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SIN EMBARGO Y NO OBSTANTE.

TRASGRESION ARGUMENTATIVA Y POLIFONIA*

GARCÍA NEGRONI, María Marta


Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas,
Universidad de Buenos Aires
mmgn@fibertel.com.ar

1. Introducción
Según la Teoría de la argumentación en la lengua (TAL), teoría semántica no
referencialista desarrollada inicialmente por Anscombre y Ducrot, el sentido de las
entidades lingüísticas (enunciados, palabras) no está constituido por las cosas, los
hechos o las propiedades que ellas denotan, ni por los pensamientos o creencias que las
suscitan o que ellas sugieren, sino por ciertos discursos que les están asociados. El
sentido es caracterizado así en términos de argumentación, esto es, en términos de la
inserción de los enunciados en los encadenamientos discursivos.
Ahora bien, si en su versión estándar, la TAL se limitaba exclusivamente a los
encadenamientos resultativos (también llamados normativos) en por lo tanto, su
desarrollo más reciente, la Teoría de los bloques semánticos (TBS), ha puesto en
evidencia la necesidad de ampliar la noción de argumentación1 y de considerar como
básicos no solo los encadenamientos normativos, es decir aquellos que pueden
manifestarse a través de conectores del tipo de por lo tanto, si... entonces, es por ello
(realizaciones de un conector abstracto POR LO TANTO, abreviado como PLT), sino
también un segundo tipo de discursos llamados trasgresores y señalados por conectores
del tipo de sin embargo, aunque, aun cuando, a pesar de que (realizaciones de un
conector abstracto SIN EMBARGO, abreviado como SE). La razón por la que se les otorga
actualmente a estos dos tipos de encadenamientos este rol privilegiado es que en ellos
“los enunciados encadenados no tienen una realidad semántica que podría comprenderse
haciendo abstracción de su encadenamiento” (Ducrot, 2004: 365). Estrictamente
discursivos, estos encadenamientos son irreductibles a relaciones entre propiedades
independientes. Así, por ejemplo, en
1. Estás yendo muy rápido: vamos a tener un accidente.
2. Estás yendo muy rápido: nos van a poner una multa.
el sentido del primer segmento solo puede comprenderse por el hecho de que conduce a
una u otra continuación: así, la velocidad de la que se trata en (1) es de la velocidad

