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Te levantas aturdido, cansado, arrastrando el peso de haber pasado una mala noche, hasta que llegas a la

ducha y el golpe del agua en la cara te devuelve un poco de tu ser. Desayunas algo rpido, no muy
elaborado. Ese sueo te ha quitado el hambre. Caminas hacia tu lugar de trabajo, el ms mnimo ruido te
sobresalta. Demasiado estruendo para esta pequea ciudad. Incluso aquellos sonidos que resultan
agradables al resto de la gente a ti te incomodan, te asustan. Slo quieres silencio, que pare ese horror que
atormenta tus odos incluso mientras duermes. Y entonces la ves, igual que en tus sueos, con una mirada
ms amable, pero de la que no te fas. Aterrado, vuelves la cabeza y corres, cada vez ms rpido, sin
mirar atrs. Llegas al trabajo, a ese trabajo que estira los das y vuelve pesados los minutos. Y aparece en
tu mente ese rostro, esa figura. No! As no! No mereces ese final. Otra vez! Otra vez ella! No puede
ser, debes de estar volvindote loco, ests perdiendo el juicio. Ella no es real! Vuelves a casa. Estas
frente a la puerta de tu piso y entonces lo oyes. Al otro lado de la puerta escuchas con claridad ese
aterrador sonido que aparece en tus sueos. Ese zumbido ensordecedor que anuncia el dolor y la muerte.
Demasiadas noches soando lo mismo, tantas que es posible que eso que oyes slo sea un eco en tu
cabeza. Abres la puerta. Rpido. Miras en todas direcciones, escaneando, husmeando. No hay nada raro.
Pero el zumbido no cesa. Avanzas hacia tu habitacin. Parece como si alguien estuviera subiendo el
volumen conforme te acercas a ella. Entras y encuentras la causa. No ests loco, son ellas. Cuentas ocho,
tal vez nueve. Ah estn, emitiendo ese desagradable zumbido, agitando sus alas sin parar y movindose
de esa forma tan caracterstica, tan enervante. Siempre te dieron pnico las avispas. Te horroriza verlas en
tu cuarto, en tu territorio. Pero esa es la explicacin a todos esos espantosos sueos, en los que veas a esa
mujer: La esbelta dama de negro, con su largo vestido y su espeso velo. Se acercaba hacia ti, trataba de
hablarte y al abrir la boca slo poda emitir un zumbido que aumentaba ms y ms, hasta exhalar todas
esas gigantes avispas que se abalanzaban sobre ti y convertan tu cuerpo en un pulido esqueleto. Slo era
una interpretacin onrica de una de tus mayores fobias que estaba anidando en tu casa. Pero este
incidente se soluciona de forma ms fcil que la locura. Y si todo esto te estuviese pasando a ti y no a m,
llamaras a un exterminador.