ayudar a este integracién. El derecho al autogobierno, por otra par- fe, plantes una scria amenaza a la uni sucial, puesto que propicia que la minocia nacional se considere a sf misma como un pueblo separado que po- see derechos inttinsecos a contar con su propio gobierno. Sin embargo, ne- gar el derecho al aucogobierno también puede amenazat Ia unidad social, alencando la secesién. Creo que una de las tareas més urgentes a las que deben enfrencarse los liberales en le actualidad es la de identificat las bases de la unidad social en los Estados multinacionales. En el capsculo final expongo, a modo de conclusién, algunas especula- ‘ciones acerca del fucuro de la ciudadanfa mulciculcural. Muchas personas, de todas las tendencias politicas, esperaron y dieron por supuesto que las idencidades éenicas y nacionales serian una fase transivoria de la historia humana. Se suponia que las lealcades escrechas de miras se desvanecerfan a medida que el mundo se integrase politica y econémicamente cada vez mis. En realidad, la «globalizacién» ba propiciado en muchos casos que las minosfas mancengan una identidad y una vida grupal distinta. La globali- Introduccion 23 zacién ha hecho que el mito de un Estado culeuralmence homogéneo sea todavia més irceal y ha forzado a que la mayoria, dentro de cada Escado, sea ms abierta al pluralismo y a la diversidad, En un mundo de libre comer- cio y comunicaciones globales, la nacuraleza de las identidades éenicas y nacionales estd expetimentando un cambio, pero el reco del multiculcuca~ lismo sigue en pie, Capieulo 2 LAS POLITICAS DEL MULTICULTURALISMO Las sociedades modernas tienen que hacer frente cada vez més a geupos minoritarios que exigen el reconocimienco de su idencidad y la acomoda- cin de sus difecencias culcurales, algo que 2 menudo se denomina el reco del «multiculturalismo». No obscance, el término «multiculeuralismo» abar- ca formas muy_diferences de pluralismo culcural, cada una de las cuales plancea sus propios retos. Existen diversas formas mediance las cuales las ‘minotfas se incorporan a las comunidades polfticas, desde la conquista y la colonizecién de sociedades que anteriormente gozaban de aucogebierno hasta la inmigracién voluntatia de individuos y familias. Estas diferencias en Ia forma de incorporacién afectan a la nacuraleza de los grupos minori- tarios y el tipo de relaciones que éscos desean con la sociedad de Ia que for~ ‘man parce. De aby que las generalizaciones sobre los objetivos o las consecuencias del malticuleuralismo pueden ser bascante equivocas. De hecho, gran par- te del debare piblico sobre el muleiculturalismo acusa dicho defecto. Por ejemplo, quienes se oponen al multiculcuralismo suelen afirmar que éste encapsula 2 las minorfas en un gueto, impidiéndoles su integracidn en el ‘geueso de la sociedad; los parcidacios del mismo responden, por el concra- rio, que la preocupacién por la incegracién es un reflejo del imperialismo caltural, De hecho, ambas acusaciones constituyen generalizaciones excesi~ vvas que ignoran las diferencias entre los grupos minoricarios y malincer- ppreran sus auténticas mocivaciones. En el presente capfculo, me centraré en dos modelos amplios de diver sided culeural Bn eljprime?tcaso, la diversidad cultural surge de la incor- poracién de culeuras, que previamente disfrucaban de aurogabierno y estaban ‘ertitorialmence concentradas a un Estado mayor. Una de las caractecisti- ces discintivas de las culeuras incorporadas, a las que denomino «minorias nacionales», es justamente el deseo de seguir siendo sociedades distincas respecto de Ie culcura mayoricaria de la que forman parce; exigen, por can- to, diversas formas de aitonomia o aucogobierno para asegurat su supervi- vencia comio sociedades distinas. tEnel caso, la diversidad culcural surge de Ie inmigracién in- dividual y familiar. Escos emigrances acostumbran a unirse en asociaciones Ane mee of euenecranrec nine vow 2 dannminar «arinns érnicasy. A. eo Sludadania mutticultural grandes tasgos, dichos grupos desean integrarse en la sociedad de la que Forman parte y que se les acepte como miembros de pleno dereaho dela misma, Si bien a menudo pretenden obrener un mayor reconocimiento-de su identidad étnica, su objetivo na es convereirse en tuna naciGn separada y surogobernada paralela a la sociedad de la que que forman parce, sino mo- dificar las instiruciones y las leyes de dicha sociedad para que sea més per- meable a las diferencias culeurales, Se rrata, naturalmente, de modelos generales, no de leyes de la naturale 24, pot lo que cada categoria general requerics mayor refinamienco y precision a medida que veyamos avanzando en el andlisis y argumentacién, Sin em- bargo, no podemos empezar a entender y a evaluat les politicas del mult culturalismo a menos que comprendamos cémo la incorporacién histérica de los grupos minoritarios configura sus insticuciones colectivas, sus iden- tidades y sus aspiraciones, Por consiguiente, empezaté por describir la natti~ raleza de estas dos categorias amplias (aparcado 1) y, a continuacién, abor- daré las exigencias especificas implicicas en cada una de ellas (apactado 2), 111. Estapos sruttunacionates ¥ Estapos rouETNicos ~ Una fuente de diversidad cultural es la coexistencia, dentro de un de- terminado Estado, de mds de una nacién, donde «nacién» significa una co- munidad histérica, més o menos completa insticucionalmente, que ocupa tun eerricorio o una tierra nacal determinada y que comparce una lengua y una culeura diferenciadas. La nocién de «nacién», en este sentido sociolé- ico, esté estrechamente relacionada con la idea de «pueblo» o de «cultu- 2»; de hecho, ambos conceptos resultan a menudo intercambiables, Un pafs que contiene mas de una nacién no es, por tanco, una nacién-Estado, sino un Fetado muleinacional, donde les culeuras mis pequefias conforman las «minorfas nacionales». La incorporacién de diferentes naciones en un solo Estado puede ser involuntaria; ejemplos de ello son la invasién y con- quista de una comunidad cultural por orca o la cesién de la comunidad de tuna potencia imperial a orca oel caso en que el suelo patric es invadico por sgentes dispuestas a colonizar dicha comunidad. No obstance, la formacién de un Estado multinacional también puede darse voluncariamence, como sucede cuando culvuras diferentes convienen en formar una federacién para su beneficio mutuo, Muchas democracias occidentales son multinacionales. Por ejemplo, en los Estados Unilos existen diversas minorias nacionales, entre las que se cuentan los indios americanos, los porcorriquefios, los descendientes de mexicanos (chicanos) que vivian en el sudoeste cuando los Estados Unidos se anexionaron Texas, Nuevo México y California tras la guerra mexicana de 1846-1848. los narivas hawaianns. Ine chamneme de Guam v arme iele. as polficas del multiculeuralismo 27 dios del Pacifico. Todos estos grupos fueron involuntariamente incorpora- dos a los Estados Unidos mediante ls conquista o la colonizacién, De haber existido un equilibrio de poder discinto, estos grupos hubieran podido re- tener 0 establecer sus propios gobiernos soberanos. Ocasionalmente, en Puerco Rico o entre las principales tribus indias emerge Ia reivindicacién de la independencia, aunque la preferencia histérica de estos grupos no ha sido dejar los Estados Unidos, sino aleanzar la autonomia denero de ellos. La mayorfa de estos grupos fueron adquiriendo un estacus politica es- pecial a medida que iban siendo incorporados. A las cribus indias se las Feconocié como anaciones internas dependiences», con sus propios gobier- nos, cribunales y derechos establecidos mediance cracados; Puerto Rico es tuna commonwealth y Guam un «protectorado». Cada uno de estos pueblos est federado con Ia organizacién politica estadounidense y goza de expe- ciales comperencias de aurogobierno. Asimismo, cales grupos disfruan de derechos respecco de su lengua y el uso de su tertitorio. En Guam y Hawai, la lengua indigena (chamorro y ha~ waiano) tiene el mismo estacus que el inglés en las escuelas, les tribunales yy todo lo que suponga traco con el gobierno, mientras que en Puerco Rico la Ginica lengua oficiales el espafol. El Trarado de Guadalupe Hidalgo, fir- mado en 1848, garantizé los derechos lingitisticos a los chicanos del sudo- este, aunque éstos fueron abrogados tan pronto como los colonos angléfo- nos constituyeron la mayorfa de la poblacién. Los nativos hawaianos, los esquimales de Alaska y las tribus indias cambién tienen legalmente reco- nocidas sus exigencias cerritoriales, reservandoles deverminadas zonas del territorio para su uso exclusivo y garancizindoles su represencacién en de- teminados organismos reguladores. En resumen, en los Escados Unidos las minorfas nacionales poseen diversos derechos cuyo objetivo es reflejar y proteger su estatus como comunidades culturales distincas; ademas, dichas ‘minotfas han luchado para conservar y aumentar tales derechos.' La mayor parte de estos grupos son relativamence pequefos yestin yeo- gréficamente aislados. Todos juntos Gnicamente consticuyen una fraccién de la poblacién total estadounidense. A resultas de ello, estos grupos han sido marginales para la auroidentidad de los escadounidenses; de ahi que, de hecho, muchas veces fos politicos y los teéricos estadounidenses hayan 1. Para un estudio de les derechos de las minorfas nacionales en los Estados Unidos, véase O'Brien, 1987, Sobre lt invisibilidad de estas grupos en la historia conssitucional y polfcice de los Estados Unidos, véase Ball, 1989; Resnik, 1989; Aleinikoff, 1994, Sobse la ‘cuestin de la secesién de las cribus Indias, véase Jensen, 1993. La abeogacién de los dere- ‘choslinglfsticos de los chicanos se asemejaal destino de los més en Canali, cayos derechos racionales fueron reconocidos cuando Manitoba ingress en la Confederacin, pars ser abo- Tides cusndo los calonos ingleses fuecon mayaritaris en Ia provincia. Compsrese Glazer, $902 fe 77 one Whainerain 1ORK hor AKA? Charrrnnd 1001 w 109% née 341 28° Ciudadanfa mulsiculearal negado ¢ infravalorado 1a mera existencia de las minorias nacionales y de sus derechos de aucogobierno. . En otros pafses Ia existencia de minorfas nacionales cesulta més pacen~ te. El desarrollo histérico de Canadé ha implicado la federacin de cres geu- pos nacionales distincos: ingleses, franceses y aborigenes.? En su origen, la incorporacin de la comunidad quebequesa y aborigen a la comunidad po- litica canadiense fue involuntaria. Los cecritorios indios fueron invadidos por los colonos franceses que, a st vez, fueron conquistados por los ingle- ses, Mientras que en el caso de Quebec la posibilidad de la secesién es muy teal, la preferencia hist6rica de estos grupos —como sucede con las min ‘fas nacionales en los Estados Unidos— no ha sido abandonar la federacid sino renegaciar los eérminos de ésta para aleanzar un mayor nivel de auto. no Gran parte de los momentos decisivos de la historia canadiense se han cenerado en estos intencos de renegociar los eétminos de la federacin entre ingleses, franceses y aborigenes. Los términos de la federacién se recogen en una serie de documentos protegidos por la Constitucién, incluyendo los tratados y las reivindicaciones territoriales con los aborigenes, asi como el acuerdo de confederacién entre las colonias angléfonas y francéfonas de la Norteamérica britdnica de 1867, La tentativa més reciente de renegociacién finalizé en octubre de 1992, cuando mediante un referéndum nacional se rechazé una propuesta para enmendar fa Constiucién (el Acuerdo de Charlottetown). Dicho acuerdo hubiera reforzado el «derecho inctinseco al autogobiernon de los aborige- 2. ea gaps conden a ios un cia evident spud ipenivo ronal see rome sAcinbln Navn lepiod casos cru nos deaminase he ms Nace Be peo goss pis shorn cron nse con eer een bese corde lngens (nei, mel eso si elo in Bein kp sac cal enue nme ies tae es ee pops ends comuntarar svete, Enamel teehee Sk Ses ence gp lingo, dexeneeemr seade center ney ulna esi ron npn serps ence eee oe Shen pucbls dios Por ae pres mle pecan ae decir scales anes oe rn eon a epee eae province Quer one af as rac bn occa Poca fn ncn ade Qube 7 trl fare nal seep ee meteor vin ce to rn pope tod nr enti fea, de errant eae Me, 1506: Ct) Zyebe, 95, ng 24 Sone wo de lng et mood pot sabres ns queue mis en ena vns Cats 958 pope a e595: Lone 199 no, 195 Las politicas del mulsieuleuralisme 29) nes y hubiese concedido un estatus especial a Quebec, como «la tinica so- ciedad con una mayoria lingiifstica y culeutal francesa en Canada y Norte- améticen Otras muchas democracias occidentales son también multinacionales, ya see porque incorporaron por la fuerza a las poblaciones indigenas (como, por ejemplo, Finlandia y Nueva Zelanda), o porque se consticuyeron median- te la federacién, més 0 menos voluntaria, de dos o més culearas europeas (como, por ejemplo, Bélgica y Suiza). De hecho, muchos paises del mundo son multinacionales en el sentido de que sus fronceras se crazaron de forma que incluyeran el territorio ocupado por culturas preexistentes que a menudo dis- ponfen de autogobierno. Este es el caso de la mayoria de pases del anciguo Bloque comunista (véase Dreyer, 1979; Connor, 1984) y del Tercer Mundo (Rothchild y Olorunsola, 1983; Selassie, 1993; B. Davidson, 1992). ‘Afirmar que estos pafses son Estados «multinacionales» no significa negar que, a algunos efectos, los ciudadanos se auroconsideren un tnico pueblo, Por ejemplo, los suizos tienen un fuerce sentido de lealtad comin, pese a sus divisiones culeurales y lingilisticas. De hecho, los Estaclos mul nacionales no pueden sobrevivir 2 menos que sus diversos grupos naciona- les mantengen su lealtad a la comunidad politica mas amplia en la que ¢s- tn incegrados y con Is que cohabitan, Algunos estudiosos desctiben dicha lealcad comiin como una forma de idencided nacional y, por canto, consideran que Suize es un Estado-nacién, algo en mi opiniéa erréneo, Debemos discinguir el «pattiotismon», el sen timiento de lealtad a un Estado, de Ia identidad national, él sentido de per- tenencia @ un grupo nacional. Ei Suiza, como en la mayoria de Estados multinacionales, los geapos nacionales sienten lealcad hacia el Estado en su totalidad s6lo porque éste reconoce y respeta su existencia camm nacién di- ferente. Los suizos son pattiocas, pero la Suiza a la que son leales se define ‘como una federacién de distintos pueblos. Por esta razén, es preferible con- siderarle un Estedo mulcinacional e incerprecar los sentimientos de lealrad comtin que genera dicho Estado como patriatismo compartido, no como wna idencidad nacional comin. ~ La segunda fuente de pluralismo culeural es la inmigracién. Un pais ‘manifestard pluralismo cultural si acepta como inmigrantes a un gran ni- mero de individuos y familias de otras culeuras y les peemice mantener al- gunas de sus particulacidades émnicas. Esco siempre ha sido un aspecto im- portantisimo de la vida en Australia, Canada y los Estados Unidos, que poseen los tres mayores indices de inmigracién per edpita del mundo. De hecho, més de la mitad de coda la inmigracién legal mundial se produce en tuno de estos tres paises. Antes de 1960, se esperaba que los inmigrances a estos paises abando- nasen sn herencis distintiva v se asimilasen coralmente a las pautas culeu- 30° Cludadania muleiculeurat rales existences, fo que se conoce como modelo inmigrarorio de. «anglocon- formidads. Asi las cosas, a algunos grupos se lés-riégaba la entraela si no se les consideraba asimilables (por ejemplo, las cestricciones a la inmigracién china en Canadé y los Estados Unidos o la polftica de inmigracion de «s6lo blancos» en Australia). La asimilacién se consideraba esencial para la esta~ bilidad politica, algo que se racionalizaba posteriormente mediance la de- nigracién etnocéncrica de las otras culcuras. Esce compromiso compartido con la angleconformidad queda oscure- cide por el popular —pero equivoco— contraste entre el melting por esta- dounidense