* Este trabajo forma parte del proyecto UBACyT F 127 que dirijo en la Facultad de Filosofía y Letras de
la Universidad de Buenos Aires y que se titula Análisis de los aspectos microdiscursivos del discurso
académico. Aplicación a la comprensión, producción y corrección de textos específicos (Programación
Científica 2004-2007).
1
Concebida inicialmente por Anscombre y Ducrot, la Teoría de la argumentación en la lengua en su
versión estándar estaba organizada en torno de la noción de topos. Entendido como esquema escalar
bimembre, el topos era definido como el garante que permitía el pasaje de un enunciado argumento a un
enunciado conclusión. A pesar de su gran utilidad descriptiva, esta noción se reveló en algunos aspectos
inadecuada y contraria a los intentos de desinformativización de la semántica. En su lugar, Anscombre
sugiere actualmente una representación de la significación en términos de estereotipo y frase
estereotípica; Ducrot y Carel proponen, por su parte, una descripción semántica de los encadenamientos
argumentativos a partir de un nuevo desarrollo, la Teoría de los bloques semánticos.
peligrosa, mientras que en (2), la velocidad de la que se habla es de la velocidad
prohibida. Otro tanto puede afirmarse acerca del segundo segmento. En (2), por
ejemplo, la multa de la que se trata es aquella que se impondría por exceso de velocidad
y no, digamos, por el no uso del cinturón de seguridad. De este modo, y aun cuando el
discurso asocie dos expresiones distintas (velocidad y accidente en (1), velocidad y
multa en (2)), cada uno de esos encadenamientos manifiesta un único bloque semántico:
el de la velocidad peligrosa en (1); el de la velocidad prohibida en (2).
Análogamente, en:
3. Es tarde, por lo tanto el tren está en la estación
4. Es tarde, por lo tanto el tren no está en la estación.
se afirma que no hay un movimiento inferencial que permita extraer conclusiones
contrarias a partir de un mismo argumento. En efecto, ni las conclusiones son contrarias,
ni los argumentos son iguales: el tren del que se trata en (3), en el que el paso del tiempo
es visto como constructor (i.e., como un tiempo que permite la presencia o la aparición
de las cosas), es el tren que llegó. El de (4), en cambio, en el que el paso del tiempo es
visto como destructor (i.e. como un tiempo que hace desaparecer las cosas), es el tren
que ha partido.
Considérense ahora (5) y (6), en los que el conector por lo tanto de (3) y (4) ha
sido reemplazado por sin embargo seguido de una negación.
5. Es tarde, sin embargo el tren no está en la estación.
6. Es tarde, sin embargo el tren está en la estación.
Como puede constatarse, al igual que en (3), el tiempo del que se trata en (5) es
el tiempo constructor, mientras que en (6), la visión del tiempo que es evocada es, al
igual que en (4), la de un tiempo destructor.
Se afirma entonces que los encadenamientos (3) y (5) pertenecen al mismo
bloque semántico, el bloque que expresa una visión del tiempo como constructor que
hace presentes las cosas. Pero mientras que (3) aplica ese bloque bajo su aspecto
normativo:
tiempo constructor PLT presencia (3)
(5) lo hace bajo su aspecto trasgresor, converso del anterior:
tiempo constructor SE neg. presencia (5)
Análogamente, el encadenamiento en por lo tanto (4) y el trasgresor (6) en sin
embargo manifiestan, bajo aspectos diferentes, el mismo bloque semántico, el del
tiempo destructor que hace desaparecer las cosas:
tiempo destructor PLT neg. presencia (4)
tiempo destructor SE presencia (6)
Para la TBS, los encadenamientos trasgresores tienen el mismo estatus
metodológico que los normativos, por lo que se los erige, al igual que éstos, en
encadenamientos argumentativos elementales. Los discursos de la forma A por lo tanto
B y A sin embargo neg. B son considerados pues como estrictamente paralelos, por
cuanto tanto en uno como en otro se construye la misma representación, la misma visión
de las cosas o, dicho de otro modo, tanto uno como otro permite la expresión de un
mismo bloque semántico2. En lo que estos discursos se oponen es en que, mientras los

2
A partir de dos predicados A y B, se pueden construir 8 conjuntos de encadenamientos o aspectos. Estos
ocho aspectos teóricamente posibles a partir de A y B pueden agruparse en dos bloques semánticos de
cuatro aspectos cada uno. Así al BS1 pertenecerán los aspectos A PLT B, A SE Neg.-B, Neg.-A PLT Neg.-B
y Neg.-A SE B. Al BS2 pertenecerán, en cambio, A PLT Neg.-B, A SE B, Neg.-A PLT B, Neg.-A SE Neg.-
B. Lo que es particular de cada bloque semántico es que la interdependencia semántica entre A y B es la

2
discursos en por lo tanto aplican el bloque bajo su aspecto normativo, los discursos en
sin embargo lo hacen bajo su aspecto trasgresor.
Consideremos ahora un ejemplo real extraído de un artículo de historia sobre el
Partido Autonomista Nacional:
7. La segunda liga en importancia era la del gobernador de Buenos Aires, Dardo Rocha (1880-
1884). Según Roca, Rocha le debía a él la gobernación de la provincia, la cual era una
retribución del apoyo de este porteño a una campaña electoral liderada por provincianos. Rocha,
sin embargo, no demostró la docilidad, gratitud u obediencia que Roca hubiese esperado de él y,
apenas arribó a la gobernación de la provincia más rica de la República, comenzó a construir su
propia liga contando para ello con el Banco de la Provincia, el más poderoso del país. (Alonso,
P., “El Partido Autonomista Nacional: la política y sus laberintos, 1880-1886”)
Tal como puede constatarse, en este fragmento, el encadenamiento discursivo en
sin embargo evoca el aspecto trasgresor deuda SE neg. reconocimiento: en efecto, la
deuda indicada en el primer segmento solo es determinable por el hecho de que trae
aparejado reconocimiento y gratitud, y el reconocimiento y la gratitud de los que se
habla en el segundo segmento son únicamente los que se derivan de la deuda contraída.
Ahora bien, según la TBS, la trasgresión argumentativa que, en (7), aparece
señalada por el conector de la lengua sin embargo también podría manifestarse
mediante otros conectores concesivos como no obstante, a pesar de que, si bien,
aunque, etc. Sin embargo, dichas sustituciones no siempre resultan posibles y cuando lo
son, las instrucciones semánticas de uno u otro conector introducen diferencias
relevantes de sentido. En este trabajo, y en un corpus constituido por 25 artículos de
investigación pertenecientes al área de humanidades (lingüística e historia), intentaré
mostrar pues que las configuraciones polifónico-argumentativas a las que dan lugar en
particular dos conectores habitualmente considerados como simples variantes estilísticas
–me refiero a sin embargo y no obstante–, no son necesariamente idénticas.

2. Acerca de las instrucciones polifónico-argumentativas de sin embargo y no


obstante
Caracterizados en la bibliografía como adverbios anafóricos adversativos
(Flamenco García, L., 1999) capaces de unir segmentos discursivos constituidos por
más de una oración (Montolío et al., 2001), y como especializados en el señalamiento
de una contraargumentación directa, no obstante y sin embargo constituyen –se afirma–
expresiones conectivas introductoras de un contraargumento fuerte respecto del
segmento discursivo previo. Ambos comparten, por otra parte, la posibilidad de actuar
como conectores parentéticos así como también el significado relacionado con la noción
de "obstáculo" o "impedimento".
Este significado de “obstáculo” es quizás más notorio en el caso de no obstante
que, con menor grado de gramaticalización que sin embargo, puede aún hoy funcionar
como participio presente del verbo obstar en cláusulas absolutas (cf. (8) y (9)).
8. La segunda [acepción de la forma ben], equivalente –en palabras de Fabra– a “del tot”, posee una
distribución totalmente distinta a la de bé, ben en (39) y BIEN, tal como se muestra en (40). Ello
no obstante, comparte con todas ellas un inequívoco valor ponderativo. (Herranz Carbó, M.L.,
“Polaridad y modalidad en español: en torno a la gramática de BIEN”).

misma dentro de los cuatro aspectos de ese bloque. Para una presentación de la Teoría de los bloques
semánticos, podrán consultarse, entre otros, Carel, M. & O. Ducrot (1999); Ducrot, O. (2000, 2004);
Carel, M. (2000).

3
9. No obstante este interés, como han mostrado muchos autores (Cano Aguilar 1982, entre otros),
en casos como este no se trata de una verdadera preposición, sino de una forma que pertenece a
otra categoría gramatical. (Schwenter, S., “Lo relativo y lo absoluto de las partículas escalares
incluso y hasta”)
Se advertirá, sin embargo, que en este empleo particular, el funcionamiento de
no obstante se acerca más al de aunque o pese a que al de sin embargo, en la medida en
que no introduce un punto de vista que será asumido por el locutor, sino al contrario un
argumento débil, que se concede, pero que no será mantenido en la continuación
discursiva.
Pero más allá de esta diferencia (sin embargo no puede intervenir en
construcciones absolutas como las de (8) y (9)), en general se considera que no obstante
y sin embargo constituyen meras variantes estilísticas. Así, por ejemplo, R. Martínez
(1997) afirma que “la forma no obstante, quizás por su combinación de tres consonantes
seguidas, parece una forma más culta [por lo que] suele usarse en contextos más
‘formales’, o como variación estilística para no repetir unidades” (p. 37). Montolío
(2001), por su parte, señala que en ambos casos la aparición del conector implica que ha
de reconsiderarse la información anterior, puesto que lo que viene a continuación
"presenta una información inesperada que se desvía de la línea argumentativa previa y
que conduce a una conclusión diferente de la que se esperaría a partir del primer
miembro" (p. 62). En otras palabras, según esta autora, tanto en el caso de los
encadenamientos con sin embargo como en los de no obstante, “el segmento
informativo introducido por el conector invalida la conclusión o inferencia que podría
deducirse del segmento previo” (ibid.).
Frente a esta perspectiva, que también aparece en otros autores como Flamenco
García (1999) por ejemplo, Martín Zorraquino y Portolés (1999) señalan acertadamente
que si bien el significado de no obstante es próximo al de sin embargo –lo que favorece,
señalan, su utilización como variante estilística–,3 sus instrucciones no son idénticas a
las de este último conector. Hacen notar así que “se prefiere no obstante en los
miembros que con sin embargo pudieran comprenderse como refutativos con respecto a
un primer enunciado” (p. 4116), y que, concordantes con el significado del verbo obstar
negado, las instrucciones de no obstante señalan que el enunciado que introduce se
opone a otro anterior como una puntualización que no disminuye la verdad del primero.
En cuanto a sin embargo, afirman que “en el diálogo, si sin embargo inicia una
intervención, puede llegar a tener un sentido de refutación” (p. 4115).
Por nuestra parte, y siguiendo esta misma línea de análisis, sostendremos, en
primer término, que si sin embargo puede dar lugar a interpretaciones estrictamente
concesivas (cf. 7), también puede, a diferencia de no obstante, desencadenar
interpretaciones refutativas. Pero no solo en el diálogo, como sostienen M. Zorraquino y
Portolés, (cf. 10); esta lectura también es posible en el discurso seguido de un mismo
locutor (cf. 11 y 12). En segundo término, mostraremos que en la lectura concesiva que
ambos autorizan, las configuraciones polifónico-argumentativas a las que uno y otro dan
lugar no son necesariamente idénticas.
Detengámonos, para comenzar, en las estructuras refutativas con sin embargo. Si
en el caso del diálogo (10),
10. A: –Juan es muy inteligente.