y el «mosaica érnico» canadiense, Pese a que el «mosaico éeni- com tiene una connocacién de espero por la integridad de las culturas inmigrantes, en la préctica simplemente significa que los inmigrantes a Canada pueden escoger entre dos culturas 2 las que asimilarse. Aunque Ca- nad es binacional, Ia «tensa tolerancia que franceses e ingleses se profesan recfprocamence no se extendié a los extranjeros que se resistieron a la asi- milaci6n o fueron considerados inasimilables».? Sin embargo, a principios de los afios setenta, y bajo la presién de los grupos inmigrances, los tres pafses abandonaron ef modelo asimilacionis- tay adoptaron una politica mas tolerante y pluralista que permite y, de hecho, estimula que los inmigrantes mantengan diversos aspeccos de su he~ rencia éenica. En la actualidad se acepra (aunque no de una manera uné- nime) que los irimigrances debetfan tener libertad para mantener algunas de sus antiguas costumbres respecto de Ia alimentacién, la indumenca- ria, la religién, asf como derecho a asociarse entre sf para mantener tales priccicas. Tal conducea ha dejado de considerarse ancipatriécica o antiame- rican 3. Porter, 1987, pig. 154; véase Reite y Breton, 1994; Palmer, 1976, De ser cieeto «que los grupos iamigrantes parecen més cohesionades en Canad, ello se debe probable- ‘mente a que éstos contienen una mayor proporcién de inmigrantes recientes que los pri pos éxnieas en los Estados Unidos, to cual, a su ve2, se debe al mayor nice de inmigta- cidn del Canad, En 1981, el 16,19 de los cesidentes en Canadié habian nacido en el extranjeto, compardo con el 6,2 % de los Estados Unidas (Laceko, 1994, pigs. 28-29) Sin embargo, el proceso de integracin de los inmigrances asentados, asf como de sus hi- js, es similar en ambos pases. El cérmina melting-pur eambign es hasta cierto punto ea) “ xoco, Este cérmina alude fundamencalmente a la fusion biolégiea de diversos grupos ce os (blancos) « través de los macrimonios mixtos, més que 1 In fusign de sus précticas eulzurales. Segun Theodore Roosevele, las «represenrances de muchss razas anciguas del ‘mundo se estin uniendo en ua nuevo tipo», pezo vel crsol en el que se han fundido eodos os nuevos tipas hasta convertrse en uno solo se configuré desde 1776 hasca 1789, y nues- tra nacionalidad se 6 definiivamence, con codas sus caracteristias esencales,en el hom bre de la épocs de Washington» (cicado ea Gordon, 1964, pég. 122). Esto es particular- mente cierto en el caso de fa lengua, como se comentari més adelante en este mismo anil, aa Las policicas del muleiculeuratisma 31 Es importante distinguir este cipo de diversidad culeural del propio de las minotfas nacionales. Los grupos inmigrances ni son wnaciones» ni ocu- pan tierras nacales, su especificidad se manifiesta fundamencalmente en su vida familiar y én las asociaciones voluntarias, algo que no cesulta contra~ diccorio con sti inteBTaCISn institucional. Tales grupos participan en las instituciones piblicas de la(s) culcura(s) dominante(s) y se expresan en tals) lengua(s) dominante(s). Por ejemplo, en Australia y los Estados Unidos, los inmigrantes (2 excepcién de las personas mayores) deben aprender el inglés para lograr la ciudadania; ademds, el inglés es una de las asignaturas, bl gatorias en Ia escolarizacién infantil. En Canadé, deben aprender cualquie- ta de las dos lenguas oficiales, ftancés 0 inglés. El_compromiso para asegurar una lengua comtin ha sido una de las ca- sacteristicas constantes de la hiscoria de la politica de inmigracién. De he- cho, como Gerald Johnson dijo de los Estados Unidos, «una de las peque- fas paradojas de Ja hiscotia es que ningtin imperio plucilingiie del viejo mundo se atrevié a ser tan despiadado como para imponer una tnica len- gua a codo el conjunto de le poblaciéa, algo que sf hace la reptiblica libe- ral, "que defiende el principio de que todos los hombres han sido creados iguales"».' El rechazo de la angloconformidad no significé el debil miento del compromiso de asegurar que rodos los inmigrantes acabarfan siendo angléfonos, algo que se considera esencial si éstos van a tener que incluirse en el grueso de la vida econémica, académica y politica del pais Asf pues, si bien por une parte los grupos inmigrantes han afirmado cada vez més su derecho a expresar su particularidad étnica, por otra desean hacerlo dentro de las instituciones piblicas de la sociedad angléfona (o francéfona, en Canada). Al cechazar Ja asimilacién, dichos grupos no pre- tender insteurer une sociedad paralela, como sucedle de forma cacaccerfstica Com'las minorias nationales. A consecuencia de ello, canto Estados Unidos ‘como Australia cuenta con diversos «grupos écnicas» a modo de culruras imprecisamence agregadas dentro de Ia sociedad angléfona preponderante; es decir, poseen lo que denominaré «poliernicidad». De igual manera, en Canadé existen subcultaras étnicas eanco en ia sociedad angl6fona como en la francéfona. Es posible, en ceorfa, que los inmigrantes devengan minorias naciona- les, a condicidn de que se establezcan conjuntamente y consigan compe- tencias de autogobierno. Esco es justamence lo que sucedié con los coloni- zadores angl6fonos a lo largo del imperio briténico, con los colonizadores hispanos en Puerto Rico y con los colonizadores franceses en Quebec. Los 4, Johnson, 1973, pig. 119. Véase eambiga Telefon, 1989, caps. 3-4 y Carlson, 1975. Pace un estudio oraiabareador de la iscoria de ls dvechoslingteieos en los Es- tados Unidos, vése Kloss, 1997. 32 Ciudadania mulciculeural colonizadores no se autoconsideraban winmigrantes», habida cuenta de que no tenfan expeccativa alguna de integrarse en otra culeura, sing que, mds bien, intencaban reproducir su sociedad original en una nueva cierca. El intenco de crear una sociedad institucionalmente completa es una de las caracterfsticas esenciales de la colonizacién, algo bien distinco de le inmi- graci6n individual, En principio, hoy dfa se podria permitir 0 estimular « los inmigrantes para que se autoconsideraran colonizadores, siempre y cuando gozasen del amplio apoyo del gobierno en tézminos de asentamien- 10s, de derechos lingitisticos y te capacidad de creacién de ntievas unida- des politicas. Pero los inmigrantes no han pedido ni han obtenido tal apo- yo. (Que esto sea justo 0 no es otro tema, que abordaré en el capitulo quinto.) Existe la percepcién generalizada de que este modelo «poliénico» ya no es aplicable a los inmigrantes hispanos que llegan a los Estados Unidos, Se firma que estos inmigrances no tienen interés en aprender el inglés 0 en integrarse en la sociedad angléfons, Se traca de una percepcién errdnea, que hhunde sus rafces en la cteencia de que los hispanos constituyen una carego- fa Gnica y, por tanto, en la confusién de las exigencias de las minorfas nacionales de habla espafiola (portorriquetios y chicanos) con las de los inmigrances de habla hispana recién legados de Latinoamérica. Incluso dentro de la categoria de los recién Hegados, es importante diferenciar cla- ramente a los inmigrantes procedentes de otros dos grupos hispanos: los re- fugiados cubanos y los trabajadores mexicanos que han entrado ilegelmen- teen el pais Los refugiados cubanos que viven en Miami se autoconsideran exilia- dos y no inmigrantes, Cuando llegeron a los Estados Unidos, dieron por ssupuesto que su regreso a Cuba era inminente, una presuncién que el go- bierne escadounidense alenté, en parte por razones polfticas, durance la guerra fefa. A resulcas de ello, ni los exiliados cubanos tuvieron el incenti- vo de integrarse ni la sociedad de acogida les alenté a hacerlo. (Un caso aparce es el de los refugindos de Indochina, muchos de los cuales planeaban quedarse en los Estados Unidos y, por ranto, mostraron su preferencia ma- yoritaria por el mismo modelo de integracién que los inmigrantes; Tollef- son, 1989.) De igual manera, los iamigrantes. mexicanos que trabajan ilegalmence en los Bstados Unidos siempre estén a un paso de abandonar el pais. Pues- to que no tienen posibilidad de pedir la ciudadania, rampoco han tenido el incentivo o el estimuto de integrarse. Por otro lado, no tienen el acceso a la formacién lingufstica que se oftece a los inmigrantes. Si dejamos a un lado estos casos especiales, y nos centramos en los in- migrantes hispanos que vienen a los Estados Unidos con la intencién de quedarse y de convertirse en ciudadanos, la evidencia indica que éstos, al Las politicas del mulriculeuralismo 33 igual que muchos otros inmigeantes, estin dispuestos a aprender el inglés ya participar en el grueso de la sociedad. De hecho, entre los inmigrantes latinos, la «asimilacién al grupo inglés se produce actualmence con mayor rapidez de lo que se producta cien afios acts»? Esto muestra que Ia cacegorfa de chispanow deberfa usarse con caucela. Desde los afios sesenta, el censo estadounidense ha trarado a los «hispanos» como un grupo u origen érnico comin. No obstance, la mayorfa de los his- panos consideran su identidad nacional o énica de manera mucho mas es- pecifica —como los portorriquefios, chicanos, cubanos, espafioles 0 guace- maltecos—, un rasgo que refleja Ins historias bien diferences que estos grupos han vivido en los Estados Unidos, Seria interesante comprobar si los hispanos desarrollan o no una identidad y una agenda politica comiin que trascienda estas diferencias. Si lo hacen, y si dicha agenda adopra la forma de una identidad nacional separada, entonces Ia cuestién de las minorias, nacionales dejaria de ser marginal para ocupar el centro del debate politico estadounidense. Sin embargo, hoy por hoy los «hispanesm son poco mas que una categoria estadistica que incluyc diversas minorfas nacionales, in- migrantes y exiliados, todas ellas con sus propias identidades y exigencias, especificas.* Le inmigracién no es sélo un fenémeno del «Nuevo Mundo». Muchos otros paises acepran también inmigrantes, aunque no en la misma escala y magnitud que los Estados Unidos, Canada y Australia, Desde la segunda guecra mundial, Gran Brerafia y Francia han aceptado inmigeantes de sus antiguas colonias. Otros paises, pese 2 aceptar un ntimero escaso de inmi- srantes, los acogen de cualquier pais del mundo (como sucede, por ejem- plo, en Suecia), En ocros paises, los «crabajadores invitados», que inicial- ‘mente sélo fueron considerados residentes cemporales, se han convertido en inmigrantes de facto. Por ejemplo, los trabajadores curcos llamados a Ale- ‘mania se han convertido en residentes permanentes, con sus familias, has- tw el punto de que a menudo Alemania es el dinico hogar que conacen sus 5. M. Combs y L. Lynch, citado en De fa Garza y Trujillo, 1991, pig. 215. Johei (Ogbu también argumenta la imporeancia de distinguie a los inmigeanteshispanes de los ‘chicanos no inmigeantes, en cérminos de sus nctitudes hacia Ia integracién y el éxico en la cortiente principal de la sociedad (Ogbu, 1988). Los grupos inmigeances hispanos han smostrado interés en In educacién blingie, pero consideran que su aprendizaje del espa ‘ol es algo complemencario, y no susticucorio, del aprendizaje del inglés. Esto es lo con- trario de lo que sucede con el aprendizaje del espanol en Puerto Rico, donde el espafol és Ja Tengua dominance y, de hecho, muchos porcocriquefios no aprenden siquiers unas no~ clones de inglés, 6, Para un incento de construir este tipo de plaraforma unificada, véase Chavez, 1991, ‘que insce 2 rodos los grupos hispanos (con fa posible excepcién de los porcorriquefos) & adoprar el modelo de ineearacién de los ineminrances. BA Cludadania muleiculeural hrijos (y ahora ya sus nietos). En rods estos paises, Ia «polietnicidad» es cada vex més patente,” 7 Obviamente, un tinico pais puede ser a la vex multinacional (como re- sultado de la colonizacién, la conquista o la confederacién de comunidades nacionales) y poliésnico (como resultado de la inmigracién individual y fa- miliar). De hecho, codas estas posibilidades y modelos se encuentran en Ca nad: los indios fueron invadidos por los colonos franceses y los franceses fueron conquiscadlos por los ingleses, si bien la relacién actual entre ambos se puede considerar una federacién voluntaria; ademés, tanto ingleses como franceses han aceptado inmigrantes, a los que se ha permitido mantener su identidad éenica. De ahf que Canadé sea multinacional y poliétnico, como los Estados Unidos. . Estas etiqueras tienen ciertamente menos popularidad que el eéemino «multicultural», pero este Ultimo vérmino puede resultar confuso, precisa mente a causa de su ambigiiedad, que no permice diferenciar entre mul- tinacional y poliéenico. Tal ambigiiedad hizo que el gobierno canadiense fuera inmetecidamente criticado por su politica de «multiculcuralismo», el término elegido por el gobierno para describir la politica que empez6 a impalsar a partir de 1970, polftica encaminada a fomentar la poliesni~ cidad y no ta asimilacién de los inmigeances. Algunos canadienses francé- fonos se han opucsco a !a politica del «multiculeuralismo» por conside- rar que reduce sus exigencias de nacionalidad al nivel de Ia etnicidad inmigrante.® Por el contratio, otras personas consideran que el objetivo de dicha policica es cratar a los grupos de inmigrances como naciones, por Jo que apoyan el desarrollo de culcuras institucionalmente compleras para- lelas ala francesa y @ la inglesa. De hecho, ninguno de los temores esc jus- tificado, habida cuenca de que el «multiculrucalismo» es una polfcica de apoyo a la polietnicidad dentro de las instituciones nacionales propias de las culturas inglesa y francesa (Burnet, 1975, pag. 36). Puesto que el cérmino «multiculcural» inviea a tales confusiones, usaremos los adjetivos «mulei- 7, Esto ha desencadenado un creciente debace en Europa sobre la nacuraleza de la clus ddan y su elacin con la nacionalidad (encendida como pertenencia ala cultura nacio- ral). Sobre Inglaterra, véase Parekh, 1990; 1991; Modead, 1992; sobre Francia, wéase Colas y otros, 1991; Leca, 1992. Sobre Europa en general, véaee Lenoble y Dewandz, 1952: Brubaker, 1989. Sobre el estatus de los tabajadores invicados, véase Layron-Henry, 1990. 8, Tal como lodescribié René Levesque, antiguo Primer ministco de Quebec, el mul- siculeurlismo wes una vevasivan, La nocién se acu para difurninae el easunco de Que- bee», pare dar una impresidn de que todos somos écnicos y no eenemos que preocuparnas por ui estatus especial para Quebec (citado en Wilson, 1993, pig, 636, noca 33). Los maories de Nueva Zelanda han experimeneado preacupaciones similares esto es, que lafe- ‘rica del «multiculcuralisma» es una manera de negar sus exigencias nacionales, amon- tonéndolss con las exigencias poligenicas de los inmigrantes no bricénicos (Sharp, 1930, : Mulean, 1989, nas. 8-9). Las politieas del muleiculeucalismo 35 nacional» y «poligenico» para aludic a las dos formas principales de pluca- lismo culeural. ‘Algunas personas emplean el término «multicultural» de una manera ain més amplia, para englobar una extensa gama de grupos sociales no ét- nicos que, por diversas razones, han sido excluidos 0 marginados del nti¢leo mayoritario de la sociedad. Este uso es parcicularmente feecuente en los Es- tados Unidos, donde los parcidarios de un curriculum «multiculeural estén a menudo aludiendo a los esfuerzos para invertir la exclusién histérica de ‘grupos como los discapacitados, los gays y las lesbianas, las mujeres, la cla- se obrera, los areos o las comunistas.’” Todo ello pone de manifiesto la complejidad del cérmino «culeura». ‘Muchos de estos grupos tienen una cultura distinea en uno de los sencidos habicuales del cérmino; a saber, cuando «culture» alude a las distintas cos- tumbres, perspectivas 0 ethas de un grupo o una asociaciacién; por ejemplo, cuando se habla de una «culeura gay» o incluso de una «culeura burocriti- cam. Este es, quizd, el significado mas precisé de «una culturam. En el oro extremo, empleando «culcura» en su sentido més amplio y comprehensivo, podemos decir que todas las democracias occidentales comparcen una «cul- tur» comin, en el sentido de que todas ellas comparten una civilizaciéa ‘moderna, urbana, secular e industrializada, en contraste con el mundo feu- dal, agricola y teocrético de nuestros ancestros. Estas dos acepciones no écnicas de culcura aparecen en el Oxford En- lish Dictionary, que define culcura coma las «costumbres» o la sciviliza- cién» de un grupo o un pueblo. Si culcura alude a las «coscumbresm de un grupo, resulta obvio que los diversos grupos con estilos de vida propios, los movimientos sociales y las asocinciones voluncarias que podemos en- contrar en cualquier sociedad moderna poseen sus propias «culcuras». De acuerdo con esta definicién, incluso el Estado mas homogéneo émnicamen- te, como Islandia, seria pese a codo un Estado «multicultural», puesto que contiene diversas series de asociaciones y grupos basados en discinciones de clase, género, orientacién sexual, religiGn, creencias morales e ideologia alftica Poms! cultura alude a ta acivilizaciéne de un pueblo, entonces prictien- ‘mente todas las sociedades modernas comparten Ia misma cultura. Segtin esta definicién, incluso el pais més multinacional, como Suiza, 0 el pais més poliéenico, como Australia, no son excesivamente «mulriculeuralesn, 9, Estas diversas acepciones de cultura quedan reflejadas en los diferences signitica- dos atcbuidos al eérmino »multiculeuralismov en diferentes paises. En Canad, este tér- mino alude caracceristicamence al derecho de los inmigrances a expresar su idencidad ét- nica sin temor a los prejuicios oa la disetiminacién; en Europa, muchas veces se cefiere a los poderes comparridos encre Ine comunidades nacionals; en los Eseadas Unidos, se sue- le wear nara enwlober las demandas de nrupos socislmente marginades. 