3
De hecho, de ambos conectores, afirman que su enunciación refleja que el miembro discursivo que los
incluye “elimina una conclusión que se pudiera inferir de un primer miembro” (1999: 4115),

4
B: –Sin embargo, nunca entiende nada. (ejemplo inventado)
la intervención de B invalida fuertemente el punto de vista presentado por el
interlocutor en la intervención precedente (en efecto, no entender nunca nada refuta,
descalificándola y clausurándola, la argumentación de A), no ocurre lo mismo en (11) y
(12).
11. Entre los procesos de formación de palabras que existen en español, la derivación se caracteriza
por la adición de morfemas o elementos formativos a raíces ya existentes. En esta lengua, la
disminución morfológica es un proceso de formación de palabras altamente productivo y
altamente creativo. Aparentemente, el uso del diminutivo en español responde sólo a
necesidades de variación semántica y estilística. Sin embargo, el análisis del uso de esta
marcación permite observar regularidades tanto en la conformación de la escena discursiva
donde se echa mano del diminutivo cuanto en las intenciones comunicativas que establece el
emisor. El uso de un diminutivo permite al hablante crear contextos comunicativos siempre
novedosos y, sobre todo, altamente idiosincrásicos, pues su uso parece estar regulado
culturalmente. (Reynoso Noverón, J., “Procesos de gramaticalización por subjetivación: el uso
del diminutivo en español”)
12. Una segunda y persistente generalización describe al roquismo como conformado por una
oligarquía terrateniente representante de los intereses del litoral y Córdoba. Una mirada
superficial por los protagonistas de estas páginas, sin embargo, nos ofrece una imagen de
diversidad de profesiones con fuerte presencia de hombres del ejército (principalmente en la
región cuyana), abogados, comerciantes, y también propietarios de tierra, y al mismo tiempo
encuentra al roquismo menos imperturbablemente asentado en el litoral y Córdoba que en otras
provincias (por ejemplo, Mendoza y San Luis). (Alonso, P., art. cit.)
En efecto, en estos dos últimos ejemplos, el locutor introduce en el primer segmento
un punto de vista X que aparecerá descalificado e invalidado en la continuación
discursiva Y introducida por sin embargo. Y dado que el punto de vista X, que
representa una cierta visión de las cosas, es atribuido necesariamente a otras voces, a
otras posiciones teóricas sobre el tema, y que el segmento Y, que lo refuta, constituye el
objeto declarado de la enunciación del locutor, este empleo de sin embargo tiene un
fuerte carácter polémico4. De ahí que, en los artículos de investigación científica, se lo
encuentre fundamentalmente en la sección de Introducción, señalando el nicho que
todavía no ha sido ocupado (Swales, 1990), como es el caso de (11), o en la de
Conclusión, en la que se retoman las discusiones presentadas y los resultados a los que
se ha llegado. Así por ejemplo en (12), fragmento que forma parte de la sección
Conclusión del trabajo, el segmento Y introducido por sin embargo (estas páginas
ofrecen una imagen del roquismo como profesional y geográficamente diversificado)
invalida –presentando otra visión de las cosas, otro bloque semántico– lo sostenido por
una cierta tradición histórica, a la que se alude como la segunda y persistente
generalización y que describe al roquismo como exclusivamente conformado por una
oligarquía terrateniente del litoral y de Córdoba.
Comparado con este primer empleo, el concesivo resulta menos polémico e
impositivo. En efecto, en las estructuras concesivas de la forma X. Sin embargo Y (cf.
por ej., 7 y 13), el locutor pone en escena un punto de vista X, con el que en un primer
momento parece identificarse5. La ocurrencia de sin embargo en el siguiente enunciado
muestra que no ocurre lo mismo con la continuación normativa en por lo tanto que X
podría sugerir. De hecho en Y, punto de vista que el locutor sostendrá en la prosecución