36 Ciudsdania mulcieuleural cn la medids en que los diversos grupos nacionales y étsicos parcicipan de Ja misma forma de vida social moderna e industrializada. Por mi parce, empleo los términos cultura (y «muleiculeural») en un seneido diference. Me cencraré en el tipo de «multiculcuralismo» derivado de las diferencias nacionales y étnicas. Como dije antes, utilizo «cultura» Zomo sinénimo de «nacién» o «pueblo»; es decic, como una comunidad in- cctgeneracional, més o menos complera insticucionalmente, que ocupa un territorio 0 una patria determinada y comparte un lenguaje y una historia especificas, Por tanto, un Estado es multicultural bien si sus miembros pertenecen a naciones diferentes (un Estado mulcinacional), bien si étos han emigrado de diversas naciones (un Estado poliécnico), siempre y cuan- do ello suponga un aspecco importance de la identidad personal y la vida pol Se trata pura y simplemence de mi definicién operativa de «culeura» y ‘«multicultural», aunque estoy convencido de que dicha definicién se co- rresponde con el usa comtin de estos téeminos. No incluyo aqui el tipo de estilos de vida geupal, movimientos sociales y asociaciones voluncatias que otros engloban dentro del émbito del multiculcuralismo. Y no porque piense que las cuesciones que plancean estos grupos no sean importantes; ances al contratio, doy por supuesto que la acomodacién de las diferencias éxnicas y nacionales es sélo uno de los aspectos de una lucha mas amplia para lograr una democracia més tolerance e inclusiva. La marginacién de las mujeres, los gays, las lesbianas y los discapacica- dos aeraviesa las feonceras écnicas y nacionales: se da en las culeuras mayo- ritarias y en los Escados-nacin, asf como dentro de las minorfas nacionales y los grupos écnicos, por lo que debe combarirse en codos esos lugaces. Por fanco, una teorfa que contemple los derechos de las minorfas culcurales debe set compatible con las justas reivindicaciones de los grupos sociales que se encuentran en situacién de desventaja, y, como espero poder demos- ‘eat luego, creo que mi ceorfa cumple dicho cequisito. Ademés, como ar- gumentaré después, existen importantes analogias encre las exigencias de justicia que plantean tales movimiencos sociales y las exigencias de los grupos émicos, habida cuenta que unos y otros han sido excluidos y mar- ginados en vircud de su diferencia». Dadas estas analogias, algunas personas se sienten tencads a decir que estos grupos sociales consticuyen discintas «culturas» © esubculcurasm, por Jo que la lucha contra st opresiGn es una lucha en favor del «multiculeura- lismo»."° Indudablemence, en cierto sentido los gays y las lesbianas, las 10, Parce de la motivacién de este enfoque es que muchos planceamieacos iibersles del valor de las difecencias nacionales y éenicas acaban por rxcionalizar la apresién dentro 1e los grupos minoritarios en nombre del respeto alas eraiciones,o de proterer la wats- Las polftieas del muleiculeuralismo 37 mujeres y los discapacitados constituyen culcuras separadas dentro de la 50~ ciedad global. No obstance, el sentido de la expresién no coincide con el que connoca decir que los quebequeses constituyen una cultura separada dencro de Canadé, De ahi que sea importante tener en mente estos distin- 0s sencidos de culcura (y multiculeuralismo). Habida cuenta de los objecivos de este libro, no describité codos estos ‘grupos como «culcuras» o «subculturas» ni tampoco usaré «muleiculrura- lismo» como un término que abarca todas las diferencias de perspectiva moral o idencidad personal basadas en la pectenencia @ uno u otro grupo, aunque acepto que en otros contextos dicho uso puede ser apropiads, Lo que importa no es la rerminologia empleada, sino cener en cuenta ciertas distinciones. Creo, como argumentaré a lo largo del libro, que resulta bisico discinguir las minosfas nacionales (sociedades distintas y pocencialmente autogoberaadas incorporadas 2 un Estado més amplio) de los grupos éenicos Ginmigrances que han abandonado su comunidad nacional para incorporar- se a otra sociedad), Por su parce, minorias nacionales y grupos éenicos se inguende lo que suelen denominarse «nuevos movimientos sociales» —es decir, asociaciones y movimientos de gays, mujeres, pobres y discapa- citaclos— que han sido marginados dentro de su propia sociedad nacional © de su grupo écnico. Cada agrupacién mencionada plantes sus propias ccuestiones especificas, que deben examinarse en lo que valen. No obstante, en el presente libro me centraré en las dos primeras, aunque intencaré de- mostrar cémo ambas estdn conectadas en diversas formas con la tercera Tencicilad 0 le sincegidads de las culearas (Yoval-Davis, 1995), Uns forma de densa Concra eee peligro et insist en que los gays o ls mujeres forma sus propasculeuras, y ‘gue la incegridad de dichas culturastambign es digna de eespeco, (Sobre los gays como Subculcure, vege Fitogesld, 1983, pigs. 25-119; Mursay, 1979.) Sin embargo yo adop- taré ura lfoca de ataque mis deci, separando la defensa de los derechos culcurales de ualquiersantiicacion de le weadcién> y la wautenccidad, y en lugar de ello la conee- taré con une ceora liberal dela jusica comproreida con la auconomfa individual y I ‘gual socal (véanse caps. 3-3). Una cust elacionada es que defini ef mulicultu- talirmo en sdrminor ce elferencaséenicasy eaionales puede leva a desaender los gru= osm svoresto sentir quan ena po eel eo Expacién por el mulrculeualiemo, Esa es una preocupacignlepitima, pero vale la pena Scfalac que el peligro wvanca en ambes dieceianes. Ee decir, que algunos patidarioe de ia wpoltien dei dfeencian, que se ceneranfundamenalmence en los grupos més desla- voreidos, dejan en segundo plano Ins reivindicacionescaracersies de los grupos nacio- hues, Pienso que st es el eto, por ejemplo, del influyence trabajo de Irs Young sabre Ia ‘politica dela diferencian, Pie a que ostensiblemence incluye la eivindicaciones de los indiosamericanos y de la maories en Nueva Zelanda en su desripeign de a ciudadanta diferenciads en funein del grupo de hecho malinterprea las evindicsciones de los mis- mos, eatindolas como si fuesen grupos marginados en lugar de naciones aurogobernadas 1990, pigs. 175-183; 19934) La mejor manera de aegurar que ningin tipo de ientin invicihlewc harientn ina elara dierinei ee ell 38. Ciudadanéa multiculraral Sorprendentemente, los especialistas en ceor‘a politica suelen obviar esta discincidn, Uno de los pocos teéricos concemporneos que la tiene en cuenea es Michael Walzer, aunque redescribe la distinciéa como la diferen- cia entre la diversidad écnica del «nuevow y del «viejo mundom, Segiin Walzer, el pluralismo cultural en el viejo mundo consca de «comunidades intactas y arraigadasm de naciones que «se establecieron en unas tierras que han ocupado durante muchos siglos» (1982, pdg. 9). Cuando se intenta privar a estas comunidades nacionales de su lengua y su culcuca, surgen Ila mamientos en favor de Ia sliberacién nacional» En et Nuevo Mundo, sin embargo, el pluralismo «se originé en la mi- graci6n individual y familiar», implicando « personas «proclives al caribia culeural, ne solamente porque estaban desarraigadas, sino porque se habian desarraigado a sf mismas. Sean las que fueren las presiones que les llevaron al” Nuevo Mundo, eligiecon ise, mientras que otros iguales que ellos, en sus” propias familias, eligieron quedarsen. A resultas de ello, «el llamamiento del jo mundo en pro de Ia autodeterfhinacidn no tiene resonancian en el Nue-~ vo Mundo, Habiéndose desarraigado a sf mismos, los inmigrantes no tienen raz6n alguna para Ia secesién o para rechazac el inglés como lengua pibli- ca. Si bien se resistieron a Ia angloconformidad, wsu resistencia adopté una nueva forma, No ceivindicaban que la politica se adaprase a le nacionali- dad, sino més bien que se separase de ésta, al igual que se habia separado ya de la religién. No se trataba de una reivindicacién de liberacién nacional, sine de pluralismo éénico» (Walzer, 1982, pags. 6-11; 19834, pig. 224). De forma similat, Nathan Glazer distingue entre los paises del viejo mundo, una wfederacién de pueblos», y los paises del Nuevo Mundo, com- puestos por grupos de inmiggances «dispersos, mezclados, asimilados {e} incegrados» (Glazer, 1983, pig. 227). Puesto que los inmigrances se desa~ rraigaron a sf mismos con las expecrativas de incorporarse en otra sociedad nacional, «raramente plantean reivindicaciones étnicas concretas del tipo que podemos encontrar en aquellas naciones donde los grupos énicos cons- ‘ieuyen entidades mis compactas, que mantienen su culcura, y consciences de sf mismas», como wel derecho a emplear su lengua en el gobierno del Estado, de crear insticuciones que ceflejan su cultura écnica especifica, 0 bien el derecho a la secesién». A diferencia del viejo mundo, «no existen.. ‘concentraciones écnicas que puedan ceivindicae derechos nacionales por ha- berse establecido en terticorios norteamericanos antes de que éstos forma- sen parte de los Estados Unidos» (Glazer, 1983, pégs. 276-283). Pienso que esta manera de hablac de la diversidad del «Nuevo Mundo» y-del «viejo mundo» resulta peligcosa merced a su excesiva simplificacién. Es ciereo que en el Nuevo Mundo la diversidad cultural se debe a Ja inmi- gracién en mayot medida que en Europa. Pero lo cierto.es queen el Nuevo Mundo sodemos encontrar minarias nacionales. al ional rite en lv Las politieas del mulciculeuralismo 39) mundo también ha habido inmigracién, (Exisce también la especial situa~ “Cin dé los afroamericanos que, como comentaré mis adelance, no encaja en ningune de las dos categorias.) Simplemente noes cierto que en el Nuevo ‘Mundo no exiscan «comunidades incactas y arraigadas... que se establecie- omen tietras que ocuparon durante muchos siglas» (Welzet), 0 que no exis- ran wentidades compactas y conscientes de sf que mancengan sus culturas» que «puedan reivindicar derechos nacionales por haberse establecido en ce- rritotios norteamericanos antes de que és¢os formasen pacce de los Estados Unidos» (Glaze). Afirmar tal cosa supone ignorar la existencia de fos in- dios norteamericanos; de los portorriquefios, de los nativos hawaianos o de los chamorros de Guam, entre otros. Como expuso Stephen Thernstrom, «existe un considerable niimero de pueblos cuyos ancestros no vinieron los Estados Unidos voluntaria 0 involuncariamente, Mas bien, fos Estados ‘Unidos vinieron a ellos en el curso de su inexorable expansién por todo el continence y por el Caribe y el Pacifico» (Thernstrom, 1983, pag. 248). De hecho, Walzer y Glazer son conscientes de la existencia de estas mi= norfas nacionales en los Estados Unidos y en ottos paises del Nuevo Mun- do, Probablemente, se limitan a establecer una generalizacién muy burda. Sin embargo, esta excesiva generalizacién no es algo inocuo y restringido a ‘unos cuanitos escricos académicos. Refleja y perpetda una larga historia de negaci6n de los derechos, e incluso de la propia existencis, de minorfas na- cionales en toda América del Norce y del Sur, fundamentada en la conside- racién de que se trara de «paises de inmigrantes». Los representantes de los Estados Unidos en la Sociedad de Naciones y cen las Naciones Unidas —asi como los respresentantes de diversos paises sudamericanos, de Australia y Nueve Zelanda— han aducido una y orca vvez que son paises de iamigeantes y que, por tanta, no Fienen minorias na- cionales. Cuando las Naciones Unidas adopraron medidas para proceger di- chas minorias (arcfculo 27 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Politicos), diversos paises del «Nuevo Mundo» insistieron en que se afia- diese una cldusula afirmando que el arciculo Gnicamente eta aplicable en aquellos Estados donde existieran minorfas, y proclameron que, por cansi- guiente, el arciculo no ere aplicable en su caso." 11. Sabre este particule, véase O'Brien, 1987, pigs. 276-260; Claude, 1955. pag. 79: Lerner, 1991, pip. 16. En la actualidad, los delegados americanos en las Naciones Unidas han alternado sus posturs,resaleando oignorando la diferencia ener grupos inmigrances y mineriasnscionales cuando se opontan a la proceccin internacional de los derechos de las minarfas, Algunas veces resaleaban que el pluralism écnico es caracteristic dels Es- ‘dos Unides, puesto que es una nacién batada en la aluenca de inmigracién. Sin embar- 0, en ottas ocasiones, aducfan que su modelo de incegracn éenice debers aplicarse en todos los pases, incluso en aquellos con minors naconales. Vésse Sohn, 1981, pigs, 27 40 Ciudadania muleicutcural Hasta hace muy poco esta postura ha protegido @ los paises del Nuevo ‘Mundo del escrutinio internacional acerca del ecatamienco de sus pueblos indigenas. Come resultado de ello, los derechos de los pueblos indigenas en las Américas, Nueva Zelanda y Australia han sido violados con toral im- punidad. Brasil ha sido especialmente insiscente a la hora de afirmar que 20 ne minorfas nacionales; lo cierto es que el casi coral exterminio de sus tribus indias esta peligrosamente cerca de ratificar dicha afirmacién, De hecho, la historia de ignorar las minorias aacionales en el Nuevo Mundo esté inextricablemente ligada con las creencias europeas acerca de la infecioridad de los pueblos indgenas que habitaban el territorio ances de la colonizacisn europea. Hasta hace poco, eran considerados como «pupilos» © wrazas sometidas», carentes del desarrollo politico necesario para ser con siderados naciones, incapaces de autogobernacse y necesitados por ello de la proceccién parernalista de los «superiores» blancos. El derecho internacio- nal tradicional no consideraba a las poblaciones indigenas sujecos de dere- cho internacional, por lo que los cratacos firmados con ellas no se conside- raban cracados conformes al derecho internacional, sino actos unilaterales vinculados a las leyes internas de cada pais. Estas actitudes racistas se escén desvaneciendo lentamente, auinque 2 menudo han sido sustituidas no por lt acepracién de los pucblos indigenas como naciones distintss, sino por el su- puesto de que son «minorias racialesn o ugrupos éenicos» desfavorecidos, Cuyo progreso exige integratlos en el grueso de la sociedad. Si bien la poli. tica gubernamental hacia los indios ha abercado un amplio espectro que engloba el genocidio, la expalsién, le segregacién y la asimilacién, la tini- ca constante ha sido que los gobiernos nunca han «reconocido verdadera- mence a los pueblos aborigenes como pueblos distintos, con cultaras dife- rentes, aunque no inferiores, a la propia." 7 * Por canto, resulta exréneo decir que en el Nuevo Mundo no hay mino- ras nacionales, ni siquiera a modo de bueda generalizacién. La génesis histé- rica de esce supuesto tiene su origen en actitudes racistas hacia los pueblos indfgenas, un supuesto que, ademds, continGa perpetuando la invisibilidad de su exigencia de justicia La mayoria de los paises americanos son multinacionales y poliétnicos, como la mayorfa de los paises del mundo. Sin embargo, muy pocos paises -estin preparados para admitir esta realidad. En los Estados Unidos, précti- camente todo el mundo admite que el pafs es poliécnico, pero dificilmence 12, Turpel, 1989-1990, pig, 53. Tanco la primera politica britdnica como la ley nore ‘eamericana aplicaron a los indios el término «nacioness, algo que nunca estuvo xcompa- fiado de un genuino reconacimiento de su soberan‘a, Pars el estatus histérico de los pac bos indigenas bajo el derecho incernacional, véase Barth, 1983; Lerner, 1991, cap. 5) Thnenberns 10M) see NP as policas del multiculturalismo 41 se acepra que es también multinacional y que sus minorfas nacionales plan- ‘ean reivindicaciones concretas de derechos culturales y de aurogobierno, Por otra parte, hace tiempo que paises como Bélgica y Suiza han reconocido que estén compuestos por minorias nacionales cuyos derechos lingtifsticos y exigencia de autogobierno deben respetarse, No obscante, les resulea em- bbacazoso admitic que son cada vez més paises poliécnicos y, como resultado de ello, sus nociones tradicionales de ciudadania no pueden acomodar ple- namente a los inmigrances. Canad, con su policica de «mulciculeuralismo dentco de un marco bilingte» y su reconocimiento del derecho de los abo- figenes al autogobierno, es uno de los pocos paise’ que ha reconocido y fo- mentado oficialmente la polietnicidad y la mulcinacionalidad. Es imporcante sefialar que los grupos nacionales, de acuerdo con aues- to uso del cérmino, no estan definidos por la raza o los ascendentes, Esto resulca obvio en el caso de la sociedad angléfona mayoricaria en los Estados Unidos y Canadé. En ambos pafses se han producido altos fadices de inmi- gracién durante més de un siglo. Primero procedente del norte de Europa, después desde la Europa oriental y meridional; en la nctualidad bésicamen- te procedente de Asia y Africa..A consecuencia de ello, los estadounidenses © canadienses angléfonos con ancescros exclusivamente anglosajones son tuna (constantemence menguante) minoti Pero lo mismo puede decirse también de las minorfas nacionales. Du- ante muchos afios el nivel de inmigracién al Canad francés fue bajo, pero en la accualidad es tan alco como en el Canada inglés o en los Estados Uni- dos; ademas, Quebec busca activamence inmigeantes francéfonos en Africa occidental y el Caribe, También se ha producido un elevado indice de ma- tcimonios mixtos entre los pueblos indigenas de Norceamérica y las pobla- ciones inglesa, francesa y espafiola. Como resultado de ello, codos escas gru- [pos nacionales son racial y énicamence mixtos. El niimero de canadicnses Franceses de ascendencia exclusivamente gala, 0 de indios norteamericanos con ascendencia exclusivamente india, también decrece constantemence, por lo que pronto se convertirén en minorfas.'* Estoy hablando de minorfas nacionales, es decic, de grupos culeurales y no de grupos raciales o ancestrales.'* Nacuralmente, algunos grupos nacio- nales se definen a sf mismos en términos de filiacién sanguinea. El caso mas 13, El caso de ios indos es complico, puesto que ls poli gubernamental,ranco en las Estados Unidos como en Canad, definiéantaoe los indice en términos de «sane ‘re» ofilacién sanguinea, si ben ésa noes la manera en que las comanidades ind se definen asf mista (Barsh y Hendeeson, 1980, pigs. 241-248; Chartrand, 1995; Resnik, 1989, pig. 715; Mulgan, 1989, pég. 14}. 14, Por ess euzn, sein més preciso hablar de Canadléangléfono y francéfono, més que de Canad inglés y Canad francés, puesto que estos Sleimos céeminossugieten, er 42 Ciudadania multiculcural obvioes Alemania. La pertenencia «la nacién alemana se detezmina por los ancestros y no por la cultura. A consecuencia de ello, las persoaas étnica- mente alemanas que han vivido coda su vida en Rusia, que no hablan una palabra de alemén, tienen derecho aucomético a la ciudadanfa alemana, mientras que personas de ecnia curca que han vivido toda su vida en Ale- ‘mania y que estan completamente asimilados a Ia cultura alemana, no pue- den obtener la ciudadante La idea de nacin de los afrikaners en Sudéfica eambién se basa en los ancestros, Incentaron prohibic los matrimonios entre personas de distinca «raza y excluyeron a los hijos de tales macrimonios (los «mestizos») de sus vecindarios y organizaciones, pese a que la lengua y la culcura de los mes- tizos son esencialmente idéncicas a la suyas propias. (Eseas resccicciones a la residencia, que presuntamente estaban destinadas a proteger In culcura afri- Asner, nunca se aplicaron a los angléfonos blancos que no hablaban una pa- labra de afrikaant.) Esros enfoques de pertenencia nacional basados en los ancestros tienen connotaciones claramente racistas y son manifiestamente injuscos. De he- cho, una de las pruebas de estar en presencia de una concepcién liberal de los derechos de las minorias es que ésta define la percenencia nacional en érminos de integracién en una comunidad culeural y no en los ancesttos. En principio, la pertenencia nacional deberia estar abierta a todos aquellos gue, independientemente de su raza o su color, estén dispuescos a aprender la lengua y la hiscoria de Is sociedad y a parcicipar en sus insticuciones po- Liticas y sociales. Algunas personas sugieren que una concepcién verdaderamente liberal de la pertenencin nacional deberfa basarse exclusivamente en Ia aceptacién de los principios politicos y los derechos democséticos, y no en la integracién en una cultura decerminada, Suele decirse que esca concepcién no cultural de Is pertenencia nacional es lo que distingue el nacionalismo «civico» 0 sconstitucional» de los Estados Unidos del nacionalismo «émnico» iliberal. Pero, como he sefialado antes, esto es erréneo. Los inmigrances a los Esta- ‘gracidn en una comunidad culeural. Debo sefalar que la concepcién original existence fn el Canad franets definia In perteneneia en términos de ascendencia y que una impor. rane minorfa en el Quebec se adhiese a una versién medificads de dicha iden, En una encuesta de 1983, e1 40% de fos encuestades crefan que euanco mis tiempo aris se hu bieson establecido los ancestros en Quebec, mis «quebequésn se ext; uo 20% sostenfan aque les inmigeantes no podian considerarse quebequests. Esto indica que el desarrollo de |n identidad quebequess, desde los encesccos& la participacign en la sociedad francéfo- na, 9 incomplevo (Créte y Zylberberg, 1991, pags. 425-430; véase Lamoureux, 1991, pag. 39), Sin embargo, rodos los grandes parcidas de Quebec, incluyendo el nacionalises Parci Québécois, rechazan explcicamente esta idea de percenencis nacional basada en los Las polftieas del multiculeuralisms 43 dos Unidos no sélo deben comprometerse a aceptar los principios demo- ccriticos, sino que también deben aprender la lengua y la hiscoria de su nueva sociedad. Lo que distingue a las naciones «civicas» de las naciones «étni- casn no es la ausencia de cado componente cultural en Ia idencidad nacio- nal, sino, mas bien, el hecho de que cualquier persona puede incegearse en Ja culrura comin, sea cual fuere su raza o su color.'* La inmigracién y la incorporacién de minorfas nacionales son las dos fuentes mas comunes de diversidad cultural en los Estados modetnos. Es- tas dos categotfas amplias son aplicables a otros paises, por lo que la mayo- tia de grupos culturales pueden sicuarse en uno u otro de ambos campos. Pero, nacuralmente, no todos los grupos etnoculeurales se adapean clara y coralmente a ellos. Concretamente, la sicuacién de los afroamericanos es bastante distinca. No se ajustan al modelo de los inmigrantes voluncacios, habida cuenta de que fueron 2 América involuntariemente como esclavos, y también porque se les impidié incegracse (en lugar de escimularles a hacer Jo) en las instituciones de la cultura mayoricaria (piénsese, por ejemplo, en Ia segregacién racial, las leyes contra el entrecruzamiento de sazas y la alfaberizacién). Tampoco se ajustan al modelo de minoria nacional, puesto que no tienen una tierra natal en América 0 una lengua hiscérica comin. Proceden de diversas culcuras africanas, con diferentes lenguas, y, ademés, no se hizo ningiin intenco de mantener juntas a las personas que ten‘an un sustrato étnico comtin. Por el contrario, desde el principio se dispersé a Jas personas pertenecientes a la misma culcura (e incluso a la misma fami- lig) por coda Norteamética, Ademds, se les prohibié legalmence cualquier incento de cecrear su propia cultura (por ejemplo, todas las formas de aso- Giaci6n negra, excepto las Iglesias, eran ilegales). 15. Para ejemplos de este frecuence equivaco sobre el concraste entre el nacionalisme civieo y el nacionalismo écnico, véase Habermas, 1992; Ignacieff, 1993: Pfaff, 1993, cap. T;-Welzer, 1992d. Diseuro esco.en Kymlicka, 19952. Uns de Ins cazones de este max lentendlido surge de una lectura errénea dela historia de los esradounidenses. En l epoca dle la Revoluciéa, In abrumadara mayoria de los habieanses del pals compart ls misma Fengua,lireracura y cligién que los ingleses, Ia naci6n contra la que se acababan de ebe- lac. fia de desaerollar un sencimivaco espectfica de nacionalidad, ls estadounidenses su- ‘bmysron determinados principios poitices —liberta, igualdad, demecracia— que haba juscificede su rebelién. De abt infieren algunas personas que el nacionalismo estedoun dense es ideolsgico mas que culrural (Gleason, 1982, pig. 59; Pfaff, 1993, pg. 162). Se sata, empero, de un error. Los estadounidenses, como en gran medida les ingleses,conci- bieron la percenencia nacional en términos de pacticipacién en una culcura comin. Nacu- «almente, el éafisis en los principios policicos afecté a la naturaleza de esta culeura comin 4, por tanto, dio a Ia identidad nacional escadounidense un caricce especificamente ideo- lgico que no se encuentrs en Inglaterra o en errs saciedades colonizedas por los ingleses. La ideologfa configura, pero no suscicuye, el componente cultural de la identidsd macio- 44 Ciudadan‘a mulsiculrural Asi pues, la sicuaci6n de los aftoamericanos és muy inusual,'*No se les petmitié integrarse en la cultura dominance, ni tampoco se lesepermit ‘mantener sus lenguas o culeuras de origen o crear nuevas asociaciones e ins- tituciones culeurales, No tenfan su propia patria o territorio y, con todo, fueron segregados fisicamence. Existen vatias tentativas de redefinir a los afroamericanos, bien como un grupo inmigrante, bien como una minorfa nacional. Algunos afroame- ricanos, escépticos ante la posibilidad de integracién, adopraron el lengua- je del nacionalismo y aspiraron 2 alguna forma de aucogobierno terricorial La idea de crear un «Estado negro» en el Sur cuvo cierto arraigo en los afios «reinta (fue incluso respaldado por el Partido Comunista estadounidense) y resurgié brevemente en los afios sesenra, Nunca fue, empero, una idea rea- lista: negtos y blancos estén entremezclados en cado el Sur y, adems, los afroamericanos ya no estén concentrados en el Suz, puesto que se han cras- ladado a todos los lugazes del pafs, Por tanco, no existe ningtin Estado en el que los afroamericanos consticuyan una mayorfa. En cualquier caso, la mayor parte de los negros no 1i desean una id nacional especificd. Consideran que tienen derecho a la plena parcicipacién en la nacién estadounidense, aun cuando los blancos les nie~ guen injustamence ese derecho de nacimiento; por tanto, han luchado por la plena e igual participacién en la sociedad global. Para lograrlo, muchos liberales estadounidenses han creido que podfa adapearse a los afroameric rnos el modelo de integraci6n de los inmigrantes; de hecho, ée era el su- puesco esencial del movimiento de los derechos civiles. No obscante, tam- bin ha quedado demostrada la irrealidad de dicho supuesto, habida cuenca de las profundas.diferencias hiscéricas entre los inmigrantes voluncarios y los afroamericanos, De ahf que cada vez sea més comin aceptar que se.ne- cesita un nuevo modelo de incegraci6a.”” ble, y muchas veces leva a contradicciones. Véate, por ejemplo, el concepco habecmas ne de wpactiotismo constiucionaln, que parece implicer que is ciudadanis deberia ser in- dependiente de caracreristcas ernoculrurales 0 histéricas conecetss como Ia lengua y, al mismo tiempo, que uns lengua comin es indispensable paca In demecracia(véase Haber ‘mas, 1992, pigs. 6-7, 16-17; 1993, pigs. 144-148; y la discusién en Beder, 1995) 16, Por supuesco, en algunos pafses de América Cental y de Sudamécica los negros ‘denen uns historia de esclavieud similar, aunque no la misma historia de segregacién tas el perfodo de esclavirud. Un caso vagamence relacionada es el de los crabajsdores indios y chines con contrato de aprendizaje (los «coolies») que llevaron lot ealoncs ingleses «di versas colonia afrcanas y asdsicas, No se prevefa (ni se pecmieta) que se integrasen en la sociedad colonial ni campoco fueron bien recibidos por fa mayorta indigena. Como resul- tado de ello, cuvieron un estacus muy precario, que muchas veces empeoré con la descalo- nizacién (por ejemplo en Fi; véase Carens, 1992), 17, Sobce el nacionalismo negro, véste Pinkney, 1976; Scone, 1976; Glazer, 1983, ‘Mos. 277-278 Been einmntne een el sinner Ith Las politicas del muleiculeucslismo 45 sf pues, no cabe confiar en que las politicas que resulran adecuadas para los inmigrantes voluntarios o las minorias nacionales sean adecuadas para los affoamericanos, o viceversa. Seria, pot el contrario, bastante sorpren- denze que las mismas medidas fueran apropiadas en codos los concextos. Pese a todo, como argumentaré en el capitulo 4, un sorprendence néme- ro de politélogos estadounidenses de posguerra han partido de este su- puesto. Existen otros grupos culrurales que no se ajuscan claramence a las cate- gorfas de minorfas nacionales o de inmigrantes voluntarios. Por ejemplo, hay refugiados que, al-igual que los inmigrantes, vinieron individualmen- te 0 Con sis familias, pero no de forma voluntaria. Existen cambién grupos de inmigrantes que vinieron voluntariamente, pero sélo porque se les pro- meti6 que se les permiritia recrear su propia comunidad, separada y con au- rogobierno (como, por ejemplo, los hutteritas en Canada). Y, a la inversa, con el cranscurso del tiempo algunas minorias se han dispersado o han per- dido poder y, también, le capscicdad de autogobernarse. En los capitulos 5 y 8 abordaré éstos y ottos casos complejos. Si se roman en consideracién estos casos complejos y orras dreas grises, podria parecer inadecuado incentar desarrollar una tcorfa de los decechos de las minorias que ponga el énfasis en Ia distincién entre grupos étnicos y minorias nacionales. Quizé deberfamos pensar, por el contracio, que todos estos grupos forman un continuum. No obstante, menudean los casos niti~ dos de inmigrantes voluntatios y minorias nacionales. De hecho, un re- ciente estudio panorémico de los conflictos etnonacionales en ef mundo concluyé que la mayoria de grupos involucrados estaban incluidos en los dos modelos basicos que acabo de comencar."