4
Para un estudio detallado de las distintas marcas de polemicidad en el discurso académico, cf. García
Negroni, M.M. y S. Ramírez (2005a, 2005b)
5
En efecto, a diferencia de los ejemplos analizados en el marco de la TBS (cf. 1 a 6), los segmentos X e
Y de los encadenamientos argumentativos que aquí analizamos pertenecen a enunciaciones sucesivas.

5
de su discurso, aparecerá explicitada la continuación conversa trasgresora. Considérese,
a modo de ejemplo, (13):
13. Así, parece claro que los adjetivos de evaluación (como excelente) y los predicados del tipo 3
(como habitual), pueden explicarse satisfactoriamente mediante un análisis semántico como el
que hemos esbozado en el apartado 3.3. (…). El análisis del tipo 3.3 nos dice que estamos
forzados a obtener una interpretación predicativa, pero no nos proporciona una lista de
actividades en las que esos objetos participan, lo que parece correcto en lo fundamental.
Esta opción resulta sin embargo insuficiente para los tipos 1 y 2, sobre todo porque hemos
comprobado que existen factores léxicos objetivos que establecen interpretaciones no marcadas
por defecto. Como vimos, estas informaciones son objetivas y debe establecerlas el léxico
porque no afectan a la forma en que cabe usar los objetos, sino al significado que damos a las
palabras. (Bosque, I., “Objetos que esconden acciones. Una reflexión sobre la
sincategorematicidad”)
Como puede constatarse, el segmento X, el análisis semántico proporcionado en
3.3. parece correcto en lo fundamental, orienta hacia una continuación normativa del
tipo por lo tanto este análisis es o debe ser adoptado. Y es solo a esta continuación –no
al bloque semántico evocado, como ocurría en el caso del empleo refutativo antes
analizado– a la que se opone el locutor en el segmento Y (esta opción resulta
insuficiente para los predicados de tipo 1 y 2). Así, y del mismo modo que la
argumentación evocada en (7) era:
deuda SE neg. reconocimiento
la manifestada en (13) será:
análisis correcto SE neg. adoptado
Para finalizar, abordaremos el análisis de las estructuras con no obstante que,
sostendremos, muestran un grado menor de oposición por cuanto:
a) nunca invalidan la argumentación evocada en el segmento X (la ocurrencia de
no obstante en contextos como los (11) y (12) modificaría la interpretación refutativa
que sin embargo desencadena allí), y
b) la oposición que la enunciación de no obstante señala tiende a ser menos
global. Dicho de otro modo, si al igual que sin embargo, no obstante indica que el
bloque semántico es evocado bajo su forma transgresora, la argumentación normativa
conversa en por lo tanto queda, en algún aspecto, mantenida.
Consideremos, a modo de ejemplo, (14) y (15):
14. Un estudio en el que se propone que el significado de un marcador consiste en una serie de
instrucciones y que estas instrucciones se pueden descomponer y ser compartidas por distintos
marcadores recuerda los estudios de semántica estructural en los que se describe un campo
léxico. Recordemos que un campo léxico consiste en (…). No obstante, aunque se asemejen, las
diferencias entre la propuesta de un significado instruccional para los marcadores y la
constitución de un campo léxico son muchas y profundas. (Portolés, J., “Consideraciones
metodológicas para el estudio de los marcadores del discurso”)
15. Las fuerzas de Racedo por un lado y las de Antelo y Febre por el otro quedaron abiertamente
enfrentadas y compitieron en las elecciones para diputados nacionales en mayo de 1882. LTN no
dejó de celebrar la derrota de Racedo en dichas elecciones, burlándose de sus quejas sobre
fraude electoral e insistiendo en que “la elección no puede haber sido más libre y tranquila”. No
obstante, cinco meses más tarde la política de Roca hacia Entre Ríos daba un giro inesperado. A
menos de dos semanas de las elecciones a gobernador, LTN dejó de apoyar a Febre para
inclinarse ahora por Racedo como el candidato preferido del presidente. (Alonso, P., art. cit.)
Tal como puede constatarse, en ambos casos, el locutor concede el punto de
vista X que pone en escena en el primer segmento discursivo (un estudio de este tipo
recuerda los estudios de semántica estructural en (14); La Tribuna Nacional celebró la
derrota de Racedo en (15)) y mediante la enunciación de Y indica que se opone a la