* Por otro lado, establecer una puede «ayudar (los afroamericanos] a entender y #adopcarel modeled ls minoeas in- migrancesr y, de esta manera convertizse wen el mismo tipo de grupo en el que se han convercdo los grupos éeicoscurepeos»,véase Ogbu, 1988, pigs. 164-165; Glave, 1983, pig. 184; Walzec, 1982, pig. 27 (Las citas son de Ogbu y Glazer, respecciamence) Park al reconocimiento de que une integraci con éxito debe comprenderalguncs eemencos especficos de compensecisn hseérca,accin positiva einsicuciones separndas (no terre ‘oriles), véase Brown-Scoce, 1994, Sobre ls identidad dividida de los afroamerians, vés- se Guemann, 1993, pigs. 185-187. 18, Segdn Guee, los grupes minosicaros involucradas en conficoséenicos pertene- cen alas dos categorta principales: «grupos regionalmence cancentrados que perdieroa 23 sonoma ante Estados expansionisas, pero que ain conservan algunas de sus carsceti= tices culrurles ylingistcas y quieren protegero reestablecer alain grado de exsteaia, politica separadne (0 sea, minorfas nacionales;y grupos que when defini su estarus Sor ciozconémico 0 politico dentro de una soriedad mis grancle —basindose en alguna com- binacin desu etnicidad,origen inmigrance, roles econémicoso religién— y que extn i= teresados en proteger © eonservar dicho estarus (est ef, grupos enicoss véase Gur, 100% mio 15 46 Ciudadantie multicuteural teoria de los derechos de las minorfas ciene también un valor afiadido: su proyeccién de fueuro. Les casos complejos con que hemos de habécnoslas en la actualicad surgieron a menudo de injusticias e inconsiscencias pretéricas. Creo que una politica de inmigescién més equicativa y coherence serviris, con el tiempo, para evicar tales casos complejos. Volveré a ocuparme de ello enel capitulo 5. 2./TRES FORMAS DE DERECHOS DIFERENCIADOS EN FUNCION DEL GRUPO Practicamence todas las democracias liberales son multinacionales poliécnicas, © bien ambas cosas a la vez. El «desaffo del multiculeuralismo» consisce por tanto en acomodar dichas diferencias nacionsles y écnicas de tuna manera estable y moralmence defendible (Gutmann, 1993). En este apartado abordaré algunos de los procedimiencos més importantes m: dinnce los cuales las democracias han respondido a las reivindicaciones de las minorias nacionales y de los grupos énicos. En todas las democracias liberales, uno de los principales mecanismos usados para acomedar Ins diferencias culcurales es la protecci6n de-los-de- rechos civiles y politicos de los individuos. Es imposible exagerar la im- porcancia dela liberced de asociacidri, de culto, de expresién, de libre circu- lacién y de organizacién politica para procege: la diferencia grupal. Estos derechos permicen a los individuos formar y mantener los diversos prupos y asociaciones que constituyen le sociedad civil, adaprar estos grupos a las circunstancias cambiantes y, por dltimo, fomencar sus perspeccivas e inte- reses en la coralidad de In poblacién. La proceccién que proporcionan estos derechos comunes de ciudadania es suficience para muchas de las formas le- gitimas de diversidad en la sociedad. Diversos erfeicos del liberalismo —incluyendo algunos marxistas, co- munitaristas y feministas— han aducido que el énfasis liberal en los dere- chos individuales refleja una visi6n acomisea, materialisca, instramental 0 conflictiva de las relaciones humanas. Creo que estas criticas son profunda- mente erréneas y que una de las funciones caraccetisticas de los derechos individuales es concribuir al mantenimiento de una amplia gama de rela- ciones sociales. De hecho, el derecho libecal més bésico —la libertad de conciencia— es valioso fundamentalmente por la proteccién que otorga & las actividades intrinsecamente sociales (y no instrumencales)."” Sin embargo, en muchos pafses se acepia cada vez mis que algunas for- mas de diferencia culeural tinicamente pueden acomodarse mediante medi- 19. Sobre Ia imporeancie de los derechos individuales para Ia proteccign de los grue pos, véase Buchanan, 1989; Walzer, 1990; Macdonald, 1989, pigs. 122-123; Tomasi, 1991; Kymlicks, 1990, capieulos 46. Las policicas cel mulsiculeurslisme 47 clas legales o consticucionales especiales, por encima —y mis alli de— los derechos comunes de ciudadania. Algunas formas de diferencia derivades rupo silo” puédlen acomtiodaise si sus miembros : especificos como grupo; es decir, lo que Iris Reuss desomina wciudadanta diferenciada» (1. Young, 1989, pig. 258), Por ejemplo, una reciente publicacién gubesnamental canadiense setcla, que: tent (8 experiencia canadiense, noha bastado con protegettnicamente los comunitarios coexistan con los derechos individusles es la verdadera secre de Canad (Gobierno de Canad, 19914, pig. 3). 7 Resulea bastante engafioso decir que Canad ¢s tinico por el hecho de Sormbinar los derechos individuales y los ederechos comunitarios® espects ficos en funcién de la pertenencia grupal, Tal combinacidn exisve en senns muchos sistemas federales de Europa, Asia y Aftica. Como he sefialado an- ses, incluso Ia Constitucién de los Estados Unidos, que muchas veces ae considera un paradigima de individualismo, contempla diversos derechos especificos en fancién del grupo de pertenencia, ineluyendo el estatas ox. Pecial de los indios norteamericanos y de los portorriqueios. Me centraré en estas medidas especiales especifieas en funcién de la Perrenencia grupal oriencadas a acomodar las diferencias nacionales y éeni. cas, Al menos existen tres formas de derechos especificos en funcién de le perrencncia grupal: (1) dereches de autogobierno; (2) derechos paligcnicos, ¥ G) derechos especiales de representacién. Aludieé brevemente a cada una de ellos antes de abordar en los cepitules siguiences algunas de las ewessier ‘es qué plancean @ la teorfa democritice libetal 1 hos derechos decantogobierna En la mayoria de los Estados multinacionales, las naciones que los componen se muestram proclives a reivindicar algiin tipo de auconomia politica o jurisdiccin cerricorial, para asegurarse ast el pleno y libre dear, frollo de sus culeuras y los mejores incereses de sus gentes. En el caso mafe extremo-las-naciones pueden desear la secesi6a, si consideran qué la auco- determinacisi sible dentro del Escado al que percenece “THI derecho de los grupos nacionales a la autodecerminacin esté reco- ‘pocido.(con ciercos limites) en el derecho internacional. Semin la Carrs ra 48 Ciudadania multiculeucal minacién». Sin embargo, las Naciones Unidas no han definido qué pueblos» y generalmence han aplicado el principio de aurodeserminsciga s6lo a las colonias de uleramar, no alas minorias nacionales internas, inclu- so.en los casos en que estas Gltimas hayan estado sometidas al mismo tipo de colonizacién y conquista qué las Primeras. Esta limitacién de la aucode- terminacién a las colonias de uletamar (conocida como Ia «cesis del agua sa- ada») se considera, por lo general, una limiacién arbicraria y muchas mi- norfas nacionales insisten en que también son «pueblos» 0 «naciones» y que, como tales, tienen derecho a autodeterminarse. Estas minorfas nacic nales reivindican decerminadas compecencias de aucogobierno, a as que no han renunciado por su incorporacién (muchas veces involuntaria) a un Es- tado mayor.” Un mecanismo de reconocimiento de las reivindicaciones de aucogo- bierno es el federalismo, que reparte poderes encre el gobiemno central y las subunidades regionales (provincias/Estados/cantones). Allé donde las mi- norfas nacionales estin concentradas territotialmente, se pueden trazac los limites de las subunidades federales de manera que la minorfa nacional for. me una mayorfa en una de estas subunidades. Bajo estas circunstancias, el federalismo puede ofrecer un amplio autogobierno a una minoria nacional, garancizando su capacidad de comar decisiones en decerminadas esferas sin suftir el rechazo de la sociedad global. Por ejemplo, merced a la divisidn federal de poderes en Canadi, la pro- vincia de Quebec (que es en un 80 % francéfona) tiene amplia jusisdiceién sobre temas cruciales para la supervivencia de Ia cultura francesa, inclu- yendo el control sobre la educacién, la lengua y la cultura, asf como un peso importance ena politica de inmigeacién. Las nueve provincias reseances cambién tienen estas competencias, pero la principal fuerza mocriz que trasciende la divisién de poderes existence y, de hecho, todo el sistema fe- deral, es la necesidad de acomodar a los quebequeses. En la época de Ia Confedecacién, la mayotfe de los dirigences canadienses ingleses estaban a favor de un Estado unicario, a la manera del Reino Unido, y convinieron en aceptar un sistema federal fundamentalmente para acomodar a los cana~ dienses franceses. ‘Una de las dificuleades del siscerna federal es mi ‘lec io _ ence la fnlizciy a deseencaliscone Auioe bose cee queses son partidatios teu mayor descencralizacién de poderes, la ma- 20. Algunos pueblos indigenas han defendido ance las Naciones Unidas que, de acuerdo con la Carca de la organizacién, también tienen derecho a la autodecerminacién (véase Mikag Tribal Soityv. Canada [1984], UNDoc. EICN.4/Sub.2/204; Grand Coan- «il ofthe Crees, 1992). Para discusidn sobre ls esis del agus selada y el derecho a la auto- dererminacin segin el derecho internacional, véase Pomerance, 1982; Thornberry, 1991, pigs. 13-21, 214-218; Crawford, 1988; Makinson. 1988 as politieas del mulsiculeuralismo 49 yorfa de los cenadienses ingleses prefiere un gobierno centeal més fuerce, Por canto, uno de los recos ance los que se enfrenta Canad es encontrar una forma aceptable de «federalismo asimétcico» que garancice a Quebec com- petencias no ororgadas a otras provincias. Oreos Estados federales se en- frencan a problemas similaces.” ‘A menudo se recucte al federalismo para acomodar la diversidad nacio~ nal, por lo que algunos especialistas incluyen los derechos y las competen- cias inherentes a las unidades federales encre los «derechos colectivos de Jas minorias nacionales (por ejemplo, F. Morton, 1985, pg. 77; Van Dyke, 1982, pags. 24-31), Naturalmente, muchos sistemas federales surgen por rezones que bien poco tienen que ver con Ia diversidad cultural, En muchos casos el federalismo es simplemente una forma de descentealizacién admi~ niscrativa (como en Alemania), o el resultado de accidences histéricos de colonizacién, como en Australia. No hay una conexién incrinseca entre el federalismo y In diversidad culeural, No obscante, el federalismo constiru- ye una estrategia. comiin para acomodar-2 Iss minorias nacionales. No es sorprendente que paises que son «una federacién de pueblos» hayan cons- tieuido también una federacién politica? En los Estados Unidos, sin embargo, se romé deliberadamence la deci- si6n de no recurtir al federalismo para acomodar los derechos de autogo- bierno de las minorias nacionales. En el siglo XIX existian sobradas posibi- lidades de crear Estados dominados por los navajos, por ejemplo, o por los cchicanos, los portortiquerios o los nacivos hawaianos, habide cuenta de que cuando esos grupos fueron incorporados a los Estados Unidos consticufan mayorfas en sus tierras natales. Sin embargo, se decidié deliberadamente no aceptar ningtin terricorio como Estado 2 menos que esos grupos nacio- rales constienyeran minorias. En algunos casos, para lograrlo se crazacon las fronteras de manera que las tribus indias 6 los grupos hispanos se vieran so- brepasados en nimero (Florida). En otros casos, se logré retrasando la esta~ 21, Sobre la oposicién de los cunadiensesingleses las reivindicaciones nacionalists de descencralizaciSn, véase Stare, 1992. Un determinado nivel de asimettis de poderes dé {facta ha sido uno de les espectos permanentes del federalism censdiense. Sin embargo, ‘muchos censdienses no extén dispuescos « edmitieformalmence esta asimetria en fs Cons HieuciGn (véase Gagnon y Garces, 1988; Taylor, 1991; Caiens, 1991). Esta es un de las m- zones por las cuales el Acuerdo de Charlocretown fe derrocado en reeréndum, Alguras personas afirman que un sistema federal no puede sobrevivi si concede un estatus espe- Cinl, pero esco queda refurado por la experiencia en muchos paises. Pera un estudio de di- versas formas de federalism asimétrico,véase Elazr, 1987, pigs. 54-57, 32. En Alemania fderliaro fe impart porns ads ws a segunda gra mundial pars que ayudase a impedie el auge de los movimientosnacionalists 9 scorieae Te Partly sieaones sobs clacoes ene ers y iene, véase Howse y Knop, 1993; Minow, 1950; Majone, 1990; Gagnon, 1993; Long, 19911 Trirharsk 1977. Fltine 1007 Norman. 104 50. Ciudadania muteiculeural talidad hasta que los colonos angléfonos sobrepasaron @ los antiguos habi- rantes (por ejemplo, en Hawai y el sucloeste). En los casos dondeyera poco probable que la minorfa nacional fuese superada, se cred un nuevo tipo de unidad politica no federal, como la «asociaciénn de Puerco Rico 0 el pro- tecrorado de Guam.” A resultas de ello, no puede considerarse que ninguno de los quince Es- tados asegure el autogobierno de alguna minorfa nacional, a la manera en que Quebec asegura el autogobiemo de los quebequeses. Por el contratio, el aurogobierno se logra mediante insticuciones politicas dencro de los Es- tacos existences (por ejemplo, las reservas indias), 0 bien completamente fuera del sistema federal (como en Puerto Rico y Guam). Esto ha acencua- do la vulnerabilidad de las minorfas en los Estados Unidos, ya que sus com- petencias de autogobierno no tienen la misma proteccién conscitucional ‘que los derechos escarales. Por otra parte, ha proporcionado una mayor fle~ xibilidad a la hora de tedefinir dichas competencias para que se ajustasen a las necesidades ¢ intereses de cada minoria. Es mucho més ficil negociar ‘nuevas disposiciones para cl aucogobierno de los navajos o los portorrique- fios que modificar las compecencias de los Estados individuales. El federalismo tinicamente puede servir como mecanismo pata el auto- gobierno si la minor‘a nacional constituye una mayoria en una de las subu- hidades federates, como sucede con los quebequeses en Quebec. No es éste el caso de la mayoria de los pueblos indigenas de Norteamérics, por lo ge- eral minoritarios en nimeto y con comunidades a menudo dispersas a lo largo de las fronceras estatales y provinciales. Ademas, con escasas excep ciones (como los navajes), ninglin nueva trazado de las fronceras de estas subunidades federales crearia un Estado, provincia 0 terricorio con mayoria indigena. En el siglo x1x hubiera sido posible crear un Escado 0 una pro- vincia daminados por una ¢ribu india pero, dada Ia masiva afluencia de co- lonos desde enconces, ral cosa resulta en Ia actualidad pedcticamente in- concebible. ‘Una excepcién a ello es el caso de los inuic, en el norte de Canadé, que quieren dividir los tertitorios del noroeste en dos, de manera que serén ma- yorfaen la mitad oriental (que sé denominard «Nunavute), Este nuevo tra- zado de las fronceras se considera esencial para que los inuit puedan hacer efecrivo su derecho a autogobernarse y ha sido recientemente aprobado por el gobierno federal 23, Por consiguience Nathan Glazer estd en un error cuando afirma que la divisién de los Estados Unidas en unidades feerales precedié a su diversidad éenica (Glizet, 1983, igs. 276-277). Esto es cierto en el caso de las trece colonia originales, pero las decisions sobre la admisin y las feonteras de los nuevos Estados se tomaron tras la incorporacin de ls minors ncorles y con el props de imped Ia eran de Etador dominador por minoriss nacionales Las politieas del mulsiculeuratismo 31 ‘Sin embargo, para otros pueblos indigenas norteamericanos el autogo- bierno he estado vinculado en gran medida al sistema de tierras reservades (conocido como «reservas» tribales en los Estados Unidos, y como «reser- vvas» para las bandas indias en Canada). El gobierno federal ha cransfetido importantes competencias a los consejos tribales y consejos de las bandas que gobiernan cada reserva. Las cribus y las bandas indias hen ido aumen- tando su control sobre la sanidad, la educacién, el derecho femiliar, la po- licfa, Ia justicia criminal y el aprovechamienco de recursos. De hecho se han convertido en un tercer orden de gobierno, con una serie de competencias gue ha ido labrindose a partir de Ia jurisdiccién federal y de las jucisdic- ciones esratales y provinciales.™ Sin embargo, las dificultades adminiscra- civas son desalentadoras. El ripo de competencias que desean unas y occas tribus y bandas difiere enormemente. Ademés, estén situadas certicorial- mente dentro de los Estados y provincias existences, por lo que deben co- ordinar su aucogobierno con los organismos estatales y provinciales. Por ranco, el alcance exacto y los mecanismos del autogobierno indigena en Ca- nada y los Estados Unidos sigue sin estar claro. ‘Muchos otros pueblos indigenas tienen sistemas de autogobierno simi- lares 0 pretenden tenerlos. Una reciente declaracién internacional relaciva a los derechos de los pueblos indigenas subray6 la importancia del autogo- bierno politico, Sin embargo, en muchas partes del mundo, la esperanza cle egar ¢ tener poderes politicos es pricticamente una utopia y el objetivo més inmediato es simplemente asegurat la base cerricotial existence para que no sufra mayores decerioros a manos de los colonos o de los explotado- ses de sus recursos. De hecho, un reciente estudio cemostré que, en Ia ac~ cualidad, In principal causa de los conflictos étnicos en el mundo es la lu- cha de los pueblos indigenas para proteger sus derechos terricoriales.”* Por ranto, las reivindicaciones de aurogobierno suelen adopcar la forma de cransferencias de competencies a una unidad politica bisicamente con- «rolada por los miembros de la minoria nacional, que fundamencalmente se circunscriben a su patria o terricorio histérico. Conviene sefialar que estas concesiones no se consideran una medida temporal ni tampoco un remedio ‘para una forma de opresién que algtin dfa podremos (y deberemos) elimi- nar. Por el contratio, estos derechos 2 menudo se describen como derechos 24, Para un estudio comparativo de estos progreses, véase Fler y Ellior, 1992. Una ‘propuettn para proteger consticucionalmente el aurogobiesno aborigen como un tercer OF den de gobierno en Canad fue incluida en el Acverdo de Charlorrerown de 1992. Este hu biere abrcado tanto el «autogobierno genicow ejercido por los consejos de bandas en las reservas indias, como el wautogobierno piiblica» ejercido por la mayorfainuit dentro del nuevo terricaio de Nunavut (véase Asch, 1984, cap. 7). Pars la relacin del ausogobiern indio con el federslismo, wéase Resnik, 1989; Cassidy y Bish, 1989; Long, 1991 25. Giore 1993, re. vil: wéase Nietschrmann, 1987, 52. Ciudadania muleiculeural sincrinsecosm y, por canto, permanentes, lo que constituye una de las razo- nes de que las minorias nacionales aspiten a que sean contemplados en la Constitucién. 2, Derechos politinicas Como he sefialado anceriormente, en los Gleimos treinta afios los grupos inmigrances han logrado ponet en entredicho la wangloconformidad», mo- delo que daba por supuesto que los inmigrantes deberfan abandonar todos los aspeccos de su herencia étnica y asimilarse a las notmas y costumbres cul- turales existentes. AI principio, este desafio consistié simplemente en exi- gir el derecho a expresar libremente sus particularidades sin cemor a prejui- Cios 0 a disctiminaciones por parte de Ia sociedad global de la que forman parte. Como sefiala Walzer, se exigia que «la politica se separase de la nacio- nalidad, como ya se habfa scparado de la religion» (Walzer, 1982, pigs. 6-11). Pero las exigencias de los grupos écnicos se extendieron a diversos ¢ im- portantes Ambicos. Quedé claro que se necesitaban medidas enérgicas para ercadicar las discriminaciones y los prejuicios, especialmente contra las mi~ notias visibles. Por esta raz6n, ea Canad y en Australia las medidas anti- rracistas se consideran parte de la politica «mulziculcural», al igual que los cambios en el curriculum educativo encaminados a explicer le historia y la contribucién especifica de cada une de las minorfas. Sin embargo, estas po- Ifticas estén bésicamente dirigidas a asegurar el ejercicio efectivo de los de- rechos comunes de ciudadanfa y, por tanto, no merecen verdaderamence el calificativo de derechos de ciudadanta diferenciados en funcién del grupo. Algunos grupos étnicos y minorias religiosas también han reivindica do diversas formas de subvencién publica de sus pricticas culcurales, asia reivindicacion que incluye la subvencidn de asociaciones, revistas y festi- vales étnicos. Habida cuenta de que la mayosfa de Estados liberales subven- cionan las artes y los museos para preservar Ia riqueza y la diversidad de nuestros recursos culturales, puede considerarse que financiar estudios y asociaciones écnicas pertenece al mismo apartado. De hecho, algunas per- sonas defienden dichas subvenciones como una simple forma de asegurar que la financiacién escaral de las artes y de la culcura no disctimine a los rupos éenicos. Algunas personas creen que los organismos que vehiculan fas subvenciones piiblicas se han inclinado eradicionalmente en favor de las formas de expresién cultural de origen europco y que los programas dirigi- dos a los grupos étnicos cortigen esta desviacidn. Otra reivindicacién conexa —ue abordaré in extenso en el capitulo 5— exige que las escuelas impar- ran docencia en la lengua de los inmigrances. Quizd la teivindicacién més controvertida de los grupos écnicos es la relacionada con la exencién de las leves v las disoo ‘Las politicas del molticulturalisme 53 can, dadas sus précticas celigiosas. Por ejemplo, los judios y los musulma~ nes han solicitado en Gran Bretafia que se les exima del cierre domninical 0 de le legislacién selaciva al sacrificio de los animales; los varones ss en Ca- nadé han solicicado que se les exima de la legislacién que obliga a Ilevar casco a los motoristas y de las normas de indumencaria oficiales de las fer- zas de policfa, para poder seguir llevando sus turbantes; los judios ortodo- xos en los Estados Unidos han reivindicado el derecho a vestit la yarmuléa durante el servicio militar; por tilrimo, las jévenes musulmanas han solici- tado en Francia que se les exima de las normas de indumentaria escolar para poder usar ef chador.”* Estas medidas especificas en funcién del grupo de pertenencia, que de- nomino «derechos poliéenicos», tienen como objetivo ayudar a los zeupos étnicos y a'las minorfas religiosas a que expresen su particularidad y su or- gullo cultural sin que ello obstaculice su éxito en las insticuciones econé- micas y politicas de la sociedad dominance. Al igual que los derechos de aucogobierno, los derechos poliécnicos no se consideran temporales, puesto que las diferencias culturales que proregen no son algo que se pretenda eli minar, Pero, como argumencaté en los capitulos 5 y 9, a diferencia de los derechos de aucogobierno, el objerivo de-los derechos poliécnicos no es el aucogobierno, sito fomefitar la incegracién en el conjunto de la sociedad, 3, Derechos especiales de representa “Aunque cradicionalimente el interés de les minotias nacionales y los grupos écnicos se ha centrado en el aurogobierno o en los derechos poliét- nicos, estos grupos, asf como otros grupos sociales no éinicos, se inceresan cada vez més por la idea de los derechos especiales de represencacién. En las democracias occidentales hay una creciente preocupacién por- que el proceso politico no es «cepresentativan, en el sentido de que no con- sigue reflejar In diversidad de la poblacién. En la mayorfa de escos paises, los legislacivos estén dominadas por hombres blancos, de clase media, que fo padecen ninguna discapecidad. Se considera que un proceso més repre seneatve debe neue # miembros de minors nies y races, mje- res, discapacitados, etcécera. La represencaci6n insuficiente de los gru- tos Mncrcaerne desaversior es un fendmeno general. Bn ls Exes 26, Pam din en deco es di, we Pay 1990, pp 70; 1991, pags 197-20 Noeod, 1992; Pose, 198. En Canad, vee E Kile, 1987, pgs 325-31. En lon Exados Unis, vast Minow, 1990, nde, 1990, Pat ent de ovenesmsulmangsen Fanci, ve Galery 1995. Se sce Sec que eas medidas son pam silica Per la rede eles em plc son onuy meres aera hs oopornneds de var dens genes, no sl ve aneriine devi 54 Chudadanta mulriculeural Unidos y Canad, las mujeres, las minorfas raciales y los pueblos indigenas juntos coralizan menos de un tercio de los escafios que les corresgonderian en funcién de su peso demogrifico. Las personas con discapacidades fisicas y las econémicamente desvaforecidas tampoco cuentan, ni de lejos, con una representacién proporcional.” ‘Una manera de reformar el proceso es hacer que los partidos politicos sean mis inclusivos, socavando las barreras qué inhiben a las mujeres, a las minorfas éenicas, o alos pobres, @ convertirse en canclidaros o dirigentes del partido, Otra forma de abordar el problema consiste en adopear alguna for- ma de representacién proporcional, algo que histéricamente ha ido as0cia- do.con Ia elaboracién de candidacuras mds abiertas e inelusivas. Sin embargo, In idea de que deberia reservarse decerminado niimero de escafios en el legislativo a Jos miembros de los grupos desfavorecidos 0 marginados despierca cada vex mayor interés. Por ejemplo, en Canadé, durante el debate acerca del Acuerdo de Charlorcecawn se hicieron diversas recomendaciones encaminadas a garancizar la representacién de las muje- res, de las minorfas éenicas, de las minorfas con lengua oficial y de los abo- rigenes, Muchas veces los derechos de représentacién derivedos de la pervenen- cia a un grupo se defienden como respuesca a algunas desventajas o barre- ra sistémicas presences en el proceso politico, que impiden que las opinio- nes y los pareceres del grupo en cuestién estén debidamente representados. En la medida en que cales derechos se consideran una respuesta a la opte~ sidn 0 2 las carencias sistémicas, resulta més plausible que se contemplen como medidas emporales en el trinsico hecia una sociedad en la que ya no exisca la necesidad de represencaci6n especial, algo asf como una forima de saccién positiva» politica. La sociedad debecfa afanarse en erradicer la opresidn y las carencias, eliminando asf Ia necesidad de esos derechos. Sin embargo, el cema de los derechos especiales de representacién mer- ced a la perrenencia grupal resulca complejo, porque a veces esta represen taciGn especial se defiende no por cuestiones de opresién, sino como coro- lario del aurogobierno. El derecho al aurogobierno de uns minotia se verta gravemente debilicado si algin organismo exceeno pudiese revisar 0 revo- car sus competencias unilateralmente, es decir, sin consultar a la minora ni asegurar su consentimiento, Por tanto, que la minorfa nacional tuviese ga- rantizada la representacién en codo aquel organismo que pueda intespretar © modificar sus comperencias de autogobierno (como, por ejemplo, el tri- 27, Pasa escadsticas sobre la (insuficience) cepresenracién de los negros y los hispa~ ‘nos en los Estados Unidos, véase C. Davidson, 1992, pig. 46. Para estadisicas sobre la re- presensacién de diversos grupos sociales en Canadi, véase RCERPF, 1991, pégs. 93-96 192. Las politicas del muleiculrurslismo 55 bunal supremo) podria considerarse un corolario de dicho autogobiemno. Puesto que las reivindicaciones de aurogobierno se contemplan como algo ineeinseco y permanence, también lo serfan en este caso las garantias de ce- presentacién emanadas de ellas, a diferencia de las garantias fundamenta- das en la opresi6n.”* Esta es simplemente una breve descripcién de los eres mecanismos em- pleados para acomodar las diferencias cuilcurales, cada uno de los cuales se examinard con detalle en los capfeulos siguientes. Pricticamente codas las democracias occidentales emplean uno 0 mds de estos res mecanismos. Obviamente, estos eres tipos de derechos pueden solaparse, en el sentido de que algunos grupos pueden reivindicar més de un tipo de derechos. Por ejemplo, los pueblos indigenas pueden pedir una feprescntacién especial en el gobierno central, en vircud de su situacién de desventaja, asi como di- verses comperencias de autagobierno, en virtud de su estacus como «pue- blo» o wnacién». Pero esos derechos no necesariamente deben ir juncos. Un grupo oprimido, como el de los discapacitados, puede aspicar a una re- presentacién especial, pero carece de base para ceivindicar derechos de au- togobierno o derechos poliéenicos. Por el contrario, un grupo iamigrante econémicamente florecience puede reivindicar derechos poligtnicos, pero carece de base para exigir derechos de representacién especial o de aucogo- ria no he dicho mds en defensa de estos derechos, Invenearé ofrecer, tuna defensa (razonada) de los mismos en los capitulos 5 y 6. Sin embargo, antes debemos aclarar deverminadas confusiones sobre la relacién entre de- rechos individuales y derechos colectivas, cuestién de la que nos ocupare- mos en el capitulo siguiente. 28, Ast como el aucogobierna puede suponer It representacion garancizada en los or- _ganismos intergubernamentales que negocian, incerprecan y modifican la divisiGn de po dderes, puede cambién supaner ana represencacién redacida en los organisms federales que legislan en dreas de juisdiccién exclusivarence federal, en la medida en que el grupo au ado no se ve afecrado por lus decisiones de estos organismos fecerales. Enel capi- Capicuto 3 DERECHOS INDIVIDUALES Y DERECHOS COLECTIVOS ELcompromiso bisico de una democracia liberal es Ia libertad y la ‘igualdad de sus ciucadanos individuales. Esco se refleja en los derechos constitucionales, qué garantizan los derechos civiles'y politicos basicos ‘odes los individuos, independientemente de su pertenencia de grupo. De hecho, is democracia liberal surgi en parce como reaccién contra la forma en que el feudalismo definéa los derechos politicos y las oporcunidades eco némicas de los individuos en funcién del grupo al que pertenecian, 2Cémo pueden entonces los liberales aceptar las reivindicaciones de derechos diferenciedos en funcién del grupo de las minorias éenicas y nae cionales? ¢Por qué los miembros de decerminados grupos deberian cener derechos relativos a la tierra, la lengua, la tepresentacidn, etcécera, que los miembros de otros grupos no tienen? Para muchas personas, la iden de de- rechos diferenciados en funcién del grupo parece asencarse en una filosofia © en una visién del mundo opuesca a la del liberalismo. Esta parece preo- Cuparse mds por el estatus de los grupos que por el de las personas. Ade- inés, parece tratar« los individuos como metas portadotes de identidades y objerivos grupales, mas que como personalidades auténomas capaces de de- finir su propia idencidad y objetivos en la vida. En sintesis, los derechos di ferenciados en funcién del grupo parecen reflejar una petspectiva colecti- vista 9 comunicarisca mas que la creencia liberal en la libertad y la igualdad de'los individuos, + “Esta es una percepciGn errénea, que se basa en algunas confasiones que tspero resolver @ lo largo de los préximos capiculos. Incencaté demostrar que muchas formas de ciudadanfe diferenciada en funcién del grupo son consistentes con los principios liberales de libercad (capitulo 5) e igualdad {capfealo 6). Pero antes es preciso aclarar algunos malencendiclos comues sobre la nacuraleze de los devechos diferenciados en funcién del grupo Tas diversas formas de ciudadanfa diferenciada en fancién del grupo se- faladas en el capitulo 2 se describen muchas veces, ranco por sus defenso. fes como pot sus critics, como «derechos colectivos», Esta cerminologia puede ser bascante engafiosa. Una de las razones de ello es que la categoria de derechos colectivos es extensa y heterogénea. Comprende los derechos de Sindicatos y corporaciones; el derecho a entablac litigios como acciones de la. se; el derecho de todos los ciudsdanos a un aire no concaminado, etcéters Estos derechos tienen poco en comén, y es importante no mezclar la idea de ciudadania diferenciada en funcién del grupo con la miriada de ocros ce- ‘mas que surgen bajo la definicién de «derechos colectivos». Lo mis importante de todo es que la terminologia de los derechos co- lectivos incita a la gence a elaborar supuestos erréneos sobre la relacién en= «te la ciudadania.diferenciada en funcién del grapo y los derechos individua- les. Es natural dar por supuesto que los derechos colectivos son derechos ejercidos por colectividades, como algo opuesto a los derechos ejercidos por {os individuos, y que los primeros entran en conflicto con los segundos. Como veremos, estos supuescos no se cotresponden con diversas formas de ciuda- ania diferenciada en funcién del grupo. La relacién encce este tipo de ciu- dadan‘a y los derechos individuales 5, de hecho, bastante complicada, y necesitamos encontrar un vocebulario que pueda captar todos sus matices. 