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continuación normativa en por lo tanto que X podría sugerir (por lo tanto no hay
diferencias entre ambos estudios en (14), por lo tanto Racedo no era apreciado por
LTN en (15)). Nuevamente, como en el caso del sin embargo concesivo, es solo a esta
continuación –y no al bloque semántico evocado (el recuerdo se explica por las
semejanzas en (14); celebrar la derrota de alguien es no apreciarlo en (15)– a la que el
locutor se opone mediante el segmento Y. Pero el significado de no obstante no se limita
a esta indicación. Sus instrucciones indican además que la oposición al aspecto
normativo del bloque es solo parcial.
Así, por ejemplo en (15), la oposición entre los segmentos discursivos X e Y se
organiza en torno a un tiempo t, que representa el punto de inflexión de la situación. La
expresión temporal cinco meses más tarde con la que se combina aquí el conector indica
que la argumentación evocada en X
celebrar derrota de x PLT neg. apreciar a x
solo debe ser sustituida por la conversa trasgresora
celebrar derrota de x SE apreciar a x
después del tiempo t. De este modo, y si bien es cierto que el locutor se identificará con
este último punto de vista trasgresor, no obstante señala que su actitud frente a lo
enunciado en X será de clara aceptación en lo que concierne al período previo a t.
De modo análogo, en (14), si el locutor adhiere a la argumentación
estudios parecidos SE fuertes diferencias
evocada luego de la enunciación de no obstante Y (i.e., las diferencias entre la
propuesta de un significado instruccional para los marcadores y la constitución de un
campo léxico son muchas y profundas), la oposición del locutor a la argumentación
sugerida por X
estudios parecidos PLT neg. fuertes diferencias
no es absoluta. Tal como lo pone de manifiesto la enunciación de aunque se asemejen
luego de no obstante, algunos aspectos de la argumentación normativa en cuestión
(aquí, los relacionados con las semejanzas formales), son mantenidos y aceptados por el
locutor. En este sentido, coincidimos con Portolés (1995), cuando afirma que cuanto
mayor es el compromiso del locutor con lo mantenido en el primer segmento, más se
favorece la aparición de no obstante en lugar de sin embargo.

3. A modo de cierre
En este trabajo, he intentado mostrar que, a pesar de las sin duda evidentes
similitudes entre los conectores sin embargo y no obstante, la configuración polifónico-
argumentativa que cada uno de ellos pone en juego permite dar cuenta de la
especificidad de sus empleos.
Mostramos así, en primer lugar, que solo sin embargo admite lecturas
refutativas, tanto en el diálogo como en el discurso seguido de un mismo locutor, y que
en este empleo, en el que el primer punto de vista X es descalificado e invalidado en la
continuidad discursiva sin embargo Y, su enunciación reviste un fuerte carácter
polemizador: una determinada representación de las cosas, esto es, un determinado
bloque semántico resulta cuestionado y reemplazado por otro con el que el locutor se
identifica plenamente y que constituirá en el objeto declarado de su enunciación.
En segundo lugar, y en relación con las interpretaciones concesivas que ambos
conectores pueden desencadenar, señalamos que, a diferencia de lo que ocurre con sin

7
embargo, la oposición señalada por no obstante tiende a ser menos fuerte y global: el
locutor restringe su oposición a la argumentación normativa en por lo tanto, que el
primer segmento podría evocar, a solo algunos aspectos.
De este modo, entonces, aun cuando los encadenamientos argumentativos
balizados por sin embargo y no obstante pueden en algunos casos (i.e., los concesivos)
permitir la expresión de un determinado bloque bajo su aspecto trasgresor, las
instrucciones semánticas asociados a cada uno de ellos permiten establecer diferencias
de sentido sutiles pero relevantes.

4. Bibliografía
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