1, RESTRICCIONES INTERNAS Y PROTECCIONES EXTERNAS Muchos liberales cemen que los «derechos colectivos» ceivindicados por los grupos énicos y nacionales sean, por definicién, contrarios a los de- rechos individuales. Este parecer ha sido popularizado en Canadé por cl aatiguo Primer ministro Pierre Trudeau, que explieé su oposicién a los de- rechos de aurogobierno para el Quebec diciendo que crefa en «la primacia del individuo», que «sélo el individuo posee derechos» (Trudeatz, 1990, pigs. 363-364). Sin embargo, esta recérica sobre derechos individuales versus derechos colectivos es de poca ayuda, Debemos discinguir encre dos tipos de reivin- dicaciones que un grupo eenico o nacional podria hacet. El primero impli- ca Ia reivindicacién de un grupo contra sus propios miembros; el segundo implica la reivindicacién de un grupo conera la sociedad en la que esta en- globado., Se puede considerar que ambos tipos de reivindicaciones procegen In estabilidad de comunidades nacionales o éenicas, pero que responden a diferences fuentes de inescabilidad. El primer tipo tiene el objetivo de pro- ‘ger al grupo del impacto desestabilizador del disenso fuer (por ejemplo, la decisién de los miembros individuales de no seguir las préccicas o las costumbres tradicionales), miencras que el objetivo del segundo es proce- ‘ger al grupo del impacto de las decisiones externas (por ejemplo, las decisio- nes politicas y econdmicas de la sociedad mayor). Para distinguir estos dos ‘tipos de ceivindicaciones, denominaré a las primeras «cestricciones inces- ya las segundas; «procecciones externas» A-ambas se las conoce como «derechos colectivos», si bien plantean cuestiones muy diferentes. Las rescticciones internas implican relaciones ‘intragrupales: el grupo émnico 0 nacional puede pretender usar el poder del Eseado paca restringit la libertad de sus propios miembros en nombre de la solidaridad de grupo. Esto plances el peligro de Ia opresién individual. Los erfticos de los «derechos colectivos» en este sentido muchas veces invocan la imagen de culturas ceocrécicas y patriarcales, donde las mujeres estin oprimidas, y la ortodoxia religiosa impuesta legalmente como ejemplos de lo que puede suceder cuando los presuntos derechos de In colectividad pre- valecen sobre los derechos de los individuos. Nacuralmente, todas las formas de gobiemo y todos los ejercicios de suroridad politica implican cestringir la libertad de quienes estin sujecos a su auroridad. En todos los patses, por liberales y democréticos que sean, se exige @ las gentes que paguen impuescos para suftagar los bienes piblicos, ‘La mayorfa de las democracias exigen también que las personas cumplan sa deber como juredos, & que realicen algtin tipo de servicio militar 0 comu- nicario, y algunos paises exigen a la gence que vore (por ejemplo Australia). Todos los gobiernos esperan, y a veces exigen, un nivel minimo de respon- sabilidad y participaci6n civica de sus ciudadanos. Pero alguns grupos pretenden imponer reserieciones mucho mayores «la libertad de sus miembros. Una cosa es exigir a Ia gente que actiie como jurado 0 que vore, y otra muy distinta obligarla a ir a una detetminada glesia 0 2 seguit los roles tradicionales del género. Las primeras exigencias tienen el propésico de mantener los derechos liberales y las insticuciones democritices, y las segundas rescringir estos derechos en nombre de la era- dicién culeural o le orcodoxia religiosa, Para los fines de esca discusi6n, em- plearé el término «cescricciones incernas» para aludir exclusivamente a este llsimo tipo de casos, donde las libertades civiles y politicas bisicas de los miembros del grupo se ven restringides.! Las protecciones externas implican celaciones intergrapales; esto es, el ‘grupo étnico o nacional puede tracar de proceger su existencia y su identi- dad especifica limitando el impacto de las decisiones de la sociedad en la que estd englobado. Esto también plantea cieccos problemas, no de opte- sidn individnal dentro de un grapo, sino de injusticia entre grupos. Uno grupo puede ser marginado o segregado en aras dé conservar la especific- dad de defo GRApO: Los eritieos de los «derechos coleccivos» en esce sentido fitichas veces aluden al sistema del apartheid en Sudéfrica, como ejemplo de lo que puede pasar cuando un grupo minoritatio reivindica una protec- tin especial ance el conjunto de la sociedad 1. Obvismente, los grupos son libres de exigir ales acciones come eondicicn de per- senencia« asciaciones privadas o volunterine. Una organizacin cadlica puede insistit en (que sus miembros acudan sla jglesia. El problema surge cuando wn grupa eraca de war el poder gubernamental pars cestringir la libercad de sus miembros. Los liberals insisten en ‘que quien ejecaa el poder poltica dentra de una comunidad debe respecar ls derechos c- viles y pofticos de sus miembros, asi como en que cualquier inteneo de imponer restic- clones incernas que inftinjan tal eandicidn es iegfrimo, Sin embargo, las protecciones externas no crean necesariamente ¢ justicia, La concesién de decechos especiales dé répresentacién, de reivindi- caciones cetcicoriales o de derechos lingifsticos a una minotia ad necesica, y muchas veces no implica, una posicién de dominio sobre otres grupos, Por el conteatio, como argumentaré en el capitulo 6, tales derechos pueden contemplacse como algo que sitda a los diversos grupos en mayor pie de igualdad, reduciendo la medida en que el grupo mis pequeio es vulneca- ble ante el grande. Cabe sefialar que les restricciones internas pueden existir y, de hecho, existen, en paises culcuralmente homogénecs. El deseo de proteger les pric. ‘icas culturales ance el disenso intérno existe en cierta medida en todas las ‘aulturas,¢ incluso en los Esrados-naci6n homogéneos. Sin embargo, las pro- tecciones exceznas tnicamente pueden surgir en Estados multinacionales 0 poliécnicos, puesto que protegen un grupo émnico o nacional decerminado del impacto desestabilizador de las decisiones de la sociedad de la que for- ‘man parce.” Ambos tipos de reivindiceciones no necesariamence van juntas. Algu- rnos grupos étnicos 0 nacionales buscan protecciones externas contra la sociedad mayor sin pretender imponer rescricciones internas legalmente vi sgentes sobre sus propios miembros. Otros griipos no reivindican proteccién excecna alguna ance la comunidad de la que forman parce, pero ambicionan ‘un mayor poder sobre la conducta de sus propios miembros. ¥ otros grupos reivindican ambas cosas, Estas variaciones conducen a dos concepciones de los derechos de las minorfas fundamentalmence diferentes, y es imporzan- ce dererminac cual es el tipo de reivindicacién que plantea cada grupo. Para avanzar las conclusiones de los tres capiculos siguientes, argumentaeé que los liberales, cuando se trata de promover la equidad entre los grupos, pueden y deben poscular determinadas protecciones externas, pero deben rechazat las cescricciones internas que limitan el derecho de los miembros de un grupo a cuessionar y a revisar las autoridades y las précticas teadicionales, Si un grupo reivindica uno de los tres tipos de derechos diferenciados en funcién del grupo expuestos en el capftulo 2 (derechos de autogobiero, 2. Los grupos no éenieos pueden reivindicar procecciones externas andlogas. Se puede considera que diversos derechos especificos en funcién del grupo (para las mujeres, los dinysy las lesbinnas,o par personas discapacicadas) proporcionan formas de praceccién ex Fema, yz que ceducen el grado en que estos geupes son vulneriblesa —o estén en una po sicidn desvenrajosa ante— lus dectiones mayoritarias, Ademis, como abordart en el capt tulo 6, spared 4, hay un sencido en el que el propio Estado consticuye una peovsccicn fcerna ante el mundo, Sin embargo, en este cxpiculo me centro exclusivamente en las el. vindicsciones de grupos étnicos y nacionales paca protegerse de las decisiones de otros _Brupos més grandes dentro del mismo Estado, eivindicaciones que, a diferencia de las ces. triecionesinceenas, slo pueden planeeare en un pats plirlista, Derechos individuales y derechos colectivas 61 derechos poliéenicos, y derechos especiales de representacién), cesté incen- tando imponer restricciones internas o de obtener protecciones externas? Depende. Estos derechos diferenciados en funcién del grupo pueden servir ‘ambos propésitos, dependiendo de las citcunstancias. Empezaré mostrando cémo pueden ofrecer protecciones externas, y a continuacién consideraré cémo pueden imponer restricciones intetnas. Los tres tipos de ciudadan‘a diferenciada en funcién del grupo pueden emplearse para proporcionar pracecciones excernas. Esco es, cada uno de es- tos tipos ayuda a proreger a una minoria del poder ecanémico o politico de le sociedad en la que estén englobaclos, aunque cada uno de ellos responda, de discinas maneras, a diferences presiones externas: ‘+ Los derechos especiales de representacién pata un grapo dentro de las instituciones politicas del conjunto de la sociedad hacen menos proba- ble que uns minorfa nacionsl o étnica sea ignorada en decisionés que afectan globalmente al pais. + Los derechos de autagobierno confieren poderes a unidades politicas mis pequefias, dé iaiiera qué una minotia nacional no puede ser desestima- da o sobrestimada por le mayorfa en decisiones que son de particular imporranicis para su cultura, como las cuestiones de educacién, inmi= gracién, desarrollé de recursos, lengua y derecho familiar. * Los derechos polienicos protegen précticas celigiosas y culeurales es- pecificas qué podefan ‘ho @tar adeciindamente apoyadas mediance el mercado (por ejemplo, subvencionando programas que fomenten las len= gus y las arees de los grupos), o que estén en desventaja (muchas veces ininrencionadamence) en le legislaci6n vigente (por ejemplo, las exen- ciones «Ia legislacién de cietre dominiéal'o paueas indumentaties que entran en conflicro con creencias religiosa). Cada una de estas tres formas de derechos diferenciados en funcién det grupo ayuda a reducir la vulnerabilidad de los grupos minoricarios ance las presionés econémicas y las decisiones polfeicas del grueso de Ia sociedad, Algunas minorias nacionales y écnicas persiguen estos decechos diferenci dos exclusivamente por este tipo de proreccién externa. Lo que tales gru- pos pretenden es asegucarse de que el conjunco de la sociedad no les privard de las condiciones necesarias para su supervivencia, no controlar la medida fen que sus propios miembros se adhieren a précticas poco teadicionales w ortodoxas. En cales circunscancias, no se produce necesariamente un conflicto en- tte las protecciones externas y los derechos individuales de los miembros el grupo, La existencia de rales protecciones externas nos habla de la rela- ‘in entre 1a mayorfa y los grupos minoricarios; no nos dice nada acerca de 4a relaci6n entre el geupo écnico o nacional y sus prapios miembros. Los _grupos que cienen estas protecciones externas pueden respetar plenamente los derechos eiviles y politicos de sus miembros. De hecho, en el capitulo 5 argumentaré que estas medidas no s6lo son consistentes con Ia libertad de los miembros individuales, sino que, en realidad, la fomencan? Sin embargo, otros grupos estan inceresados en controlar el disenso in- temo y reclaman derechos diferenciados en funcién del grupo para imponer testricciones interes sobre sus miembros. Tanco los derechos de aucogo- bierno como los derechos poliétnicos pueden, en decetminadas circunstan- ias, ser empleados para limitar los derechos de los miembros del grupo Esta posibilidad se ha plantendo muchas veces en el concexto de las cei- Vindicaciones de autogobierno por parce de los puéblos indigenas. Por ejemplo, como parce de su aucogobierno, los consejos tribales en los Esea- os Unidas han sido hiscricamente eximides de la exigencia constitucio- nal habitual de respear los derechos recogidos en la Declaracién de Dere- chos de los Estados Unidos. Segrin la Ley de Derechos Civiles de los Indios de 1968, a los gobiernos rribales se les exige ahora que respeten la mayoria de (pero no codos) estos derechos individuales. Sin embargo, atin existen Iimi= tes ala posibilidad de recucrir judicialmence contea las acciones de los con- sejos tribales. Si una mujer de una cribu india considera que sus derechos han sido violados por su consejo cribal, puede apelar a wn tribunal eribal, pevo no puede (excepto en circunstancias excepcionales) apelar al Tribunal Supremo. De forma similar, las colectividades indias en Canadé consideran que suis consejos de autogobierno no deber‘an estar sometidos a recursos judi- ciales amparados por la Carta de Derechos y Libertades canadiense. No quieren que sus miembros puedan cuestionar les decisiones de la colectivi- dad en los cribunales de la sociedad canadiense. Estos limites en la aplicacién de las declaraciones de derechos cons tucionales crean le posibilidad de que los individuos o los subgrupos den- tro de In comunidad india puedan ser oprimidos en nombee de la solidaridad de grupo o de la pureza cultural. Por ejemplo, se ha expresado la preocu- pacién de que las mujeres indias en los Estados Unidos y Canada puedan ser objeto de discriminacién bajo decerminados sistemas de autogobierno, si éstos estén eximidos del habicual requisico constieucional de igualdad sexual. De hecho, In Native Women's Association de Canadf, predcupada 3, De hecho implican limita I liberad de os que no perencen al grupo, esttine siendo su capacided de tomar decisines econémicis 0 poliiascelstivas ala comunidad Iminortari ya os recurses de Ie misma. Peo, como argumentaré en el capitulo 6, esto puede considearse camo algo que promueve la equided ence los membros de ls com Didades mayoritares y minorcarias. Es wna cuestén de jusiciaenere grip, no de ria- Fidid de los yrapos sore tos indviduos. (ee ee por el peligro de discriminacién sexual en sus ceservas, exigié que las de~ Csiones de los gobiernos aborigenes estén somecicas a la Carta canadiense. Por otrs parte, muchos indlios insisten en que este temor a Ia opresién sexual refleja esteceotipos o prejuicios fruto de una informacién errénea s0- bre sus culturas. Estos aducen que el aucogobierno indio hi de see eximide de Ia Declaracién/Carta de Derechos, no con objeto de rescringir la libertad de las mujeres en el seno de las comunidades indias, sino para defender las pro- tecciones externas de los indios con respecto al conjunto de la sociedad, Sus derechos especiales por lo que se refiere al vecitorio, ala caza, 0 Ia repte- sentaci6n de grupo, que les ayudan a reducir su vulnerabilidad ance las de isiones econémicas-y politicas del grueso de Ia sociedad, podrfan ser eli- ‘minados por discriminacorios segtin la Declaracién/Carta de Derechos,’ Algunos ditigences indios temen cambién que los jueces blancos del Tei= bunal Supreme puedan interpretar decerminados derechos de uns maneta culturalmente sesgada, Por ejemplo, las tradicionales formas indias de toma de decisiones politicas por consenso se pueden interpretac como algo que nie~ gp los derechos democriticos, Estos procedimiencas ttadicionales na infrin- gen el principio democritico que subyace a la Constitucicn; es decir, que la auroridad legitima precisa del-consentimienco de las gobernados, someti- do a revisiones periédicss. Sin embargo estos procedimientas no siguen el mécodo especifico contemplado por la Consticucién para asegurar el consen- rimienco de los gobernacios, esto es, la eleccién periddica de los represencan- tes, Estos procedimientos se basan mis bien en mecanismos, largo ciempo observados, para asegurar la toma de dccisiones por consenso. A los diri= agentes indios les preocupa que los jueces blancos impongan su propia y culturalmente especifica forma de democracia, sin detenerse a considersé si las pricticas indias eradicionsles son una interpretacién igualmente vilida de los principios democesticos. in de derechos y responssbilidades que regulatis los gobiernos abor nes (Tiepel, 1989-1990, pigs. 42-44). Para dispucis sobre In proceccn legal cle In ‘gualdad sexual en la reservasindias en los Estados Unidos y Canad, sate Cheistofferson, 1991; Resnik, 1989; Moss, 1990; Tuspel, 1993; Cairas, 1994 3. Por ejemplo, les garancias de representaciSn de los indios podrian consideraese una violacin de Jos derechos de igualdad avelados por la decimocuarta enmnienda de Ia Cone SicuciGn de los Estados Unidos (ola decimoquinea de la Carta canadienss), asf como laa testticciones sobre los derechos de libre circulaciém de los no indios en las reserva india, Por Is razones argumentadas en el capitulo 5, pienso que es un esorinceepeetar los dere. thos de igualdad como algo que imposibilita eaee poliiess, aunque algunos no indies ‘uestionan los derechos de aucogabierno y las derechos eeticoiales de los indies basindo. se en esta premisa (Tsarie, 1994, pig, 496), Por canto, muchos dirigences indios son partidarios de que a sus co- rmunidades se las exima de la Carra/Declaracién de Derechos, pero al mismo ‘iempo afirman su compromiso con los derechos y libercades hureanas ba- sicas inherences a escos documentos consticucionales. Tales dirigentes aprue- ban los principios, pero se oponen a las insticuciones y procedimientos con- cretos que la sociedad dominante ha escablecido para la proteccién de los mismos.® Por tanto, procuran crear 0 mantener sus propios procedimientos jpara proteger los derechos humanos, especificados en las Consticuciones de las cribus y las bandas, algunas de las cuales se basan en las disposiciones de los protocolos incernacionales sobre derechos hurmanos. Algunos grupos indios cambién han aceprado la idlea de que sus gobiernos, al igual que to- dos los gobiernos soberanos, deberian ser responsables ance los cribunales internacionales de derechos humanos (por ejemplo, la Comisién de Dere- cchos Humanos de las Naciones Unidas). A lo que se oponen es 2 la pretensién de que las decisiones de su gobierno cengan que somerecse alos eribunales federales de Ia sociedad dominante; cribunales que, histéricamente, han aceprado y legicimado la colonizaciéa y el desposeimiento de los pueblos y las tiercas india. En resumen, muchos grupos indios —incluso aquellos que se oponen 4 la revisién judicial federal de su aucogobierno— no prerenden imponer testticciones internas. Sin embargo, existen importantes excepciones. Uno de los casos relacivamence claros de restricciones internas encre los grupos indigenss aucogobernados tiene que ver con los pueblo —una eribu india estadounidense— y Ie libertad religiosa. Como no esta sujecos a la Decla~ racién de Derechos, a los gobiernos cribales no se les exige que acaten la se- paracién estricca encre Iglesia y Estado que aquélla.refleja. De hecho, los pueblo han establecido un gobierno ceocrético que discrimina « aquellos miembros de st comunidad que no comparcen la religin tribal, Por ejem- plo, se niegan los subsidios de vivienda a aquellos miembros de Ia comuni- dad que se han converrido al prorescantismo. En este caso, no cabe duda de que las competencias del aucogobierno se estén utilizando para limitar la 6. De acuerdo con laafirmacién de Caren, wie aupone que la gente experimentari la ‘materislizcién de los princpios de justicia a eavés de diversas instizucones concrecs, petoen realidad puedes adquire mucha experiencia de la isteucin y muy pora del prin- inion (Carens, 1994, pig. 39). Es una mance brillane de describe la pecepcién que ‘muchos aborigenescanaienss tienen def Carta canadiensey del Tibunal Supreme. Es: tos aborigenesexperimentan los isles y procedimientor del sicems jucicisl, pero en ‘mucha menor medida los principios de jastcis y derechos humanos inherentes a ellos. Parana dseusin dele aplicacin de los derechos constcucionaler alos gobiernos indo, ase Tupel, 1989-1990; Balt, 1993, pigs. 174-156; Bold y Long, 1984; Bell, 1989, pigs, 2308-2305: Resnik, 1989, pigs. 725-742; Tose, 1994; y el debate ene Rebert Laurence y Robere Willams en Avante Law Revau, 30/3, 1988 libertad de los miembros de la comunidad a la hora de cuestionar y revisar las peicticas eradicionales.” ara los fordneos muchas veces resulca dificil estimar In probabilidad de que el aucogobierno de una minoria indigena o nacional contleve Ia su- presién de derechos individuales basicos. La icentificacién de la opresién, fequiere sensibilidad ance In situacidn especifica, especialmente cuando se esté tratando con otras culcuras. En el capitulo 8 volveré a referirme a esto, asi como a fas cuesciones celativas a los recursos judiciales. También es posible que los devechos poliétnicos se empleen para im- poner cestricciones inrernas. Los grupos inmigrantes y las minarias religio- sas podridin, en principio, anhelar el poder legal para imponer a sus miem- bros las pricticas culrurales tradicionales. Los grupos éenicos podrian exigir el derecho a que sus hijos abandonasen la escuela antes de la eciad prescrita legalmente para ello, con lo que se redutirfan las probabilidades de que estos nifios abandonasen la comunidad al llegar a la edad adules; o el derecho a perpetuar costumbres rradicionales como la clitoridectamia, los matrimonios concertados y forzosos que infringen las leyes exiseentes relativas al consentimiento informado. Se han dado casos de maridos que han pegado a sus esposas porque han enconerado un trabajo fuera de! hogar y que, como defensa legal, han argumenrado que ageedic a la esposa es una prictica aceptable en su pais de origen. Mis en general, se ceme que «el multiculturalismo, levado a su extremo légico» pueda justificar que cada grupo écnico tenga autoridad para imponer sus propias tradiciones legales a sus miembros, aun cuando dichas cradiciones se conteadigan con los de- rechos humanes basicos y con los principios consticucionales (Abu-Laban y Stasiulus, 1992, pag. 379). La amenaza que tales restricciones incernas represencan para los dere- ‘chos individuales es bastante real. Pero es errdnea sugerir que permitir ca- les peicticas opresivas ¢s la extensién «légicay de las acruales politicas de swuiuliiculwutalistu» en los principales patses inmigcentes. El objecivo de las policicas existences es permicic que los inmigrances expresen su identicad é:nica, si asi lo desean, y reducit algunas de las presiones externas que se ejercen sobre ellos paca asimilarlos. Es perfectamente légico acepear este objetivo y negar al mismo tiempo que los grupos rengan derecho a impo- net determinadas prcticas a unos miembros que no desean manzenerlts. El modelo de polietnicidad inherence a Ia politica pablica en Canada, Auscra- 7. Para una discusi6n del caso, véase Weston, 1981; Svensson, 1979. Algnos dir agentes maories de Nueva Zelandsinsiseen en que ss miembros ianen vi deer sirwlae ide mancener las peicrcas tradicionales (Sharp, 1990, pg. 249). Para una deters uslii- caela) de In eeivindicacisn de que los miembros del grupo tienen cales ~debsres ee leal= tad, hasta el punco de que algunas veces esta justificada imponer resttieciones interns, véase Nickel, 1994, pigs. 95-97. fia y los Estados Unidos, apoya le capacidad de los inmigrances para elegir por si mismos si mantienen 0 no su ideneidad éenica. En ninguna parce se sugiere que los geupos écnicos debieran tener capacidad alguna para regu- lar la libectad de los individuos para aceptar o rechazar esta idencidad. Como tal, la politica piblica refuerza (con bastante coherencia) algunas prorecciones externas, al tiempo que rechaza las restticciones internas (Go- bierno del Canadé, 19914, pég. 1D. Ademés, entre los miembros de los propios grupos minotitacios no se _genera demasiado apoyo para In imposicién de restrieciones internas. Pocas han sido las organizaciones de inmigrances dentro de las democracias o¢ dentales que han precendido tales politicas.* La mayorfa de las reivindica ciones de los derechos poliécnicos se defienden en cécminos de —y adopran 4a forma de— prorecciones externas frente a la comunidad principal. Nacuralmence, algunos grupos si reivindican restticciones internas, Esco es parcicularmence cierto en el caso de comunidades religiosas, mas que en los grupos inmigrantes fer se. Por ejemplo, los Estados Unidos exi- mea los amish, una secta cristiana con varios siglos de antigiedad, de las leyes celacivas a la escolatidad obligatoria de los nifios. Canad oftece una exencicn similar otras antiguas sectas criscianas (los menonitas, los douk- hobours y los hucteritas), Los miembros de dichas sectas pueden dejar de llevar a sus hijos las escuclas ances de los diecistis afos, que es la edad que indica la ley, y campoco se les exige que cursen el curciculum escolar habi- tual. A fos padres les inquieza que sus hijos reciban esta educacién mas am- plia, ya que ello podria tentarles a abandonae la secta y a incorporatse ple~ ramence a la sociedad, Escos grupos también pueden imponer severas restricciones a la capacidad de sus miembros para abandonarlos.? Merece le pena sefialar que estas rescricciones iacernas no son el resul~ tado del recience cambio hacia una politica de inmigracién més «poliéeni- ca», Las exenciones legales concedidas a las sectes cristianas son muy ante- slores a esta politica, y lox grupos inmigrantes reciences no goran de cales exenciones. Por ejemplo, las democracias occidencales rechazan enécgica- mente la idea de que los inmigrances procedentes de patses deabes o asidti- os deberfan poder continuar précticas tradicionales que implican restrin- 8, Por ciemplo, miencras que en algunas zonas de la India se siguen defendiendo las icticas del ste y del infanccidiofernenino, ninguna orgenizscién inmigrante hindi en lwsa democracia occidental hs buscada la libertad de perpeeuasas. Estos son casos extre~ ‘0, pera reflejan una rendencia general. Las restricciones incernas que estin profnda. ‘mente acraigadas en el pais de arigen del inmigrance a menudo son indlesesbles —e ins chiso impensubles-— en el nuevo pals. Para casos de prieticas opresivas que tenurgem como, por ejemplo, In citcuncisién femenina, vase Poulter, 1987 9. Sabre os amish, véase Wicomin v. Yoder, 406 US 210, Para los casos canadienses, véase Janzen, 1990, capes 5-7. gir los derechos bisicos de sus propios miembros, cales como los mattimo- nios concertados forzosos, ola discriminacién sexual en la educacidn o el de- recho familie, Algunas veces, especialmente los dirigentes musulmanes en Gran Brevafia, esgrimen Ia idea de que la ley musulmana celativa al escacus familiac deber‘a ceconocerse legalmente. Pero nunca se ha producido nin- giin movimiento en favor del reconocimienco legal de los divorcios median~ te el zalag, on favor de que se eximaa los musulmanes de la legislacisn ci- Vil relaciva a le divisién equitativa de las propiedades maccimoniales."” Asf pues, existen algunos casos de grupos étnicos y nacionales que rei- vindican restricciones internas. En estos casos, un grupo ha reclamado competencias legales para rescringir la libertad de sus propios miembros y asi poder conservar sus pricticas religiosas tradicionales, Estos grupos han intentado establecer 0 mantener un sistema de derechos diferenciados en Fancién del grupo que proteja las précticas comunales, no sélo ante las de- cisiones comadas desde fuxera del grupo, sino también ante el disenso incer- fo, y esto muchas veces exige que se les exima de los requisitos consticu- ionales o legislativos que se aplican al conjunco de la sociedad." Volveré a aludir a estas reivindicaciones en el capitulo 8, y argumencaré si los Estados liberales deberfan ser ono mas «tolerances» hacia ellas. Pero, Por ahora, es importante seialar que rales reivindicaciones son rarss,y que ea Tamente tienen éxito, En las democraicias occidencales, la miayor parce de [as reivindicaciones de derechos especificos en funcién del grupo realizadas por ‘raps éenices y nacionales se cencran en las protecciones externas, Aquellos €escasos grupos que han teivindicado compecencias para imponer rescriccio~ 10, En un divorcio flag, un matido musulmn cepuidia unilaceralmente a su mujge simplemente epiciendo cies veces «me divorcio de tin. Una espars musulmans no tiene tun derecho equivalence que le permicadivorciatse de su marido unilateralmente. En Grea Bretafia se he sprobado una legislacién que sostiene que tales declaraciones eaeecon de fuerza legal (Ponleer, 1987, pig. 600), 11 Muchas veces estas cestricciones inteonss se eacianslizan argumencand que lai ‘Auencia de la sociedad de Ia que se forma parte (por ejemplo, la eelevisién) hace que sea ‘nds diffil para los miembros de un grape mantener sw forma de vide tradicional algu- nos miembros son upresionados» por los seduccoresatractivos de la Sociedad de ls qu for= ‘man parce. Sin ctuda es cierco que, en muchos casos, el disenso interne esel resultado de la exposé a influencias externas, Peo ain hay otra distincid fundamental entre las res- trieciones incesnas y las protecciones externas. El objetivo de ls procecciones extermes es ssegurae que In gente pueds mantener su forma de vide si arf lo deer, asi como que las de cisiones de personas ajenas ala comunidad no le impidan hacerlo. El objetivo te las res~ ‘ricciones ineroas es forzar Ia gence mancener su forma de vida eadicional, un evan do no opten por ella voluntariamente porque considera mas atractivo otro tipo de vid, En ambos cases, podria decirse que el objeriva es limita les «influencias exteraasn, Pero «tipo de winfluencia» implicca en ellos, as7 coma la nacuraleza del «limites, es Funda. ‘mentalmente diferente. En el primer caso, Ia influencia de I sociedad de la que forman parce imposibiliara que la gente que hubiere opcado por mantener sa forma de vida teas nes por lo general no han obtenido respuesta. Aunque durance los dleimos ‘einte aflos la mayorfa de las demacraciasliberales han hecho alguns esfuer- 28s paraacomedsr las diferencias éxnicas y nacionales, ese cambio hacia una Politica piblica mis «multiculeuralista» ha sido casi roralmente una cuestién de aceptar deverminadas protecciones externas, no restrieciones invernes, No siempre resulea sencillo erazar esta distincidn entee rescrieciones im, sernas y protecciones externas, como tampoco la distincién entre naciones grupos étnicos, Muchas veces las medidas encaminadas a proporcionat pro- fceciones externas tienen implicaciones para Ia libertad de los miembres en elseno de la comunidad, En el mejor los casos cuestan un dinero pare ad, Iministrar ¥, por canco, esto puede hacer que se inerementen los impuestos sobre los miembros de un grupo, Pero alguns veces ls implicaciones pus, dlen ser més peaves Por lemplo, el caso de Salman Rushdie ha hecho que algunos musulmae 1s bricinicos yen propuesro leyesantidifematoras grupales que pudieron proporcionar ia misma proteccién a los grupos religiosos que las leyes contea is apologi del racismo proporcionan a los grupos raciales. En el caso de las lex Yes anticlfamacorias la motivacién era proporcionac una forma de protecciGn externa; esto es, de proteger a los negros y alos judios de los elementos sac tau exstenen el seno dela sociedad. Muchas veces las leyes anrilibelo gt Pal se defienden en parecdoscérminos como una forma de proceger alos en falmanes de la virulenta «islamofobiaw de los paises occidentales, Pero eeeng {eyes unclibelo grupal pueden emplearse cambién para restringie la difecion